Autor: admin

  • Mi madre me coge en las vacaciones (3)

    Mi madre me coge en las vacaciones (3)

    Un par de meses después de aquellas vacaciones antológicas,  mi madre me llama por teléfono para ver si a principios de agosto podía escaparme una semana al Resort de Lía.

    “Me gustaría, pero estoy empezando a salir con una chica.”

    “Traela…, vos sabes que por la plata no hay problemas.” Me dijo mi madre.

    “Dejame hablarlo y te cuento.”

    “Dale, sabes que la vamos a pasar bien.” Me dijo.

    Esa noche, Clau vino a cenar al departamento.

    “Clau, mi madre nos invita una semana de vacaciones al caribe, a un resort un poco especial. Ya estuvimos y la pasamos genial.”

    “Que buena onda. ¿Por qué decís que es especial?” me preguntó.

    “Porque puertas adentro de las cabañas, se puede gozar con todo del sexo, y dan “servicios” especiales.”

    “¿Qué tan especiales?”

    “Como que mí la chica que hacía la habitación, el primer día me chupó sin que diga nada.”

    “Vos sabes que yo muy mente abierta no soy…” me dijo.

    “Por eso te lo aclaro.”

    “Y si yo no voy, ¿vos irías?”

    Como la relación recién empezaba, realmente no tenía ganas de perder la oportunidad de volver.

    “Si, claro que iría.” Dije seguro.

    “Ah… ¿te puedo contestar mañana?“

    “Si, claro. Ah, otra cosa te aclaro. Mi madre, va como Susana, una amiga, no en rol de madre.”

    Al día siguiente me contestó que sí, aunque me dijo que le daba un poco de vergüenza ir con Susana.”

    Le avisé a mi madre, que de inmediato hizo las reservaciones, con Lía.

    Llegó la fecha, y llegamos al resort, Lía nos esperaba con una copa de bienvenida.

    “Es un gusto tenerlos nuevamente con nosotros, haremos lo posible para que la pasen mejor que la vez anterior. Veo que ha traído una invitada Sr. Tim, espero que ella también disfrute…” dijo Lía con una leve sonrisa.

    Fuimos a las cabañas, almorzamos y por la tarde tomamos sol y nos metimos al mar. Mi chica estaba con una bikini que mucho no mostraba. Mi madre la miraba como si preguntara para que había venido Clau si era tan pacata.

    Cenamos, y luego tomamos uno de los recordados tragos. Nos sentamos los tres fuera de nuestra cabaña y pedimos otra ronda de tragos. Clau ya estaba un poco tocada por el primero, el segundo, directamente la dejó al borde del sueño. Susana se fue a su cabaña y nosotros entramos a la nuestra.

    Clau se acostó solo con la tanga y 5 segundos después estaba dormida. Fui nuevamente afuera, y veo que Lía y la hermana venían con dos tragos cada una.

    “Sr. Tim, ¿recuerda a mi hermana? Por favor, recuerde que si necesita algo…” me dijo Lía, y siguió caminando a la cabaña de Su, y entró.

    Tomé el trago e hice pasar a la chica. Apoyé el trago en la mesa de luz, y la besé. Clau dormía. Me acosté, y puse a la chica a chuparme la pija. Hice que ponga su culo para poder tocarlo, y al hacerlo noté que estaba seca. Le di un suave golpe en el culo y empezó a chupar con más ganas. Un nuevo golpe y su concha se empezó a humedecer. Apenas mojé uno de mis dedos en sus jugos y se lo metí en el culo. Lo movía con fuerza, y ella cada vez gemía más.

    Estaba disfrutando esa chupada cuando Clau se despertó y se quedó mirando como la chica me chupaba.

    “Tim…”

    Me puse de rodillas al costado de la cabeza de Clau, y metí mi pija en su boca.

    “Chupale la concha.” Le dije a la chica.

    Clau trato de sacarse la pija de su boca pero no pudo, trataba de que la chica no llegue a su concha.

    “Está bien, no tengo problemas le dije a Clau.”

    Puse a la chica en cuatro, de forma que mi chica viera bien, y la empecé a coger por la vagina. Golpeaba sus cachetes, tiraba de su pelo, y la chica no daba más de placer. Clau miraba y se comenzó a tocar la concha. Yo la miraba y sonreía.

    De pronto la chica, llevó su mano a la concha de Clau y metió dos dedos. Ella no se opuso. La estaba pajeando una mujer. A Clau los ojos se le daban vuelta, gemía y gemía. De repente llegó a un fuerte orgasmo. La chica se salió de mi pija, y con una Claudia totalmente entregada, hizo un 69. Volvió a meter los dedos en su concha y le chupaba el clítoris. Mi chica gemía como loca. Yo, que había vuelto a meterme en la concha de la chica, disfrutaba de sus gemidos. Metí dos dedos en su boca, los humedecí bien y los metí en el culo de la chica, que dio un brinco. Apoyé mi pija en su orto, y lo comencé a meter. La chica quiso salirse, pero un golpe en su espalda la hizo desistir. Poco a poco la fui metiendo toda.

    Claudia miraba azorada como ese culo se comía mi pija, y la chica lloraba y gemía al mismo tiempo. Caliente, la chica le chupaba la concha sin parar, ahora eran tres los dedos que le metía. Estuve un rato con el culo de la chica, y luego, fui a su boca, para que la limpie. Mientras me chupaba, llevé sus dedos al culo de Clau. Quiso negarse, pero la chica se sentó en su boca y la forzó a chuparla.

    Nuevamente empezó a meter los dedos en el culo de Clau, ella trataba de moverse pero no podía. Me acerqué a ese culo que nunca había poseído y la chica levantó más las piernas de Clau, haciendo más fácil la penetración. Clau pedía por favor que no la meta. Lentamente la fui metiendo y sacando cada vez más profundo. Ella dejó de pedir y comenzó a gemir. Poco a poco fui aumentando la velocidad y la fuerza. La chica le chupaba el clítoris y ella misma se metía dos dedos en la concha.

    Cuando acabé en su culo tuvo un orgasmo gigante, y la chica, acabó en su boca, llenándola con sus jugos.

    Me salí de Clau, y tomándolas de las manos a las dos fuimos a la cabaña de Susana. Clau apenas podía caminar de los tragos y de mi pija en su culo, pero no se negaba.

    Cuando abrimos la puerta, Su y Lía estaban haciendo un 69.

    “Sr. Tim, estábamos recordando sus vacaciones.”

    “Veo, y parece que eran buenos recuerdos…”

    La chica se acercó a Lía y le dijo algo al oído.

    “Sr. Tim, la Sra. Puta está lista. Permítame.” Dijo Lía y me empezó a chupar la pija. Clau y la chica miraban. Su, se metía dos dedos en la concha y dos en el culo.

    Cuando estuve listo, puse a su de costado, corrí su pierna y la metí en el culo de una.”

    “Ese es un macho, si, rómpeme todo el culo.”

    La chica se acostó con las piernas abiertas, Lía puso a Clau en 4 patas haciendo que chupe esa concha y ella le metió un consolador en el culo. Clau quiso evitarlo y recibió un golpe en la espalda.

    “Niña, Ud. debe entender que para recibir placer de un hombre, debe entregar placer, entregar todo su cuerpo. El Sr. Tim, va a cuidar de Ud. y hacerla gozar, pero primero debe aprender a entregarse.”

    Mi madre gemía y apretaba sus pechos. Yo me deleitaba viendo como sodomizaban a Clau con un consolador, mientras yo lo hacía con mi madre.

    Lía dio una vuelta más de rosca e hizo que mi madre y Clau hicieran un 69, con mi madre abajo. Yo aproveche y metí mi pija en la boca de Claudia, mi madre se ocupaba de su concha, feliz. Lía, seguí con el consolador en el culo de Clau, y ahora la hermana, metía otro en la concha. Clau se retorcía de placer siendo penetrada por tres lados. Cuando llegó a un orgasmo, saque la pija de su boca, y la enterré en la concha de Susana. Clau chupaba su clítoris, súper excitada.

    Un rato más de entrar y salir, y me vine en la concha de Su. Saque mi pija y la puse en la boca de Clau que con mucho ahínco la dejó bien limpia, mientras seguía teniendo orgasmos con los consoladores, mientras Susana la chupaba.

    Un rato después, Lía y su hermana se fueron, Clau cayo rendida igual que Su. Nos fuimos a nuestro cuarto y nos dormimos.

    Cuando me desperté entre a darme una ducha mientras Clau dormía. Cuando salí del baño, ya se estaba despertando.

    “Hola Tim, amor. Que noche, no doy más. Me hicieron mierda. No he tenido nunca orgasmos tan intensos.”

    “Viste, aquí el sexo se disfruta más.” Le dije.

    “Yo estoy loca o le chupé la concha a tu madre mientras vos la cogías.”

    “A Susana, le chupaste la concha a Susana.”

    “Dios mío, no lo puedo creer.”

    En ese momento, golpean a la puerta avisando que traían el desayuno. Dije que pasen y era Lía.

    “Buenos días Sr. Tim, Srta. Me apena no haber llegado a tiempo para secarlo, Sr. Tim. Por favor, permítame chuparlo así me castiga por llegar tarde.”

    “De acuerdo.” Dije

    Me chupaba y lamía todo el pene, jugaba con su lengua. Clau miraba impávida como Lía me chupaba. De pronto Lía la miró a Clau, y clavándole los ojos le dijo: “Señorita…”

    Clau con cara de susto, se puso con ella a chuparme. Era un placer ver a las dos, pero sobre todo a Clau de rodillas chupando con la vista baja. Estuvieron un rato así, hasta que Lía se puso en cuatro en el borde de la cama. Mojó dos dedos en su concha, y se los metió en el culo. Clau la imitó.

    “Sr. Tim, por favor castígueme por no haber llegado a tiempo y a ella por no haberlo atendido como se debe esta mañana.”

    “No, eso queda para esta noche, ahora quiero ver como hacen la X y llegan al orgasmo juntas, como dos buenas putas mientras yo elijo a quien le acabo en la boca.”

    Lía la puso en posición a Clau, y se empezaron a frotar sus sexos, apretaban sus pechos y pellizcaban sus pezones. Los orgasmos se comenzaron a suceder, uno tras otro, de cada una de ellas. Clau se metió dos dedos en el culo y gritaba de placer.

    “Sin sacarte los dedos del culo, me vas a chupar hasta hacerme acabar en tu boca.” Le dije a Clau.

    No hizo falta decirlo dos veces, chupaba como loca, mientras Lía apretaba sus pechos y retorcía sus pezones. Acabé con todo en su boca y ella no dejó caer una gota.”

    Lía se vistió y se retiró de la cabaña diciendo: “Espero que disfruten su desayuno”

    Clau quedó acostada, tratando de recuperar la respiración.

    “Esto es una locura, me duermo cogida y me despierto y me cogen una mina y mi macho. Guau”

    “Esta noche quiero que sea tu noche, si tenés alguna fantasía que podamos cumplir, cumplírtela.”

    “Si, dos, aunque pueden ser juntas. Ser la perra de Su y Lía, y que después vos me hagas lo que quieras, por donde quieras y como quieras, quiero ser tu sumisa, que me castigues por haber sido la perra de ellas.”

    “Listo.”

    Salimos de la cabaña y nos encontramos con Su, mi madre. La miró a Clau, y como si supiera de su fantasía, le dio un beso en la mejilla, pero su mano le apretó el culo.

  • El regalo: Un antes y un después (Quinta Parte)

    El regalo: Un antes y un después (Quinta Parte)

    —¿Rocky?… ¿Y no piensas decirme nada?  —Me dijo Paola, colocando su mano izquierda sobre mi muslo derecho, como para llamar mi atención hacia sus palabras. La había escuchado pero yo estaba pensativo–.

    Ya habíamos tomado camino de regreso, cinco minutos de silencio entre los dos, metidos en un pequeño trancón, antes girar a la derecha debido a un accidente de tráfico para seguir por la Avenida de los Reyes Católicos.

    —Pues sí–. Le respondí a Paola. Y continué…

    —¡Alabado sea Dios! Virgen Santísima, por fin. Exclamé en voz alta. —Y la rubia sorprendida, abriendo aún más sus hermosos ojos esmeraldas, y elevando a la par sus delineadas cejas doradas, para luego quedar a la expectativa, me observó en silencio–. Y tras una breve pausa me dijo…

    —Ajá Nene, y esa expresión… ¡Qué o qué! —Jajaja, mira Pao, –le respondí–. ¿Puedo llamarte así? Y ella asintió amablemente con su sonrisa franca.

    —Es que me acabas de llamar como me gusta, y no con ese «Rodri» tuyo que no me agrada para nada. —Paola se recompuso en su asiento y apartando de su mejilla uno de sus mechones rubios, acomodándolo por detrás de su oreja, se puso seria, borrándose la sonrisa de su rostro.

    —¡Y Ajá! Pues es que era por fastidiarte. ¡Me caíste gordo, Nene! Cuando nos conocimos, me pareciste pedante y orgulloso. Casi levitando en vez de caminar por las instalaciones del concesionario. Aparte de que casi y me matas esta mañana. —¿Yo pedante y orgulloso? –Le respondí, perdiéndome de nuevo al mirar fijamente el verde de sus dos joyas tan brillantes –.

    —¡Soberbio! con ínfulas de ser tan importante, y con esa mala cara que pusiste cuando te dijeron que me pondrían a tu cargo. Porque ¡ajá! un «pajarito» me contó que no te gustó para nada tenerme a tu lado. —Ya sabía yo cuál era ese «pajarito» tan… ¡Sapo!

    —Mira Pao, lo siento. Es que tiendo a caer mal en la primera impresión y además porque yo… ¡Mierda! Pues es que estoy acostumbrado a trabajar solo. Me gusta la soledad. Y además porque tengo que realizar varias visitas a unos clientes y contigo a mi lado…

    —Jajaja, no me vas a decir que te desconcentro. Ayyy… ¡Rocky! Jajaja. — Y entonces fui yo, quien colocó la mano sobre su cercana rodilla y le contesté…

    —¡Y quién no! si tú eres…

    —¿Qué? Anda, dime. ¿Que soy para ti? —Y me ruboricé–. Tampoco le contesté, evitando sentirme más apenado ante aquella rubia tentación.

    —Bueno Pao, pero entonces… ¿Qué te hizo cambiar de opinión sobre mí? —Le pregunté, colocando en mi rostro mi mejor sonrisa.

    —Anda nene, porque tuviste la oportunidad de tomarme. Y… «A papaya puesta, papaya partida», como decía mi abuelita. Pudiste meter tu verga en mi boca, cuando Almudena te lo ordenó y si lo quisieras, también en mi mojada vagina y follarme a placer. Inclusive te hubiera permitido darme por el culo. Pero estando tu rostro tan cerca del mío, en vez de abusar me liberaste y pude ver en tus ojos, la imagen de un hombre íntegro y honesto. Incapaz de propasarte conmigo o con cualquier otra mujer indefensa. Y además porque tienes una fidelidad a toda prueba. La amas mucho, ¿No es verdad? —Me dijo aquella rubia, con sus ojos esta vez conmovidos, aunque con su verde tonalidad tan sincera. —Y eso me gustó de ti mi «rolito» hermoso. Eres un amor de hombre–.

    —Pues gracias Pao. Pero no me vuelvas a tentar así, que de pronto me pueda cansar de ser tan bueno y ya sabes que el diablo es puerco. Quien quita que me dé por hacer cochinadas con tu cuerpo. —¡Uyyy, que miedo me das!–. Y los dos, agradecidos uno con el otro, nos echamos a reír.

    —Y a todas estas Pao… ¿Te acerco hasta el concesionario? ¿O quieres que te deje en otro lado? —Y mientras tanto pude observar como la rubia barranquillera llevaba su mano izquierda hacia el dorso de la diestra, acariciando el ardor de aquella marca circular, obtenida durante su último orgasmo.

    —Hummm, Rocky y… ¿Tenemos que volver hasta allá? ¡Buahhh, qué pereza!

    —No necesariamente, de hecho yo pienso ir «volado» para el piso, a esperar a mis hijos y hacer mis acostumbrados destrozos en la cocina. —Le respondí a mi nueva compañera, haciendo un mueca de resignación ante mis pocas habilidades culinarias. ¡La rubia tentación se sonrió!

    —Ok, ¿Y por dónde vives? —Le pregunté.

    —¡Ahh! Por Azca. ¿Conoces? —Si claro, por la zona financiera, de hecho Silvia, mi esposa, trabaja en una oficina por allá.

    —¡Sí! Qué coincidencia. Mira qué vivo muy cerca al estadio. —Me respondió Paola.

    —¿Al Bernabéu? —Le indagué. —Sí, por la calle de Don Quijote, me puedes dejar allí cerca. —Óyeme, y por qué no… ¿La recogemos y de paso me la presentas?

    —Hummm, pues no se va a poder hoy Pao, mi esposa anda últimamente muy atareada de trabajo por culpa del inepto de su «jefecito». Hablamos hace un rato, y va a tener que quedarse a trabajar hasta tarde. Me toca de hecho, ir temprano a casa y esperar a mis hijos, que me los va a llevar mi queridísima suegra. Y como un buen hogareño padre, revisarles los deberes, alistarles la ropa de mañana y prepárales algo de comida. —Le respondí yo, entre sonriente y preocupado por lo que me esperaba en aquella cocina.

    —Bueno entonces tocará otro día, pero podemos quedar por ahí los tres una tarde de estas, ya que ella trabaja cerca. Vivo en un hotel, propiedad de mi padrastro, no sé, piénsalo y nos reunimos. Si no te da miedo. ¡Buuuu! jejeje.

    —Ahhh «carachas», pero que tenemos aquí. ¡Vaya! no me dirás que… ¿Eres una de esas niñas «hijas de papi» que no hacen nada más que respirar y vivir a cuerpo de rey? —Le dije sin mírala, ya algo preocupado por la demora con el tráfico.

    —Anda Nene, pues sí, pero no como rey ni de reina, solo soy una princesita muy consentida y que vive en lo alto de un castillo, pero no le digas a nadie. ¡Jajaja! La verdad es que soy una niña mimada pero vivo mi vida como plebeya, jejeje… ¡Una mujer libre! Rocky. Vivimos en uno de sus hoteles, en el pent house. Es más cómodo para los tres, y lo tienes todo a la mano. —Y la Barranquillera retiró su mano de mi pierna.

    —Pero si te queda complicado Rocky, yo puedo pedir un taxi para que me lleve. —No tranquila, sin cuidado. –Le contesté–. Ya sabes que vengo de conducir en el caótico tránsito vehicular de Bogotá y esta ciudad en comparación, es más pequeña. Casi es como salir a dar una vuelta a la manzana. Estamos cerca. ¡Jejeje!

    Por fin empezamos a avanzar y me dispuse a preguntar.

    —Ok, Pao, necesito saber si Almudena te obligó a… —Para nada Rocky. Me entregué y eso es… lo más excitante. —Me contestó con mucha seguridad–.

    —Soy dominante por naturaleza y por los privilegios con los que nací y fui criada. Me encanta aventurarme y experimentar. Al escuchar a Almudena hablar de aquella «habitación del pecado», tratar de convencerme de no ingresar… la curiosidad me venció.

    —Pero ya sabes que ¡La curiosidad, mató al gato! —Le dije, mientras echaba un rápido vistazo a mi reloj.

    —Rocky, pero no me puedes negar que el gato murió conociendo. ¡Jejeje! Y además, esa necesidad por saber de más, es lo que ha llevado al hombre hacia grandes descubrimientos. —Eso es muy cierto. ¿Te gustó? —Le indagué, esta vez sí mirándola fijamente, aprovechando la lentitud de la fila de autos por delante.

    —Aha Nene… Simplemente me encantó. —En su rostro pude atisbar un brillo extraño, una excitación al contarme lo sucedido en aquella habitación.

    —Ser dominada, atada, tomada y ultrajada. Sentirme un mero objeto sexual, para con mi cuerpo, mis gemidos y mi placer, otorgarle a quien me lo proporcionaba lo mismo, en mayor o menor valía. ¡Poder Rocky! la satisfacción de cumplir su fantasía de ser amo, o ama en este caso, de mi cuerpo más no de mis sentimientos. —Pao, yo… en serio trato de entender pero me niego a creer que se pueda conseguir placer sin amor y además mezclado con dolor. Sexo sí, solo porque quieres y puedes, salvaje y loco, hacer de todo lo inimaginable, pero para mí el amor es una parte muy importante en la ecuación.

    —Ella se creyó tenerme dominada, Rocky. Deseaba tenerme suya como una sumisa y solamente me ofrecí. «Me dan y yo doy». —La observé asombrado–. ¡Ayyy, no me hagas esa carita Nene! Es mi primera vez, lo juro. No te creas que ya lo había probado anteriormente. Todo esto fue nuevo para mí.

    —Esa habitación a media luz, con esas paredes rojas, la cama, ¿la viste? Y ajá, esa máquina extraña, con esa verga negra y tan grande, los látigos, las esposas y cadenas. La bola esa si no me gustó. No me permitía gritar con ganas. Quería llamarte, suplicarte que fueras tu quine me penetrara y no esa verga de plástico. Y no podía. —La rubia agachó su cabeza, observando el dorso de su mano. Posteriormente sin dejar de acariciar suavemente aquella pequeña herida, levantó su mirada y prosiguió.

    —Lo novedoso es demasiado atractivo, sobre todo cuando ese «todo», parece tan prohibido. ¡Es por eso que a veces terminamos con todo, pues no muchos sabemos diferenciar lo esporádico del querer, a lo eterno del amor! —Y al decir estas últimas palabras, se inclinó hacia mi lado y me dio un beso en la mejilla–. No lo olvides Rocky, el placer más grande se encuentra en alcanzar lo que crees que no vas a poder conseguir fácilmente o sin ansiarlo… ¡Jamás!

    ¡Mierdaaa! A mi mente llegó la pregunta más importante para la próxima hora… ¿Habrá pasta en la alacena? o ¿Tendré que comprar antes de llegar? Estaba pensando en eso y que tal vez tendría que llamar a Silvia para consultarle, cuando divisé a lo lejos sobre la acera de mi derecha a una pareja, hombre y mujer, cerca de la entrada a la torre donde mi esposa laboraba, abrazados y él, un tipo de apariencia mayor, ladeaba su cabeza sobre el rostro de…

    Rocky… ¿Por qué te detienes? Por aquí no es Nene. Queda más adelante y girando a la izquierda después… ¿Rocky? Estás pálido. ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal? ¿Qué has visto?

    —Paola, tan solo he visto la vida. —Le respondí antes de acelerar nuevamente–. Mi vida Pao, de nuevo tan… ¡Comprometida!

    Después de dejar a Paola a la entrada de su hotel, con un beso suyo cerca, muy cerca de mis labios y un… ¡Mañana nos vemos mi «rolito»!, a modo de despedida, me apresuré a llegar al piso. Me deshice de mi ropa y me coloqué una sudadera gris y mis zapatillas azules, para estar más cómodo en la cocina. Allí revisé en la alacena y afortunadamente nos quedaba un paquete de pasta. Del anaquel superior, tomé la lata de atún y una de maíz tierno. En el refrigerador encontré dos tomates rojos y me dispuse a preparar la «suculenta» cena.

    Parecía yo un zombi, muerto sí, pero realizando labores de un vivo. De manera robótica alzaba, lavaba, llevaba y cortaba, de pie frente al mesón y luego de una media vuelta, mirando al fogón, observando la lenta cocción. Mientras en mi mente las imágenes, las nuevas y las pasadas, se paseaban despertando mis demonios, acorralándome de preguntas inciertas. ¿O no?

    ¿Porque? ¿En que había vuelto a fallar? ¿A qué horas me descuidé y volvió ella a caer? No lo sabía, no lo podía descubrir. Repasaba los momentos previos de días pasados, solo encontraba en mi memoria las frases de Silvia, renegando de las actitudes tan distantes de su jefe. ¿Sería él? Problemas de oficina, importantes para ella y tan estúpidas para mí. La pasta estaba casi lista y mientras abría la lata de atún, el timbre de la puerta sonó. Detrás de ella podía escuchar la algarabía feliz de mis niños y la voz grave de mi suegra, despidiéndose de…

    No alcancé a abrir la puerta cuando mis dos hijos se abalanzaron hacia mí, como un pequeño regimiento de enanas alegrías.

    ¡Papi!, ¡Papi!, ¡Papiii!… Y me tumbaron al piso, echándose encima de mí, para que yo me dejara vencer con sus besos y sus pequeños brazos extendidos, tratando de hacerme cosquillas en mi estómago. Una pequeña batalla que con gusto perdí.

    —Gracias suegra, que pena la molestia. —Ese fue el saludo de agradecimiento para ella, la madre de mi adorado tormento–.

    —No es nada Rodrigo, ellos dos son muy felices conmigo. ¿Silvia no ha llegado aún? —Me preguntó y yo negué de inmediato con mi cabeza y mi alzar de hombros.

    —Pobrecita, ¿Cierto que sí? Mi pobre niña siempre trabajando tan duro. —Si señora, bastante y muy «entregada» a las órdenes de su jefe. Usted ni se lo imagina suegra.

    —Bueno Rocky, me voy porque Alonso esta abajo esperándome. Si necesitan que los recoja de nuevo, por mi encantada–. Tenerlos a mi lado, me alegra el día. 

    —Ahh, por cierto ya adelanté con ellos sus deberes. Los dos colorean muy bien. —Uhum, debe ser la herencia, llevan en su sangre el gusto por el arte–. Puntualicé, mientras que mi suegra, me obsequiaba en su rostro una mueca de desagrado. Nunca le simpaticé, apenas si nos soportábamos.

    Junto a mis dos niños, cenamos escuchando de ellos las canciones aprendidas y sus divertidas aventuras en el colegio. Luego de ver un rato la televisión con los dibujos animados que tanto les gustaban, los metí en la ducha y de uno en uno, después les fui colocando sus pijamas, acariciando sus cabecitas y contándoles un cuento de princesas, caballeros y dragones, logrando al cabo de un rato, dormirlos con una leve sonrisa que me alegró el alma. Les dejé sus uniformes listos, zapatos lustrados y las maletas listas junto a sus refrigerios.

    Recogí luego los trastos y los enjuagué, dejándolos apilados y en orden, brillantes sobre el mesón. ¿Un trago? Hummm, una cerveza fría tal vez. Miré hacia el reloj de la cocina, pocos minutos faltaban para las diez. Recogí la basura y los desechos en una bolsa y dejando la cerveza sobre la mesa de centro de la sala, bajé para dejar los desperdicios en el depósito, cerca de la portería.

    Abajo me encontré con la señora Gertrudis, nuestra anciana vecina, quien vociferaba angustiada y me acerqué para conocer el porqué de sus gritos. Me informó que su perrito, un peludo y hermoso Yorkshire Terrier, se había soltado de su correa y había salido corriendo detrás de un gato. El animalito se había pasado por en medio de las rejas de la urbanización hacia la calle. La tranquilicé diciéndole que yo iría por él.

    —¿Y cómo se llama? —le pregunté–. ¡Toretto! me respondió. —Pero tranquilo Rodrigo que el solo ladra y no muerde. —Me dijo algo más calmada en medio de sus lágrimas. Al llegar a la acera, pude observar que se encontraba cerca de un árbol, en medio de unos arbustos bajos. Me acerqué por detrás con cuidado de no asustarlo, sin embargo las luces de un automóvil, que se acercaba a la urbanización, le dieron de lleno iluminando sus redondas pupilas e intentó correr hacia la calle.

    Corrí un poco hasta darle alcance y lo tomé de sus caderas. Me descuidé y me mordió la mano. Sin embargo no lo solté. Al regresar con Toretto en mis brazos, un auto negro estaba estacionado unos cuantos metros antes de la entrada. Los cuatro aros entrelazados se me hicieron un tanto familiares. Me acerqué por detrás para observar si podía algo, aunque en su interior reinaba la oscuridad. Afortunadamente para mí, – ¿O no? – un taxi que venía de frente, iluminó el habitáculo y allí los vi de perfil. Un instante me bastó, tan solo un breve momento.

    El mismo hombre de la acera, y era por supuesto Silvia, quien le acompañaba. Hablaban. Sin embargo el, se inclinó hacia el lado de mi esposa, estiró su brazo hacia ella, acariciándola por detrás de su cuello y no quise mirar más. Pasé con pasos firmes por su lado, hasta cruzar la portería y entregar a la Señora Gertrudis a su nervioso perrito. ¡Sangraba mi mano! La anciana se asustó y ofreció curarme la herida. No me dolía, aquello era lo de menos. Me despedí amablemente y subí a mi piso. Tomé mi cerveza y un trapo de la cocina y en el envolví mi lacerada mano. Lástima que no pudiera yo, envolver con algo más adecuado, mi destrozado corazón.

    Apagué la luz de la cocina y encendí todas las de la sala. Salí al balcón con un cigarrillo en mis manos. Lo encendí y aspiré con ganas. El auto con aquellos dos furtivos amantes continuaba estacionado pero con la puerta del acompañante abierta y medio cuerpo de mi esposa por fuera, despidiéndose tal vez, prometiéndole de pronto un nuevo mañana y deseándole, –como no– una feliz noche.

    Ella cerró la portezuela de aquel negro automóvil, se giró y elevó su mirada hacia el lugar donde yo permanecía, aún en pie. Se dio cuenta de mi presencia, creo que alcance a notar en su rostro, el temor por haber sido desenmascarada. Sobra decir que lo hice con plena intención, de ser yo… ¡Descubierto!

    Apresuró sus pasos hacia la entrada y yo, mandé muy lejos la colilla de aquel cigarrillo y me devolví hasta nuestra habitación. Tomé la manta que cubría nuestra cama y con ella sujetada de mi herida mano, la fui arrastrando por el piso junto a mis pesares; me dirigí hasta el incómodo sofá. Apagué las luces y dejé encima de la mesa de centro, la mitad de mi cerveza. Me arropé con ella y le di la espalda a mi nueva realidad. Sí, escuché claramente sus pasos apurados y el nerviosismo al tomar el manojo de llaves, acelerada para abrir la puerta. ¡Entró!

    Sigilosa se descalzó e iluminada por la pantalla de su encendido teléfono, avanzó hasta la cocina, para dejar en el cuarto de ropas algo, un no sé qué, que supuse la confirmación de su pecado. Era algo que introdujo con afán en la máquina de lavar. Y se fue despacio, iluminada a medias, hasta el interior del piso. Dio vueltas de una alcoba a la otra, regresó buscándome y por supuesto… ¡Me encontró!

    Permanecí arrodillada a su lado, en el medio de un borde la alfombra y un espacio desnudo y frío de aquel piso de madera laminada. Fueron tal vez cinco minutos en que lo observaba, mejor dicho, a su espalda cubierta por el cobertor de nuestra cama. Lo conocía tan bien, que entendí que no iba a dar su brazo a torcer. Era esa, una de las actitudes que más detestaba de Rodrigo. Su manía para no hablar en los momentos oportunos. Callarse sus pensamientos y no decir nada. ¡No explotar, por Dios!

    Era una pésima habilidad suya, absorber todo como una esponja, los problemas míos, los suyos, los de los demás y por supuesto, nuestras inconformidades. Se tragaba todo hasta que por su propio peso, después se le escurrían a borbotones los resentimientos, afectando todo alrededor.

    Y tenía miedo a su reacción. ¡Pero no! No porque fuese agresivo ni violento, al contrario. Con él era todo tan distinto, ver como se alejaba siempre en calma, como si fuese él, una marea suave, apartándose de sus orillas; siempre callado sin decir nada, como aquella otra vez que le fallé. Se fue sin decirme nada, y aunque soy consciente de que en un principio no lo busqué, me abandonó en manos de un extraño, cerrando ventanas y puertas, cualquier espacio vacío o resquicio por donde yo lo pudiera hallar de nuevo. Sin luchar, sin intentar.

    Me puse de pie y marché resignada a nuestra habitación, necesitaba una ducha reconfortante y que me aliviara la tensión de aquel dia. De paso los calambres que había venido sintiendo en mi bajo vientre. Me fui desvistiendo de aquel traje de oficina, para darme cuenta de mi completa desnudez. Y al tomar la chaqueta de mi traje, volvió a mí aquella varonil fragancia. ¿Pero cuando? ¿En qué momento?… Sí, aquel abrazo en la calle, tal vez. La acerqué hasta mi rostro e inhale despacio. Si, olía a él. ¡Desagradable aroma a traición! Eso sería lo que mi esposo percibió aquella noche. La ordené con cuidado al fondo del armario, escondida entre más vestidos, no sin antes rociar sobre ella un poco de mí perfume. Tomé camino hacia el baño y ya debajo de la regadera, fui enjuagando mi cuerpo, mojando mis cabellos y cerrando mis ojos, recorriendo con la esponja enjabonada mis brazos, los hombros, deslizándola sobre mi piel. Rememorando los pasados momentos.

    Mis manos se resbalaron desde mi cuello hasta mis senos hinchados, rodeándolos de suave espuma, uno primero, el otro después. Ambos con mis pezones duros y tan sensibles al tacto que me dolían, clara señal de que estaba por bajarme la menstruación. Mis manos fueron descendiendo por mi vientre, deteniéndolas un poco en mi ombligo, circulando suavemente a su alrededor. Y de allí hasta mi pubis, sin demora, como compitiendo con los chorros de agua tibia que lo empapaban. Pasé con esmero la esponja por la mata de mis vellos negros, formando burbujas, brillantes y tornasoladas, goterones de espumoso jabón cayendo unidos en un solo manantial hasta el piso de la ducha.

    Me estaba relajando y excitando en verdad. Mientras me esmeraba en enjabonar mis nalgas y las piernas hasta mis pies, la imagen de mi jefe desnudo, llegó a mi mente para acompañar aquel íntimo ritual. Al pasar mis manos por mi cintura hacia atrás, intentando abarcar la totalidad de mi espalda, sentí el cosquilleo típico de la excitación. Y a mi mente, don Hugo llegó. Sus manos en mi espalda, su pecho tan pegado a mis tetas, oprimiéndolas, sintiéndolas él. Mi mano soltó la espumada esponja y se fueron perdiendo dos de mis dedos en mi interior. Abriendo mi raja, apartando mis labios mayores y hallando sin reparo alguno, la tan ansiada entrada. Húmeda, no solo por el agua.

    Y me penetró él en mi pensamiento, en la realidad fui yo con dos de mis dedos. La otra mano se posó con firmeza y entendida complicidad sobre el botón rosado, que ya estaba hinchado, tan rígido como mis doloridos pezones. Frotando, girando, oprimiendo. Y los otros entrando y saliendo de mí. Como seguramente aquella verga suya, lo hubiera podido hacer con mayor fuerza y grosor, si le hubiera permitido. Lento, pausado. Firme, duro y constante. Me agitaba en medio de gemidos acallados para no llamar la atención de mi marido.

    Metí mi rostro por completo bajo la cascada de agua, abriendo yo mi boca como mi embriagado jefe lo había hecho horas antes, abrazado a mí. Con mis muslos apretaba la mano que hurgaba con ahínco, y que con esmerado ritmo me proporcionaba un inmenso y privado éxtasis. Esa cara mojada, aquellos ojos grises y redondos que escrutaban la parcial desnudez de mis encantos. Luego su mano posada en mi pecho y en su boca la resuelta oferta, tan húmeda, entreabriendo con su lengua, la mía, tan deseada por él… Ummm… Aghhh… Oughhh… ¡Siiiií! Sí, sí, sí… ¡Ya!

    ¡Pufff! Me llegó el fuerte orgasmo, entre gritos de placer silenciados por mi mano ahuecada sobre mi boca. Relámpagos y truenos en mi cabeza, electrificadas sensaciones en mis piernas y estrellas brillantes parpadeando internamente en mis apretados ojos. Su rostro, sus gestos y sus palabras. Nuestra prohibida cercanía. Sus motivos revelados para mí, entre aquellas sexuales imágenes de su mujer cogiendo con otro hombre. Entendida su tristeza, empujándolo ella a él, hacia mí, tras aquella traición. Todo en conjunto, me llevó al clímax.

    Relax, descanso por el placer obtenido a base de una erótica fantasía. Mi jefe y yo. ¡Wow! Como si fuese yo la protagonista de los videos porno que miraba de vez en cuando con Rodrigo en nuestra ahora, vacía sin mi esposo, cama matrimonial. Había sido solo eso, un momento íntimo bajo la ducha. ¿O no? Abrí mis ojos, para tomar el frasco de shampoo y lavar mi cabello y de pasada mis pecados. Y en el piso había rastros de una escarlata humedad, gotas que provenían desde mi vulva, descendiendo en delgadas y acuosas hileras rojas por mis piernas, dirigiéndose con lentitud hacia el sifón.

    Terminada aquella sesión en la ducha, envolví en una toalla mi cabeza y en la otra la tentación de mi jefe. «El cuerpo del pecado». Infiel, yo. Sí, al menos en mis pensamientos. Rodrigo enojado conmigo y yo… ¡Mierda no podía dejar que sucediera! Me sequé con rabia mis cabellos, agitándolos, frotando capas y mechones con mis dedos. ¿Calzones anchos? Obviamente, de aquellos que Rodrigo había bautizado como los «mata pasiones» y una toalla higiénica de las grandes para no ir a manchar las sábanas al dormir.

    Tenía que adormecerme, me sentía agitada, física y espiritualmente. Tendría que poner fin a todo aquello. Renunciar a sus planes de conquista, resguardar la integridad de mi matrimonio, poner un alto en la oficina. Ajá, mañana… ¡Mañana! Y fui cerrando mis ojos, para entre imágenes y sentimientos de culpa analizar el porqué.

    Estaba atraída de improviso, sin saber exactamente la causa. ¿Era él? Mi jefe y su ahora conocida por completo… ¿Fisonomía? O quizás, su altanería pasada, transformada ahora en… ¿Galantería? Sería por conocer sus aflicciones. Me atraía don Hugo por su pesar… ¿La traición y su dolor? Aparté las inquietudes, mañana hablaría en calma con él y con Rodrigo después. Me persigné y oré antes de dormir, porque la que reza y peca, empata. Cerré mis ya pesados párpados… Rodrigo, perdón mi amor… Si él me dejara explicarlo todo. Mañan…

    Me desperté sobresaltada al clarear la mañana. La alarma del despertador, se escuchaba lejana, cinco minutos más, cinco por favor. ¡Mis hijos! El colegio. Levantarlos y bañarlos, siempre era una pequeña guerra. Preparar el desayuno para los cuatro, revisar maletas y uniformes. Me puse en pie sin esfuerzo, automática cotidianidad. Fui hasta el baño y me cambie de toalla. Dolores continuos desde mi vientre hasta mis muslos, molesta bendición de ser mujer. La cocina primero. Despertar con al menos una caricia a Rodrigo.

    Encendí la luz del pasillo, y el baño auxiliar desprendía de su interior una tibia atmósfera, olor a Santos de Cartier, la colonia de mi esposo. Con cuidado empujé la puerta y encendí la luz. La división de vidrio de la pequeña ducha estaba húmeda, aun las gotas permanecían resbalando lentas, uniéndose unas a otras en su recorrido final. Me fijé que en el pequeño espacio de la repisa superior, se hallaban los envases de sus colonias, la crema para afeitar, su máquina eléctrica y un empaque de tres cuchillas desechables sin abrir. El frasco de shampoo, su cepillo de dientes y la crema dental que usaba para los viajes.

    ¡Juep…! Mierda aquello no pintaba bien. Era una clara señal de que Rodrigo había tomado ya una decisión. De nuevo alejarse de mí, buscar su propio espacio. Llegué afanada hasta la sala, requería con urgencia hablar con mi marido y aclararle todo, con sinceridad. Pero Rodrigo ya no estaba. Yo no lo había sentido salir, seguramente el cansancio había logrado sumirme en un profundo sueño, y yo creyendo que había sido reparador. Doblada perfectamente sobre un brazo del sofá, la manta. Y sobre la mesa de centro, pisada con el cenicero de vidrio tallado, –regalo de nuestra amiga Lara– una hoja extendida de papel cuadriculado, de seguro arrancado de la agenda de mi marido, y sí, sus letras escritas usualmente en cuadriculadas mayúsculas, expresando con sentimiento, –como siempre– su tormentos.

    Continuará…

  • Viuda se folla al ahijado junto a un amigo

    Viuda se folla al ahijado junto a un amigo

    Era un día soleado del mes de agosto. No se veía una nube en el cielo, lo que se veían eran cuervos volando y graznando, un par de halcones en las alturas y la estela blanca que había dejado a su paso un avión a reacción. Elvira estaba en el monte junto a su ahijado Nino y su nieto Pedro, un crío de tres años. Habían hecho un columpio poniendo una cuerda entre dos eucaliptos. Nino empujaban al crío que no paraba de reír mientras se balanceaba.

    Nino era un amigo mío, moreno, delgado y algo más bajo que yo y cómo yo se mataba a pajas.

    Elvira tenía cuarenta y pocos años, era alta cómo un ciprés, corpulenta, morena, de ojos negros y llevaba su cabello negro recogido en un moño y no era fea, pero tampoco era guapa. Iba siempre vestida con ropas negras que le llegaban a los pies y calzaba con zapatos o zapatillas negras.

    Pasé con mi burra de la mano por un camino que estaba a unos cinco metros del columpio y le pregunté a Nino.

    -¿Vienes a jugar a las cartas cuando termines ahí?

    No era la primera vez que venía a acompañarme mientras la burra apastaba, pero ese día parecía que no iba a ser posible. Elvira me respondió por él.

    -Hoy te tienes que apañar solo, Quique.

    Nino siguió mirando para su madrina y poniendo cara de pena. Elvira se ablandó, se puso en su sito, empujó el columpio y le dijo:

    -Vete ya, pero no vuelvas tarde a casa de tu madre.

    Una hora después estábamos Nino y yo boca arriba tumbados sobre la hierba con los pantalones bajados y las pollas en las manos haciendo una paja. Yo estaba imaginando que me follaba a Begoña, la hermana de Nino, una morenaza tres años mayor que yo y con unas tetazas y un culazo que más de una vez le había llenado de leche en mi pensamiento. Nino no sé lo que pensaba, ni lo que pensó cuando oímos a Elvira decir:

    -¡La madre que te parió!

    Nos había pillado con las manos en la masa. Nos incorporamos y tapamos las pollas con las manos. La burra comenzó a rebuznar moviendo los labios hacia los lados y enseñando la dentadura. La cabrona se estaba riendo de nosotros. Quedamos mudos. Elvira, que traía una cuerda y una hoz en la mano, me dijo:

    -¡Esas son las cosas que le enseñas a mi ahijado!

    Tenía cojones la cosa, Nino, que era un año mayor que yo, era un angelito y yo un pervertido. Al verla venir hacia mí quise salir por patas, pero no me dio tiempo ni a levantar los pantalones, echó al suelo la hoz y la cuerda y se abalanzó sobre mí, me cogió por la cintura, se sentó sobre la hierba, me puso en su regazo, sacó una zapatilla negra con piso de caucho del mismo color y me dio con rabia.

    Los zapatillazos me gustaron. Mi polla empalmada se frotó con una de sus piernas mientras me daba, ella lo notó y me dijo:

    -¡Serás cabrón!

    Seguí follándole la pierna después de darme. Sentí que me corría y se lo dije.

    -¡Hostias! Me voy a correr.

    Sabiendo que me iba a correr, si había de quitarme de sus rodillas, siguió calentándome el culo.

    Me corrí y le puse perdido el vestido negro. La leche traspasó el vestido. Al sentir la leche caliente en la pierna me dio un empujón, caí sobre la hierba y quedé con el culo hacia arriba. Miró para el vestido, vio la lechada y haciendo aspavientos con las manos, me dijo:

    -¡Hijo de un demonio! ¡¡Mira cómo me dejaste!!

    Nino, que se acaba de correr después de ver mi culo, que lo vi yo, vi cómo me miraba para el culo y cómo se pajeaba a toda hostia, le dijo a su madrina:

    -Tú te lo buscaste, Elvira.

    Elvira vio que de la polla de su ahijado caían unas gotitas de leche y se enfureció.

    -¡Tira para tu casa, tira para tu casa si no quieres que te mate!

    Nino se enfrentó a su madrina.

    -Prefiero quedarme. ¿Me vas a dar cómo le diste a él?

    -¡No me tires del genio, Saturnino!

    -Anda, dame, sabes que me gusta.

    Sus palabras me dejaron a cuadros. ¿El maricón no sería tal y se beneficiaría a su madrina? Tiré para delante a ver si por una casualidad mojaba el churro.

    -Cuando le cuente a la pandilla que me calentaste el culo con los pantalones bajados y que me corrí en tu vestido van a alucinar.

    Elvira se levantó y me encaró.

    -¡No te atreverás!

    Nino, que también seguía con los pantalones bajados y la polla tiesa, le dijo:

    -¡Oh sí que se va a atrever!, y si no por un casual no se atreve él se lo cuento yo.

    Elvira después de ver el cabrón que era su ahijado seguía volviendo por él.

    -¡Esto es lo que hacen las malas compañías!

    Nino ya vaciló a su madrina hablando conmigo.

    -Ya sabes, Quique, no debes andar conmigo.

    Elvira no me gustaba por lo alta que era, pero tenía boca. Le cogí una mano, se la llevé a mi polla y le dije:

    -Mi silencio tiene un precio.

    Me agarró los huevos y sin apretar, me miró a los ojos con cara de mala hostia y me preguntó:

    -¿Qué precio?

    Le respondió Nino:

    -Que se la mames.

    Yo estaba acojonado, con su mano derecha en mis huevos no era la cosa para menos. Le dije a mi amigo:

    -Calla, Nino, calla.

    Elvira me preguntó:

    -¿Es ese el precio de tu silencio?

    -¡Qué va!, yo, ya, si eso…

    Quitó la mano de los huevos, agarró la polla y me dijo:

    -Si eso, ¿qué?

    Se fue la gallina y volvió el gallo.

    -Que ya que la tienes en la mano, si quieres mamar…

    Me soltó la polla.

    -No voy a mamar nada, chantajistas, nadie os creerá, es más, acabaréis llevando una paliza por calumniarme Soy una viuda muy respetada, y lo sabéis.

    Le dije a mi amigo:

    -Tiene razón, Nino.

    -¿La creíste? Esta no dice nada por cuenta que le tiene.

    Elvira le dijo a su ahijado:

    -Calla de una puta vez, Saturnino, calla y dame tu pañuelo.

    Nino echó las manos a los bolsillos y no encontró el pañuelo.

    -Se me olvido cogerlo.

    Saqué mi pañuelo del bolsillo y se lo di. No lo cogió. Me dijo:

    -Tú me manchaste, tú me limpias.

    Me agaché y quise limpiar la lechada, pero lo que hice fue extenderla más. Me llegó un olor a coño, pero a coño, coño, o sea, a bacalao. Puse mi nariz sobre él y olí profundamente. Me cayó una hostia con la mano abierta que me dejó un lado de la cara a arder. Estaba visto que esa tarde me caían todas a mí.

    -¡¿Por qué hiciste eso, cabrito?!

    Echando una mano al moflete dolorido, le respondí:

    -Porque quería saber si el olor a bacalao venía de tu coño.

    Me cogió la cabeza, la restregó entre sus piernas y me preguntó:

    -¿Venía?

    -Sí.

    Me puso en pie tirándome de una oreja.

    -¡¿Y de dónde iba a venir sino, pajillero?!

    -¡Suéltame que me haces daño!

    Me soltó y vio que la polla se me había puesto mirando para las alturas.

    -A ti te pone cachondo el dolor, carallo. Me voy, me voy que esto puede acabar muy mal.

    Nino la agarró por la espalda y me dijo:

    -¡Bájale las bragas y cómele el coño!

    -Sí, para que me dé una patada y me salte los dientes.

    Elvira le dijo a su ahijado:

    -¡Suéltame, Saturnino, suéltame si no quieres que te salte a ti los dientes!

    La soltó y me dijo:

    -Tú eres tonto, coño.

    -Prudente, Nino, prudente.

    -¿Prudente? Tonto de remate. Seguro que tiene el coño mojado y está deseando que se lo comas.

    Curiosamente Elvira no lo contradijo, cogió la cuerda y la hoz, y yéndose dijo:

    -Tira, Elvira, tira para el río antes de que se compliquen más las cosas.

    Elvira se fue diciéndonos a donde iba. Después de irse, Nino me preguntó:

    -¿Vamos a ver si se desnuda para lavar el vestido?

    -Vete tú, yo no juego más con la pólvora.

    -Eres un miedoso.

    Eso sí que no podía dejar que lo pensase.

    -¿Quién dijo miedo habiendo hospitales?

    Amarré a burra a un pino y la fuimos siguiendo de lejos. Llegó al río. Agachados detrás de unos arbustos vimos cómo se quitaba el vestido y cómo lavaba con agua los restos de la lechada. Elvira estaba blanca cómo la leche. Tenía unas tetazas que cubrían su sujetador, y de los lados de sus bragas salían pelos negros. Después de poner el vestido sobre unas ramas se quitó el sujetador y las bragas y vimos sus grandes tetas con tremendas areolas oscuras, grandes pezones y su bosque de pelo negro rodeando el coño. Se metió en el río, cogió agua con una mano y se lavó el coño. Del coño pasó a lavarse las tetas, y de lavarlas pasó a magrearlas, después bajó una mano al coño y comenzó a hacerse una paja. Nino me dijo:

    -¿Vamos?

    -¿Y si se le da por chillar?

    -Está desnuda, no creo que chille, si viene alguien y la ve así…

    Nino me estaba sorprendiendo, hasta era rápido pensando.

    -No me arriesgo.

    Elvira ya metiera sus dedos en el coño. Nico no esperó más.

    -Ahí te quedas.

    No podía quedarme a mirar y menearla. El empalme que tenía me dio la valentía para ir en busca de otra hostia. Le dije:

    -Lo pensé mejor, voy contigo.

    Fui con él. Elvira al vernos en la orilla del río ni se molestó en tapar el coño ni las tetas. Era como si nos estuviera esperando, aunque dijo:

    -¿Qué hacéis aquí, trastes?

    Le respondió Nino.

    -¿Tú que crees, madrina?

    -Que si no os dejo hacer cochinadas vais a contar que me habéis visto desnuda.

    -Como adivina no tienes precio.

    Nino se metió en el río, se puso detrás de ella y le amasó sus grandes tetas, Elvira me dijo:

    -Ya que tiene que ser ven a follar de una puta vez, Quique.

    Me costaba creer que se dejara así de fácil, pero lo había dicho, me había dicho que fuera a follar con ella. Nino ya se había agachado y le comía el culo cuando me metí dentro del río calzado y vestido, tal y como se había metido él. Fui directo a por sus tetas. Elvira las abrió con las dos manos y me metió la cabeza entre ella, luego me las dio a mamar, pero poco tiempo, ya que luego llevó mi boca a su coño, y dijo:

    -Disfrutar, cabrones.

    En aquellos tiempos no tenía ni pajolera idea de cómo se comía un coño. Lo lamí y encontré dentro algo pastoso cómo un una cuajada con sabor agridulce. Ya no olía a bacalao. No importó que no supiera comerlo, ya se encargó ella de frotar todo el coño contra mi lengua.

    La mujer nunca debiera sentir al mismo tiempo una lengua en el coño y otra en el culo, ya que no tardó más de un par de minutos en desbordar. Sentí su corrida espesa y caliente caer sobre mi lengua. Elvira, gozando, me dijo:

    -No quites la boca, Quique, no quites la boca.

    No la quité. Me tragué todos los jugos de su corrida.

    Al acabar de correrse me quitó la polla empalmada, se inclinó y masturbándome me la mamó. Nino se incorporó y mirando para mí se la clavó en el culo. Elvira mamaba y gemía. Luego se acercó a la orilla, y con los pies en el agua y el cuerpo fuera de ella encima de su ahijado que sentía el frescor de la hierba en su espalda, se abrió de piernas, y me dijo:

    -Métemela, cabrito.

    Vi el coño abierto con sus labios colorados mojados y se la clavé hasta las trancas, despacito, ya que lo tenía cerrado. Luego agarrando sus tetas le di caña de la buena. Elvira al ratito comenzó a derretirse, Su respiración se fue acelerando, cerró los ojos, dejó de respirar y ¡Booom! Algo explotó dentro de su coño, ya que sentí cómo me encharcaba la polla y como su vagina se abría y se cerraba apretando y soltando mi polla. El ojete le estaba haciendo lo mismo a Nino en su polla, y los dos hicimos lo mismo, descargar. Nino dentro de su culo y yo en la entrada de su coño.

    Al acabar de corrernos quitó los pies del río. Nico y yo nos habíamos puesto en pie. Se puso de rodillas entre los dos, nos cogió las pollas y las fue mamando y masturbando, al masturbar una mamaba la otra y viceversa. Al rato puso la cabeza de mi polla frente a la de Nico y las frotó. Al estar mojadas con la saliva de su boca se deslizaban una sobre la otra. Ni un minuto tardó Nico en correrse en mi polla, Elvira moviendo la mano hizo que se corriera en el glande, a lo largo de ella, en mis huevos… Estaba tan o más cachondo que si fuera el coño de Elvira el que me pringaba la polla, tan cachondo estaba que le cogí la cabeza, se la llevé a mi polla y le dije:

    -Chupa.

    Su lengua lamió mis huevos, lamió la polla y después mamó hasta ponerme a punto. Cuando vio que me iba a correr, le dijo a su ahijado:

    -Toda para tu, Saturnino.

    No dije nada. En aquel momento me daba igual quien me la mamaras, lo que quería era correrme.

    Nino me mamó la polla y me corrí en su boca. Al acabar de tragar preguntó Elvira:

    -¿Quién me va a follar el coño?

    Nino le dijo:

    -Él, que te lo folle él.

    Ya no me quedó duda de que Nino solo metía en el culo. Era maricón, bien raro, pero maricón al fin y al cabo.

    Elvira se puso a cuatro patas. Al ver su coño mi polla volvió a apuntar a las alturas donde ya empezaba a anochecer. Iba cómo un tiro a follarle el coño, de hecho ya tenía la polla en la entrada, cuando me dijo:

    -Cómeme antes el culo.

    No sabía cómo comérselo, pero Nico se arrodilló delante de su madrina dándole el culo y ella me enseñó cómo hacerlo… Lamía y metía y sacaba la lengua de su ojete. A ver, esto no debía decirlo, pero me entraron unas ganas locas de metérsela en el culo a mi amigo. Elvira era perra vieja y me debió leer el pensamiento, ya que después de comerle el culo me preguntó:

    -¿Te gustaría meterla en mi culo?

    No le contesté. Le metí la punta de la polla en el culo y corriéndome se la clavé hasta el fondo. Luego mirando cómo ordeñaba a Nico (lo ordeñaba tirando de su polla hacia atrás y mamándola), la saqué y se la metí en el coño. Mi polla entró en el coño cómo un cohete y salió cómo un tiro la tira de veces… Al rato Nico se corrió en su boca, ella se corrió en mi polla y yo le llené el coño de leche.

    Al acabar de corrernos, me dijo:

    -Suerte que tengo la menopausia, que si no…

    La noche estaba estrellada, se sentía el murmullo del agua del río al correr y un búho ulular. Elvira se puso las bragas, el sujetador, el vestido, se calzó y nos dijo:

    -Debemos volver a la aldea por separado, o sea, vosotros por un lado cada uno y yo por el otro.

    Se fue ella primero, Nico se fue después y de último fui yo.

    Quique.

  • Naomi: Los antojos de una chica embarazada

    Naomi: Los antojos de una chica embarazada

    Nunca me ha gustado espiar a nadie y menos a mis vecinos, pero esta experiencia ocurrió de sorpresa y no sé si esta chica se daba cuenta, pero desde la terraza de mi habitación se puede ver su piscina y aunque tiene a un lado un patio cubierto, en esta ocasión esta chica de nombre Naomi estaba acomodada en una de esas sillas reclinables y aunque no le veía arriba de su abdomen porque le cubría el techo del patio, si le podía apreciar sus bonitas piernas y parte de la zona de su bikini. Hasta ese momento no le conocía su nombre, pues a pesar de que es mi vecina, por estos lados del mundo cada uno se mantiene lo más privado posible y los vecinos no se conocen entre sí.

    Esa tarde que Naomi yacía en la silla reclinable y que parecía tomar su descanso rutinario, ya me iba a retirar hacia el interior de mi habitación cuando de repente veo que esta chica se lleva su mano derecha hacia la zona de su monte Venus y pienso que algo la irrita y comienza a rascarse, pero luego me doy cuenta de que no se está rascando; se está masturbando. Pongo atención a sus movimientos y luego veo como elevaba su pelvis y con los minutos apenas escucho un pequeño gemido cuando creo se está corriendo. Me quedo en mi terraza, luego veo que se levanta, sale alrededor de la piscina, mira que yo estoy en la terraza y me hace un ademán de saludo al cual correspondo. No sé si creer lo que mis ojos han visto.

    Naomi es una de esas pocas personas que veo caminar por la colonia. Le calculé unos 30 a 33 años, es de estatura promedia y de contextura atlética. Se puede ver en su cabello esa descendencia africana, aunque su piel es morena clara. Su cabello es rizado y muchas veces la he visto luciendo esas múltiples trencitas que típicamente se hace. Es de rostro atractivo y aunque no tiene muchos pechos, su trasero es fenomenal. Hasta este punto no sé a qué se dedica y yo que me mantengo en mi casa por mi condición de retirado, pues suelo verla caminando o descansando a la orilla de la piscina y esta era la primera vez que la veo en estos menesteres.

    Al otro día en las mismas horas de la tarde como si fuera algo religioso la vuelvo a ver en la misma silla reclinable en las mismas condiciones. No puedo ver más arriba de su abdomen, pero veo como de nuevo se masturba y esta vez si he tomado unos binoculares y veo la acción tan cerca y como vuelve a explotar en otro orgasmo. Nuevamente a penas escucho su gemido, pues de mi terraza a la piscina bien hay unos 100 metros más o menos. Esta vez se para, pero se va al interior de su casa. Y de esta manera ocurren algunas otras ocasiones donde ella se masturba y eso me llama la atención, pues es una chica bella, joven y que recurra a la autosatisfacción pues me tiene intrigado. Nunca he visto a algún elemento del sexo opuesto en esa casa y, no sé si esta chica está casada… bueno realmente solo la he visto a ella.

    Hace dos días aclaré el enigma de la bella y solitaria Naomi y descubrí que al igual que yo es una mujer promiscua y dispuesta a las aventuras. Iba bajándome del coche, pues regularmente lo dejo afuera de la cochera, cuando escucho que ella me habla a través de la cerca:

    – Disculpe… ¿Cómo se llama? Yo me llamo Naomi. – me dijo.

    – Tony. -le dije. – ¿Tu eres mi vecina?

    – Si… ¿Está su esposa?

    – No… no soy casado. ¿En algo que te pueda ayudar?

    – Ahora que sé que no es casado, creo que me puede ayudar en mucho. -Me dijo en una forma coqueta.

    – Dime… ¿para que soy bueno?

    – Disculpe mi atrevimiento, pero revisando el sistema de cámaras de seguridad de mí casa, parece que usted me ha estado espiando.

    – Me vas a disculpar Naomi… pero viendo lo que tú haces a cada tarde es difícil evitar de ver. -le dije un poco molesto.

    – Disculpe… no sabía que lo podría molestar.

    – Honestamente no me molesta, pero alguna otra persona quizá ya te hubiese hecho algún problema legal.

    – Perdón… no volverá a ocurrir… discúlpeme. -me decía.

    – Por mí no hay ningún problema y siendo honesto, me gustó lo que vi. -le dije para ver su reacción.

    – ¿Y la mujer que entra aquí en un Mercedez gris es su novia?

    – No… es mi hermana. -le contesté.

    – ¿Así que le gustó lo que vio?

    – Si y mucho y, siempre me he preguntado cómo una chica tan linda como tu necesite masturbarse pues dudo que alguien te pueda rechazar.

    – ¿Le puedo ser honesta? Prométame que esto queda entre usted y yo.

    – Dime, te lo prometo.

    – Pues bien… no sé si ha visto a mi esposo. Regularmente se va temprano y regresa tarde y obviamente muy cansado. Así que no tenemos una vida sexual que digamos. Lo raro, es que siento que lo rechazo y se me ha abierto un deseo incontrolable de probar algo diferente. Le voy a ser honesta… estoy embarazada y estoy entrando a mi tercer mes y siento que el deseo de sexo es grande de experimentar, pero no con mi marido. Estoy tan deseosa de tener sexo con alguien diferente que hasta me he atrevido de hacerle esta confesión a usted. ¿Estoy loca verdad?

    – No… no estás loca. Los seres humanos somos sorprendentes.

    – ¿Usted qué piensa? Disculpe que sea tan directa con usted… ¿Usted estaría disponible?

    – No sé si te has dado cuenta, pero quizá te doblo tu edad o más. -y me sonrió.

    – ¡Pero, usted se mira joven! No se mira como un hombre impotente.

    – No… no lo soy. Pero eres mi vecina y no quiero tener problemas con nadie… además con el sexo tengo mis propios gustos y muchas mujeres no están dispuesta a complacer mis gustos.

    – ¿Cómo? Dígame. Dígame lo que quiera que de solo tener esta plática con usted me tiene excitada.

    – ¿Estás dispuesta a tener sexo anal conmigo?

    – Mire que no he tenido muy buenas experiencias, pero tengo tantas ansias que esto suceda que estoy dispuesta a todo.

    – En ese caso… ¿quieres pasar a mi habitación?

    La hice pasar al interior de mi casa y subimos por las gradas al segundo nivel y Naomi iba por delante de mí y pude ver sus piernas morenas bien torneadas pues llevaba una minifalda donde por ese desnivel para mi ventaja, podía apenas observar una diminuta prenda interior de color negra. Entramos a mi habitación y me pidió pasar al baño a darse una ducha, pues ella me decía que venía de caminar cuando me vio bajándome del coche. Pude ver como se despojó de una camisa deportiva y como dije, sus pechos son pequeños, pero con un pezón puntiagudo, pero sí su lindo trasero si que lo hace a uno soñar y divagar el pensamiento en todo lo que uno le quisiera hacer. Naomi tiene uno de esos traseros que podríamos llamar perfectos, una piel morena clara sin ningún rasgo de imperfecciones y pude observar un tatuaje en su espalda baja, apenas arriba donde comienza la separación de sus nalgas con unas letras en latín que luego tiempo después ella me dijo lo que significaba… Me quedé esperando en la cama y entonces iba a pasar a darme una ducha y ella me detuvo diciendo: -Me gustas como hueles… no te bañes.

    Ella pasó a despojarme de mi pantalón mientras yo me quitaba la camisa. Llevaba unos bóxer que se miraban ya elevados por la excitación de haberle visto el culo a Naomi. Metió su mano por una de las mangas del bóxer y me lo tocó diciendo: – Tengo suerte, nunca imaginé disfrutar de una verga tan rica como se ve la tuya… ¡Que rica verga tienes! – Se quedó a la orilla de la cama y comenzó con una felación tan intensa que parecía de las putas más experimentadas de los mejores burdeles. Es que parecía que Naomi había visto la más deliciosa paleta del mundo y se dedicó a chuparla con toda intensidad. Lo bueno que a mi edad sé tolerar este tipo de estímulos y la dejé que mamara hasta que se cansara. Esta chica me mamaba y se masturbaba que de repente explotó en un escandaloso orgasmo. Se tiró a la cama y me fui en busca de su vagina para penetrarla y me recibió gozosa con las piernas abiertas para prolongarle el orgasmo que parecía nunca terminaba.

    Cuando terminó de jadear y su respiración se normalizaba se sonreía de placer y me dijo que me quería montar. Se fue por sobre mí a la inversa dejándome ver ese hermoso poema de su rico culo, el cual no tenía vello alguno y solo se podía ver lo rosado de su rico ojete. Me tomó del falo y prosiguió con la faena de cabalgar moviendo sus lindas caderas y dándome un espectáculo fenomenal. Ella misma me pidió que le frotara el culo con mis dedos y de esa manera lo hice. Con los minutos no solo le frotaba el ano, uno de mis dedos se metía completamente en su ano y ella lo disfrutaba gimiendo y su vagina producía cantidad de lubricación que todo mi pelvis estaba mojado. Ella sacudía ese culo como si bailara Reggae y de repente ella volvía a ver las nubes y el paraíso y movió el culo como nunca vi mujer alguna moverlo. Se corrió tan rico que me dejaba sorprendido. De una manera más pausada lo seguía moviendo en esos últimos segundos de ese placer indescriptible cuando de repente su celular suena. Era su esposo y sin sacarse mi verga de su conchita ella que lo tenía cerca lo contesta y escucho la conversación pues lo tiene en la bocina con volumen alto:

    – ¡Hola, cariño! ¿Qué haces?

    – ¡Para que te lo digo… no me lo creerías!

    – Suenas que parecieras que estás en el paraíso…

    – ¡Algo así! Me están dando una culeada que es como tocar el cielo.

    – ¡Estás cumpliendo tus fantasías! ¿Y quién es el que te culea en esta ocasión?

    – Ese vecino misterioso del que te he contado y en esta ocasión su mujer nos mira como cogemos.

    – ¿Crees que su mujer desee estar con un hombre como yo?

    – ¡Quizá sí! Pero lo dudo… ella es de otras épocas y no creo que se atreva, aunque lo desee.

    – Bueno cariño, disfruta de esa culeada y solo te recuerdo que estás esperando a mi bebé y que debes cuidar a todo costo.

    – Lo sé cariño… es por eso por lo que hago lo que estoy haciendo porque debe estar rodeado con mucho amor.

    Quizá esa plática me hubiera desconcertado pero mi pene se mantuvo erecto simplemente por ver ese culo tan rico de esta bella morena. Ella al ver que ya con varios minutos no me había corrido me lo preguntó y yo le respondía que al cogerme su culo de seguro me vendría. Ella me lo propuso en la misma posición que estábamos y Naomi solamente se sacó mi verga de su conchita y apunto a su rico ojete. No tardamos mucho y poco a poco aquel culo se fue abriendo frente a mí y era como ver abrirse el paraíso y se volvió más intenso cuando esta chica me dijo lo siguiente: ¡Siento que veo estrellas… que hermosa y rica verga tienes! – le pompeé ese culo a no más dar y ella se corría con un escándalo que estimulo mi oído y me fui junto a ella dejándole ir una buena descarga que luego vi como salía escurriendo de su precioso y abierto ano. Luego le pregunté:

    – ¿Era tu marido el de la llamaba?

    – Si. – me dijo.

    – ¿Entonces él sabe que tienes amantes y que le pones el cuerno?

    – ¡No precisamente! En este momento el piensa que es una fantasía… algo con lo que jugamos siempre. Yo le cuento mis fantasías y le digo que las voy a cumplir, pero esta es la primera vez que me atrevo a hacerlo. No sé si él las hace realidad también, pero si las hace realidad, estamos ahora iguales.

    – ¿Pero en verdad estás embarazada… porque no se te nota?

    – Si lo estoy… Y le dije a mi esposo que deseaba tener sexo con un extraño. Él cree que es un antojo, capricho o lo que sea, pero la verdad que quería probar algo diferente. Sentir una piel diferente, una cama diferente… una verga diferente. Es un antojo de embarazada. – me dijo.

    Ahora nos levantábamos ambos a la regadera y darnos una ducha mientras hacíamos más plática. Me contaba que tenían cinco años de casados, que su marido era 20 años mayor que ella y que era ejecutivo de una compañía petrolera. Que lo de ellos no era amor, sino cuestión de conveniencias… era como que aquel hombre tenía una puta de lujo todos los días y ella vivía holgadamente con todos los lujos que ella quisiese. Lo que, si me confesaba con esa necesidad de desahogarse, era que desde que quedó encinta, sintió un enorme deseo de coger y no paraba de pensar en el sexo. Me dijo que desde que me vio en la terraza de mi casa imaginó y fantaseó coger conmigo, pero que las veces que se masturbaba no lo hacía para provocarme, pues nunca imaginó que alguien la pudiese ver desde ese ángulo. Se sorprendió que tuviera la misma edad de su marido pues, aunque no le conozco o visto todavía, Naomi mi cuenta que se mira mucho mayor que yo y que físicamente no se mantiene muy bien. En ese momento que nos bañábamos me comenzó a mamar de nuevo la verga hasta que me la dejaba de nuevo erecta y me dijo:

    – ¡Tienes una hermosa verga! Se necesitan tres cuatro manos para cubrirla. Sentía que casi me salía por la boca.

    – ¿Quieres que te siga culeando?

    – Definitivamente… quiero que me des por todos lados y como se te antoje.

    – ¿Cómo es que te gusta más a ti?

    – ¡Me gusta que me den de perrito! Pero regularmente los hombres se corren muy rápido cuando lo hacen así.

    – ¿Eso le ocurre a tu marido?

    – ¡Bueno… si, las pocas veces que lo hemos hecho! Aunque últimamente no hemos tenido nada porque él no se me antoja. Quiero sexo con alguien diferente y sentir un buen pene como el tuyo.

    – ¿Ya le habías puesto el cuerno a tu marido anteriormente?

    – ¡Curioso! ¿Tú que piensas? Mira, nosotras las mujeres somos tan iguales como los hombres… se nos antoja algo diferente. La diferencia es que creo que nosotras lo calculamos todo para no cometer errores.

    Me contaba todo aquello mientras me restregaba la verga con jabón y de vez en cuando me la chupaba. Noemi tiene bonito rostro, ojos café, boca pequeña con unos labios carnudos. Me gusta como se le ven cuando con ellos me atrapa el glande. Besa rico y lo que me gusta más, es que es muy comunicativa al tener sexo. Bañándonos pude apreciar mejor su cuerpo y pude ver esa marca mas clara de su piel que le deja su prenda interior y la cual delata usa regularmente del mismo tipo de bikini que ella misma se quitó al entrar al baño. Nos secamos y en el proceso le dije a Naomi que le quería dar de perrito, pues ella misma me decía era su posición preferida. Fue entonces cuando le pregunté que significaban las letras las letras en latín:

    – ¿Qué significan las letras en latín?

    – Mi culo es todo tuyo. – me dijo.

    – Lo sé… ya me lo cogí una vez… pero que significa esas letras de tu tatuaje.

    – Eso que te dije: Mi culo es todo tuyo si lees este escrito. -Repetía.

    Llegamos de nuevo a la cama y después de algunas caricias y una corta felación la puse en cuatro. Es todo un paisaje al ver a esta chica morena en esa posición elevando ese culo para ser gozado. Ella está tan excitada que puedo ver como su vagina se moja y una hebra de ese líquido se desprende y llega a su entrepierna. Mi idea no es llegar a penetrar directamente a cualquiera de esos orificios expuestos, mi idea es comérmelos y ver si explota con solo sexo oral. Me agaché hasta llegar a ese nivel y comienzo a comerme su conchita, lo que hasta ese momento no había hecho. Solo escuché su gemido de placer y aprobación y ella solo exclamó brevemente: ¡Qué rico!

    Me dediqué a recorrer mi lengua de una manera delicada en toda esa rajadura y la zona de su perineo y solamente amenazando llegar a su ojete, el cual miraba cómo lo contraía del deseo. Tiene un culo precioso, sólido y redondito, una vagina que aprieta rico y que se siente tan caliente y ese ojete que se mueve como si fuesen labios que te la están chupando. Ella sabía que jugaba con sus ansiedades y cuando presentía que se correría, me pasé a chuparle el culo y volvía a decirme: Tony, ¡qué rico! ¡Tú sí que sabes coger… eres un maestro para esos deseos de la cama! – Le chupaba el culo y Naomi lo movía como si estaba recibiendo verga con un ritmo de Reggae en esa pelvis. Ella me lo anunció y me dijo: Tony, métemela que me vas a hacer correr en cualquier momento. – Yo seguí chupándole el culo, intentando invadir ese ojete con mi lengua y hacía caso omiso a su petición de ser penetrada. De la nada Naomi explotó como volcán en erupción y se fue de bruces contra la cama y tuvo un orgasmo extremo e incontrolable que hizo que le temblaran las piernas y esos preciosos glúteos. Era una escena excitante y me encendían sus gemidos y la forma que fruncía los labios. Solo escuché que dijo: ¡Dios… nunca me habían hecho correrme así!

    Fue uno de esos orgasmos extraordinarios que Naomi compara a esa primera vez que se corrió en su vida. Ni ella misma podía explicar cómo se había corrido. Me miró y no le importó que con mi boca acababa de estar en su rico culo y me comenzó a besar como si yo fuese ese amor de su vida y me decía por sobre el hombro: ¡Por Dios… que rico me has hecho acabar! Nunca nadie me había hecho acabar así. – Ella no se refería a la potencia de su orgasmo, pues creo que esta mujer tiene la suerte de experimentar fuertes orgasmos, eso era un hecho, más ella se refería que nunca se había corrido con solo chuparle el culo. Se volvió a incorporar y me ofreció de nuevo el culo diciendo: – Tony, culéame como tú quieras… este culo es tuyo.

    Esta vez la penetré por su conchita mientras mi pulgar entraba y salía de su ojete. Naomi solo jadeaba de placer y la cama crujía, y esa conchita en ese entrar y salir de mi verga, hacía un chasquido que alimentaba esas ansias de taladrarla a morir. Sentí como su vagina se contrajo de nuevo y me decía: ¡Dame, dame, dame fuerte, no pares… me vengo, me vengo… oh, Dios, que rica verga me estoy cogiendo! – Naomi gemía, lloraba, reía, temblaba, y todo aquello me llevó a mi segunda explosión y le llené su conchita de labios pequeños y clítoris escondido con mi segunda descarga. Nos levantamos y nos fuimos hacia el baño de nuevo donde volvíamos a platicar y a encender de nuevo por el morbo de cómo ella habla.

    Culeamos por seis horas ese día hasta cansarnos. El siguiente día fueron otras dos horas y hoy este día de mayo 13, nos preparamos para seguir cogiendo una vez más. Estoy con las ansias de bajarle esos pequeños bikinis que usa… son tan pequeños, pero no son tangas y me gustan como lucen en esa piel morena clara de esta bella mujer. Me gusta como huele su sexo y ese olor de mujer y no sé todavía como esta historia terminará, pues esta mujer es muy linda y me gusta como coge, como mueve ese cuerpo en la cama y como explota en sus escandalosos orgasmos. Hoy me dijo que traerá juguetes para que juegue con ella, pues quiere sentir la sensación de ser penetrada doblemente. Todavía no he conocido o visto al supuesto marido de esta linda mujer y la verdad que no lo quiero conocer especialmente porque Naomi me lo describe más viejo que yo, aunque tenemos los mismos años. Naomi quiere coger porque ese es su antojo de embarazada y yo le voy a dar verga a morir, porque ella quiere más y más y porque también ella es muy atractiva y me enciende de solo verla. Hace dos días le hice saber mis dudas de su embarazo, pues en realidad se mira con una figura fenomenal… y quizá porque su culo me llama la atención y no veo como su abdomen se está extendiendo y ella en forma de broma me ha dicho algo que me hizo reír: – Te juro que estoy embarazada así que cuando me cojas, no le apuntes a los ojos de mi hijo.

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  • La sorpresa de mi compañera de oficina (Parte 2)

    La sorpresa de mi compañera de oficina (Parte 2)

    Completamente desnudo en esa cama, he logrado procesar lo que acaba de pasar, nunca imaginé que terminaría el día, con una salvaje noche de sexo, con aquella compañera de trabajo que me atraía tanto. Menos iba a pensar que ella estaría ahí frente a mí, vistiendo solo un liguero y unas medias negras, exhausta después de haberme compartido con su novia.

    Mi miembro aún punzaba después de haber eyaculado en el orificio anal de Andrea. Ambos, frente a frente en la cama, nos mirábamos y sonreíamos como cómplices. Sabiendo que yo era ahí un invitado, retomé el diálogo y lancé una pregunta.

    ¿Ya habían hecho un trio antes verdad?

    -Con un hombre es la segunda vez- Me respondió con mucha naturalidad.

    Karen y yo nos conocemos desde la universidad, pero en ese entonces a mi, aún se me dificultaba aceptar que también me gustaban otras chicas, había salido con algunos compañeros de la universidad, y en alguna borrachera alguna chica me besó, lo que me hizo reconocer que también me atraían las mujeres.

    Después de algunos años nos volvimos a encontrar, ya había yo aceptado totalmente mi bisexualidad, por lo que empezamos a salir. En un principio nuestra relación era como una travesura, salíamos, bebíamos, teníamos sexo, explorábamos nuestra sexualidad y nos divertíamos, pero con el paso de los meses la relación se hizo más estrecha, nos enamoramos y comenzamos a planear una vida juntas. Hace año y medio nos aventuramos a vivir juntas.

    En nuestra relación el sexo siempre ha sido fundamental, ambas reconocíamos que aún nos gustaban mucho los hombres, como buenas amigas hablábamos de los que nos atraían en la calle, en la tele, en el trabajo. También de algunas mujeres que nos gustaban.

    Nuestro primer trio se dio en una fiesta que hicimos en este departamento, con una amiga que luego de una borrachera y fumar algo de mariguana, terminamos haciendo el amor las tres. Fue una experiencia muy sensorial y viajada que nos dejó ganas de seguir probando a las 2.

    Pasaron algunos meses, y seguimos experimentando, con dildos, con arneces, con diversos juguetes y también con alguna que otra chica que se nos llegaba a atravesar. Mientras nuestro amor y complicidad crece también lo hacen nuestras ganas de seguir experimentando.

    Hace como medio año ella comenzó a sentirse atraída por un chico de la escuela donde da clases, un alumno suyo y como nuestra relación es de mucha confianza me lo confesó, me dijo también de las ganas de volverse a meter con un pene real. Finalmente accedí a que se acostara con él, a cambio de que después hiciéramos un trio, lo cierto es que la experiencia no fue tan buena, el chico estuvo nervioso la mayor parte del tiempo y eyaculó muy pronto.

    -No como tú- mientras me lanzaba un pequeño rugido y me agarraba el miembro.

    -Ya regresé chicos- decía Karen mientras entraba a la habitación, con una charola con vasos de coca con hielos, una botella de brandy, hielos y algo de botana uvas y queso.

    Sediento me preparé una cuba y la bebí de 3 sorbos, mientras Andrea y Karen jugaban con las uvas y se daban de besos y sorbos mutuamente. Andrea comenzó a jugar poniéndose una uva en la boca y entregándomela en un delicioso y dulce beso. Le siguió Karen que además la partió por la mitad y la colocó en uno de sus pezones, invitándome a tomarla.

    Luego aún más atrevida, chupó una uva y la metió en su vagina, y mientras abría sus piernas exclamó:

    -¡A ver quién la encuentra!

    Andrea y yo acudimos inmediatamente al llamado, hurgando con nuestras lenguas y dedos aquel orificio que aún olía a mango, perfume y sexo. Absorbiendo como si de una almeja se tratara, logré dar con la uva y atraparla en mi boca, la mordí y dejé escapar el jugo en su vulva que Andrea ya besaba compulsivamente.

    Este juego me hizo recuperar la erección, por lo que inmediatamente me incorporé y busqué la boca más próxima en búsqueda de una nueva felación. Andrea continuaba devorando el sexo de Karen, quien con los ojos casi en blanco y la boca semiabierta parecía ofrecer sus finos labios entreabiertos para introducir mi miembro.

    Aunque pareció tomarle por sorpresa no lo rechazó, extendió una mano al plato, tomó una uva, la masticó y comenzó a chupar mi pene con más pasión. Ella gemía y yo podía sentir cada uno de los espasmos provocados por el oral de Andrea al morder levemente mi miembro en su boca.

    Desde mi posición podía observar perfectamente a Andrea, su espalda, sus nalgas, sus senos, sus torneadas piernas aún ataviadas en ese ligero de encaje. La escena era perfecta. De pronto Andrea se separa del sexo de Karen y le dice que aún falta que yo penetre a Karen. De inmediato Karen retira mi miembro de su boca y se acomoda de nalgas dejándome ver una vez más el sorprendente esplendor de su trasero y piernas. Aprovecho para lamer su coño y su culo mientras preparo mi instrumento para introducirlo.

    Karen me recibe sonriente, relajada, y mientras yo bombeo ella se ayuda de brazos y piernas para aumentar el ritmo. En tanto, Andrea de pie junto a mi, me besa, me agarra los testículos y me ofrece de sus senos para chuparlos.

    De pronto tiene una vez más su lubricante de mango en las manos y mientras yo sigo penetrando a Karen, le introduce un par de dedos en el ano, lo que le deja escapar un pequeño grito. Minutos después de aquel vaivén, retira sus dedos del orificio de Karen.

    -Ahora te toca a ti.

    Me dice mientras ahora ella es quien extrae mi pene de la vagina de Karen, lo chupa y lo coloca en su culo. No puedo creer mi suerte, dos anales en la misma noche. Comienzo a introducir mi miembro en aquel orificio, en contraste con sus grandes nalgas su ano, parece más estrecho y dificulta un poco más la penetración. Karen entre gritos de detente y continua va controlando la entrada mientras Andrea acaricia suavemente sus caderas.

    Logro penetrar en su totalidad el culo de Karen, que para estas alturas está aferrada a las sábanas con manos y dientes, recibiendo cada embestida mia. En tanto Andrea se coloca a su lado en la cama y comienza a besarla apasionadamente.

    Decido continuar la faena, tumbándome de lado en la cama, sin salir del culo de Karen, la penetro de lado sosteniendo en el aire una de sus gruesas piernas, al tiempo que puedo ver como se besa y funde de frente con el cuerpo de Andrea, mutuamente ambas llevan sus manos al sexo de la otra mientras yo no detengo mi embestida.

    La posición se vuelve cansada por el peso de la pierna de Karen por lo que decido montarla sobre mi de espaldas, aún penetrada por el culo, abierta de piernas con su sexo en su máximo esplendor. Andrea con semejante escenario y manjar comienza a recorrer su clítoris, sus labios mientras también lo hace con la base de mi pene y mis testículos a los que debes en cuando atrapa con su boca. Mientras yo sigo penetrando por el culo a Karen, Andrea usa las yemas de sus dedos para frotar el clítoris de su novia, esta, en medio de espasmos arroja un fuerte chorro de líquido vaginal que no sólo moja la cama, sino también el piso.

    Para esas alturas los 3 estamos bañados en sudor, fluidos, jugo de uvas y lubricante. Karen se aparta y desaparece por unos instantes de nuestra vista, regresa 3 minutos después con un dildo montado en un cinturón, y exclama.

    -Espero que no te incomode la competencia.

    Mientras penetra suavemente la vagina de Karen. Desde la cavidad anal con mi miembro, puedo sentir aquel juguete que se va abriendo paso. Andrea y yo logramos encontrar un ritmo que tiene fuera de si a Karen quien no deja de gemir y de gritar tras la doble penetración.

    La escena, la sensación, y los gritos de ambas terminan una vez más por hacerme estallar ahora dentro del culo de Karen. Y aun cuando yo ya me he venido, Andrea continua bombeando mientras su novia le grita que no pare. Al final puedo sentir el estallido de Karen en mi miembro aún punzante y erecto. Exhausta Andrea se deja caer sobre Karen lo que me aprisiona aún más.

    Tras ver mi sufrimiento, Andrea se incorpora, saca el dildo de la vagina de Karen y la ayuda a desempalarse de mi, sin embargo observa como empieza a salir el semen de su ano, por lo que se apresura a lamerlo.

    -Yo también quería probarlo- me dice con una sonrisa traviesa.

    Los 3 una vez más nos encontramos desnudos, exhaustos y sonrientes en aquella cama.

    No recuerdo más, sólo que me dormí profundamente, y desperté con la voz, de Karen diciéndome:

    Despierta se te hace tarde para ir a trabajar, báñate, ya Andrea se adelantó desde hace rato.

    Llegué al trabajo con la misma ropa del día anterior, con una sonrisa imborrable, y desde lo lejos, Andrea me saludaba como siempre, sonriendo mientras se acomodaba los lentes.

  • El día de descanso será sagrado

    El día de descanso será sagrado

    Desde la cocina veo a María tomar sol recostada en la reposera,  Facundo está sentado a la mesa tomando un vaso de agua, tratando de asimilar lo que escuchó.

    (La verdad no sé si será algo normal en las mujeres, pero a mí siempre me excitó la idea de ver a Facundo en acción, verlo penetrar a otra mujer, poseerla, pero no como me lo hace a mí, más bien de una manera más salvaje, más primitiva. Sin ningún rastro de afecto solamente sexo.

    Yo viéndolo solamente sin intervenir. Disfrutando del espectáculo.

    Nunca se lo dije, supongo para que no me mal interprete, y piense que me gustaría que lo haga realmente, aparte porque hay cosas que las quiero solo para mí.

    Simplemente me excita el pensarlo.

    Neta y puramente como una fantasía. Puesto a la realidad estoy segura que no lo soportaría, mis celos no me lo permitirían, o al menos eso creía hasta ahora.

    El visualizar lo que Facundo vivió en Córdoba me dio bronca y muchos celos, pero también despertó esa fantasía, casi puedo verlo poseer a Aldana y a Andrea, penetrarlas y saciar su sed de sexo, cuál tigre sacia su hambre con su presa.

    En mi mente puedo verlos, puedo sentir el placer de Aldana al ser cogida por el culo y la excitación de Andrea al sentir como una verga imponente como la de Facundo penetra su aún inexperta vagina. Su verga puede con ambas, las coge y las inunda de placer húmedo, mi macho es el que logra tal excitación y placer.

    Rompiendo el silencio le digo:

    «Voy a seguir tomando sol, qué te parece si te cambias y nos acompañas»

    Facundo luego de un instante y mirando a la nada responde:

    «Ok, ahora voy»

    Me dirijo a la piscina, María comenta:

    «Pensé que me habías olvidado, ya me estaba por ir»

    Yo:

    «No, disculpa luego te cuento.»

    María:

    «Paso algo??»

    Yo:

    «No, no…

    Bueno sí, pero es largo de contar, luego con tiempo te explico»

    María:

    «Ok.

    Uff, que calor que hace»

    Se levanta y se arroja a la piscina, me quedo en la reposera tomando sol y acomodando mis ideas.

    Pasado un rato llega Facundo, está listo para el chapuzón con un pantalón corto y su toalla, se dirige al quincho y trae el carrito con bebidas y el equipo de música.

    Pone reggaetón y nos dice:

    «Señoras quieren algo para tomar??»

    María pide una cerveza, yo le pido energizante con espumante de limón y él toma otra cerveza, se sienta en el borde de la piscina y comenzamos a charlar los tres.

    Facundo le pregunta sobre su vida he intenta hacerle pisar el palito con respecto a lo de ella conmigo. Pero María sabía cómo evadir sus preguntas, por supuesto recurría a sus encantos (que le sobran) para descolocar a Facundo.

    Luego de mi segundo trago, empiezo a sentir un calor interno, verlos a Facundo y María charlar daba paso a imaginarme situaciones eróticas. Sinceramente yo estaba deseosa de entregarme a la lujuria que me consumía, pero algunas cosas me frenan, celos, miedo a perder a Facundo, él es mi vida y me aterra el pensar que María me lo puede quitar.

    Pero también, sé que para Facundo yo soy todo y que de última si no es con María puede ser cualquier otra.

    De hecho acaba de confesar que estuvo con dos mujeres y sigue a mi lado, yo también he tenido otras experiencias y no lo dejaría jamás a él.

    Contemplando todo e incentivada por el alcohol pienso para mí.

    (Porque privarme de esta experiencia.

    Que más lindo que disfrutar de algo así con la persona que más amo en el mundo.)

    El sol daba sus últimos brillos, la noche comenzaba a ganar al día.

    El calor y la humedad seguían insoportables.

    Me paro, tomo el control remoto de la iluminación interna de la piscina y le doy un color rojo intenso, subo un poco el volumen del reproductor de música y moviéndome al compás de la música ingreso a la piscina, me dirijo al borde donde está María. Me pegó a ella y besándola de forma fogosa manoseo su cuerpo, ella por un instante se ve sorprendida, pero luego se entrega a mi juego. Facundo sigue sentado en la pileta, su vista se clava en nosotras, sus ojos se tornan redondos y su boca a medio abrir, casi pareciera tener un hilo de baba.

    Con María nos continuamos besando y manoseando, yo lo miro a Facundo y me sonrió, él sigue con la misma expresión.

    Tomándola a María de su mano caminamos hacia donde está el

    Yo:

    «Te gusta lo que ves.

    Acaso no es lo que siempre quisiste???»

    El no responde solo nos mira

    Yo:

    «Que ocurre no te gusta??»

    María señalando su bulto comenta:

    «Pues yo creo que sí»

    Facundo tiene una erección tremenda y su shorts parece una carpa erguida.

    Le quitó el shorts y allí estaba, esa hermosa pija que tanto placer me da bien parada.

    Nos besamos con María frente a Facundo.

    Con mi mano derecha tomo su verga y con mi mano izquierda sujetó a María desde su nuca y la empujó hacia ese pene erecto que siento latir en mi mano. Lo hago como invitando o autorizando a que coma de mi hombre.

    Ella no titubea:

    «Con tu permiso Eli»

    Comienza por succionar muy suavemente el glande, lo hace muy suave con sus labios carnosos

    Toma la verga de facundo, la comienza a pajear, su manos la sostiene firme, es un cuadro hermoso, la pija para mí perfecta de facundo y la mano delicada y cuidada de María, sus uñas largas y bien pintadas le daban un marco ideal. Ella la escupe con delicadeza y se la lleva directo a la boca.

    Me paro detrás de María y apoyo mi cuerpo en el de ella. Siento su enorme culo en mi pelvis, ella sigue entretenida con la verga de Facundo.

    Le suelto el sostén de su bikini y lo quito, sus dos enormes pechos quedan expuestos. Facundo se recuesta en el piso y solo disfruta de la mamada que María le está haciendo.

    Yo le manoseo las tetas a María, son tan grandes y duras, las apretó fuerte y le besó el cuello, mi mano derecha baja por el abdomen de María llegando a su vagina, meto mi mano por su bikini ella abre levemente sus piernas dejando que mis dedos jueguen con su vulva, mi dedo índice se introduce en su conchita. Está calentita y húmeda la masturbo y sigo tocando sus tetas con mi mano izquierda. Ella le chupa la verga y los huevos a facundo.

    Me coloco al lado de María la giro hacía mí y me posicionó delante de sus tetas, las chupo y lamo juego con sus pezones hermosos mordisquea la punta de ellos, ella deja de lado la verga y agarrándome con ambas manos el rostro me besa, mordisquea mis orejas, besa mi cuello y vuelve a besarme. Facundo se vuelve a sentar y nos observa mientras nos besamos y tocamos con María.

    Ambas giramos y está vez se la chupamos entre las dos, primero una y luego otra, luego una le chupa la verga y la otra los huevos así nos vamos intercalando. En una de esas veces la observo a María con la verga en su boca, me acerco y comienzo a besarla tratando de mantener la verga de Facundo entre nuestras bocas nos besamos y el glande de esa verga dura se siente interponerse entre nuestras lenguas.

    Frotamos esa verga dura con nuestros labios cada una de un costado, ambas subimos y bajamos a la par pajeando y chupando a la vez la verga de Facundo.

    La dejo a María que siga al mando sola, me impulso con los pies y salgo de la piscina, me siento junto a Facundo y lo comienzo a besar miro hacia abajo y la veo a María chupar esa verga dura y gruesa.

    Me excita mucho ver desde la posición de Facundo como se la maman. Le digo:

    «Te gusta como la chupa mi amiga??

    Y viste el par de tetas que tiene??»

    Facundo sin decir nada la toma a María por la nuca con su mano derecha y a mí con su mano izquierda, me besa muy apasionado y escucho las arcadas de María producto de la garganta profunda que Facundo le está obligando a hacer con su mano.

    Estoy entrando en un estado de frenesí.

    Facundo se zambulle en la piscina y la toma a María por la cintura, le chupa las tetas, primero una, luego otra, luego toma ambas con sus manos las aprieta y chupa ambas tetas.

    Me zambullo yo también ambas quedamos a cada lado de Facu, él nos abraza y nos besa un rato a cada una, le tomo la verga y comienzo a pajearla. Siento su verga bien dura está muy caliente y contrasta más aún debido al frío del agua de la piscina.

    Mirando a María le digo:

    «¿Quieres probar esta verga?»

    María se quita la bikini y se coloca frente a Facundo, este la toma de la cintura y la levanta, María baja su mano y coloca la verga en su posición, Facundo la deja bajar penetrando suavemente la conchita de María.

    María sube y baja penetrada por Facundo, ella comienza a gemir, lo hace de una manera muy dulce, pasa sus brazos por detrás del cuello de facundo y se deja caer, permitiendo que Facundo marqué el ritmo de las embestidas, él la sigue cogiendo, lo hace cada vez más duro.

    María me mira directo a los ojos y me dice:

    «Que hermosa pija tiene tu marido, la tiene muy gruesa y súper dura»

    Esto me pone a mil y la beso muy fuerte, mi lengua se introduce en su boca y busca su lengua, me encantan sus labios carnosos y húmedos, la situación lo pone como loco a Facundo y aumenta las embestidas los dos gimen fuerte María le dice:

    «Si Facundo, si cógeme, cógeme

    agarrame las nalgas y cógeme»

    Facundo la obedece y la sujeta de las nalgas, el agua frena el ruido de sus choques y en sus rostro se refleja claramente el placer que están sintiendo.

    Yo me pegó a Facundo y le digo:

    «Dale cogetela, dale duro cogete esa conchita preciosa, métele hasta el fondo tu verga dura y gruesa»

    Los dos gimen muy rico y se nota que están por acabar.

    La primera es María:

    «Si, si, cógeme, si, ya me corro dale no pares cógeme por favor cógeme»

    Yo le pido que la coja duro:

    «Dale no pares cogela que ya acaba dale duro no pares»

    El aumenta aún más el ritmo y María tienen un orgasmo intenso dando un grito:

    «Siiii, que rico siii»

    Lo besa y le da las gracias.

    Facundo continúa por unos segundos más y se corre él también:

    «Sii, dios. Siii que bueennn polvo sii»

    Ambos se relajan y ella sigue penetrada.

    Yo estoy súper excitada y le digo a Facundo:

    «Ya está?! Y a mí no me coges???»

    Facundo tomando aire me responde:

    «Mi amor, esto recién empieza, ahora vamos a la habitación que estaremos más cómodos»

    Los tres nos dirigimos al dormitorio.

    María me dice que se quiere duchar le indico que pase al baño en suit.

    Mientras ella se ducha me quito el traje de baño y nos acostamos con Facundo, nos besamos, el me abraza fuerte y me dice:

    «Me sorprendiste!!! La verdad nunca lo hubiera esperado»

    Yo:

    «No es lo que siempre soñaste??»

    Facundo:

    «La verdad si pero no creí que te animarías»

    Yo:

    «Aún falta lo mejor»

    Nos seguimos besando y tocando.

    Sale María de la ducha, totalmente desnuda.

    Su cuerpo luce radiante, el día de bronceado le sienta muy bien, su piel está dorada y se marca el dibujo de su bikini.

    Facundo la observa, ella nos dice:

    «Hay lugar para uno más»

    Facundo está mudo.

    Yo respondo:

    «Claro que sí, más para tí»

    Ella se acuesta a mi lado.

    La cama es muy amplia es una súper King size.

    No besamos con María, froto su cuerpo con el mío paso mi pierna por encima de ella y la coloco en su entrepierna, mis pechos rozan su cuerpo desnudo, le tocó sus pechos con mi mano, yo estoy de costado dando la espalda a Facundo, él se inclina y me abraza apoya su verga en mi culo y me frota las tetas con sus manos, besa mi cuello, toma su verga y la apoya en mi vagina la mueve y busca mi agujerito, lo encuentra y comienza a penetrarme. Lo hace muy suave y lento siento su verga como con cada embestida gana tamaño y rigidez me toma de las caderas y me penetra, yo continuo besando a María y tocándole las tetas.

    Retiro mi pierna de su entrepierna y con mi mano derecha la masturbo, la tocó, ella está húmeda, le chupo las tetas, facundo me sigue cogiendo. Su ritmo ya es más intenso, siento su verga casi en su esplendor como entra por mi conchita, ya estoy muy mojada.

    Facundo se aleja, se coloca más abajo, me dice:

    «Ven arriba»

    Me coloco arriba de él, tomo su verga, la coloco en mi conchita y me dejó caer para que me penetre. Su verga entra en mi conchita que está chorreando flujo, siento su verga súper dura él la toma a María del brazo y le marca el recorrido para que ella quede arriba de él pero con la vagina de María sobre su cara, la toma por los cachetes del culo y la empuja hacia abajo, comienza a chuparle la conchita a María.

    Pasa su lengua por sus labios y su rajita para luego frotar el clítoris con la parte superior de su lengua lo hace una y otra vez, María se mueve arriba de él yo sigo moviéndome para que el me coja con su verga dura.

    Me excita verlo chupar la concha de María, también me encanta ver el culo de María siempre redondo y bien parado. Facundo me sostiene de la cintura y me coge duro.

    Le tocó la espalda a María y le hago seña para rotar, ella me obedece.

    Me coloco en la posición que estaba María y ella lo mismo, sujeta la verga de Facundo la masturba un poco y se la introduce en su conchita. Facundo ahora la coge a María mientras me chupa la concha.

    Que rico se siente su lengua recorrer toda mi vulva, sentirla pasar por mi clítoris e introducirla bien profundo, desde atrás siento los gemidos de María, está disfrutando mucho de esa verga.

    Espero un rato y le pido a Facundo que se siente al borde de la cama, lo hace y me coloco de espaldas a el sujeto su verga y me la introduzco en mi conchita subo y bajo clavándome los 18 cm de Facundo en mí, me encanta sentir su verga caliente y dura penetrarme.

    La miro a María y con mi dedo índice la llamo y le señalo mi conchita, ella lo entiende a la primera. Se arrodilla y me lame la conchita mientras me cogen, que rico, ella juega con su lengua y mi clítoris, yo comienzo a entrar en clímax ella sigue chupando y yo sigo moviéndome ensartada en la verga de Facundo:

    «Si que rico!!! No paren ninguno de los dos. Sii ya acabo haa sii haa.

    No paren no paren»

    Sujetando a María de la nuca tengo un orgasmo delicioso. Ella continua chupando mi conchita, Facundo me empuja un poco hacia arriba con su pelvis me sostiene con sus brazos y se mueve duro cogiéndome fuerte. Vuelvo a sentir mi cuerpo estremecerse pumm el segundo orgasmo seguido, que hermosa sensación. María saca la verga de mi conchita y la chupa lo hace bien rico desde arriba la observo tragarse toda la verga, la sujeta y la vuelve a colocar en mi conchita Facundo me continua cogiendo, ahora María le chupa los huevos y cuando saca el tronco en cada vestida ella se lo lame para luego continuar con sus huevos.

    Me levanto y le digo a Facundo:

    «Amor, ven que te voy a hacer un regalito especial.»

    Él se para, yo la tomo del brazo a María la levanto y le pido que se ponga en cuatro.

    Lo miro a Facundo y le susurro al oído:

    «Mira ese culo, no es hermoso???»

    El lo mira, se refriega la verga con su mano y se abalanza a ese culo.

    Toma a María por la cintura y de una embestida la penetra nuevamente por su conchita ella da un grito de placer y luego un gemido a cada embestida. Facundo la está cogiendo muy rico escucho los golpes de su abdomen con los cachetes del culo de María. Sus movimientos son rápidos y continuos.

    María gime y grita:

    «Si, si, si cogeme no pares, que rica pija tenés, si no pares. Me encanta tu verga»

    Me posicioné al lado de María, le abro los cachetes de su culo y dejó su esfínter a la vista. Mirando a Facundo y con una sonrisa le digo:

    «No quieres probar este hermoso culito. Pero ve despacio que lo tiene bien cerradito»

    Saco su verga de la conchita de María y la coloco en el culito, abro bien los cachetes y Facundo comienza a empujar. Su verga dura y recta no logra abrir el culito de María, es empuje tras empuje pero no entra, de a poco puedo ver cómo su glande se abre camino y comienza a penetrar, ella comienza a dar gritos ahogados por el placer, su ano se está dilatando, el glande de esa verga hermosa entra por completo, ahora es el tronco grueso que se abre camino dilatando el ano. Veo su culito estirarse, ella agarra las sabanas con fuerza y las retuerce conteniendo los gritos, muerde las sábanas, le pregunto:

    «Te duele??»

    María:

    «Si, bastante»

    Yo:

    «Le digo que la saque»

    María:

    «No por favor, hay hay hay»

    Sonriendo le susurro a Facu:

    «Quiere que le des más duro»

    El me hace caso y la penetra bien profundo ya toda su verga está dentro yo me acerco y le escupo el culito a María, esto facilita la penetración y más lo gozan ambos.

    Facundo no aguanta la tentación y le da nalgadas las primeras suaves pero al ver que la respuesta de María era la adecuada continua dándole nalgadas fuertes, se escuchan golpear los dedos y la palma contra las nalgas.

    Con cada nalgada veo como rebotan los cachetes de ese hermoso culo, sus nalgas están rojas.

    A cada nalgada María respondía con un:

    «Ay si, ay si, ay si»

    Facundo:

    «Te gusta María??»

    María:

    «Si papi rompeme el culo, ay si, hay si, si, si»

    Le pido a Facundo que salga de ella:

    «Ahora siéntate a fumar un cigarrito y déjanos un minuto a nosotras solas»

    La doy vuelta a María, está exhausta, su respiración es acelerada, Facundo se sienta y toma un descanso, su verga sigue dura, yo me tiro encima de María y la beso, le besó el cuello, bajo por su pecho, le chupo las tetas están súper duras y sus pezones hinchados y puntiagudos disfruto de ellos, los chupo y mordisqueo.

    Bajo a su conchita, está súper húmeda, sus labios vaginales son gorditos, pero ahora están aún más gorditos y rosaditos su clítoris se nota también inflamado lo beso le pasó la lengua por toda su vulva, la beso, la chupo, le chupo la concha siento su flujo salir por entre sus labios, le introduzco un dedo y lo siento empapado, también la siento más dilatada que en ocasiones anteriores, la verga gruesa de Facundo estaba haciendo mella en la conchita apretadita de María.

    Me doy vuelta, quedamos opuestas, paso una pierna por debajo de ella nos acercamos y quedando vulva con vulva nos comenzamos a mover, ella me dice:

    «Hazlo suave que la tengo muy sensible»

    Esto me excita y la froto, paso mi vulva por la suya una y otra vez, nuestros flujos salen de nuestras conchitas y se mezclan en nuestros labios vaginales siento su piel rozar la mía, acaricio sus piernas ella las mías.

    Facundo se levanta y se dirige a la mesa de luz por los cigarrillos, vuelve y al pasar nos manosea las tetas, su verga está súper dura y de su glande cuelga un hilo de líquido preseminal. Se sienta prende un cigarrillo y masturbándose nos observa, esto me excita aún más. Me doy cuenta que María comienza a moverse más rápido, siento su vagina más caliente y gimiendo fuerte se viene en un orgasmo hermoso, siento como su líquido sale y moja mi concha por completo. Continúo un rato más y me levanto.

    Le pido a Facundo que se acueste y a María que lo cabalgue.

    Mientras ellos cogen en esa posición yo me inclino y saco un cofre desde abajo de la cama.

    (Al igual que María tengo un cofre dónde guardo mis juguetes)

    Tomo el dildo con cinturón y me lo coloco, subo a la cama, lo lubrico con aceite y le digo a Facundo:

    «Mi amor abrele las nalgas a esta perrita que la vamos a coger ambos»

    Facundo abre los cachetes del culito de María, me encanta esa imagen. Las nalgas de María perfectas redonditas y brillantes, el agujerito ya está dilatado producto de la cogida que la verga de facundo le dio y debajo veo esa verga taladrar la conchita inflamada de María.

    Tomo el dildo, lo coloco en la puerta de su culito y la penetro, la tomo por su cintura, sincronizo mis embestidas con las de Facu.

    Ambos le hacemos una doble penetración deliciosa, ella gime.

    Desde abajo Facundo gime y dice:

    «Uff que rico, si, estás empapada, siento como tú flujo chorrea por mis huevos»

    La continuamos cogiendo a María.

    (Se exactamente el placer que está sintiendo, recuerdo cuando Fabrizio y Andrés me cogieron ambos.

    El placer que sentí, como fui penetrada por ambos.)

    Facundo le chupa las tetas a María y yo le doy nalgadas. Lo hago de una forma brusca su culo está colorado de los cachetazos que recibe, nos pide que no paremos que sigamos cogiéndola, su respiración se acelera y sus gemidos son más fuertes. Está a punto de acabar nuevamente.

    La sujetó firme de sus caderas y golpeó con fuerza su culo Facundo solo mantiene su verga enterrada en ella.

    Mis embestidas son muy fuertes y profundas, ella explota en un orgasmo intenso al tiempo que yo le doy nalgadas tras nalgada. Continuo penetrando ese culo hermoso, desde arriba la vista es preciosa ver ese culo rebotar y sus nalgas marcadas con mis dedos producto de los cachetazos que recibió.

    Facundo dice:

    «Ahora me toca acabar a mí»

    Salgo de arriba de María, tomándola del brazo la arrodillo al lado mío, nos besamos, lo hacemos de una manera apasionada Facu se para y haciéndose una paja nos tira su leche justo en nuestros labios. Nosotras seguimos besándonos, su esperma se desparrama por nuestras bocas, con nuestras lenguas juntamos lo más que podemos para luego mezclarlo en nuestras bocas y tragarlo. Facundo nos introduce su verga aún palpitante entre nuestros labios, la chupamos un rato cada una y la dejamos bien limpia.

    Él se va a bañar y nosotras dos nos quedamos en la cama acariciándonos y besándonos.

    Cuando Facundo sale del baño nos dice:

    «Bueno chicas mientras ustedes continúan divirtiéndose yo voy a pedir comida.

    Presiento que esta será una noche larga.»

    CONTINUARÁ.

  • Mi madre y mi amigo: Fin de semana de campamento (Parte 2)

    Mi madre y mi amigo: Fin de semana de campamento (Parte 2)

    Al otro día me desperté como las 11:30 de la mañana, Rodrigo no estaba, vi la hora y me dirigí a mi edificio, antes de entrar llamé a mi casa un par de veces para asegurarme que podría escabullirme, no recibí respuesta, lo que me indicó que aún debían estar durmiendo. Seguí el mismo procedimiento del día anterior, pero para mi sorpresa cuando entré la pareja no estaba durmiendo sino que estaban en la ducha follando nuevamente, la puerta del baño estaba semi-abierta. Sin embargo, no me atreví a entrar, ya que el baño de la pieza de mi madre no es muy grande y podía ser observado. A pesar de esto podía escuchar los gemidos a lo lejos, era bastante difícil distinguir lo que decían principalmente por el ruido del agua. Me acerqué un poco a la puerta y lo único que alcancé a escuchar fue:

    – Me encantaaa hacerlo en la duchaaa. Señalaba mi madre entre gemidos.

    – A mi me gusta hacértelo en cualquier lugar. Respondía Carlos agitado.

    – Ah. Logré oír un segundo gemido de Sofía.

    Me alejé de la puerta y decidí ocultarme y esperar. Estuvieron alrededor de veinte minutos más en la ducha hasta que cesó el sonido del agua correr y observé como Carlos salía desnudo a buscar unas toallas, mi amigo le pasó una a mi madre y comenzó a secarse sobre la cama. Sofía se quedó en el baño y cerró la puerta. Luego de secarse bien, el muchacho se puso un pantalón corto y una polera y se dirigió al balcón para colgar la toalla, después se recostó en la cama y empezó a ver televisión. Tras aproximadamente media hora, mamá salió del baño completamente vestida con una faldita de mezclilla por sobre la rodilla, unos zapatitos de tacón negro y una pequeña blusa sin mangas también negra. Luego se dirigió a su mueble y comenzó a pintarse.

    – Me encantaría quedarme contigo, Carlitos, pero tengo que acompañar a Ricardo. Decía Sofía.

    – Sí lo sé Sofy, está bien. No te demores mucho eso si que no aguanto mucho tiempo sin ti… jajaja. Además, hoy llega Jorge y después no te voy a poder ver.

    – Algo inventaremos para poder vernos igual. Señaló mamá besándolo.

    – Oh, me encantas. Mejor no te acerques que me pongo duro inmediatamente y tu noviecito ya viene en camino. Decía Carlos agarrándola de la cintura.

    – Mejor, mi vida, voy a tratar de volver lo antes posible, te lo prometo.

    Luego de unos instantes sonó el celular de mi madre, Sofía terminó de arreglarse y besando apasionadamente a mi amigo salió, no sin antes jurarle que volvería lo antes posible.

    Yo estaba decepcionado, esperaba pillar a la pareja en sus momentos de intimidad, pero lamentablemente esto no había sucedido. Carlos siguió viendo televisión durante casi una hora, yo estaba aburridísimo, no pasaba nada y ya estaba empezando a pensar que sería un día perdido. Sin embargo, para mi suerte estaba equivocado, después de ese largo y tedioso rato pude ver como mi amigo levantaba el teléfono con un rostro muy similar al del día anterior cuando había hurgueteado los muebles de mamá. Puse atención y escuché sus palabras:

    – ¿Aló? ¿Cómo estás?

    – Bien, Bien.

    – Oye, ¿Estás ocupado?

    – Ven para la casa de Jorge. Te tengo una sorpresa enorme.

    – No, no te puedo decir por acá. Ven y sabrás.

    – Es que tienes que verlo por ti mismo.

    – Ya, te espero, trata de no demorarte tanto. Apúrate, nos vemos acá, chao.

    Yo suponía que la “sorpresita” estaba relacionada con la situación con mi madre, pero tenía la enorme curiosidad de con quién había hablado Carlos. El rostro de mi amigo reflejaba una mezcla de felicidad y picardía, era exactamente la misma cara del día anterior.

    Alrededor de las 3:00 de la tarde sonó el citófono, Carlos se levantó tal y como estaba y le indicó al misterioso personaje que subiera, lo esperó en la sala y logré escuchar como abría la puerta.

    – Hola, ¿Qué pasó?

    – Entra luego. Respondió mi amigo rápidamente.

    – ¿Y tú qué haces acá? ¿Y por qué estás vestido así? La voz era inconfundible, correspondía a Miguel, un amigo en común que teníamos con Carlos.

    – Tranquilo, tranquilo te voy a contar todo. Toma asiento. Señalaba Carlos riendo.

    – ¿Y Jorge, dónde está?

    – Toma asiento, tranquilízate, te voy a explicar todo. ¿Quieres algo de beber?

    – No gracias, explícame que sucede. Respondía Miguel sin entender nada.

    – La historia que te voy a contar te va a sonar increíble, por eso te pedí que vinieras. Decía Carlos sirviéndose un trago.

    – ¿Entonces, qué sucede? ya estoy acá.

    – ¿Recuerdas a la madre de Jorge, a Sofía? Preguntó Carlos.

    – Si, obvio que la recuerdo.

    – ¿Recuerdas los comentarios que solemos hacer sobre ella? Que estaba buena, que tenía un par de tetas fantásticas y un culo exquisito, bla, bla, bla.

    – ¿Estás seguro que no está Jorge? Respondía Miguel intranquilo.

    – Si, tranquilo, anda de campamento con unos compañeros de la universidad y no va a llegar hasta la noche. Pero, responde ¿Recuerdas todo eso?

    – Jajaja… claro que sí. Todos sabemos que la mamá de Jorge esta buenísima y más de alguno le hemos dedicado una paja.

    – Bueno, aunque no lo creas… tú amigote acá… se la estoy follando. Declaró Carlos orgulloso.

    – ¿Qué? Jajaja… Parece que te hizo mal el alcohol, te estás volviendo loco. Miguel respondía sin dar crédito a las palabras que escuchaba.

    – Jajajaja, sabía que no me ibas a creer por eso te pedí que vinieras.

    – Pero Carlos, ¿Cómo quieres que te crea eso? Está bien que siempre hayamos fantaseado con la mamá de Jorge, pero de eso a….

    – Piénsalo Miguel, usa la lógica, ¿Por qué crees que estoy acá solo? ¿Por qué estoy vestido así?

    – No sé, quizás… bueno, emmm, no sé, pero… Miguel no sabía cómo explicar las preguntas de Carlos.

    – Mira, esto fue lo que pasó.

    Carlos contó a Miguel toda la historia de su relación con mi madre omitiendo el hecho de que yo lo había ayudado en su primer encuentro. Obviamente, Miguel seguía sin creer las palabras de Carlos y a pesar de su notable interés negaba todo con expresiones de incredulidad.

    – Pero bueno para eso te llamé para que lo veas con tus propios ojos. Sólo así lo creerás. Vamos que tenemos que actuar rápido, Sofía ya debe estar pronta a volver. Escuché como Carlos se levantaba del sofá.

    – ¿Qué? Respondía Miguel sin entender nada aún.

    – ¿Qué hora es? Preguntó Carlos.

    – Las 4:20. Respondió Miguel.

    – Sí… ya lleva tres horas fuera, debe estar por volver. Ven debemos buscar un lugar donde puedas observar todo. Ambos se dirigieron hacía la pieza de mi madre.

    – Estás loco Carlos, no entiendo nada.

    – Pronto verás un espectáculo único que nunca olvidaras te lo prometo. Decía Carlos con seguridad.

    – Estás loco, ya ¿Y dónde me escondo?

    – No sé, tiene que ser un lugar donde puedas ver bien y que Sofía no te descubra. Decía el muchacho pensativo.

    Ambos comenzaron a discutir sobre el mejor lugar para esconderse, yo estaba preocupado ya que temía que pudieran encontrarme y arruinar todo. Finalmente, Carlos movió unas prendas que había en el closet que se ubicaba justo frente a mi escondite e hizo espacio para que Miguel se ubicara ahí, después de un rato lograron terminar el escondite y esperaron. Conversaron durante unos minutos más hasta que Carlos escuchó los tacos de mamá por el pasillo y le indicó a Miguel que se escondiera rápido. El muchacho obedeció y Carlos salió a recibir a mamá a la sala.

    – ¿Cómo estuvo tu almuerzo?

    – Aburridísimo. Estaba desesperada por volver.

    – ¿Sí? ¿Y por qué? Respondió Carlos con picardía.

    – Ohhh, mi amor, si sabes por qué. Logré escuchar que habían comenzado a besarse.

    – No podía esperar más por esto. Vamos aprovechemos bien el tiempo.

    Besándose entraron en la pieza. No podía observar el rostro de Miguel, pero me imaginaba su boca abierta de incredulidad. Carlos miraba regularmente el closet levantando el pulgar en señal de que todo estaba bien. La pareja siguió besándose y sobándose salvajemente de pie frente a la cama. Mi amigo comenzó a magrearle y besarle las tetas, el cuello y la boca. Ella soltó su cabello y siguió comiéndole la boca. Después de unos minutos, Carlos le desabotonó la blusa desde el cuello y se la quitó, mi madre se sacó el corpiño quedando con sus duras tetas al aire. Mi amigo empezó a chupetearle los melones como desesperado a la vez que le dejaba ir una mano por la falda.

    – Me fascina como te mojas tan rápido, Sofy. Decía Carlos introduciéndole los dedos.

    – Tú me pones así, mi amooor. Replicaba mamá comenzando a esbozar unos leves gemidos.

    – ¿Y tú noviecito? ¿No te pone caliente?

    – Ja, sabes que no, sólo tú me pones así, mi vidaaa, ¡sólo tú!

    Luego de eso, Carlos se sacó la camiseta y se bajó con gran facilidad los cortos pantaloncillos, Sofía observó la vergota erecta y sin pensarlo dos veces se arrodilló y se la introdujo salvajemente en la boca. Mi amigo se movió un poco para que Miguel pudiera observar mejor el espectáculo que le estaba ofreciendo. Mi madre seguía tragando y tragando con gran velocidad afirmándose de las piernas de Carlos. Yo ya había visto que Sofía era una maestra en la materia del sexo oral, pero aquel día realmente parecía poseída, lo hacía con una velocidad increíble y le decía a mi amigo cosas como:

    – Me encanta tu miembro, que bueno esta. Me fascina chuparlo, me lo voy a tragar tooodo.

    Carlos no respondía nada, creo que estaba tan sorprendido como yo y gozando como nunca. Lo único que atinaba a hacer era mirar hacia el closet entre mamada y mamada. Sofía seguía con su feroz chupada, jugueteando con sus bolas y continuando con sus calientes palabras.

    – Que rica que es, mi vidaaa. Me mata tu enorme miembro, me encanta saborear tu palo, dámelo todo.

    – ¿Lo quieres todo zorrita? ¿Lo quieres todo? ¡Entonces trágatelo todooo!

    Mi amigo la tomó fuertemente de la nuca y se la clavó hasta el fondo de la garganta, ella trató de zafarse sin conseguirlo, Carlos la agarró de los pelos y comenzó en rápido mete-saca en su boca dificultando la respiración de mi madre y provocándole arcadas. Claramente, se podían escuchar los sonidos de la verga en la garganta de Sofía.

    – ¿La querías toda? Ahora la tienes hasta la faringe… jajaja. Eso es, trágatela enterita, oh, que goce, eso sigue chupando, sigue chupando. ¿Te gusta mamarla, verdad? ¿Te gusta comer verga? Señalaba Carlos mirando fijamente como su miembro desaparecía en la boca de mi mamá.

    – “Glup, Glup”. Era el único sonido que emitía Sofía.

    Carlos cerraba sus ojos y levantaba su cabeza estaba gozando de una manera increíble y apenas pudo notar que mi madre le golpeaba las piernas pidiéndole que la soltara. Mi amigo la miró y le retiró la mano de la nuca, su verga salió toda mojada de la cavidad bucal, se podían observar hilos de saliva a medida que Carlos apartaba su verga de la boca de mamá. Ella respiró profundamente aliviada y tragó una gran cantidad de saliva.

    – Casi me ahogo. Señaló Sofía respirando rápidamente.

    – Tú me lo pediste. Dijo Carlos.

    – Nunca había hecho eso. Volvió a decir mamá aún agitada.

    – Hay varias cosas en las que has debutado conmigo, lo de ayer, ahora esto…jajaja. Pero, yo sé que te gusta, Sofy. Tócate el coñito, estoy seguro que estás toda mojada. Mi madre asistió con la cabeza.

    – Sigue entonces, que a mi me encanta que me la mames. Mi amigo le volvió a tomar la cabeza dirigiéndola, esta vez, “cariñosamente” hacia su miembro.

    Sofía se lo volvió a introducir en la boca y comenzó nuevamente con sus salvajes movimientos, masturbándolo y chupándole la punta, lamiéndoselo por los costados y chupeteándole las bolas, todo con gran rapidez. Siguió así por otros minutos hasta que Carlos explotó:

    – Oh, Sofy que bien lo haces, ya no aguanto másss.

    Mi amigo tomó de nuevo fuertemente a mi madre de la nuca y se la introdujo hasta el fondo. Ella se sorprendió con las descargas de Carlos e intentó sacarse el miembro de garganta, sin embargo el muchacho la agarró más fuerte y con unas convulsiones le dejó ir todo su líquido en la boquita. Sofía trataba de tragarse el semen con ahínco, apretando sus ojos y agarrándose de las piernas de Carlos, no obstante algunas gotas de leche comenzaron a fluir de sus comisuras recorriendo su pera y cayendo al suelo. Tras esto, mi amigo le sacó la verga y se dejó caer agotado en la cama.

    – Te tragaste toda mi lechecita, oh, eres realmente fantástica.

    – Sabe bien el semen, ah, nunca lo había probado.

    – ¿Te gustó? Señaló Carlos sonriendo.

    – Cualquier cosa que sea contigo me encanta. Respondió ella.

    – Eres la mejor, Sofy, la mejor. Si yo fuera tu novio te estaría follando todos los días a cada rato.

    – Bueno, ahora tienes la oportunidad. Mi madre se retiró al baño para limpiarse y retornó rápido.

    – Ahora te toca a ti. Dijo Sofía sacándose la faldita y el calzón.

    – Ven acá que te voy a comer el coñito como nunca.

    Carlos se abalanzó sobre mi madre y empezó a comerle la conchita salvajemente agarrándose de sus piernas abiertas. Ella apretaba la marquesa de la cama con sus manos contorsionándose, luego se apretujaba las tetas para terminar tirando fuertemente del cabello de Carlos repitiendo su nombre.

    – Oh, Carlos, oh Carlitos. ¡Qué rico! Eso, ahí, ahí.

    Mi amigo no respondía nada y sólo seguía lamiendo pasándole la lengua de arriba debajo de su entrepierna.

    Después de una buena cantidad de minutos practicándole sexo oral, Carlos se levantó indicándole a Sofía que se subiera arriba de él.

    – Vamos Sofy, quiero que me cabalgues. Después del entrenamiento de ayer ahora te va entrar todita.

    – Si, mi vida como tú quieras. Respondía mi madre levantándose rápidamente.

    – Me fascina tenerte arriba, eres una experta montando. Decía Carlos acostándose en la cama.

    – Contigo es fácil ser experta. Replicaba mamá ubicándose sobre él y dirigiéndole la verga hacia su coño.

    – Vas a ver que fácil entra ahora.

    Efectivamente, Sofía se introdujo casi sin problemas el vergón de mi amigo emitiendo un largo gemido y abriendo la boca bien grande, momento que aprovechó Carlos para meterle un dedo en la cavidad bucal.

    – Ay mi dios, que bien se siente. Fueron las primeras palabras de mamá.

    – Viste, sabía que iba a servir el tratamiento de anoche. Decía Carlos agarrándole fuertemente el culo.

    – Siii, vaya que sirvió. Sofía empezaba a cabalgar.

    – No eres la primera, es que no es fácil recibir un miembro así… jajaja. Señalaba mi amigo orgulloso del tamaño de su herramienta.

    – No, mi amor, nunca había tenido una verga así. Nunca había sentidoooo lo que me haces sentir.

    – Mira, te voy a enseñar a disfrutar de un miembro como el mío. Levanta tus piernas. Carlos detuvo sus movimientos y le indicó a mi madre que abriera sus piernas.

    – ¿Cómo? ¿Así? Preguntaba Sofía sin comprender bien las intenciones de mi amigo. Carlos le sacó la verga y trató de explicarle.

    – No, siéntate en mi verga, eh, como si estuvieras meando en la calle. ¿Me entiendes?

    – ¿Así? Preguntaba mi madre abriendo bien sus piernas y apoyando la planta de sus pies sobre la cama.

    – Perfecto, ahora comienza a bajar. La verga de mi amigo estaba como un poste esperando a mamá.

    Sofía agarró el miembro de Carlos y nuevamente lo dirigió a su abertura, la que poco a poco comenzó a albergarlo provocando un enorme goce en mamá que se reflejaba en su rostro desfigurado. Cuando su verga desapareció completamente en el coñito de mi madre, mi amigo señaló.

    – ¿La sientes mejor así?

    – Si

    – Ahora si que la estás disfrutando enterita.

    – Oh, la siento toda adentro.

    – Ahora a gozar. Carlos agarró a mi madre por los muslos y comenzó el mete-saca.

    – Siempre soñé con gozar así. Respondía mamá afirmándose en la parte superior de sus muslos, subiendo y bajando sobre la verga de Carlos.

    – Que desperdicio que una mujer como tú con este cuerpazo no tuviera a nadie que la hiciera gozar como se merece.

    – Ahora te tengo a ti, mi vida.

    – Sí, ahora estoy yo para satisfacerte.

    – Igual me extraña que con este cuerpazo, estas tetas exquisitas y este culote no hayas tenido alguien que te hiciera zumbar, con todos los candidatos que pagarían por follarte. Carlos decía esto mientras le agarraba fuertemente las tetas.

    – ¿Candidatos? ¿Qué candidatos? Respondía mamá entre gemidos y haciéndose la tonta.

    – Jajaja… te gusta mostrarte y sentirte deseada, eso lo noté desde que te conocí. Tú sabes que todos quieren follarte. Don José, Marco, Cristián y todos los otros, sin contar a todos los amigos de Jorge.

    – Son puros jovencitos no se fijarían en una vieja como yo, ay mi dios, métemela toda.

    – Jajaja… ya te dije que siempre hemos hablado de ti, del cuerpazo que tienes y sabes que más de alguno te ha dedicado una paja.

    – Nunca me había dado cuenta.

    – No seas mentirosa. Yo creo que si los muchachos hubiesen sabido que estabas tan necesitada de verga y lo buena que eras para mamar y follar te la clavaban el mismo día que te conocieron ahí mismo delante de tu hijo.

    – ¿De verdad lo crees? Ahhh que goce que siento.

    – No sólo lo creo, lo sé, porque me lo han dicho. Sofy tú estás más buena que cualquier muchacha de nuestra edad.

    – Me encanta que me hagas el amor.

    – Oh, tú eres por lejos la mejor mujer que me he follado.

    Carlos la agarró de las nalgas y se la comenzó a clavar como loco con gran velocidad haciendo a mi madre saltar sobre él obligándola a afirmarse del respaldo de la cama para no perder el equilibrio. La verga de mi amigo entraba y salía rápidamente del coñito de Sofía, ella sólo gritaba de pasión sobándose las tetas y el pelo. Luego de un rato así, Carlos se la sacó y se ubicó detrás de ella. Mi madre se puso en “cuatro” levantando bien su trasero para una mejor penetración. El muchacho se la dejo ir toda de una vez y comenzó un lento mete-saca agarrando a mamá de la cintura:

    – Bueno, siguiendo con el tema. No puedes decir que nadie se fija en ti. Yo creo que eres la mujer más deseada del barrio.

    – Gracias, mi amor, pero eso piensas tú.

    – No, no sólo yo. Muchos otros, por ejemplo, Miguel, ¿sabes quién es? Carlos dirigía su mirada hacia el closet.

    – ¿El amigo de Jorge? Preguntó mi madre entre gemidos.

    – Si, el mismo.

    – Sí, sigue así ¿Qué pasa con él?

    – Él es uno de tus «admiradores». Mi amigo volvía a mirar hacia donde estaba Miguel.

    – Nooo lo creo, mi vida, si que goce.

    – Jajaja… te lo aseguro. Miguel daría lo que fuera por estar aquí clavándotela hasta el fondo.

    – ¿Sí? ¿Y cómoo lo sabes? Preguntaba Sofía con cierto interés.

    – Ya te dije que siempre hablamos de ti con los muchachos. ¿Y a ti qué parece Miguel?

    – Es un muchacho guapo, eso, métemela hasta el fondo. Carlos empezaba a aumentar la velocidad de sus movimientos.

    – ¿Te gustaría follártelo? Preguntó Carlos dirigiendo una sonrisa hacia el closet

    – No sé, mi vida, ah sigue así.

    – Vamos, yo sé que te gustaría hacerlo con él. Carlos la tomaba de los hombros penetrándola hasta el fondo.

    – Oh, me encanta como lo haces. Mi madre agarraba fuertemente las sabanas y con una mano se abría la conchita para recibir mejor el vergón de mi amigo, que había comenzado a fijar su mirada en su culo.

    – Vamos Sofy, dime que sí, que te gustaría follarte a Miguel. Carlos reía y miraba intermitentemente al closet, me imagino la cara que debía tener Miguel.

    – Sí, mi vida, lo que tú quieras, me matas Carlos. Mi madre apretó sus manos, al parecer había llegado al orgasmo.

    – Viste que en el fondo eres una calentona, por eso me fascinas. Mi amigo la tomaba de su larga cabellera levantando su rostro. Mi madre estaba tan mojada que claramente se podía escuchar un leve «chapoteo» en la penetración de Carlos.

    – Me encanta hacerlo contigo. Respondía mamá agotada.

    – Oh Sofy no aguanto más, tengo que follarme este culote. Mi amigo se la sacó sobajándole el trasero y rápidamente empezó a introducir poco a poco su miembro en el ojete de mi madre.

    – Ah, despacio. Decía mi madre levantando su culito.

    – No te preocupes, te va a entrar mejor, ya la lubricaste en tu coñito…jajaja.

    – Oh, la siento toda. Carlos ya le había metido un poco más de la mitad.

    – No está toda, sólo llevo la mitad. Vamos a tener que entrenar este culote también para que puedas recibirla toda. Mi amigo comenzaba un lento mete-saca.

    – Ay, que rico como te siento en mi culito.

    – ¿Te gusta? Oh, como me apretas. Decía mi amigo aumentando la rapidez.

    – Despacito, despacio, despacio por favor. Gritaba mi madre desesperada.

    – Lo siento Sofy, ya estoy llegando. Carlos la penetraba con casi la misma velocidad que se la había clavado en su coñito.

    – Ah, si. Era lo único que articulaba mi madre.

    – Que buen culo que tienes. Señalaba Carlos golpeándole fuertemente las nalgas con su palma abierta.

    – Vamos Carlitos, lléname el orto. Chillaba alocadamente Sofía.

    – Ohh. Mi amigo levantó su cabeza y su cuerpo se endureció a la vez que dejaba ir su líquido en el trasero de mamá.

    – Ah, que rico, me encanta sentirla dentro. Fueron las últimas palabras de Sofía antes que Carlos se desplomara sobre ella.

    Cuando mi amigo le sacó la verga pude observar un hilito de semen que denotaba la descarga que le había dado a Sofía, luego se recostó de espaldas respirando agitado. Estuvieron un rato tendidos en la cama, totalmente exhaustos, uno al lado de otro, ya eran casi las 6 de la tarde, hasta que Carlos se acordó que Miguel estaba escondido en el closet y le dijo a mamá:

    – Sofy, ¿Por qué no nos duchamos juntos?

    – Ay, Carlitos, estoy agotada, nunca había cogido tanto en mi vida. Decía Sofía riendo.

    – Pero, es que me encanta hacerlo en la ducha. Mi amigo comenzaba a besarla.

    – Estoy muy cansada, además Jorge ya debe estar por llegar.

    – Vamos, yo sé que te gusta aprovechemos el rato que nos queda. Quizás después hasta cuándo vamos a tener que aguantarnos. Carlos la acariciaba y le besaba el cuello excitándola de nuevo.

    – Ya, está bien, no me puedo resistir contigo.

    – Así me gusta Sofía. Mi madre se levantó de la cama y se dirigió al baño.

    – Anda tu primero, yo voy enseguida. Señaló Carlos.

    – Apúrate que debemos aprovechar el poco tiempo que nos queda. Sofía entró al baño y abrió la llave del agua.

    – Voy en un segundo. Carlos se dirigió sigilosamente al closet y sin abrirlo le habló a Miguel.

    – Cuando estemos duchándonos sales en silencio que no te escuche, después hablamos. Señaló mi amigo susurrando.

    – Te estoy esperando, mi vida. Decía mi madre desde el baño.

    – Ya voy. Carlos entró al baño y cerró bien la puerta.

    Después de unos minutos, Miguel salió del closet. Su rostro demostraba su incredulidad e impresión, se acercó al baño e intentó escuchar los leves gemidos de Sofía, luego se dio media vuelta y riendo se retiró del departamento con el mayor sigilo posible. Aproximadamente 10 minutos más tarde y cuando la pareja parecía estar en lo mejor aproveché mi oportunidad y también salí del lugar para regresar a la casa de Rodrigo a buscar mis cosas.

    A las 9 de la noche volví al departamento, simulé lo mejor que pude diciéndole a mi madre que toda había estado muy bien, que lo había pasado fantástico e inventándole algunas anécdotas que supuestamente habíamos vivido. Sofía se notaba muy feliz y cuando le pregunté como lo había pasado ella, sólo me contesto que había tenido un muy buen fin de semana.

    En esos dos días ocurrieron cosas realmente increíbles. Sin embargo, aún faltaba más y lo pasaría unos días después nunca lo podría haber imaginado.

    Agradezco sus comentarios y valoraciones que motivan a seguir contando mi historia. Cualquier comentario me pueden contactar al correo [email protected].

  • Venganza consumada y angustia resuelta

    Venganza consumada y angustia resuelta

    – “José me invitó a cenar, simplemente para recordar viejos tiempos. Me dejás?

    – “A mi lado nunca dejaste de ser libre. Yo no tengo que autorizar ninguna actividad que desees realizar. Ahora, si me pedís opinión sobre esa cita, creo que no conviene que vayas”.

    – “Por qué, acaso no nos tenés confianza?”

    – “A vos sí, a él no lo conozco. Te doy una solución, decile que sí, que podemos salir a cenar en familia, él con su esposa y vos conmigo. Si no tiene segundas intenciones seguramente va a aceptar”.

    – “No tengas miedo, soy fuerte y si intenta algo lo sabré parar”.

    – “Te garanto que no tengo miedo. Lo que no desearía es perderte. No dudo de tu fortaleza pero todos los humanos tenemos nuestro momento de debilidad. Muchas fortalezas hay caído en un abrir y cerrar de ojos”.

    José y mi esposa, Ana, habían tenido un noviazgo de unos nueve meses, que finalizó cuando él fue sorprendido con otra. Tiempo después la conocí, congeniamos, no enamoramos y resolvimos casarnos. La nuestra fue una buena relación, con los altibajos naturales, cimentada en la mutua confianza, lo que permitió llegar sin problemas a estos ocho años de matrimonio.

    Ella trabaja en una empresa de buen nivel, tiene un puesto de cierta jerarquía con muy buena remuneración. Yo, Alejandro, tengo un taller de electrodomésticos en sociedad con mi hermano y mis ingresos me permiten una vida holgada, con posibilidad de ahorrar algo, aunque gane un poco menos que mi esposa. Vivimos en una casa que heredé de mis padres antes de casarnos y no tenemos hijos, por ahora.

    Hará unos cuatro meses reapareció José, justo en un cargo gerencial en la empresa de Ana, quien me lo contó apenas sucedido. No le di mayor importancia pues ella tiene una personalidad bien afirmada y es capaz de poner en vereda a cualquiera. De todos modos, sabiendo los antecedentes del sujeto, le advertí que no sería raro de parte de él algún avance, tratando de superar lo meramente laboral. En caso de darse esa posibilidad le aconsejé no permitir acercamiento alguno, porque cuando la pendiente es pequeña pero continuada, uno, de golpe, se da cuenta que está donde no quiere y de donde le resulta casi imposible regresar. Más aún, en caso de asedio persistente, le pedí avisarme sin demora y ahí me encargaría de hacerle saber, manera contundente, que no debía molestarla.

    Cuando me hizo la consulta sobre salir a cenar, los dos solos, supe que mis sugerencias, consejos y advertencias habían caído en saco roto, y el fruto estaba maduro para que el paciente recolector se lo comiera de un bocado.

    Eran las tres de la madrugada cuando llegó. Yo miraba televisión cambiando canales, pues en nada lograba concentrarme. Su cara denotaba cansancio y el saludo fue atípico, ya que no existió el beso acostumbrado.

    – “Por fin estoy en casa”.

    – “Cómo te fue en la reunión?”

    – “Muy bien, nos demoramos porque fuimos a tomar una copa a otro lado”.

    – “Me alegro por vos. Y cómo le fue a nuestro matrimonio en ese encuentro?”

    A esa pregunta sorpresiva le correspondió una respuesta vacilante y dubitativa, que me cayó como un balde de agua helada, y mi estado de ánimo se reflejó en una sonrisa a todas luces forzada.

    – “… Bien, por qué esa expresión?”

    – “Porque siento que te perdí”.

    – “Cómo me vas a decir eso justo que vengo con ganas de que hagamos el amor”.

    – “Te agradezco la buena disposición pero tengo la sensación de que ya no somos matrimonio. Por supuesto, debo reconocer, que es sólo un sentir. De ninguna manera supone una certeza. Espero que esta angustia no tenga asidero real y que los días venideros confirmen mi error. Hasta más tarde”.

    Me di vuelta como para dormir, sabiendo que difícilmente lo lograría.

    Naturalmente, en los días siguientes, concentré mi atención buscando cualquier indicio que denotara infidelidad por su parte.

    Si bien hubo un leve incremento de salidas con amigas y regresos más allá del horario habitual de trabajo, nada resultaba concluyente, hasta que un sábado, respondiendo el teléfono, la escuché decir:

    – “No te basta lo que hacemos en el trabajo que necesitás llamarme durante el fin de semana?”

    Esa tarde lo vi a mi hermano, le expuse la situación y mi necesidad de dilucidar cuanto antes esta cuestión tristísima. Hasta que terminara yo no asumiría ninguna responsabilidad en el negocio común.

    Mi tarea de encontrar la manera que empleaban para mantener esos encuentros me llevó algo más de quince días. Uno de lugares de reunión era la casa de José, pues su esposa pasaba largos períodos cuidando a su madre enferma. Nunca llegaban juntos, generalmente era Ana quien aparecía antes y entraba por la puerta ubicada al lado del portón para vehículos. Al rato ingresaba él por la puerta principal. Alrededor de una hora después se retiraba ella, por donde había entrado, y esta rutina se repetía entre una y tres veces por semana.

    Habiendo resuelto cómo llevar a cabo mi venganza, solo me quedaba conseguir la forma de saber, con algo de antelación, el momento elegido por ellos. Para eso recurrí a una señora, que trabajaba en la misma empresa que Ana, y con la que trabamos amistad a lo largo de estos años. Me animé por ser ella una persona íntegra, con la que me unía un respetuoso y sincero afecto. Cuando le expuse llanamente mi problema, ella me respondió que en el trabajo todos lo sabían y que lamentaba mi dolor, aceptando de inmediato ayudarme.

    Su aviso me llegaba cada vez que Ana salía y yo, disfrazado de anciano indigente, me sentaba en la verja al lado del ingreso habitual. Tres veces esperé en vano, la cuarta hubo suerte.

    Esperé a verla insertar la llave para, de dos zancadas, ubicarme a su espalda y, apenas abrió la puerta, la empujé hacia adentro, cerrando a mis espaldas.

    – “¡Sorpresa!”

    La palidez de su cara era evidencia suficiente de estar sorprendida y no gratamente. Obviamente las palabras estaban de sobra, así que la tomé del pelo arriba de la nuca para hacerla caer de espaldas.

    – “Esto sí que no lo esperabas querida”.

    – “Dejame, que enseguida viene José y ahí vas a tener problemas”.

    Ya en el suelo, la inmovilicé con mis rodillas sobre el pecho y el puse cinta ancha en los labios.

    – “Ahora vamos a caminar hacia el lugar que usan habitualmente para retozar. Mientras andamos vas a ir sacándote la vestimenta y sembrando el recorrido. La última a dejar será la bombacha”.

    Así llegamos a un dormitorio con cama enorme. Totalmente desnuda la acosté sobre el lecho, uniendo brazos y piernas con cinta a la altura de las muñecas y de los tobillos. Tomé su cartera y revisándola en detalle saqué el dinero y dejé el celular a mano. Estimé que hasta la llegada del dueño de casa me quedaba poco tiempo así que me enfoqué en lo programado.

    – “Qué lástima querida, si me hubieras dicho que ya no querías seguir conmigo, nadie hubiera salido lastimado. Ahora no tengo más remedio que sacarme la bronca que me consume”.

    Tomé la fusta que había llevado a propósito y le asesté un golpe en la cara, luego dos cruzados en el pecho y otros dos cruzados en las piernas. Habiendo provocado cinco líneas de carne viva, me senté a un costado de la puerta a esperar el arribo del galán, teniendo como sonido de fondo el llanto y lamentos de mi esposa, un tanto apagados por la cinta que tenía en la boca. Obviamente me cubrí con capucha sin mostrar parte de mi cuerpo alguna.

    Cuando un ruido de pasos me indicó la cercanía del amante empuñé la pistola aprontándome. Apenas cruzó la puerta vio a Ana.

    – “¡Querida, qué pasó!

    – “Nada que puedas remediar”.

    Mi voz le causó tal sorpresa que, al mirar hacia donde yo estaba, mostraba sus facciones totalmente pálidas.

    – “Tenés dos opciones, recibir un tiro o seguir mis indicaciones. Presumo que preferirás la segunda opción”.

    Me respondió con un movimiento afirmativo de su cabeza

    – “Da frente hacia la ventana, colocá billetera y celular sobre la cama y sacate zapatos y medias. Luego pantalón y calzoncillo”.

    Cumplida esa parte le ordené acostarse boca abajo y cruzar las piernas a la altura de los tobillos, lugar elegido para inmovilizarlo con cinta resistente. Luego de hacer que quedara con torso denudo seguí el mismo procedimiento de maniatado, a la altura de las muñecas, con los brazos en la espalda. Al revisar la billetera saqué los pocos pesos que tenía y todas las tarjetas incluido el documento que metí en la cartera de Ana.

    – “La teoría indica que un tipo de tu posición no anda con estos pocos pesos disponibles. Donde tenés el resto? Una sugerencia, no me mientas. Mirá lo que le pasó a tu mujer por no hablar. No te golpearé, pero tenés doce articulaciones donde iré disparando hasta que me indiques dónde buscar”.

    – “En el fondo del primer cajón del placard. Además no es mi mujer”.

    En el lugar señalado estaban dos fajos con el precinto del banco. Era una buena cantidad.

    – “Encontrado lo que buscaba, hablemos. Cómo es eso de que no es tu mujer?”

    – “No lo es. Depende de mí en el trabajo”.

    – “Y por qué supuse eso? Ah, ya se. Es que la vi abrir la puerta como si fuera su casa y además la alianza en el dedo”.

    – “Es casada pero no conmigo”.

    – “Entonces estoy hablando con un conquistador nato. Si tiene marido te habrá costado un perseverante asedio seducirla”.

    – “Solo me costó conseguir la primera cita, que fue salir a cenar solos. Después fue coser y cantar. Iba el mozo caminando, después de tomar el pedido, que por debajo del mantel ya le tenía metidos dos dedos en la concha empapada de flujo”.

    – “Entonces es fácil”.

    – “Más fácil que la tabla del uno. Con decirte que ni comimos postre. A pesar de haberle provocado un orgasmo antes del primer plato, estaba urgida de más placer”.

    – “O sea que es una máquina de gozar”.

    – “Ya lo creo, en el hotel, no terminé de cerrar la puerta que me había desprendido la bragueta y chupaba la pija como si en ello le fuera la vida. Cinco minutos después bebía su primera ración de esperma”.

    – “Ahora, este bombón tiene un culito precioso, se lo pudiste probar?

    – “Es lo que más le gusta. La primera vez lloró porque estaba sin usar y fui un poco bruto, sin querer la desgarré. Después le agarró el gusto. Con decirte que las mejores corridas le suceden cuando, teniéndola clavada sin que me quede nada por meter en el recto, le retuerzo las tetas”.

    – “Y el marido ni figura?”

    – “Pobre tipo, estúpido, impotente y cornudo. Parece que no puede, y esta yegua necesita pija todos los días.

    Con decirte que por las mañanas va a mi despacho buscando su cuota de verga”.

    – “Bueno, te felicito. Como me has caído simpático te sugiero mantenerte quieto diez minutos más. No quisiera tener que volarte la cabeza. Me voy porque tengo otra casa en vista y hay que seguir trabajando. Lamento preciosa no haberme dado cuenta antes de la clase de mujer que sos”.

    En el lapso de la conversación con el seductor irresistible entraron al celular de Ana dos mensajes y dos llamadas, prevenientes de mi teléfono móvil operado por mi hermano, de manera que las antenas registraran la localización de cada aparato.

    A ella le saqué la cinta de la boca y, dejando la puerta entornada, me quedé para controlar por el resquicio lo que ellos hacían.

    – “José, gran conquistador, sabés quién nos robó”.

    – “Ni idea”.

    – “O sea que tampoco te imaginás a quién le contaste que soy más fácil que la tabla del uno, que todos los días mendigo mi ración de pija, que mi marido es un estúpido, impotente y cornudo. Pues bien, el que estuvo aquí hasta hace un momento es el esposo de esta puta. Si a mí me hizo esto, a vos te va a hacer algo igual o peor. No creo que se vaya contento y suelto de cuerpo. De todos modos, en cuanto pueda hablaré con tu mujer”

    Habiendo escuchado lo suficiente tomé las tres botellas de alcohol que había llevado. Una la metí con tapa floja en la cartera de mi mujer con los dos celulares y tarjetas. Con las otras dos rocié los asientos de la camioneta del dueño de casa, dejando la cartera adentro y le prendí fuego. Sin capucha, pero con anteojos oscuros y boina, salí por donde había entrado, tomando el taxi de un amigo que esperaba en la cuadra siguiente. Mientras andábamos haciendo tiempo me cambié y paramos en la esquina de la casa en cuestión. El vehículo había explotado sacando de cuajo el portón de la cochera y en ese momento un bombero acompañaba a la pareja hasta una ambulancia, mientras un móvil de televisión registraba el evento. Ya en el taller, un café grande y un cigarrillo me acompañaron en la relajación antes de regresar a casa.

    Sesenta minutos después del horario habitual en que Ana llegaba a casa le mandé mensaje.

    – “Querida, necesito hacerte una consulta. Te vas a demorar mucho?”

    Una hora más tarde hice otro envío de similar tenor y rogándole que contestara. Y unos pocos minutos después llamé por teléfono a la hermana. Julia estaba con Ana en una clínica donde iba a permanecer hasta el otro día en observación. Cuando le dije que iría a verla me contestó que había recibido instrucción expresa de no permitir mi entrada a la habitación donde se encontraba y que no volvería a casa. Las pertenencias de mi mujer serían retiradas por la propia Julia en un momento a convenir.

    Esa tarde y noche los noticieros de televisión mostraron con frecuencia el incendio y la salida de la pareja escoltada por un bombero. Presumo que alguien de la gerencia general o del directorio de la empresa donde ambos trabajaban lo habrá visto y hecho las averiguaciones correspondientes, porque a los pocos días los dos fueron reemplazados.

    Por mi parte, calculando que Ana ya habría sido dada de alta, hice la denuncia de abandono de hogar y solicité el divorcio.

    Solucionado el problema y con la tristeza en franca disminución enfoqué la mirada hacia el futuro.

  • Imperdonable (Parte II)

    Imperdonable (Parte II)

    Me desperté dolorido.  Pero no era dolor físico el que sentía, era dolor espiritual. Me sentía sucio, de esas personas que traicionan de la manera más vil. Y no había manera de volver al pasado y desandar el camino.

    Me fui a duchar sin saber que hacer a continuación. Era obvio que debía ver nuevamente a Óscar, ya que teníamos que volver juntos en el auto. El solo pensar en esa situación era terrible. ¿De qué hablar? ¿Cómo seguir a partir de ahí?

    Mientras me bañaba, todo me parecía más y más complejo, más y más bajo.

    Mi único consuelo era saber que seguro, ya sin alcohol en sangre, Oscar estaría en la misma que yo, seguramente triste, sintiéndose con bronca.

    Me cambié, y salí de mi habitación a desayunar. Pasé por su habitación y me quedé parado, sin saber si avisarle o no que iba al comedor. Decidí no hacerlo y seguir solo. Me senté a comer luego de servir el clásico café con leche y medialunas, y agarré un diario que estaba en la mesa.

    – ¿Pensabas comer solo?

    La clásica voz de Óscar me sacó de la lectura.

    – Si, es que pensé que capaz dormías y no te quise despertar.

    Se sirvió café y se sentó al lado mío. Ninguno dijo nada por un rato largo, hasta que al fin, decidí tomar la iniciativa.

    – Oscar, tenemos que hablar de lo de anoche.

    – Entiendo si, ¿vos que pensás?

    – Estoy muy mal! No puedo creer lo que hicimos. Por favor que todo quede acá, a ninguno le conviene que nada de esto se sepa. Menos a vos

    – Por supuesto, eso está más que claro, pero…

    – Pero ¿que?

    – ¿No te gustó lo de anoche?

    – No tiene nada que ver eso Oscar, estamos hablando de otra cosa, de lealtad, sos el papá de mi novio, la conozco a Nélida desde hace mucho.

    – Si, si. Pero, ¿te gustó?

    – …

    – Te encantó Nico, y yo me volví loco también. Y cuando eso pasa es muy difícil que no pase de nuevo.

    – No no. Basta. Ni loco. Supongo que vos tampoco querés, ¿no?

    – Me hubiera gustado que no pase nada, porque después de lo de anoche… me encantaría sentir eso de nuevo. Coges increíble.

    – Basta Oscar, pensemos ahora cómo mierda vamos a sobrellevar eso. La idea es que nada de nada siquiera se sospeche, tengamos la misma relación que teníamos antes. No estemos fríos entre nosotros porque van a sospechar que algo pasó.

    – Y si… algo pasó… y si recordarlo me pongo al palo…

    – Basta Oscar!

    – ¿Sabías Neli nunca me entregó la cola?

    – Que se yo Oscar! ¡Basta con eso!

    – De chica cogía bien, pero ahora poco y nada. Apenas me tira la goma, la lame un poco de compromiso, en cambio vos…

    – Me voy al cuarto Oscar, en un rato tenemos que salir.

    – Anoche cuando te fuiste te dedique una paja, seguía tremendamente caliente a pesar del polvo. Increíble que un tipo de mi edad se caliente tanto. Pero vos… que manera de calentarme…

    – Chau.

    Y me fui caminando rápidamente, con mi mente que no podía dejar de pensar en qué Oscar estaba con la idea fija de repetir. Pero no, eso ni loco.

    Lo esperé en el estacionamiento con mi bolso, a la hora que le había avisado por mensaje de texto. Durante todo ese tiempo había planeado cómo hacer para evitar sus avances si los había. Quizás emprendiendo la vuelta y acercándose a su hogar, su deseo bajara y la vuelta fuera más amena.

    Apenas subí al auto, noté que estaba errado. Me miró con cara libidinosa, de arriba abajo como quien contempla algo de mucho deseo.

    Agarró la ruta 205, yendo a una velocidad muy lenta, como paseando.

    – ¿Tenés idea en cuanto llegaremos?

    – Y calculá unas 3 horas y algo.

    – ¿Tanto?

    – Y si…

    – Pero el viaje se hace en mucho menos. Le dije a Fer que tipo 2 llegábamos.

    – Yo recién le mandé otro mensaje y le dije que antes de las 4 no aparecíamos.

    – ¿Pero por qué?

    – Y… que se yo Nico, capaz tenemos que retrasarnos por algo…

    – ¿Otra vez con eso? Te dije que nunca más va a pasar nada!

    – Si ayer te encantó Nico, ¿por qué no repetir?

    – Si, pero está mal lo que hicimos. ¡Pésimo!

    – O sea que no me negás que te haya encantado.

    Ante su trampa, no pude evitar sonrojarme.

    – Que se yo Oscar.

    – Decime la verdad

    – No sé, estuvo bien…

    – ¿Bien? ¿O algo más que bien?

    – Algo más que bien, pero…

    – ¿Te gustó cómo te garché?

    – …

    – Decime

    – Me cogiste muy bien

    – ¿Solo muy bien?

    – Bueno, me re garchaste Oscar, y me encantó como me moviste. Hace mucho no me cogen así – largué todo como con bronca, pero me di cuenta que había hablado de más

    – Mirá, ya la cagada está hecha. Yo personalmente me eché el mejor polvo de mi vida. Nunca había hecho un orto, y encima el tuyo que es durito, me volvió loco. Me encantaría poder cogerte toda la vida. Obviamente no lo vamos a poder hacer, pero ya que el error está hecho… se puede repetir ¿no? Total, entre uno y dos no hay ninguna diferencia.

    – ¿como que no? ¡Me sentiría mil veces peor!

    – Es que ese es tu tema, te preocupas por lo mal que está y no priorizas que te encantó.

    – Perdón Oscar. Pero no puedo.

    – ¿Te puedo hacer una pregunta?

    – Ya a esta altura…

    – Se sincero, total ya tenemos un secreto enorme. ¿Alguna vez Fernando te hizo disfrutar tanto como yo?

    – Mirá, en realidad…

    – Sincero Nico

    – No, nunca

    Me encontré nuevamente como la noche anterior. Con esa mezcla de sensaciones. Por un lado otro error era irreparable, por otro, Oscar tenía razón… entre un polvo y dos…

    Aceleró con el auto, llegando a la velocidad permitida. Arribamos a Chascomús, y manejó hasta la estación de servicio. Salimos nuevamente, pero esta vez no fue hacía la ruta, sino en otra dirección, decidí callar.

    Manejó por espacio de 10 minutos, y al estacionar el auto, noté que llegamos a un Hotel. Me pidió que espere en el auto, le pregunté qué iba a hacer y me dijo que tenía un asunto pendiente, si bien yo sabía ya que era lo que se venía.

    A los minutos, me dijo que baje y lo acompañe, y en ese momento, nuevamente, fallé.

    Entré al hotel atrás de él, nos dirigimos a unas escaleras, y subimos un piso, hasta una habitación. Abrió la puerta con unas llaves que le habían dado y entré tras él.

    Esta vez, sin mucho preámbulo, me besó. Yo no ofrecí ya mucha resistencia, sino que me entregué al placer. El error estaba hecho, había que dejar eso atrás al menos de momento.

    Me llevó a la cama mientras nos besábamos, y yo, ya en pleno éxtasis, pasaba mi mano por su entrepierna.

    Me tumbó en la cama, y se bajó enseguida el jean. Con él también salió su slip, y apareció como un resorte su pija. Esta vez me pareció incluso más gorda que la noche anterior.

    – Toda tuya, bebe

    – Que pija hermosa tenés.

    – Dale, métetela en la boca

    Sin esperar más, me metí toda esa poronga en mi boca, chupando ya con todas las ganas, sin tanto pudor.

    Lo pajeaba, la chupaba, me la pasaba por la cara mientras lo miraba a la cara. Él estaba extasiado, gemía a más no poder. Continué haciéndole sexo oral por un rato largo, y en un momento, al aumentar la intensidad de mi mamada, escuché un enorme alarido, y sentí un chorro de esperma que me llenaba la boca. Aunque sorprendido, continué chupando hasta que me pidió que pare. Fui al baño a escupir todo el semen y volví a la cama.

    – ¿La pasaste bien? – Le pregunté

    – Me volvés loco. Pero no terminamos

    – Jajaja. A vos no se te para más por una semana.

    – Déjame un ratito y vas a ver

    – Jajaja. Te puedo dejar un día entero.

    Nos pusimos a hablar de cualquier cosa, le hablé de fútbol así se despejaba.

    – Nico, me encantaría seguir disfrutando todo esto con vos.

    – Es imposible Oscar, ya ni sé que voy a hacer con Fer

    – Por?

    – Y… capaz lo mejor es separarnos, después de esto…

    – Nooo. No te alejes, ya lo hablaremos tranqui

    – Si, ponele

    Y aproximadamente media hora después, empecé a tocarle su pene, despacio, a manera tierna. Mientras hablábamos de la vida, del viaje y hasta del tema de su auto, comencé a jugar. Muy de a poco tomó cierta turgencia, y a los minutos me lo metí de nuevo en la boca. Sin urgencia, de a poco, saboreándolo.

    Comenzó nuevamente a ponerse duro, y a la hora estaba de nuevo con una erección increíble. Dejé de chuparla:

    – No me acabes de nuevo eh

    – ¿Por? – preguntó riéndose

    – Porque quiero… que me cojas

    – Ponete boca arriba

    – ¿Forros?

    – Quédate tranqui Nico que no cojo hace un año con nadie. Y desde hace 3 décadas solo con Neli

    Obedecí. Colocó nuevamente mis piernas en sus hombros. Me empezó a puertear, utilizando su líquido preseminal como gel.

    – Despacito, me vas a romper sin gel

    – Si bebe, vos tranqui

    Continuó pasándola por la puerta de mi cola, entraba un centímetro y la sacaba, yo gemía e intentaba disfrutar todo. Estaba ya demasiada caliente, me gustaba el juego previo pero quería sentirlo.

    – Dale Oscar!

    – Dale que?

    – Metela!

    – Todavía no – Y se bajó, quedando su cara a la altura de mi cola, y comenzó una chupada increíble.

    Me chupó el ano de una manera que no recordaba, sacándome aullidos de placer.

    – Ayyy siiii!!!

    – Te gusta putita infiel?

    – si por favor!!! Chúpame chupalaaa

    – Que orto hermoso!!!

    Y continuó chupando por quince minutos en los cuales no paré de gritar.

    Era tal la calentura que tenía, que lo tumbé en la cama y decidí montarlo.

    Me ubiqué sobre él, coloqué su pene ya hecho una piedra en la entrada de mi cola y fui deslizándome hacia abajo. De a poco llegué al fondo, y comencé un movimiento arriba abajo al principio lento y luego con mucha velocidad. Me dolía mucho pero el ver su cara de caliente me pudo y continuamos.

    – asi si si si siiiiii Nico siii!!!

    – Aaahgghhh ahggg

    – Si Nico! Cómo coges bebe!!! Siii

    – aaaaggghhj asaaa!!

    Me hizo salir, nos paramos y me colocó contra la puerta de la habitación. Se puso atrás mío, me abrió bien las piernas y luego de un ratito consiguió entrar nuevamente.

    Una vez así, yo parado con mis sos manos contra la pared y el con sus manos en mi cintura, comenzó con un bombeo tremendo.

    Plaf plaf plaf

    – Aaaaggghhh sos un animal!!

    – Aaahhh

    – Por favor Oscar!! Seguime cogiendo!

    – Siempreee, vamos a coger siempreee

    Y terminó nuevamente adentro mío, esta vez en mi cola.

    Segundos después terminé yo, luego de tocarme apenas, tal era la calentura que tenía.

    Esta vez no salí corriendo, sino que fuimos a ducharnos, no podíamos tardar mucho para no levantar sospechas.

    Teníamos aún mucho viaje para llegar a Capital.

  • Ceremonia de cuernos

    Ceremonia de cuernos

    Como recordarán en la primera entrega, les conté como consentí que mi esposa Ana María, se convirtiera en la mujer y amante de mis amigos y compañeros de trabajo, y a cambio, ellos me hicieron el feliz y orgulloso padre de 3 hermosos hijos, a los que amo como si los hubiera engendrado yo.

    Les contaré ahora, como fue la ceremonia de inicio de mi cornamenta, hace ya 5 años, y que mis amigos idearon para que les entregara oficialmente a mi esposa, como su amante y puta, y así, adquirir mi título formal de “cornudo consentidor”.

    Después de haber transcurridos las dos primeras semanas, en que mis 8 amigos, ya se habían acostado por turnos con mi esposa, como les conté en el relato anterior, me dijeron que ese fin de semana, tendríamos una fiesta sorpresa especial en mi casa, y que no me preocupara por los gastos, porque ellos asumirían todo el costo de la fiesta. Mi esposa ya estaba al tanto, porque le habían avisado, y también le regalaron la ropa que debía usar ese día. Fue así como, al caer la noche del viernes, comenzaron a llegar mis amigos, y traían muchas cervezas y botellas de licor, que fueron depositando en la mesa del bar.

    En un momento, llegó un servicio de cóctel y fiesta que incluía bastante comida y cosas para degustar, la cual habían pedido a un restaurante cercano, y de inmediato las mesas del comedor y de la cocina se llenaron de bandejas. Pero el plato principal de la noche, aun no se hacía presente, y mis amigos muy impacientes y de manera insistente me preguntaban por mi esposa. Todos se habían servido tragos y estaban muy alegres conversando y bebiendo, cuando, cerca de la medianoche Ana María, comenzó a bajar por las escaleras, todos nos volteamos a mirarla, yo me quedé extasiado, nunca había visto a mi esposa tan hermosa y sensual.

    Ella mide 1.60, y tiene un cuerpo muy voluptuoso que siempre atrajo las miradas de otros hombres en la calle, pero con los tacones que usaba esa noche, se veía mucho más alta aun. Traía puesta una polera roja muy escotada que apenas le tapaba los pezones y aréolas, pues no traía sujetador abajo, ella tiene casi 100 cm de busto, sus senos se cimbraban y casi se escapaban de su encierro, con cada paso y peldaño que ella bajaba, la minifalda negra de cuero que traía era tan corta, que dejaba sus blancos y torneados muslos al descubierto por completo, y cubría apenas su entrepierna, en donde se podía divisar fácilmente el triángulo negro del calzón diminuto que traía puesto.

    Ella sonreía y todos los hombres se abalanzaron hasta el pie de la escalera para recibirla. Mientras miraba esa escena como ajeno y a miles de kilómetros, cruzó por mi cabeza como una película en segundos todas las imágenes desde que había conocido a esa inocente y reprimida adolescente de colegio, y ahora la veía vestida como toda una puta, que es en lo que finalmente la convertirían, mis amigos. Sentí el aguijón de los celos, en el pecho, y me pregunté, si todavía estaba a tiempo para detener todo esto, y me moví hacia el grupo que estaba al pie de la escalera con la intención de rescatar a mi esposa de los brazos de esos hombres que, ya habían comenzado a tocar y manosear todo su cuerpo, peleándose por robarle besos de esos labios que hasta hacia poco solo eran para mí.

    Pero la erección que tenía dentro de mi pantalón, me detuvo, y me hizo comprender que me excitaba de sobremanera ver a mi esposa convertida en toda una puta, me aparté hacia un rincón y me senté a observar, como mi esposa reía y disfrutaba de esas toscas y rudas manos que acariciaban y tocaban cada parte de su cuerpo. A medida que era rodeada por los cuerpos fornidos de esos hombres, Ana María, reía y se veía feliz, su cara estaba roja, la conocía y sabía que el deseo se había apoderado de ella. Mi esposa, entregada a la lujuria y la pasión del momento, se dejaba acariciar y hacer de todo por esos hombres, que la veían como un trofeo sexual, que deseaban tocar y poseer.

    Muy pronto, la falda de Ana María, se había subido dejando al descubierto su prominente trasero y entre sus nalgas solo se veía el hilo dental del calzón que mis amigos le habían regalado, para que usara esa noche. Rápidamente circularon los vasos y las botellas de licor se empezaron a vaciar, mi esposa era el centro de atención y juguete sexual de mis amigos, quienes la habían rodeado en semicírculo, mientras reían, bebían y besaban a mi mujer. Yo no podía dejar de mirar sentado desde un rincón de la habitación, con una mezcla de celos y excitación, que inundaba mi cerebro y no dejaba apartar mi vista de ese espectáculo, a pesar del dolor que mi pene estaba sintiendo en su encierro.

    De pronto mis amigos, apartaron los muebles de la habitación, y dejaron un gran espacio al centro, entonces subieron el volumen de la música, y mi esposa comenzó a bailar, moviéndose sensualmente, y provocando a los hombres, quienes se habían apartado de ella, rodeándola. Nunca imaginé la puta que llevaba adentro mi esposa, con su rostro desencajado, por la lujuria y sus ojos brillantes, por efectos del alcohol, comenzó a desnudarse al ritmo de la música, con cada prenda que se sacaba, los hombres aullaban y la alentaban para que continuara. El calor de los tragos y el ambiente, provocaba que también los hombres se fueran quitando la ropa, finalmente todos estaban desnudos, y mi esposa bailaba y rozaba su cuerpo con el de aquellos hombres, entregada a la pasión y al deseo completamente desnuda.

    Fue entonces que la levantaron y la llevaron en andas hasta un sofá muy grande que tenemos en la sala y la sentaron al borde. Los 8 hombres, se pusieron en fila con sus vergas erguidas se acercaban a mi esposa, quien abriendo la boca , las iba engullendo hasta que desaparecían adentro de su garganta, succionándolas y chupándolas hasta los huevos, maniobra que repetía varias veces y luego le tocaba el turno al siguiente, yo miraba excitado como a mi esposa, le tomaban la cabeza y se la cogían por la boca con esas estacas, de distintos grosores y tamaños; ya sin poder aguantar, desabroche mi pantalón y liberándome el pene de su encierro, comencé a masturbarme, mientras disfrutaba de ese espectáculo, que me regalaba mi esposa y que a cada minuto me gustaba más.

    Pero el espectáculo recién estaba empezando. Me llamaron para que observara en primera fila, todo el show que ocurriría. Colocaron a mi esposa de perrito, y me obligaron a lamerle la vagina a mi esposa, que a esas alturas de la noche, ya manaba abundantes jugos, después de algunos minutos de estar haciéndolo, me pidieron que con una de mis manos separara las voluminosas nalgas de mi esposa, y con la otra, fuera tomando el pene de cada uno y lo introdujera en la vagina de mi mujer. El primero fue mi jefe, que pese a sus 64 años tenía, un pene no muy largo, pero bastante grueso, tal vez de unos 15 centímetros.

    Lo tome en mi mano, y lo sentí muy duro y muy caliente, separe las nalgas de mi esposa, ella empino más su enorme trasero y lo puse en la entrada de la vagina de mi mujer, entonces don Jorge se lo metió todo de un solo empujón, hasta que sus enormes huevos, chocaron con las nalgas de mi mujer. Ana María, lanzó un quejido haciendo que su tronco y cabeza se inclinaran aún más sobre el sofá, él lo mantuvo algunos segundos, sin moverse, como disfrutando el momento, podía ver el fuego y deseo en sus ojos, el placer que le inundaba, al mirarme y sonreír, mientras tomaba las caderas de mi esposa y comenzaba a embestirla, suavemente al principio y acelerando el ritmo de las embestidas cada vez más.

    Mi esposa, ya muy caliente, gemía y emitía sonidos de placer con cada embestida que hacía don Jorge, yo sentía en mis manos los violentos golpes que mi jefe le daba a las nalgas de mi esposa, sentí que Ana María se ahogaba en sus quejidos de placer y arqueando su cuerpo, la inundo un temblor que la estremeció completa, lanzando un inmenso gemido justo en el instante en que don Jorge le enterraba el pene hasta los huevos y descargaba toda su esperma adentro de la vagina de mi esposa. Ambos habían alcanzado la cima del orgasmo al unísono.

    Yo miraba extasiado como mi mujer se retorcía de placer, sintiendo aun los espasmos del orgasmo que acababa de experimentar. Don Jorge retiro, el pene fláccido y goteando, brillaba con los jugos que lo bañaban, fue en ese instante mientras se lo contemplaba, me quedo mirando y en un tono autoritario me ordenó: -¡¡Limpialo cornudo!!…

    Me quedé perplejo, al oírlo, entonces volvió a repetir la orden, con más autoridad, y sentí como varios brazos me tomaron y me empujaron con fuerza, arrojándome de bruces a los pies de mi jefe, traté de incorporarme y quede justo de rodillas con mi cara en frente de su entrepierna, viendo directamente como se balanceaba su grueso pene entre los enormes huevos, que le colgaban, tomo mi cabeza entre sus manos y me ordenó abrir la boca, sintiéndome completamente indefenso y a merced del grupo, cerré los ojos y abrí la boca, sintiendo en la lengua el sabor salado, y viscoso, de los jugos que bañaban el pene , que acababa de coger a mi esposa, y el cual comencé a lamer con desesperación para cumplir mi labor lo mas rápido posible y sentirme liberado de esa humillación, pero cuan equivocado estaba, cuando mi jefe se convenció que había dejado bien lavado su pene con mi boca, me ordeno que ahora limpiara con mi lengua la vagina de mi esposa que chorreaba, jugos por doquier.

    Hundí mi cara entre sus enormes nalgas y separándolas comencé a lamer toda su vagina, tragándome todo el esperma que don Jorge había depositado dentro de ella, todo eso no duró mas allá de un minuto, y enseguida me ordenaron que otra vez separara las nalgas de mi esposa y tomando otro pene, lo dirigiera hasta la entrada de su vagina, para ser ensartada nuevamente, esta vez el pene era mucho mas grande y duro que el de mi jefe, y a medida que iba entrando y desaparecía por completo adentro de la vagina de mi esposa, Ana María lo recibía con deleite y sus quejidos de placer, indicaban cuanto lo estaba gozando, los 20 cm que la estaban cogiendo, la llevaban al cielo con cada embestida que le daban.

    Yo permanecía al lado de mi esposa quien tomaba mi mano y me la apretaba, cada vez que su cuerpo se convulsionaba, cuando llegaba al clímax, lo que ocurrió dos veces en menos de 10 minutos de penetración, antes que Antonio se corriera dentro de Ana María, cosa que hizo al embestirla hasta el fondo y lanzando un rugido vació todo el contenido de sus huevos en la vagina de mi esposa, permaneció un momento quieto, y enseguida saco su enorme pene fláccido, bamboleante, y cubierto de leche blanquecina, que aún goteaba por la punta, me quedo mirando y con un gesto del brazo me indico que me arrodillara en frente, lo hice y abrí mi boca, para que él depositara su pene adentro, a pesar de no estar erecto, me costó tragarlo y limpiarlo, me ahogaba sentirlo en mi garganta, pero se lo deje completamente limpio, y después hundí mi boca nuevamente en la vagina de mi esposa para tragar y limpiar todo el néctar con el que Antonio había inundado el interior de mi esposa.

    Enseguida otra verga tan grande como la anterior, pero con la punta grande como una frambuesa, se aprestaba a penetrar a mi mujer, la tome con la mano derecha y la puse en la entrada de la vagina de mi mujer, mientras con mi otra mano separaba sus enormes nalgas, para que pudiera entrar sin problemas. Ana María se estremeció, cuando hubo entrado toda en su interior, mi mujer había perdido toda compostura, y lanzando obscenidades y groserías, instaba a su corneador a que la cogiera, con mas fuerza, mientras la jalaba del cabello, cosa que a mi mujer la ponía a mil, y la hacía alcanzar los orgasmos mas intensos que yo nunca había visto en ella.

    Yo tenía mi pene a punto de estallar sin habérmelo tocado siquiera, pero lo que veía me excitaba en demasía, sintiéndome transportado al cielo de placer. Nunca había visto gozar tanto a mi esposa, y mientras lo pensaba, Rafael la jalo con mas fuerza del cabello y hundió hasta el fondo su portentosa tranca, soltándole la leche que inundo y corrió por las piernas de Ana María, que en ese momento también convulsionaba su cuerpo, alcanzando su décimo orgasmo de la noche. Sin necesidad de que me lo ordenaran, me arrodille al lado del sofá, y Rafael saco su tranca que aún se convulsionaba y latía, y la metió en mi boca hasta la garganta, mi lengua apenas podía envolver ese pedazo de carne para limpiarlo, pero trague lo que mas pude y al succionar la punta , salto un chorro de leche caliente, que aun guardaba en sus huevos, el que trague con algo de placer, que hasta yo me sorprendí por esa emoción desconocida para mi, luego volteé la cara y comencé a limpiar y sorber el resto de leche que fluía desde la vagina de mi esposa, hasta limpiarla por completo, quedando preparada para el siguiente trozo de carne.

    Y así se repitió con cada uno, hasta que producto del cansancio, y el alcohol, mas lo vivido, me quedé dormido y desperté acurrucado, con frío, en la madrugada, por los gemidos de mi esposa, que provenían de nuestro dormitorio, me levante y camine hasta la puerta y vi como todavía dos de mis amigos, seguían cogiéndose a mi esposa, uno estaba debajo y mi mujer sentada, estaba ensartada en el culo, mientras el otro la embestía por delante con gran violencia, y mi mujer moviéndose al ritmo de los hombres y con el pelo desordenado, entornaba los ojos en blanco y su cuerpo temblaba y se convulsionaba como poseído por una corriente invisible, que la llevaba hasta el paroxismo del placer, la hacía lanzar sonidos guturales que indicaban, que había alcanzado el orgasmo.

    Mire el resto del dormitorio y alrededor de la cama y sobre ella se encontraba el resto de mis amigos, cuyos cuerpos desnudos, descansaban durmiendo profundamente producto de la noche que habían vivido. Los dos hombres también habían derramado toda su leche en ambos agujeros de mi esposa, y ahora también descansaban sobre la cama, ignorando mi presencia.

    En un momento mi mujer se incorporó para ir al baño y nuestros ojos se encontraron, y contemple la belleza de su cara de satisfacción plena, de pronto lanzó una carcajada que rompió ese momento, al ver mi erección, entendí que ya la había perdido para siempre, y con una sonrisa socarrona se recostó y abrió sus piernas, como una invitación, a cumplir mi papel de cornudo sumiso, cuya labor sería de esa vez en adelante, lamer y limpiar la leche de otros machos, desde su panocha, lo que hice hundiendo mi cara en esa vagina que expelía una mezcla se sabores salados y agrios, pero que disfrute como si fuera el manjar más delicioso del mundo.