Autor: admin

  • Me folla duro mi futuro cuñado

    Me folla duro mi futuro cuñado

    Desde el cumpleaños de mi novio, cuando me desvirgó mi futuro suegro, mantengo relaciones con él semanalmente en el taller que tiene. Hace unos días fue el cumpleaños del hermano de mi novio, que es el pequeño y cumplía 18. Cuando acabó la celebración mi suegro dijo que me llevaba a casa, por lo que supuse que pararíamos en el taller y me follaría. Pero mi sorpresa fue ver que se subía también mi cuñado al coche.

    Cuando ya íbamos de camino mi suegro me dijo: «le he prometido a Juan que hoy se iba a follar a la novia de su hermano». Yo pregunté si íbamos a hacer un trio y me dijo que no, que nos dejaría solos. Mi cuñado me preguntó si al margen de follarme me dejaría pegar. Como algunos bofetones y azotes y correazos me da su padre dije que sí.

    Llegamos al taller y entramos los dos. Mi suegro dijo que nos recogería en un par de horas si pensábamos que era suficiente. Los dos dijimos que si.

    Una vez a solas Juan, mi cuñado, me dijo: «desnudate puta, y a partir de este momento ni una palabra, la boca solo la abres para mamar o para que te escupa dentro». Yo me desnudé y él me dio un gran bofetón y procedió a desnudarse. Mi suegro la tiene grande y el hijo no le va a la zaga

    Me dijo que me pusiera de rodillas delante de él y que se la chupara, lo que hice con ganas porque me gustaba esa polla tan grande y dura, pronto me dijo «traga zorra» mientras me llenaba la boca de una abundante corrida. Me llevó entonces a la zona de las grúas y al igual que su padre, que seguramente se lo había contado, me elevó por las manos y me dejó colgando para azotarme durante un buen rato, dejándome completamente rendida. Los azotes lo excitaron porque la tenía durísima y me empaló de un fuerte empujón y comenzó a follarme mientras no paraba de insultarme. Nos corrimos los dos al mismo tiempo casi, pero me dejó allí colgada mientras se fumaba un cigarrillo.

    La leche me chorreaba por los muslos, lo que lo puso cachondo y me bajó, me colocó a cuatro patas y me reventó el coño en esa postura, pero al rato la sacó y cambió de agujero, dándome por culo de una forma salvaje mientras me azotaba nalgas y espaldas y me tiraba del pelo. Mi culo recibió la cantidad de leche enorme que eyaculó por tercera vez.

    Entonces me tiró al suelo y empezó a escupirme y a orinar encima de mí. El tiempo había pasado volando y volvió mi suegro que me dijo que fuera a las duchas del taller y me aseara. Cuando salí mi cuñado no estaba pero si mi suegro desnudo. Me llevó a un coche y me apoyó la espalda en el capó y me abrió las piernas y me penetró, follándome durante más de diez minutos. Yo me corrí antes que él, que me llenó de leche el coño.

    Luego se arrodilló y empezó a comérmelo y yo gritaba de placer. Cuando me corrí me metió la polla en la boca y le hice una mamada que premió dándome una buena cantidad de leche.

    Entonces me llevó a casa y ya folló con él y con mi cuñado mientras que aún no lo he hecho con mi novio.

  • Ana se va de marcha (1)

    Ana se va de marcha (1)

    Miró la hora.

    Seis y cinco de la tarde.

    Último paquete que entregar del día y para casa a descansar. Esta vez era una residencia universitaria en la facultad de Medicina ubicado en el campus de Teatinos de Málaga. En la moto llegó rápida y veloz.

    Aquella tarde de mayo, la facultad estaba animada de alumnos vaiviniendo. Carla llevaba un mes entregando paquetes de Amazon, pero nunca en una facultad. De todos modos, supo cómo llegar sin perderse por los pasillos laberínticos.

    Buscó la habitación 37 sin ningún contratiempo. Llamó a la puerta con los nudillos abriendo una joven desnuda totalmente. Carla disimuló su sorpresa.

    -Hola, paquete para Ana Etxeberría.

    -Está en los baños de chicas, por ese lado al fondo.

    -Gracias.

    -No, gracias a ti, guapa. Call me.

    Otra vez disimulo su sorpresa.

    Sorteando chicas en toallas o en top less, llegó a los baños. Enseguida le llegó el vapor de agua y el suelo enlosetado y encharcado. En seis duchas seis chicas se duchaban bajo el chorro de agua. Otras dos se besaban en un rincón. Carla tenía 23 años pero nunca fue a la universidad por problemas económicos. ¿Así era la vida universitaria? Nunca se lo figuró.

    -Guapetona… -pasó una universitaria desnuda y mojada.

    ¿Fue a mí? Carla pensó que no, pero…

    -Hey… -la llamó otra. Carla la miró y la segunda chica le sacó la lengua obscenamente. Las hormonas se le iban revolviendo y más al encontrarse con un rodaje porno en una séptima ducha. El director inmortalizaba la escena sexual con una cámara digital. Ella era clavada contra una de las paredes. Él empitonaba con ímpetu. Un grupo de 6 chicas desnudas se dedicaban a mirar y hacer fotos con sus móviles. Carla erectó. Tenía que reconocer la maestría y el arte de ella, chillado bajo el chorro de agua y a unos segundos del orgasmo.

    -Joder, no hay otra porno star como ella -oyó Carla de una.

    -Sí, todos y todas nos pajeamos con sus videos -rio la de al lado.

    -Si luego está libre me la follo -aplaudió una tercera.

    -Perdonad, vengo buscando a Ana Etxeberría -preguntó Carla a una de ellas.

    En ese momento la chica del rodaje pegó una corrida espectacular.

    -Es la que grita como una ramera -respondió una y el resto se rio. Carla comprendió.

    Ana Etxeberría se corrió tres veces mientras el chico eyaculaba hasta la última gota.

    -¡¡Corten!! ¡¡Magnífico!! -dio por concluido el director el rodaje por hoy.

    Ana recibió una toalla y un vaso de zumo de melón con hielo triturado. Carla esperó a que las fans la felicitasen y la elogiasen, y luego se coló ella hasta alcanzarla.

    -Hola, ¿Ana Etxeberría?

    -Depende de para qué. Si es para sexo o freír mierda me apunto.

    -No, es un envío de Amazon.

    -¿Tienes prisa? Tengo que maquillarme el coño y que me hagan un book de 50 fotos. Será rápido.

    -Vale, claro.

    -Es lo que tiene estar buenorra. Que todos quieren follar conmigo -rio Ana con armonía. Carla arqueó una ceja de emoción. Gesto que Ana percibió.

    -Ana, mañana a la misma hora y mismo sitio –la avisó el director del rodaje.

    -Aquí estaré.

    -Eres mi musa. No lo olvides.

    -Gracias, corazón. Sígueme…

    -Carla.

    -Eso. Si te pierdes sigue el olor de mi pedo.

    -¿Qué pedo?

    -Este -sacó Ana su precioso culito y soltó un pedo pestilente. Ella rio. Carla tuvo que sonreír-. Soy muy puta pero también muy pedorra.

    -Ya veo.

    El culazo de Ana hipnotizó a Carla hasta su vestuario. Allí esperaban tres estilistas, un fotógrafo y un estudio improvisado.

    -Ya estoy aquí -puso Ana el culo y las 3 estilistas se lo abofetearon.

    Maquillaje por aquí y por allá. Foto 10. Ana preciosa. Foto 23. Carla goteó sus bragas. Foto 35. Un corrillo de jovencitas cercaban el estudio fotográfico. Foto 44. Carla se enamoró. Foto 50 y coño listo.

    -¿He tardado? -volvió Ana con Carla.

    -No, nada.

    -Me pongo las bragas y nos vamos.

    -Vale.

    Tres chicas se quitaron sus bragas y le pidieron a Ana un autógrafo. Dos de ellas chorreaban una pequeña cascada de flujo desde la vulva hasta el suelo.

    Ya en el pasillo fuera los saludos y las buenas tardes a Ana fue continuo hasta su habitación. Al entrar su compañera de habitación seguía desnuda y embadurnada de sudor.

    -¿Cómo fue?

    -Bien, como siempre.

    -¿Has recibido las dos transferencias?

    -Sí, una de 1200 euros y otro de 3500.

    -Genial… Vaya, tú y yo nos conocemos –se aproximó la compañera a Carla.

    -Hey, es mía.

    -Yo la vi primera.

    -Y yo te puedo dar con el coño en la cara y dejarte tuerta. Vete a tu cama y te haces una paja o escuchas música. Deseo tranquilidad.

    -¿Me firmas? -pidió Carla.

    -Claro. ¡Fuera bragas! -la agarró Ana de las bragas y se las bajó de un tironazo.

    -¡Oye! ¿Qué coño haces?

    -Pues eso. Firmarte tus bragas… saca un pie… eso es… y el otro… genial –Ana las olió-. Mmmm, tu pis debe estar delicioso. Huele a licor de manzana.

    -Dámelas.

    -Espera. Lo prometido es deuda –cogió Ana un rotulador y estampó su firma en las bragas-. Me encantan. Yo también las tengo de angelitos.

    -Yo no he venido a esto.

    -Esto es el campus, tía. Un macroburdel de universitarias. Aquí entras inocente y sales puta. Al principio vas con jerseys de cuello vuelto y al final vas desmpendolada.

    -Yo nunca fui a la universidad.

    -¿No? Pues esta es tu oportunidad -posó Ana en su cama sexy y seductora.

    -No me junto con putas.

    -Todas somos putas, querida. Si se tiene vagina se puede.

    -Vete a la mierda, comecoños -se puso Carla las bragas dispuesta a irse, pero la compañera de habitación volvió a quitárselas y de paso la falda y de un tironazo la blusa.

    -Creo que necesitas ayuda, Ani.

    Ana rio desde la cama.

    -¡Suéltame, zorra!

    -Claro –y empujó a Carla contra la cama de modo violento. Ana aprovechó su confusión para encajar las pelvis y comenzar un roce de tijeras perfectamente ejercitada. Carla aulló de placer. Ana se agarró a uno de sus muslos colocada de rodilla y pasó al vaivén. Jadeos y frotamientos salvajes condujeron a un clímax lésbico que sedujo a Carla hasta el mutuo orgasmo y flujo salpicando.

    Carla quedó corrida, aturdida y jadeosa en la cama.

    La boca de Ana se acercó a su oreja…

    -¿Lo ves? Eres una reputa.

    … con un susurro seductor.

    -No soy una puta, Ana.

    -Te has corrido como una puta rumana de polígono.

    -¡Me has violado!

    -Así olerás mejor y estarás más hermosa.

    -¡Puta enferma!

    Ana lamió el sudor de su coño y lo saboreó.

    -Mmmmm, mejor que tus bragas.

    -Deja que me vaya.

    -Vete. Ya te usé y te violé. No te necesito.

    Pero Carla la besó con impulso sexual y volvieron a retozar como animales en celo. Otra tijera. Esta vez más violento donde las dentelladas y bofetadas fueron lo común hasta 3 orgasmos seguidos.

  • Mi historia con Jorge, Mister Ed, el hombre caballo

    Mi historia con Jorge, Mister Ed, el hombre caballo

    Hola, mi nombre es Luna, tengo 21 años, soy argentina, mido 1,70 m, cabello castaño, y si bien no me considero una diosa, tengo buenas formas, una buena cola (que con la pareja indicada suelo gozar), y buenas tetas.

    Hace poco tiempo entré a trabajar en una empresa, en la parte administrativa. Por suerte el clima de trabajo era muy bueno, todos muy amables. Aunque todos eran muy cuidadosos con las palabras, no lo eran con los ojos. Era normal que si alguna iba en minifalda, ellos se queden mirándole el culo. O en el caso de otra chica los pechos tremendos que tiene.

    Los viernes al salir de trabajar, era normal el post office, en un bar cercano. Allí eran todos más lanzados. Jugaban con el doble sentido y las indirectas. Incluso varias parejas se iban juntas, aunque tenían novias o maridos. Nadie juzgaba, ni comentaba nada. Lo que pasaba allí quedaba allí.

    En mi tercer viernes, fue un chico que no conocía. La chica que estaba sentada al lado mío me dijo.

    “Ojo con ese chico, Ed, es de despacho, muy macanudo, entrador. Pero el apodo es Míster Ed.”

    “Míster Ed, ¿Por qué el apodo?” pregunté.

    “El caballo que habla.” Me dijo sonriendo picara.

    Sinceramente no entendí. Ella se dio cuenta pero no me dijo nada.

    Un rato después, quedábamos pocos y él se sentó en mi mesa. Se notaba que era educado, muy correcto para hablar, nada de indirectas ni miradas fuera de lugar. Apenas unos centímetros más alto que yo, y lindas facciones.

    Charlamos un rato, hasta que la chica que estaba al lado mío se levantó para irse.

    “Vamos Luna, se me hace tarde.” Me dijo, aunque no teníamos planeado irnos juntas. Pagamos nuestra parte y salimos.

    A una cuadra del bar me dijo:

    “Luna, veo que no entendiste. Le dicen así por lo que tiene entre las piernas querida. Las chicas que estuvieron con él huyeron o apenas pudieron gozar.”

    “Guau, increíble. La verdad ni me imaginaba. Gracias por avisarme.” Dije.

    Nos saludamos, y me fui a mi departamento pensando si realmente sería así.

    El martes siguiente cuando salía de la empresa, lo encontré en el ascensor.

    “Hola Luna, ¿cómo estás?” Me dijo.

    “Hola Ed, bien ¿y vos?” contesté.

    Él se rio. Se pasó la mano por el rostro y me dijo:

    “Jorge es mi nombre. Veo que ya te dijeron mi apodo y supongo que el por qué.”

    Me puse de todos colores de la vergüenza. Por suerte en el ascensor bajábamos solos, porque hubiera tenido que renunciar de la vergüenza.

    “Por favor, perdoname, pensé que tu nombre podía ser Edmundo. Qué vergüenza por favor.”

    “No te hagas problema. Ya estoy acostumbrado. Es un karma que me sigue desde la adolescencia. Tengo el auto en la cochera de al lado, ¿Te puedo acercar a tu casa?”

    “Por la vergüenza que tengo que aceptar.” Dije.

    “No, por favor. No tenés ninguna obligación de aceptar y menos por vergüenza. No te hagas problema, fue solo por cordialidad. Nos vemos.”

    Y se fue caminando solo, sin siquiera esperar mi saludo. Me sentía peor. No solo por haberlo llamado Ed, sino por dar a entender que aceptaba su ofrecimiento por mi metida de pata. El viernes en el bar, estaba esperando que llegue. Necesitaba hablar con él. Pero no llegaba. Cuando solo quedábamos tres el apareció. Saludó con cordialidad, y se sentó. Por trabajo se había demorado. Las otras dos personas se fueron y quedamos solos.

    “Jorge, quiero pedirte perdón por lo del otro día, no quise decir eso, para nada. No lo sentí como una obligación aceptar tu ofrecimiento. Solo que estaba tan turbada por la vergüenza que lo dije como lo dije. Te pido disculpas.”

    “No hay problemas Luna, yo a veces soy muy susceptible y escucho cosas que no quieren decir. Además fui muy descortés al irme en la forma que me fui. Olvidémoslo, y si no tenés problemas o estás apurada, charlemos un rato.”

    “Encantada, nadie me espera, tengo tiempo.” Dije con una sonrisa.

    Yo le conté de mi vida, el de la suya, de nuestros sueños y frustraciones. Me gustaba como era, su sencillez a pesar de ser Sub Gerente de Despacho, sus modales, era seductor sin querer serlo.

    “Sos una persona encantadora. Disfruté mucho tu compañía y la charla.” Le dije.

    “Gracias, yo también. Vos también sos muy encantadora, y seductora por cierto, además de ser una mujer muy joven y hermosa.”

    “Jorge, gracias me vas a hacer poner colorada, o lo que es peor, que te crea.”

    “¿Te puedo invitar a cenar, ya que nadie te espera?” me dijo

    “Esperaba esa pregunta y pude elaborar una respuestas para decirla bien.”

    “Escucho atento.” Dijo sonriendo.

    “No, porque salí temprano de casa, llevo puesta la misma ropa todo el día, y me gustaría estar mejor arreglada para aceptar tu invitación. No te rechazo a vos, soy yo la que no se siente a tono para aceptarla.” Le dije mirándolo a los ojos.

    “Te entiendo perfectamente, y me agrada tu respuesta. ¿Te llevo a tu casa?” me dijo.

    “Será un placer.”

    El manejaba y charlábamos. De pronto dije:

    “Perdoname, pero esto parece un juego de seducción, tuyo y mío.”

    “Me encantan las mujeres seductoras.” Dijo.

    “Ves, típica respuesta de un seductor. Es detrás de aquel auto mi edificio.”

    Se detuvo, lo saludé con un beso en la mejilla y cuando estaba bajando me volví a sentar en el auto.

    “Jorge, en la esquina hay una muy buena pizzería. Si querés y no estás muy apurado, subimos, esperas que me duche y me cambie, y vamos a comer unas porciones.”

    “Dejame estacionar.” Dijo.

    Subimos, entramos a mi departamento.

    “Que lindo lo tenés decorado. ¿Vivís sola?

    “Si. ¿Te sirvo algo para tomar?” Dije.

    “No gracias. Si no te molesta, me quito el saco y la corbata para estar más cómodo.”

    “Por favor, ponete cómodo, pone música o la tele. Te aseguro que no tardo.”

    Me sentía una chiquilina, me di una ducha, me cambié de ropa y volví al living con él con un espejo y la bolsa de maquillaje.

    “Espero no haber demorado mucho, solo me falta maquillarme.”

    Jorge sonrió sin decir nada. Cuando estuve lista, bajamos y fuimos a cenar. El llevaba el saco en su brazo y la corbata la guardó en uno de los bolsillos. Se pudo haber hecho el tonto y “olvidarla” en el departamento pero no lo hizo.

    La cena fue la continuación del bar, muy buena charla, algunos gestos de seducción de ambos lados y risas.

    Cuando terminamos, fuimos caminando hasta mi departamento.

    “Gracias por la cena, disfruté mucho tu compañía, y me gustaría repetirla cena otro día.” Me dijo.

    “Pero… ¿no vas a subir a tomar un café? Dije.

    “Si, claro.” Dijo él sorprendido.

    El viaje en ascensor fue en silencio. Entramos, dejó el saco en una silla y me miró.

    “Jorge, sentate donde quieras, donde te sientas más cómodo. Ya preparo el café.”

    Él aún sorprendido se sentó en la mesa. Minutos después volví con los cafés.

    “¿Querés un whisky para acompañarlo, yo voy a tomar uno?” Dije.

    “Me vendría muy bien.”

    Serví el whisky, y me senté frente a él.

    “¿Qué pasa Jorge, desde que entramos al edificio te noto nervioso, tenso?”

    “Luna, lo normal es que una chica que sabe mi apodo, ni siquiera acepte que la lleve a la casa. Vos, no solo aceptas, sino que aceptas cenar, y lo que más me desconcierta, me invitas a subir a tomar un café.”

    “¿Podemos hacer un trato? Primero hablar con sinceridad, sin mentiras y sin vueltas. Segundo, lo que se diga o pase de aquí en más, queda entre vos y yo. ¿Aceptas?” dije.

    “Si, con todo gusto.”

    “Soy chica pero me considero madura, sincera y honesta conmigo misma. Fuimos a cenar, porque quería seguir conociéndote. Y te invité el café por qué me gustas. Así de simple y directo.”

    “Guau, eso fue un golpe a la mandíbula. Y no lo esperaba. Vos también me gustar y mucho. Ahora, más aún. Y no estoy acostumbrado a tratar a una mujer tan directa y madura. Me sorprendes muy gratamente. Pasa que…”

    “Si, el Karma. ¿No te parece que es muy pronto para preocuparte por eso? Perdoname pero por ahora no tengo ninguna intención de acostarme con vos esta noche, ni mañana a la noche. Te invité porque quiero compartir un momento con Jorge, no con la pija de Jorge. Aunque te suene feo, es así.”

    “Luna, en el saco está mi documento y allí, la tarjeta de la prepaga, cuando me desmayes con otro golpe como los que me estás dando, por favor llama así me lleva una ambulancia.”

    “No exageres. Dale.”

    “En serio, no sé si pueda soportar otra descarga de sinceridad brutal.” Dijo.

    “¿Y una caricia en la mano?” dije mientras apoyaba mi mano en la suya.

    “Ahí me derrito totalmente.”

    “No te apures para escapar.” Le dije, prendí otra lámpara, apague la luz central, puse un poco de música tranquila, lo tomé de la mano y nos sentamos en el sillón.

    Pasaron unos minutos y ninguno hablo.

    “Jorge, podes abrazarme por favor, me siento una estúpida sentada a tu lado, con esta música, luz baja y vos nada.”

    “Yo estaba por…”

    “Si, claro. Escuchame por favor, me siento bien con vos, me gustas. Vos dijiste que te gusto. ¿Podes relajarte y disfrutar este momento? Sin pensar en más, ni en mañana ni en la semana que viene, ni en el pasado ni en la oficina y el que dirán.”

    El respiró profundo, y me dio un beso en la cabeza. Pasó casi una hora y no habíamos hablado.

    “¿Cómo te sentís?” Le pregunté

    “Genial, tranquilo, no te das idea lo que disfruto tenerte abrazada. Sos hermosa Laura, me hiciste sentir genial esta noche, me tuviste paciencia, me contuviste, gracias.”

    “No tenés nada que agradecer. Solo te pido que no dejes de disfrutar cada momento que tengamos, este u otros.”

    Un rato después se estaba yendo, le pasé mí número de teléfono y él el suyo. Nos saludábamos en la puerta del departamento cuando fue a darme un beso en la mejilla. Gire rápido la cara y yo lo besé en los labios. Por un segundo se quedó paralizado, me abrazó y me dio el un beso muy suave.

    Bajó y me llamó por el portero eléctrico.

    “Me diste la noche más feliz que pude imaginar. Gracias Luna”

    Al día siguiente, me mandó un mensaje y después de comer me pasó a buscar para ir a pasear. Toda la tarde fue compartida, paramos en Palermo y caminamos mientras charlábamos. Luego fuimos a tomar un café. El atardecer nos encontró paseando por la costanera.

    “Jorge, se está haciendo tarde. O decís algo o llamo alguna amiga para salir esta noche.”

    “Sos dura, la mierda.”

    No pude menos que largar una carcajada.

    “Luna, ¿te puedo invitar a cenar esta noche?”

    “Si claro tonto. Vamos a casa así me doy una ducha y me cambio. ¿Qué ropa querés que me ponga? Porque no tengo idea adonde querés ir.”

    “A un buen restaurant, ropa tranqui.”

    Llegamos al departamento, y él estaba más tranquilo.

    “¿Me servís un whisky mientras me ducho y otro para vos, obvio?”

    “Gracias, paso por ahora.”

    Fui al dormitorio y a bañarme. Cuando salí del baño solo tenía puesta una toalla anudada en el pecho y una en la cabeza. Al verme en el espejo del baño, se me ocurrió la maldad.

    Fui al living.

    “Vine a buscar mi whisky, espero no te moleste que solo tenga la toalla puesta.”

    “No, eh, claro que no.” Tartamudeaba.

    Le di un besito en la boca y me fui a cambiar.

    “Ahora sí que necesito el whisky.” Escuche mientras me iba mostrándole mi espalda.

    Cuando me cambié, me sequé el pelo y me maquillé, volví al living. Tenía puesto zapatos con taco alto, una mini negra corta y una camisa blanca abierta hasta casi el ombligo que dejaba ver mi corpiño de encaje.

    “¿Te gusta, estoy bien así?”

    “Estas muy bien” dijo.

    “Jorge, a la ropa me refiero.”

    “Si, claro, si, te queda muy bien.”

    Subimos al auto y fuimos a cenar. Al entrar al restaurant, lo tomé de la mano. Cuando nos sentábamos vimos que en una mesa cercana estaba uno de los gerentes de la empresa. Jorge me miró y le dije que se tranquilice.

    “Jorge, ¿te avergüenza que te vean conmigo?”

    “No, como me voy a avergonzar, estás loca.”

    “Pues a mí tampoco me avergüenza que me vean con vos. Así que mejor que te tranquilices o te como la boca de un beso delante de todos.”

    “Si querida” dijo sonriendo.

    “Estúpido.” Fue mi respuesta.

    Por suerte Jorge se relajó y disfrutamos de la cena. Cuando el gerente se iba, nos saludó con la mano.

    “Bueno, el lunes toda la empresa va a saber de nuestra cena. ¿Te molesta?” Le dije.

    “Como me va a molestar, al contrario, me alegra que sepan que una de las mujeres más lindas de la empresa cena conmigo.”

    No pude menos que darle un beso en la mejilla.

    Cuando subíamos al auto después de cenar me invitó a tomar café a un boliche.

    “Preferiría otro lugar, algo más íntimo.” Dije.

    “¿Cómo mi departamento?” dijo tembloroso.

    “Puede ser, pero solo si me vas a besar, por lo menos un par de veces.”

    Él sonrió moviendo su cabeza. Fuimos, guardó el auto en la cochera del edificio y subimos. El departamento muy bien amueblado, con mucho gusto.

    “Así que esta es la cueva donde vive le lobo feroz. Muy buen gusto tiene el lobo, por cierto.” Dije.

    “¿Café y whisky? ¿Champagne?”

    “Café y whisky, por favor.”

    Jorge trajo los café y los whiskys.

    “Jorge, ojo que todavía dura el trato que hicimos anoche.”

    “Si, lo sé”

    “Quiero que me cuentes como te sentiste hoy, paseando, esperando en mi departamento, en la cena, ahora.”

    “No puedo creer lo bien que me siento cuando estas a mi lado. Tranquilo, seguro, feliz. Me da mucha paz tu compañía, y me encanta que me retes cuando como hoy me pongo nervioso. Y en tu departamento, me volaste la cabeza. Lo que menos esperaba es que te aparezcas así, casi desnuda, como lo más natural del mundo, seduciéndome en cada paso que das. ¿Y vos?”

    “Me encanta estar con vos, me siento súper bien, y me divierte mucho hacerte maldades, como la del hoy. Te comería a besos en ese momento. Me gusta ratonearte. Y me pasa algo muy loco, pero por favor, entendeme bien, me ratoneo pensando en cuando estemos es la cama o donde se dé, no con tu pene, con vos, sé que nos vamos a divertir y reír mucho.” Dije.

    “¿Vos hablas en serio? ¿Divertirnos y reinos?”

    “Te aseguro que sí, y juntos, divertirnos y reírnos juntos.

    Ah, antes de esa parte, me podes decir que somos, o que querés que seamos:”

    “No te entiendo. A que te referís.” Dijo.

    “Claro, que somos. ¿Novios, amantes, amigos con beneficios, amigos, nada?”

    “Yo querría que seas mi novia, claro que sí. Pero ¿Vos que querés que seamos?”

    “Todo, todo junto, novios, buenos amigos en las charlas, amantes en la cama.”

    “Que hermosa que sos.” Me dijo.

    “Otro tema, ¿qué vas a decir en la oficina, porque seguro alguien te va a preguntar?”

    “Si vos no tenés problemas, la verdad, que sos mi novia.”

    Le di un beso y me abrazó.

    “Jorge, llevamos más de media hora acá y no me diste ningún beso. Creo que ese no fue el trato.”

    Me rodeo con sus brazos y me dio un hermoso beso, dulce como él. Siguieron otros, el con toda dulzura y yo comiéndole la boca. Sus manos recorrían mi espalda sobre la camisa, haciéndose el distraído, fue llevando una cerca de uno de mis senos.

    “Ojo lo que haces, que si me tocas los pechos, me puedo llegar a quedar a dormir.” Le dije sonriendo.

    Él me volvió a besar, y su mano buscó mi pecho, lo acarició dulcemente por sobre la camisa. Me fui excitando lentamente, por sus besos y sus caricias. Su mano bajó a mis piernas que estaban cruzadas y las acariciaba lentamente.

    “¿Me servís otro whisky?” Le pedí.

    El vino con el whisky y cuando se sentó yo me levanté y me senté a caballito en sus piernas con mi vaso de whisky en mis manos. Lo miraba y disfrutaba del whisky. Lo dejé sobre una mesita, lo tomé de la cabeza y lo bese con pasión.

    “Jorgito, me estas excitando con tus caricias, y tengo ganas de jugar con fuego, hasta donde aguantemos, pero quedarnos en las puertas, ¿Te animas?”

    “Traducido, me querés volver loco.”

    “Muy loco.” Dije.

    “Lu, vos pones los limites.”

    Me incliné sobre él y comencé a besarlo. Sentí que sus manos estaban por debajo de mi camisa y acariciaban mi piel en la espalda. Sentirlo me hizo estremecer. Hábilmente destrabó mi corpiño, en dos segundos estaba sin camisa ni corpiño. La sangre me hervía, me sentía totalmente mojada. Llevó su boca a mis pechos y los empezó a chupar, sentir sus manos recorrer mi espalda y su boca mis pechos me llevó a mi primer orgasmo. Algo que no tenía en planes.

    Nunca supe como después de ese orgasmo aparecí en su cama. Él acostado a mi lado, seguía chupando mis pechos, sentí que una de sus manos bajaba a mi entrepierna. Inconscientemente separe las piernas, dejando el paso abierto. Como en el resto de mi cuerpo, acariciaba lentamente mi tanga que estaba totalmente empapada. Quería detenerlo, juro que quería detenerlo, pero no podía. Era tan hermoso el placer que me daba que no podía detenerlo. Sentí que me quitaba la tanga sin sacarme la mini. Ahora su mano tenía todo mi sexo a su disposición. Jugaba lentamente con mi clítoris mientras me besaba. Yo gemía aun besándolo, cuando separó los labios de mi vagina otro orgasmo inundó mi cuerpo. Fue bajando con sus besos, por mis pechos, mi estómago, hasta que alcanzó mi clítoris. Sentir su boca succionando era genial, sus dientes lo mordían suavemente y su lengua jugaba con él totalmente indefenso entre los labios. Eso me llevó a un tercer orgasmo. Jorge sitió mi cuerpo temblar y se acostó a mi lado. Me abrazó y me besó con ternura. Apoye mi cabeza en su pecho y vi el bulto en sus pantalones. Era realmente grande. Impresionaba. Trate te tocarlo pero le no me dejó.

    Entre el vino de la cena, los whiskys y el cansancio de los orgasmos, me fui quedando dormida en su pecho. Abrazada por él.

    Cuando desperté el sol entraba por la ventana del dormitorio. Jorge no estaba en la cama. Me quedé pensando en lo que había pasado, en el placer que me había dado, la facilidad que tuvo para sacarme orgasmos, y su autocontrol y mi imposibilidad de poner límites. Me miré y solo tenía puesta la mini. Me reí de mi misma. Yo que buscaba provocarlo, terminé en su cama y casi desnuda.

    Me levanté y como pude acomodé mi mini. La tanga era un trapo mojado todavía. Igual me la puse. Salí del dormitorio y lo encontré preparando café en la cocina.

    “Buen día, te ver más hermosa que nunca por la mañana. ¿Descansaste?” Me preguntó.

    “Buen día cariño, si muy bien.” Lo abrace y lo besé.

    “¿Café solo o con leche?”

    No pude no reírme.

    “Solo por favor.”

    “Hablando del tiempo, me encantan tus límites.” Me dijo sonriendo.

    “Jorge, basura, no me cargues. No contaba con que me ibas a volver loca tan fácilmente. Tu boca es una maravilla.”

    Busque el resto de mi ropa mientras me servía café.

    “¿Cómo hiciste para ponerte vos los límites si yo ya los había perdido?” Pregunté.

    “Sentí que no era el momento. Que era tu momento, y me encantó hacerte gozar de esa forma.”

    “No tanto como a mí. Te lo aseguro.”

    “¿Tenés ganas de almorzar en el Tigre, en un restaurant en la isla?” Me preguntó

    “Solo después de un buen baño y cambiarme, estoy un asco.”

    “Dale, te dejo, voy a cargar nafta y te paso a buscar.”

    Mientras me bañaba no podía dejar de recordar la suavidad de sus manos, le ternura de sus besos. Había sido totalmente embriagante. Me cambié y bajé. Él estaba esperando apoyado en su auto, con un ramo de flores en su mano.

    “No son tan lindas como vos.” Me dijo y me dio un beso.

    En todo el día no pude dejar de abrazar su brazo, cuando él no me abrazaba. Mientras esperábamos el almuerzo el me miraba y sonreía.

    “Desgraciado.” Le dije.

    “¿Y por qué eso?”

    “Vos sabes muy bien que estás pensando. No te hagas el tonto.”

    Pasamos un día espectacular, al atardecer me dejó en mi departamento.

    Cuando llegué el lunes a la oficina, en mi escritorio había un ramo de flores en un florero pequeño. Dos minutos después, un mensaje en el celular.

    “No son tan lindas como vos.”

    “Buen día, sos un dulce.”

    Durante la mañana me di cuenta que varios que pasaban por la oficina me miraban. Después del almuerzo, la chica que me había advertido de Jorge, directamente vino a preguntarme:

    “¿Es cierto que el sábado a la noche saliste a cenar con Ed?”

    “Si, es cierto y te aseguro que la pasé espectacular, es un caballero Jorge. Y el domingo almorzamos en el Tigre, en un restaurant en la isla.”

    “Entonces…”

    “Entonces, soy la novia, por eso salimos a cenar y a pasear, como novios que somos. Ah, me olvidaba, obviamente el sábado a la noche dormí en su departamento.”

    La chica no supo que decir y se fue.

    Cuando nos íbamos en su auto a la tarde, le pregunté

    “¿Cómo te trató la bomba de nuestro noviazgo?”

    “Dos o tres vinieron a confirmar que eras vos, y a felicitarme por lo linda que sos.”

    “En mi oficina aparecieron varias caras desconocidas, tratando de identificarme, y vino una chica a preguntarme si era cierto que había cenado con vos. Obvio que le dije que sí, y que había dormido en tu departamento. Por la cara no lo podía creer, y se fue como vino.”

    Durante esa semana nos íbamos juntos de la oficina, tomábamos un café en casa y luego él se iba a su departamento. El jueves me avisó que el viernes quería que cenemos en su departamento, que quería cocinar para mí.

    El viernes me pasó a buscar a la mañana, dejé un bolso con ropa en su auto y a la salida fuimos al bar, como todos los viernes. Para sorpresa de todos, llegamos abrazados, sin ocultarnos. Es más, nos dimos dos o tres besos. Todos nos felicitaron por el noviazgo. Luego fuimos a su departamento.

    “Cariño, me voy a dar una ducha, ¿te jode?”

    “Lu, dejate de joder. Ahora te alcanzo toallas.”

    “Tengo.” Dije.

    “Estas son especiales con trampa, cuando una mujer se hace la graciosa tratando de provocar a un hombre se sueltan y la dejan desnudita.”

    “Con más razón uso las mías. Chanta.”

    Me mostró el baño en suite de su dormitorio y yo me bañe.

    Cuando volví con el solo llevaba una camisa floreada larga que alcanzaba a tapar mi cola. El me dio un beso y cuando se iba a bañar, casi sin querer me tocó un pecho. Me puso la piel de gallina.

    Hizo unos fideos gratinados espectaculares. Y nos sentamos a cenar.

    “Lu, Gimenez el director general, nos invitó para el domingo al mediodía a un asado en su quinta. A todos los gerentes y subgerentes, con sus parejas.”

    “¿Vos querés que vaya?”

    “Por supuesto, sos mi novia. A dijo que súper informal, jeans, joggings”

    “Mejor, así no tengo que comprar nada.”

    “Hoy me toca preguntar a mí. Como estás, como pasaste esta semana de noviazgo.”

    “Huy, espectacular, disfrutando cada momento que compartimos, extrañándote cuando no te veía. Súper feliz de ser tu novia.”

    “Yo me sentí increíble, sin miedos, sin vergüenza, disfrutando que todos hablen de nosotros. Que se asombren de que seas mi novia, justo una de las más lindas de la empresa.”

    “Me alegro mucho, yo te veo muy bien, como más seguro de vos mismo.”

    “Es que así me siento.”

    Luego de cenar, tomamos nuestro habitual café y whisky.

    “Jorge, por el bolso te habrás dado cuenta que me voy a quedar a dormir. Espero no hayas invitado a otra para la trasnoche.”

    “Si Luna, espera que les aviso a las dos que iban a venir.”

    “Espero que sea una broma porque te la corto.”

    “Vos podes bromear y yo no. Eso no vale.” Dijo.

    “No, con ese tema no podes bromear.”

    “Dame un beso calentona.”

    Jorge me tomó en sus brazos y comenzó a besarme, sus manos pasaron debajo de mi camisa y acariciaban mi espalda. Pronto descubrió que no llevaba corpiño.

    “¿Qué pasa si te toco los pechos? Ya te vas a quedar a dormir”

    “Arriesgate y averígualo.”

    El muy desgraciado me besaba y acariciaba pero no se acercaba a mis pechos. Hasta que sentí que me apretaba la cola. Me fui encendiendo, esas manos suaves ahora apretaban con ganas mi cola. Bajó su boca y comenzó a chupar mis pechos por sobre la remera. De repente me vi sentada en sus piernas, me desabotonó la camisa y su boca comía mis pechos, sus manos hacían estragos en mi espalda. Ya estaba mojada cuando pude reaccionar.

    Lo tomé de la mano y fuimos a su dormitorio.

    Apague todas las luces y nos acostamos. Lo comencé a besar y acariciar el pecho. Mis manos fueron bajando y le quité el pantalón, acaricie su pene sobre el bóxer, ya luchaba por librarse y era realmente grande y gordo. Muy grande. Lo libre del bóxer y lo comencé a besar, lo fui metiendo en mi boca y lo chupaba mientras mis manos lo acariciaban o a sus bolas. Jorge gemía suavemente. Sus manos acariciaban mi cabeza.

    No puedo negar que el tamaño de su verga me impresionaba pero no aumentaba mi excitación. Esta aumentaba al escuchar como Jorge gozaba con lo que le hacía. Nunca lo hablamos directamente pero podía imaginar su frustración. Como un reptil fui subiendo por su cuerpo, hasta que sentí que su pija estaba justo en mi concha. Abrí las piernas y sosteniéndola, fui bajando para que vaya entrando en mí.

    Ciertamente que costaba, pero mi humedad facilitaba su entrada. Poco a poco comencé a moverme. Como nunca antes mi concha estaba totalmente llena. Mi excitación aumentaba, ya sentía que más no podía entrar. Me abracé a Jorge e hice que los dos giráramos, quedé boca arriba. Tomé su cara, lo besé y sonriendo le dije:

    “Cogeme bien cogida. Haceme sentir tu hembra.”

    Jorge se empezó a mover despacio. Buscó los límites y con más seguridad fue acelerando sus movimientos. Yo levanté a tope las piernas para que entre todo lo posible. Mi excitación subía en cada embestida de esa pija fenomenal.

    “Cogeme carajo, no ves que estoy re caliente con vos, o no estás caliente conmigo.”

    El empezó a bombear cada vez más fuerte, yo sentía que me habría toda, pero gozaba terriblemente, era magnifico sentirlo dentro mío.

    “Así, dale, quiero más pija, la quiero toda adentro.”

    “Sos una yegua, te quiero.”

    “Si, soy tu yegua, solo tuya, y claro que yo también te quiero. Por eso quiero que me acabes bien adentro, que me goces con todo.”

    Unos movimientos más y se derramó dentro mío, yo lo acompañe con un orgasmo proporcional a su pija.

    Jorge se abrazó con todo a mí y me besó mucho más pasional que nunca. Cuando fue sacando su pija, vio que junto con el esperma, mis jugos venían pequeños hilos de sangre,

    “Te lastimé, perdoname por favor.” Dijo al borde de las lágrimas.

    “Tranquilo, es normal cuando el sexo es duro. Y papito, hoy estabas bien duro. Dale, traete los whiskys.”

    Aproveche que no estaba para moverme. Realmente estaba dolorida. Pero no quería que se diera cuenta, sabía que en pocos minutos pasaría, y haciéndolo habitualmente, todo se acomodaría.

    Él se sentó a mi lado.

    “Sos la única mujer con la que he gozado, me volviste loco, en vez de huir me alentabas a que te coja, pero temía lastimarte.”

    “Jorge, hoy fue la primera vez, para los dos. Ahora sabemos los dos que podemos hacerlo sin problemas. ¿Sigue el trato?”

    “Por supuesto.”

    “Amor, cuando una pareja tiene sentimientos en común, cuando se entrega sin guardarse nada al otro, y hablo de los sentimientos, cuando solo una caricia basta para encenderme como vos me encendés a mí siempre se puede. Te quiero Jorge, y quería llegar a este momento como llegamos, lo más tranquilos posibles, sin presiones, miedos. Fui feliz viendo tu cara cuando me penetrabas, y soy feliz ahora recordándola. Sentir temblar tu cuerpo sobre el mío cuando acabaste, fue increíble.”

    “Lu, te quiero, y realmente me supiste llevar en todo momento, todo fue gracias a vos.”

    Un rato después, me puse a joderlo, besarlo y acariciarle la pija, lentamente se fue encendiendo, yo de solo verla y pensar lo que iba a hacer me fui mojando a más no poder. Mi cuerpo pedía no seguir, pero mi excitación pudo más.

    “Prendé el velador, quiero que esto lo veas bien.” Le dije.

    Chupe un poco esa pija y me comencé a sentar en ella.

    “Mira, mira que caliente que estoy que me la meto sola.”

    Fui bajando hasta que toda estuvo dentro de mí, no lo podía creer, me acariciaba mis pechos, la saliva caía por la comisura de mis labios.

    “Hijo de puta, ahora sí la tengo toda adentro. Soy tu yegua, mira como gozo”

    Fui subiendo y bajando, aumentaba la velocidad, y la fuerza de mi bajada. Agarré sabana y la mordía para ahogar mis gritos de placer. Mis movimientos se hacían frenéticos, Jorge apretaba con fuerza mis tetas, cuando llegué a un orgasmo durísimo, me salí y me puse en cuatro patas en el borde de la cama.

    “Ahora, cojeme como se debe. Soltá toda tu calentura, te lo pido.”

    Jorge se puso atrás mío y la metió toda hasta el fondo. Me tomó de la cintura, y me dio con todo. Mis orgasmos no paraban y cada vez eran más fuertes al sentir la calentura de Jorge. De pronto perdí la noción de todo, del tiempo, de la cantidad de orgasmos, solo me interesaba el placer que ese hombre me daba entregándome toda su calentura. Cuando acabamos, caí rendida en la cama. Jorge igual, se tiró a mi lado.

    “Sos increíble, me volviste loco montándome, no lo podía creer, y cuando te pusiste en cuatro, me explotó el cerebro.” Me dijo.

    “Y a mí sentirte así de caliente me vuelve loca, no puedo parar.”

    Apagó el velador, me puse de costado y él me rodeó con sus brazos con fuerza. Así nos dormimos. Así nos despertamos.

  • Descubriendo nuevos placeres (2)

    Descubriendo nuevos placeres (2)

    Hola soy Luis nuevamente a contarles como siguieron mis nuevas experiencias, espero que les guste.

    Luego de aquella experiencia pase los días pensando mucho en lo que yo mismo me había hecho vivir, el sentir algo tan delicioso y que proviniera de algo inanimado me había dejado totalmente perplejo, solo podía imaginar lo que se podría sentir con una verga de verdad, pero había mucho más que eso, yo me consideraba una persona hetero y seguía excitándome con él cuerpo femenino incluso disfrutaba de masturbarme al ver porno lésbico o mujeres solas tocándose, era todo muy confuso para mí.

    A las semanas de darle vuelta a la idea y sin poder acudir a nadie por concejos decidí entrar a una página de comunidad gay en mi país, la cual tenía un chat en vivo y podías conversar con otros usuarios, me topé con que la mayoría de usuarios eran hombres pasivos que buscaban a activos, yo solo buscaba hacer algún amigo, alguien con quien con el tiempo me dé la confianza de poder experimentar a gusto tener relaciones con otro hombre, yo buscaba siempre que todo fuera discreto, pues como decía tenía la curiosidad pero yo me seguía identificando como hetero, lo más curioso es que no me llamaba la atención besar a otro hombre ni nada romántico, solo me llamaba la atención lo sexual, quería poder tocar y besar su cuerpo, sus piernas, su verga sin sentir la presión de luego de pasar un momento romántico o algo parecido.

    Mi búsqueda duró varias semanas en más cuales me pajeaba utilizando mi confiable cepillo en el culo, un fin de semana en el que estaba particularmente con ganas de algo más nuevamente me metí a este chat, pasé varios minutos hablando con muchas personas pero todos vivan muy lejos o querían verme por la noche, algo que por mi seguridad no quería hacer, hasta que pronto entable una conversación con un hombre de 35 años llamado Boris, Boris era un activo discreto que le gustaba de disfrutar de encuentros ocasionales con otros hombres, en esta conversación el me llego a confesar que incluso tenía novia y vivía con ella desde hace 2 años, estuvimos hablando por cerca de 1 hora y la verdad es que me se me hizo muy buena persona, de pronto empezamos a hablar de cuando podíamos vernos y que me gustaría hacer, yo le fui sincero y ya le había contado mi experiencia previa con el pene de plástico de mi hermana, le comenté también que tenía muchas ganas esa tarde y que por mi estaría bien hacer hoy mismo, Boris me pregunto por donde me encontraba, yo le dije que en la Victoria un distrito muy céntrico de mi ciudad, resulta que él estaba a pocas cuadras de mi casa ya que era taxista y venía de dejar a un pasajero, todo se estaba dando de manera perfecta, pero luego me vinieron un montón de ideas a la cabeza la calentura se me bajó y estuve a punto de cerrar la conversación.

    Lo pensé muy bien varios minutos, mientras Boris me preguntaba – Luis dime, pasó por ti? – respondí rápidamente con un si.

    Luego de indicarle donde recogerme, ya que no quería que fuera frente a mi casa, me di una ducha rápida me vestí con unos pantalones verde oscuros, me puse una camisa manga corta de color blanco y una casaca de cuero marrón que era de mis favoritas, tomé mi teléfono mis llaves billetera y salí rumbo al punto de encuentro, él ya estaba ahí esperándome parado al lado de su kia río de color negro el cual usaba para hacer Uber.

    Boris era alto, media aproximadamente 1.85 m lo tenía un rostro que sin mentirles encontré muy atractivo, como masculino pero a la vez con rasgos finos, tenía unos ojos marrones claros que le quedaban hermosos, tenía también el cabello largo hasta los hombros color castaño y el cuerpo no lo podía distinguir bien Y que traía puesto unos jean bastante sueltos, un polo blanco y una casaca de mezclilla.

    Nos dimos la mano y nos saludamos como si fuéramos viejos amigos y subimos al auto a lo que él me pregunta – bueno, a dónde vamos? – yo no lo tenía muy claro ya que era la primera vez que me encontraba con un hombre para tener relaciones juntos así que le dije con un tono nervioso – La verdad no sé, tú conoces algún lugar discreto? – Boris respondió – Si claro, conozco un sitio cerca aquí, pero no es necesariamente para encuentros como el nuestro. – a lo que yo le comenté – entonces como entraremos? – él me explicó que él se estacionaria en la calle para no levantar sospechas, yo ingresaría primero rentaría una habitación y una vez en ella le enviaría un mensaje diciéndole el número de habitación y el ingresaría después, esto me parecía muy ingenioso, y la verdad no se me habría podido ocurrí a mi.

    Llegamos e hice lo orquestado por Boris, me baje del auto camine hasta la entrada del hotel, entre rente una habitación y compre una caja de condones y algo de lubricante, recordé que el lubricante fue la clave de cuando me ensarte la verga de silicona así que no me podía faltar, recibí la llame y los implementó que adquirí y subí a la habitación 403, al entrar y cerrar la puerta dejé lo recién comprado en el velador al costado de la cama y le envié el mensaje a Boris, no pasó ni dos minutos hasta que sentí los golpes en la puerta, le abrí rápidamente y lo dejé pasar.

    Ahora estábamos los dos solos tomamos unas cervezas del frigobar mientras hablábamos de cualquier cosa, de pronto Boris se levantó y me dijo que tomaría una ducha, yo me eche en la cama empecé a ver televisión, pasaron 5 minutos y escuché como la llave del agua de cerraba, a los segundos se ha río la puerta del baño y lo que había detrás me dejó atónito, Boris tenía el cuerpo digno de un fisicoculturista, tenía unos hombros anchos y bien formado unos pectorales grandes y definido y unos abdominales bien marcados, y para coronar todo esto tenía unas piernas musculosas y una verga de por lo menos 20 cm que ya apuntaba hacia mi, me miró fijamente mientras yo le devolvía la mirada con la boca abierta y me dijo:

    -Bueno Luis, a lo que vinimos, puedes tocar y besar todo lo que quieras…

    Yo me levante de la cama sin decir palabra alguna me acerque hacia ese cuerpo hermoso y lo empecé a tocar con las manos comenzando por los hombros, recorrí sus fornido brazos de arriba hacia abajo mientras me daba unos suaves besos en el pecho, luego empecé a bajar lentamente por todo su torso y su abdomen con mis manos y labios, me quede arrodillado y frente a mi boca tenía esa enorme verga y palpitaba sin parar, mientras que con mis manos seguí tocando sus piernas, con mi boca ya le daba unos tibios besos en la punta de la verga, a lo que Boris me dijo – Vamos, no seas tímido – y me empezó a acariciar la cabeza, esto me agrado mas de lo que pensé y casi instantáneamente me metí toda la cabeza de esa verga a la boca, la chupa a y saboreaba muy lentamente, definitivamente el sabor me gustaba, ya que no pare en varios minutos, yo ya estaba también con mi verga a mil y mientras seguía con mi mamá da me fui quitando la ropa con la ayuda de Boris, bueno casi era él el que me la quita a ya que la camisa me la quito casi de un tirón, al igual que el pantalón y los boxers, mi cuerpo no era nada comparado con el de Boris, pero al verlo me dijo, así me gustan los hombres con buenas piernas y buen culo, él también me chupo la verga pero fue solo por un momento, ya que luego de ver mi culo desnudo ese fue su punto de atención – Que buen culo tenías escondido.. – me decía esto mientras me lo apretaba y me daba un par de nalgadas, la verdad este acto me pareció un poco gracioso, no me disgusto pero tampoco diría que me excito mas – Te voy a devorar este culito… – de pronto note que su respiración se puso muy rápida y su excitación estaba tomando el control de su cuerpo, prácticamente me empujó a la cama, me levanto las piernas con las manos y lo siguiente que hizo me fascinó.

    Boris me escupió directo al ano para luego comenzar con una lengüeteada que desde el principio me volvió loco, dios mío jamás pensé que una lengua en mi culo sería tan placentero – Pero que rico culo tienes mmm… – lo oía decir cuando hacía pequeñas pausas para tomar aire, de pronto sentí que empezó a meter un dedo dentro de mi culo, este estaba muy ensalivado ya y entro fácilmente, empezó un rápido metesaca y de pronto metió otro dedo, esto me parecía delicioso pero yo obviamente quería mas, estire el brazo cogí la caja de condones del velador y se lo puse en frente, el levantó la mirada sonrió y me dijo – Claro que sí, se nota que estas hambriento de verga… – abrió el empaque con los dientes y desenrolló el contenido sobre su enorme verga – Bueno aquí va una de verdad… – me dijo mientras colocaba la punta de su verga en mi culo y hacia presión, como imagine, su verga se deslizaba hacia fuera y no conseguía entrar, yo estaba muy excitado y empezaba a embarrar con liquido pre seminal mi vientre, me dije por que no usas esto – y le alcance el lubricante – así que vienes preparado- me dijo mientras que colocaba sobre su verga y mi ano un poco de lubricante para luego empezar nuevamente sus intentos, al principio no entraba, pero poco a poco mi culito fue cediendo territorio a esa tranca de carne.

    A diferencia de la última vez que sentí algo parecido, yo tenía todo el control, esta vez yo no estaba solo y la sensación de tener alguien sobre mi me parecía increíble, tanto que no me di cuenta cuando la tenía toda adentro – al fin – dijo Boris – tienes un culo apretadísimo, y mira como se alegra de tener una verga de carne esta vez- esto lo decía por el como palpitaba mi culo con esa hermosa verga adentro, yo con las piernas levantas y la respiración agitaba vi para abajo puede ver ese hermoso cuerpo sobre mi, que parecía brillar por la capa de sudor que tenía encima, de pronto comenzó lo mejor.

    Boris empezó sus embestidas muy lentamente pero con una cadencia increíble, se empezaba a descontrolar y por ratos me besaba el pecho y cuello, yo solo podía decir entre jadeos- en la boca no por favor todo me estaba pareciendo delicioso, de pronto sentí a Boris levantarse de encima mío me tomo una pierna y me hizo dar la vuelta, entendí al instante lo que quería hacer y era algo que yo también venía esperando por mucho tiempo, al sentir como ese pedazo de carne se empezó a hundir en mi culo mientras yo estaba en cuatro patas era algo casi divino, el arremetida con todo contra mi culo mientras que se escuchaba el choque de sus piernas contra mis nalgas una y otra vez – Que buena perra resultaste se – y me dio una fuerte nalgada, la nalgada en sí no me molesto ni dolió, pero que me haya llamado perra no me gustó para nada – quién crees que soy ah? – le dije mientras volteaba a verlo con cara de enojado, y el sin parar su metesaca sonrió burlonamente y dijo – Eres mi perr…- no deje que terminara la frase, me levante muy violentamente empujándolo con mi cuerpo haciendo que su verga saliera de mi y el cayera de espaldas sobre la cama, no sé qué fue lo que tenía en ma cabeza, rápidamente me subí sobre el como si estuviera cabalgándolo, le di una cachetada muy fuerte y le dije – No confundas las cosas Boris, a mi no me querías tratar como si fuera una perra, yo soy un hombre y uno bien macho- acto seguido y antes de que el pudiera contestar algo tome su pene y me lo metí de una sola sentaba en mi culo, apoye mi manos en su pecho y lo comencé cabalgar como si de un potro se tratara, el ya no dijo nada mas solo sonrió, con una mano me tomo de la cintura y empezó a acompañar mis movimientos con excesiva fuerza, yo estaba volviéndome loco.

    Nunca había sentido tanto placer en mi vida, tenía mi verga rebotando entre mi vientre y el de Boris manchando ambos con líquido pre seminal el cual era muy blanco parecía que ha hubiera comenzado a eyacular sin terminar de venirme – Dios que rico culo estoy por venirme- exclamó Boris y con dos fuertes embestidas mas sentí como se puso muy tenso apretando todo los músculos de su hermoso cuerpo para luego sentir en mi culo unos potentes chorros de leche que sentía me inundaban todo por dentro, al mismo tiempo Boris con la mano que tenía libre empezó a hacerme una paja que sumada a esta sensación inesperada me saco de mi, me vine como un loco, nunca antes había gritado al venirme y esta vez lo hice, – ohh ohhhh- decía al descargar todo que tenía dentro sobre el abdomen, pecho y cara de Boris.

    Al salir de mi trance caí al lado de Boris y le reclame – acaso no te pusiste el condón -a lo que me respondió – se salió al mentó que me empujaste y te pusiste sobre mi, te iba a decir algo pero estaba muy rico todo, acaso no te gustó más así? – asentí con una pequeña risa y le dije – Disculpa por lo de la cachetada… – no me dejo terminar y me dijo – no tranquilo, fue mi culpa tú me dijiste desde un principio que es lo que querías experimentar y como te sentías, estuve fuera de lugar – y me extendió la mano como pidiéndome la paz, se la di en muestra de buena fe y le dije – gracias, me voy a dar una ducha- me miro y me dijo – Te importa si te acompañó? – me levante de la cama y le hice un gesto para que se uniera conmigo en la ducha.

    En la ducha estaba todo normal, la verdad sentí un poco raro al bañarme con otro hombre, no sentí lo mismo que al bañarme con una mujer, pero de pronto Boris me empezó a enjabonar la espalda lentamente hasta llegar a mis nalgas y siguió con sus manos por mis piernas, de pronto lo escuche decir – Que buen culo de macho que me comí carajo- me reí un poco y tire mi culo hacia atrás, el cual el recibió gustoso abriéndome las nalgas y dándome un beso muy húmedo y largo de pronto se levantó y yo al darme vuelta me encontré con su enorme verga chocando con la mía, cerré el agua de la ducha y me arrodillé para darle una última mamada a esa verga – uff lo haces mejor que mi novia-ese comentario me pareció curioso, ya que esta era la segunda vez que mamaba una verga y la primera había sido hace unos minutos.

    Boris hizo que me ponga de pie y salimos del baño aun mojados, esta vez fui yo quien me tire boca arriba en la cama mientras él tomaba un condón y el lubricante, tire el condón de su mano y le dije – Apurate -sonrió nuevamente de puso un poco de lubricante en la verga y en mi culo y de una sola embestida me enterró toda su verga, esta vez lo sentí delicioso desde el principio y empecé a jadear como loco, el sentirme lleno de esa estaca de carne y con un hombre tan hermoso encima me tenía en el cielo, esta vez no demoramos mucho, me imagino que fue por la excitación que traíamos encima, el empezó a embestirme cada vez más rápido y al estar encima mío su vientre estimulaba mi pene de pronto vi hacia abajo y el levantó su cabeza, vi ese cabello largo y sus hermosos ojos marrones, él me devolvió la mirada y nos unimos en un lascivo beso, sentía como su lengua chocaba con la mía y juntas hacían formas difíciles de describir, no pude evitar más y aun besándolo me vine de una forma alucinante, se tiendo como llevaba de leche mi ombligo y mi barbilla, finalmente dejamos de besarnos y un hilo de saliva quedó colgando de nuestros labios, yo había terminado pero el no, lo empuje con mis manos, esta vez más suavemente, y lo puse boca arriba en la cama, descendí hasta su verga y me la lleve de frente a la boca, esta vez me la metí lo mas profundo que pude hasta que la sentía chocar contra mi garganta – Que rico! Que voy a venir!! – dijo Boris al momento que empezó a descargar lo que quedaba de leche en mi boca, era demasiada pero la acepte gustoso, con esto cumplía otra de mis fantasías, sentir una descarga de leche en mi boca, trague lo que pude y abrí mi boca y saqué mi lengua para que viera mi trabajo, Boris me todo del rostro me acercó hacia él y me dio otro largo beso.

    Luego nos vayamos nuevamente, esta vez algo más rápido para evitar caer nuevamente en la tentación, la hora había avanzado rápidamente y el turno ya estaba por terminar, conversamos un poco más de lo ocurrido y sobre todo como me sentí yo, la verdad la había pasado fenomenal, hubo un momento en que no me gustó como me trató pero todo conversando se arregla, el entendió mi posición y se disculpó nuevamente, después bajó el primero y luego yo para devolver las llaves de la habitación y eso, el me esperaba en su auto, subí y me llevo hasta el punto donde me recogió, a unas cuadras de mi casa, nos despedimos como si fuéramos unos viejos amigos y quedamos en que definitivamente nos volveríamos a contactar.

    Este es en fin de mi segundo relato, como lo comenté en el primero, mis relatos son basados en experiencias propias, gracias por leerme, cualquier comentario o sugerencia por favor enviarlo a [email protected].

    Saludos.

  • Mi esposo me es infiel con mi amante

    Mi esposo me es infiel con mi amante

    Me enteré de una infidelidad de mi pareja. Paso a contarles como fue.

    El mejor amigo estaba festejando su soltería, en el grupo de amigos realizan una especie de ritual que consiste en visitar bares durante cuatro noches seguidas en busca de conquistas de una noche que ayuden a transitar su soltería. El soltero y su grupo de amigos deben conquistar mujeres por una noche y tener sexo con ellas.

    Yo desconocía por completo este “ritual” de machos.

    En una de esas noches, salieron a un bar muy conocido de la ciudad. Noche de amigos y tragos. Eso me dijo. Yo le creí.

    Esa noche mi pareja volvió más tarde de lo que acostumbraba hacerlo, casi sin alcohol encima, lo que me hizo dudar. Además de evitar el cruce de miradas.

    Al sospechar obviamente, comencé con un interrogatorio camuflado en preocupación.

    Empecé diciéndole que para mí también era difícil esta situación y que entendía todo lo que había pasado, sin tener idea de lo que había hecho en realidad.

    Sin saber qué contestarme, se duchó, y se acostó a mi lado. Abrazándome en silencio.

    A la mañana siguiente me despertó con el desayuno en la cama, algo que nunca había hecho hasta el momento. Ese acto me hizo estremecer, su culpa era total si sus disculpas eran esas.

    Y mientras tomábamos el café en la cama, comenzó a contarme sobre esa noche.

    Me contó que estaban todos bastante ebrios y sus amigos empezaron a arengar. La mayoría de ellos habían tenido suerte esa noche y se escabullían entre la muchedumbre con sus conquistas, y mi pareja solo “se dejó llevar” por la situación.

    Me contó, además, que la moza que los atendió era muy linda, que le sonreía cada vez que lo miraba y cayó en la tentación.

    ¿Hasta dónde llegaste? – le pregunté.

    Y me relató todo lo sucedido esa noche.

    Le pedí detalles.

    Le dije, además, que si me hacía lo mismo a mi, quizá lo perdonaría.

    Y así fue.

    Me conto que a la hora de cierre del bar, invito a la moza a su auto, y que ambos se practicaron sexo oral.

    Me contó, también, cómo la chica lo beso muy delicadamente pasando el ápice de su lengua por sus labios, introduciendo la lengua en su boca y jugando con ella recorriéndola.

    Me contó, además, cómo metió sus manos por debajo de la ropa y acaricio sus pechos turgentes, jóvenes y tibios.

    Me dijo, después, que se acomodaron en la parte trasera del auto y casi desnuda, abrió sus piernas y recibió la lengua de mi marido, que estimulaba su clítoris, recorría sus labios y succionaba su excitación.

    Yo estaba muy atenta escuchando con detalles su confesión y mientras me imaginaba la escena notaba como se iba humedeciendo mi vagina.

    Me confesó que estaban tan excitados que quitó su ropa por completo y la penetró con fuerza, sintiendo como la vagina lo recibía lubricada, estrecha, haciendo que su pene notará la presión.

    Con la estimulación de su lengua sobre su clítoris y luego la penetración enérgica de su pene firme, la joven cierra sus ojos y llega a un orgasmo fuerte, luego le regala una lamida en el tronco del pene terminando en una chupada irresistible que hace estallar en un orgasmo a mi esposo.

    Al terminar la confesión yo ya mordía mis labios y sentía mis fluidos vaginales mojar mi ropa interior.

    Le pedí que hiciera conmigo lo mismo que le había hecho a ella esa noche.

    Y, así lo hizo, me hizo estallar de placer en la parte trasera de un auto.

    Lo perdone.

    Supe que todos fuimos infieles alguna vez.

    Lo que aún no sabe mi pareja es que yo conocí antes a esa chica. La conocí un sábado a la noche, en ese mismo bar.

    Hace unos meses atrás, habíamos discutido con él y les pedí a mis amigas que saliéramos a tomar un trago para olvidar penas.

    Ella nos atendió esa noche.

    Había poca gente en el bar. Tomamos mucho, bailamos hasta el amanecer y al momento de retirarnos del lugar pido el último trago de la noche y cuando la moza se acerca para servirlo no pude evitar decirle lo hermosa que era y para mi sorpresa me contestó vos también guiñando un ojo.

    Supe inmediatamente que mi noche no terminaba aún y la espere.

    Cuando su turno terminó fuimos hasta su casa en el auto de mi marido, vivía aún con sus padres quienes estaban desayunando cuando llegamos.

    Como nadie sospecha de dos mujeres, saludamos a ambos, y entramos en su habitación. Estábamos las dos nerviosas.

    Estuve toda la noche mirándola así que cuando la tuve entre mis brazos, disfrute cada centímetro de su joven cuerpo, besé sus pechos, mordí sus pezones.

    Bese su abdomen y su pelvis. Su sabor era delicioso, adictivo.

    Ella acarició mi cuerpo por completo. Introdujo sus dedos en mi vagina. La toco. La beso.

    Fue un fugaz encuentro… de mucho fuego aunque dulce y suave.

    Entrelazamos los cuerpos, las piernas, los brazos, las lenguas y las manos… compartimos nuestra desnudez. Nos dimos placer.

    Antes de retirarme de su cuarto pedí su número telefónico. Salude a sus papás como una amiga más y me fui.

    Cuando llegué a mi casa encontré una nota que decía: gor me fui a jugar al futbol.

    Nunca se lo conté…

  • El ayudante (Cap. 10): Irene a espaldas de su novio (II)

    El ayudante (Cap. 10): Irene a espaldas de su novio (II)

    La morocha no podía verlo al tenerlo detrás de ella pero estuvo segura de que en el momento que escuchó su respuesta, una arrogante sonrisa se dibujó en el atractivo y masculino rostro del hombre a su espalda. Pero no tuvo más tiempo para divagar en tales pensamientos, pues las manos que antes habían estado magreando sus muslos se movieron rápidamente hasta tocar la piel de sus desnudos hombros. La fémina no alcanzó a decir nada cuando fue obligada a arrodillarse, sus torneadas piernas, relajadas por el anterior masaje, cedieron sin resistencia y de un momento a otro perdió de vista la sala, perdió de vista la cabeza de su novio que sobresalía del sofá y lo único con lo que fueron a dar sus ojos negros fue su propio y distorsionado reflejo devolviendo su mirada a través del cristal de decenas de botellas y vasos que se guardaban en el interior de la barra. Con un gesto alarmado en su rostro, jaló con sus manos del final del vestido para intentar ocultar la abundante piel de sus glúteos y muslos que se había revelado ante la nueva posición en la que se encontraba. Como si esa modestia fuera necesaria luego de todo lo que le habían hecho minutos antes. Pero bueno, era una mujer recatada, ¿No?

    «¿A-Ayudante?» Su mirada, moviéndose acelerada de un punto a otro entre el cristal de las botellas con bebidas y etiquetas de diferentes colores, fue a parar allí donde pudo notar algo del reflejo del hombre detrás de ella. Y le dio un vuelco al corazón cuando distinguió como la prenda de su pantalón cortó cayó por las fornidas piernas del contrario. Sus cejas se alzaron, el gesto de alarma en su rostro agravándose más que nunca, y casi se cayó de espaldas, pero las palmas de sus manos alcanzaron a afirmarse en el suelo, su espalda quedando un tanto inclinada hacia atrás y con sus brazos rígidos sosteniendo su peso.

    Y fue entonces que lo sintió, lo vio venir por el rabillo del ojo. Una amenazante sombra sobre ella a la que sólo pudo reaccionar levantando su mirada hacia el techo para intentar dar con lo que sea que se le venía encima. «Ah- ¡Nhh!» Pero tal acción no fue lo más prudente, pues inmediatamente aquella enorme y caliente verga que ya conocía demasiado bien, cayó pesada sobre su rostro dándole un golpe que resonó casi cual palmada de aplauso. Con su respiración entrecortada, el robusto y venoso miembro descansó tranquilamente sobre su cara, abarcando todo el largo de su hermoso rostro y todavía con unos cuantos centímetros y el glande quedando suspendidos sobre el mentón de la fémina. Era una imagen memorable.

    Irene, con su boca semiabierta ante la sorpresa, no parecía poder reaccionar. El punzante hedor de esa sudorosa porción de carne comenzó a entrar por sus fosas nasales con cada inhalación, intoxicando su mente, y aquello la hizo arrugar su naricita, pero no atinó a separarse. Estaba siendo completamente dominada por la enorme virilidad de su Ayudante.

    «Creo que entenderás,» El hombre, que ahora estaba con sus piernas bastante separadas y algo flexionadas para poder tener a esa altura a su verga, tomó con su mano por la base a su semidormido pero aun así portentoso miembro y comenzó a pasearlo obscenamente por todo el rostro de la Idol, quien sólo apretó sus labios en una leve mueca, entrecerrando sus ojos. Ese vulgar pene era tan enorme que él podía sujetarlo por la base y aun así lograba tocar con el glande el mentón de la fémina. «a lo que me refiero.»

    La Idol de 28 años intentó responder, decir algo, pero se atragantó en sus palabras cuando el hombre usó su otra mano para tomar sus testículos, alzándolos sobre ella, tapando su vista. El hombre sujetó la sudorosa y colgante piel para finalmente dejar caer su pesado par de genitales sobre la cara de la morocha, abarcando toda la frente de Irene. La Idol sólo arrugó un poco su entrecejo, ahora tapado con los genitales de ese vil hombre. Toda su carita estaba ocupada por la verga y bolas de su Ayudante. Y al tener sus labios apretados se obligaba a respirar por la nariz, lo que hacía que consumiera más y más de ese potente olor mezcla de sudor, semen y sexo que emanaba de esa robusta verga. Pero no podía moverse, pues sus manos aún estaban apoyadas en el suelo para no caer de espaldas. O, al menos, esa era la razón más lógica que podía encontrar ante su falta de reacción.

    «Uhm,» Su Ayudante, por su parte, aprovechó la inacción de la contraria para empezar a menear suavemente su cadera y así empezar a frotar morbosamente sus genitales sobre frente, nariz, mejillas y labios de la sometida Idol. «Bueno, si no quieres hacer, hm, esperar más a tu novio, será mejor que abras esa boquita.» Gruñó suave al llevar sus testículos a masajear las mejillas y nariz de la sometida Idol, el hilillo transparente de líquido preseminal que brotaba de la punta de su glande colgando por la barbilla de la morocha, cayendo hasta pegarse a su cuello y escote.

    «U-usted, hmff,» Finalmente, Irene se pareció cansarse de tal obscena demostración de poder sobre ella, hablando en una voz firme a pesar de ser sólo un murmullo que el Ayudante no llegó a escuchar por la música suave que aún se escuchaba en la sala. «¿De verdad cree que haré e-uuahhmgg,» Pero no llegó a terminar su reprimenda, pues el contrario aprovechó el preciso momento en que abrió esa preciosa boca para introducir en ella la punta de su glande y, seguidamente, toda la cabeza de su verga en un sólo movimiento.

    Y para Irene, el olor de esa portentosa herramienta en combinación con el sabor agrio y salado de su venosa carne fueron suficientes para terminar de embriagarla en ese ambiente a sexo y pecado que parecía sofocar el ambiente. Junto con el sabor de su sudorosa carne también pudo degustar ese viscoso y abundante fluido translúcido que brotaba de la punta de esa carnosa cabeza y que ahora se pegaba a su caliente lengua. Sus dedos se retorcieron firmes contra el suelo mientras centímetro tras centímetro de verga comenzó a ser introducido lentamente por su cavidad bucal, y la posición en la que se encontraba exigieron a su mandíbula al máximo para poder recibir al inesperado invitado que se colaba sin permiso. El tren de salada carne que sus labios habían envuelto involuntariamente continuaron hundiéndose más en su boca y cuando el glande comenzó a abrirse paso por su garganta, fue que finalmente reaccionó para intentar separarse, una respuesta natural cuando parecía que intentaban ahogarte. Sus manos se separaron del suelo y se afirmaron a los anchos y entrenados muslos de su Ayudante en un alarmado movimiento. Pero ya era muy tarde. En respuesta a su débil oposición, las manos del contrario la sujetaron de su barbilla y cuello. obligándola a sostener su posición.

    Sí, ese vil hombre se la estaba pasando en grande, si sus leves gruñidos eran evidencia de eso, y no iba a dejar que escape. Así que tuvo que tragar más y más verga haciendo que remueva sus piernas en el suelo mientras su garganta abrazaba con fuerza al invasor que comenzaba a bajar lentamente por ella, Los extensos recorridos de venas de su gordo miembro delineando todo el húmedo interior de su caliente cavidad. Ese acto de dominación y virilidad que estaban ejerciendo sobre ella fue más que suficiente para hacerla sentir un rico calor y necesidad en su intimidad, hilillos de su rico jugo vaginal deslizándose y cayendo por la parte interna de sus muslos, poniéndola en evidencia. A Irene parecía gustarle demasiado cuando la trataban de esta forma, o eso había deducido el Ayudante en su encuentro la noche anterior.

    «Eso. Que bien la comes, preciosa. Así.» El Ayudante gruñó viendo como ya una decena de centímetros de su miembro habían desaparecido entre los labios de la Idol. «Nunca me cansaré de tu boquita, Irene.» Arrugó el puente de su nariz mientras la sostenía firme ahora de su nuca, mirando atento como ese delgado cuello se tensaba y ensanchaba a la vez que más y más de su dotado miembro se abría paso por la garganta de la celebridad. «Eso,» Y comenzó a mover su cadera, embistiendo suave y lentamente la boca de la Idol, profundizando todavía más con cada nueva embestida, los húmedos y obscenos sonidos de la boca de la Idol tragando golosamente acompañando el ritmo de sus movimientos. «así, muy bien, muy bien.» Lo hacía tan bien de hecho, que luego de unos minutos, la morocha finalmente llegó a comerse toda su verga, por completo, como ninguna otra Idol lo había logrado antes. Aquello hizo que el hombre apretara su mandíbula, soltando un gruñido de placer. «¡Muy bien!» Bramó con fuerza, ya sin importarle que el muchacho los escuchara, manteniendo esa posición con la mujer empalada por su verga durante unos cuantos segundos.

    Segundos que se hicieron interminables para ella. Los húmedos testículos del hombre quedaron afirmados contra la naricita de la Idol, que apenas se sostenía de las piernas del contrario mientras su garganta luchaba por expulsar al invasor. A estas alturas estaba hecha un desastre, con la saliva que bañaba por completo la verga que se estaba comiendo salpicando por todo su rostro y cayendo por su mentón, cara e incluso su cabello suelto y ya despeinado. Contuvo la respiración como pudo hasta que finalmente su Ayudante fue lo suficientemente piadoso como para empezar a retirar su miembro…

    … Antes de volver a penetrar su garganta hasta el fondo, comenzando nuevamente con el vaivén de las embestidas, ahora incluso con más fuerza, haciendo golpear sonoramente sus huevos contra la cara y frente de la Idol cada vez que el robusto falo de carne quedaba enterrado en su totalidad dentro de la boca de una sometida Irene. Asfixiantes y eternos segundos en los que su adolorida garganta era exigida al máximo y en los que se sentía pronta a vomitar, aprovechando el ínfimo alivio de dos tercios de ese monstruoso miembro saliendo de su interior hasta que llegara la próxima embestida. Así la tuvieron, completamente rendida, con mirada ida, su cuerpo relajado dejándose hacer, sólo su cadera ofreciendo erráticos movimientos, con un pequeño charco de sus fluidos formándose en el suelo debajo de ella.

    Por un fugaz momento le dedicó un único pensamiento a su novio. Seguramente aún estaba allí, sentado, bebiendo, de espalda a ellos, completamente ignorante de lo que estaban haciendo con ella apenas unos metros detrás de él. Y ese fue el catalizador, el empuje final que necesitaba haciendo que se agarre desesperada a las piernas de su Ayudante, los músculos de sus torneadas piernas tensándose antes de que un brutal orgasmo sacudiera todo su cuerpo con fuerza. «¡AG-GghH!» Y habría gritado de no ser porque su boca aún estaba ocupada consumiendo y tragando esa implacable verga que la penetraba sin descanso, por lo que sólo se removió en su posición. Los dedos de sus pies descalzos se retorcieron y sus ojos, desenfocados, desorbitados, lloraron lágrimas de pura dicha por esas indescriptibles oleadas de placer que asaltaban todo su cuerpo hasta liberarse en su entrepierna con espasmódicos movimientos. Y así fue que manchó todavía más el suelo a sus pies con los abundantes fluidos que afloraban cual cascada de su caliente vulva a causa de tan duradero orgasmo. De hecho, se sentía como si nunca fuera a terminar. Sentía que moriría allí mismo, ahogada en verga y placer orgásmico. Y cuando creía que estaba por finalizar, un nuevo cúmulo de deliciosas, benditas sensaciones azotaban su cuerpito una vez más haciéndolo temblar erráticamente por tanto goce mientras su mente se ponía en blanco por una eternidad de segundos. Y así se repitió la secuencia, una, dos, hasta tres veces antes de que finalmente pudiera calmarse, justo cuando se sintió a un hilo de desfallecer de placer.

    Si aquella experiencia había durado vitales minutos, su tiempo de recuperación, de recuperar su consciencia y el control de su cuerpo, tardaron unos cuantos más.

    Y en el mar de emociones y hormonas que mareaban su cabeza, se preguntó por un instante si aquello había sido un orgasmo excepcional, o tal vez múltiples de ellos que la asaltaron en una indefinible secuencia de éxtasis sexual.

    Fuera cual fuera la respuesta, lo cierto es que en sus 28 años de vida nunca había experimentado algo así. Nunca creyó que sentirse así siquiera fuera posible, y menos por el hecho de que usaran tu boca de esa forma.

    Cuando finalmente se recuperó lo suficiente como para volver a enfocar su mirada y reincorporarse un poco, lo mejor que pudo debido a la posición arrodillada y con la cabeza echada hacia atrás en la que se encontraba, las definidas venas del miembro que aún penetraba su garganta parecieron engrosarse un poco más. Todo el robusto cuerpo de esa verga pareció crecer un poco más en tamaño antes de que el Ayudante le diera una fiera embestida final, su vista siendo oscurecida y tapada por los húmedos y grandes huevos que chocaron contra su rostro y frente, sus fosas nasales quedando presionadas contra la elástica piel de esos testículos. Y allí mismo, con su boca engullendo hasta la raíz a ese viril y dotado miembro, sintió brotar del glande el primer glorioso chorro de espeso y caliente semen. Las abundantes descargas del fértil líquido fueron vertidas directamente en el estómago de la Idol mientras el musculoso hombre reluciente en sudor la sujetaba firme de su nuca, gruñendo mientras se corría con fuerza.

    «Uhghhahhg-» Irene, con ojos entrecerrados, risueña, todavía relajada por el éxtasis post-orgasmo, tragó la excepcional corrida sin resistencia alguna. Su estómago siendo alimentado y satisfecho por la rica y nutritiva secreción. Sin embargo, de un momento a otro incluso su garganta comenzó a inundarse con la fértil semilla de su Ayudante al no poder tragar los continuos chorros de semen al ritmo que se le exigía. No pasó mucho antes de que la sensación de ahogarse y con ello las arcadas volvieran a atacar a la Idol, que en un acto reflejo intentó separarse, nuevamente, en vano. Atragantada ahora tanto por el portentoso largo de la verga ajena así como también la espesa cantidad del viscoso fluido blanco que no parecía acabar nunca, Irene se sintió nuevamente cercana a perder la consciencia.

    Para su fortuna, tras unos cuantos segundos que se le hicieron eternos a la morocha, en los que su corazón se aceleró al punto de que podría haber jurado que se saldría de su pecho, las potentes descargas de semen llegaron a su fin. Su Ayudante finalmente había terminado de eyacular, gracias al cielo. Lentamente, muy lentamente retiraron centímetro tras centímetro de la bien dotada verga que se había encogido y vuelto más blandita dentro de su boca.

    La enorme cabeza de su miembro fue lo último en salir con un obsceno y húmedo sonido de su boca y finalmente, jadeando con la lengua afuera y con respiración entrecortada, con largos hilillos de saliva colgando y haciendo puente entre la robusta verga y su aún abierta boquita, finalmente, la corrompida líder de Red Velvet fue libre de descansar de tan brutal felación a la que la habían sometido. «Ahh, hah,» Luego de recuperar poco a poco su aliento, la húmeda y salivada cara de la Idol se arrugó en una mueca antes de tragar sonoramente lo que había quedado de esa mezcla de saliva y semen en su boca. Se permitió enderezar su postura, todavía arrodillada y con su retaguardia afirmada en el ahora mojado suelo, mientras intentaba relajar un poco su cansada mandíbula con un leve masaje de su mano. Su garganta escocía, irritada por tan exigente pero excepcional trabajo que había hecho con la verga de su Ayudante. Sentía todo su cuerpo mojado y no sólo por el sudor de su cuerpo. Su rostro y cabello eran un desastre, y al ver su caro vestido pensó si no sería mejor sólo deshacerse de el, ahora manchado con su saliva y otras secreciones de las cuales era mejor no hablar. Luego sus ojos se detuvieron al frente, allí donde todavía estaban las botellas guardadas en el interior de la barra.

    Jadeaba cansada cuando pudo distinguir algo a través de uno de los reflejos en los cristales. Apoyó sus manos en el suelo para poder voltear su cuerpo hasta quedar de frente con el hombre que todavía se hallaba de pie, alzándose imponente sobre ella con sus brazos en jarra, ahora completamente desnudo. Alzó una mano para limpiarse con el dorso de la manga su babeado mentón mientras lo observaba en silencio. Luego tragó saliva, su mirada recorriendo lentamente cada detalle de la piel perlada en sudor de su Ayudante, cada contorno y definido músculo del físico cual Hércules que poseía ese detestable hombre. Detalló con sus ojos esos perfectos abdominales durante demasiados segundos y, finalmente, sus ojos cayeron en la imponente y viril herramienta de sexo que volvía erguirse orgullosa justo frente a su lindo rostro. La que minutos antes había estado engullendo hasta casi desfallecer.

    Esa odiosa, gruesa, monumental y venosa verga que volvía a alzarse desafiando la gravedad, incansable, para un segundo round con ella. Sus labios se apretaron en un puchero, temblando. No era justo.

    No, no era justo para nada, porque dudaba que esta vez su boca fuera a ser suficiente para calmar a la bestia de sexo que se cernía sobre ella. Y si su novio no los había detenido hasta ese momento, dudaba que lo fuera a hacer ahora, ¿Realmente se había dormido?

    «A-Ayudante, hmm.» Mientras volvían a afirmarle ese viril miembro sobre el rostro, obligándola nuevamente a inhalar hasta llenar sus pulmones y embriagar su cabeza con ese olor a hombre, Irene entendió que iba a ser tomada allí mismo por ese hombre que no era su novio. Él lo sabía, ella también. Y no había nada que su novio pudiera hacer al respecto.

    *******************

    Notas finales:

    Continuación inmediata del capítulo anterior.

    Si te ha gustado esta lectura y no has leído capítulos anteriores te recomiendo que les des un vistazo.

  • Mi novia la nueva puta

    Mi novia la nueva puta

    Mi novia es una mujer muy atractiva con un cara de niña buena y un cuerpo de infarto, caderas grandes, culo grande y unas grandes tetas, una chica muy de casa, tímida y recatada, llevamos 8 años de relación, en muchas ocasiones yo le había insistido en la posibilidad de hacer un trio, siempre se negaba y decía que no, que no quería compartir, claramente para ese momento mis peticiones eran enfocadas a realizar un trio con otra mujer, con el paso del tiempo y al tocar el tema empezó a ser más flexible y decía “con tanta insistencia voy a terminar aceptando”, en el fondo me reía y sabía que me daba esa respuesta para salir del paso y la conversación.

    Un día mientas estábamos juntos volví a mencionar el tema y en ese momento ella me dijo SI, pero primero lo hacemos con otro hombre, mi respuesta instantánea fue un NO rotundo y le di el mismo discurso de ella, no quiero compartir y no me imagino a otro tocándote, continuamos con nuestras discusiones como si nada ocurriera aunque a mí la idea me quedo en la cabeza, cuando ella me dijo que hagamos un trio con otro hombre sentí un morbo especial, nunca lo había sentido, al punto tal que empecé a imaginar esa situación, me pareció morbosa, rica y sabía que era algo que debía explorar.

    Con el pasar de los días y los meses fui indagando mas sobre el tema y encontré diferentes formas de sexo compartido las mas interesantes fueron el swinger y el cuckold, seguimos hablando del tema con cautela y calma, nuestra vida sexual era buena pero supongo que en algún momento después de tanto tiempo caeríamos en la monotonía, después de hablar bastante sobre el tema un día le propuse que nos tomemos unas fotos y creemos un perfil swinger en nuestra ciudad ella accedió con bastante emoción cosa que me sorprendió y así fue como lo hicimos, las fotos fueron muy sugestivas ella siempre se negaba a eso pero esta vez lo hizo y reitero con mucha emoción, así los días continuaron pasando y nuestras charlas sobre el tema eran mas frecuentes empezamos a tener fantasías swinger y nos gustaba mucho, poco a poco empecé a tocar el tema cuckold hasta que un día le dije sin miedo que me gustaría experimentarlo ella me miro sonrió y me dijo que a ella también así que nos pusimos manos a la obra.

    Para ver como tomaríamos y manejaríamos el tema decidimos que primero tenga charlas virtuales que busque alguna persona y empiece a chatear con ella y veamos que pasaba, eso ocurrió y encontramos un chico que a ella le llamo la atención y sostuvo su primera conversación caliente con otra persona que no era yo, todo esto mientras estamos juntos, esa conversación fue increíble, en mi vida jamás había estado tan excitado, intercambiaron fotos (ella casi nunca me enviaba fotos desnuda) la charla se centró en que ella era la enfermera que le daba cuidados a un paciente enfermo con caricias y mamadas, esto es una parte de lo que ella le decía

    – “Entonces comienzo a decirte que como estas enfermo necesitas tu medicina de excitación y voy bajando con mis manos hacia tu verga y la acaricio mientras te digo que soy una enfermera arrecha que le gusta comportarse como perrita”

    – Y pum!! Bajó a darte alivio con mi boca y empiezo a darte lamidas y caricias mientras te vas paroleando poco a poco y te vas amañando a mi boca mientras me la meto hasta la garganta y empiezo a mamártela.

    Finalmente empezaron a compartir las fotos y cuando él le envió una foto de su verga ella respondió “ Me encanta!!!, Que rica tu verga, me gusta”, quede sorprendido, nunca le había dicho a alguien que le gustaba su verga menos frente a mi, mi excitación era tan grande que ese día dure masturbándome hasta la madrugada, leyendo una y otra vez lo que ella había dicho, jamás pensé que mi niña fuera capaz de eso, de decirle a otro que le gustaba su verga y que quería mamársela nunca imagina que esto cambiaria mi forma de ver el sexo para siempre, la siguiente parte del relato contare como me hizo cornudo con un de ella amigo, todo fue un proceso con muchas pajas y morbo de por medio.

    Espero lo disfruten.

  • Inesperado, pero excitante

    Inesperado, pero excitante

    Ella estaba deseosa de otra noche alocada y apasionada, no sabía que le esperaba, solo asumía que iba a ser algo de sexo anal, algo que llevaba poco tiempo de practicar aunque emocionada por repetir.

    Así que viendo su cara de deseo, me emocioné por la sorpresa que le tenía preparada. Comencé besarla y tocarla, acariciar la piel que se iba descubriendo poco a poco al quitarle su ropa: sus brazos (al quitarle du blusa), sus piernas (al bajar su pantalón), su abdomen, muslos, nalgas, luego sus senos (adiós brasier), luego su vagina (adiós bragas) que no dudé en pasar a besar y luego lamer completo su clítoris.

    A medida que lo hacía, introducía mis dedos en su vagina, sintiendo como se humedecían a cada momento que la penetraba. Estando bien húmeda, le dije que se diera la vuelta, ella me dijo que estaba preparada (siempre se hace su lavado antes del momento, a veces la ayudo), así que sin más preámbulos, saqué el lubricante de la maleta y la bolsa con la sorpresa que le tenía.

    Ella, deseosa por saber, solo decidió acomodarse, poner una almohada debajo de su abdomen y dejar su ano y vagina descubiertos y levantados hacia mí.

    Comencé a lubricar su ano y mis dedos con los fluidos de su vagina, para una primera penetración, luego ponía lubricante a medida que introducía uno o dos dedos en su ano.

    Cuando vi que estaba dilatando bien, decidí sacar una canica de la bolsa y comencé a introducirla en su ano, ella apenas se tensó un poco al sentir ese objeto para ella, aunque no preguntaba…

    Continué con la siguiente, la lubricaba y seguía con la otra, cada vez iban siendo más grandes, unas cuantas más para terminar y comencé a introducir mis dedos en su ano, sintiendo esas esferas dentro de ella.

    Ella pensaba que había comprado bolas chinas o algo similar, mientras tanto le dije que se diera la vuelta y así comenzar a lamer su clítoris, y luego penetrar su vagina con mi pene.

    No tardó mucho en venirse, estaba muy excitada aunque quería continuar, así que comencé a introducir mi pene en su ano… Que sensación tan extraña pero deliciosa, un montón de esferas rodeando mi pene y a su vez sus entrañas calientes y suaves, muy excitante. Cuando comencé con la penetración constante, ella volvió a preguntar qué es lo que tenía dentro, y sin dudarlo le describí lo que ahora se aloja dentro de su ano.

    No hizo reclamos y comencé a frotar su clítoris a medida que mi pene se movía constantemente dentro de ella.

    Cambiamos de posición, me acuesto y ella se sube sobre mí, no deja salir nada e introduce mi pene nuevamente en su ano, a lo que empieza a frotar su clítoris, sus jadeos son intensos y se mueve continuamente permitiendo que esté profundamente en ella, mientras tanto agarro sus senos, pongo mis dedos en su boca y frotó sus pezones.

    Sigue intensamente sus movimientos y comienza a tensionar su cuerpo, su respiración se corta, frota más intensamente su clítoris y arranca a gemir cómo nunca, un orgasmo la hace detenerse, con mi pene profundo en ella, esas convulsiones dentro de ella hacen que la agarre de la cintura y la mueva para sentir esa sensación más intensamente a lo que me comienzo a venir dentro de ella, bombeando su ano de semen.

    Me detengo, ella se detiene… Nuestros cuerpos vibran y sienten cada segundo de placer. Ahora, la ayudo a levantarse lentamente, sacando mi pene de su ano y al sacarlo se escapan un par de canicas, le da un poco de pena aunque le pido que las dejé salir, así que se queda acurrucada, separa sus nalgas y dilata su ano, permitiendo salir cada una de las esferas que entraron en ella, algunas salen con fuerza, otras solo caen, junto con el semen que dejé dentro de ella.

    Al terminar, se acuesta sobre mí y nos besamos, empieza a susurrarme algún par de ideas para la próxima…

  • Karen: La primera semana en su nuevo trabajo (Parte 3)

    Karen: La primera semana en su nuevo trabajo (Parte 3)

    Tercer día. 

    Ya no había duda en Karen, sabía perfectamente lo que quería, ser aceptada como la sumisa de Carlos, ya solo importaba que él se lo dijera.

    Este día, iba por todo, se vistió de rojo, color de la pasión, un vestido ajustado, entallado a su cuerpo, zapatos rojos, lencería roja y uñas rojas, no iba a aceptar un no por respuesta.

    Se enfilo a su trabajo con una sola idea, que Carlos oficialmente se convirtiera en su amo, que le dijera que a partir de ese día era su dueño y que ella iba a ser de su propiedad a partir de entonces.

    Llego a su trabajo y Carlos no estaba, noto que había un gran alboroto, Carlos iría a representar a la empresa en una reunión muy importante, el futuro de la empresa dependería de él ese día.

    Pasaban los minutos y Karen se ponía nerviosa, ¿qué hago? Se preguntaba, ¿qué me corresponde hacer?, tantas preguntas sin respuesta.

    Cada minuto que pasaba, hacía que la situación de Karen fuera más desesperante, por un lado el demostrar a la compañía que era un elemento de valor y por otro demostrarle a Carlos que era la mujer perfecta para sus ansias de dominador.

    Se levantaba de su lugar e iba al tocador, se veía en el espejo, para ver si su peinado aún estaba impecable, revisaba su ropa para ver si no tenía un pliega mal colocado, notar si su lencería aún se notaba por encima de su vestido, todo estaba en su lugar, menos Carlos.

    Pasaron los minutos que se hicieron años, nuevamente Karen empezó a entrar en pánico, Carlos no vendrá, pensaba ella, cuando de repente entró él a toda prisa, saludo, ¡buenas tardes Karen! Y se encerró en su oficina.

    Escuchó como Carlos realizaba varias llamadas, todas en referencia a la gran reunión que tendría a cabo dentro de algunos minutos, Karen se lamentaba. Esta vez no poder demostrarle a Carlos lo que soy capaz de hacer por él – pensaba.

    Ya casi resignada, cerca de la hora de salir, sonó el teléfono, -diga Carlos, contesto ella, -venga de inmediato Karen, se escuchó la voz de él por el aparato.

    Ella se levantó, se vio rápidamente que todo estuviera en orden, tomo una libreta para apuntes y entro a la oficina de su jefe.

    El sentado en su escritorio y con un pie encima de un lujoso reposapiés le dijo:

    Karen, por favor necesito lustrar mis zapatos, antes de ir a la reunión. Ella contesto de inmediato, no tengo lo necesario para lustrarlos Carlos, el de inmediato levanto la voz, ¡necesito que actúes Karen! Y siguió revisando unos papeles.

    Ella lo pensó poco y encontró la solución, se acercó a él, levanto su vestido y se colocó exactamente encima del lugar donde tenía su zapato en el reposapiés, y después empezó a doblar las rodillas, para que sus bragas rojas quedaran exactamente sobre el zapato.

    Ella comenzó a frotar sus bragas contra el zapato, ella no sabía si de verdad iba a lustrarlos pero al menos estaba dando gusto a su chochita, ella con gran maestría meneaba su trasero a manera de limpiabotas, su lencería recorría todo el zapato, lo que le generaba a Karen un gran placer, podía sentir de manera clara las costuras de ese zapato como recorrían cada centímetro de su vagina, lo podía sentir en los pliegues, en los labios de su chochita, en el clítoris, era una mezcla de sensaciones, que ya no importaba si lo estaba haciendo de manera correcta, sino que lo que realmente importaba era lo que ella sentía.

    En un momento de lucidez Karen se incorporó, giro sobre su eje, y volvió a bajar sobre el zapato pero ahora con su culito, y empezó a menearlo, tal y como si estuviera cabalgando una gran verga.

    Ella estaba ya excitada, podía sentir claramente lo mojado de sus bragas, lo hinchado de su clítoris, cada uno de los roces que ella se generaba contra el zapato.

    En una pausa ella busco los ojos de él, que sin expresión alguna solo atinó a decir, te falta el otro Karen, ella se incorporó y el bajo su pie y lo cambio por el otro, y Karen con gran destreza ahora comenzó a lustrar el otro zapato, ella lo disfrutaba ya sin ningún pudor, tenía cerrados los ojos y meneaba su culo como si cabalgara la verga más deliciosa de toda su vida, estaba lista para explotar en un gran orgasmo cuando de repente abrió los ojos y lo volteo a ver.

    Carlos había sacado de entre sus pantalones su verga morena, dura, grande, desafiante, y mientras él se la acariciaba le dijo a Karen, esta también me la vas a lustrar.

    Ella sin decir nada se incorporó, se hizo a un lado la braguita roja, se acomodó sobre la gran verga y bajo sobre ella, la verga entro como pan en mantequilla, la chochita de Karen lubricada al máximo de sus propios jugos y la verga de Carlos dura como el metal hicieron que de un solo golpe la verga de él se enterrara hasta el fondo, Karen callo a horcajadas sobre él, y solo atino a exhalar un quejido.

    Rápidamente se recuperó y empezó a subir y bajar sobre ese enorme tronco de carne, claramente podía sentir como la cabeza de ese miembro le iba abriendo los labios de su panochita al paso de ella.

    Ella cerro los ojos de nuevo, quería disfrutar cada centímetro de esa verga morena, dura, venosa, dentro de ella, subía y bajaba sin ningún control, sabía que era cuestión de tiempo para tener un gran orgasmo, no le importaba hacerlo encima de Carlos y estropear su ropa, solo importaba comer más y más ese tremendo camote.

    Ella estaba lista para soltar un tremendo orgasmo, estaba lista para disfrutarlo, cuando de repente sintió las grandes manos de Carlos que le apretaban las tetas, abrió los ojos y se dio cuenta que Carlos estaba a punto de venir, tenía el rostro desencajado, la mueca dura, y apretaba sus senos cada vez más fuerte.

    Ella regreso a lo suyo, cerro de nuevo los ojos y se concentró en disfrutar el pedazo de carne dentro de ella.

    Dio un par de sentones sobre el pene de él y finalmente soltó un gran chorro, era como abrir el grifo del agua, al mismo tiempo el soltaba un gemido y poco a poco soltaba las tetas de Karen, mientras ella sentía un potente chorro de esperma que le inundaba la vagina.

    Ella se acurruco en el torso de él, mientras pasaba su orgasmo, cuando finalmente pudo incorporarse, se quitó de encima de Carlos, se quitó las bragas, con estas limpio el exceso de semen y de orgasmo de ella que habían caído sobre el pantalón de él, y cuando finalmente quedo limpio, doblo las bragas y las metió en la bolsa del saco de él.

    Se dirigió a la salida y le dijo, listo Carlos.

    Llego Karen a su lugar y se derrumbó en su silla, estaba exhausta, pero feliz, al minuto salió Carlos a la junta del día, y al pasar por delante de ella le dijo: Karen quiero que mañana vengas preparada, porque te voy a hacer oficialmente mía y se fue.

  • El kinesiólogo

    El kinesiólogo

    Siempre me gustó el fútbol. Escuchar partidos, verlos y también jugarlos. Una lesión en la rodilla derecha y su lenta recuperación hicieron que me alejara de las canchas. Ya no aceptaba las invitaciones de los amigos u ocasionales compañeros de trabajo para prenderme en un picadito. Había quedado con temor a romperme y hay cierta edad donde se prioriza el bienestar físico para poder trabajar con normalidad, que el gustito por correr detrás de la redonda.

    Hasta que un día, por compartir una reunión con amigos, cuya agenda era fútbol 7 y asado, volví a jugar porque había faltado uno y quedaban en número impar. Así que, disimulando pocas ganas (moría por jugar), accedí a participar, pero con la condición de ser arquero fijo. Todo transcurrió sin novedades hasta que, por evitar un gol, me abrí de piernas como portero de handball, y sentí un dolor agudo y la sensación que me hubieran golpeado con una piedra en el aductor de la pierna izquierda.

    Al día siguiente, luego de ir al médico, una ecografía confirmó la rotura de algunas fibras del músculo. Para ello debía seguir un tratamiento de rehabilitación mediante fisioterapia. Acudí a Alfredo, mi fisioterapeuta de confianza, pero su disponibilidad horaria no coincidía con la mía. Entonces quedé a cargo de un colega suyo, Santiago, que tomaba los últimos turnos de la tarde-noche.

    Era un pibe joven, recibido recientemente y que hacía sus primeras experiencias laborales en el consultorio de mi amigo. Alto, delgado, fachero, rubio de tez blanca y ojos celestes. Muy verborrágico y canchero en el trato. Pegamos buena onda rápidamente. Luego de conectar el equipo de electroestimulación y despachar los últimos pacientes se quedaba a charlar conmigo, que era el último en llegar. Luego seguía el ultrasonido y por último los masajes en la zona afectada. Las conversaciones abarcaban varios temas, pero siempre terminábamos hablando de la noche, minas, salidas y levantes.

    En una de las últimas sesiones fui con un pantalón corto que tenía incorporada una calza. Cuando llegó la hora del masaje me pidió que me sacara la calza y quedara solo con el pantalón. Le expliqué que era una sola prenda y sin empacho me dijo: «entonces quedate en bolas». Me saqué el pantalón, me acosté en la camilla y me cubrí con una toalla. Santiago empezó con sus masajes por el aductor y por las cercanías con la zona genital hubieron algunos que otros roces, primero casi imperceptibles y luego sí más marcados.

    Encima como mi pene siempre descansa sobre la izquierda me dijo: «ésta dormilona me está molestando, la vamos a mover de acá», impostando su voz muy putamente y movió mi pene suavemente y con delicadeza, tomándolo con la punta de sus dedos y ejerciendo una leve presión, que duró algunos segundos, cuándo lo posó sobre la derecha. Cómo mi pija reaccionó a ese estímulo, él dijo: «mmm… parece que alguien se está despertando!». Y sin quitar su mano de mi miembro, lo empezó a acariciar lascivamente tocándome los huevos con un movimiento alternado de sus dedos y deslizando toda su mano por el largo de mi pija que ya estaba totalmente erecta. Yo intentaba razonar en qué momento se había ido al carajo la situación, pero el masaje que estaba recibiendo mi aparato hacía imposible el análisis, me estaba gustando mucho esa nueva fase del tratamiento. ¡Nunca había sospechado de las intenciones del kinesiólogo! ¡Aunque las moscas huelen siempre el dulce!

    Cuándo asomaron las primeras gotas de líquido preseminal, dijo «permisooo» y se zambulló de cabeza para hacer desaparecer mi verga dentro de su boca, chocando su nariz en mi bajo vientre y pasando su lengua por mis huevos. El oral se hizo más profundo cuándo se metió ambos huevos en la boca. ¡Garganta híper profunda, sensación riquísima! Haciendo movimientos zigzagueantes con su cabeza, subía y bajaba por el pene hasta volver a comerlo entero junto a los huevos. Esa técnica tan estimulante hizo que sintiera una corriente eléctrica por mis testículos y sin poder controlarme estallé en su boca con un lechazo sin precedentes, directamente en su garganta. Después se tomó el trabajo de limpiar todo con su lengua, lamiendo intensamente, como si fuese mi pija un Pico Dulce.

    «Muy rico todo. Nos vemos mañana». Aún me quedaban dos sesiones para terminar la rehabilitación…