Autor: admin

  • Dos leches al tiempo la escena más excitante

    Dos leches al tiempo la escena más excitante

    En este relato quiero contar lo mucho que disfruté el ver a mi esposa follando con otro hombre.

    Mi nombre es José, tengo 28 años y mi esposa es algo menor que yo por 3 años. Todo inicio cuando nuestra relación afrontaba por un mal momento, atravesábamos por una crisis marital muy fuerte y fue en ese momento que decidimos buscar diferentes maneras de que nuestra relación no acabara. Una de esas maneras fue el experimentar experiencias nuevas con terceros, la verdad fue lo único que nos funcionó a tal punto que nuestra relación desde ese entonces se solidifico mucho.

    Hablamos de realizar un trio ya que esa era una fantasía que tenía hace mucho tiempo, ella accedió si lo hacíamos con otro hombre, un trio HMH ya que ella no se veía en ese entonces experimentando con otra mujer. Iniciamos la búsqueda del candidato adecuado la cual no fue fácil, la mejor, manera fue buscar en páginas por internet, después de mucho tiempo dimos con un hombre de mí misma edad, bien parecido, Diego es su nombre. Con el tuvimos muchas conversaciones por redes sociales, lógico teníamos que conocernos muy bien, antes de cualquier encuentro, en el momento que ya había demasiada confianza entre los 3 decidimos darles rienda suelta a nuestros deseos.

    Nos encontramos en un bar de la ciudad en la que vivimos, nos tomamos un par de cervezas y aunque muy nerviosos decidí tomar iniciativa y les propuse el dirigirnos a un motel el cual estaba al lado del bar donde estábamos. Ingresamos y aunque muy nerviosos los 3 iniciamos una conversación muy amena, como yo sabía que mi esposa estaría muy nerviosa, ya previamente al encuentro yo le había dicho que debería de hacer ella para romper el hielo. Hablamos unos 5 minutos en la cama y después ella se dirigió al baño de la habitación donde se pondría una lencería muy ligera que yo le había comprado para este día.

    Mientras ella se encontraba en el baño, nosotros nos disponíamos a desvestirnos y quedar solo en ropa interior y acostarnos en la cama dejando en la mitad un espacio para ella. En ese momento ella sale del baño y how sorpresa, estaba preciosísima, ella mide 1.60 aproximadamente, piel trigueña y muy buen cuerpo, tiene una súper cadera que es uno de sus mejores atributos, su cola es muy generosa y firme y sus senos no son inmensos, pero tiene buen buenos y bellos senos.

    Ella salió con su lencería negra del baño, se paró muy muy sensual en la puerta y nos dejó admirarla por unos minutos mientras muy sensual, aunque tímida nos seducía, a Diego se le veían las ganas por mi esposa en sus ojos después de que la vio en lencería. Seguido a eso ella se dispone a acostarse en medio de los dos, los nervios que se les notaba en sus rostros eran inevitable, así que nuevamente tome la iniciativa y empecé a besar a mi esposa al tiempo que le decía a Diego que la podía acariciar a su antojo, mientras le daba un beso a mi esposa le dije que nos tocara a los dos al tiempo y que besara a Diego. Ella accedía a todo lo que yo le pedía, aunque en ese momento todavía estaba nerviosa, esos nervios desaparecieron en ella cuando toco por encima de nuestra ropa interior nuestros penes, ya en ese momento inicio mi esposa a mostrarnos lo puta que podía ser y eso me encantaba.

    Esa noche hubo demasiado sexo, donde hicimos de todo lo que se imaginaran, el disfruto más de ella ya que mi fantasía era verla follada por otro hombre, tengo que decir que jamás había visto a mi esposa tan excitada y sentí que disfrutaba más del pene de Diego, eso lo único que me generaba esa mas placer ya que era inevitable en no darse cuenta que gemía más fuerte cuando él le metía su pene y sus dedos. Era toda una rutina, él la penetraba y le besaba sus senos mientras ella me practicaba sexo oral, después cambiábamos. Así duramos unas dos horas donde le logre contar a mi esposa unos 6 orgasmos. Estaba tan excitado que no aguante más y estalle, seguido a eso me dirigí a la regadera y tarde como unos 3 minutos, cuando volví habían apagado la luz y se percibía en el ambiente una sensación de que se habían olvidado que yo estaba ahí, así que muy silenciosamente me quede en la puerta observando como mi esposa me mostraba una faceta que nunca había visto en ella. Después de algunos 10 minutos el llego y pararon, ella quería más así que en ese momento me vio y me llamo a la cama, él se fue para la ducha y yo seguí ahí dándole mis envestidas hasta que ella llego y se tendió en la cama.

    Descansamos unos 10 minutos y volvimos a retomar la pasión, ella nos chupaba el pene con unas ganas que jamás había visto en ella, así seguimos un rato hasta que le pedí a el que llegara por dentro de ella, el hizo su mayor esfuerzo hasta que pudo volver allegar, cuando saco su pene, se notaba la cantidad de semen que le escurría a ella de su vagina, esa escena fue la más morbosa que pude tener en toda la noche y me dieron unas ganas tremendas de introducirle mi pene ahí mismo, sentía como mi pene resbalaba con el semen de Diego y eso me excito tanto que solo tarde como 3 minutos hasta que llegue nuevamente, esta vez también por dentro de ella.

    Esa ha sido la escena más excitante que he visto en toda mi vida, verla a ella no poder más, verla tendida en la cama rendida y con sus piernas temblando, sudando como nunca y llena de semen de dos hombres diferentes al tiempo. Esa ha sido la mejor escena de mi vida, que jamás olvidare.

    Recuerdo mucho el rostro de pasión que tenía mi esposa, en su rostro se notaba una mirada de lujuria que jamás había visto en ella, el ver como me agradecía en cada embestida que le daba Diego, eso fue lo más excitante para mí.

  • Exhibiendo (4 – Final)

    Exhibiendo (4 – Final)

    – quítate la ropa- ordenó mi amo

    Suspiré hondo y sin esperar más, me despoje de las pocas prendas que me cubrían, quedando por completo desnuda.

    – en cuatro- demandó – ahora! Y quiero que muevas tu culo hacia aquí.

    Al instante apoye mi peso sobre mis manos y rodillas, lentamente gire mi cuerpo para darle la espalda, quedando expuesta a la vista de todos, mis tetas colgaban y rebotaban en cada movimiento, mis labios vaginales temblaban en la espera de algo, pero eso nunca llegó.

    Sin más mi señor golpeó mi trasero, sentí el calor recorrer mi cuerpo, mis cachetes ardían, pero mi amo no dejaba de golpearlas, uno que otro quejido salía de mi boca, y por cada uno mi amo me daba otros dos golpes.

    -» que guarra»

    -» mira como tiembla»

    – » está chorreando, ya quiero metérsela»

    Podía escuchar de todo tipo de comentarios, y sin querer me excitaba cada vez más.

    De un momento a otro mi amo dejo de nalguearme, comenzó a sobarme las nalgas y poco a poco se acercaba más a mi raja, y sin más metió dos dedos, los cuales entraban y salían de mi robándome quejidos acompañados de placer.

    – el de ahí- a punto a una de las personas del bar – te permito sobarle las tetas a mí perra, si logras hacer que se corra solo con tocarlas, te la puedes coger- entonces sacó sus dedos de mi coño, dejando un sentimiento de vacío en la parte baja de mi cuerpo

    El hombre de la multitud era un hombre de estatura media, un poco fornido. Sin que se lo dijeran don veces se subió al escenario y se coló por debajo de mi, quedando su cabeza frente a mis pechos colgados.

    – mi señor no!!- suplique, pero el enojado respondió

    – te callas perra, querías que te tocaran! Ahora te aguantas, no tienes derecho de quejarte.

    Pequeños sollozos se salieron de mi boca cuando sentí la lengua de aquel tipo lamiendo mis pechos, los succionaba y mordía como si fuera un bebé, aquello no me producía ningún sentimiento de placer, me causaba asco, pero mi amo no pedía que el hombre se alejara, lo dejo hacer con mis tetas lo que quiso, las mordisqueó, jalo y pellizco, pero nada de eso me produjo placer. Al cabo de un rato, mi amo le hizo una seña al hombre para que se alejara, y aunque el hombre le costó aceptar, cuando vio que mi amo enseñó un arma, de inmediato se hizo a un lado.

    Sentí los dedos de mi amo pasar de nuevo por mi raja, pero en lugar de introducirlos en mi coño se fue directo a mi culo, pero era imposible que entrarán, estaba muy tensa, era la primera vez que me tocaban el culo, sentí un fuerte golpe caer sobre mis nalgas, me sorprendió tanto que mis manos se debilitaron y deje caer mi cuerpo al suelo, mi señor de inmediato levanto nuevamente mi trasero.

    – quédate así, y afloja el culo, si no quieres que te valla peor- nuevamente golpeó mis trasero y con un leve gemido respondí.

    – si amo

    Nuevamente presionó uno de sus dedos contra mi entrada y está vez entro después de un rato, la sensación era extraña, me sentía rara pero después de un rato pude sentir como mis fluidos bajaban por las piernas

    – buena niña- soltó mi amo y entonces introdujo otro dedo, para después comenzar a estirar la entrada, aquella sensación me empezó a gustar, pero quería sentir más, mi mente imaginaba la sensación de tener mis dos agujeros llenos, sacando varios gemidos, y la sensación creció más cuando imaginé tener la boca ocupada también, habían muchos hombres ahí, más de uno si no es que todos querían cogérsela, que se sentiría tener los tres agujeros ocupados?

    Un sonoro gemido acompañado de un sollozo y unas cuantas lágrimas salieron de mi cuando sentí el frío de un metal introducirse en mi culo, era grande y costaba acostumbrase, pero no hice por sacarlo, mi amo me había metido un plug de metal cola de zorras.

    Aquella idea me tenía con mucho morbo, tanto que no quería sacarlo aun cuando dolía mi entrada, quería acostumbrarme por qué aquel morbo me gustaba. Pasaron unos pocos segundos para cuándo mi amo volvió a golpear mis cachetes colorados, robándome un gran gemido de perra en celo.

    – así me gusta- dijo con satisfacción.

    Subió al escenario y se colocó frente mío, una de sus manos acaricio mi cara y la levanto hasta que nuestras vistas se cruzaron, yo seguía ahí, en cuatro, con las tetas colgando y el culo ocupado, ¿Que más me haría?

    De su traje saco un collar de perro, era de cuerda negro, sabía lo que haría apenas lo mire, e inmediato saque la lengua y comencé a jadear cuan perro emocionado por qué lo sacarán a pasear.

    – que perra tan hermosa tengo- dijo pasando el collar por mi cuello, abrochándolo y dejando un cálido y fugas beso en mis labios.

    Entonces se levantó y se puso a mi lado.

    – vamos perra, necesitamos terminar con el show

    Comenzó a caminar, yo lo seguía en el costado en cuatro, el caminar con el plug en el ano era raro, sentía asco y a la vez placer, cada que movía el culo se me salía un pequeño gemido, mientras que mis fluidos iban dejando un rastro por todo el escenario.

    Paseamos por el escenario como si fuera pasarela, nos deteníamos en ocasiones frente a algún hombre y mi amo ordenaba saludarlo, al instante me acercaba a la persona y le pasaba la lengua desde el cuello hasta los labios dejando un rastro de saliva, alejándome dando pequeños jadeos. Sin duda era una perra en celo, cuando dimos la vuelta, nos quedamos parados justo en el centro del escenario, y mi amo le pidió a alguien que subiera con nosotros, tenía curiosidad por saber quién era, pero mi amo me ordenó a esperar ahí en cuatro, con los ojos cerrados.

    Paso un rato para cuando pude sentir a alguien acercándose a mi cara, comencé a sentir una aroma fuerte acompañado de un aroma familia, sin abrir los ojos, abrí mi boca tanto como pude y comencé a chupar aquel miembro, era grande y grueso, estaba delicioso, escuche pequeños gemidos y comencé a ir más rápido, dando varias pausas en la cabeza, succionado el presemen que salía de él, bajaba hasta sus bolas y después volvía a la cabeza dando pequeños besos por todo la verga, sentí unas manos tomar mis nalgas para después sin previo aviso meter su verga en mi entrada, aquello me hizo arquear la espalda tanto como pude, soltando un pequeño quejido, era virgen, y aunque estaba acostumbrada a masturbarme, nada se compraba con aquello, pequeños quejidos se Salieron de mis labios cada que salía y entraba, y conforme aumentaba el ritmo, mis gemidos iban aumentando.

    – abre los ojos perra- dijo mi amo

    Fue entonces que mire a mi penetrador, mi amo fue el primer hombre en tomarme, me miraba con satisfacción, después regrese la miraba y me sorprendió al ver al hombre al que antes le había bailado sensualmente justo ahí con su gran verga en mi cara, en ese momento mi amo comenzó a penetrarme de una forma más ruda, el hombre agarro mi cabeza y la dirigió a su verga, pidiéndome que siguiera en lo mío, trate de chupar su verga pero mis gemidos me impedían seguir trabajando, el hombre mantenía sus manos en mi cabeza y cada vez que sentía que quería sacar su verga para poder gemir como yo quería, me obligaba a contenerlo y seguir mamando su pene, así continúe por vario minutos, entonces los hombres comenzaron a rodearnos, se subieron al escenario y se masturban descaradamente apuntando sus penes hacia mi, mi amo me embestía fuerte y en cada entrada podía sentir el plug enterrarse más, mientras que el hombre al que le mamaba la verga me obligaba a ir más al fondo, podía sentir como se ponían tensos, sabía que pronto terminarían, y yo tampoco duraría mucho, fue cuestión de segundo, un momento que quedó guardado en mi memoria.

    En una embestida fuerte mi amo tomo la cola de zorro y la jalo sacando el plug de mi ano, dejando consigo una sensación eléctrica que me recorrió por completo, mi cuerpo solo reacciono soltando desde mi raja un estupendo orgasmos que me tenía temblando, al tiempo que mi boca, cuerpo y mi coño se rellenaban del semen de todos los hombres que estaban presentes, estaba bañada en leche fresca.

    Deje caer mi cuerpo en aquel escenario cansada por el esfuerzo, en mi rostro se pintó una linda sonrisa de satisfacción mientras que observaba como todos se miraban complacidos por el show, encontré la mirada de mi amo, viéndome satisfecho y orgulloso de mi.

    – gracias amo – dije cansada para después sentir como toda mi energía se apagaba quedando inconsciente en ese escenario.

    Cuando desperté, aún está desnuda, pero limpia, mi cuerpo entero dolía, y el solo recuerdo me calentaba.

    Al cabo de unos instantes entro mi amo al cierto y con una gran sonrisa aventó un par de tarjetas a la cama.

    – tus admiradores quieren verte

    Junte las tarjetas, y las observé una por una, la mayoría eran empresarios, solo una era de un doctor de ciencias sociales.

    – ja… Esa es la tarjeta del hombre al que se la mamaste.

    Junte las tarjetas y las hice a un lado me acerque a mi amo con esfuerzo y me puse de rodillas frente a él.

    – veo que te gustó la experiencia

    – me encantó mi señor, solo que hubo un detalle

    Me miró con confusión.

    – mi culo se quedó seco- solté una risa inocente y acerque mi cara a su entrepierna

    – sin duda eres una puta zorra…

    Fin

  • Mojito cubano (Parte 3)

    Mojito cubano (Parte 3)

    Como todos los días durante ese periodo, espere a mi amiga cubana después del trabajo, aunque hubiese un clima helado ese día, pensé que al menos podríamos tomarnos un café antes de que cada uno se fuera a casa… me equivoqué, y fue un bonito error…

    Si hay algo que me fascinaba de esa mujer es que cualquier cosa que se pusiera, se le veía bien y ese día llevaba jeans azules, una blusa delgada y un chaquetón largo y negro de cuero, que le daba a su figura exquisita un misterio delicioso que se bamboleaba entre las calles, con la seguridad de una mujer madura, que sabía que atrapaba miradas… y bueno yo… con las mismas ojeras de siempre… jajaja… ahora que lo pienso bien, no sé cómo se fijó en mi…

    Al llegar, la agarre de las caderas, le acaricie su cabello, y deslice mis labios, frotándolos un poco sobre los suyos, antes de darle un beso… esa carita hermosa no se merecía menos que eso (y con lo libidinoso que soy… jejeje). la tarde helada y las hojas secas crujiendo bajo los pies, invitaban a un café, así que mientras conversábamos la invite a tomarse uno, como siempre, el tiempo pasaba volando, entre palabras de libros, política, incluso ajedrez (si, sabia jugar). al salir de la cafetería, caminamos por unas calles poco iluminadas, me fue imposible no parar con la excusa de prender un cigarrillo, que se convirtió en otro rico beso, que fue de a poco empujándola hacia un muro, ella se reía y se dejaba llevar, despacio su espalda se acomodó al muro, mientras mis manos le apretaban las caderas y los muslos y nuestras lenguas se acariciaban despacito, sus manos tampoco estaban quietas, me tomaba de la nuca con una y la otra se deslizaba por mi espalda hasta mis nalgas… no estaba satisfecha con apretarme, le gustaba enterrarme las uñas, y pasarlas despacio, si a ella le gustaba hacer eso, a mi simplemente me volvía loco…

    «mmm… ¿Por qué eres tan caliente?» me dijo riendo entre besos, «es que soy joven, las hormonas aun me afectan», al decir esto exploto en una carcajada «hace harto rato que ya no eres joven» dijo con su sonrisa alegre, y volví a comerme esa boquita exquisita, ahora ella me tomo el culo con ambas manos, abrió un poco las piernas y yo pose mi verga encerrada en el pantalón entre sus caderas, mientras mi manos subían por su vientre, acariciando por debajo sus pechos redondos, que se movían al ritmo de sus respiros calientes, suavemente rasguñaba sus contornos, mientras le susurraba al oído, «paso todo el día caliente por ti» y bajaba por su cuello, hacia su pecho, mientras ella siseaba de calentura, de repente una de sus manos subió a través de mi espalda y se acomodó cerca de su propio pecho, al hacer esto aleje mi cara de su cuello, la mire a los ojos, que brillaban en el atardecer, se mordió los labios, miro hacia los lados, se mordió los labios y lentamente bajo su blusa, dejando al descubierto su teta hermosa color canela «dale, dale papi chupa» me dijo, acerque mi boca y empecé a chupársela fuerte, como un bebe queriendo tomar leche, mientras ella soltaba gemidos, y me tapaba con la chaqueta, escondiéndome de los pocos que pasaban por ese callejón oscuro, indiferentes, muy ocupados con sus celulares para ver el incendio que estaba frente a sus ojos en esa pequeña calle.

    Mis labios chupaban con fuerza, mi lengua humedecía ese pezón rico y duro, mientras le daba rasguños húmedos con mis dientes suavemente, su otra mano me apretó más aun las nalgas y empezó a empujarme, mi verga estaba ya mojada por los roces y podía sentir su concha caliente de humedad, casi desesperados por sacarnos la ropa, un embiste, otro, chupando más fuerte, más rápido… «cálmate, ya para, estoy muy caliente, para» me dijo sin aviso, yo me separe y la mire «¿En serio quieres parar?» le dije incrédulo, «si, ya es tarde, disculpa, no te enojes», baje la cabeza y trate de enfriarme, «bueno, tampoco te puedo obligar, no es la idea». Caminamos hacia el metro, eso no detuvo los ánimos, fuimos conversando sin problemas.

    Al llegar al metro, bajamos al andén para esperar el tren, caminamos lentamente hacia el final de este, llegamos hasta los últimos asientos, por la hora no había mucha gente, casi nadie en verdad, cuando nos sentamos, volvimos a besarnos, yo tenía mi mano en su vientre, y empecé de a poco a subirla… no dijo nada, solo se volvió a tapar… llegue a su pezoncito duro y lo empecé a apretar con mi índice y mi pulgar… «malvado, lo único que quieres es calentarme» dijo riendo, «¿Que comes que adivinas?, además… te debo una, ¿Recuerdas?»… su carita se ilumino con una chispa de indecencia deliciosa… puso su cartera encima de sus muslos, sin decir, nada mientras mi mano bajaba por su vientre y le susurraba al oído «cochinita… ¿Quieres que te masturbe aquí?»… llegue a su pantalón, empecé a tratar de meter la mano, ella lo desabotono, mientras mi mano se deslizaba por esa carne suave y cálida, hasta que llegue a sus labios, que ya estaban mojados, abrió un poco las piernas, su concha estaba húmeda y palpitando, por el espacio, solo caían dos de mis dedos y empecé a hundirlos entre su vagina, al hacerlo ella tirito un poco, cerró los ojos y dejaba escapar suspiros silenciosos y ardientes, mientras los trenes pasaban, ante unos pocos pasajeros que no alcanzaban a mirar el espectáculo… pero, en el metro hay cámaras… cuando pude encontrar su clítoris, lo apreté entre mis dedos, la humedad hacia todo mas fácil, apretaba los bordes, presionándolos, hacia arriba y abajo, lo estiraba un poco, lo apretaba de nuevo y le miraba su carita con los ojos cerrados, derretida en un sueño caliente e indecoroso, vulgar como perros en celo… escondidos a plena vista… sus caderas se empezaron a mover, su mano dejo una de sus tetas exquisitas al descubierto, se la apretaba fuerte, su otra mano me tenía agarrada la verga, la apretaba cada vez más fuerte, y liberaba gotas de semen en cada apretón, sus caderas se movían, como si estuviera desesperada por culear, me acerque a su oído, le mordí la oreja despacito y le susurre «¿Te gusta así puta?, que te esté pajeando en frente a todos? te gusta putita?» ella solo jadeaba, con sus ojitos cerrados, mientras yo movía mis dedos, pajeando ese pequeño pedacito de carne, sentía sus muslos tiritar, se apretaba su teta con fuerza, casi arañándola con las yemas de sus dedos, estirando el pezón, una y otra vez, su otra mano me apretaba las bolas, la cabeza de la verga, como si me la quisiera arrancar, mas rápido, su culo se movía más rápido, apretaba más fuerte, me dolía, pero verla así… mía, sin control… el dolor poco importaba… «no aguanto, no aguanto», mas rápido, desesperada y caliente, aguantándose… susurro despacito y mientras llegaba el tren, con todo ese estruendo, ella soltó el suspiro exquisito del orgasmo… pero no me detuve, seguí pajeandola bien rico, bien húmedo, con ambos brazos me abrazo con fuerza, apoyo su cabeza en mi hombro, mientras sus piernas tiritaban de placer «ay, ay, papi, viene otro papi» me dijo al oído, «dale zorra, dale cochinita, mójame, perra, dale, mójame» sus tetas estaban pegadas a mí, las podía sentir temblar… «SSSS… aaahhh», suspiro en mi oído… un orgasmo largo, húmedo y ardiente, que me recorrió el cuerpo entero… nos quedamos así un momento, con mi otra mano le acariciaba el pelito «¿Te gusto amor?» le dije mientras le hacía cariño, «rico, muy rico bebe»… despacito saque mi mano de su concha, se arregló un poco, yo también, nos mirábamos esbozando sonrisas cómplices e indecentes… «oye, me dijiste que ya era tarde» le dije en tono burlesco, me dio un manotazo ligero, como de niña, en el hombro «malo, es culpa tuya que yo este así». mientras esperábamos el siguiente tren, nos reímos a carcajadas… de la hipocresía, de la indiferencia, de una moral sucia y avara, enseñada a sangre y mentiras, que solo ha causado dolor y tragedia… si… quizás hasta tú, que estás leyendo nos hayas visto… ¿Quién sabe?…

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  • Sexo con mi tía y mis primos (Parte 2)

    Sexo con mi tía y mis primos (Parte 2)

    Hola a todos y todas, soy Sandra, la zángana, ya muchos me conocen, tengo 35 años de edad, casada, sin hijos, cabello largo y lacio, 1,60 metros de estatura, 57 kilogramos de peso, unas téticas medianas y unas nalgas, redondita y bien torneadas, que no pasan desapercibidas a las miradas de los hombres y de muchas mujeres.

    Esta historia es continuación de los hechos acaecidos, en la semana que atendía la visita de mi tía Andreina de sus hijos Fredy y Jhon, mis primos, para quienes no leyeron la historia, les recordaré que mi primo Fredy me cogió en la cocina, luego se confabuló con mi primo Jhon para que él también me hiciera gozar en la cama donde dormía mi tía, para cumplir un fetiche.

    Ese sábado, decidimos ir a piscina, a un sitio de recreación llamado “lomas del viento” cercano a Bucaramanga, allí hay una piscina de olas que es su principal atractivo, nos embarcamos con mi esposo, mi tía y mis primos, estábamos disfrutando de lo más rico, a mi esposo le dio por revisar los mensajes de su celular, encontrando que estaba siendo requerido en la empresa para atender una situación urgente, que tardaría unas do horas a lo sumo, así que dijo no poder volver a piscina, entonces le dije, hagamos un asado para ellos, cosa que le llegó a su corazón, le encanta hacer ese tipo de reuniones.

    Mi tía escuchó el nuevo plan de la tarde, decidió entonces aportar para no sentirse mal, pidió que le compraran ron con coca cola para ella tomar, que a los primos les encantaba el aguardiente, a mi esposo le encanta la cerveza, aunque es poco bebedor y se emborracha fácil, además siempre hay un buen trago de whisky en casa.

    Nos quedamos “solos” en la piscina, es decir sin la supervisión de mi esposo, nos metimos a la piscina de olas, la cual iniciaba su primer encendido de motores para licuar el agua, decidimos quedarnos en la parte más honda que pudimos, agarrados de las manos, mi tía y yo, quedamos en medio de mis dos primos,

    Cuando de repente una sacudida fuerte nos levantó y arrastró con fuerza a todos, no sé cómo me agarré de la pantaloneta de baño de mi tía, la cual le quedó enredada en sus rodillas, de su brasier se le salieron sus tetas, que recuerdo son talla 36 mucho más grandes que las mías, mi brasier me quedó enredado en mi cuello, como el agua se seguía moviendo con fuerza, no fue fácil volver a poner la ropa en su sitio, entre groserías, risas, pena y burlas por lo acaecido, mi tía decidió salirse de esa piscina, no quería más accidentes como ese.

    Nos dirigimos a la piscina de agua quieta, nos ubicamos en la parte más honda, allí se hace poca gente y es más cómodo estar allí, además que soy buena nadadora, empezamos a burlarnos de ese momento en la otra piscina, yo me reía como una boba, mi tía entonces me dijo, usted no se burle de a mucho, que sus tetas le quedaron volando, pero a mí sí me dejaron fue empelota, Fredy dijo, pero de qué se avergüenzan, ustedes tienen unas tetas muy hermosas, yo quisiera poder volverlas a ver, me daría mucho gusto, espero que se animen nuevamente.

    Hágase el pendejo le dijo mi tía, algo molesta, le dije tía no tiene nada de malo, ya ellos se las chuparon, así que las conocen, eso sí, pero ya están crecidos, yo no le veo nada de malo, ayudando al fetiche de mis primos, que como recordarán, mi tía ve con ellos película porno, y ¿por qué no se las muestra usted, mijita? Me dijo ella, es que ellos quieren ver las suyas, yo puedo mostrar las mías otra vez y no pasa nada, en ese momento Jhon metió la cucharada y dijo, prima, debería mostrarnos lo que hay debajo de esa tanga, ya vimos a mi mamá arriba y abajo, tú faltas abajo, mi tía dijo, eso, hágale si es tan macha, muestre esa cosa, le dije, pero si promete que usted vuelve a mostrar también,

    Vaciló por un momento, dijo, estos hp, están es arrechos, calenturientos, pero les voy a dar gusto, hágale sobrina, miremos que hay allí abajo, sin vacilar y aprovechando que mis primos querían ver más a su mamá, levanté una pierna sobre el piso, apuntando mi entrepierna hacia donde estaban ellos sentados, con una mano me corrí ese pedacito de tela, lo más que pude y les dejé ver mis labios, bien depilados, bien limpiecitos como de costumbre, como me enseñó mi tío Federico.

    Está bonita esa chocha, dijo mi tía a secas, volví a acomodar mi traje, bueno tía, su turno, cumpla su promesa, ella vaciló un poco, miraba nuestros rostros, miraba a los alrededores para ver qué tanta gente había en ese momento, de repente de un tirón, hizo el mismo movimiento que hice yo, corrió esa tela y la volvió a acomodar en su sitio, así no vale, replicaron mis primos, eso es trampa, le dije yo, ya ella más confiada, volvió a correr la tela de la entrepierna y dijo pues ahí está, miren lo que quieran,

    Pude apreciar una vagina cubierta de vellos cortos, bien cuidados, se le notaba la raya de la raja de manera perfecta, ya está, ¿contentos? Ahora sí no me jodan más, se tiró al agua y nosotros hicimos lo mismo, disfrutamos de ese sitio, otro lapso de tiempo, mis primos y yo nos mirábamos como cómplices, sin decir nada,

    Llegamos a casa en taxi, mi esposo ya tenía el carbón encendido, comenzó a poner la carne, los chorizos y todo lo que había llevado para ese asado, destapamos cerveza, nos juagamos y no vestimos, mi tía se colocó un jean, blusa y sandalias bajitas, mis primos pantaloneta y camisilla, yo me coloqué una minifalda de jean, zapatillas de plataforma alta, esas me encantan, me ayudan a disimular mi estatura, mi esposo vestía un jean y camiseta, disfrutamos la tarde entera, riendo y burlándonos de la revolcada del agua en la piscina de olas.

    Cuando empezó a oscurecer, mi tía dijo ahora sí aguanta un traguito, igual usted no trabaja mañana, dirigiéndose a mi marido, así que podemos emborracharnos y mañana no tenemos problemas, vamos para la sala dijo mi esposo, así no molestamos a los vecinos, accedimos todos.

    Nos acomodamos en círculo para tener una vista de todos al tiempo, yo al lado de mi esposo, mi tía enfrente mío y mis primos a cada lado de ella, con mi minifalda, con los tragos ya encima, mis piernas se iban descuidando a cada momento, mostrando mis calzones blancos, mi color favorito, mi tía señalaba con sus labios, como queriendo decirme, cierre esas piernas, yo me hacía la desentendida, a pesar de que entendía plenamente lo que estaba pasando, mi primo se recostaban sobre los hombros de ellas, más para mirar mis pantys, que por demostrar cariño hacia mi tía, la música vallenata sonaba a un tono suave, alternada con rancheras mexicanas y ranchera de moda, las cuales por momentos coreábamos todos,

    Mis primos nos sacaron a bailar a mi tía y mí, nos alternábamos de parejos con ella, de vez en cuando mi esposo se animaba a bailar conmigo y a veces con mi tía, todos encantados de ese momento de integración familiar, se notaba que cada vez el trago iba cumpliendo con su deber.

    Mi primo Jhon, el menor de los dos me, dijo, estoy arrecho, quiero culear, no jodás, ayer me cogiste en la cama de mi tía, o ya se te olvidó, no me he olvidado de eso, ni me podré olvidar jamás, pero ver a mi mamá, me puso a mil, pensé por un momento, le dije, denle trago a mi marido, que ese se duerme fácil, ya veremos qué sale, les ayudo también con mi tía, ¿en serio? Vale para esa, me dijo Jhon, secreteó a Fredy en su oído, no sé qué o cómo le diría, pero el hecho es que se turnaban para hacer brindis, que presionaban a mi esposo a beber trago.

    En un momento mi esposo e levantó, se tambaleaba sin control, voy al baño dijo, ven te acompaño, le dije, yo puedo solo, respondió, me levanté y lo tomé del brazo, entramos al baño y no sabía ni dónde hacer su necesidad, quería hacerlo en el lavamanos, al fin lo hizo ahí, con un poco de ayuda mía, cuando regresamos a la sala, ya le habían llenado nuevamente el vaso, lo animaron para que bebiera, esto sabe a raro, dijo mi esposo, debe ser que se está pasando, o ¿qué hicieron en el baño ustedes? Se tomó uno o do sorbos y se volvió a acomodar en la silla, al momento, se ladeó y por poco pierde el equilibrio, ni cuenta se dio de eso.

    Mis primos lo agarraron de los brazos y lo ayudaron a subir a nuestra cama, le quité el jean y le puse una pantaloneta para que descansara, estaba totalmente fundido, mi primo Fredy hizo el comentario, ¿todo eso tan chiquito te comes primita? Cállese, respete, lo emborracharon y ahora se burlan, es por molestar, primita, tranquila.

    Volvimos a la sala, cambiamos nuevamente de tema a lo acaecido en la piscina, mi tía dijo, pero sí les cayó en gracia eso, ¿verdad? Claro que sí, fue lo mejor que hemos visto en el paseo, dijeron los primos, sigamos bailando, porque la prima nos tiene mal mostrando piernas y un poco más allá, entonces esperen me cambio, para estar más tranquilos, ni se te ocurra eso primita, ojalá pudiéramos ver más, solté una risotada jajaja, mi tía dijo, pero si ya la vieron en la piscina, dejen de ser calenturientos, comenzamos a bailar más suave, bebiendo un trago a cada rato.

    Sería eso de la una de la mañana, cuando se me salió decir, pero nosotras mostramos todo en la piscina y ustedes no nos dejaron ver nada, están en deuda con nosotras, tramposos, mi tía dijo, sí, es verdad, no hemos dado nada de comer a nuestros ojos, ¿qué quieren que hagamos entonces? Dijeron ellos, pues que nos dejen ver algo a mi sobrina y a mí, así quedamos empatados, mi sobrina quiere ver eso nuevamente, le dije, cómo así tía, dio, hágase la boba, ¿ayer no se los comió a los dos?, ¿me creen tonta? Yo los pillé, sentí que se me abría el mundo bajo mis pies, me dijo mi tía, tranquila, yo hubiera hecho lo mismo.

    Eso me tranquilizó un poco, pero bueno, nuestra paga, dijo mi tía, ¿qué quieren que hagamos? Preguntaron ellos, pues quítense las pantalonetas y se dejan así, les dije yo, bailamos una canción y se vuelven a vestir, uy eso está pesado, pero hagámoslo dijo mi tía, me sorprendía ver esa actitud en ella, aunque sabía lo de ver porno con ello, no sabía qué más pasaba por su cabeza, mis primos se bajaron sus pantalonetas, con calzoncillos y todos, o ¿cuál es la gracia? Ellos se miraron y se quitaron todo, quedaron al descubierto, dos vergas hermosas, con una erección leve, uy, con razón las viejas corren a la pata de ustedes, dio mi tía, son muy afortunados, dije yo.

    Bailamos así, Fredy bailó conmigo, me decía al oído, primita, qué tremenda eres, mira como nos tienes, bailando así, pero mi tía está encantada, le respondí, dígale que se quite alguna prenda, para igualar, qué buena idea, me respondió.

    Mamá y prima, ya nos tienen así, también deberían quitarse alguna prenda, para sentirnos más cómodos, de todas maneras, estamos achantados, así, paremos castigados, miré a mi tía y le hice señas, pues tocará dijo ella, ya qué más da, se quitó su blusa y se dejó en brasier, insistieron o mejor insistimos, hasta que lo quitó también, por qué no vamos a la pieza de servicio para estar más tranquilos, buena idea, vamos.

    La música sonaba un poco lejos, así que casino nos fijábamos en eso, Fredy me abrazó y dijo prima, esto es lo más loco que he hecho en mi vida, estoy con una mezcla de sensaciones, ya, le dije, ahora mata el tigre y ¿se asusta con la piel?, fue y abrazó a mi tía, qué lindas tetas tienes mamá, ¿puedo darles un beso? No hubo respuesta, Fredy se agachó y mesó varias veces las dos tetas de mi tía, Jhon hizo lo propio, fue a besar esas tetas también, hubo un silencio profundo,

    Mi tía bajó sus manos y agarró la verga de mis primos, una en cada mano, y ustedes qué hacen con eso tan hermoso, ¿todo para la prima o qué? Me acerqué y les saqué la camiseta a mis primos, quedaron totalmente desnudos, en ese momento ya acariciaban las tetas de mi tía, ella sobaba sus vergas, yo estaba como espectadora, sin saber qué hacer, ni qué decir, a veces me quería escapar, pero había algo que me detenía, venga mija, me gritó mi tía, ayúdeme con uno de estos vergones, yo sola no soy capaz o me matan entre los dos.

    Jhon se acercó a mí y me ayudó a desvestir totalmente, Fredy ayudó a su mamá a quitarse ese jean, quedamos todos totalmente desnudos, bajemos el colchón al piso, así estamos más cómodos les dije, buena idea, dijeron ellos, Fredy empezó a besarse con mi tía y Jhon hacía lo propio conmigo, agarraba mis téticas, las sobaba, las apretaba y acariciaba, a veces bajaba su mano a mi entrepierna, metiendo sus dedos en mi rajita, primita, eres una delicia, me encantas,

    Mi tía se había agachado y mamaba esa verga a Fredy, quien le acariciaba su cabeza y cabellera, apenas se le escuchaba un sonido como gr, gr, cuando se le iba muy profundo en su garganta esa vergota de su hijo, empujé a Jhon para que participara de esa fiesta, en fin de cuentas ese era s fetiche, su sueño, su fantasía, se acomodó al lado de Fredy y ella sin hacerse del rogar, disfrutaba alternando esas dos vergas de sus hijos, una mano agarraba a cada uno de ellos, yo me ubiqué detrás de mi tía, para besarme con mis primos, ellos se adueñaron de mis téticas, mientras su mamá trabajaba en una mamada de lo más rico y profundo, un sueño se nos está haciendo realidad, decían ellos.

    Me paro o si no aquí me quedo toda la noche, estas vergas están de ataque, se pegó a la boca de ellos, parecía como si nunca los hubiera visto, o no sé cómo, estaba ansiosa, devoradora, como afanada, ahora quiero que me la metan, Jhon va primero dijo ella, se tendió y mi primo se le acomodó encima, cuando todos pensábamos que la iba a penetrar de una, comenzó a besar su cuello, bajó a sus tetas, siguió en reversa por su ombligo y se detuvo en su entrepierna, comenzó a propinarle una lamida a esa vagina, mi tía se retorcía de placer, qué cosa tan rica, Jhon parecía querer volver a meterse por donde había salido, decía ella, Fredy se le acomodó encima, le ofreció su verga, que ella recibió en su boca, apoyándose con sus manos.

    Mi tía recogía sus piernas y levantaba su cintura, en señales de estar gozando cual perra en celo, mis primos estaban en su salsa, disfrutando de su sueño cumplido, ayúdeme con uno o son capaces de matarme, gritó mi tía, Jhon se acomodó y se la enterró de una, un grito suave salió de la boca de mi tía, ay que rico, Jhon empezó a meter y sacar ese trozo de carme, mi tía gemía y se mordía los labios, Fredy me dobló sobre el colchón y me penetró sin compasión,

    Como si se hubieran puesto de acuerdo, nos hicieron poner en cuatro, frente a frente con mi tía, ellos cambiaron de hembra y se acomodaron detrás de nuestras nalgas, acomodando, metiendo y sacando sus vergas, mi tía me dijo en ese momento, somos unas putas muy putas, mira en lo que hemos caído, es verdad le dije yo, pero tía ¿estás gozando? Claro que sí, como nunca mija, entonces disfrutemos este momento sin remordimientos, mañana nos confesamos si es necesario.

    ¿Por qué no se besan la concha entre ustedes? Dijo Fredy, yo nunca he probado una chocha, cochino, dijo mi tía, yo tampoco, le respondí, y ¿si probamos? Ya no tenemos nada que perder, pues es verdad, ella se acomodó en el colchón boca arriba, me acomodé encima suyo al estilo 69, de una bajé y comencé a lamer esa vagina llena de jugos de ella y de mis primos, ella se pegó a mis labios vaginales, lamiendo como con asco o prevención, luego ya fue empezando a disfrutar, en poco tiempo parecía una profesional lesbiana, esto está bueno, yo no había probado, decía mi tía,

    Mis primos se acomodaron, Fredy acomodó su verga dentro de mi rajita, Jhon atacando a mi tía, su propia madre, yo podía ver cómo esa vergota entraba y salía, cómo sus labios acariciaban al salir, sus pliegues parecía querer detener ese miembro, seguramente mi tía estaba viendo lo mismo, aunque también estaba chupando de vez en cuando,

    Fredy se acomodó en piso del colchón boca arriba, mi tía se le acomodó encima, se enterró de una esa vergota dentro de su humanidad, comenzó a galopar, feliz de la vida, Jhon se le acomodó por detrás y le tocó en la puerta del culo, ella dijo, no, por ahí no, hace años que no como por ahí, tranquila mamá que lo hacemos con cuidado, ella no dijo nada y estuvo a la expectativa, hasta que fue entrando esa verga en su culo, cerraba los ojos y apretaba los labios, conteniendo el dolor que le producía, cuando empezó el mete y saca de Jhon, ella se fue relajando, yo me acomodé sobre la cara de Fredy, ofreciendo mi raja, para que besara, chupara y lamiera a su antojo, quedé frente a frente, abrazada a mi tía, un beso llegó en ese momento, sin pensar, sin programar, sin saber cómo ocurrió, nuestros brazos servían de apoyo para las dos,

    Los dos machos invirtieron sus posiciones, el turno de encular le tocó a Fredy y de mamar mi rajita a Jhon, así pasamos un rato, cuando se fueron a venir, primero lo hizo Fredy, me vengo, me vengo, dijo, espere que yo quiero ver, Fredy se le acercó a su cara, ella quedó quieta, sentada en la verga de Jhon, Fredy se empezó a pajear en la cara de mi tía, de repente un chorro de leche salió disparada, le cayó en los ojos, nariz, boca, ella soltó la risa de placer, agarró esa verga y se la llevó a la boca, chupando con desespero, hasta que Fredy se incorporó totalmente,

    Llegó en turno de Jhon, hizo acostar boca arriba a mi tía y comenzó un misionero con rapidez, su boca se pegó a una de las tetas de mi tía quedó ahí en una mordida, mientras su cintura empujaba esa verga dentro de la vagina de mi tía, se soltó, gateó hasta la cara de mi tía, se la acomodó en la boca, soltando ese chorro de semen, mi tía empezó a toser, se lo había tragado, ahogándose momentáneamente, se recuperó y empezó a mamar ávidamente, levantaba su cabeza y se enterraba ese miembro hasta el fondo, se quedaba ahí por un momento y volvía a sacarlo para respirar profundamente,

    Ay qué hp culeada me pegué, gracias mis hijos, les tenía ganas desde hace rato, pero me daba pena, miedo o porque creía que era pecado y me iba a los infiernos, gracias a usted mijita, por levantarme ese ánimo y subir mi calentura, ya estaba que me masturbaba delante de ellos si me lo hubieran pedido, había sido capaz de lo que fuera.

    Nos dimos un abrazo grupal, ya era cerca de las cuatro de la mañana, nos arreglamos un poco y nos fuimos a dormir, me duché y me acomodé al lado de mi esposo que sudaba como si estuviera trabajando, me desperté a eso de las once de la mañana, mi esposo se había levantado a vomitar y volvía a acomodarse en la cama, ¿hasta qué horas estuvieron tomando? Me preguntó mi esposo, apenas te subimos y te acomodé en la cama, se acabó eso, a ellos les dio pena, tan bobos, hubieran seguido bailando otro rato.

    Me levanté a preparar café, oh, sorpresa, mi tía no estaba en su cama, había amanecido en medio de sus dos queridos hijos, ese día alistaron maletas, salieron nuevamente para Bogotá en horas de la noche, no sin antes agradecer de la mejor manera por nuestra hospitalidad.

    No debo imaginar que mi tía, no volverá a dormir sola en su casa, o que por lo menos recibirá verga de esos dos sementales jóvenes y dispuestos a complacerla en la cama, por mi esposo sigo pensando en cómo hacerlo infiel, para que participe en alguna fiesta, o por lo menos no pueda decir nada en caso de conocer una infidelidad mía.

    Hasta aquí un bello recuerdo de mi vida, otra parte de mi vida real, se me escapan algunos detalles, pero espero que el lector sepa suplir esos vacíos, no soy una escritora, jamás lo había hecho, soy Sandra, la zángana, espero sus comentarios y valoraciones de mis recuerdos, un abrazo a todos.

  • Mi amigo Estiven

    Mi amigo Estiven

    Hola buenos días. 

    Este relato sucedió hace un par de años, todo empezó cuando ente en diálogos con un contacto de Facebook, llamado Estiven, un joven de 24 años de edad, atlético, amable, muy educado, es bastante fogoso, cada que dialogábamos enviaba por Messenger videos calientes.

    Una vez mi esposa, observo unos vídeos y pregunto quién los enviaba? Le respondí estiven un amigo del Facebook, ya le presente a mi esposa por video llamada, dialogamos e hicimos un grupo de Messenger dónde compartimos los tres, mi esposa le hablo de Rocío una amiga nuestra morena, muy linda, e igual la agregue al grupo, de diálogos pasamos a temas calientes, le pedí enviara una foto de su miembro, a lo que accedió.

    Bueno hasta allí, todo bien, una vez llegó nuestra amiga Rocío de visita, estaba en la sala sentado tomando café, mirando las noticias, salieron me dijeron ya regresamos, al cabo de unos 15 minutos llegaron sonrientes, no le di importancia.

    Media hora después mi apoda recibió una llamada, simplemente dijo ya salimos, quién es? Pregunté, a lo que responde ya vengo voy al paradero.

    Bueno, me quedé con Rocío dialogando de todo un poco, minutos después llegó y era nuestro amigo Estiven de visita, le saludé le ofrecí sentarse, bueno saludos, dialogo, mi esposa apagó la tv, encendió el sonido, coloco música suave, les ofreció una copa de licor, yo extrañado, pero normal, mi esposa me miró, e hizo una insinuación, con la mirada, con una mirada entendí y le respondí, los tomo de las manos a Estiven y Rocío los condujo hasta nuestra habitación, le pidió se quitará la ropa, él accedió.

    Rocío hizo lo mismo, deja ver sus enormes senos morenos, talla 40 o más, nos desvestirnos mi esposa y yo, igualmente pasamos a la cama, Mary y Rocío le hacen un tremendo oral, un pene de más de 20 cm, descomunal, lo lamían, le besaba los testículos, mientras yo le daba oral a Rocío, toda mojada y excitada, me llenaba la boca de fluidos calientes, Estiven se colocó un condón y le dio tremenda cogida a Rocío, ese chico muy ardiente, le daba unas embestidas bestiales, se quejaba delicioso, mi esposa lo besaba, luego de media hora cambiamos, penetre a Rocío y Estiven a Mary, una tarde de sexo y placer, que esperamos se repita pronto con ellos, Rocío es de mente abierta, es casada, el esposo no sabe nada de lo que hacemos, le hizo la propuesta y se enojó demasiado, entonces lo hacemos a escondidas.

    Saludos desde Popayán, Colombia.

  • Campamento con mi tímida novia (Final)

    Campamento con mi tímida novia (Final)

    Me desperté aturdido.  Volteé y no ver a mi linda novia acostada al lado mío me golpeó con la escandalosa y desastrosa realidad, recordaba como ella me dijo que seguiría follando con él cuando volviéramos y no me lo diría ¿Nuestra relación estaba acabada? Soy un idiota, quise llorar. Había la suficiente luz para saber que era ya bien entrada la mañana. No supe si salir, verlos por ahí juntos me haría sentir una basura, ¿Qué se suponía que hiciera?

    Pensé en mil posibilidades mientras pasaba tal vez una hora, salí, tenía que hacer algo. A lo lejos veía a Fausto y Laura bebiendo un refresco sentados en las rusticas bancas hechas con tocones, busqué bien con la mirada intentando no ser descubierto por la pareja, no vi por ningún lado a Randal ni a mí novia, estarían en la casa de campaña, decidí ir a ver.

    El corazón me palpitaba más fuerte que nunca mientras me acercaba a la casa de campaña de Randal, la escuché reír, una risa pícara, de complicidad, ella obviamente ya no estaba ebria, mi última esperanza de que ella reaccionara y despertara a la realidad me abandonaba. Ella reía un poco más y me entró una furia loca, escuchar esa risa tierna que antes me encantaba ahora me enfurecía como nada en la vida, la llamé con la voz en alto.

    Yo: Alejandra – dije con autoridad y fuertemente.

    Su delicada risa paró de inmediato, escuché movimiento, el cierre se abría lentamente, vi a Randal acostado volteando hacia la puerta con total naturalidad, ella estaba sentada abriendo el cierre, parecía aturdida, cruda, recién despierta, de algún modo eso me consoló, parece que cuando menos no habían follado hoy, aún. Ella tenía las tetas al aire, y el bikini puesto, me veía con miedo o tristeza no supe distinguir bien, no decía nada.

    Yo: nec-necesitamos hablar.

    Hablé lo mejor que pude intentando mantener mi dignidad, ella volteó a verlo, él se encogió de hombros, ella se levantó lentamente, se puso el brassier de ese horrendo bikini amarillo y salió, Randal se acostaba por completo, di 2 pasos y ella me siguió, tenía los brazos cruzados, me evitaba la mirada, una muralla de lenguaje corporal entre nosotros, yo no sabía por dónde empezar, casi quise irme y decirle que se fuera al carajo, pero tal vez no sería demasiado tarde, ¿No?

    Yo: yo… Yo te amo – le dije dulcemente, rogando por una buena respuesta, ella veía al piso

    Alejandra: yo también… – dijo débilmente alzando la mirada, sus brazos cruzados por enfrente de ella seguían marcando una muralla entre nosotros

    Yo: ¿Estamos bien? – no sabía que decir, solo hablaba sin pensar, del corazón a la boca sin pasar por el cerebro, estaba siendo completamente honesto

    Alejandra: es que… – decía intentando empezar, volteaba hacia el campamento, respiraba profundamente – es que no sé si estamos bien o mal, o si deberíamos terminar o buscar una solución o no hacer nada y dejar que el tiempo hable – ella regresaba la mirada a mis ojos, parecía tan confundida y abrumada como yo – no sé Franco, yo… no sé – parecía desesperada, parecía buscar mi ayuda con una mirada suplicante

    Yo: ¿Qué quieres tú? – pregunté, pero sé que sonó a súplica, ella volteaba al piso – él… ¿Él te gusta en serio o solo…? – dejé las palabras al aire

    Alejandra: él no puede gustarme en serio – decía sin dejar de ver el piso – él… Él solo me gusta y ya – decía cuidando sus palabras, seguro quiso decir cosas más fuertes, pero se detenía por piedad

    Yo: entonces no es tan grave – dije con tono alegre – a todos nos gustan personas, o sea a todos nos atraen otras personas, pero tú y yo nos amamos, eso es lo que importa – dije tocando su brazo y buscando su cara, ella se retiraba de mi agarre y de mi mirada

    Alejandro: sabes que no es tan sencillo… – decía viéndome a los ojos y torciendo la boca tristemente – Franco… No sé… – ella volteaba de nuevo a la nada – tal vez somos demasiado jóvenes, ¿No? Yo nunca me había acostado con alguien más, ya lo sabes… Tal vez no sé… Sea bueno experimentar y todo eso – decía moviendo una piedrita con su pie y viéndola – tal vez tú también deberías experimentar con otras personas no sé – su discursito conciliador me ponía furioso, pero me contenía lo mejor que podía

    Yo: ja – exclamé irónicamente ahora yo viendo a la nada y ella mirándome – ¿O sea que quieres mi permiso para darle el culo a gusto? – sonó mal ya lo sé, créanme, en serio me contuve

    Alejandra: no necesito tu permiso para ni madres – me decía enfadada, pero sin explotar tampoco

    Yo: pero quieres que esté de acuerdo, que lo acepte, aunque no “necesites” – remarque las comillas en el aire – mi permiso, quieres hacérmelo saber – dije con el mismo tono de furia contenida

    Alejandra: ambos podríamos hacerlo, piénsalo, no es una idea tan loca, ¡Hay millones de parejas abiertas! – me decía buscando mi mirada, no podía creer su descaro de literalmente pedirme eso, antes si yo lo hubiera siquiera insinuado ella hubiera enfurecido

    Yo: ja – volví a exclamar con ironía, la vi a los ojos, ella esperaba – osea que no te importa que me acueste con otras si así tú puedes hacerlo con él…

    Alejandra: no me encantaría… – dijo torciendo la boca, que ella al menos sintiera celos me aliviaba un poco – … pero sería lo justo – agregó viéndome a los ojos, yo no dije nada, ella agregó – además no tendría que ser necesariamente con otras mujeres – me dijo cuidando sus palabras, delicadamente, intentando que no explotara

    Yo: ¡¿Qué?! – expresé histérico

    Alejandra: si… Ammm o sea ya sabes, ¿No? O sea ammm otros hombres pues – me decía intentando ir despacio, intentando que la detuviera, pero no lo hice, cuando vio mi mirada ofendida, volteó al piso

    Yo: ¡¿o sea que coja con otros weyes?! ¡¿Que se supone que significa eso?! – dije realmente ofendido

    Alejandra: pues o sea ammm es que – se detenía, me miraba – ayer… Pues ayer se la chupaste, yo te vi y o sea – yo me volteé haciéndome el indignado, pero estaba sumamente humillado, avergonzado, ella me tomó del brazo y buscaba mi cara, yo a diferencia de ella se lo permití – ¡Está bien! – me decía intentando conciliar con su mirada – todos tenemos curiosidades, ¿Ok? Me gustó, fue ammm divertido, o sea estuvo bien si quieres experimentar está bien – me decía sonriendo, me sentía tan patético de que mi propia novia insinuara lo que insinuaba

    Yo: no quiero acostarme con hombres, ¡No soy gay! – Dije con autoridad y molesto

    Alejandra: ok ok, solo fue una curiosidad, está bien – decía conciliando con mirada alegre.

    Yo bajaba la guardia, ella se acercó y me besó dulcemente, me entregué por completo.

    Alejandra: me gustó… – decía entre beso y beso

    Yo: ¿Qué cosa?

    Alejandra: verte ammm ya sabes mmm chupándosela – me besaba más

    Yo: ¿En serio? – pregunté genuinamente admirado, ella reía un poco

    Alejandra: no sé jaja solo fue ammm ¿Cachondo? – decía mientras seguía besándome – pero no pude ver bien, tenía que estar toda torcida jaja – me decía besándome e incluso yo reía, nos besábamos y pasaban algunos minutos, me sentía en control de nuevo abrazándola y no siendo rechazado

    Yo: arreglemos las cosas… – le dije entre uno y otro beso

    Alejandra: si, hablemos – dijo, pero noté como agregó esa última palabra, ella no quitaría el dedo del renglón.

    La tomé y avancé hacia el campamento, ella ni siquiera se despidió de Randal y eso me hizo sentir bien, cuando llegamos Fausto y Laura nos dieron el más incómodo y forzado saludo de toda la historia, ellos habían visto la noche anterior como ella entraba a dormir con él, y obviamente escucharon todos los ruidos sexuales. Fue tan incómodo el silencio y la tensión que incluso hubiera preferido que ellos hicieran bromas al respecto, pero no lo hicieron, así que solo estábamos ahí, 2 parejas cada quien en lo suyo platicando por su lado en voz tan baja que parecían susurros. Acaricié un poco su vagina por encima del bikini y ella dio un pequeño salto.

    Alejandra: me duele un poco jaja – dijo de manera casi instintiva, por su cara creo que se arrepintió de decirlo

    Yo: en la noche te cogió súper cabrón ja – expresé algo sarcástico, aunque no enfadado

    Alejandra si… ¿Crees que ellos hayan escuchado? – preguntó nerviosa indicándome despistadamente con los ojos hacia Fausto y Laura

    Yo: si… – dije secamente

    Alejandra: que puta vergüenza… – decía bebiendo profundamente su jugo.

    Mientras hablábamos bajé mi mano por su pierna y sentí la caja de la pastilla de emergencia

    Yo: ¿Por qué no la tiras? – le dije con desinterés, ella parecía no comprender la pregunta

    Alejandra: pues porque no sé aún a qué hora tomarla – me dijo confundida

    Yo: ¿No te la tomas aún? – dije casi rompiendo el tono bajo de nuestras voces

    Alejandra: no… – dijo con culpa – dura 72 horas el efecto, hoy apenas se cumplirían 48 horas… – decía tímidamente mientras Fausto y Laura se retiraban

    Yo: y quieres aprovechar lo más posible con él… – dije algo decepcionado volviendo a nuestra horrible realidad, ella no respondió.

    Randal llegaba, lo noté hasta que estaba demasiado cerca como para llevarme a Alejandra de ahí y no lucir patético, llegaba y le azotaba su hermoso y redondo culo firmemente, sin lastimarla, pero sin vergüenza alguna, ella daba un pequeño salto y no decía nada.

    Randal: es el último día, deberíamos ir al claro que está a media hora – decía con seguridad tomando una cerveza y bebiéndola enseguida casi por completo

    Alejandra: suena bien – decía animada de inmediato

    Yo: si… – dije débilmente apretando la mano de mi novia, no quería ir, pero jamás los dejaría ir a solas, cuando menos obtendría mi retorcida recompensa voyerista

    Randal: haremos algo muy divertido, te va gustar – me decía sonriendo malvadamente

    Alejandra: no estoy muy segura sobre eso – decía de inmediato, parecía casi asustada

    Yo: ¿Qué cosa? – pregunté histérico

    Randal: ya ver

    Alejandra: nada – decía ella interrumpiéndolo de inmediato

    Randal: vayan por sus cosas, yo diría que nos la pasemos allá toda la tarde y de ahí nos regresamos a la ciudad

    Yo: ok – dije firmemente, la vi y ella asintió, caminamos hacia nuestra casa de campaña.

    Desmontábamos mi casa de campaña en silencio y hacíamos las maletas, Gabriela pasó por un lado y nos vio, yo la saludé amablemente, pude ver qué mi novia se quedó con la mano a medio saludo arrepintiéndose por la cara molesta de ella.

    Gabriela: tú eres una cínica y tú un pendejo – nos dijo a cada quien y siguió su camino, nos dejó congelados

    Yo: hablemos – dije en seco dejando lo que hacía

    Alejandra: si, apenas regresemos hablemos con un café y mucha paciencia – dijo siguiendo haciendo lo que hacía

    Yo: no, ahora – dije firme, pero amable, ella dejó una varilla en el suelo y se puso de pie – ¿Que haremos con esto?

    Alejandra: no lo sé… – decía con esa mirada abrumada y atormentada que no la abandonaba

    Yo: no me sirve, no nos sirve eso – dije firmemente, ella torcía la boca tristemente – yo… yo aceptaré esto, ¿Ok? – dije resignado, estaba realmente resignado, no sé cuánto quería de eso, pero definitivamente nada podía ser peor que estar así a medias y peleando por siempre, cuando menos debía hacerme cargo

    Alejandra: ¿En serio…? – preguntaba confundida alzando la vista del suelo

    Yo: si, es nuestra relación, hagamos lo que nos dé la gana – decía intentando soñar elocuente, ella me veía atentamente – pero necesito y quiero saberlo todo, todo – dije firmemente

    Alejandra: ok – decía asintiendo, parecía aliviada

    Yo: seguirás cogiendo con el cuando regresemos… – dije a modo de pregunta que se respondía sola

    Alejandra: si… Creo que si – decía cruzando los brazos – ¿Y tú…? – preguntaba sin terminar

    Yo: no me acostaré con otras – dije firme y honestamente

    Alejandra: ¡¿Por qué?! – preguntaba casi molesta, culpable

    Yo: porque no me interesa – dije rápidamente, ella volteaba la cara, le rodaba una lágrima

    Alejandra: es que eso significa que tú me amas mucho más que yo a ti, o que soy una mierda, o que… No hagas esto solo porque sientes que es a fuerzas, no quiero destruirte – decía histérica, casi enfada conmigo

    Yo: me encanta ver cómo te coge, quiero que lo siga haciendo – lo dije sin pensar, fue como lanzar una bomba, por los días anteriores quedaba claro, pero verbalizarlo de una manera tan devastadoramente honesta la silenció, me acerqué, ella me vio confundida, la besé apasionadamente – quiero que seas su puta – le dije casi susurrándole mientras nos besábamos

    Alejandra: ya soy su puta – me dijo cachonda acariciándome la verga

    Yo: quiero que siempre lo seas – le decía y las caricias subían a un nivel casi pornográfico en pleno campamento a vista de todos – que te utilice como su juguete sexual cuando él quiera

    Alejandra: lo iba a hacer de todos modos, no iba decirte nada – me decía cruelmente acariciando mi firme erección – le daré mi culo cuando él quiera porque me encanta su vergota gorda – decía y restregaba su vagina contra mi pene de una manera casi cómica – me coge mucho mejor que tú y ayer se lo dije cuando me la metía en la casa de campaña.

    Me decía sádicamente viéndome a los ojos, era obvio que era verdad, me quedaba claro, pero ese ataque de honestidad brutal que tuvimos uno con el otro completamente sobrios se sintió más real que sus histéricos gemidos ebrios de la noche anterior.

    Yo: ya lo sé – le dije besándola

    Alejandra: te amo – decía apasionadamente mientras yo sostenía su lindo trasero con ambas manos

    Yo: yo también.

    Pasó nuestro subidón de adrenalina y sadismo, terminamos de empacar alegremente y nos acercamos al auto de Randal, él esperaba.

    Randal: suban – decía tranquilamente, yo entré en el asiento trasero, jugando, aceptando y disfrutando la situación, ella reía un poco y entraba en el asiento del copiloto – menos mal que vas allá atrás, porque el que se sienta aquí – indicaba el asiento del copiloto – le toca darme mamadas mientras manejo – los 3 reíamos

    Yo: bueno, sin duda ella lo hará feliz – dije contento y ella me vio sonriendo y me besó dulcemente, agradeciendo que yo aceptara todo

    Randal: ya le dijiste lo que te haré – le decía a mi novia acariciándole la pierna

    Alejandra: no va pasar, estaba peda, no cuenta lo que uno dice pedo – decía riéndose

    Yo: ¿Qué cosa? – pregunté de nuevo ansioso

    Randal: ya verás ya verás… – decía riendo y comenzaba a manejar.

    Fausto me enviaba un mensaje preguntándome dónde estaba y diciéndome que no veía mis cosas, lo ignoré. Avanzábamos por caminos escarpados por unos 20 minutos mientras charlábamos cualquier estupidez.

    Randal: ¿Y dónde viven? – preguntaba de pronto

    Alejandra: en uno de los departamentos de esos cercanos a la facultad – decía con naturalidad, luego me lanzaba una miradita – lo conocerás pronto, ya me dio permiso de darte las nalgas cuando yo quiera – decía sádicamente lanzándome una mirada cruel, él me veía por el retrovisor sonriendo

    Randal: era cuestión de tiempo – decía y los 3 reíamos.

    Llegábamos a un pequeño lago cristalino, un jardín enorme, pero sin duda más agreste y “salvaje” que dónde estábamos.

    Yo: ¿Por qué no acampamos aquí? Esta genial – dije viendo el lugar mientras él se detenía

    Randal: porque Carlitos quería cabañas – decía sarcásticamente

    Yo: igual te cogiste a su pinche novia culona Tiffany – dije cruelmente, un comentario que no venía de ningún lado y a ningún sitio, los 3 reíamos

    Randal: y vaya que me la cogí… – los 3 reíamos más – pero tú novia da mejores mamadas y tiene la panocha más apretada – ella le golpeaba el hombro riendo histérica.

    Bajábamos del auto y colocábamos una hielera y un mantel sobre el pasto del jardín, no quisimos colocar más, era domingo, teníamos que regresar ese día a la aburrida realidad, solo estaríamos unas horas ahí. Nos sentábamos en el mantel dejándola a ella deliberadamente en medio de nosotros 2, la situación era tan morbosa.

    Ellos comenzaban a besarse y yo disfrutaba observándolos, ya no me importaba, disfrutaría sin culpas. Él le retiraba el brassier y luego el bikini.

    Randal: tráeme un lubricante de mi mochila – me decía tranquilamente, yo me puse de pie de inmediato, ella me jalaba del short

    Alejandra: ¡No! – decía riendo nerviosa y viéndolo

    Randal: tú tráelo.

    Me decía sonriendo, me solté del débil agarre de ella mientras reía nerviosa, fui al auto, busqué en la maleta, no fue difícil, un bote enorme y transparente lleno del típico líquido acuoso, volvía y él seguía sentado y ella tenía la cara hundida en su entrepierna. Disfrutaba la vista de mi novia complaciéndolo con la boca y le daba el bote, ella lo notaba y alzaba la cara.

    Alejandra: no pasará – decía riendo y regresando de inmediato a chupársela

    Randal: ya veremos – reía mientras empujaba la cabeza de mi novia.

    Me senté a ver cómo lo complacía, me saqué la verga y me masturbé sin vergüenza, me encantaba ver cómo ella en serio se esforzaba yendo hasta abajo en su verga, ver cómo abría la boca exageradamente y ese enorme pedazo de carne oscura abarcaba toda la boca de mi novia era increíble. Él gemía y la llamaba “zorrita”, ella daba arcadas y la saliva escurría escandalosamente.

    Él se ponía de pie, yo estaba sentado, la puso en cuatro patas con su linda cara apuntando hacia mí, ella abría los brazos dejándome en medio y yo me acomodaba dispuesto a disfrutar el espectáculo mientras él se ponía de rodillas detrás de ella y le separaba sus lindas nalgas mirando suciamente su pequeño y rosado coño.

    Randal: no te ofendas, pero este es tu mejor ángulo – le decía y los 3 reíamos.

    Era increíble como había cambiado todo en esos pocos días, básicamente un desconocido tenía desnuda en cuatro patas a mi novia y literalmente le decía que se veía mejor en cuatro patas que de frente y lo tomábamos como un cumplido. Ella me veía intensamente mientras Randal le comía el culo obsesivamente, ver su cara metida por completo en su lindo y pequeño trasero era asombroso.

    Yo: te amo – le dije intensamente

    Alejandra: yo también.

    Nos besábamos apasionadamente mientras ella se retorcía un poco por la lengua de Randal lamiendo entre sus preciosas nalgas, él levantaba la cara y nos separábamos sabiendo que venía el evento principal. Él comenzaba a follársela de 0 a 100 sin miramientos y ella hundía la cara perdiendo por completo el control quedando a lado de mi erecta verga, gimiendo como histérica ante los sonidos escandalosos de las penetraciones furiosas de él.

    Randal: que buen culito me diste – me decía viéndome a los ojos sonriendo, con la voz quebrada por el placer que le daba el apretado coño de mi novia, la sostenía firmemente de la cadera y la penetraba sin piedad – ella es bastante mustia, sin tu ayuda no hubiera podido cogérmela – me decía y me recorría un escalofrío, yo sabía que era verdad – cuando la vi me encantó su culito, pero la verdad jamás pensé que iba a poder cogérmela – decía y le clavaba la verga sin piedad, ella gemía como perra y me apretaba un muslo con fuerza, él le restregaba el pubis contra su precioso culo, ella se retorcía como gusano – y ahora su culito es mío aunque no quieras

    Yo: si quiero – dije rápidamente, ella alzó la vista, me sonrió y me besó apasionadamente

    Randal: más te vale.

    Me dijo y siguió follando a toda velocidad a mi novia sin hablar más, solo ruidos sexuales de ellos 2, penetraciones escandalosas, gritos desesperados de ella, nalgadas infames…

    Yo: ella dijo que quiere ser tu puta – dije cachondo viendo como él bombeaba sin piedad a mi novia, él la tomaba del cabello cruelmente y le levantaba la cabeza

    Randal: ¡¿Quieres ser mi puta?! – dijo histérico sin dejar de penetrarla

    Alejandra: ¡Si por favor! – dijo histérica entre sus gemidos sin abrir los ojos

    Randal: ¡Dilo!

    Alejandra: ¡Quiero ser tu perra!

    Dijo desesperada y él le clavó la verga por completo para correrse dentro de ella gimiendo ruidosamente. Ellos recuperaban la respiración, él no le sacaba la verga y se restregaba contra sus hermosas nalgas disfrutando los últimos segundos de su palpitante orgasmo dentro de ella.

    Alejandra: me coges mucho mejor que él – le decía a él, pero me sonreía cruelmente

    Randal: ya lo sé – decía besándola – tienes la concha tan apretada que parece nueva – los 3 reíamos.

    Él le sacaba la verga lentamente y ella escurría, ella me vio malvadamente.

    Yo: no me voy a tragar sus mecos – le dije riendo, ellos también rieron

    Alejandra: cállate y sácate la verga – decía sonriendo.

    Me saqué la verga, ella se puso de pie escurriendo los mecos de Randal por su muslo y se sentó encima de mi para montarme. La tomé firmemente del culo y me acomodaba para follarla bien estando sentado, ella me sonreía burlonamente mientras comenzaba a follármela, ella no hacía ruidos, no torcía la cara histéricamente gimiendo como loca, solo me veía sonriendo.

    Randal: ¿Te dejé muy grande el cuarto? – preguntaba cruelmente, los 3 reíamos

    Yo: enorme – le dije y ella reía más, de hecho era verdad, su vagina se sentía gigantesca

    Alejandra: te juro que casi no le siento la verga – decía y parecía genuinamente sorprendida mientras saltaba sobre mi verga

    Randal: después de algunos meses así se te va quedar – decía casi serio, me preocupó que tuviera razón.

    Mi novia tomó el control, me tomaba de los hombros y saltaba rápida y profundamente sobre mi verga que entraba sin ningún problema por completo en ella, ella me veía sonriendo con esa sonrisa socarrona, se sentía la Reyna del mundo y era evidente, cuando tuve mi tímido orgasmo ella restregaba su lindo trasero sobre mis bolas dejándome terminar dentro de ella con toda la verga dentro. Me sonreía, me besaba y se ponía de pie con el coño hecho un desastre espumoso, tomaba el mantel y se limpiaba.

    Nos quedábamos desnudos los 3 platicando y bromeando, hacíamos bromas crueles y cachondas.

    “Puedes quedarte a dormir cuando quieras en el departamento, que él se duerma en el sillón jajaja” decía cruelmente ella

    “Va haber veces que me la voy a llevar a mi casa para cogérmela todo el fin y no estarás invitado” decía casi seriamente él

    “Creo que ella ya no va hacer ruidos conmigo” dije yo en algún punto, cachondo, celoso y genuinamente preocupado.

    Ellos comenzaban a besarse de nuevo “de ese modo” y veía la verga de Randal crecer de nuevo.

    Randal: y ahora el evento principal – decía jocosamente tomando el lubricante

    Alejandra: ¡No! ¡No mames no! – decía riendo nerviosa

    Yo: ya díganme carajo – dije ansioso con mi erección también creciendo

    Randal: le voy estrenar el culito a tu vieja – se me fue la sangre a los pies – me prometió su culito virgen ayer – decía cachondo abriendo el bote y ella agachaba la mirada avergonzada, sabía que era tema entre nosotros.

    En más de 5 años juntos ella jamás me dejó siquiera intentarlo, siempre se negaba incómoda y molesta, intenté convencerla en la cachondez del momento, o con el cuerpo frío fuera de la cama en charlas largas y amables, prometiéndole que sería amable, que podía intentar primero con el dedo meñique, intenté pedirlo de San Valentín, Navidad o cumpleaños, las últimas veces ella se ponía furiosa diciendo que nunca sucedería y pidiéndome que dejara de insistir.

    Alejandra: estaba peda – decía avergonzada y me lanzaba una mirada conciliadora

    Yo: conmigo ni peda lo prometiste nunca – no se si estaba más cachondo, celoso o avergonzado

    Alejandra: no pasará we, eso no – le decía tranquila a Randal haciéndole ver qué comprendiera

    Yo: si quieres mi permiso… hazlo – dije rápidamente, él me vio seriamente, ella confundida

    Alejandra: no Franco, o sea está chido neta – decía tranquilamente – pero nah, eso no – yo sabía que ella intentaba tranquilizarme

    Yo: lo harás – dije firmemente – en algún momento le darás el culo – ellos me veían – él te pone más cachonda en unos días de lo que nunca lo he hecho yo en todos estos años, le darás el culo peda o cachonda una noche después de coger 3 veces, o como alguna clase de regalo… – ella no decía que no – sabes que pasará… Quiero ver – le dije firmemente

    Alejandra: … – me veía fijamente – jamás puedes reprochármelo – me cayó como balde de agua fría, ella sabía que tenía razón y que me diera la razón fue abrumador

    Yo: quieres ser su puta, ¿No? – dije sonriendo, ella sonrió débilmente.

    Randal la puso en cuatro patas de inmediato y yo tomé mi lugar sentado frente a ella entre sus brazos. Él abría por completo las lindas nalgas de mi novia y hundía la cara en su precioso culito, ver cómo tenía la cara contra sus preciosas nalgas con solo la nariz sobresaliendo y la boca bien metida entre sus nalgas era increíble, ella se retorcía un poco y me veía fijamente.

    Alejandra: neta jamás te puedes enojar por esto – decía con cara lujuriosa

    Yo: nunca – ella me besaba dulcemente.

    Randal sacaba la boca del lindo ano de mi novia y se ponía de rodillas detrás de ella, abría el bote y le colocaba mucho del líquido resbaladizo entre sus preciosas nalgas, ella se retorcía un poco por el frío líquido, él se colocaba tanto de eso en la verga que le escurría hasta las bolas. Tomaba su cadera, ella me veía tan profundamente que sentía que podía ver mi alma, yo respiraba a toda velocidad.

    Randal: a diferencia de la vagina, el culo no recupera todo el tono muscular… ni siquiera con el tiempo – decía colocándose detrás de ella – así que literalmente su culo nunca estará tan apretado como está vez… Lo siento – decía sonriéndome malvadamente, él tomaría todo ese placer y se lo llevaría para siempre, no importaba que yo lo hiciera después, nunca sería igual.

    Me dio un escalofrío y él bajaba la mirada buscando el apretado agujero nuevo de mi linda y delicada novia. Ella me vio fijamente a los ojos por última vez. Él colocaba su verga en la entrada, tomaba su cadera con ambas manos y comenzaba a entrar lentamente, ella hundía la cara de inmediato y bufaba con dolor.

    Alejandra: no no no, mejor no we, ¡no mames no!

    Decía retirándole su precioso trasero a Randal, él regresaba su lindo culo de inmediato a la posición enseguida, ella no se resistía realmente. Él comenzaba de nuevo a entrar en ella lentamente.

    Alejandra: ¡No mames, no mames, no mames, no mames!

    Decía histérica a súper velocidad retorciéndose mientras él sólo veía su lindo trasero fijamente sin soltar su cadera. Alcé la vista intentando ver desesperadamente y podía ver claramente como él apenas entraba en ella.

    Randal: nada como un culo nuevo – decía con la voz quebrada sin dejar de ver las lindas, pequeñas y redondas nalgas de mi novia

    Alejandra: wey me arde un chingo… no mam-¡ay cabrón! – decía y ponía la espalda derecha violentamente, se quedaba congelada en esa posición histérica y firme – ¡Wey! – bufaba con dificultad y cerraba los ojos

    Randal: tranquila tranquila – decía con la voz acelerada sin levantar la mirada de su hermoso objetivo y acariciando su espalda, levanté la mirada de nuevo y pude ver cómo él iba apenas llegando a la mitad del camino de su verga

    Alejandra: ¡¡Wey!! ¡¡E-es qu-SU PUTA MADRE!! – no era común que ella dijera palabrotas en el sexo, se me heló la sangre

    Randal: no mames… SIEMPRE se siente mejor por el culo.

    Decía remarcando la palabra “siempre” con la voz quebrada, parecía otro, no ese semental en control total de la situación con su sonrisa socarrona mientras se follaba a toda velocidad sin piedad a mi novia, parecía perdido en el placer. Clavaba más su verga, lento, pero firme y mi linda novia alzaba la cara histéricamente y lanzaba un ruido que nunca la había escuchado hacer, histérico, desesperado, con dolor, una clase de ruido gutural hecho con la garganta y no con la boca, desgarrándose la garganta de manera violenta, él iba más profundamente y nunca olvidaré la mirada histérica que ella me lanzó, la boca abierta, los dientes apretados, la mirada parecía furiosa y no paraba de hacer esos ruidos parecidos a gimoteos desesperados sin separar los dientes.

    Yo: ¿Te gusta? – le pregunté tímidamente acariciando su rostro, intentando consolarla

    Alejandra: ¡No! – decía histérica y agachaba la cara, se retorcía violentamente, bufada, pujaba, hacia ese ruido con la garganta de nuevo

    Yo: lo haces solo para complacerlo… – le dije débilmente

    Alejandra: ¡s-si! – decía fuertemente, no quiso decirlo a ese volumen, la verga de Randal entrando en su apretado y hermoso culo la obligó a casi gritar.

    Él empujaba una última vez, gemía y veía la nuca de Alejandra con completa lujuria, no le había visto hacer esa cara y ver el lindo trasero de mi novia completamente restregado contra el pubis de Randal era asombroso, no podía creer que esa asombrosa verga cupiera dentro del pequeño culo de ella. Él la tomaba por el cabello y le alzaba la cara para obligarla a verme, ella tenía esa expresión desesperada que nunca olvidaré.

    Randal: ayer le dije que se la metería por el culo y simplemente dijo que si – me decía intentando mantener su actitud de chingón, pero el apretado culo de mi novia en serio se lo ponía difícil, él apenas pudo hablar – ¿Verdad? – le decía moviéndole la cabeza a ella exigiendo respuesta

    Alejandra: estaba peda, estaba peda – decía a súper velocidad intentando con todas sus fuerzas hablar sin ese tono desesperado, no lo lograba muy bien

    Yo: querías su vergota en tu culito – hice esa elección de palabras morbosamente de manera deliberada, ella me evitaba la mirada

    Alejandra: no, me duele – decía desesperada, él iba hacia atrás y hacia adelante por primera vez, él gemía profundamente, ella pujaba desesperaba cuando él restregaba su pubis contra su lindo trasero

    Yo: pero quieres complacerlo y ser su puta – dije exigiendo respuesta

    Alejandra: ¡Si! – decía firmemente, Randal tomaba su cadera y comenzaba a follársela como tal, lento, firme, profundamente.

    Ella pujaba, bufaba, maldecía, gimoteaba y lanzaba esos escandalosos ruidos guturales con la garganta. Él solo la follaba lentamente sin dejar de verle el culo, yendo despacio, pero por completo dentro de ella y cada vez un poco más rápido. Él la tomaba por el culo e intentó ir a toda velocidad, le clavó la verga sin piedad y pude ver tal vez su primera cara sincera de completo placer, nada de poses o hacerse el cool, una genuina cara distorsionada de placer total de él, sacó y volvió a entrar con violencia…

    Alejandra: ¡No, no mames! ¡Espe-ay cabrón! ¡Ra-Randal!

    Decía desesperada e intentándole retirar sus preciosas nalgas, él la tenía bien tomada del culo así que fue inútil, entonces ella alzó una mano e hizo el típico gesto porno de detener al hombre con la mano hacia atrás sobre el pecho o el abdomen, yo tomé sus manos instintivamente y las planté con firmeza sobre el pasto, dejándola empinada a su merced, ella me vio sorprendida.

    Yo: quieres ser su puta, ¿No? – dije nervioso, ella me vio nerviosa y no dijo nada.

    Randal alzaba la cadera y la penetraba con fuerza y toda su velocidad, como si la follara por el coño como las veces anteriores, ella hacia ruidos histéricos y gritaba como perra, él gemía más escandalosamente que nunca y no dejaba de verle el trasero mientras iba con toda su verga hasta dentro de ella ya sin parar.

    Randal: me la seguiré cogiendo aunque te arrepientas después – decía con la respiración agitada sin dejar de penetrarla y viéndome fijamente, nada de sonrisas crueles, solo me veía, mientras distorsionaba su cara por el placer y gemía sin vergüenza viéndome – todos se arrepienten meses después – decía y le clavaba la verga con fuerza, ella se reincorporaba violentamente y gemía profundamente sin vergüenza

    Alejandra: ¡Ay tu pinche vergota! – casi gritaba histérica y la verga me daba un salto

    Randal: pero seguiré cogiéndomela a escondidas, tal vez destruya su relación, pero no me importa porque quiero este culito para mí – decía sádicamente y dejó de verme, me lanzó su sentencia y comenzó a follar a toda velocidad a mi novia.

    Sostenía las manos de mi novia y ella ya no intentaba liberarse, gritaba histérica y él la penetraba con fuerza, esos ruidos húmedos de sus penetraciones regresaban y me impresionaba que ahora fueran en su lindo y pequeño culo.

    Randal: quítate de ahí.

    Me decía desesperado y yo me retiré de inmediato, él acostaba a mi novia boca abajo por completo y se acostaba sobre su espalda penetrándola, ella gritó histérica mientras él se posicionaba sobre su delicada espalda. Verlo tan enorme y moreno encima de ella tan pequeña, blanca, delgada y delicada era abrumador, solo sobresalía su linda cara y todo lo demás era el obsceno y enorme cuerpo musculoso de él. Él se afianzada en su delicada espalda mientras ella hacia esos ruidos escandalosos que jamás olvidaré, enredaba sus brazos por debajo de ella, uno rodeando sus tetas y puso su otra mano sobre su garganta y la asfixiaba un poco, comenzó a mover su cadera violentamente penetrándola y esos escandalosos sonidos húmedos de penetraciones casi eran tan fuertes como los escandalosos pujidos y bufidos de ella, no lo había escuchado gemir así a él, tan profundamente, tan aliviado, tan sincero, tan placentero y real, ¿Su culo en serio se sentiría tanto mejor que su coño? Lo envidié tanto.

    Randal: siempre serás mi puta – decía desesperado sin dejar de mover la cadera castigando el culo de mi novia con su enorme verga

    Alejandra: ¡Si! – decía histérica entre sus escandalosos ruidos y gritos.

    Él se perdió en el placer, como si solo necesitará esa confirmación de ella para seguir adelante, la penetraba tan fuerte que tuve miedo real de que la lastimara, él solo gemía y la llamaba puta, zorra, culo fácil, ella solo hacia ruidos desesperados y escandalosos que cualquiera que solo escuchara juraría que eran fingidos y exagerados. Él solo la folló sin parar por tantos minutos que me pareció una eternidad, aunque tal vez solo fueron 10 o 15, hasta que se desplomó encima de su espalda y se restregaba retorciéndose como gusano encima de ella.

    Randal: que buena puta – decía derrotado haciendo obvio que eyaculaba dentro del apretado culo de mi novia

    Alejandra: no mames ya sácamela – decía respirando con dificultad y con actitud genuinamente aliviada.

    Randal levantaba medio cuerpo de ella y sacaba su verga lentamente de ella viendo fijamente sus lindas nalgas, yo veía como hipnotizado como salía su verga lentamente siendo completamente apresado por el lindo culito de mi novia y me obsesionaba ver cómo la piel de su ano casi parecía hacer succión en su verga y no la dejaba escapar. Él sacaba la verga y se desplomaba a lado de ella, ella recuperaba la respiración sin moverse y me abrumada ver su ano completamente boquiabierto y enorme.

    Charlábamos y cuando recibía otro mensaje de Fausto diciendo que se irían preguntándome si había dejado algo, decidimos que era mejor irnos, se hacía tarde, eran ya tal vez las 7 pm y comenzaba a oscurecer. Randal guardaba las pocas cosas que habíamos sacado y ella buscaba su brassier que no aparecía por ningún lado, ella caminaba gracioso y era evidente, pero ni él ni yo hicimos ningún comentario incomodo al respecto, ella parecía evitarme.

    Yo: ahí está – le dije indicándole el pequeño pedazo de tela amarilla cerca del claro de agua

    Alejandra: si, gracias – decía sin verme y tomando el brassier y poniéndoselo, me acerqué a ella y le toqué su lindo trasero, ella saltó un poco

    Yo: ¿Te duele golosa? – dije pícaramente acercándome a besarla, ella evitó el beso y me vio fijamente

    Alejandra: me odias, ¿Verdad? No finjas – decía culpable sin dejar de verme

    Yo: te amo – le dije dulcemente, los sentimientos confusos se habían vuelto nuestro pan de cada día esos días, no me extrañaba que ella estuviera confundida

    Alejandra: tú siempre quisiste eso… – decía avergonzada y abrazándome dulcemente

    Yo: no importa – dije honestamente y la besé

    Alejandra: no te dejaré por él – decía con seguridad

    Yo: pero si le seguirás dando tu lindo trasero – dije riendo un poco, ella reía también

    Alejandra: solo si quieres – me decía viéndome firmemente

    Yo: quiero que seas su puta – le dije honestamente y la besé apasionadamente.

    Randal nos llamaba y acudíamos al auto. Los 3 parecíamos cansados, y no decíamos nada, ella fue sentada con él al frente y en momentos casi me quedaba dormido por la brisa en mi cara y me despertó ver a mi novia darle una mamada a Randal mientras manejaba y disfruté el pequeño show hasta que él eyaculaba de nuevo sin avisarle, ella se hundía así misma para tragar sin la mano de él sobre su cabeza, con asco, con caras de disgusto y tragando con dificultad, pero sin quejas y sin que Randal “la obligara” presionando su cabeza. Luego platicábamos como buenos amigos, sin siquiera mencionar la mamada, como si fuera algo completamente natural, si cualquiera nos viera platicando no adivinaría nuestra retorcida y pervertida relación.

    Llegamos a nuestro pequeño departamento y él se ofrecía a ayudarnos a bajar nuestras cosas, cuando estábamos dentro, él hacía comentarios cómicos y sádicos.

    “Entonces está es la cama donde me voy a follar a tu novia”

    “¿Solo tienen una cama? ¿Dónde dormirás tu cuando me quedé a dormir para atender el culito de Alejandra?”

    “Bueno, ya sé dónde venir cuando necesite un culo”

    Reíamos y aunque la charla se ponía sexual él no se quedó, el apretado y precioso culo de mi novia le dejó en nocaut la verga. Después de 20 minutos que el partió dándole un beso apasionado a Alejandra y tocando su trasero, ella y yo follamos increíblemente 2 veces e hicimos el amor una vez antes de dormir. Diciéndonos desesperadamente que nos amábamos, intentando reafirmarnos uno al otro sentimentalmente.

    Epílogo.

    Randal fue al otro día sin avisar, ambos estábamos ahí, él no quiso fingir y dijo sin vergüenza que fue porque “tengo una erección y necesito a Alejandra” y se la folló 3 veces frente a mí, en la sala, en la cocina y en nuestra cama. Luego al otro día de nuevo y al otro día otra vez, si hubiera ido un cuarto día tal vez hubiera dicho algo, pero no sucedió.

    Una semana después cuando ella y yo ya ni siquiera hablábamos de él regresé a las 9 pm al departamento y cuando entré la escuché gimiendo escandalosamente en nuestro cuarto, entré y ella me vio aterrada.

    “Pe-perdón! ¡No me avisó, te iba decir ahorita por mensaje! Tiene 20 minutos aquí apenas en serio” Decía aterrada quitándose de encima de él, Randal solo me veía.

    Yo le dije que no importaba y me senté a ver, ella rio nerviosa un poco y 30 segundos después estaban follando como conejos de nuevo.

    A veces él venía por la tarde cuando ambos estábamos y la follaba sin piedad frente a mí, a veces yo llegaba y ellos estaban haciendo un 69 en nuestra cama, una tarde llegué y ella estaba usando un disfraz de colegiala y él le estaba follando el culo en la sala con todas sus fuerzas, una noche cuando regresaba de clases ellos estaban follando en el auto. Ellos me veían llegar y ya ni siquiera se detenían, me ignoraban y me dejaban ver cómo él usaba a mi novia como juguete sexual. Nunca me atreví a pedirle follarle el culo, sabía que ella se negaría y eso causaría una pelea.

    Pasaban los meses y ella se negaba amablemente a follar conmigo, pasamos de follar 3 o 4 veces por semana a una vez al mes, mientras él seguía viniendo a veces incluso 4 veces por semana y nunca obtuvo una negativa de ella, ni una sola vez.

    Ella comenzó a tomar la píldora para que él pudiera follarla a pelo siempre, en ocasiones él durmió en nuestro departamento, él la follaba hasta quedarnos dormidos los 3 en la cama Queen size que teníamos, él eyaculando dentro de ella, yo masturbándome como idiota solo viendo, siempre me despertaban los ruidos de mi novia gimiendo en medio de la madrugada, veía la silueta de él encima de ella follándola profundamente y yo fingía no despertarme mientras me masturbaba a unos centímetros de ellos.

    Comenzaron las peleas cuando yo le pedía que folláramos con más insistencia y ella se negaba.

    Yo: ¡No eses justo y lo sabes! – decía desesperado

    Alejandra: no me puedes forzar, no quiero, ¡Perdón! Te amo, pero esta noche no, ¿ok? ¡Perdón en serio! – decía culpable. Él la dejaba completamente satisfecha, no necesitaba más o peor aún, ella simplemente no quería follar más conmigo, después de probar el caviar no querrías comer pizza de nuevo.

    Esa pelea se replicó tantas veces de la misma exacta manera que perdí la cuenta, cada vez follábamos menos y nos alejábamos sentimentalmente más. Mientras él seguía viniendo 3 o hasta 4 veces por semana y todas las veces obtenía sexo, mientras la llamaba puta y le eyaculaba en la cara, la boca, dentro del culo o del coño o en las tetas. Siempre usándola como un objeto sexual, sin preocuparse por el placer de ella y buscando su orgasmo y su placer de la manera más sucia y explícita, diciéndole que su culo era genial, que su vagina estaba más apretada que cualquier otra y que ella era “su mejor puta”.

    Ella nunca se compró en nuestros 5 años de novios tanta lencería como con él en esos meses, disfraces sexuales incluidos. Ellos comenzaron a salir sin mí, ella regresaba por la madrugada ebria y adolorida del coño o hasta el otro día sin decir una palabra.

    Cuando él se quedaba varias ocasiones me mandó a dormir “cómicamente” al sillón para dormir a gusto a solas con mi novia, los escuchaba follar toda la noche y por la mañana me despertaban con un escandaloso mañanero y ella bajaba feliz completamente desnuda solo usando pantuflas a prepararle el desayuno.

    Él se había apoderado del mundo trasero de mi novia y nos negamos a hablar de eso.

    Alejandra: Randal quiere que le cumpla cierta fantasía…. No te pongas loco, ¿Ok? – decía nerviosa una tarde mientras comíamos después de que llevábamos 2 meses sin follar

    Yo: ¿Otra? – dije sarcástico y molesto, se la había follado en un parque completamente desnuda a medio día, en el cine por el culo, en el auto en una autopista

    Alejandra: olvídalo – sentí un balde de agua fría caerme encima

    Yo: dímelo – dije débilmente

    Alejandra: es que… – se tomaba su tiempo evadiendo mi mirada – va invitar a un amigo suyo… – decía débilmente sin verme a los ojos

    Yo: ¡¿Para cogerte?! – dije histérico

    Alejandra: sabía que te ibas a enfadar – decía molesta como si fuera mi culpa

    Yo: ¡¿Aquí?! – dije histérico

    Alejandra: ¡No no! Iríamos a un motel… – decía en voz baja

    Yo: ¿O sea que si sería un trio? – dije exigiendo respuesta

    Alejandra: si… – decía débilmente

    Yo: ¿Te gusta? ¿Quién chingados es? – preguntaba furioso

    Alejandra: no, no me gusta… es que no lo conozco, no sé – se supone que intentó calmarme, obviamente fue peor

    Yo: ¿O sea que harás un trio con él y un desconocido? Genial – dije sarcásticamente y resignado levantándome de la mesa dramáticamente

    Alejandra: Franco… – decía triste intentando tomar mi mano

    Yo: haz lo que quieras – dije triste y me largué al cuarto, ella se fue 2 horas después sin despedirse y regresó hasta el otro día, nunca hablamos del tema.

    A partir de entonces dejamos de dormir juntos, dormía en la oficina en un sofá cama y ella en el cuarto, dejamos de decirnos que nos amábamos. Nos convertimos en alguna clase de retorcidos roomies asexuales que apenas se hablaban. Randal seguía viniendo, a veces él me ignoraba y follaba a puerta cerrada a mi novia y yo me masturbaba escuchándolos sin esfuerzo desde la oficina, a veces él me invitaba a dormir con ellos, me dejaba ver todo, pero si me atrevía a tocar su precioso culo ella se ponía furiosa.

    Ella me dijo sobre un viaje que haría con sus amigas, no pregunté demasiado, no quería la verdad.

    Alejandra: ya me voy – decía seriamente bajando con su enorme maleta

    Yo: ¿Quieres que te lleve? – le dije amablemente viéndola, tan linda, tan hermosa, tan dulce, su culo tan hermoso y redondo en esos jeans

    Alejandra: no… – decía sentándose

    Yo: Alejandra… Cuando vuelvas, hablemos, aún podemos arreglarlo – ella me vio con profunda tristeza, nunca olvidaré su melancólico rostro

    Alejandra: no volveré Franco – decía tristemente, yo lo esperaba, solo no sabía cuándo sucedería, su maleta era demasiado grande para un viaje de un fin de semana

    Yo: lo entiendo – dije dándome la vuelta para llorar y que no me viera

    Alejandra: lo siento… Has sido la persona más importante en mi vida, esto también me duele – decía llorando y gimoteando – y-ya me voy…

    No dije nada, ella cerró la puerta y se fue para nunca más volver.

    FIN.

    Gracias por haberme acompañado en esta larga historia. Este es el final DEFINITIVO de los personajes, no hay más, ni regreso, ni cosas alternativas, todo termina. Muchas gracias por leer.

  • Despedida de soltero en casa del vecino

    Despedida de soltero en casa del vecino

    Había sido una despedida de soltero muy divertida.  En apenas un par de meses, pondría fin a mi soltería y mis amigos me habían querido despedir por todo lo alto. No faltó la buena comida, el mejor vino y alguna que otra mujer. Una fiesta inolvidable en la cual, mis amigos, como era tradición habían decidido disfrazarme para risa de propios y extraños. Podría haber ido de torero, de Borat o de cualquier otro tema, pero mis amigos habían querido disfrazarme de animadora americana. O al menos lo había intentado porque mi imagen con minifalda de cuadras, camiseta blanca de tirantes, unos calcetines largos y unos pompones debía de distar bastante de la idea de una animadora.

    Ya era tarde y esperaba no encontrarme a nadie. Había decidido ir andando hasta casa para evitar dar explicaciones al taxista. Entré en el portal y para mi sorpresa encontré al vecino que debía también venir de salir con sus amigos. Según me vio se rio e intuyó la razón de mi apariencia. Quise dejarle subir solo en el ascensor pero insistió en subir los dos. Llegamos a la planta de nuestras casas y cuando iba a separarme para irme hacia mi puerta, me preguntó si quería entrar a tomar una última copa. Lleva ya bastantes años casado y quería convidarme antes del fatídico día, según sus palabras. Le pregunté por su esposa a la cual respondió que no debía de preocuparme porque ese fin de semana estaba fuera de casa. Era también la razón de haber podido escaparse a tomar unas cervezas con sus amigos.

    Fuimos al sofá, me sirvió la copa y comenzamos a charlar de cualquier cosa. Acabamos hablando de mi novia y de su mujer. Me contó cómo la conoció y de cómo había sido la vida de casado. Después pasamos a mi novia y aprovechó para soltar más de un piropo sobre ella. Se quedó callado durante un tiempo y al final dijo:

    – Tienes una novia con cara de guarra. No te ofendas pero es verdad. Lo he comentado con algún vecino más. Eres un hombre afortunado. Seguro que folláis mucho.

    No supe muy bien cómo reaccionar pero me acabé riendo. Me miró y volvió a decir:

    – Aunque tú también con esa minifalda… Te pillo por detrás y te hago un apaño.

    Esa vez tan solo sonreí. Dijo algo más, tal vez referente a su mujer o al tiempo que llevaba sin follar, pero no llegué a entenderle. Se rio y vi cómo se bajaba los pantalones y el bóxer.

    – No te asustes. Solo es una polla. Quiero aprovechar que no está mi mujer. Anda. Levántate y mueve un poco ese culo. No es como el de la guarra de tu novia, pero no está mal.

    Me quedé sentado. No sabía qué hacer. La situación me incomodaba. No quería mirar el paquete y me preguntaba qué hacía allí. Pero, en el fondo, me gustaba. Llevaba algo de razón sobre mi novia y lo que había dicho me había excitado. ¿Lo suficiente para bailar para mi vecino?

    – ¡Levántate y baila! Y te arrastraré hasta el centro del salón – gritó

    Puso algo de música, me agarró por el brazo, me empujó hasta el centro del salón y volvió a ordenarme que bailase. Esta vez le obedecí. Moví tímidamente las caderas, los brazos hacia arriba, acompasando mis movimientos a la música. Se reía mientras se masturbaba y me seguía gritando que me moviera, que me diera la vuelta y moviese mi culo.

    Noté como se levantó, se puso detrás. Su mano subió por mis piernas, se metió bajo la minifalda y tocó mi culo. Primero por encima del bóxer, después por debajo. Se acercó a mi oído y me susurró:

    – Tienes buen culo, guarrilla. Nos habíamos fijado en tu novia pero la zorrita de la pareja eres tú.

    Se acercó lo máximo que pudo. Cogió mi mano y la puso en su paquete. No tuvo ni que pedírmelo para que empezara a masturbarle. Soltó algún gemido. La situación me ponía cada vez mejor. Noté como su miembro poco a poco se iba agrandando en mi mano. Me dio la vuelta, y con solo una indicación entendí que quería que me arrodillara. Lo hice. Me quedé delante de su miembro ya erecto. Metido un dedo dentro de mi boca. Jugué con él dentro de mi boca, lo sacó y lo volvió a meter. Vuelvo a chuparlo con ansia para acabar sacándolo. Lo miro desde abajo y él sonríe.

    – ¿sabes qué viene ahora no, zorrita?

    Me abre la boca con la mano. Me dice que no me preocupe que solo aguante, nada más. Me da un par de veces con su polla en la mejilla. Luego la comienza a meter lentamente. La saca y repite pero sin meterla del todo. Roza en mi lengua y en los bordes de mi boca. Poco a poco vuelve a crecer dentro de mi boca. Cada vez llega un poco más profundo. Me empieza a agarrar del cuello y de la parte de atrás de la cabeza. Entra más profundo. Noto cómo llegó hasta mi garganta, como empiezo a salivar en exceso. Ahora, ha aumentado el ritmo. Sus huevos golpean en mi barbilla, su vientre en mi frente. El sonido se acompasa con sus gemidos. Escucho como alterna: zorra, guarra, traga, cabrona… No me puedo mover. Solo puedo aceptar que me folle la boca brutalmente. La deja unos segundos dentro, me mira, y la saca. Señala el sofá y entiendo que viene ahora.

    Me pongo a cuatro sobre el sofá. Se vuelve a reír con su polla en la mana completamente cubierta de mi saliva. Me quita el bóxer y me levanta la minifalda. No me la deja quitar, me dice que lo prefiera así. Azoté mi culo un par de veces antes de empezar a introducir uno de sus dedos. De la misma forma que cuando estaba de rodillas, primero empieza de forma lenta para ir subiendo el ritmo. Dejó escapar algún gemido. Sigue aumentando el ritmo y sumando uno, dos y tres dedos. Para. Se abalanza sobre mi. Noto la punta de su polla reposar en mi culo. Me susurra:

    – Zorrita, vas a gemir. No te preocupes que voy a ir con dulzura

    Noto como entra mientras me dice estas palabras. Solo había entrado un poco, y creyendo que la iba a sacar, me la mete de golpe. El grito de dolor se convierte rápidamente en un gemido. Empieza a mover sus caderas. Me embiste mientras me agarra por el cuello para no dejarme mover. Gemimos los dos. Entra y sale con fuerza. Dejó caer la cabeza sobre el sofá. Mientras me azota el culo y entre gemidos grita:

    – Menudo culo, zorrón. Te lo voy a reventar para que aprendas como hacerlo a tu novia.

    Me da la vuelta, me abre de piernas y vuelve a introducir su miembro. Los movimientos son rudos. Me dejo llevar por completo mientras vuelve a meter sus dedos en mi boca. Gimo como nunca antes lo había hecho. Continúa castigando mi culo que hasta esa fecha había permanecido completamente virgen. Me vuelve a mirar

    – Zorrita, te toca acabar.

    Me empuja para que me agache. Vuelvo a ponerme de rodillas, y antes de haber llegado a tocar el suelo. Noto como un líquido caliente y viscoso inunda mi cara. Abro la boca, y saco la lengua para notar cómo cae sobre ella. Me da hasta la última gota. Me quita la camiseta y me limpia con ella, me dice que se la guardará. Tardamos en recomponerse. No me creo lo que ha sucedido. No sé qué decir. Me levanto para irme y antes de salir me mira y dice:

    – Zorrita, espero que seas muy feliz de casado. Cuando quieras repetir estoy aquí, pero no tardes no siendo que tenga que ir a por tu novia.

    Salgo, llego a casa y me quedo pensando sobre lo sucedido. ¿Repetirían?

  • Las clases de contabilidad

    Las clases de contabilidad

    Hola soy Cesar, tengo 43 años, soy de un pueblo apartado de una provincia muy pobre del norte de argentina, aquí solo hay dos cosas bien polarizadas. Miseria a granel, y poca riqueza muy concentrada.

    Pero claro, no estoy aquí para darles una clase de economía, en una de esas de eso me ocupe en alguna relato paralelo derivado de este a donde de alguna manera les cuente posteriormente sobre, la experiencia con la negra cara de diablo, con el culo más exuberante que este universo (bueno no exageremos) digamos que al menos digamos estas paramos ha podido dar.

    Pues bien paso a describirme primero, soy un hombre blanco de 1.80 de estatura, delgado, bien conservado, docente, mis ingresos no son buenos, al trabajar para el estado, todo se hace cuesta arriba, el doble, y claro atendiendo a mis necesidades, preparo alumnos particulares, mañana, tarde, noche.

    Generalmente tengo alumnos en su mayoría de secundario, cosas que es un calvario puesto que bueno, la educación ha venido últimamente para atrás, y la cuestión de la prespecialidad y la virtualidad, ha sido todo un tema.

    Es así que me dispuse a buscar nuevos horizontes a cubrir, y empecé a dejar folletos en lugares de estudios más avanzados, tratando de abarcar un extracto de gente mayor a donde poder insertarme, y poder moverme con más tranquilidad, cobrar mejor, esto es institutos terciarios, universidades.

    Además de buscar nuevos retos, siendo yo un docente con formación, universitario, y estas etapas siendo más específicas, me dispuse a apuntar a lugares con más “target” digámoslo así. Y claro para ello me puse en campaña de distribuir por todos lados folletos a donde específicamente declaraba que enseñaba contabilidad superior, costos, y otras cuestiones que hace al conjunto de cosas que bueno la carrera así lo requiere, no he de mentirles si se hizo cuesta arriba, siempre aparecían bueno mocosos, recién salidos de la secundarias a los que le enseñaba lo básico, cosa que no les mentiré también bueno era un poco frustrante, no obstante nunca perdí las esperanzas de que apareciera ese verdadero reto para mi vida, digamos ese imposible a lo que uno lo hacen sentir realizado.

    Pues es así, y claro, sin más preámbulo me adentraré a mi relato, un buen día, estando sentado en la computadora, recibí un mensaje de WhatsApp al teléfono, un número desconocido, que me preguntaba si era yo, quien enseñaba contabilidad o si en su defecto podría tener contacto con la persona que había pegado los carteles.

    A lo que claro la respuesta fue un rotundo si, le pregunté de qué universidad era, que materia estaba presentándole dificultad, y claro, como es que podía ayudar, a lo que esperaba que una vez más, fuese uno de aquellos del montón.

    Pero ¡NO!.. Sonó el teléfono, era la voz de una mujer, que se presentó como María, y que además me pidió clases particulares, de contabilidad superior.

    WOW!… al fin. Después de todo tendría mi desafío. ¡Y que desafío!

    Luego de presentarse, diciéndome quien era, cuantos años tenía, (25 años) explicarme que la materia había representado un verdadero dolor de cabeza durante 3 años, en su carrera y de haberse convertido en todo un obstáculo para poder recibirse, me contó que para ser honesta ella no entendía absolutamente nada, si como leen… Nada, cosa que constataría más adelante como real.

    A todo esto, solo estableció una condición para sus clases particulares, primero, que fuesen de manera presencial, segundo que fuesen en horarios de tarde noche, y por último, que fuesen en su propio domicilio.

    Luego de pasarme a donde vive, acordamos la primera visita un día miércoles, para comenzar en forma conjunta una materia muy pesada de grados avanzados en la universidad.

    Es así que llegando el día, me dispuse a ir, pensaba cuanto le cobraría, que le diría, y claro con que me encontraría como desafío para poder llevar adelante ese anhelo de desafío que me había propuesto. Hacía casi 20 años que yo había visto esa materia, y claro la había aprobado, pero digamos que son de esas materias que uno aprueba porque el “sortear el obstáculo” hay que saltarlo sí o sí.

    La cosa que después de dar un par de vueltas, llegué a la dirección indicada, digamos que no podía creer que fuera esa dirección, una casa de campo hermosa, bien iluminada. Con grandes portones en la entrada. Arboleda y piscina.

    Me bajé del auto, toqué timbre, inmediatamente salió una mujer joven, me preguntó, si yo era César, a lo que le respondí que sí, abrió el portón, me hizo pasar, luego de una charla amena, en el hall de entrada, nos trasladamos a un patio en la parte trasera de la casa, donde había una mesa cubierta de apuntes.

    A todo esto, por lo nervioso que estaba, y que además cada vez que recuerdo también me pongo, olvidé de fijarme en la vestimenta de mi alumna y además de bueno describírsela un poco.

    Ella traía puesto al momento en donde nos encontramos, el portón de la casa un short cortito, de esos que dejan de ver un poco más si se agachara o se pusiera en alguna posición incómoda. Adema un remera sin mangas suelta, pero que dejaba notar que abajo digámoslo así no había nada, como que traía sus atributos sueltos y bien cómodos, extraña forma de recibir a un profesor, pensé, era una chica hermosa, no solo en su apariencia física, su cara joven y angelical, sino además educada de unos 25 años. Toda una mujercita como dicen las viejas de por aquí, en edad de merecer.

    Hablamos, charla y charlas, me ofreció de tomar, su pelo largo al viento, era hermoso, una cabellera rubia, ojos claros, manos delicadas como la de una princesa, a la que solo le dicen que lo único que tiene como objetivo en esa vida, e recibirse, puesto que le dan todo.

    Las clases comenzaron, podía hacerlo, aunque me enfrentaba a algunos cambios en la materia, note que la base era la misma, clase a clase se, nos fuimos conociendo mejor, María era un chica muy suave, de buenos modales, y además no les mentiré muy sexy.

    La confianza y los resultados era una cuestión digámoslo así, “crucial” para la obtención de los resultados óptimos. Con el tiempo me empezó a contar de su vida, me dijo que llevaba poco tiempo de casada, con un compañero de facultad ya recibido, que trabajaba muy bien, y que su vida digamos que giraba en torno a lo que era los negocios, puesto que viajaba mucho, pueblo capital, capital- extranjero, y ella, aquí frustrada sin poder avanzar en su vida y realizarse.

    La cuestión es que bueno pasaron muchas clases, charlas que se extendían sobre la materia, y así sobrevinieron meses parciales aprobados, eso la verdad me hacía sentir realizado, había alcanzado digamos el objetivo. De alguna manera en forma parcial, y pronto en su último examen estaría en condiciones por fin de aprobar esa materia. En teste punto decirles que la confianza y ya era casi total, al punto de haberme dado llave para que entre cuando llegue, pues ni modo, digamos que la relación era de esa forma. Realmente entable buenas migas con ella.

    Bueno, un buen día ya cerca del examen, entre una de las tantas veces que llegue a su casa y claro con llave en mano entre, me disponía a tocar la puerta, escuche ruidos en el fondo. Y me asomé, para pispiar un poco la situación, no quería interrumpir nada, y ahí estaba pude verla, en bikini, ¡Un camión infernal! Tirada sobre la reposera, un hombre caminaba alrededor de la piscina teléfono en mano, no dejaba de hablar un minuto.

    Volví rápidamente y toqué insistentemente el timbre a ver que podía hacer si me escucharían o no, inmediatamente, me abrió la puerta una mujer mayor, me preguntó quién era, le dije que era Cesar el Profesor, a lo que respondió ¡Ah! Si claro adelante profe, ya llamo a los chicos. Me hizo pasar y tomar asiento.

    Por una entrada paralela entraron conversando, la mujer mayor, María y su marido. Acto seguido los saludé, ya habíamos sido presentados entre tantas clases que tuvimos. Ella llevaba puesto solo un pareo de playa que le cubría la parte de debajo de la bikini. Y que sentaban mejor aún sus curvas, era una visión de otro mundo, con su pelo mojado, sus ojos claros, su cuerpo torneado, sus caderas, ¡uf! Ese demonio había surgido desde el mismo infierno para atormentarme. Y mostrarme la miseria en la que el resto de los mortales viven sumidos. Todo fue interrumpido con…

    ¡Bueno vamos hijo, llévame, se me hace tarde!

    ¡Quiero llegar pronto a tomar un taxi no quiero andar a oscuras por medio de la ruta tengo dos horas de ida nada más y luego tengo que tomar ese vuelo!

    ¡Ok ma! respondió él ¿ya tienes todo listo?

    ¡Si!

    ¡Ok! ¡Me voy a sacar el auto! el esposo quiso besar a María con un beso de despedida, pero ella le corrió la cara exponiéndole la mejilla, algo pasaría, disimule, por entre el diminuto bikini de María aparecían bien expuestos sus la punta de sus pezones. Lo primero que se cruzó por la cabeza, es una mamadera y una niño que quiere tomar su mamadera… disimule, puesto que la situación fue algo incomoda, mire el celular, y me levante y le dije, bueno empezamos, tienes que dar el último paso.

    El marido salió despidiéndose de nosotros por la puerta del costado seguido de su madre, pronto la vieja subió al auto, el hijo cargo las maletas, y se dispusieron a partir, a todo esto estábamos en silencio, María contemplaba la escena como que algo no andaba bien. Algo sucedía y yo no sabía. Cosa que se volvió un tanto incomoda, María se puso de pie, tomo mi mano, y me dijo, ¡César seguime!

    Subió las escaleras ¡Dios! (yo por atrás agarrado de su mano) Sus caderas vista desde esa perspectiva era una cosa asombrosa.

    Realmente tenía un culo escultural. Increíble, y mientras subía las escaleras de costado notaba que sus pechos hacían de un lado a otro. Me quería morir. ¿A dónde me lleva? ¡Me preguntaba!

    Nos desplazamos sigilosamente por un pasillo, entramos a una habitación a oscuras a donde ella encendió un velador, que apenas arrojaba luz al resto del lugar. En el centro había una mesa, allí bajo otra luz que solo caía sobre esa mesa, estaban los apuntes, lápices, hojas desparramadas, ¡estuve estudiando aquí!, me dijo, logro más concentración en este lugar, de ahora en más estudiaremos aquí, que te parece, no supe que decir, apenas pude ver a donde me tenía que sentar, me dijo espérame aquí, ya regreso. Y salió por otro lugar, cuando regreso, volvió con una pequeña caja de alfajores de maicena, me dijo que el haber estado en la pileta le había dado hambre, y que además canalizaba la ansiedad por la cercanía del parcial, con comida, a lo que me reí.

    Exclame ¡Deberías de canalizar la ansiedad con actividad física no con comida!

    Y respondió ¡Ah! ¡Vamos, Le parece que estoy gorda! Levantándose y mostrando su cintura, podía ver su forma y su pupo… un cuerpo increíble. Disimule toda la situación, con una sonrisa, y desviando el tema.

    Y continúe mirando los apuntes, nunca me percate de ningún cambio, lo digo porque sería hasta muy después de avanzada la situación que pude notar que ella seguía conservando la parte superior de la bikini, pero abajo traía a modo de pollera un toallón, eso no lo entendí, digamos que nada de nada había insinuado en todo este tiempo que había estado viéndonos y estudiando.

    Comenzamos, se la notaba distraída, no concentrada, y fallando en cosas elementales, más en asientos contables que eran básicos digamos de primer año, no respetaba lo parámetros para registrar y además es como si le hubieran borrado uno de los principios básicos de la contabilidad, que es públicamente conocido, todo lo que entra, es igual a lo que sale.

    Pues, en un punto le dije ¡A ver para!, ¡Espera un momento!, ella mordía un alfajor, me miraba fijamente con sus ojos claros que resaltaban en la penumbra, mientras las migas y el coco rallado producto de sus mordiscones, eran depositados directamente entre sus grandes y casi descubiertos pechos bien firmes, yo en ese punto estaba como un camaleón que giraba los ojos para todos lados, y además excitado, creo que ella noto la situación, una mueca se dibujó en su rostro. Y acto seguido se acercó más a mi casi al lado, yo sentado, ella reclinada sobre la mesa, a la par mía, podía ver casi como mi codo rozaban sus tetas que ahora colgaban ahí a poca distancia, mirando fijamente las hojas y la explicación que intentaba darle a todo aquello que no entendía, sentí que algo cayó al piso, de reojo pensé ver, pero tuve miedo que fuese el tallón y que a toda la situación, la mal interpretara…

    ¡Yo no avanzaría ni un milímetro! ¡Yo era un profesional! ¡Yo me debía a mis conocimientos! ¡Soy un hombre casado! ¡Debo de enfocarme! un sinfín de cosas atravesaban mi cabeza en un instante en donde solo podía ser roto por un ¡ahí se me desprendió el tallón! Ella irguiéndose a la par mía, y la tenue luz que expuso su sexo a la penumbra, yo volví mi cabeza, y pude ver todo… una vulva delicada, preciosa, que ella además exhibía sin ningún problema… cuando tomo el toallón del piso no sé cómo hizo pero al erguirse una de sus tetas había saltado afuera de su sostén, si estaba afuera, a lo que mi mirada estaba digamos, desencajada de la realidad, no apartaba la mirada de ella, ella no apartaba sus partes expuestas, a pocos centímetros mío toda la situación era de por demás una cosa bien extraña de otro mundo. Lo que sucedió luego, es que ella, pasando su pierna por arriba de las mías, y amagando con sentarse cobre mis piernas, se sentó sobre la mesa, ya si con ambos pechos afuera, y claro sus piernas abiertas a mi mostrando todo su sexo.

    Ofreciéndolo abiertamente.

    Solo me dijo, me parece que tendremos que repasar bien eso de ¡todo lo que entra tiene que ser igual a lo que sale! Esto parecía un sueño…

    Yo no sabía bien que hacer, acto seguido, se acostó sobre la mesa, abriendo bien sus piernas, está de más decirles que se proponía, creo que esta demás decirles que hice, me levante de la silla, de un salto, tomándola de sus rodillas, le abrí las piernas y sumergí mi cabeza justo en ese punto que todo hombre desea, primero con besos, luego con la lengua, surque caca parte de sus pliegues, a lo que ella se aferró a mi cabeza, gimiendo como loca, y dando rienda sueltas a toda aquella locura que se presentaba ante nosotros.

    Se incorporó, me hizo hacia atrás, desprendiéndome el pantalón y bajándomelo, bajo ella también, y sin dudarlo un segundo y exclamando, ¡vamos profe, que herramienta, creo que con esto entenderé mejor de lo que habla! Se empezó a engullir todo mi miembro que estaba súper duro, me lo chupo tanto como quiso, se aferraba a mis caderas, mientras yo agarraba su nuca, y le exponía todo para que saciara sus deseos sin tapujo alguno.

    De repente me miro, y dijo con vos suave, dámelo, ¿Qué, le pregunte?

    ¡Dame la leche! Comí los alfajores, me dio sed, se rio, y seguía chupando, la detuve diciéndole, si acabo tendremos que esperar para la próxima, yo ya no soy un pibe, y aunque me veas muy excitado, no tengo el mismo aguante que antes.

    Cosa que no le importo mucho, puesto que siguió comiéndose todo lo que le daba hasta que deje salir todo, mientras ella seguía chupándolo frenéticamente, mientras semen corrían por la comisura de sus labios y escurrían por sus enormes pechos, y continuaba, y continuaba mamándome la verga como si nunca lo hubiera hecho, como si quisiera saciarse en ese mismo instante, y no se detenía, me lo dejo lustroso y bien limpio.

    Se incorporó, y solo escuche de su boca, ¡estás muy rico, cuarentón! como siempre lo imagine, tu miembro es hermoso, espérame aquí, ya regreso. Salió ante mi respiración agitada me senté en la silla, debía recobrar aire, ella volvió luego de unos minutos, tenía un vaso de agua en una mano, y algo en su otro puño cerrado, presentándome el vaso de agua y al mismo tiempo su palma abierta que mostraba una pastilla azul, ¡Es viagra! ¡Es de mi marido, la tiene de hace mucho, pero aquí no la usa así que bueno, la usemos, usemos todo lo que él no utiliza!

    No lo dude, tome la pastilla tome un sorbo de agua, quería mas de aquel bombón, quería comérmelo completo, tomo mi mano, y me llevo entre penumbras al sillón, me recostó, y empezó de nuevo a chupármelo, mientras refregaba sus pechos en mis piernas, rápidamente comenzaba a sentir los efectos, o fue la excitación del momento, no sé, no me importo, mientras se pare, la cosa se empezaba a poner dura de nuevo, me incorporo, sentándome en el sillón, se montó sin ningún problema a cabalgar mi dura y tensa chota nuevamente erguida y al palo.

    Cabalgaba como loca desaforada, bamboleando su pechos sin ningún problema y en cada estocada soltaba gemidos de placer increíbles, se la enfundaba a toda… la tomé de la cintura apretándola y llevando mi boca a sus pechos, me chupe esos pezones como quise, tocaba su culo, su espalda, recorría su cuerpo con un frenesí que no podía describirles.

    Me pidió que le metiera un dedo en el culo, cosa que me éxito más, podía sentir todo su culo, sus nalgas el movimiento de sus caderas en una transición desaforada de sexo frenético, sin vergüenza alguna. Se levantó, prendió un pequeña lámpara de una mesita que tenía cerca, podía ver su cara de lujuria encendida de placer sin restricción alguna, se arrodillo, y empezó de nuevo a chuparme la verga aferrándose con las dos manos, mientras lo movían masturbándome frenéticamente, solo paraba para tragárselo completo, y volver a moverlo con frenesí,

    ¡Qué buena chota! Exclamo, mientras me miraba a los ojos con sus hermosos ojos claros y mientras tenía mi miembro en la boca me guiño un ojo, y no se detenía un momento, mi excitación iba en aumento.

    Volvió a montarse poniendo su manos sobre mis hombros, y diciéndome, ¡Vamos continuemos, que esta verga a cada estocada me hace perder la cabeza!

    Empezó de nuevo todo esta vez quería sentirlo más, me dijo que cambiemos de posición, me levanto ella se reclino a cuatro pies, y me dijo, vamos no seas tímido servita a gusto y paladar, a lo que me recline y comencé a chuparle el culo, la concha, me tocaba y quería hacerla sentir como ella tanto anhelaba, le puse la chota entre sus nalgas, a lo que ella respondió con movimientos de caderas, sobándola, mientras yo apretaba mi chota con sus nalgas, me decía ¡hum! ¡Veo que ya escogiste tu parte favorita! Me retire un poco y se lo enfunde de nuevo por su vulva, estaba tan mojada, y en cada estocada que le daba solo me decía, ¡si dame más! ¡Sí! ¡Así!, no dejaba de entrarle y hacerla gemir de placer, la tomaba de sus pelos, me aferraba a sus caderas, la tomaba por la cintura, hasta incluso me atreví a agarrar sus manos y hacer que ella misma se abriera el culo. Ofreciéndomelo, a lo que a esa actitud solo atinó a decirme, ¡nunca lo hice por ahí! Pero estoy más que dispuesta a dártelo si me lo pedís así!

    Yo me volví loco, entre a meterlo como loco, lo metía y lo metía, a lo que sentía que ella estaba totalmente perdida del placer, tanto que podía sentir como su vulva se estremecía una y otra vez palpitaba y estallaba mojándome entero mis piernas.

    Lentamente fui bajando el ritmo, para tomar aire, estaba excitado y quería acabar de nuevo, pero aun quería más.

    Me dijo paremos un poco, quiero más aun, pero paremos que aún tenemos tiempo, me sentó, y se arrodillo de nuevo, y con su lengua comenzó a recorrerlo lentamente.

    ¡Quiero más leche! exclamo

    ¡Pero quiero probar eso que tanto te gusto! ¡Se delicado por favor! Me decía mientras pasaba su lengua y lo chupaba una vez más… ¿Estás listo? Y seguía chupándolo sin descanso alguno, bajaba a mis bolas se las metía en la boca… y solo escuche un ¡Vamos hagámoslo!

    Esta vez se incorporó y sin dudarlo se reclino a cuatro pies nuevamente en el sillón poniendo su torso sobre el respaldo y llevando ambas manos a sus caderas, y abriéndose el culo dijo ¡Dale!

    Yo puse mi choto sobre aquel apretado lugar y comencé a empujar lentamente mientras toda la zona se dilataba ante los gemidos de placer y dolor que le producía el entrar lentamente en aquel apretado lugar, primero entro mi glande hinchado, que placer sentía, luego lentamente empezó a deslizarse por su estirada pero dilatada y ardiente argolla todo mi miembro, con saliva hice un poco más fácil el trabajo y estaba todo adentro.

    ¡Que Placer, indescriptible!

    ¡Qué sensación asombrosa!

    ¡No quería que termine!

    Pude tomarla de la cintura, entrarle y entrarle, ante los gemidos, de ella, solo me decía, ¡Sí!, ¡Qué bien se siente! ¡Es…! ¡No pensé que sentirá tanto placer! ¡Sí!

    La verdad que no me di ni cuenta cuanto estuvimos, estalle dentro de aquel hermoso culo, dejándole ahí hasta la última gota, y continúe moviéndome…

    Lo disfruté tanto, ella no dejaba de mover su trasero cuando sintió que acababa, me decía ¡Que rico que siente! Y seguí moviendo su culo, y repetía de nuevo, ¡Que rico se siente! Mientras que una de sus manos ya había dejado su posición original, y se había trasladado a su vulva, para masturbarse, la frotaba con persistencia, y mojándose toda.

    Las clases de contabilidad, digamos que desde ese entonces fueron mucho más relajadas.

  • El regalo: Un antes y un después (Sexta Parte)

    El regalo: Un antes y un después (Sexta Parte)

    Salí en silencio de mi hogar, sin hacer ningún ruido como si yo fuera un vulgar ladrón. Afuera amanecía frío y gris. Penumbra todavía. Subí a mi coche sin tener un destino cierto, giré la llave y puse en marcha el motor, más no cambié la marcha ni pisé el acelerador. Inmóvil el auto, inanimado yo. Lo apagué. ¿Qué camino tomo? Pensaba en aquellas tempranas horas qué hacer. ¡Un café! Sí, pero… ¿Dónde? Un golpe seco proveniente del cofre de mi auto me sobresaltó. Un gato negro caminaba elegante y sin afanes sobre él. Finalmente se sentó cerca del parabrisas y me observó.

    ¡No, ahora no necesito que me mires con compasión, ni que recalques con el color de tu pelaje mi mala suerte! Le hablé, más no creí que me hubiese escuchado, ni siquiera se inmutó. Tan solo el movimiento nervioso de sus orejas, como radares de alguna instalación militar, giraban expectantes de un lado al otro, escuchando lo que a él, –en aquel nuevo amanecer– si le importaba. Me maulló en una lastimera despedida, presagiando el azabache felino, como yo giraría la llave en el switch del encendido. Las detonaciones perezosas en un comienzo, posteriormente se volvieron constantes en incandescentes mezclas inyectadas de gasolina y aspirado oxígeno, haciendo bajar por fuerza el robustecido acero, ascendiendo luego los pistones para expulsar al exterior por el caño de escape, los gases sobrantes como si fuesen ellos, mis miserias. Un coordinado equipo de a cuatro, distribuidos en aquel pequeño compartimento. Las vibraciones le hicieron saltar hacia un lado, desapareciendo sin el ruido con el que llegó.

    Miré la radio del auto y en la boca tímida de la ranura para los CD’s, un poco por fuera estaba él. Mi dedo delicadamente le envió de un tembloroso empujón hacia su interior. Y entonces un Do, luego un Re, perseguido de un La, dieron inicio a la canción. Al escuchar sus primeras letras, tras las notas de aquel piano que la habían iniciado, lograron abrir las compuertas de mi retenido llanto…

    …«Sabe Dios cómo me cuesta dejarte»…

    Fa, Sol, La… Do.

    … «Y te miro mientras duermes más no voy a despertarte»…

    Re, Sol, Do, La… Re.

    …«Es que hoy se me agotó la esperanza, porque con lo que nos queda de nosotros ya no alcanza»…

    Re, Sol, Do, La… Re.

    …«Eres lo que más, he querido. En la vida lo que más, he querido»…

    Graves y agudos, tonos en teclas pulsadas y en su voz… Palabras rasgadas, tan sentidas. ¿Graves? ¿Agudas? Tal cual mi situación sentimental, destrozada mi confianza. La luz de un semáforo en amarillo parpadeante, que no cambiaba a ningún otro color. ¡Precaución! Muchas lágrimas desparramadas en la curvatura de mis mejillas, vidriosos mis ojos con mis pestañas empapadas y en la acera afuera, una pareja tan enamorada. Dos mujeres abrazadas demostrando su amor en besos largos y miradas llenas de intensa entrega, ellas dos con sus ansiadas ganas, frente al local de Lara. Un hombre sosteniendo de su mano un cordel que le ataba de un extremo y al otro, lo esperaba su perro, tras él, apurado el dueño por alcanzar la velocidad necesaria del trotar de sus cuatro patas, pasando por el lado de un borracho que se hallaba sentado en la esquina, y en la mano de este caído en batalla, aferrada una botella de desconocido licor. Transcurría la vida, normal para muchos, diferente para mí, el segundo día de aquel julio.

    Finalmente atravesé las avenidas y la ciudad, de un punto cardinal hasta el otro. Muy temprano, todo solitario aún. Apagué el motor, la música dejó de sonar. Y sin embargo en medio de tanto silencio, al dejar de funcionar las cosas, yo seguía llorando. Me bajé del auto sin prisas pero con ganas de fumar. En mi bolsillo una arrugada cajetilla, dentro tan solo uno. Afuera en mis ojos la salina precipitación continuaba y levanté mi mirada, Madrid y su cielo, teñido de gris plomizo. Negros nubarrones presagiaban un día de tristes aguaceros.

    Al buscar mi encendedor en el bolsillo de mi pantalón, vi acercarse hacia mi a María, la vigilante, que a esas horas tal vez, acababa de recibir la guardia.

    —Buenos días don Rodrigo. ¿Le han quitado las frazadas muy temprano? —Me preguntó sonriente.

    —Eso parece, le dije. —Apartando el llanto de mi rostro–. Y posteriormente, dándole fuego al enrollado tabaco.

    —Señor Cárdenas, disculpe usted… ¿Está llorando? ¿Le sucede algo malo?

    La miré de soslayo, sin levantar mi cabeza. María era una mujer bajita, ancha de cuerpo, cara regordeta, mejillas siempre rosadas y una voz aniñada. Ojos redondos y como siempre, delineados con gruesas líneas negras, resaltando su circular contorno.

    —Creo que me he resfriado. Eso solo eso. –Le dije finalmente–. Pero entonces ella se quitó su acolchado abrigo y me lo alcanzó.

    —Tome, colóquese esto que está haciendo frío y será peor. —Y caí en cuenta lo que mi madre tantas veces me advertía. –«De quien menos esperas, recibirás refugio y consuelo»–.

    —¿Le traigo un cafecito? ¿Para que acompañe el cigarrillo? —Sería un detalle de fina coquetería. —Le respondí. —¿Con una de azúcar?–. Con dos por favor, si no es mucha molestia.

    Bebí ese café con ganas, le di espaciadas caladas al cigarrillo, intentando infructuosamente que no se terminara. Pensaba en Silvia, me atropellaban aquellas imágenes de ella dentro de aquel auto y esa demorada despedida. A esas tempranas horas ya mi esposa habría leído la carta que le había dejado encima de la mesa. La imaginaba angustiada, temerosa y pensativa. Ella con sus remordimientos o con las verdades que yo no podría soportar. Fueron pasando los minutos y empezaron a llegar los compañeros de trabajo.

    Mi jefe estacionó su auto al lado del mío. Nos saludamos estrechando las manos. Me miró y fue a decirme algo, pero al final se contuvo y prosiguió hacia la entrada. Yo seguía allí de pie, sin ganas de nada recostado sobre el lateral de mi coche. Saqué mi celular para revisar las llamadas por si tuviera yo alguna perdida de mi esposa, la noche anterior. Ninguna, tampoco mensajes de audio, comunicándome su tardanza. Sin explicaciones, las que yo quería tener para disculparla y disminuir así mi dolor.

    —¡Rodrigooo! A trabajar. —Me gritó mi jefe desde la puerta del concesionario–. ¡A mi oficina, ahora mismo! —¿Y ahora yo que hice? me pregunté. Caminé despacio hasta la entrada a su oficina.

    —Y bien Rocky, cuéntame, ¿cómo te fue ayer con la muchacha? ¿Te parece que tiene madera? —Pues jefe, yo creo que puede ser un buen elemento. Es jovial y «entradora». —En español Rocky, en español–. Pues jefe, que tiene la virtud de caerle bien a las personas, se expresa muy bien y es bastante «abierta». —Sonreí, maliciosamente.

    —¿Abierta? ¿Cómo así? —Pues espontánea jefe, muy fácil para entablar conversaciones. Creo que le va a ir muy bien.

    —Entiendo, y… La camioneta de tu cliente ¿cómo la encontraste? Ves el negocio ¿Viable? —Está muy bien cuidada, usted ni se imagina el estado de la carrocería y de su interior. —Y me sonreí, al recordar la visita a mi cliente Almudena.

    —¿Algo más jefe? Debo revisar mi agenda y preparar unas propuestas. —Nada más Rocky… Ehhh, Rodrigo recuerda cuidar muy bien de ella. —Claro jefe, descuide–. Y Salí de aquella oficina para intentar ocupar mi mente en otras cosas y dejar aparcados mis problemas familiares para que no afectaran mi desempeño laboral.

    Al rato llego Paola como un vendaval, hablando alto, saludando a todo el mundo como si los conociera de tiempos antes. Me recordó en esos momentos, las imágenes de los Carnavales de Barranquilla, las mujeres hermosas vestidas de reinas, saludando a la multitud reunida a uno y otro lado de las calles, encaramadas en aquellos disfrazados carruajes, lanzando besos con sus manos, a diestra y siniestra. Y todos por supuesto, en aquella sala de ventas, hombres y mujeres por igual, volteando a mirarla a ella, dejando por un momento de lado lo que cada uno estaba haciendo. Arrebatadora imagen de mujer tan deseable, risueña, afable… Preciosa tentación.

    Paola traía aquella mañana sus dorados cabellos recogidos en una elegante moña alta, y dos mechones ondulados caían graciosamente a lado y lado de su rostro, coqueteando con sus mejillas, maquillada su cara en delicados tonos de rosa pastel. Dos pendientes dorados en forma de gotas perladas colgaban de sus orejas, adornando su estilizado cuello. Y en él, una gargantilla dorada y en su centro un hermoso rubí en forma de corazón. Por traje vestía una blusa blanca de seda, dejando dos botones abiertos. ¿O tres? Un pantalón de lino azul marino y zapatos de mediano tacón cuadrado de color blanco. En su brazo izquierdo, pendía una chaqueta blanca con finas líneas azules equidistantes. De su hombro derecho, colgaba un bolso de cuero, de un índigo bastante opaco. Sobria, preciosa, una visión hermosa que me sacó unos instantes de mis atribulados pensamientos.

    —¡Hola mi «Rolito precioso»! ¿Cómo amaneciste hoy? —Me preguntó a manera de gracioso saludo.

    —Buenos días señorita Torres. ¡Bien y mejorando! —Mentí. Tampoco sonreí.

    —Hummm, Rocky tienes tus ojitos enrojecidos. ¿Te encuentras bien? Me parece que no pasaste bonita noche. ¿Me equivoco?

    —Me arden un poco los ojos, tal vez me vaya a enfermar. Por cierto, déjame decirte que hoy estas elegantísima. ¿Te disfrazaste de ejecutiva? —Y terminando aquellas aduladoras frases, por fin me sonreí.

    —Jajaja ¡Y Ajá! Es que decidí anoche asaltar los guardarropas de mi mamá. Necesitaba ponerme hoy en actitud de «compinche» comercial tuya. —Y logró Paola, sacarme una amplia carcajada. —Y para hoy… ¿Qué nueva sorpresa me tienes preparada? —Me preguntó.

    —Pues no lo sé, sinceramente hoy no tengo planeado nada. Voy a preparar unas ofertas a unos clientes y mientras tanto tú puedes terminar de leer el libro que te presté. —Y dicho esto me dispuse a revisar mi agenda y buscar un listado de empresas para ofertar la renovación de sus flotas de vehículos–. Era necesario desconectar de mis problemas familiares, no podía dejar que me afectara.

    Pero no fue así. No dejaban de aparecer en mi mente las preguntas sin respuesta. Meditaba sobre los cambios de actitud en Silvia los días anteriores y no hallaba nada. Confiaba en ella, no me había dado ninguna señal hasta ese viernes pasado. Cuando me llamó para decirme que se demoraba por cuestiones de trabajo. No le vi problema alguno. ¡Tan seguro de ella!

    La llegada tarde regresando en un auto tan costoso, no me pareció trascendental. Quizás solo un alto funcionario, su jefe de pronto, le habían acercado a modo de agradecimiento por su compromiso laboral. ¿Normal? Su nerviosismo al llegar al piso y sus abrazos, los besos desbordados de inusitada pasión por verme, si me parecieron diferentes. Mal pensado que soy. Alarmas injustificadas, pensé en esos momentos.

    ¡Excusas! Sí, buscaba en mi mente aquel sábado en el bar, otorgárselas. Diciéndome, recriminándome mentalmente, por convertirme yo, en uno de esos maridos celosos y controladores con sus mujeres, y que aquello no era más que un invento mío. Pero y entonces la noche anterior… ¿Que sucedió?

    —Rocky me alcanzas por favor, ¿esa carpeta azul?… ¿Rocky?… Tierra llamando a Rodrigo. Hey, ¡Rocky! La azul no la roja. —Juro que la oí, a lo lejos pero sí la escuché, mientras yo seguía tratando de encontrar fallas en mí y disculpas para Silvia.

    Le alcancé a Paola una carpeta pero ni me fijé cuál era la que necesitaba. Lo hice de manera automática. ¡Esto no podía seguir así! Observé mi móvil y en el no habían llamadas, mensajes ni tan siquiera audios de mi esposa. Finalmente ella me había hecho caso. ¡Puff! suspiré lentamente y le dije a Paola que iría por un café y un cigarrillo.

    —Te acompaño entonces. —Me dijo Paola, levantándose de su asiento, sin darme lugar a alguna interpelación. Acepté su compañía.

    Tan solo me encogí de hombros y fuimos hasta la máquina expendedora. Dos cafés y un par de rubios, catorce pasos y ya estábamos en el costado del parking, fumando y bebiéndonos con sorbos cortos, la caliente bebida. Pensativo yo, mi rubia Barranquillera también. Silenciosas miradas de ella hacía mí, aspiradas intensas a mi cigarrillo y el humo expulsado al firmamento por mi boca un poco, por mi nariz lo demás.

    —Anda nene, a ti te pasa algo malo. ¿Fue por lo de ayer? —Me preguntó sin colocar en su hermoso rostro, aquella sonrisa que tanto me gustaba.

    —No, para nada preciosa. Contigo no es la cosa. Es mi mujer. Anda rara conmigo desde hace unos días. Pero ya miraremos cómo solucionarlo. Dame tiempo, voy a estar bien. —Paola se acercó a mí, colocó su mano diestra sobre mi hombro izquierdo, luego se colocó frente a mí y me abrazó, sin decirme nada más, sentí en ella, una tibia tranquilidad.

    Apuramos los cafés y apagamos en el piso las colillas. Las levanté del suelo y las terminé por tirar en la caneca de la basura. Ya íbamos cruzando la entrada cuando una voz me llamo a mis espaldas.

    —¡Señor Rodrigo! Señor… Lo buscan. —Me giré y me di cuenta que era María, quien detrás de mí, me requería.

    —¿Quién? —Pregunté finalmente a la mujer, quien sonriente me indicó con su mano, a una pareja que se hallaba observando los automóviles de segunda mano que teníamos para la venta. Y entonces me encaminé a su encuentro. Al menos, entrar en actividad podría ayudarme a olvidar, mi inobjetable realidad.

    —¡Buenos días, bienvenidos! Mi nombre es Rodrigo Cárdenas, y estoy aquí para colaborarles en lo que necesiten. —Me presenté.

    —Hola Rodrigo que tal ¿Me recuerda? Estuve aquí el domingo «fisgoneando» su inventario de usados. He venido hoy con mi esposa para que ella también me ayude a elegir. Finalmente es ella, quien lo va a disfrutar. ¿No es cierto, mi amor? —¡Su amor! y el mío mientras tanto…

    —Ahhh, si claro por supuesto que lo recuerdo, señor… ¿González? Y usted se llama, dirigiéndome a la mujer… —Beatriz, encantada. Mire señor Cárdenas, estoy buscando un automóvil no muy costoso y eso sí, que esté muy bien cuidado. No debe ser muy grande pues apenas estoy haciendo el curso de conducción en la escuela. ¿Me podría ayudar?

    —Encantado, señora Beatriz. —Rodrigo solo llámame Bea, ese nombre completo me hace sentir vieja. —¡Oops! si claro por supuesto, aunque Beatriz es un nombre precioso y con un sonido que al decirlo, suena bastante elegante, como usted–. Se sonrió ella y él señor González también, aunque algo abrumado tal vez por mi galantería. —De hecho, –proseguí con la adulación– es nombre de reina, como usted, la reina del hogar.

    Y los tres entre sonrisas, ella del brazo de su esposo y yo un poco por delante de ellos, íbamos mirando las opciones disponibles. En unos casos el tamaño fue la objeción, en otros lo fue el color y en muchos el interior. La marca no le importaba a ella; el estado exterior, el tapizado que oliera bien y definitivamente el color, eran la clave para cerrar la venta. Así que fui desechando opciones hasta que al final al llegar al parking, en el rostro de la mujer aprecié su desencanto. No le había agradado ninguno de los autos.

    —Bueno y como dice el conejo Bugs Bunny, eso es todo amigos. Les dije al final del recorrido. —¿Y éste? Mi amor me encanta, está perfecto y el color me fascina ¿No te parece mi cielo? —Hummm, se refería ella al Seat verde de mi jefe, parqueado al lado del mío.

    —Lo siento Bea, pero ese es el auto de mi jefe y lo quiere más que a su mujer. Pero no se preocupe, esta semana nos debe de llegar un lote de coches que nos traen desde Barcelona, allí tenemos otra sede. Y cuando eso suceda, les llamaré. —Tomen, esta es mi tarjeta–. La señora puso cara de tristeza pero ni modos. Nos despedimos asegurándoles que yo les encontraría el automóvil de su predilección, solo que me dieran unos días y no fueran a buscar en otros distribuidores.

    Y sin venta a la vista, me volví hacia mi escritorio, para terminar las propuestas y seguir con mi malestar.

    Retiré el cenicero de afán y tomé el papel con mis manos temblorosas. Y leí despacio aquella nota, o mejor su expresada desconfianza escrita a modo de lista de instrucciones…

    … «Silvia, desde anoche dejé listo todo lo de los niños, así que no te tienes que apurar hoy y preocuparte en llegar tarde a tu oficina. No quiero que tu… En fin, lo que sea para ti, se vaya a molestar contigo.

    No dormí bien y creo que tú sabes por qué.

    Seré breve, no quiero que en todo el día me llames, ni me envíes mensajes o audios. Mucho menos que faltes a tu trabajo por ir a buscarme. Tal vez ni estaré. Tengo unas citas pendientes fuera de la ciudad, quizás encuentre disponible algún cliente que me pueda recibir hoy.

    Silvia, deberás hoy ir a buscar a los niños al colegio, o si prefieres de nuevo enviar a tu mama por ellos. El caso es que cuando regrese esta noche, quiero que estés y hablemos. Te estoy dando todo este día para que pienses bien, para que medites y calcules tus palabras. Vamos a hablar claro y conciso, así que espero que lo que me tengas que decir, sea con total honestidad, sin guardarte nada. ¡Ojo con lo que me vas a decir! Espero sinceridad.

    Por cierto, se me estaba olvidando lo más importante: La ropa mojada sin ventilación puede llegar a coger mal olor. Así que me tomé la molestia de sacar tu sostén blanco y los calzones azules del interior de la máquina, para dejártelos colgados en el tendedero. Y no, no me lo agradezcas. Las gracias te las debo yo a ti, por despejarme el panorama. Hasta la noche. Rodrigo».

    Hummm, me quedé en shock. Mi mente en blanco aunque mis ojos se dirigieron muy abiertos hacia la cocina. Fui hasta allí y al fondo, colgados de un cordel, mi ropa íntima secándose. ¡Mierda! Con mis ojos aguados y mi alma arrugada, me dirigí en búsqueda de mis hijos para despertarlos. Este iba a ser un día muy largo…

    Llegué cinco minutos tarde, a pesar de coger un taxi después de dejar a los niños en el colegio. Colgué de la percha, mi abrigo y la chaqueta fucsia de mi traje. A un lado de mi escritorio, en el piso, el bolso gris claro. Al sentarme me cayeron todas mis compañeras encima. Acribillándome con sus preguntas indiscretas. Que tía… ¿Cómo así? Que tía… ¿Cómo fue? Que tía… ¿A dónde te llevó? y claro, que… ¡Venga tía! ¿Para hacer qué?

    —Vamos Silvia, cuenta tía, cuenta corazón como te fue ayer con el «ogro». —Me preguntaban emocionadas. —Y yo por el contrario, me sentía abrumada por su desatado interés–. Pero entonces me salvó la campana…

    —¡Buenos días señoritas!

    Saludó a todas las allí presentes don Hugo, con su voz fuerte y masculina. Y raro en él, sonriente. Todas se pusieron pálidas, le devolvieron el saludo respetuosamente y raudas, cada una de ellas, se dirigieron a sus respectivos escritorios. Mi jefe entró a su oficina, se demoró allí dentro solo unos minutos para luego llamarme por el interno.

    —Buenos días Silvia, ¿todo bien? —Sí señor, respondí. —Por favor, después de que envíes el informe para los norteamericanos, vienes a mi oficina un momento. ¡Ahh! y pídele a… ¿Cómo es que se llama? — Dolores, don Hugo, se llama Dolores. —Sí, a ella. Qué nos traiga dos cafés. ¿O prefieres otra cosa? —Ehh no señor, perfecto, ya me ocupo de eso.

    Y en seguida me puse manos a la obra, escaneando el informe para enviarlo a las oficinas de Nueva York por correo electrónico y luego entregándoselo a la inquieta Amanda, para que en físico lo hiciera llegar junto a otra correspondencia. Me dirigí hasta la cocina para pedirle el favor a Dolores de prepararnos dos cafés y llevarlos a la oficina de mi jefe, cuando escuché la exclamación de mis compañeras, y una muy animada llamada.

    —¡Silvia!, mujer ven y mira lo que te llegó. —Me dijeron todas al unísono.

    Salí apresurada e intrigada para ver cuál era el motivo de tanto aspaviento. Un hermoso y grande ramo de flores, rosas rojas, blancas y amarillas, en un amplio jarrón de delicado vidrio tallado, sobre mi escritorio. Fastuoso e imponente, en verdad.

    —¿Y esto? —Me pregunté bastante intrigada.

    —Ayyy, pero que precioso Silvia, tu marido te ama con locura ¿Dónde se compran en Colombia? ¿Es una fecha especial para los dos? —Me preguntó Amanda, totalmente enamorada por aquel envío. Y tomó ella sin permiso una pequeña tarjeta blanca leyéndola en voz alta, tipografiado mi nombre y más abajo un… ¡Para mi precioso ángel! Y yo ruborizada.

    —Pero Silvia ni siquiera sonríes. ¿Estás bien mujer? —Ahhh, si claro. Es que estoy tan sorprendida como ustedes. Rodrigo a veces me sale con este tipo de sorpresas.

    —Ven y lo colocamos aquí. Quitemos esto y esto otro también–. Y Amanda, dispuso que el portarretrato de Rodrigo y mis niños fueran a parar a una esquina de mi escritorio y la solitaria orquídea artificial en su maceta terminó en el piso, cerca del cesto de basura. El ramo bien en alto, a la vista de todo el mundo. Y mi universo tan agitado.

    —Señora Silvia, ya están listos los cafés, ¿se los llevo a la oficina? —Ehhh si por favor, ya voy.

    Pero no fui, me senté en mi escritorio para pensar. Obviamente la situación me estaba superando. Una hoja en blanco en mi ordenador y en ella fui escribiendo tradicionales motivos familiares para componer mi carta de renuncia. La imprimí con temor de que alguien más la observara. Y con ella en la mano, mis pasos temblorosos me llevaron hasta la oficina de don Hugo.

    —Don Hugo, le estoy muy agradecida por el detalle, esta precioso en verdad, pero… —Y estiré mi mano ofreciéndole la carta–. Él ni siquiera se tomó la molestia de leerla. La dobló y la rompió en varios trozos. —Ahora no Silvia, y menos aquí. Necesito tenerte de mi lado, que me ayudes a superarlo. ¡Se te enfrió el café! —Pues ojalá también fuera así con sus ganas de mí–. Y Salí de aquella oficina, llorando.

    Había terminado de preparar ya dos ofertas y mi mente seguía con la imagen de mi esposa, con la carta en su mano. Mi imaginación se negaba a apartarla, lo mismo mi corazón. Quería buscarle pretextos, hallarle justificaciones a las evidencias de que algo iba mal. En ella, en mí por igual. Tenía que saber, conocerlo de su boca y no me aguantaría hasta la noche. Ir a buscarla a su oficina, invitarla a almorzar y hablar, si alcanzaba el tiempo, calmar mi hambrienta ansiedad. Era la decisión que más correcta, me pareció.

    Tomé mi saco gris y busqué a Paola con la mirada. Se encontraba charlando animada con Federico y otras dos compañeras de ventas, cerca de la máquina expendedora. Hubiera podido irme sin que se diera cuenta, pero la necesitaba para ocultar mi ausencia. No necesité llamarla, pues ella se dio por enterada de mi presencia, al dirigir el verde de sus hermosos ojos hacía mí y despidiéndose de ellos con un agitar de su mano, enfiló sus pasos a mi encuentro. Su figura sinuosa, su elegancia al caminar y el contoneo de sus caderas me hipnotizaban. Se tomó con sus manos las dos nalgas, como si quisiera constatar que no las había dejado atrás. Federico y unos clientes más allá, no dejaron de «comérsela» con la mirada. En su rostro la alegría caribeña, iluminándolo todo con su sonrisa. Era un imán que lo atraía todo.

    —Anda Nene por fin, estaba muy aburrida. —Me dijo colocando sus brazos en cruz frente a su pecho.

    —Pao, mira. Necesito que por favor me «cubras». Es una diligencia personal y no comercial, por lo tanto no necesito que me acompañes. —Ella puso cara de enfado, pero yo continué explicándole mi estrategia para escapar.

    —Verás, si don Augusto me busca, solo dile que se me quedaron unos apuntes en mi piso, y tuve que ir a buscarlos. No me demoro, una hora y media tal vez.

    —¿Y yo que hago mientras tanto? —Pues en primer lugar dejar de perder tu tiempo hablando por ahí. –Lo dije en un tono que sonó a reproche–. ¿Celos? Si, pudo ser. —En vez de eso puedes sentarte y prospectar.

    —¿Prospectar? ¡Ajá Nene!… ¿Y eso con que se come? —Me preguntó intrigada. —Pues Pao es convertirte en cazadora y olfatear a tus posibles presas. Buscar clientes potenciales, inicialmente dentro de tu círculo más cercano, familiares y amigos. Luego ya veremos qué mercado te gustaría más atacar–. Ten, siéntate y en esta libreta vas a anotar los nombres, teléfonos y direcciones de correo electrónico de todos a quienes creas que pueda interesarle un vehículo. Comprar uno nuevo y cambiar el viejo. —No me demoro.

    Tomé su mano derecha entre las dos mías, la miré con cariño y luego la solté suavemente. Salí con prisa para dirigirme al encuentro no concertado con mi esposa.

    —Silvia tesoro, ¿por qué lloras? ¿Te regaño ese ogro? —Me preguntó Amanda, colocando su mano sobre mi brazo, consolándome sin saber el motivo.

    —No te preocupes que no es por él. —Es que me llegó la menstruación fuerte y tú sabes que los primeros días la pasamos mal–. Me excusé y me dirigí al baño.

    Ya estando encerrada allí, pensé con rabia, que como se había atrevido mi jefe a enviarme aquellas flores, ponerme en aprietos delante de mis compañeras. Si ellas se enteraran, se me formaría un problema mayor. Yo siempre en los almuerzos les hablaba de Rodrigo y estaban locas por conocerlo. Nunca él había venido y las pocas veces que me acercó a la oficina, me dejaba a dos calles de distancia para facilitarle la salida a la avenida más próxima, para regresar directo al concesionario.

    Mi carta de renuncia rota por aquellas manos que me habían acariciado, la promesa de hablar los dos de… ¿Lo nuestro? Y en mi interior la angustia por lo que aquella carta que guardaba en mi bolso, en la que mi esposo me pedía… ¡No me llames! ¡Por la noche hablamos! Y que le iba a decir para que me comprendiera, para que entendiera que a pesar de estar a solas con mi jefe casi desnuda, bajo una ducha de una habitación de hotel, no pasó nada grave. ¿Y los besos del viernes? ¡Mierda! mierda. Mi matrimonio hacía agua por todas partes. ¡Te amo Rodrigo, te amo! ¡No te voy a fallar! Me hablé a mí misma, saliendo para tomar compostura y distraerme en mis quehaceres.

    Me sentía observada por mis compañeras, señalada por sus sonrisas disimuladas, como si conocieran mi posible infidelidad y yo inquieta, enmarcada en lo alto por aquel ramo de rosas detrás de mi cabeza. Abría programas, revisaba documentos, archivaba carpetas tratando de parecer normal. Cinco minutos para las doce y pocos para enfrentarme a ellas en el almuerzo, expuesta a sus preguntas e inquietudes. A las doce en punto mi jefe salió de su oficina y delante de todas las allí presentes con su voz firme llamó mi atención y el asombro en mis compañeras.

    —Bien Silvia, ¿ya está lista? Vamos a almorzar y terminamos con las compras para mi aniversario. —Lo dijo así, sereno, en un tono de voz confiado y yo… Me quedé de piedra. Asombrada por aquella inusitada propuesta.

    —¿Silvia?… —Ehhh, si claro, si señor un minuto. —Y tomé mi abrigo, mi bolso y fui tras de él, sin mirar a ninguna de mis compañeras, cruzando la entrada de vidrio para seguirlo hasta los elevadores en el pasillo–. Don Hugo pulsó el botón del S2 y aguardamos.

    —Lloviznaba ya por la zona financiera y encontré afortunadamente un espacio disponible en el parking público de aquellas torres de oficinas. Me bajé de mi auto, mire mi reloj y aún faltaban algunos minutos para el medio día. Tenía tiempo y ningún cigarrillo para ayudar a calmar mi nerviosismo. Caminé por la acera para buscar algún kiosco donde poder comprarme una cajetilla de Marlboro rojo. Fumé apresurado en la calle, en medio de mis angustias y la prisa por no mojarme con la ya fuerte llovizna, mirando andar el minutero en mi reloj. Ya casi las doce, ya casi encima de mí la fuerte lluvia. Tiré la colilla al piso y corrí. Atravesé la calle evitando los pequeños charcos y los gruesos goterones del chubasco, pero al cruzar frente a la entrada a los sótanos del parking subterráneo, un fuerte sonido de advertencia me hizo sobresaltar. Por muy poco, una mujer en un Mini Cooper Works rojo y con las características franjas negras en los bordes del cofre, casi me atropella. Levanté mi brazo en señal de molestia, pues yo era el peatón que estaba mojándose y ella tan seca dentro de su auto. Continué hasta la acristalada entrada.

    ¿Y ahora? No recordaba exactamente la planta en la que Silvia laboraba. Me acerqué a recepción y en el tablero de información, encontré la correcta ubicación. Presenté mi documento de identificación y la solicitud de a quién iba a visitar allí. Y la mujer que me atendió, después de un leve repaso a mi anatomía, llamó a aquellas oficinas para informar de mi llegada.

    Me dio el visto bueno para el ingreso y me indicó la zona de los elevadores. Bajaban dos y los otros allí, ascendían. «Hola Silvia, he venido para invitarte a almorzar ¿Quieres? y de paso hablamos».

    ¡No! Idiota, así no. Tendría que parecer molesto y no un cachorrito asustado. Debía mantener mi posición, la distancia justa para que ella comprendiera mi molestia y asumiera su posición de mujer infiel.

    A pesar del frío medio día, yo sudaba. Y por fin un elevador abrió sus puertas en secuencia de izquierda a derecha… Vacío. Piso décimo. ¡Silvia, allá voy!

    Un largo pasillo, varias puertas de transparente cristal. A mi izquierda la vi. Las letras grandes de aquella empresa. Y fui tembloroso hasta la entrada.

    —Buenas tardes, ehhh, vengo a buscar a Silvia García, soy su esposo. —Me presenté ante una mujer algo más baja de estatura que mi esposa. Ella me miró y tímidamente me extendió su mano. Se le pusieron coloradas las mejillas y casi sin levantar su mirada me saludó de manera menguada pero efusiva a su vez.

    —Buenas tardes, tu eres el famoso Rodrigo, Encantada. Tu esposa no deja de hablar de ti y pregonar el amor que le demuestras todos los días. —Ehh, pues si soy yo, muchas gracias y usted es…

    —Ohh, discúlpame, me llamo Amanda, la mano derecha, de la mano derecha de nuestro adorado jefe. ¡Jajaja! O sea soy la asistente de tu esposa. —Y le regalé una sincera sonrisa, aunque no le presté mucha atención y busqué el posible lugar donde mi esposa trabajaría.

    Al fondo a la derecha una amplia oficina y en frente un escritorio, sin nadie en él. Un ramo inmenso de coloridas rosas sobre un archivador y un portarretrato bien conocido por mí. En el suelo, cerca de una papelera de madera, una solitaria orquídea, casi ladeada. Allí era pero… ¿Dónde estaba mi esposa?

    La mujer se dio cuenta rápido de que yo pasaba de ella, aunque aún tuviera estrechada su mano con la mía.

    —Oops, Rodrigo, Silvia acaba de salir con don Hugo, nuestro jefe. Se debieron de cruzar por el camino. —Hice una mueca de disgusto que Amanda comprendió. —No te afanes, si quieres le puedo llamar al móvil para que se…

    —No se preocupe, está bien–. Solo pasaba por otra planta de esta torre a visitar un cliente. —Sabe usted si… ¿Demorará?

    —Humm, pues no lo sé con seguridad. Desde ayer por la tarde, acompaña a mi jefe para asesorarle sobre algo, unos regalos por motivo de su aniversario. Tal vez quiera que Silvia le ayude a escoger algo para su esposa después de que terminen de almorzar–. ¡Humm! entonces era casado. Buen dato, pensé.

    —Bueno Amanda muchas gracias. —Y me di vuelta rápidamente para no demostrar mi enojo. Pero escuché que su despedida fue con un… «Muy hermosas las rosas que le enviaste»–. Medio giré mi cabeza y sonreí. ¡Estúpida, no fui yo! —Eso quise decirle más no lo hice. Frente al elevador tomé mi teléfono y llamé al móvil de Paola.

    —Hola «rolito» precioso, todo bien por acá, descuida. —Gracias preciosa, ya voy para allá. Hazme un inmenso favor. En la agenda café del primer cajón del escritorio, en la tercera página en resaltador, está el nombre de un cliente que vive en las cercanías de Madrid. ¿Podrías hacerte pasar por mi secretaria y concertar una cita para mañana a primera hora?

    —¡Jajaja! por supuesto, pero me vas a tener que subir el salario o darme un rico besito. Te espero Nene, no demores, Bye–. Y nos despedimos. Me sonreí por aquel aumento solicitado. ¡Paola, mi rubia tentación!

    Las puertas del elevador a mi derecha se abrieron y del interior, con pasos apurados y tacones finos como una puntilla, de al menos diez centímetros, una mujer muy elegante, falda negra entubada por debajo de sus rodillas unos tres o cuatro dedos, figura delicada, cabellera de tintes cobrizos por debajo de sus hombros y simplemente llamativa por sus grandes y oscuras gafas de Dolce & Gabbana, ocultando sus ojos y un pañolón blanco terciado sobre sus hombros, que le hacían ver aún más majestuosa. Me introduje en el interior del ascensor y un instante antes de cerrarse las puertas, las detuve con mi mano izquierda.

    Pude escuchar la voz de la tal Amanda diciendo… —Señora Martha, que milagro tenerla por aquí, su esposo acaba de salir a almorzar. —Retiré entonces mi mano y las puertas se cerraron.

    Continuará…

  • La flaca ninfómana

    La flaca ninfómana

    Recuerdo estar en una reunión de mis amigos y amigos de mis amigos,  cuando de pronto veo llegar a una hermosa flaca con una cara bien pulida con una hermosa sonrisa que impactó en mí.

    Recuerdo que me senté en una pequeña cancha de futbol cuando de repente se acercó ella con esa sensualidad que la caracterizaba me dijo su nombre y me empezó a contar sobre su vida y me dijo que las cosas con su novio no iban del todo bien, lo cual me hizo pensar que necesitaba algo nuevo y lo necesitaba rápido.

    Decidí invitarla a mi casa, recuerdo que esa tarde se había ido la luz, ella entro y yo no paraba de mirar sus nalgas se me hacia la boca agua por chupar sus senos, una vez entramos a mi habitación recuerdo que nos acostamos y la agarré fuertemente con mi pene totalmente duro, empecé a chupar sus tetas y le encantaba me decía que era mi perra por esa tarde, probé su deliciosa vagina con mi lengua y se retorcía de placer y gemidos, me mamaba mi pene de una manera muy deliciosa, la puse debajo mío y cuando la penetré lo hice con tantas ganas que le dolió, pero no quería que se lo sacara, me pedía más y más, se puso en 4 y le metí mi pulgar en el culo mientras le daba sin parar.

    Así estuvimos por 3 horas sin descanso alguno, recuerdo que me vine dentro de ella y lo hice de una manera que no lo había hecho nunca, fue tanta la leche que ella quedó sorprendida y me apretaba para que ni una gota de leche fuera derramada, recuerdo que me dijo que lo hacía mejor que su novio, no puedo negar que me encantó.

    Esa flaca siempre tendrá un lugar en mi corazón para cuando quiera repetir!