Autor: admin

  • Mi primera experiencia con un desconocido

    Mi primera experiencia con un desconocido

    Hola, mi nombre es Ali, escribo este relato porque siempre he querido contar las aventuras que he vivido con mi esposo y otras personas, hasta hoy me he decidido hacerlo, espero les guste jeje.

    Primeramente, me describo, soy morena clara, mido 1.60, tengo ojos grandes color café oscuro y tengo mi carita fina, mi cabello es negro, ondulado y muy largo, soy delgada pero voluptuosa, de la parte de arriba mis hombros y mis senos son pequeños, pero de la cintura para abajo soy muy caderona, tengo unas nalgas grandes y formadas porque hago un poco de ejercicio casi todos los días, unas piernas gruesas y formadas también, en pocas palabras me veo muy bien en leggings jajaja soy chaparrita y nalgona.

    De mi vestimenta usual podríamos decir que me encanta estar cómoda sin importar si mi ropa es de marca o no, me encanta usar vestiditos con movimiento o vuelo y blusitas bonitas, como no me gusta que se marque la línea de la ropa interior usualmente siempre uso tanga debajo de mi ropa, a mi esposo le fascina verme en tanga así que se la pasa comprándome tangas, tengo fácil como unas 200 tangas de diferentes colores, estilos, telas, etc. y de la parte de arriba usualmente no uso bra porque me siento más cómoda así.

    Mi vida con mi esposo es de lo más bonita, nos entendemos mucho y nos amamos infinitamente, somos cómplices en todo. En lo sexual, pues el sexo en mi matrimonio es muy bueno, me encanta como me coge mi marido, me fascina como me manosea y me nalguea cada vez que puede, a veces estamos en casa de mis padres o de paseo en algún lugar público y de repente siento la nalgadota de él que a veces me asusta y pego grititos de asustada y después me pongo roja riéndome nerviosa y volteando para todas partes jajaja o también a veces solo siento que me levanta el vestido dejando mis nalgas al aire enseñando toda la tanga y me da un agarrón de nalga súper rico.

    También a veces jugamos con los desconocidos, por ejemplo un día me dijo que me atorara el vestido de atrás en una mochilita que traía yo de tal manera de que pareciera como si se me hubiera subido el vestido cuando me puse la mochilita dejando a la vista de todos mis nalgotas desnudas y mi tanga blanca con encaje a las orillas que traía ese día, entonces el juego era simplemente entrar él y yo por separado a una tienda y fingir que no nos conocíamos, atorarme el vestido y caminar por la tienda como que no me doy cuenta de lo que pasa mientras él graba discretamente las reacciones de la gente jajaja hicimos eso en varias tiendas y las reacciones de la gente fueron súper divertidas y excitantes a veces, hubo hombres que me veían y solo volteaban a todas partes y seguían en lo suyo, otros que me veían con el culo al aire y me comenzaban a seguir discretamente sin perder de vista todo mi trasero, hubo quienes me tomaron fotos a las nalgas e incluso acercaban el celular a mis nalgas para tomarla más de cerca jeje eso me prendió mucho, hubo mujeres que corrían a avisarme inmediatamente para que me bajara el vestido y otras que incluso le hablaban a su amiga para reírse juntas de lo que me estaba sucediendo, total juegos así nos fascina tener y me encanta que seamos así de espontáneos porque pienso que eso es muy importante en una relación.

    Pero últimamente hemos estado buscando nuevas formas de como divertirnos con otras personas, hemos hablado varias veces de la posibilidad de tener tríos pero mi esposo se inclina más a la idea de verme tener relaciones sexuales con otro tipo mientras él nos graba, idea que honestamente me fascina jaja entonces pues empezamos a buscar maneras de poder realizar esa fantasía de forma segura y un poco discreta, pensamos en una App, pero de inmediato nos eliminaron el perfil cuando se dieron cuenta que es lo que buscábamos, pero encontramos otra App donde se trataba de tener un «Sugar daddy», lo que resultaba no solo interesante sino muy lucrativo jajaja de esta forma me iban a coger y aparte iba yo a obtener cosas materiales jajaja lo platicamos mi esposo y yo con calma porque ciertamente significaba algo completamente diferente a nuestra fantasía inicial, porque el «Sugar daddy» no iba a querer que mi esposo estuviera ahí cuando me estuviera ensartando, de hecho no era buena idea que el Sugar incluso supiera que yo era casada, pero bueno lo comentamos y estuvimos de acuerdo en experimentarlo jejeje a ver qué pasaba.

    Entonces me hice un perfil en esa App, subí fotitos mías súper cute y una que otra sexy, con vestiditos y en tanguita como que no me doy cuenta enseñando pompa jajaja, no habían pasado ni 10 minutos a partir de que puse público el perfil y ya me habían empezado a llover mensajes de toda clase de tipos jeje de diferentes países saludándome, chuleándome, etc. etc., primero me divertí platicando con todos, me volví loca contestando tantas cosas que me preguntaban, estaba yo súper entretenida como la primera vez que abres un Facebook, en eso vi que le empezaron a dar like a mis fotos y me empecé a excitar demasiado ya que no sabía yo quien estaba del otro lado, así que me incorporé hacia atrás y me recosté en la cama viendo la pantalla de mi compu, viendo como me llegaban mensajes de diferentes tipos deseándome, viendo como le daban like a mis fotos donde enseñaba mis nalgas y sin saber quién las veía, esa mezcla de temor y excitación me empezaba a calentar más cada minuto que pasaba, abrí mis piernas y mi vestido se recorrió hacia la cintura dejando expuesta la tanga rosa fosforescente que traía puesta ese día, me empecé a masajear mi montecito de venus por encima de la tanga mientras veía todo lo que me decían en los mensajes «te quiero coger por ese culito» «quiero venirme en esa nalgas» «me encanta tu culote» «quiero tener esa nalgas rebotando encima de mí» etc.

    De tanto leer empecé a empapar la tanga de lo mojada que estaba, me seguí tocando y me cambié de posición volteándome boca bajo con las nalgas paradas y las rodillas separadas, metiendo mis manos ahora abajo de la tanga y masajeando mi clítoris súper delicioso y despacito, mi respiración era cada vez más intensa y comencé a gemir de placer, me empecé a meter los deditos en mi vagina, me los metía y sacaba cada vez más rápido haciéndome gemir cada vez más y respirando más rápido haciendo estremecer mi cuerpo, mis nalgas paradas en esa posición se empezaron a bambolear con el movimiento, en eso escuché que mi esposo abrió la puerta lentamente y entró a la recamara, a mí no me importó y seguí viendo la pantalla de la compu y dedeándome súper rico, en eso sentí que me hicieron a un lado la tanga y empezaron a sobar mi asterisco, después me empezó a lamer mi ano con su lengua de lo más rico, él jamás me había hecho esto así que era algo nuevo para mí, después me metió un dedo en mi ano y lo comenzó a meter y sacar, eso combinado con la masturbada que ya tenía hicieron que llegara a un orgasmo suuuper rico e intenso, ahogando mis gritos en la almohada y estremeciéndome completamente de pies a cabeza, fue una sensación súper deliciosa y placentera la que sentí, me quedé respirando fuerte toda sudada con la cara en la almohada, mis nalgas aún estaban paradas en pompa, solo sentí que mi esposo me sacó el dedo del ano, me dio una fuerte y sonora nalgadota y salió de la habitación cerrando la puerta, me saqué la mano de la tanga me quedé acostada unos minutos y me metí a bañar para bajar a cenar después.

    Salí de bañarme súper relajada y a gusto, me quité la toalla del cabello y me lo dejé suelto aun mojado, me puse un poco de crema en mi rostro y me senté en la cama a ponerme mis pantuflas, vi una última vez la compu rápido antes de bajar a cenar y me llamó la atención un mensaje de un perfil que decía que estaba en mi misma ciudad, su mensaje decía «que estás buscando?» lo cual me intrigó mucho, así que le contesté un rápido mensaje «una relación seria y tener muchos hijos con un desconocido» jajaja en tono de sarcasmo, pero bueno cerré la laptop y bajé a la cocina, mientras voy bajando las escaleras escucho voces en la sala y supongo que mi esposo estaba viendo la tv, llego a la sala y me topo con la sorpresa que mi esposo estaba platicando con su mejor amigo Mario, no esperábamos visitas así que debió haber llegado de imprevisto, en eso me quedé petrificada al recordar lo que yo llevaba puesto en ese momento, al salir de bañarme y al saber que ya no iba a salir me puse solamente una tanga blanca con corazoncitos rojos y una blusa blanca de tirantes que como no llevaba bra, dejaba notar mis tetas y pezones bajo la blusa, entonces estaba justo frente a los dos en ropa interior con el cabello mojado y con mi pezones súper marcados en mi blusa, mi esposo al verme se quedó pasmado sin decir nada ni saber qué hacer con una cara de asombro, en cambio Mario reaccionó rápido y se acercó a saludarme muy dueño de la situación lo cual honestamente es algo que siempre me ha atraído de él, su seguridad y mente rápida, Mario me extendió la mano y la tomé saludándonos de beso en la mejilla, mi otra mano le tocó la espalda alta como simulando un abrazo de afecto, pero la otra mano de él se situó en mi espalda baja justo tocando el triángulo de mi tanga, pensé “eres un cabron” al terminar de saludarnos me fue empujando levemente hacia dentro de la sala diciéndome «pásale Ali estás en tu casa» y riéndose de lo más natural, eso la verdad hizo que me relajara a pesar de la situación tan bochornosa en la que me encontraba, al ir caminando hacia el sofá alcancé a ver por un espejo que tenemos en la sala a Mario que venía detrás mío sin perder ni un solo momento de vista mis nalgas y pues no lo culpo la verdad porque modestia aparte tenía semejante suculento trasero en pura tanga frente a él caminando bamboleándose con el contoneo de mis caderas jeje debo admitir que el ver eso me hizo excitarme un poco de nuevo jaja, entonces nos sentamos en el sofá y cruzamos unas pocas palabras, mi esposo se notaba medio nervioso pero supo disimularlo muy bien, Mario estaba sentado platicando pero se notaba el bulto en su pantalón consecuencia de tenerme como me tenía frente a él, sentadita cruzadita de piernas en pura tanguita mostrándole el piernón sin nada que lo cubriera y por si fuera poco mis tetas bien marcadas en la blusa.

    Así pasaron los minutos y yo no me terminaba de sentir cómoda con la ropa que traía, solamente cruzaba y descruzaba la piernas para intentar mostrar lo menos posible mi tanga, bajaba mis manos para cubrir lo que más pudiera de mi entrepierna mientras Mario no perdía de vista mi tanga, mis piernas y mis tetas mientras platicaba de temas triviales, en eso sonó su celular y él lo sacó para ver quién era, en eso aproveché y me levanté rápido caminando hacia la entrada de la sala dejándoles una vez más una vista plena de mis glúteos expuestos y moviéndose con mis pasos rápidos diciéndoles que me iría a poner una falda rápido para empezar a cenar, en eso me interrumpe Mario diciéndome que él no se iba a poder quedar a cenar ya que tenía un compromiso, que solo había pasado a saludar rápido, comenzó a despedirse de mi esposo mientras no dejaba de verme la tanga mientras lo abrazaba ya que en eso pues yo me tuve que detener en la entrada de la sala parada viendo como estos dos varones se despedían, noté la mirada de Mario así que hice como que me había volteado a ver algo a la puerta de la casa y me agaché un poco a rascarme la rodilla empinándome ligeramente dejándole una muy buena vista de mis nalgotas a su disposición jeje escuché que se habían terminado de despedir y me volteé de nuevo hacia ellos acomodándome la tanga y sacándomela de atrás ya que se me había metido de más al agacharme, Mario al ver que me estaba acomodando la tanga no dudó y se acercó a mí a despedirse pero esta vez de abrazo lo cual correspondí con mucho gusto jaja hasta que no supe que decir ya que una de las manos de Mario que no estaba a la vista de mi esposo se posó completamente sobre una de mis nalgas dándole un leve agarrón y sobándola muy rico, yo al sentir eso solo pegué un brinquito y me paré poquito de puntitas abriendo los ojos completamente, mi esposo al ver mi reacción solo se quedó serio viéndome, Mario me dio unas nalgaditas leves y nos separamos, volteó a ver a mi esposo y le dijo ´´felicidades por su matrimonio´´ mientras tenía todavía una mano en una nalga mía, se dio la vuelta y se fue, al momento de cerrar la puerta le reclamé a mi esposo «pero como no me dices que ha venido él??!! mira cómo ando??!! no te da pena que tu amigo se sabroseé las nalgas de tu esposa cabron!!!» ´´casi me coge frente a ti y tú no haces nada´´, después de mi gritos nos quedamos viéndonos unos segundos y después soltamos las carcajadas los dos jajaja en eso me dice «discúlpame solo pasó rápido porque se estaba orinando, lo pasé al baño y pues se quedó unos minutos a platicar» me empecé a reír de la situación que había pasado, hasta que caí en cuenta de lo que había dicho mi esposo, que lo había pasado al baño, pero el único baño disponible ahorita era el del segundo piso, justo pasando nuestra recamara, me empezó a subir la temperatura del cuerpo pero traté de disimular y de tranquilizarme, le pregunté a mi esposo si él lo había acompañado para mostrarle donde estaba el baño a lo que él me contestó que no, que él solamente le había dado permiso de subir y le había dicho que buscara el baño, total no era difícil de encontrar ya que solo había dos puertas, la de la recamara y la del baño, le pregunté ´´entonces tú no has subido para nada al segundo piso?´´ y me respondió que él no había subido al segundo piso desde que llegó del trabajo, yo solamente puse la mejor cara neutral que pude hacer mientras casi me desmayaba y le dije que iba a subir al baño mientras él pone la mesa para cenar, el aceptó y se fue a la cocina, al ir subiendo las escaleras me entró unos escalofríos de excitación, nervios y todo a la vez al caer en cuenta que él que me había visto dedeandome en la cama con la nalgas paradas y en pura tanga completamente expuestas y él que me había hecho a un lado la tanga para comerme el culo para dedearme el ano de lo más rico y él que me hizo acabar teniendo un orgasmo súper delicioso e intenso para después nalguearme e irse había sido Mario el amigo de mi esposo.

    Me senté en la cama y respiré profundo mientras recordaba la sensación tan placentera que me había hecho sentir Mario, estaba confundida, no era algo mejor que mi esposo pero ciertamente si fue algo muy diferente que no había sentido nunca ya que Mario había sido el primero en dedearme el culo y en hacerme venir de esa manera, decidí no decirle nada a mi esposo por lo pronto hasta que yo estuviera lista y calmada, en eso volteé a ver mi compu y la abrí para distraerme unos segundos con los mensajes, vi que el Sugar de mi ciudad me había respondido jajaja me dijo «me encanta tu sarcasmo y todo lo demás de ti» me di cuenta que él solamente le había dado like a una foto donde solo se mostraba mi rostro lo cual se me hizo interesante, le respondí algo trivial y seguimos platicando por un par de días, me contó a que se dedicaba y como iban sus días, etc.

    Mi esposo solo se reía y se calentaba de lo que platicábamos el Sugar y yo, a veces le mandaba fotos antes de dormirme acá medio sexys o le mandaba fotos en la mañana enseñándole tanga que iba a traer puesta ese día con un «que tengas buen día» jejeje, a veces no dejaba a mi esposo que me viera la tanga que me había puesto ese día y le decía que solo quería que me la viera mi Sugar ese día, eso le prendía muchísimo a mi esposo, el saber que otro hombre sabía de qué color es la ropa interior de su mujer y él que es el esposo no lo sabía, así pasaron varios días hasta que llegó el día en que quedamos en una cita por fin.

    Quedamos en vernos en un lugar público porque obviamente no le iba a decir donde vivo, antes de ir nos sentamos a platicar mi esposo y yo sobre la posibilidad de que fuera suceder algo esta noche entre mi Sugar y yo, nos besamos tan apasionadamente al pensar que estábamos viviendo esta fantasía tan hermosa, tan emocionante y excitante que no sabíamos como iba a terminar, nos abrazamos y me fui a arreglar mientras mi esposo me esperaba en la sala para llevarme a mi cita con otro hombre que seguramente me iba coger.

    Me salí de bañar, me comencé a cepillar el cabello para desenredármelo, me puse un poco de labial y un poco de delineador en mis ojos, me puse una tanga roja de encaje y encima un vestidito blanco con flores como de primavera muy ligerito de tirantes, obviamente como siempre no me puse bra, terminé poniéndome unos zapatitos con tacón no muy alto y bajé a la sala para ya irnos, al verme mi esposo me chuleó mucho y me dijo que me diera una vuelta para verme bien jajaja me di la vuelta bien coquetona y le hice un flash de mis nalgas jajaja nos reímos, nos dimos un beso y nos fuimos. Yo iba muy nerviosa en el camino porque no sabía que esperar, mi esposo me dijo que él me iba a dejar en lugar que habíamos quedado el Sugar y yo, que había sido un estacionamiento de un mercado, me iba a dejar y se iba a ir a estacionar un poco lejos, pero de tal manera que me pudiera ver y así ver el carro en el que me subiera para seguirnos discretamente, eso me hizo sentir más tranquila.

    Llegamos al lugar y me bajé del carro en el lugar donde habíamos acordado, mi esposo se fue a estacionar y yo me quedé esperando, después de unos minutos se orilló un carro muuuy nuevo como del año, muuuy bonito y lujoso, no tenía los vidrios polarizados así que podía ver hacia dentro, me topé con un señor bastante atractivo, con algo de canas, moreno claro con ojos un poco claros también y que se veía que estaba en una excelente condición física, me dijo «Ali?» y le dije «Holii» riéndome como nerviosa, se bajó y me abrió la puerta lo cual me empezó a prender de inmediato por tanta caballerosidad, me subí al carro, se subió él y nos fuimos.

    Al subirme comenzamos a manejar solo por la ciudad sin ningún destino fijo, platicando, riéndonos como por media hora, hasta que en un semáforo se acercó a darme un beso y yo le correspondí, nos besamos de lo más rico, su olor me fascinó bastante y me hipnotizaba, al terminar de besarnos no me había dado cuenta pero se había desabrochado el cierre del pantalón y se había sacado el miembro, cuando lo vi me impresionó bastante ya que era casi el doble de largo que el de mi esposo y el doble de grueso también, al estar toda pasmada del asombro viéndolo solo sentí como el Sugar me agarró de la cabeza y me dijo «ya se puso en verde putita así que ponte a trabajar» me bajó a su miembro y me lo metió en la boca, no sabía cómo habíamos llegado a eso pero de pronto ya le estaba dando una mamada a alguien a quien apenas acababa de conocer, el Sugar solo manejaba y manejaba sobándome la cabeza diciéndome «así putita así sigue mamando como la putota que eres» cada vez que me decía así me prendía más y me esmeraba más en la mamada que le estaba haciendo, era una cosota lo que me estaba metiendo en la boca, me atragantaba llegándome hasta la garganta de lo grande que estaba, al estar algo incómoda de la forma en la que estaba sentada en el asiento me acomodé hincada sobre el asiento con mis nalgas paradas apuntando hacia la ventana y mi cabeza metida bajo el volante haciéndole el jalecito al sabroso de mi Sugar, en la posición en la que estaba mi Sugar me jaló el vestido hacia mi espalda dejando al descubierto mis nalgotas y la tanga que me había puesto exponiendo mis cachetotes de mi culo a todo aquel que alcanzara a ver hacia dentro del carro, eso me hizo que me empezara a mojar mas así que no solo le estaba mamando la verga sino que también le estaba lamiendo los huevos a mi Sugar como la perrita que me había hecho, él me manoseaba las nalgas y me nalgueaba con una mano mientras con la otra manejaba el carro, al sentir que nos frenábamos en semáforos y así solo alcanzaba a escuchar silbidos y uno que otro grito como «dale duro mami!» «es todo compa!» «después sigo yo nalgona!» sabiendo que se dirigían a mí al ver mis nalgotas bien paradas con toda la tanga metida y mi cabeza subiendo y bajando en la verga del papacito este, de repente empecé a sentir que un líquido caliente me llenaba la boca mientras el Sugar se ponía tenso y me sujetaba la cabeza con fuerza, se estaba viniendo en mi boca y yo no tenía de otra que tragarme su lechita, terminó de venirse y me jaló del cabello hacia mi asiento diciéndome «ya terminó la prueba mi amor y la pasaste, ahora vas a tener el privilegio de que te la meta por todos lados», yo solo lo miré con cara de asombro y volteé a ver a dónde íbamos entrando, era el hotel más lujoso de la ciudad.

    Continuará…

  • Esto nunca pasó

    Esto nunca pasó

    Todo comenzó por llegar tarde, no planeamos vernos ni siquiera acabar en su cuarto, tenía 18 años, él era mi mejor amigo, pero que podía pasar, me lo encontré de casualidad en la escuela, yo tenía que salir con un amigo, pero llegué tarde y no lo encontré, mi mejor amigo y yo acordamos que si no entraba a mi amigo me iría con él, al no encontrarlo mi mejor amigo sugirió que fuéramos a su casa, honestamente siempre quise ir a su casa así que no me negué, estando ahí todo era normal, hasta que llegó ese tonto juego que se convirtió en el principio del fin.

    Tenía un tablero de dardos en su cuarto, ese día descubrí lo mala que era en ese juego, empezamos a jugar y el que perdiera tenía que hacer un reto, todos las veces perdí yo, pero sus retos eran tontos y no los quería hacer, hasta que sugirió que me quitara la blusa, yo solo pude pensar es mi mejor amigo no va a pasar nada pues que tan equivocada estaba, antes de seguir debo aclarar que en algún momento de nuestra amistad llegó a gustarme, pero lo prefería como amigo que como novio y nunca pasó nada, hasta este día.

    El reto ya estaba dicho sería capaz de hacerlo, era una buena idea, me acosté en la cama toda apenada tome una cobija que estaba puesta sobre la cama me tape la cara y procedí a quitarme la blusa, él se puso encima de mi y muy lentamente quitó la cobija primero de mi rostro, cuando quede completamente al descubierto, yo con los ojos cerrados, me dijo al oído te puedo quitar el sostén, abrí mis ojos rápidamente lo vi enfrente de mí, nunca habíamos estado tan cerca, a pesar de que siempre fue muy cariñosos conmigo, solo pude asentir con la cabeza, como pudo desabrocho mi sostén.

    Ahí estaba recostada semidesnuda en la cama de mi mejor amigo, en su casa, con la puerta cerrada y solo los dos en el apartamento, aún en este punto creía que no pasaría nada. Me observo por unos segundos al verlo me apene y cerré los ojos otra vez, él acercó su mano a mi cara me tomó de la barbilla y me pidió que abriera los ojos y me dijo – Sé que no te atreverás a hacerlo- y me beso, fue un beso extendido y apasionado, al principio me tomó por sorpresa, si a lo había imaginado tantas veces pero nunca creí que fuera a hacerse realidad, ante la sorpresa lo único que pude hacer fue responderle de la misma manera, pasaron unos minutos, cuando reaccionamos, que acaba de pasar.

    Me miró nuevamente se distrajo en mis pechos para posteriormente verme a los ojos, desconcertado me dijo que haríamos como si esto nunca hubiera pasado, no supe qué responder, solo me quede callada y asentí con la cabeza.

    Después de la aclaración los besos siguieron, cada vez eran más largos, nuestras lenguas parecían entenderse muy bien como si fuera algo que deseábamos desde hace mucho tiempo y ya para este momento nuestras manos entraron en acción, él tocaba suavemente mis pechos, mientras yo alborota su cabello. Él empezó a bajar su mano pasó por mi abdomen, cuando llegó a mi vientre, me sobresalté y lo detuve en el acto.

    Para ese momento aún no estaba preparada para lo que continuaría, pero eso lo dejaré para otro momento.

  • Mi madre me coge en las vacaciones (5)

    Mi madre me coge en las vacaciones (5)

    A la tarde vi que Clau hablaba con Lía.  Mientras cenábamos los tres había sonrisas cómplices entre Su y Claudia. Cuando terminamos, Su se retiró sola diciendo: “Chicos, los dejo, ah, voy a tener visitas… Chauuu.” Y se fue riendo.

    Estábamos con Claudia tomando el segundo trago fuera de la cabaña después de cenar, cuando apareció Lia con la hermana, con un bolso grande colgado del hombro.

    “Hola, Sr. Tim. Esta pendeja se ha estado portando mal. Necesitaría que me diga si el castigo que le voy a dar es suficiente, por favor”

    “Pasemos.” Dije.

    Entramos y sin decir agua va, le dio vuelta la cara a la hermana de una cachetada. La chica cayó al suelo pesadamente. Lia se sacó la ropa y del bolso, sacó una fusta de caballos. Le sacó la ropa, estando aún en el suelo, y le comenzó a dar con la fusta en distintas partes del cuerpo.

    “Pendeja, contale al Sr. Tim por qué te castigo.” Dijo Lia.

    “Por masturbarme con una botella.”

    “Le parece Sr. Tim, con una botella. Ahora va a aprender.”

    Me senté y Claudia en mi pierna. Lia hizo parar a la hermana y le tocaba la concha, el culo, las tetas.

    “La pendeja está mojada, como le dije, le gusta que la maltraten.”

    Lia tomó un consolador y se lo metió en la concha, aún parada, mientras le daba con la fusta en la espalda.

    “Agarra el consolador y date como te gusta.” La chica empezó a enterrarlo y sacarlo, gemía sin parar mientras la hermana la castigaba con la fusta. Clau respiraba pesado. Por sobre la ropa, le pellizque un pezón y gimió. Frotaba sus manos en las piernas.

    “Te gusta putita meterte cosas, bueno, ahora te vas a meter uno más grande.” Y Lia le dio un consolador más grande, que le costó meterlo, pero cuando lo hizo empezó a gemir y a tener orgasmos. Yo mientras tanto sobaba las tetas de Claudia, que gemía cada vez más.

    “Sacate la ropa.” Le dije a Claudia. Ella lo hizo al instante y se volvió a sentar en mi pierna. Al hacerlo, mojó mi pierna.

    Lia la miró, le dio un beso en la boca, y apretó uno de sus pechos.

    Cuando la pendeja llegó a un nuevo orgasmo, Lia sacó un bate de béisbol y se lo dio.

    “A ver si ahora te satisface tu deseo de placer.” Le dijo.

    La chica lo apoyo en el suelo y fue enterrándoselo en la concha. Lia la azotaba con ganas.

    “Mire que puta, como se entierra ese bate, y como goza”. Dijo Lia. Realmente gozaba la pendeja. Los orgasmos no paraban.

    “¿Me presta la Srta.?” Me preguntó

    Asentí con la cabeza y la tomó de la mano a Clau, le puso el consolador más grande y le dijo: “Enterralo en el culo.” Claudia, al ver que estaba con el bate en la concha, dudó. Fue suficiente para que Lia le pegue con la fusta en el culo. Claudia no gritó y solo mordió los labios. Con sus propios jugos mojó el consolador y se lo fue metiendo. La chica deliraba de placer.

    Lia sacó dos broches del bolso y se los prendió en los pezones. El bate estaba unos 6 centímetros adentro de la chica y el consolador casi totalmente en el culo. Clau lo hacía entrar y salir rápido, mientras se tocaba su concha, totalmente excitada por lo que hacía.

    “Parece que a la Srta. le gusta lo que hace, vamos a darle el gusto.” Y Lia le puso el arnés y trabó el consolador. Sacó el bate de la concha de la chica, la puso en cuatro en el borde de la cama.

    “Ahora, date el gusto, rómpele el culo” le dijo a Claudia.

    Ella totalmente excitada la sodomizaba sin piedad, la chica gozaba sin parar. De tanto darle, en un momento dado, Claudia tuvo un orgasmo y le temblaron las piernas. Lia la hizo salir, y apoyo el bate en el orto ya abierto. Lia le dio un golpe y se lo empezó a enterrar. Claudia miraba loca de placer, sin sacarse el arnés ni el consolador, se siguió masturbando, y tocándose el culo. Me miraba y mordía sus labios.

    El bate de a poco entraba en el orto, la chica gritaba y pedía por favor que lo saque, que no lo iba a hacer más. Lia seguía metiéndolo, Clau se puso atrás de Lia y abriéndole los cachetes, le apoyó el consolador en su culo. Lia la miró y sonrió. Tomó el consolador y lo guio hasta que entro.

    “Así, pendeja, ¿así te gusta masturbarte?” y de un empujón lo introdujo casi 5 centímetros. La chica cayó sobre la cama y Lia seguía penetrándola sin piedad. La imagen era terrible. Lia se empujaba contra Claudia enterrándose el consolador cada vez más. Cuando llegó al orgasmo, sacó el bate del orto de la hermana, y lo tiró al suelo.

    “Ahora, ándate, lávate y a dormir.” Le dijo. La chica con evidentes problemas para caminar y con sangre entre las piernas, se fue de la cabaña. Claudia seguía penetrándola a Lia.

    Me saqué la ropa y con mi pija ya al palo, se la di a chupar a Lia, que se prendió enseguida. Sin sacarla de Lia, hice que se acostaran las dos boca arriba, Lia sobre Clau. Yo le abrí las piernas a Lia y la tomé por la concha. Gritaba de placer, Clau retorcía sus pezones y mordisqueaba sus orejas.

    Cuando Lia llegó a un orgasmo, me salí de ella, y la hice poner en cuatro, con Claudia dándole por la concha. Yo enculé a Claudia que gemía de placer.

    “Así, rómpeme el culo mientras la cojo a Lia. Sos mi hombre, amo como me coges.”

    Me retiré, le saqué el arnés y me senté. A ella la puse dándome la espalda y se la metí por la concha. Lia abrió más sus piernas, y comenzó a chupar su concha y apretar sus pechos.

    Cuando acabé, los tres caímos en la cama. Intrigados, fuimos a ver a Susana. Le estaban dando con todo, y por todos lados. Entramos y fui directamente a ofrecerle chupar mi pija, cosa que hizo con ganas. Lia y Clau, se entrelazaron y gozaron entre ellas.

    Cuando terminó la semana y nos retirábamos, Lia se acercó a saludarnos. Nos repitió la invitación y nos dio varios regalos.

    En el avión, Susana comentó:

    “Lia me contó, que estos servicios son solo para nosotros, que ella quedó enganchada con vos Tim, y ahí empezó todo, que le encanta como la coges, y me pidió que volvamos pronto.”

    “Guau, no soy la única loca por como la coges.”

    Desde ese día Claudia era una sumisa consumada. Hasta compró un collar, un par de consoladores, esposas y otros juguetes.

    Varias veces al ir a su casa la encontré con chicas, incluso me ofreció participar si la chica quería. Siempre con la chica, ella era la domina.

    Una tarde, cuando fui, la encontré a mi madre. Cuando Claudia me abrió, se rio y me señaló el dormitorio, Susana estaba con el culo levantado y un consolador en cada lado. Clau se sentó frente a ella para que le siguiera chupando la concha. Con una fusta le golpeó la espalda y le dijo:

    “Seguí chupando, suegrita, que tengo más orgasmos para darte. Y ahora que vino mi macho, prepárate para que nos rompa la concha y el culo.”

    Por lo menos una vez por mes nos encontrábamos los tres. Meses más tarde, para el verano, Susana invitó a Lia a visitarla en su quinta de veraneo. Lia vino súper feliz por la invitación, pero eso será material de otro relato.

  • El cambio de una madre (VII)

    El cambio de una madre (VII)

    Comenzaba un nuevo día, el último que estaríamos en Madrid. El último de estos días, desatados de sexo y lujuria.

    Apenas me quedaban 24 horas para poder disfrutar del cuerpo de una diosa, de una madurita que estaba muy muy buena, y nunca me había dado cuenta.

    Mi madre siempre dijo que tras partir de Madrid hacia casa todo acabaría. Acabaría nuestros escarceos amorosos, acabarían los días de lujurias. Lo peor de todo era que iba dejar de ser su amante.

    -Buenos días mamá, que tal has dormido hoy mi diosa? le susurré al oído…

    -Hola cielo, muy bien. La verdad que me estoy acostumbrado a dormir a tu lado, y cuando vuelva a casa me costará acostumbrarme a estar sola. Pero bueno es cuestión de tiempo. Dijo mi madre muy convencida.

    -Pues será porque tú quieres, ya sabes lo que te propuse ayer. Mi propuesta siempre estará en pie. Le dije a mi madre muy seguro.

    -Hijo, por favor no me lo pongas más difícil. No quiero empezar otra vez con esa conversación. Te lo ruego olvídalo.

    -Vale ma, como quieras nunca haría nada que te molestase.

    -Sabes hijo, me apetece ir al parque de atracciones y sentirme una niña por un día. Que te parece la idea para ponerle fin a estos días?.

    -Vale como quieras mamá, luego volveremos al hotel, follaremos las últimas veces y mañana por la mañana a primera hora volveremos a casa. Y punto y final para siempre… Lo he entendido mamá. Dije derrotado.

    -Te quiero mi rey, eres un sol. Que suerte tendrá, la mujer que te tenga a su lado. Qué pena que tu padre no fuese igual que lo eres tú.

    Me dio un beso de buenos días, como el que una mujer da a su marido, cuando duermen juntos.

    Nos vestimos, bajamos a desayunar y en poco más de una hora pusimos rumbo hacia el parque de atracciones.

    Mi madre estaba contenta. La miraba y veía una cara de felicidad que hacía muchos años que no había visto. Bueno diría que nunca había visto, esa cara de felicidad.

    Mi madre era una persona como otra cualquiera, la cual necesita, que la atiendan, tengan detalles con ella, y sobre todo la quieran.

    Yo lo están consiguiendo.

    Pasamos todo el día en el parque de atracciones, mi madre se montaba en todo, parecía una niña de 15 años. Yo la veía disfrutar y era feliz. La verdad que lo pasé muy muy bien. Pero como todo en la vida se acaba, se acabó el día, el cual habíamos aprovechado muy bien. Yo veía a mi madre y me seguía poniendo cachondo. Me atraía una barbaridad…

    Pusimos rumbo al hotel, eran ya sobre las 20 h cuando llegamos a la habitación. Mi madre tenía hambre, pedimos unos platos al restaurante para que nos lo sirvieran y dos botellas de champagne.

    La noche iba a ser larga…

    Cuando mi madre colgó el teléfono, me acerqué a ella, le toqué el culo, y le di una buena cantidad de besos en el cuello, eso le encantaba. Seguí detrás de ella, mientras se dejaba hacer. Solté su pantalón, y metí mi mano para acariciar su coño, entonces acerté a decir.

    -Ma, que te depilases el coño, una vez no quiere decir que es para siempre, sabes? esto necesita una buena pasada de nuevo, empieza a pinchar.

    -Y? quiere ser mi hijo el que le dé el repaso al coño de su mamá? dijo con voz juguetona.

    Madre mía mi madre me iba a dejar depilarle el coño, no me lo podía creer, creo que la noche se antojaba juguetona…

    -Claro que si mamá, con mucho gusto, luego si quieres me puedes depilar tu mis huevos y mi polla.

    -Suena bien, apunto mi madre. Pero espera a que suban la cena, no quiero que nos corten a media faena…

    Comencé a meterle mano a mi madre, le comí toda la boca, tenía que hacer tiempo hasta que viniese la cena, pero tampoco quería perder el tiempo que me quedase para poder follar con mi madre.

    Toqué, su coño y pude comprobar que estaba mojadita otra vez, le toque las tetas y todo su cuerpo. Ella mientras jugaba con mi polla sobre mi pantalón.

    Al poco rato de estos juegos, llamaron a la puerta.

    Servicio de habitaciones

    -Voy, dijo mi madre, mientras se arreglaba un poco y se vestía.

    Yo me escondí para que no me viera.

    Mi madre paso el carrito, con la cena y dijo

    -Vamos a cenar antes de que se enfríe, mira que pinta tiene todo,

    Degustamos, el pescado la carne y los entrantes. Nos bebimos las dos botellas de champagne.

    -Pediré otra más dijo mi madre la noche es joven…

    Llamo a recepción y nos subieron otra botella de champagne, yo la verdad ya estaba un poco más contento de lo normal y todavía nos bebimos otra botella más.

    Cuando ya habíamos acabado con todo el champagne, mi madre estaba muy cachonda, se lo notaba en sus ojos. Quería que me la follase, que le comería el coño, que la haría gozar y que nunca olvidase la última noche de sexo que íbamos a mantener.

    Entonces me acerque a ella, la cogí de la mano y la lleve a la cama. La desnudé entera, antes mis ojos apareció, si cuerpazo de madura, y también esos pelitos puntiagudos, de su coño.

    -Vamos al baño mamá a darle un repaso a este coñito. Dije mientras la cogía de la mano y la llevaba hacia el baño,

    Encendí, el agua de la ducha, cogí mi cuchilla de afeitar y mi espuma, fui hacia mi madre. Joder q morbo me iba a reventar la polla, le iba a depilar el coño a mi madre.

    Después de esto no me la follaría más, pero estaba claro que tendría mil recuerdos para hacerme buenas pajas…

    Aplique bien de espuma de afeitar en su coño, mientras extendía se lo toqué a base de bien.

    Levante una pierna para que me dejase, espacio para pasar la cuchilla.

    Le pasé la cuchilla por todo su coño, la pasé con mucho cuidado por sus labios vaginales no quería cortarle.

    Una vez acabé, aclaré su coño, y empecé a acariciar su clítoris, estaba un poco durito.

    Se lo toqué muy despacito muy despacito durante un buen rato a ella le gustaba mucho lo veía en su cara. Le chupe un rato el coño, estaba ya muy caliente. Me apoyé contra la pared y le dije señalando mi polla, que era su turno.

    Cogió, la espuma y me la aplicó bien por toda mi polla. La tenía como una piedra. Con la cuchilla me quito hasta el más pequeño pelo que tenía, una vez toda depilada, aclaró bien la espuma y se la metió a la boca.

    Engulló, toda mi polla entera hasta los huevos, casi le da hasta una arcada, pero la chupaba con ansia, me la chupaba con muchas ganas…

    Toqué su coño, mientras chupaba mi polla y entonces vi que lo tenía encharcado.

    La separé de mi polla, y la subí hasta comerle la boca, comencé a jugar con su clítoris, los jadeos salían de la boca de mi madre a pares.

    Le di la vuelta, puse sus manos en el mando de la ducha y la baje un poco, fui por detrás y sin que lo esperase, se la metí de golpe toda entera en su jugoso coño.

    Un ahhh jodeerrr de gusto salió de la boca de mi madre. Empecé un mete saca despacito, sus tetas se meneaban al ritmo de mis embestidas.

    Se las empecé a apretar mientras subía el ritmo mi madre chillaba como una loca, mientras el agua caía por nuestros cuerpos. Subí más el ritmo. El plof plof de mis huevos en su coño sonaba muy fuerte… Entonces con mi mano derecha, busqué su clítoris mientras se la metía y sacaba a gran velocidad.

    -Joder, jodeerrr si más más cariño que gusto como me gusta sigue sigue… me matas de gusto sigue jodeerrr ahhh, me corro me corroo, chillaba mi madre mientes que aguantaba mis fuentes embestidas…

    Aguanté unas pocas culetadas más, y le dije a mi madre.

    -Me voy a correr, joder mamá que bien follas que coño más rico tienes, joder…

    -Sí, mi niño, córrete dentro del coño de mamá. Me gusta sentir tu leche calentita dentro de mi… joder qué gusto, ahhh

    Y una buena cantidad de leche de mi rabo, acabo en el coño de mi madre. No paraba de correrme, salía lefa, de su coño por todos los lados.

    -Te quiero Má, me ha encantado.

    -A mi también me ha gustado mucho mi vida.

    Nos jabonamos, entre toqueteos y juegos.

    Nos pusimos los albornoces y salimos a la cama. Yo me tiré sobre ella derrotado, estaba cansado…

    Me metí, en la cama desnudo. Mi madre se metió a mi lado desnuda, pero veía que la noche no había acabado, quería más, ya era un poco tarde, pero aquí no acababa la noche.

    Mi madre se abalanzó sobre mí, y comenzó a comerme la boca, mientras acariciaba mi polla. En un segundo la tenía más dura que una piedra de mármol.

    -Joder hijo, te cuesta poco ponerte a tono no?

    -Joder mamá, es que eres una diosa sexual, haces que quiera follar todo el rato. No sé qué voy hacer a partir de mañana…

    Mi madre cogió sus tetas y las puso sobre mi polla y comenzó a hacer una buena cubana, que bien las hacía con esas tetas, joder que gusto, mientras las bajaba también chupaba mi polla joder que buena era mi madre en la cama.

    Mi padre era tonto cómo podía desaprovechar a esta mujer, a esta diosa en la cama.

    Tras un rato de buena cubana, le dije a mi madre que se diese la vuelta para comerle el coño y hacer un 69.

    Así lo hizo, puso su coño en mi boca, mientras no dejaba de chupar mi dura polla.

    Había hecho varios 69 en mi vida, también me la habían chupado varías veces, me habían hecho cubanas, pero nunca me habían gustado tanto como las que me hacía mi madre. Era otra cosa, las de mi madre eran mucho más placenteras…

    Seguimos, en nuestro afán de comernos nuestros sexos, el coño de mi madre tenía un sabor especial, me encantaba y por lo fuerte que me la chupaba, a ella también le gustaba como le comía el coño.

    Mi madre se corrió antes que yo, saco mi polla de su boca, comenzó a gemir y chillar de placer.

    -Joder no pares, sigue sigue comiéndome el coño así de bien sigue sigue me corro en tu boca mi amor me corro ahhh.

    Entonces se dio la vuelta y siguió comiendo la polla.

    La paré y le dije,

    -Espera mamá, todavía tengo un poco de aguante te la meteré otra vez.

    La puse en la postura del misionero, para que viese la diferencia que había cuando lo hacía con mi padre.

    Se la metí hasta el fondo, le gustaba… Tenía el coño encharcado. Madre mía qué placer. Tras un rato de metidas y sacadas mi madre no paraba de chillar y decir

    -Joder para ya, por favor, me estás matando de placer joder, no sé ni las veces que me he corrido, ahjhj ajjja hahaha. No puedo más.

    Entonces saque mi polla y me corrí en la cara de mi madre. Toda mi lefa acabó, en su cara…

    -Mamá ha sido brutal, eres la mejor mujer que he tenido en mi cama nunca…Te quiero

    -Yo también te quiero, me has dejado el coño dolorido, de tanto trajín pero me ha encantado. Y nada tiene que ver con el misionero que hacía tu padre. Estos sí que me gustan y no la mierda que me hace él.

    Limpio su cara y caímos rendidos abrazados, en la cama los dos.

    Nos despertó, el teléfono del hotel.

    -Sí, dije yo, con voz de ultratumba.

    -Buenos días caballero, no es por molestar, pero son las 12 y tienen que abandonar la habitación ya. Siento las molestias pero tenemos otros clientes que entran a las 14. Lo siento mucho de veras.

    -Yo sí que lo siento, le dije a la amable chica de recepción. Nos habíamos quedado dormidos, después de la agotadora noche anterior. Ahora en 20 minutos abandonamos la habitación. Disculpe nos damos toda la prisa que podamos.

    -Mierda, hijo nos hemos dormido. Venga vete a ducharte, yo prepararé las maletas.

    Mientras me duchaba, maldije mi suerte yo quería follar la última vez con mi madre por la mañana, pero nos habíamos dormido y no había tiempo.

    Salí del baño y mi madre ya tenía su maleta preparada, paso a la ducha y comprobé por última vez su cuerpazo, la contemplé mientras metía mi ropa a la maleta de cualquier forma, la cerré me vestí.

    Me dispuse a ver cómo se vestía mi madre, por última vez, quería tener recuerdos para cuando llegase a casa poder hacerme buenas pajas…

    Salió de la ducha, y me dijo

    -jolin, hijo que manera de tener que irnos, a todo correr como nos hemos podido quedar dormidos los dos?

    -No sé, ma pero ya no tiene solución.

    Observé cómo se ponía un tanga que le quedaba limpio, era rojo con encajes precioso y un sujetar a juego, estaba buenísima, se puso sus mallas y una sudadera, estaba guapa hasta de sport.

    Que culito.

    Bajamos a recepción y pedimos disculpas por salir tan tarde la habitación.

    Pagamos todo y nos fuimos. Pusimos rumbo a casa.

    Por el camino a casa solo maldecía mi mala suerte de no haber despido esto con un buen polvo mañanero… En fin ya no había solución.

    Paramos a comer, los dos estábamos, tristes no hablábamos mucho.

    Comimos y volvimos a coger la carretera, entonces fue mi madre, quien apoyó su mano en la mía cuando la tenía en la palanca de cambios y me dijo.

    -Sabes hijo? ha pasado solo dos semanas desde que empezamos con esto de la boda, dos semanas que me han cambiado la vida, para bien por supuesto.

    Ha cambiado mi forma de ver la vida, mi forma de vestir y forma de disfrutar del sexo.

    Me alegro mucho que hayas sido tú, quien me hayas despertado el gusanillo.

    Pero espero que nada cambie entre nosotros dos hijo, espero que seas el que eras antes de venir de boda. Espero que vengas a casa a verme, a cenar, hacer compañía…

    -Sí, mamá, tranquila nada cambiará, sé que no volveremos a follar me ha quedado claro, pero yo seguiré igual a tu lado.

    -Te quiero hijo, menos mal que te tengo a ti, que sería de mi vida sin ti…

    Llegamos a casa,

    -Hijo, no quieres subir a cenar?

    -No, mamá, quiero ir a mi casa, tengo que recoger ropas y preparar cosas, mañana tengo que hacer miles de recados.

    -Vale, como quieras, mi rey mañana hablamos.

    -Ma, sé que se acabó, pero por favor un último beso.

    Mi madre miro que no había nadie en la calle ni por las ventas. Nos fundimos en un beso con toda la pasión, la misma que había, hacia 24 horas.

    Nos separamos y dijo mi madre.

    -Se acabó, y también los besos así. Lo siento.

    Adiós hijo.

    -Adiós mamá.

    Me fui a mi casa derrotado, había echado los mejores polvos de mi vida, y esto había acabado.

    No tenía ganas de nada, solo quería ir a casa y dormir…

    Me fui a casa, me metí en la cama, pero ya no era lo mismo, quería sentir el cuerpo desnudo de mi madre, quería tocarla, comérmela… pero no, estaba solo y derrotado, no tenía ganas ni de hacerme una paja.

    Paso el viernes, entre recados y unas birras con los colegas, tenía que olvidar a mi madre.

    Pero sonó el teléfono, era mi madre. Por un momento me puse contento, igual se había arrepentido y quería que volviésemos a follar…

    -Dime Ma, qué tal? le dije muy contento.

    -Luija, hijo qué tal tú? que haces? ya estás con tus amigos de fiesta eh…

    -Sí, estoy tomando algo por ahí, tu qué haces?

    -Aquí estoy con tu padre, ha venido este finde semana, y pegunta que si vendrás el domingo a comer…

    Joder, a la mierda no me llamaba para follarme…

    -Si, ma dile que el domingo iré a comer con vosotros. Adiós

    -Adiós hijo. Un beso

    Estuvimos un rato más de fiesta, y nos fuimos para casa. Quedamos para el día siguiente volver a salir.

    Tenía que intentar echar un polvo para ver si me olvidaba de mi madre…

    El sábado volví a salir con mis amigos, cenamos y nos tomamos una cacharros en una discoteca. Había unas chicas muy guapillas, estaban bastante buenas…

    Les entramos y después de invitarlas a unos cacharros, comencé a hablar con la que más me atrajo. Tras un par de horas de chala, estamos en mi casa comiéndonos la boca.

    Fuimos a la habitación, la desnudé, no tenía ni una estría, su piel era tensa, pero le faltaba algo, me gusta más los cuerpos de las maduritas. Echaba de menos las arruguillas, la piel un poquito flácida…

    Me chupo la polla y me la follé dos veces, gozo mucho pero a mí, no me había gustado lo más mínimo, después de probar el placer de mi madre todo me parecía poco. No me había gustado, había sido muy frío todo.

    La verdad a la chica tenía un cuerpazo, pero no me llenaba. Lo que yo ahora buscaba no era esto, era otra cosa

    Por la mañana, nos despedimos y cambiamos nuestros números de teléfono. Estaba seguro que no la iba a llamar y casi seguro que nunca más me la iba a follar, pero no hay que cerrar puertas.

    Me pegué una buena ducha, me puse unos vaqueros, una camisa unos zapatos y puse rumbo a casa de mis padres…

    Entre por la puerta, fui a la cocina, allí estaba mi madre, la de toda la vida, con un pijama ancho, feo de mercadillo, sin arreglar, con el pelo de cualquier manera, bueno la madre que toda la vida había conocido yo…

    -Hola Ma, le di un beso en la mejilla.

    -Hola hijo, que tal? Tu padre está en el salón. Pero que guapo estás.

    -Ma, siento no poder decir lo mismo. Esa ropa ni te hace justicia.

    Mi madre no dijo nada solo bajo la cabeza derrotada.

    -Vete a ver a tu padre por favor, dijo mi madre muy seca.

    Me abrí una cerveza de la nevera, y fui hacia el salón a ver mi padre.

    -Hola Pa, que tal?

    -Hombre Luisja hijo que tal estás? cuanto tiempo.

    Nos dimos un fuerte abrazo. Estuvimos un rato hablando de nuestras cosas, de trabajo, de deportes…

    Hasta que fue, la hora de comer.

    -Voy a echarle una mano a mamá, con la comida

    – Vale hijo.

    Fui, a la cocina, allí estaba mi madre, sin yo decirle nada, ella me dijo.

    -Que desastre hijo, tu padre no se ha dado cuenta ni de qué tengo el chocho, depilado. Me insinué ayer, con las bragas transparentes y las medias que me compraste para la boda y nada no se dio, ni cuenta del detalle. Intente follar con él, tener un orgasmo y nada, 9 minutos escasos. No me gustó nada, ni tan siquiera llegue a lubricar. Así que de orgasmo no hablamos…

    -Lo siento ma, esto ya sabes que va en las personas, es una pena que no sepa aprovecharte, no sabe lo que se pierde. Pero entonces mamá, esto me abre alguna puerta a mi? le pregunté sorprendido.

    -No hijo, no empieces. Lo siento.

    -Vale, vale sólo, era una pregunta. Le di un beso en la mejilla.

    Pobre mujer no se merecía eso, se merecía tener noches de placer como las que yo le regalé. Pero bueno así es la vida.

    Acabamos de comer, y tras la sobremesa salimos a dar un paseo los tres. Mi madre fue a la habitación a cambiarse de ropa. Pasé por delante de la habitación mientras se cambiaba y no me lo podía creer, llevaba puesta las bragas cristianas esas horribles que tenía. Donde estaban los tangas, las bragas y sujetadores, que compramos?

    Se puso la ropa fea, ancha de toda la vida, parecía una vieja.

    No tenía la alegría de días atrás, no tenía la sonrisa que lucía por Madrid. Era la madre que toda la vida había tenido, la madre triste y abandonada. Con la única diferencia que llevaba los pendientes que le había regalo, el día de su cumpleaños.

    Algo del cambio había dejado.

    Nos despedimos y volví a mi casa al día siguiente había que trabajar.

    Mi padre me dijo que iba a Valencia y que volvería en un par de semana.

    Ni el lunes, ni el martes, pasé por casa de mi madre, quería dejar pasar el tiempo un poco.

    El miércoles me dijo mi jefe que había cogido una obra fuera, y que me necesitaba dos semana, le dije que no. Sabía que no me gusta salir fuera.

    Ese día al salir de trabajar a la hora de comer decidí, pasar por casa de mi madre a comer con ella y darle una sorpresa. Ya había asimilado que lo nuestro había acabado. Y no quería que mi madre estuviste triste, quería verla feliz, aunque no follásemos.

    Cuando llegue a su calle, vi a mi madre a lo lejos, venía acompañada, me escondí.

    Venía con un chico de mi edad, un poco más, estaban charlando, mi madre iba vestida, provocativa, llevaba la ropa que le había regalado el día de su cumpleaños.

    Los deje entrar en el portal y esperé un poco. Me mataba la curiosidad, mi madre ya tenía un amante? tan rápido se ha buscado uno?

    Esperé un poco y subí a casa. Abrí la puerta con mucho cuidado, y sin hacer el mínimo ruido pasé un poco más y escuche como mi madre le decía al chico.

    -Te gusta mi ropa interior? Estoy guapa eh?

    No me estuve a mirar, ni mucho menos entré más. Salí de la casa de mis padres, sin hacer el más mínimo, ruido y me fui a un bar a tomar algo, comer no, tenía el estómago cerrado.

    Si que le había costado mucho a mi madre echarse un amante. No si cuando digo que estaba desatada lo estaba.

    Entonces cogí el teléfono y llamé a mi jefe, irme un par de semanas, sería lo mejor. Me vendría muy bien para despejar la mente.

    -Rafi, que me lo he pensado mejor, no me vendrá mal dos semanas de curro fuera, cambiaré de aires. Voy para el taller y salgo hacia Alicante.

    Preparé ropa, herramienta y puse rumbo hacia Alicante, sobre las 20 h, llamé a mi madre.

    Haría como si no hubiese estado en su casa unas horas antes, mientras follaba con su amante.

    -Hola hijo, qué tal? vas a pasar a verme hoy?

    -Hola Ma, no por eso te llamaba. He tenido que salir de viaje, estoy camino de Alicante, ya sabes cosas de mi jefe coge obras y luego quiere que valla alguien de confianza..

    -Jolín y no te voy a ver en dos semanas? preguntó mi madre un poco derrotada.

    -Lo siento ma, pero la cosa ha salido así.

    -Y que voy hacer dos semanas sola?

    -Bueno ma, no te hagas la mártir. Tienes otro hijo, una nuera y unas amigas… que más quieres?

    Bueno ahora también tienes una amante, para que te pegue buenas folladas, que más quieres… me pensé, un poco enfadado…

    -Si claro, bueno pues hablamos vale, llámame todos los días o por lo menos cada dos. Te quiero hijo.

    -Yo también Ma.

    La verdad que me daba un poco de pena, yo que nunca viajaba para no dejar a mi madre sola, y a la primera de cambio me las piro.

    Creo que había tomado la decisión en caliente. Ahora me daba pena mi madre. Sí, tenía un amante, pero con él no podía salir de casa… y charlar de algunas cosas como lo hacía conmigo.

    La cosa ya no tenía solución las dos semanas a mí me vendrían muy bien para aclarar ideas.

    Los días pasaban, y con ellos la primera semana.

    Mi vida era de trabajar al hotel y del hotel a trabajar. Llamaba a mi madre cada día y charlábamos un rato. Sólo de cosas normales, nada de sexo, ni de amantes ni nada.

    Seguían pasando los días, y con ellos la segunda semana, cuando ya me quedaban unos pocos retoques para acabar y volver a casa, pasó algo, q nunca olvidaré.

    Me llamo, mi madre a la hora de comer.

    -Hola cariño, cuando vuelves?

    -Hola, Ma, mañana por la noche, esta tarde acabo unas cosas y mañana es solo, probar que todo va bien y rumbo a casa, a ver si puedo llegar sobre las 20.

    -Vale cariño, pues nos vemos, mañana vale?

    -Vale, voy a casa a cenar. Le dije muy contento.

    La verdad que estas dos semanas me había venido muy bien. Había aclarado mis ideas. Quería a mi madre como un hijo quiere a su madre, si ella era feliz con un amante, no sería yo el que le quitase el placer.

    Me apetecía volver a verla, charlar, salir a dar un paseo y tomar algo en una terraza… Había superado que nunca más follaríamos juntos.

    Terminé de comer y volví a trabajar, un par de horas más o menos desde que había tenido la conversación con mi madre, me llegó un whatsapp de ella.

    Miré en mi reloj y era una foto, pero tenía lío y no la abrí, estaba concentrado en mi trabajo. Al minuto llegó el texto que volví a ver en el reloj. Mira el postre que te he preparado para mañana. Joder mi madre, lo que me faltaba ahora se pone hacer repostería y me manda fotos, como si no tuviera yo nada más que hacer…

    Seguí con mi labor, no lo abrí el whatsapp en el móvil, ni le contesté, a las dos horas me volvió a escribir.

    Te espero para que pongas tu la leche a este postre.

    Joder que pesada no? cómo se aburre ahora me va a la volver loco con los postres. Le di a contestar con el reloj, sin abrirlos con un ok.

    Acabó el día, y puse rumbo al hotel. Me pegue una ducha y me tomé un par de cervezas mientras veía la tele. Entonces me acordé de los mensajes de mi madre. Tenía hambre, a ver qué me va hacer de postre para mañana, dije mientras cogía el móvil y abría el whatsapp…

    Pero cuál fue mi sorpresa cuando vi la foto?

    No eran galletas, ni flan, ni ninguna tarta.

    El postre era mi madre. Mi madre se había puesto un conjunto de lencería nuevo. Se lo había comprado. Ese no lo conocía.

    Llevaba un traje ajustado de todo el cuerpo, transparente, con una abertura en su coño para no tener que quitarlo, llevaba los tacones de charol que compramos en Madrid y una especie de vestido transparente, hasta los tobillos que dejaban ver todo su cuerpazo. Me moría de ganas de comerme la…

    No puede por menos que sacar mi dura polla y hacerme una paja con la imagen de mi madre…

    Madre mi que maneras de correrme salían chorros de lefa, que salían disparados hasta 30 centímetros por encima de mi polla.

    Cuando me acabe la paja la llamé.

    Continuará…

  • Sexo en la cocina con un gran pene

    Sexo en la cocina con un gran pene

    Cuando tenía unos 20 años, trabajaba junto a mis amigas en una tienda de ropa deportiva.

    Me gustaba mucho ese trabajo, era un lugar donde estaba con mis amigas, mi sueldo era lo suficiente bueno como para permitirme darme algunos gustos, conocía mucha gente todos los días y entre esas personas, un cliente en particular, un hombre de unos 50 años, nos ofrecía a las tres trabajo en su bar de Brasil, en Ferrugem a unos 80 km de Florianópolis.

    No tomábamos muy en serio la propuesta, nos divertía, pero no la creíamos cierta.

    En el 2001 Argentina sufrió una de sus tantas crisis económicas, y nos llegó la carta de despido a las tres. Sin advertencia.

    El local cerró, quebrado económicamente ya no podía seguir con sus puertas abiertas.

    Nos ofrecieron un dinero como indemnización, pero era escaso y la inestabilidad del país nos hizo recordar la propuesta de aquel cliente.

    Él tenía nuestros números telefónicos y nosotras el suyo ya que habíamos trabajado en una temporada de verano como promotoras de un negocio de su propiedad hacía ya un tiempo atrás.

    Realizadas las llamadas correspondientes nos encontramos los cuatro en un bar.

    El empresario y nosotras tres jóvenes desempleadas.

    La propuesta laboral seguía en pie y consistía en trabajar como encargadas del bar. La experiencia nos emocionaba muchísimo.

    Vivir en otro país, trabajar en algo nuevo, conocer otra realidad, otra cultura.

    Era una oportunidad increíble para nosotras.

    Estábamos felices, excitadas, ansiosas.

    Dos meses después de aceptar el nuevo trabajo, viajamos a Brasil.

    Era nuestra primera vez en aquel país, no hablábamos su idioma, no conocíamos nada de su cultura, solo sabíamos de los carnavales y de morochos hermosos.

    La gente de Ferrugem nos recibió muy bien, muy amables y divertidos, siempre con una sonrisa.

    El bar estaba muy venido a menos, le faltaba buena energía, clientes y ventas, además de pintura, limpieza y orden.

    Con nuestra llegada comenzó la renovación.

    Comenzamos con la música. Mientras reacondicionábamos el lugar escuchábamos rock argentino a un volumen lo suficientemente alto como para llamar la atención de los que por allí pasaban.

    Eso hizo que varios muchachos del lugar se acercaran a conocernos.

    El bar estaba ubicado sobre la playa, tenía sus puertas cerradas aun, cuando un grupo de cinco morenos hermosos cruzan la entrada al grito de ¡BELLEZAS!! Mientras dejaban sus tablas de surf en la entrada.

    Yo estaba en la cocina, mis amigas decoraban el salón con flores y hojas de palmeras.

    La presencia de esos surfistas brasileños nos sorprendió, ya que el bar aún no estaba abierto al público aunque la música a un volumen alto dijera lo contrario.

    Un morocho me descubrió mirándolo mientras mordía mis labios y antes de retirarse me regaló una de las flores de la decoración con un beso en mi mano, respondí con una sonrisa. Insistíamos en que el bar aún estaba cerrado al público. Que pasaran otro día.

    Al día siguiente, aproximadamente a la misma hora, los muchachos surfistas nuevamente nos visitaron en el bar, pero esta vez con unas cuantas cervezas heladas en sus manos.

    Sin excusas de nuestra parte aceptamos gustosas su invitación, y nos sentamos en una mesa a compartir aquella bebida fría mientras intentábamos comunicarnos en nuestro portuñol horrible.

    Nos contaron que vivían en el pueblo vecino llamado Garopaba, que eran amigos desde la infancia y amigos “de olas” ya que practicaban ese deporte juntos, también nos contaron que les volvían locos las argentinas.

    Nosotras entre divertidas y nerviosas tratábamos de concentrarnos en sus palabras y no mirar sus cuerpos fibrosos, bronceados, con aroma a sol, mar y arena.

    Eran muy lindos, muy lindos, muy sensuales provocaban una electricidad en nosotras.

    Paul, uno de ellos, apoyó su brazo sobre el respaldo de mi silla y en un momento de la conversación comencé a sentir una caricia sobre mi hombro derecho, que despertó sensaciones nuevas en mi, con su gran mano acariciando mi espalda mi cerebro dejo de pensar y mi cuerpo comenzó a sentir.

    Sentía sus dedos suaves y tibios rozando mi espalda baja, hasta mi cintura, sentía su respiración en mi oído, sentía como los músculos de mi vagina se preparaban, sentía como me lubricaba, como mi corazón se aceleraba, mi respiración comenzaba a entrecortarse.

    Apoye mi mano sobre su larga y musculosa pierna, y note su reacción.

    Acariciando su largo cuádriceps llegó casi sin darme cuenta a su miembro, y lo tomé entre mis manos asegurándome que ese pene grande me diera la bienvenida.

    Estaba muy excitado, muy caliente.

    Tomó mi mano y fijó su mirada en la mía.

    Los dos sabíamos lo que queríamos. Los dos estábamos con ganas, no entendíamos nuestras palabras pero si nuestros cuerpos.

    Con miradas pícaras y tomándonos de la mano caminamos hasta la cocina. Saque mi minishort tirándolo al piso, junto con mi remera quedando desnuda frente a ese moreno alto, musculoso, hermoso y con pene grande.

    La cocina del Bar era pequeña lo que me permitía estar sobre la mesada muy cómoda.

    Paul jugaba con mis pequeños pechos, que escondía debajo de sus grandes manos, mordía mi cuello, mi boca, mis hombros como hambriento, extasiado, salvaje.

    Yo solo abrí mis piernas y deje que ese pene grande, duro y viril entrara en mi.

    Cruce mis piernas por su cintura y me entregué al placer.

    Me cogió muy suave pero duro, jadeando en mi oído.

    Metió su pene en mi boca, y me la cogió, casi abusando de mí, pero con todo el permiso que mi excitación le demostraba.

    Nuevamente me coloca sobre la mesada, mete su gran pene en mi vagina, con sus manos en mi culo me sostiene en el aire mientras sus movimientos me llevaban al cielo.

    Cuando por fin explotó en un orgasmo cósmico y los músculos de mi cuerpo se tensan, todos en su totalidad, un grito de placer sale de mi boca y es tapada con su lengua que jugando con la mía se encuentran en un apasionado beso.

    Sus manos grandes apretaron mi culo.

    Me apoyó nuevamente en la mesada y besa mi vagina succionando mi excitación y la suya, con un beso tímido, largo, suave.

    Me alcanzó mi ropa del piso y salimos de la cocina tomados de la mano como habíamos entrado.

    Por la noche, durante la inauguración del Bar repetimos el encuentro en la cocina, más ardiente que la anterior.

    Lo nuestro con Paul fue muy pasional, era hermoso.

    Una tarde caminando por la playa de Florianópolis nos confesamos nuestro amor, sabíamos que no podíamos seguir juntos porque yo debía regresar a Argentina pero aun así nos hicimos una promesa: si yo volvía a Brasil o Paul venía a Argentina nos volveríamos a encontrar.

    Dos años después Paul llegó a la Argentina por trabajo y me contactó… yo estaba comprometida, pero nunca rompí una promesa.

  • Tensión laboral, tensión sexual

    Tensión laboral, tensión sexual

    La época: mediados del 2008, son días monótonos de trabajo en la oficina sin novedad especial. Estructuramos proyectos inmobiliarios en un medio cada día más costoso, sube el precio de la tierra, la ciudad se queda sin espacio. Una reunión con un posible inversionista y su esposa parecen animar la mañana, una pareja particular, el hombre muy mayor, cuerpo grueso de baja estatura con presentación impecable. La mujer mucho menor, ojos miel, voz sonora, personalidad atractiva, sabe que los hombres caemos fácil con ella. Es una mujer segura de sí misma, incluso pasa por arrogante, es alta, bonita, presencia imponente que llena el espacio donde entra. No es una experta en finanzas, pero pone límites y lleva el ritmo a quien enfrente en el juego de sus negocios. Mi perfil es más técnico, discreto, de modo que mi actitud fue distante comparada con la de todos los hombres que quieren untarla con halagos y apuntes ridículos para hacerse notar.

    El trabajo en equipo nos permitió compartir tiempo, así como tener conversaciones simples en las que me di por tarea no alimentar su ego subido. Pasadas varias semanas en las que la comunicación y los temas comunes de trabajo nos unían, me animé a decirle que saliéramos a tomar café, demostrando mi intención de acercamiento, dijo que no, acepté mi derrota y seguí los días sin volver a tocar el tema, aunque me encendía el alma cuando me sostenía la mirada.

    Un martes temprano, me dice que no puede reunirse a trabajar por cosas urgentes que debe resolver y que en la tarde irá a masaje y baño turco; dijo algo como… “a las tres salgo de masaje y me meto al turco, si quiere vaya y allá revisamos números”… su comentario fue una despedida diplomática para ponerme en sitio como empleado de una compañía asociada de su esposo. Pues allá llegué, a los baños turcos. Al no llevar vestido de baño me dieron una pantaloneta desechable, me veía como jugador de futbol de los años cincuenta, me sentía ridículo, decidí devolverme para no exponerme a hacer el oso, pero camino al vestier me la encuentro de frente, viene con un vestido de baño azul enterizo, parecía una nadadora olímpica. El mesero detrás le trae las toallas y la bebida, cuando me ve de frente abre esos ojos miel gigantescos y me saluda con un cariñoso… “y usted? que hace aquí ¿?” muerta de la risa, no podía creer que me le colé con la invitación. Sobreponiéndome al miedo le dije “Usted me dijo que viniera, yo vengo a trabajar”. La noté nerviosa, porque frecuentaba el lugar con su esposo, pero igual seguimos hablando y poco a poco con tono menos prevenido.

    Buscamos una mesa, acomodó sus cosas, me miraba, se reía, hablamos cosas sin importancia y por supuesto no faltaron los sarcasmos de parte y parte. Me parecía paradójico ver sus piernas largas, blancas, en chanclas, la vi humana, mujer, divertida, sencilla, cómplice. Ya por ese momento la vi nerviosa, intimidada, nos encontramos mirando a los ojos, bajando la mirada a los labios. Al mirarme sonreía y miraba para otra parte.

    Para ese momento olvidamos el supuesto trabajo motivo de mi aparición y entramos al turco, el vapor muy denso, las demás personas sofocadas, el calor no da espera, las bebidas pierden el hielo y el sudor trae consigo un baño de feromonas que le daña la cabeza a cualquiera.

    Nos recostamos en silencio con las cabezas casi juntas, pero los con cuerpos estirados en sentido opuesto en las escaleras de cuadritos de porcelana blanca. Quedamos solos por un momento y el roce de las mejillas nos llevó al beso más suave y sensual que sentí en mucho tiempo, despacio, lento, húmedo. A partir de ese momento la complicidad, los nervios, las ganas se dispararon. Nos besamos con la lengua enredada, con ganas. Se sentó a mi lado recostada en mis piernas. Ocasionalmente se acomodaba el vestido con una insinuante muestra accidental de sus pezones rosados, aún dormidos por efecto del calor. En ese turco las divisiones son de vidrio y la luz exterior muestra en medio del vapor cuando una persona se aproxima, tomábamos bebidas para soportar el calor, salíamos a hacer pausas, entre besos, caricias, roces, toquecitos.

    Éramos un par de mocosos esperando un momento de soledad. Llegaron los besos melcochudos, de esos que uno critica cuando son ajenos y el instante intenso llega con mis manos recorriendo su vestido de baño, el pubis caliente, empapado, las caderas, la cintura, los besos de lenguas enredadas; ella separó las piernas, metí la mano por el borde de la pelvis y sentí una vagina suave, lisa, con una pepa enorme que brotaba palpitando, resbalosa, la froté con mucho placer y ella se dejó llevar con gemiditos que parecían quejas de dolor, los ojos cerrados, movía su pelvis con mis dedos encharcados entre los pliegues de la cuca más rica, la más caliente, el ritmo subió y sentí su mano empujar la mía hacia adentro para meterle los dedos de la forma más descarada, dos, tres, rápido, fuerte, al fondo, llegó el chasquido de sus jugos resbaloso mientras se venía retorciendo las piernas como una loca y yo miraba que nadie se acercara. Apretó las piernas con mis dedos aún atrapados, rígida, completamente ida. Un momento de muerte lenta, tomó aire, se acomodó de una forma más decente y tomó agua, tomó aire de nuevo, nos besamos.

    Por momentos ella me acariciaba sobre la pantaloneta, sentía mi pene embriagado por el calor, la lujuria, el susto del sitio prohibido, la felicidad de descarar lo que descubrimos por fuera del trabajo. Mi sangre corría empujada por el corazón acelerado, mi pene sensible se convertía en verga excitada. En un momento, nuevamente solos, fuimos a la ducha a refrescar la piel, metió la mano y me cogía las huevas y la verga de una forma tan rica, con esa mirada de ganas que me mataba.

    En los momentos de contacto no hablábamos, solo gestos, gemidos, nos mirábamos. El calor, el desgaste de energía por la deshidratación y la tensión del público que nos pudiera sorprender no eran los mejores aliados de mi erección, de modo que cuando se arrodilló a buscar mi pene, yo la miraba y esperaba un juego de lamiditas compasivas, sensuales, la sorpresa enorme fue un sorbo de agua helada que escupió sobre mi verga medio parada, para llevársela al fondo de la garganta, la devoró, la chupó, me la puso dura, la sangre me hervía y la cogí duro de la moña en que había enredado su pelo, con las manos me agarro del culo y se la metió toda al fondo, completamente idos de la realidad exterior; fueron segundos, pero los sentí eternos y así lo recuerdo siempre.

    En un momento de lucidez, se la sacó, nos asustamos, la miró aún arrodillada y me dejo congelado diciendo “lléname!”. Esa palabra fue determinante para el futuro de lo que empezó ese día, a partir de ahí descaramos y liberamos la expresión lasciva de todo lo que nos gustaba. El tiempo apremiaba, con su cara en frente de mi sexo hizo una paja deliciosa, con presión lubricada que me hizo derramar en su mano todo lo que tenía acumulado, yo temblaba. Ella se incorporó y puso cara de aquí no ha pasado nada.

    No había tiempo para más… así que salimos sorprendidos por todo lo que pasó, y ese fue el comienzo de una experiencia de varios meses después de los cuales que no sé qué he extrañado más, si la risa de sus humor fino, agudo, inteligente o los orgasmos más intensos, diabólicos y celestiales que sentí en ésa época de mi vida.

    Al otro día en la oficina, como si nada hubiera pasado, la misma distancia, el mismo saludo cordial con el esposo, que casualmente por primera vez elogió la propuesta del modelo financiero. Agradecí el elogio y le di el correspondiente crédito a su esposa.

  • Una declaración sorpresa

    Una declaración sorpresa

    Era un día lluvioso en la uni, recordaba que tenía una tarea, pendiente después de hacer un entrenamiento, tenía como tres horas libres, pero de repente.

    -Hola Johan- me dijo una chica,

    Ahí atrás, estaba Lucia. Sus ojos claros y su cabello fue lo primero que note, pero su escotado blusa intente no notar, pero solo voltee por un segundo, pero sus ojos notaron que yo voltee hacia abajo, solo ella sonrió.

    – ¿Listo para aclarar todo?

    Le dije si claro, caminemos

    Fue una charla corta, aunque mi corazón latía a como a 1000 por hora, ella me hablo del momento que me dijo que yo le gusto, a mí me tomo por sorpresa, aunque días después le dije, -Aclarando lo que me dijiste, será mejor que hablemos, para aclarar todo, le dije.

    Le mencione el lugar y la hora en la universidad.

    Por fortuna caía un día festivo y en semana de clases por lo que me dejaría la uní casi vacía. Solo por fortuna ese día estaba nublado y había mucho viento, que fortuna, porque estaba empezando a sentir algo muy abultado en mi entrepierna, pensé.

    Mientras caminábamos, mientras hablábamos me menciono que me había echado un ojo cuando yo me dirigía a mis entrenamientos en artes marciales, me menciono que incluso me saludo cunado me dirigí hacia su lado, pero no la salude porque estaba concentrado. pfff. Punto a favor para mí- pensé yo.

    Yo le dije interrumpiéndola, bueno ya que mencionas eso, ¿por qué te gusto? ¿Le pregunte, es por mi físico o algo más? – Le pregunte.

    Ella me dijo- La verdad así como eres, que te concentras, y ya sé que es muy pronto pero para ser honesta y directa, el verte en ese uniforme y lo concentrado que estabas ese día, me hizo sentirme como algo horny ese día y los días siguientes pensaba que estabas ocupado para mí y pues cuando te hablaba eras algo cortante y pues tus ojos, era lo que más me llama la atención al verte de frente justo como ahora, tienes una mirada profunda y… -Rayos definitivamente le gusto a la chica, aunque por mi uniforme, forma de ser, mis ojos. Hummm está quiere algo y no es mi humor.

    -De acuerdo le dije yo, gracias por tu honestidad y si me tomas por sorpresa tu confesión, aunque también debo ser honesto, yo te invite a salir por un helado una vez, y tú me dijiste que no, ¿por qué el cambio de parecer ahora? -Pregunte.

    -Es que… quería hacerte desearme, no alejarte, y me volvía loca que fueras indiferente conmigo, y pues solo quería que me abrazaras.

    Ella solo se acercó más y más a mí y con intenciones de abrazarme lo hizo, yo estaba algo sudado, pero sus pechos grandes se apretaron en mi tórax, era una sensación agradable nadie me había abrazado en meses y la verdad, sentía tan bien, pero quería mover mi cadera un poco atrás porque mi pene se sentía un poco más duro y cargaba jeans ajustados. Demonios, se empezó notar mi erección no sabía que hacer…

    – ¿Entonces también te atraigo y te gusto también verdad?

    Demonios, lo noto, pensé yo…

    ¿Así por qué preguntas eso?

    Es que siento algo duro en mi entrepierna y no es mi teléfono.

    Yo de inmediato me digo, retrocede.

    Ella no por favor, es que verte en esa camisa negra y tus jeans, te hacen ver muy bien…y tiene rato que no he tocado a un chico, por mis gustos… ella solo se me seguía abrazando con más fuerza y sentía su mano deslizarse suavemente por mi espalda, Dios, eso me excitaba más y más. Me dije deja de hacer eso, pero una parte de mi quería que siguiera.

    Además, desde que te alejaste, he tenido algunos pensamientos algo bochornosos cuando te ibas, y me gustaba pensar que si yo te gustaba mucho porque no hacértelo saber de alguna forma menos ortodoxa como ahora.

    De pronto sentir su pierna derecha subir un poco sobre mis muslos, maldición estos jeans hacen que se sienta tan pegado subiendo, y subiendo, para tocar mí, aauuu mierda, su rodilla empezaba rozar uno de mis testículos, joder que bien se sentía.

    Le dije -espera, no, por favor, es la primera vez que-…-ussshhh

    Me dijo ella -déjate llevar guapo-… y de ahí sentí solo retroceder mi cabeza pero me tomo del cuello y planto mis labios en los suyos, sentí un beso corto y después se tornó algo apasionado, solo sentía sus labios gruesos y carnosos tocando los míos, sentía el sabor de su saliva, con mis labios solo sentía una necesidad innata de seguirla besando, solo seguía moviendo mi mano por detrás para moverla hacia mi, y solo me dije a mi no lo hagas wey, tranquilo, pero entre más movía su rodilla solo sentía una ano acariciarme algo desde atrás, oye, no, me dije, espera, no oye, oye, no joder si sigue, me estaba agarrando una nalga, y yo solo quería hacer algo con mi mano mientras movía más y más mi mano hasta su cintura, y solo me dije, no bueno entonces su insististe, y metía mano por dentro de sus jeans (aleluya que serán plegables) y empecé a acariciar su cintura con su ropa interior y me dije no espera, aauuu, mierda me apretó fuerte, y oh cielos, ya que.

    Solo movía mi mano atrás de su trasero y sentir su enorme trasero, tan delicioso sentía su nalgas entre mi mano ella me beso con más fuerzas… empecé a sentir algo dentro de mi boca, cielos, era su lengua, me dije que rayos a darle, nos dimos un besos de lengua, podría sentir el latido de su corazón y sus senos empezaban a sentirse algo duros, era más que obvio que estaba excitada, y dios que placer carajo, sentía su manos acercarse más y más y a mi entrepierna, alcanzó mi abdomen, como que no quería tocarlo, le dije, está bien, sigue, está bien susurrando y empezó acariciarme abultado pantalón, y sus caricias, solo hacina que se volviera más grande.

    Mi erección, solo por un instante, acerqué mi mano izquierda cerca de su espalda baja, y empecé a acariciar por unos instantes su trasero, y ella seguía acariciando mi abultado y endurecido pene. Ya no soportaba las ganas, ni ella tampoco, de pronto empecé a meter mis dedos dentro de su pantalón, y sentí su grande y duras pompas en mi mano, no había mucho espacio para maniobrar por sus nalgas, pero cuando agarre con fuerza su nalga derecha mientras la acariciaba, quito su mano de mi bulto de carne duro, y me abrazo con más fuerza, y la pierna que tenía sobre entrepierna empezó a jalarme hacia ella, diciéndome, -ya méteme tu pene. Te quiero dentro de mí.

    -Yo le dijo no aquí, estaba enloquecido de tanta lujuria, que no pensaba con claridad, solo lo que hice fue ponerme un paño sudado y enrollar alrededor de mi cintura para que no se notara mi erección, así que le dije, ven conmigo.

    Por un momento recobre todos mis sentidos, ya que sentía que me mareaba de tanta pasión y lujuria por lo que me había toca y dicho, caminábamos por detrás de la biblioteca y decidimos ir a un edificio vacío y que estaba desocupado de casi todos los salones, ella me miraba con cara de ummmm pillín, aun quieres más. Pensaba yo, le pregunte, ¿que si le gustaba más o le gustaba menos por esto?

    Ella solo me sonrió y me planto un apasionado beso en mis labios…

    Ella me pregunto a mi- ¿Eso responde tu pregunta?

    Seguimos caminando al tercer piso y mientras subíamos la escalera y estábamos a punto de llegar a un salón vacío, solo sentí una nalgada en mi trasero, yo solo voltee y la mire con cara de que…

    Y ella tenía mordiéndose el labio inferior y viéndome hacia abajo. Solo al entrar vimos que no había nadie en ese salón y era perfecto porque volteaba al directo a la escalera por donde subimos.

    -Así aquí ejem-, le dije yo, podemos hablar con más claridad aquí así que no hay necesidad de (cada palabra sacada de mi sabía que era una pura estupidez para evitar hacer un faje o más dentro de un salón vacío) Solo baje mi mochila en una silla y solo voltee y me quede pasmado.

    Ella se había bajado el pantalón y dejo su trasero al descubierto con sus manos se apoyaba sobre la paleta de una silla, y dijo, -ven.

    Yo me acerque y me dije espera vamos muy rápido, y pero mi manos ya estaba en su trasero y solo lo acariciaban ya garraban, de pronto solo quise meter mi mano más abajo hacia su vagina y de pronto, -¡no!, quiero que uses tu lengua-ella replico, solo subió su pierna en el asiento de la silla donde se apoyaba yo solo caí rendido de rodillas y ella solo volteo y con la mirada misma me hizo meter mi cara en su entrepierna de abajo, solo podía mover mis labios por su vagina, mi lengua saboreando cada centímetro de su órganos, y mis dedos solo abrían sus nalgas de par en par era meter más mi cara, no paraba de chupar y succionar su vagina de lado a lado, y lamer todo hasta a meter mi lengua dentro de su interior y sabía algo extraño, (habían pasado años desde que le hice sexo oral a mi última pareja, la verdad, soy muy malo me dije en ese entonces, y sigo siendo malo).

    Así que mientras hacía eso, solo baje una de mis manos hacia mi bragueta y empecé a sacar algo que estaba flácido pero de un momento a otro se había puesto duro como una roca, saque mi pene y ella no lo noto solo seguí mirando con dirección a la ventana para vigilar mientras hacía eso, supongo yo que cuando me detuve, ella solo volteo por unos instantes y me dijo, Si ya terminaste de jugar con mí. Aaahhh, espera eso es, dios no saca, no mierdas sigue, sigue, sigue, joder que delicia, te lo hubiera chupado primero bastardo.

    Solo sintió mi pene dentro de ella y al momento de que ella y nos unimos, solo movía mis caderas en un vaivén y ella solo vigilaba, pero notaba que su cabeza se hacia abajo y oí un pequeño gemido de vez en cuando, pero decidí hacer algo drástico después de penetrarla…

    -Carajos, sigue no te detengas, ay me encanta que este dentro de mí-. Dijo ella.

    El gran esplendor de s enrome culo, y ver como rebotaban esas nalgas, como si fuera gelatina cunado golpeaba mi cadera a su trasero era una imagen que me encantaba, sobre todo sé que estábamos empezando, pero había otras cosas que me encantaba de las mujeres cuando me hacían el coito. Por un momento pensé en sus enormes senos moviéndose como campanas en una iglesia, solo quería deslizar mis manos sobre su espalda algo sudad, y deslizar sobre sus hombres, de pronto ella se levantó un momento y junto su cuerpo junto al mío mientras la seguí penetrando y ella solo volteo su cabeza un momento y me dio un apasionado beso y luego me susurro algo que me prendió más y más. Hasta el punto de decirme a mí mismo. -No por favor eso no.

    -Voy a hacer que eyacules dentro de mi culo.

    -Nunca he hecho eso. Le decía con voz baja.

    -Y nunca se han venido en mi boca y aún no. Ya me corrí como dos veces, quiero que términos estos rapidín perro- Ella replico.

    -Ok… le dije yo.

    Después de ese rato, solo saco mi pene de su vagina y ella solos puso manos en las nalgas y se abrió el trasero para dejar al descubierto su ano, y con el dedo me hacía señas de que quería mi palo de carne dentro de su ano.

    Lo único que me mente hacia era ya que para cerrar quería terminar seguimos en la escuela.

    Solo pude sentir como se sentía espero al momento de meter mi pene dentro de ella, pero por otro lugar, solo ´pude decir, que-Au esta apretado, nunca wow que apretado.

    -Carajos se siente tan, mierdas que esperas muévete Johan, quiero que eyacules dentro de mí.

    En un vaivén empecé a moverme rápido tan rápido como podía, empecé a oír leves gemidos de ella, y solo podía imaginar que ella sentía demasiado placer al penetrarla de manera tan salvaje por que decidí levanta una pierna y moverme con fuerza y rapidez, sabía que para eyacular más rápido. Tenía que poner mis manos sobre sus senos, lo cual alcancé demasiado rápido, porque puse mis manos sobre ellos y la envolví con mis brazos. Ya empezaba a sentir esa sensación y ella solo me alcanzaba a decir.

    -O si no pares, vamos, vamos, sigue coño, no te detengas, quiero tu semen dentro de mí, por favor, quiero tu semen hasta el fondo de mi por favor… sigue.

    -ahhh Espera mierdas, decía, o que la puta, espera no quiero gritar no quiero gritar, o h que la joda, me voy a voy, de pronto solo sentí algo que golpeo mi zapato como si fuera agua, y no alcance a ver estaba con los ojos entrecerrados debido a que terminaba de sacar toda mi semen acumulado por días, y pasaban varios segundo y solo empujaba más y más sin sacar mi pene de su culo, y sentía como seguí saliendo más semen de mi(es increíble cuanto semen sacar un hombre después de semanas sin sacar el veneno por cuenta propia)

    -Ay carajos creo que también me vine contigo, no pude resistir otra vez-

    -Puedo sentir que me dejaste mucho, que bueno podrías haberme embarazado si te venias adentro, ¡ay! Cielos si que tienes mucho pero que bien se siente.

    Ella dijo eso mientras se subía los pantalones y solo apreciaba como se los subía mientras también se acomodaba el top de su camiseta.

    De pronto solo alcanzaba a masajear mi miembro para calmar mi erección. Solo sentí que quería más y no estaba satisfecho con ello, pero estando en un lugar público no había opciones ara algo largo, admito que la sensación de este coito rápido, me dio la idea para más ideas teniendo una novia y alguien con quien salir solo me dejo ideas para poner en práctica de las cosas que leí hace años y creo que a ella le tocara experimentarlas.

    – ¿Te gusto? – Le pregunte.

    -Es más que obvio que me gusto y tú me gustas también si eso resuelve tu duda, descuida yo tengo mis formas de demostrar mi afecto por la persona que me agradan en tu caso, como gustas y también me atraes, pues no se me ocurrió otra, está bien. De hecho, confesando algo, no he tenido relaciones con un hombre en años y mi última novia pues solo lo hicimos unas veces, relájate- Dijo ella.

    Solo un defecto me dejaba perplejo, yo solo iba a contestar que estaba bien, no había tenido relaciones con una mujer ene años y temía que mi falta de práctica tuviera consecuencias, pero lo que me contestó fue tan pacificante como aclarador, solo nos sentamos un rato y nos quedábamos viéndonos.

    -Ya tenemos que irnos este lugar tiene mucho de nosotros aquí-. Le dije

    -Está bien… ella sonriéndome, debemos tener más citas para conocernos mejor-. Dijo ella mientras tratando de alcanzar mi mano pero solo abrazo mi brazo mientras nos íbamos del salón.

    Posdata:

    Este relato está basado en estudiantes de verdad en una universidad de verdad. Para proteger la identidad de este relato se cambiaron los nombres para proteger la identidad de los participantes reales.

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (5)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (5)

    El día siguiente, llegaron varios plugs anales que Nuria había pedido por internet. Me dijo que los usaría para mejorar la dilatación de mi ano y acostumbrarme a la sensación de ser follado. Eran tres. Uno más grueso, uno más largo y otro más pequeño que los otros dos, pero con cola de pelo rosa. Empezó metiéndome ese, que fue bastante fácil de introducir. Al verme con él puesto, empezó a sonreír y reírse. Le gustaba mucho verme así. Con la jaula y el plug, estaba hecho todo un sumiso. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y gateara por la habitación. Ella se sentó en la cama y me puso sus pies en la cara. Lo cierto es que yo nunca había sido un fetichista de los pies. Nunca había sentido deseo de besarlos ni chuparlos, aunque tampoco me desagradaban, al menos que estuvieran sucios. Me puso sus plantas en toda mi cara, y pude sentir la frialdad de su piel. Después me acercó sus dedos a la boca, y empecé a chuparlos, metiéndomelos en la boca suavemente. Pero ella se dejó de suavidad, y me metió el pie entero en la boca hasta el fondo. Yo reaccioné dando una arcada y retrocediendo.

    -No retrocedas. Aguanta como la perra que eres.

    Esa frase me descolocó, pero me puso también muy cachondo. Me daba mucho morbo que me tratara así. Hizo lo que me pidió, y me volvió a meter el pie. Esta vez fue más buena y no intentó empujarlo hasta el fondo. Sentía sus dedos por toda mi boca, mientras nos mirábamos fijamente. Yo en el suelo, a cuatro patas, y ella sentada en el borde de la cama.

    Dejo el pie varios segundos en mi boca, y empecé a salivar mucho. Entonces lo sacó, lleno de saliva, y me lo restregó por la cara, mojándome con mi propia saliva. Aunque no sintiera especial apego por el fetiche de pies, lo cierto es que la situación me estaba poniendo mucho. Al fin y al cabo, chupar unos pies representa una de los mayores actos de dominación, y más si el esclavo no es fetichista de los pies. Ella eso lo sabía, y por eso disfrutaba haciéndolo.

    Finalmente, me pidió que le hiciera un masaje en la espalda, y después de ello nos quedamos dormidos. El día siguiente Nuria seguía con la regla, y yo en mi jaula. Ya llevaba una semana con ella, aunque me había corrido una vez, hace dos días. Extrañamente, me estaba costando más los días después de correrme, que los días antes. Lo más duro había sido los tres primeros días, pero el cuarto y el quinto se me habían hecho más fáciles. Se podría decir que me fui acostumbrando a tener sexo sin penetrar ni acabar. El solo hecho de realizar actos sexuales me hacía disfrutar muchísimo, y como mi lívido no tenía fin, podía tirarme horas en ello. Era Nuria la que no aguantaba mi ritmo (cosa que antes de la castidad nunca pasaba) y no me dejaba tocarla ni comerle el coño siempre que yo quería. A ella, naturalmente, le bajaba el lívido después de unos cuantos orgasmos, y se daba por satisfecha durante unas horas. Pero no era mi caso. Como yo no tenía orgasmo, no había bajada de lívido. Me resultaba difícil concentrarme más de unas horas en cualquier tarea, ya que involuntariamente empezaba a pensar en sexo. No estaba acostumbrado a ello, y se me hacía duro. Pero a la vez era muy satisfactorio, ya que muchas veces podía saciar al menos en parte mi apetito, aunque no conllevara orgasmo.

    En cambio, el día después de correrme no logré disfrutar como antes. El extremo placer orgasmo y post-orgasmo hacía que cualquier intento de placer sustitutorio fuese insignificante. Y además no podía comerle el coño a Nuria, ya que seguía con la regla. Pese a ello, el juego con sus pies y la puesta de mi primer plug ayudaron.

    Le comenté a Nuria la situación, y me respondió que eso significaba que tenía correrme menos veces, pero que con el tiempo, no me haría falta correrme, ya que encontraría el mismo placer siendo follado analmente o dando sexo oral. Le dije entonces que echaba de menos comerle el coño por su regla, a lo que me respondió con una sonrisa de oreja a oreja y un tierno beso en los labios. Me dijo entonces que pese a que no podía comerle el coño, quedaba otro agujero muy cercano a la vagina que podía adorar. Su ano.

    La verdad es que me daba mucho reparo chupárselo, pero de lo cachondo que estaba, accedí. Nuria fue al baño, y se lo limpio lo mejor que pudo. Acto seguido volvió desnuda al cuarto, y llamándome esclavo me ordenó que me pusiera de rodillas. Puso entonces su culo en mi cara, manteniéndose de pie, y con su mano izquierda me cogió de la cabeza para que no la despegara de su culo. Busqué inmediatamente su ano, y empecé a chupar lo mejor que pude. Era un espacio bastante pequeño, por lo que no había tanto juego como con su coño, pero aun así me gustaba la sensación. Me pegó tanto su culo a mi cara que me costaba respirar, y además su culo empezó a sudar. Cada diez segundos me soltaba un poco la cara para dejarme respirar, y mientras ella se tocaba el clítoris.

    Por sus gemidos, entendía que le estaba gustando mucho, por lo que saqué bien la lengua y la moví lo más rápido y fuerte que pude, incluso penetrándola ligeramente. Al poco tiempo se corrió, pero esta vez no se la limpié, ya que también había sangre de por medio. Se fue a limpiar al baño, y después nos tumbamos juntos en la cama., mirándonos fijamente a los ojos y con la mano de Coral en mi jaula de castidad.

    Nos pusimos a hablar. Intercambiamos nuestras diferentes perspectivas sobre esta experiencia que estábamos teniendo. Nuria me dijo que le estaba encantando, que nunca había estado tan enamorada de mí, y que sin duda quería continuar esto indefinidamente. Me dijo por lo tanto que no quería que esto terminara una vez la cuarentena acabara, sino que tenía que ser la base para el futuro de nuestra relación.

    Yo le respondí que pensaba lo mismo, siempre y cuando los límites quedaran claros, todo fuera consensuado, y se estableciera una clara barrera entre lo que corresponde al juego de roles, y la vida real de pareja. Por ejemplo, le dije, tenía que haber momentos de pausa, en los que pudiera haber sexo normal. Por último, le trasladé mi opinión de qué había que tener cuidado de que el aspecto femdom de la relación no invadiera otros aspectos de nuestra vida en pareja, ni la redujera a la vida sexual. El femdom molaba, pero no podía quitar el hecho de hacer una vida en pareja relativamente normal, como hacer planes juntos, salir a cenar, o viajar. Nuria me dijo que estaba completamente de acuerdo, y que había que tener mucho cuidado con ello. Sin embargo, no la vi muy convencida, pero no le dije nada.

    Yo seguía con el plug con cola en mi culo, y le comenté a Coral si quería que lo siguiera usando. Me dijo que sí, y me dio un beso. Tenía que acostumbrarme a llevarlo, para dilatar más mi ano y poder follarme más profundamente en los próximos días.

    Así fue. Durante los siguientes días, llevé los plugs durante bastantes horas al día. Al quinto día, ya llevaba el más grande. No me resultó fácil acostumbrarme. La sensación era la de querer ir al baño, con ganas de cagar. Así al menos lo interpretaba el cuerpo. Cuando efectivamente tenía que cagar, me quitaba el plug para ello, lo cual me dejaba una sensación de vacío muy muy agradable. Con el paso de los días, esa sensación de vacío se hacía cada vez más intensa y extraña. Para mi cuerpo ya era casi tan normal tener el ano penetrado como no tenerlo. Al sexto día, probé también por la noche, y unido a la jaula de castidad, me resultó insoportable. No pegué ojo en toda la noche y así se lo manifesté a Nuria. Ella insistió y probamos una segunda noche pero seguí igual de mal, por lo que decidió que al menos por ahora, durante las noches no tendría que llevar los plugs.

    Durante esos días, además del progreso con los plugs anales, también siguió mi tortura con la jaula de castidad, aunque la rutina varío también. Nuria había leído que es necesario liberar la polla de la jaula al menos una vez al día durante unos minutos, para evitar problemas de higiene y también para evitar futuros problemas de disfunción eréctil. Por lo tanto, por la noche, mi miembro era liberado, y yo me lo limpiaba y frotaba con una crema hidratante. También, por petición mía, Nuria me dejaba restregar la polla un rato contra su culo, pero sin nunca poder penetrarla, aunque yo esperaba que antes o después sí me dejara hacerlo, al menos durante un rato. Debido a la jaula, ahora tardaba más tiempo en tener una erección, pero una vez la tenía, era difícil de bajar.

    Sorprendentemente, lo que siempre funcionaba para bajar la erección era que me follara por el culo. No sé explicar porqué, pero mi polla simplemente perdía la erección después de apenas un minuto de ser penetrado con el dildo, metiéndolo y sacándolo lentamente. Al parecer, Nuria había leído al respecto en internet, y le pasaba a muchos hombres, por lo que era una manera eficaz de volver a poner la jaula de castidad en su sitio.

    Por lo demás, la rutina no variaba demasiado. Como Nuria no tenía tanto lívido como yo, le había cansado el tener que rechazar mis peticiones, por lo que se estableció la regla de que sería ella quien en todo caso me mandaría adorarla sexualmente o no. Yo podía hacer leves insinuaciones, como acercar mi mano a su coño, o besarla, pero nada más. Si a ella no le apetecía, ahí se acaba la cuestión, y lo único que me estaba permitido hacer en esos casos era usar los dildos, cosa que empecé a hacer a menudo a falta de otra cosa mejor, ya que no podía ni masturbarme. Nuria empezó además a restringirme cada vez más a menudo el poder comerle el coño, y después de unos días me admitió que no lo hacía porque no le apeteciera, que también, sino principalmente porque sabía que eso me haría estar aún más desesperado por chupárselo. Verme en esa situación tan vulnerable era lo que más le ponía y gustaba. Era una sensación mucho más poderosa y fuerte que cualquier orgasmo, y por lo tanto estaba dispuesta a renunciar a alguno, si con eso su sensación de dominación sobre mí aumentaba.

    Así las cosas, empecé a comerle el coño una vez como máximo al día, aunque había días que ni eso. Durante el resto del tiempo, hacíamos vida normal. Se estaba acercando el periodo de exámenes, que sería online, y no teníamos mucho tiempo libre, por lo que eso también contribuyó a reducir nuestra vida sexual. Por la noche, eso sí, seguía el ritual de liberarme de la jaula y follarme un rato. Cada vez estaba más acostumbrado, y el tamaño de los dildos iba aumentando. Iba progresando mucho respecto al grosor: cada vez se dilataba más mi ano. Lo que no lograba aumentar era la longitud, porque por dentro hacía tope muy rápido con el fondo, por mucho que intentamos encontrar posturas donde penetrara más profundamente.

    Respecto al deep throat, ahí sí que había hecho grandes progresos de longitud. Nuria había comprado un dildo especial para eso, que era de un material suave que imitaba la piel de forma muy realista y no me hacía nada de daño al pasar por la garganta, al contrario que otros dildos hechos para anal.

    A Nuria le ponía muchísimo ver cómo tragaba hasta el fondo su strap-on. Antes de ser follado, tenía que chuparlo hasta ponerlo bien perdido de saliva. Empezaba a mi ritmo, tragándolo hasta el fondo y quedándome unos segundos, y después Nuria cogía mi cabeza y me follaba la boca como ella decidía. Al inicio esto era desagradable, pero me fui acostumbrando a dejar de resistir y a controlar mejor mi respiración, que era clave para aguantar más tiempo sin ahogarme. Hilos de saliva caían de mi boca y barbilla, lo cual le encantaba a Nuria por su filia con esa sustancia, y mucha veces me ponía boca abajo en el borde de la cama para follarme la boca, de tal forma que la saliva se caía por mi cara y ojos, hasta llegar incluso a mi pelo. Incluso en una ocasión, después me escupió en ella, para después follarme analmente con toda la saliva aún en mi cara.

    CONTINUARÁ

    (Os leo en los comentarios)

  • El club de las azafatas

    El club de las azafatas

    El rector estaba de pie arrimado a una pared de su despacho, Raquel, una de sus estudiantes, en cuclillas delante de él recibía su corrida en la boca y se la tragaba.

    Al acabar de correrse, le dijo el rector:

    -Ya formas parte del Club de las Azafatas.

    El Club de las Azafatas estaba formado por putas de lujo. Todas pertenecían a buenas familias. Ninguna necesitaba prostituirse. Lo hacían porque les gustaba follar. Con Raquel ya eran doce, y con ella el rector daba por cerrado el Club de las Azafatas.

    Raquel tenía 19 años, era rubia, de ojos azules, delgada y media un metro setenta y cinco. Cuando volvió a su habitación la estaba esperando Nieves, una amiga íntima y miembro del Club de las Azafatas, la besó en los labios y le preguntó:

    -¿Estás dentro?

    Raquel le devolvió el beso, y le respondió:

    -Estoy, y estoy con el coño mojado de tanto mamar verga. ¿El rector es maricón?

    -No, ya te llamará para follar, nos probó a todas, incluida su hija.

    -¡¿Sonia también…?!

    -También trabaja para su padre, ella también le tiene que dar el veinte por ciento.

    -Padre e hija follando, debe tener su morbo… ¿Vas a hacer algo con mi calentura?

    Nieves, que era una joven de la misma edad que Raquel, un poquito más baja, delgada cómo ella, morena y de ojos claros, cerró la puerta de la habitación con llave, y le respondió con otra pregunta:

    -¿No te sobra ropa?

    Raquel se quitó el vestido azul que le daba por encima de las rodillas. Nieves vio que por debajo no llevaba puestas más que una medias negras con ligas incorporadas. Raquel le dijo:

    -Hoy quiero que me hagas correr de pie.

    Nieves la besó con lengua, lamió los pezones de sus tetas medianas con areolas rosadas, las amasó, se agachó y le lamió el ombligo. Cuando su lengua le lamió el coño mojado Raquel levantó una pierna, se la puso sobre el hombro, y le dijo:

    -Todo tuyo, cariño.

    Nieves metió dos dedos dentro de su coño y la lengua dentro del coño de Raquel. Raquel magreando sus tetas movió la pelvis haciendo que la lengua saliese del coño, lamiese su ojete, volviese a entrar en su coño y después lamiese su clítoris… Pasado un tiempo, Raquel, sacó una mano de las tetas, le cogió la cabeza a su amiga, y le preguntó:

    -¿La quieres?

    Nieves dándose dedos a mazo, le respondió:

    -Sí.

    Raquel sintiendo los dedos de Nieves chapotear dentro del coño, entre gemidos, le preguntó:

    -¿Vas a tragarla?

    Nieves también entre gemidos, le respondió:

    -Sí.

    -¿Toda?

    Nieves no pudo esperar a que se la diera.

    -¡Me corro!

    Raquel se corrió con ella.

    -¡Tragaaa!

    Los dos coños chorrearon, el de Raquel en la boca de Nieves, y el de Nieves en el piso de la habitación.

    Así se lo montaban las del Club de las Azafatas, follaban entre ellas y follaban por dinero, en los dos casos lo hacían para gozar.

    Una semana más tarde Raquel se tenía que encontrar en el bar de un hotel con un matrimonio. Fue a la cita a ganar mil euros y a gozar. Al ver al matrimonio se quedó de piedra. El hombre, que estaba trajeado y llevaba corbata, era su padrastro, se llamaba Sandro y era un cuarentón muy rico que se había casado tres años atrás con su madre, y la que debía ser su madre era un joven muy guapo también trajeado y sin corbata que medía casi dos metros y que era poco mayor que ella. Sandro, no estaba sorprendido de verla, ya que el rector le había enseñado la foto de Raquel, le preguntó:

    -¿Qué vas a tomar, Raquel?

    Tenía que aparentar que era una profesional, sentándose en un taburete, le respondió:

    -Lo que estáis tomando.

    -Estamos tomando cerveza.

    – Pues cerveza. ¿Eres bisexual, Sandro?

    -Salta a la vista.

    Después de tener una pequeña y algo tensa conversación se fueron para la habitación. Allí, estando sentados el padrastro y la hijastra en dos sofás, le dijo Sandro a su amante:

    -Desnúdate y ven aquí, Chiquitín.

    Chiquitín se desnudó y Raquel vio su verga morcillona. Aquel joven delgado tenía una verga importante. Fue a su lado, Sandro se la cogió, la metió en la boca, chupó y se la puso dura. Ahora la verga era impresionante.

    -Chúpala, Raquel.

    Chupó, y chupando a Raquel se le empezó a mojar el coño. Mientras ella chupaba Sandro se puso en pie y se desnudó. Su polla no era pequeña, no, era un pollón. Al verlo desnudo el joven le cogió la polla con la mano izquierda y lo besó con lengua. A Raquel ver a dos hombres besándose la puso aún más cachonda de lo que ya estaba, y más que se iba a poner, cuando su padrastro se puso detrás del joven y le lamió y le folló el ojete al tiempo que lo masturbó. Pasados un par de minutos, se puso en pie, le acercó la polla al ojete y después se la clavó… Chiquitín gimió cómo una nena sintiendo la polla entrar y salir de su culo y sintiendo la mano menear su polla. Raquel ya tenía las bragas empapadas cuando le dijo Sandro:

    -Saca las bragas y dámelas.

    Raquel, que llevaba puesto un vestido gris con volantes, lo levantó, se quitó las bragas empapadas, fue a su lado y se las dio. Sandro las olió y manchó su nariz de jugos.

    -Estás muy cachonda.

    -Sí, mucho.

    -Mete dos dedos en el coño y dámelos a chupar.

    Raquel viendo cómo la polla de su padrastro entraba y salía del culo de Chiquitín y cómo su mano meneaba su polla. Metió dos dedos en el coño y ya no se los pudo dar a chupar, sin querer se corrió. Las piernas le fallaron y acabó dando con el culo en el piso. Desde el piso con los ojos vidriosos vio la polla de Chiquitín soltando leche y su corrida acabó siendo espectacular. Sandro se corrió dentro del culo de su amante.

    Cuando Raquel se levantó del piso, olvidando su rol de profesional, le dijo a su padrastro:

    -Nunca pensé que me excitaría tanto ver follar a dos hombres, Sandro.

    -Llámame papá.

    -¿Y eso?

    -Morbo.

    -El cliente manda, nunca pensé que me excitaría tanto ver follar a dos hombres, papá

    -Aún te va a excitar más lo que te vamos a hacer, hija. Échate sobre la cama.

    Raquel se echó sobre la cama, Sandro cogió la corbata, le ató las manos y después la ató a un barrote de la cama, luego su lengua se metió en la boca de Raquel, a esa lengua siguió la de Chiquitín, de la boca pasaron a besarla en el cuello, del cuello a las tetas, bajaron besando y lamiendo las piernas hasta llegar a los pies, Raquel abrió las piernas de par en par. En los pies lamieron, masajearon y acariciaron las plantas, los tobillos, los talones y los dedos, los dedos uno por uno, luego subieron besando y lamiendo los muslos de las piernas hasta llegar al coño, un coño totalmente rasurado. Lamió de abajo a arriba y chupó el clítoris uno, lamió de abajo a arriba y chupó el clítoris el otro. Raquel con los ojos cerrados gemía en bajito. Sandro abrió el coño con dos dedos, lamió sus labios, después la penetró con un dedo y lamió de abajo a arriba, sin prisa, pero sin pausa. Chiquitín la besó con lengua y magreó sus tetas. Raquel le echó la mano a la verga empalmada y se la meneó. Tiempo después le apretó la polla y dijo:

    ¡Me corro!

    Sacudiéndose le fue llenando la boca a su padrastro con una larga y copiosa corrida.

    Al acabar de correrse, Sandro la soltó y le dio la vuelta, le abrió las nalgas con una mano, Raquel levantó el culo. Sandro se lo comió mientras Chiquitín le levantaba la cara y la besaba. Poco después, Raquel, perra perdida, se olvidó de que era ella la que tenía que cumplir los deseos de sus clientes y le dijo a Chiquitín:

    -Quiero tu gorda polla dentro de mi coño.

    Sandro le preguntó:

    -¿Y no quieres mi polla dentro de tu culo, hija?

    -Sí, papá, la quiero.

    Chiquitín la puso encima de él, Raquel acercó su polla a la entrada, empujó con su culo y la fue metiendo mientras gemía de gusto. Con toda dentro, le dijo:

    -¡Me encanta!

    Raquel comenzó a bajar y a subir el culo, lento al principio y aprisa después. Sandro la meneaba mirando cómo la verga entraba y salía, cómo le daba las tetas a mamar… Cuando Raquel sintió que se iba a correr, se echó a lo largo de Chiquitín y le dijo a Sandro:

    -Métemela ahora en el culo, papa.

    Sandro le folló el ojete con la lengua para lubricarlo. Raquel ya estaba tan cachonda que sintiendo la lengua entrar y salir de su culo se corrió en la polla de Chiquitín sacudiéndose cómo era costumbre en ella. Chiquitín tampoco se pudo aguantar y se corrió dentro de su coño.

    Al acabar Chiquitín se quitó de debajo, Sandro la puso a cuatro patas, le acercó la polla al ojete, se la frotó y después se la fue metiendo despacito mientras le magreaba las tetas con una mano, le metía dos dedos de la otra dentro del coño y le acariciaba el punto G. Sandro le folló el culo tal y como se había follado ella el coño, despacito al principio y aprisa después, los dedos hicieron lo mismo dentro del coño que la polla dentro del culo. Poco más tarde Sandro sentía cómo el ojete de Raquel apretaba su polla y escuchaba cómo le decía:

    -Estoy a punto, papá. Métemela en el coño que te quiero bañar la polla.

    Se la quitó del culo, la agarró por las tetas y de un golpe se la metió hasta el fondo. Raquel exclamó:

    -¡Uyyy que gusto! ¡¡Dame fuerte!!

    Le dio a romper. En segundos ya la tenía a punto de nuevo.

    -¡Me voy a correr, papá!

    -Córrete, Raquel.

    -Hija, llámame hija.

    -Córrete, cariño.

    Raquel volvió a insistir.

    -Hija, llámame hija.

    -Córrete, hija.

    Raquel había oído la palabra mágica.

    -¡Baño tu polla, papá, baño tu polla!

    Se corrieron los dos, y si Raquel se derrumbó sobre la cama al correrse de tanto gusto que sintió, su padrastro se quedó sin fuerzas para hacer nada más.

    Aunque no quedara sin fuerzas tampoco iba a hacer nada más, ya que se acabara el tiempo acordado, y en eso Raquel aunque quisiera no podía pasarse, era la regla número uno del Club de las Azafatas: Tiempo acabado trabajo finalizado.

    Quique.

  • Jugando a la oca con Lara

    Jugando a la oca con Lara

    El día ha amanecido triste, gris y lluvioso,  exactamente igual que aquel día no hace ni un mes, no sé qué me ha pasado porque por regla general no me suelo comportar así y ni mucho menos sentir lo que siento ahora, no ha pasado ni un mes y no paro de echarte de menos, ni un mes y todavía noto, siento el roce de tu piel sobre la mía, tus caricias, tus besos, es hoy en el baño de la facultad maquillándome un poco, mirándome al espejo y todavía me pregunto qué pasó aquella tarde cuando quedamos para estudiar.

    Julián y yo nos conocemos desde niños, tras unos años de olvido nos volvimos a encontrar en la facultad retomando nuestra amistad, aquel día decidimos quedar en tu casa para estudiar esa asignatura que tenías atragantada y tras cuatro horas de estudio intenso un pequeño receso, un descanso para beber unas cervezas y hablar de cotilleos, no sé si te acuerdas, pero así salió el tema del sexo, me acuerdo que criticaba a una amiga no por haberse acostado sino de la forma en que lo hicieron, tú les defendías, yo los criticaba y de alguna manera quisimos defender nuestra postura y ¿qué mejor que jugando como ellos lo hicieron?

    No teníamos cartas, pero si el juego de la oca con nuevas reglas, reglas como ellos pusieron, cada vez que cayéramos en una casilla con una oca tendríamos el poder de mandar al otro hacer algo, lo que fuera y así de esa manera y sin que ninguno de los dos lo pensáramos dos veces el dado rodaba por el tablero y primera oca para ti en la que te obligo a maullar como un gato en celo, a la siguiente yo tuve que contar hasta 100 sin respirar, es justo decir que salió de mí, que si no conseguíamos una prueba había que pagar una prenda, a partir de ese momento fue la tónica habitual mandarnos tareas casi imposibles.

    Me acuerdo como nos reíamos los dos, el tiempo iba pasando, yo había entrado en tu casa con una falda a cuadros, blusa y una chaqueta de punto, mis zapatos, medias y como era evidente mi ropa interior, tú más o menos igual que yo, pero a esas alturas ya los dos habíamos pagado varias prendas, la falda a cuadros y mi blusa aparte de la ropa interior era lo que me quedaba, tú estabas en peores condiciones que yo, ya que solo te quedaba el pantalón y tu ropa interior, de momento yo ganaba no solo con el juego sino con mi postura porque según sabíamos nuestros amigos habían caído ya hacía rato en manos de sus más bajos instintos.

    En ese momento mirando al espejo fue como revivir nuevamente aquella cita y mi mente se trasladó aquel salón…

    Al principio me sentía completamente desalentado, ir perdiendo significa darte la razón y suelo ser muy competitivo, no quería dejarte ganar, pero a medida que perdía mis prendas comencé a sentirme nervioso con una combinación entre pena y excitación. Cuando comenzamos acordamos un límite, no quedaríamos completamente desnudos, queríamos demostrar quien tenía razón, queríamos ganar y humillar al otro, pero la siguiente ronda logré ganarte y te quitaste la blusa, al ver tus pechos forrados en un brasier rojo hicieron que comenzara a sentir calor a pesar de no traer playera, me quede embelesado por el tamaño y la redondez que tenían tus pechos y en mi mente corrieron imágenes de mí tomándolos con mis manos, besándolos, mordiéndolos…

    Desvíe mi mirada rápidamente y me concentré en el tablero de juego, queriendo evitar que notaras a donde había parado mi mirada y mis pensamientos, podía sentir mi erección alzándose ligeramente, así que me cruce de piernas para intentar bajarla un poco en caso de que perdiera la siguiente ronda y tuviera que perder el pantalón. Una parte de mí quería perder, quería que los límites que hubiéramos puesto no estuvieran y termináramos completamente desnudos de ahí dejar que todo siguiera su curso, tire los dados para continuar con el juego, a ver a donde llegaba.

    Miraba a Julián de reojo cuando tiro los dados, no le había perdido ojo en todo momento, estaba nervioso y eso me alegraba porque sabía que yo iba ganando, pero cuando tuve que quitarme la blusa y quedarme en sujetador algo sucedió, le veía mirarme disimuladamente como si no quisiera molestarme, pero su mirada se había clavado en mis pechos, los miraba como si fueran los primeros que había visto y yo sabía que no, por eso me excito tanto, no sabría decir por qué, pero instintivamente fui a taparme con mis manos al notar que mis pezones se empezaban a elevar y bajo ningún concepto quería que pensara que me había excitado, fue entonces cuando pensé que podía perder, que el juego nos llevara a que nos quedásemos en ropa interior y querer seguir jugando a pesar del límite de seguridad que habíamos puesto y al mirar cómo se cruzaba de piernas no hizo más que acrecentar mis dudas sobre mi fortaleza.

    Por debajo del pantalón pude ver una erección que me puso realmente caliente, sus pectorales bien definidos, mis pezones en punta intentando salir de mi sujetador y aquel pene que se elevaba como una montaña no hizo más que empezara a notar como mis bragas se humedecían y al ver los dados rodar por el tablero solo pensaba en que perdiera y que se tuviera que quitar el pantalón, pero la suerte esta vez no se había aliado conmigo sino con él, cinco y su ficha en una casilla a salvo, no así la mía que caía en casilla prohibida teniéndome que quitar la falda de cuadros que llevaba y tener que tirar nuevamente.

    Al ver cómo te quitas la falda me detengo a mirar sus esbeltas y firmes piernas. Necesito volver a acomodarme en la silla, puedo sentir como el calor de la habitación comienza a aumentar… o quizá solo era yo, por un momento noté la pequeña mancha en tus bragas, pero pensé que lo había imaginado ¿Mi mente estaba jugándome alguna broma?

    – Tengo una idea. ¿Qué te parece si la siguiente vez que te toque perder bailas un poco? Digo, así no… así no rebasamos el límite que pusimos – Te digo nervioso intentando hacer que el juego continúe debido a que temía que fueras a pararlo a estas alturas.

    – Por cierto, Lara, vaya que has crecido. – Te digo mientras miró tu cuerpo, habíamos ido a la playa y te había visto en bikini, pero extrañamente, verte ahora, así casi desnuda en esta situación, se sentía tan familiar y tan diferente al mismo tiempo, tomo un poco de cerveza para intentar bajar mi calor y espero a que tires los dados nuevamente.

    Muevo los dados en mi mano a la vez que miro los enormes ojos de Julián que recorren todo mi cuerpo, había que estar ciega para no ver como estaba disfrutando, estaba delante de él solo con la ropa interior, nerviosa y excitada, le agradecía sus palabras con una sonrisa sabiendo que las decía solo para que no paráramos de jugar, sentía vergüenza de levantarme, sabía que vería como mis bragas se habían humedecido y como mis pezones se habían elevado a cotas increíbles, pero sobre todo sentía vergüenza de haber criticado a mi amiga porque si de algo estaba segura a esas alturas, es de que Julián y yo íbamos a follar aquella tarde.

    A pesar de todo al soltar los dados recé para salvarme, pero no fue así, tuve que tomar una decisión difícil, bailar como me había propuesto o quitarme el sujetador, ya estaba muerta en mi apuesta así que lo tenía claro, empecé a bailar muy cerca de él con movimientos lentos, culebreando mi cuerpo desde mi corta melena hasta mi tripa y sobre todo mis nalgas, apretaba mis pechos con las manos, luego agarraba la braga y mis dedos empezaban a deslizarse por debajo de ella separándola tan solo un centímetro de mi piel para luego soltarla de golpe, por las caderas me las bajaba un poco casi enseñándole mi vulva y me la volvía a subir, de espaldas a Julián doble mi cuerpo hacia delante con las piernas un poco abiertas dejándole ver por detrás mi vulva inflamada, más que un baile era toda una declaración de intenciones, quería excitarle, quería verle suplicarme follar, aunque fuera yo la que se lo estaba suplicando con mis movimientos y más cuando le puse mi pie encima de su silla, rozando con mis talones su entrepierna y mi muslo sobre su pecho, dejándole ver bien como mis bragas chorreaban flujo.

    – Te gusta lo que ves Julián, porque ahora te toca tirar a ti y yo no te voy a decir que bailes para mí, pero sí que te quites los pantalones para mí y… -Deje un silencio incómodo mientras me sentaba en la silla dándole los dados mientras le miraba mordiéndome el labio.

    Miro con atención cada uno de tus movimientos mientras bailas, no podía despegar la mirada de ella, al dejarme ver su vulva entre sus bragas sentí que no podía más, quería lanzarme a ella y arrancarle su ropa interior para comerle el coño como un hambriento, pero quería continuar, la iba a follar como no lo había hecho con nadie, la situación me estaba excitando de tal manera que quería que durara lo más posible y cuando Lara pone su pierna en mi silla alcanzo ese olor a sexo y a deseo.

    -Vaya que sí – Le contesto sintiendo el nerviosismo desaparecer por fin, la excitación estaba ganando, la miro regresar a su asiento y tomo los dados.

    -Veremos si puedo mejorarlo – Lanzo los dados sin mirar siquiera el resultado, me levanto y me quito el pantalón, mi erección está casi completa y dura debajo de mi ropa interior, la agarro un momento, queriendo demostrarle que estaba así debido a ella, que ella había logrado empalmarme con tan poco.

    -Quédate ahí sentada – Le digo caminando hacia ella, me coloco detrás de su silla, tomo su cabello y lo hago a un lado para susurrarle.

    -No te muevas. – Mi mano se dirige a su muslo y comienzo a acariciarlo lentamente mientras la otra la toma por la cadera, recorro su cuerpo con lentitud, paso la palma de mi mano por uno de sus pechos, pero no se lo aprieto, estoy jugando con ella, agarro su cuello y lo apretó ligeramente, la mano en sus piernas roza por un momento su vagina, siento su humedad y me toma toda mi fuerza de voluntad para no acariciarlo, meterle los dedos, masturbarla, su olor es embriagante, muerdo ligeramente su hombro y finalmente me detengo y regreso a mi asiento. Mi erección ha llegado al máximo y deseo poder quitarme mi ropa interior, ya que me incomoda un poco, pero quería seguir con este juego.

    -Tu turno – Le digo sentándome con las piernas abiertas para que pueda ver mi cuerpo por completo en espera de lo que vaya a hacer.

    Realmente estaba disfrutando del juego, al sentir el roce de tus suaves manos recorrer mi cuerpo, rozar mi pecho y mi vulva, tenía mi piel erizada de placer, una corriente me estaba atravesando el cuerpo cuándo sentí tus labios sobre mi hombro, los dos deseábamos lo mismo de eso no había duda, estoy segura de que incluso antes de empezar a jugar y ahora veía como jugabas conmigo y como me excitabas cada vez más, podía ver ahora tu erección por debajo de tu bóxer, podía intuir ese hermoso pene duro y suave que tienes y que iba a ser mío si me lo dabas, quería sentirlo en mis manos, en mi boca, en mi interior, pero todavía tenía que jugar, no quiero ser una chica fácil, sabía que la tarde y la noche era toda nuestra.

    Tire los dados sonriendo pensando que hacer ahora, los dados corrían todavía por la mesa cuando me levante y parada junto a ti te miraba con la intención de sentarme a horcajadas encima de ti, tan siquiera mire los dados cuando ya estaba notando tu pene tremendamente duro en mi vulva y parte de mi muslo, tan solo mis bragas y tu bóxer lo separaban de mi piel, me mirabas como ido, ilusionado por lo que íbamos a hacer, pero empiezo a quitarme el sujetador dejando libres mis pechos y mis pezones que estaban duros y puntiagudos, tengo las aureolas hinchadas al igual que mis pezones y no veo el momento de sentir su boca saboreándome y a pesar de eso…

    – No, no querido mío, Julián eso hay que ganárselo, al igual que los besos. –Intentabas besarme y cogerme los pechos, pero una vez y otra te quito la cara y cojo tus manos riéndome, la verdad que estaba disfrutando viéndote sufrir porque mientras te prohibía mis pechos y mis labios, mi vulva se restregaba ligeramente contra tu pene empapándolo de mis flujos.

    – Te he dicho que no Julián, no me seas malo, toma los dados y no me hagas trampa.

    Te miro con una sonrisa mientras te mueves sobre mí.

    -De acuerdo, así quieres jugar. -Te tomó de la cintura para que no te caigas y me inclino para tomar los dados y hacerlos girar en la mesa.

    -Mira eso, creo que vuelvo a perder – Sin decirte más, te pongo sobre la mesa, abro tus piernas y con deseo recorro tus muslos besándolos lentamente, cuando llego a tus bragas las tomo con los dientes y comienzo a jalarlos, pongo mis manos en mi espalda, como un reto autoimpuesto, queriendo quitártelas solo con la boca. Me cuesta trabajo, tengo que trabajar moviendo mi boca por todo cuerpo para poder sacarlas, al hacerlo te doy besos en los muslos, en tus piernas, en tus pies, disfrutando cada centímetro de tu piel y finalmente, luego de mucha pelea, logro quitártelas y giró mi cabeza para hacerlas girar a modo de victoria.

    -¡Lo logre! – Digo entre dientes, me acerco a ti y dejo que mi bóxer y mi erección roce ligeramente tu vulva ahora expuesta, aún mantengo tus bragas en mi boca.

    -¿Y ahora? ¿Crees poder resistir la siguiente ronda?

    Mis manos acarician tus muslos y te jalo un poco más hacia mí para torturarte con mi pene, aún no es tuyo, quiero que me lo pidas, quiero hacerte perder este pequeño juego nuestro.

    Los dados son nuestros prisioneros, realmente hacen lo que nosotros digamos que hagan y lo que quiero que digan es que ya es hora de sentir tu pene penetrar mi vagina, pero ¿cómo hacerlo sin perder?, pensaba que no ibas a poder resistir, ya había cerrado los ojos mientras me tenías allí sentada encima de la mesa, mis labios vaginales rezumaban flujo de mi interior, sabía que estaba más que preparada para cuando quisieras entrar.

    -Me has hecho trampa Julián, no eran mis bragas sino tu bóxer el que estaba en juego, no obstante te las has ganado como trofeo y ya has visto lo han dicho los dados ¿verdad? – Tan siquiera había tirado y ya te estoy quitando el bóxer haciendo saltar tu pene como un resorte hacia arriba, sentada encima de la mesa te intento quitar utilizando manos y pies hasta hacerlo caer por completo, al levantarme he intentado que mis labios rocen suavemente con tu glande, metiéndome tan solo la punta en mi boca, tan solo un segundo, casi inapreciable, pero al sentarme nuevamente me giro para coger los dados y dártelos para que los hagas rodar y al sentarme nuevamente sin que ninguno de los dos lo hayamos planeado tu glande se mete dentro de mi vagina, unos centímetros de nada, saliéndose enseguida y entre un pequeño gemido frunciendo mi ceño.

    – Aaamm, ten tus dados, tu turno.

    Te miro a los ojos, sin decir nada, lanzó los dados, pero no me importa donde caen, coloco mis manos sobre la mesa y comienzo a penetrarte lentamente disfrutando cada centímetro que entra en ti, estás tan húmeda y tan caliente que un gemido se sale de mi garganta al sentir como mi pene entra por completo en ti y lo aprieta con deseo.

    -Creo que perdí.

    Comienzo con un ritmo lento mirándote a los ojos y disfrutando tus gestos de placer mientras te la meto, poco a poco comienzo a aumentar la velocidad y bajo mi boca a tus pechos y comienzo a succionar tus pezones y lamerlos, tu coño se siente tan delicioso que no puedo evitar gruñir de placer, te empujo en la mesa para que tu espalda quede en la superficie y tomo tus piernas para alzarlas y ponerlas en mi hombro derecho.

    Ahora estás ligeramente de lado y continuo bombeando mi herramienta mientras sostengo tus piernas en alto con mi mano derecha y con la mano izquierda te doy un par de nalgadas.

    Mmm. – Siento tu polla entrar una y otra vez en mi vagina, llenándome de ella, al principio sentía como tu glande empezaba atravesar mi fortaleza tan mojada que te deslizas sobre ella con total impunidad, me encanta como me estás follando, como tu polla desde que levantaste mis piernas penetra tan dentro de mi coño que no puedo más que gemir, siento tus empujones y como tus testículos me van golpeando, el silencio se ha roto con el ruido de nuestros cuerpos al chocar y ese sonido acuoso al meterme tu polla en mi vagina que no para de empaparte con mi flujo, es tanto el placer que me estás dando que no atino a decirte nada y son tantas cosas las que te quiero decir.

    Soy una muñeca en tus manos, mi vagina se ha dilatado como nunca recibiendo esa polla que me está enamorando, entras y sales de mí, siento como rozas cada centímetro de mi vagina, la siento deslizarse con y tanta facilidad que no quiero que me la saques, quiero que me penetres profundamente, que aprietes todo lo que puedas y sentirla tan dentro de mí como sea posible, ya no me acuerdo como empezó esto, no sé si gane o ganaste, solo pienso en que me folles solo pienso en que me lo hagas tan bien que mis gemidos se conviertan en gritos y de momento es metérmela y sentir un gemido involuntario, es sacarla y prepararme para volver a gemir.

    Tomo tu cabello y lo sostengo mientras dejo que chupes mi polla, tus labios se deslizan en mi tronco y yo no puedo dejar de gemir del placer que me estás dando.

    -Así, Lara, que rico te la comes – Te digo con los ojos cerrados, disfrutando de tu lengua y labios – Ven, quiero saborear de nuevo ese coño. – Me acuesto en el sillón, tú mantienes tus manos en mi verga como si te la fueran a quita, tomó tu cuerpo y lo coloco sobre mí.

    Puedo sentir como sigues con tu trabajo y decido esforzarme también, vuelvo a usar mi lengua para penetrarte el coño mientras utilizo mi mano izquierda para estimularte el clítoris, con mi otra mano agarro tu trasero y lo aprieto, te doy un par de nalgadas y luego acercó mi pulgar derecho a tu ano y lo aprieto ligeramente, mi dedo entra un poco en ti, es una posición un tanto incómoda para mí, pero no me importa pues puedo sentir como me agradeces todo lo que te estoy haciendo mientras chupas y lames mi miembro, en ocasiones, alzo mi cadera, intentando follarte la boca, pero debido a la posición no lo hago por mucho tiempo, ya que temo perder el ritmo de lo que hago.

    Nuestros gemidos se unen en aquel atardecer, la ventana se ha oscurecido todo lo contrario que mis ojos que brillan de felicidad, hacemos un dueto de gemidos y placer, yo chupando esa enorme polla y tú jugando y tapándome los agujeros que tienes a tu alcance, pero quiero más, quiero que me vuelvas a follar, no aguanto más sin tenerla dentro de mí y te ruego que me folles, es como si te rogara y yo misma me lo concediera porque me levanto y de espaldas a ti me siento de rodillas en el sofá, levanto un poco mi cuerpo y con tu pene en mis manos busco mi raja que enseguida se va abriendo para ti, poco a poco me siento encima de ti, poco a poco tu polla va penetrando en mi interior, un interior que ya conoce.

    Empiezo a botar como una loca sobre ti, tu polla se mete y sale alegremente de mi coño provocando los primeros gritos de placer, no puedo verte, pero noto como te gusta, como jadeas y gimes cuando mi cuerpo cae y tu polla me penetra hasta el fondo, muevo mis caderas de lado a lado en forma circular, aprieto mi vagina contra tu pene intentando que me entre hasta la raíz, los gritos de placer empiezan a ser bastante evidentes, de vez en cuando me paro y descanso echada hacia delante con mis manos cogiéndote de las rodillas, luego continuo y me echo hacia atrás con mi espalda apoyada en tu pecho y tus labios besándome el cuello a la vez que rodeas y aprietas con tus manos mis pechos, no me esperaba que levantaras tu pelvis elevándome y me la empezaras a meter con tanta rapidez, pero me ha encantado y mis gritos ya son parte del hilo musical del salón donde por fin siento que alguien me folla en condiciones.

    -¿Te gusta cómo te follo? – Te pregunto, pero tú apenas puedes articular, así que solo asientes con la cabeza, te tomo de las piernas y me levanto sin dejar que mi pene salga de ti, me pongo de pie y hago que subas y bajes sobre mí, colocas tu brazo detrás de mi cuello para agarrarte mejor y dejar que tus gemidos suenen altos y claros en mi oído, saco mi lengua y alcanzar tu pezón erecto para poder lamerle, puedo sentir todo tu cuerpo moverse y disfruto como mi verga entra y sale de ti con tanta facilidad.

    Te bajo al suelo y luego te doy la vuelta para que estés mirando al sillón. Hago que levantes tu pierna derecha sobre el sillón y mi glande juega con tu entradita.

    -Pídelo, Lara. Ruégame que te folle.

    Puedo ver en tu cara el deseo y me ruegas que te la vuelva a meter. Lo hago con una fuerte embestida y comienzo a darte con alegría y celeridad, no sé por qué, pero volteo a ver al edificio de al lado, no había cerrado las cortinas y puedo ver del otro lado a dos mujeres y un hombre mirándonos y riendo, al parecer habíamos tenido público. ¿Desde cuándo estaban ahí? No lo sé, pero no quiero detenerme incluso aun con los mirones así que regreso mi atención y a tus gemidos mientras mis pelvis choca Contra tu trasero una y otra vez.

    Te siento entra por detrás, llenándome una y otra vez con tu polla, no sé el tiempo que llevas follándome he perdido la noción del tiempo, pero puede que más de quince minutos bombeando tu pene en mi coño, quince minutos gimiendo y gritando, mientras me penetras mis dedos pulsan y acarician mi clítoris, realmente me estás follando como a mí me gusta y a pesar de mis gritos si llego articular alguna palabra, realmente monosílabos dispersos cuando me pides que te diga que me folles.

    – Sí… ayyy si, mmmm así mmm Julián… Fóllame si… Fóllame así.

    Sentía como poco a poco mi cuerpo me abandonaba como una quemazón en mi vientre se expandía por mi vagina y después por mi cuerpo, sentía tus manos en mis caderas moviéndome adelante y atrás metiéndome tu polla y sacándola haciéndome gritar hasta que un grito sordo, un grito que no podía salir hizo que mi cuerpo se estremecía que mis piernas temblaran así como parte de mi cuerpo, no me podía sujetar apenas, el placer de un tremendo orgasmo me estaba llevando a no podía gritar, ni mantener mis ojos abiertos, sin poder girarme, ni mirarte.

    Me detengo para poder ver como tu cuerpo disfruta del orgasmo y luego continúo penetrándote lentamente, yo estoy a punto de correrme, pero aún quería darte un regalito extra, en esa posición, me arrodillo y comienzo a comerte el coño, saboreando todo tu orgasmo, muerdo una de tus nalgas y luego te doy una nalgada antes de lanzarte al sillón boca arriba.

    Me coloco frente a tus piernas y meto de una embestida de nuevo mi verga en ti y comienzo a darte duro, me gusta ver como tus pechos rebotan con cada penetración, aprieto uno con mi mano mientras continuo dándote lo que te mereces, me encanta follarte, verte así desnuda, como disfrutas con cada una de mis embestidas, tu expresión hace que casi me corra, pero intento aguantar lo más que puedo para darte todo el placer que mereces.

    Finalmente termino corriéndome dentro de ti, siento como el orgasmo me recorre todo el cuerpo y me salgo de ti para examinar tu cuerpo sudoroso.

    -Wow, Lara, estuvo… – Hago una ligera pausa y te miro – ¿Entonces quién gano?

    -Jajaja ninguno de los dos tonto, ninguno de los dos, me ha encantado que me folles y con eso me quedo, que quizás tú tenías más razón, vale lo admito, pero te has parado a pensar si no fui yo la que te indujo a jugar jajaja.

    Estaba sudorosa y respiraba como si hubiera corrido una maratón, tenía mi vagina abierta por donde caía tu semen, me sujetas de las piernas y riendo los dos por fin caímos en la cuenta de que algo nos falla, algo no hemos hecho y te lo recrimino sin saber que es.

    – Me has desnudado, me has acariciado, me has comido el coño y yo a ti la polla, me has follado y requetebién follada que estoy que hasta que me has provocado un maravilloso orgasmo y aunque quizás no te hayas dado cuenta he repetido cuando me follabas de rodillas con fuerza y te has corrido tú, pero falta algo tonto… Todavía no me has besado.

    En ese momento cuando recordaba tu beso, algo me ha sacado de mi sueño, un golpe fuerte y mi recuerdo se desvanece y vuelvo a encontrarme en el baño de la universidad mirándome al espejo, pero con una salvedad, siento mis bragas tremendamente mojadas.