Autor: admin

  • Mi tía preferida

    Mi tía preferida

    Fernanda, mi tía, media hermana de mi madre, es una mujer simplemente hermosa, 30 años, quince menos que mi madre, un físico espectacular, impresionante culo y tetas. Y viste para la locura: minis súper cortas, escotes profundos. Un infierno de mujer.

    La última vez que salimos a cenar en familia, muchos creyeron que era mi novia y no mi tía. Yo con mis 25 años, fácilmente podía pasar como su novio.

    Unos meses atrás mis padres, con quien vivo, se fueron de viaje por 40 días a EEUU. Luego de una semana mi madre me llama para decirme que Fernanda, por un problema en las cañerías de su casa, iba a pasar unos días en la nuestra hasta que lo solucionen.

    Se instaló, y desde el primer día me fui poniendo loco. Luego de desayunar, ambos nos fuimos a trabajar. Cuando volví, ella ya había llegado y se estaba duchando. Cuando salió de la ducha, me escucho que estaba sirviéndome un café en la cocina y se apareció con un micro short de lycra, y un top bien pequeño.

    Sin disimulo me quedé mirando su cuerpo.

    “Hey, hola, estoy aquí.” Dijo.

    “Hola, y bien que estás.” Contesté.

    Ella se sonrió, se sirvió un café y se sentó a charlar conmigo. Mis ojos se perdían en sus tetas. Cuando podía verla a la cara veía su satisfacción por ser observada y deseada.

    Al día siguiente, casi la misma escena, pero ahora ella estaba en ropa interior, cubriéndose con una toalla. O por lo menos trataba, ya que cuando caminaba, llegaba a ver como la tanga desaparecía entre sus cachetes. La desgraciada estaba jugando al límite.

    Al cuarto día yo no daba más, de calentura. La soñaba despierto comiéndose mi pija, metiéndosela por todas partes. Cuando llegué a casa, ella ya se había bañado y estaba en corpiño y tanga en la cocina, sin cubrirse. Fui a darme una ducha y volví a la cocina solo con un bóxer.

    Si bien mi pija no es descomunal, unos 17 centímetros, si tiene un grosor interesante. Cuando entré a la cocina ya con mi pija en crecimiento ella miró mi bulto y dándome la espalda, me comenzó a servir un café.

    Me puse detrás de ella, y apretando sus pechos empecé a besar su cuello. Ella trató de zafarse pero no pudo. Siguió intentando con fuerza y yo la dominaba. Con una mano, saque mi pija del bóxer y apoyándome totalmente en ella, la puse entre sus cachetes.

    “No Gonza, por favor soltame.” Dijo varias veces.

    “Todos estos días estuviste haciéndote la gata, no doy más.” Dije.

    “Te equivocas, era solo un juego. Por favor soltame.”

    Sin dejar de apretar su cuerpo contra la mesada, le saque el corpiño y la di vuelta para ponerla de frente a mí. Ella aprovechó y me dio una bofetada en la cara. Mi cara le debe haber dicho todo porque la suya cambió de rabia a susto.

    “Perdoname Gonza, se me fue la mano.” Dijo con miedo.

    Tomé de los pelos, he hice que se ponga de rodillas y le metí la pija en su boca. Ella no se movía ni hacía nada.

    “Por las buenas o por las malas, como vos quieras.” Le dije. Y tomando su cabeza con ambas manos comencé a cogerla hasta llevar mi pija hasta su garganta. Ella tenía arcadas, sus ojos se llenaban de lágrimas. Pero yo no me detenía.

    “¿Qué pensaste, que seguía siendo un pendejo adolescente? Pues te has equivocado feo. Quisiste jugar conmigo, pero te salió mal.” Le dije. Y tirando de sus pelos la levanté.

    Era de mi misma altura, y mientras sostenía su cara frente a la mía, baje mi mano a su concha y ví que apenas estaba húmeda.

    Sin soltarle los cabellos y trabando un brazo en su espalda, la fui llevando por la fuerza hasta mi dormitorio. La tiré boca abajo en mi cama y de un tirón arranqué su tanga. Acerque mi pija a su culo y ella empezó a llorar.

    “Gonza, por favor, para, que vas a hacer. No por favor, no lo hagas.” Dijo en medio del llanto.

    “Silencio.” Dije. Y tomando sus manos, hice que se separara sus cachetes. Ella no quería hacerlo y los soltó.

    “No lo hagas más difícil, porque igual va a pasar, solo que seguramente vas a sufrir más.” Le dije y volví a poner sus manos en sus cachetes. Ella entendió el mensaje y los separó.

    Puse un poco de saliva en su orto y comencé a penetrarla. Poco a poco fue entrando, entre queridos de dolor y llanto. Poco a poco se dilataba totalmente y fui aumentando la velocidad. Escuchar su llanto y sus quejidos solo me excitaba más.

    Luego de un rato, y tomándola fuertemente de los cabellos, me acosté boca arriba.

    “Ahora, subite y metete mi pija en el culo.”

    Sin dejar de llorar, lo hizo y comenzó a moverse lentamente. Se tapaba la cara para no verme. Llevé mi mano a su concha y ya estaba mojada, bien mojada.

    “Pues veo que te gusta, movete bien, a ver como te haces la gata con mi pija en el culo.” Le dije.

    Ella comenzó a mover su cadera en círculos, sin sacar un centímetro mi pija de su culo. Le di una bofetada en sus pechos y ella gimió de placer. Era la primera vez que demostraba su placer.

    Poco a poco se fue calentando, hasta levantarse y dándome la espalda, se metió nuevamente la pija en el culo. Entre sus subidas y bajadas, pude ver que se estaba metiendo dedos en la concha. La tomé de la cintura, la levanté un poco y comencé a bombear con todo. No pasó mucho hasta que acabé en su culo. No había terminado de soltar mi leche, que la hice bajar y tirando nuevamente de sus pelos, la hice poner para que me la chupe bien.

    Ella quiso negarse al ver mi pija sucia con semen, algo de sangre y algo de su intestino pero finalmente se puso a chupar. Mientras lo hacía le di varias nalgadas y ella tuvo un orgasmo en esos momentos.

    Se tiró a mi lado y me miraba con una mezcla de rabia y lujuria.

    “Desgraciado, era solo un juego. Aunque soy bisexual, muy pocas veces he estado con un hombre sola, y nunca me rompieron el culo.” Dijo enojada.

    “Mirá vos.” Dije y me fui a dar una ducha. Me puse un bóxer y fui a mi computadora. Ella se puso su conjunto de ropa interior, y sin bañarse, empezó a hacer la cena. Estaba en eso, cuando pasé por detrás y metí su mano entre sus piernas, hasta llegar a su pubis. Ella solo separó sus piernas y se dejó hacer.

    Me senté en la cocina y mientras ella cocinaba le pregunté.

    “¿Tenes novia? ¿Cómo se llama?”

    “Si. Su nombre es Daniela. ” Dijo tímidamente. Su teléfono estaba sobre la mesa.

    “Llamala, invitala a cenar mañana viernes.” Dije.

    “No creo que…” empezó a decir mientras tomaba el teléfono. No lo hizo. Cenamos y al acostarnos hice que se acueste conmigo. Su actitud había cambiado, aunque le costaba, aceptaba lo que le decía.

    Hice que me chupe la pija por un buen rato y la hice poner de rodillas junto a mí.

    “Quiero que te masturbes y tengas varios orgasmos de tu propia mano, y cuando quieras terminar, me avisas y me haces acabar en tu boca.” Dije.

    Ella se comenzó a masturbar, primero despacio y luego con todo.

    “Desgraciado, lo que me haces hacer, me haces sentir una puta barata, tratando de calentar a su macho.” Dijo.

    “¿Y que sos en este momento?” Pregunté.

    “Una puta barata tratando de calentar un macho. Hijo de puta.” Dijo ya muy caliente. Ella se sacudía al tiempo que miraba como me masturbaba. No sacaba la vista de mi pija. De repente se fue dando vuelta y aún de rodillas, me mostraba con las rodillas bien separadas, como se metía y sacaba los dedos de la concha. Gemía loca de placer.

    Pude ver como su ano tenía una marca de sangre, clásica de un desgarro. Llevé mi dedo a su ano y al apoyarlo ella se estremeció. Sus dedos dejaron su concha, y comenzaron a humedecer su ano, una y dos veces. Volví a apoyar mi dedo y ella hizo fuerza para meterlo.

    “Hijo de puta, mirá lo que hago, sola me meto tu dedo en el culo.” Dijo mientras sus dedos volvían a la concha. Cuando mi dedo entró por completo, ella se estremeció. Se movía como loca. De pronto ella sacó mi dedo y puso uno de su otra mano.

    “Estoy por explotar, hijo de puta. Acabame en la boca por favor te pido.”

    Ella se masturbaba con todo por ambos hoyos y yo me paré frente a ella, con mi pija a la altura de su cara, masturbándome.

    “Abrí la boca.” Le dije. Ella lo hizo y acabé regando toda su cara y su boca con mi leche. Ella se estremeció con su orgasmo y rápidamente fue al baño, para regresar segundos después.

    “Por favor, que cara de puta tiene la mina que vi en el espejo del baño. Coger con vos sí que me hizo disfrutar de un hombre.”

    Después de cenar ella fue a su cuarto y escuche como hablaba con su pareja de como la había cogido. Y que yo quería que fuera a cenar. “Seguro que va a querer cogernos a las dos.” Dijo Fer. No pude escuchar más y un rato después me dormí.

  • La rebelión de mi madre (III): El ascenso

    La rebelión de mi madre (III): El ascenso

    Anteriormente: Luego de ayudar a mi madre a arrancar su auto por haberse quedado sin batería vuelvo a casa y me quedo dormido, tengo un sueño que parece real donde estimulado por una escena erótica de una película donde una mujer madura tiene relaciones con uno más joven dentro de su auto se asemeja a mi madre y a mi.

    Despierto con culpa y algo de asco, me doy una ducha tratando de pensar en otra cosa y voy hacia mi trabajo.

    Transcurren los días con normalidad, no he vuelto a tener esos sueños perturbadores, eso sí, he tenido que recurrir a ver algo de porno para masturbarme.

    No soy de mirar pornografía, pero sentía que necesitaba descargarme, así que me puse a buscar sobre todo a chicas jóvenes, modelos, de mi edad.

    En mi trabajo las cosas se ponen densas, uno de los gerentes locales es promovido a otro país, por lo que habría un ascenso para algunos de los aspirantes.

    Se desata entonces una competencia feroz, que nos pone a todos a realizar esfuerzos extras para agradar al gerente general.

    En esos días mi madre me manda whatsapp pidiéndome juntarnos algún día para diagramar su negocio, asesorarla junto a sus amigas para no cometer errores.

    Le pido tiempo, le cuento sobre mi situación, mi madre está ansiosa pero comprende, por un par de semanas no podríamos vernos, pero le tiré algunos tips y tareas para que vayan haciendo hasta que nos podamos juntar.

    Esos días son muy intensos, voy muy temprano y llego tarde a mi departamento, incluso a veces me llevo trabajo a casa para adelantar y hacerlo durante la noche o los fines de semana.

    Llega el día finalmente de la resolución y obtengo el ascenso, eso me pone feliz, un mejor puesto, un mejor sueldo, y realización personal.

    Ese viernes salgo exultante, con mis compañeros de equipo salimos a brindar, cada uno también es promovido a otras áreas, hay uno que ocupara el puesto que dejo, es todo alegría.

    Le doy la buena noticia a mi madre, el domingo ya podríamos vernos, comer una buena pasta casera y ver lo de su negocio.

    Pero esta noche brindaríamos y tomaríamos todo con mis amigos, nos llevamos el mundo por delante. Y lo haríamos notar en un festejo descontrolado por los bares porteños.

    Esa noche no hay control, estamos tomando, le hablamos a cualquier chica que aparezca, invitamos tragos, y más de uno puede sacar teléfonos y besar a chicas con la esperanza de llevárselas a su departamento, algunos no pueden, están en pareja o son casados, pero esa noche todo quedará en secreto.

    En uno de los locales nocturnos, decidimos hacer nuestro descontrol final, ya es de madrugada. Cada uno va a la caza de alguna mujer.

    Yo que no he tenido éxito en toda la noche, intento nuevamente y parece que voy a ser rechazado, cuando en medio de la pista, me choco con una mujer hermosa, madura. No sé cuántos años tendría, pero me llevaría al menos 15 años.

    Le pido que me disculpe por el choque en la pista de baile, y ella me mira con una expresión extraña.

    «como disculpe, no me hagas sentir vieja, tuteame, hablame de vos» me dice al oído.

    Me sonrojo, sintiendo que cometo un error tras otro.

    «lo mínimo que podes hacer ahora es bailar conmigo e invitarme un trago» me vuelve a susurrar al oído mientras me apoya sus tetas en mi pecho.

    Asiento con la cabeza y comenzamos a disfrutar del momento, bailamos, reímos, y luego de unos largos minutos la invito a tomar algo.

    Al pedir los tragos vamos a un lugar donde hay sillones, luz tenue, la música no es tan fuerte, pero ahí estamos listos para compartir esas bebidas.

    Sus piernas doradas se ven apetecibles con la escasa luz, su escote es pronunciado, llama a la vista.

    De tanto hablarnos al oído y apoyarnos las manos en nuestros hombros y piernas terminamos besándonos apasionadamente.

    Pasamos muchos minutos besándonos y rozándonos como si no hubiera nadie más en el boliche.

    En un respiro me dice que no podemos ir a su casa porque tiene hijos adolescentes viviendo con ella. Le ofrezco ir a mi departamento.

    Vuelvo manejando en un mal estado, ella no está mejor que yo, hacemos lo prohibido de ir con mi propio auto manejando hasta el departamento, un riesgo para nosotros y los demás, estupidez de juventud y calentura.

    Al llegar, apenas bajamos ella me besa apasionadamente, entramos al edificio pegados, mientras esperamos en el ascensor me dice cosas como que le encantan los pendejos como yo, que ya quiere probar mi cuerpo joven, etc.

    En el ascensor me besa y toma mis manos guiándola a su pecho y su cola. Ella lleva las riendas esta noche.

    Casi no me deja entrar al departamento, me cuesta poner la llave, pero lo logramos y de un portazo que despierta seguro a todo el edificio nos disponemos a tener sexo.

    Me arranca literalmente la camisa, vuelan los botones por todo el suelo, la voy guiando a la habitación.

    Nos vamos desvistiendo mientras avanzamos hacia la cama.

    Tiene un cuerpo exuberante, unas tetas grandes, una cola proporcionada, unas piernas torneadas, trabajadas en un gimnasio evitando el paso del tiempo.

    Su boca recorre todo mi cuerpo, sus manos tocan todo lo que pueden de mi. Me llama pendejo todo el tiempo, eso me calienta.

    Esta mujer de 40 años está volviéndome loco de placer, como ninguna otra chica lo hizo.

    Me arranca el bóxer con los dientes y sus manos se ubican en mis bolas y en mi tronco que está parado ya, me mira a los ojos con lascivia y abre su boca sedienta para comer el glande que estaba rojo de calor.

    Como nunca antes siento electricidad en mi cuerpo, temblores nuevos que solo experimenté en mis primeras masturbaciones de la adolescencia.

    Ella se da vuelta y me propone un 69 sin hablarlo, sacó su minúscula tanga y sin previa ella baja su pelvis a mi cara, a mi boca, quiere sentir mis labios y mi lengua en sus partes íntimas.

    La complazco, como, muerdo, chupo, meto mi lengua por todos lados, trato de retribuir algo del placer que ella me está dando.

    No sé cuánto tiempo pasó, pero en un momento se da vuelta y dice que ha llegado el momento de desvirgarme.

    Claro que no soy virgen, pero se ve que esta madura tenía fantasías con iniciar a jovencitos en el sexo.

    Se pone encima de mí y ella sola se mete la pija dentro de su vagina, se mueve muy lentamente, disfruta cada centímetro.

    Sus uñas se clavan en mi pecho. Y se abalanza sobre mi cuello besándolo fuerte, haciendo chupones mientras comienza a balancearse sobre mi tronco.

    Me muerde los hombros y sus uñas rasguñan mis bíceps, mientras cabalga con más fuerza.

    Por primera vez escucho a mi cama quejarse, rechina de una manera violenta. Esta mujer está poniendo a prueba su resistencia.

    Comienza a gritar, cada vez más fuerte, a tal punto que me preocupo por lo que escucharan mis vecinos.

    Ella me obliga en un momento a ponerla en 4, me dice que le cachetee las nalgas, me grita que es lo que tengo que hacer, la bombeo y se escucha el golpeteo de sus nalgas con mi abdomen.

    «haceme tuya pendejo, demostrále a mamá lo potente que sos» me dice en un momento.

    Eso me perturbó, pero me calentó más, así que seguí bombeándola con más fuerza, sus tetas se bamboleaban sin control.

    Se da vuelta casi en el aire y se pone frente a frente, se cuelga de mi prácticamente y me cabalga apoyándome las tetas en la cara.

    Se las chupo y se las cómo mientras ella sube y baja de manera frenética.

    Esta mujer sigue y me hace explotar dentro de ella.

    Eyaculo como nunca, ella sigue cabalgando pero se retira de mi y se arrodilla en la cama llevando su boca a mi miembro latente.

    Sin preguntarme se la mete a la boca, chupa y sigue chupando, limpia lo que quedo de mi leche.

    «me encanta la leche de pendejos» me dice como poseída.

    Nos quedamos dormidos rápidamente.

    Por la mañana ella me despierta abruptamente. Me dice que le abra, que debería haberse vuelto anoche apenas terminamos de coger. Que sus hijos la estuvieron llamando porque no sabían porque no volvió a la casa.

    Me visto con lo que tengo a mano y le abro la puerta, ella está muy preocupada, se va arreglando en el ascensor, acomodándose, peinándose.

    Por la mañana ya me doy cuenta que esa mujer caliente de la noche, era una señora con hijos, preocupaciones, parecida a mi madre, eso me puso un poco incómodo.

    Al salir del ascensor, le pregunto si nos volveríamos a ver, me dice que lo duda, no le gusta repetir experiencias.

    Le pregunto el nombre al menos y me dice que se llama Maribel.

    Se aleja diciéndome que la pasó muy bien, que es como hacer gozar a una mujer, y me tira un beso al aire mientras para un taxi.

    Ese sábado me dedico a recuperarme de la resaca, comer liviano, tomar agua, te, hacer nada prácticamente.

    Por la noche no me puedo dormir pensando lo que pasó la noche anterior.

    Me pongo a buscar pornografía en internet, esta vez ya no jovencitas, sino maduras.

    Maduras que me hagan recordar a Maribel, a esa noche frenética. Y luego de buscar algunas me masturbo, y así me quedo dormido.

    [Que les va pareciendo hasta ahora? comenten que les gustaría que pase]

  • Una evidente y perjudicial desproporción

    Una evidente y perjudicial desproporción

    – “¡Yegua, que buena que estás!”

    – “¡Grosero, viejo verde!”.

    – “Perdón, perdón, fue algo impensado, me salió sin querer cuando súbitamente te vi. Tenés razón, fui grosero pero también debés aceptar que tengo buen gusto. Lo de viejo puede ser, lo de verde seguro que no. No soy verde, simplemente tu hermosura me hizo reverdecer, como lo hubiera hecho con un nonagenario en estado comatoso. Gracias por alegrarme la vista. Adiós”.

    Y seguí mi camino por el pasillo rumbo a una reunión con el gerente de la empresa.

    Así conocí a Perla, empleada de la firma a la que presto servicios de mantenimiento de sistemas. A mis treinta y ocho años no me puedo quejar. Vivo en la casa heredada de mis padres, tengo ingresos suficientes para un buen pasar y ahorrar. Mi vida social se desarrolla entre amigos de los tiempos de estudiante, otros del gimnasio donde hago artes marciales desde los diez años, y los conocidos del trabajo. Mi nombre es David y sigo soltero.

    Una noche, para cambiar la rutina, fui con amigos a una discoteca, algo poco usual en nosotros. Estaba en la barra pidiendo un trago cuando siento que me tocan el hombro.

    – “Hola Rever”.

    Al darme vuelta me encuentro frente a dos mujeres jóvenes, una era el portento visto en la empresa.

    – “Rever… Rever, ahora entiendo, hola… (casi le digo yegua). Convendría presentarnos, así nos llamamos por el nombre. El mío es David”.

    – “Yo soy Perla y ella es Sofía”.

    – “Un placer Sofía”.

    – “También te parece una yegua?”

    – “Con esa sonrisa auténtica, con ese cuerpo menudo y armonioso, podrán decirle deliciosa muñeca, tierna mujercita, o algo parecido, pero nunca yegua o linda hembra”.

    – “O sea que yo no soy femenina, ni tierna, ni dulce”.

    – “Claro que podés serlo, pero tu apariencia exterior predomina de tal manera que tapa cualquier otra faceta personal”.

    – “Cambiemos de tema porque parece que estás queriendo levantarte a Sofía”.

    – “Has dado con otra diferencia, a mujeres como ella no se las levanta, se las trata de seducir”.

    – “Basta, vos chiquita ándate, que me lo llevo a bailar”.

    Buen rato estuvimos en la pista bailando como dos amigos, algo que me costó un esfuerzo apreciable. No es sencillo sustraerse a la tentación de pegarse como lapa a semejante ejemplar.

    – “Te resulto atractiva?”

    – “Muy atractiva”.

    – “Sin embargo no veo que me quieras levantar o conquistar. Lo que sea”.

    – “Porque no estoy seguro que me convenga”.

    – “No te entiendo”.

    – “Vamos a suponer que logro conquistarte, el problema es si después me enamoro”.

    – “¡Por qué problema!”

    – “Es sencillo, vos sos una joven tremendamente atractiva y te esmerás en mostrarlo. Eso hace que detrás de ti se agrupe una manada de pretendientes buscando conseguir algo, y es razonable pensar que alguno lo va a lograr. Como no estoy dispuesto a compartir mi pareja, será algo doloroso y no pienso embarcarme en algo así”.

    No es de extrañar que con el correr de los días me encajetara, encoñara o enconchara, como quiera que se llame. Sin pensarlo me encontré comprendido en el conocido enunciado “Un pelo de concha tira más que una yunta de bueyes”. Y así, como animal sujeto al instinto, fui acompañándola en actividades desacostumbradas para mí, por ejemplo participando en reuniones con su grupo de amigos, entre los cuales yo era casi una pieza de museo.

    En esas juntadas participaban alrededor de unos quince, entre varones y mujeres, generalmente en casa de Jorge y según ganas, se jugaba, bailaba o simplemente conversaban, todo matizado con abundante bebida. Esto servía de excusa para que los límites se difuminaran y de esa manera los participantes hacían y permitían cosas que en otras circunstancias no sucederían. En realidad todos concurrían buscando lo que después achacarían al exceso de alcohol.

    Sin duda el grupo era liderado por Jorge, que para gente de ese rango etario, tenía a favor tres puntos determinantes. Bien parecido, físico robusto y mucha plata. Como era esperable, dicha preeminencia la ejercía con cierto despotismo, el cual era aceptado, pues formaba parte del precio a pagar para pertenecer a ese círculo. Dos excepciones confirmaban la regla, Sofía, poseedora de una personalidad bien formada junto a un excelente intelecto, y yo apodado “el viejito”.

    Dos veces acompañé Perla a esas reuniones en las cuales no me sentía cómodo, entre otras cosas porque mi pareja promovía y participaba activamente de esos acercamientos con cuanto macho estuviera presente. En ambas oportunidades lo pasé acompañado por Sofía quien tampoco era amiga de esas expansiones.

    Pensando en alguna manera de robustecer algo esta relación invité a mi pareja a pasar los días del feriado largo próximo en una ciudad turística a trecientos kilómetros, en un hotel cómodo y con buenas instalaciones para esparcimiento. Ya instalados, y aprovechando la temperatura favorable, fuimos a la pileta.

    Los estudiosos definen como imposible aquello que no puede ser, por ejemplo un triángulo cuadrado. Lo normal es que Perla, con una vestimenta casual, llame la atención de varios. Ahora, luciendo una biquini es imposible no ser el centro de atención, de deseo en los hombres y de envidia en las mujeres.

    Al rato de tendernos al sol se levantó a buscar alguna bebida, para ambos, en la barra. La seguí con la mirada, observando que tres jóvenes más o menos de su edad, le cedieron su lugar. Por el movimiento de labios percibí que algo le decían y supuse que sería algo agradable, pues ella les sonrió. Cuando me entregó el vaso pregunté.

    – “Nuevos admiradores?”

    – “Sí, dos con piropos normales y uno salido”.

    – “Salido?”

    – “Más o menos como vos la primera vez que me viste, pero el rubio en lugar de decirme yegua me dijo putita”.

    – “Bastante guarango”.

    – “Lo peor es que no pude decirle viejo verde”.

    Después de almorzar y descansar un rato salimos a pasear. La idea era, a la noche, comer en el hotel y luego tomar algo en la confitería.

    Durante la cena dos cosas me llamaron la atención en Perla. Una, que miraba con frecuencia algo que estaba a mis espaldas con una mueca de complacencia, y la otra que se movía más de lo común sobre el asiento. Picado de curiosidad, simulando que consultaba el celular, lo orienté filmando hacia atrás. En una mesa a pocos metros estaban los tres piropeadores de la pileta. El rubio mordiéndose el labio inferior y haciendo señas con las manos en nuestra dirección. Cambié para filmar hacia adelante y lo baje a las piernas enfocando a mi pareja, que con la falda sobre los muslos, separaba las rodillas para satisfacción del mirón.

    Ya en la confitería comentaba con Perla sobre el agradable volumen de la música, cuando al volver la mirada hacia el círculo habilitado para bailar, me doy con la presencia del perseverante “salido” frente a nosotros.

    – “Me permitís bailar con tu esposa?”

    Ante la pregunta, y sin sacarlo del error, la miré a ella que me respondió con otro interrogante.

    – “Me dejás?”

    Naturalmente le dije que sí y, mientras los miraba alejarse, me puse a analizar la situación que estaba viviendo. Lo primero es que mi novia era una joven muy bella, sensual y atraía fuertemente a cualquier hombre que no prefiriera hombres. Lo segundo es que le resultaba casi imposible sustraerse al embrujo de un macho bien parecido, con una personalidad fuerte, y gestualidad agradable. Eso fue palpable en el tono empleado pidiéndome que la dejara salir a la pista. Había sido casi un ruego. De esto resultaba fácil inferir que una relación razonablemente estable y tranquila con ella era utópica. Y también quedaba claro que su proceder no llevaba intención expresa de engañarme, haciendo pensar que era un caso de muy débiles defensas ante determinado estímulo.

    Con estos datos en la cabeza, y mientras saboreaba un trago bien cargado, concluí que debía lograr una definición a corto plazo, y para ello había que generar las condiciones apropiadas. Por otro lado me parecía que cortar el nexo abruptamente y solo por una apreciación era injusto.

    Más tranquilo por haber resuelto qué hacer, decidí que este momento era tan bueno como cualquier otro, así que cuando regresaron a la mesa les comenté mis ganas de salir a fumar, dirigiéndome a la salida.

    Obviamente no salí, cuando estuve fuera de la vista de ellos regresé para observar. Precavidamente esperaron unos minutos y se levantaron llevándola él de la mano, entrando al baño de mujeres. En cuanto pude me colé también ahí. Ubicado el cubículo en que estaban entré en el de al lado, escuchando un diálogo por demás significativo.

    “Qué ganas te tenía putita”.

    -“Yo también lo deseaba”.

    -“Vamos, chúpame la pija, que esa boquita está diseñada para eso”.

    -“Ay, que rica que es, y del grosor que más me gusta”.

    – “Ahora que está a punto date vuelta que te voy a clavar desde atrás, no tenemos mucho tiempo hasta que regrese el cornudo”.

    – “No digás así”.

    – “Vamos, que te encanta. No se da cuenta que sos mucha hembra para él?

    – “Callate y cogeme”.

    – “O sea que además de cornudo es imbécil”

    – “Fuerte, que me estoy corriendo”.

    – “Si putita, ya te estoy llenando de leche”

    Hubo un corto silencio que, estimo, habrá sido para recuperar el aliento y arreglarse la ropa. Luego ella le dijo que iba a salir primero, y que él lo hiciera cuando escuchara tres golpes en la puerta exterior. Cuando sintió la señal y quiso salir del cubículo me encontró esperándolo. Su gesto de sorpresa coincidió con mi puñetazo al estómago, seguido de otro a nariz y boca y, ya en el suelo, una patada en los testículos. Antes de cerrar la puerta, dejándolo adentro, le dije que eso era un recuerdo del cornudo imbécil.

    Regresado a la mesa le dije a Perla que tenía ganas de descansar a lo que me contestó que prefería quedarse un rato más. Naturalmente que accedí subiendo a la habitación. Ya ahí, llamé a recepción para que me prepararan la cuenta, armé las valijas de ambos y, con el equipaje, bajé. En el momento de entregar la tarjeta para pagar sonó mi teléfono, era ella, que evidentemente había esperado en vano la llegada del galán.

    – “¡Por qué no me abrís la puerta!”

    – “Porque estoy en recepción”.

    – “Traeme la tarjeta de ingreso que me quiero acostar”.

    – “Imposible, acabamos de dejar la habitación”.

    – “Voy para allá”.

    Terminado el trámite ocupé uno de los sillones del salón. Poco se demoró en llegar.

    – “Explicame qué pasa”.

    – “Es sencillo, una cosa es portar cuernos y otra es pagar para que crezcan”.

    – “Perdoname no sé cómo me dejé llevar, no va a volver a suceder”.

    – “Perdonada estás, y que no va a suceder de nuevo es seguro, porque lo nuestro ha concluido”.

    – “Me voy a cambiar al baño”.

    Me llamó la atención que cambiarse de ropa le insumiera tanto tiempo. Cuando regresó me di cuenta por qué.

    – “¡Qué le hiciste a José!”

    – “No sé a qué te referís y no tengo idea de quién es José”.

    – “El muchacho con el que bailé”.

    – “Ahora entiendo, hicimos un intercambio de favores. El me llamó cornudo imbécil y yo le correspondí con dos trompadas y una patada”.

    – “Te va a denunciar”.

    – “Si se anima a cargar con la vergüenza de que un juez, no sólo me absuelva sino que además me felicite, que lo haga”.

    – “Y qué vamos a hacer”.

    – “Vos no sé, yo regreso a mi casa”

    – “Me estás dejando?”

    – “De ninguna manera, simplemente estoy aceptando tu decisión de seguir un camino distinto del que veníamos transitando juntos. Suerte. Chau.

    Unas semanas más tarde, tomando café y leyendo en un bar, por el rabillo del ojo veo una pollera a mi lado. Al levantar los ojos me doy con Sofía.

    – “Hola preciosa, qué gusto verte. Por favor acompañame. Qué puedo ofrecerte”.

    Después del correspondiente abrazo y beso se sentó, respondiendo con su habitual desparpajo.

    – “Hola jovato, casi no te reconozco estando solo. Hasta ahora siempre te vi acompañado de Perla”

    – “Tiempos idos, hace un mes terminé con ella”.

    – “Alto, alto, esto es raro. Yo repito, si me equivoco corregime. La relación duró menos de dos meses y vos la cortaste?”

    – “Así es”.

    – “Caramba con la novedad. Por cierto algo totalmente nuevo. A ella la conozco hace unos dos años, y en ese tiempo tuvo unos cuantos novios con una duración entre tres y cinco meses, y a todos los despidió después de haberse asegurado el reemplazante. Se puede saber qué pasó?”.

    – “Cuernos querida, simplemente cuernos”.

    – “Entonces en eso no cambió. Yo la conocí promiscua”.

    Charlamos largo rato, almorzamos juntos, intercambiamos teléfonos y quedamos en mantener el contacto.

    A partir de ahí, pausadamente, fuimos incrementando la cercanía. Sin compromiso explícito, salíamos al cine, a tomar algo, a pasear, incluso a participar en las ya conocidas reuniones de amigos, de cuando estaba con Perla, a quien no había vuelto a ver. En una de esas estábamos charlando con otras dos parejas cuando apareció mi ex.

    – “Qué hacés acá?

    – “A vos no te debo explicaciones”.

    – “Me las vas a pagar”.

    Pocos minutos pasaron cuando se acerca Jorge con mala cara.

    – “Por qué la insultaste a Perla”

    – “No la insulté”.

    – “Me estás diciendo que miente?”

    – “Si te dijo que la insulté, está mintiendo”.

    – “Y por qué haría eso”.

    – “Quiere que me des una paliza para vengarse porque la dejé plantada. Por favor, aceptá esta sugerencia. Cuando vuelvas a su lado decile que me hiciste pedir perdón, y que por eso no me pegaste. Estoy convencido que no le va a gustar”.

    Inesperadamente intervino Sofía

    – “Jorge, vos sabés que no miento, hacete un favor, no empecés la pelea”

    Luego lo tomó de la mano y se lo llevó unos metros, cruzaron pocas palabras y se separaron. Cuando regresó a mi lado le pregunté.

    – “Algo que me quieras contar de esa breve charla”.

    – “Lo felicité por hacerme caso. Cuando me preguntó la razón le dije que en el tiempo que él emplea en parpadear vos le hubieras quebrado el cuello”.

    – “Y de dónde sacaste eso”.

    – “Te conozco mascarita. Entré a la página de la asociación de Aikido”.

    En eso escuchamos la voz de Perla dirigiéndose a Jorge.

    – “Andate maricón, no quiero estar con vos”.

    Sin responderle el agraviado regresó hacia donde me encontraba.

    – “Quisiera hablar con vos, pero no aquí que hay mucho ruido”.

    – “Encantado, vamos afuera”.

    Salimos, con Sofía tomada de mi mano.

    – “Es verdad, como dice esta chiquita, que sos tercer dan?”

    – “Es verdad”.

    – “Y por qué no quisiste pelear sabiendo que tenías todas las de ganar?”

    – “Porque vos y yo no somos amigos, pero tampoco somos enemigos. No se justifica que por una mentira crucemos, ni siquiera, un insulto. Lo has comprobado, a Perla no le interesás vos y mucho menos yo. Lo que desea es satisfacer su orgullo”.

    – “Me gustaría ser tu amigo”.

    – “Yo encantado”.

    – “Si alguna vez te puedo ayudar en algo no dudes en hacérmelo saber. Amigos viejito?”

    – “Amigos Jorge”.

    Cuando regresamos a la sala estaban todos viendo una película, quedando libre solo un sillón. Los demás estaban ubicados en semicírculo frente a la pantalla.

    – “Preciosa, sentate en mi falda, que tengo ganas de aprovecharme de vos, llevo mucho tiempo sin pareja”.

    – “Ni se te ocurra probarlo o vas a ver lo que son mis uñas abriendo surcos”.

    – “No me digas así, lo que más deseo ahora es probarte”

    – “Asqueroso”.

    – “Nada de aqueroso, estoy convencido y apuesto lo que sea, que sos deliciosa”.

    – “Basta, ubicate de una vez que me quiero sentar”.

    Lo hizo a través, su espalda contra un apoyabrazos mientras sus piernas colgaban del otro. Algunos minutos después de estar enfrascados en la proyección, se dio vuelta mirándome seriamente.

    – “Qué es eso duro que siento en la divisoria de mis nalgas?”

    – “Mi pene”.

    – “Y no te da vergüenza?”

    – “Querida, con treinta y ocho años, teniendo en mis faldas una mujercita muy deseable, si mi pene permanece dormido, entonces sí, sentiría la más grande de las vergüenzas. Pero no, ha reaccionado bien, estoy contento porque mi fisiología es la de un hombre normal y, además, lo estoy disfrutando muchísimo. Por favor, alegrale la vejez a este anciano“.

    – “Sos un falso, un anciano solo endurece una longitud de cinco centímetros, y esto que me roza las dos rajaduras, duro como una piedra, es respetablemente mayor”.

    – “De todos modos, demostrá sensibilidad con alguien que peina canas”.

    – “Hijo de puta, tenés cinco canas y te estás moviendo como si ayer hubieras cumplido dieciocho años. Además, tu mano sobre mi muslo se justifica porque en algún lugar tenés que apoyarla, pero el pulgar recorriendo mi pubis es otra cosa”.

    Nuestro diálogo se desarrollaba en voz muy baja y hablándonos al oído, de lo contrario hubiéramos sido el centro de atención de los presentes. Aprovechando esa posición, cuando ella me decía algo, yo apretaba con mis labios el lóbulo de su oreja, pasándole la lengua. Sus gemidos quedos y una mano engarfiada sobre la mía que acariciaba su conchita me hicieron callar.

    – “¡Perverso, abusador, degenerado no pares que me corro, me corro, me cooorro!”.

    Resuelta la tensión, estuvo recuperándose apoyada en mi pecho hasta que nuevamente puso sus labios al lado de mi oreja.

    – “Ahora quiero dirigir yo”.

    – “Por mí encantado”.

    – “No digas una palabra, simplemente hace lo que te diga. Cuando me levante un poco, corré la falda y llevá mi bombacha a medio muslo”.

    El asombro me inmovilizó, hasta que nuevamente su voz me sacó de la parálisis.

    – “Ya que hiciste gala de atrevido, ahora poné manos a la obra”.

    Junto a sus palabras llevó los brazos a mi cuello, mientras el susurro adquiría tono de ruego, de ansias apenas contenidas.

    – “Haceme gozar con tu pija bien adentro. Estoy desesperada por sentir sus latidos con cada expulsión de leche. Ponela en la entrada de mi vagina y dejá que yo maneje el ingreso. Quiero clavarme sorbiendo tu lengua”.

    Así me sometí a sus deseos, pero tenía un deber de lealtad.

    – “Querida, me has llevado a tal estado de excitación que voy a durar muy poco”.

    – “No importa, ya gocé, pero cuando iniciés la corrida apretame las tetas que casi seguro acabo con vos”.

    Fue un orgasmo maravillosamente compartido. Cuando percibí los primeros síntomas, mis manos como garras, fueron a sus pechos y ese fue el disparador para ella. Mi glande forzando la estrechez, y el tronco recibiendo deliciosas contracciones que semejaban un ordeñe, hicieron que la llegada al final de la vagina coincidiera con cuatro abundantes descargas.

    Mientras nos reponíamos del esfuerzo, yo abrazándola y ella con la mejilla en el hueco de mi hombro, hice mi confesión.

    – “Te amo”.

    Al pasar los segundos sin respuesta, tomándola de la barbilla levante su cara para darme con un río de lágrimas que bajaban.

    – “Te ofendí?”.

    – “Lloro de felicidad. Pensé que nunca iba a escuchar de eso tus labios porque estoy loca de amor por vos”.

    Cuatro años han pasado de aquella mutua declaración de amor y memorable cogida, aunque todavía está en discusión el grado de participación de cada uno. Dos niños alegran el hogar y contribuyen a robustecer la relación entre los padres. Ambos, sin pronunciar palabra, en cada mirada, en pequeñas caricias cargadas de sentido, expresan su amor. Con frecuencia, después de una tórrida unión, ella acurrucada y él cubriéndola con su cuerpo, se puede escuchar el renovado reclamo.

    – “Pensar que estamos así porque vos, viejito perverso, te aprovechaste de mi ingenuidad”.

    – “Es verdad, y por eso no termino de felicitarme”.

  • Tres generaciones incestuosas (II)

    Tres generaciones incestuosas (II)

    Acababa de echar uno de los mejores polvos de mi vida y lo había hecho con mi hermana. El morbo de la situación me llevó a un éxtasis.

    Tras ese buen polvo que acababa de terminar, y por las horas que eran ya, caímos rendidos desnudos los dos en la cama.

    Mi hermana se estiraba a mi lado. Se giró en la cama hacia mi y me dijo.

    -Joder con el hombre de la casa, como se levanta no? dijo mientras levantaba el nórdico para ver mi erección de caballo.

    – Ya ves… Te gusta lo que ves hermanita?

    -Qué si me gusta? si no fuese porque nos hemos pasado durmiendo y son las 17:45 y en 15 minutos tenemos que abandonar la habitación. Te enseñaría lo que me gusta. Pero no va a ser posible.

    Vamos a darnos una ducha rápida y a casa. Venga tú primero. Sentenció mi hermana.

    Me di una buena ducha y me lave los dientes con el cepillo de cortesía que había en el baño.

    Me volví a poner la ropa de la noche anterior. Pude ver como olía a deseo, a lujuria a morbo…

    Mi hermana estaba todavía en la cama, no se había puesto en pie.

    -Vamos Sara, que nos quedan 10 minutos…

    -Voy voy, estaba contestándole a mamá que en media hora salimos para casa.

    Entonces vi el cuerpo desnudo de mi hermana como se metía en el baño.

    Ya me había vuelto a empalmar, lo mío no tenía que ser normal.

    Se dio una ducha rápida y salió a vestirse, se puso las medias, las bragas y el sujetador.

    Se metió en su apretado vestido. Guardó el liguero en su bolso. Mientras se ponía los zapatos dijo.

    -Joder que asco de bragas, creó que voy a ir sin ellas, están tan llenas de flujo de anoche y casi me raspan el coño. Dijo enfadada.

    Metió las bragas en su bolso, bajo mi atenta mirada.

    -Lista hermanito, vámonos a casa a quitarnos esa ropa y ponernos una limpia.

    Cogimos el coche, y pusimos rumbo a nuestra casa, yo sólo tenía ganas de quitarme la ropa sucia y tumbarme en el sofá.

    Cuando ya estábamos en la carretera, le pregunté a mi hermana.

    -Sara tienes algún tipo de remordimiento?

    -Hermanito mío, ayer la verdad que estaba un poco borracha, si no hubiesen estado así, igual no hubiese tenido el valor suficiente para decirte lo que pensaba.

    Me gustó mucho el polvo que echamos, así que remordimientos los más mínimos. Resaca mucha, remordimientos cero. A caso tienes tú remordimientos? Ah, y si nos hubiésemos despertado una hora antes, te hubiese echado otro polvo. Pero…

    Sentenció mi hermana muy convencida de su discurso.

    -Yo hermanita? ninguno, llevó mucho tiempo con ganas de follaros a las tres, y ahora que he tenido la oportunidad de follarme a una me voy a arrepentir? Ni hablar.

    El polvo que había echado con mi hermana había sido muy bueno, me hubiese gustado comerle el coño, pero estábamos tan calientes, y nos teníamos tantas ganas que la cosa salió así.

    Yo seguí con el interrogatorio post polvo.

    -Dime una cosa hermanita, volveremos a follar tú y yo?

    Je je río mi hermana

    -Si tú quieres hermanito yo no tengo ningún problema. Eres el único hombre apetecible que tengo cerca. Y yo tengo unas necesidades que cubrir. Pero ten en cuenta que en casa hay que tener mucho cuidado. No quiero que se entere ni mamá ni la yaya. Tenemos que ser prudentes. Además tendremos que tomar precauciones, no quiero quedarme preñada. Por nada del mudo quiero darle un disgusto a mamá. Entendido?

    -Si Sara en eso tienes razón. Disgustos a mamá y la yaya, es lo último que quiero darles.

    Seguimos nuestro viajs, ya llevaríamos la mitad, cuando por mi cabeza pasaban muchas preguntas, pero acerté hacerle otra mas a mi hermana.

    -Sara tu crees, que me podré follar alguna vez a mamá? Crees que hay alguna posibilidad de que pase lo que ha pasando contigo?

    -Joder macho, que pregunta. Yo que sé, no puedo saber lo que piensa una persona. Ni tampoco puedo adivinar su pensamiento.

    El silencio se hizo en el coche, durante un poco más de 5 minutos.

    Los dos estábamos pensando en algo. Pero la primera que disparó lo que pesaba fue mi hermana.

    -La verdad que a mamá le tiene que picar. Tiene que tener ganas, de que le echen un buen polvo. Lleva más de cuatro años sin follar. Y a nadie le amarga un dulce. Dijo mi hermana muy convencida.

    -Qué sabes tú, si mamá lleva cuatro años sin follar? Qué controlas a mamá a ver que hace todo el día?

    -Segura no lo sé hermanito, pero mamá es una persona muy discreta y en el pueblo no hay mucha gente con quien follar.

    -Y a la yaya? tu crees que algún día me la pueda follar? Qué opinas hermanita?

    -La yaya si que estoy segura de que desde que murió el abuelo, no ha vuelto a follar. Dijo convencida

    Joder estaba desatado, el haber follado con ella me daba una confianza y la intimidad, que no podía tener con nadie más. Entonces mi hermana volvió a intervenir.

    -A la yaya lo veo mas difícil que a mamá, por la edad. Tengo claro que la abuela cuando murió el abuelo cerró la puerta del placer.

    -Joder hermanita pues de eso ya hace mas de 20 años. Se le habrá cerrado jejej reí.

    -Mira que eres bruto Luisja, cuando te pones. Pero te voy a decir una cosa, no sé si te follarás a alguna mujer más de la casa, aparte de a mi, pero la conversión y pensar en ello, ha hecho que me moje entera.

    Mira tócame el coño, lo tengo empapado. Dijo mi hermana mientras abría sus piernas y me entregaba su tesoro.

    No lo dude ni un momento y con mi mano derecha acaricié su coño, era verdad lo tenía empapado.

    A la zorra de mi hermana le ponía cachonda el incesto, tanto o más que a mi. Le ponía a mil que su hermano, se follara a su madre o incluso a su abuela.

    -Joder como estas, hay que ver que cachonda te has puesto. Paramos el coche y echamos un polvo hermanita?

    -No Luisja, estamos al lado del pueblo, y por mucho que nos queramos esconder, alguien nos podía ver. Aunque estoy muy caliente y me muero de ganas, hay que tener cuidado.

    -Vale vale, tienes razón hermanita ya habrá tiempo.

    -Hermanito estoy pensando una cosa.

    -Dispara y sorpréndeme «tata»

    -Te voy a ayudar con mamá. Voy hacer lo que este en mi mano, para que te la puedas follar. Eso si cuando esto suceda, quiero verlo. Me pone muy cachonda que un hijo, se folle el coño de donde ha salido. Intentare sonsacarle información y veré si hay alguna posibilidad.

    -No me digas hermanita que tú, también te follarías a mamá…

    -No hermanito, eso no me gusta mucho. Me daría mucho morbo ver como tú te follas a mamá. Pero a mi las mujeres no me gustan.

    -Menos mal hermanita que ya hemos llegado. Si dura media hora mas el trayecto acabo parando en la cuneta y haciéndome una paja. Como me ha puesto la conversión.

    -Luisja, no la líes. Discreción recuérdalo.

    Entramos en casa los dos, como si la noche pasada no hubiese pasado nada. Entramos como dos hermanos normales que vienen de tomar un café.

    -Hola ya estamos en casa mamá, yaya, hay alguien en casa? Dijo mi hermana mientras cerraba la puerta.

    -Si estamos aquí en el salón, dijo mi madre.

    -Hola mamá, hola yaya dije mientras les daba un beso en la mejilla.

    -Hijo que acalorado parece que vienes, dijo mi madre.

    -Si mamá ya sabes el tiempo, sales con una ropa y luego hace calor. Ahora mismo voy a darme una ducha y quitarme esta ropa. Dije mientras me iba hacia el baño.

    -Hay que ver dijo mi abuela, os fuisteis ayer y a parecéis 24 horas después. Seguro que no habéis ni comido. Dijo mi abuela enfadada.

    -Ahí mi yaya que buena es ella, como se preocupa de sus nietos. Si es que eres un sol… y la verdad que ahora que lo dices yaya, no hemos comido… Le dijo mi hermana mientras le daba un beso y un abrazo.

    -No sé qué haréis vosotros el día que yo falte. Ahora mismo voy haceros algo de comer. Dijo mi abuela, mientras se levantaba del sofá e iba hacia la cocina.

    -Yaya no hables así, que parece que tienes 90 años y tienes 30 menos.

    -21 apuntilló mi abuela.

    -Anda yaya que todavía eres muy joven y te haces vieja porque tú quieres. Tenías que ir un poco más con los tiempos. En las grandes ciudades, las mujeres como tú, salen con sus amigas. Van a cenar, a bailar… Hacen cosas de gente de 60 años. No como tu yaya que sólo juegas a las cartas con las vecinas y cuidas de tu hermana que tiene 85 años…

    -Si Sara en este pueblo voy a ir a bailar o a cenar… Eso aquí es imposible. Además yo soy muy vieja. No te engañes.

    -Eso son tonterías yaya, para nada eres vieja. Vieja son las cosas, las alfombras. Tú eres una persona y lo que a ti te pasa es que eres mayor por tu mentalidad cerrada.

    Yaya eres joven, tenías que modernízate un poco, que todavía eres muy joven.

    -Hija gracias, pero tu abuela ya…

    -Mi abuela ya… Tenía que darle alegrías a su vida y disfrutar la vida que es muy corta.

    -Eso tienes razón hija, mira tu abuelo que pronto nos dejó. Se llevó mi alegría y mis ganas de vivir. Dijo mi abuela muy triste.

    -Yaya ni de broma digas eso. Tienes todavía mucha vida por delante. Lo que necesitas es hacer cosas diferentes y divertirte.

    Entonces salí del baño, había estado escuchando la conversación de mi hermana y mi abuela, fui a la cocina.

    -Yaya tiene razón Sara, tenías que cambiar un poco tu vida. Hacer cosas que sean mas divertidas. No estar todo el día en casa o en casa de tu hermana.

    Entonces mi madre llego del salón y entro en la cocina, también había escuchado la conversación de mi hermana y mi abuela.

    -Mamá los niños, tienen razón tienes que hacer cosas diferentes. Haces cosas de gente de 80 años, y te recuerdo que sólo tienes 69.

    -Mama pues tu vida tampoco es que sea una alegría. De casa al trabajo, y del trabajo casa… Dije yo muy serio.

    -Ya hijo pero en este pueblo, que vamos hacer. A mi también me gustaría sentirme más joven, hacer cosas mas divertidas… pero que vamos hacer.

    -Se acabó dijo mi hermana. Ahora mismo voy a irme a darme una ducha, voy a venir a comer algo, y me voy a poner a buscar un fin de semana de mujeres, para la semana que viene. Si os parece buena idea bien, sino también pero el fin de semana que viene las tres nos vamos de este pueblo.

    -Como que las tres? y yo? pregunté enfadado.

    -Hermanito, tú ya has salido este fin de semana. Lo siento dijo mi hermana mientras reía y se dirijía al baño.

    -Está bien habéis tenido suerte de que tenga que trabajar el sábado que viene y no pueda ir, sino yo también iría.

    Los cuatro reímos, Entendía perfectamente que querían intimidad femenina. Mi hermana no quería que yo estuviese para ver si podía sonsacar alguna información a mi madre.

    Una vez que estábamos todos en la cocina, mi hermana y yo comimos algo. Mi abuela y mi madre nos daban conversación. Nos preguntaron que habíamos hecho.

    -Pues nada, fuimos a cenar a un restauraste buenísimo, nos comimos un buen chuletón. Fuimos a una discoteca y luego a dormir. Eso ha sido lo que hemos hecho. Les dije a mi madre y a mi abuela.

    Terminamos de comer algo y todos nos fuimos al salón. Yo me quedé dormido en el sofá. Cuando desperté mi hermana ya había preparado el fin de semana.

    -Iremos a cenar, a comer, haremos compras, tomaremos algo en una terraza y lo mejor de todo, es que el hotel tiene Spa y nos vamos a relajar de lo lindo. Dijo mi hermana.

    -Tiene el qué? dijo mi abuela asombrada.

    -Spa yaya spa, dijo mi hermana riendo. Es un sitio con piscina, chorros de agua, saunas…

    -No he tenido el gusto de estar en uno de esos en toda la vida. Dijo mi abuela.

    -Yaya pues la semana que viene ya no podrás decir eso.

    La semana pasaba sin muchos acontecimientos, me morían de ganas por volver a follar con mi hermana, pero la cosa era muy difícil, con mi abuela y mi madre en casa.

    Además el no cerrar las puertas nunca, hacia muy complicado el salir por la noche a follar con mi hermana a su habitación, sin que nadie nos escuchase.

    El jueves le mande un mensaje

    -Hermanita tengo un calentón, muy importante, las pajas que me hago con tus bragas, me saben a poco. Necesito más.

    -Yo también tengo ganas de follarte, pero ya sabes que la cosa es difícil. Espero que mañana antes de irnos me hallas podido follar.

    Me hice una paja de las buenas, me ponía cachondo la situación. Cuando estábamos en casa, me rozaba con mi hermana con cualquier excusa. Restregaba mi polla en su culo a todas horas. Si nos cruzamos por el pasillo, le tocaba el coño, las tetas, lo que podía…

    Pero de follármela no había forma. Era imposible quedarnos a solas en casa.

    Pero la suerte hizo que mi madre, que trabajaba ese viernes de mañana, se tendría que quedar a hacer dos horas más. Y mi abuela iba a comer con su hermana que estaba sola, así que tampoco volvería a casa hasta las 16.

    Mi hermana y yo salimos a las 14 de trabajar, por lo que tendríamos dos horas para follar. Bueno un poco menos a las 16 yo tenía que estar en el trabajo.

    Me escribió mi hermana:

    -Has visto el chat de la familia? tenemos la casa de 14 a 16 para nosotros. Dijo mi hermana.

    -A las 14:05, estaré desnudo en la cama esperándote. No tardes hermanita.

    Cuando salí de trabajo, fui a casa a toda velocidad. Quería aprovechar el tiempo al máximo.

    Me di una ducha, había sudado mucho, esa mañana yo creo que era del calentón que tenía.

    Cuando estaba en la ducha, apareció mi hermana. No preguntó nada, se desnudó y se metió en la ducha conmigo.

    -Hola hermanito, dijo mientras se acercaba a mi en la ducha. Ya veo que tu polla se alegra mucho de verme.

    Me cogió con su mano derecha mi polla, mientras me daba un beso con mucha pasión.

    -Joder hermanita, que ganas tenía de poder follarte. Pensaba que nunca llegaría este momento… Dije mientras acariciaba su húmedo coño.

    Nos jabonamos, mi hermana no soltaba mi polla. Yo comencé a acariciar su coño, le busque su hinchado clítoris, y le metí un par de dedos en su lubricado coño.

    -Ahhh joder, que bueno me gusta, sigue no pares, pero mete me la polla joder, necesito una buena follada.

    -Bueno hermanita, no tengas tanta prisa. Primero quiero comerte el coño y ver como te corres en mi boca… Quiero comerme ese coñito tan rico que tienes.

    Me senté en la ducha, y subí su pierna para que dejase más sitio, para hacerle una buena comida de coño… Comencé a chupar su clítoris, le chupe todo el coño y metía mi lengua por su rajita.

    A mi hermana, le estaba gustando mucho, chillaba y no dejaba que separase mi cara de su coño.

    -Joder cabrón que bien le comes el coño a tu hermana. Sigue sigue me gusta mucho pero muchooo joder ahhh no pares cabronn. Me corro me corrooo, no puedo más me corro.

    Y sobre mi boca, cayeron unos buenos chorros de líquido. Que cabrona menudo bien lo había pasado.

    No le di, ni un segundo de tregua, quería una buena follada, pues la iba a tener.

    Me levanté del suelto, nos comimos la boca, creo que a mi hermana le gustaba el sabor de su coño.

    Le di la vuelta y la doble un poco, sin decir nada, hundí mi polla hasta dentro de su coño. Un fuerte gemido salió de la boca de mi hermana.

    -Ahh me matas joder que cabrón, me la has clavado a traición joder. Chillo mi hermana

    -Hermanita, si quieres paro, le dije mientras le pagaba unas buenas embestidas.

    -Si paras antes de que me corra, te corto los huevos, sigue follándome y no te corras dentro… sentenció mi hermana.

    -Lo sé zorrita, sé que te gusta cómo te folla tu hermano. Sé que te ha gustado como te ha comido el coño. Verdad que si guarra.

    -Si joder hacía mucho tiempo, que no me follaban con estas ganas. Ni me echaban unos polvos tan buenos.

    Seguí un rato más bajo la ducha, dándole a mi hermana la follada que tanto necesitábamos. Pero mi hermana se había corrido varias veces y no podía más. No podía aguantar más mis embestidas.

    Sacó mi polla, de su satisfecho coño. Se puso de rodillas, y comenzó a comerse mi polla. Lo hacía con ganas, la engullía hasta más no poder, me gustaba. Con su mano izquierda masajeaba mis huevos. Me gustaba muchísimo. La chupaba muy bien la verdad.

    -Me corrooo hermanita me corro…

    Mi hermana en vez que sacar la polla de su boca, comenzó a subir y bajar a un ritmo mucho más rápido, no podía más. Así que mi leche caliente, fue a parar a su garganta, se tragó hasta la última gota.

    Una vez me había corrido, bajó el ritmo, pero siguió chupando mi polla.

    -Como le ha gustado al cerdo de mi hermano, que me trague toda su leche ehhh.

    -Joder que si. Eres una diosa hermanita.

    Salimos de la ducha. Yo me vestí y fui a la cocina a comer algo. En un rato tenía que volver a trabajar.

    -Hermanita, vienes a comer? Le chille desde la cocina.

    -Si ahora voy.

    Vino a la cocina y comimos. Mientras tanto le pregunté a mi hermana.

    -Hermanita, vas a intentar sacarle algo de información a mamá, estos días?

    -Si, intentaré saber lo que piensa, cenaremos con vino y luego un cubata. Ya sabes como no está acostumbrada, seguro que se le calienta un poco la boquita.

    -Gracias, hermanita eres la mejor, le dije mientras le daba un beso en la boca y dejaba los platos en la fregadera.

    -Venga yo recojo esto, dijo mi hermana mientras se ponía a fregar los platos.

    Miré mi reloj y marcaba las 15:20, hora a la que todos los días, voy al bar del pueblo a tomar café, antes de entrar al taller.

    Pero vi a mi hermana, fregando los platos con esas mallas ajustadas, y con ese tanga que se le marcaba y pensé que tenía una idea mejor.

    Me acerque por detrás de mi hermana. Comencé a restregar mi polla morcillona por su culo. Entonces dijo mi hermana.

    -Pero tú no has temido bastante con lo de la ducha? Joder que tío, estas todo el día cachondo.

    -Hermanita yo no tengo suficiente, ni aunque éste todo el día follando. Ha sido el ver tu apretadito culo y mira como he puesto. Le dije mientras le daba besitos en el cuello, y tocaba sus, duras tetas.

    -Pero hermanito, no nos va a dar tiempo. Además mamá está a punto de venir.

    No le di opción sabía que lo quería tanto como yo. Baje su maya y el tanga hasta los tobillos, abrí mi bragueta y en un segundo me la estaba follando apoyada en la fregadera.

    -Joder hermanita, yo nunca tendré bastante, pero tú estás húmeda las 24 horas del día, dije mientras la empujaba contra los muebles de la cocina.

    -Fóllame rápido, y deja de hablar tanto…

    Esta vez, me quería correr pronto. Tenía que salir de casa antes de que llegase mi madre.

    Sé, que llevaba buen camino, porque mi hermana ya estaba gimiendo como una loca.

    -Si joder no pares, que cabrón no pares. Chillaba mi hermana.

    Tras unos minutos de bombeo más. Saque la polla del coño de mi hermana. Le di la vuelta y le dije

    -Vamos hermanita, toma el postre.

    Chupó mi polla, hasta que unos cuantos chorros de lefa, salieron de mi polla.

    Se tragó toda. No derramó ni una gota.

    -Bueno hermanita, que paséis bien. Me voy a trabajar, ya me contarás. Le dije a mi hermana mientras subía mi bragueta.

    -Si portante bien hermanito, ya veré que puedo sacar. Dijo mi hermana mientras subía su tanga y las mayas.

    Fui a mi trabajo, más contento que en otras ocasiones.

    La tarde pasaba sin mucho lío. Hasta que vi aparecer por el taller el coche de mi hermana.

    -Que pasa no os habéis ido todavía? Qué pasa? Les dije asustado.

    -Si ya nos vamos Luisja, dijo mi hermana veníamos a despedirnos y a que nos eches un vistazo a los niveles.

    Un vistazo a los niveles, os hacía a las tres muy gustosamente. Pensé para mi

    -Voy dije.

    Le eché un vistazo, al coche y me despedí de las mujeres de la casa. De esas tres pedazo de mujeres, que tan contentas se iban a pasar el fin de semana. De esas tres mujeres, que eran las musas de mis pajas…

    Continuará.

  • Mi nueva familia y mi prima tímida (2)

    Mi nueva familia y mi prima tímida (2)

    Hola a todos soy Luis nuevamente para seguir relatando las vivencias de aquel agitado verano en mi nuevo hogar.

    Esa tarde en el trabajo me salió todo bien, comencé atendiendo a unos clientes que dejaron una muy buena propina e incluso llegue coquetear con un par de chicas que frecuentaban el Café, serví todas las bebidas exactas e incluso un cliente nuevo me felicito por el café y dijo que seguirá viniendo más seguido y traería a sus amigos, fue una muy buena tarde para cerrar el maravilloso día que acababa de tener.

    Salí a eso de las 8:30 pm de mi turno y me fui directo a casa de mis tíos, a el camino intercambie por whatsapp saludos de mi familia en Estados unidos, habían llegado bien y se pudieron instalar sin ningún problema, mi padre me recalcó varias veces que sea muy respetuoso con mis tíos y sobre todo con mis primas ya que eran el tesoro de esa familia, al leer esto último no pude evitar sonreír de forma maliciosa ya que mi padre no se imaginaba de lo que había estado haciendo las últimas horas, tome un cigarro de mi mochila lo prendí y camine lentamente las última cuadra antes de llegar a la casa, apague mi cigarro en el suelo y sentí una voz que me llamó desde en frente.

    – Hola, mi nombre es Karla, te mudaste recién verdad.- Dijo mientras cruzaba la desierta calle para hablarme sin tener que gritar.- El otro día vi que llegabas con varias maletas, ¿cómo te llamas?

    – hola Karla mucho gusto, me llamo Luis y soy el sobrino del Sr. Mario, así que por un tiempo viviré aquí.

    – Mucho gusto Luis, así que eres el primo de Glenda y Flavia, Flavia y yo íbamos al mismo colegio sabes? éramos muy amigas en ese entonces, pero nos hemos separado mucho y eso que vivimos una al frente de la otra, me imagino algunas cosas cambian con el tiempo…- Esto último lo dijo como con un aire de melancolía lo que me hizo preguntarme qué había pasado entre las dos como para que su amistad terminara.

    – La verdad, acabo de llegar y no he tenido mucho tiempo para compartir con ellas.- le respondí mientras recordaba rápidamente lo sucedido hace ni siquiera 24 horas.- Estoy viviendo aquí pero casi todo el día me la pasaré trabajando disculpa si no puedo quedarme a conversar más tiempo, pero estoy bastante cansado.

    – Si claro te entiendo, igual espero verte seguido, buenas noches.- Se despidió levantando la mano derecha de forma cómica y dándome una sonrisa muy infantil.

    Entre a la casa me encontré con mi tía leyendo un libro en la sala, me acerqué para saludarla con un beso en la mejilla mientras aproveche para deleitarme con una rápida vista de cerca a esos bellos senos, me quizo preparar algo de cenar, pero me negué ya que sentía que ellos estaban haciendo mucho por mi ya con darme alojamiento sin pago alguno, trato de convencerme diciéndome que no era ninguna molestia y que lo hacen con gusto, pero no podía aceptar, le agradecí nuevamente por el gesto y subí por las escaleras hacia mi piso, cuando llegué al segundo piso vi al fondo del pasillo una luz que era claramente de la TV de mi tío quien renegaba por un partido de fútbol, el cuarto de Glenda estaba con la puerta cerrada pero se podía ver un destello de luz por abajo y el cuarto de Flavia también tenía la puerta cerrada pero tenía la música con el volumen alto y se escuchaban golpes como si alguien estuviera golpeando el piso, me pareció muy curioso ya que por lo que ella misma me dijo, a su mamá no le gustaban los ruidos fuertes, así que supongo que habían tenido una discusión o algo así durante la cena, seguí subiendo hasta llegar a mi mini departamento tome una manzana y una botella de agua de la refri en el kitchenet y fui a mi habitación, deje mi mochila a un lado de mi velador y me recosté en la cama a comerme mi manzana mientras pensaba del buen día que acababa de tener, termine mi «cena» tome mi toalla y me dirigí al baño a tomar una larga y bien merecida ducha, salí del baño y recordé lo que ocurrió la noche pasada tome un cigarrillo de mi mochila y salí al balcón, esta vez Glenda no estaba allí, incluso me asome por las escaleras a ver si estaba más abajo pero no era el caso, me empecé a imaginar cosas como si se había enterado de lo que paso entre Flavia y yo o simplemente entro en sus cabales y piensa que abuse de su vulnerabilidad el día de ayer, termine mi cigarro y entre a mi habitación, estaba entre excitado y preocupado por lo de Glenda y que prácticamente no habíamos intercambiado palabra alguna el día de hoy, y entre esas ideas me quede dormido.

    Me desperté a las 4:00 am y no pude volver a dormirme, supongo que estaba acostumbrado a dormir como máximo 6 horas y esa noche me había dormido muy temprano, me levanté de mi cama fui al baño y luego tome un poco de agua, regrese a mi habitación tomé un cigarro de mi mochila y me dirigí a mi balcón, fume lentamente y sin ningún apuro mi cigarro pensando en cualquier cosa, mi vida se había desmoronado pero por algún motivo me sentía más seguro desde que llegué a esta casa, mientras estaba envuelto en recuerdos con mi familia lejana solté una sonrisa de melancolía.

    – Espero que sonrías por mi… – se me helo la sangre al escuchar a Glenda que me hablaba en susurros acobijada en la oscuridad.

    – En serio no vuelvas a hacer eso nunca más.- le respondí levemente mientras me tomaba el pecho con la mano derecha por el susto que me acababa de sacar.

    – Lo siento Luis, no era mi intención asustarte.- se disculpó mientras miraba hacia abajo de las escaleras.

    – Descuida Glenda, solo no lo hagas de nuevo.

    – Te extrañe durante la cena. Pensé que llegarías antes.

    – Si, lo siento, pero me tocaba el turno largo en el café, esperaba verte aquí durante la noche, pero no viniste.

    Le extendí la mano para hacer que se levante de su escondite sentada en las escaleras, automáticamente mi verga dio un salto como de alegría al sentir el contacto con su suave piel, Ella se levantó lentamente, tenía puesto un camisón de color negro largo a modo de pijama que la cubría desde el cuello hasta por debajo de las rodillas y encima una chaqueta de color verde para cubrirse del leve frio de la noche, me miro con sus hermosos ojos café y me dio un dulce beso en la mejilla.

    – ¿No quieres pasar a mi habitación?, aquí hace algo de frío.- Le dije mientras la abrazaba fuertemente para darle un poco de mi calor y como no sentir ese hermoso cuerpo entre mis brazos.

    Ella entro a la habitación y yo le hice un gesto como diciéndole que terminaba mi cigarrillo y entraba con ella, le di unas cuantas caladas más y lo apague en la baranda del balcón, me di la vuelta y gire la perilla de la puerta, al entrar nuevamente se me paró el corazón, Glenda se encontraba echada en el medio de mi cama totalmente desnuda con las piernas abiertas tocando con la mano derecha sus hermosos senos y con la mano izquierda frotaba fuertemente su clítoris, era una visión totalmente llena de erotismo, su monte de venus tenía una pequeña capa de vello que hacían ver incluso más deseable su rosada rajita la cual ya se veía muy húmeda, yo solté la colilla de cigarro que tenía en la mano y de un solo movimiento me subí a la cama, al tratar de acercarme a mi hermosa primita me puso el pie en el pecho mientras me decía.- No primito, comencé sola y terminare sola.- me empujó firmemente con su pierna al tiempo que soltó un gemido arqueando su espalda y cerrando los ojos.

    – ahhh mmmm…

    – Shhh.- Le dije al notar que sus gemidos se hacían más fuertes.- Glenda por favor, no hagas tanto ruido.

    – si mmmm…- Me respondió ahogando su gemido mientras mordía su labio.

    Yo estaba a mil, me baje el bóxer y tome mi verga con la mano derecha para empezar a hacerme una deliciosa paja con aquel show que me estaba regalando mi prima, se me estaba haciendo muy difícil el no correrme con aquella visión, pero estaba aguantando como un campeón, de pronto Glenda giró rápidamente para darme la espalda dejándome ese hermoso culo directo en mi cara, ese culo que me moría por ver estaba delante mío, no me pude aguantar lo tome con las manos lo abrí lo mas que pude y le di unas buenas lamidas en su pequeño anito. Glenda soltó un fuerte gemido que apenas pude callar enterrando con una mano su cara en la cama, se soltó de mi mano y giró a verme por un instante para luego hundir ella misma su hermoso rostro entre las sábanas de mi cama, yo volví a enterrar mi cara para seguir saboreando ese delicioso culo, no se cuánto tiempo paso pero sentí que Glenda gemía fuertemente contra el colchón mientras sentí una pequeña mano que me tomo de la cabeza jalándome el cabello hacia ese culo como si quisiera que me lo comiera a mordiscos, Glenda termino de venirse y me soltó el cabello, me despegué de ella con la cara empapada y cayó de lado en la cama, Glenda respiraba muy agitada como si acabara de correr un maratón mientras me miraba y se reía entre sus respiraciones.

    – Nunca me había corrido tan fuerte, de verdad sabes complacer a una chica.- Mientras me decía esto se mordía el labio mientras recuperaba el aliento y bajo la mirada directamente a mi verga.

    – Gracias primita, cuando quieras estoy aquí.- Le dije mientras tomaba con mi mano derecha mi verga y empezaba nuevamente a frotarla.

    Glenda me sonrió girando sobre su espalda, se levantó tomando mi mano y me jalo hacia la cama, me subí arrodillándome y ella se acomodó delante de mí, abrió sus bellas piernas y me dijo:

    – ¿Te gusta lo que ves ? .- Asentí torpemente con la cabeza mientras pase saliva.- Pues esto te va a gustar más.- al terminar de decir esto tomó dos almohadas y se las puso debajo del culo lo que dejaba a su hermosa rajita a la altura de mi verga, yo tome mi pene con la mano y ella me hizo quitar la mano con un firme movimiento.- Déjame a mi.- Me dijo mientras tomaba mi verga con la mano y la ponía sobre esa hermosa rajita rosada, la lubrico con su propia humedad y empezó a mover su pelvis y mano dándome un delicioso masaje en la verga, no les tengo que decir que estaba totalmente en la gloria, hice mi cabeza hacia atrás y me dedique a disfrutar del roce de su rajita y manos sobre mi verga, empecé a acariciar sus piernas, vientre y senos mientras dirigía mis manos a su cuello y boca, puse mi dedo pulgar en sus labios y lo devoro como si de mi pene se tratase llevándome nuevamente al punto de no poder aguantar más, puse mis manos al lado de mi cuerpo y deje que ella sola me haga correr, solo basto mirarla a esos ojos una última vez más y al ver ese rostro lleno de lujuria sacar la lengua como si pudiera saborear el aire fue suficiente para hacerme correr como un loco, me vine entre sus manos sobre su hermoso monte de venus, sobre su vientre y un potente chorro de leche llego a caer en su frente justo entre su cejas. Me miró con la boca abierta esbozando una sonrisa como si hubiera logrado lo que quería, nos limpiamos como pudimos y nos echamos en mi cama aun desnudos.

    – Luis, sé que lo que estamos haciendo no está bien, pero me gustas mucho y disfruto mucho de estar contigo, nunca me había pasado esto con nadie, ayer me la pase todo el día pensando en lo que hicimos la otra noche, y en lo que me dijiste, quisiera que podamos pasar más tiempo juntos durante el día, no quiero que esto solo se trate de liberar nuestros deseos en la noche cuando nadie nos ve, ¿si me entiendes?

    Entendía perfectamente lo que decía.

    – Glenda, tu y yo somos primos y me deja tranquilo que entiendas la situación, no es mi intención que pienses que te estoy usando porque de verdad me caes bien y me gusta tu personalidad, es más, mañana tengo el día libre en mi trabajo, pensaba encontrarme con unos amigos, ¿qué te parece si los cancelo y mañana pasamos el día juntos tu y yo?

    A Glenda se le iluminaron los ojos al escuchar esto, se echó sobre mí al tiempo que me abrazaba por el cuello y me daba un dulce beso en los labios.

    – Claro que si Luis.

    Me dio otro largo, mi verga empezaba a levantarse nuevamente pero al darse cuenta que el sol estaba saliendo Glenda se puso su camisón se despidió rápidamente con un beso y salió apurada por la puerta del balcón mientras me susurraba.- Mis papas se levantan súper temprano si no me ven en la cama pueden pensar cualquier cosa.

    Me quede tirado sobre mi cama y al verla salir mire al techo, solté un suspiro y me fui quedando dormido.

    Muchas gracias por leer hasta el final, los relatos que escribo están basados en experiencias propias, por favor si tienen algún comentario o crítica pueden hacerlo en el siguiente correo: [email protected].

    Saludos.

  • Aventuras en playa del Carmen (I): Primeros misterios

    Aventuras en playa del Carmen (I): Primeros misterios

    Sin duda este es el relato más emocionante de mi vida.

    Por motivo de haber terminado la preparatoria, un grupo de amigos me invitaron a unas vacaciones en una casa prestada en Playa del Carmen por una semana. Acepté con mucho gusto, aunque me parecía incómodo ser la menor de todos los que irían y la única sin pareja, todos tenían entre 19 y 23 años y yo recién había cumplido 18. Además, en ese momento yo era gorda e intentaba verme bonita, mientras que las demás chicas eran en realidad hermosas y delgaditas, me iba a ver mal entre ellas.

    Lo curioso es que yo tenía o había tenido que ver algo con alguien de cada una de las parejas. En total éramos 13: Valentín (primo mío) y su novia Michelle; Ricardo y su novia Esmeralda (prima mía); Erick (exnovio mío) y su novia Lizeth; Gilberto y su novia Naydelin (mi mejor amiga en ese momento); Raúl (el chico que me indujo al sexo sin compromiso) y su novia Janeth; Sergio y su novia Katherin (me bajó a uno de mis novios de la preparatoria); y obviamente yo, Nicole. Parecería que yo sería humillada en esa salida, pero se pondría interesante dormir bajo el mismo techo con mis cachondos primos, mi baboso exnovio, mi tonta mejor amiga, el delicioso chico que me pervirtió y la hija de puta que me puso los cuernos.

    Luejo del viaje en avión y disfrutar la vista, llegamos a la casa donde nos hospedaríamos, enorme, lujosa y con su propia y grande piscina. Era obvio que inmediatamente sacaran unas cervezas del amplio refrigerador y se echaran un chapuzón uno por uno, mientras yo los veía aún vestida como llegué desde una silla de playa bajo una sombrilla. Todos me animaban a meterme a la alberca, pero viendo a las seis parejas juntas y hasta abrazadas prefería tomar mi helada lata de cerveza desde mi fresca sombra.

    Valentín salió de la piscina, fue a su habitación y regresó con una cámara de video, me la prestó y me susurró una explicación muy cínica.

    —Prima, espero que no te ofendas por lo que te diré: Eres la única soltera de entre nosotros y te invitamos para que nos filmes. No lo tomes a mal, eres nuestra camarógrafa oficial y tu pago es haber venido a vacacionar con nosotros.

    Y sí lo tomé a mal, pues se olvidaron un tanto de la amistad y me usaron, pero fingí que no me importaba y accedí. Los grabé desde afuera de la alberca y me animé a hacerlo adentro, con ellos a mi alrededor. Así fue todo el día, cada que me solicitaban que filmara sus estupideces, pero me prometí que no sería así todos los días de esas vacaciones.

    Aunque no todo lo que me pedían que grabara eran estupideces, más si se trataba de Raúl, quien puso música del género urban a alto volumen y me pidió que grabara cómo sabroseaba a su novia Janeth. Raúl no era guapo y era escuálido, pero tenía una verga bien rica y cogía espectacular, lo hicimos varias veces, pero se distanció de mí luego de que comenzó a andar con Janeth. Y ahí estaba yo, envidiando a Janeth, quien estaba sentada en las piernas de Raúl en el sofá, mientras él la besaba y la manoseaba por todos lados, y yo mojándome internamente y con ganas de dedearme pero con las manos ocupadas sosteniendo la cámara. Después se convirtió en competencia.

    —¡Voltea la cámara acá! —gritó Valentín, quien con su novia Michelle ya estaban perreando.

    Aclaro, a mí no me disgusta el perreo, pero sí la música con que perrean, algo más que tenía que soportar en ese momento además de las ganas que me entraban y sí, también me excitó ver a mi primo moverse muy bien.

    —¿Alguien sabe dónde está Erick? —se atravesó Lizeth en la filmación preguntando por mi exnovio… bueno, por su novio, pero nadie le supo contestar, sino que todos estaban en lo suyo.

    Por si fuera poco, también llegó Esmeralda al centro de la pista improvisada y junto con su novio Ricardo se pusieron de cachondos, bailando pegaditos, besándose y metiendo mano bajo la ropa del otro. Era como si estuviera a punto de presenciar una orgía, sin ser yo partícipe pero con el deseo de serlo.

    Me estaba mojando en serio y estuve por emitir un gemido fuerte, pero me dio pena y les avisé que la cámara ya no tenía batería, así que me metí a la recámara de Valentín, supuestamente por el cargador. Entreabrí la puerta y vi caer un brasier.

    —Lo siento, chicos —dije pasando adentro y tapando mi vista de ellos, aunque no sabía quiénes eran.

    —¿No estás filmando, verdad? —escuché claramente la voz de Gilberto, novio de mi mejor amiga Naydelin.

    —No, solo vine por el cargador, la cámara ya no tiene batería —dije mientras sacaba de la maleta de Valentín el cargador y me dirigía a la puerta, sin verlos ni un instante—. Diviértanse.

    Tuve que ir a mi habitación, donde descubrí a Sergio acostado en mi cama masturbándose.

    —Lo siento —dijo él—, a Katherin le acaba de llegar su periodo y está en su recámara retorciéndose del dolor.

    —No quería saberlo —contesté fingiendo asco, pero con ganas de verlo más y, si se podía, garchar con él pensando en una venganza hacia Katherin, además de que no se le veía nada mal la polla a Sergio, pero se fue apenado a los baños.

    Conecté la cámara al cargador, me apresuré a cerrar la puerta de mi habitación, me acosté en la cama, metí mi mano bajo mi short y mi ropa interior y me masturbé desesperadamente, logrando una corrida rápida y abundante, pero tapándome la boca para que no escucharan mi fuerte y largo grito de placer.

    Después de un rato en el que sacié parcialmente mis ganas, salí a la sala con la cámara para filmar a los demás cachondeando, pero cada quien estaba en una cosa distinta, la calentura se había acabado.

    —¿En serio? ¿Nadie ha visto a Erick? —seguía preguntando Lizeth, pero todos le decían que no.

    —¡Déjanos ver el video de hoy! —me pidió Valentín casi arrebatándome la cámara y la conectó en el monitor de la televisión.

    Todos, excepto Erick que no aparecía, se reunieron para ver el video, que comenzó con la estrenada de la piscina y continuó con las tonterías que todos me pedían que filmara. Fue antes de los fajes que ocurrieron en la sala que la cámara grabó algo misterioso en segundo plano.

    —¡Pausa! —gritó Lizeth—. ¿Qué hace Erick saliendo de la casa? ¿Eso cuánto tiene que pasó?

    —Según el video eran las 3 de la tarde y ya son las 7 —contesté.

    Todos quedaron confundidos al ver eso y pensaban a dónde habrá ido Erick, aunque para mí era un pendiente menos contar con su presencia. Los chicos salieron a buscarlo en los alrededores, mientras que las chicas presionaron a Lizeth para que lo llamara a su teléfono móvil.

    —¿Sabías que hay gente que viene a lugares como este para ganarse la vida? —oí que mi prima Esmeralda le preguntaba tontamente a Lizeth, como queriéndole decir que Erick se escapó definitivamente.

    —No le hagas caso —intervino Janeth—, tal vez solo fue por snacks y se perdió en el camino, no ha de tardar, espero.

    Una hora más tarde regresaron los chicos, sin novedad. Llegó la medianoche, Lizeth estaba muy preocupada y yo, ¿para qué mentir? También lo estaba, como todos. Valentín, como todo un líder, le pidió a todos que guardaran la calma y fueran a dormir.

    Fui la primera en dirigirme a mi recámara y quise dormirme, sin embargo, minutos después alguien tocó a la puerta de mi habitación. Abrí la puerta y era Lizeth, quien me preguntó si podía dormir conmigo porque se sentía inquieta y no podía conciliar el sueño sola, así que me compadecí y le dejé pasar y acostarse conmigo.

    Media hora después, escuché pisadas de varias personas. La curiosidad me llevó a abrir la puerta y caminar en medio de la oscuridad hacia la sala, donde vi por detrás las siluetas de tres personas sentadas en el sofá viendo la televisión, no supe identificar quiénes eran, pues no traía conmigo mis lentes. De pronto, la de en medio se inclinó hacia el lado izquierdo, como para recargar la cabeza en las piernas de la persona de la izquierda, mientras que la persona de la derecha ponía sus manos sobre la persona de en medio.

    Claramente se trataba de un trío hombre-mujer-hombre, pero quería escuchar alguna voz o alcanzar a dilucidar la silueta de alguno de los que estaban ahí. En mi mente descartaba a Lizeth, pues estaba conmigo hace unos momentos en mi recámara, también descartaba a mi mejor amiga Naydelin, pues ella me cuenta todo incluso antes de hacerlo, además de que Katherin decía estar en sus días, por lo que también la descartaba. Aseguraba que uno de ellos era Raúl por lo sexoso que es, pensaba que la de en medio era Janeth y el de la derecha mi primo Valentín, o mi prima Esmeralda y Sergio por lo ganoso que estaba, o Michelle y Gilberto y todas las combinaciones posibles entre ellos, o incluso Erick, que pudo haber estado jugando a las escondidas todo ese tiempo.

    De repente, se escuchó a Lizeth gritando de lejos «¡Erick!». Los que estaban sentados en el sofá se levantaron de inmediato y no me quedó opción más que ocultarme tras una columna que estaba cerca. Después de que ellos fueron corriendo hacia las habitaciones, yo caminé lentamente para aparecer junto con todos y no parecer que venía de la sala, sino de los baños.

    —¡Mira no más! ¡Hueles a puta, Erick! —gritaba Lizeth en lo que me aproximaba a la recámara de origen de los gritos, que era la de Lizeth y Erick.

    —¿De qué hablas? —contestó Erick—. Todo el tiempo estuve en la casa, casi todo el tiempo aquí en la habitación.

    —¡Te vimos salir de la casa en el video! ¡A mí no me ves la cara de pendeja! —continuaba gritando Lizeth al borde del llanto y de querer responder con cachetadas, mientras los demás la querían calmar.

    —¡Está bien! Contraté a una sexoservidora —confesó Erick—, me la pasé de lujo, llegué hace unas horas y esperé a que se despejara todo para entrar a nuestra recámara. Tú como yo puedes divertirte como quieras, puedes buscar a alguien en internet y verse en persona, por mí no hay problema porque sé que me quieres y yo a ti te quiero.

    —Eres un enfermo —dijo Lizeth desbordándose en lágrimas.

    —¡Ay! ¡Por favor! —exclamó Erick—. Tú te sabroseas a cada tipo guapo y mamado que ves. Te estoy dando libertad, ¿por qué no me la das tú también?

    —¡Pero lo hiciste a escondidas y luego me mentiste diciendo que estuviste aquí todo el tiempo! —alzaba la voz cada vez más Lizeth entre lágrimas, hasta que Valentín intervino y puso calma a todo.

    Finalmente, Lizeth me agradeció que la dejara quedarse conmigo pero que descansaría en su recámara y Erick dijo que dormiría en el sofá. Saliendo todos hacia sus habitaciones, se escuchó el fracaso de discusión discreta entre Raúl y Janeth.

    —¿Por qué no estabas conmigo en la cama? —preguntó ella entre susurrando.

    —Estaba en los baños —respondió él.

    —¿Tanto tiempo? —alzó ligeramente la voz ella.

    —¡Sh! Ya vamos a dormir —culminó él la discusión.

    Eso comprobaba mi teoría de que uno de los que formaban ese trío en la sala era Raúl, sin duda alguna.

    Antes de entrar a mi cuarto, pasé a los baños. En los lavabos me topé con Erick, quien cepillaba sus dientes y lucía algo frustrado. Yo solo le sonreía, pero con tono de burla en mi interior. Sin darme cuenta, me le quedé viendo todo el tiempo que se aseó la boca.

    —¿Qué tanto me ves? —preguntó.

    —Lo siento —respondí—. La verdad es que sí te pasaste con Lizeth.

    —Ni me lo recuerdes.

    —Pues sí, el mal ya está hecho.

    Me dirigí hacia la puerta de los baños para ir a mi habitación, pero antes de salir, Erick me tomó del brazo y me hizo una propuesta rara.

    —¿Puedo dormir contigo?

    —¿Disculpa?

  • El tipster (Parte V)

    El tipster (Parte V)

    Después de observar el altercado, Jimena se acercó a Margaret, que estaba llorando desconsoladamente. Les dejé que hablaran a solas, mientras me dirigía al Mercedes-Benz.

    Enseguida se acercaron al auto. Jimena me dijo que llevaría a Margaret a su casa. Terminando estas palabras se acercó a mi oído y me susurró: “Luego te compensaré”.

    Me guiñó un ojo y abrió la puerta del coche. Por mi parte, abrí la puerta trasera para que ellas se sentaran adelante, en ese momento sentía que debía pensar en mis proyectos, no tenía ganas de hablar, seguro que después Jimena me contaría porque pelearon Margaret y Mark, tampoco quería estar de metiche, después de todo no me importaba demasiado el lío de dos niñatos presumidos.

    Ahora contaba con el dinero suficiente para recuperar la casa de mis padres, lo usaría en la subasta, ya que el banco comenzó acciones legales poniendo una demanda que salió a su favor, me imaginaba a varios gerentes relamiéndose y frotándose las manos, esperando como unos zorros apropiarse a un precio bajo de una bonita casa que se encuentra en una zona residencial.

    —Carlos, me despido —me sacó de mis pensamientos las palabras de Margaret—. Vibras en su relación… —llegó un momento en el que hicimos contacto con los ojos, los tenía de color verde avellana que en ese instante reflejaban tristeza—. Jimena te quiere de verdad… —se acercó lentamente sin dejar de mirarme y me dio a modo de despido un beso, un tanto peligroso, ya que sus labios pasaron rozando los míos, y luego soltó una sonrisa tímida a modo de disculpa—. Cuídala…—dijo finalmente.

    No voy a negar que me quedé ensimismado, Margaret era hermosa después de todo, no sé si lo hizo a modo de disculpa por su comportamiento en el parque de diversiones, pero si estaba en lo cierto, tenía una forma particular de hacerlo. Observé que Jimena no se dio cuenta, o no le dio importancia, en fin me despedí con una sonrisa, un tanto fingida, después de todo ella no sabe como me siento, estoy seguro de que ningún hombre se sentiría tranquilo al saber que los demás le miran que camina llevando cuernos como las de un venado. Y yo no estoy para soportar esto.

    —No es tan mala como crees —dijo Jimena después de que Margaret se fue.

    —Bueno, si tú lo dices. Después de todo no la conozco demasiado. Pero la primera impresión que tuve de ella no fue tan buena. ¿Por qué discutía la pareja perfecta? —pregunté con sarcasmo haciendo alusión a la pelea que tuvo con Mark.

    —Según lo que me contó, la conducta de Mark cambió estos últimos días, se ponía colérico por cualquier cosa que le salga mal, incluso me contó que se sobrepasó con Margaret llegando a insultarla, algo que nunca hizo. Ella atribuye que está así por los problemas de sus padres. Aun así Margaret ya no piensa soportarlo más.

    —¿Qué problema tienen sus padres?

    —No sé mucho, pero creo que se están divorciando, algo extraño porque se llevaban bien o eso era lo que aparentaban. Los conocí ya que son amigos de mis padres y asistían al mismo club.

    —¿No vamos a tu casa? —. Le pregunté viendo que tomaba un camino distinto.

    —Te dije que te compensaría —me dijo con una sonrisa pícara—. Hice una reservación— continuó mientras nos dirigíamos a un hotel que tenía una preciosa vista al mar.

    Entramos por el garaje, nos asignaron rápidamente la habitación, subimos por el ascensor. Jimena se mostraba expectante mientras me agarraba la mano y me miraba dulcemente. Llegamos al cuarto, tenía una enorme cama de diseño y un gran sofá para relajarse mientras contemplas las increíbles vistas del océano, era perfecto en cuanto a lujo, confort y comodidades, además de estar elegantemente decorada.

    —Te debió costar una fortuna la habitación —le pregunté.

    —No importa, solo quiero estar contigo a solas… —me dijo mientras repentinamente y para mi sorpresa, me empujo a la cama y se abalanzó encima de mí—. ¡Eres solo mío! …—continuó mientras sus manos me quitaban la ropa, a medida que me besaba de una manera un tanto desesperada, me acariciaba el pecho y mordía mi oreja. Jimena estaba cachonda—. Crees que no me di cuenta… esa perra de Margaret casi te besa.

    —¿Estás celosa?

    —La verdad es que sí… —respondió con firmeza, mientras empezó a sacarme el pantalón—. Sé que no soy la persona indicada para estarlo y cometí un error, algo que nunca volverá a ocurrir, desde entonces me lamento cada día, mi vida no es lo mismo sin ti, te amo con todo mi ser.

    —Y no pensaste en cómo me sentiría —repliqué mientras le cogí de los brazos y me puse encima de ella—. Quieres saber la verdad, crees que es fácil para mi olvidarlo y comenzar de nuevo, sigo pensando que eres una put…

    —¡Si!, dilo, ¡Soy una puta!, pero soy ¡Tu puta!

    En ese momento me descontrolé, arranqué su vestido, dejándola casi desnuda, me fijé en su entrepierna, el tanga tenía una mancha mojada, quise comprobarlo con mi tacto, así que me apoderé de su firme trasero levantándolo ligeramente, agarré por ambos extremos de su tanga y los deslicé por sus torneados y blancos muslos, saliendo finalmente por la delicada piel de sus piernas. Grata fue mi sorpresa al descubrir que llevaba la vagina depilada.

    —Así te gusta más…—comentó con las mejillas ruborizadas—. Lo hice para ti… mi cuerpo es tuyo.

    Su vulva rosada tenía un aspecto virginal. Inmediatamente lleve mi mano a su depilada vagina, estaba caliente y húmeda, prueba de su excitación.

    —Ahhh… —soltó Jimena al sentir mi mano masajear su sexo.

    Penetré con dos dedos a su encharcada vagina y lo llevé a su boca pasándolo por sus labios.

    —Saca la lengua putita— le ordené.

    Ella sumida por el placer sacó la lengua saboreando sus propios flujos. Luego cerró sus ojos y empezó a chupar mis dedos con pasión.

    Retiré mis dedos de su boca, me miró con lujuria, sus ojos azules parecían dos zafiros, tenían un brillo particular, me fijé en sus pupilas y se encontraban completamente dilatadas. Jimena estaba increíblemente excitada, tomó impulso y me abrazó fuertemente, luego llevó sus manos a mi cabeza y empezó a besarme con fiereza, metió su lengua en mi boca y empezamos a devorarnos, Jimena comenzó a exhalar más rápido. Sentí que empezó a mover las caderas lentamente, en vaivenes sensuales en los que se frotaba con mi miembro. Mi pene se liberó de su encierro, ella notó esto y aceleró aún más el movimiento de sus caderas, de repente mi verga entró y se hundió levemente en sus labios vaginales, tocando parte de su clítoris.

    Jimena se estremeció y detuvo sus movimientos pélvicos, su cuerpo quedó inmóvil, puso los ojos en blanco, abrió la boca y levantó la cabeza hacia arriba mirando al techo de la habitación.

    Perdió fuerzas y se tumbó sobre mi cuerpo agitadamente.

    Ella sonreía, luego me abrazó mientras intentaba recuperar el aliento, unos instantes después tenía el rostro lleno de satisfacción, me miró tiernamente y me dijo.

    —Soy la mujer más feliz del mundo.

    Paso un rato y Jimena se puso de pie y buscó algo en su bolso. Cogió unas ligas con la que se hizo en su pelo una cola de caballo. Me guiño un ojo y se puso sobre mis rodillas, acercó su cabeza a mi pene y presionó sus labios contra la punta de mi glande y le dio un cálido beso, parecía una gatita de ojos azules que busca a su amo para la merienda. Enseguida sacó de una forma sensual su lengua y empezó a dar lametazos por todo mi pene, algunos eran breves y tiernos y otros largos y profundos.

    Todo esto provocó que casi eyacule, respire hondo y con esfuerzo pude evitarlo. Ella me miró y como retándome se introdujo mi pene en su boca, chupándolo de una manera sensual, mantuvo un ritmo sólido mamando mi verga, sus carnosos labios pasaban saliva a mi falo, por ratos sentía como jugaba con su lengua, esforzándose al hacerlo, se notaba que imprimía su amor en la faena, por ratos cerraba los ojos como concentrándose en la mamada, y luego me miraba con ojos lujuriosos. Sentí que las sensaciones en mi verga empezaron a intensificarse y estaba a punto de correrme, no podía aguantar más y le agarré del cabello para que no se fuera inundándole la boca con todo el semen que había acumulado hasta ese momento. Esto fue un imprevisto para Jimena, y comenzó a quedarse sin aire, daba la impresión de asfixiarse. Las lágrimas comenzaron a surcar de sus ojos.

    Golpeó con sus manos mis piernas para liberarse. Me di cuenta de que me sobrepasé con ella y deje que se levante. Se puso de pie y tomó una bocanada de oxígeno y empezó a toser goteando semen de sus labios y nariz, al ver esto, se dirigió rápidamente al baño.

    Era la primera vez que me hacían una mamada y también era la primera vez para Jimena, me dejé llevar por mis instintos y no pude controlarme, ella se esmeró y esforzó por hacerme sentir bien, y yo en cambio le pagué siendo egoísta. Me sentí mal y fui a buscarla, aún estaba limpiándose y lavándose la cara.

    —Perdón, Jimena… no tenía la intención…

    —No te disculpes —me cortó—. Es la primera vez que lo hago, había una alta probabilidad de hacerlo mal, y eso sucedió —me dijo intentando mostrar calma—. La próxima mejoraré, y lo haré tan bien que podrás correrte todo lo que quieras.

    —También fue mi culpa por no avisarte —me sinceré y le di un abrazo.

    Ella me abrazó más fuerte, poniendo su cabeza en mi hombro, sentí que soltó unas lágrimas, las limpio con sus manos y me miró fijamente.

    —Sé qué aún no me has perdonado y tal vez nunca lo hagas, te conozco como yo a ti, pero ten la certeza de que no me rendiré y me esforzaré por recuperarte.

    Hizo una pausa, como queriéndome decir algo más, respiró profundo, tomando valor para hablar.

    —¿Te puedo pedir un favor?

    —Claro…—respondí.

    —Rompe mi corazón si quieres, pero no te vayas. Nunca lo hagas.

    Después de decir estas palabras, la calma que había querido demostrar hasta ese instante, se desvaneció por completo, y cantaros de lágrimas salieron de sus mejillas mientras se pegaba a mi hombro abrazándome fuertemente.

    Yo simplemente no le respondí, no tenía el valor para mentirle, así que esperé a que se calmara, luego nos fuimos del hotel.

    Llegando a la casa nos recibió Teresa con una sonrisa, un tanto apócrifa cuando lo dirigió hacia mi persona.

    —Uff, ¡Qué calor hace! ¿Carlos deseas limonada?

    —Si, una Frozen caería perfecto.

    —Teresa, nos podrías hacer el favor —ordenó Jimena.

    Enseguida nos trajo los jugos, fue un día muy cansado, necesitaba refrescarme y nada mejor que una buena limonada, pensé. Mi rostro cambió después de probar la bebida, estaba amarga, vi a Jimena que tomaba con satisfacción y busqué con la mirada a Teresa que se encontraba limpiando a unos metros, en su rostro apareció una sonrisa que no pudo disimular completamente.

    Necesitaba confirmar mis sospechas así que probé la limonada de Jimena y estaba normal, incluso deliciosa. Obviamente fueron preparados de diferente manera, y además el mío tenía un componente adicional, que lo comprobé unos minutos después cuando sentí un ligero dolor en mi vientre y estuve yendo al baño el resto del día. ¡La zorra de Teresa añadió un laxante a mi limonada!

    Por suerte Jimena compró unas pastillas, que calmaron mi malestar, ella estuvo preocupada el resto del tiempo por mi salud.

    Tanto rencor contra mí no era normal y tenía que averiguar a que se debía. Estuve vigilando a Teresa cautelosamente, buscando alguna manera de tener más información. Y mi esfuerzo trajo sus frutos, examiné detalladamente la situación y concluí que Teresa acostumbraba a comunicarse con el teléfono de la casa, tal vez para no gastar saldo de su celular aprovechaba a hacer sus llamadas por este medio, seguro que pensaría. Ser la sirvienta de una familia adinerada debería tener ciertos privilegios, se dio cuenta que ese teléfono nadie lo usaba y decidió que sería de su uso personal.

    Analizando las instalaciones me di cuenta de que había dos teléfonos conectados, uno en la sala, que era el que usualmente utilizaba Teresa, y otro en la segunda planta, podía aprovechar esta conexión para escuchar la conversación que tenía en el otro teléfono y solo bastaría con descolgarlo. Así que, cuando observé que Teresa tenía un comportamiento receloso, mirando de un lado hacia el otro. Cuando se percató de que no había nadie cerca, empezó a marcar en el teléfono para hacer una llamada, no desaproveché la oportunidad y me apresuré a descolgar el que se encontraba en el segundo piso.

    —Hola, María jajaja. Me estuve aguantando la risa.

    —Hola, hermana, veo que estas feliz. ¿Cuéntame que paso?

    —Le di una lección al vividor ese. Jajaja, la cara de bobo que puso cuando tomó la limonada, jajaja, y lo mejor de todo fue el laxante que le puse, verlo ir a cada rato al baño. Parecía un pato, Jajaja.

    —¿Le hiciste eso al novio de la señorita Jimena?

    —Ese solo finge ser su novio, ya sabes cómo son los hombres y este cae en la peor categoría, se nota a leguas que solo está por el dinero de la señorita. Es un descarado, estoy preocupada por la seguridad de la señorita, tarde o temprano le hará daño, y lo peor es que el sistema actual no nos protege, está gobernado por el patriarcado opresor. Y la violencia contra las mujeres aumenta cada día.

    —Pero, no te estarás equivocando. ¿Y si la señorita Jimena le quiere de verdad?

    —No creo que sea así, él no es la gran cosa. Cuando dijeron que él era su novio no podía creerlo, pensé que se trataría de un hombre atractivo, un Brad Pitt de ojos azules, alguien que estuviera al menos a la altura de esta familia, creí que sería difícil que se aleje de aquí, pero después de verlo estoy segura de que la señorita lo mantiene a su lado solo porque se siente mal, debido a que supuestamente lo engañó, ella se merece alguien que la quiera de verdad, como yo lo hago ahora. Creo que ella se está dando cuenta de que a las mujeres no nos conviene los hombres. Después de todo solo nos quieren por lo que tenemos entre las piernas, todos ellos piensan igual, es por esto, que yo paso de los hombres, las mujeres tenemos esa belleza que nos hace especial y somos más atractivas.

    —Entonces, ahora que piensas hacer.

    —Trataré de espantarlo, que se vaya rápido de acá, ya se me ocurrirán ideas interesantes. Esta tarde me estuvo viendo de manera extraña, creo que le atraigo y seguro que tratará de aprovecharse de mí. No me siento tranquila con su presencia, es más si te soy sincera me repugna solo verlo por acá. Me pregunto cómo estará sufriendo la señorita Jimena. Aún no tengo la valentía para decirle que la amo demasiado. Al fin de cuentas amor es solo una palabra, solo es verdadero cuando alguien llega para darle sentido. María, me despido ya que pronto llegará la señora Sara y verá que no terminé de limpiar.

    —Bueno hermanita, espero que tus sueños se hagan realidad. Me despido, cuídate.

    Después de escuchar la conversación sentí una mezcla de emociones, otra vez juzgado por las apariencias, pero lo que más me indigna no es eso, es que ya estoy harto de que la gente actúe sin conocer el problema, todos quieren ser buenos y parecer perfectos ante la sociedad, ganarse el respeto de los demás por su acto voluntarioso, que los juzguen de esta manera: ¡Oh, miren que sacrificio hizo, palmas por favor!

    Debo tener cuidado con Teresa, al parecer es lesbiana y una feminista consumada, la peor combinación. ¡Vaya lavado de cerebro!, espero que no haya llegado al punto de las mujeres agresivas, que se quedan en tetas en cualquier lugar público y que detestan a los hombres. Tendré que lidiar cuanto antes con esto, no tengo que esperar a que haga su próximo movimiento contra mí o lo pagaré de la peor manera. Después de todo: Guerra avisada no mata gente.

    Al menos fui precavido esta vez y grabé la conversación de Teresa. En cuanto a su amor irracional por Jimena, al parecer no tiene ni idea.

    Una sonrisa siniestra se formó en mi rostro por un momento, pensé en Teresa y dije: “Esta perra no sabe lo que se le viene”.

  • Una mujer insatisfecha

    Una mujer insatisfecha

    Me llamo Hugo, tengo 44 años y trabajo en una multinacional de la energía fotovoltaica. 

    Los viernes por la tarde y sábados doy compañía y lo que quieran a señoras que están o se encuentran solas.

    Mi contacto no está en los anuncios que hay en la red, solo lo tienen unas pocas personas y funciono por el boca a boca.

    Hace unas semanas me llamó una señora de cincuenta y tantos años, casada y que necesitaba sentirse viva sexualmente.

    Se la notaba muy nerviosa, era la primera vez que recurría a esto, y no tenía claro que fuera capaz de dar el paso.

    Traté de tranquilizarla diciéndole que su situación es muy común y que hay muchas señoras que recurren a este servicio y muchas repiten.

    Antes de dar el paso, quería conocerme, ver como soy físicamente y que le explicara como son los encuentros.

    Quedamos la tarde de ese viernes en una cafetería en un barrio alejado del suyo.

    Era una mujer de mediana altura, atractiva y con un cuerpo corriente, vestida elegantemente, pechos grandes y caderas anchas.

    Me dijo que se llamaba Alicia, estaba casada y tenía 3 hijas. Su marido tenía 61 años y solo tenían relaciones sexuales una vez al mes.

    Después de 32 años de casada, la pasión no existía y la relación era de rutina total.

    Él la hacía un tocamiento rápido y rápidamente pasaba a la penetración.

    Se corría rápido y ya está, hasta el mes siguiente.

    Ella se sentía mal como si su marido la utilizara solo para satisfacerse él y necesitaba sentirse viva, deseada y que de verdad la hicieran disfrutar del sexo.

    Nunca había estado con otro hombre y por eso le costó mucho dar el paso de llamarme.

    Le expliqué que yo solía quedar en mi domicilio o en un hotel.

    Trataba a la mujer de forma delicada, sin prisas y solo hacia lo que ella quería.

    A medida que la conversación avanzaba se iba tranquilizando, pero no se atrevió a dar el paso siguiente.

    Nos despedimos sin quedar para una segunda vez, pero se fue más tranquila y relajada.

    Unas semanas después me volvió a llamar, un poco nerviosa, pero decidida.

    Tenía reservada una habitación en un hotel. Quedamos directamente en la habitación, para no tener que entrar juntos.

    Llegué un rato después que ella y allí estaba esperando, muy nerviosa.

    Teníamos 3 horas, su marido se había ido al futbol con un amigo y después del partido se solían tomar una copa antes de volver a casa.

    Yo me había preparado como siempre, recién duchado, bien vestido y 45 min antes de la cita me tomé una pastilla, levitra de 10 mg, para estar a la altura.

    Siempre procuro actuar para rebajar la tensión porque muchas mujeres es la primera vez que tienen un encuentro y al principio lo pasan mal.

    Le cojo la mano y me la acerco con suavidad, la abrazo, la beso, al principio en la mejilla y poco a poco me voy acercando a su boca. Me recreo en la comisura de sus labios y paso a besarla el cuello.

    Ella empieza a jadear suavemente y poco a poco se va entregando. Bajo la mano y le toco el culo por encima de la falda mientras sigo besándole el cuello, ella está rendida, me toca el culo y me acerca con más fuerza a ella.

    La beso en la boca, en el cuello y acerco mi boca a su pecho, meto la mano por debajo de su falda y le toco el culo por debajo de sus bragas. Hago lo mismo por delante y toco su coño. Está ardiendo y mojada, no deja de jadear y empieza a desabrocharme el pantalón.

    Dejo que me desnude completamente mientras ella continua vestida.

    Yo tengo mis partes totalmente depiladas y ella me coge el pene y empieza a acariciarlo. No había visto nunca a un hombre depilado y le gustó.

    Yo empecé a desnudarla también, primero la camisa, después la falda.

    Me gusta ver a la mujer en ropa interior, me dice mucho de como es ella.

    Llevaba una lencería muy sexi, Se ve que la había comprado para la ocasión.

    Un cuerpo corriente, unas caderas anchas y unas buenas tetas, en conjunto muy deseable.

    Le quité el sujetador y las bragas y se quedó totalmente desnuda.

    Estaba temblando, nunca había estado desnuda delante de un hombre que no fuera su marido y estaba nerviosa.

    La puse de espaldas a mi y la abracé.

    Le tocaba los pechos, pasaba mi pene por la raja de su culo, acariciándolo mientras la besaba en el cuello, estaba ardiendo.

    Antes de continuar me dijo que se quería duchar, así que nos metimos los dos en la ducha.

    Nos enjabonamos y la acaricié todo su cuerpo. Jadeaba como una puta, estaba realmente excitada.

    Le pedí que me chupara el pene, ella no lo había hecho nunca y me preguntó como tenía que hacerlo, se lo dije y estuvo un ratito chupándomela.

    Una vez fuera de la ducha nos fuimos a la cama.

    Fui besando todo su cuerpo, su cuello, sus pechos y poco a poco fui bajando hasta llegar a su coño. Pase mi lengua por su clítoris y ella apretaba con fuerza sus piernas. Nunca se lo había hecho su marido.

    Se dejó hacer y jadeaba mientras se retorcía de placer. Se corrió y pase a penetrarle.

    Lo hicimos en varias posiciones y continué acariciando su clítoris con el dedo hasta que volvió a correrse.

    Una vez nos corrimos los 2 nos quedamos un rato en la cama abrazados.

    Me dijo que hacía muchos años que no sentía algo así, incluso nunca había gozado tanto.

    Le había hecho sentirse plenamente mujer.

    Tenía la cara llena de felicidad.

    Nos volvimos a duchar y allí volví a penetrarla otra vez, delante del espejo, por detrás. Nos veíamos follar, como se balanceaban sus tetas de un lado a otro a medida que yo iba dando empujones. Creo que Alicia nunca olvidará la escena, estaba viendo como la estaban follando y ponía cara de placer mientras se veía en el espejo.

    Una vez terminamos de ducharnos y vestirnos nos dimos un último beso de despedida y le dije que su marido no sabía lo que tenía en casa, una mujer sensual capaz de enloquecer a cualquier hombre

    Cuando nos despedimos me dijo que volvería a llamarme.

  • Enviudé y mi sobrino me apoyó

    Enviudé y mi sobrino me apoyó

    Después del fallecimiento de mi esposo la pasé fatal y me aleje de todos incluso de mi hijo. Fueron días o meses en los que no encontraba consuelo, pero poco a poco me fui recobrando, o recobrando mi vida aunque no era lo mismo intentaba seguir después de mi duelo.

    Poco a poco empecé a salir a hacer mis cosas y prestar atención a mis amigas y a mi hijo.

    Mi sobrino me ayudó mucho durante este tiempo, hablábamos de cosas normales y hasta cierto punto aburridas pero extrañamente eso me ayudó, me alejaba de estos temas de qué haré ahora o para qué, que quiero hacer y todo ese tipo de cuestiones para solo hablar de alguna película, serie o de la comida, cosas mundanas. Y conforme fui retomando muchas cosas fui hablando más no sólo con sino con mis amigas.

    Pasaron aún varios meses en los que empecé a salir con todos y entre ellos con mi sobrino, muy mono por cierto.

    Tengo que decir que lo conozco desde muy chico desde un niño del kinder y verlo ahora como ya un hombre fue como una oleada de cosas que no comprendía, sin embargo decidí no prestar atención.

    Pero empecé a fijarme más en ciertas cosas, su forma de vestir de hablar, ciertas cosas como que me daba el paso, le abría la puerta, me ayudaba a bajar del coche me preguntaba cómo estaba y cuando me di cuenta ya me empezaba a arreglar y después a mirarle su cuerpo, su espalda, sus nalgas su bulto!

    Y ahí fue cuando me cuestione que me pasaba y pensé que quizá me hacía falta un hombre o sexo y por eso empecé a fijarme en él o a ver cosas que no estaban, no podía con esa idea de la familia.

    Le platique a mi amiga Karen pero creo que no fue la mejor idea, pues cuando me dijo que si tenía alguna foto de él lo empezó a chulear me dijo que si no lo quería se lo presentará y empezó a preguntarme cosas de él, después se volvió su amiga en Facebook y yo me sentía algo celosa pero entendía mi malestar y todo así que decidí dejarlo por la calma.

    Poco después o semanas después mi sobrino y yo hablábamos y dijo que si le podía hacer un favor que si podía decirle a mi amiga Karen que no lo buscaría. A mí me sorprendió eso, mucho y le pregunté si algo malo había pasado y me dijo que no le gustaba ella del todo y se sentía incómodo además de que yo la conocía.

    Y eso llevó de una a otra pregunta y empezamos hablar de cómo nos veíamos, él me dijo que le gustaría más alguien como yo y yo en otra pregunta le dije que quizá me gustaría experimentar con alguien más joven.

    Pasaron más semanas y decidí tomarme unos días de vacaciones, subía algunas fotos y él me puso en una que me veía muy guapa y radiante y yo no sé por qué le dije que si solo eso y me dijo que también me veía sexy. Obtuve lo que quería pero ahora no sabía qué decir. Le contesté que donde andaba y me dijo que había ido a un estado cerca que estaba como a cuatro horas que podría tomarse unos días libres el fin de semana, y le dije que viniera que solo pagamos una persona extra.

    Para no hacer esto más largo llegó y se quedó en mi misma habitación y él durmió en el sofá pero esa mañana me desperté antes que él y pude verlo ahí en el sofá con una tremenda erección que solo me quedé mirándolo, su bulto atrapado en sus boxers y ese pene que se veía enorme, yo no cabía en mí no sé cuánto era pero más de 20 si. Sentí un gran calor recorrer mi cuerpo. Me fui a bañar pero no puede tocarme me dio mucha pena.

    Por la tarde fuimos a la playa a tomar el sol y platicamos cosas normales pero todo ese tiempo estaba pensando en sexo y mis pezones me delataban pero el solo miraba cuando yo estaba distraída.

    Fuimos al mar caminamos cerca y nos metemos más y más, las olas nos aventaban y nos metemos de nuevo hasta que de pronto una nos tomó fuerte y nos aventó hasta la orilla donde caímos juntos y revolcados uno al lado del otro yo intenté levantarme, me senté y mientras él se limpiaba los ojos por la arena vi que traía el short en los tobillos y madre mía vi ese miembro, moreno, con venas, grueso, lleno de arena y largo yo creo que unos 15 cm en reposo entre sus piernas fuertes y solo puse decir madre mía y me levanté y me fui a duchar.

    El resto del día estuve escondiéndome, caminando pensando que no podía suceder tal cosa que era mi sobrino que estaba yo confundiendo las cosas y que él realmente no había intentado nada.

    Al final me relaje pensé que lo tenía controlado, le llame y cenamos juntos, una plática amena no había pasado nada ni había insinuaciones y me dije que todo estaba bien.

    Ya en la habitación le dije que durmiera en la cama que podíamos poner una almohada, ahora pienso que quizá yo ya buscaba eso.

    Vimos una serie y todavía platicamos en la noche pero tenía miedo de que escuchará los latidos de mi corazón y de pronto no sentí la almohada y solo me abrazo por detrás, pude sentir su miembro recargarse en mis nalgas y yo me derretí entre las piernas, mi respiración se cortaba y no podía hablar, solo pase mi mano hacia atrás y toque esa verga encima de sus boxers que estaba ya creciendo y tomando un tamaño enorme que nunca había tenido ni visto, y yo le decía no hijo no hijo pero no le soltaba si pene y él pasó su mano y la colocó en los pechos que empezó a masajear mientras besaba mi nunca y los hombros era toda suya ya no pude, me gire y nos empezamos a besar como nunca había besado desde que era adolescente, apasionadamente, desesperados, nos quitamos todo hasta estar desnudos. Sentía sus manos recorrer mi cuerpo aunque con ansia sin prisa por el sexo mientras que yo le tocaba el rostro y después su pecho y después se la jalaba firme apretándola, sentía como mi mano no podía cerrar sobre tu miembro caliente y como tenía que recorrer un tramo desde la base hasta arriba y decidí bajar.

    Le dije prende la lámpara y a media luz vi ese palo del tamaño de mi rostro y mis manos recorrerlo, lo tenía ahí. Olía a sexo y empecé a engullirlo lo más que pude pero no me cabía, yo estaba escurriendo, jamás me había mojado así pero seguía pegando lengüetazos, chupadas, quería comerlo todo pero no podía, después lo recorrí con mi lengua todo y lo mordía de lado como una perrita con su hueso, él daba respingos al sentir mis pequeñas mordidas y decía tía muy quedito y eso me ponía más perra. Empecé a masturbarlo y mamar con más fuerza y casi desesperada por no poder con eso y ya me empezaba a molestar mi mandíbula de tanto meterme y tener abierta mi boca cuando de pronto entre mis manos sentí convulsiones de ese monstruo y chorros y chorros empezaron a salir y yo empecé a tragar pero me tomaron por sorpresa y un par o tres cayeron en mi cara y cabello yo me acosté en su vientre limpiando su verga sacando lo que sobraba, ambos respirábamos cansados y me percate que su palo no había perdido la erección porque me acerco más como a su ombligo y empezó a pegarme con su verga, me sorprendió y me molestó pero después de dos o tres veces que estuve a punto de levantarme sentía el peso de su verga como si me cacheteaba y solo lo deje hacer, su verga golpeaba y se apoyaba en mi mejilla y la embarraba de lo que sobraba, la tomé y me pegue un poco más pero al sentirla aún durísima me levante, lo monte tomando su mástil desde la base y me empale.

    Su verga me abría más y más y a pesar de estar mojada me ardía a pesar de ir poco a poco, me dolía y clavé mis uñas en su pecho donde me apoyaba para no encajar toda y pude ver su sorteo entre sombras de una mezcla de dolor y placer y me calentó más y clave el resto que me dolió mucho pero aun así eleve mi cadera y baje despacio hasta que dejó de dolerme y solo darme placer que no podía, me llenaba toda esa verga y un instinto me hizo moverme más rápido en círculos, tocaba partes que nos avía que tenía y después solo moví rápido mi cadera de arriba abajo y lo sentía y me corrí y él también, me apretó las nalgas y yo junte mis piernas o eso intente pero apreté su verga dentro de mí y sentía como su verga escupía chorros calientes y me llenaba mientras yo sentía que me orinaba, en esos segundos su verga salió de mi con un par de chorros que cayeron en mi espalda y yo ensuciaba ahí abajo yo temblaba y las piernas se me vencieron y caí sobre él, no sentía nada y solo tuve un mareo que me descolocó, se me nubló la vista y cuando recobre un poco el sentido segundos después, estaba acostada boca arriba con las piernas abiertas y él empezaba a comerme recién ese orgasmo y su lengua recorría mi clítoris y se escuchaba como su boca me devoraba esa mezcla de jugos, me comía como un cerdo literal pero mis labios y mi clítoris lo agradecen, Tomé su cabello y pareció entender porque su lengua hacía más presión sobre mi clítoris pero su boca también se recargaba más sobre mis labios y ahí minutos después tuve otro orgasmo que le apreté su cabeza con mis muslos.

    Dormimos casi instante, al otro día compré una pastilla del día siguiente, ya en la farmacia tanta era mi premura que sentí como estaba toda pegostiosa y percibí el olor a sexo.

    No hablamos nada al respecto y nos fuimos a nuestra casas cada quien. Han pasado ya trece días en los que quiero repetir eso, disfrutar al máximo solo ya dejarse de prejuicios y todo y gozar y por más que me he tocado quiero yo tenerlo dentro de mi.

    No puedo con esto, incluso he empezado a salir sin ropa interior o cuando la uso dejarme de fuera un poco de la tanga, o mostrar más los senos me estoy haciendo una puta.

    Y solo siento esta ansiedad esta necesidad.

  • Mi primer relato ha tenido consecuencias inesperadas

    Mi primer relato ha tenido consecuencias inesperadas

    Como dice el título, mi primer relato ha tenido consecuencias.

    El pasado sábado mi mujer se puso como otras veces con el ordenador, después comimos. Al acabar de comer, me dice, “salgo a comprar algunas cosas». Le digo, vale.

    Llega a última hora de la tarde con varias bolsas y le pregunto “qué has comprado?, ropa como otras veces?” Me dice que sí, que ya la veré en otro momento, que ya es hora de cenar y se va a la habitación. Se cambia y va a la cocina, preparamos juntos la cena y cenamos.

    Después de cenar me comenta que tiene ganas de acostarse, que me espera. Recojo la cena y al cabo de poco rato voy a la habitación. Está acostada con la sábana encima. Me acuesto y acto seguido, noto un roce en mi pierna de una bota de cuero. De golpe levanto la sábana y me la veo vestida con una chaqueta de cuero, blusa blanca, minifalda de cuero y botas. Pienso enseguida, madre de Dios!!!

    Entonces le pregunto, cómo es que te has vestido así, sino te gusta, de novios ya me dejaste claro, que no te gustaba vestir así, ni llevar botas y me contesta “mira, hacía tiempo que te quería dar una sorpresa y aquí la tienes». Le digo, uf, gracias, ya sabes que me pongo a mil… Ella me contesta, “sí, claro, ya lo sé y se sonríe.

    De golpe pone su mano derecha debajo de la almohada, me agarra fuertemente mi mano derecha y me empieza a atar con unas cuerdas, me junta la otra mano y me ata fuertemente. Le digo, ey, qué haces? Me contesta “nada, mira, ya ves, te he atado las manitas” Suéltame, venga. Vuelve a poner la mano bajo la almohada y saca unas esposas y me las coloca en las muñecas también. O sea me ha atado las manos con cuerdas y esposas. Le digo, que me suelte, que no me gusta. Es al revés, hacérselo a ella. Y me contesta “Tú que te crees, no estás en disposición de mandar, sabes por qué te hago esto? Porque he leído antes de comer en tu carpeta de documentos, un archivo word en el cual has escrito un relato. Te parece bien, escribir éstas locuras, pues ahora tienes tu propia medicina, lo vas a pagar caro» Le digo, no, por favor, suéltame. Se ríe, coge debajo de la almohada un collar de cuero y me lo coloca, “qué haces? para ya». Acto seguido le coloca una cadena al collar.

    Ella se levanta y me tira de la cadena. Nos quedamos cara a cara mirándonos. De golpe, me dice, “tanto que te gustan las botas en las chicas, ahora me las vas a lamer” le digo que no, por favor y me dice, venga, ya. Me agacho con dificultad al tener las manos bien atadas con las cuerdas y esposas y empiezo a lamerle las botas, mmm. Me tira de la cadena y me levanto. Entonces me dice, venga acaricia todo mi cuerpo, así con mi chaqueta, faldita, como te gusta. Empiezo a tocar su cuerpo, con mis manos atadas.

    De golpe me dice basta, sácame mi tanga. “Muy bien. Ahora a lamerme el coño» Empiezo a lamerlo y está chorreando, estoy un rato así. De golpe me dice “basta”. Túmbate a la cama, me tumbo. Coge otras esposas y me fija mis manos atadas al barrote de la cama. Coge el tanga todo húmedo y me lo va a poner en la boca, le hago que no, con la cabeza. Entonces me tapa la nariz, abro la boca y zas, me coloca el tanga dentro. Acto seguido coge cinta adhesiva gris y me va amordazando con varios trozos, “mmmm”.

    A continuación delante de mí, se empieza a desnudar. Queda completamente desnuda y con las botas puestas.

    Empieza a lamerme todo el cuerpo, me rozan sus botas por todo mi cuerpo. Abre un cajón de su mesita, coge unos guantes de piel y se los pone. Acto seguido empieza a acariciar todo mi cuerpo con los guantes de piel. Me agarra la polla fuertemente y me la empieza a menear. Acto seguido se la introduce en su coño fuertemente, mientras empiezo a gemir “mmmm“, moviendo mis manos atadas fuertemente al cabezal. Estaba atado, amordazado, completamente a su disposición. Siguió follándome sin parar un buen rato. Cuando paró, estaba exhausto y me susurró al oído “aquí tienes tu castigo por haber escrito un relato públicamente “

    Se quitó los guantes y las botas, se acostó a mi lado y me dejó toda la noche atado y amordazado.

    Hasta la mañana del domingo me tuvo así, luego me desató y me quitó la mordaza…

    Así que ya sabéis todos, lo que me sucedió la pasada noche del sábado.