Autor: admin

  • El regalo: Un antes y un después (Décima parte)

    El regalo: Un antes y un después (Décima parte)

    Había dejado preparada la comida, revisado sus deberes y alistado sus uniformes de deportes. Mis pequeños jugaban, revoloteando en la sala y correteándose alrededor de la mesa del comedor. Felices, llenos de energía esperando la llegada de su padre. Demoraba un poco… Y ya lo extrañaba.

    Estando en mi alcoba matrimonial, fui retirando de mi cuerpo la ropa de aquel día. La americana del sastre ya colgaba al interior del guardarropa. Mi blusa con sus mangas arrugadas, la falda con sus pliegues extendidos. Los zapatos de tacón mediano para lustrarlos otro día y posteriormente las medias de liga vueltas al revés y listas para tirar a la basura por una desastrosa rasgadura causada por mis uñas, reposando enredadas sobre la funda nórdica de mi cama. Pero al agacharme el pendular movimiento de aquella obsequiada cadena dorada con ese delicado ángel de alas extendidas, golpeó suavemente mi mentón. Y no solo fue esa parte de mi rostro, también golpeó mi pensamiento y en el sentimiento de ser yo para otro hombre, la causa de su sexual renacer. ¿Y el mío también?

    La retiré con cuidado, acariciando con la yema de mis dedos sus elaborados eslabones planos entrelazados y busqué con mi mirada un lugar, un espacio donde guardarla y ocultarla de la visión de Rodrigo. ¿Dónde? Y un minuto después, allí sentada en el borde de la cama pensé… ¿Y por qué? No iba a ocultar nada más, era una decisión tomada, así que la coloqué sobre mi baulito de madera donde guardaba mis otras joyas. Retiré también mi brassier y en panties ingresé en el baño para darme una ducha rápida. Por pijama de nuevo aquella camiseta ancha y larga de mi esposo. Lo esperaría así, quizás si me viera usándola, él tal vez entendiera que yo era exclusivamente suya y de nadie más. Ojalá recapacitara y me dejara hablar.

    —Bien jefe, y pues colorín colorado, ese cuento está terminado. ¡Jajaja! —Había terminado de explicarle a don Augusto la negociación y sus términos.

    Paola a nuestro lado no dijo nada. Mi jefe se percató de ello y con algo de preocupación en su rostro me solicitó que me retirara, dejando a mi rubia tentación a solas con él.

    —Paola, te espero fuera para acercarte hasta el hotel, si quieres. —Le dije, apoyándome sobre el marco de aluminio de la puerta de aquella oficina.

    —Anda nene, que caballerosidad, por supuesto que sí. Consígueme un café y ya te busco. —En sus ojos pude observar algo de nerviosismo y en el tono de sus palabras algo de inquietud.

    Sin pensar en nada más fui hasta mi escritorio para dejar mis cosas listas para el siguiente día y luego fui por los dos cafés. Ya estando fuera, pasaban los minutos y Paola no llegaba, terminé con mi cigarrillo y dejé el vaso desechable del café para mi rubia compañera sobre el techo de mi auto, mientras revisaba mi teléfono por si tuviera alguna llamada o mensaje de Silvia. ¡Nada!

    —Disculpe usted joven. —Me dijo alguien desde atrás de mi coche–. Un hombre alto, calvo y gordo, vestido con una cazadora de cuero marrón y pantalones blancos y anchos, por zapatos unas botas de caucho que le llegaban casi hasta las rodillas, amarillas y sucias.

    —¿Este coche está para la venta? —Ehhh, no. ¡No señor! Este auto no está en venta. —Se refería al auto de mi jefe, sí, el mismo Seat. El hombre daba vuelta a su alrededor y acercando sus manos a modo de visera, sobre la ventanilla del lado del conductor, se deleitaba con su interior.

    —Pero aquellos de allí ¿los ve? De esos puede usted escoger el que más le guste. ¿Quiere observarlos? —Le comenté.

    —Quizás otro día, ahora voy retrasado para mi casa, es por allá. —y me señaló con su dedo el lugar, unas calles más al sur.

    —Si llegó más tarde mi esposa me descuartiza. Debo tenerle preparada la comida. Solo pasé a mirar bien este coche, llevo algunos días interesado en averiguar por él. Es una lástima que no esté disponible, pues tengo el dinero para pagarlo en efectivo. —Y se dio la vuelta por la parte posterior del Seat para finalmente decirme antes de marchar…

    —Vendo muy buenas carnes y embutidos, cuando guste usted se pasa por mí salsamentaría y me hace la compra, es allí, tome este volante. —Por supuesto, lo tendré en cuenta–. Le respondí esbozando una leve sonrisa. Y el hombre, continuó acelerado su camino.

    Un firme taconeo escuché detrás de mí, causando que me diese vuelta y la vi. Venía Paola apresurada y con cara de angustia.

    —¡Rocky, Rocky! Nene me tienes que sacar de este apuro. —Y llegando a mí me abrazó con fuerza.

    —¿Qué pasó Pao? ¿Qué te dijo el jefe para que estés tan preocupada? —Paola solo recostó su frente sobre mi hombro izquierdo y me contó el motivo de su intranquilidad.

    —Es qué mañana en la sala de reuniones, debo presentar a manera de ejemplo el negocio que hicimos ante todos los demás compañeros. Y ajá, no sé cómo lo hiciste. Ni puta idea de los planes de crédito, mucho menos de los tipos de financiación que les ofreciste. Tampoco como les planteaste el negocio del arrendamiento. ¡Ajá Nene! Que voy a hacer mañana el oso delante de todos. ¡Ayúdame, ayúdame! —La noté tan preocupada que me causó primero una inefable ternura y posteriormente, no aguanté mis ganas y solté una sonora carcajada. Es justo contar que aquella risa, motivó en Paola cierto enfado y un soberano pellizco en mi brazo izquierdo.

    —Bueno Pao, no te afanes, yo te explico. Tomémonos algo en algún sitio y hablamos de eso. Este café ya se te enfrío. ¿Vamos ya? —Le pregunté.

    —No Rocky, no puedo ahora. Me quedo. En un rato va a llegar Carlos a buscarme.

    —¿Tu novio? —Y me acomodé el cuello de mi camisa, no porque estuviera mal, sino para que Paola no observara la sensación de vacío que sentí de repente. ¿Celos? Sí, algo de eso sentí.

    —Vaya, está bien, vete con él. —La tonalidad melancólica en mi voz no pasó desapercibida por Paola, y ella solo hizo un gesto con su cabeza de afirmación, mientras soltaba sus manos de mi brazo.

    —Rocky, vamos a comer algo por ahí pero… ¿Será prudente si nos conectamos más tarde por video llamada y me explicas bien? No quiero importunarte. Ya suficientes problemas tienes con lo de tu esposa y tal vez a ella le moleste si te llamo.

    —No te preocupes por eso Pao. ¿Qué tal a las diez? —Le dije y a Paola le pareció bien.

    Nos despedimos allí con un beso mío en su mejilla y un… ¡hasta más tarde! de mi rubia tentación. Arranqué para mi hogar, feliz por lo productivo de ese día y también pensativo por lo que había sucedido entre aquella rubia y yo. Nos habíamos besado, acariciado un poco y eso no era todo. Lo que sentía por Paola ya traspasaba un poco aquella línea roja del mero deseo. Me gustaba y me sentía muy cómodo, tranquilo con ella a mi lado. Un poco de culpa, más no sentía que fuese una traición en toda regla hacía mi mujer, aunque quizás en parte la mereciera.

    Escuché la puerta abrirse y la algarabía de mis dos hijos para recibir como siempre a su padre. Me apresuré a salir de la alcoba y tras recorrer los pocos pasos que me separaban de la entrada, me quedé un momento allí de pie en el pasillo para observar, la misma escena de siempre, con Rodrigo de rodillas, mi hijo menor bajo su estómago y la mayor encima de su espalda. Los dos esforzándose con sus manitas para causar en mi esposo, las carcajadas exageradas por las cosquillas recibidas, pero en aquella ocasión no podía, pues Rodrigo entre sus dientes, sostenía apretada una bolsa de papel mediana. El olor tan característico de pan, carne asada y papas fritas, llegaba hasta mi nariz.

    —¡Hola mi vida! Lo saludé amorosa. —Espera te ayudo con esas hamburguesas. Y tras decir estas palabras mágicas, la batalla cesó.

    Mis niños al escuchar aquella palabra, detuvieron el «feroz» ataque hacía su cansado padre y de inmediato cambiaron las amenazantes cosquillas por tiernos besos y apretados abrazos de agradecimiento. Me agaché, tomé de su boca aquella bolsa y aprovechando su indefensa posición, acaricie su rostro y le besé en la frente. Rodrigo me miró algo serio, seguro dándose cuenta de que usaba su camiseta de deporte por pijama.

    —Rodrigo… Eso no se hace amor. Yo esforzándome por tenerles algo de comida decente a estos niños y llegas tú con esta… Hummm ¡Qué delicia! —Mis hijos brincaban de alegría.

    —Así no se puede Rodrigo, me dañas todo con estas hamburguesas y las papitas fritas. —Extrañamente, mi esposo alzando en cada uno de sus brazos a nuestros dos hijos, me miró y me sonrió, después de tantos días de caras largas.

    —Hummm, es que tenía antojos Silvia, y pues solo pasaba por el frente del local y te juro que escuché como si me llamaran. Pensé en estos dos terremotos y pues ya llevábamos tiempo sin probar estas delicias. —Cielo, ehhh… La tuya sin queso y con bastante cebolla es la más grande–. Las otras tres más pequeñas son para nosotros. —Me dijo, mientras con sus dedos abría un poco la bolsa para señalar cuál era la mía.

    Así como si nada, dejándome de piedra y tal vez, no lo recuerdo bien, mirándolo con la boca abierta. ¿Cielo? A ver, a ver. ¿Ese era el mismo hombre enojado de días anteriores? ¿Me lo cambiaron en alguna parte? Y… ¿Quién?

    —Y eso mi vida… ¿No tienes hambre? —Terminé por preguntarle, mientras colocaba los platos en la mesa del comedor. Algo había pasado con él. ¿Pero qué? Y tratando de no ser tan evidente, me fije en su rostro, en su cabello y obviamente en su ropa. Busque algún gesto o un mínimo detalle, que pudiera aclarar ese repentino cambio. ¡Nada! Simplemente él estaba feliz.

    —La verdad no mucha. Es que el cliente nos invitó a almorzar para celebrar el negocio y en verdad quedé muy satisfecho. Hoy nos fue muy bien. —Me respondió al tiempo que sacaba del refrigerador una cerveza.

    ¿Nos? Y de inmediato saltaron por los aires de aquella estancia, mis alarmas. ¿Quiénes? ¿Con quién había estado mi esposo en ese viaje?…

    —Espera, espera. Cómo así qué… ¿Nos fue? A ti y… ¿A quién más? —Le pregunté, ya un poco con la mosca detrás de la oreja. —Voy a darme una ducha antes de comer, ustedes vayan comenzado sin mí.

    Y diciendo esto descolgó amorosamente de sus brazos a los niños y se fue hasta el cuarto de invitados, sin responder mi pregunta. Pensé que debería revisar su camisa o la ropa interior, un cabello, un aroma desconocido o un rastro de lápiz labial que me confirmaran mis infundados temores. Obviamente no pude indagar más pues las ansias en mis hijos por devorar sus hamburguesas me lo impidieron.

    La verdad que no se demoró en el baño y regresó con su camiseta amarilla de la selección Colombia, autografiada por varios de los jugadores y un bóxer negro. El largo de aquella camiseta no me permitió observar el bonito bulto que se le formaba y que tanto me excitaba, pero si algo de sus redondas nalgas. ¿Sus? No perdón, mías. Eran solo para mí.

    Cuando terminamos todos de cenar, mis hijos le pidieron que les leyera un cuento. Rodrigo tomó el grueso volumen de las historias de los Hermanos Grimm y se fue a sentar en el sofá de la sala, pero mi hija mayor le pidió que fuera mejor en la… ¿Nave espacial? No entendí en su momento a qué se refería mi muñequita, pero entonces los vi caminar a los tres por el pasillo, sonrientes dirigiéndose hasta la alcoba de invitados donde mi esposo había decidido vivir su vida sin mí.

    Estando allí extendió aquel sofá cama, arregló un poco el edredón y se recostó mi esposo colocando tras su espalda su única almohada y apretujados junto a él, mis hijos le abrazaron, comenzando aquella rutinaria lectura antes de dormirlos.

    —Mi amor, pero que no se duerman porque aún les falta el baño. —Le solicité de manera algo autoritaria.

    —Por un día sin baño no creo que mañana vayan a oler a pescado. Déjalos, solo por esta vez. —Y acariciando sus cabecitas, continuó con la lectura.

    —¡Mamita, mamita! ¿No quieres tú también meterte en nuestra nave espacial? —Me preguntó mi pequeño bebé. En seguida miré a Rodrigo y él ya me observaba, palmeó a su costado derecho, haciendo para mí un espacio en aquella «nave espacial». Sonreí y con cuidado sortee la maraña de piernas y fui acercándome a él.

    No me abrazó como siempre lo hacía, tal vez por tener sus manos ocupadas pasando las páginas ilustradas de aquel libro, por lo cual yo delicadamente por detrás de su cuello, acaricié sus cabellos, ofreciéndole con mis dedos un placentero masaje. Otra vez como siempre unidos en familia, todo como antes, sintiendo su calor. Mis hijos felices, Rodrigo calmado y haciendo a veces la voz de un ogro malo o la de variados monstruos, cambiando el tono si el personaje era el de un caballero valiente o de la delicada princesa en apuros, según lo iba relatando.

    Pero… Mi corazón presentía que algo no estaba bien, a pesar de estar allí tan juntos, de nuevo. Era un cambio muy abrupto, me esperaba otro tipo de situación y eso me había descolocado. Estaba esa noche muy sorprendida y de verdad, algo preocupada. Y aún me faltaba hablar. No solo a mí, quizá a los dos.

    Cumplidos unos veinte o treinta minutos de lectura, el sueño venció a los niños y Rodrigo se encargó de llevarlos a su alcoba y yo me dediqué a colocarles su pijama y arroparlos bien, deseándoles con un beso, dulces sueños. Apagué la luz y se encendió en mí de nuevo aquella maldita incertidumbre.

    La sala estaba iluminada, con algo de temor avancé por el angosto pasillo y me dirigí hacia allí. Mi esposo estaba sentado en el comedor, revisando algunos documentos y su computador portátil encendido, dando la espalda hacia el balcón. Levantó su mirada hacia mí, se acomodó mejor en la silla y posando sus codos sobre la mesa, entrecruzó los dedos de sus manos, apoyando luego en ellos su barbilla.

    —Y bien Silvia, soy todos oídos, aunque no tengo mucho tiempo Por lo tanto si quieres puedes omitir los detalles y hacerme un resumen de cuantas veces te hizo llegar. —Lo dijo sin premura, despacio y con la clara intención de herirme con cada una de sus palabras. Más no era momento para discutir. Estaba en su derecho a dudar de mí.

    —Ok, le respondí en calma, pero necesito algo antes. —Y me dirigí hasta el refrigerador y de allí tomé una botella de aguardiente que ya estaba casi a la mitad. Dos pequeñas copas de cristal alcancé del anaquel y el cenicero que nos obsequió nuestra amiga Lara. Me senté frente a Rodrigo, y en un costado coloqué la botella de licor.

    —¿Así de fuerte es? —Me dijo al verme allí junto a él, tan decidida para hablar.

    —Vaya, que bueno, entonces ahoguemos pues las penas en el ardor del alcohol. ¿Un cigarrillo?–. Y acepté su oferta con una tímida sonrisa, mientras servía casi hasta el borde las dos copas.

    —Espera los traigo, están en el bolsillo del pantalón y lo dejé encima del lavabo. —Sé bien que abrí mucho mis ojos y soplé un mechón de mi cabello, elevando mi cabeza hacia el techo, en clara alusión a que era lo usual en él. Su desorden tan acostumbrado.

    —Lo siento Silvia, se me olvido colgarlo. —Me respondió mirando al piso como un chiquillo regañado. —Tranquilo, yo voy–. Le respondí colocándome en pie.

    —¡Ya estoy acostumbrada a tu desorden! —Y le sonreí, mientras Rodrigo buscaba con su mirada algo.

    Fui hasta el baño auxiliar y efectivamente, –tirado sobre el mueble del lavabo– estaba su pantalón de jean. Aproveché para revisar el cuello de su camisa y no hallé rastros de alguna descuidada culpabilidad. Me sentí mal por dudar de mi esposo, pero es que… Sí, lo sé. «La que las hace las imagina». Tomé el encendedor y la cajetilla de cigarrillos, su camisa y el pantalón los dejé en la cesta de la ropa para lavar, al igual que sus medias. Colgué en nuestro armario la bomber de gamuza café que yo le había obsequiado y fui decidida para hablar ya resignada a mi suerte con mi esposo.

    Rodrigo ya estaba fuera en balcón esperándome con las dos copas de aguardiente en sus manos.

    —Mi vida, le hablé… Antes que nada quiero que sepas que te am… —Me interrumpió apoyando su dedo índice sobre mis labios.

    —No digas palabras que no sientes y sobre todo Silvia, después de todo lo que has desecho.

    —No amor, en serio que sé perfectamente lo que siento y lo que digo. —Le respondí con suavidad, más con la firmeza necesaria en mis palabras, para darle a entender mi sincero sentimiento.

    Cogí de la cajetilla un cigarrillo y lo llevé hasta mi boca. Recuerdo que mis manos temblaban y no podía encender ese cigarrillo. Me giré un poco, acercando mi rostro a la amarillenta flama y vi a mi esposo sonreír.

    —¿Quieres uno mi vida?–. Le pregunté.

    —Humm ahora en un rato es que debo alistar unas tablas para… —Y se fijó en mis nerviosas manos, tratando de encender el cigarrillo, apurada también por la brisa que soplaba esa noche. Se acercó a mí para ofrecerme su ayuda. Encendió el mío y luego otro para él, finalmente. Y me abrazó.

    —Silvia, solo quiero saber por qué. Los detalles no me importan, solo… —¡Pufff! suspiró profundamente para posteriormente, darle una buena calada al cigarrillo y por completo de un sorbo, beberse el primer aguardiente.

    —Mi vida, créeme que no lo sé bien… O sí, pero es que no entiendo por qué sucedió. Ni sé por dónde empezar. —El prólogo siempre es una buena idea para preparar al que va a leer o escuchar, como yo, en este caso–. Me respondió.

    —Ok, Esta bien. Y tras dar el primer sorbo de aguardiente, continué.

    —No hemos tenido sexo, lo juro por lo más sagrado… ¡Pero si nos hemos besado! —Y tras esa dura revelación sus brazos se descolgaron a mis costados, dejándome huérfana de su abrigo. Se dio vuelta, dejando el cigarrillo prisionero entre sus labios y sus manos, esas las dejó aferradas a la baranda metálica del balcón. Sentí el frio de su dolor al levantar su cabeza mirando al firmamento. Escuché sin disimulo su quejumbroso y largo suspiro. Caí en cuenta de la profunda herida que le causaba con mi confesión, lo vi tomar aire por la nariz y mirando a un algo más allá de la copa de los árboles del frente, lloró.

    Y entre sus sollozos le oí decir aquellas palabras, tan imaginadas por mi esposo… —¡Lo sabía, maldita sea, lo sabía!

    —Mi amor, perdóname. ¡Perdóname! —Le dije mientras yo lo abrazaba por detrás con todas mis fuerzas. Pero Rodrigo echó hacia atrás su espalda, mostrando claramente su enfado y las ganas de que yo no me acercara a él.

    Empecé también a llorar y desgonzada por la pena y el arrepentimiento, me dejé caer de rodillas sobre las baldosas, rodeando con mis brazos sus piernas. Tomé aire, me bebí el poco aguardiente en mi copa, tenía que continuar mi confesión, aún a costa de infligir tal vez, mayor dolor en mi esposo y por supuesto con el temor a perderlo todo.

    Rodrigo dio la vuelta y con suavidad me tomo por debajo de mis brazos y me levantó. Sin embargo me soltó y se encaminó hacia el comedor y de la mesa tomo la botella y se sirvió otra copa. Se acercó a mí y llenó la mía igualmente.

    —Ok, Silvia, a lo hecho, pecho. ¿Te gustó? —aún resbalaban por sus mejillas las lágrimas.

    —No fue nada espectacular, pero sí, lo reconozco. Me gustó, le respondí. —Pero déjame continuar por favor. —En ese momento la que volteo la espalda fui yo, para mirar al exterior por el balcón.

    —Mi vida, mi jefe está mal en su matrimonio. La semana pasada cuando regresó del viaje a Nueva york, se mantuvo encerrado en su oficina. Yo supuse que algo no estaba bien con él y sin pedir permiso, ingresé en su despacho para encontrarme con la imagen de un hombre distinto al que yo conocía en todos estos meses a su lado. Su prestancia y orgullosa entereza, la seguridad que demostraba todos los días al llegar a trabajar, no estaba. —Y aspiré el poco tabaco que quedaba en mi cigarrillo.

    —Mi amor, verlo así me confundió. Solo mirarlo allí sentado en el borde del sofá, derrotado y con la cabeza entre sus manos, me causó un sentimiento de pesar y surgió un poco de ternura. Lloraba casi en silencio, me acerqué a él y posé mi mano en su hombro. Le dije que se calmara y que todo lo malo pasaría, sin saber qué le ocurría o porque razón sufría. —¡Puff! en ese instante de esa noche, la que suspiraba era yo, al recordar y relatarle a mi esposo la escena. Y me coloqué de lado, buscando el cenicero para dejar allí la colilla.

    Me dio por acariciar su cabello y el entonces levantó su rostro y sin decirme nada se puso en pie frente a mí, una sonrisa sincera me obsequió, para de improviso, sorprenderme con un beso. Yo mantuve en un comienzo mi boca cerrada y el sencillamente me abrazó con fuerza y de a poco me fue llevado de para atrás, hasta dar yo de espalda, mis nalgas contra el filo de su escritorio. Rodrigo se mantenía en silencio, mirándome con la tristeza del engaño reflejada en sus bonitos ojos cafés, bebiendo mucho más despacio su copa de aguardiente.

    —Te juro que no sentí nada… Atractivo o sexual en ese beso precipitado. Estaba sorprendida por aquella reacción de don Hugo. Pero él no me soltaba y debido a su peso me inclinó sobre la mesa y continuó presionando sus labios sobre los míos y sentí su… Él logró meter una pierna en el medio de las mías, su llanto mojaba mis mejillas y de paso humedecía mi boca y… Acepté ese beso, abrí mi boca y dejé que su lengua se introdujera buscando la mía. Nos besamos un rato largo, pero luego reaccioné y lo aparté con decisión. Los dos nos observamos como extrañados y confundidos. No me dijo nada y yo tampoco se lo reproche. Salí de la oficina confundida y me encerré en el baño. No pasó nada más, te lo juro.

    —Pero Silvia, esa noche él te trajo hasta aquí, no es verdad. Y… ¿No hablaron? ¿No averiguaste que le pasaba? —Me preguntó mi esposo, intercambiando nuestras posiciones, él para el balcón y yo hacia nuestra sala.

    —No mi vida, en serio que teníamos mucho trabajo en la oficina, preparar unos informes para su viaje esta semana a las filiales de la empresa en Portugal y en Inglaterra, también debíamos arreglar unos detalles que a él, increíblemente se le habían pasado por alto cuando estuvo en Nueva York. Sin embargo quedó todo a medias y se ofreció a acercarnos a todas hasta nuestros hogares. Yo no fui la última, por eso no pude hablar con él y llegué a casa con ganas de abrazarte y que me hicieras sentir tuya. Por qué lo soy mi vida, soy tuya. —Y por fin Rodrigo sonrió esa noche desde la penumbra del balcón y avanzó hasta llegar a mi lado, sentándose conmigo en el sofá, para luego tomarme de la mano y entonces yo, me recosté sobre su hombro, con la firme intención de revelarle toda la verdad.

    —Estaba confundida, me sentía culpable y por eso el fin de semana me notaste distante. Pero no era contra ti, era por mí, me sentí sucia, traidora pero necesitaba pensar en la causa de que yo lo hubiera permitido. Cariño, mi jefe nunca, jamás había tenido conmigo o alguna de mis compañeras un roce inapropiado o unas frases de doble sentido. Nada. Todo en él era tan correcto, demasiado parco y distante para mi gusto. Pero en fin, pensé en tantas cosas, me sentía culpable, y estaba preocupada de que yo le hubiera dado alguna vez un motivo, me preguntaba si alguna mirada mía le había parecido vanidosa o coqueta. También repasaba en mi mente si yo con algún gesto, le hubiese podido causar que mi jefe, interpretara aquello como una aprobación, una invitación mía para intimar, tener algo con él. Lo siento amor, de verdad lo siento.

    —¿Otro trago? Me preguntó. —Sí, por supuesto–. Le respondí.

    —Con otro cigarrillo pues falta otra parte. Esta noche mi amor, te contaré todo, pase lo que pase. Decidas tú, lo que quieras hacer con nuestras vidas, de ahora en adelante. —Y Rodrigo llenó de nuevo las dos copas y en su boca colocó dos cigarrillos, para luego dirigirnos los dos, fuera en la intimidad de nuestro balcón.

    —Ok. Entonces Silvia, el primero te forzó pero luego tú… Lo aceptaste. Entonces por lo que veo, no podemos denunciarlo por acoso laboral. —Y yo reaccioné apresurada a sus palabras, al tiempo que tomaba de su boca un cigarrillo ya encendido.

    —¡No! ¿Por qué habríamos de hacer eso? —Le respondí en voz alta y de manera precipitada.

    —Ahhh, entonces no sólo te no te disgustó el beso, sino que ahora lo defiendes. Qué bien Silvia, muy bonito. —Y caí en cuenta que mi actitud distaba mucho de ser perdonada. No supe porque reaccioné así.

    —Rodrigo, es qué no es justo. La verdad es que mi jefe no estaba actuando en sus cinco sentidos. Está… Él está dolido porque su mujer lo engaña. —Rodrigo me observó detenidamente, rascándose la frente sin comprenderme todavía.

    —A ver te sigo contando. El lunes al regresar a la oficina para terminar con la preparación de los informes, sobre todo el que había dejado a medias en Nueva York, él no había llegado. Me metí en su oficina para darme cuenta de unas maletas de viaje, puestas al lado de su escritorio. Un portarretratos estaba boca abajo sobre el escritorio y allí también abierto estaba un portátil que yo no había visto antes. Tomé en mis manos aquella enmarcada fotografía para colocarla en pie, y por casualidad rocé el teclado; la pantalla se iluminó, dejándome ver un circuito cerrado de TV. Eran cuatro cámaras mostrando diferentes estancias de una casa. No había nadie allí. —Mi esposo me observaba expectante ante mi relato, terminando con su bebida y el cigarrillo consumido, lo oprimió en el cenicero de cristal.

    —Mi vida, sabes que soy muy respetuosa con lo que no es mío, y no me meto donde no me llaman, pero había una pestaña minimizada que me causo intriga y la curiosidad me ganó. Amplié la ventana y allí había un vídeo pausado. Una mujer desnuda sobre un hombre muy atlético y la verdad, muy atractivo. Tenía temor de que me pescara alguien en esa oficina, pero no me contuve y le di al play de esa grabación. La mujer estaba de espaldas hacia la cámara, que los enfocaba diagonalmente. Ella cabalgaba con delirio sobre su amante, gemía duro así que tuve que bajar el volumen al máximo para que nadie se percatara de mi intromisión. No la reconocí en principio pero en un momento ella, seguramente en éxtasis por llegar a su orgasmo, se echó hacia atrás un poco y pude ver su rostro.

    —¡Amor, era ella! La misma de la fotografía que tenía yo en mis manos. Y allí entendí la situación por la que mi jefe se encontraba y pues, creí que era debido a eso, la reacción que tuvo conmigo ese viernes. —Rodrigo volvió hasta la mesa del comedor, para revisar algo en el portátil. Luego miró su reloj y tomó su teléfono móvil. Se sirvió otro trago de aguardiente y me dijo…

    —Uhum, entiendo. El hombre está mal sentimentalmente y busca refugio en una de sus secretarias. Listo, es medianamente razonable pero… ¿Y tú por qué motivo Silvia?. Por qué te dejaste bes… Tú, tú lo besaste Silvia y eso que decías no saber la causa esa noche. Aclárame ese punto, por favor. —Y finalmente me vi enfrentada a la realidad que tanto me costó entender y dilucidar con plenitud.

    —Necesito un trago–. Y fui directamente por la botella. De ella directamente bebí, causando en mi esposo más incertidumbre. —Rodrigo se sentó en una esquina del sofá y yo me hice en el otro extremo.

    —Sinceramente, porque lo que yo creía ya olvidado, regresó esa noche. –¡Puff! Suspiré profundamente y continúe.

    —Llevamos ya muchos años juntos, después de que me dejé arrastrar por ese hombre. Y no había pensado que me volviera a ocurrir. Te amo Rodrigo, y estamos bien, a pesar de nuestras dificultades económicas y nuestros pequeños disgustos. Pero… Y carraspee antes de proseguir.

    —Me sentí deseada de nuevo mi amor, deseada por otro hombre diferente a ti. Una boca diferente a la tuya, unos labios distintos, diferente la manera tan afanosa de besarme él. Pero después de analizarlo ese fin de semana, comprendí que también contribuyó el hecho de que fuera mi jefe, ese hombre antes tan tosco y huraño, tan distante y ajeno el que me tomaba entre sus brazos y me besaba apasionadamente en medio de sus sollozos. Él como yo, tan prohibidos y sin embargo en esa oficina por unos instantes… Entregados como si fuéramos antiguos amantes. —Bebí otro trago y sin que mi esposo lo pidiera, llené su copa igualmente.

    —Algo más ocurrió este lunes, algo que me hizo temer por lo nuestro. —Y me puse en pie para ir un momento hasta la habitación de mis niños y revisar que estuvieran dormidos.

    Al volver, Rodrigo estaba estirado cuan largo es sobre el sofá, quitándome un espacio donde poder acomodarme. Así que opté por arrodillarme a su lado, no quería hablar muy alto para no despertar a mis hijos o que algún vecino pudiese escuchar nuestra conversación. —Le tomé su mano izquierda y la apreté con fuerza.

    —Mi amor, yo no voy a volver a caer con otro hombre. Te juro que lo que te voy a contar es toda la verdad de lo sucedido y que lo hice debido a las circunstancias tan apremiantes. —Rodrigo que miraba al techo, al escucharme decir aquellas palabras giró su rostro hacia mí, temeroso, angustiado.

    —En la oficina nos apurábamos entre todas para terminar de organizar los folders y las carpetas para presentarlas esta semana en Lisboa y en Londres. Pero la urgente era la de las oficinas principales en Nueva York. Y don Hugo no daba señales de vida. Al medio día recibí después de la tuya una llamada de su móvil. Era una mujer la que me hablaba, pidiendo ir a un hotel donde se encontraba ella con mi jefe. Le urgía que fuera yo hasta allí, muy cerca de las torres de nuestras oficinas. Así que al llegar allí, la mujer me recibió en la habitación y me contó que había sido contratada por él. —Y entonces Rodrigo me interrumpió.

    —Espera. Entonces el hombre se decidió a echarse una canita al aire, supongo que en venganza. Bueno al menos se desquitó con otra mujer y no contigo. ¿O No? —Y me miró fijamente para esperar observar en mi rostro alguna reacción.

    —No Mi vida, estaba borracho por completo. Tendido sobre la cama y desnudo de cintura para abajo. La mujer me comentó que no fue capaz de hacer nada con ella. Que solo le dio por beber whiskey hasta perder el conocimiento y solo en su borrachera, le pidió llamarme. Y tras contarme aquello, la chica se marchó a cumplir con otro servicio. Me quedé allí con mi jefe, sola y pensando en cómo solucionar la situación pues era urgente su firma en los documentos para enviar. Pedí un servicio a la habitación con sopa caliente y café para recomponer el estado de don Hugo, pero lo que sucedió fue que le dieron ganas de trasbocar lo poco que me había recibido. Lo llevé hasta el baño para que vomitara y así recobrara en algo la conciencia. Fue cuando tú y yo hablábamos, mi jefe se resbaló y se golpeó. Ese fue el ruido que escuchaste ¿Recuerdas? —Mi esposo asintió con su cabeza y me hizo un gesto con su mano para que continuara.

    —Mi amor, estaba desesperada, créeme. Y entonces recordé cuando alguna vez llegamos de la fiesta de celebración por nuestro aniversario, yo tan ebria que no me sostenía en pie y que tenía esa estúpida reunión de gerencia muy temprano y tú decidiste meterme bajo la regadera y ducharme con agua fría. —Rodrigo se sonrió recordando aquel vergonzoso momento.

    —Pues mi vida, tome la misma decisión. Lo terminé de desvestir y con esfuerzo lo metí dentro de la cabina y abrí el grifo con la esperanza de que se despertara. Pero no sucedió eso, se quedó allí en el piso enroscado, sin moverse para nada.

    —Humm, entonces tú te metiste junto a él bajo la ducha y por eso tu brassier y los panties mojados. Ya comprendo. Pero… Podrías habérmelo contado tal como ahora y yo no hubiera pensado mal de ti. Te hubiera entendido Silvia. ¿Por qué no lo hiciste? Has dejado avanzar esto demasiado. —Miré a mi esposo con ternura y sin embargo dentro de mí, surgió el temor a su reacción por el faltante de aquél relato.

    —Es que… Él estaba desnudo y yo en ropa interior. Se fue recuperando. Yo lo tuve que sostener, ayudarle a mantenerse en pie bajo el agua fría. Te juro que yo no hice nada para que a mi jefe se le… Se le puso duro el pene y lo sentí en mi vientre. Me aparté amor, no te miento, pero él se aferraba a mí y yo no resistí la tentación de observárselo. Lo comparé en tamaño y grosor con el tuyo, no te enojes es algo normal en nosotras las mujeres, creo. Pero para nada es muy distinto al tuyo. Nada que me hiciera pensar en hacer locuras como en las películas porno que hemos visto. La tuya es más bonita, algo más grande. —Mi esposo se acomodó en el sofá, recogiendo sus piernas hasta rodear sus rodillas con los brazos.

    —Pues gracias por el detalle Silvia, no sabes cómo me haces sentir mejor. ¡Por Dios! No sé qué pensar. En serio. —Traté de tomar su mano nuevamente pero la apartó sin brusquedad.

    —Sin embargo, continué, don Hugo intentó acercarme a él, acariciándome la espalda por encima de las nalgas y tratar de besarme de nuevo. Y apareciste tú, en mi mente y me diste la cordura necesaria para salir de allí y dejarlo solo. Tomé dos toallas y le alcance una. Yo me sequé y él seguía allí como un ente sin conciencia, pero mirándome detenidamente. Me tocó cerrar el grifo y secarlo… Todo. En fin mi vida, que ya un poco recuperado, nos sentamos en la cama tiritando los dos por el frío. Me brindó un trago de whiskey para entrar en calor, sabes que no me gusta mucho y luego vino otro sorbo a la botella. Al tercero ya le insistí de irnos para la oficina, al verlo ya más recompuesto. El caso es que al tomar la botella se me desato el nudo de la toalla y quedé allí desnuda de la cintura para arriba, mostrándole las tetas a mi jefe. La situación era… ¡Mierda! lo siento mi amor. Me excité al ver como los ojos de mi jefe me devoraban. Me hizo sentir deseada por otro hombre diferente a ti. Y entonces él puso su mano sobre una de mis tetas, sentí la tibieza de su palma sobre mi pezón y me besó. Pero hasta ahí. No fue más, no pasó nada más. Me levanté de esa cama y con decisión le dije que ya no más, que nos vistiéramos y nos fuéramos. Y finalmente me hizo caso y llegamos a trabajar, sin decir nada. —Rodrigo se puso en pie como un resorte. Era previsible la reacción de mi esposo y entonces me puse a llorar.

    La diez y diez de la noche. Y la llamada salvadora de Paola no llegaba. Mi esposa había descrito sus aventuras con su jefe y para mí, ella había traspasado la raya que dividía la frontera entre los actos de estúpida inocencia y la marcada infidelidad. Silvia se quedó sentada de medio lado en el piso, llorando. No sentí deseos de voltear a mirarla más, mucho menos de consolarla, habiendo conocido por su propia boca el deseo y las licencias que se permitió con su jefecito.

    —Bueno Silvia, creo que esta dicho todo. Gracias por tu sinceridad. —Y fui hasta la cocina para tomar del refrigerador una nueva cerveza. Me regresé hasta el balcón para fumar el último cigarrillo de esa noche, mientras meditaba sobre mis futuros pasos. Silvia intentó acercarse a mí, pero tan solo con el rencor y la decepción en mis ojos, que ella pudo observar, se contuvo, desistió y desde allí, muy quieta me habló.

    —El ramo de rosas fue un obsequio de él para mí. Los vestidos… Sí, los compró para mí, pero como una excusa para que en la oficina mis compañeras no fueran a pensar mal pues se suponía que lo acompañaba para ayudarle a escoger un regalo de aniversario para su infiel esposa. Te mentí por temor a que precisamente reaccionaras como ahora. —Yo Seguí fumando y bebiendo mi cerveza como si no la escuchara, pero mi esposa continuó.

    —Salimos a almorzar los dos ese mediodía para hablar con calma de lo sucedido. No te llamé porque seguí las instrucciones de tu carta. Su esposa lo llamó y escuché claramente su intención de divorciarse y yo le recomendé hablar con Albert. Y pensando en ti, en lo nuestro mi vida, a don Hugo le dejé claro que no tendríamos nada. Solo una relación laboral o yo renunciaba. Supuestamente todo había quedado claro entre él y yo, pero parece que mi jefe está obsesionado conmigo y hoy, una caja de bombones llegó a mi nombre en la oficina y luego se apareció él con una cadena de oro con un colgante de un ángel, porque para él eso soy yo. Solo una amiga que le acompañó en su tristeza. No soy más que eso, una simple confidente. Y don Hugo no es nada para mí, solo es mi jefe. Aunque tú ahora no me creas. —Y era cierto, aunque apreciaba su sinceridad, sentía que mi esposa me ocultaba sin querer o queriendo, la atracción que sobre ella, ejercía él. ¡Y me dolía!

    —Rodrigo no voy irme a «culiar» con él cómo piensas. Y aunque no te guste, ni me creas yo… ¡Tampoco voy a renunciar! Hoy nos dieron un aumento de salario a todas y a mí un adicional, aunque tendré que viajar ocasionalmente con él.

    —¡No me mires así! Es una orden de la junta directiva, reconocen ellos mi desempeño, la labor que realizo con esmero y mis conocimientos, por lo tanto a veces será imprescindible viajar con él. Es importante para mí, para mi desarrollo profesional. —Y si, la miré con desdén, no me tragaba aquel cuentico de los viajes y el aumento repentino de salario. De seguro el tipo ese, la quería tener a solas para seducirla y terminar con lo que ya había empezado.

    —¡Entiéndeme mi vida! Ganaré más dinero, viajaré y conoceré otros lugares. Puede ser que escale alguna posición en la organización y dejar de ser simplemente una asistente más. Será mejor para nosotros dos, trabajaré por mejorar nuestra situación económica. Por ti y por nuestros hijos. Si tu mi vida… Si puedes confiar en mí. —Y mi esposa se limpiaba de las mejillas las lágrimas, observándome con una mirada llena de firmeza. Palabras que habían sido meditadas y por supuesto, analizadas. Yo, entre la espada y la pared.

    Tiré la colilla de cigarrillo por los aires con rabia y disgustado, Salí del balcón hacia el comedor. Al escuchar su decisión, tomé la mía.

    Yo me acomodé de nuevo frente a la pantalla de mi portátil y cogí con mis manos el teléfono móvil para buscar el número nuevo, agregado por aquella elegante mujer. Y marqué sin importarme la hora, menos aún, que Silvia se mantuviera de pie, cerca de mí.

    —¿Alo? —Le hablé al escuchar que atendían la llamada después de tres o cuatro timbrazos.

    —¿Sí? ¿Quién habla? —Escuché su armoniosa voz del otro lado de la línea.

    —¡El hombre al que le debes un café!

    Continuará…

  • Fiesta de fin de año (Primer relato)

    Fiesta de fin de año (Primer relato)

    Mi nombre es Valeria, actualmente tengo 45 años pero en los siguientes relatos le voy a contar historias de mi vida que me convirtieron en lo que soy hoy, una ninfómana empedernida.

    Soy rubia, 1.63 m, delgada por naturaleza, de cola chiquita pero firme y mis tetas estaban bien cuando era joven, tenía 85 de busto pero al ser delgada y de espalda chica sobresalían buen del escote. Hoy las tengo operadas, me encanta que me las miren y ratoneen todos los hombres.

    Arranco mi historia cuando tenía 23 años. Conocí a un chico musculoso que jugaba al rugby, nos enamoramos desde el momento en el que nos vimos. Al principio decidimos darnos un tiempo para conocernos antes de tener sexo, pero era primavera, donde vivimos el clima es húmedo y cálido y en primavera ya empezamos a andar ligeros de ropa y verlo marcado me excitaba mucho así que no pasaron mas de 3 semanas cuando me le tire encima y decidí que era momento de dar otro paso.

    Nuestra relación sexual era intensa, tenía la verga mas grande que mis novios anteriores y no podía no dejar de llevármela a la boca cada vez que la dejaba al aire y a él le encantaba que se la chupe y que le chupe los huevos mientras lo masturbaba. Después de calentarlo bien el sexo nunca duraba menos de 40 minutos, no sé cómo hacía pero me hacía acabar siempre mínimo 3 veces antes de acabar él, y me lo hacía como bestia de mil maneras y me ENCANTABA!

    Llegado fin de año, su club sabía hacer fiestas para recaudar un poco de dinero y él siempre participaba. Me dijo que iba a hacerlo esta vez y que si quería me fuese con mis amigas a donde quisiera, que estaba bien, pero yo decidí acompañarlo y ayudarlo, quería arrancar el año sexo y no iba a dejar pasar la oportunidad.

    Ese 31 de diciembre todo transcurrió con normalidad, nos vimos a la tarde, fuimos a la pileta, disfrutamos de un día con su familia. A la tardecita me dejo en mi casa, cabe aclarar que vivo sola con mi mamá, para buscarme después de las 12 de la noche para ir al club.

    Me bañe y me vestí decentemente, en el club no quería generarle problemas con sus compañeros, así que me puse una blusa con tiritas bien ajustada, porque no iba a dejar de marcar mis tetas, y un jeans y zapatos de tacos. No pude evitar ponerme debajo del jeans una tanga tipo hilo dental, porque a él le encantaban.

    Me fui a pasar fin de año de mi papá ya que mi mamá se fue a pasarla con su novio a su pueblo (mas adelante les contare sobre este sucio personaje).

    Todo transcurrió con normalidad, comimos, brindamos y a las 0.30 h del primero mi novio me pasa a buscar como me prometió. Bajo, saludo a todos y nos subimos a su auto para irnos al club.

    -Como estas hoy! Ese jeans de marca todo el culo y esa blusa… parece un body paiting! mira como tengo la pija!

    Agarro mi mano y me la puso sobre su entrepierna y sobre su pantalón logre tocar como la tenía tiesa y lista para la acción. Hicimos 2 cuadras y paro bajo la oscuridad de un árbol,

    – No la puedo bajar, vas a tener que darme una mano.

    – Y que vamos a hacer? vamos a coger acá! y si nos ven?

    – Dale, no nos ve nadie! – mientras se desabrochaba el pantalón y sacaba su pija tiesa para afuera – Me la chupas o te sacas el pantalón y te sentas upa mío!?

    -Y que esperas? que te la chupe y donde descargas?

    Saca de la guantera un paquete de pañuelos descartables y me dice – me limpio con esto, no te voy a pedir que te tragues la leche amor.

    Así que me desabroche el cinturón de seguridad y me incliné a chuparle la pija, después de todo yo la había puesto así. Estuve chupando y masturbando durante 10 minutos, me la metía entera hasta hacer arcada mientras mi novio me manoseaba las tetas y me decía que cuando volvamos a casa me iba coger como nunca, cosa que me calentaba y alentaba a chupar con mas velocidad hasta que de repente me corrió de encima para largar un chorro de semen sobre los pañuelos que ya tenía preparado.

    – Ahh… ahora si estoy mejor, no podía seguir así – me dijo mientras se acomodaba- Vamos amor, la fiesta nos espera – Y salimos hacia el club

    Llegamos al club y enseguida nos fuimos para la barra principal. Me presento a algunos de sus compañeros con quienes íbamos a pasar la noche atendiendo y por suerte algunas de sus novias, me alivio saber que no era la única. Además había una pareja de personas mas grandes, alrededor de 50 años, el hombre era dirigente del club y era el responsable de la fiesta y la mujer lo acompañaba a todos lados y nunca se perdió de ninguna.

    Se empezó a llenar de gente, las chicas eran muy simples, simpáticas y me integraron enseguida, así que nos fuimos a una punta de la barra a atender y a divertirnos entre nosotras mientras aprovechábamos a tomar gratis, como forma de pago por colaborar, y sin darnos cuenta después de 7 jarras de Fernet de menta entre 3 (el Fernet es una bebida de córdoba que nos encanta tomar) ya estábamos empinadas nos reíamos de cualquier cosa, incluso de los cientos de piropos que nos decían del otro lado de la barra.

    En eso se acerca aquella mujer y nos propone una apuesta.

    – Veo desde la caja que ustedes están vendiendo mucho mas que los chicos, hay mas hombres babosos que vienen a comprar que mujeres u hombres solo con sed, vamos a apostar por 1 hora que lado de la barra vende mas y el que pierde le compra 1 botella de champagne a cada pareja, que les parece?

    Nos gustó el desafío, a pesar de que nuestros novios estaban físicamente muy bien, siempre hay mas hombres comprando bebidas que mujeres y creímos que con nuestros encantos íbamos a ganar sin esforzarnos, así que aceptamos. La pareja grande que atendía la caja serían los jueces así que alrededor de las 3 de la mañana arrancamos con el desafío. Las 3 éramos relativamente jóvenes y tengo que reconocer que las otras 2 pibas rajaban la tierra, eran mas altas que yo, tenían culo y tetas para compartir un buen rato y la simpatía les sobraba, no podíamos perder, así que aprovechamos a gatear en la barra.

    Todo fue controlado, nos piropeaban, nos pedían besos y nos daban hasta propina! Nos estábamos divirtiendo mucho, hasta que un momento me acerco a un grupito de jóvenes en el rincón de la barra donde me piden unas cervezas, cuando me acerco a entregarlas, no me dieron tiempo a reaccionar que uno me pone la plata entre mis tetas aprovechando a manosearme un poco.

    -Que haces pendejo! Que te pasa!!?

    -No te hagas gata barata!! nos están calentando a todos las 3 desde ahí y ahora te haces la ofendida, si estas deseando que saltemos la barra y le demos sin parar hasta que salga el sol JAJAJA – todos se rieron y se fueron con sus cervezas

    Eso me bajo un poco el ánimo y como quedaba poco tiempo para que se cumpliera la hora, intente mantenerme un poco mas lejos de la barra para evitar otra situación como esa. No pasaron ni 10 minutos que Analía, la mujer de la caja, nos viene a avisar que arrasamos! Que ahora con su esposo los iba a obligar a nuestros novios a pagar, entre festejos y abrazos se me paso un poco el miedo de la situación vivida y aproveche a disfrutar de nuestro premio con mis nuevas amigas.

    -Vale, me acompañas al baño, las burbujas me cayeron mal, tengo miedo de no llegar sola – me dijo Clara, la mas grande de las 3, habrá tenido unos 27 años, 1.70, rubia de ojos grandes, con un lomo que partía la tierra. Estaba vestida con pollera, tacos y una blusita suelta pero con un escote propio para mostrar sin problemas las enormes tetas que tenía.

    – sí dale, yo también no aguanto mas y creo que tome muy rápido el champagne, mezclar dicen que no está bueno y me estoy dando cuenta de por que lo dicen.

    Ambas salimos caminando casi de la mano, sosteniéndonos ente nosotras hasta el baño. Al llegar, el baño eran los vestuarios y como era de esperar, el de mujeres tenía una cola casi infinita. Pasaron como 10 minutos y no avanzaba.

    – Vale, hace 5 minutos que no entra nadie al baño de hombres, vamos así descargo, no doy mas! total es 1 minuto

    -No sé… si entra alguien!?

    -Cerramos la puerta, hacemos, cuando salimos lo hacemos lo mas rápido que podamos sin mirar mucho y listo!

    -ok, dale, yo tampoco aguanto mas!

    Nos hicimos las boludas y nos metimos casi corriendo al baño. El vestuario apenas entrabas tenías un espacio con los bancos, un paso al final donde ingresabas al área de las duchas y pasando las duchas había otro paso donde estaban los baños. Para nuestro asombro, habían sacado las puertas de los baños (luego me entere que era para que no las rompan los ebrios) así que nos fuimos hasta el último inodoro. Clara se sentó primero, en el camino se venía levantando la pollera y bajando la bombacha para hacer mas rápido. Mientras ella lo hacía me dice que me vaya desabrochando y bajando todo, que era mujer y no se iba a asustar de lo que viera, que no sea tímida, así no nos demorábamos, así que hice eso. Clara termino y me senté enseguida, y no termine de sentarme que empezamos a escuchar que entraban pibes al baño

    -Vale, termina tranquila, nos quedamos acá adentro piolas, cuando terminas te subís un poco todo y salimos corriendo – me decía mientras intentaba mantenerse parada agarrándose de las paredes del cubículo del baño. Nos había bajado mas el alcohol y sumado a un poco de frío que habíamos tomado esperando afuera del baño de damas, ambas comenzamos a tener náuseas y Clara no aguanto mas, salió de mi cubículo y entro al de al lado, se puso en 4 patas y empezó a vomitar!

    -Pero que tenemos acá – se escuchó a lo lejos – si son 2 de las gatas baratas de la barra!

    Reconocí la voz y la frase y supe enseguida quienes eran. Casi sin terminar me levante rápido para buscar a Clara e irnos, pero el movimiento brusco me genero un mareo que no pude contener y me caí para adelante, fuera del cubículo, con los pantalones y la tanga a medio subir, estaba tirada en el piso mugriento mareada sin poder ni hablar. Miro para la puerta de ingreso y veo como 5 muchachos, de no mas de 18 años, se empiezan a acercar. Clara sigue descargando en 4 patas cosa que aprovecharon sin vacilar.

    – Mira como esta esta!? Destruida! Mamita, yo te ayudo a sostenerte – ce acerco, se paró con una pierna a cada lado de ella y con una mano en cada teta la sostenía – Que lindas tetas mamita, me las mostraste toda la noche, ahora me voy a dar el gusto puta de chuparlas hasta cansarme.

    Otro mas petiso se acerca de atrás y mientras se baja los pantalones – Y yo mientras la sostenes voy a empujarla un poco de atrás para que se vacíe y deje de vomitar, así la podemos tirar en el piso al lado de la otra- y se acercó, le levanto la pollera y le arranco la tanga para de inmediato penetrarla por la vagina sin lubricar Se escuchó el grito de Clara y las risas de ambos.

    Intento reaccionar y ponerme de pie pero siento una patada en el estómago que me da el líder – A donde vas gato barato, vos me calentaste toda la noche -y sacando una navaja y acercándola a mi cara me dice – si no querés que te deje marcas en la cara de por vida, hace lo que te diga

    Asiento con la cabeza con los ojos llenos de lágrimas mientras miro como se la siguen cogiendo a Clara y la escucho llorar y suplicar que paren.

    – Desnudate gato barato, sacate todo!

    – No por favor – suplique llorando – te doy lo que quieras pero eso no por favor

    Él se acerca y con la navaja me corta las tiras de la tanga y me la saca de un tirón – Ahora es mi premio, tenés una prenda menos, si no querés que en lugar de la tanga la use en tu cara, desnudate YA! – y me da una cachetada con todas sus fuerzas que me tumba al piso boca arriba

    -Desnúdenla antes de que venga alguien mas, me la quiero coger y la quiero llenar de leche por puta.

    Los dos que quedaban libres se acercan rápido y empiezan a desnudarme mientras intento forcejar, sin fuerzas y mareada, un poco por el alcohol y otro poco por el golpe que acabo de recibir. Sin esfuerzo me dejan desnuda tirada en el piso y mientras me sujetan boca arriba las manos y las piernas el jefe deja salir su verga y se arrodilla frente a mi para empezar a violarme.

    -NOOO!!! Hijo de puta me acabaste adentro!! – Escucho gritar a Clara y comienzan las risas de los 5. Clara aprovecha que la están teniendo para meterse la mano en la concha e intenta sacar todo lo que puede de semen de adentro – No me estoy cuidando porque estoy buscando quedar embarazada estúpido!

    -JAJAJA, bueno, si sale con las piernas cortas te vas a acordar de mi de por vida – dice el petizo mientras le dice al otro que la sostiene que la ponga de pie. – Ahora por puta vas a tragarte todo lo que te estas sacando de la concha gata barata, o con la navaja de mi amigo te saco los pezones!

    – No por favor, no quiero tragar semen, me da asco- Suplicaba Clara mientras el petizo buscaba la navaja de su amigo y éste, para que no me moviera me tomo del cuello y me ahorcaba mientras me penetraba

    – Levantale la blusa que le vamos a tatuar las tetas a esta gata que no le gusta la leche!

    – No por favor!! Me la trago, me la trago – y sin pensarlo se metió los dedos llenos de semen en la boca y los empezó a saborear en medio de arcadas y las risas de nuestros violadores.

    – Ahora me toca a mi cogerte puta – dijo el que la tenia de las tetas – así que ponete de nuevo en 4 – y la empujo contra el suelo del baño al lado mío, se bajo los pantalones, le saco la navaja al petizo y lo mando a vigilar la puerta. Se agachó detrás de Clara y colocando la punta de la navaja en la espalda le dijo – Vas a sentir ardor al principio pero después te va a gustar, si gritas o me haces renegar te clavo la navaja en la espalda para que te calles, pero el culo te lo hago igual!

    – NOOO! POR FAVOR NO! – suplicaba Clara entre lágrimas mientras sentía como la navaja empezaba lentamente a cortar su piel, así que se calló la boca y me tomo de la mano para sentir, estimo yo, que alguien la acompañaba en el dolor. Le tomo fuerte la mano y la miro, respirando como podía por como me sostenía el cuello mi violador cuando siento de nuevo otra cachetada

    – Puta de mierda! estoy por terminar, quiero que me mires a los ojos cuando acabe y te voy a dejar todo bien adentro, no me importa que no te estés cuidando, ahí va a quedar! – Por suerte para mi, mi relación era nueva con mi novio y nos cuidábamos los dos – así que no vuelvas a sacarme la mirada si no querés que la próxima te pegue a mano cerrada!

    – No por favor, no me golpees mas, ya me estas cogiendo, termina y dejame ir!!

    – JAJAJA – dijo el morocho que me sostenía los brazos – Ni lo pienses sin que yo descargue también putita, me calentas muchísimo!

    – Y yo? – dijo el que quedaba.

    – AHHHH! que lindo culo hija de puta!!! – No quise mirar para no recibir otro golpe, pero el que se culeaba a Clara había terminado – Veni acá negro, ya te lo abrí, disfrutalo- y sin pensarlo mucho, el pibe se desnudó para seguir haciéndole el culo a Clara, que sentía que ya ni fuerzas para sostener mi mano tenía, ya no estaba mas en 4 y había quedado acostada boca abajo, rendida

    -Ahí viena puta! – Sentí como el calor de la leche de este hijo de puta entraba hasta lo mas profundo de mi vagina mientras me apretaba mas fuerte el cuello sin dejarme respirar, hasta que después de unos segundos donde pensé que me iba a desmayar, el morocho lo empujo y le dijo -Que haces! la vas a desmayar y quiero que este despierta cuando se la meta! Salí que me toca!

    – Primero, termina de limpiarme la pija gata barata- se santo sobre mi pecho con las piernas sobre mis brazos para que no me mueva y me tapo la nariz para que no me quedara otra que abrir la boca, y al hacerlo me la metió hasta el fondo – Chupa!!! quiero sentir la lengua limpiando y tragate lo que queda!

    Nunca me sentí peor, jamás había probado el semen y sentía arcadas, muchas arcadas pero tuve que obedecer, quería que todo termine de inmediato.

    – ahora es mi turno turrita – y el morocho saco algo del pantalón que no parecía real, jamás imagine que podría haber una pija tan grande, tiene que haber medido como 30 cm! – Abrí las piernas así te la meto, si me haces renegar te doy vuelta como tu amiga y re rompo el culo, y creeme que con esta pija te va a sangrar y mucho-

    Cerré los ojos y apreté la mano de Clara, sentía como entraba esa verga enorme y dolía mucho! no quería imaginarla dentro de mi culo! La miro a Clara y me mira, llorando, aturdida, con el culo lleno de leche. El último de los pibes que la culeo la ayudo a ponerse de pie y con papel higiénico le limpio bien el culo para no dejar rastros. – Vestite hermosura, vos ya terminaste, cuando mi amigo termine con tu amiga se pueden ir a seguir tomando un poco mas jajaja – Clara se viste como puede y se sienta en un inodoro con la mirada perdida, mirando como me embestía esta bestia.

    Sin quererlo o queriendo para ver si todo terminaba, empecé a gemir de placer

    – al final le termino gustando! jajaja!! Dale mas duro!!! Metesela hasta el fondo!!!

    El morocho empieza a hacerlo mas fuerte arengado por sus compañeros y me agarra las tetas con sus enormes manos y empieza a estrujarlas mientras siento que esta excitando cada vez mas así que arranco a gemir mas fuerte para que termine cuanto antes

    – te gusta mi pija mamita!? Imagino que no tenés una así en tu casa, por eso te gusta tanto! Me calentas muchísimo!!! – mientras dice eso me la saca de un tirón y se pega 2 masturbadas y me baña de leche todo el pecho y la panza! jamás vi algo así!!! – AH que placer!!! Mira como hiciste acabar!!! sos un bombonazo!, ahora quiero que me la limpies como a mi amigo – y le agarro la pija y me la meto en la boca como desesperada

    – Pero que puta resulto ser! pero de pijas grandes!! jajaja

    Termino de limpiarle la pija y me levantan entre 3 y me meten abajo de la ducha – limpiate bien, no queremos que vayas a la policía con evidencias nuestras! – y me obligan a bañarme y sacarme todo el semen del cuerpo y mi vagina. Cuando termino, me empujan al lado de Clara y nos dicen – tenemos sus direcciones, si hablan con alguien de esto, saben como termina – y se van

    Me visto lo mas rápido que puedo y la levanto a Clara para salir del baño. Afuera nos vamos a un rincón y nos abrazamos y lloramos desconsoladas, ambas doloridas de los golpes y los pijazos y con el orgullo por el piso.

    – Hay que volver Vale, van a empezar a buscarnos, no pueden NUNCA saber lo que paso acá

    -Sí, volvamos. No quiero que se enteren nunca, además tampoco quiero ni recordarlo

    Volvimos a la barra donde nos estaban esperando, llegamos y cada una fue a abrazar fuerte a su respectivo novio

    – Pero donde estaban amor? – me pregunta mi novio

    – Fuimos al baño, estaba repleto! y tomamos frío esperando y nos descompusimos

    – Que haces toda mojada!!!??

    – me vomite toda amor, me hizo mal el frío y mezclar! – le dije llorando recordando la situación

    Me abrazo fuerte, me dio calor y me tapo con su abrigo

    -Vamos Vale, derecho a una ducha caliente y a dormir, sé que querías tener sexo hoy y me muero por hacerlo, pero podemos hacerlo al final del día, sigue siendo primero no? seguimos arrancando el año con sexo!

    – Si, por favor – le respondí sollozando – quiero dormir

    Nos fuimos a casa, nos dimos un baño caliente y nos acostamos a dormir. Lo abrace toda la noche sin poder pegar un ojo, y sin dejar de llorar pensando en todo lo que habíamos pasado. Él nunca se enteró de esto e intente arrancar el primer día del año como habíamos planeado, con total normalidad, teniendo nuestra sesión de sexo.

  • Mi novia termina pagando mi apuesta

    Mi novia termina pagando mi apuesta

    Me animé a escribir un relato después de leer algunos y espero que les guste esta historia que me pasó hace un año durante el juego de Súper Bowl.

    Empezaré describiendo a mi novia ella es de tez morenita y de 1.65 m, tiene un buen cuerpo gracias a la genética y a las horas en el gym. Tiene un tremendo culo que cada vez que lo veo me pone mi pene al 100 por hora. Unas tetas jugosas y muy ricas y unas piernas torneadas, bastante buena la verdad.

    Yo soy de tez blanca y mido 1.85 m de alto y tengo un cuerpo definido por el tiempo en el gym, mi pene llega a los 18 cm es bastante largo y algo delgado pero me siento más que bien.

    Esta historia comienza cuando decidí invitar a varios amigos y a mi novia a mi casa a ver el juego y a pasar un domingo juntos y terminó de una manera muy inesperada; mis amigos empezaron a llegar cerca de 2 o 3 horas antes del inicio del juego para poder pasar un rato juntos y ya estábamos con la música y los juegos cuando me llega un mensaje al celular y es mi novia y dice que ya está por llegar a mi casa, después salí para recibirla y cuando la vi me di cuenta de que era un bombón, estaba vestida muy sexy con una blusa de tirantes y con un bra muy delgado dejando ver sus jugosas tetas casi sin ningún esfuerzo y abajo tenía unos jeans que dejaban ver su perfecta figura de mujer.

    Nunca me ha molestado nada de su vestimenta ni nada por el estilo así que lo tomé normal. Ya entrando a mi casa mis amigos la recibieron saludándola normal y todo iba más que bien. Llegó el inicio del partido y minutos antes del inicio un amigo me comentó sobre si deberíamos apostar y sin pensarlo demasiado ambos decidimos hacerlo y cada uno aceptó la apuesta, debo recalcar que él ya tenía unas cervezas encima ya que todos habían estado tomando y pasando el rato. No sabíamos que estábamos apostando pero en el transcurso del partido mi novia subió un momento a mi cuarto porque se sentía un poco mareada y le dije que se fuera a acostar en mi cama, pasando unos 10 minutos estábamos todos abajo viendo el partido y mi amigo el de la apuesta se dirige al baño y este está a un lado de mi habitación por lo que le dejo ir.

    Todo iba bastante bien hasta que noté que mi amigo ya había tardado unos 30 minutos y decidí ir a ver si pasaba algo y en efecto si pasaba algo, llegué a mi habitación y lo que vi casi hace que me caiga al suelo, lo que vi fue que mi novia que estaba «dormida y descansando» estaba con su pantalón abajo y en posición de perrito al final de mi cama y quien estaba detrás de ella era mi amigo que estaba lamiendo y tocando ese gran culo. Podía ver tan buena escena porque logré colocarme en un lugar donde no podrían verme y como ya eran alrededor de las 7 estaba oscureciendo entonces no podían verme, yo seguía atónito a esa escena; ver a mi novia casi desnuda con las manos de mi amigo profanando ese culo tan hermoso y dándole nalgadas que se oían muy fuerte en la habitación y escuchar como mi novia gemía de placer me ponía mi pene muy duro.

    Después de esto mi amigo se saca del pantalón su verga que podía verse de gran tamaño alrededor de 20-25 cm, muy gorda y con unos huevos dos veces más grandes a los míos, debo confesar que sentí envidia y al mismo tiempo estaba muy caliente al ver ese show.

    Mi amigo procedió a darle un salivazo a su miembro para después apuntar directo a la muy mojada y rica vagina de mi novia para empezar metiendo la cabeza de su enorme pene.

    Desde mi ángulo pude ver como el pene de él empezaba a entrar y con cada centímetro que entraba mi novia empezaba a gemir de lo caliente que estaba. Las metidas de verga de mi amigo empezaron cada vez más fuertes y rápidas hasta el punto de escuchar el «flap, flap, flap» de cuando sus enormes bolas chocaban contra las nalgas de mi novia, que se encontraba con las nalgas hacia el aire y la cara abajo con las manos extendidas pidiendo que le diera más verga. Podía ver el mete y saca tremendo de mi amigo que se la follaba sin miedo a ser descubierto por mi, se estaba follando a mi novia en mi propio cuarto y yo estaba más que empalmado viéndolos.

    Mi novia estaba como loca pidiendo más y más verga y mi amigo decidido a darle duro empezó a darle con todas sus fuerzas y empecé a notar que las piernas de mi novia temblaban y que de su vagina salía un líquido y eso significaba que estaba teniendo un gran orgasmo, mi amigo se percató de eso y él estaba decidido terminar de follársela así que le dijo -prepárate porque te voy a follar tan duro que vas a querer estar conmigo y dejarás a tu novio. Después de esto empezó el frenesí de movimientos contra la las nalgas hermosas de mi novia y siendo este un final para la tremenda cogida que le había dado. Las embestidas de mi amigo eran más fuertes y él empezaba a gemir y resoplar, estaba a punto de venirse y así lo hizo, en cada embestida salían y salían chorros de semen en lo más profundo de la vagina de ella, inundó por completo su agujero con leche caliente y mi novia terminó con la vagina y ano llenos de leche que resbalaba por sus piernas. El semen de su corrida era tanto que salió disparado hasta el cabello de ella y terminó manchando las sábanas de mi cama. Sus nalgas estaban completamente rojas por la tremenda cogida que le dio mi amigo.

    Mi amigo se quedó adentro de ella unos minutos más hasta que se zafó y sacó su enorme pene. Mi amigo se limpió, se subió su pantalón y salió sin siquiera decirle algo a ella y sin notar mi presencia puesto que estaba escondido.

    Mi novia se vistió y se quedó acostada y yo no sabía que pensar y volví para donde estaban todos después de eso miré a mi amigo completamente relajado pero no le recriminé nada y seguimos viendo el juego hasta el final. La apuesta la perdí porque el equipo que apoyaba no pudo remontar y mi amigo me dijo que quería el pago de su apuesta.

    Yo no supe porqué le dije que se cobrara con lo que quisiera y días después vino a visitarnos a mí y a mi novia y dijo que venía por el pago de la apuesta así me dijo que quería estar a solas con mi novia, acepté porque al recordar lo que había pasado el día del juego y me sentí bastante caliente además al ver a mi amigo mi novia reacciona algo nerviosa, él ni corto ni perezoso se sentó en el sofá dejó caer su pantalón dejando ver su enorme pene y le dijo a mi novia que quería una buena mamada de ella, ella al ver su pene completamente duro no dejaba de sonreír y babear así que se dispuso a ello, yo estaba frente a ellos y no podía dejar de mirar como mi novia mamaba ese pene, pasaba su lengua desde la cabezota que tenía y bajaba hasta lamer esos testículos muy grandes, los lamía con cuidado y chupaba como si fueran dos paletas.

    La emoción de mi amigo se notó ya que la mamada duró unos pocos minutos hasta que le dijo -párate aquí, y ahí mismo empezó a disparar chorros y chorros de semen directo a la bella cara de mi novia. Ella terminó llenita de leche de una enorme verga y yo estaba muy excitado.

    Espero les haya gustado mi relato y díganme que les pareció mi historia.

  • Violado en pandemia

    Violado en pandemia

    Esta historia es real y me sucedió en el 2020, durante la pandemia.

    Tengo 35 años, y me anoté en el Programa “Mayores Cuidados” del Gobierno de la Ciudad, que consiste en asistir a los adultos mayores con las tareas que uno pueda (Compras, pasear al perro, etc.)

    Si supiera la que me esperaba, no me hubiera anotado nunca, pero, en fin. Dicho esto, paso a comentar lo sucedido.

    Un día me llaman y previamente también, me había llegado una notificación por mail, donde me informaban que debía asistir a un adulto mayor, de nombre “Eduardo”, de 75 años. (A continuación, para comentar los diálogos voy a poner las siguientes referencias: Y (Yo) – E (Eduardo)).

    Me pongo en contacto con Eduardo y quedamos que iba a ir para la casa, que es un cuarto piso en un edificio, ya que necesitaba que le haga unas compras. Llego a la casa, y me atiende muy gentilmente, lo que hace que nos pongamos a hablar un rato primero. Me llama la atención la altura, (Yo mido 1.80 y él, entre 1.90/1.92, en teoría). Finalmente me da la lista de las compras que necesitaba. Se las hago y vuelvo enseguida, ya que no era mucho, más que nada, cosas triviales.

    Al volver, le entrego las bolsas y el vuelto del dinero que me dio para dichas compras. Al entrar a la casa, con lo primero que te encontrás es con la cocina, luego un pasillo que lleva al living y a las habitaciones, por lo que pude observar.

    Separa las compras y me dice: “Esperame que ya vengo.”

    Pensé que me iba a dar una propina o algo por el estilo, pero no fue así.

    Cuando lo veo irse, se metió en un cuarto. Yo estaba esperando en la cocina, en donde estaba esperando de espaldas al pasillo porque estaba mirando por la ventana, y aparece como si hubiera venido rápido, casi corriendo, y se mete en la cocina.

    Me dice:

    E – “Quedate quieto pibe y no te va a pasar nada.”

    Lo miro sorprendido y veo que el viejo traía un arma en la mano. No digo nada y acto seguido me dice:

    E – “¿Qué pasa? ¿Te pensás que es de juguete?”

    Saca el cargador de un bolsillo y la carga. También mueve para poner una bala en la recamara (mueva la parte de arriba para atrás y para adelante), ya que era del estilo de una .45.

    Me recontra cagué en ese momento porque además no entendía nada. Pensé que el viejo se había vuelto loco. Lo único que atiné a decirle en ese momento fue:

    Y – “Mire Eduardo, no tengo más guita que la tengo en la billetera. Le puedo dar mi celular también, pero no tengo otra cosa.”

    Lo cual era verdad. Además, había ido vestido con jogging y remera, por lo cual se notaba a simple vista que no tenía otra cosa que no fuera la billetera y el teléfono, que hacían bulto en los respectivos bolsillos, junto con las llaves de mi casa.

    Lo miraba fijo y estaba expectante por lo que haría o diría el viejo, y me responde:

    E – “Esas boludeces no quiero y no me sirven para nada. Vení conmigo pibe”.

    Me señala con la cabeza para que pase para el lado del pasillo. Cuando pasé por enfrente de él, se me pasó por la cabeza tirarme encima, pero estaba asustado por el chumbo y no sabía que reacción podría desencadenar en el viejo. Me dice que camine delante de él y que entre en el segundo cuarto. Era el cuarto del tipo.

    Entro y el viejo entra atrás mío, por suerte nunca me apuntó directamente, siempre tuvo el arma apuntando para el piso.

    E – “Desnudate. Sacate toda la ropa pibe. Rápido.”

    Me sorprende el pedido.

    Y – “¿Para qué quiere que haga eso?”

    E – “¿No me entendés lo que te digo pibe? Desnudate, y te conviene hacerlo por las buenas…”

    No me iba a poner a discutir con un viejo loco, así que accedo a desvestirme. Pensé en hacer tiempo, pero no tenía mucha ropa encima, como comenté al principio, así que era en vano.

    Me saco todo menos el boxer. El viejo me dice que le patee la ropa para donde estaba él, que era la puerta del cuarto. Al ver que me quedo con el boxer puesto, me dice:

    E – “El calzón también. Dale, todo.”

    Me lo saco y se lo tiro para dónde está él, pero me tapo con las manos para que no me vea en bolas, a lo que me dice:

    E – “Corre las manos y dejame ver.”

    Saco las manos y quedo totalmente desnudo frente al viejo bufarra, el cual, me mira de arriba abajo, con una cara de baboso terrible. Encima siempre fui de cuidarme, entreno y tengo buen físico, como también buen culo, que me lo han halagado tanto mujeres como hombres (modestia aparte).

    El viejo me pide que me ponga de costado, y luego de espaldas. Cuando me pongo de espaldas, me pide que me separe las nalgas. Finalmente me pide que me ponga de frente nuevamente.

    E – “¿Siempre tenés poco pelo en el culo y en la pija?”

    Tenía depilada la pija, las bolas y el culo. Cada tanto lo hago, y justo lo había hecho un día antes de este encuentro.

    Y – “Me depilo cada tanto.”

    E – “¿Así que te depilás? Como cambiaron los tiempos…”

    El viejo se me acerca y me pide nuevamente que me ponga de espaldas, y que me abra nuevamente los cantos. En ese momento, me doy cuenta que se agacha, como para inspeccionarme el culo a fondo y bien de cerca.

    E – “¿Nunca entró nadie ahí?”

    Y – “No.”

    En ese momento pensé: “El viejo me quería ver en bolas y listo. Ahora me va a dejar irme.” Pero estaba equivocado.

    E – “Mejor. Acostate en cuatro patas en la cama.”

    No sabía qué hacer, se me pasaban mil imágenes por la cabeza, pero lo único que sí sabía era que había perdido como en la guerra.

    Al estar perdido por perdido, me animo a decirle:

    Y – “Mire Eduardo, por favor, déjeme irme. Esto queda acá y nos olvidamos. De mi parte, no voy a contar nada, ni hacer ninguna denuncia tampoco. Se termina acá y listo.”

    El viejo, sonriéndose, me responde:

    E – “Ni la vas a hacer la denuncia pibe. Te digo por experiencia que te conviene acostarte… Sino querés irte con un agujero nuevo.” – Me señala abanicando el chumbo para la cama, en señal que acceda a acostarme.

    E – “Dale pibe, rápido que no tengo todo el día. Acostate en cuatro. Vamos.”

    Al no quedarme otra y estar asustado por la situación en general, finalmente accedo a la petición del viejo. En ese momento desaparece un momento; Escucho los pasos, que va a y viene. Traía consigo un paquete de precintos negros.

    Cuando entré a la casa, vi que tenía arriba de la mesada de la cocina ese paquete de precintos, pero pensé que estaba haciendo algún arreglo.

    E – “Si te portas bien, no voy a usarlos para atarte las manos. ¿Te vas a portar bien?”

    Y – “Si” – Le digo con una voz baja casi inaudible.

    E – “No escucho. ¿Te vas a portar bien o voy a tener que atarte pibe?”

    Y – “Que sí, que me voy a portar bien” – Le respondo medio levantando la voz, también a raíz de los nervios.

    En eso, el viejo se me acerca.

    E – “No te conviene enojarte pibe, quedate tranquilo. ¿Sabés a cuántos me cogí como vos?”

    Cuando escuché esa frase, el terror me invadió por completo. Nunca había estado con un hombre y mucho menos quería entregarme a este viejo bufarra.

    En eso, escucho que el viejo tira los zapatos que tenía puestos y luego se desviste, porque miré de reojo y había tirado el pantalón a un costado. Yo miraba para adelante, no lo quería ni mirar.

    Escucho que se sube a la cama, y se acerca en rodillas para donde estoy. Me toca el pelo, la espalda, me da nalgadas en el culo. Me empieza a pasar un dedo por el agujero, en todas las direcciones posibles (Para arriba, abajo, hace círculos). A todo esto, yo hacía fuerza y cerraba el “asterisco” para no entregar el rosquete, pero estaba en una situación muy complicada, como se podrán imaginar.

    En una de esas, me mete el dedo de una, lo cual hace que yo pegue un grito.

    El viejo se ríe y me dice:

    E – “Gritá todo lo que quieras pibe. Acá en el edificio ya me conocen.”

    Después que me dijo esto, me cerró porque el portero me miró raro cuando le dije que iba al departamento del viejo este.

    Acto seguido, escucho que el viejo escupe, pero no siento la escupida por ningún lado, hasta que siento que me moja con su saliva en el culo. Se había escupido un par de dedos.

    Se escupe la pija e intenta metérmela. No puede, obviamente. Primero, que yo hacía fuerza para no abrir el hoyo, y segundo, tenía el culo virgen y estrecho.

    El viejo intenta de todas maneras, me agarra de las caderas, pero no hay caso. En ese momento me doy cuenta que se pone nervioso y pienso: “Quizás zafo.”

    E – “Te dije que te relajés pibe, aflójate” – Está nervioso.

    Y – “Me aflojé, pero más no puedo” – Pensaba: “Las pelotas me voy a aflojar viejo de mierda”.

    En eso, se levanta y va para una cómoda de donde saca un lubricante. Me di cuenta por la forma de la caja, pero no puedo ver bien que marca es, pero la caja era negra y el nombre empezaba con la letra “V”. También veo de reojo que saca una caja de forros Prime, oscura, que es la trae lubricante, además que los forros también son lubricados (Los conozco bien porque los usé siempre).

    Escucho que abre el forro y trata de ponérselo. Escucho los pasos porque vuelve para la cama y veo que tiene en una mano, el lubricante y que también trae un par de sobres del lubricante que traen los Prime.

    Sin decir palabra, se posiciona nuevamente en rodillas ante mi culo. Escucho que abre los sobres de lubricante con los dientes. Me unta un poco en el agujero y el resto se lo pone en la pija, arriba del forro, digamos.

    Luego, destapa el envase del lubricante (Me acuerdo como si estuviera escuchando ahora mismo el sonido de la tapa). Me lo tira justo en el hoyo (lo siento como si me hubiera tirado frío) y lo esparce con la otra mano, para todos lados. También se pone en la pija.

    Trataba de no pensar en nada, pero en ese momento la cabeza me iba a mil por hora. Hasta llegué a pensar: “Ojalá que se le resbale y no entre” pero que equivocado que estaba…

    Sentía como caía dentro de mí esa mezcla de lubricantes, que encima hacía que me sonara el culo. Me hacía “Plop, Plop, Plop”, ya que el culo no paraba de latirme por los nervios.

    Lo peor fue que también el viejo se da cuenta y me dice:

    E – “Bueno pibe, si no entra ahora, no entra más. Relajá”.

    Yo seguía duro como nunca, tensionado a mil, pero siento como el bufarrón me la quiere meter a toda costa, sin importarle nada más.

    Empieza a frotarme su pija contra mi culo, la mueve con la mano de arriba hacia abajo, hasta que la coloca, apuntando como un misil a su objetivo (Que, dicho sea de paso, no sé como hizo para que se le pare. Supongo que se habrá tomado un Viagra antes).

    Finalmente me abre una nalga con una mano y con la otra se agarra la pija para metérmela. Lo peor es que lo logra, apenas, en un principio, ya que siento como empieza a entrar de a poco.

    A esta altura era imposible realizar cualquier acción por parte mía; Ya había perdido como el mejor.

    Me la sigue metiendo y yo siento como, a medida que lo hace, va rompiendo todo a su paso. Empiezo a sentir un dolor indescriptible, como nunca había sentido antes.

    Hago fuerza por no gritar, pero se me es imposible. El dolor me obliga a hacerlo. De todas maneras, trato de no gritar fuerte, trato de contenerme lo más que puedo.

    El viejo, que estaba como loco y ya me había agarrado de las dos caderas para culearme como un rey, me dice:

    E – “Pfff pibe, que cerrado que lo tenés. Me encanta…”

    Ya la sentía adentro toda la del viejo, mientras me tenía bien fuerte agarrado de las caderas y me movía de atrás para adelante, como una hamaca. Lo único que yo quería y que pedía era que terminara todo pronto de una puta vez.

    En un momento, el viejo para y me pide que me abra los cantos. Ni pensé en discutir o negarme, además ya a esa altura… Así que me llevo las manos atrás y me abro las nalgas, mientras tengo la pija del viejo adentro.

    Se nota que esta acción lo calentó, pero mal, al viejo porque me dice:

    E – “Todo abierto, así me gusta pibe, así me gusta… ¡ABIERTO!”

    Pensé que se moría ahí mismo, pero no. Solamente era para seguir humillándome más.

    Habían pasado minutos seguramente, no más de 5 o 10 como máximo, pero para mí era una eternidad que parecía no tener fin.

    Las embestidas eran bestiales, hasta que en un momento siento que al viejo se pone dura como nunca, como una piedra.

    Me hace dos embestidas más y en la segunda, acaba. Mientras va acabando, me agarra más fuerte que nunca y me dice, casi a los gritos, con un grado de excitación de aquellos:

    E – “Ahhh, pibe, pibe, pibe…. Que buen polvo que me diste…. Ufff ¡QUE BUEN ORTO!!” – Se sigue moviendo un poco más y me da nalgadas. Yo siento, en concordancia, como la pija del viejo explota y mi culo no para de latir.

    En ese momento, siento que el viejo me la saca y que respira agitado. Se baja de la cama y escucho que se va; Intuyo que fue al baño porque se escucha una canilla correr.

    Yo estaba inmóvil, culeado, en cuatro, en bolas, con un dolor de aquellos, a total merced del bufarra. Encima el culo no paraba de latirme, lo sentía peor que nunca, además de las dolencias por la rotura.

    En eso, vuelvo el viejo, ya vestido nuevamente, con un rollo de cocina. Lo deja en la cómoda y me dice:

    E – “Acá tenés pibe, te traje para que te limpies el orto. Metele a limpiarte que no quiero cambiar las sábanas.”

    No termina la frase que siento como me empieza a chorrear el culo, ya que me cayó en la pierna primero. Para colmo, quería retener lo que fuera que sea que me chorreaba, pero no podía controlar el “esfínter”.

    Me miro para saber que era, pensando que era la leche el viejo, pero no. Era una mezcla de semen, sangre, mix de lubricantes y mierda. Si, también, apenas por suerte, pero mierda al fin….

    El viejo observa la situación, ya que yo seguía inmóvil porque me costaba ponerme en pie, y me dice:

    E – “Uhhh pibe, mirá lo que hiciste… Ahora voy a tener que cambiar las sábanas. Y eso que te revise el culo y lo tenías limpio. Se nota que te la metí hasta el fondo. ¡¡Jajajaja!! Te saqué hasta un sorete ¡¡Jajajaja!!”

    No podía estar más avergonzado por este viejo hijo de re mil putas. De todas maneras, mejor que le cagué las sábanas; Tenían un olor a rancio impresionante.

    En eso me paro, y me empiezo limpiar con el rollo de cocina. Le pido si me deja ir al baño para lavarme a lo que me responde que sí, pero que él iba a mirar como lo hacía. Así que fui al baño y me tuve que limpiar adelante del viejo, que no me dio ni una toalla sucia para secarme. Me trajo de vuelta el rollo de cocina.

    Luego de esto, me doy vuelta para mirarlo, para ver como seguía la cosa, y veo que el viejo de mierda había agarrado de nuevo el arma y la tenía nuevamente apuntando al suelo.

    E – “Bueno, listo pibe. Cambiate y andate a tu casa.”

    Me hace seña con la cabeza para que agarre mi ropa y demás pertenecías, que estaban tiradas en un rincón. Me visto lo más rápido que puedo, pero me costaba moverme, agacharme, y demás.

    Cuando estoy cambiado, el viejo, que estaba parado como un soldado viendo toda la situación, me agarra de un brazo y me lleva hasta la puerta del departamento. Con la otra mano libre, abre los cerrojos, gira las llaves para abrir la puerta, y me saca para afuera.

    Antes de cerrar la puerta, me da palmadas en el culo y me dice:

    E – “Chau pibe. Si te gustó, ya sabés donde vivo, pero que no se te haga un vicio porque no me va a dar el cuero.” – Me sonríe y cierra la puerta.

    Al quedarme solo, ahí afuera luego de lo vivido, estaba como perdido, distraído, aturdido… No entendía que pasaba. Tuve que bajar por el ascensor, porque me costaba caminar, así que ni intenté bajar por las escaleras.

    Cuando llego a la planta baja, estaba nuevamente el portero. Creo que me saludó porque escuché una palabra al pasar, pero estaba en otra y ni siquiera moví la cabeza para ver de donde venía o que responder.

    Ya en la calle, me subí a mi auto y me vine para mi casa. No podía sacarme las imágenes del viejo de mierda, cada una de las circunstancias que me hizo pasar, pero tampoco hice la denuncia o algún otro quilombo. No quería contar nada y menos someterme a exámenes médicos donde constaten que me rompieron el culo.

    Viniendo para mi casa, tuve que parar 2 veces porque rompí en llanto. Cuando me preguntó mi esposa como me fue, le dije que bien y no hablé más nada, aduciendo que estaba cansado, que le contaba luego, etc.

    Encima a los pocos días, me llegó un mail de encuesta por parte del Gobierno de la Ciudad, porque querían saber como “Había sido mi experiencia…”

    Ahora me sentí bien al contarlo, liberado, pero todavía prefiero el anonimato. Con el tiempo veré si doy más datos, pero quería que sepan como fui violado por un viejo bufarra.

  • Una noche con una escort pensando en ti

    Una noche con una escort pensando en ti

    Un traje morado que al agacharse mostraba su concha,  así fue como conocí a Tania, en una de esas noches que mi mástil gritaba por el recuerdo de una cueva húmeda montándome sin cuartel.

    Le ofrecí lo habitual ella dijo que aceptaba subió al auto y nos dirigimos al motel donde siempre iba cuando mis ganas ya quedaban satisfechas con la mano amiga.

    Sidra barata, era lo que ofrecían como «servicio al cuarto» para los amantes, lo sé, pero, era un enorme espejo en el techo lo que siempre me hacía volver a ese lugar.

    Ella paso directamente al baño, salió sexy, quería terminar para que viniera el siguiente cliente, solo que ella no sabía que tenía un volcán frente de sí.

    T- Oral y dos posiciones ok??

    Y- Ok

    T- Condón??

    Y- No lo harás al natural?? -Mientras sacaba un billete para que su respuesta fuera afirmativa.

    Después de que me baje todo, ella se arrodilló y comenzó a dar besitos, después tomo sin manos la punta y comenzó a chupar la punta, le daba vueltas con si lengua a la cabeza y pasaba por el frenillo, cuando tuvo suficiente saliva escupió y comenzó a utilizar las manos para terminar la faena.

    El líquido pre seminal comenzaba a emanar cuando decidí tomarla de la cabeza y mandar mi pito directamente a su tráquea, lo disfruto, lo pude ver porque mientras yo tenía las manos en su cabeza, ella se aferraba a mis nalgas.

    Cuando ese momento llegó a su fin le pedí las dos posiciones clásicas: misionero y perrito.

    En este caso para el misionero la abrí de piernas me coloque encima de ella e hice que mis piernas la rodearán a ella.

    T- Que haces??

    Y- Que nunca te lo habían hecho así?? – Lo vas a disfrutar ya verás.

    Cuando comencé las envestidas lo primero que salió de su boca fue un pujido no un gemido, mientras me encargaba de mirar su cara, comer sus labios y retorcer sus pezones con mis dientes ella solo alcanzaba a emitir un:

    T- ahhh no mames, que rico, no pares, ufff, me encanta no pares o te mato.

    Por un segundo sus ojos estaban en blanco y cuando deje de embestir por un segundo ella regreso para darme la mirada de una leona, seguimos así hasta que el olor a sudor superó el olor de jabón de rosa y sidra barata.

    Para ese momento su vagina estaba echa un charco y ella temblaba de la cabeza a los pies, me levanté bebí una copa la di una nalga y le ordene que se diera la vuelta.

    Ella como una sumisa gatita se puso en cuatro me dio el culo de inmediato, yo metí mi dedos a su cuca cuando ella ya se agarraba a las sábanas

    T- No mames esto es mejor, metemela ya, métela que el tiempo se va acabar

    Y- Hagamos un trato si te corres dos veces gracias a mi me regalas 15 minutos más

    T- Hecho

    El primero ya lo tenía, solo era cuestión de segundos, en cuando sus piernas temblaron supe que era el momento para buscar el segundo.

    Di mis mejores estocadas pero aun así se aferraba como buena perra a no darme ni un minuto más

    Comencé a desesperarme, eso pronto se convirtió en enojo, así como me sentía cada vez que pensaba en ti.

    Y- Me darás esos 15 minutos puta, en ese momento me nuble, embestí para que se desarmara la cama, ella cedió ya que sus jugos me mojaron hasta el vientre.

    La obligue tomándola del cabello a beber mi lefa, el trato se llevaría a cabo mientras yo con una sonrisa pensaba en como sería el acto tres.

    Saludos.

    JLA

  • Lara Croft: Aventura en la jungla

    Lara Croft: Aventura en la jungla

    Durante varias semanas Lara se dedicó a leer el diario que obtuvo en la India y de esta forma planifica su expedición la cual comienza en una polvorienta pista en un rincón olvidado del sudeste de Asia. Está determinada a visitar la zona y comprobar la existencia de las ruinas descritas no solo por el explorador europeo, sino que también por otros visitantes a la zona que dejaron registro en olvidados textos que Lara encontró durante su investigación.

    Al descender del avión recoge su bolso y cruza unas palabras con el piloto a quien le cancela una parte por el viaje, “¡cuando esté lista te contactare y te daré el resto!” le dice por encima del ruido del motor del avión, “¡trato hecho!” le responde el piloto que despega raudamente una vez que Lara desembarca sus pertenencias. A la distancia nota a varias personas que la observan con atención y con cara de pocos amigos. Antes de viajar recolecto información sobre la zona y se enteró de la presencia de bandas criminales, por lo mismo vino armada en esta ocasión.

    “¡Bienvenida a este abandonado rincón del mundo preciosa!” le dice un sujeto que con bastante desplante se le acerca, “gracias” responde Lara mientras inspecciona su equipo, “me llamo Joe y ofrezco mis servicios”, “¿y qué clase de servicios ofreces?”, “pues lo que quieras, te puedo llevar a cualquier lugar, conozco esta jungla como la palma de mi mano y también conozco algunos sitios bastante paradisiacos si quieres relajarte un poco”, “gracias por la oferta, pero no vengo de turista”, “¿en serio y de que vienes entonces?”, “soy arqueóloga” responde Lara insertando un cargador en una de sus pistolas. “¿Y de cuando los arqueólogos portan pistolas de grueso calibre?”, “pues es necesario protegerse, una nunca sabe con qué clase de peligros se puede encontrar” agrega Lara cargando la segunda pistola.

    “Bueno te aseguro que la gente de la zona no tiene mucho amor por los extranjeros y menos aún con los arqueólogos o científicos, ya nos han dado bastantes problemas” Lara se sorprende al escuchar ese comentario, “¿Qué clase de problemas?”, “pues esa información tiene su precio” dice Joe mientras observa de manera bastante poco disimulada el cuerpo de Lara que se da cuenta en el acto, pero decide ignorarlo. “Bueno hagamos un trato, llévame donde quiero ir, dime lo que sabes y ganaras dinero” y Lara le enseña algunos dólares, pero solo le entrega la mitad, “el resto al final”, “bueno tal vez la otra mitad me la podrías pagar de otra manera” y se le acerca de manera bastante provocadora, pero Lara le da una fría mirada y lo hace retroceder. “Era broma, está bien, trato hecho” y ambos se dan la mano. “Lo primero es salir de aquí rápidamente, tu presencia no creo que sea muy bienvenida” y le hace un gesto a Lara indicándole unos tipos que los observan atentamente. Lara se sube al todoterreno y le enseña un mapa indicándole donde quiere ir, “preciosa, te vas a meter en una zona de guerra” le dice Joe con una expresión bastante grave en su rostro, “vamos, hablaremos en un lugar seguro” y rápidamente se pone en marcha.

    Lara se muestra sospechosa cuando Joe la lleva a un villorrio cercano y no al pueblo como ella quería, “ese sitio está lleno de criminales, a estas alturas ya deben saber de tu llegada” le responde y le intriga lo que está pasando. Al llegar a su destino ambos van a un pequeño puesto de comida donde beben algo y Joe le explica la situación. “Hace unos meses atrás una gran expedición llego a la zona y montaron un campamento aquí, en este sitio a la orilla del rio” Lara se percata que ese sitio era precisamente uno de los que pretende visitar. “¿Quien envió dicha expedición?”, Joe se encoge de hombros, “ni idea, solo sabemos que llegaron como una veintena de científicos junto a una compañía de mercenarios por seguridad debido a que hay grupos criminales. Apenas llegaron montaron un gran campamento y comenzaron a contratar a los habitantes de algunos pueblos cercanos para trabajar en las excavaciones”, “¿Qué encontraron?”, “honestamente no lo sé, pero dicen que son cosas muy valiosas, tan valiosas que los mercenarios se hicieron del control de la excavación y comenzaron a explotar a la gente”, “genial” dice Lara. “Se sabe que encontraron una red de ruinas subterráneas en ese lugar desde donde recuperaron varios objetos, pero antes que pudieran sacar algo más hubo un enorme derrumbe y mucha gente murió atrapada, como ya otros trabajadores huyeron estos mercenarios atacaron varios poblados de nativos y los usan como si fuesen esclavos para seguir excavando”, “que asco, y las autoridades no hacen nada”. “Aquí no hay autoridades. Desde entonces es una zona de guerra, hay una tribu de nativos que está dando la pelea contra los mercenarios, usan la jungla para tender emboscadas cuando pueden y además son cazadores de cabezas, ¿segura que quieres ir?”. Lara lo piensa un instante, “si segura, ya llegue demasiado lejos como para rendirme ahora”.

    Joe le indica a Lara el único punto de acceso no vigilado ya que el rio separa la zona en dos grandes aéreas, “hay un puente de cuerdas aquí, nadie lo usa por lo peligroso, pero es la única ruta de entrada”. Lara se da cuenta que esto la dejaría más lejos de su objetivo, pero no hay otra opción, “muy bien llévame hasta ese lugar” y nuevamente salen en el vehículo de Joe que la conduce hasta el puente en un recorrido de un par de horas por escabrosos caminos. “Esto es lo más cerca que puedo llegar, espero que sepas lo que estás haciendo”, “gracias por tu preocupación”, “si bueno, no quiero que te pase nada antes que me pagues preciosa, contáctame cuando salgas de la jungla y buena suerte la vas a necesitar” y él se retira rápidamente. Lara chequea su equipo por última vez y cruza el puente mientras el caudaloso rio corre varias decenas de metros más abajo y se interna en la jungla.

    El plan en un comienzo consistía en explorar algunos lugares marcados en el mapa que elaboro antes de salir, son áreas donde el explorador reporto que había ruinas de antiguas construcciones, pero por desgracia justo establecieron un campamento encima de uno de los sitios que Lara pretendía visitar. Al principio había decido evitarlo, sin embargo en el trayecto se topó con una patrulla de soldados y tras espiarlos durante un instante estos mencionaron que se había descubierto una serie de artefactos de gran valor así que tras pensarlo bastante decide visitar dicho campamento.

    Lara llega al perímetro cuando ya está comenzando a oscurecer y a la distancia, usando binoculares, lo observa notando el despliegue de guardias, torres de vigilancia y también ve a los trabajadores llevar una serie de piezas a una construcción que sirve de depósito o bodega. Hace una nota mental de todo. Se mueve alrededor buscando algún punto débil y en eso encuentra un cadáver empalado en el pecho por una estaca. Busca la radio y pese a lo dañada consigue hacerla funcionar un instante escuchando algunas transmisiones donde se habla de problemas con el generador y además de un número de trabajadores muertos, por lo que decide ayudarlos también, no está dispuesta a dejar que los sigan usando como esclavos.

    Al caer la noche Lara se infiltra al campamento. Distrayendo a uno de los guardias se acerca al generador y lo sabotea apagando todas las luces dejando solo las de emergencia. Varios guardias armados se despliegan con linternas a patrullar mientras comienzan a revisar que fallo en esta ocasión. A la distancia observa las celdas donde tienen a los nativos encerrados. De inmediato se escabulle y con un rápido movimiento deja inconsciente a los dos guardias y les quita las llaves dándoselas a un hombre que la observa, sorprendido, en su jaula. Lara le hace un gesto de silencio y él asiente con la cabeza, discretamente comienzan a salir de la celda para internarse en la jungla donde se ponen a salvo mientras ella vuelve a desaparecer en la oscuridad.

    Con un fuerte golpe en la cabeza Lara reduce a otro guardia y entra a la bodega donde comienza a revisar lo que han encontrado. “¿Quién eres tú?” escucha una voz detrás y Lara voltea con su arco listo. Una mujer levanta las manos de inmediato y cae al suelo del susto, “no es asunto tuyo, ¿Quién eres tú?”, “¡Ilsa, mi nombre es Ilsa, era parte de un equipo arqueológico, pero Víctor mato al resto cuando se negaron a cooperar y ahora estoy obligada a trabajar con él!” responde asustada. Lara baja el arco, “soy Lara Croft” y la ayuda a levantarse, “¿viniste a rescatarnos?”, “podría decirse, pero ¿qué sucedió aquí?”, «era parte de una expedición privada, nos enviaron a esta zona a buscar un artefacto que se encuentra en alguno de los complejos de ruinas que están ocultas en la jungla, primero buscamos una especie de mapa de la zona, lo cual encontramos, pero aún no he podido descifrarlo” y le muestra a Lara una especie de medallón de relativamente gran tamaño con una serie de marcas en ambas caras. “¿Es un relieve?” dice Lara, “un relieve de una zona en específico, estas son montañas, un rio y esta parece ser una constelación en el cielo”.

    “Excelente, veo que vamos avanzando” dice una voz grave y Lara se voltea con arco en mano, “¿Quién rayos eres tú?”, “mi nombre es Víctor Tartakov, ex fuerzas especiales rusas ahora mercenario y también arqueólogo capitalista a su servicio”, es un sujeto bastante corpulento y con cara de pocos amigos, “da un paso más y te pondré una flecha en la cabeza” le advierte Lara, pero Víctor sonríe, “eso lo dudo” le responde y en ese momento ella recibe una puñalada en el costado y cae al suelo. “Ella sabe como leer el medallón” dice Ilsa sujetando un cuchillo ensangrentado”, “¡maldita perra, trabajas para él!”, “así es, negocios Lara, cuando nos percatamos que todo esto vale una fortuna les dije a mis colegas que nos podríamos hacer millonarios, ellos se negaron así que con Víctor somos socios”, “hare que la lleven mi tienda, ahí le hare unas preguntas” dice Víctor, pero Lara no está vencida.

    Tomándola por sorpresa Lara patea a Ilsa lanzándola sobre Víctor. Ilsa no se fijo que Lara iba armada con pistolas que desenfunda rápidamente y dispara sobre ambos obligándolos a cubrirse. Luego apunta a un estante donde tienen unos solventes provocando una explosión y fuego en la bodega. Aprovechando el caos recoge todo lo que encuentra y sale corriendo del lugar mientras se oyen gritos de todos lados. Lara intercambia disparos con los mercenarios mientras se abre paso entre ellos aprovechando la confusión reinante y la oscuridad, nadie entiende lo que sucede y corre hacia la jungla, “¡maldita se llevó todo!” dice Ilsa y Víctor se pone de pie, pero con una horrible herida en su rostro, “¡no llegara lejos!”.

    Va saliendo del campamento buscando la seguridad de la jungla cuando observa un helicóptero. De inmediato dispara a los tanques de combustible con que lo abastecían y lo destruye. Se ve envuelta en una pelea con dos guardias, pero consigue liquidarlos aunque recibe un par de cortes algo profundos. En ese instante hay disparos hacia ella y se lanzan entre la vegetación a cubrirse, pero una bala le roza un brazo. Trata de escapar hacia la jungla, pero un disparo en una pierna la deja cojeando y consigue ponerse a cubierto tras un vehículo. Sabe que esta acorralada y solo tiene una ruta de escape.

    Efectúa una serie de disparos obligando a los soldados a ponerse a cubierto y usa la oportunidad para dirigirse hacia el borde del risco. El rio con su enorme caudal corre al fondo y sin otra opción salta a sus torrentosas aguas ante el asombro de los soldados. “¿La tienen?” pregunta Víctor, “¡no señor, está muerta!” responde uno de sus hombres, “¿muerta?” replica con incredulidad, “¡salto al rio, nadie sobrevive esa caída!”, pero Víctor no luce convencido, “¡van a buscar cada centímetro de ese rio, la quiero viva o muerta, está claro!”, “¡si señor!” y sus hombres comienzan organizarse para seguir la persecución. Víctor mira por el borde del risco y desliza un dedo sobre su herida sangrante, “este round es suyo, señorita Croft” y arroja un costoso habano al rio.

    Varios kilómetros más abajo Lara se aferra a un tronco que va en la corriente como balsa y lo usa para alejarse tanto como puede del campamento. Tras unas horas de viaje por el rio nada hacia la orilla y se tiende al sol de la mañana que va cobrando fuerza. Esta exhausta, ha perdido mucha sangre y el dolor de sus heridas y golpes, le pasa la cuenta. Arrastrándose consigue ponerse a cubierto y de su bolso saca algunos implementos para tratar sus heridas. Se da algo de tiempo para beber un poco de agua y recuperar el aliento. Ahora debe ponerse en marcha y tratar de alejarse tanto como sea posible antes que lleguen por ella.

    Durante buena parte del día Lara se adentra en la jungla, su intención es volver hacia la ruta principal y ponerse a salvo antes de revisar con calma todo lo que se llevo del campamento. Sin embargo el cansancio y su disminuido estado físico la hacen detenerse con frecuencia, así que busca donde pasar la noche cuando unas rocas con una extraña forma le llaman la atención. Se acerca cojeando a observarlas y nota que sus bordes son completamente rectos y que otras ahí tienen perfectas formas geométricas. “Es increíble” dice asombrada. Como puede examina las ruinas notando unos extraños símbolos, iguales a los que aparecen en el diario del explorador. “¿Quién pudo construir algo así?” se pregunta cuando un piquete en su cuello la hace sobresaltarse. Lara se pasa la mano y remueve un pequeño dardo, “oh no” alcanza a decir antes de caer al suelo inconsciente. Rápidamente un grupo de aborígenes la recoge y se la llevan a lo profundo de la jungla.

    Con un fuerte dolor de cabeza Lara comienza a despertar, esta desorientada y su visión nublada, pero poco a poco comienza a aclarar. “¿Donde, donde estoy?” pregunta una y otra vez hasta que sus sentidos vuelven por completo y se percata que está atada de manos, sentada en el suelo de lo que parece una especie de refugio. Cuando ya puede enfocar bien observa a cinco hombres a su alrededor. Todos de piel oscura, cabello negro y de aspecto macizo para su estatura. Fácilmente Lara es más alta que ellos. Todos están armados, arcos, flechas, cerbatanas, lanzas y una especie de machete hecho de piedra muy filosa. Las manchas rojas de los machetes no son alentadoras en absoluto ni tampoco las cabezas reducidas que llevan a la cintura como trofeos.

    Uno de ellos habla en una lengua que Lara no comprende mientras otros revisan su mochila. “Deja eso” habla ella y de respuesta recibe una violenta bofetada, “hablaras solo cuando se te pida hacerlo” le dice un hombre ya mayor, con canas en su cabello y que usa un vistoso tocado en su cabeza como si fuese chaman. “¿Quién eres ladrona?”, “mi nombre es Lara y no soy una ladrona”, entonces uno de ellos habla y le entrega una pieza que Lara tomo del campamento, “mientes, esto es parte de nuestros ancestros” le responden, “¡lo recupere en el campamento no sé que es!”, “al igual que ellos, que han matado y esclavizado nuestra gente, blancos como tú solo vienen a robar y matar, pero hoy pagaras por tus crímenes”. Esas palabras sonaron a sentencia de muerte, Lara trata de convencerlos que no vino a robar y que ayudo a escapar a los prisioneros del campamento, pero no le creen.

    Viendo su suerte sellada Lara es obligada a ponerse de pie y llevada al exterior del refugio donde hay un tronco manchado de sangre. Cuando quien la llevaba se distrae Lara lanza un brutal codazo hacia atrás y se lanza sobre el resto haciéndolos caer uno sobre otro después usa una lanza que cae y corta sus amarras y va por sus armas cuando una daga aparece junto a su cuello, “nada mal ladrona, eres fuerte” le dice el chaman. En ese instante el resto de los aborígenes entra al refugio y se abalanzan sobre Lara dándole una tremenda golpiza en el suelo, ella trata de cubrirse, pero la sujetan y la sigue golpeando brutalmente, solo la intervención del chaman los detiene y luego habla en su voz nativa. Ella no sabe lo que dice, pero por la sonrisa en el rostro de los presentes, no es nada bueno.

    Con bastante rudeza la hacen ponerse de pie y la amarran al poste con sus manos por encima de su cabeza y sus pies bien atados. Su rostro esta ensangrentado y queda aun más maltratada que antes. El chaman pone a los pies de Lara una serie de hierbas secas y luego un carbón ardiendo encima produciendo un humo muy espeso. Lara trata de contener la respiración, pero recibe un golpe en el estomago que la deja sin aire y eso la obliga a inhalar profundamente el humo. Después que la hierba se quema ellos solo la observan.

    Lara comienza a sentirse desorientada y siente su cuerpo extraño, suda de una manera increíble, su respiración se hace entrecortada y jadea de forma notoria. La observan con malévolas sonrisas mientras notan su reacción y esperan. Pronto Lara siente un ardor que se va haciendo cada vez más evidente. Siente como sus senos y en especial sus pezones se vuelven cada vez más sensibles y también se marcan de manera evidente en su peto. Cada vez que respira hondo sus grandes pechos se levantan notablemente llamando la atención de los presentes. Lara presiona con fuerza sus muslos. Nunca había sentido su sexo tan ardiente como ahora, pronto se observan los jugos de su vagina impregnar su ropa y correr por sus piernas. “¡Que me hicieron bastardos!” reclama mientras trata de controlarse sin éxito. Lara siente su libido encenderse de una manera tremenda.

    El chaman se acerca hacia Lara, le pasa su mano por su cuerpo y ella no puede evitar dejar escapar un profundo suspiro, le sube el peto dejando sus impresionantes pechos al descubierto y desliza una pluma sobre sus pezones haciéndola gemir sin poder controlarse. Le introduce un dedo en la boca y Lara comienza a chuparlo, le pasa la lengua y él después lo desliza entre sus muslos y se lo vuelve acercar a la boca, ahora con el sabor de su coño y ella lo saborea ansiosamente y pide más, “¡quiero más, dame más!” dice con una voz cargada de lujuria.

    Con un gesto el chaman ordena cortar las amarras y Lara cae de rodillas al suelo. Se retuerce y acaricia su cuerpo, es una sensación abrumadora, se siente tan terriblemente excitada que comienza a masturbarse ahí mismo, sin pudor alguno. Se frota sus pechos y desliza una mano con fuerza entre sus muslos frotando su entrepierna y saboreando los jugos de su coño, Lara no tiene control alguno de sus acciones y presiona sus dedos en su vagina, tan adentro como puede. El dolor de sus heridas simplemente desaparece y una lujuria salvaje e incontrolable recorre todo su cuerpo.

    Los cinco hombres presentes se quitan sus vestimentas y Lara pronto tiene ante sus ojos cinco vergas, todas de muy generoso tamaño considerando la baja estatura de los aborígenes. Los cinco comienzan a frotar sus miembros ante los ojos de Lara, que los observa como un perro hambriento observa un bocado de carne. Juega con sus labios, se saborea, en sus ojos se observa una lujuria desatada. Su instinto sexual el cual se encuentra por encima de las nubes y pronto se lanza sobre los miembros que tiene a su disposición.

    Sin pensarlo, sin dudarlo, sin siquiera resistirse Lara comienza a chuparlos, a lamerlos a saborearlos. Se muestra ansiosa e insaciable, se traga las vergas hasta el fondo de su garganta e incluso pone dos a la vez entre sus labios mientras les hace una paja a los demás. Las heridas que ha sufrido no le duelen en absoluto y pese a que estaba exhausta hace unos instantes ahora su cuerpo reboza de energía sexual. Solo quiere que la follen, que la violen, que la ultrajen, quiere que la cojan tan duro como sea posible. El gran tamaño de los miembros solo la pone más ardiente aun y ahora los disfruta como si fuese un niño al que le permiten comer todos los caramelos del mundo.

    Uno a uno ellos la follan en la boca, Lara siente esas vergas presionando contra su garganta y eso le encanta. La tratan con rudeza, pero no le importa. Esta rendida a sus instintos sexuales y quiere gozar y quiere ser follada por lo mismo no opone resistencia cuando la desnudan por completo. Su peto se lo sacan a tirones revelando sus majestuosos senos de gran forma e impecable tamaño y rápidamente le quitan sus shorts. La ponen de espaldas en el suelo. Uno se monta encima y desliza su miembro entre sus pechos y se hace una paja con ellos mientras se encarga de frotar y lamer las demás vergas. Siente como alguien la toma de las piernas y la penetra de una vez. Lara deja un profundo gemido al sentir un grueso miembro bien hundido en su coño que se encuentra tan mojado, que no tiene problema alguno en ser penetrada, para después recibir furiosas acometidas. «¡Oh si, oh si, vamos bien duro, bien adentro!». El grueso miembro frotando su coño la hace delirar, recorriéndola y esa sensación la deja totalmente abrumada y pidiendo por más, algo que sus acompañantes están más que dispuestos a darle.

    “¡Más, quiero más!” se le escucha decir mientras la follan. Recibe una embestida tras otra mientras en su boca acoge uno y otro miembro. Toma dos a la vez y los acerca a sus labios para pasar su lengua y saborear el líquido que comienza a escapar. Se pone en cuatro sobre el suelo recibiendo de a dos vergas a la vez, en su boca y en su sexo, Lara lo quiero todo y lo hace saber a cada momento y ellos mantienen el paso a fin de gozar de su esplendido cuerpo y satisfacerse ellos mismos y a la, ahora, insaciable Lara Croft que se traga todo lo que recibe en su boca.

    Bien montada sobre una verga Lara la cabalga con todo. Sus senos se agitan vigorosamente mientras ella mueve sus caderas sintiendo el miembro bien hundido en su coño. Con su boca recibe otro y ellos se turnan para recibir una mamada de su parte. Lara va de verga en verga, montándose sobre una y otra, no quiere perder detalle alguno, gota alguna, «¡me tiene que dejar bien llena!» les dice como si se tratara de una orden. Lo quiere todo y por lo mismo lo disfruta aun más cuando un miembro comienza a hundirse entre sus nalgas, “¡dos a la vez si más, más!” dice sin poder controlarse. En su boca Lara recibe una descarga de espeso semen que devora con ansias mientras la penetran entre dos. Ellos se van turnando para romperle el culo y eso le encanta a Lara que busca como satisfacer su increíble calentura de cualquier manera, entre más adentro y con más fuerza mejor aun.

    Dándole la espalda se monta sobre el chaman que le hunde su verga entre sus nalgas. Ella se recuesta sobre él y de inmediato recibe no una, sino que dos vergas en su coño. Sus gemidos solo se ven ahogados cuando recibe una verga en su boca y Lara se asegura que así sea, lo quiere todo y con todo, su cuerpo actúa por cuenta propia, no es capaz de pensar ni razonar, solo quiere que la follen tan duro como sea posible y disfruta al sentir su boca inundada de espeso semen que ella se esmera en tragar.

    “¡Vamos, bien adentro, demonios!” dice con sus dientes apretados al sentir como le abren su trasero con dos vergas al mismo tiempo. Lara se siente cerca del clímax mientras ellos ya se han corrido varias veces sobre su cuerpo sudado e impregnado con semen. Solo quiere sexo y nada más. Quiere que la penetren, quiere sentir esos miembros tan profundos como puedan darle y saborear aquellas vergas en su boca y sentirlas bien metidas en su cuerpo.

    Habiendo perdido la noción del tiempo Lara finalmente alcanza una serie de profundos orgasmos, sus gemidos llenan el refugio. Una sensación que la recorre desde la punta del cabello hasta la punta de sus pies mientras ellos se corren de forma abundante. Todos demuestran tener un vigor tremendo, considerando el estado de Lara que parece absolutamente insaciable. Ella se revuelca en el suelo, desliza sus manos sobre su cuerpo y las pasa sobre su boca sintiendo la mezcla entre su sudor y el semen que la cubre. Solo entonces se va calmando hasta que debido al cansancio ella cierra sus ojos y se duerme.

    Ya es de noche cuando Lara despierta. Se encuentra sobre una especie de tapado y parcialmente cubierta con una piel de animal. Mira a su alrededor y poco a poco los recuerdos vuelven a su mente, todos los recuerdos. Lara no se explica que sucedió, o porqué está viva aun. El chaman ingresa al refugio y le deja un pellejo con agua, “cuando termines, ven a comer con nosotros” y luego sale. Lara no se explica este cambio, la atraparon, la golpearon, quisieron ejecutarla, la drogaron y luego ella, fuera de sí, tuvo sexo salvaje por el efecto de las drogas y ahora la invitan a comer.

    Sin hacer una sola pregunta Lara procede a asearse y a vestirse. Luego otro de los nativos se le acerca y revisa sus heridas aplicando una especie de aceite sobre las mismas para luego hacerle un gesto que venga a comer. Al salir observa que hay seis hombres, no cinco como antes y ellos la miran y le sonríen. Lara siente una enorme vergüenza tras lo sucedido en ese lugar y se sonroja visiblemente. “No te preocupes, los hombres de nuestra tribu son muy reservados con los asuntos personales, nadie más lo sabrá” le dice el chaman que invita a Lara a sentarse junto a ellos alrededor de la fogata.

    Lara prefiere no preguntar con que la drogaron, siente demasiada vergüenza por ello, pero le pregunta porque la ayudan ahora si antes querían matarla. “Ayudaste a nuestra gente” le responde y apunto con el dedo al sexto hombre, ese que llego cuando la estaban follando y del cual Lara no se percato en ese momento con su lujuria desatada, pero ahora lo reconoce como a quien le entrego las llaves de las celdas. “Nos dijo que tú los liberaste de la prisión y mataste a varios criminales”, “me parece que dije eso antes de todo este, lio”, “lo siento, pero no teníamos como creerte”. Sin decir nada más Lara come lo que le ofrecen, un animal pequeño bien cocido, tiene buen sabor al menos. Luego los escucha hablar entre ellos, no entiende lo que dice, pero nota cierta urgencia en sus palabras.

    “Vendrás con nosotros, te llevaremos a nuestra aldea” le dice el chaman, “¿Qué ocurre?”, “hay mercenarios moviéndose por toda la jungla, tus acciones al parecer provocaron algo”, “deben ser los objetos que tome del campamento, Víctor debe estarlos buscando”. Lara se siente algo responsable por todo esto, sin embargo no oye reproche alguno en las palabras del chaman y en medio de la noche se ponen en marcha, aunque Lara ya no está en las mejores condiciones físicas.

    Si de día el terreno es complicado de noche es aun peor. En condiciones normales Lara podría moverse sin grandes dificultades, pero está muy debilitada por todos los esfuerzos que ha realizado y sus heridas. Para empeorar las cosas Lara sufre un par de fuertes caídas que la debilitan aun más, pero entre todos la ayudan a avanzar y se detienen ocasionalmente para permitirle recuperar el aliento. Sin embargo es imperioso volver a la aldea antes de que amanezca.

    Tras caminar por horas llegan a una caída de agua y con cuidado se mueven tras la misma. Las rocas están resbalosas y Lara casi cae de nuevo, “estoy bien, estoy bien” les dice. Pisando con cuidado Lara se abre paso por un estrecho sendero hasta finalmente llegar a la aldea que se enclava en una formación rocosa. Lara mira al cielo, pero no ve las estrellas, solo vegetación muy espesa. Hay antorchas encendidas y algunas personas se acercan a mirar, en ese momento Lara finalmente colapsa y cae al suelo, totalmente exhausta, su cuerpo simplemente no puede más. La llevan a una choza y varias mujeres la atienden y le quitan sus ropas, “bebe esto, te hará dormir y despertaras mejor” le dicen, y le dan de beber una especie de infusión muy aromática que le provoca un sueño muy pesado y se duerme profundamente.

    Al despertar Lara se siente un poco mejor, aun débil, pero mejor. Nota que sus heridas recibieron atención y se sorprende al percatarse que esta desnuda, aunque cubierta con algunas pieles y tejidos. Como puede se pone de pie y se cubre con lo que encuentra. Mira a su alrededor y ve que está dentro una choza, modesta, pero acogedora con una fogata encendida. Se acerca a una ventana y mira discretamente por la cortina de hojas que la cubre notando que afuera hay varias personas que miran con curiosidad hacia donde se encuentra.

    “Qué bueno verte en pie” escucha Lara a sus espaldas y ve que una mujer entro a la choza y la saluda con una amable sonrisa. Se sorprende al verla ya que por sus rasgos no parece que perteneciera a la tribu y también porque habla su idioma sin problema. “¿Quién eres?” pregunta Lara algo desconcertada, “soy Mila, hija del chaman, ¿te sorprende que hable tu idioma?”, “si un poco, tu padre debió enseñarte”, “en realidad mi madre nos enseño a ambos, mi padre es él chaman y ella una mujer europea que llego a nuestra jungla, me enseño su idioma y también herede sus rasgos, por eso me veo diferente al resto de las mujeres de la tribu” le explica con calma.

    Mila le ofrece a Lara algo de comer y revisa sus heridas. Las limpia y les aplica un ungüento a base de hierbas y las cubre con hojas a modo de vendaje. “Estabas bastante golpeada cuando llegaste”, “ha sido una expedición más dura de lo que tenía pensado”. Ambas conversan un instante, Mila cuenta que su madre era científica, una botánica, que estaba estudiando las plantas en la zona. Y por casualidad se encontró con su padre, el chaman, que la trajo a la aldea de la cual nunca se fue. “Yo soy el producto de dicha relación” dice Mila, “y donde esta ella, me gustaría conocerla”, “falleció hace unos años” Lara se disculpa en el acto, pero Mila no se hace mayor problema, “la vida y la muerte son cosas normales en la jungla”.

    Ambas conversan cuando una mujer entra a la choza y habla en su lengua nativa con Mila. De reojo observa a Lara y se retira. “Debes vestirte, hay una reunión del consejo de ancianos y debes estar presente”, “¿es sobre mi esta reunión?”, “así es”. Mila le ofrece a Lara una de sus tradicionales “vestimentas”, pero Lara no se siente muy cómoda paseándose con sus grandes pechos casi al descubierto y Mila improvisa una especie de vestido usando las pieles con las que se cubrió en la noche, “vamos se hace tarde”.

    Al cruzar la aldea Lara observa con detalle el lugar. Está enclavado en una especie de cráter, en el fondo del mismo rodeado por altas paredes de roca desde los cuales brotan manantiales en abundancia. El techo de la aldea está cubierto por la espesa vegetación, por lo que aun si el sol alumbra con fuerza su luz llega reducida hasta la aldea protegiendo a sus habitantes del intenso calor y de ojos indiscretos, es un refugio ideal. Se ven chozas construidas en las paredes de roca y otras en cuevas naturales. Lara por su parte llama bastante la atención, hombres y mujeres la observan con desconfianza y ciertamente no los culpa. Con extranjeros como Víctor e Ilsa, no ve porque deberían confiar en ella.

    “Por aquí” dice Mila ayudando a Lara, que usa una vara como bastón, a entrar a una gran choza que sirve como centro comunitario donde hay mucha gente reunida. Sentados en una serie de cojines de piel y luciendo diversos tocados esta el chaman junto a otros siete hombres. “El del centro, es el anciano mayor, líder de la aldea” le explica Mila que le señala que hay algunos que hablan en contra de la presencia de Lara y la quiere fuera o muerta. Sin embargo el chaman habla a favor de Lara y luego no uno, sino que varios de los prisioneros en la excavación hablan a favor de ella también señalando que escaparon gracias a que los libero antes de ir por los objetos y que la vieron matar a varios ladrones. Otro señala que Lara destruyo la maquina voladora, el helicóptero, con el cual habían realizado varios ataques en la zona. Al final a Lara se le permite quedarse, pero sujeta a las reglas de la tribu. Además no podrá salir de la aldea hasta que los ladrones se retiren y sea seguro otra vez para no comprometer a los aldeanos y sus pertenencias quedaran retenidas de momento. No es precisamente lo que quería, hubiera preferido seguir explorando, pero al menos podrá recuperarse y mantenerse a salvo. “Muchas gracias” dice.

    La presencia de Lara en la aldea causa bastante curiosidad en especial entre los jóvenes que nunca habían visto antes a un extranjero. Tras escuchar los testimonios ante el consejo de ancianos Lara ya es vista con mejores ojos. Ocasionalmente sale de la choza que ocupa a caminar por la aldea acompaña de Mila que le explica la vida de la gente y lo que ha sucedido desde que Víctor llego a la zona, además le sirve para ir estirando sus músculos. “Antes las mujeres salían a recolectar frutos e incluso a cazar animales, ahora todo lo hacen los guerreros que se mantiene alerta por si esos criminales se acercan a nuestra aldea”. Lara incluso aprende a cocinar a y a preparar algunos alimentos, cosa que nunca aprendió en casa, “realmente soy un desastre en la cocina” dice sonriendo. Las demás mujeres se sorprenden que no sepa preparar la comida, “en mi casa hay un mayordomo que se encargaba de esas cosas” explica Lara y Mila lo encuentra algo fascinante que un hombre haga las labores de la casa.

    A medida que va recuperándose Lara comienza a entrenar de nuevo, quiere ponerse en forma y sus heridas ya han sanado bastante gracias a los cuidados de los aldeanos. Ellos se impresionan al verla entrenar y en especial cuando hace algo de practica con arco y flecha. Algunos aldeanos que Lara ayudo a escapar describen haberla visto pelear mano a mano con algunos de los mercenarios, «una mujer que pelea como un guerrero» dice uno y no faltan quienes buscan retarla, pero Mila se opone diciendo que ella no está en condiciones aun. Para Lara el mayor problema es el lenguaje, su lengua es bastante compleja de aprender y aunque ya ha aprendido lo básico todavía le cuesta comprender sentencias más largas, por suerte Mila la acompaña en todo momento. «Sé que se ríen de mi, pero quisiera saber porque» dice Lara sobre un grupo de mujeres, «les resulta difícil creer que una mujer con esos, atributos, sea capaz de pelear» responde Mila haciendo un gesto al generoso busto de Lara, «pues con mucha practica» responde.

    Ya es de noche en la aldea cuando Mila va a visitar a Lara, «ven conmigo, te voy a mostrar algo» le dice y Lara la sigue. La luna apenas es visible en medio del denso follaje y la aldea se ilumina solo con algunas antorchas y fogatas. Mientras el patio de la misma Lara observa un grupo de mujeres acompañando a uno de los jóvenes. «¿Adonde lo llevan?» pregunta, «es el rito de madurez, ahora se va a convertir en todo un hombre» responde Mila, Lara luce algo sorprendida, «¿con todas las mujeres a la vez?» pregunta incrédula, «oh no, no con todas, solo con su madre, las demás solo observan», «¿y si es una mujer entonces…?», «Es el padre el responsable en convertirla en una mujer adulta».

    Mila conduce a Lara hasta una caverna cuya entrada está adornada con una serie de inscripciones. «Esto era una especie de templo es un espacio que solo las mujeres pueden usar». Tras internarse unos metros llegan a una enorme piscina termal con aguas que fluyen naturalmente desde la montaña, «vaya esto es increíble» comenta Lara. «Vamos, quítate la ropa, esto te va a ayudar» y Mila se desviste y se mete al agua, Lara el cuerpo de la joven, la mezcla de su ascendencia nativa y europea le da una belleza única y exótica. Algo dubitativa Lara la sigue dejando sus ropas a un lado y se sumerge sintiendo el efecto relajante en su cuerpo, «realmente necesitaba algo así» comenta y luego respira profundamente. Cerca hay otras mujeres de la aldea que observan a Lara con mucho interés, apreciando el atlético y curvilíneo cuerpo que posee.

    De una extraña fruta que Mila exprime obtiene un espeso y aromático aceite que unta en la piel de Lara, «tranquila» dice al notar su reacción, «esto ayudara a tus músculos» y comienza a deslizar sus manos sobre el cuerpo de la aventurera que luce algo sorprendida por la situación. Mila continua pasando sus manos sobre su espalda, sus caderas y Lara hace comienza a hacer lo mismo sobre el cuerpo de la joven. «A veces el trabajo de la aldea es muy duro, aquí vienen las mujeres a relajarse». Pronto incluso las otras mujeres que estaban mirando se acercan y Lara siente varias manos encima algo que la desconcierta un poco.

    Las mujeres a su alrededor hablan y comentan, se ríen mientras acarician su atlético cuerpo untándolo con ese aromático ungüento. Esta visiblemente sonrojada y sus pezones se ponen duros y erectos llamando la atención de las presentes. «Tienes un cuerpo muy hermoso» le habla Mila al oído y Lara deja escapar un profundo suspiro cuando le acarician su trasero, «solo déjate llevar» le susurra al tiempo que presiona un dedo entre sus nalgas haciéndola sobresaltarse. Poco a poco las caricias se van haciendo más intensas, Lara se va dejando llevar mientras sus pechos son gentilmente acariciados, se le hace imposible ocultar su excitación, la forma en que respira y los suspiros que deja escapar la delatan. Mila comienza a besarla en el cuello al tiempo que su dedo presiona con más fuerza mientras se hunde entre las nalgas de Lara, «así, más adentro» susurra débilmente. Las demás mujeres comienzan a besar sus grandes pechos y a frotar su entrepierna, presionando sobre su clítoris. Cierra sus ojos y comienza a gemir con fuerza, totalmente invadida por la excitación y dejando que aquellas mujeres se deleiten con su cuerpo.

    Delicadamente recuestan a Lara sobre el borde la piscina que de inmediato intercambia besos con todas las mujeres ahí presentes las cuales no dejan de acariciar su figura. Mila se ubica entre las piernas de Lara y le hunde su lengua tan profundo como puede haciéndola gemir de una manera salvaje. Las mujeres también descienden sobre su cuerpo deslizando sus lenguas sobre sus curvas devorando sus pechos y buscando sus labios también. El contraste entre la orgia que tuvo con los hombres de la aldea cuando la encontraron y las mujeres es evidente, aunque ellos la drogaron con un poderoso afrodisiaco. Con los hombres fue sexo duro y salvaje, aunque Lara no estaba en control de sí misma recuerda y sabe perfectamente lo que hizo. Con ellas es algo más delicado y se toman su tiempo en acariciar y degustar su cuerpo haciéndola disfrutar y disfrutando ellas mismas de las generosas curvas de Lara.

    «Si, no pares por favor» murmura al sentir como le devoran su coño, una de las mujeres se monta sobre Lara y de inmediato le hace sexo oral pasando su lengua sobre los labios de su vagina y luego hundiéndola en la misma. Se besan y acarician entre ellas. Frotan sus cuerpos entre si y se esmeran en follar a Lara chupando ansiosamente sus senos mientras le hunden sus lenguas y sus dedos en su coño. Juegan con el lo estimulan, acarician su clítoris y le pasan la punta de la lengua haciéndola estremecerse por completo. Los gemidos de Lara se ven ahogados cuando una a una se montan sobre ella haciéndola que les devore el coño, restregándoselo en la cara y Lara responde con gusto moviendo hábilmente su lengua y degustando ese sabor tan particular.

    «¡Oh si, oh si!» exclama Lara cuando siente que le meten varios dedos en su culo. Ella se pone en cuatro sobre una manta exhibiendo su trasero y su coño. Mueve su cuerpo adelante y atrás al ritmo de las acometidas que le dan. Una mujer la toma del pelo y la obliga a que le de sexo oral, lo que Lara hace de inmediato mientras la follan. Mila la toma de las caderas y la jala hacia atrás como si la estuviera penetrando, algo que a Lara le encanta. La besan y la manosean, frotan sus cuerpos entre untados como en ese aromático aceite. Le separan las nalgas y siente como presionan ahí con la punta de la lengua y deja escapar unos ardientes gemidos, le enloquece que se lo hagan así.

    Entre todas se besan y acarician. A Lara la voltean sobre la manta disfruta de sus cuerpos y nota la variedad de los mismos. Mila teniendo una mezcla de rasgos europeos y nativos mientras las demás mujeres más bajas y algo rellenitas en sus figuras. Sus senos caídos, ya que nunca usan sostén, pero hermosos a la vez. «Aquí vamos» dice Mila y Lara deja escapar un ardiente quejido. Mila comienza a presionar con toda su mano en el coño de Lara, poco a poco esta se hunde mientras las demás mujeres le separan ampliamente sus piernas y otras se dedican a acariciar y chupar sus senos. Mila presiona hasta meter por completo su mano en ese ardiente coño. Lara nunca había experimentado algo así antes en todas las ocasiones que había tenido sexo con otras mujeres. «Vamos, te gusta, admítelo» dice Mila y Lara se mueve vigorosamente mientras es follada de esta manera, sus palabras apenas se entienden entre sus gemidos.

    Durante varios minutos el coño de Lara es follada de esa manera no solo por Mila, también por las demás mujeres y Lara se entrega por completo. Mila le pasa los dedos en la boca, «tu sexo sabe delicioso» le dice mientras Lara apenas puede hablar por los gemidos que deja escapar mientras la cogen. La hacen ponerse en cuatro y entre varias de las mujeres le van metiendo sus dedos en el culo en medio de los estremecedores gemidos de Lara que resuenan en la caverna, «¡si, oh si, más, más!» dice a cada momento. Mila se pone frente a Lara y esta le devuelve el favor lamiendo su sexo y pasando su lengua entre los labios de su vagina como solo ella sabe hacerlo

    Cambiando de pose Mila y Lara cruzan sus piernas entre sí frotando directamente sus coños. Presionan con fuerza sujetándose la una a la otra sintiendo sus ardientes coños en contacto. Ambas intercambian besos y lamidas con las demás mujeres que se acarician entre ellas también. Pierden totalmente la noción del tiempo y en el caso de Lara pierde la cuenta de cuantos orgasmos ha alcanzado. «Vaya eso fue increíble» dice exhausta, «me alegra que lo hayas disfrutado» replica Mila y ambas se quedan en la piscina un rato disfrutando de las aguas termales junto al resto de las mujeres.

    En el campamento de Víctor hay una actividad ferviente. Patrullas salen a intervalos regulares peinando la jungla, pero sin resultados. «5 hombres perdidos y no hay rastro de nada, ni de los objetos que se llevo, ni de la perra esa, ni de los malditos indios, a estas alturas o la mataron o», «la protegen» dice Ilsa al segundo al mando de Víctor que la observa con cara de pocos amigos. Víctor recibe atención médica a la herida que tiene en el rostro, no dice nada mientras un doctor le realiza otra curación. «Tal vez debimos contratar a esta arqueóloga inglesa y haber liquidado a esta puta» señala Nicolai e Ilsa reacciona de inmediato, «¿Qué dijiste?, ¡no es culpa mía que tus hombres sean una manga de imbéciles!» señala furiosa, «¡al menos hacen su trabajo, tú fuiste incapaz de encontrar una sola pista y esa tal Croft no tardo ni 30 segundos en percatarse de lo que había en esa cosa!». «El problema es que hemos subestimado a nuestra adversaria» señala Víctor y deja sobre la mesa una serie de correos electrónicos que le llegaron hace poco. En ellos se detalla las aventuras de Lara en Yamatai, Siberia y Perú. «Esta mujer más parece un comando que una arqueóloga» dice Ilsa, «si se aliado con los aldeanos jamás la vamos a encontrar, no se van a exponer hasta que nos vayamos» agrega con evidente frustración. «Entonces debemos irnos» dice Víctor poniéndose de pie y luciendo una enorme cicatriz en su cara.

    En la aldea Lara sigue recuperando sus fuerzas. Tras unos días ya se siente mejor que nunca y está ansiosa por poder retomar su investigación, pero se comprometió a respetar las leyes de la aldea y por lo mismo, aun no puede salir. «¿Por qué esa cara?» le pregunta Lara y Mila le explica lo que ocurre, «bueno, tal vez esto te anime un poco, los exploradores de la aldea reportaron que el campamento mercenario está siendo desmantelado, han visto vehículos salir cargados con soldados y parte de las cabañas han sido desarmadas, al parecer se han dado por vencidos» dice Mila con una sonrisa, pero Lara no está segura, «no tiene sentido, si vinieron a buscar riquezas no se van a dar por vencidos tan fácil, dile a tu padre que tenga cuidado, hay algo raro en todo esto», «¿crees que puede ser una trampa?», «es posible».

    La inactividad pone nerviosa a Lara, no se haya sentada sin hacer nada. Se ejercita, practica con arco y hace lo que puede por mantenerse ocupada, sin embargo desea retomar su trabajo y le pregunta a Mila si puede interceder por ella. «Lara, no puedo, tu ya hablas nuestra lengua, ve tu misma y habla con él», haciendo referencia al jefe de la aldea. Tras pensarlo un rato Lara decide ir y hacer el intento.

    Se dirige a la choza que sirve de centro comunitario donde se encuentra el jefe de la aldea. Siguiendo las costumbres de los nativos ingresa y se arrodilla frente al altar donde tiene su asiento. En ese momento él habla con otros aldeanos y nota su presencia, pero no le dice nada y ella tampoco. Debe esperar a que él le dirija la palabra.

    Durante un buen tiempo espera, pronto comienza a creer que la está poniendo a prueba de manera intencional. Habla con varios aldeanos e incluso el padre de Mila está presente, pero no interviene. Tras largos minutos se acerca a Lara deteniéndose enfrente. «¿Qué quieres?» le pregunta y solo en ese momento Lara levanta la vista. Es un hombre ya mayor, incluso es más viejo que el chaman, es un poco más alto que el resto de los hombres de la aldea y su aspecto ciertamente es atemorizante. Las cicatrices en su cuerpo delatan que ha participado en un buen número de batallas contra otras tribus así como ha cazado peligrosos animales de la jungla. A su cintura lleva amarradas varias cabezas reducidas como trofeos y si bien tiene un solo ojo, el derecho, Lara tiene la impresión que pudiese ver a través de ella sin problemas.

    «Quiero recuperar parte de mi equipo» dice Lara con tono respetuoso y manteniéndose de rodillas, «¿parte de tu equipo?» responde él, «solo necesito mi material académico y los artículos para estudiarlos, para seguir investigando», «¿investigando que cosa?», «investigar qué es lo que estos tipos están buscando», «¿Y tú no sabes?», «no, aun no». «¿A qué te dedicas realmente?», «soy una arqueóloga, en mi trabajo nos dedicamos a investigar el pasado, desentrañar sus misterios y enseñar ese conocimientos a las generaciones futuras», «¿y todos los arqueólogos van armados como tú?», Lara sonríe brevemente, «a veces es necesario protegerse» responde.

    «¿Por qué viniste a nuestra jungla?» le pregunta él mientras se sienta. «Encontré información que recopilo mi padre, él también fue arqueólogo y en su momento quiso visitar la jungla para explorar», «¿sigues lo pasos de tu padre?», «así es», «¿y qué hay de tu madre?», «ella era una artista y murió en un accidente cuando yo era niña», «¿y por que tu padre no vino?», «porque lo mataron antes que él pudiese visitar la jungla», aquí el jefe luce intrigado ante la respuesta de Lara. «¿Quiénes lo mataron?», «unas personas que querían un trabajo importante que estaba haciendo», «¿y tú qué hiciste?», «cuando supe la verdad, busque venganza contra estas personas, ahora ellos están muertos». Lara responde con firmeza en su voz y en su mirada, ambos se miran a los ojos fijamente y la respuesta parece satisfacer al hombre que después le pide a una muchacha que traiga las pertenencias de Lara.

    «Toma lo que necesitas» le dice y Lara de inmediato busca los artefactos que se llevo del campamento, así como el cuaderno con apuntes, el mapa que ella elaboro y otros implementos. Cuidadosamente deja las armas ahí y se inclina en señal de agradecimiento. «Considéralo un gesto de buena voluntad» le dice el anciano y Lara se retira en silencio.

    Raudamente regresa a su choza y se pone a trabajar ante una atónita Mila que no entiende mucho lo que Lara está haciendo. Menos aun cuando despliega toda clase de papeles y documentos de los cuales no comprende nada mientras la observa. Lara lee el cuaderno, los artefactos y el mapa mientras hace una serie de traducciones e incluso algunos cálculos matemáticos. Lara se sorprende al notar que ellos tenían información bastante precisa de que buscar, un artefacto se menciona e incluso encuentra un dibujo del mismo. “¿De dónde obtuvieron esta información?” se pregunta. Se le va casi todo el día en ello. Mila le trae algo de comer, pero Lara apenas nota su presencia debido a lo concentrada que esta.

    «¡Demonios!» se queja en voz y Mila casi salta del susto, «¿Qué ocurre?», «este medallón, está dañado y faltan unos símbolos, sin los cuales no es posible determinar la ubicación de las otras ruinas» y mueve su cabeza en señal de frustración. Mila lo recoge y lo observa detenidamente, «he visto algo como esto antes» y Lara la observa perpleja, «¿Dónde?», «en la montaña que rodea la aldea hay todo un sistema de cuevas y túneles, la gran mayoría están cerrados por ser muy peligrosos, cuando era niña con varios amigos entramos en ellos y recuerdo haber visto esto en un grabado en la pared». «¿Podrías llevarme a ese lugar?», «claro, vamos de inmediato».

    Lara recoge su linterna y una cámara digital. Mila la guía hacia un sector lejano de la aldea donde hay una cueva señalada con indicaciones de peligro. «Recuerdo que cuando salimos de este lugar y mi padre me sorprendió, no me pude sentar en varios días, estaba furioso» señala Mila. Ambas se toman de la mano mientras caminan, Lara con su linterna y Mila con una antorcha. Van lentamente moviéndose sobre el resbaladizo suelo de piedra. Tras andar unos minutos se ven unos símbolos grabados en la roca y Lara les toma unas fotos, «es más adelante, no pierdas de vista la pared, es la referencia para salir de aquí» señala Mila.

    Siguen avanzando en la oscuridad, la antorcha y la linterna parecen ser incapaces de proveer suficiente luz, Lara nunca experimentado algo así antes, una oscuridad total como ahora. «¿Oye, escuchaste eso?» señala Lara, «si, pero puede ser una corriente de aire» responde Mila algo nerviosa. A medida que se mueven es obvio que hay algo más en la cueva. El sonido de rocas moviéndose las hace detenerse, «¿segura que no hay mitos de monstruos o algo así?» pregunta Lara ya visiblemente nerviosa, «pues no que yo recuerde» responde Mila angustiada. Lara mira en todas direcciones, pero la oscuridad de la cueva parece tragarse la luz de su linterna, «debí traer un arma» dice Lara.

    En ese momento Mila siente que alguien le toma la espalda, el grito es tal que Lara al asustarse, pierde el equilibrio y deja caer su linterna y Mila la antorcha. Siguen unos segundos de una confusión terrible donde Lara no pueden encontrarla y Mila grita desaforada. «¡Estas bien que paso!» le pregunta y al alumbrar con la linterna ve a Mila sujetando del cuello a alguien con una mano y con la otra tiene a alguien del pelo. «¡Malditos mocosos mal nacidos pagaran por esto!» les grita furiosa, al menos es lo que Lara puede traducir. Lara esta atónita mirando como ella los golpea a ambos que tratan de librarse hasta que finalmente pueden salir corriendo. «¡Debí saberlo malditos enanos!» dice furiosa, «¿Quiénes son ellos?», «¡un par de chicos de la aldea, hermanos y son unos traviesos por decirlo menos, no obedecen a nadie, excepto al jefe y siempre están causando problemas, pero esta me las van a pagar!».

    Lara se esfuerza en contener la risa, Mila esta que hierve de rabia al tiempo que trata de calmarse, «par de rufianes» murmura. Tras bajar los humos un poco siguen caminando hasta llegar a la cámara de la que Mila le hablo. Encienden varias antorchas y de esta manera Lara puede apreciar mejor lo que hay. Los relieves que se aprecian la intrigan profundamente, Lara toma fotos por todos lados y se da cuenta de algo, hay dos lenguajes grabados en piedra. Uno de ellos cree que puede traducir y de ese se deriva el lenguaje usado por los aldeanos. El otro es imposible de traducir, son símbolos que Lara jamás había visto antes. También encuentra el grabado del que Mila le hablo. Lara toma varias fotografías del mismo y tras darse por satisfecha salen de las cuevas.

    De vuelta en su choza Lara se pone a trabajar y consigue descifrar la ubicación de lo que Ilsa y Víctor andan buscando. “En esta zona hay otro complejo de ruinas es una formación llamada las cuatro caras”, “recuerdo haber escuchado algo una vez, está ubicada en la intersección de varios ríos”. “Ahora solo falta esperar que me dejen salir” agrega Lara, “paciencia, con algo de suerte ya falta poco”.

    Sale a caminar por la aldea y ayuda en lo que puede a fin de mantenerse ocupada y poder sobrellevar esta inacción. Sus heridas ya han sanado y por lo mismo se entrena de manera muy intensa a fin de ponerse en forma, algo que llama bastante la atención de los aldeanos que nunca había visto a una mujer tan fuerte como Lara.

    Ya está oscureciendo cuando regresa a su choza. En el camino se topa con un grupo de aldeanos. Si bien la mayor parte de la tribu la ve con buenos ojos por ayudar a los que estaban enjaulados en el campamento, todavía hay algunos que la miran con recelo e incluso con cierta hostilidad. Antes la presencia de Mila los mantenía a raya, pero como ella no se encuentra deciden abordarla. En un comienzo Lara decide evitarlos, sin embargo la siguen y la insultan en su lengua nativa. Se arma de paciencia mientras trata de alejarse, pero los insultos van escalando a cada momento al punto en que les responde con bastante dureza. En ese momento uno de ellos la ataca con un palo y Lara se ve obligada de a defenderse azotándolo con violencia en el suelo. Pronto los otros también la atacan y en medio de una gran conmoción entre los aldeanos Lara se defiende y les propina una dura golpiza a sus atacantes.

    La llegada del anciano jefe de la aldea calma las cosas de inmediato, por la reacción de los presentes es evidente el nivel de autoridad y respeto que él tiene entre su gente. Todos se ponen de pie y Lara se limpia la nariz que le sangra bastante, también recibió unos golpes, pero se mantuvo de pie al finalizar la pelea. Ellos la acusan ante el anciano que permanece inmóvil mientras los escucha hasta que al levantar una mano los hace callar. Lara quiere defenderse y explicar lo sucedido, pero él le hace un gesto para que se retire y ella apretando los puños obedece, “¡lo único que faltaba!” murmura con los dientes apretados.

    Como una leona enjaulada se pasea por su choza. Está furiosa por lo sucedido. En ese momento el jefe entra a su choza y la mira fijamente con su único ojos bueno, una mirada de lo más penetrante. Lara de nuevo trata de explicar lo sucedido, pero él la interrumpe. “Vi todo lo que paso” le dice de manera solemne, “ellos serán castigados por haberte atacado de manera tan cobarde, hiciste lo correcto al defenderte” agrega y Lara se calma un poco, “gracias” dice aliviada. “Una mujer que pelea de igual a igual con un hombre, quien lo diría” dice después y le entrega a Lara un cuchillo, con un mango artesanal, pero la hoja es de un metal que ella jamás había visto. “La hoja fue encontrada en una de estas ruinas” le dice él, “tómalo, un regalo, de un guerrero a otro” agrega de manera respetuosa y Lara lo recibe haciendo una pequeña reverencia y él luego se retira.

    “Espera” dice Lara y él se voltea hacia ella mirándola a los ojos. “No tengo nada que pueda darle como guerrero” le dice mientras camina hacia él, “pero tal vez pueda darle algo como mujer” y en ese momento deja caer su ropa quedando completamente desnuda mostrando su espectacular y atlético cuerpo. Él la observa sin duda atraído por su voluptuosa figura que ya había notado antes. No hay en la aldea otra mujer con ese cuerpo y Lara se muestra dispuesta a todo esta noche.

    Se para junto a él marcando la diferencia de estatura. Lara lo invita a que acaricie su piel. Está ansiosa por comprobar si todos los hombres de la tribu están tan bien dotados, no solo por lo que sucedió cuando la capturaron, sino que Mila y otras mujeres le han dicho lo mismo. El anciano pasa sus ásperas y firmes manos sobre la suave piel de Lara, se deleita acariciando ese cuerpo y notando la firmeza de los músculos que ella posee, un cuerpo como nunca ha acariciado antes. Lara cierra los ojos y suspira profundamente cuando le toman sus pechos y sus pezones con esas manos ásperas y callosas debido a la jungla y al trabajo duro. Ella no pierde el tiempo y le frota el miembro bajo su faldón, se impresiona al notar lo grande que es, por lo visto no mentían cuando le dijo que era una característica de los hombres de la tribu.

    Ambos se abrazan y él hunde su rostro entre los pechos de Lara que siente las manos del venerable guerrero sobre su espalda y descendiendo hasta tomar sus nalgas. También siente su gruesa y larga verga presionando entre sus piernas y deslizándose entre sus muslos con los cuales la atrapa y la presiona delicadamente. Ella siente los gruesos labios envolviendo sus pezones y lo empuja contra sus grandes pechos que le chupa y lame con muchas ganas.

    “Quiero probarla” le dice hincándose frente al anciano que se quita su ropa mostrando su impresionante verga. De gran tamaño y grosor, Lara la encuentra algo impropia en él considerando su baja estatura y contextura delgada, pero parece ser una característica genética en esta tribu. Con ambas manos la toma y comienza a estrujarla y masajearla lentamente. La siente palpitar entre sus manos mientras la frota. Parece volverse más dura y tiesa con cada masaje que le da.

    Lara lo mira a los ojos mientras pasa la punta de su lengua sobre el miembro, lo recorre de arriba abajo tomándose su tiempo, ninguno de los dos tiene apuro alguno. Poco a poco comienza a envolverla con sus labios y se mueve de arriba abajo. El anciano la observa fijamente, se mantiene firme sin expresar demasiado, pero ella nota lo excitado que esta mientras le hace una mamada. Le chupa todo el miembro, lo pone en su boca y lo traga tanto como puede, pero por sus dimensiones se le hace difícil de manejar. Le chupa desde sus testículos hacia arriba, no pierde detalle y usa hábilmente su boca y su lengua.

    Se pone de espaldas sobre unas pieles que usa como cama, Lara separa sus piernas y lo invita a venir y poner su verga entre sus grandes y suaves pechos. “Se siente tan bien” comenta ella mientras la gran verga se desliza entre sus senos con los cuales la exprime y la frota. El anciano le toma los pechos y los usa a su antojo en medio de los gemidos de Lara que se mueve y usa la punta de su lengua sobre la verga. Con fuerza la toma de las piernas y se las separa aun más mientras ella juega con su coño. Le acerca la punta de su verga y le roza el clítoris y los labios de su vagina haciéndola gemir. Juega con Lara por un instante manteniéndola en ascuas a cada momento hasta que comienza a penetrarla de una vez. Lara deja escapar un ardiente e intenso gemido cuando el anciano jefe de la aldea la hunde toda su verga que la recorre por dentro.

    Sobre las pieles que usa como cama Lara yace con sus piernas separadas y él penetrándola con fuerza. Para su edad demuestra bastante vigor y fuerza haciéndoselo sentir hundiendo su grueso miembro y haciéndola gemir de una manera increíble. Sus pechos se agitan y ella se frota su clítoris, “¡se siente tan bien, tan profunda!” dice Lara en medio de sus gemidos y él sigue dándole verga sin parar disfrutando del juvenil y atlético cuerpo de Lara que se entrega por completo.

    Con sus piernas Lara lo envuelve y lo presiona sobre su cuerpo, ambos se besan y él hunde su rostro entre sus pechos mientras la penetra. Lara lo carga con sus piernas haciendo que la penetre aun más profundo. El anciano responde tomando las piernas de Lara y apoyándolas en sus hombros, la sujeta con fuerza y comienza a darle con todo. Los gemidos de Lara se hacen más fuertes que nunca mientras comprueba el vigor del hombre que pese a su edad, muestra una vitalidad más que envidiable.

    “Vamos, quiero montarme encima” le pide ella que le hace una buena mamada para luego ponerse sobre él. Lara toma la verga hacia su coño donde se va dejando caer lentamente. Le gusta sentirla toda dentro, lentamente se la va metiendo hasta el fondo. Ella cierra los ojos y suspira, se yergue sobre el anciano y juega con su cabello mientras mueve sus caderas haciendo que el miembro se frote contra su vagina. Él le toma sus pechos y se los masajea mientras Lara comienza a cabalgarle. Se mueve en medio de sus gemidos y sus pechos se agitan vigorosamente. “¡Tu verga se siente tan bien, tan profunda!” exclama terriblemente excitada mientras él le chupa sus pechos cuando Lara se los pasa por la cara. Los cuerpos de ambos se frotan intensamente. La suave y tersa piel de Lara, con su cuerpo atlético y joven contrasta con la áspera piel del viejo guerrero, llena de cicatrices y marcas de tatuajes que son testigos de la dura vida en la jungla.

    Ambos se recuestan sobre las pieles que sirven de cama. Se besan y se acarician mutuamente. Lara se ofrece entera y delira al sentir ese miembro dentro, simplemente le encanta y el anciano demuestra un vigor notable disfrutando de Lara que se muestra inhibida y salvaje. Lara toma el miembro y lo guía hasta su trasero, “la quiero aquí ahora” le dice mirándolo fijamente y él la satisface. Se acomoda tras ella y le toma una pierna mientras Lara le guía el grueso miembro hasta su trasero, el roce de la gruesa cabeza con su culo la excita bastante, “ahora sí, presiona” le dice ella y él empuja hundiendo el miembro entre sus nalgas que comienza a perderse poco a poco. “¡Oh si, oh si, vamos, adentro, adentro!” exclama y el anciano siente como el culo de Lara, bien apretado, le exprime su verga hasta tras unas cuantas acometidas la tiene toda adentro.

    Con fuerza la abraza y la jala hacia él, Lara se mueve también y los follan salvajemente. Sus gemidos se hacen más fuertes que nunca, simplemente enloquece con una verga así bien enterrada en su trasero. Él por su parte también disfruta de Lara y de su salvaje manera de follar. La abraza y la toma de sus caderas mientras le da por el culo, la penetra con todo y a ella eso le encanta. Cambian de pose y Lara se le monta encima dándole la espalda, con la verga bien metida en su culo. Lara sube y baja por la verga, se levanta hasta casi tenerla afuera para luego descender y meterla toda de nuevo.

    “¡Me voy a correr, me voy a correr!” exclama Lara que siente los espasmos en el miembro que tiene bien enterrado entre sus nalgas. En ese momento la gran verga parece que explota en su culo por la tremenda descarga que recibe. Ella suspira profundamente y respira hondo. Se levanta de la verga y el semen le brota de su culo de forma abundante. Lara lo frota con su coño para después comenzar a darle una mamada saboreando ansiosamente el miembro que aun se muestra bastante duro. Se esmera en sus caricias orales y este se corre de nuevo en su boca. “Vaya que sabe follar, tiene mucho vigor para sus años” comenta Lara que se encuentra rendida sobre la cama. El anciano se viste tranquilamente, sin decir una palabra y se dirige hacia la puerta donde se detiene y mira a Lara fijamente. “Una fiera combatiendo y una fiera como mujer, realmente eres única” y se retira. Lara sonríe de manera coqueta.

    Continuará…

  • Me salvó del violador y me cogió él

    Me salvó del violador y me cogió él

    Seis meses atrás con mi hija nos mudamos a una casa en un barrio bastante acomodado del Gran Buenos Aires. Luego de mucho sacrificio, sobre todo después del divorcio, compré esa casa para empezar una nueva vida las dos solas.

    Aunque mi hija me jorobaba para que busque novio, yo no quería. Los últimos años con su padre habían sido muy traumáticos y violentos. Ahora solo quería dedicarme a ella, que con 16 años había pasado momentos muy feos por nuestra relación, y ahora por el padre que ni la llamaba.

    Todas las tardes salgo a correr por un parque cercano, no solo por la parte física sino por la mental, me ayuda a despejarme. Hace una semana, iba corriendo cuando de atrás de unos arbustos, salió un tipo apuntándome con un arma. Traté de escapar, pero me retuvo agarrándome de un brazo y apuntándome a la cabeza. Cuando me arrastraba hacia los arbustos, apareció un muchacho, que de una trompada lo tiró al suelo, para después seguir golpeándolo en la cara hasta que el otro perdió el sentido.

    Con su celular llamó a la policía. Yo estaba temblando de pánico y me largue a llorar. Otros runners que pasaron se quedaron tranquilizándome y algunos le daban patadas en todo el cuerpo al tipo, y evitaban que se escape.

    Llegó la policía, se lo llevaron y el muchacho y yo debimos ir a declarar. En todo momento se mantuvo a mi lado y me abrazaba. Era más alto que yo y más o menos la misma edad. Y un muy buen físico. Yo fui la primera en declarar y luego él. Me quedé esperando ya que en ningún momento le agradecí, no le dije nada realmente.

    Él salió de declarar y se sorprendió al verme.

    “Hola, mi nombre es Marisa, quise esperarte para darte las gracias. No sé que hubiera pasado si vos no intervenías. En realidad si sé, pero no sé como hubiera terminado.”

    “Lo importante es que estás bien y no te lastimó. Ah, mi nombre es Ricardo, pero las damiselas hermosas que salvo de los malos, me dicen Rick.” Dijo bromeando para distender la situación.

    “Entonces gracias Ricardo, porque yo de damisela y hermosa, poco tengo.” Dije respondiendo a su broma.

    “Claro, eso seguro. Bueno, vuelvo al parque a buscar mi auto. Un gusto conocerte Marisa.”

    “Espera, por favor. Deja que te alcanzo hasta el parque, yo pedí un auto y está afuera.” Dije.

    “Gracias, sos muy amable.” Dijo.

    “Es lo menos que puedo hacer por quien me salvó.”

    Llegamos al parque y fue como revivir la situación. Empecé a temblar y él se dio cuenta.

    “Flaca, no estás bien, por favor dejame que te lleve a tu casa. ¿Hay alguien?”

    “Debe estar por llegar mi hija del colegio.” Dije.

    “Vamos, cualquier cosa esperamos en el auto hasta que llegue.” Dijo.

    Acepté y fuimos hasta la puerta de mi casa. De pronto me di cuenta lo ridículo que era esperar en el auto, como si tuviera miedo del hombre que me salvó de una violación.

    “Rick, esto es ridículo. Por favor, pasemos y te convido un café o lo que quieras.” Dije.

    Él no quería para no generar una situación con mi hija. Lo pude convencer y entramos. Charlamos, me contó que era soltero, de mi misma edad, que hacía un mes había cortado con una chica, que trabajaba como desarrollador de software, y que vivía a unas 5 cuadras. Yo le conté por arriba mi historia y estábamos en eso cuando entro Carla, mi hija.

    “Hola, ¿cómo están? Soy Carla, la hija descarriada como te habrá contado” Dijo sin saber nada de lo ocurrido.

    “Hola Carla.” Dijo él y me miró.

    “Hija, él es Ricardo. Hoy cuando corría en el parque un tipo me apuntó con un arma, me tironeó hasta unos arbustos, pero apareció él, y de una trompada lo durmió. Se quedó conmigo y fuimos a declarar a la comisaría. Como si esto no bastara, me acompañó hasta que vos llegues.”

    “Por Dios mamá, no te puedo creer. Gracias Ricardo, sos un capo, gracias por jugarte la vida por mi vieja. Te podía haber pegado un tiro a vos.” Dijo Carla.

    Ahí reaccioné. Lo que decía Carla era totalmente cierto.

    “No fue tan grave. Lo importante es que tu mamá está bien. Bueno, ahora las dejo.”

    Fuimos hasta la puerta y Carla me preguntó algo al oído, para ir corriendo hacia el auto de Ricardo.

    “Perdona a mi mamá Ricardo, pero entre su edad avanzada, lo lindo que sos vos y el cagazo que le queda, se olvidó de pedirte tu teléfono por si necesita ser rescatada nuevamente.” Dijo mi hija.

    “Carla, te voy a matar.” Grite yo al escuchar lo que decía.

    Ricardo se rio y le pasó su número. Luego se fue y entramos a la casa.

    “No me digas que no te gusta mamá, es un bombonazo.”

    “Carla, lo que menos hice fue mirarlo. Además, ya te dije.”

    “Si, pero por lo menos tenés que invitarlo a cenar, es lo menos que podes hacer con este tipo. “¿O pensas que tu vida vale un café?” me dijo y se fue a su cuarto.

    Tenía razón, no tenía argumentos para rebatirla.

    Al día siguiente, todavía me duraba la impresión. No fui a la oficina y me quedé en casa. Carla me llamaba a cada rato para preguntarme si estaba bien. Cuando llegó le dije que tenía razón, que debería invitarlo pero no me animaba.

    “Deja vieja, yo me ocupo.” Dijo y lo llamó.

    “Hola Ricardo, te habla Carla, la hija de la veterana que salvaste ayer.”

    “Hola Carla, ¿todo bien con tu mamá?”

    “Si genio, todo bien. Escuchame, el tema es que quiere invitarte a cenar en casa y no se anima. Viste como son las personas mayores. Por eso te llamo, para invitarte yo. Dale, ¿venís mañana a la noche, que es viernes y el sábado no se labura?”

    “Carla, no la pongas en un compromiso a tu mamá. Cuando ella esté con ánimo, que me avise y tomamos un café.”

    “No, es en serio. Espera. Mamá, jugate y habla con él. No seas chiquilina.” Dijo y me pasó el teléfono.

    “Hola Ricardo, soy Marisa. Como veras, este monstruo no tiene ni límites ni respeto por su madre. En serio me gustaría que vengas a cenar. De alguna forma tengo que agradecerte.”

    “Bueno, Marisa, acepto.” Dijo.

    El viernes a las 21 Hs. puntual, estaba tocando el timbre con dos ramos de flores, uno grande y el otro más pequeño. Cuando entró me dio el grande y le agradecí con un beso en la mejilla. Su perfume me embriagó. Carla vino a recibirlo y cuando le dio el ramo pequeño, ella saltó y lo abrazó por el cuello y le dio un beso también en la mejilla.

    “Escuchame bombón, sos un divino. ¿Por casualidad no tenes un hermanito menor tan divino como vos? ¿O mejor, no tenes ganas de ser novio de mi vieja, porque con vos seguro que va a estar “más feliz”?.” Dijo sin ponerse colorada pero haciendo que mis mejillas se pongan al rojo vivo.

    Cenamos charlando de todo un poco, soportando las indirectas de Carla, él respondiendo con mucha altura y una pizca de doble sentido muy inteligente. Justamente el tipo de hombre que siempre me gustó: educado, de buen humor y con la inteligencia justa para hacer bromas sin que caigan mal. Su mirada hacia mí siempre fue seductora, como su actitud, una seducción natural, para nada forzada.

    “Chicos los dejo. Voy a tener cyber sexo con un pendejo que me tiene loca.” Dijo. Yo me puse roja de vuelta. Me dio un beso y luego le dijo a Ricardo: “Es mentira, pero se pone loca cuando digo cosas así.” Luego le dijo algo al oído le dio un beso y se fue.

    “Por favor, trata de hacer de cuenta que no te dijo nada. Tiemblo en pensar que te dijo.” Le dije.

    “Tranquila, nada grave. En realidad me pidió que te parta la boca de un beso.” Dijo sonriendo.

    “Que chica, por Dios.”

    “Bueno, me voy yendo, te agradezco la invitación, excelente la comida y espero en algún momento aceptes que te invite a cenar afuera.” Dijo.

    “Espera Ricardo, te sirvo un café o un whisky, no es necesario que te vayas tan pronto, a menos que te estén esperando.” Dije sin pensar las cosas ni saber por qué las decía.

    “No me espera nadie. Acepto el café y el whisky.”

    Nos sentamos en el sillón del living, y yo directamente me senté junto a él. Yo me sentía una tonta. Solo temblaba, no hablaba. Y cuando hable…

    “Rick, por favor, abrazame.” Dije

    El pasó su brazo por mis hombros y me abrazó atrayéndome suavemente junto a él. Lentamente me fui excitando. El aroma de su piel y su perfume, saber que fue capaz de arriesgar su vida por mí, sentir toda su masculinidad. Abrí su camisa y comencé a besar su pecho, su abdomen y fui bajando hasta su pene, que liberé rápidamente de su pantalón y su bóxer.

    Primero fui lamiendo desde las pelotas hasta la punta, luego lo metía y sacaba de mi boca. Su mano buscó uno de mis pechos y los apretaba dulcemente. Su otra mano, me tomó por la cabeza y guiaba mis movimientos. Yo tenía una pollera amplia que con cuidado corrí al igual que la tanga para meterme esa hermosa pija en mi concha. Subía y bajaba cada vez con más ritmo y fuerza.

    Me acerque a su boca y lo comencé a besar.

    “Dios, ni sé que estoy haciendo, pero me gusta, no me puedo frenar, me calentas mucho.” Le dije.

    El aprovechando la proximidad comenzó a chupar mis pechos en forma desaforada. Mi calentura subía a niveles extremos, que pocas veces había alcanzado y eso había sido hace muchos años. Sin sacar su boca de mis pechos, metió las manos por debajo del vestido y me apretó las nalgas con fuerza. Las separaba y las juntaba, de pronto uno de sus dedos comenzó a jugar con mi ano.

    “No…” le dije, pero no negándome sino pidiendo que no lo haga porque sabía lo que provocaría en mí. El entendió claramente el mensaje e introdujo un poco su dedo. Me transformé, me volví totalmente loca, subía y me tiraba sobre su pija provocándome dolor y placer al mismo tiempo. Mi mano buscó la mano cuyo dedo estaba en mi culo y lo introduje más.

    “Desgraciado, encontraste mi punto débil.” Le dije mirándolo a los ojos. Cuando su dedo entró en su totalidad, llegué a mi mejor orgasmo en muchos años, incluyendo los de casada. Las palpitaciones de mi concha hicieron que el acabe dentro mío. Unos segundos después sosteniendo su dedo en mi culo, me fui levantando, me puse de rodillas a su lado y me subí el vestido para que vea como me penetraba su dedo.

    Así ensartada y moviéndome contra su dedo, fui chupando y limpiando totalmente su pija. Mi excitación no bajaba, apretaba mis tetas y le mostraba como las apretaba al tiempo que apretaba su dedo con mi orto. Hice que introduzca el segundo y con cuidado lo hizo.

    “Años hace que no me pone así un hombre, muchos más de los que hubiera deseado.” Dije y continué chupando por un rato hasta que su pija estuvo nuevamente a full. Me puse en cuatro patas y esperé separando mis rodillas, y los cachetes con mis manos. Para mi sorpresa, el volvió a enterrarla en la concha y metió forzando un tercer dedo en mi culo.

    Lo miré por sobre mi hombro y su cara era de placer total. Me sonrió sabedor que me estaba haciendo desear. Levantó sus cejas, como preguntando si yo tenía algo que decir.

    “Si desgraciado, quiero que me la metas en el culo.” Dije.

    “Si te la meto en el culo, acabo y me voy. Y nunca más nos veremos. Si no, quizás en otro momento si lo haga. O sea, terminamos o recién empezamos. Vos decidís.” Me dijo dejándome helada. En ese momento con mi calentura al máximo, tres dedos en mi culo y una gloriosa pija en mi concha pretendía que decida.

    “Seguí así.” Dije.

    Sacó los dedos de mi culo, me tomó por la cintura y comenzó a embestirme como un animal. No solo me daba placer sino que las embestidas me provocaban un cierto dolor en mi concha y mis glúteos de como el los golpeaba con su pelvis. Cuando acabó me llevó a otro orgasmo para recordar toda la vida. Se salió de mí, y me dijo.

    “Vamos a tu dormitorio.” Sin pensarlo subimos casi corriendo las escaleras, ni pensé que al lado del mío estaba el de Carla.

    Entramos cerró la puerta y nos desvestimos. Subimos a la cama y él me puso de costado. Corrió la pierna de arriba hasta que tocó la rodilla mis pechos. Increíblemente, después de dos acabadas su pija seguía dura y firme. Me la metió en la concha y siguió con el ritmo frenético que veníamos abajo. Tomo mi mano, y escupió dos dedos. De inmediato entendí y los metí en mi culo mientras el apretaba mis pechos con todo. Al meterlos otro orgasmo me conmocionó.

    “Hijo de perra, como me haces gozar.” Le dije totalmente alienada. Cuando vio que mis dedos entraban y salían con facilidad, sacó su pija y la comenzó a meter en el culo. Menos de un minuto después, me envestía con todo, abriéndome totalmente. Su mano buscó mi clítoris y lo comenzó a acariciar, yo no podía más, se me nublaba la vista, me faltaba el aire, pero ni loca quería que se detenga.

    “Ah, así cogeme así.” Casi grité sin pensar.

    Eso lo puso más loquito y ya sus embestidas eran totales. Sus dedos se movían sin parar y de pronto, acabó bien adentro de mi ano, y se quedó quieto. Mi cuerpo convulsionaba de placer, el orgasmo era totalmente irreal, increíble, incomparable para mí. Se dejó caer junto a mi espalda y me abrazó apretando uno de mis pechos, pero sin sacar su pija de mi culo. Increíblemente o me desmaye o nos dormimos. O ambas cosas.

    Nos despertamos juntos, y nos dimos una ducha genial. El obviamente se puso la misma ropa y yo un jogging. Bajamos y en la cocina estaba Carla, que sin decir más que “hola”, siguió desayunando.

    “Espero que por lo menos se hayan cuidado.” Dijo Carla seria.

    Nos miramos y nos reímos, sabiendo que no había sido así. Ella entendió y dijo:

    “Y bueno, tendré que aprender a cambiar pañales.” Y nos largamos a reír. De pronto me miró seria y me dijo:

    “¿Estás bien má?”

    “Si hija, muy bien.”

    “Me alegro, te mereces estar muy bien. Y ni se te ocurra que le voy a decir papá. En todo caso puede ser: “papito, bombón, potro.”

    Por suerte la relación siguió tan bien como comenzó, aunque esa noche no quedé embarazada un par de meses después sí. Hoy somos una feliz familia de cuatro.

  • De vuelta a casa de mis padres

    De vuelta a casa de mis padres

    No había estado en casa para ver a mis padres en más de un año. Últimamente mi vida no había ido bien. Rompí con mi novio con el que llevaba varios años y ahora sola con 25 años me sentía en la mierda. Conduje a casa de mis padres un viernes y fui recibida con cariño por mi papá.

    «Tu madre aún no está en casa», me dijo.

    Eso estaba bien para mí. Siempre habíamos sido cercanos y sentía que necesitaba hablar con él. Papá tomó mis bolsos y las colocó en mi antigua habitación. Nos sentamos y le dije todo lo que me paso y como me sentía. Le dije que estaba desconsolada y sola. Papá estaba mirando, era como si estuviera mirando todo mi cuerpo.

    De hecho, me sonroje un poco. Vi que sus ojos vagaban por mi pecho, tengo pechos grandes y pensé que podría estar mirándolos.

    «¿Está todo bien papá?»

    «Es sólo que no te he visto en persona en mucho tiempo Jessica, te extrañe tanto», me dijo.

    Me acerqué más a mi padre en el sofá y lo abracé. No sé cómo termino así, pero las manos de mi padre empezaron a deslizarse por todo mi cuerpo. Sentía escalofríos por toda mi columna vertebral. Pronto empezamos a besarnos el uno con el otro y podía sentir que mi coño se mojaba. Quería tener a mi papá y hacérselo saber:

    «Tal vez deberíamos volver a mi habitación», le dije.

    Nos levantamos y caminamos por el pasillo, fuimos a la cama y al poco tiempo ya mi papá estaba encima de mí. Nos volvimos locos, papá se estaba quitando la ropa y yo me quite mi top y mi sostén. Papá me sacó los pantalones y las bragas y cuando miré hacia abajo y vi la verga larga de mi padre está ya estaba media duro.

    Mi padre estaba jadeando como un animal en celo. El agarro su miembro y lo frotó contra mi entrada. En ese momento todo lo que quería era su verga clavada en mi interior. No quería esperar más tiempo. Papá colocó su gran miembro en mí y la metió lentamente. Mi respiración podía oírse mientras el avanzaba en mi cuerpo.

    Sentía la verga de mi padre apretando mi interior y como esta me alimentaba con cada centímetro que lograba avanzar. Allí estábamos follando en mi cama mientras papá me embestía fuerte con ritmo constante. Esto era muy diferente al sexo con mi ex novio. Quería que me usara como quisiera y fue justo eso lo que hizo. Me miró a la cara y luego enterró su verga dentro de mí por completo.

    Grite por el dolor mientras esperaba que mi madre no apareciera ahora. Estaba siendo usado por mi papá, podía sentir sus grandes pelotas golpeándome el culo y me estaba gustando. Lo que pensaba en ese momento era que necesitaba que mi padre se venga dentro de mí. Papá siguió alimentándome con su miembro hasta que tuve mi primer orgasmo. Mi cuerpo temblaba de alegría.

    «Por favor papá, necesito que te corras en mí!»

    Papá no se perdió el tiempo y me embistió duro y rápido durante varios minutos. Me di cuenta de que los dos nos estábamos acercando a corrernos juntos. Fue entonces cuando sentí que mi papá inyectaba toda su carga de semen en mí. Sentí que había una cantidad interminable de leche que mi padre me estaba dando y su verga palpitando dentro.

    Tomó algún tiempo antes de que ambos logramos calmarnos. Papá finalmente salió de mi cuerpo y algo de su semen salió de mi coño. Rápidamente me levanté y corrí al baño para limpiarme. Para cuando regresé, mi padre ya se había vestido.

    «Tu mamá debería estar aquí en poco tiempo», dijo.

    Volví a ponerme la ropa y los dos estábamos de vuelta en el sofá cuando llegó mi mamá. Ella estaba tan feliz de verme. Si supiera lo que acaba de hacer. Mamá preparó la cena y nos sentamos a comer. Esa noche mi mamá se fue a la cama, dejándonos a mi papá y a mí solos. Papá puso un dedo en mis labios y me dijo que lo siguiera. Bajamos al baño y nos quitamos la ropa otra vez.

    Me arrodillé y me metí la verga en la boca. Estaba chupando de arriba a abajo por todo su pene hasta que se puso duro una vez más. Papá me hizo levantarme, el cerro la tapa de la lavadora y me levantó encima de ella. Separo mis muslos y luego me empujó su verga gorda una vez más. Me metió la verga por completo y luego la sostuvo allí.

    Me podría volver adicta, eso era seguro. Tuve que tener cuidado y no gritar oír las embestidas que estaba recibiendo. A mi papá le gustaba ir tan duro como pudiera. Se quejaba mientras me llenaba una y otra vez. El resultado fue el mismo que antes. Papá se las arregló para correrse en mi coño. El me dejó su verga hasta que pude calmarme.

    La quito y limpiamos el desastre que hicimos. Los dos nos vestimos y luego papá fue a su dormitorio y yo fui al mía. No podía dormir mientras sentía que la semilla de mi padre estaba todavía dentro de mí. Tuve que usar mis dedos para llegar al orgasmo una última vez antes de dormirme. Era difícil encontrar tiempo lejos de mi madre, él le dijo a mi mamá que íbamos a ir de compras por unas horas.

    Ella lo creyó y terminamos en un motel. Nos acostamos y papá me hizo suya hasta que acabe 2 veces. Papá la metió detrás de mí y sentí su gran miembro contra mi agujero. Papá llenó mi coño esa tarde mientras gemía todo lo que quería. Papá se acercó y apretó cada una de mis tetas. Apretó y pellizcó mis pezones mientras yo tomaba cada centímetro de su hermosa verga.

    Nos las arreglamos para hacer el amor 2 veces ese día. Papá se vino dentro dos veces y cuando terminamos mi coño estaba muy adolorido. Nos encontramos unas cuantas veces más pero desafortunadamente llegó el día en el tenía que volver a casa. Mamá y papá me abrazaron cuando me fui de vuelta a mi vida real.

    Hablé con mi papá poco después de regresar.

    «¿Qué vamos a hacer papá? No puedo vivir sin ti», le dije.

    Mi papá dijo que tendríamos que idear algún tipo de plan para volver a vernos. Hasta entonces, tendríamos que hablar por teléfono entre nosotros. Estoy en casa y en la cama desnudo. Tendré que conformarme con usar mis dedos hasta que papá esté de vuelta en mi cama cogiéndome.

  • Mi esposa en nuestra cama con su amante

    Mi esposa en nuestra cama con su amante

    Mi esposa rápidamente se dio cuenta que no le imponía límites a sus aventuras sexuales. Mi único requerimiento era que sea discreta. Bajo esas condiciones, ella, luego de su reencuentro sexual con su primer novio, comenzó a tener diferentes compañeros sexuales. Algunas de sus aventuras me las narraba, otras no. Algunas veces me hacía lamerle el coño y el culo usados, incluso con semen, otras no. Siempre fue un poco complicada y yo siempre acepté todas sus peculiaridades, aunque algunas no las entendía.

    En algún momento me mencionó que uno de sus amigos (así llamaba y sigue llamando a sus eventuales amantes) quería tener relaciones en nuestro departamento, en la cama que compartíamos como esposo y esposa. Ella tenía ciertas dudas y me consultó. Pues siendo un edificio grande, con vigilantes, portero y muchos vecinos circulando no sería posible mantener la condición de discreción. Se me ocurrió decirle que ella espere en casa. Que yo me encontraba con su amigo en algún lugar cercano y llegaba con él al departamento. Ella lo dudó y quedó en consultarlo.

    A los 15 o más días me dijo que sí. Que tanto ella como él morían de ganas de hacerlo en nuestra cama. Supongo uno de los tantos fetiches y deseos que cada persona va teniendo. Le respondí que perfecto, pero que quería ver sin intervenir. Lo consultó rápidamente y su amigo estaba más feliz que yo. Hacer cornudo a un marido y que él vea la acción era parte de sus fantasías.

    El encuentro tenía que ser una mañana, cuando nuestros hijos estuvieran en el colegio. Coordinamos fecha y hora. Me encontré con Mateo, su amante de turno, en una cafetería a unas 10 cuadras de casa. Nos saludamos. Subimos a mi auto y fuimos al departamento. Al verme los vigilantes y el portero llegar con un amigo, nadie sospechó lo que pasaría en el departamento.

    Al entrar al mismo, mi esposa nos esperaba sólo en tanga y brasiere. La calentura se le notaba en el brillo de sus ojos y en su carita deseosa. Me besó con ternura y luego lo besó con pasión. Le cogió la mano y lo llevó a la habitación. Yo los seguí.

    Estando los tres en la habitación, ella empezó a desnudarlo. Le saco zapatos y medias primero. Lo acostó y empezó a lamerle los pies. Ella llevaba la absoluta iniciativa, él sólo se dejaba hacer. Nunca pregunté si así lo habían planeado o si se solo se dio así. Verle lamerle los pies me excito imprevistamente. Verla así sumisa, entregada a otro hombre fue delicioso. Luego le sacó la camisa y comenzó a lamerle y besar su pecho y su vientre. El levantó sus brazos para ponerlos entrecruzados bajo su cabeza, ella aprovechó y empezó a lamerle las axilas. Eso fue más de lo que podía soportar ver sin empezar a masturbarme, me desabroché el pantalón y saqué mi verga mientras veía a mi mujer siendo puta con otro.

    Finalmente le sacó el pantalón y el bóxer, dejándome ver su verga ya erecta. Notablemente más grande que la mía y muy oscura, casi de negro, aunque Mateo era un hombre cobrizo, mestizo, pero no negro. Mi esposa la cogió con ambas manos y antes de metérsela a la boca me la mostró y me dijo “amor, mira lo grande que es”. Comenzó a chuparla sin más dilaciones. Se la introdujo toda de golpe. Pensé tendría arcadas, pero nada, era una experta mamando vergas grandes. La chupaba toda, la sacaba, la lamía, le lamia los testículos, recorría su entre pierna con su lengua y sus besos y finalmente le ordenó que se diera la vuelta.

    En ese momento no sabía que pasaba o que pasaría. Pero muy rápidamente vi a mi esposa separar las nalgas de su amante y empezar a lamerle el culo. Algo que había visto en alguna película porno, pero que jamás se me había ocurrido que ella me lo haga o que ella se lo haga a otro. Le lamía el culo con pasión y Mateo empezó a gemir brutalmente. Le volvió a ordenar darse vuelta y su verga parecía incluso más grande.

    A pesar de que el acuerdo era que yo no participe. Mi esposa se colocó en cuatro patas al borde de la cama, me ordenó también, “Alonso, ensalívame el culo”. Obedecí. Con mi lengua la unte completamente por unos segundos y luego, con un sutil movimiento de su mano me ordenó que me alejara. En esos instantes Mateo se había puesto de pie y con ella al borde de la cama, se la introdujo completamente en el culo. Sin ningún intento de pasar por su vagina previamente.

    Fueron pocos minutos de ella gimiendo como puta y él diciéndole que era puta, por momentos diciéndome ambos o uno u otro, “mira cornudo” pronto sentí que él y ella se venían juntos. Instantes antes de venirse, Mateo la sacó y le echo todo el semen en la espalda. Una brutalidad de semen, un volumen impresionante.

    Mi esposa se acostó boca abajo. Él junto a ella. Me dijo “Alonso, me tienes que limpiar”. Me paré como yendo al baño para traer paños húmedos para limpiarla y ella me detuvo y me dijo “con la lengua cornudo”. La obedecí, con limpié todo el semen que Mateo le había dejado. Me lo tomé también.

    Habían pasado no más de 30 minutos desde que llegamos a casa. Nos quedaban aún más de dos horas para ser el cornudo consentidor.

  • Sexteando y enviando nudes con el papá de mi novia

    Sexteando y enviando nudes con el papá de mi novia

    Si has seguido mis relatos anteriores en este punto ya conoces un poco de mí y de la relación casual-sexual que tengo con el padre de mi novia.

    Después de nuestro encuentro en un hotel de paso, la frecuencia en nuestra comunicación por WhatsApp fue mayor, primero de manera seria y concreta, hasta lo que es ahora, muy juguetona y picante. Comenzó con un: «¿Qué haces?» en un día en que el trabajo me agobiaba y que necesitaba que alguien me sacara con urgencia de ese mood. Le respondí que estaba con mucho estrés y el porqué y después de leerme logró salvar el resto de mi tarde con un simple: «Calma, todo estará bien».

    Le agradecí con un emoji enviando un beso y también le dije que tenía muchas ganas de estar con él, que nuestra última vez me había hecho sentir en la nubes y él me respondió que yo a él. Le pedí que me mostrara qué tanto deseaba estar conmigo y después de convencerlo que es prácticamente imposible que alguien pueda hackear el WhatsApp, me envió una foto de su pene erecto, maduro y delicioso.

    Trataré de describirla; no sé cuánto mida, pero es bastante gruesa, tanto como para llenarme la boca y casi dejarme sin respiración. Tiene gruesas venas y está un poco curveada a la izquierda. En cuanto se erecta su glande queda descubierto por completo, listo para mis labios, mi lengua, mis manos y mi ano. En cuanto recibí la foto me levanté al baño de la oficina y le envié una foto de mi trasero, diciéndole: «Te necesito aquí». De inmediato me respondió que le mandara una con los bóxers abajo, para ver mis nalgas, y así lo hice. Me dijo que estaría pensando en eso el resto del día.

    El fin de semana pasado coincidimos en un desayuno familiar y nos vimos un par de horas en un restaurante al sur de la ciudad con el resto de la familia. Nos saludamos varonilmente frente a todos y pasamos a la mesa, pero hay que decir que entre nosotros había mucha tensión sexual. Antes de ordenar me envió un mensaje que decía: «Baño en 5 min» y se levantó. Después de eso yo me disculpé con los demás y me dirigí a encontrarlo. Estaba en el corredor del baño del restaurante y en cuanto lo miré le planté un beso en la boca.

    Él me lo respondió y me dijo que teníamos poco tiempo, por lo que sólo pude masturbarlo un poco en el cubículo y besarlo en los labios mientras me manoseaba el culo. Noté que él tenía mucho tiempo sin nada de nada, porque se corrió después de un par de minutos. Salimos del baño y mientras nos estábamos lavando las manos, me dijo: «Con ese pantalón se te ve un gran trasero». Para mí fue un halago y le agradecí, diciéndole que esperaba poder coger pronto, él respondió que el viernes de esta semana tendría oportunidad. Antes de salir, me pidió posar para tomarme una foto, entonces dejé que se llevara una foto de mi culo como recuerdo de nuestro encuentro en un baño.

    Mientras tanto, regresamos a la mesa con normalidad y nadie se dio cuenta de nada. Incluso mientras nos formamos en la fila para el buffet, me acarició una nalga discretamente. Yo sólo me ponía más y más caliente y me costaba disimularlo. Ese día llegué a casa a masturbarme viendo la foto de su verga, imaginando cómo le podría hacer para darle más placer a mi hombre. Me imaginaba jalándola y golpeando con ella mi cara y mi lengua. Necesitaba macho con urgencia. Me puse un calzón de mujer y le mandé una foto preguntándole si le gustaba, y no me respondió hasta el día siguiente que mucho. Que lo disculpara, pero que todo el día estuvo ocupado.

    Por casualidad encontré unas fotos mías cuando era joven y mis transformaciones eran mucho más convincentes. Le envié fotos con shorts de cuero, jeans ajustados y faldas que hacían que mis piernas y culo resaltaran a la vista. También con maquillaje de estudio, pestañas postizas y peluca pelirroja que me hacía lucir como una heroína de cómics. Me respondió que lo excitaban demasiado y lo convencí de enviarme un video acariciándose el pene, desde que estaba blando hasta que se puso duro.

    Me pidió una foto de mi ano, entonces me escondí el paquete enfrente, abrí mis nalgas y la cámara de mi móvil pudo captar cómo se me dilataba para mi hombre. Se la envié y me dijo que se la jaló hasta que se vino mirándome y recordando la manera en la que me follaba por el culo. Me respondió con una foto completamente deslechado y yo ya estaba tan caliente que me imaginaba lamiéndole la mano y los muslos para recoger su semen con mi boca.

    Antes de despedirme le dije que me mandara fotos de alguna mujer que le gustara mucho y que yo trataría de parecerme lo más posible en nuestro siguiente encuentro. Él sin dudar me respondió que Lorena Herrera, una actriz mexicana, rubia, bustona y nalgona que fue muy famosa en los 80-90 (Por eso la peluca rubia). Me contó que desde joven ella le excita mucho, porque salía en películas del cine mexicano para adultos y regularmente aparecía con poca ropa. Entonces no lo pensé y ordené una peluca larga y rubia por Amazon que llegó justo a tiempo.

    Desde entonces nos hemos estado enviando fotos, cuando salimos de bañarnos, cuando estamos horny y sólo de esa manera podemos «echarnos una mano». Le gusta que le mande fotos de mis labios con gloss, enviándole besos y de mi lengua. Por alguna razón, con los ojos cerrados. Creo que recuerda cuando me pongo de rodillas para darle sexo oral y cierro los ojos, porque soy así de cursi.

    Tenemos un tercer encuentro próximamente y por supuesto, les platicaré cómo sale todo. Conseguí un body que moldea la cintura y acentúa la cadera, un bra con relleno y unos tacones altos. Estoy preparando lo mejor para ese día…