Autor: admin

  • Iniciando a mi mejor amiga

    Iniciando a mi mejor amiga

    Después de mi experiencia con el taxista pedí incapacidad en el trabajo pues tenía sentimientos encontrados y no me sentía lista para regresar.

    Por un lado tenía miedo y ansiedad de recordar lo que había pasado, pero al mismo tiempo me excitaba recordarlo y sentía unas ganas incontrolables de repetirlo.

    Estuve con esa batalla interna por un par de días hasta que una de mis mejores amigas de nombre Michelle fue a buscarme ya que ella no se tragó el cuento de que estaba enferma. Antes de continuar voy a describirles a mi amiga, ella es una mujer de aproximadamente 1.60, cabello rubio y ojos verdes, piel blanca aunque no tanto como la mía, sus pechos y sus nalgas son un poco más grandes que los míos y calza del 4 detalle importante para mí y para mI novio. Es una mujer realmente sexy.

    En fin cuando fue a verme la invite a pasar, yo estaba vestida únicamente en una bata semi transparente, mi conjunto de ropa interior y unas sandalias. Ella se notaba que venía de hacer ejercicio, traía unos leggings pegados, un bralette deportivo y sus tenis para correr.

    En fin la invite a pasar y a sentarse en la sala conmigo, cuando volvió a cuestionarme por mi actitud de los últimos días yo insistí que era por qué me sentía enferma pero me tiró esa mirada a la que no le puedo mentir y le dije ok, pero trae el tequila que está en la barra por qué necesito algo fuerte para hablar de esto.

    Ella parecía asustada pero me trajo el tequila y dos caballitos para comenzar a beber y terminé contándole mi experiencia omitiendo algunos puntos.

    Al terminar Michelle tenía una cara de asombro, estaba boquiabierta y me miraba fijamente.

    -bueno amiga, eso es lo que me pasó y la razón por la cual en estos días he estado algo desconectada de todo

    -amiga no sé qué decir… Cómo te sientes ahora que ya lo hablaste con alguien?

    -pues rara, te voy a confesar algo. Al principio tenía mucho miedo y ansiedad, pero ahora cuando lo recuerdo me excito mucho

    -amiga no sé qué decirte y no quiero verme mal pero, la verdad ahorita que me lo estabas contando yo también comencé a excitarme…

    -no te preocupes, estoy comenzando a disfrutar ese recuerdo.

    Después de eso, ya animándome por los tragos terminé contándole lo que pasó con Andrés, ella volvió a poner una cara de sorpresa y siguió bebiendo como si le ayudara a asimilar lo que le estaba contando.

    -cómo pudiste hacer eso?? Raúl sabe lo que pasó?

    -ja, claro que sabe… Si él fue el que me dio permiso de hacerlo

    -cómo dices???

    -sí, déjame contarte…

    Para no hacerles el cuento largo, y como ya había hablado de esto en un relato anterior solo les voy a decir que le conté todo con lujo de detalles, le hice saber por qué ahora mi novio era un cornudo sumiso y que me había iniciado en el mundo del fetichismo.

    -vaya… Nunca lo hubiera pensado.

    -y que piensas de eso amiga?

    -pues, no lo sé… No voy a negarte que me excitó todo lo que me acabas de contar.

    Y que eso del fetichismo me causa una mezcla de pensamientos. Cómo puedes disfrutarlo?

    -pues, yo al principio pensaba que era algo incluso desagradable. Pero cuando me convenció y comenzó a adorar mis pies me di cuenta que es bastante placentero.

    Digo, para empezar el hecho de verlo humillado a mis pies, dispuesto a complacerme ya es buen comienzo, pero los masajes, los besos, incluso cuando los prueba como si fueran un manjar me dan un placer físico impresionante.

    -ok… En lo personal yo siempre procuro tener los pies arreglados por qué me gusta que todo mi cuerpo se vea bien. Pero no me ha tocado estar con alguien que tenga ese gusto.

    No sé si fue la excitación del momento combinado con mi gusto por las mujeres y el alcohol que ya tenía encima pero me animé a proponérselo.

    -bueno Michelle, que te parecería que te demostrara lo que se siente?

    -como? Jajaja me estás diciendo que quieres adorarme como lo hace Raúl contigo?

    -si, eso es exactamente lo que te estoy proponiendo.

    Si cara cambió instantáneamente, me miraba sorprendida y con miedo. Supongo que nunca se esperó escuchar esa respuesta.

    Pero no me dijo que no inmediatamente, se quedó mirándome como pensando que es lo que iba a responder.

    Por mi parte al notar su duda le dije que no haría nada que ella no quisiera y que en el momento que me dijera que me detuviera lo haría sin ningún problema.

    Michelle siguió observándome durante unos segundos y sin decir nada se tomó el tequila que le quedaba de un solo golpe y camino a la recámara. Yo sabía lo que eso significaba y estaba emocionada de por fin comenzar a disfrutar los pies de una mujer y que mejor que con mi amiga que ha sido objeto de muchas de mis fantasías.

    Le pedí que se relajara y que se recostara en la cama dejando sus pies al borde, ella únicamente obedeció.

    Al tenerla ahí recostada me acerque a la cama y la contemple por unos instantes. Mi amiga, a la que siempre le he confiado mis secretos y que siempre me ha gustado iba a ser mía por fin.

    Me arrodille y comencé a descalzarla con cuidado, tenía muchas ansias por disfrutar esos hermosos pies pero me controle y decidí que al ser mi primera vez y sobre todo con una mujer tan hermosa iba a disfrutarlo al máximo.

    En cuanto retire sus tenis pude sentir el ligero aroma que salía de ellos, era muy agradable y cálido, no pude evitar el llevarme uno a la nariz para inhalar.

    Inmediatamente sentí como mi cuerpo se erizaba por completo, mi entrepierna comenzaba a cosquillear y mi cuerpo se calentaba poco a poco.

    Después acerque mi cara a sus pies que todavía estaban cubiertos con sus delgadas calcetas blancas, pase mi nariz por encima notando que le cause cosquillas puesto que arqueó sus pies por completo. El aroma era más intenso y agradable que el de sus tenis, ya no podía esperar más…

    Delicadamente le quité la calceta derecha y deje su pie desnudo frente a mí… Era hermoso. Completamente blanco, suave, con un arco bien marcado y unos dedos preciosos.

    Comencé a besar toda su planta y recorrí desde el talón hasta sus dedos con besos pequeños y rozando todo lo que podía con mi nariz.

    Noté que esto comenzaba a gustarle y que comenzaba a relajar el cuerpo, en ese instante comencé a recorrer su pie con la lengua. El sabor era exquisito… Yo estaba súper excitada y por momentos lograba escuchar pequeños gemidos que salían de su boca.

    Procedí a darle el mismo tratamiento a su pie izquierdo. Yo estaba en el cielo y notaba que a Michelle le estaba gustando también, llegó un punto en el que lo excitación fue tanta que me levanté y le dije que se desvistiera, ella me miró fijamente y sin decir una sola palabra comenzó a desvestirse, dejándome ver su perfecta figura y su entrepierna perfectamente depilada.

    Volvió a recostarse boca arriba y me apresuré a quitarme la ropa, cuando las dos estábamos desnudas me acerque a ella y nos fundimos en un beso apasionado.

    Lentamente fui bajando por su cuerpo dándole besos por cada rincón, me detuve un momento en sus preciosos pechos y los bese y los mordí como una loca, después baje por su vientre y notaba como si pier se enchinaba al sentir mis besos bajando.

    Por fin llegué a su entrepierna, notaba como su vagina escurría, lo que mostraba la gran excitación que tenía.

    No perdí tiempo y comencé a besar por los costados buscando desesperarla un poco.

    Por un momento inhale su aroma y era embriagante. Una verdadera delicia.

    No soporte más y hundí mi cara en su entrepierna, saboreando los jugos que salían de su vagina y jugueteando con su clítoris. No sé cuánto tiempo estuve en esa posición, pero después de estar bebiendo sus jugos sentí un espasmo en ella y sentí como terminó a chorros, me fue imposible retenerlo todo, por lo que mi cara y pechos terminaron llenos de sus fluidos.

    Al terminar limpie a detalle toda la zona y me levanté mirándola con una sonrisa.

    -bueno amiga que te pareció?

    -increíble (me contestó jadeando)

    -bueno… Creo que es mi turno de disfrutar no?

    Inmediatamente me coque sobre su cara indicándole lo que quería. Ella comprendió y comenzó a lamer mi vagina y a beber todos los fluidos que escurrían de mi ya que me encontraba muy excitada.

    Debo aceptar que para ser su primera vez era fantástica… Después de unos minutos me hizo terminar en su cara y note que intentaba llevarse a la boca la mayor cantidad posible.

    Una vez que terminé me baje recostándome a su lado y nos besamos de manera apasionada…

    Le pedí que me diera un masaje y me coloque boca abajo, ella comenzó a masajearme con sus suaves manos. Recorrió toda mi espalda y mis nalgas, comenzó a masajear mis piernas y cuando llegó a mis pies comencé a sentir una enorme excitación de nuevo.

    Sabía lo que vendría y no me equivocaba.

    Comenzó a lamer las plantas de mis pies mientras se masturbaba y yo lo estaba disfrutando.

    De pronto sentí que se alejó y comencé a sentir una enorme humedad en mi pie derecho. Al voltear note que estaba frotando su entrepierna con mi talón mientras gemía y se tocaba los pechos.

    A los pocos segundos sentí que volvió a terminar mojando mis dos pies por completo, era como si los hubiera metido a remojar pero eran sus fluidos los que los habían bañado.

    Inmediatamente se puso de rodillas frente a ellos y comenzó a comerse sus propios fluidos directo de las plantas de mis pies, lo que provocó que yo tuviera un nuevo orgasmo.

    Al terminar ella se levantó y me dio las gracias por mostrarle una nueva forma de placer.

    Se visitó y se despidió de mí, no sin antes decirme que había que repetirlo pronto…

  • Ella era especial

    Ella era especial

    Hace algunos años por razones de trabajo hice habitual todas las madrugadas pasar a un local de comida rápida,  como a las 2 o 3 de la mañana de lunes a viernes, ahí atendía una joven de unos 23 o 24 años que en realidad era transgénero, siempre fui muy caballero con ella y respetuoso, había estúpidos que la molestaban por cómo era o su opción de vida, yo siempre la respete y la trate como a una mujer, al fin y al cabo, solo iba a comer.

    Pero una noche que pase tarde, pasado las 3:30 am estaban por cerrar, pero igual ella me preparo mi comida. Mientras yo comía ella pedía su radio taxi, pero algo le paso al conductor y le dijo que no llegaría, a esa hora quedo sin movilización, luego de unos minutos me acerqué a ella y le ofrecí llevarla. Camino a casa conversamos distintos temas y un poco antes de llegar a su casa me pidió parar, me dijo que quería fumar un cigarro.

    Mientras fumaba fue siendo más audaz en sus comentarios, ella comenzó a insinuarse, movía su pelo coquetamente, se hacía una coleta y en la soledad de la noche, solos dentro de la camioneta la verdad comencé a calentarme una cosa lleva a lo otra, tomé su mano y la puse en mi paquete, ella apretó con ganas, me apretaba el pene y los testículos con deseo, estaba caliente, sin pedirle nada se fue derechito a mi cinturón, botón del pantalón y cierre. Ya cuando llego a mi bóxer lo tenía parado y cabezón, ella estaba muy caliente, al parecer la volvía loca chuparlo, rápidamente lo saco de mi ropa interior, lo tomo con ambas manos, lo quedo mirando por unos segundos absorta y comenzó a chuparme la verga, yo la deje…

    La verdad es que yo la deje, al principio fue incómodo para mí, pero luego de unos minutos fue fantástico, creo que ha sido uno de los mejores sexos orales que me han hecho, lo hacía con una dedicación única, mejor que muchas mujeres que he conocido, mejor que muchas amantes, cambiaba de ritmo, me acariciaba con sus uñas los huevos, lo hacía fuerte, se lo refregaba por sus labios y cara, hasta que me hizo eyacular y hasta en eso lo hizo fantástico. Sumisamente tomo toda la leche, luego con su lengua comenzó a limpiarlo por completo. Hasta la última gota, finalmente muy preocupada me arreglo mi ropa interior, me ayudo a cerrar mi pantalón, luego encendió un segundo cigarrillo.

    No hubo caricias o besos, solo fue eso. Luego de terminar el cigarro la fui a dejar a su casa.

  • La goidis y la mejor mamada

    La goidis y la mejor mamada

    No permanecía mucho tiempo en redes sociales, me parecía una perdedera de tiempo, sin embargo el destino es caprichoso.

    Vi el perfil de Dahia en el Face y debo decir que llamó mucho mi atención, era una mujer que se notaba era de esas que denominamos «goidis» porque a pesar de estar pasadas de kilos son mujeres con una firmeza en su piel y poseen curvas, muy llamativas para mi gusto.

    Dahia era una mujer joven para mí, yo contaba para ese momento con 47 años e, independiente, del ramo de las artes gráficas y la publicidad impresa, ella una mujer de 24 años y desempleada lo cual yo aproveche a mí favor para poder conocerla.

    Después de platicar sobre su vida y la mía, me dijo que ya que yo tenía una pequeña empresa, porqué no le ofrecía un empleo a ella, a lo que yo accedí gustoso, tenía muchas ganas de conocer a la mujer detrás de las fotos.

    Acordamos una cita para el día siguiente a nuestra última vez que chateamos por Face, solo que le dije que fuese a mi negocio después de las 6 de la tarde para poder tener el tiempo y la tranquilidad de atenderla y hablar sobre su empleo.

    Llegó muy puntual, 6 pm, en mi taller solo quedaba una chica que me colaboraba como secretaria y un joven que era el encargado de repartir la mercancía, la invité a seguir a mi oficina, la cual no es muy grande pero si trató de hacer que sea un espacio agradable, nos presentamos y comenzamos hablando de lo que elaboramos en nuestro taller, después de unos 10 minutos se despidieron mi secretaria y el único de los trabajadores de planta que aún quedaba.

    Desde ese momento comencé a mirar más detenidamente a Dahia para observar como estaba vestida, traía unos shorts blancos que le quedaban bastante bien, le daban un contorno muy especial a sus gruesas piernas y las hacían ver bastante provocativas, una blusa con un escote pronunciado de color beige que hacía ver súper grandes sus enormes tetas, que para decir verdad son las tetas más grandes que yo había visto en una chica joven, se veían bastante apetecibles, era una invitación a mirar cada día segundos el escote que dejaba ver unas protuberantes masas de carne y mi imaginación deliraba pensando cómo serían sus aureolas y sus pezones.

    Nuestra conversación fue basada únicamente en lo referente a su empleo, no sé porqué yo la notaba bastante incómoda y tome la palabra para preguntarle si había algo que la molestará, a lo que me respondió que yo la ponía un poco nerviosa, nuevamente le pregunté cuál era el motivo de que yo la pudiera nerviosa, con una sonrisa muy picaresca y con algo de nervios me hizo saber que cada vez que yo le miraba los senos la ponía muy nerviosa, por la forma en que la miraba, se sonrió nuevamente, y yo con un tono ya de morbo le insinúe que era natural que yo mirara a sus senos, ya que me parecían muy bonitos y llamativos. Nuevamente volvió a sonreír bajando la cabeza, sintiendo vergüenza de lo que yo había expresado, se acomodó un poco en la silla y me pidió el favor de dejarla utilizar el retrete, le señale con mi mano la puerta hacia el servicio sanitario, se paró y se dirigió hacia el cuarto de servicio dejando ver ese grande y apetitoso trasero. Tardó unos minutos y nuevamente salió, noté que sus senos habían sido liberados de su brasier, se veían aún más apetecibles.

    Dahia trato de seguir con la conversación del empleo pero la verdad ya el bicho de la lujuria me había hecho presa y ya mi verga se estaba poniendo demasiado erecta y se sentía muy incómodo esa erección dentro de mi pantalón.

    La invité a salir hacia la pequeña bodega donde se realizaban los trabajos de litografía y publicidad, estando adentro comencé a mostrarle cada una de las elaboraciones que tenía sobre la mesa pero sin perder oportunidad de verle ese escote que dejaba ver en gran cantidad sus grandes tetas, yo sentía mis mejillas ardiendo y sentía que cada vez que hablaba mi voz se escuchaba entre cortada y de igual manera sentía a Dahia.

    En una de esas ocasiones donde le estaba mostrando algunos trabajos que realizamos, pasé por detrás de ella e hice todo lo posible por poner mi verga entre sus grandes nalgotas y hacerle sentir mi erección, la primera vez solo noté como si ella quisiera rehuir al roce que yo proponía, lo intente la segunda vez y esta vez se la dejé en toda la mitad de su culo para que lo sintiera lo duro y parada que estaba, la sentí soltar un pequeño gemido y de inmediato mi morbo se activó con más fuerza, me hice a un lado de ella despegándome por completo y mirando a su cara para ver sus expresiones y saber si me lanzaba nuevamente o paraba, pero fue ella quién con el pretexto de tomar un folleto que estaba de mi lado se hizo por delante mío casi que buscando volver a sentir mi verga en su culo, ya no pensaba con mi cabeza, estaba poseído por el morbo y el deseo de ver a esa gordita desnuda y viendo cada una de sus grandes atributos, se la apoye con mucha fuerza mientras dejaba que sintiera mi respiración muy cerca de ella, por un costado pude observar como cerró sus ojos al sentir mi verga completamente dura y apoyada en su culo, le hable en su oído derecho y noté como se apoyó con más fuerza en mi verga, ya era el momento apropiado para tomar sus grandes tetas en mis manos.

    Pasé mi mano derecha hasta una de sus tetas mientras ella guardaba silencio y comenzaba a jadear y a dar gemidos de alta excitación, las tomaba por encima de su blusa pero no tardó mucho tiempo y ya la estaba despojando de su blusa dejando ver unas grandes y deliciosas tetas, que aunque eran muy grandes aún estaban conservando su lugar, para nada les hacía ganado la gravedad, eran grandes y bastante duras, la coloque en frente mío y ella solo miraba hacia abajo como si la vergüenza pudiera mas que el deseo y no tarde mucho tiempo en darme cuenta del por qué de esa actitud.

    Dahia seguía sin levantar la cabeza y me atreví a preguntar cuál era el motivo, si era que no se sentía a gusto o más aún si se estaba sintiendo obligada, lo digo por lo de su empleo, ella simplemente me responde que todo está bien y que el motivo de su vergüenza es porque ella nunca a tenido sexo con penetración con nadie y que era obvio que conmigo lo iba a tener y estaba asustada la trate de calmar y la indagué, me dijo que con su novio si se habían tocado en muchas ocasiones y que habían tenido sexo oral, pero que él nunca la había penetrado porque a ella le daba miedo ya que su novio era un hombre bastante tosco y que en ocasiones cuando lo evitaba se comportaba de forma brusca y por eso sentía miedo, después de esto solo le dediqué a pasar mi lengua por sus pezones, por cierto eran unos pezones de buen tamaño y se encontraban erectos y respondía con facilidad a mis caricias, deje caer mis pantalones hasta los tobillos, quedando solo en bóxer.

    Dahia dejo que el deseo se apoderará de ella y comenzó por tocar mi verga por encima de mi bóxer con una mano le ayude a bajar ni bóxer para que de un salto mi Verga quedará lista para ser tomada con sus manos y su boca. Me acarició mi verga de arriba hacia abajo unas tres o cuatro veces, luego se arrodilló para quedar de frente a mi verga, comenzó con pequeñas chupadas al glande, pasando su lengua de arriba abajo como si estuviera saboreando un helado, en verdad esa lengua se sentía muy suave y caliente, haciendo que mi erección sea mucho más potente, se la metió a su boca y allí comenzó una de las manadas más épicas de mi vida, si era cierto que la gordita era virgen, ya tenía mucha experiencia en el arte de mamar vergas, lo hacía como toda una profesional, se lo hacía saber y al parecer esto la hacía excitar porque tomaba otro ritmo diferente cada vez que se lo decía.

    Después de estar por unos 15 minutos mamando mi verga yo sentía que mi leche ya no tardaría en salir, aunque para ser realistas ya había tratado en varias ocasiones de hacer más eterno éste momento, la gordita chupaba muy bien mi verga y quería sentirlo por más tiempo, pero el momento de sacar mi leche había llegado, se lo hice saber para que se retirara y dejar caer ni semen sobre su cara y sus tetas, pero ella simplemente se la metió más adentro y pude escuchar una palabra que fue casi una petición «DÁMELA» y fue cuando sentí como si salieran mis entrañas, fue una corrida que a pesar de no ver cuánta leche había salido si sentía como salían chorros que Dahia se tragaba con gran placer.

    Dahia chupaba cada milímetro de mi verga limpiando cada gota de mi leche, veía en esa gordita la vara lujuriosa que se reflejó mostrando el deseo que tenía, yo me seguía preguntando si era cierto que esta mujer que me había dado esa deliciosa mamada era virgen?.

    Lo descubriría en ese mismo instante, tras el deseo era presa de Dahia la cual ayude a subir a la mesa por completo para quitarle los shorts que traía puestos, ante mi quedaba respuesta una rica vagina con unos labios gruesos y deseosos de sentir mi lengua y mi boca chupando cada punto de ella.

    Se los contaré en el próximo relato, espero les haya gustado.

  • Los pies de mi sirvienta (II)

    Los pies de mi sirvienta (II)

    Bueno como les decía, ella está enterada de esto, por lo que me dijo que siga escribiendo sobre mi fetiche.

    Para aclarar esto nunca lo ha sabido nadie, ya que somos muy cuidadosos para no levantar sospechas y no seamos tomados por sorpresa. Ayer mientras ella estaba planchado ropa la fui a acompañar, así que me pidió que le dé un masaje en sus pies a lo cual yo accedí gustoso.

    Le quité sus sandalias para mayor comodidad y empecé suavemente a acariciar sus pies y poco a poco subiendo hasta sus muslos. Acto seguido empecé a besarla y su respiración denotaba que lo estaba disfrutando, mi miembro ya estaba erguido, chupé sus dedos y lamí la planta del pie, ella solo se dejaba llevar.

    Mientras hacía todo esto, le pregunté si nunca le dijo a nadie sobre lo que hacíamos y ella me respondió que no, este era nuestro secreto. Después de un buen tiempo complaciéndola, ella me dijo: me toca complacerte a ti e hizo que me acueste en el piso, mientras ella me pisaba el miembro con su pie izquierdo.

    Me empezó a masturbar y yo me sentía en el cielo, a continuación ella también se acostó y me hizo un oral, que bien que lo hace dije en mi mente queriendo que ese momento sea eterno, sin embargo, ya no pude más y me vine en su boca, ella empezó a tragar el semen, me agradeció por el masaje y me dijo que me fuera antes de que mis padres llegaran a casa.

  • Entregada a los amigos de mi pareja (1)

    Entregada a los amigos de mi pareja (1)

    Mi pareja volvió a jugar póker lo que para mí es sentarme frente a la tv, servirles un trago a ratos para no dormirme. Por suerte solo juega a veces. Con mi pareja nos vemos los viernes y sábados en su departamento. Él es casado. Juega con tres compañeros del trabajo, entre 45 y 50 años, casados, mineros, de pelo tieso, grandes y camionetas 4×4. Cuando les conocí recuerdo que pensé que estaban bastante bien.

    Como buenos mineros bajando de turno lo segundo que te miran es el trasero, y un comentario por mi vestido abotonado todo por delante, pero nada más. Era la tercera o cuarta vez que les veían llegar a jugar. Ese sábado me senté en el sillón a ver tv y creo me dormí hasta que sentí a Jorge que me decía “vamos a la pieza a conversar”.

    Lo seguí un poco durmiendo todavía. Estaba algo nervioso, Eusebio que era el que tallaba, es decir, que repartía cartas, me está ganando todo me dice y si te sientas en su falda me deja seguir… “que dices Peladita”. Jorge me dice Peladita cuando anda en algo malo.

    -Si, -le dije- es lo que me has dicho en la cama, que te gustaría verme tirando con otros…

    -Y tú nunca has dicho que no… ni te has enojado ni molestado. Vamos Peladita, tú sabes, son todos casados, no hay nada que perder. Queda todo entre nosotros. No vas a hacer nada que no hayas hecho antes….

    -Sentarme en su falda, ese va ser el principio seguro, le dije como despertando de repente. Y sí, lo habíamos fantaseado antes, conversaciones calentonas en la cama, verme entre otros, cubierta de manos acariciándome, de besos, la reina de la noche, sacándome dos o tres orgasmos en una, poniéndome al día después de 24 años de un matrimonio asexuado. Pero era solo eso, fantasías, juegos.

    -Mira Peladita, yo lo siento pero me ayudas o tomas tus cosas y llegamos hasta acá. Borramos números de teléfono y cada uno por su lado. Era cruel, él sabía que hace unos seis meses me habían dejado después de 25 años de matrimonio y ahora se repetía la historia.

    Jorge Luis era dominante, de esos que te da una mirada y es sí o sí. Eso me seducía de él. Me subyugaba. Y era lo que yo buscaba un hombre casado varonil reservado que me hacía sentir una reina a su lado, que no me demandaba nada…, hasta hoy. Me armé de valor y avancé sumiéndome en el abismo más intenso de mi vida. Era probar la adrenalina con que soñé alguna vez casada.

    -Si es solo sentarme y tu estas ahí, bueno, -le dije- aunque los dos sabemos que va a ser más que sentarse en su falda, quizás hasta… Y preferí quedarme callada. He descubierto que soy potencialmente una sumisa y ahora pasaba a serlo en la práctica. Y era cierto que antes lo habíamos fantaseado y como fantasía nunca me había parecido tan tan terrible… una es mujer siempre.

    Ellos se dieron vuelta a mirarme cuando volví, el que había ganado echó la silla atrás y me dijo “acá Peladita”. Me senté con cuidado en su falda. Las rodillas juntas y giré las piernas para ponerlas bajo la meza de juego que es algo mas alta y sólida que otras. Inmediatamente sentí el bulto en mi trasero. Me rodeó con sus brazos, olió mi cuello y dejó las cartas vueltas abajo. Jorge pidió cartas.

    Yo no entiendo mucho el juego pero seguí sentada allí y no tardó en poner la mano sobre mi pierna bajo la meza y comenzó lentamente a subirla.- yo estaba incómoda y Luis se daba cuenta pero no decía nada.

    No sabía si los demás se daban cuenta que me manoseaba las piernas. Me iba a parar pero la cara de Luis era de “quédate allí”. Igual me paré y me fui a encerrar al dormitorio, estaba entre la indignación y la excitación, una mezcla de enojo, rabia y deseo, de incomodidad, de ardor y excitación (si la que me lee es mujer va a entender). A los pocos minutos Luis abrió la puerta.

    -Peladita -me dijo-, te toca irte a sentar allá. Y por como lo dijo era una orden

    -Pero y los demás? Le pregunté.

    -Los demás, no importan. Ya se van. Luego. Y tú sabes cómo son las cosas. Cuando decía: “tú sabes cómo son las cosas” debía de obedecer, obedecer o mandarme a cambiar, irme, desaparecer de su vida.

    -Me está metiendo mano hasta el alma, le dije.

    -No será la primera vez amor, quizás te hayas olvidado pero así es. Relájate. Además eras tan rica, cualquiera quisiera hacerlo.

    -Y los demás se dan cuenta

    -Bueno, somos todos adultos. Esa frase a mí me mata. Me la han dicho antes. Pero es cierto también. Me estaba portando como una niña.

    -Bueno, le dije muy despacio, pero tu estas ahí, si?

    -Si por supuesto Peladita, ya nunca te dejo sola, anda tranquila.

    Me alisé el pelo, el vestido y volví humilde y callada al living al lugar donde estaba. Y siguieron jugando mientras él me hablaba al oído y me metía la mano por mi vestido hacia arriba. Yo tenía mis dos manos con las puntas de los dedos afirmadas en el borde de la mesa, los demás atentos a las cartas me repasaban de reojo y veían como me agitaba.

    Ya era obvio lo que hacía y los tres estaban pendientes a como reaccionaba yo.

    En un momento, antes de repartir las cartas, me dijo al oído: “anda al baño perrita y te sacas toda la porquería de ropa que tienes debajo y te vienes a sentar acá de nuevo”. Realmente no esperaba ni ese tono para hablarme ni que se refiriera así a mi ropa, pero obedecí, en esas circunstancias he aprendido pierdo la voluntad y obedezco consciente que me denigro, que me someto, que es algo que no debiera hacer… pero igual lo hago, “es que es mi naturaleza”, como le dice el escorpión a la rana.

    En el baño me arreglé el pelo, me sequé la entrepierna, me saqué el brassier y el colalés húmedo ya, me estiré el vestido y regresé despacio. Él se puso de lado y yo me subí a sus piernas las rodillas bien juntas sin decir nada y quedé atrapada nuevamente entre su cuerpo y la meza, frente a Luis y al lado de sus otros dos compañeros.

    Repartieron cartas y con la mano derecha medio las levantaba y con la otra desabrochaba jugando mi vestido hasta mi entrepierna, luego penetraba entre mis labios haciendo que me estremeciera. Todos se daban cuenta y yo no podía evitar apretar mis manos cuando pasaba un dedo un poco más adentro de mí, e imploraba “húndeme tierra”, mientras ellos me miraban socarrones, satisfechos de verme allí incómoda, de sentir mi respiración que se alteraba, del pelo que se me caía sobre la frente y de cómo juntaba los brazos y me iba hacia adelante de la meza tratando de doblarme sobre mi cuando uno de sus dedos ingresaba en mi rajita.

    En un instante intenté bajar mi mano para detener la de él pero me ordenó al oído, secó, duro: “deja las manos sobre la mesa, ni pienses en sacarlas de allí”. Pensaba miles de cosas dispares en esos segundos: si me mojo mucho le mojaré los pantalones o, no puede ser que me deje hacer esto o, aún tendré perfume? o como llegue acá dios mío…, estaré muy despeinada?

    Mientras mi hombre (el que era ahora mi hombre, mi dueño) les dijo a los tres con que jugaban. A ver… Si pierdo abro dos botones de acá, y mostró la pechera de mi vestido.

    -Y si ganas?

    -Ganó monedas, dijo.

    -Veamos, acá “pago por ver”, dijeron los tres, Luis con ellos y se rieron. Ganó esa vez, pero perdió la próxima y abrió no dos sino cuatro botones dejando mi pecho al descubierto sin embargo mis pezones permanecieron tapados por el borde del vestido.

    Su mano regresó a mi entrepierna a mis labios ya mojadísimos y sus dedos comenzaban a penetrarme levemente, yo estaba retraída, avergonzada, pero me manejaban los dedos de ese hombre haciendo removerme en el asiento y sentir su sexo más y más duro bajo mis piernas.

    El pelo se me vino a los ojos y levanté una mano para subírmelo pero me susurro al oído: “te dije que dejaras esa mano sobre la mesa, no la saques de allí. O no entiendes?”

    Los otros dos junto a Luis me miraban interesados y sonrientes, atentos ahora a cada detalle, habían dejado de jugar y estaban pendientes de mí, sabían que estaba en las últimas, que la situación me superaba.

    Yo volvía a echarme hacia adelante y exhibía mis pequeños pechos sobre la mesa “que va, me dije, somos todos adultos y no es la primera vez que van a ver un par de tetas pequeñas” pero el irme hacia adelante le permitía clavarme mejor los dedos y jadeando volvía atrás.

    Sentía como sus dos amigos me miraban sonrientes, indiscretos, con la maldad en sus ojos. Yo asesaba apretando y estirando los dedos de mi mano sobre la mesa, los ojos entrecerrados. En mis 24 años de matrimonio alguna vez entré a internet a mirar pelis porno frustrada por los 5 minutos de sexo que tenía con suerte cada 15 días, buscaba dueñas de casa, matrimonios y veía con asombro como podían hacer esas cosas con negros, en grupos, con la luz prendida, son películas me decía pero también me preguntaba si podría ser cierto. Pensaba en esas mujeres y me masturbaba en la ducha. Era cierto. Podía ser cierto, claro. Y así de fácil. En una casa en una playa, en departamento del centro. Hay estaba yo sentada en uno de ellos con mi pareja al frente que me miraba feliz cuando comenzaba a jadear rítmicamente.

    En un momento sentí que mi hombre se echaba atrás con la silla y me empujaba hacia abajo dejándome a mí de pie con las manos sobre la mesa y sin atreverme a volver la cara, solo miraba la superficie de la mesa esperando expectante, toda roja, sobresaltada, con el alma en un hilo, presintiendo que ahora venía lo peor, tratando de recuperar mi respiración normal.

    Me levantó la falda y sentí que su sexo duro y caliente entre mis nalgas. “ábrete me ordenó, y quédate quietita”. Yo obedecí. Separé mis nalgas con ambas manos y me relajé para dejarme penetrar, primero sentí una crema helada en el anillo de mi ano y uno, luego dos dedos que me abrían. Con las palmas de la mano sobre la mesa sentí luego como me levantaba, me abría las nalgas fuerte y me entraba la cabeza de su sexo duro. No pude evitar un grito de dolor, y miré a Luis que me decía “Aguanta Peladita, aguanta que tampoco es primera vez” y apreté con mis manos el mantel tirándolo y algo cayó mientras sentía que terminaba de atravesarme. “Dale tío” gritó el que estaba a mi derecha. Ya estaba empalada, quietita, hasta que dejó de doler, solo un poco de ardor y sentía palpitar su tronco en la entrada de mi ano.

    Inmóvil pensaba que cualquier movimiento me haría gritar de nuevo. Entonces sus dedos volvieron por mi vagina, buscando mi clítoris que estaba duro de inflamado. Yo tenía los ojos cerrados, no quería ver nada, solo sentía el olor del alcohol, un perfume de hombre muy dulce y como me metía dedos y me humedecía que era una vergüenza, quería morir allí pero quería también que siguiera y era tan fuerte el deseo que me eché adelante y comencé entregada ya a jadear lentamente, las manos agarradas al mantel.

    Disfrutaba que me mirase, en verdad, con extrañeza, con inmensa vergüenza disfrutaba que me viese cómo estaba de caliente. Me tenía abierta por atrás, apenas moviéndose pero sentía que me partía en dos y sus dedos me entraban y salían llenos de sabia mía, rodeaban mi botón, lo pellizcaban y comenzaba ese nudo en el bajo vientre que me hacía gemir.

    Me estiré enderezándome y volví a echarme adelante en la mesa permitiendo que me lo clavara aún más profundamente, los brazos estirados hacia Luis que estaba frente a mí y las manos como garras doblando el mantel, ahora si jadeando a mas no poder, volví a estirarme para evitar sus dedos dentro y al agacharme nuevamente me terminó de empalar y yo grité de dolor. Y placer.

    Estaba de pie detrás mío, vestido. Yo dejé de resistirme y entregada ya me iba, me corría cuando sacó los dedos de mi vagina muy muy mojados y me dijo “chupa puta” y yo sumisa lo hice, los otros se rieron. Dejé de hacerlo y volvió repetirlo: “chupa”, miré su mano, sus dedos juntos y volví a chuparlos y sentí mi sabor dulzón de mujer caliente.

    -Quién quiere ver cómo termina la peladita?, preguntó

    -Vamos reviéntatela que está lista… Dijo alguien a mi lado. Le cambio la carita de muñeca que tiene por la de muñeca inflable, de puta caliente tiene cara ahora.

    -No señores, es mía por esta noche la Peladita, así que si quieren verla jadear, poner los ojos blancos, lo jugamos a la carta mayor.

    Entonces me lo sacó. Yo miré a Jorge Luis que se sonrió y escuché que me ordenaba sentarme en una banca de bar a su lado “y cuidadito con dedearte” me dijo. Quedé como ida. Se había guardado su sexo y cerrado el cierre del pantalón y obedecí sin decir palabra, me cerré el vestido y sentí como por mi pierna corrían mis fluidos hasta mojar la rodilla.

    Ganó otro y siguieron jugando. Estaba perturbada, mareada, entre el deseo la humillación y la sorpresa. Y estaba entregada, avergonzada del deseo que sentía, de mi calentura. Era una forma de someterme pero eso lo entendí meses después. Jugaron y permanecí inmóvil todo ese eterno rato. Hasta que me llamó y me enderecé con un salto y cuando estaba a su lado me dijo, anda a traer crema. Yo me volví y le traje una de manos que tenía. Me puso delante de él, frente a la mesa doblada hacia delante con las manos en el mantel y me levantó el vestido y puso sus dedos en mi ano untados en la crema, “espero que sea sin alcohol” me dijo, “no”, le respondí tímidamente, “es sin alcohol” mientras sentía como me entraba esa suavidad.

    Él se abrió su pantalón sacó su sexo. Ábrete me ordenó y me recosté sobre la mesa, doble la cara hacia un lado y abrí mis nalgas para mostrarle mi cavidad que palpitaba. Cuando sentí su cabeza en ella cerré los ojos y relajé mi anillo y esperé a que me clavara su verga dura y caliente. Esta vez resbaló su verga con un dolor soportable hasta atravesarme de una. Y luego sentí como entraba y salía atravesándome cada vez y cada vez que le apretaba con mi ano que tendía a cerrarse por naturaleza me volvía penetrar mas duro, jadeábamos los dos hasta que no lo resistí y me enderecé apoyando solo las manos en la mesa y sentí que me entraba mas al fondo. El vestido arrugado en la cintura y abierto delante me dejaba desnuda frente a Luis y al lado de los otros dos que me miraban avispados. “ahora te vas a correr perrita, delante de todos”, me dijo riéndose.

    Sin desclavarme me despojó del vestido por la cabeza y solo quedé sobre mis zapatos taco alto que me encumbraban hasta su sexo dejando mi culto redondo y parado abierto ahora su antojo. Los otros tres no se habían movido de sus asientos alrededor de la mesa y miraban mis pezones duros e hinchados y mi pelo pegarse a mi frente transpirada, mis brazos tensos sujetarme, mi cara inflamada. Mi hombre ahora puso crema en sus dedos que pasó por mi clítoris y mi vagina, una crema helada, fresca que resbalaba como espuma y me devolvía a la calentura anterior sin preámbulos. Y mi resistencia duró segundos, sus dedos helados pellizcaban mi vulva inflada como globo, me penetraba los dedos y los sacaba deseando que los volviera a clavar, los hizo tres cinco diez veces mientras yo me doblaba hacia adelante de la meza ya no jadeando, roncaba, emitía un ruido como gutural de mi garganta y sabía que de un momento a otro me iba delante de todos, allí sobre la mesa, a centímetros de las caras de esos dos que me daban vuelta, con el pelo revuelto mojado de transpiración mientras sentía una gota caerme por el cuello.

    Mi respiración se volvió entrecortada, el corazón se me apuró, me bajaba algo del estómago hacia mis piernas cuando se detuvo. Yo había doblado los brazos doblados y tenía los codos sobre la mesa y las manos apretadas al mantel, palpitando, vibrando, tensa como cuerda de violín, jadeando como perra.

    -Quieres que siga Peladita, me preguntó

    -Yo no podía decir palabra, por la sorprendente de su pregunta, y no me podía imaginar cómo estaba allí entregada como un corderito.

    -Peladita, quieres que siga o que te mande a sentar a la esquina de nuevo?

    -Sigue, le contesté

    -No te escucho.

    -Sigue por favor, le dije apocada, humilde. Y ahora, acá escribiéndolo, debo decir. Debo reconocer. O de reconocerme a mí misma que eso me excitaba más, que me tuvieran así, allí, me hacía sentirme mujer, femenina, una hembra que les daba lo que ninguna otra les daba, el placer de sentirse machos, poderosos. Que ninguna por mina que fuese, por muy mujer que se creyera, llegaba allí donde yo estaba. Con esos cuatro mirándome, pendientes de cada detalle mío. Y quizás por eso le rogué, le supliqué, le imploré que me hiciera terminar.

    Entonces volvió al juego del meter y saca sus dedos y en segundos sentía que volvía ese fuego dentro de mi estómago, yo sola le acomodaba mi ano, le movía mis caderas para que me lo ensartara más adentro y jadeaba como perra, como a cuadras de distancia escuchaba que uno de ellos decía “esta roja esta mina” o, “mira, se le abren las narices”.

    Luis que estaba delante de mí, al otro lado de la mesa me tomó de las manos y yo apreté las suyas como garras, tiritando. Estaba yéndome, un calambre dulce me embargaba, me diluía calada hasta los riñones, en ese éxtasis uno me pellizcó el pezón hasta casi rompérmelo pero fue terriblemente excitante mientras convulsionaba uno, dos minutos. Boqueaba con los ojos blancos, verdaderamente boqueaba y espasmeaba como pescado recién sacado del agua dijeron después.

    Cuando sentía que terminaba, que se me salía todo por mi entrepierna, que me abandonaba parte de mi cuerpo me dejé caer sobre la mesa exhausta. Fue el orgasmo más grande que he tenido junto a uno en que me masturbaran en una casa en la playa, también delante de otros.

    Pasaron varios minutos en que se volvieron a sentar y abandoné medio cuerpo sobre la mesa, la cabeza doblada y los ojos cerrados, los brazos lacios a los lados. Mi hombre se sentó y me sentó sobre el doblada, ida, alelada eché la cabeza atrás dejándola descansar junto al cuello de mi hombre y me topé con su cara. Si me hubiera besado lo hubiera aceptado. Aunque Luis estuviera a mi lado, total, él me puso en esta situación. Pero no lo hizo, me dijo “vamos al baño para que me limpies” y con dificultad me paré y lo seguí desnuda y cabizbaja al baño mientras mi vestido quedaba en el suelo y los demás me miraban desnuda riéndose sentados a la mesa.

    En el baño le lavé ese fierro que aún estaba duro con el agua fría corriendo y bastante jabón y se le puso más duro, luego lo sequé y me dijo que me sentara en la taza del baño.

    Me lo metió en la boca y se masturbo en mis labios hasta que iba a terminar y me separó y escupió todo su semen en la cara, en el pelo, era mucho, mucho, que me chorreó por el cuello por el hombro por la frente.

    Se guardó la polla aun sucia y me tomó del brazo a la altura del hombro y así, casi colgando de su mano, (el mide más de 1.80 y yo me empino a 1,45, y pesa seguro el doble de mis 45 kilos) así, casi en el aire me sacó afuera, donde estaban los otros sentados aun a la mesa de póker. Yo hice el ademán de limpiarme pero me lo impidió.

    -Ya está bautizada, les dijo, casi colgada por mi brazo mostrándome a los tres, y me sentó en el sillón.

    -Si alguien quiere darse el gusto con la Peladita, ahí está.

    -Para todo uso?

    -Ya viste… Para todo uso

    El Chico Nano se puso de pie, miro a Jorge Luis “permiso” le dijo y se abrió la bragueta y se sacó su sexo que estaba parado como un palo y se sentó al lado mío, luego me montó encima de cara a él clavándomelo en profunda humedad y me dijo mastúrbate. Yo cerré los ojos doblé mi cuello y con su sexo dentro mío comencé a acariciarme frente a él, aun sentía mi cuerpo tenso, palpitante, mis labios inflamados y mi botón rígido, sus manos pellizcaban mis pezones, apretaban mis senos que cabían pequeños en sus manos, las sentía recorrer mi espalda y mi cadera se refregaba rítmica sobre sus piernas, hasta que sentí que me iba nuevamente y al mismo tiempo que el terminaba dentro de mí inundándome de semen.

    -Sale con cuidado que me ensucias los pantalones, me dijo y me sacó en el aire casi hacia atrás dejándome de pie desnuda frente a esos cuatro hombres vestidos y hasta con zapatos. Yo me mojaba las piernas.

    El que le dicen El Otro (no quiero decir su nombre) se paró y con una mano en mi espalda me empujó hacia el baño, allí me hizo lavarme la entrepiernas y en el mismo baño me puso frente a la pared se sacó un pene rojo y duro y parado detrás mío me dijo que me pusiera mis zapatos taco alto y me lo introdujo entre mis piernas sin dificultad. De pie detrás mío con todo su impulso me lo ensartaba levantándome con cada penetración, era fuerte y violento cada espolonazo que me atravesaba. “Tócate tú misma” me ordenó mientras con ambas manos en mi cintura me sujetaba.

    Yo debí afirmarme con una mano contra la pared y con la otra abrir mis labios y buscarme hasta sentir mi hinchazón, mi dureza, que en un instante me llevó hasta volver a sentir que las piernas me fallaban y mientras me desmadejaba sentía que me llenaban de nuevo de semen. Terminó y me dejó allí. Yo recuperé mi vestido me lo puse, me arreglé algo el pelo y cuando volví a salir ellos se habían ido.

    Me senté en la esquina del sillón con los ojos que se me cerraban de cansancio.

    Creo que me dormí hasta que sentí a Jorge que me decía “vamos a la pieza a Peladita”. Lo seguí de su mano casi durmiendo todavía, allí me usó hasta la madrugada, estaba desmadejada y me uso como creo se debe usar una muñeca inflable, yo no tenía fuerza para responder pero sentía como me penetraba de todas las formas imaginables, como me atravesaba hasta sentirlo en mis riñones, llenarme la boca, los oídos, doblarme y colgarme, abrirme empalarme con consoladores y collares de metal, con pinzas en los pezones y colgantes en los labios, con vibradores dobles y con su sexo hasta la garganta.

    Hoy lunes estoy destruida, fui a trabajar como zombi mas solo sé que me siento bien. Que “me la puedo” con cualquier hombre. Que si me dejaron, si el maldito de mi ex me dejó, no supo nunca la mujer que se perdió. Eso me hace sentir bien.

    Zarina

  • Secretaria decente de día, mi puta indomable de noche

    Secretaria decente de día, mi puta indomable de noche

    En la intimidad se entrega al placer absoluto, con sus voluptuosas tetas me hacia una deliciosa rusa, además de ser una mamadora experta saboreaba mi leche gota a gota, se volvió mi loca adicción, nuestros encuentros eran pasión y fuego.

    En el 2010 Conocí a “Mary” en unos cursos que llevé de inglés, ella había acabado la universidad y estaba en búsqueda de trabajo, no éramos tan amigos, pero dentro del grupo siempre yo era atento con ella, se me notaba pues como no serlo si estaba buenísima, era de tez blanca cuerpo voluptuoso, de buenas tetas, cabello teñido a rubio que le caía muy bien, me atraían mucho sus labios carnosos, aunque solía vestir de jeans y ropa ceñida siempre se la veía sexy.

    Intente salir con ella muchas veces, pero siempre me choteaba, incluso llego a decirle a un amigo en común que me moría por ella, bromeándome me dijo ya supérala; Finalmente terminamos los cursos de inglés y nos alejamos con el tiempo, aunque siempre la veía en su Facebook, hasta que un día me elimino, creí que la amistad termino allí y seguí con mis demás aventuras y nuevas conquistas que vengo relatando con anterioridad.

    Pasaron años, exactamente era setiembre del 2018, siempre recordaba el mes de su cumpleaños y le escribía saludándola, sabía que trabajaba por un estudio de abogados por el centro financiero de san isidro, recuerdo estar trabajando en una obra (remodelación de unas oficinas en un edificio, que daba con salida a balcones y terrazas) un lugar que fue escenario de nuestro futuro encuentro carnal.

    Ya habiendo pasado su onomástico, me la encontré por casualidad por las calles del centro financiero de san isidro durante la hora de refrigerio; que bella estaba… usaba una mini falda con una blusa manga corta y sus piernas blancas y carnosas me hicieron excitarme, en fin, estaba hermosísima.

    D: ¡Mary!, a los años – mientras nos acercábamos uno a uno por la vereda.

    M: ¡Hola… como estas!, a los años…

    D: Bien, bien, trabajando por aquí en una remodelación de oficinas

    M: Ah que bien… que bueno, ¿y ya tienes novia, ya te casaste?

    D: No, no nada aún… tu pues que nunca te decidiste jaja

    M: jajaja que dices, loco.

    D: ¿Vas a almorzar?

    M: Eh si…estaba saliendo

    D: Te invito, por tu cumpleaños que ya paso, vamos

    M: Ya bueno, pero rápido que tengo que hacer otros pendientes de la oficina.

    D: Ok, dale vamos.

    Ya en pleno almuerzo me atrevía tomar el toro por las astas, y empecé a tratar de persuadirla en que nos sigamos viendo, ya con tantas experiencias vividas es mejor intentarlo a nunca hacerlo.

    D: Mary, y que tal la pasaste en tu cumpleaños, saliste de rumba

    M: Sí todo bien, me fui a bailar con mis hermanos y unas amigas

    D: Me hubieras invitado pues… ah, pero cierto no me tienes agregada en el Facebook, que paso… que hice para que me elimines – en tono de voz triste y confundido.

    M: ¿Eh… te eliminé, en serio?, ah bueno eso habrá sido hace años, pensé que tú me eliminaste, como pensé que estabas dolido como te choteaba, pero bueno ya paso

    D: Dame tu número, para al menos pueda saludarte por WhatsApp

    M: ¡Claro!, apunta – dicto su número.

    D: Bueno solo espero que tampoco me bloquees del WhatsApp jaja

    M: No, que va… y dime estas de novio… pensé que ya estarías casado… ¿cuántos años tienes ya cumplido?

    D: Treinta y seis… ¿y tu creo que has cumplido 30 ya?

    M: Si ya cumplí treinta… ay por dios los años, ya nada él lo mismo las energías, la figura

    D: Pero para tus treinta pareces de 20 aún, ¡tienes un cuerpazo!, ¡que hablas! Estas power jaja

    M: jajaja, bueno uno hace lo que pueda, es mi belleza natural

    D: jajaja Obvio, siempre tu tan… uhmmm y como están tus papás

    M: ¿Siempre que?, vamos no seas tímido… que pasa, sigues obsesionado conmigo

    D: No, no es obsesión… fue siempre amor, y tú nunca te diste cuenta creo – riendo nervioso

    Su mirada se desvió a su plato y hubo un silencio por un instante

    D: Mary, descuida somos amigos y relax… ya paso, te cuento que estoy remodelando unas oficinas aquí en el edificio que está pegada a la vía expresa y ya vamos en etapa de poner muebles y decorar las oficinas

    Cambie de tema rápidamente para que no se sintiera nerviosa

    M: ¡Ay que lindo!, a mí también me gusta la decoración, ¡y que estilo tienen las oficinas?

    D: Tienen un estilo industrial, estamos trabajando además una terraza que conecta con jardines verticales se verán geniales, es para una empresa portuaria… te gustaría si la vieras

    M: A ya pues, invítame a la inauguración

    D: Te invito unos días antes para que las veas si deseas, antes que vaya personal de limpieza para que deje todos los muebles impecables.

    Así seguimos charlando y la acompañe al edificio donde trabajaba y quedamos en que nos veríamos un día próximo; Por estar a cargo de la supervisión de las oficinas, iba directamente a las oficinas y no al trabajo, y veía los detalles finales, así que me prestaron el auto de la empresa, para recoger algunas compras que se podrían hacer. Siendo martes faltaba una semana para la entrega del proyecto decidí en escribirle a Mary

    D: “Mary inauguramos pronto, quieres venir a ver los detalles finales, que dices te animas”

    M: “Jueves o viernes puede ser… ando full hasta el fin de semana” – Respondiendo al rato

    D: “Como desees, estamos a un paso y puedes venir cuando gustes”.

    Cruzaba los dedos para que no se echará para atrás, dije ojalá se me haga ojalá, como tenía la oficina de gerencia un frigobar, llevaba agua y preparándome para ese día iba llevando unas botellas de champagne, por si la situación ameritaba tragos, si me preguntaban por qué la botella de champagne mentiría diciendo que es para el brindis de la inauguración.

    Llego el día jueves y no me aviso, aún tenía el viernes para que fuera, porque el fin de semana iría el personal de limpieza, así que no hice más que esperar y tener suerte.

    Esa noche ya plan de 11 pm me llego un mensaje al WhatsApp, y no hizo más que confirmar su asistencia para el día siguiente.

    M: “Mañana caigo en tus oficinas, he pedido salir una hora antes con una excusa laboral, dame la dirección para caerte”.

    No saben cómo me alegre, le pase la dirección y ya esperaba que sea mañana, en esa medianoche me fui bañarme rasurándome las verga y huevos por si hubiera faena sexual, hay que estar siempre precavidos por si algo suela suceder.

    Al día siguiente verifique que estuviera los tragos al tiempo, compre snacks, cigarros y unos preservativos, siempre previniendo; Normalmente en las oficinas los viernes a las 5 pm los trabajadores ya suelen tontear u/o salir de las mismas, así que espere, espere como un niño ansioso, hasta que me llego su mensaje.

    M: “Ya estoy a 2 calles, bajas a darme el encuentro”

    D: “Ok, ya bajo, nos vemos en el ingreso”

    Ya en el ingreso del edificio la vi acercarse, estaba tan sexi, recuerdo que llevaba unos tacones negros, mini falda de cuadros rojos y negro y un top de tiras negra, ceñida que hacían presionar sus pechos, además de un saco casual, cabello al viento y con unas gafas que la hacían ver muy provocativa. Pensé, esa tarde follo si o si, esta vez esta palomita no se me escapa, mientras sonría y me acercaba a ella para saludarla e hice que me siguiera, para esto ya tenía una cuartada para hacerle ingresar sin muchos rollos.

    D: Buenas tardes, la arquitecta va ingresar para inspeccionar la entrega de las oficinas y firmar los planos correspondientes.

    Seguridad: Ok, Ud., es el responsable ya estamos de salida.

    D: Si por favor, en cuento entremos y terminemos más rápido salimos, estamos con la hora. Gracias.

    Ella no hizo más que seguirme el juego, fuimos directamente a la terraza a tomar un poco de aire, le gusto la decoración de jardín vertical, las terminaciones y el juego de terraza que eran para un área social de los trabajadores, entre risa y risa empezamos a entrar en confianza, eran casi las 6 pm, apresure mi táctica para seducirla y quien sabe esa tarde noche hacerla mía.

    Justo calcule que los operarios ya se habían retirado y bajamos para entrar a las oficinas para seguir conversando algo más tranquilos, al parecer le gusto el ambiente, los muebles y mesas tipo industriales, la invite ingresar a un oficina y a sentarse mientras ponía música del celular, mientras salía disimuladamente a la puerta de ingreso para ponerle seguro, ya vuelta con ella, le ofrecí agua… aunque no demore en ofrecerla champagne, se quedó extrañada, pero le dije descuida es para la inauguración aquí hay más botellas. Ya en pleno brindis, charla y risas, fuimos entrando en más confianza y calores.

    Lo que empezó con un tierno beso, terminó con una inolvidable deslechada con su boquita hambrienta de leche.

    D: Mary, con respecto aquella vez, en que te dije que no era obsesión que era amor, bueno fue una imprudencia de mi parte, espero que me disculpes.

    M: uhmmm, entonces no era cierto.

    D: Si, bueno… pero no tuve por qué decírtelo, creo que te falte el respeto… sorry, amigos verdad

    M: Claro, descuida – mientras bebíamos de las copas

    Me miraba tímidamente, sus mejillas se pusieron rojas producto del trago y el ambiente cerrado de la oficina quizás, sacándose su saco.

    D: Hace calor, déjame abrir un poco la mampara del balcón.

    Abrí un poco la mampara y entro una brisa muy suave, brisa que creo que jugo a mi favor, se levantó y se asomó a la terraza, admirando el horizonte de la ciudad que ya oscurecía, y las luces de la ciudad ya brillaban, se asomó con una mirada perdida a la ciudad, creo que le choco algo el aire suele pasar cuando bebes y sales al aire, podía admirar su figura de reojo sus piernas y trasero mientras regresaba servirme más champagne, para acercarme a ella ofreciéndole un nuevo brindis.

    D: Salud Mary, por nuestro reencuentro – sonriendo

    M: Salud – mientras me miro coqueta

    Nos miramos mientras brindábamos y me atreví a acercarme a ella para darle un tierno beso, accediendo ella sin tapujos, mientras tímidamente la cogía de su cintura para pegarla hacia mí, le quite su copa y las puse en el suelo, los besos fueron tiernos pasando a intensos, hasta que me atreví bajar por su cuello y murmurarle a su oído

    D: Estas muy hermosa… – quitándole sus gafas, pues iba a pasar lo que tanto anhele

    Ella entro en aceptación, su cuerpo se remecía con cada beso, con cada caricia pasando a tocarle sus nalgas para presionarla con mi pelvis y sintiera mi verga erectándose, ella con los ojos cerrados, se dejaba llevar, aproveche en un momento para cerrar la mampara y llevarla hacia el sofá y recostarla para entre beso y beso ir levantándole su top, y a admirar sus tetas liberándose por completo al quitarle su corpiño, no hice más que bajar y empezara morder y chupar cada pezón tan rosaditos, me faltaba manos para disfrutar de par de bellas tetas, ya me imaginaba como sería esa vulva; ella gimiendo de placer y entregada dejo que le quitase la falda, yo desesperadamente me quite la camisa y baje todo para quedar en pelotas frente a ella, volviendo hacia su vagina y quitarle su pequeña tanguita negra de hilo que llevaba puesta, que belleza fue ver esa vulva depilada y húmeda , no hice más que ponerla piernas al hombro y empecé a devorarme su vulva a, friccionando con mi lengua su clítoris, la hizo estremecer a placer… ufff estaba en el cielo, pare un momento para subirme sobre ella nuevamente besándola y así poder tener nuestros cuerpos friccionándose en la calentura, mi verga rosaba con su concha que la sentía tan húmeda, paro la música del celular quedándonos en silencio para oír sus gemidos… la levante y la puse encima de mí, y fue en ese momento en donde revelo su verdadera personalidad.

    M: Ya sabía que querías tirarme, hacerme el amor… ¿verdad?… ya no me respetes!

    D: Eres un mujerón, estas riquísima, y si… siempre quise tenerte, pero me la pusiste difícil, mira que tantos años han pasado…

    M: Shiii, ya lo sé, volvamos a los que estábamos… aprovechemos este tiempo

    Esas palabras abrieron las puertas de mi morbosidad, empecé a menearla de su culo, tocaba sus piernas nalgueaba su gran culo blanco para excitarla más, ella me agarraba del cuello mientras me besaba y por ratos me ofrecía sus tetas para gozar de ellas, ufff que delicia… se metió mi verga en una y empezó a darme unos sentones barbaros, podía ver a poca luz como la carnosidad de su cuerpo se remecía a cada compas, me sujetaba del cuello, mientras su tetas saltaban en mi cara, a lo cual trataba de morderlos.

    D: ¡Baja, Chúpamelo! – dándole ordenes

    M: Mejor que eso, ya verás – con voz retándome

    Bajo darme unas cuentas mamadas, para luego pegarme sus tetas sobre mi verga, empezando a hacerme una rusa increíble, lo que me arrechaba mas era ver su cara con su boquita abierta gimiendo y haciendo pucheritos mientras jadeaba, mientras por ratos me pajeaba incesantemente cosa que hacia excitarme más.

    M: ¿Te gusta verdad?

    D: Tu si sabes, pero chúpamelo si… ¡chúpamelo!

    M: ¿Te rasuraste la pinga para mi… verdad? – con voz placentera

    D: Si, si, para que te lo comas toda, ¡vamos cómetela toda!

    Empezó a darme tan buena mamada que prácticamente se metió casi toda mi verga hasta su garganta, mientras que al sacarla la saliva de ella mezclada con mis flujos, caían al borde del sofá de cuero, estaba algo preocupado por las manchas pero más pudo mi arrechura que empecé afollarla de boca, mientras la sujetaba de su cabeza haciendo un moño con sus cabellos la bajaba y subía hacia mi verga, ella tragaba con placer y con ciertos gargajos paraba tomaba aire, y volvía a mamármelo, quede sorprendido la más tierna mujer que conocí haces años, ahora era una gran y tremenda puta.

    Pare para colocarla sobre al filo del sofá en arrodilla de perrito, con el culo blanco al aire, y empecé a penetrarla mientras nalgueaba su cola y jugaba con uno de mis dedos rozando su ano.

    M: ¡Quieres culearme?, vamos dale… ¡pero despacio sí?

    D: Enserio… ok, despacito, ya me dices si te duele mucho

    Así con algo de mi saliva iba poco a poco metiendo mi verga en su ano, ella se abría de nalgas con sus manos ayudándome en la faena, pues quería también verga dentro de su culo.

    Seguí poco a poco y ya ese culo dilatado y entregado empezó a recibir toda mis envestidas incesantes, que no hacía más que ponerme más salvaje, ella rendida y sujetada sobre el sofá, exclamaba.

    M: ¡Sigue papi, sigue! ahhhh, ayyyy, me corro… ufff sigue sigue!

    ¿Papi?, me correo?… Que perra era y eso me gustaba, así al poco tiempo se estremeció y gimió tan fuerte que para que no se escuchase sus gemidos, le tape la boca…entre sudores, gemidos no paraba y su culo no ofrecía resistencia, ambos entregados como dos fieras salvajes de sexo, con la fuerza de mi pelvis chocando su culo, sonaba y se remecían sus glúteos, mientras la tomaba de sus cabellos, domando tremenda hembra.

    D: Ahh, ahhh me vengo, me vengo- exclamaba

    Ella experta en sus movimientos, ágilmente se deslizo bajando hacia mi verga rendida a mi verga, mamándola previa eyaculación para recibir toda mi leche.

    D: ¡Me corro, chúpalo, chúpalo!

    Y vaya que me la lactaba y exprimía la verga como carnero…terminaba de eyacular sobre en esa boquita hambrienta de leche, mientras la acariciaba de sus cabellos, la levante y la abrace y caímos rendidos por unos minutos en el sofá, mientras se terminaba de saborear mi semen

    M: Me sorprendes, que rico tiras – coquetamente

    Mientras la besaba en su mejilla, acariciaba sus tetas y cintura

    D: Y tú no te quedas atrás – riéndonos

    Ya serían como las 6.40 y a oscuras, salimos rápido hacia el baño llevándonos nuestra ropa para asearnos y cambiarnos, de regreso prendí las luces de la oficina de gerencia y limpie en algo todos los sudores y fluidos que pudieran dejar rastro, guarde la botella abierta de champagne, deje casi todo en orden abriendo por un rato a la mampara para que se ventile antes de irnos.

    Ella regreso por su bolso y se fue de vuelta al baño para que se maquillaje y peinara.

    D: Vamos hasta el sótano, tengo el carro de la oficina

    Así fue y solo fui a recepción por mi DNI, mientras ella en el auto terminaba de maquillarse un poco más, en el carro se quitó sus tacones y se puso unas valerinas que traía en su bolso.

    Por ser fin de semana nos agarró un poco de tráfico, la lleve obviamente hasta su casa, tenía varios mensajes de texto de la oficina, diciéndome si ya estaba todo en orden para mañana que vayan los de limpieza, afirme que sí que me había ido antes y que no había oído el celular porque estaba en vibrador, pero ya solucionado el tema charlamos algo intensos y ardientes, al parecer había segundo round.

    D: Mañana tienes tiempo para vernos

    M: Uhmm… no creo, pero el domingo que te parece, me invitas a comer un cevichito con…

    D: Con unas chelitas, dale, en la cevichera de “mi barrunto” el domingo ok, paso por ti

    M: Yo me pido un taxi, mejor voy a decir en mi casa que me voy a reunir con unas amigas,

    D: Ok, ok ese día me voy a tomar una leche de tigre para que me ponga oso – riéndonos

    M: Bueno, ese día creo que estaremos más tranquilos y con más tiempo

    D: Ok, entonces ese día tu mandas y me dices que quieres hacer, tu sabes que yo solo quiero una sola cosa… te quiero a ti.

    M: jajaja, ok, vamos con calma ok.

    Así la deje en la esquina de su casa, si antes darnos un beso tierno dentro del auto, ya de regreso llame a mi jefe y le explique que estaba todo ok, que ya mañana igual iba a ir temprano a la oficina porque deje unos planos firmados que eran los originales, etc., etc.

    Esa noche antes de dormir, le envié un texto

    D: “Nos vemos el domingo, no me falles”

    M: “Ahí estaré“

    Dormí feliz y con la promesa que habría esa segunda vez, pues aquella tarde de domingo, después de almorzar fuimos a mi departamento y follamos locamente, incluso viajábamos los fines de semana y donde estuviéramos follábamos, aunque no tuvimos nada formal, estuvimos andando buen tiempo, salidas casuales de puro sexo; y el final… el final de esta larga historia, fue tan confusa y tan o más radical que antes.

    Prometo relatarles ese final en donde casi me convertí en padre.

    Continuará…

  • Provocando acabé follando

    Provocando acabé follando

    Era sábado. Estaba en la terraza de un bar con mi esposa, con mi cuñada Aurora y con su hija Teresita. Teresita estaba a mi lado tomando un Acuarius y resguardándose del sol del mes de mayo tras sus gafas de sol Prada Unisex. Vestía un chándal azul, calzaba unas zapatillas Adidas azules con franjas blancas y llevaba su largo cabello negro recogido en una trenza que le bajaba por su teta derecha. Yo estaba con mi Samsung en la mano chateando con un amigo que me estaba hablando de una muchacha a la que se follara y me iba dando los detalles… Me mandaba fotos de ella desnuda, alguna donde le mamaba la polla, otras donde se veía comiendo el coño de aquella preciosidad…

    Teresita me miraba para la mano cada vez que la bajaba para apretar mi polla morcillona. Cada vez que yo la pillaba mirando para ella apartaba la vista y acomodaba el culo en la silla dando síntomas de nerviosismo.

    Teresita era una muchacha muy morena, de veinte años, con unos ojazos negros… Sin las gafas y la mascarilla azul puesta parecía Jasmín, la de Aladdín.

    Unos diez minutos más tarde la polla me había mojado el pantalón. Teresita llevaba un ratito viendo la mancha de humedad… Acomodó el culo en la silla, bajó una mano y apretó el chándal contra en coño. Mi mano se posó sobre su mano, su mano dejó el coño y agarró el bulto que hacía mi polla empalmada, la apretó para saber su grosor, y luego se levantó y fue al servicio.

    No quise arriesgarme, pero si voy tras ella casi seguro que me la follo.

    Cuando Teresita volvió del aseo traía una sonrisa de oreja a oreja. Se había hecho una paja cojonuda. Al llegar ella se fueron al aseo mi mujer y mi cuñada. Le entré a matar.

    -Mojado cómo debes tener el coño después de la paja que te hiciste te lo comía y no tardabas ni un par de minutos en correrte en mi boca.

    No negó que se había masturbado, pero cómo Teresita era curiosa, me preguntó:

    -¿Quién era el amigo que te puso tan cachondo, tío?

    Yo estaba interesado en otra cosa.

    -¿Te lavaste las manos?

    -No.

    -Déjame oler los dedos con los que te masturbaste.

    -¿Para?

    -Para saber cómo huele tu coño.

    Me dio a oler el dedo medio y el anular de su mano derecha. Olían a vicio.

    -Diooos. ¡Qué hambre me entró!

    Teresita iba a lo suyo, saciar la curiosidad.

    -Dime ahora quien era ese amigo.

    Le mentí.

    -Un amigo con tetas y coño.

    -Me lo imaginaba. ¿Le metes los cuernos a la tía con ella?

    -Con ella aún no se los metí.

    -¿Y se los quieres meter conmigo, claro?

    -La idea es jodida. ¿Qué me dices de lo de comerte el coño?

    -Que no soy una mujer ligera de cascos.

    -Yo apostaría lo que sea a que te acabas de hacer una paja.

    -Eso lo hacemos todas, la tía incluida, pero de eso a dejar que nos coman el coño… Aunque la tía dice que se corre siempre que se lo comes.

    Me dejó a cuadros.

    -¡¿Hablas con ella de esas cosas?!

    -No, lo hablaba la tía con mi madre cuando aún vivía con ella y yo ponía la oreja, más de una paja me tengo hecho.

    -¿Pensado en que te la comía?

    -No, pensando cómo se la comería mi madre a la tía y cómo la tía se la comería a ella.

    -No me creo ni una palabra.

    -Me la suda que me creas o no. ¿Te contó que una vez le comí la boca en la cocina de vuestra casa?

    -¿Y eso cuando fue?

    -Hace tres años.

    -¿No pasó nada más después del beso?

    -Pregúntaselo a ella.

    -Entonces es que pasó. ¿Le comiste el coño?

    -Pregúntaselo a ella.

    Viendo que no me iba a responder lo que le preguntaba, volví a lo mío.

    -¿Entonces tú y yo…?

    -Nunca se puede decir de esa polla no voy a mamar, pero hazte a la idea de que mi coño ya tiene dueño.

    Cuando las cosas se ponían más caliente llegaron del aseo mi mujer y mi cuñada. Por la cabeza me pasaron cosas raras… En fin, al rato cada cual se fue a su casa, no sin antes de derramar cerveza en mi pantalón para que el lamparón no me delatara.

    Al llegar a casa, en la cocina, cuando mi mujer iba a coger un helado en el congelador, la agarré por la cintura. Me dijo:

    -¿Qué quieres, subnormal?

    Es así de cariñosa conmigo cuando ve que quiero tiki taka.

    -Lo sabes de sobras.

    Cogió un helado de cucurucho, se dio la vuelta, le dio unas lamidas y me dijo:

    -¿Te puso cachonda Teresita, cabrón?

    La besé en el cuello y cuando quise besar en la boca, giró la cara y lamió la bola del cucurucho de nata y fresa.

    -¿Y eso a que viene?

    -A las miradas que te echaba a la entrepierna. ¿Estabas empalmado?

    Le agarré las tetas y se las magreé mientras le mordía el lóbulo de una oreja.

    -Estaba.

    Ella seguía lamiendo el helado.

    -¿Con quién te estabas escribiendo?

    Frotando mi polla morcillona en su coño, le dije:

    -Me contaba un amigo cómo se follara a una chavala y me mandaba fotos de ella desnuda.

    -¿Alfonso?

    Busqué de nuevo su lengua cubierta de nata y fresa, pero de nuevo me hizo la cobra, le respondí:

    -Sí.

    -Ese no cambia. ¿Qué hizo Teresita con su mano cuando la bajo?

    No sé cómo coño se había dado cuenta, pero estuviera al tanto de todo. Le volví a mentir.

    -Rascarse una pierna.

    -Ya. ¿Te cogió la polla?

    Confesé.

    -Uno par de segundos.

    Por tercera vez quise comerle la boca. Esta vez mi boca recibió algo. Me dio la bola del cucurucho a lamer. Lamí y me dijo:

    -¿Te puso cachondo?

    -Cachondo me estás poniendo tú.

    -Responde a mi pregunta.

    -No, cachondo me puso mientras fuisteis al aseo con su madre.

    -¿Te dijo que se había hecho una paja?

    -¿Tú también te diste cuenta de que se fuera al aseo para hacerla?

    -Yo y su madre. ¡Cómo folles con Teresita te la corto!

    Intenté sacar de ella.

    -¿La pudiste follar tú y yo no puedo?

    -¡¿Qué?!

    -A ver, el beso en la cocina…

    Al verse descubierta no me dejó acabar de hablar.

    -Fue solo un beso y era una cría.

    -Con diecisiete años no se es tan crío.

    -Para mí sí lo era.

    Comencé a enredarla mientras le bajaba las bragas.

    -¿Te gustó?

    -Fue algo diferente.

    Seguí investigando.

    -¿A qué sabe su coño?

    Le dio un mordisco al cucurucho.

    -No digas tonterías.

    -¿Y el de Aurora?

    -¿Te dijo que su madre y yo hacíamos la tortilla?

    Mi mujer no había levantado la voz en ningún momento. Eso solo podía ser por una cosa, tenía ganas. Había que improvisar.

    -Y que se masturbó pensando en cómo la haríais.

    -¿No creerías a esa putita!

    -La creí. Hace años cuando nos enfadábamos siempre acababas durmiendo en su casa en vez de ir a la de tu madre.

    -Era mi amiga.

    -Y Juan se había ido con otra, y…

    -Calla de una puta vez. Sabes de sobras que no me gustan las mujeres.

    Me puso la mano en la cabeza y me la llevó al coño. Le volvía a preguntar:

    -¿Sabe mejor el coño de Aurora o el de Teresita?

    -No se lo comí a ninguna de las dos, pero me acabas de poner cachonda.

    La había pillado.

    -¿No decías que no te gustaban las mujeres?

    -Calla y come.

    Mi mujer ya estaba mojada. Me llevó poco tiempo hacer que el cucurucho le cayese de la mano, que se desparramase sobre una baldosa y que se corriese en mi boca mientras sus manos acariciaban mi cabello.

    Me costara poco hacer que se corriera, y me costara poco porque sabía lo que le gustaba que le hiciera mi lengua en su coño.

    El marido de Teresita era enfermero y trabajaba de noche y mi mujer estaba cuidando de los nietos en casa de mi hijo, ya que su esposa y él salían a cenar. Yo ya estaba en cama cuando me sonó el teléfono móvil que tenía encima de la mesita de noche, lo cogí y oí la voz de Teresita.

    -¿La tía se queda toda la noche en casa del primo?

    -Sí.

    Sin más ya se me ofreció.

    -Estoy desnuda sobre mi cama y necesito echar un polvo urgentemente.

    Me vestí, pillé el coche y cinco minutos más tarde llamaba a su casa de la playa. Me abrió la puerta cubierta solo con una camisa blanca que le llegaba a las rodillas. Miró para los lados, no vio a nadie, y me dijo:

    -Pasa.

    Entré con la mascarilla puesta, ella estaba sin ella, cerró la puerta, quité la mascarilla, le levanté la camisa blanca y le metí una lamida de culo que hizo que se apoyara con las manos en la parte de arriba de la puerta, abriera las piernas, y me dijera:

    -¡Qué bueno!

    Lamí entre las nalgas y le eché la mano derecha al coño, lo tenía encharcado. La cabrona se acababa de correr. Le di la vuelta, se abrió los cinco botones que llevaba abrochados, se quitó la camisa y la tiró al piso. Desde abajo vi sus tetas redondas y gordas, pero me centré en su coño peludo, le pasé la lengua de abajo a arriba, la pasé plana y arrastré cantidad de jugos, me enderecé y le metí la lengua en la boca para que saboreara sus jugos. Me devoró la lengua al tiempo que me echaba la mano a la polla y la apretaba. Luego me fui a por sus gordas tetas, unas tetas con areolas rosadas y pezones medianos. Se las comí bien comidas, luego bajé a su coño y se lo comí cómo se come un pastelito de nata, saboreando con cada lamida, saboreando los jugos que cubrían sus labios, los que tenía cerca de su ojete, y saboreando los jugos que mi lengua llevara a su clítoris, me dijo:

    -Cuando me corra quiero que la tragues toda.

    Era el momento para preguntar.

    -¿Te tragaste tú los de tu tía?

    -Si, me tragué sus corridas.

    No sabía si era cierto o no, pero la respuesta me puso la polla aún más dura de lo que ya la tenía. Le enterré la lengua en el coño, lo movió alrededor y corriéndose, me dijo:

    -¡Traga, tío, traga!

    Sentí sus jugos calientes bajar por mi lengua y caer en mi boca. Se corrió mientras jadeaba cómo una perra, mientras sus piernas temblaban y mientras los dedos de sus manos tiraban de mis pelos.

    Cuando me soltó los pelos en vez de ponerme en pie seguí lamiendo su coño. Paré solo para decirle:

    -Voy a hacer que te corras otra vez.

    -Cómeme antes las tetas.

    Al comérselas metió dos dedos en el coño, los mojó de jugos y después frotó con ellos el clítoris. No me dejó comerle las tetas mucho tiempo, ya que poco después, hizo que me agachase y puso una pierna sobre mi hombro derecho y su coño mojado delante de mi boca. No hizo falta que me dijera que se la comiera. Mi lengua recorrió todo su coño mojado… Al rato sus gemidos la delataron, se iba a correr. Le quité la pierna de encima, me levanté, saqué la polla empalmada y mojada, y le dije:

    -Te toca.

    No lo entendía. Se lamentó.

    -Pero, si me iba a correr.

    Metió la polla en la boca de mala gana. Solo le dejé darle media docena de mamadas. La cogí por las axilas e hice que se levantara, luego le levanté una pierna, me agaché y se la clavé hasta las trancas. Al rodear mi cuello con sus brazos, le eché la mano a las nalgas, la cogí en alto en peso, la arrimé a la puerta y le di caña brava. No duramos nada, ni ella ni yo. Su boca comió mi lengua, su coño apretó mi polla y al sentir cómo la bañaba, me corrí y le llené el coño de leche.

    Después de correrse quiso más, y más le di, solo que más despacio. Dándole despacio sentía sus tetas apretadas a mi pecho y lo cariñosa que podía ser su boca…, pero cómo pesaba lo suyo, me cansé. El macho ibérico no se lo iba a decir, así que le dije:

    -Quiero que te corras otra vez en mi boca.

    Sonrió y me dijo:

    -Vicioso.

    La puse otra vez en el piso. En sus muslos morenos vi mucha humedad cerca del coño y a lo largo de ellos algunos jugos y leche, el resto de nuestras corridas estaba en el piso en cuatro pequeños charquitos. La cogí por la cintura y lamí desde el periné al clítoris sin apretar la lengua, despacio al principio y más a prisa a medida que sus gemidos me lo recomendaron. Cuando cogió mis pelos, me dije: «De aquí salgo calvo», pero no me tiró de ellos, al comenzar a correrse dio con las palmas de las manos contra la puerta y mientras se corría arañó el barniz. La corrida fue gloriosa. Me harté de tragar sus delicias con textura mucosa y sabor agridulce.

    Al acabar, la muy cachonda, me dijo:

    -¡Qué educación la mía! Se me olvidó preguntarte si querías tomar algo.

    Claro que iba a tomar, pero eso si tal os lo cuento otro día.

    Quique.

  • Infiel por necesidad

    Infiel por necesidad

    Soy Clara, tengo 42 años, mido 1.65, peso 55 kilos, y a pesar de mi edad, aún siento que soy apetecible. La mirada de algunos hombres, también me hacen sentir eso. Soy casada, Juan mi marido tiene 50 años y lamentablemente con los años ha ido perdiendo el interés en el sexo. Yo en cambio, con el paso de los años fui liberándome y disfrutando el sexo mucho más que cuando tenía 20 años.

    Una tarde salimos de compras y a tomar algo con una amiga íntima, y vio como yo miraba a un hombre, que estaba en una mesa cercana.

    “Clara, que raro vos mirando un hombre. ¿Qué pasa?” Dijo Cleo.

    “Pasa que no pasa nada. Juan se ha ido “retirando” del sexo y yo… aún tengo muchas ganas de disfrutar.”

    “¿Entonces?”

    “Nada, todo queda en fantasías y nada más. Yo lo amo y sé que él me ama.” Dije.

    “Todo bien, pero una cosa es el sexo y otra el amor. Es genial cuando caminan juntos, pero puede darse por separado. Si vos seguís así, frustrada sexualmente, lo más seguro que el amor se vaya desgastando por la misma frustración.”

    “Puede ser.”

    “Vos sabes bien que yo tengo un “amigo”, con el que me encuentro una o dos veces por semana. Raúl anda igual a Juan hace un par de años, dedicado al negocio, y sin apetito. Con mi amigo disfruto, me hace sentir deseada, gozada, y no entro en roces con Raúl por pedirle sexo.”

    Esa charla me quedó repiqueteando en la cabeza. ¿Podría yo tener tan clara la línea divisoria, sería capaz de dar el paso?” Los días pasaron y una tarde luego de entrenar en el gim, fui a tomar algo sola a un shopping. En el bar, una mesa cercana había una pareja, él de no más de 35 años, ella de unos 28. El hombre era realmente atractivo. Buen físico, ojos claros, y una sonrisa hermosa. Me quedé mirándolo, pero en realidad pensaba en mi dilema. Él notó que lo miraba y me devolvió la mirada con una sonrisa y siguió su charla. Yo reaccioné y mire para otro lugar.

    Unos días más tarde salí del gimnasio y fui al mismo bar, sin esperar nada, solo a tomar un jugo. Llevaba un rato sentada cuando vi que él llegaba solo. Se sentó, pidió algo, y un rato después, sentí que me miraba. No pude dejar de mirarlo y él me saludó con una sonrisa y agachando su cabeza. Le sonreí, y en dos minutos se acercó a mi mesa.

    “Hola, soy Luis, ¿puedo acompañarte?”

    “Hola, si, no hay problema. Soy Clara.”

    Con una conversación totalmente liviana, estuvimos cerca de 15 minutos.

    “Luis, soy una mujer grande y no creo ser tonta. Sé lo que buscas, no te olvides que el otro día estabas tomado de la mano con una chica, y no me voy a creer el cuento de la amiga, que te peleaste, te repito. No soy tonta.”

    “Y no das vuelta para decir las cosas.”

    “No. Soy casada, no pienso divorciarme. Y soy casi feliz en mi matrimonio.”

    “Por supuesto. Y yo tengo ganas de llevarte a un hotel.”

    “Tampoco das vueltas. Te quiero aclarar algo. No busco amante, nunca le he sido infiel a mi esposo, pero desde hace un tiempo las cosas en la cama no funcionan. Y sí, tengo ganas de un poco de sexo. Vamos.”

    Fuimos a un hotel cercano, entramos a la habitación, y ni bien lo hicimos, el me comenzó a besar y a acariciar por sobre mi ropa. Besaba realmente bien. Nos fuimos desnudando y nos tiramos en la cama, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro mientras nos besábamos.

    “Hagamos un 69.” Le dije y me subí a él.

    Comencé a chupar su pija, de muy buen tamaño y grosor. El chupaba mi concha muy tiernamente, me penetraba con su lengua y me puso a mil. Me tumbe en la cama y el levantando un poco mis piernas me penetró. Entraba y salía de mí con la cadencia justa, mientras apretaba mis pechos y besaba mi cuello. Comencé a tener orgasmo cada vez más intensos. El me avisó que iba a acabar y me preguntó dónde quería que lo haga. Le dije que en mis tetas y lo masturbé hasta que me tiró su leche en los pechos. Un par de minutos en silencio y fui al baño.

    Cuando volví a la cama, me preguntó si quería tomar algo y sacamos una botella de vino del frigo bar.

    “¿Estás bien?” me preguntó.

    “Si, gracias. Y gracias por hacerme sentir bien, sé que no tengo el físico…”

    “Clara, vos tenés lo tuyo, y ella lo de ella. No te compares porque siempre vas a buscar la vuelta para perder en la comparación y sentirte mal. Sos una hermosa mujer, que sabe muy bien lo que quiere, y como tenerlo.”

    Un rato después comencé a besar su pecho, fui bajando y me metí toda la pija en la boca. Poco a poco fue poniéndose bien dura. Yo mientras tanto me acariciaba la concha que estaba muy mojada nuevamente. Lo monté y le dije:

    “Perdoname, pero te voy a “usar”.” Dije.

    Me comencé a mover de a poco, alternando subidas y bajadas con movimientos circulares de mi cadera. Luis me acariciaba las piernas o con sus manos en mi cadera, acompañaba mis movimientos. Llevé mis manos a mis pechos y los apretaba, mordía mis labios y lo miraba. Estuve un largo rato así, teniendo orgasmos, recuperándome y teniendo nuevos. El me dejaba hacer, disfrutaba como yo lo usaba. Tuve un gran orgasmo y me bajé. Me puse de rodillas a su lado y le pregunté:

    “¿Querés acabarme en la boca?”

    “Si por favor.”

    “Bueno, pero ayúdame, con cuidado, méteme un dedo en la cola.” Dije.

    El mojó un dedo en mi concha y lo fue metiendo y sacando muy lentamente. Yo mientras lo chupaba y masturbaba, me movía para facilitarle el trabajo. Cuando lo tuve adentro totalmente, me quedé quieta y dejé que él lo mueva. A medida que aumentaba su velocidad yo lo seguía masturbándolo y chupando. De pronto a la velocidad sumó fuerza y me puso más loca todavía. Sabía que estaba por acabar y abrí mi boca para recibir todo su néctar. Cuando acabó, su dedo se quedó enterrado haciendo fuerza para ir más adentro. Su leche caía de mi boca por mis labios. Limpie bien su pija, el sacó su dedo y me acosté junto a él.

    “Gracias por dejarme usarte.” Dije.

    “Por favor, te aseguro que fue un placer para mí.” Dijo casi riendo y yo también me sonreí.

    “Si te pusieras a dar clases a chicas como mi amiga, te aseguro que te llenarías de alumnas y de plata.” Dijo.

    “No creo que sea tan así.”

    “Te puedo asegurar que sí.”

    Nos dimos una ducha, y cuando nos vestíamos me preguntó:

    “¿Nos vamos a volver a ver?”

    “Yo voy casi todos los viernes al bar a tomar mi jugo después del gimnasio, quizás nos veamos.”

    “Sabes bien lo que quiero preguntar.”

    “Y yo te contesté. Hoy no puedo contestar otra cosa.”

    Salimos del hotel, fuimos hasta el shopping donde yo tenía el auto y nos despedimos con un beso en la mejilla.

    Manejaba rumbo a casa, y debo reconocer que me sentía muy bien, plena. Llame a Cleo y le di las gracias por el consejo que me había dado.

    Con Luis volvimos a vernos a los 15 días, y desde allí una vez por semana nos encontramos hasta hoy. Con Juan, las cosas siguen igual. Nos amamos, él no tiene la presión de tener que hacer algo que no le interesa, y yo tengo cubierta mis necesidades.

  • El regalo: Un antes y un después (Undécima parte)

    El regalo: Un antes y un después (Undécima parte)

    —Hola… Ehhh, Rodrigo ¿Cierto? Vaya pero que sorpresa. No pensé que fuera a ser tan rápido, pero claro que sí, jejeje. Te debo ese café y más por supuesto. ¿Qué te parece si nos vemos mañana en la tarde? —Me parece perfecto, le respondí.

    Silvia me observaba nerviosa. Tomando una servilleta para limpiar su nariz, se dio la vuelta para recoger la botella de aguardiente y las copas, al igual el cenicero e ir hasta la cocina.

    —Hablamos antes para definir en cual sitio. Aunque si conoces uno en especial me envías la ubicación y allí estaré. Que descanses y perdona por llamar a esta hora. —Le respondí a Martha finalmente.

    —No te preocupes, en verdad. Muchas gracias y mañana te llamo. Un beso mi caballero salvador. —Y terminó Martha la llamada.

    Yo dejé el teléfono en la mesa y enseguida mi esposa me encaró.

    —Que estúpida soy, ¿no es verdad? Yo preocupada por lo que hice y que aquello no fuera a romper lo nuestro y ya veo que tú, quien sabe desde cuándo, me tenías ya reemplazo. —Súbitamente Silvia me habló, mirándome por encima del mesón.

    —Pero no te confundas Rodrigo, si nuestro matrimonio se va a la mierda, no va a ser por mi culpa. Serás tú y solo tú el culpable. —Y en sus ojitos cafés empezó de nuevo a desbordarse el llanto. No aguanté verla así y fui a su encuentro.

    Silvia levantó su rostro y me miró expectante. La tomé entre mis brazos y con mis labios fue besando sus ojos, absorbiendo su salina humedad. De a pocos también mi boca recorrió el trazado de las lágrimas por sus mejillas y finalmente terminé acariciando con mis dedos el contorno de sus deliciosos labios y lentamente sin dejar de mirarla, acerqué mi boca a la suya y nos besamos, largo, profundo, entregados íntimamente después de tanto desasosiego y completamente enamorados.

    —Mi amor, la confundida eres tú. Yo jamás, escúchame Silvia, yo nunca haría algo para herirte, mortificarte o intentar acabar con lo nuestro. Yo te amo, desde el primer momento en que te vi lo supe. Tu mi vida, serás por siempre la única mujer a quien amaré. —Y mi esposa se aferró con sus brazos aún con mayor fuerza a mi torso. Apoyó su cabeza de lado sobre mi pecho para luego despegarse un poco y mirándome fijamente me dijo…

    —Y tú mi amor, tu eres el hombre que escogí para compartir mi camino. Perdóname, me dejé llevar por estúpida. Lo siento realmente. Pero que te quede claro que no va a suceder nada más entre mi jefe y yo. Ha sido un error terrible de parte suya y una completa idiotez mía por aceptar sus besos y los regalos. Se los voy a devolver. ¡Todo!

    —No te preocupes por eso mi amor, le respondí. Los detalles son lo de menos y sí ya lo aclaraste con tu jefe, pues no veo necesario que los devuelvas y pases por maleducada o una desagradecida. Yo debo confiar en ti, y no seré ese obstáculo, que te limite o te impida superarte en tu desarrollo profesional, de lo contrario nuestra relación no tendría sentido. —Y volví de nuevo a besarla, con más ternura que pasión.

    Deslicé mis dos manos hasta alcanzar la redondez de sus nalgas, para apretarlas, amasarlas con firmeza. Humm, que placentera sensación aquella de ir incrementando la pasión arriba, besando y lamiendo su lengua, para a la vez sentir abajo que mi verga tomaba dureza bajo mi bóxer, restregándola contra su vientre y los dos ya respirando agitados, con deseos de llegar a algo más. Pero mi esposa, se apartó un poco, para dejarme notar las ganas en el rubor de sus mejillas y soltarme con cariño, una clara señal de ¡Prohibido pasar!

    —No empecemos lo que no vamos a poder terminar mi vida. Ya sabes que me bajó la regla. Ni modos.

    Y sin embargo yo, por encima de la tela de la camiseta, amasé sus pechos hasta lograr que sus pezones se endurecieran, palpándolos entre mis dedos, pellizcándolos un poco. Silvia se sonrió, puso sus manos sobre las mías y me besó nuevamente, ofreciéndome la calidez de su boca.

    —¿De quién son este par de téticas preciosas? Le dije y mi mujer me respondió: ¡Mías, mi amor! Jajaja. Pero también únicamente tuyas. —Pues bien mi cielo, y apretando sus pezones entre mis dedos con mayor fuerza le dije… Entonces que ninguna mano o boca diferente a la mía los acaricien o los besen. ¿Estamos? —Y Silvia me regaló su apenada mirada para responderme después… ¡Eso depende mi amor!

    —Depende de qué Silvia. Le respondí intrigado.

    —¡Humm! mi cielo, de que estas manitas y esta boquita tuya, tampoco se posen en otros que no sean las mías. ¿Ok? —¡Pufff! Suspiré consternado, recordando aquellos momentos con Paola.

    —Por cierto cielo, no me respondiste cuando te pregunté con quién estuviste hoy en Cercedilla. Es una mujer, ¿no es verdad? —¡Mierda! Se me había olvidado comentarle a Silvia, sobre ese « pequeño desliz».

    Y en ese preciso momento, tanto como en el móvil de Silvia se recibía una notificación de un mensaje, yo en el mío escuchaba el sonido que llevaba un rato esperando. Los giros del destino, Silvia se acercó a la mesita auxiliar donde mantenía cargando su móvil y yo mientras tanto, abría la aplicación de mensajería en el mío y pensé en las vueltas que da la vida. Ahora era ella, mi esposa la celosa y yo el infiel que guardaba secretos.

    —Silvia, buenas noches. ¿Te molesto?

    —Escribiendo…

    —Quería que supieras que hablé con tu amigo esta tarde.

    —Escribiendo…

    —Y me ha recomendado hablar antes con mi esposa. Tratar de llegar a un acuerdo, pero sin mostrarle las pruebas que tengo.

    —Escribiendo…

    —Solo hablar primero, en un tono conciliador, ya sabes. Es un buen tipo, muy inteligente. —Esperé preocupada algún comentario de índole más íntimo hacia mí, pero como no lo hizo, tranquilamente le respondí, en frente de mi esposo que a su vez escribía algo en su móvil.

    —Buenas noches don Hugo, me alegra saber que hablará con su esposa. Es probable que ustedes arreglen sus problemas. Hablar… Casi es siempre la solución. —Doble check.

    —Escribiendo…

    —Pues Silvia, no estoy muy seguro de que sirva de algo pero por el bienestar de mis hijos lo voy a hacer. Y tú… ¿Cómo va todo con tu esposo?…

    Levanté mi vista del teclado del móvil para observar como Rodrigo bebía un sorbo de su cerveza, muy atento a lo que escribía yo en el mío. Si Rodrigo quería jugar conmigo, yo también podría lanzar mis dardos.

    —Don Hugo, la verdad me cansa mucho escribir, porque mejor no… ¿Puede hablar? O… ¿Está su esposa por ahí cerca? —Doble check.

    —Escribiendo…

    —No hay problema Silvia, después de dejar mi maleta lista, salí a correr un rato al parque y ahora estoy descansando frente a la entrada. Y tú… ¿Puedes hablar con tranquilidad?

    Y totalmente decidida, me senté en el sofá, recompuse un poco mi cabello para posteriormente, dar un toque al símbolo de video llamada y esperé.

    Silvia se escribía mensajes con alguien. Alguna compañera de trabajo o de pronto su amiga Mónica, quien desde Colombia, le comentaba cómo iba el tema de su reciente embarazo. Pero al observarla, noté que su enfado inicial cambió al leer uno de los mensajes y en sus ojos un brillo; en su boca se dibujó una satisfactoria sonrisa y luego se acomodó en el sofá de la sala, cruzando sus piernas y acomodando un cojín por detrás de su espalda, luego el otro en medio de sus muslos. Presentí que llegaba el momento de su venganza. Y por qué no, la mía también.

    Fue la primera vez que escuché aquella voz. Grave, en una tonalidad algo baja, saludaba a mi esposa con algo de sorpresa. En él primero, enseguida en mí. Un… ¡Hola Jefe! ¿Cómo está usted? De mi esposa y por respuesta escuché de aquella voz masculina un… ¡Muy bien! Pero tú te ves mejor. Y Silvia sonrió.

    Ese… ¡Te ves! disparó en mi las alarmas. ¡Estaban con seguridad en una video llamada! Mi esposa usando mi camiseta de hacer deporte por pijama que le quedaba por fortuna holgada, aunque dejaba transparentar un poco sus aureolas. Yo analizaba esa noche la postura, los gestos y las expresiones, colocando especial cuidado en el tono de la voz, tanto de aquel hombre como de mi esposa. Pero el sonido de un nuevo mensaje entrante, me hizo desviar la mirada y concentrarme en la explicación pendiente con mi rubia tentación.

    —Rocky, Nene, perdóname por escribirte tan tarde. ¿Te molesto?

    —Escribiendo…

    —¿No estarás enojado conmigo? ¿O sí?

    —Escribiendo…

    —¿Rocky? Y ajá Nene, no me vas a responder. ¡No pongas en Ohio con yo! Carita triste y otra carita llorando.

    —Escribiendo…

    —Me muro si es así… ¡Plop! Me murí. Carita de muerta.

    —Buenas noches señorita mimada pero incumplida. ¡Jajaja! Me hacen gracia tus emojis. Así quien se puede «enohiar» contigo. —Doble check.

    —Escribiendo…

    —Anda Nene, es que no me escribías nada. ¿Estás muy ocupado?

    —No señorita Torres, solo que acabo de hablar con mi esposa y pues… —Doble check.

    —Escribiendo…

    —¿Y ajá? ¡Cuenta, cuenta!

    —Ahora no Pao, tal vez mañana. Mejor concentrémonos en lo que necesitas aprender para mañana. ¿Papel y lápiz, en la mano? —Doble check.

    —Escribiendo…

    —¡Erdaaa Nene! no. Espera voy a buscar algo donde anotar.

    —Jefe, me alegra que hablara con Albert. Tome nota de lo que él le aconseja. Ya verá que es por su bien, mejor dicho jefe, para su familia. —Y esperé la reacción en el rostro de mi esposo al enterarse de que hablaba en frente de él con el hombre que me había tentado–. Quería esa noche darle tranquilidad.

    —Claro que sí, me respondió cordial mi jefe para luego proseguir con una nueva información. —Esperemos que salga todo muy bien. Por cierto Silvia, te van a llegar mañana unos documentos de una de las empresas nuevas. Ya sabes, la del inversionista de Turín. Los puedes ir revisando y verificas la situación financiera, con eso me podrás brindar tu diagnóstico sobre el desempeño de los dos últimos trimestres–. Terminó por decirme don Hugo. Y Rodrigo revisaba algo en su ordenador.

    —Perfecto don Hugo, como usted diga. Luego, supongo que usted analizará en detalle la solvencia de esa empresa y medirá la condición patrimonial a corto plazo, no es verdad. —Y mi jefe sonriendo me respondió…

    —Exactamente, por eso eres mi mano derecha. Juntos lo haremos la otra semana mi ángel. —¡Mierda! Y aquí íbamos de nuevo y con mi esposo cerca, escuchando todo. Inmediatamente voltee a verlo y efectivamente estaba Rodrigo concentrado, mirándome y pendiente de la conversación.

    Este tipo tan abusivo, pensé. ¿Cómo así que su ángel? Y Silvia no le recriminó nada. Tan solo me miró angustiada cuando su jefecito le dijo aquellas palabras. Y Paola nada que volvía a la conversación. Debía como siempre, sentar un precedente…

    —Silvia mi amor… ¿No has visto mis auriculares? No los encuentro por ninguna parte. —Y puse en mis labios mi mejor sonrisa de picardía.

    Silvia lo notó, y yo estuve casi seguro de eso, creo que comprendió sobresaltada que yo deseaba que su jefe supiera que yo estaba allí y que «su ángel» era mi amor. Más no contaba yo, con que ella se sintiera incómoda por mi súbita intromisión y entonces se acomodó el cabello en una trenza improvisada encaramándola sobre su cabeza y después de dos vueltas, se lo dejó caer coquetamente sobre la parte delantera al costado derecho, pero al hacerlo y levantar el brazo libre, la bendita camiseta se tensó, dejando expuesto la tirantez de su endurecido pezón. ¿En venganza por mi llamada tan extraña para ella?

    —Ehhh, no recuerdo haberlos visto. Es que como «últimamente» todo lo dejas tirado por ahí, pues se te pierden con ese desorden tuyo y vaya uno a saber cuál de tus «compañeritas» de oficina, los puede haber recogido. —Me respondió mi esposa tranquilamente, pero haciendo especial énfasis en dos palabras. Últimamente y compañeritas. ¡Golpe bajo!

    Y bien eso tenía yo que devolverlo. Así que ni corto ni perezoso, también realicé una llamada pero esta vez desde mi portátil y con video. A grandes problemas, grandes soluciones. Bueno esa fue la idea inicial.

    —Oye Silvia lo siento, no pensé que tu esposo estuviera por ahí cerca. —Me habló mi jefe preocupado por aquella pequeña «intromisión» de mi esposo, en nuestra conversación.

    —No se preocupe jefe. Está trabajando en su ordenador. Bueno y… ¿En que estábamos? Ahh sí, lo de Turín. Estaré pendiente de esos informes y los revisaré con sumo cuidado. ¿Óigame jefe y por cierto, sale usted sólo a correr siempre a estas horas? —Se lo pregunté por cambiar el tema. Lo laboral lo dejaría para la oficina.

    Y esperando la respuesta de mi jefe, escuché con claridad, una voz femenina proveniente del ordenador portátil de mi esposo, pero no retiré mi vista de la angosta pantalla de mi teléfono móvil. Una oreja allí y la otra… ¡Esa allá!

    —A veces cuando puedo, –continuó mi jefe hablando– hago algo de ejercicio por las mañanas, pero a esta hora es muy tranquilo para correr y de paso, necesitaba pensar. Oye Silvia, estas segura que no hay problema con tu esposo, si quieres mejor hablamos mañana. —Y mi pobre jefe todo preocupado, recostado sobre un muro blanco. Tenía puesta una sudadera azul con franjas blancas y un bolsillo tipo canguro por delante. Una capucha gris ratón cubría su cabeza y en sus orejas, los pequeños audífonos inalámbricos. Así trajeado tan deportivamente, mi jefe se veía juvenilmente guapo.

    —No tendría porque jefe, para eso vivimos juntos y no tenemos problema alguno. No hay nada que ocultar. —Y mirando a mi esposo le dije… ¡Mi amor! es mi jefe que mañana se va de viaje y estamos ultimando algunos detalles. No te incomoda, ¿no es verdad mi vida? —Y coloqué mi sonrisa de niña inocente, arrugando la nariz y pestañeando consecutivamente–. Quería a devolverle a Rodrigo su jugada.

    —Ehhh, claro que no mi amor. A estas horas la llamada debe ser muy importante. Habla con tranquilidad mientras yo termino de explicarle a mi nueva compañera de trabajo algo y nos vamos a la camita que quiero arruncharme contigo. ¡Fresca mi cielo!, por mí no hay problema cariño mío. —Y finalicé mirando a Silvia y haciéndole el gesto aquel de tener el puño cerrado para luego ir levantando mi dedo medio. Y mi esposa frunció su ceño, pero en su boca mantuvo la falsa sonrisa. ¡Golpe con golpe se paga!

    Por fin a la segunda marcación Paola respondió.

    —Ajá Nene, pero como afanas. Casi no me das tiempo a ponerme la bata. ¡Jajaja! Mi «rolito» hermoso por poco y me toca llegar a tu clase en Baby Doll y así no creo que te puedas concentrar. ¡Bueno ya estoy lista! —Y Paola se mostraba ante la cámara con una bata de seda negra algo entreabierta. Sus dorados cabellos recogidos en una moña alta, y sin reparo alguno, con una toallita retirándose el maquillaje.

    Silvia la pudo escuchar, más sin embargo no hizo alusión alguna a ese comentario de Paola, ni intención de voltear a mirarme y siguió hablando con su jefe como si nada.

    —¿Lista entonces para la clase? Le pregunté. Pero antes de que mi rubia compañera me respondiera, la conversación entre mi esposa y su jefe se detuvo para enseguida, mi esposa voltear su cabeza y contarme, sin altanería alguna, a cambio de su vocecita de niña consentida y la cara cuando quería algo de mí, que hablaba con su jefe y que si me importaba que lo hicieran allí.

    ¿Rolito hermoso? ¿Baby Doll? ¿Pero que mierdas pasa aquí? Me pregunté al escuchar la voz de aquella mujer. Me hice la desentendida y me esforcé por no voltear a mirar a mi esposo y prestarle atención a mi jefe sobre algo de la nueva empresa de Turín. Obviamente distraída en escuchar lo más posible a mi esposo y su nueva compañera, no le prestaba interés alguno.

    —Silvia… ¿Entendiste bien? —Y yo perdida le respondí honestamente que no.

    —Don Hugo, la verdad me gustaría que me lo explicara de nuevo, pero deme un momento que estoy algo sedienta. —Y me quité de encima el cojín que mantenía sobre mis piernas y poniéndome en pie, fui hasta la mesa del comedor y sin pedir permiso tomé la lata de cerveza que estaba bebiendo mi esposo y le dije:

    —Mi amor… ¿Me regalas un sorbito? Gracias. Tú tan lindo mi cielo. ¡Ahh! y te robo otro cigarrillito. —Y tomando la cerveza, junto a la cajetilla de cigarrillos, me dirigí al balcón.

    Desde allí al estar mi esposo sentando en el comedor dándome la espalda, podría con seguridad observar el rostro de aquella mujer.

    —Lista y dispuesta Nene, Jajaja. ¿Me veo horrible no es así? —Y acercó su rostro a la cámara, girando su rostro a diestra y siniestra. Aquí no supe si Silvia escuchó o se movió, nada. Solo me fijé en la hermosa y fresca piel de mi rubia tentación, tan lozana juventud y sus ojos para nada perdían la hermosura de su verde profundo.

    —Bueno Pao, es lo que hay. Jajaja. Mentiras te ves muy bien, como siempre. —Le hablé a la rubia, mirando disimuladamente por encima del borde de la pantalla a mi esposa. —No, no giró su rostro pero si arqueó sus cejas, en clara demostración de estar más pendiente de mi conversación con Paola que la suya con el jefecito.

    —Vamos a ver, para mañana debes saber explicar cómo hicimos el negocio y todo lo que logramos hoy. Vimos una oportunidad que por lo general es la debilidad y escarbamos en las personas, buscando una solución puntual a sus necesidades. Algunas personas creen necesitar algo y ahí es cuando llegamos para que les demos un pequeño empujón, y así puedan empezar a mejorar. Otras prefieren callar y escuchar. Son las más difíciles de descifrar. Y Paola tomaba nota de mis palabras, más sin embargo mi mujer seguía impasible su personal intercambio de opiniones sobre un trabajo pendiente.

    —Recuerda que no se vende lo que no se ofrece y sin embargo Pao, tú y yo no vendemos, solo ofrecemos soluciones. Ahí radica la diferencia. La venta la logramos de acuerdo a cómo presentemos nuestra oferta. Los pequeños detalles Pao, son importantes. Muchas personas lo pasan por alto, pero nosotros no. Nosotros asesoramos, para nada presionamos como otras personas con regalitos o baratijas de publicidad. Hay que saber romper el hielo, y tú tienes el don natural de provocar el fuego necesario para derretirlo. —Y entonces después de mis últimas palabras, capté por completo la atención de Silvia.

    Escuchaba más a mi esposo que lo que don Hugo me decía del nuevo inversor. Rodrigo hablaba con una mujer que a todas luces parecía muy cercana a él. Melosa en su trato y ese particular acento tan… ¿Costeño? Rodrigo le explicaba algún tema de ventas. Yo me hacia la desinteresada y estaba logrando mantener mi compostura, hasta que los escuche hablar del negocio que los dos habían logrado ese mismo día. Pero entonces mi esposo dijo algo sobre las cualidades innatas de esa mujer, de una manera muy… ¿Personal? Y se dispararon las pulsaciones de mi corazón. Rodrigo me había puesto en apuros al interrumpir la conversación con don Hugo, pues bien, ahora sería yo.

    Me acerqué hasta la mesa del comedor y cariñosamente le robé su cerveza y le pedí un cigarrillo, todo con la ternura y claridad necesaria en mi voz, para que tanto esa mujer como mi jefe, tuvieran claro que entre Rodrigo y yo no había rastros de desunión ni ningún tipo de fisura que pudieran ellos aprovechar. Bueno, eso quise creer aquella noche.

    Me coloqué en el balcón para fumar, beber y observar. La pantalla del computador portátil de Rodrigo, permanecía para mi disgusto, oculta por su espalda y la cabeza. Aunque desde aquella posición podía escuchar con mayor claridad la conversación.

    —¡Oopss! Rocky ¿Tú esposa anda por ahí? ¿No se molestará contigo? —Me dijo Paola algo desconcertada.

    —Para nada Pao, está hablando con su jefe un asunto del trabajo. Mejor continuemos. ¿Tienes las tablas financieras que te entregué el otro día? —Le pregunté con la clara intención de restarle importancia al hecho de que mi esposa, se hubiera hecho escuchar de aquella manera tan amorosa ante Paola y colocarse a mi espalda en el balcón, seguramente con la idea de observar la imagen de mi nueva compañera.

    —¡Erdaaa! Nene, aguanta la burra, aguanta que por aquí las debo tener… Si, aquí están. Dime que hago con ellas. —Y después de revisar en el fondo de mi maletín, encontré los auriculares y los conecté a mi ordenador portátil para empezar la explicación de su uso. Dejando con la intriga a mí esposa.

    —Mira Pao, la idea inicial era ofrecerles reemplazar una o dos, con algo de suerte las tres pero… ¿Recuerdas a los conductores? Te diste cuenta de la cantidad de hoteles en esa zona tan pequeña. Hay mucho trabajo por hacer allí, mucho turista por transportar. Mejorar la calidad del servicio. De allí me surgió la idea de una sociedad entre los conductores y de Don Tomás. Volverlos propietarios. Ventajas y beneficios. —Y a Paola, de manera juiciosa, la veía escribir en una libreta–. Y me concentré en la explicación del negocio y los planes financieros ofrecidos, desentendiéndome de la conversación que a mi espalda sostenían mi esposa y su jefe.

    —Jefe, disculpe mi curiosidad, pero… ¿Que dice su esposa? ¿En verdad, no han hablado nada? —Y mientras preguntaba aquello a mi jefe, yo me movía un poco en el balcón, tratando de ver el rostro de aquella nueva compañera de mi marido. ¡Pero nada! Me sentía frustrada por ello.

    —Pues Silvia, no mucho en verdad. Hoy hablamos poco. Le comenté sobre la llegada de nuestros hijos y mi idea de salir a la Sierra este fin de semana, sin ella, y resignada, lo aceptó. También le informé de mi viaje a las otras oficinas y ella me comentó algo de enviar al taller a su auto para revisarlo pues tuvo problemas con el coche, hoy por la tarde. Me dijo que venía de visitar a una terapeuta amiga suya, buscando alguna solución a lo nuestro y que quería que la perdonara, la escuchara y empezáramos los dos una terapia de pareja. Y la verdad Silvia, no me siento preparado aún para hacerlo. Por eso salí a correr. —El sonido grave de la voz de mi jefe, tristemente fue bajando la modulación del tono, dejándome notar el vacío que provoca una traición, en el corazón de quien ama en verdad.

    —Lo entiendo don Hugo y comprendo lo difícil que debe ser para usted esta situación. Sin embargo la idea de su esposa no me parece nada mal. Si logran hablar con la ayuda de una persona profesional, quizá logren entenderse. Jefe… ¿Puedo preguntarle algo íntimo? —Y lo ví llegar hasta la entrada de aquella casa y en los escalones de la entrada se sentó, dando un sorbo a su botella de agua, para posteriormente, sonreír.

    —Claro Silvia, ya sabes que confió en ti, te debo mucho porque tú te has convertido en mí… —Su amiga y asistente, jefe–. No le dejé terminar aquella frase, intuyendo que él se iba a referir a mi como su ángel, y eso podría mortificar a Rodrigo al escucharlo nuevamente. Mi jefe, agachó su cabeza casi hasta meterla entre sus piernas, pero aún con su mano estirada manteniendo algo inestable, la imagen en su móvil.

    —Y bien, don Hugo, porque razón cree usted que su mujer hiciera lo que hizo. Debe haber una causa, motivos o razones para que ella lo traicionara. —Y en aquel instante sin que se pudiera percatar mi jefe, por detrás fue emergiendo una figura, primero los pies, calzando unas zapatillas rosas para estar en casa, luego sus piernas desnudas hasta llegar un poco por encima de sus rodillas, cubiertas por una bata elegante y en rosa pálido satinado y de mangas largas, decoradas con esmerados encajes en los bordes.

    Sí, allí de pie estaba su esposa, la señora Martha. No me decidí en aquel momento, si en advertirle de su presencia o dejarle expresarse inocentemente ante ella. Y tomé la decisión de no hacerlo y dejar que ella escuchará de boca de su esposo, lo que él pensaba. Di una calada al poco cigarrillo que me quedaba y un sorbo igualmente largo a la lata de cerveza. Mi esposo continuaba dando su explicación a aquella desconocida, aparentemente sin ponerme atención.

    —Silvia, te consta que yo no hago nada más que trabajar. Salgo de aquí para la oficina y de allí me regreso. Siempre pensando en mi familia, en que con mi esfuerzo no les falte nada, ni a mis hijos ni a Martha. Sí, tienes razón. Claro que he pensado estos días en que he podido fallar. Tal vez es mi culpa por no estar más pendiente de ella, pero no he dado motivos para que ella me engañara. —La señora Martha, que en un principio, permanecía impasible se fue acercando silenciosa detrás de él.

    —Pues si don Hugo tiene usted razón, sin embargo el problema puede estar en otro lugar, dentro de ustedes dos, en su intimidad como pareja. ¡Ehhh! no quiero entrometerme pero… ¿Jefe que tal marchaban las cosas entre ustedes dos, con el sexo? Antes de… ¡Ya sabe! —Don Hugo enderezó un poco su espalda, para pensar su respuesta. —¡Si quiere no me responda!–. Le dije posteriormente pues lo percibí algo incómodo con mi pregunta.

    —Estas insinuando que yo no… —Y luego de un suspiro, él me dejó apreciar que empezaban a humedecerse un poco, sus hermosos ojos grises–. Pues, no lo sé, Silvia. Creo que bien. ¡Vamos, qué como todas las parejas creo yo! Es verdad que ya no es como antes, no lo hacemos con la misma frecuencia que en un comienzo pero creo que lo hacíamos normal, a menudo. Sabes, creo que ella es muy tradicional con el tema del sexo y yo pues también, no necesito más. Ella has sido la única mujer en mi vida, sexualmente hablando. Nos conocimos muy jóvenes en la universidad. Nos enamoramos y nos casamos. Lo normal Silvia. Ya vinieron los hijos y ella dejó de trabajar para dedicarse a ellos y yo pues ya sabes… Trabajo, reuniones, viajes y más trabajo. Crees tú que… ¿Es por eso Silvia? Tú piensas que soy… ¿Seré tan malo en la cama? —Me preguntó mientras yo observaba con detenimiento el movimiento de la señora Martha y no, no podré olvidar cómo se llevaba la mano derecha a su boca para luego empezar a estirar su mano izquierda, extendiendo sus finos dedos hacia mi jefe pero sin llegar a hacerlo, encogerlos un instante antes, quizá por temor, vergüenza o para escuchar algo más, que le diera el valor faltante.

    —No, no jefe, discúlpeme. Perdón yo solo estoy… Analizando la situación desde otro punto de vista. Usted nunca le ha sido infiel y ella tampoco antes de… pues de esto. De pronto estar tanto tiempo en casa sin hacer nada, se encontró de pronto desmotivada y eso hizo que le surgieran algunas preguntas, ideas de experimentar algo distinto, ya sabe jefe, para pensar en hacer lo que finalmente hizo. Y puede que surgiera en ella la necesidad de tener sexo solo por diversión jefe, como lo hacen a menudo los hombres. Esta mal, lo sé, jefe y no la disculpo pero ella tal vez si lo ame todavía. Hable con ella, con sinceridad, dele una oportunidad. Por qué don Hugo, yo creo que entre ustedes dos, aún existe amor. —Mi jefe solo movía su cabeza de izquierda a derecha, tratando de negar lo evidente.

    —Usted de verdad la ama, lo pude ver en la tristeza de sus ojos. Si no fuera así, usted no habría dejado de escapar la oportunidad de estar con esa rubia que contrató o de haber intentado hacerlo conmigo. ¿No es verdad? Don Hugo levantó su cabeza, me miró un segundo o dos sin responderme, luego sonrió. Con el dedo índice y su pulgar, apoyados sobre el tabique de su nariz, se apretujó los ojos, para sin mirarme, contestar…

    —Si Silvia, yo la amo. Pero en verdad que se me hace difícil mirarla a los ojos sin recordar… Es que no encuentro la manera de olvidar ni perdonar. —Por detrás de mi jefe, su mujer ya estiraba sus dos brazos, casi a punto de tocarle. Y se aferró con fuerza, abrazándolo por detrás, colocando su cabeza sobre el hombro para después darle un sonoro beso en la mejilla.

    —Feliz noche jefe, hablamos mañana si me necesita. —Y di por concluida esa videollamada. Feliz de ayudar a mi jefe, de nuevo. Y ahora, iría por lo mío, que había dejado también yo, muy abandonado, iría junto a mi esposo para ser felices juntos.

    —Bien Pao, creo que eso es todo. Mira, no te mates tanto la cabeza. Quiero que descanses ahora y si no entendiste algo, solo búscame con tu mirada y yo te sacaré del apuro. ¡Fresca preciosa!

    —Y ajá, Rocky estoy nerviosa nene. No sé si vaya a poder dormir y menos si no me puedo sacar de mi cabeza ese beso que me diste. Y tu mano acariciando mi pecho… —Ummm, si Pao, pero ya te dije que eso fue un error de mi parte. Lo lamento. No pienses en eso y dormirás tranquila. Le respondí. — ¡Jajaja! Nene, creo que tienes razón aunque puede que duerma mejor si lo recuerdo mientras que me toco un poquito por aquí y por allá–. Me contestó de forma sensual, metiendo su mano por debajo de su bata, tocándose el mismo seno que yo había acariciado esa tarde.

    —Bueno Pao, creo que por hoy han sido suficientes emociones. Vamos a la cama. Tu a la tuya y yo a la mía. —Y Paola frunciendo su ceño, seriamente me dijo a modo de despedida…

    —Entonces Rocky… ¿Ya hablaron y la perdonaste? ¿Tan convincente fue? —Me preguntó la rubia barranquillera, sacándome la punta de su lengua a modo de burla.

    —Hablar, hablamos, Pao. Perdonar aun no lo sé muy bien. Pero tranquila preciosa, que mañana tengo programada una cita para tomar café. Sueña bonito y mañana nos veremos temprano. —Y un beso me regaló a modo de despedida y desconecté la videollamada.

    Y al terminar de decir aquellas palabras, sentí los brazos de mi esposa rodear mi cuello, colocar su rostro justo al lado de mi mejilla y decir…

    —¡Humm! Mi vida ¿Te vas a demorar? Estoy cansadita y te quiero conmigo en la cama. —Y ahí íbamos de nuevo. Por suerte había terminado justo a tiempo.

    —Ya terminé de explicarle todo, sucede mi vida que como Paola es nueva, mañana en la reunión de ventas debe explicar cómo cerramos la negociación de hoy. Recojo todo este desorden y terminamos de hablar. Y Silvia me besó la mejilla y luego tomando mi rostro entre sus manos me dijo…

    —Bueno mi amor, me voy a la cama. Allá te espero, que dejaste un temita pendiente. ¿O piensas seguir durmiendo en tu nave espacial? —Se dirigió hasta la cocina, dejando la cerveza y el cenicero sobre el mesón y se fue perdiendo por el oscuro pasillo, contoneando sus caderas para mirarme de forma coqueta y enviarme desde allí un besito por los aires.

    ¡Pufff! Sí, nuevo suspiro. Y la verdad, no sabía cómo se lo iba a tomar mi esposa. Revelaciones tan coincidentes esa noche.

    No demoró casi nada en llegar y pararse bajo el marco de la puerta de nuestra habitación, sin su almohada. Observándome un poco indeciso, pero persistí, levantando la frazada de su acostumbrado lado para dormir, a mi derecha.

    —Ven mi amor y caliéntame, corporalmente hablando ¡ehh! Qué ya te conozco y sabes que «Nanai, nanai» por ahora mi vida. —Le dije a mi esposo invitándolo con la imagen de mi torso desnudo, mis senos a su vista, todo suyos.

    —Me va costar contener mis ansías y los sabes ¿No? —Me dijo, para luego proceder a quitarse de encima su camiseta amarilla, acomodar su almohada al lado de la mía y acostarse a mi lado, echándome su brazo izquierdo por debajo y con el otro atrayéndome hacia él. Dejé reposar mi cabeza sobre su pecho y jugando yo con mis dedos un poco con el vello que rodeaba su tetilla derecha, le pregunté finalmente casi en susurros…

    —¿Y ella es hermosa? Sentí que Rodrigo aspiró bastante oxígeno, levantando su pecho y mi cabeza con aquella acción voluntaria.

    —Si mi amor, Paola es una muchacha bella. Por cierto, bastante extrovertida.

    —¿Y te gusta? —Le pregunté.

    —Claro que sí, es agradable y además ella es barranquillera, por lo tanto imagínate como es de desenvuelta y animada para hablar y actuar. Es la hija de alguien muy cercano a la junta directiva y me encargaron entrenarla bien. —Me respondió con bastante calma.

    —Y hablando con sinceridad… ¿Debo preocuparme por ella? Lo que quiero decir amor es si tú y ella… ¿Es Paola la mujer que se supone, puede llevarte al paraíso? —Y volvió mi esposo a suspirar, elevarme, bajarme y su corazón a latir con mayor frecuencia. Me asusté y en mi pecho esa sensación de no querer saber, preocupada sin siquiera haber escuchado su respuesta.

    —Nos besamos. ¡Hoy! —Me lo soltó así, sin anestesia–. Pero te juro que el motivo del primer beso fue estrictamente por negocios y por salvarnos los dos del ímpetu de un par de hermanos que nos vieron quizá como una atractiva posibilidad sexual.

    —Uhum, Rodrigo déjame digerir esto un poco. Se besaron, un primer beso, ósea que hubo más. ¡Ok! Por qué sucedió, cómo así que por negocios y por salvarse. ¿De qué o quién? —Le pregunté a mi esposo algo menos angustiada pero con la intriga puesta en aquel segundo beso.

    —Es que mi vida, los clientes son tres hermanos que manejan una agencia de turismo y los dos menores, hombre y mujer, son afines a su mismo género, son homosexuales y nos estaban acosando. ¡Nos besamos únicamente para espantarlos! —Me respondió con tranquilidad.

    —Y surtió efecto, supongo. —Dije yo.

    —Afortunadamente sí, pero el beso no fue suficiente, me tocó arrodillarme frente a Paola y meter mis dedos por debajo de sus shorts delante de ellos, para dejar más en claro que éramos bien heteros. ¿Quieres olerlos? —Y este idiota me pasó sus dedos por mis fosas nasales, espantándome, provocando que le diera un pequeño pellizco en su costado. —Y Rodrigo se rió a carcajadas de su atrevida broma.

    —No seas cochino Rodrigo, como me haces eso. ¡Vete de aquí mejor! Y lávate de paso esas manos sucias. —Y me giré hacia el otro lado, pensando si creerme o no, que aquella confesión fuera totalmente cierta.

    —Mi vida, claro que las tengo limpias, porque después de cerrar el negocio y almorzar con ese par, –ya más calmados– al regresar de aquel bonito lugar, me encontré en la imperiosa necesidad de frenar en una curva del camino y hacer mi acostumbrada obra de caridad. Había una mujer varada en un pequeño deportivo solicitando ayuda. Una bobada, pero pues el destino quiso que allí, tuviera que ensuciarme las manos y obviamente lavarlas después. Así que el olor de la vagina de Paola se perdió. ¡Qué lástima! —Me respondió en un tono de voz sosegado y bastante convincente.

    Estaba jugando conmigo, así que me di vuelta otra vez, me acomodé de nuevo a su costado y metí mi mano bajo la tela de su bóxer, para tomar entre mis dedos su verga, ¡Mi pene! acariciando su cálida flacidez, apretando sus testículos suavemente para volver hasta su glande, que ya estaba tomando mayor grosor y rozar con mi pulgar su prepucio ya un poco húmedo.

    —¿Y el segundo beso? ¿Y hubo un tercero, un cuarto? Dime cual fue el motivo. —Esta vez le respondí apoyando mi brazo sobre su pecho y mirándolo fijamente, sin soltar para nada lo que era exclusivamente mío.

    —El motivo para un segundo y último beso, fuiste precisamente tú, mi amor. —Me dijo, mientras acariciaba con cariño mi espalda para luego proseguir–. Porque yo estaba enojado, ofendido, desanimado por la actitud tuya de estos últimos días. Pero no lo hice con ánimos de venganza. Ocurrió así por la falta de afecto y mi desolación, todo ello vuelto al revés por parte de una joven que vive a su manera, libre sin pensar en el que dirán, para no atarse a una normalidad que le haga sufrir. La besé y acaricié uno de sus senos, por un instante. Un momento que muchos con seguridad y al igual que tú, podrán llamar debilidad. Pero no mi vida, aunque me aparté de ella unos segundos después, lo real y cierto es que… ¡Mierda! La verdadera razón mi amor, es porque ella me atrae con su jovial belleza y su manera tan natural de hacerle frente al pensamiento normal de los demás. ¡Perdóname!

    En verdad que comprendí las palabras de mi esposo. Reaccionó como yo lo supuse, buscar otros brazos que lo consolaran. ¡Sí! por mi culpa lo fui empujando a esos brazos, los de su nueva compañera. Y aunque noté que se humedecían mis ojos por enésima vez aquella noche, me contuve. Había llorado lo suficiente y ahora era necesario hacerle frente a ella, a él, y a quienes osaran dividir nuestra unión.

    —No tengo nada que perdonarte mi amor, estabas herido y ofuscado como dices. Lo veo normal aunque me duele. —Rodrigo jugaba con mis cabellos entre sus dedos, frotando con suavidad mi cuero cabelludo.

    —Mi amor… ¿No te parece que la vida nos está colocando en aprietos, como si quisiera separarnos? Y yo por lo menos no lo voy a permitir. Con mi jefe ya aclaré todo y por lo visto esta noche, creo que ya claudicará en sus intenciones de tentarme. Y espero que después de estas revelaciones, tú tampoco te dejes hacer tropezar. —Le respondí con toda la sinceridad abrigada en mi corazón y certeza en mi alma.

    —Lo se mi amor, respondió mi esposo. —Y créeme cuando te digo que he resistido a bastantes situaciones muy estimulantes últimamente. Y no dejaré que se me escape la oportunidad de vivir mis días, junto a la mujer de mi vida. ¡Y esa eres solo tú! Antes me aparté del tablero sin jugar, pero ahora he comprendido que soy quien tiene el mazo de cartas para repartir. No te preocupes que yo sabré mantener a buen resguardo mis manos y tu «cosito». ¡Te amo mi vida! ¿Todo claro?

    —Pues más te vale que mantengas este pajarito bien encerrado en su jaula, de lo contrario, me veré en la imperiosa necesidad de recortarle sus alas. —Y se lo oprimí un poco, sintiendo el palpitar de sus venas–. ¡Todo claro mi amor! También te amo, muchísimo. Y ahora a dormir. —Me acerqué hasta su boca con mis labios y besé los suyos, agradeciendo a la vida por tener junto a mí al hombre que daba sentido a mis días.

    —¡Hasta mañana mi amor! —Me respondió, para luego acunarme entre sus brazos con una pregunta que me inquietó por lo intempestiva…

    —Amor, esa mujer de tu jefecito… ¿Qué tal es? ¿Esta buena? —Humm, pues es muy bonita. Elegante pero yo no he coincidido con ella. Le contesté con mis ojos ya cerrados.

    —Ya, pero digo… Cómo la viste en pelotas y bailando mambo horizontal con su amante… ¿Que tal será en la cama? ¿Sí lo mueve rico? —¡Jajaja! pues no se mi vida, al menos se veía que lo estaba disfrutando. ¿Por qué esa pregunta mi amor?

    —Por nada en especial mi amor. Curiosidad. Que sueñes bonito mi vida.

    —¡Hombres! Siempre pensando en sexo, le respondí. A lo cual mi esposo me contestó…

    —No Silvia, te equivocas mi vida. En realidad estoy ahora pensando en un delicioso café y con dos de azúcar, como me gusta. Dulces sueños. —Y me abrazó aún más fuerte.

    Continuará…

  • Pijamada lésbica

    Pijamada lésbica

    Aunque no muchos sepan, mi antigua profesión, la cual nunca ejercí, es profesora en discapacidad auditiva.

    Entre los años 1999 y el 2005 cursé mis estudios en un instituto católico privado de la ciudad de La Plata. Con un 98% de su matrícula femenina, solo el director, un profesor y dos compañeros masculinos completaban el staff.

    De esos tiempos de adolescencia estudiantil guardo los mejores recuerdos y las mejores amigas.

    Quien tuvo la oportunidad de estudiar en la facultad, comparte su día a día con jóvenes de distintas zonas del país, incluso extranjeros que ven en Argentina una oportunidad de crecimiento.

    El instituto era un edificio pequeño con un patio interno, en el que se rezaba el rosario todos los días y donde el director llegaba siempre misteriosamente tarde acomodando su ropa o su cabello, había, además, una sala donde siempre estaba la autoridad máxima con su secretaria y se mantenían siempre las cortinas cerradas y varios salones de clases distribuidos por los dos pisos del edificio.

    Nuestra inocencia y corta edad nos impedía darnos cuenta del porqué de la tardanza del director a la hora del rezo. Con el paso del tiempo nos propusimos investigar que pasaba. Andre, siempre fue la fotógrafa del grupo, logró captar en su cámara la imagen más caliente hasta el momento.

    Esa noche, a la salida de la cursada, nos mostró las evidencias, resulta que este buen señor tenía por ritual recibir a su secretaria quien de rodillas le practicaba sexo oral mientras, afuera, en el patio las estudiantes inocentes, rezábamos el Ave María. El director se había convertido en un ave de rapiña con las alumnas ingresantes quienes debían pasar por su oficina y arrodillarse frente a él, para obtener una beca. Vimos, desde afuera, agrupadas al lado de la ventana, como una alumna le mostraba sus pechos mientras él hablaba por teléfono con su esposa que trabajaba en la fotocopiadora del segundo piso.

    Tiempo después la secretaria renunció a su puesto aunque nunca se oficializó la causa de su renuncia.

    El tiempo pasó, nosotras recibimos nuestro título y volvimos a nuestras ciudades de origen.

    Dani y Majo volvieron al sur de nuestro país, Noe y Andre se quedaron en La Plata y yo me volví a mi ciudad.

    Cada cual continuó con su vida, ejerciendo la docencia, tuvimos hijos, algunas tuvimos más suerte en el amor, algunas menos. La distancia impedía que nuestros encuentros fueran frecuentes, pero siempre nos mantuvimos en contacto, y nos encontramos hace unos años en el departamento de Noe.

    Cuando en la cuarentena pasada descubrí mi pasión por la escritura erótica, corrí a contárselos, se pusieron muy felices y estaban sorprendidas.

    Esta era una excusa excelente para reunirnos como en el pasado.

    Organizamos una presentación del libro. Sábado a partir de las 18 h, en mi casa, varios invitados.

    Ese sábado vinieron desde La Plata Noe y Andre.

    Éramos 20 personas aproximadamente, y mientras leíamos los relatos que contiene mi primer libro, intercambiábamos experiencias sexuales, recordando anécdotas divertidas.

    Entre los invitados concurrió una mujer joven, que se dedicaba a la venta de accesorios y juguetes íntimos, tenía un sex shop.

    Al conocer mi libro y leer los cuentos, me ofreció de regalo una caja con algunos productos de su negocio.

    La reunión de presentación continuó hasta la medianoche.

    Los invitados se retiraban con su ejemplar de “historias de sexo en 5 minutos”, excitados y con nuevas fantasías sexuales que cumplir.

    Habíamos hablado de sexo durante horas, leyendo los relatos, contando experiencias, haciendo preguntas, formulando respuestas.

    Y cuando nos quedamos solas, las tres amigas volvimos a ser aquellas estudiantes, hoy mujeres con experiencias vividas, entonces, las charlas se hicieron más íntimas y las experiencias a contar tenían más detalles, más realismo, más sentimientos.

    Para agregarle picardía a la noche abrí la caja que había recibido de regalo y propuse hacer una pijamada como de niñas, pero de mujeres, y no queríamos vestirnos de princesas como las niñas, íbamos a usar lencería y disfraces eróticos.

    La idea nos encantó!!!

    Puse sobre la mesa toda mi ropa, disfraces, baby doll y el contenido de la caja. Ellas, por su parte, sumaron botas bucaneras y su propia lencería.

    Como niñas en un shopping, elegimos un atuendo para cada una y corrimos a vestirnos para empezar la pijamada.

    En 5 minutos estábamos las tres, frente al espejo, vestidas con botas de vinilo, baby doll transparentes y disfraces de colegiala, enfermera y policía.

    Noe, era la encargada del maquillaje y Andre de la fotografía.

    Hicimos un book completo de fotos divertidas y sensuales. Fotos donde estábamos abrazadas, o tocándonos mutuamente los pechos. Fotos de besos y lenguas. Fotos casi desnudas, donde nuestros cuerpos están tan cerca que se tocan.

    Y de pronto… de tanto jugar, nos miramos y entendimos que jugar está bien.

    Y nos besamos, suavemente, con nuestras lenguas jugando por nuestras bocas, y nos acariciamos, como conociéndonos.

    Estábamos excitadas, pero confundidas, somos amigas y no queríamos mezclar sexo con amistad, pero ya era tarde, había sido un día muy sexual, con muchas emociones y estábamos casi desnudas, rozando los cuerpos, jugando a ser lesbianas por un rato, excitadas siendo protagonistas de una escena prohibida, como aquel director nos había enseñado.

    Cansadas ya después de un día tan largo, decidimos finalizar la jornada y dormir.

    Fue una noche orgásmica.

    A la mañana siguiente, luego de una ducha matutina de las tres, volvimos a la seriedad diaria y nos reencontramos con nuestras familias, quienes siguen creyendo que somos madres aburridas, nunca sospecharon de nuestra pijamada hot.