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  • Mi nueva familia y mi prima tímida (4)

    Mi nueva familia y mi prima tímida (4)

    Hola a todos, les sigo narrando mis vivencias de aquel verano.

    Me encontraba sentado en el autobús viendo por la ventana como pasaban las personas y demás vehículos y no dejaba de pensar en Flavia y lo mucho que había disfrutado este último encuentro que aunque rápido fue de lo más placentero, creo que para ambos, sacudí mi cabeza con fuerza para poder enfocarme en el ahora y dejar de fantasear ya que estaba a punto de pasarme la parada del Mall. Finalmente llegue al punto de encuentro y empecé a buscar un poco impaciente donde se encontraba Glenda, tome mi celular dispuesto a llamarla cuando sentí que dos pequeñas manos me tapaban los ojos.

    – ¿Quién soy? -Me dijo Glenda forzando su voz para que sea lo más gruesa posible… no tuvo mucho éxito.

    – jajaja Ya basta Glen… -Glenda no me dejo completar mi frase se puso delante mío y poniéndose en las puntas de sus pies se elevó para darme un suave y tierno beso en los labios.

    – Te extrañe… ¿A dónde vamos primero?

    – Tengo algo de hambre y creo que tú también no?

    – No sé de qué hablas, yo tomé un buen desayuno. – Me dijo mientras me abrazaba por el cuello y me daba una pícara sonrisa.

    – Jajaja, ya enserio, qué te parece si vamos por una pizza y mientras escogemos qué película vemos. -mientras le decía esto sentía como mi verga se ponía dura nuevamente.

    – Está bien, vamos por una pizza.

    Me tomó del brazo y empezamos a caminar por el centro comercial paramos en una que otra tienda para curiosear que es lo que había, pero en realidad no teníamos la intención de comprar nada, llegamos al restaurante y pedimos una pizza hawaiana, era su favorita, yo por mi parte prefiero las pizzas sin frutas, pero bueno ese día la estaba consintiendo así que no se la iba a negar, mientras almorzamos nos pusimos a elegir una película, y como imaginaran terminamos escogiendo la típica comedia romántica de esas que le encantan a las chicas de su edad, no son de mis preferidas pero de nuevo, mi idea era engreír a lo más que pueda.

    Entramos a la sala con un poco de pop corn y unas sodas, y nos sentamos en las butacas que están agrupadas de 3 en 3 en los extremos de la sala y nos fuimos lo más al fondo posible, al parecer por el horario de la película no había mucha gente en la sala, la mayoría parejas y cada una lejos de la otra habríamos sido en total 14 personas como máximo, hasta la mitad de la película la pasamos muy bien riendo y jugando un poco con el pop corn, una cosa llevó a la otra y empezamos a besarnos, sentir sus dulces labios era lo mejor del mundo, Glenda siempre empezaba besándome muy torpemente pero al pasar los segundos se acoplaba perfectamente al movimiento de mis labios, sentir su lengua moverse dentro de mi boca buscando la mía siempre lo hacía de forma rápida hasta que la encontraba para luego enlazarla dulcemente y pareciera que no quería dejarla ir, pase mi brazo por detrás de su cintura para acercarla más a mi y ella puso una de sus manos en mi rostro, de pronto llevo dos de sus dedos a mis labios y me los metió en la boca, me estaba haciendo probar la humedad de su rajita y yo la devore con gusto, sentir ese sabor en mi boca me saco fuera de mis cabales, me agache en el piso de la sala tome el borde de sus shorts negros ya desabotonados y los tire suavemente hacia abajo con todo y sus panties que ya estaban empapadas luego de la sesión de besos que acabábamos de tener, tome sus rodillas y abrí lo mas que pude sus delicadas piernas la mire hacia arriba buscando su rostro y la vi mirándome fijamente mordiéndose el labio, le sonreí y ella asintió con su cabeza como diciéndome que empiece de una vez, no la deje esperar mas y metí mi rostro entre sus piernas con mi lengua por delante, le di unas fuertes lamidas a su clítoris mientras mi nariz se hundía en la pequeña mata de bellos que tenia en su monte de venus, el sabor de su rajita me tenia hecho un loco sentía que en cualquier momento me iba a sacar la verga y la haría mía en esa sala de cine a la vista de todos los presente, mientras oía a Glenda ahogar sus gemidos lo mejor que podía al mirar hacia arriba nuevamente la vi con una cara de placer total.

    – Mmmmm. -La escuche gemir mientras con una mano tomaba el reposabrazos y con la otra presionaba mi cabeza contra su rajita.

    Al sentir este accionar sabía que estaba a punto de venirse así que empecé con un movimiento circular con la lengua frotando suave pero rápido su clítoris, no se pudo contener más y estallo tomando con su mano un puñado de mis cabellos y frotando su pelvis contra mis rostro, yo sentía sus piernas temblando y al levantar la mirada la vi tapándose la boca con la mano que tenía libre mientras se arqueaba contra su asiento, cuando al fin empezó a relajarse aproveche para darle dos lamidas más a su rajita lo que hizo que se tapara con una mano su clítoris indicando que ya era suficiente y que estaba muy sensible, yo terco y aun a mil le hice la mano a un lado y le di una larga lamida desde la parte más baja de su vagina hasta toparme con los vellos de su monte de venus.

    – Ahhh mmm…  -Dijo fuertemente por mi accionar, menos mal que justo fue en una escena musical durante la película y nadie notó su fuerte gemido.

    Tome unas servilletas que teníamos y me limpie el rostro de los rastros de su humedad, mientras ella subía disimuladamente sus shorts y pantie, me senté en mi asiento y le susurre al oído:

    – No sabes lo mucho que me gusta tu sabor. – Mientras lamia el lóbulo de su oreja.

    Glenda me tomó de la cara y me dio un dulce beso en los labios y me dijo.

    – Puedes comerme cuando quieras las veces que quieras, pero debes de ser más consciente del lugar no crees? jajaja.- Me dijo mientras reía y me guiñaba el ojo sugerentemente.

    Le respondí con una sonrisa cuando de pronto ella tomó con firmeza mi verga por encima de mi pantalón y me dijo:

    – Ahora es mi turno.

    Tomó el zipper de mi pantalón con dos dedos y cuando lo iba a empezar a bajar las luces de la sala se encendieron, la película había acabado y empezamos a ver a las demás parejas ir hacia la salida, yo suspire mientras tome su mano para evitar que siga con su accionar, le di una sonrisa, un beso en la mejilla y mientras le guiñé un ojo le dije:

    – Me la debes.

    Me respondió con una gran sonrisa y me dio otro beso en los labios, esperamos unos minutos a que mi erección deje de ser tan notoria y caminamos de la mano hacia la salida, Salimos del cine y caminamos nuevamente por el centro comercial parábamos cada cierto tiempo para darnos un beso y luego seguíamos caminando hacia ningún lugar en específico, para serles sinceros recuerdo ese día a la perfección, fue una salida increíble y Glenda se portó como una perfecta señorita todo el tiempo, siempre con una alegre sonrisa y perfectamente educada con todo el mundo desde el mesero del restaurante hasta el vendedor de golosinas en el cine, a todos los trataba con respeto y con el mejor ánimo posible y por este comportamiento todos la trataban muy bien, no puedo negarles que me sentí un poco celoso con las sonrisas y las miradas que mi primita recibía y que asombrosamente no eran solo por su físico si no por su forma de ser, pero al mismo tiempo me inflaba el pecho por que la persona que ella escogió como acompañante ese día fui yo, me preguntaba que habría ocurrido entre ella y Flavia para que siempre que estaban en casa ella se encerrara en su habitación sin querer tener contacto con nadie, como es posible que Glenda teniendo la personalidad que tiene no tenga prácticamente amigos, todo me parecía muy raro pero sentía que no era el momento indicado para hacerle este tipo de preguntas.

    Caminamos un poco más mientras me di cuenta que el sol se estaba ocultando, eran las 6:00 pm aproximadamente y tenía que volver a casa porque Flavia me estaba esperando, revise mi celular y justo vi un mensaje de ella con una foto suya frente al espejo que decía, «esperándote primito», le respondí con una emoji con ojos de corazones y le dije que nos veíamos en un rato.

    – Glenda, creo que es hora de ir a casa he quedado con uno de mis grupos de estudio y no puedo faltar.

    – ¿Tienes grupos de estudio durante vacaciones? .- Me respondió mientras me levantaba una ceja, como dije antes Glenda es muy inteligente y no sería fácil de engañar.

    – Si, claro que si, no sé si lo sabes pero yo soy estudiante becado y no puedo darme el lujo de comenzar un semestre mal preparado, lo que hacemos es ir adelantando temas para sacarle el mayor provecho posible a las vacaciones y entrar con más conocimientos que el promedio de estudiantes .- Le contestes mientras la abrazaba por la cintura y le daba una sonrisa de confianza, de hecho esto último sí es cierto y durante las vacaciones tenía varias sesiones de estudio con no uno, sino 3 grupos de estudio.

    – Si recuerdo que mi papá nos comentó que eras muy inteligente y que no hiciéramos mucha bulla cuando estés en casa porque probablemente estarías estudiando.

    – Es correcto, que bueno que sepas entender, sabía que eras más madura de lo que aparentas.

    Me dio otro beso en los labios a modo de respuesta y caminamos hacia la parada de autobús, tal cual como habíamos venido ella tomó un bus primero yo la seguí en el siguiente que paso, me envió un mensaje diciéndome que tomaría una ducha al llegar y que nos veríamos en la noche en «Nuestro Balcón», ya que no quería interrumpir mi sesión de estudio. Al llegar a la casa fui directamente a mi habitación y al pasar por el segundo piso escuche un sonido a regadera y vi la puerta de Flavia cerrada con la luz apagada, esto último me sorprendió un poco y me disponía a llamarla por teléfono al llegar a mi habitación cuando al llegar al tercer piso la encontré parada delante del mesón del kitchenet dándome la espalda.

    – Te estaba esperando «Primito».

    Me dijo Flavia mientras giraba, estaba completamente hermosa, tenía puesto unos zapatos de tacón de esos que son prácticamente unas sandalias dejando ver lo mas posible de sus delicados pies, sus tacones no eran muy altos pero servían para marcar aún mas sus perfectas piernas y su redondo culo, unos shorts de mezclilla claros que llegaban hasta la mitad de sus mulos con una correa café muy delgada alrededor de su cintura, una blusa de color Blanco pegada al cuerpo con un escote perfecto sin mostrar de mas pero lo suficiente como para sacarte un suspiro las mangas recogidas hasta debajo de los codos dejando ver su suave y blanca piel, el cabello suelto y perfectamente alisado que con su color castaño claro pareciera que tenía brillo propio, tenía un maquillaje muy sobrio y un labial color rojo que hacía ver incluso mas apetecibles sus hermosos labios, todo esto acompañados con sus pendientes pulseras y collar dorados le daban un toque subli, definitivamente era totalmente opuesta a su hermana sin embargo a su manera era igual o mas hermosa que ella.

    – Creo que deberías limpiarte la baba de la boca e irte a cambiar, o si no no llegaremos ir a ningún lado. -Me dijo estas palabras con su típico tono burlón y desafiante y me trajo de vuelta a la tierra.

    – Tienes razón me daré una ducha rápida y me cambio, qué te parece si vas adelantando y escoges el lugar? Glenda ya está en casa y no quiero que tenga una mala idea de nosotros si nos ve salir juntos.- Le dije esperando que accediera, no quería ni imaginarme del lío que se podría armar si estas hermanas que por nada pelean se enterasen de que su primo se las anda comiendo a ambas, ni hablar si mis tíos se enteran me quedaré en la calle.

    – Si claro, me parece perfecto, no quiero que esa niñata se meta en mis asuntos… pero apúrate si, me puse linda solo para ti. -Me guiño el ojo y salió de la pequeña sala pasando por mi lado y dejándome ebrio con el olor de su perfume.

    Me metí rápido al baño y me di fugas ducha de agua caliente me vestí lo mejor que pude para ir acorde a como Flavia iba vestida, ya que desconocía el lugar que iba a escoger y no quería verme mal al lado de una belleza como ella. Antes de salir de la casa le escribí para que me diga a donde iríamos, me paso la dirección y no estaba muy lejos pero como quería llegar rápido tome un taxi ni bien salí de la casa, llegue a la dirección y era un restaurante Italiano muy bonito por fuera y me llamo mucho la atención la decoración que tenía por fuera, tenía como unas columnas y un arco en la entrada de madera con plantas enredaderas, me parecía muy curioso porque no estaba acostumbrado a ir a restaurantes de ese tipo, me acerque a la entrada y me recibió una anfitriona que me pregunto si tenía una reservación, le dije que me estaban esperando y que si estaba la señorita Flavia ya en el lugar, me dijo que aún no llegaba pero si tenía una mesa reservada para nosotros y me guio a una mesa ubicada en la segunda planta del restaurante, estaba en el banco tenía un mantel de color blanco encima y una vela encendida en el medio, me senté a esperar a Flavia y apenas unos minutos después llego con un pequeño paquete envuelto con un lazo azul encima, me pare a saludarla y al tiempo que me daba un beso en los labios me entregaba el presente diciéndome:

    – Esto es para ti Luis, es mi forma de pedirte perdón por mi actitud y para darte las gracias por llegar a mi vida, no sabes lo bien que me has hecho estos últimos días.- Yo no sabía que decirle solo le sonreía mientras pensaba en que lo que le hice no estaba nada bien y no entendía cómo era que ella se sentía agradecida por esto.

    – No debiste molestarte Flavia, yo no creo merecer ningún regalo.

    – Cállate, claro que lo mereces, eres la única persona que se supo plantar delante mío y hacer frente a mis coqueteos estúpidos, y de verdad no sabes lo mucho que me alegra tenerte cerca.

    Me dio un abrazo y otro beso en los labios nos sentamos uno frente al otro y me hizo una seña como de que habrá el regalo, yo simplemente no podia dejar de verla a la cara, para mi estar con ella compartiendo una cena era el mejor regalo que podía tener, empecé abriendo el regalo quitando el lazo azul y rompiendo la envoltura café que lo cubría, dentro había una caja negra de terciopelo y dentro de esta un hermoso anillo de acero pulido que en la parte de encima tenía un dragón alrededor de una piedra de ónix negro.

    Sé que no me he descrito con anterioridad y no lo quería hacer para que ustedes dejen a su imaginación la parte masculina en la narración, pero al ver que varios correos me piden que me describa o me preguntan como soy aprovecho este espacio para describirme: Mido 1.80 m en el momento en que pasan los relatos pesaba 92 kg, era bastante fornido con unos hombros anchos al igual que mis piernas y brazos ya que hacia ejercicio cada vez que podía incluso tenía un juego de pesas con el que me ejercitaba, siempre llevaba el cabello corto con un low fade a 2, si son de ir a la barbería sabrán a que me refiero, en esa época llevaba una barba no tan larga, de hecho, para nada larga pero fue justo ahí cuando me la deje crecer hasta llegar a mi manzana de Adam algo que recuerdo muy bien porque fue una semana antes de mudarme la última vez que me afeite totalmente el rostro, no tengo tatuajes ni pircing y la mayoría de ropa que usaba la combinada con tonos negros, grises verdes y blancos que son mis colores preferidos, tenía una pulsera de plata que me regalo mi padre al ingresar a la universidad que nunca me la quitaba y varios anillos de acero con diseños que iba cambiando según lo que me provocaba usar ese día, ahh y para terminar y que ya no me dejen correos al respecto, no no usaba lentes ni mucho menos me vestía como nerd o era desaliñado tampoco me considero un adonis, pero se sorprenderían la cantidad de comentarios que me llegan de por no describirme antes no creen posible que mis dos primas se fijaran en mí, sé que seguiré recibiendo comentarios al respecto por correo pero espero que esta aclaración los calme un poco y recuerden el contexto en el que relato las cosas), me encanto el regalo y mi cara lo reflejaba totalmente.

    – te gusto verdad? .- Me pregunto Flavia al ver mi cara iluminada de alegría.

    – Me encanta, está increíble hace tiempo que buscaba uno así.

    – Que bueno que te guste, te tengo otro regalo llegando a casa, espero que te guste tanto como este.- Mientras me decía esto último me guiño un ojo de forma provocativa, no les voy a negar que me emocione al instante y hasta mi verga dio un tirón de la emoción.

    – Te había visto con algunos y supuse que te gustaban, además mira te queda perfecto y va con tu outfit.- Me dijo mientras veía que me lo probaba en el dedo anular izquierdo, la verdad es que me quedaba perfecto parecía hecho a mi medida.

    – Oye de verdad gracias, me gusta mas de lo que crees.- Tome su mano con la mía y la acaricie suavemente.

    Después de esto llegó la mesera a tomar nuestra orden, Flavia pidió por ambos, para ella una ensalada caprese y para mi unos fetuccini a la carbonara, pidió también una botella de vino la cual luego se convirtió en dos y luego en tres mientras avanzaba la velada entre anécdotas de cuando éramos pequeños y las pocas veces que nos veíamos hacíamos travesuras en la casa de mis abuelos, también hablamos de mi vida universitaria y cómo hacía para trabajar y estudiar al mismo tiempo estando tan joven porque ella no se imaginaba haciéndolo, incluso hablamos del hecho de que mi familia estaba lejos y como esto me estaba afectando, de verdad sentía que ella trataba de entender mi posición, me contó también de sus ex novios y de cómo uno hasta ahora la acosaba constantemente apareciendo en la casa y como su mamá siempre lo dejaba pasar porque pensaba que era un buen partido para ella, y claro con lo hermosa que es era obvio que tuviera a más de un pretendiente o ex novio loco tras de ella, en un momento quise hablar de su relación con Glenda y porque se llevaban tan pesado, pero cambio rápido de tema como si le fastidiara tan solo mencionarla.

    Luego de las 3 botellas ya estábamos un poco ebrios así que decidimos regresar a casa en el mismo taxi, ya eran casi las 11:30 pm cuando entramos a la sala del primer piso y sin hacer ruido subimos las escaleras hasta el tercer piso, era como si no hubiéramos, nadie se había dado cuenta de nuestra llegada, nos sentamos en el sofá de la salita y empezamos a besarnos con desesperación, yo sentía que toda mi ropa me estorbaba y solo quería sentir su piel sobre la mía, bese sus labios y me dirigí hacia su cuello suspirando fuertemente como si quisiera consumir todo su perfume con mi respiración.

    – shhh Luis no hagas tanto ruido, mis papás ya están en la casa ahhmmm.- Me decía mientras ahogaba un gemido mordiendo su mano izquierda.

    Asentí con mi cabeza mientras que pare un momento para ver sus hermosos ojos color caramelo le di otro largo beso en los labios y con fuerza abrí su blusa haciendo que varios botones salgan disparados por el piso de la sala dejando a mi vista sus hermosos senos cubiertos por un bra de color blanco, metí mi cara entre sus senos y empecé a besarlos con locura mientras Flavia se terminada de quitar su blusa y desabrochaba su bra, al verlos libres no dude un segundo y me devoré como un desquiciado sus rosados pezones haciendo que su rostro se ponga rojo de la excitación y como siempre adoptaba su actitud tímida tapándose la cara y disimilando lo mejor que podía sus gemidos, de pronto tomo mi cabeza con sus manos para parar mi accionar y me dijo:

    – Listo para tu segundo regalo? Me dijo susurrando y poniéndose muy muy roja.

    – Claro que sí.- Le respondí sonriéndole todo el tiempo

    se paró del sofá y se arrodillo delante mío con una actitud muy sumisa me desabotono los pantalones y bajó el zipper yo solo la miraba a la cara y le sonreía mientras veía como sacaba mi verga de dentro de mis boxers y tímidamente la masajeaba de arriba para abajo casi parecía que tenía miedo de romperla, luego acercó sus labios y le dio un tímido beso en la cabeza para luego pasar su lengua desde la base hasta la cabeza nuevamente, no se sentía nada mal pero definitivamente no lo hacía como su hermana, note en Flavia más inocencia ya que era evidente que era la primera vez que hacía algo como esto tome su bella cara con mi mano izquierda y empecé a guiar sus movimientos, ya lo hacía un poco mejor cuando de pronto se metió la cabeza de mi verga por completo en su boca y empezó a juguetear con su lengua mientras no paraba la suave paja con su mano, con la otra tapaba sus pezones pero al ver bien me di cuenta que lo que hacía era frotarse los, Flavia era de las mujeres que disfrutaba mucho el tacto en sus senos y yo al notar esto estire la mano derecha y le empecé acariciar sus senos como podía lo que le hizo soltar un gemido que ahogo esta ves sobre mi verga, me encantaba tocarlos eran tan suaves y hermosos a la vista, sin lugar a dudas las mejores tetas que había visto hasta ese momento , solté su bello rostro y estruje con ambas manos sus senos y los coloque cobre mi verga para empezar a hacerme una deliciosa cubana, Flavia se asustó por mi accionar y trato de que soltara sus senos, pero no se lo permití, con una mano la tome del cuello y la acerque a mi verga para que continuara con su felación, y así lo hizo mientras yo movía sus senos de arriba para abajo con mis manos ella acompañaba el movimiento con su boca sobre mi verga, yo estaba en la gloria y me sorprendió el momento en que Flavia logro quitar mis manos de sus senos y ella misma los apretaba con las suyas sobre mi verga, baje la miraba para ver lo que hacía y me sorprendí al verla con el ceño fruncido como enojada por no dejar que ella misma haga las cosas, cerró los ojos y continuo su labor, yo no podía aguantar mucho mas y estaba listo para venirme en su dulce boca cuando de pronto escuchamos una puerta cerrarse con mucha fuerza y una voz que decía «En donde se metió esta muchachita», al instante escuchamos el celular de Flavia vibrar dentro de su bolso se puso de pie y quiso ponerse su blusa, yo estaba demasiado excitado y no iba a dejar que se vaya y me deje así, aproveche que me dio la espalda para recoger alguno de los botones de su blusa y la abrace por la cintura susurrándole al oído:

    – No pienses que te vas a ir y dejarme a medio terminar, me tienes que dar mi regalo completo.

    Mientras le susurraba esto ya había desabrochado su pequeña correa y estaba desabotonando sus shorts y como siempre que me pongo dominante ella no dijo palabra alguna, baje con fuerza sus shorts y panties que estaban ya muy mojados y la jale de la cintura hacia a mi, me senté en el sofá y colocando mis manos en su cadera hice que se siente suavemente sobre mi verga, yo disfrutaba centímetro a centímetro penetrar esa apretada y húmeda rajita mientras sentía sus piernas temblar al sentir un intruso entre ellas, finalmente sus nalgas chocaron con mis piernas y yo empecé a penetrarla cada vez más rápido, Flavia arqueo su espalda hacia atrás prácticamente echándose sobre mi pecho, por mi parte tome sus muslos con mis manos y los levanté dejando sus piernas en el aire y a ella a la merced de mis embestidas las cuales recibía a gusto.

    – Conmigo no tienes que contenerte… – Le susurre al oído.

    En ese instante ella empezó a tocar y pellizcar sus pezones y senos con mucha fuerza mientras abría la boca tomando mucho aire para no empezar a gemir como loca, yo no podía aguantar más, solté una de sus piernas y empecé a frotar fuertemente su clítoris mientras la embestía con todas mis fuerzas, sus nalgas rebotaban sobre mis piernas haciendo un sonido de aplauso al tiempo en que empecé a correrme como un loco dentro de ella, al tiempo que Flavia aceleró sus movimientos indicándose que ella también estaba teniendo un fuerte orgasmo que ahogó con su mano derecha mientras con la izquierda aun frotaba sus pechos. Los dos estábamos bañados en sudor yo tirado en el sofá y ella tirada sobre mi con mi verga adentro y mi leche corriendo por nuestras piernas, se echó en mi hombro y giró su rostro para darme un largo beso mientras recuperaba el aliento luego se paró y tomo su celular, le escribió un mensaje a su papá disculpándose por la hora y que ya estaba llegando a la casa, se vistió rápidamente mientras yo aún la miraba sentado en el sofá, tomó los botones de su blusa, me beso despidiéndose y salió caminando rápidamente hacia mi habitación.

    Abrí los ojos como desesperado tratando de decirle que no baje por las escaleras del balcón ya que Glenda seguro estaba esperándome ahí, me levanté y tropecé con mis pantalones que tenía aun abajo intentando llegar hasta ella pero fue imposible abrió la puerta y la vi desaparecer por el balcón…

    Muchas gracias por leer hasta el final y estar siguiendo esta serie de relatos, muchas gracias de nuevo a todos los que me escriben a mi correo [email protected] con comentarios y sugerencias.

    Saludos.

  • Encuentro con Alicia

    Encuentro con Alicia

    Hoy me ha llamado Alicia, han pasado 20 días desde la última vez.

    Quiere que nos veamos de nuevo, pero esta vez en mi casa, porque el hotel le sale muy caro. Le he dicho que no puede ser porque tengo un amigo en casa durante unos días y me ha dicho que no pasa nada, que si quiere estar mi amigo, que puede estar.

    Le dije que muy bien, nos vemos esta tarde sobre las 18 h.

    Llegó puntual, con un pantalón vaquero y una blusa.

    Le presenté a mi amigo Julio y estuvimos charlando un rato.

    Alicia nos dijo que tenía 50 años y su marido 61. Tenían tres hijas que vivían, una en Barcelona y dos en Londres, solo las veía 2 veces al año y el resto del tiempo estaban los dos solos.

    Tenían relaciones sexuales una vez al mes más o menos y ella se sentía joven e insatisfecha en ese sentido.

    Por eso se animó a buscar un contacto con el que pudiera satisfacer sus necesidades sexuales porque ya se había cansado de utilizar vibradores, quería contacto humano.

    Antes de empezar a hacer cualquier cosa les pedí permiso para grabar el encuentro.

    Es una cosa que siempre hago para poder demostrar en un momento dado que todo el encuentro es consentido por ambas partes y que no fuerzo a nadie a hacer lo que no quiere.

    Después, siempre les doy una copia.

    Los dos dieron su consentimiento así que empezamos.

    Alicia se sentó a mi lado, mientras que Julio, estaba sentado enfrente en un sofá.

    Cogí la mano de Alicia, me acerqué a ella y la bese en el cuello y los labios apasionadamente.

    Mientras pasaba mi mano por encima de su pantalón tocándole el culo ella hacía lo mismo conmigo. Metí mi mano por debajo de su blusa y acaricié sus pechos.

    Julio estaba mirando el móvil, a lo suyo y de vez en cuando nos miraba.

    Alicia estaba muy caliente y ni pensaba que Julio estaba ahí y nos podía ver, le daba igual.

    La quité la blusa y los pantalones y se quedó en ropa interior. Llevaba unas pequeñas bragas muy sexis y un sujetador de encaje de color azul marino.

    Yo también me quedé en calzoncillos y ambos empezamos a toquetearnos todo el cuerpo.

    El interés de Julio por lo que hacíamos empezó a aumentar y ya no dejaba de mirarnos.

    Nosotros continuamos como si el no estuviera mirándonos, le bajé las bragas despacio y quedó su culo y coñito a la vista.

    Esta vez lo llevaba todo depilado, se había hecho el láser y no tenía ni un solo pelo.

    Le quité también el sujetador y quedo desnuda completamente. Como ya he contado, su cuerpo era el de una mujer normal, un buen culo grande, con un poquito de celulitis, unas tetas grandecitas y en general, muy excitante.

    Bese todo su cuerpo hasta llegar a su coño, que estuve lamiendo un buen rato, mientras ella jadeaba de placer y miraba a Julio sonriendo.

    Me tumbó en el sofá y puso su culo en mi cara, apenas podía respirar y cuando lo hacía me venía un olor a sexo que todavía me ponía más excitado. Le lamí el clítoris y metía mi lengua en su vagina y ella gritaba de placer, rápidamente se puso en posición y empezó a hacerme una mamada. Menudo 69 hicimos.

    Mientras Alicia me lamía el pene, miraba a Julio que empezó a masturbarse, pero ella le hizo un gesto para que se acercara. Se colocó delante de su cara con el pene duro a reventar y ella se lo metió en su boca y se puso a mamarlo. Se lo metía en su boca, lo sacaba, le acariciaba con la lengua, le chupaba los huevos y en poco tiempo Julio se corrió en su cara y la llenó de leche.

    En ese momento, yo dejé de chuparle el chocho y la follé a perrito. Le daba suaves embestidas, mientras ella gemía, no tardé en correrme dentro de su vagina.

    Mi semen escurría por su coño y se lo extendí bien por toda su entrepierna.

    Alicia tenía su cara llena de semen de Julio y su coño lleno de semen mío.

    Nos quedamos los 3 un buen rato allí tirados desnudos.

    Después nos duchamos y volvimos al sofá.

    Entonces Alicia me dijo que ella también quería tener estos encuentros como una forma de ganar dinero, aparte de disfrutar del sexo.

    Decía que podíamos formar un buen equipo.

    Yo le podía pasar clientes a ella y ella mí.

    También quería que organizásemos algún encuentro de grupo.

    Quedamos en que lo pensaría y le contestaría.

    Realmente me pareció una magnífica idea, no para que ella me pasara clientas, porque no me hacía falta sino para organizar encuentros de grupo, pero aun así quise darme un poco de tiempo para pensarlo.

    Pasados unos días la llamé para decirle que sí, y quedamos para organizarnos.

    Vaya en lo que se había convertido Alicia en pocas semanas una buena putona.

    Hay muchas personas de mediana edad que buscan sexo sin compromiso y están dispuestas a participar en sesiones grupales.

  • El regalo: Un antes y un después (Duodécima parte)

    El regalo: Un antes y un después (Duodécima parte)

    Amaneció y estábamos abrazados, cómo nunca debimos haber dejado de hacerlo, tras años de agradecidas alboradas. El beso mío en su respingada nariz, la palmada en sus nalgas; aquel abrazo suyo por mi espalda, varios besitos en mi cuello, en mis hombros y obviamente, su infaltable pellizcó en el culo y luego los dos, comenzar con el trajín diario. Ella con los niños y yo a la cocina, algunas veces al revés.

    —Mi amor, –me dijo cauta, mientras yo servía los cereales inundados de leche achocolatada– se me olvidó comentarte que concerté con el colegio la recogida de los niños en el transporte escolar. Luego en la tarde los dejan donde mi madre y pasamos allí por ellos al regresar del trabajo. De esta manera nos relajamos un poco. ¿Qué te parece?

    —¿Pues por mi perfecto pero y el dinero de donde saldrá?

    —Tranquilo mi amor, pues de mi aumento de salario. Lo empezaremos a pagar a finales del otro mes. Tranquilo mi amor, lo tengo todo calculado. Te amo… ¡Mucho!

    —Bueno mi vida, entonces te encargas hoy de ellos, que tengo reunión a primera hora. —Le dije a mi esposa, para luego abrazar a mis hijos, y dándoles un besito de despedida.

    —Que tengas bonito día y que les vaya a los dos muy bien en la presentación. —Le respondí a Rodrigo, para finalizar con una amorosa sentencia.

    —Oye mi amor, recuerda tener esas manitas quietas ¡Ehh! —Y me abracé con fuerzas a mi esposo, dándonos un casto beso en la boca.

    —Lo tendré en cuenta. Yo por ahora marcharé a trabajar, que te vaya bonito hoy mi amor. —Y antes de cerrar la puerta le pregunté a Silvia a modo de broma…

    —Y tú mi vida… ¿Seguirás jugando a revivir historias pasadas? —Y Silvia terminando de acomodar las mochilas de nuestros hijos, me miró sorprendida.

    —¡Bobito! Creo que anoche lo dejé muy claro. Tanto para mi jefe como para ti mi amor. Solo soy tuya y no tendré nada con nadie más que tú. Y espero lo mismo de ti. Chao.

    Curiosamente, cuando llegué a la oficina, Paola ya se encontraba en la sala de reuniones, organizando sus apuntes y escribiendo en el blanco tablero en rojo una frase bien conocida por mí: «Separe las cabras de las ovejas» Y debajo en rotulador negro: Ventajas y Beneficios, con una línea vertical en rojo, trazada con nervioso pulso. Pobrecita, estaba frenética mi rubia tentación y en su rostro se le notaba el trasnocho. Pero sin duda, la barranquillera había realizado su tarea.

    Realmente esa mañana solo tuve que intervenir en un par de ocasiones para aclarar los términos de la sociedad propuesta entre los conductores y los propietarios y un algo más en el tema de unas cifras del arrendamiento de las nuevas unidades. Por lo demás Paola estuvo genial y fue muy aplaudida. Y ella tan triunfante como siempre. No me miró, al igual que en toda la presentación, esquivando mi mirada. Rehuyéndome mentalmente.

    Salí de aquella sala de juntas hacia mi escritorio con el fin de revisar la agenda del día. Una visita programada con la dueña de una gran ferretería y a la cual ya le había vendido en meses anteriores dos unidades de camiones de diversa capacidad de tonelaje y a la cual debía pasar revista a sus necesidades post-venta. Por lo demás, solo atender en planta el ingreso de nuevos clientes. Pensé en salir a tomar un café y fumarme un cigarrillo con Paola, pero ella estaba demorada aun en la sala de juntas. Tomé mi móvil para hacerle una llamada, cuando la vi salir acompañada de Iván el otro asesor y mis dos compañeras Ana e Inés. Adicionalmente, tomada del brazo de Federico, que se pavoneaba al caminar del lado de esa rubia belleza. Sonrientes y dirigiéndose todos hacia la salida.

    —Oye Pao, le grité. ¿Vamos por un café y un cigarrillo antes de iniciar la jornada? Se dio vuelta, risueña para responderme cerca de las puertas de cristal.

    —¡Y ajá Nene! Tal vez más tarde. Ahora voy a desayunar con ellos que me han invitado para celebrar mi llegada y la presentación del negocio. No te dijimos nada pues Federico dijo que alguien debía quedarse en la vitrina, por si ingresa algún comprador. —Y lanzándome un beso por los aires, se giró y se marchó, siguiendo a los demás.

    —¡Rocky! Gritaron mi nombre haciéndome girar la cabeza en la dirección de la voz. —¡Estás haciendo un excelente trabajo con Paola, muchacho! Me alabó mi jefe desde la puerta de su oficina. —Sí señor, aprende rápido–. Y apretando su puño con el pulgar en alto, ingresó a su oficina y yo, solo en aquella vitrina de ventas, caminé en silencio buscando mi café, un cigarrillo y un espacio para pensar.

    Después de dejar en el bus escolar a mis niños y confirmar con la profesora la dirección de mi madre para que en la tarde los dejaran a su cuidado, marché en un taxi hasta las oficinas, feliz por haber podido reconducir mi vida y confirmar el amor «de y por» mi esposo. En el trayecto pensé en mi jefe. ¿Sería posible que él también hubiera aprovechado la oportunidad de arreglar con su esposa, aquellos problemas? ¿Podría existir una forma de que le perdonara sus infidelidades y como yo con Rodrigo, lograran seguir juntos?

    Me encontré con las muchachas ingresando al elevador. Un cuarteto de sonoros besos, dos abrazos y nuestras amplias sonrisas fueron el preludio de una agradable mañana, tan apacible y cálida como aquel 4 de julio, apretadas junto a otras ocho personas en aquel elevador, todas sin ganas de empezar a laborar.

    —¿Y bien corazón, que has pensado para esta tarde de chicas? —Me preguntó alegre Magdalena. En seguida se acercó Amanda, quien traía en sus manos dos tazas de Té. Una para ella y la otra para mí.

    —Muchachas la verdad no he pensado en nada. ¿Qué se les ocurre a ustedes? —Les respondí con honestidad.

    —Vamos por ahí a mirar vitrinas, después a la peluquería para quedar bien monas y salimos a tomarnos algo en un antro desconocido y quizás Amanda consiga liarse con algún chico que sea bien majo. —Magdalena como siempre activa y con ganas de marcha, ya tenía en mente nuestro actuar–. ¡Vamos niñas, no me miren así! No es una mala idea. —Y las tres terminamos riéndonos de aquellas locas ideas, cuando a la oficina llegó un hombre y todas nos quedamos completamente… ¡Boquiabiertas!

    —¡Buongiorno! ¿Signora Silvia? ¿Tu sei? —Lo puedo jurar, si no tuviera puestos esos pantalones bien ajustados a mi cintura con aquel cinturón Gucci, –obviamente una buena imitación– se me hubieran caído las bragas hasta los tobillos. A mí y a mis compañeras.

    El hombre que me hablaba con extraño acento, era un joven apuesto, de buena estatura y de cuerpo trabajado con brazos fuertes, que vestía tan… ¡Tan vanguardista! Muy distinguido a su vez. De ojos claros del color de las aceitunas, su rostro varonil, piel blanca y de rasgos afilados, adornada por una barba de dos o tres días que apenas si la sombreaba, cubriendo un poco el hoyuelo en su barbilla. El hombre perfecto y la cereza que adornaba aquel pastel… ¡Italiano! —Uhm, uhm–. Carraspee como una idiota tragando saliva.

    —¡Sí señor! Buenos días. Soy Silvia, la asistente del señor… —Y me detuvo aquel apuesto joven con un… ¡Lo so, lo so! —Le tendí mi mano, la cual fue tomada por la suya, firme y de suave piel. Su fragancia a madera, especias y frutas cítricas, invadió todo mi entorno, aromatizando su arrebatador encanto.

    —Disculpe usted, no hablo italiano. —Le comenté un poco ruborizada, a lo cual el guapo muchacho me respondió…

    —No se preocupe, yo también hablo español. —Pues que bien, yo igual–. Le respondí como una completa idiota, hasta que un dedo por detrás, pinchó mí cintura.

    —Ahhh, disculpe usted. Estas son Magdalena y Amanda, mis compañeras de oficina. Y ellas ni cortas ni perezosas, al mismo tiempo se acercaron para saludarlo tan emocionadas como yo. También vi a la señora Dolores desde la puerta de la cocina, con un dedo en su boca, embobada admirando aquel monumento de hombre.

    —¿Y usted es? Le pregunté.

    —Francesco, mi padre es Alessandro Bianco, el nuevo inversor. Somos de Turín y vengo a entregarle estos informes para que usted los revise y analice con Hugo, si todo está en orden o debemos reestructurar alguno de los departamentos. —E inmediatamente tomé los folders y le invité a seguirme hasta mi escritorio.

    —¿Desea usted tomar algo? —Le consulté.

    —Muy gentil. Un café podría ser y un poco de agua. —Y llamé a la señora Dolores para solicitarles dos cafés y una botella de agua. Obviamente ella presurosa nos alcanzó las bebidas en un santiamén.

    —¡Es usted muy joven! me comentó. —Creí que me iba a encontrar con una Signora matura, quasi vecchia de gruesos lentes y figura regordeta, llena de arrugas y canas. ¡Che bella sorpresa! —Y me regaló una hermosa sonrisa blanca como para comercial de TV. ¡Pufff! No supe que pronuncio en italiano, si un piropo o un insulto. Pero igual si fue lo segundo, con esa dulzura de voz y su acento, ni me importó.

    En fin, que retomando mi compostura, me dediqué por completo a darle un vistazo a cada hoja, cada cifra y cada cuadro impresos en aquel, muy completo dossier. Tardé un poco, treinta o cuarenta minutos y no porque algo estuviera mal o incompleto, sino demorando la estadía de aquel precioso hombre sentado frente a mí. ¡Tanta carne y yo a dieta!

    —Muy bien, Francesco. Veo que todos los informes están completos. Tan pronto regrese mi jefe se los entregaré para su revisión. —Le dije con seguridad y mis fantasiosas ganas de verme perdida en ese verde mirar.

    —Perfecto Signora Silvia, creo que Hugo no se equivocó al recomendarla para colaborar conmigo en la nueva sede de Turín. Tenemos un conglomerado de empresas vinculadas al sector automotriz, componentes y repuestos para las grandes fábricas de automóviles. Pero necesitamos ejercer un mejor control y de ser necesario ajustar algunos departamentos. —Francesco acomodó su pierna derecha sobre la izquierda y entrecruzó los dedos de sus manos, posándolos sobre su rodilla. Para luego comentarme algo que me dejó en shock.

    —Ya casi están adecuadas las nuevas instalaciones. Sera un placer verla de nuevo la próxima semana en la inauguración. Y espero que mi novio termine pronto con la decoración de su oficina. Tiene una bonita vista hacia los jardines exteriores y al fondo, las hermosas montañas nevadas que bordean mi ciudad. — Y yo… Me quedé pensando en lo último que me dijo. «Su oficina» y en ese… «Espero verla en la inauguración próxima semana».

    —Ahora con su permiso me retiro, tengo al chofer esperando hace media hora. Salgo para el aeropuerto pero mire, aquí está mi tarjeta por si encuentra necesario consultarme algo. Muchas gracias y hasta pronto. —Se puso en pie y rodeo mi escritorio para inclinarse un poco, tomar mi mano y depositar en ella un delicado beso. Y tan elegante como llegó, así mismo se fue, no sin antes despedirse de igual manera tan galante y caballerosa, de Magda y Amanda.

    —Por Dios Silvia ¡Que calladito te lo tenías! —Me dijo Magdalena risueña, acompañada de la sonrisa cómplice y maliciosa de Amanda, sacándome de mis pensamientos.

    —¿Perdón? ¿De qué hablan? Haber muchachas es la primera vez que lo veo. No tenía ninguna cita programada hoy salvo recibir los documentos. ¡Mierda! yo pensé que los traería el muchacho de envíos, el de siempre. —Le respondí, a las dos.

    —Bueno, bueno menos mal que los trajo este guapetón para alegrarnos las vistas por lo menos. Y ahora… Vamos a ponerte al día con los documentos para poder viajar a Italia. ¡Qué envidia! Ayyy Silvia, no te ves emocionada para nada. ¡Vamos! Mi niña, que este será un motivo más para celebrar esta tarde. —Me dijo Amanda totalmente emocionada.

    —Por cierto tesoro… ¿Ya hablaste con «el ogro» para que podamos salir hoy un poquitín más temprano? —Esta vez fue Magdalena quien desde la puerta del baño me preguntaba.

    Humm, eso no lo había pensado, pero igual don Hugo debería estar en reuniones a esas horas, lo único seria esperar su llamada y primero le preguntaría cómo le fue en las oficinas de Lisboa y después la segunda pregunta que le haría sería para que me aclarara el tema de Turín y la famosa inauguración. ¿Por qué no me había hablado de eso? ¿Sería otra encerrona de don Hugo? O… ¿Sencillamente se le olvidó? ¿Y cómo se lo iba a contar a mi esposo? ¡Mierda! Muchas preguntas y tan pocas respuestas, por ahora.

    Después de beber mi café y aspirar el tabaco de un cigarrillo, hablando con el guardia de seguridad y la señora que hacia el aseo de las instalaciones del concesionario, me concentré en mis labores diarias, adelantar el CRM, revisar correos y preparar nuevas propuestas. Tan ocupado estaba en mis cosas que no me di cuenta de que Paola no había regresado del desayuno con los demás compañeros.

    Cuando reparé en que nadie interrumpía mi cotidianidad con la algarabía carnavalera de ella, cuando todo estaba en calma, me di cuenta de que Paola me hacía falta. Me puse en pie y caminé hasta el escritorio de Federico para preguntar por ella. «Pidió un permiso, dijo que estaba algo indispuesta». Esa fue la única respuesta que obtuve de su paradero.

    Pasadas las diez de la mañana recibí la llamada habitual de mi esposa.

    —¿Hola mi amor como estas? —Le respondí.

    —¡Bien mi vida!… —Se hizo un corto silencio y solo escuchaba la respiración de mi esposa–. ¡No! Miento, no me siento bien amor. Estoy un poco sorprendida y angustiada.

    —¿Y eso? No me digas que tu jefecito siguió insistiendo en conquistarte.

    —No mi amor, ya te dije que se encuentra de viaje. Pero si tiene que ver, indirectamente con él. —Me contestó.

    —Ok. Bien. Respira profundo y cuenta hasta cinco, luego me dices exactamente qué es lo que sucede. — Uno… ¡Cinco! Suéltalo ya–. Le solicité.

    —Mi amor, te hablé de los nuevos inversores. ¿Lo recuerdas? —Si claro, respondí. Los que se suponía que te habían entregado los nuevos vestidos. ¿Qué pasa ahora con ellos? —Le pregunté.

    —Pues hoy me he reunido con el hijo de uno de ellos, los del grupo italiano, que tienen sede en Turín. ¡Humm! Mi amor, me vas a perdonar pero casi, casi te fui infiel.

    —¡Qué! ¿Cómo así Silvia? —Respondí algo alterado.

    —Jajaja, pero solo con el pensamiento y fue un poquitico, mi amor. ¡Ufff! Es que lo hubieras visto mi vida, es un monumento de hombre, ¡Cómo me lo recetó el doctor! Toda una obra de arte pero en carne y hueso. Alto, fornido, elegante, con un rostro divino…

    —¿Sí? Pues Silvia, te felicito. Se te hizo agua la boca y se te mojaron los calzones, Ok, Entiendo y entonces me vas a abandonar por irte detrás de él. —Le hablé tratando de centrar la conversación en lo verdaderamente importante.

    —Jejeje, ya quisiera y brincos diera mi amor. No todo podía ser tan lindo. Siempre hay un pero. Primero que es un «sardino», creo que por acá les dicen «yogurines» y segundo y lo primordial… ¡Es gay! Que desperdicio mi amor. Sera conformarme contigo esta noche. ¡Jajaja! —Y se empezó a reír burlonamente.

    —Vaya decepción para ti, supongo. —Dije yo, mientras tomaba nota de un mensaje en mi correo empresarial de una antigua cliente solicitando mi visita.

    —Un poco sí. Bueno el caso mi vida, es que me comentó algo sobre las nuevas instalaciones en Turín que están adecuando para el funcionamiento del holding y me habló acerca de mi nueva oficina y de una inauguración la próxima semana adonde me esperan. —Se hizo un vacío en mi estómago y una especie de corto circuito aconteció, desconectando mi cerebro, mi razón y mi corazón, mis sentimientos y nació en mí nuevamente la desconfianza.

    ¿Turín? ¿Su nueva oficina? ¿Inauguración? No, no quería dudar de mi esposa, aunque ella fuera la presa. Pero sí, en las reales intenciones de su jefe y la estrategia suya de adularla, aumentar su salario y todo con la finalidad de separarla de mí en ese viaje y quien sabe cuántos más para hacerla… ¡Puff! suspiré, no dije nada. Me quedé callado, sopesando las opciones.

    —¿Cielo? ¿Amor? ¿Mi vida? ¿Rodrigo estas ahí? ¿Te desmayaste? —Escuché a Silvia preocupada al otro lado de la línea.

    —No Amor, aquí estoy. La verdad Silvia no me extraña para nada. Ya lo veía venir. Como bien dices, no todo lo que brilla es oro. Estoy seguro que tu jefecito está detrás de todo esto. Pero está bien mi vida. Sé que es importante para ti y voy a confiar plenamente en ti. Oye Silvia, de casualidad… ¿No conoces de algún almacén donde pueda conseguir un cinturón de castidad?

    —Ha, ha, ha. ¡Bobito! Óyeme mi vida, sabes que puedo negarme a ir, aunque eso implique mi despido, pero si quiero que quede claro que la decisión final será tuya. Déjame lo hablo bien con don Hugo y despejo un poco todo esto de mi mente y aclaro el panorama. ¡Te amo!

    —¡Yo también te amo! Pero todo será decidido por los dos. Bueno te dejo que tengo unas llamadas pendientes por realizar. Más tarde te llamo. Un beso. Y colgué la llamada, la verdad con un poco de preocupación.

    A mediodía, al poco de salir a almorzar recibí la llamada de don Hugo, lo atendí delante de las chicas para no causar en ellas alguna suspicaz intriga.

    —Hola Silvia, ¿ya terminaste de almorzar o te interrumpo?

    —No se preocupe don Hugo hace un momento terminamos. ¿Cómo le ha ido en sus reuniones Jefe? ¿Todo en orden?

    —Todo bajo control, hace una hora concluimos el almuerzo y ahora estamos tomando una copa en el hotel. Silvia, ¿quería saber cómo te fue con Francesco? ¿Te entregó los documentos? ¿Están completos?

    —Pues don Hugo, los informes los veo completos, aunque solo los vi por encima. Me gustaría hablar con usted de dos temas que me dejaron pensativa, pero ahora no. ¿Podríamos discutirlo en la noche, por favor? —Le pregunté

    —Por supuesto Silvia. ¿Te parece bien si te llamo a las diez?

    —Me parece bien jefe. ¿Jefe?… Lo noto más tranquilo, supongo que anoche pudo hablar con su esposa. —Hummm, Silvia te cuento esta noche pero sí, estoy mejor.

    —Perfecto, sí señor. Hasta más tarde entonces. ¡Ahhh! don Hugo, una consulta final… —¿Sí? Dime Silvia–. Me respondió.

    —Jefe, las chicas… Ehhh, bueno hoy es jueves y ellas como yo, quisiéramos salir a la peluquería y hacer unas compras en el centro comercial y nos preguntábamos si no le incomoda dejarnos salir una media hora antes. ¿Por favor?

    —Jajaja, solo con una condición Silvia. —¿Y cuál sería don Hugo? Le respondí.

    —Que esta noche por video me dejes ver lo hermosa que te han dejado en la peluquería.

    —¡Puff! Está bien don Hugo, por supuesto. Feliz tarde. Y terminé la llamada para girarme y darme cuenta de que tanto Amanda como Magdalena estaba justo a mi lado, inquietas por conocer la respuesta.

    —¡Dijo que sí chicas! —Les comenté y ellas me abrazaron efusivamente.

    —Buenas tardes Rodrigo. ¿Le queda fácil reunirnos por la zona de la Universidad Complutense? Digamos… ¿Cómo en dos horas? Hay por allí cerca una terraza muy acogedora y tiene unos excelentes Brownies que son una delicia, unas infusiones dulces de ataque y obviamente, el café que le adeudo. Creo que le va a agradar. —Perfecto Martha, a esa hora estaré por allí. Respondí.

    —Debo cumplir una cita, pero creo que no me demoraré. Nos vemos al rato y gracias por llamar. Y colgué la llamada, dirigiéndome hacia la dirección de mi antigua clienta.

    Al llegar al almacén, se me acercó una joven muchacha, que salía del fondo del local, con la clara intención de atenderme.

    —Buenas tardes señor. ¿Le puedo colaborar en algo? —Si por favor, necesito hablar con la señora Teresa, tengo una cita con ella. Le respondí.

    —La señora Teresa está en una reunión en este momento. Seguro que se le olvidó la cita con usted. Permítame le aviso que está usted aquí. —Y ella se volvió hasta el interior del almacén para no volver a salir.

    En su lugar salió un joven, un poco más alto que yo pero mucho más delgado. Parecía un poco descuidado con su manera de vestir y en su rostro una insipiente barba mal cuidada. Con una mirada poco amigable me habló.

    —Disculpe usted señor… —¡Cárdenas, Rodrigo Cárdenas! Le contesté. —¿Y usted es?–. Le pregunté.

    —Soy Carlos, su hijo menor y estoy a cargo ahora de las compras, señor Cárdenas. Y bueno, sé que tenía una cita con mi madre pero ya no es necesario. Estamos reunidos con otra persona que de ahora en adelante nos va a proveer de los camiones y otros vehículos que podamos requerir en un futuro. Mi madre le agradece por toda su atención. Muchas gracias. —Y se dio vuelta, dándome la espalda y dejándome allí en ascuas y sin articular palabra.

    Abandoné aquella Ferretería, maldiciendo mi suerte, pues no me gustaba para nada perder clientes, a ninguno. Pero aún más a aquella señora, quien era muy conocida en el sector de la construcción y estaba por comprar nuevas unidades. Era una perdida grande para mí. Miré mi reloj y pues comprendiendo que tenía suficiente tiempo por delante, me detuve unos metros más allá de la puerta del almacén. Tomé del bolsillo interior de mi chaqueta y del pantalón el encendedor. Me sentía enojado, frustrado y solo.

    No tenía noticias de Paola, quizás sí estuviera enferma, aunque en principio sospeché que lo único que le sucedía era que había dormido mal y se había retirado para descansar todo el resto del día. Un cigarrillo a la boca, zippo en mano y candela lista. Una, dos y tres caladas. Humo azul expulsado en chorros, y el móvil en mis manos. Decidí llamar a mi rubia tentación y marqué. Timbró y timbró hasta que se fue al buzón de mensajes. Colgué, Tal vez no lo habría escuchado, decidí esperar y marcar unos minutos después.

    Otra aspirada más, haciendo tiempo para no llegar tan temprano. Miré la pantalla del teléfono y tampoco tenía mensajes no leídos. Otra calada y una nueva marcación. Una, dos, tres y no respondía, sin embargo a mi espalda pude escuchar a la cuarta o quinta, el sonido de entrante de una llamada, me giré y allí estaba ella, tomada de la mano de él. Colgué la llamada y dejé de mirarla. Me fui tirando la colilla por los aires, despreciada por mis dedos, como yo lo fui por aquella mujer.

    Subí a mi auto y mi teléfono vibraba, sonaba. En verdad también me molestaba. Ni siquiera intenté mirar o tomarlo para responder. Arranqué desanimado en dirección a la universidad. ¡Primero el uno, luego el dos!

    Al dejar el coche en el aparcamiento cercano a la plaza, caminé sin prisa buscando el sitio establecido por Martha. Una vez ubicado, pensé en fumarme otro cigarrillo y tomarme una cerveza ya que debía esperar bastante hasta la hora acordada. Sin embargo, aún con la cajetilla de Marlboro rojo dispuesta en mi mano, dirigí mi visión hacia una terraza cercana, distinta a la acordada, y allí estaba Martha acompañada de dos mujeres. Una rubia, de melena larga y lisa. La otra me dio la impresión de ser mayor, con su cabello corto y peinada de medio lado, dándome las dos la espalda. La alegre rubia se notaba joven, la otra, la pelicorta, era… No estaba seguro, parecida sí, más el cabello era de un tono azul platinado.

    Agaché mi cabeza para llevar mi boca hasta la flama del encendedor, tuve que usar mis manos para amainar la brisa que soplaba suave aquella tarde en la plaza. Y al volver a erguirme para observarlas, ya Martha estaba sola y de hecho, percatada de mi presencia, vino hacia mí. De las otras dos, nada. Se habían esfumado.

    —Rodrigo ¡Holaaa! Pero que caballero tan puntual. —Me saludó estirando su mano hasta abrigar la mía. Tan suave la suya, tan tersa y cálida su piel. Y nos dimos los usuales besos en la mejilla como complemento. Iba a tirar la colilla al piso pero una mano suya alcanzo la mía y tomó el cigarrillo que aun tenia media vida apagada y dio una calada suave primero y posteriormente otra ya más profunda. Luego me tomó del brazo, tiró el sobrante tabaco al piso y nos dirigimos así, hasta la terraza prevista. Tomamos una mesa a mitad del local aprovechando que no estaba tan concurrida como yo supuse. Y empezamos nuestra esperada conversación.

    —Es curioso Martha, no tiene usted pinta de docente de una universidad. Le falta la bata blanca, los lentes gruesos y de pasta negra, ahhh también la barrita de arcilla blanca en sus dedos.

    —Nooo… Rodrigo ¡Jajaja!, se equivoca conmigo corazón. Sucede que vivo por esta zona y muy cerca de aquí está el Gym, donde me ejército. —Listo, no hay problema, le respondí con amabilidad.

    —¿Y entonces Martha, a que se dedica usted? —Le pregunté mientras nos terminábamos de acomodar, yo colocando su bolsa de deporte justo en una silla que nos distanciaba.

    —A ver, niño preguntón ¡Jajaja! Digamos que por ahora soy una mujer con mucha disponibilidad de tiempo. —Y diciendo esto, se apartó de su rostro un rebelde mechón de su castaño cabello, colocándoselo por detrás de su oreja derecha.

    —La verdad mi caballero andante, es que soy una mujer casada, con dos hijos que ahora no están junto a mí, por voluntad expresa de su padre y que desea mucho recomponer el camino —En su respuesta noté tristeza, soledad y amargura.

    —Entiendo, estás separada entonces. Y los usuales motivos son el trabajo, la falta de tiempo para la pareja, el aburrimiento… —Me miró fijamente y colocó su mano sobre la mía, para luego mover su cabeza en clara señal de que me había equivocado en algo o… ¿En todo?

    —No es tan así, Rodrigo. Seguimos casados, por ahora. Él trabaja y yo no. Pero en lo demás si has acertado. —Martha se acomodó en la silla apoyando de manera firme, su cuerpo contra el acolchado espaldar.

    —Mi historia es algo complicada, larga y puede ser tediosa para usted escucharla. —Tengo suficiente tiempo, me han traicionado antes de venir, así que me sentaría bien escucharla, despejar mi mente y con suerte, algunas dudas.

    —Vaya, lo lamento mucho. ¿Tu esposa? ¿O tu joven amiga? —Tan solo sonreí sin confirmar o desmentirle nada. —Bueno, pero primero tu café. —Y con calma, se puso en pie y se dirigió a la barra, caminando a pasos lentos, contoneando aquel culo firme y bien moldeado, de tanto esfuerzo físico en su gimnasio. No demoró mucho, la atendieron rápido y se giró hacia nuestra mesa, dejándome observar con mayor detenimiento sus bonitos senos bamboleándose al compás de sus caderas al caminar con cuidado de no derramar los dos cafés que traía en sus manos en una bandejita con los postres. Y desvié un instante mis ojos, hasta el arco del triunfo en su entrepierna, bien marcada su vulva con aquellas mallas negras y de diagonales franjas rosadas, trazando sus largos muslos.

    —Bueno y con este café queda saldada mi apremiante deuda. Espero que sea de su agrado Rodrigo. ¿Brownie o Muffin? —El Brownie si te parece bien, le respondí arqueando un poco mis cejas y en mi rostro, aquella cara de niño consentido.

    —¡Jajaja! Está bien, como negarme ante esa solicitud tan tierna. —¡Éxito!

    —Bueno en realidad no sé porque te pienso contar mi vida Rodrigo. —Y tomando un sorbo de aquella bebida caliente y un pequeño trozo de su Muffin, me miró intranquila.

    —¿Será porque te parezco un chico dulce y confiable? Aparte de que este caballero posee ciertas habilidades para… ¿Reparar problemas? —Dejó su taza de café en la mesa, y el pequeño tenedor terminó clavado en la mitad del sobrante postre.

    —Puede ser Rodrigo ¡Jajaja!, Solo espero que no me mal interprete ni me juzgue sin conocer mis pensamientos. —No se preocupe que no formo parte de ningún jurado, puede confiar en mi buen juicio. Le respondí con amabilidad.

    —Está bien. ¡Pufff! —Suspiró y prosiguió su declaración–. Tengo mi matrimonio de varios años, de toda una vida pendiendo de un hilo. Le fui infiel a mi esposo, desde hace unos meses atrás en verdad. Solo que me deje pillar, pero no por estúpida o poco precavida. Lo hice con la clara intención de que se enterara esperando con ello, cambiar los dos a las buenas o a las malas, sin terminar separados. —No me lo esperaba, En serio. Algo así relatado en aquel momento de esa manera tan directa y descarnada me removió las entrañas.

    —Aún sigue usted aquí, lo cual quiere decir que puedo proseguir. Escúcheme primero Rodrigo y luego como hombre que es, quiero conocer su sincera opinión. —Perfecto, seré todo oído, me encantará saber que la llevó a traicionarlo. —Y también reposé mi espalda contra el asiento, dejando mis dos manos entrelazadas sobre el blanco mantel y mis piernas las estiré por debajo de la mesa, sin llegar a rozar los pies de Martha.

    —¿Por qué lo hice? Buena pregunta. Podría hablarle de varios motivos. Cansancio, o que lo hice por la falta de atención de mi marido. Hastío, inconformidad. Pero Rodrigo, creo que la verdad de todo esto es que estaba tan incómoda con mi perfecta y acostumbrada vida social, que me fui quedando como dormida o atrapada sin vivirme plenamente. ¡Sí, eso es! El mundo a mi alrededor avanzaba y yo me quedaba rezagada, retozando dentro de mi perfecta burbuja. Se puede decir que desperté. Más no fue de madrugada ni una mañana. Rodrigo, la verdad es que pasó una tarde, una de esas tan rutinarias en mi vida. —El brillo acaramelado de sus ojos se apagó súbitamente y Martha se sumía ya en las profundidades de sus recuerdos. Diría que aquella tarde abría ante mí, la congoja dentro de su alma.

    —Vine a tomar algo. –se sonrió un poco– Sí Rodrigo, en esta misma terraza pero en la mesa de allí, la que queda justo frente a la ventana. Estaba con dos de mis mejores amigas. Ya sabes, una tarde cualquiera de chicas. Una loca recién divorciada, la otra soltera y yo, la «feliz» ama de casa. —Martha entrecomilló con sus dedos las últimas palabras. Me hablaba sin apartar su mirada de aquella mesa y su cristalino anochecer. Jugaba distraída con un mechón de sus cabellos, lo tomaba entre sus dedos, deslizándolos hasta llegar casi a su extremo, revisando las puntas sin prestar realmente atención a mi presencia. Vagaba ella en sus recuerdos y yo me sentía como un cura de iglesia, escuchando a la confesión de una elegante y atractiva pecadora. ¿Debería yo, darle algún absolución?

    —Mis amigas hablaban como siempre de su cotidianidad y yo observaba en el exterior, la despedida afectuosa de una pareja de enamorados, felices los dos, tomados de las manos y con esa mirada de complicidad, haciéndome recordar mis momentos de felicidad junto a mi marido. Esa etapa de la conquista, del enamoramiento y de perder el miedo a todo. Comernos el mundo, explorar y viajar con lo que llevábamos puesto, sin necesitar nada más. Ese tiempo del ¡Podemos con todo! y a la mierda lo que digan o piensen los demás. Sobre todo mis padres tan conservadores. Vaya, acabaste tu café. Quieres otro o tal vez ¿algo un poco más fuerte? —Me preguntó sonriente y yo allí expectante ante el desarrollo de los acontecimientos y la revelación de sus verdades.

    —Vale Ok, está bien. ¿Qué deseas tomar? ¡Oops perdón! Debo parecerle muy atrevido. Apenas si nos estamos conociendo. —Y Martha, la elegante y atractiva esposa del jefe de mi esposa, me tomó del hombro, se acercó lo suficiente hasta hacerme percibir su aroma a Channel y obsequiarme un suave y lento beso en mi mejilla para decirme posteriormente…

    —Por fin, me costaba romper el hielo de la formalidad contigo. No sé qué tienes tú, pero me agradas, me generas confianza. —¿Sera mi extranjera personalidad latina? Le respondí y los dos empezamos a reír.

    —Un Gin-tonic me sentaría genial. ¡Mi caballero sin armadura!–. Me respondió. —Perfecto y para mí una cerveza bien fría. ¡No te me pierdas, voy y vuelvo!

    La barra estaba congestionada y delante de mí permanecía un grupo de jóvenes universitarios bastante animados, en su juvenil algarabía. Como pude me hice un hueco y llamé desde allí a la bartender…

    —Ehhh… ¡Rosario, Rosariooo! —Grité, hasta que por fin capté su atención.

    —Disculpe usted señor, no estoy sorda. Ya le escuché y para su información Rosario no es mi nombre. —Me dijo ella algo ofuscada, indicándome con su dedo sobre la pequeña etiqueta en su pecho, su verdadero nombre. «Irene».

    —Bueno preciosa, pues con esa elegancia sevillana que te gastas al servir las copas y al caminar la gracia flamenca que se te desborda por los poros de la piel, más la sabrosura de tu acento andaluz, por mi cualquier nombre que empiece por «I» y termine en una «E», de seguro que te sentará bien. —¡Puff! tras ese suspiro, acerté con el originario terruño de mi interlocutora y ya con su atención puesta hacia el café de mis ojos, le solicité con suavidad el orden exacto de las bebidas que requería.

    Irene, atentamente me entregó al momento la orden y cuando fui a cancelarle las bebidas, se acercó un poco inclinándose sobre la barra y con su dedo índice me hizo la señal de que me acercara más. Y al hacerlo me tomó ágilmente con su otra mano de mi corbata y me jaló hasta estar mi rostro muy, muy cerca del de ella.

    —Me gusta tu forma graciosa de ligar. ¿Colombiano cierto? —Pues sí, le respondí algo asustado. —¡Bien! Me encanta el sabor de los latinos. Salgo a las doce y sí, soy sevillana, pero tampoco mi nombre es Irene. El real es este. Y me pasó un papelito donde estaba un número telefónico escrito y debajo en cursivas letras… ¡Eva!

    —Encantado, soy Rodrigo y le pasé mi tarjeta de presentación–. Pero mis amigos me llaman ¡Rocky! Ahora estoy con una persona, un cliente, ya sabes, tratando de concretar un negocio. Pero te llamo un día de estos que tenga libre y salimos por ahí, donde quieras llevarme y matarme del gusto. Seguro. Y Gracias por tu servicio.

    Antes de darme la vuelta vi la desazón en su rostro por mí recatada salida, sin embargo se guardó mi tarjeta por dentro de su blusa, metiéndola bajo su sostén. ¡Que de buenas aquel rectangular papel! Y regresé a la mesa donde Martha me esperaba, revisando su teléfono móvil, ojeando las stories del Instagram.

    —Disculpa por tenerte tan abandonada pero es que la bartender andaba un poco ajetreada. Ehhh, ¿pasó algo mientras no estaba? ¿Una llamada o Un mensaje? No me vas a dejar aquí plantado con esta copa. ¿Verdad?

    —Jajaja, para nada Rodrigo. Solo me retocaba el maquillaje en el reflejo de la pantalla. —¡Ufff! pues no te hace falta, en serio. De verdad que tienes un rostro sensacional, sobre todo ese par de ojazos color miel–. Le respondí.

    —Por favor Rodrigo, que cosas dices y deja ya de mirarme así que me haces ruborizar. Mejor ven. Ven y siéntate para poder continuar. Veamos… ¿Por dónde me quede? —Mirabas a una pareja de novios a punto de despedirse, fuera de aquí–. Le ayudé a acordarse. Llevó su mano hasta la frente y se dio con ella unos dos o tres golpecitos para luego continuar.

    —Efectivamente, que tonta soy, disculpa. El chico este, bastante guapo por cierto, después de darle un amoroso beso, tomó camino hacia el norte y la muchacha se quedó allí, sacó de su bolso una cajetilla de rubios y se llevó uno a la boca. Más no lo encendió, pues en ese instante tomó su móvil y lo pegó a su oreja, sonriente. Empezó con alguien una conversación. Reía, bastante. Y nerviosa miraba hacia el lugar por donde su novio había marchado. No pasó más que un momento y entonces por detrás se acercó a ella un hombre, algo mayor en edad, no mucho creo yo pero si de más años que el joven que se acaba de despedir de ella. La abrazó y ella se asustó un poco. Se dio vuelta y el hombre le retiró el cigarrillo de los labios para luego darle un beso que terminó en un morreo en toda regla. —¡Jajaja!, no jodas Martha, ¿en serio? Fuiste testigo de una infidelidad ¿Era el amante o el traicionado? —Le pregunté. Pero Martha negaba con su cabeza y empezó a reírse. ¿De mí suposición?

    —No corazón, yo pensé igual que tú. Casi enseguida vi parquear frente a ellos, una de esas camionetas 4×4 pequeñas, las que solo tienen dos puertas. La mujer y el hombre, que ya estaban abrazados por la cintura, se giraron y la puerta del acompañante se abrió, permitiéndome observar que quien estaba al volante era el joven anterior. La mujer ascendió a la parte posterior, ayudada por el nuevo acompañante y luego este hombre estrechó la mano del chico que le sonreía, para luego proceder a subir en la parte delantera. Los tres felices y sonrientes emprendieron la marcha. —Martha detuvo un momento la conversación, para dar un lento sorbo a su bebida y a mi entraron unas enormes ganas de fumar.

    —Disculpa Martha, tu historia está muy interesante, y en serio quiero saber más pero tengo ganas de… —O no te preocupes, déjame darle otro trago a esta copa y salimos por ese cigarrillo tuyo, de hecho quiero uno para mí. —¿Pero cómo?… —¡Jajaja!, no soy tan bruja ni adivina, menos de Scotland Yard como tu antepasado. —Me respondió.

    No paraba de reírse hasta que unos segundos después por fin respiro y se calmó un poco.

    —¡Jajaja! Rodrigo es que llevas más de cinco minutos jugando con ese zippo entre tus dedos y puedo sentir la tensión cada que mueves tus dos piernas bajo la mesa. ¡Vamos tesoro! O es a mear o a fumar. Y perdóname por lo de «mear», pero me inclino más por lo segundo. —Y aquella mujer, cada minuto me gustaba más.

    Tomé su bolsa de deportes y ella colgó de su hombro la cartera, con su mano la chaquetilla de la sudadera y yo salí junto a Martha, caminado unos pequeños pasos para poder sentarnos en un banco de madera, justo a la entrada de la plaza. Le brindé un cigarrillo y yo puse el mío entre mis labios. Mi zippo lo tomó ella entre sus dedos y con gran agilidad me ofreció su fuego y posteriormente su rostro se iluminó.

    —Gracias, si mi esposo y mi instructor me vieran, seguro que tendría más problemas que los de ahora.

    —Un día hace muchos años atrás, ¡Jajaja! Rodrigo no me hagas esa cara, que tan poco soy tan añeja. —Y es que me sonreí pues me acordaba de los cuentos infantiles que les leo a mis hijos y la mayoría comienza así. —Le respondí, restándole valor a mi rostro de burla.

    —Lo siento Martha, es que soy muy de cuentos infantiles y de esas películas que hablan de… «Y en un reino muy, muy lejano, una bella princesa»… Ehhh, lo lamento. Continúa por favor.

    —Bien, como te decía, algún tiempo atrás, –y achinando sus ojitos de miel, sacó la punta de su lengua para burlarse de mí y luego posar su mano izquierda sobre la derecha mía– junto a mi apareció alguien con una caja envuelta en papel de regalo. Como toda joven ansiosa, procedí a destaparlo, rasgando la envoltura sin cuidado alguno. Y me vi sorprendida por aquel obsequio que la vida me entregaba. Me sentí feliz, pero también intimidada. Un rompecabezas gigante para armar, es una gran responsabilidad y obviamente precisaba ayuda. —Los dos al mismo tiempo aspiramos el tabaco y lo dejamos salir lentamente. Yo por la boca, ella por su nariz.

    —Y entre los dos destapamos aquella caja y regamos las miles de pequeñas y coloridas piezas sobre el suelo de un hogar nuevo, que apenas si empezábamos a formar. Día tras día, dedicamos nuestras horas para buscar por dónde empezar, colocando dos o tres muy bien y otras tantas que no parecían encajar, esas las tuvimos que retirar. Buscábamos un inicio, tomábamos un rumbo por una de las esquinas los dos. En alguna de las tantas tardes, el encontró otra pieza y emprendió el armado por la esquina opuesta. Le rindió más que a mí, tal vez porque no se me dan muy bien las relaciones espaciales y esas figuras irregulares. Sin embargo entre los dos fuimos culminando el proceso de juntar y colocar, ya con más de medio tablero armado, en su mayoría por el esfuerzo y la dedicación de mi esposo. Faltaba muy poco pero ya podíamos percibir el paisaje nocturno impreso en el cartón. Con todo casi resuelto, ocupados en otros pensamientos, aquel rompecabezas fue quedando en el olvido, por los dos. Tiempo después volví una tarde y lo observé, pocas piezas faltaban por colocar y completarlo. Podía hacerlo sola más las piezas no estaban por allí a la mano. Se refundieron en nuestras vidas con el paso del tiempo. Decidida las busqué yo, solamente yo. Revisé cajones, despensas y armarios, sin ubicarlas. Y aquí donde estamos vine a hallar dentro de mis recuerdos las pequeñas piezas faltantes, después de tantos años de empezar. —Espera Martha, un momento. El tal rompecabezas es… ¿La historia de tu vida? Ósea, de tu matrimonio. ¿No es verdad?

    —Efectivamente así es, mi querido Sherlock. —Y terminó su cigarrillo, colocándolo en el piso para luego apagarlo yo con el tacón de mi zapato. La recogí y con la mía aún entre mis labios, me acerqué hasta el cubo de la basura para dejarlas allí. La sentí justo detrás de mí, pasando su brazo por debajo del mío y entregándome de nuevo su bolsa grande.

    —Ven, demos un paseo por aquí. ¿Quieres? —Por supuesto, vamos. —Le respondí, agradecido por su compañía y la confianza que sentía ella hacia mí.

    —¡La novedad! Rodrigo, esa adrenalina que sientes ante lo nuevo y desconocido, esa era la pieza que había perdido años atrás. Y allí por la ventana de aquella terraza, lo entendí. —Me respondió de manera clara y serena.

    —Quieres un cambio en tu relación matrimonial y eso lo comprendo. Sin embargo la forma, tus decisiones afectaron a tu esposo. No lo debió tomar muy bien, supongo. —Así es, ahora quiere el divorcio y no me quiere escuchar–. Me respondió.

    —Aunque no lo parezca, yo lo amo. Es el hombre de mi vida pero no comprende que me hacía falta vivir esas experiencias. Tener sexo con otros hombres. Disfrutar de nuevo de lo prohibido, de la emoción que posee un comienzo. Sé que es incomprensible, que tomé un camino sola, sin su compañía, sin su consentimiento. Pero ya lo viví, lo probé y ahora no lo quiero perder. Quiero compartirlo con él. Volver a nuestros enamorados inicios. No sé si tú me entiendas, si puedas comprender lo que siento. —Y empezó a llorar desconsolada.

    —Aunque no lo comparta Martha, entiendo que tu relación estaba pasando por la monotonía y deseabas cambiar eso. Solo que tu actuaste de manera egoísta e individual. No tomaste la mano del hombre que dices amar y te fuiste sola a experimentar nuevas sensaciones. Desde mi posición de hombre casado te puedo decir que estuvo mal, aunque para ti fuera perentorio hallar una solución al aletargamiento de tu matrimonio. Y ahora… ¿Qué piensas hacer? ¿Se van a separar? ¿Ya hablaron?

    —No ha querido escucharme. Me amenazó con quitarme todo, hasta dejarme sin ver a mis hijos. Me rehúye, se aparta y creo que… Rodrigo me parece que tiene en mente tener algo con una de sus secretarias. Anoche sin que se diera cuenta lo escuché en nuestro portal hablando con ella. No sé cuánto tiempo llevaban hablando aquellos dos. Es bonita, la alcancé a observar unos instantes. Parecen muy cercanos y no sé qué le diría o que le pidió esa mujer, pero lo escuché decirle que aún me amaba. Ayúdame, Rodrigo ¡Ayúdame! Necesito saber qué hacer, como arreglar mi matrimonio. ¿Cómo lo recupero? Tu opinión como hombre.

    —Pero Martha yo que puedo hacer. No sé cómo ayudarte. —Le dije mientras la abrazaba reconfortándola, sintiendo como ella se ahogaba en el llanto y sufrimiento.

    —Rodrigo, estará bien si… ¿Estará bien si provoco que mi esposo se acueste con su secretaria con mi consentimiento para que me comprenda? ¿Sera esa la solución? ¿Dime tú qué opinas?

    —Pero que solución es esa. ¡Por Dios! Martha. ¿Y si se enamoran? ¿Qué tal que te deje por esa mujer? ¿No has pensado en eso? Y si esa secretaria tiene una relación, un matrimonio. ¿Estarías dispuesta a destruir algo por recomponer lo tuyo? Me parece otra estupidez. —Y súbitamente me aparté de su abrazo, pensando en que ahora tenía más problemas que antes.

    —Es tarde, Martha, debo ir con mi esposa. Te acompaño hasta tu auto.

    —¿Rodrigo? No te enojes. Por favor, ayúdame a ordenar mis ideas. Piénsalo esta noche y dime mañana si será una buena idea, abrir mi matrimonio invitando a su secretaria a tener una relación con mi esposo.

    ¡Mierda! ¿Y ahora?

    Continuará…

  • El toro mecánico

    El toro mecánico

    La historia de amor de dos primos que debido a los miedos a una familia incapaz de comprender y a una sociedad que terminó haciendo mella en ellos, pero el tiempo y sobre todo las arrugas no siguen los mismos criterios, poco importa lo que dicten las normas para que una vez más se vuelvan a juntar.

    Cómo empezar a contar algo que no tuvo nunca que suceder, como comenzar a describir las sensaciones que viví, que sentí aquel fin de semana, aquel sábado de madrugada que hoy vuelvo a revivir junto a él, escudriño todos los rincones de mi interior para convencerme de que lo que hicimos estaba bien, hoy por fin me atrevo a contarlo, si… hoy puedo asegurar que lo que pasó, pasó por una razón, una y simple razón, estábamos enamorados ¿desde cuándo?, quizás desde que fuimos juntos al instituto, a la universidad o quizás, en alguno de los bautizos, bodas o entierros a los que acudimos, no sé, podría elegir cualquier día de esos y posiblemente me equivocaría, porque pienso que me enamoré el mismo día en que tuve conciencia de él, el mismo día que siendo todavía unos niños jugábamos en casa de mis padres.

    Mi primo Alex había inaugurado en el pueblo cerca de la playa un garito muy a su estilo, se podía pasar un día sin aburrirse donde aparte de la zona de copas y de baile había un gran jardín con una barbacoa y piscina, podías jugar al ping pon, billar, futbolines, dardos y algo novedoso en aquellos días por la zona que era un toro mecánico, la gente venía de todas partes solo para montar en el toro, el garito se llenaba todos los fines de semana desde primera hora de la mañana y yo junto con mis amigas no íbamos a ser una excepción.

    Para mis amigas no era ninguna sorpresa saber que me sentía atraída por mi primo mayor, realmente todas estábamos de alguna manera enamoradas de él, pero fui yo la que aquel fin de semana se adelantó todas, fui yo quien le esperaba a que cerrara todo para irnos juntos a casa, vivíamos puerta con puerta y eso facilitaba las cosas, todo empezó de la manera más tonta y simple, todo empezó en aquel toro mecánico.

    Aquel viernes era el cumpleaños de Marta así que decidimos pasar el día en la playa y luego comer en el garito de mi primo, para terminar la celebración por la noche allí ya de madrugada, cuando todo el mundo se había ido yo esperaba a mi primo en la zona de juegos del toro mecánico, estaba inmóvil, sin vida en esos momentos y me subí a él, era diferente a otros que había visto, un poco más ancho, la parte delantera inclinada hacia arriba como si fuera una tumbona con orejeras, le cubría una especie de manta aterciopelada muy suave y tenía a ambos lados como dos salientes dos estribos donde podías poner los pies, y detrás de mí dos más, pero elevados.

    -Alex, ¿yo pensaba que en los toros mecánicos, no había nada donde poder agarrarse salvo a esta especie de correa? –Le preguntaba a la vez que me sentaba al revés recostándome un poco sobre el toro.

    -Es que no es un toro cualquiera Lara. – Me contestó Alex sonriéndole.

    -Ya lo veo, pero ¿por qué y por qué te ríes? – Contestaba haciéndole un gesto de incredulidad, mientras que Alex se subía al toro sentándose frente a mí.

    -Es que no lo es Lara, es un toro mecánico sí, pero… Es más que eso, es un juguete sexual. –Alex me había dejado sin palabras y me miraba sonriéndome. –Mira Lara te lo demuestro para que lo entiendas mejor.

    Alex, se montaba a horcajadas en el toro como yo estaba, uno enfrente del otro juntando nuestros cuerpos, yo llevaba una camiseta verde, zapatillas blancas con unos pantalones vaqueros del mismo color y muy ajustados, sentada enfrente de él con las piernas abiertas dejaba mi sexo a su interpretación y al juntarse tanto nuestros cuerpos chocaron pudiendo sentir perfectamente su pene aun en reposo, notaba el latir de su corazón sobre mi pecho, la cercanía de sus labios, de su aliento, todo aquello me excitaba y más cuando me mandó que me recostara sobre el toro apoyando mi espalda sobre él, teniendo mi cuerpo como si estuviera en una tumbona de la playa medio sentada, medio tumbada.

    Alex, cogía mi pierna derecha y me la subía hasta encajarla en lo que parecía un estribo a un lado del toro, luego con la otra, al otro lado quedándome como si estuviera en una camilla ginecológica con las piernas subidas y las rodillas flexionadas un poco, luego colocó sus pies sobre los estribos más abajo, dejando mis piernas por encima de sus muslos y sintiendo en ese momento como su pene se juntaba tanto a mi vulva que podía notar como le iba creciendo, teníamos el sexo apretados el uno con el otro, mi cuerpo reaccionaba y empezaba a humedecerme, tenía a mi primo justo ahí, en una posición en la tantas veces había soñado con él, estaba nerviosa, excitada, mordía mis labios mientras que no sabía qué hacer con mis manos, nos mirábamos fijamente en silencio y sabía que a él le pasaba lo mismo, Alex se inclinaba un poco su cuerpo sobre el mío poniendo sus brazos a ambos lados de mí cuerpo casi a la altura de mis senos, moviendo sutilmente su pelvis y frotando su pene que seguía creciendo sobre mi vulva.

    En esos momentos ya estaba totalmente entregada a él, deseaba que me besara, deseaba sentir sus labios sobre los míos, pero lo que no me esperaba era que de un salto Alex desmontara del toro y muy nervioso casi sin mirarme, con voz seria y rota me invitaba a que desmontara también pues era demasiado tarde y teníamos que irnos a casa, al cerrar ya en el coche e incluso en la despedida en la puerta de mis padres Alex estaba serio, muy serio y muy avergonzado, de hecho ese mismo sentimiento me lo traspasó, estaba también avergonzada por lo que acababa de pasar y la verdad que realmente no hicimos nada, ya en casa, en mi habitación estaba confundida por tantos sentimientos hacia él, era mi primo, era mi familia y le deseaba, le quería solo para mí.

    El día amaneció caluroso, eran las 12 del mediodía y no paraba de pensar en Alex, sentía que a él le pasaba lo mismo, estaba segura de que lo que pasó no pasó por un calentón y estaba dispuesta a ir a por todas esa noche si me daba la oportunidad. La tarde cayó y salí de casa solo con la mente puesta en él, me había arreglado, quería estar guapa para cuando me viera, un vestido corto azul turquesa, un vestido con capas de tela muy finas que se ajustaban a mi cuerpo como un guante por las caderas y se abría por la falda en vuelo, un vestido palabra de honor con los hombros desnudos, la melena suelta y con una pequeña base de maquillaje, carmín de un rojo pasión a juego con las uñas, la raya de los ojos muy fina y con una pequeña sombra de ojos, realmente iba preciosa, aunque suene mal yo lo sabía, los chicos con los que me tropezaba en todo momento lo sabían, pero lo único que me importaba es que él lo viera.

    Pasé toda la noche a su lado, sonrisas y miradas de complicidad, mi primo parecía normal, como siempre, la vergüenza parecía olvidada hasta que una vez más a eso de las cuatro de la mañana cerrábamos, envió a todos a su casa y como la noche anterior yo me quedé a esperar nuevamente en el jardín, esta vez le esperaba junto al toro, pero sin montarme hasta que Alex me sorprendió por detrás abrazándome por encima de la cintura, no me dijo nada, solamente me abrazó entrelazando sus manos en mi tripa besándome los hombros, en ese momento mi nerviosismo apareció de golpe, estaba en sus brazos y sin que lo pudiera impedir me di la vuelta apoyándome en el toro, pasé mis manos por su cuello y le besé en los labios.

    Alex en vez de sorprenderse me lo devolvió, apretando su cuerpo contra el mío, los besos más seguidos y profundos entrelazando nuestras lenguas, pero una vez más mi primo se retiró, una vez más lo que iba a ser no fue, me miró fijamente y se fue asustado diciéndome que me esperaba fuera, yo no quería irme estaba igual de excitada que la noche pasada, pero esta vez en vez de seguirle, me monté en el toro y esperé.

    Cinco minutos que se me hicieron eternos, cinco minutos que tardó Alex en entrar y buscarme, estaba en la esquina del jardín, me miraba fijamente y empezó a acercarse lentamente sin que nuestros ojos perdieran el eje que los unía hasta llegar a mí, Alex me miraba desde abajo poniendo la palma de su mano en mi muslo por debajo de mi vestido que al estar sentada en el toro se me había subido, me acariciaba suavemente pasando la palma de la mano de arriba abajo sin mirarme.

    -Alex, ven sube aquí conmigo por favor. –Le susurraba, le miraba y acariciaba el pelo.

    -Lara, sabes lo que va a pasar si subo ¿verdad?, no quiero subir, no quiero que mañana te sientas mal. –Me contestaba esta vez mirándome a los ojos mientras que seguía acariciándome el muslo, partiendo su mano casi desde mi vulva.

    -Lo sé, sé que pasará y es algo que llevo esperando toda la vida y lo sabes, mañana… El mañana no está escrito, lo escribimos nosotros con el presente, no sé qué pasará, pero sí sé lo que quiero ahora y tú también porque si no, no me habrías besado, no habrías venido a buscarme y posiblemente no estarías acariciándome… deseando subir y mostrarme… –Empecé a reírme, quizás un poco por nerviosismo, quizás por quitarle un poco de dramatismo a la conversación lo que hizo que me mirara con una sonrisa entre los labios.

    -¿Mostrarte que Lara?

    -Mostrarme cómo funciona este toro tuyo, porque lo que he visto es como desmonta a la gente a pesar de los estribos.

    -¿Así?, o sea que ¿quieres ver cómo funciona? –Me preguntaba de forma más alegre.

    –Si Alex, ya es hora de que me enseñes cómo funcionas ¿no crees? – Le contestaba esta vez en un tono más serio y sensual.

    -Bueno pues, tú lo has querido Lara, así que prepárate al dolor. –Alex por fin parecía decidido, por fin veía en sus ojos esa mirada felina de caza, dispuesto a lanzarse sobre la pobre e indefensa cervatilla que estaba allí a su alcance, sus manos pasaron por última vez por mis muslos llegando acariciar mi vulva, deteniéndose en ella al verme cerrar los ojos y morderme el labio inferior cuando sus dedos apretaban y se hundían en mi vagina.

    Alex se había subido y así como ayer sentí su pene crecer frotándose con mi vulva, hoy no, hoy directamente golpeaba mi tanga al estar con una increíble erección, mi primo se echó un poco hacia delante besándome en los labios a la vez que me contaba cómo funcionaba el toro, me contaba que yo me tenía que recostar sobre el toro con la espalda bien asentada, que mis manos tenían que coger los salientes del final como si fueran unas orejas y no soltarme de ellas, como entonces él pasaría sus manos por mis pechos como así hizo, bajándome el vestido hasta más allá de la cintura dejando mi tripa desnuda, me quitaba el sujetador sin tirantes y me empezaba a besar y lamer mis pezones, apretando suavemente pero con fuerza mis pechos.

    Su pelvis no paraba de moverse, sus pies se habían apoyado en los estribos a ambos lados y se ayudaba de ellos para empujar su pene contra mi vulva, queriendo atravesar toda la tela que teníamos entre nuestros sexos, era algo maravilloso, una sensación de lujuria me pasaba por la cabeza, ya habíamos empezado y esa noche no habría forma humana de pararnos, era noche cerrada con una pequeña brisa que golpeaba mi cuerpo prácticamente desnudo, sentía el frío en mis pezones mojados con su saliva cuando su boca se separaba de ellos, mi tanga se había humedecido por completo, mi vagina se bañaba en mi flujo esperando la visita tanto tiempo anunciada por mis sueños.

    Alex se había incorporado, se bajaba del toro y bajo mi atenta mirada entraba en una caseta y encendía un cuadro de luces para luego regresar a mi, se quitaba los pantalones y los calzoncillos dejando que viera por primera vez su pene, tan grande como parecía, tal y como lo sentía frotarse contra mi vulva, se quitaba la camiseta verde de Nirvana estirando su cuerpo y mostrando sus abdominales y sus pectorales, un cuerpo perfilado a base de ejercicio, un cuerpo envidiado por algunos y deseado por otras, pero solo para mi esa noche, Alex me miraba desde abajo, besando mis pechos por el costado, bajando con sus labios hasta mi cintura donde cogió el vestido con las dos manos por ambos lados y lo empezó a bajar cogiendo también mi tanga.

    Alcé un poco mis nalgas para que pudiera quitarme la ropa con más facilidad, y poco a poco levantando mis piernas me lo fue quitando mientras no paraba de besarme hasta llegar a los dedos del pie, ahora sentía su cuerpo también desnudo junto al mío y una vez que estaba sentado subí mis piernas apoyándolas en los estribos como él me había indicado abriéndole mi vagina, acariciaba su cuerpo con mis manos dibujando sus músculos con mis dedos, sentía su poderoso pene por encima de mi vulva, mis labios vaginales humedecidos se apretaban contra sus testículos suavemente, el silencio se había apoderado de nosotros y los dos dibujamos las curvas de nuestros cuerpos con los dedos casi sin tocarnos, nuestros labios se besaban con pasión en la distancia, sin parar de mirarnos, sin que nada nos hiciera mirar hacia otro lado.

    Alex poco a poco fue bajando su mano por mi cuerpo hasta llegar a mi tripa escalando mi monte de Venus y bajando por la otra cara hasta toparse con el pequeño botón rosado, mi clítoris crecía a cada roce, mi cuerpo se estremecía con cada caricia, estaba demasiado excitada y deseaba que me hiciera suya, que empezara hacerme el amor y que no parara hasta el amanecer, Alex cogió su pene con su mano y apartándose un poco lo empezó a pasar por mis labios, asomando la cabeza de su glande por mi vagina, humedeciéndose con mis flujos subiendo y bajando por mis labios, yo me apretaba los pechos con fuerza, pellizcando los pezones del placer, nuestras miradas se cruzaban una y otra vez, nuestra respiración acelerada como después de una maratón, jadeantes los dos esperando el momento en que él decidiera hundir su pene en mi vagina.

    La noche estaba estrellada, estaba realmente preciosa y la luna nos iluminaba como un foco a la vez que unas pocas nubes nos ocultaban de su mirada, mi cuerpo se estremeció cuando empecé a notar como su pene empezaba a penetrar en mi interior, como poco a poco se había metido entero dentro de mí, deslizándose por mi vagina tremendamente mojada, dilatada para ese momento en que por fin Alex me hacía suya, su pelvis se juntaba más a la mía, nuestros sexos se habían fundido y no se separaban, pequeños empujones intentando meter su polla más dentro de mí y ni un gemido, ni un grito de placer, no podía, estaba llena de él, mi boca era incapaz de cerrarse, mis ojos se nublaban y mis manos arañaban y apretaban con fuerza sus brazos que se habían apoyado sobre la manta aterciopelada del toro a ambos lados de mi cuerpo.

    Alex movía su pelvis despacio hacia delante y hacia atrás, sacando su pene de mi vagina unos pocos centímetros, dejándola prácticamente entera dentro de mí, yo la apretaba con mis músculos, sabía que eso les gustaba a los chicos y quería que Alex disfrutase de mí como yo lo estaba haciendo de él, por fin unos gemidos rompieron la noche, su pene entraba y salía haciéndome gemir, deseando que el tiempo se congelase en esos momentos cuando Alex me hacía el amor despacio, pero todavía no había probado el toro, todavía no lo había puesto en marcha y cuando lo hizo navegaba en un mar de llamas en mi interior, el placer era indescriptible, nunca pensé que fuera posible sentir tanto placer en mi cuerpo, nunca pensé que alguien me pudiera hacer gritar tanto que despertara al día y este espantara a la noche con su luz.

    Alex sacaba un mando a distancia pequeño que estaba oculto en el toro y mirándome con su pene realmente metido tan dentro de mí que podía sentir su glande tocar mis paredes uterinas me decía. –Ahora Lara, cógete a mí, agárrate al toro y disfruta, disfruta de este viaje de placer. El toro se empezó a mover de lado a lado muy despacio, hacer vibrar nuestros cuerpos, sobre todo por donde estábamos sentados los dos, sentía su pene vibrar dentro de mi vagina, lo sentía moverse sin que saliera de mi cuerpo, el toro se inclinaba hacia abajo poniéndome casi de cabeza, empezaba a vibrar a subir y bajar haciendo que Alex se moviera con el que su pene saliera un poco y luego se metiera con fuerza en mi vagina, dábamos vueltas se inclinaba hacia arriba subiéndome por encima de Alex, mi vagina se apretaba contra su pene y en todo momento la vibración de su pene en mi interior aumentaba más y más.

    El toro se inclinaba arriba y abajo, los gritos incontrolados de placer empezaron aparecer, mi cara debía de ser un poema, no podía articular palabra y Alex salvo la vibración apagó el toro cuando me observaba y sentía que mi cuerpo empezaba a temblar, un ardor por todo el cuerpo me estaba provocando aquella vibración que terminó con un tremendo orgasmo, mis piernas sentían espasmos continuos, mi vagina se llenaba de un mar de flujo, Alex se separaba y sacaba su pene casi por completo de mi vagina volviéndola a meter muy despacio, el flujo escapaba de mi vagina empapándonos a ambos.

    -¿Preparada? – Alex me preguntaba jadeando, sudando como yo por todos los poros y cuando me vio asentir, cuando me vio subir mis brazos agarrándome a las orejas del toro, hundió nuevamente su pene en mi vagina inundada por el flujo y un pene que se deslizaba por ella, sintiendo mi calor, mi deseo, sintiéndola tan dentro de mí una vez más que cuando el toro empezó a moverse nuevamente sabía que no iba a tardar en tener otro orgasmo como así fue, a los pocos minutos de estar disfrutando como una verdadera musa del sexo, Alex paraba el toro igual que antes, y al igual que antes entre la vibración y su pene metiéndose con fuerza en mi vagina empecé a chillar a las estrellas, a aullar como una loba, otro tremendo orgasmo me hacía temblar todo el cuerpo, pero esta vez Alex no se apartó, esta vez Alex seguía metiéndomela con fuerza, se había levantado sobre los estribos y de pie cogiéndome de las caderas me levantaba y me penetraba con rapidez con fuerza, sacando y metiendo su pene tan rápido de mí que realmente me hizo perder la razón, entrar en un estado de placer y éxtasis como nunca había estado.

    Alex jadeaba, gemía y gritaba a la vez, me agarraba con fuerza de mis caderas empujando su pelvis contra la mía con fuerza, hasta que con un grito como un lobo aullando a la luna descargó toda su pasión en mi interior, los dos gritamos y expulsamos el ardiente jugo de nuestros cuerpos, uniéndose en un baile de fluidos incandescentes en mi vagina, Alex se derrumbó contra mi pecho, nuestros cuerpos resbalaban entre sudores de placer, los dos jadeando y besándonos con pasión.

    La noche terminó haciendo el amor dentro de la piscina, viendo como las estrellas nos daban su adiós, el día comenzó entre las sábanas de la cama de su habitación, los días, los meses siguientes llenos de pasión, de amor y mucho sexo, una pasión y un amor oculto por los dos por miedo al que dirán, los mismos miedos que al final hizo que nos separáramos, que cada uno siguiera su camino hasta ahora.

    Han pasado 51 años de todo aquello y hoy me atrevo a contar lo que siente mi corazón, lo que empezó aquel día y que hoy todavía perdura aunque oculto, el amor que sentíamos el uno por el otro no se ha marchitado, sigue fuerte y vivo después de los años, años sin él, porque nunca nos atrevimos a enfrentarnos a la realidad o quizás a nuestras familias, nos habíamos casado y enviudado los dos, habíamos tenido hijos y nietos, sin embargo el destino nos tenía reservada una segunda oportunidad y no quiero, no queremos desaprovechar, a mis 70 años, por fin todos sabrán que al hombre que he querido con todo mi alma se llama Alejandro y es allí en la misma playa donde hace años tenía el garito mi primo, ahora es un centro comercial, y el destino ha querido que en el mismo sitio donde estaba aquel toro mecánico, donde Alex me hizo el amor por primera vez, nos hemos vuelto a encontrar.

    En ese mismo momento en que nuestros ojos se cruzaron, en que reconocimos nuestros rostros ahora marcados por los años y nuestros ojos se humedecen al tocar nuestras manos, fue en ese instante en que los dos decidimos sin decirnos nada que el final de nuestra vida la queríamos pasar juntos y esta vez solo la muerte nos podría separar, esta nueva oportunidad empieza con dulce beso en los labios, hoy es sábado y una vez más el destino ha querido que nos encontremos el mismo día en que me entregue a él, un café, unas caricias y unos minutos más tarde por la puerta del centro comercial se ve salir a dos jóvenes cogidos de la mano, él con pantalones vaqueros y camiseta de verde de Nirvana y a ella con un vestido corto palabra de honor azul turquesa, a las dos horas los jóvenes yacen juntos haciendo el amor entre las sábanas blancas al igual como lo hicieron ya hace 51 años.

  • Apoyada

    Apoyada

    Siempre viajaba en el mismo colectivo a la misma hora, todos los días de cada semana, mi experiencia era siempre la misma, apretado y empujado, sálvese quien pueda mejor dicho.

    Pero no todo es malo, detrás mío siempre venia la misma persona, un señor de unos cuarenta años, yo con 25 lo miraba de reojo, imponía respeto, seriedad, sobre todo intriga. Lo que más me llamaba era que se ponía atrás mío y me apoyaba, levemente al principio pero más obvio con el paso del tiempo, había una confianza muda, sin miradas ni palabras, solo su cuerpo se venía sobre el mío y los dos disfrutábamos del momento.

    De a poco se fue ganando confianza y las apoyadas eran cada vez más recurrentes, más cerca, mas el sobre mí, la timidez engaño durante un largo tiempo, solo sentía su cuerpo pero después empecé a sentir una erección, grande, linda, que me calentaba, no lo miraba pero sentía su pene en mi cola, apoyado, esperando que se congelara el tiempo y me sacara la ropa ahí mismo, me hiciera su hembra en el colectivo, solo eran fantasías sin poderse cumplir, pero disfrutaba al imaginarlo.

    Siempre bajaba pensando que lindo lo que pasaba, aunque no había palabras ni gestos, solamente su pene apoyándome, como hacía para darle el visto bueno y que pasara algo mas, como podía lograrlo.

    Un día lo decidí, tengo que animarme y lo hice.

    Al subir al colectivo lo vi parado frente a la ventana, esperando mi llegada, al irme acercando el me vio y fue girando su cuerpo de manera lenta y pausada, esperando que llegara.

    Al ubicarme, levantar los brazos y agarrarme él se apoyó de inmediato, fue más rápido que de costumbre, se apoyó y mis nervios aumentaron, lo tengo que hacer pensaba, es ahora, teníamos como cuarenta minutos pero el tiempo pasa volando.

    Finalmente baje un brazo y pase una mano al bolsillo de mi campera, cuando vi que nadie miraba, cada uno en su mundo pase mi mano atrás, le acaricie su pene, lo masturbe con el pensamiento y volví mi mano al bolsillo, su pene estaba más parado, más caliente que nunca, otra vez la mano, ahora la deje cinco minutos, lo masturbe mas delicadamente, puse mi mano adentro de su pantalón y se la toque, su piel, su tronco, hermoso lo que sentí.

    Antes de bajarme le deje un papel, la dirección y hora de encuentro.

    Así fue, ese mismo viernes se apareció por la calle solicitada, a oscuras casi, lo mire y le dije acompáñame, caminamos sin mirarnos pero hablando, nos encantó cada momento que vivimos en el colectivo, mis ganas aumentaban cada vez mas.

    Entramos a una habitación que me había prestado un amigo, a oscuras le serví una copa y me prepare para que pasara lo que tenía que pasar.

    Se me acerco, me beso suavemente, me paso su lengua por el cuello y me dio vuelta, levemente me saco la remera y paso a bajarme el pantalón, me dejo desnudo, tímido y caliente, se alejó medio metro y me miro, me observo y me dijo “Sos más lindo de lo que imaginaba”, yo ahí, estático, parado, erecto y ansioso.

    Se desnudó lentamente para que yo lo viera, solamente nos alumbraba una vela y nos acompañaba un poco de música, al irse sacando la ropa fui descubriendo su piel, sus músculos, su pene, enorme, lindo, listo para mi, para mi cola, mi boca y mi alma.

    Se acercó y me franelo la cola, me paso su enorme pene por las nalgas, me rozo su pene con el mío, me beso la espalda, el cuello, la panza, las nalgas, el agujero, me pasaba la lengua y yo gemía, tímidamente al principio y después como una perra en celo, hasta que me hizo arrodillar y tragar todo su miembro, todo en mi boca, salvaje pedazo de carne que ahora era entregado a mi saliva, lengua y pensamientos, nunca había disfrutado tanto de un pene así, tan rico y suave.

    Después de unos eternos y hermosos minutos me paro, me dio vuelta y prosiguió a pasarme la lengua por mi cola, mi agujero, su lengua entraba y salía como una experta, su dedo, dos dedos, todos adentro, mi gemidos eran más fuertes y llego el “cógeme por favor”, “tranquilo” me dijo, siguió haciéndome el amor con su boca y de repente un silencio paro todo, la música se había detenido y solamente mis gemidos y suplicas sexuales estaban en el aire, “cógeme por favor” “cógeme” “soy tuya” “Mira como me abriste la cola” “quiero tu pija adentro” a lo que respondió agarrándome la cabeza y bajándome a chupársela de nuevo, tranquilo bebe, chupa y disfruta, lo hice, se la chupe toda nuevamente, me masturbe y pude acabar como nunca.

    Al terminar me levanto y se fue por detrás, en silencio, apago la vela y se acercó, levemente me inclino hacia adelante y de a poco fue acercando su enorme pene, su cabeza primero tocándome la puerta y yo abriéndome despacio, como esperándolo hace tiempo, empezó a entrar, a abrirme, lo primero que hice fue gemir, decir “Ay despacio” pero automáticamente me abrí mas y su pene entro sin dudar, me estaba fornicando, cogiendo salvajemente, como en el colectivo pero desnudos y a oscuras, su pecho contra mí, su cuerpo contra mis nalgas, mi cola abierta de par en par ante su monstruoso pene, me había convertido en una perra, en una puta pedigüeña y lo lograba, me estaban cogiendo como nunca.

    La vaselina y el preservativo hicieron la magia, mi ano y su pene se deslizaban como conociéndose durante siglos, mi punto g explotaba, tan así fue que volví a acabar, explote como nunca, mi néctar volando al piso, mis gritos al viento y el adentro mío.

    Una hora así, saliendo y entrando, una fiera indomable, su pene firme y duro como nunca, pero llego el momento, parado y dilatado quería que me acabara en la cara, en mi boca, quería probarle todo.

    Cuando llegues avísame, quiero tragar todo le dije.

    El momento llego, su piernas gesticularon la llegada de todo lo que me esperaba, salí de la posición y me di vuelta, arrodillándome a la espera de su néctar, el cual salió como una catarata, en mi boca, cara, cuello, pecho, todo bañado de su esencia, yo tragando y disfrutando con cara de perra bien cogida, diciéndole gracias por lo de hoy, sabroso lo que me diste, hermosa noche.

    Nos me termine de tragar todo, me fui al baño y nos fuimos cada uno a su casa.

    El lunes subí y la cita fue la misma, acercarme y que me apoye mi hombre.

  • Ishtar y Velimount (Memorias de Xanadú)

    Ishtar y Velimount (Memorias de Xanadú)

    La puerta resonó fuertemente, Tollan se levantó rápidamente y se vistió con una camisa de lino sumamente sencilla y con unos pantalones de cuero tan simples como duraderos.

    -¿Quién es?- Tollan preguntó

    -¡Ayuda!- gritó una voz femenina joven

    Tollan se acercó al estante donde tenía expuesta su espada «Ronin», esta espada lo había acompañado durante los sucesos de la invasión de Ebdickson a Nigurathlán, la tomó y sintió su frío mango, tenía ya varias semanas sin tocarla, estos meses de paz habían hecho que Tollan dejara de preocuparse por cargarla.

    -¡AYUDA!- volvió a gritar la voz femenina de fuera

    Tollan abrió la puerta y vio a una joven de unos 18-19 años, vestida con unas humildes ropas campesinas y a punto del llanto, segundos después ambos estaban sobre el suelo pues ella al abrirse la puerta se abalanzó sobre él y lo pilló desprevenido. Ya más calmado al ver que su casa no corría peligro Tollan se fijó más en la joven. -Es hermosa- piensa; y mientras la levanta observa su cuerpo, muy bien proporcionado, un busto firme y bastante grande para alguien de su edad, vaya, bastante grande para cualquier mujer de Nigurathlán, unas caderas muy bien formadas que se coronaban sobre un trasero exquisito, piel morena, casi diría que daba tonos rojizos tras ciertos ángulos y cierta luz, su cabello color negro azabache que brillaba casi como si tuviera brillo propio, y esa cara, esa cara tan preciosa, tan inocente, con unos labios carnosos, y ojos color miel.

    -¿Quién es?- preguntó Elina desde la habitación, intrigada por el golpe seco que produjo Tollan al caer -¿Tollan?- volvió a inquirir preocupada por la falta de respuesta de su esposo, solo entonces recibió respuesta.

    -No es nada querida, una invitada nada más ¿podrías venir?- dijo Tollan mientras se quitaba el polvo del pantalón

    -Se-señor… – murmuró la desconocida dejando caer unas cuantas lágrimas de evidente preocupación

    -¿Qué pasa?- inquirió Tollan mientras la llevaba lejos de la puerta hacia el centro de la habitación

    Elina entró en ese momento a la sala, observó a la joven y rápidamente la abrazó y confortó.

    -No pasa nada querida ¿Cómo te llamas?

    -Trisha- respondió tímidamente entre lagrima y lagrima -pero deben ayudarme, mi… mi hermano ha caído a manos de un orco, estaba vivo cuando lo vi llevárselo, pero no pude hacer nada.

    -Okey okey, primero- dijo Tollan -¿dónde te hallabas cuando este orco se llevó a tu hermano?

    -En la campiña, veníamos de Shub (la capital de Nigurathlán) cuando escuchamos unos gruñidos y cuando voltee solo vi a un orco arrastrar a mi hermano al bosque, debes de ayudarme, me dijeron en el pueblo que tú eres el héroe de Xanadú, tu puedes salvarlo.

    -Vale, lo buscaré- dijo el héroe -pero debes saber que un orco es un ser despiadado y brutal y que tu hermano puede ya estar muerto- dicho esto tomó su armadura ligera de cuero, se amarró su espada al cinturón y se colocó sus botas preparado para salir. Mientras tanto Elina consolaba a Trisha que seguía llorando en voz baja.

    Mientras tanto en el bosque:

    Un orco se preparaba para la batalla, afilaba su hacha y se escondía tras un árbol, no había rastro alguno del muchacho.

    Tollan avanzó por la campiña rápidamente y vio la pequeña carreta que Trisha le advirtió al salir de su hogar, vio el bosque cercano y comenzó a internarse en él.

    El medio día se acercaba y Tollan ya había encontrado el rastro del orco, lo había seguido a trote por aproximadamente dos horas y estaba empezando a irritarse, pensaba en lo cómodo que estaría en casa acompañado de su esposa, penetrándola, escuchándola gemir, eyaculando en su cara, Tollan se había acostumbrado a la vida tranquila y aunque sus valores como héroe seguían intactos se descubrió teniendo ese breve pensamiento egoísta y lujurioso. Rápidamente fue sacado de ese pensamiento al oír y posteriormente esquivar una lanza que se clavó en un árbol cercano. Se volvió a la dirección de donde vino la lanza y lo vio, un orco grande y verde, musculoso y se veía enojado.

    -Pequeño humano estúpido, vas a morir- bramó

    Tollan desenvainó a Ronin y se lanzó contra el orco

    -¿Dónde está bastardo?

    El orco sonrió.

    Mientras tanto en la casa de Tollan y Elina:

    -Tranquila cariño, seguro que tu hermano estará bien, no le hagas caso a mi esposo, tiene mucho que no oíamos hablar sobre orcos.

    Trisha sonrió casi imperceptiblemente y dijo: .-¿No has oído hablar de orcos últimamente? Pues de donde yo vengo son muy comunes- Miró el reloj de pared a su derecha, marcaba las 4 -ya es hora, el no debería tardar en llegar.

    -¿Cómo?- preguntó confundida.

    Con un haz de luz oscura proveniente de sus finos dedos Trisha se transformó, de su delicada cabeza surgieron un par de cuernos de rojo cobrizo, su piel morena tomó un color rojo carmesí conservando lo terso, sus ojos miel se tornaron de un color amarillo ámbar y su vestimenta común se transformó en un vestido sugerente que dejaba ver sus voluminosos pechos casi por completo, solamente tapándolos por debajo y en donde deberían estar sus pezones. Su culo por otra parte parecía que estaba a punto de romper el vestido, dejando sus piernas al descubierto por los lados y dándole una mejor libertad de movimiento.

    -¿Quién… quién eres?- preguntó aterrorizada Elina.

    -Ishtar- respondió a secas mientras se acercaba provocadoramente a Elina -y tu vienes conmigo.

    Con una velocidad impresionante Ishtar quedó frente a Elina, la tomó del cuello y la pegó contra el muro, dirigió su mano por debajo de la sencilla falda de Elina y comenzó a masturbarla mientras que con su boca lamía y mordía su oreja. Elina comenzó a gemir, no sabía por qué, tenía miedo, deseaba que Tollan estuviera ahí para salvarla y sin embargo estaba muy excitada, comenzó a mojarse e Ishtar lo notó.

    -Nos servirás más de lo que esperaba perrita- dijo mientras lamía los fluidos de Elina de sus dedos.

    Esto ocurría mientras en el bosque Tollan observaba al orco malherido en el suelo, agarrado a una piedra.

    -Humano estúpido, el muchacho nunca existió, si me dejas vivir te diré quién fue el que te…- Una bola de fuego se metió en la boca del orco y comenzó a quemarle, el orco comenzó a retorcerse y a gemir de dolor.

    -Orco estúpido- vociferó alguien (¿o algo?) detrás de Tollan.

    Tollan se volteó empuñando aún a Ronin cubierta de sangre verdosa.

    -Muéstrate- gritó enojado

    Una figura alta, masculina, sumamente musculosa de color negro obsidiana con ojos y cabellos blancos se mostró ante Tollan, no llevaba camisa y se veían todos sus músculos adornados por tatuajes del mismo color, llevaba unos pantalones grises muy ajustados que remarcaban la esbelta figura de aquel demonio, se notaba que su pene era más grande que el de Tollan, unos 3 o 4 centímetros y era más gorda y venosa.

    -¿Quién eres?- preguntó al demonio

    -Mi nombre es Velimount y el de mi hermana, a quien ya conociste, es Ishtar, pero eso es lo menos importante, yo convoqué a ese orco solo para sacarte de casa.

    -¿Por qué?- dijo Tollan visiblemente confundido.

    Una risa atronadora estremeció el bosque.

    -La respuesta la conocerás pronto, lo importante hoy es tu esposa, Ishtar (o Trisha) debe estar divirtiéndose muchísimo con ella.

    -¿Qué? ¿Cómo…? ¿Ella…? No

    Tollan confundido y preocupado le arroja a Ronin a Velimount, pero este se desaparece en una nube negra mientras una carcajada resuena en el bosque sombrío. Tollan se olvida de él, se olvida de todo mientras corre de regreso a casa, preocupado por su esposa, culpándose por no ser más precavido.

    Tras 45 largos minutos de carrera a toda velocidad por la campiña donde nuestro héroe dejó cuerpo y alma llega a casa solo para darse cuenta que el pueblo está en llamas, Tollan se apresura a casa a través del caos, de pronto se encuentra con una escena blasfema, Ishtar parada a lado de Velimount acariciando su entrepierna mirando a Tollan con lujuria mientras el demonio cargaba a una inconsciente Elina y le miraba retadoramente.

    -Nos vemos en el castillo de Deathtouch, tienes un mes, y ven solo- dicho esto desaparecieron en la nube negra.

    Tollan exhausto se desmayó mientras repetía una y otra vez en su cabeza «Deathtouch»

    (Continuará)

    Este fue el segundo capítulo, una disculpa por la tardanza pero me desanimó mucho no recibir ninguna crítica ni valoración, aun así mensualmente trataré de seguir con esta historia porque sé que a alguien le habrá gustado y se ha de haber quedado con el morbo de saber que pasa, desconocido estoy aquí y te he escuchado, paz.

  • Era Infiel por necesidad ahora por gusto

    Era Infiel por necesidad ahora por gusto

    Como les contaba en el relato anterior, con Luis, mi amigo con beneficios, nos veíamos regularmente.  Luego de ese tenso primer encuentro, lleno de silencios, las cosas fueron cambiando. Charlábamos como amigos, me contaba sus cosas y yo las mías. La última vez, estábamos tomando una copa de vino y me preguntó:

    “¿Tu máxima locura sexual?”

    “En el auto con mi marido a la salida de una fiesta. Como veras, muy normal”

    “¿Fantasía?”

    “Cumplida, tener un amigo para el sexo.”

    “Dale, en serio.” Dijo.

    “Más que fantasías, intrigas. Como será estar con una mujer, un trio con una mujer y un hombre. Y ser el objeto de placer de un hombre, que haga conmigo todo lo que quiera, que goce con mi cuerpo hasta quedar agotado de placer.”

    “Para eso no necesitas mucho más de lo que haces conmigo cada vez que nos vemos. Te lo aseguro.”

    “Me voy a meter en un lio: ¿Y vos, fantasías?” dije mordiéndome un dedo.

    “Varias, pero que me gustaría cumplir con vos, solo una.”

    “Contame una de las otras y esa conmigo, dale, se bueno.”

    “De las otras, coger a mi amiga con otro tipo. Darle con todo.”

    “Guau, y conmigo.”

    “Lograr que cumplas tus fantasías, aunque con una variante: que cuando seas mi objeto de placer, esté mi amiga. Yo me centraría en vos, definitivamente, pero que esté, que te vea gozar el sexo como lo gozas, que aprenda como goza realmente una mujer.”

    “Ella es bisexual, supongo.” Dije.

    “No, es medio tonta en la cama. No tiene iniciativa, se deja hacer”

    “Sumisa entonces.”

    “Muy sumisa.”

    La charla quedó ahí. Tuvimos otra vez sexo, y era claro que a los dos nos quedó picando la idea del trio.

    Dos semanas después, nos encontramos en el bar y antes de ir al hotel le dije:

    “Luis, ¿te acordás lo que charlamos sobre las fantasías?”

    “Si, te aseguro que no me puedo olvidar.”

    “Entonces te gustaría.”

    “Por supuesto. Hasta lo hable con ella y no tiene problemas.”

    “La semana que viene mi marido se va tres días de viaje por negocios. Si querés podemos encontrarnos, y no tener la presión del tiempo.” Dije.

    “Genial, y si no tenés problemas lo podemos juntar en mi casa, cenamos y después vemos que pasa. Pero te aclaro desde ya, que si Jess no se engancha, pierde ella. Yo quiero cumplir tu fantasía, sí o sí.”

    “Porque te conviene, chanta.” Dije riéndome.

    “Obvio.”

    La semana siguiente, llegué puntualmente a la casa de Luis. Tomamos un aperitivo y se notaba que Jess estaba súper nerviosa, me miraba como preguntándose como Luis podía estar con una mujer como yo, y de mi edad.

    “Luis, necesitas que te de una mano en la cocina, o viene el chef Delibery en un rato.”

    “Vos me dijiste que querías que goce por completo, bueno, cocinar me da mucho placer, entonces para entrar en calor, estoy cocinando unas pastas para Uds.”

    “Que sexy, cocinando para dos damas que después te vas a comer.”

    “Eso, no lo dudes.”

    Jess casi no hablaba. Solo nos miraba como charlábamos, nos hacíamos bromas con doble sentido y nos reíamos.

    “Jess, ¿no sos de mucho hablar o pasa algo?” le pregunté.

    “Es que como no tengo mucha confianza…”

    “Perdoname, pero así callada, apocada, me da la sensación que no te gusta mucho la idea que te propuso Luis.”

    “Si, me gusta solo que no sé qué hacer, la es verdad que reconozco que soy medio aburrida en la cama.”

    “Tranquila, solo deja fluir todo. Y disfruta todo momento que pase.” Dije y me levante para ir al baño.

    Cuando volví Luis estaba en la cocina, y Jess en el living sentada sola. Fui hacia ella, me senté a su lado, le tome la cara y la bese. Ella accedió y me respondió el beso.

    “Jess, la idea es ponerlo bien caliente a Luis, que goce como nunca gozó. Yo quiero ser su objeto de placer, no me interesa si no tengo orgasmos o tengo mil. Aunque estoy segura que voy a gozar como loca. Igual vos.”

    “Entiendo.” Dijo y la volví a besar.

    “¿Te parece si lo empezamos a poner loquito?” le dije y sin esperar respuesta, la volví a besar, empecé a acariciar sus pechos y desabrochar su camisa. Ella inmediatamente comenzó a gemir muy suavecito.

    “Termina de sacarte la ropa, solo quédate en ropa interior, que yo hago lo mismo.”

    Cuando lo hicimos, puse su mano en mi pecho y yo acariciaba su entrepierna.

    “Me parece que esto nos gusta a las dos, estamos las dos mojaditas.” Le dije.

    “Si, la verdad que me gusta, tenía vergüenza, miedo.”

    Me pare, y me senté apoyando mi vagina en su pierna, y la comencé a besar y acariciar los pechos. Ella me acariciaba los pechos y puse una de sus manos en mi cola, que la apretó de inmediato. Me empecé a frotar contra su pierna suavemente y lo llamé a Luis que estaba en la cocina todavía.

    “Luis, ¿falta mucho para la cena? Con Jess tenemos hambre.”

    Luis salió de la cocina y se quedó duro.

    “Ves, tengo tanto hambre que le estoy comiendo la boca a Jess.”

    “Perdón, pero creo que la idea era que fuera yo el centro de atenciones.” Dijo Luis.

    “¿Acaso esto no es algo que deseabas ver, como tus dos hembras se calentaban para vos, jugaban con sus cuerpos para después llenarte de placer?”

    “Hijas de puta. Claro que ya me estoy calentando. Acaben de una vez, quiero decir, basta, vamos a la mesa.”

    Me reí con ganas y Jess me siguió. Pusimos la mesa, dejando un plato de un lado y dos del otro bien juntos. Lo estábamos haciendo cuando Jess me dijo al oído.

    “Traje un par de juguetitos por si no ligaba con Uds.” la miré y le guiñe un ojo.

    Jess y yo nos sentamos juntas, bien pegadas, y en ropa interior. Luis nos miraba y sonreía. Estábamos charlando y comiendo, me acerque al oído de Jess y le dije algo que Luis no escucho. Jess sonrió llevó su mano a mi entrepierna, y yo hacía lo mismo, ambas sin dejar de comer, pero dando pequeños gemidos de vez en cuando.

    “¿Se puede saber que hacen?” dijo Luis.

    “Mantenemos la comida calentita para vos, mi dulce.” Y con mi pie, me puse a acariciar su pierna.

    Durante toda la cena mantuvimos la tensión sexual.

    “¿Supongo que nosotras seremos el postre?” Dije.

    “Por supuesto, pero después de un whisky y un café.”

    Con Jess nos ocupamos de prepararlo y servirlo. Antes de sentarme, desde atrás del sillón, le dije al oído a Luis.

    “Estoy muy caliente, pero muy caliente. Y quiero verte gozar como nunca gozaste. Y acordate, hace conmigo lo que quieras, incluso lo que nunca hiciste.”

    Luis me miró sorprendido. Fui y me senté frente a él.

    “Jess, anda a buscar eso.” Dije y Jess volvió con un par de esposas y dos consoladores.

    “Jess a partir de ahora, las dos somos una perras, las perras de Luis, lo que él quiera lo hacemos, aunque no nos guste, nos duela, no importa, hoy es la noche de Luis, y por mi edad, yo soy la perra mayor. ¿De acuerdo?”

    “Si Clara.”

    “Bueno, contale a Luis, si hay algo que nunca hiciste con esos consoladores, y no pensas hacer.”

    “Nunca me metí uno en el culo, ni pienso hacerlo, son grandes.” Dijo.

    “Entonces, ponete en cuatro patas en el suelo, y mostrale a Luis, como hoy, por él te lo metes.”

    Jess me miró, se mordió los labios, se puso como le dije, chupó un poco el consolador y lo acercó a su ano. Me miró, volvió a morder sus labios, y al tiempo que lo enterraba, decía:

    “Luis, amor, esto es para mostrarte que hoy todo es para vos, que soy tu perra, tu puta. Me está entrando, y me duele un poco amor, pero por vos, lo aguanto amor.”

    Luis se paró se sacó los pantalones y los bóxer. Su pija estaba a full. Jess ya gemía y lo miraba a Luis.

    “Luis, a partir de este momento, todo lo que quieras se cumplirá, sin discutir ni dudar. Por esta noche, serás nuestro amo, y nosotras tus perras sumisas. Especialmente yo.”

    “Vengan a chuparme las dos, y vos Jess, no te saques eso del culo.” Las dos fuimos hasta él y comenzamos a chuparlo y lamer tanto el pene como sus bolas. Jess se enterró la pija en su boca y el consolador en el culo al mismo tiempo. Tuvo su primer orgasmo, pero no se detuvo.”

    “Soy muy perra amor, ya tuve mi primer orgasmo. Para vos.” Dijo.

    “Vamos al dormitorio, Clara, trae esos juguetes.” Dijo Luis.

    Fuimos al dormitorio, me hizo acostar boca arriba, y se puso al lado de mi cabeza, y me puso su pija en la boca.

    “Jess, chupale las tetas, la quiero bien caliente.”

    Se tumbó a mi lado y comenzó a chuparme suavemente, jugaba con su lengua en mis pezones, que estaban bien hinchados. Yo chupaba tranquila, tratando de darle todo el placer posible con mi boca, mientras acariciaba la cabeza de Jess. Ella fue deslizando su mano a mi concha y la acariciaba muy suave. Me empecé a retorcer de placer. Me moría por pedirle que me la chupe, pero mandaba Luis. Por suerte, pareció leer mis pensamientos. Y le dijo que me chupe.

    Cuando empezó a hacerlo, sentí que me derretía, primera vez que estaba con una mujer, y que me chupaba la concha.

    Luis fue detrás de Jess, le puso nuevamente el consolador en el culo, y le metió la pija en la concha y empezó a bombear.

    “Clara, no sabes que apretadita y caliente que la tiene. Contale Jess.”

    “Si Clara, la tengo toda adentro, cada vez me siento más perra. Ensartada por los dos agujeros y chupando tu rica concha. Que hermoso, como estoy gozando.”

    “Me estoy poniendo muy loquita, Luis, esa boca no sabes como me está trabajando.”

    “Entonces, levanta las piernas, y vos Jess, chupa, lame y mete la lengua ese hermoso orto.” Dijo Luis. Las dos le hicimos caso y sentí que me desmayaba cuando esa lengua jugaba con mi ano. Estuvimos unos minutos así, Luis se acostó y me dijo:

    “Hace lo que tan bien sabes hacer.”

    Lo monté u metí si pija en mi concha. Estaba tan caliente, que con solo sentir que entraba, tuve otro orgasmo, la tenía tan dura que me volvía loca, cabalgaba sin parar.

    “Mirá y aprende como goza y hace gozar una mujer, me vuelve loco.” Le dijo Luis a Jess, que no paraba de tocarse y jugar con el consolador en el culo y en la concha.

    Yo no paraba de moverme, para descansar las piernas, movía la cadera en círculos, Luis llevó sus manos a mis pechos y los apretaba fuerte.

    “Si querés recibir placer, tenés que dar placer Jess. Ponete atrás, y chupale el culo, vas a ver como la pones.”

    “Hijo de puta, me querés hacer mierda en serio.” Dije.

    “No, quiero ponerte tan caliente como nunca en tu vida. Viste que vos hiciste que Jess hiciera lo que nunca iba a hacer, vos lo vas a hacer sin que nadie te diga.”

    No entendía como podía ser posible más calentura de la que tenía en ese momento. Jess empezó a jugar con su lengua, y si, podía ponerme más caliente. Trataba de girarme sin dejar de subir y bajar, para enterrar su cabeza en mi culo. Luis, atrapó mis pezones y suavemente me los retorcía. Todo se empezó a poner nublado, no dejaba de tener orgasmos cada vez más intensos.

    Cuando pude focalizar mi mirada en Luis, vi su cara de placer, y sus ojos lujuriosos. Como pude me bajé, me puse en el borde de la cama en cuatro patas y le dije:

    “Hijo de puta, ya me tenés como querías, rómpeme el culo de una buena vez.”

    Él se puso detrás de mí y apoyo la cabeza de su pija en mi ano, la comenzó a meter despacio y yo sin pensarlo, me moví para enterrarla toda. Me quedé quieta y respiré profundo. Sentía un ardor tremendo, segura que me había lastimado. No me importo y comencé a moverme.

    “42 años virgen llevaba mi culo, y te lo entrego para tu placer, como buena perra que soy. Gozame como se goza a una perra puta como yo.” Dije.

    Él me tomó por la cintura y comenzó a bombearme cada vez más fuerte. Podía sentir claramente como mi orto se abría para darle paso cada vez con mayor facilidad. Como podía me apoyaba en una sola mano mientras con la otra, me apretaba una teta.

    Jess me miraba y se masturbaba, mordiendo sus labios.

    “Luis, perdón, ¿puedo hacer algo?”

    “Si” dijo Luis, muy concentrado en destrozar mi culo.

    Jess tomó las esposas, me cruzó los brazos en la espalda y me las puso. Luego se acomodó entre mis piernas y la muy hija de putas, me comenzó a chuparme la concha.

    “Pendeja de mierda, ya te voy a agarrar.” Grité

    Lo miré a Luis y estaba loco totalmente, primero fue una cachetada en mi culo y luego otra.

    “Si hijo de puta, cogeme así, porque así me guste que me coja mi macho. Bien fuerte”

    Cuando Luis acabó, puedo asegurar que sentí que su pija golpeaba contra mi estómago. Yo llegué a un tremendo orgasmo anal, el primero de mi vida. Me temblaba todo el cuerpo.

    Sacó su pija y se la dio a chupar a Jess que lo hacía mientras llegaba a un orgasmo con sus dedos en la concha.

    Me sacaron las esposas y los tres nos tumbamos en la cama. Luis nos besó dulcemente a las dos.

    “Gracias, fue el mejor polvo de mi vida, por lejos. Me volvieron loco por completo.” Dijo Luis.

    “Exactamente lo mismo digo yo. Y que forma de romperme el culo, por favor, valió la pena esperar.” Dije.

    Jess estaba nuevamente callada. Se puso de rodillas y me dio un beso, luego a Luis.

    “Gracias a los dos por dejarme participar. Ahora te entiendo Luis, con Clara no puedo competir en la cama. Pero si me dejan… me gustaría algún día yo poder entregarme así como hoy lo hizo Clara. Y ser yo quien te vuelva totalmente loco.”

    Luis, muy dulce, le dio un beso en la boca.

    “Por supuesto mi amor. Si Clara está de acuerdo, claro.”

    “Encantada, y te aseguro que te vamos a hacer gozar como nunca gozaste Jess.”

    Con Luis seguíamos nuestros encuentros semanales, cada vez era una fiesta de sexo. Sin límites ni fronteras.

  • Mamá

    Mamá

    Hola a todos mis queridos lectores. El relato que voy a contarles es quizás la experiencia más erótica que he vivido. Aunque yo no soy el personaje principal, sin duda fue algo hermoso que jamás olvidaré…

    Para los que no me conozcan ya, les contaré sobre mí. Soy una chica en la mitad de sus 20s, y me alegra decir, sin presumir, que recibí el regalo de una cara linda y sobre todo un cuerpo que me encanta lucir. Siempre fui considerada una de las niñas bonitas de la escuela, y al convertirme en mujer, creo que comencé a atraer miradas no solo en mi rostro. Soy delgada y de estatura promedio, blanca y algo bronceada. El ejercicio me permite lucir un abdomen plano y firme, piernas tonificadas, y muy lindas pompis, paraditas y redondas. Pero sin duda, mi mayor obsequio, son mis senos. Me siento tan afortunada de tener pechos tan redondos y firmes, no son exageradamente grandes, pero si de un muy buen tamaño. Rara vez pierdo la oportunidad de regalar un buen paisaje al usar escotes lindos, aun si llegan a revelar de más…

    Aunque yo no protagonizo directamente este relato, me era importante hablar sobre mi físico, ya que soy, según dicen, la viva imagen de mi madre cuando ella era joven. Y no es que ella ya no se vea bella a sus 46 años, al contrario, me encanta pensar que así me veré yo cuando crezca. Ella es una mujer muy bella, de cabello castaño, largo y lacio, ojos cafés claros como los míos, y muy bellos labios. Se cuida mucho, tiene sus rutinas de ejercicio, lo cual le ha dado un muy buen cuerpo. Tiene un abdomen de envidia para una mujer de su edad, piernas muy sexys, y pompas ligeramente más grandes que las mías. Lo más importante es que mis senos son herencia de los suyos; creo que si ustedes, queridos lectores, los vieran, podrían confundirse con los míos. Con todo y todo, mi mamá es una mujer muy bella, atractiva, y carismática, siempre dejando buenas impresiones a donde quiera que vaya…y llamando la atención de los caballeros…no intencionalmente, claro. El motivo por el que intuyo que no tiene hombres rondando alrededor de ella todo el tiempo, es el lindo anillo de casada que mi papá le obsequió para desposarla muchos años atrás. Puedo decir que mis padres forman un matrimonio feliz, lleno de amor y pasión, que al paso de los años sigue sin apagarse. Como mis otros relatos, esta es una historia de infidelidad. Esta vez no me pueden culpar a mí, aunque según parece, el deseo de dormir en los brazos de otros hombres… viene de familia.

    Esta historia es algo compleja, y no tengo los detalles exactos de como se dieron las cosas desde el principio. Todo comenzó cuando entre al celular de mi mamá buscando las fotos de mi cumpleaños anterior para enviarlas yo misma a mi teléfono. Las encontré sin ningún problema y abrí la aplicación de chat… y fue ahí cuando me encontré con una confusa sorpresa. Había una conversación, muy reciente, y al parecer bastante activa, entre mi mamá y un hombre al que yo jamás había visto y del que nunca había oído hablar. Mi corazón comenzó a latir, y sin dudar abrí su fotografía.

    Era un hombre también maduro, quizás de la edad de mi madre o algo mayor, bastante atractivo, con una barba negra cerrada que quedaba muy bien con su cabello muy bien arreglado. Lucía un traje gris que lo hacía ver muy elegante y, por la complexión de su cuello y hombros, no cabía duda de que tendría un cuerpo bastante llamativo y fuerte. Me tranquilicé un poco pensando que quizás se trataba de algún conocido del trabajo de mi mamá. Ella se encarga de la organización de varios eventos en mi ciudad, y trata continuamente con muchos clientes y personas diferentes. Pero al comenzar a leer los mensajes, noté que la conversación, aunque breve aún, iba orientada a temas más personales. Era como si él estuviera haciendo su tarea de conocer a mi mamá a un nivel más personal. Según parecía, efectivamente se habían conocido por asuntos del trabajo, y habían intercambiado números como parte de su colaboración. Las respuestas de ella eran, si bien no cortantes, normales, sin dar señales equivocadas. Eso me alivió un poco. En ese momento, lo menos que hubiera querido era saber de mi mamá coqueteando con otro hombre, a espaldas de mi papá, que tanto la quería y hacía por ella. Dejé su teléfono y continué con mi vida sin darle importancia.

    Desafortunadamente, mi mente es muy traicionera, y no pasaron muchas noches hasta que el recuerdo de dicha conversación volvió a visitar mis pensamientos. No pude evitar pensar en la posibilidad de que ese hombre continuara escribiéndose con mi mamá. ¿Habría notado su anillo de casado? Admito que no es un anillo tan modesto que digamos, es fácil ver que ella es casada. O quizás… ¿lo habrá visto y aun así lo está intentado? Pensé que sería un hombre muy osado si lo hacía, intentar insinuarse a una mujer casada. Lo sé, querido lector, debes estar pensando que soy una cínica o que mi hipocresía no tiene límites. Pero el engaño es diferente cuando se trata de alguien a quien consideras tan puro como lo es tu madre. Y si te lo preguntas, la respuesta es sí, no pude evitar imaginar como sería el escenario en el que aquel hombre tan guapo, conquistara a mi mamá. Aunque no era lo que realmente deseaba, y aunque incluso era algo molesto de pensar, yo sabía más que nadie las mariposas en el estómago que se sienten cuando un hombre quiere seducirme, cuando es algo prohibido y, más aún, cuando él sabe que lo es. Una parte de mi deseaba que mi mamá sintiera algo así. ¿Habría sentido lo mismo antes? Quizás con sus novios de la juventud pudo experimentar diferentes cosas…

    Pasó algún tiempo y dejé el asunto. Algunas semanas después, salía de la cocina y pasaba por la sala de nuestra casa, y no pude evitar ver el teléfono de mi mamá sobre uno de los sillones. Ella estaba revisando unos papeles en el comedor y parecía no tener visión del celular. No pude resistir la fuerte tentación y lo agarré sigilosamente para poder abrir la aplicación de chat nuevamente y enterarme de las últimas noticias. Mi corazón latía fuerte, no sabía lo que me iba a encontrar. Y sin duda fue algo sorprendente, aunque una parte de mi ya lo veía venir. La conversación entre mi mamá y aquel hombre continuó, y aunque seguía siendo bastante respetuosa y “normal”, los mensajes de mi mamá daban fe de que ella estaba mucho más desinhibida al conversar con él. Se notaba que habían vuelto a encontrarse por razones de trabajo y… ¡habían tomado un café durante un descanso que tomaron! Traté de conservar la calma. Era solo un café con un caballero del trabajo, nada grave. Pero parecía que se habían divertido mucho y que de alguna manera su charla de aquel día los hizo un poco más cercanos, quizás al punto de considerarse amigos.

    Solté el teléfono y corrí a mi cuarto. Mi mente daba vueltas, me costaba creer lo que había visto. Al mismo tiempo me decía a mi misma que yo era una exagerada y solo estaba de paranoica. Por otro lado, imaginaba sin parar que aquello continuaría y mi mamá se volvería más cercana a ese hombre conforme seguían conociéndose. Conozco a los hombres y se como hacen las cosas, y con una mujer como mi madre… ¿quién se resistiría?

    Conforme los días y semanas avanzaron, no perdí oportunidad de revisar el celular de mi mamá. Como lo había predicho, parecía que se volvían más y más cercanos cada vez. Sabía que lo que ella hacía estaba mal, pero… no podía evitar sentirme feliz por ella. ¿Cómo era yo capaz de sentirme así? ¿Cómo podía mi mamá permitirle a otro hombre, un casi desconocido, escribirle así e interactuar con ella de esa forma? ¿Acaso no pensaba en mi papá? Él es el hombre que le dio a su hija, el hombre que le hace el amor. Pero por otro lado… me imaginaba la emoción que ella podría estar sintiendo por la novedad de otro hombre. La confusión que seguro invadiría su mente cada vez que recibía un mensaje suyo, o cada vez que lo veía por trabajo. Esos nervios de verlo, aun sabiendo que está mal emocionarse por otra persona. No podía negarlo, me hacía feliz saber que mi mamá pasaba por eso, aunque tenía mucha incertidumbre sobre lo que pasaría y hasta donde llegarían las cosas.

    Habían pasado casi tres meses, y fui notando como la relación escalaba hasta una amistad un tanto… juguetona quizás. No podía decir que había mensajes directamente coquetos, pero si podía notarse algo de tensión en las pláticas. Mi mamá lucía muy sonriente y alegre cada día, y yo era la única además de ella que sabía la razón. Y no dejaba de sentir felicidad por ella. Esa mujer tan dulce que hace tanto por nosotros, que nos cuida y nos ama. Me alegraba saber que podía distraerse de esa forma.

    Unos días después, tuve la oportunidad de hacer mi revisión cotidiana. Me daba mucha emoción ver ese celular, sentía mis nervios al máximo, casi deseando ver algo más. Y aquel fue el día que lo cambiaría todo. El mensaje de mi mamá: “no puedo salirme así como así, tengo familia, tengo que estar con mi esposo y mi hija”. Era claro que estaba rechazando algún tipo de invitación. El mensaje de él: “Es solo una cena tranquila. Bueno, no quiero incomodar, lo que tú decidas está bien”. Al menos era comprensivo. Yo sabía que un simple “sí” de mi mamá podría significar que ocurrieran bastantes cosas. En eso…

    – ¡Amor! ¡Sofía! Tengo noticias… -nos gritaba mi papá al entrar a casa después trabajar.

    – ¿Qué pasó Pa?- le pregunté. Parecía muy contento.

    – Nos llamaron por fin de la firma, ¡nos darán el proyecto!- Nos decía con muchísima alegría.

    Mi mamá lo abrazó fuertemente, y se dieron un lindo beso. Mi papá había conseguido un contrato de construcción para una empresa importante de hoteles.

    – Mi amor, ¡qué buena noticia! – le dijo mi mamá despidiendo alegría.

    – Fue difícil, pero valió mucho la pena esperar- decía papá – pero, voy a tener que estar fuera el fin de semana próximo, quieren que vayamos este mismo viernes a firmar y terminar las negociaciones.

    Mi corazón se volteó al instante. Todo comenzaba a cobrar sentido en mi mente, como si mi cabeza armase por sí sola una película, reuniendo datos y construyendo hechos, escenas.

    – Ay, mi amor, bueno, nosotras te estaremos esperando aquí en casa – le decía mi mamá acariciando su rostro.

    Yo sabía que este era el momento. Pero ¿momento de qué? Me daba miedo contestarme a mí misma esa pregunta. ¿Qué pasaría si mi mamá pudiera ver a su amigo ya que papá no estaría en casa? Pero ella no aceptaría, porque yo sospecharía de algo raro. Pero ¿y si yo también me ausentaba? Esto estaba llegando demasiado lejos. Pronto me di cuenta de que todo recaía en mi y en mi decisión. Si llevaba a cabo un plan, podría finalmente enterarme del desenlace de esta historia de meses entre mi mamá y su amigo. Quizás no ocurriría nada, pero era también muy arriesgado averiguarlo. Supongo que la emoción pudo conmigo…y decidí seguir adelante.

    -Mami, Fer me invitó a su casa el viernes a dormir, ¿puedo ir? – le dije actuando como si nada.

    -Claro hija, aunque me hubiera gustado que fuera una noche en la que tu papá estuviera en casa – me respondió sonriente.

    -Ay ma, no me pasará nada, solo estaremos en su casa – le dije yo para tranquilizarla.

    No pude evitar notar que su mente viajó a otro lado, casi como si hubiera atado cabos en su cabeza. Obviamente, yo conocía el motivo de su reflexión. Era un lunes, y el resto de la semana ella lucía algo pensativa todo el tiempo. Y yo sabía la razón, y todo era parte de mi jugada maestra. Fer no me invitó a su casa, fue solo la excusa para estar fuera de casa, pero ¿realmente iba a no estar en casa?

    El miércoles en la tarde me acerqué a su celular. Nunca, en los últimos meses, me había sentido así de ansiosa al revisar sus conversaciones. Pero esta vez era algo especial. Abrí el chat y me encontré con un mensaje que me hizo temblar: “No puedo salir a cenar y dejar mi casa sin nadie en la noche, ¿qué tal si te invito un café aquí?”. No lo podía creer… mi mamá invitaba a ese hombre a venir a casa a tomar algo. Mi corazón estaba a punto de estallar de alegría y emoción. Dios… ¿qué iba a ocurrir? La respuesta de él: “Te agradezco mucho. ¿Qué tal si compro algo y cocinamos algo juntos? Tengo la receta de un espagueti de mariscos que me sale delicioso”. Ella aceptó.

    Llegó el viernes. Mi papá salió muy temprano de viaje para terminar su nuevo negocio. El día avanzó normal, y me costó mucho trabajar aguantar la emoción y ansiedad durante el día. Tenía muchísima curiosidad. Por fin llegó la tarde y le dije a mi mamá que me iría ya a casa de Fer y que me esperaba afuera en su coche. Nos despedimos, fui a la puerta y fingí abrirla y cerrarla, como si me hubiera ido. En silencio regresé a mi cuarto y me encerré, sin prender las luces. Ahora tenía que esperar a que llegara la noche. No podía creer lo que estaba haciendo. Más aún, sabía que todo lo que pudiera ocurrir sería mi culpa. Pude escuchar que mi mamá se dio un baño, y apenas pude asomarme, vi que se puso un vestido casual, nada atrevido, pero que no se habría puesto para cenar en casa estando sola con su hija. Llegadas las 7 pm, el timbre sonó. Vi a mi mamá caminar por el pasillo hacia las escaleras. Lucía bellísima, se arregló el pelo y se maquilló de forma muy natural, con sus labios pintados de rojo. Oí finalmente la voz varonil de su invitado. Me asomé por las escaleras para poder oírlos. Realmente parecían llevarse como muy buenos amigos. Y no era mentira, él había traído ingredientes y se ofreció a cocinar la cena. Pude verlo de lejos, y vaya qué hombre… fuerte, guapo, y parecía muy respetuoso y todo un caballero.

    Solo oía risas y una plática bastante amena. Charlaban sobre el evento en el que colaboraban en organizar, sobre otros compañeros de trabajo, sobre experiencias pasadas. Vaya que mi mami la estaba pasando muy bien. Finalmente terminaron de cocinar y su compañero la invitó a sentarse, le sirvió una copa de vino y su plato, que se veía y olía exquisito. Comenzaron a cenar y siguieron charlando, hasta que terminaron. Solo faltaba que se terminaran el vino, así que él volvió a llenar la coma de mi mamá y también la suya, brindaron y siguieron con la conversación. Eran poco más de las 10 pm, y se hizo de repente un silencio, imaginaba que era de esos momentos en que un hombre y una mujer solo se miran sin saber que decir.

    -Bueno, es tarde, ¿no? Tal vez será mejor que me vaya – le dijo él alegremente.

    -Sí… sí… sí que es tarde, no me di cuenta- le dijo mi mamá. Parecía que hubiera despertado de un trance.

    -Si que me la pasé bien contigo hoy. Déjame ayudarte con los platos – le dijo él.

    Y comenzaron a recoger los platos y copas y a llevar todo a la cocina. Finalmente se acercaron a la sala, listos para despedirse, pero… no se despedían. Otra vez ese silencio incómodo. Desde mi punto de visión los miraba a ambos, de pie uno frente al otro. Aquel hombre movió su mano y acaricio suavemente el brazo de mi mamá… para pasar su mano por su cintura, y acercarla a ella despacio… hasta fundirse ambos en un beso. El momento había llegado. Mi corazón vibraba de emoción y de amor al ver aquello. Mis manos me temblaban, era algo difícil de asimilar, pero sin duda muy bello de ver. Mi mamá acarició su rostro y pronto puso sus brazos alrededor de su cuello mientras se besaban. El acariciaba su cadera con suavidad, pasando sus manos por su espalda.

    Los labios de él se separaron de los de mi madre, para comenzar a besar sus mejillas, y bajar lentamente hacia su cuello. Pude ver por un instante como los ojos de mi mamá se cerraban mientras recibía esos cariñosos besos. Él le decía suavemente: “Eres una mujer increíble”. Ella solo sonreía, dejándose querer. Comenzaron entonces a besarse un poco más apasionadamente. Era claro que pronto llegarían al punto de no retorno…

    Los besos se hacían más intensos casa vez, podía intuir que sus lenguas ya juagaban entre ellas. Se escuchaban los suspiros de ambos. Las manos de aquel varonil hombre recorrían la espalda de mi madre, sus hombros, e insinuaban pequeños toques sobre el atractivo busto de aquella sensual mujer. Ella entonces lo detuvo, y lo miró tímidamente, sonrojada: “Vamos mejor arriba, aquí nos pueden ver por la ventana”. Entonces mi corazón latió más fuerte y salí huyendo de las escaleras en total silencio. Corrí a mi cuarto y me encerré, esperando no haber alertado de mi presencia. Esperé un momento, escuché pasos que claramente iban hacia el cuarto de mis padres. Después de algunos minutos, tomé valor y abría la puerta muy despacio para poder asomarme. Pude ver que la puerta del cuarto del otro cuarto estaba un poco abierta, lo que significaba que aún no sabían de mi presencia. Me fui a gatas hacia la entrada, y pude asomarme, con una vista perfecta sobre la cama de mis padres. Ahí estaban los dos sentados, besándose tiernamente. Él la abrazaba, tenía a mi mamá entre sus brazos, tal y como seguramente llevaba meses deseando. Mientras se besaban, él acariciaba sus rodillas y piernas, que se asomaban de su vestido y ella lo permitía. Parecía que lo que iba a ocurrir ya no podría detenerse.

    El hombre pasó su mano por la espalda de mi mamá, hasta encontrar el cierre de su vestido, y así bajarlo lentamente. Ella sonreía, mirando hacia abajo, apenada. Él la miraba fijamente y no perdía oportunidad de besarla mientras deslizaba ese cierre hasta el final. Una vez ahí, suavemente acarició el cuello de mi madre, para deslizar su vestido poco a poco hacia abajo, dejando ver los tirantes de un muy bello brasier negro, que hacía lucir unos senos bellísimos, de buen tamaño y firmes. Él no dejaba de observarla, diciéndole que era bellísima, y besándola de nuevo. Sus manos tocaban sus hombros, y su cintura ahora completamente desnuda, piel con piel. Poco a poco comenzó a subir hasta posar sus dedos sobre el brasier de mi mamá, apretando tiernamente uno de sus pechos. Un leve gemido salió de la boca de ella, mientras el comenzaba a masajear suavemente sus pechos, entre besos.

    No tardó mucho en sentir la natural curiosidad de conocer aquellos dos frutos perfectos, y hábilmente desabrochó el sostén de mi madre para comenzar a liberarlos. Deslizó los delgados tirantes, hasta que las copas comenzaron a caer por sí solas a causa de la gravedad. Los hermosos senos de mi mami quedaron finalmente expuestos. Se sonrojó de nuevo, y se le salió una risita tímida. Él le decía lo hermosos que eran, y al instante, sus pezones rosados comenzaron a endurecerse. Sin dudarlo, él posó sus grandes manos en sus pechos, rodeándolos de forma delicadamente. Tuvo el tiempo suficiente para conocer y jugar con los pechos de esa bella mujer casada, acariciándolos, recorriendo sus aureolas con las yemas de los dedos, pellizcando sus pezones juguetonamente. Mi madre acarició el cabello de su compañero, como indicándole que tenía su permiso, a lo que él reacciono acercándose lentamente hasta colocar sus labios sobre uno de los bellos pechos de mi mamá. Comenzó a besarlos tan tiernamente, casi me hacía sentir celosa. Los recorría y los lamía tan… rico. Mi mamá suspiraba, y yo, estaría a punto de hacer lo mismo si no me controlaba. Comencé a acariciar mis senos bajo mi blusa, quería sentir al menos algo remotamente parecido al placer que mi mamá estaba recibiendo.

    Después de un rato de “criar” a aquel hombre, muy traviesamente mi mami comenzó a desabrochar su camisa, botón por botón, dejando ver su pecho, fuerte y velludo, casi de revista. Le quito la camisa, y tanto yo como ella quedamos sorprendidas. Los ojos de mi madre brillaban de emoción al ver y sentir los hombros y brazos de ese hombre, tan fuertes y duros. Siguieron besándose con pasión, mientras se acariciaban mutuamente, y mientras él seguía deleitándose con el cuerpo de su dulce compañera. Se podía apreciar el bulto en el pantalón de nuestro visitante, era grande, y parecía a punto de explotar. Mi mamá lo notó y… sutilmente comenzó a mover su mano por la pierna de él, subiéndola hasta posarse en su entrepierna, y así palpar lo que se escondía bajo ese pantalón. No tardó en mover su mano suavemente, sobando aquel bulto, aumentando su deseo por conocer aquella pieza masculina.

    Entonces ella le dijo, con timidez: “me… dejas?”. El solo la besó, dándole su permiso. Pienso que, a pesar de todo, mi mamá, como toda mujer, quería disfrutar sin sentirse una fácil… una… Comenzó a desabrochar su cinturón, su cierre, y comenzó a bajar su pantalón. Él, para ayudarme, se puso de pie frente a mi mamá… y ella, casi por instinto, bajo al suelo, quedando de rodillas, mirándolo a los ojos. Esta escena fue el detonante de mi calentura; ver a mi mamá lista para… hacerlo, fue algo increíble. Empezó a deslizar su pantalón, muy lentamente, con todo y su bóxer hasta dejarlo salir. De un salto, un hermoso pene, largo y ancho, salió disparado hacia la cara de mi mami. Quedamos ambas boquiabiertas. Que envidia, y a la vez que gusto que ella pueda disfrutar de algo así. Mi mamá le sonrió a su amante, y llevó su mano hasta su gran pene, para comenzar a acariciarlo con suavidad, casi con el cariño de una madre. Pronto se dio cuenta que ni siquiera sus dos manos juntas alcanzaban a cubrir ese enorme miembro…y eso parecía encantarle.

    Después de un rato de suave masturbación, ella le sonrió de nuevo, y acercó sus labios rojos para besar el tronco de su pene, cerrando sus ojos. Comenzó a recorrerlo, besándolo, sacando su lengua de vez en vez. Parecía disfrutar muchísimo de ese pene. Después de unos minutos, mi madre demostró una gran habilidad oral, dejando ese pene brillante y mojado. Lo metía a su boca lo más profundo que podía, lo lamía y lo besaba siempre que podía. Él se limitaba a acariciar sus mejillas y acomodar el cabello de la dama. Finalmente, mi mamá se apoyó de las piernas fuertes de su amante, para poder realizarle una última felación. Movía su cabeza adelante y atrás, succionando su gran pene, mientras sus senos se balanceaban al mismo ritmo. Sin duda una visión que jamás olvidaré.

    Más tarde, el nuevo novio de mamá la ayudó a ponerse de pie, y comenzó a deslizar lo que quedaba de su vestido hasta hacerlo caer al suelo. La besó, y mientras mi mamá aún jugaba con su pene en su mano, la recostó en la cama, donde mi papá duerme con ella. Siguieron besándose románticamente, mientras él jugaba con su cuerpo, hasta que noté que su mano escurridiza comenzó a infiltrarse por debajo de la pequeña prenda interior de mamá. Ella soltó un gemido, y comenzó a retorcerse un poco. Me di cuenta de que su hombre descubrió la ubicación exacta de su clítoris muy rápidamente. Parecía tener también una gran habilidad para llevar a mi madre al límite del orgasmo, y luego arrebatárselo, para así hacer adicta al placer que le provocaba. Los gemidos de ella eran tan… femeninos, de mujer entregada al placer y al amor de otro hombre.

    Marcando un camino de besos, primero por sus pechos, luego por su abdomen, llegó a su vagina y comenzó a deslizar su ropa interior. Besaba sus piernas, sus muslos, la trataba tan hermoso. Y al acercarse a su vagina depilada, dio un beso suave, para comenzar a lamer y a explorar con su lengua. Mi mamá se retorcía, apoyaba su mano sobre la cabeza de él y apretaba las cobijas de la cama. Gemía como loca, mientras su amante le practicaba una de las mejores sesiones de sexo oral de su vida. En pocos minutos llevó a mi mami a su orgasmo, haciéndola arquearse completamente, gritando y gimiendo, y apretando las almohadas. Después, cayó rendida, mientras el subía hasta ella para volver a besarla y tratarla como a una reina. Yo no dejaba de pensar en cuánto se merecía esto mi madre, ser amada de esta forma.

    Cuando ella se recuperó, comenzó a besarlo con muchísima pasión, a abrazarlo y tocarlo como loca. Él sabía que era el momento de reclamar su premio al fin. Se colocó sobre ella, la besó intensamente, y dirigió su rígido miembro, duro como una estaca, hacia la entrada de mi madre. En este punto, decidí quitarme mi blusa, y meter mi mano bajo mi short para comenzar a tocarme, y descubrir que estaba empapada de solo mirarlos. Su pene se puso en posición, y suavemente comenzó a introducirse en su vagina, haciéndola gemir, y apretar las sábanas nuevamente. Él no paraba de besarla mientras su enorme miembro penetraba el interior de mi mami. Finalmente, había llegado hasta lo más profundo de ella. Y así comenzó el vaivén de amor infiel entre mi madre y su amigo. Él la embestía, no con velocidad, pero si con fuerza, como reclamándola, poseyéndola, tomándola con cada vez que su pene abría su vagina. Ella estaba tan entregada a él, dejándose hacer el amor en la misma cama en donde mi papá la acompaña cada noche.

    Él se levantó de la cama, y ayudó a mi mamá a enderezarse. Ella, otra vez casi por instinto, se colocó en posición…estaba en cuatro, lista para ser penetrada de nuevo. Él colocó su pene y lo introdujo de golpe, apoyándose de la cintura de ella. Yo podía ver sus pechos balanceándose adelante y atrás mientras la penetraba. No podía creer lo que veía. Cómo un desconocido se cogía a mi mamá, y sobre todo en esa posición. Pero ella gemía y gozaba ese enorme pene. Recibió otro orgasmo y cayó sobre la cama rendida. Él siguió penetrándola suavemente en esa posición, acercándose a ella para besar su espalda, su cuello, sus labios.

    Más tarde, se levantaron y él se sentó a la orilla de la cama, para permitir a mi madre sentarse en él y en su enorme miembro. Ella se coló dándole la espalda, y fue bajando poco a poco hasta que su tronco desapareció por completo en su interior. Él la tomo de la cintura para guiar su ritmo, y mi madre comenzó a subir y bajar. Su hermoso cuerpo daba saltos, sus pechos brincaban con ella, y en cada bajada, su pene la llenaba. Él acariciaba sus hombros, su espalda, sus brazos, tocaba su abdomen y jugaba con sus senos. Ella volteaba para besarse con él. Los dos gemían y suspiraba de placer. Estoy segura de que jamás vi a mi mamá tan radiante, feliz y tan llena de energía. Se levantó, dejando salir su pene, y empujó a su hombre de forma juguetona para recostarlo en la cama. Ella tomó posición, y con su propia mano dirigió su pene hacia su vagina, y así comenzó a cabalgarlo. Yo la veía de espaldas, moviendo sus caderas, apoyando sus manos en las piernas de él, dándole una vista perfecta de su cuerpo, de sus pechos. Él la acariciaba y no perdía oportunidad de jalarla hacia él para besarse. Aprovechaba esos momentos para mover su pelvis y penetrarla con fuerza y velocidad, haciendo gritar de placer a mi mami.

    Finalmente, el hombre se enderezó, y mantuvo a mi madre sentada sobre él, ambos en la cama. Se besaban y abrazaban con amor y pasión, mientras él aún la penetraba. Besaba su cuello, sus pezones, apretaba sus pompas. Ella se aferraba a él para soportar el enorme placer que le estaba dando. Tenía una vista perfecta de la cara de mi mami…cerraba sus ojos y gemía, mostraba muchísimo gozo. “Ay… así… así, sigue… más… hmmmaaa…” le decía ella, le suplicaba por más. “Así te gusta?… hmmmm…” le respondía él, cogiéndosela con más fuerza. Parecía que ambos estaban por llegar al clímax; me puse algo nerviosa, pues no estaba segura del desenlace. Él la fue empujando hasta quedar ambos en posición de misionero.

    Ella lo abrazaba con brazos y piernas, mientras sentía su enorme pene introducirse en ella con fuerza y rapidez. “Me vengo… me vengo…” suspiraba él. “Sí… bésame” le pidió ella. Era claro como iba a terminar aquello. Finalmente, su amante dio una última embestida, introduciendo su pene lo más profundo que podía. Mi mamá se abrazó a él con fuerza y dio un último gemido, largo y profundo. Lo que seguramente fueron varios chorros de semen caliente, terminó de consumar el amor que se hicieron mi mamá y su nuevo novio. Esa inocente invitación a cenar terminó en una deliciosa noche de sexo infiel. Conozco de primera mano la sensación de recibir el esperma tibio de otro hombre en mi interior, así que estaba segura de qué tan feliz estaría mi mami, de haber recibido la semilla de otro hombre, de haberse entregado a la pasión y al placer. Se estuvieron besando un rato más, y quedaron los dos dormidos, abrazándose con amor. Pude ver su gran pene perdiendo rigidez, dejando brotar toda esa leche caliente de la vagina de mamá.

    Me puse de pie y me fui lentamente a mi cuarto. No pude sino desnudarme y acariciarme hasta alcanzar el orgasmo. Lo que acababa de presenciar fue hermoso. Al día siguiente, pude escucharlos hacer el amor de nuevo, hasta que él se despidió. Yo fingí entrar por la puerta algunas horas después, y al saludar a mi mamá, la vi tan alegre y contenta. Me sentí muy bien por ella. Después de un tiempo, supe que ambos continuaron viéndose, y que cogían con frecuencia.

    No pasó mucho tiempo para que mi madre descubriera que yo sabía su secreto. Le dije que estaba inmensamente feliz por ella, y que solo quería que disfrutara, que no le diría nada a papá. Y así comenzó una etapa más de nuestra relación madre e hija. Me he dedicado a ayudarla con sus cuartadas y a despistar a mi papá, a vestirse y arreglarse linda para ver a su amante. Incluso he logrado que me cuente los detalles de su intimidad, aunque ella no sabe que yo presencié la primera vez que fue infiel y que se entregó a otro.

    Esta, queridos lectores, es la historia de mi mamá.

  • Mi primera vez con un negro (Parte 1)

    Mi primera vez con un negro (Parte 1)

    Hola a todos, ha pasado un tiempo desde que no público un relato, y es que me han pasado muchas cosas desde entonces, la primera es que sigo cogiendo con Don Antonio, incluso una noche en un parque aunque ahora nadie nos vio. Luego un día me fui de nuevo a los glory hole del centro a ser penetrado por varios extraños, otro día me llamaron a mi celular dos chavos de los que me cogieron una vez en el parque para quedar y coger, así que acepté, y para finalizar se podría decir que otra fantasía que tenía, la cual era coger con un negro, aunque por mi zona no haya, tuve que irme un poco lejos, bueno, lo voy a tratar de resumir lo mejor que pueda, ya que fueron varios días en los que me divertí haciendo lo que más me gusta. Voy viendo si no se hace larga la historia para acórtala en partes, así que a darle.

    La primera parte fueron con Don Antonio, algunas veces lo hacíamos en su casa, otras lo invitaba a mi casa cuando no había nadie, y como hay terraza en la parte de arriba ahí lo hacíamos, luego un día nos fuimos a Galerías, y dentro de un baño público me cogió, no había mucho espacio así que era complicado hacerlo, lo más que hice fue darle una mamada mientras había gente usando los inodoros, luego nos fuimos a casa, casi llegando vimos un pequeño parque muy vacío, la mayor parte en total oscuridad, así que aprovechamos para coger ahí, saque una toalla de mi mochila y él se recostó, yo me desnude casi por completo, él solo se bajó el pantalón y la trusa, y empecé a hacerle una puñeta, ya se venía babeando, tomaba lo que podía y me lo untaba en la entrada de mi ano, luego lo introduje en mi boca y saborear a mi macho, estuvimos así unos 10 minutos hasta que le pedí que me metiera su herramienta, que ya andaba muy caliente, me dio la vuelta y me tomo de la cadera y con un solo movimiento me penetró, me encanto que lo hiciera, me sometía y eso me gustaba, lo hacía con fuerza, sus embestidas eran rápidas y llenas de violencia, ahora me tomaba de los hombros haciendo que curveara la espalda, solo sacando mis nalgas; yo solo escuchaba el golpetear de su escroto con el pirineo que es la parte media entre el ano y el escroto.

    Continuamos hasta quedar exhaustos, ya por terminar, le pedí que se viniera dentro de mi, pues mi hombre es el primero en venirse dentro de mi sin condón, terminamos recostados, yo seguía desnudo y le dije que me pasara el plug para metérmelo y que no se fuera a salir su semen, le dije que quería guardarlo para saborearlo más tarde, nos fuimos de ahí directo a nuestras casas, yo llegue a la mía directo a mi cama, comencé a quitarme todo, y sin más me tire boca abajo y recordé todo lo que hicimos durante el día, mientras movía el plug en todas direcciones, solo podía notar que chorreaba un poco, claro si traía el pequeño, era obvio que iba a haber fugas jaja.

    Ya por ultimo decido sacarlo para metérmelo en la boca y sentir en el paladar ese manjar que me encanta tanto, el semen de Don Antonio es muy dulce, es porque la mayoría del tiempo come frutas dulces, casi nada salado, y eso me gusta mucho; hacia como si fuera uno de esos dulces que lo chupas y lo vueles a meter en su chile para llenarlo y volverlo a saborear, era una gran sensación, me puse de rodillas y me abrí el ano lo mas que pude para que brotara el semen, cayo una buena porción en mi mano por lo que me la lleve a la boca y me la tragué.

    Luego en otro día, unos chavos me marcaron a mi celular, les pasaron mi numero eso fue lo que me dijeron, y que si era yo el que cogía con vatos en el parque, a lo que ya sabía por dónde iban, a lo que respondí que en efecto, preguntaron si estaba disponible para hacerlo a lo que les dije que sí, los cité en mi casa, eran 3 chavos como de 18, otro parecía de 25, por lo que note no traían barba ni bigote, no me importaba, nos sentamos un rato a hablar, les pregunte de donde eran, o porque querían hacerlo, y es que les entro curiosidad porque un hermano de los que vinieron me cogió en el parque hace dos meses, y que le sorprendió que fuera un vato el que se dejara coger, les dije que lo hacía de vez en cuando y que era para bajar la calentura, y mas que nada lo hacía por diversión, les puse algunas reglas: nada de besos, nada de caricias, nada de golpes, todo con protección.

    Llegado el momento me empecé a desnudar, yo traía puesto el plug, así que eso los prendió, uno que otro lo jaloneaba, yo solo gemía para hacerlos entrar en confianza, luego me hinque y comenzaron a bajarse los pantalones, todos la tenían algo pequeña en comparación con las anacondas de mis anteriores machos, pero igual los empecé a masturbar, solo los podía escuchar reír, me decían que la chupaba muy rico, les dije que ya tenía experiencia y me dispuse a continuar mamando esas vergas, luego se pusieron ansiosos y ya me querían coger, me saque el plug y ahí parados me comenzó a penetrar uno de ellos, otro me hizo agachar para seguir chupando su verga y finalmente como me quede sin hoyos, se la jale al último, luego intercambiaron lugares, esta vez nos fuimos a la cama, uno de los chicos se recostó y me ensarto mientras que los otros se pusieron de frente a mi, para intercambiar entre mamar y pajear.

    Continuamos cambiando de posiciones, hasta que aún no me había cansado de coger, la razón fue por sus pitos, eran chicos y no alcanzaban a darme el placer que a mi me gusta, así que para excitarlos mas les dije que cada uno iba a venirse en un lugar en concreto, quien mas o menos la tenía grande le dije que se viniera dentro del condón, a otro le dije que en mi rostro y al último en mi garganta, y así paso, el que la tenía grande se esforzó mucho para venirse, pero al final pudo hacerlo, otro sin tanto apuro se vino en mi rostro aunque era muy poco lo que salió, y el ultimo chico fue el más extasiado y menos experimentado, le tome la verga y le hice una mamada muy buena porque gemía mucho, cuando sentí las contracciones me lo metí lo mas que pude hasta la garganta, y ahí termino, no tenía casi mucho sabor, estaba muy salado. Nos quedamos algo satisfechos todos, los lleve a la salida y me despedí de ellos.

    Eso ha sido todo por hoy, después continúo con el resto del relajo (relato); se va a poner muy candente la cosa, porque cumplí una de mis fantasías, que me cogiera un negro.

    Y recuerden que pueden mandarme su mensaje a mi telegram: @Km4zh0.

  • Algún día

    Algún día

    Me dirijo al bar como cada a mañana a desayunar antes de ir a trabajar y ahí está ese camarero que me vuelve loca lo veo a lo lejos atendiendo las mesas de la terraza es alto fuerte moreno tienen el pelo corto por los laterales, pero se ha dejado crecer el pelo por el centro haciéndose así un tupe el cual le queda muy pero que muy bien ojalá pudiera enredarme ese cabello sedoso. Me mira y me saluda yo le sonrío tímidamente tomo asiento y se acerca a mí.

    -Buenos días Bianca lo de siempre? – Me pregunta sin prestarme mucha atención siempre esta distraído con sus cosas quien sabe en qué piensa.

    -Sí Lucas, muchas gracias. – Intento buscar su mirada mientras le hablo, pero no lo consigo.

    Llevo dos días sin ir al bar ni siquiera paso por delante al ir al trabajo ese chico cada vez me gusta más y sé que es imposible yo soy una chica gordita él nunca se fijaría en mí, así que decido evitarlo.

    Acabo de llegar de trabajar me preparo para tomar una ducha y justo cuando entro en la bañera llaman a mi puerta, me pongo una toalla y voy a abrir no sé quién es, pero me va a fundir el timbre.

    -Ya va hombre que vas a romper el timbre. -digo mientras corro a la puerta y me resbalo por lo que casi me caigo, enfadada abro la puerta y grito: -Que es tan importante se ha muerto alguien?

    Mi cara cambia por completo cuando me doy cuenta de que es Lucas, no entiendo que hace aquí ni como ha averiguado donde vivo.

    -Perdona por picar tanto hace días que no vienes al bar y quería saber si estabas bien. -Le asoma una sonrisa tímida por la comisura de sus labios lo que me hace reír le invito a entrar con un gesto mientras pongo los ojos en blanco sigo enfadada por cómo ha llamado a la puerta.

    -Si estoy bien solo he estado muy liada no hacía falta que vinieras, ¿quieres tomar algo? -.Le pregunto mientras me dirijo a mi habitación para ponerme algo de ropa, pero él se adelanta a mis pasos y n o me deja pasar solo se queda ahí delante de mí pasmado como un muñeco lo miro con cara rara y de repente me pregunta:

    -Te gustaría salir a tomar algo conmigo esta noche?, es viernes mañana no tienes que trabajar y yo libro lambien así que no tienes escusa paso por ti a las 21 h estate lista. -Dice mientras se dirige a la salida y se marcha cierra lentamente sin hacer apenas ruido ahora soy yo la que se ha quedado como una muñeca quieta sin saber que decir ni que pensar.

    Decido tomármelo a broma y sigo a mis cosas, me pongo ropa cómoda y me paso el día en casa haciendo el vago y organizando papeleo, son las 20: 45 h y llaman a mi puerta no me lo puedo creer es Lucas, decido hacer ver que no estoy, él empieza a tocar al timbra como un loco así que le abro este chico está loco.

    -Te dije que estuvieras lista y aún estas en pijama. -Me dice mientras me mira de arriba abajo.

    -Lucas pensé que no lo decías en serio dis… -No me deja terminar la frase.

    -Sabes qué? Da igual pedimos algo y que lo traigan aquí.

    Entonces entra y cierra la puerta, llama al restaurante chino y hace un pedido para ambos mientras pongo un poco de música de ambiente y abro una botella de vino, saco dos copas nos sentamos en el sofá y comenzamos a charlar.

    -Verás Bianca me he dado cuenta de cómo me miras, sé que te gusto y también sé que no has venido al bar estos días porque no quieres verme.

    Yo no digo nada solo bebo vino no sé qué contestarle me muero de la vergüenza pues tiene razón, aparto la vista de él todo lo que puedo me siento incomoda y cuando voy a hablar para cambiar de tema coge mi cara con sus manos suaves y besa con pasión pero suave cierro los ojos y me dejo llevar por su beso comienza a enredar sus dedos en mi pelo, me acaricia el cuello con la yema de sus dedos y baja por mi espalda se me eriza la piel me aleja un poco de él, abro los ojos nuestras miradas se juntan y susurra:

    – Te deseo, desde el primer día en que te vi ya no podía resistirlo más.

    Acaricio sus labios con mis dedos y lo le devuelvo el beso, le empujo el torso contra el respaldo del sofá y me siento encima suyo, podría estar toda la noche besando esos labios de caramelo y acariciando su pelo pongo mi mano en su abdomen por debajo de la camiseta puedo apreciar que tiene la piel muy suave, él coge con fuerza mi espalda y me acerca más hacia su cuerpo despacio va subiendo mi jersey hasta que me lo quita y deja al descubierto mis pechos y mi abdomen muero de vergüenza y quiero taparme per él no lo permite me tumba y se pone encima de mí empieza a jugar con su lengua la pasa por mi oreja se para en el lóbulo yo me estremezco continua bajando por mi cuello, la clavícula sigue bajando por entremedio del escote continua por la barriga y se detiene al llegar al pantalón me lo retira y comienza a practicarme sexo oral uff que lengua tiene me está haciendo maravillas cierro los ojos y me dejo llevar por el placer que me provoca no deja de lamer mi clítoris una y otra vez agarro con fuerza un cojín siento que voy a explotar y en efecto no puedo más y llego al clímax mientras se recrea con mi sexo.

    Están llamando a la puerta es el repartidor Lucas va a abrir yo estoy exhausta me tiemblan las piernas no puedo levantarme, cuando vuelve acaricia mi rostro y me invita a sentarme para poder cenar, pasamos una velada estupenda bebiendo vino charlando riendo es la hora del postre tengo claro que se lo ha ganado tengo que hacerle disfrutar, lo cojo de la mano y lo llevo a la habitación lo tumbo en la cama saco unas esposas del cajón de la cómoda él sonríe se quita la camiseta pongo sus manos en el cabezal de forja y lo esposo, ahora busco un pañuelo y vengo sus ojos con una pluma acaricio su torso veo como se muerde el labio inferior y eso me pone a cien, paso mi lengua por su boca miro su entre pierna y veo cómo va creciendo, desabrocho sus vaqueros beso su vientre mientras lo hago, él se estremece, lo desnudo por completo cojo su miembro con mis manos y empiezo a succionárselo paso la punta de mi lengua desde el inicio de su verga hasta el final entonces lamo su capullo muy despacio siento lo dura que la tiene me la meto entera en la boca escucho como gime y decido masturbarme, lo necesito dentro de mí me coloco encima suyo pero de espaldas a su cara y lentamente introduzco su pene dentro de mí estoy tan húmeda que me entra sola lo estamos disfrutando tanto los dos no quiero que esto acabe comienzo a cabalgar solo pensando en el placer que me produce esa postura es mi preferida y sobre todo tenerlo a él.

    -Por favor suéltame necesito tocarte. -Dice esto en un tono de ruego no lo suelto, pero, le quito la venda de los ojos entonces de cara a él sigo fallándomelo, veo rabia en sus ojos necesita que lo libere, pero yo estoy disfrutando mucho de poder hacerle lo que quiera.

    Me alejo me pongo delante de la cama comienzo a tocar mis pechos y voy bajando introduzco uno de mis dedos en la boca y lo dejo muy mojado entonces lo introduzco dentro de mi sexo veo como se vuelve loco me necesita y yo lo necesito a él, vuelvo a subirme encima de él

    -Me voy a correr no pares ahora no pares. -gime muy fuerte y le doy lo que me pide no paro ni un solo segundo hasta que sé que le he sacado hasta la última gota de su semen, encones le quito las esposas y sonrío.

    -Vamos a darnos una ducha te aseguro que esto no ha acabado. -Dice Lucas dándome un cachete en mi trasero.