Autor: admin

  • La humedad de Carolina

    La humedad de Carolina

    Era la primera vez que estábamos juntos, sin miedo ni pena alguna ella se arrodilló y colocó mi miembro en su boca, admito que nunca había conocido a una mujer que fuera capaz de tragarlo todo, yo solo podía guiar el ritmo de su cabeza al jalar sus cabellos.

    La tomé por el cuello apretándola suavemente para levantarla y decirle que se desnudara lentamente para mi mientras bailaba suavemente y así luciera el cuerpo que estaba por poseer.

    Terminó de desnudarse, fue ahí que me acerque a ella para besarla y apretar su cuerpo contra el mío, lentamente desabrocho mi camisa y poco a poco comencé a besar desde su cuello hasta sus pezones, en el recorrido jugaba con su excitación dando pequeños mordiscos alrededor del contorno de sus senos, mientras que con mis dedos jugaba en su clítoris e introducía 2 dedos en ella, sintiendo como mi mano se empapaba de sus fluidos.

    La tomé por sus nalgas y la cargué mientras ella abría las piernas, así la llevé hasta la cama, la besé, tomé uno de sus senos disfrutando de la suavidad de su piel. Guíe mi pene para comenzar a entrar en ella y me perdí en el desliz que me brindaba su humedad. Subí sus piernas en mi hombros y así comencé a penetrarla cada vez más rápido, Carolina solo podía pedir que no me detuviera pues estaba terminando de nuevo.

    Fue ahí cuando retiré mi miembro y volteé su cuerpo para ponerla en cuatro patas, así la penetré en una sola estocada, la cual provocó que comenzará a venirse a chorros… Ahí la tomé por sus cabellos y comencé a venirme dentro de ella mientras solo escuchaba como rogaba porque la llenará totalmente.

    Solté sus cabellos y me recosté sobre la cama, mientras tomando su cuello la guíe hasta mi pene para que lo limpiara perfectamente.

    Terminó su tarea para recostarse sobre mi pecho… Sabíamos que solo era el inicio de la tarde y que nuestro juego solo había comenzado.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (1)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (1)

    La vuelta a casa fue más desastrosa de lo que se esperaban. La felicidad les duró un día, nada más. Cuando se metieron en cama, en las que habían usado gran parte de sus vidas, la cruda realidad les golpeó sin piedad. Sergio, envuelto en sus habituales sabanas y Mari, al lado de su marido, que apenas tardó en dormirse sin ni siquiera preguntarla qué tal, “estaba muy cansado…”. El olor del hogar, tan común, tan rutinario… la misma casa, la misma gente… todo era un martillazo de realidad.

    A la mañana siguiente, todo seguía con la misma cotidianidad, todo parecía ser un sueño lejano, algo maravilloso que poco a poco se iba olvidando con el pasar de los minutos. Pedro y Carmen en su casa practicaban un sexo paupérrimo para la mujer, aunque satisfactorio para el hombre después de su viaje. En casa de Mari y Sergio ambos desayunaban en soledad con un silencio depresivo. Todo parecía evaporarse, había sido un maravilloso pensamiento surgido en un momento de relajación, pero hasta ahí.

    Los días transcurrían lentos, normales y aburridos. Mari veía más lejana la felicidad con la que se había encontrado en la casa de su hermana. El joven, aunque ocasionalmente seguía hablando sobre situaciones calientes con su tía, comprendía que esa no era la realidad.

    A los dos meses de volver, no había señales de aquella Mari que tan bien se lo había pasado. Sergio seguía metiéndose en su habitación y viviendo en ella por completo, unos días atrás Carmen le comentó, que lo mejor era parar de hablar de cosas ardientes, al menos tan de seguido. Al parecer su tío sospechaba que algo le pasaba a su esposa, decía que estaba “rara”… si él supiera…

    La relación de madre e hijo tan profunda que habían adquirido en tan breves días se había enfriado, volviendo al punto de partida, como si nunca hubieran estado en casa de Carmen. De forma natural el distanciamiento fue paulatino, una muerte lenta, pero casi pactada por ambos. Las conversaciones disminuyeron, la complicidad se ahogó en la monotonía y la unión especial que podían tener… se quebró con los otros miembros de la casa.

    Uno de esos días, tan normales, tan… “Como otro día más” llegó comienzos de noviembre, Sergio volvía a casa después de la universidad. Saludó con un movimiento de cabeza a su madre y pasó de largo sin hacer ningún caso a su hermana. Dani ya había marchado, desde hacía dos semanas los turnos se habían incrementado, ya que los despidos habían empezado a sucederse. Por ello los demás empleados tenían que doblar turnos, era algo agotador, sin embargo mejor eso que estar en la calle.

    Se tumbó en la cama boca abajo, cansado de un aburrido día de clases y sin nada interesante que hacer. Miró el móvil, pensando que estaría haciendo Carmen. No la había olvidado, tal cosa era imposible, aunque sí que se le habían disipado las ganas salvajes que tenía de estar con ella en todo momento. No había ningún mensaje suyo desde hacía cinco días y la última conversación trataba sobre qué tal estaba su madre, nada más.

    Sin embargo ocurrió algo con lo que para nada contaba. Su cuerpo se erizó de pronto como un gato asustado y el corazón le saltó del pecho haciendo que se sentase de forma correcta en la cama. Se sintió un animal alerta al sentir a un depredador en medio de la noche, todos sus sentidos se habían activado de una forma acelerada. Abrió los ojos de par en par sin creer lo que aparecía en su móvil, había llegado un nuevo mensaje, no se lo podía creer… era de Marta… su exnovia.

    Lo miraba desconcertado y casi con el dedo tembloroso pinchó en su conversación para abrirla. Obviamente estaba vacía, desde principios de año que no hablaban y ya no la tenía en ningún lado, solo en el WhatsApp. Bien se había encargado su tía de borrarla de las redes sociales durante el viaje.

    —Hola, Sergio. ¿Podemos hablar?

    Únicamente ponía eso. Al joven le pasaron miles de cosas por la cabeza, un mensaje tan simple y llano, como si entre ambos no hubiera nada. La ira le embargó, comenzó escribiendo una tira de insultos que después borró de forma sensata, incluso con un poco de temor de que el dedo le traicionase y acabar mandando las barbaridades por error.

    Se tumbó en la cama meditando que hacer, el tic azul había saltado y Marta ya sabría que lo habría leído, no podía escapar, no era su estilo dejar a alguien “a medias”. La voz de su madre le anunció que era hora de la cena. Se levantó en dirección a la cocina, pero antes de dejar el móvil en su habitación e ir junto a las dos mujeres de la casa lo miró fijamente.

    Las dos líneas azules seguirían allí y eso le comía por dentro. Alzó un poco los ojos, su bella exnovia estaba mirándole desde la foto de perfil, diciéndole “¿me vas a dejar así? Tú no eres de esos”. Cerró los ojos un momento, estiró el cuello hacia atrás buscando un tipo de relajación que no conseguía y suspiró con estruendo. Movió rápido los dedos sin dejar de mirar que al lado de la foto ponía “en línea”. Acto seguido lanzó el móvil a la cama para dejarlo allí y marchar a la cocina, como si de una bomba de relojería se tratase y fuera a explotar. Huía por el pasillo después de haber puesto un escueto.

    —Dime.

    ****

    La cena fue de lo más tensa, no en el grupo, sino por el muchacho. En silencio meditaba que querría su ex, a que venía aquella conversación. Recordó si tenía algo suyo que quisiera recuperar, pero no daba con ninguna cosa. De fondo su madre y su hermana hablaban de algo referente a los estudios, o eso creyó. Su atención en ellas era nula hasta que terminó y sin casi decir nada, las dejó hablando sin ni siquiera despedirse.

    Volvió a paso rápido a la habitación. Sus manos temblorosas delataban su estado de ánimo, estaba nervioso como pocas veces. Lo que no sabía bien era a que se debía, el detonante era Marta, eso estaba claro, pero ¿qué le ponía nervioso? ¿La ira? ¿Lo que quería la chica? Ni siquiera lo pensaba.

    La luz del móvil parpadeaba encima de la cama, la contestación había llegado. Se abalanzó hacia el aparato, sintiendo un dolor en el vientre debido al nerviosismo que le estaba inundando. “Solo será una conversación normal, nada más” pensaba, aunque no lo tenía tan claro. Era la primera vez que hablaban desde que lo dejaron y en todo este tiempo solo se cultivó el resentimiento. Pero con el móvil en la mano, otro sentimiento afloraba, uno que iba de la mano de su abstinencia sexual.

    —Quiero ir al grano. Sé que igual es tarde, hace mucho que no hablamos, pero no puedo quitarme de la cabeza lo mal que acabamos, me gustaría poder hablarlo contigo.

    —Si tienes algo que decirme, dímelo. —a Sergio los dedos le temblaban, no entendía por qué no la mandaba al infierno. Era una mujer que le había hecho un daño terrible, sin embargo, la daba pie a hablar.

    —Por aquí no. Quiero que hablemos cara a cara, esto es muy frío.

    “Será desgraciada, ¡Si cortaste conmigo por aquí!” pensó hecho una furia, para al segundo siguiente, respirar bien hondo y tratar de serenarse a duras penas. Cuando el volcán en el que se había convertido bajo de intensidad, volvió a escribir.

    —Mañana, después de las clases de la tarde, voy a ir a la biblioteca que tengo que terminar un trabajo. —en verdad, lo tenía que empezar.

    —¿Te importa si te acompaño y lo hablamos? Yo también tengo que estudiar.

    —Puedes hacer lo que quieras, no tengo problema.

    Sus intentos por parecer indiferente parecían dar sus frutos o eso se creía el joven en su ingenua cabeza.

    Dejó el móvil y se tumbó pensativo en la cama, no conseguía averiguar qué era lo que quería Marta. Recordó sus buenos tiempos, porque sí, los malos habían opacado todo, pero al principio hubo momentos de risas, de complicidad… con el tiempo todo aquello había cambiado. ¿Qué Marta se encontraría?

    Sacudió su cabeza para dejar de pensar en ello, puesto que sabía que lo siguiente sería fantasear con que Marta quisiera ser su pareja de nueva. Una idea del todo negada para el Sergio de agosto, pero que el Sergio de ahora, daba una pequeñísima oportunidad. Sin embargo, la mayor parte de su cuerpo pensaba que sería una aberración, algo inimaginable, no volvería con ella jamás, se lo había prometido a sí mismo, cumpliría esa promesa.

    Pasando por un rato del móvil, se acercó hasta el baño para ducharse. La cabeza le daba vueltas, la idea de ver al día siguiente a Marta le había descolocado. Tenía mil dudas, sobre todo ¿cómo debería reaccionar? ¿Debería insultarla por todo el daño que le había hecho? No. Se prometió mantener la calma y una vez escuchase lo que tendría que decirla, contestarla, estudiar y punto. Además siempre le quedaba la opción más valiente de recoger, levantarse e irse con paso rápido.

    El agua caliente le comenzó a recorrer la espalda. El chorro golpeaba en su nuca con fuerza propinándole un grato masaje. En su mente solo cabía una persona, que incluso había desbancado a su tía, algo imposible por aquel entonces. Se masajeó la cabeza mientras el champú se convertía en una masa de espuma que le bajaba por el cuerpo. Se encontraba tan a gusto.

    Los malos pensamientos desaparecían. El dolor de la “traición” se había disipado y los paseos de la mano, las visitas al cine, incluso los primeros viajes en coche eran los que se habían apoderado de él. Pero aún más otra cosa.

    Su vientre estaba vibrante, puesto que unos momentos muy especiales vinieron a su mente… sus primeros coitos. Los primeros meses de fogosidad absoluta. Las primeras veces que desataron el amor juvenil hasta límites casi de muerte por agotamiento, esos… sí que fueron grandes momentos.

    La imagen de Marta le saltó delante de él. Su cabello rubio con sus ojos de color verde brillando en frente de su rostro. Un cuerpo menudo, siempre delgado y alejado de las curvas de su tía. ¿Cuánto tiempo habían pasado bajo sabanas, gimiendo y gozando de placer? No lo recordaba. El sexo casi siempre había sido satisfactorio, hasta la fase final donde se volvió rutinario y aburrido, ya que la gran mayoría de veces, desempeñaba todo el trabajo.

    Sin darse cuenta, la sangre había ido a acumularse en una parte de su cuerpo que hacía tiempo solo su mano conocía. Como no podía ser de otra manera, cuando vio que su miembro le saludaba, lo rodeó con los dedos. Apretando con fuerza, su piel se estiró hacia abajo, floreciendo un capullo rojizo que hacía mucho que no le daban el uso que se merecía. Daba la sensación de que hoy le tocaría entrenar.

    La imagen vivida de su exnovia no se iba de sus ojos. Agarraba sus menudos pechos mientras ella le tocaba en su entrepierna. La mano del joven movía arriba y abajo su miembro sin parar al tiempo que su imaginación volaba. La recordó con piel morena, de vuelta de sus primeras vacaciones donde se había quedado totalmente dorada. Justo aquel día al llegar, tuvieron un gran coito, ya que sus padres no estaban en casa. Lo recordó a la perfección mientras el placer bajaba por su espalda.

    Acabaron en la ducha, una semana de acumulación mientras ella le hacía un sexo oral apoteósico “¿fue el mejor día?” Se decía mientras la velocidad de su mano se volvía agresiva. Era como si viajase al pasado, se veía allí mismo, donde estaba ahora, pero tiempo atrás. Marta sujetaba con una mano su sexo y con la otra agarraba el mando de la ducha apuntándole a sus genitales. Fue magnífico, el semen salió disparado haciendo que la chica se riera y sorprendiera a la vez, eso sí, la manchó solo ligeramente, haciendo que la muchacha rápidamente se limpiara, jamás le gustó. Si la llega a dar todo lo que salió de los genitales de Sergio… tuviera que haberse duchado mucho más a fondo.

    Fue entonces que las piernas le temblaron, se tuvo que apoyar en la mampara para no perder el equilibrio, mientras sus fluidos salían disparados hacia el plato de la ducha. No fueron tan abundantes como aquella vez, pero había una buena cantidad. Su corazón se pausaba al tiempo que sus pulmones recogían todo el aire que podían. El placer que todavía le cosquilleaba la entrepierna, fue tal que la comparación con los coitos con su tía, eran inevitables. Con Carmen la sensación fue abrumadora, pero por muy extraño que le pareciera, esta vez y con Marta en su pensamiento, había sido fabuloso.

    CONTINUARÁ

    —————

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Me cogí a una monja española

    Me cogí a una monja española

    Hace algunos años, por motivos de trabajo, tuve que visitar un asilo de ancianos en una ciudad del norte de Perú. Tenía que coordinar la entrega de un mobiliario para ancianos con problemas de movilidad y supervisar su instalación.

    Al llegar al Asilo por primera vez, me recibió una monja enorme, seguro alrededor de 1.85 m, creo que alemana. Tendría unos 35 años y realmente era preciosa, con unos ojos azul celeste que me dejaron casi sin poder hablar. Fue muy amable y me guio hacia donde tenía que realizar las instalaciones. A pesar del hábito, pude apreciar sus formas muy atléticas y no pude evitar desearla, pero siendo monja, fue sólo un deseo fugaz.

    Al concluir mi primer día de trabajo, y retirarme, la misma monja me dijo que la madre superiora deseaba conversar conmigo. Acepté. Me condujo a las oficinas de la superiora y me dejó con ella. Era una madre española, también joven, quizás también de unos 35 años, nunca le pregunté la edad. Era preciosa, blanca como la leche y con algunas pecas en su rostro, cejas pobladas y unos ojos color café que hasta ahora recuerdo. Me volví a quedar sin habla. Sobre su escritorio tenía una pequeña merienda y la compartimos mientras conversábamos sobre el mobiliario que había llevado y la instalación.

    Me retiré pensando en ella. Era tan linda que la inmensa alemana quedó de lado en mis pensamientos. El tercer día de la instalación me di cuenta que faltaban tuercas, pernos, algunos cables y otras cosas menores que habían olvidado despachar. Fui a la oficina de la madre superiora y le informé. La opción de pedirlos a Lima iba a demorar y realmente eran cosas simples y baratas. Le dije que, si ella me daba los fondos, yo haría la compra en alguna ferretería. Me dijo que preferiría acompañarme. Supuse por desconfianza, pero no me pareció mal. Hay cada pendejo que seguro se aprovechó de su confianza y me pareció razonable.

    Me dijo que cómo ella conocía la zona donde vendían los repuestos, saldría sin hábito pues siempre se acercaban a pedirle apoyo y no era el momento. Me pareció razonable su explicación, la esperé unos minutos y salió en una falda larga, blusa y chompa, cambió el hábito por un traje de predicadora evangélica pensé. No se lo dije obviamente.

    Salimos del Asilo y como estaba tan sucio por el trabajo le pregunté si podríamos ir a mi hotel para ducharme y cambiarme. Aceptó. Tomamos un taxi a unas pocas cuadras del asilo, donde había tráfico fluido. Fuimos a mi hotel, uno barato y pequeño, con una recepción hasta mugrosa. La sentí incómoda allí y antes que le dijera algo, ella me dijo si podía esperarme en la misma habitación. Accedí, hasta ese momento sin pensar en nada impropio.

    Entramos a la habitación, lleve la ropa limpia al baño para no incomodarla cambiándome luego delante de ella. Me duché, me vestí y al salir la encontré acostada en la cama, viendo el canal porno del hotel. Me miro sin decir nada. Pero sentí en sus ojos el deseo. Me senté a su lado y sin que ella me dijera nada comencé a acariciar sus piernas.

    Ella no decía ni si, ni no, ni nada. Simplemente me dejaba hacer. Así fue todo el rato. Envalentonado, comencé a subir su falda y descubrir más de sus muy blancas piernas, muy blancas, pero muy bien formadas. Realmente unas deliciosas piernas, no me conformé con acariciarlas, sino también las besaba ya. La madre sólo se dejaba hacer con los ojos cerrados.

    Mis manos siguieron subiendo por sus muslos y encontré su vagina protegida por un calzón grande, más de niña que de mujer. No me sorprendió el modelo, pero si lo húmedo que estaba. Comencé a acariciarla por encima del mismo y sus gemidos eran ya de hembra desando ser poseída. Se lo saqué y encontré una vagina muy peluda, sin ningún tipo de arreglo, eso me excito mucho, una vagina en bruto, sin los arreglos de las putas y las mujeres coquetas.

    Comencé a masturbarla con dos dedos, ella gemía intensamente. Mientras me fui desabrochando el pantalón y sacando mi verga que estaba ya tiesa. Le ensalivé con mis manos y me subí sobre la madre. Ella puso su cara de costado y cerró los ojos completamente. La penetré suavemente, pensando era una monja virgen, craso error, entró sin ninguna restricción en su muy húmeda vagina.

    Comencé a moverme con frenesí, sobre ella, con toda la parte superior de su ropa puesta, sin besos y ni siquiera intentos de ellos. Ella llegó en unos minutos y yo poco después que ella. En una sola posición fue una experiencia deliciosa y muy morbosa. Cuando mi semen llenó su vagina empecé a sentir culpas y me levanté rápidamente.

    Me senté en la cama y me arreglé la ropa. Ella hizo lo mismo y sin mediar palabra salimos. Ni por un instante mencionamos el incidente y los siguientes días en el asilo no la volví a ver.

  • Con mi cuñada la flaca

    Con mi cuñada la flaca

    Que tal nuevamente su amigo Junior, con una historia que dividiré en dos partes con mi cuñada la flaca.

    Mi cuñada, la menor de cuatro hermanas, tiene 19 años y en mi gusto personal es una vieja que me encanta, es delgada, chiches chiquitas, cinturita rica, pero tiene unas nalguitas bien paraditas, dios mío nomas de acordarme se me pone dura, yo 26, complexión media, no gordo, con una buena herramienta que dios me dio.

    Mi cuñada y yo siempre tuvimos una relación digamos distante, lo que si es que cada que iba a casa de mi suegra que es donde ella vive, siempre se paseaba por la casa con esos clásicos mini short de tela delgadita y una blusita de tirantes que tenía siempre que acomodarme la verga hacia un lado para que no notaran como se me ponía de dura.

    Mucho tiempo mi cuñada siempre fue motivo de mis jaladas, siempre la veía con esa carita de mosca muerta, reservada siempre en su cuarto pero algo me decía que era una vieja bien cachonda y que le encantaba la verga.

    Por azares del destino ella entro a trabajar a la compañía donde yo trabajo, estábamos en la misma oficina y seguido le daba aventón a su casa o pasaba por ella, ella se hizo novio de la misma empresa ya saben amor cariños mimos todo eso, mi esposa y yo acabamos de tener una hermosa pequeña por ende como podrán entender estaba yo siempre con la verga parada por lo de la cuarentena. En una ocasión estaba en la oficina con el Facebook abierto y me estaba escribiendo con una putita que siempre estaba disponible para un buen palo, ya saben conversación para planear una buena cogida, le mande fotos de mi verga bien parada (19 cm y bien gruesa no es por dárselas a desear) y bueno cometí el error de ir a comer y no bloquear mi computadora, cuando regrese de comer no preste importancia volví a lo mío, en fin el día termino sin contrariedad.

    Al final del día y como era costumbre le di un aventón para sacarle del parque industrial ya que por aquí no pasan ninguna ruta de camión urbano y luego los Uber tardan mucho en llegar, cuando íbamos de camino ella iba mas seria de lo común, me dijo que quería hablar con migo cuando justo estaba por bajarla en una plaza conocida de la ciudad donde ella toma su camión, le comente que si era importante y podía esperar y me dijo que no, que era mejor que lo habláramos en ese momento, así que estacione el coche y le dije que fuéramos por un café igual tenía varios correos aún que enviar y para que bajara el tráfico podría perder tiempo ahí.

    Cuando nos sentamos en el café le dije que quieres decirme.

    F (flaca): Oye sin querer hace rato cuando te fuiste a comer estaba buscando un cargador en tu escritorio y vi que dejaste abierta una conversación, leí un par de mensajes y me gano la curiosidad aparte pues eres esposo de mi hermana.

    J: Por qué revisaste mis cosas?? no tenías por qué, eso es privado.

    F: Si y perdón pero por que le quieres poner el cuerno a mi hermana, acabas de tener a tu hija??

    J: No le quiero poner el cuerno, mira no tengo que darte explicaciones pero pues no sé si sepas que después de que una mujer tiene un hijo dura algunos días sin que podamos… ya sabes, tener sexo y pues yo tengo mis necesidades!!

    F: Ahí y apoco no te puedes aguantar?? aguántate o jálatela tu solo yo que sé!

    J: Bueno exis, no tenías que haber visto eso, aparte no puedes decir nada por que ver conversaciones ajenas te pueden correr. (La verdad no estaba seguro si si la podían correr, pero como aún ella esta joven y un poco verde creí que podía asustarla)

    F: Oye y otra pregunta, vas a decir que a mi que me importa pero apoco las fotos que le mandaste a la tipa si son reales??

    J: A que fotos te refieres??

    F: A las fotos que le enviaste de tu pene (lo dijo toda penosa jaja)

    J: Si son fotos de mi «pene»

    F: En serio?? se veía bien grande, ha de ser por la cámara.

    J: Si tu lo dices!!!

    Ese día al final entre otras cosas que nos dijimos termino, al siguiente día no fui por ella, esperaba que en cualquier momento mi esposa me reclamara pero no, asumí que no dijo nada, ya estando en la oficina que cabe mencionar que éramos muy pocas personas, por el tema de la pandemia la mayoría de las personas está trabajando home office solo los de tareas criticas estábamos viniendo diario.

    Ese día en la mañana el saludo de todos los días pendiente ya saben, yo sentía que ella de reojo me observaba raro, después de un rato fui un cuartito pequeño donde están un par de cafeteras, cuando me estaba sirviendo café ella entro a servirse también, ese día iba vestida con un pantalón de mezclilla que hacía que se le marcara su culito paradito. Cuando estábamos sirviéndonos café me pidió disculpas me dijo que no tenía que ver mis cosas y que al final era tema de pareja, pero que pensara bien las cosas que había otras formas de satisfacer mis necesidades y eso, yo le comente que soy muy cachondo y pues de alguna forma tenía que saciar mis ganas!! en eso me dijo lo siguiente:

    F: Oye y ya en verdad, si la tienes así como en la foto? me quede impactada si se ve grande y muy gruesa mi novio no la tiene así. (Era su primer novio)

    J: Si si la tengo así, de echo ahorita mira como ando hasta me duele.

    F: Hay dios, mira por qué estás así, ve al baño.

    J: Y si me ayudas un poquito?

    F: Claro que no, esto está mal, aparte eres mi cuñado!!!

    En eso se da la vuelta para servirse el café y dije chingue su madre, vamos por todo, y le repegue la verga en sus nalguitas, la abrace por atrás y le dije en el cuello:

    J: Andale nomas poquito, nadie se va a enterar, de ir con otra vieja mejor tu así le ayudas a tu hermana.

    F: Hay…esto está mal!! no sigas porfa

    En eso empecé a agarrarle sus chichitas por arriba de la ropa, ella instintivamente me agarro la verga por arriba del pantalón.

    F: Hay si se siente bien grande.

    J: Si, así me la pones tu.

    En eso le metí las manos por abajo de una blusa holgada que llevaba, también por abajo de su bracerito que traía y empecé a agarrarle sus pequeñas chichitas y a estirarle sus pezoncitos que estaban duros.

    F: ahhh! no mames, nada mas te la voy a jalar pero no me la vas a meter y nadie se tiene que enterar.

    J: Nadie se va a enterar chiquita estas bien cachonda también, ya te hacía falta.

    En eso aún de espaldas, le metí la mano en la entrepierna y pude sentir por fin su rica panochita, me sorprendió que no tenía ni un solo vellito el pendejo de su novio no ha de saber ni qué hacer con semejante mamacita, a su vez ella también me saco la verga y me la empezó a jalar.

    F: ahhh que rica la tienes, si está bien grande.

    J:Tu estas bien mojadita mamacita estás bien rica.

    F: Ahhh así cuñado así, méteme los dedos.

    En eso la recargue de frente a la barra de la cocina, con la carita en la barra y sus piernas colgando hacia abajo, sabía que no había mucho tiempo, le baje sus pantalones, traía unos boxercitos negros que le apretaban bien rico las nalguitas, también se los baje, después me incline y empecé a mamarle la panocha y el culito que se veía bien apretadito al mismo tiempo que me estaba dando unos jaladones de verga!!!

    F: ahhh así cuñadito así, que rico ya no aguanto voy a terminar.

    J: Que rico cuñadita vente en mi cara!!

    Continuara!!!

  • La vida promiscua de una mujer casada (01)

    La vida promiscua de una mujer casada (01)

    Episodio: Le pongo los cuernos y se lo cuento a mi marido.

    Regresaba con mi marido de aquel evento nocturno. Había sido la inauguración de una exposición pictórica. Adela, mi vieja amiga, fue quien nos invitó, ella conocía al pintor y nos lo presentó.

    Ya en la recámara, Joel y yo nos deshicimos de nuestras ropas para estar más cómodos.

    Mientras mi marido se quitaba los zapatos sentado en la cama yo, en el otro lado del lecho a sus espaldas, retiré mis prendas exteriores quedando sólo en lencería. Luego bajé mis pantaletas pero con mucho cuidado, pues éstas estaban pegadas a mis vellos púbicos por el semen del hombre con quien había fornicado. Joel no se había dado cuenta y, por supuesto, no debía ver aquellos rastros, así que procedí con cautela.

    Mis dedos desenmarañaron mi pelambrera. Era evidente lo sucedido debido a que aún quedaban restos aglutinados de la pringue de aquel otro hombre. Los restos del esperma de aquel extraño ahora ya estaban secos pero todavía ponían en evidencia mi pequeña travesura. No podía dejar que Joel lo notara. Debía limpiarlos apropiadamente así que me encaminé al baño dispuesta a ducharme.

    Mientras el agua limpiaba los residuos de mis pasadas acciones yo recordaba cómo me había fornicado aquel extraño y rememorarlo me hizo revivirlo llenándome de goce nuevamente.

    “Luego de que nos lo presentara Adela, Alfonzo, el artista anfitrión de nuestra velada, se acercó a mí mientras estaba sola apreciando una de sus pinturas. Me admiraba del erotismo para nada velado de sus cuadros, especialmente el enfocado en el trasero femenino. Se notaba un particular interés por ese tipo de redondeces.

    Mientras yo le expresé mi comentario al respecto de su obra, Alfonzo se acercó tanto que me sentí sitiada, me veía intensamente como si quisiera comerme ahí mismo. Supuse que Adela lo había puesto al tanto de mis frecuentes deslices y por ello venía, como suele decirse, con la espada desenvainada. Y bueno, sin ocultar su interés lucía una franca erección bajo el pantalón que yo pude notar.

    «Le interesan mucho…» —dije como indagando sus pretensiones sobre mí aunque señalé con la mirada su pintura, y él completó: «¿Los culos…?»

    «Sí —continuó con su respuesta y dirigió su mirada al mío propio—, los culos nos revelan el verdadero perfil de la mujer, más que el de su rostro. De hecho considero que las nalgas son las verdaderas ventanas al carácter femenino. Ellas no mienten. Hay culos tímidos, valientes, presumidos, patéticos, apocados, necios, inteligentes, alegres, tristes, enojados, engreídos. Cada una es el culo que tiene» —me comentó.

    «¿Ah, de verdad?» —le dije sin saber si sólo estaba burlándose de mí o si hablaba en serio.

    «Pero claro» —dijo, y sin ningún pudor puso una de sus manos sobre una de mis nalgas. No pude evitar sonrojarme pues la gente a nuestro alrededor podría atestiguar lo que pasaba entre nosotros.

    «Tú, por ejemplo —dijo y deslizó su mano por la curva de mi nalga hasta hundir su dedo medio por el surco que dividía mi trasero—, eres una mujer ciertamente transgresiva, maliciosa, traviesa… —en ese momento ya no tuve duda, eso lo sabía de seguro por mi amiga quien le había hablado de mí—, aunque un poco estrecha» —terminó por decir.

    «¿Estrecha…?», le dije con verdadera extrañeza.

    «Sí, justo de aquí eres estrecha» —y clavó uno de sus dedos en mi ano, aunque aún sobre mi ropa.

    La presión fue tan fuerte que di un brinco y emití un pequeño grito inevitable, pues me había tomado por sorpresa.

    «¡Cuidado…!, mi marido está ahí» —dije señalando lo obvio.

    Sin importarle que nos viera la gente Alfonzo me besó con una pasión exacerbada.

    Tras separarse nuestros labios volteé hacia ti temiendo lo peor, pero me di cuenta de que tú no me mirabas gracias a que Adela te hacía la conversación. Bien supuse que ella lo hacía a consciencia para brindarme la oportunidad de…”

    “¿De ponerme los cuernos…?”, respondió mi marido.

    “Ajá”, le contesté a Joel viendo cómo se estaba excitando, tal como siempre pasaba cuando le contaba mis travesuras que para él eran tan sólo fantasías. Le había hecho creer eso desde que comencé a tener ese tipo de aventuras. Joel creía que todo ello me lo inventaba para que él se excitara y así tuviéramos mejor sexo, en parte era cierto, me gustaba verlo excitarse pero… pobre esposo mío, lejos estaba de darse cuenta de que lo que le contaba eran verdaderas experiencias. Es muy crédulo, siempre lo ha sido. Yo gozaba siéndole infiel y él lo hacía al escucharme.

    Y es que nuestro matrimonio antes de mis aventuras era tan aburrido que yo lo hubiese dejado, si no fuera por nuestros hijos, sólo por ellos me mantenía unida a él. Aunque, a decir verdad, desde que le contaba “mis fantasías” Joel había mejorado mucho en la cama. Confieso que me gusta montarlo a la vez que lo veo excitarse por mis aventuras. Nunca antes me deseó tanto.

    «¿Y ya en el baño que hicieron?» —me preguntó Joel mientras deslizaba un dedo al interior de mi vagina. Ambos estábamos volcados en la cama disfrutando de nuestros cuerpos mientras que yo le contaba mi historia.

    “Pues como estaba segura de que Adela te distraería me dejé hacer por Alfonzo.

    Nada más entramos al baño no le importó que hubiese un par de personas allí, me colocó delante de los lavabos y subió mi falda.

    Apoyada en el improvisado altar me sentí expuesta, no te miento. Alfonzo se hincó sin vergüenza alguna y besó cada una de mis nalgas sin pena de que lo vieran.

    «No tienes porqué sentirte avergonzada» —me dijo.

    «¿Acaso no es un hermoso culo?» —les preguntó a quienes nos observaban.

    Por medio del espejo vi que ellos se quedaban estupefactos, y eso que aún traía las pantaletas puestas. Sin embargo Alfonzo me las bajó y el espectáculo para aquellos fue a mayor. Al tener mis glúteos desnudos ante él los circundó con ambas manos, separó ambos gajos de carne y metiendo su cara por en medio metió su lengua en mi ano. La sensación fue… no sé cómo describirla pero fue intensa. Luego, delicadamente, metió uno de sus dedos por en medio de mis muslos hasta tocar mi vulva.

    «Como imaginé, estás bien mojada —luego de sacar su dedo de allí lo llevó a su nariz y cató el aroma impregnado en él—, esto sólo puede significar una cosa, o ¿ustedes qué creen?» —dijo dirigiéndose a nuestros improvisados espectadores, a la vez que abría su bragueta y sacaba su erecto miembro. Estaba por empalarme ahí mismo.

    Yo no me pude contener y le tomé la verga con una mano pese a la vergüenza de que me vieran. Fue una cosa automática, era como si quisiera constatar su excitación por mí.

    Colocándoseme detrás hizo resbalar la punta de su falo como untándolo con mis líquidos naturales antes de entrar. Mi humedad cumplió su función, sirvió de lubricante cuando él me lo metió.

    Ahí, en ese baño público, frente a esos dos extraños que lo atestiguaron, me bombeó como un perro a una hembra en celo.

    «A una dama como tú hay que horadarla, penetrarla, abrirla de caderas hasta cansarla» —me decía mientras lo hacía.

    Mi pelvis se meneaba rítmicamente de adelante a atrás en reacción natural a sus arremetidas. Nuestras caderas se batían lujuriosamente. Creo que hasta despertamos los deseos de los hombres que nos observaban; en ese momento pensé que éramos como una pareja de perros apareándose, con otros machos observándonos deseosos de poder hacer lo mismo conmigo cuando aquél acabara. Ese pensamiento me excitó muchísimo, estaba sexualmente arrebatada, sentía que mis piernas me iban a fallar en cualquier momento.

    Otro hombre entró al sanitario y por el sonido de los pasos era evidente que otros más venían tras de él. Aquello bien podría convertirse en un escándalo así que tomé a Alfonzo y me lo llevé de allí.

    «Hagámoslo en un lugar más privado» —le dije y nos metimos al baño de damas, a uno de los cubículos.

    Ya ahí encerrados Alfonzo volvió a bajarme las pantaletas que apenas unos segundos antes me había subido. Mis nalgas temblaron como gelatina y él las amasó entre sus manos.

    El hombre continuaba erecto y yo me sentía halagada por tal interés. Me hinqué esta vez yo, dispuesta a agradecerle lo que me había hecho sentir hacía un momento. Se lo chupé consciente de dejárselo bien lubricado para continuar con lo que hacíamos.

    Con el falo ya bien mojado él se sentó en el inodoro. Allí continuaríamos con nuestro acto adúltero uniendo nuestros sexos.

    Yo me le monté introduciéndome su pene en mi ya ansiosa vagina que lo deseaba tanto y que, por tanto, estaba húmeda y receptiva.

    «Estás deliciosa… —me dijo— te sientes húmeda y bien calientita» —y decía la verdad.”

    “¡¿No usaron condón?!” —exclamó mi marido dándose cuenta de lo obvio.

    “No” —le respondí a la vez que aceleraba mi movimiento de mi mano sobre su pene. Le sonreí maliciosamente pues bien sabía yo que eso le excitaría. De seguro creería que sólo estaba jugando al decirle eso.

    “¿Cómo fuiste capaz de hacer eso?” —dijo y a mí me ganó la risa. Joel se me fue encima y nos revolcamos sobre las sábanas como un par de chiquillos haciéndonos travesuras.

    Mi marido que estaba bien erecto por lo que le había contado se resguardó dentro de mí como tan sólo unas horas lo había hecho Alfonzo. Le seguí contando detalles de mi cópula con aquél y así continué estimulándolo. Le conté cómo Alfonzo marcaba el ritmo de la cópula al sujetarme de mis nalgas con total dominio y fuerza que yo sólo me dejaba cargar. Sus manos me subían y bajaban provocando en ambos el placer de la unión sexual.

    “Hacíamos mucho ruido; el asiento de plástico del sanitario no dejaba de golpear con éste debido a nuestros brincos. De seguro más de una se daría cuenta de lo que hacíamos ahí adentro. Las características sonoras del lugar tampoco ayudaban. No obstante seguíamos, poco nos importaba el mundo exterior en ese pequeño espacio en donde nos uníamos en el placer sexual del ayuntamiento. Bueno, por lo menos hasta que…”

    “¡¿Hasta qué?!”

    “Hasta que Adela fue en mi busca. Me sorprendió pues se asomó por debajo de la puerta del excusado llamándome por mi nombre.

    Paramos lentamente nuestro muelleo.

    «Oye, tu esposo te está buscando» —me dijo.

    Desde donde estaba Adela vio los testículos de Alfonzo que era la única parte visible del aparato sexual que en ese momento me estaba yo tragando, y ella me lo hizo saber.

    «Caray amiga, se ve que la han pasado muy bien» —me comentó al ser testigo de nuestros sudores ahí abajo.

    Nada tonto, Alfonzo respondió: «Dile a su esposo que ahora va, pero primero debemos concluir adecuadamente lo que empezamos.

    Y volvió a cargarme de las nalgas iniciando nuevamente el movimiento copular con ímpetu. Bien sabía que debíamos terminar antes de que nos descubrieras.”

    “¿Qué pasó con Adela?”

    “Adela disfrutó un instante de la vista y luego se fue.”

    “Entonces, ¿terminó? ¿Se vino dentro de ti?”

    “Sí” —respondí en algo que fue más un gemido pues en ese momento mi esposo también se estaba viniendo. Me inseminaba igual que lo había hecho Alfonzo.

  • Sometida en el supermercado

    Sometida en el supermercado

    Miré angustiada a un lado y a otro, nunca había hecho algo así y ahora me veía obligada a ello.

    El anuncio era muy claro y yo necesitaba el dinero.

    Me llamo Judit, tengo cuarenta años y un hijo de seis. Mi marido está ingresado en el hospital y he perdido mi puesto de trabajo. Estoy en las últimas y esto es lo único que he sido capaz de encontrar.

    Tragué con fuerza estirando un poco la faldita extra corta que había comprado con mis últimos ahorros. Llevaba la blusa blanca anudada sobre ella, con un exceso de botones desabrochados y de piel expuesta.

    No me había puesto sujetador, otra de las condiciones y me daba apuro que cualquiera pudiera ver cómo se transparentaban mis pezones. Un hombre los había mirado mucho cuando pasaba por los botes de conservas.

    Tomé el móvil e inicié la vídeo llamada.

    Un tono, dos, tres.

    Su imagen apareció al otro lado de la línea.

    —Hola soy Judit, ya estoy en el supermercado del centro comercial.

    —Bien. —Busca un pasillo donde haya hombres y coloca el teléfono con disimulo para que pueda verte, ya sabes lo que has de hacer.

    —Me da mucha vergüenza.

    —Con la vergüenza no se come, te recuerdo que vives en un piso del que te están a punto de desahuciar y tienes un hijo pequeño, necesitas mi dinero. —Tenía razón y lo sabía, por eso había respondido a su anuncio. Chica guapa, sin experiencia y dispuesta a todo por un buen sueldo.

    —Vale, está bien.

    Me di una vuelta y encontré el pasillo ideal, el de las cervezas y los vinos.

    Coloqué con disimulo mi móvil en la estantería de delante y empecé a interpretar mi papel en cuanto vi al primer hombre aparecer. Debería rondar los cuarenta, iba bien vestido y parecía limpio.

    Me puse de puntillas y gemí unas cuantas veces como si no alcanzara la botella. La falta se había subido lo suficiente como para que él pudiera ver la parte baja de mis glúteos desnudos. Me mordí los labios cuando lo escuché demasiado cerca, el corazón me iba a mil.

    —Deja que te ayude —sugirió poniendo su espalda bastante pegada a la mía.

    —Gracias.

    —¿Cual quieres? —desde su estatura podía ver el inicio de mis pezones por el escote.

    —Ese —señalé ganándome un refrote por parte de su miembro. Cuando ya lo tenía dije: —No, mejor aquel. —Volvió a frotar su polla en mi culo y bajo la botella que le pedía. Para ofrecérmela.

    —Toma, ¿la has probado alguna vez? —preguntó dándome conversación.

    Yo me di la vuelta y él miró mis tetas sin disimulo. Tenía ganas de cubrírmelas. No lo hice.

    —No —respondí.

    —Tiene un buen cuerpo, como tú —me tanteó.

    —Gracias.

    —Si quieres puedo invitarte a tomar algo y te aporto mi experiencia con vinos.

    —Yo, eh… no puedo, ahora no me va bien, pero gracias.

    —Las que tú tienes —alegó volviendo a mirarme las tetas. Le sonreí y me deshice de su compañía yendo a la estantería delantera para recuperar mi teléfono con disimulo.

    —Reclínate ahora y muéstrale tu culo, disimula, como si buscaras algo en la estantería de abajo. —Susurró su voz. Lo miré implorante y él con advertencia—. Hazlo.

    Tenía la boca seca, el tipo seguía a mis espaldas mirando. Me agaché poniendo mi culo en pompa para que lo viera bien. Oí un «joder» sordo a mis espaldas.

    —Sigue agachada y separa las piernas. Apoya el móvil y deja que haga lo que él quiera.

    —Por favor —supliqué.

    —Hazlo.

    Y lo hice. El extraño debió tomarlo como una invitación porque en nada lo tenía detrás de mí sobándome el culo.

    No lo rechacé, seguí ahí, con las lágrimas agolpándose en mis ojos oscuros.

    —Eres una zorra preciosa —masculló a mis espaldas metiéndome los dedos. Sentí ganas de gritar. Me estaba follando con sus manos. La mirada masculina que me devolvía mi terminal me revolvía las tripas—. Estás un poco seca.

    Sacó mis dedos del coño y escupió en ellos para volver a tomarme con ellos, los tenía largos y gruesos. Ahogué un jadeo.

    —Eso es lo que querías verdad putilla, lo supe en cuanto vi tu culo y tus tetas, quieres ser mía aquí, eres una exhibicionista.

    —Dile que sí…

    —Sí —admití sin ganas.

    —Muy bien, porque si a ti te pone cachonda que te vean, a mí no me importa, quítate la camisa. —Miré con horror la pantalla del móvil, y el hombre que iba a pagarme asintió. Necesitaba tanto ese dinero…—. Vamos, puta quiero tocarte las tetas.

    Subí los dedos y la desabroché. Me daba mucha vergüenza igual que el modo como me estaba comportando. Cuando la tuve desabrochada él tiró de ella y con la mano libre me las amasó.

    —Joder, menudo par de ubres. Apreté los ojos como si así pudiera borrar lo que ocurría.

    —Date la vuelta, quiero verlas.

    Me sacó los dedos para que girara y al contemplarlas se relamió, bajó la cabeza y se puso a chuparlas y morderlas.

    Apreté mucho los ojos para no ponerme a llorar.

    —Menuda puta estás hecha. Estás muy buena. Arrodíllate.

    Con sus babas escurriéndose por mis tetas me puse de rodillas. Él miró a un lado ya a otro y se desabrocho el pantalón, se sacó la polla y me hizo abrir la boca.

    La hundió en mí, era ancha y estaba muy erecta. Me daba ganas de vomitar.

    —Chupa, guarra, eso es lo que querías una buena polla ¿verdad? Lo del vino era una excusa para mamármela. Pues ahora ya la tienes.

    Me agarró del pelo y se puso a follarme la cara con violencia. Mis pechos se golpeaban entre ellos ante la virulencia del hombre. El glande alcanzaba la campanilla y me daban arcadas.

    Ya no podía disimular, las lágrimas caían desbordadas por mi mejilla. Y a él no le importaba.

    —Acaríciame los huevos. —Alcé las manos y me puse a masajearlos mientras sus acometidas seguían.

    Mi estómago protesto, se contrajo, me faltaba el aire y me ardía la garganta. Cuando la tuvo bien ensalivada me pidió que le comiera los huevos, lo hice, lamiendo mis propias babas.

    Después insistió en que me pusiera en pie que alzara una pierna para follarme el coño mientras pellizcaba mis pezones y me comía la boca.

    Quería que terminara, sentía asco de lo que estaba haciendo por un puñado de euros.

    Mi coño empezó a lubricar, y aunque a mí no me gustara, parecía que a mi cuerpo sí. Gemí en su boca y él me pellizcó con más fuerza que antes.

    —Que buena estás puta.

    Date la vuelta, quero probarte entera.

    Me giré sujetándome en la estantería y vi la cara de mi interlocutor, estaba roja, sudaba y se movía. Me parece que se estaba pajeando.

    El hombre trajeado me separó las nalgas y se puso a comerme el culo.

    Gemí más alto al notar su lengua en mi ano y los dedos frotándome el clítoris. La humedad descendía precipitándose entre mis piernas.

    Se puso a alternar las penetraciones entre mi coño y mi ano y cuando me tuvo dilatada y anhelante, me folló el culo.

    Chillé. Ya no importaba si alguien me veía. Cerré los ojos y me dejé llevar por sus embestidas.

    La estantería se agitaba y yo llevé una mano entre mis muslos para masturbarme.

    —Eso es guarra, tócate.

    Lo hice, claro que lo hice, inflamando mi orgasmo y el deseo de correrme.

    El hombre se agarró de mis tetas con demasiada fuerza, seguro que mañana tendría marcas. Volvió a tirar y retorcer mis pezones hasta que le oí aullar y noté su corrida en mi culo. Apartó mi mano y se puso a golpearme el coño hasta que no pude más y me corrí con sus palmadas.

    Su polla se relajó y la sacó sin dificultad. Me dio la mano para que lamiera mis flujos por los que estaba cubierta y cuando terminé me permitió que me diera la vuelta.

    —Eres una puta de primera. —Se subió los pantalones y se los abrochó. Tomó la botella que había dejado sobre la estantería—. A esta te invito, te la dejo pagada en la caja.

    Agarró mi cara y me dio un beso largo con lengua. Después se marchó dejándome sucia y medio desnuda.

    Con el llanto salpicando mis mejillas tomé la camisa.

    —No te la pongas —susurró la voz al otro lado de la línea.

    —Pero…

    —Saldrás a la calle en tetas, irás a tu coche y te masturbarás en él mientras conduces a la dirección que te dé. Obedece, o no cobrarás y colgaré este vídeo en internet.

    —¿Me has estado gravando? —pregunté incrédula.

    —Por supuesto. Ah y no olvides tu botella, te la has ganado y esto hay que celebrarlo, ahora lárgate.

    Cogí el teléfono y con la dignidad por los suelos me dispuse a obedecer.

    Espero que te guste este relato, espero tus comentarios. Miau.

  • Isabel cumple su fantasía

    Isabel cumple su fantasía

    Soy Isabel, estoy separada hace un par de años y es mi opción ya no quiero compromisos formales y nada que me amarre, por lo mismo frecuento chat para adultos con la idea de excitarme con conversaciones calientes, llenas de palabras de sexo que me encienden, sexo duro que me ponen a mil, con la idea de quedar bien prendida y luego ir a la ducha o a mi cama a desahogarme con mi fiel compañero vibrador de mano que no me falla jejeje, pero un día en una de estas salas de chat conocí a Aníbal, yo tengo 43 años, él tiene 49.

    Desde un comienzo me pareció distinto y conversamos en un privado del chat hasta ya casi de madrugada, por varias horas, era como si lo conocía hace mucho, nos intercambiamos correos y seguimos conversando por semanas. Me escribía prácticamente todos los días, me dedicaba un poema, me enviaba un link de una canción especial, de vez en cuando me enviaba correos calientes, con textos eróticos que luego de leerlos me iba directo al baño y así me fue conquistando, ganando mi corazón y yo sacándome la coraza para que no me hicieran daño.

    Un día me pregunto cuál era mi fantasía erótica, yo evadí la respuesta por varios días hasta que una noche lo pensé mientras me masturbaba, al día siguiente se lo escribí al correo. Mi fantasía era tener a un hombre atado de manos, con los ojos vendados, donde yo era la controladora y hacia lo que quería con su cuerpo… Mi sorpresa fue mayor cuando en cosa de minutos respondió Aníbal, “dime cuando y saco los pasajes para el autobús e ir a la capital” su respuesta me dejo atónita, asustada, me temblaron las piernas de solo imaginar. No le respondí de inmediato, lo pensé y lo pensé, pero finalmente ya estaba aquí en este punto, respondí su correo, le dije que el viernes lo esperaba a las 18:00 en el terminal de buses.

    Ese día no fui a trabajar, me regale un baño de tina de una hora, luego me depile quedando como una muñeca, me puse un conjunto de ropa interior sexi con tanga de encajes un vestido largo pero ajustado a mi cuerpo, destacando mis caderas anchas de buena latina y mis pechos abundantes aun deseosos de guerra.

    Primero me dirigí de compras a un sex shop para buscar un conjunto bondage y encontré uno que me gusto con una cegadora como para dormir, esposas, unas cuerdas y un pequeño bastón que por un lado tenía unas pequeñas correas como cordones y por el otro lado unas plumas moradas como un pequeño plumero.

    Llegué antes de las 18:00 al terminal de buses y lo espere, puntualmente hizo la entrada el autobús, tras ello pude ver a Aníbal bajar de la escalera con unas flores en la mano, eso fue lo primero que me emociono. Salí a su encuentro y aun cuando era la primera vez que lo veía en persona lo conocía por fotos y videocámara, al vernos de cerca el abrió sus brazos yo me acerqué abrazándolo también, sin preámbulos me beso largo a apasionadamente, mis hormonas saltaron como una quinceañera, luego me entrego unas flores y salimos caminamos del brazo. Nos fuimos primero a cenar a un restaurant y luego a un motel donde yo había hecho una reserva de una pieza ambientada estilo erótico con las paredes llenas de espejos

    Una vez en la habitación nos besamos y acariciamos, pero yo desde el principio lidere la acción, fui a mi cartera y saque todos los accesorios y los deje sobre el velador. Me puse frente a Aníbal y desabroché todos los botones de mi vestido, uno por uno hasta que quedo completamente desabrochado, lo abrí y cayó al suelo quedando de inmediato en ropa interior, me di una vuelta para que Aníbal pueda contemplarme con mi conjunto de ropa interior. Luego traje la cegadora, lo bese ardientemente, nuestras lenguas se trenzaron con furia y deseo carnal, para luego suavemente susurrarle al oído que desde ahora no debía mover sus manos o intentar hacer algo, que ahora yo sería la que manda en la cama…

    Lo primero fue ponerle la cegadora, luego desabroche su camisa. Lo abrace desde atrás acaricie su pecho firme, bese su cuello, comencé a recorrer su espalda con mi lengua mmmm ya estaba completamente mojada, me fui a su cinturón, botón de pantalón, sierre y le baje lentamente su pantalón, para mi sorpresa el bulto en su bóxer era gigante, me puse en frente de él y me agache para contemplar la magnitud de su sexo, lo acaricie por sobre su ropa interior, era un tronco grueso, un verdadero mástil que estaba a tope donde la punta hacia fuerza por romper la tela, se me nublo la vista, por unos segundos se me entrecorto la respiración.

    Lo conduje con suavidad a la cama, se acostó de espaldas, saque las esposas y lo espose, luego amarre la cadena de las esposas al marco de la cama, él quedo con sus manos hacia arriba, atado, con los ojos vendados y totalmente expuesto y vulnerable para mí. A esa altura mi vagina chorreaba jugos, era mi fantasía, comencé a acariciarlo con mis uñas, por su pecho, sus brazos, su abdomen, luego saltaba a sus piernas y poco a poco me fui acercando a su sexo, comencé a rozar su tronco por encima de su ropa interior, luego lo apreté, lo amasé, no aguanté y le di un mordisco por sobre la ropa, era un gran troco quedo atravesado en mi boca, estaba a punto de tener un orgasmo con todas estas sensaciones y mi imaginación volando por las nubes. Baje lentamente su bóxer y salto como una catapulta su enorme pedazo de pene, era grueso y cabezón, me acerqué y contemple como brillaba, las venas del troco que estaban hinchadas, sus enormes testículos, era un macho exquisito. No lo pensé y comencé a mamárselo, lo chupaba como una ninfómana, se lo mordía, lo lengüeteaba, lo succionaba, comencé a respirar descontrolada estaba a punto de estallar, lo tenía todo en mi boca, tuve que parar para no terminar sola, seguí mirando sus testículos, los acaricié, suavemente.

    Luego me acerque a él y lo bese apasionadamente, le puse mis pechos en su cara, le restregaba mis pezones duros y erectos en su cara, en su boca, de pronto el comenzó a chuparme las tetas eso me hizo estremecer, lo deseaba locamente, me saque mi tanga rápidamente y lo monte en la pose de la amazona ardiente, me senté con fuerza y me entro hasta adentro, sentí que me raspo las paredes del útero, me quede unos instantes ahí, ensartada, perdí la noción. Cuando me incorpore comencé a cabalgarlos suavemente, todos los espejos reflejaban la cama, la imagen era erótica, era mi fantasía sexual, tenía a un hombre totalmente vulnerable para mí, esposado, atado a la cama, era yo quien dirigía el sexo, era yo la que mandaba en la cama. Luego comencé a cabalgarlo más rápido, cada vez más rápido, movía mis caderas, hacia los lados, hacia adelante, hacia un ocho, estaba delirando de placer, mis pechos rebotaban al aire, mis pezones y mi clítoris a punto es estallar, con la vista nublada admire la imagen que reflejaban los espejos, así estuve un tiempo que no puedo determinar, perdí la noción del tiempo y todo fue placer hasta que un gran orgasmo me estremeció por entera, fue como un golpe eléctrico que me paralizo por unos instantes, un maravilloso orgasmo que me elevo a un plano superior, flote por las nubes unos segundos y me desvanecí sobre el pecho de Aníbal.

    Así quede por largo rato hasta que logre incorporarme, desate a Aníbal, saque sus esposas y destape su vista, el me abrazo muy tiernamente, me beso, me pidió que me diera vuelta y me abrazo por la espalda haciendo cucharitas. Mucho rato estuvimos en silencio y el solo acaricio mi pelo, mis hombros y espalda, fue muy tierno, de apoco fui incorporándome y comencé a mover mis caderas cargándome hacia atrás para sentir su pene clavarme la cola, para sentir la cabeza rozar mis labios vaginales. Él tomo el troco con sus manos y lo apunto a la entrada de mi vagina, suavemente entro, estaba completamente lubricada y así, él abrazándome desde atrás me comenzó a penetrar, me bombeo suavemente mientras en mi oído repetía mi nombre, Isabel, Isabel, Isabel, Isabel, con su voz varonil, mi piel se puso de gallina, de pronto me afirmo con fuerza de la cadera y comenzó a culearme como un salvaje, mi cuerpo se bamboleaba al ritmo de cada clavada, me abandone sumisamente a su fuerza y potencia de macho, sentí como me abría, más y más hasta que comencé a sentir sus chorros de espera llenarme, uno tras otro disparaba chorros en mi interior, nuevamente un orgasmo mágico, el segundo de la velada.

    No sé cuánto tiempo paso, pero cuando logré incorporarme seguía haciéndome cariño en mi pelo tiernamente, esa noche supe que Aníbal era mío y yo era suya…

  • Lo que siguió en la noche con Stella (2)

    Lo que siguió en la noche con Stella (2)

    Al legar a mi departamento, le señalé la barra del pequeño bar que tengo. “Escoge con lo que quieras empezar nuestra borrachera”, le dije, y ella sonrió y fue hacia allá sin quitarse el abrigo.

    –¿Qué quieres tomar tú? –me preguntó sin dejar de examinar las botellas.

    –Lo que a ti te guste, para irnos parejos –contesté y, le solicité que me permitiera ayudarla para quitarle el abrigo.

    –¡Qué caballeroso! ¿Tendrás algún interés adicional? –preguntó con picardía.

    –Siempre soy atento y nunca tomo lo que no me den… aunque esté riquísimo –contesté viéndole el pecho con lujuria cuando ya tenía su abrigo en mi mano.

    –¡Ja, ja, ja, qué cara de deseo pusiste, ja, ja, ja! –se rio del gesto que hice– Ya veremos si mereces que te ofrezca algo de tomar. No será leche, porque los envases están vacíos desde hace años. En cambio, ustedes los hombres, siempre rebozan y quieren darla tomada o inyectada –dijo acariciándome el pene por encima de la ropa provocándome una gran erección. “¿Será semenólica o sólo alcohólica?”, me pregunté al verla tan insistente en acariciarme, sin soltar la botella que había elegido.

    –Empecemos con ésta –dijo, extendiéndome la botella, la otra para los postres, si es que no nos quedamos borrachos con el alcohol –precisó dejándome claro que quería coger.

    Le indiqué que iría a la cocina para lavarme las manos y preparar algunos bocadillos de carnes frías, pan y queso, y ella me siguió para auxiliarme. Mientras agachados veíamos en la nevera, pegó su rostro junto al mío, volteó la cara abriendo sensualmente la boca solicitando un beso, el cual le di y abrazándola con una mano en la espalda y la otra en las nalgas. Ella movió su pubis acariciando mi turgencia.

    –Terminemos aquí, para ir a divertirnos a la sala –le pedí.

    –Sí, será más cómodo… –aceptó, poniéndose a trabajar de inmediato.

    –¿Qué música quieres que ponga? – pregunté acercándome al aparato de sonido.

    –La que quieras, con la que te guste yo me acoplo –dijo antes de empinarse la primera copa y se quitó la blusa quedando su brasier como si fuese a reventar –después, cuando lleguemos al tequila y estemos tranquilos pones las “tiranas” –concluyó sirviéndose otro trago.

    Antes de que también se lo tomara, me acerqué para darle un beso y pasar mis manos por detrás de ella y desatar el sujetador. Sus chiches quedaron libres y me las ofreció levantándose un poco para que me quedaran en la cara. Las acaricié, las amasé y me metí a la boca los dos pezones juntos.

    –¡Goloso! ¿No te parece que debes probar primero una y luego otra? –me ordenó y yo le obedecí metiéndome en la boca todo lo que pude de una sola. Stella gimoteó de placer y luego hice lo mismo con la otra.

    –¡Qué rico succiona tu boca! Ya me imagino lo que me harás en la vagina –dijo empezando a quitarse la falda y los calzones mientras yo seguía mamando a placer…

    –Y vas a querer que tome lo que te dejó Cornelio en la mañana –afirmé.

    –¡Ja, ja, ja, no, cómo crees! Me aseé muy bien cuando se fue, no iría mi galán, no había motivo para mantener el sabor en mi pucha ni el escurrimiento en las verijas –me explicó divertida, pero luego cambió por un gesto interrogante– ¿Tú lo esperabas probar…? –concluyó expectante de mi respuesta.

    –No, no sabía de los gustos tan refinados en mi amigo, ni el de tus amantes. Lo supe cuando me platicaste, pero como Cornelio recogió a los niños…

    –… y me recogió a mí… –precisó interrumpiéndome.

    –Sí, supuse que…

    –No, hoy estoy limpia. Pero si quieres probarlo, podemos quedar el lunes…

    –No es necesario. No sé de esos sabores, al menos no he sabido que me lo hayan hecho así –le aseguré, aceptando la posibilidad.

    –¡Vamos, quiero sentir tu boca en mi panocha, chúpame! –exigió mostrando el fuego rojo del deseo entre su mata peluda y yo bajé a beberlo…

    Su sabor era muy rico y excitante, yo chupaba con ímpetu y ella mesaba mi cabello, luego apretó mi cabeza contra su pubis y se masturbó frenéticamente con mi rostro. Stella gritaba en espasmos y soltó un río de flujo salado que bebí sin parar. Ella continuó tallando sus labios y clítoris en mi lengua y nariz hasta que después de lanzar un fuerte gemido, quedo quieta. Di los últimos lengüetazos y miré su bello rostro que estaba plácido y con los ojos cerrados, paseando en los sueños de la calma y la satisfacción. Mi verga estaba que reventaba y goteaba el presemen. Aproveché su sosiego para quitarme toda la ropa. La acosté en el sillón y le lamí las chiches.

    –Espera, déjame descansar –balbuceó y la dejé reposar.

    Era un deleite mirar su vulva inflamada. Los labios y el clítoris hinchados mostrando un rojo intenso. Los vellos enmarañados y revueltos, mojados de mi saliva y su flujo. Quería cogérmela, pero debía respetar su paz. Creí que dormía, pero sólo descansaba exhausta. Tomé mi copa y me deleité viendo su cuerpo. Cornelio tenía razón cuando en una ocasión me dijo “Si puedes, cógetela para que sepas por qué la aguanté tanto”.

    –Discúlpame, pero cuando tengo un orgasmo intenso me vuelvo muy sensible y cualquier roce o caricia me impiden disfrutar de la dicha –se excusó al regresar del letargo–. ¡Ja, ja, ja, qué lindo! –me dijo al verme la verga templada y la jaló extrayendo varias gotas del líquido preseminal y con la lengua lo saboreó– Gracias por respetar mi descanso. Ahora te toca a ti, bueno, a los dos juntos –expresó volviéndose a acostar.

    Sin soltar mi pene lo dirigió a su cueva hirviente, forzándome a cubrirla. a dos manos me agarré de sus tetas, la besé y me moví con gusto en la vagina, chacualeando en su flujo. ¡Sí que le gustaba coger, por eso nadie desperdiciaba la oportunidad cuando ella abría las piernas! “¡Dale, papasito, cógeme mucho!”, me incitaba apretándome la cintura con sus piernas, y yo me movía cada vez más rápido hasta que eyaculé soltando tres grandes chorros. “Sí, vacíate así, papito, yo también me estoy viniendo” aullaba melosamente acariciándome el escroto. Quedé yerto pensando que estuvo delicioso, pero ella aún no había terminado de darme placer: sentí los espasmos de su vagina y me exprimió con su perrito. “¡Qué puta más experta!”, me dije feliz de haberla probado. “No, no será fácil dejarla…” Rematé en mis pensamientos.

    –¿Ya te repusiste, garañón? –me dijo cuando me levanté y dejé libre su cuerpo.

    –Sí, gracias, pero aún es larga la noche –contesté tomando un trozo de queso que me eché a la boca. Llené las copas, y su pecho me entró por los ojos y el olor de la venida por el olfato, cuando se estiró para desperezarse

    –Sí aún queda mucho por delante –dijo poniéndose de pie y, con los brazos hacia arriba, giró lentamente para lucir su cuerpo.

    –También por detrás… –exclamé viendo sus nalgas sin evitar darles un beso.

    –¿Te gusta por allí, puto? –preguntó promisoriamente.

    –Sólo si tú quieres…

    –La verdad, sí me gusta, pero no con todos. El tamaño normal de tu pene, ni grande ni pequeño, se adapta a mi gusto –dijo dándole una caricia a mi verga, reviviéndole el ímpetu–, pero lo intentaremos más tarde dijo después de pelarle el prepucio y darme una lamida en el glande.

    Nos sentamos a comer y beber. Tomó del bar una botella de Tequila y la abrió. Sirvió dos caballitos, me ofreció uno. “Por Cornelio”, dijo como brindis apurándolo hasta el fondo.

    –Mamas igual de rico que mi ex –precisó–, tu amigo Cornelio; me lo imaginé mientras me chupabas la vagina. Recordé que así lo hizo una vez que nos sorprendió cogiendo a mi primer amante, Carlos, y a mí. Se esperó a que él se fuera del cuarto para salir de su escondite y chuparme como loco. Cornelio ya había saboreado nuestro amor otras veces, pero esta vez aún escurría la mezcla de mi vagina y se atragantó –confesó algo que ya me había platicado mi amigo (ver el relato “Echar leche después del amante”).

    Tomamos abrazados, toqueteándonos y besándonos, no sólo en la boca…

    –Ahora sí, pon las canciones “tiranas”, principalmente de José Alfredo, pero con Lucha Villa, Alicia Juárez, y las mujeres que tengas. Ya me llegó el recuerdo de mi verdadero amor. Los demás sólo son machos de uso –gritó y me sentí como “burro para montar”

    –¡Perdón, tú no eres así! Te quiero, más bien, eres tan lindo como Cornelio –dijo tratando de enmendar lo que le salía del alma al darse cuenta de mis gestos cambiantes con sus palabras –Bueno, tú me entiendes: A los demás sólo me los cojo, pero contigo siento que lo tengo cerca “Cerquita de mí, corazón con corazón, alma con alma” –cantó a la par que la canción que se escuchaba.

    Siguieron las canciones “tiranas y las cantamos a “grito pelado”. Me besó soltando las lágrimas Cerró los ojos y exclamó “Te amo Cornelio”, volviéndome a besar tiernamente lamiendo mis labios haciéndome abrir la boca para recibir su lengua.

    –Sí, soy muy puta, mi amor, pero sólo te amo a ti, o tal vez a otro, pero tú eres lo que más amo y quiero en la vida –me decía, haciéndome masaje en los huevos y besándome.

    Casi todo lo hacía cerrando los ojos, sobre todo cuando me hablaba como si yo fuera Cornelio. Apagó la luz para seguir en su fantasía.

    –Entones, si me amas, ¿por qué coges con otros? –pregunté usurpando la identidad de Cornelio, sabedor de que ella estaba en trance.

    –No sé, no lo puedo resistir, me los imagino sin ropa y quiero averiguar si los pienso bien. No lo sé. Sé que no todo es cama y besos, pero sí es lo principal cuando me excito con una palabra de picardía prometedora o con una caricia que eriza mis vellos. ¡Perdóname, pero no puedo evitarlo, mi amor!

    –¿Por eso te divorciaste?

    –Bien sabes que yo no quería, pero tú me exigías que fuera recatada y discreta, pero mi calentura se unía a mi rebeldía de no estar sojuzgada a los deseos de nadie. Pero no merecías que todos te vieran menos por ser yo así, por eso lo acepté.

    –Saliste ganando, porque así podrás encontrar alguien que te dé lo que deseas –afirmé intuyendo lo que mi amigo le diría.

    –Te agradezco que me hayas entendido y dejaras hacer lo que yo quería. Pero sólo estás tú en mi mente, aunque haya otros queriendo sembrar en mi vientre. ¡Pobres ilusos! Quieren atarme a ellos.

    –¿Guillermo? –pregunté nombrando a uno de los evidentes amantes que le conocí cuando estaba casada.

    ¡Pobre cuate! Ése quería que viviéramos juntos y se entusiasmó mucho pensando que lo lograría. Al estar divorciada, entendió que yo sólo lo quería por su manera de hacer el amor y la ternura con la que me trataba y se molestó cuando me vio cogiendo con su hermano. También, por molestarlo le dije que me acosté con otros de sus conocidos y se deprimió, pero al final terminó siendo un macho más en mi yunta –dijo volviendo a vaciar su vaso y servirse más tequila.

    –¿Quién te abrió el culo, nena? –pregunté como si lo hiciera Cornelio.

    –Ya te dije que fue Ociel, tú no quisiste hacerlo, ni tampoco Guillermo cuando se los pedí a cada quién. Él no tuvo opción, estaba calentísimo, me cogía de perrito y saqué su verga mojadísima de mi pepa para enterrármela en el ano. Él estaba cogiéndome como si en ello se le fuera la vida y lo enterró de golpe, grité del dolor, pero él siguió bombeando hasta que pronto se convirtió en placer. ¿Quieres metérmelo por allí, mi amor? –dijo melosamente antes de darme lujuriosas mamadas en la verga, dejándomela a punto.

    Se sentó sobre mi metiéndose la verga en la vagina y cuando supo que estaba bien lubricada, se zafó, volvió a agarrarme la verga y de un sentón se la metió en el culo apachurrando mis huevos y contradictoriamente sentí un dolor placentero que se mantuvo con cada sentón que ella se daba sobre mi regazo. Nos vinimos juntos. Buscó mi boca y, llorando, me besó repetidamente terminando con un te amo que sentí verdadero al ver en la penumbra sus ojos húmedos y las lágrimas brillar en su rostro antes de que escurrieran en mi hombro. Yo sabía que esos besos y palabras no eran para mí. Cambié la música por otra más suave y, a tientas, nos fuimos a la cama.

    A la mañana siguiente, con la luz, se acabó el encanto de la fantasía. Hicimos el amor, nos bañamos y en la ducha la cargué, haciéndola venir repetidamente y por último se agachó, abriéndose las nalgas, invitándome a que la penetrara por el culo. ¡Claro que lo hice!, pero confieso que me gustó más cuando se dio sentones en mí.

    Salimos a pasear por la ciudad, desayunamos, comimos y la fui a dejar a su casa. La pasamos muy bien, es cierto que no todo es besos y cama.

    –Oye, ¿quieres probar el lunes el atolito que Cornelio y yo hacemos? –me preguntó en voz baja, tomando mi mano y queriendo envolverme en sus relaciones cotidianas.

    –No en esta ocasión –le contesté dándole después un beso a manera de despedida, pero dejando la puerta abierta para volvérmela a coger cuando se me antojara, y me fui.

  • Diario de una mesera

    Diario de una mesera

    Hola soy Ali. En este relato les voy a compartir algunos acontecimientos interesantes que me sucedieron en la etapa de mi vida en la que fui mesera de un restaurante local y que fui registrando en un diario que llevaba en aquel entonces.

    Día 0:

    Fui a solicitar empleo a un restaurante de mi ciudad, a estas alturas de mi vida yo ya sabía que al estar nalgona mi mejor atractivo eran mis nalgas y mis piernas, así que decidí usar eso a mi favor y me vestí con una minifalda de mezclilla un poco suelta con vuelo, unos tenis blancos cómodos para caminar y una blusa polo rosa, me arreglé el cabello recogido hacia atrás con una cola de caballo y un mechoncito en frente que me acomodé de lado.

    Al llegar a meter mi aplicación al restaurante me recibió el gerente, el cual era un hombre ya en sus 40s muy bien parecido, al ingresar al lugar pude notar su mirada de asombro al verme entrar caminando muy segura de mi misma a entregar mi solicitud, cuando llegué con él me saludó de beso en la mejilla lo cual honestamente se me hizo algo osado de parte de él pero como yo necesitaba mucho el empleo no dije nada, después procedió a hacerme una entrevista la cual fue muy breve ya que prácticamente solo me preguntó mi edad, en que parte de la ciudad vivía y si era soltera a lo que le contesté que sí, al terminar la mini entrevista me dijo “bueno princesa solamente falta algo para concretar tu contratación” dijo eso viéndome las piernas, “por favor ayúdame a acomodar esos vasos en la repisa que está ahí hasta abajo en el mueble que está justo debajo de aquella barra”.

    Yo me detuve un momento a pensar que era lo que me estaba pidiendo y porque razón lo está haciendo, al verme titubear el tipo solo me dijo “es para ver cómo te puedes desenvolver en el trabajo ya que es un oficio que requiere de cierta agilidad” se me hizo que se sacó la explicación de la manga pero pues no me quedó de otra más que aceptar con una sonrisa fingida y comencé a llevar los vasos al mueble, pero me vi en aprietos porque al estar muy juntos la barra y el mueble no me dejaban espacio para agacharme doblando mis rodillas, por lo que cada vez que me agachaba lo tenía que hacer como empinándome con las piernas bien estiradas y casi parando las nalgas.

    Al principio llevaba yo un solo vaso ya que con una mano lo acomodaba y con la otra sujetaba mi mini falda de atrás ya que al estar muy corta se me subía de más y dejaba al descubierto mi nalgas y mi ropa interior, entonces estaba yo maniobrando tratando de sujetar mi faldita abajo para que el tipo no me viera las nalgas ya que no perdía de vista cada uno de mis movimientos, él se dio cuenta de lo que yo estaba tratando de hacer y me dijo que usara mis dos manos, cuando dijo eso volteé a verlo con cara de desconcierto y vi cómo me miraba sonriendo con un tono de lujuria, al ver que me miraba de esa manera sentí un ligero escalofrío de excitación, pero me contuve y le respondí sonriendo también “claro con mucho gusto jefe” y me reí falsamente cuando por dentro estaba de lo más desconcertada pero a la vez algo caliente por la situación.

    Tomé dos vasos y caminé al mueble lentamente, respiré profundo y pensé “ni modo Ali necesitas el trabajo así que cierra el contrato”, me agaché completamente para acomodar los vasos esta vez sin poder sostener mi falda mostrándole al gerente en todo su esplendor mis nalgotas con solamente una tanga blanca que se me metía entre mis nalgas y cubría solamente mi vulva, acomode los vasos lo más rápido que pude y me incorpore inmediatamente, yo estaba roja de la vergüenza sin poder creer lo que estaba sucediendo, pero me alivié un poco cuando escuché al gerente decir “listo princesa ya vi todo lo que quería ver jajaja estas contratada, empiezas mañana mismo”, francamente me dio mucho gusto jaja le di las gracias y le pregunté cuál iba a ser mi uniforme, me dijo “pues el uniforme usual de tus compañeras es de pantalón blanco pero a ti te voy a pedir que traigas este uniforme mira” sacó de un almacén un par de minifalditas como de colegiala color blanco y un par de blusas formales de manga larga de color rosa pastel, agregó “de ahí solamente te arreglas así como estas ahorita, con tu cabello recogido y tus tenis blancos para actividad”, al ver el vestuario que me estaba entregando pensé “eres una cabrón” pero no dije nada, solo lo tomé sonriéndole y le dije “perfecto entonces nos vemos mañana”, me despedí y salí del lugar aliviada porque conseguí el trabajo pero con temor por no saber en lo que me había metido.

    Dia 1:

    Es mi primer día en el restaurante y todo ha transcurrido muy fácil ya que mis compañeras son muy amables y el gerente se está tomando el tiempo de capacitarme en todas las áreas. Noto las miradas de los clientes cuando camino por las mesas ya que como era de esperarse, las faldas de mi uniforme me quedan demasiado cortas y al caminar rápido agarran mucho movimiento descubriendo a momentos mis piernas y de vez en cuando el comienzo de mis pompas, lo cual se roba la vista de la mayoría de los varones del lugar.

    El día transcurrió y todo había ido muy bien hasta que casi al finalizar mi turno he tenido un altercado con una mesa, al estar yo un poco inclinada recogiendo los platos de una mesa y limpiándola, un adolescente de la mesa de atrás me ha tomado una foto por debajo de mi falda, yo lo alcancé a ver por el reflejo de la vitrina de una ventana y me giré inmediatamente confrontándolo “disculpa, me acabas de tomar una foto por debajo de mi falda?” a lo que el mocoso se negó y volteó a ver a su padre que se encontraba sentado a lado, me giré hacia el papá diciéndole “señor su hijo me acaba de fotografiar mi ropa interior por debajo de mi uniforme”, en eso el tipo le dice al muchacho “a ver cabrón déjame ver tu celular” a lo que el adolescente solo agachó la mirada y le entregó el teléfono, el padre revisó las fotos y dijo “wow vaya vaya” mientras me miraba sonriendo, yo me quedé viéndolo si entender nada sobre lo que estaba pasando, en eso el padre dice “pues tienes razón aquí hay una fotito muy interesante de unas nalgas bastantes ricas” y me muestra la foto en la que se veían mis glúteos desnudos completamente ya que en el ángulo de la foto mi tanga se había perdido completamente entre mis nalgas, al yo ver la foto me molesté y los miré a los dos con cara de enojo, en eso el padre me dice “pero como sabemos si realmente eres tú la de la foto? Puede ser cualquier persona” al decir eso el Padre, el hijo me volteó a ver con una sonrisa maliciosa, yo solo le dije “soy yo señor, el muchacho me tomó esa foto a mí” a lo que el tipo me dijo “pruébalo entonces, déjanos ver si tus nalgas se parecen a estas”, al escuchar eso yo solo me fui a la cocina rápidamente súper enojada con los ojos llorosos mientras los tipos me gritaban “adiós cachetona”, estuve ahí dentro unos minutos para tranquilizarme y al tomar mis cosas e ir caminando a la salida veo que los dos imbéciles se han marchado, gire a ver la mesa y me di cuenta de que me han dejado propina, me acerco a ver y veo que me dejaron 50 dólares de propina! Eso es más de lo que yo ganaba al día, al ver el dinero de repente sentí un calambrito como de excitación sin explicarme porqué, solo sonreí y me fui a casa.

    Día 10:

    Ya tengo más de una semana trabajando en este lugar, el gerente me ha comenzado a llamar “nalgona” según él de cariño, “oye nalgona trae esto… oye nalgona lleva aquello… oye nalgona limpia eso”, he decidido no darle importancia y mejor me concentro en mi trabajo, sigo levantando miradas por mis falditas pero me he dado cuenta que si camino de una manera más sensual sin importarte nada y segura de mi misma, los comensales varones me dejan excelentes propinas, así que aprovecho lo que tengo a mi ventaja que son mis nalgotas y mis piernotas jaja incluso cuando se me cae algo me agacho empinándome según sin darme cuenta y les enseño el culo a algunos tipos para que me dejen algo extra de propina jeje poco a poco me va gustando este trabajo.

    Día 21:

    Tres semanas siendo mesera, el gerente me ha comenzado a dar nalgadas eventualmente durante el día, al principio me desconcertaba mucho que lo hiciera pero conforme lo hacía me iba gustando cada vez más, tiene una forma muy rica de nalguearme cada vez que me manda a hacer algo “ándale nalgona mueve las nalgas y limpia eso (nalgada)”, a veces me nalguea como hacia arriba para hacer rebotar mi pompi y levantando mi faldita por un segundo para verme la tanguita que traigo ese día, yo solamente volteo a verlo sonriéndole muy coqueta y me voy caminando moviéndole las caderas sensualmente.

    Día 30:

    Ya un mes trabajando aquí y mi relación con mi gerente es de lo más erótica, se ha tornado en una relación como de amo y sumisa lo que cada vez me prende más, todos los días al estarme arreglando para salir al trabajo le mando fotos de mis nalgas en la tanguita que me puse ese día diciéndole “ésta me puse hoy mi rey”, pero las veces que salgo rápido y no le mando la foto me levanta la falda al llegar al restaurante para verme mi culote y me dice “a ver putita de qué color traes la tanguita hoy?” lo cual me encanta que haga porque me hacer sentir como toda una hembra a su disposición, a parte me ha subido el sueldo jeje así que todo está funcionando para mí.

    Día 37:

    Hoy he sorprendido a mi gerente con una sorpresa, estuve viendo todas las fotos que me he estado tomando todos los días, en las que salgo enseñando mis nalgas y me di cuenta que me veo bastante bien jeje y que me encanta que la gente me vea, así que decidí hacer algo para incrementar mi excitación, me acerqué a él mostrándole algo en mi celular y se ha quedado asombrado al ver que he creado una cuenta en la red social Instagram, donde he subido todas mis fotos en tanga y eróticas que le he estado mandando durante todos estos días, le he dicho “búscame como tjgirl_of mi rey… en la foto de perfil vas a reconocer mis nalgas en la tanguita rosa que tanto te gusta”, él se ha quedado sorprendido mirando mi culote en Instagram y me dice “me voy a ir a jalármela al baño nalgona” al mismo tiempo que me da un agarrón de nalga por debajo de mi faldita.

    Día 42:

    Mi gerente ha llegado estresado y se ha metido a su oficina, yo me preocupo así que voy y toco la puerta para entrar, escucho que el grita “adelante!” así que entro y me encuentro con él sentado en su sofá reclinado hacia atrás y con la verga a fuera, me dice que está muy estresado y me pide que le rasque los huevos, me acerco con mi faldita y me pongo de rodillas en el piso junto a él, comienzo a rascarle los testículos suavemente mientras él recarga su cabeza hacia atrás diciendo “ufff que rico mi reina me encanta como lo haces, me relajas mucho”, yo no puedo dejar de ver su vergota que aun sin estar totalmente erecta es una monstruo de pene, en eso él ya relajado me dice la razón de su estrés, resulta que el cumpleaños número 18 de su hijo se aproxima y él no sabe que regalarle, es algo importante ya que el chico cumple su mayoría de edad y le quiere regalar algo significativo, yo solo lo escucho poniéndole atención mientras sigo acariciándole los huevos, cuando de repente voltea a verme arrodillada con la faldita un poquito recogida dejando ver un triangulito azul de la tanguita que llevaba puesta ese día, me mira y me dice sonriendo “ya sé que es lo que le voy a regalar a mi hijo mi reina”, yo me quedo mirándolo con los ojos bien abiertos de la curiosidad, me dice “me vas a ayudar a convertirlo en hombre”…

    Día 45:

    Es un día bastante ocupado en el restaurante, todo el staff de las meseras está muy ocupado y no se dan abasto, los cocineros están a todo lo que da y hay mucha gente en espera por lo que las anfitrionas presionan a la gente de limpieza para poder acomodar clientes en las mesas que se van desocupando, el ruido del ajetreo del lugar cubre un sonido que proviene de la oficina del gerente, ese sonido son mis gritos de placer por la cogida que me está poniendo. La puerta de la oficina está cerrada bajo llave, las cortinas cerradas, las luces apagadas, mi faldita está tirada en el piso, el pantalón de mi gerente sobre la silla de su escritorio, mi tanga está en el bolsillo del pantalón, su cinturón está atado a mis dos muñecas, mi pierna esta encima del hombro de mi jefe y su verga está completamente ensartada en mi vagina.

    Mi gerente me está poniendo la mejor cogida de mi vida, su movimiento de cadera al estarme bombeando la vagina es de lo más placentero, no sé cómo lo hace pero cada embestida siento que me penetra más adentro, me tiene con las manos atadas y estiradas hacia arriba para no moverlas, en mi rostro solo se me ve con los ojos en blanco y gritando de placer “así jefe así! así cójame por favor se lo suplico! sígame haciendo su hembra! cójame duro mi amo cójame ah ah ah!”, al escuchar eso él solo mantiene el ritmo tan magistral de su vergota penetrándome y haciendo chocar sus huevos con mi cuerpo en cada metida, lo único que se escucha dentro de la oficina a parte de mis gritos son el choque de sus testículos fap fap fap con las cogidas que me está dando mi gerente en su oficina, de repente solo me agarra de las nalgas y me sube la otra pierna a su hombro quedando yo suspendida en el aire siendo sostenida por sus brazos tan fuertes y recargada en la pared “uuuffff sí papi sí! nunca me habían cogido en esta posición” al tenerme así en esa posición mi propio peso hacía que cayera yo ensartada en su verga y le permitía a él metérmela más adentro todavía lo que me llevaba a las nubes de placer, en eso solo sentí que mi mente se iba de mi cuerpo y un calambre bajada a mi pelvis, solo sentí que puse los ojos en blanco soltando el grito de placer más fuerte que he dado al estar sintiendo el mejor orgasmo que había tenido en mi vida, al mismo tiempo él me llenó de su lechita mi vagina viniéndose de lo más delicioso poniendo una cara de satisfacción sonriéndome.

    Después de terminar los dos nos vestimos para salir a ayudar en el restaurante, le pedí mi tanga a lo que se rehusó a entregármela y me mandó así sin ropa anterior a atender las mesas el cabrón jaja.

    Día 50:

    Se ha llegado el día del cumpleaños número 18 del hijo de mi macho, bueno realmente fue ayer pero hoy es el festejo, nos encontramos en el departamento de mi jefe el cual es un departamento de soltero muy lujoso y con bastante espacio, se escucha la puerta principal abrirse y veo que han llegado los dos, mi jefe tiene algo planeado para su hijo así que le ha dicho “te vas a quedar aquí sentado en el sofá mientras yo voy a arreglar un asunto y regreso”, el chico al escuchar eso se queda desconcertado y le pregunta si se va a tardar mucho a lo que el papá le responde que no se preocupe por eso ya que solo serán unos minutos, en seguida se va mi jefe dejando al muchacho sentado en el sofá así que yo estando escondida en la cocina aprovecho para verlo bien, es un chico muy alto y delgado, se ve que hace ejercicio porque para su edad ya tiene un cuerpo muy desarrollado, después de verlo unos minutos y al ver que mi jefe se ha ido, decido que es hora de mi numerito así que abro la puerta de la cocina y he salido caminando lentamente hacia la sala de la forma más sensual y mirando fijamente al chico a los ojos, veo como el muchacho al verme se queda sin aliento con cara de asombro con los ojos bien abiertos lo que se me hace muy tierno, no lo culpo ya que yo también me habría asombrado al verme como iba yo arreglada para la ocasión, ya que mi jefe para celebrar la mayoría de edad de su hijo me ha puesto enfrente de él llevando yo un moño rojo grande como de regalo de cumpleaños atado a mi torso cubriéndome las tetas y una tanga blanca de hilo con encaje en el triangulito de enfrente, me giro para que el muchacho me vea el mensaje que me ha escrito su padre en mis nalgas, en una nalga puso “Feliz cumpleaños hijo” y en la otra puso “Disfruta tu regalo”, el chico al ver eso solo se rio en un tono asombrado diciendo “¡no lo puedo creer! estás riquísima mujer”, cuando escuché eso me comencé a prender mas así que me giré hacia él diciéndole “Bienvenido a la etapa adulta de tu vida príncipe, ven y abre tu regalo”, el chico se acercó inmediatamente y jaló del listón del moño dejando desnudas mis tetas en todo su esplendor a disposición de él, ¡“que sabrosa estás!” me dijo bastante excitado y me comenzó a manosear las tetas como desesperado a lo que lo detuve diciéndole “relájate príncipe, tenemos tiempo así que siéntate en el sofá y déjame jugar un ratito ahí abajo”, le dije eso mientras le acariciaba el bulto en su pantalón, rápidamente se sentó en el sofá y yo me acerqué poniéndome de rodillas frente a él, le abrí lentamente el pantalón mientras lo miraba a los ojos tratando de sacar lo que parecía un pene sin fin, en ese momento la asombrada era yo ya que saqué debajo de su trusa algo descomunal de miembro, era fácil el doble de gruesa que la de su padre y como una mano más larga, yo no podía creer lo que estaban viendo mis ojos, el muchacho solo sonrió y dijo “creo que la asombrada ahora es otra” mientras se agarraba su vergota como jalándosela, al ver eso me entró una necesidad de tenerla en mi boca así que me la metí y le comencé a dar la mejor de las mamadas al chico este, él solo me sujetaba de la cabeza mientras yo trataba de abrir mi boca lo más que podía para que me lograra entrar tremenda vergota, estaba yo salivando demasiado mamándole la verga y él solo recostado hacia atrás como dueño de la situación, al verlo así de seguro de sí mismo hacía que me mojara deseando tenerla ya dentro de mí pero al mismo tiempo sin poder dejar de chuparle todo su hermoso miembro hasta los testículos.

    Después de unos minutos de chupársela el tipo ya tenía su pene completamente erecto lo cual no dejaba de sorprenderme del enorme tamaño que tenía, “ahora sí nalgona súbete y ensártatelo tú solita como la putita que eres”, yo sin pensarla dos veces solo le dije “sí mi amor haré todo lo que usted me pida” mientras me subía al sofá quedando frente a él con un pie de cada lado quedando mi tanga justo enfrente de su rostro, el tipo agarró mi tanga y me la quitó rompiéndola de un jalón y la arrojó al piso, al sentir como bruscamente me despojó de la única prenda que llevaba puesta yo solo pegué un pequeño gritito de asombro y lo miré a los ojos con temor a lo que él me dio una sonora nalgada y me ordenó que me comenzara a meter su vergota en mi vagina, me comencé a bajar montándome sobre él introduciendo su miembro descomunal lentamente en mí bajando poco a poco y sintiendo como me iba abriendo cada vez más, cada centímetro que entraba era un suspiro que me sacaba de lo rico y lo doloroso que estaba siendo todo esto, él solo sonreía al ver lo mucho que estaba batallando para meterme toda su verga en mi vagina cuando de repente mientras yo ya tenía la mitad de su pene ensartándome, el muy idiota me tomó de las caderas y me bajó de un sentón metiéndomela toda hasta dentro, pegué un grito desgarrador del inmenso dolor que sentí “qué haces idiota?!! me tienes bien abierta cabrón!!” le grité algo molesta a lo que él solo se rió y con sus manos aun en mis caderas me comenzó a subir y bajar con un ritmo suave pero a la vez un poco rudo, yo sentía una mezcla de dolor y placer combinado mientras subía y bajaba siendo cogida por este muchacho de apenas 18 años, puse mis manos sobre sus hombros y le puse mis tetas en su rostro, me empezó a besar las tetas y mamar los pezones lo cual siempre me ha prendido muchísimo, al hacerme eso me comencé a lubricar bastante permitiendo que la verga de él deslizara con más facilidad, me comencé a mover yo sola a un ritmo súper rico ya que el dolor estaba desapareciendo y ya solo me estaban metiendo una cogida muy sabrosa, mis nalgas solo rebotaban con mis movimientos y con las cogidas que me estaba poniendo el chico, de lo dentro que estaba su pene en mi vagina yo no podía gritar y solo sentía muy delicioso como entraba y salía mi semental, yo jadeaba como perrita en celo con cada choque de mis nalgotas con su huevos “ah ah ah me tienes bien ensartadita mi amor” solo atiné a decir en voz baja mientras él seguía besándome las tetas, lo abracé con mis brazos y el me empezó a respirar en mi pecho mientras yo aumentaba el ritmo de mis sentones, lo estaba cabalgando muy deliciosamente subiendo y bajando cuando de repente me agarra de las nalgas y me carga levantándose del sofá quedando él de pie y yo en sus brazos aun penetrada, ha comenzado a manejarme a su antojo ya que con sus manos en mis nalgas sosteniéndome completamente en el aire me la está metiendo a su entera voluntad mientras yo no tengo de otra más que de abrazarme a él y soltar pequeños gemidos de placer, después de estar cogiéndome en esa posición ya por varios minutos comienzo a sentir como me comienza a vibrar mi cuerpo y de nuevo mi mente abandona mi cuerpo para abrirle paso a la explosión del orgasmo que me está provocando el hijo de mi jefe, me vine suuuper rico quedándome sin fuerzas súper relajada recostada en el hombro de mi semental, estoy yo tan a gusto en ese estado de reposo cuando me dice el chico “ahora es mi turno”, en seguida se gira al sofá y me recuesta quedando yo con las piernas abiertas y él en medio de ellas bombeándome a un ritmo tan acelerado y fuerte que hace que el sofá se mueva hacia atrás con cada metida de verga que me pone, esta vez sí me está haciendo gritar de lo rico que me está cogiendo “ah ah ah mi rey! mi rey síguele!! síguele mi amor sígueme cogiendo!!! ah ah ah cógeme cógeme fuerte!”, el sigue embistiéndome como una maquina sexual y yo solo recibiendo su miembro una y otra vez con mis piernas bien abiertas y estiradas en el aire hacia arriba como en V, de repente siento una descarga tibia en mis adentros y el cuerpo de él ponerse tenso con su rostro colorado, se escucha que suelta un grito ahogado de placer para caer rendido encima de mí, se ha venido dentro de mí y yo he tenido una cogida muy sabrosa de parte del hijo de mi jefe.

    Continuará…

  • Salí a cenar y terminé cenada

    Salí a cenar y terminé cenada

    El otro día salí con un amigo para ir a tomar unas cervezas, llegamos a un restaurante y todo era súper casual, nos sentamos a beber y a platicar un rato de cómo nos ha tratado la pandemia y todo.

    En una de esas platicando le tomé la pierna súper casual, pero él se puso nervioso y lo noté enseguida, en eso le pregunté que por qué le ponía nervioso que lo tomara de la pierna? Y me comentó que siempre le había atraído, pero que nunca se había atrevido a algo, así que me acerqué y lo besé mientras comenzaba a subir mi mano por su pierna y todo se comenzaba a calentar, él empezó a subir su mano por mi pierna (yo llevaba un vestido no muy corto) pero me empecé a percatar que la gente nos miraba y le propuse irnos a otro lado, así que pedimos la cuenta y nos fuimos

    Ya en el coche me lancé sobre él y comencé a besarlo, sus labios, su cuello, empecé a pasar mi mano por encima de su pantalón y noté que la erección era bastante notable, así que me alejo y solo comenzó a conducir.

    Llegamos al hotel pirámides de la Del Valle en cuanto nos bajamos me cargo y comenzó a besarme mientras que poco a poco baja los tirantes de mi vestido y lo dejaba caer y me seguía besando, en eso me tumbó en la cama y me quitó el vestido completo dejándome en una tanga negra de encaje y un bra negro y él se quitó la playera y bajo los pantalones y se me hecho encima, comenzó a besarme las piernas y poco a poco subía, hizo mi tanga a un lado y comenzó a hacerme un oral, sentía como su lengua me recorría desde el ano hasta mi clítoris, y succionaba y lamía… se sentía delicioso y poco a poco fue me tiendo un dedo en mi vagina y comenzó a masturbarme mientras seguía lamiéndome y ahí fue cuando tuve mi primer orgasmo, súper mojada y rica.

    Después de eso lo acosté y comencé a hacerle un oral yo, jugaba con sus huevos en mis manos, poco a poco chupaba su glande y me

    Lo metía completo en la boca hasta volver a sacarlo y empezar a lamerlo como una paleta mientras que al mismo tiempo se la jalaba y juzgaba con sus huevos, también bajaba a chupar sus huevos y regresaba a comerme esa verga grande y dura que tenía enfrente de mi hasta que terminó en mi boca y me hizo pasármelos y yo gustosa acepté… para mi sorpresa no se le bajó, así que procedí a ponerle el condón y comenzar a cabalgarlo con unas locas ganas, solo sentía como entraba y salía de mi tan delicioso mientras él me chupaba las tetas y me mordía los pezones hasta que bruscamente me aventó a la cama, me puso en 4 y comenzó a cogerme de una manera tan deliciosa, mientras me nalgueaba y me jalaba del cabello, sentía como me la metía sin piedad mientras yo gemía y pedía más me iba hundiendo en otro orgasmo delicioso que solo me hacía gritar de placer, en eso él se salió, me volteo, se quitó el condón y comenzó que jálesela mientras se venía en mis tetas y después me hacía chupársela para dejársela limpia.