Autor: admin

  • Una mujer para todo uso

    Una mujer para todo uso

    En esas semanas con pomadas y analgésicos inicié un camino que no sabía que fin tendría, fueron días con la sensación de estar atrapada aun, inmovilizada, entre la cama y esa descomunal bestia encima de mí que me asfixia, empotrándome su verga hasta los límites de mi estómago y de mis orgasmos.

    Ya conté que mi pareja juega póker y ya escribí sobre cuando perdió y me tocó pagar. Y claro, volvió a suceder. Y yo ya no era premio, era un objeto para hacer lo que no hacían con sus esposas, para experimentar y explorar sus perversiones. Una mujer para todo uso.

    Debo mencionar también que Luis mi pareja llevó nuestra relación, que es solo sexual (él es casado) hasta entregarme a un grupo de amigos. Lo que para mi ha resultado sorprendente es que lo acepto, y este sentirme usada, humillada, un objeto desamparado, me provoca una morbosa sensación de miedo y excitación, mientras mas expuesta e indefensa he ido quedando entre ellos mas intensos son mis orgasmos, mientras mas débil más penetrantes las sensaciones. Una amiga sicóloga, me sugirió una vez que escribiera aquello que me perturba porque así se puede lograr esa distancia necesaria para poder asumir lo que la razón y la moral después niegan. Así que ordenadita comenzaré desde el principio de esta tercera vez. Lo que han hecho conmigo, y que he dejado que me hagan, debo reconocerlo.

    Jorge Luis mi parner es un hombre de ya casi 50 años, debe pesar 80 kilos, delgado de un metro y ochenta, serio, casado, es jefe en una minera y está muy bien, con unas manos y ojos de sueño. Yo tengo 50, delgada y bajita, labios, brazos, cuello delgados menos las piernas y un trasero justo, redondo y parado aun que se dan vuelta a mirar y eso me gusta. La noche que hoy cuento habían venido tres amigos a jugar y al final quedaba mi pareja, el Chico Nano y uno al que le decía el Dealer el que había obligado a Jorge que me compartiera con ellos la primera vez. El cuarto jugador siempre se iba antes. Era tarde ese viernes y ellos jugaban en la mesa al fondo y yo estaba en el sillón terminando de ver una peli cuando Luis se me acercó, socarrón y me dijo bajito como preguntando lo que yo sabía era una orden:

    – Peladita…, vas a tener que repetir… ya me comprometí. Yo lo miré con cara de odio, entendí perfectamente que era ese «repetir». Era cerca ya de medianoche. Sus tres amigos me miraban que me comían desde que llegaron, el Dealer y el Chico seguro se acordaban de esas otras noches en que me usaron.

    Si. Si tu lo dices, claro amor…, le dije suave, con una falsa sonrisa. Luis era un hombre que tenía momentos en que con su mirada me paralizaba. Esa era mi suerte. Lo sabía y la he asumido. Además no quería que otro hombre me dejara nuevamente como mi ex después de 25 años.

    Luis les invito a la sala y dejaron la mesa de juego y se acercaron a los sillones donde yo veía la peli. Era de unos tipos que disfrutaban chocando autos y tenían sexo heridos. Luis me corrió dejándome al medio del sillón grande y se sentó a mi lado. A mi otro lado se sentó el Chico Nano. Los hombres después de haber tenido sexo con una mujer se sienten un poco propietarios de ella, se arrogan autoridad sobre una. Con esa confianza me tomó de la mano y me atrajo hacia sí, tenía una colonia fuerte y manos toscas de dedos gruesos y cortos. Al oído me susurró «de esta noche no te vas a olvidar flaquita, el sueño de cualquier mina». Su aliento era a alcohol caro y sus dientes impecables. Yo estaba clavada al sillón, en ese momento solo quería que la tierra se abriera y me tragara.

    – Estamos de acuerdo entonces? -le preguntó a mi pareja por encima mío-, la prestas pa’ usarla un par de horitas nada mas…, no hay que ser egoísta amigo. Yo presentía algo: moreno de ojos verdes, moreno malo. Y chico, chato, y petulante mas encima. Pero sabía también que ya era de ellos. Era la presa que ya comenzaban a devorar a mordiscos.

    – Nada de fotos ni de marcas, y estamos de acuerdo. -le respondió Luis desde mi otro lado. Allí en medio era un objeto de cambio, como el dinero que pasa de mano en mano. El Dealer que estaba sentado al frente me miraba la blusa tratando de adivinar mi escote que tenía una transparencia negra sobre un relleno para agrandar mis pequeños pechos.

    – De acuerdo entonces, dijo el Chico. Se paró de mi lado, sacó el celular del frutero donde los dejaban al llegar y se fue a llamar al balcón del departamento. Escuché que daba nuestra dirección, que hablaba de un examen y un depósito, luego entró sonriendo y se fueron por unos tragos a la cocina y hablaron y rieron entre ellos, el Chico les contaba del tamaño de algo. Yo continué viendo la peli. Me sirvieron un whisky, el tercero (el tercero generalmente es el de mi perdición) pero sabía que Luis me cuidaba y pensé que para lo que venía mejor un trago fuerte. No sabía que iba a necesitar mucho mas que eso.

    – Por qué te gustan las minas tan flaquitas? -le preguntó cuándo volvieron a sentarse a la sala.

    – Aunque ese culito parado y redondo y la cara de muñequita que esta se gasta calienta a cualquiera. Y volviéndose a mi me preguntó “Cuánto mides?”.

    – Un metro sesenta. Mentí, mido 10 y unos centímetros menos

    – … y pesas…?

    – Cincuenta, y exageré un poquito de nuevo. Lo bueno viene en frasco chico, le dije.

    .- De tetas nada… una pena flaquita, mas plana que una tabla. Que talla usas de brassier? Y entendí perfectamente que no le interesaba eso sino que era una forma de someterme, de humillarme.

    .- Talla S… por lo menos no se me van a caer con los años, le dije tratando de conciliar.

    .- Tienes cara de mina… pretenciosa, elegante, me dijo mientras me recorría la pierna con su mano por sobre el pantalón. Con cuantos engañaste a tu marido?

    -Nunca, le fui fiel 24 años- dije indignada de verdad. Y no me faltaban oportunidades, agregué.

    -Y antes de Luis? Ya solterita a cuántos te tiraste? Porque me contó que llevabas como 6 meses separada cuando le diste la pasada.

    -Solo a uno… y una vez solamente, en una casa en la playa. Y a Luis me costó darle la pasada como dices porque tu sabes que del banco no podemos salir con clientes, y Luis y tu y todos ustedes son clientes, y casados. Y en esos momentos tocaron la puerta.

    – Si, tenemos una dependencia mutua podríamos decir. Luego cambió de tono y me ordenó: Anda a abrir, y supe que desde ese momento estaba completamente en manos de él. En verdad yo sabía que algo así podía pasar alguna vez: quedar sometida a un grupo de hombres

    Abrí y de la sombra del pasillo apareció un hombre que no iba a caber por la puerta. La mascarilla solo dejaba verle sus ojos oscuros y unas cejas muy pobladas. El pelo corto y tieso. Los brazos gruesos y peludos asomaban de una camisa manga corta y manos de trabajador. Las uñas limpias por suerte pensé. Daba la impresión que se había bañado hace unos minutos. Ingenua pensé como buena madre que lo era en la semana, si teníamos monedas… y no traía ninguna pizza, y eran pasadas las doce y había toque de queda.

    – Dile que pase, dijo de adentro el Chico Nano y presentí algo muy malo. Bajé la vista y disminuida me hice a un. El hombre pasó rozando el dintel de la puerta y se adelantó a saludarlos mientras yo atrás cerraba. Por un momento pensé en quedarme afuera, pensé que si fuera una mujer normal debía irme, pero algo mas poderoso que yo me hizo caminar hacia adentro hasta junto a un sillón y esperar, con las piernas inseguras y la mirada en el suelo. El escorpión siempre va a morder a la rana, es su destino pienso hoy cuando recuerdo esa noche.

    – Princesa sírvele un trago, me dijo Luis. El hombre miraba la sala como buscando algo. Le serví un whisky con hielo y al alzárselo noté que aun con mis tacones altos de zapatos de fiesta le llegaba mas abajo de su axila.

    – Princesa, mira él se llama… en realidad nadie sabe cómo se llama pero trabaja una cuadra mas abajo en un bar, saca borrachos, acarrea cajas, le decimos el Gringo. El tipo se sonrió. «Mucho gusto» me dijo y se me acercó y me tendió la mano yo le entregué la mía que se perdió en la de él. Quedé a su lado y noté lo diminuta que era a su lado, mi boca mas cerca de su cinturón que de su cara, mis pechos en su cintura. Y era el doble de ancho que yo.

    – Anda a ponerte sexi -me ordenó El Chico- mientras nosotros arreglamos acá. Cuando dejaba todo a media luz escuché que el tal Gringo preguntaba “Ella?… Ella sola? apuntándome con su dedo. Entré al dormitorio como los ratones que una vez que el gato los ha atrapado y ya medio muertos los deja libres y corren en círculos, ya no intentan arrancarse, corren entregados a su suerte, así en ese estado saqué un baby doll rojo transparente con un colaless de encaje por delante y me metí al baño, me lavé los dientes, como ratón ya cogido me arreglé el maquillaje, el pelo, no quería ni podía pensar en nada. Luego me desvestí y me puse la transparencia pero antes sequé mi entrepierna porque estaba húmeda, mas húmeda de lo normal. Estaba temblando pero la adrenalina me mojaba. Esta ratona sabía que se la iban a comer y eso le excitaba. Me volví a mirar al espejo, el rímel de las pestañas, a repasar el rouge cuando golpearon la puerta.

    – Apúrate Princesa que otras pagan por mirar y tu, que lo vas a tener entero para ti, te demoras… Hasta te lo podrás servir dijo riéndose El Chico. Apagué la luz del baño y salí despacio mirando el suelo sin querer enfrentar con la vista al hombre que ya echado tapaba completamente uno de los sillones individuales. Y quedaba nuevamente a la entrada de la sala oscurecida semi desnuda frente a cuatro hombres encendidos exaltados y algo borrachos…, entregada a ellos.

    – Ven conmigo Princesita, siéntate aquí, me dijo El Chico golpeándose sus piernas, lo que no te conté del Gringo, Princesa, es como se hace unos pesos extras. Y comenzó a meterme mano delante de ese gigante.

    – Se gana unos pesos extras mostrándole a las viejas su herramienta en el baño del personal. Yo no le he visto pero dicen que es una monstruosidad jajajaja. Los demás le escuchaban y me miraban entera en silencio, sonrientes, expectantes. Me enderezó por los hombros me paró y me hizo sentar sobre él nuevamente pero de frente a ese hombre que me miraba lascivo y sonriente, se le notaba la maldad en los ojos. En el extremo del sillón Luis miraba entusiasmado y en el otro sillón de la esquina el Dealer no sacaba la vista de mi entrepierna. Y mientras me contaba como las viejas salían del baño todas cachondas solo porque lo habían visto El Chico me magreaba los pechos, ponía a correr ambas manos por sobre mis piernas desnudas desde mis rodillas hasta el colaless, una dos diez veces abriéndomelas para que vieran mi sexo apenas tapado por ese hilo dental en la semi oscuridad. “Dicen que no deja que nadie se lo toque”, me seguía diciendo con su boca pegada a mi oído mientras una y otra vez deslizaba ambas manos al tiempo por el interior de mis piernas hasta el borde de mi sexo, las subía por mi estómago manoseaba mis senos y rozaba mis pezones. Luego me bajó desde los hombros los tirantes del baby-doll dejándoles expuestos mis pequeños pechos. Su lengua repasaba mi cuello por detrás mientras manoseaba mis pechos, y sus dedos pellizcaban y estiraban mis pezones rosados que se endurecían y paraban. “A ver si se le agrandan” me susurraba y bajaba nuevamente hasta mis piernas recorriéndolas y separándolas.

    Yo recuerdo que ya me era imposible resistirme. Me ganaba la penumbra de la sala, el olor a alcohol, las miradas calentonas sobre mi, su respiración en mi nuca. Busqué auxilio en Luis que estaba en el otro extremo del mismo sillón, buscaba su mirada, buscaba su apoyo, pero él estaba encantado viendo como me metían mano y me exhibían abierta así delante de ellos y entre el miedo y la ya inevitable excitación eché la cabeza atrás dejándole expuesta mi garganta. Me estiró los brazos y entendí: puse mis manos sobre sus piernas en las que estaba montada y me eché adelante y me sacó por arriba el baby-doll y me dejó solo con el hilo dental mientras paseaba sus dedos levemente por los bordes de mi vagina. “Soy muy puta Princesita, me dijo al oído, te gusta, estay caliente como perra”. Yo me mordí los labios. Era cierto. Pero no quería serlo. Pero si quería serlo. Cerré los ojos y eché la cabeza atrás y casi instintivamente comencé a abrir las piernas. La peli estaba sin sonido y solo se escuchaba mi jadeo en la penumbra de ese expectante silencio. Reconozco que refregué mi espalda contra él y al tiempo que apretaba sus piernas con mis manos sentía entre mis glúteos el duro sexo del Chico. Yo era una cosa para Luis, era solo un espectáculo para él ahora y sentía su mirada inquisidora sobre mi.

    Luis antes tenía antes una amante de esas que miden 1.80, tienen dos metros de piernas y un XXL de brasier. Pero por algo estaba hoy conmigo… no?, con mi casi 1.50 de altura y mis 46 kilos sabía que le daba lo que la otra nunca le dio. Lo que me hace mucho mas mujer que esas rubiteñidas, seguro vaquitas echá para la cama, redondas de silicona. En eso razonaba antes, o después de dejarme acariciar delante de ellos.

    Doblando mi cintura sobre ese hombre cerraba los ojos para no pensar pero era inevitable por algunos segundos el verme allí desnuda entre ellos vestidos. Bebiendo. Compartiéndome con la película porno que tenía al lado y yo ahí, expuesta, débil, exhibida, cada mirada me degradaba. Luis me regalaba. Para todo uso. Y yo no me podía negar. Me entregaba a sus deseos y solo me dejaba ir. Ahí, sentada sobre el Chico que me abría frente a ellos no dimensioné, no vi que ese descomunal cargador que estaba frente a mi comenzaba a sonreír y a mirarles. Entonces el Chico me agarró mi pelo por la nuca, me enderezó hasta dejarme de pie casi colgando delante del gigante ese y le dijo, «ahora toda tuya Gringo, está mojadita la muy perra, házmela gritar de gusto».

    Parada frente a él tapada solo por ese hilo dental en medio de la sala me di cuenta en verdad de que me esperaba.

    Jorge Luis, el Chico Nano y el Dealer se enderezaron para ver como esa inmensa mano llegó a mi pequeño hombro haciéndome arrodillar frente a su entrepierna. Tenía bajo el pantalón un bulto que parecía manguera de bombero, una anaconda prolongándose por su pierna. Sabía lo que había que hacer y lo hice. Bajé el cierre, metí la mano y saqué lo que no me imaginaba que existiera. Ahora de soltera nuevamente he visto mas de una peli porno pero eso era real, pesaba y estaba caliente, palpitaba y se estiraba libre cobrando rigidez. Estaba asombrada, aterrada y atrapada por esa cosa inmensa en una mano. Miré a Luis que sonreía con sus ojos abiertos como nunca, obviamente tampoco se lo había visto. El Dealer se tapó la boca y se rió. Lo apreté con mis dos manos y cubría la mitad y comencé a masturbarlo. En mi boca entraba la punta de la cabeza, lo pasé por mi cuello, por mis ojos, me lo refregué en la frente mientras le lamía sus inmensos huevos y en pocos minutos lo tenía duro y caliente y sabía lo que venía, lo que continuaba: me iban a empalar.

    Y seguro iba a gritar. De dolor porque me iba a partir.

    Los dos se pararon y mientras yo de rodillas lo lamía con mis dos manos porque mas no podía El Chico sentado en la mesa de centro me hurgaba desde atrás el sexo sobre el colaless, el otro ahora en cuclillas a mi lado me miraba a la cara y me pellizcaba mis pezones y me acariciaba las piernas, solo yo estaba desnuda pero sus paquetes estaban que reventaban y me restregaban mi botoncito que ya estaba duro y lo sentía dilatado entre mis labios. Escurría sin quererlo. Estaba hinchada, hinchadísima. Mi entrepierna reaccionaba a los que ellos querían. No tenía voluntad en ese momento allí. Hacía lo que sus manos y mi cuerpo entregado pedían. Esa enorme verga en mi cuello, dura, caliente que emanaba un olor espeso y dulzón la pasaba por mi boca porque me decían que lo besara, por mis ojos cerrados, por mi frente porque me lo ordenaban así, dejando mis labios junto a sus bolas pesadas que lamia porque ellos me decían que las lamiera mientras cuatro manos recorrían mis piernas, acariciaban mi rajita, tensaban mis pezones y con sus dedos enredados en mi pelo por mi nuca empujaban mi cara contra su entrepierna. Mi cuerpo estaba ardiente frente a ese monstruo que sonreía socarrón frente a mi, hirviendo y el Chico se dio cuenta, me agarró del pelo por atrás me paró y me puso delante de él y frente al Gringo. Sentí su cuerpo duro que me abrazaba por atrás. Con una mano me agarraba un pecho y apretaba un pezón hasta hacerme doblar por el dolor y la otra mano la metía brusca bajo el colaless y me masturbaba, las puntas de mis zapatos taco alto apenas tocaban el suelo mis glúteos sentían el sexo duro del chico detrás mío y un apretón de sus dedos raspando mi clítoris me hizo terminar en un inevitable y violento orgasmo que escapó con un insondable placer. Mis piernas flaquearon y mi bajo estómago cálido como suave calambre se vaciaba, todo me dejaba, en la semioscuridad me corría suelta ya mojándome doblándome yéndome toda por entre mis piernas y si no me sujeta hubiera caído de bruces sobre el hombre. Entonces, cuando mas indefensa me encontraba me tomaron para montarme en esa bestia, para empalarme.

    Quedé echada, tirada sobre él. Recuerdo que me tomó la cara con sus dos manos me la levantó y me dio un beso en la boca, sus labios ásperos y secos lastimaron los míos y sentí su lengua que me invadía húmeda y deseosa. Me separó la cara de él me la levantó y me dijo con su aliento junto a mi nariz “yo creo que te voy a partir flaquita. Te voy a abrir por la mitad”.

    Recuerdo que me afirmé de sus caderas y me enderecé apenas, que caminé no sé cómo, pero llegué hasta donde estaba sentado Luis y le rogué que no, que no lo hiciera. Recuerdo que estaba casi oscura la pieza, la peli había terminado, daban los repartos (una piensa esas cosas pero como si no te pasaran a ti, como si pasaran en otra parte) y me arrodille delante de Jorge Luis y le rogué le suplique sollozando bajito que no me lo hiciera, que no dejara que me lo hicieran…, tirada en el suelo le imploraba que por favor, que no podría, que no los dejara. Luis se tomó un trago, me miró como mira cuando se va a enojar, es vidrioso, y me dijo, “entonces llegamos hasta acá. Anda al dormitorio, te vistes y mañana temprano te mando en taxi al aeropuerto y nunca jamás te vuelvo a ver. Al final resultas puro cuento, como todas,” me dijo. Estaba desnuda, solo con el colaless mojadísimo doblada en el piso delante de sus pies en la semi oscuridad. Los otros me miraban y lo miraban a él. Dejó el vaso en la mesa sin mirarme y cedí: “Tu vas a mirar como me lo hace, vas a estar a mi lado”, le pregunté. “No dejaré un segundo de ver”. Eso me dijo. No dijo “de verte”, dijo “de ver”. Móntensela les dijo después y me tomaron de los brazos levantándome y me llevaron casi en el aire hasta tirarme a los pies del Gringo que se había sentado en sillón grande y había dejado que su pene aflojara.

    .- Tu sabís cuánto le pagan las viejas por solo mirarle la herramienta al Gringo?, me preguntó el Chico. “Y tu lo podís tocar y vai a tener la suerte de tragártelo enterito Zari, enterito para ti”. Y acuclillada frente a él nuevamente lo tomé y sentí un escalofrío, mi entrepierna me traicionaba. Volvía a mojarme, a sentir la necesidad en mi otra boca al contacto con ese maldito pedazo de carne. Rápidamente se le endureció, era como el largo de mi antebrazo y mas grueso que mi muñeca. Le pasaba mi lengua y masturbaba con la loca esperanza que terminara allí. Pero nada bueno pasaba esa noche, al rato el Chico me metió desde atrás la mano a mi entrepierna y unos dedos dentro de mi vagina y me dijo “soy muy puta Zari ya estay caliente de nuevo” y me cortó el colaless que estaba mojadísimo y me dijo “te llego la hora”. Hora de la crucifixión.

    Primero me puse de pie y me le subí de frente a él dispuesta al sacrificio, montándolo, sintiéndolo entre las piernas, pero no me entraba, ni siquiera la cabeza. Parte de ella. Me abrí, me ladeé, me apoyé sobre él acomodándolo con mi mano en mi cofrecito, verdaderamente lo intenté al tiempo que me dejaba manosear, levantarme como una muñeca de peluche, restregar mis muslos, que llevara mis pezones a su boca que los mordiera hasta casi partirlos, que me diera vuelta, me invirtiera en el sillón mientras sus dedos hurgaban mi ano, como una criatura de goma. Me acordé de esa crema adormecedora que me pusiera un amigo la primera vez que tuve sexo después de que me separara en una casa en la playa. Verdaderamente me asusté cuando sentí que el hombre comenzaba a excitarse de verdad y perder un poco el control de su fuerza por su excitación, cada abrazo de él, cada apretón que me daba me descoyuntaba. Montada en él separaba las piernas, abría mi vagina pero no lograba meter lo suficiente. Me recosté sobre, él besé su pecho, pasé mis mejillas por sus vellos, lamí sus tetillas, le abrasé con ambos brazos y le miré hacia arriba esperando compasión.

    Me sacó de encima, me puso sentada en el borde del sillón donde el había estado antes y me abrió de piernas e hincado en el suelo delante mio, se soltó la correa, se sacó pantalón y calzoncillo y se lo tomó con una mano y trato de meterme la cabeza pero empujaba y era imposible. Yo grité. Grité de dolor al sentir que me partía cuando entraba solo parte de su cabeza. Luis, el Chico todos se asustaron “los vecinos” dijeron y mientras el Gringo me metía sus dedos en la vagina me pusieron un pañuelo en la boca y sobre él una mordaza. “Ahora podís gritar todo lo que quieras putita” me dijo el Chico y se río. Yo tiritaba, las lágrimas me corrían y por momentos separaba con mis manos mis labios y jadeando, sudada, lo guiaba para que entrara de una vez pero era demasiado para mi. El Gringo comenzaba a molestarse y temía que empujara con todas sus fuerzas y me partiera de un momento a otro. Estaba tiritando, ni excitada ni consciente solo temblaba entregada sudando, acezaba como animal. De frente a mi hincado, en el suelo, levantó mis piernas con ambas manos las abrió y apuntando a mi vagina le clavó parte de su cabeza. Yo grité, jadié, asesaba como animal en celo, clavé las uñas en el sillón y mordí una correa que me pusieron en la boca hasta romperla, mientras la transpiración me pegoteaba el pelo en la frente. Entonces el Chico me dijo: “yo te voy a ayudar Zarina putita… que!… Putaza”, me dijo mientras me dejaba ir de lado toda disparatada.

    – Gringo, siéntate en esa silla reclinable, le dijo.

    – Son muy malos ustedes, les dijo riéndose y se fue sentar en la semioscuridad sin pantalones. Sabís, es que me da pena la flaquita, les dijo, nunca se lo había metido a una mina asi. Si quieren no me pagan y lo dejamos acá… me da pena, está asustada. Son muy malos terminó de decir sonriéndose y tomándose un largo trago.

    – No Gringo si le gusta, tú no la conocís. Es puta, tu le metiste los dedos y como salieron…? Mojados, mojados porque le gusta. Yo convulsionaba en el sillón tirada desnuda, amordazada, quería que se fuera, que todo terminara así ahí, ahora. No más.

    – Te la querís tirar? Le preguntó el Chico

    – Si, claro que sí, está buenísima y le herramienta ya se aceitó pero, pero la voy a partir, dijo mientras se acariciaba su enorme pene.

    – Preguntémosle. Si quiere o no quiere que se lo metas, le dijo Jorge Luis, maldito. “Pregúntale tu”. Y se dio vuelta y me dijo “querís montarte acá encima flaquita, a lo que sea?”. Miré a Jorge Luis que me miró helado de esa forma que me aturdía.

    Pensé en esos momentos en los tantos que había un día despedido en mi trabajo, en los otros que pasé a llevar para alcanzar el puesto que tenía; en que si ellos creían que podía seguro podía, no iba a hacer menos…, de lo que era capaz la mujer que se perdió mi ex, eso fue lo que sentí mas bien, lo que pasó por mi cabeza cuando intenté decir que sí bajo la mordaza, moviendo la cabeza afirmativamente, desnuda y abierta tirada en el sillón mientras miraba a Luis. Y bastó eso…

    Me llenaron de un aceite balsámico de la cocina, le pasaron al aceitera para que se pusiera él y me levantaron cada uno de un brazo, abierta me pusieron sobre el Gringo que con su mano sujetaba su sexo parado y yo movía mi cadera para que me ensartara con el mínimo dolor. Mi peso y el aceite permitieron que me fuera rasgando lentamente hasta terminar medio ensartándome. Me dijo Luis después que a medida que lentos me bajaban yo me acomodaba moviendo la cintura echaba la cabeza atrás levantaba la boca y por la mordaza que emitía como un gruñido mientras me taladraba ese animal caliente y duro. Que les di pena y me sacaron y dejé caer la cabeza de lado, casi ida. “Querís que sigamos flaquita, nos dejas seguir?, ya te ensartaste la mitad… te lo clavamos de nuevo?”

    Yo miré a Luis que me besó en la boca sobre la mordaza y asentí con la cabeza y me pusieron encima hasta lentamente irme empalando totalmente. Eran los dolores de parto, estaba tensa, dura. Y ya atravesada quedé exánime e inmóvil sobre su cuerpo. Mis piernas acuclilladas a cada lado de la silla me sostenían en parte pero no evitaban que como una espada de fuego me atravesase hasta tocar la matriz. Me quebré casi todas las uñas agarrada a los brazos de la silla. No podía hacer nada. El corazón a cien, mi estomaguito que se contraía con ese fuego dentro, la respiración entrecortada y los ojos entrecerrados por el que brotaban mis lágrimas. La transpiración caía entre mis senos hipersensibles, bajo mi pelo, mojaba mi cuello, jadeaba, puse mis manos sobre su pecho y me eché un poco adelante sudando. El aceite había disminuido el dolor del roce pero sentía que me atravesaba el estómago dejándome una sensación desconocida.

    Me partía por dentro, me había abierto, y esa mezcla insoportable de dolor de mi vagina violada mas allá de lo posible me superaban al punto que me desvanecí sin perder mi consciencia, era insensible a las manos que recorrían mi espalda, mi cuello, a los dedos que lentos hurgaban mi ano y que en un instante comencé a percibir, las manos enredando mi cabello me reavivaron lentamente estaba recostada sobre él y sentía mi clítoris hinchadísimo e hipersensible producto del roce, era como asumir algo que estuvo presente pero de lo que no me había percatado, y cuando lo percibí me sentí ahíta de sexo.

    En algún momento me habían sacado la mordaza, “Ya no va a gritar, ahora va a jadear como perra”. “Hazla aullar” dijo otro. Palpitaba entera sobre ese cuerpo y sus manos toscas comenzaron a recorrer mi espalda, agarraban mis nalgas y me acomodaban, sus dedos hurgaban mi ano entrando y saliendo, recorrían mis piernas recogidas, se enredaban en mi pelo acomodaba la mordaza en mi cuello y ponía mi cara en su boca que besaba y lamía. Sentía su cuerpo caliente bajo el mío, yo era una animal que emitía un sonido ronco como un gruñido y su mano en mi nuca apretó mi cara contra su boca y la otra bajó hasta mi trasero que abría y hurgaba, abrió su boca sobre la mía incrustando hasta mi garganta su lengua y con ese remedo de beso un orgasmo me hizo perder el control de mi cuerpo, mi cara rojísima, las orejas amoratadas y mis narices dilatadas, la boca abierta y los ojos que se iban al blanco. Las uñas clavadas en los brazos de la silla acompañaron el exhalar un profundo quejido, y luego quedé palpitando entera, con espasmos, jadeando. Era la mezcla de excitación y dolor que ya me era propia, necesaria, e intensamente peligrosa. Un orgasmo infinito, no solo de mi bajo vientre, sino de mi pecho de mis piernas, de mi toda. Cuando comencé a volver hundí mi cara de vergüenza en su pecho babeando sin poder sostenerme en medio de convulsiones que no eran exactamente de placer. Pero también eran de placer.

    Levanté mi cara para verle, tenía los ojos blancos decían, ida, clavada sobre el Gringo en la silla hasta los mismos riñones, con los brazos colgando abandonados al lado de mi cuerpo y la cabeza floja. No podía sostenerme recuerdo estaba abandonada allí, sobre la camisa abierta de él, montada ensartada dejé mi cabeza doblada descansar allí y cuando recuperaba el aliento sentí como le palpitaba su monstruo dentro mío, le palpitaba, demasiado estrecho seguro para eyacular dijeron ellos después, pero esas palpitaciones las sentía dentro mío y era como si palpitase con él, como si mi cuerpo y el de él se hubieran fundido en uno solo, sentir ese solo palpitar me volvió a hacer jadear, no tenía fuerza para abrazarlo pero creo que lo percibió porque puso una mano a cada lado mío las bajó hasta mis caderas y yo inmóvil sentía como mi cuerpo que ya era suyo reaccionaba con ese latido, sus manos llegaron a mis nalgas, me abrieron el ano y un dedo de él comenzó a jugar a su entrada. Sentí como su sexo imperceptiblemente casi comenzaba a jugar en mi vagina, palpitaba en ella vivo, milímetros seguramente y dicen que yo levanté la cabeza y con mis ojos rojos mirarlo a la cara, con la boca abierta, babeaba, las narices dilatadas y con cara de estúpida jadeaba suave, las lágrimas me resbalaban de impotencia, de entrega, y comencé a irme, subí nuevamente los ojos hasta dejarlos blancos exhalando mientras me tiritaban las piernas, los pies, las manos que trataban de llegar a la cara de él sin lograrlo, y los ojos seguían en blanco y yo me contraía, mi estómago, que expelía como vómitos de placer sexual, de un orgasmo inconmensurable que hasta se asustaron de que me quedara así.

    No sé cuánto tiempo después, minutos, no sé cuántos en que sentí los hielos chocar en los vasos, el Gringo me levantó la cara, se enderezó de la silla reclinable en la que se había sentado conmigo encima y en la cual me empalaron y me llevó en sus brazos atravesada aun por su sexo a la cama donde me tendió boca arriba y recién allí me lo sacó. Me dejaba vacía, profana y descoyuntada, mi estado de gracia terminaba y mi cuerpo volvía a pertenecerme, ya no era parte, trozo, sección de otro. Luego sentí que me daba vuelta, que me puso boca abajo, puso la almohada y otro almohadón entre la cama y mi cadera levantándomela y mientras los demás de pie miraban curiosos me montó desde atrás.

    Esta vez entró brusco y seguro hasta mi fondo casi sin resistencia, me había desgajado y solo sentí que me atravesaba hasta los riñones creo que perdí el control y creo que me orine, sí, me oriné pero no me importo ya, ese dolor me llenaba, llenaba ese inmenso vacío que había dejado. Y si me partía por la mitad como durante el dolor de mis partos era un precio justo y me entregué a él. Me entró hasta que le sentí en los riñones, me dolía todo dentro pero solo quería sentirlo palpitar dentro mío aunque mi cuerpo aplastado dependiera de ello, de su cuerpo dentro del mío confundidos en uno solo. Aunque me hiciera desaparecer cuando me explotase dentro. Entraba y salía de mí entre sus codos que me rodeaban encerrándome allí en la cama bajo él con su olor como hembra abierta y en liquidación. No necesite que me tocasen para que me viniese un orgasmo más después de otro entre su cuerpo que aplastaba el mío. Y finalmente lo hizo, explotó dentro de mí, pero yo no era yo. Era de él. Era él. Y si él necesitaba explotar y yo desparecer iba a hacerlo. Y explotó y yo desaparecí entre el dolor y el placer y una extraña sensación de gratitud, sí de gratitud. Desaparecí entre ese sufrimiento y ese placer. Luis me dijo al día siguiente que me había puesto boca abajo en la cama y me montó por atrás y simplemente mi cuerpo desapareció bajo él, que terminó rápido dentro mío. Claro que me tapó, sino le llegaba a las tetillas y pesaba más del doble que yo, después Luis me dijo que yo solo exhalé cuando esa verga me llegó a la cintura y explotó dentro de mí. Yo me desvanecí.

    «Estaba entregada», ahora entiendo lo que significa realmente la expresión esa. Que me partiera, me destrozara por dentro, que postrara mi clítoris y me destruyera allí no importaba, en esos momentos solo quería besarlo, besar cada parte de su cuerpo, lamer sus axilas, acariciar sus pies e introducir mi lengua en su ano si era su deseo, pero se había ido, el momento la epifanía terminaba, había hecho que me entregara a él, allí en esa silla en la sala y ahora en la cama del dormitorio. Eso era entregarse a un hombre, algo que Jorge Luis vio y que mi ex nunca sabría, me había destrozado por dentro me había hecho quebrar mis uñas de dolor, pero había hecho que mi cuerpo fuera parte adefesio del suyo.

    Quedé tirada en la cama de la pieza oscura, inconsciente quizás, abandonada, mi mente debió estar en otro lugar, porque sentí en la oscuridad de la pieza que ellos hablaban como a lo lejos, hasta que uno, verdaderamente no sé cuál, me acomodó en cuatro en el borde de la cama como rana con su culo parado y mi cara se hundió en el plumón justo sobre el orín y el semen que dejase el Gringo, esa lechosidad se me pegó a mi nariz a mis ojos, a las mejillas, era mucha, me entró a la boca, nadie se dio cuenta, estoy segura. Y disfruté esa leche de ese hombre que me había poseído y había enseñado a entregarme. El otro atrás mío se bajó el cierre y me lo metió por mi ano sin contemplaciones, «te voy a ensuciar lo único que tenis limpio» dijo y eyaculó litros dentro de mío pero yo casi no le sentía, me dio un leve empujón y me dejé caer de lado sobre el plumón. En ese momento un chorro de semen caliente me golpeó las mejillas, mis ojos, la frente, el otro quizás el Dealer se daba su gusto de lejos. Sentí que luego Jorge Luis me puso algo encima. No sentí mas.

    Al rato después, minutos, horas, no sé, cuando se habían ido volvió Luis y le dije que fuera a dormir al sillón, yo estaba sucia, pasada a orín a escupe a semen, el cobertor estaba mojado, hedía, mi pelo. Dormí hasta cerca del medio día siguiente. Jorge me llenó la bañera de espuma y sales y me quedé allí reconociendo mi cuerpo, mi nuevo cuerpo me decía. Volví en el último avión del día a mi ciudad y salí a trabajar el lunes, pero en la tarde debí ir a mi ginecólogo, que por supuesto me retó. Tenía desgarros, en plural. Pasé semanas con pomadas, analgésicos y la sensación aun de estar atrapada, inmovilizada, entre la cama y esa descomunal bestia encima mío que me asfixia, empotrándome su verga hasta mi estómago dándome un placer que cambió mi vida.

    Luis me dijo que no jugaría más póker. Y yo aprendí lo que significa estar, quedar entregada…

  • Córrete dentro y preña a mamá, hijo

    Córrete dentro y preña a mamá, hijo

    Eran otros tiempos, eran otras costumbres, pero follar siempre fue follar, y un incesto siempre fue un incesto. 

    Benito era un terrateniente gallego, moreno, de estatura mediana y seco. Se había casado en segundas nupcias con Bibiana, una mujer 40 años menor que él. En aquellos tiempos, cómo hoy en día, a los viejos le gustaba presumir de hombría y tener un hijo a los setenta y cinco años sería una muestra de ello, pero Bibiana no quedaba preñada ni a tiros y al viejo se le acababa la paciencia. Después de follar, tumbados uno al lado del otro sobre la cama, le dijo a su mujer:

    -A ver si es de esta. Ya pasaron seis meses y nada.

    -A ver, el coño me lo llenaste bien, pero si me lo volvieras a llenar…

    Benito se escaqueó.

    -Otro día, otro día que hoy tengo sueño.

    No le echó otro polvo porque no se le levantaba, y la verdad es que Bibiana no tenía un solo polvo, cuando menos tenía media docena. Os cuento cómo era.

    Bibiana era de estatura mediana, morena, maciza, tenía las tetas grandes y esponjosas, un culo gordo y un coño de los que parecía que le echaran abono por la cantidad de pelo que tenía.

    Benito ya tenía un hijo, se llamaba Pedro, tenía treinta años, era moreno, más alto que su padre, fuerte, guapo de cara, con un buen cuerpo y era un depredador sexual, y cómo todo depredador sexual al follar no tenía límites, eso lo sabían bien algunas casadas y solteras que iban a trabajar al jornal en sus tierras, ya que les dejaba el coño cómo un bebedero de patos… Todas repetían hasta que el señorito les daba puerta.

    Pedro sabía de la obsesión de su padre por tener otro hijo y eso le sentaba cómo un tiro, ya que de ser el único heredero tendría que repartir, eso si no le dejaba todo a su futuro hermano.

    Pedro no hacía buenas migas con Bibiana, ya que sabía que se casara con su padre por el dinero, bueno, lo sabía él y lo sabía todo el pueblo, el único que se creía que Bibiana se casara por amor era el viejo.

    Cierta noche que Benito fuera a la capital por negocios, Bibiana se encontró con Pedro en el pasillo. Él venía de la taberna de jugar una partida y ella venía del aseo vestida con un camisón que le llegaba a los pies. La arrimó contra la pared, y le dijo con sorna:

    -¿Quiere pasar una noche con un hombre de verdad, madre?

    Era la primera vez que le llamaba madre. Su ironía y su desfachatez la cabrearon y sin rehuir su mirada, le respondió:

    -Quiero, hijo. ¿Pero dónde está el hombre?

    Pedro le metió la lengua en boca al tiempo que le echaba la mano derecha al coño. Después de dejarla sin aliento, le dijo:

    -Aquí, madre, aquí está el hombre.

    Bibiana sintió la verga dura de Pedro entre sus piernas y se excitó, aunque lo disimuló bien.

    -Déjame. No veo a ningún hombre, veo a un payaso.

    Pedro se separó de su madrastra. Con aires de superioridad y sin dejar de vacilar, le dijo:

    -Usted se lo pierde, madre.

    Bibiana también siguió con la ironía.

    -No creo que me pierda gran cosa, hijo.

    Pedro echó a andar hacia su habitación y Bibiana fue para la suya.

    Diez minutos más tarde, Pedro, en pelotas, con una cuerda doblada en su mano derecha y con su gorda verga colgando, abrió la puerta de la habitación de su madrastra. Bibiana, que estaba sin tapar sobre la cama, le dijo:

    -Vete de mi habitación sinvergüenza.

    Pedro caminó con paso firme hacia la cama. Sabía que Bibiana lo estaba esperando para follar, si no fuese así hubiese cerrado con llave la puerta de su habitación. Al lado de la cama le dijo:

    -Tú y yo lo vamos a pasar de miedo.

    -¡Ni lo sueñes!

    -Quita el camisón.

    -¡Lárgate de aquí!

    Le dio con la cuerda en una pierna.

    -¡Tras!

    -Quita el camisón.

    -Si me vuelves a pegar grito pidiendo ayuda.

    Pedro iba de sobrado. Le dio en la otra pierna:

    -¡Tras!

    -No, no lo harás, necesitas una verga dura entre tus piernas.

    Bibiana le dio la razón al decir:

    -¡Chulo!

    -¡Puta!

    -¡Tras!

    Bibiana se puso en posición fetal y le dijo:

    -Tu padre va a saber lo que me hiciste cuando vuelva.

    Pedro le dio con la cuerda en el culo:

    -¡Tras, tras, tras!

    -Quita el camisón.

    -No.

    A Bibiana le estaba gustando aquel dulce castigo, prueba de ello fue que se puso con el culo hacia arriba. Pedro se metió en la cama y le levantó el camisón. Bibiana ya estaba mojada, pero le dijo:

    -¡Esto te va a salir muy caro!

    Le dio en el culo:

    -¡Cabrón!

    Le bajó las bragas y le metió un lametón entre las nalgas.

    -¡Perro!

    Le volvió a dar con la cuerda:

    -¡Quita el camisón!

    -No lo voy a quitar

    -¡Tras, tras, tras!

    Pedro tiró con la cuerda al piso de la habitación, le echó una mano al vientre, la levantó y al tener el culo arriba le lamió el ojete. Al quitarle la mano del vientre Bibiana ya no bajó el culo. Le separó las nalgas con las dos manos, su lengua lamió periné y ojete y se lo folló con la punta de la lengua. Bibiana estaba callada cómo una muerta. Al dejar de lamer sacó la polla, la frotó en su ojete y le dijo:

    -Ponte a cuatro patas.

    Sabía de sobras para qué quería que se pusiese a cuatro patas, pero le preguntó:

    -¿Para qué?

    -Para follarte el culo.

    -El culo es para otra cosa.

    -Cuando te lo comí no me dijiste nada.

    -Me estaba vengando por tu osadía.

    Le pasó un dedo por la raja del coño, luego lo metió dentro, lo sacó pringado de jugos, lo chupó y le dijo:

    -Explícate.

    -¿Sabes que venía de hacer cuando me encontraste en el pasillo?

    Pedro sumó uno más uno e iba a decir mierda, pero dijo:

    -¡Serás cabrona!

    -El cabrón lo eres tú que me estás ultrajando.

    Pedro jugó la baza del calentón.

    -¿Quieres que me vaya y te deje con el calentón?

    Esperando que no se fuese, le respondió:

    -Sí, vete.

    Pedro no se iba a marchar.

    -¡Pues no me sale de los cojones de irme sin romperte el culo!

    Pedro frotó otra vez la verga en el ojete, luego la pasó por el coño. La punta se pringó de jugos, la volvió a frotar en el ojete y… ¡Zas! Se la clavó hasta el fondo del coño. Bibiana exclamó:

    -¡Diosss!

    Aquella verga gorda y dura la había llenado el coño cómo nunca se lo habían llenado. Se puso a cuatro patas. Pedro la agarró por las tetas y le dio leña, le dio a romper hasta que paró para preguntarle:

    -Me gustaría correrme dentro de tu coño, Bibiana.

    Las palabras de su hijastro la dejaron a cuadros.

    -¿¡Me quieres dejar preñada!?

    Pedro le puso las cartas sobre la mesa.

    -Si, si vas a tener un hijo quiero que sea mío.

    Le volvió a dar a mazo. Paró cuando sintió que se iba a correr.

    -¿Me corro dentro, Bibiana?

    Bibiana estaba tan perra que solo le faltaba ladrar.

    -Corre.

    La folló despacito, luego sacó la verga empapada con sus jugos, la frotó en su ojete, le metió la puntita, la sacó, la puso en la entrada del coño, y le preguntó:

    -¿Preparada?

    Bibiana ya había tiempo que estaba preparada.

    -Sí, préñame.

    Pedro jugó con ella. La volvió a frotar en el ojete, ojete que se abría y se cerraba. Le metió el glande. No era la primera vez que se la metían en el culo, pero fingió que le dolía.

    -¡Ayyy! Me acabas de romper el culo.

    Pedro estaba empalmado cómo un toro, la sacó, la dejó en la entrada del ojete y después se la volvió a frotar. Bibiana, perra perdida, le dijo:

    -¡Mete, mete, mete donde sea, pero mete!

    Esperaba que se la metiera hasta el fondo del culo, pero se la metió en el coño de un chupinazo. Con la verga en el fondo, sintiendo cómo se corría dentro de ella y sintiendo cómo le amasaba las tetas, movió el culo de delante hacia atrás y alrededor hasta que su coño apretó la verga de Pedro y comenzó a bañarla con una tremenda corrida.

    Nunca se había corrido al mismo tiempo que ningún hombre y le encanto hacerlo.

    Al acabar se echó boca arriba y le dijo:

    -Te saliste con la tuya.

    -Aún no te quitaste el camisón.

    -¿Es que quieres seguir?

    -Quiero follarte hasta que no puedas más. Quiero que acabes rendida de tanto correrte.

    Bibiana sonrió por primera vez.

    -¿Rendida yo? No sabes donde te has metido.

    Bibiana se quitó el camisón. Pedro, le preguntó

    -¿Me dejas que te ate a la cama?

    -Ata.

    Pedro salió de la cama, cogió la cuerda le ató las muñecas con ella y después la ató a un barrote de la cama.

    Lo primero que le hizo fue pasarle la verga morcillona por los labios. Bibiana sacó la lengua, y se la lamió, luego se la metió en la boca y Bibiana se la mamó. La verga se puso dura. Cuando la sacó besó a Bibiana con lengua al tiempo que le pasaba un dedo entre los labios vaginales, para luego acariciar con él su clítoris. Lamió su axila izquierda, lamió el pezón de la teta izquierda, luego la axila derecha y acto seguido el pezón. Le cogió las tetas con las dos manos y magreándoselas lamió y chupó pezones y areolas con una delicadeza exquisita. Luego pasó a su ombligo e hizo círculos con la lengua sobre él antes de bajar al coño. Al ir a lamerlo vio que estaba abierto y baboso. Le pasó la lengua al rededor del capuchón del clítoris, luego con dos dedos lo retiró hacia atrás y comenzó un rosario de lamidas con la punta de la lengua en el glande erecto. Eran lamidas comedidas, cómo si la punta de la lengua fuese una pluma. Pasado un tiempo las babas del coño le bajaban mojando el ojete y caían sobre la sábana. Bibiana paró de gemir para decir:

    -Métemela.

    Pedro se puso en plan abusón

    -¿Cómo se piden las cosas, guarrilla?

    -Por favor, métemela, métemela, por favor…

    Pedro cogió la verga y se la frotó en el coño, luego la puso en la entrada, la meneó, le metió la puntita y se corrió dentro.

    Al quitársela Bibiana estaba desesperada, desesperada por correrse.

    -Toda, toda, toda, la quiero toda dentro.

    Pedro le cogió el culo, se lo levantó y se la metió, pero no la verga cómo Bibiana quería, le metió la lengua dentro del coño. Bibiana exclamó:

    -¡Ay que me muero de gusto!

    Movió la pelvis de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor y se corrió en la boca de Pedro, que se tragó las dos corridas.

    Al acabar de correrse, le preguntó:

    -Eres un…

    -¿Cerdo?

    -Cochino, digamos cochino que suena mejor

    -¿No te gustó que te hiciera cochinadas?

    -Me encantó. Nadie me comiera el coño después de haberse corrido dentro… Creo que fue la mejor corrida de mi vida.

    Pedro le dio un pico.

    -Todo se puede mejorar. ¿Jugamos al venado?

    -¿Cómo se juega a eso?

    Pedro que jugaba a ese juego con las casadas del pueblo, le dijo:

    -Te voy a soltar, mamá. No me pegues mucho con la zapatilla por haberte hecho lo que te hice.

    Bibiana pilló el juego a la primera. Al estar libre, se sentó en el borde de la cama, y le dijo:

    -Coge mi zapatilla y échate en mi regazo.

    -No me pegues fuerte, mamá.

    Bibiana se puso mandona.

    -¡Haz lo que te digo, joder! Haz lo que te digo si no quieres que hable con tu padre.

    Pedro cogiendo una zapatilla debajo de la cama, le dijo:

    -Papá no, papá no que me da con el cinturón.

    Le dio la zapatilla, una zapatilla clásica, marrón y con el piso de goma del mismo color, se echó sobre sus rodillas y Bibiana le largó:

    -¡Plas, plas, plas!

    -¿Por qué abusaste de mamá?

    -Porque mamá está muy buena.

    -¡Plas, plas, plas!

    -¿Sabes que has podido dejar preñada a mamá?

    -Sí, quiero un hermanito.

    Jugando al despiste le preguntó con voz maternal.

    -¿Estás muy solito mi nene?

    -Sí.

    -¡Plas, plas, plas!

    Ahora le dijo con voz de cabrona:

    -¡Pues te jodes cómo me jodo yo cuando quiero joder y no me joden!

    Le volvió a dar.

    -¡Plas, plas, plas!

    Pedro le dijo:

    -Mala mama.

    Pedro bordaba su personaje, se veía que llevaba años haciéndolo. Bibiana no hacía mal el suyo.

    -Mamá, puta, muy puta.

    Pedro se levantó, la cogió en un brazado, la echó sobre la cama, le cogió la zapatilla de la mano y le dio a romper.

    -¡¡¡Plas!! -¡Cabrón!- ¡¡Plas plas plas!! -Desgraciado!!

    -Esto es poco castigo para una puta.

    -¡Vete a tomar por culo!

    Pedro le volvió a dar, pero sin fuerza.

    -Plas, -Ay-, plas -Ay-, plas -¡Hay que coño, da o no des!

    Lo cabreó.

    -¡Ahora verás, cabrona!

    Le cayeron las del pulpo.

    -¡Plas, plas, plas!

    Bibiana con el culo en carne viva, le dijo:

    -Puto sádico.

    Le dio la vuelta, y quiso besarla. Bibiana le escupió en la boca, le devolvió el escupitajo, Pedro le puso el culo en la boca y le dijo:

    -Si no quieres besar sus labios vas a besarle el culo al venado.

    Bibiana no había caído en que los azotes formaban parte del juego. Al darse cuenta, le dijo:

    -Mamá no va a besar tu culo, niño perverso.

    Le cayó un zapatillazo en un muslo.

    -¡¡Plas!!

    -No soy un niño perverso, soy el venado. ¡Lame!

    No quiso llevar más.

    -¡Mama lame, hijo, mama lame!

    Le lamió el culo y después los huevos mientras Pedro le acariciaba con dos dedos el coño empapado, dedos que después entraron dentro de la vagina. Al empezar a masturbarla lamió con más lentitud. Le echó la mano a la polla y se la meneó. Se la fue meneando a ritmo que los dedos entraban y salían de su coño. A Bibiana no le hacía falta mucho para correrse. Cuando sintió que la tenía cerca, le dijo:

    -Deja que te folle mamá, hijo.

    Pedro se echó boca a arriba, Bibiana se abrió de piernas, le cogió la verga y la frotó en el coño y en el ojete y cantó:

    -Pito, pito, gorgorito. ¿Dónde vas tú tan bonito? A la era verdadera pin pan pun -metió la puntita en el culo- fuera.

    La sacó del culo, la frotó en el coño y después metiéndola despacito, le dijo:

    -Córrete dentro y preña a mamá.

    Pedro se corrió dentro de ella y Bibiana se corrió con él al tiempo que le comía la boca.

    Después de correrse y sin quitar la polla de dentro se siguieron besando. La verga poco a poco se volvió a poner dura. Al tenerla dura Pedro le dio la vuelta, le cerró las piernas y se la metió. Si la verga le entraba antes justa, ahora era cómo si le hubiera entrado un salchichón en el coño. A Bibiana le encantaba.

    -Así aún me produce más placer.

    Pedro con la polla metida hasta el fondo, haciendo palanca con su verga y frotando su pelvis con el clítoris volvía loca a Bibiana… Tres veces se corrió antes de que Pedro le volviese a llenar el coño de leche. Si no quedaba preñada esa noche no quedaría nunca.

    Cuando sacó la verga del coño salió tan blanda cómo blandos salen los espaguetis de la olla después de cocidos.

    Bibiana puso su cabeza en su pecho y hablaron de cosas que no voy a decir, lo que sí diré, es que poco después Pedro tenía el coño de Bibiana en la boca y Bibiana le estaba mamando la polla. Hacían un sesenta y nueve, sin prisas, saboreando él el coño y ella la verga, hasta que Bibiana lo masturbó con rapidez y Pedro se corrió cómo una fuente, Bibiana se tragó la leche y después siguió mamando para que la verga no perdiera cuerpo. El coño de Bibiana goteaba en la boca de pedro… Bibiana se dio la vuelta y le puso en culo en boca y le dijo:

    -Me toca.

    La lengua de Pedro lamió su ojete y se lo folló. Bibiana, agarrada a la cabecera de la cama gozaba cómo una cerda, y más que gozó cuando le quitó el culo de la boca y le puso el coño. Pedro le metió y le sacó la lengua en él varias veces, luego la cogió por la cintura, dejó su lengua plana entre los labios vaginales, y le dijo:

    -Dámela.

    Bibiana aferrando el barrote de la cabecera de la cama con las dos manos y frotó su coño contra la lengua mientras movía su culo de atrás hacia delante y de delante hacia atrás, de repente se paró, y entre gemido y gemido, le dijo:

    -To, to, to, tomaaa.

    Cuando acabó de correrse, la dejó descansar un par de minutos, y después le dijo:

    -Quiero follarte el culo, Bibiana.

    -Sigue llamándome mamá.

    -Quiero follarte el culo, mama.

    Bibiana ya se anotaba a lo que fuese.

    -¿Me pongo a cuatro patas?

    -No, échate boca arriba.

    Bibiana se echó boca arriba sobre la cama, Pedro le puso la almohada debajo del culo, metió la cabeza entre sus piernas y lamió su periné y su ojete. Bibiana se abrió totalmente de piernas y arqueó su cuerpo para facilitarle la labor. La lengua entró y salió de su ojete… De su coño bajaban hasta el ojete cantidad de jugos que la lengua iba metiendo dentro de su culo junto a su saliva… Luego lamió su clítoris, el glande erecto latió cómo un diminuto corazón… Al volver a lamer y a follar su ojete vio cómo la vagina se abría y se cerraba, fijo que necesitaba una polla dentro. Después de ponerla más que perra, le frotó la verga en el ojete mojado y luego, despacito se la clavó hasta el fondo del culo. Bibiana acariciando su clítoris, le dijo:

    -Suave, suave.

    Metió y sacó lentamente.

    Al ratito le decía:

    -Dame fuerte. ¡Rómpeme el culo!

    Le folló el culo a romper.

    Los dedos de Bibiana volaban sobre su clítoris cuando dijo:

    -¡Me voy a correr cómo una perra!

    Pedro se la quitó del culo, se la metió en el coño, y sin más comenzó a correrse. Bibiana sintiendo la leche calentita dentro de su coño, se retorció cómo una serpiente y se corrió cómo había dicho, se corrió cómo una perra, jadeando y babeando.

    Lo dejaron ahí por esa noche, aunque durmieron juntos y por la mañana siguió la fiesta.

    Y sí, quedó preñada. El viejo se volvió a sentir importante y ellos se siguieron llevando mal, delante del viejo, y más que bien a sus espaldas.

    Quique.

  • Jornada electoral

    Jornada electoral

    Sé que mis relatos son algo extensos, estoy viendo la manera de hacerlos más cortos, igual estoy receptiva a conocer relatos, vivencias, fantasías, de ustedes, que me pueden enviar vía IG.

    Como siempre espero sus valoraciones y comentarios, son motivantes para seguir compartiendo con ustedes.

    Como ya saben en México, recientemente vivimos una jornada electoral para elegir representantes, por lo cual, les comparto:

    Durante ese proceso electoral, yo pasaba por un receso laboral y mi amado Mor, empezó a colaborar con el candidato oficial “magenta” de los tantos candidatos que pretenden vivir a costa de los impuestos, para mi gusto todos estos seres son unas sanguijuelas que solo ven por sus intereses, pero, trabajo es trabajo y la necedad y fanatismo de mi Mor, es inquebrantable.

    Ese domingo de votaciones dormía plácidamente cuando fui despertada abruptamente

    Mor: Bebecita, despierta se hace tarde-bañado y vestido para salir.

    Yo: Tarde ¿para qué? – aun somnolienta viendo el reloj despertador- apenas son las 6:30 am

    Mor: Para ir a votar, de ahí me tengo que ir al comité “magenta”-acelerado como siempre.

    Yo: Pues ve tú, y déjame dormir otro rato- poniendo una almohada en mi cara.

    Mor: No, Bebecita cada voto cuenta, así levántate para que vallamos juntos a votar por el “magenta”

    No me quedo más remedio que levantarme, decidí no ducharse y me vestí, total solo sería un rato y podría volver a mi camita pronto.

    Así que registre mis cajones en busca de algo que ponerme. Finalmente encontré un viejo par de jeans que no había usado en algunos años y decidí probármelos.

    Los efectos de mis días de hormonales estaban comenzando a aflorar cuando sentí que un calor comenzaba a generarse entre mis piernas. Con un pensamiento travieso, decidí no usar ropa interior alguna, la sensación de la tela vaquera ajustada directamente en mis labios se sentía demasiado bien.

    Mientras se subía los pantalones y abrochaba el botón, oí la voz desde la sala de mi maridito adorado.

    Mor: Bebecita apúrate

    Rápidamente me puso una blusa negra sobre un sujetador de media copa de encaje blanco y me mire en el espejo para una última revisión.

    Mi cabello recogido en una cola de caballo, los ajustados jeans contorneaban mi cuerpo como una segunda piel y resaltaban mis piernas, mis caderas y mi trasero.

    No es exactamente lo más glamuroso que debería llevar una buena esposa, pero solo iba a votar y regresar a casa antes de que las bendiciones despertaran para el desayuno.

    Mor: Bebecita que bien te ves- abrazándome y pasando sus manos por mi trasero-

    Yo: Mor, no empieces, porque después me tienes que cumplir, -con mis manos sobre su pecho-

    Mor: Tienes razón vámonos-dándome una sonora nalgada-

    Yo: Ay Mooor-algo decepcionada de que prefiriera ir a votar que cumplirme-

    Llegamos a la casilla correspondiente a pie pues estaba instalada bajo unos toldos en la plaza central del vecindario, a unos cuantos metros de nuestra residencia, en espera de la apertura, pero los minutos pasaban y la calma se convertía en desesperanza.

    Mor: ¿Porque aún no abren? – preguntando a los funcionarios de casilla-

    Funcionario: Aún nos falta una persona ya fueron a buscarlo, pero parece ser que no vendrá. -apenado con todas las personas que estábamos haciendo fila-

    Persona 1: ¿Y luego que procede o qué? – desesperados

    Funcionario: Pues solicitarle a alguno de ustedes se ofrezca de voluntario para sustituir a quien nos faltó. ¿Algún voluntario?

    Mor: bebecita tu ahorita estas en receso laboral, porque no te quedas en la casilla- mirando su reloj con impaciencia queriendo ir al comité de su amado candidato “magenta”

    Yo: No, como crees es quedarse todo el día, yo quiero descansar-molesta- además las bendiciones ya no tardan en despertar.

    Mor: Las bendiciones ahora las llevo con los Abues – mirando nuevamente su reloj-Ándale Bebecita- con su cara de niño bueno que no rompe un plato.

    Yo: Ok ok, pero me vas a tener que compensar esto- molesta-

    Mor: Si, bebe claro que si- dándome un beso- joven, joven aquí hay una voluntaria-señalándome

    Funcionario: En serio señora, ¿nos podrá echar la mano? -entusiasmado-

    Yo: Claro, si me explica con gusto-sonrisa fingida-

    Funcionario: Sígame-avanzando al interior de la casilla

    Mientras lo seguía mi ego se fue por las nubes al sentirme como estrella de cine por la ola de aplausos y gritos de júbilo de todas las personas que esperaban en la fila.

    Ya en la casilla me presentaron con los demás funcionarios y representantes de los diferentes candidatos que competían ese día, prácticamente todos eran vecinos de la zona a excepción de Cesar el represente del candidato opositor “marrón”, que descaradamente dirigía su vista a la parte baja de mi cuerpo envuelto en mis ajustados jeans.

    Me indicaron rápidamente mis funciones y actividades e iniciamos el proceso de votación y el resto del día transcurrió sin incidentes, pero cada vez que tenía la oportunidad, Cesar el represente del “marrón” me comía abiertamente con los ojos cuando me inclinaba o me movía de mi lugar.

    La temperatura había subido considerablemente durante el día, y eso, combinado con el arduo trabajo, hizo que transpirara y mis ropas se agarraran aún más fuerte en torno a mi cuerpo. El calor del día provocó que mi blusa se humedeciera mientras ella transpiraba, y se pusiera prácticamente transparente.

    Los efectos del calor junto a mis jeans ceñidos y empapados en sudor, estaba causando una deliciosa presión en mi coño. Cada vez que doblaba la sensación de la mezclilla a través de mi sexo desnudo, pequeños pulsos placenteros irradiaban a través de mi cuerpo.

    El día se hacía muy largo para regresar a casa y estaba tan excitada por el efecto de la mezclilla frotando su coño que deseaba que todo eso terminara para volver a casa y aliviar mi dolorido coño, con o sin ayuda de mi Mor.

    Sumado a que Cesar el representante del candidato “marrón” no perdía la oportunidad de estar cerca de mí, y en algunos momentos que estaba sentada pasaba cerca de mí no podía notar de reojo la abultada protuberancia en su entrepierna, lo cual, no ayudaba en nada a mi estado hormonal.

    Llegamos al final de la Jornada, sin incidentes comunitarios, yo con la ilusión esperanzadora de que ahí terminaría mi labor colaborativa, iniciamos el conteo de los sufragios y es en donde empezó mi sufrir.

    Cesar con su insistencia y retorica en contra del candidato oficial “magenta” y a favor del candidato “marrón” en escrutar la mínima marca en cada boleta provoco que el conteo durara horas, y nos llegara la noche.

    Ya me encontraba fastidiada ocupaba con urgencia ir a casa a relajarme con una buena sesión de baño, y quizás algo de auto cariño. Cuando mis pensamientos fueron interrumpidos por una llamada de mi esposo al celular, por lo cual me aleje de la mesa de escrutinio, dejando a los funcionarios discutir con el pesado ese, y atender mi llamada.

    Mor: ¿Cómo estas bebecita?

    Yo: Al full, te pasaste ya mira horas son y aún estoy en la casilla-molesta-

    Mor: Si me imagine se alargó mucho en todos lados, como que los “marrón” trae la estrategia de fastidiar para anular las casillas-molesto más por el proceso que por mis reclamos-

    Yo: Si ya se el tipo de aquí anda muy pesado

    Mor: Así, y como van ahí contigo, ¿quién va ganando?

    Yo: En primer conteo el “magenta” pero ya vamos en el cuarto conteo va arriba el “marrón” y cada vez que los volvemos a contar aventaja más.

    Mor Si aparentemente está pasando en todos lados eso-molesto-, sabes, no creo llegar a casa hoy, nos vamos a quedar hasta que tengamos todos los conteos de salida, así que no me esperes.

    Yo: ¿Ósea cómo? ¿Y las bendiciones? -muy molesta

    Mor: Con tus papas, cuando termines pasas por ellos- quitado de la pena

    Yo: Moor, me dejaste aquí varada, no traigo mis llaves- enojada- ¿cómo pretendes que haga eso?

    Mor: Así verdad, pues, pide un auto de alquiler y te vas con tus papas, y mañana paso por Ustedes.

    Yo: En que líos me metes enserio-muy enojada, le colgué la llamada-

    Volviendo a la mesa de escrutinio.

    Yo: ¿Cómo vamos? – resignada a mi suerte-

    Funcionario: Pues sigue ganando el “marrón”, pero aquí el joven insiste en un conteo más- visiblemente enojado, cansado y fastidiado-

    Yo: ¿A ver por cuánto va ganando? – tratando de poner paz y salir de eso lo antes posible.

    Funcionario: Por más del 40% del padrón- fastidiado-

    Mirando la hora en mi celular ya eran casi las 8 de la noche y realmente deseaba ir a bañarme y descansar, gire hacia donde estaba sentado Cesar apoyando mis codos sobre la mesa mirándolo fijamente y mordiéndome los labios.

    Yo: ¿No crees que ya es muy claro el gane de tu candidato? – . inclinada sobre la mesa, dejaba una vista generosa a mi escote, mi bra y busto.

    Cesar: Mirando hipnóticamente mis pechos-Si, pero, necesitaremos una contabilidad completa para asegurarnos de que…

    Yo: Interrumpiendo su retórica- Acepta el resultado y podremos enviar el acta para asegurar el gane de tu candidato- presionado mis brazos hacia adentro y hundiendo mis hombros, ese pequeño movimiento causó un empujón en mi pecho más cerca de mi escote

    Cesar: Sus ojos se agrandaron hasta que amenazaron con salirse de sus órbitas. Su posición privilegiada llenaba su vista su boca se abrió – Ok, ok- Balbuceando

    Escuchando los suspiros alivio de los ahí reunidos, al enderezarme pude ver muy claro como todos los ojos de los presentes no perdieron detalle, los de las damas de mi proceso de convencimiento y los de los caballeros de mis nalgas atrapadas en mis ajustados jeans.

    Pensé que ya era prácticamente el momento de retirarnos, pero, craso error, el llenado de las actas y armado de paquetes les llevo otra hora más, debido a la falta de una buena iluminación de la plaza dada la penumbra de la noche.

    Funcionario: Al fin terminamos, aquí tiene señora Elena- señalándome el paquete electoral sobre la mesa.

    Yo: ¿Confundida- Como? No entiendo.

    Funcionario: La persona que usted relevo era la responsable de llevar el paquete a las oficinas electorales, del centro, así que es usted quien tiene que llevar el paquete.

    Yo: Impactada, pensando que todo el lio inicio por las necedades de mi amado esposo – Ha No pues, ya será mañana, yo no tengo ahorita como moverme, estoy hambrienta y cansada- molesta.

    Funcionario: Pues es su decisión y responsabilidad – empezando a retirarse de la casilla junto a todos los demás.

    Estaba pensando la forma de llevarme ese paquete, cuando sentí una presencia detrás de mí que me hizo girar, era Cesar que contemplaba descaradamente mis posaderas.

    Yo: ¿Ocupas algo?

    Cesar: Si, que ese paquete llegue a las oficinas electorales- señalando la caja.

    Yo: Pues, yo tengo forma de llevarlo de momento- con cara de puchero encorvando mi espalda para volverle a aplicar la técnica y quitarle las intenciones.

    Cesar: Mirando directamente mis pechos- Pues sí, pero eso tiene solución, yo te ayudo a que entregues ese paquetito y te vengas rápido… de regreso a tu casa – con sonrisa sínica, viendo más mis caderas que el paquete y énfasis en ciertas palabras.

    Yo: Con cara de puchero- No, estoy muy hambrienta, ocupo un baño y descansar.

    Cesar: Ándale, no seas mala yo tengo que reportar que el paquete fue entregado y te invito a cenar, ¿Cómo ves? – con cara suplicante.

    Como si con el necio de mi Odiosito no bastara la vida me mandaba a este tipo. Estaba a punto de negarme rotundamente cuando sonó mi teléfono, haciéndole la indicación con la mano que me esperara a contestar la llamada.

    Mor: ¿Dónde estás Bebecita?

    Yo: En la plaza ya cerraron las casillas, pero quieren que “yo entregue el paquetito”.

    Mor: Si bebecita hay que llevarlos para poder impugnarlos

    Solo podía pensar Dios les da las pruebas más difíciles a sus mejores guerreros, pero a de pensar que soy alguna especie de Rambo, con tanto hombre necio que pone en mi camino.

    Yo: Ok, ok, ¿ya que más le hago- resignada- y para eso me hablabas?

    Mor: No bebecita, te hable para comentarte que en casa de tus papas tuvieron una fuga de agua, y están sin el servicio, que, si antes de llegar le puedes llevar algunas botellas de agua, pero ahorita les aviso que aun vas a tardar más.

    Yo: Adiós mi baño relajante –Pues ya que, yo me encargo bie.

    Durante todo el tiempo que dure hablando podía sentir la mirada de Cesar recorrerme de arriba abajo.

    Al colgar la llamada doy la vuelta y ya estaba el señorito con su sonrisa,

    Cesar: ¿Entonces si se arma? – visiblemente emocionado

    Yo: Pues si- sonriendo resignada

    Entonces me dejo impactada con un eufórico abrazo, que provoco una reacción instintiva en mi cuerpo y mi entrepierna envió vibraciones por todo mi ser, al sentir tanta masculinidad pegada a mi cuerpo, mi piel se erizo, mis pezones endurecieron y una placentera humedad se formó en mi coño.

    Cesar: Pues vamos – indicándome la caja

    Yo: ¿Quieres que yo la cargue? – indignada

    Cesar: Yo no puedo ni debo tocar el paquete electoral por ser represente de un candidato, es delito electoral

    Suspirando me resigne a tener que cargar con ambas manos la caja.

    Yo: ¿Dónde está tu coche? – con la caja en mis manos

    Cesar: Por aquí- indicándome el camino para que caminara por delante de él apoyando una de sus manos en mi zona lumbar

    Yo sumisamente me deje guiar de esa forma al llegar al coche abrió la cajuela, al dar un vistazo dentro además de lo habitual vi una hielera, me incline para meter la caja junto a la misma.

    Cesar: Yo creo debemos “metértela” lo más dentro posible hasta el fondo, no queremos que un movimiento brusco se “te vaya a salir” nada – parado tras de mi disfrutando de la vista que le daba al estar empinada y dando picardía a sus palabras.

    Yo: Ok, ok, -empujando más dentro dándole una mejor vista de mis ancas.

    Al enderezarme me retire de la cajuela y él se acercó a abrir la hielera, dentro traía unas cervezas en hielo, sacando una y ofreciéndomela.

    Cesar: La Jornada de votaciones ya termino, por tanto, ya no hay Ley Seca, acompáñame para celebrar el triunfo de mi candidato. – sonriente.

    Yo: Tomando la cerveza, que estaba heladísima, me tome media botella de un trago, me supo a gloria- Haaa, gracias, ¿Estas muy seguro que gano tu candidato? – con el afán de molestarlo

    Cesar: Por supuesto, ya verás – confiado

    Subimos al coche y nos dirigimos a las oficinas electorales, durante el viaje disfrute de otras 2 cervezas, no así de la charla, este tipo no sabía otro tema que su candidato, yo solo ascendía afirmativamente, mientras disfrutaba de ese helado elixir del Dios cebada.

    Al llegar a las oficinas era borbollón de gente, buscamos lugar para estacionarnos, y me volvió aplicar la misma tuve que cagar la caja con ambas manos mientras él me guiaba con una sus manos en mi región lumbar, mientras hacíamos fila no perdía oportunidad de mover sus dedos, elevando mi libido al cielo, como deseaba ir a casa de mis padres pronto

    El cansancio y las bebidas ya me estaban cobrando factura, ya algo mareada me apoye mi espalda primero en su mano y después en su pecho mientras avanzábamos en la fila, esperábamos turno.

    Podía sentir su aliento en mi nuca, mientras seguía con su incesante platica en contra del Gobierno, y los cambios que habría ahora que ganara su candidato, yo no ponía atención, mi concentración estaba en el agradable cosquilleo de mi entrepierna, producido por su aliento en mi nuca, el juego de sus manos en baja espalda y el constante rose de la mezclilla con mis labios vaginales que me auto producía, al frotar mis piernas una contra otra.

    Cesar: ¿Ahorita que entreguemos, me puedes hacer el favor, de preguntar por el conteo rápido?

    Yo: Si claro- sonrisa fingida

    Cesar: Tu sí que eres “buenota” persona- coqueto

    Cuando al fin entregamos lo dichoso paquete y salimos del compromiso, comprobé que mi celular esta con la batería muerta, ya se me hacía raro que mi Odiosito no me pusiera gorro, pensaba.

    Yo: Me quede sin batería en mi celular, ¿Tienes Idea de que hora es?

    Cesar. Poco más de las 11:30 -Mirando su reloj de mano

    Yo: Tardísimo al menos acabamos – desesperada- y yo sin poder comunicar para ir a casa.

    Cesar: Eso no es problema yo te traje y conmigo te “vas a venir”, donde tú quieras-pícaramente

    Sin más remedio, me resigne a mi suerte, pensando al menos trae cerveza para distraerme durante el camino, le indique la dirección a donde iba, lo que extrañamente le alegro.

    Cesar: En serio, acabo de rentar una residencia en esa zona, estoy viviendo a unas cuantas cuadras de ahí, es una zona muy padre-

    Yo: Que pequeño es mundo, si es un padre toda esa zona de hecho ahí viven mis padres, voy a quedarme con ellos esta noche.

    Entonces si el viaje fue 100% agradable, buena cerveza y buena charla, platicamos de muchos puntos en común, definitivo el acérrimo defensor del candidato “marrón” se había quedado en las oficinas electorales.

    Cuando al fin llegamos a casa de mis padres, estaba cerrado, y por más que toque el timbre no recibía respuesta.

    Yo: Deben de estar ya bien dormidos en las habitaciones del fondo- decepcionada

    Cesar: Pues ten mi celular y háblales para salgan- compresivo

    Yo: Pues para ser sincera, soy culpable, de ser una tecno dependiente, no se me los números de memoria- avergonzada

    Cesar: Entonces no hay de otra más que cargar de energía tu celular

    Yo: Si

    Cesar: Mira vamos a mi casa, ahí tengo cargadores compatibles con tu Smart- cooperativo.

    Yo: En serio, muchas gracias Cesar, que amable eres

    Efectivamente su residencia estaba a unas cuantas calles de la de mis padres, esperaba ver el típico hogar de soltero, pero no la casa era tan hermosa y arreglada como la de mis papás.

    Cesar: ¿No gusta pasar a tomar una tacita de café? – amablemente.

    No sé si era mi cachondez, las 6 cervezas que llevaba o el cambio de actitud de Cesar, pero me empezaba a caer muy bien el individuo,

    Yo: ¿No será mucha molestia? –juguetonamente

    Cesar: De ninguna manera, pase Usted- pícaramente

    Yo: Después de Usted- rematando con una carcajada que fue secundada por Cesar.

    Cesar: Ya en serio pasa por favor, por mientras carga tu celular.

    Aceptando la invitación y nuevamente siendo guiada a través de su mano en mi región lumbar al interior de la casa.

    Cesar: Pásame tu celular y ponte cómoda estás en tu casa

    Le entregue mi celular, y desapareció hacia lo que supongo eran las habitaciones, tiempo en cual me di tiempo de recorrer el lugar, que era amplio, se podía ver un patio interior bien iluminado, al cual ingrese a través de un ventanal.

    Ahí me encontré con la grata sorpresa que contaba con una tina de hidromasaje, por curiosidad retire la capota, estaba casi llena al borde, y el agua lucia cristalina, volviendo la mirada al interior de la casa veía que Cesar no regresaba, active la tina y sus turbinas empezaron agitar el agua y un juego de luces se encendió.

    Me encontraba fascinada, al agua se veía tan deliciosa, no sé si era mi ansiedad o el estado semi alcohólico en el que ya estaba, que la tentación me estaba venciendo, volví a buscar al interior de la casa sin señales de Cesar, entonces tomé valor y retiré mi blusa, me deshice de mi calzado y escape de mi jeans, solamente vestida con mi sostén blanco, me sumergí en la deliciosa y cálida agua de la tina de hidromasaje.

    Estaba totalmente relajada, disfrutando de la tibieza del agua y el movimiento en mi cuerpo generado por las turbinas, con mi cabeza apoyada en un borde bajo la luz de la luna, era una con el universo y perdí la noción del tiempo.

    El movimiento del agua estimulaba mis deseos, necesitaba tanto la liberación sexual. Tenía tanta tensión reprimida dentro de mi mente y cuerpo. Que instintivamente de baje la mano a mi región suave y depilada región pélvica para tentar y explorar, muy lentamente, mi cuerpo comenzó a responder al calor del agua y la mi auto estimulación. Simultáneamente estaba masajeando mi clítoris mientras acariciaba los labios de mi coño y empujaba un dedo, estaba empezando a sentir los leves susurros de un orgasmo creciendo en mi interior e iba por el segundo dedo dentro de cálida intimidad, cuando.

    Cesar: ¿Esta cómoda la señora? – sonriendo con un par de cervezas en sus manos

    Yo: Ay, qué pena Cesar, discúlpame, no pude evitar caer en la tentación – dándome cuenta de lo fuera de lugar que me encontraba en ese momento.

    Cesar: Sin problema, te lo mereces fue una Jornada electoral larga- ofreciéndome una de las cervezas, sonriente, mientras bebía un largo trago de la otra.

    Yo: Gracias, esta divina tu hidromasaje- apenada bebiendo de mi cerveza

    Cesar: Me alegra que te guste, pero creo que hay espacio para uno más – mientras retiraba su camisa y desabrochaba su pantalón.

    Yo: No espera, ¿qué haces? – sorprendida y asustada-

    Cesar: Creo también me he ganado un espacio en la tina- con cara suplicante mientras se retiraba el pantalón quedando solamente en bóxer

    Yo: No pues, si, pero obviamente no estoy usando traje de baño y…. – nerviosa, disfrutando, increíblemente, del cuerpo voluminoso de mi anfitrión

    Cesar: Si lo sé, por eso para ser parejos me entrare en puro bóxer- juguetonamente

    Yo: No espera -tratando de seguir cubierta por el oleaje artificial- es que… es que yo estoy usando ropa interior de debajo del oleaje- apenada

    Cesar: Lo sabía, sabía que no usabas nada debajo de esos jeans- sonriendo- eres traviesa Elena, pero, ok seamos parejos – y se quitó el bóxer.

    Quise pronunciar alguna protesta, suplica o pretexto, de mi boca abierta no salía sonido alguno, quedé paralizada, ahí tenia de frente a mi anfitrión totalmente desnudo, luciendo un cuerpo rollizo con una polla semi erecta de muy buen largo y mejor grosor.

    Mientras el entraba en la tina, y veía fijamente su pollón, sentí como los músculos de mi vulva se abrían lentamente mis labios, y mis pezones presionaban contra mi bra.

    Cesar: Creo que cause una buena impresión, si gustas más tarde le puedes tomar una foto del recuerdo- burlándose cuando noto mi mirada en su pollón.

    Yo: Ay como crees – sumergiéndome hasta el cuello en el oleaje sumamente nerviosa, apenada y excitada.

    Al ingresar a la tina tuve que hacerle espacio, con la buena o malo fortuna que acabe sentada muy cerca de una salida de respiradero, que emitía burbujas de aire, con tal ritmo que acariciaba mi vulva placenteramente, estimulando las terminales nerviosas de labios.

    Cesar: No, puedo creer mi suerte, mi candidatote gano y ahora estoy en tomando en mi tina, y no sé qué se mas delicioso y caliente, la compañía o el agua- dándole un sorbo a su cerveza viéndome con picardía.

    Yo: Ya no deberías de beber más la cerveza te está afectando la vista- juguetona.

    Me apoye nuevamente mi cabeza en la orilla de la tina, para disfrutar de las bulliciosas burbujas de aire bajo el, cerrando los ojos, en mi estado solo quería disfrutar un poco más el momento,

    Durante un tiempo simplemente nos remojaron. Unas cervezas frías y un baño caliente reconfortan, el estrés de la Jornada Electoral finalmente comenzó a evaporarse.

    Cesar: Ya se terminó mi cheve, voy a ir por otra, ¿quieres otra? – levantando la botella vacía.

    Yo: No veo porque no- relajada con los ojos entreabiertos

    Cesar se dirigió a los escalones de la bañera de hidromasaje y comenzó a salir, no sé porque le miraba directamente se trasero mientras salía de la bañera. Serian la burbuja o la cerveza, pero me pareció ver claramente unos glúteos masculinos y fuertes.

    En unos momentos, Cesar regresó con unas botellas bien frías. Todavía estaba bastante mojado. Y disimuladamente le echó un vistazo al su bulto y testículos, que lucían prominentes, instintivamente pensaba en cómo se vería ese garañón cuando se pusiera duro. Tan rápido como me pregunte esto, parpadee rápidamente y mire hacia otro lado, esperando que Cesar no la hubiera visto mirándolo, me extendió la botella, pero antes de yo poderla tomar la retiro.

    Cesar: Estaba pensando que estoy en desventaja- juguetonamente

    Yo: ¿Desventaja de qué? – confundida

    Cesar: Yo estoy totalmente expuesto y desnudo y Usted no Señora, eso no es justo- jugando

    Yo: ¿Lo dices por mi bra? – sonriendo y siguiendo la broma

    Ya esas alturas mi bra estaba totalmente transparente por el agua y no dejaba nada a la imaginación, pero también ya era incomodo, así que…

    Yo: Eso tiene solución- desabrochándolo y arrojándolo por encima de la cabeza de Cesar.

    Cesar se quedó con la boca abierta y tragó un sorbo de su cerveza entregándome finalmente la mía.

    Yo: Además, el oleaje da suficiente revestimiento para evitar que Usted señorito tenga malos pensamientos. – riéndome y bebiendo de mi cerveza

    Volvió a entrar en la tina, y me reacomode en mi lugar cerré los ojos por un momento y deje que las burbujas me hicieran cosquillas allí abajo. Me sumergí en mi gozo, sin querer se me escapo un gemido, nerviosa volví a abrir los ojos y miré a Cesar. Fue muy vergonzoso, pero al mismo tiempo divertido ver su cara de lujuria y asombro.

    Yo: ¿Qué? No crearas que me estoy auto estimulando frente a ti- tratando sonar casual y riéndome

    Cesar: No lo creo, me da más la impresión que eres una mujer de sólidos y no de líquidos – acercándose y pasando su brazo por mis hombros.

    Simplemente hizo contacto visual conmigo y sonrió, no sé si fue mi imaginación o algún efecto de luz, pero pensé que vi su verga cobrar vida a través del oleaje. ¡Pude sentir que mi interior se ponía más caliente y mojado que mi piel y una fuerte atracción sexual creciendo!

    Se inclinó y me besó. Nos acercamos el uno al otro y sus manos me rodearon, apretando mis nalgas de la manera más maravillosa. También lo apreté y pude sentir la creciente dureza de su verga. Me aparté y miré hacia abajo.

    Cesar: ¿Hay algo mal?

    Yo: No, está bien no podemos continuar soy una mujer casada, es mejor que ya me valla- jadeante.

    Cesar: Quédate y me aseguraré de que no te arrepientas-con lujuria en su mirada

    Me volvió a besar, mis tetas presionaban contra su pecho y su mano serpenteó y agarró nuevamente mis nalgas. Gemí de placer ante esto.

    Cesar me la levantó fácilmente, mi 1.50 y 56 k, no eran problema para un hombre de su volumen. Me acomodo en una de las cunetas de la tina, su polla se balanceaba arriba y abajo. Tocando cortes mente para entrar en mi intimidad.

    Con mis manos empecé a acariciar mis tetas y a gemir de placer. mi respiración se estaba volviendo más pesada y me di cuenta de que ya estaba increíblemente excitada.

    Cesar maniobró por encima de mí y colocó gruesa verga entre mis tetas, comenzó a deslizarla entre ellas y en cada movimiento ascendente la gran cabeza se encontraba con mi boca. Comencé a chupar y lamer su polla.

    Cesar: ¿La quieres?, tendrás que pedirla – dominantemente

    Yo: Si, necesito llenarme, necesito satisfacerme- jadeante y rogando

    Seguía lamiendo y chupando la verga de Cesar, no podía creer lo emocionada que estaba, tan excitada. Cesar retiró su polla de mis labios y se deslizo por mi cuerpo, tomando mis piernas por encima del nivel del agua, abriéndolas más, colocó la cabeza de su verga en mi hambriento coño. Lentamente presionó hacia adelante, pero todavía estaba apretado, grite jadee y gemí, él estaba adentro de mi al fin.

    Lentamente, rítmicamente comenzó a deslizarse dentro y fuera de mí. Mi rostro era un sinfín de gestos y muecas por el placer, mis manos se clavaban profundamente en la espalda de Mike. Mis tetas rebotaban lentamente hacia arriba y hacia abajo, a ritmo de sus embestidas compitiendo contra del oleaje de la tina, me estaba corriendo una y otra vez.

    Yo: ¡Ooh, ¡Cesar, me estas cogiendo riquísimo, no pares! – aullé mientras otro orgasmo se apoderaba de mi cuerpo de nuevo.

    Estaba teniendo más orgasmos esa noche que las últimas dos semanas previas

    Cesar: ¿Quieres más? ¿Así quieres que te coja? –embistiéndome más rápido y más fuertemente.

    Yo: Si cógeme, cógeme toda, soy tuya, toda tuya –mordiéndome los labios, mientras me aferraba a sus hombros

    Con eso, Cesar me penetró profundamente y comenzó a cogerme con más velocidad. Su polla estaba tocando cada rincón de mi vagina como nunca antes estaba teniendo la cogida que necesitaba.

    Cesar me estaba follando a con un ritmo feroz perforando mi dulce coño con su deliciosa verga. Gimoteaba caliente por dentro y por fuera, sacó su verga de mí.

    Yo: ¿Porque paraste? – con voz entrecortada.

    Cesar: Sentí que me iba a correr y quiero que te sientes encima de mí. – jadeante

    Se sentó a un lado, yo me pare, y podía sentir como el agua corría por mi cuerpo por efecto de la gravedad, gravedad que era retada por mis pezones que se erguían buscando a la luna, sentía mi vagina palpitar, vacía y ansiosa de ser llenada nuevamente, me monte en él, coloqué la cabeza de su vergon contra mi abertura, penetrándome lentamente, quería disfrutar cada milímetro de esta vergota entrando en mi cuerpo, Cesar frotaba mi clítoris y chupaba mis pezones.

    Yo: ¡Oh, chingada madre, se siente riquisimoo!- mi codicioso coño se tragó la vergota de Cesar por entero y un escalofrío recorrió mi cuerpo de arriba abajo, me había corrido de nuevo, con uno de los orgasmos intensos más memorables de mi vida.

    Me di cuenta ahora que el menor movimiento me ponía en camino de orgasmos, estaba extremadamente súper sensible y estimulada.

    Estaba montada sobre este casi extraño teniendo el mejor sexo en semanas y a punto de correrme por enésima vez. Acariciaba y magullaba mis sus tetas y mis pezones mientras molía la herramienta de Cesar

    Ni siquiera podía pensar y estaba gritando, gimiendo y golpeando esa maravillosa polla. Cuando terminé, comencé a levantarme. Bob pareció decepcionado, pero no dijo una palabra. Mientras me elevaba hasta el nivel donde la cabeza estaba dentro de mi coño,

    Cesar: ¿Qué estás haciendo?

    Yo: ¿No lo sé? – con voz entrecortada

    Cesar: Ya sé lo que estás haciendo, te estás cogiendo como la mejor de la putas – dominante tomándome de la nuca

    Yo: ¡Sí, estoy cogiendo, como puta

    Perdí la noción del tiempo al estar bien empalada encima de él, pero todo el tiempo apretaba mis nalgas, mordía mis seños, me jalaba el cabello, diciéndome lo puta que me veía con su verga dentro de mí, cómo debía ser.

    Entonces me levantó, me empino, poniendo mis manos sobre la orilla del jacuzzi.

    Cesar: agárrate bien puta- enérgico y dominante

    Y así empinada como perra en celo tuve la cogida más dura de mi vida. Cesar entro de un solo empujón en lo más profundo mí, sus bolas golpeaban mis labios vaginales y clítoris con cada embestida.

    Fue aquí donde salió su lado real. Tiro de mi largo cabello, rasguño senos y me nalgueaba con fuerza cada que penetraba profundamente dentro de mí. Me jodió tan fuerte que sentí que podría partirme en dos, pero también se sintió increíble ya que tuve orgasmo tras orgasmo.

    Para cuando finalmente llegó, depositando una generosa cantidad de semen en vagina, yo había perdido la cuenta de las veces que llegue al orgasmo y cuando se retiró, sentí como si un pedazo de mí se hubiera ido con él, se sentó en la orilla del hidromasaje a recuperar la respiración.

    Yo como la buena chica y agradecida chica que soy, me acerque a él acaricie sus muslos y arrodillada frente a él, tomé su polla en mi boca y se la limpié.

    Cesar: Eso fue increíble, ¿no te podrás quedar hoy?

    Yo: Dios, la hora, el celular, mis bendiciones, mis papas, mi marido- acelerada.

    Salí de la tina mojada recogiendo mi ropa, corriendo al interior de la casa y Cesar detrás de mí.

    Cesar: Calma, calma, no te puedes ir así- con una toalla en mano entregándomela- sécate voy por tu celular y vamos a con tus papas- amablemente- en el baño hay cepillo y secadora- señalándome el camino.

    Me sequé lo mejor que pude y con rapidez me vestí, me hice un chongo sencillo a mi cabellera, desechando la idea de volver a usar el bra por lo empapado que estaba, dejándolo en el baño.

    Al salir, Cesar me esperaba en la estancia, con mi celular en mano, subimos al coche mientras viajábamos a casa de mis padres, les llamé, informándoles que iba para su casa, justificando que la Jornada era más “dura” y “larga” de lo esperado, pero que al fin pude “entregar mi paquete” e iba para casa de ellos, si podían salir a recibirme.

    Al revisar mi celular tenía múltiples llamadas perdidas de mi Mor, así como mensajes donde se quejaba como su candidato “magenta” había perdido estrepitosamente ante la oposición “marrón”, que tantas cosas habían salido, que las bases le fallaron, que en esos momentos todo era perdida.

    Pícaramente pensaba pues al menos ganaste unos centímetros más de calcio sobre frente Mor.

    Durante todo el camino Cesar no perdió la oportunidad de ir sobando mi entrepierna, manteniendo mi entrepierna cálida, cuando llegamos a casa de mis padres, se llevó la mano a la nariz y aspiro profundamente.

    Cesar: No pienso lavarme la mano, nunca, hueles deliciosamente.

    Solo reí tímidamente,

    Yo: Fue gusto, bonita noche y felicidades – dándole un beso mordelón de despedida para bajar del coche.

    Apenas me pare en el portón de casa de mis papas, llegaba el coche de mi Mor, mientras se estacionaba frente a la residencia, mi padre abrió el portón y vio la escena.

    Mi papa: A que bueno que llegaron juntos, bueno hay cierran Ustedes- retirándose al interior de su residencia.

    Mor descendió del coche y se unió a mi para ingresar a la morada.

    Mor: Hasta los coches de plataforma traen publicidad del “marrón”, como los odio- con decepción

    Yo: ¿Cómo? – confundida

    Mor: El coche de plataforma que te trajo traía publicidad de la oposición.

    Yo: Ha, ni lo note- fingiendo demencia

    Mientras subía las escaleras para ingresar a la habitación de huéspedes que normalmente ocupábamos con mis padres, mi Mor empezó acariciar mis nalgas por encima de mis ajustados jeans.

    Yo: No Mor estoy muy cansada- suplicante.

    Mor: Nomas tantito necesito relajarme-

    Entremos a la habitación y me abrazo con ternura empezó a besar mis labios mi cuello, con ternura cachonda, tomándome por la cintura acariciando mis glúteos.

    Mor: Pues te sientes y hueles muy fresca, bebecita hermosa

    Recostándome sobre la cama siguió besándome, acariciando mis senos sacando mi blusa, sobando mi entrepierna, desabrochando mi pantalón.

    Su boca se prendió de mi pezón izquierdo, mis manos van ambas a su nuca, mi cuerpo se sacude en reacción y las yemas de sus dedos se arrastran juguetonamente más allá de mi cintura, más abajo en mi cálida y húmeda apertura insaciable.

    MI cuerpo se tensó cuando sus dedos bajo mi pantalón llegaron a su destino sintiendo el calor que irradiaba mi ella. Sus dedos acarician su clítoris, primero frotando y luego dando vueltas. Se deslizan a lo largo de sus labios sintiendo la humedad escondida allí y la palma de su mano continúa aumentando la excitación en ella mientras la punta de su dedo se inserta en su tirantez.

    Se separa un poco de mi toma mi pantalón con ambas manos de las pretinas, arqueo mis caderas para deslizar mi cuerpo fuera de mis jeans, con una mano trato de ocultar mi sexo tímidamente, mientras la otra oculto mi cara avergonzada esperando lo peor

    Mor; Bebecita, estas muy hinchada y rosada, que mal, por eso no debes usar jeans sin ropa interior- apurado y decepcionado

    Yo: Si no debí, en el pecado llevo la penitencia, estoy muy adolorida Mor- haciendo cara de niña regañada

    Mor: Pobre de mí bebecita, déjame darte alivio- tiernamente

    Su boca se mueve en la dirección a mi vientre besando mi estómago mientras, bajando suave y deliamente a mi canal de amor, él desliza su lengua por mi ya duro clítoris. Deteniéndose un poco sobre él, luego desliza su lengua para ahondar profundamente en ella. Todo mi cuerpo se sacude. Un gemido escapa una vez más de mi boca. Estoy casi lista para el orgasmo.

    Yo: No te detengas, Mor – sintiendo su en mi montículo- ya casi, ya casi- él acelera el movimiento de su lengua.

    Pierdo el control de mi cuerpo y de la realidad, convulsiono, mi mente gira y gira. Y exploto mis interiores se vacían en torrente en un destello, a punto de perder el conocimiento, solo veo el rostro manchado de todos los líquidos expulsados de mis entrañas y sonriente de mi amor.

    Mor: Sabe mas amargo que de costumbre, pero deliciosa eres- creo escuchar antes de desvanecerme.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (4)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (4)

    Sergio y Marta oficialmente volvieron al de tres días después de su encuentro en la biblioteca.  La joven acabó derramando alguna lágrima de felicidad al escuchar que “su chico” la perdonaba y volvía a confiar en ella. El muchacho se había creído las sinceras disculpas y dio por válida la historia de cómo mientras estaba con su ex, Marta solo pensaba en él. En verdad, habían sido tres días porque Sergio había decidido hacerse el duro, o eso pensaba él, porque realmente hubiera aceptado al día siguiente de la conversación.

    La primera semana fue un éxtasis de felicidad, los dos sonreían en todo momento y la placidez era lo que primaba en la relación, aunque también otra cosa. Al siguiente fin de semana, fueron a un hotel para en palabras de Marta “recuperar el tiempo perdido” y… lo recuperaron. Estuvieron tanto el sábado como el domingo sin salir de la habitación, solo disfrutando de la cama y el calor mutuo. Probaron la ducha, la cama, la silla, el suelo… incluso lo hicieron en la taza del baño para rememorar su “segunda” primera vez.

    Sin embargo, lo que apareció como un huracán, al poco tiempo se disminuyó quedando en una brisa de verano. La fogosidad de los primeros días desapareció a la tercera semana y al mes, la relación volvía a sus orígenes, a como era antes de su ruptura. Rutinaria.

    Los paseos sin rumbo y con poco que contar estaban a la orden del día. Los planes casi eran obligatorios para tapar la carencia de la compañía, en resumen, si paraban de hacer cosas, simplemente se aburrían.

    Sergio lo fue notando y a comienzos de diciembre, comenzó a darse cuenta de la realidad. El sexo había disminuido, era normal, no podían mantener el ritmo de las primeras semanas, pero volvía a ser tan común como antes, casi similar a cumplimentar un informe. Él solía pasearse por sus bajos para humedecer la zona, se colocaba arriba haciendo que esta terminase y después, ella hacia lo mismo cabalgándole en un silencio sepulcral.

    Cada día, veía más claro que la situación no había cambiado en lo absoluto, aunque de momento no le incomodaba. Pensaba que quizá fuera su culpa, que tenía que acomodarse a la nueva vida en pareja que había olvidado, o quizá simple tensión por los exámenes que se aproximaban… cualquier cosa. Lo mejor de todo, o por lo menos así lo veía Sergio, era que el estudio lo sentía como una prioridad. Con los exámenes más o menos cercanos, prácticamente a diario estaban estudiando en la biblioteca, eso sí, jamás volvieron a desatar sus fuegos internos en el baño.

    A mitad de diciembre, con las fiestas navideñas a la vuelta de la esquina, salieron a hacer su rictus habitual, dar un paseo cogidos del brazo. Para muchas parejas eso era suficiente para disfrutar, bien pegados y una conversación agradable les bastaba para pasar horas y horas caminando sin rumbo, solo disfrutando de la presencia del otro. Sin embargo, para estos dos no era el caso y cada día el joven tenía más muestras de ello.

    Pocos temas trataban y la mayor parte de las conversaciones se centraban en los exámenes. No avanzaban y su complicidad cada vez iba a peor. En uno de esos paseos exasperantes que no terminaban, cerca de la hora de volver a casa, pasaron por un parque cerca de la casa de Marta y el joven vio algo que le llamó la atención.

    Observó a lo lejos, que un grupo de adolescentes estaban bebiendo formando un círculo. No era nada raro, en aquel parque el botellón estaba a la orden del día, bien lo sabía Sergio que lo había hecho en muchas ocasiones. Pero lo que más le llamó la atención, fue que dentro de ese grupo de chicas que veía a la lejanía, estaba su hermana.

    Movido por un afán de venganza o por buscar un poco de diversión, le comentó a Marta que quería pasar al lado de aquellas chicas. Al principio su novia le miró con cara de extrañeza, tuvo que explicarle que a la que quería ver era a su hermana y no a una cualquiera. Cuando llegó al círculo donde las cinco chicas se encontraban, Laura no se había percatado de lo que estaba a punto de suceder, si no se hubiera dado a la fuga.

    —Mi querida hermana, ¿Qué tal estás?

    Laura se dio la vuelta sin notar la presencia de su hermano mayor, quedándose de piedra cuando este se agachó y la abrazó delante de sus amigas. La muchacha no dijo nada, solo abrió los ojos lo más que pudo, era la primera vez que la veían bebiendo y en casa no lo sabían, el corazón se le heló.

    —Qué poco te alegras de verme.

    —Sergio… —se levantó inquieta y con unas buenas formas que no eran las comunes— no… no te había visto.

    —Bueno, ahora ya me ves, no vas a darme un abrazo… de esos enormes que me das en casa.

    La joven abrió los brazos al tiempo que escuchaba unas joviales risitas a su espalda.

    —¿Qué haces aquí? —le señaló con gracia mirando las botellas a la par que se separaban y reía de la forma más maligna que conocía— No sabía que bebieras ¿mamá y papá lo saben?

    —No… si yo no bebo… son solo ellas, yo estoy aquí… acompañándolas, nada más. —tenía claros síntomas de nerviosismo y un olor proveniente de su aliento que no podía enmascarar.

    —Sí, claro… —dijeron dos amigas al unísono detrás de ella.

    —Uy… qué mal, qué mal… —negando lentamente con la cabeza— Tendré que decírselo —añadía el joven tratando de aguantarse la risa.

    —Sergio… —escuchó como su novia con una media sonrisa le miraba para que terminara con la broma, su hermana parecía que se estaba agobiando.

    Laura saltó hacia donde se encontraba Marta, una chica preciosa que era la primera vez que veía y no entendía cómo podía estar con Sergio. La sujetó de las manos y con cara de pena, trató de buscar una aliada para que terminara aquella tortura.

    —Marta, ¿verdad? Soy su hermana, Laura. Lo siento por esta presentación… pero, llévatelo, ¡por favor! —estiró la última vocal a tono de súplica y ruego. Su “cuñada” se rio al tiempo que acariciaba la cabeza a la joven.

    —Tranquila, ahora nos vamos. Aunque primero… parece que se está presentando a tus amigas. —no pareció darle importancia y le preguntó a la joven— ¿Qué es la primera vez que bebes?

    —No… pero, en casa todavía no lo saben. Me da cosa decirlo, no quiero que me echen una bronca, además apenas bebo. Solo cuando salgo de fiesta y no soy de las que más toma.

    Marta miró las tres botellas de ron que las cinco chicas compartían y no pudo evitar pensar que seguro que bebía más de lo que afirmaba.

    —No te preocupes, Sergio no va a decir nada, ya me encargo yo de eso. Eso sí, no le molestes en casa que haber si se le va a escapar la lengua… si pasa, me lo dices.

    Le guiñó un ojo para después sonreírla con sus dientes perfectamente alineados y blanquecinos que le resultaron encantadores a la hermana de Sergio.

    Detrás de ellas, justo cuando Laura se acercaba a Marta para pedir que se llevasen a su hermano, Sergio se presentaba a las cuatro amigas de su hermana.

    —Buenas noches, chicas, cuidar de mi hermana. Que no beba mucho y vacilarla un poco con el abrazo que me ha dado ¿okey?

    —Síííí —afirmaron todas a la vez como si estuvieran en medio de una clase del instituto.

    Una de las chicas se le quedó mirando mientras se volvía a poner de pie. Sergio se percató de la mirada, le resultaba ciertamente familiar, pero no sabía de qué. Los ojos casi negros de la muchacha le penetraban y sin cortarse le dijo.

    —¿No te acuerdas de mí? —la miró analizando cada centímetro de piel, pero no encontraba similitudes que le dieran una pista. Movió la cabeza y antes de añadir que no, ella contestó— Soy Alicia, hace mucho que no paso por tu casa, pero no veas las veces que he jugado allí con tu hermana.

    —¡Vaya, Alicia! —dijo Sergio echándose una mano a la cabeza— Menudo cambio has dado, si contigo he jugado a tomar el té con las muñecas. —las demás chicas se rieron y ella se tapó los ojos por vergüenza—Si no me lo llegas a decir no te hubiera reconocido, has crecido mucho. Aunque bueno es lo normal, la gente crece cuando pasan los años…

    —Sergio… —llamó Marta desde atrás para que dejara de molestar al grupo de su hermana— Vámonos, cariño. Deja un poco en paz a tu hermana pequeña.

    Asintió con la cabeza viendo como Laura fruncía el ceño. “Bueno, esto por esas malas caras de todos los días” pensó observándola enfurruñada junto a su novia. Volteó la cabeza y se despidió de todas con un saludo, mirando de nuevo a Alicia para decirla.

    —Me ha alegrado mucho el verte. Igual coincidimos otro día.

    Volvió caminando unos tres pasos donde su novia que le miraba conteniéndose la risa y sosteniendo a su “cuñada” por los hombros en señal de defensa.

    —Ya me voy, Laura, pero antes… dame un beso, anda.

    —Sergio —le volvió a decir Marta esta vez soltando una pequeña carcajada.

    —Bueno, vale… sin beso. Ya te los daré al llegar a casa.

    —Como te odio, de verdad. —bajo el manto protector de Marta, su hermana parecía un bebe hinchado de rabia.

    —Yo creo que no me odias. Me amas muchísimo.

    Sergio le alborotó el pelo en señal de cariño para que su hermana después de despedirse educadamente de Marta, se alejara del joven tanto como pudo, mientras sonreía victorioso.

    —Te has pasado un poco, estaba con la cara roja como un tomate —le comentó su novia unos pasos más adelante sin borrársele la mueva de felicidad.

    —Ya la pediré perdón, pero espero que me dé ese beso, si no a mis padres que va.

    Los dos acabaron riéndose mientras el chico acompañaba a su novia a casa en vísperas navideñas. Las luces colgadas entre fachadas daban un color precioso a la calle, el clima frío hacia que ambos cuerpos se apretaran más y el ambiente de felicidad se respiraba en cada esquina. Dos enamorados riendo a la luz de la Navidad, podía ser un momento para el amor, para las nuevas oportunidades, pero en realidad sería de las últimas veces que reirían juntos.

    ****

    El día siguiente fue sábado y Sergio se desperezó algo más tarde de lo normal, no tanto como su hermana que hasta pasado el mediodía no dio señales de vida. Daba la sensación de que se lo había pasado bien.

    Lo curioso del día sucedió pronto, nada más mirar el móvil mientras seguía tirado en la cama. Tenía un mensaje de su novia, el último te quiero antes de meterse en cama, más por cortesía, que por amor, o eso era lo que pensaba, aunque no se desencaminaba de la realidad. Sin embargo, otra cosa le llamó mucho más la atención que ese pobre mensaje. Era una notificación de Instagram, alguien le había comenzado a seguir.

    Entró en su perfil y acercando la vista de la foto, confirmó lo que el nombre de usuario le delató, era Alicia. Con un movimiento rápido de dedos, antes de pensarlo la aceptó y la siguió. Tampoco tenía ninguna razón para no hacerlo, pero su mano fue más rápida que su mente, sobre todo a las mañanas tenía las de ganar.

    A los pocos segundos, ella le confirmó la petición y Sergio, aún tirado en la cama envuelto entre las sabanas, comenzó a ver las fotos de la muchacha. La vista no le desagradó, tenía diecisiete años, la misma edad que su hermana, si la memoria no le fallaba, era su amiga desde preescolar.

    Había un montón de fotos de fiesta, de vacaciones, disfrazada, de “postureo”… incluso alguna en bikini en la que Sergio se detuvo un poco a cotillear. Lo que veía no estaba nada mal, un cuerpo menudo, pero en forma, con unos senos bien puestos que se notaban algo voluminosos dentro del bañador, seguramente del mismo tamaño que los de Marta.

    Justo al salirse de esa foto, algo le sorprendió de una forma que casi le hace saltar en la cama. Una notificación de mensaje le había llegado, ¡Alicia le había escrito!

    —Holaaa.

    —¿Qué tal? —contestó Sergio pensando a que vendría ese saludo.

    —Nos hiciste pasar ayer una noche entretenida.

    —¿Y eso?

    —Laura sufrió unos cuantos vaciles, todo fue unas risas.

    —Me alegro, aunque no por mi hermana, igual lo pasó mal.

    —No, si acabó riéndose y todo. —envió ese mensaje y mientras la chica escribía Sergio pensaba en su pobre hermana “¿igual me pasé?”— Eres muy enrollado, bueno siempre lo has sido.

    —¿Sobre todo cuando jugábamos a tomar el té?

    —Jajaja me encantaba cuando te ponías a jugar con nosotras.

    —Pues apenas me acordaba. Cuando me lo recordaste ayer me vino más a la memoria, pero que va. Es más si no me dices que eres tú, no te hubiera reconocido, estás muy cambiada.

    —Espero que para mejor.

    —Sí, sí, claro. Aunque bueno es normal, tenía tu imagen de niña y has crecido. —el tono de la conversación daba la sensación de ser muy distendido.

    —Suele pasar… la gente crece. —le añadió un icono sacando la lengua y Sergio sonrió ante la pequeña broma que rememoraba su propia frase.

    —Está bien que me lo recuerdes… ¿Qué tal ayer, os lo pasasteis bien?

    —Muy bien, había bastante fiesta.

    —Qué envidia, hace como un mes que no salgo, estoy ahora estudiando para los exámenes e imposible.

    —Pues oye, eso no está bien, tienes que salir. Así te relajas y coges fuerzas para estudiar —Sergio recordó como en su época de instituto eso sería posible. Sin embargo en la universidad, salir equivalía a perder un valioso día de estudio. Alicia siguió en otro mensaje— La próxima vez, te quedas con nosotras, igual a tu hermana le da algo.

    Sergio sintió que su experiencia y los años de ventaja con la jovencita, le hacían saltar un pequeño aviso dentro de su cabeza. Aquello podía ser un pequeño coqueteo, todavía no tenía pruebas, pero la situación se encaminaba hacia ello. Unos pequeños temblores se apoderaron de su cuerpo y se tapó aún más, casi quedando por completo debajo del edredón.

    —No estaría mal… pero es verdad, no creo que a Laura le haga mucha gracia. ¿Por dónde soléis salir? —le preguntó mientras su mente le decía “no le estás mintiendo a Marta, no lo haces…”.

    —Por el pueblo, que aquí podemos entrar en todos los bares.

    —Nosotros, también. Raro que no hayamos coincidido, aunque últimamente con lo poco que salgo…

    —Pues la próxima vez a ver si nos vemos ¿no? —“si mi instinto no me falla, esta pregunta es menos inocente de lo que parece” decía con un cosquilleo que le comenzaba a rodear los genitales.

    —No estaría mal.

    Contestó dejando el móvil en la cama, su corazón golpeaba con dureza y su miembro comenzaba a recibir sangre de todos los lugares. Había sido una respuesta simple, sin dobles interpretaciones, una conversación normal, entre dos conocidos, ¿o no?

    La respuesta de la chica fue un guiño en forma de icono. Las pistas que veía una mente calenturienta como la de Sergio, le podían hacer pensar que la jovencita pretendía algo más. Sin embargo, lo que más le preocupaba era que algo en su interior le hacía sentirse realmente mal. Todavía tenía el mal sabor de la traición muy reciente, esa penosa sensación de haber sido engañado por alguien a quien quieres.

    Su cabeza le decía que si la amiga de su hermana quería algo, no debería ni pensárselo y rechazarla en el acto. Pero su cerebro situado entre sus piernas, le hablaba de otra manera, diciéndole todo lo contrario.

    Abrió de nuevo el móvil, dirigiéndose a alguien que de seguro podría ayudarle, porque él en su momento hizo lo mismo con ella. Comenzó a apretar los botones de la pantalla y en un momento, estaba en la conversación con su Tía Carmen.

    —¿Te pillo bien, tía?

    —Por supuesto. Tú, siempre.

    —Tengo una cosa que me acaba de asaltar, no es que sea realidad del todo, es una suposición hipotética.

    —Demasiadas vueltas… dime, Sergio, ¿Qué pasa?

    —Una chica creo que ha comenzado a coquetear conmigo.

    —Entiendo con lo que me vas a venir. ¿Qué tal con Marta?

    —Muy sin más, apenas hacemos cosas, paseamos casi sin hablar o solo de los estudios. Fueron unas buenas semanas, nos reíamos y tal… pero ha vuelto todo a lo mismo.

    —Hijo, ¿Qué se te ha pasado por la cabeza?

    —Si esa chica me dijera para quedar, ¿Qué debería hacer?

    Lo que Sergio buscaba en esta ocasión, aunque él no lo reconociera, era el beneplácito de alguna persona. Su tía era la idónea, habían hablado de un tema similar y ella había engañado a su marido con el joven, no podía haber mucha diferencia en lo que hacía ella a lo que pretendía Sergio. Además que solo eran suposiciones, Alicia no quería nada con él, aunque la posibilidad de que “sí quisiera” aumentaba en su cabeza a cada minuto. Su subconsciente quería que así fuera.

    —Primero háblalo con tu novia y segundo, si crees que esa chica te gusta, pues inténtalo.

    —No me gusta, tía. Digamos que está en mi clasificación, pero no en el 5% que te conté.

    —Jajaja tus clasificaciones… qué buenos recuerdos… —Carmen hablando desde su cocina, miró al jardín recordando los pocos días de verano que pasó con su sobrino. En ese momento, un escalofrío muy sentido le recorrió toda la columna teniendo que respirar hondo para serenarse— Si solo es para una noche, ¿crees que merece la pena cortar con Marta?

    —No lo sé… quizá si lo hago sin que ella se entere…

    —No. Eso no lo hagas. Si se acaba enterando habrá mucho dolor y no creo que te guste.

    —Tía, al fin y al cabo ella me lo hizo primero.

    —No estás con ella para devolverle las cosas —su tía tenía mucha razón, aunque el joven quisiera creer más lo que le gritaban sus partes nobles. Acabó por sentenciar— para eso, no haber vuelto.

    —Carmen, pero no hay nada de malo en que lo haga. —a este punto quería llegar, donde su tía seguro que se ablandaba y convertía lo que rondaba por su mente en algo más… “Legal”— Tú lo hiciste conmigo y no creo que te sientas mal.

    —Eso, Sergio, sabes que estuvo mal. Nos lo pasamos de maravilla y lo volvería a hacer porque te amo. Sin embargo, no quiero que copies mis errores, una cosa es lo que yo haga, pero tú no te tienes que escudar en mí para pensar que querer engañar a tu pareja está bien.

    El joven cerró los ojos con el cuerpo algo agitado. Su calentura mañanera, le había hecho cometer el error de querer a toda costa la “bendición” de su tía. Esperaba ganarse el sí, sin embargo, su contestación había sido un portazo en los morros.

    —Tienes razón, tía. Siento si te moleste, perdona.

    —Nunca molestas, cariño. Yo ya cometí el error, tú puedes elegir. —Carmen sintiendo que la conversación podía dar lugar a un cambio de opinión en Sergio, le dejó una cosa clara— Eso sí, una cosa te digo. Si tienes pensado hacer algo como engañar a tu pareja… solo te lo permito si coges el coche, vienes aquí y pasas la tarde conmigo, de ninguna otra manera, ¿entiendes?

    —O sea… —Sergio escribía mientras se reía— ¿contigo sí, pero con otras no?

    —Exacto, ¿algún problema? —paró para volver a escribir— Por cierto, me compré una taza de café nueva, le dije a Pedro que me la habías regalado, ¿te gusta?

    La foto llegó y Sergio contempló una taza de color negro con unas letras en dorado que decía “para la mejor tía del mundo”. Aunque la frase era lo de menos, la camiseta básica que llevaba como pijama, había sido bajada por debajo de los senos y uno de sus pechos escapaba. Se veía tan magnífico como el joven los recordaba, tan perfecto, tan redondo, tan mullido. La taza de café de la mujer echaba humo sin parar debido al ardiente café y a kilómetros de distancia, Sergio también estaba que ardía.

    —ME ENCANTA. Te echo tanto de menos.

    —Y yo a ti, cariño. Hablamos ¿vale? Tengo que vestirme.

    —Yo voy a la ducha que necesito pensar en ti.

    —Dios… Sergio… Te amo.

    —Y yo.

    El joven cumplió su palabra y en la ducha, gracias a la foto de su tía y los recuerdos vividos de sus vacaciones, descargó con unas ganas que le dejaron tembloroso. Tuvo que pausar su cuerpo bajo el agua caliente, y sintiendo que todo volvía a la normalidad, se duchó con calma recordando lo mucho que quería a su tía.

    La conversación con Carmen le había tranquilizado en sus pensamientos de infidelidad, “total solo son suposiciones” se decía una y otra vez en su cabeza. “Solo eran palabras que malinterpreté, quizá por la falta de buen sexo…”. Sin embargo, otra cosa luchaba desde lo profundo de su cuerpo, esa foto en bikini que tanto le había gustado. Alicia posaba con gafas de sol para una cámara deseosa por más instantáneas, y en su plena juventud era todavía un fruto por abrir, “la niña… no está nada mal…”.

    CONTINUARÁ

    —————-

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Esto tiene que pasar

    Esto tiene que pasar

    Cómo lo prometido es deuda y tenía que escribir un relato sobre cómo me gustaría ver a la Señorita R, -pero ya se, que ella es muy mala a veces- aquí te mando este relato contándote todo lo que me gustaría hacer una mañana contigo, más un extra…

    Una mañana al levantarte, empezaste a mirar el móvil para ver redes sociales, correos… etc… Cuando acabaste de mirarlo todo, empezó a dar vueltas por tu cabeza uno de mis antiguos relatos que trataba de cómo te dominaba y que te gusto, empezaste a pensar en mi… sé que te gusto, muy cariñoso, gentil y conmigo me río mucho.

    Te encanta masturbarte imaginando que soy yo quien me da ese placer.

    Cuando fuiste al baño sentías tu sexo estallar de ganas; estabas muy excitada pensando en aquel relato y como te tenia a entera disposición. Encendiste la luz, cerraste la puerta con cerrojo, te sentaste en el wáter y después de bajarte el short del pijama y la braguita (negra, por supuesto), metiste la mano derecha entre tus piernas y deslizaste un dedo por todo tu sexo hasta el clítoris, pensando que era mi lengua que te lamía: estabas completamente húmeda y tu vagina al notar ese tacto empezó a dilatarse y a emanar flujos. Pedías a gritos ser penetrada; cerraste los ojos y sin querer ni poder evitarlo introdujiste tu dedo índice hasta el fondo, mientras repetías mi nombre e imaginabas que era mi miembro el que te penetraba una, otra y otra vez.

    Tuviste el primero de muchos y placenteros orgasmos.

    Tenías la boca abierta y de tu garganta sólo salían jadeos y suspiros de placer.

    Te saqueaste el dedo todo pringado y por supuesto lo chupaste con todas tus ganas. Lo lamiste con vicio desde la base hasta la punta, tu imaginación se disparó y jugaste con tu lengua sobre el pensando que era mi glande. Mmmm! ¡Qué rico!

    No te limpiaste a fin de no secar esa pringue que lubricaba tu sexo.

    Dedicaste irme a la cama y continuar allí con el juego. Un juego muy divertido, por cierto.

    Colocaste la ropa en su sitio, apagaste la luz y te fuiste a tu cuarto…

    ¡Hola, mi diablillo!: Sabes que acabo de pensar en ti? me dijiste en un mensaje.

    Cuando entras en tu habitación, tu sexo estaba cómo loco por seguir recibiendo placer. Notaba como seguía derramando flujo vaginal; era lo mismo que las Cataratas del Niágara…

    Miraste el reloj, te lo quitaste y lo dejaste sobre la mesita.

    Quitaste la sábana finita hacía atrás, dejaste las chanclas debajo y te metiste en tu camita.

    Tu alcoba consta además de un amplio armario empotrado, un gran tocador con espejo y una coqueta mesita de noche.

    Te «preparaste»: te quitaste todo. Te quedaste totalmente desnuda…

    Como haces todas las noches, cogiste un bote de crema hidratante del cajón de la mesa de noche y te frotaste todo el cuerpo con ella: los brazos y las manos, los pechos, duros y redondos con tus pezones marrones ya erectos, tu cintura, el vientre, tus curvadas caderas, tus muslos, las piernas flexibles y los pies, muy pequeños como los de una geisha.

    Te acariciaste el cuerpo otra vez, imaginando que era yo quien lo hacía y notaste otro de los mayores orgasmos que has tenido en tu vida. Te estremeciste de arriba a abajo.

    Apagaste la luz de la lámpara de mesa, levantaste y abriste mucho las piernas, y separando los labios vaginales, te frotas el clítoris dándote pequeños y suaves pellizcos, luego te mojaste el dedo corazón en saliva y a continuación te volviste a penetrar con él; como estaba tan mojada entró muy fácil, no tuviste que hacer ninguna fuerza.

    Lo metiste entero en tu agujerito (hasta la última falange), el cual estaba sorprendentemente abierto sin parar de soltar jugos. Imaginando qué te hubiera gustado probarlos… A mí también me hubiera encantado sentir mi boca y mi lengua hay…

    Comenzaste a meterlo y a sacarlo y lo movías varias veces y cuando lo saqueaste todo pringado lo llevaste hasta el culito y lo rozaste contra el ano haciendo círculos y sentiste tanto placer que tuviste que morderte los labios para no gritar.

    De nuevo deslizaste el dedo hacía tu sexo y volviste a penetrarte otra vez. Seguía igual de dilatado. Tiene el tamaño perfecto para mi pene…

    Lo sacaste súper pringado, lo llevaste a la boca y lo chupaste de nuevo mientras pensabas: ¡qué buena está mi polla! y tuviste otro orgasmo brutal.

    Estabas bastante cansada, y decidiste terminar ya.

    Te levantaste, te miraste en el espejo y te admiraste gratamente; estabas muy bella: con el pelo alborotado, la carita sudorosa y caliente, los ojos muy brillantes y los labios tan rojos como una fresa madura.

    Así pues, te pusiste la braguita, la camiseta y el short, te tapaste y te quedaste profundamente relajada boca arriba, con las piernas separadas y los brazos a lo largo del cuerpo.

    Vibro tu móvil, lo cogiste, era yo:

    – ¿En qué piensas, que estás haciendo?

    Y una foto llego a mi móvil, era una foto de tus dedos húmedos, mojados y diciéndome: que crees que hacía, cabrón. Me decías.

    Mi cara cambio por completo y se me puso cara de deseo.

    Me seguías mandando audios.

    -Leí uno de tus relatos y mira lo que has conseguido, te imaginé tan nítidamente que pensé que de verdad estabas junto en la cama; podía sentir tus grandes manos acariciando mis pechos… todo mi cuerpo, tu boca y tu lengua besando y lamiendo mi cuello, mis labios… cada centímetro de mi piel, noté tu cálido aliento sobre mi cara, vi tus preciosos ojos que me devoraban por completo, oí tu varonil voz. Me decías en un mensaje de voz.

    -Empecé a jugar con mis dedos imaginando tu lengua y ya ves el resultado. Acabando con una risa picarona.

    Entre que tu voz me encanta y la sensación de haber conseguido masturbarte de aquella manera, me entro un calor de repente.

    -Sentí tu pene muy grande y totalmente erecto queriendo penetrar en mi cueva de placer. Seguías hablándome

    -Me puse sobre el lado derecho y coloqué mi mano diestra sobre el corazón; escuché como latía muy fuerte por ti y solo podía decir: «Sí, hazme tuya».

    Inmediatamente yo puse el manos libres, necesitaba las manos para acariciarme mientras me hablabas.

    -Sentí como tu mano se coló entre mis piernas y como tus dedos índice y pulgar frotaban dulcemente mi pequeño, duro, pero muy sensible clítoris. En mi mente, tú continuabas dándome placer y mi cuerpo se agitó y vibró fuertemente al sentir un placentero orgasmo.

    -Arqueé mi espalda e incliné hacía delante mi rodilla derecha; tú me cogiste fuerte, pero delicadamente por la cintura y clavaste tu miembro viril hasta el fondo de mis entrañas. Al sentirlo tan dentro de mí, de mi garganta brotó un alarido seguido de incontables jadeos y suspiros de placer. Así te imaginaba, diablillo.

    -En la soledad de mi cuarto, me abracé a la almohada y te llamé por tu nombre una y otra vez; y la besé pensando que era tu boca la que recibía todos mis besos. Después retiraste tu pene de mi interior, me besaste en el hombro y acercando tus labios a mi oído me susurraste: Que buena leoncita estas hecha.

    Me estaba masturbando escuchando tu voz, que se entrecortaba por que se notaba que tú también estabas haciéndolo.

    -Cuando escuché está frase, me volteé rápidamente para decirte que era tu zorrita… Volví a girarme y hundí mi cara entre el cojín.

    Notaba que te estabas corriendo y te dije de hacer una videollamada para vernos, pero eso será otro relato.

    Espero que os gustara este relato y que lo valoréis y comentéis, es gratis.

    Gracias.

  • El congreso (Parte 2)

    El congreso (Parte 2)

    El Congreso tenía una duración de 5 días y lo contado en mi relato anterior sucedió los dos primeros días. Casi hasta acá no habíamos cambiado palabras, salvo las que alimentaban la pasión de ese primer encuentro en el baño. Yo estaba en un estado donde para graficarlo mejor, diría que sentía estar caminando sobre algodones, nunca había vivido una experiencia tan plena y a las vez desconcertante, jamás se me había cruzado por la cabeza vivir algo así con un hombre y tampoco sabía porqué me había animado a tanto. Si intuía que algo había cambiado en mi porque no podía apartarlo de mi mente.

    Esa noche cuando terminamos de hacer una caminata después de la cena, volvimos a dormir. Lo único que estaba en mi mente era el deseo que se repitiera lo de la primera noche. Una vez que todos nos acostamos se apagó la luz del pabellón y yo comencé con la ansiedad de la espera. Por mas que estaba cansado no tenía sueño, solo esperaba. Como a la 1 de la mañana cuando ya se escuchaban los ronquidos y las respiraciones profundas escuche que alguien se deslizaba hacia mi cama y una mano tanteaba en la oscuridad tratando de encontrar mi cuerpo, en realidad mas que mi cuerpo mi verga que ya estaba a full. Esta vez para facilitarle el tramite me había acostado sin el bóxer y al instante que sentí su mano corrí la sabana para que pudiera agarrarla, se notaba que la excitación que tenía era mayor y al no tener que cuidarse actuaba con mas soltura.

    De una se la metió en la boca y comenzó a chuparla con avidez, primero con el glande cubierto por el prepucio, después la peló y saboreaba la cabeza frotándola con su lengua, bajaba por el tronco dándole pequeños mordiscos para sentir su dureza al llegar a la base se metía los huevos en la boca y los saboreaba alternando un rato cada uno; en un momento dado tuve que apartarlo porque me estaba haciendo acabar. Mientras él hacía eso yo le acariciaba la cola peluda y con los dedos humedecidos le frotaba el agujero que se le iba dilatando mientras sentía que el frotaba en mi brazo su pija dura, entonces no dudé en agarrársela y meterla en mi boca. Ël entonces entro en éxtasis y comenzó a chupármela con desesperación, se la metía toda en su boca hasta la garganta y producía un movimiento que parecía que le estaba cogiendo la boca.

    Allí lo tomé del cuerpo y le ayudé a que se subiera a la cama. Estaba todo desnudo, su cuerpo era menudo y muy velludo, entonces comencé a chuparle las tetillas que al instante se le pusieran duras. Al mismo tiempo me ensalivaba los dedos y le lubricaba el ano para dilatarlo, entonces él sin dudarlo se sentó a horcajadas sobre mi y agarrando mi verga comenzó a meterla en su agujero. De una se la clave hasta las bolas y comenzamos a balancearnos al principio despacio pero a medida que aumentaba la excitación el bombeo era mas acelerado, hasta que en un rato los dos explotamos, yo dentro de él y él escupiendo su leche sobre mi pecho.

    Después nos quedamos abrazamos con mi pija dentro de él esperando que la respiración se regularizada y entonces de apoco se fue despegando para irse a su cama. De nuevo me costó conciliar el sueño a pesar de la larga jornada que había tenido, no lograba encontrar mi eje, tampoco lograba entender que me estaba pasando.

    Al día siguiente a la hora de ducharme traté de esperar que volvieran de hacerlo mis compañeros y entonces cuando llegué a la zona de las duchas vi que me estaba esperando mientras repasaba los baños con el secador y el trapo. Entré, lo saludé y procedí a desnudarme, él tenía la vista clavada en mi, cuando me acerqué al grifo para ducharme me hizo señas que lo siguiera y caminó hacia el fondo donde había un cuarto donde se guardaban los elementos de limpieza. Abrió la puerta con una llave y me invitó a entrar. Volvió a cerrar con llave y encendió una luz tenue.

    Estaba con su sotana negra, pero se notaba claramente la bruta erección que tenía. Yo también me empalme al toque y entonces se arrodilló para empezar a mamarla, mientras lo hacía yo le presionaba la cabeza para meterla toda en su boca, él murmuraba que yo lo ponía muy caliente y que nunca había cogido así con nadie. Después de un rato lo hice parar y le levante la sotana para agarrarle la verga que estaba toda mojada, la puse arriba de la mía y comencé a pajearnos, mientras lo hacía con la otra mano en su culo lo acercaba contra mi para estar mas pegados, mientras exploraba su boca con mi lengua.

    El curita entraba en desesperación, ahora que podía expresarlo con mayor libertad no paraba de gemir e implorar que quería mi pija dentro de él, que por favor lo cogiera, entonces se dio vuelta, recogió la sotana y se agachó ofreciéndome su culo, me arrodille y comencé a chuparlo con muchas ganas, se lo quería comer, tenía unas nalgas redondas y duritas cubierta de vellos oscuros, -una delicia- con mi lengua lo exploraba y trataba de metérsela en el agujerito, mientras con una mano le agarraba la verga y lo pajeaba y también me la metía en la boca cada tanto alternando con su culo y sus bolas, cuando yo sentí que estaba a punto de explotar, me ensalivé la pija y se la metí hasta las bolas, el curita deliraba y me pedía que lo cogiera duro, yo sentía como me la presionaba con su cola como tratando de que no se le escapara, la quería tener y sentir adentro.

    Confieso que nunca había experimentado un coito con esa intensidad ni tampoco nunca había visto a una mina disfrutar tanto una pija. Cuando comencé a jadear que me estaba por acabar, me pidió que se la sacara y se la mandó dentro de la boca para que le acabara allí, mientras mi pija escupía unos gruesos chorros de leche en su garganta, la pija de él sin tocársela también escupía chorros de leche que saltaban para todos lados, los dos terminamos jadeando como animales en celo.

    Después encendí un cigarrillo y nos quedamos conversando un rato. Allí recién me enteré que tenía 27 años y hacía 3 años que se había ordenado sacerdote, se llamaba Ernesto y era oriundo de la ciudad de Corrientes. Los días que restaban del congreso seguimos teniendo encuentros furtivos pero plenos de goce. Nos seguimos escribiendo un tiempo pero un año después lo designaron en una parroquia de Villa Elisa y nunca más supe de él.

  • Envió pack a la amiga de mi mujer como regalo de cumpleaños

    Envió pack a la amiga de mi mujer como regalo de cumpleaños

    Esta historia ya la vengo relatando con anterioridad, pues la buena amiga de mi mujer es una ardiente mujer en busca de una buena verga, al cual le encanta mamar y del cual yo tuve la suerte de gozar tan hambrienta boquita.

    Después de varios meses desde semana santa este mes fue el cumpleaños de “caro”, y fue la excusa perfecta para saludarla por Messenger y tantear la situación, pues aún tenía ese deseo de follármela, o por lo menos que una última vez pueda mamármelo como solo ella sabía hacerlo, con intensidad y morbosidad, como una adolescente necesitada de verga, pero aunque era mamá eso no la detuvo para pecar en aquellas ocasiones, pues tenía un buen talento con esa boquita y lengua, el cual alguna vez mi mujer me insinuó que era “tremenda”.

    D: Feliz, cumpleaños, espero que pases un lindo día en compañía de tu familia… un abrazo a la distancia y esperamos verte pronto… sigue cuidándote un beso y abrazo seguro ya te llama (mencionando el nombre de mi mujer)

    Al rato, me responde.

    C: Gracias, gracias por los saludos, si ya de noche espero a mi familia para pasarla genial. Un beso sigan cuidándose.

    D: Caro, que bueno saber de ti después de tiempo, todo bien espero… oye y algún día nos volveremos a ver… digo… ya sabes… aún pienso… ya sabes

    C: Jaja… si quien sabe… cuídate un abrazo saludos a mi amiga, seguro ya me llamará

    D: Si, seguro… ya sabes top secret sin paltas. Si quieres más tarde te envío un regalito por aquí

    C: Jaja, loco ya no digas nada que me amargo. Bye

    Así vi por la noche en su Face, que estaba con su familia, cenando y pues se ve que tuvieron una buena velada. Al día siguiente comentando una de sus fotos de sus historias

    D: Se ve que la pasaron bien, te debo tu regalito jaja

    C: ¡Oye!, no seas tan atrevido, se puede dar cuenta mi amiga y por aquí mi familia, ok.

    D: Ok, Ok, sorry… pero aún te puedo enviar mi regalo por aquí

    C: ¿Que regalo?

    D: Ahí va, estás sola

    C: Si, por? Que vas a enviarme no seas atrevido…

    Enviando unas fotos de mi verga al palo, que me tome la noche anterior mientras pensaba en ella, cuando me masturbaba, toda venosa, botando liquido pre-seminal… “Feliz cumpleaños preciosa”

    C: Ahhh, eres un tarado! Pudo verlo mi marido sino se iba al trabajo… ¡idiota!

    D: Sorry, ¿pero te gusto o no? Top secret for you baby

    No me escribió por un rato, hasta que…

    C: Supongo que no está mi amiga contigo para que hayas hecho eso… y si, si me gusto, te diré que he pensado en aquellas veces que nos vimos fugazmente, he fantaseado en que estemos juntos, en que me hagas el amor… soy una tarada por pensar así, por favor que quede entre nosotros, promételo, evitemos problemas.

    D: Descuida, no te preocupes, también me metería en problemas… ya sabes… espero solo algún día nos veamos más tranquilos, cuando pase todo esto. ok, prométemelo tú también.

    C: Ok, ok… lo prometo… cada vez que pongas una foto con mi amiga, les daré un corazón para que sepas que tengo celos y que muero por saborear tu verga nuevamente. Un día promételo que nos veremos, y me dejarás chuparte la pinga toda para mí y prométeme que me vas a follar como esa primera vez y más… ok.

    D: Así será, top secret bebe… ya sabes sin perjudicarnos.

    C: Obvio, cuídate besos

    D: Cuídate.

    Así paso estos días y sin querer confirme las ganas de volver a follar de ella, y pues en algún momento se hará realidad, y de no solo mirar las fotos de sus tetas que me envió aquel tiempo atrás, a veces veo porno desde mi celular buscando una figura similar a la de ella, para imaginármela que la follo y que ella me lo mama deliciosamente.

    Lee mis dos relatos anteriores para que sepas como inicio esta pecaminosa historia.

    Amiga de mi mujer, necesitada de verga (Parte 1) y

    Amiga de mi mujer, chat caliente luego de follar (Parte 2)

  • El poder del dinero

    El poder del dinero

    Tengo 45 años soy rubia alta delgada de pechos operados y muy deportista, tengo dinero de sobra para poder tener todo lo que quiero y complacer mis caprichos unos de mis fetiches es acostarme con jóvenes mujeres a cambio les doy lo que ellas me pidan sea lo que sea solo quiero que hagan todo lo que yo les pido. Tengo a Lidia a una joven de 19 años rubia de complexión delgada con unos pechos naturales pequeñitos perfectos ella me complace en todo hoy hemos quedado en mi casa dice que trae consigo una sorpresa me ha pedido que la espere en la habitación en ropa interior me pongo un conjunto de lencería blanco y una liga blanca me tumbo en la cama y espero impaciente a su llegada.

    – ¡Hola mami! ¿Te traje una sorpresa estás lista? – me dice mientras entra y se dirige hacia mí lleva unos vaqueros negros muy cortos y un jersey son mangas tiene su cabello suelto sabe que eso me encanta.

    -Claro! ¡Me encantan las sorpresas! – Mientras digo esto veo entrar a una belleza detrás de ella es alta de piernas largas rubia también como me gusta tiene el cabello largo es de complexión delgada y tiene unos pechos grandes se le aprecian a pesar de llevar una blusa ancha y unos vaqueros muy cortos también. -Necesita ayuda se acaba de mudar aquí y el alquiler de su departamento es caro mami la podrías ayudar? – Lidia me mira a los ojos mientras se muerde el labio inferior yo miro a mi nueva adquisición.

    -Por supuesto no hay problema yo seré tu mami te ayudare en todo siempre que tú me complazcas no te faltara de nada te lo aseguro solo llámame mami y haz todo lo que te pida esas son las únicas condiciones, me encanta la idea de que seas mi chica extra hoy y quien sabe si más veces como te llamas?

    -Me llamo Sofía ¡mama! – se aparta el pelo de la cara mientras lo dice me acabo de excitar muchísimo escuchando eso así que decido que es hora de empezar a comerme a mis dos muchachas.

    -Muy bien empecemos chicas quiero que os desnudéis la una a la otra hacerlo muy despacio quero ver como disfrutáis la una de la otra con el tacto de sus manos así suave mientras os desnudáis acariciaros tocaros vuestros pechos vuestro sexo sentiros disfrutad del momento no tengáis prisa.

    Mientras digo esto me acerco a ellas comienza la acción. Lidia pone de rodillas a Sofía en la cama y empieza a besar sus nalgas pasa su lengua despacio, juega con ellas mientras acaricia sus muslos veo como Sofía se está excitando y decido que es hora de que empiece a complacerme pongo mis pechos en su boca le digo que saque su lengua y con la punta lama mis pezones mmmm que rico lo hace tiene una lengua muy buena Lidia va hacia la cómoda donde sabe que tengo mis juguetes y saca un estimulador de clítoris y comienza a jugar con ella misma mientras nos mira, tumbo a Sofía en la cama vendo sus ojos y ato sus manos a su espalda ahora puedo hacer lo que me plazca con ella le pegue un cachete en su nalga ella hace un respingo como de dolor y eso me excita le abro las piernas y me doy cuenta de que está tan húmeda que está lista para mí, me dirijo a la cómoda no sin antes acariciar los pechos de Lidia es una chica multiorgásmica y se ha corrido un par de veces antes de nada necesito que se corra en mi cara así que acaricio su sexo le meto un dedo luego otro y otro más tiene tres dedos dentro de ella me mira deseosa me está pidiendo más y se lo voy a dar, no le pienso quitar mi mano de su sexo hasta que me haya dejado la mano llena de su jugo, y ahí está ya viene se aferra a mis pepones muy fuerte me hace daño y me gusta se corre en mi mano me la a dejado empapada pongo mis dedos en su boca para que los lama y le doy una cachetada en la cara le digo que se tumbe en la cama, saco de la cómoda un consolador doble por un lado se lo introduzco a Sofía en su sexo y ella lo recibe muy bien, por el otro extremo Lidia comienza a lamer como se lo come mientras se masturba yo me coloco debajo de la cabeza de Sofía y le digo que comience a comerse mi clítoris estoy muy excitada necesito sentir su lengua en mi cuerpo, le cojo el pelo y le digo que meta su lengua dentro de mi agujero puedo ver que está disfrutando pero al a vez está incomoda por la posición en la que se encuentra, pero no me importa quiero que siga dándome placer quito su venda de loso ojos necesito que me mire a los ojos decido soltar sus manos y empiezo a lamer su sexo mientras le meto dos dedos dentro que húmeda de pronto se corre en mi cara, pongo a Lidia en la posición de perrito en la cama y me siento encima de ella oponiendo mi coño junto al suyo Sofía toca el clítoris de lidia mientras yo le introduzco dos dedos para que se corra chorro como hasta ahora está haciendo, Sofía comienza a comerse mis pezones de nuevo mientras mi pequeña se corre con mis dedos dentro, ahora es hora de que yo me corra me tumbo en la cama ellas empiezan a lamer mi clítoris a introducirme sus dedos en mi sexo y luego introducen el consolador doble Sofía se introduce en otro extremo en su boca y me folla con él, Lidia lame el clítoris de Sofía hasta que yo me corro entonces las hago vestirse le doy el dinero de la renta a Sofía le digo que cuando la llame no quiero excusas y tiene que estar aquí ella acepta me besan las dos y se marchan esta noche tengo otra cita así que tengo que arreglarme.

  • La revancha (01): La herradura de plata

    La revancha (01): La herradura de plata

    Acabas de volver del trabajo, cansada, sudorosa, te dejas caer en el sofá, entrecierras los ojos, acurrucas tu cabeza en mi cuerpo, mientras de fondo oyes parlotear al televisor. Medio adormecida sonríes al notar mi mano juguetear con tus pechos. Te encanta que te toque, que te acaricie, que te pellizque suavemente tus pezones… Oyes a Nuria, comentar que ha encontrado algo que le intriga, un collar de cuero negro con una pequeña herradura de plata colgando de una anilla.

    Te levantas de un salto, tragas saliva, no puedes evitar sonrojarte, a tu lado sonrío divertido, hacía años que no veía este collar, aunque lo recuerdo perfectamente. Tú quieres zanjar el tema, le dices que no es nada, cosas viejas sin importancia, pero tus nervios, tus movimientos, tus palabras aceleradas te delatan, Nuria tiene 20 años, universitaria, lista como su madre, reconozco que ha salido a ti. Sabe que algo esconde aquel viejo collar, y yo tengo curiosidad por ver cómo le contarás la historia de aquel torneo, de aquel segundo puesto que conseguiste galopando como una potrilla en celo, de apenas 22 años, sudorosa y con la fusta marcando una y otra vez tu lomo, mientras tus pechos se bamboleaban al ritmo de un trote salvaje y sensual.

    Nuria se sienta ante ti, no quiere dejar el tema, quiere saber la historia del collar, y la quiere saber ahora. Haces un largo silencio y mirándola a los ojos, le dices que hubo un tiempo en que tu placer no solo te llegaba con besos y caricias, Me miras, y cogiendo mi mano, la llevas hasta tu entrepierna, sigues hablando, mientras yo juego con el pelo rizado y oscuro de tu sexo, cada vez más excitada, más segura de tus palabras, le cuentas que no solo deseabas mis manos en tu cuerpo, mi verga dentro de ti, sino que te excitaban otras cosas, otras sensaciones, y aquel viejo collar, condensa en un trozo de cuero, los días más dolorosos y a la vez los más placenteros de toda tu vida.

    Nuria no deja de mirarte, sorprendida y a la vez animada por tu historia, la quiere conocer entera, tú me miras y yo asiento con la cabeza, Nuria es toda una mujer y no hay nada malo en que conozca nuestras aventuras. Te levantas y vas a buscar un DVD que guardamos en la habitación, la calidad de la cinta no es muy buena, ha pasado por varios formatos desde aquel lejano 1999 en que se grabó. Las imágenes retroceden en el tiempo, y allí estás tú, desnuda, orgullosa y altiva, sumisa y entregada, luciendo tus pechos marcados por el látigo, tu vientre, tus nalgas, la cámara va girando sin perder ningún detalle, se entretiene en tu culo atravesado por un consolador del que cuelga un larga cola de pelo negro. Pasea por la marca de fuego, que puse en tu nalga izquierda. Luego se fija en tu cara, sucia, embadurnada de sudor y semen reseco, que relames golosa mientras sonríes moviendo tu nariz pecosa y traviesa. En aquel instante llego yo, engarzo la correa a tu collar, tiro de tu cuello, te paseo entre la gente, algunos te acarician, otros palmean tu culo, sopesan tus ubres, miran tus dientes y van apostando, no estás sola, hay una decena más de hembras exhibidas, de yeguas dispuestas a luchar por aquella herradura de oro que hoy está en juego.

    Empiezas a jadear mientras recuerdas, mientras miras aquellas imágenes, te beso y acaricio tus pechos, juego con tus pezones endurecidos, coges mi mano y la entras dentro de ti, empapada y caliente empiezas a masturbarte con ella, sin dejar de mirar la grabación, lo sientes en tu piel, como si fuera hoy, como tenso tus correajes, como ensarto hasta el fondo de tu sexo, la barra de hierro que sirve para anclarte y estabilizar el sulky que voy a conducir. Las correas atan tus manos a las barras del carro, uno de los organizadores cuelga un par de campanillas en tus pechos, un tirón de tu correa, te hace moverlos, los haces sonar, luego lentamente te llevo hasta la salida, el corazón te palpita al máximo, todo tu cuerpo en tensión, aprietas con fuerza el bozal de cuero que llena tu boca, los dientes se clavan en él, y una vez lista, miras a ambos lados, sudorosas y excitadas tus compañeras, sueltan bufidos, mueven las patas, todas esperan impacientes el instante en que empiece la carrera.

    La luz se pone en verde, y al instante la fusta marca de rojo tu lomo, tus pies desnudos se clavan en el suelo, y corres con todas tus fuerzas, tirando de este pequeño sulky al que estás anclada.

    Nuria no pierde detalle, en la pantalla, jadeas, lloras, chillas, el látigo marca una y otra vez tu piel, te hace correr aún más, rabia y pundonor a partes iguales, a tu lado, otras hembras, otras yeguas igual de sumisas y valientes que tú, intentan avanzarte, poco a poco, todas van desistiendo, tan solo una lo consigue, el resto a pesar del látigo y los gritos de sus dueños van quedando atrás.

    A menos de cien metros de la llegada, ves que no vas a ganar, Zuleia una hermosa hembra africana, es mucho más fuerte que tú, sus zancadas son espectaculares y tú entre bufidos y gemidos tan solo puedes mantenerte a pocos metros de ella, esperas que caiga, que se agote, que se hunda, pero solo puedes chillar de rabia cuando la ves cruzar la meta en primer lugar, tras ella eres tu quien cruza la línea, un fuerte tirón de tus correas te hace detener, el sudor empapa tu piel, tus pechos se mueven sensuales al ritmo acelerado de tu corazón. Tu lomo y tus nalgas arden con las tiras rojas que la fusta ha dibujado en ti, toda tu piel brilla de sudor, un sudor salado que empapa y quema tus azotes, me miras, decepcionada, enfadada, querías ganas, ofrecerme tu premio, tu victoria, pero no me importa, tu eres mi premio, agarrándote de las correas acerco tu hocico a mi cara, me gusta besarte, relamer tu piel morena, aunque esté sucia de sudor y lágrimas, mordisqueo tus labios, juego con tu nariz respingona, me excita cada poro de tu piel y cada rincón de tu cuerpo desnudo y entregado.

    Al poco rato, termina la grabación, quedas en silencio, mirando a Nuria, y es ella quien pregunta, si hubo revancha, le decimos que no, el tiempo pasó, llego ella, y la sumisión extrema se guardó en el mismo cajón, donde debería haber estado este collar. Suena el móvil de nuestra hija, y sonriendo dice que se va, que ha quedado. Tú me miras traviesa como siempre, y me preguntas si recuerdas dónde guardamos aquella vieja fusta, quieres que te castigue, te has corrido como una cerda delante de nuestra hija, ensuciando el sofá y mordiéndote los labios para no gemir mientras Nuria miraba como galopabas desnuda y castigada en la pantalla.

    Pasan unos días, y Nuria llega un viernes con una sonrisa misteriosa en los labios, nos dice que nos sentemos, tiene algo que contarnos. Explica que a través de Internet localizó a Zuleia, ahora es administrativa de una empresa de turismo, está divorciada y tiene una hija, Yoha. Nuria contactó con ella, Yoha le conto que también ella vio junto a su madre un video parecido, personalizado en ella, como el tuyo lo estaba contigo. Disfrutó con la victoria de su madre, y también con lo excitada y caliente que se puso, desde su divorcio no la veía tan satisfecha, tan orgullosa. Nuria se calla un instante y te mira, tú nerviosa le gritas – Bueno, y que más? Nuria se toma su tiempo, antes de decir que las dos chicas han decidido haceros el regalo del día de la madre, ni es el día, ni falta que hace, el regalo es la revancha de la carrera, 21 años después, ellas dos lo organizarán todo. Y mirando el reloj, dice que a esta misma hora, Yoha se lo estará contando a su madre.

    Te levantas y te niegas en redondo, tienes casi 45 años y ni tu cuerpo, ni tu fuerza es la de antes, Nuria te dice que tampoco Zuleia tiene 20 años, las dos tenéis más o menos la misma edad, y las dos tenéis las mismas ganas de ganar, mientras, yo, empiezo a acariciar tu cuerpo, a juguetear con tu sexo, está empapado, caliente, excitado, no puedes evitar correrte en mis dedos, nunca has podido. Sonrío y le digo a Nuria, que tu aceptas el reto, sigues siendo la perra caliente y sumisa de hace 20 años, y digas lo que digas, tu coño dice lo contrario, y solo de imaginarlo ya vuelves a desear mucho más que mis dedos dentro de ti. Nuria se acerca y también pone su mano en tu sexo, tu aprietas los puños, humillada y sonrojada, mi mano y la de ella, se mueven y se empapan dentro de ti, y bajando la cabeza, sin mirarnos, dices que obedecerás lo que tus dueños te ordenemos, sea lo que sea.

    Desnúdate!!! al instante dejas caer tu vestido, tu sujetador, te quitas las bragas y los zapatos. Separas tus piernas y pones las manos sobre tu cabeza levantando al máximo los codos. Me gustas, me excitas cada día mas, levanto tu cara, miro tus ojos grandes y oscuros, tus labios jugosos que se abren para que mi lengua pueda besarte hasta el fondo de tu boca, tu nariz respingona, tus mejillas, tus cabellos largos, quizás algo menos que hace veinte años, que caen sobre tus hombros, con mis manos agarro tus pechos, intentas ocultar una sonrisa de orgullo, de satisfacción mientras se endurecen tus pezones, Sonrojada notas que es Nuria quien apriete tus nalgas, quien pone un par de dedos en tu culo, en tu coño, luego se entretiene en tus músculos, sin ser deportista, estás bastante en forma, eres cartera y te pasas el día calle arriba, calle abajo.

    Me miras traviesa cuando pellizco suavemente tus pechos, grandes y algo caídos pero todavía fuertes y apetecibles, te sobran algunos kilos, tampoco demasiados, tus nalgas redondas y algo menos duras, todavía se conservan francamente bien, un par de azotes en tu culo te hacen sonreír, te sientes fuerte y hermosa, y cada instante que pasa estás más convencida de que puedes ganar a Zuleia. Nuri va a llamar a Yoha, pero lo digo que espere, antes hemos de decidir si merece la pena adiestrarte. Bajas la mirada y respiras hondo, sabes que ahora te toca demostrarnos que eres capaz de sufrir como lo hacías hace 20 años…

    Voy a buscar unas cosas, le digo a Nuria que vaya azotándote un poco, ella me mira y me preguntas como y donde, te doy una bofetada y te ordeno que se lo digas tú, sonrió al oír su pregunta: Mama, por donde empiezo?, Coges aire y le dices, por mi culo, golpes fuertes y en las dos nalgas, el látigo silba un poco y apenas golpea tu piel, te oigo gritar –Mas fuerte!!!, el látigo enrojece ahora si tu nalga derecha. Nuria envalentonada sigue azotándote, mientras tú, callada te muerdes los labios, al poco ella decide probar en tu espalda, el dolor se hace más intenso cuando la punta del látigo gira e impacta en uno de tus pechos, la niña aprende rápido. Cuando vuelvo, hace poco que te ha hecho girar, ahora son tus tetas las que reciben los latigazos. Le digo que pare, y tú mirándola a los ojos, sumisa y obediente le das las gracias.

    Mientras te ato las manos a la espalda, te voy contando la prueba que vas a hacer hoy, vivimos en una casa aislada con jardín en una urbanización tranquila, la casa tiene sótano, planta baja, primer piso y desván, iras corriendo por las escaleras, cinco viajes, desde el desván hasta el sótano, quieres quejarte pero un bofetada te hace callar, mientras sigo hablando, te hago agacharte y entro un consolador en tu culo, casi te caes, por suerte mi mano estaba debajo de tus tetas aguantándote, mientras, Nuria empieza a grabar, quiere hacer un video completo de tu prueba. Te levanto una pata , y entro un consolador en tu coño, chillas y lloras, el dolor se te hace insoportable, luego te pongo un arnés en la cabeza, abres la boca y coloco la barra de cuero que separa tus dientes… Una vez lista te miro, las patas separadas, doblada, babeando, llorando y suplicando, y tirando de tus tetas, te llevo hasta el desván, aquí empieza la prueba, Te enseño un cronometro por cada minuto que tardes, recibirás un latigazo como castigo, al instante oyes el click y el tiempo empieza a contar.

    Como puedes empiezas a correr, Nuria muy profesional ella, no deja de gravarte, y tu espatarrada casi no te puedes mover, hace demasiado tiempo que no estás acostumbrada a aquellas vergas dentro de ti, sin manos también te cuesta mantener el equilibrio, pero no te piensas rendir, y resoplando, babeando y clavando los dientes en el cuero, vas bajando escalón tras escalón, finalmente llegas al sótano, respiras un instante, y otra vez hacia arriba, el sudor empapa tu cuerpo, tu boca se reseca, y los escalones se te hacen eternos, al llegar arriba, notas que tus piernas tiemblan de cansancio y agotamiento, vuelves a bajar, te da miedo caerte, pero no te rindes, tienes 45 años, pero tu corazón y tu pundonor siguen siendo los de aquella yegua de 22. Empapada en sudor, sigues bajando, apenas si puedes abrir los ojos bañados en sudor, de pronto un traspiés te hace caer, chillas de dolor cuando el consolador de tu culo se clava aún más dentro de ti, y el reborde del escalón golpea de lleno en tu culo, te saldrá un buen moratón. Nuria ante ti, sigue gravando, tu dolor, tu miedo, tu rabia y tu fuerza. Intentas levantarte, pero agotada y sin manos es complicado, al final es Nuria quien tira de tus pezones y te levanta, te muerdes los labios, pero a trompicones, de lado a lado, sigues superando escalones, el suelo patina con todo tu sudor, tus babas, pero vuelves a llegar al sótano, coges aire, miras hacia arriba y otra vez a subir, Nuri graba tu cara, tu mirada, medio desmayada, con la cara desencajada, los ojos rojos de tanto sudor, al llegar al primer piso, caes primero de rodillas y luego golpeas el suelo con tus tetas, ya no tienes fuerzas ni para chillar, ahora soy yo quien agarrándote de un brazo te levanto, y tras un par de bofetadas Nuria te ordena que sigas, que no te pares. Como puedes sigues subiendo, en uno de los recodos te apoyas un instante en la pared, Nuria retuerce otra vez tus pezones, no es hora de descansar, no te has de dejar vencer. Gruñes, berreas, y vuelves a los escalones, solo quedan 20, una autentica eternidad para una perra en tus condiciones. Cada escalón es un infierno, pero no te rindes, vuelves a caer de rodillas, casi caes escaleras abajo, y otra vez soy yo, quien cogiéndote del pelo, te levanto, me miras hundida y agotada, sucia y llena de mocos, Nuria azota tu culo para que reacciones, y tú vuelves a subir un escalan, luego otro y otro más, A falta de cinco escalones, otra caída con tus pechos parando el golpe, vencida y agotada, te meas, el líquido moja el consolador y baja por tus piernas, Nuria, vuelve a levantarte, moja sus dedos en el charco que has dejado en el suelo, y te restriega la orina por la cara, la nariz… Te sueltas de ella y vuelves a tus escalones, solo quedan 3, y entre gruñidos consigues llegar hasta arriba, allí caes sobre tus pechos, agotada, sedienta y exhausta, la prueba ha sido brutal, y nos ha demostrado que te falta mucho, muchísimo para poder competir, pero tus ganas, tu rabia y tu orgullo, nos hacen pensar que vale la pena intentarlo.

    Te giramos, Nuria quiere grabar tu cara, empapada en sudor, mocos, lágrimas y orina, tienes el cuerpo dolorido y agotado, pero miras el reloj y se te hace un nudo en la garganta, han sido 40 minutos de suplicio, 40 latigazos sobre tu piel. Dócil y obediente notas como levanto una de las patas, voy sacándote los consoladores, el aire fresco entra en tu coño y en tu culo, esta sensación te gusta. Luego te quito el bozal, escupes y tragas saliva, por fin puedes cerrar la boca, sigues quieta en el suelo, acaricio tus pechos amoratados por las caídas, también tienes algunos golpes en rodillas y culo, como puedes te giras y restriegas tu cara en las botas de Nuria, ella te sonríe y tú le das las gracias, ha sido ella la que te ha hecho terminar la prueba, una de las veces que has caído, cuando estabas agotada, vencida y hundida, te ha levantado por los pezones, te los ha retorcido hasta hacerte chillar de dolor y mirándote a los ojos te ha dicho que ni se te ocurriera rendirte, quiere verte ganar a Zuleia y quiere ser ella, quien tire de tus riendas.

    Cogiéndote por los hombros te ayudamos a bajar al primer piso. Allí intentas sonreír, ves las correas colgando de las 4 argollas que hay en techo y suelo, recuerdas que al poco de vivir aquí, fuiste tú quien me pidió que las pusiera allí, por si algún día nos apetecía “jugar” un poco. Como una muñeca de trapo, dejas que te atemos en cruz, aprietas bien los puños a los correajes del techo, y con tus tobillos muy separados, intentan aguantar el equilibrio como puedes, Me acerco a ti con una botella de agua, al verla, abres la boca y sacas la lengua mientras suplicas una y otra vez. Y levantándote la cabeza, voy dejando caer el agua en tu rostro, en tu boca, como puedes vas tragando, mientras que el resto refresca tus mejillas, tu cuello, moja tus pechos, sigue bajando por tu vientre, hasta empapar tu vello rizado y oscuro. Oyes como el agua cae y chapotea en el suelo. Te veo tan sedienta, que hago lo mismo con otra botella, el agua sigue mojándote, mientras engulles todo lo que puedes, al terminar sigues mirándome, pero de momento no vas a beber más. Acariciando tu cara te digo que hoy estamos contentos contigo, así que seremos generosos, y dado que Nuria ya te hado unos 20 azotes, tan solo te castigaremos con otros 20, es el primer día y estamos muy orgullosos de ti, estas palabras resuenan dentro de ti, y te dan la fuerza y el pundonor para intentar aguantar en pie, el castigo.

    Nuria sigue grabando, una hora larga de película que sin duda nos hará disfrutar de muy buenos momentos cuando lo veamos solos o con amigos. Para empezar el castigo enseñare a Nuria a usar la pala, el primer golpe es tu nalga derecha, que enrojece al instante, Nuria lo intenta en la izquierda, y también te hace gruñir de dolor. Luego le indico tus tetas, cojo una de tus pechos y lo voy estrujando como si fuera a ordeñarte, al final tan solo sobresalen de mi mano el pezón y la aureola, le digo que golpee fuerte, se oye el pam seco y duro y tu chillido de dolor, suelto tu teta, y hago lo mismo con la otra, Nuria animada golpea con todas sus fuerzas, y el dolor hace que pierdas el equilibrio quedando colgada de tus muñecas. Nuria suelta una de tus tobillos y te levanta la pierna, el golpe en la planta de tu pie hace que vuelvas a chillar, te suelta el otro tobillo y un nuevo golpe te vence, lloras, suplicas entre lágrimas y mocos, el castigo no cesa, y cuando quedan solo 5 golpes, la animo a que vuelva al látigo, a ver si es capaz de acertar en tu coño, ella acepta el reto, yo vuelvo a atar tus tobillos y le explico que golpee de abajo a arriba, lo intenta, pero el primer golpe apenas si te toca, nerviosa el segundo solo golpea una de tus piernas, Decides ayudarla, le dices que esté tranquila, que calcule bien, el látigo ha de subir recto entre tus piernas, ella saca la lengua, siempre que se concentra lo hace, el golpe toca de refilón tu vulva, el dolor es intenso, pero aun ha de mejorar, entre sollozos vuelves a animarla, tu coño enrojecido está ardiendo, ella vuelve a probar, el golpe ahora da de lleno, tensas tus correas, te retuerces de olor, chillas y babeas, pero aún queda un azote, y lo quieres perfecto, cuando te azote en público, que lo hará, quieres estar orgullosa de ella, quieres que sea la mejor. Tragas saliva y mirándola a los ojos le dices que se concentre, que respire hondo y que lance el látigo con toda su fuerza. Ella te sonríe, espera un instante, tu cierras los ojos y aprietas los puños, oyes el silbar del látigo en el aire, y un dolor tan intenso en tu vulva que te meas entre chillidos y gritos, se te nubla la cabeza y medio desmayada quedas colgando de tus correas, mientras ella corre a abrazarse a ti y te llena de besos, Tu poco a poco vas recuperando el aliento y la miras satisfecha, orgullosa de ti y de ella, y yo orgulloso de las dos.

    Tras terminar el castigo, Nuria vuelve a grabarte, meada, azotada y encadenada, tragas saliva, intentas enderezarte un poco, miras a la cámara y aceptas el reto, al instante el video llega a Yoha. En pocos minutos llega la respuesta, Zuleia, está a 4 patas, con el lomo y el culo azotado, un inmenso consolador sobresale de entre sus nalgas, sus tetas cuelgan pinzadas con un par de pesas colgando en cada una de ellas, un azote hace que levante la cara, y a pesar de sus ojos llorosos y su cuerpo castigado, sigue siendo la mujer de mirada felina y cuerpo fibroso que hace años te ganó. Mira desafiante a la cámara, y con un hilo de voz apenas perceptible, también ella acepta el reto.

    (Continuará)

  • Mi novia Luci, de santa a puta

    Mi novia Luci, de santa a puta

    Leonardo, mi mejor amigo de la universidad, ya llevaba varios meses trabajando cerca de mi pueblo, pero debido a la pandemia, no se había animado a visitarme. Aquel día, sin embargo, me sorprendió con un mensaje de Whatsapp: «¿Wey, estás en tu casa? Hoy me toca hacer ruta por tu pueblo». De inmediato le respondí que sí, que estaba en mi casa y que si quería, podía pasar a saludarme. Dediqué el resto de la mañana a limpiar la sala y la cocina, que solían estar alborotadas ya que mis padres trabajaban todo el día.

    Me llamo Ismael y en aquella época era estudiante de maestría en el IPN, pero, debido a la pandemia, había tenido que regresar a la casa de mis padres, en un pequeño pueblo en el estado de Veracruz. Mi rutina era simple. Despertaba, desayunaba, tomaba mis clases en línea, entrenaba e iba a visitar a mi novia Luciana. Ella es nieta de un pastor evangélico, de manera que había sido criada de una manera muy tradicional. Siempre se vestía con faldones y blusas holgadas, nada reveladoras. Nos conocíamos desde que éramos niños, pero la comencé a pretender hasta que salí de la universidad. Nos hicimos novios poco después. Ella insistía en que nos casásemos de una vez, pero en ese momento mi prioridad era la maestría y más adelante, el doctorado.

    En general, las mujeres de mi pueblo son adoctrinadas para buscar marido apenas terminan la preparatoria, o incluso antes. Para la gran mayoría de ellas, la única aspiración en la vida es cambiar a un hombre que las mantenga por otro, cambiar a su padre por un esposo, pero yo quería más que eso para Luciana. Ella era una persona muy especial y con mucho talento, que se merecía algo mejor que dedicar su vida a labores domésticas o a la crianza de niños llorones. Eso es algo que ni siquiera ella misma había llegado a entender, pero, por su educación conservadora, no podía culparla, ni presionarla.

    Tan grande era el deseo de Luci por comenzar una familia conmigo, que incluso había intentado quedar embarazada para que no me quedase más opción que desposarla, pero siempre le había salido el tiro por la culata; jamás había conseguido hacerme llegar al orgasmo. A veces ni siquiera conseguía hacerme tener una erección. Ella era una mujer muy hermosa, delgadita, culona y chichona, pero debido a los prejuicios de su familia evangélica, nunca se había atrevido a liberar su sensualidad.

    En cierta ocasión, Luciana insinuó que tal vez yo estaba enfermo, porque no se le hacía normal que no se me parara la verga mientras ella me daba una mamada; sin embargo, le aclaré que, cuando me masturbaba en las noches, se me ponía dura como piedra y derramaba leche a borbotones. Tras escuchar semejante afirmación, Luci se puso a llorar y me pidió perdón por no ser suficiente mujer para mí. Yo la abracé, la tranquilicé con palabras tiernas y le hice una confesión: «No es tu culpa, mi amor. No sé qué pasa conmigo. Antes de estar contigo tuve otras parejas sexuales, pero siempre me pasaba lo mismo, jamás pude terminar». Mi confesión la tranquilizó, pero solo era verdad a medias, porque sí había habido una mujer, pero solo una, con la que había cogido como Dios manda, culminando con una venida brutal en sus nalgas, pero Luci no tenía por qué saberlo. A veces, tan solo con recordar a mi amiga Mariana mamándomela mientras el pobre diablo que estaba enamorado de ella yacía tirado de borracho en el suelo, la verga se me ponía tan dura, que sentía que me iba a explotar.

    Luciana y su amiga Melisa me encontraron barriendo el frente de la casa. La primera me miró con ojos tiernos y la segunda soltó una risotada. No había dos amigas más dispares en todo el pueblo. Luciana era una niña dulce, amable y discreta, mientras que Melisa era la clásica tipa escandalosa y buscavidas que nunca puede faltar en todo pueblo pequeño. Estoy seguro de que si no se hubieran conocido desde prescolar, jamás habrían podido llegar a ser tan buenas amigas.

    —¿Y ese milagro que te pusiste a barrer? —Preguntó Melisa, burlona.

    —¿Y ese milagro que te dejó salir tu marido? —Respondí yo.

    —Mientras ande con Luci, Ramón se queda tranquilo.

    —Por un momento pensé que te atreverías a insinuar que no necesitas su permiso.

    —No lo necesito, pero no me importa que él piense que sí.

    Melisa era una mujer más alta y voluptuosa que Luciana. Tenía alguno que otro kilo de más, pero apropiadamente distribuido en las partes que más nos gusta a los hombres. Su enorme trasero y prominente pecho jamás pasaban desapercibidos. Llevaba tenis, pantalón de mezclilla y una blusa ajustada que dejaba en evidencia su figura curvilínea.

    —Me alegra que te pusieras a ayudar a tus papás —dijo Luciana con ternura. Llevaba zapatos de vestir, una blusa holgada y una falta que le llegaba hasta los tobillos. Tenía el cabello trenzado y usaba anteojos—. Con todo esto del virus, los doctores han de estar muy ocupados. Lo mínimo que puedes hacer para ayudarlos es ponerte a barrer.

    —Lo que pasa es que estoy esperando visitas —expliqué— ¿Te acuerdas de mi amigo Leonardo, el tipo alto al que te presenté en mi defensa de tesis? Pues me escribió esta mañana y me dijo que iba a pasar saludarme.

    —Ya se me hacía raro que anduvieras tan apurado.

    —Ni siquiera para recibir a Luciana te pones a barrer la casa —dijo Melisa, entrometida como siempre—. ¿Al menos está guapo tu amigo? ¿Quieres que nos vayamos para que puedas besarte a gusto con él?

    Solté una risotada.

    —Mejor ayúdenme a limpiar.

    Melisa se sentó a hacerse pendeja con su celular, pero entre Luciana y yo dejamos la casa tan limpia como no lo había estado en varias semanas. Éramos un gran equipo. Al terminar, sacamos unos sillones a la cochera y esperamos a mi amigo comiendo sabritas. Luci bebía refresco y Melisa y yo, whisky.

    Había sido un golpe de suerte que apareciera mi novia acompañada de su amiga zorra. Así podría jactarme con Leonardo de haberle conseguido una mujer. Conociendo a Melisa, había una probabilidad muy alta de que terminara dándose cariño con Leonardo. Estaba casada, sí, pero era una culipronta que engañaba a su marido siempre que subía a plataformas, y aunque ahora él estaba en el pueblo, tal vez con unas copas encima y la privacidad de una casa sola, se animara a hacer algo.

    Leonardo llegó en su motocicleta Harley. Llevaba botas, guantes y chaqueta de motociclista. Cuando se quitó el casco, advertí que se había dejado crecer la barba. A Melisa le brillaron los ojos con solo verlo. No era de extrañar. Leonardo era un hombre alto y atlético que gustaba de mantenerse en forma. En la universidad, había estado en el equipo de futbol americano. Me sacaba veinte centímetros de estatura y veinte kilogramos de puro musculo.

    Salí a recibirlo, lo saludé con un fuerte abrazo y presenté a mi novia y a Melisa.

    —Esta es Luciana, mi novia —le dije a Leonardo—. La llevé a mi defensa de tesis. No sé si te acuerdes de ella.

    —Claro, cómo olvidarla. —respondió él, tras lo cual, la saludó de beso. Luciana se puso roja como un tomate.

    —Y esta otra es Melisa, una fichera que conseguí para ti. Sé que no es la gran cosa, pero es lo mejor que encontré por cincuenta pesos.

    —¡Estúpido! —Espetó Melisa, avergonzada—. No le hagas caso, amigo. Este wey está todo pendejo. Soy amiga de Luci y estoy casada. Mucho gusto.

    Melisa se acercó a Leonardo y lo saludó de beso. Pude ver cómo le rosaba la comisura de los labios.

    Pasamos a la sala y comenzamos a tomar cerveza. Luciana jugaba con su celular mientras Leonardo y yo platicábamos. Melisa intentaba introducirse en la conversación, como si conociera a Leonardo de muchos años atrás, pero pronto se quedó sin nada que decir y se limitó a beber y a escuchar, sin quitarle la mirada de encima a mi amigo.

    Realmente, Leonardo y yo no teníamos mucho con lo que ponernos al día, ya que, aunque ya llevábamos más de un año sin vernos, conversábamos muy a menudo a través de Whatsapp o Facebook, de modo que siempre estábamos, más o menos, al tanto de lo que pasaba en la vida del otro.

    De pronto, Leonardo tocó el tema más novedoso entre nuestro grupo de amigos.

    —¿Vas a ir a la boda de Mar? —Me preguntó.

    Luciana dejó su teléfono y prestó atención. Yo, más o menos, ya le había contado que nuestra amiga Mariana era una calentona que se prendía con facilidad y que, debido a eso, le había roto el corazón a otro de nuestros amigos, un tipo llamado Manuel Sagardi.

    —No lo creo —respondí—. Mis padres son muy estrictos con todo eso de la sana distancia. No me puedo arriesgar a contagiarme. ¿Y tú, vas a ir?

    —No tengo la más mínima intención de ir a una boda tan hipócrita.

    Leonardo y yo reímos a carcajadas, pero Luciana y Melisa no comprendían nada.

    —Qué lástima me da el cornudo… digo, el marido. —continuó Leonardo, riendo.

    —Que haya tenido sus aventuras en la universidad, no significa que le vaya a ser infiel a su futuro esposo. —dijo Luci, inocente.

    Leonardo y yo soltamos una risotada al unísono.

    —¡Lleva años siéndole infiel! —exclamó Leonardo, carcajeándose.

    —Mariana y su ahora prometido se conocieron en la universidad —expliqué—. Era el primer año de ella y el último de él. En esa época eran una pareja normal. Hasta daba vergüenza verlos en los jardines de la universidad, abrazándose y besándose como niños. En cierta ocasión, Donaldo, así se llama la pareja de Mar, le llevó serenata a la escuela. Me acuerdo muy bien, porque era un catorce de febrero, y todos los demás quedaron como pendejos con sus novias. Ella era nuestra compañera, pero no nuestra amiga. A veces nos acompañaba a nuestros partidos, o a comer a la cafetería, pero nada más. Su novio era muy celoso y quería estar todo el tiempo con ella. Realmente, Mariana no tuvo esa liberación que tenemos todos cuando nos vamos por primera vez lejos de casa.

    —Hasta que su novio salió de la universidad y se fue a trabajar al norte —intervino Leonardo mientras se servía más cerveza—. Porque cuando eso pasó, por lo mismo de que él era muy celoso, comenzaron a tener muchos problemas. El tipo le marcaba entre clase y clase y le pedía fotos para ver dónde estaba. A Mariana eso la hostigaba. Discutían casi todos los días por las inseguridades de él. Todo el tiempo estaban a punto de dejarse, pero al final siempre se reconciliaban en el último momento…

    —Pero sí se dejaron una vez, ¿no? —Pregunté yo, confundido—. Cuando ella anduvo con Sagardi.

    —No, no se dejaron —explicó Leonardo—. Ella andaba con los dos. Mariana siempre dejó claro que Sagardi era su amante, pero él decía que eran novios, tal vez por eso te confundiste.

    —¿Neta no andaban? —Insistí—. Yo siempre pensé que sí. Hasta sentía lástima por él cuando la veía besándose con otros.

    —En la facultad de ingeniería casi no había mujeres —le explicó Leonardo a Luciana y Melisa con tranquilidad, ya un poco borracho—, de modo que cuando su novio se fue a trabajar al norte, ella se empezó a juntar con nosotros. La jalábamos a todas partes, incluso a nuestras fiestas. Se prendía con mucha facilidad cuando tomaba. A veces hasta se quitaba la ropa bailando. Era la única mujer entre cinco varones. Nuestro amigo Sagardi fue el que más anduvo con ella, hasta se enamoró el pobre, pero tarde o temprano, en algún punto de la carrera, Mariana pasó por todos nosotros.

    Los huevos se me fueron a la garganta. Sentí un vacío en la boca del estómago. Luciana me fulminó con una mirada llena de tristeza.

    —¿También pasó por ti? —Me preguntó.

    —Jamás me hizo caso. —mentí.

    —Ay, aja —dijo ella—. Eso que te lo crea tu abuela.

    —¿Se dan cuenta de que prácticamente se besaban entre ustedes? —Dijo Melisa con una sonrisa maliciosa—. Parece que entre más zorrita la vieja, más le gusta a los hombres. Hasta me imagino a la tal Mariana moviendo la colita y a todos ustedes siguiéndola como pendejos por los pasillos de la escuela.

    Melisa no estaba tan equivocada.

    Leonardo y yo continuamos rememorando algunas historias que giraban en torno a Mar, sobre quemas, bares y fiestas. Melisa escuchaba con atención y contra todo pronóstico, también Luciana, aunque dejaba clara su desaprobación a la promiscuidad de Mariana siempre que tenía oportunidad.

    Cuando llegó el momento en que Leonardo tuvo que irse, tanto Melisa como Luciana se quedaron decepcionadas. La primera porque quería comérselo y la segunda porque quería seguir escuchando el chisme de las aventuras de Mar. Sin embargo, Leonardo prometió que, apenas tuviera la oportunidad, regresaría para embriagarnos como Dios manda, como solíamos hacerlo en los tiempos universitarios.

    En la noche me retorcía en mi cama sin poder dormir. Tal vez por la conversación que había tenido con Leonardo, no podía dejar de pensar en Mar. Finalmente, tuve que sacar mi verga y comenzar a sacudírmela pensando en ella. Recordé cierta ocasión en la que estábamos los dos solos en la biblioteca, sentados el uno junto al otro esperando a que terminase de llover.

    —¿Y cómo te ha ido con el tipo del que me platicaste? —Le pregunté—. El mamado del gimnasio.

    —Pues ahí vamos —respondió ella, casi con indiferencia—. Me arrima su pito cada vez que puede. En estos días me agarró de la cintura y me dio un beso.

    —¿Un beso? —dije mientras reía—. ¿Un miserable beso? Pensé que a estas alturas, ya habrían hecho algo más.

    La mirada de Mariana se iluminó y se le dibujó una sonrisa en los labios.

    —Ayer fajamos y tuvimos sexo. Me dijo que me iba a pesar, me metió a un cuartito del gimnasio y allí me agarró. Está bien grandote. De todo. Le dije que me los echara en la boca, porque sabía que eso lo iba a prender más. Me dijo que quiere ser mi amante de planta y cogerme todos los días. No se lo vayas a contar a Sagardi.

    —¿Y no quieres tener otro amante? —Le dije mientras le acariciaba las piernas.

    —No, con dos me basta —dijo retirando mi mano—. Tampoco soy puta, no te pases.

    Era un recuerdo simple, pero me excitó tanto que me vine a borbotones. En la mañana seguía igual de caliente. Apenas se fueron mis padres, comencé a masturbarme de nuevo pensando en Mariana. Ni siquiera me conecté a mis clases en línea. Recordé una ocasión en la que ella y Sagardi aparecieron en mi departamento con unas bolsas llenas de licor. Querían tomar y no tenían dónde. Seguramente el plan de Sagardi era emborrachar a Mariana y luego llevársela a algún hotel, pero el muy pendejo tomaba tequila como agua y terminó tendido en el suelo, inconsciente.

    Mariana llevaba una blusa deportiva que dejaba descubierto su vientre y unos leggins estalladitos. Me contó que Sagardi ya sospechaba que ella estaba saliendo con un mamado del gimnasio, de modo que no la había dejado ir a entrenar y no se le había despegado en todo el día, razón por la que Mariana había decidido aprovecharse de él haciéndolo comprar varios litros de licor.

    Recuerdo que yo estaba sentado y Mariana parada frente a mí, como a un metro de distancia, contándome algo del pendejo de Donaldo, pero yo estaba completamente concentrado en su rajita, que quedaba a la vista debido a lo entallado de los leggings. De pronto, envalentonado ya por el licor, la interrumpí con brusquedad.

    —Hay algo que siempre he querido hacer, desde que te conozco. —le dije.

    En ese momento pude habérmele declarado, o pude haberme levantado para besarla, pero en vez de eso, todo idiota, le acaricié entre las piernas con la mano libre. Mariana me vació su bebida en la cara y me abofeteó con tanta fuerza, que casi me tira los dientes.

    —A mí no me vas a estar tratando como puta, idiota —me espetó, furiosa—. Mira lo que me hiciste hacer, baboso. Levántate y sírveme otra copa, pero ya.

    Me levanté, pero en vez de servirle otro trago, la tomé de la cintura y la obligué a sentarse en mis piernas.

    —Estás todo pendejo —me dijo—. Suéltame ya, antes de que se despierte Manuel…

    Comencé a acariciarle las piernas y a besarle el cuello, pero ella se resistía. En ese momento su teléfono, que estaba sobre mi escritorio, comenzó a sonar. Ambos nos quedamos quietos. La solté, pero en vez de levantarse y coger el móvil, me pidió a mí que se lo alcanzara, de modo que, como pude, me estiré y se lo entregué. Ella lo tomó y contestó. Era su novio.

    —Hola, mi amor. ¿Cómo estás? Estoy en casa de unos amigos —le dijo, sentada sobre mis piernas—. Estás muy equivocado, Donaldo. ¿Yo en qué momento te prometí que ya no iba a salir? No me acuerdo —en ese momento, comencé a acariciarle las piernas de nuevo—. Además, no tienes por qué enojarte, no te estoy faltando al respeto —comencé a besarle el cuello a Mariana—. Mis amigos son muy respetuosos, no tienes nada de qué preocuparte —metí una vano bajo su blusa y le acaricié los pechos—. No sé por qué te pones así, si sabes que nunca te engañaría.

    Sin poder resistirme más, me levanté, cargué a Mar y me la llevé en brazos hasta la cama, donde seguí besándola y acariciándola. Le agarré la mano libre y la hice ponerla sobre mi verga, que estaba dura como piedra. Mariana me la acariciaba sobre el pantalón. Como pude, le quité la blusa.

    —Sabes que solo me gustas tú —le dijo Mar al novio—. Solo me gusta tu cuerpo y solo me gusta tu verga —en ese momento, con una sola mano, con la habilidad de una experta, me desabrochó el pantalón, me bajó el cierre, metió su mano bajo mi bóxer y me comenzó a masturbar—. Cuando vengas, te la voy a chaquetear como no tienes idea —me quité el pantalón y el bóxer. Mi verga erecta quedó al aire—. Sí, y te la voy a mamar como no tienes idea —Mar se acercó a gatas, examinó mi pito, lo escupió y se lo metió a la boca. Miré a Sagardi, que yacía tirado en el suelo, y se me puso aún más dura.

    Mariana mamaba con gran maestría. Solo se sacaba mi pito de la boca para escupir y para hablar con su novio. Sospecho que estaba alargando la llamada a propósito, para que yo me excitara más.

    Cuando estaba a punto de venirme, le hice una señal a Mariana, que de inmediato paró de mamar.

    —¿En serio pensaste que me atrevería a quitarme la ropa con otro? —Le dijo al novio, mientras se quitaba los leggings para mí y me miraba como zorra. Me acerqué y le besé cada centímetro de su piel, desesperado por sentirla. Lentamente le quité el brasier y la tanga. Para lubricarla le metí los dedos y mientras la masturbaba, le lamía los pechos. Cuando sus jadeos eran tan intensos que tuvo que meterse un trapo en la boca para que el novio no se diera cuenta, la puse en cuatro y comencé a restregarle mi verga en la entrada de su rajita. En ese punto, ella estaba roja por la calentura. La penetré con fuerza y ella contuvo un grito. Le jalé el cabello para obligarla a acercar su rostro al mío y besarla. En ningún momento, Mariana se quitó el celular del oído, pero cuando me vine sobre sus nalgas, cortó la llamada sin siquiera despedirse de Donaldo.

    Recordé la cara de puta que había puesto Mar cuando advirtió mi venida tremenda. Estaba lloviendo y hacía un frio del demonio, de modo que nos acurrucamos, desnudos, para darnos calor.

    Estaba a punto de venirme por la chaqueta y la excitación de aquel lujurioso recuerdo, cuando mi teléfono comenzó a sonar. Era un mensaje de Luci: «Baja, estoy afuera de tu casa». Un poco molesto por no haber podido terminar de masturbarme, recobré la compostura tan rápido como pude y bajé a recibirla.

    —¿Y ese milagro que vienes tan temprano? —Le dije—. Ya sabes que a esta hora tengo mis clases en línea.

    —Lo que pasa es que hice empanadas —dijo ella, tierna, mientras me mostraba un tuper—. Quedaron muy ricas y no quise comérmelas sin ti.

    —Sí, pero ya sabes que a esta hora estoy ocupado.

    —Sí, lo siento —dijo ella, un poco apenada—. Si quieres regreso más tarde…

    —No, ya estás aquí. Pásale.

    Cerré la puerta con llave apenas hubo entrado Luciana. Solo esperé a que dejara el tuper sobre la mesa para tomarla de la cintura y comenzar a besarla. Ella no se resistió. Nunca se resistía. Rápidamente me saqué la verga, hice que Luci se arrodillara y se la metí en la boca. Le sujeté la cabeza con las manos para ser yo quien marcara el ritmo. Por sus arcadas, sus lágrimas y la cantidad de saliva que caía al suelo, pensé que Luciana iba a ahogarse, pero no me importó, yo solo quería terminar. Cerré los ojos e imaginé la cara de puta de Mariana. Imaginé su cuerpo junto al mío, sus labios, sus ojos. «Este será nuestro secreto —me había dicho mientras estábamos tendidos en la cama, desnudos—. No se lo cuentes a nadie. No quiero que se sepa que me encanta la verga». Derramé una corrida obscena sobre la boca de Luci. Ella intentó apartarse, pero yo la sujeté con mis manos para evitarlo. Solo hasta que hube soltado la última gota, le permití alejarse.

    Luciana vomitó a un lado, se levantó y corrió al baño con los ojos llenos de lágrimas. A mí me temblaban las piernas, de manera que me senté antes de que me fallaran. Descansé unos minutos y luego procedí a limpiar la vomitada de Luci.

    Llamé a mi novia, que se encontraba encerrada en el baño. Le pedí disculpas y le rogué que saliera para platicar, pero ella no respondió, solo sollozaba al otro lado de la puerta. ¿Cómo pude haber sido tan idiota? Era la primera corrida que Luci recibía de mí y yo, por la calentura, prácticamente la había obligado a tomársela como una puta. Ella solo quería almorzar conmigo. Me sentí como una maldita basura. Me sentí sucio. Tan solo con pensar en Mariana de nuevo, me daba vergüenza, me daba tristeza.

    Luci salió del baño dos horas después. Sus ojos ya estaban secos y tenía una mirada enardecida, a medio camino entre la tristeza y la ira. Por un momento la desconocí. Se acercó y me abofeteó tan fuerte como otrora lo hiciera Mariana. Luego me besó.

    —Eres un hijo de puta madre —me dijo—. Me siento tan pinche usada. ¿Te pusiste así de caliente pensando en ella, verdad? ¿Te la cogiste?

    —No sé de qué me estás hablando. —dije, temblando. No sé si Luci hablaba al tanteo, o si me conocía mejor de lo que pensaba, pero me daba miedo.

    —Te cogiste a tu amiga Mariana y te quedaste caliente por recordar con tu amigo Leonardo todas sus puterias.

    —Estás loca.

    —Acepta que te la cogiste, o me voy y no me vuelves a ver.

    —Eso pasó antes de que anduviera contigo.

    —¿Entonces por qué no lo reconoces? ¿Acaso no me tienes confianza? —Se acercó y puso su mano entre mis piernas—. La verga te traiciona. Mira cómo se te pone de dura tan solo con pensar en ella —Luci me sacó el pito de los pantalones y comenzó a masturbarme—. Estás bien puto enfermo —jamás la había escuchado expresarse así—. Mira cómo la tienes. Sabrá Dios qué te hizo esa vieja, que se te pone así tan solo con recordarla. ¿Te la cogiste? —Luci me masturbaba con más intensidad—. Quiero oírlo de tu boca. Dímelo ya —me besó el cuello y luego me susurró—. Dímelo. ¿Te la cogiste?

    —Sí, sí me la cogí —dije yo, sintiendo que la verga me iba a explotar—. Me la cogí mientras hablaba por teléfono con su novio, el tipo con el que se va a casar. Me la cogí mientras mi amigo Sagardi, que estaba enamorado de ella, yacía tirado de borracho en el suelo. Disfruté tirarle mi leche en las nalgas. Disfruté que me dijera que le encantaba la verga. Y disfruté cada maldita vez que mis amigos me contaban cómo se la cogían.

    Luciana comenzó a chupármela de nuevo. No tardé mucho en venirme. Esta vez, fue ella la que quiso recibir mi esperma en la boca. Se lo tomó todo.

    Caí sobre mis piernas y Luciana se alejó. Me miraba desde arriba.

    —Estás bien puto enfermo. —dijo, tras lo cual, tomó sus cosas y se retiró.