Autor: admin

  • Amigo ratón del queso (C. 1): Se pasó de copas

    Amigo ratón del queso (C. 1): Se pasó de copas

    -¿Ahora los amigos bañan a sus amigas ebrias? -dice con una sonrisa pícara mientras se desabotona el pantalón, “autocontrol Tomás” le contestó -Parece que me tocará bañarte- ella abre la boca sorprendida -entra en la ducha- le ordené -No pienso sacarme la ropa- advierte “parece que ya recobró un poco la lucidez”. Le señalo la ducha, luego de quitarse las botas le ayudo a entrar.

    Abro la regadera y mientras reguló la temperatura del agua me quito mí camisa, al darme vuelta ella ya se había quitado la suya, quedando en brasier, es de color blanco, mi mirada baja inconscientemente a sus senos, son perfectos… Me hace señas para que le mire a los ojos.

    -No puedes mirarme con esos ojos de deseo amigo -dice acentuando la palabra amigo… Otra historia seria si fueses mi novio “al parecer el licor le suelta más de la cuenta sus pensamientos”.

    Se acerca a mi boca y tengo que girar la cara “ella me pidió que fuésemos amigos, si quiere cambiar de opinión debe hacerlo estando sobria… No pienso aprovecharme de su estado”.

    -¿¡Me rechazas!? -se aparta volteando la cara- No puedo aprovecharme de ti, no es correcto en tu actual estado -tomo su rostro con una mano haciendo que me mire- me pediste que fuéramos solo amigos -y ella deja caer su cabeza en mi mano, se apoya completamente en mi posando una de sus manos en mi pecho y con la otra me abraza por la cintura.

    Mientras el agua corre por nuestros cuerpos ella balbucea palabras que no logro escuchar con claridad, su mano empieza a acariciar mi espalda y se pega más a mí, tomo una esponja que tiene y le echo jabón, sacando algo de espuma le digo -vamos a lavarte la cara un poco y sacarte el maquillaje- recorro su cuello y cara suavemente, se deja hacer, mueve su cabeza hacia los lados dándome espacio para que recorra su piel, la visión es angelical, con sus ojos cerrados y el agua corriendo junto a la espuma hace que me provoque comérmela a besos.

    Al finalizar cambio el agua para que esté más fría –Oye, no seas malo -se recuesta contra la pared, cierro el agua y busco la toalla, le ayudo a sentarse en el inodoro– ¿por qué eres así? -me dice, -¿así cómo? -le contesto- sí, así, todo tierno, dulce, amable, cariñoso -“que ironía, sabes como soy y tuve que sacarte borracha de un bar por culpa de ese imbécil”.

    -Estoy empapada, así no me voy a acostar en mi cama -se levanta y apoyándose en mí se empieza a quitar el pantalón “autocontrol Tomás, autocontrol…” queda en un cachetero blanco, hace juego con su brasier “Esto es demasiado, que espectáculo su cuerpo es escultural, está mejor de lo que me imaginaba”.

    -Vamos a la cama, ayúdame -me abraza por el cuello y literalmente se cuelga, tuve que atajarla para que no cayera al suelo, le cargo y pone sus manos en mi pecho apoyando su cabeza en mi hombro, la llevo hasta su cama y acostándola suavemente, trato de secar su cuerpo con la toalla, sin duda alguna esta ha sido una de las pruebas más duras que me ha puesto en mi vida, su piel es suave y tersa, ninguna parte de su cuerpo es flácida, está toda firme sus piernas, sus curvas son perfectas.

    Ya acostada le arropo, se ve hermosa me es inevitable admirarle, busco una toalla mediana en el baño y le cubro el cabello para que no moje la almohada, regreso al baño a recoger el desastre, seco como puedo todo, cuando regreso para decirle que me ya me voy para mi casa, brinca y me abraza halándome –tú no te vas a ningún lado, ven, quédate conmigo, acuéstate -no me suelta y me dice- quítate esa ropa que me estás mojando -“porqué la vida me hace esto, a mí y al pato Lucas”.

    Me quito el pantalón y las medias, me molesta las medias mojada… termino de acostarme, ella levanta la cobija invitándome a entrar, se voltea y se pega a mí, me agarra un brazo y hace que lo pase por encima abrazándole, y a su vez, ella se abraza a él –buenas noches -me dice, solo le contesto- duerme bien, sueña bonito -ella suspira y se acurruca como acomodándose más hacia mí dejando todo en silencio con un último suspiro de ella que denota estar en paz.

  • Un relato para ti

    Un relato para ti

    Este relato va dedicado a esas mujeres casadas o con pareja que sé que me leen a espaldas de su marido o pareja. 

    Había preparado concienzudamente su momento especial, el cuarto de baño se había convertido en su refugio, donde daba rienda suelta a su imaginación. Todo estaba listo, la bañera llena con el agua a la temperatura justa, la bomba de baño disolviéndose poco a poco, las velas encendidas dando el toque justo de luz.

    Mientras se quitaba la ropa, ¿rememoraba los relatos que había leído en la mañana, quien sería hoy? ¿Una ninfómana que desataría su necesidad carnal con el primer hombre que la saludase? ¿Una tímida jovencita descubriendo el sexo por primera vez? ¿Una mujer seducida por su mejor amigo?

    Un hormigueo recorrió su espalda al recordar este último relato, su cuerpo había decidido por ella.

    Se sumergió en la bañera, tras acomodarse, empapó una toallita en el agua y se cubrió los ojos. Mientras rememoraba el relato, sus manos recorrían su cuerpo, el aceite de la bomba de baño hacía su piel se erizase al sentir el contacto de sus dedos. Acarició sus pechos con una mano mientras la otra recorría su vientre. Imaginó ser ella la protagonista del relato, como si fuera su amigo, le susurraba al oído lo buena que estaba, que su cuerpo estaba hecho para pecar. Poco a poco, sus manos habían ido moviéndose a lo largo de su estómago camino del monte de venus. Sintió los temores de la protagonista, la reticencia a engañar a su marido, ese sentimiento de culpabilidad al descubrir como su cuerpo reaccionaba a las caricias, como se humedecía su sexo. El dedo corazón de su mano derecha había hallado su clítoris, lo presionaba suavemente alternando caricias a su alrededor. Evocando la rendición de la protagonista, dos dedos de su mano izquierda buscaron su boca, los lamió, los recorrió con la lengua imaginando que eran la polla del hombre, los introdujo en la boca y los chupo con ansía. Asió el teléfono de la ducha y dirigiendo el chorro de agua a su entrepierna pensó en como la protagonista era penetrada, como se había apoyado contra la mesa del salón ofreciendo su más íntimo tesoro al amigo de su esposo. Notó la llegada del orgasmo, su cuerpo convulsionaba al ritmo de las embestidas y se abandonó al placer.

    Tras permanecer diez minutos más en la bañera, dio por terminado su momento. Quitó el tapón y sintió como el agua, ya tibia, resbalaba por su cuerpo dejando una pequeña película de aceite en su piel. Se duchó sin prisa y tras secarse, se acicaló frente al espejo. Retiró la condensación de este y contempló su reflejo. No estaba mal, tenía 40 años y no tenía mal cuerpo. Cierto era que no se parecía a las protagonistas de los relatos donde todas eran casi perfectas, sus pechos estaban algo caídos, la edad no perdona, y le sobraban unos kilos (¿a quién no? pensó), alguna arruga surcaba su rostro, pero en conjunto, se veía atractiva.

    Ella, se dispuso a hacer la comida. Su esposo, del que estaba profundamente enamorada, no tardaría en volver del trabajo. Se conocieron siendo muy jóvenes, tenía quince años cuando estando sentada en un banco del parque, hablando con sus amigas, se acercó Juan preguntando si le podían indicar donde estaba el campo de fútbol ya que era nuevo en el pueblo y aún andaba algo «perdido». Ángela se ofreció a acompañarlo y ya no se volvieron a separar. Desde ese mismo día, sus vidas cambiaron, empezaron a recorrer el camino juntos.

    Se casaron tres años después y aún se amaban como el primer día.

    En la cama, no tenía queja, hacía el amor con su marido y disfrutaba cada encuentro. Tenía fantasías, como toda mujer, como todo hombre, y las cumplía en lo que a ella le gustaba llamar su momento especial.

    Al no hacerse acostado con otro hombre que no fuese su marido (cosa que tenía claro que seguiría siendo así, NUNCA le sería infiel) se imaginaba siendo la protagonista de los relatos que leía en la red. Anteriormente, había fantaseado con escenas porno sacada de internet, pero no la satisfacían, eran demasiado directas y no dejaban lugar a la imaginación, prefería los relatos, donde se apreciaban más los momentos, se jugaba con las palabras para evocar las sensaciones, los pensamientos de cada protagonista, para culminar en una experiencia de sexo, a veces sutil, a veces salvaje que conseguían que al masturbarse, imaginándose dentro de él, siendo la protagonista del relato, sus orgasmos fuesen deliciosos y saborease cada instante.

    Tenía la costumbre de mandar un mensaje a los autores de los relatos que más la satisfacían, agradeciéndoles el tiempo tomado en escribirlos e instándoles a continuar escribiendo.

    Aquella mañana, recibió la contestación de uno de los autores, le decía que se alegraba de que le hubiese gustado y que esperaba que el próximo relato que subiese también fuese de su agrado.

    Terminaba el mensaje diciendo que si tenía alguna sugerencia en particular para un próximo relato, que no dudase en decírselo y que haría todo lo posible por escribirlo.

    Mantuvieron contacto durante varios días, donde Ángela, amparada en el anonimato de internet, le habló de ella, de su situación, de su amor incondicional a su marido y de sus momentos.

    Cual fue su sorpresa, cuando al paso de varios días, recibió un nuevo email cuyo asunto, atrajo su atención al momento, «Un relato para Ti» rezaba. Lo abrió y tras leerlo varias veces, sintió un escalofrío recorriendo su espalda, como se humedecía su entrepierna. Esta vez, «su momento» sería distinto, no tenía que ponerse en la piel de nadie, ella era realmente la protagonista y lo haría, cumpliría el relato, lo haría realidad.

    Faltaban apenas unos segundos para que su marido llegase del trabajo. Agazapada en el rellano, no perdía de vista la puerta del ascensor, esperando que se abriese y entrase por fin en casa. Los segundos le parecieron horas, pero por fin, se abrió la puerta del ascensor y vio aparecer a su marido. Se detuvo junto a la puerta, nerviosa, metió la llave en la cerradura dispuesta a hacer realidad su propio relato y tras tomar aire varias veces, abrió la puerta.

    Al entrar en casa, su marido la miró extrañado, había algo en ella fuera de lo normal, le miraba fijamente a los ojos, mientras una sonrisa se empezaba a dibujar en su cara.

    Se acercó a él y tras posar un dedo en sus labios, le susurro:

    -No digas nada, déjate llevar.

    Tras dar dos pasos hacia atrás, fue desabotonando lentamente la gabardina que llevaba puesta. Abriendo los brazos, la dejó caer al suelo, mostrándose ante su marido desnuda, pues era la única prenda que llevaba encima. No le dio tiempo a hablar, se arrodilló y sin apartar la mirada de sus ojos, le desabrochó el pantalón y liberó su polla del slip. Recorrió la polla con su lengua, desde la base a la punta del glande, y tras darle un beso, se la metió entera en la boca, lo intentó al menos, porque la erección era tremenda, hacía tiempo que no notaba tan dura la polla de su marido. La chupaba despacio, jugaba con su lengua acariciando su glande cuando notó como las manos de su marido sujetaban su cabeza, marcando el ritmo de la felación. Las piernas de él se tensaron, señal de que estaba a punto de correrse, así que se levantó y tras apoyar las manos en el sofá, separó las piernas y alzó las caderas ofreciéndose. No hizo falta decir nada, como buen esposo comenzó a chuparle el coño, alternando su lengua y sus dedos en tal delicada tarea. Ella, notó como un dedo abandonaba su ya encharcado coñito en busca de una nueva meta, un premio aún mayor.

    -Tranquila -susurró- Sin prisa, deja algo para mañana. Roma no se hizo en un día.

    Sintió retirarse el dedo y como la polla de su marido acariciaba su coño, aprovechando para lubricarla y de un solo golpe, la llenó. Su vagina se contrajo atrapándola y El comenzó a moverse a un ritmo frenético. Parecía haber rejuvenecido 20 años.

    No sabría decir cuánto tiempo estuvo fallándola, podían haber sido cinco minutos como media hora, los orgasmos se sucedían uno tras otro y cuando Juan se corrió dentro de ella, se sintió la mujer más feliz del mundo y pensó si su momento especial no sería mejor disfrutarlo en pareja.

    Tumbados los dos en el suelo abrazados, acariciando su rostro, la besó en los labios y con una enorme sonrisa le dijo:

    -No sé si habrá sido por la cena de ayer o por lo que has desayunado, pero a partir de hoy, en esta casa el menú será siempre el mismo.

    Se agradecen los comentarios y las valoraciones.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (6)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (6)

    El tiempo transcurrido durante el sexo, sumado al paseo con Marta hasta casa de sus abuelos, llegó a casa con el tiempo justo para sentarse a cenar. Ambas mujeres estaban en la cocina, Mari cocinando y su hermana pegada al móvil sentada a la mesa.

    —Vamos, Sergio, que empezamos sin ti.

    Su madre le dedicó una media sonrisa un tanto inusual, mientras freía las chuletas de carne que compró para la ocasión.

    —¿Papá? —preguntó al no verle.

    —Pues acaba de marchar hace unos 15 minutos, un poco antes y os cruzáis en el ascensor. —Mari se quitó el delantal apagando el fuego y lo dejó colgado en un aplique de la pared que estaba destinado a ese uso.

    Aquel día se había levantado con cierta alegría, no por ser Navidad, sí que eran unas fechas que le gustaban, pero no especialmente por eso. No tenía mucha idea de cuál podría ser el motivo, no obstante la sonrisa no se le había ido en toda la tarde. Cocinó durante horas con la ayuda de su marido, que se llevó un táper al trabajo para disfrutar de la cena.

    Mari se quería dar un capricho aquel día, había hablado con su hermana justo a la tarde para felicitarle las fiestas y recordaron lo bien que lo pasaron en sus pequeñas vacaciones. Quizá movido por aquellos recuerdos felices, fue a su armario y cogió un par de prendas que le sentaban de maravilla. Un vestido algo ajustado, que no se ponía desde hacía mucho tiempo, junto con unas medias negras y unos zapatos con algo de tacón.

    Al verse así se quedó sorprendida. Nunca se ponía tacón para estar en casa, es más, lo único que se solía ponerse eran las zapatillas de casa. No pensaba salir a festejar ni mucho menos, su plan era quedarse en el sofá y si su marido se podría haber quedado, todavía sería comprensible vestirse de esa guisa. Sin embargo le resultaban incomprensible aquellas ganas de verse guapa, no obstante no las reprimió.

    Se pintó un poco el ojo y como colofón, decidió ponerse uno de los sujetadores que le compró su hermana en sus tan anhelados días en su pueblo. Se miró al espejo mientras Dani preparaba los últimos retoques a la mesa. En verdad estaba espectacular, tenía una figura que le hacía sentirse preciosa. El busto se le resaltaba bajo el vestido y sus piernas delgadas quedaban estilizadas, tanto por las medias, como por culpa de los tacones.

    Cuando apareció en la cocina, hasta su marido le dedicó un pequeño halago, preguntando a modo de broma si tenía una cita. Ella se sonrojó, le encantaba que ese Dani juguetón saliera a la luz, pero pronto acabó, ya que su marido tenía que volver al trabajo.

    Con Sergio ya en casa, los tres miembros de la familia se sentaron a la mesa y comenzaron a comer con ganas. Para una vez que se aflojaban el cinturón en una temporada querían darse un buen atracón. Mari había comprado langostinos, chuletas y otras cosas de picoteo que poco duraron encima de los platos. Incluso Laura, muy exquisita para las comidas y siempre tratando de conservar su figura, se dio un buen banquete.

    —Esto está riquísimo, mamá —saltó Sergio con medio espárrago cruzando su garganta.

    Mari le sonrió con ese gesto que inexplicablemente no se le había borrado en todo el día. Miró el móvil en un momento, por si su marido había tenido algo de tiempo para mandarla un mensaje, pero no hubo suerte. En cambio cuando bloqueó el teléfono y la pantalla le mostró su reflejo, esta se contempló mientras los chicos dejaban la mesa sin existencias. Realmente esa sonrisa le quedaba de fábula y además, ¡qué guapa estaba…! Amplio aún más el gesto de felicidad y pensó “será el espíritu navideño”.

    —¿Vas a salir hoy, Laura? —se interesó Sergio.

    —Que va, por mí no habría problema, pero mis amigas no quieren salir.

    —Mejor —saltó Mari— así no vienes tan mal como el otro día.

    —Mamá… —contestó la jovencita tapándose el rostro.

    Sergio y Mari se rieron, compartiendo una mirada cómplice que les hizo sonreírse durante par de segundos.

    —Ya te emborracharás otro día —le dijo Sergio pelando un langostino y recibiendo un golpe con un trozo de pan—. ¡Oye! ¡Qué me das! ¿Y en reyes no sales?

    Aquella pregunta venía precedida por una conversación anterior tenida con Alicia. Habían hablado de tantas cosas que no podía recordarlas todas, pero en una de estas, le había comentado que el día 3 de enero era su cumpleaños y al cumplir la mayoría de edad, lo celebraría con ganas. Sergio no la había querido preguntar directamente si saldría aquel día a festejar, no quería parecer demasiado interesado, por lo que tener allí a su hermana le valdría como informante.

    —Quizá… Es el cumple de Alicia, o sea que igual quiere hacer una fiesta.

    —Dios, hija, ya vais a hacer dieciocho años, el tiempo vuela… —añadió Mari pensando en lo pequeña que era unos años atrás— ¿Por dónde soléis salir? Creo que estoy algo desfasada.

    Sergio levantó la ceja y sonrió al escuchar la pregunta, su madre sin querer le ayudaba a averiguar cosas que le interesaban.

    —Por los bares del casco viejo, no salimos del pueblo que en otros no nos dejan entrar a todas.

    —Me pasaré a saludarte entonces —volvió a saltar burlón el joven.

    —Vamos es que ni de broma. —Laura veía como su hermano asentía con la cabeza para picarla aún más— ¡Mamaaa! Dile que no, que me deja en ridículo, el otro día me vaciló delante de mis amigas.

    Mari echó un vistazo a los ojos de su hijo. Analizó con aquel azul intenso el rostro del joven y de pronto, viendo que reía, por algún motivo inexplicable que le nacía del alma, los dos comenzaron a reír a carcajada limpia. Laura les miró embobada sin saber lo que pasaba, les veía desternillarse como locos por algo que no entendía, quizá serían cosas de mayores (sí, para ella Sergio era mayor).

    La cena terminó y en el transcurso de esta, incluso la más pequeña de la casa acabó riéndose por alguna broma. Pero sin duda los que no paraban de sonreír eran Mari y Sergio. Algo pasaba entre ellos, la complicidad era enorme, se sentían de la misma forma que hacía unos meses. Aunque todavía no lo sabían o no lo notaban, era el mismo sentimiento que tenían en el pueblo y que enterraron, la sensación de una conexión increíble.

    Laura acabó levantándose cerca de las once de la noche, estaba bastante cansada y tenía la gran idea de irse a dormir a su habitación. Algo que aprovechó Sergio cuando estaban recogiendo y le dio un beso en la frente viéndola receptiva, esta le miró muy extrañada, pero con un “hasta mañana” no replicó tal acto.

    —No tienes que hacer rabiar tanto a tu hermana, cielo.

    —Solo un poco, mamá. —Sergio le pasaba los platos mientras Mari los metía en el lavavajillas— Está en una edad mala, pero la quiero con locura, es mi hermanita. Cuando esta así de graciosa me encanta estar con ella.

    —La verdad que hoy la cena estuvo fantástica, lástima que no estuviera papá.

    —Bueno, mañana comemos todos juntos, no hay problema. Ahora vengo, voy un momento al baño, regreso y terminamos con eso.

    —Voy a ponerme un café, ¿quieres uno?

    —No tomo, mamá, ya sabes que no me gusta. —le dedicó una dulce sonrisa y cuando se giró para marcharse escuchó de nuevo a su madre.

    —Y… ¿Una copita de cava?

    Sergio no pudo ocultar a su madre la sorpresa que le había causado mientras ella le mostraba sus blancos dientes con una sonrisa que ocupaba medio rostro. Su silueta marcada por el vestido era un lujo contemplarla y con aquella felicidad, parecía otra Mari… una Mari que hacía tiempo que no veía.

    —Una o dos… Las que quieras.

    Marchó al baño dejando a su madre sola en la cocina y sacó del bolsillo el móvil antes de llegar. Vio un mensaje de Marta que le felicitaba la Navidad y le puso lo mismo, añadiéndole un “te quiero” que seguro su novia contestaría a la mañana. Sin embargo, algo se le pasó por la cabeza, abrió el Instagram y confirmó que Alicia hacía poco que se había conectado. La conversación con su hermana le había dado la idea de que podía encontrársela de fiesta algún día de forma “casual”.

    Puso los dedos en el móvil y la comenzó a escribir sin pensar ni en Marta, ni en nadie, tenía unas ganas terribles de hablar con su “amante”. Aquella palabra le surcó la mente, ¿de verdad lo era? Todavía no, pero el haber pensado en ella mientras hacia el amor a su pareja, era un paso.

    —¿Qué tal va la fiesta?

    —Muy bien —contestó casi al instante— ¿Tú?

    —Bien, ya hemos terminado, ahora una copa y a cama.

    —Yo ya voy por la segunda —añadió un icono sacando la lengua.

    —Una cosa. —Sergio se vio dispuesto, pensando que era el momento propicio y lanzó una pregunta que podía pasar un límite que aún no habían rebasado— ¿Te has vestido para la ocasión?

    —Claro, voy monísima.

    Escribió la palabra “a ver”, pero se detuvo al pulsar el botón de enviar. Por un momento su raciocino se impuso y le dijo que lo que hacía estaba mal, que si atravesaba la barrera podría ser que no pudiera volver atrás. Sentado en la taza del váter, Sergio echó la cabeza hacia atrás y suspiró con el rostro algo encendido. Le ponía mucho aquella chica y tampoco sabía decir el porqué, era muy guapa, pero apenas la conocía. Volvió a mirar el móvil pensando en el momento con Marta, en como Alicia le había ayudado a acabar dentro de ella y en un instante dudo… aquello fue fatal. En su móvil pulsó el botón de enviar y el mensaje voló rumbo al teléfono de la chica.

    Al de pocos segundos, Alicia le mandó una foto con un vestido negro ceñido, las lentejuelas brillaban y su silueta se podía admirar a la perfección. Era una chica preciosa con un cuerpo hecho para el pecado. La barrera había sido destruida con un solo movimiento de su pulgar y ahora, contemplando la foto, una erección se encaminaba a su punto más álgido.

    —¿Te gusta? —le preguntó de seguido la joven.

    —Mucho.

    Sergio contestó sin añadir nada más porque quería luchar contra el sentimiento de infidelidad que crecía en su interior, intentando que no se apoderaba de él. Aunque lo que no sabía el muchacho era que una vez germinada la semilla del adulterio, nada la paraba.

    Salió del cuarto de baño camino a la cocina, su madre le esperaba con los codos apoyados en la mesa y degustando una barrita de turrón junto a la copa de cava. En el otro lado de la mesa, la de Sergio aguardaba por un anfitrión.

    —¿Qué tal las cosas con Marta? —le preguntó su madre pillándolo por sorpresa.

    —Bueno, comenzando de nuevo, a ver qué tal.

    —Te quería comentar una cosa, sin meterme en tus asuntos, cielo. —Mari se introdujo el turrón en la boca y pronunciando con algo de dificultad siguió— Últimamente te he visto mucho con el móvil. Sueles poner una sonrisa boba cuando lo miras, ¿es cuando hablas con Marta?

    Sergio fijó los ojos en su madre que estaba espléndida aquella noche, con una belleza que solo había visto en el pueblo y se dijo que sería un buen punto de partida hablar de algo como eso. Quería volver a tener la confianza que tan rápido adquirieron y que con la misma rapidez perdieron.

    —No. Es una amiga.

    —Vaya, un tipo de amiga por la que sonríes al hablar… No suelen ser realmente amigas.

    —Mamá, —Sergio sonrió y negó con la cabeza. Le sorprendió lo suelta que tenía la lengua— me prestas demasiada atención cuando estoy en el sofá.

    —Es mi trabajo, soy tu madre.

    —En eso tienes toda la razón. Es una amiga, con la que bueno… no me importaría tener algo más.

    —¿Algo serio? —Mari daba pequeños sorbos que deslizaban mejor el trozo de turrón por su garganta.

    —No muy serio. —el joven no quería decirle directamente a su madre que solo sería algo sexual y poco más.

    —Entiendo. ¿Quieres un consejo? —qué extraña estaba su madre, pero Sergio asintió para recibirlo— Quizá deberías dejarlo con Marta. Antes que digas nada, te veo todos los días venir con esa cara aburrida, no triste, pero la estás rozando. Últimamente no estás tan feliz como de costumbre y cuando te veo esa sonrisa que sacas con tu nueva amiga. ¿Has pensado si volver fue una buena idea?

    —Creo que no lo fue… —cada día el pensamiento era más fuerte— Siento que no conectamos como antes, o quizá nunca lo hicimos del todo, no lo sé.

    —Tu nueva amiga, pienso que no te solucionará nada. No digo que te olvides de ella, pero quizá lo que te viene mejor sea estar solo. No estés con alguien por estar.

    Sergio echó la cabeza hacia atrás resoplando del mismo modo que en el baño y miró a su madre a los ojos. Se sumergió en las cuencas que las féminas de la familia tenían por herencia genética y por un momento vio a su madre, esa Mari que descubrió en el viaje al pueblo. Sentía que toda ella tenía razón, con aquel vestido, la felicidad en su rostro y arreglada, se veía que tuviera todas las soluciones del mundo, la veía superior.

    —Seguramente tengas razón.

    Sin quitarle la vista de encima, comprobó como el busto era más prominente que de costumbre, mucho más que cuando usaba una camiseta suya. Sintió algo en su vientre, algo que tenía olvidado desde hacía unos meses, ¿cómo su madre podía ser tan guapa?

    —¿Te da vergüenza hablar con tu madre? —lanzó Mari una mueca pícara al ver que Sergio se había puesto colorado.

    —No, no. —vio el dedo de su madre señalándole el rostro y al tocarlo lo notó caliente— Será el calor, no sé, quizá el cava.

    —No importa. —dio un sorbo terminando la copa y añadió— Te quería comentar algo, a ver qué te parece, aún no se lo he comentado a tu padre. —Sergio prestó atención— Últimamente, ya sabes, el trabajo de tu padre pues están como están. No creo que le lleguen a despedir, pero por si acaso, se me ha ocurrido que podría buscar un trabajo.

    —¿Cómo un trabajo? —la pregunta le salió sola, no recordaba que su madre hubiera trabajado.

    —Sí, algo para traer dinero a casa, por si lo de Dani al final sale mal.

    —Vaya, mamá, me pillas totalmente descolocado.

    —¿No te parece buena idea? —Mari torció su gesto viendo que el apoyo que esperaba de su hijo, no aparecía. “No debería haber dicho nada” acabó por pensar.

    —Que va, todo lo contrario. Siento si has pensado otra cosa, lo que pasa que nunca te he visto trabajar, se me ha hecho raro. ¿Cómo te ha dado por ahí? Sabes que si no quieres no es necesario, puedo volver al cine a ver si tienen algo para mí y así me saco un sueldo.

    —Me sienta mal que hagas eso, cariño. —Sergio abrió los ojos esperando la explicación— Entiéndeme, soy tu madre. Lo lógico es que sea yo quien salga a la calle a traer dinero, ¿no? No quiero que mi hijo se tenga que ganar la paga trabajando si lo puedo hacer yo.

    —Pensaba que te gustaba que trabajase.

    —Perdona, Sergio, que no me he explicado. —Mari se levantó para dejar la copa en el fregadero— Me encanta que seas independiente en ese sentido. Que te busques un trabajo y te ganes tu sueldo con tu esfuerzo. Lo que no me gusta es que lo hagas para reducir gastos en casa.

    —Entiendo, mamá.

    Mari se acercó a su hijo y cogiendo una silla se sentó a su lado, muy cerca. Haciendo un esfuerzo que en casa parecía como si estuviera levantando una montaña, alzó su mano y pasó las yemas de los dedos por la mejilla del joven. El tacto que sintió Sergio le hizo reconfortarse, olvidó de sopetón lo mal que se sentía por hablar con Alicia, por pensar en ser infiel a su pareja, el calor de su madre le protegía como cuando era un bebe.

    La mujer fue a retirar la mano, el roce no había sido más de dos segundos, pero suficientes para ella, sin embargo, no pudo. Sergio elevó su mano cogiendo con dulzura la de Mari y pegándola contra su rostro por completo. La palma caliente le proporcionaba una protección que hacia tanto que no sentía. Cerró los ojos notando el amor que desprendía la mujer desde sus dedos y como le entraban por sus poros llegando al corazón.

    —Bueno… —Mari separó la mano del rostro de su hijo con ligera vergüenza y le sonrió sin saber casi que decir. Tuvo que volver al tema anterior— ¿Entonces te parece bien que busque un trabajo?

    —Me parece muy bien, en casa intentaré ayudar en todo lo que pueda, lo prometo.

    —Aunque sigáis siendo un poco guarros, —Sergio sonrió mientras Mari hacia lo mismo— me ayudáis bastante. Además, apenas dais trabajo, no es como cuando erais pequeños… menudo calvario. Si colaboramos todos, la casa se hace en un periquete. —vio que al final había sido buena idea hablarlo con su hijo, tenía mucha razón Carmen, “es un buen chico”.

    Recogieron las últimas migas desparramadas por la mesa y cuando terminaron, Sergio quiso preguntarla algo. Se quedó mirando a su madre, como doblaba el mantel con su precioso vestido, estaba espectacular. En toda la noche la había estado mirando y se percató, más que de lo guapa que estaba, de la sonrisa que no desapareció ni por un segundo.

    —Mamá, ¿puedo preguntarte algo? —Mari le lanzó una mirada dándole permiso— ¿Por qué estás tan feliz? ¿Por el tema del trabajo?

    —No sé. De verdad que no lo sé. —sintió los ojos de su hijo con una felicidad extrema por verla de ese modo y una pequeña risa nerviosa salió de su boca— Me he levantado así.

    —Dicen que trabajar hace que te sientas mejor, más independiente, más realizado en el plano personal, quizá sea por eso. Sea por lo que sea, me gusta verte así.

    Mari sintió aquella última frase como una punzada en su corazón, le había llegado tan hondo que apretó los labios y se giró sobre sus tacones para que no se le notara como el rostro se le contraía. No se había puesto triste, sino que la felicidad la abrumaba. Como pudo se rehízo, se apartó el pelo del rostro y respirando bien hondo, se giró hacia su hijo que seguía recogiendo los platos secos.

    —Déjalo, ya lo hago mañana. ¿Nos vamos a cama?

    El hijo asintió y los dos recorrieron el pasillo en silencio. La casa estaba completamente a oscuras salvo por el leve resplandor que atravesaba las ventanas. En la habitación de Laura una luz se escapaba por la rendija de la puerta, aquello era lo único que les dejaba vislumbrar algo en la oscuridad. Llegaron primero al cuarto de Dani y Mari, donde esta se paró esperando algo. No sabía el qué, quizá una palabra, un roce, un beso, no sabía…, pero necesitaba algo más.

    Sergio que iba tras ella, contempló como su madre se paraba en la puerta. La pobre luz solo dejaba ver una sombra que andaba casi levitando por el pasillo. Siguió andando hasta donde ella. Algo le corrió por la mente como el correcaminos, un pensamiento fugaz, algo que tenía que hacer.

    Sin esperárselo ni el mismo, rodeó por la cintura a su madre, está por instinto, lo hizo por el cuello. De haberlo planeado, Mari no tenía todas consigo que hubiera puesto los brazos en el cuello de su hijo, pero había sido tal la sorpresa que lo hizo sin pensar. Sintió la fuerza que comenzaba a imprimirse en su cuerpo y como Sergio la acercaba al suyo. Se dejó hacer y movida por lo que hacía el joven, apretó sus brazos tras el cuello.

    Apenas podía ver nada, solo sentir el calor que su madre desprendía y el aroma del perfume que aún perduraba en su cuello. Apretó aún más sus brazos, lo había hecho sin pensar, solo queriendo sentir de nuevo a su madre cerca y ahora, no quería separarse de ella. Sus cuerpos se juntaron en mitad del pasillo, la oscuridad les envolvía y el silencio era extremo.

    Mari sintió incomodidad, esa vergüenza que siempre tenía por dar afecto a sus hijos, pero en una fracción de segundo desapareció, al menos por el momento. La situación era propicia, como si la oscuridad, que no le dejaba apenas ver lo que hacía, engañara a su cerebro pensando que no estaba abrazando a su hijo. Notó su cuerpo contra el del joven y no se pudo sentir más dichosa.

    —Feliz Navidad, mamá.

    Los brazos del joven comenzaron a separarse y sus manos se deslizaron sin apartarse del cuerpo de Mari. Ahora se habían posado casi en su cadera, en una parte intermedia entre esta y la cintura. La mujer deshizo el nudo de sus brazos y posó ambas manos en los hombros del chico, separando su rostro y tratando de buscar el de Sergio con su mirada.

    No podía verlo, no era más que una sombra. Podía ver las cuencas negras de sus ojos y una protuberancia a modo de nariz. Sabía que era su hijo, podía hasta oler su esencia, esa que cada humano tiene de forma individual. Si le hubieran preguntado hacia un minuto, no se hubiera podido imaginar sin querer separarse de un abrazo de su pequeño, pero no quería.

    —Feliz Navidad, Sergio.

    Descendió su mano por el brazo del joven y acarició su mano antes de soltarla. En un visto y no visto, se escabulló del agarre de su hijo y entró en la habitación aún más oscura que el pasillo. Cerró la puerta tras ella con el pulso agitado y con una mano en el pecho tranquilizándose.

    Estaba atorada, ¿Qué le había pasado? El calor de Sergio, notar su cuerpo tan cerca, el amor con el que la abrazaba, había sido demasiado. La oscuridad fue su aliada, le había regalado un gesto de amor hacia el joven que apenas se daba, pensó mientras se relajaba que quizá lo podría repetir.

    Sin embargo, la sensación que le embargaba era una mezcla de sentimientos, que no podía explicar. Sentada en la cama los analizó con detalle, mientras escuchaba como su hijo cerraba la puerta de su cuarto. Estaba feliz por ese abrazo, pero ¿por qué se sentía también mal? Era algo extraño, si era un gesto de amor entre madre e hijo, nada más. No obstante, su cuerpo seguía inquieto, puesto que en verdad, podría ser más que eso.

    CONTINUARÁ

    ———

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mi nuevo amante inesperado

    Mi nuevo amante inesperado

    Recostada en la cama totalmente desnuda, con las piernas bien abiertas, comencé a tocarme suavemente la vulva, toda mi conchita depilada totalmente, pasaba mi mano izquierda por la concha, mientras que con la derecha sobaba mis pechos, apretaba mis pezones, que me hacía arrancar gemidos y gritos de placer, acaricie mi clítoris totalmente húmedo y me introduje un dedo, luego un segundo, y haciendo el meta y saca, aceleré el movimiento, mis gemidos y gritos eran intensos, hasta terminar en un fabuloso orgasmo.

    Quedé rendida y agitada en la cama, de a poco me fui relajando, hasta quedarme dormida, así fueron mis noches en cuarentena, extrañaba a mi amante, que por las razones de esta pandemia, no podíamos vernos, tal vez un poco tontos, tal vez por un poco de miedo no lo sé, no nos veíamos, a veces en los días también estaba caliente; que los calmaba masturbándome rápido, contra la pared, en la cocina o donde fuera, recordando los lugares donde lo hacíamos.

    Un buen día y hablando con mi amiga, le confesé lo que me pasaba, y me dijo te entiendo perfectamente, se quedó un rato mirándome fijamente, y le dije, no me mires así me asustas, dicho esto me dijo, “mira, te voy ayudar, espero no tomes a mal lo que te voy a decir, por qué no te compras un dildo”, ¿Qué?, le dije, un dildo me volvió a repetir, y cuando me iba a empezar a explicar le dije, no me expliques nada, ya sé lo que es no soy tonta, me da pudor ir a un sex shop o comprarlo por internet, okey me respondió, te presto el mío, le respondí “estás loca”, me insistió tanto hasta que accedí; quedamos en que ella iría a su casa y me lo traería.

    Al atardecer me alcanzó el dildo, no pude hacer otra cosa que abrazarla y agradecerle, pero que se lo devolvería, yo ya había pensado comprarle uno nuevo, no sé cómo haría para comprarlo, pero creo que era lo mejor que podía hacer, ya que es algo un tanto personal, pero bueno eso es otra historia. Apenas se marchó mi amiga, desenvolví el paquete, y en la caja original, me quedé asombrada, era un miembro color piel, de muy buen tamaño, 22×6 cm, abrí la caja y me quedé con la boca abierta, me temblaban las manos, lo toque y lo acaricié; no daba más, así que traté de armarme una historia personal de cómo utilizarlo, y agregarle un poco de morbo.

    Mientras tomaba un vaso de agua, y miraba a mi nuevo “galán”, me mordía el labio inferior con ganas de estrenarlo y mi cabeza a mil revoluciones, luego de un rato ya tenía todo pensado, tome la caja y lo lleve a mi habitación, y lo deje sobre la cama, busque en mi cajón un conjunto de ropa sexy negro, y me fui al baño para darme una ducha, antes de salir, le hable “ya vuelvo no te vayas papito”, me di una ducha, y repase mi depilación, sequé mi cuerpo y me coloque la tanguita y el soutien, salí y allí lo vi, estaba excitada, ya me estaba mojando la parte delantera de la tanga, con un poco de temblor, lo tome con las manos y lo acaricie suavemente, me arrolle en el borde de la cama y lo comencé a besar, la cabeza le pasé la lengua y pase por todo el tronco, lo bese, y me lo puse en la boca, me costaba que entre todo, a pesar de abrir la boca lo mas que pude, lo introduje hasta la garganta, me producía arcadas las que contuve lo mas que pude, tenía los ojos lloros, pero igual seguí chupando exclamando aggg, luego lo puse entre mis pechos, y tire la cabeza para atrás, recordando como lo hacía con él, me quite el soutien y lo pase por mi cuerpo, me recosté en la cama y jadeaba de placer, de a poco lo fui bajando mientras separa las piernas, y con mi mano libre acariciaba mis tetas, las apretaba, acariciaba mis pezones que estaban durísimos, hasta que no pude mas y me quite la tanga.

    Fui pasando el dildo por mi húmeda vagina, que ya era un mar, ya había tenido dos orgasmos, lo fui pasando por mi clítoris, hasta que separé bien las piernas y me lo introduje, haciéndome producir un grito de placer, de a poco lo fui introduciendo, y jadeaba arqueando la cintura, comencé hacer el meta y saca introduciéndolo lo más profundo gritando y jadeando hasta que un orgasmo profundo me hizo relajar, y el corazón palpitaba aceleradamente.

    Fui al baño me lave, y me volvía a colocar la tanga y el soutien, anduve así por casa, pensando cómo sería la noche y el próximo encuentro con mi “nuevo amante”, pues ya tenía ganas de sentirlo nuevamente, pero esta vez, por la puertita trasera, me hice un té, mientras mi cabeza daba vueltas y mi corazón latía rápidamente, mientras tomaba mi te, pensé cómo hacer para gozar con mi “nuevo amante” por detrás; me puse a buscar una soga o una cuerda, la idea era de sujetar el dildo quizá a una silla, al respaldo y sujetarlo de tal manera que me lo pueda introducir por detrás, en la cola para ser más exactos. Pude sujetar el dildo a la silla, en posición erecta, lo cual ya me hacia mojar mi entrepierna, fui a buscar el pote con gel, llegue y lo acaricie lo toque y lo apreté de la misma manera cuando hacemos el juego preliminar, me fui arrodillando y me lo fui introduciendo a la boca, lo saboree y lo disfrute ampliamente, me quite el soutien y lo pase por mis tetas, lo masturbe con ellas, me puse de pie, me quite la tanga, procedí a untarme con gel el ano y el dildo, apoyé mis manos a una banqueta, y refregué la cola para sentirlo, hasta que apoyé el glande en mi ano, de apoco fui empujando hacia atrás para irlo introduciendo, con una mano separe un cachete, y empuje un poco más, relaje lo mas que pude el ano, y logre introducirlo, el diámetro y la calentura me hizo exclamar un grito, y seguí retrocediendo hasta tenerlo todo dentro mío, me fui moviendo de adelante hacia atrás, gozaba como una buena perra, y exclamaba “así papito rómpeme toda”, “ayyyy que rico”, fui moviéndome en círculo e introduciéndolo profundo, con una mano me masturbe mientras me movía y tuve un orgasmo placentero, mis piernas temblaban, lleve mi mano al ano y lo tenía abierto, estaba en la gloria.

    La noche fue intensa antes de dormir, y el placer que sentí en la mañana fue lo mejor después de tanto tiempo, igual no veo la hora de sentir el miembro de mi amante; falta poco pero eso será en otro relato.

    Espero les haya gustado, si desean pueden escribir sus comentarios a: [email protected].

  • Una estudiante y un bibliotecario

    Una estudiante y un bibliotecario

    Un gusto volverlos a saludar y ahora con otro relato de una anécdota que ocurrió hace 2 años, yo contaba con 21 años y esto sucedió por la noche en la biblioteca de la universidad, yo me disponía a partir a mi casa, pero antes tenía que devolver los libros que había tomado y como han de saber había un encargado de biblioteca el cual ya tendría unos 50 años y que había notado varias veces que se me quedaba viendo con ojos muy lujuriosos. Para mi es totalmente normal, puesto que le atraigo a muchos hombres maduros. Para los que son nuevos, básicamente soy delgada, algo alta, cabello largo rizado, ojos cafés, pechos pequeños y culo mediano, no soy una chica voluptuosa, pero tengo mucha experiencia en el sexo con mayores.

    Regresando al relato. Yo dejaba que me viera e incluso en algunas ocasiones yo me le insinuaba de manera algo sutil, por ejemplo, cuando tenía oportunidad y volteaba a verme, siempre tomaba mi lápiz y coquetamente lo metía en mi boquita y lo chupaba, como cualquier chica estudiante queriendo coquetear. Rápidamente veía que funcionaba ya que se paraba de su silla y se retiraba al baño, salía después de unos minutos, quiero creer que se masturbaba con una imagen mental mía haciéndole un delicioso oral.

    En fin, esa tarde yo tenía de outfit una blusa negra tipo polo y una falda pequeña de cuadros ajustada, lo que hacía que se me viera más grande mi culo. Él no dejaba de verme mi culo y bueno ya era algo tarde en la universidad lo que significaba que muy pocas o casi nadie se encontraba ahí y pensé que tal vez podría hacer provocar al encargado y eso hice.

    Me acerque a su lugar de trabajo pidiendo regresar mis libros, se levantó y le pasaba libro por libro en eso hago que se me caen enfrente de él y mientras los levanto le pego un poco mi culo en sus piernas, obviamente siento como se le va poniendo duro su pene mientras muevo un poco más mi culo, toda su lujuria que él ya tenía guardada la saco en ese instante. Sentí como colocó sus manos en mi culo masajeándolo y dándole nalgadas. Eso hizo que me pusiera caliente en ese instante y mientras una de sus manos la tenía en mi culo, yo tome su otra mano y lleve sus dedos a mi boquita, metiendo su dedo medio en mi boquita chupándolo bien rico.

    Nuestra calentura continua mientras me ponía de rodillas y le sacaba el pene del pantalón, el saber que se había tocado antes pensando en esta misma escena hacía que quisiera devorarme su rico pene y eso hice. Completito en mi boca, lamiéndolo, succionando y escupiéndole fue como le hice un oral que nunca olvidaría.

    Él tampoco se quedó atrás, tan pronto saque mi boquita de su pene me cargo y me acostó en su escritorio quitándome mi falda, blusa y todo lo que tenía puesto ese día, entonces abrí mis piernas y lentamente fue besando mis piernas hasta llegar a mi vagina la cual lamio, escupió y succiono de una forma tan rica que hizo que me viniera unas 2 veces y solo con ese oral, no me imaginaba como seria que me la metiera.

    Me coloco en 4 y mientras mi culo estaba parado, todo lo demás de mi cuerpo lo tenía abajo, haciendo que mi culo se viera mas grande. Finalmente la metió y fue una deliciosa sensación, yo ya estaba súper mojadita y no podía contener el gemir fuerte mientras sentía como lo metía y lo sacaba. Algo delicioso que sentí fue que me agarro mi cabello y me lo jalo, eso provoco que me calentara aún más y gimiera aún más.

    Después de unos minutos en esa posición la calentura ya era bastante y me pidió que me pusiera de rodillas mientras se masturbaba y entonces se vino en toda mi carita, completa me la dejo llena de su semen, era increíble la cantidad que le había salido, me limpie llevando su semen con mi dedo a la boca y así finalizamos un delicioso encuentro, aún hay ocasiones en las que me quedaba algo tarde en la universidad solo por un rato de pasión con él.

    Espero les haya gustado mi anécdota y comenten que tal les pareció, hago mi mejor esfuerzo en mi redacción, saludos.

  • El ama de llaves

    El ama de llaves

    Al despertar al día siguiente muy temprano, Chusai frotó el anillo y de este salió Samui, quien sonrió maliciosa al ver la erección matutina de su amo a través de las sábanas, pidiendo solo con la mirada un permiso que se le concedió, transformando su ropa de genio en un conjunto sensual para gusto de su amo. No es que fuera a durar mucho con el puesto.

    Chusai y Samui intercambiaron un beso extremadamente apasionado. Pronto, tomando la iniciativa, las manos de Chusai la envolvieron y luego la acercaron a una sesión de besos que solo aumentó el hecho de que los dos jugaran ese juego de tenis de amígdalas entre sí.

    La rubia rompió el beso y se quitó la la bata roja que llevaba, para revelar un sujetador de encaje morado y bragas a juego, luciendo mucho su hermosa figura.

    -Muy bien, Samui- asintió de acuerdo el joven- ¿Por qué no pasamos al entremés?

    La rubia se tomó su tiempo para seducir con sensuales poses a Chusai. El cuerpo semental que le dio, la hizo babear cuando lo miró en cuanto lo vio y ella no podía contenerse mucho tiempo sin que la hiciera gritar de placer. Los dos se besaron, Sus lenguas se juntaron, golpeando apasionadamente todos los puntos correctos cuando se besaron.

    Chusai le quitó el sujetador a Samui y la giró sobre la cama y se deslizó encima de ella. Le dio besos en las tetas de su genio que pasaron de muy costosos implantes, a unas obras de la naturaleza, mágica, pero naturaleza al fin, pues esos besos la hicieron estremecerse de placer. Los besos solo aumentaron con frecuencia a medida que el joven se movía a su alrededor. Tocó, mordisqueó y lamió sus pezones, enviándola al límite con un flujo interminable de placer, golpeándola en todos los puntos correctos antes de comenzar a pasar sus dedos por el contorno del cuerpo de la Genio.

    Luego, la recostó contra la cama y le quitó sus bragas, las olió y sin decir nada, se sumergió entre las piernas de su esclava y comenzó a beberse los jugos de su coño que estaba recibiendo trato de clase mundial. Chusai chupó su miel, con varias chupadas fuertes y lamidas golpeándola en todos los puntos correctos. El hábil ingeniero presionó contra ella y le chupó los labios, volviéndola completamente loca de placer al haber probado sus propias mieles.

    Chusai llevó a Samui a un orgasmo. Sus caderas se balanceaban hacia adelante y hacia atrás. Su cuerpo se aceleró y luego se calmó antes de desplomarse sobre la cama.

    -¿Listo para más?- Preguntó casi desafiante la rubia.

    La genio tomó la polla aún dura de su amo y prácticamente la inhaló. Chusai sostuvo la parte posterior de la cabeza de Samui y bombeó en su boca. Sus dedos tocaron la parte posterior de su cabeza durante esta sesión de follarle la boca.

    Ella tragó su polla mientras trabajaba más y más en su boca. El joven se inclinó y la folló, cada vez más fuerte.

    La Genio lo pensó, y ella iba a hacer lo que pudiera para extraer hasta la última gota de semen de esas bolas, pero decidió no hacerlo. Lo quería todo dentro de ella.

    Con un fuerte estallido, Samui soltó la polla de Chusai.

    -Ya no puedo esperar amo ¡Lo necesito dentro de mi!- suplicó Samui.

    -Bueno, preciosa, creo que podría arreglarse. Pero ten cuidado con lo que deseas- hizo una broma sutil Chusai, la que no pasó desapercibida para Samui que río de forma adorable en respuesta.

    Y es que ella realmente deseaba tener esa bonita polla enterrada en lo más profundo de su coño. El joven la empujó hacia abajo y en un abrir y cerrar de ojos se alineó con ella. Y luego, segundos después, esa gruesa polla se estrelló hasta el fondo en el caliente coño de Samui y la estiró.

    El ingeniero se aferró a la Genio y la golpeó sin descanso. Podía sentir su coño apretarse a su alrededor cuanto más profundo iba. Y cuanto más se hundía en ella, más se contraían las caderas de Samui.

    -¡Ooooh, joder!- gimió la rubia tetona- ¡Oooh, dulce amo misericordioso, destruye ese coño mío! ¡Por favor, oh por favor, maldita sea, se siente tan maravillosamente genial ahora mismo!

    El maestro de Samui la embistió un poco más hacia abajo, sus grandes bolas la golpearon en los muslos y la volvieron completamente loca de placer. Chusai la presionó contra la cama y la llevó más al punto de ruptura. La puso de vaquera inversa y le apretó los pechos mientras ella lo montaba a su gusto y ritmo.

    Un pequeño descanso para que Chusai tome un poco de aire, y ahora tenía a la rubia a cuatro patas. Su culo se balanceaba junto con sus pechos mientras el ingeniero se follaba duro a la genio por detrás. Él se inclinó cada vez más hacia ella y apretó sus calientes caderas contra su amo para ayudarlo con las embestidas. La golpeó, cada vez más fuerte por detrás. Los golpes que recibió, hicieron que todo su cuerpo entrara en oleadas interminables de placer. Parecía que se había ganado la lotería al tener un amo que deseo poder noquear de un orgasmo a cualquier mujer mortal, seguramente esa sería su condición si no tuviera su nueva naturaleza.

    Chusai se centró en darle a Samui los orgasmos más placenteros en el menor tiempo posible. Sus agudas habilidades en las artes amatorias mostraron precisamente los botones correctos para presionar. Y vaya que el joven presionó hasta el fondo a su esclava y la hizo correrse por todos lados para él.

    -¡Puedo sentirlo, me corro!- anuncio orgullosa la genio, satisfecha conmigo misma por conceder tan estupendo deseo que ella estaba gozando ahora mismo.

    Chusai no dijo nada. En su lugar, continuo con sus estocadas un poco más antes de salir de ella y ponerla boca arriba. El joven levantó las piernas finamente esculpidas de Samui sobre sus hombros y la golpeó sin descanso. Las intensas y profundas embestidas sacudieron su cuerpo, con la tensión de su coño envolviéndolo alrededor de su polla.

    La Genio esperaba que su amo la llenará con su semilla sin temor alguno ya que ella no podría embarazarse al ser un Genio. Una ventaja más de su nueva condición en su opinión. Pero no pudo pensar en ello ya que el fuerte pecho de su amo se aplastó contra sus grandes senos lo suficientemente apretados como para permitirse darse unos apasionados besos. Y mientras sus lenguas seguían batallando por ver quién obtenía el dominio del otro, las manos de Chusai nuevamente bajaron por el contorno del cuerpo de Samui.

    Al principio Samui juró que no se encariñaría demasiado con su amo, pero maldita sea si ella no amaba la polla de Chusai y todas las formas en que atravesó profundamente su cuerpo.

    Una vida de servidumbre no sería tan aburrida si su amo la mimaría con esta clase de placer con bastante frecuencia. Y más ahora que de momento solo eran ellos dos.

    Chuai pasó sus manos una segunda vez por todo el cuerpo de su esclava y bombeó un poco más rápido dentro de ella. Podía sentir que se acercaba el final, la tensión dentro de sus bolas alcanzó un clímax. Bombeó un poco más dentro de Samui y finalmente lo sintió, sus bolas se tensaron y explotaron en el coño húmedo de la rubia. Ella se las ingenió para apretar con su magia contra ella a su amo y ordeñó su leche espesa por acto reflejo. Los dos se juntaron nuevamente con Chusai inmovilizando a su esclava y meciendo su cuerpo.

    Al final ella se sentó y su amo la rodeó con sus brazos y la atrajo a su regazo, sorprendiendo a la genio por la muestra de cariño que él le estaba dando.

    Una semana después, apartamento de Chusai.

    Mientras trabajaba en la elaboración de un tercer anillo (por si se llegaba a necesitar), Chusai recordó la plática y lo que ese día había sucedido con Samui. Sabía que el grabado en el anillo de Samui era más genérico y vago, algo que el sentido común le dijo, pero de nuevo, no esperaba que fuera a funcionar. No iba a invertir más del tiempo y esfuerzo que ya había usado, si las cosas no se daban. Perder un anillo de oro de veinte cuarto kilates sería doloroso, sin pensar en las horas de investigación y trabajo que habría perdido en vano. Afortunadamente eso no fue así y por ello, tras preguntar qué sintió durante su transformación, pues el anillo solo decía que era una Genio y esclava sexual. El ingeniero sospechaba, dado lo que más tarde ocurrió, algo y esa respuesta había sido muy esclarecedora.

    -Por lo que recuerdo de mi transformación, un sentimiento de lujuria abrumadora y deseo de placer y dar satisfacción al dueño del anillo, se destaca claramente en mi memoria. El conocimiento de todas las cosas sexuales que tienen que ver con el cuerpo humano, fue metido en mi cabeza, pero no tengo conocimiento de tareas simples como cocinar o limpiar- declaró desde su posición de rodillas contra la pared, algo avergonzada la rubia tetona.

    Chusai negó con la cabeza divertido. Le había ordenado para ver si era verdad, que le preparara un desayuno y descubrió que no podía hacerlo porque no sabía cómo. Incluso el uso de su magia fue limitado, ya que el ingeniero descubrió que aparentemente necesitaba familiarizarse con la tarea requerida antes de realizarla. La Genio nunca había cocinado para sí misma, ni había limpiado mucho (había utilizado un servicio de limpieza y comía fuera), por lo que sus conocimientos eran limitados. Pero en términos de sexo, sabía cosas que hacían que el joven se pusiera de rodillas con solo pensarlo. Cuando él ingeniero había investigado esta rareza, la respuesta de Samui era que debía que servirle como un juguete sexual y esclava del harén debido a que era «para lo que había sido hecha» y, por lo tanto, había adquirido prácticamente todo el conocimiento necesario para ser la mejor en eso.

    Después de algunas preguntas a la Genio, su creador se había dado cuenta de que, a diferencia de los humanos, los genios se concentraban en áreas de especialidad. Según lo que el anillo y el deseo del que lo creaba, sería la función base del genio, además de la consabida habilidad de conceder deseos.

    Chusai había creado el anillo de Samui con la idea de que ella sería la amante perfecta y la cortesana de su Maestro, y también controlaría el Harem y sus esclavos para asegurarse de que Chusai siempre fuera atendido como correspondía a su por ser su amo y creador. Pero como su formación era algo restringida en términos de educación y experiencia, carecía de la capacidad para hacer muchas cosas simples, ya que tanto su experiencia durante su vida mortal, como su función al ser creada, no le daba para otra cosa que no fuera tener capacidad para ser algo más que un juguete sexual viviente y la perra alfa de la manada, hasta que apareciera una de su calibre o mayor.

    Ciertamente podía aprender toda clase de habilidad y el joven descubrió por medio de Samui que añadiendo una gema al anillo y nuevos caracteres, podría ampliar un poco las capacidades que ya había dado, además de que los genios no perdían la capacidad de aprendizaje y él le había enseñado algunas cosas básicas, pero eso llevó tiempo y aunque le gustaba enseñar no quería enseñarle viejos trucos a su nueva genio.

    Aunque aún no estaba tan convencido sobre el tema, el joven decidió ampliar en su momento las cosas, en base a tener una mejor vida, si se hacía de una mansión, por ejemplo, Samui le convenció de hacer del harén, el personal de servicio y si así lo quería y se lanzaba a tener su propia compañía, que su harén manejara las áreas clave de la empresa. Por ello, crearía su séquito de mujeres para cumplir una doble tarea. Cada una de ellas sería responsable de un deber regular y también estaría encargada de garantizar su placer sexual.

    El segundo anillo que había creado estaba destinado a probar su teoría. Si su razonamiento fue el correcto, crearía otra genio que podría complacerlo sexualmente y al mismo tiempo cuidar la casa. Una organizadora, alguien que se aseguraría de que su lugar de vivienda estuviera en orden y que se asegurará que las demás futuras mucamas y demás hicieran de forma diligente su trabajó, no sabía si haría más genios, pero no dolía nada el probar su idea.

    La cuidadosa investigación y el cuestionamiento de Chusai a Samui también lo habían llevado a comprender que, si bien podía convertir a cualquier mujer en lo que necesitaba, funcionaría mejor si la mujer ya tenía habilidad, capacitación o talento en esa área. Su primera Genio había sido una amante de la que nadie se cansaría por su habilidad, y él creyó después de cuestionar más a su esclava que gran parte de eso provenía de sus habilidades como bailarina, stripper y cazafortunas. Ella había luchado contra el cambio al principio, pero lo había abrazado por completo al cabo de un rato. La rubia juró que se alegraba de que él la hubiera esclavizado y convertido en una genio y que disfrutaba del poder que ahora ejercía, la oportunidad de vivir eternamente joven bella y del hecho de que viviría su vida como esclava sexual de un Amo maravilloso.

    Y por último y para su buena suerte, tanto por las anotaciones de Tenji, su experiencia personal y de boca de la propia Samui aprendió que al crear un Genio, este era desvinculado del mundo.

    El apartamento de Samui por ejemplo, estaba vacío y sin posesiones, pese a que ayer estaba ocupado por ella y daba la impresión de que llevaba rato sin rentarse, nadie parecía recordar a la mujer en el edificio y no hablemos de sus redes sociales, ahora inexistentes.

    Eso era un alivio y una carga pesada de llevar, pues sabía el joven que podía actuar impunemente si tenía cuidado, pero también eso quería decir, dado que Samui ahora era incapaz de siquiera recordar su apellido y el nombre de su madre, que podía robar una vida al hacer las cosas.

    Por eso, a menos que fuera muy necesario o que alguien se mereciera estar a su servicio por ser una mala persona, es que se había abstenido de usar el segundo anillo que era el que servía para probar su teoría y estaba solo elaborando el tercero a medias, aunque en honor a la verdad, no tenía muchas ganas de usar ambos en el corto plazo.

    Chusai estaba reflexionando sobre esto cuando sonó el timbre de su puerta

    -¿Quién podría ser? – se preguntó en voz alta el muchacho- Samui asume ropa más normal. Recuerda, eres mi novi y estábamos a punto de irnos para ir a comer si nos preguntan- tomo precauciones el joven mientras dejaba el anillo a medio hacer sobre la mesa y caminaba hacia la puerta. Escuchó un «poof» y miró hacia atrás para ver a su Genio vestida con una camiseta blanca ajustada y pantalones cortos que se estiraban hasta el límite de la tela de lo ajustados que estaban.

    Entonces, el joven miró por su mirilla y vio que se trataba de Tsunami, una joven mujer que se había mudado al antiguo departamento de Samui con su esposo Kaiza debido al trabajo de este en la rama del Banco Gatō en esta nación.

    El joven recordaba haber visto al principio una encantadora pareja joven de recién casados, pero lentamente se había dado cuenta que el tal Kaiza era un abusivo. Y como a veces llegaba a ocurrir, Tsunami actuaba como la clásica esposa maltratada, con todo el numerito: los moretones y las excusas de ellos, que la ama mucho y que la reprende por su bien.

    Una tragedia a nada de pasar en su opinión.

    Y era una lástima, ya que aunque Tsunami no competía con Samui, era una mujer atractiva, aunque no tenía un color de cabello único ni vestía provocativamente, seguía siendo una mujer bastante guapa. Tenía el pelo negro azabache, hasta la los, con un ligero tinte azul y era una cabellera bastante bonita y ojos color ónix. También tenía una piel un poco pálida y Chusai estaba seguro de que se debía a que la obligaba su esposo a hacer dieta por alguna estúpida razón. Además, la joven estaba vestida con una camisa rosa y una falda azul que mostraba una figura bastante modesta pero hermosa. Ella no tenía senos demasiado grandes, pero estaban bien formados y podían ser considerados copa C, bonitas caderas anchas y trasero en forma de durazno. Y por último tener veintitantos años y era una mujer bastante pequeña de 1.57 de estatura.

    -¿Que se te ofrece, Tsunami San?- Preguntó educadamente Chusai sin saber si abrir o no la puerta.

    -Me preguntaba si podía darme los datos de la persona que hizo su departamento a prueba de ruido- pidió la mujer- tenemos vecinos que trabajan hasta tarde y no nos dejan dormir y por lo que he sabido yo y mi marido, recientemente instaló un aislante de ruido bastante eficiente.

    Chusai se sonrojo, debido a que había deseado que su departamento aislará totalmente el ruido, debido a las quejas de sus vecinos por el ruido que había estado haciendo en su «tiempo de Calidad» con la rubia que tenía de esclava.

    Sin embargo, casi de inmediato frunció el ceño, supo de que uno de los vecinos del departamento de abajo llamo a la policía debido al ruido que venía del apartamento de la pareja y que Tsunami alego que ese rudo se debía a qué se había tropezado al buscar sobre el ropero unas cosas, usando una silla inestable como apoyo… no había manera que el ojo morado que lucía ahora fuera causado por ese accidente.

    Y si le pedía el nombre de quién le instalo los aislante de ruido, en su mente y corazón, Chusai sabía que la mujer tras la puerta acabaría muerta en cosa de tiempo.

    -Amo, creo que ella es ideal para probar su teoría- opinó la rubia- independientemente de que no sea un resultado totalmente exitoso, para aliviar su conciencia, piense que le está salvando la vida.

    El ingeniero hizo una mueca al oír eso, ya que no era la única manera. Pero de nuevo, la estadística decía que las cosas estaban en contra de Tsunami, por lo que sabía que iba a tener cargo de conciencia por no ayudarla cuando tuvo una oportunidad.

    Tomando una decisión, abrió la puerta y la invitó a pasar rápido a su hogar en lo que buscaba la «tarjeta» de esa compañía.

    Tsunami pasó a la sala y se sentó a esperar, aparentemente sola, ya que Samui juzgó conveniente dar la ilusión de que ahí solo estaba su amo.

    Y efectivamente, tras agarrar una de sus tarjetas de presentación, recogió el segundo anillo que fabricó y lo colocó de tal forma que la tarjeta lo ocultaba de la vista.

    – Perdón por la tardanza- se excusó Chusai- pero no encontraba la tarjeta.

    -No no hay de que- negó apenada Tsunami que extendió su mano para recibir la información que Kaiza le pidió por teléfono conseguir.

    Lo primero que la mano de Tsunami tocó fue la joya y se quedó paralizada de inmediato, retirando su tarjeta, Chusai cerró las manos sobre su la palma de la joven que sostenía el anillo y habló en voz alta.

    -Como hacedor de este anillo y abridor de la puerta, te nombró la guardiana de la puerta. Tsunami, te ato en corazón, alma y cuerpo a este anillo mientras exista. Tú controlas su poder, quien quiera que lo controle, te controla. Estás atado como la genio de este anillo, ¡así que repite el juramento ante el fabricante de este anillo- recito nuevamente el hechizo.

    La joya parpadeó y los ojos de Tsunami brillaron, dándole una mirada…. Esperanzada…

    -Yo, Tsunami, estoy ligada a este anillo como su genio. Juro por mi alma que serviré a quien posea el anillo como mi amo hasta que sea liberada de su servicio por su fallecimiento o un nuevo amo me tome.

    Chusai pinchó el dedo de Tsunami y antes de presionar su sangre sobre la joya, habló de nuevo, ya que quería ver si su teoría era verdad.

    -Te nombro el ama de llaves de mi casa y esclava de mi harén. Servirás a tu Amo en ambos aspectos al máximo de tus habilidades.

    -Soy el ama de llaves de su casa y una esclava de este harén. Serviré a mi Amo en ambos aspectos con todo lo que pueda- respondió la peliazul.

    Chusai presionó la sangre sobre la joya y como en la ocasión anterior, Tsunami se fundió con el humo y entró al anillo Cuando su rostro comenzó a disiparse, sonrió con asombro y susurró: -¡Oh, Dios mío! ¡Qué maravilloso!

    El joven miró la nueva adición y sonrió. Sin una palabra, tomó el anillo y lo frotó. Una nube de humo salió de la punta y se materializó frente a él.

    Chusai quería ver si podía además de dar una función más especial a la nueva genio, modificar su aspecto físico un poco más a voluntad y por ello sonrió satisfecho cuando la Genio apareció frente a él. Su cabello ahora era azul claro que a diferencia que antes llegaba a sus hombros, ahora caía por debajo de ellos en espesos rizos, sus ojos eran de un hermoso color verde esmeralda y su piel antes pálida, lucía un bonito bronceado dorado e impecable. Sus perfectas tetas de 36 EE, vaya que eran significativamente más grandes que su par original y su culo redondeado apenas estaban ocultos en un traje de danza del vientre de seda transparente de encaje púrpura con monedas de oro reales colgando de su cintura, un piercing en el ombligo con un diamante en él, aretes de aro de oro, brazaletes de oro gruesos y tobilleras de oro en sus hermosos pies descalzos. Un velo púrpura transparente cubría su rostro debajo de sus ojos, vestía un pareo de seda púrpura, una tanga azul a juego y dos anillos de oro estaban adornando sus areolas, uniéndose ambos anillos por una cadena del mismo material. Y como toque adicional, paso de su modesto 1.57 metros de estatura a un cómodo 1.70 metros.

    La nueva Genio juntó las manos y se inclinó ante su nuevo amo:

    -Soy Tsunami, Genio del anillo, y tu humilde y leal sirvienta. Te concederé todos tus deseos, siempre que esté en mi poder y te serviré después en cualquier función que pueda serte útil, hasta que me liberes de tu servicio.

    Chusai asintió con la cabeza hacia Samui que se volvió a poner su ropa habitual y a aparecer frente a su nueva hermana. Tsunami miró a su compañera de Harén e hizo una reverencia a Samui como muestra de respeto.

    -Pediré algún deseo más tarde. Primero, como tu Maestro, te ordeno que siempre me respondas con sinceridad y no retenga nada que se relacione con mis preguntas, y que obedezcas mis órdenes sin cuestionar. ¿Entiendes Tsunami? – preguntó Chusai.

    -Entiendo amo y obedeceré- respondió la nueva genio con una gran sonrisa y volvió a inclinarse en señal de respeto.

    -Tsumai del segundo anillo, esta es mi otra sirvienta y tú superior en rango, Samui y es la segunda al mando después de mí. Cualquier orden de ella debe ser obedecida sin cuestionar, a menos que vaya en contra de mi guía. Ella es la jefa del harén y solo responde por sus acciones, a mi. Pero también te doy un cargo y ese es que tú eres la cabeza de mi hogar. El trabajo doméstico sé tu reino y controlarás el funcionamiento diario de mi hogar. Esto incluye cocinar, limpiar, organizar, y tienes el deber de vigilar, proteger y limpiar mi colección de cosas. Esto incluirá los anillos de mis sirvientas y esclavas. Solo puedes tocarlos para limpiarlos y protegerlos. Solo tú tendrás este poder ¿Lo entiendes?

    La Nueva Genio se puso de rodillas y se inclinó con las manos delante de la cabeza antes de responder:

    -Amo, me honra con esos cargos. ¡Obedeceré y moriré antes de fallar en ellos! Eso lo jura Tsunami del segundo anillo.

    Chusai y Samui asintieron de acuerdo con las palabras de la genio y deseando saciar su curiosidad, le preguntó a su nueva adquisición:

    -Siéntate Tsunami. Tengo algunas preguntas sobre ti.- inició su planteamiento Chusai- Justo antes de que el anillo te llevara, dijiste «¡Oh Dios! ¡Qué maravilloso!»- le recordó sus palabras- ¿Qué quisiste decir con eso?

    -Amo, en el fondo del alma de la mujer mortal que fui, había un deseo oculto que había existido desde que era niña. Siempre había esperado que la magia allí fuera real, y había soñado con encontrarla algún día. También había soñado con ser como algunas de las mujer de las historias de fantasía que eran sabias y astutas, capaces de manipular a un gran Señor para que cambiara sus costumbres, o ser una de las damas que eran arrastradas por un apuesto príncipe o mago para ser violada en un palacio. Cuando el humo me tomó y transformó en lo que soy ahora, me di cuenta de que mi fantasía más profunda se había hecho realidad y mis últimos momentos de mortalidad estaban llenos de alegría absoluta. No solo eso, sino que además eres el caballero de brillante armadura que la salvó de un destino cruel que en el fondo sabía que le esperaba y la has dejaron conservar sus conocimientos en cocina y demás funciones del hogar que domina para poder complacer a su héroe y le ha dado un cuerpo que muchas mujeres envidiarían. ¡Has creado, Maestro, una genio muy feliz!

    Chusai sonrió apenado por los halagos de su esclava mientras Samui se limitó a asentir con la cabeza mientras escuchaba, ya que eso servía bien a su amo, para aliviar la culpa que sentía.

    -Samui, creo que es hora de mostrarle a mi nueva esclava sus deberes como miembro del harén. Al dormitorio.

    La rubia tetona chasqueó los dedos y su amo ahora estaba sentado con una bata de seda en el la orilla de la enorme cama, sus genios estaban justo frente a él.

    Tomando por primera vez su segunda función en práctica, Samui con voz autoritaria ordenó:

    -Adelante hermana, muéstrame como piensas complacer al amo en la cama.

    La peliazul se pavoneó hacia adelante, se sentó en el regazo de su amo y lo besó apasionadamente. Él le devolvió el beso con igual pasión. Las manos de Tsunami abrieron su bata y frotaron todo su cuerpo, tocando y acariciando, cada rincón de el. Chusai le quitó suavemente la ropa de seda y escuchó con satisfacción, el tintineo de las monedas cuando sus prendas cayeron al suelo.

    La nueva esclava giró y lo montó de vaquera en la orilla de la enorme cama redonda. El miembro de su amo, duro como una roca se deslizó fácilmente en su suave y húmedo coño y ella gimió de placer. Entonces suavemente y lentamente bombeó hacia arriba y hacia abajo sobre él manteniendo un ritmo constante mientras lo besaba profundamente. La resistencia de Chusai había aumentado desde la primera vez que estuvo con Samui y duró mucho más. Bombeó en su última creación y, al igual que Samui, el coño de Tsunami parecía hecho a medida para él. Estaba apretado, pero suave y le dio la cantidad justa de resistencia a su polla. Gradualmente aumentó su ritmo y la ojiverde gimió y se movió hacia arriba y hacia abajo.

    Con una sonrisa resplandeciente, se apartó de su Maestro y tomó su mano. Ella lo llevó hasta el medio de la cama y se volvió para sonreír con picardía mientras movía su trasero de forma sugerente para él. Atendiendo a su muda súplica, Chusai la tomó por detrás. Él fue más contundente esta vez, golpeando su firme trasero y haciéndola jadear, y luego embistiéndola con fuerza. Le dio un fuerte apretón a su culo antes de darle una nalgada, haciéndo que Tsunami suelte un grito de dolor mezclado con placer, jadeaba y gemía, mezclándose sus gemidos con los de Samui que flotando en el aire, se masturba, frotando suavemente su clítoris con una mano y retorciendo sus pezones con otro par de manos más que conjuró para su deleite, ya que había el hecho de ver a su amo dominando a una nueva esclava la había puesto muy cachonda

    Y mientras eso pasaba, Chusai estaba jadeando mientras se retiraba de Tsunami tras haber follado con ella por casi una media hora y luego de liberar toda su carga en ella.

    De súbito sintió la delicada mano de Samui en su hombro y al volver hacia ella, la rubia le dijo con su voz más sexy:

    -Maestro, como jefa de su harén, debo asegurarme de que esté completamente satisfecho. Inclínese hacia atrás y déjeme asegurarme de que está completamente atendido.

    El joven le sonrió y simplemente dijo -Continúa esclava.

    La rubia lo recostó nuevamente y comenzó a lamerle su polla hasta dejarla limpio. Trabajó con cuidado, lentamente, y no perdió una sola gota de semen mezclado con la corrida de Tsunami que se movió detrás de él y apoyó su cabeza en su regazo y le frotó las sienes mientras lo arrullaba de forma maternal

    -Relájate amo, permite que tus esclavos aseguren tu placer. No pienses, no te preocupes, relájate y disfruta de los placeres de la carne y los encantos de las mujeres.

    Chusai nuevamente sonrió y dejó escapar un suspiro de satisfacción cuando Samui termino de limpiar su polla y se quedó dormido debido a que Tsunami lo seguía arrullando.

    Samui agitó las manos y Chusai estaba nuevamente limpio y en la cama.

    Samui miro con satisfacción a Tsunami y le dió un merecido cumplido

    -Lo hiciste bien para ser la primera vez.- admitió, pero agrego de todos modos- recuerda que tú única razón para existir es cumplir las órdenes del Maestro y asegurar su placer.

    La peliazul hizo una reverencia y respondió:

    -Por supuesto, hermana. Existo para servir y lo haré lo mejor que pueda.

    Sonriendo y tomando en cuenta un detalle que no escapó de la atención de Samui, ella uso su magia y conjuro una burbuja alisante de sonido y dio su primera orden como parte del harén.

    -Como el amo te uso y yo sigo cachonda, lo menos que puedes hacer es darme placer, Tsunami del segundo anillo, veamos si estás a la altura de darme placer.

    Un parámetro que los anillos tenían, era quitar cualquier restricción o tabú en el área sexual de las esclavas, ahora todas eran bisexuales, no encontrando problemas en darse placer entre ellas, si si amo no estaba disponible, en orgías y demás con él. Y dado que Tsunami aún no tenía su albedrío casi total, no le quedaba otra que obedecer como una hermosa muñeca sexual viviente. Valía la pena estar al servicio de Chusai en opinión de la genio rubia, pero esto hacía que valga más.

    Después de varias horas de descanso, el joven salió a su sala de estar con una bata de seda, dónde las genios ya lo esperaban, no dejando pistas de lo que habían estado haciendo hace algunas horas.

    -Tsunami del segundo anillo, tengo mis dos primeros deseos para tí. Deseo que tengas tu antigua personalidad, manteniendo las leyes y restricciones que tú nueva naturaleza. Mi segundo deseo es un lugar para guardar los anillos para mantenerlos, sanos y salvos contra robos, incendios o daños, accesibles sólo para mí y para tí, la ama de llaves de mi hogar.

    -Asi se hará amo- asintió de acuerdo la Genio, que al recuperar su personalidad, sonrió como niña, al imaginar las diversas aventuras que tendría con su guapo y gallardo amo.

    Sabía que La conciencia colectiva estaba comenzado a ver con interés a Chusai y Tsunami no tenía duda que lo estaba haciendo para bien. Ya que a ese ente solo le impulsaba su sentido de autoconservación, cabía la posibilidad que ella misma torciera alguna que otra ley en favor de su amo.

    Bueno, soñar no cuesta nada y de momento, ella se divertirá mientras esto dure.

    Y corte.

  • Pijamada con mi prima

    Pijamada con mi prima

    Yo soy Julieta y tengo 21 años, mido 1.60 con bubis grandes y de culo mediano, mi prima Yarel de 20 años mide 1.50, bubis pequeñas, pero culo grande. Seguido hacíamos pijamadas, pero eran tan normales como jugar con barbies y ver películas, pero en la última pijamada que tuvimos las cosas fueron muy diferentes.

    Estábamos en mi cuarto, acostadas en la cama, platicando sobre nuestras vidas amorosas y teníamos música de fondo; ambas ya teníamos la pijama puesta: short de licra con una blusa holgada y sin bra. La cosa estaba muy aburrida sinceramente, hasta que Yarel me propuso jugar a la botella (si no la conocen, es un juego de verdad o reto) yo no estaba muy convencida, me daba flojera pero acepté con la condición de que solo fueran verdades y ella dijo que si. Comenzamos con cosas tontas como «¿Quién te gusta?» y cosas por el estilo, hasta que Yarel me dijo:

    Y: Solo verdades está muy aburrido, ya hay que hacer retos.

    J: Bueno, pero no quiero correr ni nada de eso…

    Y: dale, el primer reto será que me dejes dibujarte una carita feliz en la bubi.

    La verdad me sorprendí, pero riéndome le dije que si, y me levante la blusa tapando mi pezón con la mano y la deje que hiciera la carita feliz. Me tocaba a mi, como se me ocurría nada solo dije:

    J: te reto a que te pongas bajo la regadera por 10 segundos con todo y ropa.

    Y: jajaja pero voy a terminar mojada.

    J: ni modo, fuiste tú quien propuso el juego.

    Dentro de mi cuarto tengo un baño, así que entro y dejó la puerta abierta y abrió la llave para dejar caer el agua sobre ella, conté los 10 segundos y ella terminó con la blusa holgada mojada y se le marcaron los pezones, pero no hice ningún comentario al respecto.

    Y: -entre risas- me voy a cobrar!

    J: ya dale, ponme el reto.

    Y: te reto a que me dibujes una cara feliz en mi bubi.

    J: jaja bueno, dame la pluma.

    Yarel se subió la blusa mojada sin taparse los pezones, así que pude ver que los tenía duros, estaban mojados y empecé a ver la situación de otra manera, un poco mas caliente. Así que me acerque y le roce el pezón «accidentalmente» y le dibuje la carita feliz. Me tocaba elegir un reto.

    J: listo, me toca y te reto a quitarte la blusa, igual esta mojada.

    Yarel se la quitó sin ningún problema y dejó a mi vista sus pechos aún húmedos y con los pezones muy duros. Era su turno.

    Y: quiero que le dejes besarte la lengua.

    J: -con asombro- hmm está bien.

    Me acerque y solo saque la lengua seguido a eso Yarel se acercó y comenzó a besarme. Cuando se detuvo se levantó de la cama y apagó la luz, el cuarto quedó iluminado solo con la laptop que seguía reproduciendo música. Y me dijo:

    Y: te toca ponerme un reto.

    Ya sin pensarlo mucho y con ls situación un poco más caliente le dije:

    J: déjame lamerte los pezones.

    Ella se acomodó y me arrimo sus bubis, yo me acerca y empecé a chuparle los pezones, primero y como nunca había hecho algo así, comencé a darle pasadas con la lengua y ella comenzó a soltar gemidos, lo que sinceramente me calentó.

    Con una mano le apretaba el otro pecho, mientras recorría su pezón de manera circular con mi lengua y acto seguido se lo succionaba.

    Y: me toca elegir un reto y quiero que me bailes sexy todo lo que dure la siguiente canción.

    Me levante de la cama para que ella se acomode sentada al borde del colchón con las piernas un poco abiertas. Me puse dándole la espalda y comencé con los intentos de un baile sexy jaja.

    Yarel comenzó a tocarme las nalgas, las apretaba y pegaba su cara en mi culo, yo tomaba sus manos y las ponía sobre mis bubis que ella apretaba mientras seguía soltando gemidos. Me jalo de la cadera para sentarme sobre sus piernas dándole aún la espalda y me quitó la blusa para poder tocar mejor mis bubis y besarme el cuello.

    Me levante y me puse frente a ella arrimándole las bubis a la cara, las beso y me chupo los pezones, se levantó de la cama y me hizo sentarme, para darme la espalda y bajarse el short de licra quedando en puro calzón, se sentó en mi pierna para comenzar a frotarse en ella y besarme. Al sentir su calzón tan mojado me calenté mucho, la quite de mi pierna para decirle que se acueste, en cuanto se acostó me abrió las piernas para invitarme, así que me acerqué y primero le pasé los dedos sobre el calzón, haciendo un poco más presión en su clítoris, ella seguía gimiendo y apretando sus bubis.

    Yo me acerque para besarle las piernas y llegar a su vagina, que estaba muy caliente y húmeda, le di pasones con la lengua sobre el calzón, para después quitárselo y ver que la tenía depilada y muy mojada, me fui directo a lamerle el clítoris, lo chupaba y se lo succionaba mientras le metía un dedo. Ella gemía mucho mientras me decía que le encantaba como le chupaba la vagina.

    Me quitó de ahí abajo y me quitó mi short junto con el calzón y me puso a gatas, yo levante bien mi culote para que lo chupara y me tocara todo, TODO!

    Me agarro las nalgas y metió su cara en ellas, con su lengua comenzó a chuparme el culo y meterme los dedos por la vagina, la quite para ponerme boca arriba y ella empezó a chuparme el clítoris y se sentía tan bien su lengua caliente en mi clítoris, le dije que ahora se acostara ella porque me sentía tan caliente que quería que terminará, le puse mi culo en la cara para chuparnos al mismo tiempo y así fue, ella me chupaba el clítoris y yo a ella, se lo succionaba y pasaba mi lengua en círculos al rededor hasta que sentí como le salió un chorro de la vagina junto con un gemido fuerte, lo que me indicó que había tenido su orgasmo…

    Gracias por leer, es mi primer relato y dime que te pareció.

  • Probando por primera vez la leche de mi suegro

    Probando por primera vez la leche de mi suegro

    ¿Recuerdan que les conté que una de las cosas que me dijo mi novio después de nuestro último encuentro fue que la próxima vez me daría toda su leche dentro de mi boca?, pues ese encuentro acaba de suceder. Les escribo desde mi casa, me acaban de coger y de dar lechita. Estoy desnuda, sola y todavía muy cachonda.

    La idea estuvo todo en tiempo en mi cabeza desde aquella vez, tanto que incluso anoche soñé que pasaba.

    Primero les platicaré el sueño: Antes de cogerme, él me desvestía y de la nada yo tenía unas enormes y hermosas tetas que me hacían lucir muy femenina. Él las acariciaba, las chupaba y jugaba con ellas, y a pesar de no saber de dónde habían salido, yo disfrutaba de hacer feliz a mi hombre. Me ponía a chupárselo en cuclillas frente a él, y yo ponía su pene en medio de mis tetas para poder chupar sólo la punta. Él se venía parte en mi boca y parte en mis tetas. Ese sueño hizo que me despertara a reventar de duro y con la necesidad de acariciarme hasta hacerme venir para poder volver a dormir.

    Hoy por la mañana amanecí con las hormonas vueltas locas y unas ganas de verga que no podía esperar para encontrarme con mi novio-suegro. El día se me hizo eterno y al llegar a casa corrí al clóset para ponerme la tanga más pequeña que encontré, una de esas que no dejan nada a la imaginación y le envié una foto diciéndole que estaba ansiosa por sentirlo dentro de mí. Él me escribió que estaba en camino a mi casa, con la verga bien dura y con ganas de hacerme gemir de placer, y así pasó. Unas horas más tarde estaba tocando a mi puerta. Lo recibí con una bata y unos tacones y en cuanto cerró me arrojé con todo a desvestirlo y besarlo como una loca.

    Ya es común que comencemos así; primero nos besamos, lo voy calentando mientras me bajo y le doy unas lamidas a su pene antes de metérmelo por completo en la boca y empezar a mamarlo como si fuera un biberón. Mientras lo hago él agarra mis nalgas y las separa para acariciarme despacito el ano, luego le escupe y mete su dedo despacio pero profundo. Le pregunté si quería terminar de una vez y me dijo que no, que estaba ahí para metérmela en el culo. Me puso de espaldas a él y me la dejó ir hasta el fondo.

    Siempre que me está cogiendo, me excita mucho la idea de pensar en lo que estamos haciendo: que él está engañando a su esposa y yo a mi novia que es también su hija. Que le he dado mejor sexo que su esposa en muchos años y que poco a poco somos más cercanos e íntimos. Siempre que tengo su verga dentro me gusta portarme muy sumisa y obediente. Me gusta sentirme sometida y que él me diga todo lo quiere que le haga o dejarle hacer lo quiera con mi cuerpo. Me siento suya. Me pidió que me volteara boca arriba y viéndolo a la cara le platiqué a detalle mi sueño; lo de mis tetas enormes y cómo él las disfrutaba y se las comía y él me pidió que no dejara de contarle hasta casi a punto de terminar. Entonces me la sacó y por su expresión pude deducir que no le faltaba mucho, entonces lo acosté y en menos de tres mamadas de mis labios, sentí una explosión caliente dentro de mi boca. Me atragantó de semen y en ese momento no supe qué hacer, si escupirlo o tragarlo, entonces saqué su pene de mi boca y jugué un poco con su leche en mi lengua antes de tragarlo.

    «Qué rica lechita, mi amor» le dije, y después le di un par de chupadas más a su verga antes que se pusiera completamente blanda. Él me preguntó si me había gustado y le respondí que sí, que me enloquecía que terminara en donde él quisiera hacerlo, ya sea en mi boca, en mi cuerpo o dentro de mí.

    Después de eso, se duchó y acaba de partir a su casa…

    Es extraño el rumbo que toman las cosas. Hace unos meses no pensé que volvería a sacar del clóset a mi versión femenina y sumisa, para tener sexo frecuente con un hombre maduro, quien además es padre de una mujer con la que tengo una relación, y menos que ese hombre me hiciera sentir tantas cosas que siento en este momento.

    Así concluyo este relato por hoy. Espero que lo hayan disfrutado y les contaré el siguiente, porque es seguro que seguiremos cogiendo en secreto.

  • Entre cactus y pavimento

    Entre cactus y pavimento

    Día martes, pasado el mediodía. El calor del desierto se refleja en el pavimento, impávido e inclemente se deja caer sobre la esforzada vegetación que habita en este paisaje. No se ven animales, están todos escondidos en sus sombrías madrigueras esperando que sol baje, parece sensato.

    El jazz, el aire acondicionado y el despampanante entorno se contraponen con el rugido de mi estómago. Ya son 6 horas seguidas manejando por este hipnótico camino que siempre logra enamorarme y hacerme desear más y más kilómetros como si algo fuese a pasar más adelante. Veo la hora y vuelvo a conectarme con mi ser terrenal, es hora de parar.

    Un poco más adelante está la picada donde siempre almuerzo, es una carta infalible y ya saben lo que voy a pedir. Sigo avanzando con la mente en blanco, solo esperando llegar, cuando de pronto un fuerte estruendo es acompañado de un duro golpeteo en el volante. La camioneta se me arranca hacia la izquierda, pero logro controlarla y llevarla a la berma. No sé si me afectó más la impresión del pinchazo o la frustración de no llegar a mi ansiado destino, pero el punto es que ahora son dos los asuntos urgentes que atender.

    Puedo ver que a unos doscientos cincuenta metros, alejándome de la autopista, hay un caserío bajo la sombra de un viejo pimiento, sin pensarlo dos veces emprendo mi caminata con la seguridad de que alguien podrá echarme una mano. Poco a poco voy notando en detalle esta antigua casa de adobe, con tejas coloniales y cortinas en vez de puertas. Es como si de un minuto a otro el tiempo empezara a girar a otro ritmo y todos mis recursos se volvieran obsoletos. Acá estoy, cara a cara con el verdadero desierto, donde las almas se vuelven frágiles ante la inmensidad.

    Tengo cierta reticencia de llamar, pero realmente no tengo alternativa y emito un tímido silbido. En ese instante una mujer mayor me dice desde la ventana; “la suerte que ha tenido, joven”. Mi cara de sorpresa la hace continuar; “pase no más, que bien acalorado y hambriento debe estar”.

    Sin decir nada, crucé el umbral del grueso dintel de madera de donde colgaban las cortinas, la sensación de frescura era sobrecogedora en el interior de la casa y solo atiné a alabar la belleza de este lugar. La señora era de pocas palabras, pero amablemente me invitó a su cocina a tomar asiento y me ofreció un vaso de agua y algo de comer. Le conté lo que me había pasado, del pinchazo y como fui a parar a su casa, en eso veo de reojo una figura moverse en el pasillo.

    Un vestido corto, de tono claro, dejaba ver dos piernas fuertes y bien formadas. Las caderas y las nalgas se dibujaban nítidamente en el algodón. Tuve que acelerar mi mirada hacia arriba porque pensé que era evidente la desfiguración de mi rostro al verla, ahí cruzamos miradas nerviosas.

    Por suerte la señora no me estaba mirando en ese instante y pude seguir la conversación con total normalidad. Ella me dijo que tenía que ir al pueblo a buscar un encargo y que podría ayudarme a encontrar alguien que llevara la rueda a reparar. Le dije que podía esperarla en la camioneta, pero me insistió que me quedara, que cualquier cosa que necesitara se la pidiera a su sobrina que estaba pasando unos días con ella. Se lo agradecí enormemente, pero no hubo caso que ella accediera a recibir ningún tipo de retribución y así se fue en dirección al pueblo.

    Siempre he encontrado sumamente excitantes las horas después de almuerzo. Es como si la sangre abandonara el cerebro y se dejara caer tibia en las zonas erógenas, provocando casi alucinaciones sexuales. Me hace pensar que el invento de la siesta ibérica siempre fue una mera excusa para ir a atender este deseo que emerge, sobretodo en climas templados.

    En ese estado me encontraba cuando la volví a ver. Llegó con un evidente sobre-desinterés a ordenar unas cosas que se encontraban cerca de mí, su actitud infantil contrastaba con la mujer resuelta que parecía ser. Pude seguir mirándola con cierto disimulo, la suave tela de cebolla de su vestido era muy generosa, sumado a que no usaba sostén. La libertad de sus pechos evidenciaba que estos ya habían alimentado descendencia, ya habían cumplido su tarea mundana y que jubilosos se habían entregado al goce propio (y mío, por cierto). En eso, mirando por la ventana, llevó sus manos a su suelto pelo y lo amarró en un certero movimiento. Sus hombros perfectamente dibujados y su cuello espigado descansaban sobre su estructura más fornida de mujer trabajadora.

    Finalmente tuve el valor para hablarle; “así que andas de paso…”

    “igual que tu no?”, me responde desafiante.

    Quise subir una ficha y le digo, “al final todos lo estamos.”

    Me miró con cara de suspicacia y ahí pude ver un tono grisáceo que se escondía en el café de sus ojos. Nos sonreímos, pero simultáneamente distinguí una cierta nostalgia.

    Seguimos en este tira y afloja, provocando, molestando, pero a la vez entregando. Volvió a soltar su pelo y una tira de su vestido se dejó caer por su hombro, dejando al descubierto todo el recorrido desde su mentón hasta su pecho donde conecta con su costado en dirección a la espalda.

    La miraba con un deseo que solo iba en aumento, la luz y calor del desierto se sentían en la ventana, pero la sequedad del aire refrescaba en la sombría casa.

    Se levantó a tomar agua, al girar pude ver como su calzón se dibujaba en el vestido, así como la línea de su espalda. A esa altura, luego de un café, iba sintiendo como cada pulsación recorría mis testículos y mi pene, subiendo su temperatura y aumentando su peso y tamaño.

    Tras tomarse el agua nos miramos unos segundos, como reconociéndonos mutuamente lo que estaba pasando. Luego, el de la jugada infantil fui yo; “¿porque no me haces un tour por la casa?” Me sonrió incrédula y accedió.

    La casa era más bien pequeña y rápidamente llegamos a su pieza. Su cama era antigua, de fierro y tenía una ventana sobre el respaldo. Los muros eran revocados con tierra y las grietas le daban un carácter mítico. Le pregunté si el colchón era de esos duros antiguos y me dijo que me sentara, obviamente lo hice. Acto seguido estábamos los dos sentados en sobre su cama.

    Mi corazón empezó a latir con fuerza, ante la inminencia de lo que estaba por pasar. Nos miramos nerviosos, como en el primer acercamiento que tuvimos un par de horas atrás. Le toque la mano y luego seguí con su brazo, por la parte trasera. Le volví a bajar el tirante de su vestido para acariciar su hombro, me acerqué y empecé a besar ese cuello que me tenía totalmente cautivado. Su respiración se empezó a agitar rápidamente hasta que rompió su quietud y con fuerza me tomó la cabeza y nos empezamos a besar. Se rompió completamente la tensión entre nosotros, como si este fuera el estado natural y todo lo anterior una mera interpretación.

    Le seguí besando el cuello, mientras mis manos empezaban a confirmar lo bien formado que tenía su cuerpo. La acosté en la cama y la di vuelta, para besar su nuca y espalda, luego comencé a frotar mi pene entre sus nalgas para que sintiera la gran erección que estaba teniendo. Con su mano me agarró el pene por sobre el pantalón, estaba tan excitada que su respiración se comenzó a transformar en gemidos y eso que aun teníamos nuestra ropa puesta.

    Me levanté rápidamente para sacarme los bototos, ella sentada me soltó el cinturón para seguir con el pantalón. Agarró mi pene y sacando toda su lengua la empezó a recorrer por él, desde la base hasta la cabeza, con total convicción y soltura. Su genuino goce me excitaba enormemente.

    Le tomé las manos y la levanté, para luego agarrar sus nalgas con fuerza. Le saqué el vestido y empecé a besar sus pechos mientras se los masajeaba con una intensidad que solo iba en aumento.

    Nos acostamos de costado y volvimos a los besos, ahí empezaron a aparecer más miradas, palabras y matices en el desenfreno. Volvió a aparecer la nostalgia mezclada con la risa, el juego infantil y la ilusión del enamoramiento. Ella estaba en calzones y yo solo con una incansable erección con la que podía sentir el calor y la humedad que emanaba entre sus piernas.

    Volví a sus pechos, que sin ser grandes tenían gran presencia. Por el costado de estos podía sentir su piel erizada, desde ahí seguí bajando hasta llegar al hueso de su cadera. Le saqué suavemente el calzón que se encontraba empapado a esa altura y sentí el olor de sus fluidos. Ella empezó a tocarse, yo la acompañé recorriendo mi nariz por su cuerpo, pero dejando que ella se conectara con su propio placer. No hay nada que me caliente más que una mujer transpirando de excitación.

    Recorrí sus muslos y por la parte interior fui subiendo con besos hasta llegar su clítoris que se le podían sentir las pulsaciones. Con la punta de la lengua lo fui lentamente amasando, mientras la respiración de ella iba intensificándose cada vez más. Los gemidos fueron transformándose en gritos, las sabanas estaban empapadas, mi movimiento suave se transformó en un verdadero canibalismo. Le metí la lengua lo más profundo que pude y dentro la movía intensamente buscando sus paredes vaginales, mientras extendía mis manos para agarrar sus tetas que estaban durísimas en ese punto. La di vuelta y le levanté el trasero, así fui alternando la estimulación entre vagina y ano.

    En esa posición, con ella afirmada del respaldo de cama, la empecé a penetrar lentamente, de manera que sintiera cada centímetro de mi pene entrando y saliendo. Estuvimos así unos instantes y luego nos pusimos de frente, yo sobre ella. Era tal el grado de excitación que sabíamos que iba quedando poco, así que nos miramos para luego abrazarnos. Así fui penetrándola, pasando mi brazo por su espalda y tomando su hombro para atraerla hacia mí.

    Aumentando la intensidad y velocidad, vocalizando e incluso con algún garabato para sostener la tensión mientras mi pene se llenaba de sangre dentro de ella alcanzando un gran tamaño y textura. Finalmente, entre gritos se fundieron todos nuestros fluidos y nos miramos tan vulnerables, tan distintos a como nos vimos nerviosamente hace un par de horas atrás.

  • La revancha (02): Probando a las hembras

    La revancha (02): Probando a las hembras

    A la mañana siguiente,  retozas en la cama, medio adormecida recuerdas la noche que hemos pasado, te encanta pensar en cuando limpié tus heridas, cuando masajeé con aceite balsámico cada centímetro de tu cuerpo, acaricias tu piel empapada de mí, recuerdas mi boca besando y mordiendo tus pezones, mis manos jugando en tu entrepierna, solo por un instante el dolor de los latigazos de Nuria te recordó tu condición de esclava, pero el placer que sentías superaba cualquier sufrimiento. Golosa te enroscaste entre mis piernas, engullendo mi verga hasta el fondo de tu garganta, mientras yo acariciaba tus cabellos, eres mi perrita traviesa y marrana, pero ayer preferí tus pechos, de rodillas sobre tu vientre empecé a mover mi verga entre tus tetas azotadas, y tu estrujándolas, la envolviste con ellas, te movías, gruñías, deslizabas tus ubres, mientras esperabas ansiosa mi corrida, levantas la cara, abres la boca, sacas la lengua, esperas, deseas este chorro blanco, espeso y caliente que baña tus labios, moja tus mejillas, tu nariz, toda tu cara y tu cuello. Me miras sensual y caliente, relamiéndote, buscando con tu lengua, cualquier resto de mi placer, orgullosa y satisfecha de que siga eligiéndote para desahogar mi placer en ti.

    Sigues retozando en la cama, no quieres levantarte, no quiere volver a la realidad, miras el reloj, son casi las 12, suspiras y sales de la habitación, no encuentras ni tu ropa, ni tus sandalias, vienes desnuda al comedor, sentado en el sofá te sonrió, Nuria te saluda desde la cocina, nerviosa, sabes que algo te espera. Te digo que te pongas de rodillas, vamos a explicarte las condiciones de tu doma, antes te recuerdo que en cualquier momento, lugar o situación siempre está la palabra mágica que si pronuncias 3 veces seguidas terminará con todo, y te volverá a convertir en la discreta y atenta esposa que has sido durante estos años. Nuria te dice que la digas, es importante que la recuerdes, tú con voz clara repites 3 veces la palabra “vainilla”. A partir de ahora si la vuelves a pronunciar, todo se termina, Asientes con la cabeza. Noto tus nervios, empiezas a sudar, mientras esperas inquieta nuestras condiciones.

    Primera condición; Excepto para ir a trabajar, siempre iras desnuda, vecinos, amigos, repartidores… ya se irán acostumbrando a verte en cueros. Tragas saliva y aceptas. Segunda; Dormirás en el patio, junto a uno de los arboles donde hemos puesto una argolla, tendrás unos dos metros de cuerda, pero no podrás llegar ni a la casa, ni al cobertizo. Tercero, cada mañana, antes de ir a la universidad, Nuria te lavará con la manguera, un cubo de agua, y un par de estropajos, luego te dejara una toalla y la ropa y soltará tu correa. Asientes con la cabeza, Cuarto, al salir del trabajo te esperaré yo, te llevare a hacer ejercicio, a endurecer tus patas y a recordarte que solo eres una potranca a medio domar. No te atreves ni a preguntar cómo lo haré. Quinto, comerás, mearas y cagaras siempre delante de nosotros una par de veces al día, pero si te portas bien, tal vez te dejemos roer los restos de nuestra comida. Habrá más normas, pero estas son las principales. Te decimos si quieres preguntar algo, y mirando al suelo nos pides si puedes correrte, sonrió y te pregunto ¿ahora? sonrojada mueves la cabeza diciendo que sí. El miedo, la humillación, la vergüenza de imaginar lo que te espera, te han puesto tan caliente que eres incapaz de contenerte ni un minuto más. Nuria va a la cocina y te tira un plátano de tamaño considerable, lo coges y lo metes en tu agujero, tus piernas se aferran a él. Y entre gruñidos y gemidos te corres como la perra que te encanta ser.

    Han pasado unos días, y poco a poco vas acostumbrándote a tu nueva vida. Son las dos de la mañana, y estoy dando vueltas en la cama, Nuria se ha traído un amigo, la oigo berrear y jadear en su habitación, sin duda su amigo la está montando a conciencia, la niña disfruta de valiente y le encanta que todos la oigamos, de pronto deja de gritar, solo ruidos guturales, sin duda ahora es su boca la que engulle el placer de una buena verga. Cada vez estoy más excitado, miro por la ventana y te veo dormir plácidamente sobre un trozo de hierba. Bajo hasta donde estás y me agacho junto a ti, tienes la boca entreabierta, tu mano descansa en tu entrepierna, tus pechos se mueven al compás de tú respiración y una sonrisa en tus labios me hace pensar en tus sueños oscuros y mojados. Empiezo a acariciar tus mejillas, gruñes suavemente, te mueves, abres tus piernas, separas tus brazos, solo la correa de tu cuello te impide moverte más, lentamente voy acariciando tus pechos, noto como se endurecen tus pezones, tus manos entran dentro de ti, entreabres los ojos, me ves y sonríes, abres la boca y suspiras, me tumbo sobre ti y paseo mi lengua por tus labios, sientes mi peso sobre tu cuerpo, abrazada a mí, sigues sin saber si soy real o es solo parte de tu sueño, suavemente me preguntas que pasa, y te digo que Nuria está follando como una loca, y me apetece hacer lo mismo contigo, tus brazos me aprietan contra tu cuerpo, me suplicas que te folle, que te penetre, que te empale hasta el fondo de tu coño, te arqueas, levantas tu culo, mientras gimes al notar mi verga entrando lentamente dentro de ti, sigues moviéndote, contorneándote, estrujando con tus músculos, mi verga mojada de ti. Tu boca busca la mía, mientras empiezas a bailar al ritmo de mis golpes de riñón, me encanta clavártela más y más, jadeas y clavas tus uñas en mi espalda. Mis manos se aferran a tus nalgas. Beso tus pechos, muerdo tus pezones, nuestros movimientos acompasados cada vez se vuelven más rápidos, más fuertes, más intensos, chillas, gritas, berreas de placer, Nuria sin duda ha salido a ti, el orgasmo nos llega al unísono, un rio blanco, caliente y espeso, te llena y rebosa por tu coño, mojando tus muslos. Aferrada a mí no quieres dejarme, quieres sentirme en tu interior, quieres que siga anclado a ti, finalmente salgo de tu agujero, te agachas y engulles la verga, la limpias con tu lengua, con tus mejillas, me miras sucia y marrana, relamiéndote los labios, restregando una y otra vez tu rostro en mi verga, tu cara está sucia y brillante, restos calientes y blancos que van resecándose en tu sonrisa, tu mano vuelve a tu coño, mojas tus dedos y te los llevas a la boca, sonríes al notar mis manos acariciarte, entreabres los ojos, coqueta y traviesa te contorneas, te relames los labios, mueves tu nariz pecosa, este ha sido un regalo que no esperabas, te enroscas junto a mí cuerpo, me abrazas, yo juego con tus cabellos, acaricio tu cuello, tus mejillas, hasta que cansada y satisfecha te duermes, te doy un último beso y vuelvo a mi habitación, donde mucho más relajado no tardo en dormirme.

    Aún es de noche, Nuria y su amigo te miran, enroscada en el suelo, un chorro reseco de semen bajando por tu pierna, tus dedos en la boca, roncas un poco, cosas de la edad, Nuria acerca la manguera a tu entrepierna, y Juan abre el grifo, al instante un chorro de agua helada entra en tu coño, te despiertas de golpe, gritas, intentas taparte, pero sabes que como cada mañana, es la hora de asearte, has de ir a trabajar bien limpia, Juan se acerca, te mira y tú le sonríes, deseando sin decirlo que vuelva pronto a tirarse a tu niña, Nuria va restregando uno de los estropajos por tu culo, le tira el otro a Juan que empieza a limpiarte las tetas, Nuria te levanta una de las patas, para limpiar a fondo tus muslos y tu coño, gruñes cuando el estropajo rasca tu vulva, Juan te limpia la cara, tus mejillas, tu nariz, agarra una de tus tetas para que no te caigas. Nuria mira el reloj, es hora de irse, te deja la toalla y la ropa y tras soltar tu correa, te da un beso en tu cara mojada y se va, sonríes cuando les ves alejarse. Te secas, te pones la ropa y sales de casa, es hora de volver a ser la cartera eficiente del barrio, que todos los vecinos aprecian.

    Han pasado ya dos semanas, tu cuerpo se ha curtido mucho, tus pies desnudos ya corren sin problema por bosques y zarzales, tus patas se han fortalecido, y ya sabes moverte sin problemas empalada en tu culo y tu coño. Tu deseo sexual ha aumentado tanto que aunque me digan que te malcrió, cada día te follo una o dos veces por alguno de tus agujeros, me encanta correrme en tu boca, o gozarte por detrás, y tu golosa y traviesa siempre pides más y siempre, siempre sabes cómo conseguirlo. Nuria ya sabe azotarte, sin apenas esfuerzo consigue acertar de lleno y ver cómo te retuerces y te meas de dolor. Y tú, satisfecha y caliente, no dejas de masturbarte siempre que te lo permitimos y también cuando no te vemos.

    Por otra parte, Yoha también nos ha contado que su madre ha mejorado mucho, corre durante kilómetros desnuda por el campo y también aguanta bien los castigos, y como está sola, si se porta bien algunas noches le permite masturbarse ante ella con un consolador de castigo que le ha comprado.

    Hoy a la hora de cenar, te dejamos entrar en casa, pellizco tu culo, te encanta sentir mi mano en tus nalgas, y a mí me gusta verte así, sumisa y excitada. Agarrándote de los pechos, te digo que Nuria tiene algo que decirnos. Te llevo hasta el comedor, allí te doblas en el suelo, para que pongamos nuestros pies sobre tu espalda, Nuria nos cuenta que este fin de semana, ella y Yoha han alquilado una casa de campo, donde terminaremos de planear el desafío de las dos mamás. Tú sin mirar, sonríes, mientras Nuria mueve uno de sus pies dentro de tu culo, y yo dejo que lengüetees uno de los míos. La semana se te hace eterna, seguimos con tu adiestramiento, día a día sigues mejorando, pero no sabes cómo estará Zuleia, quizás sigue siendo más fuerte y ágil que tú, quizás vuelva a dejarte en ridículo, quizás, quizás…

    Por fin llega el viernes, el coche ya está listo, te sientas en la parte de atrás, te atas el cinturón y no dejas de moverte, parlotear, reír y mirar, estás nerviosa, tensa, excitada, la calle se hace carretera y la carretera autopista, y tras algo más de una hora, salimos hacia carreteras estrechas y casi vacías que nos llevan hasta nuestro destino. Una vez allí, vemos a Yoha sonriendo, a su lado, de rodillas, atada a un poste, azotada y penetrada con su consolador, esta su madre. Zuleia esboza una media sonrisa al vernos. Te sacamos del coche y a 4 patas dejamos que te acerques a ella, Yoha acaricia tu lomo, y te deja ir con tu amiga y rival, os abrazáis, os besáis, queréis contaros mil historias, y sobre todo queréis hablar orgullosas de vuestras hijas y de esta revancha que os están regalando.

    Yoha nos enseña la casa, y también la sorpresa que tiene en el establo, cuatro de los sulkis que utilizamos hace 20 años están restaurados parecen nuevos, pero son inconfundibles, el de color negro que llevaba Zuleia, el rojo que llevaste tú, y también otros dos, uno azul y otro verde de otras de las potrillas. Te acercas al tuyo, las ruedas separadas, la banqueta donde me senté yo como jinete, las dos barras laterales de madera donde atamos tus muñecas, y soldado bajo el asiento un hierro que llega hasta donde estabas tú, y justo allí atornillada, una barra metálica vertical que no puedes dejar de acariciar, una barra que sirve para que la yegua sea penetrada hasta el fondo, y quede anclada al vehículo sin posibilidad de desengancharse… Zuleia también mira el suyo, recuerda el látigo, los gritos, el dolor en las piernos, el miedo a aquella otra potrilla a la que apenas conseguía sacar un par de metros de ventaja , hasta el último instante pensó que era una estrategia nuestra para avanzarla en la línea de meta, pero no, fue ella quien gano y tu quedaste segunda.

    Mientras charlamos, reímos y planeamos algo para hoy, Yoha tiene una idea, probar a las mamás, a ver si todavía resisten un paseo en sulkie, a Nuria la idea le parece excelente, nuestra hija te pone entre las dos barras de madera, te coges a ellas, te separa las patas mientras yo voy poniéndote los correajes, oímos a Zuleia como gruñe cuando la verga de hierro la penetra hasta el fondo de su coño, tú no tardas en seguirla, notas el acero helado llenándote por completo, haciendo tope dentro de ti, muevo el vehículo y el anclaje metálico que llevas dentro te hace gemir, te muerdes los labios. Oyes el clack de tus muñecas encadenadas a las barras del carro, los consoladores con las colas de caballo, que de un golpe entramos hasta el fondo de vuestros culos, Tras apretar tu bozal, muerdes el cuero con todas tus fuerzas. También Zuleia muerde el suyo, y tirando de vuestras correas, Nuria y Yoha os sacan al patio, mueven las riendas, y me dicen que os van a hacer correr un rato, seguramente volverán de noche cerrada.

    Veo como os vais galopando a buen ritmo, ellas charlan y ríen, mientras Zuleia y tú empezáis a sudar. Entro en la casa y enciendo el monitor, allí puedo elegir entre las distintas cámaras que llevan los sulkis, distintas tomas me permiten ir mirándote, o ver a Zuleia, tu cara, tus pechos, el culo, incluso el camino por donde vais. Yoha comenta que de momento van a ser unos 10 kilómetros, un par de camino recto, y luego subir y bajar una colina. Te veo demasiado tensa, te estás agotando por seguir el ritmo de tu rival, has de aflojar un poco, llamo a Nuria, que tira de tus correas para que frenes, tu no quieres ceder ni un metro, y ha de azotarte el lomo un par de veces para que la obedezcas, enfadada ves como Zuleia coge ventaja, pero hoy no es ninguna carrera, es tan solo un primer contacto, y tras un rato trotando, giráis a la derecha entrando en un bosque, empezáis a avanzar entre zarzales y árboles por una zona sin caminos, Yoha azota el lomo de su yegua para que corra más, y Nuria también te hace galopar, ambas vais subiendo como podéis por este sotobosque, zarzas y ortigas se clavan en vuestras patas, en los pies, la subida cada vez es más difícil, de pie tanto Nuria como Yoha siguen azotándoos, me gusta mirar la cara felina de Zuleia , sigue siendo hermosa y apetecible, ojos intensos, mejillas redondeadas, sus dientes blancos contrastan con el negro de su piel, jadea y babea mojando sus pechos que se mueven sin cesar al ritmo que marca el látigo de su dueña. Estás a punto de caer, pero consigues seguir, Zuleia queda encastada entre dos árboles, y a latigazos, su hija la hace maniobrar para poder continuar, tú la avanzas, y Yoha enfadada una y otra vez la azota, yo le digo a Nuria que no te golpee demasiado, ya llegará el momento. Empiezo a creer en tu victoria, Zuleia quizá es mejor que tú, pero Nuria es mejor jinete que Yoha.

    Finalmente llegáis a un pequeño descanso, allí las dos chicas tensan el freno y el carro se para en seco, jadeando y agotadas, babeando y gimiendo quedáis en pie, atadas y azotadas, sudando y empezando a sentir en vuestra piel los primeros mosquitos de la noche. El tiempo pasa, y apenas si hay luz, pero vuestras hijas no tienen prisa, se toman un par de cervezas que llevaban en una nevera portátil, charlan, ríen, vosotras las miráis sedientas, con la boca reseca como un estropajo, doloridas y picoteadas por decenas de insectos. No dejáis de mirarlas, ya de noche suben a los sulkis es hora de volver… Por el móvil, le digo a Nuria que te ponga delante, quiero que pongáis nerviosa a tu rival, notas el látigo golpear con fuerza tu lomo, mientras Nuria te grita que te pongas en cabeza, te lanzas hacia abajo, las zarzas se clavan en tus patas, se pegan a tus muslos, los carros chocan, se golpean, finalmente consigues ponerte delante, Nuria sigue azotándote, le encanta hacerlo, y a ti te estimulan su látigo en tu piel. Entre bufidos sigues bajando, Zuleia no se rinde, de pie Yoha también la castiga, pero consigues mantener la primera posición hasta llegar abajo, tus piernas sangran llenas de cortes y arañazos, tu lomo también está teñido del rojo del látigo, en un momento de desfallecimiento, Zuleia te avanza, también ella está muy castigada, pero sus patas se clavan en el suelo y Yoha sigue haciéndola correr. Le digo a Nuria que te golpee más, no debes perder la estela de tu rival, clavas tus dientes en el bozal de cuero, y tus patas doloridas avanzan entre bufidos y gruñidos, finalmente te pones al lado de Zuleia, las dos respiráis agitadamente, mientras Yoha y Nuria no dejan de azotaros, de insultaros, de chillar. Apenas si quedan doscientos metros, y ninguna de las dos piensa ceder, prácticamente al unísono cruzáis la meta. Un fuerte tirón de tus riendas, te hace parar, tus patas te fallan y caes de rodillas, el hierro se clava aún más en tu coño, gritas mientras te encorvas en tu dolor, hilos de sangre se dibujan en tu lomo, en tus piernas, por todo tu cuerpo, como puedes giras la cara, también Zuleia está agotada, de rodillas como tú, gimotea y suda entre mocos y lágrimas. Yoha y Nuria están contentísimas, excitadas, con un subidón de adrenalina que las hace desear ya que llegue el día de la carrera. Están orgullosas de vosotras, Nuria se acerca a ti, te limpia la cara y te besa satisfecha, mientras Yoha también acaricia a su madre. Os merecéis un premio, y es Yoha quien sugiere que tras lavaros, hoy de manera excepcional cenareis con nosotros.

    Apenas si podéis contestar, estáis exhaustas, vencidas, tú en tu dolor comprendes la importancia de tu adiestramiento, y de todo lo que aún te falta por fortalecer. Tras quitarte el arnés, entre Nuria y yo, te sacamos del sulky, se oye un plop cuando la barra de hierro sale de tu interior, luego te quito el bozal, con la boca abierta escupes y babeas sin cesar, caes al suelo, Tampoco Zuleia consigue aguantar el equilibrio, te cojo tu brazo y medio andando, medio arrastrándote llegas al establo, A tu lado Zuleia está a 4 patas, respirando agitadamente, buscando el aire que le falta. El chorro de agua helada os hace reaccionar, y entre temblores os levantáis, Yoha ordena que pongáis las manos en la cabeza y separéis las patas, entre lágrimas lo haces, dolorida y temblorosa dejas que Nuria vaya limpiando con alcohol todo tu cuerpo, oímos como grita Zuleia, también a ella le están desinfectando las heridas.

    Finalmente con suavidad os van secando, poco a poco recuperáis algo de aliento, solo el consolador con vuestra cola os recuerda lo que sois, potrancas adiestradas para correr. Hacia las diez de la noche ya entramos en casa, te sientas en una de las sillas intentando girar un poco el culo para que no se te clave aún más el consolador que llevas ensartado en él, junto a ti estamos Nuria y yo, delante Yoha y su hembra. La conversación se anima con la carrera, las chicas hablan de lo mucho que han disfrutado, de la emoción de cada instante, y vosotras tímidamente, también empezáis a hablar, cuentas como te dolían los pies, Zuleia habla de un zarzal que ha arrancado de cuajo cuando se le ha enroscado en una pierna, os traigo la cena, unas hermosas tortillas de patatas, hace semanas que no comes nada parecido, y por la cara de Zuleia veo que ella tampoco. Acaricias a Nuria que te devuelve el arrumaco, luego miras a Zuleia y le dice que es la hora, vuestras hijas no entienden nada, pero las dos tenéis algo preparado, se os ve contentas, felices, excitadas, tenéis un regalo para vuestras niñas, pedís permiso para levantaros y corréis como colegialas a la habitación de al lado, justo donde os he dicho que he guardado vuestros paquetes, empezáis a rebuscar y al instante volvéis. Yoha y Nuria están intrigadas, Zuleia y tú os arrodillais ante ellas, y bajando la cabeza, levantáis los brazos dándoles a cada una, su cajita de madera. Al abrirlos ven que son dos hierros con sus iniciales Y y N. Miras a los ojos de tu niña, y le suplicas que antes de la carrera, te marque a fuego en la nalga izquierda, quieres ser suya como lo eres mía, quieres entregarle tu dolor y tu placer, y lucir con orgullo las marcas de sumisión de tu amo y tu dueña, unidas en la carne quemada de tu culo. Zuleia con lágrimas en los ojos, emocionada también implora a Yoha que la marque como a una res, que la haga sentir suya, que aquel hierro al rojo vivo, quede eternamente dibujado en su nalga, como prueba de sumisión y entrega, a ella no la marco nunca su dueño, le dijo que no se lo había ganado, y ahora, como entonces, lo desea con todo su corazón

    Yoha y Nuria, se miran emocionadas, no saben que decir, os ayudan a levantaros, las abrazáis y besáis una y otra vez, con todo el amor y el cariño que solo una madre y una hija son capaces de sentir. Abrazada a Nuria, me miras, con lágrimas en los ojos, sonríes, mientras ella te llena de caricias y besos, y tu mueves satisfecha tu cola.

    Tras un rato de sentimientos a flor de piel, es Zuleia quien pregunta si cenamos o no, y entre las risas de todos, repartimos ya los trozos de tortilla. La velada se va animando, risas, bromas, tan solo vuestra desnudez, las marcas de los distintos castigos y la cola que aun lleváis ensartada en el culo, os recuerdan vuestra condición.

    Tras comer, llega la hora del postre, un buen helado con que refrescar el calor de esta noche de junio. Es Yoha quien trae una pequeña nevera con media docena de cucuruchos de chocolate y nata, acerca uno a la cara de Zuleia, ella va buscando con su boca el helado, también Nuria juega contigo, te embadurna las mejillas, tú también buscas con tu lengua aquel manjar frio y sabroso. Yo cojo otro y me acerco por detrás a Zuleia, Yoha la distrae restregándole el helado por su nariz, y yo levantándole la cola, se lo pongo entre las nalgas, da un respingo y se gira sorprendida, al verme sonríe orgullosa y satisfecha de que me haya apetecido jugar con ella, me fijo en sus pechos de aureolas oscuras y pezones negros como el carbón, mojados con restos de helado, agarrando una de sus tetas, voy sorbiendo de sus aureolas, de sus pezones, ella inclina sus hombros hacia atrás, le gusta ser besada, lamida, sentirse hembra y mujer. Noto tus labios restregándose en mis piernas, no quieres que juegue con tu rival, te aferras a mis piernas y con la boca abierta buscas mi verga, Zuleia sigue contorneándose, sigue ofreciéndome sus pechos, su cara mojada de helado, separa sus piernas, se mueve, se acaricia su entrepierna, le gusta que la toquen, que la magreen, lleva demasiado tiempo sin que nadie la trate como a ella le gusta, desde que la abandono su dueño hace ya casi 20 años, ha tenido marido, amantes, amigos, pero ningún amo que supiera hacerla sufrir y gozar. Tú la empujas, ella te gruñe, con tu hocico te aferras a mi verga, os doy un par de bofetadas a cada una y os hago levantar a las dos, tenéis una lección que aprender y os la voy a enseñar, primero vamos a calmar vuestro instinto, os quito los consoladores y os hago poner a 4 patas con el culo bien levantado, nerviosas esperáis vuestro castigo.

    No tardo en volver, traigo otra caja de helados, unos twisters extra largos, te abro la boca y uno lo meto hasta el fondo de tu garganta, otro lo encasto en tu culo hasta que queda bien ensartado, y el tercero, lo meto en tu coño hasta que golpea el fondo de tu agujero, a Zuleia le hago lo mismo, y os digo que esta noche follare con la que con consiga deshacerlos antes. Tiemblas de frio y miedo, también veo los temblores de Zuleia, los helados que siguen deshaciéndose lentamente, un reguero baja por vuestras patas, mientras otro gotea por la comisura de vuestros labios, goteando en el suelo, tensáis vuestros músculos, apretáis las nalgas, queréis que se deshagan, queréis ganar. El de tu coño esta medio salido y el de Zuleia también empieza a asomar, así que les digo a Nuria y Yoha que os ayuden, notas la mano de tu hija metiéndolo otra vez hasta el fondo, Yoha también lo mueve, para que se deshaga antes, las dos van moviéndolos, entrándolos y sacándolos, no puedes más, te fallan las piernas y caes al suelo, escupiendo el que tienes en la boca, Nuria clava sus uñas en tu pezón y te vuelve a levantar, entra otra vez helados medio desechos en tus agujeros, Zuleia intenta resistir pero al final también ella desfallece, recibe un trato parecido al tuyo, por parte de Yoha. Los minutos se os hacen eternos, al final Zuleia escupe el de boca, solo queda el palo totalmente limpio, tú al poco también dejas caer el palo del de tu boca, el segundo en deshacerse es el de tu culo, al instante también Zuleia deja caer el suyo. Nuria y Yoha os hacen girar, tumbadas de culo, sobre el charco de helado que habéis dejado, van estrujando vuestro vientre, mientras vosotras intentáis comprimirlos con vuestros músculos más íntimos. Yoha da un grito de alegría y al instante saca el palo totalmente limpio.

    En un último intento Nuria saca de un tirón el de tu coño, pero aún queda un buen pedazo de helado por deshacer. Te tapas los ojos, lloras, suplicas, no te importa la dureza de mis castigos, ni la humillación de que te oigan rogarme que te folle mientras te exhibes abierta de patas y rebozada en helado, pero no soportas que también ahora Zuleia te haya vencido y que esta noche, sea ella, la hembra que con quien voy a compartir mi placer.

    Tras unos instantes, recuperas la compostura, te pones a 4 patas junto a tu rival, os sacamos a la calle, separáis al máximo vuestras piernas, y al instante un chorro de agua helada empieza a limpiar vuestras patas, vuestros agujeros, Nuria levanta una de tus piernas, para limpiar bien cada rincón de tu culo y tu coño, Yoha hace lo mismo con Zuleia, ella con la boca abierta, deja que su hija vaya limpiando sus labios, su lengua, su cara. Una vez limpias, notas una de mis manos agarrando tus cabellos, con la otra cojo el pelo rizado de Zuleia y tirando con fuerza, os llevo a las dos hacia el interior de la casa.

    (Continuará…)