Autor: admin

  • Confesión del día de ayer

    Confesión del día de ayer

    Estar encerrada en casa durante la pandemia me incita a hacer diabluras como ésta que les contaré cuando fui a la Iglesia.

    Afortunadamente, hoy que escribo éste, empezaron a vacunarnos a los cuarentones en mi entidad. Y pronto saldré a hacer de las mías con mi amante pues hoy me tienen encerrada. Son mis críos y mi marido quienes hacen las compras y atienden el resto de las cosas que tienen que ver con el exterior.

    A veces, y con muchas precauciones me acompañan a la iglesia. La semana anterior me confesé. Le besé la mano y me hinqué al lado del confesionario, como me indicó.

    –¿Cuáles pecados puedo cometer si estoy encerrada todos los días? –le dije al padrecito cuando me preguntó por mis pecados

    –Vamos, Mar, ¿ya no has vuelto a verte con el señor que me dijiste hace tiempo? –insistió y yo imaginaba su rostro a través de la malla.

    –No padre hace más de un año que no pecamos –le contesté.

    –Qué bueno que no has pecado de obra, pero ¿has pecado de palabra? ¿No has hablado con él o te has mensajeado? –continuó apremiándome y tuve que decirle que sí, luego me pidió detalles.

    –Sí, nos mandamos saludos y… algunas fotos o videos –acepté.

    –¿Fotos y videos de desnudos o de sus partes? –especificó.

    –Sí… –contesté y escuché el ruido de sus ropas, “seguro que me va a pedir que le cuente más”, pensé pues las otras veces es así.

    –A ver, Mar, cuéntame que le envías tú –preguntó delatando ansiedad.

    –Fotos de mis chiches y de mi tamalito.

    –Así, nada más, ¿o le ofreces el pecho en la foto?

    –A veces así, nada más, y otras se lo ofrezco y le escribo “mámamelas, nene” –dije y empecé a escuchar un ruido periódico de chasquidos, seguramente ya se la había empezado a jalar.

    –Y en las del tamalito, ¿qué le escribes? –me preguntó con voz más baja, pero de corrido, en tanto que comencé a sentir el olor del pene, como cuando me lo acerca mi marido para que se lo chupe.

    –Lo mismo, padre, es lo que más me gusta que me chupe la panocha, porque mi marido no me la quiere chupar –confesé la razón que me llevó a ser infiel.

    –Y a ese señor ¿sí le gusta hacértelo? ¿Qué sientes? –me apremió, y el ruido aumentaba.

    –Sí, más cuando mi marido se ha venido en mí, el me chupa más rico y me vengo mucho en su boca… –contaba lo que él quería escuchar y él daba unos quejidos ahogados, tratando de evitar que me diera cuenta de lo que estaba haciendo– Luego me coge muy rico y me siento feliz, como en el Cielo…–“¡Calla!”, me interrumpió y yo callé, pero él también y su respiración estaba agitada.

    –Eso no puede ser el Cielo, más bien parece cosa del Infierno, a donde irás si no me cuentas porqué lo prefieres a él y no a tu marido –me dijo amenazante cuando se calmó– ¿Acaso él tiene el miembro más grande que tu esposo?

    –No, es menos largo, pero más grueso y sus huevos sí son más grandes, no me caben juntos en la boca como los de mi marido, pero eso no es lo que me importa de él –expliqué y de inmediato preguntó “¿Entonces?”– Ya le dije que me gusta que él me chupe la panocha, y a mi marido no, eso es todo… –aclaré.

    –Qué bueno que no has vuelto a pecar de obra, pero tampoco debes hacerlo de palabra ni de pensamiento. Te diré cuál es tu penitencia y en una semana vienes a confesarte otra vez –me ordenó.

    Me levanté y fui hacia el frente del confesionario para despedirme dándole las gracias besando su mano. Distinguí el olor de semen entre sus dedos. Mientras hacía los rezos de la penitencia, recordaba que no pocas veces, a petición suya, le había contado lo mismo durante la pandemia, sobre cómo se dio mi relación “en vivo” con mi amante. Estoy segura que lo hace para “guitarreársela” mientras lo cuento. Pero no pasa nada más…

    La próxima semana le confesaré lo que hice hoy: Subí a un foro de Internet unas fotos donde me dispongo a chupársela a mi amante. Sólo porque andaba muy caliente.

    En ese foro he puesto otras fotos más (sólo oculto nuestras caras) y no son pocos los correos donde me piden fotos y me hacen muchas preguntas pidiendo detalles: cómo me gusta más coger; cómo pongo la verga en mi boca para mamar; y muchas guarradas más. Casi siempre las contesto poniendo la dirección del sitio donde están mis fotos.

  • Violada por mi amiga (2)

    Violada por mi amiga (2)

    La siguiente semana no tuve noticias de Sara, y pensé que realmente había terminado. Pasaron quince días, y un jueves antes de ir a trabajar Pablo me cuenta que había organizado con Sergio un viaje de 3 días a la costa, y salíamos el viernes a la mañana.

    No supe que pensar, por un lado me excitaba volver a ver a Sara, por otro, le temía. Estaba con esos pensamientos cuando me llegó un mensaje de Sara:

    “Si no vas, no nos vemos más.”

    Tenía ante mí la opción de librarme de ella. No pude dejar de sonreír al leer el mensaje una y otra vez. El viernes por la mañana, nos levantamos y cuando estaba por poner una excusa para no ir, Pablo me dijo:

    “Me mandó un mensaje Sergio, que no puede ir porque tiene que operar un paciente de mucho riesgo hoy a la tarde. Y quedarse por si tiene alguna complicación el fin de semana. Que por favor la llevemos a Sara.”

    Se me cayó el mundo abajo. Si yo no iba, era entregarle a Pablo en bandeja. Me calle la boca y no dije nada. El viaje fue tranquilo, en dos horas llegamos, y paramos en la casa que Sergio tiene en la costa. Bajamos las maletas del auto, acomodamos un poco las cosas y fuimos a la playa. Almorzamos en un barcito y nos quedamos hasta el atardecer. Cenamos y después de cenar nos quedamos charlando. Hasta allí Sara se había comportado.

    “A vos como a Sergio les gusta el buen whisky. ¿Queres que te sirva Pablo?” dijo Sara, Pablo asintió, y sin preguntarme también me sirvió a mí y a ella misma.

    “Les propongo un juego picante. Repartimos una carta a cada uno. La carta más alta le puede hacer una pregunta a quien elija, que puede elegir entre responder o una consecuencia.” Dijo Sara.

    “Dale, me gusta la idea.” Dijo Pablo, obligándome de esa forma a aceptar.

    La primera ronda, yo saque la carta alta.

    “Pablo, ¿alguna vez me fuiste infiel? Pregunté. Y eligió responder y dijo “No”

    La segunda preguntó Pablo.

    “Sara, ¿Fuiste o sos infiel?” También respondió y para sorpresa de Pablo, fue “Si”

    Recién la cuarta vez preguntó Sara:

    “Pablo, ¿Te gustaría estar con Marina y otra mujer en la cama?” Eligió consecuencia y Sara le hizo sacar la camisa.

    La quinta pregunta fue mía, esperando la respuesta demoledora.

    “Pablo, ¿Te gustaría cogerte a Sara?” Y para mi sorpresa, eligió consecuencia. Le hice sacar los pantalones”

    Sexta, ganó Sara.

    “Pablo, ¿Te gustaría vernos a Marina y a mí jugando entre nosotras?” Y otra vez eligió consecuencia. Y como la única prenda que le quedaba se quitó el bóxer y mostró su pene de 20cm, y buen grosor casi totalmente erecto.

    “Bueno Pablo, veo que te pusiste cachondo. Ahora te vamos a poner muy loco me parece.” Dijo Sara.

    “No falta mucho.” Dijo Pablo.

    “Marina, sacate toda la ropa.” Dijo Sara, mientras ella se desnudaba. Y de su bolso sacaba un consolador. Sin dudarlo lo hice.

    “Pablo, te cuento que Marina ha descubierto un costado sexual en su vida. Espero que lo disfrutes tanto como yo.” Dijo mirándolo a los ojos. Pablo abrió los suyos sin poder creer verme desnuda. “Vení a chuparme la concha.” Me dijo Sara. Yo me quedé parada sin reaccionar. Sara dio dos pasos y me dio una cachetada. “Lo queres así, así lo vas a tener. Puta, chupame la concha.” Dijo. Y me puse de rodillas y comencé a chupar la concha húmeda de Sara. De inmediato empezó a gemir, apretarse los pechos y mi cabeza contra su concha. De reojo pude ver como Pablo miraba absorto y acariciaba su pija ya parada.

    “Así putita, chupame bien antes que Pablo me abra toda con esa tremenda pija.” Dijo Sara. Yo mientras chupaba me metía dedos en la concha, verlo a él tan excitado me volvía loca. Metí dos dedos en la concha de Sara que se retorcía de placer, quizás pensando en la pija de Pablo.

    Sara se puso en cuatro patas en el sillón y dijo:

    “Vení Pablo, méteme esa pija mientras la puta de tu mujer nos mira.”

    Y Pablo, parándose detrás de ella, se la metió hasta las bolas con violencia. Sara dio un grito de dolor y pedía que se la saque. No le hizo caso y siguió penetrándola con fuerza. Sara gemía y se quejaba al mismo tiempo. Me puse atrás de Pablo, apreté sus pectorales y le dije al oído: “Hacela mierda.” El me miró y aumentó el ritmo. Sara apretaba los almohadones y mordía uno. Estuvo un rato dándole, hasta que me puse atrás nuevamente y le dije al oído: “Ella quiere jugar al sexo duro, dale lo que quiere.” Y me senté en el espaldar del sillón, agarre la cabeza de Sara y la enterré en mi concha.

    “¿Quién es la puta ahora?” Le dije a Sara mirándola a los ojos. “Mostrale como te enterrás dos dedos en el culo.”

    Y Sara, metió dos de sus dedos en el culo y se empezó a masturbar. Pablo miraba su culo y me miraba a los ojos. Me puse en cuatro al lado de Sara y yo también me metí dos dedos en el culo. Pablo me miraba con lujuria.

    “Amor, dale por el culo.” Dije.

    Pablo saco su pija de la concha y la apoyo en el orto de Sara. Apenas empezó a entrar, Sara pedía por favor que no se la meta.

    “Por favor no Pablo, me vas a romper toda, acaba y haceme acabar en mi concha.” Dijo.

    Pablo me miró y fue mi momento de triunfo.

    “Amor, es tuyo.”

    Pablo se puso detrás de mí y de a poco la fue metiendo. Yo de morder mis labios sentí como tragaba sangre por habérmelos lastimado. El orto me explotaba de dolor pero debía demostrarle a mi hombre que yo sí era su puta.

    La enterró toda, y se empezó a mover. La miré a Sara que observaba atónita como me rompía el culo. Le di un cachetazo que dejó marcada su cara y tomándola de los pelos hice que me chupe las tetas.

    “Si, soy puta, la puta de mi marido. Vos sos solo una basura que desde ahora se convertirá en nuestro juguete sexual. Nuestra perra.” Dije. Al escuchar esto, Pablo se puso loco y me daba con todo. Estuvo un rato hasta que terminó llenándome el culo de leche.

    “Dásela a la perra para que te la limpie.” Dije y Pablo se la metió en la boca provocándole una arcada.

    “Limpia perra, limpia bien esa hermosa pija.” Dije.

    Sara la limpió toda y se quedó sentada en el sillón. Pablo sirvió otro whisky y nos sentamos abrazados frente a Sara.

    “Amor, ¿Te gusta nuestra perrita? Te dejo usarla para lo que quieras.” Dije.

    Sara se largó a llorar y me pedía perdón.

    “Pablo, esta basura me violó en casa, me hizo mierda, quiero venganza.” Pablo me miró, se levantó y tomándola de los cabellos la hizo poner de rodillas frente a mí.

    “Así que esas tenemos. En el grupo sabemos y Sergio lo sabe, que sos una puta barata. Pero te ama y no puede dejarte. Pero joder con nosotros, no. Como dijo Marina, vas a ser nuestra perra.” Dijo Pablo. Sara lloraba sin parar.

    “Chupame la pija.” Ordenó Pablo y ella comenzó a chuparle la pija entre sollozos. Yo me comencé a excitar mirando la cara de hijo de puta de Pablo. Cuando la tuvo bien parada le ordenó que me chupe la concha. Ella lo hizo y Pablo se levantó y buscó su celular y el consolador. Le sacó fotos chupando mi concha, sin que se vea mi cara. Luego la puso de vuelta con su pija y le siguió sacando fotos.

    Me hizo sentar en su pija dándole la espalda y a ella le dio el consolador para que lo chupe. Más fotos. Me cogía con dulzura. Haciéndome sentir plena, me acariciaba la cintura y los pechos. Sara miraba chupando el consolador, hasta que Pablo hizo que se lo metiera en el culo. Lo hizo con un gesto de dolor.

    “Así como estas, chupale la concha perra.” Dijo Pablo.

    Sara me chupaba el clítoris, la pija de Pablo y mis labios vaginales. Llegue a un orgasmo hermoso y Pablo hizo que me para, puso dos almohadones grandes en el suelo y la puso a Sara boca abajo, con su cadera sobre los almohadones, abrió sus piernas y apoyo la pija en el orto, escupió dos veces y la empezó a enterrar. Sara lloraba de dolor. Cuando estuvo toda adentro, Sara estaba apoyada en el suelo, con sus manos a la altura de la cabeza y no decía nada. Pablo se movía y ella empezó a gemir cada vez más fuerte. Sin sacarla, la hizo levantar y él se sentó de nuevo en el sillón con ella ensartada en su pija.

    “Movete.” Le dijo y ella subía y bajaba aumentando el ritmo. Me dio el teléfono y saque nuevas fotos. Tome el consolador y se lo metí en la concha, haciendo que lo tome. Ella lo empezó a mover y grave un video. La tuvo un rato y acabó adentro de su orto, bien adentro.

    “Limpiala.” Le dijo. Sara vio la pija con semen, sangre y algunos restos intestinales y quiso negarse. Pablo solo levantó su mano y ella, con los brazos al costado del cuerpo comenzó a limpiarla. Cuando terminó Pablo le preguntó si había acabado. Ella dijo que no.

    La hizo levantar, tomo el consolador, y la llevó al baño. Hizo que se meta en la ducha, le dio el consolador y le ordenó masturbarse.

    “Meala.” Me dijo.

    “¿Cómo?” Pregunté incrédula de lo que me decía.

    “Que la orines, así sabe bien quien manda.” Dijo y lo hice. Sara no paraba de masturbarse. Cuando acabó, Pablo abrió la ducha y le dijo que se bañe.

    Luego nos bañamos nosotros y nos fuimos a dormir.

    Al día siguiente mientras desayunamos Pablo dijo:

    “Espero que te haya servido de lección Sara. Nosotros no te necesitamos para tener buen sexo, te lo aseguro. Quedan una noche. Si Marina quiere y vos queres, podemos jugar los tres. Si no, no hay problema. Y cuando volvamos todo va a seguir como era antes. Vos intentas joder, y yo mismo le voy a mostrar a Sergio la mujer que tiene.”

    “No por favor. Que Sergio no sepa, por favor. Y si quieren, hacemos lo que quieran, acá o cuando volvemos. Me gustaría ser su perra, quiero ser su perra, por favor, se los pido.”

    Ese fin de semana no hicimos nada con ella, ni dejar que nos mire cuando lo hicimos nosotros. Volvimos y sin que Pablo diga nada, a los dos meses Sergio la dejó porque la encontró en su propia casa con un tipo.

  • No desearás bienes ajenos

    No desearás bienes ajenos

    (Los días pasan, Andrea ya entró en su octavo mes de embarazo su panza está muy grande y se hace mucho más notoria ya que su cuerpo prácticamente no engordo.

    Recuerdo todo lo que ocurrió en los últimos tiempos y no lo puedo creer. De cómo mi vida cambió a partir de aquel día en que Fabrizio y Andrés se cruzaron en mi camino. Pero pronto sabré que aquella no fue la última vez.)

    Facundo hace tres días que se fue de viaje a Mar del Plata por cuestiones de trabajo y regresará recién dentro de dos días.

    Andrea aprovechó y se fue a Córdoba a visitar a su hermana.

    Por esta semana yo tengo que atender el negocio de Facundo.

    La verdad que es bastante aburrido ya que prácticamente no hay movimiento.

    Estoy leyendo las noticias en mi celular cuando de pronto la puerta se abre y dos hombres ingresan. Quedó paralizada al ver que los dos hombres no son ni más ni menos que Fabrizio y Andrés.

    Fabrizio:

    «Hola señora buenos días, supimos que estaba usted atendiendo el negocio y quisimos pasar a saludar»

    Andrés:

    «Buen día.

    Pensamos que quizás necesitaba algo»

    Los dos utilizan un tono muy sarcástico. Definitivamente su intención es mofarse de mí.

    Pero lo que no saben es que yo ya no soy aquella mujer tímida e inexperta.

    Yo:

    «Hola señores buenos días.

    Llegaron justo…

    Necesito mover algunas cosas en el depósito y necesito la ayuda de dos hombres fuertes.»

    Me dirijo a la puerta y le coloco la llave, giro el cartel que dice «abierto» y lo coloco en la posición «enseguida vuelvo».

    Vuelvo a dónde están ambos parados, sus caras son de sorpresa.

    (Jamás se esperaron mi reacción)

    Me posiciono frente a ellos bajo sus cremalleras y utilizando ambas manos busco y saco sus vergas, giro y tomando sus vergas camino hacia el depósito.

    Ellos siguen atónitos sin emitir sonido ni reacción solo caminan a la par mío con sus vergas en mis manos.

    Al llegar los suelto y les digo:

    «Aquella vez me cogieron ustedes a mi, ahora soy yo la que los va a coger a ustedes»

    Inmediatamente me arrodilló y por supuesto comienzo a chupar la verga de Fabrizio.

    (Para ser sincera desde aquella vez que me quedé con las ganas de poder chuparla bien, sin la presión y la angustia que me generaba tener al frente a Facundo)

    Me deleito con su verga que para este momento ya está dura. Me tomo mi tiempo saboreo todo su miembro lamo sus bolas. Él me toma por la nuca y me sostiene, me empuja hacia él queriendo ahogarme pero lo que no sabe es que a mí ya me sobra práctica, muevo mi lengua hacia adelante y de un movimiento me introduzco toda su verga haciendo un garganta profunda y con mi lengua froto sus huevos.

    El solo tira su cabeza hacia atrás y suelta un gemido.

    Andrés ya se había quitado la ropa y está parado a mi lado con su gigantesca verga totalmente erecta.

    Fabrizio toma mi cabeza con ambas manos y moviendo su pelvis coge mi garganta, sus huevos rebotan en mi mentón y de mi garganta salen ruidos guturales, de ahogo y del roce de su verga en mi garganta.

    Al quitar su verga junto todo el fluido y lo trago, limpio mi boca, su verga, y comienzo a desvestirme, Fabrizio hace lo mismo.

    Andrés se acuesta en el piso yo me coloco en cuatro y me prendo de la verga de Andrés la chupo pero aunque intento meterla toda es inútil, su verga es muy grande.

    Fabrizio se posiciona detrás de mí y me coge la conchita choca su pelvis con mis nalgas y me coge duro.

    Mientras me nalguea dice:

    «La recordaba más estrecha»

    Yo no digo nada y continúo chupando la verga de Andrés.

    Luego de un rato le digo a Fabrizio:

    «Necesito tu verga en mi culo»

    El sin perder tiempo se escupe la mano frota su verga y la introdujo en mi ano. Yo continúo chupando la verga de Andrés, me encanta lamerle las bolas y pajearlo, su verga se torna más dura y palpita.

    Fabrizio me taladra el culito y vuelve a exclamar:

    «Tu culito también lo recordaba más estrecho»

    Yo me incorporo y mirándolo a Andrés le digo:

    «Bueno ahora es tu turno, te voy a dar lo que la otra vez no te di»

    Me coloco de espaldas a él en cuclillas, y lentamente voy bajando mis caderas, tomo su enorme verga con mi mano y la coloco en la entrada a mi culito. A medida que voy bajando siento como su verga se abre paso en mi ya dilatado ano.

    Una vez tengo toda su verga dentro comienzo la cabalgata me sujetó de sus piernas y doy unos gemidos muy fuertes.

    «Aaa siii, dios que linda verga»

    Andrés me coge por el culo, yo me recuesto en su espalda y estiró mis piernas hacia atrás y le digo a Fabrizio:

    «Lléname el agujerito que falta»

    Él no lo duda me penetra la conchita.

    (Desde que descubrí la doble penetración no puedo evitar hacerla. Es una sensación hermosa me siento completamente llena)

    Ambos me cogen y me encanta.

    Entre gritos y gemidos les pido:

    «Quiero que ambos acaben a la vez. Necesito que me llenen de leche por todos lados»

    Fabrizio responde:

    «Yo ya estoy listo»

    Andrés:

    «Ok vamos»

    Ambos aceleraron su ritmo provocando un hermoso orgasmo en mí.

    Su respiración aumenta y gimiendo ambos muy fuerte largan toda su carga dentro de mí. Siento claramente su leche caliente llenando mis agujeros. Continúan por un rato cogiéndome y luego ambos se levantan.

    Yo me incorporo pero Andrés me dice:

    «Ponte de rodillas que aún tengo más leche»

    Lo obedezco y recuerdo que la otra vez también acabo de una forma tremenda.

    Él se coloca frente a mi, se pajea, yo le escupo la verga para lubricar y abro la boca, luego de unos minutos él comienza a gemir nuevamente y de su verga sale un solo disparo pero muy potente choca contra mi garganta, recojo todo el semen que puedo y metiéndome su verga en la boca tragó toda la leche, le chupo la verga un instante más y me visto.

    Ellos hacen lo mismo, sorprendidos por mi reacción no dicen nada. Les abro la puerta y los despido.

    Cuando se están yendo le digo a Andrés:

    «Andrés, me das tu número telefónico??? Por si acaso»

    El muy apresurado me lo da y se retiran.

    (Hace rato que una idea me ronda la mente, me encanta que me cojan de a dos y me gustaría intentarlo con las dos vergas más grandes que he probado hasta el momento, la de Andrés y la de Bruno.

    Y ahora es cuando ya que Facundo no está y Andrea tampoco podré invitar a ambos a casa.

    Esa noche al llegar a casa los llamo a ambos y coordino para el otro día al mediodía.)

    Estoy en casa y suena el timbre, atiendo y es Bruno lo hago pasar le ofrezco algo de tomar pero él lo rechaza y se abalanza sobre mi.

    Nos besamos y manoseamos.

    Le bajó el pantalón y comienzo a mamarla.

    Nos vamos quitando la ropa, el me sube a la mesa abre mis piernas y me chupa la conchita, la lame juega con mi clítoris. Me succiona fuerte y mordisquea mis labios vaginales luego la escupe y vuelve a chuparla, mientras estamos entretenidos suena el timbre. Él se sobresalta y mirándome asustado me dice:

    «¿Quién es??? Dijiste que no había nadie!!!»

    Yo tranquila le respondo:

    «Tranquilo, es una sorpresa.

    Quédate aquí y no te vistas»

    Atiendo a la puerta y es Andrés.

    Lo hago pasar y los presento:

    «Andrés, Bruno.

    Bruno Andrés»

    Andrés me mira y me dice:

    «Veo que no perdés el tiempo»

    Yo no le respondo con palabras, simplemente le bajó la cremallera y saco su verga, me arrodilló y ahora le chupo la verga a Andrés. Su verga está dormida pero con mi tratamiento se comienza a levantar y rápidamente alcanza su esplendor Bruno se para a su lado y allí están las dos vergas más grandes que he probado. La verga de Bruno es ligeramente más grande y mucho más blanca que la de Andrés.

    Chupo ambas vergas, intercalo entre una y otra me tomo mi tiempo para lamerlas lo hago despacio y saboreando ambas pijas, también les chupo los huevos, los de Bruno también son más grandes y ambos tienen el mismo tamaño y altura. En cambio los huevos de Andrés son un poco más pequeños y uno es más grande que el otro y está levemente más bajo.

    Lo miro a Bruno y le digo:

    «Antes que llegue Andrés estabas en algo no?!»

    Él se acuesta en el piso coloca su cabeza debajo de mi pelvis, yo estoy de cuclillas, bajo mis caderas y coloco mi conchita en su boca.

    El me chupa la concha mientras yo le chupo la verga a Andrés.

    Estamos así un buen rato.

    Luego me levanto, ellos también. Los sujetó de sus vergas y lo llevo directo al sillón del living.

    Le pido a Bruno que se siente, yo me coloco de espaldas con las piernas abiertas y bajando mi pelvis me clavo su verga en mi conchita. Me encanta como su verga llena por completo mi conchita mis flujos enseguida lubrican la zona.

    Andrés se coloca al lado mío y coloca su verga en mi boca.

    Yo la chupo y disfruto la cogida que me está dando Bruno, cada tanto bajo la mirada para deleitarme viendo cómo esa verga gigante se pierde por mi conchita, entra y sale, su glande se comprime para introducirse en mi y luego su tronco grueso y duro fuerza a mi conchita para abrirla y penetrarla.

    Intento tragar lo máximo posible la verga de Andrés pero las arcadas me hacen retroceder y de mi boca chorrea la baba y los fluidos que salen de su verga, caen en mis tetas y yo con mis manos las desparramo por mis pechos.

    Levanto mi pelvis y desclavo la verga de Bruno de mi conchita, la coloco en mi culito y le doy vía libre para que lo penetre.

    Con un poco de esfuerzo logra entrar en él. Primero el glande y luego toda su verga.

    Yo respiro profundo y estoy agitada.

    Continuo chupando la verga de Andrés, también utilizo su verga para ahogar mis gemidos.

    Me encanta como Bruno me rompe el culo, me tocó el clítoris y comienzo a sentir ese cosquilleo previo a venirme.

    Le digo:

    «Cógeme duro!!! No pares que ya me corro!!!»

    Y mientras chupo la verga de Andrés y me froto el clítoris tengo un orgasmo hermoso, siento como me corro y de mi vagina sale el líquido que se chorrea para terminar en los huevos de Bruno que golpean contra mi conchita con cada embestida de su verga en mi culo.

    Se escuchan los ruidos que sus bolas mojadas con mi flujo producen al golpearme.

    Yo solo grito y le pido que no pare.

    Mis piernas se aflojan y me dejó caer en su pecho.

    El me levanta de las caderas y continúa taladrando mi culito.

    Yo solo me relajo y lo disfruto.

    Una vez recupero mis fuerzas me vuelvo a sentar lo miro a Andrés y le digo:

    «Bueno ahora ven y rellena lo que falta»

    Me recuesto abro mis piernas y espero su penetración.

    (Esto era lo que quería, quería sentir esas dos vergas gigantes penetrarme al mismo tiempo)

    El coloca su glande en mi vulva y empieza a empujar.

    La verga de Bruno está dentro de mi culo, y siento como Andrés poco a poco ingresa en mí.

    Su verga entra despacio en mi conchita ambas vergas se encuentran dentro mío y me encanta.

    (Si bien ya he hecho muchas veces doble penetración el hacerlo con estas dos vergas gigantes me encanta)

    Estoy en silencio ambos están penetrándome pero muy suave.

    Entonces Andrés aumenta el ritmo y la intensidad yo me levanto levemente para darle camino libre a Bruno que está debajo, él también aumenta el ritmo. Me vuelve loca como sus vergas se turnan para entrar y salir de mí, yo gimo y grito de placer, me encanta.

    Cada tanto ambas vergas ingresan al mismo tiempo en mi, esto me pone a mil y grito aún más:

    «Aaaa sii, cojanme sii que rico!

    Me encantan sus pijas siii!

    No paren por favor no paren!

    Quiero que me rompan a pijasos!

    Siiii»

    Nuevamente tengo un orgasmo húmedo ahora es la verga de Andrés que recibe mi chorro de flujo se escucha como el líquido lubrica todo, mi culo, mi concha, sus vergas.

    De repente algo nos interrumpe.

    Un bolso cae al piso, miro y es Andrea que nos observa con los ojos redondos y la boca abierta.

    De un empujón lo saco a Andrés de encima mío me levanto y tomando a Andrea de la mano la llevo al lavadero:

    «¿Qué haces acá?!

    Vos no volvías mañana?»

    Andrea:

    «Si, pero adelante el viaje para estar cuando llegue Facu.

    Pero acá lo importante es saber qué hacen esos dos cogiéndote acá en la casa!?»

    Yo:

    .

    «A vos no te importa»

    En eso ingresa Andrés y pregunta:

    «Todo bien?

    Nosotros nos vamos.»

    Yo:

    «Si todo bien.

    Y no! Ustedes se quedan que yo ya voy»

    Andrea no quitaba los ojos de la verga de Andrés que aún estaba erguida y dura

    Yo:

    «Escúchame Andrea, vos no viste nada, anda a la pieza deja tu bolso y baja cuando yo te llamé»

    Andrea:

    «No! Yo también quiero diversión»

    Yo:

    «Para… para…

    Escúchame una cosa nena… vos no vas a coger con ellos!!!»

    Andrea:

    «Ahora me hiciste desear, yo también quiero probar esa verga»

    Yo:

    «No querida esas vergas son mías»

    Andrea:

    «No!!! Ya te dije ahora me hiciste desear.

    Aparte se puede enterar Facundo de todo esto»

    Yo:

    «Mira, a mi no me vas a chantajear!!

    Aparte si mi matrimonio se va al demonio vos también!!!! Te volves a Córdoba y arréglate como puedas»

    Andrea:

    «Mira yo no digo nada pero déjame calmar el deseo, no seas así!!!

    me conformó con una cogidita rápida»

    Yo:

    «Mira hace lo que quieras!»

    Me di media vuelta y volví al living.

    Bruno y Andrés estaban sentados en el sillón desnudos y con sus vergas a medio parar.

    Me arrodille frente a ellos y con mi boca me encargue de levantarlas nuevamente.

    Les pedí que se colocarán nuevamente en la posición que estaban, volví a sentarme sobre la verga de Bruno y Andrés nuevamente me clavo la suya en mi conchita.

    Estábamos cogiendo muy rico nuevamente y desde un costado surge la voz de Andrea:

    «Yo también quiero…

    O me van a dejar deseando???»

    (La muy descarada estaba totalmente desnuda. Su delgado cuerpo blanco se interrumpía por su panza de octavo mes de embarazo.

    Sus pechos ya se preparaban para alimentar a su futuro bebé y lucían bastante más grandes que antes.)

    Al verla Andrés sacó su verga de mi y se dirigió donde ella, la tomo de la mano y la sentó en el sillón al lado de Bruno. Froto su verga y la coloco en la boca de Andrea, ella la chupa muy suave se nota que lo disfruta.

    Yo me levanto, me coloco en cuatro frente a ella, separó bien sus piernas y me dedico a chupar su conchita, lo hago más que nada para lubricar y prepararla para la verga de Andrés ya que la conchita de Andrea es muy chiquita y le dará trabajo a Andrés penetrarla.

    Bruno aprovecha la ocasión para cogerme por el culo en cuatro lo hace de una forma brusca, me sujeta de las caderas y me penetra fuerte. Me da nalgadas que sumado a su verga entrando en mi provocan gritos de placer que ahogo en la conchita de Andrea.

    Andrea me mira y me dice:

    «Es la primera vez que veo una pija así de grande»

    (Esto aparentemente la pone caliente ya que de su conchita comienza a salir fluido, ya está bien lubricada.)

    Entonces le respondo:

    «Y qué esperas para clavarla en tu conchita??»

    (Mi comentario tenía algo de malicia.

    Cada vez que cogemos facundo Andrea y yo, facundo no pierde ocasión en alabar la conchita de Andrea, que es chiquita, que es bien cerradita, que sus labios son perfectos, que su agujerito es súper estrecho. Y esto me da mucha bronca y celos, así que ahora, luego que la verga de Andrés y Bruno se cojan esa conchita vamos a ver qué tan estrecha queda.)

    Andrés se sentó en el sillón con su verga parada como un mástil y Andrea se colocó sobre él, bajando muy lento posicionó la verga de Andrés en su conchita y comenzó a intentar meterla dentro suyo.

    Yo en cuatro de frente a ellos observaba la situación.

    Bruno tiene un orgasmo en mi culo, lo llena de leche mientras me sostiene de las caderas y me embiste una y otra vez.

    El glande de la verga de Andrés se abre paso pero no logra ingresar.

    Andrea no se da por vencida y gritando y gimiendo continúa haciendo fuerza para clavar esa verga en su conchita.

    Bruno una vez termino en mi se levantó y se quedó mirando, yo me mantuve en mi lugar, sentía la leche de Bruno chorrear por mis piernas pero no quería dejar de ver el espectáculo que la verga de Andrés y la conchita de Andrea están dando.

    (Muy a mi pesar Facundo tiene razón, la conchita de Andrea es hermosa es muy pequeña sus labios rosaditos y un agujerito que se lo ve súper estrecho)

    Andrea no aguanta y saca lo poco de la verga de Andrés que tenía dentro, yo me estiró y lamo su conchita, está empapada ella me sujeta de la cabeza y me empuja contra ella, se nota que está sobre excitada, me retiro sujetó la verga de Andrés la chupo solo para lubricar, la escupo y la vuelvo a colocar en la conchita de Andrea. Ella continúa con su intento, está vez logra ingresar un poco más de la verga de Andrés.

    Ya casi logra penetrarla, ella solo grita, me acerco y lamo su conchita la escupo, Andrés la toma por la panza y la acaricia, me encanta ver la conchita de Andrea rendirse ante la verga de Andrés.

    En un descuido de ella Andrés la toma por las caderas y sujetándola fuerte le introduce su verga por completo.

    Ella da un grito muy agudo e intenta sacarla, pero Andrés no se lo permite y continua cogiendo su conchita. Yo puedo ver cómo esa conchita se estira cediendo terreno ante la verga de Andrés.

    El comienza a moverse rápido sus bolas suben y bajan rebotando contra los labios vaginales de Andrea.

    Los gritos de Andrea se transforman en gemidos muy fuertes. Andrés ya no aguanta y exclama:

    «Aaaa siii me vengo!!! Que conchita más apretada por Dios! Es hermosa, la voy a llenar de leche»

    Inmediatamente puedo ver cómo un hilo blanco se escurre por la verga de Andrés yo le chupo los huevos para aumentar su placer y él sujetando mi cabeza se termina de correr dentro de Andrea. Al sacar su verga, la leche brota de la conchita de Andrea. Sus labios vaginales ya no están rosaditos ahora están rojos e hinchados.

    Andrés sale debajo de ella pero para entonces Bruno estaba con su verga dura nuevamente y no perdería la ocasión de coger a Andrea, así que sin perder tiempo se colocó frente a ella y comenzó a penetrarla, la conchita de Andrea estaba muy sensible pero también muy lubricada. Bruno se tomó su tiempo y muy suavemente penetró a Andrea, ella no duró ni dos minutos que se corrió nuevamente, yo me entretengo con sus pechos los chupo y los froto ella me dice:

    «Me duele, su verga es aún más grande que la anterior»

    Yo:

    «Y bueno vos querías cogerlos, ahora aguanta»

    Bruno la sujeta de las caderas y la penetra duro, su cara delata el placer que esa conchita le está brindando.

    «Ya estoy por venirme de nuevo!!!

    Está conchita es tremenda demasiado apretada dios!»

    Sus movimientos se aceleran, yo continúo chupando las tetas de Andrea. Y entonces Bruno saca su verga de Andrea y masturbándose apunta a su panza yo me acerco y apoyo mi cara en la panza de Andrea con mi boca abierta esperando la corrida de Bruno inmediatamente él se viene con tres disparos que caen sobre la panza de Andrea frota su gigantesca verga por su panza yo la tomo y la chupo para limpiar.

    Los cuatros quedamos sentados.

    Andrea se levanta y con su conchita dolorida se retira, yo me quedo con ellos un rato y volvemos a coger una vez más.

    Por la noche llega Facundo, cenamos los tres y nos acostamos.

    Él nos busca para coger pero nosotras estamos muertas, pero él insiste, cogemos los tres y a dormir.

    Al otro día mientras desayunamos Andrea duerme y Facundo me dice:

    «Eli tenemos que estar alerta porque en cualquier momento puede nacer el bebé»

    Yo:

    «Pero falta un mes»

    Facundo:

    «Si ya sé, pero anoche cuando cogimos note su conchita más dilatada, creo que se está preparando»

    Yo quedé en silencio y por dentro me reí y pensé

    «No es por lo que va a salir, es por lo que entró!!!»

    CONTINUARÁ

  • Amigo ratón del queso

    Amigo ratón del queso

    Capítulo 2: Despertar de una noche de farra.

    No sé qué momento me dormí, pero si recuerdo que lo hice con una mezcla de emociones y sensaciones, algo así como agrío-dulce, por un lado, me sentía el más grande estúpido y cabrón de esta agalaxia y por el otro, sentía paz, tranquilidad porque sé que ella está bien, cuidada y protegida.

    Percibo una caricia, intento abrir los ojos, entre la pesadez del sueño y lo cómodo que estaba de verdad que dormí profundo -buenos días dormilón o debería decir, buenas tardes- escucho con un tono suave y una leve sonrisa al final, forzó la vista y la veo sentada en la cama, lleva una franela puesta.

    Me estiro y desperezo, -toma- me dice, es una taza de café el olor me atrapa, su aroma me anima a sentarme en la cama, -hola buenas, qué horas son- le respondo, -creo que ya son la 1:30 de la tarde- y en eso le contesto –Wow, como que me quede pegado de más- en eso suelta una carcajada y dice –creo que sí, además no fuiste tú solo, yo no tengo más de una hora que me levante-.

    Sentado en la cama, aun con el sopor del sueño y tomando mi café, caigo en cuenta que ando en bóxer (interiores) debajo de la cobija, realmente no le me preocupo por eso, –¿Cómo dormiste?- me pregunta –bien, realmente bien, no me puedo quejar-, a lo que dice -yo también dormí bien, de verdad- en eso me suelta una palmada en la pierna –anoche te pasaste conmigo, cómo se te ocurre meterme a bañar- me rio por recriminarme y solo le digo –era eso o te hubieras ido en vomito de la pea que cargabas, así que elegí el menor de todos los males-.

    -Ten, toma ponte eso, creo que debe quedarte, vamos a comer algo- me suelta el short en la cama mientras se levanta y va hacia la puerta, es allí cuando me percato que ella solo lleva la franela, no lleva short o algo, creo… ya que le cubre casi hasta las nalgas, se detiene en la puerta y se recuesta del marco mirándome mientras toma de su café –dale vamos, levántate que tengo hambre- me dice.

    Pongo mi taza en la mesa de noche y me levanto, mientras me lo calzo el short la observo que me mira con cara de sorpresa, –vamos, también tengo hambre- le digo mientras tomo mi taza de café y le sigo hacia la cocina.

    De camino a la cocina no puedo dejar de mirarle las piernas, ya con la luz del día confirmo lo que mis manos y la luz tenue de anoche me mostraron, sin duda alguna sus piernas son bellas, tiene unos muslos exquisitos y muy bien contorneados, sus pies son hermosos, bien cuidados y delicados.

    -Que te provoca, ¿hacemos algo de comer suculento? – dice mientras voltea y me pilla mirándole las piernas, -lo que tú quieras, con el hambre que tengo…- le contesto mirando sus piernas <Te pondría sobre la mesa y te comería entera, Dios que piernas>, -Oye, anoche cómo sabias que iba a estar en ese bar- me pregunta mientras observa dentro de la nevera, me siento en la barra del otro lado lo que me permite observarla bien y allí confirmo que aún seguía en los cacheteros blancos <Que delicia, me torturas y lo sabes>.

    En eso se voltea sacando varias cosas y las coloca en el mesón y me pilla mirando sus piernas, -te hice una pregunta, al menos podrías disimular un poco el bucearme- me suelta con tono pícaro y sarcástico, espabilo y contesto –Paola, me escribió y me contó que estabas muy molesta por… bueno, ya tu sabes quién… <el imbécil ese> y me dijo que le habías comentado que irías a ese bar- le digo mientras sorbo otro poco de café y le agrego –realmente no quería ir, pero muy en el fondo algo me decía que fuera al menos darte una vuelta, lo que nunca me imaginé fue que te encontraría en ese estado-.

    -Sí, bueno, de verdad que anoche se me fueron de las manos las copas y no se en que momento me puse borracha- no quise ahondar en el tema, o preguntarle por qué se dejó llevar hasta ese punto de embriagarse así, no es normal en ella, malas copas no es, pero a lo hecho pecho como dicen, -de verdad agradezco que hayas aparecido, porque no sé cómo hubiera salido de allí- me dice mientras empieza a cocinar, en ese momento estaba de espaldas y se pone con una pierna flexionada apoyando el pie en su otra rodilla, una pose algo cómica pero sumamente sexy.

    -¿Y cómo llegamos aquí, en mi carro o en tu moto?- me pregunta, -nos venimos en tu carro, en moto no era seguro porque en tu estado podrías caerte en una curva, no era seguro- se sorprende y me dice –¿y donde dejaste tu moto?, no me digas que aún sigue allá- su cara denota preocupación, le contesté –no te preocupes, llame a un amigo que vive cerca, y que por suerte, estaba en su casa y la fue a buscar, ahora más tarde voy por ella-.

    Se quedó como pensado y se voltea y sigue cocinando –Tomy de verdad discúlpame por lo de anoche, no tenías por qué preocuparte y cuidar de mi- en eso me levanto de la silla, bordeo el mesón y me acerco a su lado, me quedo mirándola, se nota que se puso nerviosa porque se paró derecha y le costaba verme, tomo la jarra de la cafetera, me sirvo otro poco y le contesto –no tienes porqué disculparte, no hice nada que tu no harías por mí- en eso me dice –bueno, yo no cuido borrachos- y suelta una carcajada.

    En eso se voltea hacia mí y con la cuchara de madera con la que cocina me pega en el brazo mientras me suelta –y aun me debes el baño de anoche, te pasaste- allí me rio –¿qué vas a hacer, bañarme? pues ¡cuando gustes!- y tomo de mi taza mientras la miro con picardía. Se voltea y algo nerviosa me dice –b-bueno… busca los platos que ya está listo, vamos a comer que me muero del hambre-

    Mientras devorábamos lo que ella preparo, echando cuentos y riéndonos como par de tontos, me dice –Anoche de verdad que dormí muy bien, tenía tiempo que no dormía así de rico- me sonrió <Si supieras que lo último que me provocaba era dormir, quien me manda a ser un caballero> – también caí profundo, no lo puedo negar- en eso me suelta -lo único que si me sorprendió fue que “tu amiguito” quien fue él el que me despertó, me tenías literalmente apuñalada- y se echa a reír con picardía, casi me ahogo tomando agua cuando me soltó esa frase y me echo a reír, -sabes que eso natural, él es autónomo- le digo con una sonrisa sarcástica.

    -Deja esos platos allí, que después los lavo, ven vamos a la sala- ya en el sofá ella se sienta se queda callada mirándome y le pregunto –Que pasa por tu cabeza, te veo como queriendo decir algo pero no atreves- se sorprende y se acomoda en el sofá –Ah, a mí, no nada, no me pasa nada- está nerviosa –vamos suéltalo, te conozco y hay algo te tiene inquieta- se me queda mirando y me dice –es que anoche mientras me bañabas (me suelta una palmada tipo reclamo en la pierna) me sorprendió que no intentaras algo más- esas palabras de verdad me sorprenden pero más por el hecho de que piense que soy uno más del montón que me aprovecharía de su borrachera.

    –Genesis, tú muy bien sabes quién soy, tanto que hemos conversado y hemos hablado sabes que jamás cruzaría esa línea sin que haya la más mínima voluntad de tu parte y no te voy a negar que fue una prueba sumamente dura y difícil para mí, pero jamás me aprovecharía de una mujer borracha- mientras iba diciéndole esas palabras pude notar que su mirada, cambio como de ternura y alegría, sus ojos brillaron y al finalizar a frase tenía una leve sonrisa en tu cara.

    -De verdad que tú eres único, eres increíble, me cuidas, me consientes, me proteges y encima me sacas de un bar borracha y te aseguras que termine acostada en mi cama- esto último lo dijo bastante jocoso y burlesco donde ambos terminamos riéndonos –pues sí, si tengo que sacarte de un bar borracha, lo volvería a hacer sin dudarlo-.

    -Mi ropa quedo en tu cuarto, voy por ella, creo que ya es hora de que me vaya- al escuchar eso se exalta y brinca de inmediato y se me cuelga de un brazo –no te vayas, quédate conmigo, anda- su cara denota tristeza por lo que acabo de decir –Dime que no tienes planes o trabajo, anda quédate conmigo, estoy sola este fin de semana y no quiero estar sola- con esa frase uso su arma secreta conmigo, su cara de puchero y niña chiquita, confieso que me es sumamente difícil negarle algo a ella, sabe cómo manejarme y como convencerme <Sí, lo admito, soy sumamente débil con ella> ella está plenamente consciente de que yo me derrito por ella, pero después de aquella conversación, donde quedó claro que en nosotros solo habría una amistad, he hecho tripas corazón y he respetado su decisión.

    -Está bien, no tengo planes, me puedo quedar- su cara se ilumino con una sonrisa inmensa y se lanzó abrazándome y dándome un beso en el cachete –por eso es que yo te quiero, siempre me complaces- y se echa a reír, mientras la tenía abrazada tuve que atajarla y sin querer se le subió la franela y una de mis manos estaban en una de sus nalgas, al sentir la dureza de su culo y la redondez de su nalga tuve una corriente y “mi amiguito” de inmediato empezó a reaccionar y se empezó a despertar.

    -Bueno, pero antes me quiero dar un baño, anoche eso de mojarme sin realmente bañarme es como remojarse y eso no va conmigo- ella se percata que le tengo una mano en su culo y me suelta –si bueno, anoche querías enjabonarme toda, te lo vi en los ojos- se reía mientras se levantaba y me tomo de una mano –vamos, échate un baño, mientras déjame poner a lavar la ropa y te busco algo que te puedas poner mientras tu ropa se seca, vale?- mientras me llevaba a su cuarto agarrado de la mano, su franela no se le bajo ni le cubrió el culo y tenía el cachetero totalmente metido entre sus dos cachetes, esa visión me puso mal, estaba empezando a tener una erección.

    -Dale, mientras me baño déjalo en la puerta el short- abrí la ducha y casi sin esperar a que el agua se caliente me metí, debía evitar que me viera la semi erección que ya era notable en la ducha deje que el agua corriera por mi cabeza y empecé a relajarme, de verdad me puse a pensar en otras cosas y mientras me bañaba, debo decir que disfrute de esa ducha.

    No sé cuánto tiempo habrá transcurrido, 10 o 15 min. De verdad disfrute de mi ducha, y cuando finalizo, me percaté que ella está parada en la puerta mirándome, no sé si acababa de llegar o cuánto tiempo tendría allí, pero su cara era una mezcla de picardía y sorpresa, durante mi ducha y me enjabonaba tuve una erección de las buenas y no me desahogué, sino que deje que se bajará sola <¿me habrá visto mientras estaba así?… por su cara, me dice que sí>.

    -Estuvo muy rico tu baño, no¡?- suelta esa frase una picardía <sin duda, me vio mientras me enjabonaba y tenía tremenda erección> -sí, estuvo bien, muy sabroso, de verdad- digo esto mientras me seco con la toalla y caigo en cuenta que las cortinas de la ducha son traslucidas, -te deje el short en mi cama, espero que te quede, es lo que encontré que te pueda servir-.

    Salió del cuarto hacia afuera y aproveche ponerme el short, es gris, de tela muy suave pero corto, no sé si me vaya a quedar bien, así que me lo pongo y me queda justo pero no apretado, pero es indudable que el paquete se me nota claramente –te quedo bien- dice, me sorprende porque no sabía que estaba en la puerta del cuarto, -tú como que eres de pies de pluma, porque no te escucho caminar, entrar o salir- a lo que solo levanta los hombros como queriendo decir “bueno…” y se mete al baño y medio cierra la puerta –acuéstate si quieres, puedes ver tv lo que quieras o usar la laptop, me voy a bañar, me toca a mí, todo lo mío es tuyo- me acuesto y enciendo la tv, empiezo a hacer zapping a ver que encuentro y se escucha la ducha <”Todo lo mío es tuyo”, que descaro debería cobrarme y tomar lo que “es mío”> me rio de mis propios pensamientos porque esa frase calo duro en mi cabeza.

    Me quedo viendo un programa de motos que encontré –Tomy hazme un favor, toma mi ropa y métela en la lavadora, por favor- me quede absorto con el programa, al minuto voy y toco la puerta para avisarle que iba a entrar, entro y veo su franela y el cachetero súper sexy en el suelo, cuando entro el baño había mucho vapor, se notaba su silueta en la ducha, me agacho y recojo la ropa pero no pude evitar voltear a verla, en eso escucho un fuerte gemido y me doy cuenta que tiene una mano apoyada en la pared y la otra en su sexo, esa imagen me calienta demasiado, <se está masturbando, a menos de un metro de mí>, que suelta un gemido me saca activa y salgo sigiloso del baño, voy al lavado para echar su ropa y no puedo controlar mi erección, un tercio del pene se me sale por el lateral, me duele por la presión que hace contra el short, antes de tirar la franela y el cachetero a la lavadora, no puedo evitar llevarme el cachetero a la cara, ese aroma que no es de recién cambiado, pero me embriaga, es dulce pero es característico, olor a hembra, a mujer, está claro que muchas veces se habrá excitado.

    Lo suelto y cierto enciendo la lavadora, estoy allí parado con una erección descomunal y una ganas de entrar al baño y comérmela entera y hacerla mía, me siento en la cocina esperando que se me baje la erección para regresar al cuarto y escucho que me llama –Tomy donde estas- a eso le contesto, -voy, estoy tomando agua- me dice –ay tráeme un vaso con agua, please- <lo que me faltaba, ando con un short diminuto y una erección me lo tapa> von con su pedido, me acomodo el pene como puedo y entro rápido, pongo el vaso en la mesa de noche, me echo en la cama y me tapo con la cobija, está sentada delante de mi envuelta en una toalla, se está secando el cabello con otra toalla.

    Intento mirar la tv que aún pasan el programa de motos pero tenerla así de cerca me cuesta sacarla de mi mente, la imagen de verla masturbándose en la ducha, mientras se seca el cabello, la toalla que le cubre se le ha aflojando por el movimiento que hace al secarse el cabello y va dejando al descubierto su espalda, húmeda, con gotas de agua aún y perfilo cada centímetro, los movimientos que hace con los brazos secándose el cabello resalta sus músculos de la espalda y vaya que está definida, su contorno la silueta curvas de sus costados, cada musculo se mueve y ese baile sensual me cautiva.

    -¿No piensas contestar?- Dice, cuando caigo en cuenta que mi teléfono está sonando, me levanto y lo tomo de inmediato, es mi amigo, me llamó para preguntarme por la moto, cuándo iría por ella, le dije que hoy no, que mañana le llamaría, estaba pie en la ventana mientras conversaba por teléfono, al colgar me percato que ya está vestida con una especie de bata de dormir, semi y transparente, de tirantes <se empelotó mientras estaba hablando de espaldas y se vistió…> le cubre hasta un poco más arriba de la mitad de los muslos, no puedo evitar devorarla con la mirada, <vamos, respira, se me está haciendo difícil controlarme>.

    En eso me echo en la cama, y me tapo nuevamente, he de acotar que su cama no es un box individual pero tampoco es matrimonial, es el intermedio, los que caben dos personas, pero tampoco están con mucho espacio, se levanta al baño y deja las toallas, al retornar apaga la luz del techo y se acuesta pesando justamente sobre mí, en ese movimiento lo hizo de frente a mí y sus senos, que no llevaba brasier, se dejan ver perfectamente, es obvio que los vi y al verme a la cara esboza una pícara sonrisa <Está jugando conmigo, por qué me tortura así>.

    Se mete debajo de la cobija y se acomoda de lado, pero de frente a mí, yo estoy acostado mirando hacia el techo, -¿no hay algo más que ver? No sé, que no sean motos- me dice con ironía y tono burlón, le extiendo el control remoto –elije lo que quieras ver- empieza a hacer zapping y cae una película que ni recuerdo cuál era, nos quedamos en silencio viéndola, no sé si por la ducha o la comida, pero ambos teníamos un sopor, me acomodo mejor en la cama y ella se acerca a mí y se acuesta en mi pecho pone una mano sobre mi abdomen seguimos viendo la película.

    Nos quedamos dormidos, porque me desperté cuando ella se levantó al baño, creo que a orinar –¿qué horas serán?- me pregunta, busco el control de tv y veo en el menú, -dice 2:45 am- le contesto, -¿tienes hambre? porque yo si- honestamente si, y me levanto y le digo –voy a preparar algo, alguna sugerencia- se emociona y me dice –ah sí anda prepárame esa pasta que haces con maíz, es divina- se abraza por la espalda mientras íbamos a la cocina, siento sus pezones perfectamente en mi espalda.

    Empezamos a conversar sobre trabajo, amigos, cuentos, familia, pura trivialidades mientras voy preparo la comida, la conversación de verdad que siempre se nos hace amena, es indudable que entre nosotros el verbo es fluido, suave, tan natural que mientras tomaba un poco de café (sí, soy adicto al café jejeje) no puedo evitar quedarme mirando su bellos ojos <Dios esta mujer es perfecta, de verdad que me tiene enamorado> en eso me dice –oye que paso que te me quedaste mirando así- yo salgo del trance y continuo con la comida –así cómo, estas echándome el cuento, te estoy escuchando- le contesto, y ella me dice –no, esa mirada la conozco esa mirada no es de escucharme- yo intento restarle importancia y le suelto –ah sí, me conoces, me lees la mirada… bla bla bla -y me echo a reír, tratando de disimular pero lo más seguro es que debía estar rojo de la vergüenza, mi cara me delata, es uno de mis puntos débiles, se me nota en ella cualquier emoción o sensación.

    Ella que estaba sentada sobre el mesón se baja, me abraza por la espalda y me dice –Tomy, sabes que te quiero muchísimo, pero yo no estoy lista para una relación y no quiero hacerte daño- <Ya va, no vas a venir a cortarme ese cuchillo de cartón> esas palabras fueron como dinamita en mi cabeza, <de verdad cree que me voy a comer ese cuento>.

    Suelto las cosas que estaba haciendo y me volteo –ok, ahora siéntate y escúchame- m recuesto del mesón y le suelto –sé que nosotros conversamos ya hace un tiempo, no tenemos dos días conociéndonos y sé perfectamente cómo eres porque te conozco, muchas veces me he calado tus relaciones y he sido tu trapito de lágrimas, tu confidente y hasta te he dado consejos de tus relaciones, actuando yo como un perfecto imbécil, a quien carajo se le ocurre aconsejar sobre sus relaciones a la persona que te gusta, de verdad que estúpido y el título de carbón más grande lo tengo, pero no me vengas a decir que tú no estás lista para una relación, dime cualquier otra excusa pero esa no, de verdad- no se cual cara abre tenido o el tono con el que le dije las cosas, porque al verla pude notar que estaba como asustada o impactada.

    -Aún recuerdo esa conversación que tuvimos y jamás te lo he vuelto a decir, pero me dolió, porque a sabiendas que tú me gustas y que yo para ti haría lo que sea, siempre me dejas de lado y me tratas como un amigo sabiendo que me derrito por ti- dicho eso, busco un vaso y me sirvo agua, me lo tomo de un solo golpe y me recuesto en el mesón dándole la espalda, tengo una sensación de arrechera bruta y tristeza, pero no hacia ella sino conmigo, por no valorarme, por seguir soñando con algo imposible, suelto el vaso y me mi arrechera suelto un manotón al mesón.

    Siento que me abraza por la espalda y me dice –Tomy, lo siento, de verdad no quiero hacerte daño, pero…- de una le suelto –pero qué… por qué un, pero… no logro entenderte, de verdad- esto último lo digo con ya algo de frustración, -es que me da miedo decírtelo- dice mientras se aferra aún más a mi espalda –No sé cómo decirlo, pero me cuesta muchísimo abrirme contigo en este aspecto, hemos compartido tanto que tú me conoces mucho a mí, muchísimo más que otras personas, conoces mis debilidades, mis temores, mis miedos, conoces que me gusta, cómo y cuándo, sabes cómo me siento con escuchar mi voz o con verme la cara me lees como un libro y eso me da miedo, de verdad me asusta mucho-.

    Tomo sus manos mientras le digo –no sé qué es lo que tanto te asusta, tú lo estás diciendo, te conozco tan bien, no entiendo por qué te niegas a darme la oportunidad de hacerte feliz, de compartir tu vida, sabes que jamás podré ofrecerte algo que realmente no pueda cumplir, el futuro es incierto para todos, lo que importa es el ahora y avanzar juntos, no dudo de que ambos podríamos ser indetenibles, lograr todas y cada una de nuestras metas, una cosa es estar juntos y otra es seguir los sueños de cada uno, con el apoyo del otro y créeme cuando te digo que nada me alegra más que verte cumplir cada una de las metas u objetivos, lo que te propone lo logras, eres indetenible, tenaz, una autentica guerrera, no dependes de nada y nadie para ser quien eres y nadie ha logrado detenerte o frutar tus sueños-

    -¿De verdad no te gusto, es lo físico o qué?- esto último lo digo ya con resignación, mentalmente me agota sentirme así, es difícil expresar algo cuando sientes que el pecho un vacío que aprieta y cuesta articular palabras. Le tomo las manos y me volteo, busco verle la cara, al voltearme mira hacia el suelo y su cabello le tapa la cara, cuando suelto sus manos me abraza de nuevo y con mucha fuerza, yo la abrazo y apoyo mi cabeza sobre la suya (ah debo aclarar que soy mucho más alto que ella, su estatura da hasta la altura de mi pecho). Siento que sollozar y le tomo la cabeza, trato de que me vea –Bella… mírame, ¿sí?- se aferra más fuerte y mueve la cabeza negando.

    No se cuento tiempo habrá pasado que estamos así, abrazados, le digo –Creo que la pasta se va a pasar si seguimos así – se ríe y me da una palmada en la espalda, me suelta y se va hacia el otro lado de la barra, me dispongo a terminar la comida, sin decir más nada, pongo la mesa, no sé en qué momento se había ido, pero regreso con una botella de vino que me da, aún sin decirme nada y aún sin mirarme a la cara, busco el abre corchos y dos vasos, me siento una vez habiendo servido para ambos.

    -Ven, vamos a comer- se había sentado en una butaca que está en la sala cerca del mesón de la cocina, le agarro de la mano y la llevo, cuando se sienta, aun no me quiere ver y toma del vino, empieza a comer –como siempre, te quedó divino- sonrió y le digo –una de mis tantas facetas y sabes que esta es mi especialidad- cambio de tema y le comento cuando había llegado al bar a buscarle la vi que estaba bailando con un tipo y ése tipo intentaba acercase y como lo rechazabas, me daba risa porque él debió haber quedado muy frustrado, me rio –no recuerdo mucho eso. Ay no que vergüenza, de verdad que fue una locura-.

    Después de comer, seguimos tomado y se acabó la botella en ella busco otra, la abrimos… el tema había quedado “atrás”, simplemente es parte del trato, no volver a tocar el tema porque insistir podría perderla y al querer forzar un imposible, o al menos así lo creía yo.

  • Día de descanso

    Día de descanso

    Ese era su día de descanso, el único que le pertenecía desde el alba hasta el anochecer, así que decidió disfrutarlo en su muy peculiar manera, desayuno sin prisas, disfruto de su café y su cigarro en absoluta calma en aquella bonita terraza que tenía.

    Era ella una mujer de rutinas e incluso tenía una para ese día. Saco a su perro a pasear, hizo el aseo de casa, lavo ropa, lavo loza, volvió a fumar, puso su música preferida a todo volumen.

    Caída la tarde, se dispuso a comer, ver una película y disfrutar del ocio hasta llegada la noche. Decidió que para culminar el día no habría nada como un buen baño y un té antes de dormir.

    Se quitó la ropa y la dejo doblada, saco de su cajón su ropa interior y un pijama, entro en la regadera, pensaba en que té tomaría, cuando el contacto del agua hizo un efecto en su piel que no esperaba y cambio aquel rutinario día, noto como los pezones se le endurecían y con sus manos enjabonadas comenzó a recorrerse, noto que en su entrepierna la humedad era también de ella y no solo el agua, detuvo sus manos y debió decidir si parar y seguir según lo planeado o dejarse llevar y masturbarse, optó por lo segundo.

    Dejo el agua corriendo y sus manos comenzaron, se frotó, se masajes su clítoris, se probó y así en una combinación de movimientos que solo ella conocía llegó al final gimió sola y se di el tiempo de disfrutar aquel orgasmo, cerró la ducha y salió.

    En su recamara y con acciones de autómata dejo de un lado lo que ya había planeado ponerse en cambio tomo su tanga preferida, la de encaje negro que dejaba para ocasiones en que manos ajenas la quitarían, optó por un camisón negro que era algo transparente y se observó en el espejo, ella misma se antojaba se veía perfecta aunque fuera para si misma.

    Se dio cuenta que la panza le rugía y a pesar de ser tarde optó por salir a comprar algo rápido, monto su bicicleta y se dirigió a la miscelánea más cercana, entre los baches de la calle y el asiento hacían una especie de efecto vibrador que volvió a calentarle las entrañas y volvió a mojarla cada cuadra más, intento calmarse al llegar, eligió sus compras y ya en el mostrador noto que aquel hombre la miraba, clavaba su mirada en aquel par de senos que se veían aún mejor con la luz incandescente del local, ella en un acto autocomplaciente se irguió y se dejó ver mejor, él aunque intento disimular tras el mostrador era evidente que algo le sucedía conforme más la miraba.

    Se avergonzó y solo atino a darle su cambio y decir «voy a cerrar». Ella sonrió y se dio la vuelta, sintió su mirada en sus nalgas y sus piernas salió y el aliviado fue a bajar la cortina, al salir se dio cuenta que la bicicleta seguía amarrada, y ella al resguardo de un árbol le esperaba, estaba ahí parada con la entrepierna mojada, él la vio y sin atinar a decir nada la tomo por la cintura y comenzó a besarla, ella dejo aquella lengua entrar, dejo que las manos de aquel dependiente la tocaran, las sintió en la espalda, sintió como le jalaba el cabello para que su boca le besara el cuello.

    Al acercarse a su oído le dijo bajito…

    -es lo que esperabas verdad? Que un completo extraño te besara y te tocará? si eres buena hasta te termino cogiendo aquí mismo lindura.

    De ella solo salían gemiditos que solo el alcanzaba a escuchar.

    Ella comenzó a desabrochar su pantalón, lo tocaba, sentía a tacto lo grande que era y sin pudor alguno le pidió que se la metiera…

    -todita, hasta el fondo.

    El la tomo de las nalgas y la subió ensartándola con el animal que tenía ya bien erecto y listo para hacerla suya, con movimientos tan sincronizados, que cualquiera hubiera envidiado, la fue llevando al clímax hasta venirse y llenarla con todo su semen sin dejar que nada saliese de ahí, ella por su parte al sentir esa descarga llegó al orgasmo una vez más.

    Sin más palabras se separaron y con un beso de agradecimiento monto en su bicicleta y volvió a casa, al llegar se aseo un poco y se acostó a dormir, decidió que aquel había sido, por mucho uno de sus mejores días de descanso, y espero con ansias el siguiente miércoles.

  • La madrina degenerada (Parte 2)

    La madrina degenerada (Parte 2)

    En el anterior relato conté detalles de mi esfuerzo de tratar que mi ahijado se acostará conmigo en complicidad con mi marido. Sin dudas fue una experiencia de las más excitantes de mi vida hasta ahora. Me sentía alborotada y de noche sobraba para Edgardo. Mientras escribo esto y acordarme me deja toda empapada. Por lo general las mujeres somos presa de los hombres y en este caso para mi inédito fui la cazadora y estaba al acecho todo el día es algo rico e indescriptible. Mi marido antes de cepillarme me preguntaba detalles morbosos del día y claro si ya el se había clavado a la madrina. Hablarle de eso lo dejaba pegando fuego y su pene era una piedra. A lo que muchas veces cuando hacíamos el amor y estando encima, paraba de moverme y que él no eyaculara tan pronto y tener que masturbarme.

    Como las normas morales son injustas, pensaba, habiendo una mujer que tenía muchas ganas todavía y un hombrecito cargado de semen en el cuarto al lado a unos pasos, eso no era posible. Al menos por ahora. Jajaja.

    Sus preguntas morbosas eran varias e insistentes:

    -Cuando llego del instituto se ducho?

    No te pidió que le llevaras la toalla?

    -No, no él tiene toalla, trajo de su casa… le contestaba riéndome y pícaramente.

    -Bueno mañana, cuando se esté bañando entras casi corriendo y distraídamente a orinar o preguntar si precisa algo. Decile que no aguantas más…

    -Estás loco, no me animo.

    Confieso que soy un poco torpe en conocer la cabeza de los hombres y saber que cosas los deja perturbadamente excitados.

    Suyas fueron algunas sugerencias de como llamar la atención y calentar un machito joven y lleno de ganas y energía

    Me acompaño a una tienda donde compramos dos short femeninos color blanco y ropa interior negra. Un bikini en crochet rosa.

    Mi aporte a ese juego morboso fue darme cuenta de la falta de mi ropa interior lógicamente muy mojadas.

    -En serio? Te las saco? -preguntaba mi marido incrédulo.

    -Yo creo que si, el viernes cuando llegue del gimnasio, me cambie y salí, al volver no encontré la bombacha. Pensé que alguna de las niñas hubiera puesto con la ropa a lavar. Después estaba atrás de la puerta. Ayer otra vez pasó lo mismo. Además tengo que cambiarme durante el día porque es impresionante como la de abajo se anda lubricando últimamente sabes.

    Sentía la necesidad que orinar varias veces al día, debe ser por la calentura que llevaba encima.

    Otra idea era a la noche invitarlo mirar alguna película picante que ya la hubiéramos visto. Y yo sentarme casi al lado de Jorge abriendo las piernas disimuladamente. El estado de mi vulva y sus jugos, sin dudas el aroma invadían el ambiente todo. Según mi cómplice en esto, el que estaba casi a tres metros y lo percibía.

    Los días más calurosos no usaba ropa interior por debajo del short, y trataba de estirar los vellos púbicos que aparecieran entre las partes oscuras de la entrepierna. Nunca me los saco, eso mi marido le encanta.

    Así limpiamos un día junto al guacho el jardín y cortamos el pasto. Cuando él se agachaba recoger la hierba y alcanzarme casi le ponía mi entrepierna en la cara. Ese día note su rostro colorado e incluso que podía estar teniendo una erección. Al terminar se encerró en el baño creo que corrió a masturbarse. Que ganas de entrar de sorpresa como decía Edgardo, pero no orinar y si no tragarme toda esa leche abundante y calentita. Pero bueno si para él no era fácil, tampoco para mi lo fue.

    En sus rutinas observamos que temprano antes de levantarse habitualmente se dirigía a orinar. Se sentía desde mi cuarto el chorro fuerte en el water.

    -Ese gurisito por la fuerza del chorro debe tener una tranca como de 30 centímetros y debe ser gruesa… decía mi esposo maliciosamente sabiendo el efecto que eso tenía en mi.

    Una mañana después de él cerrar la puerta del baño, me fui a la cocina solamente con ropa interior abajo y los senos de afuera.

    Al salir hice que nos cruzáramos antes de llegar a su cuarto.

    -Aaay disculpa Jorge, me olvido que tu estas en casa y salgo así… le dije y sus ojitos brillaban mirándome de arriba, abajo.

    Solo esbozo un gesto, y quedando sin gracia dijo.

    -Paah… no pasa nada madrina, disculpa.

    En cuanto entro al cuarto y le cuento a Edgardo, recibí su descarga de semen por detrás y sin ninguna crema, en seco. Más tarde me ardía. Diciéndome

    -Vamos acostumbrarlo a él también recibir semen por si aparece otro intruso y este desentrenado.

    Aunque los dos preferimos hacerlo más por la vagina, a veces variar no está mal.

    Esto que cuento solamente un chico tímido y rural se aguanta si fuera otro creo me hubiera metido mano y pija antes. Y solo logre consumar lo deseado, estando sola y el guacho tomando varias cervezas. Igualmente tome la iniciativa de al principio tocarlo y manosearlo y solo a lo último bajar mis manos a sus zonas privadas. Ahí si constate la dureza que venía imaginando a casi un mes.

    Mi calentura, sus ganas y los tres días combinados con mi marido que tuvimos solos hicieron el resto. La primera vez como ya conté, acabo abundantemente en la vagina y chorreaba en mi espalda. Ese día tenía ganas de llevarlo a mi cama, pero después de lo agotado que estaba se dirigió al suyo y no quise insistir. Ese sábado me levante tarde, no me duche. Se levantó enseguida y conversamos normalmente como si nada hubiera pasado.

    No quería esperar la noche y aprovechando que mis niñas jugaban afuera le ofrecí nuevamente cerveza para espantar el calor era la excusa. Inconscientemente era romper el hielo y quizás desde las cervezas retomar lo de la noche anterior.

    Tomamos solamente dos. Incluso la compartimos, antes era cada uno con la suya. A continuación yo al menos solamente tome abundante semen más suave y también menos espeso que el de mi marido. Era rico, rico parecía con sabor a fruta.

    Antes tuve el cuidado de cerrar la puerta y que las niñas no entraran de improviso, Lorena ya tenía once años y boba no es. Después de empezar sabía que la cabeza se me volaba.

    El teléfono sonaba intermitente, no quería atender, ustedes se imaginan quien podría ser. Esas cosas solamente se las conté personalmente y detalle por detalle a mi marido cuando regreso. No eran para hablarles telefónicamente.

    Ya pasaron tres años de esa locura, el anterior relato lo escribí hace mucho y estos detalles lo hago ahora ante la insistencia de algunos lectores.

    En cuanto mi marido volvió, mi ahijado fue a visitar a sus padres. Extrañe por unos días no tener dos machos diariamente, me estaba malacostumbrando. Pero volvió… y otras cositas hizo con su madrina.

  • El regalo: Un antes y un después (Decimoséptima Parte)

    El regalo: Un antes y un después (Decimoséptima Parte)

    Una vez que dejé dormidos a mis hijos, bajé para conversar un poco con mi madre y ponerme al tanto de las noticias familiares.  Mis hermanos, cada uno de ellos tan lejanos en diversos países, mis tías y sus problemas con la crianza de mis primos y primas, todo ello me servía para evitar pensar en que estaría sucediendo con mi esposo. Pero no, por momentos me evadía mentalmente de aquella conversación para pensar en Rodrigo.

    Usualmente los viernes en la noche, más o menos cada quince días, salíamos los dos a pasear por la ciudad para conocerla más y recorrer lugares nuevos, entre ellos algún centro comercial; ir a cine, cenar por ahí, terminando en el bar hablando con Albert, la verdad muy poco o con Lara, mucho más. Bebiendo cerveza y escuchando la música rock que a Rodrigo le encantaba. Algunas, unas pocas en español habían que a mí también me gustaban. Por mis venas corrían más los tangos, la música de arrabal, los boleros y los vallenatos, al igual que la salsa para bailar. Y nostálgica como estaba esa noche, las canciones de Leonardo Favio, ¡todas! o algunas de Leo Dan, Myriam Hernández y obviamente Pimpinela.

    Con seguridad mi solitario esposo estaría en aquel lugar. No le gustaba mucho beber solo, tal vez dos o tres botellas de cerveza y a nuestro piso iría a parar, para ponerse cómodo frente al televisor y mirar alguna película de ciencia ficción. Así que en la sala de estar, acompañada por mi madre y Alonso, no me preocupé en llamarlo. Tampoco tuve algún mensaje de él para saber de mi o hacerme algún reclamo, mucho menos para pedirme perdón.

    Tomamos unos aguardientes con mi mamá, Alonso un poco de escocés con dos cubitos de hielo y una breve serenata ofrecida por mi madre, acompañada por los agudos sonidos de su tiple, entonando boleros, bambucos y pasillos, muchas canciones aprendidas de mi abuela. De mi jefe no supe nada, mucho mejor para mí y así, casi a media noche, nos retiramos para dormir.

    Desperté muy temprano, ya el reloj biológico de madre acostumbrada a madrugar a diario, me sacó pronto de la cama. Después de ducharme y revisar que mis niños dormían aun profundamente, bajé al primer piso para ayudar a mi madre con el desayuno. Antes de servirlo me preparé un cargado café. Recogí mi teléfono un tanto emocionada, por si hubieran enviado algún mensaje. Por parte de mi esposo ninguno aún, mis amigas menos y de mi jefe solo uno, avisando que a las ocho de la mañana ya estaría en el aeropuerto para encontrarse con su familia y que las reuniones habían sido todo un éxito. Miré por instinto la hora en la pantalla, diez minutos faltaban para su hora de llegada.

    Lo apagué sin responderle, sintiendo cierta melancolía por la carencia de interés de Rodrigo por saber cómo me encontraba esa mañana. ¿Y si lo llamaba y me disculpaba? No, no podía dar mi brazo a torcer tan fácilmente. ¡Más tarde! pensé y me ocupé en otros quehaceres más urgentes, como alistar la ropa de mis hijos para el viaje, despertarlos y bañarlos, vestirlos y luchar con ellos para que desayunaran bien, sin dejarles ensuciar.

    Me acomodé con los niños en la parte de atrás de la camioneta de Alonso y el trayecto hasta aquel lugar desconocido por mí, se me hizo corto entre canciones infantiles, risas y la alegría desbordada en mis niños por pasar aquel día en la piscina. La población era realmente hermosa, Alonso nos dio un breve recorrido por algunas de sus calles, mostrándonos las céntricas casas antiguas, una estación de trenes y luego tomando por una vía, en pocos minutos llegamos a un parking, para después de cargar con nuestras bolsas, maletines y los niños tomados de la mano, entrar a un parque enorme, rodeado de inmensos árboles y unas piscinas con agua cristalina. Extendimos varias toallas sobre el prado, al amparo de la sombra que ofrecía un alto pino y recorrer descalza un tramo de grama, en persecución de mis dos hijos que entusiasmados por aquel paseo, no querían perder tiempo en entrar al agua.

    Acompañada de mi madre nos dirigimos con los niños hacia los vestuarios. Como no lo tenía previsto, sin tener ningún bañador a mano, la labor de cuidarlos recayó en mi mamá. Alonso fue el encargado de ir a comprar algo para picar y beber. Entre tanto yo, tomaba videos y fotografías de mi madre jugando en la piscina con sus nietos, para ir publicándolos en mis redes sociales. Un mañana casi totalmente azul, rayos cálidos de sol, aire puro y fresco y en mí, la sensación de vacío en el pecho, nostálgica por la ausencia del padre de mis hijos, de mi amado esposo. 

    Por lo tanto antes del mediodía tiré mi orgullo junto a la colilla de mi consumido cigarrillo en un contenedor para basuras en las afueras del parque, cerca de la entrada principal. Quería hablar con mi esposo, necesitaba saber si estaba bien y si había desayunado. Deseaba mostrarle el progreso de nuestra hija en la natación y las carcajadas de nuestro pequeño terremoto al salpicar con sus manitas, el rostro de mi madre.

    Así que acercándome hasta el borde de la piscina, realicé una videollamada para que Rodrigo pudiera observar a nuestros hijos jugar con su abuela. El tono de llamada se repitió varias veces, mi esposo no tomó la llamada. Tal vez, imaginé para mí, al estar trabajando y algo ocupado, no me respondió.

     

     

    —¡Vamos ya! A despertar par de tortolitos que está servido el desayuno.

    Abrí de a pocos mis ojos, reaccionando al escuchar aquella voz que entre sueños había escuchado con módica claridad. El sonido deslizante de unas persianas permitiendo a los rayos solares de esa mañana atravesar el cristal de la ventana, me hizo caer en cuenta de la realidad. Pero la claridad en aquella habitación de blancas paredes con una Marilyn Monroe de variados colores decorando una de ellas, me fastidiaba. Recuerdo que al intentar mover mi brazo izquierdo para acomodarme mejor contra el respaldo de la cama, causó que repentinamente abriera mis ojos sorprendido, al advertir la razón de aquella inmovilidad.

    La cabeza de Martha lo aprisionaba. Allí estaba junto a mí en aquella cama, ofreciéndome la visión de la mitad de su desnuda espalda, el resto estaba cubierto por una sábana encimera de brillante seda plateada. Y Yo, también con mi torso desnudo, solo atiné en aquel momento a girar mi cuello y observar de pie a mi derecha junto a la cama a una sonriente Almudena, envuelta en una corta bata negra y una toalla anudada alrededor de su cabeza. ¡Mierda! ¿Qué carajos habíamos hecho? Se me había borrado el casette.

    —Buenos días corazón. ¡Jajaja! ¿Siempre te despiertas con esa cara de cachorrito asustado? —Me preguntó sonriendo y acariciando con su mano mi frente.

    —Hola Almudena, buenos días. Lo siento mucho, pero creo que parte de la película la olvidé. No me digas que yo con…

    —No Rocky, eso no pasó. Al menos mientras los desvestí y les ayudé a recostarse, nada de lo que piensas sucedió. ¡Jejeje! Es que ustedes dos llegaron a mi casa muy tomados. Apenas si podías sostener en pie a mi amiga. Y como Martha insistió por seguir la fiesta en la sala, pues nada, que entre bailar y cantar, mezclaron vodka y luego destapaste una botella de Havana Club. Pues lo lógico es que sucediera lo que terminó por pasar.

    Yo de eso nada recordaba y me dolía la cabeza, la sentía a punto de estallar. Martha se giró y también con claras señales de jaqueca se tomó con las dos manos su cabeza, abrió un poco los ojos y también reaccionó sorprendida de verse allí en esa cama junto a mí. Me miró sonrió, luego se miró y palideció.

    —¡Ohhh no! Rodrigo no me digas que tú y yo hicimos… —Y de nuevo las risas de Almudena se escucharon como apocalípticas trompetas, retumbando en mi congestionada cabeza, interrumpiendo las palabras de una asustada Martha.

    —A ver par de borrachines, –continúo Almudena aclarando los detalles perdidos– que ustedes no han hecho nada, bueno tan solo roncar. ¿No recuerdan nada? —Y dirigiéndose hasta el otro costado de la cama, le dijo acariciándola de la misma forma que lo había hecho conmigo…

    —Martha, mujer. ¡Que te has bebido hasta el agua de los floreros! Casi, casi hasta perder la conciencia. Bueno, eso fue antes de lanzar encima de Rocky todo lo que habías comido y bebido, para luego si caerte de rodillas sobre tu propio vomito. Pero tranquila cariño, ya se están encargando de limpiar el estropicio. Y si se preguntan porque están aquí juntos, pues es que no te querías despegar de tu… ¡Hummm! ¿Cómo es que le decías esta madrugada a Rocky? Ahhh, sí. ¡Mi caballero sin armadura! Tan divina. —¡Ahhh carajo! Yo no recordaba ni una pizca de esos acontecimientos.

    —Sus ropas ya las están lavando. ¡Ahora vamos, a la ducha los dos, que se enfría el desayuno! Lo espero abajo tesoros. —Y Almudena salió de la habitación, dejándonos a Martha y a mí a solas y con nuestros recuerdos muy nublados.

    —Martha yo… Lo siento. Le dije casi susurrando.

    Martha ruborizada y cubierta con la sabana hasta la altura de sus senos, la jaló hacia arriba con sus dos manos, hasta cubrir su rostro para posteriormente hablarme sin que yo la pudiera observar.

    —Rodrigo, que pena. Perdóname, perd… ¡Dios mío! —Gritó de repente, levantando con sus manos la ligera tela de seda plateada.

    —No tengo ni mis bragas puestas y tú… ¡Wow! Rodrigo, vaya bonito despertar tienes.

    —Y yo metiendo también mi cabeza bajo la sabana encimera, me di cuenta que tampoco tenía puestos mis pantaloncillos pero sí, mi matutina erección casi a tope y mi muslo rozando la piel suave de su cadera. Sus ojos de miel y chispas de caramelo se encontraron con el café oscuro de los míos y Martha sonriendo me dijo…

    —Buenos días, ¡colombiano loco! —Fue su mañanero saludo.

    —Buenos días, ¡Madrileña embriagada! —Le respondí, dándole un beso en la punta de su respingada nariz.

    —¿Vas tu primero a la ducha o voy yo? Le pregunté.

     —¡Voy yo! —Me respondió, al tiempo que levantándose de la cama, arrastró tras de sí por completo la sábana, rodeándose con una sola mano por detrás, casi al completo la espalda y una cuarta parte de sus nalgas con ella, dejándome totalmente al descubierto.

    Mientras tanto yo, recogiendo las piernas contra mi pecho, y mi espalda afirmada contra el respaldo de la cama, pensaba en todo lo ocurrido. Recordaba bien una parte, pero de lo contado por Almudena, en espaciadas analepsias se sobreponían pocas imágenes en mi mente con borrosa lucidez. Adicional a ello, sentía fragilidad en el cuerpo, una intensa sed y mi boca muy reseca. La luz me hostigaba, al igual que cualquier sonido proveniente del exterior, lanceteando rítmicamente en mi cabeza.

    Martha salió del baño envuelta en un gruesa bata blanca, y sonriente me entregó una toalla limpia mientras en la otra mano, sostenía la húmeda suya. Me cubrí la parte delantera de mi torso en ella y caminé despacio hacia el baño. Un silbido sexy, el típico aquel que usamos los hombres para piropear a una mujer, lo escuché proveniente de Martha, al igual que unas palabras para engalanarlo…

    —¡Vaya culo te gastas, tesoro! Dan ganas de cogerte a nalgadas. Jajaja. —Me sonreí por su apunte y me encerré en el baño.

    Después de una refrescante ducha, salí en búsqueda de aquel desayuno, envuelto solamente por aquella toalla, que me esperaba en el primer nivel de la casa de Almudena. Martha junto a ella me observaron llegar y algo se dijeron en voz baja, seguramente sobre mí. Antes de acomodarme junto a ellas, observé a un costado del sofá mi cazadora de cuero y fui en búsqueda de mi teléfono celular que reposaba en uno de los bolsillos. Mi cartera también se encontraba en el otro. El nivel de la batería ya era muy bajo así que en uno de los bolsillos exteriores busqué la batería externa para conectarlo y así recargarlo de corriente. No había llamada alguna ni tampoco mensajes. Silvia seguramente seguiría con su plan de mujer ofendida, así que dirigiéndome al comedor, decidí dar buena cuenta del frugal desayuno. Pero me faltaba algo. Sí, un reparador café negro con dos de azúcar como me gusta. Desayunamos prácticamente en silencio, alguna pequeña intervención de Almudena, alabando la música de aquella discoteca y entre tanto, Martha como yo, intentando recordar los momentos olvidados entre los dos.

    —Y bien tesoros, creo que ya debe estar listo el jacuzzi. —Nos comentó Almudena, quien colocándose en pie, tomó de la mano a su amiga Martha para dirigirse al piso superior.

    —Oye Almudena, le dije haciendo que su cabeza rotara en mi dirección. —¿Y Paola? Le pregunté.

    —Ahhh, ella se fue temprano. Debía ir a trabajar, me comentó antes de salir. —Uhum, si claro. Respondí resignado. —Ahora se ha convertido en mi futuro reemplazo.

    —Y… ¿Lo paso bien? Sabes si ella… ¿Sufrió? —Le pregunté a nuestra anfitriona.

    —Jajaja, Rodrigo querido, ya te lo había dicho. Para obtener, debes entregar. Un poco de sufrimiento antes de explotar de placer. Lo pasó de maravilla, no lo dudes. ¿Vamos? —Y con su otra mano extendida, me ofrecía su compañía, entre tanto Martha con gestos de asombro en su rostro, no sabía a ciencia cierta, a lo que nos referíamos.

    Segundo nivel, a mano izquierda el estudio de pintura y allí también la habitación donde Paola habría sufrido y por supuesto gozado junto a su novio. O él… ¿Tal vez no? Más tomamos a la derecha, a una estancia de tamaño mediano, también con una cama grande, dos sillones y en las paredes colgando varios cuadros, desnudos al carboncillo y otros al óleo. Justo al frente una amplia terraza y en la pared contigua, sobre un pedestal octogonal de mármol negro, unas letras rojas laminadas, con la famosa palabra «Love», en clara alusión a la obra del artista Robert Indiana.

    Fuera una mesa cuadrada de hierro forjado con vidrio martillado bajo un parasol junto a cuatro sillas también de metal. Y a poco más de cuatro pasos una estructura alta, con el piso de madera caoba y bajo un toldo blanco, el imponente jacuzzi para unas cuatro, quizás seis personas. Sobre una de las orillas, subiendo los tres escalones, una bandeja con una jarra plástica y transparente, conteniendo en su interior, agua con cubos de hielo, rodajas de limón y muchas fresas. Y a su lado tres copas medianas y otras tres copas flautas, aguardando ser colmadas por un vino espumoso que se enfriaba dentro de un cubo metálico. Al otro costado un estante con bastantes juegos de toallas, envases de colores y algunas pequeñas velas redondas de color rojo.

    —Vamos a relajarnos un buen rato, dijo Almudena. —Y con la naturalidad y desparpajo que la caracterizaba, retiró de su cuerpo la bata negra, dejándome apreciar por vez primera, su completa desnudez.

    Con su cabello azul recortado muy a ras desde el inicio de su nuca, progresando hacia arriba en volumen y desfilado hacia su lado izquierdo, le otorgaba a esa mujer, un aspecto juvenil y rompedor, sobre todo en una sensual Almudena, que ya superaba bastante los cuarenta.

    Un tatuaje adornaba la parte posterior de su cuello y desde allí recorría hacia abajo su espalda, sobre su columna vertebral. Lunas pequeñas, estrellas también. Pequeñas cruces se intercalaban con corazones, una clave de sol y varios puntitos cuyo diseño no me decía nada en realidad. Pero delicado y muy sexy si me pareció. En la parte interior de su brazo derecho, otro tatuaje adicional con una inscripción que me pareció estar escrita en latín.

    Por delante me dejó observar sin reparo, el buen trabajo de algún cirujano plástico, dos preciosas y redondas tetas, con aureolas parduzcas y en cuyos gordos pezones, resplandecientes por el sol, dos pequeños aros de metal los atravesaban. Y en su ombligo uno adicional, para más abajo sobre su pubis, volver a ver aquel arabesco diseño entintado de la primera vez, pero en esa mañana, poder hacerlo con mayor detenimiento al ir sumergiéndose con parsimonia dentro del jacuzzi. Primero un pierna, luego la otra y apoyándose en su mano derecha, el resto de su cuerpo.

    Martha se mantuvo estática, con sus manos sujetando con firmeza los pliegues de la bata blanca contra su pecho. Estaba como indecisa al igual que yo, en si seguirle el juego a Almudena y quedar todos tres en cueros o sacar alguna excusa y no continuar exhibiendo toda nuestra piel.

    —¿Y bien? Ahora no se van a cortar ni a hacerse los dignos, que ya se han visto todo creo yo. ¿No les parece? —Nos dijo ya cubierta de burbujas hasta el cuello, Almudena. —¡El jacuzzi ya los está esperando!–. Sentenció fuerte y claro, en espera de nuestra decisión.

    Martha con bastante carácter, presionada también por las palabras de su amiga Almudena, se deshizo de su bata acomodándola con su consabida elegancia sobre el asiento de una de las sillas y dándome la visión completa de su espalda, en completa ausencia de tatuajes mas no así de unas diminutas pecas, en sus hombros, unos tres lunares adornando un omoplato, y unos pocos y finos vellos oscureciendo la zona sacra.

    Martha también dio los pasos necesarios para subir los peldaños e inclinarse tanto para resguardar su desnudez dentro del agua, que ya no me quedó duda alguna de la dureza de sus glúteos, la esbeltez de sus piernas bien formadas y la imagen posterior de la línea que dividía en partes iguales su entreabierta vagina.

    Ni modos, era ya mi turno y sería estúpido de mi parte rehusarme entrar al jacuzzi con aquellas dos magníficas mujeres. Y recordando aquel viejo refrán… «Cuando a Roma fueres, haz como vieres», dejé mi móvil sobre el cristal de la mesa y me despojé de la toalla, colgándola sobre el espaldar de una silla y con una franca sonrisa por vestidura, me metí dentro de aquel tentador y relajante jacuzzi.

    Y así era, agua templada y en la superficie, flotando una capa gruesa de espuma blanca con sus miles de burbujas tornasoladas. Al contrario de lo que ustedes pensaran, no me encontraba excitado al estar allí junto a esas dos mujeres encantadoras. Por el contrario me sentía cohibido, no tanto por el tema de compartir mi desnudez con ellas, si no por el hecho de hacerlo sin la presencia de mi esposa. Ya alguna vez habíamos coincidido con Silvia y una pareja de sus amigos, después de un desfile de modas. Aunque en aquella ocasión en ninguno de los presentes, estaba ausente totalmente la ropa.

    —Bueno tesoro, ahora si aclárame bien eso de que Rocky es tu caballero sin armadura. ¡Cuéntamelo todo! —Le apremió por más detalles Almudena a Martha y esta, levantando su mirada de chispas de caramelo al cielo, después de resoplar y apartar aquel mechón rebelde que caía siempre intruso sobre un lado de su perfecto rostro, comenzó a relatarle la breve historia de nuestro casual encuentro en aquella curva de un camino que nos reunió para que ella y yo, planeáramos un estratégico futuro, ella bien decidida y yo, casi a regañadientes.

    —Pues por dónde empezar. –Dijo Martha resignada–. ¿Recuerdas aquel día que fui a visitarte al chalet de tus padres en Navacerrada? Bien, pues de regreso luego de pasar por Cercedilla, un poco más adelante me detuve para revisar unos mensajes en mi móvil, pensando que había olvidado algo en tu casa. Y cuando quise dar de nuevo arranque al coche, este no encendió. Sin tener idea de lo sucedido, intenté detener algunos coches sin resultado alguno, hasta que vi que se acercaba un camión de carga y me puse frente a él, para obligarlo a detenerse, pero me esquivó y de pronto me vi frente a un auto que haciendo mucho ruido, frenó de manera intempestiva muy cerca de mí. —Martha se giró hacia mí, alcanzando mi mano con la suya por debajo de la espumosa superficie y mirándome fijamente, con la bella sonrisa en su rostro, prosiguió su historia.

    —Me asusté mucho, pues creí morir atropellada en la vía. Y aquí está, mi caballero sin armadura descendió y se preocupó primero por mí, averiguando cómo me encontraba y luego diligentemente, se ofreció a revisar mi coche. Y luego de solucionarlo nos despedimos para después, por un café como deuda, reunirnos otra vez para saldar su invaluable ayuda. ¡Eso es todo! —Y Almudena sonriente sacó medio torso por encima de la superficie y sirvió en las delgadas copas de plástico, champan hasta más de la mitad. A mí me entrego una botella de cerveza helada y se acercó para decirme…

    —Ohh, Rocky querido, tu siempre tan valeroso e inteligente. No esperaba verte tan pronto por aquí y menos en compañía de mi gran amiga. Te dije que regresarías con tu esposa y mira, las fuerzas invisibles de la atracción de nuevo nos reúne. Primero llegas con tu amiga Paola, ahora con Martha. Por lo tanto solo falta que me visites con tu esposa. La pasaremos bien no lo dudes, tesoro.

    Y hablando de mi esposa, el teléfono vibró y sonó sobre la mesa. Me Salí entre hilos de agua y espuma alba descendiendo desde mi pecho hasta mi peludo pubis y escurriendo gruesas goteras desde mis velludas piernas hasta los pies. Cuando lo tomé después de secar mis manos, ya había perdido la llamada. Obviamente era Silvia y me inquieté. Tanto así que Almudena lo advirtió y me dijo…

    —¿Es tu esposa? Tranquilízate Rocky. Anda cariño, devuélvele la llamada que aquí no estamos haciendo nada más que hablar y descansar. —Intranquilo miré a Almudena, sin saber si hacerle caso o tomarme un tiempo para pensar en alguna mentira piadosa, que calzara bien con aquella desnuda situación.

    Martha dijo algo de querer aprovechar para llamar a sus hijos y también salió desnuda del jacuzzi. Por completo su curvilínea figura húmeda y con aquel buen par de magníficos senos brillantes, desafiantes ante la gravedad, me hipnotizaron. Bamboleándose los dos altivos pechos al compás de sus movimientos, babeando yo con aquella hermosa visión. Mis ojos detallando la forma de sus redondas y rosadas aureolas con sus pezones erguidos pero más pequeños que los de Almudena, eclipsando mis dudas momentáneamente, luego mi mirada resbaló, como lo hacía aquel medio día, la espuma que se precipitaba por la curvatura de su vientre, hasta juntarse en la «V» de la tersa piel de su pubis rasurado completamente.

    —¡Vamos corazón, que te vas a quedar bizco! —Me dijo Martha al pasar por mi lado para envolverse en su bata blanca y salir luego de la terraza en búsqueda de su teléfono.

     ¡Pufff! Suspiré y decidí tomar el toro por los cuernos y marcarle a mi mujer.

    —¿Alo? ¡Hola mi vida! ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu paseo? ¿Cómo están los niños? —Disparé nervioso aquellas frases a quemarropa.

    —¡Rodrigo! Hola mi… Te extraño amor mío, perdóname. Soy una tonta, discúlpame cariño. —Me respondió entre arrepentida y cariñosa mi esposa.

    —No Silvia, el idiota soy yo. Te amo y también me haces falta. Disculpa que no alcancé a tomar tu llamada. —Le respondí hablándole con ternura y observando al cielo azul de Madrid, pues aquella terraza estaba rodeada por esbeltos pinos de mediana altura que cubrían completamente los laterales y el frente de aquella terraza y nos ocultaban por completo del exterior.

    —¡Los niños están felices! Te llamé precisamente para que observaras el progreso de nuestra hija. Las clases de natación le han sentado de maravilla. Es toda una sirenita. Y Tu hijo ni se diga, está dichoso jugando con su abuela en la piscina. Espera ya te hago una videollamada y los podrás saludar, ya verás.

    ¡Mierda! Mi mujer me había colgado la llamada y creo, si no recuerdo mal, que empecé a sudar frio. ¡Solo el rostro Rodrigo! ¡Solo la cabeza, no muestres más! Pensé.

    —¡Ya! Míralos mi cielo, mira como están de felices. —Y si, mis dos terremotos disfrutaban en el agua, junto a mi querida suegra.

    —Oye cielo, ehhh… ¿Y porque razón no estás tú metida junto a ellos? —Le pregunté a mi esposa y ella cambiando a la cámara frontal me miró un poco avergonzada para decirme que…

    —Yo… Amor, es que por los afanes, se me olvidó meter en el maletín mi traje de baño. —Ahhh, ya veo. Le respondí comprensivo.

    —Pues mi vida, es una lástima que no puedas disfrutar del sol. No te sentaría mal una bronceadita. ¡Jajaja! —Le terminé por decir riéndome, a lo cual mi mujer me pregunto…

    —Oye mi vida y tú… ¿No estás trabajando? ¿Dónde estás? ¿Y esa música?…

    ¡Mierda! Almudena había salido también del jacuzzi para pasar hasta el interior de la estancia, y poner a sonar en unos pequeños altavoces ubicados estratégicamente en cada esquina de aquella terraza, los primeros acordes de esa música «New Age» de Enya, que también yo solía escuchar cuando quería concentrarme para trabajar o escribir.

    —Rodrigo… ¿Quién es la mujer que está detrás de ti? ¿Por qué está sin ropa? —Esa pregunta me tomó por sorpresa y me giré, para darme cuenta que era una desnuda Almudena, con su copa en mano y dirigiéndose hacia mí.

    —Silvia, mi amor es que… te juro que no es lo que te imaginas. No tenía que trabajar este fin de semana, Paola me ha reemplazado en el concesionario, así que salí anoche con ganas de unas cervezas, pero me invitaron a una discoteca y allí me encontré con una amiga. Bueno en realidad ella es un cliente con la cual estoy manejando un negocio. Y pues… —Pues lo peor que me podía pasar, sucedió.

    Almudena gritó algo por detrás de mí y quitó ágilmente el teléfono de mi mano y efusivamente saludó a mi mujer, presentándose tan libre como era ella.

    —Hola guapa, a ver, soy una amiga de tu esposo. Me llamo Almudena. Antes que nada quiero decirte que… «El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios». Pero corazón, no creas que esta frase me pertenece. ¡Ummm! ahora no recuerdo bien de quien es. En fin, que lo que te dice Rocky es muy cierto, tesoro. Tu esposo intenta venderme la idea de cambiar mi camioneta por una nueva. ¿Pero sabes corazón? Aún no me decido a hacerlo. —Me temblaba todo el cuerpo, la verga y mis guevas también. Silvia no hablaba y eso me preocupaba más. Por el contrario una amistosa Almudena le habla a mi mujer con una natural tranquilidad que a mí en realidad me espantaba.

    —Querida, quiero que sepas que tienes un esposo encantador, todo un galán y si el no estuviera enamorado de ti hasta los tuétanos, te lo robaría con seguridad. ¡Jejeje! Baila genial, es un buen conversador pero mezcla mal los tragos, sin cuidarse mucho, así que tu maridito se nos emborrachó y me lo tuve que traer para mi casa. Cuando quieras te pasas por acá, ya le he insistido a Rocky, que deseo conocerte en persona. El habla mucho de ti. Por supuesto, estas cordialmente invitada. Mira tesoro… ¡Estamos pasando la resaca aquí en el jacuzzi! Y si corazón, estamos en pelotas porque se estropeó su ropa con… Bueno ya te imaginarás, licor y comida a veces no se llevan bien. —Y Almudena hizo un lento paneo con mi teléfono, mostrándole a Silvia aquella terraza, con la mesa, su respectivo parasol, por supuesto el jacuzzi y sin dudarlo, su completa desnudez y yo de pie con la toalla anudada a mi cintura.

    —Silvia, tesoro. No te hagas películas que no son ni te preocupes que aquí no ha pasado nada raro con tu esposo y mira, este cuerpo aquí donde lo ves, no ha sido ni siquiera rozado por tu marido, parece que no le despierta ni un poquito de interés. ¿Así de mal estaré? ¿Tú qué opinas? ¡Jajaja! Te respeta mucho tesoro y yo, por supuesto también a él y a ti. ¿Por qué no te vienes para acá y nos tomamos una refrescante copa de champan? Anda di que sí, Silvia. —Y se hizo el milagro, pues al contrario de lo que me esperaba, a mi mujer le cayó en gracia la natural desfachatez y personalidad de Almudena, respondiéndole con calma a su invitación.

    —Muchas gracias Almudena, tan querida tú. —Le respondió por fin mi mujer.

    —Te agradezco en verdad, que hayas cuidado de Rodrigo. A veces se pasa con los tragos y como no acostumbra meterle a esa barriga algo de comida antes de beber, pues se le van las luces. ¡Aunque no es muy a menudo! Eres una señora bonita y muy agradable. Por supuesto que confío en tus palabras. Supongo que así será ir a una playa nudista. Con Rodrigo nunca hemos ido a una. Tu invitación la tendré en cuenta para una próxima vez, sé que me agradará conocerte, solo que por ahora estoy con mis hijos fuera de la ciudad. Ha sido un placer hablar contigo Almudena. ¿Me puedes comunicar a mi esposo, por favor? —Y Almudena se despidió de mi esposa con un beso a la cámara y me alcanzó el móvil.

    —¡Hola! —Le hablé a Silvia con timidez.

    —Mi amor, quédate tranquilo, si me juras que no has hecho nada malo y has mantenido tus manitas alejadas del cuerpo de tu cliente Almudena, pues no hay nada de qué preocuparme. ¿O sí?

    —No mi amor, lo juro. ¡Confía en mí! Es como dices, casi es como estar en una playa nudista con Almudena a mi lado. Ojala algún día de estos podamos viajar los dos y disfrutar sin prejuicios de la libertad del nudismo. —Le respondí con la calma necesaria en mi voz, para que Silvia no se fuera a dar de cuenta, del nerviosismo que persistía dentro de mí.

    —Bueno mi amor, no vayas a cagarla conmigo. Confío en ti, pero si llego a sospechar que me has mentido, ya sabes lo que le puede pasar a mi pajarito. ¿Entendido? —Silvia me había dejado sorprendido con aquella respuesta. Un cambio abrupto en su actitud. Seguramente hablando con su madre, había caído en cuenta de su exagerada reacción.

    —¡Alto y claro mi amor! Esta lo mas de juicioso, míralo. —Y alejando mi brazo, le mostré por la cámara, el estado flácido de mi pene. ¡O de su pajarito!

    —¿Lo ves? Esta calmadito, casi como cuando yo pintaba a esas modelos desnudas en la universidad. ¡Solo trabajo mi vida, solo trabajo! —Y Silvia sonriéndose me envió un sonoro beso.

    —Te amo mi vida y de nuevo perdóname por ser tan idiota contigo. Sé que te gusto mucho todavía y que te enorgulleces de tenerme junto a ti. Pórtate bien mi cielo y dile a Almudena que ya buscaremos después de mi viaje a Italia, un tiempo para conocernos y visitarla en su casa. Se ve precioso. Ya me antojé de pasar un buen rato metida contigo en ese jacuzzi. Un beso. Ahora voy a sacar del agua a los niños para ir a almorzar. ¿Me llamas luego? —Me preguntó antes de finalizar aquella videollamada.

    —Sí, claro mi vida. Más tarde hablamos. ¡Te amo! Cuídate mucho y dale de mi parte, besitos a los niños y saludes a tu madre y a Alonso. —Terminé la llamada, respiré profundamente soltando el aire con lentitud y dejé de nuevo mi teléfono sobre el vidrio de la mesa.

    Ya resuelta mi situación, al menos una parte, junto a Almudena nos metimos de nuevo al jacuzzi para desestresarnos, escuchando aquella selección musical, cerrar los ojos y beber un sorbo de mi cerveza, ya no tan fría. El chorro de agua caliente lo sentía en mi espalda y ella, la amable anfitriona al lado opuesto de donde me encontraba, juguetona y risueña me miraba, mientras por debajo del agua hacia rozar sus pies con los míos, tal cual como si me diera un masaje.

    —¡Pero que demora tesoro! ¿Todo bien? —Le preguntó Almudena a Martha cuando esta regresó junto a nosotros, retirando de nuevo su bata y ya sin vergüenza alguna, dejarse observar por los dos antes de ingresar para acomodarse a mi lado.

    —¡Sí, todo en orden! Pude hablar con mis hijos. Están bien y yo solo deseo reunirme pronto con ellos. Me hacen mucha falta. —Le contestó Martha a su amiga, dejando claro en su perfecto rostro, el desasosiego por no estar junto a sus pequeños.

    —Ya pronto estaremos junto a ellos. Tú con tus hijos y con tu esposo y yo con los míos y mi mujer. ¡Todo mejorara, ya lo verás! —Le hablé mientras acariciaba su mejilla.

    —Gracias Rodrigo, pero con Hugo no creo que mejore en algo nuestra relación. No ha querido hablarme hace un rato. Creo que seguiré con el plan previsto. ¿No te parece amiga? —Finalmente le realizó aquella pregunta a Almudena, quien dejando su copa ya vacía sobre la bandeja, dejó su lejano lugar para acomodarse al lado derecho de Martha.

    —Pero por supuesto, tesoro. Debemos hacer cambiar de parecer al tedioso y aburrido de tu esposo. ¿Lograste obtener más información sobre ella? ¿Quién es, con quien vive? ¿Es casada o soltera? ¿Qué te dijo su compañera? ¡Anda mujer, cuenta, cuenta! —Almudena muy emocionada, instaba a Martha a desembuchar aquella información.

    ¡Oopss! ¿Así que de entre estas dos, había surgido la idea de utilizar a mi esposa como un objeto de deseo para la redención de Hugo? Vaya revelación. Dos contra uno, eso complicaba aún más mi situación.

    —¡Pues algo logré averiguar! dijo Martha desplazándose hasta el lugar inicial donde se había acomodado Almudena, para alcanzando la bandeja, tomar un vaso y verter en él, un poco de aquella agua de frutas, luego volver a mirarnos y continuar hablando.

    —Bueno, al parecer es casada. Como te conté es una joven muy bonita y mi marido la tiene por excelente trabajadora. Es buena compañera de trabajo y por lo que me relató su compañera, ella mantiene una relación de trabajo normal con Hugo. Y además que está muy enamorada de su esposo. Va a ser difícil convencerla de que me ayude. —Se hizo un corto silencio, el cual fue aprovechado por Almudena para intervenir, al ver que yo no parecía sorprendido por el tema que ellas trataban.

    —Rocky, ¿y tú qué opinas de todo esto? Desde tu posición masculina, claro está. —Me preguntó Almudena.

    —Yo opino que de seguir con esta pantomima, terminaran por destruir otro matrimonio. Martha no logrará que su esposo la perdone de esta manera. Al contrario, el hombre se va a sentir nuevamente engañado. ¡Terminará odiándote Martha! Y a su asistente, a ella con seguridad la despedirá. Así que piénsalo bien, pues por querer remendar tu existencia, causarás destrozos en la vida de muchos más. ¿Podrás vivir con ello? Debes hablar con él y como te dije, asistir a una terapia de pareja, donde traten con sinceridad sus problemas, dialogar con él de lo que sientes, del problema que ves en tu esposo, de lo que Hugo tenga para decir de ti y buscar entre ustedes una salida. ¡El perdón o el adiós! Así de simple.

    Y me salí del jacuzzi para tomar uno de los cigarrillos de Almudena, una nueva cerveza y en la mesa bajo el parasol, sentarme tranquilamente a fumar.

    Nuevamente solo se escuchaba el sonido por los altavoces, la voz de Enya cantando «If I Could Be Where You Are». Entonces el cuerpo de Martha emergió con su habitual distinción de aquellas tibias aguas, para venir a mi encuentro y tomando también para ella un cigarrillo, encenderlo y sentarse junto a mí, con seriedad me preguntó…

    —Rodrigo, entiendo que te parezca mal pero… ¿Qué más puedo hacer? Corazón es que yo no quiero perderlo, entiéndeme. Estoy desesperada. Si tan solo fuera un poco como tú.

    —¿Cómo yo? Le pregunté.

    —Sí, los dos son muy atentos, caballerosos. Pero Hugo no es para nada divertido como tú. Muchas veces es tan seco que cae mal a las personas la primera vez que se conocen, le cuesta mucho entrar en confianza y hacer amistades. Si tan solo intentara ser menos formal, si como tú, el comprendiera lo que deseo vivir junto a él, antes de que se nos pasen los años, cumplir con nuestras intimas fantasías. Si quisiera experimentar… —Y desde el interior del jacuzzi, Almudena interrumpió a su amiga del alma.

    —¡Vamos tesoro, por favor! Qué a ese idiota le falta mucho por aprender de Rocky. O de su mujer. ¿Sabes que hablé con la esposa de tu caballero sin armadura? Es preciosa, con un rostro angelical y una melena castaña que le da un aire juvenil que impacta nada más al verla. Es muy agradable y comprensiva. Mira que en un principio la note asombrada obviamente, pero luego de explicarle la situación, no se enojó ni hizo drama alguno por verme desnuda con su marido justo a mi lado. Y quedamos de vernos pronto, ¿No es cierto Rocky?

    —Si señora. —Le respondí a Almudena, preocupado por el giro que estaba tomando aquella conversación.

    —Con razón Martha, que este guapo no se atreve a ponernos un dedo encima, si es que esta enamoradísimo de su mujer. Y con razón, porque a Silvia también se le nota el amor por él. Hacen bonita pareja. ¿Colombiana también? Supongo.

    Y desde mi costado izquierdo escuché la voz de Martha preguntando…

    —¿Silvia? ¡Un momento! ¿De cuál Silvia están hablando ustedes dos?

    Continuará…

  • Una automamada y anal después de un parcial

    Una automamada y anal después de un parcial

    Hola mi nombre es Daniel y soy un rioplatense como cualquier otro, o más bien algo morboso, hace tiempo que el estudio me tiene saturado físicamente y mentalmente, y cuando eso me pasa (generalmente por épocas de exámenes, tengo 19 y estudio) termino liberando mi estrés como muchos otros, pero no siempre tengo a mi novio para ayudarme devorando mi culo como solo él sabe, por lo que recurro a otros métodos, los cuales contare hoy un ejemplo bastante resiente.

    Era un día que después de un parcial muy jodido que me supere con creses, estaba al tope de calentura posible para mi, aproveche que mi compañero de piso estaría fuera porque él ya había acabado sus pruebas, pero al llegar al departamento para preguntarle a mi novio si quería “tomar un café”, me lleve la decepción de que estaría hasta el fin de semana con sus padres.

    Pero ni lento ni perezoso me puse en marcha a mi cuarto, no me quedaría con la calentura y siempre tenía dos amigos muy confiables para ayudarme en este tipo de situaciones, mis dos dilos (pene de goma).

    Tengo un afán por este tipo de juguetes, me encantan los dildos grandes y gruesos incluso planeo armar una colección cuando termine mi carrera, el caso es que tengo uno negro de 19 cm con ventosa y uno blanco doble cabeza de 32 cm (que me entra entero), como aun no me había duchado solo tome el negro y procedí a ir al baño, me desvestí deje el enorme miembro de goma pegado al suelo y abrí el grifo de agua caliente.

    Yo estaba parado en la ducha masajeando mi entrada con necesidad mientras le hacía un masaje al miembro con un pie (en serio esa cosa me encanta), estuve como medio minuto masajeándome antes de comenzar a meterme los dedos en mi ano, yo ya tengo bastante practica pero mi culo no esta tan destrozado aun como para que entre un monstruo así demasiado fácil, otros dos minutos me inserte dos dedos, después tres y después aun quería más, pero no era suficiente hacerlo así. Salí un segundo dejando el agua corriendo y tome un lubricante que tenía guardado en un mueble del baño, me embadurne toda la mano ay mismo y sin dificultad me metí la mano entera.

    A esas alturas tenía el pene como una roca de la excitación y escupiendo liquido pre seminal a borbotones, pero las gotas de agua enfriándose sobre mi cuerpo me recordaron lo que aún tenía en la bañera, me saque y metí la mano hasta la muñeca unas 10 veces antes de entrar otra vez.

    Ya tomando la temperatura del agua que aun corría, me arrodille y dirigí la punta del dildo a mi entrada ya bastante dilatada, comencé a bajar sin detenerme hasta llegar casi a la base y subí hasta la punta sin dejar que se escape y comencé a repetir. Mis gemidos de placer se escuchaban por todo el baño, yo sentía mi polla a punto de estallar y empecé a masturbarme conforme también aumentaba la velocidad de las embestidas.

    Veinte minutos más me la pase en la bañera hasta que me senté de pleno sobre el dildo comiéndomelo entero, termine corriéndome en mi mano y con la respiración agitada, aún estaba caliente por lo que me lleve la mano a la boca y me traje todo mi semen, no era un mal sabor a mí siempre me ha gustado el sabor del semen tanto como mío como el de mi novio, algo que me permite satisfacerle muy seguido cuando no podemos coger y no se pueden dejar evidencias.

    Cerré el grifo del agua luego de pararme y sacar el dildo del suelo, me seque pero no me vestí pues aun quería mas, me fui a mi cuarto para tomar mi laptop y dejarla sobre la cama, agarre otra botella de lubricante que guardaba junto a mis juguetes y me quede con ella sentado en mi cama con las piernas cruzadas.

    Cuando la encendí entre a internet para buscar el sitio de cámaras random que acostumbro, a mi novio no le importa incluso lo hemos hecho juntos algunas veces, también es por eso que de vez en cuando hacemos un trio con mi compañero de piso siendo yo el pasivo.

    Cuando encontré a alguien era un chico rubio muy joven que dudaba su mayoría de edad, pero no me intereso, estaba sentado desnudo jalándosela y era muy obvio que era primerizo, lo salude y me dejo eso aún más en claro, él pensó que el sitio solo te dejaba ver mujeres pero lo cierto es que es vi, me pareció adorable el miedo que le salió de la nada pero le dije que yo era pasivo y le daría un buen espectáculo.

    Para ese punto él tenía un short mal puesto intentando taparse, pero lo entendió y acepto yo acomode un poco mejor la computadora y me moví dejando ver mi ano recientemente penetrado, su cara era un poema seguro que su primer ves al ver otro hombre desnudo más aun con lo que estaba por hacer.

    Tome el lubricante y comencé con el mismo proceso, embadurnarme la mano y metérmela de vez en cuando tomando mi polla y masturbándome al i mismo mientras el chico hacia lo mismo (su nombre era Luis por cierto), gemí y comencé a hablarle sucio mientras me movía de forma erótica dándole plena vista de mi cuerpo desnudo y marcado, no soy de esos que pasan el día en el gimnasio, pero no tengo una mala complexión y me siento orgulloso de mi cuerpo.

    “Que rico culo” Me decía mientras se la jalaba del otro lado de la pantalla. Después de 15 minutos de espectáculo caí en que posiblemente el no duraría mucho pero yo aún quería más de esa sensación de ser visto por otro en pleno acto, así que le dije si quería ver algo muy sexy el dijo “Si bebe”.

    Me senté y pase mies piernas tras mi cabeza dejando mi miembro sobando mi cara, yo soy bastante flexible grasas a que el ejercicio que ago. es yoga lo que me permite contorsionarme lo sufriente para hacerlo correctamente, claro que llevo su práctica pero la auto mamada es algo que me encanta igual que todo aquel que me ve asiéndola, incluso mi novio me ínvida porque él no puede hacerlo.

    El chico no podía creerlo y se comenzó a jalar más fuerte, comencé a chuparme la cabeza haciendo el mayor ruido posible, hice algo de fuerza y pude llegar hasta un poco más de la mitad, con eso empecé a subir y bajar sacándomela para tomar aire de vez en cuando y volviéndola a comer después, después de 5 minutos donde acabe con mis dedos en mi ano me corrí una segunda ves ahora en mi boca, soltando cuatro chorros de esperma que se me escurrían por la enorme cantidad que traía guardado y no pude soltar en el baño.

    Me trague todo lo que pude chupando y relamiendo mi verga con una sonrisa, Luis se había venido y cerro la llamada casi al instante, no me importaba eso lo hacen todos los primerizos en ese tipo de sitios yo estaba satisfecho con mi corrida.

    Salí de esa posición para apagar y llevar la computadora a su sitio de nuevo, vi mi verga algo flácida y regrese al acolchado peludo de mi cama, los malditos estudios me quitaron la posibilidad de correrme en semana y media tenía derecho a seguir y eso fue lo que hice, me la pase masajeándomela y chupando por una hora hasta quedar satisfecho por el momento, la mayor parte del día lo seguí de forma normal, me vi una película y avise lo bien que me había ido incluso con todo lo de la pandemia a mis padres, cuando ya era de noche me decidí en hacer un show en cam4 siguiendo la fórmula que use con Luis (pero agregando mi dildo de 32 cm junto a crema para untar en mi verga), pero es historia para otro día.

    Este es un relato real que hago por puro morbo y para saber si a alguien le interesa, es probable que haga otro si quieren sobre la primera vez que lo hice con mi compañero de piso, o mi primer auto mamada, como sea si quieren contactarme aquí está mi correo [email protected].

  • Pagándole a mi yerno

    Pagándole a mi yerno

    «No Javier! yo no puedo hacer eso!» grite en el teléfono. Mi estómago estaba completamente revuelto. «Usted dijo que me daría tiempo de pagar, sabe que aún tengo muchas otras deudas».

    «Pues me arrepentí de lo dicho suegra, ahora tengo nuevos planes para usted» Dijo Javier.

    Colgué el teléfono y empecé a llorar desconsolada, el teléfono timbro una y otra vez, hasta que finalmente volví a contestar.

    «No vuelva a colgarme el teléfono o se arrepentirá señora!» grito Javier, «Le aseguro que la hundiré en la cárcel por las deudas que tiene conmigo sino hace lo que le dijo, entiende suegra?»

    «Si» respondí calladamente.

    «Ahora escuche, mañana usted vendrá a mi apartamento, su hija tiene un compromiso de la oficina y regresara hasta en la tarde, así que la espero a las 9 am, si usted llega un minuto más tarde, haré que la hundan en la cárcel por no haber pagado sus deudas, entendió?» dijo Javier

    «Si» repetí

    «Bueno suegra prepárese para la cogida de su vida, la espero mañana!» dijo Javier colgando el teléfono.

    Colgué el teléfono y volví a llorar fuertemente, sentía mi estómago hecho nudos, subí las escaleras hasta mi habitación y vomite, el resto de la noche estuve completamente triste pensando en cómo había llegado aquella situación hasta esos extremos, Javier era el marido de mi hija desde hacía varios años y hace 8 meses cuando mi marido murió dejándome llena de deudas y cuentas por pagar.

    Él había sido quien salió en mi auxilio prestándome el dinero para que cancelara muchas de esas cuentas, después me había enterado que la relación de mi hija con su marido no estaba nada bien, que tenían muchos problemas y que este se había enterado de que mi hija lo había traicionado con otro hombre, pero porque tenía que vengarse Javier de su esposa amenazando de esa manera a una mujer solitaria, que manera era esa de vengarse acosándome sexualmente.

    Él era un hombre joven y varonil, capaz de tener a la mujer que quisiera porque se había encaprichado conmigo. Yo a mis 49 años me sentía la mujer más sola e indefensa del mundo, sin nadie que pudiera ayudarme, la idea de ir a prisión me daba pánico, sabía que mi yerno cumpliría su amenaza, debía ir al apartamento como me había dicho, quizás pudiera hacerlo entrar en razón.

    Esa noche apenas dormí, cuando me levante en la mañana me duche y me vestí, luego salí de mi casa hacia el apartamento donde vivían mi hija y mi yerno, no tenía otra elección, me sentía enferma mientras subía las escaleras hasta la puerta de la casa, eran las 8:50 am.

    Javier abrió la puerta y sonrió mientras me decía que entrara, él solamente llevaba un ajustado bóxer de algodón, tenía un tatuaje en su brazo derecho, su cuerpo era definido, alto y viril. Sin embargo sentí rechazo cuando lo vi, pensé en cómo podía ser posible que él mi yerno, se aprovechara de mi difícil situación para amenazarme.

    Javier camino y se sentó en el sofá, levantando una mano me invito sentarme con él, me mantuve de pie no aceptando la invitación de mi yerno, Javier se levantó lentamente y camino hasta colocarse frente a mí.

    Javier, me sujeto repentinamente del pelo, grite de dolor mirando como mi yerno levantaba su otra mano, parecía que iba a golpearme.

    «Señora no era una invitación, era una orden! siéntese en el sofá hágalo ahora! O la próxima vez que tenga que esperar que haga lo que le digo tendré que usar la fuerza!, ahora muévase!» grito Javier mientras me empujaba contra el sofá.

    Caí pesadamente sobre el sofá, Javier camino de nuevo y se sentó en el sofá, extendiendo sus brazos detrás de mi cuello me ordeno.

    «Desnúdese y hágalo pronto!»

    Lo dude un momento, lo que causo que mi yerno se levantara y alzara la mano como si fuera a golpearme, empecé a sollozar, Javier me tomo del cabello, lo mire con los ojos llenos de lágrimas y débilmente le dije

    «Por favor no me lastime, yo lo haré»

    Me sentía completamente humillada, sollozaba suavemente mientras me quite lentamente mi ropa, desabroche mi vestido y me quite el sostén, Javier sonrió al ver como desabrochaba mi sostén y lo sostenía adelante contra mis senos, Javier extendió sus manos y sujeto mis medias, dándoles un fuerte tirón, las rasgo completamente, ahora estaba desnuda frente a mi yerno.

    Javier se incorporó brevemente y puso sus manos sobre el elástico de su bóxer y lo bajo, rápidamente vi el pene de mi yerno. Ya estaba erecto, me daba cuenta de que era bastante grande, mucho más grande que cualquiera que hubiese visto jamás.

    «Póngase de rodillas suegra, necesito una buena mamada y creo que tal vez usted me la pueda dar, muéstreme como lo hace una mujer madura como usted» ordeno Javier.

    Me sentía enferma, sentía nauseas, mire como mi yerno acariciaba con su fuerte mano su pene mirando mi cuerpo desnudo, tomando un respiro, me incline de rodillas delante de Javier. Sabía que no tenía elección, mirando por un segundo como él se acariciaba lentamente.

    «Chupe mis pelotas» Ordeno mi yerno

    «Por favor Javier, no me hable así!» suplique.

    Javier repentinamente me tomo por el cabello, sosteniéndome empezó a abofetearme la cara con su dura verga, frotándola contra mis mejillas repetidamente mientras me gritaba.

    «Le hablare como me dé la gana y usted tendrá que aceptarlo, entendió?»

    Las lágrimas salían de mis ojos mientras respondía débilmente «Si»

    Entonces Javier sentándose en el sofá, acerco mi cara a su entrepierna «Ahora chúpeme las bolas!» ordeno otra vez.

    Abrí la boca y empecé a chupar los testículos de mi yerno, nunca en mi vida había hecho aquello, pero estaba tratando de hacerlo tan bien como podía para no hacer enfadar a mi yerno, note que las pelotas de este parecían grandes e hinchadas y no tenían ningún pelo.

    «Eso es señora, ahhh!» dijo Javier mientras acariciaba lentamente su verga, «Así es, chúpelas suave y despacio»

    Mire hacia arriba y vi la expresión de lujuria en la cara de mi yerno, mientras se acariciaba su enorme pene, nunca pensé estar haciendo una cosa tan repugnante, me sentía avergonzada y sucia. El pene de mi yerno era el más grande que hubiera visto jamás. Estaba aterrorizada de pensar en lo que este hombre haría conmigo.

    «Ahora chúpeme la verga, quiero sentirla mojada, chúpela!» me ordeno Javier.

    Sabía que era mejor no resistirme, así que empecé a chupar arriba y abajo sobre la longitud entera de la enorme verga, empezando a chupar en la base y siguiendo hasta la hinchada cabeza, luego retrocedía, cada vez que hacia esto sentía cuan largo y duro era el miembro de mi yerno.

    Javier miro hacia abajo a mi completamente humillada y sonrió, él me daría una buena cogida.

    «Ahora métalo en su boca, acaricie la cabeza de mi verga con su lengua» Ordenó.

    Obedecí y abrí la boca ampliamente, tomando la cabeza del pene de mi yerno entre mis labios, deslice mi lengua alrededor de esta y empecé a chuparlo. Pensé que si lo complacía, mi yerno terminaría pronto y me permitiría irme.

    «Si, eso es, chupe mi verga suegra, chúpela como una verdadera puta!» gimió Javier.

    Odiaba que mi yerno me hablara de esa manera, pero sabía que no tenía otra opción que cumplir sus demandas, así que empecé a mamar a Javier más rápido, esperando que este pronto acabara, mientras chupaba la grande cabeza del pene, mi saliva escapaba fuera de mi boca, mojando la longitud completa del miembro de este, haciendo que mi mano se deslizara más rápido sobre la dura herramienta. Acariciándolo y mamándolo de aquella manera sentí como mi yerno estaba llegando al orgasmo.

    «Eso es suegrita, siga mamándomela así, ahhh, tengo algo para usted» dijo Javier cuando sus manos fueron hasta la parte trasera de mi cabeza.

    «Ohhh mierda que bueno ahhhh, si así oh mierda ohhh! Si ahhh!» gimió fuertemente Javier mientras empezó a disparar su abundante semen dentro de mi boca. Sentía mi boca llena de caliente esperma y trate de retirarme, pero fui detenida en ese lugar por las fuertes manos de Javier. Abrí la boca levemente permitiendo que algún semen saliera, lo demás tuve que tragarlo mientras mi yerno disparaba aun semen en mi boca.

    «Oh por favor no parara jamás?» me pregunte en silencio, mientras tragaba el semen de mi yerno, escuche como lo gemidos de este se suavizaban justo como su pene cuando bebí el ultimo disparo de su carga. Me eche para atrás y limpie parte del semen que se había derramado hacia mi barbilla, esperaba que él hubiese acabado.

    «Maldición pero que bien mama verga usted señora, en verdad no me equivoque cuando lo pensé» rio Javier, sus manos fueron abajo y me jalaron hacia arriba contra su cuerpo, su verga descanso contra mi vagina. Javier se inclinó hacia delante y empezó a chupar uno de mis pezones.

    «Mmmm» gimió Javier, «Usted tiene buenas tetas suegra» agrego mientras chupaba y mamaba mis pezones.

    Las manos de Javier me mantenían apretada contra él, mientras mamaba mis senos, él jugaba con cada uno de mis pezones chupándolos durante minutos, turnando su lengua sobre ellos, también empezó a frotar su verga contra mi vagina, teniéndome fuertemente con sus manos apretadas contra él.

    Sentía la lengua de mi yerno jugar con mis sensibles pezones, el miembro de este todavía mojado con mi saliva y el esperma que había salido de mi boca, empezaba a ponerse duro otra vez. Esto hizo que la verga de Javier resbalara arriba y abajo contra la abertura de mi raja, abriendo los labios de mi vagina, y así como Javier frotaba más duro, la dura cabeza de su verga empezó a hacer contacto con mi clítoris.

    Cerré los ojos, Javier me mantenía sujeta, chupando suavemente mis pezones mientras su pene se deslizaba arriba y abajo sobre mi vagina, sentí que estaba empezando a gozar de lo que sucedía y me odie por eso.

    «Javier es tan repulsivo» pensé «Lo odio y odio lo que me está haciendo» mantuve mis ojos cerrados y trate de mantener mi mente enfocada en cuanto detestaba a mi yerno y lo repulsivo que era por hacerme esto.

    Javier noto un cambio en mí, él me miró y vio mis ojos cerrados, ahora mi cuerpo lo ayudaba a bombear contra mí, sintió como mis piernas se abrían levemente y se ajustan al ángulo en que su verga frotaba contra mí, sentía mi respiración aumentar de ritmo.

    Él sabía que me estaría dando la cogida de mi vida en unos minutos, tenía mis ojos cerrados y trataba de evitar lo que estaba pasando, la verga de mi yerno se sentía tan dura frotando toda la longitud de mi vagina, descubrí que si lo deslizaba un poco más abajo, esta hacia contacto con mi clítoris, odiaba que mi yerno me hiciera esto, pero no podía negar que un profundo deseo despertaba dentro de mí, así que me encontré bombeando casi involuntariamente contra la dura e inmensa verga de mi yerno, haciendo mis sensaciones más intensas, me odie más a mí misma por esto.

    Javier me apretó más contra él mientras bombeaba más fuerte, se sentía muy excitado también, empezó a empujar más su dura verga contra mi vagina, la abertura de mi raja estaba cada vez más caliente y más mojada.

    Perdí el control, y no me cuide, empecé a frotar mi coño por todas partes contra la verga de mi yerno, mis pezones ahora mandaban ondas de placer a través de todo mi cuerpo, nunca había sentido un sentimiento tan placentero en toda mi vida.

    Javier no podía esperar más, así que empujo la cabeza de su verga contra la abertura de mi hambrienta raja, gemí cuando lo sentí entrar, sentía como si estuviera siendo empalada por un asta, mi vagina se abría, empuje mi raja contra la gruesa verga de mi yerno.

    «Maldición, señora usted tiene una raja apretada» dijo Javier, «cuanto tiempo tiene sin comerse una verga»

    Empecé a gemir cuando mi yerno empujaba más profundo su duro miembro dentro de mi vagina, Javier empezó a chupar mis pezones más fuerte, sentía el enorme miembro de mi yerno llenar mi vagina como nunca antes.

    «Oh Si!» pensé, no podía creer todo el placer que me estaba produciendo el enorme pene de mi yerno dentro de mi raja, sentía mi vagina arder como si estuviera al fuego mientras la verga de Javier entraba completamente dentro de esta, mi mente y cuerpo ahora me traicionaban, lo único que podía pensar era que quería sentir la enorme verga de mi yerno muy profundo dentro de mi raja.

    Un empuje más y Javier tenía su verga totalmente dentro de mí, ambos empezamos a mecernos lentamente al principio, acoplándonos a un solo ritmo, mantuve mis ojos cerrados mientras mi yerno continuo mamando mis pezones, había perdido mi control y ahora me entregaba a Javier como una poseída, como una puta común, la única cosa que me importaba en ese momento era todo el placer que sentía y el orgasmo que se acercaba, sabía que iba a ser el más grande e intenso que nunca había tenido.

    Javier sentía mi raja ardiente y húmeda, él me penetraba fuertemente, y el veía que por la forma en que yo gemía y respiraba pronto tendría un orgasmo.

    Solo pensaba en mi inminente orgasmo, lo único que repetía en mi mente era «espero que él no termine primero que yo, mi esposo siempre lo hacía» me sentía alcanzando la cima, una cima a la que no había llegado nunca antes. Javier empezó a mordisquear mis pezones, mientras mi cuerpo empezó a estremecerse, mi respiración casi se detuvo mientras mi cuerpo se sacudía violentamente.

    «Oh si Ohhhh ohhh!» empecé a gemir repetidamente como una puta extasiada de placer mientras mi orgasmo me llenaba y sacudía, gemí mientras los espasmos enviaban olas de placer por todo mi cuerpo, nunca había tenido un orgasmo tan intenso, sujete con mis manos la cabeza de mi yerno sobre mis pezones mientras continuaba gozando.

    Javier sintió la intensidad de mi orgasmo, así que acelerando sus empujes dentro de mi raja, Javier exploto llenando con su caliente y espeso semen dentro de mí, haciendo que mi orgasmo se prolongara aún más sintiendo como mi yerno llenaba mi raja con su semilla apagando el fuego que traía en mi matriz, finalmente me desplome sobre él, con mi cabeza descansado sobre su hombro.

    «Maldición señora usted es una increíble puta!» gimió Javier.

    Empecé a recobrarme de mi intenso placer y me di cuenta de lo que acababa de suceder y de lo que había hecho. Un terrible sentimiento de culpa me lleno y empecé a llorar. Javier apartándome se levantó y fue a la cocina para tomar algo de beber. Cuando regreso yo aún permanecía sobre el sofá sollozando. El me miro y no sintió compasión. El día apenas comenzaba…

    Javier me miro sobre el sofá, continuaba sollozando, rio para sí mismo mientras bebía una cerveza.

    Sentía una inmensa culpa, siempre había sido una mujer muy decente y adoraba a mi hija, como había permitido todo aquello, acababa de disfrutar con mi yerno como no lo había hecho nunca antes y aun con toda la culpabilidad que sentía mi vagina aun latía como jamás lo había experimentado. Me sentía totalmente sucia y culpable.

    Javier se sentó junto a mí y continuo bebiendo su cerveza, dejo que yo siguiera sollozando mientras tomando el control prendió la televisión, entonces escucho que llamaban a la puerta.

    Acomodando su bóxer fue hasta la puerta y vio por la mirilla, eran Toño y Fernando dos de sus compañeros de trabajo, ambos de edad similar a la suya (28 años), Javier les había dicho que llegasen a su casa unas horas después y que tendrían buena diversión, les dijo que permitiría que llenaran la raja de la puta su suegra de leche después de que él se la hubiera cogido primero.

    Abrió la puerta calladamente y los hizo entrar, me recogí sobre el sofá de espaldas a la puerta, sujetando una almohada mientras seguía sollozando en silencio. Toño y Poncho sonrieron al ver a la madura mujer desnuda que estaba sobre el sofá. Javier también sonrió y les dijo que él acababa de cogerme y que era su turno de disfrutarme.

    Javier volvió al sofá y le subió un poco el volumen al televisor, miro como sus amigos se quitaron la ropa.

    Estaba sumida en mis pensamientos, totalmente ignorante de lo que estaba a punto de suceder. Nunca había sentido tanta culpa, no podría creer lo que acababa de suceder y cuanto lo había gozado. Me sentía sucia y deshonrada.

    «Oiga señora, es hora de jugar» dijo Toño sujetándome y girándome hacia ellos.

    Grite y empecé inmediatamente a luchar, dándome cuenta de que los dos jóvenes hombres estaban allí desnudos, no quería ser parte de lo que ellos planeaban. Toño cubrió rápidamente mi boca y Poncho me sujeto por las piernas mientras me resistía.

    Mire a mi yerno y vi que sonreía, «Denle lo que necesita» se mofo este «Estos son dos buenos amigos y les dije que podrían divertirse con usted suegrita, así que mejor no se resista y atiéndalos bien o le puede ir muy mal, entiende?» agrego Javier.

    Mis ojos estaban llenos de temor cuando mire a mi yerno y a los otros dos hombres. Sabía que no tenía elección, así que cabecee afirmativamente.

    «Cuando quite la mano de su boca se va a quedar callada?» volví a cabecear afirmativamente

    Javier se levantó del sofá y acerco una silla, él quería disfrutar de lo que estaba por venir, Poncho separo mis piernas y miro mi vagina, extendió su mano y la recorrió de arriba abajo sintiendo lo mojada que aún estaba.

    «Maldición Javier usted debe haberle pegado una fuerte cogida a esta vieja, porque su raja está muy caliente todavía» dijo Poncho.

    Incline la mirada no quería ver al hombre que se metía entre mis piernas, sentí repugnancia cuando este recorrió con sus dedos la entrada de mi vagina. Repentinamente lo sentí empujar algo duro contra mi abertura.

    Poncho empujo fuerte y enterró su verga en mi raja, su verga era gruesa pero no tan grande como la de Javier, Poncho comenzó a gruñir mientras empezó a cogerme rápidamente.

    Mordí mis labios y cerré mis ojos mientras Poncho bombeaba dentro de mí, él tenía mis piernas sobre sus hombros y me penetraba a un ritmo constante.

    «Oh mierda que raja tan caliente, siento como si tuviera mi verga en un horno!» gimió Poncho.

    Sentía mi cabeza dar vueltas y sentí un duro pene colocarse frente a mi cerrada boca, «Chúpelo señora!» ordeno Toño. En estas circunstancias sabía que no se debía resistir, así que abrí la boca y sentí como este hombre metía su pene dentro empezando su mete y saca, «Mmm usted sabe como chupar una verga señora!» gimió Toño mientras seguía bombeando su verga dentro y fuera.

    Sentía asco y repugnancia, estos hombres me estaban utilizando como una puta, como a una vagabunda. Javier se divertía mirando desde la silla muy cerca de donde estaba dándose la acción.

    Mantenía mis ojos cerrados, incapaz de resistir que los hombres abusaran de mí, me sentía asqueada con lo que sucedía y con la forma en que empezaba a sentirme. Poncho tenía mis piernas levantadas sobre sus hombros causando que su duro pene acariciara mi clítoris mientras me penetraba constantemente, empecé suavemente a arquear mi espalda contra el hombre mientras chupaba el pene del otro hombre dentro de mi boca.

    Javier había advertido como me había movido contra Poncho y sonrió» Me calienta ver como esta vieja puta coge con mis amigos» dijo mientras su verga despertaba dentro de su bóxer.

    «Eso es señora disfrute» gimió Poncho mientras comenzaba a bombear más duro dentro de mí, sentía como su verga se endurecía aún más sintiendo que iba acabar. Yo lo sentía también y esto causo una conmoción profunda dentro de mí, empecé a mover mis caderas contra Poncho, mi cuerpo me traicionaba, deseaba sentirlo terminar en mi interior.

    «Mierda ahhh!» grito Poncho disparando todo su esperma dentro de mí, gemí al sentir como Poncho se vaciaba en mi interior, este bombeo aun un poco más y entonces se retiró, estaba completamente agotado, repentinamente sentí mi vagina vacía y empecé a contraerla involuntariamente.

    Javier noto lo que hacía con mi vagina y le dijo a Toño «Parece que esta vieja necesita que un verdadero hombre se la coja»

    Toño se retiró rápidamente de mi boca y se colocó entre mis piernas, abrí mis ojos y vi la mirada de lujuria del hombre que iba a penetrarme como a una puta, tomando su verga en la mano Toño la empujo profundo dentro de mí.

    Gemí al sentir otro duro pene enterrarse en mi interior, Toño empezó a cogerme con rápidos empujes, pegue mis caderas contra él, mientras este me penetraba constantemente.

    Toño miro mi cara y no podía creer cuan caliente estaba mi raja, la forma en que me estaba moviendo lo estaba llevando al orgasmo.

    Yo también sentía lo que estaba causando y mirándolo suavemente le dije «Dámelo ahora»

    Toño grito mientras se regaba profundamente dentro de mí, sentí leves espasmos en mi vagina al sentir como el otro hombre acababa en mi interior, sintiendo como su pene se ablandaba dentro de mi caliente raja, Toño se retiró.

    Sentía de nuevo mi vagina vacía, y aunque mi raja estaba repleta de semen, quería todavía más. Había perdido totalmente el control de mi cuerpo y me rendía ante mis deseos, entonces mire como mi yerno me observaba todavía, notando la enorme protuberancia en su bóxer. Yo quería sentirlo otra vez.

    Parecía anhelar a mi yerno y este supo lo que su suegra quería, levantándose de la silla se quitó el bóxer, la verga dura, larga y gruesa estuvo ante mi vista y sentí un profundo hormigueo en mi interior, Javier se acercó al sofá y se posesiono entre mis abiertas piernas y acaricio su verga mirando mi ardiente raja. Mi raja estaba hecha un lío, el pelo púbico estaba enredado con restos de semen y mis propios jugos, los labios estaban hinchados y abiertos, Javier sabía que su suegra necesitaba una buena verga.

    «La quiere?» pregunto Javier mientras acariciaba su verga.

    No respondí nada.

    «Le puedo dar una buena cogida suegrita, pero necesito que usted me pida que se lo haga» se mofo Javier

    Mire a mi yerno y luego su inmenso pene y no dije nada. Pero mi cuerpo anhelaba tenerlo, no tenía control de mi misma.

    «Pídamelo y le daré una gran cogida en este momento, pero cállese y yo me levantare de aquí y no lo haré» Dijo Javier frotando su enorme verga con su mano arriba y abajo contra la mojada abertura de mi raja.

    Yo ya había perdido el control y ahora mi dignidad, el pene de mi yerno se sentía como una caliente barra de acero fuera de mi vagina, tenía que tenerlo dentro otra vez, empecé a empujar contra él, esperando que este empujara su verga dentro. Pero Javier no lo hizo.

    Javier se retiró y me dijo «No me la voy a coger entonces»

    Mi cuerpo entero se puso tenso de desesperación al ver como mi yerno separaba su pene de mi vagina, yo lo tenía que tener, no podía pensar en nada más en ese momento.

    «Por favor…!» dije calladamente a mi yerno

    «Por favor que?» pregunto Javier

    «Por favor hágalo» conteste tímidamente

    «Quiere usted que me la coja suegra?, entonces ruegue para que se lo haga» dijo Javier mientras se volvió a colocar entre mis piernas y frotaba su dura verga contra la entrada de mi mojada raja «Pídalo suegra!» ordeno Javier.

    «Por favor yerno, no me haga decir eso» dije avergonzada

    Javier se rio y empujo rápidamente unas pulgadas de su dura verga dentro de mi raja y entonces velozmente la saco, mi cuerpo entero tembló y mis ojos se ensancharon al sentir lo que mi yerno me hacía.

    «Ruégueme que me la coja señora o la tirare desnuda fuera de la casa» se mofo de nuevo Javier.

    «No por favor, simplemente hágalo, hágalo ya» suplique mientras mi yerno continuaba frotando su dura verga contra la abertura de mi raja.

    «Entonces pídalo, dígalo ahora y me la cogeré fuertemente o sino en tres segundos la echare fuera de aquí» ordeno Javier

    Mi cuerpo totalmente me traicionaba, mendigaba por ser cogido, cada fibra de mi ser gritaba por sentir el inmenso miembro de mi yerno en mi interior cogiéndome como a una puta en celo. Me sentía humillada y vencida, trate de contenerme pero de pronto se me escucho decir

    «Por favor cójame, hágalo ya por favor!, lo necesito» suplique mientras movía mis caderas contra la verga de mi yerno.

    «Usted es una puta, verdad señora?» dijo Javier

    «SI!» gemí

    «Dígamelo entonces» ordeno mi yerno

    «Soy una puta» gemí

    «Entonces pídame como una puta que me la coja» ordeno de nuevo Javier

    «Por favor cójame, soy una puta, necesito sentir su enorme pene dentro de mí, cójame por favor!» suplique totalmente derrotada.

    Javier tomo su verga y la empujo profundamente dentro de mí, gemí cuando el inmenso miembro me lleno completamente. El empezó a penetrarme constantemente alzando mis piernas sobre sus hombros como su amigo lo había hecho, pero la verga de Javier era mucho más grande y llegaba más profundo de lo que los otros lo habían hecho.

    Me encontré experimentando una serie de pequeños espasmos con cada empuje, mi cuerpo se estremecía involuntariamente y yo gemía fuertemente con cada empuje del largo y grueso miembro de mi yerno. Mi mente flotaba y apenas me daba cuenta de lo que sucedía a mi alrededor.

    Toño y Poncho miraban como Javier se cogía a su suegra y estaban asombrados de cómo reaccionaba, sus vergas empezaron a endurecerse otra vez y empezaron a masturbarse mirando como su amigo me cogía fuertemente a mí a una madura mujer.

    Gire mi cabeza de lado y observe como estos se acariciaban sus erectos penes mientras miraban como me cogía mi yerno provocándome inmenso placer, sentía que mi orgasmo estaba cerca y sabía que los otros dos hombres estaban a punto de acabar también

    Poncho se acercó primero, y empujo su verga en mi boca, mientras yo abriéndola escucho el gemido del joven hombre disparando su caliente esperma en mi boca.

    «Oh si ahhh oh si si ahhh!» gemí fuertemente y repetidamente mientras sentía como alcanzaba un intenso orgasmo aún más fuerte que el primero que había tenido con mi nuevo hombre mi yerno, Toño se acercó y viendo como abría mi boca gimiendo de placer disparo también su carga dentro de mi boca, mientras yo seguía disfrutando de mi prolongado placer.

    La escena era muy excitante para Javier, así que empujando profundamente su verga en el interior de mi raja, disparo su abundante esperma dentro. Gemí de nuevo al sentir el caliente semen de mi yerno inundarme profundo dentro de mi caliente matriz. Mis espasmos continuaron hasta que el pene de mi yerno empezó a ablandarse y lo retiro.

    Permanecí allí, sobre el sofá, completamente empapada de semen mientras mi cuerpo continuo estremeciéndose suavemente. Nunca me había sentido tan satisfecha. Desde ese momento sabía que me había convertido en la mujer de mi yerno…

    Espero les haya gustado el relato, algún comentario a [email protected], besos

  • Mi amante y su esposo

    Mi amante y su esposo

    Empecé a salir con una mujer negra muy hermosa y voluptuosa. Era casada con un hombre grande moreno. Ella buscaba excusas para poder escaparse conmigo sin que él supiera, me decía ella…

    Comenzó a tocar mi culo con su dedo mientras me comía la polla, y aunque nunca lo había hecho me gustó.

    Un día me metió un dedo y al notar que yo lo disfrutaba metió otro y luego otro hasta que me vine a chorros.

    Tiempo después compró un dildo pequeño, el cual me metía mientras me daba oral. Luego compró un arnés y me ponía en 4 con el dildo pequeño.

    Pero el día que cumplimos un año juntos me dijo que me tenía una sorpresa. Compró un dildo de gran tamaño y según muy parecido a la textura de un pene real. Fuimos al hotel y cuando estábamos muy excitados me vendó los ojos, yo no podía ver.

    Me puso en 4 y me colocó lubricante con sus dedos, luego sentí como se arrodillaba tras de mí y colocaba la punta en la entrada de mi ano.

    Comenzó a empujar, me abría con dolor pero yo lo disfrutaba, empujó hasta que me lo metió todo. Y así me empezó a coger duro, rápido y sabroso. Yo estaba gozando mucho cuando ella me dijo que me quitara la venda de los ojos.

    Lo hice y me impresionó verla frente a mí con el dildo metido en su vagina chorreando líquidos de la excitación, en la pared había un espejo enorme en el cuál me vi a mí mismo en 4 patitas y al esposo de mi amante con su verga metida en mi culo, me sorprendió pero también me excitó tanto que en ese mismo momento acabé y como mi culo se contraía con cada venida hice que el acabara dentro de mí y mi mujer también se vino a chorros empapando el consolador, ahora siempre lo hacemos los 3 juntos…