Autor: admin

  • Fui de paseo con mi novio y terminé cogida por un malandro

    Fui de paseo con mi novio y terminé cogida por un malandro

    Hola soy Ali. La historia que les voy a contar me pasó cuando yo iba en la Universidad, me encontraba en el receso intersemestral de verano, mi novio de ese entonces me invitó a pasar unos días en un lugar cerca a la playa de mi ciudad para relajarnos un poco, yo con toda emoción acepté y nos fuimos.

    Ya estando ahí, cuando llegó la noche me fui a pasear con mi novio a la playa, íbamos agarrados de la mano caminando descalzos por la orilla del mar, platicando los dos y riéndonos, disfrutando del clima tan rico que hacía. Estuvimos así caminando por un buen rato, de repente cuando ya nos habíamos alejado bastante de la estancia donde nos estábamos alojando, alcanzamos a ver a unos chicos sentados en la arena, conforme nos acercábamos nos dimos cuenta que estaban bebiendo alcohol y fumando. A medida que nos acercábamos pudimos ver que había unos cinco muchachos de diferentes edades, un par un poco mayores de unos 22 o 23 años y los otros de entre 18 y 19, todos se veían que eran mal vivientes ya que tenían su ropa sucia y daban una pinta de que no se habían bañado en días, lo cual ya me dio mala espina porque usualmente ese tipo de gente es muy grosera y muy posiblemente algo nos iban a decir o a querer hacer.

    Y dicho y hecho, una vez estando cerca de ellos fue así tal cual, cuando estábamos caminando justo frente a ellos, alcancé a escuchar que empezaban a decir tontadas como que me iban a coger frente a mi novio, apostando a ver quién se animaba a irme a tocar una nalga, que me rebotaban las nalgas bien rico al caminar, que estaba muy deliciosa y tonterías similares. Usualmente hago caso omiso a ese tipo de comentarios, pero viendo que estaban arruinando un momento hermoso entre mi novio y yo, la verdad es que me encabronó bastante y les dije en voz baja pero audiblemente que se fueran a la fregada y que nos dejaran en paz.

    Seguimos andando y me di cuenta de que se habían levantado los más pequeños y nos gritaban de cosas, así que me giré y les amenacé que si no nos dejaban en paz íbamos a llamar a la policía. Al gritarles eso mi novio solo me jaló del brazo diciéndome que no les hiciera caso y que siguiéramos caminando, lo que honestamente me hizo molestarme más porque pues era gente que me estaba faltando al respeto y este tipo no hacía absolutamente nada. Total, comenzamos a caminar alejándonos de ellos cuando giré a verlos y me topé con que el mayor se acercaba todo seguro hacia mí. La verdad es que me intimidó un poco ya que se trataba de un hombre alto y muy fuerte, llevaba unos shorts blancos y una camiseta de tirantes blanca también, con la vestimenta que tenía dejaba ver muy bien sus músculos tan formados que tenía.

    Al estar cerca de mí, solo escucho que le dice a mi novio “a que te parto la madre pendejo de mierda y luego me cojo a tu novia frente a ti”, yo me quedé súper asustada mirando a mi novio que no decía nada y solo tenía cara de asustado, viendo eso y sabiendo que al parecer la pelea la iba a tener que dar yo, le respondí al malandro que se callara y nos dejara en paz. Entonces el malandro se rio diciéndome “ya mujer discúlpanos solo estábamos jugando”, me ofreció la mano como haciendo las paces a lo que yo aliviada de que todo se iba a arreglar pues se la estreché, al hacerlo el muy imbécil me jaló la mano y se la llevó a su paquete, al ver eso todos los malandros soltaron las carcajadas, yo solo me solté de él y le iba a dar una bofetada, pero me detuve.

    Mi novio me jaló del brazo pidiéndome que nos fuéramos, pero yo estaba muy enojada y le dije al malandro en tono de burla que no había sentido nada al tocarle el paquete, que de seguro la tenía muy pequeña, en eso para mi sorpresa se bajó un poco el pantalón y agarrándose con las dos manos su abultado paquete me dijo “si me la saco te desmayas de lo grande que la tengo putita de mierda, después le parto la madre a tu novio”, al escuchar eso solo le respondí “ya cállate verguitas, la neta no traes nada”, dije yo haciéndole ver que no me asustaban nada sus idioteces. Pero para mi mala suerte lo hice encabronar demasiado y entonces sacó una navaja pequeña, pero suficiente para ponerme nerviosa, me dijo “ahora voy a cogerte enfrente de tu novio por pendeja”, en eso me agarró del brazo y de un jalón me puso justo enfrente de él y con la otra mano me tocó una teta. Yo solo me puse a gritar y mi novio solo se puso a decirle que se detuviera o le iba a llamar a la policía, pero el malandro se rio diciéndole “en lo que llega la policía yo ya me aventé tres palos con la putita de tu novia”, después el tipo me amenazó con la navaja y vi que un par de malandrillos llevaban también una navaja en la mano y se reían.

    El malandro mayor me obligó a quitarme la blusa quedando mi sostén a la vista de todos, me comenzó a manosear las tetas de una forma muy bestial, luego me cortó con la navaja el sujetador por la parte que une las dos copas, abriéndose y dejando mis tetas desnudas a la vista de todos, ante los malandrillos que no paraban de reírse y ante mi novio impotente sin poder defenderme, en eso el malandro mayor empezó a chuparme las tetas con ansia de una forma muy agresiva, después me empujó al suelo y tapándome la boca para que no gritara me desabrochó y me bajo el pantalón hasta las rodillas, quedando mis nalgas a la vista de todos con solo una tanga morada que llevaba ese día. Para cuando quise reaccionar, el malandro que por lo que oí se llamaba Santos, ya me había quitado la tanga y me estaba haciendo una comida de coño espectacular. Yo que, al principio hacia cara de terror y asco, ahora empezaba a disfrutar poco a poco de la forma tan deliciosa que me estaba comiendo el salvaje éste, de pronto mis gritos se convirtieron en gemidos de placer cada vez más fuertes.

    Yo volteaba a ver a mi novio mientras el malandro me hacía sexo oral y solo veía que mi novio tenia cara de asombro, al ver como otro hombre me hacía gemir de placer, pues aunque habíamos hablado muchas veces de hacer algún trío o intercambio de parejas y cosas similares, no me esperaba esta situación en la que estábamos. Se veía que mi novio estaba indignadísimo con lo que veía y encima le tocaba escuchar a los malandrillos, amenazándole constantemente con clavarle la navaja si se le ocurría hacer algún movimiento en falso.

    Entonces Santos se levantó, se quitó la camiseta dejando ver un cuerpo más que envidiable, se bajó los pantalones y se quedó en boxers ahí delante de todos, mientras me tenía tumbada en la arena con las nalgas y las tetas al aire, después Santos acercándose a mi novio agarrándose la verga con cara de ira le dijo “ve esto, me la va a mamar tu novia, decían que era pequeña, pues bájate el pantalón pendejo”

    Por supuesto mi novio se negó, pero entonces Santos le puso la navaja en el cuello y lo hizo obedecer, se bajó los pantalones, pero se dejó los bóxers puestos. El malandro se rio diciendo algo sobre su ropa interior de marca y luego de un tirón le bajó los bóxers dejándolo con la verga al aire delante de todos, la verdad es que mi novio no la tenía grande, digamos que era un tamaño promedio, pero evidentemente sí más pequeña que Santos, éste entonces empezó a burlarse de la verga de mi novio diciendo “miren a este pendejo que verga tan mas chica tiene” y todos los imbéciles de los malandrillos empezaron a reírse.

    Entonces Santos se acercó a mí, me agarró del cabello y me jaló hacia arriba obligándome a arrodillarme, me hizo que le lamiera la verga sobre la tela del bóxer, yo solo obedecía ya que a esas alturas ya me había sodomizado completamente y me tenía bien sumisa a sus pies. Entonces después de unos minutos se empezó a bajar los boxers y se quedó completamente desnudo, nos dejó a nuestra vista una vergota descomunal y unos huevos gordísimos colgando entre las piernas. Yo solo hice cara de sorpresa muy grata, al ver el macho tan sabroso que estaba frente a mí, en eso sin que Santos me dijera nada abrí la boca y me metí su miembro a la boca, le comencé a dar la mamada de su vida, chupaba y chupaba como loca toda su verga metiéndomela toda hasta la garganta, no dejaba de verlo a los ojos mientras lo hacía, de repente me lo sacaba de la boca y le lamia los huevos un poco haciéndolo gemir, después solo me dedicaba a estrujar con mis labios su miembro tan magistral, “eres una puta!” solo escuché que gritó mi novio, entonces salí del trance en el que estaba yo y volteé a ver a mi alrededor, caí en cuenta de que todos los malandrillos se la estaban jalando mirándome chupar aquella vergota tan deliciosa y como ponía cara de placer disfrutando inmensamente con cada mamada que le daba a Santos.

    Al poco rato, Santos me sacó la verga de la boca, se giró hacia mi novio y señalando su enorme pene erecto y lleno de mi saliva, se acercó a él hasta que su verga rozaba casi con la de mi novio y dijo “esto es pequeño?” se comenzó a reír, era evidente que la vergota de Santos era muchísimo más grande que la de mi novio, que estaba de lo más flácida y chica de la humillación que le estaban poniendo. Acto seguido, se giró de nuevo a mí, viéndome como me había dejado, arrodillada con toda la boca húmeda por mi salida y con las tetas al aire, se me acercó y de nuevo me agarró de las greñas y me jaló apuntando mi rostro hacia mi novio diciéndole “ahora sigue el acto final cabron”, después me arrojó hacia el suelo quedando en cuatro patas sobre la arena con las nalgas paradas a disposición de él, se acomodó detrás mío y poco a poco comenzó a metérmela por detrás, cada centímetro dentro de mi era un gemido delicioso que yo soltaba de lo sabroso que estaba sintiendo. Santos me empezó a bombear cada vez mas fuerte, yo estaba gimiendo como loca de placer y gemía diciendo “mas! mas! fóllame! quiero que me folles mas papi”

    “Eres una puta maldita sea!” solo gritó mi novio, ya que era evidente que aquello me gustaba porque estaba súper extasiada en aquel momento, Santos seguía bombeándome la vagina haciendo rebotar mis nalgotas que se bamboleaban con cada embestida que me daba, los demás chicos se la seguían jalando viendo como me cogía su líder. Después de un rato de estarme cogiendo de perrito, Santos me sacó la verga y se acostó boca arriba en la arena, su miembro parecía un poste de alumbrado, recto y firme apuntando hacia el cielo, me dijo “que esperas putita? ya sabes que hacer, así que mueve esas nalgotas y matate tú solita”, al escuchar eso me levanté de inmediato con una sonrisota en el rostro y me monté sobre él, metiéndome de nuevo su pedazote en mi vagina.

    Comencé a cabalgarlo moviendo mis caderas al frente y atrás a un ritmo súper sensual, lo hacía mientras yo misma me acariciaba mi rostro y me agarraba mi cabello de lo mucho que estaba disfrutando, gemía como toda una hembra cabalgando a su macho. Después puse mis manos en su pecho y comencé a darme sentones en su verga, volteé hacia atrás y vi como mis nalgas solo rebotaban fuerte sonando fap fap fap por el choque con sus huevotes. Cuando parecía que se iba a venir, sacó su polla y me hizo arrodillarme ante él, comenzó a pajearse hasta venirse y yo sentí como su leche caliente caía en mi cara y sobre mi cabello, luego restregó su pene por mi cara como para limpiarse los restos de leche y mirándome con cara de satisfacción me dijo, “a la próxima putita de mierda lo haré en tu boca así que respeta a los malandros”.

    Acto seguido se vistió limpiando los restos de leche de su verga con sus calzoncillos y luego se los puso el muy cerdo, se vistió y se fue con los demás malandrillos a donde estaban tirados antes, a seguir entre risas tomando y comentando burlándose de lo que había pasado, yo me fui corriendo a lavarme la cara y el cabello al mar, después mi novio y yo nos vestimos y nos fuimos de ahí inmediatamente, yo le reproché la manera tan cobarde que se había comportado, pero él me dijo que se notó lo mucho que yo había disfrutado todo aquello, honestamente estaba en lo cierto.

    FIN.

    Rápidamente les agradezco mucho sus mensajes y comentarios de mis relatos, escríbanme a mi cuenta de Instagram @tjgirl_of y díganme que les parecen mis relatos. Saludos!!

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (7)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (7)

    Desde las Navidades, la cosa en casa no había cambiado mucho. Sergio seguía hablando con Marta y en ocasiones con Alicia… en bastantes ocasiones. Mari aparte del día de Nochevieja donde se puso un jersey dejando a un lado el pijama, el resto del tiempo se cuidó como siempre lo hacía, poco.

    Sin embargo, su hijo sí notaba un ligero cambio. Su madre cada vez sonreía más e incluso alguna que otra vez, bromeaban juntos. En esas ocasiones (pocas y breves), le recordaba a la época con su tía, tenían el mismo humor, eran tan iguales que se podían confundir a la perfección.

    Aunque en Navidades, gracias a Mari, el mal sabor que le dejaba el hablar con Alicia había desaparecido, los días posteriores, volvió. No paraba de hablar con la amiga de su hermana y en muchas ocasiones lo hacían sobre lo bien que estaría verse un día de fiesta. No lo hacían de forma directa, si no tratando de que todo surgiera como un encuentro casual. Los dos estaban con unas ganas terribles de forzar ese encuentro totalmente involuntario.

    Sergio lo había preparado a conciencia. Después de Nochevieja, saldría el fin de semana siguiente, el mismo día que su nueva amiga le dijo que haría. El sábado caía en día cinco y convenció a varios de sus amigos para ir de fiesta, esperaba que accedieran a quedarse en el pueblo aunque eso lo veía complicado. Últimamente cada vez iban más a discotecas y los bares del casco viejo quedaban reservados para días señalados como las fiestas propias de la ciudad, carnavales y eventos similares.

    El día llegó más rápido de lo que pensaba y se puso realmente nervioso. Lo bueno de estar así, era que el sentimiento de culpa se desvanecía de su cuerpo. “No voy a hacer nada” se repetía una otra vez… o mejor dicho se mentía una y otra vez. Durante la mañana solo habló con Alicia para que le confirmara que iba a salir, le contestó que sí, no hubo más que decir.

    —Solo es una amiga. La veo, unas risas y marcho, tan fácil —decía delante del espejo del baño mientras su reflejo se lo repetía con ciertas dudas.

    El móvil sonó y se lanzó para ver quien le escribía, lástima que no fuera su nueva amiga. Dos de sus amigos que estaban en duda, le confirmaron que al final sí que saldrían, perfecto, la fiesta era oficial.

    Abrió la conversación de Marta y le dijo si quería quedar a la tarde, no es que fuera una proposición, era lo que siempre hacían, nada especial. Obviamente esta le respondió que sí. Dejó el móvil y se duchó con calma, en su mente la imagen de Alicia viajaba por todos los lados aunque primero… debería ver a su novia.

    La tarde la pasó inquieto, en todo el paseo con su chica, no paraba de mirar la pantalla del móvil por los mensajes que le pudieran llegar. Sus ganas de que el tiempo pasara eran evidentes y en más de una ocasión se detuvo para contestar a alguno de sus amigos. “Por fin” pensó al llegar a la puerta de la casa de Marta, el día era frío y las horas se le habían hecho eternas, incluso los pies se la habían quedado congelados. De la forma más egoísta que pudo, pensó que ya era hora de irse a casa y que empezase lo bueno.

    —Hoy has estado un poco ausente —le dijo Marta con la puerta del portal abierta.

    “Maravilloso, ahora quiere hablar, siempre cuando nos vamos” se dijo Sergio aparcando su personalidad amable y tomando una que no le pegaba.

    —No sé… tal vez por la fiesta, es que estos me están dando la brasa, lo siento.

    —Te quería comentar. —“no por favor, Marta, vete a casa, ¡YA!” Gritaba una parte de su mente a la cual Sergio le abrió las puertas de par en par— Últimamente, te noto algo ido conmigo, apenas me prestas atención. Sueles estar más atento a lo que te llega al móvil que a escucharme.

    —No me he fijado, creo que te hago el mismo caso de siempre, lo del móvil ni idea.

    —Quería preguntarte una cosa, y no quiero que te enfades.

    —Si me dices eso, Marta, es que me voy a enfadar. —Sergio no entendía que pasaba, pero su paciencia se agotaba como si cayera por una pendiente. Quería llegar a casa y prepararse para ver a Alicia.

    —Quiero preguntarte… ¿Hablas con otras chicas?

    Los ojos de Marta estaban clavados en él, su cara angelical no hacia ninguna mueca, lo estaba diciendo totalmente en serio. Sergio se encendió, notando una rabia que no sentía desde que lo dejaron. ¿De verdad le estaba preguntando eso? ¿La misma Marta que se había ido con su ex?

    El enfado era enorme, Sergio apretó los puños para contener la rabia y no soltarla toda de golpe. Los sentimientos de traición no se habían ido en todo este tiempo, simplemente estaban en el baúl de su mente, dispuestos a salir. Podría ser un buen momento para dejarlos salir.

    —¿No crees que es algo hipócrita decirme algo como eso? —podría ser, pero Sergio no se quedaba corto.

    —No empieces por ahí. Si tengo dudas, Sergio, te las voy a preguntar, no me voy a quedar callada. —Marta trataba de mantener la calma.

    —Pues la verdad que es muy atrevido de tu parte sugerir algo así. Pero tranquila que no, no tengo ninguna amante.

    Sergio había plantado delante de su novia su cara más cruda. Sentía rabia porque le estuviera recriminando algo que ella misma le hizo. No podía ser así, si además él no había hecho nada, ¿o sí?

    El joven se sintió dolido y rabioso, pensando en cómo le podía decir eso la persona que tanto amaba. Pero ¿era así?, ¿Era la persona que más amaba? Las dudas le atoraron en la cabeza, tantos sentimientos que su ira aumentaba sin ceder ni un ápice.

    —Pero bueno, Marta, puedes estar tranquila que al menos yo no tengo una ex para engañarte.

    El golpe fue tan bajó que Marta dio un paso atrás dentro del portal y negó con la cabeza lentamente. Aquello le había dolido, le había hecho tanto daño que la mano que no sujetaba la puerta la dirigió instintivamente al vientre por encima de su abrigo en un gesto de protección.

    —No digas eso… —la voz de Marta estaba quebrada— Si hemos vuelto, es porque eso está perdonado. ¿Cómo me puedes dices eso ahora?

    —Con ese comentario, lo que me parece es que piensas que te la voy a jugar. Lo siento si te he estropeado tus planes, pero YO… soy buena gente, no hago esas cosas.

    —Imbécil…

    Con aquella última palabra que sonó en un susurro, Sergio se dio cuenta de que su novia estaba escondiendo la primera lágrima. Marta cerró la puerta comenzando a subir las escaleras con rapidez. El chico se quedó mirando como su pareja se alejaba de su lado al mismo tiempo que su personalidad habitual salía a la luz y se preguntaba por qué había hecho eso.

    Se puso las manos en la cabeza, apretándose las sienes y recapacitando sobre sus actos. El impulso juvenil le había cegado, quizá la atracción por Alicia le había hecho cambiar, igual Marta no era tan mala como él pensaba. La sensación de malestar le recorrió el vientre mientras caminaba hacia su casa. Una y otra vez la última palabra de su novia le aparecía en su mente, “imbécil”.

    —Iba a llorar… No… ya estaba llorando —se susurró a sí mismo, decidiendo que tendría que hablarla, pero no ahora, eso no la gustaba, quizá antes de salir.

    Cogió el móvil para ver la hora y un mensaje de Instagram le saltó en la pantalla. Pensó que no era el momento, que debería cortar aquello y no salir. Sin embargo, cruzó la calle metiéndose el móvil de nuevo en el bolsillo y sabiendo que lo mejor era tomar decisiones con la cabeza fría. Ese cerebro suyo no se le enfrió en ningún momento, porque cuando se comenzó a prepararse para salir, encendió el móvil y vio el mensaje que el mensaje de Instagram. Por supuesto era Alicia.

    —Espero que nos veamos y también… que me des un regalo por mi cumple.

    Lo dejó con calma al lado del lavabo y por segunda vez en el día se dio una ducha relajante, aunque añadió una pequeña relajación extra en honor a Alicia. Las lágrimas de Marta, se habían secado en su mente.

    ****

    Bajó de casa casi a la carrera, entre ducharse y prepararse, se había entretenido demasiado y el tiempo se le echó encima. Sus amigos ya le esperaban cerca de un parque con botellas en mano para comenzar con el desmadre. Las ganas de fiesta no habían hecho acto de presencia en su cuerpo, más que eso, su interior estaba repleto de ganas… de ver a Alicia. Esperaba que valiera la pena todo su plan.

    Lo había pensado después de la ducha, en verdad, no la amaba, ni sentía nada más allá de algo sexual por ella. Es más, después de salir de la ducha con menos fluidos corporales dentro de los genitales, por la cabeza le volvió a revolotear la idea de dejarlo todo y no salir.

    Una parte le decía que llamara a Marta, que le pidiera disculpas y se olvidase de la amiga de Laura. Pero la otra, le gritaba que quedara con la chica, su novia ya esperaría, se lo merecía, debía pasárselo bien. Era curioso un factor que se repetía casi siempre, cada vez que se daba una alegría masturbándose con Alicia en la cabeza, los pensamientos posteriores eran de culpabilidad. En ese momento después al placer, siempre se acordaba de su novia y la culpa le comía por dentro sugiriéndole que no hiciera nada. Sin embargo, a cada minuto que pasaba esa idea se iba esfumando y las ganas de retozar con la joven le llenaban de nuevo. Era bastante curiosa la relación entre los pensamientos sexuales sobre Alicia y el volumen de esperma que habitaba en sus genitales.

    Sacó el móvil del bolsillo mientras sus amigos hablaban, se seguía sintiendo culpable por lo que le había dicho a Marta. En realidad él no era así, la ira acumulada y el sentimiento erótico que tenía le habían nublado el pensamiento. Meditó si debía mandarla un mensaje en ese momento, incluso abrió la pantalla donde tenía la conversación, pero no pudo, solo observó la foto de perfil donde se la veía sonreír y volvió a bloquearlo.

    Sin embargo, al de nada, tuvo que volver a sacarlo. Una vibración en su pierna le alertó de que un mensaje había llegado. Dispuso el móvil para que nadie pudiera ver con quien hablaba y encendió la pantalla. Antes de ver quién era, ya se lo imaginaba, Alicia le había escrito.

    —¿Al final sales?

    —Ya estoy bebiendo, o sea que sí. —Sergio estaba más que animado y tecleaba con ansia.

    —¡Qué bien! ¿Te veré hoy? Aunque no sé si le haría mucha gracia a Laura que aparezcas por aquí.

    —Solo la vacilaré un poco, tengo que dar buena reputación a los hermanos mayores. —la presencia de su hermana no chafaría sus planes— Pero creo que sí, vas a ser afortunada y seguro que me ves.

    Sus amigos habían decidido que irían a la discoteca y no al casco viejo, había sido unanimidad y bueno, la democracia mandaba en el grupo. Sin embargo, había conseguido convencerles para bajar un rato antes de irse y así, poder ver a su hermana. Al menos, esa era la excusa.

    —Quizá tú seas el afortunado por verme a mí.

    Leyó de nuevo en la conversación y… qué ridículo se veía cuando trataba de ligar, ese Sergio “caliente” que se apoderaba de los mandos de su cuerpo y decía cosas sin mucho sentido, era tan extraño. Aunque parecía que al menos a Alicia sí que le gustaba, a Marta en cambio, la discusión con ese “yo caliente”, la había aborrecido.

    —Es verdad, que uno no se encuentra todos los días con una cumpleañera.

    —¿Traes algún regalo para mí?

    El muchacho paró sus dedos para no escribirle las ordinarieces que estaba pensando, solo veía un único regalo y lo tenía entre sus piernas.

    —Puede ser. —trató de serenarse un poco y se quitó del rostro la sonrisa boba que su madre tantas veces le había visto— ¿Sobre qué hora te sueles ir a casa?

    —¿Pues?

    —Porque cuando estéis en el casco viejo, bajamos un poco, pero luego marcho a la discoteca, quizá a la vuelta también te pueda ver.

    Su corazón dio una vuelta de trapecista y retumbó en su pecho. La frase escondía una cita clara y concisa, Sergio sabía que Alicia aceptaría, como sabía que si ella se lo hubiera propuesto, diría que sí sin ningún tipo de dudas. Bloqueó el móvil para tomar un trago y humedecer su garganta, estaba algo atorado, ya no se acordaba de Marta, solo tenía cabeza para Alicia.

    Mantuvo alguna que otra conversación con sus amigos, pero la mano le temblaba en dirección al móvil, quería verlo, quería leer la respuesta. Recordó ese sentimiento en otro instante algo similar, cuando en el colegio o en el instituto, un pequeño trozo de papel circulaba en la clase hasta una chica. “¿Quieres ser mi novia?” rezaban aquellos papeles y aunque esta pregunta para nada era similar, la espera se le estaba haciendo igual de angustiosa.

    No pudo más y sintiendo lo mismo que cuando era pequeño y le pasaban el papel con la respuesta, abrió el móvil. Tenía la notificación de haber recibido un mensaje en Instagram, no dudo y con una gota de sudor recorriéndole la frente mientras un viento frío la azotaba, miró el mensaje.

    —Seguramente sobre las cinco o así, aunque hoy no tengo hora.

    —¿Cómo que no tienes hora?

    Le respondió lo más rápido que pudo porque la frase de Alicia invitaba a ello, quería que se lo preguntara y el joven no la iba a dejar con la miel en los labios.

    —¿No te lo había comentado? Mis padres este fin de semana se han ido.

    —¿Entonces estás sola en casa?

    —Sí. Estas fechas siempre se van para celebrar cuando se conocieron, ayer marcharon y hasta mañana a la tarde no vienen.

    Claro que no se lo había dicho, Sergio trató de pensar en ello, pero algo tan importante lo hubiera retenido en la mente como una lapa. Aquello le descolocó, pero para bien. La muchacha lo había hecho a propósito, estaba claro. Quería sorprenderle y vaya si lo había conseguido.

    Se pasó la mano por la frente para limpiarse esa dichosa gota de sudor que con ganas iba en dirección a su mejilla. Estaba nervioso, tanto como lo estuvo en casa de su tía. Miró a sus amigos y pensó en darles puerta, correr donde su amante y llevársela a casa como un cavernícola. Sin embargo, de un portazo aprisionó en su mente a ese Sergio caliente y pensó con una mente más racional.

    El objetivo que se había planteado estaba cumplido, si quería tener algo con Alicia lo tendría, podía esperar al final de la noche. Antes que ella, estaban sus amigos, con los cuales hacia mucho que no disfrutaba.

    —¡Qué bien! —le escribió— Pues no me lo habías contado. Está bien, así tienes toda la casa para ti. Ahora tengo que dejarte un momento, cuando baje a los bares te aviso.

    —¿Tienes planes?

    Sergio miró sonriente la frase clave que tenían entre los dos. Era tan infantil todo aquello que no se reconocía, quizá se le pegaba la personalidad de Alicia, al final era una chica de 18 años recién cumplidos. Aunque… ni que él fuera tan mayor.

    —No, esta vez son mis amigos.

    Acabó por mandarle un icono con un beso, algo que nunca había hecho y la amiga de su hermana viendo que otra barrera se había roto, le envió un corazón bien grande. Sergio silenció el móvil y se introdujo en la conversación que los otros cinco amigos mantenían, en un rato bajarían, pero de mientras, tocaba reírse un poco.

    CONTINUARÁ

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mi compañero de clase me convirtió en su zorra (Parte 5)

    Mi compañero de clase me convirtió en su zorra (Parte 5)

    A la mañana me desperté sintiendo dolor en la cola y con todo el cuerpo pegajoso por el semen, grabe un vídeo para mostrarle a David que le obedecí y salí de mi habitación para ir a bañarme, por suerte mis padres se habían ido trabajar temprano así que no tuve que ocultar mi estado.

    Cuando salí del baño fui a la cocina para desayunar y me encontré con mi hermana que me miro con una sonrisa. Me senté en frente de ella y al hacerlo sentí un fuerte dolor en la entrada de mi ano que me hizo levantar.

    A: Veo que la pasaste bien ayer, zorra.

    Yo solo agaché la cabeza

    A: Tranquila, no tiene nada de malo. De hecho ahora que sos mujer podemos empezar a salir de fiesta juntas y, quién sabe? Capaz buscar algunos chicos.

    La idea me gustaba pero me daba vergüenza admitirlo por lo que no conteste.

    A: No tengas vergüenza, ya sospechaba algo cuando me robaste ropa interior, además siempre fuiste más una nena que un chico.

    Y: Te diste cuenta? Por qué no me dijiste nada?

    A: Me pareció divertido esperar para ver qué tan lejos llegabas y por lo que pasó ayer se ve que hice bien. Hablando de eso, contame, cómo fue? Te gusto?

    Y: Fue increíble, me encantó

    Dije ya más confiada viendo que a mi hermana le parecía bien que fuera una zorrita. Le conté todo lo que pasó desde que David me manoseo en el bus hasta que llegue a casa la noche anterior. Ella solo se limitó a escuchar asombrada. Para cuando termine de contarle ya era hora de irme al colegio, busqué mis cosas y me dirigí a la puerta pero mi Ana me detuvo.

    A: Después de lo que me contestaste no creerás que te voy a dejar ir con esa ropa o si?

    Tenía razón, de tanta charla me había olvidado de ponerme una tanga para David, mi hermana me llevo a su habitación donde ya tenía preparado un conjunto de tanga y bra negros y un body color mostaza. Me puse todo y arriba mi ropa normal, después salude a mi hermana y me fui.

    Llegando al colegio de vuelta me encontré con David unas cuadras antes. Cuando me acerque me agarró del brazo y me llevo hacía un callejón. Una vez ahí empezó a besarme mientras metía una mano dentro de mi pantalón para apretar mi cola, con lo que se dio cuenta de lo que tenía puesto bajo mi ropa.

    D: Así me gusta, siempre con ropa de nena puesta.

    Y: Te gusta? Me lo presto mi hermana.

    Dije bajando un poco mi pantalón para que lo viera bien.

    D: Como? Tu hermana sabe?

    Le conté como mi hermana me había descubierto y le había parecido bien que fuera una zorra.

    D: Ahora que tu hermana sabe, quiero que en tu casa uses solo ropa de nena cuando no están tus padres y mas te vale mandar pruebas.

    Solo asentí con la cabeza mientras sonreía, la verdad la idea me gustaba.

    D: Ya es hora de ir al colegio, hoy no vamos a escaparnos, pero no te preocupes te espero en el recreo.

    Me desilusione un poco porque tenía ganas de chupársela ahí mismo pero obedecí.

    Entramos a la primera clase y yo estaba muy ansiosa por que llegue el recreo. Ya había pasado una hora de clase cuando me llegó un mensaje de David «Pedí para ir al baño, cuando llegues ahí te digo que hacer», enseguida pedí permiso al profesor y fui hacia el baño, cuando estaba por llegar recibí otro mensaje «Supongo que estas yendo al de mujeres, no?». Muerta de miedo fui al baño de chicas procurando que nadie me viera.

    Cuando entre me llegó otro mensaje «Sacate fotos con la ropita que tenés abajo». Me desvestí y empecé a sacarme fotos delante del espejo, mi corazón iba a mil, en cualquier momento podía entrar alguien y descubrirme. Cuando termine me vestí rápido y fui a mi salón, cuando entre note la mirada pervertida de David y me calentó mucho.

    Cuando llegó la hora del recreo David me mando otro mensaje «Espérame en la puerta del patio», en mi colegio había un patio trasero que estaba en desuso por lo que nadie podía ir. Lo espere un par de minutos, cuando llego fue rápido hacía la puerta y la abrió con una llave que aparentemente había robado. Salimos al patio y cerró la puerta para que nadie nos molestará.

    D: Desvestite puta acá nadie puede vernos.

    Me saque mi ropa normal y me quede con el body, mientras él se bajó el pantalón y bóxer dejando salir su enorme verga. Me arrodillé delante de David y empecé a lamer cada parte de su pija, sobretodo la cabeza para saborear el líquido preseminal, estuve así un par de minutos hasta que no aguante las ganas de tragarla toda.

    Apenas metí la punta dentro de mi boca David me agarró de la nuca y me empujo hasta que su verga toco mi garganta, me la saco después de un minuto en el casi no pude respirar.

    D: Levantate zorra así te cojo.

    Me apoyé contra la pared e hice al costado el body y la tanga ofreciendo mi colita a David, el apoyo su verga contra la entrada de mi cola y me la metió de un solo golpe hasta el fondo. Entro sin ninguna dificultad gracias a que la había lubricado bien con mi saliva y sobre todo gracias a que tenía el culo bastante abierto.

    Empezó a cogerme con fuerza mientras me tapaba la boca para que no se escucharán mis gemidos, al poco tiempo acabé, llenando mi ropa de semen. Siguió penetrándome por casi 10 minutos más hasta que acabó vaciando sus huevos en mi cola. Me di vuelta para limpiarle la verga y mientras lo hacía David empezó a mear en mi boca obligándome a tragar todo.

    Cuando terminó de mear se vistió, abrió la puerta y se fue dejándome ahí con el peligro de que alguien me descubra, me vestí lo más rápido que pude y fui hacía mi salón de clases. En el camino sentí como salía semen de mi ano y caía por mis piernas, por suerte no manchaba lo suficiente mi pantalón como para que se notase.

    Las clases siguieron normales y no pasó nada mas con David ese día. Cuando llegue a casa mi hermana me estaba esperando y me llevo a su habitación para que mis padres no escucharan la charla.

    A: Como te fue en tu día? Le gustó a tu macho la ropa que te di?

    Y: Le encanto, me cogió bien duro y me dijo que desde ahora tengo que usar ropa de chica siempre que pueda.

    A: Buenísimo porque ya tengo planeado ir a comprarte cosas el fin de semana. Ahora devolverme lo que te presté así lo pongo a lavar.

    Me desvestí y le mostré algo apenada que había manchado todo con semen.

    A: No pasa nada, fue mi culpa por no prevenir que iba a pasar.

    Abrió un cajón de al lado de su cama y saco una caja de tampones y otra de toallitas femeninas.

    A: Toma, esto te va a servir para no manchar todo, y además así te sentís mas femenina. Usa las dos cosas ahora así ya te vas acostumbrando.

    Yo le agradecí y me fui a bañar, no sin antes agarrar unas bragas nuevas para ponerme. Cuando termine, de bañarme me puse una toallita y un tampón en la cola.

    El día transcurrió normal hasta la noche, cuando ya estaba acostada dispuesta a dormir mi hermana toco la puerta de mi habitación. Cuando le abrí vi que traía en la mano ropa.

    A: Te traje algo para que uses de piyama.

    Era un babydoll transparente color rosa. Me lo puse y me mire al espejo, me veía muy sexy. Ana me ayudó a sacarme fotos para mandale a David, cada una mas provocativa que la anterior. Cuando le llegaron enseguida me mando un vídeo de él masturbándose.

    A: Buena verga te estas comiendo hermanita.

    Y: Tenés envidia?

    Le respondí en broma.

    A: Para nada, la de mi novio es más grande.

    Me dijo entre risas, mientras sacaba su teléfono para mostrarme las fotos que le mandaba el novio.

    Y: Uff es enorme, que suertuda.

    A: Si querés puedo convencerlo de que hagamos un trio y la probas.

    Yo me lo tome en broma pero igual me quede imaginando lo que se sentiría tener semejante vergon en mi cola. Mi hermana se fue y yo me fui a dormir.

    Continuará…

  • Amigo ratón del queso (Capítulo 3)

    Amigo ratón del queso (Capítulo 3)

    Capítulo 3: Los borrachos no mienten 

    -¿Sabes que necesito buscar un taller, creo que a la camioneta le está fallando el aire acondicionado?- dice mientras se acomoda en el sofá, -¿no está enfriando bien?- Le contesto y me tomo el ultimo sorbo de mi vaso, -Coye sí, pero al rato ya no enfría bien y le tengo que aumentar la velocidad del ventilador para mantener, aunque sea, fresco el carro- me quedo pensado mientras me sirvo más vino, ya le queda menos de un cuarto a la botella y le digo haciendo un brinco al frente de ella así como de sorpresa –¡Listo, eso tiene solución!- echándome a reír, ella se asusta por mi ocurrencia y entre risas me tira un cojín mientras dice –¡Gafoo!!!… no me asustes así – agarra la botella y se sirve lo que queda de ella y se dirige a la cocina.

    -Ay Tomy esto es grave- dice con un tono de voz de sorpresa y algo seria, me acerco al equipo de sonido, lo encendido hurgando los discos que hay allí, me volteo -¡¿Qué pasó!?- La veo de espaldas entre la cocina y el pasillo que da hacia los cuartos y me dice –Se acabó el vino, pensaba que tenía otra botella, pero me la bebí, ups- lo dice subiendo los hombros y poniendo carita de niña buena, -claro, la niña borrachita, por supuesto- acercándome hacia donde está, sé que en el pasillo hay una especie de closet donde ella guarda el bar y otras cosas, lo abro.

    -Bueno, tenemos Ron blanco, Ron Dorado, Vodka, Whisky, Anís, creo que esto es Amaretto- lo digo mientras la olfateo porque la etiqueta ni se lee bien…-Sí, es Amaretto, ¿Qué dices?… que te provoca- recostada en la pared viéndome pone la cara con sonrisa sumamente picara y conociéndola está a punto de decir alguna locura –Hagamos tragos con lo que hay, tampoco están llenas las botellas pero algo se nos ocurrirá, ¿Qué dices?- volteo a ver el bar –Bueno, llevamos dos botellas de vino encima y si mezclamos otro licor, esto se pondrá feo- digo eso riéndome y me agarra del brazo mientras se abre paso buscando agarrar las botellas –anda vamos, no seas cobarde, acaso tienes que trabajar mañana o manejar, no, verdad!-.

    -Tú serás la bartender de esta primera ronda, así que lo dejo en tus manos- digo mientras retorno hacia el equipo de sonido, -¿te provoca escuchar algo en particular?- en eso le escucho decir –No, pon lo que tú quieras pero recuerda que son las 3:30 de la madrugada y los vecinos aquí son delicados- veo un Cd que dice “varios”, así que lo pongo y empieza a sonar “Bailando” de Gente de Zona con Enrique Iglesias… <Veo que esto será reggaetón parejo, bueno es su estilo que más puede encontrar> agarro el control remoto y me acerco a la barra.

    Me siento mientras sale y entra de la nevera, saca la licuadora, busca unos vasos que están muy alto, tuvo que trepar sobre el mesón y vaya que me di colirio, en todo ese movimiento, tenía el babydoll sobre sus nalgas, mientras me embelesaba viendo el hilo que tenía puesto, del mismo color de su bata y éste se perdía entre de sus jugosas nalgas, <Creo que el vino te hizo efecto, controla tus ideas>.

    -¿Te vas a tomar lo que te sirva, no?- me dice mientras termina de preparar algo, que no sé qué habrá hecho, los sirve en dos vasos largos, decora con unas conchas de limón, se voltea dándome uno, -esto es un mojito, se ve presentable, vaya podrías vivir de bartender- un trago decente, lo pruebo esta algo fuerte pero sabroso, hace una referencia de agradecimiento y al agacharse se le notan los senos, imposible no velos, para mi es sumamente difícil no verlos.

    Al rato de conversar y tomar, una de las canciones que empieza a sonar es No te pido que me traigas flores, de Fanny Lú, ella se emociona, suelta el trago que casi lo echa en el suelo,–vamos bailemos- yo con trago en mano, como buen venezolano, tenemos un master en bailar con la bebida en mano sin que se nos derrame jejejeje, me abraza por el cuello y empezamos bailar, le tomo por la cintura, lógico que al ceñirla se le sube el babydoll y se ella se pega a mí, me percato que ya deberían ser las 5:00 o más porque veo cierta claridad en la calle, suelto el trago en una vuelta y seguimos bailando, realmente esto está muy bueno, después siguieron varias canciones que bailamos.

    Empieza a sonar El Poeta de Chino y Nacho, y la siento aún más pegada a mí, yo ya la tenía totalmente tomada por la cintura, siento que mi pierna está absolutamente calzada entre sus piernas y su cabeza apoyada en mi pecho, me toma con una mano la nuca y me hace caricias, pasa su otro brazo por mi costado y me abraza agarrándose del hombro, aquellos que me leen y bailan merengue se pueden haber imaginado muy bien como estábamos.

    De golpe cambio el género la música y empezó a sonar bachata <esto se pone caliente> me digo porque es inevitable que tenga un erección por el roce y el baile, el calor de su cuerpo, sus senos pegados a mí, sus piernas literalmente entre las mías y encima hace carias en mi nuca, vamos… qué hombre podría resistir a semejante situación y hay que sumarle a dos botellas de vino y un quién sabe que cantidad de ron blanco habremos debido… honestamente yo estaba prendido, no borracho pero si muy alegre.

    Suena Señorita por favor de Pince Royce, canción que me gusta mucho y la cual la letra siento que me identifica mucho en esta situación y empiezo a cantarla suave, realmente el alcohol lo desinhibe a uno, bailando siento que me abraza con fuerza y es inevitable sentir su humedad y calor en mi pierna, su sexo descansa literalmente sobre el muslo ya a este nivel, es imposible que no se haya dado dé cuenta de mi erección, aprisionada en el short corto, pero es imposible que no la sienta.

    Es increíble como dos cuerpos pueden sentir tanto e intimar con solo bailar, siento su respiración acelerada y me aprieta la nunca, siento que se deja caer más bailando, esto indica que esta excitada, el calor que emana su sexo es notable, debe estar hirviendo por dentro, subo una mano por su espalda acariciándola muy lento, y siento como clava sus uñas en mí nunca y espalda, mi otra mano la voy pasando de su espalda hacia su cintura, pero empiezo a bajar hacia su muslo, ella se deja hacer justo, cuando ya voy moviendo mi mano hacia su nalga, cambia la canción y la música que siguió fue un shock, porque rompió toda la atmosfera que había.

    Obvio que seguimos abrazados, nuestras respiraciones están agitadas, me suelta la nunca, baja sus manos hacia mi pecho, no deja de tocarme, más bien me acariciaba, yo le tomo por la cintura y empiezo a caminar de espaldas hacia el sofá, ella me sigue el ritmo y no se separa –No sabía que bailaras tan rico- me dice con un tono suave y se le nota el temblor en su voz, su respiración está agitada porque su pecho sube y baja con fuerza, –Hay muchas cosas más que hago rico- al decirle eso siento un gemido mezclado con un pequeño suspiro, ya siento el sofá a mis piernas y subo una pierna para sentarme sin soltarle.

    Ya sentado es inevitable que note mi erección, ella aún mantiene los ojos cerrados, sus manos toman las mías con fuerza, se las siento húmedas, está sudando, su pecho sube y baja con rapidez delatando su nerviosismo, sus pezones parecen dos pequeñas piedras que se marcan perfectamente en su babydoll, le suelto una mano y lleva la suya a su pecho como protegiéndose, le tomo por la cintura y la voy atrayendo poco a poco, se va acomoda sobre mí, pero aún no se atreve a sentarse en mi regazo.

    -Dame tus manos- le digo, ella pone sus manos en su pecho y las tomo, esta sudadas de verdad que está nerviosa, jamás me imagine que se podría así, llevo sus manos a mi cara y las beso, las llevo a mi cuello y hago que me tome por allí, pero sin dejar de rozarla voy recorriendo su brazo hasta llegar a sus hombros, en el recorrido le da escalofríos y abre su boca dejando escapar otro gemido suave pero ahogado, voy bajando por su espalda y costado, muy lento, su piel está caliente, es perceptible ciertos temblores que tiene.

    -Bella, abre los ojos, anda- cierra la boca y mueve la cabeza negando, cuando mis manos llegan a su cintura, me aferro a ella fuerte, veo que muerde su labio y reprime otro gemido, -anda mírame por favor- en eso abre los ojos, pero sin bajar la cabeza solo me mira desde arriba, porque aún no se deja sentar, veo sus ojos brillar y su labio mordiéndolo, le sonrío con picardía porque sé que está nerviosa pero también deseosa –ven, quiero decirte algo, siéntate- y empiezo a halarla suavemente, ella me clava sus uñas y se va sentando, mis manos las voy moviendo suavemente hacia su cintura y nalgas, fue casi sincronizado, porque justo cuando le tomo las nalgas con mis manos, ella se sienta sobre mi pene durísimo y reprimido por el short.

    -Dioss- se le escaba mientras cierra los ojos, deja caer su cabeza sobre mi hombro, ya su espalda se siente más relajada, mis manos soban suavemente sus nalgas y siento como sus caderas se mueven muy pero muy suave hacia atrás y adelante, es casi como un movimiento involuntario de ella, subo mis manos por su cintura y espalda suavemente, con la única diferencia que esta vez las metí debajo de su bata, y mis manos acarician su piel desnuda, tal fue sensación que tuvo que arqueo su espalda, echando su cabeza hacia atrás y deja escapar un gemido, con ese movimiento dejo muy cerca de mi cara sus pechos, con unos pezones incipiente, duros, deseosos de ser besados, mordidos y quien sabe que cosas más se me pudiera ocurrir.

    Ya a esta altura debo contenerme para no soltar el lobo, lo único que deseaba es devorarla, tengo una virtud o maldición, no sé, uds. dirán, por más deseo que tenga si no tengo un real consentimiento de su parte jamás cruzaré esa línea, sé que a esta altura y la excitación de ambos es absoluta, y dejar que nuestro deseo se desate será placentero, sin duda será una vorágine sexual, pero lo mío no es simplemente placer carnal, es deseo, placer hacia ella, cariño, no sé si amor, pero hay ternura y admiración, para yo sentirme pleno debo sentir que ella lo desea, que lo anhela, que exige que la penetre que me la coja a lo bestia y a la vez se lo haga tan suave y dulce que sea indescriptible, no sé si ahora me entienden del por qué no se definir si es tengo una virtud o una maldición, en fin.

    Me acerco a uno de sus pezones, se ve duro, divino… se lo soplo suave y continuo, ella se estremece y baja la cabeza mirándome, me clava las uñas en los hombros, allí le veo que me mira a los ojos y mi lujuria debe notarse en mi cara porque se muerde el labio y clava su frente con la mía, siento su respiración agitada y su aliento en mi cara, abre los ojos y me mira –Tú me vas a matar o qué- sonrío y solo le digo –Dime que te mate y con gusto lo haré- en eso me dice –la otra noche estaba borracha y ahorita estoy ebria- suelta esa frase y se muerde el labio pero de inmediato escucho dentro de mi <Que carajo estás haciendo> sus palabras fueron un cachetón, es verdad, antes de anoche la rechacé por estar borracha, no quería aprovecharme y aquí ando, calentándola al máximo a sabiendas que esta borracha, peor aún, yo también estoy borracho.

    Creo que se dio cuenta que algo hizo clic en mi porque me cambio la cara y dice –Qué paso, que tienes?- a lo que le respondo –Bella, mira como me tienes- en ese preciso momento la agarro firme por la cintura y subo mi cadera para que sienta mi erección, a lo que ella reacciona y se muerde el labio y acaricia mí nunca –Uff… eso se siente divino y me encanta- me dice, -lo sé, y sé que te va a encartar más de lo que te imaginas, pero…- bajo la mirada y respiro profundo cerrando los ojos –Estamos borrachos y sé que esto es producto del deseo y que ambos lo tenemos, pero mañana sobrios no nos vayamos a arrepentir-.

    -Tú estás loco o qué- dice con una cara de sorpresa, y algo molesta, -estoy borracha si, pero no he perdido la lucidez y mira como me tienes- diciendo eso, mueve su cadera hacia adelante y atrás restregando su vulva por el largo de mi pene prisionero en el short, -me asusta que lo nuestro no funcione, me duele más perderte por alguna estupidez que yo haga, sabes que soy impulsiva y muy independiente- aumentando su restriego contra mi pene mientras me agarra el cabello –no sé qué es lo que más me encanta de ti, si tu porte, tu forma de ser, eres dulce, caballero, atento… ufff (suspira y echa su cabeza hacia atrás, mientras se restriega cada vez más rápido) siempre hueles rico a colonia, tu voz gruesa, tu perfecto léxico, siempre tienes algún tema para hablar, sin contar como me haces reír-.

    Siento que su vulva está que arde, el calor que emana es perceptible a través del short –Y tu cuerpo me encanta, no sé qué me has hecho, pero ayer y hoy he estado demasiado mojada- ya es evidente que se está masturbando conmigo, apoya su cabeza contra la mía.

    –Tus labios me matan y tus miradas me desnuda, tus ojos brillan con solo verme y… y…- aumenta la velocidad de sus movimientos y su respiración aumenta, gime descaradamente en mi cara, siento que me hala el cabello y me mira a los ojos con la boca abierta gimiendo.

    –Mira… mira como me tienes, ya no aguanto más, voy a acabar, ufff que ricooo… ahh- y se aprieta más hacia mi pene y siento una humedad caliente, su cuerpo empieza a temblar y se tensa, sus muslos se cierran apretándose contra mis piernas cuando suelta un grito de placer dejándose caer sobre mi absolutamente relajada, mi pene absolutamente húmedo, hasta mis muslos están empapados de su acabada.

    Aun con su cabeza clavada en mi hombro, con la respiración agitada y tratando de recuperar el aliento me abraza como puede –esa es la verdad, mi verdad es que me asusta que lo nuestro lo dañe, que lo destruya porque me conozco y tú no te mereces que yo te haga daño- dicho eso, agarro su cabeza con mis manos y me giro buscando sus labios, aún tiene la boca abierta y su respiración van disminuyendo.

    -Para que una relación no funcione, deben fallar los dos, ¿Cuándo te he fallado yo?- ya mis labios casi rozan los suyos –nunca, nunca me has fallado- no le dejo terminar la frase y la beso, nuestras lenguas se unen en un baile frenético, cada uno queriendo comerse al otro, me muerde el labio y lo hala, lo suelta y vuelve a hundirse en mi boca hurgando, buscando mi lengua se entrelace con la suya, su cuerpo tiembla, gime, sus manos me agarran con fuerza la cabeza por la nuca y la cara.

    Le agarro por las nalgas, y me levanto cargándola, se aferra con sus piernas a mi cintura y sus brazos a mi cuello, no deja de besarme y disfruto cada centímetro de su boca, es sublime, sensual, salvaje, ya llegando a su cama la acuesto, aun sin soltarnos me acuesto sobre ella, dejando caer todo mi cuerpo sobre el suyo.

    -¡Hazme tuya, te quiero dentro de mi!- me empieza a besar la cara y sus manos recorren mi espalda, sus piernas acarician las mías, beso su cuello, me encanta, una de las tantas partes de su cuerpo que me encantan, le muerdo justo donde se une el cuello y la clavícula, gime duro y se desespera –¡quítate eso y métemelo ya!- dice con desespero y agitada.

    -Hoy vas a gozar como nunca, vas a rogarme que te deje descansar- dicho esto mis manos empiezan a recorrer su cuerpo, no deja sus manos quietas, recorre todo mi cuerpo, está desesperada, le voy subiendo el babydoll hasta que se lo quito, descubriendo ese par de tetas hermosas, grandes, firmes, coronadas con un pezón un poco más pequeño que la punta de un dedo meñique, durísimo, son un tomo un poco más oscuro de su piel, voy besando su abdomen, recorriendo beso a beso toda su piel.

    Ella me agarra la cabeza, me hala los cabellos, intenta hacerme subir, pero no la dejo, cuando llego a sus senos, los beso por los lados, bordeándolos y subo desde el centro de su pecho hacia su pezón, ya cuando lo tengo literalmente rozándome los labios, le miro a los ojos, está inquieta, desesperada intenta forzarme a que se lo coma, pero hago fuerza conteniendo sus manos.

    -No seas malo- me dice poniendo una cara de sufrimiento, mirándole a los ojos sonrío y le paso la lengua de abajo hacia arriba, una lamida suave pero firme ante eso gimió duro y me clava las uñas en el cuero cabelludo, pero sigo besándole el seno mientras voy al otro, no dejo de mírala, ella no pierde detalle de lo que hago –me estas matando de placer, esta me las vas a pagar- soltando una risa nerviosa, justo cuando llego a su otro pezón ella arquea la espalda haciendo subir su seno y tratando de meterme el pezón a la boca, que subo con ella manteniendo la distancia, paso mis manos por su espalda arqueada.

    Sin que lo espere la levanto con mis brazos sentándome y trayéndola hacia mí, en ese movimiento me como su pezón con tal fuerza que mi lengua juega con él y casi que todo el seno me tapa la cara, en ese movimiento gime con fuerza y sentada me abraza con sus piernas –anda desnúdate, quiero que me cojas por favor- en ese momento ella me forzó a acostarme, sacando fuerzas de sí y logra que me acueste, sentada encima me besa el cuello, recorre mi pecho, juega con mis pectorales.

    Va bajando literalmente besándome y lamiéndome, de verdad que tiene hambre, sus manos agarran con fuerza el short y lo va empujando con fuerza hacia abajo, mientras sigue bajando cuando habiendo liberado mi pene se detiene y se levanta un poco y lo ve –Dios santo, te lo vi mientras te bañabas pero no me imagine que sería así- me lo agarra con la mano derecha y se sienta en mis piernas –no me cabe en la mano, tú andas con esto así por la calle, ¿tú estás loco?- es inevitable que me ría.

    -De que te ríes, mira- diciendo esto lo agarra con ambas manos –me faltan manos para tomarlo completo- le sonrío y le digo –si no te gusta puedes soltarlo y ya- en eso siento que me lo aprieta con más fuerza y dice -soltarlo, aja si claro, crees que me voy a dejar ir semejante güevo- tal es su ocurrencia que estalle con una carcajada y le digo –mírala pues, que soez la niña- a lo que ella dice, agarrando mi pene desde la base y lo mueve diciendo –¡no… no, esto no es un pene, ni un pipi, esta vaina es rolo de güevo!-.

    Se acomoda entre mis piernas y se echa el cabello hacia un lado, me dice -ayer cuando me despertaste con esto en mi espalda quería sacártelo para verlo, pero me daba miedo despertarte porque dentro del bóxer se notaba el grosor, pero jamás me imagine que sería así, yo si soy pendeja, teniendo cerca algo tan lindo así y yo llorando por malos polvos-.

    La escena es casi que porno, ella entre mis pierdas preparándose para hacerme una mamada, chequeando detalladamente el pedazo de carne que esta por devorarse, aun no sale de su impresión.

  • El regalo: Un antes y un después (Decimoctava parte)

    El regalo: Un antes y un después (Decimoctava parte)

    «Trágame tierra y escúpeme bien lejos de aquí». ¡Ojala en una isla desierta! —Pensé aquel mediodía.

    —¿Pues de cual Silvia va a ser? Pues de la esposa de Rocky. ¿Acaso a cual otra Silvia conoces? —Le preguntó Almudena a Martha y ésta, mirándome fijamente con mucha intriga, me preguntó…

    —Rodrigo, tú… Silvia tu esposa. ¿Es la misma mujer que trabaja para mi esposo? —Me preguntó Martha y yo no hallaba palabras para responderle. La mascarada de mi inocente amistad se había ido al suelo.

    —Martha, yo… —Pero ella me interrumpió, golpeando con sus dos manos la mesa de cristal, haciendo saltar y luego caer dando tumbos peligrosamente, el envase de mi cerveza. Y luego plantándose frente a mí, con una fiera mirada de un intenso verde oscuro que nunca había visto yo en ella y en la cual ya no existía aquel misceláneo brillo de miel y caramelo, Martha aspiró suficiente aire por su boca para posteriormente darme una sonora bofetada. Mi cara hacia el lado derecho, ardiente y ella, tan solo empezó a sollozar.

    —A ver, a ver… ¿Pero qué coño está pasando aquí? ¿Es que acaso empezaron las romerías y las verbenas de San Isidro y no me he enterado? —Vociferó Almudena interponiendo su cuerpo entre Martha y yo.

    —Me… ¡Tú me has engañado Rodrigo! —Y Martha cubriendo su rostro con las manos, se dejó caer con su pesada decepción en una de las sillas, mientras que Almudena no daba crédito a las palabras de su íntima amiga.

    —Martha, preciosa te juro que todo esto ha sido una maldita casualidad. Yo no te busqué ni mi intención ha sido engañarte. —Le hablé asustado a Martha, hincando una rodilla sobre la baldosa y con una mano puesta sobre su rodilla. Mi otra mano por supuesto, sobándome aun la mejilla.

    —No te creo, no creo nada. ¡Eres un hijo de…! Vete Rodrigo, no te quiero volver a ver en mi vida. —Me respondió Martha, apartando mi mano de su rodilla con bastante brusquedad.

    —¡Vamos tesoros, tómense un respiro! —Intervino de improviso Almudena, colocando un brazo sobre el hombro de su amiga y el otro sujetando mi antebrazo–. ¡Que yo no estoy pintada en la pared!… ¡Joder!

    —A ver, se calman los dos y me van contando en grupitos de a uno, que es lo que sucede aquí. ¡Empieza tú Rocky que te noto más calmado! —Me ordenó y llenándome de valor, tomando mi cerveza y encendiendo un nuevo cigarrillo, recorrí aquellos cuatro pasos hasta alcanzar el borde del jacuzzi y sentarme, para desde allí, a aquellas dos mujeres exponerles mi verdad.

    —Por dónde empezar… Hummm, mira Almudena, hace varios días atrás mí… La normalidad de mi vida y la de mi matrimonio se vio afectada por la decisión de Martha, de tener sexo en su casa con un amante, a sabiendas de que era observada, filmada por unas cámaras instaladas por su esposo. Y Silvia sin quererlo, se fue convirtiendo en el paño de lágrimas y lamentablemente en la desesperada obsesión de su jefe. Un hombre que acababa de descubrir la traición del amor de su vida.

    Almudena de pie, no daba crédito a lo que escuchaba, entre tanto Martha ya más calmada, aunque aun mirándome con recelo, también me prestaba su entera atención.

    —¡Sí! Almudena, Silvia mi esposa, es la asistente que aquí Martha desea convertir en mártir para ganar su pleito amoroso con su marido. Y mirando concretamente a Martha, continúe.

    —A mi mujer le ha tocado paladear con la amargura y la tristeza de tu esposo. ¿Sabes que se emborrachó en una habitación de un hotel? ¿Y que contrató los servicios de una acompañante? ¡Pero tranquila! No fue capaz de hacer nada, según me dijo mi esposa. Sí Martha, tal cual lo vaticinaste. Pero a mi mujer si la llamó para que lo rescatara de su abismo. Y a mí con tu decisión, me ha tocado el papel de víctima en todo esto. Porque sí, me duele, me molesta ver como mi mujer es asediada por un hombre que ha perdido la fe en su mujer y que ahora busca unos brazos ajenos en los cuales hallar consuelo. ¡Y no estoy dispuesto a permitirlo! No con Silvia, no con mi amor.

    Almudena, se acercó hasta la mesita que soportaba el peso de la bandeja y sonriendo, apoyó sus brazos en las caderas y con los codos un poco echados para atrás, nos dijo…

    —Bueno, ¡Vaya novela! Está como para alquilar balcón. Rocky, ¿quieres otra cerveza o prefieres algo más fuerte? Y tú, Martha querida, ¿otra copa de este espumoso francés? Vamos tesoros, aparten esas caras largas que aquí estoy yo para brindarles la solución. —Y Martha me entregó una nueva cerveza fría y se encaminó hasta la mesa con las dos copas colmadas de champán. Se sentó junto a su amiga y con su mano izquierda agitándola, me indicó que continuara.

    —Pero Martha, no te busqué ni propicié nuestro encuentro. Todo ha sido fortuito, hemos sido los dos, víctimas de las circunstancias. Tú, tratando de salvar tu matrimonio y yo, por supuesto el mío. Como tres aristas de un mismo triángulo, les recalqué. Mi esposa Silvia deseada por tu esposo Hugo, ellos dos por un lado entre un sí y un tal vez; tú en el otro, tratando de concretar un affaire entre ellos, para obtener tu exoneración y yo por último, intentando de evitar que suceda, para que no se repita mi dolor.

    Di un sorbo largo al poco contenido de la botella, con otro más corto, inicié a beber de la nueva. Y mi cigarrillo a medias, se consumía solo entre mis dedos. Me acerqué despacio hasta la mesa, finiquité las lumbres del tabaco, oprimiéndolo con firmeza contra el fondo acristalado del cenicero.

    —No te conocía, ni sabía de tu existencia hasta el día aquel, que como me has contado, tu esposo invitó a Silvia a almorzar. Ese mediodía, llovía. ¿Lo recuerdas? Yo sin saberlo me atravesé en tu vida. Era el hombre que corría para refugiarse de la lluvia y tu casi me atropellas a la entrada de aquellas oficinas. Y luego nos cruzamos al salir tú del ascensor y yo, atormentado con tantas sospechas y por no hallar a mi esposa, entraba en el elevador, pensando en qué la había cagado con mi mujer.

    Martha agachó su cabeza, buscando tal vez en su mente, rememorar aquellos momentos. Y yo, proseguí con el alegato de mi defensa.

    —Luego, en aquella curva del camino, reconocí tu pequeño deportivo al verlo, pero adicionalmente a ello, tus elegantes movimientos, la altivez de tu belleza, esa delicada voz y aquellas gafas oscuras que llevabas sobre tu cabeza, me confirmaron quien creía yo que eras tú. El café fue la excusa perfecta para conocer un poco más de toda la historia que mi mujer ya me había relatado y no creí a cabalidad. Necesitaba confirmar su relato por otras fuentes y saber un poco más de ti, por qué habías hecho lo que hiciste. Confronté tu historia y la de mi esposa.

    —Sentí mucha lastima por ti, pero también y no lo niego, nació en mi un cariño especial hacia ti, porque aunque puedan ser válidas tus razones, Martha… Preciosa, tus actos te han condenado. Y sentí por igual, pesar por tu esposo. Sí mujer y no me mires así, pues como hombre que soy, entiendo bastante su proceder, aunque ello me afecta y pone en riesgo la estabilidad de mi matrimonio. —¡Pufff! Suspiré y elevando mi mirada hacia el firmamento, dos tragos seguidos de cerveza terminé por beber.

    —Y comprendo también a mi esposa, su nervioso distanciamiento, su acomodada sinceridad, repentina consideración hacia una persona que antes de todo esto, ella pasaba de largo. Me alejaba Silvia y mentía, porque ella ya fue protagonista de una traición; me hizo vivir la desolación de la infidelidad, por ello Martha, Silvia está ahora de parte de tu esposo y por eso mismo es que ahora te digo, y a ti también Almudena, que su tramoya no está bien diseñada y se les caerá al piso. Eso de involucrar a mi mujer con su jefe, no va a poder ser.

    Tanto Martha como Almudena, se miraron entre sí, con preocupación. Martha seria, y en el rostro de Almudena su sonrisa inicial, desaparecía.

    —No porque yo se lo prohíba o la obstaculice, sino porque ahora estoy completamente seguro de que ella no va a volver a traicionarme, porque en estos momentos ella revive situaciones de un pasado que se juró no repetir. Todo esto es solo un espejo, donde ella se observa años después de lo que me hizo, y entiende bien el dolor, el sufrimiento que pasé por su perfidia y no, ¡créanme! Silvia no lo volverá a hacer. Mi esposa y tu esposo no van a tener ningún tipo de relación, aparte de la estrictamente laboral. Lo siento pero su plan no va a funcionar. Y Martha, no me acerqué a ti para engañarte, solo quería saber más de ti y de la relación que llevas con tu esposo. Eres una mujer muy bella, elegante y seductora, pero cometiste el error de no hablar con tu marido antes de actuar y míranos, tú deseas algo que yo no estoy dispuesto a entregar. Y bien eso es todo lo que tenía por decir.

    ¡Puff! resoplé y a continuación di otro sorbo a la cerveza. Me senté en una silla en frente de las dos mujeres. Me había quitado un peso de encima. Había expuesto con sinceridad lo que pensaba y lo que sentía.

    —¡Rodrigo!… —Me dijo Martha, ya volviendo a brillar en sus ojos el color miel con chispitas de caramelo–. Discúlpame, lo siento de verdad. Yo no sabía que la mujer que había hablado por teléfono con mi marido esa noche en nuestro portal era tu esposa y cuando los vi tan… ¡Tan compenetrados! pues… Y después de haberle insistido a Hugo en acostarse con cuanta mujer se le pusiera a tiro y el negarse, aduciendo que jamás se acostaría con cualquier mujer, pues yo solo vi en tu esposa, una brecha por donde poder escabullirme de mi error y recomponer la herida autoestima de mi esposo, si lograba emparejar las cosas con él. Con la ayuda de quien ahora me entero que es tu esposa.

    —Hace poco averigüé que era una mujer colombiana y que estaba casada. Discúlpame tesoro, no pretendí destruir tu matrimonio y no quiero corazón, hacerte sufrir. Tú… No sé qué me has hecho, pero tienes algo que me hace sentir joven, revitalizada al estar a tu lado. No quiero perder mi vínculo contigo Rodrigo, dolería mucho perderte ahora, dilapidar la amistad que en ti he encontrado. ¡Me haces feliz! ¿Me perdonas? —Y yo bastante sorprendido por aquella sincera declaración, sonreí halagado y posé mi mano sobre una suya, que fue llevada por ella hasta su boca, depositando en el dorso un cariñoso beso de gratitud y posteriormente fue cubierta rápidamente con su otra mano.

    —A ver, –dijo Almudena sirviéndose otra copa rosa de champán– todo esto me recuerda un pensamiento de un filósofo francés, ¡Voltaire! si no me falla la memoria. «Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser la causa ignorada de un efecto desconocido». El destino y nadie más que él, ha querido reunirlos por una razón, que al principio no comprendemos ni queremos entender. No fue solo por el azar precisamente, que ustedes dos se conocieran en el camino, ni que tu mujer Silvia, terminara trabajando para el esposo de mi amiga. Se podría decir que ustedes cuatro estaban predestinados a vivir estos momentos. La pregunta que se estarán haciendo ahora ustedes dos, es… ¿Para qué?

    Martha separándose de mí, se levantó y caminó hasta el jacuzzi, para meter una de sus manos dentro del agua, quizás aún tibia. Yo, a la corta distancia le veía muy pensativa, nerviosa un poco y girándose hacia su amiga Almudena, preguntó…

    —Entonces según tu hipótesis… ¿El destino nos reunió para luego separarnos? Porque por más que lo he intentado, Hugo parece alejarse cada día más y por lo que nos ha contado Rodrigo, su esposa también ha cambiado un poco con él. No sé si ha sido el destino, hilos rojos e invisibles, malabares de la suerte o como lo quieras llamar. Pero si no consigo que Hugo me escuche y comprenda mis sentimientos, no veo otra salida que firmarle esos papeles del divorcio. —Y Martha de nuevo empezó a lagrimear. Almudena se acercó entonces para abrazar con ternura a su amiga y levantando un poco la barbilla de Martha, le dijo…

    —¿Y cuáles son esos sentimientos? ¿O son solo temores de verte viviendo sola y que tu esposo no te abandone? ¿Qué él haga de cuenta que aquí no ha pasado nada? ¿Qué quieres tú en realidad, tesoro? ¿Cómo deseas seguir viviendo tu vida? ¿Amargada al lado de un hombre que no quiere cambiar? ¿O feliz junto a otra persona que te haga sentir plena? —Fueron esa tarde muchas las preguntas de Almudena para una Martha, que no se movía a excepción de un ligero temblor en los labios de su entreabierta boca.

    —Es que si soy feliz con él. ¡Lo amo, lo prometo! Es… —Martha entretejía entre los dedos sus cabellos con desespero–. Es el padre de mis hijos, es un buen hombre solo que… Con lo que he vivido y sentido, se qué no me hará feliz en la cama. No, si el no cambia, si no aprende. Si no se interesa por brindarme placer, ese que ahora conozco y que siendo tan diferente, deseo compartirlo con él. Y Hugo no quiere darme la oportunidad de enseñarle. Por eso pensé en que estuviera con otra mujer. Pero ahora con todo esto, comprendí que esa mujer debe primero interesarle a él, llamar su atención, hacer que el desee estar con ella. Por eso Silvia era mi única opción.

    —¡Tú! tú la viste Almudena, a… A la esposa de Rodrigo. —Al mismo tiempo que señalaba a su amiga con el dedo índice, ella tartamudeaba nerviosa–. Es joven, atractiva, definitivamente muy hermosa. Y… ¡Maldita sea! Rodrigo, se me agota el tiempo, ya con mis hijos aquí, pasaran entre Hugo y yo, unos días en calma pero cuando deban marchar a ese instituto de intercambio en Francia, Hugo ejecutará su amenaza. —Martha respondió a las preguntas de su amiga con la certeza de verse al borde de un abismo, un precipicio que ella por buscar lo que sentía perdido, había hallado demasiado al borde en su vida. ¡Arriesgado! ¿O no?

    —Es cierto, –respondió Almudena con celeridad– que con tus acciones generaste en tu esposo una reacción, opuesta a tus iniciales intenciones de hacerle rebelarse, romper con su íntima monotonía y actuar contigo diferente, tal como lo deseabas. Fuiste más allá de lo consentido entre una pareja tan normal, tan tradicional y faltos de experiencias. ¡Tesoro! es que ustedes no se permitieron de jóvenes, disfrutar «con» y «de» otras personas, corazón. Antes de comprometerse a formar una familia. —Almudena se apartó de su amiga, dirigiendo sus pasos y aquella mirada vivaz hacia mí. Su mano alcanzó mi hombro y desde allí entre suaves caricias, la deslizó por mi pecho hasta posarse en mi muslo izquierdo. Dejándola allí, y estirando un poco algunos vellos negros, se acomodó de medio lado junto a mí.

    —No podías pretender que al involucrarte con otras parejas sexuales, –continuó Almudena con su intervención– sin el consentimiento de tu marido, su normal decisión sea la de abandonarte y quitarte todo lo legalmente posible. Que sí Martha, que sí. ¡Joder! Qué entiendo tus ganas de descubrir un mundo nuevo y de diferentes sensaciones, pero mujer es que te has pasado y aparte pretender que tú esposo no explotara al verte realizarlo. ¡Puff! Para eso te hizo falta tacto, mesura. Has pensado más con el coño que con la cabeza ¡Mujer! A ustedes dos les faltó honestidad, confianza y mucha comunicación. —Yo me sonreí, pues era básicamente lo mismo que le había comentado a Martha.

    —¿Y tú de que te ríes Rodrigo? Acaso… ¿Estas completamente seguro de que tú esposa te ha contado toda la verdad? Mira que una siempre se guarda algo para sí, con tal de no profundizar más alguna herida. ¿Me comprendes? Acaso no ves que tú también obtuviste la misma falta de sinceridad al principio por parte de Silvia, cuando notaste un cambio en ella. No te apresures tesoro, a dar por sentado que ella no se siente atraída por Hugo y que solo es producto de un sentimiento de pesar y benévolo gesto de compasión hacia un jefe traicionado. Si Hugo insiste, puede que alcance su cometido, tengamos en cuenta que pasamos bastante más tiempo en el trabajo que en nuestros propios hogares, y algo más querido… ¡Que Hugo no tiene afán! —¡Mierda! Almudena tenía razón. De hecho la compasiva reacción de Silvia hacia su jefe, le había hecho cambiar notoriamente conmigo, incluso defendiéndolo y anteponiéndolo por delante de mis preocupaciones. ¡Negación! Y en el viaje a Turín… Hugo podría lanzar allí, lejos de su esposa y alejada Silvia de mí, su rastrero ataque.

    —Queridos, yo solo veo dos acciones separadas que individualmente, han confluido en una misma dirección. O se unen ustedes dos ahora, o tendrán que soportar la desconfianza, los celos y la angustia de sentir que son los que se van perdiendo. —¿Unirnos? Pensé y un sinfín de contracciones y relajaciones musculares pude percibir recorriendo mi espalda. ¿Frío? No, por supuesto que no era por eso. Era recelo por lo que se avecinaba y Almudena muy ilustrada, lo confirmó.

    —Sin embargo lo que ustedes tanto temen, es perder lo que hasta el momento han tenido. Pero el amor no se puede poseer, no es nuestro individualmente, aunque nos parezca que procede de nuestro interior. Sin embargo no se puede decir que amamos, si lo hacemos con el temor a no tenerlo si en el transcurso de nuestros caminos, se comparte. Y ese sentimiento sin dudarlo lo entregamos y lo recibimos, cuando menos lo esperamos. Lo he visto en ustedes, anoche y esta madrugada, entre los dos existe una conexión muy positiva, aunque ahora parezca lo contrario. Entre tu Martha, y tu Rodrigo… Hay un vínculo sentimental, químico y físico, ya engendrado, la espontanea unión a la que se le conoce como «feeling». —Martha y yo nos miramos de manera cómplice y en nuestras caras una sinvergüenza sonrisa de felicidad.

    —Ustedes dos dicen amar a sus respectivas parejas, pero si temen perderlas, ese amor nunca existió, pues el amor no se nutre de egoísmos ni de pertenencias. Se ama cuando entregas plenamente y ofreces sin que te pidan nada; se vive amando cuando compartes tus posesiones y por supuesto, si ustedes dos se unen. Se ama con el alma Martha, aunque al hacerlo Rodrigo, lo sientas en el cuerpo. Tengo la plena seguridad que todos… ¡Los cuatro van a poder ser felices! amándose aún más. —¡Un momento! Había dicho… ¿Los cuatro?

    —Espera un poco Almudena, según entiendo, nos estas queriendo decir a Martha y a mí, que debemos conseguir que mi esposa no solamente tenga sexo con su jefe, sino que mantengan una relación paralela, ¿si así lo desean? ¿Permitirlo así como así? ¿Ellos dos por allá y Martha y yo por acá? Pero qué idea tan loca, por no decir otra cosa. Es que no te lo puedo creer, Almudena. No me cabe en la cabeza. ¿Quieres que le proponga a mi esposa que no solo se acueste con su jefe sino que viva un romance con él para subir su autoestima? Si estamos como estamos solo por una estúpida insinuación de mi parte para… En fin. ¿Cómo crees que se pondrá cuando le diga…? ¡Oye mi amor! Creo que lo mejor para nosotros, es que te acuestes con tu jefe, a ver si contigo se le despierta el morbo y la pasión. ¡Tranquila mi vida, no te angusties que mientras tanto, su esposa y yo vamos a hacer lo mismo pero en otra parte! Ahhh y después nos encontramos por ahí y vamos a cenar o compartimos unos tragos mientras nos contamos como nos fue y luego cada uno con su cada cual, para su casa como si ni hubiese pasado nada diferente. Jajaja. ¡Por favor!

    —Rodrigo, intervino Martha. Yo he entendido otra cosa. —Y acercándose a mí, me tomó del brazo para decirme con determinación, una verdad a la cual yo no le quería dar crédito. ¡Yo te gusto, lo sé. Tú me gustas, mucho. ¿Por qué no poder estar juntos? Tú y yo, tu esposa y mi marido. Como amigos Rodrigo, pero sin mentiras ni tener que escondernos nada de lo que podamos sentir. ¡Ser felices! Sin que exista algún tipo de posesión, de celos. ¿Por qué no poder compartir los cuatro momentos agradables? —Martha eufórica, hablaba con mucha determinación, tanto así que un brillo especial, diferente pude percibir en sus ojos de miel. Pero aquello de compartir algo más que una simple amistad, era imposible de asimilar para mí.

    —¿Recuerdas a la pareja y al otro joven que vi aquella tarde en la cafetería? Rodrigo, quiero algo así para mí, contigo. Poder salir por ahí los dos, tal vez de a tres, ojala pudiéramos amarnos los cuatro, sin celos, ni divisiones. Compartir nuestros momentos felices, como lo hemos hecho tú, Almudena y yo. Pero con tu esposa y con Hugo. ¡Intentémoslo! ¡Ayúdame, por favor! Ellos también se atraen. Y así no tendríamos que mentirles para poder estar tú y yo, como lo deseamos. Ocultándonos al igual que ellos dos tendrían que hacerlo. Mentirnos entre todos. ¿No te parece corazón? —¡O no hacerlo nunca! Abstenernos, no volvernos a ver Martha y listo–. Le respondí.

    —¿Por qué no podemos ser sinceros con ellos y ellos a su vez, con nosotros dos? Sí ellos también quieren divertirse como lo hemos hecho tú y yo… Rodrigo ¿Qué derecho nos asiste para prohibírselo? Acaso corazón, ¿no has disfrutado conmigo? O es qué… ¿Me has mentido todo este tiempo y no me deseas? Me gustas y me siento muy feliz contigo a mi lado. Eres diferente a mi esposo y tal vez yo sea distinta a tu mujer. Ahí radica lo divertido de todo esto, lo que podríamos explorar, aventurarnos los cuatro a vivir nuevas experiencias. ¿No lo crees a sí? —Me dijo Martha mientras acariciaba con sus manos mis mejillas, para luego abrazarme con fuerza y apoyar su cabeza de medio lado sobre mi pecho.

    —¿Y si se enamoran, Martha? ¿Si nos dejan, qué? ¿Te has puesto a pensar en ello? ¡Tu familia, tus hijos, los míos! —Le respondí sintiendo en mi pecho una gran presión.

    —Si ellos se enamoran, solo será la respuesta a la pregunta que tanto temes Rodrigo. Tú has expuesto que la adoras, que harías todo para que ella sea feliz. ¿Pero que tanto crees que tu mujer se siente feliz a tu lado con lo que le ofreces? ¿Sera para ella suficiente? Has pensado si en verdad… ¿Ella te ama tanto como lo haces tú? —Respondió Almudena deslizando sus dedos entre mis cabellos, acariciando mi cabeza, que la tenía con tantas ideas, muy revuelta.

    —Míralo de esta otra perspectiva. Imagina poder estar con Paola, Martha, quizás yo también si así lo deseas. ¿Te parecemos atractivas?, ¿Te gustamos? ¡Sí! Tesoro, no tienes que mentir. Lo he visto en tus ojos y tú, por supuesto a nosotras también. Silvia y Hugo, se pueden gustar también, quien sabe si alguien más pueda aparecer por ahí, tantas personas que se nos atraviesan en el trabajo, en ese viaje. ¡Rocky! Cariño… Aquí no se trata de restar ni dividir, cuando podríamos sumar y multiplicar ese sentimiento de amor. Ofreciendo Rocky, otorgando libertad. Depositando total confianza en la persona que dices tanto amar y con la plena seguridad de que también vas a recibirla, en igual proporción.—Es una prueba muy grande Almudena, la verdad no me siento dispuesto a afrontarla, ni a dar un paso más. ¡Necesito pensarlo! y además… Un cigarrillo.

    Y encendiendo rápidamente uno, fui yo el que se dirigió hacia el jacuzzi para sentarme en el borde y notar que tiritaba. ¿Será que Silvia si me ama? Pensé, mientras que la maldita incertidumbre me carcomía por dentro y sobre las baldosas del piso, algunas goteras se negaban a evaporarse, por el sol del mediodía.

    —¡Señora Almudena! Ya está la mesa dispuesta. —Fueron las palabras de una mujer joven, delgada y morena. Vestida con uniforme negro de ribetes rojos y delantal blanco y que sin saberlo, me dio en esa tarde, el conteo de segundos necesarios para respirar y recomponerme, mentalmente.

    —¡Bueno queridos, vayamos entonces a almorzar! —Nos invitó alegre, la anfitriona.

    ¡Juepu…! ¿Pero qué mierdas está pasando aquí? Esa fue la palabrota que se me escapó y la pregunta que se vino rauda a mi mente, al terminar la llamada con mi esposo.

    ¿Pero cómo era posible que Rodrigo estuviera en pelotas con otra mujer y todos tan tranquilos? Se me hizo primero un nudo en la garganta y un horrible vacío sentí en la boca de mi estómago. Pulsaciones alocadas, latidos descoordinados, la ansiedad por saber la verdad. Y claro, mi disgusto fue en aumento, pues yo estuve todo el tiempo preocupada por saber cómo había pasado la noche, imaginándome su soledad y seguramente su tristeza por estar los dos distanciados y disgustados.

    Cuando observé a aquella mujer desnuda pasar por detrás de él, se vinieron a mi mente cantidad de imágenes, donde ella y mi esposo, habían sostenido relaciones sexuales. Gestos y poses, gritos y gemidos. Visualicé sus besos, húmedos y apasionados sobre aquellos senos con pezones complementados por aquellos aros colgantes; las probables caricias de Rodrigo tan conocidas por mí recorriendo su piel, ocultándose con parsimonia en el medio de aquel pubis tatuado y por supuesto, la rigurosa frecuencia de profundas embestidas de la verga de Rodrigo dentro de la vagina de aquella mujer, otorgándose placer. Sí, todo un carrusel de pornográficas tomas en diferentes planos y secuencias que martillearon mi cabeza y martirizaban el corazón.

    Pero cuando esa mujer tomo el teléfono de Rodrigo y me fue hablando con tanta naturalidad, como si para ella aquello fuera muy normal o demasiado cotidiano, reaccioné. Mientras escuchaba sus palabras, las razones para estar así los dos desnudos junto a aquel espumoso jacuzzi, me fui calmando, razonando más y más. La escuchaba pero yo no le prestaba mucha atención, pues a medida que ella me hablaba, yo me mentalizaba, analizando y comparando. Rodrigo y ella… ¡Mi jefe y yo! Situaciones parecidas que simulaban ser lo que no eran, al menos de lo que conmigo nunca terminó por suceder. Tal vez a Rodrigo le sucedió algo similar.

    Y di entonces a mi esposo un voto de confianza, el que yo pedía con rigurosidad a cambio en él. Tal vez si me viera serena, hablándoles con normalidad, pudiera por fin hacerle entrar en razón de que yo no tenía previsto, serle infiel otra vez. ¡Seguridad! Rodrigo tendría que hacerle frente a una situación anormal entre los dos, separados por kilómetros como pocas veces había sucedido, el solo aquí en la ciudad y yo, acompañada por aquel a quien sin querer tentaba, distante a un viaje que estaba ya a la vuelta de la esquina.

    En fin, tomando un buen respiro, me dediqué por completo a disfrutar de aquel paseo con mis hijos, mi madre y mi padrastro. Después de almuerzo con seguridad Rodrigo me llamaría y podríamos dialogar más.

    —Sabes Silvia… —me dijo Alonso mientras terminaba de darle el almuerzo a mi pequeño terremoto y madre ayudaba a limpiarse las manos a mi hija. —Hay unos senderos muy hermosos para caminar, aunque si lo prefieres con la entrada tendrás derecho a pasar unas horas en las tirolinas.

    —¿En las que? —Le pregunté.

    —¡Vamos hija, pero en qué mundo vives! Pues una cuerda atada de un lado, para ir hasta el otro extremo y por donde te lanzas colina abajo, es muy divertido pero ya sabes que por mi situación cardiaca, no puedo divertirme como antes, qué más quisiera. ¡Pero tú sí! —¿Yo? ¡Ni loca! Le tengo pánico a las alturas, con aguantarme los nervios de montarme todos los días en el elevador diez pisos hasta arriba y otra decena para abajo, para mí es más que suficiente emoción. ¡Por supuesto que no!

    —Pero llevemos a los niños, estarán seguros y se divertirán, entre tanto podremos caminar por ahí. —Bueno, eso sí puede ser–. Le termine por decir.

    ¡No nací con alas, por algo será! Y justo después de recoger todo, nos encaminamos con los niños hacia allí. Mi mamá con mi hija de la mano y mi chiquillo sobre los hombros de mi padrastro. Caminamos un corto trayecto para llegar hasta la zona designada para los más pequeños. Mi mamá como siempre desconfiaba, averiguaba como era, a que altura, cuanto demoraba, quien los iba a recibir del otro lado, en fin, que Alonso me miraba, encogiéndose de hombros y yo un poco avergonzada, tiraba hacia atrás del brazo de mi madre.

    —¿ Silvia?… ¡Silvia! —Escuché tras de mí.

    ¿Esa voz?… ¡Válgame Dios! ¿También por acá?

    Y entonces girándome la observé sonriente y acompañada.

    —¡Amanda! ¿Pero qué haces tú por aquí mujer? —Y acercándonos nos dimos los consabidos dos besos y un fuerte abrazo.

    —Pues qué quieres te diga. Que me gustan mucho los deportes extremos y la aventura, así que junto a esta, hemos tomado el autobús, decididas a lanzarnos por la tirolina y disfrutar de esta tarde de sol. Sentir un poco la emoción y el vértigo. Ahh, mira Silvia te presento a mi amiga y compañera de piso. Me tocó traérmela casi a regañadientes. —Me dijo mientras yo repasaba de arriba para abajo a aquella mujer que la acompañaba.

    —Hola preciosa, soy Silvia, mucho gusto. —El placer es mío, soy Eva. —Me respondió.

    —La compañera de piso que se tiene que aguantar las ideas disparatadas de esta loca. Y es que mira Silvia, le tocaba resarcirse bien conmigo, pues anoche me sacó casi a rastras de una discoteca y cuando precisamente mi presa había mordido la carnada. ¡Vamos! Qué estábamos en el mejor momento. Vieras lo bien que la estábamos pasando, con esa música tan movida y el hombre que me sabía llevar por la pista. Pues sí, un problemilla el que estuviera casado pero bueno, eso para mí era lo de menos. Lo importante era divertirnos un rato. Pero a Amanda no sé qué bicho le picó y nos fuimos de allí. Creo que ya no querrá saber nada de mí. Y con lo bueno que esta Ro… —Y halando de su brazo, Amanda se interpuso entre las dos para decirme…

    —… Rogué a Dios para que esta mujer no se metiera donde no la habían llamado. Es que con tantos tíos buenos que pululan en las discotecas y viene está «casquisuelta» a echarle el guante a uno casado… ¡Hummm! ganas de perder el tiempo. Pero en fin, ¿y con quien has venido? —Me preguntó Amanda cambiando el rumbo de la conversación y yo me giré para indicarle al lugar donde se encontraban mis hijos con mi madre.

    —Con la familia, casi completa, ya sabes que mi esposo trabaja hasta los fines de semana. Ni modos. ¿Y en serio te vas a exponer a lanzarte en esos cables? ¡Qué miedo, mujer! —Le dije a mi amiga Amanda, mientras nos dirigíamos hacia ellos.

    —Bueno tesoro, aquí todo es muy seguro, no hay nada porque preocuparse. —Amanda y su amiga se detuvieron unos metros antes para despedirnos. —Ustedes por aquí y nosotras vamos hacia allá. Un beso y cuídate mucho, nos vemos en la oficina el lunes. —Y Amanda abrazándome, me obsequió por despedida dos besos en las mejillas, a los cuales correspondí. Igualmente me despedí también con un abrazo y un solo beso, de su compañera de piso.

    Mi madre se encontraba gritando afanada, mirando a mis hijos hacer una fila india detrás de otros pequeños más; pletóricos mis chiquitines de alegría y uno que otro niño con rostro de espanto. Y escuché el sonido de mi teléfono móvil dentro de mi bolso, llamando mi atención. Lo tomé con premura y para mi alborozo, esa llamada era la que tanto estaba esperando…

    —Hola mi amor. ¿Cómo sigues del «guayabo» mi vida? —Con esas exactas palabras, saludaba aquella tarde a mi marido.

    —¿Y bien? ¿Ya se encuentran mejor? —Nos preguntó Almudena después de darle las gracias por el suculento almuerzo.

    —Sí, muchas gracias. Ya sabes… «Barriga llena, corazón contento». ¡Jajaja! —Martha se acercó a nuestra anfitriona y con un abrazo y un beso también le agradeció por sus atenciones. Y los tres nos dirigimos hacia el segundo nivel, esta vez girando a la izquierda, a su amplio estudio.

    Martha daba un repaso breve a las pinturas, por supuesto también a los bocetos de desnudos que se encontraban esparcidos sobre la mesa de dibujo. Yo por el contrario algo nervioso, reparé en aquella habitación del pecado, pero afortunadamente, la puerta permanecía bien cerrada aquella vez. ¡Pufff! Suspiré más tranquilo, al ver como Almudena tomaba de la mano a su amiga, para llevarla hasta el diván. Las dos se acomodaron allí y yo preferí permanecer de pie, cerca del tornamesa, revisando las caratulas de su colección musical, hasta qué di con una que yo también poseía. «Mecano 20 Grandes Canciones». Y esa portada me recordó que debía llamar a mi esposa y ver como la estaban pasando mis hijos en su paseo sabatino.

    Desbloquee mi teléfono pero antes de marcar, Martha me solicitó encenderle un cigarrillo. Me fijé que en una de las mesitas, estaba una cajetilla de Lucky, que no eran de mis preferidos pero al no haber más, pues…

    —¡Ten preciosa! ¿Estos están bien? ¿O prefieres uno de los míos? ¿Tú también vas a fumar? —Le pregunté a Almudena y ella sonriendo, me hizo un gesto con sus hombros al levantarlos un poco, como quien no quiere pero al final sí.

    Cada una tomó el suyo y yo les ofrecí fuego. Ya me daba vuelta para ir por mis cigarrillos y de paso hablar con Silvia más en privado en la otra estancia, pues ya no quería sorpresas, pero Martha me detuvo con su pregunta. Que me la esperaba, si, obviamente, pero a la cual no quería responder.

    —¿Rodrigo? Corazón. ¿Ya lo pensaste bien? Finalmente me vas a ayudar con… ¿Con tu esposa? —¡Vaya ayuda me solicitaba!

    —Mira preciosa, le respondí. —Voy a hablar con ella, intentaré buscar alguna manera de exponerle tu situación, pero no es fácil para mí. No encuentro ahora las palabras para hacerle ese tipo de propuesta. Ni tampoco me veo aceptando que Silvia, el amor de mi vida se enrolle con tu esposo solo para alegrarle el rato. ¿Quién nos asegura que de esa manera, arrepentido volverá a tus brazos? ¡Nadie! Mujer créeme, esto es una locura. ¿Sabes que creo yo? Que lo más adecuado y viable, es que Silvia influya de alguna manera en la decisión de tu esposo para ir a terapia contigo. Eso es lo que pienso que es mejor para ti, para él, para todos. Si como dices, mi mujer tiene esa cercanía, esa unión con tu marido, pues le pediré que lo presione para que él hable contigo y ustedes dos decidan con quien acudir, sino es aquí con tu amiga Almudena. —Y Martha con tristeza y decepción en su hermoso rostro, dejó de mirarme para posar su cabeza en el hombro de Almudena y le susurró cerca de su oído como para que yo no la escuchara, algo que yo si alcance a oír… «No lo va a hacer, no me va a colaborar».

    —Finalmente preciosa, el problema aquí es de autoestima y falta de ganas. Tu marido esta perjudicado, disminuido psicológicamente al verte en ese video con tu amante, verte hacer cosas que él contigo nunca se imaginó poder realizar. Se siente menos hombre, aunque te siga amando. Así que si la cuestión es de enseñarle a que en un matrimonio se hace el amor con tu amor todos los días, también alguien debe explicarle que se requiere algunas veces, romper la monotonía, tener sexo un poco más fuerte, hacerlo en poses y lugares diferentes y por supuesto, la experta aquí es tu amiga Almudena. O pásate por una librería y cómprale la edición del Kama Sutra ilustrado. Pero Martha, mi esposa no será su conejillo de indias, si es que tu esposo pretende experimentar. ¡Eso te lo aseguro!

    Y cuando me aprestaba a salir de allí hacia la otra habitación para hablar con mi mujer y mis hijos, Martha con su voz delicada y suave, me recordó lo deberíamos afrontar la próxima semana.

    —¡Rodrigo! Tesoro… Que no se te olvide que ellos dos van a estar de viaje, dos noches a solas y que esa puede ser la ocasión para que Silvia y Hugo, lo hagan a escondidas de nosotros o no y en definitiva entre ellos no suceda nada. En todo caso corazón, si no hacemos algo antes, ni tú ni yo tendremos la certeza de si sucedió o no. Y Rodrigo, no quieres sentir esa incertidumbre, ¿o sí? —Coloqué mi mano derecha sobre el marco de la puerta y entonces giré la cabeza hacía atrás para mirarla, pues tenía Martha en parte bastante razón.

    —Si prefieres yo podría hablar con ella y pedirle que…

    —¡No! Grité tan fuerte que las dos se sobresaltaron. —¡Ehhh! lo lamento, perdón. No preciosa, en serio por favor déjame a mí hablar con Silvia primero. Te prometo Martha que lo haré, por ti lo haré.

    Tres minutos después, destapando la última cerveza que ya navegaba en medio de ínfimos restos de hielo en la cubeta y un cigarrillo humeante de los míos prisionero entre mis labios, fueron el soporte que necesitaba para ubicarme, encontrar mi refugio y llamando a mí esposa, en su voz hallé la esquiva calma…

    ¡Te amo! Dos palabras, las iniciales por saludo, tan pronto escuché que Silvia contestó.

    Continuará…

  • Aislamiento Covid con mi tía y primas

    Aislamiento Covid con mi tía y primas

    Una semana antes que en Argentina decidan imponer el cierre total mi vida era espectacular. Vivía en mi departamento mono ambiente cursaba el tercer año de la carrera de Ingeniería, iba al gimnasio todos los días a entrenar, tenía dos o tres amigas con quien compartíamos noches y diversión. Tengo 26 años, mido 1.80 metros y por tanto gimnasio muy buen físico. Mi familia más cercana son una tía y dos primas que viven en un country de los alrededores. Muchos fines de semana, sobre todo en verano los paso con ellas.

    Cuando avisaron del confinamiento, mi tía me llamó de inmediato:

    “Tono, ¿Qué vas a hacer, con quien vas a estar?”

    “Solo Tía, la verdad que no pensé nada, esto es una locura.”

    “Si, totalmente. Pensalo y antes de quédate solo veni para para casa. O mejor, avísame, y te paso a buscar con la camioneta para cargar tu cosas.”

    “Dale tía. Te aviso.”

    Por más que pensaba o hablaba con amigos, no podía cerrar con nadie para pasar juntos ese tiempo. Me decidí y llamé a mi tía que me pasó a buscar.

    Por suerte la casa era muy amplia y cómoda. Tenía mi habitación súper grande, con baño privado como todas las de la casa. A la tarde llegaron mis primas de la facultad. Con ellas la relación fue muy buena, éramos compinches, amigos, más de amigos que de primos.

    “Tono, esta es tu casa, movete de esa forma.” Dijo mi tía.

    “Gracias tía, sos una genia.”

    “Tono, me haces sentir mal con lo de “Tía” tengo 40 años, y me haces sentir vieja.”

    “Dale, si, de vieja no tenes nada.” Dije.

    La verdad es que nunca la había visto como mujer, siempre como “la Tía”. Ella era divorciada, abogada exitosa, y según me habían contado Lia y Caro, sabían que de vez en cuando salía con algún amigo, aunque nunca los había traído a la casa. Estaba en mi cuarto, con la puerta abierta y Lia vino a invitarme a tomar mate en el parque de la casa.

    “Cuenten, que es de sus vidas, novios, chongos, en que andan.” Pregunté

    “Nada serio, uno que otro chongo.” Dijo Lia.

    “Yo, con novio, pero no muy en serio.” Dijo Caro.

    Las dos son lindas, sin ser espectaculares. No muy altas, buenos cuerpos aunque Caro un poquito ancha de caderas. Lia en cambio, flaca, pechos pequeños lo mismo que su cola. Me habían contado que a las dos les gusta mucho el sexo, que lo disfrutan mucho.

    “Si esto dura 15 días como dicen bueno, pero si se alarga, se va a poner pesada la cosa.” Dijo Lia.

    “¿A qué te referís?” Pregunté.

    “Sexo nene, sexo. Quince días con una pajita se banca, pero más… Hasta a vos te voy a ver con buenos ojos.”

    “Sos una hija de puta.” Dije riéndome.

    “Si, dice eso, pero bien que en el verano se hizo más de una cuando viniste a la pileta. Ella me lo contó.” Dijo Caro.

    “Basura, bien que fue porque te encontré dándote y me dijiste que era por como le marcaba la malla.” Dijo Lia.

    En ese momento vino Andrea, mi tía:

    “¿De que charlan, se puede?”

    “Si Ma, claro. Hablábamos de que si sigue el confinamiento, hasta Tono va a ser lindo para darle.”

    “Lia, me encanta lo femenina que sos para hablar.”

    “Si es cierto, esta fuerte y por lo que vimos a través de la malla en el verano, está bien dotado. La verdad vieja, ¿Después de un mes sin ir a “jugar canasta” con tus amigas, no le darías?”

    “Prefiero no haber escuchado esa pregunta.” Dijo Andrea.

    “Dale, jugate. ¿O te compraste algún juguetito como Caro?” Dijo Lia.

    “No, no compre ningún juguetito.”

    “Tono, fijate como evade contestar. Esta te baja caña en una semana como mucho. Espero que tengas resistencia porque dicen que las veteranas son tremendas.” Dijo Caro.

    “Chicas, basta.” Dijo Andrea y se fue a la casa.

    “Son malas, la pusieron bien incomoda.” Dije.

    “Pero no dijo que no.” Dijo Lia.

    Al día siguiente, Andrea me pidió que la acompañe a comprar al Súper, y a una casa de computación aprovechando que faltaban dos días para el cierre. Primero fuimos al mercado, yo iba con el carro y ella adelante buscando las cosas. Estaba vestida con una camisa, una pollera corta que no llegaba a ser mini, pero estaba cerca. Estaba pensando que buen cuerpo tenía y no me di cuenta que me estaba mirando.

    “Tono, te colgaste con algo.” Dijo Andrea sonriendo.

    “Perdón, si no me di cuenta.” Dije poniéndome colorado.

    A partir de ese momento, sus movimientos se hicieron sexys. Salimos del super y estábamos guardando las cosas en la camioneta cuando sin querer le roce el culo con mi mano. Ella me miró y sonrió. Subimos al auto y me pidió que maneje. Se sentó casi de costado mirándome.

    “¿Pasa algo Andrea?”

    “No, Tono, nada.” Me dijo con una sonrisa.

    Íbamos por la avenida cuando vi un hotel alojamiento. Sin decir nada entre. Ella no dijo nada, solo se acomodó en el asiento. Entramos a la habitación y ella de inmediato me bajó los pantalones y me empezó a chupar la pija. Estuvo un rato y mientras se fue sacando la ropa. Se acostó y abrió las piernas. Empecé a chupar su concha y meterle dedos, ella gemía como loca, estaba totalmente mojada.

    “Tono, tenes una pija hermosa y chupas como los dioses.” Me dijo. Tuvo un orgasmo y fui metiéndole la pija de a poco en su concha que para mi sorpresa era estrecha. Ella se quejó apenas pero empezó a apretar sus tetas.

    Fui aumentando mi velocidad, ella gemía y apretaba las sabanas. Tuvo un nuevo orgasmo y me pidió ponerse en cuatro.

    “Así, cogeme así.” Dijo caliente mientras se acariciaba el clítoris.

    Su culo era hermoso, más lindo que el de las hijas. Yo entraba y salía cada vez más rápido. Su orto me llamaba, lo escupí y ella se estremeció. Fui metiendo un par de dedos y ella resoplaba y gemía.

    “Ahora sí que me volviste casi totalmente loca. Solo faltaría que me des un chirlo en el culo.” Dijo mirándome.

    Le hice caso, y le di un buen chirlo. Ella se puso loca, yo me quedé quieto, y ella se movía con todo. Otro chirlo y gritaba como una buena puta. Pude sentir su orgasmo y se dejó caer en la cama.

    Saque la pija y me puse a su lado masturbándome. Ella abrió la boca y se tragó toda mi acabada para luego chuparla un poco.

    “Ni se te ocurra contarle a tu madre. Me mata si se entera que me cogí a su bebe.” Dijo riendo.

    “Y a mí por cogerme a la hermana.” Conteste.

    Nos vestimos y seguimos con las compras.

    Cuando volvimos a la casa mis primas estaban extrañamente sonrientes. Ayudaron a bajar las cosas y mientras acomodábamos Lia se me acercó y me preguntó:

    “¿Lindo el polvo con mi vieja? Y no te molestes en negarlo, active el localizador del teléfono porque se demoraban y adivina donde marcaba que estaban.” Dijo sonriendo.

    “Muy lindo.” Dije.

    “Pues esta noche vas a saber cómo me gusta que me cojan.” Me dijo sonriendo.

  • Una madre da todo por su hijo

    Una madre da todo por su hijo

    Como casi todos los días me levanto muy temprano para ir al trabajo, soy doctora y trabajo en una clínica de la zona, desayuno algo rápido y salgo para el trabajo, ese día encuentro a mi hijo en la cocina, parecía que recién había llegado a casa, pasó la noche con su novia, casi siempre se queda hasta más tarde con ella y no lo veo regresar. Me llama la atención que estaba un poco callado, por eso le pregunto que le pasaba, pensaba que se había peleado, como había pasado otras veces.

    -¿Qué te pasa, estás serio?

    -No es nada, cosas que pasan con Marisa

    -¿Otra vez te peleaste?

    -No, pero me tiene podrido.

    -¿Qué pasa?

    -No te puedo contar, cosas de pareja, pero me tiene cansado.

    -No creo que sea tan grave, yo con tu padre también discutía mucho y nos tuvimos que separar a causa de las peleas, peleábamos todo el tiempo, en cambio cuando te veo con Marisa no te veo discutir.

    -No es por eso, son problemas en la cama.

    -A tu edad, cual puede ser el problema o ¿son problemas de erección?

    -No, no es ese el problema, yo no tengo ningún problema, es Marisa.

    -¿Qué le pasa algo? ¿Tiene algún problema de salud? No te olvides que soy médico, la puedo ayudar.

    -Es más complicado, no te quiero contar.

    -Como quieras, no voy a insistir, me voy a trabajar, pero si quieres contarme te puedo ayudar.

    Me fui a trabajar, intrigada y hasta preocupada por la situación. Hacia un tiempo bastante largo que me había separado y los hombres para mí solo eran fantasías sexuales, aunque sentía que no necesitaba otra cosa, una paja o varias para ser más precisa y a seguir con la rutina, mi trabajo me consumía casi todas las horas del día. Aunque estuve muy ocupada en el trabajo, no podía dejar de pensar en mi hijo, no sé qué me pasaba, pero sentía cierta envidia de su novia o enojo al saber que no lo hacía feliz. Al regresar a casa lo vuelvo a interrogar, me quería sacar la intriga de la cabeza o tal vez era el morbo que me provocaba la situación.

    -Hola ¿Cómo estás? ¿Más tranquilo?

    -Si, ¿por qué?

    -Por lo que me contaste a la mañana.

    -Pero me da vergüenza contarlo.

    -¿Es por ella?

    -Bueno, me voy a duchar, cuando vuelvo si quieres me cuentas, si no, no hablemos más del tema.

    Me fui a duchar y mientras recorría el agua caliente mi cuerpo no podía dejar de masturbarme, la única forma de parar fue terminar de ducharme con agua fría para bajar mi calentura. Temblando de frio me termino de secar, no me pongo ropa interior, el frio me dejo los pezones duros y parados, por lo que se marcaban en mi bata de seda, no sé si siempre me pasa lo mismo, pero esta vez me doy cuenta de cómo sobresalían y se notaban, bien al alcance de la mirada de mi hijo.

    Voy directo a la habitación de mi hijo, sería directa.

    -¿Quieres hablar?

    -Bueno, pero no quiero que te rías.

    -Porque me voy a reír. ¿Es algo gracioso?

    -No, pero tiene que ver con sexo.

    -Ay, pero no seas tonto, ya somos grandes y no te olvides que soy médico, estoy acostumbrada a cosas que ni te imaginas.

    -Es que Marisa no quiere hacer algo que le pido, me dice que no es normal, que soy un enfermo.

    -Pero ¿qué es lo grave?

    -Quiero tener sexo anal con ella.

    -jajaja ¿eso es lo grave?

    -Te dije que no te rías.

    -Perdón, perdón. No sabe lo que se pierde. Ya se le va a pasar, dale tiempo.

    -Intente de muchas formas, pero no quiere saber nada.

    -¿Es tan importante para vos?

    -Si, yo se la quiero meter por el culo, para mi es importante, parece algo enfermo, pero es algo que me excita y no puedo dejar de pensar en eso.

    -Perdona que te pregunte, pero ¿Nunca lo hiciste por el culo con otra chica?

    -No, ¿sería mejor que pruebe con otra chica?

    -No, está mal que le seas infiel con una desconocida.

    -Pero no la quiero esperar, si seguimos así me voy a terminar separando.

    -Si quieres te puedo ayudar, pero será algo que tiene que quedar entre nosotros, me lo puedes prometer.

    -Si te lo prometo, pero ¿Qué es?

    -Mira, soy tu madre, pero antes de eso soy mujer, tal vez no soy joven como Marisa, pero también tengo un agujero en el culo como ella, si quieres, te lo regalo, puedes hacer lo que quieras con mi ano, es todo tuyo, pero no le puedes contar nada a nadie.

    -Pero Ma, estás segura, es una broma, ¿es en serio?

    -Si, a no ser que no te guste como mujer, y lo entiendo, ya tengo 40 años y aunque me mato en el gimnasio, no soy una chica

    -Sos hermosa, tu cuerpo es mejor que el de miles de chicas. Si, te quiero coger por el culo.

    -Bueno, soy toda tuya.

    Me desprendo la bata y se desliza por mi cuerpo hasta el suelo, quedo desnuda, todavía con la humedad de la ducha reciente, me doy vuelta, me inclino y le señalo mi culo.

    -Es todo tuyo.

    Se arrodillo al instante y hundió su cara entre mis nalgas, su lengua empujaba sobre el ano hasta lograr meterla unos centímetros. Solo despegaba su cara del culo unos segundos para tomar aire mientras me trataba de sostenerme con las manos para no caerme. Luego de unos largos minutos me doy vuelta y le bajo el pantalón, su pene estaba erecto, no puedo evitar llevarlo a la boca y empezar a chuparlo. No insisto mucho con la mamada, enseguida le vuelvo a ofrecer el culo tan deseado.

    Por fin se saca las ganas, en realidad los dos. Arrima, ahora, la otra cabeza, la de su pene, a la entrada del culo, no necesita hacer mucha fuerza para empezar a penetrarme, la saliva y los largos años de entrenamiento con el esfínter, facilitan el trabajo. Siento como empieza a dilatar el agujero y a deslizarse en mi interior, hasta entrar en su totalidad, luego comienza a bombear con fuerza y empiezo a gemir, casi gritar, pero no puedo dejar de pedirle que no pare.

    No sé cuánto tiempo paso, estaba tan excitada que había perdido la noción del tiempo, de repente explota dentro mío, puedo sentir como me llena de semen, pierde un poco la erección y lo saca, el semen chorreaba por mis piernas, pero no pierde ni un segundo en volver a meter la cara en mi culo y empezar a limpiar su propio semen con la lengua, luego me penetra de nuevo.

    Ese día no paramos de coger, casi lo hicimos diez veces más, pero no fue el último sino el primer día de una larga historia. No sé si a Marisa le volvió a pedir el culo, solo sé que la primera semana casi no me podía sentar del dolor, hasta hacerlo algo tan habitual que mi esfínter ya tiene el diámetro de un durazno.

  • El pasado de Ale

    El pasado de Ale

    Recuerdo la cara de Ale en aquel momento. Su mirada, sus ojos completamente abiertos como platos, sus cejas arqueadas hacia arriba, su boca medio abierta. Nos miraba fijamente desde el otro extremo de la habitación, incrédula. Unos segundos después su expresión se rompió, comenzó a llorar y se fue, apartando a la gente que estaba alrededor. Fue la última vez que la vi en muchos años.

    Alejandra, Ale, había sido mi compañera de clase desde niños. Se sentó en el pupitre de al lado desde pequeños hasta el último curso del colegio. Me sorprendió que eligiese la rama de ciencias como yo en los últimos cursos ya que a ella se le daba mejor las asignaturas de letras. Ale siempre parecía buscarme, con su enorme sonrisa, esos ojos claros y juguetones. Era una niña guapa, pero nunca me había fijado en ella como algo más. Yo la vi siempre como una amiga, mi compañera de clase del pupitre de al lado. Según crecimos otras chicas empezaron a vestir de forma más adulta, pero Ale nunca intentó ser así. Era más discreta, tímida. Con el tiempo, ya en mis 20, me di cuenta de que Ale siempre había estado tratando de llamar mi atención, pero sin éxito.

    Mientras que yo elegí realizar una carrera de ingeniería, Ale eligió Administración de empresas. Creo que seguirme a una carrera de ingeniería hubiese sido ya demasiado para ella, aunque seguimos en contacto y quedando con el grupo de amigos los fines de semana. Hasta entonces ni yo ni ella habíamos tenido pareja. Yo si había tenido ligues, pero por alguna razón no quise que Ale se enterase. Ya entonces yo era consciente de que le gustaba a Ale y no quería dañarla. Por su parte ella empezaba a levantar pasiones dentro y fuera del grupo de amigos. Sin vestir de forma muy sensual, había desarrollado una belleza natural con su melena castaño claro, una cara bonita con una boca amplia de labios algo gruesos, una expresión innata de sus ojos muy sexy.

    Sin embargo rechazaba toda proposición. Todos sabían que estaba loca por mí.

    A finales del segundo año de carrera, ya casi en verano, se organizó una fiesta en la casa de un amigo a la que fuimos todos invitados, incluida la que por aquel entonces era mi flechazo, una amiga de amiga llamada Diana. Ale también estaba en la fiesta.

    Gente, buen ambiente, música, bebidas, viernes noche. Diana y yo estuvimos tonteando toda la noche. Yo me di cuenta de que Ale nos observaba de vez en cuando. La noté molesta, pero con las bebidas y Diana simplemente me olvidé de ser discreto.

    Diana y yo nos acabamos besando en un lado de la habitación. Ale estaba al otro extremo y yo la podía ver perfectamente. Como he comentado al principio, se fue de la casa y no la volví a ver en muchos años.

    Me bloqueó en redes sociales, bloqueó mi número de teléfono. Yo comencé una relación con Diana que duró siete años, hasta los 27. Como dije al principio, nunca había visto a Ale como algo más que una compañera de clase. Seguramente fui muy frio e insensible, pero no traté de contactar con ella durante el tiempo que duró mi relación con Diana. Simplemente no me importó.

    Ale dejó de salir con el grupo. Supe de su vida a través de amigas en común. Alguna noche de borrachera tuve una de esas conversaciones profundas con amigas y me contaron lo que sufrió tras aquel día, incluso durante años. La rompí el corazón, aún más con el tiempo cuando vio que yo no intentaba contactarla al menos para intentar hablar. En el último año de carrera empezó a salir con un compañero de su universidad, Carlos. Iniciaron una relación que dura hasta hoy en día.

    En un desliz su mejor amiga me dijo que no me había olvidado y que inició la relación con Carlos para intentar quitarme de su mente.

    Como he comentado, rompí mi relación con Diana tras siete años. Digamos que se había cansado de mí y otra persona apareció en su vida.

    Junto con un par de amigos que quedaban solteros empecé un periodo de desenfreno, ligoteo, y por qué no decirlo, nos divertimos alguna noche con mujeres de pago. Perdí el respeto por las mujeres y comencé a verlas como una diversión. También comencé a contactar con chicas que había conocido en el pasado simplemente por molestar, jugar, probar. Y me entró la curiosidad por ver cómo le iba a Ale. Seguía estando bloqueado en redes sociales y el número de teléfono, seguramente Ale se había olvidado de que me había bloqueado tras tantos años. Había visto alguna foto de ella en algún post de amigas en común hace ya unos años. Siempre había sido guapa, y aunque nunca salía en primera línea noté que había empezado a vestir de forma más elegante.

    Poco a poco me entraron ganas de hablar con ella, de quedar con ella a tomar un café y de que me contara cómo le iba la vida. En el fondo sabía que me había portado mal.

    Decidí abrirme perfil en Instagram, que todavía no tenia, y buscarla. Habían pasado casi dos años desde que Diana rompió conmigo y casi nueve desde que vi a Ale por última vez.

    Reuní valor y la envié una solicitud para seguirla. Tras un mes sin que Ale aceptase la solicitud ya pensaba que no lo iba a hacer. Pero un sábado por la mañana descubrí que la había aceptado y podía mirar en su perfil.

    Sinceramente y sin exagerar, me hice una paja en la cama viendo sus fotos. En qué pedazo de mujer se había transformado. Fotos en bikini en la playa donde se veía las tetazas que siempre había tenido, pero nunca antes había querido enseñar, fotos en vaqueros ajustados que le quedaban impresionantes, alguna foto haciendo yoga en unas mallas que le hacían un culo perfecto, y en todas ellas la misma cara bonita que siempre había tenido con un tono ahora de madurez que los 29 años que tenía le daban. Ale había perdido la timidez de su juventud y se mostraba ahora radiante y sin complejos.

    Por desgracia también vi una foto de hacía un año vestida de novia abrazando a su ahora marido Carlos. Yo había perdido contacto con sus amigas y solo me escribía con su mejor amiga una vez al año, lo típico de felicitar el cumpleaños, por lo que no sabía que se había casado.

    Casualidad o no, tres días después de que me aceptase en Instagram colgó un post en el que anunciaba que estaba embarazada de tres meses.

    Me entraron celos. Sin ser consciente de ello siempre había tenido a Ale como de mi propiedad. No la quería, pero era mía. De nadie más. Le eché valor y decidí contactarla con un mensaje privado para felicitarla. Creo conocer a las mujeres y sobre todo a Ale y su pasado, por lo que la tardanza de dos semanas en responderme me la tomé como una intención por su parte de dar poca relevancia a mi mensaje después de tanto tiempo sin contactarnos. Pero tuvo el efecto contrario.

    Ale respondió de forma cariñosa, casual como si fuese un antiguo amigo y no su primer amor y la persona que más daño la había hecho en su vida. Tras un intercambio de mensajes me decidí a preguntarla si le apetecía quedar a tomar algo para ponernos al día. Contaba con que ella pensaría que si se negaba poniendo cualquier excusa daría a entender que realmente no quería quedar conmigo porque todavía me recordaba, así que no le quedaba otra opción que aceptar.

    Quedamos un miércoles después del trabajo en una cafetería del centro. Yo llegué pronto, siempre lo hacía, odiaba la impuntualidad. Estaba sentado ya en una mesa con mi café cuando la vi entrar por la puerta. El corazón me empezó a latir fuertemente. Venía vestida con un pantalón marrón claro ajustado y una camisa roja algo suelta que dejaba ver una camiseta interior blanca con algo de escote dejando intuir las buenas tetas que tenía. Ya iba a cumplir el cuarto mes de embarazo, pero con la camisa roja suelta no se podía notar.

    Mientras giraba su cabeza buscándome me quedé mirando su bonita cara. Tenía el pelo algo más claro de lo normal, podría decirse que era casi rubia. No aparecía así en su último post. Se acababa de teñir el cabello? Y por qué justo ahora?

    Finalmente me vio y detecté un ligero gesto en su cara que no pude descifrar que inmediatamente disimuló con una sonrisa de su amplia y sensual boca. Tenía todavía esa expresión sexy en sus ojos claros.

    Me levanté y la saludé con un beso en la mejilla. El perfume que llevaba olía muy bien. Llevaba ahora siempre perfume o se lo había puesto solo hoy? Nos sentamos y empezamos a hablar mientras pedimos otro café. Aunque Ale intentaba aparentar estar tranquila, indiferente y casual, sí noté cierto nerviosismo o incomodidad en algún gesto y al hablar de vez en cuando. Hablamos de los últimos años, pero no de lo que pasó en aquella fiesta. Acabé preguntándola cómo iba el embarazo y que se veía estupenda, no se le notaba nada.

    – Bueno, es un truco – dijo sonriendo.

    Se levantó ligeramente la camisa para dejar ver. La camiseta blanca más ajustada que llevaba debajo no podía ocultar esa ligera tripa ya de embarazo de casi cuatro meses. Se acarició instintivamente la tripa como una madre y sonrió, por primera vez una sonrisa de verdad, de felicidad. Hablar del embarazo parece que la distrajo de mi presencia.

    Ver a Ale embarazada me puso a mil. La ruptura con Diana y los dos últimos años de lujuria me habían convertido en un pervertido sin ningún pudor. Un mecanismo dentro de mí se había activado y no tenía freno. Sería capaz de intentar acercarme a Ale? Y hasta dónde?

    De momento no haría nada, esta era la primera vez que nos veíamos en nueve años, tenía que ser un encuentro amistoso. Tras unas dos horas en la cafetería nos despedimos antes intercambiando números de teléfono para seguir en contacto. O más bien, antes desbloqueando por su parte mi número que llevaba nueve años bloqueado. Se hizo la sorprendida como si no se acordase de haberlo bloqueado, a lo que yo sonreí. Mi última acción antes de perderla de vista fue echar una mirada a ese precioso culo apretado por el pantalón.

    No perdí la ocasión al día siguiente de escribirla para decirla lo mucho que me había gustado verla, a lo que ella respondió con iconos de sonrisa y unos labios como un beso al final de la frase.

    Vaya empalmada. Cómo me puso este mensaje. Me hice una paja otra vez en la cama mirando sus fotos. Cómo no me había fijado antes en ella. Me paré a mirar las fotos en las que hacía yoga, en el tremendo culazo que tenía. Iba a reventar, que ganas tenía de follármela. Si no hubiese notado nada en la cafetería daría la batalla por perdida, pero la realidad es que la vi nerviosa, incomoda, me había quedado claro que tenía algún sentimiento de algún tipo, bueno o malo, todavía por mí. Y me iba a agarrar a esto. Me daba igual que estuviese casada y embarazada. Se me había metido en la cabeza.

    Intentar quedar con ella otra vez iba a ser muy descarado, y esta vez probablemente se negaría poniendo cualquier excusa. El sábado decidí escribir a Laura, su mejor amiga. La escribí de forma casual. Aunque nos hablábamos ya poco, pero siempre me llevé bien con ella, era la típica persona con la que hablas como si la hubieras visto ayer. Y ella se sentía igual conmigo. Fue ella la que me contó que Ale empezó con Carlos para tratar de olvidarme. Empezamos hablando de temas banales y pasé luego a hablar del pasado, del grupo de amigos que ya no quedábamos. No mencionó en ningún momento mi encuentro con Ale en la cafetería por lo que pensé que simplemente no se lo había contado. Así que lo había hecho en secreto sin decírselo a nadie. Otro punto a mi favor.

    – Por cierto, sabes que Ale está embarazada?? – me escribió alegremente.

    – Qué dices!! Ale? Y va a ser la primera del grupo que tenga un bebé? – dije haciéndome el sorprendido – Bueno esto tenemos que celebrarlo! – seguí haciéndome el inocente.

    – Pues tienes razón! Deberíamos reunirnos todos para celebrarlo, el primer bebé del grupo! – dijo. Había picado en el anzuelo. Una sensación de entusiasmo me llenó, había conseguido que al menos se intentase celebrar una reunión y ver a Ale sin proponerlo yo.

    – Pero una cosa – seguí – estás segura de que Ale querrá venir estando yo? Ya sé que ha pasado mucho tiempo, pero bueno, ya sabes lo que me dijiste…

    – Olvídate de eso – escribió como algo incomoda – Ale es muy feliz con Carlos y no tendría problema en que estuvieras ahí. De todas formas no le diré nada de que he hablado contigo, simplemente le propondré hacer una fiesta en mi casa en el que estaremos los del grupo.

    Me había salido el plan que ni lo hubiese soñado.

    Laura abrió un grupo nuevo en Whatsapp para organizar una fiesta en su casa a las afueras para el siguiente sábado. Solo los del grupo, no se aceptaban parejas. Tenía que ser un encuentro solo nuestro, los de los viejos tiempos. Alguno se desmarcó ya que tenían planes, pero confirmamos la asistencia 14. Ale también, ya que era el centro de la celebración. Me pregunto si dudó en aceptar, si se lo pensó dos veces. Pero aceptó. Iba a ser una fiesta a mediodía, no iba a ser por la noche, era en casa de su mejor amiga y con el resto del grupo. Supongo que pensaría que no tendría que estar conmigo a solas. No sé si Ale habló con Laura para preguntarla por qué me invitó. Y si lo hizo en cualquier caso al final aceptó ir a la fiesta. Era una fiesta para ella, estaba de alguna forma obligada.

    El sábado llegué a la casa de Laura. No había estado nunca allí, era un chalet amplio con jardín y piscina. Sabía que Laura tenía un buen trabajo pero no sabía que pagaba tan bien. Cuando llegué Laura me recibió. Era el primero en llegar, ya he comentado que soy muy puntual. Laura me dijo que su marido se había ido todo el día a jugar al golf. Me enseñó la casa, el sótano donde tenía una sala de fiestas y donde íbamos a ir después de tomar algo en el jardín. Me enseñó el piso bajo, con la cocina y salón, el primer piso con tres habitaciones (entendí que tenía planeado una familia numerosa en el futuro) y el segundo piso que constaba solo de una habitación espaciosa para invitados con un baño grande y moderno al lado. La casa tenía tres baños, uno en cada planta.

    Empezó a llegar más gente. A algunos no los veía desde hacía años, otros habían sido mis compañeros de juergas locas desde que rompí con Diana.

    Ale llegó de las últimas. Me dejó mudo. Preciosa, despampanante, en un bonito vestido de color azul claro que le llegaba hasta por encima de las rodillas, de tirantes sin mangas con un ligero escote. El embarazo la estaba poniendo unas tetazas. Estaba ya pasada el cuarto mes y se notaba, no era tripón, pero se veía claramente el tamaño de la barriga.

    Fue saludando a la gente y cuando llegó a mí no mostró ninguna sorpresa esta vez. Había estado entrenando, pensé. O quizá estaba yo loco y realmente Ale pasaba ya de mí, con su vida hecha. Ya lo veríamos.

    Empezamos bebiendo en el jardín. Todos menos Ale, por razones obvias, empezaron con vino o cerveza. Al ser mediodía muchos pensaron en beber lo más posible pronto para poder volver por la tarde-noche ya en buen estado. Conociendo a mis amigos, poco se iban a controlar, pensé. Sobre todo en una ocasión como esta en la que nos reuníamos por primera vez en años.

    Ale tomaba zumo y yo la observaba con discreción mientras hablaba con amigas. Poco a poco me fui acercando a ella, pasando de una persona a otra. Me di cuenta de que me miraba de vez en cuando, cuando se pensaba que yo no la veía. Cuando estaba ya lo suficientemente cerca me llevé una sorpresa al ver que fue ella quien decidió abandonar su conversación para venir a hablar conmigo.

    – Hola! – me dijo, con una tremenda sonrisa y brillo en los ojos. Casi me derrito

    – Hola! – respondí tratando de ocultar mi nudo en la garganta. Me temblaban las manos…cómo podía ser? Pensé que tenía el control de la situación y resultó no ser así.

    “No le mires las tetas, no le mires las tetas!” me repetía en la cabeza una y otra vez. No era misión sencilla, el ligero escote dejaba ver lo suficiente como para imaginar lo perfectas que eran. Y además embarazada, seguro que eran una pasada, me moría de ganas por verla desnuda.

    – Como te va? Qué ha cambiado en tu vida desde hace una semana y media? – sonrió

    Qué tranquila se la notaba, ni un ápice de nerviosismo como en la cafetería. Es como si hubiera estado practicando durante la semana. Estuvimos hablando un rato de cosas sin importancia.

    Llevábamos ya más de una hora en el jardín cuando Laura nos invitó a todos a pasar dentro a la sala de fiestas. Había más de uno que ya se le empezaba a notar contento. Pasé detrás de Ale y aproveché para mirarla el culo. El vestido azul volaba alrededor de sus muslos según caminaba, pero se ajustaba perfectamente a su cadera y culo. Me estaba poniendo a 1000. Al pasar a la casa y con el contraluz de las ventanas me pareció distinguir la silueta de un tanga perfectamente acoplado a su magnífico culo. Me iba a dar algo, mis instintos más primarios estaban trabajando a todo gas, mi polla estaba despierta y me empujaba contra el culo de Ale. No podía dejar de mirarlo. De repente según caminábamos y sin detenerse Ale se giró para mirarme y echarme una sonrisa preciosa. Casi me pilló mirándola el culo. Yo sonreí igualmente. Qué había sido eso? Para que se giró y por qué me sonrió?… me dio algo de miedo. Ale estaba casada y embarazada, qué diablos realmente esperaba que pasase? La posibilidad más remotamente optimista que pensé que podría tener era un recuerdo de sus tetas en algún descuido agachándose, como material para mis pajas.

    En la sala de fiestas había más bebidas y cosas de picar. Laura había elegido este sitio ya que podíamos poner música sin molestar a los vecinos. Ale y yo seguimos hablando, cada vez más cómodos el uno con el otro. Me sorprendí a mí mismo cuando empecé a hablarla como hablaba a las chicas que acababa de conocer en un bar e intentaba ligar con ellas, aunque sin llegar al mismo descaro. Ella se lo estaba pasando bien, puede que llevase tiempo sin que alguien la prestase tanta atención, y si era yo incluso mejor.

    Una media hora después ya quedaban muy pocos que no estuviesen contentos, incluso alguno ya iba muy pasado. Yo había aguantado todo el rato con una bebida, no quería ponerme borracho estando Ale allí. Entonces vimos al otro lado de la sala a un amigo que se empezó a liar con otra amiga. Fue un poco sorpresa ya que él estaba casado, pero habían sido pareja en el pasado y supongo que algo quedaba.

    – Esto me recuerda a algo – dije instintivamente. “Mierda!” pensé inmediatamente, no tendría que haber dicho eso. Esperaba que Ale no lo hubiese oído.

    – Sí, aunque esta vez me sorprende menos – dijo tras un momento de silencio. Dirigió la mirada hacia el suelo y su cara cambió a un ligero gesto avergonzado según respondió.

    – Lo siento, lo he dicho de forma inconsciente. Nunca te pedí perdón – dije

    – No tenías por qué, no éramos novios. Hiciste lo que cualquiera hubiese hecho. Yo fui tonta por molestarme así – dijo ya repuesta de la emoción.

    Seguimos hablando unos minutos en tono algo más profundo. Me contó lo mal que lo pasó durante tiempo. Nada que no supiese ya pues me lo había contado Laura.

    Había metido la pata, pero había desencadenado un tipo de conversación más profunda entre nosotros, de cierta forma esos minutos nos unieron otra vez y creo que a ella le hicieron sentir otra vez una chica adolescente hablando con su amor juvenil. La pregunta que me hice fue, qué voy a hacer ahora con este momento de debilidad de Ale? Tendré el valor de aprovecharme? Dentro de mí se estaba luchando una batalla cruel. Por un lado la mente me decía que la dejase en paz, que no la volviese a herir. Por otro lado mi polla me empujaba brutalmente hacia ella, hacia sus tremendas tetas, hacia ese culo duro entrenado en yoga. Llevaba más de dos años dejando que mi polla tomase las decisiones y ahora era muy difícil decirle que no.

    Ale y yo éramos los únicos que estábamos sobrios. La gente bailaba, bebía, y subía las escaleras para usar los baños. Cuando vi que subieron un par, le dije a Ale:

    – Voy al baño arriba. Tú no tienes que ir? Todavía no lo has usado, las embarazadas no tenéis que ir al baño constantemente?

    – Sí que tengo que ir… – dijo mostrando una sonrisa avergonzada.

    Subimos los dos. Se oía gente arriba. Eso es lo que buscaba, llevar a Ale a algún sitio donde hubiera más gente para que no se preocupase o sospechase. También sabía que al menos los dos baños de la planta baja y primera estarían llenos. No tenía un plan, de hecho no sabía ni siquiera si iba a intentar algo. El pecho me apretaba solo de pensar el momento en el que me lanzaría. Cómo reaccionaría Ale? Y si en realidad me rechazaba y las cosas no salieran de la forma ideal que me había construido en mi cabeza? En qué lío me metería… quizá lo mejor sería no intentar nada. En el momento de la verdad me estaba acojonando. Y era lo mejor, acabábamos de retomar el contacto, qué tipo de gilipollas pensaría que una mujer casada y embarazada cedería ante los encantos de un tío por mucho que fuera su primer amor. Por primera vez pensé razonablemente. Era una estupidez que me había montado en mi cabeza. No intentaría nada.

    Al llegar al baño de la planta baja estaba una amiga esperando a que saliese alguien. Le dije a Ale que en la segunda planta había otro.

    – Vamos! – dijo – ahora que estoy pensando en ello me estoy haciendo pis y las embarazadas no aguantamos nada!

    Subimos a la segunda y otra vez estaba ocupado, esta vez dos amigos esperando, cada uno más borracho que el otro, tan borrachos que ni nos vieron.

    Sin pensarlo ni preguntarla, cogí a Ale de la mano y la llevé hasta el fondo del pasillo donde empezaban las escaleras hacia el último piso. Por qué hice esto? A pesar de que me había dicho a mí mismo al subir que no intentaría nada, la cogí de la mano para que me siguiese. Laura solo me había enseñado la casa entera a mí por lo que ninguno conocía la existencia de un tercer baño. La llevé de la mano hasta la puerta del baño. El contacto con su mano era suave, su piel era fina y agradable al tacto.

    Cuando llegamos se quedó parada sin decir nada, pero su cara lo decía todo. La había cagado. Esto es precisamente lo que no quería que sucediese. Se había molestado o avergonzado.

    – Vamos entra! No decías que tenías prisa? – dije intentando salir de la situación, a pesar de tener el corazón latiéndome fuertemente en el pecho.

    Murmuró algo que no entendí y pasó dentro cerrando la puerta, pero sin cerrojo, entiendo que por el estado de confusión en el que había quedado.

    Me quedé ahí esperando. Mi idea era no intentar nada más y hacer como si cogerla de la mano no tuviese una intención secundaria, para que Ale se tranquilizase y no pensase mal. Escuché cuando terminó pero tras un minuto no había salido del baño. No oía nada, ningún ruido o movimiento. Llamé a la puerta y pregunté si estaba bien.

    – Entra – escuché finalmente en un tono de voz algo lejano.

    Entra? Quería que yo entrase? Qué significaba esto? Me decidí y entré. El baño era moderno, enfrente de mi había un mueble de madera largo y amplio que contenía cajones y cubierto por encima por piedra de color oscuro. Contenía dos lavabos. Encima en la pared un espejo enorme. Apoyándose con sus manos en la mitad de este mueble estaba Ale, de espaldas al espejo y frente a mí. Estaba con la cabeza agachada, respirando agitada y visiblemente. Al entrar yo levantó la cabeza y observé esa mirada a punto de echarse a llorar que vi aquella vez hace nueve años.

    Estuvimos unos segundos mirándonos sin decir nada. Ale seguía respirando de forma nerviosa, mirándome a los ojos con esa expresión rota. Estaba increíble, su pelo castaño claro tirando a rubio, esa boca grande, esos ojos sensuales, esas tetas que pedían salir del vestido, incluso esa pequeña barriga de cuarto mes de embarazo me parecía sexy. Era el momento en el que estaba más guapa de su vida. Era verdad que las embarazadas se ponen aún más guapas.

    Súbitamente me di cuenta de que era ahora o nunca. Eché el cerrojo, me acerqué y ella rompió el silencio.

    – No! – susurró, soltando finalmente una lágrima que cayó por su mejilla.

    No la hice caso, me puse frente a ella, la acaricié la mejilla limpiando la lágrima que caía con la palma de mi mano. Más lágrimas cayeron por sus mejillas y giró su cara para tocar totalmente con ella la palma de mi mano.

    – No! – volvió a susurrar – no me hagas esto por favor – dijo en voz baja.

    Estaba en el punto de no retorno. Acerqué mi boca hacia la suya, manteniendo su cara firme con mi mano. Opuso algo de resistencia, pero no lo suficiente. Mi otra mano se dirigió a su cadera. Me acerqué y mis labios tocaron los suyos. Por primera vez Ale y yo nos estábamos besando. Cuando nuestros labios se juntaron, Ale soltó una gran expiración. Su cuerpo temblaba fuertemente. Bajé la mano de su cara para colocarla en la cadera. Ahora la tenía sujeta con ambas manos por la cintura. Mis labios besaron los suyos con suavidad. Tenía unos labios carnosos, suaves. Sus labios temblaban también, tanto como su cuerpo. No me había apretado contra ella, pero noté su incipiente vientre rozándome. Era una sensación extraña, pero me gustó. Yo era media cabeza más alto que ella, y su embarazada barriga rozaba mi bajo vientre. Todavía sus labios temblando, sentí que su boca se abrió ligeramente y aproveché para meter la lengua cuidadosamente. Toqué su lengua con la mía y Ale volvió a soltar un suspiro. Esta vez lo sentí entrando en mi boca. Con mi lengua ya totalmente dentro de su boca, empecé a besarla con más pasión. Con las manos sujetando su cadera, la apreté contra mí tirando de ella. Su barriga se clavó en mí, sus muslos se juntaron con los míos, y a pesar del pequeño obstáculo que representaba su embarazado vientre, sentí el tacto de sus tetas contra mí. Ella seguía con sus manos apoyadas en el lavabo pero noté que empezó a besarme y no solo a ser la receptora de mis besos. Entonces noté un ligero tacto de su mano sobre mi brazo que estaba sujetando su cintura. Muy poco después noté su otra mano haciendo lo mismo. También empezaba a besarme con más rapidez y noté que empezaba a mover ligeramente su cadera intentando acercarse aún más a mí. Su barriga se clavaba más aún en mi bajo vientre y sus tremendas tetas se acostaban más aún sobre mi pecho. Me encantaba sentir sus tetas contra mí, era una sensación única. Ahora mismo Ale tenía sus dos manos ya sujetando mis antebrazos sin ningún reparo, apretándose lo más posible contra mí, mientras yo la sujetaba de la cadera. Ya me besaba al mismo ritmo que lo hacía yo, nuestras lenguas se entrelazaban con velocidad. Era verano y yo llevaba un pantalón de material ligero por lo que notaba bien que su entrepierna se estaba calentando. Nos estábamos ya besando apasionadamente y Ale movió sus manos para rodearme el cuello.

    Se había calentado en un momento tras el temblor y miedo inicial. Se notaba que lo llevaba deseando mucho tiempo. Además siempre se dice que las embarazadas se ponen cachondas enseguida, seguro que eso también ayudó.

    Con el paso que acababa de dar Ale, no tuve dudas en que tenía que dar otro paso yo. Empecé a tirar del vestido hacia arriba hasta dejar sus piernas al descubierto, pasé mis manos por dentro y las coloqué en su culo. Efectivamente llevaba tanga, como había intuido, mis manos sintieron su culo desnudo, y también bastante fuerte fruto de las sesiones de yoga. Cuando sintió mis manos en su culo, Ale dio un pequeño respingo y dejó de besarme.

    – Espera! – dijo como saliendo de un hechizo.

    Sin responderla agarré su culo y la levanté para sentarla encima del mueble entre los dos lavabos. La metí la lengua en la boca y no la dejé continuar hablando. Sentada ya y con mis manos en su culo, metí mi cuerpo entre sus piernas que colgaban acercando mi entrepierna a la suya por debajo de su ligera barriga. Me incliné sobre ella besándola locamente y Ale se olvidó de sus reparos. Siguió con sus brazos alrededor de mi cuello y comenzó otra vez a besarme. Yo pasé a besarla el cuello mientras sentía su boca suspirando agitadamente cerca de mi oreja. Si existía alguna forma de ponerla aún más cachonda, era esta.

    Solté mi mano derecha de su increíble culo para pasarla a su hombro. Llevaba toda la tarde preguntándome si llevaría sujetador ya que no se le notaba ni se veía ningún rastro de él. Deslicé el tirante de su vestido por su brazo. Pareció no haberse enterado así que hice lo mismo con el otro tirante. Los dos tirantes del vestido estaban sobre sus brazos que me agarraban el cuello. Así no iba a poder bajar el vestido, cogí sus brazos y se los bajé a mi cintura. Me miró como sin entender por qué. No parecía haberse enterado de que le había quitado los tirantes de los hombros. De todas formas se agarró a mi cintura y empecé a besarla otra vez. Ahora podía deslizar los tirantes hacia abajo. Antes de hacerlo, Ale me sorprendió al agarrarme fuerte de la cintura con sus manos y subir sus piernas rodeando las mías mientras nos seguíamos besando. Ahora era ella la que parecía querer acercar su entrepierna a la mía. Se había juntado todo. La lívido de una embarazada, un deseo reprimido durante toda su vida ahora desencadenado, el calor veraniego.

    El vestido se mantenía en su sitio, las tetas hacían de tope. Cogí los tirantes que reposaban sobre sus brazos y tiré de ellos hacia abajo. Al tirar de los dos lados, el vestido cedió hacia abajo deslizándose despacio por sus tetas. Poco a poco iba teniendo una visión mayor de ellas. Primero la parte superior más blanda, más voluminosa, se fue descubriendo. Dejamos de besarnos, quería mantener toda mi atención en lo que estaba a punto de ver. Ella seguía agarrada a mi cintura con manos y sus piernas agarradas a las mías. Se quedó mirándome a los ojos mientras yo tiraba de los tirantes. Era una mirada de deseo, de aceptación, como si me estuviese diciendo con los ojos, adelante, te dejo, descubre mi secreto, quiero que seas tú quien lo haga.

    Todavía no había ni rastro de sujetador, estaba convencido de que no llevaba. Se veía ya el canalillo separando sus dos tetas. Tiré más de los tirantes y vi hasta la mitad de sus tetas. O tetazas debería decir. El siguiente tirón dejaría ver sus pezones. Estaba absorbido por sus tetas, no podía mirar otra cosa. Tiré finalmente para dejarlas totalmente al descubierto. El vestido no bajó más de ahí, quedó encima de su barriga. Tenía unos pezones de color marrón típicos de mujer embarazada. Una maravilla. Un monumento. Me lancé a tocarlas, a sobarlas, a disfrutarlas. Acaricié sus pezones, las cogí con ambas manos sin poder cubrirlas por completo. Ale empezó a suspirar echando su cabeza hacia atrás. Le daba placer que tocase sus tetas y pezones.

    Yo ya no podía más, tenía la polla como una lanza. Me bajé el pantalón dejando los bóxer a la vista con un bulto importante a centímetros de Ale. Se quedó mirando mi paquete en silencio como sorprendida. No dudé un segundo en bajarme el bóxer hasta los tobillos. Mi polla gorda empalmada acompañada por mis huevos y entrepierna depilados y bien cuidados la dejó boquiabierta. Ahora era ella la que no podía quitar sus ojos de una parte de mi cuerpo. En mi desenfreno no esperé y subiendo mis manos por sus muslos por debajo del vestido llegué a alcanzar los extremos de su tanga, el cual agarré con fuerza y tiré hasta sacarlo hasta las rodillas. Seguí tirando hacia abajo hasta sacar el tanga color blanco del todo. Me coloqué entre sus piernas, ella sentada sobre el mueble, apoyada con ambas manos en él ligeramente echada hacia atrás. Mi polla erguida apuntando sin complejos hacia su coño, que estaba tapado por el vestido azul. Estaba ido, poseído por la lujuria, no pensaba en otra cosa que en meter mi polla dentro de Ale. Ella seguía mirando absorta mi polla. Notaba su desnudo pecho bajar y subir agitadamente, sus tetas moverse al compás. Fui acercando poco a poco mi polla hacia su coño del que separaban pocos centímetros. Por fin levantó su mirada para mirarme a los ojos. Era una mirada llena de amor. Esta era la peor pesadilla de Carlos, o de cualquier marido. Su mujer embarazada a punto de ser follada por otro hombre mientras ella le miraba totalmente entregada.

    Ale extendió su mano y ante mi sorpresa y gran placer, rodeó con sus dedos la base de mi polla para atraerla y recorrer los escasos centímetros que la separaban de su coño. Con su otra mano levantó el vestido para dejar ver por primera vez su precioso y depilado coño y el comienzo de su incipiente embarazada barriga.

    Colocó la punta de mi polla en la entrada de su coño y levantó otra vez su mirada para posarse en mis ojos. A partir de aquí era trabajo mío. Movió ambas manos para ponerlas sobre mis hombros. El vestido azul cayó sobre mi polla ocultando lo que ocurriría ahí debajo. Su boca se abrió ligeramente y su cabeza hizo un movimiento casi imperceptible como de consentimiento para que yo empujase. Poniendo mis manos en su cintura para agarrarme, empecé a empujar hacia adelante.

    Mi polla comenzó a abrirse paso entre las paredes de su coño. No resultó complicado, Ale estaba lubricando contundentemente. Cuando la punta de mi polla entró en su coño, Ale soltó un gemido profundo. Por suerte la gente estaba ya borracha y además en el sótano la música retumbaba y se oía por toda la casa. Seguí empujando lentamente hasta que la mitad de mi polla estuvo dentro. Ale cerró los ojos de placer, de liberación. Saqué la polla hasta la punta para volver inmediatamente a meterla, a la misma velocidad pero esta vez hasta el fondo, hasta los huevos. Estaba completamente dentro de Ale, mi entrepierna tocando la suya, sintiendo su tripa totalmente contra la mía, sus muslos apretando con su cara interior mis piernas, sus piernas entrelazadas contra las mías, sus manos sobre mis hombros. Con mi polla totalmente dentro me acerqué para besarla en la boca. Nos fundimos en un beso. Empecé entonces a sacar la polla y meterla a más ritmo mientras seguíamos besándonos. Ale dejaba de besarme de vez en cuando para soltar suspiros y gemidos con sus labios pegados a los míos. Soltó sus manos de mis hombros para quitarme la camiseta, quedando mi torso desnudo. Se agarró a mi cuello y se acercó contra mí mientras seguía follándola a un ritmo cada vez más fuerte y ruidoso. Sentí el tacto de sus preciosas tetas contra mi pecho desnudo. Su magnífico culo sobre el mueble, sus piernas alrededor de las mías, sus manos alrededor de mi cuello, sus tetazas contra mi pecho y su tripa contra la mía, mi polla entrando y saliendo dentro de ella continuamente mientras nos besábamos pasionalmente. Estábamos desbocados. Mi polla entraba y salía sin ningún problema, su coño lubricaba constantemente. Entraba hasta el fondo y salía. Mis manos seguían en su cintura ayudándome a mantener el ritmo frenético. Llevábamos ya unos cuantos minutos follando, Ale gemía sin ningún pudor ya. En mi mente una voz lejana me decía que hiciésemos menos ruido, pero en esa situación era difícil hacerla caso.

    Reduje el ritmo y moví una mano de su cintura a sus tetas. Me encantaban, quería tocarlas y sobarlas. Me entraron ganas de morder sus pezones. Saqué mi polla de su coño y me abalancé a lamerle las tetas mientras las seguía sobando con ambas manos. Mordí sus pezones con cuidado, los lamí, me metí sus tetas en la boca, las apreté con las manos. Ale estaba apoyada con una mano en el mueble echando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, mientras con la otra mano acariciaba la parte de atrás de mi cabeza. Lo estaba disfrutando tanto como yo.

    Tras casi un minuto en el que yo no me cansé de sus tetas, Ale tiró levemente de mi cabeza y mirándome a los ojos me dijo:

    – Levántate, córrete en mi boca.

    Ale me estaba pidiendo que me corriese en su boca. Aunque era difícil, me puso aún más cachondo. Me imaginaba el tremendo placer de esa boca alrededor de mi polla. Pero yo tenía otros planes. Ale era mía, de nadie más.

    Sin dejarla bajarse del mueble, la mantuve sentada y cogiendo mi polla la volví a colocar en su coño, empujando inmediatamente. Me miré en el espejo, me vi a mí de frente y Ale de espaldas a mi merced. Ale dio un pequeño salto de sorpresa y placer, abrió su boca completamente y soltó un gran gemido. La agarré con ambas manos por la cintura y comencé un movimiento veloz y brutal sacando y metiendo la polla hasta los huevos. La estaba follando tan fuerte que mi entrepierna chocaba con la suya y producía un golpe y ruido fuerte. Me la estaba follando como si no hubiera un mañana. Volvió a rodear mi cuello con sus brazos, sus piernas se entrelazaron contra las mías, puso su boca contra mi hombro ahogando gritos de placer contra él. Notaba sus dientes mordiendo mi hombro cada vez con más fuerza. No paré, me la follaba como nadie se la había follado antes. Mi polla recorría completamente la profundidad de su coño una y otra vez. Mi cuerpo se estaba ya preparando para descargar, lo sentía. Pasé mis manos de la cintura a su culo por debajo del vestido. Me quería correr mirándola a los ojos. Quería que ella me mirase a la cara mientras me corría. Quería que su mente estuviese concentrada en mi cara, que se diese cuenta de que era yo y nadie más el que se corría dentro de ella.

    Al agarrarla del culo tenía menos sujeción, por lo que Ale se tuvo que soltar de mi cuello y volver a apoyar con sus manos en el mueble, echándose algo hacia atrás. Mi entrepierna seguía golpeando fuertemente contra la suya y sus tetas rebotaban cada vez que lo hacía. Su ligera barriga embarazada cubierta todavía por el vestido. Era una visión perfecta. Mi polla y mis huevos se calentaron, lo sentía. Toda la fuerza que tenía en mi cuerpo empezó a abandonarme para concentrarse en mi polla. Mis huevos querían explotar. Yo lo sentía y Ale también. Empezamos a gemir los dos al mismo tiempo mientras seguía penetrándola. Sus ojos ahora puestos en los míos. Mis huevos se contrajeron, sentí una presión enorme en ellos como nunca antes había sentido. Me iba a correr brutalmente. La presión de los huevos se trasladó a la polla, sentí que empezó a hacer movimientos espásmicos de bombeo, sentí el esperma salir disparado de mi polla dentro de Ale. Toda la fuerza de mi cuerpo se concentró en bombear todo el semen que tenía en mis huevos en el coño de Ale, por lo que el resto de mi cuerpo se quedó sin energía. Las piernas me temblaron, mi cuerpo se tambaleó e inclinó sobre Ale, la besé en la boca lentamente saboreando sus labios mientras mi polla expulsaba los últimos trazos de semen dentro. No sé cuánto me había corrido, se sintió como eterno.

    Había marcado mi territorio. Ale estaría embarazada de otro hombre pero yo me acababa de correr potentemente dentro de ella, llenándola por completo.

    Ale quedó exhausta, respiraba profundamente agotada. Mi cuerpo recuperó la fuerza y me reincorporé. Saqué la polla poco a poco hasta que salió totalmente. Su vestido estaba por encima de la cintura y su coño se veía claramente. Acariciando ahora suavemente sus muslos con mis manos, sus piernas completamente abiertas alrededor de las mías, apoyada con sus manos sobre el mueble, respirando aceleradamente, sus tetas preciosas subiendo y bajando, sus ojos mirándome penetrantemente, un rastro de semen empezó a deslizarse fuera de su coño unos segundos después de sacar mi polla. Vaya si me había corrido… no dejaba de salir semen. Me aparté y ayudé a bajarse a Ale mientras ella cubría su coño con su mano para que el semen no cayese por todos lados. Se limpió y comenzamos a vestirnos. No dijimos ni una palabra. La excitación había terminado y solo quedaba el recuerdo de lo que había sucedido y la realidad de nuestras vidas.

    Salimos del baño, yo iba con cuidado cerciorándome de que nadie nos viera bajar. Dije a Ale que bajase primero mientras yo salí al jardín. Volví al sótano unos diez minutos después que Ale. En el jardín me encontré con algunos desperdigados no en el mejor estado. Abajo quedaba la mitad de la gente, los que no estaban totalmente borrachos. Nadie parecía habernos echado en falta. Ale estaba en un sofá sentada, Laura al lado de ella hablando casualmente como si no hubiese notado nada. Ale y yo no volvimos a hablar el resto de la tarde, era mejor así, aunque nos echamos miradas constantemente. Ale sonreía, pero no como antes. Creo que estaba preocupada, avergonzada. Quizá arrepentida.

    Al cabo de una o dos horas, los que ya estaban más o menos sobrios se fueron, incluidos Ale y yo. Los que estaban totalmente planchados se quedaron a dormir en casa de Laura.

    Tardé bastante en dormirme. Estuve en la cama mirando las fotos de Ale y recorriendo con mi mente lo que había ocurrido. No me imagino por lo que estaría pasando ella. Estaba de vuelta en su vida de futura madre, en su casa con su marido.

    Por la mañana me desperté y lo primero que hice fue mirar el móvil. Quería escribir a Ale pero no podía, no me atrevía. Ella llevaba desde la tarde anterior sin meterse en WhatsApp.

    A media tarde recibí un mensaje de Laura que se pasaba por mi casa a que firmase la tarjeta que habían preparado para Ale, que yo había olvidado firmar. No recordaba que hubiesen pasado ninguna tarjeta. Un rato después sonó el timbre de la puerta. Abrí y vi a Laura. Qué rapidez en llegar, por qué tanta prisa. Sin mediar palabra me soltó un bofetón que a día de hoy es el más doloroso que me han dado nunca:

    – Pedazo de hijo de puta, cómo has podido follarte a Ale!!! – me dijo gritando desde el marco de la puerta.

    Me quedé sin palabras con una mano cubriéndome la mejilla.

    – Pensabas que nadie se enteraría?? Subo al único baño que pensé que estaría libre y qué me encuentro? El jaleo de dos personas follando como locos haciendo un ruido tremendo, y qué sorpresa al esperar escondida en el piso de debajo cuando os veo pasar a los dos bajando. Eres un desgraciado, como puedes follarte a una embarazada! A Ale! Quieres volver a destrozarla la vida?

    Seguí inmóvil en la puerta, no podía decir nada.

    – He quedado esta mañana con Ale a primera hora en un café – prosiguió algo más calmada- Está totalmente confundida, no sabe qué hacer. Ha pasado una noche horrible, no soporta haberle mentido a su marido. La he convencido para que no haga una locura, que olvide lo que ha sucedido, les pasa a muchas mujeres cuando se comprometen, y que se dedique a su familia al 100%. Y otra cosa, te ha vuelto a bloquear en todas partes, tu número, tus redes, todo. Me he asegurado de ello. Tú, maldito hijo de puta, no vas a intentar contactar con ella en tu vida, has entendido?

    Rompí mi silencio para soltar un leve sí mientras seguía doliéndome de un lado de la cara.

    Parecía que Laura se iba a ir cuando de repente me soltó otro bofetón igualmente brutal en el otro lado de la cara.

    – Esto para que no se te olvide nunca lo que acabas de prometer – dijo, dando media vuelta y esfumándose.

    Aturdido, cerré la puerta. Miré mi móvil y vi que no podía ver la foto de Ale en Whatsapp, algo que por la mañana sí podía. En Instagram ya no podía acceder a su perfil.

    Quizá en el fondo era lo mejor. Ale me pertenecía y yo era su amor platónico. Pero yo fui un idiota y me di cuenta demasiado tarde. Cualquier tipo de relación con ella ahora solo sería un problema.

    Solo me quedaría la memoria de lo que vivimos en ese baño. De sus tremendas tetas, del tacto de su perfecto culo, de su mirada, de la corrida más brutal y sensible.

    Y también, por qué negarlo, me quedaría el recuerdo de las hostias más grandes que me habían soltado en mi vida.

  • La revancha (03): Todo listo

    La revancha (03): Todo listo

    Obedientes y sumisas vais siguiendo los tirones que doy en vuestros cabellos, llegamos a una pequeña sala, tiro hacia arriba y os levantáis, me acerco a Zuleia, voy mirándola, acaricio sus pechos, pellizco sus pezones, entro mi mano en su entrepierna, se muerde los labios mientras acaricio su vulva, me gusta el tacto suave y dulce de su piel, se sonroja, traga saliva, no quiere moverse, pero no puede evitar excitarse, calentarse con mis dedos tocándola, con la humillación de pertenecerle a un desconocido. Le pregunto cuál es su palabra de seguridad, me dice que su amo nunca le dio ninguna, ahora estoy detrás de ella, sopeso sus nalgas, pongo tres de mis dedos en su culo, se encorva un poco, le digo que mientras sea mía, ha de tener una, mientras, puede usar la tuya, 3 veces seguidas la palabra vainilla, ella asiente con la cabeza, cada vez le cuesta más estarse quieta, con una fusta le doy un par de azotes en su culo, le ordeno que no se mueva, ella nerviosa dice si amo, es la primera vez que verbaliza su condición de esclava desde hace muchos años, y solo con decirlo, un escalofrió de placer recorre todo su cuerpo.

    Sigo mirándola, ahora acaricio su espalda, su cuello, su cabellera de pelo rizado, respira entrecortadamente, asustada, inquieta. Vuelvo a estar frente a ella, con una de mis manos levanto su barbilla, la miro a los ojos, no sabe qué hacer, donde mirar, le digo que ahora os voy a castigar, le ato las manos juntas, y la cuelgo de un gancho del techo, apenas si toca con los pies en el suelo, voy hacia ti y retorciendo uno de tus pechos hago que te pegues a ella, las manos atadas como ella, la cuerda en el mismo gancho, os pongo un consolador doble en vuestros coños, con un correa ato vuestros nalgas, voy tensando, cada nuevo tirón de la correa, es un trozo más de consolador entrando en vuestros agujeros. Pongo unas pinzas metálicas anchas entre tus pechos y los suyos, te muerdes los labios cuando la pinza dentada se clava en tu pezón, Zuleia también chilla, Repito la operación con el otro pecho, os miro colgadas del gancho, vuestras caras a solo unos centímetros, las tetas unidas por las pinzas, el coño atravesado…

    Un azote golpea la espalda de Zuleia, os ordeno que os beséis, sin pensarlo su lengua entra en tu boca, tú le ofreces tus labios, tu cara, mientras tu lengua busca la suya. Ahora es tu culo el azotado, tiemblas y se tensa la pinza que une vuestros pechos, ella gruñe, las dos gemís, lloráis, tus lagrimas mojan su cara, otro azote desde atrás golpea vuestros coños, ella no puede evitar mearse, su orina baja por tus piernas, las dos sois solo una, y vuestro dolor me pertenece, os voy azotando lentamente, disfrutando de vuestros nervios, de vuestra espera. Golpeo tu costado, justo en este trozo de teta que queda tan a la vista, azoto las piernas de Zoraida, largas y fibrosas, luego su culo de nalgas anchas y duras. Las dos tembláis en vuestras cadenas, sorbes los mocos de ella, ella lengüetea tus lágrimas, sientes como tiemblas a cada azote, el sudor os envuelve a las dos, notas el temblor constante de su miedo, a ti te fallan las piernas, y os estremecéis cuando el látigo se enrosca en vuestros brazos, levanto una de tus patas y golpeo en la planta de tu pie, tensas tu cuerpo y salta la pinza metálica de uno de tus pechos, aúllas de dolor, dejas caer tu cara en su hombro, la mojas de babas y lágrimas, ella intenta consolarte, acariciándote con sus mejillas mientras vuelvo a pinzar vuestros pezones hinchados y enrojecidos, me aparto un poco de vosotras, y con el látigo de siete colas, os doy un azote que os envuelve las dos, que quema vuestra piel, y acompasa vuestros gritos.

    Me acerco y corto las cuerdas de vuestras muñecas, caéis al suelo como un saco, saltan las dos pinzas de vuestros sus pechos, se te clava aún más el consolador, y entre lágrimas pedís perdón una y otra vez. Lentamente os voy desatando, os arranco los consoladores, os lo acerco a la cara, tu boca limpia el de Zuleia, meado y con restos de heces, y ella hace lo mismo con el tuyo, igual de sucio y pringoso. Os pregunto si habéis aprendido la lección, las dos decís que si con la cabeza.

    Me siento en un sillón, y mirando a Zuleia, le digo que hoy me apetece su boca, a 4 patas se acerca, empieza a besar, a lamer mi verga, sus brazos se agarran a mis piernas, sus pechos rozan mis rodillas disimuladamente se lleva una mano a su entrepierna, un azote en su culo hace que la quite, me gusta como lame, como besa, como engulle mi verga, cada vez más gruesa, cada vez más dura. Apenas si le cabe, pero sigue tragando, la agarro de sus cabellos y aplasto su cara contra mi cuerpo, casi no puede respirar, la verga la atraviesa hasta la garganta, me corro en su boca, en su cara, en sus mejillas, en su cabellera, traga todo lo que puede, aunque parte de mi corrida, resbala por su boca, pinta de blanco su cara, sus mejillas, sus pechos, me sonríe con sus labios gruesos embadurnados de mí.

    Me levanto y la tumbo boca arriba sobre la alfombra, ella se contornea, sonríe tímida y caliente, mis manos recorren su cuerpo, ordeño sus tetas, juego con su clítoris, se empieza a doblar, levanta su culo, sus manos bajan hasta su entrepierna, me suplica que le permita correrse, miro tu cara, estás de rodillas y sollozando, te digo que la ayudes a correrse. Vienes hacia nosotros, te tumbas sobre ella en un perfecto 69 tu lengua empieza a besarla, tus labios se mojan en su entrepierna, sus piernas levantadas se enroscan en tu cabeza, también ella te acaricia y te besa dándote ligeros mordisquitos en tu vulva, tus pechos rozan los suyos, sus pezones doloridos la hacen gemir un poco, los tuyos también te duelen.

    Me gusta ver como mueves tu culo, como te acoplas a esta lengua que no deja de lamerte, de besarte, oigo el gorgotear de tu boca con tu cabeza hundida entre sus piernas, ella tensa sus músculos, levanta el culo, se abraza a ti, mientras no dejas de mordisquearla, de besarla, de jugar con su placer. Dos hembras en celo, calmándose la una a la otra. Entre las dos me habéis puesto otra vez caliente, así que me levanto, de un tirón te arranco de ella, cogiéndote por la cintura te pongo a 4 patas, y al instante mi verga entra hasta el fondo de tu culo. Casi te caes, pero consigues mantener el equilibrio con tus manos en el suelo, Zuleia se pone debajo, acaricia tus pechos, tu vientre, besa estos pezones que bailan sin cesar al compás de mi placer, su lengua también busca mis testículos, y cuando me corro, bebe golosa todo lo que gotea de entre tus nalgas. Me tumbo en la alfombra, tú te enroscas junto a mí, con tu cabeza en mi hombro, me gusta acariciar tu pubis de vello oscuro y rizado, Zuleia pone sus pechos sobre mis piernas, limpia con sus mejillas mi verga. Relajados y satisfechos disfrutamos de cada rincón de nuestros cuerpos, el tiempo va pasando, y no puedo desear nada mejor, que pasarlo junto a dos hembras como vosotras.

    El sol entra por la ventana, me despierto, aun dormís, acaricio tus mejillas, abres lo ojos, sonríes, y me besas, también Zuleia va desperezándose, un par de palmadas en tu culo te acaban de despertar, es hora de levantarse, hoy tenemos que practicar algunas cosas de la carrera, y aun hay que daros de comer y limpiaros un poco.

    Gruñendo te levantas, Zuleia se coge a ti, y las dos salís de la habitación refunfuñando. Sucias, renqueantes, con cara de sueño, despeinadas y doloridas os encontráis con Nuria y Yoha que están hablando de otra zona del circuito, un lodazal que habréis de atravesar, más de medio metro de profundidad de barro y agua, 500 metros de largo y unas argollas que pinzaran vuestra nariz cuando haya que tirar de vosotras. Ajenas a su charla, vais comiendo el pienso de vuestros cubos, Zuleia te da un suave golpe con su nalga, te mira sonriendo y tú le devuelves el golpe, también sonríes, con la cara sucia te besa y tu restriegas tu hocico por sus mejillas, habéis comprendido que en mi cama no sois rivales, solo opciones distintas.

    Se oye el claxon de un coche, y todos miramos hacia la carretera, alguien llega, incluso vosotras levantáis vuestros hocicos sucios, el coche para y una mujer rubia desciende del vehículo, gafas oscuras, una larga cabellera hasta media espalda, botas de tacón y una pequeña fusta en la mano, viene tranquilamente, sin prisa, marcando cada paso, sonrió y voy a buscarla, es Eva, una de las amas más temibles que había en aquel momento. Nos damos un par de besos, y sorprendido le digo que bienvenida, ella mirándote a ti, dice que alguien le ha contado lo de la carrera de las mamás, y viene a ayudar, quiere convertir esta carrera, en un espectáculo como no se ha visto en años, es una de las mejores directoras de cine sado, y ofrece su equipo técnico y humano para hacer que sea la película de la temporada. A 4 patas, temerosa te acercas a ella, notas sus manos en tus cabellos, sonríes, tu la llamaste, Nuria y Yoha lo están haciendo muy bien, pero muchos temas se les escapan, las veías preocupadas y nerviosas, y sabias que tu amiga y antigua dueña, no te fallaría. Eva pone su mano en tu entrepierna, pellizca tu vulva, das un respingo y te muerdes los labios, sin dejar de tocarte, de jugar contigo, Eva habla con Nuria y Yoha que la escuchan atentamente, le preguntan, le piden consejo y ella se vuelca en ayudarlas. Tras más de una hora de charla y un par o tres de cervezas, Eva te abre la boca, pone en tu lengua las llaves de su coche, y os envía a Zuleia y a ti a buscar en el maletero algo que ha traído. Zuleia y tú, corriendo, jugueteando, con los coños satisfechos tras la noche que hemos pasado, llegáis al vehículo, al abrir el maletero, os encontráis con una mujer desnuda, azotada y atada, bañada en sudor y jadeando por la falta de aire.

    La ayudáis a bajar, y sonríes al verla, es Lidia, su esclava, tu amiga, tras recuperar un poco el aliento te besa hasta el fondo de tu paladar, luego besa a Zuleia, y a 4 patas, volvéis las tres hacia donde estamos. Cuando veo a Lidia, le indico que se levante, un metro setenta de hembra caliente y sensual, sus pechos no muy grandes, perfectos para cogerlos con una mano, ella sonríe mientras los acaricio, le gusta como la toco, como la miro, su pelo castaño claro, con alguna que otra cana, cae sobre sus hombros, unas ojeras no muy pronunciadas, algún quilo de más en su barriga, pero sin perder ni un ápice de belleza, lo que no ha variado es su mirada picara y juguetona, ni su sonrisa insinuante, le digo que gire, orgullosa me muestra su culo respingón, perfectamente levantado, voy resiguiendo con mis dedos los azotes que Eva ha dejado en él. Eva ríe y le da un par de azotes más en sus nalgas, nos dice que además de su esclava, es la mejor ayudante de dirección que jamás ha tenido, y por eso la ha traído, ella está muy atareada, pero Lidia se quedara con nosotros todo el tiempo que haga falta

    Nuria comenta que ahora pensaban practicar en el lodazal, Eva mira el reloj, y dice que de acuerdo, aún tiene un poco de tiempo, levantando a Lidia por su pelambrera, me dice que quiere que sea yo quien la cabalgue. Lidia se muerde los labios, mientras su dueña pellizca con fuerza sus pezones, suda, se retuerce de dolor, vencida me suplica que le deje ser mi yegua, mirándola a los ojos le digo que de acuerdo.

    Os llevamos junto a los sulkis, Nuria te empieza a preparar, Yoha hace lo mismo con Zuleia, y yo tirando de uno de sus pezones llevo a Lidia hasta el vehículo de color verde, ella respira hondo, sabe que seré duro y que no dejaré que se relaje, no pienso defraudar a Eva. Abierta de patas, me mira, mientras voy entrando en su coño la barra metálica, se muerde sus labios rojos, mientras se agarra con todas sus fuerzas a las barras. Ato sus correajes, y le encasto hasta el fondo uno de los consoladores-cola de reserva que tenemos, ella jadea, suda, con un par de azotes marco sus pechos, me gusta que también lleve alguna marca mía. Nuria sonríe, tú ya estas galopando, también Zuleia espera atada a su carro, por fin llegamos Lidia y yo, casi no puedes andar, es la falta de costumbre, pero hoy no importa la destreza o la agilidad, sino la fuerza física, y la capacidad de sufrir, con unos tirones de vuestras riendas, os llevamos hasta el lodazal, Antes de entrar, os enseñamos unos clips metálicos con una gruesa anilla colgando, os los pondrán vuestros jinetes en la nariz, cuando salten del carro, para tirar de vosotras. Tragáis saliva, las 3 conocéis el dolor que producen estos aparatos. Eva dará la salida, un latigazo silba en el aire, golpeando la mesa. Saltas al barro, junto a ti Zuleia, y también Lidia, los carros se hunden más de media rueda, el látigo empieza a golpearos, clavas tus pies en el suelo, apenas si puedes moverte, también Zuleia tensa todos sus músculos, las ruedas siguen hundidas y quietas, salto del carro y pongo el anillo de hierro en el hocico de Lidia, con el primer tirón chilla de manera salvaje, Nuria y Yoha también saltan al barro, y os anillan, tiro con todas mis fuerzas, Lidia chilla, berrea, por un instante cree que le voy a arrancar la nariz, pero el dolor la hace reaccionar, mientras con una mano tiro de ella, con la otra voy golpeándote las tetas con la fusta, pero avanza poco, hundo su cabeza en el fango mientras le azoto el lomo, rabiosa saca la cabeza, escupe barro y por fin veo en sus ojos la rabia y el furia que la va hacer ganar, un par de azotes más y el carro empieza a moverse, tu no piensas permitirlo, clavas tus patas y entre bufidos, tensas todos tus músculos y te lanzas hacia adelante, a tu lado Zuleia estira su cuello, mientras Yoha tira de su anilla, el látigo empapado en barro va castigando su cuerpo, enfadada no piensa dejar que una recién llegada gane a su potranca. Nuria también te golpea, pero has resbalado y tras caerte, aun estás recuperando el aliento. Las tres lloráis, gritas, mientras los golpes resuenan una y otra vez. Poco a poco vamos avanzando, la cosa estará entre Zuleia y Lidia, apenas faltan unos metros, pongo mi mano en el barro, agarro la pelambrera de mi yegua y tiro con todas mis fuerzas, mientras con la otra mano voy retorciendo su aro, cabreada, histérica, insultas, gritas, intentas morderme, y este último arrebato de pundonor la hace avanzar un poco más, lo justo para llegar al final del lodazal medio metro por delante de Zuleia, que llega unos instantes después, y poco después tu. Rebozadas en barro, agotadas, volvéis a chillar cuando os quitamos los aros de la nariz. Bajas la mirada, Nuria está muy seria no quería quedar ultima, Yoha abofetea a su madre, vencida por una recién llegada. Y Lidia con su cara llena de barro, se arrodilla por si me apetece castigarla por sus insultos y su comportamiento.

    Eva aplaude, le ha gustado el espectáculo, pero tiene que irse, a modo de despedida da un par de bofetadas a Lidia y se va, nosotros volvemos con vosotras, la manguera lanza un chorro contra vuestra piel, os vamos lavando junto con los carros, me acerco a Lidia, mi potrilla salvaje, meto la manguera en su coño, el chorro la hace doblarse de dolor, pero no se queja, sigue siendo orgullosa y terca, luego limpio su lomo, sus tetas, toda su piel, Nuria también se desfoga contigo, castigándote con este chorro potente y helado, no duda en buscar tus rincones más sensibles y está un buen rato mojándote, humillada lloras y pataleas. Yoha por su parte restriega con un estropajo a su madre, hemos de domaros, adiestraros, y no hay espacio ni tiempo para contemplaciones.

    Finalmente os desatamos del sulky, os llevamos al establo, os tumbáis rendidas sobre el heno, tan agotadas, tan doloridas que ni tenéis fuerza para llegar al abrevadero donde esta vuestra comida. Es cerca del mediodía, pero no tardáis en dormiros, vuestra resistencia, los años no pasan en balde, ya no es la que era, pero todavía sois unos ejemplares magníficos, y conserváis todo el orgullo y bravura que siempre os ha caracterizado.

    Las ideas de Eva han gustado mucho a las niñas, están ilusionadas con todas las sorpresas que no os hemos querido contar. Hacia las siete de la tarde, ya se les ha pasado el enfado con vosotras, así que vamos al establo, donde todavía retozáis medio dormidas, y cogiendo los cubos con vuestra comida nos acercamos, Nuria acaricia tu rosto, abres la boca y dejas que ella vaya poniendo algo de pienso mojado entre tus labios, Zuleia también siente el calor y el afecto de Yoha, y Lidia me mira, picara y traviesa abre su boca, saca la lengua, mientras acaricia mi verga, le pregunto si quiere el pienso con algo de leche, y sin cerrar la boca sonríe, la cojo de su nariz, y la lleva a mi verga, su lengua sigue tan sensual y diestra como antaño, mientras mi placer crece y se endurece entre sus labios, yo voy acariciando su cuello, su espalda, mis manos bajan hasta sus nalgas, mientras ella sigue lamiendo, relamiendo, empiezo a moverme, a sentir que no voy a tardar en darle toda la leche que desee, ella acerca su bol a su boca, y cuando un chorro blanco y espeso, se vacía en ella, deja que vaya cayendo de sus labios, de su cara, de sus pechos, hasta ir llenando su bol, mientras me mira golosa y pícara.

    Una capa espesa, blanca y caliente cubre buena parte de su comida, con la lengua relame cada gota que se ha perdido, que no ha caído en su cubo. Mojo mis manos en aquel engrudo, y ella empieza a lamer, noto su lengua en cada uno de mis dedos, luego le voy dejando caer lentamente la comida sobre su cara, con la boca abierta va comiendo, mientras una parte moja sus mejillas, su nariz, baja por su cuello, empapa sus pechos. Dejo de tirarle para que pueda ir recogiendo con la boca todo lo que le ha caído, no queda mucho, veo que tú ya has terminado de comer, te ordeno que te tumbes sobre el heno, y vierto parte de lo que queda en tu entrepierna, la comida se mezcla con tu pelambrera, con los dedos voy entrando aquel engrudo en tus agujeros, ordeno a Lidia que se lo coma todo, tumbada en el heno, con su hocico a la altura de tu coño empieza a lamerte, a limpiarte, su lengua no deja ningún rincón por lamer, te oigo gemir, te abres más de piernas, ella sigue sorbiendo de ti, de tu sexo, de tu culo, incluso va recogiendo los trozos que caen al suelo. Zuleia no deja de mirarnos, le indico que se tumbe junto a ti, quiero que te bese, que te acaricie, hasta que tu coño se corra en la boca de Lidia.

    Zuleia y Lidia te lamen, te besan, jadeas, te encorvas, gruñes de placer, te abrazas a Zuleia, no dejas de besarla, de acariciarla, mientras enroscas tus piernas en la cabeza de Lidia que sigue jugando con su lengua, con sus dedos dentro de ti. Separas tus piernas, Lidia te mira con la punta de su nariz mojada de ti, Zuleia se acerca a ella, y empieza a masturbarla, tú también acaricias a Lidia, nos miráis, os humilla, os excita mostraros sucias y marranas retozando entre heno sucio y restos de comida, mientras gruñís y no dejáis de tocaros, de besaros, de llenar de dedos, manos y puños vuestros agujeros de cerdas en celo.

    Nuria, Yoha y yo tras miraros un rato, cerramos el portón del establo y volvemos a la casa, donde comentamos las novedades que ha dicho Eva. Las chicas están muy ilusionadas con sus ideas. Mientras cenamos surgen algunas dudas, y hacia las 10 de la noche, decido ir a buscar a Lidia, además de esclava, es la ayudante de Eva, seguro que sabrá solventar cualquier problema. Al abrir el portón la vemos abrazada a ti, tiro de una de sus patas, gruñe un poco, pero te suelta, tú me miras con una mueca de desilusión, pensabas que venía a por ti, pero hoy necesitamos a Lidia. A 4 patas me acompaña, al llegar a la casa, le decimos que ahora queremos que sea la ayudante de dirección de Eva, sonríe y se sienta junto a Nuria y Yoha, está un buen rato charlando con ellas, explicando cada detalle, cada situación y cada solución. Finalmente, todo queda aclarado, entonces sonríe con sus hermosos ojos castaños mirándome, se arrodilla y me suplica que esta noche la deje ser una mujer, le digo que si, y tras besarme los pies, se levanta y va hacia la ducha, la espero en mi habitación, se toma su tiempo, pero al fin aparece limpia, perfumada, suavemente maquillada, con su piel aun húmeda por la ducha, su cabellos cayendo sobre sus hombros, se tumba junto a mí, la abrazo y la acaricio, noto su piel fresca y suave restregándose en mi cuerpo, sus labios buscando mis besos, mis manos juegan en sus nalgas, ella restriega su sexo por mi verga, mientras los besos cada vez son más largos, más profundos e intensos. Se pone en cuclillas, entra mi verga en su coño, arquea su espalda hacia atrás, se contornea, se acaricia los pechos, se relame los labios, y estruja con sus músculos mi deseo, mientras yo endurezco sus pezones con mis dedos, me mira, sonríe y se deja caer sobre mi pecho, mis manos se aferran a su espalda, mi verga martillea dentro de ella, oigo su respirar agitado junto a mis labios, nuestro sudor compartido, nos movemos al unísono, arriba, abajo, acompañados por el chirriar cada vez más rápido, más intenso del colchón en el que estamos, noto como me vacío dentro de ella, ella se aprieta aún más contra mi cuerpo, mientras no deja de besarme, de lamer mi cara, de gozar como mujer y como hembra de cada nueva embestida, cada nuevo chorro mojándola por dentro, yo no la suelto hasta que vacío todo mi deseo dentro de ella. Luego nos relajamos, abrazados hablamos de mil cosas, recuerdos y antiguas aventuras, reímos, jugamos, nos besamos, volvemos a hacer el amor, mientras la luna va recorriendo la noche.

    Por la mañana, acaricio su espalda, voy bajando mi mano hasta su culo, ella se mueve, se enrosca entre mis piernas para que mis dedos lleguen mejor a cada rincón de su piel, lame sumisa mi pecho, yo sigo acariciándola, su lengua recorre mi vientre, hasta llegar a mi entrepierna, se aferra a mi verga, noto su respiración caliente, la humedad de sus labios, pero ahora tengo algo más urgente. Tirando de sus cabellos, la saco a la calle, nota la brisa en su piel que se eriza levemente, sabe lo que ahora toca, y sumisa abre la boca, no tarda en recibir un chorro amarillo y acido en su boca, engulle mientras yo voy meándola entera, me gusta apuntar a sus mejillas, a su frente, a su barbilla, mojar sus pechos, su vientre, ver sus rodillas en el charco de orina que se va formando. Al terminar se acerca, y con la lengua va limpiando las ultimas gotas de orina que aún quedan en mi miembro. Al fondo veo como llegáis con Nuria y Yoha, os dejan en el patio bajo un sol cada vez más intenso. Lidia sumisa se acerca a vosotras, las tres esperáis sumisas nuestras órdenes, bajo un sol intenso que arde en vuestra piel.

    Tras desayunar volvemos con vosotras, os decimos que ahora os llevaremos al circuito donde se hará la carrera, las dos os ponéis nerviosas, inquietas, por fin conoceréis el lugar, vamos hacia el coche, delante iremos Lidia y yo, detrás Nuria y Yoha, y en el maletero vosotras dos, te colocas, enroscada con tus patas dobladas, Zuleia se acopla a ti, aun os apretamos un poco más, notas tu cuerpo pegado al de tu compañera, ella siente tu respiración junto a su boca, y cuando menos lo esperáis, el clack del maletero cerrándose, la tapa os aprieta aún más la una contra la otra, el calor os empapa de sudor, el aire enrarecido se os hace irrespirable, y de pronto los primeros baches, socavones de tierra que zarandean al coche y os zarandean a vosotras. En el interior del vehículo, charlamos, reímos, Lidia me mira con los restos de mi meada, resecos en su piel, mientras las chicas le cuentan vuestras aventuras, como aceptasteis volver a ser yeguas sumisas, como os estamos domando y adiestrando, mientras tú, sientes cada vaivén, cada piedra que el coche pisa, dolorida y cansada, oyes como Zuleia llora, nunca ha llevado bien los sitios cerrados, y mucho menos cuando es un maletero pequeño y oscuro. El trayecto se alarga casi dos horas, siempre por carreteras estrechas o caminos desgastados.

    Finalmente, mareada y medio desvanecida por el calor, notas que el coche se para, Zuleia inquieta también se mueve, abrimos el portón y la luz os ciega, un descampado en medio de la nada, al fondo se ve un caserón, allí es donde vamos, os atamos las manos a la espalda, Lidia lo mira desde el coche, la hago bajar y le ordeno que se ponga junto a vosotras, se enfada, una bofetada la hace callar, obedece y también le ato sus manos a la espalda, con el pie dibujo una línea en el suelo, os pongo una par de pinzas de madera a cada una en vuestros labios vaginales, no entendéis nada, ato las cuerdas al parachoques de detrás, y os digo que cuando salten las pinzas de vuestro coño, salgáis corriendo, la que llegue primera, tendrá cervezas frescas, la segunda, agua calentada al sol, y la tercera, vera a las otras beber. Lidia quiere protestar, pero calla al segundo azote en sus pechos. Oís el motor del coche, aprietas los puños, miras a Zuleia sudando como tú, la boca abierta, y asustada. Junto a vosotras Lidia, respirando lentamente, intentando asimilar lo que os espera. Las ruedas giran, el coche sale hacia adelante, y apenas unos instantes después, las pinzas salen disparadas, el dolor es intenso, pero te lanzas adelante, Zuleia con sus zancadas increíbles no tarda en avanzarte, y algo más alejada Lidia, que sorprendida y enfadada, le cuesta centrarse en la carrera. El sol quema vuestros pies, vuestros pechos se bambolean de lado a lado, el sudor moja vuestros ojos, pero no dejas de correr, no quieres perder la estela de Zuleia, que sigue yendo en solitario, ella sonríe, está convencida de su victoria, se gira para ver la distancia a la que estáis, pero da un traspiés y cae de bruces al suelo, sus pechos chocan contra el suelo, tu estas a punto de caer, no la puedes esquivar, asi que das un salto, ella baja la cabeza, y ve como la supera, se levanta como puede, le duele todo, incluso tiene una pequeña herida en un costado, a su lado pasa Lidia, que no quiere ser la última. Tu no miras atrás, solo buscas la casa, las cervezas frescas, una pequeña subida hace que pierdas algo de ímpetu, tras de ti, oyes el jadear de Lidia, y también las zancadas de Zuleia. Clavas tus pies, tensas tus músculos y aceleras todo lo que puedes, tus pechos te duelen de tanto moverse arriba y abajo, los de Zuleia también bailan de manera frenética, no lo sabes, pero Zuleia ya ha avanzado a Lidia, que cuando la ve pasar se hunde, afloja el ritmo y comprende que ella ser la última. Ya me ves, el dolor en tus piernas es tan intenso que están temblando, pero Zuleia debe estar igual, así que sigues con todas tus fuerzas hacia adelante, hasta que llegas a donde estamos, caes agotada, muy poco después es Zuleia quien llega y tras esperar un poco Lidia.

    Te dejo una caja de cervezas recién sacada de la nevera., abres una y más que beber, engulles el líquido, Zuleia pone su cabeza dentro del cubo de agua que hay al sol, bebe durante un buen rato, una vez recuperada, saca su rostro, sus cabellos chorreando agua, mira a Lidia, que de rodillas ante vosotras se relame los labios, mientras no deja de observaros.

    Te miro, estás tumbada a la sombra, satisfecha tras tres cervezas seguidas, te pregunto si quieres más, y sonriendo dices que no con la cabeza, miro a Zuleia y Lidia, y decido ser bueno, una ha caído intentado ganar, y la otra ni sabía que iba a correr, entro en la casa y al salir dejo una caja de cervezas bien frías en la mesa, son para vosotras, se os ilumina la cara, Zuleia se vierte una por su cara, por su cabeza, mientras con la otra mano va bebiendo, Lidia bebe con ganas y también se vacía un par en sus cabellos, le gusta como el frio baja húmedo por su cara, por su cuerpo. Miro el reloj, son casi las 12, ya es hora de que veamos el circuito. De la casa saco tres patinetes eléctricos, uno para cada pareja, Delante se pone Lidia, tras ella yo, con mis manos bien cogidas a sus pechos. El segundo es el de Zuleia y Yoha, i finalmente el tuyo con Nuria. A pesar de su desnudez, de sus castigos, Lidia no tarda en volver a ser la ayudante de Eva, os dice que saldréis por una recta de casi tres kilómetros, el patinete acelera, pero se para al kilómetro y medio, aquí empezara la carrera, antes simplemente os harán trotar un poco, para que vuestra musculatura se vaya calentando…

    Otra vez subimos al patinete, miras hacia atrás, hacia adelante, tres kilómetros de recta, es mucha recta. Sin bajar del vehículo, os dice que aquí se empezara a ver como estáis de fuerza, de ímpetu, pero solo es el inicio. Tras un par de curvas se para, os enseña lo que en tiempos fue un antiguo camino, hoy totalmente repleto de zarzas y maleza. Por aquí subiréis con los sulkies, la miráis, es imposible trepar con un sulkie por allí, Lidia te da una palmada en el culo, y te dice que tranquila, lo van arreglar un poco, tampoco demasiado, solo lo suficiente para asegurarse que con una buena yegua tirando del carro se pueda subir. Volvemos a los patinetes, y bordeamos la colina, hasta llegar al lugar por donde saldréis después de haber subido y bajado. Zuleia traga saliva viendo aquella bajada, peligrosa y descarnada. Yoha le dice que ya la ira frenando. Otra vez en el patinete, ahora viene un par de kilómetros de curvas, subidas, bajadas, Lidia os dice que el día de la carrera el suelo estará lleno de pequeñas piedras de cantera, puntiagudas, afiladas y sueltas. En silencio, asustada vuelves a montar en el patinete, seguimos adelante, Zuleia también está inquieta, ante lo que os espera. Otra vez paramos los patinetes, Lidia os dice que esto ya lo conocéis un tramo de 500 metros, Lidia os dice que además de fango y lodo, este será el vertedero de todos los lavabos del recinto, este tramo servirá para comprobar si sois capaces de superar el hedor, el asco, y continuar cabalgando bajo el látigo de vuestras dueñas. Zuleia te mira y tú no quieres ni imaginártelo, Lidia te acaricia y te dije que luego pasaréis por una zona de mangueras que os limpiaran a fondo.

    Tras el lodo, una recta rodeada de chorros de agua helado, os devolverán el aliento y limpiaran vuestra piel, para llegar hermosas y apetecibles a la recta final. Primero correréis los 3 kilómetros hasta el final de la recta, allí girareis, y volveréis en lo que será ya el tramo final, levantándote la cara Lidia te dice, que si habéis conseguido llegar hasta aquí, vuestros chicas sabrán con la fusta y el látigo, sacar hasta la última brizna de energía, que quede en vuestras patas, porque vuestras hijas no piensan quedar segundas y vosotras tampoco. Mirándome Lidia me pregunta si he pensado en cambiarte el nombre, que yegua y jinete se llamen igual puede ser un problema, le digo que no, tu eres Nuri, y tu dueña Nuria con “a” de ama. Os da unas palmadas en el culo y os dice -Bueno chicas, nos vemos en la carrera, dentro de 15 días. Las dos protestáis, os quejáis, aun no estáis listas, aun os falta… Una bofetada de Yoha gira la cara de Zuleia, tú también callas al instante, mientras Nuria, os dice que tenemos yeguas, lugar y fecha, del resto se encargaran Lidia y Eva, y vosotras lo único que habéis de hacer es obedecer, correr y callar.

    PD

    A quienes leen las historia de Nuri y Zuleia… poco a poco se acerca el desenlace, y si algún lector o lectora quiere opinar, sugerir nuevas situaciones, fantasear con alguno de los personajes, imaginarse en su piel o aventurar cual será la ganadora, aquí tenéis un correo para poder compartir y hacer más nuestra esta historia: [email protected].

  • Empezando a ser su gatita

    Empezando a ser su gatita

    Todo inicio con una solicitud de amistad de famosa red social, su saludo y presentación fue muy modesta, se veía un tipo muy atractivo, traga años a pesar de ser ya madurito para mi edad.

    Yo cursaba el último año de la preparatoria, contextualizo mi entorno; vivía en un pueblo sencillo, gente dedicada a la siembra de temporada, educada por mis abuelos, pocos habitantes y mi rutina muy monótona, tenía pocas amistades y con las que me relacionaba solo los frecuentaba en la prepa, como olvidar el constante regaño y exigencia de mis abuelos hasta para ir a la tienda.

    Por los constante NO de mis abuelos, sin más que hacer, decidí comunicarme y desde la primera vez que chateé con él, sentí que me atrapaba, temas por demás absurdos o cotidianos, siempre captaba mi atención y su forma de ver la vida me trasportaba a un mundo distinto a lo que veía, creía o pensaba, me resistía aceptar su atractivo, su edad, me decía es solo por el chat, nadie sabrá que hablo con alguien mayor, pero cada vez era más mis ganas de saber de él, de su forma de pensar de hacerme sentir ante la tristeza, el abandono o el aburrimiento del pueblo, empecé a ver la vida más agradable, interesante y despertó en mi un deseo enorme de explorar el mundo hasta en las cosas más insignificante me hizo sentir, sentirlo y soñar.

    Ya no me conformaba con solo chatear, deseaba verlo, moría por verlo, cada vez despertaba en mí un deseo de niña, de adolescente de mujer, no sé era todo, pensaba que el príncipe azul era él y solo pensaba como ingeniármela para verlo, sentía que otra me lo robaría, si no lograba verlo.

    Lo triste es que fueron pocas las veces que lo vi y más mi frustración de no verlo como quería, ya sabrán porque, mis abuelos siempre encima de mí. Y aparte de que fueron contadas las veces que lo vi, esos encuentros fueron de muy poco tiempo, yo soñaba con un beso, que me declarara su amor, me pidiera ser su novia, que fuera todo, pero solo llego a un abrazo, no está de más decirlo que cuando se dio me derretí y cuando se despedía con un beso en el cachete eran emoción que electrificaba mi cuerpo, regreso a mi casa yo me sentía que volaba, los regaños ya ni me importaban, Solo quería volver a verlo.

    Transcurrieron dos años entre chatear y verlo contada veces, cuando de repente me avisa que lo cambiaron a otra ciudad (a la capital) y que mañana tendría que partir, ante eso le dije que si podría verlo en el lugar de siempre, me dijo que si, que solo sería para despedirnos, dentro de mi sentía tristeza, ansiosa y miedo a no lograr verlo, experimentaba una creciente angustia, una ansiedad que aceleraba mi corazón, me temblaba mi piernas, pero logre verlo, se detuvo enfrente de mí, sin darme el abrazo acostumbrado o el beso en el cachete, sin decir nada, tomo con sus manos mi cara y me planto un beso en la boca, no puedo decir que me lo robo, ya que duramos bastante tiempo besándonos o eso me pareció, pero ese instante o ese momento, mi cuerpo sintió maripositas, mi respiración se agito y mi cuerpo se puso calientito, creo que supo del efecto que causo en mí, yo me disculpe, era mi primer beso.

    Cuando lo veía alejarse, dentro de mi algo hervía tanto físico como emocional, esa noche no dormí, me sentía inquieta, triste, alegre me decía mi primer beso, y me quede dormida pensando que no lo volvería ver, ya que en nada quedamos.

    Pasaron varios meses, no contestaba mis mensajes y mi vida volvía hacer la de antes, cuando una mañana de jueves 10 de agosto, veo un mensaje de él, sin perder tiempo y nerviosa abrí su mensaje, no me dio explicaciones ni motivos de su ausencia, solo me decía, te espero el domingo a las 11 am en la central de autobús de la capital, estaré esperándote en la salida de pasajeros. Al final me decía “Nota: Sé que se te será difícil empezando por tus papas, no sé si tengas dinero para el boleto, yo aquí te doy la explicación y te pago lo gastado. Única oportunidad de volver a vernos, besos”. Solo atine decir, hare lo posible.

    Ese mismo día le hable a mi mejor amiga que vive en otro pueblo cercano, le explique, me dijo que estaba loca y que no podría hacer eso, al final me presto dinero su papa, previa mentira de un caso de urgencia en la familia y ella con mis papas decir que cumplía años y que necesitaba que le ayudara que en la noche me llevaría. A las 7 am me fui a su pueblo y ahí tome un camión que me llevo a la capital, pensaba sin fin de cosas, pero me daba valor y me decía ahí estará.

    Llego el momento tan deseado de verlo, primera vez que viajaba a la gran ciudad no sabía nada ni qué hacer ni por donde irme, cuando baje del camión, solo opte por seguir a las personas, ¡y cuando menos pensé él está ahí! Mi corazón se detuvo y se aceleró, se me acerco y me dijo hola, como le hiciste, como te fue, a la vez que me tomaba de la mano y me llevaba al estacionamiento donde estaba estacionado su carro.

    Estando arriba de su carro y antes de arrancar, me volteo a ver, con su mano me agarro del cuello y parte de la nuca y me jalo sutil hacia su boca, pensé que lo besaría, pero no, solo me dio un beso ligero a lado de mis labios, se retiró me vio a mis labios y me dijo, tengo que hacer unos pendientes y terminado nos vamos a ir a un lugar donde platiquemos y pasemos un rato a gusto sin que nos molesten.

    Llegamos a un operativo carretero, se acercó una persona le dio indicaciones y nos volvimos a ir a otro lugar que eran bodegas, me dijo que me bajara, me presento a unos compañeros de su trabajo y me presento como su novia y eso para mí lo fue todo, me sentía importante y realizada, me llevo adentro de unas bodega me subió a una cuatrimoto y salimos de ella para pasear por un extenso terreno, hacia caballitos, círculos, aceleraba y frenaba, me agarraba como podía y sentía que todo mi cuerpo se pegaba a él, sentía adrenalina y una emoción que no paraba de exclamar o gritar cuando hacia virajes bruscos a la moto. Después de un rato me dijo, vámonos te llevaré a un lugar donde estaremos solos.

    Nos subimos a otro carro, y mi sorpresa fue mayúscula cuando entro a un motel, yo le pregunte porque me llevaba ahí, y solo comento, será un rato donde no pasara nada más que conversar ver una película y luego irnos para que regreses temprano. Ya no dije nada, solo como boba viendo un lugar nuevo para mí.

    Al ingresar a la habitación, todo se me hizo de acabado finos de lujo, una luz tenue iluminaba la habitación, nunca había estado en habitación tan bonita y de un olor agradable, una tina que luego supe era jacuzzy, enfrente un tubo que conectaba del piso a la pared , por un costado salía humo tenue iluminado con luces que se perdían con entre el humo y enfrente de todo ello, una cama enorme con grandes colchones y almohadas, no me había dado cuenta que me observaba y daba cuenta de lo sorprendida que estaba al ver toda una gama de artículos como una inmensa TV, un equipo de sonido y un control remoto donde podía cambiar la iluminación de la habitación y un barecito donde me indico, acércate, toma asiento y bebe este coctel te relajara, el abre una mini botellita, una agua mineral, saca unos hielos y todo lo vierte a un vaso.

    Yo quería aparentar tranquilidad, pero no era así, no dejaba de observarlo, de poner atención ya que solo actuaba si el me lo indicaba. Cuando me terminé la primera bebida, abrió una botellita de vino tinto y la vertió en una copa que se llenó a la mitad, me dijo que me tomara de un trago y así lo hice, unos segundos después, sentí un calorcito rico en todo mi cuerpo, que mi cara se puso roja y que mi vagina punzaba con una sensación agradable.

    El noto mi reacción, pues me dijo que de repente me noto más hermosa y se acercó a mí, yo sentada en un banquito y sin mediar palabra puso sus dos manos en cada pierna y me las abrió, se puso entre medio de ella pegado en mí y me dio un beso en mi boca que lo sentí tan intenso, que mi respiración se entrecortaba, quería controlarme no podía, mi cuerpo se convirtió en una cascada de reacciones intensas se ponía cada vez más calientito y mi vagina la sentí como húmeda o mojadita pero calientita, me agarra de la cintura, siento que me jala hacia él y siento que algo duro se pega hacia mi cosita caliente, el traía pantalón yo falda y me sentía a penada que se diera cuenta, no comente nada, no dije nada, no sabía que decir, me sentí desnuda sin estarlo, vulnerable y atada a lo que deseara.

    No lograba relajarme, me sentía como en el limbo de tantas sensaciones nuevas, electrificantes que nunca antes había experimentado, algo dentro de mi despertaba, que me provocaba y me hacía desconocerme, pero a su vez e empujaba a entregarme a este sin fin de deseos que hacían a mi cuerpo estremecer.

    Cuando me deja de besar, retira poco su cara de la mía y me ve por un instante, me tapa la boca con su mano de manera sutil, y con su la otra mano inclina poco mi cabeza, mueve el pelo y me empieza a besar, me sorprende, me dejo llevar y una nueva oleada de calor y sensaciones agradable invaden mi cuerpo, y ahora siento intensamente que mis pechos y pezón se hinchan.

    Después de besar ligeramente y presionar con su lengua mi cuello, se aparta, toma mi mano me baja del banco y me lleva a la cama, ahora siento que ya no me dice o me indica si no que me ordena con una voz firme y tenue, que me recuesta en la cama, me siento hipnotizada, solo acierto en sentarme, tengo que cara inclinada mirando al piso, se acerca de nueva cuenta y su cintura me queda a la altura de mi cara, me dice tranquila solo abrázame, quise pararme, pero con su mano me detiene y desde mi posición entiendo que así abraza su cintura, me quedo de nuevo sorprendida por la orden y que yo instintivamente reaccione a ello, puse mi cara de costado, sentí un bulto firme en mi cachete y oreja, el me abrazo a la altura de mi cabeza y cuello y me presiono suavemente hacia su verga, me quedo estática asimilando la forma que presionaba mi cara y como al principio tratando de entender la nueva experiencia, cuando toma mi brazo, me levanta y me habla al oído que me recueste en medio de la cama.

    Estando acostada y enfrente de mi sin acostarse viéndome, veo que se quita el cinto, me alarmo aún más, pero solo fue eso, se acuesta a mi lado, nos empezamos a besar y siento como su mano, empieza desde el cuello a recorrer mi cuerpo, siento como pasa por mi pechos, siento claramente que fue como un topecito cuando pasa por el pezón, la baja a un más para subirla y tocar y apretar ligeramente su contorno por la parte baja del pecho, cuando siento que su mano va por la parte baja del vientre, logro decir que no, de que si deseaba solo fueron mi pechos, me dijo –no, calla por un momento, solo mis manos recorrerán tu entre pierna, me asuste aún más, porque ya empezaba a ver todo lo que podría pasar y nunca había pensado que terminaría en esa situación, pero otra parte de mi me decía no te detengas.

    Cuando empieza a tocar mi entrepierna, acariciar y a rozar mi vagina por encima de la panty para pasar a la otra pierna, algo dentro de mi vagina sentía que tomaba vida, me sentía mojada y no sabía exactamente porque, quería verme, limpiarme, pero estaba atrapada por sus órdenes y mis propios pensamientos que me decía obedece, mi vagina estaba como conectada a otro ser, tenía vida propia y cada vez sentía más calientita mi cosita, me vuelve a sacar de mi letargo la orden de que abriera mis piernas y al hacerlo en ese mismo instante siento su cara recorriendo mi entrepierna, su lengua pasando por la orilla de la panty, marcando con su lengua un camino de humedad que marcaba el límite de donde iniciaba mi vagina que a su vez hacia convulsionar ya que era como una especie de pulso que latía dentro de mi cosita caliente y húmeda.

    Siento como uno de sus dedos engancha la orilla del panty, la jala hacia un lado y siento destaparse mi intimidad, la que nadie había visto y que ni yo me atrevía a conocerla, volví a sentir pena, me quede de nueva cuenta perpleja pensando en que estaba mojada o echa pipi, lo que me saco del trance para meterme a otro nuevo que fue sentir su lengua, que se plantó de lleno entre mis labios, hasta sentirla en el borde mi de hoyito, me sorprendió, solté un gemido y sentí como su lengua exploraba y pasaba por toda mi vagina limpiando entre su calor y el mío, toda aquella humedad que tanto me mortificaba y que ahora era solo placer, me retorcía del placer, de lo intenso sentir en toda mi vagina, de un punto donde se detenía y con espacial cuidado besaba y acariciaba, cada vez eran más contracciones dentro de mí, la humedad calientita que nacía dentro de mí y cuando sentía que estaba por perder todo sentido, se detuvo.

    Siento que me semi introduce un dedo a mi cuevita, no fue mucho la penetración, pero sentí que se deslizo con una naturalizad, que me supo delicioso, aunque en seco paro el introducir uno de sus dedos, al detenerse me hablo para que abriera los ojos y al hacerlo con sus ojos clavados en los míos, empezó a recorrer todo su entorno, sentía como mi cosita apretaba su dedo, por momentos sentía como mi vagina lo apretaba al ritmo de mis latidos, me observa, ve mis ojos desorbitados y me dice, que era afortunada porque no había experimentado la brusquedad al ser explorada, que mi vagina estaba dilatada, lista para ser penetrada y que lo que iba sentir será una convicción de dolor y placer, yo me sentía temblorosa ya dispuesta a lo que tuviera que pasar, entregada a sus palabras, mismas que me ordeno que me quitara la blusa y el sostén, de nuevo ese momento incomodo de pena y de obediencia porque siempre iba contra de mi timidez, pero una vez más era su orden lo que se imponía.

    El me vio, sabía que limitaba mis movimientos porque sentía su dedo en la entrada de mi cueva, cuando por fin me quite mi blusa y sostén me contemplo, creí verme un pezón mucho más grande de lo que recordaba verme visto, me dice que están bonitos, perfecto y que serían por mucho año de él, que haría de mí una mujercita, más hermosa de la que llego, mi excitación me la endulzo y me trajo una calma relativa, el no quito la mano de mi vagina, se acerca a mis pechos y los empieza a besar, acariciar y su otra manos tocar y acariciar mi entradita, ya para ese momento me sentía muy excitada al borde del abismo, mi cuerpo estaba conectado al unísono con todo mi cuerpo mis pezones súper erectos, mi vagina queriendo succionar el dedo que recorría mi entrada, no paraba de gemir, de contorsionarme de repente de forma ligera, también eso me llevaba a dar brinquitos hacia el mismo dedo que deseaba que entrara.

    Se detiene de nueva cuenta, me dice que me hará el amor, pone su dedo en mi boca y me ordena que lo chupe, me quedo absorta al verme sorprendida chupando mis jugos e introduciéndome su dedo hasta al fondo, acto seguido se desnuda, toma una de mis manos y lo lleva su miembro, mi primera vez y ya actuaba por instinto, se lo apreté, me dijo que también lo acariciara, él estaba hincado en la cama cerca de mi cara, pensaba que me ordenaría que lo chupara, como previamente me había hecho hacer con sus dedo, pero solo me ordeno que lo sintiera, lo conociera y canalizara todas mi emociones cuando sintiera su verga dentro de mí, por primera vez me hablo sin la sutileza que lo conocía, por primera vez sentí en él un placer que desea devorar todo, una mirada que hablaba y un poder donde yacía un control total sobre mí.

    Se acomoda entre mi pierna arriba de mí, no sentía del todo su peso, solo angustia de saber que había caído en su trampa, de sentirme sumamente caliente, de sentirme controlada y saber que por fin había llegado el momento de perder mi virginidad, siento su verga en la entrada de mi cueva, siento lo perfecto que se acomoda a la primera, me habla y ordena, imagina como va entrando la verga dentro de ti, disfruta lo caliente que estas, que eres tu quien pide ser penetrada y que ya deseas sentirla adentro, todas su palabras me hacían sentirme mucho más caliente, mi corazón sentía que se detendría de lo rápido que latía, sentía una adrenalina que me llenaba todo mi cuerpo en especial mi vagina, y de pronto me vi obedeciendo y pidiendo que ya me la metiera toda.

    Y cuando creí que la metería de un solo golpe, no fue así, fue abriendo paso milímetro a milímetro, supo cuando reventó algo dentro de mí, me dijo que había dejado de ser virgen, supe que había perdido mi virginidad porque fue tan claro y extendido ese rasguño que claramente sentí cuando reventó y como eco se trasmitió en todo mi cuerpo, quise llorar como quise que ya no parara, porque ya su verga entraba con la fluidez de mi sangre de mi humedad y de lo rico que se adaptó la vagina con su verga, ya solo eran embestidas ligeras y otras intensas que topaban su verga con una pared dentro de mí, me causaba dolor, placer y un placer de que eso nunca fuera terminar. A veces por ideas que uno tiene se crea temores mucho antes de conocer lo rico que pueden ser las relaciones sexuales, creí que mi primera vez seria dolorosa porque así me lo habían comentado siempre.

    Cuando se vino, me echo su lechita caliente en mi vientre, me ordeno que así me cambiara y que así me iba a regresar a mi casa, solo obedecí y me cambie, nos fuimos a la central y en el camino hablamos sobre lo sucedido, nunca me dio la explicación de porqué se ausento, ya no importaba, solo le comenté que me sentía adolorida dentro de mí y me dijo que conforme vaya teniendo relaciones sexuales, mis paredes vaginales aprenderían a ser flexibles y disfrutaría a un más, me comento lo complacido que quedo conmigo y no hablamos de algo más, me dio dinero, me baje en el estacionamiento y me fui a comprar el boleto que me llevaría de regreso como mujer y una tonta más que cayó en sus redes. Lo sentí algo frio, no tuvo la cortesía de acompañarme a tomar el autobús y se despidió con un beso en el cachete, sin decirme o expresarme que nos volveríamos a ver, mi regreso no sé si hubo tristeza por cómo se despidió, volví a quedar igual, sin saber si lo volvería a ver, de que pensaba de mi o que pasaría, solo me sentí una niña tonta convertida en mujer.