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  • Julia, mi nueva madrastra

    Julia, mi nueva madrastra

    Por motivos de trabajo, mi padre viaja mucho y siempre estamos recorriendo muchas ciudades de España para conocer un poco, los fines de semana o muchas veces cuando hay algún feriado largo solemos ir a su encuentro. Claro está, que no interfiera con mis estudios o labores de trabajo. Mi padre hace mucho se separó de mi madre y como ya soy mayor de edad no fue necesaria una disputa de quien se quedaría conmigo. Me llamo Felipe y ya tengo 23 años así que por ese lado no hubo problemas.

    Mi madre hizo su vida nuevamente y la verdad su nueva pareja no me caía bien, ellos se mudaron a su nueva casa y mi padre al principio quedo solo, pero sabíamos que tenía una mujer con la que solía estar en esos largos días fuera de casa, en fin, supongo que eso sería el problema para que ellos llegaran a separarse. Pasó un tiempo en que solíamos estar en casa los dos varones y otro en el que yo me quedaba solo en casa, claro a mis anchas y con la casa para mi solo.

    -Mira hijo, mi pareja vendrá a vivir con nosotros -me dijo un día y que esperaba que no haya problemas ya que soy mayor de edad y podría entender la situación. No pretendía que fuera un hijo para ella ni nada por el estilo, pero que si mucho respeto y un trato amable hacia ella, no tenía yo ningún problema en eso ya que era su decisión y si él lo tenía claro por mi parte todo bien, llego el día de conocernos, lo hicimos en un bar fuera de casa. Comimos un poco y tomamos unas cañitas como para romper el hielo y la nueva integrante de la casa se sienta a gusto.

    Debo indicar que Julia es una mujer ya de 45 años. Está bien, es simpática, alegre, muy amable y educada, de cuerpo se mantiene muy bien, unos bonitos pechos, caderas muy pronunciadas, unas curvas bien definidas, simpática en general, el tiempo pasó y la relación era fluida. Cada uno en sus cosas, creo yo, ya ambos sabían la rutina y que las cosas se mantendrían así, ella por lo general era de su trabajo a casa y así. Cuando salía para hacer otras cosas muchas veces me decía, voy a casa de mi familia o he quedado con alguien y tu padre ya sabe.

    No advertí nada malo en su compartimento, creo yo que era una relación normal. Bueno ambos sabían como era el trabajo de mi padre y pues el dinero que ganaba le permitía darse ciertos capricho en fin le iba bien al hombre desde la última vez que se habían visto pasaron 2 meses, los negocios no lo dejaban volver a casa y decidieron verse en Valencia, ellos me preguntaron si yo quería unirme, así yo iría con Julia y nos veríamos los tres el fin de semana. Bueno me animé y encaje mis fechas y pude ir. Viajamos aquel día y pasaríamos la noche en un hotel cerca de Valencia. Ya que por la mañana iríamos en tren al lugar donde estaba el.

    Como no hicimos reserva en el hotel, pues nos acomodamos en una habitación que en principio tendría dos camas, bueno normal dijimos total es una noche, pagamos y subimos, el problema fue al llegar a la habitación, ya que no habían dos camas. Había solo una cama matrimonial y según lo que nos dijo el hotelero era la única, la verdad no quisimos salir y buscar otra habitación ya que el viaje fue un poco largo, afuera hacia mucho frio y estábamos un poco cansados. Decidimos quedarnos y pasar la noche yo me fui a dar una ducha y estar fresco para poder dormir, ella lo hizo después, salió del baño en una bata de satín color azul, que bien olía, percibí yo y que fresca se sentía me dijo ella, se froto una crema en las piernas antes de dormir, bueno luego de eso decidimos escoger el sitio en el cual dormiríamos (el lado de la cama) ya que cada uno tiene su lado preferido.

    Escoge en que lado quieres dormir le pedí, ya que estaba un poco cansado, ya cada uno en su lado nos acomodamos y la verdad yo quería meterme a la cama para poder disimular la erección que tenía, verla en esa bata un poco transparente, ver como ella sentada en la cama se frotaba esa crema, ver frotarse las piernas, o mirar que no llevaba sujetador y que se le marcaban los pezones o distinguir la braga color celeste tan pequeña que llevaba puesta me puso mal. Decidí tratar de dormir y que pasara aquella noche muy pronto. Ya cada uno en su lado de la cama, fue un poco incómodo, bueno por un lado yo estaba pensando en lo que había visto y me giré hacia el lado opuesto para darle la espalda y no rozarla con mi poya erecta.

    Fue un poco incómodo ya que nunca habíamos pasado la noche en la misma cama, ella se acodo y nos cubrimos con las mantas, yo estaba un poco nervioso ya que normalmente solo duermo en bóxer y aquella noche no había traído ningún tipo de pijama para dormir, esperaba no tener que levantarme para ir al baño y ella pueda ver mi erección, eso me daría un poco de corte, hablamos sobre la cena, sobre el viaje y alguna que otra cosa, me dice que te parece si apagas la luz y descansamos ya que mañana nos toca otro pequeño viaje. Bueno le dije. Ya cada uno en su lado yo me fui hacia el extremo para evitar rozarla, la cama era un poco pequeña (creo yo no era matrimonial) y en algún momento me giré hacia su espalda y pues obviamente creo habrá sentido mi erección a lo que no pudo evitar hacer un comentario en verdad fue a propósito

    Julia: estas cómodo?

    Yo: si, es solo que la cama es un poco estrecha y creo este lado no me gusta.

    Julia: si quieres pasarte a este lado, me lo dices

    Yo: no, no, está bien así (claro sin querer ya le había arrimado mi poya)

    Julia: es que estamos un poco estrechos en la cama.

    Yo: pues la verdad si, debo decir que mi padre tiene muy buen gusto con las mujeres.

    Julia: oh, te parezco atractiva

    Yo: muy sensual y esas ropitas que te has puesto están muy sexis.

    Julia: pues gracias por eso. Pero tratemos de dormir.

    Yo: me puedo acercar un poco más no pensé haría tanto frio esta noche (quería pegarle toda mi poya y que la sintiera)

    Julia: pues, si, creo que no hay problema, además está haciendo mucho frío y seguro la calefacción está apagada.

    Nos quedamos espalda con espalda, pero yo tenía otras intenciones, quería arrimarle mi poya al culo y saber si sentiría mi erección. Me doy la vuelta y en ese momento me le pegué más y quedamos en posición de cucharita. Una mano mía paso por sobre su cintura y me pidió que trate de no moverme tanto pero me hice el dormido, ya que escuche decirlo dos veces, para ese momento yo tenía mi poya creciendo y la tenía en medio de sus nalgas, solo nos separaba mis boxers y su tanga, yo me quedé quieto en esa posición ya que no quería que me mandase al otro lado, seguimos así un rato hasta que suavemente me empecé a frotar y ver si ella reaccionaba, me acerqué suavemente a su espalda y le di un beso y otro y otro, unos besos suaves y con la mano que traía sobre mi cabeza le empecé a acariciar sus cabellos, creo que mis esfuerzos dieron sus frutos ya que en un pequeño movimiento ella empezó a pegarse más a mi poya, empezó a dar pequeños movimientos de espalda, yo aproveché y le metí las manos a sus pechos, y a recorrer hasta sus piernas y despacio fui sacando la manta que llevábamos encima. Seguí frotando hasta poder levantarle el camisón que llevaba puesto.

    Logre sacar mi verga de los boxers y la puse en su culo y la empecé a frotar por entre sus nalgas ella solo gemía y me decía que nunca se lo dijese a nadie, le bajé su braguita, le acaricie el coñito que ya lo tenía muy mojado, le levanté ligeramente una pierna y la empecé a penetrar, le metí la cabecita y escuché un leve suspiro, un gemido de aprobación y con una de sus manos me jalo hacia ella, le quité las bragas y le introduje toda mi verga la llene de completo y empecé a meter y sacar ¡¡oh cariño no pares, sigue así, vamos sigue así, dame más, ay si muévete así!! Yo seguía en ese ritmo y solo obedecía como buen chico levanté una pierna para poder controlar mejor la situación, ella se frotaba el coño y gemía pidiendo más, ¡¡oh cariño que bien lo haces, no pares ahora, sigue así!! Yo seguía en ese ritmo y le daba y le daba.

    Se la saque por un momento para poder cambiar de posición, me quité los boxers y la folle piernas al hombro, que tetas más lindas se veían desde arriba, le metía mi verga suavemente y se la sacaba, jugaba en la puerta de su coño ya súper mojado, ¡¡vamos cariño métela de una puta vez, no hagas esperar a mi coñito húmedo, no me tengas así!! Yo se la metía hasta el fondo y más me pedía. Joder que mujer, le metía mi verga y más pedía, ¡¡métela más, métemela más!! Yo se la metía creo que hasta con huevos y todo, que placer cuando me miraba y me decía, ¡¡vamos cariño métela toda, hazme correr de una vez, no te dejes nada afuera!! Me decía, yo sabía que así no iba a durar mucho y la puse a cuatro patas y hay si que me porté mal, se la metí de una y empecé a darle golpes a ese par de nalgas que tenía. ¡¡Vamos, asiiii, vamos mi amor métela más, perfórame el coño, vamos mete toda esa verga en mi coño!! No te corras aún, déjame disfrutar un poco más, yo seguía encima cogido de sus caderas y metiendo toda mi verga en ella, que mujer creo que no tenía fondo esa vagina. ¡¡Métemela a fondo, no tengas pena y métela más, dame duro corazón, no pares, sigue así que me estás haciendo muy feliz!! Oír eso me calentaba más y aunque trataba de aguantar un poco más preferí cambiar de posición.

    Ella se meneaba con mi pene dentro y me golpeaba con sus nalgas la pelvis. ¡¡Vamos cariño, dame tu leche, vamos mi amor lléname el coño de tu semen, deja salir todo, vamos corazón, lléname el coño!! Yo no pude aguantar más y termine sobre su espalda, solté unos chorros que llegaron hasta su cabellera. El tiempo que no tenía sexo, eso salió en abundancia y con unos chorros de alta presión. Pasado este trance quedamos uno tumbado al lado del otro. Ella me dijo, ahora sí a dormir que mañana nos espera otro viaje, no dimos un beso de buenas noches.

  • Gina, mi amante

    Gina, mi amante

    Gina fue mi amante por 5 años. Ella tenía una relación y yo también, pero entre nosotros hubo una conexión sexual intensa y poderosa con todos los ingredientes del más tórrido romance. Necesitaré muchos relatos para poder compartir cada cosa que hicimos, pero en este empezaré por el principio.

    Trabajaba yo en una agencia de publicidad, largas horas, ritmo frenético, mucho movimiento de gente. Ya llevaba un par de años laburando allí cuando entró esta chica de 20 años, baja estatura, menuda, de tez morena clara y cabello ensortijado. No era nada espectacular sinceramente, de hecho no despertaba interés en ninguno de los compañeros de trabajo y eso ya es bastante decir para ese tipo de ambientes. Pasaba desapercibida.

    Conforme pasaba el tiempo Gina se fue puliendo un poco, empezó a vestir mejor, a arreglarse más y ya conociéndola te encontrabas con una persona divertida y que al parecer no había tenido demasiadas experiencias (en general, no solo sexualmente) en su vida. Se notaba ávida de conocer cosas nuevas.

    Hicimos un grupo de amigos interesante y todos los viernes al terminar la extenuante jornada nos íbamos a beber unas cuantas cervezas a un supermercado cercano, nos sentábamos en un muro y después de un par de horas y varias botellas nos íbamos cada uno para su casa.

    Durante esa reuniones empecé a sentir cierto gusto de Gina hacia mi, y con su cambio de estilo yo pude notar en ella un cuerpo sinuoso y firme y unas nalgas duras que se pintaban en sus jeans apretados. Un gusto mutuo apareció.

    Un viernes de esos la tensión era notable, Gina se encontraba sentada en el murito y yo estaba enfrente de ella, nos acompañaban Luis y Vero. Luis no se daba por enterado de nada pero Vero seguía nuestros movimientos con la mirada, las mujeres lo ven todo. Ya llevaba yo como cuatro cervezas y cada que quería descansar la lata en el muro la colocaba entre las piernas de Gina. Ella llevaba un vestido con falda a cuadros azul y blanco, sus piernas morenas no se cerraban nunca a la espera de mi juego, al tomar y volver a poner la lata la movía para que esta tocara su zona vaginal, ella sonreía nerviosa.

    Solíamos tomar el mismo autobús de vuelta a casa, yo me quedaba primero y ella seguía. Ese día nos sentamos en la última fila. La tensión estaba al 100% y nos besamos.

    Oye me gustaría proponerte algo – le dije y me miró. – Me gustaría acostarme contigo, me gustas mucho. ¿Te gustaría a ti también?- terminé mi frase.

    Asintió y me dio un tímido sí. Nos seguimos besando y me bajé en mi calle con la verga tiesa.

    Pasaron varios días y no pasó nada. En el trabajo estábamos haciendo un curso y teníamos que quedarnos algunas horas después de la jornada laboral habitual. Era jueves 7 pm, salí por un momento de la agencia a comer algo rápido antes de retomar el curso. Cuando entré de vuelta me crucé con Gina. Traía una blusita rosa y un jean azul, muy casual, caminó en frente mío bloqueando mi paso, me miró, sonrió, no dijo nada y se fue hacia otra área.

    Entré a la sala donde estábamos tomando el curso y me senté. No pasaron más de 10 minutos cuando recibí un mensaje al móvil.

    ¿Vamos a tirar hoy? Sal de ahí y vámonos- Me escribió Gina.

    Me dio más susto que otra cosa. Yo tenía una novia que a la postre se convertiría en mi esposa, la amo, la amaba, la conciencia me dio batalla por un momento. Pero quería descubrir que había en esa pequeña chica y sabía que de no responder afirmativamente e irme con ella perdería la oportunidad para siempre. Una chica no hace ese tipo de propuestas dos veces.

    Pues nada, le dije que sí y muy nervioso y contrariado establecimos que nos veríamos cerca de la agencia en una calle para evitar que nos descubrieran. Nos encontramos y tomamos un taxi. Trataba de acercarme y ponerme cariñoso durante el trayecto pero ella estaba un poco reacia, tal vez igual de contrariada que yo.

    Me tomaré este momento para decir que Gina solo había tenido un novio en su vida, el que inocentemente pensaba en ese momento que su chica estaba aún trabajando y no en camino a un motel para revolcarse con un compañero de trabajo. Por ende solo había tenido sexo con una persona. Pero Gina sería la prueba de que se puede aprender a chupar verga como profesional viendo videos en internet.

    Llegamos a un motel y subimos a la habitación. La tensión sexual estaba ahí, los nervios y la conciencia también, no cruzamos palabra en el camino. Al entrar y cerrar la puerta fue como si todas las barreras se hubieran quedado afuera y hubiéramos creado un pequeño mundo de lujuria y deseo en el que solo estábamos los dos. Ella entró al baño, mientras tanto yo me quité la ropa y me quedé en ropa interior.

    Pasó un minuto o dos y se abrió la puerta del baño. El cuarto estaba iluminado solamente con una tenue luz en una esquina así que apenas Gina abrió la puerta el cuarto se iluminó y pude ver su silueta mientras se recostaba sobre el marco de la puerta. Una delicia, pequeña pero sinuosa, delgada y firme, senos pequeños con pezones oscuros pequeños también, su vagina completamente rasurada y unas piernas firmes.

    Se acercó a mí y se subió a la cama. Tomó mi pantaloncillo y me lo quitó, se develó mi verga ya tiesa y deseosa. Lo siguiente fue monumental, la mejor mamada de toda mi vida, abrió su boca y se tragó mi verga la mitad, su lengua empezó a juguetear con la parte posterior de mi glande y como si hubiera chupado mil vergas antes que la mía se encargó de generar suficiente saliva para empaparme hasta la base y empezar a mamármela con un movimiento circular. Fluía sobre mi verga con la boca mientras me la pajeaba con la mano desde la base como nadie más lo ha hecho y no sé si alguien lo hará en el futuro.

    Le preguntaría alguna vez cómo podía mamarla tan delicioso con tan poca experiencia y me contaría que se ponía a ver instructivos en videos en internet y por supuesto, lo practicaba con su novio.

    Me puse de pie al borde de la cama y abrí sus piernas morenas. Me puse un preservativo, posé la punta de mi falo en su rajita y debido a la increíble humedad de su orificio me deslicé separando sus carnes y la ensarté hasta la base. Un gemido que desplegó satisfacción, excitación y hasta algo de alivio salió de la boca abierta de Gina. Y empecé a darle rápido.

    Me subí a la cama de vuelta y la puse en cuatro. Nunca hubiera imaginado un cuerpo tan delicioso, por su delgadez cuando la penetraba en cuatro los huesos de sus nalgas chocaban contra mi, dolía un poco pero fue algo característico que nos acompañó de ahí en adelante así que terminé acostumbrándome.

    Gina se aferraba de las sabanas y gemía fuerte mientras yo seguía atacándola en cuatro. Terminamos tirando en cucharita mientras le manoseaba las teticas. Me vine y quedamos tendidos en la cama.

    Sabes, yo hablé hace una semana con Luis, le dije que tenía una tensión sexual muy fuerte con alguien, que no podía dejar de pensar en eso, que nunca me había pasado… pero que yo tengo novio y no sabía que hacer – Me confesó. – Él me dijo que me atreviera, que probara una vez y ya, eso me dio valor para decirte eso hoy. Pero quiero que sepas que esto no va a volver a pasar, fue solo esta vez y ya. – Concluyó.

    En futuras ocasiones bromearía con ella al respecto, “¿una vez y ya no?”

    Bueno, si va a pasar solo esta vez entonces aprovechemos – Le dije dirigiendo mi mano hacia su vagina e insertando dos dedos.

    A manera de spoiler debo decir que en el futuro Gina no me negaría nada e incluso llegué a meter todo mi puño en su vagina mientras deliraba entre el dolor y el placer, pero eso será parte de otra historia seguramente.

    Terminamos de tirar una segunda vez, tomamos un baño y salimos. Pedimos dos taxis y cada quien se fue por su lado con la idea de que volvería a pasar.

    De hecho a la semana siguiente, jueves también y bajo la misma excusa del trabajo nocturno y el curso la llevé a mi apartamento. Por aquel entonces aún no vivía con mi novia.

    Se repitió la escena de la salida del baño pero esta vez venía con unos ligeros blancos y unas medias veladas blancas que le cubrían hasta la mitad de los muslos. Tiramos como locos en mi cama.

    A partir de entonces nos volvimos amantes, nos escapábamos de tanto en tanto los medios días a un motel cercano que se volvió nuestro escondite, nos compenetramos cada vez más y empezamos a hacer locuras muy interesantes. Todo fue paralelo a nuestras relaciones y duró 5 años.

    Pronto escribiré acerca de otras experiencias, hay mucho por contar. Escribo esto porque me gusta, me excita recordar aquello porque me pasaron cosas con las que algunos apenas sueñan. Ya ella no hace parte mi vida, sigue con su novio y yo con mi esposa.

  • Hablando de mi primera vez, por primera vez

    Hablando de mi primera vez, por primera vez

    -Como recuerdas tu primera vez? 

    Me pregunta un chico que obtuvo una mamada, un amigo x.

    -No lo recuerdo le mentí, fumando un cigarro.

    -Si lo Recuerdas no seas mentirosa, o te follaré por atrás.

    Empecé a hacer memoria y contesté, pero no por miedo si no por risa de su comentario.

    -Habla entonces.

    -Recuerdo que me reencontré con un ex, él andaba despechado, coordinamos en ir al telo estaba triste porque le pusieron el cuerno. Nunca tuvimos relaciones.

    Recuerdo que lo besé para que deje de sentirse así y no dijera más pavadas.

    Me quitó el polo y el overol me rozaba con el pene y me preguntó si estaba lista y le dije no, no sé, pero supongo que lo vi venir.

    Descansé un rato recuerdo, cuando abrí los ojos me veía a los dos en el espejo, pero lo miré a él estaba en mi atrás abrazándome recostado los dos, él sabía que estaba despierta.

    Empezó a ensalivar su pene lo introdujo la cabeza en mi ano, creía que lo hacía para molestarme, de pronto lo metió todo, y boté un grito fuerte, veía mi rostro frustrado y asustado, él me daba duro.

    -Ya ves como se siente que te traicionen por la espalda, ahora me entiendes, creíste que no me doy cuenta así se siente mi amor (gimiendo mientras me penetraba)

    Me dolía podía verme como me partían el culo, mis senos moviéndose, mientras él se desahogaba conmigo, sin tener yo la culpa de sus cuernos, la expresión de mi rostro era extraña.

    Él me penetraba más rápido mientras pasaba el tiempo él me tocaba el rostro para que me mire en el espejo, sentía como empujaban el pene mi ano.

    -Me vengo carajo me vengo, toma mi leche mi amor toma pequeña perra.

    Dio un empuje por última vez y empezó a gemir, y empezó a moverse muy raro lo sacó de mi ano.

    Tenía el ano adolorido me lo toqué y tenía semen un montón, él me cargo me llevó a la ducha y me empezó a lavar, cuando salimos él se disculpó, me acompañó y me dejo cerca a mi casa.

    Fue mi primera vez le dije al pata ese que tenía el pene erecto.

    -Creo que quiero otra mamada -respondió…

    Pero eso ya es otra historia.

  • La revancha (06): Bajo el látigo y una comida con sorpresa

    La revancha (06): Bajo el látigo y una comida con sorpresa

    Poco a poco las distintas hembras van llegando al establo, en el suelo, sobre el heno van buscando un rincón, doloridas, azotadas, rebosando semen por sus agujeros, todas satisfechas de haber venido, tan solo Xan dudó por un instante en seguir, pensó en la palabra de seguridad que la devolvería a la comodidad de su vida metódica y previsible, pero vio a Carolina , en cuclillas, empapada en sudor, cabalgando sobre la verga de uno de sus amos, sus brazos separados, cada mano cogida a una verga, un látigo golpeando sus pechos y otro su espalda. Chillaba, gritaba, gemía, oleadas de placer y dolor entremezcladas no dejaban de hacerla vibrar y gozar. Temblaba a cada nuevo azote mientras con sus músculos estrujaba aquella tranca dentro de ella. En aquel momento alguien puso a 4 patas a Xan, noto el peso de su dueño sobre su lomo, y el dolor de una espuela golpeándole la nalga, alguien tiró de sus cabellos y la llevo junto a Astrid, otro golpe de espuela les hizo empezar a correr entre la maleza, doblada, con el culo levantado, intentaba correr, pinchándose las palmas de las manos y sus pies, sus pechos rozaban con algunas zarzas, la jaleaban, le gritaban, ella intentaba correr, avanzar a la esclava nórdica, que con las piernas temblando, con el doloroso pendulear del candado que colgaba de su coño, gruñía y corría. Las espuelas le hicieron sacar su instinto, solo quería correr, ganar, los gritos no cesaban, su dueño se tumbó sobre su espalda, agarrado a sus pechos los pellizcaba, mientras le mordía la oreja y la insultaba. Empapada en sudor, castigada y dolorida aceleraba más y más, las dudas y el miedo se convirtieron en instinto, en adrenalina, en un placer sumiso que mojaba su coño y excitaba su mente. Adelanto a su rival, las espuelas no cesaban de golpearla, su dueño estrujaba y ordeñaba sus tetas y ella seguía adelante, cada vez acompasando mejor patas y manos. Un traspiés hizo que cayera de bruces, sus pechos pararon el golpe, su dueño saltó de ello y con un patada en su culo, la hizo levantar, otra vez a correr, también Astrid había caído un par de veces, y tras casi un kilómetro de carrera, llena de moratones, con raspones ensangrentados por el cuerpo, y con sus nalgas ardiendo por los golpes de las espuelas, cruzó la meta, respiraba agitadamente, cayo golpeando con sus tetas el suelo, su dueño la giró, su piel rebozada en tierra y sudor, su boca abierta buscando algo de aire, su rostro desencajado por el esfuerzo. La penetró hasta el fondo de un solo golpe, Xan le agarro con fuerza por el culo, y se clavó aún más en aquella verga, él no dejaba de moverse, de morderle las tetas, ella arañaba su espalda, ambos gritaban, gemían. Sus contracciones exprimían más y más aquella tranca, mientras su boca se llenaba con la lengua se su dueño, arqueándose entre espasmos de placer gozaba de aquella verga vaciándose en ella. Su amo la sacó de su coño y sentándose en sus tetas le levanto la cara tirando de su nuca, Xan la engullo hasta el fondo, bebía de su placer y del de él, marrana y golosa, sus manos no dejaban de restregar su sexo embadurnado de tierra y semen. Sucia y con la boca rebosando sus jugos, quería más, mucho más, su dueño estaba orgulloso de haberla adquirido, y ella lo estaba de sí misma, de haber roto sus barreras, sus miedos, sus convencionalismos, y entregarse entera a su placer y al de su dueño. Ahora, en el establo sola, tumbada en el suelo, con las patas levantadas, no deja de masturbarse recordando cada jadeo, cada golpe de espuela, cada instante intenso y vital, vivido como hembra y como esclava.

    Poco a poco, el silencio va llenando el lugar, todas están agotadas, exhaustas, necesitan dormir las pocas horas que les dejaremos hacerlo…

    Se abre el portón y la luz intensa de un sol de verano, os despierta, algunos criados os azotan de manera indiscriminada, os levantáis medio dormidas, y sin tiempo a saber qué pasa, os echan por encima 4 o 5 cubos con restos de comida, es vuestro desayuno, los látigos no cesan de golpearos, mientras recogéis del suelo lo que podéis, un trozo de carne a medio roer, unas rebanadas de pan duro, un resto de hamburguesa que ha caído en la paja. Tú enroscada en un rincón estás peleándote con un trozo de pizza lleno de tierra y paja, Zuleia mordisquea un hueso con algunos trozos de carne. El látigo golpea los pechos de Maria y de Carolina, las dos todavía están rebuscando en el suelo algo que comer. Apenas pasan 10 minutos, cuando nuevamente los azotes resuenan en vuestra piel, hora de salir. Dejáis lo que estabais comiendo y estrujadas como un rebaño os sacan al patio, ahora es Xan quien chilla cuando el látigo impacta en su coño. Llorando, cayendo, corriendo, llegáis ante la casa. Os ordenan que os abráis bien de patas y pongáis las manos sobre la cabeza, al instante, un chorro de agua helada moja vuestra piel, Maria, Hanna y Xan no estaban atentas y el golpe las hace caer al suelo, al momento se levantan, y vuelven a sentir el agua por toda su piel. Tú estás temblando, tiritando, mientras el chorro entra en tu coño, se arremolina dentro y sale con fuerza hacia tus patas. Zuleia también tiembla, os ordenan girar y el agua ahora moja vuestros culos, lomos, cabellos y hombros, Te muerdes los labios cuando impacta en tu marca, en tu N de fuego, también Zuleia intenta no gritar, mientras el agua va limpiándola. Tras unos diez minutos remojándoos, cierran las mangueras. Ahora toca secaros, os dejamos abiertas de patas, con las manos en la cabeza, inmóviles bajo un sol que arde sobre vosotras.

    El frio se convierte en calor, el agua en sudor, y el tiritar de vuestras bocas en el jadear ante el aire caliente y enrarecido que os envuelve. Os tenemos un rato, poco a poco va llegando gente, curiosos que quieren ver qué tal se conservan estas viejas yeguas, nostálgicos que aún recuerdan vuestra carrera, jóvenes curiosos ante un espectáculo diferente. Cuando Eva decide que es el momento, os dice que ayer fuisteis subastadas, hoy va a ser lo contrario, a 4 patas vais a ir a elegir quien os azotará, todas empezáis a mirar, a buscar, a excitaros con el recuerdo de la última noche, la primera que a 4 patas sale corriendo es Vane, descarada como siempre, restriega su hocico en mis piernas, Zuleia ve como todas corren, ella quiere ir…, ayer de refilón vio al dueño de aquellos dedos, de aquella verga, pero le da vergüenza ir a 4 patas a buscarlo, tira adelante, atrás, un latigazo de Eva en su lomo la hace decidir, corre hasta aquel desconocido, le besa los pies, restriega sus mejillas por sus piernas, él sonríe. Xan lo tiene muy claro, mira picara y traviesa a su jinete de ayer, él levanta su bota y ella lame y relame la suela llena de fango, mientras mueve su culo y ladra levemente, luego le mira, le sonríe con sus labios llenos de barro mientras con la mano se acaricia los pechos. Carolina llega a los pies de Eva, besa con suavidad su bota, ella sorprendida la mira, todos la temen y Carolina también, pero quiere que cuando su dueño mire el video, esté orgulloso de ella, de su valentía y sumisión, quiere ganar luchando contra la mejor ama. Muchos miran a Lidia, esperan que les elija, pero ella sorprende a todos, besando los pies de Nuria, sorprendida la mira, tarda un rato en aceptar, solo te ha azotado a ti, solo contigo tiene una relación tan especial e intensa, pero al final decide aceptar el reto, cogiéndola de los cabellos, acerca su cara a la suya y la besa. Yoha también nota un hocico junto a ella, es Shanga, es su particular manera de compartir por un instante dueña con Zuleia, la que fue su gran rival. Maria Guadalupe, mira aquí y allá, y al final la sonrisa de uno de los espectadores la anima a ir hacia allí, es uno de los que ayer la monto, hoy será quien la castigue. Tú indecisa, sigues buscando, mientras Hanna y Astrid, van hacia sus dueños de ayer. No quieres ser la última en elegir, giras la cabeza y restriega tu hocico en el primer desconocido que ves, él te mira sorprendido, y tu sonrojada sigues acariciándole con tus mejillas, relamiéndole con tus labios, te gusta y te asusta, más o menos de tu edad, fuerte, con una vara en la mano, mirada seca y ojos oscuros. Golpea tu lomo con todas sus fuerzas, gritas y te enroscas de dolor, mientras él pone sus pies en tus tetas, le miras y él acepta castigarte.

    Mientras elegíais, han colocado una barra de hierro de casi 5 metros de largo, anclada al suelo y a una altura de 2 metros. Os van cogiendo y os levantan, con las manos en la barra quedáis todas colgando, a uno de tus lados esta Xan, al otro Maria Guadalupe. Se acercan vuestros dueños, sin avisar suena el primer latigazo, Astrid se retuerce de dolor, pero aguanta sin soltarse, los golpes se suceden, en pleno coño el cuero quema la piel de Hanna, que casi cae, el resto como puede va resistiendo, ninguna quiere ser la primera en caer. Os han azotado a todas, menos a Carolina, Eva se toma su tiempo, ella la mira, respira hondo, aprieta sus puños, y el látigo silba en el aire, entra hasta lo más hondo de su entrepierna, gira por su culo y golpea su lomo, la esclava se mea y cae entre chillidos de dolor sobre su propia orina, Eva se da la vuelta y se va. El resto tragáis saliva, viendo a vuestra compañera llorando de rabia, de dolor, meada, humillada y vencida, quiso ser la más atrevida y le ha salido mal

    Ahora golpean tu espalda, tus brazos, sigues aferrada con todas tus fuerzas, oyes como cae Maria Guadalupe, no tarda mucho en hacerlo Astrid, mientras Yoha sigue castigando los pechos de Shanna que sigue aferrada a la barra, Nuria marca las piernas de Lidia, que tiembla con cada nuevo azote, los minutos van pasando y el dolor y el cansancio se nota en cada una de vosotras. Zuleia no deja de mirar a su dueño, que marca a conciencia sus pechos, sus piernas, su coño, ella no quiere soltarse, pero apenas si puede aguantar. Se oye como cae Xan. Miro a Vane, agotada, sudorosa, respira con la boca abierta mientras se muerde los labios, le tiemblan los brazos, le fallan las manos, no podrá resistir mucho y con un azote certero en su vulva, la hago caer. Levantando los manos, el dueño de Hanna, también celebra la caída de su esclava. Eva para el castigo, quiere que os separéis un poco más, vuestros 4 dueños, os ayudan a moveros, las manos de tu desconocido se aferran a tu culo, hasta dejarte en tu lugar, Zuleia nota las manos fuertes de su amo, levantándola por las tetas. También Nuria y Yoha ayudan a sus esclavas.

    Eva les da nuevos látigos, son tiras de ortigas entrelazadas y atadas con bolas metálicas de puntas afiladas. Las 4 tembláis, mientras veis como vuestros dueños esperan a que Eva diga que ya os pueden golpear, se toma su tiempo, le gusta veros temblar, sufrir, llevar vuestros nervios al límite, sudorosa y cansada, aprietas tus puños, tensas tus músculos doloridos, a tu lado Zuleia traga saliva, los látigos silban y golpean vuestra piel, Yoha tumba a Shanga, que cae al suelo enfadada, luego de rodillas se acerca a su ama para darle las gracias. Otra espera, te están sudando las manos, no aguantarás mucho, el látigo se ceba en tus pechos, el escozor es brutal y sin poderlo evitar caes, casi al mismo tiempo que Zuleia, su dueño la ha golpeado en su entrepierna, ha caído meándose de dolor. Lidia aferrada al hierro del que cuelga mira a Nuria, solo quedan ellas dos, dueña y esclava, ama y sumisa, el látigo se enrosca en su vientre, de un tirón Nuria lo arrastra por su cuerpo, Lidia aúlla de dolor, pero no se suelta, es la ganadora, la gente aplaude, y ella coge aire, sonríe y se suelta, a 4 patas se acerca a Nuria y besándole los pies le da las gracias por su castigo.

    Ya es más de la una del mediodía, cada uno de los dueños que os ha azotado os va limpiando, curando, va calmando con besos y caricias el dolor intenso de vuestros cuerpos.

    Tu amo está tocándote, besando cada herida, cada golpe, tu cierras los ojos, te gusta sentirte deseada, excitante, te gusta ver como engordas la verga de aquel desconocido, tu mano la acaricia, la toquetea, mientras él besa tus labios, En otro rincón Zuleia esta reclinada sobre el cuerpo de su dueño, le gusta como recorre su cuerpo con sus manos, con sus dedos, como juega con su cabellera rizada, como recorre las marcas que el látigo ha dejado en ella. Coqueta se contornea, se mueve, se relame los labios, mientras él juega con su vulva, entra sus dedos, ella se aferra a aquella mano, la aprieta con sus piernas, empieza a moverse, a gruñir, le mira, le desea, él sigue sonriendo, sin prisa, dejando claro que es él quien marca el tempo, quien en todo momento decide. Zuleia deja que la toque, la acaricie, que decida que parte de su cuerpo excitar. Orgullosa nota como la verga se endurece más y más, con sus manos la coge, la estruja, la ordeña, él la gira y le pellizca los pechos, Zuleia cachonda y caliente, hunde aquella verga en su agujero, le gusta y le sonroja que la vea así marrana, mojada, una colegiala de más de 40 años, nerviosa y en celo, él pone sus manos en su culo y lo aprieta contra su cuerpo, ella gruñe. se contornea, tensiona sus músculos, jadea, él muerde sus pechos. Feliz y satisfecha se corre entre gemidos de placer, pegada a su dueño, entregada a su placer, orgullosa de estos azotes que él ha marcado en su piel.

    Se deja caer sobre el desconocido, él acaricia su lomo, sus cabellos, recorre con sus dedos toda su espalda, hasta tocar la marca de Yoha, Zuleia relajada y tranquila se duerme, enroscada sobre el cuerpo de su dueño, sintiendo aquellas manos que tanto desea y orgullosa de ser la esclava que le ha hecho gozar. Él la besa en los labios, y sin dejar de mirarla, la deja dormir un rato en su regazo. También tú has terminado por dormirte, con tu boca rebosando la corrida del desconocido y tu mano aferrada a su verga. Vane sigue junto a mí, follamos, reímos, hablamos de mil cosas, ella pudo ser mi esclava, pero la vida le llevo por otros derroteros, pero para mí siempre será una mujer muy, muy especial.

    Hacia las tres de la tarde, te despierto con un beso, miras a tu alrededor, tu desconocido ya se ha ido, te abrazas a mí, me besas todavía con sabor a él, te digo que es hora de ir a comer, hoy comeremos en el salón principal, hay mucha gente que os ha venido a ver, y merecen que les deis las gracias, sin entender muy bien lo que te digo, afirmas con la cabeza, pregunta por las otras hembras, y te digo que ya están en el establo o junto a sus dueños, la comida de hoy, solo es para ti y para Zuleia.

    Buscamos a Zuleia, está aferrada a su desconocido, él la despierta con un beso, la miras cómplice y traviesa, ella también te sonríe, ha valido la pena el castigo, los azotes, el dolor, para conseguir sus besos, sus caricias, su verga penetrándola una y otra vez. Tras limpiaros un poco, os llevamos al salón, la gente ya está dentro, todos os están esperando, Te ato las manos a la espalda y pongo la correa en tu collar, Yoha ata a Zuleia, hoy comeréis de nuestra mano, de las manos de tanta gente que ha venido para veros correr mañana. Al entrar un aplauso atronador os hace enrojecer, y mucho más cuando empezáis a ver quién hay en las mesas, te llaman, tirando de tu correa te acerco, son tus compañeros de trabajo, con una gran pancarta con tu nombre, al llegar te besan, te acarician, te felicitan, sonrojada solo puedes sonreír, con un nudo en la garganta de emoción y vergueza. Alguien se acerca y te da un palmetazo en el culo, es Luna, una de las amigas de Nuria, todo su grupo está aquí, ninguna ha querido perderse ver cómo te cabalgan, bajas la mirada, las conoces des que iban a primaria con tu hija, les has dado de merendar, las has sacado a pasear, las has visto crecer y ahora estás ante ellas, atada, azotada y desnuda. En la mesa de al lado hay un grupo de madres con el que quedas a veces. Zuleia está sentada sobre las piernas de uno de sus compañeros de agencia, le acaricia el culo, Yoha les anima a que la toquetee un poco, otra mano juega con su vello rizado y negro, ríen, bromean y Zuleia excitada y caliente, se abre de piernas para que aquellas manos puedan moverse mejor dentro de su coño empapado.

    Nuria te presenta a Iván, su novio, ya lo conoces, pero no de forma oficial, sonríes, mientras él te besa en los labios, Nuria orgullosa le muestra tus azotes, su marca en tu culo, le cuenta cómo te corres solo con tocarte, le enseña donde te azotara mañana si no vas lo suficientemente rápida, bajas la mirada, no puedes evitar excitarte, calentarte, Nuria ve la verga endurecida de su novio y te dice que lo calmes con la boca, un tirón de tu correa te hace caer, engulles la verga, mientras él agarrando tus orejas va moviéndote, hasta correrse entre tus labios. Nuria te ordena tragarlo todo y limpiar con la lengua lo que haya caído al suelo, eres suya y lo suyo es de Iván, y si les apetece compartirte o azotarte juntos, lo harán.

    Zuleia saluda a unos primos que han llegado desde Londres, cuando aún estáis saludando gente, llegan los primeros platos, la gente va sentándose en sus mesas, en la nuestra estamos Eva. Lidia, Nuria, su novio, y yo. Yoha y sus primos, comen juntos, Un par de camareros os irán llevando por todas las mesas, para que os vayan dando de comer. Notas un tirón y te acercan a tus compañeros de correos, te lanzan una aceituna que cazas al vuelo, aplauden, otra más, luego ponen un trozo de queso en tu nariz, intentas cogerlo con tu lengua, pero cae en tus pechos, Luis lo coge con sus dientes, lo va subiendo restregándolo por tus pechos hasta tu boca, lo mordisqueas de sus labios. Las primas de Zuleia la han tumbado en la mesa, cogen un par de pinchos morunos y los entran en su coño, los mueven. Los van girando para que se mojes bien, luego los acercan a su boca, Zuleia va comiendo mientras se ensucia la cara, los pechos, el vientre, el marido de una de ellas, va limpiándola con su lengua… mejillas, labios, tetas… Un tirón la lleva a otra mesa, ella se va moviendo su culo y relamiéndose los labios. Tú estás comiendo un poco de arroz de marisco que Nuria ha puesto en la entrepierna de Joanna, una de sus amigas, ella se excita con tu lengua, rebuscando en su sexo, lamiendo cada rincón, mordisqueando y tragando. Todas sus amigas, quieren que comas de ellas, y tú vas recorriendo con tu hocico sucio y pringoso, todos los coños de aquellas chicas. Al terminar son ellas quienes relamen tu cara, tu boca. Un nuevo tirón de tu correa te lleva hasta la mesa de tus compañeros, es la hora del postre, te tumban sobre la mesa, y vierten sobre tu vientre y tus pechos, varias tarrinas de helado de turrón, tu piel se eriza con el frio, tus compañeros empiezan a lamerte, a sorber de tu piel, a comer de tu cuerpo, una de las carteras, va acariciándote las nalgas, las piernas… la miras y te abres de piernas, mientras distintas bocas, distintas lenguas siguen recorriendo tu vientre, tus pechos. Tu amiga toca tu sexo, sus dedos pequeños y hábiles saben dónde acariciar, donde hacerte gemir, te contorneas, te mueves, entrecierras los ojos, mientras mojas sus dedos, los saca y los acercas a tu boca, mirándola vas limpiándolos uno a uno, ella te mira sorprendida y a la vez ilusionada, te aprecia mucho, además de compañera y amiga, es tu confidente y ve que estás disfrutando como nunca. Te dice que elijas un compañero para que te monte. Sonries, les miras, traviesa y coqueta, haces una mueca con tus labios, y con la mano señalas a Antonio, limpian un poco la mesa, tiran de tus hombros, tu cabeza cuelga de un lado de la mesa, tu amiga pone su coño en tu boca, golosa lo lames, lo besas, mientras siente la verga de tu compañero entrar lentamente dentro de ti. Con tus manos buscas otras vergas que agarrar, que acariciar. El sabor, el olor de tu amiga te excita, la oyes jadear, gemir, agarra con fuerza tu cabeza y restriega aún más su sexo por tus labios, por tu boca, por tu nariz. Le gusta como la besas, como te mueves al compás de la verga que te penetra. Antonio se acompasa contigo, se mueve a tu ritmo y los dos gozáis de vuestros cuerpos, mientras, con tu boca también consigues que se corra tu amiga, sucia, relamiéndote sus jugos, miras las vergas a punto de reventar que tienes en las manos, las acercas a tu cara, y dos chorros intensos y largos de leche caliente empapan tu rostro, entre los aplausos de tus amigos.

    Nuria pone el video de cuando te hicimos subir las escaleras, empalada, sudando, azotada, meándote, observo una de sus amigas, no quita la vista de la pantalla, se relame, su mano oculta bajo la mesa seguro que está acariciándose. Luego vemos un video de Zuleia, Yoha la azota una y otra vez mientras ella endurece sus patas tirando de unos sacos llenos de piedras atados a su cintura. Te miro y con la vista señalo a Joanna, la miras y sonríes, sudorosa, caliente, no puede evitar excitarse, correrse con vuestros castigos. Cuando finaliza el video, Eva coge el micro, empieza a hablar de sumisión, de bondage, de spanking, escudriña con su mirada a cada uno de los invitados, ve en ellos su excitación, su ignorancia, su deseo, su indiferencia, su miedo a dar el paso. Anima a quien quiera, a que se levante y se entregue a sus deseos más ocultos siempre con la tranquilidad de saber la palabra mágica que les devolverá en cualquier instante a su realidad, a su zona de confort, pero si quieren sentir por primera vez el placer más intenso y salvaje que nunca han conocido, que se levanten. Nuria mira a Joanna, la chica, sonrojada sonríe, no se atreve a hacerlo, ella la anima, hoy cumple 21 años y sus amigas le tienen preparado un pastel, pero una idea pasa por la cabeza de Nuria, le coge de las manos y le pregunta si confía en ella, Joanna afirma con la cabeza, -Pues levántate y disfruta, las palabras de Nuria, animan finalmente a Joanna, que sonrojada se pone en pie, Eva se acerca, y le dice que elija dueño, Joanna traga saliva ,y a 4 patas se acerca a uno de los camareros, se arrodilla ante él, y roja como un tomate, con un hilo de voz, le pide que sea su dueño. Él la mira sorprendida no la conoce, ni ella a él, pero es su fantasía, ser castigada y follada por un desconocido. La levanta, le ordena que se desnude, ella deja caer su vestido, acaricia sus pechos, su vientre liso, juega con su vello rubio, con su cabellera hasta media espalda, mientras la mira, Joanna sonrojada empieza a moverse, a contornearse, aquella mano jugando en su clítoris la humilla y la excita, él la coge por sus labios vaginales y tirando de ella, la lleva hacia el escenario, la gente aplaude, ella gime un poco, le duele como la pellizca, como sus dedos aprietan su zona más sensible. En el escenario, la ata a una cruz de madera, tensa sus muñecas, sus tobillos. Empieza a acariciarle las nalgas, ella asustada y excitada no sabe qué hacer que decir, ni dónde mirar, pero su coño cada vez está más caliente, más empapado. Le mordisquea la oreja y en voz baja le dice que de momento no va azotarla, sabe que es su aniversario y lo quiere celebrar, ella le mira inquieta, mientras él juega con sus pezones endurecidos. Suena la música del feliz aniversario, entran 8 camareros llevando un pastel de 2 pisos, él que sus amigas le habían preparado, se lo acercan a la boca, ella sopla las velas, lo dejan en una mesa y hunden sus manos en el pastel, empiezan a irlo repartiendo por el cuerpo de la chica, sorprendida, aturdida, nota aquellas manos recorriendo su cuerpo, la gente la mira, la pantalla se llena con su cuerpo desnudo, y aquellas manos acariciándola, nota la nata y el chocolate en sus pechos, en sus muslos, en sus brazos, alguien va llenando sus nalgas, otras manos se hunden en su entrepierna, se mojan en su deseo, ella gime, se excita, tensa sus correas. Alguien tira de sus cabellos hacia atrás, empieza a repartir algo de nata por sus mejillas, su nariz, su frente, su cuello, ella abre la boca, también le ponen algo dentro, que ella relame y traga, mientras las manos siguen excitándola. Otras manos magrean sus piernas, sus muslos, otras están en sus brazos, en sus manos. Finalmente, todo el pastel está repartido por su cuerpo, con la boca abierta, jadeando, se muestra caliente y sensual, rebozada en blanco y negro. Su dueño, se acerca, ella le mira ilusionada abre su boca, saca su lengua, quiere sus besos, su verga, le dice que ahora todos los espectadores comerán de su pastel. Tras darle un beso se separa, y empieza a subir la gente, decenas de lenguas recorren su cuerpo, una boca empieza en su culo y sube lentamente hasta su cuello, otras se entretienen en sus pechos. Joanna gime, gruñe, se mueve entre espasmos de placer, mientras una de las lenguas recorre una y otra vez su vulva, entra hasta el fondo de su sexo, alguien tira de sus cabellos, ella con la boca abierta deja que la besen, que la laman, que coman de ella, de sus mejillas, de sus labios, de su cara. Las bocas que pasan por su cuerpo son decenas, quizás un centenar, y ella no puede evitar correrse una y otra vez, Jadea mientras alguien ordeña sus pechos y come los restos de chocolate que aún quedaban en ellos. El placer, la vergüenza, el deseo, la impotencia de sus ataduras, todo se entremezcla en una sensación intensa y brutal.

    Finalmente, la gente se va, ella cuelga desmadejada de sus correas, respira agitadamente. En el suelo quedan los restos del pastel que han ido cayendo. Su dueño toquetea su coño, ella mueve sus caderas, su culo, quiere mucho más que unos dedos. Nota tras ella, unas manos que se aferran a su cintura, su dueño la agarra por las nalgas, ella pícara y coqueta sonríe, se relame, de un solo golpe la empalan por delante y por detrás, baila al ritmo de aquellas vergas moviéndose dentro de ella, retozando en su coño y su culo sucio de nata y chocolate. Tira de sus correas, quiere abrazarlos, tocarlos, besarlos, pero solo puede dejar que sean ellos quienes disfruten de ella, quienes la acaricien, la besen, la muerdan, quienes la hagan bailar al compás de sus vergas, mientras se corre una y otra vez.

    Relajados y con sus vergas vacías salen de ella, Joanna cuelga sucia y satisfecha, oye de fondo los aplausos de la gente mientras restos de esperma bajan por sus piernas, Su dueño la desata, ella se pega a él, lo abraza, lo besa, le da las gracias una y mil veces, él la separa y le dice que hay mucho pastel en el suelo, quiere que a 4 patas se lo coma, Joanna mira el suelo, restos de pastel entremezclados con esperma, todo sucio y pisoteado. Sumisa se agacha, a 4 patas va relamiendo, comiendo, tragando, oye silbar el látigo y una quemazón intensa cruza una de sus nalgas, él le dice que solo la azotara 3 veces, y no muy fuerte, es el castigo por correrse sin su permiso. Joanna sigue lengüeteando por el suelo, mientras nerviosa espera el segundo azote, que no tarda en llegar, tensa sus músculos, llora, pero sigue lamiendo el suelo, comiendo aquel pastel con sabor a su dueño y también a nata y chocolate. Un nuevo azote termina con el castigo, él deja el látigo, la levanta, la besa y le dice que ya puede volver a su mesa, ella se aferra a él, no quiere acabar, no quiere volver, restriega su coño por su entrepierna, sus pechos por su cuerpo, él la besa y cogiendo un rotulador escribe en uno de sus pechos su número de teléfono, luego la vuelve a besar y con un par de palmetazos en su culo la envía a su mesa. Joanna corre hacia la mesa con sus compañeras, todas la aplauden, la besan, relamen los restos de pastel que aún quedan en su piel, todas quieren saber cómo se lo ha pasado, que ha sentido, incluso alguna quizás envidia no haber sido ella quien se levantase, y Joanna no para de hablar, de explicar, de reviir, mientras se acaricia el pecho donde esta apuntado el teléfono, ya está deseando llamarlo, entregarse a él, a sus deseos y a su imaginación.

    La sorpresa de Joanna, ha alargado la fiesta hasta casi las nueve de la noche. La gente va saliendo, en la puerta tú y Zuleia os despedís de vuestros familiares y amigos, les besáis, dejáis que os toqueteen un poco, que os den algún azote en vuestro culo, reis, charláis y les animáis a que mañana ninguno se pierda la carrera de “las mamas”

    Una vez solos, os sacamos a pasear, se te ve nerviosa, intranquila, faltan pocas horas para la carrera, y tantas emociones, tantas sorpresas tienen al límite tus sentimientos, lloras de emoción, de nervios, de miedo, de felicidad, todo se entremezcla en estas lagrimas que bajan por tus mejillas, también Zuleia está nerviosa, Yoha intenta calmarla, besándola, hablándola, pero ella añora las caricias y los besos de su desconocido. Nuria también abraza a Zuleia, empezó como rival, pero ahora es parte de nosotros, de nuestra familia, de nuestra gente. Tras pasear un rato, volvemos a la casa. Eva se acerca, y os dice que esta noche habéis de descansar, tenéis dos habitaciones listas para vosotras, mañana ella misma os llamara para prepararos para la gran carrera. Te cojo de la mano y entro contigo en la habitación, me besas, te abrazas a mí, te levanto por el culo, tus piernas se enroscan en mi cintura y te llevo hasta la ducha, Contenta y excitada no dejas de besarme, de restregar tus pechos por mi cuerpo, de desear mi verga para ti, solo para ti. Zuleia en su habitación se deja caer en la cama, nerviosa inquieta, sola, de pronto alguien acaricia su culo, su espalda, ella se gira y se le ilumina su mirada, su desconocido está allí, él la ayudara a sobrellevar la espera, tranquilizará sus nervios y calmará su sexo. Ella se abraza a él, le besa, quiere sentirlo en su piel, él la lleva a la ducha, bajo el agua la acaricia, la magrea, le encanta esta negra sensual y caliente, sumisa y hermosa. Ella levanta la cara, deja que el agua moje su rostro, sus labios, baje por sus pechos. Él la encasta con su verga, el culo de Zuleia se pega a la pared, mientras su coño empalado y mojado la hace vibrar, gemir, gozar de su amante.

    Desde nuestra habitación oímos sus gritos, me miras sorprendida y te digo, que también ella tiene quien la cuide. No sigues preguntando, te encanta retozar conmigo en la cama, ponerte encima, debajo, sentir mis manos por tu piel, mis caricias, mis pellizcos, excitarme moviendo tus pechos, tu culo, ser mía y saber que hoy, soy tuyo y solo tuyo.

    Durante la noche, apenas si puedes dormir, te desvelas, te abrazas a mí, me besas, intentas volver a dormir, sueñas con azotes, con los últimos metros de hace 20 años perdiendo ante Zuleia. Tu rival tampoco ha podido dormir apenas, la noche le ha servido para follar una y otra vez, pero también para sincerarse, para contarle sus miedos, sus sueños, su soledad, su sorpresa ante la propuesta de su hija, su instinto sumiso recuperado tras tantos años. Él la escucha, la besa, la calma, la anima, mientras ella, a veces llorando, a veces riendo, a veces follando, le cuenta su vida entera.

    Alguien llama a la puerta, es Eva, ha llegado la hora…

    (Continuará)

  • Fiesta de semen

    Fiesta de semen

    Hola lectores, sé que algunos ya estaban ansiosos de leer una nueva parte de mi vida sexual y debo decir que en lo personal fue de las mejores experiencias que he tenido. Esta vez no participa mi sugar debido a que tuvo que salir de la ciudad por cuestiones familiares así que tuve que ingeniármelas para crear un escenario donde cumplir mis fantasías más hot; así que opte por organizar una orgía, pero sin que me cogieran, y que mejor que hacer un gokkun; que es prácticamente que los demás eyaculen en un envase o recipiente y el sumiso se le beba.

    Decidí llevar a cabo mi plan en una casa que un amigo me prestó, pues está casi sin amueblar. Contacte con varios hombres por medio de Telegram cerca de mi localidad, cree un pequeño grupo, e hice audiciones, les di una fecha límite para decidir si le entraban o no, al final quedaron 14 sujetos a los que se la iba a mamar bien rico hasta hacerlos venir en un bowl; me preparé ese día, le pedí prestado unos zapatos y una peluca de mujer a mi sugar antes de irse, y yo improvise una mini falda de secundaría con una que tenía en casa guardada, unas calcetas largas y mi nuevo vibrador.

    Llegue temprano a la casa para hacer los preparativos, compre algunas botanas, refrescos y me vestí de colegiala, era increíble lo jugosa que me veía; la cita fue a las 4:00 en una casa algo retirada de donde vivo, prácticamente en otra colonia, y en eso fueron llegando los muchachos, algunos de 20 a 25 y otros de 30 a 40, primero llegaron 3 y los hice pasar, estuvimos platicando un rato antes de que llegaran todos, debo decir que se hicieron tardar algunos, pues casi empezamos a las 5 de la tarde, continuamos charlando unos minutos mas antes de iniciar, algunos comenzaron a toquetearme el culo, otro comenzó a sacarme y meterme el vibrador, yo ya estaba al 100, por lo que empecé a desnudar a mis hombres e inicie a chupar pitos de todos los sabores, el olor a macho se impregno en mi boca, hacia arcadas y casi lloraba de donde me atragantaba, algunos no aguantaban la mamada que les hacía que se venían dentro de mi boca, por lo que tenía cerca el bowl para escupir todo lo que me echaban, una que me encanto chupar fue la de Pedro, estaba gruesa y llena de venas, en un momento dado me excite tanto que me vine en el bowl, dije pues ya estando también me tomo lo mío.

    Pasaban los minutos y el bowl no se había llenado mucho, pero alcanzaba para llenar una lata de 235 ml, algunos se vinieron mas de dos veces, eso me sorprendía, llegado el límite de todos, comenzaron a gritarme que me lo bebiera, y así lo hice, primero fue de traguito en traguito y finalmente como si se tratara de un cartón de leche comencé a tragarme los mecos de 14 desconocidos, la textura en ciertos momentos era diferente, y el sabor algo amargo y dulce, casi no tan salado, yo hervía en calentura de tanto semen que me estaba tragando, algunos por detrás me daban nalgadas y me decían que era toda una putita; luego tome mi vibrador y lo unte con el semen que quedaba en el blow y me lo llevaba al culo.

    Uno de los chavos de pronto saco un condón de su cartera y sin mas ni menos ya lo traía puesto el cabrón, no accedí de inmediato pero todos querían ver como me cogían, así que termine por aceptar, me recosté con el pecho en el suelo y con las nalgas arriba y ofrecí mi trasero a un desconocido, él solo se hinco, saco mi vibrador, yo me lo lleve a la boca para degustar los mecos que aún quedaban, y entonces me insertó la verga que se cargaba el vato, los demás solo observaban y se la jalaban, luego me cambio de posición y me puso a cabalgarlo mientras yo chupaba las vergas de dos vatos mas, los cuales eyacularon de nuevo sobre mi rostro.

    El chavo que me cogía se vino dentro de mi, y decidí ahí terminar todo el show, algunos se quedaron todavía a platicar, les conté mis anécdotas de niñez y les sorprendía en lo que me había convertido, en una zorra que gusta de semen casi a diario. Luego de eso nos despedimos y quedamos de repetir y tal vez con mas gente y ahora si que me cojan todos.

    Les dejo mi Telegram para contacto: @Km4zh0.

  • José Carlos (Parte III)

    José Carlos (Parte III)

    Salió del auto y rodeó para abrirme la puerta, me extendió la mano, lo tomé de ella e inmediatamente sentí como me rodeaba la cintura con el otro brazo. Mi blusa ya era un desastre, estaba deslucida, arrugada y la mitad estaba fuera de la falda, pero en ese momento era lo que menos me importaba. Estaba disfrutando la inquietud de sus dedos de sentirme la piel. Aunque la transparencia de mi blusa le permitía perfectamente percibirme, no le bastaba eso y buscaba incesantemente la forma de abrirse paso hasta sentirme en contacto directo.

    Me guiaba con una mano hacia la escalera y con la otra me acariciaba. Esos dedos gordos me estaban poniendo hincada a su disposición y lo estaba gozando. Subí las escaleras y sentí como su mano se alejó de mi cadera por un breve instante, pero casi de inmediato percibí como subía mi falda descaradamente y me manoseaba los muslos. Como pude continué subiendo y faltando un par de escalones para llegar a la puerta, me tomó de la cadera con ambas manos y me jaló discretamente… me dio una mordida en una nalga y después me nalgueó la otra. Mis ojos cerraron las puertas, me apoyé con ambas manos en el último escalón y me dejé hacer.

    Me desabrochó la falda que cayó sobre los escalones, me tomó de las nalgas, me las mordía y me las chupaba. Volvía a advertir sus dientes en ellas, más nalgadas que solo aumentaban el flujo que ya sentía como si me escurriera entre las piernas. Me rompió la tanga y me metió la lengua entre mis glúteos, cosa que me estremeció por completo. Perdí la consciencia del momento, ya no sabía si mi respiración era lo que escuchaba, si eran mis gemidos o sus ruidos disfrutando de mi cuerpo.

    Me separó las nalgas, me lubricó por completo, su lengua iba y venía colmándome de sensaciones que emborrachaban mi mente. Deseaba que me penetrara y él lo sabía. Mi cadera estaba totalmente levantada y entregada a esa técnica que veía había depurado con la experiencia. Estaba en el éxtasis del momento cuando su pie se deslizó por dentro del compás de mis piernas y las abrió en un solo movimiento.

    “Ahora verás a quién le vuelves a faltar al respeto llegando tarde” –me advirtió.

    Reaccioné con violencia y me incorporé. Como pude, casi a gatas, ingresé a la habitación esculcando en mi bolso con desesperación, tratando de hallar un condón. La ansiedad me hizo vaciar el bolso en la credenza del cuarto y ahí estaba llamándome con ese color llamativo. Me volteé y por primera vez lo vi desnudarse para mí. Lo recuerdo casi en cámara lenta desabotonándose la camisa y mostrándome ese pecho monumental al que le guardo religiosamente pleitesía desde aquel momento. Sus brazos estaban marcados, aunque nada exagerados como otros, admiré cómo se retiraba el pantalón mientras me mordía los labios y lo miraba descaradamente. Conscientemente reconocía que no era El David, pero algo le emanaba de su ser que me hacía sentirme profundamente atraída hacia él.

    Cuando se quedó solo con sus interiores caminé hacia la cama y me senté en la orilla, tenía todas las ganas comérmelo así tal cual, al natural, pero en algún resquicio de mi consciencia se encontraba la última amazona que me mandaba cubrirle ese bendito pene con un preservativo.

    Lo llamé con la mirada y se acercó, tenía ese tronco mirándome directo a la cara y sentí claramente como salivaba de excitación. Justo lo iba a tomar cuando él se agachó y me tomó de los tobillos, se levantó rápidamente y fui a dar hasta las almohadas. Quedé con las piernas abiertas y en un santiamén se lanzó a mi entrepierna.

    ¡Fue algo glorioso! Me comía con un hambre que provocaba que me siguiera mojando. Jugaba con su lengua en mi clítoris, me metía los dedos… dos, tres y los rotaba dentro de mí, sentí como los movía en partes de mi cuerpo que desconocía que percibían sensaciones. Entraba y salía de mi con su lengua y, a punto de venirme, lo tomé del cabello como si quisiera meter su cabeza entre mis piernas hasta que no pude contenerme más y me dejé ir hasta vaciar mi orgasmo en su boca.

    Me quedé pasmada en la cama, tratando de recuperar el aliento. Nunca me había topado con un hombre que lo hiciera con tal devoción y para mí fue como encontrar el tesoro al final del arcoíris. El pecho me estallaba en emociones, no podía calmarme y comenzaba a resultar vergonzoso.

    José Carlos se acostó al lado mío y me besó tiernamente, cosa que no me agradó. No quería que ni por asomo se le ocurriera hacerme cucharita y quedarme sin probarlo.

    Mi celular empezó a sonar y tuve que levantarme a tropezones para hacerlo silenciar. Me miré al espejo y me di cuenta de la cara de polvo que tenía. ¡Lo peor del caso es que aún no empezaba! Me pasé los dedos entre el cabello para intentar mitigar el desastre y lo vi, desde el reflejo del espejo, acostado en la cama sosteniéndose la cabeza con la mano derecha viéndome como un niño que observa a la niña que le gusta.

    “¿Qué miras?” –le pregunté

    “Estoy disfrutando la paja mental que tienes tratando de entender lo que te acaba de suceder” –me respondió.

    “No te confundas, esto es lo mínimo a lo que estoy acostumbrada” –le contesté.

    “OK, subámosle el volumen entonces, porque entenderás con rapidez, que de mi no te olvidarás” –JC

    “Pero ¿quién carajos se habrá creído este idiota?” –pensé sin esbozarle más que una mueca.

    Se levantó de la cama y se aceró a mí mientras lo veía por el espejo de la credenza. Me tomó del cuello y me giró; sus brazos me cargaron con facilidad y me depositó encima de la credenza con las piernas abiertas. El olor de mis fluidos le resultó evidente

    “¡Qué rico hueles!” –exclamó

    “Eres un asco” –le comenté

    “El sexo solo es asqueroso cuando se hace adecuadamente” –sentenció contundentemente.

    Me acercó ese pedazo de ariete a mi intimidad y mi vulva mostró felicidad inmediatamente. Lo besé con las mismas intenciones de un ladrón. Quería demostrarle, reagrupada de mi voluntad, quién era yo. El tiempo empezó su marcha nuevamente y nuestros cuerpos iniciaron el juego. Con cada toque de sus dedos en mi piel, iba dejando rastros visibles de que disfrutaba plenamente su contacto. Como un pintor en un lienzo en blanco, se erizaba dibujando trazos de deleite.

    Sentir sus besos en mi cuello fue electrizante, me producía pequeños calambres en la mitad de mi cuerpo, mientras la otra mitad le demandaba la misma atención. Impacientemente me quité la blusa al tiempo que él se entretenía con mis piernas, pero cuando decidí quitarme el sostén lo alejé con mi pierna para que me viera.

    Muy despacio me llevé las manos a la espalda buscando desabrochar el brassiere mientras lo veía directo a los ojos. Quería que me comiera con ellos y que experimentara la misma ansiedad que me provocaba su cuerpo. Cuando su atención se posó absortamente en mí, el sostén cayó por gravedad y le mostré mis senos, le quité el pie del abdomen y lo dejé caer sobre ellos.

    Me apretaba y me acariciaba con agitación e inquietud, se los llevaba a la boca y los mamaba deliciosamente, pinchaba mis pezones entre sus dedos y los estimulaba a ambos sin preferencia. Yo cerraba los ojos y lo gozaba cada vez más, sentía cómo su pene se acercaba y yo procuraba masturbarme con él. El juego siguió y siguió, cada minuto me excitaba más y comencé a sentir esa acumulación de energía que presagiaba otro orgasmo solo con frotarme con él. Estaba al borde de llegar cuando súbitamente paró y me tomó la cara con ambas manos.

    “¿Te quieres venir otra vez?” –JC

    “¡Si!” –C

    “Entonces… ¡ruégame!” –JC

    Apenas escuché estas palabras y traté de parar, pero ya estaba a más de la mitad del camino, mi cadera se movía casi por instinto tratando de alcanzar su miembro que alejaba de mí para evitar el contacto.

    “¡Estás enfermo si piensas que voy a rogar!” –C

    Pero mañosamente me volvía a acercar ese pedazo del hombre que deseaba con desdén. Volvía a masturbarme con él y cuando me acercaba a mi orgasmo lo volvía a alejar. Estuvo haciendo eso por espacios de tiempo que ya no me pertenecían, yo solo deseaba sentirlo. Lo último que me quedaba de voluntad me abandonó para ese momento.

    “Si lo quieres, ya sabes qué tienes que hacer” –JC

    Lo tomé con ambas manos del cuello para acercarlo a mis labios, lo besé con una emoción que sentí desconocida para mí hasta ese momento y le susurré entre besos…

    “¡Cógeme!, te ruego por favor que me hagas tuya, que me tomes en posesión hasta que sacies tus ganas de mi cuerpo, que lo uses tanto como te parezca hasta que explotes en él… ¡úsame!” –C

    ¡No daba crédito a haber dicho tal cosa!, me sentía totalmente emputecida de deseo. Me arrebató el condón con la mano y se lo colocó. No tuve que esperar mucho para que me volteara con furia, me empujara contra el mueble y colocara mi cara contra la pared. Separó mis piernas con su pie y me separó las nalgas con sus manos. Sentía claramente como gotas escurrían por mis piernas, que distinguía si era saliva en un inicio, sudor o rastros de su lubricación, hasta que me penetró de un solo movimiento.

    No pude contener el grito mezcla de dolor y de un placer bestial que me cimbró el alma. ¡No podía creer como se deslizaba dentro de mí empujando las paredes de mi vagina con violencia! Me llenaba como no había sentido hasta ese instante, sentía un dolor incontrolable, pero también una avalancha de placer que me inmovilizaba.

    Me tomó de las caderas y me nalgueó muy fuerte, no podía verlo, pero eran tan fuertes que, sin lugar a duda, me había dejado sus manos marcadas en ellas. Sin embargo, ese ardor me excitaba más y se lo pedía a gritos, cosa que lo encendió.

    Me recargué como pude en la credenza y me icé de las orillas para aguantar los empujones que me estaba dando, paré tanto la cadera que estaba de puntitas. Sentía no un golpeteo sino verdaderas embestidas que me intoxicaban el cerebro. Hacía rato que había dejado de ser dueña de mi cuerpo y mientras él se daba vuelo con mi anatomía, a mí me invadían corrientazos eléctricos, convulsiones y contracciones desde adentro, las piernas me temblaban con desfachatez. Los orgasmos arribaron uno detrás del otro y en ningún momento dejé de gritar, de gemir y de pedirle más.

    Cuando noté que se empezó a agitar, procuré hacer uso de la última reserva de fuerza que quedaba en mí para acompañar sus movimientos con mi cadera hasta que sentí como su pene palpitaba y se vaciaba dentro de mí. No podía más, pero esperé hasta su última contracción antes de desparramarme en el suelo.

    Se dejó caer a mi lado mientras escuchábamos nuestra respiración perturbada y reíamos de forma incontrolada. No me quedaron más ganas de seguir pretendiendo.

    “¡Cabrón, eres el mejor polvo que me han dado en toda mi vida, y eso es mucho!” –C

    El solo atinó a sonreír mientras me veía fijamente a los ojos. Por un momento pensé que iba a ser un momento incómodo, pero se acercó a mí y me besó como si tuviera la misma hambre de hacía unos minutos.

    “Esto es solo el inicio” -JC

  • El mejor día de mi vida

    El mejor día de mi vida

    Mi vida cambió aquel día en que cumplí mi primera fantasía sexual con la mujer que me gustaba; ella de 57 y yo de 18. 

    Nos conocimos por internet y teníamos más o menos tres años de amistad.

    Siempre fingí tener cariño puro hacia ella, ella también me demostraba afecto de una manera respetuosa y sin insinuaciones, me lo repetía cada que me decía un «te quiero mucho» o cada que me ponía un corazón en el mensaje, era obvio que sus intenciones hacia mí no eran las mismas que yo tenía hacia ella, eso me ponía triste, pero por otro lado me ponía muy feliz que al menos me tuviera en cuenta.

    Nuestro primer encuentro fue de lo más placentero, yo le tenía unas ganas inmensas e intensas que sentí cómo mi corazón latía a mil por hora cuando la vi, y cuando llegó el momento de darnos el primer abrazo no podía dejar de sentir sus grandes senos tocar mi cuerpo, fue una sensación maravillosa, ella no tenía ni idea de lo que pasaba por mi cabeza en ese instante.

    No sabía cómo despegarle la mirada a aquella hermosa mujer, era perfecta para mí (como a cualquier enamorado le sucede), al mismo tiempo que no podía despegar la mirada de sus enormes atributos, no sé con certeza si mis miradas penetrantes la incomodaron, no sé ni siquiera si las sintió.

    No podía decidir en mi mente si tomar la oportunidad para hacerle las cosas sucias con las que soñaba yo desde hace tiempo o que todo fuera más decente, tal vez se enfadaría conmigo y lo tomaría como falta de respeto, o tal vez continuaba y le gustaba, fue difícil pero me convencí, ¡es ahora o nunca!

    Al día siguiente la invité a una playa bonita de mi ciudad que en lo personal a mí me gustaba por lo tranquilo y privado que es, ella accedió y yo con los nervios a flor de piel.

    Llegamos y por suerte mía no había nadie, el lugar era el ideal, estábamos solas, apenas se escuchaba el ruido de las olas, solo yo sabía que a lo que íbamos.

    —Y ahora qué hacemos aquí? —me preguntó en un tono sarcástico, la verdad no lo negaré, mis mejillas se tornaron rojas, y como si el aire me faltara le respondí– me gusta este lugar, quería que lo conociera.

    Ella vestía un traje de baño de una sola pieza, el cual me permitía admirar sus senos con más facilidad, eran grandes y caídos quizás por la edad, pero a la vez se miraban exquisitos, me mojaba con tan solo verlos, mientras que la parte de abajo de su cuerpo la cubría un pareo medio transparente.

    –Vamos al mar, va?

    —Vamos, pues

    Nos levantamos y fuimos, estábamos a unos pasos.

    Entramos al agua y vi cuando se inclinó a mojarse la cabeza, sus senos colgaban y se movían de un lado a otro, mientras yo volteaba al lado contrario con cara de excitación.

    Dije entre mí misma, el momento ha llegado… Miré descaradamente hacia sus senos nuevamente, ahora ella observaba, pero solo halagué en voz alta su top, y lo toqué sintiendo la «textura del mismo», sintiendo a la vez sus senos en mi mano al fin, mi cara lo decía todo, no contuve las ganas y metí mi mano, era pequeña a comparación de lo que tocaba, no lo podía creer y ella lo permitía estando en shock, –puedo? –susurré en su oído y apenas escuché un «sí» tímido.

    Bajé su top poco a poco, gozando cada segundo que pasaba hasta que llegué a sus erectos pezones, eran como me los imaginabas; gruesos y claros.

    Ahí estuve unos minutos sintiendo y mirando su cuerpo desnudo, ¡era magnífica, Dios!

    Ella igual desató los cordones de mi top y comenzó a hacer lo mismo, sentía cómo me venía.

    Salimos del agua y continuamos acostadas en toallas ahí en la playa solitaria, quedamos totalmente desnudas, su vagina era tono marrón y con los vellos semidepilados, y de entre sus labios externos alcancé a percibir su clítoris viejo un tanto erecto y lo acaricié con las manos al principio, pude sentir en la palma de mi mano sus líquidos vaginales a la par de un gemido ligero (yo le había provocado un orgasmo), me dijo que parara, y después de cinco segundos continué con la lengua, lo succionaba y jugaba con él mientras que con una mano metía mis dedos a su vagina y con la otra tocaba sus pezones más duros que una piedra, ya estábamos exhaustas, ya no podíamos más.

    Todo se acabó placenteramente después de treinta minutos, y fue ahí que me preguntó que qué pasaba conmigo, que por qué no se lo había dicho antes, más yo no sabía que ella sentía algo por mí también, pero me lo ocultaba, nos lo ocultábamos.

    No, no pasó nada después entre nosotras dos, quedamos como buenas amigas ahora más que íntimas.

  • Mi hermana conoció a Tronco

    Mi hermana conoció a Tronco

    Que loca es la vida y más loca es mi familia.

    Soy Nicolás y vivo con mi madre y mi hermana, mi padre se divorció y se fue hace unos años de casa, aunque lo vemos seguido, él ya formó pareja con la mujer con que le metió los cuernos a mi madre. Al principio fue una relación complicada, pero mi madre lo asumió y lo dejó hacer su vida, a mí y mi hermana, aunque nos afectó, lo perdonamos y nunca lo dejamos de ver.

    Con mi hermana somos como amigos íntimos, nos contamos todo, le llevo solo un año y casi tenemos los mismos gustos. Ahora no estoy de novio, pero ella si lo está con un amigo mío, Patricio, que conozco desde cuando éramos niños.

    Un día estaba en mi cuarto con la Pc, jugando en línea y entra mi hermana para contarme algo que parecía preocuparla, casi siempre son pavadas, pero la escucho.

    Antes de contarles la conversación y a que llevo, les voy a contar como es mi hermana, su aspecto físico y carácter, también el de mi madre que también será protagonista.

    Agustina, así se llama mi hermana, es medio acelerada para todo, habla hasta por los codos, como ya les dije me cuenta todo, hasta intimidades de mi amigo. Ella es algo bajita, pero tiene lindas tetitas y buen culito. Es linda de cara, salió a mi madre, que también les voy a describir.

    Mi madre, es hermosa, se puede decir que compitió en la liga profesional, fue modelo y hasta llego a ser conocida en el ambiente, todavía la llaman para algunos trabajos. Se llama Elena, aunque como modelo era conocida por Ellen, tenía un cuerpo espectacular, bueno, aun lo tiene, da gusto verla, el carácter es otra cosa, se enoja con facilidad, entra en cólera al instante, creo que eso fue el detonante de su separación, pero se le pasa enseguida y se vuelve una seda, con mi hermana ya la conocemos. Es alta, casi un metro ochenta y sobresale entre las mujeres, yo creo que salí a ella, soy alto también, mido un metro noventa y uno, gracias a ello soy buen jugador de vóley.

    Pero volvamos al encuentro con mi hermana.

    Agus: Patricio es un estúpido.

    Nico: ¿Qué paso ahora?

    Agus: siempre lo mismo, quiere cosas raras

    Nico: ¿Cosas raras?

    Agus: Sí, la otra vez me pidió que le haga pis en la cara y le hice caso, ahora me pidió que me lo deje meter por el culo y le quise dar el gusto, pero me duele, no puedo.

    Nico: ¿Por eso se pelearon?

    Agus: No, por eso no, empezó a decirme que le va a decir a Tronco que me lo agrande, que me lo va romper Tronco, que Tronco esto y aquello, entonces le pregunté quién era Tronco y no me quiso decir, se empezó a reír y no me quería contar. Vos sabes como soy, lo peor que podés hacer es dejarme con la duda, se lo pregunté varias veces más y el pelotudo no me quería decir nada, se reía, entonces me enojé y me fui.

    Nico: ¿Por eso te peleaste? Jajaja ¿Por Tronco?

    Agus: Sí, por eso. ¿Vos sabes quienes es Tronco? ¿Qué cosa es Tronco?

    Nico: jajaja no te puedo decir.

    Agus: Pero no seas pelotudo también, dale, quiero saber, no seas igual que tu amigo, mira que le cuento a mamá que un día te pajeaste mientras la veías desnuda y sabes como se pone.

    Nico: Bueno, dale, a mí me dicen Tronco.

    Agus: ¿A vos? ¿Por qué?

    Nico: Porque va a ser, por la pija

    Agus: jajaja un tronco, jajaja Quiero ver

    Nico: Estas locas, sos mi hermana

    Agus: Dale, quiero ver, no seas malo, no tengas vergüenza

    Nico: Mira que todas las que lo vieron se lo llevaron a la boca.

    Agus: Dale, puedo ser la primera que no se lo lleve a la boca, dale no seas tonto

    Nico: Bueno, me bajo el pantalón y lo miras rápido

    Al instante Agus se lanzó al piso y golpeo sus rodillas en el piso, quedó esperando como un perrito su comida.

    Me bajo del todo el pantalón y la ropa interior, la pija queda colgando semi erecta a unos centímetros de su cara.

    Agus: Wow, es gigante

    No termina de asombrarse que me la agarra con una mano y tira para llevarla a la boca.

    Nico: No Agus, que mamá nos puede ver, estas loca.

    Estaba como poseída, tira de mi pija con toda su fuerza y se la mete en la boca, la empieza a chupar, la succionaba y podía sentir como crecía de tamaño en su boca. Alcanzo a darle una patada a la puerta y cerrarla. Era algo increíble lo que estaba pasando, aunque siempre la había deseado en mi imaginación, pero nunca creí que pasaría. Creo que todos los hermanos sueñan con una mamada de su hermana.

    Agus es una gran mamadora, chupa con una increíble fuerza de succión, sentía que se la quería tragar entera. No quería acabar tan rápido en su boca, de pronto un grito de mi madre lo impidió.

    Ellen: ¿Qué están haciendo? ¡Están locos!, Agus ¡Deja de chupar! ¡Los voy a matar! ¡Paren, ya!

    Si, como se darán cuenta, entro de repente mi madre a la habitación y comenzaron los gritos y siguieron, tratando de despegar a mi hermana de mi pija.

    Ellen: ¡ya basta! ¡Deja de chupar! ¡No seas puta!

    Agus, no paraba de chupar, lo hacía más fuerte ante los empujones de mi madre. Por fin se le hace caso y se la saca de la boca, ahí fue cuando mi madre cambia de actitud al ver mi pija. Con un tono más apagado le reclama a Agus.

    Ellen: Basta, Agus, ni siquiera la chupas bien.

    Agus: jajaja, es toda tuya, enseñame

    Mi hermana le mostraba mi pija como si fuera un bastón y la sacudía ofreciéndosela a su boca, mi madre bajó la mirada, se arrodillo y se la metió en la boca, Agus se puso detrás de mí y me empezó a lamer el culo. Estaba viviendo un sueño. Mientras le acariciaba el pelo a mi madre, veo como se desviste mi hermana y queda desnuda, mi madre seguía disfrutando del pene, recorriéndolo con la lengua y metiéndoselo en la boca.

    Agus, luego le saca el jogging que llevaba puesto mi madre y le empieza a chupar el culo mientras mi madre seguía chupando el pene. Podía ver como desaparecía la cara de mi hermana entre las hermosas nalgas de mi madre, un culo perfecto.

    Peor que una mujer caliente son dos mujeres calientes, no paraban, se potenciaban. Me empujaron a la cama y me terminaron de desnudar, mi hermana fue la primera en meterse la pija en la vagina, estaba tan lubricada que entró con facilidad, escuche su suspiro cuando entro, pero no la podía ver, mi madre se había sentado en mi cara para que la chupe. Era algo increíble comerle el culo a mi madre, casi me quedaba sin aire, pero no podía parar de chupar, y sentir ese olor exquisito, me estaba chorreando con sus abundantes fluidos mientras gemía a los gritos. Mi hermana se levanta de golpe y le deja el turno a Ellen.

    Mi madre se pone en cuatro sobre la cama a la espera de ser clavada, mi hermana se arrodilla, toma mi pene y lo arrima lentamente a mi madre, pero lo desvía y lo apoya sobre el ano de mi Ellen, aprovecho y empujo de golpe antes que se dé cuenta y se lo meto en el culo, pega un grito, pero empujo y lo entierro bien al fondo. Mi hermana estaba fascinada, se le notaba la alegría en su cara mirando como bombeaba a mi madre, hasta se reía, cuando entre algunas bombeadas, se escuchaba el ruido de algún pedito que salía del culo por la presión del aire.

    Después de un rato se la saco del culo, queda acostada en la cama riéndose y tocándose el culo con las dos manos, le dolía el agujerito. Se vengaría de mi hermana.

    Ellen: Ahora es tu turno, date vuelta

    Agus: Despacio, nunca me la metieron por el culo

    Ellen: vamos Nico, es todo tuyo

    Nico: Vas a conocer a Tronco

    Ahora la que se puso en cuatro fue mi hermana y la que tomó mi pija fue mi madre, que antes de apuntar el culo de mi hermana la chupa para dejarla bien erecta.

    Apoyo el pene en el cerrado esfínter y tengo que hacer un poco de fuerza para que entre, pero logro meter la cabeza, fue ahí cuando Agus pega un grito muy fuerte mientras mi madre se ríe disfrutando de su dolor.

    Ellen: Dale Nico, empuja con fuerza

    Le hago caso y se le meto toda entera, podía ver como se hinchan las venas del pene por la presión del pequeño agujero. Entre fuertes gritos y gemidos, entraba y salía cada vez con más facilidad, le estaba dando el gusto a mi hermana, le estaba preparando el culo para que lo disfrute su novio.

    Le acabo dentro del culo a mi hermana, cuando saco la pija, mi madre la limpia con la boca y mi hermana queda agotada sobre la cama. Luego mi madre le inspecciona el culo, se lo mira para ver si tenía algún desgarro, porque le dolía, pero tuvo suerte, solo estaba dilatado.

    Nos prometimos no volverlo a hacer, pero la promesa duró poco, al otro día cogimos de la misma forma, ya no pudimos parar, lo hacíamos los tres juntos o con cualquiera de las dos, especialmente con mi madre, mi hermana muchas veces se conformaba con su novio, pero cuando tiene ganas de algo grande me viene a buscar.

    Con mi madre duermo todos los días, así que cogemos todos los días, mi hermana muchas veces se nos suma. Es una familia media rara, algo loca, pero dejamos los prejuicios de lado, la vida es una sola y la disfrutamos como mejor podemos.

  • Disfrutando los cuatro

    Disfrutando los cuatro

    Yo estaba recostado en una cama semi abrazado de frente a Laura y recién terminábamos de una sesión de sexo intensa y rica. Nos besábamos, mientras ella tocaba mi pene y lo ponía erecto de nuevo, embarrando nuestros jugos a lo largo, mientras yo acariciaba su cuerpo, sus senos y pezones duros que apuntaban hacia mí, retadores, así como le tocaba su entrepierna para mojar mis dedos y dárselos a probar. Ella los lamía con lujuria y deseo como si de un pene se tratara. Escuchábamos la acción que se daba en la cama de al lado.

    Tus gemidos y los movimientos que hacían ambos, evidenciaban una rica e intensa cogida entre ustedes dos. Laura me señalaba que guardara silencio para escucharles y, mientras nos besábamos suavemente, se acercaba a mi oído para decirme casi en susurro, frases apenas audibles: «escucha como Manuel se la coge rico», «me encanta como ella está muy excitada», «uff qué cachonda», «qué intensos», «se ve excitante como le entierra su dura verga» y «por como se la coge, se ve que lo prendió cañón», entre otras cosas.

    Escuchábamos como te hacía gemir con sus arremetidas, y la humedad de tu sexo era evidente, por como sonaba cada embestida suya. Volteamos a verlos y te tenía en 4 puntos, inclinada, tu cara descansaba en la cama, viendo hacia nosotros, restregando en las sábanas tu mejilla con cada empuje de su pene, aunque tus ojos los mantenías cerrados de la excitación. Tu cara denotaba el deseo y satisfacción que te producía su invasión continúa, profunda, intensa. Tus muy atractivas nalgas (que son motivo de admiración y miradas al caminar en las calles, junto con tus senos) se las entregabas levantadas, te sujetaba con sus manos por tus caderas, enterrando esa verga dura y larga que Manuel empujaba en tí con mucha intensidad con ritmo variado. En 10 minutos te contamos 4 orgasmos, más uno final muy muy intenso, que mojó aún más todo y que te cimbró con espasmos continuos de tu cuerpo y una corrida copiosa de Manuel con una estocada profunda de su viril miembro dentro de ti, que disparó tu último orgasmo.

    Al terminar de vaciarse en ti, se reclina sobre tu espalda, besando tu cuello y vemos como te saca su pene semierecto, mojado de sus jugos. Te vuelves hacia él, lo tomas con una mano y lo llevas a tu boca, lamiéndolo con tu lengua y saboreando cada parte embarrada de sus jugos hasta succionar sus testículos con tu boca. El gime, se lo pones erecto de nuevo y deja salir unas gotas más de semen, que apuras a embarrar en tus labios.

    Se incorporan abrazados y se acercan a la cama donde estamos nosotros. Te acuestas a mi lado, me abrazas restregando tus senos en mi cuerpo y me besas en la boca con el sabor de sus jugos. Tu cuerpo suda por todos tus poros de lo intenso de la cogida. Te ves hermosa. Él da la vuelta a la cama y se acuesta detrás de ella, pegando su cuerpo y abrazándole para besarse tiernamente, mientras que con una mano le toma uno de sus senos, apretando su pezón y hace que Laura se estremezca, mientras le dice lo mucho que disfrutó cogerte y venirse en ti.

    Ella gime de lo excitada que está y le dice que está llena de mi semen, llevando la mano de Manuel a su vagina para que la sienta. Metes dos dedos en tu vagina, los sacas chorreando y me das a probar de sus jugos, embarrándolos en mis labios para besarme y lamer mi boca, saboreándolos, mientras que con tu mano alcanzas mi pene, donde te encuentras la mano de Laura recorriéndolo y me dices que te gusta que lo tenga duro para cogerlo rico. Sin hacer a un lado la mano de ella, te levantas, pasas una pierna sobre mi cuerpo y tomas mi pene para llevarlo a tu entrada, rozando la punta en tu húmeda entrepierna. Ella retira su mano hacia mis testículos mientras te montas en mi pene erecto y se va perdiendo en tu muy mojado interior, hasta consumirlo todo.

    Te inclinas hacia mi para besarme y preguntarme si siento lo mojado que tienes tu vagina llena del semen de Manuel y el producto de tu propia excitación. Es una sensación especial, más que, mientras tocas a ella y le pides a el que se acerque a que le chupes su verga, hasta ponerla dura de nuevo. Sigues montada en mi, y le pides que te la meta junto a la mía.

    Se acerca detrás de ti, se pega a tu espalda y va encaminando su dura verga para unirla a la mía en esa perforación continua a tu vagina. Al sentirlo en la entrada, te excita y un orgasmo tuyo se expresa de nueva cuenta. Te penetra con cierta facilidad y va realizando un movimiento que sube de intensidad frotando ambos penes dentro de ti. Es inevitable venirnos de nuevo en ti y tú nos mojas incontables veces con tus corridas durante esos minutos que duró penetrarte entre los dos.

  • 18 años recién cumplidos

    18 años recién cumplidos

    A los 18 años todavía eres una niña ingenua dispuesta a creerte lo que quieran que te creas, todavía sin experiencia alguna pueden moldearte a su antojo si te dejas, este relato cuenta precisamente cuando un profesor mío terminó follando conmigo.

    Hace tiempo empecé a escribir relatos para vosotros, hace tiempo que os cuento mis fantasías más ocultas, hace tiempo que empecé a desnudar algunos de mis recuerdos más personales y este relato es un ejemplo de ellos, este relato compuesto de dos capítulos es una historia real que salvo mi gran amiga Sofía nadie más conoce hasta ahora, es un relato que lo cuento tal y como ocurrió aunque me tenéis que perdonar algún que otro adorno.

    Quizás fue, no, seguro que fue el principio de nuestra vida sexual, había dejado de ser virgen hacía poco tiempo y el sexo no estaba entre una de mis prioridades, todavía mejor dicho, porque hasta aquel día el germen del sexo no había florecido en mí, aquel día lo cambió todo, aquellos días marcaron mi camino desde entonces en cuanto a las relaciones, fue algo que me ocurrió hace mucho tiempo, un verano con 18 años recién cumplidos.

    En aquella época como cualquier chica de mi edad, yo era todavía una niña con muchos sueños en mi cabeza, había algo que me absorbía todo el tiempo, en septiembre empezaría la universidad, atrás quedaba el bachillerato donde dejaba amigos e incluso profesores con los que había mantenido una muy buena relación y aquel día casi todo desaparecería de mi vida, aquel día dejaba de ser una niña para convertirme en mujer.

    Un verano por delante junto con mis amigas que aparte de hablar de lo que haríamos en la universidad, solo nos íbamos a preocupar de pasárnoslo bien, tostarnos en la playa con el sol de la mañana y salir de fiesta con nuestros novios por la tarde y cuando me refiero a las amigas casi me podría referir solo a Sofía en lo tocante a tomar el sol en la playa.

    A primeros de julio el pueblo donde veraneábamos con mis padres se llenaba de turistas venidos de todas partes, Sofía y yo solíamos quedar a primera hora en la playa y quedábamos toda la mañana tomando el sol, cuál fue nuestra sorpresa que un día justo a nuestro lado se sentó nuestro profesor de biología en el bachillerato junto a su familia, Joan era un hombre bastante guapo y con buen cuerpo aparte de simpático, estuvimos todas las chicas enamoradas platónicamente de él durante los dos años de bachillerato, sabíamos que tenía mujer y todas soñábamos y fantaseábamos con ser ella.

    Nada más vernos empezamos hablar, bromeaba con nosotras y nos daba consejos para la universidad, al día siguiente a la misma hora le volvimos a ver y al día siguiente y al siguiente, así toda una semana, siempre venía con su mujer hasta que un día dejo de venir ella, nos contaba que estaban mal y que estaban a punto de separarse, nosotras evidentemente le creímos, entendimos y consolábamos, empezamos a quedar los tres todos los días en la playa como si fuera una más de nuestro pequeño grupo de dos, solo que la diferencia de edad era de 30 años y parecía que estábamos con nuestro padre.

    La primera semana de agosto Sofía siempre se iba una semana de vacaciones con sus padres a Galicia, así que por las mañanas bajaba sola a la playa sin que nadie de mis amigos me acompañara, unos estaban trabajando, otros preferían quedarse en la piscina o ir a jugar al baloncesto como era el caso de mi novio que hasta por la tarde, por regla general no solíamos quedar, a casi nadie le gustaba la playa salvo a Sofía y por su puesto a Joan que seguía quedando conmigo.

    Cuando estábamos con Joan hablábamos de todo un poco, sobre todo de música, nos contaba que tenía una enorme colección de discos de vinilo, alguno de ellos verdaderas joyas que compró en sus continuos viajes a Londres cuando tenía algunos años más que nosotras, siempre me acordaré de aquel miércoles cuando me comentó que tenía una primera edición firmada por los cuatro de Liverpool, The Beatles, el álbum debut del 22 de marzo de 1963 “please please me”, no me lo podía creer, realmente era un verdadero tesoro el cual quería ver a toda costa y si podía hacerme un selfie con él, mejor.

    Me había prometido que me lo enseñaría, pero que por nada del mundo lo sacaría de su casa y sinceramente yo no podía esperar, quería mandarle el selfie a Sofía para que rabiara, ya que las dos éramos a pesar de nuestros años superfans, así que ni corta ni perezosa me levante de la toalla, me puse el pareo alrededor de la cintura y me quede mirándole sin decirle nada hasta que…

    -Venga Joan, estamos tardando en ir a tu casa para que me lo enseñes. –Le decía riéndome. –Has sido tú el que me ha dicho que me lo ibas a enseñar así que venga levanta que te estás quemando ya hoy ja, ja, ja.

    -Vale, vale, ya vamos, no sabía que fuera tan importante, no podemos ir otro día. –Me contestaba mientras se levantaba.

    -No. – le contesté tajantemente.

    A los 15 minutos estábamos entrando por la puerta de su apartamento y empezaba a mirar su colección de discos, pero a pesar de buscarlo y buscarlo ninguno de los dos lo encontró, me dijo que posiblemente lo tendría en la casa de Valencia y al oírle decir esas palabras fue como si me clavaran un puñal por la espalda, estaba tan ilusionada y ahora, ahora mi gozo se derrumbaba como un castillo de naipes, serian las doce de la mañana y Joan estaba cambiándose para coger el coche y llevarme a casa, le pedí si podía beber un vaso de agua y estaba terminando de beber cuando sentí su presencia por detrás, deje el vaso y me di la vuelta asustándome de lo cerca que estaba de mí.

    -Vaya Lara que susto te has dado. – Me dijo en el mismo momento en que yo di un pequeño salto del susto que me dio.

    -Jo profe es que no le esperaba tan cerca. –Contestaba riéndome con una mano cubriéndome la boca por el pequeño grito que di.

    -Profe, como que profe, donde quedo lo de Joan. –Se reía mientras se seguía acercando a mí, tocándome con suavidad un mechón de mi pelo. –Además no estaba tan cerca, mira ahora sí que estoy muy cerca. –Joan se había acercado tanto que su cuerpo casi rozaba el mío y me empezaba a poner un poco nerviosa.

    -Yo no… esto que… -No sabía que decir en ese momento, le tenía casi rozándome, su torso desnudo a pesar de que me había dicho que se iba a cambiar, su bañador eso si uno nuevo, pero tan cerca de mí que me estaba rozando con algo duro que yo esperaba no fuera su pene.

    – Lara, ¿no te importará que me acerque tanto a ti, verdad? – Me decía con una voz suave y calmada. – Te veo asustada y no tienes porque, no eres una chiquilla y que te has convertido en toda una mujer, ¿lo sabes verdad?, en una mujer muy hermosa, realmente bonita. –En esos momentos Joan apoyaba sus manos en la encimera de la cocina atrapándome en el centro de sus brazos y mirándome a los ojos muy fijamente.

    -Yo… bueno… yo ya no soy esa chiquilla que conoció profe, pero no sé que… la verdad es que. –seguía sin articular dos palabras seguidas y cada vez más nerviosa al estar entre sus brazos y con su cuerpo tan cerca que sentía su pene sobre mi vulva.

    -Profe, profe, no me llames así, llámame Joan. – Seguía hablándome casi en susurros, acariciando con ternura uno de mis brazos de arriba abajo con su mano. – Dime Lara que dirías si te besara ahora. –Joan dejaba suavemente sus manos en mis caderas. –Que dirías si luego te doy otro, dime Lara, ¿te gustaría?

    -Yo, supongo que… creo que… ya es tarde y tengo que marcarme, podrías… -Por fin articulé más de dos palabras seguidas, estaba tremendamente nerviosa y a la vez muy excitada, quería marcharme, pero quería quedarme, en mi cabeza no paraba de repetirme que era muy viejo para mí, pero sin embargo era tan guapo, no paraba de decirme que me fuera, que me quedara, que le dijera que si, que le dijera que no.

    -Entonces no quieres que te dé un beso Lara. –Preguntaba una vez más.

    -No, si, no sé, yo no… no sé profe. –Continuamente me salía de dentro llamarle profe y otra vez ni dos palabras seguidas.

    -No, si, si, no, mira vamos a hacer una cosa Lara, tú cierra los ojos, así, ciérralos y tranquila que no como, cierra los ojos Lara. –Me hablaba con una voz muy suave, dulce y calmada a la vez y yo cerraba los ojos como me había dicho, en ese momento note como sus manos apretaban mis caderas y como su pene se frotaba con mi vulva, sentí sus labios cálidos sobre los míos, un beso dulce y solitario, húmedo pero apasionado. –Ves no era para tanto, no crees Lara.

    -No la verdad que no. –Le contestaba abriendo los ojos y mirándole tan cerca que sus labios todavía tocaban los míos.

    -Ves como no me como a nadie, ahora si tú quieres te vuelvo a besar y si no, pues… te llevo a casa o donde tú quieras, aunque yo preferiría que te quedaras aquí, conmigo. –Joan había empezado a subir con sus manos por mi cuerpo desnudo salvo por el bikini y el pareo que llevaba en esos momentos, sus manos subían lentamente hasta llegar a mis senos, sujetándolos con sus manos, llenado sus manos con ellos a la vez que me besaba una vez más, mi cuerpo dio un pequeño respingo de placer al sentir mis senos entre sus manos y su pene frotarse nuevamente contra mi vulva apretándome contra la encimera.

    Esta vez el beso fue más prolongado, mordiendo mis labios con los suyos, realmente no fue un solo beso, realmente sus labios atacaban los míos de forma sistemática y calculada, hasta hacer que mi resistencia bajara para meter su lengua dentro de mí bailando con la mía, sus manos se había metido por debajo del sostén del bikini, pellizcando mis pezones haciendo que crecieran en menos de unos segundos, su pelvis se apretaba con mi vulva, moviéndose de un lado a otro y la verdad que yo no sabía como actuar, seguía tan nerviosa como antes o más, pero ahora estaba realmente excitada, mi vagina se había mojado al igual que mis labios.

    La pasión por fin venció a la razón y le abracé besándole con fuerza yo también, acariciando su espalda y dejándome llevar por él, su pelvis bailaba con la mía, sentía su pene golpear mi vulva buscando la entrada de mi vagina, entonces note como su mano se metió por debajo de la braga del bikini, sus dedos se deslizaban por unos labios humedecidos hasta mi vagina, un pequeño gemido salió de mi boca abierta cuando mi cuello estaba asaltado por sus labios besándome y una pequeña luz de cordura me ilumino y me separe de él pidiéndole que me dejara, que no quería estar allí.

    Corrí hasta el salón donde me pare, algo me hizo parar, algo en mí me quería retener allí con él, mientras que parte de mí se quería ir, esta lucha le dio tiempo a alcanzarme, a que me abrazara por la cintura con fuerza a la vez que me besaba el cuello.

    -Por favor Joan déjame salir, por favor no sigas. –Decía muy nerviosa, con los ojos llorosos.

    -Lara, no tengas miedo, es normal lo que te pasa, si te quisieras ir ya no estarías aquí, si de verdad te quisieras ir no te habrías parado, ssshh deja que te acaricie, déjame que te demuestre lo mucho que te puedo dar, que te puedo hacer gozar. –Joan hablaba y mientras hablaba sus manos acariciaban mi cuerpo, presionaban mis pechos por detrás, su pelvis se movía y rozaba mis nalgas, una mano volvía a meterse por debajo de mi bikini y acariciaba mi vello púdico, acariciando mi clítoris.

    Joan tenía razón, si me quisiera haber ido lo habría hecho, si no quisiera estar allí con él no habría parado de correr hasta llegar a mi casa, tenía razón, quería estar allí, deseaba estar allí con él y que pasara lo que tendría que pasar. Su mano apretaba con fuerza mi vulva mientras que su dedo corazón se metía en mi vagina, su otra mano no paraba de tocar mis pechos, de acariciar mis pezones, estábamos junto al sofá y dando un paso hacia adelante me hizo caer en él tumbándome boca abajo, le sentía encima de mí quitándome el sostén del bikini, desatando mi pareo y bajándome con extrema suavidad la braga del bikini hasta quitármelo por completo.

    En esos momentos cuando no notaba su cuerpo sobre el mío, pero si oía como se desnudaba junto a mí no quería mirar, empecé a notar sus besos por mi espalda, sus caricias por el interior de mis muslos, dejando sus dedos que andarán libremente por mis labios y abrieran mi vagina, introduciéndose dentro de ella, notaba ahora su torso sobre mi espalda con sus labios sobre mi cuello, sobre mi oído diciéndome que me relajara, que no tuviese miedo y que lo íbamos a pasar genial los dos disfrutando del sexo, me susurraba que me lo iba a hacer lentamente para que disfrutase de él, elevo un poco mi pelvis con sus manos y empecé a notarlo tumbado sobre mi espalda con su pene entre mis nalgas, buscando la abertura de mi vagina, subiendo y bajando entre mis labios.

    Realmente estaba disfrutando con sus caricias, con su pene subiendo y bajando excitándome cada vez más, deseando que terminara de castigarme y metiera su pene en mi vagina, deseaba que me lo hiciera lentamente como me había susurrado, yo ya no era virgen, pero si era muy inexperta y no sabía que hacer, aparte de estar con él me acuerdo de ver el mar por la puerta del balcón, un salón lleno de libros y discos, el sol radiante con un cielo despejado de cualquier rastro de nubes, me acuerdo de cómo su glande empezó a meterse en mi vagina, es ahora y todavía la siento entrar, deslizarse dentro de mí, dilatándome cada vez más, me acuerdo del sonido de mi voz, de los gemidos y pequeños gritos cada vez que me penetraba con su pene, llenando mi cuerpo de electricidad y de algo que hoy todavía no puedo explicar cuando tengo sexo.

    Era diferente a mi novio, era todo suavidad y dulzura, era rapidez y vigor, su pene entraba y salía haciendo que mi boca no se pudiese cerrar, que mi rostro se transformara en muecas de placer, que mis ojos se cerrara y abriesen al son de las penetraciones tan profundas que pensaba que era imposible que entrara tanto dentro de mi cuerpo y en ese momento Joan saco su pene y me pidió que me sentara encima de él.

    Joan se sentó en el sofá poniéndose un preservativo mientras yo me preparaba para sentarme encima de él, Joan admiraba a la vez mi cuerpo desnudo, miraba mi vagina dilatada y muy mojada, pasando los dedos por ella, me puse de rodillas sobre el sofá cogiendo su pene y metiéndomelo despacio en mi vagina, sus manos tenían obsesión por mis pechos, también su boca que no paraba de meterse mis pezones en ella, yo hacia mi cuerpo botar sobre su pene, subir y bajar, hacia delante y hacia atrás sin sacarla ni unos centímetros de mi interior, nos besábamos y abrazábamos apasionadamente, le notaba dentro de mí, le notaba deslizarse en mi interior y como poco a poco mi vagina se humedecía más, se mojaba más.

    Lo que me ocurrió fue algo que no me había ocurrido, a esas alturas mi novio ya se había corrido hace tiempo, pero Joan seguía entrando y saliendo de mí, entonces fue cuando lo sentí, cuando note un ardor en mi vientre que se iba deslizando por todo mi cuerpo, note como mi cuerpo era presa de espasmos en mis piernas, en mi vientre, unos gritos que al principio no podían salir de mi cuerpo a pesar de tener la boca bien abierta, era incapaz de moverme y Joan sujetándome de las nalgas me movía hacia delante y hacia atrás con fuerza, su pene hacía estragos en mi vagina hasta que por fin un grito tremendo salió de mi cuerpo al que siguieron varios más, no paraba de gemir y jadear, de gritar, de moverme con tanta rapidez que en alguna ocasión sacaba su pene de mi vagina, metiéndola nuevamente con prisas como si me fuera la vida en ello.

    Fue mi primer orgasmo, lo recuerdo como si fuera ayer.

    Joan con un movimiento rápido me tumbó en el sofá boca arriba y sin sacarme el pene se puso entre mis piernas a meter y sacar su tallo de mi interior, le notaba más excitado, le notaba gemir y jadear tanto que pensaba que ya se iba a correr, pero todavía duro unos minutos, el tiempo suficiente de sentirle tan dentro de mí, de entrar y salir tan rápido ahora que volví a correrme, volvía a tener otro orgasmo cuando Joan gemía, metiéndomela con fuerza y dejándola allí tan profunda que sentía como se corría.

    Acabábamos de follar, me acababa de follar mi ex profesor de biología, nos mirábamos y sonreíamos yo todavía con un poco de vergüenza, pero feliz de haber descubierto el sexo, el sexo con mayúsculas, no sería más tarde de las dos de la tarde cuando mis gritos se volvían a oír en su habitación, a las siete de la tarde estaba duchándome en mi casa recordando la mañana tan deliciosa que había tenido, no al comienzo sí, es verdad que tuve miedo, pero al final y siempre después de haber vencido aquel miedo pude disfrutar de una mañana realmente increíble.

    Ese mismo día, a las doce de la noche follaba con mi novio en el coche y mientras mi novio empujaba y me penetraba con su pene, yo miraba a un cielo oscuro estrellado, mi cuerpo se meneaba arriba y abajo mientras que pensaba y me preguntaba ¿qué estará haciendo Joan?, ¿dónde estará ahora?, ¿se estará acordando de mí?, mi novio se corría, se dormía un rato y mientras yo me ponía las bragas solo pensaba en la mañana siguiente, solo pensaba en volver a follar con Joan.