Autor: admin

  • Perdí mi virginidad por mentir en el chat

    Perdí mi virginidad por mentir en el chat

    Hola, mi nombre es Ariel, y actualmente tengo 32 años, soy casado desde hace 6 años y aunque soy varonil, he tenido algunos encuentros con otros hombres, quisiera relatarles algunos de mis experiencias, desde que era un adolescente.

    Empezaré por contarles que no soy mal parecido, soy de tez blanca y seguramente por herencia de mi madre soy nalgón, lo que desde muy temprana edad observé que atraía las miradas de muchas mujeres y también de algunos hombres.

    En esta ocasión les relataré algo que me pasó cuando tenía unos 19 años, y fue donde perdí la virginidad, había tenido algunos escarceos con un vecino de adolescente, pero sólo algunos roces que en otra ocasión relataré, y la culpa de perder mi virginidad fue por mentir en un chat.

    Acababa de entrar a la Universidad y me había mudado a la ciudad de México a estudiar, mi novia de aquel entonces se había quedado a estudiar en Tampico, lo que ocasionaba que tuviera las hormonas un poco desatadas.

    Recuerdo que entraba a páginas porno y en ocasiones entraba a páginas de chat para charlar con mujeres y desfogarme un poco, en cierta ocasión, recibí un mensaje privado de un nick llamado machosemental_45, pero dirigiéndose a mi como chica, pensé en un primer momento aclarar el error (Ariel también puede ser nombre de chica, ya me había pasado en algunas ocasiones), pero como ya tenía rato y estaba aburrido, decidí no sacarlo de su error y contesté como si fuera una chica.

    Resultó que era un señor maduro de 45 años, de nombre Roberto, recién divorciado y que vivía también en la ciudad de México, comenzamos a platicar y accedí a participar en una fantasía sexual escrita con él, relataba en forma muy ardiente y me masturbé muy rico con sus palabras, creo que a él también le gustó todo lo que relataba, porque me pidió quedar otro día para seguir con otra fantasía escrita, a lo cual accedí con gusto, y así quedamos de conectarnos al siguiente día con el mismo nick.

    Eran unas fantasías muy ardientes y en la siguiente ocasión me pidió mi correo electrónico para poder coordinarnos cuando tendríamos tiempo para entrar al chat, y se lo di, me masturbaba con los relatos e incluso confieso llegué a soñar alguno siendo la chica de los relatos.

    Pero se dio lo que me temía, me pidió conocernos personalmente, le había contado en que Universidad estudiaba y me pidió vernos en una cafetería muy cerca de la Universidad, fijo fecha y hora y me pidió ir, por supuesto que no acudí a la cita, todo había llegado demasiado lejos y sentí que lo mejor era contar la verdad, así que cuando me mandó el correo preguntando porque no había acudido a la cita, decidí sincerarme y decirle que era hombre, pensé que allí acabaría todo, pero me equivoqué, recibí un nuevo mensaje, diciendo que comprendía, que a veces pasa en los chats, pero que le gustaría que siguiéramos fantaseando, ya que le gustaba mucho los relatos que hacíamos juntos, claro, en mi rol de hembra.

    Me sorprendió que quisiera que continuáramos haciendo relatos en el chat a pesar de saber que era hombre, y más me sorprendió cuando me dijo que de todos modos le gustaría conocerme, que el siguiente sábado iría a la cafetería en la tarde y esperaba que no faltara.

    Toda la semana estuve nervioso y pensando si debería acudir, e incluso el mismo sábado dudaba en asistir, pero estaba intrigado y al final decidí dar una vuelta a la cafetería, pero sin revelar mi identidad.

    Llegue a la cafetería un poco tarde y pronto lo reconocí por la descripción que me había dado, era un hombre que se podría considerar atractivo, de alrededor de 1.78 m, de tez morena clara, y con un poco de sobrepeso, un abdomen un poco abultado, pero no mucho, vestía un traje gris oscuro, se veía elegante y caro, entré a la cafetería y me senté a unas mesas de distancia, pero pronto descubrió que lo observaba y se dirigió a mi mesa, en ese instante mi corazón latía de prisa y empecé a sudar, el me saludó con familiaridad, como si nos conociéramos de mucho tiempo.

    -Hola Ariel, soy Roberto, es un gusto conocerte. Al tiempo que estiraba su mano para saludarme.

    Estaba sumamente nervioso y casi no podía articular palabra, y aunque pensaba negar mi identidad, no lo hice, poco a poco, seguimos charlando y me alababa por la forma ardiente que escribía, que jamás hubiera pensado que era hombre, y entre plática y plática me fui sintiendo más cómodo, era muy amable y conversador, ese día se jugaban las semifinales del futbol mexicano y me preguntó que donde lo iba a ver, le contesté que no tenía planes y me invitó a verlo a su departamento, que no vivía lejos y que me invitaba algunos tragos.

    Aunque apenas lo conocía acepté y fuimos en su coche, pronto llegamos a su departamento, vivía en un edificio de departamentos muy elegante y su departamento era grande y acogedor.

    Me senté en la sala, mientras el fue a su cuarto a cambiarse y ponerse la playera de su equipo, que por casualidad era también el mío y regresó con un par de cervezas y botanas.

    Vimos el partido, se emocionaba mucho en cada jugada y en ocasiones sentía que me tocaba la pierna, nuestro equipo ganó 2 a 1 y en cada gol lo celebró gritando y abrazándome, ya habíamos bebido algunas cervezas y me sentía un poco mareado.

    Al final se sentó junto a mí y me dijo algo que no esperaba, que lo había hecho gozar mucho con nuestros relatos y que pensaba que dentro de mí había una nena esperando salir, al tiempo que sentí una de sus manos en mi pierna y la otra sobre mi hombro, abrázandome, me quedé estático, sin saber que hacer, congelado, pensaba en mi mente en huir, escapar, pero no lo hice y me apretó contra su cuerpo, sus labios buscaron los míos en un beso candente, mi cuerpo me traicionó y correspondí al beso, su lengua se revolvía dentro de mi boca y sentí que sus manos recorrían mi espalda.

    Poco a poco fueron bajando hasta encontrar mis nalgas y las empezó a apretar suavemente, mientras besaba mi cuello y mordisqueaba mi oreja, sentí su nariz recorriendo mi mejilla y aspirar, mientras me susurraba al oído.

    -Así nena, hoy vas a ser mi hembrita, he soñado tantas veces contigo, y hacer todo lo que hemos fantaseado.

    Mi piel se erizó, mi mente se puso en blanco, sabía que debía escapar, huir, pero no podía, sentí que poco a poco me fue desnudando, mientras me apretaba contra su cuerpo, era mucho mas fuerte que yo y no me resistí, ni siquiera lo intenté, me estaba gustando mucho como me acariciaba, sus manos ardientes recorriendo mi cuerpo, apretando mis nalgas, me quitó el boxer y continuó con sus caricias, sentí un dedo que se abría paso entre mis nalgas, recorriendo mi rajita, buscando mi orificio, pronto lo encontró y al instante di un pequeño respingo y un gemido salió de mi boca, no pensé que mi esfínter fuera tan sensible, empezó a rozar la entrada con la yema de su dedo y sentí que me volvía loco, mis últimas defensas se derrumbaban, abrí mas las piernas para darle mejor acceso y me susurró al oído lo mucho que le gustaba mi culo, que estaba muy cerradito y ardiente, me dio vuelta y me recostó sobre el sofá, empujando mi espalda hacia abajo y haciendo que abra mis piernas, quedando con el culito levantadito y expuesto, sin dejar de acariciar mi espalda y nalgas se agachó y sentí que empezó a morder mis nalgas suavemente, a besarlas y recorrerlas con su lengua, yo solamente gemía de placer, que rico sentía, abría mas mis piernas para facilitarle el acceso, de pronto sentí que abría mis nalgas y su lengua recorría mi rajita, ardiente y rugosa, encontró mi esfínter y jugaba con él, punteando suavemente, sentía que me desmayaba de placer, empujó un poco más fuerte y sentí que mi esfínter cedía y la punta de su lengua entraba dentro de mi culo, uffffff, di otro respingo, y se me escapó un gemido mas fuerte, estaba entregado, disfrutando, poco a poco la lengua entraba un poco mas en mi culo y la movía en forma circular, procurando tocar mis paredes internas, abrió un poco mas mis nalgas y sentí que escupió entre ellas y ahora sentí su dedo forzar mi entrada, la cual fue cediendo y entró la punta de su dedo índice, me ardió un poco y se sentía extraño, no precisamente placentero, pero empezó a empujar despacio, suavemente y en forma circular, procurando tocar mis paredes internas, siempre poniendo mas saliva en su dedo y poco a poco sentí como iba entrando su dedo en mis entrañas, hasta que tocó lo que supongo era mi próstata y empezó a masajearla, uffffff, sentí una oleada de placer recorrer mi cuerpo, una corriente eléctrica y empecé a retorcerme de placer, mis gemidos subieron de intensidad.

    – Ves amor, como gozas con tu coñito, sabía que eras una hembra.

    Sentía extraño que me hablara en femenino, pero creo que me excitaba, en ese momento, era cierto, era su hembra, sentía la colita muy llena de saliva y flojita, su dedo entraba y salía con facilidad y en ese momento sentí que me introducía un segundo dedo, abriendo más mis entrañas, me ardió un poco más, pero era soportable y era más el placer que sentía, que no opuse resistencia, sus dedos me revolvían por dentro, masajeando mi próstata y sentí que los intentaba abrir y cerrar, estirando mis pliegues, y también los metía y sacaba siempre poniendo mas saliva a sus dedos, sentía la colita llena de saliva, muy húmeda y abierta, su saliva escurría hasta mis testículos, así siguió algunos minutos y pensé que me correría, pero justo antes de que me corriera, saco sus dedos y sentí algo mas grueso y ardiente, voltee a verlo y vi que ya estaba desnudo, y lo que sentía era la punta de su verga, una verga muy gruesa y larga, que recorría mi rajita y azotaba mis nalgas, sentí que empezó a puntear en mi agujerito y me encantó, era una caricia suave y ardiente, su mano se posicionó en mi espalda y la empujó haciendo que levantara mas la colita, después me tomó de la cintura y empujó un poco más fuerte, y ahí sentí un dolor tremendo, como si un cuchillo me partiera en dos, me retorcí en el sofá y me zafé de la posición dando media vuelta.

    Me pidió disculpas y me dijo que iba a hacer más suave, también me dijo que tenía un lubricante que usaba con su ex-esposa y fue a buscarlo, yo estaba indeciso, me había dolido mucho y tenía dudas de continuar, con algo de temor accedí, pero con la condición de que no me fuera a penetrar, solamente que se masturbara con mi colita, él accedió, en esta ocasión me pidió que me recostara sobre uno de los brazos del sofá y doblara mi cintura, estaba nervioso y él lo notaba, siempre tratando de tranquilizarme, me dijo que solamente pondría su verga en mi agujerito punteando sin meterla y que me haría acabar muy rico, sentí algo frío y gelatinoso en la entrada de mi culo, que imaginé que sería el lubricante y empezó a frotar con su dedo, empujó y fácilmente se deslizó dentro mío, puso mas lubricante y se esforzó por introducirlo dentro con su dedo, moviéndolo en forma circular para lubricar mis paredes internas, se sentía delicioso.

    Cuando sentí su verga ardiente en mis nalgas, por instinto me puse tenso, y apreté la colita, en forma paciente me acariciaba las nalgas y me dió un par de nalgadas que me ayudaron a relajarme un poco, su verga ardiente recorría mi rajita lentamente, se sentía babosita, llena de precum, posicionó la cabeza de su verga en mi entrada y punteó suavemente, era una sensación muy rica, me gustaba mucho, pero seguía un poco tenso, siguió acariciando mi espalda y empujando hacia abajo para que abriera mas la colita, de pronto subió una de sus rodillas al brazo del sofá al lado de mi cuerpo y me pidió que pujara para que sintiera mas rico, me encantaba la sensación, era muy intensa y pensé que en cualquier momento me correría, me pidió sincronizar movimientos y que pujara al tiempo que el punteaba para que acabara muy rico y así lo hicimos, empezó a contar y a la cuenta de tres me punteaba al tiempo que pujaba, volvió a contar, pero en esta ocasión al momento de que pujé empujó con fuerza y sentí nuevamente que me desgarraba, un dolor insoportable, la cabeza de su verga había entrado en mi culo y mi esfínter se cerró sobre el tronco de su verga, nuevamente intenté zafarme, pero era imposible, no había espacio hacia ningún lado para poder voltearme, estaba encerrado entre el respaldo y el brazo del sofá y la rodilla de Roberto, el único movimiento posible sería hacía arriba, ensartándome más con la verga de Roberto, grité, pedí que me la sacara, pero no se movió ningún milímetro, tampoco siguió empujando.

    – Relájate, cariño, ya entró la cabeza de la verga, no te muevas, espera que tu culito se acostumbre al grosor de mi verga.

    Mis intentos por zafarme eran en vano, Roberto me tenía muy bien sujeto, su mano firme en mi espalda no me permitía moverme, al igual que su pierna a un costado de mi cuerpo, un par de lágrimas resbalaron por mis mejillas, sentía como si mi culo hubiera sido atravesado por un cuchillo ardiente, y sentía que la cabeza de la verga de Roberto palpitaba, latía en mi interior, Roberto continuó acariciando mi espalda, y mis nalgas, para tratar de relajarme.

    Dejé de luchar, me rendí, pensé que lo mejor sería hacerle caso a Roberto e intenté relajarme, a fin de que disminuyera el dolor y terminara lo más rápido posible. Roberto notó mi rendición y me dió una sonora nalgada en el culo, que me tomó por sorpresa y apreté el culo, pero nuevamente intenté relajarme.

    -Así cariño, muy bien, verás que muy pronto pasa el dolor y sentirás placer.

    Las palabras de Roberto fueron proféticas, ya que el dolor empezó a disminuir, todavía sentía ardor, pero era tolerable, así que aflojé mas las piernas y las abrí en señal de rendición.

    Roberto con una mano izquierda en mi espalda y la derecha en mi culo, abrió un poco más mi nalga ensartada por su verga y sentí que ponía mas lubricante entre su verga y mi culo, el cual resbalaba hasta mis testículos y empezó a empujar suavemente, sentí como se iban abriendo mis pliegues, estirando al máximo y entrando milímetro a milímetro, abriéndome mis entrañas, ardiente y dura, alcanzaba a sentir incluso el grosor de las venas de su verga.

    – Así amor, ya entró la mitad de mi verga, es divino ver como desaparece en tu culito blanquito. Ufff, como aprietas

    En ese momento sentí que la sacaba hasta dejar solamente la cabeza de su verga dentro y empujar lentamente avanzando cada vez un poco más dentro de mi culo, sentía como me iba abriendo poco a poco, siguió con esos movimientos de vaiven cada vez entrando más y más, conquistando mi culo, mis gritos se habían convertido en gemidos, gemidos de placer, todavía me dolía, pero también mucho placer, de pronto sentí los cosquilleos de sus vellos púbicos en mis nalgas, seguido por el golpeteo de mis nalgas en su pelvis y supe que me había ensartado completamente su verga, sentí que me traspasaba, un fuerte escozor, ardor, pero al mismo tiempo sentía morbo y no podía creer que esa verga enorme haya entrado por completo en mi pequeño hoyito.

    Al ensartarme por completo, se recostó sobre mi espalda y dejó de moverse, esperando tal vez que mi culo se acostumbrara al grosor de su verga, besaba mi espalda y mi cuello, mordisqueaba mis orejas, al tiempo que me susurró al oído:

    – Ya entró toda amor, ya eres mi hembrita, mi mujer, me encanta tu culo, me vuelve loco, que estrechita estás, que rico.

    Yo solamente gemía, sentía ese enorme garrote de carne ardiente muy dentro de mí, y empecé a sentir una oleada de placer recorrer mi cuerpo, me excitaba que me susurrara al oído, y que me hablara en femenino, sentí que mi piel se erizaba con sus susurros y succionó el lóbulo de mi oreja, lo cual ocasionó que un gemido saliera de mi boca. Empecé a sentirme su hembra y quería darle placer, así que abrí mas mis piernas y arquee mas mi espalda, empinando mas el culo. Al hacerlo empezó a moverse, me embestía muy lento y profundo, procurando moverse en forma circular, de tal forma que su verga rozaba todas las paredes internas de mi culo y ese roce me causaba oleadas de placer, que hacían que mi cuerpo se estremeciera.

    – Así me gusta amor, que te entregues, sabía que dentro de ti había una hembrita, y muy putita, esas palabras que me escribías te delataban, ayyyyyyy, me encantas.

    Poco a poco las embestidas fueron aumentando de intensidad, enderezó su cuerpo y sentí que me tomaba de la cintura y me empalaba profundamente, en cada embestida daba un respingo y un gemido escapaba de mi boca, siguió aumentando la velocidad, mis nalgas rebotaban sobre su pelvis, sentía que en cada embestida levantaba un poco mi cuerpo, y mi cuerpo se estremecía.

    De pronto sentí que mis piernas temblaban, corrientes de placer recorrer mi cuerpo y empecé a convulsionar, mi verga estaba flácida, pero empezó a soltar chorros de leche, ufffffff, me estaba corriendo, sin siquiera tocarme la verga, únicamente con las embestidas de la verga de Roberto en mi culo.

    Mi mente se nubló, gemía fuertemente y mi cuerpo seguía retorciéndose, mis espasmos apretaban la verga de Roberto fuertemente y sentí que me empaló nuevamente muy profundo, con toda su fuerza al tiempo que sentí sus chorros ardientes de leche inundando mi culo, uffffff, se notaba que tenía mucho tiempo sin sexo porque sentí un chorro tras otro, llenándome por dentro y en cierta forma aliviando el ardor dentro de mi culo.

    Siguío embistiendo unos segundos más y al parecer un poco del semen escurrió por mis nalgas, porque sentí que se formaba una capa cremosa entre mis nalgas, mientras el seguía batiendo su leche en mi interior, cuando terminó de correrse se desplomó sobre mi cuerpo, exhausto, yo no podía ni moverme, nuestros cuerpos estaban llenos de sudor, después de unos segundos, sentí que se incorporaba y sacaba su verga de mi culo, lo sentía abierto y chorreando leche, sentí que su verga recogía la leche que escurría con la punta de su verga y nuevamente apuntó a mi culo, embistiéndome profundamente, repitió la operación un par de veces y en la última se desplomó nuevamente sobre mi cuerpo, poco a poco sentí que su verga perdía dureza e iba saliendo de mi culo. Tan pronto salió su verga se incorporó y dándome una nalgada me dijo.

    -Ufff, Gracias amor, fue delicioso, eres muy buena hembrita y ha sido el mejor culo que me he comido en mucho tiempo.

    Se dirigió al baño y segundos después escuché el agua de la regadera caer, yo quedé unos minutos mas así, sentía que todo me daba vueltas, me dolía todo el cuerpo, y con algo de esfuerzo logré levantarme, sentía que mis piernas no me respondían, con mucho esfuerzo me dirigí al baño y me senté en la taza, y empecé a descargar el semen que tenía en mis entrañas, al tiempo que Roberto que había terminado de bañarse tomaba su toalla y empezaba a secarse, observé su cuerpo desnudo y su enorme verga, que aunque estaba flácida aún tenía un tamaño considerable y no podía creer que esa enorme verga haya estado dentro de mi culo.

    Me invitó a tomar un baño, pero no acepté, le dije que se me había hecho tarde y tenía que regresar, mentí, pero la verdad, es que me sentía culpable, no podía creer que me hubieran cogido como una hembra y peor que lo hubiera disfrutado. Roberto se ofreció a llevarme a casa, así que me limpié un poco la cola y me empecé a vestir, me costó vestirme, ya que me ardía mucho la cola, la sentía muy inflamada, en el auto me ofreció disculpas por haberme engañado en que no me iba a penetrar, pero que mi culito estaba muy cerrado y era la única forma de poderme penetrar, y me dijo que se dió cuenta que lo disfruté porque me había corrido, lo cual era cierto, aunque estaba tan confundido que apenas podía articular palabra.

    No le quise dar mi dirección y le pedí me dejara en un parque cercano, con la excusa de que la familia con la que vivía era muy chismosa, aunque insistió un poco en saber mi dirección, aceptó dejarme en el parque y nos despedimos.

    Caminé con dificultad al departamento donde vivía, me ardía horrores, y me sentía culpable, sentía que todos se me quedaban viendo y que adivinarían que me acababan de romper el culo, tan pronto llegué al departamento me di un regaderazo rápido y sin vestirme caí en mi cama, sentía mi cola inflamada, con mucho ardor y la sentía que palpitaba, poco a poco me fui quedando dormido.

    Esa no fue mi única experiencia con Roberto, si quieren que les siga contando, escríbanme, mi correo es [email protected].

  • Amigos con derecho

    Amigos con derecho

    Hola a todos, la verdad llevo varios meses leyendo estas historias y relatos de todo tipo de categorías y la verdad me quedo fascinado que hayan personas que vivan el sexo de una manera muy placentera y se animen a contarlo, me parece genial y es por eso que después de varias noches pensándolo he decidido contar mi primer relato.

    A continuación les relatare una historia real con una chica que la conocí cuando estaba soltero, allá por el año 2019, uno de los años más locos sexualmente que he vivido a lo largo de mis 28 años, no diré el lugar donde se crearon los hechos pero soy de Perú, he vivido aquí toda mi vida.

    Fue una conexión instantánea, vi una historia en su Instagram en las cuales publicó una frase en doble sentido, sin conocerla personalmente tuve el impulso de responderle en doble sentido también, admito que me dio un poco de miedo esperar su respuesta, pero su respuesta fue seguirme el buen sentido de la respuesta y ahí empezó todo, hablamos mucho con respecto al sexo, ella me contó que había terminado una relación larga así que ambos estábamos solteros así que me dije a mi mismo, tengo que follarla sí o sí.

    Yo una persona muy seria en el aspecto de siempre hablar con la mayor sinceridad y expresarle cual eran mis intenciones, le dije que quería pasarla bien, salir a comer o tomar pero que el plato de fondo era poder disfrutar del sexo, ella no se opuso para nada, creo que desde el primer momento le guste…

    Bueno, no me creo la gran cosa, pero soy de contextura morena, siempre con el cabello corto, mido 1.79 m, soy atlético porque me gusta jugar al futbol unas 3 o 4 veces a la semana, cosa que en ese tiempo lo hacía, hoy en día ya no juego como antes por la pandemia pero siempre trato de correr para mantenerme físicamente. Y creo que lo más importante que tengo es que tengo un buen miembro, no tan grande creo pero ya varias mujeres me han confesado que tengo un pene bastante grande y grueso.

    El día el que nos encontramos para tener sexo fue en nuestra segunda cita, la primera fue el cine y la segunda fuimos de frente al acto, la verdad estaba un poco nervioso, en ese tiempo no me gustaba ir mucho a los hoteles pero después ya le agarre costumbre, jajaja.

    Recuerdo que llegamos y nos pusimos a conversar un buen rato, poco a poco fuimos dándonos besos muy apasionados y me gustaba su boca, sus labios, eran tan grandes como los míos y la verdad nuestras bocas calzaban perfecto al sentido de darnos esos besos tan fogosos, ella por momentos sacaba la lengua para probar mis labios, prácticamente me recorría la lengua por toda mi boca y eso me excitaba mucho ahí yo no podía quedarme atrás, sentí que ella ya tenía buen tiempo que no tenía sexo y se le sentía en sus respiraciones, su coño se mojó muy rápido, pude tocarlo y ya estaba muy lubricado, yo quería gozar muy bien ese encuentro sabía perfectamente que íbamos a repetirlo en otras ocasiones y vaya que fue así, así que me puse un preservativo con retardante, la verdad no sufro de eyaculación precoz pero en ese momento yo ya tenía pensado que tenía que darle uno de los mejores polvos de su vida y tenía que durar y así fue, fui penetrándola muy suave pero ella no quería eso, levanto sus caderas y se empezó a mover con más fuerza, ella lo quería duro y vaya que le entendí, empecé a darle con más fuerza y más ganas, ella gemía y gemía de placer, y a la vez se frotaba su mano por su clítoris, abría la boca y mirándome me sacaba la lengua como si fuera una perra en celo, estuve penetrándola así como 4 minutos hasta que sentí su primer orgasmo, grito y puso sus ojos blancos, esa imagen no se me borrara de la mente jamás, ahí supe que era hora de cambiar de pose, y al momento que le dije ponte en cuatro ella sorprendida me dijo, que aún no te vienes? Y se puso en 4. Ya estaba sensible y le penetre durísimo, no voy negar que ese espectáculo ha sido unos de los mejores, tiene un cuerpo de contextura gruesa, pero tiene unas caderas de silueta y un culo muy grande, su coño babeaba de fluidos y era muy apretada, la bombeé tan duro que ella no pudo más, se quebró y me vine a chorros y ella se vino conmigo una vez más, le metí un par de palmazos suaves en su nalga y le dije que rico polvo…

  • El placer sexual es algo sin razonamiento ni lógica

    El placer sexual es algo sin razonamiento ni lógica

    Nunca imaginé como una última oportunidad iba a ser descubrir que el placer sexual es un camino que una mujer madura al dar el primer paso, es un camino que nunca retrocederá. No es aconsejable dejarse llevar por supuestos, era verdad ese dicho, a una mujer no hay que entenderla solo amarla.

    En nuestra segunda cita hicimos realidad nuestra fantasía, descubrir los placeres de un trío hmh, como también quedamos con esa sensación de que solo habíamos dado el primer paso. Carmen me dijo al caminar hacia la estación del metro, mira si él está asomado al balcón, quede excitada y si nos hace alguna señal, quedémonos hasta más tarde. Una hembra madura es una diosa sexual que solo un hombre experimentado puede satisfacer, entre esa segunda cita y la que detallare, hubo varias citas frustradas. Un adulto joven no tiene la experiencia para saber controlarse, menos saber el rol de un tercero en un trío. Lo único rescatable fue el morbo de tener un espectador. Un hombre sin experiencia, no puede satisfacer el deseo sexual de una mujer en un trío hmh. Al no saber su rol como tercero, el resultado es fatal. Tu esposa se siente objeto de placer sexual de un desconocido.

    Luego de una contacto por whatsapp y unas charlas para conocernos. Nicolás era el hombre que buscaba para esa última oportunidad. Dentro de mis condiciones era el respeto, educación, saber seducir a una mujer a mi esposa. Porque no buscábamos una aventura por calentura, sino que era consumar una fantasía que despertó sensaciones de placer que no conocíamos y que sabíamos era algo pendiente que queríamos disfrutar.

    Mi única condición era el respeto hacia mi esposa. Todo dependía de él, como los límites dependían si sabía seducir a Carmen.

    Hasta esa cita, buscaba un varón que le pareciera varonil a mi esposa. Pero en este caso, considere la experiencia, los términos y condiciones estaban claras. Era una cita a ciegas para ella, sin saber le había mostrado la foto de quienes mantenían contacto y no le gustó su rostro. Algo le producía distancia. Como última cita, le propuse tener una cita para conocerlo, solo lo consideraba como alternativa de tercero por su educación, trato y experiencia en swinger y tríos hmh. Bienvenidos y gracias por aceptar la invitación le dijo a Carmen, con una sonrisa y un beso en la mano y otro en la mejilla. Nicolás era un adulto joven, alto, gordito, una pancita, semi calvo y de piel rojiza. Lo vi y me dije a mi mismo. Cero glamour. Aquí cagamos todos.

    Una conversación amena, era un seductor profesional.

    Educado, respetuoso al extremo que cuando nos servía una segunda copa le pregunté. Nos vamos?

    Sorpresa. No quedémonos, me encantó su trato es un caballero. A modo de resumen Carmen tomo la iniciativa y cuando vio que las miradas y el tema de conversación era ella, la belleza y sensualidad que lo hacía sentir, y lo invito a compartir el sofá. Lo primero fue dar paso a las caricias de nosotros dos y en un momento el pidió si podía pedirle algo a ella antes de dar un próximo paso. Ya se había hablado de que los tres sabíamos el motivo de esa cita. Pero, el como tercero. No quería hacer nada que la hiciera sentirse incómoda ni como objeto de placer de un desconocido.

    Todo empezó a llevarnos a una irrealidad que nunca imaginé. Carmen fue al baño para ponerse «cómoda». Gracias por la oportunidad que me das de ser ese amigo íntimo que buscas. Nunca me imaginé que tu esposa fuese tan hermosa. Espero sepas valorar lo que tienes. Ya sabía que esa ida a ponerse cómoda era un momento especial para ella.

    Ya sabía Nicolás que necesitaba un minuto de privacidad para preguntarle a ella que había decidido. Solo quiero pedirte un regalo, sé que puede ser la última vez que hagamos un trío. Quiero disfrutar de tu ninfomanía y que te dejes llevar por tu rol de hembra. Cuando regreso le hice un guiño, señal que ella había dejado de lado los valores de una sociedad pacata y me fui al baño. Me tomé un tiempo más extenso para que mi esposa entrara en confianza, sabía que una conversación con quien iba a tratar de seducirla ya en forma directa para darle a conocer sus intenciones. Era sádico, su mayor placer era poder contemplar a una hembra hermosa entregada a gozar del sexo, compartíamos el hecho que una violación consentida es un regalo.

    Otra sorpresa. Al llegar al living mi esposa estaba montada sobre las piernas de él. Su vestido plomo en su «lugar» mantenía ocultos sus senos, pero la falda era sostenida por las manos de Nicolás a la altura de su cintura. Sus piernas dobladas sobre el sofá, llevaban un movimiento que acompañado de gemidos, era una cabalgata. Me detuve a contemplar como ella se tragaba un pene grueso y en cada penetración ese gemido era producto del placer que sentía al tragarse ese pene. Me acerque para apoyarme en su espalda y sacarle el sostén mientras me desnudaba para apoyar mi miembro en su espalda.

    Me das un segundo, dijo Nicolás. Y guiñándome un ojo le dijo. Puedo invitarte al dormitorio? Hay algo que me gustaría mostrarte y saber qué te parece. Dentro de todas mis condiciones, la principal era que ella determinaría los límites. Solo iba a entregar a mi esposa a quien supiese ganarse su confianza. Y si sabía hacerla sentirse deseada sexualmente, ella iba a poner los límites. Una sorpresa tras otra, ya sabía de nuestra intimidad como pareja y que no había límites para gozar su rol de sumisa. Ese primer paso estaba dado hacía mucho tiempo. Se excitaba con mi sadismo y sabía despertar mi brutalidad de macho dominante. Solo yo sabía su secreto, entregarse a gozar el placer prohibido. Abuso sexual, violación consentida. Me fumé un cigarrillo mientras esperaba reunirme con ellos, previamente habíamos acordado que, si ella aceptaba su invitación a estar más «cómoda», se habría sabido ganar la confianza para hacerla sentirse relajada con él. Lo que observe me dejó perplejo. Nunca me lo había imaginado, a pesar que ya era una cita más y posiblemente el último trío.

    Nicolás estaba hincado a un costado de la cama, terminando de atar a mi mujer de las muñecas a una alfombra que cubría parte del lecho. Sus piernas formaban una V con más rodillas dobladas producto de las ataduras de sus tobillos. Y los brazos extendidos no oponían resistencia ninguna, solo observaba como ese tercero la ataba. Nunca me imaginé que iba excitarme de tal modo al observar, saber y contemplar como mi mujer se dejaba atar para ser violada. Siga mi amigo le dije a Nicolás, has sabido cumplir mi única condición. Hazla gozar como hembra, te entrego a mi mujer para que la hagas gozar como hembra.

    No existen límites de mi parte, solamente ella te rechazará si siente que es objeto de placer sexual de un desconocido.

    Me hinque sobre la cama, sabe que mi mayor placer es el abuso sexual. Y sus piernas entreabiertas las acomodaba poniendo una almohada bajo sus caderas. Ese gemido de dolor y además de esa gemido:» ayhhh, me duele, metelo despacito, no eran más que excitación para mi

    La tomo del cabello y dejo caer sus manos de modo que podía ver solamente su pene, apoyarse en su cara y ver cómo empezaba a lamerlo. Lubrique su botón anal y mis dedos aceitoso empezaron la dilatación anal. Como hembra goza el placer del orgasmo anal. Es multiorgasmica anal y vaginalmente. Despacito amor, oía sus súplicas. No del todo claras, porque las manos de Nicolás la afirmaban y podía ver, como abría sus labios, para empezar a mamar ese pene, no podía hacer nada para impedirlo. Abre la boca Carmen, atendiendo esa orden de un desconocido, solo podía gozar de ese pene que sentía entrar sobre su lengua. Su esposo no iba a hacer nada, porque estaba degustando la dilatación de sus paredes anales. Solo quería darle por atrás y reventarte el culo…

    Era nuestra. Ella esperaba disfrutar la excitación de dos machos sádicos que iban a violarla. Solo recuerdo el sadismo extremo que sentía al verla como mamaba el miembro de ese amigo. Cuando esa comunicación que se daba solo conmigo ella la compartió con ese amigo nuevo. Mámame me gusta ver como me tragas.

    Cada uno gozó del rol correspondiente a su lugar en ese trío. Por un par de hora la compartimos. Cuando la veía gozar de un orgasmo, ya fuese vaginal o anal me pedía que dejara de penetrarla. Y se la entregaba a nuestro amigo íntimo, para que la hiciera gozar como el deseara. Lo único que te pido es delicadeza, respeto porqué es esposa,

    Que rica esa sensación prohibida y condenable además. Como identificar o explicar mi sadismo extremo, me excitaba verla gozar su ninfomanía de hembra madura cuando gozaba ser violada por uno de esos machos. Sabía que iba a ser compartida por turnos para satisfacer a dos hombres. Sé que fueron horas muy lentas de placer, morbo donde él le enseñó como liberar la ninfomanía. Dos horas atada para ser abusada sexualmente, él le quitó las amarras y ella nos gozó por turnos y nos ordenaba las posiciones para gozar su fantasía extrema.

    En un momento largo en tiempo él se apartó de ella. Entregarte a tu hombre. Hazlo acabar cuando tú te corras. Aprende a descubrir el placer más intenso que puede trastornar y transformar todo en una mujer.

    Hagan el amor. Me encanta sentir cada parte de sus extrañas anales y vaginales al correrse en cada orgasmo. Tenía mi pene enterrado entero en su culito, Carmen se movía para sentir sus jugos vaginales corrían sobre mis muslos. Un gemido fuerte salió de su garganta, después de ese latigazo al momento de correrse. Abrí los ojos, vi el placer en su varita de niña inocente y espasmos que no podía controlar. Era azotada con un látigo por primera vez y por otro hombre.

    Pero nunca llegue a imaginarme que podría pasar, si ella aceptara una segunda cita. Si me había comentado que había sido rico todo, porque Nicolás le dio el tiempo para hablarle a esa hembra.

    Todo listo amor.

    Gracias Carmen por todo. Tú tienes la palabra, solo tengo la esperanza de una segunda cita. Háblalo con mi esposo y vean la fecha. Me gustaría que me ataran de las manos al Pilar y quedar de pie para que me violen.

    Nicolás, grande maestro!!!

    La esencia del placer sexual de un trio hmh.

    Mi esposa nos pide como desea ser violada en esa segunda cita.

    El maestro le dijo a mi esposa.

    Una hembra madura y liberada de todo prejuicio para entregarse al sadismo y ninfomanía de dos hombres y es un camino andado y sin regreso.

    Esta semana nos reuniremos después de un mes. Los tres sabemos nuestros roles.

    Mi esposa quiere ser violada y abusada sexualmente. Con las manos en alto.

    Espero mantenerlos al día. Es sólo el primer paso dado por mi esposa.

  • El regalo: Un antes y un después (Vigésima tercera parte)

    El regalo: Un antes y un después (Vigésima tercera parte)

    —Y ajá nene… ¿Ya te marchas? Me tienes tan abandonada. No me llamas y si me cruzo contigo, te haces el desentendido… ¡Ya ni me miras como solías hacerlo! ¿Nada que me perdonas «rolito gruñón»? —Y aunque Paola no se diera cuenta, yo si la observaba, –a hurtadillas– y la admiraba. Imposible no notar su presencia, cuatro escritorios más allá. La veía llamar, revisar apuntes y como no, levantar su mirada hacia su derecha, buscándome atrapar con el intenso verde de sus ojos esmeraldas.

    —Pues no es verdad, ni lo uno ni lo otro. —Le respondí tomando mis portafolios, el teléfono y las llaves de mi auto.

    —¡Aguanta! Aguanta la burra cachaco precioso. ¿Cómo así que ni lo uno ni lo otro? Desembucha bien que hoy amanecí con la chispa retrasada. —Tomándome de la mano, me preguntó curiosa.

    —Ya te dije alguna vez Pao… ¡Observa bien y no solo mires! Los pequeños detalles dicen más que… ¡Si te portas bien algún día te perdonaré! Mientras tanto ten, tómalo como una ofrenda de paz. —Y en su mano deposité dos bombones de cacao con avellanas, de esos finos que vienen envueltos en papel dorado. Y dándole un beso en su mejilla izquierda, la dejé allí al lado de mi escritorio, con la boca abierta y un brillo intenso en su mirada.

    Dejé mi Mazda en un parking cubierto al costado de una pequeña clínica y caminé hasta llegar a la próxima esquina, punto de encuentro de dos calles en diagonal. La aplicación me indicaba el lugar exacto, una vía de un solo sentido cuyo nombre hacía honor a un cardenal. Autos detenidos en sesgada secuencia a izquierda y derecha, solitarios ellos, aplacados esperando por sus propietarios. Un edificio con fachada de ladrillo de unos cinco pisos, locales varios en el primer nivel, algunos cerrados con sus rejas recias pintadas con diversos grafitis y una puerta metálica, de negro mate sin letrero alguno, justo al lado de una tintorería y una plazoleta con parasoles blancos y sillas de madera de una cafetería cercana, correspondía claramente a la dirección indicada por el amigo de Almudena. Tan solo golpee el portón con mis nudillos y unos segundos después, por una mirilla me preguntó una voz grave de hombre, a que se debía mi presencia allí.

    —Buenos días, vengo buscando al señor Schneider… ¡Thomas Schneider! Tengo una cita programada con él. —Y tan solo al mencionar su nombre, la puerta chirrió y se abrió ante mí. Al comienzo di solo dos pasos lentos y me detuve, acostumbrándome a la escasa iluminación del interior espacio.

    Un hombre de color, bastante alto y fornido, me recibió. Su cabello rapado por los laterales y una breve hilera de cabellos ensortijados desde la frente hasta la nuca. Cabeza cuadrada y corto cuello, macizo, tanto que parecieran tener la misma amplitud. Ojos saltones y amarillentos, de mirada insociable, similar a un Bulldog. No llevaba encima de su cuerpo musculoso, más que una pajarita roja por collar, bóxer ajustado blanco, sostenido por unos tirantes anchos, igualmente rojos que resaltaban sus oscuros pectorales y el macizo abdomen. En sus muñecas rojos igualmente, unos puños blancos con un prudente botón rojo. Todo ese tronco sostenido por dos poderosas columnas de piel brillante y musculosa. Y… ¡Descalzo!

    —Pase usted y acompáñeme por aquí, por favor. —Relajadamente me respondió con acento francés e indicándome el camino por un pasillo tenuemente iluminado por la luz Neón de tonalidad rosa, que escapaba de las cornisas en el techo y que nos conducía hacia unas angostas y acaracoladas escalinatas hacia… ¿Abajo? ¿Una oficina en un sótano?

    La trapezoidal y amplia espalda de aquel coloso de ébano, me guió después de dejar atrás el último peldaño, hasta dar de frente a un muy amplio salón, colmado de reflectores de colores, distribuidos en una malla metálica negra que pendía del alto techo y altavoces delgados B&O, mimetizados en las seis pilastras, que soportaban aquel armazón; cómodos sofás de cuero rojo para dos, cuatro y hasta seis personas, la envolvían junto a bajas mesas cuadradas también tapizadas en piel pero estas, en negro. Del cielo raso sobre ellas, telas de lonas gruesas y pulcras, simulaban las velas de algún navío decorando el falso techo de los pasillos y así, fingían enarboladas, navegar libremente de reflejo en reflejo, gracias a los espejos levemente oscurecidos que revestían las paredes.

    Hacia la izquierda, al lado de una plataforma repleta de consolas, pantallas gigantes de TV y torres de sonido, se encontraba un grupo de trabajadores, hombres y mujeres con sus monos de trabajo beige y botas marrón, con multitud de cables sobre los hombros y un sinfín de festones coloridos de papel, imitando un panal de abejas, arrastrados por el piso de madera, que surgiendo de cada esquina parecían dirigirse a un único lugar, el centro de aquel salón.

    Dos puertas de vaivén de lacada madera, tipo cantina del viejo oeste, me impedían el paso hacia otro portón de pintura negra y en cuyo centro centelleaba un logotipo bruñido de un brioso corcel, enmarcado por una herradura y un poco por debajo, en letras de molde también doradas un nombre… «Caballo Loco. Club Privado». Y debajo, en letras mucho más pequeñas y blancas… «Administración».

    El gigantón, con su mano empujó aquella puerta y sin necesitarlo, pasó su fornido tronco por entre las hojas de madera de vaivén y yo solo lo seguí.

    —Buenas tardes Señor Cárdenas. Bienvenido a mi humilde refugio. —Escuché una voz firme, clara y serena, nombrar mi apellido y recibirme con cordialidad.

    —Muchas gracias señor Schneider. ¡Que morada la suya tan cautivante y… acogedora! —Sí, contuve un instante mis palabras respondiendo a su saludo, mientras con rapidez observaba la estancia, decorada de manera minimalista, a mi izquierda el amplio escritorio, dos archivadores de mediana altura y en la mitad de ellos una maceta de mármol con cuatro o cinco troncos delgados y secos; para la visita, dos sillas de madera tapizadas frente a él y a la derecha un mueble caoba.

    Pero fui sorprendido al visualizar una pared, la del fondo, muy roja ella, desde el zócalo hasta llegar al friso del techo, pero en su centro, pintado un inmenso circulo negro y frente de él, quizás a una distancia de menos de medio metro, colgado del techo pendía un columpio, revestidas la sogas y su banca de velludo terciopelo, todo negro también.

    —Vera usted, señor Rodrigo… ¡Ehhh! ¿Puedo llamarle por su nombre? —Reclamando mi atención me dijo el cliente, a lo cual con una sonrisa como gesto afirmativo, le confirme que sí, que podría hacerlo.

    —Soy un hombre muy ocupado y honestamente, desorganizado. Mañana es el aniversario de mi «Mechas», por lo tanto necesito con urgencia entregarle un modesto presente. Hace meses viene insistiendo en cambiar su antiguo coche. Ella lo desea negro y discreto. Un modelo que ustedes distribuyen, me ha parecido perfecto para la ocasión. —Yo le alcancé el portafolio de nuestros automóviles y el señor Schneider, con rapidez me lo indicó con su dedo índice.

    —¡Este es! Y lo necesito resplandeciente y matriculado, todo listo para mañana mismo. Tengo la documentación necesaria en esta carpeta. ¿Lo puede hacer usted? —Y lo miré con incredulidad.

    —¿Rodrigo?… Lo cancelo ya, solo deme el número de cuenta y además, si tiene este otro para entrega inmediata en color gris plata, también con suma urgencia y ese sí, sin matricular, lo quiero ver parqueado aquí, mañana en la tarde. —El hombre fijó su mirada en mi rostro, seguramente para determinar si le mentiría para conseguir el negocio, auscultando quizás sí estaba nervioso ante su propuesta, sorprendido o muy sereno.

    —¿Thomas? Si me disculpa un momento, voy a llamar al concesionario para verificar nuestro inventario, si están disponibles, cuente usted con esos dos vehículos parqueados aquí al frente del edificio después de mediodía. —Le manifesté y el señor Schneider, desplazándose de su amplio escritorio de color caoba, se distanció de mí unos metros hasta llegar a un aparador mediano de roble, tomando del interior una botella de ambarino color y servir en dos vasos altos, lo que supuse yo, era un buen whiskey escocés. ¡Sin hielo!

    Mientras el hacia los honores yo marqué en mi teléfono, el número designado para las urgencias…

    —¿Alo?… ¿Jefe?

    Y a continuación le realicé la consulta y para mi fortuna y por supuesto para el señor Schneider, era muy viable su solicitud, eso sí, colocándole mucho empeño y rapidez con el gestor del concesionario.

    —Thomas, revisando esta documentación diligenciada, faltan firmas. Aquí y en estos otros dos también. Además, necesito este dinero para los pagos correspondientes y esta autorización firmada también. ¿A dónde me dirijo para encontrar a su esposa? —Le pregunté

    —¡Jajaja! Rodrigo… Soy divorciado y Mechas no es mi esposa, pero si es mi mujer y mi socia. Ella, aparte de ser lo más preciado de mi vida, es la cónyuge de mi mejor amigo. —Me respondió con una normalidad pasmosa que me erizó la piel.

    —Disculpe yo pensé que… —Y me interrumpió, alargando su brazo y entregándome el vaso de whiskey, y en su rostro una amplia sonrisa.

    —No se preocupe, tome asiento por favor, que mi mujer no demora. Mientras tanto Rodrigo, acépteme este humilde presente. Con ellas no necesitara hablar para ingresar aquí. Solo preséntelas en la entrada principal y su ingreso será autorizado en el acto. —Miré la pequeña caja de cartón que me entregaba y allí dentro, dos pulseras de cuero negro trenzado y en el centro una herradura dorada, bañada en oro de 18 quilates y al respaldo en las dos figuras, los mismos cuatro dígitos grabados.

    —Ese es el número que le corresponde a usted y a su pareja, como socios de este club. Venga con ella cuando guste. Estas doradas son para los socios VIP y estas otras cromadas para las personas solteras que solo vienen a disfrutar por ratos buscando amantes. Con ellas podrá tener acceso a todas las salas, incluyendo también todos los eventos y realizar con tranquilidad sus fiestas privadas en las habitaciones del piso superior. —Y antes de dar el segundo sorbo al excelente escocés, llegó ella escoltada por otro hombre de color, tan semi desnudo y «mastodonte» como el de la portería.

    Con su cabellera suelta, rizada y de color castaño claro. Ojos aceitunas, delineados con una franja gruesa, oblicua y rasgada hacia las sienes, muy maquillados y compaginando con el color de sus largas uñas. Rostro rectangular de piel muy morena, nariz ancha y corta, inmensos ojos almendrados y carnosos labios resaltados en un tono naranja, hizo su aparición. Tetas inmensas imposibles de no ver, cubiertas por un top azul y claramente sin sostén. Minifalda blanca y brillante, angosta tal cual cinturón, conteniendo apenas la redondez de unas nalgas firmes y trabajadas en el Gym; lo escaso de su atuendo le permitía lucir unas espectaculares piernas morenas, montadas ellas sobre unos zapatos de plataforma muy altos y semi transparentes.

    —Y bueno mi amor… ¿Ahora cuál es tu urgencia? —Se puso al lado de Thomas y le besó con pasión durante unos segundos, olvidándose de mi presencia, entre tanto, yo intentaba ubicar el terruño de aquella caribeña beldad.

    —Mechas preciosa, este es Rodrigo un amigo de Almudena y ahora nuestro. Haz solo lo que él te indique y no preguntes nada bombón. —Y ella entonces sí, reparó en mí.

    —Jejeje así que aquí está el «aguanta-gorro», discúlpanos por favor. Mucho gusto Rodrigo. ¡Pero qué elegante estas! Soy mercedes, pero dime Mechas, que me encanta como suena y así me decía mi abuela en mi Santo Domingo del alma. —Encantado… ¡Mechas! Y a mí puede decirme Rocky, es más corto y también muy sonoro–. Le respondí, sonriente correspondiendo a su saludo.

    —Almudena tiene buen ojo para los «alentaitos». Debería pasear con ella más a menudo. ¡Jajaja!… ¿Y esto? —Preguntó y yo miré de reojo a Thomas, quien solo levantó sus cejas y me hizo un gesto como de… ¡Paciencia con ella! Pero siguiendo sus indicaciones yo esparcí los documentos sobre el escritorio y con mi dedo índice sobre los lugares adecuados, con seguridad le dije a la mujer…

    —Solo firme aquí, acá y encima de esta línea también.

    —Pero que hombre más bellaco me has salido, Rocky. ¡Haber, presta acá! —Y colocando su mano derecha cubriéndose un poco los ojos, recibió mi estilógrafo desechable y firmó con mucha destreza y en letra cursiva, donde le indiqué sin rechistar nada más.

    —Listo. Entonces y no es por ser descortés, pero como la cuestión es de afán… ¡Yo me esfumo de acá! Por favor Thomas, esta es la suma a girar y aquí está el número de la cuenta bancaria. Me marcho, ya que debo salir disparado como «volador sin palo» para el concesionario y estar pendiente del alistamiento y el traslado. —Les mencioné a mis sonrientes y asombrados clientes.

    —Rocky, le esperamos mañana con su pareja, póngase ropa cómoda, que el «bochinche» será para largo. Aunque creo que aquí no la necesitará. —Se despidió de mí la risueña Mechas–. Y no se le olvide traer puesto su brazalete. Muchas gracias por su atención y ya tiene mi número telefónico por si necesita algo adicional. —Me dijo finalmente Thomas, estrechando con moderada fuerza mi mano y Mechas, dos besos en las mejillas me brindó.

    Y feliz por el doble negocio, salí de la oficina. El titán que me recibió, fue el mismo que escoltaba mi salida; debía ascender las mismas escaleras por donde había ingresado, solo que esa vez me fijé en el dintel y aquel letrero amarillo que rezaba… ¡Salida de Emergencia! Miré con asombro al fornido guardián y este comprendiendo mi extrañeza, me dijo en palabras cortas y afrancesadas… ¡La entrada principal se encuentra a la vuelta!

    Y ya fuera con mis lentes de sol puestos, me senté en una de las mesas de madera bajo un parasol. La mesera se fue acercando y yo feliz le saludé y le dije… —¡Un café oscuro con dos de azúcar, por favor!–. Y tomé de la cajetilla un cigarrillo y del bolsillo izquierdo de mi pantalón, el zippo plateado.

    Hummm… ¿Pareja para mañana?… ¿Silvia? ¡Mierda! Tendría que llamarle y saber cómo le fue en su reunión.

    —¡Bravíssimo! Appoggio la proposta. Bellísima mostra, Silvia. ¡Ben fatto, ben fatto! —Y me abrazó con fraternal encanto, el padre de Francesco al terminar yo de ofrecerles aquella exposición, los demás hombres allí reunidos, celebraron haciendo sonar el cristal de sus copas.

    —Muchas gracias, pero aquí, las ideas generales son de don Hugo. —Le respondí al señor Bianco y de inmediato posé mis ojos en los grises descoloridos de don Hugo, sonriéndole por fuera pero enojada por dentro, pues tan solo empezar la reunión, muy orondo se sentó él, junto a los otros seis septuagenarios socios italianos, hombres canosos, de piel rosácea y casi todos ellos calvos y barrigones, exceptuando al padre de Francesco, –un hombre flaco y alto, con nariz aguileña y ojos negros, mirada profunda y la piel ajada– dejando totalmente sobre mis hombros la presentación de los informes de gestión.

    Afortunadamente, a mi lado siempre estuvo Antonella, quien presionando suavemente mi cintura con su mano, me conminó a hablar ante ellos sin temores ni nerviosismo y exponer nuestras ideas de reorganización financiera con total profesionalismo. ¡Hummm! Pero más tarde en el hotel y ya a solas él y yo, le haría saber de mi leve enfado.

    —Signora Silvia, ¿Gusta tomar su desayuno aquí o en su oficina? —Y dale con el cuento de “mi oficina”.

    —Antonella, vamos a la oficina y dejemos esta sala de juntas para que los hombres puedan platicar un poco. —Y salí de allí, caminando al lado de la bella asistente, que en sus manos portaba la bandeja cromada con un cappuccino, tostadas, huevos con tocino y unos sobres de sal y salsas, además de los cubiertos de plata.

    El personal tanto masculino como femenino, nuevamente detuvo sus quehaceres y desde sus puestos de trabajo, a la par de un divino Francesco y de su hermoso novio Doménico, me aplaudieron y saludaron. Yo agradecí aquel gesto con mi mejor sonrisa y el agitar de mi mano derecha, respondiendo a su amigable festejo.

    —Cierra la puerta por favor y siéntate, le dije. —Antonella en silencio acató mis órdenes y con bastante garbo se sentó en frente de mí, acomodándose su azabache melena hacia el lado derecho.

    —¿Me va a entrevistar o hice algo incorrecto? —Me preguntó con timidez, bajando su mirada y en sus labios un mohín infantil, esperando la reprimenda, que me pareció enternecedor.

    —¡Jajaja! Ni eso ni aquello, le dije señalándole el sobre amarillo que contenía su currículum vitae. —Antonella, muchas gracias por tu apoyo, gracias a ti no me sentí cohibida. Me diste mucho valor. Además, si te colocaron aquí en este cargo, no creo que haya sido por lo preciosa que eres ni tampoco… ¡Porque hables bien el español! —Y se iluminó de nuevo su rostro de muñeca de porcelana, resplandeciendo con tranquilidad y satisfecha con mi respuesta, su risa contagiosa resonó en la amplitud de aquella oficina.

    Y en mi teléfono, el sonido de una llamada activó dentro de mí la emoción. Hice la señal con mi dedo índice anticipando a mis labios, para que la asistente italiana se mantuviera en sepulcral silencio.

    —¿Amor?… ¡Hola mi vida! Precioso mío te extraño mucho. ¿Cómo estás? —Lo saludé con efusividad e inocencia.

    Rodrigo me habló con emocionadas palabras, exponiéndome con gran entusiasmo su afortunada visita de negocios. Me pidió que hablara con mi madre para que se encargara el viernes de cuidar a los niños en su casa, debido a un compromiso comercial. Debería estar presente en la entrega de los dos vehículos, y le era imposible evadir ese compromiso. Lo sentí plenamente feliz, y esas ventas solo tenían titilantes cifras en verde para el próximo mes. Y yo, también emocionada le relaté como me fue en la reunión, pero o no me escuchó bien o simplemente debido a su estado alterado, lo pasó por alto y no me felicitó.

    —Mi amor, mañana en la noche debo asistir acompañado. Digamos que es una exigencia por puro protocolo, así que sin estar tú, iré acompañado por Paola. Pero tranquila, qué me comportaré bien. No te afanes ni te angusties, las manos se quedaran lejos de esa mujer. ¡Lo prometo! —Guardé prudente silencio, sonreí de manera embustera hacia el juvenil rostro de Antonella, más en mi interior las dudas me generaron un sinfín de tribulaciones.

    —Está bien, le respondí con honradez. ¡No vayas a beber mucho! No quiero que tu compañera aproveche la ocasión y resultes después con el cuentico de que te violaron. —Y nos reímos los dos, mi esposo con amplia sinceridad y yo con oculta preocupación. Por despedida un ¡Te amo! de su parte y un ¡Yo también! de la mía, con la promesa de hablar por la noche, cuando estuviera ya instalada en la habitación del hotel.

    Y así, pensando en todos los hechos ocurridos desde mi llegada, la intriga me pudo y no aguante más.

    —Antonella, por favor necesito saber algo. Entiendo que nos colabores con los informes de estas empresas y lo agradezco, pero… ¿Por qué omites a mi jefe casi siempre? Y… ¿Cómo así que esta es mi oficina? ¿Acaso mi jefe tiene otra? —Finalmente tomé valor y le pregunté.

    —Señora Silvia, fui contratada para ser su mano derecha. ¡Solo suya! Del señor Bárcenas y Esguerra, la encargada es usted. Además el mismo la postuló para dirigir la reorganización empresarial y yo debo cada comienzo de mes, enviarle los informes sobre cómo avanza el proceso de reestructuración administrativa y financiera. ¿No se lo comentó el señor Hugo? ¡Usted está a cargo! Nos veremos cada trimestre o antes, si surge alguna eventualidad. —Sorprendida por su franca respuesta, di el ultimo sorbo a mi cappuccino y me vi invadida por una emocionada dualidad.

    Me giré en la silla hacia el panorama azul que me ofrecía aquel gran ventanal. Mi jefe no había sido claro conmigo y omitió premeditamente información vital, que afectaba positivamente mi futuro laboral y que podría, por el contrario, desbalancear mi estabilidad matrimonial. Aunque no podía evitar sentirme halagada por la responsabilidad concedida y emocionada por este… ¿Ascenso?… Definitivamente con mi jefe, debería sostener una charla larga y tendida.

    —¿Signora Silvia? —Era Francesco que reclamaba mi atención desde el rellano del pasillo, con una carpeta plástica gris sin solapa bajo el brazo.

    —Hola Francesco, cuéntame. ¿Qué necesitas? —Y él sonriente se acercó al escritorio y rodeándolo, me entregó el informe y me comentó…

    —Me gustaría saber su opinión sobre la otra inversión. Mi padre está hablando con Hugo para conocer su dictamen y a mí me interesaría conocer la suya. Me encantaría junto a Doménico, invitarla a almorzar mañana y de paso usted conoce el lugar. ¡También mañana inauguraremos el sitio! ¿Qué le parece?

    —Hummm, si claro por supuesto. Déjale la carpeta a Antonella. Me gustaría ir entonces al hotel para dejar nuestras cosas y refrescarme un poco. Luego la revisamos con calma. Ahhh y otra cosa más Francesco, por favor no me llames más señora que me haces sentir vieja. Silvia, a secas y eso va también para ti. —Miré entonces a mi bella asistente, que no perdía detalle a la conversación y le dije…

    —Antonella… Necesito revisar la documentación del personal que tendré a cargo. —Y ella asintió para ponerse en pie y dirigirse hacia la puerta. —Una cosa más corazón… ¿Tú podrías llevarme al hotel después?–. Y ella sonriente, confirmó con su amplia sonrisa.

    —Y saldremos las dos por ahí para que conozca un poco mi ciudad. —Me respondió de inmediato, guiñándome su ojo derecho.

    Trabajamos las dos, codo a codo una hora y media tal vez, empapándome del personal y obviamente de sus capacidades. En mi ausencia esas cuatro personas estarían bajo el mando de mi asistente. Don Hugo me llamó, para averiguar cómo me encontraba y si todo estaba en orden. Lo noté distante aunque posiblemente fuera por estar él rodeado de personas. Le comenté que iría al hotel y que nos veríamos después. Luego aproveché para hablar con mi madre y pedirle el favor de cuidar a mis hijos la noche del viernes y comentarle qué el sábado Rodrigo los recogería a medio día.

    Ya en el hotel, que por cierto no estaba muy distanciado de las oficinas, Antonella se encargó de realizar los registros y acompañarme hasta la habitación. Estaban justo una al frente de la otra. Pero la mía tenía una linda vista hacia la parte posterior, que a lo lejos me permitía divisar la torre donde se ubicaban las oficinas.

    Sentada en la cama y Antonella en una silla al lado de un escritorio, llamé a Rodrigo, necesitaba comentarle de mi nueva situación profesional pero no tomó mi llamada y después de unos minutos recibí un mensaje donde se disculpaba, comentándome que estaba muy ocupado y que en la noche con calma hablaríamos. Por lo tanto, le pedí a Antonella que me esperara mientras me duchaba y cambiaba de ropa. Mi jefe seguía sin llamarme, reunido con los socios, habían salido de las oficinas para observar unos viñedos, según me comentó Francesco.

    Salí del baño envuelta en la toalla y Antonella revisaba el informe que me había entregado Francesco sobre la nueva inversión de su padre. —¿Y tú como lo ves? le pregunté y sus radiantes ojos almendrados se posaron en los míos y realizando una mueca de satisfacción me dijo que lo veía todo muy bien. ¡Interesante! —Me dijo al final, levantando sus cejas.

    —No ha confirmado mi solicitud de amistad, me dijo de repente. —¿Perdón?–. Le respondí intrigada.

    —Silvia, la que te envié al Face, me respondió ya tuteándome. —Y yo recordé.

    —Lo siento Antonella es que no soy muy de redes sociales y obviamente no acepto solicitudes de extraños. Discúlpame, si quieres mientras me arreglo, mira, toma mi teléfono y agrégate. Lo puedes desbloquear sin problemas, no acostumbramos con mi esposo mantener claves en los móviles.

    Y ella tomando mi teléfono, se entretuvo con el mientras yo dentro del baño con la puerta entreabierta, me colocaba la ropa interior, dándole la espalda. Por el reflejo del espejo pude notar que Antonella me observaba. No le di mayor importancia y en brassier y tanga, salí del baño hacia la cama donde había dejado la ropa con la cual me vestiría.

    —Mira, tienes un mensaje del señor Bárcenas. ¿Te lo leo? —Sí claro por favor, mientras eso me visto y me maquillo. —Le respondí de manera inocente.

    «Mi ángel, aún me demoro un poco. Me he encontrado con un antiguo compañero de diplomado, es un gran amigo de Norteamérica. Pero al llegar al hotel me gustaría salir por ahí contigo y recorrer la ciudad. Cenamos juntos y de paso hablamos. Estoy muy orgulloso de tenerte a mi lado. También como tú, es mi primera vez aquí y me gustaría dar un paseo contigo. Te avisaré cuando llegue. Un beso».

    ¡Plop! Yo me quede literalmente de piedra con mi falda a medio subir, mi blusa sin abotonar y mi boca tan abierta como los ojos de Antonella, quien no dijo nada más pero sí, dejó la bella italiana vislumbrar una maliciosa sonrisa.

    —Ehhh, no es lo que piensas, te lo aseguro. Es solo que mi jefe… Es una historia un poco larga y privada, pero entre él y yo no exis… —Antonella me interrumpió con su dedo índice presionando levemente sobre mis labios, la no pedida explicación.

    —No te preocupes Silvia, no es de mi incumbencia tu vida privada. ¿Te ayudo? —Y acercándose a mí, me fue abotonando la blusa de lino fucsia, pacientemente botón tras botón. Entre tanto yo con mis dos manos ajustaba finalmente la falda a mi talle.

    Tomadas de la mano, como un par de antiguas amigas, cruzamos la amplia recepción y salimos de aquel hotel. Entusiasmada por conocer un poco la ciudad pero teléfono en mano, pendiente de dos llamadas. La más importante la de mi esposo, para proporcionarle tranquilidad. La segunda la de mi jefe, dispuesta a solucionarle cualquier necesidad.

    Fui conociendo varias calles con sus plazas adoquinadas y plenas de monumentos e historias, a veces un poco distanciadas las dos, en otra de ellas ampliamente espectacular, a la orilla de un rio, el brazo de Antonella asediando afectuoso, mi cintura. Pasamos frente a la catedral metropolitana de San Juan Bautista, e hicimos una breve oración frente al relicario que resguarda al Santo Sudario. Luego nos dirigimos caminando hasta el museo egipcio, que desafortunadamente no alcanzaría a recorrer con la tranquilidad necesaria, por lo tanto mi bella asistente tomando mis manos entre las suyas, me dijo que lo dejaríamos para una próxima vez y me llevó hasta un local para saborear un famoso y cremoso helado que nos supo a gloria aunque sí que me sorprendió un poco, su cariñosa forma de limpiar con su meñique, rastros de la crema en un esquina de mi boca para luego chupárselo.

    Ya anochecía y sentadas en una banca de madera, en la calle del frente del hotel le pregunté finalmente donde había aprendido a hablar español, mientras yo reposada, aspiraba un mentolado.

    —Siete meses en Buenos Aires. —¡Qué bien! Le respondí.

    —¿Estudiando o trabajando? —Le indagué, sin parecerle una entrometida.

    —Nahh, solo persiguiendo un sueño que se tornó en pesadilla. —Y su carita se ensombreció.

    —¡Hombres! Ellos como siempre. —Le respondí yo, acariciando su mejilla.

    —¡Cara mía! Los tiempos cambian, y ya no son solo ellos los que cargan con la fama. ¡Las mujeres también! —Y recostó su cabeza sobre mi hombro.

    Mi teléfono vibró ya entrada la noche, al recibir un mensaje. Don Hugo me esperaba ya en la recepción del hotel.

    —Llegó la hora del… ¡Hasta mañana! Debo dejarte, pero muchas gracias por el recorrido. Mañana seguiremos hablando. —Y Antonella me besó delicadamente, cerca de la comisura de los labios, para a continuación decirme con su suave voz… —Gracias a ti por tu compañía y espero no defraudarte.

    —¡Anda nene! ¿Cómo va todo con tu esposa? —Me preguntó la rubia Barranquillera.

    —¡Todo bien y mejorando! Anoche y hoy a medio día hablé con ella. Está de viaje y esta noche va a asistir a dos inauguraciones. Que suertuda. ¡Dos por una! —Le comenté y luego Paola se colocó frente a mí y con bastante seriedad, cosa poco habitual en ella, me preguntó.

    —Y ajá Rocky… ¿No se te hizo de pésima educación no invitar al jefe?

    —¡Jajaja! Mi Pao hermosa, no creo que este sitio sea el apropiado para hombres de su edad. ¡Ya lo veras!

    Y dicho esto, de una limosina negra, descendió primero una anciana mujer y con algo de esfuerzo, un hombre canoso, arrugado el rostro y encorvado, cubierto con un gabán de paño grueso, que se apoyaba en un bastón. A su encuentro llegaron dos hermosas jóvenes, una rubia y la otra morena, que los saludaron con efusivos besos en sus bocas. Paola me miró, yo tan solo levanté mis hombros y nos reímos disimuladamente a carcajadas los dos.

    Miré la hora en mi reloj y recordando las palabras de mi esposa, marqué a su número y esperé.

    —Hola mi amor, ya estoy por salir. ¿Y tú? ¿Ya estas allá?

    —¡Sí mi cielo! le respondí. —Ya vamos a ingresar. Ten mucho cuidado por ahí y diviértete mucho. ¡Ojito con las manos!

    —¿Cuáles? ¿Las mías? ¡Jajaja!

    —¡Nooo señorita! No te me hagas la loca. Ya sabes a quien pertenecen las manos a las que me refiero.

    —Tranquilo mi vida que voy a ir con Antonella. Allá nos esperan Francesco y su novio. Ahhh, y por tu tormento no te preocupes, que ese lugar no es de la apetencia de mi jefe. Él irá a tomarse algo por ahí con su amigo americano, con el que se reencontró por casualidad. Por ese lado no tienes nada que temer. ¿Y tú? Pilas pues con esa amiguita tuya ¿No?

    —Descuida que me sabré comportar, además traje el coche y no podré descontrolarme. Te marco después. Ponte guapa y entonces levántate una novia italiana. ¡Jajaja! Bye, te amo mucho.

    —¡Jajaja! Loco mío, de pronto te haga caso y regrese a casa dejando algún femenino corazón roto por aquí. ¡Te amo precioso mío! Esperaré tu llamada. Hasta la vista mi amor.

    Y una vez colgué la llamada, tomé de la mano a mi rubia acompañante y nos dirigimos hasta la entrada, discretamente iluminada.

    —Por favor, sigan por acá. Estas son las llaves de su casillero. Son nuevos por aquí. ¿No es verdad? ¿Ya conocen las normas? —Y tanto Paola como yo, negamos con el movimiento de nuestras cabezas.

    —Bueno, nada de móviles ni cámaras. Respeto y discreción. Y lo más importante… ¡No es no! Y si tienen algún problema con el vestuario me avisan y lo solucionaremos. ¡Bienvenidos y que disfruten del evento! —¿Pero cuál vestuario? Le pregunté y la joven con el punto de su boca, me los indicó.

    Paola fue la primera en desnudarse, sin recato alguno hacia mí, ni a las demás personas, hombres y mujeres que allí estaban en el vestier mixto. Extendió la blanca tela, examinando como colocársela.

    Yo entretanto realicé lo que hacían los demás, y dejándome tan solo el bóxer blanco, me coloqué lo que parecía una túnica de percal blanca, cuyas mangas me llegaban un poco por encima de los codos y de largo hasta mis rodillas. Encima terciada una larguísima toga verde y… ¿Sandalias? Bien, un colombiano más disfrazado de romano y aun no llegaba el día de Halloween.

    Paola también vestía una túnica blanca, sujetada en sus hombros por dos finas tiras, y de largo hasta los tobillos y encima un manto rectangular purpúreo. No había lugar donde guardar nada. Las llaves atadas a un cordel elástico, las colocamos en la misma muñeca donde manteníamos puestas las doradas manillas.

    —¿No te habrás dejado puesto nada por debajo? ¿No es así tesoro mío? —Esa voz… ¡Hummm!

    —¿Almudena? —Y me giré ciento ochenta grados para darme cuenta de su presencia y de la de… ¿Martha?

    —Ehhh, hola muchachas. ¿Y ustedes que hacen por aquí? —Acucioso les pregunté y ellas al unísono, levantaron sus brazos y me dejaron observar sus pulseras doradas.

    —¡Vaya sorpresa! —Y dirigiéndome en especial a mi amiga Almudena, le respondí…

    —Pues sí, no llevo nada debajo. Tan solo libre y suelta mi virilidad. ¡Mentí!

    Se saludaron amigablemente con Paola y la misma Martha se presentó con mi rubia acompañante, vanagloriando su caribeña belleza. Y sus ojos esmeraldas, brillaron más por el halago.

    —Bueno tesoros… ¿Vamos a buscar nuestras mesas? O… ¿Antes prefieren dar una vuelta para que conozcan las salas? —Y Paola por supuesto dio brincos de felicidad y tomando del brazo a Almudena, se adelantaron por el pasillo. Yo, resignado miré a Martha y le ofrecí mi mano.

    Y no es que yo frecuentara esos lugares, de hecho era mi primera vez en un club swinger como aquel, pero ya había tenido la oportunidad de informarme sobre el lugar, tras mi apresurada salida después de concretar las dos ventas. Y además a la entrada, había tomado un volante con bastante información.

    Gente de todo tipo, jóvenes, adultos y viejos. Cuerpos hermosos y cuidados en gimnasios o esculpidos en algún quirófano. Dos piscinas cubiertas y climatizadas rodeadas de espacios con arena blanca y palmeras artificiales, eran lo más impactante del lugar. ¿O no?

    Cruzar por un pasillo oscuro donde se escuchaban gemidos a lado y lado me erizó la piel e inclusive a Martha la incomodo también, aferrándose a mí con algo de temor. Las salas donde por el jaleo y los gritos, imaginaba como andaba dentro la situación, las obviamos y pasamos de largo. Llegamos por fin a un sitio reconocido por mí. La amplia sala donde a esa hora ya estaba todo organizado y con los festones elevados, bailaban varias parejas, y otras en grupitos de a tres, casi desnudos.

    «Rodrigo Cárdenas». Rezaba un letrero blanco sobre una de las pequeñas mesas negras y dos más allá, la mesa de «Almudena Martínez». Y tomando del brazo a Paola, me separé de la mano de Martha y pensé… ¡Hasta aquí fue!

    Paola se sentó a mi diestra y yo tomé la jarra de agua mineral y serví un poco en los dos vasos. Enseguida se acercó una núbil jovencita, ataviada a la usanza, con una bandeja y una botella de Aguardiente, otra de escocés y adicional, una bandeja con apetitosos pasantes.

    Entre tragos y amena charla con Paola, recordando nuestras respectivas rumbas en nuestras ciudades de nacimiento, bailamos algunas bachatas, dos o tres de salsa y un vallenato de Jorgito Celedón, fueron transcurriendo las horas hasta que el Dj detuvo la rumba y la voz de Thomas retumbó por el lugar.

    —¡Sean todos ustedes bienvenidos a este festejo por el cumpleaños de la mujer más bella de nuestro universo! —Y pasó su brazo por encima del hombro de un joven mulato que sonriente, permanecía a su izquierda. Y todos aplaudimos, haciendo presencia aquella mujer de cabellos ensortijados, ataviada por igual que el resto de las mujeres de su vestimenta romana.

    Una pantalla inmensa se iluminó y allí estaba enfocado por una cámara de video el auto negro que me habían comprado. Thomas con Mechas en medio de él y del otro hombre, besándola primero y luego Mechas al que estaba a su lado, comentó con orgullo que ese era el regalo por su natalicio. Y de nuevo los ruidosos vítores invadieron la sala. Bajaron ellos tres de la tarima, acomodándose en una mesa que estaba dispuesta en diagonal a la mía y saludándome, brindamos los cinco desde lejos. El Dj, tomó la palabra y anunció el espectáculo central. Un evento que sería premiado para aquella mujer u hombre, que lograra sin ayuda de las manos y en menos de tres minutos, hacer acabar a… «El Monje Tibetano».

    Paola me miró intrigada, yo busqué con la mía a Martha y ella a su vez, la de nuestra amiga Almudena. Claramente nadie sabía de qué trataba aquello. Y se hizo silencio por unos minutos, se apagaron las luces y de improviso música relajante se dejó escuchar y del centro del techo un haz de poderosa luz ámbar creó un círculo sobre la iluminada figura de… Sí, efectivamente un hombre sentado en posición de loto, cabeza rapada y de ojos rasgados, vestido por una túnica carmesí, que cruzaba su pecho y tapaba su cintura.

    Nadie hacia o decía nada, por lo tanto el Dj, animó a las personas allí presentes a intentarlo. Solo cinco dijo él. Y aseguró que el premio al ganador o ganadora sería sumamente reconfortante. —¡Solo cinco personas! ¡Vamos! Anímense mujeres o es que… ¿Sus parejas no las dejan? Hombres ustedes también pueden participar!–. Vociferó el animador.

    El tal monje que permanecía en el centro de la pista, con los ojos cerrados y en total paz, desanudó la túnica y la lanzó con gran destreza y agilidad, unos dos metros a su derecha, quedando totalmente desnudo. Con sus manos juntas por las palmas, realizó una especie de reverencia y se puso en pie. Exclamación entre los asistentes y ojos desorbitados en la mayoría, incluyendo los míos. De Paola ni hablar.

    Un largo falo blancuzco, de por lo menos treinta centímetros, tieso y grueso como el puño de Paola, apuntaba fieramente hacia el techo. Se fue girando con lentitud, demostrando a la audiencia todo su potente esplendor. Tres mujeres y dos hombres de acercaron. ¡Y el monje se dejó hacer!

    La primera con la boca lo intentó, dando pequeñas lamidas y succionado aquella verga hasta que se le agotó su tiempo. Luego fue el turno para una rubia, muy blanca, delgada casi escuálida y con los infantiles pechos, coronados por pezones muy rosados. Le habló algo al superdotado y este se acostó boca arriba, la mujer escupió bastante saliva sobre el colorado glande de aquella deidad tibetana y se fue introduciendo por la vagina lo que a bien pudo. Mucho gemido, ojos cerrados y frente fruncida, pero poco movimiento de la pelvis y se agotó su tiempo. Enseguida un hombre joven y algo amanerado, –la verdad sea dicha– abrió su boca y pudo más que la mujer primera. Era una visión escalofriante, pues la garganta del joven se ampliaba a medida que lo introducía, recordándome las imágenes de una boa, regurgitando a su presa muerta. Más no pudo hacerlo por completo y atragantado, casi vomitó, perdiendo así su ocasión.

    El siguiente fue un hombre de cuerpo fofo y mayor de edad que yo, muy velludo y culón que abriéndose el mismo las nalgas, acuclillado hizo acopio de valentía y con esfuerzo, se introdujo despacio aquel mástil color del marfil. En sus gestos el dolor y en el publico la algarabía. No llegó a introducirse ni una cuarta parte cuando en medio de un alarido, desistió.

    La última fue una mujer obesa y de piel de muy oscura como un tizón. Nalgas protuberantes y con bastante celulitis, tetas inmensas y colgantes con aureolas como arepas y pezones gordos como mi dedo meñique, sin aspavientos y mirando de frente al sereno monje, se introdujo de un solo envión toda la extensión de aquella verga endurecida, más por la concentración mental que por la sangre y la emoción. Agitó las caderas, meneó la cintura y gimiendo, en un alocado ritmo, se escuchaba claramente el chapoteo de sus flujos mezclados con el pausado respirar de aquel artista. Adelante y hacia atrás, después del lado izquierdo al derecho, y en círculos con su vagina encharcada, logró descomponer la impavidez y serenidad del tibetano y a falta de pocos segundos para terminar su tiempo, el rostro del hombre, sonrió agradecido y explotó en la intimidad de la mujer.

    ¡La apasionada fricción, había vencido a la meditada razón! Por enésima vez.

    —¡Y la ganadora se lleva este espectacular premio! —Gritó por los altoparlantes el Dj. Y el no matriculado automóvil plateado, parqueado junto al negro obsequiado, apareció enfocado por dos cámaras en la pantalla gigante del salón.

    Aplausos a rabiar, pieles sudadas y aromas a sexo humedecido por el erótico espectáculo, invadieron la sala. Y luego fue la misma Mechas, quien tomada de la mano de Thomas y del mulato, habló por los micrófonos, anunciando el último sorteo de la noche.

    —¡Un viaje con todos los gastos pagos y estadía por siete noches y ocho días para cuatro personas en un resort solo para parejas en Punta Cana! —Y la mayoría de personas, tal vez unas cuarenta o sesenta, festejaron aquel sorteo.

    El hombre a la izquierda de la Mechas, tomó una pequeña balotera de acrílico transparente, Thomas la hizo girar y al detenerse, Mechas introdujo su mano y tomando una de las pelotas, anunció un número.

    —¡Vamos! ¡Revisen sus pulseras! —Pronunció dichosa la Mechas, pero nadie dijo… ¡Yo! Tal vez ese desafortunado ganador no asistió o estaba entretenido en otras labores sexualmente más satisfactorias en alguna otra sala.

    Segunda oportunidad y se repitió la operación.

    —Y el número ganador es el… ¡1003! —Se anunció.

    Paola me dio un codazo pues yo ni había revisado. Por el micrófono Thomas insistió en que miráramos bien la parte posterior de las manillas y mirando a Paola le dije…

    —Yo ni para que miro, que nunca me he ganado nada. ¡Ahh, sí! perdóname que te miento. ¡Una licuadora en una rifa! Cuando la fui a utilizar para hacerme un jugo de guanábana, la maldita venia dañada de fábrica. —Y me reí a carcajadas.

    Pero solo yo, pues mi rubia compañera, curiosa ella, dio vuelta a mi pulsera y gritó —¡Aquíii!, aquí–. ¡Completamente emocionada!

    El resto fue verme iluminado por un reflector, Martha y Almudena vinieron hasta mi mesa a felicitarme, abrazándome y de aprovechadas me dieron cada una un morreo espectacular delante de la concurrencia y Paola, mi rubia tentación tomo posesión de mi boca con la suya y con súbito sentido de propiedad entre los dos, nos besamos con pasión.

    —¡Vamos a celebrar en privado! Rocky querido, en el segundo nivel. —Escuché a la Mechas, quien abrazaba a Thomas y de su mano izquierda tomaba el miembro expuesto del que después me enteré, era su esposo oficial.

    —Ok, ok. Les respondí sonriente. —Pero antes necesito hacer una llamada con urgencia, les expliqué y solo, me dirigí hacia el vestier y del casillero tomé mí el móvil, lo encendí, me fije bien en la hora… 1:38 A.M. ¡Y marqué!

    Una, dos, cinco, siete veces timbró y no, Silvia mi esposa no contesto. Volví a marcar a su número, y de nuevo se fue la llamada al buzón. Le dejé el mensaje de que estaba bien y quería saber cómo estaba ella, mi amada esposa.

    Regresé a los pocos minutos hasta el salón y allí me aguardaba la precoz mesera. Los demás no estaban. La doncella romana, me guió por un estrecho pasillo y ascendiendo unas amplias escalinatas, llegamos hasta un corredor con al menos ocho puertas, cuatro a lado y lado. Llegando a la penúltima a mi derecha, la joven golpeó la madera tres veces seguidas y dos después. Finalmente el esposo de la Mechas, abrió y la chica se marchó sin musitar sonido alguno.

    Thomas se atragantaba con los inmensos melones de la Mechas, desnudos los dos, sobre el lado izquierdo de una cama impresionantemente grande. A un lado, un amplio sofá de piel rojo y para cuatro personas, donde Almudena bebía del néctar de la entrepierna de Paola, quien con sus ojos cerrados, acompasaba el ritmo de la comida de coño, con su mano derecha pellizcando el pezón cereza de su seno izquierdo. Y Martha… La mujer del tormento mío, sentada al otro extremo, perdía una mano en el medio de sus piernas abiertas. Los dedos se cebaban en la humedad de su vulva. Labios henchidos, los de su boca también; párpados completamente cerrados, abandonada ella a la espiritual libertad de privadas sensaciones, sintió como el mulato acariciaba su seno libre de caricias pero de inmediato, abriendo sus acaramelados ojitos de miel, resuelta le apartó su mano y cuando me vio allí de pie a dos pasos de la puerta, sonriente me invitó.

    Me acomodé de rodillas a su lado, y ella virando levemente, me ofreció la visión de su sexo abierto y brillante, rosados sus labios, tan recorridos y disfrutados por la personal experiencia de sus dedos. Por varios minutos friccionó los pliegues laterales, y después se concentró en hacer círculos concéntricos sobre su endurecido botón. Gimió con dulzura, y mirándome, mencionó entre sus jadeos, mi nombre.

    Paola, también acabó en la boca experimentada de Almudena y recompuesta después de disfrutar del éxtasis, se puso en pie y se acercó por fin a mi lugar. Thomas boca arriba, Mechas encima, morreándose con él y su esposo, lamiendo el culo y algo más, –lo que se le atravesara– disfrutaban enredados en esa cama.

    —Esto está muy bueno, pero debo irme ya. Sabes bien que tengo que trabajar. —Le mencioné en el oído a mi rubia tentación, quien desprovista de tela que cubriera sus hermosos pechos, pegada a mi torso, me besaba el cuello mientras su mano con agilidad, palpaba por encima de mi bóxer, la dureza de mi verga.

    —Anda nene, no seas así, quiero que me jodas bien la cuca y me la hundas bien adentro de mi culo. Ya es tiempo de que te liberes, «Rolito precioso». —Me dijo con una voz muy sensual y su mirada encendida de destellos verdes.

    —Lo siento, respondí. —Y mirando a Almudena que se abrazaba a su amiga Martha, me acerqué para agradecerle y despedirme.

    —Bueno tesoro, pues es una lástima, pero eso es lo que me encanta de ti. —La miré torciendo mi boca, al tiempo que ladeaba un poco mi cabeza en señal de no comprender.

    —Tu férrea templanza, cariño. Es un don que pocos poseen. Te acompaño hasta la salida, pero yo si me quedo otro rato. ¿Te vas tú también querida? —Le habló, pero no a Paola sino a Martha. Esta se encogió de hombros y mirándome le respondió que sí y me pidió que por favor la dejara en su casa. De los anfitriones me olvidé, o mejor sería decir que ellos tres, ocupados en sus sexuales placeres, se habían olvidado de los demás.

    Ya vestidos, mi amiga Almudena pasó su brazo por debajo del mío, enganchando su fisonomía a mi costado. Y me dijo con suavidad al oído izquierdo…

    —Espero que no te vayas por no querer pecar. Sería un completo desperdicio que duermas solo, mientras tu esposa quizá a esta misma hora, retocé en brazos de él. —Y Martha que venía detrás, la alcanzó a escuchar y tomándola con fuerza de la mano, le preguntó también que era lo que nosotros dos no sabíamos.

    —¡De que me hablas? ¡Tú que vas a saber! —Me detuve y apartándome de su abrazo, le pedí explicación.

    —No lo puedo saber con exactitud, pero si yo fuera él, claramente aprovecharía la inesperada ocasión y me lanzaría con todo por conquistarla. Te lo podría asegurar. ¿Quieres apostar conmigo tesoro? —Y me retó.

    —¿Cuánto quieres perder? —Le respondí con seguridad.

    —Vamos a ver… Ehhh, si yo ganó, serás mi esclavo por 24 horas. Y sí pierdo pues… ¡Tú eliges lo quieras de mí, corazón!

    —Si yo gano, tú Almudena querida, te pondrás en cuatro patas y te dejaras culear por mí. Me agradará mucho perforar ese asterisco casi virgen tuyo. ¿Estamos? —Le contesté, mientras Paola y Martha, no podían cerrar sus bocas.

    —Perfecto Rocky querido. ¡Vamos! Anda tesoro, hazle una videollamada y tú Martha, préstame tu teléfono. Cuando yo crea que es el momento le marcaré desde este móvil al de Hugo y ya veremos quién gana. —Me respondió con una seguridad que me estremeció.

    —No se te olvide preciosa, que hoy la suerte esta de mi lado. —Y temerario, bordeando casi las tres de la madrugada de aquel sábado, le hice la videollamada a mi mujer.

    —¡Hola mi vida! —La saludé, agitando frente a la cámara mi mano.

    —Hasta que por fin me respondes, ya me tenías preocupado. Pronto serán las tres de la mañana ¿Dónde estás? —Silvia estaba con una copa verde neón en su mano, mientras con la otra intentaba mantener estable la cámara del teléfono y no salirse del plano, se veía sobresaltada. De fondo, yo pude escuchar los rítmicos «beats» de música electrónica.

    —Aghhh… Ehhh, mi amoorrr, estoyy… acabando de entrar a mi habitación. ¿Si me ves bien? ¡Jajaja! —Y Silvia junto a la ventana se veía espectacular con ese vestido brillante pero la luz era insuficiente y en el tono de su voz enredada, la acostumbrada visión de ella algo alicorada.

    —Amor estoy… Estoy un poco prendidita. Creo que me dejé contagiar por la rumba y me pasé con estos coctelitos. No revisé el móvil hasta ahora lo siento. ¿Y tú mi amoorrr? ¿Ya llegaste a nuestro piso?

    —No señora, aún no, pero ya iba de salida. Ni te imaginas el buen ambiente que hay, pero debo trabajar. Creo que solo dormiré como cuatro horas. Te amo mucho. Estas muy bella mi amor. ¿Y esa música? —No te gustaba. ¿Y ahora sí? Le pregunté.

    —¡Ehhh, es solo el televisor mi amor! Qué lo encendí y están pasando videos musicales. —Me respondió sonriendo y mirando hacia otro lado.

    —Te extraño mucho y tengo ganas de hacer cositas ricas contigo cuando llegues. —Le mencioné y me sentí triunfador.

    —Ufff, yo estoy igual. Lástima que sea tan tarde y estemos tan lejos porque si no… ¡Jajaja! Ya te la estaría comiendo. —Y mi mujer dio otro trago a esa bebida y paseó lujuriosa su lengua por los labios, mirando sensualmente a la cámara.

    —¿Me podrías dar una pruebita de lo que me espera? Déjame admirarte con ese vestido tan sexy. ¡Hey!… ¿No abras mostrado mis tetas a esos degenerados por ahí? —Le dije sonriéndole.

    —¡Como se te ocurre! O bueno tal vez unas dos o tres veces, pero fue sin querer por estar saltando con una canción de Lady… Lady algo. Tú sabes que nos soy buena para esos nombres extranjeros. Pero igual a nadie le importó y solo me las vio Antonella, que de inmediato me las cubrió con sus man… ¡Me las tapó rápido! Jajaja. —Me respondió dudando un poco en su respuesta.

    —Bueno pues que bien por ella que disfrutó de esa visión. ¡Ahora quiero que me las muestres a mí! —Le dije con mi voz más seductora.

    —¿Ahhh?… ¿Ahora precioso? Nahh, estoy como borrachita y con ganas de acostarme también. ¡Todo me da vueltas! —Me respondió negándose a mi petición, más yo le insistí maliciosamente.

    —Anda mi vida no seas malita y muéstrame esas hermosas téticas que tanto deben estar extrañándome. Dame ese gusto. —Y Silvia se negó de nuevo.

    —No, la verdad no creo que estas sean horas para ponernos en eso, que después nos arrechamos y nos quedamos con las ganas. Además alguien podría verme en esta ventana. —Me respondió haciendo pucheros, con los que ella usaba para convencerme de algo.

    —Vamos mi amor, dale y haz de cuenta que me vas a seducir… cierra la persiana si te da pena que alguien te vea y aprovechando la música, me bailas sensual, como si estuvieras haciéndome un striptease. No me vas a dejar con las ganas o es que… —Y dejando en suspenso la frase, Silvia un poco asustada se fue retirando de medio lado de la ventana enfocándose posteriormente con lentitud cerca de la bien tendida cama.

    —Rodrigo es que me da cosa. Mejor ahora cuando me coloque la pijama en el baño yo te envío unas fotic… —¿Rodrigo? Y entonces algo inquieto, contraataqué.

    —¡Ahora mismo Silvia, muéstrame las tetas ahora! ¿O qué es lo que pasa allá? —Le hablé duro y ya fastidiado, aunque también preocupado.

    ¿Tendría razón Almudena? ¡No! No podía ser, si ella me había prometido que… Silvia me había dicho que nada pasaría entre ella y su jefe.

    —Está bien, está bien no te enojes. Lo siento es que estoy algo cansada. Mira mi amor… ¿Así te gusta?

    Y Silvia empezó a balancear su cuerpo, moviendo un poco la cámara hasta acercarla a su cuerpo. Se desenfocaba por momentos pero luego tal vez lo dejó soportado, sobre el marco de la ventana y solo podía ver su figura a contra luz, bailando seductoramente y bajando primero una tiranta de su vestido, cubrió coquetamente con su mano ese seno, para luego cruzar su otro brazo y retirar la otra tira, cubriéndose de igual manera el otro pecho. El vestido fue cayendo por su cuerpo con parsimonia, a medida que mi esposa danzaba con suavidad una pegajosa melodía.

    Movía mi mujer su cintura con gracia y soltura, –siempre se le había dado bailar bien– y poco a poco retiró su brazo derecho y luego el izquierdo para dejarlos reposar en su cintura y aquel par de pechos aún hermosos después de amamantar, se mostraron por fin ante mí, meneándose con sensual suavidad.

    —¿Si ves amor que no era tan difícil? ¡Te amo preciosa! Y ahora un poquitín más, que quiero ver ese hermoso tesoro escondido. ¡Quítate la tanga y acaríciate por mí! —Y Silvia con cierto temor en su rostro, volteó de nuevo su mirada hacia algún lugar en esa habitación y luego acercándose de nuevo al teléfono comenzó a bajar despacio las delgadas tiras negras de tela y me dijo casi susurrando…

    —Yo también te amo. ¿Te gusta? ¿La quieres mucho? ¿Me deseas? —y me mostró su preciosa vagina, abriendo los labios, –tantas veces por mí, acariciados y besados– con sus dos dedos y cuando le iba a responder que sí, observé a Almudena quien con su dedo índice en alto, me hizo la señal de que iba a marcar. Y realizada esa operación me mostró la iluminada pantalla del móvil de Martha, donde pude leer con claridad dos palabras con las que ella registraba el número de su marido… ¡Amor mío!

    E inmediatamente escuché un sonido en la habitación de mi esposa. —El sonoro repicar de otro teléfono que había allí. Silvia se sobresaltó también y giró súbitamente su cabeza hacia la izquierda y luego volvió a mirar a la cámara y cuando iba a hablar, con la no olvidada sensación de vacío y amargura, sin mirar la pantalla de mi móvil escuché la asustada voz de Silvia…

    —Rodrigo…. Yo, en serio no es… ¡Perdón! —Mis lágrimas con la facilidad de siempre, comenzaron a humedecer mis mejillas, pero sacando fuerzas de donde no las hallaba en esos aciagos minutos le dije con firmeza…

    —Ya es suficiente Silvia. ¡Me cansé! —Y corté la videollamada, y de paso, apagué mi teléfono.

    Almudena por igual realizó la misma operación en el teléfono de Martha. Me giré para ver a Paola, que pasmada por la escena, ni sonreía y permanecía mi rubia tentación con su boca a medio abrir. Martha por su parte me miró con un dejo de compasión y Almudena, ella si sonriente al saberse vencedora, apoyó su mano sobre mi hombro y me dijo…

    —Tranquilo Rocky tesoro mío, que esto no es el fin del mundo ni tampoco debe serlo el de tu matrimonio. Corazón, tú también lo presentías, algún día iba a suceder. Tener sexo es el mal menor, pero como te dije hace días, mentir solo… Y la interrumpí abrazándome a ella con fuerza y resignación, para culminar su frase.

    —¡Engañar! Ese el mal mayor. Sí, ahora ya lo sé.

    —Pao, vamos a tomar algo en otra parte. —Y sin despedirme de Martha y Almudena, me alejé con mi rubia tentación abrazada fuertemente a mi cintura y su cabeza apoyada de medio lado sobre mi hombro, reconociendo mi dolor.

    Pero Martha dándonos posterior alcance, se metió en el medio de los dos y nos dijo con cariñosa suavidad…

    —No quiero estar sola esta noche. ¿Puedo ir con ustedes? Quiero… ¡Deseo estar con ustedes dos!…

    —… ¿Tendrán habitaciones disponibles en tu hotel? —Le pregunté a Paola, ya montados dentro del auto.

    —Toda la suite está esperando por los tres. Mi padrastro y mi madre andan de viaje por Canarias. ¡Vamos cachaco precioso! Qué al mal paso hay que darle prisa y a la traición, la bendición de hacernos el amor. —Nos respondió con su sonrisa de carnaval.

    Sentí la tibieza y suavidad de su mano acariciando mi mejilla y a pesar de sentirme engañado, la rabia pudo más que el dolor y no, ¡No derramé ni una sola lágrima más! Voltee mi cabeza y observando hacia el asiento posterior a una silenciosa Martha fijamente, decidí perderme para siempre en la espesura de aquella selva verde que tantas veces esquivé y beber de la fuente rosada y húmeda de la mujer del hombre que se tiraba a kilómetros de mí, esa madrugada a la traidora esposa mía.

    —Vamos entonces mi Pao hermosa, que apenas tengo tres horas libres para qué disfrutemos los tres. El tiempo justo para que las dos, logren hacerme revivir.

    Continuará…

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (12)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (12)

    Los días pasaron con calma, hasta que llegaron los primeros exámenes para Sergio. Era mitad de enero y sobre todo la semana anterior, no había tenido un momento de descanso, todo había sido estudio y más estudio.

    La relación con Marta se había enfriado hasta tal punto que llevaban días sin hablarse y desde la discusión no habían vuelto a quedar. El joven sabía que aquello estaba más que muerto, pero aún se agarraba a que después de los exámenes todo volvería a la normalidad. No es que necesitase a Marta por encima de todo, sino que el desliz con Alicia aún le traía cargo de conciencia.

    A esta última la había estado evitando durante todo este tiempo. Sus conversaciones no pasaban de cuatro frases anodinas y siempre acababan con Sergio pidiéndola tiempo, ya que este mes iba a ser muy duro.

    Se lo tomó realmente en serio, tenía esos dos frentes abiertos y solo había una manera de olvidarse de sus problemas, estudiar. Así lo hizo, desde el gran día con su madre en el cine, trató de estar el máximo tiempo posible estudiando. Ni siquiera perdía el tiempo en viajar hasta la biblioteca de la universidad, en casa aprovecharía ese tiempo de traslado. Además que aquel lugar, sobre todo los baños de la tercera planta…, le traían demasiados recuerdos.

    La relación con los demás miembros de la casa comenzaba a fluir de una manera fabulosa. Con su madre ya había mejorado desde el verano, pero después de compartir su tiempo en el cine, sus miradas eran más cómplices y algunas veces incluso mantenían largas charlas desayunando. Tiempo atrás aquello era impensable, Mari nunca había estado para nadie mientras tomaba su café mañanero, sin embargo, para su hijo, parecía que ahora todo era poco.

    Con Laura todo había cambiado, era mucho más alegre y no habían vuelto a discutir desde el día que se “encontraron” de fiesta. Incluso algún que otro día, la muchacha le asaltó con alguna que otra duda con respecto a sus deberes y Sergio, sorprendido, se la resolvió de mil amores.

    Sin embargo, eso detonaría en un punto, justo después del primer examen que concluyó el joven. Era un día como otro, nada especial, había ido a la tarde a la universidad y salió del examen con una amplia sonrisa al sentir buenas vibraciones, sabía que aprobaría.

    Llegó a casa justo cuando anochecía, el tiempo se había vuelto bastante helador, incluso demasiado para esas fechas del año. Entró en su habitación y se desvistió con rapidez, el cuerpo le temblaba, sentía los huesos congelados. De pronto escuchó un golpe en la puerta que le sobresaltó, viendo que su hermana había entrado en la habitación. Traía una cara de pocos amigos que sumado al portazo, hizo que Sergio se sintiera incómodo.

    —¿Tata? —preguntó sorprendido mirando a Laura.

    —Sergio, —la voz de la joven sonaba dura, pocas veces la había visto tan enfadada. Sergio se quedó paralizado, como si un movimiento la pudiera irritar todavía más— te voy a preguntar una cosa.

    El rostro del joven se contrajo y se acabó de subir los pantalones del pijama para que no se le notase que le comenzaban a temblar las piernas. Sergio sin saber a qué venía su hermana, por el rostro y el cabreo, se hacía una idea.

    —Tú —señalándole con el dedo índice como si le fuera a apuñalar— y… ¿Alicia?

    —¿Qué pasa?

    Tomó una actitud que le valdría cuando Laura tenía doce años, pero no ahora que era una adolescente a pocos meses de ser mayor de edad. Hacerse el sorprendido y fingir a su hermana que nada iba con él, no era un buen plan y Sergio lo supo nada más la pregunta brotó de sus labios.

    —¡Qué pasa y una mierda! ¿Te has liado con Alicia?

    —No.

    Le salió una voz cortada, sentía pánico por los gritos que podía desencadenar Laura, cuando se enfadaba era un terremoto. La respuesta le había salido automática, quizá negando la mayor saldría de aquella, pero estaba equivocado.

    —Sergio… no me mientas.

    Por un momento la ira que la joven sentía se transformó. Todo el cabreo acumulado al ver a su hermano mintiéndole mutó en un sentimiento más profundo que Sergio pudo ver. Se levantó de la cama para estar a su altura, casi una cabeza entera les separaba en distancia, pero se miraron a los ojos. “Esos dichosos ojos…” pensó Sergio recordando la rama femenina de la familia y su herencia ocular.

    El rostro de la muchacha había cambiado y no había ira, el joven lo vio y no pudo hacer otra cosa que quedarse quieto. Esperaba que Laura se aguantara, sin embargo no las tenía todas consigo. Porque su hermana no estaba cabreada, sino… decepcionada… triste.

    —Laura, mira…

    —¿Sí o no?

    Aunque cortada, la voz de Laura sonaba dura y determinada. El móvil en la mano le dio pistas a Sergio que algo había pasado, alguien lo sabía y le habían delatado. Todas las cartas estaban jugadas, solo él y Alicia sabían lo que había pasado, las dos opciones iban por el mismo lado. O Alicia se había ido de la lengua con una amiga, o directamente se lo había dicho a Laura. No encontró sentido lógico para ninguna de las dos.

    —¿Te lo ha dicho ella o alguna amiga?

    Laura vio la realidad, algo que no se imaginaba, que una amiga se liara con su hermano, con su querido hermano. Se dio la vuelta enfadada y no quiso contestar a Sergio, porque ya no era relevante, sabía la verdad. Aunque pensándolo bien, ¿por qué la propia Alicia la iba a mentir?

    Sergio trató de agarrarla por el brazo. Sujetó su antebrazo, pero Laura tiró con más fuerza. La mano del joven se deslizó hasta sujetar su muñeca y allí con un peor agarré, Laura logró zafarse de la sujeción de su hermano.

    —Te odio, joder. TE ODIO.

    Le dijo mientras abandonaba su cuarto. Pero para sorpresa de Sergio no le había gritado, no había armado un escándalo, aquellas palabras habían sido casi un susurro, un suspiro que trataba de ahogar el llanto. Por un momento se sintió dolido, muy dolido, prefería que le hubiera gritado o pegado, pero no escuchar esa voz quebrada de su hermana mientras sus ojos se le clavaban como cuchillas.

    Escuchó como la puerta de su hermana se cerraba con fuerza y al de nada, su madre asomó por la puerta. Eran los mismos ojos que tenía Laura los que ahora le miraban, sin embargo estos no lo hacían desde el odio y la tristeza.

    —¿Sergio, pasa algo?

    —No, mamá no te preocupes… solo que le tengo que pedir perdón a mi hermana. —el joven apenas la miró, se sentía fatal, no quería ver ni a su madre.

    —Voy yo si quieres…

    —Gracias, Mari, pero en serio, no. Ahora en un minuto voy donde ella.

    Su madre sonrió, quizá por ver como su hijo había madurado en todo este tiempo, en cómo había criado a un joven tan bueno. Aunque ella no tenía la información de como este se había liado con la amiga de su hermana, tal vez sabiéndolo hubiera cambiado un poco su opinión.

    Se sentó en la cama y la habitación se le vino encima. Había fallado en tan poco tiempo a su novia (o quizá ex, no tenía idea) a su ligue y a su hermana, “no paro de cagarla” se dijo con las manos en la frente. Golpeó con fuerza sus piernas y supo que el error lo había cometido en un principio al no acompañar a su hermana a casa y largarse corriendo donde su “amante”. Error que había desembocado en todo esto, debía arreglarlo y debía hacerlo ya.

    Puso los pies en el suelo y colocándose de pie se decidió a que todo cambiaría, cogería las riendas de su vida y se decidiría a encaminarla. No podía ser que estuviera con una chica con la que no estaba bien, que diera largas a otra sin saber que quería y menos aún que aquello salpicara a su hermana. Solo se salvaba Mari en todo esto, su dulce madre, que tan buenos momentos le hizo pasar y que logró que todos los sentimientos se fueran a un lado.

    Fue a dar el primer paso, sin embargo al pisar, se dio cuenta de que algo había bajo la planta de su pie. Lo alzó comprobando que era lo que había caído al piso. Al sujetar a su hermana, una pulsera de su muñeca había volado en el “forcejeo”. La cogió en sus manos, era una pulsera que conocía muy bien, puesto que la había hecho en clase hacía muchos años, cuando su hermana cumplió los diez años.

    Era de goma y de diferentes colores, si no recordaba mal, la había confeccionado en clase de plástica y la profesora le había ayudado. Fue un momento muy bonito cuando Laura la recibió y comenzó a saltar de alegría, jurando que no se la quitaría jamás, incluso le dijo que le quería.

    Pero el tiempo pasó y obviamente se la fue quitando hasta el punto que hacía unos años no se la había vuelto a ver. ¿Por qué ahora volvía ese regalo a su muñeca? Sergio buscó el motivo en su cabeza. Agarró con fuerza la pulsera entre sus dedos y reprimió unos sentimientos que emergían furiosos, porque sabía lo que simbolizaba, que su hermana lo volvía a querer.

    —Laura… —Sergio abrió con dudas la puerta de su hermana— ¿Se puede?

    —No.

    La voz de la joven se escuchó de fondo. Estaba boca abajo contra la cama y tapaba su rostro con una almohada. Haciendo caso omiso a la respuesta, Sergio entró.

    —Te he dicho que no —repitió Laura sin mostrar el rostro.

    Sergio avanzó hasta la cama y allí se sentó, al tiempo que su hermana se giraba hacia el otro lado para poder darle la espalda. El joven no intentó nada, solo se quedó allí y por unos segundos observó la espalda de la muchacha.

    —Primero de todo… lo siento, tata. —sabía que aquello la ablandaría el corazón.

    Laura no contestó, no hacía falta, Sergio escuchaba su respiración acelerada y el sorber constante de mocos, estaba llorando o al menos a punto de hacerlo. Se tuvo que morder el labio para no ponerse a llorar con ella. Podían ser muy diferentes, en ocasiones podían llevarse como el perro y el gato, pero ver llorar a su hermana pequeña siempre le había partido el corazón.

    —Vale, lo que me has preguntado, es verdad.

    Laura se fue a dar la vuelta, seguramente para seguir insultando a su hermano, pero este le colocó la mano en la espalda para que se tranquilizara, la chica se quedó quieta. El joven comenzó a pasar su mano por encima de la camiseta del pijama y mientras la acariciaba con ternura prosiguió.

    —Veo que te ha dolido mucho, no sé muy bien el porqué, pero da lo mismo. No te puedo ver así, se me parte el alma cuando estás mal, Laura. Por lo que me da igual porque te haya sentado mal, solo te pido perdón cuantas veces quieras. Perdón, perdón, perdón, perdón, perdón…

    —Ya vale, pesado.

    Aquella última gracia le había sacado una leve sonrisa y el roce de su hermano contra su cuerpo la estaba aliviando, aunque la pena no se marchaba.

    —Mira, vamos a arreglar todo esto muy rápido para que todo vuelva a ser como antes, ¿te parece bien?

    Laura alzó los hombros mientras volvía a sorber los mocos que trataban de salir de las fosas nasales. No vio cómo su hermano, se tumbaba con ella en la cama y le abrazaba como podía con ambas manos, sumergiendo una bajo la almohada y otra rodeando su cintura. La apretó con fuerza y la joven se sintió feliz, muy feliz, como si todo se pasara, aunque algún resquicio de odio todavía anidaba en su interior.

    —No entiendo… —a Laura le costaba hablar— por qué lo has hecho. Hay muchas chicas en el mundo, ¿por qué justo con una amiga mía? Y además, Alicia…

    —No es su culpa, es solo mía, fue… —¿en verdad era así?, ¿Eso era lo que pensaba? Sí— un error. Estoy fatal con Marta… bueno, seguramente lo vamos a dejar, si no es que lo hemos hecho ya. Imagínate como estamos que ni lo sé. Creo que se me fue la cabeza y aproveché ese momento para… para… no sé para qué. —resopló golpeando con su aliento el pelo de su hermana— Quizá para sentirme hombre o para desfogar, ni idea.

    —Lo siento, por lo de Marta. —Laura agarró con fuerza la mano de su hermano que reposaba en su vientre— No sabía nada, si te puedo ayudar cuenta conmigo. —recordó que estaba enfadada y añadió— Me ha dolido mucho… solo dime, ¿vais a tener una relación?

    —¿Con Alicia? —ella asintió— No, para nada.

    Laura ignorante del porqué, se alegró al escucharlo, no quería a su amiga de cuñada y por otro lado… no la veía una buena chica para su hermano mayor. Aunque si lo pensaba a conciencia, sabía que a sus ojos no habría ninguna buena.

    Agarrando la mano de su hermano se sentía mejor, mucho más aliviada. El saber que Sergio no quería nada más allá de un rollo con su amiga, la reconfortaba, “¿Por qué solo ha sido eso?, ¿Habrán follado?”. No quiso saber la respuesta.

    —¿Me lo prometes, Sergio? —el muchacho la dejó hablar— ¿Me prometes que nunca más te vas a liar con ella?

    Con un beso en la cabeza la respuesta era más que obvia, no le hacía falta a Laura escucharlo de sus labios, aunque añadió otra cosa para matizar.

    —Bueno, ni con ella, ni con ninguna otra de mis amigas…

    —Lo que tú digas, enana —le susurró cerca de la oreja, algo que hizo que la piel de Laura se erizase—. Una cosa, ¿por qué te molesta?

    —Contéstame tú a una cosa, ¿te gustaría que me liara o me tirase a uno de tus amigos?

    “Dios, NO” gritó la mente de Sergio. No lo había visto de esa manera, en ningún momento había empatizado con su hermana y puesto en su lugar. Aunque a su modo de ver era diferente, ella era su hermanita, la pequeña de casa, era normal que no quisiera. Sin embargo su mente le hizo recapacitar y pensar que para ella, él era su hermano mayor y eso pesaba mucho.

    —No, para nada.

    —Entonces me entiendes un poco. —sintió otro beso en el cabello que volvió a calmarla, el llanto había cesado y el calor de su hermano la había relajado— Al principio, no me lo creí. Cuando me lo dijo pensaba que estaba de broma, que me quería vacilar, pero cuando me lo juró no entendí muy bien cómo podía ser posible.

    —Espera, —cortó Sergio— me gustaría saber una cosa, ¿te lo ha dicho ella directamente?

    —Pues sí. ¿Quién si no?

    Sergio se separó de pronto de su hermana y levantándose enfadado de la cama. Laura maldijo por lo que había dicho, con lo a gusto que estaba…

    —Pero, ¿para qué te dice nada…? Será… La dije que no contara nada, que tenía que arreglar unas cosas y hablaríamos.

    —¿Eso es verdad? —preguntó su hermana sentada en la cama.

    —¡Qué va! Se lo dije porque no sabía cómo salir del paso —el volumen de Sergio aumentaba, realmente aquello le había molestado.

    —Me dijo que se sentía mal por mí y que me lo tenía que contar, la verdad que me pareció extraño.

    —No se sentía mal para nada, te lo digo con total seguridad. —Sergio cogió su móvil y abrió la conversación con la amiga de su hermana— Mira, por si tienes dudas de que algo vuelva a pasar.

    Sergio comenzó a teclear y Laura se sentó a su lado en la cama, observaba como en la pantalla del móvil su hermano saludaba a Alicia de lo más normal. Mientras esperaba que la chica contestase, leyó lo que la pantalla le permitía, casi todo eran frases normales que se podrían decir entre dos amigos, eso por algún motivo, la dejó un mejor cuerpo.

    —¿Qué tal, Sergio? —leyó Laura el mensaje de su amiga.

    —Conque le has contado a mi hermana lo nuestro… —las manos de Sergio echaban humo y Alicia esperó a contestar.

    —Sí, es que me sentía mal por ella…

    —¿No te dije que no dijeras nada? ¿Para qué vas y se lo cuentas justo a mi hermana? Le has hecho pasar un mal rato a lo tonto, incluso se ha puesto a llorar.

    A Laura leer aquello por un momento le causó vergüenza, pero no le importó, sentirse al lado de su hermano, notar su calor, su cuerpo, la hacía estar tan protegida, que daba lo mismo.

    —Joder, no me lo esperaba. En verdad… no te puedo mentir… lo hice para captar tu atención. Tío es que has pasado de mí todo este tiempo, ni un poco de caso.

    —Te dije que tenía exámenes, este mes es muy jodido, necesito mi espacio para estudiar. —Sergio vio una clara la oportunidad de acabar con todo y no la desaprovechó— No me esperaba que fueras así. Me he llevado una desilusión, pensaba que teníamos posibilidades de que esto fuera a más, —mentira y gorda— ahora se acabó.

    —No soy así, Sergio. Lo que pasa que no me has dejado otra.

    —No has tenido paciencia y punto, voy a borrar tu número, Alicia. Qué chasco me he llevado… —quizá se estaba pasando un poco, pero todavía sentía el dolor de su hermana muy presente. En verdad, estaba siendo el rey del drama.

    —¡No flipes! ¿Por esto ya no vamos a quedar?

    —NO.

    —Eres un capullo y una mierda, ¿solo por esto me dices que no…? No tienes valor a decirme la verdad y ya, eres un cagón. Que sepas que me voy a encargar de que se entere tu novia y te joda por cabrón.

    —Tú misma, si quieres hacer daño gratuito a una segunda persona, adelante. Además que con Marta está todo acabado. ¿Y dices que no es para tanto…? Hacer daño a mi hermana, sí que lo es.

    De la misma que borró la conversación y bloqueó a Alicia del móvil, sintió que caía un peso de su cuerpo, liberándose de una de las losas que lo ataba. No había sido la mejor forma y seguramente que al cabo de unos días se sentiría mal, sin embargo, tenía que hacerlo.

    —¿Te ha molestado mucho que llorara? —la voz de Laura le hizo volver a prestar la atención que requería. Con tanto teclear se había olvidado que estaba allí.

    —Por supuesto, eres mi hermanita y por ti lo daría todo.

    Por un momento Laura se sonrojó, oír las palabras de su hermano tan sinceras, tan puras le hizo sentirse la más dichosa del mundo, no podía ser más feliz. Curioso como una “desgracia” para la jovencita, acabara en algo maravilloso. Miró a la pared por no mantener la vista por más tiempo en su hermano, le daba algo de vergüenza, como en el colegio cuando un chico le gustaba.

    —Por cierto, antes de irme.

    Sergio se levantó y sacó del bolsillo la pulsera de su hermana. Se la enseñó y ella se miró la muñeca buscándola, no se había dado cuenta de que la había perdido. Sin levantarse alzó su brazo derecho y Sergio se la colocó a la perfección, como siempre debería haber estado.

    Laura se levantó para estar a la misma altura y con los brazos rodeó a su hermano propinándole un fuerte abrazo. Notó como Sergio hacia lo mismo y ambos se fundieron en unos cuantos segundos mientras sus padres eran ajenos a lo que pasaba en aquella habitación, solo los dos eran testigos del amor que se procesaban.

    Sergio bajó la mirada y al mismo momento la joven la subió, conectando con aquellos ojos que tantas veces se habían mirado, aunque ahora se veían más sinceros… más amorosos. Los labios del muchacho se cerraron y descendieron con lentitud hasta el rostro de su hermana. Ella lo esperó con ganas y cuando el beso estaba a punto de impactar en su mejilla, giró levemente su rostro para devolverle el arrumaco.

    Ambos se quedaron por dos segundos disfrutando del beso del otro, cada uno en una mejilla, pero muy cerca de la comisura de los labios, cerca de un límite que no debe ser traspasado.

    —Te quiero mucho, Sergio, quiero que siempre lo sepas, pase lo que pase, haga lo que te haga… te quiero.

    —Y yo, tata… y yo.

    CONTINUARÁ

  • Cogí por el culo a mi suegra

    Cogí por el culo a mi suegra

    Como había comentado en otra historia, mi suegra vino a Lima, para acompañarnos y apoyarnos, cuando mi esposa dio a luz a nuestra primera hija. Llegó unos 10 días antes del parto y se quedó poco más de un mes luego del mismo. Mi esposa tenía poco más de 20 años y mi suegra algo más de 40 años, pero a puro gimnasio estaba realmente fuerte.

    Una noche, si mal no recuerdo un par de días antes que naciera mi hija, me hizo una mamada que me dejo seco y satisfecho por un par de días. Durante el parto y luego del nacimiento de mi primera hija, pensaba en cualquier cosa menos en sexo. Seguía viendo las muy pequeñas tangas, hilos dentales, de mi suegra en el tendedero, pero no les prestaba mayor importancia, mi prioridad era otra.

    Quizás unos 10 días luego del nacimiento todo empezó a normalizarse en casa. Una noche, mientras mi esposa e hija dormían plácidamente, decidí ver algo de tv en la sala. Mi suegra se sentó a mi lado y elegimos ver las noticias. Ambos habíamos estado desconectados del mundo y saber que pasaba era algo hasta necesario. Tras un rato viendo la tv, mi suegra me preguntó si quería un café. Acepté. Fue por el café. Mientras caminó hacía la cocina pude ver su culo, sin tanga pensé, en su pijama medio translucida. Me calenté mucho viéndola, más aún, recordando la mamada que me había dado.

    Volvió con el café e (intencionalmente) se sentó pegada a mí. Por su actitud y gestos pude saber que estaba caliente y con ganas de ser cogida. Puse el café en la pequeña mesa de centro frente a nosotros y al retornar a mi lugar como de casualidad cogí su pierna. Ella me miró en forma cómplice y me dijo, voy a ver si Adriana duerme con la beba. Fue y confirmó que ambas dormían profundamente. Al volver fue directa, como era y es actualmente con su lengua, lo era esos años también en el sexo.

    Se arrodilló frente a mí. Me desabrochó el pantalón. La sacó ya erecta y comenzó a mamarla con la avidez de la primera vez. Yo tenía muy claro que no me conformaría con la mamada. Quería cogerla. Sin embargo, me dejé hacer, disfrutando sus labios expertos y su lengua traviesa. Fueron minutos deliciosos, ella concentrada en mi verga y mis huevos, dándome placer sin pedir nada a cambio.

    Pude contenerme unos instantes antes de volver a venirme en su boca. Me paré y le pedí que se acostara en el sofá. Ella me dijo que no, que no era correcto, pero fue una negación que era una aceptación tácita. Le mamaba la verga a su yerno, en casa de su hija. No estaba, en ese momento, en condiciones de decir que era correcto y que no lo era. Se acostó en el sofá. Le bajé el pantalón de pijama y descubrí que tenía puesto uno de sus micro hilos dentales. Pensé no tenía nada debajo del pantalón, pero era tan minúsculo que al verla caminar no lo pude ver.

    Verla con ese hilo de puta me excitó más. Se lo dejé. Sólo terminé de sacarle el pantalón. La acomodé en un extremo del sofá (agradezco haberlo comprado tan grande siendo sólo dos personas adultas en casa). Me acomodé en el otro extremo, puse sus piernas sobre mis hombros y, poniendo de costado su hilo dental, comencé a sopear su ya muy húmeda vagina. Chorreaba, sentía todo su sabor de hembra en mis labios y lengua. Era delicioso sentir como palpitaba mientras la exploraba y más como inhibía sus gemidos para evitar despertar a su hija, mi esposa.

    La sopee hasta que tuvo un orgasmo intenso, delicioso sentir como se contraían sus labios con mi lengua dentro. Sin darle tiempo a reaccionar, le “ordené” y la ayudé a darse la vuelta, dejando su culo al aire. Había llegado con algunos lengüetazos a su ano dilatado y vibrando, pero me había concentrado, esa primera etapa, en su coño jugoso. Sabía que su culo era experto y muy tragón. Mi lengua lo había descubierto ya.

    Puesta en cuatro patas, me dediqué a lamerle el culo. Claramente un culo muy muy usado, no sólo por mi suegro. Un culo tragón y deliciosamente inquieto. En mucho menos tiempo que con su coño, tuvo un segundo orgasmo con mi lengua dentro del mismo. Pudo contener medianamente bien sus gemidos, pero no un pequeño grito que tuvo al llegar.

    Ella estaba jadeante y, por segunda vez, sin darle tiempo a la reacción, tomé la iniciativa. Subí al sofá y con ella aún en perrito, comencé a cogerla por su chorreante vagina. Pero estuve muy poco tiempo allí, era obvio, que me estaba entregando su culo, que quería ser cogida por el culo, que su culo necesitaba verga, más que su vagina jugosa.

    Entre en su culo. Sin ningún roce. Sin complicaciones. A sus poco más de 40 años, tenía el culo dispuesto a comer verga sin oponer ninguna resistencia ni fricción. Tras unos minutos montándola en perrito, le tocó tomar la iniciativa. Se dio vuelta, se acomodó con las piernas sobre mis hombros y me entregó el culo en esa deliciosa pose, que me permitía ver su cara de mañosa cachera.

    Intenté besarla y no me lo permitió. No insistí. Sólo seguí cogiéndola por el culo, lo más profundo que mi verga entraba. Cuando ella lo contraía en un nuevo orgasmo, nos vinimos juntos. Se acomodó el hilo dental, que nunca se lo había sacado. Se colocó el pantalón de pijama. Me dio un beso en la mejilla, me dijo “buenas noches querido yerno” y fue a su habitación a dormir.

  • Rosy, Jessenia, Jocelyn y Laura: 4 culos en un mismo día

    Rosy, Jessenia, Jocelyn y Laura: 4 culos en un mismo día

    Esa mañana comenzó con una llamada sorpresiva de Sherri.  Ella es una mujer muy linda que ronda los 37 años, casada y con dos hijos. De vez en cuando nos hemos comunicado a través de plataformas como Facebook; un saludo breve y rutinario para nunca levantar sospechas, pues la última vez que follamos con esta fogosa mujer fue hace más de un año y medio, antes que esta pandemia nos afectara esa libertad de movimiento. Ese día me pedía un favor, debía estar en el aeropuerto a cierta hora de la mañana, pues se debía de reunir con su familia que ya se encontraba vacacionando dos días antes que ella partiera por cuestiones de trabajo.

    Eran las siete de la mañana cuando pasé por ella y pensé que me invitaría a pasar a su casa dado que ya su marido se encontraba junto a sus hijos en algún lugar turístico de México. No fue así, pues Sherri es de esas chicas que respeta la cama matrimonial y cuando hemos follado lo hemos siempre hecho en algún motel e incluso en el automóvil. Estaba ya lista y se miraba radiante y me mostraba ese placer de volverme a ver. Eso fue el tema de conversación en los 30 minutos que nos tomó llegar al aeropuerto. Iba con un vestido de tonos pasteles, falda por sobre la rodilla, con un escote generoso que me permitieron ver esa obra de arte de dos solidos pechos cuyos pezones se notaban erectos y que no he mamado todavía después de que se hizo esa operación unas semanas antes a que comenzaran los encierros de la cuarentena. Le di un cumplido por sus dos preciosos melones y ella me recompensó con decirme que yo seguía mirándome bien y siempre guapo como siempre.

    Llegamos al estacionamiento y nos estábamos despidiendo con un beso por sobre los labios y fue Sherri la que me pidió lo siguiente:

    -Bájate el cierre… quiero darle un beso a esa hermosa verga que siempre me hace soñar despierta.

    -¿De veras tienes tiempo? No quiero que vayas a perder tu vuelo.

    -Solo será un beso… quiero irme con el sabor y olor de tu verga. Tengo más de un año de no probarla.

    -¡Está bien! Solo que tú también me tienes que dar a probar esos pechos que no he saboreado y no he tocado desde la cirugía que me contaste.

    Literalmente fue Sherri quien me bajó el cierre y desabotonó mi pantalón. Y aquello se dio de una manera tranquila pues el estacionamiento además de ser un tanto oscuro también estaba solitario, aunque lleno de muchos coches. No fue un solo beso como ella lo decía, fue una mamada de unos cinco minutos y ella me ofreció sus pechos y se los mamé por un par de minutos. Se sentían sólidos y de un tamaño más pronunciados de lo que recordaba. Sherri le puso alto a todo diciendo que se estaba calentando y que de pronto perdía el vuelo. Se despidió con un beso más en los labios y con la sugerencia que sí me había calentado, que llamara a su prima Lorena, que ella se encontraba a solas por esos días, pues su marido laboraba en otro estado.

    Lorena es prima hermana de Sherri y de hecho he cogido más con Lorena pues no solo que tengo más comunicación con ella, sino que Lorena es con la chica casada que tengo más tiempo de venir cogiendo, pero al igual que Sherri, tengo tiempo de no follar con ella debido a esto de la pandemia y que sus hijos se encuentran en casa. Como Sherri me dejaba caliente y solo con la promesa que a su regreso nos pondríamos de acuerdo decidí llamar a su prima, pero no me contestó, la llamada se fue directo a su correo de voz, pero no quise dejar ningún mensaje. Tenía los testículos hinchados de las ganas y me recordé de Sofia, una chica de paga que al igual que yo, su vigor sexual es mañanero y siempre que me la he llegado a coger es por las mañanas. Le llamo y me contesta:

    -¡Hola Tony! Milagros saber de usted… ¿anda en busca de compañía?

    -La verdad que si… ¿Estás disponible?

    -Mire que no me encuentro en la ciudad, pero lo puedo contactar con alguna de mis amigas. ¿Qué le parece?

    -¿Es la misma de la última vez?

    -No… Marisol se fue para Honduras. Hoy tengo tres amiguitas que sé le van a gustar… chicas jóvenes con unos rostros y cuerpos lindos.

    -¿Y cuánto debo de llevar?

    -Mire, en lo personal le recomiendo a Jocelyn, pues ella le va dar lo que usted busca. Son $300.00 por la hora. De todas maneras, le voy a enviar las fotos de todas ellas y yo le contacto con ellas.

    Me envió la foto de Jocelyn y la de otras dos más con los nombres de Rosy y Jessenia. Me gustaba Rosy, pues era una chica petit con un culito redondito y bien pronunciado. Pues Sofia me enviaba fotos en diferentes poses, algunas con ropa y otras semi desnudas. Le dije que me gustaba Rosy y ella me dijo que no creía que esta chica quisiera hacerlo por la puerta trasera, pero de todas maneras insistí y terminé concertando una cita con Rosy y Sofia me advertía que no creía que la convenciera a tener sexo anal. Quedamos en una hora y me dio el domicilio de Rosy. Llegué con el mismo nerviosismo de siempre.

    Subí las gradas de su apartamento hasta un tercer piso, toqué la puerta y me recibió una chica que no era Rosy, pero que no reconocía que era Jessenia, pues las fotos las miraba por mi celular y en la vida real Jessenia es una mujer más hermosa que como se muestra en la foto, en otras palabras, las fotos no le hacen justicia. Vestía un diminuto pantalón corto de un beige claro, una blusa color rosa que la hacía ver muy juvenil, unos zapatos tenis blancos y se le podía ver un piercing en el ombligo. No me hubiese molestado si me decía que Rosy no estaba y que solo ella era la disponible porque igual me la cogía; esta chica se miraba hermosa. Jessenia era la que me decía:

    -Rosy no vive aquí… pero no tarda en venir. Me dijo que se tomaba un baño y arreglarse… usted sabe cómo somos las mujeres.

    -Pero si ella no está disponible, ¿lo estarías tu?

    -Si… solo que me tendría que esperar igual para tomar un baño.

    En esa plática estábamos cuando tocaron la puerta. Era Rosy, y esta chica se había arreglado como si fuese a salir con su novio. Llevaba una especie de pantalón corto overol de color azul pálido de tela de mezclilla, una camisa o blusa blanca, bien maquillada y con un perfume rico que invadió todo el apartamento. Rosy me saludó con un beso en la mejía y sí es que Jessenia no me hubiese dicho que Rosy era una chica casada y que tenía un hijo, hubiese sospechado que era menor de edad, pues parecía una quinceañera. Luego me di cuenta de que tenía 20 años.

    Me hizo pasar a una habitación pequeña donde solo se veía una cama de buen tamaño. Estaba algo oscuro pues luego me di cuenta de que atrás de las cortinas los vidrios estaban polarizados con una cinta oscura, a un lado de la cama estaba una mesa pequeña que sostenía unas velas aromáticas, y un reloj electrónico que en ese momento anunciaban eran las 9:17 a.m. Me pide que me acomode y me propone si me quiero dar una ligera ducha. Acepto y le pido que no se desvista, que quiero ver como se desnuda. Me bañé pues Sherri me había mamado la verga horas antes y mi verga estaba empapada de líquidos pre seminales. Salí envuelto en una toalla cubriéndome la cintura y ahí estaba Rosy esperándome ya con una tonalidad de música de bachata que reproducía por su celular y un pequeño parlante bluetooth y luego me dijo:

    -¿Quiere desvestirme o verme que me desvista?

    -Comienza a desvestirte y de seguro te ayudaré a hacerlo también.

    Se removió los zapatos o sandalias, hizo a un lado los tirantes de su overol corto, comenzó con removerse su blusa donde quedaba con un sostén de color blanco y pude ver una cintura más definida como en las fotos, se bajó el short o pantalón corto overol dándose la vuelta para que su trasero fuera lo primero que viera y quedaba espectacularmente modelando un calzón cachetero de un rojo intenso. Ella solo se sonreía y me preguntó: ¿Le gusta? -¡Me encanta! -le contesté.

    Me acerqué sin removerme la toalla de la cintura y la pequeña Rosy a penas me llegaba al hombro. Le pedí que se subiera a la cama así parada y le removí su prenda posterior que sostenían dos pequeños y hermosos melones de una copa C. Eran redondos y con un pezón grande. Eso no lo había visto en sus fotos, no tenía una mostrando sus pezones o su sexo. No me tuve que agachar mucho para mamar sus pechos y halar con mis labios sus dos erectos pezones. Ella solo exclamó algo que apenas creo haber escuchado: ¡Uh… eso me gusta! -Le mamé los pezones y ella seguía parada por sobre la cama y me di gusto de manosear sus preciosas nalgas las cuales se sentían sólidas. Le metí la lengua en el ombligo y descubrí la pequeña cicatriz de lo que debía ser la experiencia de una cirugía de cesaría. Ella solo me dijo:

    -¡Soy mamá!

    -¿Qué edad tiene tu hijo?

    -Dos. -me dijo.

    -¿Y dónde está en este momento?

    -Con mi mamá… ella lo cuida cuando tengo que salir.

    -¿Casada o con novio?

    -¡Casada!

    -¿Por supuesto que él no sabe nada de esto?

    -¡No! ¡Por Dios… si lo supiera me mata!

    Nos acostamos en la cama. Ella seguía con su calzón cachetero y yo aún cubierto con la toalla y me recordó de los $300.00 acordados. Busqué mi pantalón que tenía a un lado de la cama, saqué tres billetes de a cien y se los di en la mano. Ella solo se agachó donde había caído su pantalón y los insertó en uno de los bolsillos. Ella me preguntó:

    -¿Le gustaría que le dé un masaje o qué quiere que le haga?

    -¡Como tú quieras! -le dije.

    Me pidió que me acostara por sobre mi abdomen, ella se subió por sobre mi espalda y en el proceso me removió la toalla. Tenía las piernas abiertas sentada en mi espalda y comenzó con sus pequeñas manos a masajear mi cuello. De repente sentí su lengua haciéndome cosquillas y ese masaje de su lengua se extendió por sobre mis hombros, mi media espalda hasta llegar a mis glúteos. Se reía y me decía que me ponía muy erizo y la verdad que me hacía correr una agradable electricidad por todo el cuerpo que era excitante. Me pidió que me diera vuelta y vio por primera vez mi paquete totalmente erecto. Ella me dijo: Usted está grande y está grande de todo. Prosiguió con más de lo mismo, pero ahora era de enfrente. Miraba ese bonito rostro de ojos oscuros, coquetos y achinados y como sus labios y lengua pasaban por mis pectorales, bajaron a mi abdomen y amenazaban con llegar a mi falo. Me lo tocó con sus pequeñas manos y me dijo: ¡Está tan grande con mi antebrazo! – Luego paso a sacar un profiláctico de su pequeña cartera, lo saca de su envoltorio metálico y me lo coloca en mi falo. Ahora mi verga tenía una tonalidad de color rosa y Rosy me decía cuándo comenzó a saborear la punta de mi verga que era un condón con sabor a menta. Miraba cómo esta linda chica me hacía una felación delicada y con esa misma delicadeza me apretaba con sus labios delgados deliciosamente mi falo, mientras con una de sus manos y también de una manera delicada me masajeaba los testículos. Ella hizo una ligera pausa y con una linda sonrisa me dijo: ¡Apenas me cabe la punta!

    Tena mucho tiempo de no usar un condón y yo me mantenía recostado sobre un par de almohadas viendo cómo esta chica me mamaba la verga con el afán de abarcarla lo más que podía tragar mientras le acariciaba su cabello lacio y oscuro el cual le colgaba sobre un costado y que fácilmente le llegaba hasta su cintura. Realmente me gustan las chicas con cabello largo y en este caso me gustaba oler ese aroma que emanaba. Quizá había pasado unos diez minutos desde que empezó con la felación cuando le pregunté:

    -¿Te gusta dar sexo oral?

    -¡Me encanta… me excita mucho! Cómo quisiera tragármela toda, pero la tiene muy grande.

    -¿Y también te gusta recibir?

    -¡A quién no!

    -¿Me puedo comer tu conchita?

    -¡Si usted quiere!

    Me levanté para tomar posición. Rosy elevó su cintura para poderle despojar de su calzón cachetero o hípster como se le conoce por estos lugares. Usaba una pequeña toalla femenina la cual despedía un olor a durazno lo cual me gustó y me sorprendió, pero lo que más me sorprendía era ver esa pequeña conchita sin ningún vello púbico y tal parecía que sobre aquella piel nunca había crecido uno pues su piel era muy tersa. Pude observar que su toalla femenina estaba húmeda de sus jugos vaginales y su vulva estaba lubricada y se miraba ese brillo en su rajadura que era una de las más pequeñas que haya visto en mi vida. Se me pasó por la mente: ¡Con razón tuvieron que hacerle cesaría para sacarle a su crío, pobre chica! – me dije a mi mismo en el pensamiento. Se acomodaba abriéndome sus piernas cuando me preguntó:

    -¿Le gusta el durazno?

    -¡Me encanta como huele! Ahora veré como sabe.

    Me fui entre sus piernas y saboreé su sabor salado y delicioso con aroma a durazno. Ella me acariciaba con sus dos manos mi cabello y escuché que se le escaparon unos ligeros gemidos y luego dijo con una voz de excitación: ¡Qué rico! -Le di un sexo oral delicado el cual prolongué por lo menos unos doce minutos en donde también mis manos se daban gusto de apretar esos pezones y masajear sus dos ricos melones. -¡Ay… así-me decía cuando se los apretaba con las yemas de mis dedos! Presentí que estaba a punto de llegar al orgasmo y aproveché su excitación para remover el profiláctico de mi verga. Creo que ella no se fijó de lo excitada que estaba y me puse de rodillas entre sus piernas abiertas y he tomado mi verga y se la he sacudido de por encima de su pequeño clítoris. De vez en cuando se la pasaba entre medio de su rajadura, pero sin penetrarla y continuaba de nuevo rozándola y chaqueteando su clítoris con la punta de mi verga. Como estoy hincado y solo sosteniendo el balance con un brazo sobre la cama, podía mirar como la preciosa Rosy cerraba los ojos, hacía muecas de excitación con sus labios, gemía aligeradamente mientras me encorvaba para chuparle uno de sus pezones y no lo soportó por más tiempo y me lo pidió: ¡Méteme la verga por favor… me estoy corriendo!

    Dio un pequeño grito cuando le dejé ir la verga a la mitad, pues intuí que, si se la dejaba ir toda, le iba causar mucho dolor. Le sacudí la verga delicada y literalmente sentía las paredes de su vagina y sus labios apretándome el falo. Poco a poco se la fui metiendo toda y ella lo habrá sentido, pues entre esos gemidos ya menos apresurados me decía: ¡Se siente enorme y no pares, que creo me hará acabar de nuevo! -Seguí pompeando su pequeña concha en esa posición del misionero y podía escuchar ese chasquido de la fricción de mi verga entrando y saliendo y sentí que Rosy movía su cintura con mas rapidez, en un vaivén donde ella de nuevo cerraba los ojos y se mordía los labios con una desesperación excitante. De pronto gritó de nuevo y me lo volvió a decir: ¡Qué rico… me está haciendo acabar de nuevo! -Y esa cama crujía mezclando su ruido con los gemidos y ese golpeteo de nuestras pelvis y poco a poco le fue cesando su orgasmo el cual pareció más intenso que el primero y luego ella me preguntó: ¿Qué no te puedes correr?

    Le mentí diciendo que se me había salido el profiláctico el cual le dio un gran pavor, pero se sentía confortable que no me había corrido en su vagina. Ella me explicaba a su modo que era para asegurar la salud de ella y de sus clientes, pero que ella estaba en control de natalidad, pues no quería volver a salir embarazada. Hacíamos plática mientras ella se limpiaba con una toalla humectante y yo hacía lo propio con mi falo. Ella me hacía la siguiente observación.

    -Usted que sí tiene aguante… la mayoría de los hombres no aguantan tanto.

    -¿Tienes mucho tiempo en esto?

    -No… dos meses más o menos.

    -¿Cómo decidiste hacer esto… qué es lo que te empujó a ello?

    -No le voy a mentir… a mi me gusta el sexo.

    -¿No es suficiente con tu esposo?

    -Podría decir que si, pues creo tener buen sexo con él. Lo mío es diferente, lo que me excita más es ese sentido de aventura… lo desconocido. ¿Y usted por qué lo hace? ¿Está casado?

    -No… no estoy casado y creo que lo hago al igual que tu… algo diferente y por la aventura.

    -Lo imaginé… usted no parece ser de esos hombres que necesiten pagar por sexo. Estoy segura de que por ahí tendrá algunas mujeres a su disposición.

    -¿Por qué lo dices?

    -Usted lo sabe… usted es un hombre guapo y se mira muy cuidado. No sé qué edad usted tiene, pero de seguro usted atrae a mujeres más jóvenes que usted.

    -¿Puedo atraer a una mujer como tú?

    -Si… si no me hubiese atraído no hubiese aceptado venir. Sofía me mostró un par de fotos suyas y me pareció un hombre atractivo. Pero sabe don Antonio, se nos está haciendo tarde y debo estar con mi hijo en minutos o mi madre no dejará de llamarme.

    Me puso otro profiláctico, me hizo una breve felación y acordamos que me lo daría en posición de perrito. Tenía unos glúteos sólidos, un trasero pronunciado que solo de verlo cualquiera puede correrse. Imaginé cogerme ese culo, pero debería ir con calma para ponerle la tentación y el dinero es una buena tentación para cualquiera, aunque creo que el sexo es mucha más tentación que el dinero. Ella se echó un lubricante y comencé la faena de follarme esa pequeña conchita mientras ese culo se movía y se escuchaba ese cacheteo de mi pelvis chocando en él. Le di un taladreo incesante y miraba ese reloj que anunciaba las 10:10 de la mañana y me sentí con la presión del reloj, pero más que todo con la presión de ver ese precioso culo que comencé a masajear con mi pulgar mientras me follaba esa conchita. No pude más y exploté con una rica corrida que la sentí en pausas como una pompa que se atora para vaciar la presión. Rosy se hizo a la tarea de limpiarme el falo y fue cuando le hice la propuesta:

    -¿Y ese culito no está disponible?

    -No… no lo creo.

    -¿Qué te parecen $100.00 más?

    -¡No… no creo! Y es que también debo de irme y sino mi mamá no dejará de llamar.

    -Puedes venir más tarde… yo te espero.

    -Si usted me paga $100.00 eso es lo que debo pagar a Sofía por usar esta habitación.

    -O sea que de esos $300.00 que te di, solo $200.00 son tuyos.

    -Si… eso es lo que cobra por usar su apartamento.

    -¿Lo harías por $300.00 más?

    -Mire, hagamos esto: deme su número de celular y yo le llamo si estoy disponible. Lo único que no será aquí, será en mi apartamento.

    -¿Y tu madre?

    -Ella se va a trabajar a las 11:00 y es por eso de que debo irme ya y mi marido llega de trabajar a las 4:00 p.m. Si le llamo será a eso de las 12:00 p.m.

    -¡Está bien, estaré esperando tu llamada!

    Le di mi número de teléfono y salimos del cuarto cuando Rosy ya se había maquillado. Afuera estaba Jessenia viendo televisión y ella me ofreció algo de tomar. Acepté porque debería hacer tiempo y ver si Rosy me llamaba, pues realmente se me antojaba follarme ese culo. Mientras tanto hacía plática con Jessenia, quien me traía un jugo de naranja.

    -¿Hoy no es un día muy ocupado? -le pregunté.

    -Todos los días son ocupados, pero los clientes comienzan a llamar después de las doce.

    -¿Y qué es lo que incluyen tus servicios?

    -Es servicio completo… $300.00 la hora, $200.00 la media y visita rápida $120.00.

    -¿Sexo anal no es parte de tus servicios?

    -No… eso solo es exclusivo para mi novio.

    -¿Qué tal si te ofrezco $500.00?

    -No… no lo creo. Ni qué me ofreciera $2000.00 lo haría. Como le digo… es algo exclusivo para mi novio.

    -Entonces dame ese servicio de visita rápida.

    -Está bien, solo que estoy esperando a una persona que llegará en cualquier minuto.

    -¿Un cliente?

    -No… es una chica que viene. Quizá Sofí se la habrá nombrado. Su nombre es Jocelyn y creo que ella es la única que le podría dar lo que usted busca. ¿Quiere esperar por ella?

    -Puedo… pero me gustaría probarte a ti. ¿Te parece?

    -¡Esta bien! Déjeme preparar la habitación.

    Continúa… Para proseguir con mi relato, me gustaría saber tu opinión y si te gusta este relato. No vale la pena seguir escribiendo si a nadie le interesa un escrito.

  • Mi hija caliente

    Mi hija caliente

    Mi hija se llama Yureli es delgada y blanca pero lo que más destaca de ella es que tiene unas tetas demasiado grandes, desde adolescente las ha tenido muy grandes y es imposible no querer mirarlas, tuve la suerte de verlas en los escotes que usaba mi hija, en el barrio decían que ella era muy puta con todos los hombres, siempre le morbosee sus grandes tetas pero nunca llegué a algo más hasta que ocurrió un día en el que empecé a verla distinto.

    Una noche en la que estábamos en una cena con el hermano de mi esposa ocurrió una fuerte lluvia y era muy de noche entonces decidimos que podía pasar la noche en el sofá, mi esposa y yo fuimos a dormir.

    Me desperté en la madrugada eran como las 1 am iba a ir al baño y note una luz y la puerta entre abierta en la habitación de mi hija y me encontré con un espectáculo

    Mi hija estaba culeando con su tío, cuando vi este escenario en vez de enojarme me calenté muchísimo y se me paro la verga de inmediato, podía verla brincado como loca en La verga del hermano de mi esposa y diciéndole «dame más duro» y gimiendo muy despacio, eso me calentó muchísimo, seguí viéndolos como 10 minutos y ella pedía verga muy desesperada, era toda una putita, me empecé a masturbar de lo rico que se movía, me podían descubrir así que me fui a la cama y dejé que disfrutarán.

    Después de dos meses llegaba el cumpleaños de Yureli (cumplía 19) así que mi esposa y yo decidimos ir a un viaja a la playa por una semana pero lamentablemente por el trabajo de mi esposa no pudo ir por 4 días, por un momento pensé y podía ser una oportunidad para pasarla bien con mi hija y conocernos mejor.

    Cuando llegamos al hotel ella quiso salir de una a la playa y me dijo «papi alístate y salgamos a la playa», me puse una pantaloneta y mi hija salió con un bikini muy pequeño, podía apreciar sus grandes tetas. Cuando salimos a la playa ella se puso a jugar vóleibol, yo tenía las mejores vistas podía ver como le rebotaba sus melones, era muy feliz…

    Regresamos al hotel por la tarde y mi hija quiso hacer un plan de películas lo cual yo acepte ella se fue a cambiar a ponerse una pijama y yo alistaba la maratón de pelis, mi hija se me apoyo al lado mío y decidimos ver una película, puse mi mano en su pierna y no le molesto para nada, intente subir mi mano suavemente y podía ver como ella abría sus piernas disimuladamente, pero rápidamente se levantó y me dijo «papi me voy a dormir estoy demasiado cansada» yo me quedé viendo las pelis cuando después de media hora empiezo a escuchar gemidos, me dirijo al cuarto de mi hija y estaba totalmente abierto pero con las luces apagadas, me quedo a ver entre ojo y veo a Yureli al frente de un espejo masturbándose podía ver todo, solo se quitó su ropa de abajo y tenía una pancha muy gorda, se me hacía agua la boca, pero decidí no interrumpir y quedarme viendo como se dedeaba.

    Me fui a mi habitación y también me empecé a masturbar mucho en pensar esa panocha toda rica. El anterior día no pasó nada, pero el tercer día mi hija y yo decidimos ir a un bar a tomar y celebrar su cumpleaños, ella se emborracho muchísimo y bailaba mucho después de un rato fuimos a la casa, ella no podía ni caminar de lo borracha entonces la lleve casi cargada, cuando llegamos ella empezó a reírse y a decirme «papii llévame al baño» fuimos al baño aunque antes de eso se llegó a orinar, estaba muerta de la risa y se empezó a bajar los pantalones y a orinar más, pude ver su panochita más de cerca y era una delicia después le dije «tendré que bañarte» ella no dijo nada y entro a la ducha, empecé a sacarle la blusa y no creía lo que estaba pasando, aunque cuando quise sacarle su sostén no me dejo, pero estaba desnuda de ahí a abajo, le dije que se volteara y me mostró su culo empecé a tocarlo y diciéndole que lo estaba limpiando y manoseaba sus tetas disimuladamente, iba a tocar su panocha pero ella me tomó la mano pero luego me la soltó y le dije «solo te voy a limpiar» ella abrió sus piernas y yo frote mis dos dedos en su vagina tres veces, ella cerró los ojos y empezó a soltar un gemido muy pequeño y luego quito mi mano y dijo que la llevé a su cuarto.

    Ella ahí se puso muy caliente y cuando me iba a ir del cuarto ella me dijo «papi espera quédate conmigo» me acosté en la cama y ella estaba sentada, y me dijo algo que me puso caliente «papi me gustó mucho lo que hiciste en el baño» yo haciéndome el que no sabía le dije «que cosa cariño» ella me dijo «ay papi, tu sabes» y se empezó a sacar su sostén y dejar sus tetas al aire, ella me pregunto «te gustan papi» yo le dije «quieres que te diga la verdad?, la verdad me encantan tus hermosas tetas» «ella empezó a reírse y a tocar encima de mi pantalón luego dijo » deberíamos divertirnos antes de que llegue mi mami»

    Me excite bastante y mi hija abrió sus piernas dejándome hacerle lo que quiera, empecé mamándole sus grandes tetas, ella se levantó y empezó a buscar mi pene, empezó a mamarlo con muchas ganas y eso me puso muy caliente acosté a mi hija y empecé a escupir le salivita en su vagina y a frotar mis dedos ella me dijo «papi eso me puso muy caliente» yo empecé a mamarle su gorda vagina y a meter mi dedo en su ano, ella gemía y se reía, después de un momento ella me dijo «ay papi ya me vas a dejar montar tu pene» ella subió encima mío y empezó a saltar, estuvimos toda la noche culeando, sonaba mis guevos chocar con sus nalgas mientras estaba empapado de sus flujos y veía como sus tetas rebotaban, ella en ningún momento paraba, es más se movía más fuerte y mis guevos sonaban muy fuerte cuando chocaban sus malvas hasta que en un momento ella dijo «ay papi me voy a venir» y empezaba a gemir muy fuerte cuando en un momento ella se acostó y empezó a venirse yo empezaba meter mis dedos súper rápido para que se viniera más, ella hizo un squirt y quedamos empapados mientras ella se reía se acostó de lado y me pidió que la penetre mas «papi sigue dándome porfii».

    Empecé a ensalivar su vagina y volví a meter mi pene y a penetrarla, mientras metía dos de mis dedos en su ano intentado dilatarlo para poder meter mi pene. Saque mi pene y me pregunto «no quiero que pares» yo me quedé callado y empecé a darle un anal mientras ella empezó a gritar de dolor pero disfrutando, luego saque mi pene y me dijo «no quiero que lo saques dame duro» yo volví a metérselo y ella gritaba demasiado fuerte y empezaba a venirse y a chorrear todos sus flujos después de un momento no aguante más y me corrí en su ano, pensé que había terminado, pero mi hija tomó mi pene y lo metió en su vagina, ahí di mis últimas fuerzas y terminé viniendo me en su vagina, ella solo se reía y me decía que fue lo máximo mientras se chupaba el semen.

    Sin duda fue la mejor noche.

  • Viendo un vídeo porno con mi prima

    Viendo un vídeo porno con mi prima

    Llegué a la casa mi tía y ahí estaba mi prima. Una chica de 27 años con pechos medianos pero con culo de infarto. La saludé con un beso en la mejilla y un abrazo. Ella correspondió las dos acciones, y luego dijo:

    -Hola primo, hace tiempo que no te veía. Creo que la última vez que te vi fue en navidad cuando tenía 15 años.

    Yo reí un poco y luego le dije:

    -es verdad. Si no mal recuerdo, ese día me toco darte un regalo como intercambio.

    -Si… si… si… me acuerdo que me diste un suéter que me quedo grande – Respondió ella.

    -Jajaja… Si es cierto – Me reí yo.

    Ella: Y dime… ¿Qué te trae por aquí?

    Yo: Nos invitó tu mamá a pasar estas fechas con ustedes. Al parecer quiere que nos reunamos como antes. ¿A poco no te aviso?

    Ella: No, no me dijo nada. A lo mejor es porque mañana me voy con mi novio a Cancún. Él y yo nos vamos a tomar unas vacaciones en la playa.

    Yo: ¡Genial! Bueno… me pone un poco triste que no vayas a estar con nosotros. Pero me alegra saber que no vas a estar sola.

    Ella: Gracias, primo. Espero que este viaje nos sirva a mi novio y a mí para mejorar nuestra relación. Lo que pasa es que en estas últimas semanas hemos tenido bastantes peleas.

    Yo: ¿Te está engañando? ¿O tú lo estás engañando?

    Ella: No, ninguna de la dos. Simplemente es que estamos teniendo problemas en la cama. Él siempre busca nuevas formas de tener sexo, pero a mí no me gusta. Tal vez no debería contarte esto, pero yo soy muy tranquila en cuanto a las relaciones sexuales. Y eso a él no le gusta.

    Yo: Wow… sí que es un tema complicado. Y no sé si yo sea la persona más adecuada para hablar contigo de esto. Deberías hablar con alguna amiga o decirle directamente a él lo que piensas sobre el sexo.

    Ella: Ya se lo dije a mi amiga, pero ella solo dijo que fuera más aventada. Más abierta, no sé si con eso se refería a mi mente a las piernas. En todo caso, intentaré en estas vacaciones experimentar nuevas cosas.

    Yo: ¡Esa es la actitud, prima! Enséñale que tú también puedes ser una perra en la cama… jajajaja.

    Ella: Hahaha… te pasas de lanza primo.

    Unas horas después….

    Mi prima va a ver a su novio para ajustar los últimos detalles de su viaje. Pero oh sorpresa… ella lo encuentra con otra chava. Según mi prima, cuando ella llego a su casa y abrió la puerta; escucho gemidos que venían del cuarto y cuando llegó ahí, noto como su novio se cogía a la chava en posición de perrito.

    Yo: Pues ya ni modos, prima. A veces los hombres estamos tan calientes que cometemos este tipo de estupideces. Pero no te preocupes, ya encontraras otro.

    Ella: En realidad no me preocupa tanto la infidelidad, ya que tarde o temprano iba pasar. Lo que realmente me preocupa es que ya compré los boletos y ya reservé el hotel. ¿Y ahora qué hago?

    Yo: Pues dáselos a él y a su nueva novia. No, no es cierto. Fue una broma de mal gusto.

    Ella: No me causo gracia. Pero me diste una gran idea.

    Yo: ¿Cuál?

    Ella: Quiero que tú vayas conmigo. De esta manera, no desperdiciamos los boletos y aprovechamos para divertirnos en la playa, ¿cómo ves?

    Yo: No sé, prima. Mejor invita a tu amiga.

    Ella: Ándale, primo. No me dejes sola en esto. Te juro que nos vamos a divertir.

    Yo: Va que va. Acepto. Pero no quiero que te la pases tristeando por allá… ¿eh?

    Al otro día…

    Mi prima y yo nos despertamos como a las 5:30 y salimos rumbo al aeropuerto. Cabe mencionar que ella se puso una falda de mezclilla muy corta. Tanto, que en el taxi no podía dejar de verle sus piernas. Y podría jurar que el chofer le vi toda su panochita. En fin, luego de un vuelo de 2 horas; llegamos al hotel y aquí empezó lo bueno. Ya que mi prima solo había reservado una habitación con una cama (para ella y su novio)

    Ella: ¿Qué opinas, primo? Solo hay una habitación y una cama para la dos.

    Yo: Esta bien. Yo me puedo dormir en suelo o si tienen algún sillón, pues ahí me duermo.

    Ella: Entonces no se diga más. Vámonos a nuestra habitación.

    Una vez llegamos al cuarto, hicimos un recorrido rápido y luego desempacamos nuestras cosas. Mi prima comenzó a poner sus trajes de baño en la cama y yo me estaba excitando. Ya que eran unos trajes muy pequeños y había uno de color blanco y transparente.

    Ella: ¿Cuántos trajes de baño traes?

    Yo: Traigo tres bermudas de playa. Pero para ser sincero, no me gustan mucho.

    Ella: Que te parece si te lo pruebas y luego me modelas cada uno, y yo ya te digo cual te queda mejor. ¿Va que va?

    Yo: No chingues, prima. Solo son shorts, y además cómo te lo voy a modelar. Me da pena.

    Ella: Ya se. Después que termines de modelarme los tuyos. Yo me pongo los míos y tú me dices cuál me queda mejor ¿te parece?

    Por supuesto yo dije que sí. Ya que solo pensaba en cómo se le vería su panochita con ese bikini semitransparente. También estaba ansioso por ver el tamaño de sus pezones, y por supuesto, su tremendo culo.

    Una vez acordadas las reglas de valoración; me dirigí al baño y me quité toda la ropa. Mi pene estaba tomado forma, ya que no dejaba de pensar en el coñito de prima. Así que tuve que pensar en otra cosa para que se me bajará la erección.

    Mi prima grito: ¡Ándale!… ¿qué tantos haces?

    Ya voy – Le grité medio fuerte.

    Ella: Wow, primo. No sabía que tenías un buen cuerpo. Creo que el color azul te va bien.

    Yo: Ya sabes… el futbol y el gimnasio… jajaja. Creo que me queda un poco apretado de la entrepierna. Por su parte, noté como ella me estaba viendo el paquete. Así que lo agarré y lo hice a un lado. Y luego le dije… ¿Qué te parece?

    ¿El qué? – Pregunto ella un poco apenada.

    ¿Cómo qué? Pues el short.

    Ella: Voy a esperar a ver los otros, pero por el momento creo que ese te queda bien.

    ¡Genial!.. Ahora te toca a ti – Le respondí con muchas ansias.

    Una vez que ella se fue la baño. Yo me senté en la cama y trate de doblar mi pene hacia un lado, para que no se notará en que caso de que me excitara.

    Ella: ¿qué te parece, primo?

    Eso sí que es tener un buen abdomen, Pamela – Le dije mientras veía su coñito.

    Ella: Y de la parte atrás… ¿Qué te parece?

    No me lo tomes a mal, pero dado a que tienes un gran culo; ese bikini se ajusta muy bien – Le dije yo mientras intentaba que no se parara mi pito.

    ¿Y de arriba que te parece? – Me preguntó mientras intentaba acomodar sus bubis al traje.

    Yo: Se te marcan mucho los pezones.

    Ella: Es que estoy muy nerviosa.

    Yo: Créeme, soy tu primo y no lo digo con mala intención (Aunque realmente me moría de ganas por sacárselo y morderlos. Ya que aunque sus pechos no eran muy grandes; se le marcaban unos grandes pezones)

    Ella: Si, lo sé. Pero bueno… sigamos.

    Pues ya que estás ahí, pruébate el blanco – Le dije sonriendo.

    Ella: De acuerdo, primo.

    Mientras ella se cambiaba, yo me preguntaba por su coñito… ¿estará depilada o tendrá mucho vello? ¿Tendrá un coño apretado o abierto? ¿Será de las que se moja mucho o poco? ¡No puede ser, ya no aguanto!

    Oye, primo… este traje está muy transparente, se me ve todo – Me gritó desde el cuarto.

    En ese momento yo me súper excite. Y luego simplemente le grité – Déjame ver.

    Mejor ya vámonos a la playa, porque esto se está poniendo incómodo – Me dijo ella desde el cuarto.

    Yo: De acuerdo, Pam. Pero entonces… ¿Con cuál traje te vas a ir a la playa?

    Ella: Con el tercero. Es de una sola pieza… ya me lo medí… y me queda muy bien.

    ¿Puedo verlo? – Le pregunté un poco decepcionado.

    Ella: ¿Qué tal? ¿No crees que me veo un poco mojigata?

    Para nada, prima. Le contesté mientras le veía voluptuoso coño.

    Ella: Entonces vámonos.

    Yo: Muy bien. Por cierto, ya llevas el bloqueador.

    Si – Me contestó mientras agarraba su toalla.

    Estando en la playa: Pamela y yo pusimos las cosas en la arena, y luego nos dirigimos al mar. Mientras el agua tocaba nuestros pies, una pequeña ola llego de repente y nos golpeó. Mi prima se río, y yo también.

    Ella: ¿Qué te parece si nos metemos hasta lo hondo?

    Yo: Va que va.

    Ella: Pero me agarras porque no quiero que una ola me vaya a llevar.

    Yo: No te preocupes, Pam. Si quieres dame la mano.

    Una vez que me dio la mano, caminamos mar adentro como si fuéramos pareja. Fue bastante interesante ese momento. Porque yo la quería abrazar por atrás, y pegarle mi pene entre sus grandes nalgas.

    Ella: Oye, primo. Gracias por acompañarme a este viaje. Te quiero mucho.

    Yo también te quiero, prima. Luego le di un beso en la mejilla mientras mis manos se posaban en su cintura. Entonces ella me abrazo, y luego me dijo al oído – perdón por no querer modelarte el traje hace rato. Es que ese iba ser una sorpresa para mi novio.

    Tranquila, Pam – Le dije mientras nos abrazamos cubiertos hasta el pecho por el mar.

    Ella: ¿Te puedo preguntar algo?

    Yo: Si, claro.

    Es algo muy personal – me dijo mientras se separaba del abrazo (aunque todavía me estaba agarrando de las dos manos).

    Yo: Pregúntame lo quieres. Es más, vamos hacer un trato… todo lo que hablemos se va quedar entre nosotros ¿va que va?

    Y también lo que hagamos – Me dijo pícaramente.

    Yo: Si, Pam. Lo prometo.

    Ella: De acuerdo. Aquí voy… ¿Tú has tenido muchas relaciones sexuales?

    Yo: Más o menos… ¿Por qué la pregunta?

    Ella: Es que cuando estaba con mi novio o más bien mi exnovio, no sabía hacerle sexo oral, ni tampoco sabía cómo excitarlo, e incluso una vez me pidió sexo anal, pero yo me negué. Ya que soy muy inexperta en ello.

    Yo: ¿Y por qué no viste una película porno?

    Ella: Una vez vi una, pero no me gusto. Los penes de los hombres estaban exageradamente grandes y la bubis de las mujeres también.

    Pues esa es la idea, Pam. El porno es así. Te tiene que entretener y excitar. Y entre más grandes sean esas cosas, mejor. Bueno, a nosotros los hombres no nos gustan ver esos penes gigantes. Solo nos gusta ver las tetas, el culo y coño de las mujeres.

    Ella: Yo siento que un pene de ese tamaño me atraviesa todo mi cuerpo.

    Mientras yo me reía por su comentario. Una pequeña ola nos golpeó. Y aunque seguíamos agarrados de las manos, yo intenté abrazarla fuertemente. E incluso puede tocar sus pechos. No sé si ella lo sintió, pero fue genial.

    Ella: ¡Wow!… Estuvo fuerte esa ola. Espero que no nos vaya jalar el mar.

    Yo: Si quieres te puedo abrazar.

    Ella: Me encantaría. Sirve que también se me quita el frio. ¡Ven! abrázame por la espalda.

    Entonces ella se volteó y yo la abracé. Mi pene estaba pegado a sus nalgas y mis manos estaban en su vientre junto a las de ella. Segundos después, ella me dice – espero no nos vaya a picar algo debajo del agua.

    Yo: No te preocupes, yo te protejo. Y en caso de que te picara algo, yo te chupo el veneno.

    Y si me llegará a picar en una nalga o en mi muslo… ¿te atreverías? – Me preguntó mientras se pegaba más a mí.

    Yo: si tú me das permiso: por supuesto. Usaría mi boca para volverte hacer sentir bien (se lo dije en doble sentido)

    Gracias por estar conmigo, primo – me dijo mientras ella misma bajaba mis manos hasta el inicio de su bikini. Segundo después, se separó de mí y me dijo – Ya hace hambre, vamos a comer… ¿Te parece?

    Con mi pene todo erecto, solo respondí – Claro, prima.

    Una vez salimos del agua, nos secamos y nos fuimos a comer unos mariscos. Ya sentados en la mesa nos reímos y platicamos por un buen rato. Digamos que ya había un poco más de confianza entre los dos. Tanto así, que mientras nos dirigíamos a nuestro cuarto de hotel, ella me dijo – no tienes por qué dormirte en suelo, duérmete en la cama conmigo.

    Al escuchar esto, yo me excité demasiado. Sin embargo, disimulé mi excitación e incluso me hice del rogar. Pero ella insistió con estas palabras – no quiero dormirme sola. Te necesito.

    Cuando yo escuché cada una de estas palabras, yo sentía que me estaba invitando a coger. Pero no, simplemente no quería sentirse sola. Por supuesto yo no pensaba lo mismo, yo decía entre mi – “si me dejas acostarme a tu lado, te follaré tan duro como pueda. Me comeré tu coñito y haré que me la chupes con todo y huevos”

    Ella: Oye primo… ¿Te sentirías incomodo si duermo con mi calzón cachetero y una playera larga?

    Para nada, prima. Es más, te iba a preguntar lo mismo. Ya que yo duermo solo con bóxer. ¿No tienes problema con ello?

    Ella: Mientras no pienses que soy tu novia y me quieras coger, todo está bien… jajajaja.

    Siendo las 10 de la noche, mi prima se metió a bañar. Por mi parte, yo estaba acostado en la cama imaginando como le caiga el agua en su coñito. Fue tanta mi excitación que me saqué el pito y comencé a masturbarme. Segundo después reaccioné y me calmé.

    Ella: Te toca, primo. Espero que no te moleste, pero enjuague mi traje de baño en la regadera y lo deje ahí colgado.

    No te preocupes, prima. Le dije mientras entraba al baño. Una vez ahí, me quité mi short y bóxer y luego abrí la regadera, mientras el agua caía, yo tome su traje y la parte en donde posaba su vagina lo restregué en mi pene. Literalmente me estaba haciendo una chaqueta con su traje de baño.

    Una vez salí de bañarme, vi a mi prima acostada en la cama viendo su celular. En eso yo le dije, ya nos dormimos o vemos una película. Hay que ver una película, me dijo ella. Luego, prendió la tele y comenzó a cambiar de canales. Por mi parte yo apagué la luz y luego me acosté junte a ella.

    Ella: ¿qué película quieres ver?

    Si te digo, te vas a enojar conmigo y me vas a correr de la cama – Le dije riéndome.

    ¿Pues cuál quieres ver? Me pregunto ella, un poco confundida.

    Una porno, le dije. Tal vez no lo sepas, pero todos los hombres vemos porno antes de dormir. ¿Y luego qué hacen? me preguntó sarcásticamente. Pues lo que ya sabes, nos masturbamos – Le dije sin pena alguna.

    En eso ella me dice – pues entonces hay que ver una película porno. ¿Enserio? Le pregunté rápidamente. Si, así aprovecho para preguntarte por unas cosas que no entiendo. De acuerdo, le contesté, mientras me cubría con la sabana mi erección.

    Estando acostados, con las luces apagadas, yo en bóxer, ella con un calzón cachetero y una playera blanca; comenzamos a ver la película. En la primera escena salió una chica en la cama, en eso llega su novio y se acuesta con ella… segundos después comienzan a besarse… luego la chica usa su mano para agarrarle el paquete al chico.

    En eso mi prima me dice, que malos actores son. No mames, Pamela… es porno, a nadie le importa la actuación jejeje.

    Regresando a la película, el chico le toma lo senos a la chica y la besa en el cuello. Por su parte la chica le trata de quitar la camisa a su novio, y le desabrocha su pantalón. Mientras tanto el chavo, le baja todo el vestido a la chica y le comienza a morder sus pezones.

    Eran tan erótica la escena, que yo volteé a ver a mi prima por instinto. Ella estaba clavada viendo la escena, que no se dio cuenta que su pezones estaban creciendo. Yo lo noté por el reflejo de luz que emite la tele. Por mi parte, yo estaba con mi pito a tope. Incluso me estaba sobando los huevos por debajo de la sabana.

    Regresando a la película, el chico y la chica ya estaban totalmente desnudos. El chico le estaba chupando las tetas a la chica, y ella le agarraba el pito y lo intentaba masturbar. Segundos después, el chico comenzó a bajar su boca por su abdomen hasta que llego a su vagina, la cual estaba totalmente depilada.

    En eso mi prima dijo, yo no sé porque hay mujeres que les gusta depilarse toda su conchita. Parecen vaginas de bebes. ¿Queee? Le dije un poco asqueado. ¿A poco a ti te gustan todas depiladas? Me preguntó sin pena alguna. En realidad me gustan que tengan un poco de vello pero bien arreglado – le respondí excitadísimamente.

    Regresando a la película, el chico termina de hacerle sexo oral a la chica, y luego cambian de posición. Es decir, la chica se monta sobre él, y comienza lamer el cuerpo del chico hasta llegar a su pene. Una vez ahí, la chica le escupe al pito y luego comienza a jugar con él.

    Por mi parte, yo volteo a ver a mi prima y notó un movimiento a la altura de su vagina. Y digo entre mi ¡oohhh por Dios! Mi prima se está masturbando. Ella ni siquiera nota que la estoy viendo; esta tan concentrada en la escena, que yo hago lo mismo. Me saco mi pito del bóxer y comienzo a masturbarme. Dado a que mi pene ya estaba llorando, mi masturbación hace un pequeño un ruido. Pero no me importó.

    Regresando de nuevo a la película, la chica moja su mano con su lengua y luego se lubrica su coñito. Inmediatamente después, toma el pito del chico y se lo mete hasta el fondo. La chica comienza a moverse y le chico solo disfruta de esa buena cogida.

    Mientras yo veo la escena y me masturbo como queriéndomela arrancar. Mi prima comienza a gemir ¡mmm!… ¡Asiii!… ¡ooohhh! ¡Si, si, si… no pares! ¡Mmmm… ohhh… siii! Al escuchar eso, me quité la sabana de encima y me seguí masturbando. No sé si ella se dio cuenta, pero cerró sus ojos y luego se levantó la playera. En ese momento pude ver esas hermosas tetas y esas grandes aureolas en donde se posaban sus riquísimos pezones.

    Al ver el espectáculo de mi prima, ya estaba a punto de venirme. Sin embargo me aguanté un poco más, ya que quería verle su coñito a mi Pamela. Sin dejar de masajearme el pito, regresé a ver la escena de la película, en eso el chico volteo en forma de perrito a la chica y le metió el pito hasta el fondo. Mi prima, quien no paraba de masturbarse abrió los ojos y comenzó a ver la escena.

    Segundo después me volteo a ver, y vio como me masturba sin ninguna pena. Luego sus ojos regresaron a la escena e inmediatamente se sacó la sabana de encima. En ese momento dejé de masturbarme para poder apreciar el coño de mi prima. Pero oh sorpresa… no podía verlo, ya que se estaba masturbando con sus manos adentro de su calzón. Me sentí un poco decepcionado, pero rápidamente me anime de nuevo al ver lo mojado que estaba su pantaleta.

    Por su parte mi prima solo decía… ¡¡¡mmm… ssisisiss… ohhh… sisisi… mmmm… meee estooy viniendoooo!!!

    Al ver todo ese espectáculo, fue tanta mi excitación, que me acerqué a ella. Mi prima notó rápidamente mi presencia y solo dijo – puedes ver, pero no tocar. Yo iba a desobedecer esa orden pero no quería arriésgame a que terminará ese espectáculo, así que solo la miré. Yo seguía masturbándome lentamente mientras veía a mi prima frotando su coñito. Me moría de ganar por ver lo hinchados que estaban sus labios vaginales, por saborear sus jugos y por masajear sus pelos con mi lengua, pero no podía.

    Antes de que mi prima terminará, use mis rodillas para apoyarme en la cama y comencé a mastúrbame rápidamente. Quería que mi pene estuviera cerca de la boca de mi prima. Y así fue… mi pito quedo a unos centímetros de la cara de ella. Unos segundos después me vine y todo mi esperma le cayó en la cara. Ella abrió los ojos, y sin dejar de masturbarse, sacó un poco su lengua para probar un poco de mi esperma. Yo me excité mucho al ver eso, pero lo mejor fu cuando le llego el orgasmo… ¡ohhh!!! ¡siii! ¡!yaaaa vieeenee!!! ¡oooh! ¡!oooh!!

    Unos minutos después de que mi prima terminó su orgasmo, se levantó de la cama y se fue al baño. Por mi parte, yo tomé una servilleta y me limpié el pito. Luego me acosté en la cama y esperé a que mi prima saliera del baño. Unos 10 minutos después, Pamela salió del baño y antes de que yo pudiera decirle algo, ella solo dijo: “No quiero hablar de lo que pasó. Que descanses”.

    Al otro día, me levanté como a las 7 de la mañana y fui a orinar. No dejaba de pensar en lo que había sucedido anoche. Mientras mi prima seguía durmiendo en la cama… yo tomé una ducha. Luego salí de regadera, me tape con una toalla y salí del baño. Mi prima seguía durmiendo. Posteriormente me puse un bóxer y una bermuda.

    No sabía si despertar a mi prima o dejar que siguiera durmiendo. Así que opte por la segunda opción. Cuando abrí la puerta del cuarto, mi prima dijo: ‘¿A dónde vas?’. Yo contesté: ‘voy a traer algo de desayunar’. Ella respondió: ‘por qué no lo pides por teléfono. Es que quiero tomar un poco de aire’ –contesté y luego cerré la puerta.

    Mientras estaba en el restaurante esperando ordenar, mi prima bajo del cuarto y me dijo: ‘¿Ya pediste?’. ‘Si, pedí café, hotcakes y poco de fruta. ¿Quieres que pida otra cosa?’. Ella contestó: ‘no, pero en lugar de desayunar en el cuarto, ¿qué te parece si desayunamos aquí?’. ‘¡Genial! Me encanta la idea, prima’.

    Una vez sentados en la mesa, no sabía si debía tocar el tema de anoche. Ya que además de ver una película porno, pues yo pude ver como se masturbaba, ella me vio a mí, y además se tragó un poco de mi semen. Así que antes de hablar sobre dicho tema, le dije: ‘oye, qué te parece si después de comer vamos a la playa y como es nuestro último día, pues nos vamos a bailar’. ‘¿A poco sabes bailar?’ –me dijo mi prima mientras se reía. ‘No, pero tú me puedes enseñar’ –Le dije riéndome. ‘De acuerdo, primo’ –concluyó ella.

    Después de eso, los dos seguimos desayunando en silencio. Sin embargo, podía sentir que ella me quería decir algo, pero no se atrevía. Así que rompí el silencio y le dije: ‘Oye, Pam… perdóname por lo de ayer. No sé qué paso, la calentura me ganó y no me pude controlar. Te prometo que nunca nadie se va a enterar de esto, ¿de acuerdo?’. Entonces ella dijo con voz fuerte: ‘por qué sigues hablando de esto… te dije que lo olvidarás… me voy ir a la habitación, quiero estar sola’. Luego se paró de la mesa y se fue.

    Por mi parte, yo solo pensaba “eres un pendejo… para que hablaste de ese tema… ya se enojó… y ahora cómo carajos las vas a contentar”. Después de unos 15 minutos de estar recriminándome mentalmente por mi estupidez, me levanté de la mesa y fui a la habitación. Toque la puerta y luego dije “Oye, prima… ¿puedo pasar?” como vi que no me contestaba, abrí la puerta y entré. Luego caminé hacia la cama y noté que ella estaba en el baño. Así que levanté la voz y dije: ‘sé que no quieres hablar conmigo y tal vez tampoco me quieras ver; así que voy a estar en la playa todo el día’.

    Sin embargo, ella no respondió. Así que tomé mi celular y cuando ya estaba a punto de salir, mi prima salió del baño y me dijo: ‘espera, primo. Perdóname por gritarte y dejarte solo en la mesa, pero estoy muy confundida por lo que paso. Nunca debió pasar lo de anoche. Quiero que sepas que no fue tu culpa, los dos perdimos el control y se nos fue un poco de las manos’. ‘Entonces me perdonas, prima’ –Le dije con mi cara triste. Ella solo camino hacia donde yo estaba parado, luego me abrazo y me dijo: ‘claro que sí, primo’. Y me dio un beso en el cuello.

    Yo: Ya que todo está perdonado… ¿Qué te parece si nos vamos a la playa?

    Ella: ¡Genial! Pero déjame ponerme un traje de baño. Por cierto, yo creo que con lo que paso ayer, ya no creo que me dé pena ponerme el traje blanco que te enseñé. ¿Qué opinas? Me lo pongo o no.

    Como quieras prima – contesté un poco excitado.

    Me lo voy a poner, pero si se me quedan viendo todos los chicos, no te vayas a poner celoso. Me dijo ella mientras se reía.

    No te preocupes, Pam… si alguien se quiere pasar de listo, te defenderé como si fueras mi novia –le dije mientras hacia un gesto de “ya la cagué” por suerte ella solo se quedó viendo por uno segundos y luego dijo: voy al baño a poner el traje.

    Yo solo pensé: que pendejo, ya volví hacer incómodo el momento.

    Unos minutos después, Pam me grita: ¡Oye, primo… voy a salir! Y unos segundos después salió del baño.

    Por mi parte, yo la miré y dije: ¡Santo Dios… pero que hermoso cuerpo tienes… ese traje se te ve genial!

    Mi prima solo dijo: ay primo… no digas eso… que me apeno.

    Es en serio le decía mientras mi pito no dejaba de crecer. Y antes de que mi prima lo pudiera notar, me senté en la cama. Posteriormente mi prima comenzó a modelarme, y yo no paraba de verle su coñito… se le transparentaba sus vellos púbicos… no eran muchos, pero se le veía un coñito súper abultado. Luego se dio la vuelta y me enseño su tremendo culo. Tenía unas nalgas riquísimas. Me imaginaba teniéndola en posición de perrito y metiéndole el pito hasta el fondo. Yo creo que ella se dio cuenta de mi excitación, ya que me dijo: creo que esto se está poniendo algo caliente. Así que vámonos a la playa.

    Yo: Si quieres adelántate, voy hacer una llamada rápida.

    Eso le dije porque tenía mi pito erecto y no quería arruinar la situación. Entonces ella tomó su toalla y luego salió del cuarto. Así que rápidamente entré al baño y oriné para que se bajará. No me quería masturbar, ya que iba esperar en la noche hasta que se quitará su traje por masturbarme con él.

    Ya estando en la playa, noté como varios chicos no dejaba de verla. A mi prima de alguna manera le gustaba que la vieran, sin embargo le daba un poco de pena. Así que en un momento de locura, me agarró de la mano y me llevo al mar. Lo hizo como si fuéramos novios. Una vez entramos al mar, nos fuimos a lo profundo. El agua nos llegaba casi hasta el cuello. Mi prima no soltaba mis manos. Estábamos de frente los dos. En eso yo le dije: voy a sumir mi cabeza en el agua. Ella solo hizo un gesto de aprobación e inmediatamente me sumergí. Abrí los ojos cuando estaba debajo del agua para volver a ver su coñito mojado. Fueron como 12 segundos que estuve debajo de agua, pero fue un momento bastante excitante. Su vellos púbicos se le veían en la parte de arriba de su bikini.

    ¿Y qué viste allá abajo? -Me preguntó ella.

    No puede ver nada, estaba muy oscuro. Por supuesto yo me estaba refiriendo a su coñito.

    Entonces ella dijo: y no te gusta lo oscuro.

    Claro que sí, pero es mejor cuando puedes oler y sentir esa oscuridad en tu boca y tú nariz.

    Ella ya sabía que me estaba refiriendo a su vagina, y aun así continúo el juego diciendo:

    crees que si yo me sumerjo, pueda ver la oscuridad de tu lado (refiriéndose a los pelos de mi pene)

    No creo que puedas verlo, pero si quisieras podrías sentirlos -Le dije.

    ¿En serio? Respondió.

    Claro, si quieres puedes sentir con tu mano un poco de oscuridad que tengo en el pecho y abdomen. Le dije mientras yo ponía su mano en mi pecho por debajo del agua.

    Entonces ella dijo: ¿y si quiero ir más abajo?

    Tal vez te espante la dura oscuridad -le dije mientras sonreía.

    Ella capto el momento y también sonrió. Cuando ya estaba a punto de bajar su mano hacia mi pene, una ola llegó y nos aventó. Yo aproveché ese momento para tocar sus dos nalgas y una de sus tetas. No sé si ella lo sintió, pero cuando la ola se fue… ella dijo: vamos a comer.

    Después de comer, le dije que si quería volver a la playa o si ya nos íbamos al hotel.

    Ella dijo: ya estoy un poco cansada, vamos al hotel. Yo solo moví la cabeza y caminé hacia el cuarto.

    Estando allá, ella entró al baño mientras yo revisaba mi celular acostado en la cama. Unos minutos después, ella salió del baño y me vio acostado en la cama. Después le entró una descarga de adrenalina y se lanzó hacia mí. Yo me saque de onda, pero está súper excitado por esa situación. Fue entonces cuando ella intentó quitarme mi celular mientras nuestros cuerpos se restregaban.

    Ella solo decía: deja tu celular, estamos de vacaciones.

    A mí no me importaba mi celular, pero quería seguir teniendo su cuerpo arriba de mí, así que hice como me importaba y le seguí el juego. Y en un movimiento la voltee y yo me puse yo encima de ella. Mientras tenía sus manos sujetadas sobre la cama, ella separó sus piernas para que quedáramos en la posición de misionero. Yo tenía mi bóxer y mi bermuda puesta, a ella solo la cubría su diminuto bikini. Yo no sabía si moverme o no, pero ella tomó la iniciativa… se comenzó a mover como rozando su vagina con mi pene. Por supuesto mi pito ya estaba súper erecto, y ella lo notó rápidamente. Tanto que no dejaba de moverse. Entonces yo también comencé a moverme de tal forma como si estuviéramos follando. Seguíamos peleando por el celular, pero realmente solo nos estábamos calentando. Unos 30 segundos después de forcejeos, yo mordí su barbilla con mis dientes y le dije: si no lo sueltas te voy a morder el cuello.

    Ella solo dijo: a ver si puedes y se empezó a reír.

    Así que comencé a darle pequeños mordiscos en el cuello, ella hacia como que no quería, pero al mismo tiempo no ponía mucha resistencia. Mientras le seguía restregando mi pito en su coñito, y al mismo tiempo le mordía su cuello, escuche un pequeño sonido que salió de su boca… ¡mmmm! Ya está gimiendo aceleré mis mordiscos pero en su oreja. Ella dejo de poner fuerza, y solo cerró los ojos y salió de su boca un gran gemido ‘ohhh… siiis… mmm…’ mientras ella gemía, yo aumentaba mi movimiento de cadera, quería penetrarla, pero la ropa nos lo impedía. Así que en un momento de adrenalina, solté una de sus manos y con mi propia mano comencé a bajarme el short y el bóxer. Mi pito ya estaba afuera, así que lo agarre con mi mano y comencé a restregárselo lentamente en su coñito. Cuando ya le iba a ser un lado su bikini, ella dijo: ‘no, eso no’.

    Entonces yo quite mi mano de su vagina y solo continúe restregando mi pito a través de su mojado bikini. Mientras mi lengua seguía recorriendo su cuello, ella dejo celular en la cama, luego tomo uno de sus pechos con sus manos y comenzó a masajearlo. Entonces yo comencé a bajar lentamente hacia su otra teta. Y cuando llegué a ésta, le baje lentamente su bikini del pecho y pude ver su riquísimo pezón parado. Estaba súper excitada. Así que comencé a darle pequeños mordiscos a su pezón.

    Entonces ella uso su otra mano para bajarse el bikini del pecho. Ahora sus dos tetas estaban al aire libre. Así que comencé a chuparlas una y otra vez, ella solo gemía: ‘¡mmmm! ¡Asisisi! ¡ooohhh!’ Mientras continuaba con mis movimientos de lengua, mi pito ya estaba escurriendo un poco de semen. Así que usé una de mi manos para tomar mi pene y tratar de penetrar ese peludo coñito atreves de la tela del bikini. Ella siento totalmente mi pene y solo gritó… ‘oooh!’. Yo intentaba penetrarla, pero esa maldita tela nos estorbaba, así que me arriesgué y use mi otra mano para hacerla a un lado. Sin embargo ella notó mi movimiento y se levantó rápidamente de la cama. Y dijo: ‘No, te dije que eso no’.

    Y cuando ella ya se iba meter al baño, me paré rápidamente de la cama y la tome por la parte de atrás. Mi pito estaba entre sus nalgas, mis manos masajeaban sus tetas y mi boca besaba su cuello. Ella semi intentaba zafarse de mis brazos. Pero realmente no quería. Entonces usé un movimiento brusco para pegarla hacia la pared, ella dejo de poner resistencia y luego simplemente separe su piernas y puse mi pito entre sus nalgas, nos seguía estorbando la tela, pero la quería excitar un poco más… así que después la voltee hacia mí y la comencé a besar en la boca. Entonces ella hizo ese movimiento que tanto esperaba, uso una de sus manos para agarrarme el pito. Comenzó a masturbarme rápidamente. Yo estaba a punto de venirme, así que la tomé de las piernas, la cargué y la tiré en la cama, estando ahí, le abrí las piernas y comencé a chuparle el coño sobre la tela.

    Ella solo se retorcía y decía ‘¡ooohhh!… siiiisiiisiii…. ¡nooo paresss!… ¡maass!… ¡¡mmm!!!’. Mientras ella gemía, tomé con mis dos manos su bikini y se lo bajé rápidamente hasta sus rodillas. Fue en ese momento cuando puede ver esos hinchados y deliciosos labios vaginales. Su coñito era hermoso, tenía su vello púbico recortado y no paraba de salir jugos vaginales. Entonces me acerqué a su coñito para olerlo y luego simplemente mi boca y mi lengua comenzaron a chupar su clítoris.

    Mi lengua no paraba de penetrar esa cueva. Fue entonces cuando escuche que ella decía entre sus gemidos… ‘¡Hazme tuya!… ¡Penétrame!… ¡Métemela toda!… ¡mmms… siiiii… ohhh!’. Al escuchar esto, mi pito ya estaba listo para la penetración, pero en lugar de eso, me puse al lado de su cara, tomé mi pene y se lo puse en la boca. Ella lo tomó rápidamente y comenzó a chuparlo una y otra vez. Noté rápidamente su inexperiencia, pero no me importó. Así que tomé su cabeza y la forcé a que se lo metiera todo. Luego simplemente comenzó a chuparme los huevos y con su mano comenzó a mastúrbame. Yo estaba en la gloría. Estoy seguro que ya me había venido como tres, pero faltaba el toque final.

    Así que puse una almohada debajo de su espalda, luego le abrí las piernas y le dije que se metiera los dedos y ella lo hizo rápidamente, yo comencé a mastúrbame y unos segundos después puse mi pene sobre los pelos de su vagina y comencé a restregársela lentamente. Ella solo decía ¡hazlo, primo!… ¡Ya no aguanto!.. ¡Por favor, dame toda tu leche! Y antes de ella dijera otra cosa, se la metí toda. Comencé a meterla y a sacarla. Ella solo gritaba… ‘oooh… ssiii… maaas… ohhh… mmm…’ mientras ella gemía, yo seguía penetrando ese hermoso coño.

    En cada envestida, solo se escuchaban nuestros jugos fusionándose, era una locura… ella gritaba: ‘¡¡Así, primo!!’. Yo solo envestía y gritaba: ‘¡Me encantas Pamela!’ Unos segundos después, cuando ya estaba a punto de venirme, le dije a mi prima, ‘ya me voy a venir, lo saco’. Ella suplico que no y solo dijo… ‘quiero toda tu leche en mí’. Fue entonces cuando exploté y ella también.

    Y antes de que la excitación terminará, le dije: ‘me dejarías penetrarte ese riquísimos culo’. Ella contestó, ‘me muero de ganas por estar en posición de perrito y que tu pito me esté penetrando mi virgen culo’.

    Minutos después de follar el coño de mi prima. Los dos nos quedamos acostados en la cama. En eso yo le digo: espero que tengas una pastilla del día siguiente. No quiero que vayas a quedar embarazada. Ella contestó: sentí como tu leche recorría toda mi vagina, incluso mira… tengo todos mis vellos vaginales pegajosos. No te preocupes, me voy a tomar la pastilla – eso dijo, mientras se tocaba con sus manos su coñito.

    Inmediatamente después, ella se paró y se fue la baño. Mientras camina hacia él, yo miraba fijamente esas enormes nalgas y decía entre mí: “en cuanto tenga la oportunidad te voy a reventar ese culo”. Estando ella en el baño, me grita: oye primo… no le vayas a decir esto a nadie. Y mucho menos a tus amigos, ¿de acuerdo? Claro, prima. No te preocupes – Le contesté mientras me reía.

    Ella: Me voy a bañar. Podrías ir a traer algo para comer. ¿Cómo qué? Le pregunté. No sé, lo que quieras – me respondió mientras se bañaba. Entonces me puse mi ropa y luego fui a la tienda. Mientras caminaba por los pasillos del hotel, no podía creer que me había cogido a mi prima. Le había chupado sus tetas, su coñito y luego la penetré. ¡Fue genial! – Me decía a mí mismo.

    Una vez de regreso al cuarto, abro la puerta y noto a mi prima parada al lado de la cama, tan solo usando un tanga negra de encaje. Le podía ver desde la puerta sus vellos púbicos. Aunque sus tetas estaban al aire libre, no les presté mucha atención. Dado a que su mejor atractivo es enorme culo y su hinchada panochita.

    ¿Qué trajiste? Me preguntó, mientras veía su celular. Traje refrescos, papas y algo de botana – le dije, mientras no dejaba de verle su vagina. Ella notó mi mirada, y luego dijo… ya te comiste este coñito, así que ni piensas que volverá a pasar. Pero… ¿Y lo del culo? – le pregunté algo confundido. Ya olvídalo, creo que con haber follado ya tenemos para arrepentirnos toda nuestra vida – me dijo rápidamente.

    Después de saber que ya no iba poder comerme el culo de Pamela, me quité la playera y luego me acosté en la cama. Mientras me comía unos cacahuates, mi prima se acostó a mi lado y me quitó mi bolsa de cacahuates. Estando acostados y viendo al techo, ella me preguntó: ¿A que sabe mi coño? En eso, yo giré mi cara y le dije: Al principio me supo algo salado, pero conforme te venías, el sabor iba cambiando. Además, el olor que desprendías de tu conchita era muy rico. Ella hizo un gesto de felicidad y luego dijo: que lastima que yo no pude probar tu semen. Cuando te la estaba chupando, probé algo pegajoso, pero no era tu leche.

    Yo: Pues mira – Le dije mientras me bajaba mi short y bóxer a la rodilla. En eso ella notó mi pene un poco erecto y luego le dije: Tócate por unos segundos tus tetas, mientras yo me masturbo. De esta manera, ahorita que me venga, tomas un poco de semen con tus manos y lo pruebas, ¿qué te parece?

    De acuerdo. Pero hazlo rápido, no quiero que volvamos a coger. Solo quiero probar un poco de tu leche- me dijo, mientras se pellizcaba los pezones. Por mi parte, yo comencé a jalarme el pito. Sin embargo, unos 30 segundos después, ella cerró sus ojos mientras seguía masajeando sus tetas. Así que yo aproveché para tomar una de sus manos y la llevé hasta mi pito. Ella no quería al principio, pero logré que poco a poco ella me comenzara a masturbar. Yo tomé mis dos manos y luego las llevé detrás de mi cabeza. Realmente estaba disfrutando es espectáculo.

    Cuando ya estaba a punto de venirme, le dije a Pamela: ¿quieres que me venga en tu boca? Ella contestó: No, solo deja que me caiga en la mano y luego yo me lo llevo a la boca. Me decepcionó un poco su respuesta, así que usé la psicología inversa. Le dije: Si, creo que es mejor así. Ya que hace rato que me la estabas chupando, me lastimaste un poco. ¿Qué? Me preguntó ella, mientras abría los ojos y dejaba de masturbarme. Sí, me dijiste que fuera honesto y los estoy haciendo. Pero no te preocupes ya aprenderás hacerlo con tus próximos novios – le dije, mientras la miraba levemente.

    Entonces ella se puso de rodillas, y luego dijo: te voy a enseñar lo que sé hacer. E inmediatamente me la comenzó a chupar. Fueron como tres chupadas las que me hizo, antes de que la detuviera. ¿Por qué me detienes? – Me preguntó algo confundida. Lo estás haciendo mal, le dije yo. Mira… primero usa tu lengua para lubricarlo. Chupa todo alrededor. Pero no te lo metas a la boca. Luego usa una de tus manos para masturbarme mientras me chupas los huevos. ¿Así, primo? Me preguntó, mientras su lengua recorría todo mi miembro. ¡Exacto, Pam! Sigue así, lo haces muy bien – le dije bien excitado. Y continúe diciéndole: Ahora sube poco a poco, cuando llegues la punta, con tu lengua chupa solo la puntita e inmediatamente deja caer un poco de saliva y luego métetela toda hasta el fondo. Mientras mi prima se atragantaba con mi verga, yo la sujetaba de la cabeza. Cada vez que ella se metía toda mi verga en su garganta y hacía gestos de nauseas. Yo le decía: no te preocupes, es normal. Sigue chupando…

    Mientras ella continuaba con su boca en pito. Yo giré su cuerpo, de tal forma, que pudiera masturbarla mientras ella me la chupaba. Cuando logre ponerla en dicha posición. Use mi mano izquierda para masajear eróticamente sus nalgas, conforme avanzaba el tiempo… Mis dedos se paseaban cerca de su ano. Ella intentaba que no se los metiera, así que en lugar de insistir, baje un poquito más y le sobe su coñito. Su tanga ya estaba bien mojada. Así que con un giro de dedos, la hice a un lado y luego le metí dos dedos. Mientras ella me masturbaba con su boca, yo la masturbaba con mi mano. Ella solo decía… Mmmm… siii… oooh… siii… Mételos más, me decía cada vez que me deja de chupar el pito. Yo obedecí su orden… Y se los metí hasta al fondo. Entonces ella quitó su boca de mi verga y luego solo gritó… oooh… siii, primo… asiii…

    Cuando yo escuché este grito, usé mis dos manos para recostarla en la cama y luego comencé a chuparle sus tetas. Cada vez que le mordía sus pezones, ella solo gemía. Conforme fui bajando mi boca, mi lengua recorría todo su abdomen. Cuando llegué a su coñito, éste estaba cubierto por su mojadisíma tanga. Yo la chupe aun así. Intentaba penetrar con mi lengua esa tela, pero como no podía, tomé mi mano y la hice a un lado. En ese momento, puede ver otra vez esos hinchados y rojizos labios vaginales. Use mis labios y dientes para mordisquearlos levemente. Ella no solo gemía, sino que además de retorcía. Sin dejarla respirar, usé toda mi boca para chuparle todo su coñito. Su clítoris ya estaba a punto de estallar, así que usé mi lengua para estimularlo. Mi prima solo decía: ¡Me voy a venir!… ¡Me voy a venir!… ¡Tomate todos mis jugos!

    Antes de que ella se viniera, saqué mi boca de su vagina, luego tomé sus dos piernas y me las llevé a los hombros. Mi pene estaba encima de vagina y sus vellos púbicos. Mientras la tenía en la posición perfecta para penetrarla, la comencé a besar, y mientras mi pene seguía pegado su vagina… yo se lo rozaba una y otra vez. Le metía solo la punta y luego se lo sacaba. Mi prima intentaba empujarme hacia ella para que se la metiera por completo. Pero en lugar de eso, la volteé en forma de perrito. Ella no quería, pero yo insistí. Estando ya en la posición, tomé mi pene y se lo rocé por su ano. Cada vez que ella lo sentía, se retorcía un poco. Así que para que no se espantará, tomé mi pito y lo llevé hasta la entrada de su vagina. Y sin avisarle, se lo metí hasta el fondo. Ella solo gemía una y otra vez. Yo lo sacaba y lo metía fácilmente, ya que ella ya estaba súper mojadisima. Así que mientras la agarraba de sus caderas para penetrarla más a fondo, ella decía… Ya estoy lista… si quieres hazlo… Follame el culo… Al escuchar esto, saqué mi pito de coñito y lo dirigí hacia su culo. Estando en la mera entrada, escupí en su ano para lubricarlo y luego le metí la puntita. Ella entre sus gritos decía: ¡Espera!… ¡No entra!… ¡Tienes que dilatarlo más! Yo no hice caso de sus palabras, y seguí intentando. Ella no paraba de gritar, fue entonces cuando le dije: Lubrícalo rápido con una chupada y luego voltéate para que te penetre rápido. Ella se volteó, me la chupó e inmediatamente se puso en cuatro patas. Yo tomé mi verga, la puse en la entrada de su ano… y se lo metí hasta el fondo. Ella gritó muy fuerte, y por unos segundos me espanté… luego ella dijo: estoy bien, sácala y métela despacio, para que me mi culo se acostumbre a tu pene.

    Yo obedecí esa orden, y conforme metía y sacaba. Mi pito se acoplaba a sus nalgas. Unos segundos después de acoplarse. Comencé a follarla tan duro como pude. Ella gemía… oh… sisssi… ooohhh… siiii… mmmm y al mismo tiempo se masturbaba su coñito con una de sus manos. Cuando ya estaba a punto de venirme, le pregunté: ¿quieres que me venga en tu culo o en tu boca? En mi boca – contestó rápidamente. Luego saqué mi verga de sus nalgas y comencé a masturbarme enfrente de su cara. Ella estaba con la boca abierta esperando mi semen. 30 segundos después, salió todo la leche y cayo directamente en su boca. Ella se la trajo, y luego simplemente dijo… ¡Woow!.. ¡No pensé que supiera así! Gracias, primo.

  • La policía me lleva

    La policía me lleva

    Ayer tuve un accidente automovilístico bastante intrigante.

    Salí en la noche porque quería ir a divertirme un rato ya que no tenía pendientes.

    Así que me puse muy guapa, tengo un vestido rojo con puntos blancos que me gusta mucho pero no suelo ponérmelo si no solo en la playa porque es muy entallado, además llega a transparentarse un poco, pero esta vez no me importó, me sentía muy bien de cuerpo y me lo puse. Como es muy pegado tengo que usar literalmente una tanga para que no se note y un bra que deje ver mis pechos tal cual son con un encaje.

    Me quedé de ver con mi novio en un bar, tenía muchas ganas de salir y creo que él también.

    La idea era visitar varios lugares y así hicimos el plan.

    El asunto es que yo no aguanto mucho bebiendo. En nuestro segundo lugar que no demoramos mucho ahí porque estaba un poco aburrido yo iba vestida más como de fiesta y me miraban extraño, nos salimos. A un lado estaba un bar con ambiente bastante atractivo y entramos, bebimos una cerveza y nos gustó, solo que todos estábamos muy apretados, ya sudábamos y me rozaban y apachurraban por doquier, llegó un punto que no sabía si era mi novio quien me manoseaba o alguno otro. Me encanta provocar a mi novio así que hice como que se me caía algo y me empine literalmente para levantarlo, pero no pensé en el hecho que estábamos realmente muy apretados todos, le arrimé todas mis nalgas a mi novio pero cuando me levantaba, un hombre frente a mi lo disfrutó incluso más por su expresión, me apene y le di la espalda.

    Mi novio solo me dijo que ya no dejaba de verme, creo que lo excite más que a mi propio novio jaja. El tiempo restante que estuvimos ese hombre se la pasó sobándome las nalgas haciendo cómo que era sin querer, pero yo no hacía nada, mi novio me dijo que aguantara y eso hice.

    Después de un poco más de tiempo sentí su mano entre mis piernas, estaba caliente y grande y fue imposible no gustarme, no sé qué caras le hacía mi novio pero imagino que con la mirada le dio el permiso y el tipo aprovechó sin dudarlo. Mientras mi novio me daba besitos ricos había un tipo desagradable atrás de mi arrimándome su pene duro y tocándome bajo mi vestido pero fue muy excitante.

    De pronto le dije a mi novio que ya me quería ir por qué quería que me cogiera yaaa así que pidió la cuenta y nos dirigimos a un hotel.

    En el trayecto me sentí súper mareada y sin percatarme me pasé un semáforo y le choqué a un auto estacionado entre las calles.

    De inmediato se acercó una patrulla, me hizo bajarme del auto y mostrar mi identificación, todo un drama.

    El asunto es que notaron que iba con copas, mi novio no pudo ayudarme porque al final también iba muy borracho y enseguida me dijeron, «señorita nos va a tener que acompañar.»

    Mi novio se fue en mi carro de copiloto con un policía que manejaba y yo iba atrás con otro policía.

    Desde que me bajé del auto obvio me comieron con la mirada pero pesó más el accidente así que cuando iba yo atrás el tipo iba súper pegado a mi y tocándome una pierna según agarrándome por que iba tomada.

    Al llegar, mi novio preguntó que donde era ahí y le contestaron que era la jefatura.

    Entramos, se estacionaron y le dijeron a mi novio que se bajara para firmar unos papeles y eso hizo.

    Vi alejarse del auto a mi novio cuando abrieron mi puerta entonces un policía se acercó y me dijo, «señorita baje por favor póngase contra el auto y ponga las manos atrás», ósea como si fuera una criminal yo pensé, pero me sentía tan mareada que no dije nada y lo hice.

    Cuando me comenzó a poner las esposas el policía tocaba todas mis nalgas según poniéndome las esposas.

    De pronto sentí todo su cuerpo pegado al mío y me dijo al oído el estando atrás de mi, «de este lado por favor señorita» y me dirigió hacia mi cajuela que estaba abierta.

    Me agachó, yo sin poder meter las manos me agarró de la cadera y me dijo en voz baja, «si gritas o haces ruido vas a valer escuincla», yo no supe qué hacer, él me subió muy rápido mi vestido, hizo a un lado el pequeño hilo de tanga que traía, escuché que dijo «mmmm… no mames que delicia» y me la metió hasta el fondo.

    Se dio gusto cuanto quiso y se llenó de placer dándome súper duro. Cuando volteé un poco a mi derecha hacia la oficina donde estaba mi novio y él estaba volteando a verme, su mirada era de placer, mi novio estaba disfrutando ver cómo me cogía el policía así que no se movió de ahí, sólo observó.

    Cuando se dio cuenta el policía ya me había disfrutado cuanto quiso. Mi novio comenzó a caminar hacia mi, el policía rápido se subió el pantalón, me bajó el vestido y le dijo, «joven ya se la puede llevar.»

    La reacción de mi novio fue inmediata y dijo, «no quieres que te la chupe mientras me la comí yo?»

    El policía no contestó de la sorpresa, solo hizo cara de no lo puedo creer…

    En ese momento mi novio me cargó como costal me metió a la parte trasera del auto dejando mis piernas fuera y el policía sentado adentro esperándome con su verga súper parada y gorda, diciéndome cosas como «chúpamela, niña, mámame rico» y mi novio me empezó a coger por atrás mientras el policía se daba placer con mi boca.

    Los dos se vinieron y me llenaron de ellos, sus caras eran de una satisfacción indescriptible, mi novio me la metía riquísimo mientras me tocaba todo con facilidad por ese vestido.

    Después de eso nos dejaron ir pero me gozaron entre los dos como pocas veces lo he sentido antes.