Autor: admin

  • Compartiendo más que piso

    Compartiendo más que piso

    Me mudé a otro piso huyendo de los problemas de convivencia. Lo que no imaginé es no podría pegar ojo porque mi nueva compañera se pasaría todas las noches follando como una salvaje.

    La conocí por un anuncio. Yo estaba deseando dejar atrás un piso de locos y ella loca por encontrar alguien con quien compartir alquiler. No tuvimos tiempo casi ni de presentarnos por culpa de nuestros horarios: ella curraba a partir de la medianoche en un pub de mala fama y dormía por el día, yo a las once ya estaba en la cama para entrar al trabajo a las ocho de la mañana.

    La primera semana no hubo ningún problema pero, en cuanto perdió un poco la vergüenza y se normalizó mi estancia allí, comenzó el espectáculo. La primera noche que la escuché me hizo gracia, todos los ruidos eran muy exagerados y me alegré por ella; puede que incluso la segunda me diera por reírme también. Dejó de hacerme gracia al contar diez noches seguidas escuchándola gemir como un jabalí en celo.

    Empezaban la función justo cuando estaba a punto de conciliar el sueño, como si lo hicieran adrede. Primero se escuchaban unos “plaf, plaf, plaf” al otro lado de la pared, le seguían algunos muebles moviéndose como en un terremoto y terminaban gritando a viva voz. Mi compañera comenzaba tratando de contener los gemidos, pero se le hacía imposible a partir del primer minuto. ¡Fóllame, fóllame!, ¡sí, sí!, ¡Dios, me encanta!, ¡cómo me follas, Dios!, ¡me encanta tu polla!, ¡córreme la cara!, eran algunos de los gritos que podía escuchar a lo largo de la sesión. Cuando terminaban, tras un fuerte orgasmo conjunto en el que escuchaba por primera vez la voz del chico, ella salía a la ducha, se preparaba para ir a trabajar y yo me pasaba casi toda la noche con los ojos abiertos, para llegar por la mañana destrozada al trabajo.

    Una noche creo que follaron de pie contra mi pared, fue especialmente ruidoso. Como siempre, cuando terminaron, ella se duchó y se largó al trabajo. Cuando escuché la puerta salí de mi habitación para darme una ducha y tratar de despejarme un poco. Al llegar al baño me lo encontré ocupado. ¡Perfecto!, pensé, se ha ido a trabajar y el chico se ha quedado aquí. Se me ocurrió aprovechar la situación para dejarle caer algo sobre el comportamiento que tenían, algo que le diera vergüenza y sirviera para que se contuvieran un poco. Tras la mala noche que me habían dado estaba armada de valor para cantarle las cuarenta si era necesario pero, al salir del baño, quise que me tragara la tierra.

    -¡Qué haces aquí, Enma!

    -No, ¡qué haces tú aquí, Jack! Esta es mi casa.

    -¿Eres la nueva compañera de Mary?

    -Y tú su nuevo novio, por lo que veo.

    -No, es mi amiga. Yo solo…

    -Tú solo te la… bueno, da igual. Estoy muy cansada, voy a entrar al baño rápido que quiero irme a la cama ya. Me… me alegra verte, Jack.

    -Yo también, Enma. Voy a coger mis cosas e irme a casa. Buenas noches.

    Jack era mi ex. No sé si mi ex-novio, mi ex-follamigo o qué, pero era mi ex; y ahora se follaba a mi compañera de piso. ¡Menuda vergüenza! ¡Seguro que para él también! Yo con el pijama más feo que tenía, él en calzoncillos, con un lamparón de semen por la polla. Menudo reencuentro.

    Esa noche me fui a la cama con la cabeza a mil por hora. Todos esos polvos salvajes que había escuchado eran de mi ex empotrando a mi compañera. No podía creérmelo. No podía parar de visualizarlos follando por toda la habitación, haciendo todas las posturas y corriéndose en su cara. Era… era… bastante sugerente.

    Durante varios días estuve distraída en el trabajo. Me venían flashes a la cabeza en los que veía a mi compañera comiéndose la polla gorda de Jack, a él agarrando con fuerza sus tetazas, penetrándola de espaldas contra mi pared… Fueron unos días en los que tuve que poner el aire acondicionado bien fuerte.

    Desde la noche que supe que era Jack conseguí dormir mejor. Ya no me molestaban, por escandalosos que fueran. Esperaba impaciente a que llegara el momento y no me perdía detalle. Me ponía, me ponía muchísimo. La envidiaba, tenía ganas de probar a ese hombre de nuevo. ¡Dios, como me follaba! Eran tantos los recuerdos y estaba tan cerquita que no podía aguantarme. Fueron varias las veces que agarré algún dildo del cajón de los juguetes y me masturbé escuchándolos. Llegué, incluso, a fantasear con mi compañera.

    Una noche la escuché gemir bajito, sin que se escuchara la cama ni ningún mueble. Se le podía oír decir entre dientes “joder, joder”. Tenía que estar comiéndole el coño, era el mejor en eso. Pocas personas habían conseguido llevarme al orgasmo solo con un cunnilingus. Parece que mi compañera experimentó la misma sensación, pues se corrió fuertemente sin que se escuchara un ruido más en la habitación. Pensé en plantarme allí, en unirme a ellos, que me follara el culo si quisiera mientras la comía el cuerpo entero a ella. Pero esto no era una peli porno y había que actuar de otro modo.

    Tenía la mano dentro del tanga desde hacía un buen rato. Si hubieran estado allí conmigo no hubiese estado más mojada. Mi coño estaba suave y mis dedos se deslizaban con fluidez sobre él. Mi clítoris ardía y, cada vez que mis dedos pasaban sobre él, sentía un pequeño escalofrío que me contraía los músculos. Estaba disfrutando tanto fantaseando que desconecté con el exterior y perdí el hilo de lo que estaba aconteciendo, hasta que un portazo me hizo regresar. Mary se había ido a trabajar. A Jack se le escuchaba por los pasillos, había entrado en la ducha. Tenía que salir ahora.

    Ataviada solo con una camiseta gris de las Sailor Moon y un tanga negro devorado por mi culo, salí de la habitación al encuentro de Jack. No tuve que esperar mucho para oírlo tirar de la cisterna y lavarse las manos antes de salir; me preparé en posición casual.

    -¡Ey! hola, Enma –saludó cabizbajo tratando de no mantener mucho contacto conmigo.

    -Hola, Jack. No te vayas, por favor. Quería pedirte disculpas si el otro día fui un poco seca contigo. No imaginaba encontrarte aquí y me pillaste por sorpresa – fui incapaz de aguantarle la mirada a los ojos. Iba otra vez solo en calzoncillos y bajo ellos se apreciaba una buena polla gorda morcillona.

    -No pasa nada. Supongo que a los dos nos pilló por igual.

    -No quiero que pienses estoy enfadada o algo porque… porque te… porque te folles a Mary. No soy de esas, de verdad. Fue solo lo inesperado del momento.

    -Tranquila, tranquila. Si yo tampoco supe reaccionar. Aunque me dio vergüenza, me hizo ilusión verte, en serio.

    -¡Y a mí también! ¿Nos damos un abrazo y retomamos el reencuentro de nuevo?

    -¡Pues claro!

    Sentí como mis tetas se aplastaban al juntarse los dos cuerpos. Su polla gorda quedó también aprisionada contra mi pierna. No tenía intención de liberarla pronto. Me esmeré en aprovechar el abrazo, alargando los segundos, recordando su cuerpo, buscando viejas historias. Una de sus manos se posó en la parte baja de mi espalda, rondando la frontera de mi culo semi-desnudo; no hubo suerte.

    Me vino un suspiro que no supe disimular al separarnos. Nerviosa, incapaz de frenar un balanceo de mi cuerpo que hacía que mis tetas se movieran libres bajo mi camiseta, continué hablando:

    -¿Tienes prisa? Yo creo que no voy a ser capaz de dormir todavía. Siéntate, si quieres, y me cuentas cómo te va.

    Accedió con gusto y tomó asiento en el sofá del salón. Yo me dejé caer con fuerza a su lado, intentando que no cupiera mucho aire entre nosotros, juntando muslo con muslo.

    -Bueno, sabes que soy una cotilla. Así que te puedes imaginar la primera pregunta que te voy a hacer.

    -¿Sin rodeos?

    -Sin rodeos. ¿Tú y Mary qué? ¿Desde cuándo?

    -¡Ja, ja! No lo sé, desde hace no mucho. Fui un día por casualidad al bar donde trabaja y empezamos a hablar –ahora que estaba más cerca me di cuenta de la peste a coño que le echaba la boca. Me puso mucho y me incliné un poco para olerlo más de cerca- No sé, nos caímos bien y surgió.

    -Lo dices como si fuera sencillo. ¡Ojalá me surgiera a mí también y me lo pasara así de bien todas las noches!

    -¡¿Cómo?!

    -Pues que os oigo cada vez que lo hacéis y no veas las que liais. ¡Qué envidia, chico!

    -¿En serio? ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!

    -De vergüenza nada, os lo estáis pasando de puta madre y punto. Vergüenza la mía, que creo que no me toca nadie desde la última vez que lo hice contigo.

    -No hablas en serio.

    -De verdad te lo digo. Tengo muchas ganas, pero me da mucha pereza ponerme a ligar. ¿Me voy a volver virgen, Jack, me va a salir himen de nuevo?

    -¡Ja, ja! No digas tonterías mujer. Tu problema es la pereza, en cuanto te apetezca, con lo despampanante que eres, te llevas a la cama a quién te apetezca.

    -¿Sigues pensando que soy atractiva, Jack?

    -¡Claro, nunca he dejado de pensarlo! Aparte del conjunto, que está estupendo, tengo clarísimo que no voy a volver a encontrarme con un culo como el tuyo.

    -No me digas esas cosas que me las creo, ¡ja, ja, ja! -me achuché un poco más–. Y, bueno, ya que lo dices, ¿de tetas como crees que ando? ¿Te gustan? A ver, suena raro, lo sé, pero es que veo a Mary con esas tetas tan grandes y os escucho pasároslo tan bien que no puedo evitar compararme.

    -¡No te compares, mujer! Sois las dos maravillosas. Claro que Mary tiene unas tetas grandísimas y estupendas, pero las tuyas son muy lindas y llaman un montón la atención. Quizás no te des cuenta, pero tienes un cuerpo completísimo muy, muy atractivo.

    -Con las cosas que me dices ya tengo para estar contenta un mes. Solo me falta que me coman el coño como se lo has comido a ella. ¿Porque esta noche ha tocado cunnilingus, verdad?

    -¡¿Cómo lo sabes?!

    -Por los ruidos, de verdad que se escucha todo. Y he vivido varias veces tus comidas de coño, sé cómo responde el cuerpo ante eso.

    Jack se reía pero estaba muerto de vergüenza. De manera instintiva le había echado el brazo por el hombro, el puso la mano en mi pierna como respuesta. Dentro de sus calzoncillos pareció moverse una culebra gorda. Su polla morcillona estaba cobrando vida propia. Aquello fue como un reclamo para mí. Sin procesarlo mucho, le agarré el paquete con tacto y le comí la boca sin más preámbulos. Se le notaba cortado, pero accedía a continuar. El contacto con su paquete y su lengua me puso ansiosa

    -Te sabe la boca a coño – le dije separando mis labios de su boca con cara lasciva. Se rio y miró para otro lado, avergonzado. La agarré bien la polla sobre el calzoncillo y le mordí el cuello para que entendiera que no era una queja -. ¿No tendrás ganas de más?

    Esas palabras le arrancaron la vergüenza y lo despertaron. Me tumbó en el sofá y se lanzó sobre mí, primero comiéndome la boca, después agarrándome las tetas y mordiendo la camiseta, para terminar agachándose en busca de mi coño. Me dio besos aún con el tanga puesto que sirvieron para despertar mis primeros gemidos. Había estado masturbándome hacía un momento y aquello debía de estar empapado ya y de oler como su boca. Metió las manos por debajo para agarrarme el culo con ansias, recordando mis formas. Con una mano, apartó el tanga hacia un un lado y comenzó su trabajo.

    En cuanto su boca se posó sobre mi clítoris, perdí la noción del tiempo. ¡Cómo había echado de menos esto, no me lo podía creer! Tenía una lengua aventajada que sabía hacer su trabajo en cada rincón de mi coño. Cada quiebro de su lengua, cada vez que me apretaba la carne, me hacía estremecer. Hubiese seguido así toda la noche. Pero, después de tanto tiempo, quería más. Tenía que aprovechar un momento que no sabía si se volvería a repetir.

    Me erguí, acariciando su cara y dándole a entender que quería intercambiar posiciones. Lo besé en la transición y saboreé los sabores de su boca, mezcla del coño de Mary y el mío. Cuando estuvo recostado fui a sacarle la polla de los calzoncillos. Me la encontré rebosante, ya toda por fuera y bien erecta; no tuve más que agarrarla, disfrutar de su grosor en mi mano y metérmela en la boca.

    Me sentí una privilegiada comiéndole la polla, pero estaba a mil y tenía ganas de comérmela con otra parte de mi cuerpo. Me la saqué despacito de la boca, midiendo lo larga que era con mis labios y me senté encima de él. Nos restregamos como locos, me agarró el culo como si no hubiera mañana, todo sin parar de morrearnos. Apenado por quitar sus manos de mi culo, me quitó la camiseta, dejando mis tetas al aire. Lo miré en ese momento con cara de viciosilla.

    -¿Te gustan mis tetas? – le dije mientras me las agarraba.

    -Siempre me han gustado.

    -¿Más que mi culo?

    -No, eso sí que no. Me encantan tus tetas, pero es que tienes el mejor culo del mundo.

    Nos entraron las prisas y, sin perder más tiempo, me hice el tanga para un lado de nuevo, agarré su polla y la encaucé para que entrara dentro de mí. ¡Uff! ¡Dios! Fue como si me abrieran en canal. Tuve que asimilarlo y pasaron unos pocos segundos hasta que pude empezar a cabalgar. Poco a poco fui cogiendo el ritmo, ayudada por sus manos en mi culo. Mientras rebotaba encima de él, me abría y cerraba el culo, agitaba los cachetes, recreándose y disfrutando de mi cuerpo. Se metió en la boca mi pezón derecho y no lo soltó en ningún momento.

    Las piernas comenzaron a fallarme y cada vez recaía más en él la responsabilidad de mantener el ritmo. Cuando ya no pude más, ni siquiera haciendo él todo el esfuerzo, le avisé para cambiar de postura. Sus manos fueron de mi culo a mis tetas y las apretó sin dejar de chuparlas. Me saqué la polla y me hice a un lado, como estaba en un principio. Se vino hacía mí, se terminó de quitar los calzoncillos y me quitó el tanga. Sostuvo mis piernas con sus brazos en el aire, haciendo una “v” y me la clavó de nuevo. De nuevo me sentí flotando en el cosmos. Era increíble. En esta posición podía estimularme el clítoris con total facilidad mientras me penetraba, intensificando lo bueno que ya estaba siendo. Preocupándome solo de la mano que le daba caña al clítoris, eché la cabeza para atrás y cerré los ojos, conservando en mi retina la imagen de ese hombre fornido agarrándome las piernas y clavándome sin cesar la polla.

    No sé cuánto tiempo pasaría hasta que me cerró las piernas y las giró hacia el exterior del sofá, dejándome la mano con la que me masturbaba aprisionada contra mis piernas. Me la metió y presionó las piernas, haciendo que todo estuviera más compacto y la sensación fuera más intensa. Sentí una avalancha por mis nervios y supe que ya venía.

    -¡Quiero correrme mientras me comes el coño! – exigí.

    Contento de complacerme, sacó su polla, echó cuerpo a tierra y metió la cabeza en el hueco donde estaba mi mano. Se apretó él mismo mis piernas contra su cabeza y comenzó a comer aprisionado con una técnica endiablada. Con cada lametón en el clítoris sentía que estaba más cerca. Venía, venía, venía. ¡Dios, Dios! ¡Me corría! Agarré su cabeza y impidiéndole que pudiera escapar. Sentía como eso le hizo estar más a tope y me hizo correrme en su boca, como si un tsunami de pasión surcara mi coño.

    Me quedé blanca. Tardé en reaccionar un rato. Él seguía a mi lado, masturbándose para no perder la erección ni el camino andado. Cuando me vi capacitada para seguir le invité a continuar por donde lo había dejado. Comenzó a follarme de nuevo, estando yo con el cuerpo recostado. Después de haberme corrido, su polla fluía ahora de manera increíble. Yo estaba en el limbo, sintiendo un placer distinto, pero igual de intenso.

    -¡Me corro, me corro!

    -¿Quieres correrte en mi culo, verdad? – asintió dando convulsiones.

    Sacó la polla de mi coño y se masturbó sobre mi culo hasta que una explosión de semen me bañó. En un momento estuve llena de lefa hasta por encima de la cadera, y continuaba chorreando. Gimiendo como si lo mataran, perdió todas sus fuerzas y cayó a mi lado. Acaricié su cara, contemplando lo pequeño que parecía ahora, tratando de demostrar lo agradecida que estaba. Esperé pacientemente a que se recuperara, sin dejar de hacerle carantoñas.

    -¿Estás bien? – dijo en cuanto recuperó el aliento. Asentí con una cara de placer absoluto -. Debería irme.

    -¡Jo! No quiero dormir sola. Podrías quedarte. Mary llegará casi de madrugada y estará durmiendo que vaya al trabajo.

    -Es arriesgado. No tenemos nada formal, pero no creo que se sienta bien si nos pilla por la mañana en la cama.

    -Si te vas ahora la que no se va a sentir bien voy a ser yo – dije riéndome, pero haciendo chantaje con mis caritas.

    Ni que decir queda que aceptó y dormí rodeada por los brazos de Jack. Mary llegó poco antes del amanecer, más o menos una hora antes de que sonara mi alarma. Me al entrar a casa y yo desperté a Jack. Follamos otra vez y no me corté en mis gemidos. Luego, cuando llegó la hora de irme al trabajo, escapamos los dos como furtivos. Por la tarde, en un ratito que coincidimos Mary y yo en casa, me dijo que me había escuchado follar por la mañana y que le dio envida de ver lo bien que me lo estaba pasando. Le conté con pelos y señales, obviando nombres, y ella, con cara de cachonda, contestó que, como me descuidara, me lo quitaría. Estuvimos jugando a ese juego bastante tiempo hasta que comencé a preguntarme que por qué había necesidad de turnarnos con semejante secretismo; que, quizás, pudiéramos disfrutar de todo esto los tres juntos.

  • Mi novia es ninfómana

    Mi novia es ninfómana

    Como es la última semana antes de las vacaciones de verano, queremos hacer algo que nos resulte inolvidable. Vamos a ir de botellón y después nos vendremos a casa con quien quiera acompañarnos.

    Nos fuimos los dos solos, a ver si nos encontrábamos con algún amigo.

    Estuvimos con varios conocidos bebiendo y bailando y al cabo de un rato, a Lucila y a mi nos entraron ganas de hacer pis.

    Nos fuimos detrás del coche, y nos pusimos a mear.

    Allí había un montón de gente, chicos y chicas haciendo pis unos delante de otros, eso de ver a mi novia meando delante de la gente me puso muy cachondo así que me llevé a Lucila entre 2 coches y empecé a magrearla, le subí la camiseta dejando sus tetas a la vista y le baje los pantalones.

    Rápidamente me puse a follarla, pero allí no estábamos solos, había más parejas y nos veíamos unos a otros.

    Pasaron 2 tíos al lado y se quedaron un momento mirándonos, mi novia no se cortó y les dijo que se las chupaba por 30 €.

    Les hizo creer que era una putita y que estaba allí trabajando, así que cuando terminamos de follar se puso con ellos. Les bajo los pantalones y se puso a chupárselas. Mientras se la chupaba a uno, el otro empezó a meterle mano por dentro de los pantalones, pero ella les dijo que si querían meter mano y follar, sería más dinero.

    Ellos que ya estaban como burros, accedieron y quedaron en mamada y follada por 50 € cada uno.

    Joder con mi novia, menuda ninfómana, en 20 min se ganó 100 €.

    Pero la voz se corrió y al rato ya tenía a 3 tíos pidiendo que se las chupara, a 30 € cada uno, se sacó otros 90 €.

    Vamos, que en un rato ganó 190 €.

    En 1 h que llevábamos allí, ya había chupado 5 pollas y follado 3 veces, incluido mi follada.

    Pero no terminó ahí la cosa porque al rato nos encontramos con Pedro y su novia Isa.

    Isa era una chica de 18 años recién cumplidos, de 1,55 cm de altura y unos 50 kg de peso y muy simpática, estaba todo el tiempo sonriendo.

    Lucila, a pesar de lo que había follado ya, estaba deseando coger a Pedro y su enorme polla y follarlo hasta agotarlo.

    Así que nos fuimos pronto al piso terminar la noche.

    Nos sentamos en el sofá y nos tomamos una copa.

    Pedro y Lucila se miraban con ganas y yo a Isa, pero no sabía si ella estaba dispuesta a follar con otro que no fuera su novio.

    Como Pedro me vio indeciso, para animar la cosa, se acercó a Lucila y se puso a tocarle las tetas, mientras Isa se desabrochó el pantalón, metió la mano debajo de sus braguitas y empezó a masturbarse viendo como su novio se lo montaba con mi novia.

    Estuve un rato mirando cómo se masturbaba y como gemía de placer y me acerqué a ella.

    Le quite los pantalones y deje que siguiera masturbándose mientras yo le tocaba las tetitas y la besaba la boca metiendo mi lengua entera dentro de ella. Por fin decidí masturbarla yo y baje mi mano hasta su coño. Lo tenía muy mojado y su clítoris estaba en erección y a punto de correrse.

    Cogí su mano y la lleve a mi polla, muy despacio bajaba y subía la mano masturbándome con suavidad.

    Pero yo tenía otras intenciones, quería comerle su chochito y que ella me chupara mi polla, así que nos colocamos en posición e hicimos un tremendo 69.

    Mmmmm, como olía a sexo su coñito y como sabía de rico, le lamia su clítoris y no paraba de jadear y moverse mientras se comía literalmente mi polla.

    Antes de que se corriera, le abrí las nalgas y me puse a chuparle el culo, vaya con Isa, le gustaba todo.

    Pero nos paramos y nos sentamos en el sofá, y tocándonos nuestro sexo nos pusimos a ver lo que hacían nuestros novios

    Pedro y Lucila se chupaban todo el cuerpo, ella se sentó en su cara y abrió su culo para para que Pedro pudiera lamerle bien el clítoris y el ano, pasaba su lengua de un sitio a otro mientras mi novia cabalgaba sobre su cara.

    Pedro cogió a Lucila y la colocó a perrete para follarla por el culo. La lubrico bien el ano y le metió los dedos para estimular la zona y facilitar la follada.

    Acordaros que Pedro tenía una polla XXL, muy gorda, con mucha suavidad empezó a penetrarla, muy despacio al principio, hasta que consiguió meterla entera. De forma cadenciosa la sacaba y la metía en su culo, mientras con una mano le acariciaba el clítoris, hasta que al momento se corrieron los 2. No había visto nunca gritar de placer así a mi novia, se comportaba como una hembra en celo.

    Por fin la habían follado por el culo.

    Una vez terminaron, empezamos nosotros.

    Coloque a Isa en el sofá boca arriba, le subí las piernas dejando su culo en pompa y me puse a meterle el dedo en el culo. Cuando ya estaba preparada, acerque mi polla que la tenía llena de lubricante y empecé a metérsela por el culo. Se notaba que no era la primera vez que la follaban así, porque la polla entró con relativa facilidad. Una vez dentro, Lucila se nos acerca y se puso a masturbarla, mientras yo metía y sacaba mi polla de su culo.

    No tarde en correrme dentro, vi como mi leche escurría de su culo y mi novia se lo limpiaba bien con la lengua. Isa se movía de forma compulsiva hasta que terminó de correrse.

    Fue una noche inolvidable, lo pasamos muy bien, queríamos una noche especial y vaya si la tuvimos.

    Ese verano tuvimos más encuentros entre los 4 y de vez en cuando continuamos viéndonos.

    Os seguiré contando más experiencias.

  • Mi esposa y su patrón

    Mi esposa y su patrón

    Mi nombre es Paco y mi esposa se llama Clemencia, tenemos 38 años y un juego donde ella al estar en la intimidad me llama con otro nombre mientras más menciona a otro más caliente me pone y claro que me la pone bien dura la última vez le dije que esta vez se la estaba cogiendo otro que no era de los que normalmente la cogían y ella pregunto quién es?

    Y le dije piensa y entre los que mencionó no estaba el que yo estaba pensando cuando le dije que se trataba de su patrón don Luis se quedó sin decir nada…

    Aquí la historia: Clemencia un día se fue al trabajo como de costumbre yo seguí descansando para después ir a mi trabajo un poco más tarde me levanté y comencé a arreglar mis cosas para ir al trabajo cuando paso por la mesa del comedor vi un cóctel de fruta pensé seguro se le olvido a mi esposa, será mejor que se lo lleve sino pues se echara a perder… ella salió poco después de las 12 del día yo salgo a las 13:30 ella llegó a su trabajo y pasó por las llaves que le dejan en casa de un familiar vecina del patrón.

    Clemencia al entrar miro el trabajo que le dejaron en la mesa de corte empezó a coser los trajes término rápidamente el primero se trataba de un disfraz de gatita sexi de los que se usan en antros. Clemencia pensó de inmediato en usarlo por la noche con su esposo ya que seguramente serían varios días para terminar todos los disfraces pensó seguro le va gustar y se preguntó me quedará bien me lo probare estaba por hacerlo cuando tocan a la ventana ella se asusta y quién será?

    Abre la ventana y ve que es la señora que le dio las llaves. La señora preguntó todo bien, sí señora todo bien. Que bien sólo quería asegurarme que estabas. Dicho esto, se fue. Clemencia siguió pensando en probarse el traje y pensó en que sería mejor subir a el baño que tiene un espejo de cuerpo entero se subió al baño y se quitó toda la ropa y se metió el traje de forma muy sexi ya que mientras lo hacía pensaba en como sería hacerlo frente a su esposo lo que ella no se había dado cuenta es que no estaba sola.

    Don Luis estaba en casa ya que se había quedado dormido y no fue a dar sus clases en la universidad y había estado tomando tequila con un amigo unas horas antes y se había metido a la tina del mismo baño.

    Tras la cortina de baño y la vio entrar y vio detenidamente como se quitaba la ropa Clemencia y sin hacer ruido se tocaba el pene que lo tenía a punto de estallar, ya que tenía meses sin tener actividad sexual.

    Clemencia salió del baño para ir por las orejas de gatita que se quedaron en la parte de abajo mientras salía vio unas zapatillas de tacón alto y con cintas dentro en un closet y pensó le vendrían muy bien al traje de gatita sexi, se los puso y bajo las escaleras.

    Sabía que nadie llegaría hasta por lo menos las 8 pm así que se sentía en confianza. Don Luis se medio seco y salió tras ella esperando ver más de Clemencia que lo estaba poniendo muy caliente sin querer

    Con botella en mano bajó las escaleras vio que se ponía las orejas de gatita sexi que vienen en una diadema y Clemencia se agachó a ajustar las ataduras de las zapatillas cuando don Luis la vio así no pudo evitarlo más se puso tras ella y la abrazo y la empezó a besar por la espalda y a tocarle los pechos.

    Clemencia reacción y trato de zafarse de don Luis pero este no la soltaba, estaba bien caliente y no estaba dispuesto a perder esta hembra tan rica.

    La llevó hasta la máquina de costura y…

    Clemencia: ¡Don Luis suélteme por favor!

    Don Luis: ¡estás bien hermosa y rica te va gustar!

    Clemencia: ¡suélteme don Luis por favor no me haga esto yo nunca le he dado motivo alguno para que me haga esto! ¡suélteme!

    Don Luis: ¡será mejor que te relajes no te soltare

    Clemencia siguió forcejeando, mientras que ella trataba de zafarse don Luis trataba de someterla a sus deseos.

    En el forcejeo se le cayó la toalla a don Luis y con el pene duro y caliente detrás de Clemencia trataba de sostenerla y al mismo tiempo trataba de insertar su pene que realmente estaba duro como una piedra y era bastante grande unos 25 centímetros aproximadamente y bastante ancho fácil estaba de ancho al doble que el mío.

    Pasaron unos minutos forcejeando Clemencia y don Luis, el cabrón no podía atinar con su pene a la vagina de Clemencia con tanto movimiento, pero esta pronto se iba quedando sin fuerza y el deseo de don Luis no cesaba, con la mano derecha en la nuca de Clemencia la empino nuevamente sobre la máquina de costura y con su mano izquierda tomó su verga y trataba de penetrarla por la vagina.

    Clemencia la cual estaba excitada, ya que antes de eso ella estaba pensando en cómo sería su noche con esa ropita… Mientras don Luis con sus piernas separaba las piernas de mi esposa pasaron así unos minutos más forcejeando pasando su pene entre las nalgas de mi esposa y embarrando liquido preseminal por todas partes hasta que por fin estaba a punto de entrar en la vagina de Clemencia ya que logró meter un poco la cabeza de semejante pitote ella sorprendida al sentir algo enorme que se aproximaba abrió los ojos por completo y de un movimiento con las fuerzas que le quedaban logró zafarse de aquella cosa enorme mientras don Luis no dejaba de intentar cogerle entre lágrimas Clemencia inteligentemente se dio cuenta que estaba a punto de ser ultrajada por su patrón ya que las fuerzas le estaban abandonando pensó rápido y le dijo don Luis por favor me dejaré pero de esta manera no quiero por favor siquiera déjame disfrutarlo don Luis desconfiado pensó seguramente saldrá corriendo pero dentro de su calenturienta cabeza pensó en que se pondría buena la cosa.

    Don Luis: ¡ok! ¡te soltaré pero que me garantiza que si te dejaras!

    Clemencia: ¡por favor confíe en mí si me dejare! ¡Por favor suélteme me lástima!

    Don Luis: ¡está bien pero con una condición déjame chuparte la panochita me das unas chupadas y después te soltare y lo hacemos como gustes!

    Clemencia ¡si don Luis, usted gana pero ya no más violencia por favor!

    Dicho esto don Luis la fue soltando desconfiadamente al mismo tiempo se iba bajando acariciando la espalda de Clemencia y manoseando todo cuanto podía… no te muevas ok siguió bajando hasta topar con las nalgas que comenzó a lamer y a babear como perro por una buena carne lamió y ensalivo todo a su paso. Mientras Clemencia ideaba y esperaba el momento exacto para salir corriendo aunque pensaba cómo salir vestida así de esa casa a la calle y sin pantaletas mientras don Luis pudo hasta llegar al ano de Clemencia y metia su lengua agarrándola con las dos manos en sus nalgas como felino esperando por si se le echaba a correr su presa y siguió bajando hasta que llegó a ese lugar deseado una panochita rica y suave que lamió ensalivo y como si fuera un helado lo comía como desesperado mientras tanto Clemencia sentía ya una excitación por las ricas mamadas que don Luis le estaba propinando…

    Mientras tanto afuera en la calle yo venía llegando a entregarle el cóctel que había dejado sobre la mesa me disponía a tocar la ventana cuando vi que esta se encontraba abierta y se me hizo fácil desplazar la cortina para darle la sorpresa a mi esposa y el sorprendido fui yo al verla empinada sobre su máquina de coser y recibiendo tremendas mamadas por la panocha y al verle sus ojos bien cerrados y con cara de satisfacción no me quedó otra que pensar que me estaba poniendo el cuerno y desde cuándo vendría haciéndome esto

    No podía creer lo que estaba viendo mi Clemencia empinada dejándose unas chupadas ya que conmigo no se dejaba según ella porque alguna vez yo le comente que no me gustaba hacerlo y verla ahí tan caliente y vestida de esa forma… conmigo había usado algún que otro babydoll pero así tan sexi nunca y esos zapatos de dónde los saco me preguntaba. Lo realmente me daba coraje era que algunas veces le propuse que estuviera con otro y que ella lo escogiera y yo solo quería verles haciéndolo a lo que ella siempre me contesto que no.

    Tanto que le dije y nunca aceptó y ahora la veía me parecía que no era la mujer que yo pensaba.

    Mientras tanto don Luis seguía con su trabajo y Clemencia ya no pensaba en correr solo estaba ahí sintiendo semejante ansia de seguir siendo chupada por la panocha y apunto del orgasmo don Luis se percató que se ponía más cachonda y siguió con sus embates a esa rica panochita mientra que yo como perro de carnicería solo miraba la carne tan rica que don Luis se estaba comiendo y vi como Clemencia empezaba a mover la cadera en busca de más y don Luis aceleró las lengüetas y le dio un rico orgasmo que lamió hasta que Clemencia dejó de jadear.

    Se comenzó a levantar mientras que yo me hice de lado para que no me vieran se puso frente a Clemencia ella solo se quedó mirando ese tremendo pene ya que nunca había visto uno así se le veía en su mirar como estaba realmente sorprendida de lo enorme de esa cosa todo venoso y babeante que se veía Clemencia no podía dar crédito a semejante animal frente a ella ellos estaban tan metidos en lo suyo que ni volteaban a la ventana cosa que yo aprovechaba para seguir espiando.

    Don Luis: ¡ya ves te dije que te gustaría ahora te toca darme unas buenas chupadas!

    Clemencia: ¡si lo hago me dejara ir! Dijo de una forma sumisa mientras don Luis acercaba su verga grande y dura a la cara de Clemencia

    Don Luis: ¿dejarte ir? Pero si apenas vamos empezando. No mamacita este día serás mía toda, toda mía.

    Al escuchar eso me quede pensando como que si la dejara ir que está pasando por un momento pensé en intervenir cuando y recordé que en algunas ocasiones Clemencia me contaba de sueños que tenía le forzaban a tener sexo. Nuevamente mi pensamiento voló y mi enojo al igual pensé ¡hasta su fantasía de ser forzada la viene a hacer con este cabrón!

    Mientras que don Luis le comenzaba a meter el pene por la boca y le decía esa boquita la voy a llenar con mi verga gatita.

    Clemencia recordó que cada vez que terminaba me tranquilizaba y el juego siempre se enfriaba y al igual pensó que si lo hacía terminar le dejaría ir al final.

    Mientras don Luis trataba de meter su cabeza en la boquita de Clemencia y no lograba que ella abriera la boca… y así decidió que le daría lo que quería para poder zafarse de la situación tan horrible… comenzó a mamar la verga de don Luis tan rico como ella sabe hacerlo, recordando como le decía yo.

    Seguro que nadie aguantaría esas chupadas tan ricas, seguro terminaría rapidísimo. Mientras pensaba en ello seguía con su trabajo aunque solo podía meter la cabeza de semejante vergota y con las dos manos le masturbaba sin parar cosa que a la vez la éxito tener un pene de ese tamaño que no cabía en sus manos y boca.

    Mientras don Luis le decía: gatita que rico lo haces eres una experta para las mamadas, quién se iba a imaginar que eras tan buena mamando verga.

    Clemencia seguía sintiendo esa rara excitación al escuchar a don Luis diciéndole esas cosas, nadie le había hablado de esa manera.

    Seguía engullendo el pene de don Luis y tragando saliva combinada con líquido seminal, don Luis estaba a punto de eyacular y dijo gatita te voy a dar tu lechita estas lista para tragarla toda no quiero que tires nada, no me gusta que mi gatita desperdicie nada, a lo que Clemencia soltó su enorme pene y contesto sumisamente y excitada: si don Luis me la tragare toda, lo que usted mande yo lo haré.

    Don Luis se dio cuenta que tenía enfrente a una sumisa reprimida seguramente y le dijo no desperdicies nada o te castigaré gatita.

    Clemencia no contesto solo se metió la vergota de don Luis a la boca y hasta donde pudo la metió mientras lo frotaba con las dos manos, don Luis no pudo contener más la eyaculación y con la excitación dejo ir todo su semen en la boca de Clemencia que no podía por más que tragaba y tragaba no podía acabar tanto semen. Se le escurría por las comisuras de la boca.

    Don Luis con sus manos cerca de la boca de Clemencia le sacaba la verga y le metía los restos de semen que tenía escurriendo mientras le decía: come gatita no desperdicies nada que tengo meses guardándote los, mientras Clemencia lamia el pene de don Luis y tragaba los restos que este le metía de nuevo a la boca…

    Clemencia ya había abandonado la idea de salir corriendo de hecho ya ni pasaba por su mente, estaba como hipnotizada solo disfrutando de ser sodomizada por don Luis el cual se dio cuenta que la tenía a su placer. Ella seguía lamiendo como gatita a su macho sin mostrar ningún remordimiento.

    Que rico decía don Luis, de hoy en adelante estaremos así solitos muy seguido mi gatita, a lo que contestó Clemencia sin dejar de lamer su nuevo pene: lo que usted diga y mande don Luis.

    Vamos a la cama ahí arriba te voy a coger, ya que veo que está en celo mi hermosa gatita, Clemencia solo asintió con su cabeza.

    Mientras que yo me dije: como para arriba? Me voy perder toda la acción y yo estaba súper caliente de ver a mi esposa portarse como siempre había querido verla.

    Me quede pensando y como siempre para eso de cómo arreglármelas me pinto solo pues le tocó y le dejo el cóctel así no sabrá que ya le he visto haciéndome el cornudo mmmm pero como le hago para que me pueda quedar a ver lo demás, que le podre decir?

    Pensé nuevamente como hago para que la puerta no cierre o hacerme de unas llaves seguramente no me dejara pasar mmm ok traigo tela adhesiva le pongo a la puerta para que no cierre en cuanto abra me paso ok ok vamos pues.

    Le toque a la ventana y le llame por su nombre y dije voy hacia la puerta. Seguro les metió un buen susto, tardó poco en salir a la puerta salió con la chamarra puesta y su pantalón apenas seguro le dio tiempo de ponerse y seguramente ni calcetas tenía puestas en fin abrió la puerta y sorprendida me dijo que paso?

    Algo asustada aparte ya que yo a esas horas nunca había ido a verla… se veía bien chapeada tal como cuando le doy unas buenas cogidas le dije te traje tu cóctel que dejaste olvidado en la mesa haa como que le pasó el susto pero seguía sorprendida y como no jejejeje a lo que yo añadí de paso no me digas que interrumpí algo importante que estas tan chapeada ella le vi su cara de preocupación a lo que yo rápidamente le dije jaja es broma sé que tú eres incapaz de eso… Ya más tranquila me dijo está bien déjamelo y me voy a seguir que tengo mucho trabajo rápidamente saque el coctel de la mochila y se lo di y casi me cierra la puerta la cual detuve y le dije y mi beso? ¿qué me corres? Y ni beso me contesto es que ni me cepille los dientes antes de salir le dije mentirosa si te vi claramente que te lavaste los dientes antes de salir haaa si cierto lo olvide y dije bueno me voy.

    Pensé rápidamente y le dije pero deja pasar al baño que me tome como un litro de agua casi por salir ella nerviosa me dijo es que si entras se enojan le dije pues quien está pídele permiso me contestó este este no hay nadie pero si se enteran se enojan pensé ya me la pela y le dije bueno dame cambio de una moneda de a 10 para pagar el camión y no darles los 10 pesos me dijo espera voy por el cambio entró y aproveche en ponerle la tela a la puerta salió bien rápido y medio el cambio le dije espera toma y me dijo déjalo luego que me tengo que apurar tengo muchísimo trabajo,

    Le dije si ya veo hasta estas súper chapeada se sonrojo más y le dije okey me voy pues me corres dijo ándale me dio un besito y olía a semen de don Luis le jale la puerta y la sostuve para que no se fuera abrir ella se metió rápidamente ni se percató que aún estaba afuera a pesar que tiene vidrio tallado la puerta y se ve tanto para afuera como para adentro enseguida me metí a la casa ya adentro despacio me fui hurgando cual ratero y vi a Clemencia cerca de su máquina de coser y a don Luis no le veía por ningún lado poco después vi que bajaba la escalera hacia Clemencia aun sin ropa.

    Se le acercó y le dijo a que mi gatita mira nada más que susto te dio tu marido ven déjame jalarte las orejitas para sacarte el susto.

    Clemencia contesto mejor no don Luis ya mejor me voy fue mucho el susto y la verdad no soy así yo creo que mejor me retiro ya no trabajare más para usted.

    Don Luis -¡ A si mira gatita! Ahorita mismo vas y te vuelves poner tu pelaje o yo le cuento a tu esposo que tragaste mi semen y las mamadas que das tan ricas si no te fuiste cuando llego es por algo pensé que solo abusaría de ti pero que buena gatita resultaste ser.

    Clemencia ¡Nooo! por favor no sea así mejor me voy

    No gatita aún nos falta lo mero bueno.

    La tomo por la nuca y la bajo a su verga y le dijo mira como me tienes de caliente esto no se me bajara hasta que no te haga mía gatita diciendo esto mientras la hacía limpiar su pene que seguía arrojando liquido pre seminal… Clemencia empezaba a sentir nuevamente la excitación por ser sodomizada por don Luis y comenzó a sacar la lengua para lamer el pene erecto de don Luis él dijo ya vez gatita si te encanta lamer el pitote de tu macho ándele vamos a que se ponga su piel de gatita Clemencia contesto si don Luis lo que tu mandes bueno agarra tu pene y llévalo para arriba no lo sueltes heee empezaron a subir por la escalera ella por delante y como le dijo don Luis le llevaba agarrado del pito sin soltarle mientras don Luis le agarraba las nalgas como quería y le daba sus nalgadas mientras le decía sube gatita por mas lechita.

    Me espere un poco y subí las escaleras buscando donde se habrían metido ya que no les veía, cuando escuche la voz de don Luis ya gatita ya te vestiste gatita en celo desde afuera de la recamara se veía todo claramente cómo se arrimaba Clemencia a don Luis muy sumisa este recostado en la cama le dijo ven lame tu macho Clemencia obediente fue y lamio la gran verga que tenía don Luis para ella…

    Continuará

  • Corazón seguro con uno, y deseo desbordado con otro

    Corazón seguro con uno, y deseo desbordado con otro

    Mi señora y tres amigas de la juventud tienen una empresa dedicada a la producción de perfumes, siendo sus clientes habituales aquellos famosos que pretenden tener su propia línea. Las cuatro socias se están acercando a la cuarentena y hacen un buen equipo.

    Con Sara llevamos doce años de matrimonio, no tenemos hijos, y yo crucé hace tres la barrera de los cuarenta. Soy socio en un estudio jurídico-contable con importante presencia en el rubro. Un día, al regreso de nuestras labores, mi esposa me comenta que les ha surgido una oportunidad de ampliar sensiblemente el mercado, incorporando un socio que tiene una importante cartera de clientes.

    – “Quién es?”

    – “Se llama Fidel Alonso”.

    – “Por qué será que me suena?”

    – “Porque fue novio mío durante un año antes de conocerte”.

    – “Ahora recuerdo que me contaste. El mujeriego incorregible. Se compuso?”

    – “No creo. Sigue soltero”.

    – “Yo también tengo algo bueno que contarte. Hoy un empresario poderoso vino a verme porque tiene un tema que lo preocupa. Y me dijo que fui recomendado por un colega. Lo notable es que me buscó en el gimnasio porque el asunto es urgente. Si logro fidelizarlo tengo asegurados unos buenos ingresos”.

    – “Cómo se llama?”

    – “Estanislao Pellegrini”.

    – “Uno de nuestros competidores. Tiene fama de peligroso y despiadado”.

    Desde la adolescencia practico, con regularidad, un arte marcial. Más que nada porque inculca una sobria elegancia de movimientos, el dominio de todo tu cuerpo y, lo menos importante para mí, destreza en el combate. Estaba en la práctica cuando un joven trajeado se acercó diciendo que su patrón deseaba hablar conmigo, y me rogaba que lo acompañara hasta el auto pues era algo reservado. Fui de puro curioso pues todo se salía de lo habitual. Quien me había hecho llamar era un señor mayor, de una presencia señorial y que, tras explicarme lo que deseaba, me contrató.

    Al cabo de una semana terminé la tarea encomendada por el señor Pellegrini. No era algo muy complejo pero sí poco común, por lo cual no abundaban los conocedores de ese terreno como para manejarse con solvencia. Cuando le indiqué mis honorarios me sorprendió al decirme que no pensaba pagar eso. Satisfecho al ver mi cara de sorpresa, continuó diciendo que me iba a pagar el doble, porque mi imaginación era insuficiente para aproximarse a lo él había ganado con mi trabajo. Concluyó la entrevista diciéndome:

    – “Doctor, si alguna vez puedo ayudarlo, no dude en llamarme”.

    La relación societaria de las cuatro mujeres, naturalmente devino al terreno social, al cual se incorporó el nuevo socio, aunque parcialmente, por su soltería. Y así se sucedieron reuniones en alguna casa o saliendo a cenar y tomar algo.

    Mi trato con Fidel podría calificarse como correcto manteniendo la distancia, cosa que él percibió de inmediato y, parece ser, se lo comentó a Sara, quien a su vez me preguntó si había algún problema.

    – “Todavía no, y espero que no lo haya. Puedo estar equivocado, pero siento por él un particular rechazo. Lo percibo como superficial, falso y engreído. Tiene el perfil del perdonavidas. Como no tengo algo concreto que me dé certeza sobre lo que pienso, me cuido para no ser grosero, y lo mejor para eso es tenerlo lejos”.

    La primera vez que saltó la alarma fue cuando salimos a comer y luego a tomar algo a una confitería bailable. El soltero bailó con todas pero más con Sara. En una de esas oportunidades verlos bailar me hizo tocarme la frente, diciéndome interiormente: ´si no han salido es porque están en proceso de calcificación, pero seguro que ya los tengo´. Vista cada parte por separado era mirar un indicio, pero unir esos fragmentos significativos te hacían estar frente a una evidencia.

    Brazos y manos nada decían, ella con su izquierda en el hombro de él, y él con su derecha en mitad de la espalda de ella. Ambos cuerpos separados por una cuarta, mirándose a los ojos, que decían mucho más que las palabras. Por un lado la actitud del que maneja la situación, y por otro la de quien está entregada y expectante. Era el momento de preparación y sincronización.

    De pronto los labios del varón se mueven como diciendo ´Ya´ y ambos hacen un leve giro de modo que las extremidades se separen, las pelvis se unan y la hembra con los muslos abiertos acoja entre ellos la pierna del varón. La melodía ya no la siguen los pies, sino la cintura femenina produciendo, rítmicamente, el encuentro de su pubis con la parte superior del muslo masculino, cuyo rozamiento la hace cerrar los ojos y morderse el labio.

    Evidentemente al macho sólo le interesa su placer, y más aún ostentar el dominio que ejerce sobre la hembra indefensa. Si ella queda como una puta, si muestra su infidelidad, si manifiesta su bajeza, a él no le importa.

    Por supuesto que todos se dieron cuenta de esa obscena familiaridad, que yo simulé ignorar mirando para otro lado. Cuando regresaron a la mesa me disculpé con los presentes pues no me sentía bien.

    – “Querida, lamento arruinar la velada, nos vamos”.

    – “Quisiera quedarme un rato más”.

    Mi mirada seria, unida a un no tajante, fue suficiente para que se levantara y saliéramos. A partir de ese momento suspendí toda intimidad y por dos días no le dirigí la palabra.

    El hecho definitorio, para convencerme de la existencia de esa relación paralela, sucedió durante una cena en casa, solos los matrimonios. Iba por el pasillo a buscar vino cuando escuché a Sara y Lucrecia, conversando en la cocina, mientras esperaban lo que estaba en el horno. El tema de la charla me hizo detenerme y prestar atención.

    – “Sara, estás segura de lo que hacés”.

    – “No, no lo estoy, pero no puedo ni quiero cambiarlo”.

    – “No te censuro, pero hay que reconocer que es peligroso y hay mucho en juego”.

    – “Es verdad pero estoy entregada y necesito lo que me da. Ya fue así cuando estuve de novia con él. Nos separamos porque me dejó. Yo hubiera seguido atada sin revelarme”.

    – “Pero ahora estás casada y bien con tu marido”.

    – “Es verdad, pero no tengo fuerzas. Te cuento que el día de su llegada entró a mi despacho, cerró la puerta con pestillo, me dijo cuanto me había extrañado y poniéndose al lado de mi sillón se desprendió la bragueta, sacó la pija y tomándome del cuello la puso entre mis labios abiertos. Chupé hasta que eyaculó y tragué su semen. Luego se fue a saludarlas a ustedes”.

    No quise escuchar más. La reunión fue una refinada tortura, de la cual me evadí en cuanto pude alegando problemas digestivos.

    Analizando fríamente la situación concluí que no había vuelta atrás. Que todo intento de recomponer el matrimonio chocaría contra la firme decisión de mi esposa de mantenerse segura en casa, al lado del marido que la amaba, pudiendo gozar sin límites fuera del hogar, cuando le viniera en gana. Se había cebado, y contaba con la complicidad de sus amigas y socias.

    Dos opciones tenía, doblegarme u oponerme. La primera estaba descartada y la segunda presentaba alternativas. Teniendo en cuenta que Sara, además de ser infiel, se jactaba de ello burlándose de mi ingenuidad, induciendo al amante a seguir el mismo camino, decidí que lo apropiado era vengarme produciendo el máximo daño posible. Y para eso el mejor método, tan viejo como la humanidad, era desarmar al enemigo paulatinamente, que se confiara bajando sus defensas y en el momento de mayor indefensión lanzar un ataque fulminante.

    Sin dilación el lunes siguiente contraté los servicios de una empresa de investigaciones para informarme todo lo que pudiera relacionarse con infidelidad fuera de su lugar de trabajo y hogar, en tiempo real. El primer informe relevante me llegó un viernes, en que teóricamente estaba junto a sus amigas, pero quien la acompañaba entrando a un hotel, era el galán. Era la oportunidad de asegurarla en la sensación de contar con el amor incondicional del marido. Después de la medianoche llamé a su teléfono sin tener respuesta. Luego llamé al teléfono de Dora, una de las socias, que sí respondió.

    – “Hola Dora, quiero comunicarme con Sara pero no contesta. Estará cerca tuyo?”

    – “Fue al baño, apenas salga le digo que te llame”.

    A los cinco minutos entró la llamada.

    – “Hola Joaquín, me llamaste”.

    – “Si querida, qué tranquilidad escuchar tu voz. Ocurre que, mirando televisión me dormí, y tuve una pesadilla en la vos estabas con un amante. Y pensé que el mejor remedio para calmar la angustia era hablarte. Nos vemos más tarde. Te quiero”.

    No reniego de mi profesión ni de la actividad física que practico, pero creo que también debiera incursionar en la actuación, aunque en este caso lo haya hecho con el corazón desgarrado.

    Ese viernes Sara trajo a casa todos los antecedentes para armar el informe pidiendo un registro de marca, en caso de que la clienta quedara conforme con el producto. Trabajo que iniciaría el martes próximo, ya que este fin de semana largo lo pasaríamos fuera de la ciudad, en un camping con todas las comodidades y cercano al río, pues los otros esposos, eran pescadores, sumándose también el socio soltero. Accedí pensando que podría darse el momento apropiado para iniciar la venganza.

    El domingo los apasionados de la pesca partieron a media mañana al río, mientras, los cinco socios disfrutaban la pileta. Estimando que era buen momento para que se diera el desenlace, fui hasta donde ellos chapoteaban en el agua, para avisarle a Sara que me iba hasta el pueblo a buscar unas revistas, aprovechando para caminar un poco. Hice un trecho y entré en la confitería del camping, observando el sector de nuestras carpas.

    Corta fue la espera, a los cinco minutos salieron del agua el amante llevando de la mano a mi mujer. Las risas y los gestos de las otras mujeres, unas levantando el pulgar en señal de apoyo y otras graficando el movimiento de la cópula, eran evidencia de que la próxima reunión íntima, no solo era conocida por todos sino que había acuerdo general.

    Cuando la pareja entró a nuestra carpa salí caminando en la misma dirección y, al llegar al toldo frente a la entrada, desplegué una reposera. Pensaba esperar sentado el momento más apropiado para intervenir. Si bien era esperable el tenor del diálogo, no por eso dejaba de producir un dolor intenso diseminado por todo el cuerpo.

    – «Sigue sin tocarte?”

    – “Sí, desde la noche de la confitería que no lo hace. Me parece que algo se imagina”.

    – “No zorrita, seguro que lo sabe. Lo que no me explico es por qué no reacciona”.

    – “Es que me quiere y teme perderme”.

    – “Entonces, además de cornudo, es un imbécil sin remedio. A una puta como vos no conviene tenerla de esposa”.

    – “Realmente sos malo, pero no puedo estar sin tu pija, dámela por todos lados, rómpeme el culo que solo es tuyo”.

    Lo que siguió fueron gemidos, gritos contenidos, exclamaciones de placer, pedidos urgiendo más y pequeños silencios.

    Después de mirar unos mensajes entrantes, al levantar la vista, me doy con las tres amigas, a unos quince metros, caminando hacia las carpas. Al verme se detuvieron y una de ellas marcó el teléfono, llevándoselo al oído. Sin duda era llamando a la que en ese momento rugía mientras le taladraban el recto. Por mi posición, no escuchaba a quien llamaba, pero sí a quien respondía.

    -“¿Queeé, que está dónde? madre santa, Fidel soltame que Joaquín está afuera”.

    – “Mejor, sí aprende cómo se coge a un reputa”.

    Era el momento. Bajé el cierre de entrada encontrándome a ambos desnudos e intentando colocarse las mallas. Él, encorvado metiendo un pie en la pernera de la bermuda, recibió la primera patada en el abdomen. Doblado en postura fetal y mirándome con incredulidad escuchó lo único que tenía para decirle.

    – “Aunque parezca tarde, sí reacciono”.

    Con los ojos asombrados recibió la patada en la mandíbula que dio fin al ataque. Avisé a emergencias que defendiendo a mi esposa di dos golpes al agresor, y que este se encontraba desmayado. Por supuesto que la posición de la cabeza, con la nuca casi tocando la espalda, indicaba que estaba muerto, pero no debía darme por enterado.

    – “Querida, conviene que te vistas para no darle un espectáculo a la policía”.

    Luego la tomé de los pelos en la unión con el cuello y la hice ir recorriendo con la vista cada parte del cuerpo del fenecido amante, mientras le detallaba verbalmente que daño mostraba. Que esas imágenes quedaran bien grabadas en su cabeza era una parte importante de mi venganza.

    Como era de esperar, me detuvieron y estuve preso una semana, hasta lograr la excarcelación por la carátula de homicidio culposo, en contexto de emoción violenta. No era mi intención matarlo, la patada estaba dirigida al abdomen, pero él al doblarse hizo que le diera en la cara.

    Mi tarea, al regresar a casa, fue tratar de convencer a mi mujer que no había dejado de amarla, que con tiempo y paciencia podríamos reconstruir la relación. Naturalmente recomponer nuestra intimidad sería todo un desafío, debido a los traumáticos sucesos recientes.

    En ese tiempo su actividad laboral fue restringida a aquello que podía realizar en el hogar.

    Poco a poco fuimos acortando las distancias, con abrazos y caricias de más en más sugerentes, avanzando sobre las partes más erotizantes, hasta que una noche, pasando un dedo sobre la hendidura entre los labios bulbares, encontré flujo. Me apliqué a esa tarea metódica y pacientemente logrando que alcanzara el orgasmo sin penetración. Obviamente evité besarla como quien huye del diablo.

    Al ser mi intención disminuir al máximo cualquier prevención, dejé pasar dos días para un nuevo intento de intimar. Esta vez su entrega fue inmediata y con poco tiempo de caricias la lubricación, producida por su conchita, se deslizaba tranquilamente hasta el ano. Cuando su mano logró mi erección, la di vuelta a la misma posición en había tenido a su amante encaramado, hasta que los interrumpí. Ya penetrada, mis manos trabajaron en pechos y clítoris para llevarla al borde de la corrida, y ahí me detuve. El ensayo previo me permitió una buena actuación cuando descabalgué, tirándome a un costado y, ante su cara de sorpresa, lamentarme dolorosamente.

    – “¡No es posible que me pase esto! Estoy por soltarte mi corrida cuando me viene la imagen de la carpa con tu galán mostrando la mandíbula desencajada y sangrante, por el impacto de mi pie en su boca”.

    La lividez de su cara me indicó haber logrado el efecto pretendido. El proceso de paulatino desquiciamiento había tenido buen comienzo.

    El próximo paso era vengarme de las socias, que se habían prestado a cubrirla en el engaño, y se lo festejaban como si fuera una hazaña. Y el instrumento lo tenía en mi escritorio, en la carpeta donde constaba todo lo necesario para producir el perfume al borde de venderse, quien era la compradora y el precio estimado a negociar. Lo llamé a don Estanislao pidiéndole audiencia.

    Sin ningún tipo de reserva le conté mi problema y la solución pensada. Le pareció bien hacerles perder la venta y agregó, como daño complementario, depositar en la caja de ahorros de mi mujer una cantidad que pudiera adjudicarse a una traición suya en perjuicio de las otras. Me aseguró que no perdería ni un centavo teniendo en cuenta lo que estimaba ganar con ese contrato.

    Por supuesto que en una semana las tres perjudicadas pasaron de amigas a querellantes en un juicio por defraudación y estafa. Buena contribución al derrumbe anímico de mi, antaño, querida esposa.

    En los dos meses siguientes, con un buen número de disculpas posteriores, repetí la representación de las súbitas imágenes que me atacaban despierto. Por supuesto que acudimos a una psicóloga por sus reales pesadillas y mis fingidas obsesiones. Con el correr del tiempo, de la psicóloga pasamos a un psiquiatra, y después a internación en un hospital público para enfermos mentales.

    Avisé a sus amistades, de los buenos tiempos de fiesta corrida, por si querían visitarla. Yo me excusé de hacerlo porque, amándola tanto, no podía verla en ese estado.

    Sabido es que el gobierno ni mira esos institutos, pues no producen votos. Ignoro qué será de ella en ese depósito de muertos vivientes.

    Por mi parte, luego de obtener el divorcio por insania, estoy dedicado a rehacer mi vida.

  • Esperado trío

    Esperado trío

    Una tarde Fabián me platicó que le gustaría experimentar un trío conmigo y alguien más, me tomó por sorpresa y le dije que iba a pensarlo porque toda persona tiene al menos un poquito de celos y en su ser.

    Después de pensarlo mucho tiempo llegué a la conclusión de que no me desagradaba mucho la idea, entonces le dije a mi novio que también lo quería, y comenzamos a planear y establecer «reglas» o límites.

    Quedamos que la tercera persona sería una mujer, yo quería que fuera alguien de mucha confianza, que sintiera seguridad de que nada iba a cambiar después del trío.

    Así que pensé en una prima con la que años atrás yo había tenido un encuentro, pero en ese momento ella tenía novio y no sería una buena opción, desde que Fabián me comentó del trío paso como un año hasta que una amiga mía, Jane, con quien llevó 5 años de amistad e igual mucha confianza; quedó soltera y me comentó que a veces le daban ganas de coger pero no quería hacerlo con cualquiera, pensé en ella como una opción para invitarla al trío.

    Así que un día platicando por whatsapp y bromeando un poco, aproveché para decirle del trío, ella dijo que si pero igual estábamos bromeando no acordamos nada y de ese momento volvieron a pasar algunos meses hasta ahora, que entre ella y yo estábamos planeando una salida un fin de semana para relajarnos y olvidarnos un rato de la universidad y el trabajo.

    A una hora y media de nuestra ciudad hay un hotel muy bonito con alberca y las habitaciones tienen jacuzzi, así que decidimos pasar el fin de semana en ese hotel; llamé a Fabián para decirle que no lo vería este fin de semana porque lo iba a pasar en un hotel con Jane (Fabián ya conoce a Jane) y el se ofreció a llevarnos para no irnos solas.

    Jane y yo empacamos algunos vestidos y bikinis, Fabián pasó por nosotras y nos llevó al hotel, le dimos las gracias y yo me despedí de él, quedamos que cualquier cosa le llamaría.

    Jane y yo llegamos a recepción donde nos entregaron las llaves del cuarto y entramos; una vez en la habitación nos metimos a bañar, primero Jane y luego yo; cuando salí de bañarme y me di cuenta que Jane me observaba por el espejo, así que la dejé que mirara lo que quisiera.

    Una vez con el bikini puesto fuimos al área de la alberca y pedimos 2 margaritas:

    Jane: Julieta porque no me ayudas poniéndome bloqueador?

    Julieta: si pásamelo.

    Jane se quitó el vestido quedando en un bikini de dos piezas amarillo, el mío era de dos piezas color azul.

    Se acostó boca abajo y yo comencé a ponerle bloqueador en la espalda y después me fui a las piernas para terminar cerca de sus nalgas masajeando de manera sexy, eso hizo que Jane se riera, no le di importancia así que seguí y cuando terminé le pedí a ella que me pusiera así que ahora me acosté boca abajo yo y ella comenzó a ponerme bloqueador, también comenzó por la espalda pero ella se detuvo en las nalgas, masajeándolas, llenándome de bloqueador y terminó en las piernas, cada una nos pusimos bloqueador en el pecho y tomamos nuestras margaritas para meternos a la alberca. Empezamos a platicar sobre cualquier cosa de la vida hasta que ella me preguntó:

    Jane: Cuando mencionaste lo del trío era en serio o lo dijiste bromeando?

    Julieta: Lo dije en serio, pero como no te vi muy convencida ya no lo mencioné.

    Jane: Si quería hacerlo pero me daba pena con Fabián, es tu novio y sabes que yo no haría algo así.

    Julieta: Lo sé, por eso te dije a ti, porque nada va a cambiar entre nadie si ocurre eso.

    Jane: Si algún día lo hacemos, que haríamos tú y yo? Yo nunca he estado con una mujer, tú si?

    Dude un poco en contarle pero al final accedí.

    Julieta: Pues… Si, hace mucho tiempo tuve algo con mi prima, no estuvo tan mal.

    Jane: De verdad? Sinceramente si tengo la curiosidad de estar con una mujer, al menos una noche, solo por no quedarme con la duda.

    Julieta: jajaja pues mira que se puede cumplir.

    Y mientras le daba un trago a mi margarita le acaricie con mi pie las piernas, de todos modos en la alberca no había gente cerca y nadie nos miraba.

    Jane soltó una risita bebió de su margarita y me abrió las piernas, así que seguí paseando mi pie por lo largo de sus piernas un rato hasta que ella me dijo:

    Jane: Sube más.

    Obedecí y le empecé a sobar la vagina con la punta del pie, solo pude ver como disfrutaba con los ojos cerrados y terminándose la margarita.

    Una vez que se la terminó se acercó a besarme y accedí, después nos reímos y me dijo que tal vez el jacuzzi de la habitación estemos más cómodas.

    Llamé al mesero para pedirle que nos lleve dos margaritas a nuestra habitación.

    Una vez en la habitación llegaron nuestras bebidas y nos metimos al jacuzzi.

    Jane dijo:

    Jane: pues como aquí no nos ve nadie podemos quitarnos el sujetador, digo, para estar más a gusto.

    Así que yo también me lo quité y ahora ella empezó a sobarme los muslos y la vagina con sus pies, los deslizaba bajo el agua mientras los pasaba por mis muslos y hacía círculos sobre clítoris, la verdad comencé a calentarme mucho y soltaba pequeños gemidos.

    Se acercó a mí para comenzarnos a besar y me dijo:

    Jane: Tal vez si fuéramos 3, el trío podría comenzar.

    Julieta: Eso lo puedo arreglar.

    Salí del jacuzzi para tomar mi celular y llamar a Fabián:

    Julieta: Hola amor, estas ocupado?

    Fabián: No, que pasó? Todo bien?

    Julieta: puedes venir al hotel con algunos condones? Te necesitamos papi.

    Seguido a eso colgué, volví al jacuzzi y me puse sobre Jane seguir besándonos y acariciar sus bubis desnudas y mojadas, está de más decir que tenía los pezones muy duros.

    Después de 20 minutos tocaron la puerta y salí del jacuzzi para abrir.

    En cuanto abrí la puerta entró Fabián aventando una mochila al suelo y se abalanzó a besarme y apretar mis nalgas.

    Yo lo seguí besando mientras le sacaba la ropa y lo dirigía al jacuzzi donde nos esperaba Jane.

    Una vez que Fabián se quedó sin ropa dejó a nuestra vista la erección de su rico pene, grande y con las venas marcadas, se sentó en el borde del jacuzzi solo sumergiendo los pies y Jane y yo empezamos a besarnos de nuevo y a lamer nuestros pezones, Fabián me tomó del cabello y me jalo en dirección a su pene para que se lo chupara, empecé a succionarlo y lamerlo desde la punta hasta los huevos, jale a Jane del brazo para que me acompañara en el oral, ella accedió y las dos le pasábamos la lengua por todo el cuerpo del pene, Fabián se inclinó un poco para tocarnos los pechos, apretaba los pezones, tenía una mano para cada una. Después Fabián dijo que nos quería a gatas.

    Los tres salimos del jacuzzi, Jane y yo nos quitamos el calzón del bikini y nos pusimos a gatas juntas en el borde de la cama, Fabián como sabe que me gusta, comenzó a nalguearme, nos pasaba la mano por las nalgas a ambas, y recorría nuestra vagina con sus dedos, hacía más presión en el clítoris mientras movía sus dedos de manera rápida, introdujo sus dedos húmedos en cada una que empezamos a gemir y nos miramos para besarnos hasta que Fabián se puso un condón y empezó a penetrarme, no pude evitar gemir, Jane se levantó y se acomodó frente a mi para que le hiciera un oral, mientras Fabián me tomaba por el culo para azotarme, yo le abría las piernas a Jane para empezar a pasarle la lengua por su vagina y comenzar a succionar su clítoris.

    Le pedí a Fabián que se cambiara de condón y se acostara, cosa que hizo muy rápido, le dije a Jane que ahora se suba ella y así lo hizo, se subió en mi novio para comenzar a darle sentones, mientras yo me acomodaba para sentarme en su cara.

    Me acariciaba los muslos y apretaba mis nalgas mientras con su lengua hacia círculos justo en mi clítoris, Jane y yo gemíamos del placer que sentíamos así que nos acercamos a besarnos, yo baje mis manos al clítoris de Jane para ayudarla a terminar, dejó de besarme para soltar un gemido y nos indicó que ya había terminado, se bajó y fue a meterse al Jacuzzi y pidió 3 bebidas.

    Me levanté de la cara de Fabián, debía hacer que mi hombre sacara toda su leche así que le quité el condón y empecé a chupársela, luego lo levante de la cama para apoyarme en la pared y pedirle que me penetre, tocaron la puerta; eran las bebidas que Jane pidió así que desnuda salió del jacuzzi a recibirlas, sin taparse nada, la sorpresa que se llevó el mesero al verla a ella así con el cuerpo desnudo y mojada y al escucharme gemir y ver como mi novio me metía todo su pito mientras me apretaba las bubis, Jane le sonrió tomo las bebidas y le cerró la puerta.

    Nos dijo que nos esperaba en el jacuzzi.

    Fabián me dijo que estaba por venirse así que me puse de rodillas a chupárselo y a succionarlo mientras le sobaba los huevos, comenzó a gemir, yo hacía con mi lengua círculos en la cabeza de su pene y llenó mi boca de leche, era tanta que se me escurría de la boca a las bubis, lo que pude lo tragué.

    Me ayudó a levantarme para ir junto con Jane y disfrutar de la noche bebiendo en el jacuzzi…

  • Desvirgué a mi amigo

    Desvirgué a mi amigo

    Era un día de verano, mi mejor amigo, Jorge y yo decidimos ir a la piscina de su casa.

    Al llegar allí y ver que no había nadie me desnudé para ponerme el bañador, él se esperaba que me metiese al baño a cambiarme, pero al ver que me desnudaba se desnudó también, pero lo hizo detrás de una silla de modo que no pude verle nada. A mí siempre me había puesto muy cachondo y al desnudarme delante de él se me puso un poco dura, pero no del todo, creo que no se dio cuenta. Fui a salir lo más rápido posible para ver si podía verle el rabo, pero él ya había acabado también. Me quedé con las ganas.

    Yo me llamo Manuel y en ese momento tenía 20 años. Soy bastante alto 1,80 y estoy bastante fuerte, llevo pelo corto y tengo el cuerpo lleno de pelos, sobre todo la polla. Mi miembro no es demasiado grande cuando está en reposo pero cuando me pongo cachondo adquiere un tamaño temible.

    Jorge mi amigo, es dos años menor que yo y mide solo 1,65 tiene el pelo un poquito más largo que yo y esta delgado, a el todavía no le ha salido pelo en algunas partes del cuerpo y donde si, lo tiene completamente depilado. No sé cómo es su miembro, aunque seamos amigos desde hace mucho es un poco tímido y nunca se lo he visto. El misterio de su pene me pone como una moto.

    Pasamos la tarde en su piscina sin nada reseñable.

    Ya estaba anocheciendo y decidimos cambiarnos de nuevo. Volví a desnudarme delante de él y mi polla con su denso matojo de pelo quedo semierecta frente a él. Vi como intentaba volver a su posición anterior, donde yo no veía su pene. En vez de ponerme el calzoncillo de nuevo opte por decirle que no se cambiase hay detrás. «Sácatela a ver quien la tiene más gorda» le dije. Se puso rojo pero vi que por la presión de mantener su hombría iba a ceder. Al ver que se ponía frente a mí, mi pene se puso erecto por completo. Vi que se bajaba el bañador poco a poco, su polla no tenía ni un pelo, estaba depilado enterito.

    Vi que él se estaba asustando porque mi polla no paraba de crecer. Le dije «bueno pero póntela dura o algo no que floja no se puede comparar». Me acerca a él y él empezó a tocarse. Se le puso dura bastante rápido. Cuando vi que ya la tenía suficientemente dura se la agarre y la pegue con la mía. Yo la tenía considerablemente más grande pero para que no se le bajara le dije que menudo pollon tenía. El me respondió que yo sí que tenía un buen rabo. Le dije que ya que la teníamos dura nos podíamos cascar una paja o algo. Nos sentamos en el sofá y cuando vi que empezaba a mareársela le dije que parase que nos la íbamos a hacer en x. Yo le cogí el rabo y el a mí. Le daba lo más rápido que podía, quería que se corriese antes que yo.

    Hubo un momento que estaba tan cacho que no podía más. Lo cogí de la cintura y le puse boca abajo en el sofá, se resistía pero yo podía con él. La punta de mi polla estaba y rozando su orificio, intenta escapar pero lo agarre del cuello y lo inmovilicé. Como apretaba el culo el cabron. Sin condón y siendo virgen costo mucho meterla pero una vez dentro lo embestía lo más rápido que podía. Me rogaba que parase pero en el fondo lo estaba gozando. Le daba con todas mis fuerzas, quería que sufriese. Al fin me corrí en su virgen culo y él también se corrió había gozado más que yo el cabron. Me levante de encima suyo, él estaba molido, ni se movió del sofá. Le cogía la cabeza y le abrí la boquita me limpie el semen que me quedaba en la poya con su lengua. Ya no le quedaban fuerzas ni para resistirse.

    Me vestí con sus calzoncillos que eran unos slips mucho más ajustados que mis boxes y le dije que ya se los devolvería. Cogía mis cosas y me fui.

    Fin

  • Visita al urólogo

    Visita al urólogo

    Mi nombre es Diego, tengo 23 años, mido 1.72, flaco. Estoy terminando la universidad y vivo en Ecatepec en el Estado de México. Lo que contaré a continuación ocurrió hace unos meses y aún me siento muy extraño al respecto.

    Hace aproximadamente 3 años empecé a notar una molestia en los testículos, yo me asusté mucho pues lo primero que vino a mi cabeza fue cáncer, así que en cuanto pude fui a un médico cerca de mi casa el cual me canalizo al hospital general, fueron muchos tramites pero al final obtuve consulta con un urólogo, el cual me mando estudios y me reviso físicamente. Fue un poco incómodo pero de lo más profesional, me pidió que me bajara los pantalones y los boxes, se puso guantes y comenzó a auscultarme. Fue rápido y había presente una enfermera lo que me dio algo de vergüenza pero ambos lo trataron muy profesionalmente. La revisión duro unos minutos y después el médico me tranquilizo diciendo que no era cáncer ni nada parecido sino un varicocele leve, me mando unos antiinflamatorios y calzones especiales.

    Hasta ahí todo iba bien, tome mi tratamiento que duro meses y las molestias desaparecieron, seguí con la ropa interior especial y me olvide del asunto. Pero después vino el encierro por la pandemia y el hospital dejo de atender la mayoría de las especialidades. Por lo que cancelaron mi cita de seguimiento, no le di importancia hasta que hace unos meses me enferme del estómago y me recomendaron a un doctor que tenía su clínica cerca de mi casa. Así que fui con él. Lo primero que llamo mi atención fue su enfermero, que era un chico a leguas gay, muy obvio, muy delgado y no muy alto, después conocí al doctor un tipo en sus treintas, alto, güero, delgado con algo de panza pero nalgón muy nalgón. También que usaba los pantalones muy ajustados resaltando sus nalgas. También se veía muy cuidado de la cara y algo amanerado.

    Cuando entre al consultorio vi una fotografía de sus hijos así que pensé que eran ideas mías que era mi imaginación y que no era gay, Me dio consulta la verdad se portó muy amable y respetuoso lo único raro fue que cuando me estaba revisando el estómago sentí un par de veces como que me acariciaba con la yema de los dedos además que sentí que insistía mucho en el abdomen bajo, pensé que era normal, además yo me sentía medio mal por lo que no le di mucha importancia. Me mando unos medicamentos para el estómago, y me cito unos días después para ver mi avance. Al día siguiente de la consulta yo ya me sentía al 100 y cuando toco regresar yo fui solo en mi bicicleta. Fue un domingo la cita era a las 11 a.m.

    Me puse un pants, mi tenis y pedalee, su consultorio está cerca de las Central de Abastos de Ecatepec en el Estado de México, está un poco escondido pero cerca de la avenida principal detrás de una escuela. Esta vez me recibió una enfermera y me hizo pasar a la sala de espera donde había unas 6 personas. Espere más de una hora y nadie llego después de mi así que fui el último en pasar. En la sala de espera había un letrero con las especialidades que trataba y vi que decía urología, así que para aprovechar la consulta pensé en preguntarle al doctor sobre mi varicocele.

    Cuando entre le dije que me sentía muy bien del estómago y que ya no había tenido ningún síntoma. Le comente sobre el varicocele y me dijo que Me podía ayudar:

    -Si te reviso- me dijo:

    -Levántate y descúbrete- así que me levante y baje mis pantalones. Yo lo hice sin pena pues ya había ido antes al urólogo pero me pareció raro tomara una actitud como a escondidas se asomara por las cámaras que grababan la sala de espera y la entrada como asegurándoselas que nadie estaba cerca, cerro todas las persianas y le puso seguro a la puerta. Pensé que era por privacidad mía solamente.

    Pues ya con los pantalones abajo me dijo que me moviera a un rincón entonces se acercó me di cuenta que tampoco se puso guantes, lo que me pareció extraño también, pero fue aún más extraño cuando se arrodillo enfrente de mí. La verdad si me puse muy nervioso me daba pena que se me parara la verga, así que trate de pensar en otra cosa para que eso no ocurriera. A diferencia de las revisiones que duran uno o dos minutos con mi urólogo en el hospital, .esta revisión duro mucho más aproximadamente 5 o 7 minutos en los que el doctor sobaba mis testículos, de vez en cuando me decía que sentía todo bien pero que quería estar seguro. Yo mantenía mi vista al frente y trataba de NO excitarme. Al ver que no respondía el doctor empezó a jugar con mi pene le daba como cachetadas con su mano ahí fue cuando no puede soportar más y mi cuerpo respondió, mi pene comenzó a hínchanse, al ver esto el doc me dijo que me subiera a la camilla y me acostara en ella. Yo tenía mucha vergüenza pues pensé que el doctor solo esta revisándome, y no quiera que pensara que yo era un pervertido o algo así.

    Ya acostado el doctor seguía jugando con mis testículos pero también empezó a jalar mi pene más descaradamente. Yo trataba de no ver lo que hacía y mantenía la mirada clavada en el techo pero de repente voltee y me di cuenta que estaba cuidado por las cámaras que nadie se acercara. Ahí me di cuenta que ya no me estaba revisando nada más. Después de unos minutos me dijo que me relajara y ya con mi pene totalmente erecto empezó a masturbarme con una mano y acariciarme el abdomen con la otra mano. De mi pene empezó a emanar liquido pre-eyaculatorio cuando él lo vio me dijo -Mira- volteé la mirada hacia el vi como metía sus dedos en su boca y se saboreaba mi precum.

    Después me pidió que nuevamente me levantara y el nuevamente se arrodillo frente a mi. -Que rica la tienes- yo no respondía estaba en shock, mi corazón latía muy rápido. Acercaba su cara a mi pene y lo observaba como si fuera algo maravilloso y después me pregunto -¿Puedo?- yo no sabía a qué se refería por lo que no respondí pero en menos de dos segundo se metió mi pene erecto en su boca.

    Su boca era fresca y se sentía muy rico, estuvo así unos minutos hasta que le dije que me iba a venir él se la saco de boca se volteo y se bajó un poco el pantalón y me mostró sus nalgotas, la verdad tenia algunas imperfecciones pero aun así se veían carnosas. me agarro la verga y la dirigió a su culo que expedía una sensación caliente. Pero entonces algo de realidad volvió a mí y le dije que SI pero con condón. Él dijo que no había problema pero yo insistí. Y como no tenía condón volvió a agacharse y siguió mamando unos minutos más, hasta que otra vez sentía que me venía. Trate de alejarme pero él me sujeto las caderas y me hizo un gesto con los ojos que siguiera mientras abría mucho la boca y sacaba la lengua. Yo me di dos jalones y descargue mi semen en su boca aunque algunos mecos le dispararon en la barba y los ojos Lo que cayó en su boca lo devoró de inmediato. Fue un orgasmo muy intenso por lo que al eyacular se me escaparon un par de gruñidos que de inmediato ahogue para no atraer la atención de afuera.

    Aun con el corazón acelerado y mis piernas temblando el doctor se incorporó, de acomodo la bata y me pasó un pedazo de toalla de papel y mientras él se limpiaba la boca y la cara yo me limpie la verga, tenía el glande muy hinchado y colorado. Me limpie los restos de semen y baba de la verga y me subí los pantalones acomodando el calzón para disimular la erección.

    El doc se sentó en su silla y empezó a escribir una receta, me dijo que no había rastros del varicocele pero que me siquiera cuidando y que me mandaría unas pastillas para mejorar mi circulación. Por un momento pareció que nada había pasado e incluso pensé que fue mi imaginación. Pero fue real y aun hoy siento nervios y excitación cuando lo recuerdo.

    Salí del consultorio muy sacado de onda me temblaban las manos, tome mi bicicleta y en el camino repasaba una y otra vez lo que acababa de ocurrir. Me sacaba de onda pensar que nunca me imaginé algo así con un doctor durante una consulta, me preguntaba con cuantos pacientes lo habría hecho antes, si lo hacía con los chavos de la secundaria y de la prepa que iban a sacar su certificado médico ahí pues ahí sacan los certificados de escuelas cercanas. O que si esto le pasaba todos los que iban a consulta de urología con él. Cuantos se lo habrán cogido en ese consultorio, a cuantos se las habrá jalado, cuantos mecos comería al día…

    Bueno les dejo mi relato espero les guste y si alguien conoce a este doctor les dejo el contacto para que me cuenten su experiencia.

    [email protected].

    Gracias.

  • Me confesé con el Doc

    Me confesé con el Doc

    Son las tres de la mañana y estoy despierta mirando el cielorraso blanco, tan blanco como las sabanas de mi cama. He tratado de dormir pero me es imposible.  Desde que desperté después del accidente casi no he podido dormir. Las dos piernas, cuatro costillas, el brazo derecho rotos y varios golpes en la cara y la cabeza son el saldo de haber sido atropellada mientras conducía mi moto por un conductor borracho.

    “Hola Sabrina, vamos a tener que darte algo para que descanses, no podes seguir sin dormir. Tu cuerpo necesita dormir para relajarse y recuperarse.” El que hablaba era Joaquín, uno de los doctores de Terapia Intensiva que me atienden. Hoy le toca la guardia nocturna.

    “Hola Doc., ¿Cómo estás?” dije.

    “Bien, pero empezando a preocuparme por vos. No ya por las lesiones, sino por tu cabeza, no para de funcionar. En serio, necesitamos que descanses.” Dijo.

    “Lo sé y lo entiendo, pero es más fuerte que yo. Cierro los ojos y vienen a mi mente cientos de cosas, lindas, feas, tristes, alegres. Y siempre termina en la misma pregunta ¿Viví hasta ahora?”

    “Hoy estás sola en terapia, tengo mucho tiempo libre. Si tenés ganas de charlar, te autorizo a tomar unos mates, y solo si vos tenés ganas, charlamos un rato, por lo menos verbalizar los pensamientos. No creo tener respuestas para tus preguntas, pero por lo menos te puedo escuchar.” Dijo.

    “Dale, porfa” dije sonriendo.

    No pasaron 5 minutos que se sentaba a mi lado y mientras me daba el primer mate me decía:

    “Antes de empezar, te tengo que decir que soy gay, así que querida, conmigo habla tranquila.”

    “No me jodas, no te puedo creer.” Dije.

    “Si, viste como son las cosas. Contame un poco de vos, sé que tenés 25 años, que tenés sangre A+, varios huesos rotos, que sos muy linda, bah, hermosa. Una linda guacha, como dicen algunos hombres.”

    “No hay mucho más, me recibí a los 22 de Ingeniera en Sistemas, un mismo novio desde los 15 hasta hace un mes, justo antes del accidente, siempre fiel, metida en mis estudios y luego en mi trabajo, casi no conozco la noche, ni el alcohol mucho menos las drogas. Y lo que me doy cuenta es que no he vivido, no he tomado riesgos, no he hecho locuras, no he disfrutado, hasta te puedo decir que no he gozado del sexo como algunas amigas me cuentan que disfrutan.”

    “Guau, quien diría, con el lomo que tenés nena, uno pensaría todo lo contrario. ¿Y eso es lo que te atormenta?”

    “Si. Pensar que estuve a punto de ser una pizca de polvo que se llevó el viento, que transcurrí, pero no viví. Siempre fui “ejemplar”, ahora me doy cuenta que me faltó un poco de diversión.”

    “Larga el mate, yo también tomo. Bueno, ahora estas en el momento justo para hacer el cambio que quieras, más diversión, viajes, salidas, unos buenos chongos. Por suerte todas las lesiones están curando bien, ninguna secuela o rastro.” Dijo el Doc.

    “¿Chongos?” Pregunté

    “Machos nena, machos lindos, y sobre todo calientes.”

    “Te vas a reír, seguro. El que era mi pareja, es un tipo muy “tradicional”. Dos o tres besos, el arriba, yo abajo, 5 minutos y adiós. Casi siempre me quedaba con ganas de más, para colmo miraba sola algunas porno y sabía que existían otras cosas, quiero decir, juegos, caricias, besos, bueno vos entendés. Y yo nunca nada de eso.”

    “Cuidado mundo masculino, en 10 días damos de alta a una fiera enjaulada, jajaja” dijo.

    “Vos reite de mí, dale. En realidad soy para llorar de risa. Ni una vez le chupe la pija, eso que le pedía, pero él no quería.”

    “No te hagas problema. Todo se aprende en la vida… y lo lindo, mucho más rápido!!!”

    Eran casi las 6 de la mañana cuando dejamos de charlar. Cuando se iba se acercó, me dio un beso en la frente y me dijo:

    “Todo pasa. Lo importante ya está: te diste cuenta. Ahora, dormí.”

    Y tuvo razón, momentos después, me dormí profundamente. Me despertaron al mediodía, y todos sonreían al ver que mi cara había cambiado, ahora sonreía. Una semana después me dieron de alta, directamente de terapia intensiva. Saludé a todos y una de las enfermeras me acompañó hasta la puerta del Hospital.

    “Lástima que no me pude despedir de Joaquín. Fue re dulce conmigo, me ayudó mucho charlar con él.”

    “Si, es un gran Doc., sobre todo muy humano. Sabe llegar a los pacientes, logra que confíen en él para sacarles la angustia. Y es un gran mentiroso.” Dijo la enfermera sonriendo.

    “¿Un gran mentiroso? ¿Por qué lo decís?” pregunté intrigada.

    “Siempre inventa algo, o se hace el rengo, o el sordo, o dice que es gay. Todo para lograr que la persona se relaje y pueda hablar tranquila.” Dijo.

    De pronto me invadió un enojo terrible, que pude contener y pedirle a la enfermera el número de teléfono para “llamar para agradecerle”. Ella me lo dio y me fui para mi departamento, con una amiga que me esperaba.

    Pasaron unos días, y mi enojo se fue diluyendo. Recordaba los motivos por los que mentía y realmente no dañaba a nadie. A mí misma me había mentido y logrado con esa mentira que me abra por completo para charlar. Pero ahora, quería vengarme haciéndole una broma medio pesada.

    Como sabía sus horarios, una noche, cuando él ya estaba saliendo de la guardia, lo llamé al celular.

    “Hola Joaquín, habla Sabrina, perdoná que te joda, pero no me siento bien, me duele mucho la cabeza, se me parte, son los mismos dolores que tuve cuando desperté del accidente. Me paro y me mareo, por favor, veni a verme, solo confío en vos, no me animo a llamar una ambulancia. Joaquín, tengo miedo.”

    “Tranquila Sabrina, sentate en un lugar cómodo, y decime tu dirección, voy para allá.” Dijo preocupado.

    En 15 minutos estaba tocando el portero. Subió y golpeo la puerta.

    “Pasa está abierto” dije, desde el sillón, en la semi penumbra.

    “Contame, ¿qué sentís ahora?” dijo.

    “Siento muchas ganas de abrazarte, besarte todo, chuparte la pija y que lo hagamos como dos animales en celo.” Dije mientras me abría la bata para que vea mi conjunto de ropa interior negro con calados.

    “Desgraciada, me hiciste pegar un susto tremendo. No se hacen ese tipo de bromas, no se miente.” Dijo

    “Vos también mentiste. Y con esa mentira lograste saber muchas cosas de mí.” Dije mientras me ponía de rodillas en el sillón y me disponía a besarlo.

    “Sabrina, no corresponde. Soy tu médico. No es ético.” Dijo.

    Cuando lo bese sentí que se desataba un infierno dentro de mí. Él de inmediato respondió a mis besos y me senté sobre sus piernas, con mi sexo a milímetros del suyo, solo separados por nuestra ropa. Mi bata y mi corpiño cayeron al suelo de inmediato. Sus manos recorrían mis senos mientras su boca me volvía loca besando mi cuello. Joaquín se paró cargándome en sus brazos y le mostré donde era mi dormitorio.

    Me dejó en la cama y como una loca me tire para casi arrancarle los pantalones y el bóxer. Estaba parado todavía cuando me metí su pija en mi boca. No era ni muy grande ni muy gorda. Era normal, de un hombre normal. Cuando la tuvo bien parada y dura, me corrí esperando que el subiera, pero en cambio, se zambulló directo a besarme y chuparme la concha.

    Era la primera vez que alguien lo hacía, yo deliraba de placer, empecé a tener orgasmos solamente por el poder de sus labios y su lengua jugando en mi concha. Me volvía totalmente loca. Y nunca había sentido eso. Por fin podía disfrutar mi cuerpo, mi sexualidad. Le pedí que me penetre pero el desgraciado lo que hizo fue subir besándome la panza hasta llegar a mis pechos, y frotaba una de sus piernas contra mi clítoris.

    Se puso boca arriba al lado mío, e hizo que me gire, poniendo su pierna entre las mías. Me puse a besarlo como loca, yo misma frotaba mi entrepierna contra su pierna, lo miraba y me sonreía. De pronto me dijo:

    “Quiero ser el primero al que cojas. Me ofrezco voluntariamente al sacrificio.”

    “Desgraciado… supongo que por el bien de la raza humana.” Dije y lo monté de una, metiendo su pija en mi conchita. Aunque estaba inundada de mis jugos, costó un poco que entrara, pero mi concha enseguida lo recibió manteniéndolo apretado. Primero torpemente, y con algo de vergüenza lo fui cabalgando. Naturalmente mis movimientos se fueron acelerando, hasta hacerse frenéticos, tuve un orgasmo hermoso y seguí moviéndome al mismo ritmo.

    Lleve mis manos a sus pechos y los fui apretando, clavando mis uñas. Me acosté sobre él pero me seguía moviendo, lo besaba en la boca, el cuello, mordía sus hombros en cada mini orgasmo que me conduciría finalmente a otro tremendo. Joaquín acabó en el mismo instante. Sentí como todo su semen invadía mi concha y deslizaba por las paredes queriendo escapar del encierro.

    Me levanté y me voltee para chupar y limpiar su pija. Yo seguía súper excitada.

    “Meteme dos dedos en la concha, por favor.” Le dije.

    Él lo hizo y yo chupaba como loca. Su pija, lejos de perder vigor, parecía aumentar su dureza. Estaba orgullosa de ver como lo mantenía excitado, fueron minutos y minutos donde mi boca lo volvía totalmente loco y sus dedos en mi concha lograban el mismo efecto.

    De pronto se levantó, me puso boca abajo en la cama y se acostó sobre mí. Separó mis cachetes y sentí como apoyaba su pija entre ellos. De pronto sentí miedo, nunca lo había hecho por el culo, pero al mismo tiempo, una excitación y ansiedad terrible por recibirlo. Joaquín se empezó a mover y masturbarse con mis cachetes, ni intentaba metérmela en el culo. Yo deseaba que lo haga, que me penetre de una vez. Quería entregarle la primera vez, pero él se negaba.

    Sentí como se ponía de rodillas, abrí mis cachetes y él se masturbaba con todo. Cuando acabó regó mi culo de semen. Sentir como choreaba mojando mi ano, fue suficiente para hacerme tener un nuevo orgasmo.

    Se acostó a mi lado, boca arriba y yo me abrace a su pecho.

    “Gracias Joaquín, gracias por todas las charlas que tuvimos, me ayudaron muchísimo.”

    “Te quiero matar, no sabes los nervios que tenía cuando venía.” Dijo.

    A partir de esa noche, por lo menos una vez por semana nos encontrábamos en mi departamento. Luego dos veces, y luego tres. No salíamos a cenar, ni a pasear. Solamente nos encerrábamos a tener sexo y a charlar. Ninguno de los dos hablaba de sentimientos, ni de relación.

    Tres meses después, me fui de viaje al caribe con una amiga que no sabía nada de Joaquín y nuestros encuentros. Contra mis planes, no tuve sexo en los primeros cuatro días. Mi amiga no decía nada, solo sonreía cuando yo rechazaba a algún hombre. Una tarde mientras tomábamos sol, me dijo:

    “¿Me vas a contar de quien estás tan enamorada que no dejas que ni siquiera se te acerquen los hombres?”

    “Hay un hombre con el que tengo sexo muy seguido, solo sexo.” Dije sabiendo que era cierto, pero terminando de aceptar que sentía algo por Joaquín.

    “Bien guardado lo tenías.”

    “Es que es eso, sexo. Hasta podría ir a la cama con una mujer, me encantaría probar.” Dije y también era cierto.

    “Eso si es fuerte. Pagaría por verte en la cama con otra mujer.” Dijo.

    No lo pensé ni un segundo. Me acerque a ella y la bese en la boca. Sorprendida, mi amiga no atinaba a reaccionar, pero no me rechazaba.

    Cuando dejé de besarla, le hice una seña y nos fuimos a nuestra habitación. Ninguna había estado con otra mujer antes, y de a poco fuimos aprendiendo a hacerlo. Fue distinto, pero igual goce como loca. En realidad las dos. Cuando terminamos las dos nos miramos riéndonos y satisfechas. La última noche, me propuso que un tipo la coja mientras ella jugaba conmigo. Lo hicimos y la pasamos brutal. Y yo ni siquiera lo toque al tipo.

    Cuando volví lo llamé a Joaquín. Vino al departamento y se sorprendió al ver la mesa servida.

    “Te quiero contar de mi viaje. Me acosté varias veces con mi amiga.” Dije a boca de jarro.

    “Veo que seguís experimentando nuevas experiencias.” Dijo tranquilo mirándome a los ojos.

    “Si, hasta hicimos un trio la última noche con un tipo.” Dije.

    “Ah, entonces fue liberación total.” Dijo manteniendo una imagen tranquila.

    “¿Y no te intriga saber cómo la pasé?”

    “Dijiste que te acostaste varias veces con tu amiga, lo debes haber pasado bien. Lo mismo cuando hicieron el trio.” Sus ojos no se movían un milímetro de los míos.

    “¿Y no estas celoso?”

    “Vos hiciste este viaje, según me dijiste, para divertirte, pasarla bien, vivir nuevas experiencias. Era obvio que algo iba a pasar, con tu amiga, con otras mujeres, con hombres.” Dijo mirándome más fijamente aún. Dejó pasar unos segundos y me dijo: “Y si, estoy celoso.”

    Por fin mostraba sus sentimientos. De repente, sentí algo que nunca había sentido: un hombre me celaba. Alguien sentía algo tan fuerte por mí que sentía celos.

    “Me pone muy feliz verte bien, feliz, viviendo la vida, disfrutando, como me dijiste que deseabas aquella madrugada. Es muy lindo verte tan contenta después de lo que pasó.” Dijo mientras se levantaba de la silla y se dirigía a la puerta del departamento.

    “Doc., si, estoy feliz. Feliz de haberme acostado con mi amiga, fue darme la oportunidad de algo distinto, que nunca había pensado hacer. Y si, goce. Y sobre el trio, yo solamente participé con ella. Él ni me toco siquiera, y yo tampoco a él. Ah, ni no estuve con ningún hombre, por si te interesa saber. Como vos sos gay, te puedo contar que hay un tipo que me vuelve loca en la cama, me hace sentir lo que nunca sentí, vibrar como nunca vibre, me hace sentir deseada, me hace sentir mujer totalmente. Y cuando iba en el avión, ya lo extrañaba, pensaba en él, lo deseaba, deseaba abrazarlo, acariciarlo como en cada encuentro que tenemos. ¿Vos pensás que si le propongo vivir juntos, probar si no nos matamos en la convivencia, pensaría que estoy loca?”

    “Puede ser. Pero si te bancó que te vayas una semana de joda al caribe, y te está esperando también puede ser que te acepte la propuesta.”

    Con mi amiga nos seguimos viendo, incluso viene a cenar a casa y Joaquín nos carga por aquella aventura. Nunca volvimos a acostarnos.

    Con Joaquín, llevamos dos años, pensamos en hijos, aunque por ahora solo disfrutamos todo lo que podemos. Todo nació en aquella charla confesional.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (13)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (13)

    Los exámenes fueron transcurriendo y debido al casi enfermizo estudio, Sergio los fue sacando poco a poco. De momento de los tres que salió nota, todos los aprobó. Se lo estaba tomando muy en serio, era su último año y quería acabar la universidad cuanto antes, pensaba que trabajar sería mejor que aquello, pobre iluso.

    En su plan personal estaba aprobar las ocho asignaturas a las que se iba a presentar y dejar para el segundo cuatrimestre las cinco últimas. Si todo salía como esperaba a finales de julio sería un chico con un título universitario.

    Apenas salía de su habitación, el único tiempo que dedicaba fuera del estudio era por un lado, a comer y por otro lado, a sus necesidades básicas. El único ocio que se permitía, si es que a eso le podemos llamar ocio, era alguna que otra masturbación entre tema y tema, según su pensamiento aquello le hacía estudiar con más ganas.

    De su mente al fin consiguió apartar a Alicia. La joven no le volvió a hablar desde que le mandó los mensajes delante de su hermana, no tenía ni idea si cumplió su amenaza de contárselo a Marta, pero le daba lo mismo. Lo único que tenía en mente eran los libros, cierto es que su novia o más bien su exnovia le revoloteaba en la cabeza, pero no con tanta vehemencia.

    Llevaban tiempo sin hablar y aquello estaba más muerto que vivo, sin embargo el joven no estaba contento, necesitaba dar carpetazo a esa situación para avanzar. Pensó que llamarla sería buena opción, aunque hablar por el móvil le resultaba frío, lo ideal sería quedar y charlar. No obstante el tema de estar en el mes de exámenes era un gran escollo. En esa época sabía que Marta se concentraba mucho y no estaba para nadie, pasaba de molestarla.

    Con ese peso en su cabeza, consiguió llegar sano y salvo al sprint final de los exámenes. Solo le quedaban dos y de los seis restantes, ya había aprobado cinco. Estaba entusiasmado, al día siguiente iría al séptimo y el lunes, al tan ansiado último examen.

    Salió aquella tarde-noche de la mazmorra en que se había convertido su cuarto y la aireó como le recomendaba su madre, aunque él no lo notaba, allí dentro olía a guarida de oso. Rebosaba felicidad, todo el día había estado con la mirada fija en los apuntes y estaba seguro de que pasaría el examen, es más, si se daban las preguntas idóneas sacaría buena nota. Llegó a la cocina en busca de algún que otro trozo de comida que llevarse a la boca, desde la mañana no había probado bocado y las tripas le rugían como un demonio.

    Sus pintas eran curiosas, la bata puesta, su barba sin cortar de una semana y con un pijama que tenía alguna que otra mancha de dudosa procedencia. Salvo por aquel día, el ritmo que se daba al placer individual había aumentado hasta cinco diarias, si no eran seis.

    —Dichosos los ojos que te ven —le saltó su madre.

    —¿Qué haces?

    Mari estaba arrodillada en el suelo limpiando una mancha que el joven desconocía su origen. Tenía puestos los guantes amarillos para fregar que se encuentran en casi todas las casas del país y pasaba un paño por el suelo para quitar el líquido.

    —Se me ha caído el café, ¿no lo has escuchado? Se me ha reventado la taza contra el suelo.

    Sergio negó con la cabeza porque cuando estudiaba con una buena concentración ya podía pasar un camión por su puerta que no sentía ni una leve vibración. Se agachó con un papel y trató de ayudar a su madre a limpiar el estropicio. La mancha era considerable y unas manos extras no le vendrían mal, sin embargo haría algo más que limpiar.

    Mari le dijo algo a Sergio, pero este al levantar la cabeza lo olvidó. Los dos estaban con las rodillas en el suelo y se podría decir si hacemos un símil sexual, que estaban cara a cara los dos en la postura del perrito. Todo muy normal e inocente, salvo que cuando el joven levantó los ojos para mirar a su madre, vio un hueco entre la camiseta y el cuerpo de esta.

    Los ojos se le salieron de las órbitas al contemplar como dentro de aquella camiseta, dos senos sumamente preciosos y perfectos se movían al ritmo de la limpieza… SIN SUJETADOR. Sergio se quedó sin respiración, en un momento de lo más estándar y casual, había comprobado que por dejado de la bata rosa y la camiseta blanca que llevaba su madre, no tenía ropa interior.

    Trató de volver al mundo de los vivos, pero los pezones algo marrones de su progenitora le llamaban como un canto de sirena. Su cuerpo pareció accionar el botón de emergencia y tembló de tal forma que todo su ser hizo un extraño baile, al menos así consiguió dejar de mirar.

    —¿Pasa algo, Sergio?

    El rostro de Mari estaba contraído en una mueca de duda, ya que la cara de su hijo era un poema. Los ojos parecían que estaban perdidos, la boca estaba medio abierta y con aquella barba y los pelos alborotados parecía que estuviera volviéndose loco. Aquel temblor no había hecho otra cosa que preocupar a la mujer, pensando que quizá tanto estudio, sin moverse y comiendo poco le habría hecho enfermar, que equivocada estaba.

    —Sí —fue un balbuceó similar a cuando dormía— mierda… es que… un tema, mamá.

    —¡¿Pero qué dices, hijo?!

    El cerebro del joven se activó a duras penas como el motor de su viejo coche y sacando los ojos de los pechos de su madre la miró a sus intensos ojos azules. No sabía que era peor, cayó por el profundo mar que contenían esas cuencas oculares y Mari, algo asombrada por lo raro que estaba su hijo, chasqueó los dedos en su cara.

    —Mierda, mamá, que se me ha olvidado un tema… o sea que no lo he estudiado. Tengo que ir a repasarlo que… eso… se me ha ido la cabeza.

    —Ah… vale… —le había sorprendido tanto la actitud del joven.

    Sergio se levantó algo apresurado y quitó la vista de su preciosa madre enfocándose simplemente en la fría baldosa. Fue a atravesar el umbral de la puerta cuando la voz de Mari hizo que se detuviera.

    —Cariño…

    Se dio la vuelta volviendo a mirar a sus bellos ojos que le tenían embelesado desde hacía tiempo. Aunque poco duró, ya que Mari seguía en la misma posición en la que los perros caminan y desde donde estaba, aunque de mala manera, todavía podía atisbar la forma de sus senos.

    —Date una ducha, que pareces un vagabundo.

    —Sí, mamá, ahora mismo.

    No pensó ni tan siquiera la respuesta, obedeció lo que su madre decía sin rechistar y si le hubiera dicho que se tirase por el balcón, lo habría hecho. Sin embargo una petición mucho más extravagante surcó la mente de Sergio mientras se dirigía a la ducha. Era del todo inapropiada, incluso más que la barrera quebrantada con su tía Carmen. No obstante, tuvo que observar la imagen que su cerebro le proyectaba, muy a su pesar la visualizó a la perfección.

    Mari ajena a la mirada lujuriosa que su hijo le había lanzado a sus pechos, siguió en sus quehaceres sin darle mayor importancia de la que creía mientras hablaba con ella misma.

    —Se le va a quemar el cerebro de tanto estudiar.

    Aunque no se debía a eso el comportamiento tan peculiar. Una pena que no hubiera sabido por qué actuaba así su hijo, porque de saberlo, seguramente… le hubiera gustado.

    Mientras su madre se preparaba otro café en la cocina, Sergio ya estaba dentro de la ducha notando como el agua se calentaba sobre su cuerpo. Se había introducido dentro para rebajar esa sensación de placer que le llegaba hasta sus genitales y se los cosquilleaba sin parar.

    Llevaba tiempo sin darse una alegría (al menos para el ritmo que llevaba, tal vez unas horas), pero aquello no era suficiente excusa para estar como estaba. Volvió a mirar hacia abajo, dejando que el agua tibia le golpease su entrepierna de forma dolorosa, pero no había manera, la erección de caballo que tenía no disminuía.

    Cerró los ojos, pero en vez de aparecer la letra de sus apuntes, de nuevo la dichosa imagen, una instantánea que se propagaba y se reproducía como una enfermedad en su cabeza. Utilizó varias armas para evadirla, pensó en Marta sin mucho resultado, también tiró del cuerpo de Alicia y de lo bien que lo pasaron juntos. Sin embargo nada resultaba, cada vez que pensaba en algo con una mujer, volvía a aparecer en su mente algo… que se comenzaba a volver una película.

    Se frotó los ojos con fuerza y comenzó a repasar los apuntes de manera mental, quería meter como fuera otra información que no fuera su madre. No había manera, el agua se había calentado y en su cuerpo cada vez sentía mayor comodidad. Sobre todo en una zona que no cedía ni un centímetro a su erección.

    Sacó la artillería pesada, recordando momentos con Carmen, su primera vez, el momento en el baño, la gran tarde que pasaron…, pero de pronto otro recuerdo se solapó. Él mismo, metido con ambas mujeres en el jacuzzi, ellas sin sujetador y “el pobre” con una erección muy similar a esta. Era imposible, cada momento que trataba de evadirse su madre aparecía, pero ¿por qué ahora?

    Desde hacía un tiempo habían cambiado, estas fiestas de Navidad, con el viaje al cine y toda su gran relación, habían hecho aflorar una nueva sensación. Sintió algo especial, una conexión que tenían ambos y que Sergio creía que su madre también notaba. No había duda de que algo extraño, o mejor dicho, alejado de la normalidad ocurría y ahora, esos pensamientos le gritaban que no ocultase la realidad.

    Miró hacia abajo, a su gran miembro duro, venoso y lleno de sangre que se asemejaba a un bate de béisbol. En casa jamás lo había tenido así, solo en momentos muy especiales, y decidió, que lo mejor sería desfogar para que todo desapareciera.

    Cogió jabón y se lo vertió en la mano, queriendo una lubricación extra para sentir el preciado momento. Apretó bien fuerte su tronco con los cinco dedos y comenzó a retraer la piel dejando que un capullo morado saliera a saludar. Estaba pletórico, hasta el punto que una vez el glande salió, la piel apenas volvía a su lugar.

    Movió arriba y abajo, pensando en el cuerpo de su tía, ella le ayudaría a quitar de en medio la vista de Mari. El placer llegaba, tan rápido que no se lo podía creer. Los pechos de su tía, su rostro, su trasero, todo se aunaba para que al final el jugo maravilloso escapara y él se librara de esos pensamientos tan poco adecuados.

    Estaba a punto, muy cerca del clímax. Sin embargo, la imagen volvió. Mari apareció como un rayo fulminante y su mano soltó un pene que rebotó con fuerza con su propio peso pareciendo que iba a desprenderse del cuerpo. De nuevo su madre aparecía en la escena suplantando a Carmen.

    —Pero… ¿Qué pasa? —se dijo en voz baja mientras el agua le golpeaba el rostro.

    Su mente se lo gritaba, pero él se negaba a aceptarlo, parecía que aquellas suposiciones eran más ciertas de lo que creía y lo dijo en voz alta para poder dar forma a la realidad que yacía en su cerebro.

    —¿Mi madre me pone?

    Nada ni nadie contestó, solo el agua siguió golpeado la ducha envolviéndole con un vaho que amenazaba con colapsar el baño. Allí se quedó Sergio, pensativo, con el pene chocando contra la fría pared y consiguiendo que su volumen decreciera un poco.

    Se detuvo en el empeño de satisfacer su ardor sexual, ya que en todo momento la mujer con la que se daba placer cambiaba a su progenitora. Cierta moralidad le impedía acabar con aquello, dar unos cuantos movimientos más y terminar con todos sus líquidos esparcidos en la ducha.

    Nadie lo sabría, nunca se enterarían, pero en su cabeza rondaba “eso no lo puedo hacer”. Su tía al fin y al cabo era eso… su tía, pero su madre, eran palabras mayores. Quizá la tensión que notaba solo era surgida por él, cada vez creía más que era una imaginación suya provocada por el esfuerzo de los libros.

    Salió y se secó con el pensamiento de que había sido un desliz, un pequeño fallo de una mente enferma por lo cachondo que estaba. Aunque mientras se afeitaba y se adecentaba un poco, tenía que reprimir la fuerte convicción de creer que su madre pensaba igual que él.

    Acabó derrotado en la cama, sin cruzarse con nadie logró esconder la erección que no le bajaba ni a golpes. Se quedó mirando al techo, con la alarma puesta para el día siguiente y con la mente en blanco. El sueño le podía, sin embargo no quería dormir, quería dar rienda suelta a la dichosa película que se había formado en su cerebro. Aunque al final cedió a lo sensato, cerró los ojos y se dejó llevar al mundo de los sueños, eso sí, con una erección monstruosa.

    Sin embargo, cuando estaba entrado en la fase del sueño, en la que no reconoces lo real de lo irreal, su madre volvió a aparecer y con suma inconsciencia se agarró su pene con fuerza para dormir plácidamente. El sueño… sería más que suculento.

    CONTINUARÁ

    ————————-

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • La venganza de las monjas

    La venganza de las monjas

    Romualdo es un cincuentón, soltero, gallego y de buen ver, había estado quince días en Japón invitado por un japonés que se llevaba casi toda su cosecha de vino tinto y blanco para sus restaurantes. Allí había follado lo que no está en los escritos con putas que le pagaba su anfitrión y regresó muy cambiado, de ser un hombre formal pasó a ser un libidinoso de mucho cuidado. Dos monjas, sor Marta y sor Dolores, iban a sufrir su libidinosidad en sus carnes.

    Sor Marta, que era delgada y de piel oscura y sor Dolores, que era gordita llamaron a la puerta del caserón de Romualdo. Abrió y al verlas les preguntó:

    -¿Anda mal otra vez el convento?

    Le respondió sor Dolores.

    -Muy mal, hermano, muy mal. ¿Nos da una limosna?

    Romualdo era ateo y detestaba a los curas y a las monjas, le dijo:

    -Pasar, pasar que estaba tomando café.

    Sor Marta, le dijo a él:

    -No vamos a entrar en su casa, si nos quiere dar una limosna hágalo aquí.

    Romualdo sacó dos euros del bolsillo, se los metió por la ranura del tarro de sor Dolores y les dijo:

    -Acostumbro a dar quinientos euros cuando estáis necesitadas y os tomáis un café conmigo, pero está visto que nos lo han comentado en el convento.

    Romualdo mentía, pero ellas eran novicias y no lo sabían. Acabaron cayendo en su trampa.

    … Puso sobre la mesa camilla de la sala de estar unas pastas, y dos pocillos, pues la cafetera con el café ya estaba allí, y les preguntó:

    -¿Cómo anda de salud la madre superiora?

    Le respondió sor Marta.

    -Mal, es muy anciana…

    En fin, que tomaron café y pastas, ellas, conversaron y las monjas al poco de tomarlos se quedaron dormidas. Le había echado al café unas pastillas que le diera su colega japonés. Las llevó a su habitación y allí se desnudó y las desnudó. A sor Dolores la sentó en un sofá. A sor Marta la puso sobre la cama, le levantó los brazos, le lamió las axilas peludas y le comió las tetas bien comidas. Cuando bajó al coño vio que la monja lo tenía mojado. Le olió el culo y le pasó la lengua por el ojete. Jugó con la yema de un dedo en la entrada, después se lo lamió y metió y sacó la lengua de él, para luego meterle un dedo dentro y follárselo. Después le clavó la polla hasta el fondo del coño… Al rato sintió cómo la monja temblaba y su coño le apretaba y le soltaba la polla. La saco, dejó caer a sor Marta sobre la cama, le frotó la polla en los labios y mientras la monja se corría le puso la cara perdida de leche.

    Después de esto fue a la cocina a por mantequilla y unas esposas y las esposó. A sor Dolores no pudo hacerle casi nada, ya que despertó al meterle un dedo untado en mantequilla dentro del culo. La monja al ver lo que le estaba haciendo, le dijo:

    -¡Degenerado!

    El cabrón aún tuvo cojones a decirle:

    -Calla, mea pilas.

    La monja vio que tenía las manos esposadas, las piernas abiertas y mitad del dedo medio de la mano derecha de Romualdo dentro del culo. Mirando para la otra monja, le dijo:

    -¡Es usted el demonio!

    Romualdo le quitó el dedo del culo.

    Sor Dolores tenía la piel oscura, el cabello negro rizado y corto, los ojos negros, las tetas grandes con areolas negras, gordos pezones y el coño con una gran mata de vello rizado. Vio a sor Marta con la cara llena de semen, con sus piernas abiertas, con el coño encharcado, con los pezones de sus gordas tetas erectos, y sintió cómo su coño latía y soltaba jugos.

    -¿Qué le ha hecho a la hermana Marta?

    -La follé hasta que la llevé al cielo.

    -¡Sacrílego!

    Sor Dolores fue junto a sor Marta y la sacudió para que despertase. La monja al despertar y ver cómo estaba lo primero que hizo fue sentarse y tapar su coño con los dos puños. Romualdo estaba crecido, les dijo:

    -Ahora que estáis despiertas vamos a seguir jugando.

    Sor Dolores sentía que le picaba el coño cómo nunca le había picado antes, pero le dijo:

    -¡No vamos a jugar a nada! Y lo que nos hizo le va a costar muy caro.

    Romualdo sacó el teléfono móvil del bolsillo y le enseñó dos fotos, una donde se veía a ella sentada en el sofá con las piernas abiertas y con su cabeza apoyada en el respaldo y otra de sor Marta desnuda y espatarrada sobre la cama. Sor Dolores estalló.

    -¡Hijo de puta!

    Romualdo rompió a reír y después le dijo:

    -¿Qué lenguaje es ese para una monja? Venga, vete poniendo los pies sobre el sofá que voy a jugar con tu ojete y con tu coño.

    Sor Dolores estaba deseando hacerlo, pero le dijo:

    -Yo voy a poner nada. Quítame las esposas.

    Comenzó el chantaje.

    -¿Queréis que suba las fotos a YouTube o preferís que las ponga en otro sitio.

    -¡No te atreverás!

    -¿Qué no? Puedes apostar el convento a que en 5 minutos ya fueron vistas por miles de usuarios.

    Sor Dolores puso los pies sobre el sillón y abrió las piernas, sor Marta, a la que también le picaba el coño una cosa mala, se persignó. Romualdo metió la mitad del dedo medio de su mano derecha dentro de la tarrina de mantequilla. Después se arrodilló delante de la monja y movió la yema alrededor del ojete. Luego le olió el culo y a continuación le metió y sacó la punta de la lengua en el ojete. Volvió a pasar la yema alrededor de él y después le metió la mitad del dedo dentro de su ojete y lamió su coño mojado. Sor Dolores estaba callada cómo una muerta y gozaba cómo una puta. Romualdo le dijo a sor Marta:

    -Ven junto a ella y bésala.

    Sor Marta salió de cama, cogió sus bragas en el piso y se limpió la leche de la cara con ellas, luego fue hasta el sillón y le dio un pico a sor Dolores, Romualdo le dijo:

    -Con lengua.

    Al besarla con lengua a sor Dolores se le escapó un gemido, era el primero de muchos… Romualdo lamía su coño cuando un chorro de meo le puso perdida la cara. Siguió lamiendo el coño hasta que sor Dolores se corrió en su boca.

    Al acabar de gozar la monja, les dijo:

    -Vuelve para la cama y échate boca abajo, Marta.

    La monja le preguntó:

    -¿Me vas a penetrar?

    -¿Tú que crees?

    Sor Marta tenía unas ganas locas de correrme, pero lo disimuló haciéndose la víctima.

    -Que va a ser lo que el diablo quiera.

    Hizo lo que le había dicho. Romualdo le lamió la espina dorsal desde el cuello hasta el coxis, luego bajó, le levantó su gordo trasero y le lamió el ojete, a esa lamida siguieron media docena más antes de meter y sacar la lengua del ojete. La monja le dijo:

    -Podría correrme así.

    -Vas a correrte así.

    Romualdo la agarró por la cintura y su lengua comenzó con el maratón de lamidas y de folladas de culo. Los gemidos de sor Marta se hicieron escandalosos. Sor Dolores, aprovechando que no la veían, metió dos dedos dentro del coño y comenzó a masturbase. Sor Marta poco después se corría cómo una burra, diciendo:

    -¡Me muero sin confesar!

    Romualdo lamió su coño, tragó sus jugos y después, le frotó la cabeza de la polla en el coño.

    -¿Qué vas a hacer, condenado?

    -Bautizarte con leche.

    Le metió la polla en el coño y la folló hasta que se volvió a correr, la monja lo hizo diciendo:

    -¡Ni se te ocurra bautizarme ahora!

    Estaba aún corriéndose sor Marta cuando le metió la cabeza de la polla en el culo.

    -Ahora sí, Bautízame el culo con leche, cabrón.

    Le bautizó el culo bien bautizado.

    Detrás de ellos, sor Dolores, con una mano tapando la boca y con la otra en el coño, temblaba con el placer que le producía el brutal orgasmo que estaba teniendo.

    Romualdo al acabar de correrse les quitó las esposas. Sor Dolores mientras le las quitaba le echó la mano a la polla morcillona y le dijo:

    -Ahora me toca a mí.

    Sor Marta se volvió a persignar y le dijo a sor Dolores:

    -¿No irá a…?

    -Sí, hermana, lo voy a ponerlo fino.

    Se volvió a persignar.

    -¡Jesús, Jesús, Jesús! Una cosa es que nos violara él, hermana, y otra muy distinta es que lo violemos nosotras.

    -Hablaba por mí, además yo no voy a violar a nadie, lo haré si él se presta a que lo monte.

    Romualdo se prestó. Acabó con sobre la cama, con los brazos a su espalda, con las esposas que le había puesto a sor Dolores en sus muñecas y con la polla mirando al techo. Craso error había cometido. Sor Dolores no le perdonaba lo que les había hecho. Al tenerlo boca abajo sobre la cama, metió un dedo en la mantequilla y sin roces ni hostias se lo clavó en el culo. Romualdo exclamó:

    -¡Puuutaaa!

    -¿Cómo se siente al ser violado por el culo?

    -Puta vengativa.

    Sor Marta, que era pelirroja, con los ojos claros y gordita se compadeció de él.

    -Déjelo, hermana. Dios le hará pagar por lo que nos ha hecho.

    Sor Dolores no estaba por la labor.

    -¡Y una mierda! Se las voy a hacer pagar yo. Conocí a muchos descapulla monos cómo él en el lugar de donde vengo, y esto cabrones solo entienden un lenguaje.

    -No hable así, hermana, no hable así.

    Romualdo estaba cabreado y volvió a meter la pata al decir:

    -Habla cómo lo que es, una puta, las dos sois unas putas.

    Sor Marta cogió una de sus sandalias y le dio sin fuerza.

    -No vuelva a llamarnos lo que no somos.

    -Putas, sois más putas que las gallinas, a saber la cantidad de veces que os metisteis en el coño el crucifijo que lleváis colgado.

    A sor Dolores no le sentaron bien las palabras de Romualdo.

    -¡Me cago en todo!

    Le cogió la sandalia de la mano a sor Marta y le dio en el culo, pero a romper:

    Romualdo había chillado cómo un cerdo mientras le daba, y sor Marta se excitó. Cogió otra sandalia y mordiendo la lengua le dio con ansia.

    Al acabar de darle, sofocada cómo si viniese de correr, dijo:

    -¡Un respeto, coñooo!

    Romualdo no callaba ni debajo del agua.

    -¡Hija de mala madre!

    Sor Marta ya estaba desatada.

    -¿Hija de mala madre yo?

    Metió un dedo dentro de la mantequilla, le clavó todo el dedo en el culo cómo le hiciera sor Dolores, y le dijo:

    -¡Sufre, pecador!

    Romualdo parecía que no sabía hablar sin insultar.

    -¿Sufrir yo? Lo que vas a hacer es que me corra, cabrona.

    Sor Dolores estaba esperando que se volviera a pasar, y se había pasado.

    -Tú vas a aprender a tratar a la gente, maricón.

    Le cayeron las del pulpo.

    -Me corro, putas, me corro.

    Sor Dolores le dio la vuelta, vio cómo de su polla salía leche en cantidad que bajaba por ella y le encharcaba los huevos. Al acabar de correrse Romualdo, caliente cómo una perra en celo, le dijo a sor Marta:

    -¿Le apetece mamarla?

    -Me apetece darle de hostias en la polla.

    -Ya habla cómo una puta, hermana Marta. Dele de hostias en la polla.

    Sor Marta cogió la polla con una mano y le largó con la palma de la otra.

    Romualdo no protestó. Sor Dolores le dijo a sor Marta:

    -Dele con más fuerza.

    Le dio.

    La polla se volvió a poner dura.

    -¿Le apetece ahora chuparla, hermana Marta?

    -Eso sería una guarrería.

    -¿No le pica el coño?

    Sor Marta no sabía mentir.

    -Mucho, debe ser porque lo tengo muy mojado.

    -A mí también me pica y no es por tenerlo mojado, eso es por lo que nos echó en el café este desgraciado. Chupe, hermana, chupe.

    -Si chupase sería una puta cómo dice…

    No la dejó acabar la frase.

    -Sea puta por un día, hermana, sea puta.

    Sor Marta no sabía chupar.

    -Chupe usted primero así sabré cómo se hace.

    Sor Dolores le lamió el glande y le mamó la polla al tiempo que se la meneaba. Al ratito le dijo sor Marta:

    -Déjeme a mí que creo que ya sé.

    Sor Marta se agachó y le lamió el glande. Sor Dolores le lamió a ella el coño y el culo, y le preguntó:

    -¿Le gusta, hermana?

    -Más que un buen plato de comida.

    Al darse la vuelta, la echó hacia abajo y le puso la boca en su coño, Sor Marta se lo lamió. Romualdo las miraba con cara de asombro, parecían dos putas. Cando sor Marta se puso en pie, le preguntó sor Dolores:

    -¿Lo follamos?

    -¿Y si nos deja embarazadas, hermana?

    Sor Dolores le dijo a Romualdo:

    -Si te corres dentro de alguna de nosotras te cortamos la polla. ¿Entendido?

    Romualdo asintió con la cabeza.

    Sor Marta con sus pantis negros le vendó los ojos a Romualdo. Romualdo sintió cómo subían las dos a la cama y cómo se echaban una a cada lado. Lo primero que sintió fue un pezón en sus labios, lo lamió y lo chupó, después la teta se apretó contra su boca y la mamó. A esa teta siguió otra que venía del otro lado. Volvió a lamer y chupar el pezón y a mamar la teta. Si pudiera ver, vería cómo las dos monjas se estaban masturbando metiendo sus dedos en el coño. Luego sintió un culo en su boca, olió, lamió y metió y sacó su lengua en el ojete… El culo dio paso a un coño encharcado. Al lamer sintió como su polla se iba enterando en un coño. Sor Marta era quien le daba el coño y sor Dolores quien lo follaba, él no lo supo hasta que sor Marta, dijo:

    -¡Me corro en tu boca, cabrón!

    Sor Marta se corrió en su boca. Sor Dolores no hizo falta que dijera nada, pues Romualdo sintió cómo su coño le bañaba la polla.

    Al acabar, sor Marta, mirando para la polla erecta y pringada de jugos, le dijo a sor Dolores:

    -Hay que hacer una obra de caridad, hermana.

    Se la mamaron a dúo y se tragaron la leche a medias.

    Poco más tarde se vestían, reclamaban los quinientos euros, se los daba y se iban, se iban, pero con idea de volver.

    Quique.