Autor: admin

  • Encuentros y desencuentros

    Encuentros y desencuentros

    Sus encuentros y desencuentros se fueron repitiendo semana tras semana. Sabían que no podían, que no debían, pero era coincidir de nuevo y aquella atracción los impulsaba a romper todas las promesas que ambos se habían hecho a sí mismos.

    Aquella mañana habían quedado en verse, una vez más, como siempre entre aquellas cuatro paredes que se habían convertido en su pequeño mundo.

    Querían más que esos encuentros a escondidas pero sabían que solo iban a tener siempre esos momentos y por eso decidieron que esta vez sería la última… un último encuentro

    Dejaron que pasar unos minutos entre frases y conversaciones contenidas. Él mirándola con aquella dulzura de quien sólo desea ser amado. Buscando sus manos frías el contacto y el calor de las de ella, de su cuerpo… y ya, con el primer contacto, una vez más, surgió el beso. Un abrazo, el roce de sus cuerpos, de aquellos cuerpos que al sentirse de nuevo, se reconocieron y recordaron. Dejando que el camino recorrido y el sentimiento vivido entre los dos, hiciera el resto. Él la desnudo deseoso de aquel placer que únicamente podía proporcionarle su cuerpo.

    Besándose, al contacto de piel con piel. Recorriendo su lengua los rincones más ocultos. Dejando que el deseo se reflejara en aquellos labios palpitantes que se abrían para recibir toda aquella dulzura. La suavidad del contacto de su piel que se erizaba cuando sus largos dedos la recorrían, dejando que sus cuerpos se fundieran, que sus ojos se encontraran, que sus labios se alimentaran uno con el otro. Dejando que el sabor a sal de sus cuerpos incrementara su sed y que todo aquel deseo de saborearse mutuamente, de lamerse, los llevara simplemente a emborracharse el uno del otro. Sintiendo en su interior un ardor incontrolable que quemaba. Que los impulsaba a moverse. Para Sentir su dulzura, su pasión. Saciando el deseo que momentos antes habían contenido.

    Moviéndose ella lentamente lo guio hacia la ducha, el agua caliente recorría sus cuerpos, el empezó a enjabonarla llenándola de espuma, poco a poco fue quitándola, mientras sus labios recorrían todo su cuerpo, aprovechando el recorrido del agua junto a sus caricias… ella fue bajando el ritmo poco a poco y él, dejándola hacer. Dejando que fuera ella quien, por unos minutos, marcara el tiempo y así, convertir aquel éxtasis que a ambos los embriagaba en el elixir de su pasión. Él recorrió dulcemente con sus dedos su espalda como si éstos fueran atraídos como imanes por su piel. Agarrándola de la cintura con sus fuertes manos y apretando su cuerpo contra el de ella con ímpetu, dejando que fueran aquellos embistes los que les permitieran entrar en lo más profundo. Aquella sensación que tan locos los volvía.

    Con su lengua recorría sus pezones, dando pequeños mordiscos mientras sus manos recorrían todo su cuerpo, llegando a su entrepierna, comienza a introducir sus dedos suavemente mientras esperaba ansiosa la llegada de su boca su lengua se sumerge en su clítoris provocando enormes placeres…

    La penetra con toda su fuerza. Todo empezaba a descontrolarse. Todos los músculos de su cuerpo se tensaban. Como el calor que nacía de su entrepierna empezaba a recorrerla como descargas eléctricas, en solo unos segundos, saber que él estaba sintiendo exactamente lo mismo la volvía loca. Las contracciones de sus cuerpos se iban repitiendo, dejando que el placer y el sabor dulce del orgasmo inundaran sus bocas. Y ya como un todo, dejarse ir ambos completamente. Él sobre ella. Cuerpo contra cuerpo. Beso tras beso.

    Y entonces la magia termina.

    Su mirada cambia. Su ternura se queda entre aquellas sábanas que minutos antes los habían envuelto.

    Vuelve a vestirse con su disfraz de hombre frío y distante, ella vuelve a vestirse con sus miedos e incertidumbres.

    Una vez más se despiden, quizás el destino y la pasión vuelvan a juntarlos.

    Una parte de ellos nunca dejará de ser con el otro. Quizás ella, un día en una cena con amigas, entre vino y carcajadas, se pierda en su propia mirada y sonreirá al recordar el tacto de las manos de él contra su piel. Y quizás él, sentado en su trabajo una mañana, con la mirada fija, recordará aquella mujer que tanto lo amó y esos ojos que le miraron con tanta dulzura y amor.

  • Mi novia Luci, de santa a puta (II)

    Mi novia Luci, de santa a puta (II)

    Nota: Les agradezco a todos los que se tomaron el tiempo de leer mi relato anterior. Aquí tienen la continuación. Sé que quedó un poco largo, pero cuando llega, la inspiración no debería ser limitada. Háganme saber si desean una tercera parte. Saludos cordiales.

    Pasé los siguientes días intentando hablar con Luciana para explicarle cómo habían sido las cosas, pero ella se negaba a recibirme. Mi desesperación se hizo tan grande que incluso comencé a asistir a su templo evangélico, lo cual solo sirvió para que sus primos más pequeños se burlaran de mí. Ella parecía disfrutarlo.

    Estaba prácticamente seguro de que había echado a perder mi relación. Me sentía como una basura, patético y miserable. En aquel mismo momento, Mar estaría planeando su boda junto a su prometido, sin siquiera acordarse de mí, pero yo, por su simple recuerdo, había perdido a la persona más importante de mi vida. Y lo que más me enojaba era que, a pesar de eso, no podía dejar de pensar en ella. Se había instalado en mi cerebro como un virus. No había noche en la que no revisara su Instagram para masturbarme con sus fotos en bikini. Para lucir espectacular en su boda, se había puesto pecho y nalgas con un cirujano plástico de Nueva York. Llegó el punto en el que yo reaccionaba tanto a sus publicaciones, que una noche recibí un mensaje de ella: «Ya deja de chaqueteártela con mis fotos, pinche pervertido, que soy una mujer comprometida jejeje». No le contesté. Era una desgraciada. A pesar del tiempo, a pesar de la distancia, sabía lo que provocaba en mí y se burlaba de ello.

    Una tarde en la que me encontraba en el patio de mi casa sentado bajo un tamarindo, mirando quién pasaba por la calle de al lado, apareció Luciana en la entrada. De inmediato, entusiasmado, la invité a pasar y le ofrecí un café frappé, pero ella, con indiferencia, fue directo al grano.

    —Vine porque Melisa me pidió que le consiguiese el número de tu amigo Leo.

    —Que chingue a su madre Melisa —le dije—. Tú y yo tenemos que hablar.

    —¿Hablar de que estás bien puto enfermo?

    —Me estaba masturbando antes de que llegaras, por eso me encontraste todo caliente. Te juro que no fue mi intención.

    —Ah, muy bien. ¿Debo entender entonces que no te gustó que te mamara la verga mientras pensabas en otra?

    —Solo fue por la calentura del momento.

    —¿Y por la calentura del momento llevas una semana poniéndole corazones en Instagram?

    Se me salieron las lágrimas. Me sentí completamente acabado. Intenté hablar, pero tenía un nudo en la garganta, de modo que las palabras no salieron.

    —La busqué en Instagram porque quería conocer a la mujer por la que se calienta mi novio —continuó ella—. Vaya sorpresa que me llevé. Ojos verdes, cabello rubio y cuerpo de muñequita. Entiendo que, a su lado, me veo como muy poca cosa…

    —No —la interrumpí con brusquedad—. Yo te amo. Para mí no eres muy poca cosa. Ella no siempre se ha visto así. Ahora está toda operada, pero en la universidad era una mujer normal. Esto no tiene nada que ver con cómo se vea. Tuvimos una historia.

    —¿Cuántas veces te la cogiste?

    —Solo una vez.

    —Como te atrevas a mentirme, me voy de inmediato.

    —¡Solo una vez! —reiteré yo—. Sin embargo, nos seguíamos viendo. Establecimos una especie de, cómo decirlo, rutina depravada que duró hasta el final de la universidad.

    —Te acepto ese café para que me platiques, pero quiero saberlo todo, con lujo de detalles. Apenas sienta que me estás ocultando algo, me levanto y me voy.

    Preparamos frappé y pasamos a la sala. Ella se sentó a mi lado. Le conté la verdad.

    —Después de aquella ocasión en la que me cogí a Mariana mientras hablaba por teléfono con su novio, ella ya no quiso volver a acostarse conmigo. Yo la buscaba todos los días para rogarle que volviéramos a hacerlo, pero ella se negaba. Desistí de mis intentos una tarde en la que ella, llorando y medio borracha, me reclamó que solo fingía ser su amigo para cogérmela. A partir de entonces, habiendo entendido ya que Mariana estaba confundida y atravesando una etapa difícil, no volví a tocar más el tema, e intenté ser un buen amigo para ella solo para demostrar que no todos somos iguales.

    Luciana escuchaba con atención.

    —Por el hecho de que yo ya no buscaba acostarme con ella, Mariana llegó a tenerme más confianza que a cualquiera de sus otros amigos, incluido Sagardi. Llegó el punto en el que solo conmigo ella podía, digamos, ir en paz al cine o por un helado, porque ya sabía que cuando los demás la invitaban a salir, era porque querían terminar cogiéndosela. Una noche, como a las dos de la mañana, cuando yo ya me había hecho a la idea de que entre ella y yo ya no iba a pasar nada, Mariana me despertó con una llamada. Estaba súper borracha. Se había metido al baño del antro para hablar conmigo. Solo balbuceaba que me quería mucho y que estaba muy contenta de tenerme como amigo. Yo le seguí el juego hasta que me ganó el sueño, luego le colgué para seguir durmiendo. Pero unas horas más tarde, me llegó un mensaje de ella en Whatsapp. Lo revisé pensando que tal vez estaba tan borracha, que quería que fuera por ella, pero no, ni siquiera era texto, sino unas fotos. Las primeras se las había tomado en el baño del antro. Se había planchado el cabello e iba vestida con un pantalón entalladito y un top bustier de encaje, que no tenía mangas ni tirantes. Se me quitó el sueño y, por alguna clase de instinto primitivo, me saqué la verga del pijama.

    Le di un trago a mi frappé para refrescarme la garganta.

    —Las siguientes fotos eran de ella y sus amigas de inglés, tomando y bailando. Estaban acompañadas por varios tipos y entre ellos, vi dos rostros conocidos. ¿Recuerdas que te platiqué que en la universidad éramos cinco los que nos llevábamos?

    —¿Cómo olvidarlo? —Dijo Luciana—. Lo tengo bien grabadito por las palabras de tu amigo Leo, el depravado. «Mariana era la única mujer entre cinco varones. Nuestro amigo Sagardi fue el que más anduvo con ella, hasta se enamoró el pobre, pero tarde o temprano, en algún punto de la carrera, Mariana pasó por todos nosotros».

    Me sorprendí de que Luci recordara eso con tanto detalle.

    —Éramos Leo, Sagardi y yo, pero además, otros dos weyes, que se llamaban Diego y Fernando. A ellos siempre los molestábamos con que eran novios, porque todo el tiempo estaban juntos. Incluso se fueron a vivir al mismo departamento. Una vez los encontramos en una situación comprometedora. Parecían la típica pareja gay, pero ellos decían que no, que les gustaban las viejas.

    —¿Eran ellos a los que reconociste en las fotos de Mariana?

    —Sí, eran ellos. Jamás supe si se habían encontrado allí, en el antro, o si habían llegado juntos, pero el punto es que estaban ahí, con Mariana y sus amigas. En algunas fotos, Diego y Fer salían bailando con las amigas de Mar, pero en la mayoría, salían con ella entre los dos, bailando en una especie de sándwich. Seguí pasando las fotos hasta que llegué a un video. Era Mar, borracha, hablándole a la cámara. «Te quiero un chingo, wey —me decía—. Oye, yo creo que Diego y Fer no son gay». Y en el siguiente video, oh sorpresa, estaba Mar desnuda, cabalgándole la verga a Diego, mientras Fernando acomodaba la cámara en una mesita. Estuvieron así por uno o dos minutos, hasta que Fernando apareció en escena con la verga al aire y se la metió a Mar por detrás. Y como imaginarás, ahí estaba yo, masturbándome como loco mientras veía a mis amigos haciendo tremendo trio. En el siguiente video aparecía Mar mamándole la verga a uno mientras masturbaba al otro. En el siguiente video, aparecía Mar en el baño, con la cara y pecho llenos de leche, mientras se despedía de mí y me prometía pasar a verme en la tarde. Con todo ese material, me masturbé hasta el amanecer.

    Advertí que Luciana tenía la cara roja y temblaba, pero no parecía molesta.

    —Ese mismo día, en la tarde, Mar fue a buscarme a mi departamento. Apenas le abrí la puerta, se me fue encima y me besó. Me llevó hasta la cama en silencio, me bajó los pantalones y comenzó a masturbarme mientras me susurraba al oído, contándome con lujo de detalle cómo se la habían cogido la noche anterior. Ni siquiera intenté cogérmela. Solo dejé que me usara como su juguete a placer. Asumí que ya no le bastaba con coger, sino que necesitaba a alguien con quien desahogarse. Al final, cuando descargué la leche sobre mi propio estómago, ambos recobramos la compostura, nos abrazamos y nos quedamos dormidos. Nunca hablamos al respecto, pero unas semanas después, me envió una foto a mi Whatsapp en la que le estaba mamando la verga al novio de una prima suya. Al día siguiente, apareció en mi departamento y se repitió el ritual. Ella me masturbó mientras me contaba cómo se la habían cogido. Entonces supe que no se detendría, pero no me importaba, solo quería escuchar sus historias y recibir mi correspondiente chaqueta. Ya no pensaba en cogérmela, solo en verla coger a ella.

    —Estás bien puto enfermo —dijo Luciana—. ¿Eso te calentaba mucho?

    —Sí, bastante.

    —¿Aun te calienta?

    —Sí, un poco.

    Luciana se me acercó y comenzó a besarme. No intenté averiguar qué pasaba por su mente retorcida, solo me dejé llevar. Me besó los labios y el cuello mientras me acariciaba la verga. Tomé sus pechos con una mano y la otra la introduje bajo su faldón evangélico; le metí los dedos hasta hacerla gemir. Luci me sacó la verga del pantalón y me comenzó a masturbar. Yo le abrí la blusa con tanta brusquedad que los botones salieron volando, luego le arranqué el brasier y comencé a lamerle los pezones rosaditos.

    Estábamos súper calientes: mientras yo le besaba los pechos y le metía los dedos, ella me masturbaba y gemía. De pronto, me hizo una petición que yo jamás conseguiría olvidar: «Dime putita, dime putita». Sin poder resistirme más, le alcé la falda, le bajé los calzones, la acosté en el sofá y la penetré con fuerza.

    —Eres una putita —le susurré mientras la penetraba—. ¿Te gusta que te meta la verga? ¿Te gusta que te coja?

    —Sí, yo soy tu putita. Me encanta que me metas la verga.

    Derramé mi corrida en el interior de Luci y al sentirla, ella me suplicó que se la echara en la boca, pero no tuve tiempo de hacerlo. Nos quedamos acurrucados en el sillón, en silencio, durante varios minutos, luego nos bañamos juntos.

    A partir de ese día, algo cambió dentro de Luciana. Cada tarde iba a visitarme y cada tarde, terminábamos viendo porno y cogiendo en cualquier rincón de la casa. En cierta ocasión, incluso, nos bañamos en el jacuzzi de mis padres y lo hicimos en su cama.

    —Oye, he estado pensando en algo —me dijo un día de la nada, mientras yacíamos desnudos en mi habitación—. Yo creo que si algo tenemos que aprender de esta pandemia, eso es la importancia de cuidar la salud. Quiero comenzar a hacer ejercicio contigo, pero no tengo ropa deportiva.

    Capté la indirecta de inmediato. Al día siguiente me la llevé a la ciudad para que renovara su guardarropa. Le compré varias prendas deportivas, sí, pero también ropa de uso diario, porque ya estaba harto de verla ataviada con los faldones y blusones que estilaban las mujeres de su iglesia. De pronto, pasó de vestirse con ropa holgada a vestirse con ropa entalladita que evidenciaba su figura y mostraba bastante piel. Incluso le compré un traje de baño de una pieza, que se estrenó la tarde en la que me la llevé al rio para enseñarle a nadar.

    Luciana comenzó a visitar con más frecuencia la casa de su amiga Melisa, quien una tarde, se la llevó al salón de belleza para que le cortaran, alaciaran y pintaran el pelo. Al ver a mi Luci con el cabello rubio, sentí que se me paraba el corazón.

    Adopté la costumbre de fotografiar a Luciana en todas partes. Hicimos sesiones en el rio, en la iglesia, en el parque e incluso en los cañaverales. Las mejores fotos ella las subía a su cuenta de Instagram, donde recibía cientos de corazones. También hicimos sesiones en la intimidad. No tardamos mucho en descubrir que nos excitaba fotografiarnos teniendo sexo.

    En casa de Luciana las cosas se comenzaron a poner difíciles. Su familia no estaba de acuerdo con su nueva manera de vestir, ni con que pasara tanto tiempo en mi casa, ni con que se tomara tantas fotos para subirlas a internet. Se había vuelto una cualquiera, una buscona y una culipronta, le decían. La situación se volvió insostenible una tarde en la que su abuelo, un pastor evangélico por demás hipócrita, la amenazó con correrla de la casa a menos que terminara su relación conmigo para casarse lo antes posible con un muchacho de su iglesia. Cuando Luci me lo contó, lo primero que se me ocurrió fue ir a buscar al viejo para bajarle los dientes, pero pronto pensé en algo mejor.

    Esperé afuera de la casa de Luci hasta las tres de la madrugada. Por un momento pensé que se había arrepentido, que quizá había reflexionado y que había llegado a la conclusión de que estaba siendo impulsiva, pero cuando la vi salir a hurtadillas por la parte de atrás, con un par de maletas a cuestas, se renovó mi confianza en ella. Pasamos lo que quedaba de la noche en mi habitación. Irónicamente, en esa ocasión ni cogimos, ni dormimos, solo nos acurrucamos en la cama, abrazados, preparándonos para la tormenta que venía. En la mañana, cuando mi madre fue a despertarme para desayunar y nos encontró encamados, me dio uno de los sermones más incómodos e intensos de mi vida. Esas no eran maneras, decía. ¿Qué iba a decir la gente del pueblo?, preguntaba. Luciana merecía salir de su casa casada, no huida, afirmaba. Por suerte, gracias a la intervención de mi padre, mi madre no tardó mucho en aceptar la situación.

    En el pueblo se hizo un escándalo porque la nieta del pastor se hubiese huido. Comenzaron a circular rumores sobre que Luci estaba embarazada. Una de las personas que más se impresionó fue Melisa, quien si bien ya había asimilado que Luci había cambiado mucho, hasta ese momento seguía considerándola una santurrona incapaz de escaparse con un hombre.

    Esa fue una temporada en la que si algo nos sobraba, era sexo. Mis padres trabajaban casi todo el día, de modo que la mayoría del tiempo teníamos la casa para nosotros solos. Era realmente mágico, ya que estábamos juntos todo el tiempo. Yo cobraba mi beca de la maestría aun tomando las clases en línea, por lo tanto no dependíamos económicamente de mis papás y podíamos darnos ciertos lujos. Parecíamos un par de adolescentes viendo películas, jugando nintendo y andando en moto.

    Un mes después de que me llevé a Luci a mi casa, le pedí que se casara conmigo para acallar las habladurías y para que ella no se quedase con la ilusión de tener su boda de ensueño. Solo para insultar al abuelo de Luci, decidimos consagrar nuestro matrimonio en una ceremonia oficiada por un sacerdote católico. Le pedí a mis amigos de la universidad que fuesen mis padrinos, pero solo Leonardo aceptó. Sagardi se excusó diciendo que tenía mucho trabajo y Diego y Fernando jamás me contestaron. Mariana me mandó un mensaje diciéndome que estaba muy triste de que no la hubiese invitado, con lo que caí en cuenta de que ya llevaba varias semanas sin pensar en ella. No le respondí.

    Tras volver de nuestra luna de miel en Mazatlán, nos fuimos a vivir a una casa que mi madre había heredado de su padre: un lugar espacioso y recóndito en el que tendríamos la comodidad y la privacidad que toda pareja recién casada necesita.

    Al ayuntamiento de mi pueblo le valió un rábano todo eso de la sana distancia: decidieron celebrar las fiestas patronales de cualquier forma. Mi esposa estaba muy emocionada, ya que sería el primer año en el que se haría participe de tal evento. Para el día de la cabalgata, le compré unas botas vaqueras, una pantalón de mezclilla bien entallado y una blusa a cuadros que dejaba descubierto su vientre plano. Esa tarde, Luci se robó todas las miradas, en particular la de un tipo llamado Ernesto, que llevaba su propio caballo, parecía conocer a Melisa y se quedó tomando cerveza con nosotros. Me les despegué un par de minutos para comprar cigarros y cuando regresé, Luciana y Melisa conversaban alegres con Ernesto y un amigo suyo. Preferí no interrumpirlos para no verme como el típico esposo celoso y posesivo. Unos minutos más tarde, Luci se me acercó con una sonrisa en los labios.

    —Amor, los amigos de Melisa nos invitaron a dar una vuelta en sus caballos. Dicen que no vamos a tardar. ¿Me dejas ir?

    —No, ya estás muy tomada.

    —¿Acaso no confías en mí?

    —Me refiero a que te puedes caer del caballo.

    —Te prometo que seré muy cuidadosa. Anda, no seas así. Nunca lo he hecho.

    Luciana estaba tan emocionada como una niña pequeña, de modo que no me pude negar, pero la hice prometer que no tardaría mucho tiempo. Ella se subió en el caballo de Ernesto y Melisa en el del otro sujeto, cuyo nombre era Esteban. El mentado Ernesto tenía toda la pinta de caballerango: era alto, fornido y barbado, e iba ataviado con botas, sombrero, camisa vaquera y pantalón de mezclilla. Pronto se mezclaron entre los otros jinetes y los perdí de vista. Me quedé tomando y fumando con unos amigos. La plática era tan amena que perdí la noción del tiempo.

    Cuando comenzó a anochecer, caí en cuenta de que Luci ya llevaba dos horas cabalgando con Melisa y sus amigos, de modo que le mandé un mensaje de Whatsapp para preguntarle dónde estaba, pero ella no respondió, a pesar de que aparecieron las dos palomitas azules. A continuación le marqué, pero me mandó a buzón, lo que era una clara señal de que su teléfono se acababa de apagar, pero ¿por qué? ¿Acaso se le había acabado la batería, o ella lo había apagado deliberadamente? Tal vez por el alcohol, tal vez por el miedo de que hubiese pasado algo malo, mil ideas pararon por mi cabeza.

    Con el pretexto de que iba a orinar, me separé de mis amigos y me mezclé entre el gentío, buscando a Luci con la mirada. Seguí la misma ruta por la que los había visto marcharse, pero no los encontré en ningún lado. De pronto, por alguna razón, recordé cuán puta era Melisa y se me hizo un nudo en la garganta. Ella no dudaría en perderse en algún matorral con el tal Esteban, pero ¿qué harían Luciana y Ernesto mientras tanto?

    El miedo y los celos se apoderaban de mí. Hubo un momento en el que incluso me sentí como en una pesadilla, porque mientras yo avanzaba buscando a Luciana, algunos conocidos se me acercaban para saludarme o invitarme a tomar, lo que me impedía seguir adelante. Dicha situación me provocó un poco de ansiedad.

    Para peor, cuando por fin encontré a Melisa y Esteban, tomando con un grupo de amigos, Luciana y Ernesto no estaban allí. Pensé en acercarme y preguntar, pero no quería que Melisa se burlase de mí por inseguro, así que me alejé antes de que me viera.

    Me senté en una banqueta a fumar y pensar. Luci me amaba, se había escapado conmigo y no se atrevería a traicionarme, ¿verdad? Tenía que haber una buena explicación para todo. Seguramente yo, por el alcohol, estaba malinterpretando las cosas.

    Unas personas pasaron corriendo, desesperadas. Una mujer incluso lloraba. Algo había pasado. Me levanté y las seguí. Las escuché comentar que un caballo había tirado al jinete, que estaba muy mal herido. Pensé en Luci y sentí que el corazón se me salía del pecho. En el lugar del accidente había una turba. El jinete, un señor al que yo no había visto jamás en mi vida, yacía tirado en la calle con una pierna rota, retorciéndose de dolor: el caballo le había caído encima. Alcé la mirada y, para mi gran alivió, vi entre el grupo de chismosos a Luciana y Ernesto, consternados.

    Antes de que me vieran, regresé con mi grupo de amigos. Ellos aparecieron pocos minutos después y nos hablaron del accidente. Intenté aparentar que estaba tranquilo, pero Luciana me conocía demasiado bien y sabía que me pasaba algo. Con el pretexto de comprar churros, me apartó de nuestros amigos para hablar a solas.

    —Perdóname por la tardanza —me dijo—. Perdí la noción del tiempo.

    —Me dejaste en visto y apagaste el teléfono.

    —Lo siento, ya estoy un poco tomada —Luciana sacó su teléfono y me lo mostró. La pantalla estaba toda cuarteada—. Me lo saqué de la bolsa cuando me llegó tu mensaje, pero cuando te estaba escribiendo, se me resbaló de las manos. La pantalla se rompió y la batería salió volando. Quién sabe si aún sirva.

    Abracé a Luciana y le di un beso en la frente. De pronto me sentí como un estúpido. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué clase de mierda había pasado por mi cabeza? Obviamente, no todas las mujeres, mucho menos Luci, eran como Melisa o Mariana.

    Cuando nos despedimos de nuestros amigos, Ernesto nos preguntó si asistiríamos al baile de esa noche, a lo que Luciana se apresuró a responder que tal vez.

    —Si nos encontramos, a ver si tu marido te deja bailar una canción conmigo. —dijo el muy desgraciado. Luciana negó con la cabeza mientras reía. Yo no dije nada.

    En nuestra casa, lo primero que hicimos fue revisar el celular de Luciana. Una vez que le hubimos puesto la batería, pudimos encender el teléfono, pero cuatro quintas partes de la pantalla se quedaron en negro, y la parte que sí encendió, estaba toda fragmentada. No había nada que hacer. Tendría que comprarle uno nuevo.

    Después de cenar, Luci tocó el tema que yo, por cansancio, había estado evitando.

    —¿Amor, entonces sí vamos a ir al baile? La pobre Melisa no quiere andar sola entre puro hombre. Ya sabes cómo se ponen luego.

    —La verdad no tengo muchas ganas. Estoy bastante cansado. Caminé mucho.

    —Ándale, aunque sea solo un ratito, para ver cómo se pone. Aunque solo sea para acompañar a Melisa y ya cuando esté peda, nos pelamos tú y yo. Yo igual estoy cansada y no tengo muchas ganas de tomar.

    —No lo sé. Nuestro pueblito está de fiesta, pero en el resto del mundo la vida sigue igual. Mañana tengo que conectarme a mis clases en línea, y tengo que terminar un trabajo para pasado mañana.

    —Está bien —dijo Luci, un poco decepcionada—. Si es así, ni modo, lo primero es lo primero. No te vayan a quitar tu bequita, que tanto nos ha dado.

    No sé si fue por ver cuán ilusionada estaba Luci por su primer baile, o porque me sentía culpable por haber dudado de ella en la tarde, pero en ese momento solo quería quedar bien, verla feliz, de manera que hablé sin pensar.

    —¿Y por qué no vas con Melisa y los otros? Por mí no hay ningún problema. Si quieres te voy a dejar a su casa para que se vayan juntas, te quedas con ella y te recojo mañana temprano.

    —No mames, cómo crees. Estás loco.

    —Es enserio —le insistí—. Ve aunque sea para acompañar a Melisa, como dijiste. Yo siento que ese baile va a estar aburrido y que te vas a decepcionar, porque ya todos andan pedos, pero si quieres ve, para que no te quedes con las ganas.

    —¿Lo dices enserio, Ismael? ¿No te vas a enojar? ¿No te vas a poner celoso? Nada más de acodarme cómo se pone el marido de Melisa cuándo ella sale sola, hasta miedo me da que tú te vayas a poner igual.

    —Yo no soy como el pendejo ese. Yo soy cero celoso.

    —Eso es vedad —dijo ella con una sonrisa coqueta—. Entonces lo voy a pensar.

    —Pero no te tardes mucho, porque la oferta expirará pronto y si me pongo a trabajar, me dará pereza llevarte a la casa de Melisa.

    —Está bien. Entonces, por favor préstame tu teléfono para escribirle a Melisa, a ver si me convence la zorra esa.

    Le di me teléfono a Luciana, que pasó algunos minutos escribiéndose con Melisa, mientras yo descargaba unos libros en mi computadora, intentando no darle demasiada importancia al asunto. Éramos esposos, pero eso no significaba que fuésemos a ir juntos a todas partes. Además, era justo que, al menos por una vez, Luci saliera a solas con alguna amiga, aunque fuese la zorra de Melisa. Habría muchachos que caerían sobre ellas como buitres sobre carroña, pero Luciana ni siquiera sabía bailar y además, tampoco era de tomar en exceso. Me tranquilizó imaginármela sentada en un rincón chismeando con Melisa, cuidando que no tomara de más y riéndose de los borrachos que hicieran el ridículo. Y, sin saber por qué, de pronto pensé en Ernesto y se me hizo un nudo en la garganta. El muy maldito se había interesado en si iríamos al baile esa noche; o, mejor dicho, en si iría Luciana. ¿Y si, aprovechándose de que yo no iba a estar, Melisa quedaba de acuerdo con sus amigos para ir juntos los cuatro?

    —Amor, te voy a tomar la palabra —me dijo Luci de repente—. Ya me apalabré con Melisa. Nos vamos a ir juntas desde su casa, con su cuñada y el esposo de ella.

    Eso me tranquilizó. Melisa no podía ponerse de zorra si iba a andar con la hermana de su marido, ¿verdad? Tal vez ya ni se acordara del mentado Esteban, con quien se había ido a cabalgar. O, tal vez, ya hasta se lo había comido y por eso ya no traía ganas.

    El plan de Luci era irse cuanto antes a la casa de Melisa para arreglarse juntas, de modo que se apresuró a empacar sus maquillajes, sus artículos de higiene personal y la indumentaria que usaría esa noche: unas botas negras, un pantalón de cuero del mismo color y una blusa escotada que dejaba descubierta la espalda, también negra.

    — ¿Amor, me prestas tu teléfono para tomar fotos? Te prometo que lo voy a cuidar muy bien, no como el mío. Te lo regreso mañana.

    Yo no necesitaba el teléfono para nada, tenía mi computadora para trabajar, así que decidí acceder a la petición de Luci.

    Llevé a Luciana en mi moto, la dejé frente a la casa de Melisa, la despedí con un beso tierno y regresé a trabajar. Pasé un largo rato leyendo un libro y resolviendo problemas hasta que, de pronto, me llegó un mensaje de Luciana por Facebook. Seguramente había cerrado mi cesión y se había conectado con su cuenta.

    Luciana: Hola amor, ¿tú crees que apenas terminamos de arreglarnos? Ya nos vamos al baile. Mira cómo quedé.

    A continuación, me llegaron varias fotografías de Luci posando frente al espejo del cuarto de Melisa. Mi esposa se había planchado el caballo y se había maquillado como ramera. Las botas hacían que sus nalgas se mirasen más levantadas y el pantalón, entalladito, las hacía resaltar aún más. La blusa negra, cuyos tirantes eran un par de hilillos delgados, cubría su vientre por completo, pero dejaba a la vista los brazos, la espalda y buena parte de los pechos. Con tan solo verla, se me paró la verga. Hasta pensé en arreglarme y alcanzarla en el baile, pero descarté la idea al recordar la cantidad de trabajo que tenía por delante. En cambio, le respondí su mensaje.

    Ismael: Te ves bien rica, amor. Todos van a voltear a verte. Metete al baño y mándame una foto encuerada antes de que salgas de casa de Melisa.

    Luciana: Amor, respétame. ¿Cómo me voy a encuerar aquí, si ya casi nos vamos al baile? Mejor, mañana que nos veamos, tú me quitas la ropa.

    Ismael: Ándale, no seas mala. Mándame algo para no estar triste y no sentirme solo porque me abandonaste.

    Luciana no me contestó en el instante, pero unos diez minutos después, me llegó una foto de ella en el baño de Melisa. Estaba frente al espejo y se había alzado la blusa y bajado el pantalón. Llevaba un brasier sin tirantes, una tanga diminuta, unas medias negras y unos ligueros. Con tan solo verla, casi se me para el corazón. Una mujer no usa esa clase de lencería a menos que vaya a dejársela ver, pensé. Aunque, tal vez, yo no sabía tanto de la mente femenina como pensaba.

    Ismael: Te ves bien puta, Luciana. La neta cómo me gustaría estar ahí para meterte la verga. No vayas a andar mucho de coqueta, eh.

    Luciana: No amor, no mucho jejeje. A mí también me gustaría que estuvieras aquí para hacer el amor. Al rato te escribo, ya nos vamos, bye.

    Intenté seguir con mis deberes, pero la última foto de Luciana, en conjunto con esa línea en la que me había puesto “No amor, no mucho jejeje”, me hicieron sacarme la verga y comenzar a masturbarme. Tardé más de una hora en venirme, ya que me puse a ver fotos y videos en los que salíamos Luci y yo cogiendo.

    Con el orgasmo, llegó la claridad a mi mente, de modo que me puse a trabajar e intenté dejar de pensar en Luci. En cierto punto de la noche, como a las dos de la madrugada, me quedé dormido y soñé que me estaba cogiendo a Luci, cuya cara de pronto se transformó en la de Mariana. Desperté dos horas después y advertí que mi esposa me había estado mandando mensajes durante buena parte de la noche.

    Luciana: Amor, está muy bueno el baile. Vamos a tomar con unos amigos de la cuñada de Melisa. Apenas vamos a cooperar.

    Luciana: Amor, hubieras venido, está bueno el chisme jejeje. La cuñada de Melisa le hizo un escándalo a su marido porque lo vio bailando con otra vieja. Ahora andan desaparecidos jejeje.

    Luciana: Amor, ya nos vamos a la casa de Melisa, porque su cuñada nos dejó solas y sus amigos ya están todos mala copas.

    Luciana: Amor, todavía no nos vamos. Nos encontramos con Ernesto y Esteban, los muchachos de hace rato, que nos llevaron a dar una vuelta en caballo, ¿tú crees? Melisa quiso quedarse un rato con ellos.

    Ese era el último mensaje que me había llegado de Luci, hacía casi dos horas. De inmediato le escribí para preguntarle dónde estaba, pero no respondió, a pesar de que me apareció la notificación de que el mensaje había sido entregado. Intenté volver a dormirme, pero los nervios y los celos no me permitieron conciliar el sueño. Había sido un error dejar que Luciana saliera sola. ¿Cómo no vi venir que Melisa iba a querer meterla a sus puterias? ¿O, tal vez, muy en el fondo, si lo sabía?

    De pronto comprendí que mi ansiedad no era porque temiera por la seguridad de Luciana, ella sabía cuidarse muy bien, sino porque quería saber qué más había pasado.

    Salí al patio de la casa a fumar, pensar y caminar en círculos. Agucé el oído, pero no escuché ninguna música, ni vi en el cielo las luces de los reflectores, de manera que concluí que el baile ya había terminado; por lo tanto, no tenía sentido tomar mi moto e ir a buscar a Luciana, que a esas alturas, seguramente ya estaba en casa de Melisa.

    —Por supuesto —me dije a mí mismo—. Ya está dormida y por eso no contesta.

    Ese pensamiento me tranquilizó lo suficiente como para entrar a la casa e intentar dormirme de nuevo. Estaba a punto de conciliar el sueño cuando una idea, concisa y repentina como una flecha, atravesó mi mente. Me levanté de golpe y corrí hacia la computadora. Primero revisé Facebook, pero seguía sin tener ningún mensaje de ella. A continuación, entré a Whatsapp Web, cuya sesión siempre mantenía abierta en mi computadora. Aparecieron en mi pantalla todos los mensajes que Luciana había enviado esa noche desde de mi celular. El último mensaje se lo había enviado Melisa y no estaba abierto, pero se leía muy bien lo que decía.

    Melisa: No mames Luci, saliste bien pinche puta jejeje.

    El corazón se me aceleró, de modo que abrí el chat y rápidamente, sin prestar atención a las varias fotos que hacían por cargar, me fui hasta el inicio de la conversación.

    Luciana: Meli, soy Luciana, te escribo del teléfono de mi marido porque el mío se me rompió, ¿tú crees? ¿Siempre sí vas a ir al baile? Ismael no quiere ir, dice que está cansado, pero me dio chance de irme contigo. Contesta, por favor.

    Melisa: Pinche Luci, ya andabas tan peda que desmadraste tu celular jejeje, pero qué mala onda, estaba bien bonito. Y sí, sí voy a ir al baile. ¿Es enserio que tu marido te dejó ir sola, o me estás vacilando?

    Luciana: No, no es broma. Es serio que sí me dejó.

    Melisa: Pues qué puta envidia, no mames, ya quisiera yo que mi marido fuera así. Afortunadamente ahorita anda trabajando, pero cuando baja de plataformas, nada más está de mamón. Ni siquiera me deja tomar aquí, en la casa. ¿Oye, y entonces cómo le haríamos? ¿Nos vemos allá, o qué onda?

    Luciana: Ismael me dijo que me podía quedar en tu casa, claro, si no tienes problemas. Entonces me podría ir para allá de una vez, para irnos juntas.

    Melisa: Claro que no hay ningún problema. Lánzate de una vez para arreglarnos juntas. No mames, neta qué puta envidia por tu marido, te dejará andar solterita jejeje. Les voy a hablar a Ernesto y Esteban para que anden con nosotras.

    Luciana: No mames, nada que ver con ese wey.

    Melisa: No mames pinche Luci, si ya cabalgaste en su caballo, pues ya cabálgalo también a él jejeje, bien que quieres, no te hagas pendeja.

    Luciana: Está guapo el wey, pero equis.

    Melisa: Pues yo lo voy a invitar, a lo mejor ya cuando estés peda, se deja venir tu puta interior jejeje.

    Luciana: La verdad no creo, jejeje, pero quién sabe, la brama es la brama. Oye, entonces te caigo en un rato, voy a buscar mis cosas, bye.

    Esos eran los mensajes que Luciana se había enviado con Melisa antes de que la llevara a su casa. Al leer “la brama es la brama”, me comencé a acariciar la verga sobre el pantalón. La siguiente tanda de mensajes había tenido lugar varias horas después.

    Luciana: No mames Melisa, ¿dónde madres te metiste? Ya están recogiendo todas las cosas del baile, ya se acabó esta madre. Dice Ernesto que si el Esteban anda contigo, que ya se vengan.

    Luciana: Pinche Melisa, dime dónde madre estás. ¿Ya te fuiste? ¿Si voy a poder quedarme en tu casa? Responde rápido, no seas mamona, que el pinche Ernesto ya se está poniendo cariñoso.

    Luciana: Vete a la verga wey, ya me voy a mi casa, me va a llevar el Ernesto, espero que estés bien, bye. Si me pasa algo, va a ser tu culpa, pinche culera.

    Melisa tardó más de una hora en responder, pero terminó dando señales de vida.

    Melisa: Aguanta Luci, andaba dándome cariño con el Esteban jejeje, andábamos en un hotel… bueno, en las sombras de un platanar jejeje, pero así suena más feo. ¿Dónde madre estás? ¿Ya estás en tu casa? Responde, por fa.

    Luciana: No mames Melisa, te pasaste de pendeja. El pinche Ernesto según me iba a llevar a mi casa en su coche, pero el culero nada más venía agarrándome las piernas. Se metió en un pinche camino que nos llevó bien lejos del pueblo, me dijo que no iba a desperdiciar su oportunidad de estar conmigo y me besó a la fuerza, por tu culpa. Le dije que se fuera a la verga y él me respondió que entonces me bajara de su carro y me regresara caminando. Neta, vete mucho a la verga.

    Melisa: No mames Luci, ¿es neta? Se pasó de pendejo el wey. Voy a hacer que le partan su puta madre, ya verás. En serio, discúlpame. Dime dónde te dejó ese wey, para mandar a alguien a que pasé por ti.

    Luciana: No mames Melisa, jejeje, cómo crees que iba a irme caminando…

    El siguiente mensaje de Luciana para Melisa era una foto de ella, frente al espejo de un cuarto de hotel. Luciana estaba en tanga y ligeros, pero sin brasier, con Ernesto detrás de ella, sin camisa, abrazándola y besándole el cuello. Al ver semejante escena, me llené de rabia, tristeza e imponencia, pero también me saqué la verga del pantalón y, con los ojos llenos de lágrimas, me comencé a masturbar.

    En la siguiente foto, aparecía Ernesto frente al espejo, con Luciana arrodillada frente a él, mamándole la verga. En la siguiente, Ernesto estaba tendido en la cama, mientras Luciana, ya completamente desnuda, se la seguía mamando. En esa foto se apreciaban bien las dimensiones del pito de Ernesto, que era más grande y grueso que el mío. En la siguiente foto, Luciana estaba en cuatro, mientras Ernesto la penetraba como a una perra. La cara de mi esposa era de satisfacción total. Yo me masturbaba como un demente, sintiendo que el corazón se me saldría del pecho, pero también que me explotaría la verga. En la siguiente foto, aparecía Ernesto tendido sobre la cama, mientras Luciana lo cabalgaba tal como horas antes había sugerido Melisa. En la última foto, aparecía mi esposa con la cara llena de leche y la verga de Ernesto frente a su boca.

    Melisa: No mames Luci, saliste bien pinche puta jejeje.

    Luciana: Me voy a quedar con él jejeje, dice que me va a coger hasta el amanecer y luego me lleva a tu casa.

    Melisa: Pinche Luci zorra jejeje, a la primera oportunidad, le diste las nalgas a otro wey jejeje, no mames, pobre de tu marido, que te dio la confianza, pero está bien, disfruta esa vergota, que bien que te la mereces…

    Luciana: Te dejo, voy a seguir cabalgando jejeje, bye.

    Me masturbé como no lo había hecho en mucho tiempo, desde la universidad, cuando Mariana me sorprendía de repente con algún mensaje para contarme sus puterias. Sentía que la verga me iba explotar. Quería acabar lo antes posible y al mismo tiempo, quería que durase para siempre.

    Pensé que estaba en la cúspide de mi calentura, pero de pronto, me llegó un mensaje de Luciana por Facebook.

    Luciana: Amor, perdón por no contestar, se me fue el tiempo. Ya estoy en casa de Melisa y ya me voy a dormir. Te amo, te veo mañana. Bye.

    La mentira y el descaro de Luciana me rompieron el corazón. Sentí como si un puñal se me clavara en el pecho. Estaba a punto de dejar de masturbarme, indignado, cuando me llegó un segundo mensaje, apenas un minuto después que el anterior.

    Luciana: Ismael, ojala puedas perdonarme, pero la neta te estoy poniendo los cuernos, porque soy una puta. Estoy en un hotel con el Ernesto. ¿Quieres ver cómo me coge, como hacías con Mariana? ¿Quieres ver?

    Nervioso, indignado y enojado, pero sobretodo excitado, sintiendo que mi verga, que estaba dura como una piedra, me iba a reventar en cualquier momento, me apresuré a responder. Me temblaban los dedos para escribir.

    Ismael: No mames, Luciana. ¿Cómo me sales con esas mamadas? Déjate de pendejadas y vente para la casa, por favor. No me hagas ir a buscarte porque te voy a hacer un desmadre. Sobre advertencia no hay engaño. Primer aviso.

    Luciana: No, ni madres. Voy a seguir cogiendo con el Ernesto. Ya lo hicimos una vez y me los echó en la cara. Dime si quieres ver o no.

    Ismael: ¿Por qué me haces esto, amor?

    Luciana: Es lo que te gusta, no te hagas pendejo. Cuando te lo hacía tu amiga Mariana, no decías nada, así que no me andes con mamadas. ¿Quieres ver o no?

    De pronto caí en cuenta de que yo mismo había creado a ese monstruo. Había pervertido a Luci a tal punto, que la había convertido en una segunda Mariana. Era aún más depravado, porque Mariana, al menos, no era mi pareja. Y lo peor es que tenía razón. La situación me excitaba sobremanera. Tal vez era mi destino ser cornudo. No, ni madres, esa es una humillación que no estaba dispuesto a tolerar. Y, sin embargo, aunque me negaba a aceptar mi realidad, mis dedos nerviosos escribían sobre el teclado.

    Ismael: Sí, amor, quiero verte. Enséñame, por favor.

    Me entró una videollamada de Luci y la acepté de inmediato. Ella estaba tendida sobre la cama, boca abajo, sosteniendo el celular frente a su cara, mientras Ernesto, sobre ella, la penetraba con fuerza. Mi esposa tenía la cara roja como tomate y se le notaba la satisfacción en el rostro. Gemía como una puta mientras Ernesto la embestía.

    —Esto es lo que querías, ¿verdad? —Me dijo Luciana—. Por eso me dejaste venir sola. Querías que esto pasara y querías ver. Estás bien puto enfermo.

    —Te pasas de pinche puta, mi amor.

    —La neta sí. Ya me hacía falta probar otra verga. No sabía cómo ibas a reaccionar, pero me animé a escribirte porque estoy demasiado peda y demasiado caliente. Este wey me está partiendo en dos. Quiere que le dé el culo, pero ni madres, ese es para ti.

    —Te voy a castigar por puta en cuanto te vea.

    —No te hablé solo para que miraras. Te estoy mandando la ubicación del hotel, por si te quieres unir a la fiesta. Si agarras la moto puedes llegar en media hora y ver en vivo cómo me cogen. Pero no corras, que no quiero que la noche termine en tragedia.

    Me vestí lo más rápido que pude, tomé las llaves de mi moto y conduje como poseído a la ubicación que Luciana me había enviado.

  • El regalo: Un antes y un después (Vigésima cuarta parte)

    El regalo: Un antes y un después (Vigésima cuarta parte)

    El viaje de regreso tuvo un retraso de media hora por la fuerte lluvia sobre la ciudad de Turín, pero la verdad ni me importaba y por el contrario sí qué lo agradecí, pues agobiada por no poder comunicarme con mi esposo, –tras aquella videollamada al alba– aproveché para sumergirme en mis pensamientos sopesando mi futuro, sin saber si a mi llegada, Rodrigo me daría la oportunidad de hablar o si por el contrario, en su conciencia tendría ya tomada la decisión.

    En la sala de embarque, una silla de oscuro tapizado y cromado armazón, me separaba del causante de mi debacle. No habíamos cruzado palabra, más que el apenado y educado saludo de buenos días al desayuno, cuando Antonella y Francesco habían pasado al mediodía para trasladarnos del hotel al aeropuerto.

    No habíamos hecho nada y sin embargo su presencia en mi habitación esa madrugada, implosionó la tambaleante torre de mi relación matrimonial. Me dolía fuertemente la cabeza, y los brillos repentinos de cualquier fuente de luz, aumentaban la migraña. Mi jefe me miraba de reojo pero no decía nada, tan solo giraba el móvil entre sus manos y de vez en cuando revisaba su reloj como si él, afanado por llegar a Madrid, quisiera desde su elegante palco, observar mi enfangado matrimonio y beneficiarse del desastre que causó sin obtenerme. ¡Lo odié!

    ¡Sí! Muy a pesar de que fuera inocente, –a medias– pero por su imprudente presencia en la habitación a esas tempranas horas, mi esposo intuyó que estaba él conmigo y yo se lo ocultaba; no respondió las llamadas, ni a la multitud de mensajes que le escribí, hasta que cansada de llorar, el abrazo consolador de mi asistente y la ternura de sus labios, absorbiendo aquella salina humedad de las lágrimas que rodaban sin pausa sobre mis mejillas, me hicieron odiarlo también a él, al hombre que yo amaba tanto. Me juzgó y me sentenció siendo yo una mujer… ¡Parcialmente exenta de pecado!

    Tan inmersa me hallaba en acomodar palabras en mi mente, como si se tratase de ganar una partida de Scrabble, que no me fijé en el caos que causaba generalmente en mí el despegue. Armaba algunas frases de ruego, un locuaz discurso sin las consabidas… ¡Lo juro… no supe que paso! O… ¡Fue sin intención! Me urgía enlazar palabras, con las cuales yo lograra remediar lo que se rompió en el corazón de Rodrigo, pero que no se dio en realidad, tan solo en su quimera y con el hombre que mi esposo me imaginó ya entregada; no me percaté del movimiento del avión, sometido a vientos fuertes, turbulencias que en mi estado natural, me hubieran fácilmente llevado a gritar por el espanto, tal cual lo hicieron en la cabina muchas personas a mi alrededor. Nunca intenté extender mi brazo con mi mano buscando el ya conocido refugio en las de mi jefe. Iba allí sentada, afirmada contra el espaldar del cómodo sillón, pero era como si solamente viajara el cuerpo, –la materia presente– pues la mente… Esa estaba kilómetros más allá.

    Ya pasada la turbulencia, el avión desplazándose por encima de las ensombrecidas nubes, en suave calma me envolví en mis pensamientos, recordando los últimos acontecimientos de mi estadía en Turín…

    … Al ingresar al hotel aquella tarde después de despedirme de Antonella, lo encontré sentado en un mullido sillón del encantador lobby, ojeando un periódico. Tan pronto me divisó, lo dejó perfectamente doblado sobre una mesita central y se puso en pie, sonriéndome.

    —¡Hasta que por fin! Pensé que te habías perdido en alguna de estas empedradas calles. —Me dijo mi jefe, claramente burlándose de mi pésimo sentido de orientación.

    —Hummm, no lo creo Hugo. Es verdad que frecuentemente no me ubicó bien, pero para su desgracia y fortuna mía, en mi paseo iba muy bien acompañada por una inteligente guía turística que conseguí. ¡Jajaja! —Le respondí también en tono jocoso.

    —Antonella y yo colocamos sus pertenencias en la habitación. ¿Aún no ha reclamado su tarjeta de acceso? La mía tiene una encantadora vista desde donde puedo ver la torre de oficinas. Está ubicada frente a la suya. —Y mi jefe me miraba, un tanto diferente. ¡Quizás evocando aquella tarde en el hotel de Madrid!

    —Por qué supongo, –le insté– que tendrá deseos de darse una ducha y ponerse usted, algo más informal para salir conmigo a cenar. Además Hugo… ¡Creo que me debe una explicación! —Le hablé, advirtiéndole de mi molestia por la encerrona que me había hecho en la sala de juntas, mientras nos dirigíamos hasta la recepción.

    —Es verdad, tienes la razón como siempre. ¿Vamos a la habitación y me esperas un momento? —Me dijo muy sonriente, como fiera agazapada esperando la oportunidad para saltar encima de su presa.

    —Hummm… Hugo, prefiero esperarle en la cafetería, no vaya a ser que le dé a usted por querer que le refriegue la espalda. ¡Otra vez! —Y me reí.

    —Vaya no está nada mal esa idea mi ángel. —Me respondió y en su rostro se proyectó aquella expresión de intenciones encubiertas, obviamente acompañadas por su sonrisa de malicia.

    —¡Jajaja! Claro que ya quisiera, pero no Hugo, me apetece mejor un café y de paso realizo una llamada importante.

    —¿A tu esposo? —Curioso me preguntó.

    —Sí, y saludo a mis hijos. Me hacen mucha falta. ¿Usted ya hablo con su mujer? —E inmediatamente cambio su semblante, de feliz conquistador ha vencido seductor.

    —Esta tarde lo hice, cuando estaba reunido con mi amigo Peter recordando viejos tiempos y además para avisarle que David, otro amigo con el que coincidimos en Boston, va a pasar unos días en Madrid y desea verla nuevamente.

    —¡Hummm vaya! Sí que es pequeño este mundo. ¿No le parece? Y quién es ese amigo suyo… ¿Peter? ¿Lo pronuncié bien? ¿Trabaja en las oficinas principales en Nueva York? —Le pregunté interesada.

    —En realidad Silvia, Peter hizo el MBA con David y yo en Harvard. Pero David se hizo muy amigo de mi esposa Martha, quien por esa época había decidido viajar para estar conmigo y de paso, preparar mejor su inglés, seis meses antes de culminar mi estadía en Norteamérica. Y Peter, pues ahora trabaja para él. David se inmiscuyó en la industria petrolera. Y están en esta ciudad gestionando una probable adquisición de acciones de un importante grupo italiano.

    Saciada mi curiosidad, mi jefe se dirigió a su habitación y yo a la cafetería del hotel. Hablé con mi esposo ya más en calma, relatándole mi día lleno de buenas noticias laborales y culturales, pues yo estaba dichosa de haber deambulado y fotografiado parte de la ciudad. Me escuchó con detenimiento, emocionado por los detalles de mi paseo junto a mi asistente y felicitándome por mi buen desempeño. Rodrigo también estaba dichoso por su doble negocio, muy cansado eso si para poder cumplir con su palabra al comprador. Y para no dañar aquel buen momento, omití el pequeñísimo detalle de que tendría que dejarle a él y a mis pequeños, cada tres meses a partir de ese momento. Un sacrificio que pensé, sería mejor exponérselo personalmente.

    —¿Qué prefieres para comer? —Me dijo llamando mi atención, cuando bajó de su habitación.

    Y ese hombre allí esperándome de pie, con su look informal pero distinguido, me pareció muy guapo. Verlo con un jersey negro de cuello alto, pantalones negros también a cuadros y zapatos de amarrar perfectamente lustrados, más con los lentes oscuros de carey sobre su cabeza y su sonrisa que en Madrid parecía dejar en casa cuando iba a la oficina, le hacían ver realmente como un maduro muy atractivo.

    Salimos los dos separados hacia a la calle, dejando atrás la recepción y ya fuera del hotel, mi jefe ahuecando su brazo derecho, me invitó a pasar el izquierdo mío por debajo del suyo, para así caminar como una pareja de… ¡Muy buenos amigos! Claro, de esos sin derecho a nada más cercano que una buena relación laboral. Él como mí elogiado jefe y yo, su fiel secretaria y amiga confidente, lejos de nuestras respectivas parejas.

    Mi jefe revisó una aplicación en su móvil y atravesando la Piazza San Carlo, por una calle empedrada, dimos con una vía ancha y pavimentada con sus edificaciones de estilo barroco, engalanada por arcos de piedra y frisos preciosos. Y un poco más allá, ingresamos a un bello y elegante restaurante de comida japonesa.

    Y en verdad se comportó como todo un caballero durante la cena. Hablamos de aspectos organizativos y administrativos, entre bocado y bocado. Orgulloso de mi por la presentación y claro, disculpándose por dejarme a mi toda la exposición. Según él, porque yo estaba más enterada que él, al haberlo realizado en conjunto con mi compañera Magdalena y además porque estaba plenamente convencido de mis habilidades.

    Un hermoso lugar en una bella ciudad y en una noche estrellada, la comida deliciosa y la manera tan eficiente y amigable con la que nos atendieron, redondearon unas horas ciertamente agradables. No hizo en toda la velada, alguna inapropiada proposición. Tan normal, que de vuelta hacia el hotel bajé mis defensas y sin reservas le invité una cerveza para hablar de cosas más banales, –mientras yo fumaba un cigarrillo– como por ejemplo el noviazgo de Francesco y si su familia no lo veía mal.

    También conversamos sobre Antonella, quien me había parecido además de hermosa, muy eficiente y así me enteré que fue el mismo, quien después de revisar sus estudios y experiencia laboral, sugirió la contratación de Antonella por encima de las demás, debido a su edad muy similar a la mía, lo cual pensó que me daría más seguridad y familiaridad, sumado obviamente al hecho de hablar español. Agradeciéndole con un beso en su mejilla, nos fuimos cada uno a su habitación a descansar, yo personalmente estaba rendida de mis pies y además que por la mañana, muy temprano pasarían nuevamente a recogernos para ultimar algunos detalles en la oficina. Medio día de trabajo y después a esperar la gran inauguración.

    El viernes muy temprano, bebiendo la primera taza de café moca, llamé a Rodrigo para saludarlo amorosamente y de paso, recomendarle recoger a los niños a mediodía del sábado para reunirnos ya en el piso a mi llegada. Me comentó que no se demoraría mucho en la entrega de los dos automóviles debido a que el sábado debería trabajar media jornada y domingo completo, el martes si podría descansar. Lo noté muy emocionado y con sendos ¡Te amo!, nos despedimos hasta una nueva comunicación en la noche.

    Entretenida en el trabajo junto a mí jefe y Antonella en «mi oficina», se acercó hasta la puerta el divino Francesco, –con su sonrisa sana y resplandeciente– para recordarme la invitación a almorzar junto a su novio Doménico. Inmediatamente dirigí el común café de mis iris hacía los escasos grises de mi jefe, quien tan solo me miró con resignación. Antonella por el contrario, tomó su bolso, el informe respectivo en la carpeta gris y nos acompañó, despidiéndose prudentemente con su mano, estrechando la de don Hugo.

    —Solo es un lugar para que la comunidad LGBT disfrute sin reservas. —Me fue comentando emocionado, –como un niño con juguete nuevo– el guapo Francesco con respecto a la nueva adquisición de su prospera familia y que él personalmente administraría.

    —La idea fue de Doménico, que tiene un amigo que es un DJ internacional. Organizaremos fiestas, con pista de baile interior y exterior. También fuera un espacio amplio para divertirse sin temor al rechazo. Tendremos buena música y tarimas para espectáculos Drag Queen y shows con artistas invitados. ¡Sera sensacional! —Me parece que vas a necesitar de un fuerte plan de marketing, utilizar las redes sociales y aplicaciones de citas. Hay que generar mucha recordación entre las personas y no solo en la ciudad sino a nivel nacional e internacional. —Le respondí y continúe con mi explicación.

    —Las cifras en tu informe no pintan nada mal, sin embargo debes tener en cuenta otros aspectos cruciales para que se obtengan beneficios a mediano y largo plazo. Debes mantener los números en verde. —Le comenté mientras daba el ultimo bocado a mi «Rissotto alla Millanese». Y Antonella revalidó mi acotación con el movimiento afirmativo de su cabeza.

    —No solo los espectáculos y la música harán la diferencia. Debes atraer al público con el buen servicio, ya qué será fundamental para lograr crear un buen nombre, que se traduzca en un importante factor diferencial. ¿Está bien ubicado? —Le pregunté terminando de un pequeño sorbo, mi copa de vino tinto.

    —Sí lo deseas preciosa Silvia, podemos ir en seguida y así me das tu sincera opinión. —Me ofreció de manera jovial visitar aquel local Francesco, mientras Antonella batía sobre la mesa sus dos manos y exponiendo a continuación el porqué de su negativo gesto.

    —Pues será más tarde en la noche, ya qué estas dos plebeyas, deben salir con urgencia al salón de estética, para que esta noche parezcamos todas unas princesas ante el escrutinio de las damas de la realeza. ¡Jajaja! —Y mi bella asistente tomándome del brazo, me hizo poner de pie.

    —Desconozco ese mundo nocturno de frenética rumba gay, especialmente el tuyo aquí en esta ciudad, corazón. —Le respondí con sinceridad a bello italiano.

    —Yo, lamento no ser de mayor utilidad, Francesco querido, tal vez solo sea buena con las cifras pero si gustas, esta noche nos escapamos temprano de la inauguración y vamos a la tuya. Ya con más tiempo y calma, me enseñas tu nueva adquisición. ¿Te parece? —Y el guapísimo muchacho, resignado, asintió con su cabeza y de la mano de su novio, nos acompañó hasta la salida.

    Miré la hora en mi dorado reloj de pulsera con incrustaciones de fantasía y le envié un mensaje a mi esposo, relatándole por encima lo que iba a suceder en las próximas horas. Me respondió casi en seguida y me contó que había estado ocupado, ultimando algunos trámites y que solo hasta el atardecer, acudiría al piso para arreglarse. Nos deseamos mucha suerte en nuestras respectivas reuniones y quedamos de hablarnos por la noche. Efectivamente Antonella me llevó a un salón para que nos maquillaran y peinaran y luego me dejó a las puertas del hotel.

    Hacia las siete de la noche, llamé a mi jefe para avisarle que ya estaba lista. Finalmente me coloqué el vestido platinado, que con su brocado de finos hilos de plata, distribuidos en formas geométricas, centelleaba bajo las luces del pasillo y que con su profundo escote, y espalda al aire, no me permitiría mucha libertad de movimiento. Y cuando pude ver a don Hugo, abriendo la puerta de su habitación, los dos al mismo tiempo nos quedamos con la boca abierta.

    El estilo del traje elegido por mi jefe, con su blazer blanco a rayas azules, camisa de lino azul marino, corbata de seda y pantalón también índigo pero en un solo tono, le hacía lucir sumamente atractivo y el olor de su colonia, la misma que dejó impregnada en mi vestido aquella tarde y me causó dolores de cabeza con mi esposo, inundaba con agrado mis fosas nasales. Le acomodé un poco el pañuelo de lunares blancos diminutos sobre la tela de seda añil, en el pequeño bolsillo de su blazer y le adulé por su imagen tan varonil. El también hizo lo mismo, agradeciendo que por fin llevara encima, el vestido que él juraba que yo había escogido en ese almacén, pensando en él. No fue así, pero el destino quiso que antes que mi esposo, fuera mi jefe quien tuviera el placer de posar el gris de sus ojos sobre la brillante tela que cubría a medias mi cuerpo, admirándome de arriba hacia abajo, paseando tímidamente la punta de la lengua sobre sus resecos labios.

    Recién se abrieron las puertas del elevador, del falso techo colgaban globos platinados y festones escarlatas; y de pronto me sentí intimidada por todas esas miradas escrutadoras, mi jefe por el contrario, feliz y presuntuoso de llevarme a su lado, tomada del brazo. Saludos del personal y de algunos de los socios quienes estaban acompañados por sus esposas. Señoras también de edad con vestidos mucho más recatados, que saludaban fingiendo agrado por la recién llegada y aparte debí sonriente, soportar las miradas obscenas de sus esposos hacia mi pecho, esperando por un eventual descuido mío.

    Doménico, Francesco y su padre, afortunadamente vinieron a mi rescate y aproveché el encuentro para preguntar por mi asistente.

    —¿Y Antonella? —Le pregunté a Francesco, con mi voz y mirada.

    —Humm Silvia, creo que no demora. Es mujer y como tal, es de las que se hace esperar. ¿Champagne? —Y separándome del cobijo de mi jefe, me llevó hasta el fondo del amplio piso, exactamente al lugar donde habían preparado una larga mesa cubierta con un delicado mantel blanco bordado, sillas altas e igualmente cubiertas por similares telas y un amplio moño de brillante tela carmesí en el espaldar.

    Allí le solicitó a un mesero, las respectivas copas de la espumosa bebida. Y así, acompañada por el guapo italiano, Francesco me fue presentando a algunas personas que no trabajan en la organización pero que él las había invitado primero a este evento y posteriormente a la inauguración de su discoteca. Eran jóvenes como él, y de clara tendencia homosexual, aunque también había allí tres mujeres, con edades de entre los veinte a los veinticinco años.

    —¡Hasta que por fin te encuentro Silvia! —Escuché la delicada voz de mi asistente personal a mi espalda. Me giré y me quedé de una sola pieza al ver la imagen de una sin igual obra de arte italiana.

    Antonella se encontraba allí de pie tan preciosa como la más deseada de las joyas de la realeza. Me remonté a mi breve época de modelo de lencería, sin embargo la preciosa italiana parecía más una modelo de pasarela y revista de modas, con su talle frágil y espigado, la tez de una laja de mármol pulido, con su boca entre abierta como los pétalos más delicados de una urbana rosa turinesa y la redondez de sus preciosos ojos almendrados que se veían más grandes que nunca, gracias al arco alto de sus cejas negras matizadas.

    Su vestido era suntuoso, muy provocativo y seductor. Los delicados pliegues del chiffon rojo envolvían su figura y que en sesgadas franjas ascendían desde sus muslos, entrelazando la delicada tela translucida hasta un palmo por encima de la cintura, muy ajustado a sus caderas, confirmando visualmente las rotundas elevaciones de sus nalgas y terminando en unas ajustadas copas que recubrían sus senos, ya arrullados por un coqueto brassier con transparencias y de negros encajes.

    Complementando el ajuar de princesa turinesa, Antonella usaba unas mangas del mismo hilado retorcido, que desde las muñecas los cubrían hasta unos cuatro dedos por encima de los codos, perfeccionada su admirada belleza por aquel peinado irreverente y distinto al del jueves que me recibió. Rizada su azabache melena, labios de fresco melocotón sin brillo, contrastando con la brillantez de su vestido, Ojos bien marcados por un rímel potente y suave rubor mate en los pómulos. Hermosa y encantadora mi asistente. ¡Matadora! Como diría mi esposo si la viera.

    —Estas… ¡Preciosísima! –Fue lo único que atiné a decirle–. Menos mal que has llegado, con tanta mirada y comentarios al oído entre las señoras de los socios, me estaba sintiendo fuera de lugar. Debe ser por este vestido tan… ¿Te parece inapropiado?

    —Para nada Silvia. ¡Resplandeces como una hermosa estrella! —Me respondió Antonella. Honesta su voz y coqueta aquella mirada con trazas de avellanas.

    Don Hugo nos ubicó hablando en medio de las personas que nos colaborarían en la ejecución de nuestras propuestas y pasando su brazo derecho por detrás de mí desnuda espalda, reposó con suavidad, su mano sobre mi cadera diestra y alejándome de Antonella, recorrió el lugar conmigo de su lado, bebiendo él de su vaso de escocés y yo otra copa de champagne. Orgulloso de pasearme por aquella amplia oficina, –tal cual mi esposo me lo había expresado días antes- y lucirme junto a él, para terminar unos metros más allá, dialogando mi jefe con dos de los socios, ellos acompañados de sus aristocráticas mujeres, quienes en italiano hablaban y me miraban mientras lo hacían.

    Los hombres adultos con sus ojos puestos en la «V» del escote, o el perfil de seno que se adivinaba bajo la delicada tela, devorando imaginariamente los poros de mi piel y las señoras, simulando una afable sonrisa. No supe de qué conversaban. Aparentemente yo era el punto focal de sus palabras y las risas, y como una idiota solo les agradecía en español sin saber si era ofendida o halagada en italiano. ¡Tal vez era esto último! ¿Pero debido a qué? ¿A mi desempeño profesional? ¿Mi figura latina tal vez? O… ¿A lo atrevido del vestido que les ofrecía tanta piel para fantasear retozando conmigo?

    Francesco y su novio, de pronto aparecieron como a las diez de la noche, tomados de la mano y sonriéndole a mi jefe, el apuesto italiano apoyó su brazo por encima de los hombros de mi jefe, para decirle muy confiado y en un perfecto español, como para que yo lo comprendiera todo y diera seguramente el visto bueno a su proposición…

    —Bueno Hugo, creo que ya es hora. Vamos a secuestrar unas horas a tu hermosa asistente. La juventud debe buscar ahora un lugar un tanto más movido y dejar de estar rodeados de tantos «vejestorios». No te preocupes por ella que la cuidaremos y te la devolveremos muy temprano en el hotel, sana y salva. En sus cinco sentidos, no lo podría asegurar. ¡Jajaja!

    Y don Hugo con cara de conformismo, se despidió de mí cariñoso y con una casi paternal expresión en su rostro, me dijo…

    —¡Ten mucho cuidado y bebe con moderación! —Y la iluminación de sus ojos de luna plateada, se fue diluyendo tras los pasos que me fueron separando con rapidez de él.

    Iba Francesco junto a su novio en su deportivo plateado por delante de nosotras, trazando con el relumbrante rubio de las luces, las curvas de una colina no muy elevada, en las afueras de Turín. Antonella conducía el rojo suyo y sonriente, a veces me miraba y en otras ocasiones el retrovisor. Yo pendiente del paisaje iluminado por la claridad que otorgaba la luna, pensé en mi esposo y en su promesa de mantener lejos las manos del cuerpo de su compañera de trabajo en esa noche.

    Luego de una amplia curva a izquierda, ante nosotras se hizo luz primero y al detener los autos ante un gran portón de madera, en medio de dos columnas de piedra de rio, escuchamos ruidosa música, elevados gritos, aplausos y festejos por doquier. ¡Demasiada algarabía! Pensé.

    La reja se abrió raudamente y pude observar una mansión de paredes pintadas de cal. Dos pisos soportados en amplios arcos y cubiertas a dos aguas en rojas tejas romanas. Pinos altos y delgados iluminados para navidades, a uno de los costados de la amplia zona de estacionamiento y en el centro una fuente de agua, con dos ángeles desnudos iluminados por tres focos de rosada luz.

    —Bienvenida Silvia, este es el lugar. Nuestro sitio para vivir y disfrutar como lo deseamos ser, sin restricciones ni miradas acusadoras. —Me dijo muy feliz Francesco, entre tanto Doménico saludaba efusivo a un grupo de personas con vestuarios para un carnaval, pelucas de colores encendidos y exuberantemente maquilladas.

    De lejos parecían mujeres, pero ya más de cerca, pude darme cuenta de que eran hombres, por los rasgos rudos de sus rostros y la musculatura de los brazos que permanecían rodeados con las adornadas guirnaldas de plumas coloridas. Eran altos, y mucho más gracias a su calzado de plataformas que yo como mujer, me daría temor usar. Uno de ellos era muy parecido a Marilyn Monroe, otro más imitaba a una cantante americana que a Rodrigo le encanta por sus espectaculares shows, no recordé su nombre pero Madonna claramente no era. Los otros tres, la verdad que ni idea.

    —Vamos «cara mía». ¡Ven y te das una idea del lugar! Me acaban de comentar que hace veinte minutos empezó la fiesta, ¡Dentro está que arde! —Me invitó Francesco, abrazando por igual a Antonella y esta a su vez, extendiéndome su mano y en el interior, bajando unas preciosas escalinatas hacia un amplísimo salón, nos recibió una oleada de calor.

    Sonido estridente, colores rosas en las delicadas cornisas, una ardiente franja roja un poco más abajo. Naranjas y amarillos intensos; el verde de un bosque y a continuación una franja turquesa seguida de un profundo azul índigo y por último el color violeta de la pasión. Festones, globos platinados en forma de corazón y letras doradas que hinchadas, flotaban sobre las mesas circulares a los dos costados. Luces multicolores y olores variados a menta, canela, fresa y otro apestoso, muy dulzón, que sin dudarlo era pura marihuana fumada.

    —¿Y las oficinas? —Le pregunté a mi agraciado anfitrión.

    Y él mirando a mi hermosa asistente, le habló al oído algo y me envió con ella hacia unas escaleras, también con pisos de mármol, hacia el segundo nivel. Allí una cómoda oficina con sofás de cuero beige, pinturas de desnudos amantes bastante explicitas, dos escritorios y pantallas gigantes de televisión, que en alta definición, mostraba desde las alturas, la espectacular imagen de la rumba más abajo. Dejamos nuestros bolsos y amparada en el medianero silencio, tomé mi teléfono y marqué al de mi esposo. No respondió. Miré la hora en mi reloj y pensé que era tiempo de disfrutar de la noche, obsequiándole una sonrisa a mi asistente seguida de unas pocas palabras…

    —¡Ya es hora Antonella, vamos pues las dos a divertirnos! —Y dejé confiada mi bolso y dentro, la tarjeta de la habitación, mis documentos y también el móvil.

    Extendía sus brazos hacia las alturas de la nada y luego de aquella misma lóbrega nada, sacudiendo las ondas de su melena rizada como el mar agitado, se aparecían albas sus dos manos y diez dedos clarificados frente a mis ojos y que sin reparos, acariciaban mi rostro con efusiva alegría y en perpetua ternura, el contorno de mi boca. El fervoroso fulgor en su mirada avellana y la constante sonrisa en su rostro, me seducían con mucha picardía. Aquella risa contagiosa que me alegraba la noche, despejando mis temores y controvirtiendo mi apostólica moral, me animaba a seguir sus pasos; bueno al menos a intentarlo, dando saltos descoordinados, ella arriba y yo abajo. Subía yo emocionada al cielo, despegando la suela de mis zapatos de tacón del brillante entablado y con los brazos abanicando la nube blanca del gas que por ratos permitía exhibir los colores de un arco iris y que a mediana altura, nos envolvía a todos en el centro de la pista de baile, muy feliz Antonella me rodeaba con sus brazos, evitando mi probable caída.

    Y ella, mi preciosa asistente italiana, se acercaba para cubrir con la esquivada tela mi seno izquierdo, brillante por el sudor y rebelde por su agitada desnudez. Una primera vez, después de la segunda se venció. ¿O no? A la tercera tan solo me lo acarició, presionando la redondez y con su pulgar, rotándolo por encima del altivo pezón. Y entre tanta música, luces de mil colores rompiendo de vez en cuando la oscuridad del lugar, aprovechaba la intimidad que el humo colorido y aroma a fresa nos ofrecía, para mirarme con vibrante intensidad y orillar el grosor de sus labios, sobre los apacibles míos.

    Cuando cansada de mis pies estaba, me acompañaba hasta nuestra mesa y en una de las tantas veces, una mano delicada y tersa, pretendía escalar mi muslo por la abertura de la falda. Me gustaba esa sensación, caricias permitidas, seductores avances… ¡Para qué negarlo! Estaba dichosa y algo excitada por todo lo que se vivía allí. Observé la hora en mi reloj al levantar la copa de acrílico verde con mi… ¿Noveno? Cocktail Margarita y me sobresalté por la hora. No había reparado en toda la noche en mi esposo, hipnotizada por el ambiente liberador de aquella discoteca y obviamente, siendo objeto de todo tipo de atenciones y licores ofrecidos por Francesco las primeras veces o por Doménico después.

    Al comienzo me sentí cohibida por sus manifestaciones de afecto, pero después me acostumbré a verles muy entregados a comerse las bocas a punta de besos apasionados, lenguas rosáceas y húmedas escrutando sus paladares y caricias demasiado sensuales por debajo de la mesa, que en otro lugar serian objeto de desaprobación. Lascivas imágenes que me calentaban, de a poco, pero mojaban mi intima hendidura. Todo aquello en frente de nosotras dos, y al observar a mi alrededor la situación era igual entre hombres con su disfrazada pareja Drag, mujeres con mujeres… ¡Todos en su disfrutada libertad!

    —Antonella, se le acabo la fiesta a esta cenicienta. Debo marcharme ya. ¿Me puedes llevar al hotel? Le hablé sinceramente afectada por el alcohol y las ganas de reposar en mi habitación. ¡Había próximamente un vuelo que tomar!

    —Solo si prometes dejar aquí, –señalándome su boca– una muestra de que te gustó todo y hasta más tarde en sano juicio, me juras ahora que no te arrepentirás. —Pensé en Rodrigo rápidamente, con seguridad que le iba a gustar cuando se lo contara.

    Y sin demostrarle mi afán, –entrecerrando los párpados– me prendí pausadamente de aquella boca primero, y desbocada unos segundos después, de sus labios encarnados que se me antojaban apetitosos y dulces, de un carmín naranja pastel hipnotizante, estrechando el cerco que mi lengua pretendía tomar de su boca, Antonella me recibió con codicia el beso, y tomó con experimentada intrepidez, posesión de mi lengua absorbiéndola dentro de aquella cálida abertura.

    No medí el tiempo, quizás solo breves segundos, de pronto las dos entregadas más de dos minutos, lo único real es que me humedecí. ¡Bastante! Y en medio de nuestras respiraciones no contenidas y sexualmente expresadas, no sé cómo me dio por decirle a mi deseada asistente…

    —¡Vamos a mi habitación a continuar nuestra fiesta! —Y en el rostro de Antonella, una carita de felicidad se le fue bosquejando con visos de una más que segura conquista. Ella sí, él no.

    El cielo plomizo de la ciudad y el viento helado, me recibieron en el andén, presagiando tempestades. Con mi trolley arrastrando tras de mis apurados pasos, me separé de mi jefe, sin despedirme ni darle las gracias por todo y por nada. Y él avergonzado, ni hizo el intento de acercarse a mi o si lo realizó, yo no me fijé en él y tampoco lo escuché. Tras pisar la acera del aeropuerto de Barajas, un taxi me acercó a mi hogar ya en la tarde. La verdad, me tomé unos minutos, indecisa en el pasillo en frente de la puerta. Respiraba muy agitada y las palpitaciones en mi corazón, por supuesto aceleradas.

    Finalmente como una piadosa mujer, que no lo era tanto en verdad, me persigné y respirando profundamente liberé la tensión de los músculos y giré la perilla abriendo la puerta a la realidad.

    Encarnado el silencio en cada objeto, en cada mueble y rincón de la sala de mi hogar, me dio de frente el frio de la soledad que provenía de las habitaciones por el estrecho pasillo. No esperaba el abrazo de mi esposo, obviamente. Pero si al menos la algarabía calurosa de mis hijos como recibimiento. Descargué el abrigo sobre el brazo del sofá, el trolley plateado ni siquiera lo acomodé. Lo dejé solitario a mitad de camino entre el comedor y la cocina. Lo importante era averiguar y entonces teléfono en mano le marqué esperanzada a Rodrigo. Todo igual con él y con su móvil fuera de servicio o apagado. ¡Mi madre! Pensé, y en pocos minutos por fin el generoso saludo de la persona que siempre me acogería con ternura y amor entre sus brazos, abriéndome de par en par, las puertas de su casa si llegado el caso, lo pudiera necesitar.

    —Ya llegué madre mía, ya estoy aquí. —La saludé.

    Y cuando ella me escuchó se emocionó tanto, como casi siempre lo hacía con las llamadas de sus hijos, casi hasta llorar.

    —¡Hola mi princesa! ¿Cómo me le fue en el viaje de regreso? —Preguntó animada por mi retorno.

    —Bien mamita hermosa. —Le respondí. ¿Y los niños? ¿Ya los recogió Rodrigo? —Le pregunté con ansias por saber de mis dos pequeños amores.

    —¿Rodrigo?… Pero mi amor si el «arremuesco ese» llamó temprano para decirme que tú vendrías por ellos. ¡Que él estaba trabajando hoy! —Y sí, a mi madre mi esposo nunca le agradó. Por un medroso y estúpido silencio de mi parte, Rodrigo cargó con la cruz de mi desfloración y eso mi madre nunca se lo perdonó.

    —Ahhh, si es verdad. Lo siento mamita pero se me olvido. ¡Ya paso por ellos! —Le respondí evitando entrar en más detalles. Pero mi madre que es como una bruja, esa tarde algo sospechó.

    —Tranquila, no te afanes que ahora que regrese Alfonso con ellos del parque, los arregló y vamos para allá. De paso me muestras las fotos y me cuentas como es Italia, mientras tomamos un chocolate caliente. Nosotros llevamos los churros. —Me respondió con gran alegría y yo, sin ganas de verla a la cara. De seguro con su intuición, sospecharía que entre mi esposo y yo, algo sucedía.

    —¿Me llamaste? —Aquellas palabras de un mensaje al móvil de Martha, habían sido escritas a las 3:10

    —Ya estaba durmiendo, Martha. ¿Sucede algo con los niños? —Escribió un minuto después. ¡Mentiroso!

    La respuesta de Martha a su esposo, tan solo fue…

    —Sí, ellos están durmiendo en casa de sus compañeritos. Te marqué porque te extrañaba. Disculpa por despertarte. Vuelve a dormir y cuando puedas o quieras me llamas.

    Pero ni le escribió ni la llamó, mientras yo conducía con precaución en dirección al hotel.

    —Rodrigo… En serio que lo lamento. No pensé que Hugo y tú esposa, fueran a terminar liados en este viaje. La terapia con Almudena parecía estar funcionando. Dormimos en la misma cama, aunque no hacemos nada, aún. Pero si hablamos y nos comportamos delante de los niños como antes de que yo… —Y de nuevo Martha lloró amargamente. Se acomodó en el centro del asiento posterior y continuó diciéndonos…

    —Deberíamos llevar las cosas con calma, nos lo pidió Almudena. —Y diciendo esto la escuché maldiciendo varias veces y golpeando fuertemente sus muslos, pero no con las palmas de sus manos, en lugar de ello, lo hacía con sus puños cerrados. ¡Me mintió! ¿Porque?

    —Sí, Claro. Por supuesto Martha, muy en calma entre ustedes dos, pero por lo visto, tu queridísimo esposo seguía a tus espaldas empeñado en tirarse con todas sus ganas a mi mujer. ¡Y por lo visto lo logró! —Le respondí con mi voz entrecortada.

    —Se suponía que Hugo debería de abstenerse de tener sexo hasta que Almud… ¡Por Dios! Rodrigo será qué… ¿Crees que ella también nos mintió? —Me preguntó Martha bastante afectada y limpiándose la nariz.

    —Pero porqué lo haría, si es nuestra amiga. Que ganaría Almudena con eso. ¡No! ni sé qué pensar ya, Martha. Es que no veo a mi mujer mintiéndome de nue… ¡Mierda! Pero sí yo hablé con ella y la escuchaba muy bien. Todo estaba normal. —Y golpeando el volante con fuerza, me detuve a un costado de la avenida.

    —Martha será qué él, que tu esposo… ¿La emborrachó para poder follarsela? —Seguía enojado y llorando. Aun así, yo continuaba buscando una razón y mil motivos para disculparla y dije una estupidez que hirió a Martha.

    —Mira Rodrigo, Hugo podrá ser todo lo malo que tu pienses, pero jamás se aprovecharía de una mujer. Tiene sus principios, y es tan buen hombre como tú.

    —¡Discúlpame! Es que no sé qué más pensar Martha. —Me excusé con ella y Paola me alcanzó un pañuelo de los que llevaba yo en la guantera del Mazda, para poder sonarme la nariz.

    —Rodrigo, créeme que si lo hubiera sabido no habría insistido en que Hugo se acostara con su secret… Con tu esposa, para aliviar en algo su dolor y emparejar así nuestra relación. —Y continuó llorando y sorbiendo por su humedecida nariz.

    —Yo, en serio que lo último que quería era destruir tu matrimonio. ¡Nunca! Escúchame bien Rodrigo, jamás pretendería utilizarte ni matarte en vida, como ahora estas. Lo siento, lo siento mucho. ¡Perdóname, Rodrigo! ¡Perdónanos a las dos!

    Y llorando amargamente, Martha me pidió que la llevara mejor hasta su casa. Paola asombrada, acariciaba mi mejilla para luego posar su mano con firmeza sobre la mía, la que reposaba sobre la palanca de cambios y decirme con su acostumbrada jovialidad…

    —¡No jodaaa, Nene! Pero que carnaval te han montado. ¿Y todo para qué Rocky? Es mejor que la dejemos en su casa y los dos ya más tranquilos en mi hotel, tomemos algunos roncitos con rodajas de limón para tranquilizarnos y deja de andar cuidando el culo de tu mujer. Allá ella con sus parrandas y los remordimientos. Anda «Cachaquito» hermoso, no te preocupes tanto, que como bien decía mi abuela… ¡Eso con jaboncito y agua se lava y queda igual!

    Continuará…

  • Cuando dejé de ser señorita

    Cuando dejé de ser señorita

    El presente relato tiene la finalidad de confiarles algo de mi vida personal y la manera en la que perdí mi virginidad.

    Cuando terminamos el bachillerato, la jefa de grupo organizó una misa para dar gracias y después de ésta, una fiesta para celebrarlo. Se pusieron cuotas para pagar los gastos de la misa y el anticipo del salón de fiestas: todos parejos. Además, se repartieron los boletos que cada quien deberíamos vender para la fiesta, en el entendido de que, de no venderlos, deberíamos pagarlos nosotros. Entre los familiares vendí casi todos los que me correspondían y dos de mis hermanos me ayudaron vendiéndoselos a sus amigos.

    A la misa casi no fueron los hombres del grupo, sí todas las mujeres y nuestros padres y algunos parientes más, pero a la fiesta… ¡Fue un gran éxito! Lo sabíamos desde antes pues los boletos se agotaron con anticipación. Entre los boletos que vendió mi hermano mayor, varios correspondían al equipo de futbol donde él jugaba. Entre ellos estaba Ramón (así le llamaré, para no balconearme), un señor diez años mayor que yo, era el más viejo de los jugadores del equipo, y sólo compró un boleto pues no tenía novia. Le gustaba tomar, y a la fecha toma mucho.

    Como yo tampoco tenía pareja, bailábamos unos con otros, organizadamente (una pieza con alguien distinto) las primeras diez piezas. Después, “¡el que ganó, ganó!”, es decir, si alguna pareja deseaba conocer más entre sí, ya no se soltaban. Así me pasó con Ramón, ¡él ya no me dejaba bailar con otro! La verdad, yo lo veía muy apuesto y formal, debido a su edad. No pasó nada esa noche, pero cuando nos despedimos, pues concluyó el tiempo contratado para la música y el salón, y yo me iría con mi hermano en su motocicleta, le preguntó a mi hermano que si podía visitarme. Mi hermano contestó “Por mí no hay bronca, mejor pregúntale a mi papá” y le señaló la mesa donde se encontraba mi padre. Mi hermano y yo nos fuimos pues éste tenía prisa. Después me enteré que Ramón se presentó con mis padres y muy formalmente hizo su petición. Mi padre, lo invitó a sentarse para tomar el último trago y platicaron sobre las visitas. La verdad es que mis padres quedaron gratamente impresionados, pues ya casi nadie pedía permiso a los padres, además de que contó sobre su trabajo y los años que llevaba en él.

    La cosa es que después de un par de meses de ir a casa y convivir en salidas al campo y otros lugares con la familia. Ramón me dio el primer beso al declarárseme. Esa misma tarde, pidió permiso a mis padres de que lleváramos un noviazgo. Ellos aceptaron encantados, tanto formalismo era una buena llave. Con el tiempo no vieron necesidad de chaperón para salir durante el día o ir al cine, aunque sí a las fiestas porque se regresaba tarde. El caso es que empezamos con las caricias más atrevidas, aunque, a decir de mis amigas, yo seguía siendo novia de “manita sudada”.

    Casi dos años que no sé cómo aguantamos con tanto calentamiento y nada de penetración. Al segundo mes empezó con abrazos estrechos donde él sentía mi pecho y yo su turgencia en mi pubis, piernas y nalgas. A los seis meses, sus caricias sobre mi ropa eran directas, me apretaba las tetas, las nalgas, mis piernas y mi pubis… y yo… ¡derritiéndome!, pero trataba de que no lo hiciera.

    Antes del año, ya me había chupado las chiches. Ya me lo había advertido mi confesor, “Cuando las caricias son carnales, y no sobre la ropa, están cayendo en el pecado capital de la lujuria”. Sí, me asusté de ser pecadora, pero yo buscaba su pene y se lo apretaba sobre el pantalón hasta que quedaba húmeda la prenda de esa zona. También mis calzones quedaban mojadísimos… Al mes, mientras me mamaba las tetas, busqué su pene y ¡ya se lo había sacado de la bragueta! Me sorprendí, pero no lo podía mirar bien pues me estorbaba su cabeza la vista de ese objeto duro, cliente, grande y sólo se lo jalaba, pero al poco tiempo me mojó la mano y sí me asusté. “¿Es semen, le pregunté?” quitando su cabeza para poder mirar bien. “No, sólo son mis ganas de ti”, me dijo sonriendo.

    Meses después lo ascendieron en la compañía constructora y era el asistente del jefe de brigada, a quien suplía en sus ausencias y manejaba la camioneta asignada a la cuadrilla. Al atardecer, cuando su jefe no se llevaba el vehículo, algunas veces pasaba por mí a la casa para que lo acompañara a guardar la camioneta a las oficinas de la constructora y al llegar al estacionamiento, nos quedábamos un rato en ella. Besos, caricias, metidas de mano, de allá para acá y de aquí para allá. Allí aprendí a masturbarlo hasta que se venía. Me gustó el olor del semen. Una vez, al llegar al estacionamiento, acerqué mi cara a su verga que me pareció hermosa y la besé. ¡Le creció más que lo normal! “¡Chúpamela, mamita!” me pidió vehementemente y yo, bien arrecha, le obedecí. “¡Ay, con cuidado, mami, no me muerdas!”, gritó y me quedé perpleja, porque no lo mordí. “No te he mordido”, dije, “Es que tus dientes me lastiman la cabeza”. Entonces entendí que debía lamerlo y chuparlo con cuidado y lo hice. A las pocas semanas se me ocurrió jalársela y mamársela al mismo tiempo. Una mano para jalar, otra para acariciar sus huevos y… salió un chorro de leche en mi boca. Yo estaba calentísima y seguí, tuve que tragarlo porque él seguía viniéndose, ¿De dónde salía tanto si sus bolitas se veían muy pequeñas? Mi novio sólo gemía y yo, sin sentir asco, disfrutaba del sabor del semen que ya me había gustado desde la primera vez que lo olí.

    De ahí en adelante, el primer viernes de cada mes, mi confesor me hacía que le platicara con mucho detalle las salidas con mi novio y me sugería que, antes de pecar completamente, nos casáramos. Le dije a mi novio que se fuera a confesar y se rio de mí.

    Un día, le pidió permiso a mis padres que yo lo acompañara a un pueblo cercano, a donde tenía que llevar herramienta y a algunos trabajadores. “Es para no regresarme solo y no dormirme en la carretera”, le explicó a mi madre, quien más reticente estaba. “Ella se va a portar bien” le dijo mi padre, dando tácitamente la autorización. Al día siguiente llegó temprano por mí. Efectivamente, la camioneta iba cargada y con tres peones en la caja. Mi madre me dio su bendición, subí a la cabina, mi novio cerró la puerta antes de subirse a manejar y mi madre vio alejarse la camioneta.

    En menos de una hora llegamos, otro tanto tardaron los peones en bajar las herramientas y recibir las indicaciones de cómo armar la caseta para guardar el material y los catres donde ellos pernoctarían. “Nos vemos mañana, no se vayan a emborrachar, ya los conozco. No me puedo quedar, porque tengo otras cosas qué hacer”, les dijo sonriendo socarronamente. “Sí, claro, que las disfrutes” contestó uno de ellos y los demás se rieron. “¿De qué se ríen?”, le pregunté a mi novio. “De nada, así son de envidiosos”, me contestó echando a andar el vehículo.

    De regreso nos paramos en un restaurante para comer y, “casualmente”, enseguida había un motel. El caso es que al terminar de comer y subirnos a la camioneta me empezó a morrear, me calenté y quise sacarle la verga para mamársela, ya me había enviciado con el sabor del semen. “No, aquí sí nos pueden ver”, me dijo evitando que lo hiciera, “Mejor vamos a donde no nos vean, yo también quiero mi niña”, explicó recorriendo en el vehículo los pocos metros que había hacia el motel. Espera aquí, dijo y se fue a pedir un cuarto. Regresó con la llave y se subió para mover la camioneta a otro lugar, frente a la villa que nos asignaron.

    Nos bajamos y antes de entrar al cuarto, me cargó para entrar y depositarme en la cama. Me sentía asustada, pero me fascinaba cómo me trataba. Se acostó a mi lado y comenzamos con lo que yo quería. Por estar tan entretenida con mi vicio, no me di cuenta cómo me quitó la ropa ni cómo se encueró él. Se subió sobre mí y me pidió que abriera las piernas. Tomé su falo y lo restregué en mis labios interiores y clítoris, como cuando yo me masturbaba. No hubo mucho que decir, me fue penetrando lenta y firmemente. En mi calentura, no sentí dolor, sólo un pequeño ardor por el desgarre del himen que pronto fue suplido por un placer enorme.

    Me vine y le arañé la espalda, yo estaba feliz y lloré de felicidad viniéndome varias veces. Ramón, todo un caballero, soportó todas mis manifestaciones de placer; le encajé las uñas en las muñecas cuando me penetró subiendo sus piernas en mis hombros. Después que reposé, me dijo “Ahora me toca a mí” y se puso un condón. Me cogió como quiso y yo seguía viniéndome una y otra vez, pronto se puso tenso, gimió y recargó todo su cuerpo sobre el mío. Descansó sin dejar de resoplar y tomar el aire a bocanadas. Se acostó boca arriba, saliéndose de mí y vi el condón lleno de esperma. Le acaricié el pecho, limpiándole el sudor, lo besé y luego le quité el condón, cuidando que no se cayera su sabroso contenido y le mamé la verga. Se quedó dormido.

    Lo contemplé llena de amor y vacié el condón en mi boca saboreando cada chorro que escurría. Despertó y me besó cariñoso después de decir “Ahora ya eres mi mujer”.

    Después, cada vez que lo acompañaba a guardar la camioneta, nos echábamos un palo. Si traía condón, él se venía, si no, eyaculaba fuera de mí, pero a veces sentí calientito dentro antes de que lo sacara y salieran los chorros que casi siempre me tomaba. Sea como sea, un día no me bajó la regla y, asustada, se lo dije. “Tranquila, mi amor, mañana en la mañana te llevo a mi departamento para hacerte una prueba de embarazo”, me dijo con calma. Al día siguiente, temprano, me hizo la prueba y salió positiva. “¡Te amo más, mamita!”, me dijo y completó. “Dile a tus padres que esta noche los invitaré a cenar, pues tengo algo importante qué decirles”. No puede ser después, porque mañana salgo una semana de comisión.

    Mis padres se extrañaron y, ante sus insistencias y la premura, les dije que yo no sabía de qué quería hablarles, pero que mañana salía de viaje. A mí me confundieron los comentarios “Quizá sea un viaje muy largo y quiere romper el noviazgo, ya ves cómo es de formal”. Pero esa noche, llegó acompañado de un señor maduro, quien manejaba el automóvil grande y lujoso, a quien nos presentó con su jefe. Ya sabíamos que no tenía padres, que vivió su infancia en un orfelinato y que, mientras estudió secundaria y bachillerato, empezó a trabajar como peón en esa compañía constructora donde aún trabajaba.

    La cena fue en un restaurante de mediana calidad, pero muy confortable. La plática versó sobre el desarrollo laboral de mi novio en la empresa y llevó la conducción del jefe de mi novio, quien, en los postres, nos dijo que mi novio saldría de la ciudad a dirigir a las cuadrillas en unas obras que se harían en otro estado vecino. ¡Yo sentí que la tierra me tragaba! “¿Por cuánto tiempo?”, pregunté. “No te preocupes, Mar, periódicamente tiene que venir Ramón a dar cuenta del avance de la obra”. Todos nos tranquilizamos y el señor continuó hablando inmediatamente. “Pero la parte importante de esta reunión me toca a mí, pues quiero pedirles expresamente la mano de su hija para Ramón. Esto lo hago porque él es para mí como un hijo y doy fe de su seriedad como persona, y para mí es un honor que él me haya elegido para hacer esta petición”. Todos nos quedamos sorprendidos.

    Mi padre me preguntó si yo estaba de acuerdo, y ante mi afirmación manifestaron que ellos no pondrían impedimento. Sin embargo, ellos querían prepararse para hacer una fiesta, aunque modesta. “No es necesario, bastará una reunión en su casa, el día de la boda civil, la próxima semana”, pidió Ramón. “¡¿Tan pronto?!”, exclamó mi madre. “Sí, ya ve que no quiero estar lejos de ella tantos meses”. Después nos dio otras sorpresas: “Hace meses di el enganche para una casa y me la entregaron hace dos días. Aquí están las llaves para que vayan a conocerla y que Mar vaya viendo lo del menaje. No es mucho, pero aquí está el dinero para ello”, concluyó y me dio un cheque. Todos aplaudimos.

    ¿Ven por qué quiero a mi marido?: Coge bien y es responsable con la familia. ¿Qué más puedo pedir…? ¡Que me chupe la panocha! Lástima, no se puede tener todo en una sola persona…

  • Mi realidad deseada (Parte II)

    Mi realidad deseada (Parte II)

    Había sido alucinante, ¿en verdad me acababa de follar a mi madre? Me era difícil creerme tal situación, pero no hay otra forma que no sea verdad. Acostado en mi cama escuché la llegada de mi padre y a mi madre recibiéndolo, nada fuera de lo normal. Nos saludamos, cenamos y nos fuimos a dormir. No había nada fuera de lo común, sentía un impulso en mi estómago, aquella emoción que siente uno al lograr lo que el resto daba por imposible. Tal como mi reciente descripción, el resto del día pasó rápidamente. Era sábado, mis dos padres se encontrarían en casa todo el día, y no pretendía aguantarme hasta el lunes mis deseos, me prometí a mí mismo hacerle disfrutar a mi madre el éxtasis que solo yo podía satisfacerle.

    Tras despertar con la típica erección matutina, empecé a imaginarme las órdenes que le daría a mi madre, lo que me derivó a dos preguntas: ¿Podría igualmente darle órdenes a mi padre para que no interfiera? Y ¿hasta dónde llegan las capacidades de mis órdenes? Por lo que me propuse responder aquellas dudas hoy mismo. Al igual que a mi madre, pensé en darles órdenes pequeñas a mi padre para que, en caso de no resultar, no me tome por un loco o algo peor.

    -Buenos días, papá –Le saludé al verlo en el sofá de la sala de estar. ¿Qué orden podría darle que no sea extraña ni impertinente?

    -Hola –Me respondió brevemente. Se encontraba viendo en el televisor cierto festival de música, eso me daba una idea.

    -Pásame el control, hay algo raro ahí –Dije, sin tratar de sonar irrespetuoso por si las moscas. Aparte de caliente, cobarde.

    -Claro, aquí tienes –Me pasó el control en la mano, sin oposición ni extrañeza, lo que significaba algo muy bueno. Solo una orden más de prueba…

    -Levanta tus piernas y brazos como si una aspiradora pasara por debajo –No es la mejor idea, pero funcionó. Mi padre también podría ser ordenado por mí, qué alivio.

    Ahora tenía que darle una orden tal que lo mantuviera lejos mientras me yo satisficiera a mis anchas, pues tenerlo cerca me pone nervioso. No se me ocurrió nada más que ordenarle a visitar sus padres y pasar el día con ellos, eso lo mantendría ocupado y tampoco era algo malo que hiciera. No quería perder más tiempo pensando en otra idea, por lo que le ordené prontamente aquello y esperé a que se marchara de la casa. Los segundos me parecieron años y con cada paso que daba mi padre daba me brotaban tres gotas de sudor por la ansias.

    A mi madre pareció no importarle mucho que mi padre se fuera de repente sin avisarle con más antelación, a lo mejor estaba muy cansada, o se resignó a guardar silencio para evitar discusiones en días de descanso. No me era de mucha relevancia, de todas formas ella lo pasaría muy bien dentro de poco. A punto de entrar a la habitación de mi madre y darle órdenes calientes todo el día, me acordé de la segunda pregunta que me había surgido. Aprovecharía el día para probar en mi madre las capacidades de mis órdenes, sentí cierta emoción y ansias por saber hasta dónde llevaría esto. Me di un tiempo para pensar qué podría probar en mi madre que ella me obedeciera, quizá apodos, afirmaciones y órdenes un poco tontas. Así que, decidido a testear a mi querida madre, me dirigí a su habitación sin tocar la puerta, encontrándomela viendo en su celular tiktok…

    -Hijo, ¿qué te he dicho de entrar sin tocar la puerta? –Era razonable su queja, pero sonaba irritada y no con la voz regañadora que suele emplear conmigo –Toca siempre antes de entrar.

    -Mamá, te ordeno quitarte las frazadas de la cama –Me sentí dominante al decirle eso, la erección en mi pijama que todavía traía puesto no se notaba debido a la soltura de este mismo, cosa que no noté al instante, pero prefería que fuera así.

    -Imagina que me pilles en un momento indecente, o en algo que no te gustaría ver –Mi madre seguía regañándome, pero ella sí obedecía mi orden, se estaba quitando las frazadas de encima y dejaba al descubierto su cuerpo bien cuidado. Un calzón morado puesto y la blusa celeste que se colocó ayer cuando “salió de la ducha” era todo lo que traía ella. Sin dudas le daré lo que se merece a su bello y caliente cuerpo.

    -Mamá, deja de regañarme, quiero que me llames “amo” a partir de ahora –No pude aguantar ordenarle tal cliché, no obstante me prendía mucho más que me llamara así. Por lo visto, ella me obedecería, pero si la orden no interrumpe directamente con lo que está haciendo en el instante, pues seguirá haciéndolo.

    -Sí, amo –Me dijo mi madre con una cara algo amargada, a ella le debe estar pareciendo lo mar de normal toda esta situación. Hablando de normal, ¿cómo reaccionará con afirmaciones? No son órdenes, pero quisiera ver si es afectada por ellas también.

    -Mamá, a ti te encanta ponerte de rodillas mientras te hablo, lo has hecho toda tu vida –Quería ver qué resultaba, si no funcionaba pues tendría que ordenarle que lo olvidara y empezamos de nuevo, pero si funcionaba, entonces ella no volvería a despegarse de mi polla nunca más.

    -Sí lo sé, no entiendo por qué me dices algo tan obvio, amo –Mi madre inmediatamente se puso de rodillas sobre su cama mientras me soltaba aquellas palabras, sus tetas colgaban frente a mi y parecía como si esperara ansiosamente a mi próxima orden, como un perro adiestrado que obedece a su amo.

    -Mamá, desnúdate y luego desnúdame prenda por prenda –No pretendía esperar más, estaba claro que ella consciente o inconscientemente quería divertirse, y yo me encargaría de que nunca más se fuera ni saliera sin pensar en lamer mi polla todo el día.

    -Sí, amo –Ella empezó a sacarse la blusa y sus tetas se mostraban desnudas frente a mí, el calzón que luego se sacó lo dejo al lado suyo y pude volver a ver su coño, no muy húmedo, pero me encargaría de humedecerlo yo. Me subí a su cama y ella me desvistió antes de que me diera cuenta, quedé pasmado al verla quitarme el bóxer y que mi erecta polla quedara tan cerca suyo.

    -Mamá, tu amas que te folle, amas mi pene y te prende que te toque donde sea –Con esto, pude ver a mi madre cambiar su expresión irritada a una lujuriosa, una que deseaba que la usara y la follara tanto como ella pudiera soportar el placer.

    Empecé a besar a mi madre apasionadamente y ella me correspondió abrazándome y tirándome hacia atrás, quedando encima de ella. Mientras la besaba, masajeaba sus pechos y escuchaba los gemidos apagados que salían de ella. Sabía que ella lo estaba disfrutando como nunca en la vida, ni mi padre ni ningún otro hombre podría satisfacerla como yo lo hago ahora. Prueba de ella es su mojado coño, bajé a él y empecé a lamerlo, a darle pequeñas chupadas a su clítoris y escuchar los gemidos de mi madre, mis dedos dentro de su coño la calentaban más y más, ella se masajeaba una teta y con la otra mano se masturbaba. Le ordené que me chupara la polla como ninguna otra, y ella se agachó a tragarse cada centímetro de ella, con sus manos acariciaba mis bolas y masturbaba mi pene, su lengua le daba un masaje que me terminaron por hacer eyacular sin previo aviso. Tomé la cabeza de mi madre y abrí su boca llena de semen, su cara lucía satisfecha por su sabor, pero estaba claro que quería más.

    Rápidamente agarré su celular y saqué una foto a su rostro satisfecho junto a mi polla, quería guardar esto por un buen tiempo. Mi polla se mantenía dura del éxtasis, era increíble, quería seguir aprovechándolo tanto como durara así. Puse las piernas de mi madre sobre mis hombros y comencé a penetrarla. Inmediatamente los gemidos se volvieron mayores y sus ojos cerrados empezaron a abrirse y tornarse blancos. “Soy tu amo, mamá, soy tu dueño, quiero que lo digas, repítelo” Mi madre, con las fuerzas que le quedaban en la voz, gemía “Eres mi amo, eres mi dueño, eres mi amo, eres mi dueño…” Su caliente y húmedo coño me causaron la más placentera eyaculación que había experimentado. Me corrí enteramente dentro de ella, ella parecía sentirlo y se encogía de piernas mientras se agarraba de las almohadas de atrás con sus manos. Sentí el impulso de besarla antes de sacar mi pene de ella. Cuando saqué mi polla de su vagina, el semen corría como un vaso de leche derramado sobre la mesa, blanco y espeso, recorrían los labios vaginales hasta llegar al culo de mi madre.

    Nunca había visto a mi madre tan complacida, le tomé otra foto con su celular en ese estado, aquel orgasmo que mis palabras y polla provocaron sobre ella. Mi madre seguía repitiendo “eres mi amo, eres mi dueño” con la voz tan suave e interrumpida por su respiración que apenas la entendía. Las fotos que tomé las envié a mi celular y las borré del suyo. Mientras tanto, mi madre me incitaba y acariciaba con el pie que tenía delante de mí, lo recorría desde mi mentón hasta mi pene y repetía el recorrido. Yo me encontraba satisfecho y cansado, había convertido a mi madre en una desesperada de sexo, en mi esclava sexual. No podía dejarla así, por lo que le ordené que, al decir “oma ut yos”, ella se olvidaría de todo lo ocurrido y volvería a la normalidad, y cuando dijera “oñeud ut yos”, ella volvería a este estado de lujuria. De este modo, le dije “oma ut yos” y ella empezó a recobrar la consciencia propia, se miraba confundida y luego se dio cuenta del estado en que estaba. Creo que no lo pensé muy bien, mi madre empezó a gritar el qué había pasado y qué estábamos haciendo desnudos así, creo que le ordené demasiada normalidad, así simplemente le volví a ordenar que se diera una ducha y olvidara lo que acababa de pasar cuando se vistiera.

    Salí de la habitación a la vez que mi madre entraba a la ducha algo enfadada y gritoneando, en cierta forma me gusta dominar sobre ella así. Me dirigí a mi habitación y me cambié de ropa, apenas eran las 12 del mediodía, tengo toda la tarde para hacer lo que me plazca, así que me recuperaré y luego veré cómo me divierto. Mientras tanto, revisaba las fotos de mi madre en mi celular, seguramente haría algo con ellas, pero no sé qué exactamente. A los 20 minutos me llega un mensaje de una compañera de clase, quería que la ayudara con los integrales triples de la Uni, sin ser consciente de mis palabras, le respondí que primero me mandara las respuestas del anterior trabajo que yo no había hecho, es claro que era típica chiste de negociación, pero me sorprendí al ver a los 2 o 3 minutos las fotos con los desarrollos y respuestas que pedí. Entonces me di cuenta de lo obvio, mis órdenes (y, por ende, afirmaciones) eran igual de efectivas por mensaje. No se me había ocurrido probar algo así, era tan evidente.

    Le di otras órdenes como que me mandara una foto de su baño y de su cara, órdenes tontas para comprobar la eficiencia. Tal cual, cada una fue cumplida y pude ver un sinfín de posibilidades más. Le ordené que me mandara una foto en ropa interior, y a los 3 minutos recibí una foto de ella en un juego de lencería rojo, su rostro no denotaba ninguna expresión particular, pero se podían apreciar sus curvas y pequeñas tetas que me provocaron una erección más. Entonces, puedo ordenar a quien sea a distancia, ¿qué aventuras me deparan ahora?

  • En una fiesta familiar

    En una fiesta familiar

    Hola cómo están? Les platico lo que pasó este fin de semana, creo que ahora si me pasé de la raya, pero combinar alcohol y lujuria no llevan a nada bueno.

    El sábado pasado me invitaron a una fiesta infantil en casa de los chachos, uno de los niños cumplió años y nos invitaron a toda la calle fuimos casi todos los vecinos!

    Obviamente me arreglé muy bien quería verme muy guapa, así que me puse un vestido negro tacones de aguja y me puse un ligero negro con medias negras y llevaba una chalina roja, la fiesta aunque fue en la casa de mis vecinos retaron una carpa y la pusieron en la calle, dentro de la casa estaban ocupando la cocina para servir la comida, y como tienen 2 baños en el patio la mayoría entrábamos al baño ahí abajo.

    Desde que llegue salude a todos pero en especial al Chacho y a su papá, que la verdad los dos se veían muy bien arreglados, aunque los 2 traían marca personal de sus esposas! Pero aun así se dieron oportunidad para decirme que me veía muy bien!

    Los dos me dijeron, que si estuviéramos en otra fiesta me llevarían a otro lado para hacer travesuras! La verdad no me calenté mucho oír que sabía que ahí si no habría chance de hacer cositas, pero estaba muy equivocada!

    Ya era de noche como las 8 o 9 no recuerdo muy bien, la verdad estuve tomando mucha cerveza y ellos los hombres mucho alcohol!

    Mi vecino el chacho papá ya estaba muy tomado se le veía a leguas!

    Y se me quedaba viendo con unas ganas! Pero la verdad yo me hacía la loca, porque me conozco y sé que el tomado y yo tomada haríamos alguna locura! Y así paso!

    Después de tomar tanta cerveza iba mucho al baño, me levante de la mesa! La fiesta estaba en pleno ambiente, en eso llego el clásico payaso y todos estaban muy atentos con el show, pero yo me estaba orinando así que me levante al baño, pero los 2 baños estaban ocupados! De repente sentí como me tocaron el hombro y era el chacho papá, se me acercó al oído y me dijo:

    -(que rica te ves hoy! Solo porque estamos en mi casa! Sino ya sabes que te llevaría aún hotel y te daría una cogidota como te gusta! Le respondí!

    -Mejor llévame a un baño porque me estoy orinando!

    -Si quiere ocupa el de la recamara de nosotros ahí no hay nadie! Subes las escaleras en el pasillo es la primer recamara ahí hay un baño!

    -Si puedo?

    -Claro estás en tu casa!

    -pero no subas por que se van a dar cuenta!

    -No te preocupes yo no subiré.

    Entonces me dirigí a la recamara en las escaleras me encontré a su nuera la esposa de su hijo el que también me cogí!

    Le dije que si podía usar el baño de la recamara porque estaban ocupados los de abajo!

    -Si claro! Pásate estás en tu casa.

    Entre a la recamara encontré el baño, ya no aguantaba, solo hice del 1, me acomode mi vestido el ligero y mi tanguita, salí del baño y lo primero que veo es al chacho papá esperándome! Y traía la verga de fuera, toda flácida pero de fuera se bajó el cierre y también traía los huevos de fuera!

    La verdad me sorprendí y me excite mucho!

    Le dije, no como crees que aquí en tu casa en tu recamara! Estás loco? Quieres que nos cachen y se haga un desmadre? Me abrazo por la cintura me tomo del pelo y me dijo! A poco no se te antoja?

    Tomo mi mano con la de él y me la puso en su verga, apoco no quieres?

    Me bajo y me hizo que se la chupara!

    La verdad si estaba muy nerviosa! Pero también muy excitada!

    Le dije en voz baja, que me dejara parar que se estuviera en paz! Aunque seguía chupando ese trozote de carne le decía que se calmara!

    Solo un rapidin ándale! Todos están abajo nadie sube, todos están viendo al payaso, ándale no me tardo nadita, es que te me antojas mucho, te ves muy rica hoy!

    Me levante y me beso metió su mano debajo de mi vestido y me metió la mano en mi papayita, ya estaba algo mojada, se dio cuenta y me dijo ya ves como si quieres!

    Me aventó a la cama caí de espaldas el levanto y separó mis piernas y se abalanzó sobre mi papayita hizo a un lado mi tanga y me empezó a dar una chupadota que me puso muy caliente! Él se estaba jalando su animalote que ya lo traía bien duro!

    Yo lo agarre del pelo y lo jalaba hacia mi para que siguiera chupándome tan rico!

    Se subió y me penetro por mi papayita así en la posición de misionero, los dos completamente vestidos! Olía mucho a vino pero saber que estábamos en su recamara en la cama donde duerme con su esposa y saber que había mucha gente en ese lugar y nosotros cogiendo tan rico me puso muy cachonda!

    Me dio la media vuelta y me puso en 4, me bajó la tanga la traía en mis rodillas! Me puse de a perrito pero recargue mi pecho y mi cara en la cama y con mis manos me separe mis nalgotas para que hiciera con mi culito lo que quisiera! Me penetro por el culo y empezó a bombear muy duro no podía hacer mucho ruido por que se oía que había gente afuera en el pasillo.

    El con sus manotas me abrió más mis nalgotas me bombeo muy rápido y de sopetón se salió de mi yo cero quería ver mi culito bien dilatado! Mi culito se abría y cerraba! Lo sentía muy abierto, pero sé que a él le gustaba mucho ver mi culito dilatado, acto seguido se bajó de la cama y me empezó a dar aúna súper mamada en mi culito! Con una mano me separaba mis nalgas y con la otra se hacía una chaqueta! Yo hice lo mismo, con la mano izquierda le ayudaba a separar mis nalgas y con la otra me sobraba mi papayita aunque no quería hacer ruido siento que me quejaba ya muy duro, me estaba metiendo la lengua muy profundo en mi culito me éxito mucho la situación, estaba apuntó de venirme, cuando de pronto oímos como abrieron la puerta, era Ofelia la esposa del cacho y nuera de mi vecino! Nosotros estábamos de perfil a la puerta o sea cuando ella entró vio todo yo de perrito y mi vecino con su corota metida en mis nalgotas! Yo trate de incorporarme, pero mi vecino solo sacó la cara y grito! Que no sabes tocar cierra la puerta! Ella se salió me incorpore y le dije ya ves ya nos cacharon!

    El solo me dijo no hay bronca! Pero déjame terminar no seas así! Ya casi me vengo! Me puso aún más caliente la idea de saber que nos habían visto! Así que me puse de perrito otra vez y el seguía con lo suyo, solo sentí como se movía más la cama de lo duro que se la estaba jalando y yo me seguía sonando mi panochita y me empecé a venir fue muy intenso sentir la lengua de él tan adentro en mi culito, el al sentir que mi culito tenía espasmos también se vino! Nos dejamos de mover los dos, pero él seguía chupándome el culito con muy despacio.

    Me incorpore me subí la tanga me arregle el vestido él también se incorporó y tenía la mano cerrada ahí traía toda la leche en la palma de la mano así que tomé su mano me la acerque a la cara la abrió y le limpie los mocos con mi lengua! Que putita eres me dijo!

    Lávate las manos y la boca le dije! Entre al baño por papel me limpie la boca le di un beso de despedida, me voy antes que vengan otra vez me salí y justo cuando iba bajando las escaleras me encontré a lupita con su nuera, no sé qué le dijo la nuera pero no me dijeron nada, solo me vieron feo, me despedí y me salí de la fiesta!

    Hasta hoy no las he visto ni me han dicho nada.

    Por eso les decía que no es bueno mesclar cerveza y ganas de coger por que hace uno cada barbaridad! O ustedes que habrían hecho? Se hubieran arriesgado tanto por una buena cogida?

    Me despido.

  • Honrarás a tu padre y a tu madre (Capítulo final)

    Honrarás a tu padre y a tu madre (Capítulo final)

    Tengo la necesidad de blanquear las cosas con Facundo, siento que no estoy siendo justa con él. Después que Andrea me sorprendiera con Bruno y Andrés me dio mucho miedo de perderlo.

    No sé cómo voy a hacerlo pero debo.

    Acabamos de comer y estamos solos en casa con Facundo ya que Andrea fue al aeropuerto de buenos aires para recibir a su hermana Aldana, mañana es el cumple de Facundo y la invitamos unos días así festejamos el cumple.

    Siento que este es el momento ideal para hablar con el:

    «Facu necesito hablar algo con vos»

    Facundo:

    «Si decime que te escucho»

    Yo:

    «Mira la verdad no sé cómo decirlo.

    Heeee… yooo…

    Mira vos sabés que nuestra vida cambió demasiado, también sabes que yo logré sacar de mí todos los taboo y prejuicios que tenía.

    De hecho digamos que somos una pareja muy abiertas»

    Facundo:

    «Si si; lo sé.

    Pero qué es lo que me quieres decir?!»

    Yo:

    «Bueno, yooo…

    He tenido relaciones con otros hombres por fuera del matrimonio.

    Pero creeme que si te lo estoy diciendo es porque te amo más que a nada y a nadie»

    Facundo:

    «Si ya lo suponía, bueno digo me lo imaginaba.

    Es que yo no soy tonto y muchas veces te comportaste de maneras que evidenciaban tus aventuras»

    Yo:

    «Y eso no te molesta»

    Facundo:

    «Claro que me molesta!

    No tanto el hecho en sí, sino más bien que lo ocultes.

    Yo sé que todo lo que pasó es culpa mía.

    Que aquel día todo cambió y fue mi responsabilidad, pero la verdad que también nos hizo descubrir un mundo nuevo»

    Yo:

    «Si, yo siento lo mismo y quiero pedirte perdón.»

    Facundo:

    «Claro que te perdono mi amor, solo te pido que a partir de ahora no haya secretos entre nosotros.

    Y tomando esta premisa quisiera contarte una intimidad.

    Las veces que te imagine con otros hombres me sentí muy excitado, de hecho cuando recuerdo lo ocurrido con Fabrizio y Andrés también me excita.

    Lo estuve analizando y creo que me excita verte con otros hombres»

    La verdad esto me sorprende un poco, pero lo entiendo ya que a mí me pasa exactamente lo mismo.

    Yo le respondo:

    «Bueno sería cuestión de probar y ver cómo te sientes»

    Continuamos charlando un rato más y luego cada uno a su rutina.

    Entrada la tarde llega Andrea con su hermana Aldana, me resulta muy agradable su personalidad y físicamente es tal cual la describió Facundo, aunque su rostro lo imaginaba distinto, debo reconocer que es muy bonita.

    Ya de noche cenamos los cuatro charlamos y me encargo de poner a Aldana al tanto de lo que corresponde al embarazo de Andrea y también de la vida que llevamos los tres en la casa.

    Entrada la mañana desayunamos y con Facundo nos vamos al súper a comprar las cosas para la fiesta de cumpleaños y Aldana se va con Andrea ya que al mediodía tiene turno para realizar la última ecografía antes de dar a luz.

    Volvimos de comprar y como no tenía nada preparado para comer le digo a Facundo que voy a pedir comida hecha.

    El me mira y me dice:

    «Perfecto y qué te parece si lo atendés vos al delivery??»

    Lo dice cargado de doble sentido, yo estoy sorprendida por su propuesta pero sin dudar le respondo:

    «Ok, si es de mi agrado.

    Creo que hoy comemos pastas»

    No es que tenga ganas de pasta, es que siempre que pido pastas en un restaurante cercano el repartidor que mandan es un bombón.

    Muy ansiosa hago el pedido y me voy a bañar, cuando salgo Facu me espera con dos copas de vino, no pasan 10 minutos y suena el timbre.

    Salgo apresurada a atender y es el pedido y como lo esperaba es el bombón quien me lo trae.

    Recibo el paquete y le pido al muchacho si sería tan amable de ingresar ya que necesitaría que me dé una mano con algo dentro.

    El deja su moto en el hall de entrada e ingresamos, nos dirigimos al comedor dejo el paquete en la mesa.

    Facundo no está, aunque sé muy bien que está observando todo.

    El muchacho observa la casa, yo le pregunto:

    «Te gusta lo que ves??»

    El:

    «Si muy bonita la casa»

    Yo:

    «Si si.

    Pero no hablo de la casa»

    El muchacho se pone nervioso y temblando su voz dice:

    «Hee… Y de qué habla»

    Yo suelto los breteles de mi vestido y lo dejo caer.

    Mi cuerpo queda totalmente expuesto, su mirada se pierde en mis pechos su rostro muestra una mezcla de confusión, nervios y excitación.

    Girando levemente mi cuerpo para enseñar mi cola le digo:

    «De esto hablo»

    El solo mira, no emite palabras pero tampoco me rechaza, yo avanzo más me pegó a él y mientras bajo su cremallera le digo:

    «Que pasa? No me vas a ayudar con mi necesidad?»

    El con muchos nervios responde:

    «Sí señora… Pero su marido?»

    Yo:

    «Vos tranquilo que mi marido no está y por el momento no va a venir»

    Me coloco en cuclillas le bajó el pantalón y su calzoncillo, su miembro está erecto, el tamaño es normal y no muy grueso pero está súper dura parece una barra de hierro y para mí sorpresa el muchacho parece ser judío.

    (El tendrá unos veinticinco años, no es muy alto y su físico es delgado.)

    Comienzo a chuparle la verga, me encanta lo dura que está y es la primera vez que chupo una verga sin prepucio, lamo sus huevos. Mientras la chupo lo observo, se nota nervioso mirándolo desde abajo le digo:

    «Tranquilo bebé vos disfruta»

    Seguidamente le hago un garganta profunda y él suelta un primer suspiro.

    Muevo mi cabeza para que él coja mi garganta. Sabiendo que Facundo está observando todo me esmero, chupo toda su verga, lamo sus bolas y le hago garganta profunda procurando hacer bastantes ruidos con mi garganta, retiro su verga y tragando mi saliva le digo en voz alta:

    «Que rica pija tenés!! Me encanta!!!»

    Él no dice nada solo disfruta mi mamada.

    Luego de un rato me levanto, me siento en la mesa y abriendo mis piernas le digo:

    «Ahora te toca a vos»

    El se arrodilla frente a mi y muy tímidamente lame mi vulva, se nota que le falta experiencia, lo hace bastante soso.

    Le pido que se pare y me coja.

    Su verga dura se introduce en mi vulva húmeda, el mueve sus caderas a un ritmo intenso me encanta. Pero me gusta mucho más saber que Facu está observando todo.

    «Qué estará haciendo o sintiendo?? Se estará masturbando??»

    El muchacho me coge duro.

    Yo gimiendo le digo en voz alta para que Facundo escuché:

    «Haa sii cógeme pendejo cogeme duro!!!

    Que hermosa pija tenés, está dura y caliente como un hierro»

    Me incorporo lo abrazo y mientras él me coge miro hacía el living buscando a Facu. Detrás de la puerta vidriada que separa el Living del resto de la casa lo puedo ver a Facu. Él nos observa, los dos nos miramos fijamente, mi vista solo es alterada por las embestidas que el muchacho está dándome con su verga.

    Sin quitar mis ojos de los ojos de Facu, le muestro una sonrisa cómplice y le digo al muchacho:

    «Bueno vení al piso que te quiero montar un rato»

    El me obedece y se tira al piso su verga erecta apunta al techo, yo me coloco de espaldas a él y de frente a Facu, bajo mi pelvis y sujetando su verga con mis dedos la coloco justo en mi culito.

    Me siento en él y clavo toda su verga en mi ano, me muevo hacia adelante y atrás mientras me masturbo. Me encanta como su verga me coge el culo, abro mis piernas y le muestro a Facu que desde el living nos observa. Me masturbo mientras ese muchacho penetra mi ano.

    Facundo abre un poco más la puerta y lo puedo ver masturbarse.

    La situación me excita y mis dedos junto con la verga del muchacho provocan un orgasmo hermoso.

    Siento como el flujo sale de mi conchita y se desliza hacia la verga de el.

    Gritando y gimiendo le digo:

    «Siii que rico siii como me hiciste acabar pendejo, dale duro cogeme el culo»

    Aumento el ritmo de mis movimientos y siento como el muchacho suelta toda su leche en mi culito.

    Luego de asegurarme que largo toda su lechita me levanto, nos vestimos y lo acompaño a la puerta.

    (Demás está decir que fue una experiencia hermosa y a Facu también le gustó)

    Hoy es un día especial. Es el cumpleaños de Facundo y le tengo preparada una sorpresa, los pocos amigos que tenemos vienen esta noche a cenar.

    Luego de pasar una noche hermosa con nuestros amigos solo quedamos en la casa María, Andrea, Aldana, Facundo y yo.

    Charlamos mientras tomamos unos tragos, luego de un rato lo llevo a Facundo a la cocina con cualquier excusa.

    Al volver las chicas ya no están entonces le tomo la mano a Facu y lo llevo al dormitorio, con un paño de seda tapo sus ojos y mientras lo desvisto le digo:

    «Ahora quédate acá paradito un segundo»

    Sin hacer ruido las tres salen del baño, yo quito mi ropa me arrodilló y lamo su verga, lamo sus bolas y lo masturbo. Su verga gana tamaño y ya casi está en su esplendor.

    Luego me separó y es María quien toma mi lugar, ella también le chupa la verga y las bolas. Luego es el turno de Andrea, yo me acuesto abro mis piernas y María arrodillándose frente a mi me lame la vulva muy suave como solo ella sabe hacerlo, desde la cama puedo ver cómo ahora es Aldana quien le chupa la pija a Facu. Yo le digo en voz alta:

    «Bueno amor si querés quítate la venda de los ojos»

    Él lo hace y luego de un instante puede acomodar su vista y observar la situación.

    (Su cara lo dice todo, su sonrisa es como la de un niño cuando le regalan aquello que tanto esperaba.)

    Aldana mirándolo desde abajo y con su verga en la boca le dice:

    «Feliz cumpleaños, te gusta la sorpresa??»

    El solo inclina su cabeza hacia atrás y mientras sostiene la nuca de Aldana dice:

    «Si, me encanta!!»

    María continua chupando mi vulva, Andrea se coloca al lado de Aldana y entre ambas le chupan la verga a Facu, se alternan entre su verga y sus huevos, ambas le chupan los huevos una de cada lado y luego su verga también una de cada lado.

    María se incorpora y poniéndose en cuatro lame mi conchita. Ella coloca su enorme y hermoso culo justo al lado de Facundo y por supuesto él no pierde tiempo, inclinándose masajea y muerde las nalgas de María, el escupe su palma y frota la vulva de María.

    Luego de un rato Facundo le extiende la mano a Andrea y la ayuda a levantarse, Aldana continua mamando su verga, él intenta quitarla de su boca pero ella la sujeta fuerte y no se lo permite, continúa saboreando su pija y chupándola, lo hace muy bien, se nota que tiene experiencia, la mantiene siempre bien salivada intercala entre su boca y sus manos y cada tanto tira bien hacia atrás su prepucio y con sus labios frota y succiona el glande.

    Facundo está disfrutando muchísimo, y a mí me encanta verlo disfrutar, imagino el placer que está sintiendo y esto hace que se multiplique el mío.

    Aldana suelta la verga y mientras se incorpora le dice a Facu:

    «Ahora sí, ya me saque bien las ganas de chupar esta pija de nuevo»

    Facundo no pierde tiempo y tomando a María por sus caderas le introduce la verga en su conchita. Ella sin decir nada continúa lamiendo mi vulva.

    Andrea se para detrás de Facu y lo besa mientras acaricia su espalda su abdomen, baja su mano hasta la pelvis y luego le acaricia sus huevos, el solo suspira y continúa cogiendo a María.

    Yo la llamo a Aldana y la acomodo arriba mío de frente a Facundo a la altura de mi cabeza, la tomo de la entrepierna y la empujó hacia abajo. Lamo su vulva, chupo sus labios vaginales y le introduzco mi lengua en su conchita, con la punta de mi lengua froto su clítoris.

    Todos estamos muy excitados y disfrutando muchísimo la situación.

    Facundo aumenta el ritmo en sus embestidas a María lo que provoca que María aumente su presión en la succión que da a mi vulva y yo también en la succión que le doy a la conchita de Aldana.

    Solo se escuchan gemidos y los golpes de la pelvis de Facundo contra el culo de María.

    Facundo saca su verga de María y nos dice:

    «Bueno chicas, pónganse aquí en el filo de la cama una al lado de la otra en cuatro»

    Nosotras obedecemos y nos situamos una al lado de la otra.

    Él se coloca detrás mío y me penetra, lo hace muy suave, mi concha está súper húmeda y siento la verga de Facu entrar y salir, me encanta. Mientras me coge, con su mano izquierda manosea a Aldana, frota su vulva y sus nalgas y con su mano derecha toma mi cadera, me empuja hacia él y mete muy profundo su verga en mí. Nos da nalgadas fuertes a ambas e introduce en mi culito su dedo índice, lo mueve en forma circular, está preparando mi ano para penetrarlo.

    Luego de un rato se coloca detrás de Aldana y la penetra a ella, ahora con sus manos nos toca a mí y a María mientras coge a Aldana. Así va una por una cogiéndonos y preparando nuestros culitos para penetrarlos.

    Los golpes que su pelvis provocan en nuestras nalgas solo se ven interrumpidos por nuestros gemidos que van cambiando de tono según nos va cogiendo.

    Colocándose detrás de María la toma de sus caderas y dice:

    «Bueno María… tu culito va a ser el primero»

    Coloca su miembro en el ano de María y haciendo fuerza intenta penetrarla, María se queja.

    Aldana se incorpora y colocando su cara sobre el culo de María escupe su ano y el glande de Facundo, frota con sus dedos el ano de María y le dice a Facundo:

    «Listo ahora abrí ese culo»

    Él lo hace y ahora ya lubricado de a poco va penetrando a María. Ella gime y grita, él la sostiene por sus caderas y en un instante ya está dentro de ella. Sus movimientos se aceleran, María grita al compás de sus penetraciones.

    Me siento muy excitada, tocó mi vulva, froto mi clítoris con las yemas de mis dedos, tengo que hacerlo suave para no correrme, quiero sentir está excitación lo máximo posible, escucho los golpes acelerados que Facundo provoca en las nalgas de María ella gime y grita:

    «Aaaa sii no pares, no pares que ya me vengo!!! Si si dioosss que rico coge mi culo dale!!!»

    Facundo la coge muy duro y María se viene en un orgasmo intenso, Facu le da nalgadas fuertes, se escucha como sus palmas se estremecen en esos cachetes grandes del culo de María, tengo que dejar de tocarme para no correrme yo también.

    Facundo saca su verga de María y se coloca detrás de Andrea. Al igual que con María ahora Aldana se encarga de escupir el ano de Andrea y la verga de Facundo.

    Se escucha un grito muy agudo de Andrea y seguidamente las embestidas de Facu, las cuatro seguimos en la misma posición con María nos tocamos mutuamente y nos besamos apasionadamente, su lengua se introduce en mi boca, siento mis flujos salir de mi vulva. Se continúan escuchando los gritos de Andrea, definitivamente le está cogiendo el culo como nunca.

    (Así nos fue cogiendo una por una, a mí me cogió por último. La verdad estaba tan excitada que su verga entro sin problemas y me corrí de inmediato)

    Al sentir su verga ingresar por mi culito un chorrito de flujo salió de mi vulva que para entonces estaba súper hinchada y sensible, no pude contener ni dos minutos que me vine en un orgasmo precioso.

    Luego él se tiró en la cama y le pidió a Andrea que suba encima suyo, esta pose es la más cómoda para ella ya que con su panza de octavo mes le cuesta un poco moverse.

    Con María nos acostamos y los dejamos a ellos tres coger mientras nosotras nos divertimos solas.

    Nos besamos, tomo mi tiempo para disfrutar de sus pechos, los lamo, los chupo, mordisqueo sus pezones. Ambas nos tocamos mutuamente luego entrelazamos nuestras piernas y enfrentamos nuestras vulvas, me encanta lo húmeda y calentita que está su conchita, nos frotamos y mientras lo hacemos lo observo a Facu coger con Andrea, Aldana se coloca a su lado lo besa toma sus huevos y los frota, el chupa sus tetas.

    (Aldana tiene bonitos pechos, no son grandes pero si muy bonitos)

    Facundo los disfruta, nuestra cama es un volcán de pasión y lujuria, se huele el sexo en el aire los gemidos y gritos provienen de todos lados, cierro mis ojos y me dejó llevar por la pasión.

    María con sus movimientos provocan un nuevo orgasmo en mi.

    Aldana ahora toma la posición de Andrea y lo monta a Facu.

    Le pido a Andrea que se siente a mi lado que pase una de sus piernas por mi pecho y su vulva queda frente a mis labios, la chupo la beso, siento el gusto de la verga de Facundo en su conchita. María sigue moviendo su cadera, frotando su vulva con la mía, mi clítoris percibe hasta el más mínimo rose, mi cabeza explota de placer y nuevamente un orgasmo me estremece, la verdad ya perdí la cuenta.

    Facundo toma a Aldana de la cintura y girando su cuerpo la recuesta en la cama, él se arrodilla toma las piernas de Aldana y se las lleva hacia atrás se apoya en sus piernas y la penetra. Ella gime, yo continuo chupando la conchita de Andrea y María ahora se inclina y le come la boca a Aldana ahogando sus gritos provocados por las penetraciones de Facundo.

    La pelvis de Facu se mueve enérgicamente, su cuerpo está totalmente transpirado, su verga está hinchada súper venosa y su glande brilla de lo estirada que está su piel. Sujetando su verga con la mano la frota por el clítoris expuesto de Aldana, vuelve a penetrarla, lo hace un par de veces y en una de ellas mientras frota el clítoris de Aldana con su verga que explota de sangre ella grita:

    «Haayyy dios que pija, siii»

    Y de su conchita salen chorros de flujo que la verga de Andrés con sus movimientos desparrama para todos lados.

    Facundo se para y dice:

    «Ven mi amor ponte en cuatro aquí, y tú María ponte también en cuatro pero arriba de ella»

    Lo hacemos y él nos coge a ambas en esa posición, primero a una y luego a otra. Me encanta cuando me penetra, pero no sé si me encanta aún más los gemidos de María en mi nuca producidos por las penetraciones de Facundo.

    Él nos coge la conchita y el culito a ambas, su verga se alternan entre mi culito y la concha de María y viceversa.

    Aldana y Andrea están acostadas masturbándose mientras nos observan.

    Facundo nos deja y la toma a Andrea de las piernas, la arrastra hasta el levanta sus piernas y la penetra, coloca las piernas de ella en sus hombros y tomándola de las caderas penetra su conchita. La coge de una forma desaforada, Aldana chupa las tetas de Andrea yo me coloco del otro lado y la ayudo a chupar esas tetas hermosas que producto del embarazo están muy grandes y con los pezones gigantes.

    Me coloco en cuatro y levanto la cola, lo provocó a Facu porque quiero que me siga cogiendo. Él se acerca y me muerde fuerte mis nalgas, con su palma derecha me da una nalgada fuertísima, no aguanto más:

    «Por favor cógeme un rato más»

    El baja las piernas de Andrea y me dice:

    «Ven ponte arriba de ella y las cojo a las dos»

    Yo lo hago, aunque la panza de Andrea me incomoda. Él se retira un poco y yo bajo mi culito, ahora sí el me penetra, lo hace por mi conchita.

    Me encanta como me coge Facundo.

    Luego de un rato me toma de las caderas y me empuja hacia arriba, ahora continúa cogiendo a Andrea.

    Estamos un tiempo así intercalando.

    Luego él se acuesta en el borde de la cama con sus piernas abiertas le dice a Andrea:

    «Vos arrodíllate delante mío y chupame las bolas mientras me cojo a tu hermana»

    La toma del brazo a Aldana y la coloca de frente a Andrea ella abre sus piernas y agachándose se introduce la verga de Facundo en su vagina, ella se mueve de arriba hacia abajo mientras Andrea lame las bolas de Facu.

    Cada tanto Andrea quita la verga de la conchita de su hermana la chupa un instante y vuelve a introducirla.

    Facundo gime y su respiración está súper agitada. Definitivamente nos está cogiendo a las cuatro a su placer, demás está decir que la está pasando más que bien.

    Le dice a María:

    «María, ahora te toca a vos»

    Y María toma el lugar de Aldana.

    De esta forma Facu nos va cogiendo a las tres mientras Andrea chupa su huevos lame nuestras vulvas y esporádicamente le chupa la verga a él.

    La última soy yo, siento la verga de Facundo súper hinchada le late y está hirviendo.

    María se arrodilla al lado de Andrea y ambas nos chupan nuestros sexos.

    Facundo saca su verga de mi y la apoya en mi vulva Andrea chupa sus huevos mientras María se come mi conchita junto con el glande de él.

    Esto dura poco, el me empuja de arriba suyo y nos dice:

    «Bueno chicas no aguanto más, pónganse las cuatro de rodillas»

    Nosotras rápidamente lo hacemos y no pasa un segundo que Facundo masturbándose frente a nosotras nos tira su corrida en la cara.

    (Nunca había visto a Facu sacar tanta leche)

    Sus chorros caen en nuestros rostros.

    Una vez vacías sus bolas nos fue dando su verga para que cada una se la chupemos un ratito.

    Luego las cuatro nos besamos desparramando todo su esperma por nuestras caras.

    Continuamos cogiendo hasta la madrugada.

    Estoy profundamente dormida y escucho el timbre de casa.

    Suena insistentemente, logro despertarme y me levanto, el resto dormía profundamente.

    Bajo a la cocina, atiendo el portero eléctrico y del otro lado escucho la voz de mi madre, observo la cámara y allí los veo a mis padres en la puerta.

    (Por dios! Mis padres están aquí.

    Justo hoy tenían que venir?!)

    Le respondo:

    «Ya salgo ma, dame un minuto»

    Subo corriendo las escaleras y los despierto:

    «Arriba arriba!!! Tienen que levantarse!!!»

    Facu:

    «Amor que pasa?!»

    Yo:

    «Mis viejos!!! Mis viejos están afuera!!»

    De un salto salió Facundo de la cama y ayudo al resto a levantarse.

    Yo bajé corriendo poniéndome la bata y le abrí la puerta a mis padres:

    «Hola papá!!! Hola mamá!!!

    Que milagro ustedes por Buenos Aires»

    (Cómo ya les conté mis padres viven en Barcelona, España)

    Mamá:

    «Si querida recién llegamos, no quisimos avisar para darle la sorpresa a Facu por su cumple»

    Yo:

    «Haaa que lindo»

    (La sorpresa se la van a llevar ellos pensé)

    Al rato bajo Facundo, los saludo y ellos se acomodaron. Luego de un rato bajo Andrea y Aldana.

    Yo me quería morir, mis padres no saben nada de nada, sus caras de asombro al verlas y mucho más a Andrea con su panza.

    Yo trate de justificar:

    «Padres les presento a Andrea y Aldana son dos hermanas amigas nuestras, ellas son de Córdoba y están aquí para que Andrea pueda tener el bebé aquí en Buenos Aires»

    La cara de mis padres me decía que mucho no me creyeron y para rematar al ratito baja María con su exuberante figura y la ropa que tenía el día anterior en la fiesta que no era precisamente un conjunto deportivo…

    Nuevamente me adelantó y la presento:

    «Ella es María, también una amiga de la casa. Se quedó a dormir porque anoche hicimos la fiesta de Facu y no quiso irse tan tarde solita a la casa»

    La cara de mis padres lo decía todo, y para peor mi padre no quitaba sus ojos del culo de María.

    Para rematar el comenta:

    «Nooo, supongo que no era buen horario para que una niña tan chiquita ande sola»

    Enseguida cambiamos de tema y nos acomodamos en la cocina para desayunar. Yo estuve todo el día súper nerviosa y preocupada.

    (Que pensarían mis padres de todo ésto?! Cómo lo tomarían si se enteraran?!?!)

    Por la noche luego de la sobremesa todos nos fuimos a dormir, en la casa solo tenemos una habitación de huéspedes, así que propuse:

    «Para dormir Andrea y Aldana pueden dormir en nuestra habitación, ustedes pa y ma duermen en la habitación de huéspedes y con Facu dormimos en el sillón del living que es súper cómodo»

    Así hicimos, acomodamos todo y a dormir.

    Mi madre antes de subir a la habitación me dice:

    «Eli tomamos un té en la cocina?»

    Yo:

    «Claro mamá»

    Obviamente las intenciones de mi madre no eran tomar el té.

    Mirándome a los ojos y tomando mis manos me dice:

    «Hija, no hace falta que duermas en el living.

    Acostaste en tu habitación a tu padre y a mí no nos importa que duerman los cuatro juntos»

    Yo no entiendo nada, sorprendida por el planteo le respondo:

    «Mamá qué decís!!! Mira si vamos a dormir todos juntos!!!»

    Ella sonriendo me dice:

    «Hija tranquila sabemos lo que ocurre aquí y no los juzgamos.

    Mientras ustedes sean felices por nosotros está bien»

    Yo estoy sorprendida y confundida:

    «Cómo lo supieron???»

    Mamá:

    «Hija, hija… somos viejos pero no tontos.

    En Córdoba hay muy buenos sanatorios para que tu amiga pueda tener el bebé, tu amiga María ya está grandecita como para quedarse a dormir en casa ajena. Aparte cuando llegamos ustedes recién se levantaban… los cinco!!! Y la habitación de huéspedes estaba intacta con la cama bien hecha.

    En la habitación de huéspedes no vi ropa de futura mamá.

    Y por último las ojeras en sus rostros mostraban una noche bastante movida»

    Yo no sé qué decir, mientras tomamos el té le cuento todo. Pero mi asombro no terminaría allí.

    Mi madre continúa sorprendiéndome:

    «Hija creeme que te entiendo.

    Vos porque crees que nos fuimos a España???»

    Yo:

    «La verdad no lo sé, siempre me lo pregunté. Porque por problemas económicos no fue.»

    Mamá:

    «No hija, es que el estilo de vida que llevamos con tu padre aquí es muy difícil y más aún unos años atrás»

    Yo:

    «No entiendo ma. A qué te referís con estilo de vida??»

    Mamá

    «Jajaja, hija con tu padre somos swinger y tenemos una pareja más que abierta»

    Yo no lo puedo creer jamás lo hubiera creído. La verdad que me cae como un balde de agua helada.

    Mamá:

    «Y la verdad no termina ahí»

    Yo:

    «Mamá me estás asustando!!!

    Qué más tenés para decirme»

    Mamá:

    «Bueno te lo digo pero no te pongas histérica.

    Tu padre… es bisexual»

    Mis piernas se aflojan, la vista se me nubla y un silbido surge en mis oídos. Todo se pone negro y me desmayo.

    Me despierto y el sol de noviembre se refleja en mis ojos, el calor húmedo de Buenos Aires es sofocante. Me levanto un poco aturdida de la reposera camino por el parque, voy hacia la casa, entro y me dirijo al living. Allí lo veo a Facundo con un hombre charlando, al verme ambos se paran y Facundo dice:

    «Hola mi amor te despertaste??

    Te presento a Fabrizio»

    Yo continúo aturdida y sorprendida.

    Le doy la mano un poco reticente, él me mira y con un leve acento italiano me dice:

    «Mucho gusto señora es un placer»

    Facundo:

    «Fabrizio es un inversionista y vino al país para invertir en mi empresa»

    El diálogo se ve interrumpido por la aparición de una mujer.

    Su figura es voluminosa, su enorme trasero contrasta con su diminuta cintura, muy bien arreglada.

    Fabrizio me dice:

    «Señora le presento a mi esposa María»

    Yo:

    «Mucho gusto María»

    María con acento caribeño responde:

    «El gusto es mío, seguramente nos veremos seguido espero pasarla bien»

    Yo solo sonrió y piensa para mí

    (Yo creo que la vamos a pasar muuuyy bien).

    FIN.

    Esta historia fue mi primer relato.

    Se lo dedico a mi amada esposa.

    Mi musa inspiradora, mi compañera de tantas locuras y la dueña de mis pasiones.

  • La madura de mis sueños

    La madura de mis sueños

    Hola a todos hoy recordando momentos de mi vida, llego a mi mente el momento donde tuve sexo con una mujer de 46 años que a día de hoy sigo recordándola como si hubiera pasado hace 2 minutos, así que sin más rodeos os contaré.

    Fue al día siguiente de cumplir 19 años y fue mi mejor regalo de cumpleaños, tengo que decir que a esa mujer la conocí por un grupo de sexo por Telegram y la verdad es que tengo que dar gracias por haberla conocido. A día de hoy sigue soltera pero vive en Puerto Rico y la verdad es que sigo deseando volver a tener ese encuentro.

    Como os dije antes fue el día después de cumplir los 19 y nos conocimos por Telegram nos dimos nuestros números para poder hablar WhatsApp y así pues tener esa seguridad que no nos mentimos, para ese entonces hablábamos por videollamadas que más hablar era hacer sexting, y la verdad que con una mujer como ella los disfrutas mucho, cumplía todo lo que quería, pero un día me dio una noticia que me quedé atónito, recuerdo que empezó a decirme que se encontraba mal por algo que hizo y que teníamos que hablarlo los más pronto posible yo preocupado al momento le hice una videollamada, y cuando ella acepta la videollamada.

    Lo primero que veo son unos billetes de avión que venía a la ciudad donde vivo, a Madrid para el día de mi cumpleaños, me quede de piedra, en mi cabeza solo pasaban imágenes de poder tenerla ante mí en todas las posiciones posibles, ver si era verdad eso que me decía que me se tragaría todo mi semen y que le podía desvirgar bien su culo tan grande que tenía, yo recuerdo que fue una semana antes de mi cumpleaños cuando me dio la noticia, yo no cabía en mi ser deseaba que llegara ese día, cuando recuerdo que el día de mi cumpleaños ya lo había guardado para mis amigos y no podría estar con ella y eso hizo que le escribiera comentándole la situación a lo que ella me dijo que ella ya lo sabía y había cogido un vuelo que llegaría por la noche y así poder dormir más a gusto.

    Por fin llegó el día en el que la iba a ver yo pensando que iríamos a algún lado, al despertarme me encuentro con un mensaje de ella diciéndome donde se alojaba y en qué número de habitación estaba, y que cuándo llegara dirá mi nombre ya que yo también entraba como alojado allí junto con ella, mis nervios y mis ganas de tener sexo con esa mujer estaban a la par, llegue al hotel, di mis datos y todo y me dieron las llave de la habitación, subí hasta la habitación y me dispuse a entrar, me sentía cohibido ante esa situación pero mi miembro no lo estaba ya que nunca lo había tenido tan duro como en ese momento…

    Abrí la puerta y vía unos pétalos que me llevaba hasta el baño de la habitación, (tengo que decir que se alojó en unos de los hoteles más caros de Madrid, y eso más que una habitación era como mi piso la verdad), fui hasta el baño y vi una nota que ponía: Hoy solo pido que me trates como lo que quiero ser para ti, una puta, quiero que me folles como si me despreciaras, quiero sentir esos 21 cm rompiéndome el culo.

    En mi rostro se dibujó una sonrisa, quería cumplir sus deseos y lo tenía tan claro que se me fue todos los nervios, vi otra nota que decía: Cuando salgas del baño hazlo sin ropa, te esperó en la cama ya desnuda no tardes.

    Me desnude rápido haciendo que mi miembro saliera como un resorte ya duró y con ganas de follarme a esa puta, salí del baño siguiendo otro camino de pétalos hasta que la vi, masturbándose, y mirándome con cara de puta, pidiéndome con la mirada que la follara sin piedad, ahí estaba castigándose ella sola, metiéndose los dedos y pellizcando sus pezones duros como piedras, gimiendo y jadeando de placer, mire a los pies de la cama y vi que en la pared de enfrente, había una silla, que me dejaba ver como se masturba como si fuera una película porno me senté y empecé a masturbarme haciendo que su expresión cambiará un poco dudosa de porque hacía eso.

    Me miró y con la voz entre cortada me dijo.

    -¿Por qué no te acercas y me follas como me dijiste?, ¿Tienes miedo?

    La mire sonriente y con calma le dije.

    -Como te dije en su día, tú serás mi sumisa, mi puta y te follare como y cuando yo quiera, así que ven aquí sucia puta y empieza a comerme la polla como me decías que la ibas a comer.

    Eso para ella fue el pistoletazo de salida, empezó a tener el orgasmo más bestia que he visto en una mujer, salió a chorro mojando la cama, sus piernas temblaba, su cuerpo estaba empapado la cama tenía un charco, y haciendo casi un esfuerzo sobrehumano se levantó, bajo de la cama y vino hacía mi a gatas, cuando está lo suficientemente estiró la mano agarrando mi pene que estaba tan duro que parecía que iba a reventar, lo pego a mi pelvis empezó a comerme los huevos con unas ganas inmensas, saco su lengua y fue subiendo por el tronco hasta llegar al glande, lo beso lamió mi líquido preseminal y empezó a meterse todo el pene en la boca, sin titubeos agarre su pelo haciéndole con mis manos un moño y obligando que se la metiera entera en la boca.

    Estaba en una nube, había tenido sexo desde muy joven, pero no sé cómo ese día aguante tanto, y pude cumplir sus expectativas, le folle la boca mientras ella tenía sus manos en la espalda, en señal de sumisión dejándose hacer todo lo que se me ocurriera, el sonido de su saliva y sus arcadas sonaban como música celestial, nos mirábamos a los ojos y cuándo puede articular palabra, aún con mi miembro dentro de su boca.

    -Quiero que saques la lengua.

    Ella como si fuera profesional lo hizo sin trabajo ninguno, saque lentamente mi miembro haciendo que la saliva formarán hilos al sacarla lentamente, cuándo estaba fuera del todo aprovecho para poder respirar, le sonreí y ella me correspondió con otra sonrisa, tragó saliva y mirándome me dijo.

    -Amo quiero seguir mamando, quiero tu leche antes de que me folles, tengo hambre y no desayuné, esperaba que mi Amo me diera un rico desayuno.

    -Abre la boca puta.-Le dije sin pensar, ella lo hizo y se la volví a meter pero está vez todo de golpe, cuando entro toda empuje, su cabeza aún más y le dije.

    -Que sea la última vez que me hablas sin permiso, está por esta vez te lo pasó porque quiero complacerte, pero a la próxima no seré tan amable.

    Volví a follarle la boca, cuando note que empezaba a temblar y notaba mis pies húmedos, mire y estaba teniendo otro orgasmo como el de antes y sin poder evitarlo me corrí, en ese momento solo pude pensar como podía estar sacando tanto semen sin parar, veía que se ahogaba con tanta cantidad, me quede por un momento parado, intentando recuperar la respiración, aún sentado, solté su pelo y cuando la mire vi que tenía la barbilla llena de semen, sus pechos igual, y ella apoyada en la tabla de los pies de la cama como un cara de felicidad inmensa un tragando mi semen.

    Esperó que les haya gustado la primera parte de ese día, subiré la segunda parte pronto, un saludo.

  • Perdí mi virginidad por mentir en el chat (Segunda parte)

    Perdí mi virginidad por mentir en el chat (Segunda parte)

    Como les comenté en el relato anterior, después de haber sido desvirgado por Roberto me sentía culpable, arrepentido de haber acudido a su departamento y el haberme hecho pasar como chica en el chat, que fue lo que desencadenó todo.

    Sentía el culo inflamado y me ardía horrores lo cual provocaba que caminase con algo de dificultad, lo cual no pasó desapercibido por mis compañeros, pero con mucha pena inventé que me había torcido un tobillo, creo que me creyeron porque no me hicieron muchas preguntas, además era un suplicio ir al baño, maldecía esos momentos.

    Poco a poco el ardor e inflamación fueron bajando y a la semana, solamente sentía un ligero ardocito, que me hacía recordar los momentos de mi desfloramiento.

    Al revisar mi correo, vi que tenía unos mensajes de Roberto, agradeciendo la experiencia vivida y pidiendo que nos volviéramos a encontrar. No contesté ninguno de los mensajes, estaba tan confundido, un par de semanas después ya estaba completamente recuperado, en mi mente sólo quedaban los recuerdos de como Roberto me había hecho su hembra.

    Seguí recibiendo correos de Roberto, preguntando si estaba bien y el motivo por el cuál no hubiese contestado sus correos anteriores, y al final me atreví a contestar uno de sus correos explicando como me sentía y todo el sufrimiento que había pasado, así como el hecho de que tenía novia y no era correcto lo que habíamos hecho. Me cuestionó si había sentido placer y no pude mentir, le dije que había sentido mucho placer, muy diferente a todo lo que había experimentado antes, pero también mucho dolor. Me comentó que duele mucho porque el culo es realmente un músculo, y cuando me penetró las fibras musculares se estiraron y seguramente algunas se rompieron, pero que esas fibras tienen memoria y la próxima vez, podrían estirarse sin romperse ninguna fibra muscular, que solamente sentiría placer. Siguió insistiendo y aunque dudaba en aceptar, al final acepté volver a encontrarme con Roberto y comprobar si era cierto que solamente sentiría placer, para esto, ya habían pasado como 3 meses de nuestro primer encuentro y creo que mi colita estaba nuevamente muy cerradita.

    Acordé con Roberto vernos el siguiente sábado en el parque donde me había dejado la vez anterior e ir directamente a su departamento.

    Recuerdo que estuve nervioso todos los días, una mezcla de angustia y nerviosismo, estuve investigando un poco sobre sexo anal en internet y me había comprado en la farmacia un lubricante KY, también había procurado comer muy ligero el día anterior y lavarme muy bien la colita ese día antes de la cita, a fin de prevenir cualquier accidente que pudiera ocurrir.

    Llegué puntual al parque y tan pronto llegué ya estaba el auto de Roberto esperándome, me saludó efusivamente sin bajarse del coche y me pidió subir, me sentía nervioso y me subí rápidamente, a fin de evitar que algún conocido fuera a verme.

    Tan pronto entré al coche Roberto me dio un abrazo y un beso en la mejilla que me tomó desprevenido, me dijo que estaba excitado desde el día que acepté reunirnos y tocándose la entrepierna me dijo.

    – Mira como me tienes, la tengo tan dura que siento que va a explotar. Te prometo que hoy te haré gozar como nunca, mi amor, mi Ariel.

    Que nervioso estaba, pero sentí un cosquilleo rico en la colita, ahí comprendí que cuando estuviera con ese macho sería Ariel, su hembra y así debería sentirme.

    Pronto llegamos a su edificio y rápidamente se bajó y me abrió la puerta del auto, me tomó de la mano y me ayudó a salir, y después puso una mano en mi cintura, me dio mucha pena, pero no dije nada, al notar que no había nadie, pero es probable que hubiera sido captado por las cámaras de vigilancia. Llegamos al elevador y dentro empezó a acariciarme y apretarme las nalgas aprovechando que íbamos solos, llegamos al departamento y tan pronto cerró la puerta se abalanzó sobre mí sus brazos me apretaron contra su cuerpo y su boca buscó la mía, me dio un beso cachondo, me dejé llevar, correspondí a su beso, jamás lo hubiera imaginado algunos meses antes, pero allí estaba en los brazos de un macho, que me apretaba y acariciaba, nuestras lenguas se entrelazaron, sentía como su lengua exploraba mi boca, mordía suavemente mis labios, mientras sus manos recorrían mi espalda, sentí que desabrochó mi pantalón y me quitó mi playerita, en cuestión de segundos, estaba solamente en bóxer, mientras besaba mi cuello y sentí que aspiraba mi pelo, lo olía, eso me puso más cachondo, empezó a mordisquear mis orejas al tiempo que me susurraba:

    – Ay amor, te voy a amar todo el fin de semana, te tengo tantas ganas, quiero gozarte a todas horas, que seas mi hembra por siempre.

    Mi cuerpo se estremecía al escucharlo y empezó a succionar el lóbulo de mi oreja lo que ocasionó que un ligero gemido saliera de mi boca.

    Sus labios besaban cada centímetro de mi piel y fue bajando a mis tetillas, allí las mordisqueó y succionó muy rico, yo cerré los ojos y acariciaba su pelo, loco de placer, o mejor dicho loca de placer.

    Me llevó a su recámara y en el camino se iba desnudando, tan pronto llegamos me hizo recostar boca abajo en la cama y abrir mis piernas.

    Así mami, que rica estás, no te imaginas cuantas veces he soñado y pajeado recordando este culito tan rico y suave, amor.

    Sus manos se posicionaron en mi bóxer y empezó a quitármelos, al tiempo que alzaba la cadera para facilitarle la operación, mis nalgas desnudas quedaron expuestas a sus ojos y oí que realizó una exclamación de satisfacción.

    Sentí sus manos recorriendo suavemente mis nalgas y abrirlas, sentía el fresco aire del departamento colarse entre mis nalgas y acariciar mi hoyito, me gustaba tanto como me acariciaba Roberto que solamente cerré los ojos y me concentré en las caricias que sentía. Continuó apretando mis nalgas con sus manos al tiempo que las mordisqueaba y besaba y de pronto sentí que las abrió nuevamente y sentí una caricia húmeda y caliente recorriendo mi rajita, recordaba esta caricia tan íntima, sabía que era su lengua y abrí más mis piernas, cuando encontró mi hoyito no pude evitar dar un ligero respingo y nuevamente se me escapó un gemido.

    Abrió mas mis nalgas y sentí que empezó a puntear con su lengua la entrada, sentía tan rico, que empiné mas la colita y sentí que mi esfínter cedía, entrando dentro de mi culo, me sentía en el paraíso, movía su lengua en forma circular, rozando mis paredes internas y una oleada de placer recorrió mi cuerpo, de mi boca empezaron a salir algunos gemidos mas agudos.

    No podía creer mi situación, empinado y recibiendo placer por el culo de un macho que me trataba como su hembra.

    Sacó su lengua y sentí algo frío y viscoso entre mis nalgas, inmediatamente reconocí que era lubricante, así que ayudé con la preparación abriendo mis nalgas con las manos, lo cual fue seguido por sus dedos entrando en mi culo, sabía que me estaba preparando y colaboré relajando la colita y empinándome bien, pronto sus dedos entraban y salían con facilidad y sentía mi colita flojita, se recostó en la cama y me tomó de la cara para que me incorporara y nos besamos nuevamente, me tomó del pelo y fue empujando mi cabeza en dirección a su verga, hasta que mis labios tocaron la punta de su verga, la verdad me daba un poco de asco, pero siguió empujando mi cabeza y mis labios se abrieron, entrando la cabeza de su verga en mi boca, sentir ese tronco ardiente de carne en mi boca me excitó y al mismo tiempo tengo que reconocer que no sabía mal, así que tímidamente empecé a chupar, al principio me comentó que lastimaba su verga con mis dientes y me fue guiando para evitar que lo lastimara, creo que no lo hacía mal porque empezó a gemir y tomándome de la nuca metía y sacaba su verga dentro de mi boca literalmente follando mi boca, hasta que me ensartó su verga hasta la garganta, sentí que me ahogaba, no podía respirar y me daban arcadas, así que me la saqué de la boca para tomar aire, ahí aprovechó para azotarme la cara con su verga y empezó a recorrer con la punta de su verga mi cara, empezando con mis mejillas y después por mis ojos, frente y nariz, se sentía ardiente y babosita, llena de precum, me sentía tan puta, continuó por mis labios y nuevamente me empaló profundo su verga, sentí como entraba en mis labios y recorría mi lengua, paladar, y se introducía a mi garganta, hasta nuevamente causarme arcadas, su verga salió de mi boca y me dijo que me iba a coger, así que di vuelta y me estaba poniendo en 4, pero me dijo que no, que era su hembra y me quería coger como hembra y me pidió acostarme boca arriba y abrir mis piernas, así lo hice y sentí que se posicionaba entre mis piernas, tomó una de mis piernas y la puso en su hombro y con su mano sujetó mi pantorrilla e hizo que abriera lo mas posible mi otra pierna, de tal forma que mi culito quedara expuesto, posteriormente tomó una almohada y me levantó para acomodar la almohada bajo mi espalda, de esta forma mi culo quedaba levantadito e indefenso, sentí su verga dura recorrer mi rajita y buscar mi orificio, pronto lo encontró y empezó a puntear con su verga en la entrada de mi culo.

    Poco a poco mi esfínter fue cediendo y la cabeza de su verga entrando en mi culo, nuevamente sentí nuevamente mucho ardor, y una mueca de dolor se dibujó en mi cara, Roberto veía mi cara de sufrimiento y me pidió aguantar

    Aguanta, ya entró la cabeza, pronto empezarás a sentir placer

    Aunque era un dolor fuerte era soportable y no intenté zafarme, pero un grito fuerte salió de mi boca, que fue callado con un beso de Roberto, y seguía pidiéndome que me relaje, al tiempo que empezó un suave metí saca muy lento, sacando un poquito y metiendo su verga un poco mas, veía su cara de satisfacción y gozo y creo que disfrutaba al ver mis muecas de dolor, ya que sonreía triunfante, yo seguía aguantando, sabiendo que ese dolor pronto a pasaría y empezaría a sentir placer.

    De pronto embistió nuevamente un poco mas profundo y encontró mi próstata, una corriente de placer recorrió mi cuerpo y di un fuerte gemido, él lo notó y volvió a embestir, rozando nuevamente mi próstata y otro gemido salió de mi boca, creo que le encantaba ver como me causaba placer con su verga porque veía su sonrisa cada vez que gemía, y seguía arremetiendo volviéndome loca de placer, esta posición era más excitante porque me sentía sometida, y podía ver la cara de placer de mi macho, al tiempo que él podía notar cuáles de sus embestidas me causaban mayor placer, alentándolo a seguir embistiendo y darme todo el placer posible.

    Nuestros cuerpos sudaban y sentía el aroma a sexo en la habitación, me siguió embistiendo un rato más, aumentando la velocidad de sus embestidas, hasta que me pidió cambiar de posición, y me pidió ponerme de costado, en cucharita, levantó una de mis piernas y la subió a su cuerpo y me penetró nuevamente, profundo de una sola estocada, hasta que sus huevos rebotaron en mis nalgas y otro gemido salió de mi boca.

    Esta nueva posición también me encantó porque apretaba mi cuerpo y sentía el roce de su piel ardiente contra la mía, su aliento en mi nuca y besaba mi cuello y espalda, mordisqueaba mis orejas y susurraba en mi oído, poniéndome en in estado de éxtasis constante, también le gustaba pellizcarme y acariciar mis pezoncitos, y sentía como se endurecían con sus caricias.

    Estaba loca de placer, me sentía su hembra y quería complacerlo, así que empecé a culear hacia atrás al tiempo que Roberto me embestía, el contacto se hizo mas intenso, aumentó la velocidad de sus embestidas y mis nalgas chocaban en su pelvis, volteó mi cara y me dio un beso cachondo al tiempo que su mano fue bajando recorriendo mi vientre y llegando a mi verga, que estaba durísima y empezó a masturbarme, estaba tan excitado que en unos cuantos segundos empecé a convulsionar y me corrí abundantemente, lanzando abundantes chorros de leche, algunos de ellos se estrellaron en mi vientre y pecho y alguno en la palma de Roberto, seguía convulsionando y mis espasmos hacían que apretara mas el culo, mientras Roberto arreciaba sus embestidas, literalmente taladrando mi culo, mis ojos estaban en blanco y sentí que Roberto llevaba su mano a mi boca y metió sus dedos llenos de mi leche dentro de ella, los cuales empecé a chupar con lujuria probando el sabor de mi propio semen.

    Los movimientos de Roberto eran frenéticos, mis gemidos no paraban y susurró a mi oído:

    – Hay amor, que rico, siento que me corrrooo, aghhh

    Lanzó un gruñido de placer al tiempo que sentía que me empalaba duro y profundo, intenté gritar de placer, pero los dedos de Roberto en mi boca lo impidieron, al tiempo que sentía sus chorros de leche inundando mi culo.

    Sacó los dedos de mi boca y nuevamente me besó con pasión, al tiempo que sentía su semen escurrir por mis nalgas, mi corazón latía de prisa y sentía la respiración agitada de Roberto en mi mejilla.

    Su verga seguía dura y siguió embistiendo unos segundos más, hasta que me ensartó por última vez y dándome otro beso me agradeció la experiencia.

    – Me encantó Ariel, mi amor, me tienes loco, te podría seguir cogiendo día y noche, me encantas.

    Descansamos un rato en esa posición, abrazándome, en esta ocasión su verga no salió de mi culo, pero sentí como poco a poco perdía su dureza.

    Una media hora después nos levantamos a asearnos ya que estábamos llenos de sudor y yo de semen.

    Tan pronto entramos a la regadera me abrazó y me besó muy rico, mientras el agua tibia caía en nuestros cuerpos. Tomo el jabón y empezó a pasarlo por todo mi cuerpo, acariciando al mismo tiempo mi piel, era excitante y quise corresponderle, tomé el jabón y recorrí con él su pecho y si vientre, fui bajando y empecé a enjabonar su miembro, a pesar de estar flácida era de buen tamaño y al enjabonar sentí que crecía un poco en mis manos y se ponía morcillona, tomó el jabón de mi mano y me dio vuelta, recargando mis manos en la pared, allí empezó a enjabonar mi espalda y continuó con mis nalgas, me encantaba sentir sus manos llenas de jabón sobre mis nalgas y abrí mis piernas y empiné el culo, sus dedos recorrían mi rajita y se me escapó un gemido, pronto localizó mi hoyito y estuvo rozándolo con la punta de sus dedos, me encantaba la sensación, empujó un dedo lleno de jabón y mi esfínter se abrió, me ardió un poco por el jabón, pero era tolerable, estuvo jugando unos minutos con mi hoyito, cuando sentí algo ardiente y mas gruesa tocar mis nalgas, me imaginé al instante que era su verga, y me gustó la sensación, se sentía delicioso como la verga de su cabeza resbalaba entre mis nalgas, se sentía dura, por lo que imaginé que ya estaba parada nuevamente, yo solamente abría mas las piernas y disfrutaba la sensación, su verga ardiente y dura recorría la rajita entre mis nalgas y sentía muy rico, me estremecía y paraba mas la colita, se posicionó sobre mi hoyito y empezó a puntear, pare la colita y también empuje mi colita hacia atrás, aunque mi colita estaba un poco inflamada por la cogida previa todavía estaba abiertita y sentí como poco a poco me iba abriendo, mi culo estaba todavía lleno de lubricante y de su leche, por lo que no fue difícil que me penetrara, dolía un poco, porque mis pliegues estaban rozados, pero no me importó y apoyándome en la pared fui empujando la colita hacia atrás hasta tragarme toda su verga, mis nalgas tocaron su pelvis y empecé a moverme. en forma circular, apretando y aflojando la colita, eso lo volvió loco, oía sus gemidos de placer y tomándome del vientre me empezó a embestir con todas sus fuerzas, duro, sin piedad, tan duro que en cada embestida me levantaba, hasta que mis pies no tocaban el piso, yo solamente gemía, mi cuerpo se retorcía de placer, sentía que me entraba mas profundo que nunca, quedaba ensartado con todo mi peso sobre su verga, y me encantaba, las arremetidas se hacían cada vez más rápidas, me sentía una muñeca de trapo en sus manos, y de pronto me dio una última embestida profunda levantándome y explotando dentro de mi culo, chorros de leche inundaron mi culo, era un verdadero semental, a pesar de ser su segunda corrida fue muy abundante. Estuvimos un par de minutos en esa posición, sentía su aliento en mi oído y su leche escurrir por mis piernas. Poco a poco su verga perdió dureza y se salió de mi culo, y nos terminamos de bañar, acariciando nuestros cuerpos.

    Me pidió quedarme a dormir esa noche, pero no acepté, seguramente me volvería a coger y mi culo ya no daba para más, lo sentía muy rozado, y no creí que aguantaría otra cogida, así que le dije que no podía quedarme, ya que tenía que regresar a casa.

    Estuvimos un rato charlando y me invitó una cerveza, me contó su vida, resulta que estaba casado y tenía dos hijos, pero que tuvo una aventura amorosa con una compañera de trabajo, su esposa se enteró y fue hacer un escándalo en la empresa que trabajaba y le pidió el divorcio y aunque estaba arrepentido no pudo convencerla para que lo perdonara y tuvo que darle el divorcio. Todos se enteraron en la empresa y su amante renunció a la empresa y le perdió contacto. Desde entonces me aseguró que no había tenido ningún contacto sexual posterior excepto conmigo y que le encantaba, ya que era una putita muy linda.

    Acordamos vernos el próximo sábado, pero antes de salir, me dijo que me tenía un regalo, regresó con una bolsa de regalo y lo abrí.

    Dentro había ropa interior de mujer, me dijo que era de su ex-mujer, unas braguitas y tanguitas de hilo y encaje, así como ligueros y medias muy sexys, le comenté que no era travestí, y dijo que lo sabía, pero que en el próximo encuentro sería muy feliz si debajo de mi ropa me pusiera alguna braguita o tanguita de mujer y algún liguero o medias.

    Tomé el regalo indeciso si complacerlo, y nos dirigimos en auto nuevamente al parque donde me dejó la vez anterior. En el auto me dio otro regalo, en esta ocasión una pomada, que me dijo que me la regalaba por lo que le había comentado como había sufrido con su cogida, le di las gracias y nos despedimos, quiso darme un beso, pero me resistí, porque alguien podría vernos, así que solamente bajé del auto, me despedí y me dirigí a mi departamento.

    Sentía la colita rozada, y un poco húmeda y pegajosa, pero mucho menos que la vez anterior, por dentro me sentía feliz, caminé con mi bolsita de regalo entre las calles y tan pronto llegué a mi departamento, me desnudé y me puse la pomada en la colita, estaba cansado y pronto me dormí profundamente recordando la cogida que me acababa de dar Roberto.

    Si les gustó házmelo saber, me anima a seguir escribiendo mis experiencias, mi correo es [email protected].

  • Xochi: Viajando con mi madre hacia el incesto (Parte 1)

    Xochi: Viajando con mi madre hacia el incesto (Parte 1)

    Aún con sus 58 años mi madre seguía teniendo su buen físico, “un tremendo lomazo” trabajado en el gimnasio y con su rutina de entrenamiento junto a su “personal trainer” que seguía siendo Vanessa, (un travestí muy bien dotado e hiperactivo que había conocido una noche de putas), tal seguía siendo el buen estado de mi madre que todavía los hombres, alguna que otra amiga y aún los más jóvenes seguían acosándola y provocándola hasta llevarla a la cama o bien tener con ella un “touch and go”, que era lo que generalmente le apetecía; ya nada de amantes temporales como en otros tiempos, sino más bien “un buen polvo y listo”. Yo con mis 33 años ya estaba casado y tenía un excelente sexo con mi mujer, con la que de vez en cuando provocábamos un encuentro swingers en nuestra casa o de vacaciones con algunos amigos, pero mi madre Laura aún seguí siendo mi deseo permanente y despertando mis erecciones en las noches o en esas madrugadas que me animaba para masturbarme con nuestras locuras y los secretos que aún guardábamos cómplices entre nosotros y los que provocaban alguna conversación erótica; pero hacía tiempo que no teníamos esos enérgicos encuentros lascivos y pornográficos en esos viajes al exterior o cuando en casa nos quedábamos solos.

    Pero todo se vuelve a repetir en la historia y era hora que un excelente pretexto nos volviera a provocar el destino de estar en un viaje juntos, a solas y lejos de Buenos Aires. Ese viaje se daba ante el compromiso de mi madre en Viña del Mar, en Chile; como en estos tiempos de pandemia no había transporte, ni manera de viajar por avión o bus, —sería un buen motivo acompañarla—, pensé en un instante recordando aquellos tiempos de Yocasta y Edipo en Río de Janeiro o en Punta del Este o simplemente los que desatábamos en Buenos Aires. Estábamos esa noche de sábado cenando en mi casa junto a mi esposa, cuando mi padre me sugirió que viajáramos con mi auto y nos quedáramos una semana allí, hasta que mi madre terminara sus gestiones comerciales. Los ojos verdes de mi madre se clavaron en los míos, y yo mordiéndome los labios le guiñé un ojo; nadie se dio cuenta en la mesa, pero mi madre que estaba sentada frente a mí pasó su pierna por debajo de la mesa, cuando con su pie comenzó a acariciar mi entrepierna, yo le tomé el pie y lo sostuve firme hasta que ella sintiera mi erección, al momento que me devolvió un guiño de ojo. Al terminar la noche y despidiéndonos en la puerta, cuando mi madre me daba un beso y poniendo su mano en mi bulto me susurró al oído, —vamos a recordar viejos tiempos. Mi mujer que advirtió la escena, al volver a ingresar a casa, me miró y me dijo:

    —¿Te la vas a volver a coger?, espero que me vayas contando los polvos que se echarán en el camino.

    —¿Querés que te cuente?… ¿así fantaseas con tus amigas?

    —Sí, y también con alguna buena pija que me atienda mientras no estas, esta vez te voy a hacer bien cornudo, pero me calienta que te cojas a tu mami, sabiendo que le rompes el orto llenándola de leche; todo se sabe amor. Me beso, me agarró el bulto y nos echamos un polvo en el medio del living tirados en la alfombra.

    —Partime la cola antes que te vayas, dejame la leche adentro, así no te extraño tanto y no tengo celos cuando estés cogiendo y acabando dentro del vientre de tu putita preferida.

    Mi mujer tenía razón, la putita preferida era y es mi madre, por ello en mi biblioteca tengo una fotografía muy erótica de ella y cerca de mis antojos; no faltó mucho cuando logramos un trío con mami y mi mujer al regresar de este viaje; pero eso queda para otro relato.

    Esos días de verano estaba haciendo mucho calor en Buenos Aires, y aunque en el auto tengo aire acondicionado, mi madre viajaba con su short desflecado de jean y su camisa blanca anudada sobre su ombligo dejando al aire la belleza de sus pecosas tetas, pero apenas salimos de Buenos Aires, se quitó las sandalias y acomodándose en su asiento, comenzó a poner música romántica y a murmurar esas melodías; soltaba su cabello que había teñido de rubio con corte carré (al mejor estilo Farrah Fawcett) y suspiró:

    —Vuelvo a sentirme libre y tengo ganas de gozar mucho. Mientras se quitaba el soutien liberando sus tetas.

    —Tenemos unas cuantas horas hasta Viña del Mar, y sobre todo cruzar la cordillera, así que relájate mami.

    —Qué lindo estar solos otra vez, vos y yo, me encanta y me haces sentir bien, solo con pensarlo.

    —¿Recordar viejos tiempos, eso querés? —Le pregunté con tono provocativo.

    —¿Recordar?, todo lo que quieras, pero también volver a hacer realidad nuestras fantasías.

    —Pero vos seguís portándote mal con Vanessa, ¿o ya no?

    —Si me faltaría Vanessa, esa pija y esa leche que tiene, no podría vivir.

    —O sea, ¿todavía te atiende?

    —Dos veces por semana tonto, todavía me gusta cuando acaba en mi boca y me sigue cogiendo duro… ¡si me faltara me muero!

    —Y solo con Vanessa te portas mal, ¿o tenés algún otro “chongo”?

    —¿Cuándo tu mami se conformó con una sola aventura?, el gimnasio también es un buen “telo”.

    —Puta linda, —le dije mientras veía que sus pezones se marcaban bajo relieve en esa camisa blanca.

    —Manejá tranquilo, que cuando lleguemos vamos a ver quién se porta mal o más peor que mal.

    Caía el atardecer y con rumbo hacia el oeste la ruta se iba haciendo más oscura, los hoteles alojamiento iban apareciendo como una tentación para nuestra lujuria, instintos que se gritaban en silencio mientras seguía sonando la música, cuando mi madre deslizó su mano sobre mi pierna, jugando con su dedo hacia mi bulto que no tarda tanto en mostrarle el placer de sentirla. Pero nos detuvimos en un resto a cenar en plena ruta cuando ya anochecía, ella, mi madre, bajó del auto y no pocos giraron la mirada cuando entramos a ese “bolichongo” diciendo —buenas noches—; como estaba un poco cansado me levanté de la mesa dejándola sola frente a la mirada de muchos hombres que aún con sus mujeres, se baboseaban con la lujuria que despertaba la perra, que era mi madre.

    —¿Esa mina que está en tu mesa, te habrá costado unos cuantos mangos? Me preguntó un tipo en el baño,

    —No creo que tu billetera pueda bancar semejante puta con todos sus antojos, y eso que es mi madre.

    El tipo se me quedó mirando, sacudió su pantalón y salió corriendo del baño, pero cuando volví a la mesa junto a mi madre, el mismo tipo no dejaba de mirarnos y murmurando con su mujer, se veía que se había quedado con la duda; por eso cuando salimos de allí, mientras abrazándola, (frente a la vista de todos) bajé mi mano hasta que sostuve las caderas de mi madre, provocando con un dedo al tipo que nos seguía con la mirada; me di vuelta, lo miré y le sonreí, se quedó con la boca abierta, cuando mi madre, me dijo: —Vamos hijo, tenemos mucho viaje y tenemos que descansar esta noche. Subimos al auto y seguimos el viaje, pero yo me había quedado caliente con lo que me había dicho el tipo por lo que tenía la pija hinchada.

    —Que te dijo ese tipo en el baño, que lo sobraste cuando salimos del restaurante.

    —¿Qué, cuanto me había salido la puta que está en mi mesa?

    —¿Y qué le contestaste?

    —Que no le alcanzaba la billetera para bancar semejante puta con todos tus antojos, y que eras mi madre.

    —¿Y eso hizo que tuvieras esta erección? —Decía mi madre mientras pasaba su mano sobre mi bulto; ¿Querés que te alivie, así seguimos tranquilo el viaje?

    Como pude… y bajando la velocidad, comencé a quitarme el jean quedándome solo con mi bóxer, mi erección era tal que mi glande comenzó a asomarse sobre el elástico; necesitaba acabar, pero los hoteles habían quedado atrás en la ruta. Mi madre comenzó a acariciar mis cabellos con un suave y sensual masaje, deslizaba su mano por mi pecho llevándola por debajo de mi remera, sintiendo al llegar a mi vientre que me había depilado todo.

    —¿Estás depilado bebe?, ¡Que rico!

    —Siii, me depilé para vos, para ver, como mi pija se pierde en tu garganta.

    Mientras sostenía mi erección con su mano izquierda, con la otra comenzó a quitarse el short hasta que comenzó a masturbar su clítoris sobre la tanga negra. Inclinó su cabellera sobre mis piernas cuando sus labios comenzaron junto a sus manos a masturbarme; yo que había reducido la velocidad, dejaba que sintiera el palpitar de mi pija que entraba y salía de su garganta, provocándole pequeñas arcadas, a la vez que cerraba los ojos y gemía de placer.

    —Cómo extrañé tu pija y tu leche, todos estos años desde que te casaste hijo.

    —Seguí, seguí… Pero no dejes que una sola gota caiga fuera de tu boca. Le dije mientras sentía sus labios y empujaba mi pelvis hacia arriba enterrándome en ella; sus pecosas tetas revotaban en mis piernas, dejándome sentir sus pezones cada vez más rígidos. La siento disfrutar… subir y bajar con sus labios, en círculos que provoca su lengua envolviendo mi glande, el que saborea, —no suspira… ahora gime—. Siento que trata de no atragantarse y de no tener arcadas, entonces sube otra vez por mi pija provocando aún más mi erección.

    —Seguí, le vuelvo a repetir; hasta que, levantando sus ojos hacia mí, le escucho decir:

    —No acabes que estás muy rico, así todo depilado, me encanta sentir tu piel y ver que mami te provoca esta calentura.

    Se aparta un poco con la boca, sin dejar de masturbarme y alzando la cabeza para mirarme a los ojos, me gime; —¿Querés que mami te trague toda la leche?, solo quiero sentir tu semen caliente en mi garganta, me muero de ganas de tragarme lo tenés contenido aquí dentro, —dice mientras acaricia mis bolas.

    La sola idea de imaginarme chorros y chorros de semen atravesando otra vez la garganta de mi madre me hace estirar mis piernas y vuelvo a levantarle la pelvis, enterrándome en ella. Me sigue mamando con ansias, mientras alterna su boca con sus manos para chuparme aún más abajo, juega con mi esfínter y me sigue enloqueciendo.

    —Quiero que acabes en mi boca, tragarme hasta tu última gota de “guasca”.

    —Más despacio, le ruego jadeando, —no quiero acabar todavía. Me cuesta horrores contenerme, pero la dejo. Voy más despacio a la vez que siento mi glande golpeteando en su paladar y el mordisqueo suave de sus dientes.

    Vuelve a ahogarse hasta el fondo de su garganta y le dejo escuchar mis gemidos de placer. —Seguís siendo la mejor “petera” de mi vida, le decía mientras tenía que contenerme ante su exquisita felación, sus tetas rodearon mi pija sin dejar de pajearme, pero su boca volvió a devorarme y sentí que un calambre me atravesaba desde la cabeza, desde mis sienes hasta el glande. No sé cuánto tiempo pasó, quizá minutos, quizá sólo unos segundos; noto que sigo clavándome en ella. Voy conduciendo despacio por la ruta que me permite relajarme cuando comienzo a sentir que brotan de mí, chorros y chorros de semen que no deja escapar de sus labios. Uno, dos, tres y hasta cinco “guascazos” que se atravesaron dentro de su boca. Ya no son gemidos los que sentimos, sino el grito del orgasmo que dejo expirar desde su garganta. Un buen rato tuvo que contenerse sin desprenderse de mí (como cuando se taponan dos perros) hasta que sentí que comenzó a tragarse todo el semen que le había precipitado en la boca.

    —Nene, ¿estabas contenido o tu mujer no sabe cogerte? me decía, mientras con un dedo rescataba los restos de semen desde la comisura de sus labios para introducirlos en su boca, saboreando como lo haría si los tuviera llenos de crema.

    —Es lo más delicioso que he probado nunca—, repite, cuando todavía se retuerce en el asiento masturbándose sobre su tanga, hasta que siento el grito final de su propio orgasmo, mojando el tapizado del asiento.

    —Este viaje va a ser inolvidable, me sonríe, se quita la tanga mojada y la pasa por su boca y la arroja por la ventanilla.

    —¿Qué hiciste?, le pregunto.

    —Tiré la tanga, así alguien sabe que por aquí pasamos Edipo y Yocasta y nos echamos un buen polvo en la ruta.

    —Que linda puta que sos, prepárate porque vamos a coger toda la semana.

    —Eso espero hijo (…)

    Aceleré y nos perdimos en la noche hacia una aventura, la que yo iba dibujando desde nuestras viejas fantasías, mientras mami se quedó dormida, pude cubrirla con una manta que habíamos dejado a mano.