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  • Ángel de Florencia 3: Diosa de porcelana. Mi primera esclava

    Ángel de Florencia 3: Diosa de porcelana. Mi primera esclava

    Ha pasado ya algún tiempo desde que sané por completo.  La cicatriz es apenas perceptible, y ya no duele. No me quedan marcas. Últimamente se obsesiona mucho con que mi piel esté perfecta.

    Mi pasado antes del accidente es un recuerdo borroso y lejano. Su presencia lo ha desterrado todo. Su piel blanca, su fuerza bestial, sus ojos, verdes y venenosos.

    Mi hermano gemelo es un auténtico monstruo, y de una forma u otra, la gente lo percibe, lo siente bajo la máscara que es su rostro angelical y su cuerpo perfecto, sensual como el diablo.

    Y yo… Yo no concibo más vida que la que él me ha devuelto. Allessandro ha nacido para ser amo y señor absoluto; donde yo me sumí en una depresión autodestructiva, él se alzó con furia, orgulloso y altivo, dispuesto a imponer su voluntad sobre todo y todos. Yo era de su exclusiva propiedad, el fin que justificó todos y cada uno de los medios. Volver por mí siempre fue el plan, y el accidente solo precipitó las cosas.

    Un día, desperté al sentir sus dedos en mi espalda. Siempre duermo desnuda, sabiendo que mi cuerpo le tienta. Me enorgullezco de esos momentos en los que parece perder el control de la situación por un momento, donde lo único que existe soy yo, y su deseo y su hambre.

    «Vístete. -Dijo- Hoy vamos a salir.»

    Elegí un vestido negro corto y con mucho vuelo, de tela fina y resbaladiza. Era uno de sus preferidos, muy suelto, lo dejaba todo muy a mano. Tenía curiosidad por saber dónde me llevaría. Elegí unos tacones de aguja bien altos; quería quedar lo más pareja posible con su altura y que mis piernas luciesen lo más apetitosas posible. Nos gusta jugar con nuestro increíble parecido en los lugares públicos. Vayamos donde vayamos la gente nos mira. Es gracioso.

    Cogí un par de medias de liga de encaje listado, y un liguero minimalista con detalles florales. Decidí no ponerme braguitas, por si en algún momento, Allessandro me plantaba una mano en el culo. Se daría cuenta y no podría dejar de pensar en ello. O me levantaría la falda como por descuido un instante para torturar a un jovencito con cara de virgen. Sea cual fuere el resultado, sería divertido. Me maquillé con esmero.

    Cuando salimos, un taxi nos esperaba ya en la puerta. Él le dio las instrucciones al conductor y se sentó detrás conmigo.

    Ya se había dado cuenta de sobra que no llevaba nada debajo. Se pasó el largo camino manteniendo una conversación banal y distraída con el conductor, mientras yo fingía interés en mi teléfono, cada vez más mojada por la forma en que me tocaba bajo la falda.

    El taxi nos dejó en la puerta de un hotel muy exclusivo del centro. Cruzamos el vestíbulo a paso ligero y tomamos el ascensor. Presionó el botón a la octava planta y las puertas se cerraron. Se me pegó por detrás y su mano derecha se abrió paso bajo mi falda, la izquierda por mi estómago, sobre el vestido. Estaba de un humor excelente.

    -Estás perfecta, Bianca. -susurró- Tengo un regalo para tí. Han tardado más de lo que pensaba en dar con lo que ordené, pero confío en que te guste.

    Me giré a mirarle y me zampó un buen beso, rozando apenas con los dedos allí abajo.

    -Y el detalle de las bragas ha sido espectacular. Casi me dan ganas de cambiar el plan y follarte aquí dentro a siete pisos de altura.

    A mí no me sonaba mal, pero me soltó tan tranquilo dejándome con las ganas, justo un momento antes de que las puertas se abrieran. Salimos al pasillo de la octava planta y llegamos a nuestro destino: una habitación enorme al final del pasillo.

    Con un movimiento rápido, pasó la tarjeta por el lector y la puerta se abrió.

    La habitación era realmente preciosa. La decoración era antigua y recargada, la alfombra gruesa y mullida. La cama era una maravilla adoselada, con gruesos postes de madera tallada y llena de almohadones. Y al oírle chascar los dedos, una joven vestida de doncella victoriana apareció desde una puerta lateral.

    -Tenemos hasta una sirvienta?

    -Tienes. Es tu regalo. Puedes hacer con ella lo que se te antoje. No va a negarse a nada -recalcó el nada con cierto énfasis-.

    Cambió uno de los sillones de posición y se puso cómodo mientras yo miraba a la (mi) doncella sin dar crédito.

    Era muy hermosa. Enormes ojos azules y un largo cabello castaño, sujeto con una diadema y la cofia. Unas formas voluptuosas y agraciadas bajo el uniforme de época. Nos miraba a los dos con esa expresión que conozco tan bien. Dos gemelos casi idénticos, pálidos, de pelo muy negro y ojos muy verdes. Debíamos resultarle tremendamente atractivos.

    Su mirada encontró la mía, y agachó la cabeza. Parecía nerviosa, deseosa de agradar, con las manos cruzadas sobre el regazo. Me gustaba aquel rostro inocente, dispuesto a obedecer.

    -Desnúdate -le ordené con el tono seco de mi hermano- fuera todo. No puedo ver bien mi juguete con tanta ropa.

    Me quite los tacones y los dejé a un lado, y me senté (o más bien me dejé caer) en la mullida cama. Ella se desabotonó el vestido y dejó que bajase hasta el suelo, resbalando por su sedosa piel blanca, manteniendo la mirada baja.

    Un cuerpo menudo y frágil, con unos pechos enormes y un bonito culo redondo. Era la imagen misma de la indefensión, sumisión completa, de la que despierta un hambre atroz. Deseaba someterla por la fuerza, morder esa piel preciosa y suave, hacerla gemir y retorcerse, jugar con ella, hacerla suplicar.

    -Es toda tuya -susurró Allessandro desde su sillón, complacido por mi expresión- Diviértete.

    Me gustaba mi regalo. Me sentía como un Allessandro en miniatura.

    Decidí empezar por examinar su largo cabello castaño. A un gesto mío, se acercó a la cama. Me alcé lo justo para quitarle diadema y cofia a la vez, saboreando el ligero perfume que desprendía. Vainilla. Un aroma cálido, pegajoso y dulce. Toda ella olía como un pastelito.

    Su larga melena llegaba hasta la mitad del trasero, tenía esa clase de pelo que podrías pasarte la vida trenzando, sólo por jugar con él. Se escurría de entre los dedos. Bajé las manos hasta su culo, tierno pero firme. Maravilloso al tacto.

    Miré a mi hermano. Reclinado en el sillón, disfrutaba de lo que veía.

    No estaba muy segura de lo que él esperaba ver, así que me centré en ella, mi frágil doncella. Su rostro era encantador, aún con los nervios. De su culo, mis manos ascendieron por sus caderas, por sus costillas, hasta sus enormes y redondeados pechos. Por el tacto, aquellas dos bellezas eran naturales.

    No se movía, dócil y obediente.

    Apoye la palma de mi mano entre sus pechos buscando el latido de su corazón, que traicionaba toda la calma que mostraba. Mantuve la mano allí y muy despacio, me acerqué a uno de sus pezones, lo justo para lamerlo un poco, y regodearme en cómo se le aceleraba el pulso.

    Mi encantadora sirena tomó aire, y me miró con ojos brillantes y las mejillas arreboladas, casi en trance. Una de sus delicadas manos presionó la mía contra su corazón, que latía cada vez más fuerte.

    Tras un par de vueltas con la lengua, presioné ligeramente con los dientes y ella soltó un pequeño gemido ahogado, realmente adorable.

    Con la mano libre, bajé hasta sus muslos, notando como el mínimo roce la tensaba y la excitaba más aún.

    -Bianca… -la voz de mi hermano me sacó de mis pensamientos, no lo había oído moverse, pero había sacado un maletín de alguna parte y lo estaba abriendo sobre la mesilla-

    Hay de todo aquí, por si quieres probar.

    El maletín estaba lleno de juguetes: grandes, pequeños, lisos, de formas extravagantes… Y había un rollo de cuerda trenzada y negra.

    A mi orden, ella se arrodilló en la cama, y le até las dos manos juntas pasando la cuerda por una anilla de metal que había en el centro del dosel. Me saqué el vestido por la cabeza y me pegué a ella desde atrás. Con la mano izquierda estrujé su seno, Y la derecha bajó por su vientre, por su pubis. Empecé a masturbarla con un sólo dedo, muy lentamente sintiéndola temblar contra mí. Rozaba apenas su clítoris, aprovechando sus propios flujos, y ella trataba de respirar hondo y no hacer ruido, pero el corazón le iba a mil y sus pequeños gemidos me excitaban muchísimo. La incliné hacia delante y cogí uno de los juguetes del maletín, un potente vibrador a control remoto. Primero lo deslicé sin problema por su encantador conejito, estaba mojadísima. Se lo metí por detrás, y le arrojé el mando a Allessandro. Seguí jugando con su clítoris, y mi hermano activó el juguete, que empezó a zumbar dentro de su culo.

    Mi sirena preciosa, con las manos atadas, se encogió sobre sí misma intentando resistir, hasta que la penetré con otro de los juguetes y lo encendí a plena potencia. Ahí se arqueó con violencia contra mí, gimiendo sin control con una voz deliciosa.

    Tuvo un primer orgasmo repentino, saturada por ambos lados a la vez, mientras le mordía el cuello. Los aparatos eran tan potentes que podía sentirlos vibrar contra mi estómago.

    Ella ardía. Su frente se perló de minúsculas gotitas de sudor, que resbalaron por su fino rostro y se deslizaron entre sus magníficos pechos. Los vibradores seguían activados, y ella se retorcía como una serpiente, aferrándose a sus ataduras. Me miró con los ojos acuosos, justo antes de correrse de nuevo, con un gritito agudo. Se le aflojó el cuerpo y se dejó caer a peso todo lo que le permitía la cuerda, sus redondos pechos brillantes de sudor subiendo y bajando al ritmo de su respiración entrecortada.

    Bajo nosotras, un charco reluciente en las sábanas.

    Allessandro disfrutaba del espectáculo, de lo mucho que me gustaba mi regalo. Le pedí que se uniese a nosotras, me apetecía mucho que me follase mientras mi sirena miraba.

    Desactivé el vibrador para darle un respiro, y él hizo lo mismo.

    Se quedó allí, maniatada, con las mejillas sonrosadas y los ojos brillantes, sofocada y sin resuello, mirándonos como si fuésemos un sueño. Y cuando le bajé los pantalones a mi hermano, abrió los ojos de par en par ante una verdadera visión de gloria.

    Me coloqué frente a ella, a escasos centímetros de donde se había derrumbado, a gatas sobre la cama, ofreciéndole a mi hermano mi propio conejito, ávido y baboso. Jugar con mi sirena me había encendido muchísimo y Allessandro ya me traía caliente de casa. Sentirlo entrar, duro como una piedra, resbalándose dentro de mí fue tan increíble como el rostro de mi sirena, que nos miraba como a dos dioses del placer y de la carne.

    Mi hermano me aferró por las caderas y embistió con fuerza, una vez, dos, tres… Ella nos miraba en silencio, con soñadora devoción. A la cuarta, regodeándome en el grosor de su durísima polla, conecté sin avisar los dos vibradores de mi sirena, que sorprendida por el nuevo ataque, se encogió de nuevo.

    Allessandro soltó de un tirón el cabo que la mantenía sujeta al techo de la cama a la orden de «Complace a tu señora»

    Mi esclava me miró un instante y asintió, arrastrándose debajo mía hasta quedar tumbada boca arriba con su cara entre mis piernas. Los vibradores seguían al tope y de vez en cuando, aspiraba fuerte o contenía un gemido. Su lengua, tierna y mojada, se abría paso hasta mi clítoris en el momento en que él y yo nos separábamos, y lamía y succionaba con delicadeza a la par que él me ensartaba sin piedad. Sus frágiles manos se enredaban en mis cabellos.

    Perdí la noción de donde estaba, recibiendo desde atrás, oyéndola gemir a ella y jadear a mi hermano. Delante de mí podía ver el vibrador azul turquesa sobresaliendo de entre las piernas de mi sirena, y mas allá, la veía retorcer los pies, sus dedos cortos y redondos, las uñas lacadas con esmalte transparente.

    Agarré el aparato con la mano derecha y le grité a Allessandro que me diese más fuerte, mientras me la follaba con el juguete.

    Mis gritos y los de ella se mezclaron en el violento corcoveo de las embestidas de mi hermano, que nos marcaba el ritmo.

    Ella se corrió debajo de mí con un gemido desgarrado. Allessandro se tensó y ensanchó dentro de mí, provocándome un orgasmo bestial, que se lo llevó a él también.

    Para cuando se retiró, mi sirena se aferró a mis muslos, devorando la hirviente semilla que chorreaba de mi interior, sin dejar una sola gota.

    Luego se quedó allí desmadejada como una marioneta desvalida, sin fuerzas ni para retirar los juguetes. Los apagué, pero los dejé donde estaban.

    Allessandro me levantó en volandas, y los dos nos tumbamos en los almohadones, con ella a nuestros pies.

    Mordisqueándome una oreja, mi hermano alargó un brazo para coger su teléfono, con el que envió una simple nota de voz:

    -Que pase la siguiente.

    La puerta se abrió y una auténtica muñeca gótica, blanca como la leche, entró a la estancia con paso firme, descalza. Bajo la primorosa bata de encajes que la cubría como un sudario negro, brillaban las cadenillas de plata.

    Su pelo, largo hasta las rodillas, liso y brillante, negro como el azabache.

    Los labios, del color de la sangre seca. Al ver el estado en que se encontraba su predecesora, sonrió con desprecio.

    Si mi sirena era inocencia y devoción, esta hija de los cuervos llevaba la depravación escrita en la cara.

    Se despojó de la bata, mostrándonos un cuerpo perfecto, cubierto de tatuajes rituales.

    La noche no había hecho más que empezar.

    Aquel día fui adorada como una diosa, y también fui venerada y temida como el mismo diablo.

    Pero eso es otra historia, para otro día quizás.

    -Por VenoMaliziA-

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  • Mi nuera es mi amante

    Mi nuera es mi amante

    Hola. Mi nombre es Román. Soy un hombre de apenas 39 años, separado, de aspecto, puedo decir que normal. Eso sí. Cuidando un poco mi cuerpo.

    Tengo un hijo de 24 años, quien se casó con una chica muy apetitosa diría yo.

    Su nombre es Jazmín. Ellos se conocieron en la facultad de medicina; por esa razón mi hijo Andrés no terminó la carrera y obviamente tampoco ella. Por lo que en la actualidad soy un abuelo joven.

    Lo que les contaré sucedió un día en el cual fui a visitar a Andrés, pero, resulta que no estaba, llevando me una desagradable sorpresa al encontrar a Jazmín encerrada con otro fulano.

    Es de esperarse que mi nuera, al atender la puerta y verme ahí estaba nerviosa.

    El supuesto amigo salió muy deprisa al escuchar a Jazmín exclamar. «Suegro, que milagro no lo esperaba, pase, le presentó a un amigo»

    Este supuesto amigo hizo que mis sospechas fueran confirmadas; pues, además del nervio de Jazmín, este hombre saludo y salió enseguida.

    – Le ofrezco algo suegro?

    – No gracias. Sólo quise saludar a mi hijo, pero como vi que interrumpí algo mejor pasó otro día.

    Ya ni pase a ver a mi nieto que en ese tiempo estaría pronto a cumplir 1 año.

    Pasaron los días y un fin de semana llega mi hijo con su familia para pedirme permiso de dejar unos días a mi nuera y mi nieto.

    Por mi parte no dije nada y me comporte normal.

    A diferencia de Jazmín, quien insistía en atenderme, cosa que me molestaba bastante.

    Como esos días daba la casualidad que no tenía que salir, Jazmín sólo se limitó a estar encerrada en el cuarto, saliendo sólo para lo que se les ofrecía a ella o a mi nieto.

    Recordando lo ocurrido, hubo algo que por mí enojo omití observar detenidamente.

    Ese día. Jazmín usaba una minifalda floreada, un top escotado, cosa que la hacía verse muy bien.

    Me encontraba muy en ese pensamiento cuando escucho.

    – Suegro. Andresito está durmiendo. Quisiera saber si me lo puede cuidar un rato, iré comprar unas cosas.

    – Si. Ándale pues.

    Al regresar puso algunas cosas en el refrigerador, incluyendo algo de carne, en la mesa, puso pañales y leche para mi nieto.

    Tengo por costumbre en tomar tequila en mis días libres para estar más a gusto; eso si, sin llegar a perderme de borracho y aprovechando que Jazmín casi no sale de la recamara.

    Después de comenzar con mis cubas, veo que Jazmín se dirige al refrigerador; no sin antes echarle un vistazo a ese bien formado culo, acompañado de unas bien formadas piernas, que sobresalían de una minifalda de mezclilla.

    Al voltearse llevaba una camiseta de tirantes tan pegada que no necesito de traer escote, pues se le marcaban unos géneros pechos redondos.

    Creo que ella se dio cuenta, porque camino hacia mi de una manera muy coqueta, tomando asiento frente a mí, pidiéndome un cigarrillo.

    Por amabilidad le ofrecí un trago, no sin antes pedirle que no descuidara a Andresito.

    Luego de un momento y de más tragos le pregunté sobre lo que había pasado ese día.

    – Mire suegro. Yo sé que hice mal, pero no le diga nada a Andrés, yo lo amo mucho y no quisiera separarme de él. Comprende?

    – Entonces porque hiciste lo que hiciste?

    – La verdad desde que Andresito nació no tenemos tiempo para estar en intimidad.

    – Si Jazmín, pero ese no es pretexto para engañar así a mi hijo.

    Mira Jazmín, eres una mujer muy hermosa y sé que puedes tener muchos amantes sin problema, pero piensa en mí hijo, no jodas.

    Es más. A mi te me antojas y sin embargo no te estoy fastidiando. O sí?

    No daré más detalles de esa larga charla; aunque sé que esa declaración y el alcohol prendieron la mecha.

    Pronto estaría mi boca pegada a la de mi nuera, juntando las lenguas en lo que parecía una pelea.

    Mis manos hurgaban su lindo cuerpo, posándose en esos redondos pechos, su olor me volvió como un animal.

    Empotrándola sobre la mesa, para recorrerle la lengua sobre sus redondas nalgas, chupando por atrás su semi rasurada da vagina.

    Ella empieza a gemir. Cosa que hizo que la llevará a mi habitación.

    Pronto la recosté en mi cama para seguir deleitándome con el sabor de sus fluidos.

    Ella sola se desnudó, permitiendo que le devorara sus erectos pezones rosados.

    Nuestros cuerpos se fundieron a la hora de la penetración.

    – Vamos. Te gusta andar de puta eh? Pues te enseñaré como trato a las putas como tú.

    Subiendo sus morenas piernas en mis hombros, dándole así con fuerza.

    Su cuerpo se contaría de placer por cada estocada que recibía, su muy mojada vagina.

    – Bien. Ahora serás mi perrita.

    Colocándola en cuatro, dándole igual de fuerte.

    Jazmín sólo se limitó a gemir como gata en celo.

    Mi dedo hurgaba en su ojal, para que después le entrarán dos dedos más.

    – Me vas a matar Román.

    – Así que ya no soy tu suegro eh?

    Pronto le sacaría mi instrumento de placer para perforar le su ano.

    – Hayyy. No seas bestia. Me duele!!!

    Sus lloriqueos y su culo virgen me enloquecían aún más.

    – Que tu amigo no te atendió como lo estoy haciendo?

    – No papi. Pero tú sigue, ahh.

    Para ese momento era más que obvio que su ojete ya se había acoplado a mi glande; por lo que arremetí con más fuerza, disfrutando del sonido de sus nalgas a causa de mis palmadas.

    – Déjame montarte antes de que te vengas. Si?

    Después de un rato, mi caliente nuera me montaba de una forma casi magistral.

    El orgasmo nos llegó súbitamente, provocando que los dos nos escurriéramos de lo lindo.

    Para rematar. Jazmín me limpio la verga de una forma tan rica, que tuve otro orgasmo, llenando su boca.

    Apenas nos estábamos recuperando cuando mi nieto se despertaba.

    – Menos mal que Andresito nos dejó terminar. ¿No?

    Dándome un beso apasionado, prometió en regresar para seguir atendiéndome.

    Los demás días estuvieron acompañados de un rico sexo entre Jazmín y yo.

    Ahora y curiosamente, siempre era visitado por mi nuera, acompañada de mi nieto y en ocasiones de mi hijo.

    Y así fue como mi nuera y yo empezamos a ser amantes.

    Vladimir escritor.

  • Al fin la mamá de mi amigo fue mía

    Al fin la mamá de mi amigo fue mía

    En la secundaria, conocí a mi amigo Gerardo, y a su mamá, una señora bajita, delgada muy atractiva, desde ese momento. Casi todos mis sueños eróticos y mis masturbaciones eran para ella, otra parte eran para Laura, hermana gemela de Gerardo y muy parecida a su mamá.

    Claro que nunca dije nada, solo algunas veces, borrachos, platicamos de nuestras fantasías y le dije que su madre me gustaba.

    Pasó el tiempo, terminamos la universidad, cada uno tomó su camino, nos casamos e hicimos familia, Gerardo se fue a vivir a Mérida y venía a veces a Aguascalientes a ver a sus padres y hermana.

    Los padres vivían solos y yo pasaba a visitarlos algunas veces.

    Cierta vez, la señora se cayó, tuvo fractura de pierna y necesitaba ayuda, el esposo no podía con ella y yo me ofrecí a ayudar.

    Era ayudarla a moverse, y bañarse, principalmente, la señora era tímida al principio, después no tanto, me decía que era como su hijo, y yo, entre ayuda y ayuda, a veces le veía las piernas o la ropa interior y me excitaba mucho, llegaba a la casa caliente y me cogía a mi esposa, pensando en la señora, que en ese entonces tendría 65 años, yo 40 y tantos años de deseo se desbocaban, mi esposa estaba sorprendida y feliz.

    Un día llegué y la señora estaba en su cama, me dijo que la llevara al baño para bañarse, que si la podría ayudar, ya que no estaba su esposo, me puse nervioso y ella lo notó.

    -no quieres? -Me dijo- te asusta ver una vieja desnuda?

    -Al contrario -le dije- si me gustaría verla, pero me excitaría mucho y me imaginaria algunas cosas prohibidas.

    -En serio? -Me dijo.

    -Sí, claro, desde muy joven he tenido fantasías con usted.

    -Sí -me dijo- siempre me di cuenta de eso, y me gustaba, sobre todo cuando empezaste a crecer y te pusiste muy guapo. Anda ven, ayúdame a bañar.

    La llevé al baño, la desnudé y ella me dijo que me desnudara también, para no mojar la ropa.

    Ella estaba sentada en una silla de plástico, con su pierna enyesada y tapada con una bolsa.

    Me acerqué y me empezó a quitar la camisa y luego desabrochó el pantalón, me tomó la verga, me bajó el calzón y me empezó a masturbar, muy excitado me desvestí totalmente y me acerqué, ella me tomó la verga y así sentada me la empezó a besar, a lamber y a chupar.

    -Mi marido no me toca, ya me hacía falta esto.

    La bañé, la sequé y la llevé a su cama, allí nos abrazamos, nos besamos y ya no pudimos parar, con cuidado besé todo su cuerpo, le besé entre las piernas hasta hacerla terminar, luego, abrí sus piernas y la penetré, años de deseo se cumplieron allí, en el mejor orgasmo de mi vida.

    Ahora ya está sana y sigo cogiendo con ella, ya les contaré más historias.

  • Terror sexual: Frederich (primera parte)

    Terror sexual: Frederich (primera parte)

    Capítulo 1. Ansia sexual. 

    José Sánchez Amador terminó su rutina esa noche. Ir al gimnasio a aquella hora era bastante pesado, pero quería mantener la condición, pues su título en artes marciales no iba a defenderse solo. Pensó en darse una ducha, sin embargo, prefirió bañarse en casa, se hacía tarde y al día siguiente tenía una importante junta de trabajo.

    Anduvo despacio a los vestidores casi vacíos y se despidió de Eric, uno de sus amigos de la oficina que también entrenaba con él.

    -¿No vienes?-

    Preguntó José, al tiempo que se colocaba la camisa y se ajustaba los geans.

    Eric escribía en su móvil y no volteó a ver a su amigo. -No, Paulina y su hermana fueron a ver a su mamá y van a pasar por mí. Ya vienen, llegan en unos diez minutos.-

    José terminó de guardar las cosas en su maleta de ejercicio y sacó las llaves de su carro. -Vale, el viernes recuerda invitarlas al torneo.-

    Eric lo miró burlón y le dedicó una sonrisa. -¿Bromeas?, ¡Mariana se muere de ganas por verte sin camisa y sobre todo partiéndole la madre a otros cabrones!, si conservas tu título, ese día seguro te la llevas a la cama sin problema. Está enamorada de ti.-

    Dijo Eric entre risas.

    José le guiñó un ojo y correspondió a la risa. -Y a mí me encanta tu cuñada. ¡Tiene un cuerpaso!-

    Los dos hombres rieron y chocaron las manos.

    -Vale, ya me voy, mañana tengo que presentar los resultados a Gonzalo y ya sabes como me odia la gente de su equipo.-

    Dijo José, a la vez que se encaminaba a la puerta de los vestidores.

    Eric se despidió con la mano y volvió a coger su móvil, que en ese momento lanzaba una alerta de Whatsapp.

    José atravesó el gimnasio y se despidió de los tres entrenadores y del dependiente que ya se preparaban para cerrar el establecimiento. Cruzó por la puerta de cristal y avanzó hacia su automóvil, cuando desde las sombras del estacionamiento apareció una alta figura que hizo a José estremecerse y detenerse en seco.

    José se preparó para ser víctima de un asalto, pues la figura era claramente la de un hombre casi tan alto como él, aunque menos corpulento. Pensó rápidamente en la mejor manera de desarmarlo, sin embargo aquel misterioso sujeto, aún oculto por las sombras se dirigió a él con voz aterciopelada.

    -Te ves cada día mejor José. Aunque me gusta cuando sales con tu ropa de entrenamiento, el modo en que el sudor resbala por tus piernas desnudas, la forma en que tu camisa sudada se pega a tu cuerpo y el short que delinea esos glúteos magníficos.-

    Dijo el desconocido con un tono misterioso que a José le hizo sentir una extraña corriente de repulsión, placer y excitación, todo mezclado en uno.

    José quiso responder ante la clara alusión gay con un golpe en plena cara de aquel tipo, pero en ese momento el sujeto salió de las sombras y José se quedó impresionado con el rostro que vio. Era un rostro de rasgos perfectos y elegantes, piel blanca, ojos azules y unos labios, unos labios de los que José fue incapaz de retirar la vista, hasta que los ojos capturaron su mirada.

    El azul de esos ojos era tan intenso, tan profundo, tan impenetrable, que esa corriente de placer, repulsión y excitación lo llenó de forma irrefrenable. Una erección se hizo presente para asombro de José que no era gay, mas a la vez sus sentidos lo alertaban de un inminente peligro.

    -Disculpe yo…-

    Dijo José con voz trémula y sin poder apartarse del sujeto que caminaba hacia él.

    El desconocido colocó su dedo en los labios de una forma tan erótica que la erección de José volvió a dispararse pese a la extraña mescolanza entre atracción y repulsión que aquel sujeto le causaba. -Ssshh, no digas nada, mejor, vamos a…-

    Sin embargo en ese momento la voz de Eric y la conversación animada que sostenía con los entrenadores y el dependiente del negocio lo sacó de su abstracción, a la vez que los faros de una suburban alumbraban el estacionamiento.

    -¿Todavía no te vas huey?-

    Preguntó Eric mientras se colocaba a su lado.

    José parpadeó desconcertado por un momento y volteó en búsqueda del extraño sujeto, pero ante su desconcierto aquel hombre había desaparecido.

    -No, me distraje un momento, pero ya me voy, salúdame a Mariana, nos vemos mañana en la oficina.-

    Respondió José, al tiempo que andaba hacia su maserati.

    Eric se despidió también, mientras la mujer de este le decía adiós desde la camioneta y los entrenadores y el dependiente que caminaban hacia la salida del aparcamiento, le gritaban que lo acompañarían en el torneo del viernes.

    José encendió el vehículo y manejó por el bulevar bastante transitado pese a la hora. Era incapaz de sacarse de la mente aquellos labios, aquellos ojos azules casi turquesa, tan seductores, tan atrayentes, que le manifestaron un incuestionable deseo. Trató de apartar aquel pensamiento absurdo de su mente. Él no era gay, nunca había sentido atracción por un hombre, ni siquiera bajo los efectos del alcohol, sin embargo aquel desconocido le había causado una poderosa erección y por un momento se imaginó ser tocado por esos labios, ser desnudado por ese hombre.

    “No”. Se dijo así mismo y negó con la cabeza, a la vez que se incorporaba a la circunvalación.

    Tras media hora llegó al fraccionamiento de casas donde vivía, sumamente seguro y resguardado por un equipo de vigilancia. Mostró su tarjeta al guardia y atravesó las calles del fraccionamiento hasta alcanzar su casa, una de las últimas de la zona residencial, ya que después de su calle, habían canchas de futbol, un parque donde los niños jugaban y una escuela que marcaba el límite del fraccionamiento.

    José Abrió su garaje con el mando a distancia e introdujo su maserati a la cochera para enseguida encender las luces y cerrar el portón. Bajó de su automóvil y entró a su casa por la puerta de la cocina.

    Se preparó algo ligero de cenar, mientras se fumaba un cigarro y respondía unos mensajes de su hermano y de algunas mujeres con las que estaba saliendo. Después subió las escaleras y se dirigió al cuarto de baño, donde se sacó la ropa y se introdujo en la ducha.

    José se dio un largo baño, para relajar sus fuertes músculos, aún tensos por el entrenamiento de aquel día. Se miró en el espejo y vio como las gotas de agua resbalaban y salpicaban su cuerpo desnudo.

    José Sánchez Amador medía un metro ochentaicinco de alto. Su piel era trigueña, de un matiz bronceado, tersa y fuerte. Tenía unos preciosos ojos verdes, largas pestañas, cabello negro en forma de anillo, boca ancha de labios delgados, mentón firme y rostro ovalado de rasgos varoniles, además de hombros anchos, cuerpo y abdomen musculado y poderosos glúteos.

    José Sánchez Amador secó su cuerpo y cabello, y ya que esa noche hacía bastante calor, decidió dormir desnudo. Atravesó el corredor hasta su habitación y luego de fumar un último cigarro, se acostó en la cama. Sintió como las frescas sábanas rosaban su cuerpo y por alguna extraña razón, pensó en como se sentiría tener a aquel hombre con él en ese momento.

    Volvió a rechazar esas ideas homosexuales y poco a poco se fue quedando dormido. Sin embargo, al poco tiempo se despertó repentinamente asustado, como si se encontrara en un perentorio peligro, como si alguien lo observara, como si no estuviera a salvo.

    José se sentía asechado, tanto que se levantó y encendió la luz. Recorrió la vista por la habitación, pero no vio nada. Se puso una camiseta y unos bóxer y decidió verificar las puertas y ventanas. Durante diez minutos checó que todas tuvieran colocado su respectivo seguro y por alguna extraña razón, los revisó una y otra vez, hasta que estuvo convencido de que no había nada fuera de lo común.

    Se asomó por las ventanas de la estancia, el comedor y la cocina, inclusive revisó la cochera, pero no observó nada. De hecho era una noche bastante tranquila, demasiado tranquila, ni siquiera los grillos o lechuzas que a veces revoloteaban por allí, no cantaban esa noche.

    Sin saber bien porque, se quitó la camiseta y el bóxer y decidió dejarlos en la estancia. Volvió a recorrer la casa desnudo, aunque después de todo el calor era tanto, que empezaba a sudar.

    Regresó a su alcoba, se recostó nuevamente y se quedó dormido casi al instante, aunque con una respiración algo acelerada, pues de un modo extraño la sensación de asecho persistía.

    El reloj dio las 2 am y de pronto un golpe se escuchó contra el cristal de la ventana. José se revolvió en sueños, sin embargo no despertó, era muy extraño. En cierta forma estaba consiente de aquello, una parte de él al menos, pero la sensación de sopor era muy poderosa y le resultaba imposible reaccionar.

    Los golpes sordos y unos rasguños volvieron a escucharse contra el cristal de la ventana. Lentos y constantes, una y otra vez.

    -José, levántate, levántate y déjame entrar.-

    Dijo una voz profunda y varonil en medio del silencio de la noche.

    José fue consiente de aquella seductora voz, mas el extraño sopor era demasiado poderoso. Sentía como si se encontrara ido y por el contrario, a cada momento la sensación soporífera parecía incrementarse.

    -José, levántate, vamos, levántate. Levántate, ven a la ventana y déjame pasar.-

    Dijo aquella voz con un tono aún más seductor.

    José Sánchez Amador se sentó en la cama completamente desnudo, con los ojos cerrados y la expresión vacía. Era apenas consiente de aquello y la voz lo hizo sentirse tan excitado, con una ansiedad por estar con el dueño de esa voz, por experimentar aquellos besos que esos labios podrían proporcionarle. Su erección volvió a dispararse, a la vez que su cabeza caía suelta hacia atrás.

    -José, abre los ojos, pero continúa dormido. Abre tus ojos, despacio, sigue dormido, poza tus ojos en mí, abre tus ojos y mírame, ahora.-

    Indicó la seductora voz, en tono lascivo y suave, el cual incrementó el gozo del trigueño.

    José Sánchez Amador obedeció. Enderezó la cabeza y alzó los párpados. Sus pupilas estaban rojas, tan rojas como aquellos ojos que lo veían detrás del cristal. Eran unos ojos turquesa, semiteñidos de escarlata que veían fijamente los preciosos orbes verdes de José.

    El calor y el sopor subieron por el cuerpo de José y el trigueño se levantó exhibiendo sus músculos. Aquellos ojos se llenaron de una mirada malévola, codiciosa, llena de lujuria, de hambre, de hambre por él.

    -José, ven a la ventana y ábrela, déjame entrar, tú lo deseas. Ven, déjame entrar, quieres estar conmigo, lo deseas.-

    Repitió aquella voz de forma profunda.

    El sopor era más y más intenso y el placer crecía a cada momento. José quiso cuestionarse lo que estaba ocurriendo, pero no había nada que cuestionar. Aquella voz lo deseaba y él necesitaba probar aquella voz, aquellos ojos, aquella boca. Él deseaba ser besado por aquellos labios.

    -Si, José, quieres que yo te bese. Ven, abre la ventana y déjame entrar, voy a besarte todo, como jamás alguien te ha besado. Quiero ofrecerte mis labios, tu deseas mis labios. Déjame entrar para que pueda besarte todo-

    Repitió la voz.

    José avanzó tres pasos más hacia la ventana y una parte de él quiso rebelarse, salir de ese sopor, la parte que le decía que estaba en peligro. Sin embargo, volvió a fijarse en aquellos ojos turquesa matizados de escarlata y clavó su mirada en ese color que expulsaba fuego, deseo. Sin embargo, consiguió parpadear por un momento y trató de sacudirse ese terrible sopor, la lujuria, el calor, el placer.

    -No José, no quieres despertar. No, quieres estar conmigo. Por ello, duerme más profundamente, duerme más profundo, totalmente dormido. José, deja de pensar, sólo concéntrate en mi voz y duerme. Duerme, duerme, deseas estar más dormido, totalmente sonámbulo. Sonámbulo, sonámbulo, así, duerme más-

    José sintió una corriente de placer envolverlo, como si un manto de oscuridad cayera sobre él. Trató de luchar, de oponerse, pero el sopor era muy fuerte, muy irresistible. Él debía obedecer a aquella voz, debía dormir y entregarse a aquella voz. “¿Para qué luchar?”. Esa voz era maravillosa, él debía obedecerla, entregarse a ella. Sólo le esperaba placer, le aguardaban aquellos labios y él quería que los labios lo besaran todo.

    José Sánchez Amador cerró nuevamente los párpados y dejó caer la cabeza hacia atrás totalmente dormido.

    El de ojos turquesa sonrió complacido al ver aquello. El humano estaba completamente bajo su control, en un trance de éxtasis sonámbulo del que no despertaría hasta el amanecer. La excitación, el apetito que experimentó en aquel momento era irrefrenable.

    -José, ven a la ventana, ábrela y déjame entrar.-

    Repitió la orden.

    Esta vez el sonámbulo José acató sin dudar la indicación del de ojos turquesa. Anduvo hacia la ventana y el misterioso sujeto pudo ver la gruesa y azul línea de la carótida palpitar en su cuello, así como la impresionante erección que alzaba el pene del trigueño como una gruesa vara de hierro.

    El sonámbulo quitó los seguros y abrió la ventana. El misterioso sujeto se deleitó con el aroma fresco y limpio, mezclado con tabaco que expedía José y con aquella postura de sonámbulo, con sus ojos cerrados pesadamente, el cuerpo rígido y la cabeza caída hacia atrás, en una acción inconsciente que invitaba a morderlo.

    -Yo soy Frederich José. ¿Me dejas entrar?-

    Dijo el de ojos turquesa con voz ronroneante.

    José suspiró profundamente y entreabrió sus labios. -Sssi….-

    Frederich se relamió la boca y volvió a inhalar el varonil aroma del trigueño. -¿Sí, qué José?-

    Preguntó con voz aterciopelada.

    José despegó con trabajo los labios y repitió en un murmullo. -Sssi, puedes pasar, Maestro…-

    Frederich se abalanzó de un salto hacia el interior de la habitación y sujetó de los hombros al trigueño con una mano, mientras con la otra cerraba la ventana tras de sí.

    -Perfecto, mi esclavo, te resististe, eso me encanta de mis presas. Pero desde que te vi, supe que serías mío.-

    Dijo Frederich al oído de José, para enseguida pasar su lengua sobre el cuello del trigueño.

    José gimió de placer y se abrazó a Frederich con su cuerpo desnudo, para que el de ojos turquesa pudiera percibir lo bien trabajado de sus músculos, mientras ofrecía su cuello.

    Frederich se contuvo y primero probó los labios de su sonámbulo esclavo. Introdujo su lengua, a la vez que frotaba sus labios contra los del trigueño y recorría su desnudo cuerpo.

    -Hace mucho tiempo que un humano no me enciende como tú, José Sánchez Amador.-

    Dijo Frederich mientras chupaba y besaba el pectoral de José, que al instante se erectó y se puso tan duro como una roca.

    Frederich escuchó el suave palpitar del corazón del humano y percibió la sangre bombear por su cuerpo. -Sabes, me atraes tanto que voy a ser bueno contigo. Primero voy a dejarte disfrutar de mí, antes que yo disfrute de ti.-

    José gimió de placer y replegó aún más su cuerpo desnudo contra Frederich, a la vez que frotaba su poderosa erección contra el miembro del de ojos turquesa.

    -Esclavo, quítame la ropa, e invítame a tu cama.-

    Dijo Frederich con voz seductora, mientras besaba de nuevo al trigueño en el pecho y acariciaba su fuerte trasero.

    El sonámbulo sujetó entonces la cazadora de Frederich, la desabrochó y la quitó con cuidado, para después colocarla encima de un sofá que estaba al otro lado de la alcoba. Regresó con Frederich y le sacó lentamente la camisa, mientras el de ojos turquesa lo besaba en el rostro y cuello.

    José gemía ante cada toque, ante cada caricia y su erección era cada vez más impresionante. La erección de Frederich también iba en aumento, al tiempo que su hambre por aquel humano subía poco a poco. El trigueño se hincó entonces para retirar las botas y calcetines de Frederich y el de ojos turquesa le ayudó a desamarrar las botas.

    En unos breves instantes Frederich estuvo desnudo y José se abrazaba con desesperación a su cuerpo. Los dos compartían calientes besos y caricias y José disfrutaba de esos labios, labios que con cada beso disparaban en él una excitación desmesurada, un deseo que sólo lo hacían concentrarse en aquel cuerpo desnudo, en aquella piel perfecta, límpida y con un aroma dulzón, que lo volvían loco.

    -Mi Amo… Por favor ven a mi cama… Hazme tuyo, quiero ser tuyo por siempre y para siempre…-

    Dijo el trigueño con una ansiedad incontenible.

    Frederich soltó una carcajada complacida, al tiempo que sujetaba por el miembro a su víctima sonámbula. -Suplícalo, suplícalo, dime cuanto me deseas.-

    José se arrodilló, besó la Berga erecta de Frederich, para enseguida besar sus pies. -Por favor mi Amo… Ven a mi cama… Enséñame el placer… Hazme tuyo… Quiero ser tuyo… Quiero ser tuyo por siempre…-

    Suplicó José Sánchez Amador con un tono sumiso que encantó a Frederich.

    -¿Quieres que yo te tome?-

    Cuestionó Frederich con una voz inquisitiva.

    El trigueño acercó el rostro a la Berga de Frederich y dio un par de lamidas al de ojos turquesa, que gruñó en aprobación. -Sssi, mi Amo… Tómame… Quiero ser tuyo por siempre… Quiero ser tu esclavo…-

    Frederich dejó que José lamiera sus testículos y Berga por un par de minutos, pues pese a ser un heterosexual sin remedio, en aquel estado de sonambulismo el trigueño parecía todo un experto.

    -De acuerdo, mi sonámbulo, levántate y llévame a tu cama, te enseñaré los andares del placer.-

    Dijo Frederich con una voz cargada de lujuria.

    José se incorporó lenta y torpemente, tomó a Frederich del brazo y lo condujo hacia la cama sin abrir los ojos. Se lanzó violentamente al lecho y tiró del brazo del de ojos turquesa, para que cayera sobre él.

    Frederich besó y mordisqueó el torso de José, gracias a lo que dejó una gruesa línea de saliva sobre los pectorales del trigueño, que gemía de gozo. José restregaba su pene contra el de Frederich, mientras se abrazaba a su espalda con fuerza y buscaba su boca.

    -Hazme tuyo… Hazme tuyo… Mi Amo… Hazme tuyo…-

    Dijo el sonámbulo con su voz soñolienta.

    Frederich lo sujetó con fuerza de los hombros y le dio la vuelta para que el trigueño quedara boca abajo. Tomó con su mano izquierda el miembro del trigueño y con la derecha su cuello, y al tiempo que penetraba con vigor el culo de José, clavó sus colmillos en su carótida.

    José Sánchez Amador fue objeto de un placer indescriptible. Sintió como si una corriente helada recorriera todo su cuerpo, a la vez que un calor inmenso atravesaba su esfínter. La Berga de su Amo lo hacía disfrutar, mientras la boca plantaba sobre su cuello unos besos, los cuales provocaban que su cabeza nadara en medio del océano, en medio de olas de placer. Su corazón latía rápido y más rápido, cada minuto más rápido. El calor y el frío colisionaron en medio de su pecho. José sintió como el ritmo de su corazón aumentaba, al tiempo que el chorro de semen plagaba su culo y su propia Berga manipulada por los expertos dedos de su Amo, expulsaba y expulsaba chorros de esperma, chorros que lo llevaron a experimentar un orgasmo como jamás antes había tenido.

    -¡MI AMO!, ¡MI AMO!, ¡MI AMO!-

    Gritó el sonámbulo doblegado por el orgasmo, al tiempo que la vida se le escapaba.

    Frederich sorbía su sangre y se alimentaba de su energía sexual al mismo tiempo. Aquel humano lo había excitado como hace mucho tiempo ningún humano lo hacía. Frederich se corrió tres veces seguidas en el interior de su sonámbulo esclavo, imbuido por aquel coito e impulsado por el ritmo de su corazón que cada vez latía más y más rápido.

    No obstante, practicó su autocontrol y retiró su boca del cuello de José. Unas gotas de sangre se derramaron a través de la piel del trigueño y Frederich las relamió, aunque en ningún instante soltó la Berga de José o salió de su interior.

    La respiración del trigueño era bastante acelerada debido al orgasmo y su cuerpo temblaba debajo de la poderosa masa muscular de Frederich. Le dio la vuelta lentamente y remojó su dedo con su propio semen mezclado con sangre y con sus uñas se realizó un pequeño corte en el cuello.

    -Chupa, mi esclavo, chupa, para que seas mío por siempre, ¿eso es lo que quieres verdad?-

    Inquirió Frederich con lujuria.

    José respiraba trabajosamente, no obstante despegó los labios a penas para responder. -Sssi, Maestro… Quiero ser tuyo por siempre…-

    Frederich torció la boca complacido. -Entonces bebe, bebe mi esclavo. En sueños serás mío. Te haré dormir siempre que yo quiera para que vengas a mí. Y sonámbulo serás mi esclavo. Dormido harás mi voluntad y serás mi amante, mi sonámbulo, mi esclavo. Sonámbulo, cada noche vendrás a mí, acudirás a mi llamado, al llamado de tu Amo, de tu Maestro, de tu Señor.-

    José chupó con su lengua el dedo de Frederich y lamió hasta la última gota de semen y sin oponerse, bebió de la herida de Frederich, mientras una expresión de placer llenaba su rostro.

    -Hmm… Sssi, en sueños seré tuyo… Yo dormiré cuando tu lo ordenes… Dormido iré a ti… Sonámbulo seré tu esclavo… Dormido haré tu voluntad, seré tu amante, tu esclavo… Sonámbulo y dormido cada noche iré a ti… Dormido y sonámbulo acudiré a tu llamado… Al llamado de mi Amo… Maestro y Señor… Haré lo que digas mi Amo…-

    Respondió José al acomodar su cabeza en el cuello de Frederich.

    Frederich volvió a besarlo y a acariciarlo. – Cada vez que de mi voz escuches la frase “Sexsomnia”, dormirás profundamente y serás mi esclavo sonámbulo. ¿De acuerdo?-

    Inquirió Frederich a la vez que mordisqueaba nuevamente su cuello.

    José gruñó a causa de aquel nuevo ataque, presa de un exultante placer. -Sssi, cada vez que de tú voz Maestro, escuche “Sexsomnia”, dormiré profundamente… Dormiré profundamente y seré tu esclavo sonámbulo… Sssi mi Amo…-

    Dijo José al tiempo que clavaba sus uñas en los fuertes hombros de Frederich.

    -Mientras duermas, mientras estés sonámbulo, al despertar no recordarás nada, aunque te sentirás muy relajado y complacido.-

    Indicó Frederich, a la vez que volvía a masturbar a José.

    El trigueño apretó los glúteos de Frederich con fuerza y lo besó desesperadamente en la boca. -Sssi, mientras duerma… Al despertar no recordaré nada… Sólo el placer… Y me sentiré muy relajado…-

    Frederich incrementó el frotamiento del miembro de José, el cual se erectó de prisa y respondió eficazmente a su técnica de felación. -Escúchame bien, cuando me oigas decir: “Trance sexual”, aún y cuando estés despierto, caerás en un profundo trance. Estarás hipnotizado. Te volverás un zombi sexual, un esclavo dispuesto a obedecer mi voluntad y a ser mi amante, mi esclavo.-

    Instruyó Frederich con su voz aterciopelada y seductora.

    José gemía debido a la masturbación, totalmente perdido en aquel trance sonambúlico. -Sssi, mi Señor… Aún y cuando esté despierto y te escuche decir: “Trance Sexual”, caeré hipnotizado. Me convertiré en un zombi sexual… Dispuesto a obedecer tu voluntad… A ser tu amante… Tu esclavo… Sssi, mi Amo… Un zombi sexual…-

    Respondió el trigueño a la vez que temblaba bajo Frederich.

    El de ojos turquesa lo apretó fuerte contra sí y lo besó en los labios, al tiempo que el trigueño se corría después de la masturbación. -Yo soy un vampiro sexual, me alimento de la sangre y la energía sexual de los humanos. A mi me gustan más los hombres, porque tienen más virilidad, más vigor. Eres muy guapo, una fuente increíble de sangre y sexo. Nunca un humano me había encendido tanto como tú. Te convertiré en mi esclavo amante. No te mataré, ni te convertiré, al menos no aún. Eres bastante joven y con mi sangre, te conservaré joven por un tiempo. Me encanta tenerte dormido. Cuando te vi, con esa camiseta empapada de sudor, el short que se pegaba a tus nalgas y con ese miembro tan espectacular que tienes. Y la manera en que tus arterias y venas resaltan en tu cuello, en tus brazos. Supe que debías ser mío. ¿Te gusta estar dormido?-

    Inquirió Frederich sin dejar de besarlo.

    José disfrutaba de aquello, una mueca de satisfacción llenaba su rostro y sin dudar respondió a los besos. Besó el cuello y las clavículas de Frederich y compartió con el vampiro sexual un largo y apasionado intercambio, que volvió a erectar las vergas de ambos.

    -Sssi… Mi Señor… Yo lo disfruto… Me gusta estar dormido… Sonámbulo… Ser tuyo… Ser tu esclavo…-

    Contestó el trigueño doblegado por el lívido una vez más.

    Frederich encantado por aquella respuesta, volvió de nuevo a José boca abajo y comenzó a penetrarlo, aunque esta vez lentamente y al mismo tiempo profundamente, para que el trigueño gozara cada estocada. José lo empujó con sus poderosas piernas y apretó sus hombros, mientras gritaba de placer.

    -¡Oh, mi Señor!… ¡Oh mi Amo!… ¡Mi Maestro!… ¡Soy tuyo… completamente dormido… Soy tuyo… Tu esclavo… Tu esclavo… tu esclavo…-

    Dijo José presa de la lujuria.

    Frederich clavó una vez más sus colmillos en la carótida de José, mas bebió tan sólo un sorbo, pues no quería sobrepasarse, a lo que el trigueño gritó dominado por el orgasmo de sentirse completamente usado. Frederich incrementó su vaivén y José el movimiento de sus caderas. El trigueño propinaba alaridos de placer y Frederich golpeaba su espalda una y otra vez. Los dos se corrieron y Frederich bañó sus manos con el semen del trigueño, que temblaba y gruñía como animal en selo debajo de su musculado cuerpo.

    -Tengo que conservarte sonámbulo. Eres heterosexual y aunque despierto también puedo hacerte mío, la idea de tenerte dormido, sonámbulo o hipnotizado, es tan placentera para mí. Un hombre, un humano tan viril, tan fuerte, campeón de artes marciales, mujeriego, que es un símbolo sexual, convertido en un esclavo gay, en mi esclavo, en mi posesión absoluta es excitante. ¿no te excita estar sonámbulo y ser gay, mientras duermes?-

    Dijo Frederich a la vez que volteaba a José para acariciar su rostro y sus párpados.

    José se abrazó al cuerpo de su Amo y buscó goloso su boca. -Sssi… Mi Señor… Me excita estar dormido… Me excita estar sonámbulo… Me excita que mientras estoy dormido soy tu esclavo… Que mientras duermo soy gay… Y me excita ser tuyo… Por favor mi Amo… mantenme dormido y sonámbulo… Mantenme como tu esclavo… No quiero despertar… No quiero ser heterosexual… Sólo quiero ser tuyo… Mi Señor…-

    Dijo José Sánchez Amador con tono suplicante.

    Frederich lo miró extasiado, José sería un esclavo sumamente interesante. Por su mente cruzaban complejas ideas y juegos que podría realizar con él. Inclusive pensó en utilizarlo para cazar a más presas, después de todo era un artista marcial y varios de sus amigos lo sabía muy bien, eran atractivos y fuentes increíbles de testosterona y sangre.

    Le dio a beber más de su sangre y lo obligó a tragar varias gotas esta vez. -No temas esclavo, te mantendré sonámbulo e hipnotizado mucho tiempo. Pero vamos a jugar juntos y tu vas a servirme con gusto. Quiero que para empezar te alimentes muy bien y cuides en extremo. Te quiero guapo, fuerte y saludable para mí.-

    Indicó Frederich.

    José suspiró satisfecho por la sangre de Frederich y su rostro se llenó de deseo al saber que su Amo comenzaba a utilizarlo como un esclavo. -Sssi… Guapo… Fuerte y saludable para ti mi Señor…-

    Frederich pensó en dar o no la siguiente instrucción, pero pensó en que sería interesante ver su poder sobre José. -Escúchame bien esclavo. Haz bebido mi sangre. Y aunque es una pequeña cantidad, esta, junto con mi semen, te ligan a mí. Ahora eres mi Gould, mi esclavo. Y tendrás de forma mínima, parte de mi hipnosis. A partir de ahora, cuando te coloque en trance, cuando te hipnotice, tu podrás hipnotizar a la vez. Podrás hipnotizar con esos preciosos ojos verdes que tienes. Bastará con que mires a los hombres a los ojos y digas: “Mírame a los ojos, por el poder de mi Maestro, duerme y sírveme, duerme y sírveme a mí, duerme y sirve a mi Amo”.-

    El trigueño gruñó casi como si volviera a experimentar un orgasmo y buscó de nueva cuenta la boca de su Señor. -Sssi, Maestro… Cuando me hipnotices yo tendré el poder para hipnotizar a otros. Miraré a los hombres a los ojos y diré: “Mírame a los ojos, por el poder de mi Maestro duerme, duerme y sírveme a mí, duerme y sirve a mi Amo”… Sssi mi Amo…-

    Admitió encantado el sonámbulo aquella orden.

    Frederich lo complació y volvió a besarlo, pues notó que el trigueño era adicto a sus labios. -Cuando los tengas hipnotizados, los llevarás a mí. Te acostarás con ellos y los mantendrás en trance hasta que yo llegue. Lo disfrutarás y te sentirás revigorizado cuando tengas sexo con ellos y pruebes su semen y ellos prueben el tuyo.-

    Indicó el vampiro sexual con tono sádico.

    José mordió el cuello de Frederich y trató de beber nuevamente la sangre del vampiro y este se lo concedió. -Sssi, hmmmm… Sssi, mi Amo… Los hipnotizaré, los llevaré a la cama y tendré sexo con ellos. Me sentiré revigorizado cuando tenga sexo con ellos, pruebe su semen y ellos prueben el mío… Los mantendré hipnotizados hasta que tu llegues… Sssi mi Señor… Eso me complacerá…-

    Frederich se despegó de forma abrupta de José y comenzó a vestirse. -Bien, ahora quiero que descanses, vas a dormir profundamente hasta el amanecer y harás tus actividades normalmente. Quiero que te alimentes muy bien mañana por la mañana y hagas todo con gran enjundia. Te llamaré para que cumplas con mis órdenes. Te veré mañana por la noche.-

    Dijo el vampiro sexual, mientras se abrochaba la camisa.

    José gruñó en conformidad y se quedó dormido instantáneamente. El vampiro se inclinó para contemplarlo y besarlo una última vez, y tras abrir la ventana, saltó hacia la oscuridad de la noche.

  • La revancha (08): Un recorrido duro y salvaje

    La revancha (08): Un recorrido duro y salvaje

    Casi no puedes ver, medio mareada, con los ojos empapados de sudor, al fondo te parece intuir una mancha blanca, Nuria te azota, ve perfectamente como os acercáis al segundo punto de avituallamiento, Zuleia acaba de llegar, vosotras tardáis medio minuto en entrar, al instante tu reloj empieza a correr, Nuria lo mira, es una cuenta atrás de 20 minutos. Como una muñeca de trapo, dejas que te desaten, que te agarren para no caerte, te quitan el mordedor, chillas de dolor cuando te sacan del sulkie, cuando el hierro reseco y pegado a ti, empapado con tu sangre, sale de tu cuerpo, te tumban en una camilla, el consolador de tu culo, se clava aún más dentro de ti, alguien acerca una botella de agua a tus labios, bebes desesperada todo lo que puedes, sedienta y sudada, buscas con tus labios este líquido que llena tu boca y cae por la comisura de tus labios hasta tus pechos.

    Otros levantan tus rodillas, y empiezan a masajear tus muslos, tus piernas, también limpian tus pechos y tu vientre. Alguien habla con Nuria, le dice que esto te va a doler, pero han de tratar lo mejor que puedan la herida de tu coño, tiran de uno de tus labios y la aguja se clava en él , te arqueas de dolor, notas el líquido entrando en tu zona más sensible, Nuria te da la mano, entre temblores te agarras a ella con todas tus fuerzas, poco a poco el dolor va remitiendo, notas unas manos llenando tu agujero con una pomada, sus manos recorren cada rincón, cada herida, cada rasguño, Con la boca abierta sigues buscando más agua, cuando llevas la suficiente te quitan la botella, otra vez chillas y estrujas la mano de tu dueña cuando desinfectan las heridas de tus patas, tus pies en carne viva han de volver a endurecerse, a ser capaces de correr y trotar. Nuria acaricia tus lágrimas, besa tus mejillas, siguen tratando tus pies, tu coño, desinfectan las heridas que llenan todo tu cuerpo. Zuleia también chilla, oyes como grita, como suplica, como llora, pero no se rinde, ni por un momento piensa en decir la palabra que terminaría con todo, no lo hará si antes no lo haces tú, y tú tampoco lo harás antes que ella

    El reloj va corriendo, te giran, ahora tratan tu lomo, tus nalgas, tus hombros. Ponen en tu boca una barra energética, para que vayas comiendo, la muerdes, la engulles y abres la boca mirando al chico que las lleva, él sonríe, acaricia tus mejillas, te da otra y otra más, mientras acaricia tus cabellos y te dice “No te atragantes potrilla golosa”, es la primera caricia, el primer gesto amable, desde que ha empezado la carrera.

    Tú las comes sin preocuparte de las babas con restos de comida que caen de tus labios y ensucian tu cara. Apenas quedan tres minutos, te levantan, y te vuelven a atar al sulkie, también han llenado de grasa el hierro, y deslizándose va entrando dentro de ti, apenas si notas nada. Mientras te van atando, Antonio le comenta a Nuria, que estás bastante maltrecha, pero de momento no corres peligro de ninguna lesión permanente, seguramente necesitarás semanas o meses para recuperarte, pero eres fuerte y lo conseguirás. Nuria te mira, y te pregunta si quieres seguir, tu levantas la cabeza, intentas relinchar, y lanzas tu cuerpo hacia adelante, solo el freno del sulkie te para. En este momento oyes como sale Zuleia. Antes de salir te vendan los ojos, el siguiente tramo lo haréis a ciegas, guiadas solo por la fusta y las correas que os encadenan. Conocéis a Zuleia, seguro que está asustada y nerviosa, no soporta los sitios oscuros, el látigo azota tu lomo, te lanzas hacia adelante en pos de rival, tus patas han mejorado lo suficiente para no cojear y tu coño es un trozo de carne, que de momento ni siente ni padece. Anclada en tu hierro, corres a ciegas, solo los golpes y los tirones de tu mordedor te indican por dónde ir, donde girar, tras unos pocos minutos chocas contra algo, es el sulkie de Zuleia, ella se ha parado en seco al oír un ruido que se acercaba, asustada, inquieta, ni los azotes ni los correazos la hacen avanzar solo mueve, busca con su cabeza, intenta adivinar lo que no ve, tus correas te giran la cara y vas hacia la izquierda, un correazo, hace que corras, no lo sabes pero estás avanzando a tu rival, Yoha prefiere esperar y ponerse a tu rueda, sabe que será más fácil para su esclava seguir el ruido de tus ruedas que oírte tras ella. Zuleia grita, berrea cuando la fusta la castiga, al final asustada corre tras tu ruido. Nuria decide que es un buen momento para dejarla atrás, levantándose, te azote el lomo, te grita que corras, tú te lanzas hacia adelante, Yoha también fustiga a su hembra, que sollozando sigue aquel ruido que la precede. Las dos chicas en pie, os hacen acelerar al máximo.

    Ante las pantallas, la gente aplaude y os anima, las dos estáis agotadas, doloridas, rebozadas en sudor y heridas, pero seguís corriendo como auténticas jabatas, llega una curva, notas las correas girando tu hocico, giras, el sulkie roza con un muro, tras de ti, Zuleia golpea contra él. Yoha casi se cae, Zuleia nota como se tensan todas sus correas, le fallan las patas y solo el anclaje de su coño evita que ruede por el suelo. Su dueña la obliga a retroceder, la hace girar y continúa la persecución. Tú te tuerces un tobillo al pisar mal una piedra, vuelves a cojear un poco, Nuria te frena, no quiere que una lesión te rompa. Poco a poco vas mejorando, pero Yoha consigue cogeros, los dos sulkies siguen juntos durante un buen rato, es un tramo muy técnico, con constantes giros y bajadas empinadas, un tramo donde vuestra oscuridad os provoca más de un golpe contra los márgenes y los zarzales que rodean el trayecto…

    Cada vez el camino desciende más y más, y un hedor insoportable va llenando el ambiente, Yoha y Nuria se ponen sus chubasqueros amarillos, las cubren de los pies hasta la cabeza, incluidos zapatos y guantes, cierran las cremalleras, y os azotan para que no frenéis. Tú y Zuleia, tan solo podéis respirar esta peste sin ver que es. El camino llega a otra curva, una más, notas en tu piel como algunas moscas empiezan a picotearte, te mueves para asustarlas, para echarlas de ti. De pronto el látigo silba y Nuria te ordena que corras, te lanzas hacia adelante, y te hundes en la ciénaga, el carro se llena de porquería hasta más de medio metro de altura, y tú quedas de estiércol hasta la cintura. También Zuleia está en el lodazal, Yoha y Nuria saltan del carro, os quitan las vendas estáis separadas, son dos surcos profundos, estrechos y largos, durante días han vaciado en ellos camiones de fosas sépticas, purines de granjas de cerdos, barro, lodo y miles de litros de agua, que se han estancado en este barrizal. Toses, escupes, no quieres moverte, Zuleia está paralizada, chilla sin parar mientras algo sube por sus piernas, gusanos, escarabajos y todo tipo de insectos, llenan la ciénaga, y ella inmóvil en pleno ataque de pánico, no puede ni moverse, Yoha le aprieta su argolla en la nariz y la arrastra entre chillidos y suplicas.

    Tu tampoco avanzas, estás vomitando a través de tu mordedor, no puedes respirar con esta peste, no puedes soportar estas heces ensuciando tota tu piel. Nuria también tira de la argolla de tu nariz, intentas evitar mojarte los pechos, los hombros. Intentas mantenerte lo más lejos posible de esta inmundicia. Nuria te ordena que te pongas de rodillas, tu niegas con la cabeza, el látigo marca de marrón tus pechos, sigues negándote, otro azote, y otro más, hasta que, entre lágrimas, te arrodillas, la porquería llega a tu cuello, ella agarra tus cabellos y hunde tu cabeza en el lodo, no puedes cerrar la boca, tus dientes, tus labios, tu cara, todo se llena con esta mugre. Te saca la cabeza, restos de todo tipo caen de tu cara, coge tu aro y tira de ti, sigues paralizada, vuelve a hundir tu cara en el lodo y azota con todas sus fuerzas tu lomo, gritas de dolor y de asco, mientras aguantas la respiración, otro latigazo, hace que tiemble todo tu cuerpo, y un tercero más. Luego saca tu cabeza, sumisa te levantas y tiras de tu sulkie, embarrado y enfangado en el cenagal, Zuleia también está siendo azotada, Yoha y Nuria quieren acabar pronto esta prueba, también ellas huelen el hedor del aire y se enfadan con vosotras al veros rebozadas en mugre y sin querer andar.

    Entre gritos histéricos Zuleia levanta las patas, chilla, llora, algo vuelve a subirle por las piernas, a bofetadas Yoha la hace reaccionar, tú has conseguido avanzar un poco más, cuando algo entra en tu boca, te vuelven a venir arcadas, otra vez vomitas, mientras sigues este aro que tira de tu hocico. Yoha retuerce el aro de Zuleia, que casi cae de costado, os siguen azotando, insultando, gritando, y vosotras solo podéis intentar seguir entre sollozos y miedo. Poco a poco vais avanzando, todo tu cuerpo te escuece, te pica, mientras las ruedas giran lenta, muy lentamente.

    Zuleia también tira de su sulkie, pero te ve lejos, has conseguido sacarle una buena ventaja, y Nuria no piensa desperdiciarla, así que azotándote te obliga a correr, a trotar hacia un final que se adivina cercano. Yoha también golpea a su yegua, pero el miedo a dar un nuevo paso en esta ciénaga, el miedo a que cualquier animal la muerda, o encuentre algún recodo para entrar en alguno de sus agujeros la hacen temblar, es un pánico irracional y brutal que ni el látigo, ni la argolla retorciéndole la nariz le hacen superar. Por fin ves la salida, tiras con fuerza del carro, poco a poco vas saliendo, embarrada en estiércol y heces, caen restos de todo tipo de tu cuerpo, sin quitarse el chubasquero Nuria sube a un sulkie totalmente rebozado en mugre y estiércol, el látigo golpea tu lomo y empiezas a avanzar en una subida larguísima, mientras Yoha con mucho esfuerzo, tirando de su animal, azotándola, consigue que avance poco a a poco, aún le falta un buen tramo para salir, cuando vosotras ya habéis empezado la ascensión.

    Zuleia tarda más de diez minutos en llegar al final, una vez fuera, Yoha la azota, y ella empieza a galopar, a correr, mientras va dejando en el suelo un reguero de suciedad. Nuria también te azota a ti, que no dudas en clavar tus patas, en retorcerte para dar más velocidad a tu impulso. Parecéis dos cerdas rebozadas en heces saliendo de vuestra pocilga. El sol quema vuestra piel, por un instante agradeces esta mugre pegada a ti, que algo te protege. Zuleia sigue avanzando, respira agitadamente, escupiendo y babeando. Tú intentas mantener la ventaja, aunque la subida se te hace cada vez más difícil.

    Vane, sentada a mi lado, con su boca, sus labios y sus mejillas llenas de mi corrida, no pierde detalle de vosotras, del asco que dais y que sufrís, del dolor de vuestros músculos al límite, de vuestra piel castigada y herida. Le giro la cara y le pregunto si le gustaría estar con vosotras, competir y correr por todos y cada uno de los lugares por donde estáis pasando, ella acariciándome con su hocico me contesta que si soy yo quien la lleva, quien la azota y la hace cabalgar, SI. Pongo mi mano en su entrepierna, ella se abre, mientras se abraza aún más a mi cuerpo, noto el tacto suave de sus pechos, el calor de su cuerpo, el movimiento casi imperceptible de su respiración. Beso sus labios con sabor a mí, ella se arrodilla sobre mis piernas, se agacha, entra dentro de su coño mi verga. Marrana y golosa, se mueve, contrae sus músculos, va calentando más y más mi deseo, la gente que tenemos cerca, nos mira, la mira, a ella le encanta ser observada, deseada, excitar con sus movimientos, con sus gemidos, con su cabellera rojo moviéndose sensual ante todos estos desconocidos. Se abraza a mí, mordisqueo uno de sus pechos, me gusta como gime cuando mis dientes pinzan su pezón, cuando tiran de él, mientras de fondo, en la pantalla oímos vuestros gemidos, vuestros gritos roncos y rotos. Sigo jugando con Vane, moviéndome, excitándome y excitándola, entre espasmos se corre clavada a mi verga, con su boca llena de la mía, con sus pechos restregándose en mi piel, es un placer compartido e intenso. Abrazada a mí, se deja caer, cierra los ojos, mientras fondo seguimos oyendo tus gemidos, tus suplicas.

    La subida sigue interminable, aún llevas algo de ventaja a tu rival, que poco a poco va recuperando terreno. Tragas saliva, y vuelves a lanzarte hacia arriba, ella también lo hace, os tiemblan las piernas, la cabeza os da vueltas, vuelves a notar el dolor intenso de la barra metálica en tu agujero. La sangre vuelve a manar de algunas de tus heridas, y el olor a estiércol sigue impregnando todo tu cuerpo. Zuleia está enfadada, irritada, no quiere llegar al final como una cerda marrana, no quiere que su victoria sea la de una puerca rebozada en mierda, ella también nota nuevamente el dolor en su pie, otra vez cojea, mientras sus manos se agarran con fuerza a las barras de sulkie, y tras una nueva curva, otra recta aún más empinada, otro tramo donde sufrir y gemir.

    Zuleia está a pocos metros tras de ti, enfadada aceleras, coja y dolorida no quieres que te avance, ella también renquea un poco, los dos sulkis vuelven a alejarse unos metros, finalmente tras la última curva ves un recta, y al fondo unas carpas blancas, se te ilumina la mirada y te lanzas con todas tus fuerzas hacia ella, Zuleia también lo ha vista, y cabalga pegada a ti, de pie, Yoha y Nuria os azotan, os animan, os insultan, todas, yeguas y amas queréis llegar, queréis dejar atrás esta porquería que os envuelve, Zuleia está a tu par, pero tú no cedes, sigues corriendo, galopando, y prácticamente juntas entráis en esta zona de avituallamiento, que será la última de esta carrera.

    Nada más entrar, te fijas en el reloj 45 minutos, respiras aliviada, mientras unos operarios te desatan de tus correas, levantándote por las nalgas te arrancan de la barra de hierro, con el mando quitan los hierros que se clavan en tu culo, y te sacan el consolador-cola… Mientras, Nuria y Yoha son acompañadas hasta unas duchas, allí, un pareja de esclavos se pone al servicio de Nuria, tras que ella se desnudase, empiezan a lavarla, Nuria se fija en el chico, joven, atlético, con un aro de hierro minúsculo con puas de castigo comprimiendo su verga por si se decide excitarse, él le enjabona la cara, los pechos, la cintura, su sexo, mientras que la chica tras ella, va lavándole sus cabellos, su espalda, sus nalgas, sus piernas, de rodillas le limpia los pies, el chico se muerde los labios, no puede evitar excitarse, clavar su verga en aquel hierro diminuto que le estruja, Nuria se acaricia, se toca, le apetece este chico, su cuerpo, su mirada sumisa, su entrega.

    El agua cae por sus cuerpos, la esclava sigue tocándola, acariciándola, limpiando cada rincón de su piel, ella ve una llave colgada del techo, el la mira y tímidamente sonríe, Nuria coge la llave y abre el aro de hierro que oprime la verga del chico, al momento su verga se endereza, se endurece, se vuelve más y más potente. Ella lo agarra por sus nalgas y lo entra dentro de ella, él no puede evitar moverse, contornearse, penetrarla hasta golpearla una y otra vez contra la pared, la esclava de rodillas espera. Nuria tira de sus cabellos, la levanta, la besa, toquetea sus tetas, mientras el chico agarrado a sus nalgas, va moviendo más y más su verga dentro de ella. Con sus músculos Nuria exprime y ordeña al joven, que entre espasmos de placer se corre dentro de ella. Nuria también goza y disfruta, le encantan estas sorpresas, estos avituallamientos tan inesperados. El agua de la ducha sigue cayendo sobre los tres, se besan, se acarician, mientras las cámaras no dejan de mostrar la belleza intensa y morena de Nuria que ha sabido llevar a su esclava hasta aquí.

    Fuera, con unas mangueras también te están lavando a ti, tus cabellos, tu boca, tu cara y toda tu piel, abres los labios, te encanta sentir este chorro llevándose hasta el último gramo de mugre que cubría tu cuerpo. Al terminar te secan y te llevan a un buffet para que comas, allí ves a Zuleia, tan limpia y satisfecha como tú, os sonreís, os saludáis con la cabeza, os queréis contar mil cosas, pero el tiempo apremia, y habéis de comer, lo necesitareis para el tramo final. Comes, bebes, te relajas un poco. Antes de volver al sulkie te masajean, curan tus heridas, vuelven a poner esta pomada desinfectante en tu vagina, en tu vulva, en tu clítoris, en toda tu zona más íntima y sensible. Miras el reloj, apenas si faltan 10 minutos para volver a la carrera.

    Te llevan hasta el sulkie, no es el mismo, este es más antiguo, por un instante dudas, y al final lo reconoces, es el auténtico, el que usaste hace más de veinte años, sus ruedas con aquella pequeña abolladura, la madera de sus barras algo gastada, la barra de hierro incluso más temible que la actual, más larga y con protuberancias. Ponen grasa en ella, y te colocan correajes y bozal nuevo. Ves a Zuleia, limpia e imponente, su cabellera de leona cayendo sobre sus hombros, sus piernas largas y fibrosas, tan solo decenas de cortes y heridas por toda su piel le recuerdan el dolor y el sufrimiento recibido hasta ahora. Se acerca Nuria, te quedas impresionada, también ella ha cambiado su vestuario, dos guantes largos le llegan por encima del codo, unas botas negras cubren sus piernas hasta cerca de sus nalgas, y un minúsculo vestido de cuero rojo, cubre su sexo y parte de su pecho hasta cerrarse en su cuello. Se monta en el vehículo, aún quedan 4 minutos, el tiempo justo para que terminen de retocar tu maquillaje, para que oculten estas ojeras de tantas horas galopando, incluso te levantan los labios y con un cepillo eléctrico te limpian la dentadura, quieren que cuando muerdas el cuero de tu boca, tus dientes se vean blancos y brillantes. Te aprietan el mordedor, tensan tus correas, cierran los anclajes de tus muñecas, entran hasta el fondo y te clavan tu consolador-cola, y para terminar ponen un par de cascabeles en tus pezones.

    Notas como sube Nuria, coge las correas, tensa tu cabeza hacia atrás, miras el reloj, 20 segundos, a tu lado Zuleia, igual de tensa y dispuesta que tú, se apartan todos, miras al frente, la fusta golpea tus nalgas, sales corriendo, a tu lado Zuleia, al fondo ya veis el corral de la casa donde todo ha empezado, pasáis junto a la casa, y justo a la derecha ya veis las vallas donde centenares de personas se agolpan. Los dos sulkis van a la par, se tocan, se golpean, se apartan, oyes los cascabeles de Zuleia, ella los tuyos. Entre un aplauso atronador giráis a toda velocidad, Nuria y Yoha se cuelgan en la rueda que se levanta, entráis en la recta de tribuna, tres kilómetros de ida, tres de vuelta, y todo habrá terminado. El sudor empapa vuestras heridas, la sangre vuelve a dibujarse en alguno de los cortes que lleváis por todo el cuerpo, pero nada importa, ni este dolor intenso que Zuleia siente en su pie, ni aquella cojera que casi te hace abandonar, todo es pasado, la historia está por escribir y la escribiréis vosotras.

    En una de las vallas, vuestras compañeras gritan, os animan, orgullosas de vosotras, las pancartas con vuestros nombres ondean en los distintos grupos que os animan, pero no veis nada, no queréis ninguna distracción, solo correr, correr y correr, Zuleia consigue ponerse delante, tu intentas aguantar su ritmo, un nudo en tu garganta te recuerda el final de hace 20 años, pero aún quedan más de cinco kilómetros, y el cansancio empieza a notarse, te cuesta mantener su ritmo, pero ella tampoco puede correr como antes, solo el aplauso de la gente, los gritos, la tensión os hacen acelerar, no importa el dolor, ni la sangre, ni los golpes, sois dos yeguas al galope dispuestas a ganar.

    (Continuará)

  • Mi fetiche es una mujer trans japonesa

    Mi fetiche es una mujer trans japonesa

    ¡Hola!  Iré al grano, conocí un día a esta chica por medio de un amigo que me invito a una conferencia llamada “Cultura otaku”, como ya se dieron cuenta soy fanático del anime, pero era la primera vez que asistía a uno, en fin, todo iba muy bien hasta que mi amigo obsesionado con naruto me dejo solo mientras él fue a ver sus personajes favoritos y yo quede como un huevon solo sin conocer a nadie.

    Empiezo a caminar y viendo a mi alrededor diferentes personajes de anime, también había una feria de la comida y todo estaba bien organizado, en unas de las mesas vi a varias chicas vestidas de caballeros del zodiaco y como me gusta ese anime me acerque, pero me di cuenta que todas eran «mujeres» estaban haciendo tatuajes de los signos de los caballeros del zodiaco y vendiendo sus fotos de sus personajes, una de ellas me llamo mucho la atención y era una que estaba vestida de la princesa Atenas me le acerque y le dije que me quería tomar una foto con ella, en ese momento me tome la foto poniendo mi mano cerca de su cadera, ella actuaba como si nada y nos tomamos la foto, me separo de ella deslizando mi mano sobre ella y coqueteando con ella para llamar su atención, ella se ríe, yo pago la foto y me despido de ella. Me encuentro en la feria comiendo solo, cuando de repente se me sienta alguien en la mesa en la que estoy y es nada menos que la chica (princesa atena) ella me dice: puedo sentarme a comer aquí y yo le respondo: claro que sí

    Ella empieza a comer como si nada y yo le pregunto: ¡oye! Disculpa como te llamas, me pareces una chica muy hermosa, de donde eres, ella me dice: gracias que lindo, tengo muchos año viviendo por aquí, pero soy japonesa me llamo Ame y tú. Yo le respondo: amor mi nombre es %$$•»• y me gustaría ser tu príncipe. Ella se ríe ya que ella estaba vestida de la princesa atenas, en fin, todo marchaba muy bonito, cuando me dice que si quiere me quede para que la acompañe a su casa, y yo en mi mente sucia decía: «corone», pero lo que no sabía era que me iba a coronar era su polla en mi boca.

    Ya terminado el festival de cultura otaku acompaño a Ame a su casa, llegamos a su casa me despido de ella dándole un beso en la mejilla y me marcho, en ese momento ella me dice !Oye! No quieres entrar una rato y tomar algo, yo me hago el duro, pero en realidad quería entrar, termino cediendo a su invitación y me siento en su sofá y me acomodo, ella me dice que se va a quitase el traje de princesa atenas y se va a dar un baño, yo me acomodo en el sofá y me quedo viendo cosas en mi celular, al pasar 20 minutos ella sale del baño y lo que veo es impresionante, una linda japonesa 1,56 con pelo castaño claro, era hermosa yo quedo pasmado y trae un vino de su nevera y se acerca a mí, me sirve unos tragos y empezamos hablar un rato, a medida que hablamos ella me fascina más y yo a ella, ya eran las 11:00 pm y era algo tarde pero quería seguir hablando con ella.

    En ese momento mi instinto de hombre empieza a operar en mí y trato de darle un beso, ella me voltea la cara y se sonroja, yo le pedí disculpa y le dije que perdonara es que no pude evitarlo, ella mueve su cabeza afirmando que sí, que ella lo entiende y que no era la primera vez que un hombre trata de robarle un beso, yo le cojo la mano y se la beso y le digo que es hermosa y como me gustaría tener una mujer así en mi vida, le dije que la amaría hasta la muerte, ella se ríe un poco y al mismo tiempo está algo sonrojada, pero me dice que ella tiene que confesarme algo para evitar malos entendidos, yo sin percatarme de lo que me iba a decir le dije que no me importaba, ella se me queda mirando fijamente y me dije: amor, soy una mujer trans y no estoy operada. “En ese momento no me lo creía” ya que pensé que era una mujer normal, yo le digo: princesa tu puedes ser lo que tú quieras yo igual te quiero, esas simples palabras la hizo muy feliz y me dijo: Qué tienes en mente, yo le dije: como hoy fue un día largo que te parece si me quedo, me baño y te doy un relajante masaje.

    Ella sin pensarlo me dijo que le parecía perfecto esa idea. Seré sincero ya yo estaba mojado como si me hubiera dado una buena paja, me baño y al salir del baño me encuentro en su habitación, estaba totalmente desnudo y con el pene erecto. Ella entra al baño y se ducha también. Cuando sale camina suavemente y apaga la luz y queda el ambiente un poco oscuro, pero no del todo. Ella se me tira encima y empieza a besarme, yo la cojo por la cintura y empiezo a meterle mano, la beso por todos lados, ella tenía una piel pálida y muy suave y su pelo era castaño, sus brazos eran delgaditos, yo la abrazo y pongo mi manguera sobre su pequeño culo, y empiezo a empujar y voy trazando camino, cuando logro meter mi manguera totalmente en su culo, la veo y me doy cuenta que se retuerce de placer y totalmente entregada a mí.

    Esa noche era mía, yo podía hacer con ella lo que quería y ella no iba a poner resistencia, ya que ella quería que la penetrara. Yo sigo besando su espalda mientras empiezo a sacar y meter mi manguera, ella empieza a gemir y yo trato de complacerla aguantando lo más que pueda para no correrme, en ese momento yo cambio de posición y la pongo en la posición del pollo asado y cuando le meto mi manguera, empiezo a besar al mismo tiempo su rostro hermoso, ella era una hermosura, su cara, su piel, sus labios lindos y delicados. Yo empiezo a someterla y a castigarla duro con mi manguera en ese momento eyacula llenando su propio abdomen de si semen, yo sigo metiéndola y sacándola, ella aprieta sus manos fuerte con la almohada y gime de placer, yo bajo la velocidad y ella me pide que se lo mame mientras la penetro con un consolador que tiene en el escaparate, yo lo busco y empiezo primero en poner su manguera en mi boca y con mi propia saliva voy lubricando su manguera, en unos 2 minutos ella se pone cachonda otra vez y su manguera se pone dura, yo sigo trabajando mamándole con su manguera con mucha gana y como nunca lo había hecho, en ese momento lubrico con mi saliva el consolador y empiezo a penetrarla, en el momento que empiezo a penetrarle su excitación se pone más fuerte y se estremece de placer y empezamos a recuperar fuerzas otra vez, yo con tanto morbo ya me había corrido algo, pero fue tanto el fuego que había, que no quería parar, la noche se estaba poniendo perfecta.

    Su pene era delicioso, su ano rosadito y si piel pálida hacia que me prendiera más, después de 1 hora mamando y penetrando su rico culo, ella fue a su cocina y trajo unas palomitas y unos dulces, empezamos a hablar cosas de nosotros y como a la hora yo la mire y le robo un beso y el fuego vuelve a coger intensidad.

    Me acosté en la cama e hicimos un rico 69, fue una experiencia muy especial, yo le chupaba su manguera y sus testículos, fue todo un mangar para mí, después ella se voltea y se sienta sobre mi manguera y empieza a cabalgar y al mismo tiempo a besarnos no recuerdo cuanto duramos en esa posición, pero fue hermoso.

    Ese día ella se quedó dormida encima de mi con mi manguera metida en su culo, cuando me despierto ella está totalmente rendida y su cabeza reposaba sobre mi pecho fue una experiencia inolvidable, hasta ahora ella es mi novia porque quede muy flechado por ella y ojala esta relación dure. Esto es todo amigo espero que les guste.

    Chao…

  • Cruising en Caracas (3)

    Cruising en Caracas (3)

    6:32

    Ya amaneció otra vez y Carlos, el chamo de anoche, se fue de aquí. Me dijo que su hermano mayor ahora que sabía que yo le había dado dinero sin cogérmelo vendría a tratar de sacarme más. Y yo no tengo problema. Para eso es el dinero, para comprar placeres.

    Hoy no saldré a ver si llega David, el hermano de Carlos. Según Carlos, David lo tiene más grande y le gusta coger «maricos» por plata. Dice que así paga la habitación donde viven en el centro. Y a veces también lavan el carro de viejas como Indira para cubrir sus necesidades.

    Lo que yo hago con chicos como estos es colaborarles, hacerles más fáciles las cosas. Ellos tienen vergas que yo necesito, yo tengo el dinero que ellos necesitan.

    Entre las cosas que me comentó antes de irse, me dijo que nunca le habían tocado el culo, nunca lo había permitido y que me pedía que parase porque le daba miedo que le gustara. Y pues se nota que le gustó. Cómo me excita tocar a un hombre allí y hacerlo acabar con tanto placer para así beber del montón de leche que expulsa cuando le haga eso.

    Cuando estoy solo en casa luego de que un hombre se fue no puedo evitar sentirme algo vacío. Más aún cuando no dormimos juntos sino que sólo descansó para retirarse luego de yo haber quedado impregnado de él en algún sentido. Siento que voy recolectando partecitas de todos estos tipos y van quedando guardadas en mí para solamente sentirme cada vez más solo y más vacío. O simplemente estoy muy drogado. Voy a desayunar.

    10:21

    Cuando me dirigí a la cocina me fijé que no tenía azúcar, había olvidado comprarla cuando salí. Así que se me ocurrió la genial idea de salir a la calle así de drogado a comprar azúcar a las siete de la mañana.

    Caminé buscando alguna bodega abierta pero no tuve éxito en las primeras cuadras hasta que llegué a la bodega del señor Miguel, que es el más madrugador de todos por aquí, me parece. Él es un señor solitario, dedicado a su negocio y también un muy buen conversador, una de las pocas personas interesantes del lugar. Lo encontré subiendo la Santamaría así que me ofrecí a ayudarlo, pues parecía pesada. Me dijo que lo tenía controlado pero que necesitaría ayuda con algunas cosas si tenía tiempo y como yo no tenía nada de prisa accedí, entré con él y le ayudé a cargar mercancía del depósito a la parte de enfrente de la bodega. Mientras le ayudaba me comentaba que estaba ya muy mayor y que necesitaba ayuda para los quehaceres del local.

    -¿No sabrás de algún joven que necesite trabajo? No es mucho lo que puedo pagar, pero incluso podría quedarse aquí a dormir.

    -Bueno, Miguel, no se me ocurre nadie ahorita, pero si sé de alguien se lo traigo. Mientras puede llamarme cuando necesite ayuda, tengo tiempo libre en las mañanas.

    -Coño, gracias, Renny. Tú siempre tan amable.

    -Tranquilo, Miguel, cuentas conmigo. ¿Hay algo más en lo que lo pueda ayudar?

    -Bueno, en el depósito allá atrás tengo mucho que organizar pero no voy a disponer de tu tiempo así.

    -Bueno, pero vamos y lo ayudo en lo que pueda.

    Fuimos al depósito y lo ayudé a cargar algunas cajas y despejar el área para facilitarle el movimiento en el depósito. Mientras seguimos conversando, le pregunté que por qué estaba solo a esa edad, recién había cumplido los sesenta y siete años.

    -Pues, yo me divorcié hace ya más de 10 años, antes de que llegaras a vivir aquí. Y mis hijos se fueron del país y no piensan volver. Y por un inconveniente que tuvimos pues ya no me llaman más.

    -¿Qué pudo ser tan grave, Miguel? Como para que ni siquiera lo llamen.

    -Pues si te contara…

    -Puede confiar en mí, ya le dije que cuenta conmigo.

    Parece que se lo pensó un poco antes de decirlo, pero prosiguió.

    -Mira, se ve que eres un buen muchacho, voy a contarte pero no puede salir de aquí. ¿Lo juras?

    -Se lo juro, Miguel, sabe que soy gente seria -la verdad no me daba una idea de qué podía ser, no se me ocurría nada.

    -Bueno, ¿te parece muy temprano para una cerveza? ¿prefieres café?

    -Una cerveza está bien -así de grave sería el asunto.

    Puso dos banquitos uno frente al otro y fue a buscar un par de cervezas, de las que estaban frías en la nevera exhibidora.

    -Bueno, es que cuando el menor, Adrián, aún vivía aquí traía a sus compañeros para hacer tareas de la universidad y pues había uno que se quedaba siempre. David, recuerdo… Ese muchacho siempre venía buscando a Jhoncito y se quedaban jugando en la computadora hasta tarde. Siempre tenía que subir a mandarlos a dormir porque hacían mucho escándalo y no me dejaban dormir.

    La vaina es que una de las veces que David estaba aquí en la casa, yo fui al cuarto de Jhon a buscarlos para que fueran a comer y en el cuarto sólo estaba David, Jhon como que había ido a la bodega y David estaba aprovechando para oler la ropa sucia de Jhon.

    -Verga, qué heavy -ya la cosa se ponía cada vez más rara, pero a la vez me iba poniendo un poco caliente la idea de que el viejo Miguel hubiera visto tal perversión- ¿Y qué hiciste?

    -Nada, pues, ¿qué voy a hacer? -hicimos silencio ambos-. Bueno, no “nada”. Entré al cuarto y me senté en la cama. El carajo estaba en shock. Y yo le dije que no tenía que detenerse. La verdad no me sorprendió porque se le veía que era mariquito. No sé si Jhon no se había dado cuenta o se lo estaba pegando cuando yo me dormía.

    -¿Tú crees? ¿Jhon no es casado, pues? -pregunté extrañado, o quizá no tanto-.

    -Ah, pues, güevo para’o no perdona… Que te lo digo yo, que me quedé ahí viéndolo todo nervioso y le pregunté que si era marico. Él asintió y tenía los ojitos como si iba a llorar. Así que le agarré la mano y me la puse en el güevo y el carajito se calmó. Me lo iba a mamar, pero Jhon entró a la casa y pues me salí del cuarto.

    -Coño, Miguel, no sabía esas de ti.

    -Bueno, tú no creerás que no me provoca meterlo de vez en cuando solo porque soy mayor, ¿o sí?

    -Nono, no es eso. Sino que creí que eras cien por ciento hetero.

    -Yo sí soy heterosexual cien por ciento. El mariquito era él, no te confundas. Que luego gateaba en las madrugadas a mi cuarto a sacarme la leche.

    -Ah, pero ¿sí te lo cogiste?

    -No, qué va, nunca se atrevió a darme el culito, pero lo mamaba como una puta. Y se tragaba toda la leche. Ya yo no tenía que salir a la calle a buscar eso así que empecé a darle plata en un punto, pero eso duró meses nada más porque Jhoncito un día entró al cuarto y nos vio en el acto, me imagino que ya lo sospechaba y pues se habrá dado cuenta de que David no estaba en la cama con él y salió a buscarlo.

    Desde ese día está molesto conmigo. Armó un escándalo, dijo que yo ya no era su papá y que David estaba muerto para él. Y al poco tiempo dejó la Universidad, se fue del país y se casó con la extranjera.

    -Verga, qué duro -dura tenía yo la verga-. ¿Y qué pasó con David?

    -Ni idea, y créeme que a veces me hace falta que me lo mamen así.

    Nos reímos y le dije que ya era hora de irme. Pero Miguel me detuvo agarrándome de la muñeca.

    -¿A ti no te gustan las mujeres, verdad?

    -N… no -respondí nervioso.

    -Ya sabía yo -e inmediatamente me hizo arrodillarme frente a él, metiendo sus dedos entre mi cabello, para así sostener mi cabeza y pegarla a sus genitales. Su pantalón olía fuerte a orina y probablemente preseminal. Yo estaba nada sobrio, así que no me opuse. Lamía su pantalón tomando el control de lo que hacía, sin poder entender las obscenidades que balbuceaba.

    ************

    Inciso: Dando click en mi perfil pueden encontrar mis medios de contacto para decirme lo que piensan, si les gusta lo que leen o si quieren leer otros tipos de contenido que escribo.

    Estuve un tiempo desaparecido, pero ya estoy de vuelta y planeo que sea constante.

    Besos a todos. Espero sus interacciones.

    Estoy en twitter como @kavin_blue, sígueme que allá muestro el culo.

  • Mi esposa y suegra me dominan (Parte 2)

    Mi esposa y suegra me dominan (Parte 2)

    Me encontraba tirado en la cama, elevado por la excitación de lo que acababa de pasar en la sala y que aún no sabía cómo mi suegra había logrado tenerme en la palma de su mano, pero mi pene estaba aún muy tieso y respiraba profundo, casi jadeando, era insoportable la situación por la excitación tan increíble que había. Oí que mi suegra abrió la puerta y escuchaba que murmuraban y una que otra risa con sorpresa, hasta que se callaron y no hicieron más ruido, me quedé ahí esperando y volteaba mi cabeza tratando de ver hacia la puerta pero no lograba ver nada de lo oscuro que estaba, estaba a punto de levantarme cuando…

    -No te muevas y quédate boca abajo –oí a mi suegra gritar desde el pasillo, a lo que, por la situación, claramente obedecí sin más.

    -Mírate no más –dijo mi esposa en mis espaldas, cerca de mi oído, mientras comencé a sentir algo en mi espalda, y no tardé en averiguar que eran sus pezones recorriendo mi espalda desde mis nalgas hasta la nuca y al llegar, me tomó fuerte del pelo– mírate no más, por eso estabas todo deprimido, lo que necesitabas era que te diéramos una buena sacudida –no dejaba de jalar mi cabello fuerte y mi boca se abría, en ese momento mi suegra se acostó.

    -Mantenlo así –le dijo mi suegra a su hija mientras el dolor me consumía y no podía moverme, mi suegra puso su vulva donde estaba mi almohada– ¡¡suéltalo!! –le dijo abriéndose de piernas, a lo que mi cabeza cayó como un latigazo en su vagina y ella gritó.

    Mi esposa se levantó de la cama y yo no podía pensar en mas que no fuera en seguir, luego me preocupaba por lo que mi esposa, que estaba detrás de mí, pensara de esta situación.

    Vi de reojo como algo iluminaba la habitación, mientras mi suegra me tenía consumido en su vagina, volví a sentir a mi esposa sobre la cama.

    -Que rico verte así perrito –me dijo lamiendo entre mis piernas– dominado, en nuestras manos –yo sabía que lo decía por los anteriores encuentros, donde ambas hicieron lo que se me vino en gana y ellas fueron mis perritas durante varias noches y pensar en eso, me excitaba más, si es que me podía excitar más, yo solo disfrutaba de la vagina de mi suegra, cuando sentí un dolor intenso en mi espalda y grité fuerte.

    -¿qué me hiciste? –grité fuerte, a lo que mi suegra se rio y me dio una cachetada.

    -Es cera mi perrito, cera hirviendo y seguirás chupándole la concha a mi madre hasta que te diga, ¿entendiste? –yo no sabía qué hacer, solo seguía obedeciendo mientras mi esposa arrojaba más cera en mi espalda, a tal punto que poco sentía y ya era delicioso, mi esposa comenzó a bajar con la vela y arrojaba cera desde mi nuca por toda mi espina dorsal, al llegar a mis nalgas, comenzó a dejar escurrir más en ellas, a tal punto que podía sentir como mi culo estaba lleno de era y mi verga tiesa como nunca, subí mis manos y no pude aguantar y le metí los dedos a mi suegra en la vulva y comencé a moverlos rápido, mi suegra gritó y se retorció, mientras mi lengua seguía moviéndose junto con mis manos, mi esposa dejó de echarme cera y me acerco a la cabecera y no dejaba de ver la cara de excitación de mi suegra que no sabía de donde agarrarse ante tal orgasmo que se veía venir, mi esposa puso su pie en mi cabeza y me empujaba mas en la vulva de mi suegra y de reojo alcanzaba a ver como no dejaban de verse a los ojos, sin duda, una imagen difícil de olvidar.

    -¿Qué esperas perra? –le dijo mi suegra a mi esposa, mientras mi esposa se llevaba una mano a su vulva y se masturbaba y aun con la vela en la mano, comenzó a echarle cera en las tetas a mi suegra, la cual comenzó a ver hacia el techo, con sus ojos blanqueados, como si sufriera una convulsión, sus manos tomaron con fuerza la cabecera de la cama, mi esposa le echaba cera en todo su pecho y en el de ella misma, ambas comenzaron a jadear fuerte y a gritar, mi esposa quitó el pie de mi cabeza y se acercó a mi suegra, poniendo su culo encima de mi cabeza, ambas frente a frente y yo debajo de ellas, aun masturbando a mi suegra, y mi esposa sin dejarse de masturbar, puso la vela entre las dos, y con sus senos, con sus pezones, la apagaron y gritaron a tal punto que comenzaron a venirse, comencé a sentir chorros por mi espalda, que enfriaban la cera pero me calentaban por dentro, gritaban y se besaban y se tocaban como si no hubiera un mañana, como si se rasgaran la piel y aruñaran, de tanta excitación, mi esposa cayó sobre mi espalda e hizo detenerme con mi suegra que estaba terminando de venirse y se desvanecía sobre mi también, estaba completamente rendido, con mi esposa y suegra nuevamente alrededor mío, pero esta vez, ellas dominándome.

    Solo pasaron unos minutos, cuando mi esposa se levantó.

    -Párate perrito –me dijo con voz seria y sacando unos lazos y corbatas del armario, ya antes lo había usado con ella, así que suponía lo que vendría– párate ahí, cerca de la ventana –y tirando un lazo por encima de una vigueta de madera que había, lo pasó y comenzó a amarrarme los brazos, mis piernas las amarró a unos armarios que había, había quedado completamente desnudo y como una estrella de mar, abierto con todas mis extremidades a ellas, puso una corbata en mi boca y amarró una a mis bolas y lo que vino, lo juro por Dios, no lo esperaba…

    Continuará…

    Háganme saber si les gusta con un comentario y quieren la tercera parte o a mi correo [email protected], recibo cualquier ayuda visual de alguna dama que quiera ser mi musa para un relato o ayudarme escribir uno.

  • Por su culpa me metí con mi compañero

    Por su culpa me metí con mi compañero

    Por fin me atreví a escribir esto y es que es una forma de desahogarme. Creo que hice mal y las razones de por qué están mal igual.

    Quiero darles un poco de contexto y bueno al final siempre hay otra cara de la moneda antes de juzgar. Trabajo en el mismo equipo que mi marido, ambos ya somos adultos, tenemos cuarenta y tantos, adultos en pocas palabras, dentro del equipo somos los más grandes por lo que es un poco raro la convivencia, hay una o dos generaciones de diferencia y bueno los chistes y las pláticas son extrañas a veces.

    Pues bueno un día me enteré de que mi esposo le mandó mensajes a otra chica, mensajes donde se le insinuaba y si bien la chica lo bateó, lo rechazó, me hizo sentir muy mal la forma en que se expresó de nuestro matrimonio, no quiero escribir que cosas dijo o mencionó en el chat porque la verdad me hacen sentir mal, al final me enteré por una amiga en común y solo de pensar que más gente podría saberlo, aunque me prometieron que nadie más lo sabe, y lo creo porque desde ese entonces me estuve fijando como me hablaban y me miraban.

    Pues fueron días muy difíciles no sabía si afrontarlo o no, sentía mucho coraje y tristeza a pesar de que él y yo nos llevábamos muy bien, quizá sólo no pensaba realmente eso y era su forma de acercarse a esa chica, aun así su intención me da mucho coraje.

    Pues bueno como el trabajo no paraba por lo menos me distraía y pensé por qué alguien más joven? Me miré y dije bueno no envidio nada de una chica, soy algo gordita de senos medianos, caderona mucha nalga no me gusta tener tantas caderas, pero para algunos es grotesco, bueno así soy y creo que tengo lo mío. Pero regresando al trabajo, perdón si doy muchas vueltas es que no suelo escribir este tipo de cosas.

    Tuve que hacer más equipo con un chico 20 años menos que yo justamente. Y lo empecé a mirar más tratando de descubrir justo eso. Y pronto me di cuenta que era más jovial, más fresco, me recordaba a cuando era más joven y no sé, nos fuimos haciendo más amigos, pronto nos contábamos más cosas personales y a veces me hacía reír con sus ocurrencias.

    Pues el tiempo pasó, pero yo seguía sintiendo coraje, pues la primera mala decisión fue irme a una conferencia con él a otro país, porque tenemos una bolsa de trabajo. No quiero entrar en detalles, pero nuestra empresa se equivocó y no hizo bien una reserva del hotel para él y el tema no se pudo resolver ese día así que el hotel nos dejó que se quedara en mi cuarto y él tuvo que pagar de su dinero. Obvio eso no se lo dijimos a nadie porque si no los gastos con la empresa se complicarían y yo no podía decirle a mi esposo.

    Pues esa noche fue rara, nos sentimos extraños, pero pudimos, él durmió en el piso, yo en la cama.

    Al otro día fuimos a la conferencia, comimos juntos, fuimos a turistear y llegamos exhaustos y solo cenamos ligero. Así pasaron como 3 días y en una noche hablando de muchas cosas le pregunté si extrañaba a su novia, me dijo que sí, que la necesitaba y ambos reímos, le pregunté por qué, creo que fue mi inconsciente, él me dijo que tenía necesidades y bueno reímos de nuevo quizá de nervios, yo siempre he sido como abierta y no me asusto de esas cosas, le dije que si quería podía ir al baño a hacer sus cosas, lo noté como se puso colorado y cambiamos de tema.

    Al día siguiente, por la mañana lo mire ahí en el suelo y noté como tenía una tremenda erección, se le marcaba todo, un buen instrumento por lo menos ahí en su pijama. Yo me acosté de nuevo y me hice la loca, pero me emocionó verlo. Ese día en el desayuno platicamos normal y él me dijo que si yo extrañaba a mi marido y le respondí que sí que lo necesitaba y reímos como la noche anterior, pero él en vez de decirme que podía ir al baño me dijo que él podía cerrar los ojos y yo me reí de nervios, le dije que iba a hacer trampa y me miraría, él dijo que bueno quizá si hacía ruido si echaría un vistazo, le dije que no era ruidosa sino que más bien me reprimía no sabía porqué y le pregunté que si él era ruidoso y me dijo que no y ahí quedó algo incómodo el tema.

    Ese día por raro que parezca y bueno no raro, ese día al cruzar la calle sentí su mirada en mis nalgas y creo que me dio El Paso para mirarme, pero segundos después escuché un golpe y una bicicleta chocó contra él. Estuvimos ahí hasta que ambos se recuperaron del golpe y no hubo mayor tema, nosotros fuimos a la conferencia y el otro chico siguió su camino.

    Solo que él tenía un golpe fuerte en el muslo, nada grave, pero lo hacía cojear. Pues en la noche se quejaba mucho y yo siempre he tenido corazón de pollo así que le dije que durmiera arriba él, lo rechazó, pero después de unos minutos me dijo que si aún podía subir, le dije que si y tuve remordimiento pero ya ahí arriba sentía como ambos estábamos incómodos o muy excitados, yo sentía ya humedecerme. Le pregunté si seguía despierto y dijo que si que aún no se le pasaba la molestia.

    Más o menos me acuerdo de lo que hablamos.

    -Y si extrañas a tu novia es porque estaban mucho tiempo juntos no? -le pregunté.

    -Si, bueno entre semana nos vemos y ya sabes hay que sacar el estrés jajaja

    -Jaja ya ya me imagino y lo sacas mucho?

    -Si varias veces haha

    -Cuando uno está joven puedes varias veces

    -Qué dices si tú estás joven

    -No digas ya no soy una jovencita

    -Que bah pero uno de hombre es más complicado ustedes solo reciben

    -Hahah eso si, pero necesitamos más excitación que nos trabajen más

    -Bueno para serte sincero contigo no sé si duraría contigo capaz me tienes que trabajar tu amigo jajaja

    -Por qué lo dices?

    -Este no nada perdón no quise ofender

    -No no lo digo en serio dime

    -Bueno es que estás tremenda Mari la verdad no sé si yo aguantaría

    -Uy no me digas que ahora no podrías jajaja

    -Si bueno de poder, poder si, pero no se cuánto jajaja

    -Bueno pero puedes varias veces si no como te digo siempre puedes hacer varias cosas

    -Cómo cuales?

    -Ay no me digas que no sabes ahora

    -Bueno si, podría comerte toda jajaja

    -Ya calla hombre, si te dijera que a mi marido no le gusta hacerme oral

    -No digas Mari en serio? Nada no te creo

    -Si en serio, ya sabes cómo es exagerado con algunas cosas, bueno esa es una de ellas

    -Vaya entonces hace tiempo que no te hacen un oral

    -Así es que pena mejor vamos a dormir

    -Uy ya ves ya me iba a hacer el dadivoso contigo

    -Jaja que gentil, pero si ni me has enseñado conque vas a continuar

    -Pues te enseño

    Ya para este punto yo estaba a mil y él igual, nos giramos de frente, el tomo mi rostro y nos besamos tan delicioso con pasión con ganas, su mano, porque estábamos de costado, empezó a tocarme las nalgas masajeando estrujando muy rico, yo busque su miembro hasta que lo sentí y me detuve unos segundos, lo sentí generoso, grueso y solo pude apretarlo y me mojo más, sentí un calor fuerte en mi que me hizo cortar los besos como entre suspiros, me levante a oscuras y me puse en medio de sus piernas le dije que prendiera la lámpara y a media luz le bajo la pijama y pude ver su polla saltar lubricada de su glande, gruesa, morena, larga muy deliciosa, no era bonita la verdad, era más bien como de una bestia, venuda, gruesa, pero eso me calentó mucho y si bien quería que él me comiera el coño no pude evitar lanzarme y tomar con mi mano esa cosa que apenas cerraba mi mano, soy de manos pequeñas pero aun así estaba gruesa para las que conocía y me comí esa cabeza, lo chupaba lo mejor que podía y para mi sorpresa tenía ese sabor a pene, a leche, seguro se había masturbado no sé pero así olía y eso me puso como perra.

    Perdonen seguro para alguien es asqueroso, pero para mi en ese momento fue muy excitante, él me tomo del cabello entre sus dedos y me empujaba, yo solo recibía abriendo mi boca, y nunca había tenido un pene así en mi boca y a pesar de que no entraba todo ya tenía la boca llena incluso cuando llegaba hasta mi garganta. Después de minutos de arcadas, alguna lágrimas, gruñidos de él y mis gemidos sentí como su palo empezó a palpitar, ese trozo de carne empezó a soltar chorros de leche que casi me ahogan recibí un par abundantes en la boca que intenté retener y otros más directo en la cara fuertes, solo cerré los ojos y sentí como me escurrían gruesos y espesos y ese olor fuerte, tragué lo que ya tenía y abrí los ojos con dificultad y ambos nos reímos cómplices, me limpié y lo llevé a mi boca.

    Se levantó se quitó el resto de ropa, yo mire su cuerpo moreno, su polla escurriendo y me arrancó lo que traía puesto hasta dejarme en ropa interior yo solo abrí mis piernas y él en mi cachetero de encaje metió los dedos y lo abrió, lo rompió, sentí algo entre enojo y adrenalina pero antes de que pudiera decir algo ya estaba su boca en mis labios y su lengua abriendo mi vagina, pude sentir como recogía mi humedad y escuché como pasaba por su garganta, solo cerré mis ojos, su lengua presionaba mi clítoris, despacio, después lo rodeaba, iba a de un lado a otro, en círculos, movimientos extraños después me chupo toda mi vagina, solo apreté tu cabeza con mis muslos, y él leyendo mis movimientos hundió su lengua moviéndola dentro de mi y yo abrí las piernas en automático tome su cabeza y la acerque más y de nuevo como si me leyera la mente su lengua presionaba más mi clítoris y de ahí la movía rápido sentía como sus movimiento calentaban, me quemaba delicioso y sus manos que yo creo estaban en la cama de pronto las sentí en mis nalgas y solo las levanté para que ,as pudiera tomar empezó a amasarlas, se llenaba las manos de mis nalgas que apretaba y separaba h en ese momento con su lengua loca en mi me corrí, empecé a gemir no pude reprimirlo gemía por primera vez en mucho tiempo, y mis piernas o mi cadera o las dos empezaron a convulsionarse un poco y el maldito no se detenía yo movía mis caderas y mis manos intentaban separarlo pero él estaba pegado a mi coño y seguía chupando y lamiendo como alimentándose hasta que entre gemidos y después de varias veces le dije que ya. Que ya, que parara.

    -Estás deliciosa Mari

    -Calla, métemela- dije entre gemidos y ya algo agotada

    Él subió hasta a mi y empezó a besarme yo con sabor a su leche y el con sabor a mi no beso delicioso, después bajo por mi cuello, y empezó a comerme las tetas, los pezones, sus manos masajeaban mis senos y mis pelones durísimos dentro de su boca, yo le decía ya vamos, métemela, que esperas y yo intentaba jalar hacia a mi cuando de pronto me la metió, solté un gemido ahogado que perdí de verdad como la noción unos segundos y cuando retomé sentía como me embestía de misionero, mis piernas ya abrieras de par en par y solo mire hacia abajo y esa verga entrando y saliendo mojada de mi llenando mi vagina y sus huevos golpeando con mis nalgas mojadas porque cada vez que salía sacaba mis jugos.

    Así estuvo varios minutos embistiéndome delicioso, lo detuve y fui hacia su polla a comerla rápido, estaba algo blanca de mi de esa cremita y le la comí, no mucho, pero le di unas chupadas solo para terminar poniéndome en cuatro, él me tomo de la caderas, sentí como apretó mis nalgas y me dio un par de nalgadas que hicieron que saltara por la sorpresa, mi marido no me pega, empezó a masturbarme con tu fierro, se escuchaba como mis jugos y su miembro peleaban y yo eché mis nalgas hacia atrás y me ensarté muy rico, empecé a moverme en círculos, sentir su polla empujar mis paredes por dentro por mis movimientos, sentía como mis nalgas se movían y como dentro de mí me llenaba de ese trozo de carne hasta muy dentro él se aferró a mis nalgas apretándolas, dijo:

    -Así te quería tener Mari

    Y comenzó a empujarme durísimo ese miembro, sentía como su fuerza en cada embestida me iba haciendo hacia delante por las sábanas y yo jadeaba cada vez más e intentaba mover mis caderas a pesar de que me la metía fuerte duro le repetía que si que si y me agarraba de la sabana por instinto hasta que me apretó fuerte de las nalgas y empezó algo más rítmico a meterla con fuerza y sentí como se corría dentro de mi, caliente y abundante y el gruñía con cada estocada y yo le decía dame más más más y él seguía más y más enterrándomela y terminé de nuevo, se me vencieron las piernas y los brazos y caí.

    Él se hizo a un lado y yo quede boca abajo varios minutos hasta que sentí como empezó a comerme las nalgas, Dios sentía como las amasaba, las mordía las lamía y de pronto las separo y empezó a comerme el culito, yo cerré por instinto o apreté mejor dicho pero el abrió mis nalgas y sentí su lengua lamerme, después se abría paso un poco, y yo tenía nuevas sensaciones, me relajé más, mi corazón quería salirse a pesar de que mi cuerpo no se movía, sus labios, sus manos masajeaban, era un ritmo diferente mi tranquilo, sus dedos se metieron a mi vagina muy mojada, llena de fluidos y después me dijo relájate y sentí sus dedos, pero yo estaba tranquila, me asuste un poco pero no se tuve confianza y me entregué esa es la palabra, me entregue, sentí un dedo, después otro en mi ano, se dilató, lo sentí moverse, subirse un poco a mi y sentí su cabeza en la entrada de mi culo, me dijo, será despacio, yo solo dije que si pero realmente solté un gemido, y poco a choco sentí como iba entrando, forzando y lo escuché escupir, eso me hizo sentir muy perra la verdad, sucia y fue lo que provocó que empezara a sentir como su tronco me abría, sentía dolor un dolor rico sabroso, que me dolía pero sentía delicioso y así más y más poco a poco, me masajeaba rico mis nalgas, y sin darme cuenta tenía toda esa verga dentro de mi, intente moverme un poco pero estaba ahí espalada con esa verga hasta no se dónde dentro de mi, hice mi brazo hacia atrás, sentí como se movía su verga y mi mano la alcanzo y sobraba un cacho de su falo y en eso se movió hacia atrás y sentí como me sacaba algo mío y de nuevo lo metió y me dolía y otra vez y dolía pero rico, y de nuevo empalada, yo intentaba moverme un poco pero no podía porque dolía más, el escupió de nuevo y juro que sentía sus venas en mi ano y como palpitaba, yo gemía y estaba sudando y pronto empezó más rápido, yo solo pude gritar con la almohada, él aferrado a mis nalgas o mis caderas no recuerdo y yo recibiendo dolorosamente pero riquísimo ese palo en mi culo virgen, hasta que recibí de nuevo su leche en mi culo y tuve una sensación como de ganar de ir al baño y de nuevo otra sensación cuando saco su pene flácido y escurriendo dentro de mi.

    Me quise levantar pero oh no pude mis piernas me fallaban y sentía un ardor incómodo. Al final con algo de dificultad me levante al baño y estaba echa un desastre, toda escurriendo y ya no sabía si era semen o que me había corrido. Después me limpié y tuve un poco de sangrado pero se detuvo rápido.

    Solo me regrese a acostarme él estaba esperando desnudó y con esa verga sucia ya flácida en su pierna, me acerque y empecé a chuparla, no se paraba.

    -Tendrás que darme algo de tiempo me dejaste deshecho.

    -Tu a mi y eso que según nos íbamos a ver nada más jaja

    Después de aquella vez hemos hecho más cosas que nunca pensé haría después de ser tan conservadora. Y sigo sintiendo arrepentimiento pero la calentura me ha podido más y debo decir que cada vez es más difícil ocultarlo a mi marido, pero también siento aún un gran enojo.

    Ya juzgaran ustedes.

  • Cámara y acción, porno en una cinta

    Cámara y acción, porno en una cinta

    Cuando llegué ya era demasiado tarde, a pesar de darme cuenta nada más enviárselo no conseguí hablar con ella en todo el día y para cuando entré en su casa ya era tarde, demasiado tarde, mi amiga Gabriela me miraba con rabia, con los ojos llenos de odio encharcados en lágrimas de sangre, una cosa era haberle demostrado que su novio la engañaba con cualquiera que se le pusiese a tiro y otra muy diferente lo que después pasó, era mi amiga, la quería, pero la había hecho mucho daño, quizás demasiado y realmente todo fue un tremendo error por mi parte, pero pasó algo que no debería haber pasado.

    Llevábamos ya varias semanas comentándoselo todas, la intentábamos ayudar, que abriera los ojos para ver que su novio Toño la estaba engañando y no con una ni con dos, sino con cualquiera que se dejase llevar por sus mentiras, la idea de ponerle una trampa se me ocurrió cuando vimos que Gabriela no nos creía y estaba tan ciega de no verlo que había que demostrárselo, por eso quise instalar unas cámaras ocultas en mi casa, realmente no era difícil para mí, ya que estaba terminando Teleco (ingeniería de telecomunicación) y así lo hice, cogí unas cámaras prestadas de la universidad, un grabador y la trampa empezaba a tomar forma, una cámara en la entrada, otra en el salón con una buena visión del sofá y la última enfocando mi cama, el cebo: yo misma, con plena confianza de llegar hasta el fondo ¿y por qué yo? era sencillo, era la única que se atrevía y que además vivía sola en un pequeño estudio en el centro de Madrid.

    Llevábamos juntas desde primero de carrera, no había duda de que éramos muy buenas amigas, había estado infinidad de veces en su casa, había comido con su familia y ella con la mía cuando íbamos a Valencia y antes de comenzar con mi farsa la pedí perdón por algo que quizás más tarde la iba a doler, pero que sabía que se le pasaría. Ella me miraba extrañada y se reía de lo tonta que era a veces, no sabía nada de la trampa que había preparado a Toño, no sabía que para que viniese a casa le había pedido que me ayudara con un examen, ja! como si yo necesitara de la ayuda de aquel patán, pero fue eso precisamente lo que le atrajo enseguida a mi casa. Luego más tarde después de haber desmontado su falsa relación de amor con mi amiga, simplemente enviaría a Gabriela lo grabado al día siguiente, sabía que se enfadaría, pero también que le abriría los ojos y me perdonaría, pero yo no contaba con que aquel día yo estuviera tan excitada y caliente.

    Miércoles, tres de la tarde y el timbre de la puerta sonó con fuerza, antes de abrir a Toño puse todos los sistemas a grabar y al abrir la puerta, allí estaba él con una sonrisa en su cara y una caja de bombones con la intención de regalármela. Toño era un chico bastante guapo, algo pequeño, pero con mucho carisma, brazos fuertes, músculos bastante desarrollados por el gimnasio al que acudía regularmente.

    Lo primero que hizo fue darme un beso en la comisura de los labios y eso gracias a que le aparté la cara, me dio los bombones y pasó como si estuviera en su casa sentándose en el sofá, no había traído libro alguno, la verdad que desde un principio sus intenciones eran otras y me acosaba continuamente acariciando con sus manos mi cuerpo como si fuera un pulpo, le tuve que parar en seco, realmente ya tenía grabado lo que iba buscando para enseñárselo a Gabriela, así que haciendo que me enfadaba con él lo eché de mi casa a la primera oportunidad que tuve cuando una vez más se sobrepasaba conmigo.

    Según cerré la puerta, volvía a llamar, una y otra vez llamaba a mi puerta hasta que se cansó, se cansó relativamente porque a los diez minutos volvió para pedirme perdón y para que le dejara pasar, cansada de él, cansada de esta historia me di una ducha para despejarme y luego hablar con Gabriela, cuando una vez más el timbre de la puerta sonó, tan siquiera me había vestido y bastante enfadada fui abrir la puerta llevando solo las bragas recién puestas y una camiseta grande de mi hermano que utilizaba de vestido para estar por casa.

    Nada más abrir me quedé paralizada cuando me daba un beso en los labios a la vez que unos brazos me rodeaban suavemente el cuerpo, no sé qué me pasó por la cabeza porque de repente mi lengua jugueteaba con la suya, dejaba que me besara y me acariciara, mis manos rodeaban su cara cogiéndosela suavemente mientras nos besábamos, la suavidad pasó a un segundo plano y cerrando la puerta me cogió de los glúteos apretándolos y acercándome más a él, sintiendo sobre mi vulva la enorme erección que tenía en su pene, unas vueltas y dimos con la pared apretándome contra ella, podía sentir su corazón, podía sentir su respiración nerviosa y acelerada, notaba su excitación cuando metía su mano por debajo de mis bragas acariciándome el clítoris y penetrando con sus dedos mi vagina.

    Los besos no cesaban entre los dos, mi cuerpo apretado al suyo sintiendo los empujones de su cadera contra la mía, sus dedos no paraban de hacer que mi boca se abriera inconscientemente haciéndome jadear. No estaba bien, aquello era un gran error y sin embargo los dos continuábamos comiéndonos a besos, le abría la camisa rompiéndole un par de botones para besar su cuerpo, un cuerpo tan bien formado que era irresistible, mientras él me miraba con esos ojos verdes que realmente me volvían loca a la vez que apretaba mis pechos con sus manos por encima de mi camiseta, ninguno de los dos dijo nada, ni él ni yo pusimos puertas de por medio para que eso no ocurriera, todo lo contrario la pasión fluía por mi pequeña casa desde que pasó por la puerta y ahora me llevaba en brazos con sus manos sobre mis nalgas y mis piernas abrazando con fuerza su cintura, los besos apasionados y jadeos incontrolados rompían el silencio, me llevaba a mi habitación.

    Al borde de la cama me soltó tumbándose boca arriba y sentándome a horcajadas sobre él, sus manos seguían en mis pechos y mis labios en los suyos, desabrochando el cinturón sin desvestirle apenas saqué su pene del pantalón y como si me quemara en mis manos lo empecé a pasar por mi vagina apartando la tela de la braga, el corazón se me salía del pecho y mi respiración jadeante me anunciaba el placer que iba a sentir cuando su glande empezara a deslizarse dentro de mi vagina, fundiendo nuestros sexos, rozando la piel suave de su pene con la carne húmeda y mojada de mi vagina.

    Movimientos suaves de arriba abajo, haciendo que su pene penetrara en mí, sentándome sobre él, llenándome por completo, mis caderas se movían hacia delante y hacia atrás, sin apenas sacar su pene de mi interior, los dos empezamos a jadear a gemir mirándonos a los ojos, sus manos en mi cintura y yo agachándome para besarle, para sentir nuevamente sus labios en los míos, mojando nuestras lenguas con los fluidos de nuestra pasión, su pene entraba y salía de mi vagina y yo me estiraba entera, echando la cabeza hacia atrás soltando mi melena que caía por mi espalda, luego el placer me hacía echarme hacia delante cubriendo mi cara con el pelo y nuevamente hacia atrás a la vez que mi pelvis bailaba sobre su pene notándolo tan dentro de mí como le era posible.

    Poco a poco me iba despojando de la ropa que llevaba, quitándome la camiseta con las dos manos y enseguida noté en mis pechos las suaves manos que los apretaban, recorriendo mis areolas con la yema de sus dedos, la sensación de sentirle acariciar mis pezones y su pene penetrándome estaba haciéndome volar, los gemidos apagados por pequeños gritos de placer, el sexo se podía sentir por toda la habitación, nos envolvía en él, la excitación y la lujuria se apoderaba cada vez más de nosotros y entonces él con un giro rápido me dio la vuelta sin sacar su pene de mi vagina.

    Me tenía a su merced, estaba encima de mí haciéndome gritar de placer, bombeaba su pene como si le fuera la vida en ello, rápido muy rápido y con fuerza, los gritos de ambos se perdían por una ventana medio abierta que recogía los sonidos de la gran ciudad y que ahora se unían a los nuestros, pensaba que no iba a poder aguantar más, me estaba empezando a poner enferma de querer aguantar más y más, quería acabar con él, quería que los dos juntos experimentáramos sendos orgasmos y entonces se paró y me la sacó, mirándome y besándome los labios casi como pidiendo perdón por haberla sacado.

    Sus labios empezaron a recorrer mi cuello y sus manos dibujaban el cuerpo de mujer con todas sus curvas, a pesar de lo que en un principio pensaba cuando dejó de penetrarme aquello no había acabado, era solo el principio, sus labios pasaban sobre mis pechos metiéndose los pezones en la boca, sintiendo el húmedo frío cuando dejaba de succionar mis pezones que ya estaban demasiado excitados y se notaba porque sus puntas apuntaban al techo casi clavándose en él, sus manos iban por delante de su boca y al alcanzar mis bragas me las fueron quitando muy despacio metiendo su cabeza entre mis piernas, lamiendo mi clítoris y bebiendo del flujo que salía por la abertura de mi vagina metiéndome la lengua en ella y moviéndola de lado a lado, era como si me quisiera follar con ella, su humedad y la mía se unían en un encuentro de pasión y lujuria.

    Mis manos sobre su cabeza apretándosela hacia mi vulva, hundiéndole la cara entre mis labios cuando su lengua los recorría de lado a lado y de punta a punta, despacio se iba quitando toda la ropa, su chaqueta, su corbata y camisa, sus pantalones junto con el bóxer cayeron al suelo junto con mis bragas empapadas en flujo vaginal y poniéndose de rodillas me cogió las piernas sujetándomelas con sus manos hacia arriba, las dos piernas juntas apoyadas sobre uno de sus hombros y entonces su glande una vez más se hacía responsable de mis jadeos y gemidos, metiéndome su pene despacio muy despacio hasta que sus testículos toparon con mi vagina, la tenía tremendamente hinchada y grande llenándome entera.

    Notaba sus empujones, oía sus gemidos bailar junto con los míos, el sonido de su pene entrando dentro de mí, dentro de mi vagina totalmente encharcada de flujo, me sentía feliz de estar allí con él y por otro lado pensaba en mi amiga Gabriela, sabía que la estaba traicionando, sabía que ella no aprobaría aquello por muy amigas que fuéramos y sin embargo yo no podía parar, era algo que no estaba en mi mano, la atracción había sido tan fuerte, una atracción casi animal desde un principio, desde que me presentó a su padre y como un animal el padre de Gabriela en esos momentos me follaba una y otra vez, sacando de mí los gritos más altos y dulces que nunca experimenté hasta que le conocí, con cada penetración un muestrario de placeres en mi cabeza, eligiendo cada vez uno de ellos hasta llegar a un orgasmo final en el que era incapaz de chillar, era incapaz de hacer nada más que sentir mi cuerpo temblar, notar como me ardía todo para luego caer en una relajación tan íntima que solo quería estar sola, sola para volver a revivir como su pene me volvía a llenar entera y sentir los jugos deliciosos saliendo de mi cuerpo junto con su esperma.

    Siempre que el padre de Gabriela y yo nos veíamos a pesar de doblarme la edad terminábamos empapados en sudor, él me buscaba y yo a él, pero aquel día fue diferente, aquel día todo empezó tan rápido que no me acordé de quitar la grabación y tan siquiera me acordé de borrar aquellas escenas cuando se la envié a Gabriela con lo de su novio, aquel día corrí tan deprisa como pude a su casa, pero cuando llegue Gabriela estaba delante de su ordenador viendo como su padre se follaba a una de sus mejores amigas y por lo que pude ver llegué al final cuando su padre en la cama de rodillas me la metía por detrás, parecía una película porno con unos actores que se miraban cómplices de lo que hacían, se sonreían y jadeaban al unísono, como aquel hombre ya entrado en la cincuentena movía sus caderas hacia delante y hacia atrás metiendo un tremendo pene en la vagina de una niña de no más de 24 años y como ella le miraba con la cara descompuesta del placer, con las manos apretando las sábanas hasta que el hombre explotaba en un grito y con movimientos rápidos y luego muy lentos metiendo con fuerza su pene dentro de la muchacha, se desplomaba en su espalda con sus manos apretando los pechos de esta, luego sacaba el pene y se veía como su esperma salía de la vagina de aquella inocente jovencita.

    -Gabriela, déjame que te explique.

    -Explicar, que tienes que explicar si todo está muy claro, no crees.

    -Gabriela por favor.

    -No por favor tú, por favor sal de mi casa.

    Al salir de su casa llorando me crucé con su padre que me miraba extrañado, en ese momento supe que todo se había terminado entre él y yo, entre mi amiga y yo.