Autor: admin

  • Años esperando este momento (Parte 2)

    Años esperando este momento (Parte 2)

    Luego de aquel primer polvo Agustín se puso su bóxer y yo me puse mi tanga y remera, ya que empecé a tener un poco de frío. Nos movimos a la habitación, donde elegimos una película para ver mientras comíamos el helado que habíamos pedido por delivery. Elegimos una comedia romántica, de esas que son malas y llevaderas, a las que no hay que prestarle mucha atención y sirven para pasar el rato.

    A todo esto, eran las doce de la noche de un día de semana, y al día siguiente Agustín trabajaba temprano. Por suerte, yo empezaba a trabajar al mediodía, por lo que tenía más tiempo para arrancar el día. A pesar de ser consciente del horario, a él no parecía importarle y en ningún momento mostró intenciones de querer dormir o descansar. Estábamos disfrutando mucho de nuestra noche y de ese tan esperado encuentro.

    Comenzó la película, la miramos mientras tomábamos nuestro helado en la cama, y toda la situación se sentía muy agradable y cómoda. Realmente éramos dos “amigos” que se llevaban muy bien y se tenían muchas ganas, y ninguno tenía miedo de que el otro malinterpretara o se confundiera. Esto nos daba ciertas libertades como poder mirar una película juntos, conversar, reírnos, hacernos chistes, hacernos alguna que otra caricia en el medio, darnos un beso cariñoso o acurrucarnos, sin que se interpretara nada de eso como algo fuera de lo que era.

    La verdad es que no le estábamos prestando demasiada atención a lo que sucedía en la pantalla, sino que más bien la teníamos de fondo mientras comíamos y hablábamos en tono de chiste. Comenzamos a reírnos de quién sabe qué, y nos empezamos a mirar con muchas ganas de enredarnos de nuevo.

    Yo dejé el recipiente de mi helado sobre la mesa de luz, y Agustín metió un dedo en el suyo cargándolo de helado de crema y lo acercó a mi boca. Con una leve sonrisa en mis labios y mirándolo fijamente a los ojos, abrí mi boca y suavemente chupé su dedo, asegurándome de que sintiera el tacto y calor de mi lengua recorriéndolo y quitando el helado. Se acercó y comenzó a besarme apasionadamente.

    Separándose sólo para poder hablar, pero todavía pegado a mi boca, dijo:

    – De repente esta crema está mucho mejor que hace 5 minutos

    Antes de que pudiera responder, volvió a besarme. Me encantaba sentir su lengua jugando dentro de la mía, sus labios entendiéndose a la perfección con los míos. Mientras me besaba comencé a acariciar su bóxer, y me mojaba tan sólo de sentirlo tan caliente y tan duro. Lo tocaba despacio pero con firmeza, acariciando sus testículos y toda su verga a lo largo. Él mientras tanto metía sus manos por debajo de mi remera y acariciaba mis tetas, pellizcaba suavemente mis pezones, bajaba por mi cintura agarrando con fuerza y bajaba hasta mi tanga. Al llegar la corrió y me metió dos dedos apenas un poco. Yo estaba muy mojada, me sentía muy excitada y me encantaba sentirlo de la misma manera.

    – Qué impresionante trama tiene la película que elegimos – le dije bromeando

    – La verdad que sí -me respondió sonriendo- tan impresionante como que estés así de mojada

    Me quitó la ropa interior y comenzó a tocarme con destreza, estimulando mi clítoris, metiéndome sus dedos, sabiendo exactamente cómo tocarme. Yo casi sin darme cuenta abría mis piernas cada vez más, al mismo tiempo que sentía cómo mi respiración se aceleraba y de mi boca salían gemidos de placer absoluto. Él disfrutaba mucho de verme desearlo.

    – Ven aquí -me dijo recostándose y llevando mi sexo hacia su cara

    Me arrodillé con una rodilla de cada lado de su cabeza, encima de él, apoyándose con ambas manos en la pared. Él pasaba la lengua por mi vulva entera, recorriendo lentamente mis labios, deteniéndose en mi clítoris aumentando el estímulo y acompañando con sus dedos dentro de mí.

    Me quité de arriba suyo y mientras lo masturbaba con muchas ganas, me acerqué a su oído y le dije:

    – Quiero que me folles muy fuerte

    Al decir esas palabras, sentí como su pene que estaba en mi mano se endurecía aún más. Así que antes de que pudiera responder o reaccionar, agregué:

    – Pero antes fóllame la boca

    Esa segunda frase lo volvió loco, me sonrió como burlándose de cómo jugaba con su mente.

    Me tiró contra la cama boca arriba, y me arrastró hacia el borde para que mi cabeza cayera por el lado de la cama. Se paró detrás de mi cabeza y mientras metía su verga en mi boca dijo:

    – Lo pides, lo tienes

    Y comenzó a cogerme la boca con ritmo, primero despacio y luego más fuerte. Mientras me ahogaba y le llenaba de baba su miembro, me tocaba a mí misma. Él con la boca levemente abierta y su respiración agitada, emitía leves gemidos mientras embestía mi cara. Sus ojos iban de mi boca a mi mano mientras yo me masturbaba. Luego de un rato sacó su pene de mi boca y comenzó a masturbarme él.

    – Cómo me gusta que me toques -dije

    – Cómo me gustas tú – respondió mientras sacaba sus dedos de mi interior y los metía en su boca

    Abriendo mis piernas y mirándolo fijo le dije:

    – Ahora sí, quiero que me folles bien duro

    Me acomodó en la cama y se subió encima de mí, abrí mis piernas y comenzó a penetrarme con fuerza. Me enloquecía sentirlo dentro de mí. Lo miraba y no podía creer cuánto me gustaba. Gemía y cerraba los ojos por momentos mientras él continuaba moviéndose hacia mí. Agarró con una mano mi cuello suavemente, y yo con mi mano agarré la suya y presioné, indicándole que me agarrara más fuerte. Esto me calentaba muchísimo más, y a él también. Tomó mi cuello con las dos manos, con presión pero sin llegar a lastimarme, y continuó follándome. Mientras él me ahorcaba y sentía su verga entrando y saliendo de mí, yo me masturbaba estimulando mi clítoris. Toda esa combinación comenzó a llevarme a un punto de placer extremo.

    – Ufff, vas a hacerme venir? – le pregunté entre gemidos

    – Muero por hacerte venir bien fuerte, y después te quiero terminar en esas tetas.

    Continuó embistiéndome cada vez con más fuerza y yo también me tocaba cada vez con más velocidad, hasta que empecé a sentir un orgasmo hermoso y muy fuerte que hizo temblar todo mi cuerpo e intensificó mis gemidos.

    – Ponte de pie – le dije

    Él se paró al lado de la cama y yo me arrodillé a su lado y comencé a chupar con intensidad, mirándolo a los ojos. Él retiraba mi pelo hacia atrás al mismo tiempo que agarraba con firmeza mi cabeza dándole el ritmo a su gusto. Y al sentir que estaba por venirse, puse su pene entre mis pechos y comencé a masturbarlo entre ellos. Emitió un fuerte gemido de placer llenándome todas las tetas y el pecho de su semen. Tomé un poco con mi dedo y lo chupé sensualmente, mientras lo miraba con media sonrisa.

    – Trabajar sin dormir valdrá absolutamente la pena – dijo mientras me levantaba del piso, y luego me besó.

  • Cómeme el culo cariño: Sexo con una desconocida

    Cómeme el culo cariño: Sexo con una desconocida

    Regularmente somos los hombres los conquistadores, pero en una era del feminismo este rol se ve invertido muchas veces y hay chicas que me han sorprendido y creo que a muchos hombres habrá habido mujeres que los intimidaron. Esta experiencia me pasó en un restaurante que solía visitar en esos años del Genesis de mi cuarta década. Entré sin mi chaleco, me había dejado la corbata porque muchas veces que me la quité y siempre olvidaba volvérmela a poner. Me hicieron pasar a una mesa para cuatro y me senté a esperar al mesero.

    Casi al frente de mí, en la ringlera de mesas paralela a la mía estaba esta chica y, digo chica porque le calculé menos de veinte años. Tenía un vestido azul pálido de esa tela de mezclilla con escote redondo donde terminaba en o, comenzaba un cierre y este le llegaba en falda ajustada unos centímetro por sobre su rodilla y, desde el ángulo donde yo estaba le podía ver parte de su entrepierna. En un momento que me le quedaba viendo, pues realmente era atractiva, ella subió una pierna sobre la otra y prácticamente me mostró su calzón. Obviamente no imaginaba que lo había hecho adrede y seguí disfrutando de su belleza desde mi mesa.

    Era de apariencia latín y ahora que la recuerdo tenía esa misma fisonomía de Laura Pausini, aunque creo era más bonita que la cantante y con más trasero. Su altura oscilaba en un metro sesenta, de cuerpo ligero, esbelta, aunque con un corpiño bastante generoso considerando su tipo de cuerpo. A ambos nos llevaron las bebidas al mismo tiempo, pues el mismo mesero la atendía a ella. Se apartó uno de sus flecos de un cabello lacio y oscuro que le cubría toda la espalda. Me sonrió y me hizo un ademán de brindis desde su mesa tomando su bebida y yo le correspondí. De repente se levantó y se acercó a mi mesa diciendo:

    – ¡Hola! Me llamo Alexia. Te importaría si compartimos la mesa… digo, si no esperas a nadie.

    – No… toma asiento. Mi nombre es Antonio Zena. ¡Mucho gusto en conocerte Alexia!

    – La verdad que te miré al entrar y pensé: Este hombre además de ser muy guapo, debe de ser muy interesante.

    – ¡Gracias por lo de guapo! Lo mismo pensé yo: ¿Qué hace una chica tan hermosa a solas?

    – ¿Y a que se dedica? ¿Eres casado?

    – No… soy soltero y trabajo en la industria química.

    – ¡Soltero! Bueno… creo que a un bombón como tú es muy difícil de cazar, aunque creo que me estas mintiendo.

    – No… para nada. ¿Y tú, con novio, casada?

    – Te voy a ser honesta. Soy casada, pero soy muy traviesa.

    – ¡Traviesa! ¡Interesante!

    Alexia llevaba el control del cuestionamiento y yo solo le respondía y le hacía la misma pregunta. De una manera bastante sugerente se conllevaron los primeros minutos de la plática. De una manera insinuando el calor de la conversación se bajó unos centímetros el zipper de su vestido y me permitió ver una porción más de unos pechos que se miraban con los deseos de salir de un sostén que se los levantaba sensualmente. Se me pasaron muchas fantasías con esta chica y me sorprendía la libertad que sentía al manejar la plática. No era la primera chica que se me acercaba y me coqueteaba de esta manera, pero si creo que fue la más joven, pues luego descubriría tenía 23 años. Luego que la primera bebida se acababa, sonriendo me dijo:

    – ¡Se me antoja una piña colada!

    – Virgen. -le pregunté.

    – No… ya no lo soy, pero te aseguro que hago milagros en la cama.

    – Ah… me refería a tu bebida.

    – Lo sé… recuerda que te dije que soy muy traviesa.

    Así de coqueta era Alexia, aunque a primera vista parecía ser una chica sencilla y tímida. Tiene ese tipo de rostro virginal alargado, de cejas simétricamente reducidas y con unos ojos oscuros achinados. Es de nariz fina y labios ni tan delgados ni tan gruesos. Estaba lindamente maquillada y llevaba un brazalete en su brazo izquierdo, una cadena cuya medalla era una pequeña cruz con un diamante en el centro, su anillo el cual parecía ser una sortija de matrimonio y una pequeña cartera que había puesto a un costado del asiento. Ella retomaba la conversación:

    – ¿Qué haces después de comer?

    – Pues debo de regresar a mi oficina.

    – Qué tal si una chica por ahí te dice… Tony, quiero coger contigo. ¿Regresarías a tu oficina?

    – Créeme que, si es la chica que tengo frente de mí, dejaría todo un mes por estar cogiendo con ella.

    – Realmente me gustas y me gustas como eres de aventurero también. Creo que no me equivoqué contigo.

    Hasta el apetito había desaparecido por el morbo de la plática y no quería comer mucho por si en verdad se daba cogerme a esta chica. Ella solo tomaba ensalada y la acompañaba con una piña colada licuada. Luego ella me dijo algo que se parecía a lo que otras mujeres me han dicho, aunque Alexia le daba más morbo:

    – ¡Me gusta tu postura y tu forma de tomar los alimentos! Hasta la manera que masticas se me hace tan sensual de tu parte. ¿Cómo quisiera que alguien me comiera así?

    – Pues la verdad que ganas no me faltan, aunque dudo que lo digas en serio porque no tendrás mucho tiempo de casada.

    – Sr. Zena usted no conoce lo traviesa que soy. Si usted quiere y tiene tiempo, la podemos pasar muy rico en algún lugar más privado y solo tengo una condición. Si nos volvemos a ver por ahí, usted me ignora y yo la ignoro. Solo será una tarde y así nos evitamos inconvenientes.

    – ¡Por mi no hay problema! A la siguiente cuadra hay un motel. -le dije.

    – Bueno… tengo una segunda condición: Quiero que me diga… ¿Qué es lo primero que me comería?

    – Es difícil decidirme por un postre en particular teniendo una excelente variedad al frente, pero si debo decidirme por uno, comenzaría comiéndome tu culo. – le dije con una sonrisa llevando mi bebida a la boca.

    – Veo que usted es de esos hombres que les encantan los traseros.

    – ¡Solo espero esté disponible!

    – Sr. Zena, usted no sabe lo traviesa y juguetona que soy. Créame que usted puede comer de los postres que quiera.

    – Alexia… ¿debo pasar por profilácticos?

    – Si usted gusta… a mí en lo particular no me gusta la sensación del plástico. Yo me cuido Tony y le doy mi palabra, yo sé con quién me meto.

    Ambos salimos a nuestros vehículos al otro lado de la cuadra. Pagué por la habitación y al entrar lo primero que hizo fue ir a darse una breve ducha en el cuerpo. Salió con el mismo vestido y en ese corto camino que nos tomó llegar al motel, miraba ese vaivén de unas caderas en unas nalgas de antojos. Su vestido se le pegaba a su esbelto cuerpo y salía con esa sonrisa pícara y melosa. Se posó sobre mi pecho y le quise besar la boca y el cuello y ella me dijo que esperara. Ella me comenzó a remover la corbata, la camisa, la camiseta y me dejaba con el torso desnudo mientras me preguntaba.

    – ¿Tony, que edad tienes?

    – 41. -le contesté.

    – ¿Cuál es tu altura? ¡Te ves alto!

    – Metro ochenta y ocho.

    – ¿Y qué medida de zapatos usas? Tú sabes que por ahí dicen que la medida de tu pie delata la medida de tu miembro.

    – Bueno uso doce y medio (no sé el equivalente europeo), pero ya lo descubrirás tú si solo es un mito o ese dicho aplica conmigo.

    Me quitaba los zapatos y me desabrochaba el pantalón y en todo aquello me masajeaba el paquete y mis glúteos. Me decía que le gustaba mi loción, que a ella le gustaba ver a un hombre bien vestido y desnudarlo y que oliera bien. Antes de bajarme los pantalones y el bóxer me decía que se sentía grande y en una forma de broma se decía a si misma: ¡Creo que Alexia está en problemas! – los descubría y me decía cuando con su mano derecha me tomaba el tronco del falo y con la izquierda tomaba mis testículos: – ¡No me equivocaba, tienes un buen trozo muy hermoso! Verdaderamente Alexia está en problemas. -Se decía a ella misma de nuevo.

    Ella me pidió que la desnudara y solamente era cuestión de bajarle un zipper frontal y cuyo vestido luego parecía una bata. Vi sus pechos atrapados en un sostén que creo cuya finalidad es levantar en demasía los senos de una mujer. Se le miraban hermosos, frescos después de una bañada y vi su primer tatuaje en su costado debajo de su teta derecha. Era una gaviota con alas abiertas al vuelo en un tinte negro. En su glúteo izquierdo tenía un colibrí posado sobre una flor y este si era colorido. Sus nalgas se sentían sólidas y llevaba un calzón cachetero de un rosa pálido. Pensé bajárselo y comenzar a mamar sus tetas, pero ella me lo prohibió en ese momento y me pidió que le bajara el calzón. Estaba húmedo, al igual que mi bóxer se miraba humedecido por lo caliente de la plática. Ella se sentó a la orilla de la cama y tomó mi miembro erecto y me dijo: ¡Que hermosa verga tienes! No la imaginaba así de larga y gruesa, pero la imaginé adentro de mi boca cuando llegaste a tomar asiento al restaurante.

    Obviamente la felación no había sido mi sorpresa, pues me la esperaba como un inicio al fornicar y pasó mamándomela por varios minutos en un sexo oral rico. Lo que sí me sorprendió fue su siguiente paso. -Ven…cómeme el culo. – Se puso en cuatro sobre la cama y aunque sorprendido se lo comencé a chupar delicadamente. Le chupaba las nalgas y regresaba a succionarle el ojete el cual miraba como lo contraía. Ella me lo preguntaba: ¿Te gusta comer culo Tony… te gusta mi culito? – Ella me lo movía como queriendo asistirme para que mi lengua entrara en él y quizá se lo chupé por unos quince minutos cuando ella me dijo: -Me vas hacer acabar, culéame Tony, méteme la verga en el culo mi amor.

    Por más está decir que su culo estaba muy lubricado de tanta saliva. Había mirado como la sabana de la cama estaba salpicada, pues Alexia goteaba jugos vaginales de lo caliente y excitada que estaba. Me levanté atendiendo su mandato y le puse mi glande en su ojete mientras ella se abría sus propias nalgas. Las nalgas, el culo de esta chica es un poema aparte. Regularmente es de la manera como término una faena sexual, pero aquí comenzaba sodomizando a esta linda chica. Me dijo que fuera con cuidado y, en el cuarto intento mi glande le abrió su ojete. Que deliciosa sensación se siente, como apretaba ese esfínter y Alexia me dijo: ¡No te muevas! ¡Por Dios… cómo se siente la cabeza de tu verga! – Al minuto sin mucho movimiento Alexia me decía: Sácamela y vuélvela a meter despacio. Aquello se repetía a cada minuto y cada vez se la metía más. Me gustaba ver cómo le quedaba de abierto el culo a esta niña y como ella lo contraía y a la vez contraía su conchita que seguía emanando jugos.

    Llegó el punto que se la metí toda y así sin mucho movimiento se la contraía internamente. Ella lo sintió y ella me lo dijo: -Hazle así, que rico siento tu verga en mi culo. – Y alexia comenzó también a contraerlo enviándome una rica sensación que por poco me exprimía mis testículos. Ella no se movía mucho y más que todo era como que ella quería restregar su culo contra mi pelvis y tragarse hasta mis huevos, no era un mete y saca, y yo hacía lo propio empujándole mi verga tomándola de las nalgas y abriéndoselas para la más óptima penetración. Así pasamos un par de minutos y explotó con un escandaloso orgasmo y hasta entonces comenzó el mete y saca donde le taladré el culo a morir y a los dos o tres minutos le llené el culo con una abundante corrida. No le saqué la verga hasta que esta le tiró la última escupida y que luego pasó a ser flácida. Comenzó a caer esa crema blanca sobre la sabana.

    En esta ocasión yo pasé al baño primero y luego llego ella y tomábamos el baño juntos mientras ella me hacía la siguiente plática.

    – ¡Tienes aguante! Nunca nadie me había hecho acabar por detrás.

    – Parece que te encanta… es difícil creer que haya sido tu primera vez.

    – No te miento… si me gusta que me den por detrás y siento gusto hacerlo, pero nadie me había hecho acabar así. Quizá por lo grande y gruesa de tu verga y pudiste alcanzar el punto P, como dicen.

    – ¿Querrías decir el punto G?

    – No Tony, el punto P, de lo puta que me hiciste sentir. ¡Qué rica culeada me has dado! Con razón me lo insinuaste, pues eres un Dios en hacer el sexo anal.

    – ¡Quizás porque te lo pasé chupando mucho tiempo!

    – ¡Por Dios Tony, ni me lo recuerdes que quiero que te lo comas otra vez! ¡Me vuelves loca cariño!

    – Por mi que no quede… te pasaría comiendo ese culo por horas.

    – Me lo dejaste ardiendo, pero de la manera que tú me lo dices, ya me comencé a mojar.

    – ¡Pues nos estamos bañando! -le dije en broma.

    – Otra corrida así y te bañaré con mis jugos.

    No desperdiciamos mucho tiempo, tan pronto nos secamos llegamos a la cama donde Alexia volvía a darme una rica felación. Esta vez lograba meterse toda mi verga cuando mi miembro estaba flácido, pero a medida que tomaba volumen adentro de su boca no pudo más. Le propuse que me montara a la inversa y le dejé ir mis 23 centímetros en el agujero delantero que hasta ese momento no había ni tan siquiera saboreado. Ella exclamó lo siguiente: ¡Por Dios Tony, que rica verga tienes! Creo que soñaré con esta culeada por mucho tiempo. – Mientras le penetraba la pequeña conchita a esta linda chica, con el dedo de en medio de mi mano derecha comencé a sobarle el culo a Alexia. No se lo metía, pero se lo golpeaba al igual que algunas veces uno chaquetea el clítoris a una chica. Lo llenaba de saliva y se los sobaba o chaqueteaba. Ella me lo aprobó diciendo: ¡Tú si sabes coger… me vas a hacer tocar el cielo de nuevo! – Ella comenzó a mover su pelvis de nuevo en un vaivén incesante que me fue imposible seguir con un cacheteo acorde a sus movimientos. Sabía que estaba a punto de llegar, pues mi verga estaba llena de sus fluidos que toda mi pelvis y testículos estaba mojados. Solo miraba cómo mi verga entraba y salía de una vagina reducida, estrecha y que sentía comenzaba a vibrar internamente y de repente el gritó: ¡Me estoy corriendo Tony… no pares, dame más, dame más!

    Le seguí dando por varios minutos hasta que Alexia exhausta me pidió que parara cuando aquel caudal de orgasmos le dejaban totalmente relajada. Tenía gotas de sudor en la espalda y al voltear miraba su rostro sudado y se sorprendía que mi verga se mantuviera solida adentro de su conchita que seguía hirviendo. Me preguntó si no me podía ir y le dije que para eso le iba a pedir algo y ver si me cumplía una de mis fantasías. Le mentía, pues aquello lo había hecho ya en varias ocasiones con diferentes hembras. Ella me lo preguntó:

    – ¿Qué quieres? -me dijo con esa mirada rica y llena de satisfacción.

    – ¿Alguna vez le has comido el culo a un hombre?

    – Nunca… nunca me lo han pedido. ¿Eso es lo que tú quieres?

    – ¿Crees que puedes?

    – Te dije que era muy traviesa. ¿Y cómo te voy a negar algo después de la rica culeada que me has dado?

    – Pero… ¿de veras lo quieres hacer?

    – Tony… se me antoja comerte el culo también.

    Comenzó con la faena de chuparme la verga toda llena de sus jugos, luego me limpio con una toalla mojada toda el área de la pelvis e incluso mis nalgas pues estaban saturadas de nuestras secreciones. Al principio me puse acostado de estómago y ella comenzó a besar mis nalgas y me las masajeaba. Ella me dio un cumplido: -Tienes bonito trasero… se ve que te ejercitas con frecuencia. Paseó su lengua por la rajadura hasta chocar con mi ojete. Ahí se mantuvo chupándolo y mi verga escurriría del placer. Que rico es sentir una lengua caliente de una hermosa mujer. Luego me di vuelta y le pedí que siguiera y me tuve que acomodar sobre unas almohadas para que mis glúteos le quedaran elevados. Me comenzó a chupar de nuevo el culo y le pedí que con sus manos me masajeara los testículos y el falo. ¡Que delicia! Creo que en el sexo esta es mi debilidad, sentir los labios de una hermosa chica en mi culo, mientras te masajea la verga… eso me sube a mil. Creo Alexia lo intuía y yo se lo anunciaba cuando sentí esa sensación en mis huevos de la eyaculación: ¡Me vas hacer correr… estoy a punto de correrme! – Ella inmediatamente tomó posición y se metió la punta de mi falo mientras me masturbaba desde el tronco. Le dejé ir mi corrida en su boca y esta linda chica me la mamó hasta que esta se puso flácida. Se había tragado mi corrida.

    Llegamos cogiendo a eso de las cuatro de la tarde que era la hora que ella había anticipado. Por Dios que le abrí el culo en tres ocasiones a esta chica en esa tarde y quedaba totalmente exhausta de tremenda cogida que ella me decía que, si su marido quería algo en la noche, lo tendría que rechazar fingiendo estar enferma, pues además de haber sufrido algunos calambres, me decía que hasta se sentía seca. Por el convenio nunca nos dimos el teléfono del uno al otro y prometimos nunca intentar localizarnos para no crearse problemas. Ella se bañó, se perfumó y maquilló como si no hubiese pasado nada y sé que no llevaba calzones, pues lo había metido en una bolsa plástica que había para cubrir unos vasos en el motel y los había guardo en su pequeña cartera. Cuando nos despedíamos con un beso apasionado y por última vez recorría sus glúteos con mis dos manos le dije:

    – ¿No llevas pantis?

    – ¿Cómo lo sabes… se me nota en la mirada?

    – No se te siente el relieve de ellos por sobre tu vestido. ¿Te puedo pedir algo?

    – ¡Me excitas cuando me hablas así! Dime… que se me hace tarde.

    – ¡Déjame tu pantis de recuerdo!

    – Te gustan los riesgos… ¿Qué tal si te los encuentra tu mujer?

    – Te dije que soy soltero.

    – Mentiroso… solo una ingenua te creería que con tremenda pinta y con tremenda pija no tengas dueña.

    – Te lo juro… no soy casado.

    – No te las puedo negar después de la deliciosa aventura que hemos pasado. De veras me has dejado admirado. Sabía que me encontraba con un hombre de experiencia, pero nunca imaginé la rica experiencia que me harías pasar ¡Aquí las tienes! Sabes… si fueras un gigalo yo fuera tu clienta. Procura que tu mujer no te encuentre con mis pantis…

    Alexia salió por aquella puerta del motel, vi cuando se subió a su coche, me hizo un ademán de adiós y se marchó para no volverla a ver jamás. Yo me quedé pensativo del momento que había vivido y todo aquello parecía como un rico sueño. Su comentario del gigalo, me recordó la experiencia de una joven prostituta que contraté hace unos años y quien me dijo: -Usted es un Dios para coger, la que debería pagar por todos los orgasmos que me ha sacado seria yo… Nadie me ha hecho acabar las veces y de la manera que lo ha hecho usted. -Saqué del envoltorio aquella panti de color rosa y la extendí para ver esa mancha blancuzca que la conchita de Alexia había manchado. No pude evitarlo… me la llevé a la nariz, absorbí de nuevo el aroma de esta hermosa chica y solo así sentía que aquella culeada sorpresa había sido realidad.

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  • Los entrenadores sexuales (Parte 1)

    Los entrenadores sexuales (Parte 1)

    — No entiendo que es lo que te da miedo — decía Tiffany.

    — No saber, correrme muy rápido, lastimarla, que piense que no la respe- — dijo Franco rápidamente enumerando las causas, Tiffany levantó los brazos interrumpiéndolo.

    — ¡Te estresas demasiado! — decía Tiffany riendo — Se te para bien la verga ¿no? Ella te gusta obviamente y obvio quieres follartela — dijo ella con seguridad.

    — Me muero por ver su lindo culo — dijo Franco.

    — ¡¿Entonces?! — expresó Tiffany — Si ella quiere y tú también…

    — Tengo miedo de no saber o correrme muy rápido y leí que hay algo llamado «Disfunción eréctil por nervios» — dijo él histérico.

    — Esa disfunción eréctil por nervios les da a los que leen artículos — dijo ella riendo.

    — Lo que más me da miedo es que no sea especial para ella — dijo nervioso.

    — Es la primera vez de ambos, será especial — dijo la chica.

    — Me da miedo no complacerla… — dijo derrotado.

    — Si es virgen le gustará, aunque no sepas, además se supone que se aman — dijo con seguridad la chica.

    — Menos del 17% de las chicas tuvieron placer su primera vez — dijo con seguridad, ella lo miró con fastidio.

    — ¡Deja de leer esas mierdas! — dijo un poco desesperada — Empiecen por algo pequeño, que ella te de una mamada o algo así — bebía su capuchino.

    — Antier estábamos en su casa… — dijo comenzando — Ella me sacó la verga y se puso de rodillas y me lamió un poco y no pude soportar… — dijo abrumado recordando el episodio vívidamente.

    — ¿Te corriste? ¿Así de rápido? — preguntó sin importarle si sonaba cruel.

    — ¡No, pero fue como wow! ¡Eso se siente demasiado! No pude dejarla continuar — reía nervioso.

    — ¡¿La quitaste?! — preguntó sin poderlo creer, él asintió avergonzado.

    Franco tenía mil inseguridades, llevaba casi 2 años con su linda novia Luz, ambos estaban en el último año de la prepa, era una chica delgada, pequeña, figura delicada, tetas pequeñas pero lindas, lo mismo con su culo, algo pequeño, pero jodidamente redondo, lindo y firme. Ella estaba ansiosa por ir al siguiente nivel, en serio quería follar con él, porque lo amaba y envidiaba la divertida vida sexual de su amiga Gaby. Estaba literalmente desesperada, le había preguntado mil veces a su amiga como darle una buena mamada a su novio, ella la había aconsejado, Luz se sentía lista y ansiosa, pasaba el día pensando cosas para hacerle a su novio, cuando él se negó la última vez a qué le diera una mamada se sintió rechazada.

    — ¡¿Y que pasó?! — preguntó Tiffany histérica.

    — Se enojo — dijo nervioso.

    — Obviamente, debe pensar que no te gusta o que eres marica — dijo cruelmente y reía.

    — Jaja no piensa eso — dijo desesperado — Pues me dio una puñeta en su lavabo y ya — dijo firmemente, era verdad.

    — Si no te decides van a tener problemas — dijo su amiga.

    — Ya los tenemos — dijo melancólico.

    — Con justa razón — dijo reprimiéndolo.

    — Ojalá hubiera alguna clase de entrenador sexual — dijo él riendo.

    — Uy si, viene, se coge a tu novia y tú aprendes como — decía riendo la chica.

    — Obviamente no, alguien que diera consejos en el momento — dijo él intentando no sonar demasiado ridículo, obviamente ella carcajeó ante lo absurdo que eso sonaba, ella se tomó su tiempo.

    — Se llaman «cualquier hombre en la tierra» — dijo ella sarcásticamente, él la miró confundido — Cualquiera se follaría a Luz para «enseñarte», no es fea, desperdicias una oportunidad que muchos quisieran — decía ella intentando ya no reír para no molestarlo.

    — Es hermosa y tiene un culo precioso — dijo él.

    — Vaya que si — dijo riendo, él la miró confundido de nuevo.

    — ¿Te gusta el culo de Luz? — preguntó confundido, ella nunca había demostrado intereses bisexuales.

    — A mi no — dijo riendo nerviosa, se dio cuenta donde se metió.

    — ¿Entonces? — insistió él enarcando las cejas, ella sabía que no lo dejaría ir.

    — A mi novio jajaja — reía nerviosa forzadamente, Franco la veía molesto — Solo hizo un comentario inocente cuando la vio en la fiesta de Luis ¿Te acuerdas que lo lleve? Si los presentamos — él asintió — Bueno, sólo eso — remató intentando huir.

    — ¿Que dijo? — preguntó con el ceño fruncido.

    — Ay nada — dijo desesperada — Que es linda y tiene bonitas nalgas ¿Ok? Es todo, no importa — dijo molesta.

    — ¿Y a ti no te molesta? — decía él justificando su mal humor.

    — Sólo fue un comentario, relájate — dijo seriamente — Nos tenemos esa confianza — dijo molesta por tener que justificarse.

    — «¿Esa confianza?» — preguntó él citándola — ¡¿Se dan permiso de follar con otras personas?! — preguntó histérico.

    — Si Franco, lo dejo follarse a todas sus amigas — dijo con fastidio y sarcasmo — Es más le diré que se folle a la tuya para que aprendas, sirve que voy yo también a ver — contraatacó dejando su tono sarcástico para darle un tono ácido y cruel, ahora él alzaba los ojos y ella reía.

    — Ok, lo capto, fue estúpido preguntar — dijo él con fastidio.

    El tono hostil se disolvió, ella intentó animarlo mientras bebían sus cafés, él se envalentonó y le prometió que la siguiente salida él le tendría buenas noticias, él de verdad lo creía. Tanto que 2 días después, saliendo de clases estaba de nuevo en casa de su linda novia Luz, decidido, erecto y dispuesto. Se besaban, se tocaban, él disfrutaba sentir el firme culo de ella, Luz disfrutaba sentir su erección contra el ombligo. Ella buscó dentro de sus pantalones y se puso más húmeda al sentir la firme erección de él, sacaba la verga de Franco y se ponía de rodillas rápidamente, Franco la veía nervioso, ella lamía sus bolas, él gemía y se estremecía por completo.

    — ¡No! Lo siento — decía nervioso quitándose y guardándose la verga.

    — Ok — decía ella molesta, poniéndose de pie.

    — Lo siento — decía desesperado sentándose en la cama.

    — ¿Que sucede? — decía Luz, nunca lo habían hablado realmente.

    — Tengo miedo — decía él honestamente.

    — Yo también — decía ella — ¿De que tienes miedo tú? — preguntaba dulcemente.

    — De no complacerte, de lastimarte, de no saber — respondía rápidamente.

    — Yo también, sin saber que hacer— decía honestamente y ambos reían.

    — Ojalá existiera alguna clase de coach del sexo — dijo y ambos reían.

    — Ya sé, que estuviera sentado ahí y nos dijera que hacer — decía Luz riendo.

    — ¡Exacto! ¿Verdad que se entiende el concepto? — decía él riendo.

    — Si, ¿Por qué? — dijo confundida.

    — Tiffany entendió otra cosa — dijo firmemente.

    — ¿Tiffany es la nalgona fea? — preguntaba Luz, Franco tenía varias amigas.

    — Si — rio ante la descripción tan atinada — Ella entendió que un entrenador sexual sería uno que vendría y te follaria para que yo viera y aprendiera — dijo riendo aún, pero ella frunció el ceño.

    — ¿Por qué estaban hablando de otro wey follandome? — dijo casi molesta.

    — No, eso enten- — decía él, pero ella lo interrumpió.

    — ¡¿Tu dejarías que otro me follara para aprender?! — dijo rápidamente interrumpiéndole, parecía molesta y sorprendida.

    — ¡No! En ese caso ver porno, que tontería — dijo él rápidamente.

    — Mmmm de hecho no — dijo ella, él la miró confundido — Ver porno es ver a otra vieja follando, no a mi — dijo con firmeza.

    — ¡¿Tú crees que podría aprender viendo a otro follarte?! — preguntó molesto.

    — Tú sacaste el tema — dijo defendiéndose.

    — Responde — exigió él.

    — ¡Yo que sé! — dijo molesta, él fruncía más el ceño exigiendo más — Pues supongo, no sé, alguien que supiera podría probar diferentes cosas a ver cuál me gusta exactamente a mi, no todas somos iguales — dijo intentando argumentar.

    — ¿De verdad lo crees? — preguntó viéndola fijamente y bajando la velocidad, ella también bajó la velocidad, el tema se ponía peligrosamente serio.

    — No sé ¿Tú? — preguntó Luz débilmente.

    — … — se quedó callado, temía la respuesta de la pregunta que haría, pero debía hacerla — … ¿Lo harías? — preguntó con la boca seca.

    — N-no… No sé — remató firmemente, él se echó atrás viéndola fijamente — Es que… ¿Tú no estás desesperado con esto? — preguntó nerviosa.

    — Siento que te decepciono — dijo honestamente.

    — Nunca me decepcionarías — dijo firmemente Luz sonriéndole dulcemente.

    — ¿Quieres hacerlo? — preguntó nervioso.

    — No existen los «coach sexuales» — dijo entrecomillando y riendo nerviosa.

    — Tal vez si — dijo él.

    — Claro que no — dijo Luz entrecerrando los ojos.

    — O sea no como tal, pero… Pero si habría alguien que pudiera hacerlo — dijo él y ella lo miró confundida.

    — ¿De verdad lo permitirías? — preguntó ella torciendo la boca.

    — Yo pregunté primero… ¿Lo harías? — insistió nervioso.

    — ¿Quien? — preguntó nerviosa.

    — ¿Lo harías? — insistió Franco.

    — ¿Quien? Es obvio que tienes a alguien en mente — insistió ella también sin ceder.

    — El novio de Tiffany — dijo débilmente.

    — ¡¿Que?! — preguntó histérica.

    — Ella lo insinuó — dijo él con la boca seca.

    — ¡¿De verdad?! — se puso de pie.

    — Si — mintió rápidamente, necesitaba saber si ella se atrevería, no le importaba tener que mentir para saberlo — ¿Lo harías? — preguntó débilmente.

    — ¿Él me enseñaría que hacer o cómo? ¿Tú verías? — preguntaba la chica dando pasos y viéndolo de reojo.

    — Si, todo eso — dijo débilmente, ¡¿Por qué carajos ella no decía que era una puta locura de una maldita vez?!

    — N-no sé — dijo ella y le caía un balde de agua fría a él, ella en serio parecía pensarlo — ¿Tú estás seguro? — preguntó Luz viéndolo fijamente.

    — Solo si tú quieres — dijo con voz y actitud débil, quiso gritarle por siquiera considerarlo, pero ahora estaba anonadado.

    — Emmm este… ¿Su novio es el del pelo largo? — preguntó nerviosa sin verlo — El de la fiesta de Luis, ¿verdad? — no le dirigía la mirada.

    — Si, ella me dijo que le gustó tu culo — dijo nervioso, estaba destrozado por dentro ¡¿Que carajos estaba pasando?!

    — ¿En serio? — preguntó con el ceño fruncido, intentando no sonreír por el halago — Bu-bueno, si tú estás seguro… — dijo con la voz y las piernas temblando.

    — Solo si tú quieres — repitió exactamente la misma frase dejándole la puerta abierta para que saliera de ahí de una maldita vez y dijera que era una locura.

    — Pues… — ella pensaba, no lo veía — O-ok, si — dijo débilmente sin verlo, él sintió que su corazón se caía a pedazos, sentía que estaba más lejos que nunca de ella y estaban a medio metro.

    Guardaron silencio por más de 20 segundos, él dijo que necesitaba ir al baño, cuando salió fingió que su padre lo llamó y debía irse, pasaba con regularidad, así que ella lo creyó ¿O tal vez solo quería huir del incómodo momento? Él se fue confundido y furioso, maldijo a todos los dioses en el camino, cuando ella le envió un mensaje por la tarde él se alegró antes de desbloquear su celular, pensaba que ella había entrado en razón por fin, pero le preguntó cuándo le diría a Tiffany, «Mañana mismo» le respondió él con el corazón roto.

    — ¿Y que es tan urgente? — preguntó la nalgona fea bebiendo de su capuchino.

    — Ayer fui a la casa de Luz — dijo Franco nervioso, ella sonrió burlonamente.

    — ¿Ya eres todo un hombre? ¿Luz ya es mujer? — preguntó burlonamente.

    — No — rio nervioso ¿Como se supone que abordaría el tema?

    — ¡¿Por qué?! — decía ella alzando los ojos con fastidio sarcástico.

    — Tuve una conversación muy rara con ella — dijo nervioso ignorando la pregunta.

    — ¿Sobre que? — preguntó con desinterés.

    — Sobre… tú novio jaja — rio nervioso, ella entrecerró los ojos.

    — ¿Le dijiste que le vio el culo? ¡Sólo fue un chiste! — dijo fastidiada.

    — ¿No era vedad? — preguntó nervioso.

    — Osea si, pero ¿Por qué le dijiste? ¿Que hablaron? Que pena ajena, te lo dije en confianza — dijo molesta echándose en su silla.

    — No es nada malo — dijo nervioso y le lanzó una mirada sería sin decir nada, ella lo miró confundida.

    — ¿Que pasa? — preguntó ella casi con miedo.

    — ¿Lo dejarías…? — nunca había estado más nervioso en su vida — ¿Lo dejarías follarse a mi novia? — intentó decirlo rápido, ella abrió los ojos por completo.

    — ¡¿Hablaron de eso?! — preguntó histérica.

    — Si… más o menos — dijo nervioso, ella no parpadeaba.

    — Espera, espera — dijo intentando entender — ¿Ella si follaria con él? ¡¿Con mi novio?! — preguntó histérica.

    — S-si — dijo nervioso, ella lo veía con la boca abierta — ¿Él lo haría? — preguntó nervioso, tenía una erección confundida.

    — Él sin duda lo haría — dijo ella rápidamente, Franco sintió un escalofrío — Estás loco — dijo seriamente.

    — Lo sé, es una estupidez — dijo tranquilizándose de pronto, que ella se negara era bueno, como si él no pudiera detenerlo, como si necesitará que alguien más detuviera todo eso.

    — ¿Lo permitirías? — dijo la chica viéndolo fijamente, él balbuceó — ¡¿En serio lo permitirías?! — dijo histérica.

    — N-no, olvídalo — dijo él firmemente — Es una estupidez, olvídalo — dijo casi molesto.

    — No, si, espera, lo hará — lo detuvo desesperada, él la vio anonadado — Pero quiero ver — dijo ella igual de nerviosa.

    La chicharra final sonaba, había pasado solo un día, Franco no había tenido un día tan largo en la escuela nunca, salió lentamente de su salón y Tiffany lo saludaba afuera tímidamente a lo lejos.

    — Hola — decía ella sin verlo a los ojos — En serio está de acuerdo, ¿verdad? — preguntó nerviosa, no hubo mucho tiempo para confirmar, todo ocurrió demasiado rápido.

    — Si — dijo con el corazón a tope, ella asentía — No le agradó mucho que vayas pe- — ella lo interrumpió.

    — Pero si puedo ir, ¿verdad? — preguntó ansiosa.

    — Si — dijo nervioso.

    — Ok ok — decía rápidamente, revisaba su celular — Ya está afuera — dijo ella y él sentía un escalofrío — Ahí viene — dijo la chica apuntando con la mirada detrás de él, era Luz, venía caminando saludando con una sonrisa nerviosa.

    — Hola — saludaba Luz nerviosa, Tiffany solo levantó la mano.

    — Ya está afuera — insistió Tiffany, la pareja se tomó de la mano.

    Los 3 caminaron a la salida sin decir nada, a Franco se le hizo un puño el corazón cuando reconoció entre la multitud uniformada de la preparatoria al hombre evidentemente mayor por algunos años, vestido dark y el pelo largo, el hombre saludaba a lo lejos. Llegaron con él, no se presentaron, se ignoraban deliberadamente, Franco caminó al frente con Luz y la otra pareja los seguía. Nunca había sido más largo el corto trayecto a pie a la casa de Luz, ella abrió la puerta y entraban.

    — Nadie llega ¿verdad? — preguntó el hombre.

    — No, mis papás llegan hasta las 8 — dijo Luz.

    — Afortunadote — le dijo cómicamente el hombre a Franco sonriéndole.

    — ¿Quieren algo de tomar? — preguntó Luz nerviosa.

    — Nah vamos al cuarto — dijo con seguridad el hombre, Franco sintió un escalofrío.

    — Es ese — dijo Luz con la voz quebraba por los nervios.

    Luz caminó lentamente a la puerta, entró quedándose parada a lado de la puerta de la mano de Franco, el otro hombre fue directo a sentarse en la cama.

    — Braulio y yo pensamos que ustedes 2 empezarán en la cama.

    Dijo Tiffany nerviosa apuntando a Luz y al hombre, Luz asintió y vio a Franco tímidamente, él soltó su mano y se sentó instintivamente a lado de Tiffany y ella le sonrió nerviosa.

    — Bueno… — dijo Braulio viendo a Luz.

    Ella se sentó lentamente a lado de él, Braulio se quitó la camisa decididamente, un six pack bien definido y los pectorales firmes, Luz no pudo evitar mirarlo, luego miraba a Franco, él asentía débilmente, Braulio le ponía una mano sobre su pierna desnuda sobresaliendo de la falda escolar, Luz veía atentamente la mano, nadie más la había tocado así, se sentía bien.

    Él buscaba su cara, acercaba sus labios a los de ella y la besaba, electrizante, ella sintió una firme sacudida en todo el cuerpo al sentir esos labios jugar con los de ella, era tan excitante, Tiffany apretaba la mano de Franco y él veía hipnotizado. Los húmedos sonidos de sus lenguas se hacían presentes, Luz posaba tímidamente una mano sobre su pecho y otra en su bien definido abdomen, él abria su suéter escolar rápidamente, apenas lo abría ella se lo quitaba desesperada y él comenzaba con los botones de la camisa, la abría en 2 segundos y ella le besaba el cuello desesperada, eso ponía a Franco como un madero, funcionaria también con él ¿no?

    Franco veía ansioso la escena, notó que Tiffany veía su entrepierna, su erección era demasiado evidente, se miraron un segundo y volvieron la vista al frente, Braulio tenía sobre sus piernas a Luz, sentada de frente con las piernas abiertas, ella se retiró desesperada la blusa y de inmediato pasó los brazos detrás, Franco casi se pone de pie, ella no lo vio, estaba detrás de ella, Tiffany jaló firmemente su mano, él la vio y ella le hizo un gesto molesto indicándole que se sentara, alguien vería por primera vez las lindas tetas de su novia y no sería él.

    Luz retiraba su brassier rápidamente, Braulio veía detenidamente aquellos sacos de placer carnosos, redondos y suaves, algo pequeños, pero jodidamente lindos, los pezones cafés claro, colgaban con naturalidad, pero se mantenían erguidos. Franco veía la delicada y sexi espalda desnuda de su novia, mientras Braulio la sostenía con firmeza de la cadera, también vio cuando ese desconocido hundió la cara en el pecho de ella.

    Luz alzó la cara y resopló, aunque intentó con todas sus fuerzas no hacerlo, Braulio chupaba su pecho derecho y jugaba con la lengua en su pezón dentro de su boca, Franco estaba detrás, los últimos 2 días había estado serio y distante, ella no era idiota, sabía que todo eso estaba mal ¡Pero en serio necesitaba un hombre! Tomó la cabeza de su nuevo amante firmemente y la hundió en sus lindas tetas, se las restregaba en la cara, no le importó, simplemente gimió ante la lengua de Braulio, su novio nunca había escuchado nada similar de ella, se sintió tan idiota, tan cachondo, tan furioso, tan confundido.

    Braulio disfrutaba las lindas tetas de Luz y Franco veía obsesionado como él ahora tomaba firmemente por el culo con ambas manos a su linda novia, podía escuchar la respiración agitada de Tiffany.

    — Quítale la falda — dijo Tiffany, la pareja de la cama volteó a verlos, él lujuria total, ella nervios y culpa.

    — Si — dijo Franco con firmeza y Luz lo miró fijamente.

    Luz se puso de pie, no sabía que hacer, él buscó el cierre de la falda de tablones azul por un lado, conocía el uniforme, Tiffany usaba el mismo, Luz lo miró mientras él bajaba el cierre y la falda caía, Franco vio emocionado el precioso culo redondo y firme de su linda novia, llevaba unos cacheteros morados estilo francés con encaje, muy morbosos y sexis, ¿ella se los puso para él?

    Braulio le daba la vuelta firmemente, los novios se vieron a los ojos por una milésima de segundo y luego él vio a Braulio y ella a Tiffany, Braulio veía con completa lujuria el lindo par de nalgas de Luz frente a su cara, tan firmes, redondas como balones, más pequeñas que las enormes nalgas de su novia, pero más redondas y lindas, tomaba firmemente su culo con ambas manos, acercaba la cara y la hundía entre sus lindas nalgas, le pasaba la lengua profunda y lentamente entre las nalgas, ella se retorcía un poco y veía con culpa a su novio, él ni siquiera notó su mirada, veía a Braulio, lo admiraba, lo odiaba, lo envidiaba.

    El amante se puso de pie, ella lo buscó dándose la vuelta, él tomó con firmeza ambas nalgas y la besaba, ella buscó desesperadamente el cierre de su pantalón y lo abría, ya no le importaba que no fuera Franco, era un amante digno, tan guapo y seguro de si mismo, tan viril, tan dominante. Él bajaba sus pantalones y le ponía una mano sobre el hombro a ella firmemente, ella se ponía de rodillas, Franco se levantó firmemente de su asiento, Tiffany intentó jalarlo de nuevo.

    — Sólo quiero ver bien — dijo él desesperado y su amiga se puso de pie junto con él, Braulio se dio la vuelta para mostrar todo de perfil ante ellos.

    — ¿Quieres ver cómo tú novia me chupa la verga? — dijo lujuriosamente acariciándole la cabeza a Luz, ella tenía el corazón a tope y no alzaba la mirada.

    — Si — dijo Franco firmemente.

    — Ya sácatela — dijo Tiffany ansiosa — La tiene enorme te va encantar — agregó desesperada diciéndole a Luz y ella bajó desesperada los boxers de él frente a su cara.

    La enorme verga salió de un salto, Franco abrió los ojos sin decir nada, Luz también, le golpeó el rostro y todos se resistieron a reírse, Luz miró sin parpadear durante varios segundos, muy larga y jodidamente gruesa, el prepucio le cubría la enorme cabeza, tenía venas obscenas, casi asquerosas, tan marcadas, la tenía completamente derecha, un par de bolas enormes en un saco que colgaba bastante, algo peluda, simplemente imponente, Franco se sintió como en uno de esos sueños vergonzosos donde llegas sin pantalones a la escuela.

    — La tiene más grande que tú, ¿verdad? — preguntó Tiffany lujuriosamente.

    — Si — dijeron Franco y Luz al unísono, ella lo miró avergonzada, él no dijo nada.

    — Chúpale las bolas — dijo Tiffany.

    Luz hundió la cara entre las piernas de él y Franco pudo ver cómo se levantaba el saco sobre la lengua de ella, Braulio gemía débilmente y ella sintió un escalofrío, su amante le tomaba la cabeza con ambas manos y le restregaba su enorme madero en la cara y las bolas en la boca. Ella lamía el enorme falo desde la base hasta la punta, sintió miedo de que él se arrepintiera como su novio, lo miró y la miraba con lujuria total, nada de miedo o nervios y cerró los ojos para seguir lamiendo aquel enorme falo. Él jaló su pellejo revelando su enorme y brillosa cabeza, ella lo vio fijamente y sentía el amargo aroma de sus jugos, él le tomaba la cabeza, la veía fijamente y metía su enorme y gruesa verga en su boca, sentir su verga tan firme y suave, caliente y húmeda fue la gloria para ella, cerró los ojos para concentrarse en disfrutar como se sentía esa firme vara en su boca, alzó las manos inconscientemente para sostenerla.

    — Sin manos — dijo Braulio mirándola.

    Él puso sus delicadas manos sobre sus firmes nalgas y ella aceptó sin decir nada, él tomó su cabeza con ambas manos y le metió la verga en la boca lentamente. Torcía la cara por el húmedo y cálido placer de la boca y lengua de ella en su verga, le clavaba la verga hasta la mitad, ella hacia una arcada y casi se retiraba, pero se afianzó para no moverse, Franco veía perplejo el esfuerzo sobrehumano que hacía su novia abriendo tanto la boca para poder abrazar a lo ancho aquella verga muy superior a la suya, necesitaba masturbarse.

    — Déjalo llevar el ritmo — le decía Tiffany ansiosa a Luz — Fíjate como lo hace — le dijo a Franco.

    Braulio agarró firmemente la cabeza de Luz con ambas manos y comenzó a follarle la cara, despacio, delicadamente, lento, disfrutando sentir como entraba en esa cálida cueva del placer de Luz.

    — Juega con tu lengua, como un beso francés y abrázale la verga con la lengua — decía Tiffany desesperada, Luz asentía y Braulio se retorcía y gemía enseguida de las instrucciones.

    — ¡Si! ¡Así! — decía desesperado disfrutando y clavándole más agresivamente la verga.

    Comenzó a tomar ritmo, iba y venia más rápidamente en la boca de Luz, ella daba arcadas y la saliva escurría por todos lados, Braulio se retorcía y gemía sin vergüenza y le follaba la cara cada vez más rápido.

    — Tiene mucho que aprender se la tendrá que chupar más veces — le decía Tiffany nerviosa a Franco.

    — Si — dijo firmemente él, sabía que era un truco barato, mordió el anzuelo feliz.

    Eso fue música para los oídos de Luz, Franco dijo que si, haría que cumpliera su palabra, fue emocionada a chupar a más velocidad y Braulio se retorcía ante su lengua.

    — Quiero tragarme tu corrida — dijo desesperada recordando lo que su amiga le dijo sobre que era súper cachondo tragarse eso y ella definitivamente lo deseaba, Braulio comenzó a masturbarse furiosamente, ella abría la boca por completo y sacaba la lengua en un gesto exagerado.

    — Ahorita está bien así, pero tiene que aprender a sacarle la corrida a mamadas ¿Ok? — dijo Tiffany histérica buscando la cara de Franco.

    — Si — dijo igual de desesperado, pero sin dejar de ver el espectáculo ni un solo segundo — Se la tendrás que chupar más veces hasta que aprendas bien — le dijo ansioso a Luz, ella asintió viéndolo medio segundo y regresando a ver la verga de su amante.

    Braulio soltaba su verga y la metía desesperado en la boca de Luz, quien de inmediato abrazaba ese enorme pedazo de carne con los labios y lo rodeaba con la lengua, fue abrumador para ella, primero sintió como ese falo de carne se retorció en su lengua firmemente, se ponía tenso, más duro aún y en su lengua caía un espeso, caliente y amargo líquido viscoso, él gemía y la mantenía con fuerza con ambas manos en su lugar, luego la verga de Braulio se relajaba y volvía a tensarse furiosamente en su lengua y más de su asquerosa corrida le llenaba la boca, él gemía y se retorcía mas, luego de nuevo, luego otra vez, ella sintió el más grande asco que había tenido en toda su vida, no tenía la más puta idea de porque lo disfrutaba tanto.

    Afuera Franco vio como ella apretaba los ojos, se sostenía desesperada del trasero de Braulio, hacia caras de asco y sobresalía un pedazo de la verga de Braulio lo suficientemente grande para poder ver cómo palpitaba violentamente mientras la mayor parte estaba dentro de la boca de su novia que hacía las caras de asco mas obsceno que le había visto hacer.

    1, 2, 3… 4, 5… 6 violentas palpitaciones de la verga de Braulio que gemía escandalosamente y por fin parecía calmarse, sacaba su verga lentamente de la boca de ella, Luz echaba la vista hacia abajo y tragaba con enorme dificultad ese espeso atole amargo que tenía en la boca, los 3 la veían atentamente y cuando ella alzó la vista abrió la boca imitando el porno que había visto y todos reían un poco al ver su boca completamente vacía, aunque el sabor amargo y la sensación espesa no se iban. Braulio reía un poco y le pasaba la punta de la verga por la cara embarrándole esa última gota que siempre queda.

    — ¿Te gustó? — preguntaba el hombre de veintitantos con su viril voz.

    — Demasiado — decía honestamente la chica recuperando la respiración, volviendo a la realidad, de pronto parecía súper bizarro que la novia y el novio de ellos estuvieran viendo tan atentamente y se levantó enseguida para ir al baño.

    — Deberíamos irnos — dijo Tiffany ansiosa mirando a su novio guardar su verga.

    — ¿Y lo demás? — preguntó Franco nervioso.

    — Practiquen esto por mientras, luego él podrá enseñarle más ¿Ok? Si viste como ¿No? — le dijo rápidamente a Franco mientras abrazaba a su novio ¿Ella estaba celosa y quería huir de esa locura? ¿O necesitaba ser follada como perra inmediatamente?

    — Si, ok — decía Franco aún aturdido por todo lo que había sucedido.

    Franco acompañó a la pareja a la puerta de salida, Braulio le lanzó una sonrisa socarrona al final, Tiffany una sonrisita pícara de complicidad. Cuando él regresó al cuarto, Luz se ponía el brassier y lo veía nerviosa, él entró lentamente y ella acomodaba sus copas.

    — Hola — saludaba torpemente él, ella lo veía en silencio — ¿Estás bien? — preguntó nervioso, ella desvío la mirada.

    — Ammm si ¿Por qué? — dijo tontamente — ¿Tú? — alzó la vista para mirarlo a los ojos.

    — Si si, claro… — se veían sin atreverse a acercarse, ella sentada en la cama, él de pie a lado de la puerta — Ella tiene razón — dijo con la boca seca, ella lo miraba esperando — Debes aprender a hacerlo mejor — dijo con el corazón a tope.

    — Si, ¿verdad? — dijo nerviosa y sonreía igual.

    — Deberías hacérselo más — dijo atreviéndose, no quería ¿O sí? ¡Carajo! Todo era tan confuso.

    — Si — respondió ella de inmediato — Tener más práctica — decía nerviosa, pero firme, tampoco sabía si lo quería realmente, todo había sido una locura, su boca aún sabía a semen, no quiso lavar sus dientes, se sentía bien — También debería practicar contigo — remató débilmente sin verlo a los ojos.

    — Si… — dijo él acercándose por fin, ella se acomodaba para estar de frente a él — Quítate el brassier — dijo firmemente y ella lo retiró feliz, por fin él tomaba la iniciativa.

    Franco sacó tímidamente su verga frente a ella igual que ella sacaba a pasear su lindo par de tetas, él no se había tomado el tiempo de apreciarlas, eran tan lindas, tan redondas y cálidas al tacto. Luz comenzó a darle una mamada lenta y pausada, Franco se sentía inseguro por la obvia diferencia de tamaño y grosor, pero la boca de ella se sentía asombrosa bajando y subiendo en su verga, superó pronto la pena y se entregó al placer de la boca de su linda novia. Ella lo hizo despacio, pero profundamente, comía toda la verga de Franco sin mucho esfuerzo y él se retorcía, después de 2 minutos él eyaculó en su boca sin decirle nada ni hacer ruido, sintió que no debía armar alboroto, después de la enorme verga de Braulio, lo suyo era un pequeño postre contra el enorme platillo fuerte de él.

    Se sentó en silencio a lado de ella guardando su verga y ella tragaba sin mucho esfuerzo la pequeña corrida de su novio, ella pensaba en la diferencia de abundancia ¿Será por el tamaño? Él la abrazo dulcemente por encima de los hombros.

    — Te amo — dijo él firmemente, necesitaba esa conexión y necesitaba hacerla sentir segura.

    — Te amo también — decía ella jubilosa besándole la mejilla.

    — ¿Te gustaron sus mamadas? — le preguntaba Tiffany a Braulio lujuriosamente mientras él se la follaba a cuatro patas en su departamento, aplaudiendo ruidosamente sus enormes nalgas contra su pubis.

    — Bastante — decía el hombre lujuriosamente disfrutando la vista del culo de su novia.

    — ¡Tienes que follartela! —Decía lujuriosa y desesperada entre gemidos

    — Si, tiene el culo más lindo que tú — le decía cruelmente y aumentaba la velocidad, ella gemía desesperada.

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  • Sexo en días de luna

    Sexo en días de luna

    La visita había llegado de forma poco oportuna. Eso no importaba, porque estaban ansiosos por la espera de ese encuentro y ese día del calendario no sería obstáculo para expresar físicamente ese deseo contenido que ambos guardaban.

    Al principio, ella no se sentía muy cómoda pues siempre se había reservado los actos de placer para los días del mes que estuvieran lejos de los colores como el sol en el ocaso.

    Pero esta vez habría que hacer una excepción, pues ella tenía planeado un viaje familiar de vacaciones y habrían de transcurrir largos días hasta volver a encontrarse con él. No era entonces momento para vacilaciones, y respondiendo a aquella frase de Woody Allen “¿es sucio el sexo? sólo si se hace bien.”

    Ella es joven y parece tener mucha escuela, pues exhibe habilidades de experta. Falsa la creencia que la mujer tiene menos deseo que el hombre ella es la prueba, una vida muy activa antes de que se conocieran indica que conoce muchos secretos para dar y recibir placer. Pocos son entonces los tabús, excepto el del sexo anal que recientemente habían explorado mutuamente, y ahora el siguiente desafío era el de romper las reglas, nunca mejor dicho.

    Romance mitad clandestino, mitad secreto a voces, pues ya ni siquiera se molestaban en ocultarlo, se registraron en el hotel del que eran clientes habituales tanto por la comodidad y ubicación, así como también por los finos detalles de atención y el estupendo café del desayuno. Ella había dicho que no podrían pasar la noche juntos, una vida dividida por temas de uniones previas no resueltas, que hacían complicados los encuentros, pero estaba todo decidido, pasarían la noche juntos en la cama, no bien volvieron a encontrarse.

    Ella, mujer perfecta para él, de cuerpo esbelto y blanca piel, guarda en sus labios carnosos el secreto de los besos que excitan cuando muerden. Voz suave con matices en el acento entre la tierra tropical donde nació, y la sierra donde ha vivido gran parte de su vida. Ojos profundos que cambian de color cuando encuentra el orgasmo, es compañera formidable de cama como él nunca había conocido.

    La diferencia de edad entre los dos no era problema, aunque ella evidentemente ha sido bendecida con una genética privilegiada que la hace lucir todavía más joven de lo que es, como eterna universitaria, lo que haría impensable que ya ha sido madre de dos, hijo e hija, y en plena pre adolescencia. A ella no le importaba la diferencia. Por supuesto que a él tampoco habría de distraerlo, por el contrario, se sentía halagado de ser aún capaz de atraerla sexualmente.

    ¿Cuál es el afán para censurar el gozo, cuando están con los días de luna? La única prevención en este caso consistió en poner una toalla bajo las sábanas por si las dudas, y romper el mito pues no hay estaciones para el amor.

    Era una pena que el único preámbulo que efectivamente estaba vedado era el sexo oral por razones que no es necesario aclarar. Ambos encontraron en esta forma de satisfacción una fuente maravillosa de regocijo, especialmente en el cunnilingus que los dos gozaban ardorosamente cada vez que se veían para compartir sus cuerpos. Besos que empezaban en los senos y bajaban lentamente hasta el interior de los muslos, recorriendo con la lengua el monte de venus hasta que el extraordinario olor del sexo y la humedad entre las piernas, invitaban a besar primero lento y luego rápidamente los labios, esos labios que sólo pueden ser vistos en la desnudez e intimidad de la pareja.

    Así que esta vez sólo serían besos primero castos, en los labios superiores nada más. Luego cada vez más apasionados. Ya se habían liberado de las ropas y estaban completamente desnudos bajo las sábanas, abrazados, mirándose uno al otro con los destellos de ansiosa necesidad. A ella le gusta ser tomada con firmeza por las nalgas, esas gloriosas posaderas firmes como puños, que entre más duro sean apretadas tanto mejor.

    Besos con mordiscos, besos profundos y en lucha por el control de lenguas que se cruzan como si quisieran formar un nudo entre ellas. Agitación creciente, curiosidad pero también un poco de temor por los resultados de ese primer encuentro. A él eso le tiene sin cuidado, no siente la más mínima aversión por unirse en el íntimo abrazo con ella sin importar lo que suceda como en una película erótica pero de Tarantino.

    Los pezones duros, el movimiento ansioso de los dos y que es ella quien toma con sus manos el pene de su hombre, son la señal inequívoca que están ambos listos y dispuestos a culminar el acto con una penetración primero lenta y cautelosa, luego inquieta y rítmica. Entra pues el miembro en medio de los jugos del amor que son cálidos y poderosamente afrodisiacos, sin temores ni dudas, en la flor que ella guarda entre sus piernas. “Eres mi tulipán”, le dice mirando a la vagina. Ella no le ha puesto nombre al pene de su amante, al que lo llama por el primer nombre de su hombre, y en cambio al hablar de él lo hace por su segundo apellido, lo cual a él le encanta.

    Se besan una y otra vez, el calor del lazo que los une se hace cada vez más intenso, ella gime, él transpira, se sienten los temblores internos previos al clímax, y cuando llega el orgasmo tantas veces anhelado por los días previos de tortuoso celibato, ambos sienten que estallan como luces de bengala en fin de año. No hay palabras que describan el instante, o si las hay sólo podrían ser sucias, desenfrenadas. De vez en cuando se puede tocar el viviente jardín del paraíso. Luego, una sensación de humedad intensa pero diferente a la que se siente en los encuentros considerados fuera de temporada. Ambos sienten la intriga de estar en una escena del crimen y no una sexual. Así que lentamente el pene se retira, se apartan con cuidado esperando que quizás sea conveniente incluir la cuenta de la lavandería para esas pobres sábanas. Ja. Nada de eso. Todo sucedió de la forma más discreta, con apenas unas pocas muestras y un olor ligeramente ácido, dulce y hasta agradable para él. En parte porque era la primera vez que lo hacían en tales condiciones. En parte porque era un placer que había sido reservado en exclusiva para este hombre que no podía creer que la entrega de ella ya no tenía límites en virtualmente cualquier momento del mes que se pudiera.

    Esa noche ella durmió con la piyama de él, dejando impregnado su inconfundible olor de mujer, razón por la cual esa prenda no fue lavada. Fue así como ella, al irse de vacaciones familiares, le dejó como excitante recordatorio en esa ropa de noche parte de su esencia, que a su hombre le sirvió para conciliar el sueño con el recuerdo del aroma de su sexo palpitante.

    Recuerdo que es aún más intenso porque en la mañana, en el segundo día de la visita, tuvieron un encuentro sexual más, ese sí, todavía más intenso y con más jugos que una simple toalla no pudieron evitar pintar las blancas sábanas, para preocupación de ella y risas de él, ambos cómplices de una travesura inolvidable.

  • Políticamente incorrecto

    Políticamente incorrecto

    El trabajo la ha mantenido ocupada durante toda la semana y, aunque ha pensado mucho en su amante, no le ha llamado esperando que sea él quien tome la iniciativa. Al ver que no lo hace, ha empezado a inquietarse. Desea fervientemente volver a sentirse llena de él, del mismo modo, comprende que también tiene que lidiar con sus problemas conyugales. Se convence a sí misma de que si no la llama el próximo lunes, lo hará ella. Desde que ha decidido saltarse las reglas del matrimonio, su vida sexual se ha incrementado en cantidad y en calidad y ahora que ha probado las mieles de lo prohibido, sus exigencias se han acentuado notablemente y ya no se conforma con lo de siempre. Ahora sus incentivos son más desmedidos.

    En el trabajo ha empezado a examinar y a comparar a todos sus compañeros masculinos. Aunque le cuesta verlos de forma sexual, suele barajar la posibilidad de cómo sería tener un escarceo con alguno de ellos, pero no le atrae físicamente ninguno. Si bien es cierto que tampoco le atraía su amante al principio y sin embargo es el que le procura los mejores orgasmos.

    Los martes y los viernes por la mañana acude a sus clases para perfeccionar su inglés, puesto que lo tiene un poco oxidado y su posición se lo exige. Son unos veinte en la clase y en el sector masculino, un joven tremendamente atractivo destaca entre los demás. No falla nunca, en cambio Isabel no siempre puede asistir, dadas sus responsabilidades políticas. Ya ha entablado alguna conversación, aunque siempre ha sido de temas intrascendentes. Es evidente que el chaval se muestra muy atento con ella, por lo que no le pasa desapercibido su interés.

    Isabel nunca ha tenido ojos para otro que no sea su esposo y, aunque aprecia el atractivo en un hombre, siempre ha antepuesto el intelecto frente al físico, de igual modo, ha valorado la fidelidad, tanto en un hombre, como en una mujer. Pero eso era antes de que se desatara a la bestia. Ahora se fija en muchos hombres, en el trabajo, en la calle y, sobre todo en el gimnasio cuando va de uvas a peras, donde hay una extensa variedad de jóvenes apolíneos en los que posar la vista. Su joven amigo, físicamente es impecable, y ahora sus ojos se recrean en los detalles de su anatomía, antes que en su intelecto.

    Isabel llega de las últimas a la clase, y él parece estar esperándola en la puerta. Se saludan, entran juntos e intencionadamente él se sienta a su lado.

    Cuando termina la clase, su joven admirador insiste en invitarla a un café, pero Isabel lleva un poco de prisa porque tiene temas pendientes que resolver en el trabajo, con lo cual, se va rápidamente.

    —Otro día, —le dice, y el muchacho se lo toma al pie de la letra.

    El martes siguiente la situación se desarrolla del mismo modo y, ante la obstinación del joven, accede para comprobar hasta donde llega ese flirteo. No hay ninguna intencionalidad por su parte, pero tiene curiosidad. Después de las clases acuden a una cafetería cercana. Se sientan en una mesa y Raúl le cuenta someramente su vida. Trabaja por las tardes de soldador y las mañanas las dedica a cultivar cuerpo y mente.

    Sin poder evitarlo, los ojos del joven se pasean por sus pechos, percibiendo —a través de la camisa—la dureza de los pezones. Una cosa es segura, y es que el muchacho se muere por sus huesos o, mejor dicho, por sus carnes. Le pregunta si está casada, algo que a Isabel le parece poco original, más bien, todo un tópico, pero entiende que es un modo subliminal de sentar las bases y saber a qué atenerse, pese a que el hecho de tener pareja, no es un impedimento para tontear con la mujer madura. Le explica brevemente a qué se dedica, sin dar demasiadas explicaciones, como también le comenta que tiene un hijo de prácticamente su edad y una hija un poco más joven.

    —Seguro que no es tan guapa como la madre, —afirma convencido.

    —Por supuesto que lo es, —reivindica ella.

    —Entonces tiene que ser preciosa.

    Lo cierto es que el chaval se lo está trabajando. Es un caballero, todo lo contrario que su amante. Raúl es galante, educado, cortés, de cuerpo apolíneo, y quién sabe qué más.

    —Dime una cosa. ¿Por qué estás intentando coquetear conmigo si podría ser tu madre?

    —Si tuviera una madre como tú ya hubiese pecado de incesto, —asegura con la mayor naturalidad del mundo, sin embargo, aquella frase le hace gracia a Isabel y no puede contener una carcajada.

    —¿Y qué pasa con tu novia? —le pregunta.

    —No tengo muy claro mi relación con ella. Ella quiere casarse y eso no entra dentro de mis planes.

    —¿Y cuáles son?

    —No lo sé. Cada vez estoy más convencido de que no es la chica ideal para mí.

    —¿Por qué dices eso?

    —Si lo fuese, querría estar siempre con ella, e incluso la idea de casarme no me agobiaría tanto.

    —¿Y cómo es la chica ideal, si se puede saber?

    —No lo sé. No tengo predefinido un estereotipo de mujer.

    —Tú podrías serlo, por ejemplo.

    —No pareces tener buen ojo para las mujeres. Yo te doblo la edad. Como te he dicho, podría ser tu madre.

    —Tú no eres una madre convencional.

    Isabel sonríe.

    —¿Qué me hace no serlo? —quiere saber.

    —Se te ve una mujer de mundo, culta, que le da la importancia que merece el cuerpo y la mente, con una trayectoria profesional destacada. No se ven muchas mujeres como tú, con las ideas claras.

    —¿Qué sabrás tú lo claras que son mis ideas? Te sorprendería saber que a menudo son realmente turbias.

    —¿Y eso?

    —Estoy casada, —le dice intentando poner una excusa para no ir más allá, aunque es lo que desea, pese a que tenga que dar un rodeo.

    —Eso no es un problema, —asegura él.

    —Para ti ya sé que no, pero para mí sí, —le rebate Isabel, pero sin creerse sus palabras.

    —¿Te llevas bien con tu marido?

    —Sí, —responde, aunque ahora tiene sus dudas. Sigue amándole, pero sus exigencias y sus prioridades han cambiado. ¿Se puede ser feliz con la persona a la que se ama, pero sustituyéndola en los momentos de pasión? Es evidente que no. Su situación comporta un dilema importante difícil de resolver, no obstante, hay dos maneras: seguir ocultando su doble vida, o dejar al amor de su vida. Tanto una decisión como la otra no conduce a la felicidad, dado que, en una y en otra continúa existiendo una carencia de diferente naturaleza.

    —Tu marido es muy afortunado. Le envidio.

    —Por tus palabras deduzco que los días con tu chica están contados.

    —Supongo que sí.

    —¿Sabes que me dedico a la política?

    —Sí, hace semanas que lo sé.

    —¿Ah sí?

    —Sí, eres más famosa de lo que crees. La mayor parte de la gente que está aquí te conoce.

    —¡Ah!, —exclama—. Entonces tendré que andarme con cautela, —bromea.

    —Bueno, no estamos haciendo nada malo.

    “Todavía”, piensa ella a la vez que una involuntaria y pícara sonrisa asoma en sus labios.

    —Deberías pensar en tu chica.

    —Ya lo hago, y tengo claro es que cada vez tenemos menos cosas en común.

    —Piensa que lo importante es afrontar las adversidades que surgen en la pareja. Hay parejas que, pese a sus diferencias, son capaces de contraponer los contratiempos y superar las crisis, adaptándose y evolucionando, pero para eso hay que compartir objetivos, valores de respeto y cierta independencia que les permita crecer a nivel individual también.

    —No es mi caso.

    —Me lo pones difícil. Intentaba que vieras el lado positivo de tu relación, pero veo que las cartas ya están echadas. Lo tienes muy claro.

    —El lado positivo es que tú me encantas, —manifiesta posando la mano en su pierna a través de su pantalón y, ante aquella osada iniciativa, Isabel tiene una primera reacción de sorpresa, sin embargo, su mano en su muslo le provoca un cosquilleo un poco más arriba. Raúl, al ver que no hay resistencia por parte de la política, su mano asciende hasta un poco más de la mitad de su muslo.

    —Tú lo que quieres es echar un polvo, —le dice Isabel sin reparos.

    —Y si pueden ser dos, mejor que uno. Eres una mujer muy atractiva. Me gustas mucho.

    —Deberías apartar la mano, aunque no te esté viendo nadie. Como tú has dicho, puede que mucha gente sepa quien soy.

    —Podemos ir a otro sitio si quieres, —sugiere anhelante, confiando en que ella sienta lo mismo.

    —No creo que sea buena idea, —se excusa Isabel intentando aparentar que no es tan fácil acceder a ella y, en vista de que el joven no aparta la mano de su muslo, ella la coge suavemente y la retira.

    —Lo siento, no puedo, —dice, aunque lo desea tanto como él, ahora bien, aún existe un freno moral que le impide ser tan espontánea con el muchacho al que apenas conoce.

    —Tengo que irme, —dice, cuando en realidad lo que quiere decir es: “Vamos a mi casa”.

    El viernes siguiente Isabel sabe que Raúl estará de nuevo esperándola. Esta vez tiene más definidos sus objetivos después de haber imaginado lo que podía haber sido esa mañana y no fue.

    —¿Tomamos algo? —le pregunta Raúl después de la clase.

    —¿En tu casa o en la mía? —pregunta Isabel totalmente lanzada, después de haber estado toda la semana meditando y sin recibir ninguna llamada de su amante.

    Raúl ha quedado gratamente sorprendido ante la naturalidad de Isabel y no tiene dudas al respecto.

    —Vamos a la tuya.

    Isabel vive en un ático en el centro de la ciudad. Goza de una situación económica privilegiada y eso no le pasa desapercibido a Raúl, que cuando entra, mira hacia todos lados sorprendido por lo estilosa que es su casa.

    —Menuda choza tienes.

    —Gracias.

    Cierra con llave por si acaso vuelve alguien inesperadamente, cosa que no suele pasar, pero igualmente lo hace, aunque, en el supuesto caso de que vuelva alguien, de poco va a servir, quizás, eso sí, para dar un poco más de margen de maniobra, como en las típicas escenas de las películas en donde el amante sale apresuradamente por la ventana, pero con el inconveniente real de que la ventana da a una gran terraza por la que no hay escape posible.

    Ya en la habitación están el uno frente al otro sin saber muy bien qué hacer o esperando que alguien dé el primer paso.

    —Ya estamos aquí, —dice Isabel un poco inquieta.

    —Sí.

    Raúl la coge por la cintura y la acerca hacia él fundiéndose en un prolongado y apasionado beso. Sus manos se pasean por la espalda y una de ellas desciende buscando sus curvas.

    —Me gustas mucho, —se sincera el muchacho.

    —Tú a mí también, —le responde ella entregada, y ambos se dejan caer en la cama para seguir magreándose el uno al otro.

    Raúl le desabrocha la blusa y se la quita atropelladamente. Después hace lo mismo con el sujetador. Admira sus pechos erguidos, los coge y los lame, primero uno, después el otro. Una mano furtiva se desliza hasta su entrepierna, deteniéndose en ella y apretándosela a través de la tela del pantalón, mientras Isabel disfruta de sus caricias a la espera de que la desnude completamente, mas, su joven amante no se hace de esperar. Le desabrocha el pantalón, se lo quita y se queda con unas diminutas braguitas al tiempo que la vista del muchacho se deleita contemplando su hermosa anatomía. Su ansiedad le impide esperar a que ella le desnude. Se pone en pie, se quita el suéter, después la camiseta e Isabel contempla el canon de hombre ideal de la antigua Grecia. Mientras se deshace de su ropa repara en las fotos que hay en la mesita y coge una de Isabel con su marido.

    —¿Es tu marido?, —le pregunta.

    —Sí.

    —Mejor que no vea esto, —le dice, dándole la vuelta al marco.

    —Sí. —Le contesta importándole bien poco su marido en esos momentos.

    Hay otra foto de su hija de la que se percata mientras se quita los pantalones.

    —¿Es tu hija?

    —Sí.

    —Es preciosa. Casi tanto como la madre. Y, por cierto, también tiene un polvazo, como ella.

    —Le tendrás que pedir permiso al novio.

    —¿Por qué? No se lo he pedido a tu marido. Te lo he pedido a ti.

    —Cierto, —exclama. ¿Vamos a mirar fotos o a follar? —le dice al tiempo que se quita sus braguitas quedando expuesta y completamente abierta para él.

    —¡Ostias! —Exclama Raúl dejando el marco a un lado.

    Raúl se deshace de los pantalones apresuradamente. Isabel se relame esperando el premio y él se muestra desnudo exhibiendo una erecta verga adornando su esculpido cuerpo. No es, ni de lejos, como la su otro amante, pero es el conjunto de sus cualidades lo que le cautiva. El chaval se pone encima de ella y ambos restriegan sus cuerpos desnudos. Las manos de Raúl colisionan con las de Isabel en su ruta de exploración por ambas fisionomías. Las manos de Isabel aferran su culo y piensa que es pura poesía. Aquella mujer de cultura portentosa está atribuyéndole calificativos artísticos a un culo, pero qué culo, piensa. Igualmente, el joven atleta experimenta la satisfacción de acariciar las aterciopeladas nalgas de la política, reconociendo el privilegio de retozar con ella.

    El muchacho la besa, explora su boca y luego sigue su camino hacia el lóbulo de la oreja, desciende por el cuello, entretanto, su mano acaricia su estómago y circunvala el monte de venus para deslizarse por la pierna. Su lengua repasa sus pezones, luego se descuelga por su barriga dando repetidas vueltas por el ombligo buscando la humedad de sus pliegues y ella ahoga la respiración cuando la lengua encuentra la guarida. Él le aparta las piernas y degusta por vez primera su sal penetrante. Huele, lame y se embelesa con la ambrosía de aquella diosa. Las manos de Isabel cogen su cabeza y la aproxima hacia ella, buscando con los movimientos de pelvis, su lengua. El muchacho se aplica en la tarea de devorar la gustosa almeja, a la vez que soba los turgentes pechos. A continuación, baja la mano por la planicie de su abdomen, acariciando cada resquicio de su tersa y suave piel. Isabel se incorpora y tumba a su joven amante en la cama, ensamblando el sexo en su boca, del mismo modo, se pone a la altura de su miembro para engullirlo, acoplándose en un perfecto sesenta y nueve. Sus flujos resbalaban directamente en la boca de Raúl, y su miembro desaparece en la de Isabel, deleitándose y excitándose cada vez más hasta que abraza el anhelante momento en el que el joven apolíneo la penetre. Piensa que puede estar ovulando y le pregunta si tiene condones, pero es evidente que obtiene una respuesta negativa, aunque ella está demasiado excitada para ser sensata, de hecho, hace ya unos meses que la sensatez ha desaparecido de su vida, a pesar de ser un personaje público de relativa notoriedad. Pese a todo, le pide que no eyacule en su interior. Coge el miembro y se lo introduce, de tal manera que le muestra sus nalgas mientras salta sobre él a la vez que contempla sus nalgas perfectas en forma de corazón y se aferra a ellas. Le faltan manos para magreárselas. Simultáneamente le dedicaba las palabras más complacientes que pueda escuchar acerca de su trasero. Después de un rato saltando encima del joven potro, Isabel se da la vuelta y vuelve a acoplarse recorriendo su torso con las manos al mismo tiempo que vuelve a brincar sobre el joven que la está llevando al inminente clímax. Raúl se incorpora para cambiar la posición y compartir el mágico momento mientras se besan.

    Isabel se acuesta, abre las piernas y Raúl vuelve a penetrarla, iniciando un nuevo bombeo, entretanto ella presiona su culo, se lo araña con saña e incluso le provoca heridas con sus uñas, como si fuese una gata en celo. Ambos mueven su pelvis al compás, y durante unos minutos, el ajetreo pélvico se hace progresivamente más frenético hasta que ella libera su orgasmo.

    —¡No pares! ¡Sigue! —le ruega Isabel cuando sus terminaciones nerviosas confluyen al unísono en su sexo dejándose llevar por el placer.

    Su orgasmo parece no remitir, pero Raúl se contiene con la única finalidad de no cortarle su placer, y cuando Isabel consuma su clímax, él saca el miembro de su interior y eyacula sobre ella. Después se tumba a su lado totalmente extenuado.

    —Ha sido maravilloso, —señala el joven.

    —Sí, —subraya ella.

    —Déjame que te limpie.

    Coge varios clínex y se esmera en limpiarle las salpicaduras de su semen. Isabel pasa los dedos por los restos de su cuerpo y se los mete en la boca.

    —¿Te gusta el semen? —le pregunta sorprendido.

    —Sí, —dice relamiéndose los dedos todavía pringosos—y tu verga también, —añade.

    —¡Joder, Isabel! Como me pones.

    Raúl vuelve a tener una erección sin ningún tipo de contacto, y ella se lleva el miembro a la boca realizándole la mejor de las mamadas.

    —Vas a hacer que me corra de nuevo.

    —No. Quiero que me folles otra vez.

    —¡Joder! Estaría haciéndolo todo el día.

    —Tengo toda la mañana. Estoy dispuesta para ti.

    —Madre del amor hermoso, —exclama el sorprendido muchacho que no da crédito a la fogosidad de la mujer madura con la que está disfrutando más que con todas las remilgadas con las que ha estado hasta el momento.

    Isabel se olvida del trabajo, se olvida de su marido y se olvida de todo, excepto de lo que le apetece fornicar con el joven atleta. Se incorpora y se pone de espaldas, apoyando las manos en la cama, mostrándole y moviendo sus encantos.

    —¿A qué esperas?

    —¡Joder! —exclama fascinado Raúl al ver la exquisitez de la seductora visión.

    El muchacho desea ser un pulpo para poder atender las maravillas que ofrece el cuerpo de la diosa que está a su merced. Se agarra el miembro, lo acerca a su gruta e Isabel desliza su mano por debajo para cogerlo y acompañarlo. Los dos suspiran de placer con aquella primera estocada y, tanto el ritmo como los jadeos empiezan a ser constantes y enérgicos. Ella retuerce y contorsiona sus caderas, intentando sentir el puntal en todos los rincones. Después de un cuarto de hora sacudiendo sin descanso, Raúl abandona la posición y se tumba. Ella aferra su polla y se coloca encima para cabalgar de nuevo sobre él. El muchacho goza tanto como ella. Acaricia sus tetas y las besa. Sus manos van y vienen repasando toda su anatomía. Las nalgas son atendidas, los pechos son abordados y su cintura es dibujada con el perfil que van trazando sus manos al descender. Isabel se apoya en su torso mientras salta una y otra vez como una amazona. Aquellos duros pectorales y su tableta de chocolate le chiflan, dado que Isabel nunca ha estado con ningún hombre tan atlético. Después de otro cuarto de hora brincando sobre su polla, acelera el ritmo ante la inminencia del orgasmo que le alcanza recibiéndolo con una explosión de placer.

    El clímax la deja sin fuerzas para continuar. Se queda quieta encima de él. No puede moverse, pero le gusta sentirlo dentro, aunque ya haya culminado su placer. Él desea continuar e intenta moverse dentro de ella, pero Isabel no responde a sus movimientos. A continuación, lo descabalga y le coge el enhiesto miembro para empezar a masturbarlo, entretanto él la contempla, admirándola como mujer y, mientras le masturba, le dice las frases más ardientes que ninguna otra mujer le ha regalado jamás.

    Isabel se desliza hacia abajo y encierra en su boca la cabeza palpitante, logrando en pocos segundos que eyacule dentro de su boca. Pese a ello, no abandona el falo, de ese modo no desperdicia nada de su esencia. Cuando lo tiene todo en la boca se lo traga y se relame los labios sin que él pierda detalle.

    —¡Increíble! —admite el joven—Mi novia nunca ha hecho algo así, ni en sueños.

    —Yo no soy tu novia, cariño, —afirma, como si ella fuese una profesional y hubiese estado toda la vida tragándose el semen, cuando en realidad era una práctica reciente en su emergente y promiscua vida sexual.

    —No, eres una diosa.

    —Sí, soy tu diosa.

    Acerca sus labios a los suyos y lo besa, y a él parece no importarle el hecho de haber tenido su semen en la boca y habérselo tragado.

    Después de eso, y de que su euforia decrezca sustancialmente, reconsidera que tiene que ir a su despacho, a pesar de que le ha prometido que toda la mañana se la dedicaría a él.

    —Tenemos que irnos, —le advierte.

    —Claro. ¿Volveremos a repetir?

    —Supongo que sí.

    —¡Joder!, —exclama Raúl sintiéndose el hombre más afortunado del mundo. —Ha sido el mejor polvo de mi vida, —se sincera esperando que para ella haya sido igual de intenso, en cambio, aunque haya disfrutado enormemente, reconoce que su otro amante le hace perder la compostura y la decencia, en definitiva, la hace sentirse muy puta y eso le encanta. Hasta el momento es el único que llena por completo su vacío y reconoce que en su nueva condición no necesita otro príncipe azul, sino al potro salvaje que parece no querer dar señales de vida.

  • Mi primera experiencia con un hombre

    Mi primera experiencia con un hombre

    Hola! Antes de empezar me gustaría presentarme, me llamo Gabriel, tengo 19 años, mido 1.65, soy alguien atractivo de cuerpo delgado, pero marcado debido a que practico calistenia y atletismo, yo me consideraba 100% heterosexual, hasta hace unos días que todo cambio para mi…

    Como les comenté práctico atletismo por lo que una tarde decidí salir a correr para despejar mi mente de los temas escolares y de paso hacer mi trote diario, llevaba un pequeño short y una playera deportiva, todo había transcurrido bien hasta ese momento, llevaba cerca de 1 hora trotando hasta que me di cuenta que se había acabado el agua de mi botella, tengo que añadir que vivo en una ciudad muuy calurosa por lo que se me hizo una buena idea pedirle agua a algún vecino de mi fraccionamiento, vi que un señor acababa de llegar a su casa así que decidí acercarme y le pregunté:

    -Hola! Buenas tardes perdón por molestarlo pero se me acabo el agua y acabo de terminar de entrenar, ¿De casualidad podría rellenarme mi botella?

    -Si claro pasa mi cocina sin problema y te la puedes rellenar, por mientras iré metiendo mis cosas del trabajo

    -Muchísimas gracias señor le debo una

    Después de esta pequeña charla me abrió la puerta y me señaló donde estaba la cocina, la casa era de un piso pero era bastante grande; mientras yo me servía agua él iba trayendo cosas que parecía que eran del supermercado y de su trabajo, al mismo tiempo me platicaba que se llamaba Javier y que acababa de divorciarse y me comentó que era nutriólogo (lo que tenía sentido ya que tenía un cuerpo bastante musculoso) luego de esto le agradecí una última vez y regrese a mi casa.

    Al día siguiente decidí volver a salir a correr y esta vez no olvide servirme lleno el botellón pero algo que jamás esperaba me sucedió; cuando estaba pasando por su casa decidí voltear a ver para ver si estaba y pasar a saludarlo ya que me pareció una persona muy agradable pero al momento de voltear me quedé congelado, la ventana de lo que parecía su cuarto estaba un poco abierta y a través de eso pude ver que se encontraba prácticamente desnudo solo con una toalla tapando su miembro, (su cuerpo es de alguien musculoso de 1.80 aproximadamente, con cabello largo y de tez morena) al ver esta escena me empecé a sentir excitado, pero cuando vi que se quitó la toalla y vi ese gran miembro grueso aún flácido que se cargaba, sufrí una gran erección sin siquiera darme cuenta; esto me sorprendió bastante ya que jamás en mi vida había sentido eso por un hombre y mientras yo estaba captando todo lo que me estaba sucediendo, al parecer él se había dado cuenta que lo estaba viendo así que mi reacción fue voltear a otro lado y seguir caminando, al final llegué a mi casa y no podía dejar de pensar en esa escena.

    Los días transcurrieron y por la pena deje de correr esos días hasta que prácticamente ya me había olvidado así que un día me arme de valor y decidí salir a correr para ver si podía llegar a volver a ver ese gran pene que me causaba mucho morbo, para mi mala(o buena) suerte el señor Javier se encontraba afuera de su casa y al verme me hizo una seña para que me acercara a decirme algo, sinceramente pensé que se iba a molestar por ese día pero al acercarme él me dijo:

    -Hola Gabo vi que no habías venido a correr en estos días

    -Si si (yo nervioso) señor he andado un poco ocupado por las tareas

    -Ya veo (en ese instante me estaba viendo de una forma un poco atrevida), no quieres pasar a mi casa a tomar agua?

    -(Sigo sin saber pero acepte sin pensarlo dos veces, aún yo teniendo agua en mi botellón) si señor me gustaría pasar a tomar agua

    Después de esto entramos a su casa, y nos dirigimos a su cocina, me sirvió un vaso con agua y empezamos a platicar

    -Qué bonito refri tiene don Javier (yo tratando de sacar plática con el corazón a mil por hora)

    -Sabes tú tienes un bonito cuerpo, además de que me di cuenta que a ti te gusta el mío el otro día que me viste saliendo de bañar eh no creas que no me di cuenta

    -No no señor creo que se equivoca yo no lo vi- le contesté nervioso

    -Claro que si, hasta tremenda erección que te cargabas por ver mi verga

    -Bueno no le puedo negar eso pero la verdad es que solo lo vi por curiosidad

    -No te gustaría volver a verla? -me preguntó

    -Emmm no sé qué contestarle señor

    Seguido de esto se bajó el short que tenía y al parecer no tenía bóxer por lo que dejó al aire su gran pene de al menos 19 cm que ya estaba un poco erecto

    -te gusta lo que ves?, quieres tocarlo?

    Asentí con la cabeza y se acercó a mi, agarró mi mano y me la acomodo en su tronco, wow era muy grande ese pedazo de carne, esto me puso una gran erección.

    -ves que si te gusta tocarlo jajaja

    -es algo nuevo para mi señor Javier

    -entonces te voy a enseñar a cómo jugar con él, agáchate; como si yo fuera su aprendiz me puse de rodillas y quedé casi al frente de su pene que en ese momento ya estaba a su máximo tamaño y dureza.

    Agarró de manera agresiva mi cabeza y me la acerco a su pene y me dijo:

    -chúpamela nene

    Yo sin experiencia alguna empecé a lamer su glande como si fuera una paleta de hielo, podía escuchar un pequeño jadeo cada vez que pasaba mi lengua por su cabeza.

    -oh si nene ahora chúpame los huevos

    Y eso hice empecé a succionar sus grandes huevos y a meterlos en mi boca mientras jalaba su enorme pene con mi mano (parecía un profesional)

    Hasta que lo peor pasó, me ordenó que me pusiera boca abajo (esto me puso muy nervioso pero aun así accedí), me bajó mi short y mi bóxer, me abrió las piernas y empezó a lamer la entrada de mi ano, en el momento que tocó su lengua con este sentí un gran escalofrío por mi espalda y mi pene se puso aún más duro, pasaron varios minutos y me dijo:

    -el día de hoy te vas a convertir en mi puta y solo serás de mi propiedad

    -si señor Javier seré solo suyo

    -vas a sentir mi gran pene en tu culo estás listo

    -sii señor (sin yo saber lo que me esperaba)

    Después de terminar esta oración puso su cabeza sobre mi ano y metió su glande de un empujón, esto me hizo sacar un jadeo mezclado de dolor y deseo; me agarró ahora de las caderas y de otro empujón metió todo su miembro en mi ano, sentía un inmenso dolor y pegué un grito de absoluto dolor, me salieron unas cuantas lágrimas y para que me calle el me tapo mi boca y me la empezó a follar con su dedo, poco a poco empezó a desaparecer el dolor y me empezó a bombear el ano con su pedazo de carne cada vez aceleraba más y yo pegaba unos jadeos de satisfacción, así siguió por unos minutos hasta que era tanta la velocidad que se escuchaba como una hermosa orquesta de aplausos cada vez que sus huevos chocaban con mis ricas nalgas, hasta que por fin el pego un grito de orgasmo y sentí como me llenaba mis intestinos de chorros de semen, el saco su pene y yo me quedé recostado un rato sobre la mesa de su cocina, sentía como mi ano estaba extremadamente dilatado y no podría creer lo que me acaban de hacer, me ayudó a limpiarme, me vestí y me despidió con un largo beso en la boca con una agarrada de nalgas.

    Hemos tenido otros encuentros que me gustaría compartir con ustedes como la vez que él y uno de sus amigos me follaron sin piedad.

    También es mi primera aportación así que me gustaría saber sus opiniones sobre esta experiencia que tuve.

  • Arianna, la madre de mi amigo Jorge

    Arianna, la madre de mi amigo Jorge

    Jueves por la mañana fui a casa de Arianna, la madre de mi amigo Jorge, había quedado en pasar y tratar de armar un mueble para el ordenador que ella había comprado por internet, ya que mi amigo no tenía tiempo y me lo pidió de favor.

    Arianna vive con su esposo en Villareal, ella es una mujer de unos 40 años, delgada, estatura mediana, senos medianos pero que se ven muy bonitos, un culito redondo y duro, ya que las veces que me he pasado a almorzar a su casa siempre la he visto con faldas o vestidos y le marcan una bonita silueta, ella por lo que siempre he podido notar es muy detallista en su forma de vestir, de incluso estar en casa, no anda por ahí como se levanta de la cama.

    Aquella mañana llamé a su móvil para saber si estaría en su piso sobre las 11 am y no ir hasta allá en vano, me dice que sí y que desde ya me agradecía por la molestia de ir para ayudarla, al llegar al portal llame y me deja subir, me abre la puerta de su piso y la veo delante de mí en una sensual y espectacular lencería color violeta, sin sujetador y de regalo, en bragas negras, por un momento me quede paralizado en la puerta, sin reacción.

    Me dice que no me quede parado ahí y que pase, me acerco para saludarla y al besar sus mejillas siento un aroma delicioso, una fragancia muy suave, que delicioso que olía. Se notaba que se había arreglado desde hace mucho rato, nos quedamos parados en el marco de la puerta y casi muy cerca nuestros cuerpos, me decía que hacía mucho tiempo que yo no venía pos su piso, que a que se debía tanta lejanía, yo no dejaba de sentirme un poco nervioso, ya que el estar tan cerca y ella en esa sexi lencería frente de mí, que hermosos ojos se había marcado, que labios pintados de rosa, brillaban, no podía apartar mi mirada de sus labios, ya que se me hacía difícil poder separarme de su lado, es como si me estuviera bloqueando la entrada hacia más adentro, como si quisiera que la mirase bien, la verdad es que se veía hermosa, fresca, radiante, era una mujer muy guapa y aquella mañana no fue la excepción.

    Luego de varios minutos de conversación, me lleva a su cocina y me ofrece algo de beber, me toma de la mano y hace que la siguiese, yo me encontraba muy excitado, un poco sorprendido, ya que normalmente es muy cariñosa con nosotros, pero de ahí a que me recibiese de esa manera, pues no lo sé, no pude atreverme a mirarle el culo hasta ese momento, intentaba mirar hacia otro lado o solo observar su rostro, que linda que se ve.

    Me ofrece algo de beber, cerveza, agua, zumo y como vi una fanta me la pedí para mí y nos dirigimos hacia la sala, que era donde tenía la caja con el mueble en cuestión, lo vi tirado en el suelo sin abrir hasta ese momento, ella paso delante mío y yo me retrase unos segundos para poder dejar que se alejara y ver ese culito, como se vería en esa lencería, que morboso me sentí al mirarla y más aun con los zapatos de tacón que ella llevaba puestos. Tomo asiento en un lado del sofá, me tiende su mano y me sienta a su lado, total el mueble podría esperar un momento más a ser armado, llevaba tanto tiempo ahí, un poco mas no importa.

    Vi que ella tenía un vaso que ya estaba bebiendo, conversamos sobre el tiempo que había pasado desde el verano pasado, que ella ahora estaba pasando por una crisis matrimonial y ya tenía más de 6 meses sin ver a su marido, que se había largado sin decirle nada, que simplemente llego un día y le dijo que se marchaba a Barcelona por motivos laborales y que ya verían si ella quería ir hasta haya o se quedaría en Valencia, que a él le daba completamente igual lo que ella decidiese, el marido es una persona mayor, bueno creo yo, le lleva unos 15 años, la sentía algo triste y pensativa.

    Se le notaba un poco confundida por los hechos, ya que no tenía claro el porqué de la decisión de su marido, pero dice que él siempre ha tenido esos arrebatos y casi nunca le consultaba a ella sobre sus decisiones, intente no seguir por esa línea y cambiamos de tema, le saque unas risas y le pregunte porque necesitaba un ordenador, se quería volver hacker o youtuber, encendió un cigarrillo y cambiamos de tema y me conto como había comprado el mueble y el lio que había pasado por que no le llegaba el mueble a casa, que en realidad había llegado hace varios días, pero su vecina amablemente lo recibió y se fue de fin de semana sin decirle nada, se había olvidado decirle que ya lo habían entregado hace rato.

    Yo no dejaba de mirar su rostro, sus gestos, su sonrisa, la manera tan sensual en que cruzaba las piernas, como se arreglaba el cabello cada vez que se reía y tiraba para atrás su cabeza, la manera en que sujetaba el vaso y daba un sorbo, la forma en que sujetaba el cigarrillo y daba una calada, me excitaba mucho estar ahí a su lado y poder sentirla tan cerca de mí, el aroma que llevaba puesto y al mezclarse con el humo del cigarrillo le daba un ambiente diferente, especial y muy prohibido, me ponía mucho y debí pedir ir al baño para mear y descargar un poco tanta calentura que se me estaban hinchando los huevos de tanta excitación.

    Al volver ya más calmado y luego de haberme lavado las manos y cara para sentirme más fresco y bajarme un poco tanta calentura, me pide que me siente a su lado que hacía mucho tiempo se sentía sola y necesitaba conversar con alguien y desahogar aquellas penas que la acechaban. Le di un abrazo y nos quedamos así largo tiempo, yo sintiendo su calor, su olor, sus respiraciones, acariciando su sexi ropa y poder recorrer aquella silueta.

    Al soltarnos, nuestras caras pasaron muy cerca, nuestras mejillas rosaron más de lo normal, tanto que nuestros labios se rozaban, yo pensé un momento en darle un beso en sus labios rosa, pero no sabría si eso ella lo aprobaría, le bese los labios y ella tímidamente abrió su boquita para poder besar los míos, pase mis dos manos por su cintura y nos fundimos en un largo y apasionado beso. La recosté sobre el sofá y trate de poner una pierna mía dentro de las dos de ella, trate de acercarme a su vagina con mi rodilla y encenderla un poco, no puso ninguna restricción, no me dijo nada, es más creo que ni pensó en bloquear mi movimiento, me retire la camiseta que llevaba puesta y me quede frente a ella, por ver si me decía algo, se retiró el pequeño vestido violeta que llevaba puesto, vaya par de pechos que quedaron frente a mí, medianos, duros y formados, unos pezones grandes y ya sobresalientes.

    Me abalance sobre sus pechos y en forma suave me los metía a la boca y no dejaba de succionarlos, acariciaba su cintura y no dejaba de besar sus pezones, que delicioso se sentía, suaves y grandes en mi boca, dulces, llevábamos una excitación ambos, le gustaba los suaves besos en el cuello, que le coma la orejita y le susurre cositas, oh que preciosa que estas, me alegra que hayas pensado en mí para estar hoy a tu lado, que delicioso aroma recorre todo tu cuerpo cariño mío, que encantado me tienes con esos ojitos color café, que bellísima eres.

    Estábamos en el salón de su piso, con las ventanas abiertas y yo podía mirar las otras terrazas, ya que por ahí no habían muchos edificios, me cortaba por momentos, que alguien pueda mirarnos y ella después se meta en problemas, pero creo eso a ella no le importaba mucho, seguimos nuestros juegos previos, mis manos no dejaban de moverse por toda su delgada figura, por encima de su braguita negra, por encima de sus pechos, por sobre su vientre casi sin rollitos ni estrías propias de la edad, me devoraba su pequeño ombligo y cada que llegaba a sus bragas, se paralizaba, se quedaba quieta, dejaba de moverse y eso me excitaba más.

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    Debo confesar que son muy pocas, pocas las veces que me he comido un coño, tenía un pequeño temor a meterme en algo que luego no pueda afrontar o no saber llevar a cabo, pero aquella mujer tenía un aroma diferente en su vagina, me excitaba mucho tenerla media desnuda y gozando de ella en cada caricia o beso que le daba en su cuerpo, pero como digo a la vez me cortaba un poco el hecho de que alguien pueda mirarnos a través de las ventanas.

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    Le pedí que si podríamos ir a otro ambiente y no sentirme tan cortado ante las posibles miradas, me quedo mirando fijamente y me llevo al baño, me dijo que quería estar más limpia y se colocó en el bidet, se bajó la braguita y delicadamente se lavó el coñito, no dejaba yo de acariciarla y besarla por todo el cuerpo, me quito el bóxer que llevaba puesto y con gran cuidado me lavo los genitales, yo estaba completamente erecto y por un momento pensé lo haríamos ahí, sobre la taza del váter o encima del lavabo.

    Me tomo de la mano y al entrar a su habitación, la detuve y le bese apasionadamente, le acaricie todo el cuerpo y en cada caricia se derretía, se estremecía, le gustaba mucho sentir mis manos sobre su cuerpo, que fina piel que tiene y que suave al tacto de mis manos, entramos en la pieza y se tumbó boca arriba, me abalance sobre ella y me fui directo a sus pechos, me devoraba esos pezones que ya me pertenecían, que ya eran míos y se habían adaptado a mis besos, a mis mordidas casi fuertes y suaves a la vez.

    Fui bajando hasta su coño, solo quería saborear aquella parte tan deliciosa, sabía que estaba fresca, recién lavada y sin posibles malos olores, me asome delicadamente y pase mi lengua por encima, tratando de oler algún posible fallo, todo bien, se sentía la limpieza de aquella previa lavada, me fui introduciendo más en su interior y más disfrutaba, sentía la humedad, la frescura, la fragilidad de su interior, la delicadeza de su interior y cada vez que introducía mi lengua sentía una fuerte agitación de todo su cuerpo, sentía que disfrutaba que yo esté ahí, que sea yo en ese momento quien la pueda estar probando dulcemente, quien la esté lamiendo, comiendo, saboreando el coñito, jugando yo dentro de ella, me gustaba estar ahí dentro y cada vez me inventaba algo diferente para poder hacerla gozar al máximo.

    Me pidió que la penetrase y no la hice esperar, nos fundimos en un beso delicado, suave, nuestras pequeñas lenguas tímidamente se tocaban como aun conociéndose, como si fuera la primera vez que ambos daríamos un beso así, le sujete sus caderas y me fui colocando delante de su vagina para poder penetrarla, no entre a la primera, la segunda y a la tercera me sentí dentro de ella, le comí el cuello, con suaves mordiscos, que placer más grande estar dentro tuyo, que coño más delicioso he podido saborear contigo, me vuelves loco.

    Ella apretaba mi cara contra sus pechos en señal de morderlos o chuparlos y no dejar de excitarla, fue un rato tan largo, tan rítmico, es como si nuestras partes encajaran a la perfección y solo podíamos disfrutar el momento, recuerdo haber sentido un gemido fuera de lo normal y una gran presión de sus manos sobre mis nalgas, esperaba yo sea un orgasmo y no haberla dejado a medias o mucho menos que no haya terminado, momento después, termine yo dentro de ella, me tumbe despacio sobre su delgado pecho, solo respirábamos agitados y sudorosos nuestros cuerpos quedaron uno sobre el otro.

  • Llena eres de gracia

    Llena eres de gracia

    -Perdóneme Padre, porque estoy a punto de pecar

    -Hija, ponte de rodillas para rezar por tu alma

    -Dios te salvé María llena eres de gracia- rezaba con devoción el sacerdote mientras Valeria sacaba esa enorme verga de la sotana y se puso a mamarla. Si no era un miembro especialmente largo, si era grueso, moreno y con un par de venas que recorrían toda la carne desde el pubis hasta la base del glande.

    -Bendita eres entre todas las mujeres Ah!

    Un gemido causado por la campanilla de Valeria masajeando el glande del cura, lo interrumpió en la oración. Ella lo mamaba con pasión y alegría, sentía la excitación de estar teniendo contacto con ese bendito pene, hundió su cara dentro de la sotana para chupar esas bolas repletas de leche sacra para su eucaristía. Saboreaba de tal manera la herramienta de aquel macho que la saliva ya escurra por los huevos.

    .Bendita eres entre todas las mujeres ah! Y bendito el fruto de tu vientre. Santa María ah!

    -Dime qué pecados has cometido, hija

    -Perdóneme Padre porque he pecado – no puedo dejar de pensar en su verga y como me acerca más a Dios cada vez que usted la mete en mi. También confieso que cada vez que mi esposo me penetra cierro los ojos y pienso que es usted – dijo eso último quitándose la ropa y cuándo estuvo totalmente desnuda se agachó para volver a mamar a aquel hombre santo.

    -Hija, ponte en posición de penitencia – La posición era Valeria en cuatro patas viendo directo al altar. El cura se colocó atrás de ella, con su pene a la altura de la vagina pecadora que sería limpiada y purificada con el esperma de un hombre de la iglesia.

    Su verga estaba totalmente erecta e hinchada. Lista para entrar con fuerza y determinación hasta el fondo de ese cuerpo habitado por un alma descarriada. El sexo de la joven estaba brillante y rosado, listo para recibir al hombre que la hacía sentir a Dios dentro de ella.

    -Mi niña, tengo que limpiar tu alma desde adentro una vez más- le advirtió

    -Soy una puta, padre! Me volví a acostar con el hijo de mi hermana! – dijo urgida de encontrar en aquel hombre de Dios, algún consuelo

    -Hija, no te juzgues antes de tiempo. La Santísima Virgen era una prostituta, aunque tu eres puta por placer con apoyo del Espírito santo lograré ayudarte – dijo aquel padre sujetando las nalgas de esa ramera buscando con su miembro esa vagina lujuriosa

    -Padre! Por favor no me abandone, déjeme sentir al Espíritu Santo para encontrar el camino! – grito la mujer mientras era embestida. Lo exclamó desde el fondo de su alma alzando su cara para clavar sus ojos entrecerrados en la cruz

    -Lo haré, pondré toda mi Fe en eso. Recibe al Espíritu Santo! – dijo mientras lentamente seguía hundiendo su carne dentro de ella

    -Siento cómo va entrando! Ahh! Padre, el Espíritu Santo es muy grande, siento que me abre toda Ayyy! – grito postrada como una perra frente al altar – No soy digna de su grandeza! Ah!

    -La fe que tengo en ti es mucha! Vas a dejar de ser una puta, hija mía – dijo el padre tomando esas tremendas carnes para impulsar su verga erecta dentro de la vagina más caliente que había usado – No voy a dejar de estar detrás de ti! Guiándote hacia la gloria de nuestro Señor!

    -Siento la potencia de su Fé! Ahhh! Ojalá más hombres tuvieran una Fé tan grande como la suya! Ah! Ahhh! Tiene que ser más, no dejo de pensar en mi sobrino! La tiene grandota! Me avienta más de 4 palos y es muy lechero! Ayúdeme, padre! – gritaba esa perra sintiendo que el placer la estaba deshaciendo, sentía que su vientre se iba calentando de forma extrema.

    -Dime más! Necesito saber todos tus pecados! – dijo el cura con saliva escurriendo de su boca por hablar y gemir al mismo tiempo – El único camino a la redención es que confieses todo, hija mía!

    -Me coge más que mi marido! Cómo está jovencito se viene y su verga sigue bien tiesa! Le gusta hacerme muchas cosas, me coge por el culo muy duro, se viene en boca y me dice que nos quiere coger a su novia y a mi al mismo tiempo! Yo le dije que si! Soy una puta, ayúdeme por favor! Ayúdeme, padre! Ah! Ah! Ahh! – Valeria estaba al rojo vivo, su piel estaba erizada y perlada en sudor. La adrenalina y el calor se los sirios la tenían con una tensión adicional

    -Eres igual que la virgen María! Ah! Dentro de ti hay una santa y por eso debo llegar al fondo para lograr sacarla! Tengo que derramar muy dentro de ti la semilla creadora! – Gritaba el hombre santo

    -Padre! No trae nada! Ah! Ah! Me va a preñar! Mmm! Usted sabe qué soy una puta con esposo! – gritaba sintiendo la gruesa verga del cura, incapaz de quitarse por obedecer una penitencia y seguir sintiendo placer divino que sólo un hombre de Dios es capaz de dar – … No me la saque!! Su fé tan recta está removiendo todo dentro de mí Ahhh!

    -Si quedas panzona es por gracia del Espíritu Santo! No olvides que eres su fiel servidora y tienes que aceptarlo – El lujurioso padre le decía eso mientras sujetaba el gordo culo de la mujer que postrada frente al altar chillaba de placer al ser penetrada por él – Yo sólo soy un instrumento para salvarte de la puta que llevas dentro!

    -Es que soy muy puta, padre! No siente cómo estoy escurriendo?! Ahhh! No siente?! – le preguntó desesperada volteando a verlo para encontrar palabras de aliento. Sentía la carne de aquel hombre se ponía más gruesa a medida que absorbía sus jugos – Me encanta ser penetrada por quién sea!

    El padre, tan lujurioso, con negras intenciones siguió hundiendo su carne en aquella puta. La hacía chillar dentro de la privacidad de esos sacros aposentos que eran refugio para las sesiones de sexo que él le proporcionaba. El cuerpo joven y hermoso de la mujer estaba brillando de sudor, su cabello largo se había mojado y de la frente de esa vigorosa hembra escurrían gotas que atravesaban su bello rostro cayendo al suelo cuando llegaban a su delicada barbilla.

    -Voy a necesitar ayuda contigo, hija mía! El padre Alberto tiene una Fé más grande que la mía! – decía aquel párroco esperando poder compartir la calidez de esa vagina hasta dejarla seca – Quieres recibir al Espíritu Santo de su parte?! Quieres sentir una Fe más grande que llegue al fondo de ti?!

    -Ahhh! Más grande que la suya?! Si! Si quiero! Pártanme! Ahh! Ahhh! Hagan pedazos a la puta que llevo dentro! – gritaba desaforada sabiendo que sólo iba a ser un objeto de masturbación para dos hombres benditos – Quiero que me llenen del Espíritu Santo a través de la potencia de su Fé! Ah! Ah! Ayyy!

    -Si la lujuria dentro de ti no fuera tan grande podría hacerme cargo yo sólo, el problema es que eres demasiado puta, me quema cada vez que intento llegar al fondo de tu alma – decía el párroco sintiendo su orgasmo acercarse en medio de aquella monta – no te preocupes, hija mía, yo y el padre Alberto estaremos detrás de ti siempre que lo necesites

    -Padre! Padre! Ay! No deje de empujar hasta que haya llegado! No pare! -Valeria chillaba y se retorcía cómo ramera ante las embestidas de aquel hombre en sotana. Este hombre perforaba no sólo su vagina, también su alma – Dios mío! Siento que ya no me puedo sostener! Ahhh!…

    -Bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! – decía el padre en medio del trance que viene con la eyaculación – Te bendigo, hija mía! Te bendigo!

    -Ya démelo! Sáquelo hasta el fondo de mi! Ay!!… No tenga misericordia de esta ramera pecadora! – le pedía a gritos sabiendo por encuentros previos que al padre le faltaba poco para llenarla de caliente semen – Suéltelo hasta el fondo! Se lo suplico! Ya sáquelo!

    -Ahhh! Ahhh! Recibe mi bendición! Ahhh! Ahh! – gritaba el cura mientras se aferraba a esas nalgas de manera desesperada, manteniendo su virilidad lo más profundo. El padre no dejó de estrujar esas carnes hasta que se había vaciado

    -Padre!… Cada vez llega más adentro… – decía esa mujer entre chillidos – usted es un hombre bendito… no soy digna de su virilidad…

    -Lo serás, hablaré con el padre Alberto y juntos te empujaremos con toda nuestra fuerza hacia la gloria – le prometía el párroco extrayendo su hombría de las entrañas mojadas por la blanca bendición que le acaba de dar.

  • Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 1-3

    Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 1-3

    Capítulo 1. Presentación y llegada a Cap d’Agde. 

    Somos una pareja de mediana edad, Laia y Alex de 42 y 46 años respectivamente. Somos normalitos, más bien con algún kilo de más, Laia es castaña de ojos marrones, hace 1,68 m con curvas y unas buenos pechos (110 de talla), yo hago 1,76 m, con el pelo castaño medio canoso y ojos verdes. Vivimos en Barcelona, y después de algunas visitas a los clubs swingers de la ciudad: Libert y OOPS, pero yendo a nuestro aire y siendo principiantes, decidimos vivir más el estilo de vida liberal, y decidimos pasar unos días de nuestras vacaciones con una escapada en Cap d’Agde.

    Llegamos a última hora de la tarde del primer viernes de agosto del 2019 (mientras subíamos hacia Francia paramos a hacer turismo), y al llegar al Control de Acceso, Laia ya se desvistió y fuimos en “pelotas” a pagar… Después, corriendo fuimos al Camping Rene Oltra, pagamos la reserva y nos indicaron la parcela. Como era tarde, montamos la tienda (grande de 2 habitaciones y que permite estar de pie) y ya a preparar la cena. Laia estaba cansada y me comento que hoy no valía la pena salir… Así que hicimos un polvete de inauguración de Cap d’Agde en la tienda y a dormir.

    Sábado. Debían de ser las 7 de la mañana, cuando noto una mano en mi polla dura, y era Laia con ganas de guerra otra vez, así que me continua con una buena mamada para acabar sentándose encima mío y tener un par de buenos orgasmos. Desayunamos y nos vamos a la playa. Mucho ambiente y gente teniendo escarceos… algunas mamadas, algunas masturbaciones, y ambiente muy caldeado… Decidimos comer pronto, de bocadillos y helado con café, que adquirimos bien de precio en unos carritos de Fast-food que hay en la playa. Las prisas son debidas a que nos comentaron que la mejor fiesta de Cap d’Agde es La Mousse Party del local Glamour que empieza a las 14 h…

    Capítulo 2: Mouse Party.

    Así que pasamos por el camping, dejamos las cosas de la playa, nos duchamos y con solo las chanclas, una toalla y un botecillo impermeable colgado del cuello con dinero, nos vamos hacia allí. Llegamos y después de unos 40 minutos de cola entramos, nos obligan a dejar las chanclas en una bolsa en el guardarropa y para adentro.

    Dentro, hay un gran espacio con una piscina al fondo, en el lateral izquierdo una barra para las bebidas, sillones alrededor de todo el espacio, las palmeras y una especie de reservados alrededor de la piscina. Encontramos un sillón libre cerca de la piscina y dejamos nuestra toalla. A continuación hicimos una vuelta por el espacio y yendo hacia la derecha, vimos que estaban los lavabos y a través de un pasillo se llegaba a otro espacio abierto donde estaba el cañón de espuma (nombre del evento: La Mousse Party) y allí bailamos un rato debajo de la espuma restregándonos con otras parejas, algún toqueteo accidental… Aunque algunas parejas se estaban dando el “lote”… Laia se había calentado y me comenta de ir hacia los sillones, así que volvemos a la placeta inicial tras pasar por la barra y coger unos mojitos. Mientras nos los tomamos, vemos la bacanal y nuestra temperatura va aumentando.

    Empiezo a acariciar a Laia, sus pechos, bajo la mano a su coño y veo que está chorreando, mientras ella me tiene cogida mi polla y me dice que está muy caliente y que necesita que la folle ya, aunque se lamenta que tengamos poco espacio en el sofá, viendo que los reservados que están enfrente nuestro, detrás de la piscina tienen una buena dimensión. En eso que se fija en uno de los reservados donde hay 2 chicos de unos 35 años que acaban de follarse a 2 chicas jovencitas, de no más de 25-30 años. Mientras descansan sudados y bebiendo Moet Chandon, me comenta que uno de ellos, el que tiene barba de 3 días y cara de malote, está muy bueno y que en un momento tendremos más espacio…. Le pregunto qué quiere hacer me comenta que va a pedirle al tipo bueno que nos deje follar en su reservado… Me rio y le respondo que no lo creo y picándose se levanta y va hacia allí.

    Capítulo 3: Stefan y Ulrich.

    Desde nuestro sillón, veo como Laia se acerca al tipo y se presenta, se dan dos besos, y empiezan a hablar y reírse. De repente el chico pasa su brazo izquierdo por detrás de Laia abrazándola, con su mano en la cintura y mientras hablan muy juntos (con ella mirándolo hacia arriba ya que es alto, aproximadamente 1,85 m) empieza a bajar su mano para manosearle el culo y observo como su polla empieza a crecer hasta tocarle el ombligo a Laia. Ella da un respingo al notarla y baja la mirada hacia su polla y se pone roja, supongo de ver el tamaño de ese pollon, madre mía ¡!! Debe de tener 18-19 cm ¡!! Laia se recuesta sobre su pecho y el mientras le empieza a acariciar su polla con una mano, y el intenta deslizar la mano izquierda para a través del culo llegar a su ano, mientras con la mano derecha le acaricia el clítoris… Esto apunta a primer trio de Laia y me pongo muy cachondo!!!

    Laia se reclina sobre el pecho del tipo entre evidentes gemidos y se empieza a morrear con el… creo que se ha olvidado de mi ¡!! Así que me acerco por detrás de ella y pidiendo permiso al chico con la mirada (me da el ok), empiezo a restregar mi polla en el culo de ella, mientras juego con sus pechos y le apretó los pezones… Noto que Laia esta cachondísima y entonces el tipo pone su mano encima de su cabeza y la fuerza a que baje hasta su polla. A Laia no le gusta chupar pollas, aunque la mía siempre dice que es una excepción, pues vaya mamada que le está haciendo ¡!! Se oyen perfectamente los lametones ¡!! El tipo, que está de rodillas, está viendo las estrellas y veo como echa hacia atrás su cabeza, concentrado en el placer que le están dando.

    En eso que noto una mano en mi hombro que me pide permiso y veo que es una de las chicas que solicita unirse a nuestra fiesta y me aparto. Como Laia está en posición de perrita a cuatro patas mamando polla con un deleite inusual, la chica se desliza entre sus piernas y empieza a hacerle un cunnilingus… he de decir sin falta de modestia, que a mí se me da bien y muchas veces he hecho correrse de gusto a Laia en una misma sesión varias veces… Lo que me extraña es que Laia es totalmente hetero-hetero, y las chicas no le gustan nada, más bien la repugnan… así que sospecho que esta tan concentrada que no se ha dado cuenta, y que igual se piensa que soy yo…

    Yo me quedo viendo la escena y de repente entre un estremecimiento y un gran gemido de Laia, veo como le chorrea el chocho, dejando toda la cara de la chica que se lo estaba chupando completamente mojada y sorprendida… Laia se deja caer de lado y recostándose contra su espalda se da cuenta que no era yo quien se lo chupaba, pero por su cara adivino que no le ha importado. De repente el chico se pone entre sus piernas y casi sin tiempo para plantearse nada, coge un preservativo de una cesta (que estaba en la mesita con las bebidas…) y se lo pone, acto seguido hunde su cipotón dentro de Laia al tiempo que ella lanza un gemido desgarrador… Me mira de reojo y adivino que se ha vuelto a correr. El tipo empieza a bombear con fuerza y el repique de sus huevos contra el charco que tiene Laia entre sus piernas es más que escandaloso, así como su cara, que es todo un poema… Entre gemido y gemido de Laia, y teniendo mi polla cerca, de repente con una cara de vicio compulsivo, me agarra mi cipote y empieza a hacerme una mamada antológica… Con mis manos la cojo de los tobillos, manteniendo sus piernas en alto y su chumino bien abierto para que el tipo la folle a gusto. La mamada que me está haciendo es de las mejores y noto que si sigue así, me voy a correr en breve, y efectivamente, empiezo a correrme y cosa que apenas había hecho un par de veces, se bebe toda mi leche y noto como con pasión me absorbe el glande, dejándome completamente seca y limpia de semen la polla.

    Al sacarse la polla de mi boca, Laia no tiene nada que amortigüe sus jadeos, y sus grititos de placer se vuelven escandalosos hasta llamar la atención de los reservados vecinos… La chica que antes le había comido el coño (después de limpiarse la cara) se vuelve a acercar a ella y mientras empieza a morrearla, le acaricia sus grandes pechos y le pellizca sus enormes y duros pezones que demuestran su nivel de excitación. Alucino al ver a Laia devolverle el morreo con pasión a otra mujer y de repente se despega de ella y temblando, con grandes espasmos y un alarido, disfruta de su tercer orgasmo, al tiempo que el chico le hacía media docena de muy fuertes embestidas y con también un grito, quitándose el condón, descarga grandes chorros de semen encima del ombligo de Laia.

    Ambos muy sudados y recostados se abrazan, él le acerca un klenex a Laia para limpiarse y en ingles le dice: I’m Stefan, from Germany. Laia se presenta y me presenta a mí, dándonos las manos. Stefan nos comenta que tanto el cómo Ulrich (su compañero) han venido a pasar una semana a Cap d’Agde y que están en un bungalow también en el camping Rene Oltra. Las chicas que los acompañan son dos chicas que han conocido en la playa por la mañana y que convencieron para venir a Le Glamour Mousse Party. Nos invitan a su botellón de champan Moet Chandon y después de mucho hablar nos hacemos unos selfies los 6, en la máquina de fotos que está al lado de la Barra. Después ya nos recogemos pronto (cierran a las 19 h) y volvemos los cuatro juntos caminando al camping, ellos se despiden de las chicas que eran holandesas. Vamos hablando en un inglés básico por nuestra parte, más fluido ellos y cuando nos damos cuenta vemos que su bungalow está 3 parcelas antes que nuestra tienda… Les hemos caído bien y nos proponen venir a cenar a su bungalow a las 20.30 h. Me fijo en que Ulrich está ciego mirándole los melones a Laia…. Bueno, tenemos 1 hora para ducharnos y cambiarnos.

  • La enfermera culona y el viejo negro (Parte 3)

    La enfermera culona y el viejo negro (Parte 3)

    Durante los días siguientes Vanesa y Samuel intercambiaron mensajes constantemente a través del celular. Todo lo que no se podían decir y enseñar cuando estaban en el centro, lo comunicaban por este medio. Samuel mandaba religiosamente mensajes desde muy temprano deseándole los buenos días y preguntándole cómo había amanecido. Vanessa le respondía con fotos de lo que desayunaba y situaciones cotidianas como el bus del transporte público o la calle por donde caminaba. Con el paso del tiempo, la cotidianidad pasó a ser el tema central de sus conversaciones. Vanesa no dudaba en comunicarle cualquier aspecto de su vida, desde su elección para las compras de la semana, las cosas que ordenaba por internet hasta las nuevas series que veía por Netflix y Samuel, paciente y galante, le respondía dándole su sincera opinión.

    «Samuel, ¿Qué prefieres? ¿Espagueti o asado para la semana?»

    «Asado mil veces, es una de mis favoritas y si puedes combínalo con algo de especias y verás como cambia el sabor.»

    «Genial, compraré un poco de eso.»

    «Bueno, me avisas como te queda al final.»

    A Vanessa le encantaban esas conversaciones. Le fascinaba tener alguien con quien compartir su día a día, le producía una sensación que no sentía desde la última vez que se involucró sentimentalmente con alguien.

    Naturalmente, estos intercambios de mensajes se hicieron cada vez más íntimos. Vanesa empezó a mandar fotos con sus outfits del día, preguntando a Samuel su opinión. Como era de esperarse, estas incluían una siempre una foto con su enorme culazo en primer plano y con ropa apretada que buscaban provocar a Samuel un poco. Este con mucha sutileza y tacto le respondía con cumplidos como “hermosa” o “bella”, pero de vez en cuando se aventuraba un poco más y le decía “!¡Qué culazo!” o “¿todo eso es tuyo preciosa?”. De las fotos pasó a los videos con ella caminando en leggins o limpiando su casa sin brassiers con los pezones sobresaliendo ligeramente. Le gustaba exhibirse con alguien con el cual sentía que tenía confianza y química a tal punto que empezó a comprar ropa solo para lucirla frente a él.

    Samuel, por su parte, le enviaba selfies con el torso descubierto preguntándole a Vanesa que opinaba de su nuevo corte de pelo o nuevo look de la barba. Pese a su edad un tanto avanzada, Samuel todavía tenía un cuerpo atlético producto de años de ejercicio durante su juventud y una genética bendecida, mucho mejor que el de los chicos con los que Vanesa había salido antes. Ella solo respondía con emojis de sonrisas porque no sabía cómo reaccionar ante eso, pero Samuel sabía que su cuerpo le fascinaba, lo había notado en los encuentros que habían tenido en el hospital, así que se tomó el trabajo de hacer ejercicio ligero, volver a usar perfumes y fragancias y andar bien vestido por el hospital.

    Pero no todo era sexual. Los fines de semana ambos sostenían largas conversaciones por el chat sobre temas muy personales. Vanesa le contó los problemas que tuvo sobre su cuerpo, sus inseguridades, su relación con sus familiares, los planes que tenía para el futuro y lo mucho que le gustaba bailar. Samuel le contó todo sobre su exesposa, la relación con sus hijos y cómo lo habían prácticamente forzado a estar en el hospital para ancianos pese a su buena salud. Los primeros días fueron difíciles para él, no le gustaba estar encerrado en ese lugar y además el pensamiento de su ex esposa con su nueva pareja le generaban una sensación de odio y rencor. Cada vez más el nivel de confianza aumentaba y ambos eran conscientes de que, lo que empezó como una calentura a primera vista, se estaba convirtiendo en algo más.

    Un fin de semana, Vanesa salió a bailar con sus amigas de la universidad. Cómo en anteriores ocasiones llegó a su casa tarde y ebria. Haber estado perreando toda la noche la había puesto muy cachonda y sus ganas no desaparecieron cuando llegó a su solitaria casa. Todavía sin sueño, decidió poner un poco de música, abrió una cerveza de su refrigeradora y se quitó el apretado jean que traía puesto quedando solo en panties. Se echó sobre su sofá y se puso a ver algo de porno. Lo que encontró no la satisfizo, ya había visto demasiado porno en estos días y ahora quería algo más. Pensó en Samuel e inmediatamente le mandó un mensaje.

    «Hola, qué tal fin de semana?»

    Espero unos momentos sin respuesta. No le sorprendía, después de todo eran casi las 3 am, ¿Quién iba a estar despierto a esa hora? Frustrada, se dispuso a ponerse de pie para ir a descansar, pero llegó una notificación.

    «Hola! muy mal, no puedo dormir, ¿Qué haces despierta esta hora?»

    «Salí con una amigas a una discoteca y bueno ahora estoy en mi casa sola. ¿Qué pasa? ¿Por qué no puedes dormir?»

    «No lo sé, pero no he podido dormir en días, pero no importa, cuéntame cómo te fue en la disco.»

    «Me divertí mucho, hace tiempo que no veía a mis amigas de mi universidad y bueno estuvimos tomando unos tragos y bailando.»

    «Qué envidia! Hace años que no hago eso, ¿has estado perreando de seguro? Todavía recuerdo cuando bailamos.»

    «Sí yo también estuvo muy bueno y tu te mueves muy bien.»

    «Bueno tengo mi ritmo, además tu culo enorme ayuda un montón.»

    «jajaja ¿Cómo es eso?»

    «Bueno me gustan los culasos y tienes uno muy bello, ¿no te molesta que hable de eso no? no quiero sobrepasarme.»

    «jajaja para nada, bueno pero en el trabajo no tanto, ahora sí podemos hablar todo lo que tu quieras.»

    «Bueno, me vuelve loco, tenerlo tan cerca y no poder hacer nada. Te quería confesar eso.»

    «Te tendrás que aguantar porque soy tu enfermera y no podemos caer en esas cosas ¿no lo crees?»

    «Que pena, pero ahora no está trabajando así que si puedo verlo un poco me ayudaría a descansar feliz.»

    «Jajaja ¿ver mi culo te ayuda a descansar?»

    «Por supuesto que sí, además yo sé que tú también quieres ver algo mío.»

    «¿Que?!! ¿A qué te refieres oye?»

    “Recuerdo que esa vez que bailamos, pusiste una sonrisa muy grande cuando choque mi miembro contra ti, no me mientas.»

    Los miedos de Vanesa en admitir que quería algo más con él se esfumaron gracias al alcohol y decidió dar el siguiente paso.

    «Bueno, sí me gustó y sí lo admito me gustaría ver más… pero no podemos, soy tu enfermera.»

    «Lo sé bella, pero ahora no estás trabajando, hagamos videollamada y me enseñas todos esos movimientos que estoy seguro hiciste hoy en la discoteca, ¿qué dices?»

    Vanesa lo pensó, por un lado no podía hacer eso, pero, por otro, sus ganas le ganaban, un ardor en la entrepierna la movían a enseñarle todo su cuerpo a Samuel. “Quizá un par de movimientos no hagan daño a nadie, total no está en su hora de trabajo” se dijo a sí mismo. Colocó el celular en un estante y dirigió la cámara hacia el medio de su sala. Vanessa mandó una solicitud de videollamada para Samuel que fue aceptada al instante.

    -Hola -saludo Vanesa- ¿me puede ver bien?

    -Si, se ve perfecto -respondió Samuel con voz baja para no hacer tanto ruido.

    -Bueno, dime ¿Qué quieres ver? -preguntó Vanesa.

    Samuel puso una sonrisa de oreja a oreja .

    -Para empezar. Mueve ese culaso para mi preciosa.

    Vanesa subió el volumen, se colocó de espaldas al celular y empezó a mover el culo al ritmo de la música. No le molestó el no tener pantalones, su enorme trasero se tambaleaba de un lado para otro; desde hace semana había estado practicando en secreto ese movimiento y ahora por fin podía mostrárselo a alguien. Luego de unos minutos moviendo el culo, Vanesa volteó cansada, tomó un sorbo de su cerveza y preguntó a Samuel: ¿Y?¿Qué te pareció?

    -Uff qué rico te mueves preciosa y con ese culaso inmenso, me has puesto un poco intranquilo -respondió Samuel

    -¿Así? ¿Cómo intranquilo? -preguntó Vanesa

    Bueno, te lo enseño -dijo Samuel. Se levantó de su cama, colocó su celular sobre la mesa del hospital con la cámara enfocando hacia él. Vanesa miró con susto y curiosidad lo que hacía; sabía que no era lo correcto, pero al mismo tiempo quería verlo, quería saber si era verdad que todos los negros tenía unas vergas enormes como en las películas porno. Samuel hizo un gesto de silencio con las manos hacia la cámara, se colocó los brazos sobre el pantalón de pijama que traía y lentamente se lo bajó. Apenas se bajó la prenda, una enorme verga dura y firme apareció. La cara de Vanesa se volvió en una de sorpresa, no podía creer lo que veía, no solo era larga sino también gruesa y con las venas sobresaliendo. Le sorprendió que una persona de su edad pudiese tenerla tan firme y atractiva como la tenía Samuel. La sorpresa fue tanta que, de manera inconsciente, Vanesa se mordió los labios y puso su mano sobre tu entrepierna. Samuel notó las ganas de Vanesa de probar su verga y decidió jugar un poco con ella.

    -Lo quieres ¿no? -dijo mientras acariciaba su vergaza con su una de sus manos.

    -¡Síi! -respondió Vanesa de manera precipitada- si lo quiero papi, dámelo.

    -Pero me tienes que enseñar algo primero preciosa -dijo Samuel.

    Vanesa se acercó al celular e incapaz de controlar su calentura dijo:

    – Lo que tu quieras papi, solo dímelo.

    -Quiero ver ese culaso, preciosa. He soñado con ese tremendo rabo que tienes varias veces -dijo Samuel con voz baja.

    Vanesa sonrió, le gustaba escuchar que era deseada por un hombre. Dio un suspiro y se sentó sobre su sofá. De manera muy lenta y con sus ojos fijos en el celular, se comenzó a quitar el calzón deslizándolo a través de sus gruesos muslos. En menos de unos segundos, Venosa yacía en el sofá y con las piernas abiertas y suspendidas, enseñándole a Samuel su panocha blanca, la cual ya estaba algo mojada por todo el jugueteo que habían tenido ambos.

    -¡Una belleza! Belleza Vanesa, te llamaré de ahora en adelante -bromeó Samuel produciendo que su enfermera se sonroje y suelte una carcajada.

    -Dios mío, que creativo que eres -dijo Vanesa con sarcasmo mientras seguía riéndose- me está enamorando un niño de quince años creo.

    Samuel estalló en risas -Bueno, pero está funcionando o ¿no?- respondió

    -Sí -aseveró la culona con su sonrisa.

    -Entonces pues, mira ahora estas a mi merced -contestó Samuel- quiero que te des la vuelta, te pongas de rodillas y me enseñes, pongas una mano en cada nalga y las separes.

    Vanesa, ya enganchada totalmente con las palabras de Samuel, hizo exactamente lo que le pidió. La timidez ya había pasado, no tuvo problemas en enseñarle su sexo y sus enormes nalgas a través de la cámara. Samuel se mordió los labios, tomó con una mano su gran verga y comenzó a sobarla lentamente hasta ponerla bien dura.

    -Así me gustas, preciosa. Ahora mueve ese culaso un poco -deslizó Samuel.

    -¿Así? papi -respondió Vanesa mientras intentaba moverse sobre el sofá. El más pequeño movimiento hacia que sus nalgas retemblen completamente, a ella le encantaba hacerlo. A través del celular, podía escuchar los gemidos tan masculinos de Samuel, lo que la ponía más cachonda y la animaban a mover su culaso aun más rápido.

    -Me voy a venir rico viendo este culaso -dijo Samuel

    Vanesa no aguantaba más, tenía una calentura en el sexo desde hacer horas y la sensación le hacía temblar sus rodillas. Sobre el sofá, se dio media vuelta, abrió las piernas en dirección a la cámara y las alzó.

    -Yo también quiero, papi. Quiero tocarme este coñazo rosadito -dijo la culona de manera efusiva frotando su entrepierna.

    Samuel se lamió los labios cuando, su actitud de Vanesa puso su verga más dura de lo que ya estaba. El anciano empezó a frotar su enorme verga negra rápidamente y Vanesa hizo lo propio con su coño.

    -Quieres mi leche en ese culaso ¿no? -dijo Samuel.

    -Sí papi, dame esa leche, échala donde tú quieras quiero toda esa verga negra dentro mío, no lo aguanto, cógeme como si fuese tu perra – respondió Vanesa mientras introducía un par de dedos dentro de su coño.

    La respiración de Samuel se hizo más rápida, ya podía sentir todo la leche acumulándose en su verga.

    -Ya va a salir mi regalo, preciosa. Abre más esas piernas quiero ver ese coñazo -exigió el anciano con su grave voz.

    Vanesa obedeció al instante. Su sofá ya estaba todo mojado del jugo que salía de su coño.

    -Yo también me voy a venir, papi -informó Vanesa con su voz quebrándose de todo el placer que sentía.

    Samuel se acomodó como pudo en la cama del hospital, se sostuvo la verga con las dos manos y frotó de manera continua y rápida. Un chorro de semen salió disparado de su verga, seguido de dos más que también derramaron algo las manos del anciano. Al ver el enorme disparo, Vanesa imagino que todo caía sobre su cara, su torso y sus coño. Aceleró la velocidad de sus manos hasta que llegó un orgasmo que contrajo sus piernas.

    Samuel continuó frotando su verga, la cual perdió dureza, pero mantenía expulsando su queridísima leche. Vanesa seguía adormecida por el orgasmo y continuó recostada en su sofá mientras el efecto pasaba.

    El anciano se recompuso y con una sonrisa dijo “que rico, preciosa. Ese cuerpo que tienes me vuelve loco”.

    Vanesa recuperó la compostura, todavía algo confundida por lo que había pasado. “Sí, bebe, que rico que me cogiste” respondió.

    -¿Te gusto ah? -contestó Samuel- la próxima vez que nos veamos entonces lo sentirás en vivo y en directo preciosa.

    Vanesa ya había abandonado toda reserva sobre lo que hacían.

    -Tú vas a sentir este culaso también así que prepárate -le dijo a su paciente-

    Todo el cansancio de la noche regresó al cuerpo de Vanesa quien soltó un bostezo seguido por una sonrisa.

    -Creo que me iré a descansar, ha sido un largo día -dijo Vanesa.

    -Dale anda -contestó Samuel- yo también necesito descansar- ya no estoy tan joven.

    Vanesa se rio. Joven no estarás, pero esa verga estaba bien dura ah -bromeó la culona.

    -Con ese culaso que tienes, cualquier cosa se pone así de dura -respondió muy atentó el anciano provocando una risa en Vanesa.

    -Te veo esta semana -dijo Vanesa con una sonrisa provocadora.

    -En el mismo cuarto de siempre estaré preciosa -respondió Samuel para luego cortar la videollamada.

    Vanesa se paró y, muy cansada y sin cambiarse de ropa, se recostó sobre su cama. Fue cuando se echó que meditó unos segundos sobre lo que acaba de hacer. Se sentí sucia pero al mismo tiempo quería más. Quería sentir el pesado cuerpo de Samuel encima de ella y su enorme verga calentándole rozándole la entrepierna. ¿Estaría preparada para dar el último paso? ¿Chuparle la verga en el mismo hospital? pero ¿ya le había dicho que lo haría? ¿Cómo debía reaccionar la próxima vez que lo vea? Toda esta confusión no pudo con el cansancio y esta enfermera cachonda terminó por rendirse en un profundo sueño.