Autor: admin

  • El castigo

    El castigo

    Pasaron varios días, era una tarde nublada y lluviosa, muy fresca, pero no en la habitación o al menos yo tenía el cuerpo tan caliente que parecía el peor día de verano, él me tenía de pie, recargada en una mesa con las manos atadas al frente, los ojos vendados, mis pies atados a cada pata de la mesa que estaba bastante abierta, él me penetraba tan deliciosa y lentamente que sin darme cuenta entre gemidos dije:

    -Mi Señor, me coges tan rico- él paro- ¿Que te dije de hablar? Te dije que habría un castigo.

    Yo me quede callada, no podía ver así que solo escuchaba que habría un cajón y puso algo en la mesa que sonó pesado, como metal, me hizo una cola en el cabello y ató algo, percibí un olor rico a uva y sentí que me ponía algo tibio en… en mi ano.

    -No ¿qué haces?

    -Ssh guarda silencio

    Puso algo en mi ano, era duro y frio, metálico, poco a poco fue introduciéndolo, dolía, pero era placentero a la vez, sentía como se iba abriendo hasta que lo introdujo todo; sonreí y solo pensé «¿este es el castigo? Pues no es tan malo”.

    Lo metió y sacó un par de veces, de pronto tomo lo que me había atado al cabello, la jalo haciendo que mi cabeza se hiciera para atrás, estirando mi cuello impidiendo de cierta forma que hablara y la ató a lo que sea que me metiera en el culo, no podía moverme, si movía la cabeza hacia adelante en verdad me dolía.

    Mi Señor tomo un látigo y comenzó a azotarme, las primeras veces dolía pero después estaba tan excitada y tenía la vagina tan húmeda que sentía el líquido empapar mis muslos.

    -Te gusta ¿cierto? mmm va a ser difícil castigarte si lo disfrutas tanto, estas tan húmeda que manchaste la alfombra.

    Soltó el látigo, me tomo de la cadera y me penetró con fuerza, solo pude gemir y sentir como su miembro hacia que desbordara todo mi líquido, sacaba mi lengua como una perra sedienta.

    -Eres una perra, mi perra, te gusta cierto; te gusta cómo te cojo.

    Cada vez que hablaba me daba aún más duro y más profundo.

    -Vamos, dámelo, termina, quiero ver cómo te corres.

    Mi cadera se clavaba en la orilla de la mesa, babeaba de lujuria, mis muslos se tensaron y tuve un orgasmo como nunca antes, estaba deshecha mis piernas temblaban no podía más pero él, Mi Señor, aún seguía, duro y profundo, hasta que dio un último empuje y se quedó ahí, profundo, sentía su semen caliente llenándome por dentro mientras enterraba sus uñas en mi cadera.

  • Vacaciones con Teresa

    Vacaciones con Teresa

    Fue en unas vacaciones con Teresa, mi esposa. En aquella ocasión decidimos darnos un gusto y recorrer la costa mediterránea, desde España a Turquía. Nuestro hijo menor ya había cumplido tres años y era lo suficientemente independiente para quedarse con su abuela en nuestra ausencia. Era nuestro primer viaje juntos, sin niños, en muchos años, lo que nos tenía muy entusiasmados.

    Adoro mi familia, es lo más preciado que tengo, mi señora y dos niños hermosos, criados con gran contención y seguridad. Sin embargo, me encontraba exhausto y que decir la Tere, quien se comprometió firmemente con la lactancia y el apego hacia estas creaturas. Se debe sumar también que en esos años hubo una pandemia que nos tuvo a todos confinados por motivos sanitarios. ¡Ni siquiera podías salir a tomar una cerveza con un amigo! En fin, acababa un ciclo muy gratificante, pero tremendamente exigente y realmente nos hacía falta un tiempo dedicado a nosotros mismos.

    Dejamos a los niños donde mi suegra, así como sus maletas y una serie de instrucciones que yo sabía que no se cumplirían, pero dejaban más tranquila a Tere. Nos despedimos, hasta lloramos un poquito, era nuestra primera separación tras mucho tiempo girando en torno a ellos, al punto que ya había olvidado como era mi vida antes de que llegaran.

    Tras unos minutos arriba de la minivan que nos llevó al aeropuerto, con Teresa empezamos a mirarnos y sonreír, estábamos solos y nada ni nadie iba a interrumpirnos en nuestra misión principal; ¡Tirar hasta el cansancio y más!

    Lo necesitábamos, tras tanto tiempo de lejanía y teniéndonos tan cerca, habíamos aprendido a vivir un sexo homeopático. Fue así como mis niveles de masturbación se fueron sofisticando, tanto en lo físico, con aceites y puntos de estimulación, como imaginería y escenarios utópicos que me resultaban excitantes. Toda esta abstinencia fue despertando una facción animal en mí, que poco a poco fue reclamando espacio en mi mente. Así me puse a escribir distintas situaciones que siempre pensé que jamás se volverían reales, donde podía llevar al extremo esta voracidad.

    Siempre fui muy transparente en cuanto a esta necesidad por saciar mis necesidades y también creo haber sido respetuoso de los procesos que ella vivía en relación con la maternidad. También le compartí varios de mis escritos, era una buena forma de canalizar este deseo insatisfecho, aparte que la calentaban enormemente y por lo general terminábamos tirando. El tema es que esto me llevó a una escalada de deseo, donde la imaginación iba constantemente ampliando los límites y la ficción de a poco se transformó tanto más atractiva que la realidad.

    Mis relatos por lo general involucraban a otra mujer, ninguna en específico, pero siempre era otra. Esto obviamente le provocaba una suerte de impacto a mi señora, pero al poco andar se transformaba en un motivo de excitación. Yo estaba seguro de que en algún punto a ella le atraía la idea de verme con otra mujer, de tomar palco y contemplar la fuerza con la que soy capaz de sostener un cuerpo y hacerlo mío. Todo esto lo sostengo sobre la base de pequeñas confesiones que ella misma me ha hecho en minutos de máxima calentura, cuando su verdad chorrea como los fluidos de su vagina mientras la beso entre mordiscos en su cuello.

    Llevamos más de diez años juntos y la verdad es que nunca me ha dejado de calentar, con todos los cambios que ha tenido su cuerpo, cada día la encuentro más sabrosa y excitante. No tengo ninguna dificultad para que se me pare, al contrario, todas las noches la abrazo y le hago sentir mi pene erecto entre sus tremendas nalgas. Me gusta y me gusta que me guste, por eso mi gran expectativa en torno a este viaje, solos con nuestro deseo y una gran deuda hacia nosotros mismos.

    Así llegamos a nuestro vuelo y nos dirigimos sin escalas hasta Madrid, ahí arrendamos un auto y salimos raudos hacia Sevilla que sería nuestra primera noche. Iban no más de cincuenta kilómetros cuando, tras unas miradas coquetas, me pregunta si me lo puede chupar. Yo le pregunté donde quería que paráramos, pero me dijo que eso no era necesario. Esto era algo que acostumbrábamos a hacer cuando nos conocimos, en esas manejadas a nuestra casa en el campo bajo la excusa de mantenerme despierto. Teresa tiene unos labios tipo Penélope Cruz y realmente lo chupa con una suavidad y cariño que te hacen sentir en el cielo, y lo mejor de todo, lo disfruta profundamente.

    No había tiempo que perder, así que fuimos directo al grano. Salir a comer era una mera formalidad para luego volver a encerrarnos a nuestra pieza de hotel para seguir con lo nuestro. El olor a sexo inundaba el ambiente y eso nos excitaba de manera constante, variábamos posiciones, pero casi siempre terminábamos yo encima de ella. Me gusta tirar harto, porque así tiro mejor, duro más y logro eso que más me calienta; hacerla sufrir de placer. Me gusta penetrarla cuando ya ha tenido un orgasmo y me pide que me detenga, entonces la tomo fuerte y se lo meto con todo el ímpetu hasta hacerla retorcerse de placer. La sensación de espasmos que tiene su vagina, sumado a sus gritos desenfrenados hacen que mi verga se agrande aún más y así la recorro completamente entrando y saliendo.

    Al poco andar, ya por la costa francesa, empezamos a sentir que estábamos en nuestro techo, pero sin duda aún quedaba mucho deseo que satisfacer. Entonces fuimos a caminar en búsqueda de alguna ayuda para ir un poco más allá. Encontramos un sex shop y nos equipamos con aceites, un consolador y unas esposas, compramos un champagne y caminamos por un parque al borde del mar.

    Francia tiene ese aire de libertad, belleza y algo de suciedad en las calles, que vuelven todo tan real. Da la sensación qué todos vienen saliendo de haberse pegado una buena cacha y tranquilamente caminan ocupados de sus asuntos, con la lívido resuelta. Así nos sentíamos, pero queríamos más, así que apuramos el paso y en cosa de minutos estábamos nuevamente en el hotel.

    Destapamos la botella y pusimos algo de música, nos reímos y coqueteamos (algo que jamás hemos perdido). En eso, ella se levanta y va al baño, yo sigo con la música y aprovecho de revisar nuestra guía para buscar nuestro próximo destino. Estaba concentrado en eso, cuando de repente siento una respiración y luego los labios de Teresa se funden en mi cuello, dándome un beso jugoso y caliente. Me volteo y la veo sin ropa, con la pelvis depilada, lo que no es costumbre, y llena de aceite en todo su cuerpo. Hago un intento de levantarme y me empuja hacia la cama, desde luego me dejé caer de espalda y acto seguido ella se abalanzó salvajemente sobre mí. Me saco con furia la camisa mientras devoraba mi cuello, yo trataba de sacarme los zapatos y los pantalones, mientras deslizaba mis manos por sus piernas jabonosas y por su culo.

    Una vez que estábamos los dos en pelota, me bañó en aceite, así nos empezamos a frotar mutuamente. Era como si todo su cuerpo fuera una extensión de su vagina empapada, donde posara mi pene sentía que la estaba penetrando, incluso se confundían las partes de cuerpo con el mío. Estaba tan excitado que sentía que iba a acabar muy pronto y no quería, así que tomé cartas en el asunto. La tomé con fuerza, la puse boca arriba contra la cama y me senté encima de ella para inmovilizarla. Agarré mi pene tremendamente erecto y lo empecé a recorrer por sus tetas, cuello y cara, luego se lo metí en la boca mientras ella desesperadamente me lo succionaba. En ese momento di el golpe de gracia; tomé las esposas y le amarré manos y pies al catre metálico antiguo sobre el cual estábamos. Quedó de brazos y piernas abiertas, aceitada y con su vulva que hasta se veía como palpitaba.

    La seguí recorriendo con mi pene y luego me puse en el sentido inverso para empezar a lamerle el clítoris mientras ella me comía la verga con ganas. Luego empecé a chupar con más fuerza y a la vez le metí mis dedos dentro de la vagina. Desde ese ángulo podía ver como le salían sus fluidos y bajaban por el perineo para luego perderse en su ano, estaba todo conectado en un solo caldo de placer. La pasé la lengua por toda esa zona, llevándola constantemente al punto anterior al orgasmo, no quería que se acabara nunca este momento.

    Le di un breve descanso, con besos en las piernas, pese a que su vagina rogaba por más contacto directo. Ella estaba entregada en su rol de prisionera, solo luchaba por intentar frotar sus piernas entre sí, buscando más placer. Verla así ha sido de las cosas más excitantes que he vivido, sin duda, pero aún faltaba más.

    Me puse de rodillas a su lado, ahí estaba para mí, sin posibilidad de arrancar. Me empecé a masturbar mirándola en todo su esplendor. Luego con una mano la comencé a recorrer por las piernas y entrepiernas, caderas y por las tetas. Con mi otra mano le tomé el pelo y la hice levantar la cabeza, para así comenzar a morder su cuello, era mi presa y podía hacer lo que quisiera con ella. Las esposas sonaban por sus manos tratando de liberarse de tanto placer o al menos tratando de agarrarme de algún modo. En este estado de máxima excitación fue cuando tomé el consolador que hasta entonces descansaba en el velador. Era un pene grueso y tenía un botón para activar la vibración, la verdad intimidaba un poco, pero a esta altura ya habíamos roto todos nuestros cánones de estimulación.

    Sin dejar de lengüetearle el cuello, tomé el gran pene y lo empecé a untar por su cuerpo, de manera de engrasarlo y para que tomara temperatura. Lo metí entre la cama y su culo, entremedio de sus nalgas, recorriendo para arriba y para abajo. Su boca abierta emitía un “aaah…” cada vez que hacía el recorrido. No le tomó nada de tiempo aceptar otra verga en la cama, es más, podía ver como intentaba abrir más sus piernas y levantar su pelvis para que de una buena vez entrara dentro de ella.

    Luego de recorrer sus labios superiores y su clítoris, lo fui introduciendo lentamente, con el mismo ritmo con que antes le recorría sus nalgas. Los gemidos fueron aumentando en volumen e intensidad, sentía como que estaba entrando en otra escala de placer, en un éxtasis más allá de la experiencia corporal. Lejos de acabar, empezó a respirar más fuerte, así como se formó una verdadera piscina en las sábanas. Todo su ser estaba enfocado en este ascenso sexual nunca antes vivido, mientras yo estaba totalmente concentrado en seguir alimentándolo, como tocando un instrumento en un ritual.

    Cuando sentí que era el momento, y con total decisión, presioné el botón. Para este instante quise tomar cierta distancia y contemplar como mi mujer comenzaba a vivir espasmos casi eléctricos. Me puse nuevamente encima de ella, para verla en primer plano, mi pene estaba en su punto de máxima calentura. La seguí penetrando con el vibrador al punto en que comenzó a tener eyaculaciones entre gritos, fue ahí cuando me dejé caer con todo mi peso dentro de ella.

    Me suplicaba que parara, pero hice caso omiso y la penetré con toda la energía que venía sosteniendo. Empecé a gritar, los dos gritábamos, hasta creo haberla golpeado en esta vorágine. Sus tetas duras saltaban mientras apretaba la mandíbula y cerraba los ojos, le tomé el pelo y volví a su cuello, cuando finalmente sentimos como el caudal de semen pasaba por mi pene, para luego inundarla y rebalsarse por los costados de su vagina.

    Nos quedamos respirando intensamente por unos minutos, yo rendido sobre ella, totalmente transpirados y exhaustos. Los dos sabíamos que este era un antes y después, que nuestro imaginario sexual había cambiado para siempre y eso que aún nos quedaba mucho viaje por delante.

  • Pequeña orgía matinal

    Pequeña orgía matinal

    Estábamos en un hotel durmiendo en nuestro cuarto. Era un hotel para adultos y despuntaba el sol de nuestra primera mañana allí. La noche anterior había sido intensa, excitante y si bien pensábamos que sería para tantear el terreno en el hotel, acabó siendo una noche con mayores interacciones, conociendo a algunos huéspedes y personal del mismo, que nos había dejado ciertamente agotados llegando en plena madrugada a nuestra habitación.

    Me sacabas de mi sueño acariciando mi pene y mis testículos para decirme que te habías despertado escuchando a unos vecinos hacer de las suyas, que estaban en la terraza contigua. Ya te habías asomado y allí estaban haciéndolo. Me dabas unas chupadas deliciosas y profundas a mi pene, saboreando mis primeras gotas.

    Nos incorporamos y acercamos a la ventana. Los podíamos ver desde nuestro ventanal, encima del camastro de la terraza de su cuarto. Ella lo monta arriba, dándonos la espalda, cogiéndole su verga que ya se veía dura y larga. Subiendo y bajando de ese mástil.

    Abrimos la puerta de vidrio que lleva a la terraza y escuchamos mejor cómo ella ya estaba muy mojada, se dejaba caer en la verga de su pareja y lo mucho que lo estaba gozando. Tu y yo los observamos de pie.

    Las divisiones entre terrazas tienen poca altura de separación, ya que son unos macetones rectangulares con planas ornamentales de poca altura ligeramente separados entre ellos y permiten apreciar muy bien toda la acción en ambas direcciones. Un barandal a media altura en una parte y un poste de alumbrado rematan la división entre terrazas, dando un baño de luz tenue durante las noches.

    Nos acostamos en nuestro camastro que es grande, para alojar a dos personas y te quito parte de tu playera para dejar expuestos tus senos y tocarlos, mientras tu liberas mi pene de su encierro. Desde allí los vemos y nos pueden ver, pero están muy entretenidos. Te pregunto si te gusta observarlos y me dices que te excita verlos coger, que ambos se ven bien, antojables y cogen rico. Del otro lado, la terraza siguiente ya tiene espectadores también, que se recargan en la división contigua. Ella de buen cuerpo, le toca la verga dura a su pareja y él le acaricia su espalda, el costado, sus senos y llega hasta la entrepierna de ella. Entonces nuestros vecinos inmediatos se dan cuenta que tienen audiencia por ambas partes. Todos nos reímos y saludamos a distancia.

    Nos acercamos a la división, y podemos verlos mejor. De pie te pones delante de mí y me levantas tus nalgas para que te coja, inclinando tu cuerpo hacia adelante, apoyándote en el barandal. Estas muy mojada de la excitación y te penetro por detrás profundamente. Nuestra vecina ve todo y le excita verte ensartada y recibiendo verga. Ella sigue montando a su pareja. Y la amiga de la otra pareja se inclina para chupar a su amigo, vemos cómo la puede meter completa en su boca y ocasionalmente se mete los testículos de su pareja para chuparlos intensamente. Tú, mientras, empujas tu cadera hacia mí para sentirme más adentro y tus senos se bambolean rico, acorde a la cogida.

    Nos invitan a los 4 a acercarnos más y brincamos la separación. La vecina extiende su mano hacia ti y te jala hacia ella, besándose deliciosamente en la boca. Mientras yo me acerco a ustedes, veo cómo te aprieta contra su cuerpo y le restriegas tus senos en su costado dejándole sentir lo ricos que están y lo erecto de tus pezones. Entonces ella se levanta, se desensarta, le toma la verga a su pareja y se inclina para chuparla, sin soltar tu mano.

    Tú y yo nos besamos y te toco tus senos y con una mano te siento mojado tu sexo, producto de tu excitación creciente. Entonces ella te jala de nuevo y lleva tu mano sobre la erecta verga del vecino. Tú te apresuras a rodearla con tu mano, te acercas más y lo empiezas a masturbar, mientras ella te besa de nuevo en la boca y tu cuello intensamente. Te pregunta si te gusta lo que tienes en la mano y le dices que sí. Que si se te antoja y le dices que sí, ya con una voz que denota tu excitación, mientras atestiguas que la tiene gruesa, venosa y larga.

    Te ubicas entre las piernas de él, ella lleva tu cabeza a esa verga dura y sin reparo abres tu boca, lo miras a los ojos, ves deseo en su mirada, y sin perder contacto con él, te inclinas, dándole un espectacular ángulo de tus senos, sacas tu lengua y le empiezas a lamer el glande, recorriendo su tronco a lo largo, sujetándolo con tu mano. Mientras, ella se me acerca, como está en cuclillas toma mi verga y se la lleva a su boca, abriendo sus labios para chuparme, lamiendo la punta y rodeando con sus labios el glande para ir recibiéndolo poco a poco. Yo veo cómo tu cabeza sube y baja en esa verga y la lames a todo lo largo, hasta sus testículos, llevándotelos a tu boca, primero uno y luego el otro, hasta acomodar los dos dentro de ti.

    La vecina se incorpora, nos abrazamos, besamos y acariciamos y me dice que se la chupas muy rico, mientras vemos como el vecino empieza a estremecerse con tu mamada tan rica e intensa. Por tu posición, tu trasero queda expuesto y nuestra vecina te lo empieza a acariciar. Al sentir sus caricias, tú se lo levantas y ofreces. Ella voltea a ver a los otros amigos y los llama. La besa a ella, acariciando su cabello, luego lo besa a él y le toma su verga, la recorre con su mano y siente lo dura que está, y me voltea a ver. Sus intenciones son claras, llevar esa verga a tu vagina, que te coja por detrás. Te la acerca mientras tú sigues chupando la verga del vecino cogiéndolo con tu boca intensamente, acariciando sus testículos y rozando su esfínter, lamiéndolo hasta las proximidades de su culo. Tus caricias lo tienen al borde del orgasmo. El vecino, por respuesta, arremete levantando su cadera para profundizar su penetración en tu boca.

    La vecina no deja de mirarme y yo asiento. Ella te empieza a rozar tu línea entre las nalgas con la punta del duro pene del amigo, abriéndose paso hasta acomodarla en la entrada de tu vagina muy mojada y hace que te ensarte profundo. Al momento de sentirte invadida, gimes y levantas la cabeza sintiendo que te tienen ensartada. La expresión en tu rostro es de deseo y lujuria. Sabes que no soy yo y eso te excita más, sin dejar de masturbar a nuestro vecino. El amigo te agarra de las caderas y empieza a cogerte. Tu regresas a chupar la verga del vecino, gimiendo de lo rico que te está cogiendo y disfrutando de la verga dura de nuestro vecino de cuarto. Nuestra vecina acomoda a la amiga al lado del vecino en el camastro y ellos dos se besan inmediatamente, mientras la vecina le abre las piernas y se agacha a comerle su vagina y clítoris, levanta su rico trasero y me lo ofrece. Yo recorro con la punta de mi erecto pene su rajita encontrando su vagina y la penetro profundamente.

    Está muy mojada y resbala toda mi verga en su interior. Ustedes dos se voltean a ver, la vecina te enseña como le come el coño a la amiga, mientras le penetrar con un dedo y tú le muestras cómo le chupas la verga a su pareja, y ambas se ven cogidas por detrás. Te dice que si lo disfrutas y dices que así te encanta, chupar una buena verga y que te coja otra mientras tanto. Y tus orgasmos no se hacen esperar mojando al nuevo amigo frecuentemente.

    Yo me cojo a la vecina sintiendo lo mojada que está y veo como nuestro amigo intensifica sus embates hacia tu trasero y saca toda su ya dura, ancha y mojada verga para meterla de nuevo de golpe en ti, provocándote excitación en demasía y generando otro orgasmo intenso en ti. Le pides más. Sientes que está próximo a venirse. Su pene se ensancha en ti, anunciando su corrida. El empieza a retirarse y le dices que no salga, que se venga dentro, y él vuelve a ensartarte toda, empuja violentamente en tí varias veces, golpeteando tus nalgas con su cuerpo y, sujetándose de tus caderas, comienza a descargar intensamente su semen en tu vagina.

    La imagen es tan excitante que el vecino empieza a venirse en tu boca y tu no desaprovechas ni una gota de su semen, saboreándolo todo. Esa sensación te hace venir de nuevo temblando de lo intenso del momento. Las caricias de nuestra vecina hacen efecto en la amiga y se corre viendo a su pareja venirse en ti. El amigo se recarga en tu espalda y busca tu boca para besarte y lame tus mejillas que tienen semen del vecino. Entonces le besas y compartes parte del botín que acabas de obtener, embarrando con tu lengua sus labios y boca.

    Todo ello me pone muy excitado y saco mi pene de la vagina de la vecina, que se voltea y me dice que me venga en su boca. Se acerca, mete mi pene, me toma de los testículos, me da unas chupadas intensas y empiezo a descargar en su boca y mejillas. Tú te acercas, mientras la amiga va a chuparle su pene a su pareja, saboreando los jugos de ambos con sus dedos, chupando el pene de su pareja. Te besas con la vecina compartiendo mi semen y el vecino te toma del brazo y te jala hacia él.

    Su verga está semidura, y te busca abrazar para besarte en la boca mientras te dice algo que no escucho pero tu asientes, lo besas en la boca y bajas a chuparlo de nuevo para ponérsela dura. Le tomas su verga, se la recorres con la lengua hasta lamer sus testículos, lo miras observarte y preguntas si así lo quiere. Sólo gime por respuesta.

    Con tus caricias y tu boca le provocas una nueva erección en poco tiempo. Esa verga que chupaste antes, ya está lista para más. Te subes en él, le haces que te vea y le dices que si así quiere verte coger su verga, mientras con tu mano la restriegas en tu entrada. Sólo asiente, acomodas la punta en tu vagina y te vas montando en ella hasta meterla toda en ti. Con tu mano buscas sus testículos y se los aprietas y acaricias. Te llega profundo y le dices lo rica que la tiene y lo empiezas a coger lentamente, sintiendo cómo te va invadiendo tu vagina recién cogida y llena de semen del amigo anterior, lo que te excita mucho.

    Vemos cómo te lo coges, como subes y bajas su tronco, vemos tu expresión de gozo y disfrute, te gusta sentir una verga dura en ti. La vecina me toca, sintiendo mi excitación, nos abrazamos, nos besamos y recostamos al lado de ustedes mientras los amigos se despiden y se van. Nos quedamos los 4 en su terraza.

    Vemos como te restriegas en el duro pene del vecino y empiezas a mojarlo, disfrutando su ya muy dura verga. La vecina me masturba y con su otra mano acaricia tu muslo y cadera. Yo la tocó penetrándola con dos dedos, disfrutando de verlos coger.

    Es excitante ver cómo lo haces sentir y tu disfrutas cogiéndotelo. Le pregunto que si le gusta verte coger a su pareja y dice que si. Que te le antojas a ella. Tu mueves tu cadera, te inclinas hacia él y le das a chupar tus senos que se apresura a meterlos a su boca, lamiendo uno y luego llenándose lo más que puede para succionarlo fuerte, tú le sostienes su cabeza para que llegue más adentro tu seno en su boca. Tu cadera se encarga de cogértelo. Le preguntas que si así te quería tener, si así te quería sentir y solo asiente excitado. Le dices que lo vas a exprimir todo, que quieres todo su semen. Que ya te chupaste su semen antes, lo probaste en tu boca y ahora quieres más en tu vagina. Te da una nalgada que te excita.

    Te sabes observada y te encanta sentirte deseada, verte siendo cogida, penetrada, y a la vez cogiendo rico, intensamente. Nos besamos la vecina y yo y me dice que eres muy intensa, sensual y lujuriosa. Que coges muy rico y que sabes hacer sentir a tu pareja del momento excitantes sensaciones. Le digo que lo hacemos siempre que se puede. Seguimos observando la excitación creciente del vecino y la tuya.

    Volteas a ver a la vecina y entre gemidos y movimientos de tu cadera, con tu cara de deseo le pides permiso para dejarlo venirse en ti y ella dice que si. Intensificas tus movimientos, tu excitación es también evidente disfrutando de esa verga ajena y empiezas a correrte de nuevo. El empuja hacia ti.

    Tu cara deja ver lo mucho que lo deseas, mojándolo rico, subiendo hasta la punta, casi sacarlo y dejándote caer en su verga varias veces para que llegue a lo más profundo de tu interior, hasta que lo haces correrse en ti. El gime, te sujeta de las caderas para penetrarte toda y dejarte su semen. Suelta su carga y podemos ver su verga palpitar dejando dentro de ti su eyaculación. Por tu entrepierna empiezan a resbalar los jugos de ambos. Mientras, acabas de exprimirlo con más movimientos de tu cadera, te acercas a él, lo besas y le dices lo mucho que te gustó sentirlo dentro y lo sacas de ti abrazándote a él por unos momentos. Le sigues recorriendo con tu mano su verga para tomar de sus jugos y probarlos. Le llevas tus dedos a su boca y mientras los chupa, simulas follarle y le dices algunas cosas al oído que no alcanzamos a escuchar. El solo asiente y chupa tus dedos como si de otro pene se tratara.

    Ella mientras me masturba con fuerza mi pene mojado de mis gotas, mis dedos la penetran y se estremece en cada corrida. Nos besamos intensamente y me dice que quiere hacerme venir en su mano. Tú le dices al vecino que vea cómo me hace venir su pareja y lo fuerzas que nos vea mientras sigues acariciando su pene y testículos. La masturbación que me hace la vecina va logrando su cometido y mi verga está dura, a punto de explotar. Tú le preguntas al vecino que si le excita ver a su pareja coger con otro y dice que sí. Que por eso van a lugares así, para coger con otros. Llevas tu mano a su culo y le metes un dedo. El vecino abre más sus piernas y se deja hacer. La vecina chupa mi pene y se incorpora para montarse en él.

    Lo toma con la mano y lo frota en su entrada, llevándolo desde su culito hasta su clítoris mientras ve como te coges a su pareja ya con dos dedos en su culito. Se masturba con mi glande. Ella lo acomoda en la entrada y empieza a metérselo nuevamente. La verga del vecino está dura de nuevo y tu cogida a su culo va dando resultados, sabes que lo tienes bajo tu control. Te incorporas y con tu otra mano lo masturbas, lamiendo su verga ocasionalmente.

    Él cierra sus ojos y tú le describes como va metiéndose mi verga la vecina. Le dices lo excitante que se ve montada en mi verga. Cómo se levanta para sacarla y meterla de nuevo. Le describes mi verga dura, penetrándola. Ella goza de ese sube baja y comienza a gemir con mayor intensidad. Me va mojando en cada movimiento. Como ella me da la espalda, le acaricio sus nalgas, las separo y le llevo un dedo a su culito, presionando en la entrada del mismo. Lo mojo con mi saliva y lo introduzco poco a poco. Ella reacciona con otro orgasmo mojando mis testículos y muslos. Se inclina hacia ustedes para dejarme meterle más mi dedo y dentro puedo sentir mi pene cogiendo su vagina a través de la pared de su intestino.

    La vecina mueve su cadera para sentirse bien cogida. Tú sigues cogiendo el culo del vecino y masturbándolo fuerte. Y le preguntas a la vecina que si ella lo coge así. Ella solo gime y niega con la cabeza. Tú ya metes tres dedos en él y sólo podemos escuchar sus gemidos al ser penetrado por ti. La vecina intensifica sus movimientos cogiéndose mi pene y mi dedo, su excitación está al tope. Vuelve a venirse sobre mi gimiendo su orgasmo y yo comienzo a eyacular dentro de ella. Se estremece y mientras, tú vuelves a hacer que se venga su pareja, disparando su semen intensamente y rápido te llevas su verga a tu boca para disfrutar de su eyaculación, succionándolo para sacarle hasta la última gota. La vecina siente sus últimos estertores y se separa de mi pene, voltea a besarme y agradece los momentos tan intensos.

  • El mejor polvo de mi vida fue con mi suegro

    El mejor polvo de mi vida fue con mi suegro

    Estaba en pareja hacía varios meses con Facundo. Yo tenía 25 años y él 28. Nos habíamos conocido en el Banco donde ambos trabajábamos, y estábamos muy enamorados. Nos entendíamos en prácticamente todo, pero en la cama yo sentía que algo me faltaba. La pasábamos bien, había piel entre nosotros, pero Facu era muy tradicional en sus prácticas, y yo todavía no sentía tanta confianza para decirle algunas cosas que me gustaría hacer o que me hiciera. Su personalidad era espectacular, era un tipo muy divertido y gracioso, y compartíamos una visión muy parecida de la vida. Nunca me había pasado de encontrar a alguien con quien pudiera proyectar un futuro como con él.

    Todavía no convivíamos, cada uno vivía en su departamento, pero yo pasaba mucho tiempo en el suyo, que era más amplio y nos quedaba más cerca del trabajo.

    Él conocía a mi familia, ya que ansiosos por saber quién me tenía tan enamorada, habían propuesto una cena para conocerlos. Por el contrario, aunque yo ya conocía a mi cuñada y su pareja, todavía no conocía a mis suegros, que vivían en otra ciudad. Ellos sabían de mí, pero quedaba pendiente aún la presentación oficial. Yo sabía que eran padres relativamente jóvenes, o por lo menos más que los míos, ya que habían tenido a Facu a los 20 años, mientras que mis padres tenían más de 30 cuando yo nací.

    Un día estábamos almorzando en su departamento, y Facundo me comentó que el fin de semana sus padres viajarían a nuestra ciudad para festejar el cumpleaños de su madre con él y su hermana, y que consideraba que sería la ocasión ideal para que nos conociéramos. Yo me entusiasmé, ya que no quería seguir postergando la presentación. Sentía que cuanto más tiempo pasara sin conocerlos, más aumentaría el misterio y las expectativas.

    El sábado por la mañana, mi novio se levantó temprano y desde la cama le pregunté:

    – ¿A dónde vas?

    – A buscar a mis padres al aeropuerto. Los dejo en el departamento que alquilaron y vuelvo. No me tardo – dijo mientras se agachaba sobre mí para besarme

    Me levanté de la cama, desayuné, y comencé a mirar en el guardarropa qué me pondría para la cena con mis suegros aquella noche. Quería ir linda pero no excesivamente arreglada. Separé un par de vestidos y algunas polleras, ya que era verano y esos días hacía mucho calor.

    Al rato volvió Facundo y dijo que sus padres estaban ansiosos de conocerme, y que nos encontraríamos a las 20:00 en un restaurante elegante que se encontraba a poca distancia de donde estábamos.

    A medida que se iba acercando el horario en el que debíamos salir, mis nervios comenzaron a aumentar y Facu me calmó.

    – No te preocupes, amor. Mis padres son relajados y divertidos, y les encanta que esté en pareja porque me ven muy feliz. Te van a amar.

    Después de probarme varias opciones, terminé optando por un vestido negro entallado, pero no demasiado apretado, que marcaba mi cintura y tenía un escote sensual pero no exhibía mis pechos en exceso. Eso con unas sandalias de plataforma, y listo. Soy bastante pequeña de estatura, y mi novio bastante más alto que yo, por lo que generalmente me pongo calzado que tenga cierta altura para tratar de equilibrarnos.

    Llegamos al restaurante, que aunque era muy lindo y elegante, tenía cierto clima informal que yo agradecía. Una chica muy amable nos llevó hacia nuestra mesa, donde mis suegros ya estaban esperándonos.

    Juan, el papá de Facundo, era un hombre de unos 48 o 50 años, pero que tenía cierto aire de juventud que me agradaba. No trataba de parecer un adolescente, pero sonreía y se manejaba de una manera que me hizo sentir muy cómoda. No parecía un señor amenazante, aunque sí daba la imagen de padre definitivamente. Llevaba el pelo corto y prolijo, castaño con algunas canas que no se preocupaba en ocultar, y que le quedaban muy bien. Vestía una camisa gris, y un vaquero que no era ancho, pero tampoco demasiado skinny. Lo que llevaba en los pies no llegué a verlo cuando se paró a saludarme.

    Me saludó afectuosamente, con un corto abrazo y una seductora sonrisa.

    – ¡Al fin te conocemos! Nuestro hijo te tenía escondida – bromeó

    Yo sonreí y pasé a saludar a Elena, mi suegra. Elena era una mujer alta y esbelta, rubia, de una edad similar a su marido. La veía tan joven en comparación con mi madre. Estaba vestida demasiado elegante en comparación al resto de nosotros, y llevaba su rostro muy maquillado. Un delineado negro, bastante máscara de pestañas y los labios rojos prolijamente pintados. Lo primero que pensé fue lo incómodo que sería comer cuidando que no se le corriera el labial.

    – Feliz cumpleaños, Elena – le dije saludándola con cierta timidez

    – Muchas gracias, querida, qué placer conocerte finalmente – me respondió cariñosamente mientras me abrazaba.

    Pocos minutos después llegó mi cuñada, Estefanía, con su novio Martín. Pidieron disculpas por el retraso, saludaron con un beso a cada uno, y abrazaron a Elena deseándole feliz cumpleaños.

    La cena se llevó adelante de manera fluida, y fue menos incomodo de lo que creía que iba a ser. Me preguntaron acerca de mi familia, del trabajo, los estudios. Y siempre fueron muy amables conmigo, especialmente mi suegra.

    Mi suegro, por su parte, se quedaba callado por momentos extensos y me miraba fijamente. Cuando nuestras miradas se cruzaban, no quitaba la suya, sino que la sostenía y emitía una leve sonrisa seductora, antes de seguir comiendo o hablando.

    Esta situación me ponía un poco nerviosa, y al principio quitaba la mirada por reflejo al encontrarme a Juan mirándome. Pero a medida que pasaba el rato, cada vez le podía sostener más la mirada, mientras el resto de los presentes no parecían percatarse. Cuánto más lo miraba más atractivo me parecía. Esa mezcla entre figura paternal pero con ese aire relajado me parecía muy sensual.

    Al finalizar la cena, salimos los seis juntos. Estefanía y Martín saludaron y se fueron caminando a su casa que quedaba muy cerca. Con Facundo saludamos luego a mis suegros.

    – Muchas gracias por la invitación esta noche, la pasé muy lindo. Ah, y felicidades de nuevo – dije, saludando a Elena con un abrazo.

    – El placer es todo nuestro. Gracias por venir – respondió ella

    Me acerqué a Juan para saludarlo, y al abrazarme pasó su mano muy suavemente por mi cintura y apretó sutilmente. Sentí como algo en mi cuerpo tembló y un calor subió por mi cuerpo. No sabía si había sido real o yo estaba alucinando esa situación.

    – Realmente es un placer conocerte – dijo susurrando en mi oído mientras me abrazaba.

    Sentí su cálido aliento en mi cuello al hablarme y cómo los vellos se me erizaban. Definitivamente no era fantasía mía. Mi suegro estaba flirteando conmigo.

    Ellos se fueron en el auto sin que nadie más se percatara de esa secuencia de hechos, y Facu y yo nos subimos a su auto. Yo iba muy callada en mi asiento.

    – Amor, ¿estás bien? Te noto callada.

    – Sí, Facu, estoy muy bien. Sólo un poco cansada. La pasé muy bien hoy.

    – Yo también – me dijo mientras me sonreía y apretaba cariñosamente mi rodilla desnuda.

    En ese momento, yo fantaseé con que fuera la mano de Juan la que me tocaba.

    A la mañana siguiente, Juan salió alrededor de las 10 a juntarse con unos amigos, con los que jugaba un partido de fútbol. Yo me quedé durmiendo un rato más, ya que era domingo y era el día en el que aprovechaba para dormir un poco más.

    De repente me despertó el timbre, pero no era el del edificio, sino el del departamento. Me levanté y sin vestirme me acerqué a la mirilla de la puerta (como hacía calor, dormía sólo en bragas y una remera muy grande y un poco larga, que me llegaba un poco más abajo del culo). Era mi suegro. ¿Cómo había entrado al edificio?

    Abrí levemente la puerta escondiendo mi cuerpo semidesnudo tras ella, y dije:

    – Hola, Juan. No sabía que venías. Facu se fue a jugar un partido.

    – Buen día, perdón que venga sin avisar. Y perdón si te interrumpí mientras dormías. Un vecino me dejó pasar al edificio. Puedo volver en un rato.

    – No hay problema, ya iba a levantarme. Si quieres puedes pasar.

    – Si no es molestia, claro.

    Abrí la puerta con un poco de vergüenza. Me miró de arriba a abajo con una cara que no pude descifrar.

    – Perdón que te reciba así, es que hace tanto calor que duermo de esta manera. Voy a ponerme algo más.

    – No hay problema, no es necesario que te mueras de calor por mi culpa… – me dijo con una sonrisa pícara

    Me reí y sin responder nada más, me puse una bata arriba de lo que tenía.

    – ¿Te sirvo un café? – ofrecí

    – Por favor

    Serví dos tazas y llevé unos bizcochos a la mesa.

    Él estaba mirando alrededor todo, y cuando llegué se sentó.

    – Facu no debería tardar demasiado en llegar – dije como disculpándome

    – No tengo ningún apuro, además disfruto de tu compañía -dijo sonriendo mientras tomaba de su taza.

    – ¿Están disfrutando su estadía en la ciudad? – pregunté porque no sabía qué decirle

    – La verdad que sí, pensábamos quedarnos sólo el fin de semana pero nos han cancelado el vuelo. Así que parece que tendremos que quedarnos unos días más.

    – Qué mal lo del vuelo

    – ¿Quieres que nos volvamos? – preguntó bromeando

    – No, para nada – respondí nerviosa

    No paraba de mirar a este hombre que hoy vestía una remera de mangas cortas de algodón blanca, que resaltaba su cuerpo firme. Se notaba que mi suegro se ejercitaba de alguna manera. En las piernas llevaba una joggineta gris oscura, y zapatillas. Vestido informal me gustaba aún más.

    – ¿Por qué me miras así? – dijo divertido

    Yo, cayendo en la cuenta de que lo estaba mirando en silencio, dije:

    – Así ¿cómo?

    – Así, como te miraba yo a ti anoche.

    – ¿Cómo me mirabas tú anoche?

    – Contemplándote – dijo y acercó su silla a la mía – sé que no está bien, pero anoche me dieron ganas de haberte conocido antes que Facundo.

    Dijo esto tomándome de mi rodilla suavemente, igual que había hecho mi novio la noche anterior en el auto. ¿Mi fantasía se estaba cumpliendo? Me miraba como midiendo mi reacción, como si no quisiera incomodarme pero a la vez supiera que a mí me pasaba lo mismo. En un impulso de calentura me acerqué lentamente y lo besé. Tenía una boca hermosa y una corta barba, prolija y medio canosa.

    Nos comenzamos a besar lenta pero firmemente, él seguía con una mano en mi pierna, ahora la había subido a mi muslo, y con la otra me tomaba de la cara suavemente. Sentía su lengua jugando dentro de mi boca, sus labios entrelazándose con los míos, y no podía creer cuánto estaba disfrutando de ese momento. Por unos minutos creo que no fui consciente de que era mi suegro. Y para cuando lo noté, ya era tarde.

    Me paré y sin dejar de besarme me desabrochó la bata, y me la quitó tirándola al piso. Sólo quedaba con mis bragas y mi remerón blanco, que hacía que se me notaran los pezones duros de lo caliente que me tenía Juan.

    Me senté encima de él pasando mis piernas alrededor de su cuerpo y continué besándolo cada vez con más pasión.

    Sus enormes manos se metían debajo de mi remera, acariciaban mi cintura con firmeza, y bajaban hasta mi culo donde apretaba con fuerza.

    – No puedes estar tan buena – dijo

    – Nunca me imaginé estar haciendo esto

    – Yo tampoco

    Comencé a moverme sobre mi suegro, me sentía muy caliente y bastante mojada ya. Situación que empeoraba (o mejoraba) al sentir la dura verga dentro de su joggineta gris, mientras mis labios vaginales la rozaban una y otra vez. Me quitó la remera y besó mis pechos, los lamió, pellizcó mis pezones mientras volvía con su boca hacia la mía. Nuestras respiraciones se agitaban, nuestros alientos se mezclaban. Y de repente tiró de mi pelo cerca de mi nuca, y mirándome a los ojos me dijo:

    – Desde ayer que me muero de ganas de follarte

    – Y yo de que me folles

    Me arrodillé delante de su silla y comencé a acariciar su pene por encima de su ropa. Venía su cara de placer y sus suspiros me calentaban de manera inexplicable. Mirándolo a los ojos con la mayor cara de puta que pude poner, pasé mi lengua por encima de su joggineta. Quería volverlo loco.

    Bajó un poco sus pantalones y su bóxer ajustado negro, agarró su verga y mirándome me preguntó:

    – ¿Esto es lo que quieres?

    – Todo esto quiero – dije mientras tomaba con mi mano su verga bien dura, de un tamaño perfecto. Los años no eran ningún problema para su erección.

    Escupí su pene mientras lo masturbaba, y miraba cómo emitía un leve gemido. Pasé mi lengua por sus testículos, deteniéndome un rato allí, tratando de ponerlo cada vez más caliente. Luego lamí suavemente su verga desde la base hasta el glande, y allí la introduje en mi boca. Nunca pensé que podría llegar a tener alguna vez el pene de mi suegro en mi boca. Y mucho menos pensé que me iba a gustar tanto.

    Comencé a chupar cada vez con más velocidad, haciendo garganta profunda por momentos. El sostenía mi cabeza agarrándome del cabello y la presionaba contra su miembro, le gustaba verme ahogada, le gustaba ver como mis ojos se humedecían y escuchar el ruido de mi arcada. A mí también me encantaba. Facundo era tan correcto que jamás me ahogaría con su verga, ni aunque se lo pidiera.

    – Cómo me gusta que me la comas así, hacía tanto que no me la ponían tan pero tan dura.

    Me agarró del cuello firmemente y me levantó del piso. Me besó con pasión, con urgencia. Sacó mis bragas. Quité su remera, que todavía llevaba puesta. Y él se sacó el resto de las prendas que le quedaban.

    Lo miré por un instante, contemplando lo bueno que estaba mi suegro. Con ese cuerpo de cincuentón muy bien llevado. Cuerpo firme, un poco de pelo en el pecho pero no demasiado, piernas de alguien que realiza deporte, y un pene duro y grande, y lo mejor de todo: listo para follarme.

    Me llevó hacia un espejo que Facundo tenía en su living, de esos espejos que van desde el piso hasta casi el techo, para mirarte de cuerpo entero. Me apoyo de cara al espejo, con mi culo apuntando hacia él. Yo podría verme y verlo por el espejo.

    Comenzó a meter sus dedos en mi vagina completamente lubricada, muy mojada. Me miraba por el espejo, se chupaba los dedos y volvía a masturbarme. Pasaba por mi clítoris, y se arrodillaba para chupar mi sexo. Yo creía que iba a enloquecer de placer.

    – Quiero sentir esa verga adentro mío, ahora mismo – le dije y él se paró y en un movimiento brusco, me la metió.

    Se me escapó un grito de placer, y pensé por un instante en los vecinos de mi novio, que podrían saber que estaba con otra persona. Pero inmediatamente ese pensamiento desapareció, porque tenía a mi suegro a mis espaldas dándome durísimo. Me agarraba bien fuerte de la cintura y embestía con fuerza y ritmo. Creo que jamás la había pasado tan bien teniendo sexo con alguien. Ambos gemíamos y él comenzó a darme nalgadas mientras me penetraba. Yo gemía más fuerte.

    – Te gusta así, ¿verdad? – decía Juan

    – Me vuelve loca así, hazlo más fuerte

    Juan me golpeaba con más fuerza en el culo, dejándome irritada la piel. Y yo disfrutaba como nunca. Luego me tomó del cuello con fuerza con una mano, ahorcándome, y con la otra estimulaba mi clítoris, todo mientras seguía follándome con fuerza. En mi oído sentía su respiración agitada y sus gemidos.

    – Me vas a hacer venir cómo nunca – le dije

    – Eso quiero. Que te vengas como con nadie. – Me respondió, y ambos sabíamos que hablaba de su hijo

    Continuó penetrándome con ritmo, con su mano izquierda como collar en mi cuello, y su mano derecha tocándome. No tardé mucho en sentir los fuertes y descontrolados espasmos del orgasmo, que me hicieron volver a emitir un grito de placer.

    Juan aminoró su ritmo, pero él no había acabado todavía.

    Chupó su dedo y comenzó a acariciar mi ano. Cosa que me excitaba muchísimo, y que Facundo nunca hacía,

    – Ahhh, me encanta – le decía mientras él metía suavemente su dedo en mi culo y seguía follándome muy lentamente para no venirse todavía

    – ¿La quieres por el culo?

    – Me encantaría, pero no tenemos lubricante aquí – dije dejando claro que «aquí» se refería a la casa de su hijo, porque en mi casa tenía lubricante, juguetes, miles de cosas que ya no usaba hace mucho.

    – Otro día será… – me dijo, sacando su dedo de mi culo

    – Por ahora, quiero que te vengas en mi boca antes de que Facundo llegue.

    Parece que haber nombrado a su hijo en esos términos, lo calentó mucho más. Me recostó sobre el sillón, se puso encima de mí y metió su todavía dura verga entre mis labios, y comenzó a follarme la boca. La metía hasta el fondo, gimiendo, disfrutando de verme allí y así. Al poco tiempo comencé a sentir su semen caliente dentro de mí, lo tragué y parte de él se cayó por mis labios. Al salir de dentro de mí tomé con mis dedos el restante que quedaba en mi cara y lo lamí. Me miró con ojos destellantes.

    – Eres la mejor nuera que podría haber pedido – dijo Juan bromeando

    – Lo mismo digo, suegro. Con que te quedas unos días más…

    – Sí… – antes de que pudiera decir nada más, sonó mi celular.

    Era un mensaje de Facundo. “Amor, estoy llegando, voy con Felipe. En 5 minutos nos vemos. Te amo”.

    Nos vestimos todavía agitados, con toda prisa. Teníamos ropa por todo el piso del living, el espejo estaba sucio, y yo tenía que buscar ropa para vestirme adecuadamente. Juan se vistió rápido y se sentó casualmente en el sillón, para que su hijo lo encontrara despreocupadamente allí. Yo me fui a la habitación y me puse un corpiño y un vestido. Me peiné, y estaba en el baño cuando escuché la puerta.

    – Hola papá, no sabía que estabas aquí. ¿Te acuerdas de Feli?

    – Sí, claro. Hola Felipe. Vine a contarte que me suspendieron el vuelo y me quedo unos días más en la ciudad.

    – Me hubieras avisado y venía más rápido – respondió Facu

    No hacía falta, llegué hace un rato y tu novia muy amablemente me ofreció un café.

    Salí del baño luego de cepillarme bien los dientes para quitarme el gusto a semen, y saludé a Facundo con un beso. Con Juan nos miramos. Ya queríamos follarnos de nuevo.

  • Primera vez con dos machos, Roberto y Pedro

    Primera vez con dos machos, Roberto y Pedro

    Llevaba más de un año desde que Roberto me cogió por primera vez,  en más de una ocasión me pidió que me fuera a vivir a su departamento, pero nunca acepté, pensé que vivir con él sería vivir una relación de pareja, además como explicaría a mis padres que estaba viviendo con un hombre maduro, mis padres me iban a visitar en forma periódica, cada 4 o 5 meses, y además eran los encargados de pagar la renta de mi departamento, la cual pagaban con transferencia bancaria directamente al dueño, y les gustaba tener contacto con el dueño, ya que me decían que les daba mayor seguridad saber a quién dirigirse por cualquier emergencia o que no pudieran localizarme, además en cada visita cuestionaban al dueño sobre mi comportamiento, cosas de padres.

    Como ya se había hecho costumbre durante la semana entrabamos al chat y juntos protagonizábamos alguna fantasía escrita, la cual posiblemente llevaríamos a cabo el siguiente sábado, en esta ocasión, me dijo que me tenía una sorpresa el sábado, quise indagar, pero no me quiso dar detalle.

    Me puse a pensar cual sería la sorpresa, y me di cuenta que pronto sería mi cumpleaños, pensé que tal vez esa sería la sorpresa, pero enseguida la deseché, solamente en una ocasión me preguntó mi cumpleaños y eso había sido ya un par de meses, cuando me llevó a celebrar su cumpleaños en una cabaña en Huasca, Hidalgo.

    Llegó el sábado y realicé mi aseo personal como de costumbre y me puse un conjuntito de bra y tanguita de color rojo que me quedaba muy sexy y que Roberto me había regalado y unas mallas negras, me puse mi pantalón y playera y salí a mi encuentro con Roberto.

    Como de costumbre ya estaba el auto de Roberto esperando, pero al acercarme noté que no estaba solo, había otra persona en la parte de atrás.

    Me extrañó mucho la situación, paré un segundo para ver si esa persona bajaba, pero Roberto que estaba esperándome me vio y me hizo señas que me acercara y me subiera al auto.

    Con algo de confusión me acerqué y me subí al auto.

    – Hola Ariel, mira, te presento a Pedro.

    – Mucho gusto, señor, le contesté acercando mi mano para estrecharla.

    – Mucho gusto princesa- respondió Pedro, al tiempo que jalando mi mano me acercó a él y me daba un beso en la mejilla.

    Mi cara era de sorpresa, me quedé helado, sin saber qué hacer, cuando Roberto al ver mi estado sonrió y me dice:

    – Recuerdas cual es la fantasía que me dijiste hace algunas semanas?

    En ese momento recordé que le había dicho a Roberto que mi fantasía era hacer el amor con dos machos, pero era solo una fantasía, no tenía intención de llevarla a cabo.

    – Me has complacido en todo, y quiero hacerte realidad tu fantasía, dos machos que te follen y te llenen de leche amor.

    Mi mente dudaba en decir algo, explicarle que era solo una fantasía, si bien el hecho de estar con dos machos me daba mucho morbo, también tenía temor a contagiarme de alguna enfermedad venérea o incluso de VIH, no conocía a esta persona.

    – Ya sé lo que estás pensando Ariel, ja ja, pero no te preocupes, contacté a Pedro por medio del chat, para hacer un trío, y entre varios candidatos fue el mejor, es un hombre casado, que quiere probar algo diferente, aburrido de la monotonía, con su esposa – mencionó Roberto.

    – Es cierto, princesa, tu macho te cuida y mucho, te diré que hasta me hizo que sacara unos análisis clínicos y que se los enviara por correo, para demostrar que estoy limpio, ja, ja, – intervino Pedro.

    – Si amor, eres mi cosita más preciada y tengo que cuidarte, ja ja,- volvió a intervenir Roberto, dándome una palmada en la pierna.

    – Sabes, el sexo se ha hecho monótono con mi esposa, Roberto me ha contado algunas cositas de ti, y estoy ansioso de tenerte, mi esposa nunca me ha dejado penetrarla por la colita

    Seguimos charlando, poco a poco mis temores fueron disminuyendo, todavía estaba nervioso, pero ansioso a la vez y Pedro no se veía mala persona, era muy agradable, un poco más alto que Roberto, velludo, corpulento y de tez blanca. Tendría unos 40 años, se veía un poco menor que mi macho.

    Pronto llegamos al edificio de Roberto, sentía una mezcla de ansiedad y nervios, mi corazón estaba un poco agitado e incluso sentía un cosquilleo en la colita, creo de anticipación porque hoy se comería su segunda verga.

    Entramos al departamento, y Roberto nos ofreció unas cervezas, me senté en el sofá con Pedro a un lado mío, no sabía cómo actuar y esperaba que Pedro tomara la iniciativa, pero creo que a él le pasaba lo mismo.

    Al regresar, nos ve Roberto y nos dice:

    – Que les pasa, a lo que vinimos, y acercándose me levanta y baja el pantalón, quedando mi trasero descubierto, sólo con mis medias y tanga.

    – Mira este culo, Pedro, acaso no es el mejor culo que has visto en tu vida- comentó Roberto, exhibiendo mi trasero a los ojos de Pedro.

    – Ufff, si, es precioso, de película, solamente he visto culos así en las películas, es hermoso- exclamo Pedro al tiempo que me apretaba una nalga.

    Era una sensación extraña, pero al mismo tiempo morbosa, mi macho presumía mi culo y al mismo tiempo me estaba exhibiendo como una puta.

    – Ufff, princesa que colita tan hermosa tienes, eres una ricura, me pones tieso con solo ver tu traserito – Exclamó Pedro

    Pedro se llevó un dedo a la boca y llenándolo de saliva y abriendo mis nalgas hizo a un lado la tanguita y buscó mi orificio, empujó su dedo y sentí como me iba entrando al tiempo que daba un respingo y daba un gemido, el cual fue callado por un beso de Roberto.

    – Que apretadita estás princesa, y caliente, me encanta como aprietas – exclamó Pedro tomándome del cuello, Roberto me jaló sobre él, al tiempo que se sentaba sobre el sofá, tuve que tomarlo de los hombros para no perder el equilibrio, subiendo mi rodilla sobre el sofá y quedando empinado.

    – Si ya está usadito, pero es muy elástico, y me encanta porque siempre aprieta muy rico- Exclamó Roberto, refiriéndose a mi culo.

    Roberto seguía besándome, me ayudó a quitar la playera, mientras Pedro me quitaba completamente el pantalón y quedando solamente con la tanguita roja y las mallas negras.

    Mis manos bajaron el pantalón de Roberto y empiezo a desabrocharlo, su verga salió disparada y acerqué mis labios a su verga, doblando mi espalda y levantando más la colita.

    Las manos de Pedro abren mis nalgas y empieza a comerme el culo, haciendo a un ladito la tela de la tanguita, hundió su cara entre mis nalgas y su lengua se posicionó en mi orificio, un nuevo gemido salió de mi boca, cuando sentí que su lengua vencía mi esfínter y se colaba en mi interior, este gemido fue nuevamente ahogado por la verga de Roberto, ya que me tomó del pelo y me hundió su tronco muy profundo sujetando mi cabeza unos segundos, hasta que sentí nauseas, La lengua de Pedro seguía explorándome, entrando y saliendo de mi culo. Me mordía las nalgas y succionaba mi hoyito, haciendo que me retorciera, un torrente de placer recorrió mi cuerpo, mis gemidos iban poco a poco aumentando de intensidad.

    Sentí su lengua abandonar mi culo y su verga ardiente azotar mis nalgas, ni cuenta me di cuando Pedro se quitó la ropa, ahí me incorporé, pensé que esos dos machos me querían gozar por mucho tiempo y mi culo necesitaría lubricante para que no me rozara tanto el culo y pudiera aguantar las cogidas de mis machos.

    – Esperen, amores, si quieren follarme mucho tendrán que ponerme lubricante para aguantarles semejantes vergas- Exclamé

    Roberto sonrió y le indicó a Pedro sonde estaba el lubricante y en ese momento pude verle su verga, era ligeramente más corta que la de Roberto, pero más gruesa, venosa y cabezona, de un tono de piel ligeramente más claro que Roberto, que hacía que la cabeza rosada contrastara y brillara, mientras tanto volví a inclinarme y empecé a mamarle la verga a Roberto, segundos después sentí un líquido frío y viscoso en mi colita y abrí más mis piernas y empiné la cola, con dos dedos Pedro se encargó de esparcir el lubricante por la entrada de mi esfínter, y empujó dos de sus gruesos dedos, los cuales estiraban mis pliegues internos, saqué la verga de Roberto de mi boca y lancé otro gemido, mientras los dedos de Pedro removían las paredes de mi orto, Roberto me jaló para besar mi boca.

    Sentí que Pedro me quitaba la tanguita y posteriormente la caricia suave de su verga recorriendo el canal entre mis nalgas, resbalando, ardiente y dura, mientras seguía apretando y acariciando mis nalgas.

    Posicionó su verga entre mis nalgas y encontró mi hoyito, sentí sus manos abrir mis nalgas y su verga fue abriéndome poco a poco, pero sin detenerse, apoyé mi cara en el pecho Roberto, si bien mi colita ya había sido usada muchas veces por Roberto, el diámetro de la verga de Pedro era mayor, por lo que sentí que mis pliegues se estiraban más de lo acostumbrado y me dolió un poco, intenté relajarme y aflojé la colita todo lo que podía y pronto sentí el roce de los vellos púbicos de Pedro en mis nalgas, seguido de una nueva embestida que me hizo gemir y dar un respingo hacia adelante apoyando mi cara en el pecho de Roberto.

    Roberto me toma de una nalga y la abre al tiempo que susurra a mi oído:

    – Mmmm, te gusta amor?, te gusta sentir la verga de otro macho, disfruta, mi putita rica.

    – Aghhh -Gemí, fue mi única respuesta, pero no hacía falta más, Roberto solo sonrió.

    Las embestidas de Pedro fueron aumentando poco a poco se velocidad, mis nalgas rebotaban duro en su pelvis y balanceaban mi cuerpo hacia adelante, donde el cuerpo de Roberto era mi apoyo para no caer de bruces.

    Mis gemidos iban aumentando de intensidad y Roberto buscó mis labios, su lengua se introdujo y exploró el interior de mi boca, ahogando mis gemidos al tiempo que sentí una embestida profunda y la descarga de leche ardiente en mi interior, Pedro se recostó en mi espalda y acercándose a mi oído me susurro.

    – Me encantó, princesa, has sido el mejor culo de mi vida, me hiciste acabar muy rápido, que delicioso aprietas.

    Pedro se incorporó y cambió de posición con Roberto, acercó si verga morcillona a mi cara y empecé a mamarla, saboreando los restos de su leche, apreté su verga y unas gotas de leche salieron de su verga, las cuales tomé con mi lengua, y le encantó.

    – Ay, princesa, me has dejado seco, que rico exprimes mi verga, ufff, sigue mamando, me encanta.

    Sentí las manos de Roberto en mis nalgas y las abrió, exclamando:

    – Que rico se ve tu culo abiertito y chorreando leche, Ariel

    Acercó su verga y me la ensartó profundo, de una sola estocada, hasta que su pelvis chocó con mis nalgas, dando un respingo y un gemido que se ahogó en mi boca, ocupada con la verga de Pedro.

    – Ufff, Ariel, se te fue toda de una, Pedro, haz dejado el culito de Ariel más abierto que un coño, ja ja,

    – Ja ja, si, te lo preparé bien, y te lo dejé bien lleno de lechita, ja, ja, – contestó riendo Pedro.

    Las embestidas de Roberto eran largas y profundas, haciendo que en cada embestida la verga de Pedro que ya se había puesto nuevamente dura me entrara hasta la garganta, sentía que el semen de Pedro seguía escurriendo por mis piernas a medida Roberto me seguía embistiendo, sacando la leche depositada en mi interior, la leche entre mis nalgas empezó a formar una capa blanquecina y cremosa que cubría mis nalgas y el pelvis de Roberto, creo que la sensación de la leche de otro macho en mi interior y escurriendo por mis nalgas lo volvió loco, y las embestidas se volvieron más salvajes, embistiéndome duro, sin piedad, prácticamente taladrando mi culo, mientras Pedro también me ensartaba su verga en la boca, la cual sentía recorría mi paladar y hundirse en mi garganta, aguantaba lo que podía, se me dificultaba respirar, sentía como si fuera una sola verga que me entraba por el culo y salía por mi boca, el incesante golpeo de la verga de Roberto contra mi próstata provocaba que me retorciera de placer y exploté en una corrida intensa, chorros y chorros de leche salieron disparados de mi verga al tiempo que seguía convulsionando, mis ojos estaban en blanco, corrientes de placer recorrían mi cuerpo, mientras ambos machos incrementaron todavía más sus embestidas, hasta que Roberto no aguantó más y empezó a descargar en mi culo, gimiendo de placer, Pedro me dio una nueva embestida profunda hasta mi garganta y empezó a correrse también, y aunque no me gusta tragar el semen, no pude evitar que un par de chorros de semen entraran directamente a mi garganta, lo cual me causó un poco de nauseas, que me obligó sacar rápidamente su verga de mi boca y los chorros siguientes se estrellaron en mi cara, Pedro se encargó de pasar su verga por toda mi cara llenándola de leche y después meterla nuevamente a mi boca para descargar sus últimas gotas, sentí que la verga de Roberto seguía disparando chorros de leche muy profundo en mi cuerpo y empezaba a perder dureza, hasta que la sacó de mi colita y tuve que apretar las nalgas para evitar que toda la leche saliera disparada, tenía la colita demasiado llena de leche y me tuve que incorporar para ir a descargar al baño.

    Ambos me siguieron al baño y tan pronto me senté en el inodoro empecé a descargar su semen, fue un chorro abundante y fuerte, que incluso causaba un ruido como si estuviera orinando, reían y hacían bromas sobre como estaba orinando por mi coñito, como una hembra, un coñito lleno de leche.

    Nos metimos a bañar y mientras yo enjabonaba sus vergas, ellos enjabonaban todo mi cuerpo. Me sentía deseada por esos dos machos, sus vergas estaban duras y listas para seguir dándome placer.

    Tan pronto salimos del baño, luego de secarnos Roberto exclamó:

    – Vengan, vamos a la recamara, estaremos más cómodos allá y nos dirigimos todos a la recámara.

    Para resumir, solo les contaré que me volvieron a coger ambos en forma muy apasionada, se coordinaban bien, como si no fuera la primera vez juntos, en distintas posiciones y en esta ocasión duraron ambos más tiempo, acabando en mi culo y cara. Pedro se tuvo que retirar ya que tenía que regresar con su esposa y Roberto me volvió a coger esa noche.

    – Espero te haya gustado tu regalo de cumpleaños, – exclamó Roberto.

    – Sí amor, fue mi mejor regalo de cumpleaños. Gracias

    Todavía tuve un encuentro más con ambos machos en otra ocasión, me comentó Roberto que Pedro le había insistido mucho.

    Lejos estaba de imaginar que serían mis últimos encuentros con Roberto, ya que como comenté en el relato anterior pronto partiría a Tijuana.

    Después de la partida de Roberto, en cierta ocasión, Pedro logró contactarme en el chat y acepté tener un encuentro con él, pero solamente uno, la verdad, había algo que no me daba tanta confianza como la que tenía con Roberto, y su trato era diferente, si bien Roberto me trataba como su hembra, Pedro me trataba como su puta y además en el encuentro le pedí que usara condón y se rehusó, por lo que preferí no volver a contactarlo y cambié mi nick en el chat

    Traté de regresar a mi vida completamente heterosexual, y conseguí novia, pero no tardaría en caer nuevamente en manos de algún hombre y siempre por culpa de mi colita de nena.

    En la próxima ocasión les seguiré relatando mis siguientes experiencias. Agradeciendo de antemano sus comentarios, si les gustó háganmelo saber al correo [email protected].

  • Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 4-5

    Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 4-5

    Capítulo 4: Cena con Ulrich y Stefan.

    Ya en la intimidad de nuestra tienda le pregunto a Laia, que tal todo? Y me responde con una sonrisa de oreja a oreja que superbién. Me comenta que Stefan está muy bueno con sus ojos azules, rubio, barbita de días y el 1,85 m, pero también su pollón de 19 cm que se lo ha follado bien y los ojos le brillan al hablar de él, aunque también me comenta que Ulrich no está tampoco nada mal, siendo más bien castaño-canoso, más alto (1,90 m) y en sus atributos no tan bien dotado, similar a mis 15 cm. La veo muy excitada… Nos duchamos y empezamos a mirar que nos ponemos para ir a cenar y luego ya salir de fiesta… es sábado, y habrá fiesta grande.

    Después de ducharnos, miramos como nos vestimos… Laia está nerviosa y muy dubitativa, yo acabo rápido, escojo una camisa blanca, unos pantalones de vestir azul eléctrico (parecidos a unos jeans) y zapatos marrones a juego con el cinturón también marrón. Laia la observo dudando entre varios vestidos y al final se gira y me pregunta directamente: tú que piensas? Cuál te gusta más? Miro los diferentes conjuntos que tiene puestos encima de la cama inflable y escojo uno negro espectacular que favorece sus curvas. El vestido, si se le puede llamar así, es como una faldilla súper corta (que casi enseña el coño por delante y el culo por detrás) de color negro, que por el frontal salen dos barras de tela (de 4 dedos de anchas) en forma de “V” y que pasando por encima de los pechos llegan a unirse por detrás del cuello. Evidentemente con los grandes pechos de Laia, las barras de tela apenas se los tapan y le sobresalen por los lados y por el escotazo en forma de “V”. Me mira como inquiriendo que ropa interior ponerse, y por supuesto que no le doy ningún tanga ni bra, solo le acerco un bonito plug anal con una piedra de cuarzo rojo que sonriendo se pone. Acto seguido escoge unas sandalias negras atadas al tobillo, con una plataforma de 4 cm que confieren al tacón 14 cm… Se levanta y luciendo sus esbeltas y morenas piernas veo que me pasa ampliamente, cual hembra sexual de 1,82 m que es ahora. Se hace 2 coletas cual colegiala traviesa…

    Sonriendo y satisfecha, Laia me insta a salir ya (son las 20:25 h) pero le doy una tobillera con una Pica (QoS) y un collar con un colgante de una polla de 5 cm que le queda en el canalillo de sus grandes pechos. Salimos. Apenas caminamos 25 metros y llamamos a la puerta del bungalow.

    Nos abre Ulrich y por la expresión de su cara veo que casi le da un sincope al ver a Laia… Nos deja pasar y vemos a Stefan acabando de colocar los platos. Los dos visten sencillo, tejanos con zapatos y polo negro Ulrich y azul Stefan. Stefan se come con la mirada a Laia y nos sentamos. El bungalow está bien aprovechado y dispone de dos habitaciones, una con cama de matrimonio y otra con dos camas individuales. Nos comentan que ellos duermen en la habitación con camas individuales, y la habitación con cama de matrimonio la han utilizado para cuando han acabado con alguna fiesta en el bungalow…

    La cena es sencilla, una ensalada, así como algunas tapas y unas pizzas. Todo regado con vino francés (supongo que del supermercado) y las risas aumentan, así como el balanceo de los cuerpos, cosa que en Laia supone que sus pechos salgan de detrás de las tiras y le vayamos viendo los pezones (duros por cierto) de vez en cuando. Ulrich comenta que Laia es muy guapa y que tiene unas “peras” muy teutonas… Nos reímos mientras la temperatura de los comentarios sube. Laia se está desenvolviendo bien en inglés (supongo que las copas de vino hacen efecto) y después de dos botellas y acabar con una tarta de postre, recogemos la mesa. Mientras Laia está recogiendo los platos, un poco recostada sobre la mesa, Ulrich hace como que tropieza y se queda empotrado a lo perrito detrás de Laia… esta remueve el culo y noto por su cara como ha notado la pija del alemán… lo está calentando… Este desliza sus manos debajo de las tiras de ropa que tapan los pechos de Laia y agarrando los dos empieza a sobárselos… Le pregunto si están buenos y me contesta: Ja, ja, Alex ¡!! Nos reímos y Laia se quita sus manos. Una vez recogido todo, nos vamos para la zona de Bares Musicales y Clubs Swingers.

    Capítulo 5: Melrouse.

    Son las 22.30 h y vamos viendo el ambiente (espectacular), las tiendas y todos los restaurantes… Los hombres vestidos muy formales (ya nos avisaron que había que ir bien), pero las mujeres… madre mía… A ver quién enseña más y va más zorrona o puta… Laia hasta va demasiado puritana!!! De repente nos topamos con las holandesas: Meike (que se lio con Laia en la fiesta de La Mousse) y Marijke, que se añaden a nuestro grupo. Tanto Meike como Marijke van conjuntadas, también se parecen con su 1,72 – 1,75 m, con su larga coleta rubia y de ojos azules ambas, con una especie de vestido transparente ultra corto (prácticamente se les ve el coño y el culo) de color blanco, y que deja ver todo-todo lo que hay debajo ya que no llevan ropa interior, con unos talonazos de sus sandalias similares a las de Laia, pero en blanco. Después de deambular por el Boulevard viendo el ambiente, de entre todos los bares musicales deciden entrar en uno decorado muy bonito que se llama “Melrouse”. Son las 23.30 h y pedimos unos gin-tonics e intentamos movernos de lo lleno que esta, hora punta… Hablamos (gritamos), bailamos como podemos y al final las chicas se suben a una especie de tarima con barras verticales (como de bar de striptease) y empiezan a bailar contorneándose. Laia muy contenta, va bastante pedo ya, y se empieza a desmelenar bailando y veo que nosotros desde debajo le vemos todo el potorro al igual que a las holandesas…

    Las tres bailando están poniendo cardiacos a los tíos, y a algunas tías que hay debajo… y algunos empiezan a tocarles las piernas a las niñas subiendo sus dedos hasta casi tocarles el chocho… Veo la cara de excitación de Laia y agarrada a la barra, contorneándose baja su culazo bien abierta de piernas hasta quedarse en cuclillas y una chica que la estaba acariciando las piernas desliza su mano hasta el fondo e intuimos que empieza a tocar otras cosas… Me tiene totalmente descolocado, ya que nunca le habían gustado las chicas y ahora se está dejando hacer… Por su cara, se intuye perfectamente que le están haciendo una paja… Laia se vuelve a levantar y empiezan las tres chicas a bailar haciendo como una “S” hasta que acaban haciendo un trenecito con Laia entre medias de las holandesas… Laia se agarra de las caderas de Merijke, y Meike agarra los pechos de Laia por debajo de la ropa acariciándolos y estrujándole los pezones, de forma que esta empieza a suspirar de placer… Merijke se vuelve y entre las dos le hacen a Laia un bocadillo sobándola por todas partes… Laia está muy sudada y caliente, pero con cara de vicio acepta a regañadientes el cambiar de local… da a entender que va a querer más enseguida.

    Continuará…

  • Obsesión cornuda, Liz (Parte 3): Final

    Obsesión cornuda, Liz (Parte 3): Final

    La suerte estaba echada. César tomaría la virginidad de mi linda novia Liz. No podía evitarlo, lo sabía, cuando ella colgó esa llamada no me preguntó ni una vez si estaba seguro, solo tomó su oportunidad. Al menos quise hacerle una petición que ella aceptó, por culpa tal vez.

    Al otro día en clases intenté no pensar en eso, y llegó el receso, Liz me esperaba donde siempre. Me senté a lado de ella y no me atreví a tomar su mano, fuimos al comedor y cuando se empinó un poco para servirse, miré su culo, noté que sus nalgas se veían más lindas y redondas que de costumbre con esa floja falda de tablones, como si estuviera más marcada la redondez de sus nalgas.

    — No traes los shorts de licra — dije sin dejar de mirar, ella se volteó.

    — No — dijo avergonzada.

    — ¿Que traes debajo? — dije nervioso.

    — Pues — balbuceaba viendo su ensalada — Una tanga — dijo débilmente.

    Salimos de ahí de la misma manera que entramos, prácticamente sin hablar, ella con la vista clavada al suelo y yo viendo al frente, la chicharra sonaba, ella se despidió levantando una mano, sin beso, y la vi alejarse. Cuando acabaron las clases me llegó un mensaje.

    — Ya me fui, tengo que preparar algunas cosas ¿Ok? — me dijo ella en texto, enfurecí.

    — ¿Qué cosas? Debiste despedirte — escribí furioso.

    — Lo siento, no te enfades por favor — escribió ella rápidamente — Te amo — agregó de inmediato ¿Sólo quería que no echara abajo su gran día? — Quiero ordenar el cuarto — respondió, obviamente no fue una buena excusa.

    — Recuerda el plan — escribí.

    Llegué a mi casa e intenté no subir a mi cuarto, si estaba a solas me masturbaría, y si me masturbaba recobraría la cordura, no quería enfrentarme a la realidad. Lave los trastes, platique con mi madre, jugué solo con un mazo de cartas. Fue la tarde más larga de mi vida.

    Me desesperé y fui por mi celular, llegué a las 2:30 pm a casa, vi la hora, 5:48 pm, lo desbloqueé y ni un solo mensaje, vi la última hora de conexión de ella, 2:53 pm, sentí un escalofrío al pensar que obviamente a esa hora había llegado él y que estaban tan ocupados que ella ni siquiera había mirado su celular.

    Subí a mi cuarto y comencé a masturbarme viendo aquellas fotos que irónicamente el mismo César le había tomado. Me masturbé como loco viendo las fotos, pensaba en todo el placer que él estaría obteniendo ahora mismo con ella, casi me corría y me detenía, no quise aclarar mi mente, 6:20 pm.

    Decidí relajarme, todo era tan abrumador, me sentí exhausto mentalmente y logré dormir un poco, desperté, de inmediato vi el celular, nada, 6:55 pm «Última hora de conexión 2:53 pm»

    Pensé en llamarla, pero ¿Y si ella se pone nerviosa y dice algo estúpido? ¿Qué haría él? Me quedé viendo como avanzaban los minutos con la aplicación de llamada abierta y su número marcado, 7:17 pm.

    Apenas cerraba los ojos y lo imaginaba a él con cara de placer histérico follándose a toda velocidad a mi novia en cuatro patas, 7:25 pm.

    Fui al baño, me moje la cara ¿Debería bañarme? Igual me tendría que bañar más tarde, podría quemar tiempo y tener un pendiente menos, el celular sonó, contesté histérico sin siquiera confirmar qué fuera ella, 7:42 pm.

    — ¡¿Bueno?! — dije histérico.

    — Hola — respondía, escuchar su voz hacía me tranquilizó.

    — ¿Ya se fue? — pregunté de inmediato.

    — Si, se acaba de ir, me dijo

    — Voy para allá — respondí interrumpiéndola y colgué.

    Corrí a mi cuarto y tomé la mochila rápidamente, bajé corriendo.

    — Voy a casa de Gustavo, una tarea — le dije rápidamente a mi papá.

    — ¿Te llevo? — preguntó.

    — No, está bien, yo voy, llego más tarde — dije rápidamente, mi padre asintió.

    Corrí a su casa y en 4 minutos estaba en su casa, toqué el timbre, ella me vio sorprendida por la ventana y fue a abrir.

    — ¿Estabas cerca? No te vio ¿Verdad? — preguntó nerviosa lanzando la mirada a la calle, llevaba solo la blusa escolar y una linda tanga roja, entré rápidamente.

    — No, estaba en mi casa — dije con la respiración agitada.

    — Ok — dijo nerviosa.

    Entramos a su cuarto, la cama estaba distendida, su falda escolar de tablones en el suelo a lado de su brassier, ella los recogía y ponía en la cama, la tanga era de hilo, ver ese hilo metiéndose entre sus lindas nalgas era increíble, miré fijamente y sin vergüenza, su coño parecía bastante húmedo.

    — Me estaba vistiendo y escuché el timbre — decía justificándose.

    Volteé a su la laptop, el celular conectado y la ventana de Windows de copiado en un 85%

    — Llegaste tan rápido que apenas se está pasando — dijo sonriendo nerviosa.

    Veíamos como se completaba rápidamente, sin decir nada, 100%, tomé el mousse de inmediato, ella detuvo mi mano.

    — ¿En serio quieres verlo? — preguntó nerviosa con su mano sobre la mía.

    — Si — respondí firmemente y di doble clic.

    — No te rías… ni te enojes — dijo débilmente.

    El video comenzaba y César hablaba detrás del celular apuntando a mi novia sentada en la cama, ella sonreía nerviosa.

    — ¿Que vamos a hacer? — preguntaba cómicamente César, ella reía — ¿Que vamos a hacer? — insistía él.

    — Follar — respondía en pantalla Liz.

    — Te voy a hacer mujer — decía cómicamente, ella reía histérica de nuevo.

    — Ok jajaja me harás mujer — él se ponía de pie y apuntaba hacia abajo.

    — ¿Cuánto llevas con tu novio? — preguntaba cruelmente acariciando su cabeza, ella reía nerviosa.

    — 1 año y medio — decía débilmente.

    — ¿Y no te ha hecho mujer? — preguntaba con crueldad, ella reía.

    — No… — respondía débilmente.

    — ¿Hace cuánto nos conocemos? — preguntaba él.

    — Mmm ¿5 meses? — preguntaba ella.

    — ¿Pero hace cuánto nos hablamos? — insistía él.

    — ¿Un mes? — respondía ella.

    — Y aun así me darás tu virginidad a mi — decía cruelmente, ella asentía avergonzada — Chúpamela — él exigía y ella le abría el cierre de inmediato, le desabrochaba el pantalón y los bajaba rápidamente hasta sus tobillos.

    Ella lamía obscenamente a todo lo largo su falo erecto por encima de sus boxers, él apuntaba firmemente y se retorcía un poco.

    — ¿Que le dijiste de grabar? — le pregunté sin dejar de ver la pantalla.

    — Solo que quería grabar, le gustó la idea — dijo en seco viendo también la pantalla.

    — Chúpamela bien putita — decía César en la pantalla.

    Liz bajaba firmemente sus boxers y su enorme verga larga y gruesa salía de un salto, ella comenzaba a darle una mamada de inmediato. Él gemía un poco y empujaba con su mano libre la cabeza de mi novia hasta hacerlo tragar casi toda su verga, era abrumador verla con la boca tan abierta y ver esa enorme verga desaparecer casi por completo dentro de ella, la retiraba de su verga con su mano sobre su frente, ella miraba la cámara esperando, él se sentaba en la cama sin dejar de grabar en primera persona.

    — Desnúdate para mí — decía lujuriosamente, ella se ponía de pie.

    Se quitaba tímidamente la blusa, un lindo brassier, el que estaba tirado en el piso, dejaba caer la blusa y se retiraba el brassier rápidamente.

    — ¿En serio él ni siquiera ha visto tus lindas tetas? — preguntaba sin mover la toma, ella negaba con la cabeza, estaba a lado mío con solo la blusa puesta, no llevaba nada debajo de su blusa y ni así había podido ver sus lindas tetas en vivo aún.

    En pantalla ella bajaba su cierre de la falda y dejaba que la falda cayera.

    — La tanga de espaldas — decía él con firmeza, ella sonreía nerviosa y se daba la vuelta sosteniendo su tanga sin bajarla — Empínate — le decía firmemente y ella reía dándole la espalda — Como quiera hoy vas estar empinada toda la tarde — reían más.

    Ella doblaba la espalda y levantaba el culo, sabía hacerlo ahora, esos días con él había aprendido como mostrar su lindo culo, sostenía su tanga delicadamente con ambas manos y la bajaba lentamente, sus preciosas nalgas firmes quedaban al desnudo y él tocaba con una mano, separando obscenamente una nalga para mostrar sus agujeros en primer plano.

    — Acuéstate — decía él con firmeza.

    Ella se acostaba en la cama boca arriba, él hacia una toma de mi linda novia desnuda sobre la cama. Él colocó el celular sobre la mesa de noche a lado de la cama, era como si miraras sentado en una silla a lado de la cabecera, a lado de ella y apuntando hacia la cama, el encuadre comenzaba en la almohada donde ella tenía la cabeza y hacia lo largo en la cama, enfocando el resto de la cama y al fondo su closet.

    Él tardaba unos segundo y luego subía desnudo a la cama y ella lo veía fijamente, la toma era perfecta, podía ver todo su cuerpo a lo largo y su cara perfectamente, él abría firmemente sus piernas y sentí un escalofrío, él veía detenidamente su coño perfectamente depilado, ella no dejaba de mirarlo. Él hundía la cara entre sus piernas y ella le ponía las manos sobre la cabeza, él alcanzaba su coño con la cara y comenzaba a comérsela, ella alzaba la cara, se retorcía un poco ante su primer lamida y gemía tímidamente, la verga me saltó en los pantalones.

    Él la veía fijamente alzando la vista con su coño en la boca, ella disfrutaba su boca entre sus piernas, él comía con más profundidad y ella se retorcía y gemía sin cerrar las piernas ni un solo segundo y apretaba con firmeza su cabeza contra su lindo coño y alzando la cadera restregándole el coño en la cara. César levantó la cabeza y la veía fijamente acercando las entrepiernas, ella recuperaba la respiración y César se ponía de rodillas frente a ella entre sus piernas, tomaba su verga con una mano y la colocaba.

    — Despacito — decía ella en pantalla débilmente, él sonreía con sorna — Despacito jaja — reía insistiendo nerviosa — ¡Ay! — expresaba ella casi gimiendo en pantalla mientras él le colocaba la verga en el coño, nada parecido a sus gemidos tímidos por su lengua, un gemido firme y largo.

    Él no soltaba su verga e iba más profundo, apenas la punta entrando y ella veía fijamente abajo, él se acostó lentamente sobre ella sin mover la cadera y Liz lo abrazó, ella quiso besarlo, pero él tenía la vista clavada en la almohada y posaba su rostro lentamente a lado del de ella.

    Ella apretó mi mano, pude ver cómo él movió lentamente su trasero hacia ella entrando lentamente, muy lentamente, ella se retorcía y gemía con fuerza a lado de la cara de él, pude ver la cara de César perdida en el placer entrando lentamente en mi novia virgen.

    — Estás súper apretada — decía él desesperado sin alzar la cara a lado de la de ella, su trasero hacia atrás y luego hacia adelante con el mismo ritmo lento, pero firme, ella se retorcía y gemía.

    César comenzaba a tomar ritmo, iba hacia adelante y hacia afuera con más profundidad, le clavaba la verga por completo y restregaba su pubis contra el de ella con firmeza con toda su enorme verga dentro, ella soltó su cuello y apretaba histéricamente con ambas manos las sábanas con los brazos extendidos, él cerraba los ojos y aumentaba la velocidad y la fuerza de sus penetraciones, su trasero bajaba y subía rápidamente sobre mi novia y él gemía profundamente disfrutando cada segundo, ella hacia ruidos histéricos y se retorcía debajo de él. César levantaba la cara, ella lo buscaba y lo besaba desesperada, él se ponía de rodillas frente a ella y pude ver cómo su gruesa verga seguía metida dentro de ella a medias, su coño lo abrazaba firmemente, él tomaba sus piernas y ponía sus rodillas sobre sus hombros, ella veía con curiosidad. César se recostaba lentamente sobre ella sin penetrarla, cara a cara, ella reía nerviosa por como él la hacía doblarse hasta poner sus propias rodillas a lado de su propia cara, él bajaba las manos y la tomaba firmemente del culo con ambas manos, una mano en cada nalga, él sobre ella con la parte posterior de sus rodillas sobre sus hombros, ella tan torcida que tenía sus propias rodillas a lado de su cara, viéndose ambos fijamente y él tomando el lindo de mi novia con ambas manos… Y el show comenzó en serio.

    Él se dejó caer sobre ella con fuerza y gimió profundamente, al mismo tiempo ella se retorció tan fuerte que lo empujó un poco con sus piernas y lanzó un alarido casi preocupante, él se restregaba contra ella fuertemente manteniendo la posición, disfrutando estar por completo dentro de ella, alzaba la cara y gemía, su cara de placer era casi graciosa.

    — Me dolió cabrón… — me dijo a lado mío, su tono no era una queja.

    — Te entró toda — dije nervioso viendo la pantalla, ella no respondió.

    Él comenzó a ir a toda velocidad sobre ella sin piedad, ella se retorcía y hacia ruidos histéricos, nosotros en la vida real veíamos en completo silencio, podíamos escuchar los húmedos sonidos de él entrando ella, iba cada vez más rápido y los ruidos histéricos de ella se convertían con cada penetración en honestos gemidos de placer.

    — Ahora SI eres mi puta — decía él mirándola histérico, ella asentía desesperada entre sus gemidos — Dilo — exigió él con fuerza.

    — ¡Soy tu puta! — dijo desesperada como pudo entre sus ruidos.

    — ¿Te gustaba? — pregunté solo por morbo.

    — Demasiado — dijo ella.

    Vimos por varios minutos como ellos disfrutaban entre ruidos y jadeos esa posición, ella gimiendo como loca con los ojos cerrados, él viéndola fijamente a la cara y sin bajar la velocidad, él se retiraba rápidamente y ella recuperaba la respiración desesperada, él tomaba el celular y lo ponía sobre el mismo escritorio donde estábamos viendo nosotros ese vídeo, apuntaba a la cama de lado, él se sentó en la cama y la tomaba de la mano, ella comprendió y fue a sentarse sobre él rápidamente.

    Ella se colocaba tímidamente sobre él, echando la vista abajo, él sostenía su verga con una mano para que ella se penetrara así misma sentándose sobre él, la toma está vez era abrumadora, en la toma anterior no podía ver explícitamente, sus cuerpos moviéndose y sus caras de placer, ahora veía en primer plano el precioso culo de ella y como ella iba sentándose lentamente sobre esa enorme y gruesa verga obscena con sus asquerosas venas tan marcadas, ella iba sentándose en él, gemía delicadamente y veía la cara de placer del idiota mientras su enorme verga desaparecía dentro de ella. Las piernas de ella temblaban y Liz se detenía a la mitad de su falo, él ya estaba suficientemente dentro de ella, soltó su verga, la tomó con una mano por el hombro pasándola por su suave espalda y con la otra sobre la cadera y la hizo bajar firmemente hasta la base, ella se retorció fuertemente y lanzó un gimoteo jodidamente cachondo, sigo teniendo grabada a fuego en mi mente la cara de completo placer de él, mientras tenia por completo ensartada a mi novia así.

    — ¿Te dolió? — pregunté tímidamente viéndola, alejando la vista de la pantalla por primera vez.

    — No… — dijo débilmente.

    Un gemido profundo de él en pantalla nos hizo ver de nuevo, él la tomaba firmemente del culo con ambas manos y la hacía bajar y subir rápidamente, ella lo abrazó desesperada por el cuello y dejó que él la usara como quisiera durante varios minutos, ver el precioso culo firme de mi novia caer una y otra vez desapareciendo esa enorme verga dentro de ella casi me hace eyacular sin tocarme.

    — A ver… — decía él en pantalla parando, ella se retiraba lentamente, nunca olvidaré como salía la verga dentro de ella y como un pliegue de piel del coño de mi novia le abrazaba la verga firmemente.

    Él le indicaba con un dedo el piso, ella lo veía confundida, «ponte en cuatro» le dijo firmemente, ella bajó al piso y se puso en cuatro patas en el piso, medio cuerpo sobre la cama y rodillas en el suelo, su precioso culo apuntando directamente a la cámara, él se ponía de rodillas detrás de ella, la tomaba firmemente por la cadera y la penetraba de golpe, ella se movió de una manera casi violenta, como si quisiera escapar, él se restregó contra ella, atrapándola entre la cama y él.

    — ¡Esper-espérate! — decía histérica en cámara lanzando las manos hacia atrás intentando detenerlo por la cadera.

    El acostó su pecho sobre su espalda y tomó sus manos fuertemente y las puso sobre la cama sosteniéndolas, salía y entraba con fuerza usando solo la cadera, ella intentaba levantar el cuerpo y él afianzaba su pecho sobre su espalda y siguió embistiéndola con fuerza, ella se retorcía y lanzaba ruidos histéricos.

    — ESO si me dolió — me dijo a lado mío.

    — ¿Te la está metiendo por el culo? — pregunté casi confundido, vi su verga entrar en su coño, pero la reacción de ella parecía demasiado.

    — No, pero se sentía súper intenso así — me respondió débilmente.

    Él seguía penetrándola así, casi de manera lenta para que ella no huyera, pero con completa firmeza y yendo por completo dentro de ella, Liz dejó de luchar, él se levantó de su espalda, tomó su cadera y comenzó a follársela como Dios manda a cuatro patas. La sostuvo firmemente de la cadera, la mirada puesta en su lindo trasero, comenzó a follarla de 0 a 100 en un segundo, ella hundió la cara en la cama y escuché sus gimoteos, jadeos, gritos y gemidos histéricos ahogados en su cama.

    Él sostenía fuertemente a mi novia de la cadera, comenzó a penetrarla tan fuertemente que sus bolas aplaudían firmemente contra su húmedo coño, mientras él gemía profundamente y no dejaba de ver las preciosas nalgas de mi novia, ella pataleaba un poco a veces, pero él la tenía tan firmemente de la cadera que no perdía el tino y seguía entrando en ella con violencia, Liz alzaba la cara un poco y gimoteaba desesperada.

    — Soy tu puta — dijo ella en pantalla entre gemidos, él aumentaba aún más la velocidad como recompensa y los húmedos aplausos de penetración eran escandalosos — ¡SOY TU PUTA! — dijo histérica.

    Él la penetró con toda su velocidad desesperado, tenía cara de enajenado y ella ahogaba sus gritos contra la cama.

    — ¿Eso te dolía aún? — pregunté débilmente.

    — Sólo un poco… — respondió ella, ninguno dejamos de ver la pantalla.

    Los «aplausos» penetratorios eran escandalosos, después de varios minutos de ir a toda su potencia le clavó la verga por completo, clavó la mirada en su culo y le restregaba con fuerza la verga dentro en ella por completo, él gemía con fuerza profundamente y ella gimoteaba contra la cama.

    — ¡¿Te eyaculó dentro?! — pregunté histérico viéndola por un segundo, ella sólo me miró nerviosa.

    Regresé la mirada al show, él gemía estando dentro de ella, recuperaba la respiración y le azotaba una nalga con todas sus fuerzas, ella gritaba y pataleaba, él reía un poco y le sacaba la verga lentamente, pude ver en primer plano como ese enorme falo salía lleno de un espeso y cremoso fluido, él desaparecía de cuadro, el coño de ella estaba boquiabierto y una corrida espesa y blanquecina caía pesadamente en espesas y grandes gotas de ella mientras recuperaba la respiración pesadamente y no se movía. Él tomaba el celular y le acercaba la toma a la cara.

    — ¿Te gustó putita? — le preguntaba aun respirando agitado.

    — Mucho — decía débilmente con la cara sobre la cama.

    — Te voy a coger cuando yo quiera — le decía firmemente, ella asentía con la mirada perdida y aun recuperando la respiración, el vídeo terminó.

    — 42 minutos — dije sin voltear a verla.

    — Si… — respondió débilmente.

    — ¿Cuántas veces te folló? — pregunté casi con miedo, volteé a verla lentamente, ella levantó 4 dedos — ¿Contando esta? — Insistí, ella asintió clavando la vista al suelo — Llegó a las meras 3 ¿verdad? — pregunté.

    — Si, un poco antes — dijo.

    — ¿Llegando empezaron? — quería saberlo todo.

    — Si, luego luego… — decía débilmente, asentí — Pues… me dijo que no le gusta usar condón y yo le dije del vídeo, entramos aquí y luego luego empezó a grabar eso que viste — dijo apuntando con la mirada a la laptop.

    — ¿Dónde y como te folló? — pregunté intentando despistar mi emoción.

    — En todos lados ¡ja! — expresó avergonzada indicándome todo el cuarto con la mano — Me folló hasta acostado sobre mi espalda en la cama… y un ratito cargada — decía nerviosa.

    — ¿Se vestían entre una follada y otra? ¿O que hacían? — pregunté ansioso.

    — No me dejó ponerme nada de ropa jaja yo iba a ponerme la tanga y él me dijo que ni de broma, nos la pasamos desnudos todo el rato… y pues platicábamos, o nos besábamos o así — decía nerviosa, me miraba, yo asentía — Se le ponía dura de nuevo… Y pues otra vez — decía avergonzada

    — ¿Todas eyaculó dentro de ti? — pregunté nervioso, ella solo asintió — Deberías tomarte la pastilla — dije débilmente.

    Yo le di una pastilla de emergencia que me dio mi padre una vez «por si hacia alguna estupidez» se la di a ella porque le dije que la usaríamos nuestra primera vez.

    — Tráela — dije nervioso, ella se levantó y fue a abrir un cajón, rebuscó entre su ropa interior, llegué por detrás y le tomé el culo, ella reía y volteó con la cajita en las manos, me besó en los labios dulcemente — Ahorita me toca a mí — dije con firmeza, ella me sonrió lujuriosa.

    — Si, pero primero deberíamos leer las instrucciones — dijo abriendo la pequeña caja.

    — Las instrucciones están arruinadas… — dije confundido, me miró igual — ¿No la haz abierto?

    — No ¿Para qué? — preguntó confundida y la abría rápidamente.

    — Te escribí algo — dije sonriendo.

    Sacó el papel de las instrucciones y contraindicaciones y lo desdobló, escribí en ese enorme papel con un marcador negro muy intenso antes de dársela, una especie de carta, leyó en voz baja.

    «Te doy esto porque te amo, porque sé que nuestra primera vez será maravillosa y porque quiero que sea contigo…»

    Me veía histérica, le sonreí dulcemente, volvió a leer.

    «Porque eres el amor de mi vida y por…»

    Dejó de leer y me vio histérica.

    — ¡¿Por qué escribiste esto?! ¡Soy una mierda! — me dijo desesperada y las lágrimas comenzaron a rodar, intenté abrazarla y me apartó agresivamente — ¡LO ARRUINE! — gritó histérica.

    — ¡No, no! ¡Está bien! — dije histérico.

    — ¡¿Cómo va estar bien?! — me dijo y comenzó a llorar tapando la cara, como una niña pequeña, me quedé ahí viéndola con el corazón roto — ¡Lo siento! — dijo entre sus gimoteos — ¡Vete! — me dijo histérica empujándome fuera del cuarto.

    — ¡¿Esto es mi culpa?! — pregunté molesto.

    — ¡No! ¡Tú eres maravilloso! ¡Vete! — dijo histérica y me comenzó a golpear el pecho como lo hacen ellas en las películas, y yo la abracé fuertemente a mi pecho como lo hacen ellos — ¡¿Qué clase de zorra soy?! — decía llorando y forcejeando.

    — ¡Está bien! ¿Ok? — dije desesperado, me odié por haber escrito eso.

    — Él sólo me gusta y sólo por eso lo hice ¡A ti te amo! ¡Perdón! ¡Tenia que ser especial! ¡No así todo morboso y sexual! — dijo histérica, la besé — Necesito bañarme — dijo histérica separándose de mi — Me siento sucia, siento su saliva entre mis nalgas y su sudor encima, y sus corridas en mis muslos y s-

    — Tengamos nuestra primera vez ¿Ok? — dije sonriendo interrumpiéndola, ella me miró confundida — Esto nunca pasó ¿Ok? Tengamos nuestra primera vez con flores, chocolates, muchas caricias y besos — dije sonriendo, ella asintió con júbilo.

    — ¡Si si! — dijo rápidamente.

    Nos abrazamos unos segundos, vi la hora, 8:42 pm, sus padres llegarían en 18 minutos, tuve que salir corriendo de ahí.

    No hablamos durante la noche, al otro día no fue a clases, le llamé desde el baño y dijo que se sentía algo enferma, apenas me contestó los mensajes durante ese día, sabía que me evitaba y que todo estaba arruinado. El día siguiente me dijo que Samara la necesitaba por un mal de amores y se la pasó con ella en el receso, saliendo las encontré afuera, Samara me miró acercarme y me sostenía la mirada ¿Hablaban de mi? Me acerqué y se quedaron calladas, Liz veía el suelo.

    — Liz quiere decirte algo — dijo Samara firmemente, como si estuviera molesta.

    — ¿Qué pasa? — dije nervioso.

    — Yo le digo, wey — le dijo Liz débilmente a Samara.

    — No, porque no le vas a decir — dijo cruelmente la muy perra de Samara mirándome.

    — ¿Que pasa Liz? — pregunté nervioso buscándole la cara.

    — Ya no quiere ser tu novia — dijo la muy puta encogiéndose de hombros ante mi mirada desesperada.

    — ¡Yo le digo, Samara! ¡Ya wey! — dijo Liz molesta, la miraba evitando verme a mí.

    — ¡¿Es verdad?! — pregunté desesperado, Liz me miró melancólica — ¡¿Por qué?! — pregunté desesperado.

    — Ay tu sabes porque, no mames — dijo Samara cruelmente.

    — ¡Lárgate de aquí! — le dije furioso.

    — ¡No me grites pendejo! ¡Así le hubieras gritado a César! — dijo furiosa, aunque casi sonrió al final, la miré confundido — Obvio sé todo no mames, es mi mejor amiga — dijo molesta.

    — Samara, vete — dijo Liz firmemente.

    — No vayas a regresar con él, no seas pendeja, fóllate a César y ya si quieres, no hagas lo que él diga — dijo molesta.

    — ¡Vete! — le dijo Liz furiosa, Samara tomó su mochila y se fue.

    — ¿Que pasa? — dije destrozado.

    — Creo que deberíamos tomarnos un tiempo — dijo viendo el piso.

    — ¡¿Por qué?! ¡Dijimos que eso nunca pasó! — dije desesperado.

    — ¡Pero si pasó! — me dijo histérica y le rodó una lágrima — ¡Ya no se que siento! — dijo desesperada.

    — ¡Me amas! — dije firmemente.

    — Si te amo, pero ahora es confuso, es que… ¡No puedo dejar de pensar en él! ¡Perdón! Siento que lo odio por como me trato, pero luego quiero verlo, o mandarle mensaje o algo ¡Luego me siento una mierda contigo! — decía y limpiaba furiosamente sus lágrimas de sus mejillas.

    — ¡¿Sientes que lo amas o algo así?! — pregunté desesperado, ella me miró con furia y confusión.

    — ¡Claro que no! ¡¿Que pendejada es esa?! — dijo furiosa.

    — ¡Entonces solo es que te gusta y ya! ¡No es la gran cosa! — dije honestamente.

    — ¡Pero me folló! ¡¿No estás molesto?! ¡Ni siquiera me has visto desnuda en persona! — me preguntó con ese tono de furia y confusión que no se le iba — ¡¿Que sientes?! ¡¿Qué piensas tú?! — me exigió viéndome fijamente.

    — No lo sé… — respondí con total honestidad — Todo fue una pendejada por estar calientes — dije derrotado, todo había sido tan repentino, ahora recuerdo esos días confusamente, una neblina masturbatoria y alocada, la realidad nos alcanzó, la realidad alcanza a todos.

    — Si… Lo arruinamos — dijo melancólica.

    — Arreglémoslo — dije mirándola a los ojos.

    — Franco… No sé si puedo tocarte — dijo melancólica — Me siento extraña al pensar en acostarme contigo o algo así — dijo viendo el piso — Ahora todo lo del sexo es confuso y me hace pensar demasiado — remató.

    — ¡Pues tengamos paciencia! — dije desesperado — ¿Por qué Samara dijo eso de follarte a César? ¿Quieres hacerlo? ¿Eso le dijiste? — ella me miró.

    — No lo sé — dijo firmemente, nos miramos por varios segundos, ella tomó aire — A lo mejor es porque fue la primera vez y todo fue demasiado rápido ¡Y me siento una basura porque todo fue súper sucio y morboso! ¡¿Por qué lo hicimos?! Ya no sé qué pensar!… O a lo mejor no te amo realmente si pude acostarme con él… — dijo melancólica — Solo dame tiempo, necesito pensar, perdón… — dijo tomando su mochila del piso.

    — ¡No puedes dejarme así, esto no fue mi culpa! — le dije desesperado.

    — Fue NUESTRA culpa Franco — dijo melancólica — No me mandes mensaje — dijo y se fue llorando.

    Cuando llegué a casa destrozado ella me había bloqueado en toda red social, intenté hablar con ella en la escuela, pero siempre se resistió y Samara hizo un excelente trabajo no dejándola sola para hablar conmigo, el año escolar terminó, nos graduamos de la preparatoria y no volví a saber de ella hasta años después.

    FIN.

    Bien amigo lector, la historia termina aquí, la de Liz al menos. Pero quiero incluir una última cosa, una conversación transcrita que tuvimos años después por Facebook, un día simplemente la agregué y comenzamos a platicar como viejos amigos, después de disculparnos mutuamente por lo que pasó y aclarar que estaba superado, comenzamos a tener una charla que puede servir como epílogo a todo esto.

    Fragmento de una conversación en Facebook con Liz, 3 años después de los eventos. Ten en cuenta que los mensajes largos muchas veces son mensajes cortos seguido uno de otro, como todos hablamos en redes sociales, pero para evitar acotaciones y hacerlo más legible, lo dejo como uno solo.

    — ¿Y como te fue en tu cumpleaños? Aún recuerdo que es el 15 de abril — le escribí, estaba feliz de hablar con ella después de tanto, seguía siendo muy especial para mí, mi primer amor.

    — ¡Wow! Pues súper bien la verdad, me siento vieja jajaja — escribió Liz.

    — Estamos chavos todavía, no digas mamadas jajaja

    — Súper chavos jajaja bueno, somos jóvenes, chavos en la prepa — escribió ella.

    — Quieres abrir viejas heridas jajaja — le escribí.

    — No, olvídalo, perdón

    — Nah, estoy bromeando, ya está superado

    — Nos pasamos de pendejos, yo sí te amaba

    — Yo también, lo sabes — le dije

    — Si, lo sé, no debí acostarme con César — escribió, pero escribía más — Aunque casi me rogaras para hacerlo rarito jajaja no debí hacerlo

    — ¡Yo no te rogué! Jajaja apenas lo propuse y tú en chinga fuiste a darle tu precioso trasero ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué fue tan fácil que lo hicieras?

    — JAJAJA si, la verdad solo lo dijiste una vez y ahí voy de burra a darle el culo jajaja no lo sé, me gustaba un chingo el wey, y uno está todo cachondo a esa edad, estábamos locos, debí darte tu lugar

    — Te encantó no te hagas

    — Un chingo, ese wey follaba súper bien… Mmm ¿En serio no molesta hablar esto?

    — No, de hecho me parece divertido jajaja

    — Jajaja enfermo

    — Aguas jajaja

    — JAJAJA

    — ¿Te arrepientes?

    — No lo sé, la primera vez no es nunca como uno quisiera o cree que va ser, yo juraba que mi primera vez iba ser contigo todo súper romántico y cursi, y nada… que me folló César hasta dejarme hecha mierda en mi cama jajaja

    — jajaja

    — A lo que voy es que no se si me arrepiento porque como quiera la primera vez siempre es un desastre según me dicen todos, a mi al menos me follaron chingon jajajaja

    — jajaja y vaya que si, casi chillabas cuando te la metió César

    — jajaja lágrimas de felicidad pura

    — JAJAJA IDIOTA

    — jajaja menso, si pudiera volver el tiempo creo que follaria primero contigo, para tener un lindo recuerdo, además me quedé con la curiosidad de saber cómo hubiera sido… Luego a darle mi culo a César para que me destrozara jajajaja

    — Jajaja la verdad hasta la fecha no se si fue lo correcto, pero fue una experiencia súper emocionante

    — Si, la verdad es que si, cuando les cuento a amigas del trabajo o así, no me creen jajajaja menos la parte de que mi novio me dio chance jajaja

    — A mí tampoco me creen jajaja

    — jajaja hey! no des nombres jajaja oye… ¿Y tú? ¿Te arrepientes? La neta

    — No sabes con cuántas ganas me quedé de tu precioso culito redondo, de lamerte entre las nalgas sobre todo y verte desnuda en cuatro patas en vivo, no tienes idea cuánto quería eso jajaja se te veía deliciosa la falda de la prepa, pinches nalguitas que tenías, todas redonditas y lindas, nunca fuiste «nalgona», pero tenías el culo precioso

    — Jajaja TENGO el culo precioso déjame decirte jajaja César hasta me decía que se la escaldaba la lengua de tanto lamerme entre las nalgas jajaja pinches hombres asquerosos jajaja pero responde ¿Te arrepientes?

    — No lo sé, me arrepiento porque terminamos y no pude follarte, no de que él te haya follado

    — Pienso exactamente lo mismo, no debí terminarte, pero tenía la cabeza hecha mierda, todo fue súper rápido y demasiado ¡Wow! No sé

    — ¿Amabas a César o algo? La verdad

    — Tal vez eso pensé después de la primera vez, lo veía como ¡wow! «¡Que súper hombretón! ¡Lo amo!» Pero ¡Nah! estaba pendeja y cachonda nomás jajaja pero sentía que no hubiera podido acostarme contigo después de eso la verdad, me hubiera sentido rara

    — Seguiste follando con él, ¿verdad?

    — Si… la verdad si, y la neta, la neta… un chingo

    — ¿Cuánto tiempo? ¿Cuántas veces?

    — Ni idea, durante la prepa 3 o hasta 4 veces por semana, toda la pinche tarde metiéndome la verga hasta que se hartaba el wey jajaja nadie nos molestaba en mi casa ya sabes

    — ¿Nomás por cachonda o por eso de que sentías que lo amabas?

    — Por las 2, pero no lo amaba obvio, ni salíamos, pero eso pensaba, no mames neta nunca fuimos al cine ni nada, nomás me follaba toda la tarde en mi casa hasta que ya no se le paraba jajaja

    — ¿Te seguía tratando igual de mal? Porque te trataba de la fregada, hasta yo me daba cuenta jajaja

    — ¡Y aun así me dijiste que le diera mis nalgas! Jajaja si te pone muy cachondo este fetiche ¿Verdad? Cuckold se llama ¿no? Me seguía tratando igual, ahora lo pienso y me da pena haber sido tan pendeja, a veces el wey hasta me presumía que ayer se había follado a Mariyan y a mi me estaba follando en ese rato y yo toda pendeja festejándoselo jajaja

    — ¡Te dije una vez que le dieras las nalgas! UNA VEZ jajajaja pinche vato, tu culito precioso y el culazo de Mariyan…

    — Jajaja todos querían su traserote gordo jajaja qué pena ajena si me pasé de pendeja, el wey hasta me obligó a tomarme la píldora porque el señorito nunca quiso usar condón

    — Nada pendejo jajaja ¿Por qué dejaron de follar?

    — Pues cuando salimos de la prepa ya no se podía tanto, él vivía súper lejos, la neta yo le valía madres y como que empezó a follar más con Mariyan, me mandó al diablo y luego yo ya tenía novio

    — ¿Lo engañaste con él?

    — Un par de veces, pero luego me di cuenta que era una presencia súper tóxica en mi vida, nomás me usaba para coger y me fui enamorando en serio de mi novio, a César nomás me le negué como 2 veces y no volvió a hablarme, me decía que me quería, pero apenas no quise coger con él y se desapareció.

    — ¿Se decían que se querían?

    — Si, es que yo se lo decía, y él como que me lo decía para que le siguiera dando las nalgas, pero apenas le decía que fuéramos al cine o algo, «No porque nos pueden ver» y peleábamos y luego yo de pendeja ahí iba a buscarlo para darle las nalgas 2 días después, súper tóxico todo neta.

    — Y por mientras yo sufriendo mientras aquel te metía la verga casi diario jajaja

    — Ya sé, perdón en serio, me sentía súper culpable contigo la verdad, todo era un caos, me sentía mal contigo, luego él me buscaba y me follaba, luego me sentía mal contigo e intentaba no verlo, pero Samara me echaba porras y ahí iba a darle las nalgas otra vez jajaja y así todo el maldito último semestre de la prepa

    — Samara me odiaba

    — No te odiaba, pero como que la wey le gustaba que anduviera follando chingo con César, como que se emocionaba que yo le contara mis aventuras, todos tenemos esa amiga alcahueta

    — Pues que festín se dio con tu culito precioso jajaja

    — Jajaja estuvo divertido, pero ya me ando casando ya me calmé, tú tienes novia por lo que veo en tu perfil, está guapa…

    — Vamos muy bien, la amo, ya casi 2 años.

    —————————-

    Para los lectores: no desesperen, no dejaré las demás historias inconclusas, no sucederá. Cuándo habrá siguiente parte de «x» historia? No lo sé, lo siento. Puedo obligarme, sentarme y escribir forzosamente la siguiente parte de la historia que más quieres, seguramente terminaré teniendo algo, incluso tal vez algo bueno. Pero no será la mejor versión, cuál versión prefieres? Creo que la respuesta es obvia y yo también prefiero darte la mejor versión. La historia viene a mi mente cuando viene, a veces me vienen 3 partes de una sola historia de golpe, luego las 3 primeras partes de 3 diferentes historias, es así. Escribiré cuando pueda y me venga la mejor inspiración posible, es el mejor modo, lo siento. Pero ten por seguro que no dejaré tirada NINGUNA historia, siempre viene la siguiente parte, especialmente, por ejemplo, con la novia sádica que tengo pensado sea mi serie a largo plazo más larga con más partes, tengo mil ideas, pero últimamente no me decido por como desarrollar ninguna. No quiero alargarme más, simplemente quédate con eso, ninguna historia está «parada» ni inconclusa, siempre están en construcción, gracias por leer, se agradecen las buenas valoraciones y disfruta.

    Síganme en Twitter, tengo ideas de subir cierto contenido con imágenes allá, como historias contadas con conversaciones de WhatsApp.

    @Homelander_One

  • Rosy, Jessenia, Jocelyn y Laura: 4 culos en un mismo día (2)

    Rosy, Jessenia, Jocelyn y Laura: 4 culos en un mismo día (2)

    Jessenia se había ido a preparar la misma habitación en donde estuve cogiéndome hacía unos minutos a Rosy y vi que entraba con otra sabana y les cambiaba el cobertor a las almohadas. Le tomó unos cuantos minutos y me hizo pasar al mismo cuarto y me dio una advertencia: -Si tocan la puerta es la chica que le dije que venía y debo de atenderla. – Ella estaba en unos pantalones bien cortos que le hacían ver más alargadas las piernas y se fue al mismo buró y sacó un profiláctico y luego fue al grano de su negocio. Me pidió los $120.00 dólares, los cuales los saqué de mi bolsillo, pues los tenía ya listos.

    Esta chica fue más al grano, pues no en balde a este servicio le llaman “visita rápida” en su traducción del inglés. Ella me pidió que me acomodara que, en otras palabras, me pedía que me desnudara y así lo hice con calma. Me limpió de nuevo con una toalla humectante toda la zona de mi sexo, me puso el profiláctico y se dio a la faena de hacerme un sexo oral. Ya mi verga se había recuperado de la cogida anterior y del solo ver esas hermosas piernas, bonita pechuga y generoso trasero, mi amiguito estaba listo para un round más. Dos o tres minutos de esta felación estaba cuando sonó el timbre. Ella salió a abrir la puerta. Escuché una breve plática indescifrable y volvió a entrar por la puerta. Ya en esta ocasión ella se quitó el pantalón corto y en seguida se removió su diminuta tanga, que por la oscuridad de aquel cuarto no logré distinguir el color. Resumió con seguir manándome la verga por unos dos minutos más y me dijo: ¿Cómo quiere que me ponga? – Y yo le contesté: ¡De perrito!

    De por sí ya me había dado una gran corrida con la chica llamada Rosy minutos antes e, usando un profiláctico eso me iba a tomar un buen tiempo para volver poder acabar. Se puso a la orilla de la cama con el culo coqueteando con mis emociones y, le puse mi glande cubierta con este plástico en la entrada de una conchita de buena proporción. Estaba húmeda y esta chica le había agregado lubricante y comencé la penetración y fue cuando ella me dijo: ¡Ve con cuidado! Lo que usted tiene no es lo de un miembro normal.

    Escuché que dio un gemido a mi penetración, pero mi verga se deslizó alegremente en su cueva y de una manera lenta se la saqué y volví a meter. Su vulva vibraba… y esto es lo que me gusta de este tipo de cuerpos delgados que, son tan estrechas de su vagina que tal parece que uno se las está cogiendo por el trasero… esa panocha si que apretaba. Pensé que me había equivocado o era producto de mi imaginación, pero Jessenia se masturbaba chaqueteando su clítoris con sus propios dedos. En esta ocasión, era Jessenia quien me lo pedía: ¡Masajéame el culo con tus dedos!

    Ni lento ni perezoso atendí a su petición y con mi pulgar comencé a masajearlo y comencé con unas embestidas que hicieron crujir la cama que iba al compás de mi pelvis chocando en sus nalgas. Ella comenzó a decirme: -así… así… así… no pares, dame así. -Pensé que se trataba de excitarme y de esa manera hacerme acabar y yo le respondía con embates prolongado que taladraban su reducida conchita. A mi edad y usando un profiláctico es para destrozar una panocha por largos minutos sin yo poder tocar el cielo, especialmente que ya antes, minutos antes esta chica Rosy me había hecho correr mágicamente. Créanme que sus gemidos pasaron a ser escandalo… sus jadeos se elevaron y creo que esta chica que decía llamarse Jessenia seguía masturbándose cuando yo aceleraba la cogida. De pronto me decía con una voz que parecía que lloraba: -Siga así… no pare, siga así… me va hacer acabar. Mientras todo eso pasaba, mi pulgar se había introducido al primer falange en su apretado culo y con esa combinación de mi verga entrando y saliendo de su conchita, de mi dedo pulgar invadiendo su colita y ella masturbando su conchita, a los diez minutos explotó con tremendo orgasmo. Sabía que no era actuación, sus nalgas temblaban, no lograba recuperar la respiración por varios minutos y eso mi hizo entregarle mi segunda corrida que quedó bloqueada por una barrera de plástico. Ella me quitó el condón y mientras me limpiaba la verga me dijo: ¡Usted que sí la menea bien! Ningún cliente me había hecho acabar antes. – Eso inició la siguiente conversación mientras ella me limpiaba y se limpiaba:

    – ¿Y cuánto tiempo llevas en esto? -le pregunté.

    – ¡Tres o cuatro meses!

    – ¿Y nadie te había hecho acabar?

    – No… regularmente todos acaban en 5 minutos… hay algunos que pagan una hora ($300.00) y en dos o tres minutos acaban. No saben que hacer con el resto del tiempo y acaban yéndose en veinte o treinta minutos.

    Quizá era la verdad, pues por demás está decir que, si un chico sin mucha experiencia o inclusive un hombre mayor mira esas ricas nalgas y esa carita bonita de esta chica, cualquiera se dispara al azahar… no los culpo me decía yo, pues es cuestión de control mental, de tener agallas y saber que, aunque sea una puta de paga, la meta es hacer acabar y dar placer a una mujer y de seguro estas te complacerán de la manera que uno quiere. Esa es mi filosofía… si yo me voy a coger a una chica, especialmente una chica sin mucha experiencia, quiero que ella sucumba a varios orgasmos antes de llegar al mío. Uno de hombre se puede venir cuando uno quiera, o en minutos… la mujer necesita de más estimulación y eso es lo que uno debería aprender y les aseguro que hubiera menos infidelidad. Eso ha sido la queja de muchas de las mujeres casadas que me han invitado a follar con ellas: La rutina y la poca consideración que sus parejas tienen con ellas en la cama. Una mujer bien estimulada te lo da todo… no te negará nada y esa ha sido mi experiencia. Volví con mi oferta que si me quería entregar el culo por unos dólares más. Ella me dijo:

    – No en esta ocasión.

    – Pero… ¿si en otra?

    – ¡Tal vez! Si en mi cuca sentí lo apretado de su tremenda verga, mi trasero no aguantaría los quince minutos que me acaba de dar… lo que significa que ahora se tardaría más en irse.

    Se lo había figurado muy bien… una tercera faena y luego de la otra, era para taladrar ese culo por varios extensos minutos. Me asistió a limpiarme y en todo aquello volvió a cambiar la sábana y los cobertores. Salimos a la sala y encontramos a la chica llamada Jocelyn en una llamada telefónica, quien la interrumpió diciéndole a Jessenia:

    – ¡Has comenzado bien el día! Mira que bombón te acabas de chupar… maduritos, así como a mí me gustan.

    – ¡Él sigue disponible! -le dijo.

    – Bueno… si me dan tiempo. -les dije sonriendo.

    – Parece que Jessenia le ha exprimido muchas de sus fuerzas. -Dijo Jocelyn.

    – ¡Y eso que se aventó una hora con Rosy!

    – Ah… usted es el mencionaba Sofía hoy por la mañana… espero se vaya muy complacido y regrese pronto.

    – De hecho, el busca tu especialidad. -agregó Jessenia.

    – ¿Y eso? Estas niñas no saben de lo que se pierden… algún día lo entenderán. ¡Bueno cuando usted guste ya sabe dónde encontrarme!

    – ¿Y cuánto cobras tú por ese servicio?

    – Bueno… por media hora incluyendo lo que usted busca o por decirlo así, los tres postres son $250.00.

    – ¡Mala suerte! -dije yo. – Solo me quedan $180.00. Otro día será.

    – Bueno, por ser un buen cliente de la casa, se lo dejo por $180.00.

    Le había mentido, llevaba más en mis bolsillos. Simplemente que todavía guardaba la esperanza de que Rosy me llamara para decirme que sí quería que le diera por el culo y habíamos quedado en $300.00. Esta chica de nombre Jocelyn se miraba mayor que las otras dos, pero no pasaba de los treinta años. Era de un cuerpo más lleno, de muslos más gruesos y un trasero que doblaba a los de las otras chicas. Su rostro era bonito al igual que su cuerpo y si no me decidí por ella a las primeras fue porque me gustan las chicas más delgadas y de cuerpos petit. Me invitó a tomar algo, mientras me recuperaba de la segunda corrida y mientras tanto hacíamos plática con las dos chicas de renta y comencé a fantasear con el tremendo culo de Jocelyn. Llevaba pantalones vaqueros bien ajustados a su cuerpo, una blusa o camiseta blanca que me dejaban ver su ombligo sensual y con sus zapatos de tacón alcanzaba la altura de Jessenia, a quien le calculé un metro y sesenta y cinco. Ya estábamos a eso de las once de la mañana y me sentía ya listo. Los teléfonos de ellas o el que tenía Jessenia comenzaban a sonar e imaginé que eran sus potenciales clientes. Para no encontrarme con nadie en ese lugar, le dije a Jocelyn que estaba listo y ella minutos antes fue a preparar la habitación. No era la misma habitación, esta era más pequeña, sin baño privado, pero igual de oscura. Tenía similares velas aromáticas y también, tenía similar música… un ritmo de bachata y entré.

    Continúa…

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  • Una noche de furia

    Una noche de furia

    Tuve una semana de mierda. Peor, no podía ser. El lunes, mientras estaba en la oficina, tratando de solucionar un problema, recibí un mensaje de mi novio, donde me decía que cortaba conmigo, porque, entre otras cosas, no soportaba que yo fuera profesional, que ganase muy buena plata, y el solo un empleado. “Me siento menos hombre a tu lado.” Me escribió. Un pelotudo. El martes, tuve una inspección de Hacienda, revolvieron todos los papeles, buscando una manchita, pero no encontraron nada. Todo el día atendiéndolos, no pudimos hacer nada. El miércoles por una falla general, estuvimos todo el día sin luz, obviamente sin computadoras. Segundo día sin trabajar, pero en la oficina porque decían que “en cualquier momento retorna el servicio.” El jueves todo el día trabajando, desde las 7 de la mañana hasta las 20 h, tratando de recuperar el tiempo perdido. Tenía una invitación para al almorzar de parte de una amiga, pero tuve que suspenderla para otro día. Tampoco a la depiladora. El viernes, también desde las 7 de la mañana trabajando, pudimos ponernos al día, varios clientes llamaron haciendo pedidos, que tomamos pero advirtiéndoles que no teníamos fecha de entrega.

    Cuando llegué a casa, me di una ducha, me puse conjunto de ropa interior bien sexy, unos jeans agujereados, una camisa y mi campera de cuero de Harley, junto con unas botas que uso para andar en moto. Llamé a una amiga, la invité a salir, y fui a buscarla.

    “No cené. ¿Vos?” Le pregunté.

    “Tampoco.”

    Fuimos a un boliche que hace excelentes hamburguesas, que solemos frecuentar los sábados cuando nos juntamos con el grupo de las motos. Cuando llegamos fuimos directo a la barra. El dueño me reconoció y se acercó a saludar.

    “Hola Patri, que raro un viernes a la noche. ¿Querés una mesa?” Me preguntó.

    “Semana de mierda Tony, salimos con mi amiga a comer algo. Estoy de un humor… y tranquilo, nos quedamos acá. Traenos dos hamburguesas de las tuyas, unas papas, y dos cervezas.” Le dije.

    “Bueno, trata de bajar las vueltas. Les traigo un par de cervezas para que se relajen, invitación de la casa.” Dijo.

    “Gracias hermoso.”

    “En serio, baja las vueltas porque te va a caer mal lo que comas.” Dijo Mary.

    “No sabes lo que fue, todos problemas, sumados al estúpido de Marcos, que porque se siente menos, me mandó un mensaje diciéndome que la cortaba conmigo. Todo un pelotudo sin pelotas para decírmelo en la cara. Así empecé la semana.”

    “No te puedo creer, que tipo cagón. No te hagas más drama. Algo aparecerá.”

    “Si, pero si sigo así, con todo el trabajo que tengo, más el gimnasio, ni tiempo me queda para conocer a alguien. Y los fines de semana, ni loca salgo a la noche. Quiero dormir…”

    Tony nos trajo las cervezas, y escuche que un hombre detrás de mí decía:

    “Hola preciosas, me gustaría acompañarlas.” Iba a contestar cuando Tony lo miró y le dijo:

    “Las chicas son amigas, y no están de muy buen humor. No las jodas porque vas a salir pasando papelones.”

    Unos segundos después, Tony me miró y sonriendo me guiño un ojo mientras decía “Listo.”

    Seguimos charlando, comimos las hamburguesas, y estábamos terminando nuestra cerveza cuando otra voz de hombre, a nuestra espalda dijo:

    “Tony, vas a tener que tener cuidado, porque dos diablas se escaparon del infierno, y pueden convertir el boliche en una sucursal.”

    Lo mire a Tony y se largó a reír, mientras se encogía de hombros. Me di vuelta y era Paco con Víctor, dos amigos del grupo de las motos.

    “Pelotudo, te vas a comer una patada en las pelotas. Hoy tengo los patos volados.” Dije y los saludé con un beso en la mejilla. La presenté a Mary y quedamos charlando los cuatro.

    “Pasaba y vi tu moto afuera. Por eso entré. Me pareció muy raro verte de noche acá.” Dijo Paco.

    “Tuve una semana de mierda, si no salía, te juro que explotaba en casa.”

    “¿Y tu novio, no te banca en las malas?”

    “Mi ex novio, me colgó porque como él es empleado, se siente menos que yo. Idiota.”

    “Perdón flaca, no sabía.”

    “Tranqui, y vos, ¿ahora salís con Víctor? No sabía que eran esos tus gustos.”

    “Dale boluda. Estamos los dos solos, salimos a buscar carroña…”

    Mary que charlaba animada con Víctor, me miró y me guiño un ojo. Yo estaba sentada en la banqueta de la barra, con las piernas abiertas dando la espalda a la barra, y Paco, haciéndose el tonto, se puso entre mis piernas. Tony se acercó, estaba retirando los platos y las botellas, cuando Paco pidió más cervezas. “Descuidadamente” apoyo su mano en mi pierna, cerca de la rodilla. Ni mire la mano, ni dije nada.

    Con Paco siempre tuvimos buena onda. En las salidas a la ruta sobre la pista era uno de los que estaba siempre pendiente que las mujeres del grupo seamos integradas, nadie se propase, y sobre todo que viajemos en forma segura. Es un tipo de 1,80 buen físico, andará por los 35 años, separado y dueño de un negocio. Nunca pasó nada entre nosotros, pero siempre me sentí cómoda con él.

    Cuando Tony trajo las cervezas, me di vuelta, él se apoyó en la barra hombro con hombro conmigo. Me acerque a su oído y le pregunté:

    “¿Víctor vino con la moto?”

    El asintió con la cabeza. La miré a Mary, le hice una seña y fuimos a los baños.

    “¿Cómo vas con Víctor?”

    “Genial, es muy copado. Me gusta. ¿Vos?”

    “Bien, Víctor está con la moto, ¿Te jode si me rajo con Paco?”

    “No loca, dale tranquila.”

    Volvimos y lo miré a Paco, que hablaba con Víctor. Cuando me senté, volvió a ponerse a mi lado. Antes que pueda decir nada le dije:

    “Ya sabes que estoy muy rayada. Entendería si no querés, porque ni yo misma se como puede salir. Tengo ganas de un buen polvo, y me gustaría sacarme las ganas con vos.”

    “Yo dije que estabas como diabla, y no me equivoqué. Cuando quieras partimos.”

    Me sonreí, tomé lo que quedaba de la cerveza, pagamos, nos despedimos de Víctor y Mary, y salimos a buscar las motos.

    “Vos vivís solo, ¿No?”

    “Si.”

    “Yo también, pero tengo ganas de algo distinto. Seguime.”

    Salimos, íbamos los dos a la par con nuestras Harley, y yo lo guie hasta un motel. A ese nunca había ido, pero una amiga me lo había recomendado. Pedí una habitación y estacionamos nuestras motos.

    La habitación era espectacular, con bañera hidromasaje, cama super king, televisor de 50`, y detalles de lujo. Cuando entramos pedí que nos lleven dos cervezas, y ya golpeaban para entregarlas.

    Las recibí, prepare la bañera y me comencé a sacar la ropa. Paco me miró y me imitó sin decir nada. Mientras lo hacíamos la bañera se llenó casi por completo. Tome las cervezas y nos metimos uno frente a otro.

    “Siempre he dicho que me gusta más ver a una mujer con ropa interior que desnuda, pero en tu caso, tengo que reconocer que tenés un cuerpo espectacular. ¿Estoy por ser yo acá o pudo haber sido cualquier otro hombre?”

    “Gracias por tu alago. Estás acá porque sos vos. Siempre tenés buena onda conmigo, como con las otras chicas, siempre respetuoso, educado. Y me sentí con la suficiente confianza como para invitarte a cogerme.”

    Cuando terminé de decirle eso, me puse a su lado, el levantó su brazo rodeando mis hombros. Cerré los ojos, apoye mi cabeza en su hombro y me relajé. Estuvimos un rato así. Busque su pija con mi mano, y empecé a masturbarlo, primero suavemente y luego con fuerza. Llevaba un rato bien dura, cuando lo monté mirándolo a los ojos. Apoye mis antebrazos en el borde de la bañera, y nos besábamos mientras yo me movía con suavidad, pero logrando que esa pija, entrara totalmente en mi concha.

    Paco se dedicó a besarme el cuello, los lóbulos de la oreja, y mi excitación era mucha. Él con cuidado fue levantándose, hasta sentarse en el borde de la bañera, conmigo montada. Yo me movía y el besaba mis pechos, sus manos recorrían mi espalda con suavidad, pero presionando para que no pueda retirar mis pechos de su boca. Fui acelerando los movimientos, hasta acabar encima de Paco. Me corrí y lo masturbe y chupe su pija hasta que acabó llenándome la boca y la cara de semen.

    Nos lavamos en la bañera, nos pusimos las batas de toalla, y fuimos a la cama. Nos tumbamos uno al lado del otro en silencio. Pedimos más cerveza y en silencio la tomamos.

    “¿Eso fue todo?” Me preguntó Paco con una sonrisa burlona en su rostro.

    Me puse de rodillas y comencé a chupar su pija, que enseguida respondió, le atrajo mi culo hacia él y se puso a jugar con sus dedos en mi concha, y mi clítoris. De vez en cuando, me daba una suave palmada en el culo, que debo reconocer que me excitaba. Sin pensar mucho si lo aceptaría o no, me puse de rodillas sobre su cara, ofreciéndole mi concha para chupar.

    No solo la aceptó, sino que se puso a chuparla con ganas, jugaba con mi clítoris con sus labios, apretándolo, golpeándolo suavemente con su legua. Me penetraba la concha con su lengua, volviéndome loca. Hicimos un 69, aunque debo confesar que era más lo que él me chupaba a lo que yo lo chupaba. El desgraciado aprovechó la posición y comenzó a jugar con su lengua en mi orto. Incluso forzaba para perforarlo. Ningún hombre había llegado tan lejos. Ninguno se había ocupado de esa forma de mi culo. Yo estaba extasiada, tenía pequeños orgasmos sintiendo esa lengua jugar en mi orificio.

    No aguanté más, y me corrí hacia adelante, metiéndome su pija en mi concha en un solo movimiento. Ni bien la tuve adentro, sentí la palmada de Paco en mi culo, alentándome a galoparlo. Mi excitación me llevó a subir y bajar como loca. Estaba por llegar a un orgasmo cuando sentí que un dedo ensalivado jugaba con mi orto. Baje la velocidad, y lo deje jugar. Sí que Paco sabía cómo tratar a una mujer, conseguir lo que se proponía sin imponer nada, solamente haciendo desear a la mujer lo que él deseaba. No me penetraba con su dedo, solamente acariciaba la zona pero yo deseaba cada vez más que lo meta.

    No daba más, deseaba sentirlo en mi culo, tomé su dedo y trate de forzar que me penetre, pero él me dio una palmada y lo solté. En cambio, con su otra mano, comenzó a recorrer mi espalda, acariciándola de una forma increíble. De pronto, si, lo fue metiendo de a poco, yo a moverme cada vez más fuerte. Nunca había sido penetrada por un dedo en esa forma, tan suave, pero al mismo tiempo tan lujuriosa, provocando que realmente quisiera sentirlo todo metido en mi orto.

    No soporté más, me movía como loca, me acariciaba el clítoris, mientras una parte solamente de su dedo jugaba en la entrada de mi orto, y su pija llenaba por completo mi concha. Más rápido me movía, más me excitaba, hasta que de repente, estalle en un orgasmo tremendo, y él me siguió, llenándome de su leche la concha. Sacó su dedo de mi culo, he hizo que me acueste sobre su pecho, dándole la espalda.

    Lo que siguió, debe estar en el manual para el perfecto amante. Besaba mi cuello, mientras sus manos recorrían mi cuerpo exhausto, no buscando excitarme, sino mimarme, acariciarme, sus manos fueron a mis pechos y los recorrían con una suavidad y ternura infinita. Su pija seguía en mi concha, apenas fláccida. Yo gemía suavemente, sus besos me transportaban a otra dimensión, una mano bajó, y se puso a jugar con mi clítoris, mientras la otra, jugaba con un pezón, sin apretar ni provocar dolor. Todo era suave.

    Quise moverme, retribuir algo de lo que me daba, pero él lo impidió diciéndome al oído:

    “No preciosa, dejame gozar con tu cuerpo.”

    Él me decía que lo deje gozar con mi cuerpo, pero era yo quien estaba gozando como loca con lo que él me hacía. No sé cuánto tiempo estuvimos así. Perdí la noción del tiempo. Logro que goce una y otra vez. Sentí que su pija se endurecía, pero él no se movía para nada. Mis orgasmos eran fuertes, pero nunca habían sido tan placenteros, los sentía muy profundos.

    En uno de esos orgasmos, sentí como el nuevamente acababa en mi concha. Si, sin moverse.

    Me dejé caer a un lado de Paco, y lo bese profundamente, tomándole la cara con ambas manos. Apoye mi cabeza en su hombro, pase mi brazo por su pecho y minutos después, en una paz total, me quedé dormida.

    Cuando desperté, Paco dormía profundamente. Fui a la ducha y cuando salí él estaba sentado en la cama.

    “Buen día hermosa.” Me dijo con una sonrisa brillante en el rostro.

    “Maravilloso despertar me regalaste.” Dije y fui directamente a besarlo y él me respondió abrazándome.

    Nos vestimos y cuando salíamos me dijo:

    “Flaca, vamos al boliche de Tony, hoy nos íbamos a encontrar el grupo.”

    “Dale, pero dejame pasar por casa. Eh, pero veni conmigo.”

    Paco asintió, pagó el hotel, y fuimos a mi casa. Estacionamos las motos en el garaje, y entramos. Ya era el mediodía del sábado.

    “Dame 5 que me cambio.” Dije.

    Fui a mi cuarto, miré mi ropa, me miré al espejo y me sonreí. Me cambié la ropa interior y solo me puse una tanga, brazier no. Me puse una remera blanca, super ajustada, una mini super corta, que casi dejaba ver mi cola, las botas y mi campera. Me puse perfume, me peiné un poco, y fui a living, donde me esperaba Paco.

    Cuando me vio aparecer se puso de pie, mirándome detenidamente.

    “¿Con esa mini pensas ir en la moto?” Me preguntó.

    “En realidad, me preguntaba si vos tendrías algún problema que vayamos en una sola moto, la tuya…” Le dije y fui hacia él, me pare muy cerca, mire su bulto que empezaba a crecer y le di un beso, para después darle la espalda y girar mi cabeza para ver su cara, y los ojos le brillaban con todo.

    Me tomó de la cintura y me atrajo hacia él, haciéndome sentir en el culo como su pija estaba dura. Mientras la liberaba, apretaba mis pechos, con fuerza. Me puso en cuatro patas en un sillón, corrió la tanga y me penetro con fuerza. Instantáneamente me moje por completo. Me tomaba de la cintura y embestía con tanta fuerza que el choque de nuestros cuerpos me hacía doler. Estaba desatado, hasta su pija se sentía más grande.

    Sentir que parecía otro hombre, que no era el mismo que la noche anterior me había vuelto loca con sus caricias y ahora no tenía piedad de mí, embistiéndome con fuerza, me volvía loca. De pronto sentí que escupía mi orto, y estuve segura que me iba a penetrar por allí. Me preocupe porque no estaba dilatado y sentirlo tan caliente, pensé que me iba a doler y hasta lastimar, pero no podía negarme, lo deseaba. Sin embargo, fue un dedo el que me comenzó a penetrar.

    Dije “Sí” y el dedo entro hasta el fondo. Aullé de placer al sentirlo. Me poseía como endemoniado. Cada vez se movía con más fuerza. Casi no podía sostener sus embestidas. Sin esperarlo y sin aviso, acabó en mi concha con todo, generándome un terrible orgasmo. Luego de unos segundos, la sacó, lo mismo que su dedo, acomodó mi tanga, me puso frente a él y me besó con todas sus fuerzas. Yo lo abrace y acomodé mi cabeza en su pecho.

    “Vas a tener que esperarme de nuevo, porque tengo que pasar al baño y a cambiar la tanga.” Dije. “Ah, no me contestaste.”

    “Vamos en mi moto.” Dijo.

    Me cambié, tomé mi casco y subí a su moto. Me abrace a su pecho y partimos. Pensaba en lo bien que me sentía, en que claramente podía enamorarme de ese hombre. En la cama, era genial, y lo que conocía de él, me gustaba, me atraía. Pero quería esperar a ver como se comportaba el después de la noche y el mediodía que pasamos. Cuando llegamos, baje de la moto, él la estacionó y cuando bajó de la moto le dije:

    “Paco, no esperaba pasar la noche y el mediodía que pasé. No te miento si te digo que fue la mejor cogida que me dieron en mi vida. Lo de anoche fue impresionante, te juro nunca un hombre me hizo gozar como lo hiciste vos. Y lo de hoy a la mañana, fue brutal.”

    Paco me dio un beso, y sin decir nada empezó a caminar para entrar al boliche. Yo me quedé un par de metros atrás, él se detuvo, me esperó y para mi sorpresa, tomó mi mano, y así entramos. Como los demás no habían llegado, fuimos directo a la barra. Tony nos miró, y sonriendo nos saludó:

    “Buenas, desayuno, almuerzo, o un brunch bien argentino.”

    Paco me miró, yo le dije que decida él, y pidió un brunch bien argento. Tony nos sirvió dos aperitivos, y fue a preparar el brunch.

    Sin darme cuenta, mire nuestras manos entrelazadas. Cuando levante la vista, me encontré con los ojos de Paco, que me miraba sonriendo.

    “¿Entonces?” Le pregunté mirando nuestras manos nuevamente.

    “Flaca, vos decidís, yo no tengo ningún problema, podemos ser amigos, más que amigos, o…”

    “Yo tampoco tengo problemas, pero creo que lo más inteligente que podemos hacer es ser “más que amigos”, hasta conocernos un poco más, y ver si podemos “funcionar”.

    “Dale. Me parece una decisión inteligente, tal como sos vos.”

  • Los sueños no se hacen realidad, son una realidad

    Los sueños no se hacen realidad, son una realidad

    La cabeza me da vueltas. Es el frío el que me despierta. Tengo los pies congelados y la humedad me está calando hasta los huesos. Estoy completamente desnuda y temblando. Intento abrir los ojos, pero me pesan los párpados, aun así consigo entreabrirlos con denodado esfuerzo. No sé dónde estoy. Lo que sí sé es que estoy retenida aquí en contra de mi voluntad. Deben haberme drogado. La oscuridad envuelve la estancia. Sólo dos pilotos de emergencia alumbran el lugar con una luz exigua que me permite comprobar lo siniestro del lugar. Creo que se trata de un sótano. Compruebo que estoy retenida cuando intento levantarme y dos argollas en las muñecas me lo impiden. Empiezo a valorar la situación y entro en pánico. Pruebo a deshacerme de los grilletes con movimientos bruscos y con ello advierto que también mis tobillos están sujetos. No sé si gritar o si eso empeorará la situación todavía más.

    ¿Qué ha pasado? ¿Cómo he llegado hasta aquí? Es evidente que me han secuestrado, pero no recuerdo nada. De lo último que me acuerdo es que iba a coger un taxi, le hice el alto y se detuvo, pero ahora que lo pienso, alguien me empujó al interior y entró detrás de mí. ¿Eso es todo?… No. también recuerdo una fragancia femenina, pero a partir de ahí todo se desvanece.

    Cuando mi vista se acostumbra a la penumbra, echo un vistazo a mi alrededor y observo la estancia. Hay una gran cama redonda de agua e innumerables juguetes sexuales: consoladores de todo tipo, máquinas sexuales a las que se le acopla el dildo deseado. Parece ser que cualquier práctica sexual imaginada puede ser satisfecha en ésta sala, desde el sadomasoquismo hasta la autosatisfacción con artilugios de todo tipo. Látigos, argollas, esposas, cadenas, potros e incluso varios robots japoneses de última generación parecen encontrarse aquí para satisfacer los más exquisitos gustos, pero también los más depravados caprichos. Todo ello se une para aumentar mi desasosiego porque puedo imaginarme cual es mi cometido aquí. Algunos sofisticados aparatos contrastan con lo sombrío y tétrico que es el lugar, de tal modo que todo parece estar en discordancia.

    Ahora que lo pienso, no sé realmente cuanto tiempo he dormido, ni tampoco el tiempo que ha pasado desde que me secuestraron. Supongo que serán horas, siendo así, mi esposo estará preocupado porque ya me dirigía a casa cuando intentaba coger el taxi. A lo mejor ya ha llamado a la policía y están buscándome. Espero estar en lo cierto y que todo esto pase como si hubiese sido un mal sueño.

    Oigo pasos. La puerta se abre y un chirrido rasga el silencio de la estancia. A continuación una silueta avanza desde la puerta. No puedo ver quién es. El contraluz me impide reconocer sus rasgos. Viene hacia mí. Estoy muy asustada y me pongo tensa. Alguien más entra y cierra la puerta detrás. Ambos se aproximan y se colocan junto a mí, uno a cada lado. Una luz se enciende y ahora puedo verlos, aunque la iluminación sea tenue. Los dos llevan un antifaz. El hombre tiene un aspecto muy varonil, debe rondar los cincuenta y cinco. Su rostro es anguloso y luce una perilla perfectamente arreglada con unos picos que suben por el contorno de sus mejillas. Si no fuera por la situación en la que me encuentro pensaría incluso que es atractivo. La mujer desde luego lo es. Es una mujer madura, no me cabe duda, pero se conserva estupendamente. Por su aspecto estoy segura de que pertenecen a la alta alcurnia. Tiene una melena rubia y reluciente como el oro. No puedo saber si es peluca o es su pelo natural. A pesar del antifaz, reparo en que lleva unas pestañas postizas que realzan sus ojos verdes. Va toda encuerada. Parece la protagonista de una película de catwoman.

    La mujer posa una mano en mi pierna y me dice que no tenga miedo, pero pese a la frase de aliento, no me consuela.

    —¿Cómo te llamas?, —me pregunta.

    —Ana, —balbuceo.

    —No tienes nada que temer Ana, —me dice. No sé por qué no acabo de creerla. ¿Me habla ella en vez de su pareja (si es que lo es) para que me sienta más tranquila? Es verdad que estoy un poco menos asustada. Su voz me resulta reconfortante, aunque sigo inquieta. Tiene acento, creo que inglés americano, pero no puedo asegurarlo.

    —¿Qué queréis de mí?, —pregunto mirándolos a ambos.

    —A ti, —responde él con voz profunda.

    La pregunta era retórica. A estas alturas, visto el entorno y mi situación actual, resulta obvio cuales son las intenciones de estos dos degenerados. Debo ser para ellos un juguete más que añadir a su variopinta colección.

    La mano femenina recorre mi pierna y yo me remuevo en la camilla intentando eludir sus osadas caricias, no obstante, es evidente que resulta inútil resistirse. Su mano avanza hacia mi sexo y yo me quedo paralizada, no sé si del pánico o por el estremecimiento de sentirla presionando mi vulva. Puedo afirmar con rotundidad que estoy aterrada, ahora bien, algo me dice que confíe en ella, de modo que intento relajarme. Sin apartar la mano de mi entrepierna, se acerca y me susurra algo al oído, pero no logro entender qué ha dicho porque sus dedos recorriendo mi raja me provocan sensaciones contradictorias, y mi cerebro está más pendiente de procesar esas sensaciones que de atender sus palabras.

    El hombre se ha colocado detrás de mí y me aparta el cabello para deslizar sus grandes manos por mi cuello. Pienso en un primer momento que va a estrangularme, en cambio siento las yemas de los dedos recorriendo mi cuello en forma de caricias provocando que mis terminaciones nerviosas se agiten. Los vellos se me erizan y los pezones se endurecen. Noto como dos dedos femeninos incursionan en mi coño, mientras un tercero presiona mi clítoris trazando movimientos circulares. De repente la seductora mujer se detiene.

    —¿Quieres que pare o que siga?, —me pregunta, y yo no sé que responder. Estoy hecha un mar de dudas. Ahora no tengo claro si quiero marcharme de allí a la mayor celeridad posible o deseo quedarme y seguir disfrutando de sus caricias. Sólo sé que ya no tengo frío y que el miedo está cediendo el paso al deseo. La mujer rubia debe haber visto mi cara y adivinado mis pensamientos y sus dedos vuelven a incursionar en mi sexo.

    —¿Te gusta?, —me dice mientras vislumbra mi cara de placer, y yo asiento con timidez y con remordimientos por estar disfrutando ante una situación completamente surrealista.

    Mientras las manos del hombre masajean mis tetas, percibo la dureza de su polla restregándose en mi cráneo. Noto como la mujer abre mis piernas y pasea su lengua por mis muslos subiendo progresivamente hasta que llega a mi raja. Se detiene un momento, no mucho, inmediatamente advierto como su lengua recorre la abertura arriba y abajo. Es la primera lengua femenina que lo hace, no sólo eso, sino también es mejor que el más experimentado de los hombres.

    Su compañero ha dejado de masajearme los pechos y entiendo por qué. Una enorme polla curvada cruza a lo largo de mi cara y me pongo bizca contemplando su magnitud. Me doy cuenta de que tengo las manos libres, de hecho, no sé en qué momento me han liberado de los grilletes, lo cierto es que ahora tengo libertad de movimientos, puedo incorporarme y evaluar la situación, en su lugar, decido repasar con mi lengua dos enormes pelotas que cuelgan en mi boca y con la mano me apodero del enhiesto falo. Por un momento pienso en mi marido y la pesadumbre vuelve a azotarme. Tan sólo llevamos unos meses casados y no se merece esta putada. Quiero pensar que estoy siendo forzada a hacer esto, pero en realidad estoy deseando abrazar esa polla con mis labios. La lengua que sigue trabajando mis bajos apacigua momentáneamente mi desazón. Abro la boca para exhalar un gemido de placer y la verga se adentra buscando el calor de mi garganta. Es un pollón de buen tamaño, el más grande que ha visitado mis dominios en mi corta trayectoria sexual, y la verdad es que la situación ha dado un vuelco mayúsculo, de modo que lo que más deseo ahora es que me la meta hasta los higadillos, pero el extraño me coge la cabeza y me folla la boca durante un buen rato. Mientras mi boca acapara el mazacote, la lengua de su compañera desencadena mi orgasmo y me corro con movimientos espasmódicos en mis ingles. Noto como los caldos se desparraman y la mujer se afana libando mi almeja. Intento zafarme de la polla que arremete en mi garganta y tener libertad para gemir, pero me es imposible. Él me agarra con fuerza la cabeza y mueve sus caderas con ímpetu hasta que estalla dentro. La leche se me desparrama a borbotones por las comisuras de mis labios. No me gusta tragarme el semen. Siempre me ha dado cierto reparo hacerlo y es algo que mi esposo ha respetado, por el contrario, el extraño sigue expulsando su simiente y me obliga a tragarla. Su sabor amargo no me resulta desagradable, pero con la polla incrustada en el gaznate tengo dificultades para respirar. En cualquier caso, me ha dado mucho morbo que disparara su corrida en mi boca al mismo tiempo que yo gozaba de mi orgasmo.

    Después de la contienda me incorporo en la camilla sin saber exactamente lo que se espera de mí. La verdad es que yo estoy lista para marcharme. Mentiría si digo que no he disfrutado, cuando pensaba que podía ser mucho peor, pero ahora quiero irme, sea como fuere, parece ser que no son esos los planes de la pareja de excéntricos. No sé en qué momento se han desnudado, pero los dos están como Dios los trajo al mundo (igual que yo) a excepción de sus máscaras. Ahora puedo ver que ella posee un cuerpo verdaderamente atractivo. Los zancos realzan su figura. Sus pechos son de proporciones perfectas, ni grandes ni pequeños, apuntan hacia arriba como si fuesen dos peras. Su sexo está adornado por una fina tira de pelillos en tonos claros y en su parte inferior está perfectamente depilado. La anatomía de su compañero es más común, pero exhibe una polla que sobresale como una espada, aunque hablando de armas, más bien parece un arco. Una gruesa vena recorre la parte superior ramificándose en otros capilares más pequeños. No la tiene totalmente tiesa, pero es imponente igualmente.

    Él me coloca a cuatro patas sobre la cama de agua y yo no opongo resistencia, sino que me dejo hacer. Apoyo mis codos en el lecho e imagino lo que viene a continuación, de modo que no tengo que esperar mucho para sentir la cabeza de su polla pasearse por mi raja, y con ello excitándome cada vez más. Empiezo a mover mi culo exhortándole a que me la meta y de un golpe seco me la incrusta hasta el tuétano. Me ha hecho un poco de daño, pero es soportable. Ahora empieza a percutir en mi interior y percibo como va ganando firmeza al tiempo que embiste con contundentes golpes de riñón.

    La mujer se recuesta delante de mí abriéndose de piernas y empieza a masturbarse al mismo tiempo que su compañero arremete como un energúmeno. Reconozco que estoy gozando como una puta pese a mis reticencias iniciales. El hombre me fornica con brío, se aferra a mis ancas y me hace gozar como nadie. No sólo es dueño de un buen cipote, sino que sabe muy bien cómo usarlo. Su polla me llena por completo y con cada embate me acerca un poco más hasta donde está la mujer rubia, con lo cual, ahora tengo un primerísimo plano de su raja a veinte centímetros de mi cara y, mientras recibo la ración de pollazos del hombre enmascarado, catwoman me coge la cabeza y la acerca a su gruta. No sé muy bien qué hacer. Tengo la nariz en su sexo, estoy oliendo su aroma de mujer y la verdad es que no me desagrada, sino que me embriaga. Está moviendo su pelvis sobre mi boca espoleándome a que se lo coma y sólo lo pienso unos segundos hasta que meto la lengua allí, repasando la raja, igual que me gusta que me lo hagan a mí. Notó como sus flujos resbalan por el canal y mi boca los atrapa con voraz apetito. Percibo que se excita cada vez más con la actividad que mi lengua le dispensa, lo cual es un indicativo de que lo estoy haciendo bien. Tengo que parar un momento porque el puntal que amartilla dentro mis entrañas empuja con mucha violencia, hasta que unos fuertes gemidos del atacante de mi retaguardia revelan su orgasmo. Se ha corrido dentro. Supongo que en algún recóndito rincón de mi ignorancia pensaba que pediría permiso para eso, pero si no lo ha hecho para otras cosas peores, mucho menos lo haría por eso. Después de su corrida saca la polla chorreante y desparece de mi vista. Tampoco lo busco porque estoy absorta aplicándole el cunnilingus a su compañera y sé que lo está disfrutando enormemente. Por mi parte, me deleito ahora con la esencia salada de la sofisticada mujer. Ella aferra mi cabeza presionándola e intentando conducirme en mi nueva e inexperta habilidad, mientras sus movimientos pélvicos se hacen notar cada vez más hasta que obtiene su clímax entre espasmos. Saboreo por primera vez el néctar de mujer, y no dudo en beberme todo el extracto.

    La rubia yace en el lecho, —por lo que veo— plenamente satisfecha, sin embargo yo estoy ahora muy excitada. Mi semental se ha corrido sin contemplar mis necesidades, pero me doy cuenta de que ha vuelto y me coge del brazo, no sé exactamente para qué. Me incorporo y no sé adónde me lleva. La hermosa mujer también nos acompaña. Al parecer los dos conocen mi destino, soy yo la única que lo ignora. Para mí es un intrigante y morboso misterio. El hombre me suelta y parece dirigirse a un determinado lugar. Ahora es ella la que me coge de la mano (como si fuésemos dos amantes) y me acompaña hasta mi destino, y creo saber ya cual es.

    Ambos me ayudan a acostarme en una especie de potro ginecológico, pero más sofisticado. Siento curiosidad, pero me da la impresión de que me encuentro en la consulta del tocólogo para hacerme una exploración vaginal. La mujer rubia me ata las piernas con unas cintas de cuero diseñadas para tal fin y me aplica una considerable cantidad de gel lubricante en mi raja. Su compañero acerca una de las máquinas y la regula de tal manera que el pistón esté a la altura deseada. Posteriormente elige uno de los consoladores de notable tamaño, —tanto es así que me asusta— y lo ensambla al pistón, luego acerca el artilugio para que el falo pueda penetrar completamente en mi coño. Lo embadurna con gel lubricante y lo posiciona a la altura de mi abertura y, a una orden del excéntrico hombre enmascarado, catwoman acciona el artilugio poniéndolo en marcha y, ayudado por él, penetra en mi vagina, marcando un movimiento lento y repetitivo con el que empiezo a sentir el pene artificial incursionando en mi interior, de tal modo que empiezo a gozar del artificio mecánico. Yo miro a la mujer rubia mientras disfruto del juguete, y ésta sube un nivel la velocidad del artefacto, y con ello se incrementa también mi goce, por consiguiente, empiezo a jadear y a gemir con el placer que aquella máquina me dispensa. Las expresiones de mi cara se desencajan y mis pupilas desaparecen detrás de los párpados.

    La mujer intensifica la velocidad de forma gradual hasta que el regulador llega a su tope y, llegado a ese punto, grito como si me fuera la vida en ello. Jamás he sentido nada semejante. El enorme e incansable falo artificial se mueve a una velocidad vertiginosa golpeando incesantemente en mi cuello uterino, y yo sigo bramando de placer, pero, paralelamente, es una sensación casi intolerable. Al mismo tiempo que gozo, deseo que termine pronto, y después de innumerables berridos me viene un potentísimo clímax en el que tengo que retroceder para sacarme completamente el pene mecánico, expulsando un potente chorro de pis que desparramo por la máquina, salpicando también a mis anfitriones. El pistón continúa accionado y mi cuerpo se convulsiona una y otra vez con el potente orgasmo recibido, pero retrocedo de los golpes que la polla de plástico me está asestando en el coño.

    Mi anfitriona apaga el artefacto y el pistón deja de increpar mis bajos, sin embargo, aún tengo unas últimas convulsiones derivadas del placer, acompañadas de unos últimos chorros de pis de menor intensidad. A continuación, desabrocha las correas que mantienen sujetas mis piernas.

    — ¿Qué te ha parecido? —me pregunta la mujer gato.

    Todavía estoy sin resuello y tengo que recomponerme para responder.

    — Ha sido muy… salvaje, —respondo todavía jadeante, después de buscar calificativos para describir las sensaciones.

    Tengo mucha sed y le pido al misterioso amante un vaso de agua. Me lo bebo de un trago y quiero agradecerles la experiencia, pero también quiero decirles que debo marcharme, entonces un profundo sueño me atrapa y necesito echarme en la cama porque no me aguanto en pie.

    Oigo voces. Alguien intenta despertarme, pero de nuevo mis párpados se resisten a abrirse, aun así la voz persiste y noto que alguien me sacude el hombro para despertarme.

    —Señora… señora. Despierte. Hemos llegado.

    —¿Qué?, —respondo sin saber lo que dice, ni donde me encuentro. Abro los ojos de par en par y compruebo que estoy en la puerta de mi casa y no logro entender nada de lo ocurrido. El taxista espera a que le pague y yo tardo en reaccionar, pero cuando lo hago le doy diez euros más de lo que marca el taxímetro. Le pregunto al taxista si sabe quien me ha dejado en el taxi y me mira como si estuviera ida.

    Cuando entro en casa mi marido me recrimina por haber tardado, pero ahí queda la cosa. Mi cabeza intentar procesar información, pero por más que lo intento todo me parece cada vez más confuso y no sé si todo ha sido real o tan sólo fruto del sueño.

    Subo a mi habitación y me desvisto para darme una ducha intentando convencerme a mí misma de que debo de haberme quedado dormida en el taxi y que todo ha sido un micro sueño en el que el concepto del tiempo opera de forma diferente. Cuando me quito las bragas reparo en que flujos y semen se deslizan en cantidades importantes por mi pierna.