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  • Tras bambalinas (Capítulo 9)

    Tras bambalinas (Capítulo 9)

    Después de haber arribado a Ciudad Slateport para que Serena y Shauna pudieran participar en el Gran Festival, y un día antes del inicio del máximo Concurso de la región, fue cuando Anthony pudo conocer a la hermosa reportera Alexa y tras un breve combate logró ponerla bajo su control, lo cual le costó tener un pequeño altercado con el lado más sexy de la ley.

    Sin embargo con un poco de esfuerzo Anthony no solo logro salir airoso de aquella inesperada y problemática situación, sino que logró convertir a esas dos preciosas mujeres en sus leales esclavas, además de obtener una valiosa mina de aterradora información, que posiblemente podría usar en contra de Palermo.

    De forma que unos cuantos días después del incidente con Jenny, el Gran Festival finalmente había iniciado y tanto Serena como Shauna habían logrado pasar a través de las diferentes etapas del evento sin ninguna dificultad, por lo que en estos momentos ambas chicas se encontraban compitiendo en la ronda final para decidir quién sería la siguiente Maestra de Concursos de Hoenn.

    Ambas chicas estaban demostrando todo su talento y su experiencia en sus actuaciones, lo cual sumado a que se veían aún más hermosas de lo habitual, hacía que todos los espectadores estuvieran totalmente absortos en el enfrentamiento de las féminas mientras apoyaban con intensidad a su favorita.

    En resumen, aquel hermoso y emocionante despliegue de habilidad y talento era un verdadero deleite para los ojos, especialmente para el público masculino, ya que una gran mayoría de los asistentes veían con deseo a ambas participantes.

    Por su parte Anthony se encontraba viendo el espectáculo atentamente, tomando nota del desempeño de sus esclavas, aunque eso no evitaba que se percatara del modo en que muchos hombres devoraban con la mirada a las hermosas coordinadoras. Sin embargo en lugar de ponerlo celoso esas reacciones lo hacían sonreír y alimentaban su ego, ya que disfrutar de los sensuales cuerpos de Serena y Shauna de la forma en que él quisiera era un privilegio que nadie más podía tener.

    Una vez transcurridos los 5 minutos, y que la nube de polvo, producida por la colisión entre los ataques del Flabebé y el Ivysaur de Shauna con los de la Braixen y la Sylveon de Serena, se hubiera disipado, fue cuando se declaró a la joven de cabellera color miel como la vencedora del evento.

    Así que después de una asombrosa ceremonia de premiación, en donde ambas participantes recibieron todos los aplausos y ovaciones del público, fue cuando ambas chicas volvieron al hotel en donde se hospedaban, pero aquello solo era una visita breve para recoger sus cosas y con mucho sigilo dirigirse hacia una casa en los límites de la ciudad y recibir sus verdaderos premios.

    — ¡Muchas felicidades chicas! ¡Esa fue una extraordinaria batalla! Sean bienvenidas a casa, el Amo las esperaba con ansias —las saludó Alexa con alegría al abrirles la puerta e invitarlas a pasar, aunque al llegar a la sala ambas coordinadoras se sorprendieron demasiado al ver que Anthony estaba hablando con una Oficial Jenny, ellas asociaban la presencia de la oficial con algún problema para su adorado dueño hasta que…

    —No hay nada de qué preocuparse, lindas. Al igual que ustedes Jenny es otra de mis fieles esclavas —aclaró el chico con una sonrisa al percatarse de la preocupación de las chicas antes de dirigirse hacia la oficial —Jenny, quiero presentarte a mi novia Serena y a su amiga Shauna —comentó Anthony con calma, y sin dudarlo la oficial de policía se acercó a ambas para darles un beso en la comisura de los labios.

    —Es un placer, por fin conocerlas, chicas. El Amo me ha hablado bastante de ustedes —saludó la oficial de forma coqueta antes de darse la vuelta y volver hacia donde estaba Anthony, quien brevemente le explico a ambas chicas lo que había ocurrido en su ausencia, por lo que la desconfianza se evaporo en el aire y fue rápidamente sustituida por una agradable atmósfera de confianza y felicidad.

    —Oye Serena, ¿Te parece si tú y yo salimos a pasear? —preguntó Anthony al acercarse por detrás hacia su novia.

    —Por supuesto, mi amor. Eso me encantaría —contesto la chica de cabellos color miel con una linda sonrisa y poniéndose rápidamente de pie para tomar la mano de su novio.

    —Excelente —mencionó Anthony, pero antes de salir decidió voltearse hacia el resto de sus esclavas con la intención de darles algunas instrucciones —Mientras que Serena y yo volvemos Alexa y Jenny estarán a cargo, así que necesito que hagas todo lo que ellas te digan ¿De acuerdo, mi linda Shauna?

    —Así lo haré, Amo. Yo escucho y obedezco —replicó la morena mientras la pareja salía por la puerta, antes de darse cuenta que ambas mujeres estaban detrás de ella y le sonreían.

    —Shauna, ya escuchaste al Amo. Ahora síguenos y ponte esto —le indico Alexa de manera traviesa, mientras le entregaba una caja de color blanco, a lo que la morena asintió sumisamente antes de obedecer.

    Mientras tanto la pareja caminaba tranquilamente por las calles de Ciudad Slateport, siempre tomados de la mano y platicando alegremente. Al pasar por un puesto de flores él no dudo en comprarle un hermoso ramo de rosas, lo cual hizo sonrojar a la joven por aquel lindo gesto, y tras caminar un poco más la pareja finalmente llego a las puertas de un lujoso restaurante, en donde Anthony había hecho una reservación con el único fin de celebrar la victoria de su novia.

    — ¡Amor, esto es asombroso, pero no debiste! ¡Todo esto debió costarte una fortuna! —comentó una sorprendida y halagada Serena al ver todos los lujos con los que contaba el lugar, junto con los elevados precios que estaban escritos en el menú que les trajeron.

    —Tú no te preocupes por eso, cariño. Tú te mereces esto y más, después de todo no todos los días mi hermosa novia se convierte en la Maestra de Concursos de Hoenn, así que sólo disfrútalo —respondió Anthony con una sonrisa antes de darle un breve beso en los labios.

    — ¡Muchas gracias mi amor! ¡Sin duda eres el mejor! —exclamó ella con una radiante sonrisa antes de que un espectacular sonrojo cubriera su rostro, lo cual llamo la atención del pelinegro, quien se acercó a ella.

    —Pero sabes una cosa… Yo creo que hubiera sido suficiente con hacerme el amor toda la noche, amor… No tienes idea de cuánto extrañe ser tuya —le susurró Serena con pena al oído, haciendo que el sonriera con dulzura.

    —Me encanta que seas tan honesta conmigo, mi amor. Yo quiero que sepas que yo también te extrañe demasiado… Y aunque tener sexo con las demás chicas es fabuloso… Con ninguna es lo mismo a hacerlo contigo —mencionó Anthony un poco avergonzado antes de recibir un apasionado beso de la chica, el cual correspondió de inmediato.

    Una vez que ambos amantes se vieron obligados a separarse para recuperar el aliento fue el turno del chico de cabello negro para acercarse a ella y susurrarle al oído —Además, no recuerdo haber mencionado que la cena fuera tu único premio, mi cielo. Aunque por ahora tendrás que esperar hasta que regresemos a casa ¿Estás de acuerdo?

    — ¡Por supuesto Anthony! ¡Estaré ansiosa, mi amor! Pero por el momento disfrutemos de esta linda y romántica velada que me preparaste —contestó Serena con una sonrisa radiante y guiñándole un ojo para continuar con la cena.

    Después de algunas horas fue cuando ambos enamorados volvieron a casa, aunque al abrir la puerta se encontraron con que todo estaba a oscuras. Al parecer las otras chicas ya se habían ido a dormir, y eso a Serena le pareció muy extraño, ya que ella imagino que Alexa y Jenny estarían divirtiéndose con Shauna, aprovechando que Anthony las había dejado a cargo.

    —Serena. Antes de continuar quiero que te pongas esto y sólo te dejes tus medias puestas —le pidió Anthony mientras le entregaba una caja de cartón de color blanco.

    —Por supuesto, mi amor. Haré con gusto todo lo que me digas —contestó la chica de forma alegre y sumisa abriendo la caja para encontrar un ajustado corsé de color negro, unas orejas de conejo del mismo color, junto con unas muñequeras blancas y una especie de gargantilla también blanca.

    Sin dudarlo Serena puso su nuevo atuendo en la mesa y comenzó a bailar para su novio mientras se despojaba lentamente de su ropa, moviéndose de una forma muy sensual con la intención de provocar al chico. Y una vez que estuvo totalmente desnuda se agacho, dejando su coño y su ano a la vista, para tomar de su mochila un poco del listón que Anthony le dio.

    Y aunque junto a lo que buscaba encontró un pequeño rollo de listón azul, el cual observó detenidamente por un momento antes de dejarlo y elegir el listón rojo, así que cortó un poco e hizo un moño que puso en la gargantilla del sexy disfraz antes de ponérselo.

    —Amo Anthony ¿Te gusta cómo me veo? —preguntó la chica ligeramente sonrojada y con una sonrisa nerviosa, que junto con la forma en que aquel llamativo conjunto se amoldaba a sus deliciosas curvas y resaltaba aún más sus suculentos pechos, la hacían ver increíblemente adorable y sexy a la vez.

    —Te ves preciosa, mi amor —contestó el pelinegro tras recuperar el aliento y antes de darle un apasionado beso que ella correspondió enseguida, así que cuando se detuvieron el tomo su mano y comenzó a dirigirla hacia la habitación principal, pero al abrir la puerta se encontraron con una hermosa sorpresa: Ya que Alexa, Jenny y Shauna se encontraban de pie junto a la cama usando provocadores disfraces de conejitas, iguales al de Serena, sólo que el Alexa era de color rojo, el de Jenny era azul y el de Shauna era rosa.

    —Los esperábamos ansiosas, Amo Anthony y Ama Serena —saludaron las 3 mujeres a la vez, con una voz sumamente sumisa y con una evidente nota de deseo.

    — ¿Ama? ¿Pero Anthony es nuestro único Amo? ¿Por qué me llaman así? —preguntó Serena bastante confundida por ser llamada de esa manera.

    —Tranquila, mi amor, y déjame explicarte lo que pasa. Cuando tu aceptaste que tuviera más esclavas te dije que tú siempre serías la más importante En aquella ocasión también te dije que tu serias la única chica a quien amaría ¿Lo recuerdas? —dijo Anthony de forma dulce mientras ella asentía.

    —También recuerdo que te prometí un regalo si ganabas el Gran Festival y es por eso que decidí que ellas serían tu regalo… Ya que este es el mejor momento para demostrarte lo importante que eres para mí y dejar en claro tu status dentro de nuestra nueva familia. A partir de hoy todas mis esclavas también serán tuyas, Serena. Podrás hacer todo lo que tú quieras con ellas, siempre y cuando tus deseos no se opongan a alguna orden que yo les haya dado —explicó el chico mirando fijamente los ojos azules de la joven, quien lo veía con incredulidad.

    — ¿Hablas en serio, Anthony? —preguntó ella, recibiendo un asentimiento de parte de su Amo, antes de sonreír — ¡Eres el mejor novio del mundo, amor! —contestó la chica emocionada por ser alguien tan valiosa para el pelinegro, por lo que una vez más lo beso con lujuria hasta que la falta de aire los hizo detenerse —Pero Amo, aún hay un problema… Yo… Yo no sé cómo debo tratar a una esclava.

    —Pensé que dirías algo así, cariño. Es por eso que voy a enseñarte a tomar el lugar que te corresponde como la Reina de mi harem. Lo primero que tienes que hacer es mostrar seguridad y confianza en ti misma, pero al mismo tiempo tienes que ser firme en tus órdenes, tus esclavas tienen que aceptar y entender que tú eres quién está al mando y que todas tus órdenes deben de ser obedecidas al momento y sin importar cuál sea la orden —explicó el joven con calma.

    —Creo que lo entiendo, amor ¿Pero que podría ordenarles? —preguntó Serena aún bastante apenada y un poco abrumada, ya que era obvio que ella no sabía qué hacer y que ni en sus más remotos sueños se imaginó estar en una situación semejante.

    Y Anthony lo notó, ya que se acercó por detrás a la chica apretando su cuerpo contra el suyo, sintiendo su bien formado trasero a través de la delicada y delgada tela del atuendo que usaba y sin previo aviso comenzó a besar su cuello, mientras que una de sus manos manoseaba sus pechos con descaro y con la otra se encargaba de masturbarla por encima de su disfraz, lo cual hacia a la chica temblar y soltar eróticos gemidos de placer que demostraban lo excitada y deseosa que estaba.

    Y no era para menos, ya que verse obligada a estar lejos del chico durante el Gran Festival fue una autentica tortura para ella, debido a que desde que acepto ser la novia y la esclava de Anthony la compañía del chico y el tener sexo con él se habían vuelto indispensables en su vida, al punto de que ella ya no podía concebir la idea de vivir sin ellos.

    Cada noche desde el inicio del Gran Festival, al entrar a su habitación, Serena no hacia otra cosa más que desnudarse y comenzar a masturbarse al recordar con alegría cada una de sus experiencias sexuales con el chico que tanto amaba. Y todos sus sueños estaban relacionados con la incesante idea de ser tocada y follada por Anthony, de demostrarle todo el amor que sentía por el y complacerlo de cualquier forma posible, como la buena y enamorada esclava que era.

    En otras palabras, la hermosa joven de cabellos miel estaba tan necesitada de tener sexo con su dueño, que las caricias de su amado Anthony en ese momento eran el mejor afrodisiaco que ella podía tener. Por lo que Serena no puso ninguna resistencia cuando este comenzó a dirigirla hacia la cama y una vez ahí él se colocó sobre ella, sin embargo para desgracia de Serena las lascivas caricias del chico se detuvieron tan repentinamente como comenzaron.

    — ¿Que… sucede, Amo? Continué, por… favor ¡Mi cuerpo lo necesita! —imploró la chica de la cabellera color miel de forma increíblemente erótica, sin embargo el chico lentamente aparto sus manos de sus respectivas posiciones para tomar suavemente los brazos de la chica y comenzar a abrirlos mientras que su lengua recorría el fino cuello de la joven hasta llegar a su oído.

    — ¿Quieres placer, verdad mi hermosa Serena? —le susurro Anthony al oído de forma lenta y seductora, lo cual hizo a la chica estremecer y asentir frenéticamente

    —Sí, Amo Anthony… quiero placer… mucho placer… Haré lo… que sea… pero deme… placer… por favor… ¡Tócame! ¡Bésame! ¡Fóllame! —suplicó la excitada chica con auténtica desesperación, como si su vida dependiera de ello, sin embargo el chico continuaba manteniendo una actitud impasible.

    —Y lo tendrás, mi amada Serena —dijo el antes de darle un corto beso en los labios y levantarse de la cama —Escucharon la orden de su Ama ¿Verdad, esclavas? —ahora el chico se dirigía hacia las demás chicas, quiénes se habían quedado inmóviles a la espera de las ordenes de cualquiera de sus Amos.

    —A la perfección Amo Anthony. Nuestro deber es el de darle mucho placer a nuestra Ama Serena —contestaron las 3 mujeres a la vez, antes de abandonar sus posiciones firmes, y dirigirse hacia la performer de cabellos color miel. Jenny y Alexa se situaron a los lados de la cama y aprovechando que la chica de Pueblo Boceto se había quedado con los brazos levantados empezaron a bajar la parte superior de su disfraz para dejar libres sus magníficas tetas.

    Y sin perder tiempo, la oficial empezó a lamer uno de esos hermosos pechos, como si de una bebé se tratara. Mientras que una de sus manos impedía que Serena moviera sus brazos y con la otra recorría el abdomen de la chica aun cubierto por la prenda; Alexa por su parte se encontraba del lado opuesto de la cama y al igual que Jenny usaba una de sus manos para impedir que la joven cambiará de posición y con la otra recorría muy suavemente el otro pecho de la joven, pero la cabeza de reportera se encontraba en la axila de la chica oliendo con devoción el excitante aroma de su sudor y pasando de manera muy dulce su lengua para saborearlo bien.

    Mientras que Shauna estaba sentada en la base de la cama, la morena había conseguido desabrochar la parte interior del disfraz dejando ver la concha de su amiga, y sin perder tiempo comenzó a masturbarla con delicadeza usando los dedos de su mano derecha, y con su otra mano levantó su pierna para besar y lamer los pies de la joven. De forma que la combinación de esos tratamientos de ensueño por parte de las chicas hicieron que Serena rápidamente soltara eróticos gemidos de placer, mientras que Anthony observaba la sensual escena que protagonizaban sus esclavas sin perderse del mas mínimo detalle.

    —Ahhh… que rico… Ahhh… no… se… Ahhh… de-detengan… sigan… Ahhh… mis es-esclavas… Ahhh —exclamó la excitada chica causando una gran sonrisa en las mujeres que la atendían, haciendo que continuarán su tarea, ahora con más confianza y velocidad. Al notar que su novia estaba muy cerca del orgasmo el pelinegro comenzó a desabrocharse sus pantalones para darle el premio final a su amada. Ya que después de tanta espera el estrecho ano de Serena por fin sería suyo, cuando…

    Un inesperado y molesto sonido devolvió al quinteto a la realidad: Alguien estaba tocando la puerta.

    Por lo que de mala gana Anthony volvió a vestirse y se dirigió a abrir, causando que las chicas de inmediato detuvieron su hermoso espectáculo a pesar de que él no se los ordenó. No cabía duda de que el chico estaba bastante molesto por ser interrumpido en el momento más inoportuno posible, pero al abrir la puerta su molestia fue sustituida de inmediato por sorpresa.

    Ya que frente a Anthony se encontraba una alta y hermosa mujer de larga cabellera rosa que vestía una llamativa vestimenta de color rojo con negro y cuyos ojos estaban cubiertos por unas gafas de cristal rojizo. Al verla en persona por primera vez el chico confirmó los rumores de que la belleza de aquella mujer sólo era comparable con la enorme autoconfianza que ella desbordaba y al miedo que inspiraba, ya que para cualquiera que hubiera vivido en Kalos era imposible no reconocer a la presentadora más famosa de la Liga Pokémon y una miembro del Alto Mando: Malva.

    —Señorita Malva ¿A que le debo el placer de que una miembro del Alto Mando de Kalos me realicé esta tardía visita? —contestó el chico, un poco receloso, tras recuperarse de la impresión, y nadie podía culparlo, ya que la última vez que llamaron a su puerta de esa manera fue Jenny y en aquella ocasión tuvo un serio problema que resolver.

    —Veo que me reconociste de inmediato. Entonces no hay duda de que eres a quien he estado buscando, joven Anthony —respondió ella mientras que su enigmática y hermosa mirada traspasaba al muchacho, como si fuera una depredadora avistando a su presa, y sin pensarlo 2 veces el la invitó a pasar a la sala, aunque no reparo en el hecho de que la ropa de Serena estaba tirada en el suelo, cosa de la que Malva se dio cuenta de inmediato.

    —Vaya al parecer tenemos compañía. Bueno no me sorprende que un joven tan apuesto como tú tenga a alguien con quién pasar la noche. Y de antemano discúlpeme si mi visita interrumpió algo —mencionó la mujer con una abrumadora calma, como si ella supiera a la perfección que era lo que Anthony estaba haciendo y con quién.

    —Es todo un honor recibir ese halago de parte de usted, señorita Malva —respondió el chico con calma mientras besaba su mano —Pero admito que me interesa bastante saber cuál es el motivo por el cuál una integrante del Alto Mando en persona venga a verme a esta hora en una región ajena.

    —Veo que le gusta ir directamente al punto, eso nos evitará tanta formalidad. La razón por la que vine aquí es porque me parece que los dos tenemos a un conocido en común —escuchar esas palabras saco de balance a Anthony y al parecer era la reacción que Malva esperaba ya que sonrió complacida.

    — ¿A qué se refiere, señorita Malva? —preguntó Anthony cada vez más receloso de las intenciones de la integrante del Alto Mando.

    —En Kalos existe una organización muy exclusiva y secreta conocida como las “Siervas de Xerneas”, la cual se dedica a la captura de chicas a las que luego vende como sumisas y obedientes esclavas sexuales a precios muy elevados. Pero curiosamente todas las víctimas tienen en común el hecho de que querían pertenecer al mundo del Performance —comentó la mujer con una calma aterradora, como si estuviera hablando del clima que habría por la mañana.

    — ¿Cómo es que sabes eso? —inquirió Anthony con curiosidad, pero aun manteniendo una actitud de alarma y cautela.

    —Un poderoso amigo, que falleció hace poco, conocía bastante sobre aquella organización. Solo te aclaro que él no era parte de ella, sino todo lo contrario, ya que él deseaba destruirla y conocía a la perfección que la verdadera identidad de su líder, la misteriosa Condesa de Xerneas, era nada más y nada menos que la principal y más famosa productora del Performance: tu tía Palermo —al decir eso la Alto Mando lo miro cuidadosamente, en la espera de su reacción, obteniendo una cara pensativa de parte del chico.

    —Tu falta de reacción me indica que ya sabias esta información o que al menos lo sospechabas ¿No es así, Anthony? —dijo ella con la misma calma de antes, aunque sin apartar su mirada de él.

    —Sí, ya lo suponía. Pero si tú ya tienes esa información ¿No entiendo que es lo que necesitas de mí? —preguntó el chico con seriedad, aunque no podía evitar que en su mirada se mostrara una furia contenida, ya que finalmente conocía cual era la magnitud de los crímenes y la ambición de su tia.

    —Primero quería ver cuál sería tu reacción. Los pocos cazadores a los que he buscado han intentado eliminarme de inmediato en cuanto menciono a Palermo, olvidando por completo que soy una miembro del Alto Mando y que un entrenador promedio no es rival para mi —respondió la mujer de forma segura aunque un poco altiva, señal de que estaba bastante consiente de su poder —En otras palabras, ellos son totalmente leales a Palermo, pero tú eres diferente, ya que no estas tratando de defender a tu señora ¿Y me pregunto porqué?

    —En primer lugar Palermo no es mi señora. Podré trabajar para ella, pero yo no soy de su propiedad… La única razón por la que ella me contrató es porque en su lecho de muerte mi madre le hizo prometer que no me dejaría a mi suerte; En segundo lugar, ella no necesita que la protejan, sino que la detengan —exclamó el chico seriamente mientras que Malva lo miraba con aún más atención que antes.

    —Veo que compartes mi opinión respecto a ese tema, y al parecer eres justo lo que necesito: Alguien dentro de la empresa de Palermo que no sea un perrito faldero a sus órdenes. Alguien que esté dispuesto a traicionarla —comentó la hermosa miembro del Alto Mando de Kalos sonriéndole por primera vez en toda la velada.

    —Entonces… ¿Lo que tú quieres es destruir a Palermo y que yo te ayude a hacerlo? ¿No es así, Malva? —inquirió el chico, ya que deseaba dejar claras las intenciones de Malva.

    —Eso es exactamente lo que quiero, Anthony. Gracias a una fuente bastante confiable me enteré de cuál es el siguiente gran objetivo de Palermo. Y con toda certeza puedo decirte que si dejamos que esa persona caiga en sus manos, entonces será imposible detenerla; El problema radica en que yo no puedo hacerlo sola —admitió la mujer.

    “¿Acaso se referirá a Serena?” pensó Anthony con intriga, antes de preguntar — ¿De quién estás hablando, Malva?

    —De una persona tras la cual Palermo ha ido desde hace años, la mismísima Campeona de Kalos, Diantha —contestó la mujer con calma.

    — ¡¿Diantha?! ¿Pero cómo es posible que Palermo intente atrapar a la Campeona? —preguntó Anthony con sorpresa, ya que no era un secreto para nadie que Diantha era una de las únicas personas en Kalos que tenían una influencia igual e incluso mayor a la de su tía.

    —Me alegra saber que comprendes la magnitud de la situación, Anthony. Así que te explicaré mejor lo que sucede. Al parecer la prestigiosa marca de ropa interior “Angel Secrets” quiere que Diantha sea su nueva modelo, sin embargo ella se negó de inmediato. Pero como los directivos de esa marca no están dispuestos a aceptar un no por respuesta, decidieron que la única forma de persuadirla es usando métodos menos ortodoxos y es justo ahí en donde la “Condesa de Xerneas” entra escena.

    —Hasta donde yo estoy enterada esa arpía tiene a la actual Reina de Kalos totalmente bajo su control, y se rumora que en su tiempo hizo lo mismo con la antecesora de Aria, por lo que no es exagerado afirmar que tu tía tiene el mundo del Performance totalmente en sus manos —dijo Malva mientras Anthony asentía.

    —Y tampoco es un secreto para nadie que Palermo siempre ha buscado la manera de extender su influencia hacia la Liga Pokémon, por lo que si ella logra atrapar a Diantha no solo la usará para modelar lencería, sino que se aprovechara de su influencia en la Liga y ante las autoridades de Kalos. Y si Palermo tiene éxito en su plan, entonces tendrá a la Reina de Kalos en una mano y a la Campeona en la otra, en otras palabras, prácticamente tendrá el control total de Kalos —terminó Malva con seriedad.

    —Conozco a mi tía y se perfectamente que es capaz de llegar a ese punto, ¿Pero porque va precisamente por Diantha? Si lo que quiere es tener influencia en la Liga creo que sería mucho más sencillo ir detrás de los líderes de gimnasio y luego tratar de dominar a los integrantes del Alto Mando —comentó el chico tras pensarlo con cuidado un momento.

    —Eso es justo lo que cualquiera haría, en su lugar —comentó la mujer complacida por la respuesta del chico antes de añadir —Sin embargo lo que no muchos saben es que los miembros restantes del Alto Mando, al igual que los líderes de gimnasio Ramos, Olympia y Wulp, nunca han confiado mucho en Palermo —comentó Malva ante la incredulidad del chico.

    —Al parecer todos ellos conocieron a Palermo cuando era más joven, y había algo en ella que siempre les generó desconfianza, por lo que nunca interactuaron demasiado con ella; Y en lo que respecta a mí, al parecer lo intento en cuanto llegue a mi puesto, pero fue Lysson quien se lo impidió —explicó distraídamente la Alto Mando y volteo a ver al chico al darse cuenta de lo que dijo.

    —Vaya, eso es interesante ¿Así que tu poderoso amigo era el líder del difunto Team Flare, no? ¿El hombre que intentó matarnos a todos? Imagino entonces que los rumores que circulan sobre que en algún momento perteneciste al Team Flare son ciertos —mencionó Anthony con severidad, ya que gracias a Serena y a Shauna, conocía muchos detalles de la catástrofe que casi destruye su región natal y al mundo entero.

    —Veo que me atrapaste muchacho —comentó ella con un tono derrotado —Pero también estaba convencida de que no lo entenderías. Lysson tuvo muchos defectos y por ello optó por un método demasiado drástico, pero su sueño de crear un mundo más hermoso era puro y honesto, y yo continuare ese sueño. Creare un mundo mejor y es por eso que destruiré a una organización tan repugnante como las “Siervas de Xerneas” para siempre.

    —Tranquilízate Malva. Yo no estoy juzgándote y sé que no soy nadie para hacerlo —comentó el chico para calmar a la mujer —Después de todo yo termine ayudando a Palermo, y por lo tanto soy uno de los causantes de esta situación, además de que yo no soy ningún santo.

    —Yo soy del tipo de personas que hacen las cosas de acuerdo a su propio interés y su propia justicia, y por lo que puedo ver tú y yo somos bastante parecidos en eso. Pero al menos tú y Lysson tienen un bonito objetivo que los impulsa —comentó Anthony haciendo sonreír a la mujer.

    —Vaya, no creí que un niño lo entendería, pero hay algo que aun no entiendo y hasta que no lo averigüe no podré confiar en ti —mencionó la mujer con calma, pero al mismo tiempo saco una pokébola de su cinturón.

    —Como tú lo has dicho eres el único familiar de Palermo y es muy lógico pensar que a pesar de sus diferencias, en cuanto ella muera tú serás quién se convierta en su heredero ¿Entonces dime que es lo que te motiva para vencer a Palermo? ¿Qué es lo que te hace renunciar a ese patrimonio, Anthony? ¿A una vida rodeada de todas las mujeres y los lujos que tu desees? — le cuestionó la presentadora con seriedad viéndolo a los ojos, cuando…

    —Amor ¿Todo está bien? —preguntó Serena, quien tímidamente salió de la habitación para ver lo que sucedía, la chica se había puesto nuevamente el disfraz de conejita ya que toda su ropa estaba tirada alrededor de la sala.

    —Claro que sí, mi amor. Ella solo es una amiga que vino a contarme algo, pero en cuanto se vaya volveré a la habitación —contestó el chico dándole una sonrisa con la intención de tranquilizarla.

    —Claro, cielo. Te estaremos esperando —respondió la chica un poco más segura y entro de nuevo a la habitación.

    —Vaya, vaya. De todas las razones que se me ocurrieron para decidieras ir en contra de tu tía, debo admitir que esta fue la última que consideré. ¿Quién iba a pensar que el chico sin moral que es capaz de cazar chicas para convertirlas en esclavas, sería capaz de sucumbir ante el pinchazo del amor? —preguntó la miembro del Alto Mando de forma burlona, recibiendo un sonrojo de Anthony como respuesta y de inmediato guardo su pokébola, como si ya no considerará al chico como alguien peligroso.

    —Así que detrás de toda tu fachada de frialdad y misterio en realidad resultaste ser solo un chico enamorado. Entonces lo que te impulsa para detener a tu tía es tu linda novia ¿Verdad? Porque corrígeme si me equivoco ¿Pero que no ella es la chica que perdió contra Aria en la final de la Clase Maestra y que acompaño al subcampeón de Kalos en su viaje? Serena creo que se llama —preguntó Malva con genuina curiosidad.

    —Sí, Palermo quiere convertirla en la sucesora de Aria —contestó un resignado Anthony, al verse descubierto.

    —Muy bien, entonces te diré lo que haremos, chico enamorado. Necesito que te asegures de ser tú el enviado para capturar a Diantha y una vez que la hayas hipnotizado le haremos creer a esa bruja que ha ganado, será ese momento donde sin duda ella bajara la guardia y podremos atacarla.

    —Sin embargo la Campeona siempre estará bajo nuestra influencia y en ese momento acabaremos con Palermo de una vez con todas. De esa forma yo salvare a Kalos de esa mujer y de su denigrante organización mientras que tú mantienes a salvo a tu linda novia ¿Así que tenemos un acuerdo?

    —Aceptó —contestó el chico con decisión, tras pensarlo algunos momentos, y le tendió la mano —Pero debes de saber que es muy complicado que eso ocurra. La captura de Diantha debe ser una misión del más alto nivel y para ese tipo de trabajos es que ella dispone de un grupo especial que está directamente a sus órdenes y a los que nosotros conocemos con el nombre de los “Royal Knights”.

    — ¿Entonces lo primero que debemos hacer es eliminar a los Royal Knights? —preguntó la mujer recibiendo una cabezada de asentimiento del muchacho

    —Bueno esa es una información bastante interesante, de la que yo no tenía conocimiento. Y aunque me gustaría oír mucho más acerca de ese escuadrón de élite, creo que ya es suficiente información por una noche. Además aún tengo varias cosas que hacer y por la vestimenta de tu chica parece que tú también —respondió Malva mientras estrechaba su mano y con la otra buscaba algo dentro de su bolsa.

    —Nos mantendremos en contacto con esto —dijo ella mientras le entregaba un Holomisor de color negro y levantándose del sillón, sin embargo también hizo algo que el chico jamás espero: Ya que Malva lo beso en los labios, fue un beso bastante corto pero no fue frío.

    — ¿Eso porque fue? —preguntó el chico muy sorprendido, pero sin duda satisfecho.

    —Porque de esa manera cerramos nuestro acuerdo, y también por qué sé que lo deseabas —contestó la mujer tranquilamente guiñándole uno de sus hermosos y enigmáticos ojos café rojizo.

    —Ahora te diré las condiciones de nuestro acuerdo. A cambio de destruir a tu tía y a su red de tráfico de esclavas, te dejaré en paz a ti y a tu pequeño harem, si lo deseas incluso te dejaré disponer de Diantha como tu juguete sexual en cuando lo desees. Pero la que controlara sus decisiones en el Alto Mando y frente a las autoridades seré únicamente yo ¿Te quedo claro?

    —Por supuesto. Veo que a pesar de todo somos mucho más parecidos de lo que creí —comentó el pelinegro sonriendo al comprender lo que Malva pretendía en realidad. Cuál era el motivo de no avisarle a Diantha y que ella tomara las medidas que considerará sensatas.

    —Tal vez sí, guapo. De hecho si no fueras tan joven y yo no estuviera tan ocupada no dudaría mucho en entrar a ese cuarto contigo y tu preciosa novia. Lo cual me lleva a darte una advertencia y que por tu bien y el de ella espero tomes en serio, porque en verdad me agradas.

    — ¿Y cuál es esa advertencia, Malva? —preguntó Anthony bastante curioso al notar el ligero tono de amenaza que empleo su nueva socia.

    —Si intentas pasarte de listo conmigo de cualquier modo, no sólo se anula nuestro acuerdo, sino que tampoco te alcanzará la vida para lamentarlo ¿Entendiste?

    —Por supuesto —contestó Anthony lacónicamente, aunque eso no evito que se imaginará por un momento a la bella integrante del Alto Mando como una miembro más de su harem.

    —Sabía que eras un chico listo. Espero recibir noticias de ti pronto —se despidió la mujer para salir de la casa, dejando al chico observando la puerta mientras pensaba en el interesante giro que los acontecimientos habían dado en tan solo unos días. Sin duda el que haya creado el proverbio de “El enemigo de mi enemigo es mi amigo” nunca tuvo tanta razón.

    Continuará…

  • De esposa perfecta a ser la puta del electricista

    De esposa perfecta a ser la puta del electricista

    Marianela tenía 45 años, estaba casada desde muy joven con Marcos, el amor de su adolescencia, y tenía con él tres hermosos hijos. A la vista de quienes los conocían, ellos eran la familia perfecta. Se veían felices, sus hijos eran buenos y alegres, no parecía haber nada en ellos que no fuera salido de una película romántica.

    Maru, así le decían todos a Marianela, era la esposa ideal. Siempre había tenido a su familia como prioridad, y aunque tenía una carrera profesional como psicóloga, siempre su trabajo venía luego de la familia. Desde muy joven se había acostumbrado a anteponer los deseos de su marido e hijos a sus propios deseos, y se sentía conforme con eso porque se había convencido de que así debía ser.

    Pero a pesar de sentirte una privilegiada con su vida de ensueño, su casa grande con jardín, sus obedientes hijos y su amorosa pareja, en el fondo se sentía aburrida. Su vida perfecta la aburría y ella sentía una culpa insoportable cada vez que ese pensamiento se le cruzaba por la cabeza. No podía permitirse sentirse así, sentía la presión de pensar que su vida era inmejorable, como lo pensaba todo el resto de la gente a su alrededor.

    Día tras día escuchaba historias excitantes y emocionantes que les sucedían a sus pacientes y se imaginaba viviéndolas en carne propia. Amantes, viajeros solitarios, proyectos, cambios de vida… Todas cosas que ella ya había resignado hacía muchos años. A pesar de ser una mujer muy atractiva, a la que jóvenes y maduros se giraban a mirar, se sentía cada vez más vieja.

    Una mañana Maru se despertó muy excitada sin saber exactamente por qué, y despertó a Marcos suavemente, esperando arrancar el día con un buen sacudón.

    En su fantasía el sexo era mejor que en la realidad. Hacía ya mucho tiempo que Marianela y Marcos se habían acostumbrado al sexo marital, habían perdido las ganas de jugar, de probar cosas. A pesar de que nunca habían sido una pareja muy fogosa o creativa en la cama, con los años la situación se había ido apagando cada vez más. Tenían sexo muy esporádicamente, y cuando lo hacían era monótono y breve. Si tenía suerte Maru conseguía un orgasmo luego de que él lo hiciera, e inmediatamente dormían.

    Aquella mañana Maru despertó a su marido, quien no se mostró especialmente motivado, pero sin embargo al sentir el tacto de ella, tuvo una erección. La besó mientras llevaba su mano a la entrepierna de ella, la tocó durante un rato, y luego le quitó la ropa interior que llevaba. Sin que ninguno emitiera ni una palabra, él se sacó su bóxer gris, se subió encima de ella y la penetró. La embistió durante unos minutos y luego se vino dentro de ella. Ella no tuvo un orgasmo esa mañana, ni él se preocupó por ello. Marcos se levantó y se metió a la ducha para luego ir a trabajar, mientras Maru se limpió los restos de semen, frustrada, pensando en que ese sería el tipo de polvo que tendría para siempre.

    Esa mañana ella no tenía pacientes, su marido trabajaba y los niños estaban en la escuela. Estaba sentada en la cocina, fantaseando con tener un sexo salvaje, juvenil, que la hiciera sentir deseada y bien puta. Cosas que no sentiría jamás en esa vida de cuento de hadas que llevaba. Sintió de repente un ímpetu por cambiar eso, por tener a alguien que la sacara por un rato de su vida de mujer perfecta, de madre perfecta, de aburrimiento y rutina, y la hiciera sentir lujuriosa como hacía muchos años no se sentía.

    En el medio de ese hilo de pensamientos, se acordó de Rubén. Rubén era un electricista que venía siempre que había algún problema eléctrico que solucionar en la casa. Era un hombre de unos 35 años, alto y fornido, que siempre coqueteaba con ella. A Maru siempre le había gustado ese coqueteo, quizás porque eran pocos los que coqueteaban con ella en su monótona vida.

    Ya todos la conocían como la madre de familia que era, y excepto algún que otro desconocido que trataba de seducirla en algún lugar donde asistiera anónimamente, no era algo frecuente. Pero Rubén siempre le hacía comentarios acerca de que la invitaría a cenar si no estuviese casada, o que ojalá hubiera mujeres como ella disponibles. Quizás a él le daba morbo seducir a una mujer casada y no le gustaba ella realmente, quizás simplemente jugaba porque sabía que era imposible.

    Marianela se vio de repente fantaseando con el electricista, con un sexo violento, agresivo, fuerte, de ese que nunca más tendría con nadie, y menos con Marcos. Estaba harta de limitarse a ser madre y esposa, necesitaba ser otra cosa.

    En un impulso, tomó el teléfono celular y le escribió un mensaje. “Buenos días, Rubén. Soy Marianela, de la calle España. Estoy teniendo unos problemas con algunas instalaciones eléctricas y quería saber cuándo estabas disponible para venir a revisarlas”. Dudó antes de enviarlo, esperando a que una oleada de lucidez y madurez la frenaran, pero finalmente apretó ENVIAR. Permaneció en la cocina con la mirada casi fija en el aparato, esperando que sonara con la respuesta del electricista.

    Unos 15 minutos después, recibió la respuesta. “Hola, Maru. Tanto tiempo! Estoy terminando un trabajo cerca de tu casa. Te sirve que pase en una hora?”. Marianela tembló. Qué estaba haciendo? Qué le diría al tipo cuando llegara y viera que no había nada para arreglar? Releyó el mensaje. Él le decía “Maru” y ya eso la emocionaba. Le respondió: “En una hora me viene perfecto. Te espero”.

    Fue a su habitación, se dio una ducha, y se vistió linda pero informal, tenía que parecer casual. Se puso una tanga negra de encaje y unos jeans que la favorecían, marcando sus hermosas piernas y su culo firme, que se había mantenido muy bien frente al paso de los años. En la parte superior se puso una remera simple de algodón blanca, pero en un acto de provocación, se la puso sin corpiño.

    Casi inmediatamente sonó el timbre. Ella dudó que fuera Rubén porque todavía no había pasado una hora. Se calzó rápidamente y fue a mirar por la mirilla de la puerta. Era él. De repente se sintió nerviosa como una adolescente inexperta.

    Abrió la puerta y ahí estaba. Al abrir él se acercó sonriente y la saludó con un beso en la mejilla.

    – Maru, cómo estás? Permiso

    – Hola Rubén, llegaste temprano. Estaba terminando de vestirme.

    – Sí, terminé el trabajo anterior antes de lo previsto. – dijo y no pudo evitar mirarla sutilmente de arriba a abajo

    Él vestía unos jeans sucios, y una remera gris a través de la cual se veían sus trabajados brazos y su pecho firme. De repente Marianela sintió que un calor se apoderaba de ella. Estaba mejor de lo que ella recordaba, o quizás ya estaba muy caliente con él después de tanto fantasearlo. En sus manos traía una caja de herramientas.

    – Querés tomar algo?

    – Un vaso de agua estaría bien

    Maru le sirvió un vaso de agua y se lo dio.

    – Gracias. Bueno, contame cuál es el problema.

    Ella no supo qué decir. Hizo un prolongado silencio. Rubén la miró tratando de identificar qué estaba pasando.

    – Mirá, no sé cómo explicarte esta situación. En realidad no hay ningún problema con las instalaciones.

    – No entiendo. Para qué me necesitás entonces?

    – Para nada. En realidad… cómo te digo… – se empezó a poner nerviosa, no sabía bien qué hacer o decir.

    – Maru, no entiendo nada.

    – Mirá. Te voy a explicar. Estuve pensando en vos esta mañana, y tenía ganas de verte. Lo del arreglo era la excusa.

    Rubén sonrió con picardía, incrédulo.

    – Así que pensabas en mí? No me digas que te divorciaste por fin… – dijo riendo

    – No, no me divorcié. Pero estuve pensando en cosas de mi vida, de mi matrimonio… bueno, no te quiero aburrir con eso.

    – A mí? Vos estás aburrida.

    – Cómo?

    – Estás aburrida con Marcos. Es eso, no?

    – Puede ser. Un poco.

    – Bueno, no quiero que hablemos de él. Decime qué puedo hacer por vos… – Dijo seductor, acercándose a mí

    – Ehhh… bueno. No sé, en realidad…

    – Marianela. Qué querés? Juntá fuerzas y jugatela. Pedime lo que quieras.

    – Quiero ser tu puta.

    Los ojos de Rubén se abrieron como platos. No esperaba esa respuesta, y mucho menos de ella.

    – Qué pasa? Te dejé mudo? Escuchaste bien. Quiero que me trates como tu puta. Que me hagas lo que quieras. Que te olvides quién soy. No quiero ser Marianela la madre de familia. Quiero ser tu perra.

    Iba a seguir hablando pero Rubén se acercó a ella mirándola a los ojos, como con furia en los suyos. Una furia caliente, sexual. La tomó con su mano enorme del cuello, apretando fuerte mientras la miraba a los ojos. La miró fijamente unos instantes, mientras la ahorcaba y veía cómo le costaba respirar. Marianela estaba muy excitada, expectante. Quería saber qué iba a hacer con ella. Estaba dispuesta a todo. De repente soltó su cuello y con la misma mano le metió una cachetada. Fuerte, firme, sonora. Su cabeza se giró hacia el costado por el impacto.

    – Así que querés ser mi puta? Vas a ser mi puta. – dijo y la escupió en la boca que tenía entreabierta

    A Maru la volvía loca que la tratara así. Era lo que quería. Sentirse sucia, que la usara, que la deseara.

    – Veo que me recibis sin corpiño – Dijo Rubén mientras apretaba muy fuerte sus tetas por encima de la remera y le hablaba frente a la boca, donde podía sentir su aliento caliente.

    Sí…

    – No hables. No quiero que hables, excepto cuando te pregunte algo. Me entendiste?

    Marianela asintió con la cabeza, a pesar de que esa era una pregunta y podría haber respondido. Le encantaba su rol de sumisión.

    Rubén apoyó a Marianela sobre la mesada de la cocina, la tomó de la nuca, y la besó violentamente. Salvajemente. Sus manos iban de su nuca a su cuello, por momento tiraban de su pelo, luego bajaban con ímpetu por su cuerpo, amasando sus tetas, su culo. De repente dio un paso para atrás y la contempló. Ella lo miraba a los ojos expectante, con una sed descontrolada de su cuerpo.

    – Desnudate.

    Marianela se quitó primero la remera mientras los ojos del electricista la miraban fijo. Se quitó las zapatillas y luego desabrochó su jean. Lo quitó despacio. Por último se quitó la tanga de encaje. Rubén le tendió la mano para que se la entregue.

    – Está mojada. Querés que coja, puta. Te morís de ganas de sentir mi verga dura adentro tuyo.

    Se acercó a Marianela y le metió la tanga hecha un bollo en la boca. Después con un sólo movimiento la dio vuelta hasta que ella quedó de espaldas a él. Le apoyó la verga dura todavía cubierta por su jean en el culo.

    – Mirá cómo me tenés. – Le decía mientras se movía rozándola con su bulto.

    Llevó la mano a la entrepierna de ella y la tocó.

    – Cuántas veces te imaginé desnuda y así de mojada -Dijo y le dio una fuerte nalgada que la tomó por sorpresa

    Ella seguía de espaldas y con la tanga en la boca. Escuchó como él desabrochaba su pantalón y lo quitaba. También se quitó el bóxer.

    Volvió a rozar el culo de Maru con su pene, esta vez desnudo.

    – Sentila. Mirá cómo está. Bien dura, como vos querías.

    Agarró fuerte a Maru de la nuca y con un movimiento brusco bajó su espalda para que llevara su torso hacia abajo, sobre la mesada, apuntando con el culo hacia él.

    – Mirá qué culo hermoso tenés, como para chuparlo todo el día – le decía mientras le daba nalgadas con la palma de la mano, y le pasaba la lengua por el agujero.

    Marianela respiraba agitada y emitía leves gemidos. De repente Rubén la tomó de la cintura, y sin previo aviso penetró la vagina de Marianela con un movimiento certero, profundo. Maru gemía más fuerte, aunque la tanga en su boca impedía un poco el sonido. Él tenía una verga bastante más grande que la de su marido, e inmediatamente notó la diferencia.

    – A esto querías que viniera, hija de puta? A cogerte como tu marido no te coge?

    Rubén comenzó a embestirla con velocidad y fuerza. Marianela gritaba apoyada sobre la mesada mientras él la sostenía tirando de su cabello bien fuerte.

    De repente, mientras la penetraba, llevó una mano al culo de Maru y comenzó a tocar su ano. Eso incrementó la excitación de ella, que seguía gritando con el bollo de tela interponiéndose.

    Rubén acariciaba el hoyo, chupaba su dedo y volvía a acariciarlo. Así hasta que ingresó un dedo en su culo, sin suspender las embestidas vaginales. Maru sentía que en poco tiempo acabaría.

    – Tocate. – le dijo el electricista y ella obediente comenzó a acariciarse el clítoris

    Él le quitó la prenda de la boca y le dijo:

    – Quiero que te vengas y que cuando lo hagas digas mi nombre.

    Siguió penetrándola con rapidez y fuerza, con el dedo entrando y saliendo sin dificultad de su culo, mientras ella masturbaba su clítoris. Marianela no tardó mucho en sentir el orgasmo atravesando su cuerpo. Cuando llegó al clímax, gritó su nombre.

    Rubén quitó su pene erecto y a punto de explotar de su interior, dio vuelta a Marianela frente a él y tomándola de los hombros hizo fuerza hacia abajo indicando que se arrodillara. Una vez arrodillada la tomó fuerte de la cabeza y le penetró la boca. Con las manos sobre su cabeza comenzó a embestirla por la boca, con fuerza, ahogándola, escuchando sus arcadas al llegar a su garganta. Él gemía mientras decía:

    – Chupala bien, puta de mierda. Te vas a tomar toda mi leche.

    Continuó con sus violentos movimientos dentro de la boca de Maru. Hasta que con un gemido gutural, acabó en su boca manteniendo la cabeza de ella bien apretada a su pene. Maru, un poco ahogada, logró tragar todo su semen.

    Salió de la boca su boca y le dijo:

    – Contenta, perra?

    – Muy contenta – dijo, todavía arrodillada

    Él le dio otra cachetada que le dejó la mano marcada en el rostro.

    – Todavía no terminé.

    La llevó hasta el sillón.

    – Ponete en cuatro. Que voy a atender a ese orto que pide a gritos mi verga adentro.

    Marianela tembló pero no dijo nada. Hacía años que no tenía sexo anal. Y este tipo la iba a penetrar salvajemente. Se puso en cuatro. Él comenzó a lamerle el culo mientras con un dedo jugaba con su agujero. Ella comenzó a excitarse nuevamente.

    Rubén metía su dedo, luego su lengua, escupía dentro de su ano. Cada vez el culo se aflojaba más, así que empezó a meter dos dedos, hasta que luego de un rato de gemidos de placer, los dos dedos entraban y salían, babeados. Con la otra mano él se masturbaba, ya tenía la pija nuevamente enorme y dura, lista para meterse en ese culo. Se paró detrás de ella, sacó los dedos, y comenzó a meter el glande, tomándola de las caderas. Maru gemía de placer y de dolor. Lenta pero firmemente el electricista introducía su pene en el culo de Maru. Ella chorreaba el sofá de lo excitada que estaba, y mientras él la penetraba ella se masturbaba por delante.

    – Ufff, cómo me gusta cogerte el culo, trola. – Decía al mismo tiempo que golpeaba sus nalgas con ira

    Marianela ya sentía toda su verga adentro del culo, y no podía más del placer.

    – Me vas a hacer a acabar de nuevo – dijo ella

    Él tiró de su pelo agresivamente y ante el grito de dolor de ella le dijo:

    – Quién carajo te dio permiso para hablar?

    Y luego de decir esto empezó a penetrar su culo con más fuerza y aumentando el ritmo.

    Ella gritaba, él la sostenía del pelo y también gemía. Por momentos soltaba su pelo y agarraba con su palma el cuello de Maru, haciendo que la asfixia la excitara mucho más.

    Ella sintió los espasmos del segundo orgasmo atravesando su cuerpo y gritó más fuerte.

    – Seguro que tu marido no te hace acabar cómo yo, no? Decimelo. Decimelo, puta.

    – No, no me hace acabar cómo vos – dijo Marianela entre gemidos

    Rubén siguió penetrando con violencia, aumentando más y más el ritmo. Sus gemidos empezaban a hacerse más fuertes.

    – Te voy a llenar todo el culo de leche, por perra insaciable.

    Continuó hasta que emitió un rugido y comenzó a rebalsar semen del interior de Maru.

    Mientras salía de su interior la volvió a golpear fuerte en el culo.

    – La puta madre, qué orto hermoso para cogerlo. Te lo rompería todo el día.

    Marianela miró el reloj y le dijo:

    – Te tenés que ir. Van a llegar mis hijos del colegio.

    Él sonrió con sorna.

    – De ser mi puta a ser la madre responsable, qué versátil Marianela. – dijo mientras agarraba fuerte su cara y la besaba.

    Ella se levantó y se vistió. Él hizo lo mismo, agarró sus herramientas y se dirigió a la puerta. Antes de que Maru abriera le dijo:

    – La próxima vez que tengas algún inconveniente con las instalaciones no dudes en llamarme.

    – Gracias por el trabajo, estoy muy conforme. – respondió Maru con media sonrisa mientras abría la puerta

    Justo al abrir vio a sus tres hijos que llegaban de la escuela. Rubén salió y ellos entraron.

    – Quién era ese señor, ma?

    – El electricista que vino a arreglar unas cosas.

    – Ah, y qué hay de comer? Tengo mucha tarea.

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  • Como me cogí a mi hermanastra (Partes 1 y 2)

    Como me cogí a mi hermanastra (Partes 1 y 2)

    Parte 1. 

    Esto pasó en el 2012, yo tenía 21 años y ella 35.

    Llegué a mi casa un sábado después de la semana de clases (estudiaba en otra ciudad), mi mamá me sirvió mi comida y en eso llega mi hermanastra, a partir de aquí la llamaremos Karina, (nombre cambiado). Me saluda, y saluda a mi mamá y su papá. Estamos platicando y de eso comenta que esa noche hay una fiesta en un poblado cercano, una amiga suya que vive ahí la invitó pero no tiene con quién ir; seguimos platicando y ya cuando se va quitar me pregunta si quiero acompañarla, le digo que sí, que iría con ella.

    Karina mide 1.55 aproximadamente, delgada, cabello largo castaño, ojos cafés, hermosas piernas, ricas nalgas, pechos pequeños pero hermosos y bien proporcionados.

    A eso de las 9 – 9:30 pm pasa por mi en su auto, pasamos a comprar unas cervezas y agarramos camino. Llegó vestida con unos tacones negros, un vestido corto, también negro con un escote muy pronunciado, sus tetas se veían deliciosas, dejaba ver su culo paradito y unas hermosas piernas.

    Yo pase a manejar mientras ella tomaba su cerveza en el camino; llegando ahí vemos a su amiga en el parque, la saluda, me presenta como su pareja y me agarra la mano (a decir verdad eso me sorprendió).

    Yo sólo tome 4 cervezas pero ella siguió bebiendo, me abrazaba y yo igual a ella, bailamos juntos y de un momento a otro nos comenzamos a besar, la acariciaba por la cintura, comencé a tocar sus nalgas y sentía como me besaba con más pasión. Cuando llegó la hora de quitarnos, nos subimos al auto, comencé a manejar y de repente pone su mano en mi pierna, comienza a querer bajar mi cremallera, lo logra y mete su mano, se me empieza a poner bien dura.

    De repente Karina me pide que pare porque quería orinar, pare, se bajó, levanta su vestido, se quita su tanga, me la da y se pone de cuclillas para orinar, en ese momento yo la traía bien dura. Mientras orinaba olí su tanga, también de color negro y encaje, olía delicioso, olía a su coño mojado.

    Nos subimos nuevamente al auto, inmediatamente pone su mano dentro de mi cremallera y yo meto la mía, comienzo a jugar su chocho bien mojado, le meto los dedos y suelta algunos gemidos, así estuvimos todo el camino hasta su casa.

    Ya en su casa, metí el auto en lo que ella abría la puerta principal, luego me bajé y ya dentro de su casa comenzamos a besarnos, le bajé el vestido y comencé a besar sus ricas tetas, a meterle mis dedos en su chocho húmedo, me pide que la lleve a la cama de su cuarto, la cargo y llevo, la tiro a la cama e inmediatamente le quitó el vestido, la dejó totalmente desnuda; tiene un cuerpo espectacular, sus pezones parados y bien duros de color café, su chocho totalmente rasurado y humedecido esperando ser penetrado era espectacular, iba a comenzar a lamer su coño, pero me dice que espere, me quita la ropa, me dice que quiere montarme, me recuesto en la cama y monta mi verga como una loca, estaba retorciéndose de placer y yo igual, sus movimientos eran un deleite, me contenía para no acabar, le tocaba las tetas, le chupaba los pezones hasta que no pude más y acabé dentro de ella, dio un gemido espectacular, se me quedó viendo unos instantes y sonrió, me dijo «que rico eyaculaste, hace tiempo que nadie se venía dentro de mi, hermanito».

    Después de eso nos quedamos recostados unos minutos y nos metimos a bañar.

    Parte 2.

    De camino al baño noté como comenzó a chorrear un poco de mi semen por su pierna, me encantó ver eso, ella no se lo limpió, me dijo que le gustaba sentirlo. Mientras nos bañábamos nos besamos, le seguí jugando sus hermosas tetas y ella acariciaba mi verga, que ya estaba algo mas relajada después de eyacular; le pasé el jabón por su cuerpo y ella por el mío, le lavé su rico chocho.

    Ella salió del baño, se secó, me dio una toalla limpia, en lo que yo me sacaba ella se puso perfume y se recostó en la cama, salí tras de ella y la vi recostada, de piernas abiertas, mi instinto fue ir directo a su coño y comenzar a lamerlo lentamente, besé sus piernas, sus pies, chupe y lamí los dedos de sus pies, recorrí todo su cuerpo con mis labios y lengua, de pies a la cabeza, dando énfasis en su coño y tetas deliciosas. Quería beber sus jugos y mojar mi cara en ellos.

    Mi verga comenzó a ponerse dura, quería volver a penetrarla pero me dijo que espere un momento, tomó mi verga entre sus manos y comenzó a masturbarme, le dio unas cuentas lamidas y se la metió entera a su boca. El sexo oral que me hizo estuvo fuera de este mundo; mi verga estaba dura y mi glande estaba a punto de reventar, cuando ella vio que mi verga estaba a tope me dijo que se la meta toda «Házmelo con todo», me dijo. La recosté de misionero comencé a metérsela, chuparle los pechos, besar sus labios y su cuello. Cambiamos de posición y ella se puso sobre de mi, me pidió que la nalguee primero suave y luego fuerte.

    Sentía su coño caliente, húmedo, palpitante Junto con mi verga que estaba dura hasta no más, ella me gritaba que no se la vaya a sacar, que la quería siempre dentro. Volvimos a la posición de misionero, la abracé, le seguí dando unas buenas embestidas, sentí como ella estaba a punto de venirse, su panocha estaba húmeda y chorreante, en eso dio un grito de placer, un gemido de éxtasis, en ese momento ya no pude más y me vine, solté todo mi semen dentro de ella, mi chorro de semen lleno todo dentro de su coñito húmedo.

    Me pidió que no se la saqué, nos giramos y ella quedó sobre de mi, nos abrazamos y nos quedamos así cerca de una hora, nos dormimos un rato.

    Cuando despertamos mi semen ya había chorreado un poco, ya era como las 4 am; nos metimos nuevamente al baño y nos enjuagamos. Me vestí para irme a mi casa, ella solo se puso otra tanga y una blusa negra casi transparente.

    Me dijo que vaya con cuidado, nos besamos nuevamente.

    Le dije que ojalá y se repita, ella me respondió que le gustó mucho, que si, estaba de acuerdo en que repitamos.

    Lamentablemente no lo volvimos a hacer; sin embargo cada que nos vemos todo normal, ya nunca volvimos a comentar el asunto.

    Han pasado 9 años, yo ya tengo 30 y estoy casado; pero si se diera la oportunidad volvería a tener sexo con ella porque lo disfrutamos mucho ambos y fue una de las mejores noches de sexo sin compromiso que he tenido.

  • Nunca es tarde

    Nunca es tarde

    Me llamo Samuel, tengo 50 años, divorciado y esta es la historia que ha transformado mi vida de una forma espectacular.

    Esta tiene sus comienzos hace unos cuantos años atrás, cuando era un adolescente y aquí entra la otra protagonista de esta historia mi prima Luisa, de 48 años, siempre nos tuvimos un aprecio especial, éramos cómplices de nuestros amoríos juveniles, nos contábamos nuestros secretos, en fin que era una relación que superaba más allá de la propia de primos había algo, pero nunca ninguno de los dos nos atrevimos a seguir además era un época donde las relaciones entre familiares estaban casi prohibidas.

    Nuestras vidas cuando llegamos a adultos tomaron rumbos distintos, tan solo nos veíamos en celebraciones familiares, pero siempre las miradas eran especiales ella hizo su vida y yo la mía, pero cuando por motivos familiares nos encontrábamos siempre saltaba una chispa especial

    Todo comenzó cuando coincidimos en una boda de unos de nuestros sobrinos, hacía más de dos años que no nos veíamos, cuando la vi de nuevo me pareció la mujer más atractiva de mundo, en definitiva me dio un vuelco el corazón, parecía mentira pero sentí un cosquilleo que hacía mucho años que no tenía, cuando Luisa me vio vino directamente hacia mí y puede tenerla entre mis brazos, abrazarla lo más fuerte que pude, y tuve que separarme porque comenzaba a tener una erección, así de fuerte fue la reacción y a ella también la noté una respiración nada normal mas bien excitada.

    Nos pasamos toda la ceremonia mirándonos muy tiernos y nuestras manos unidas, terminada la ceremonia pudimos conversar más tranquilos, me contó que la vida la había tratado bien, que hacía unos años que estaba divorciada, no tenía pareja que se encontraba sola que me recordaba mucho y aun se preguntaba porque no habíamos llegado a ser pareja a lo que contesté que a mi me pasaba algo parecido pero que todavía podíamos recuperar el tiempo perdido a lo que me respondió con un beso en la boca y nuestras lenguas se unieron por primera vez, le conté como me había sentido al verla después de tantos años y nos besamos no como primos sino como amantes.

    Durante el convite tuvimos frenar nuestros impulsos, los dos solo teníamos ganas de follar y recuperar parte de ese tiempo que nuestros prejuicios y las normas obsoletas nos habían quitado.

    Despedida la cena y después de todos los saludos de rigor, nos fuimos a tomar un copa a un pub cercano, nos sentamos en un reservado, al principio solo hablamos y nos expresamos lo feliz que estábamos de volver a encontramos y que no íbamos a dejar pasar esta oportunidad, lo mucho que nos deseamos y de ahí que nuestras lenguas se encontraran enseguida nuestras manos se lanzaron la de ella a mi pija y las mías a sus tetas hasta ponernos a cien después de un buen rato de caricias surgió la pregunta

    -A tu casa o a la mía

    -A la mía -dijo Luisa

    Ya estábamos un poco alejados de pub y pasando por un parque cuando comenzamos a besarnos como si no hubiera un mañana. Luisa vivía a las afuera de la ciudad así que fuimos a buscar su auto que lo había dejado un poco alejado, cuando llegamos me ofrecí conducirlo, no puso ninguna objeción me dio las llaves, nada más entrar continuamos nuestras caricias, y comencé a sobar sus tetas mientras sentí como su mano agarraba mi pija que a estas alturas estaba como un mástil, le desabroche su blusa y ataqué directamente sus pezones duros como piedras y los gemidos era la música que sonaba en coche, con agilidad desabrochó mi pantalón y sentí como su boca de tragaba toda mi pija, le baje sus braguitas y me encontré con un chochico muy sabroso abultado y un clítoris durito que me fascinó, sabia mamar muy bien su lengua jugaba con mi capullo y se tragaba toda mi polla hasta casi quedarse sin respiración.

    -Quiero tu leche

    -Y yo tu jugos

    Nos fuimos a la parte de atrás y comenzamos un hermoso 69 y cuando nos descargamos mutuamente volvimos a los asientos delanteros para irnos a su casa, durante el trayecto Luisa llevaba cogida mi polla con su tesoro y tetas abundantes al aire para que cuando podía acariciarle un pezones, un poco antes de llegar paramos para arreglarnos un poco si había algún vecino que nos pudiera ver.

    Nada más entrar en la casa lo primero fue volvernos a besar que nuestras lenguas de juntar una y otra vez y desnudarnos, de siempre ha tenido unas tetas abundantes, buen culo, y un chocho ahora que se lo vi con más claridad hinchadito, pero muy sabroso.

    Nos fuimos a la ducha, nos enjabonamos nos sobamos, todo besos y demás y al aclararnos y empalmado hice un amago para penetrarla

    -Aquí no, nuestro primer polvo en la cama es nuestra luna de miel

    -Después donde queramos, pero el primero es especial

    Una vez secos nos fuimos para la cama, mas seremos con más calma nos abrazamos y hablamos del tiempo perdido y de no perder el tren que estaba pasando, sin dejar de besarla, de comerle el cuello, las orejas, las tetas y sus rosados pezones bajar por su tripa hasta su cuca, descubrir su clítoris y meter mi lengua hasta lo más profundo de su cueva, sintiendo como su manos agarran con frenesí mi polla, hasta meterla en su boca, después de un buen rato.

    -Quiero que me folles, sentirte dentro de mi

    Se abrió de piernas y con sus dedos abrió los labios vaginales para que mi pija entrara despacito para saborear a toda ella, pego un resoplido y me abrazó con sus piernas así estuvimos hasta el acoplamiento total.

    Comenzó un mete y saca cada vez con más fuerza mientras nuestras bocas y muestras lenguas se unían, me amantaba de su sus tetas y exquisitos pezones y sus manos sujetaban mi culo, después de la primera penetración, se puso encima y comenzó a cabalgar primer suave para que el miembro entrara hasta el fondo y seguido de mas ritmo, gritando de placer, después de un rato en esta posición la puse a 4 patas y el espectáculo de su culo aun me excitó mas si cabe así que ataque de nuevo y aproveche para meterle un dedo por su culo, cosa que le gustó.

    -Dale fuerte que me voy a correr, quiero tu leche dentro de mi

    Dos chorros de leche inundaron sus entrañas mientras sus jugos bañaron mi pija ardiente.

    Por fin después de muchos años se había cumplido nuestros deseos, la noche transcurrió con más enculadas hasta que caímos rendidos.

    Al mediodía después de una ducha reparadora y con una buena follada nos fuimos para mi casa, con comida reparadora y una siesta desnuditos acariciándonos nuestros sexos y hablando de los gustos sexuales que dos tenemos, a Luisa le gusta que le coman el chocho y sus tetas, follar a cuatro patas hacer el 69 y está abierta a novedades siempre consensuadas después nuestro primer paseo como pareja y esperar a una nueva noche de sexo y algo mas, pero eso lo dejaremos para otro capítulo.

  • Trío dentro de la camioneta

    Trío dentro de la camioneta

    Un viernes quedé en verme con dos amigos, me pasaron buscando por mi casa.

    Íbamos hacer unas diligencias a comprar unas cosas y tomar algunas cervezas

    Mi amigo tenía una camioneta, ellos iban adelante, yo me subí en el asiento de atrás. En eso mi amigo Carlos que iba manejando dice “voy a pasar buscando a una amiga”.

    Ella me llamó y me dijo que estaba aburrida en su casa.

    Le dijimos que no había problema. Cuando llegamos a casa de la amiga de Carlos, José que iba adelante pasó para atrás y ella subió. Ni José ni yo la conocíamos.

    Carlos no las presento.

    -Hola mucho gusto, me llamo Lucía -nos dijo con voz dulce y picara al mismo tiempo.

    Ella era blanquita, cabello negro, delgada, pero con excelente cuerpo. Linda de cara, labios carnosos, senos medianos, pero se veía bien parados ya que andaba con una blusa de tiritas y sin brasier.

    Un hermoso trasero redondo que logré ver antes que subiera a la camioneta con un short corto blanco.

    José y yo íbamos atrás sin hablar.

    Carlos iba hablando con ella se reían y jugaban. Carlos tiene 31 años, José 35 y yo soy el mayor de los tres con 39 años, Lucía tenía unos 19 o 20 años.

    Nos paramos en una tienda y compramos cervezas, nos tomamos una cada uno y nos llevamos 8 para el camino, dos más para cada uno.

    Carlos jugaba con ella, mientras manejaba le bajaba la tirita de los hombros y casi se le salía un seno, ella le daba por la mano se reía y miraba para atrás con ojos de picar, y así estuvieron por bastante tiempo.

    Nosotros atrás solo los mirábamos. En una Carlos le aprieta un seno con su mano y ella le dice “deja que van a pensar tus amigos”, y yo que iba detrás de ella le digo:

    -No sé preocupen por nosotros, somos bien discretos.

    Carlos le bajó la tirita de la blusa con fuerza y le quedó un seno al aire, ella como pudo se lo tapó con la mano y voltea a ver, ya nosotros se lo habíamos visto. Y dijo:

    -deja Carlos.

    Pero se notaba que le gustaba.

    Ya yo estaba con el pene bien parado.

    Carlos le volvió a bajar la blusa y esta vez no se tapó, yo emocionado y con el pene parado no me contuve y metí mi mano por ese seno derecho y se lo apreté pensando que se iba a molestar o insultarme, pero no fue así, echó la cabeza para atrás de su asiento y soltó un suave gemido mientras yo le manoseaba un seno.

    Y mi amigo Carlos le manoseaba el otro seno, mi amigo José solo veía emocionado.

    Yo le terminé de bajar la blusa y le quedaron los dos senos al aire y mi amigo manejaba, cuando de repente Lucía delante de nosotros y sin decir nada se quitó la blusa, su piel blanquita y sus senos duros y parados. Yo me quedé tranquilo y ella se quitó los zapatos deportivos que cargaba y se quitó el short y el hilo que cargaba quedó completamente desnuda allí delante de nosotros tres.

    Luego hizo algo que jamás pensé.

    Ya para ese momento yo tenía mi pene afuera y bien parado igual mi amigo José. Ella bajó el espaldar de su asiento completamente, se puso en 4 su cara contra el parabrisas y su hermoso trasero en mi cara, yo le agarré las nalgas, se las abrí y comencé a hacerle sexo oral, ella gemía y gritaba de placer, de repente siento sus contracciones y tuvo un gran orgasmo, me mojó la cara y mi boca fue algo muy rico.

    Yo me le puse detrás y con la punta de mi pene se lo pasaba de arriba abajo, ella se estremeció, se lo coloqué en la entrada de su vagina y de un solo empujón se lo enterré hasta el fondo, gritó al sentir el grosor de mi pene.

    Comencé a darle bien duro y me decía “reviéntame que soy una perra en celo y quiero que me den bastante pene”. Carlos seguía manejando. Y como la camioneta tiene los vidrios oscuros nadie nos veía.

    Le di bastante hasta que ella con un grito se vino de nuevo, al escuchar su grito no aguanté y también me vine. Cambié con mi amigo José se le puso detrás y la comenzó a coger igual en 4, le dio bastante, de repente mi amigo José le saca el pene de su vagina y se lo apuntó en el ano cuando ella sintió se quiso quitar, pero ya José la tenía por la cintura bien agarrada y antes que se terminara de quitar se lo empujó sin piedad y con fuerza, ella gritó “NOOO me duele”.

    Y él más le daba duro, cuando la jaló del cabello ella se quedó tranquila con el pene hasta el fondo por el ano y jalada del cabello solo dejo que mi amigo José la cogiera como él le dio la gana y ella comenzó a gemir de placer y dolor y mi amigo se vino dentro de su culo, cuando se lo sacó su ano estaba abierto como el de la actrices porno.

    Mi amigo Carlos estacionó, se sacó su verga y la puso a mamar bastante hasta que lo hizo llegar en su boca y ella se tragó todo el semen, se lo exprimió con la boca. Los 4 quedamos satisfechos. Ella se vistió y nos fuimos.

  • Fui su presa

    Fui su presa

    Nunca he contado esto antes y la verdad no pensaba hacerlo… un cambio de roles cuando eres heterosexual no se acepta a la primera, de hecho estuvo un rato largo diciéndome que me iba a gustar, que lo había hecho más veces, que sabía lo que hacía y que la ponía súper cachonda.

    Yo tenía los sentimientos encontrados, por un lado no quería oír hablar de ello por otro lado me estaba excitando muchísimo. Entre la insistencia y mi excitación, reconozco que me puso muy cachondo, cedí, pero que lo hiciera con cariño… ella dio un suspiro al cielo y enseguida cogió las riendas, me cogió la cara me empujo a la cama y me quitó el calzoncillo, yo intentaba disimular lo cachondo que estaba, pero tenía la polla tiesa como un garrote, «qué cachondo estás cabrón» me dijo mientras lubricada un rabo color carne adosado a un arnés.

    Abrió mis piernas violentamente con las tetas al aire y su cara entre la excitación y la posesión. Yo estaba empalmado y muy cachondo, cuándo empezó a frotar el rabo en mi culo no aguanté y me corrí como un aspersor.

    No me la había metido, ni siquiera me había tocado la polla pero había tenido una intensa eyaculación con gemido incluido, la notaba escurriendo caliente por mí cuello y mi pecho. Ella gimió y se mordió el labio, se mojó los dedos con mi corrida y me lubrico el culo, mientras lo hacía me metió el dedo de golpe y yo grite, me quedé rígido mientras lo sacaba despacio.

    Volvió a mojarlo con la corrida de mi pecho y se lo llevo a la boca mirándome con cara de viciosa, era guarra, era erótica me excitaba, me sentía muy vulnerable y me ponía cachondísimo no saber qué iba a hacer conmigo.

    Mirándome a los ojos separó mis piernas y metió la puntita, se movía muy despacio mientras arañaba mis muslos, me gustaba, pensé que ya no había marcha atrás y me relajé. Siguió poco a poco penetrándome muy despacito mientras gemía, bueno gemíamos, sobre todo yo cuando mi culo se la trago entera y noté sus muslos chocando contra mis glúteos, grité, pero me mandó callar chistando: «cállate esclavo» me dijo.

    Juntó mis rodillas las llevo a mi cara y empezó a bombear mi culo despacito pero largo, me excite muchísimo al sentirme usado, violado y me corrí otra vez gritando de placer, ella estaba encantada gemía y seguía embistiendo más fuerte mientras miraba como me corría. Estuvo un rato follando mi culo bombeando cada vez más deprisa y sujetando mis piernas por los tobillos, le miraba como la votaban las tetas con cada embestida, me sentía sucio, pensarlo me ponía cachondísimo.

    Mientras aceleraba las embestidas volvió a agarrar mi cara y me dijo que me diera la vuelta, antes de hacerlo me agarró de las rodillas y empezó a embestir más fuerte, fueron cinco embestidas que me hicieron gritar y gemir. Me di la vuelta sin rechistar.

    Con el culo en pompa empezó a metérmela despacito, entraba perfectamente y volví a sentir su cuerpo golpeando contra mis glúteos, estaba disfrutando, yo también, gritaba cuando la embestida me dolía, gemía cuando me gustaba.

    Agarró mis brazos, los inmovilizó detrás de la espalda y empujo mi cabeza contra la almohada, ya no había cariño y las embestidas eran muy fuertes, me volví a sentir muy sucio, me ponía muy cachondo cuando pensaba que estaban usando mi culo y una vez más me corrí como la primera vez, jadeando como un cabrón con la cabeza pegada a la almohada y recibiendo embestidas sin parar, bien sometido.

    Poco a poco empezó a frenar, sin sacarla de mi culo me puso las tetas en la espalda se acercó a mí oreja y me dijo: «ves como te gusta, a todos os gusta», me dio una fuerte embestida, un azote y la sacó de mi culo… mientras ella se refrescaba yo me quedé ahí tirado con la cara pegada a la cama, agotado y cubierto de mis corridas, me sentí como una puta y me excitaba.

    El día continuó, esto no acababa más que empezar…

  • Silvia comienza su entrenamiento

    Silvia comienza su entrenamiento

    Recibí una llamada Silvia muy preocupada y arrepentida de nuestros encuentros a espaldas de su esposo. Se sentía como una hipócrita al ir a su templo, vestirse recatadamente, sonreírle a su esposo y lo peor: “Reprimir sus deseos” porque le enseñaron que eran prohibidos. Para empeorar sus dudas, la muy tonta le había contado a su psicóloga que habíamos retomado nuestra comunicación, según ella, sin ir más allá que mandarnos unos menajes subidos de tonos.

    Silvia tenía la misma psicología por mas ya de 20 años, asunto que me causaba cierta suspicacia del por qué no la dejaba. Ya tanto tiempo y no podía, Silvia, superar el trauma que tenía… O es que la psicóloga le gustaba controlarla. Lo que si se, es que en nuestro primer amorío la doctora le dijo que era mejor que terminara conmigo, algo que considere muy sospechoso porque no debería estar tomando decisiones por clientes. Quizás vio en Silvia dinero fácil.

    Siempre escuche historias de sus amigas, que hacían esto y el otro con su novio cuando estaba creciendo, pero nada de lo que, hacia ella, solo que tuvo muchos pretendientes, pero nada más. Silvia creció recibiendo ordenes de su madre cucufata que daba preferencia a sus hermanos y hermanastros. A pesar que siempre decía que ella era independiente y una mujer con poder de decisión, siempre la decisión recaía sobre su ex esposo, hasta lo más mínimo como bajar una aplicación para su teléfono. Silvia tenía un síndrome de inferioridad enmascarada en actos “correctos” o cuando se volvió madre, en hacer lo “mejor para sus hijos”. Sentirse inferior la llevo a depender a las órdenes directas o indirectas de otras personas.

    Silvia se enamoraba de gente mayor que ella, buscando la figura paterna que no tuvo, pero a pesar que ella siempre quiso ser un “puta en la cama” sus novios o ex esposo, nunca la presionaron tanto a disfrutar su sexualidad por temor a perderla. En nuestros últimos encuentros Silvia sintió que estaba perdiendo el control de sus emociones y de sus represiones que su iglesia, familia y amigos oponían hacia su persona, pero sin saber que ella quería satisfacerme al máximo. Temía a verdaderamente saber lo que le gustaba, por esa razón se le hacía más fácil seguir ordenes, pero las ordenes que recibían no era lo que ella deseaba. Silvia quería satisfacer a un hombre, pero ninguno iba más allá del sexo regular. En nuestro reencuentro Silvia comenzó a exhibir un patrón de comportamiento sumiso, que es lo que buscaba, pero ahora tenía dudas, no de ir en esa trayectoria, pero en ponerle los cuernos a su ahora deteriorado esposo.

    En la conversación telefónica escuche sus dudas repitiendo varias veces la palabra “NO SE” en la mayoría de sus oraciones.

    – “Que buscas Silvia?”. – Le pregunte serenamente, como si le hablara un amigo.

    – “No se… me gusta estar contigo y todo lo nuevo que hacemos”. – Dijo Silvia con sabor a nostalgia.

    – “No hay necesidad de parar, si tu esposo no te da lo que quieres…”. –Replique con frialdad.

    – “Quiero satisfacerte al máximo, pero mi situación como esposa de otro me incomoda”. –Susurro.

    – “Lo que tú necesitas es alguien te guie a ser una puta. Tu sabes que lo quieres ser, pero te pones muchas trabas y excusas para no serlo”. –Dije con voz más alta. –“Además, no eres tan puta como piensas ser”. –Añadí algo ofuscado.

    – “A caso no he hecho lo que tú me has pedido?” –Dijo después de unos segundos en silencio, un poco ofendida.

    – “Te ha gustado lo que hemos hecho o no?” – Conteste rápido, exigiendo una respuesta inmediata.

    – “Si.” – Afirmo rápidamente

    – “Y por qué crees que te gusta?” – Pregunté ya sabiendo su repuesta.

    – “Porque me gusta darte placer”- Dijo coquetamente.

    – “No! ¡Te gusta porque lo que te pido rompe todas barreras que te han impuesto por casi tus 50 años! – Exclamé. – “Y ahora tienes miedo descubrir lo que verdaderamente te gusta, ser una puta”.

    Silvia se quedó en silencio por casi un minuto y solo hablo al exigirle una decisión, la cual recayó sobre mi si continuar con nuestra aventura.

    – “Te lo voy hacer fácil la vida Silvia. Yo ordeno y tu obedeces, pero contesta esta pregunta honestamente.” –Dije con voz tranquila, pero con decisión a cortar la llamada si se negaba.

    – “Que cosa baby?” – Dijo con voz dudosa.

    – “Quieres ser una puta y descubrir lo que verdaderamente te gusta?” –Pregunte como su papá

    – “Si”. –Dijo Silvia con entusiasmo.

    “Me vas a obedecer en todo”. – Quise ser claro con ella.

    “Si”. –Contesto la vieja.

    “Bien! Quiero verte llegar a tu apartamento en 2 horas. No vistas sostén.”- Ordené

    “Ahhh… No…-“Escuche a Silvia dudar.

    Corté la llamada al instante cuando la vieja no obedeció las órdenes. Silvia llamó varias veces de vuelta, pero no levante el teléfono. Solo le mande un texto diciendo: “Dos horas, sin sostén. Me avisas antes de salir de tu carro”. Llegué a su apartamento 15 minutos antes que se cumplan las dos horas, Silvia llego 5 minutos después. Pude observar el momento que estacionaba su auto, sacaba su teléfono para textearme y esperar mi respuesta. Silvia tímidamente se sacó el sostén en su carro para ponerlo en su cartera y luego salir de su carro.

    Silvia estaba vestida con jean un poco suelto y un polo blusa de color negro que mostraba sus tetas moverse alocadamente cuando caminaba toda nerviosa desde el estacionamiento hasta la puerta principal de su edificio. La vieja se detuvo un momento al verme salir de mi auto y no supo que hacer más que acelerar su caminar para llegar primero a su apartamento. Me gustaba ponerla nerviosa y avergonzada sin saber cómo actuar en público conmigo.

    En la cocina, Silvia estaba parada con los brazos cruzados, nerviosa y con ansias de conversar sobre nuestra relación.

    – “Si esperas una conversación acerca de lo nuestro, estas equivocada” –Le dije al ver como amasaba sus manos.

    – “No sabía si todavía querías verme”. –Ella contesto.

    – “Por supuesto que sí, pero solo si prometes obedecerme como te dije por teléfono”. – Dije serenamente.

    – “Lo prometo”. – Contesto levantando la mano derecha con una sonrisa coqueta.

    – “Bien. Hoy comienza oficialmente esta nueva etapa de nuestra relación. A partir de ahora, me llamaras Daddy”. –Dije seriamente mientras caminábamos a la sala.

    Silvia recibió instrucciones que tiene que usar palabras vulgares para referirse a las partes de su cuerpo, como tetas, concha, culo, etc. También aceptó que cualquier desobediencia a su “Daddy” iba a recibir un castigo y que comience una dieta para bajar esos kilitos de más que tenía. Su culo había agrandado pero lucia mejor cuando estaba con menos grasa en el abdomen. Tenía que hacer al menos 50 sentadillas diarias para endurecer su culo blanco y estar a mi disposición cuándo necesite verla. Lo último no iba a ser difícil ya que ambos estábamos ocupados en el trabajo a la misma hora.

    – “Si Daddy. Estoy muy segura.” –Contestó Silvia a la pregunta si aceptaba todas esas condiciones y a la advertencia de lo que iba a venir.

    La lleve al dormitorio donde todavía estaba la cama donde su ex compartieron, baje su blusa hasta su cintura revelando sus tetitas respingadas y duras.

    – “Te dije que vinieras sin sostén no? –Le pregunte poniendo mis manos en sus senos.

    – “Estoy sin sostén”. –Afirmo Silvia.

    – “Ni un minuto después de tu juramento y ya estas mintiendo ni obedeciendo mis órdenes!”. –Reclame serenamente.

    Silvia se quedó fría al darse cuenta que la vi cuando se quitaba el sostén dentro del carro.

    – “Repite esto y que te quede bien claro: no más mentiras”. – Dije agarrándole ambos pezones con mis dedos.

    – “Castígame Dado por haberte mentido y no venir con las tetas sueltas”. –Repitió Silvia.

    Silvia se retorcía de dolor cuando sus pezones eran exprimidos por mis dedos índices y pulgares. Ella puso las manos sobre las mías, pero las retiro cuando recibió la orden de quitárselas. Su tetita derecha soltó un poco de lechita como siempre lo hizo cuando me la comía. La vieja gimió de dolor y placer que hacían doblar sus rodillas y buscar reposo de su culo sobre la cama.

    Una vez terminado su castigo, con los ojos brillosos Silvia comenzó a quitarse la ropa lentamente mientras la miraba desde la silla situada a la otra esquina del dormitorio. Felizmente no estaba con su periodo y su vagina estaba limpia. Ella siempre ha tenido un olor agradable, algo que indicaba que, a pesar de sentirse inferior, cuidaba su imagen lo más que podía.

    – “Nunca más quiero ver tu chucha peluda, siempre va estar suave y lisa”. –Le dije acercándome.

    – “Ok”. –Contesto

    – “Ok… ¿Qué? –Dije con voz alta.

    – “Ok, DADDY”. – Contesto sorprendida y con su sonrisa coqueta, típica de ella.

    – “Sabes cuantas veces te has olvidado decir DADDY?’ – Le pregunte molesto. – “Dos veces… Pídeme que te castigue”. – Le susurre en el oído.

    “Castígame DADDY por no haberte llamado por tu nombre…” –Dijo Silvia sin saber completar la oración.

    Subí a Silvia en la cama y ella automáticamente se puso en cuatro patas, le indique que no repose sus manos en la cama sino su cara, dejando su culo arriba. Me quite el cinturón de mi pantalón para doblarlo a la mitad y tener mejor control. Me acerque a su rostro para que vea cinturón en mano:

    – “Ultima chance para retroceder”. – Le dije haciéndola oler el cuero.

    – “Castígame DADDY’. – Dijo débilmente Silvia.

    – “Dímelo más alto, puta”. – Dije con dulzura.

    – “Dame duro en mi culo DADDY, me he portado mal”. –Exclamó suavemente con temor a que alguien escuche, pensando que era solo un juego.

    Eran casi las 8 pm, prendí la radio, subí el volumen para que la vieja no sienta que tiene que callarse toda como lo hace cuando tiene sexo. Esto es un entrenamiento para que se sienta libre de expresar su placer y deseos, librándola de todas las represiones impuestas por su madre y psicóloga. El primer correazo causo un grito inesperado tanto para ella que para mí. Silvia gritó con la garganta de una jovencita y no una mujer de casi 50 años. Su aullido de dolor agudo, intenso y pasional causándome una erección casi instantánea.

    Silvia comenzó a llorar después del segundo golpe, agarrando las sabanas con los puños y tratando de no gritar mucho. Mi esclava susurro algo…

    – “Dijiste algo?”. –Pregunte tocándole las nalgas que estaban ardiendo.

    – “Casti… Castígame DA… DDY… por haberme portado… mal”. – Dijo Silvia entre lágrimas.

    Silvia enterró la cabeza en las sabanas para gritar los 3 siguientes azotes. Su culazo blanco ahora esta rojo con marcas horizontales rosaditas. Metí mi mano entre su entrepierna para sentir que estaba mojada, la dominación la excitaba. Con las nalgas ahora al rojo vivo, estimule su clítoris erecto dándole pequeñas palmadas que la volvían loca, ocasionando gemidos que nunca le había escuchado. Silvia gemía descontrolada apretando las sabanas y mordiendo la cama. Su orgasmo estallo en un solo grito: “OH DADDY!!!”.

    Mi mano termino mojada con sus jugos y Silvia rendida en la cama con su culo adolorido. Me recosté a su lado para besarla dulcemente y decirle que su orgasmo fue su premio por mostrar su valentía. Después de unos minutos, se le hacía tarde y ayude a vestirla.

    – “Cada día que nos veamos me vas a dedicar mínimo 3 horas para mí”. – Dije agarrándole de la cara dulcemente.

    – “Si Daddy”. – Contestó como buena alumna.

    – “Tu boca es un aparato para mi satisfacción, cuando haga chistar mis dedos, dejaras todo y vendrás a chuparme la verga. ¿Entendido?”. – Dije acariciando sus labios con mis dedos.

    – “Si Daddy”. – Replico sin pensarlo.

    – “Eres mía, no vas a tener sexo con el viejo de tu marido”. – Le dije apretando su garganta con mi mano.

    – “Si Daddy, yo soy solo tuya”. – Dijo faltándole el aire.

    Le di permiso para ponerse su sostén que saco de la cartera. Sus tetitas eran pequeñas pero muy apetecibles, casi siempre en punta. El apartamento no tenía que limpiarse enseguida porque solo Silvia podía entrar. Antes de irme pedí una copia para la próxima vez que la vea y Salí primero no sin antes decirle que espere mi llamada para que ella pueda abandonar el edificio. Al salir, Silvia caminaba como si estuviese con tacos altos, se le iban las piernas por lo tierno que estaba su culo y por el nerviosismo de que los vecinos reconozcan que los gritos vinieron de ella.

    Ya dentro de su auto Silvia recibió mi texto: “Esto solo es el comienzo”.

    Silvia contesto con un emoji de cara avergonzada.

  • Desflórame, te lo suplico

    Desflórame, te lo suplico

    A ti que me lees: noto con una sonrisa como tu verga se para y se pone dura, por mí, debajo de tu pantalón. La tomas con la mano y ambos sabemos que cuando la aprietas está gorda, caliente y grande.

    Masturbémonos mientras fantaseamos, yo desde mi lado de la pantalla y tú desde la tuya.

    Sé que te gusto y te gusta el sexo travesti, no lo niegues, tú sabes que sí.

    Quizás estés en el baño leyéndome a escondidas cuando sabes que nadie te ve y ocultas en secreto que te gusta leer mi relato de travesti. O, tal vez, estés en tu cama, en solitario fingiendo que ves la televisión y viendo porno trans en tu teléfono, imaginando cómo sería que yo toque tu puerta y me veas vestida de mujer para ti -sabiendo que normalmente soy hombre-, dispuesta a entregarme a tus más lujuriosos deseos. Puede que vivas con tu familia y seas soltero, o que vivas solo y estés desnudo deseando sexo, o que seas casado, pero ocultes que te gusta ver por internet fotos y videos de travestis de closet, como yo, que desde mi lado de la pantalla estoy solo y que, aunque nadie nunca lo sabrá, muero de ganas porque tú, solo tú, acaricies como quieras mi piel y me hagas sentir mujer.

    Estoy aquí tocando a tu puerta. Has escuchado mis tacones acercarse por el corredor. Sabes que me he calzado para ti sandalias altas de tiras, porque el sonido que produce la suela en cada paso es diferente al de los zapatos cerrados. Me he travestido para ti, solo para ti. Siento mi corazón latir muy rápido y estoy muy nerviosa pues nunca antes me había decidido a descubrir mi secreto a nadie y tu tendrás el privilegio de ser mi vez primera en todo.

    Siento el viento recorrer mis pantorrillas y muslos por debajo de mi corto vestido blanco y de flores, que se ensancha desde la cintura y llega hasta la mitad de la pierna; arriba no tiene mangas, amarrándose en mi cuello y dejando libre mi suave espalda. La tira de la pantaleta juega dentro de mis nalgas, mientras el encaje apenas delgado rodea mi cintura y con un triángulo pequeño cubre mi minúsculo pene afeitado a la perfección.

    Yo fantaseo desde este lado de mi pantalla contigo y tú cuando me lees fantaseas por mí.

    Me ves frente a ti, solo para ti, sin límites, sin prejuicios, sin nadie que nos juzgue, libres para entregarnos sin compromisos y con la única condición de enloquecernos de placer una y otra vez.

    Cualquier mujer desea cortejo, compromiso, se hace de rogar, quiere que la conquistes y se hace la difícil, pero eso es lo que todo hombre odia. Soy una travesti virtual de closet y simplemente estoy dispuesta, sin peros, pretextos, ni excusas para ti.

    Me tomas de la mano, me jalas hacia ti, hueles mi perfume de mujer. Me dejo hacer lo que quieras, eres mi hombre, mi amo y mi dueño. Me besas apasionadamente y tu lengua se regocija húmeda y caliente contra la mía. Me aprietas hacia ti y siento tu erección. Me llevas a tu cama y me empujas tirante hacia ella, te desnudas y veo tu manjar de carne brillar parado, firme por mí.

    ¡Desflórame el culo, desvírgame y hazme tuya! Te lo imploro, te lo suplico, mi agujero está húmedo y lubricado de saborear y añorar tu verga abriéndose paso dentro de mí.

    Te acuestas sobre mi cuerpo y vuelves a besarme con la lengua hasta la garganta, mueves tu pelvis contra la mía. Mi micropene endurece y llega a sus máximas dos pulgadas de largo. Te separas, levantas mis piernas y quitas mi pantaleta.

    Me abres más las piernas, las levantas aún más y colocas mis tobillos en tus hombros. Escupes en tu mano y humedeces con ella la cabeza de tu verga. Nos vemos a los ojos, estoy temblando, nerviosa, pero sin poder esperar más, pues sé que al fin ha llegado el momento de que me poseas como un hombre a su amante. Abro con las manos mis nalgas y expongo mas mi agujero. Enfocas y apuntas tu miembro, justo en la puerta de mi ano.

    Sin dudarlo más me embistes, tu mástil de carne dura y sólida como el acero me desgarra sin piedad ni misericordia el culo y abre mi recto, rasgándolo. Siento mucho dolor, pero es delicioso entregarme como una mujer. Siento que entras en mi más y más y más. Tus testículos al fin chocan contra mis nalgas y me es imposible apretar mi esfínter porque tengo toda tu deliciosa verga adentro mío. Cuando comienzas a salir, siento el vacío dentro de mi y te ruego que entres de nuevo. Me embistes una vez mas y otra y otra y otra con fuerza, ¡eres un semental!

    Qué rico imaginarme como lucen mis pies en las sandalias rosadas brillantes sobre tus hombros, sentir mi perfume de mujer confundirse con tu aroma salado a hombre y verme imaginariamente en ese minivestido. En este momento estoy metiéndome por ti mis dedos en mi ano una y otra vez pensando en mi fantasía virtual, sintiendo que eres tú, y que sudas sobre mi y me bañas del esfuerzo con que me metes tu pene y me haces mujer.

    Ya no podemos más, aceleras tus embestidas y siento tu leche salir en tres chorros calientes dentro de mí, mientras gritas, te estremeces duro y continúas bombeándome muchas veces mas y rápido hasta que ya no hay nada de tu semen en tu verga. Siento un piquetazo en la punta de mi pequeña verga y sé que me voy a correr, la fricciono duro con la palma de mi mano contra mi vientre y al final me vengo con un calambre delicioso que me recorre los huevos, el recto y la verga. Toda yo convulsiono vestida de mujer imaginándome como me has hecho tuya, como me he entregado a ti. Me saco los dedos del culo y con la otra mano enjuago mi semen y lo llevo a la cara, pensando que es tu verga con la que me embadurnas toda la faz.

    Pensar en ti me excita, me arrodillo frente a ti para rogarte: ¡entra en mi fantasía y hazme tuya cada vez que quieras! Necesito travestirme para ti y saber que soy tu nena y que me usas para darte ese placer, virtualmente. Mi obsesión es desear tu pene, que me recompenses con un orgasmo delicioso a la distancia y que me fuerces y obligues a que a partir de hoy yo sea tu ardiente y sumisa esclava travesti sexual.

    Méteme otra vez tu verga, por favor. Dime que me masturbe por ti. Hazte la paja hasta eyacular rico y delicioso por mí. Mi amor, seré tu nenita linda que posees virtualmente a placer ¿verdad que sí?

    [email protected]

  • Trío inesperado con amigo (Parte 2)

    Trío inesperado con amigo (Parte 2)

    Sigues montada en mi, puedo sentir tu sexo mojado de tus corridas y del semen de Germán, resbalando todo ello a lo largo de mi pene, hasta mojarme los testículos.

    Ardes de deseo, penetrada por mi ya muy tieso pene, mientras con tu mano recorres de nueva cuenta el pene y testículos de Germán, para que vuelva a la acción. Nos besamos y compartes besos con él, mientras observas deseosa que su verga no tarda en responder a tus caricias y va agarrando nuevamente forma y longitud.

    Lo sientes mojado de la cogida anterior y, mientras embarras sus líquidos, sonríes satisfecha y con cierta lujuria de tus habilidades para traerlo a la vida de nuevo.

    Nos besamos tu y yo, y me enseñas cómo le vuelves a poner dura su verga y cómo la sigues estimulando con tu mano, así como la cara de gozo de Germán, y a la vez te frotas contra mi pubis estimulando tu clítoris, lo que te genera más sensaciones y excitación.

    Te inclinas a chuparlo un poco, manteniendo mi verga dentro de tu vagina. Lames su punta con deseo y puedes ver cómo te observa hacerlo. Tu lengua juega con la punta, en sus zonas más sensibles. Lo tienes medido y controlas sus sensaciones. Entonces le regalas una mirada de deseo y te lo llevas todo a la boca, bajando lo más profundo y rodeando con tus labios más de la mitad de su tronco, hasta que topa su punta con tu garganta. Detienes un poco tus movimientos, lamiendo parte de su tronco que está en el interior de tu boca con tu lengua. Siento tu vagina apretar mi duro pene. Respiras profundo, te relajas un poco, y empiezas a empujar para que esa punta rebase la entrada a tu garganta. No lo haces siempre, pero esta verga te merece el esfuerzo.

    Tu cuerpo reacciona a la intrusión y ligeras arcadas suceden, que se reflejan en apretones momentáneos de tu vagina sobre mi verga. Lo llevas más a fondo y logras acomodarlo en tu garganta por unos momentos. Él sólo gime de excitación por las atenciones recibidas, mientras que con una mano le acaricias y aprietas sus testículos.

    Quieres más, estas deseosa, la sientes dura de nuevo y larga. La sacas poco a poco de tu boca, sin dejar de lamerla toda y te acercas a besarme intensamente. Me dices al oído que estás muy cachonda y que se te antoja sentirnos juntos dentro de tí.

    Volteas a verlo y le pides que se levante. No tarda Germán en hacerte caso. Tú estás incorporada, restregándote mi verga dentro de ti, desplazando hacia adelante y atrás tu cadera. Germán se acerca por detrás tuyo abrazándote, te besa el cuello, tú le das paso a sus caricias inclinando tu cabeza al lado contrario y sus brazos te cubren hasta llegar cada mano a tocar tus senos. Los aprieta primero y luego concentra sus caricias en ambos pezones, rozando, apretando, pellizcando ligeramente y estirando, a lo que contestas con gemidos y pequeñas corridas de tu vagina, mojándome aún más con todo ello.

    Te encanta sentirte cogida y abrazada. Es muy excitante para ti sentir que te besen el cuello mientras montas otra verga y lo dejas hacerlo. Acerca sus besos a tu oído y giras tu cabeza hacia él, regalándole un beso intenso, lleno de pasión. Entonces te acercas a su oído y le dices que te coja tu culito.

    Te inclinas hacia mí, regalándome un rico beso y levantas tu cadera. Llevas tus manos hacia tus nalgas, para separarlas y le muestras tu culito apretado. Volteas a verlo y le dices: todo tuyo.

    Germán no tarda en inclinarse para lamer tu línea divisoria y empezar un recorrido de caricias orales a lo largo de esta línea mágica. Ese recorrido de su lengua te estremece. Llega a tu culito y sujeta con sus manos tus ricas nalgas, para dejar espacio y que pueda meter su cara, empezando a lamerte todo tu alrededor y poco a poco yendo al centro de tu culito. Tú te sacudes con tan ricas y experimentadas caricias orales, apretando mi pene con tus labios vaginales a cada caricia que te prodiga nuestro amigo de ocasión.

    Después de un rato de estas caricias, se incorpora y te acerca la punta de su verga, que ya está toda extendida, empezando a hacer presión y a pasarla alrededor de la entrada de tu culito. Te tiene al borde de la excitación y a punto de correrte de esa forma, hasta que decide mantener la punta en la mera entrada y empieza a abrirse paso poco a poco en ti. Dejas de moverte y disfrutas de la sensación de tener un huésped adicional en tu cuerpo, mientras estás siendo cogida en tu vagina. Eso te encanta y te excita mucho.

    La presión que hace Germán la complementas empujando tu cadera hacia él y logra abrirse paso su punta en la entrada de tu culito. Exhalas y gimes al sentirte invadida en tus dos cavidades. La expresión de tu rostro refleja lo excitante del momento y lo mucho que lo estás disfrutando. Con mucho cuidado, Germán va empujando su pene dentro de ti, para permitir que tu culito se vaya acostumbrando a este nuevo invasor, que tiene dimensiones importantes. Yo puedo sentir el avance de su pene en tu interior a través de esa delgada capa que separa tu recto de la vagina. Los espacios de comprimen y eso incrementa las sensaciones en todos.

    Ya que tienes la mitad de su verga dentro de ti empieza a empujarla un poco más y retirarla con cuidado. Tu culito está tan empapado que los jugos van lubricando el paso de su pene.

    Te inclinas sobre mi, para decirme que ya lo sientes todo adentro, que te llena, que te hace sentir muy bien, muy cogida. Que te encanta sentirte llenita de verga, entre gemidos y sensaciones. Entonces, Germán empieza a embestir con un poco de más fuerza, lo que desplaza tu cuerpo hacia adelante y hace innecesario que yo me mueva, ya que provoca ese movimiento que mi pene se desplace dentro de tu vagina.

    Muerdes tus labios, aprietas tus manos, te agarras del respaldo de la sala, gimes, vives esa penetración doble y disfrutas cada empujón, cada que se aproxima a la salida, cada que la empuja de nuevo dentro de ti. Sudas copiosamente, tu cuerpo es un mar de sensaciones, de corridas, los orgasmos se repiten uno tras otro, mojándonos a cada momento. Él se inclina sobre ti y te ve disfrutar del momento. Te dice que le encantó tu culito apretado, que se siente rico y que eres una mujer maravillosa y con una respuesta sexual especial, mientras sigue bombeando en tu culito y generando en ti orgasmo tras orgasmo. Sólo asientes o llegas a gemir con cada movimiento, con cada empujón y con cada roce.

    Otro orgasmo más se da en ti y te hace recargarte sobre mi pecho. Tiemblas de excitación y nos mojas a ambos de forma intensa. Tu cuerpo es un palacio de placer que vive las consecuencias del sexo intenso y excitante, del deseo liberado, de la nueva experiencia, del nuevo amigo. Exhalas intensamente, y le pides que se salga, lo que te genera otra oleada de sensaciones. Rápido Germán se dirige al baño.

    Tú descansas sobre mi pecho y sólo nos besamos. Tu corazón sigue aun palpitando intensamente y me dices que quieres más, restregando mi verga dentro de tu vagina. Regresa Germán, tomas su miembro con tu mano y lo acercas a tu cara. Le acaricias los testículos y observas cómo vuelve a dar señales de vida. Entonces comienzas a masturbarlo un poco y va tomando forma de nueva cuenta. Él está de pie acariciando tu espalda, tus caderas y ocasionalmente tu culito recién invadido por su pene. Lo llevas a tu boca y antes de meterlo, me besas. Lames la punta con tu lengua y lo recorres a todo lo largo. En poco tiempo, Germán, más bien su verga vuelve a estar lista para la acción.

    Después de recorrerlo nuevamente con tu lengua a todo lo largo y alcanzar sus testículos, que llegas a chupar intensamente uno por uno, lo llevas con tu mano hacia atrás de ti. Te levantas un poco, tomas su mano y lo llevas a rozarse con mi pene que está acomodado en tu vagina. Le dices que lo meta junto y te reclinas hacia mi pecho para hacer más fácil su introducción.

    Tu vagina sigue mojando a cada momento y con ello, Germán acerca la punta de su ya duro pene nuevamente y se va rozando con el mío buscando cómo acomodarse y entrar en ti. No tarda en encontrar la forma y con un gemido de tu parte, nos anuncias que ya está entrando. Mi pene siente el roce y desplazamiento que hace su pene al ir ganando terreno en tu vagina. Poco a poco se va ajustando tu espacio a esta nueva intromisión. Las sensaciones se multiplican y estallas en una sucesión de orgasmos al sentirte penetrada por las dos vergas.

    En pocos momentos, empieza a embestir en ti, desplazando su pene lo más que puede por la posición y haciendo que se presenten roces entre su verga y la mía en tu muy mojado y ardiente interior. Todo ello te provoca más orgasmos y te retuerces de la excitación apenas para no dejar que salgamos ninguno de los dos. Ya no hay palabras, sino sensaciones de pasión unificadas, intensas, murmullos de deseo, de satisfacción, de lujuria, de experimentar esta doble penetración a plenitud y con todo deseo.

    Todo es muy excitante y ninguno de los tres estamos exentos de sentir esta avalancha de sensaciones. El pene de nuestro amigo no tarda en ensancharse, anunciando su corrida. Mi verga está a mil, dura de excitada, larga y gruesa por todo lo que estamos viviendo y puedo sentir las primeras descargas dentro de ti de nuestro eventual compañero de aventuras sexuales.

    Su corrida le hace empujar su pene dentro de ti lo más que puede, en un instinto muy primitivo de procreación, haciéndote sentir penetrada intensamente. Mi semen es expulsado en ti también.

    Tú no eres la excepción y un largo y muy excitante orgasmo se hace presente en ti, lo que ocasiona que nos mojes a los dos, y tu cuerpo muestre temblores producto de la cadena de orgasmos que estas experimentando.

    Germán se recarga en ti, exhausto, tú estás literalmente acostada en mi pecho y hombro. Pasan breves momentos cuando se incorpora Germán, te besa en el cuello, llega hasta tus labios, y se va al baño de visitas.

    Escuchamos que abre las llaves de la regadera y empieza el correr del agua. Mientras, te levantas lo necesario para recostarte a mi lado, besándonos con ternura y cariño por la oportunidad disfrutada. Te sientes plena, satisfecha, cogida, sudorosa, llenita y deseada.

  • Isabela quería buen sexo

    Isabela quería buen sexo

    Primero tienes que entender que el buen sexo es como el santo grial para los primerizos, los inseguros de sí mismos y los adolescentes, en especial para los adolescentes cachondos de preparatoria. En la preparatoria todos dicen tenerlo, la mayoría ni siquiera tiene sexo realmente, los pocos que si lo tienen, se tienen que conformar con mal sexo en algún aspecto, siempre es:

    ¿Tu novia tiene lindas nalgas? ¡Perfecto! Lástima que no le gusta dar mamadas, ni hablemos de que se trague tu corrida. ¿A tu novia le gusta dar mamadas? ¡Maravilloso! ¡¿Se traga tus corridas?! ¡Joder! Tú si que vives la vida! Eso si, buena suerte consiguiendo lugar para que ella lo haga más a menudo, no tienen dinero ni lugar. ¿Su coño se siente como la gloria? Bueno, eso crees, ese maldito condón nunca te deja averiguarlo realmente, aunque sean días seguros, aunque prometas comprarle una pastilla de emergencia, no sucederá, tu verga no entrara desnuda en el miedoso coño de tu linda novia.

    Tú, chica, ¿tu novio tiene lindo cuerpo? ¡Genial! Lástima por su pequeña verga. ¿Él te podría lamer el coño y comerte el culo por horas? ¡Eres afortunada! Ojalá durara más de 4 minutos follandote. ¿Él tiene una verga de campeonato? ¡Dame esos cinco! Pero aprender algunas posiciones aparte de la de misionero le vendría bien.

    El buen sexo es como el santo grial para los adolescentes de preparatoria, todos lo quieren desesperadamente, y he aquí un secreto, ellas lo quieren tanto como ellos…

    Isabela estaba obsesionada con esto. Por las anécdotas escandalosas, exageradas y mayormente falsas de su mejor amiga Laura, por el porno, porque amaba tanto a su novio Matías, porque las malditas hormonas no le dejaban pensar en otra cosa y porque se sentía más que lista, ansiosa e incluso envidiosa de ese mítico buen sexo del que todos hablaban.

    ¿Lugar? Listo, ella tenía su casa sola después de clases, ¿lindas nalgas? Listo, ella tenía un culito jodidamente lindo, redondo y firme, algo pequeño tal vez, pero nadie se quejaría ni de broma, ¿buenas mamadas? Ella en serio se esforzaba, ahora con meses de práctica con su novio, ella podía hacerlo eyacular sólo con la boca, incluso tragaba, aunque lo odiaba, lo hacía sólo para darle gusto a él ¿esos aburridos condones? Bueno, ella era bastante regular, llevaba bien la cuenta y cuando eran días seguros lo dejaba sentir su delicioso coño apretado, húmedo y caliente al natural, ¿desnudez total? Ningún problema con eso ¿Matías tiene buena verga? Mmmm bueno, normal, tal vez algo pequeña, muy delgada sin duda alguna ¿él es un buen comedor de coños? No estaba mal, pero ella siempre tenía que pedirlo, no estaba muy feliz por eso y se preguntaba ¿que se sentiría que le comieran el culo, ¿duración? Desastrosa, ella está segura que el mejor tiempo de su amado novio fueron 4 minutos, ¿Fuerza y velocidad? Deplorable ¿él se limitaba o que carajos? Y ojalá se supiera otra posición que no fuera la del misionero o acostados de perfil, ella incluso estaba emocionada con la idea de empinar bien el culo en cuatro patas y darle una linda vista, sin embargo, él no era muy bueno captando señales.

    Cada vez ella se sentía decepcionada ¡joder! ¿Cuando será el día que él durará unos buenos 10 minutos jodiendosela como ella se merece? ¡Cuando menos 10 minutos!

    Ella sentía que no era justo que le diera mamadas asombrosas hasta 2 veces por sesión y siempre tuviera que pedirle que le comiera el coño para que él lo hiciera algunos segundos, después de 6 meses de eso, ella ya no era optimista sobre que él mejoraría como estaba tan segura al principio, lo peor es que para él no era un problema, no estaba enterado y eso le frustraba más a ella, él estaba bien, ¿cómo no iba estarlo con su linda novia tan complaciente y con ese culo tan precioso?

    Pero con cada sesión la frustración en ella crecía y como está es una historia de jóvenes idiotas e inexpertos, por supuesto que ella no se atrevió a hablarlo de frente, eso hubiera solucionado muchas cosas, pero eso nunca sucedió.

    Ella recuerda el día, nunca lo olvidaría, Matías dejó su celular en su casa, un evento cósmico inusitado ¿Que adolescente olvida el celular en la casa de su novia? Él vivía casi hasta el otro lado de la ciudad, cuando se dio cuenta solo rezó para que ella no lo revisara, él nunca le había sido infiel, ¿pero que adolescente cachondo no esconde algo en la privacidad de su celular? Los rezos de él la detuvieron a ella por casi 2 horas, Isabela veía atormentada el celular de su amado novio sobre su mesita de noche, el dilema moral de siempre, ¿revisar o no revisar? Después de 2 horas ella no resistió más, lo tomó intentando sentirse más culpable de lo que realmente se sentía, como si eso expiara sus acciones, lo desbloqueó, por supuesto que sabía su patrón, es esa información que siempre guardas en caso de ser necesaria, comenzó a revisar tímidamente su galería primero, algunas foto pollas que le había enviado a ella, reía nerviosa, una notificación, un mensaje de Natali, la mejor amiga de su amado, se resistió a presionarla hasta que casi desaparece de la pantalla.

    Charla casual, se sentía casi molesta de no encontrar nada comprometedor, su pecado era peor por eso, pero… espera, espera ¿Él la llama nalgona? ¿Siempre la llama así? Eso parece, así la saluda y la despide como si fuera su nombre y no Natali, ¿ella no se molesta? ¡Ni siquiera le dice que deje de llamarla así! ¡Que perra! Puta mosquita muerta disfrutando los halagos guarros de su novio, seguía leyendo, cada vez más interesada…

    Mmmm la charla se tornaba sexual, él le dice demasiado a su amiguita que le gusta “su traserote” vaya cabrón, aunque bueno, también habla mucho de su Isabela, incluso aquí dice que la ama más que a nada en la vida, sonríe involuntariamente, Natali habla de su novio, demasiado, largos párrafos dedicados al hombre en cuestión, parece que ella esta un poco obsesionada con él, lo ama mucho y supuestamente es un semental insaciable, si claro, como no, otra adolescente cachonda y mentirosa.

    Isabela subía en la conversación sin saber si sentirte molesta o no, su novio le hacía demasiados comentarios a su amiguita sobre sus nalgotas, pero también hablaba de su Isabela, de esa que revisaba casi con culpa su celular.

    No parecía que ellos 2 tuvieran nada realmente fuera de los guarros comentarios de su novio, pero ella revisaba su celular, eso equilibraba las cosas, ¿no?

    Casi paraba, casi, ella en serio casi deja el celular de su novio sobre la mesita de nuevo dispuesta a no revisarlo más, casi, todo hubiera sido tan diferente…

    Ahora Isabela se sentía más orgullosa y decepcionada de su novio al mismo tiempo, aunque no parecía que hubiera nada realmente interesante ahí, casi lo deja, casi.

    Subió un poco más y vio un vídeo, se quedó congelada aclarando la vista, no podía ser cierto, ¿verdad? Lo era, Natali le envío un vídeo a Matías donde ella follaba con su ya mencionado novio semental insaciable, Isabela se quedó perpleja viendo la miniatura donde estaba Natali en cuatro patas y un hombre desnudo detrás de ella, tan surreal, tan imposible, a nadie le importa la gente que sale en el porno, son sólo gente o profesionales, hay algo jodidamente morboso en ver un vídeo porno de alguien que conoces, ves una parte de su vida que sabes no deberías estar viendo, en la preparatoria es como la última frontera de lo prohibido…

    ¡Carajo, carajo! ¡Matías a veces grababa cuando ellos follaban! Subió histérica por la conversación, subió y subió, cada vez más nerviosa, seguro que él también presumía con su amiguita la mosquita muerta, Isabela paraba cuando veía una imagen, sticker o meme, subió tanto que se tomó unos 20 minutos sólo escroleando rápidamente, y subió tanto que alcanzó el principio de la conversación, no encontró nada, respiró más aliviada que nunca en su vida, sentía que amaba tanto a su hombre, era maravilloso que él no hubiera compartido nada de eso, se había ganado unas buenas mamadas, que le llamara nalgona a su amiga era pecata minuta, pero…

    Ahí estaba ese vídeo de Natali con su novio ¿debía verlo?

    Dejó el celular de nuevo sobre la mesita y se largó a hacer sus cosas, Natali dejaba que su novio la llamara nalgona, pero Isabela dejaba que su amigo Luis le dijera esas guarradas sobre que debería sentarse en su cara, ella reía fingiendo asco, aceptaba el cumplido y seguía con su vida, no era la gran cosa, no debía invadir la privacidad de aquella chica aunque no le agradara.

    Hizo la tarea, comió y veía Netflix, miró el celular de reojo y lo guardó decididamente en un cajón, era como si la cosa le gritara que revisara ¿por qué no estaban sus padres? Maldita sea, podría platicar con su madre para quemar tiempo y distraerse.

    Salió de bañarse, sus padres llegaban y ella los saludaba desde la puerta, se acostó y hablaba con su amado Matías, él le hablaba desde su laptop y le recordaba que le llevara su celular mañana, ella vio a Natali conectada, abrió el cajón, sacó el celular de su novio y buscó rápidamente el vídeo.

    Veía la miniatura sin dar clic, paseaba el dedo por encima sin presionar, seguro que él karma le cobraría tantos pecados en un solo día, dio clic y de inmediato lo pausó, ¡¿qué carajos con esos gritos histéricos de ella?! Que puta vergüenza, rio honestamente y alcanzó sus audífonos, dio clic de nuevo.

    Natali estaba con la falda escolar de tablones levantada en cuatro patas en el piso y el hombre desnudo detrás de ella, la tomaba firmemente de los hombros y la castigaba con fuerza, ¡wow! ¿Eso fue un aplauso con el culo de ella y el pubis de él? ¡Si! ¡Y otro, y otro, y otro! Isabela veía perpleja la pantalla, aquel hombre si que sabía complacerla, la penetraba tan fuerte y firmemente, tan rápido que los húmedos aplausos penetratorios eran un escándalo, ok, los gritos histéricos de Natali ya no parecían tan ridículos. Sus ruidos sexuales eran asombrosos, gemidos, gritos, pujidos, aplausos penetratorios firmes, ruidosos y húmedos.

    “¡Follame! ¡Soy tu puta!”

    Gritaba Natali histérica en pantalla y ahora sonaba bien, tan auténtico, tan genuino, tan real… ¡Tan afortunada! Isabela alcanzaba su coño fresco y limpio y comenzaba a acariciarse, ya estaba húmeda, se había resistido a tocarse, se retorcía y resoplaba involuntariamente, no parpadeaba, en pantalla Natali hundía la cara en el piso y el hombre la tomaba del culo con ambas manos y la penetraba histéricamente sin descanso, sin piedad y más importante, sin correrse, puta afortunada de mierda.

    El hombre le clavaba toda la verga y disfrutaba estar dentro de Natali, gemía viril y profundamente, eso le encantó a Isabela, le puso tan cachonda escuchar esos profundos y masculinos ruidos sexuales, nada comparado a los patéticos chillidos de su novio, el hombre en pantalla le sacaba la verga a Natali, Isabela pausaba viendo impresionada el tamaño de aquella obscena cosa envuelta en látex, el forro parecía que iba explotar por su enorme corrida, Isabela se metió un dedo con fuerza y se retorcía como gusano, dio clic de nuevo, por desgracia se acababa la diversión, el hombre se acercaba al celular y terminaba el vídeo mientras Natali respiraba como histérica con el culo levantado al aire sin moverse de esa posición.

    Echó el celular a un lado y uso las 2 manos, terminó tan fuerte que sus piernas temblaron, miró sólo por curiosidad algo, el tiempo es abstracto cuando estás tan caliente ¡17 minutos! Soltó el celular sintiéndose furiosa, patética y envidiosa.

    Al otro día le entregó el celular a su novio Matías, él obviamente no preguntó si ella lo revisó, jamás se pregunta, sólo te persignas y rezas porque ella no te abofeteé después de dártelo, no fue así. Cuando vio a Natali vagando por ahí alejó la mirada inmediatamente. Por la noche en su casa después de bañarse luchó con todas sus fuerzas, perdió, abrió su galería y vio de nuevo el vídeo, ¿creíste que no se lo enviaría a sí misma? Por favor.

    Se sentía patética por tener orgasmos tan asombrosos sólo viendo aquello, uno anoche, 2 ahora, Natali era una puta afortunada de mierda. Gabriel, el susodicho, no estaba con ellos en la preparatoria, parecía unos 3 años mayor, no era nada feo, guapo de hecho, muy alto, parecía delgado en su perfil de Facebook, pero en el video definitivamente se le veían unos bien marcados músculos pegados al cuerpo, estilo fit… ¿Que preguntas? Ah eso, obviamente Isabela lo buscó en Facebook, ¿que esperabas? Busco a Natali, vio con quién tenía la relación marcada y ya había revisado el perfil de Gabriel varias veces, le obsesionaba que el vídeo durara 17 minutos, incluso sin mostrar el inicio real de la follada, le obsesionada más esa buena verga y que él casi no bajaba la velocidad en todo el vídeo, era asombroso que pudiera mantenerse sin correrse tanto tiempo y con esa intensidad.

    Se odiaba a sí misma, caminaba por su cuarto con el celular en mano, las 11 pm y sus padres se iban a dormir, era buen momento, ¡carajo, carajo! ¡Se odiaba tanto! Pero lo había pensado durante esos días, primero como algo lejano e irreal, luego cómo algo posible, luego algo que TENIA que suceder, ella también merecía eso, ¿cierto? ¿Por qué no? Era guapa, tenía lindo cuerpo, era joven y curiosa ¿Qué carajos tenía de malo querer disfrutar? Presionó directamente el botón de llamada de voz en el perfil de Gabriel y se sentó con las manos temblando y esperando.

    Un tono, dos tonos… Tres tonos, cuatro tonos… Ella casi cuelga, hubo muchas cosas que casi hace, pero no las hizo, su dedo a un centímetro del botón rojo de colgar y la llamada inició.

    —¿Bueno? — respondía el hombre del otro lado.

    —Ho-hola — respondió torpemente ella, sentía que se desmayaba.

    —¿Que pasó? ¿Quién habla? — preguntó Gabriel con curiosidad, con ese tono amable, pero firme que todos hacemos ante una llamada desconocida

    Isabela no lo sabe, pero él puso rápidamente la llamada en altavoz en la comodidad de su cuarto y viajaba enseguida al perfil de ella para ver quién era, fue una suerte que él no estuviera con Natali ese preciso momento.

    —M-me llamo Isabela — decía ella torpemente, él confirmaba del otro lado en pantalla ¿Por qué carajos lo llamaba la novia del tarado de Matías? Él nunca le agradó obviamente.

    —¿Eres la novia de Matías? El amigo de mi novia Natali — preguntaba con curiosidad, cada segundo comprendía aún menos que sucedía.

    —Si — decía intentando ser firme esta vez.

    —Ok?… ¿Que sucede? — preguntaba él sin esconder su suspicacia.

    —Quería decirte algo — dijo ella con el corazón a tope, se sentía estúpida, él no decía nada — Bueno, proponerte algo — decía nerviosa.

    —… Ok — dijo casi molesto.

    —Yo… Es que… — decía nerviosa y odiándose, por Matías, porque esto era una estupidez, porque se sentía sucia y que no se valoraba a sí misma, también por no tener más valor.

    —Oye, hablamos por mensaje si quieres, aparte ya me voy a dormir — decía él con tranquilidad y desinterés, estaba jugando con su consola, no sabía quién era aquella chica, no quería problemas con Natali y honestamente no le importaba que pudiera decirle, bueno, eso creía él jajaja.

    —¡No! ¡Espera! — dijo histérica, sabía que él sólo quería colgar.

    —¿Qué pasa? Estoy ocupado — decía molesto el hombre.

    —Ok, sólo te lo diré, ¿ok? — decía nerviosa y respirando profundamente.

    —Ok — decía él exigiendo premura.

    —Yo… Yo quisiera que m-me folles — dijo débil, pero claramente, él se quedó en silencio, ella revisó que la llamada siguiera, seguía en curso — ¿Estás ahí? — preguntó tímidamente.

    —Jajaja — reía incrédulo, más como una expresión que como risa real — Supongo que Matías está contigo, no sé qué clase de trampa o jueguito pendejo sea este, dile que

    —¡Estoy sola! ¡Es en serio! — lo interrumpió desesperada.

    —Si, si, claro, voy a colgar — dijo con desinterés y algo molesto.

    —¿Qué quieres que haga para que me creas? — dijo desesperada, silencio — ¿Estás ahí? — se sintió idiota de preguntarlo de nuevo, silencio — ¿Gabriel?

    —Mándame una foto desnuda ahorita al chat de texto, que se vea tu cara — dijo firmemente, ella se quedó congelada — Toda desnuda — agregó él, ella sentía que se desmayaba — ¿Sigues ahí? — preguntó en tono de exigencia.

    —S-si — dijo nerviosa.

    —¿Lo harás o cuelgo? — exigió él.

    Créeme cuando te digo que él de verdad creía firmemente, por completo, sin dudar ni un solo segundo que ella no lo haría, que era alguna clase de estúpida trampa, que tal vez la chica lo estaba jodiendo, ¿alguna clase de reto en un estúpido juego de verdad o reto? ¿Estaba ebria? No sonaba así, ¿alguien más había tomado su celular? ¿Había alguna mínima posibilidad que estuviera con Natali? Nah, él la dejó hace 2 horas en su casa, bien follada y feliz, además sus padres no la dejarían salir ya a esa hora, se quedó de piedra cuando llegó al chat de texto una foto de Isabela completamente frente al espejo de cuerpo completo, tomada de perfil, unas lindas nalgas se asomaban, bonitas tetas colgaban con naturalidad, pero se mantenían redondas, su cara completamente visible, celular en mano apuntando al espejo.

    —¿Y-Ya la viste? — preguntó Isabela avergonzada, su corazón nunca fue más rápido, se frotaba el coño delicadamente —¿Gabriel?

    —Si — respondió él sencillamente.

    —¿Me-me crees ahora? — decía tímidamente.

    —¿Por qué quieres eso? — nunca preguntó en su vida nada queriendo saber más la respuesta, ¡ni siquiera la había visto en persona! Esto no pasaba en la vida real, ¿cierto? Isabela decidió que era mejor ser frontal y honesta.

    —Natali le envío un vídeo de ustedes follando a Matías… — dijo débilmente.

    Gabriel se sintió furioso de inmediato por las implicaciones que eso conllevaba, por ejemplo, que el pendejo patético y rogón de Matías hubiera visto el precioso culo enorme de su Natali.

    —¡¿Que?! — dijo más como expresión exigiendo saber más que como una pregunta real.

    —Yo quiero eso mismo… En serio — dijo ella.

    —No estoy interesado, estás loca — dijo firmemente y colgó.

    Isabela se quedó histérica viendo el celular, quiso llorar, obviamente le diría a Natali, obviamente Matías lo sabría, ¡¿como fue tan estúpida y pensó que eso saldría bien?!

    Fueron los 2 días más largos de su vida, cada mensaje que Matías enviaba, cada vez que lo veía venir a ella en la preparatoria, ella se preparaba, él le gritaría histérico, ¿ella estaba dispuesta a mentir vilmente? ¿Negarlo con total desfachatez? ¿Y si las cosas escalaban? ¡¿Y si Matías pedía un careo de todas las partes presentes?! No se atrevería, ¿verdad? Ella lo chantajearía antes de llegar tan lejos, llorando y reprochándole que no confiara en ella, le dio un escalofrío cuando vio que Gabriel la había bloqueado en Facebook, los 2 días más largos de su vida, cada hora que pasaba era peor, nunca acabaría, en cualquier momento Gabriel le diría a Natali, en cualquier momento su Matías lo sabría.

    Isabela veía las fotos de ellos juntos con nostalgia, como si vieras las fotos de un familiar tuyo que morirá de cáncer, es inevitable, no puedes hacer nada, pasará y estarás hecho una mierda y estás triste desde ahora, al tercer día cuando Gabriel llamó por la noche ella casi no contesta, uno, dos, tres tonos y ella veía nerviosa la llamada… como dije, muchas cosas que ella casi no hacía, pero hizo.

    —¿Sigues dispuesta?

    —Si — respondió firmemente ella, se masturbó como loca al colgar con él.

    Estaba nerviosa como el carajo, veía el reloj, 2:58 pm, respiraba profundamente y sonreía involuntariamente como idiota, nervios, emoción, miedo, confusión, culpa, vergüenza. Le dijo a su Matías que su madre descansaba ese día y estaría en casa temprano, odió no poder inventarse algo mejor, si a él se le ocurría pasar siquiera por fuera de la casa vería que el auto de la señora no estaba fuera y haría preguntas, 2:59 pm, se levantó y se miraba en el espejo, ella hizo una promesa muy a la ligera de hacer lo que fuera y como él quisiera, así que llevaba esa morbosa lencería que él exigió, le dijo cómo era y donde la vendían, Isabela sintió más vergüenza que nunca esa tarde cuando la pidió en el mostrador de aquella sex-shop, se la dieron con desinterés y ella corrió a su casa para ponérselo y esperarlo.

    Lo analizaba con curiosidad, una suerte que le quedó al dedo, el brasier con transparencias y ese exagerado encaje, la tanga tan diminuta por el frente que el pequeño triángulo apenas tapaba su lindo coño, por detrás un ridículo hilo que se metía entre sus lindas y redondas nalgas, se sentía avergonzada, nunca había usado lencería ni tangas de hilo dental, el cinturón del liguero y con encaje, se sujetaba firmemente a su cadera, bajaban las ligas y sostenían las largas medias translúcidas hasta la parte superior de sus muslos, todo el conjunto negro y con encaje por todos lados, ¿los tacones eran demasiado? Bueno, él los pidió.

    Gabriel caminaba hacia allá intentando no darle importancia, encontró la calle rápidamente, caminó lentamente por cada casa viendo los números, se acercaba peligrosamente, reía y resoplaba, ¿cómo podía ser tan idiota? Una linda chica con sexi trasero estaría esperándolo en lencería para follar toda la tarde con él sólo porqué si, ¡claro! Cómo en las películas porno, ¿verdad? Jaja que estupidez.

    Durante esos 2 días se había estado masturbando con la foto de Isabela desnuda y viendo su perfil de Facebook donde se apreciaran sus lindas nalgas ¿por qué la llamó? Que pendejada, ¿qué tanto más le habría mostrado su Natali al idiota de Matías? ¿Que no se daba cuenta de que ese tarado la deseaba? ¡Claro que se daba cuenta, era obvio! ¿Por qué mostrarle su enorme trasero entonces? ¿Su Natali quería algo más con ese idiota? Nah, él era patético ¿Pero tan patético como para tener una novia tan zorra que le ofreciera a él su lindo culo por nada? ¿En serio? ¡Nah!

    Se quedó parado frente a la casa, vio el timbre de inmediato, pero no lo tocó, detrás de esa puerta estaría Natali, llorando, gritándole que era un idiota y yéndose furiosa, o Matías grabando con su celular y haciendo amenazas ¿Tal vez Isabela y sus amigas riendo?

    “¡Si vino! Jajaja ¡que idiota! Jajaja”

    Pero obviamente no le aguardaba una desconocida sexi en lencería dispuesta a darle el culo por nada, terminó su cigarro, resopló riendo.

    “Soy un pendejo jajaja” pensó sonriendo con sorna.

    Tiró el cigarro y lo apagó con su zapato, dio un paso lejos de ahí y volteó por última vez sonriendo con sorna, por fortuna o desgracia, permaneció lo suficiente delante de la casa para que ella lo viera por la ventana escondida detrás de una cortina, cuando vio que apenas se alejó un paso ella corrió a la puerta, él escuchó la puerta abrirse con el corazón hecho puño, se abrió la puerta y ahí estaba una sexi chica delgada en lencería escondiéndose un poco, lo miró y le indicaba con la mano que se acercara.

    Él caminó nervioso hacia ahí, Isabela abrió la puerta por completo escondiéndose detrás, él entró dudando, ella cerraba la puerta detrás de él dándole la espalda, él no podía creer que ella en serio estuviera en lencería, miró sus preciosas nalgas redondas y firmes sin poder creerlo, ella cerró se dio la vuelta, él estaba detrás y la besó desesperado.

    Isabela lo abrazó por el cuello con ambos brazos enseguida, electrizante, un beso de dos desconocidos tan apasionado y sucio, tan increíble, él tomó su lindo culo firmemente con ambas manos, pequeño, más pequeño que las enormes nalgotas de su Natali, pero sin duda más firme y redondo.

    —Chúpamela — exigió él firmemente separándose del beso.

    Ella bajó desesperada sobre sus rodillas mientras él abría rápidamente su bragueta, ella jalaba histérica sus pantalones hasta sus tobillos y enseguida los boxers, no había tiempo de ser cuidadosos con el juego previo, la enorme verga semi-erecta de él salió de un salto, aun así era bastante más grande que la de su Matías, ella hundió la cara de inmediato entre sus piernas para lamerle las bolas como él le pidió en aquella llamada que parecía no haber sido real, él se retorcía y gemía ante la cálida lengua de Isabela en sus bolas, Natali nunca lo lamía, se sentía mejor de lo que él esperaba.

    Le tomó la cabeza con ambas manos, su verga crecía hasta ponerse firme y apuntando hacia enfrente, él alzaba la cara gimiendo y le restregaba su enorme falo en la cara y las bolas en la boca, Isabela se separaba, él le posaba morbosamente la verga a lo largo de la cara y ella veía atentamente el enorme pedazo de carne en su ojos, no podía creer que lo sintiera desde la barbilla hasta la frente, el grosor casi surreal, tan larga que abarcaba toda su cara, tan firme y derecha viendo al frente, esas venas asquerosas tan enormes y marcadas, ella estaba fascinada.

    Él tomó su cabeza y la llevó a darle una mamada como tal, no estaba preparado para lo jodidamente abrumador que sería, tan húmedo, tan caliente y delicioso, se retorció involuntariamente y gimió de igual manera, ¡ella era jodidamente buena! Le abrazaba la verga con los labios y le hacia una deliciosa cama en forma de “U” con la lengua para la parte inferior de su verga y succionaba, ¡wow! ¡Jodidamente wow! ¡¿Por qué carajos Natali nunca hacía estás cosas?! ¡Él lo merecía! Le hacía temblar las piernas de cuan fuerte se la jodia, maldita Natali aburrida.

    Isabela se esforzaba, tenía meses de práctica con Matías, era muy buena haciendo esto, le rodeaba la verga con su cálida lengua y cuidaba mucho de no morderlo ni chocar su verga con sus muelas, él se retorcía y gemía como loco, ella se sentía orgullosa y le daba un morboso pensamiento recordando que él le dijo que su Natali nunca hacía esto, lo tomaba firmemente con ambas manos de su redondo y firme trasero y se castigaba ella misma yendo tan profundo como podía en ese enorme pedazo de carne, él hacía lo propio empujándola con fuerza con ambas manos sobre su cabeza firmemente.

    Él comenzó a follarle la cara con fuerza y velocidad, disfrutaba tanto la cálida y húmeda boca y garganta de aquella zorrita, gemía genuinamente y disfrutaba más que nunca, ella hacia arcadas escandalosas, la saliva escurría y estaba por todos lados, odiaba que él fuera tan agresivo, pero amaba sentir ese enorme pedazo de carne en la boca, amaba que prácticamente nunca hubiera hablado con él, que fuera tan sucio y prohibido, le daba un morboso pensamiento que él fuera el novio de la amiga de su novio.

    Él disfrutaba como un cabrón, gemía y sentía su verga en el paraíso, la boca de Isabela era un lugar tan húmedo y caliente, tan delicioso, le follaba la cara agresivamente sin importarle las ridículas y casi cómicas caras de ella cuando él golpeaba violentamente su campanilla, incluso de pronto se dio cuenta de que lo disfrutaba, disfrutaba tanto verla fijamente haciendo esas patéticas caras de asco y desesperación, así que fue más y más rápido, no se daba cuenta de cuanto gemía y de que prácticamente no parpadeaba viendo a esa desconocida apretar los ojos y casi vomitar con su larga y gruesa verga castigando su campanilla.

    Él comenzó a sentirlo, era imposible, ¿no? Su Natali nunca hizo más que lamer su falo a lo largo un par de veces para darle gusto, así que él no lo sabía, incluso en aquellos sucios videos porno que miró el actor siempre se masturbaba para el gran final en la boca o cara de la chica, ¿era posible solo eyacular a mamadas? Bueno, él descubrió gratamente en ese momento que sí.

    Él comenzó a sentirlo, esa sensación más satisfactoria que nada en la vida que todo hombre conoce bien, aunque puede venir en intensidades diferentes, este en específico venía con intensidad notable. Lo sintió venir de dentro, él pensó histérico en las posibilidades en un segundo, ella dijo que tragaría en aquella surreal llamada donde ambos se masturbaban sin saberlo, pero no podía arriesgarse, necesitaba un gran final, nada sería peor que ella se quitara y él tuviera su orgasmo fuera de aquella deliciosa y caliente boca, sería tan decepcionante y anticlimático, por supuesto que no le avisaría ¿Que podía pasar? ¿Que ella se enfadara? Daba igual, se iría riéndose y la asombrosa mamada nadie se la quitaría, ella obviamente jamás diría nada, no podría hacer nada por más que ella odiara sentir su asquerosa corrida en la boca.

    Se afianzó firmemente con ambas manos en la cabeza de ella sin hacer nada repentino para que no lo notara aquella zorra, era imposible que ella no intentara retirarse, ¿a qué chica le gustaría eso? Hasta las actrices porno tragaban con asco y son pagadas, huele mal y seguro sabe cómo el carajo, él definitivamente se aseguraría de que ella se tragara toda su asquerosa corrida.

    Isabela no pudo respirar cuando él metió firmemente ese grueso pedazo de carne en su boca casi hasta el fondo y él le sostenía la cabeza más fuertemente ahora, ella se sorprendió al sentir como ese enorme falo se retorcía y palpitaba violentamente en su boca, sintió la asquerosa, espesa, tibia y amarga corrida en su lengua, apretó los ojos, dio una arcada involuntaria que se proyectó haciéndola dar una firme sacudida en todo su cuerpo, la firme vara de Gabriel respingaba violentamente de nuevo en su boca y él por fin gemía aliviado, había soportado sus gemidos para no levantar sospechas, no podía creer lo asombroso que se sentía tirar su lefa con total libertad en una boca, y sin duda disfrutaba verla sufriendo apretando los ojos y hacer caras de asco mientras él no paraba de descargarse en su boca.

    Él no soltaba su cabeza, su verga se retorcía por última vez en boca de aquella loca y él gemía profundamente mientras le sacaba la verga lentamente.

    —Trágatelo — dijo lujuriosamente sin dejar de mirarla, todos sabemos que la mitad de la experiencia es verlas esforzarse en tragar.

    Ella no podía creer que fuera tanto, ¿sería por el tamaño? ¿Era proporcional? Puede ser, mantenía la boca semi-abierta y recuperaba la respiración, sabía cómo el diablo en su lengua y se sentía peor en toda su boca, pero le encantaba morbosamente que así fuera, a veces con Matías ella le daba una mamada de campeonato y apenas sentía un leve sabor amargo y luego él la retiraba amablemente haciéndole saber que había eyaculado, Isabela amó esas violentas palpitaciones en su boca y que definitivamente no pudiera pasar por alto tanta cantidad de lefa.

    Ella tragó con esfuerzo, sentir esa abundante y espesa flema caliente bajándole por la garganta fue tan asqueroso como morboso y cachondo, él la veía lujuriosamente, no podía creer que fuera tan zorra, ¿qué sucedía aquí? ¿Matías le había sido infiel? ¿Ella en serio solo quería ser una puta? Dejó de hacerse preguntas que realmente no le importaban mientras la chica de rodillas frente a él abría la boca para mostrarle que había tragado.

    —Gracias — le dijo Isabela lujuriosamente solo porque quería sentirse muy puta.

    Él se sentó en el sillón y se quitaba los zapatos para sacarse bien los pantalones, ella se sentaba a lado de él sin dirigirle la mirada ¿Que se hace en la claridad post orgasmo con un desconocido?

    —¿Así eres de puta siempre? — preguntó cruelmente él, le cogía gusto a ser un sádico.

    —N-no — dijo Isabela avergonzada sin saber que más decir.

    —¿Matías no te folla bien? — preguntó siendo cruel de nuevo.

    —No — dijo firmemente, un segundo después se sintió mal, él reía un poco.

    —¿La tiene chica? — en serio le gustaba ser un cabrón.

    —Bu-bueno — balbuceaba nerviosamente ella, él reía ante lo obvio, ella se relajaba un poco también — Es que junto de ti… — decía ella sin querer maltratar más el honor de su hombre.

    Él la besó lujuriosamente, ella disfrutaba, él se quitó la camisa y el coño de Isabela se ponía más húmedo al ver ese increíble cuerpo bien definido, músculos tan firmes por todos lados.

    —Párate, date la vuelta y quítate la tanga, sólo la tanga — dijo él firmemente mientras ella veía como idiota su cuerpo, espabiló y se puso de pie.

    Ella se levantó decidida y segura de sí misma, recordaba el enorme culo redondo de Natali en aquel video, Natali sin duda tenía las caderas más pronunciadas y bien rellenas de carne, pero ella tenía una cintura bastante más pequeña y delgada, sus delicadas caderas contrastaban bien por eso, además vio el vídeo a fondo, ¿el enorme culo de Natali tal vez parecía algo colgado y plano? definitivamente no tenía las nalgas tan redondas y lindas como ella, mejor calidad que cantidad, ¿no?

    Le dio la espalda firmemente, él se ponía cómodo mirando la delicada espalda de su nueva y fácil amante, bajando a esa diminuta cintura y culminando en esa linda cadera delicada, pero con la medida perfecta para hacer una firme agarradera.

    —Sin doblar las rodillas — dijo él claramente, ella rio nerviosa.

    Con Natali él era dominante cuando tenía su verga dentro de ella, Natali se volvía loca, pero fuera de ella él era amable y cuidadoso de no imponerse demasiado para no ofenderla o molestarla, a final de cuentas era su linda y amada novia, no podía ser el hijo de puta dominante que le gustaría, le gustaba sentir ese poder de ser un cabrón libre de consecuencias. Isabela tomaba su tanga por los lados, la puso encima del liguero, supuso que así sería más fácil quitarla, tuvo razón, la deslizaba lentamente hacia abajo sin doblar las rodillas como su semental pidió, él disfrutaba ver esas preciosas nalgas tan jodidamente firmes y redondas empinarse apuntándole a la cara, ella llegaba hasta abajo, la sacaba por debajo de sus tacones y se daba la vuelta con el coño expuesto ante aquel interesante desconocido que miraba todo menos su cara.

    —El brasier — exigió él con firmeza.

    Ella se retiró decididamente el brasier animada por la lujuriosa mirada de él, sacó sus lindas tetas redondas a pasear a la vista de él y Gabriel disfrutaba la diferencia, Natali tenía un abundante par de buenas toronjas que le llenaban la mano, Isabela tenía un lindo par de tetas más pequeñas, pero sin duda más redondas y firmes, además a él nunca le encantaron los enormes pezones cafés de su novia, los lindos y pequeños pezones de Isabela eran más sexis, lo dicho, mejor calidad que cantidad.

    —¿Dónde está tu cuarto? — preguntó a modo de exigencia, ella sólo le apuntó una puerta.

    Él se levantó desnudo de aquel sillón, ella le lanzó la mirada por todo su macizo y enorme cuerpo viril, espabiló y comenzó a caminar a la puerta que le había señalado, él disfrutaba morbosamente verla con las medias, los tacones, el liguero y nada más, ese lindo culo redondo caminando frente a él y vestida como una prostituta, todo era tan lujurioso y morboso, Natali siempre usaba esas horribles bragas enormes y esos brasieres gruesos y blancos de abuela.

    Ella abrió la puerta y se enfrentó a la imagen de su cama, le vinieron mil imágenes de ella teniendo ese patético y tan “adolescente” sexo con Matías, torpe, lento, siempre parecía que él tenía vergüenza o nervios, divagaba y su seguro amante la empujó delicada, pero firmemente por la cadera.

    —Ponte en cuatro en la cama — dijo claramente.

    Ella se subió lentamente a la cama, se sentía bien estar bajo las órdenes de un hombre tan firme, Matías nunca se hubiera atrevido a pedírselo así a su Sara.

    Ella disfrutó ponerse en cuatro patas en la orilla de la cama, se había hecho fotos morbosamente así, sabía que lucía bien, que sus lindas nalgas redondas se veían deliciosas, que su lindo coño se asomaba y que su delicada espalda hacia una curva sexi, él disfrutaba esa vista, se acercó, ella lo veía volteando hacia atrás, él abría sus nalgas firmemente con ambas manos viendo morbosamente sus lindos agujeros, se ponía de rodillas detrás de ella y hundía morbosamente la cara en su lindo trasero, ella gimió al sentir la cálida lengua de su nuevo amante en su viscoso coño, él sostenía sus preciosas nalgas con ambas manos y ella le echó el culo atrás restregándoselo en la cara lujuriosamente, él soltó sus nalgas para sentirlas sobre la cara, Isabela se retorcía y gemía por su húmeda lengua paseando por su coño y su cálida respiración en su ano.

    Él lamía cuan profundamente podía disfrutando el fresco coño de ella, estaba recién bañada como él había pedido, no es que Natali fuera una sucia guarra, pero un coño fresco siempre es de destacar, ella gemía disfrutando y él recuperaba poco a poco su erección.

    Lo tenía ahí, tan cerca, él se resistió a hacerlo, Natali saltó confundida la primera vez que él lo intentó, preguntó casi molesta porque lo hizo y él sólo pudo balbucear como idiota y reírse nervioso mientras se disculpaba, la segunda vez que lo intentó sin decirle, su novia se retiró tan drásticamente que le golpeó la cara con su enorme culo y esa tarde no follaron… Él se resistió a hacerlo, pero quería hacerlo y lo haría, si Isabela se ponía rara la presionaría para que lo dejara hacerlo o se disculparía por compromiso y se la follaría como a una perra, subió la cara y le pasó profundamente la lengua entre sus lindas nalgas, sabía raro, pero se sintió bien, tan morboso, tan lujurioso, tan prohibido, Isabela se retorció y rio nerviosa, pero se sintió bien ese suave, húmedo y caliente pedazo de carne lamiendo a todo lo largo de su raya divisoria de las nalgas.

    Él lamia profundamente entre sus preciosas nalgas, se sintió increíble de hacer eso tan morboso y guarro, no obtenía nada, él lo sabía, pero era tan fantástico y sucio tener el pensamiento de que luego sabría que había lamido en medio de tan lindo par de nalgas, ella disfrutaba, era definitivamente diferente, le daba algo de cosquillas, pero saber que tenía la cara de él contra su culo y la lengua metida de aquel hombre literalmente entre las nalgas le encantaba morbosamente.

    Él le dio la vuelta desesperado, ella cayó sobre su espalda, él miraba detenidamente ese lindo y diminuto coño perfectamente depilado como él pidió, se veía tan bien, tan lindo y delicioso, le comió el coño como psicópata, ella le tomaba la cabeza y le restregaba su agujero del placer en la cara histéricamente, cerraba los ojos y disfrutaba, Gabriel disfrutaba la diferencia de sólo sentir esa suave carne en la boca y lengua sin esos asquerosos pelos de por medio de su novia, definitivamente tenía que presionar más a Natali para que se afeitara el puto coño de una maldita vez.

    Gabriel le pasaba la lengua a todo lo largo del coño terminando en el clítoris y levantándose, ella se retorcía y su mirada se perdía aturdida por el enorme placer hacia el techo, si Matías iba seguir follandosela tan mal, al menos le exigiría innegociablemente que le comiera un buen rato la raja cada vez, espabiló, tenía a su nuevo amante casi sobre ella, se puso nerviosa como el carajo, por fin pasaría, intentó desesperadamente despertar de su lujurioso sopor, quería estar lúcida y no perder ningún detalle, lo abrazó nerviosa, temerosa, nunca antes tuvo miedo en el sexo, porque amaba a Matías y se sintió tan natural desde la primera vez y se sentía salvo con él, cuando descubrió que su verga era un poco pequeña pensó optimista que al menos no le haría pasar un mal rato por el dolor, desde la primer follada se convenció de que no era la gran cosa, incluso a veces platicaban un poco mientras su novio la penetraba lenta y torpemente, pero ahí estaba ahora, con las piernas abiertas ante su poderoso y musculoso amante, de pronto sus músculos parecían más firmes y exagerados, él la destrozaría, cerró los ojos un segundo y respiró intentando calmarse, abrió de nuevo y lo veía a él, que miraba debajo acomodando su enorme madero en la entrada de su coño, sintió su cabeza y cerró un poco las piernas, pero él estaba en medio, no había escapatoria, todo en 2 segundos, nunca había sentido esa emoción con Matías.

    Él acomodaba desesperado su verga, no quiso darle un segundo para que ella reconsiderara su promesa de coño a pelo, ella lo pensó, se angustió por prometerlo, ni siquiera había hecho cuentas claramente, sabía que no era día seguro, pero estaría bien, tenía esa pastilla de emergencia que le dejó Matías por si un día ellos la necesitaban, tendría que reponerla para que no hiciera preguntas.

    Por fin logró colocarla en la entrada, soltó su verga y la empujó con fuerza contra ella entrando de golpe por completo en ella, Isabela se retorció involuntariamente de todo el cuerpo y lanzó un histérico ruido con la garganta, él gimió genuinamente sintiendo ese apretado coño abrazando su verga firmemente a todo lo largo, ella estaba tan apretada, Matías debía tener una patética verga de niño.

    Isabela no podía creer cuan abrumadora era la sensación, tanto dolor, tanto placer, ese enorme pedazo de carne entrando implacablemente en ella, le sorprendía que, aunque sabía que estaba demasiado apretada para él porque era obvio por el dolor, su verga igual entró hasta el fondo. Él bombeaba firmemente de nuevo su coño y a ella le era difícil concentrarse en el placer con todo ese dolor que venía en igualdad de cantidad.

    —Espera, espera — dijo con la voz quebrada por esos ruidos involuntarios que le venían de la garganta.

    Ella le puso las manos sobre el abdomen, Gabriel odiaba que Natali hiciera eso cada vez, tenía que limitarse siempre y calentarla por 15 minutos antes de poder ir a tope, la amaba y no quería perder su enorme culo, pero Isabela era sólo una puta, le tomó las manos firmemente y las puso sobre la cama por encima de la cabeza de ella sin soltárselas, se dejó caer sobre Isabela y comenzó a follársela a tope ¿Que haría? ¿Enojarse? Jajaja.

    Él fue a tope segundo uno hundiendo la cara a lado de la de Isabela sin soltarle las manos, se dejaba caer sobre ella usando todo su peso y la follaba a toda velocidad, ella se retorcía como gusano y gritaba histérica, se sentía asombroso, tan apretada y caliente, ella recordaba a su Matías follandosela delicadamente y viéndola a los ojos, diciéndole que la amaba, ahora tenía a este hombre encima sometiéndola, su pecho firme sobre sus tetas, su enorme verga arruinándole el coño, sus viriles y profundos gemidos en su oído, sin verse a los ojos, la cara de uno a lado de la del otro, comenzó a disfrutarlo tanto que cerró los ojos y se olvidó de todo, por fin tenía ese sucio, morboso y asombroso sexo que tanto quería, sentía que su coño palpitaba y suaves ondas cálidas recorrerle el cuerpo, gimió histérica teniendo su primer orgasmo con aquel desconocido.

    Ellos follaban tan suciamente, de una manera tan egoísta que aunque estuvieran follando pareciera que no follaban uno con el otro, tan lejanos, no hacían el amor, ni siquiera tenían sexo, era un lujurioso acto masturbatorio de ambos, de él masturbándose con ese apretado coño y al mismo tiempo la masturbaba a ella con su gruesa verga dura.

    Se disfrutaban histéricos, cuándo él supo que ella no lo detendría le pasó las manos por debajo y le sostuvo su precioso culo con ambas manos para penetrarla aún más profundamente, ella lo tomaba del trasero también, y se retorcía y gemía histérica con la mirada al techo, pero sin ver nada realmente mientras él prolongaba su orgasmo a metidas.

    Él se levantó histérico de ella, Isabela lo miró nerviosa, ¿se había corrido? No importa fue increíble, él la tomaba de la cadera y la acomodaba como si fuera una muñeca de trapo en cuatro patas, ella estaba aturdida, sólo levantó el culo dejándoselo a su merced y hundió la cara en la cama, el disfrutó 2 segundos la vista de ese precioso culo al aire apuntándole a la cara, lo tomó firmemente con ambas manos, una mano en cada nalga y entró en ella sin piedad hasta que sus bolas golpearon su coño, ella espabiló, era más abrumador aún de esa manera, despertó por completo de nuevo, se retorció por completo, gimió como perra e intentó reincorporarse, él tomó agresivamente su cabeza y le hundió la cara en la cama, ella lo permitió, lo quería, lo necesitaba, se sentía tan bien ser la puta de él.

    Él comenzó a follarla como histérico sin control, los gritos y gemidos desesperados de Isabela se ahogaban en la cama, él la follaba tan fuerte y rápidamente que esos deliciosos aplausos penetratorios invadieron el cuarto, ella sonreía por dentro, no podía creer que por fin tuviera ese magnífico sexo, era una puta, una puta patética y buscona, ella lo buscó, le ofreció su lindo culo por nada, se vistió como prostituta para él, se había tragado su asquerosa lefa cuando ni su novia lo hacía, él le llamo puta en la cara, estaba engañando a su lindo novio que le constaba le era fiel… pero estaba valiéndolo cada maldito segundo.

    Él veía morbosamente el precioso culo redondo y firme de Isabela, que se vaya al carajo Natali con su enorme culo aguado, le encantaba mirar como su enorme madero entraba por completo en ella y se llenaba de una asquerosa espuma blanca cada vez más, la penetraba con ritmo porque amaba escuchar como sus cuerpos aplaudían, ella amaba aún más eso y le venía otro orgasmo, más intenso, mucho más intenso, sentía perder el control de sus piernas y se le zangoloteaban involuntaria e incontrolablemente ¿Es ese cósmico evento llamado multi-orgasmo? Su mente se fue a negro, el placer era demasiado, se sentía sobre-estimulada y quería retirarlo histérica, pero sus piernas no respondían ante esas histéricas sacudidas que daban, la otra mitad de su cuerpo se sentía sedado y su coño jamás le había dado tanto placer en todo el cuerpo, sentía que se desintegraba mientras gemía como perra y mientras ella estaba en la dimensión del orgasmo definitivo, él le clavaba la verga entera y disfrutaba gimiendo histéricamente sin poder creer que ese lindo coño estuviera estrujando su verga sin control, nunca había sentido eso, casi podía verlo abriéndose y cerrándose firmemente alrededor de su verga, el placer era demasiado, se acostó sobre la espalda de ella y quedó acostado por completo encima de ella con su verga totalmente dentro de ese coño que lo estrujaba y obviamente no soportó demasiado, su verga comenzó a estremecerse dentro de ella y a echarle toda su abundante lefa, nunca tuvo un orgasmo tan largo y nunca había eyaculado tanto, pensó que había vaciado sus bolas por completo en la boca de ella, pero estaba equivocado, Isabela podía sentir como aquel enorme pedazo de carne se estremecía dentro de ella, era asombroso, con Matías a veces ni se daba cuenta de que él se corría.

    Se quedaron uno encima del otro disfrutando su orgasmo, terminándolo al mismo tiempo, respirando como psicópatas, él se retiró lentamente de ella y le gustó ver cómo escurría su espesa corrida de ese lindo coño boquiabierto, le azotó el culo tan fuerte que ella gritó honestamente y espabiló un poco.

    Se acostaron uno al lado del otro, sin tocarse, verse ni hablarse mientras recuperaban la respiración, ella estaba fascinada, después de todo el sexo épico no era un unicornio o cosa del porno, él por fin conocía una de esas putas tan calientes y desesperadas que todos quisiéramos tener en marcado rápido.

    —Dijiste que podía irme hasta las 6:30 pm, ¿verdad? — preguntó él viendo su celular.

    —Si — dijo emocionada — ¿Qué hora es? — preguntó, apenas y sabía dónde estaba, menos la hora.

    —Las 4:20 pm — respondió levantándose al baño y azotando cruelmente el lindo trasero de la zorra.

    Él regresó y apenas hablaron, quien sabe si siquiera tuvieran algo en común, bueno, él quería una buena zorra complaciente y con lindo culo como cualquier chico, ella quería un amante implacable como cualquier chica, supongo que eso tenían en común.

    Él la folló 2 veces más esa tarde, la charla se diluyó al mismo tiempo que él recuperaba su erección, luego mamadas, comerle el culo, lamerle el coño, follar como histéricos psicópatas haciendo ruidos sexuales escandalosos entre los aplausos de sus cuerpos, sin decir una sola palabra, él la hizo montarlo de frente y de espaldas, follaron sentados, también de frente y de espaldas, él la ponía en cuatro patas cada que podía para ver esas preciosas nalgas, la penetró histéricamente de misionero, también follaron parados, ella ofreciéndole el culo sosteniéndose de la pared y él penetrándola sin piedad tomada de la cadera, él eyaculó dentro de ella una vez más porque se sentía asombroso no usar condón y la última vez antes de irse la follaba con sus piernas a los hombros, le sacó la verga y le eyaculó en la cara sin preguntarle sólo por diversión.

    Él se fue de ahí sin aún creerlo, ella lo despidió desnuda por completo y con las piernas temblando agradeciéndole en la puerta, ambos se masturbaron pensando en el otro esa noche, 2 días después ella no soportó sus foto pollas y aceptó que fuera de nuevo, tuvieron ese tan ansiado y escaso buen sexo que tanto querían ambos y se les hizo costumbre, ella terminó con Matías 2 semanas después, no soportaba la culpa, pero tampoco quiso dejar de darle su precioso culo a Gabriel, él siguió con Natali, pero a Isabela no le molestaba, él ganó esa amante puta incondicional que todos queremos, ella ganó ese implacable amante que todas quieren, se divirtieron mucho un laaargo tiempo, jamás lo supieron Matías ni Natali, jamás siquiera lo sospecharon.

    FIN.

    Nota para los lectores: Este fue un «One shot», no habrá más sobre estos personajes, espero lo hayan disfrutado.

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