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  • Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 10-12

    Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 10-12

    Laia muy cachonda, el domingo se queda con su Toro / Bull francés, Didier y pasamos al final todo el domingo con él, alargando el finde… 

    Capítulo 10: Laia, la “chienne” de Didier.

    Mientras Didier se toma su vaso de leche me comenta que quiere jugar con Laia…. Le comento que especifique como, y me pide que tenga confianza… Le doy el ok y veo que se va hacia un armario pequeño cerca de la cama y empieza a sacar cosas y mis ojos se agrandan…ufff resoplo, y le digo que no se si le gustara y con mirada libidinosa me asegura con un gran: Oui ¡!! Beaucoup ¡! (Si, mucho…). Laia esta como muerta en la cama, y Didier coge unas pulseras/esposas de cuero y se las pone en las muñecas con apenas una cadeneta de 15 cm de separación, después con una cinta/pañuelo grande de color negro le venda los ojos. A continuación le da la vuelta y poniéndola boca abajo saca un plug anal grande de 3,5 cm con un brillante de color rojo y untándolo con la vaselina de una pomada se lo introduce en su culito… yo lo veo muy grande y como que no iba a entrar, pero curiosamente se desliza con facilidad y al quedarle insertado Laia emite un suspiro de placer. A continuación saca como un bozal con una picha pequeña y se lo pone en la boca atándolo en la nuca, en eso que se empieza a despertar y al notarse así se pone nerviosa y tengo que decirle: Tranquila zorra, te vamos a dar tu merecido… Y quedándose quieta espera a ver que hacemos.

    Didier sujeta la cadena de las esposas para que Laia tenga los brazos estirados por encima de su cabeza, y con la otra mano, me señala un dildo de unos 15 cm y me hace señales para que la folle con el… Así que abriéndole las piernas, la empiezo a follar con él, pero como no me va muy bien, le acabo levantando el culo para ponerlo en pompa (casi a lo perrita) y ahora sí… Y ella empieza a remover el culo, y en eso que Didier me hace indicaciones viéndome la polla en posición de firmes y cambio dildo por polla que ella agradece y observo que a él le empieza a crecer su monstruo… total que cuando llevo un rato bombeándole a Laia su chocho, el cual está ya mojado, Didier me hace señas y nos intercambiamos, pero el coge otro dildo más grande, de unos 20 cm, y de un tirón se lo mete al tiempo que le azota con una mano el culo poniéndoselo como un tomate, y así follándola con el dildo oímos como intenta hablar mientras le caen las babas de comerse la polla del bozal, así que se lo quito y me grita: Polla ¡!!! Quiero polla ¡!! Y para que se calle le meto la mía en su boquita y empieza a devorármela mientras mueve su culito con el dildo con el que Didier no para de follarla hasta que se lo saca y la ensarta con su pollon y con un grito, cae de lado entre espasmos orgásmicos. Didier la voltea para ponerla boca arriba y mientras yo le vuelvo a meter mi pene en la boca, él le levanta las piernas y le inserta el suyo en su coño empezando a bombear como un poseso retronando sus huevos contra el charco del chocho de mi Laia hasta que entre arcadas de espasmos, se vuelve a correr entre gritos…

    Me estiro en la cama y poniéndome de lado junto a la espalda de Laia, la tanteo y todo son fluidos de su corrida, y sin apenas esfuerzo, le saco el plug y lo sustituyo con mi picha que entra como en túnel de metro. En eso que el cabron del francés, le levanta una pierna a Laia y agarrando su pollon lo friega arriba y debajo de su chocho que suena cual chapoteo… Le pregunto si esta cachonda y me responde que está muy guarra… Que es la puta del pollon francés… Y en eso, Didier hunde a cámara lenta su trancazo en su chocho y lo noto a través de su culo entrar estrujándome mi polla y Laia empieza a gritar y convulsionarse mientras salen chorros de su corrida que empapan al francés… yo no aguanto y me corro dentro de su culo, y al sacarle mi picha, le empieza a chorrear el semen…

    Didier saca el pollon del conejo de Laia y esta esboza un grito. Coge el bozal con dildo, y se lo vuelve a poner aunque intenta oponer resistencia pero son más las intenciones que los hechos, ya que las fuerzas la tienen abandonada. Le pega varios cachetes en las nalgas por su resistencia y le levanta el culo para volver a ponerla a cuatro patas cual perrita guarrilla. Yo me sitúo en la cabeza de Laia y mientras con una rodilla sobre la cadena que une sus muñecas le inmovilizo los brazos, con mis manos empiezo a acariciar sus grandes melones con algunos pellizcos a sus durísimos pezones. Didier veo que se dispone otra vez a follarla, pero esta vez sin compasión, con grandes chapoteos de sus huevos contra el pubis de Laia: plof, plof, plof… y entre pequeños alaridos (con el bozal no puede gritar), vuelve a correrse dos o tres veces antes de que el negro se saque el cipote y quitándole el bozal, se la meta en la boca en la que con gran dificultad apenas le cabe el glande, corriéndose dentro, y asombrado veo como con mucho deleite se come y saborea la leche del francés…, por primera vez, la de otro nabo que no es el mío y se deja caer recostada en la cama con temblores en las piernas. Yo, que se me ha puesto dura la picha otra vez con el espectáculo, me pongo entre sus piernas temblorosas y levantándolas miro de follar a Laia, pero mi pene entra sin tocar sus paredes vaginales de lo dilatada que la ha dejado, y tengo que desistir… el cabron del negro le ha reventado el coño.

    Capítulo 11: Una tarde relajada con Didier.

    Nos levantamos y vamos pasando por turnos por la ducha, y al acabar, ya cerca de las 15 h y con muchísima hambre, Didier saca de la nevera unas pizzas que hace en el microondas y abre una botella de champan. Comemos en la terraza mientras tomamos el sol, y al finalizar con un café, Didier nos pregunta por nuestros planes. Le comentamos que nuestra intención era haber ido otra vez a la fiesta de espuma (Mousse Party) hasta las 19 h, y salir ya para casa (ya que son 320 Km, y unas 3.15 horas)… Entonces Didier nos comenta si tenemos más vacaciones o el lunes ya trabajamos, y Laia le dice que tenemos más vacaciones, solo que nada más habíamos reservado en el camping para el fin de semana… Con cara picara, Didier nos propone quedarnos con él un día más y volver a Barcelona el lunes…

    Laia me mira con complicidad… está claro que Didier se la quiere follar más y ella también lo desea… así que accedo y Laia se cuelga de mi cuello dándome un gran morreo. Son las 16 h y como estamos reventados, nos vamos los tres a la cama poniéndose Laia en medio y cuando nos damos cuenta son las 19 h… Vaya siesta!!! Nos desperezamos y Didier nos comenta que vayamos al coche a recoger algunas cosas para cambiarnos y salir a cenar. Así que Laia se viste con el modelito del sábado noche y salimos. Al cabo de 45 minutos estamos de vuelta en el apartamento, con una maleta con la ropa para vestirnos.

    Didier le dice a Laia que hoy será una zorrilla y le da una bolsa… Nos quedamos extrañados, y entonces nos comenta que ella vestirá con lo que hay en la bolsa… Así que Didier y yo nos vestimos, por casualidad muy parecido: camisa blanca, tejanos y zapatos, y Laia abriendo la bolsa, exclama que uff, que es demasiado, pero Didier acariciándola un pecho con una mano y su coñito con la otra, la convence enseguida… A ver, el conjunto es un arnés de cuero de cuerpo entero, de cintas cruzadas que le enmarcan los pechos y su coñito, con un collar con una argolla del que cuelga una cinta para llevarla a rastras, después una faldita súper corta de unos 10 cm de largo, que apenas tapa visualmente su conejo por delante pero deja al descubierto todo su culo, y para acabar de vestirla más zorrona, le pone otra vez el bozal con polla en el interior de la boca y lo que la tiene más reticente: un plug de 4 cm de ancho (que ha de lubricar con vaselina y le cuesta meterse..) con una cola de caballo de 40 cm de largo… Total, que cuando Laia le consulta a Didier si se pone las sandalias que llevaba ayer o unas botas altas por encima de las rodillas, de cuero con plataforma de 5 cm y talones de 15 cm, evidentemente el francés escoge las botas… Ufff madre mía que pedazo de puta que parece Laia… Son las 20.30, hora de cenar o de follar, no me queda claro, y salimos por la puerta. Yo me guardo en un bolsillo una toalla pequeñita de microfibra del Decathlón, que es tan compacta que me cabe.

    Capítulo 12: Cena en Le Piment Vert.

    Atravesamos el Heliópolis y salimos a la zona de tiendas, sex-shops, restaurantes y paseo de Port Ambone. Didier lleva de la correa a Laia cual trofeo enseñándola y yo voy un poco por detrás de ellos dos, de forma que veo muchas caras (también algunas femeninas) que se giran para ver bien a Laia y observar su gran culo con la cola de zorra. Hay ambiente subido de tono, pero se observa menos gente que el sábado… algunos ya han marchado para sus casas. Llegamos a un restaurante llamado Piment Vert y pedimos mesa para tres, y hacemos cola. Tenemos 12 personas delante (un grupo de 6 y 3 parejas) y después de 20 minutos, entramos. Es hora punta. Nos llevan a una mesa y nos sentamos, poniéndome yo enfrente de ellos dos que se sientan en un sofá. Antes de sentarse Laia, saco la toalla y la pongo para que sus nalgas no toquen el sofá, tema de higiene, ya que su chocho lo tiene completamente expuesto… y coloca su cola de zorra (la del plug) hacia atrás, hacia su espalda y Didier le desabrocha el bozal.

    Vamos pidiendo platos con un vino y de tanto en tanto, Didier le pellizca un pezón a Laia o tirando de la cadena y un manotazo, la obliga a estar con las piernas bien abiertas… Al acabar, le ponemos otra vez el bozal y nos vamos caminando por las tiendas con todo el ambiente, aunque es cierto que es menor que el sábado noche… Didier pasea a Laia de la correa cual perrita y de repente una chica se le acerca y empieza a tocarle la cola de zorrita del plug, mientras con la otra mano levanta la minifaldilla y metiendo su mano debajo, estira los labios vaginales y oímos sus gemidos apagados por el bozal… A Laia se le ponen de punta los pezones e intuyo que está muy cachonda…

    Didier la estira de la correa y nos dirigimos por los pasillos de las tiendas hacia el cine.

  • El esclavo: Prólogo

    El esclavo: Prólogo

    Estaba conversando con mis tres mejores amigas de la preparatoria en la cafetería escolar.

    Era nuestro tiempo de descanso entre clases.

    Ellas, tan divertidas como siempre, no dejaban de pasar de un tema al otro sin antes reír mucho en el proceso. Se les ocurría cada cosa. Me la pasaba fenomenal y aprendía mucho sobre mujeres.

    Yo siempre me había juntado más con mujeres que con hombres.

    Desde la primaria. No era nuevo. Desde mi punto de vista las niñas eran limpias, educadas y bonitas; mientras que los niños me parecían sucios, abusivos y rara vez podía tener una conversación civilizada con un niño de mi edad. Cierto es que esto no es una ley, pero eso lo comprendí después.

    Cuando niño, otros compañeros de mi clase me llamaban gay y me molestaban por ser «afeminado» y no buscar problemas. Mi voz aguda de nueve años no ayudaba mucho.

    También en secundaria llegaron a pensar que era gay e igualmente hubo quienes se atrevieron a fastidiarme.

    Yo en mi mundo era feliz pues en la primaria había vivido mi etapa de tener novias, jugar con ellas, mandarnos cartas románticas y besarnos detrás de los salones. En la secundaria me rodeé de un grupo mixto de amigos con los que solíamos salir y de vez en cuando tenía un roce sexual con alguna de mis amigas. Un año después de graduarme de la secundaria, en una fiesta, besé a la que había sido la chica más atractiva de mi grupo en el juego de la botella, la cual llegó a ser parte de mi grupo cercano de amigos antes de eso y con la cual me seguí llevando después.

    Había tenido una buena vida respecto a experiencias, aun sin las que faltaban aun en mi lista mental. Tener a mujeres en mi vida y ser su amigo era la mejor cosa que podía sucederme.

    Ese día con mis amigas abordamos un tema que para muchos adolescentes y jóvenes representa un tabú, una prueba por superar o incluso lo más preciado en sus vidas: la virginidad.

    Mis amigas y yo no teníamos pena alguna para hablar sobre sexo. En quinto semestre de preparatoria, raro era seguir siendo virgen. Los estudiantes hacían fiestas de vez en cuando, se juntaban en los antros del pueblo cada fin de semana y gastaban mucho dinero en alcohol y diversión. Más aun en donde yo estaba, pues era una institución educativa privada; es decir: jóvenes ricos que quieren tener la experiencia de la vida sin preocuparse por otras cosas que a otros les ocupa. Mis amigas no eran la excepción.

    Yo por mi lado era introvertido, aplicado y tranquilo por lo menos en apariencia. Pues al menos en lo que a mi respecta, mi curiosidad por conocer el mundo y mis ganas de vivir muchas nuevas experiencias siempre fue tan grande como mi amor por mi madre.

    Por mucho tiempo fui considerado por otros, y con justa razón, como un «niño bueno».

    Eso era bueno y malo; porque me llevaba con todos sin distinción y tenía conocidos en los diferentes grupos que conformaban el programa… pero también había quienes buscaban problemas conmigo y tendían a provocarme. Afortunadamente para mí no era una mente débil, sino que pasaba de ellos y les daba por su lado. Eso me salvó durante la preparatoria.

    Como te imaginarás, mis amigas y yo éramos un contraste constante. Chicas populares y atractivas con un chico aplicado e introvertido.

    De cierto modo sabía que la amistad se basaba en un beneficio mutuo: ellas contaban conmigo para los trabajos y los favores, y yo contaba con ellas para los buenos ratos y las risas. Yo me juntaba con las populares y ellas tenían a alguien que estaba disponible para ellas en todo momento. Ya sé, me vendía a propósito… pero eso no me desagradaba en lo absoluto. Además, la relación fue evolucionando y pronto gané su confianza.

    Para mí ser parte de sus conversaciones o estar presente cuando las tuvieran era como estar justo al frente de la multitud en un concierto de Pink Floyd.

    Regresando a mis amigas; ellas no tenían un problema con la virginidad debido a que las tres tenían novio o habían tenido novio antes. Y aunque no los tuvieran, se podían contemplar sin falta a los candidatos dispuestos a hacer su lucha por el privilegio de pasar una velada con ellas. De hecho, al principio, yo era en secreto uno de ellos… la diferencia era que yo prefería tenerlas como amigas indefinidamente antes que buscar algo efímero.

    Una de ellas, la más alta y fit, me hizo la temida pregunta.

    – ¿Eres virgen?

    – No. -dije sin dudar.

    Pero a ella no le convencieron mis palabras, por alguna razón. Tal vez por mi manera de decirlo.

    – No te creo.

    – En serio.

    Y eso detonó el efecto contrario al que esperaba.

    – ¡No inventes, sí eres virgen!

    Me comió la pena.

    – Insisto, no lo soy.

    Ella solo sonreía más.

    – Ay güey, ya dilo. Eres virgen.

    Pero no cedí.

    – Está bien, no me creas.

    Ella se rio ante mí, sin ocultarlo.

    – Sí lo eres. Lo sé.

    Suspiré y no dije más.

    Ella se rio más.

    Me dolió que no me creyera. Yo creía en mis amigas a pesar de todo.

    Ella no presionó después de eso, lo cual agradezco inmensamente.

    Seguimos de largo y pasamos a otro tópico.

    La verdad detrás de esta historia es que, en efecto, era virgen a los casi dieciocho años de edad. Me aterrorizaba confesarlo, incluso me pesaba aceptarlo. Nada más que desde siempre me he considerado un buen mentiroso a pesar de mis valores intrínsecos, por eso me dolió en el ego que mi amiga no me creyera en ese momento.

    ¿Cómo era posible que a mi edad aun no hubiera tenido siquiera una relación sexual en forma con una mujer?

    ¿Cómo decirle a tu amiga sexy y popular que tú no has tenido intimidad de esa índole con una mujer en tu vida?

    Para mí era un conflicto. Sobre todo porque estaba consciente de mis propias cualidades, pero también porque sentía que no era capaz de acercarme a una mujer y decirle de frente: «me gustas y sería un honor para mí invitarte un café».

    Para mí, lo más cercano a un contacto sexual era ver a Riley Reid ocasionalmente en una pantalla.

    Era el mejor amigo de las populares y las mujeres lindas, pero no tenía nada de actividad sexual.

    Me tentaba el sexo y los placeres del contacto cuerpo a cuerpo, pero no me atrevía a hacer algo al respecto más que esperar que una mujer me viera como un compañero leal de travesuras y un amante digno de su atención.

    Valoraba el cariño y la confianza que una mujer depositaba en mí, pero me tragaba el deseo de acceder a la cancha de juego.

    Estaba dispuesto a complacer con dedicación y tacto a una mujer hasta el último de sus caprichos, pero no estaba dispuesto a pasar por el rechazo.

    Así, me gradué de la preparatoria siendo virgen.

    Pasaron dos años. Después de darme cuenta de que la ‘Licenciatura en Desarrollo Humano’ no era para mí y de afrontar que probablemente tomé la decisión más importante de mi vida con el enfoque equivocado, decidí dejar la universidad donde estaba en la capital del estado y regresar a mi pueblo natal.

    Dejé de vivir con roomies y regresé a la vida en familia, en mi caso: mi padre.

    Mis padres han estado separados desde que iniciaron la universidad, pues él estudió cerca de mi pueblo natal mientras que mi madre y yo estuvimos en la capital del país por cuatro años.

    Desde entonces el amor pasional que los unió en la adolescencia se enfrío y poco a poco fueron haciendo sus vidas por separado.

    Mi padre se casó posteriormente y tuvo a mi hermana: Isabela. Ella es doce años menor que yo. La amo.

    Mi madre estuvo en unión con un hombre italiano por más de diez años pero finalmente decidieron que buscaban cosas diferentes.

    Debido a lo anterior, vivir con mi padre era mi mejor opción, pues mi madre radicaba en la costa y se dedicaba a trabajar en un hotel caro para poder apoyarme económicamente.

    En mi pueblo natal, busqué la manera de ingresar a mi siguiente universidad; mi esperanza, en la cual estudiaría la ‘Licenciatura en la Enseñanza del Inglés’. Sería maestro de inglés.

    Esta vez estaba seguro de que ese título me abriría un mundo de posibilidades, sobre todo por la importancia del inglés hasta ese entonces.

    Pregunté por los requisitos y me enteré de que había que hacer un examen únicamente en inglés antes del examen de conocimiento general: el Toefl.

    Mi preocupación no era mayor, pues antes de eso ya había adquirido el idioma desde muy corta edad. Había llevado cursos privados y lo había llevado como asignatura en mis anteriores escuelas. Aun así, me preparé.

    El día de la prueba, entré allí con mucha confianza. Tomé el examen y lo completamos todos juntos en compañía de material auditivo.

    La cosa es que al final, más tarde que temprano, me di cuenta de mi error.

    Había completado solo dos de las tres fases del examen. Eso radicó en que interpreté el intervalo de tiempo dedicado a la segunda fase como un descanso. Cuando llegó el tiempo de la tercera fase yo hice apenas la segunda y el resto está de más explicarlo.

    Al regresar a casa, le comenté mi error a mi familia y tomé responsabilidad por ello, les aclaré tajantemente que volvería a hacer el examen pero que esta vez yo mismo lo pagaría.

    Y así fue. Volví a hacer todo el proceso con el pago que eso conllevó, estudié más y me presenté con más humildad y fe en mí mismo el día de la prueba.

    25 de mayo, 2019.

    Era tarde, a pocas horas del anochecer.

    Me encontraba sentado en una fila de cuatro sillas juntas en el pasillo.

    Mis manos no dejaban de palpar el folder azul de plástico que contenía mis documentos.

    Los aplicantes paseaban y esperaban mientras otros se relajaban para evitar el estrés o la ansiedad.

    Mi atención estaba en mis propios pensamientos.

    Me recordaba a mí mismo: ‘Todo estará bien’, ‘lo harás mejor esta vez’, ‘la confianza en lo que sabes es tu base’, ‘solo pon atención, no pierdas de vista tu enfoque y estarás del otro lado’.

    La universidad, en medio de una zona con humedales y bosque, con edificios pintados de azul y áreas verdes, era una joya que inspiraba una sensación de hogar para mí.

    Siempre había querido llegar a la universidad. Ese había sido mi plan desde que aprendí cómo funciona el gran esquema social de la vida. Todos mis años de dedicación al estudio estaban rindiendo frutos. Esta era mi oportunidad.

    Mis padres y mi familia me apoyaban para lograrlo. Creían en mí y en mi potencial.

    Desde mis principios todos en mi familia se habían propuesto educarme para valorar la educación sobre todas las cosas.

    Yo me sentía honrado de haber llegado hasta ese punto, a pesar de que la carga de un futuro mejor estaba totalmente sobre mis hombros.

    La universidad no solo representaba mi boleto a la vida laboral, sino una nueva etapa donde yo podía tomar mis propias decisiones como adulto legal y disfrutar la experiencia universitaria en toda su expresión. Nuevos amigos, nuevos retos y nuevas maneras de divertirnos era lo que mi corazón anhelaba.

    Ansiaba vivir cosas nuevas como nunca antes.

    En eso, alguien me sacó de mi profundo trance de pensamientos.

    – Hola. Perdóname, ¿te podría preguntar algo?

    Era una mujer, mayor que yo, pero joven e inusualmente encantadora, la cual estaba de pie frente a mi.

    – Claro. – respondí.

    Ella sonrió.

    Su alegría también era notable como un rasgo en su persona.

    – ¿Ésta información, debemos llenarla antes de entregarla? – preguntó señalando una sección específica en un documento el cual también yo había llenado.

    Le devolví la sonrisa.

    – Tranquila, ese dato nos lo proporcionan una vez dentro. – le comenté.

    Yo ya me había informado antes de eso.

    – Ah, muy bien. Excelente. Gracias. – dijo con confianza en mis palabras.

    – No hay problema. – contesté yo.

    Desconozco el motivo por el que, entre tantos aplicantes, ella decidió preguntarme a mí.

    Tal vez mi apariencia le resultó familiar o mi serenidad ante la situación fue un factor importante. El hecho es que nada fue igual después de eso.

    – ¿Podría sentarme aquí? – me preguntó indicando el asiento junto a mí.

    – Seguro.

    Se sentó y después de unos segundos decidí que no podía quedarme sin decir nada y propiciar un largo silencio incómodo. Así que le hice conversación.

    – ¿Cómo te llamas? – pregunté.

    – Gea. – respondió.

    – Oh, ¿cómo la diosa?

    – ¡Exacto!… ¿la conoces?

    – Tengo ciertos conocimientos. – dije con tono risueño.

    Ella también se notó más relajada.

    – Ya veo. Y tú, ¿cómo te llamas?

    – Andrés. – respondí.

    – Mucho gusto en conocerte, Andrés.

    – Lo mismo digo, Gea.

    Ella me hizo otra pregunta.

    – Dime, ¿eres de aquí?

    – Sí, aquí nací. – aseguré.

    – Muy bien.

    Gea me contó en seguida que es originaria de la capital del estado, una ciudad a una hora de la mía donde hace mucho calor.

    En mi pueblo por su lado el clima es frío y húmedo.

    – ¿Y de allá vienes para hacer el examen? – pregunté.

    – No. Estuve viviendo siete años en Chile. Me acabo de mudar con mi hija hace dos meses.

    – Ah, ¿tienes una hija? – pregunté curioso.

    – Sí, se llama Sara.

    – Genial, ¿y cuántos años tiene?

    – Trece. – dijo con orgullo.

    Una mujer mayor que yo con una hija, con experiencia que la respalda y mucho entusiasmo por la vida. En mi mente, conocerla estaba siendo muy interesante.

    – Que bien. Oye pues bienvenida, espero que las hayamos recibido bien. – dije cordialmente.

    – ¡Gracias!, que amable de tu parte. La verdad me he sentido bien aquí. Puedo decir lo mismo de Sara. Solo hoy me siento ansiosa por el examen.

    – ¿Por qué?, yo creo que no tienes que estarlo… ¿sabes inglés?

    – Sí. De hecho estuve en Inglaterra un año estudiando hace tiempo. También viví en Europa por siete años y pues como bien sabrás el inglés ha predominado como el idioma que todos manejan allá independientemente de dónde provengas. He consumido contenido en inglés toda mi vida. No tendría que dudar. La cosa es que nunca he hecho una prueba Toefl.

    – Verás que será una prueba superable para ti. Solo recuerda que tienes el conocimiento, no dudes de lo que sabes y estarás del otro lado.

    – Suenas muy seguro. – dijo.

    – Siempre me ha funcionado. – quise hacerle sentir la misma confianza que yo sentía en mí.

    Su sonrisa valió la pena.

    – Vale. Te creo. Eso haré.

    Y a partir de ese punto, no paramos de conversar hasta que inició la prueba.

    Ya al final de la misma, yo esperé a que ella saliera para despedirme apropiadamente.

    Caminamos por el pasillo y escaleras abajo pues la prueba fue llevada a cabo en el tercer piso del edificio principal.

    Camino abajo, me dispuse a pedirle su número.

    La manera en que intercambiamos números fue curiosa porque yo primero saqué mi celular de mi bolsillo para tener lista la aplicación de contactos cuando en eso ella tomó la iniciativa primero.

    Eso me gustó.

    – ¿Te gustaría darme tu número para seguir hablando?, por favor.

    – Claro. – respondí.

    Y acto seguido guardó mi número. Luego yo registré el de ella.

    Entonces la acompañé al estacionamiento de la universidad, donde había dejado su auto, y nos detuvimos donde nos despediríamos.

    Ya había anochecido y el lugar estaba muy silencioso. Pocos individuos estaban cerca.

    – Gracias por todo. No tengo amigos aquí y me gustaría poder salir, ¿sabes?

    – Seguro. Pues cuando gustes, puedo organizar mi tiempo para salir.

    – Va que va. Hablamos pronto. – me dijo.

    Y tomándome por sorpresa, me dio un abrazo sincero que significó para mí el inicio de una relación basada en aprecio por el otro, confianza y respeto mutuo.

    De inmediato no pude evitar entregarme a la experiencia y respondí al abrazo con la misma apertura y confianza.

    Fue el abrazo que marcó todo.

    Sentir el aroma de su cabello y la fragancia que impregnaba su ropa por primera vez fue fascinante. Sentirla cerca de mí, así como estábamos, era incomparable.

    Su calidez, su humanidad y la energía que me trasmitía me hicieron ver que trababa con una mujer que definitivamente valía la pena conocer. No había razones para no seguir viéndonos. Quería saber más de ella y no dudaba que querría, en algún momento, involucrarme con ella.

    Mi plan era conocerla y dejar que las cosas se dieran naturalmente.

    – Hablamos pronto. Cuídate. – le respondí.

    Luego subió a su automóvil, un Honda blanco con una franja negra en la parte inferior de los laterales, para arrancar y tomar su camino de regreso a casa.

    Tan pronto se fue ella, yo me fui caminando a tomar el transporte público.

    En el trayecto, iba reflexionando sobre lo sucedido y lo dichoso que me sentía por conocer a una mujer tan interesante que encima me parecía la encarnación viva de la divinidad femenina.

    En el transporte público, la canción Angels de Robbie Williams acompañaba mis pensamientos y me dieron la sensación de que mi vida estaba a punto de cambiar.

    Sus pecas y sus lentes negros adornaban su rostro como un marco adorna una obra maestra.

    Sus ojos cafés me atrapaban y me tomaban cautivo sin que la razón me detuviera.

    Sus labios delgados y rosas invitaban al pecado con cada palabra.

    Su cabello negro y la forma en que ella lo acomodaba pasando lo del frente hacia atrás con una mano y cómo caía suelto sobre sus hombros me fascinaba.

    Su piel blanca y tersa era como un mapa que yo deseaba explorar como un niño perdido.

    Su rostro fino y su anatomía delgada superaban a mi imaginación.

    Su personalidad rebosaba alegría y positividad.

    Su vibra era tan agradable que no hacía más que pensar cómo sería verla otra vez y convivir con ella en la universidad.

    Llegó el verano y no dudé en contactarla para preguntarle cómo había resultado en la prueba del Toefl y ver si podíamos acordar vernos.

    Su respuesta fue que sí aprobó la prueba y me alegré por ella. Le pregunté si deseaba salir y me respondió que no podía ese día pues tenía algo que hacer. Insistí un par de veces más, pero tampoco pudo, así que dejé que ella fuera la que me hablara si deseaba salir.

    Y el resto del verano, no nos vimos.

    Por un lado, me sentí decepcionado pues no habíamos logrado salir como en un principio dijimos y pensé que tal vez no quería tanto como yo. Tal vez solo era distraída.

    Tuve fe y esperé para ver si en la universidad las cosas eran distintas.

    Llegó el primer día y yo llegué, por causa propia, un par de clases tarde.

    Dentro de mí pedía porque no fuéramos a ver nada importante en el primer día.

    Cuando salieron del salón para ir a la cafetería antes de la siguiente hora, visualicé a Gea entre la multitud. Me acerqué a ella y llamé su atención.

    – Hola. – dije.

    Ella sonrió.

    – Hola. Qué gusto. ¿Cómo te va? – me preguntó con felicidad.

    – Todo tranquilo, ¿y a ti?

    Su ánimo es de la clase que te inspira a ser mejor cada día.

    – Muy bien, gracias.

    Caminamos juntos hasta la cafetería y nos sentamos a almorzar.

    Platicamos un poco de la vida diaria y escuchaba con interés cada detalle sobre sí misma que compartía conmigo. Me agradaba ser ese alguien con quien ella podía contar y que ella pudiera confiar en mi en vez de pasarla sola en un lugar donde hasta ese momento no tenía amigos. Le dedicaría mi tiempo y mi comprensión, compartiría con ella lo que sé y la apoyaría hasta el final. Sabía que ella haría más amigos además de mí, pero yo estaría dispuesto a serle leal y no darle su lugar en mi vida a nadie más.

    Yo ya presentía que me iba a enamorar pronto si no me detenía, pero quien me manda a mí a fijarme en una mujer mayor que yo. El hecho es que me parecía tan emocionante e interesante salir con una mujer madura y vivida que no me importaron las advertencias que me cerebro me mandó. Estaba lo suficientemente motivado como para llegar tan lejos como ella me lo permitiera.

    Así que mi plan era seguir con el juego durante un tiempo, conocerla lo suficiente y cuando llegara el momento adecuado… confesarle mi atracción.

    Tal vez hubiese resultado bien, pero no lo sabría hasta saber si ella me veía con los mismos ojos.

    Ella ya tenía una hija en la puerta de la adolescencia y yo descartaba por completo la idea de tener hijos algún día, así que por hijos no habría problema. Podríamos dedicar nuestro tiempo a amarnos, tener sexo tanto como quisiéramos y divertirnos juntos haciendo cosas de todo tipo. Ella me tendría a su disposición cuando quisiera y yo sería su compañero sumiso y obediente. Al menos en mi mente era la relación ideal.

    A mi me parecía divertida y excitante la idea.

    Sentía por ella una devoción y una admiración tal, que yo fácilmente podría haberme considerado de su propiedad sin ningún problema.

    Si ella hubiese querido robarme, yo habría dejado que me llevara en la parte de atrás de una camioneta y me dejara cautivo en un lugar secreto que solo ella conociese.

    Me habría entregado a ella en todas las formas en que un ser humano puede entregarse a alguien. Así como un esclavo se entrega a su amo, yo me habría entregado a mi ama.

    Desde que descubrí por primera vez la dominación femenina en internet, siempre anhelé tener una ama y sentir en carne propia lo que eso representa. Dedicar mi tiempo y mi energía para cuidar y consentir a una sola mujer que sea digna de convertirme en su servidor.

    Quería ser utilizado, subyugado y adiestrado por ella.

    Quería conocer su luz y su oscuridad, su bondad y su crueldad, sus más puros sentimientos y sus más impuros comportamientos. Quería conocer ambos rostros y dejarme poseer por ella. Quería ver qué tan lejos podía llegar cuando se trataba de abusar de mí y divertirse en la intimidad.

    Ahora tenía la oportunidad de amarla incondicionalmente, serle leal y ser su pequeño cómplice de travesuras.

    Era una idea disparatada para lo que comúnmente se considera aceptable en una sociedad, pero qué carajos, ¿qué tal si para mí el significado de la vida no es más que el de servir y adorar a una mujer que además venero y deseo?

    Lo que teníamos apenas era un cariño sin raíces profundas; sin embargo, la idea ya estaba en mi mente y no tenía nada que perder. Quería estar con ella sin importar cómo etiquetáramos nuestra relación.

    Sin que dicha persona lo supiera, me estaba reservando para alguien que representaba todo a lo que aspiraba en la vida. Y no podía emocionarme más.

    Continuará…

  • El crucero (01): Empieza el viaje

    El crucero (01): Empieza el viaje

    Sentados en uno de los bares cercanos al puerto, charlábamos como tres parejas de amigos que van a disfrutar de unas merecidas vacaciones. Nuri de rodillas junto a mí, acaricia su mejilla en mi brazo, mientras su mano se pierde bajo su falda, Zuleia nerviosa y excitada está satisfecha y orgullosa, ella lo ha gestionado todo desde su agencia, y ahora solo espera estar a la altura de las expectativas de su dueño que junto a ella bebe una cerveza bien fría mientras le pellizca suavemente uno de sus pezones. Y tú nerviosa, inquieta, empapada en sudor, por el calor y la tensión, solo puedes mirar aquí y allá, mientras Nuria juega con tus cabellos y no deja de mirarte, de tocarte, le encanta tu piel suave y tersa, desbrocha los botones de tu vestido, le gusta acariciarte los pechos, tus nalgas, disfrutar de este miedo y esta vergüenza que aun te sonroja cada vez que  ella te exhibe medio desnuda ante desconocidos, Nuria  cada día está más satisfecha de haberte comprado hace apenas un mes, lo recuerdas claramente, tu de rodillas mientras ellas hablaban de ti, negociaban tu precio, Luna le mostraba tus pechos, tu coño, tiraba de tus pezones, le enseñaba tus nalgas azotadas, y Nuria pensándoselo, decidiendo si merecías la pena, al final se quedó contigo a prueba, tendrás que ganarte el derecho a ser su esclava, aquel primer día de pie en el centro de la habitación, te estremecías con cada nuevo latigazo, con cada nueva marca que se dibujaba en tu culo, en tus nalgas, en tus pechos, mientras  entre lágrimas y gritos le suplicabas que te aceptase, querías ser su esclava, su perra, querías ser lo que  ella desease que tu fueses. Luna había sido un paso, pero Nuria era otra historia, una dueña mucho más dura y salvaje. Finalmente, medio desvanecida, sudorosa y con temblores en las piernas viste como dejo el látigo, se acercó a ti, puso su mano en tu coño y lo saco mojado, la zorrita se había corrido en pleno castigo, luego se limpió en tus mejillas, te beso en los labios y acepto adiestrarte y si te lo merecías, quizás al final quedarse contigo.

    El reloj sigue girando, terminamos ya con las bebidas, y tras pagar, vamos hacia la terminal, a medida que nos acercamos los nervios se hacen más y más patentes en vosotras, sobretodo en ti, la perrita novata del grupo, ves decenas de parejas, dueños y esclavas, amas y sumisos, grupos de todo tipo yendo hacia el mismo lugar algunos ríen, bromean, otros están nerviosos, inquietos, tu miras aquel barco no demasiado grande que asoma al fondo de tu mirada, se te hace un nudo en la garganta, solo de imaginar lo que te espera en su interior, te asusta y te excita, te hace temblar y desearlo, es tu alma sumisa que no deja de palpitar dentro de ti.

    Zuleia comenta que es un crucero temático como tantos otros, solo que en este, la temática es el BDSM, y los camarotes y todo el barco se ha acondicionado para albergar durante 5 días, todas las facetas y modalidades de esta manera de disfrutar del sexo y de la vida, el nombre con que han rebautizado el barco te hace sonreír “Justine”.

    Mientras andamos, recuerdas la última noche, encadenada, con tus brazos y patas separados, tus pezones pinzados,  tu piel estremeciéndose a cada nuevo azote, decenas de líneas enrojecidas llenando tu cuerpo, jadeabas cansada y dolorida, asustada y excitada., Nuria  tras disfrutar de tu dolor, de tus gritos y tus lágrimas, dejó la fusta y empezó a acariciarte, a besarte,  a mordisquear suavemente  tus pechos, tus pezones, le encanta jugar con tu deseo, con tu instinto de hembra sumisa. Tu mano disimuladamente acaricia tu entrepierna, te gusta recordar su mano entrando dentro de ti, masturbándote. Y tú con la boca abierta buscabas su lengua, sus besos. Sensual y marrana no dejabas de moverte, de mirarla, de relamerte los labios, de jadear. Te preguntó si te gustaría ir de crucero con ella, serías esclava a tiempo completo, una mascota dócil y obediente a quien ella ira moldeando y castigando a su gusto, te entregará a quien le apetezca y te llevará a límites que ni te imaginas. Tu apenas si la oías, sus dedos seguían jugando dentro de ti, sonrojada no podías evitar mojarle la mano con tus jugos de cerda en celo, ella sonreía mirando cómo te contorneabas todo lo que te permitían tus cadenas, jadeabas entre espasmos de deseo y placer, mientras te ofrecías entera a sus dedos, a sus caricias tensando a cada nuevo espasmo de placer  tus muñecas y tobillos doloridos y encadenados.

    No dudaste un instante, y entre gruñidos y jadeos dijiste que sí, una y mil veces sí, mientras, ella seguía recorriendo con sus manos cada centímetro de tu piel.  En aquel momento entró Nuri, sonrió al verte, -Hola Joanna, tú con tu piel brillando de sudor y deseo, con los azotes marcados en tus pechos, en tu vientre y en tus muslos, esbozaste una media sonrisa, mientras Nuria seguía con sus manos en tu cuerpo, con sus dedos dentro de ti, algunos en tu coño, otros en tu culo, sus labios recorrían tu piel, besaba tus pechos, mordisqueaba tus pezones. Luego te dejo, quedaste colgando de tus cadenas, exhausta y satisfecha, empezabas a pensar en este crucero al que has aceptado ir. Ya habían llegado Raül y Zuleia, era hora de cenar y de terminar de preparar los últimos detalles del viaje. Nuria te dio un beso largo e intenso, disfruto con su boca de tu labios, de tu paladar, de toda tu cara, y tras darte un par de bofetadas en tus mejillas quedaste sola y a oscuras mientras relamías con tu lengua el sabor de los besos de tu dueña, y te excitabas pensando en estas vacaciones en el mar  que te ha prometido.

    Oías como charlábamos, reíamos, y tras un rato que te pareció eterno,  escuchaste pasos que se acercaban, era Nuria, tenía ganas de ti, desatándote, te llevo hasta el comedor, allí a 4 patas, desnudas y azotadas Nuri y Zuleia se relamían los labios aun sucios y blancos de las vergas de Raül y Mia.  Nuria te puso a 4 patas, y sentándose frente a ti, abrió sus piernas, tu hocico se metió hasta el fondo de su sexo, ella te agarró por tus orejas y empezó a moverte, tu lamias, besabas al compás de aquellas manos que movían tu cara, te gusta oler el deseo de tu dueña, hacerla disfrutar  de tu boca y de tu lengua. Tras de ti, unas manos separaron tus patas, aferrándose a tus nalgas, querías girar la cara, ver quien era, pero Nuria no te dejo, tu hocico es suyo, y no pensaba renunciar a él. Gruñiste de dolor, cuando una verga entro hasta el fondo de tu culo, tus patas temblaban, mientras, debajo de ti, Zuleia y Nuri, jugaban con tus pechos, con tus tetas colgando y moviéndose al compás que marcaban tus dueños., Nuria no tardo en  correrse en tu boca, mientras por tus muslos rebosaba el placer de Raül, Zuleia corrió a lamer tu agujero, a beber este néctar que su dueño ha vaciado en ti, de una patada la aparte, ahora era mi turno, te hice levantar aún más el culo, a mí me apetece tu coño, y tú, dolorida y excitada, arqueaste tu lomo y te ofreciste a mi verga, mientras Nuri mordisqueaba tus pezones y tu sorbías y bebías del sexo de tu dueña. Te penetre sin problemas en tu sexo empapado y mojado, pedias a gritos ser follada, estabas tan excitada que te corriste al instante, la boca de Nuri seguía en uno de tus pechos, Zuleia relamía cada herida de tu lomo, de tus nalgas, y mis golpes de riñón hundían más y más tu hocico en el coño de Nuria que gruñía y se arqueaba de placer mientras te apretaba más y más contra su cuerpo.

    Al rato terminamos de gozar de ti, Nuria ya más relajada empezó a mearse en tu cara, en tu boca, de rodillas ante ella, con la boca abierta tragabas todo lo que podías, ella riendo apuntaba a tus labios, a tu cara sucia y traviesa, nos animó a Raúl y a mi, a mear a las perritas, y los tres fuimos bañándoos a las tres, Nuri y Zuleia, también se movían golosas buscando este chorro amarillo y caliente que apuntaba a sus cuerpo, y al final las tres terminasteis en el suelo, rebozadas en orina y semen, y la noche continuo durante horas, os hicimos chillar de dolor y de placer, os hicimos masturbaros entre vosotras, mientras el látigo mojado de orina, castigaba y salpicaba vuestros cuerpos, y al final, agotadas y exhaustas terminasteis dormidas en el suelo, soñando ya con este crucero, tu aun no lo sabes, pero mañana empieza, hace días que te apuntamos, Nuria nuca dudo de tu respuesta…

    Por la mañana, en el jardín, con la manguera os fuimos lavando a las tres, Nuria se entretenía poniendo el chorro dentro de tu agujero, el agua helada te hacía temblar mientras te agarrabas a ella, con tus dientes castañeando y tu piel tiritando. También Nuri y Zuleia temblaban y chillaban cuando Raül y yo nos encargábamos de ellas. Al final, limpias y sensuales, os dejamos vestir, Nuria te puso un vestido negro, ajustado a tus pechos y a tu culo, desabrochado hasta casi tu ombligo, te hizo girar, levanto la parte trasera y miro tu culo desnudo y azotado. Solo faltaba tu collar y una vez puesto, ya pudimos irnos todos hacia el puerto…

    Estamos llegando a la zona de embarque, mientras esperamos te fijas en una pareja que tenemos delante, ella  tira orgullosa de la correa de su perrito, y él nervioso solo puede mirar al suelo, intentado no excitarse aún más de lo que ya está, ella lo nota y con un par de correazos en su rabo destrempa al instante su verga, Nuri y Zuleia también están nerviosas, cada vez estamos mas cerca del mostrador de embarque, finalmente llegamos, una chica os recuerda vuestra decisión de ser esclavas sin más límite que el que vuestros dueños y amas decidan, también os comentan que si queréis, en cualquier momento, ahora, o durante el crucero podéis renunciar, sois esclavas por voluntad propia y solo vuestra voluntad os hace seguir siéndolo.

    Las tres ratificáis vuestra decisión,  orgullosas y excitadas firmáis los últimos papeles, Nuria se acerca a tu cara, y te da un beso largo y suave, tú te abrazas a ella, nota como tiemblas, como te estremeces, mientras oyes como el tampón con el sello oficial golpea el papel que acabas de firmar, seguimos adelante, y tras pasar los controles policiales, llegamos a una sala grande y vacía, aquí empieza el crucero, aquí dejáis de ser Nuri, Zuleia y Joanna, para ser tan solo parte de nuestro equipaje, trozos de carne listos para nuestro placer.

    Os hacen desnudar, tú dejas caer tu vestido, tu cuerpo solo luce las marcas de los últimos azotes, Nuri y Zuleia también desnudas esperan junto a decenas, centenares de esclavos y esclavas de todos los sexos, razas y edades. Un último beso de Nuria y junto con ella, Raül y yo nos vamos. Con un rotulador grueso van escribiendo en vuestros pechos el camarote al que pertenecéis, os ponen el collar negro, aun no sabes que significa, la mayoría lo llevan, aunque también se ven muchos de color rojo, y algunos de color azul. Te muerdes los labios, mientras uno de los trabajadores te retuerce uno de tus pezones y tira de ti, hasta una zona habilitada donde en grupos de 50, habéis de vaciar vuestro vientre, es hora de cagar, te agachas, estrujada entre decenas de esclavos y esclavas oyes el látigo silbar en el aire, no tenéis todo el día, aprietas todo lo que puedes, te cuesta hacerlo hacinada entre tantos desconocidos, finalmente oyes el plop, pero aun te espera una nueva humillación, cada una ha de limpiar con la lengua el culo del animal que tenga al lado, te aferras al culo de tu compañero, por suerte no está demasiado sucio, algunos vomitan, otros suplican, pero tú solo lames, una y otra vez, limpias sumisa cada rincón de aquel culo, tus manos aferradas a su cuerpo, notan como su verga se endurece más y más, pero no es el momento, ahora eres tu quien nota su lengua en tu agujero, te gusta cómo te limpia, como se entretiene en cada centímetro de tu piel, mientas sus manos aferran tus nalgas y sus dedos juegan con tu sexo. Al fondo ves a Nuri y Zuleia que se limpian entre ellas, no puedes evitar una sonrisa de satisfacción, tú has tenido más suerte que ellas, un chorro de agua helada os hace volver a la realidad, todos corréis fuera de esta zona, mientras un chorro limpia el suelo, y un nuevo grupo de animales entran a hacer sus necesidades sobre el suelo mojado.

    Empapada, esperas junto al resto de animales, el sol os seca, y convierte el agua helada en sudor, es verano y el calor es asfixiante, tetas, culos y rabos de todas las medidas, edades y colores esperáis en silencio. Traen las jaulas, no son muy grandes, y aun lo son menos cuando os dicen que en cada una han de caber dos animales, el chico con el que te has limpiado, te roza con su hombro, te mira, tú le sonríes y afirmas con la cabeza, te sonrojas como una quinceañera, te excita hacer algo prohibido, imaginarte disfrutando sin permiso de tu dueña, sabes que luego te castigará, y esto aún te calienta más.

    Primero lo entran a él, se ha de doblar, su lomo, su culo, quedan pegados a los hierros, luego te entran a ti, no cabes, no puedes entrar, te empujan, notas tus tetas pegadas a sus rodillas, tu cara en sus piernas, tu coño junto a su boca, los dos cuerpos doloridos y prensados quedan pegados cuando cierran la jaula. Apenas si puedes respirar, él pone sus brazos alrededor de tu cuerpo, y tú los tuyos en el suyo, ganáis algo de espacio, tampoco demasiado, ponen otra jaula sobre la vuestra, otras alrededor, poco a poco, la zona se va llenando de jaulas, el aire enrarecido cada vez es más caliente, más denso y asfixiante, el sudor gotea de jaula a jaula, y tu asustada, gritas y tiemblas en este encierro claustrofóbico y brutal, no eres la única, por todas partes se oyen gemidos, llantos, gritos. Tu compañero te acaricia como puede, tú le lames su verga, él acaricia tu culo, intenta besar tu vulva, aunque apenas si llega a ella, solo notas la punta de su lengua en tu sexo, el sol sigue asando las jaulas, por suerte de pronto unas mangueras van mojándolas, el agua refresca un poco vuestra situación, abres la boca, algo de agua bañada en sudor entra en tu garganta, también él puede beber un poco. Él te mira y doblándose un poco más consigue ahora si, lamer tu vulva, jugar con su lengua en tu sexo, notas como su verga engorda en tu boca, por un momento tienes miedo, no tienes permiso para disfrutar, para compartir estos instantes de placer, pero su lengua, su verga, sus manos, cada vez te toquetean más, por un momento te imaginas que os castigan juntos, que os hacen chillar y temblar, con vuestros cuerpos pegados y azotados, atados con su verga clavada dentro de ti, y su lengua enroscada en la tuya, tus pechos aplastados contra su cuerpo… con solo pensarlo, tu coño empapado se moja aún más, su verga llena por completo tu boca y se vacía en tu garganta, y tú, encastada en el sientes como un  placer intenso y profundo recorre cada centímetro de tu piel, te corres sin poderte mover, sin poder gemir, empapada de sudor y entregada a tu instinto y a tu imaginación.

    De pronto, una grúa empieza  a mover las cajas, va depositándolas en una cinta corredera que os acerca al barco, ponen la vuestra, avanzáis lentamente, notas el temblor y el  miedo de tu compañero, el también nota el tuyo, En pocos instantes el sol desaparece, solo la luz tenue de una de las bodegas del barco, ilumina una zona con decenas de cajas. Acabáis de embarcar.

  • Jammie: Siempre quise probar una verga grande

    Jammie: Siempre quise probar una verga grande

    Hace una semana recibí la llamada de una buena amiga de la que he hablado en muchas ocasiones y he escrito un relato de la primera vez que follamos. Esta linda mujer no es celosa y quizá porque conoce mi condición de soltero y promiscuo ella me ha conectado con algunas otras chicas e incluso su sobrina fue parte de uno de esos relatos. Me llama y me pregunta:

    – ¿No has recibido algún texto extraño últimamente?

    – ¿Cómo lo sabes? ¿Has sido tú la de la broma?

    En esa semana recibí algunos textos bastante sugerentes de un teléfono desconocido y solo me limité a contestar diciendo: ¿Nos conocemos? – Sugerentemente me contestó que no, pero que le encantaría conocerme y comerme de pie a cabeza. No le di mucha importancia e intuía que se trataba de alguna broma de alguien conocido, pero en esa llamada mi amiga Diana me daba a conocer que se trataba de una amiga que había conocido hace mucho tiempo en el gimnasio. Me contó que era una chica oriental de 35 años y que estaba casada con un médico 14 años mayor que ella. Me decía que no tenía problemas maritales, pero en esas pláticas de mujeres, ella le había confesado que el miembro de su esposo no pasaba de los ocho centímetros y que ella miraba en el porno todas esas vergas hermosas pero que ella nunca tuvo la suerte de encontrarse una con esas proporciones que idealizaba antes de casarse.

    Mi amiga me la describió y me había dicho que le había hablado de mí y que a ella le había parecido un hombre guapo a pesar de que aparento ya unas canas. Le había dado mi nombre y número de teléfono, pero no se había atrevido a llamarme y solo me coqueteaba por medio de textos. Su nombre es Jammie y el día que me volvió a enviar un texto sugestivo le contesté: ¡Si Jammie, solo visto unos bóxer azules en este momento! – Creo que se quedó paralizada cuando me referí a ella por su nombre y una hora después yo le enviaba un texto diciendo: – ¡No te asustes que no como! Aunque me gustaría comerme tu conchita… si es eso lo tu realmente buscas. -No recibí otro texto hasta horas de la noche y en este decía:

    – ¡Nunca he hecho nada así! ¡Nunca pensé que Diana te diera mi nombre!

    – Diana es una buena amiga, pero si no estás segura es mejor que dejemos de enviar textos.

    – Solo me gustaría que me enviaras una fotografía de tu miembro.

    – Disculpa, pero no hago sexting… si realmente la quieres ver, dime donde nos vemos y te doy permiso que hagas lo que quieras con ella.

    – ¡Está bien! ¿Podría ser en tu casa?

    – ¡No hay ningún problema! ¿Cuándo quieres venir?

    – Podría ser mañana si tienes tiempo.

    – Perfecto… mañana por la mañana te espero.

    Me había dado una hora específica y luego me enviaba una fotografía donde aparecía de medio cuerpo. Concordaba con mi amiga Diana, Jammie es una chica linda de cabello oscuro y lacio típico de esta gente oriental. Obviamente de ojos oscuros y achinados y una boca pequeña de labios medianos en su grosor. No podía juzgar su cuerpo en totalidad, pero según me decía Diana, era la típica mujer oriental de cuerpo esbelto, aunque recalcaba que tenía unos senos que ella consideraba eran el resultado de la cirugía plástica. Me eché a dormir contemplando el rostro de esta chica que me estaría follando la siguiente mañana.

    Exactamente 30 minutos de la hora indicada recibo un texto diciéndome que está en camino a mi casa. 20 minutos después me llama el guardia de seguridad de la colonia y autorizo que la hagan pasar. Mi casa es la primera pasando la entrada y en minutos sonaba el timbre. La hago pasar a la sala y me deslumbra con una silueta muy sensual, pues viste unos leggings negros, una blusa blanca, lleva poco maquillaje, pero realmente Jammie es radiante y muy jovial. No aparenta sus 35 años, honestamente luce mucho menor.

    Intuyo que está algo nerviosa, le ofrezco un té para que se relaje y le muestro la casa y desde las ventanas vemos los jardines. Por lo que me decía Diana sabía que en algo era tímida y para romper el hielo le pregunté:

    – ¿Ahora no me vas a preguntar que color de ropa interior visto? – ella sonríe.

    – ¿Qué color llevas?

    – ¡Ahora lo puedes descubrir por ti sola cuando quieras! -vuelve a sonreír.

    Jammie tiene una altura de un metro sesenta y quizá pesará unas 125 a 130 libras. Es de ademanes delicados y como toda mujer se mira que se ocupa de mantener una buena figura. Sus pechos no eran los usuales en un típico cuerpo como este y quizá Diana tenía razón, debían ser el resultado de la cirugía plástica, pero su trasero era acorde a su sensual figura y este sino era muy pronunciado, era lo suficiente para lucir un jean y hacer voltear las miradas. En esos leggings negros podía ver como se pegaba a su conchita y pensé que no llevaba panti, pues no se notaba el relieve. Ella se tomó el té y yo terminé con unas cuantas onzas de jugo de toronja que me había servido cuando le dije:

    – ¿Quieres pasar a conocer mi habitación?

    – ¡Por supuesto… me gustaría!

    Era como decirle: ¿Quieres pasar a que te coja? – Y su respuesta era igual a decir: ¡Estoy lista para que me folles… a eso he venido! – Subimos las escaleras y en minutos entramos a mi habitación. Las ventanas estaban abiertas y desde ahí se puede ver el río que pasa atrás de mi casa. Ella me dijo:

    – ¡Tienes bonita vista! ¡Qué bonito paisaje!

    – Creo que nos más lindo y bello de lo que tengo frente de mí. -le dije y ella sonrió tímidamente.

    Me le acerqué y le di un beso por sobre los labios y luego nos comenzamos a besar apasionadamente. A Jammie le gustan los besos apasionados y prolongados y estuvimos por unos minutos saboreando nuestras lenguas. Sentí sus pechos en contra el mío y puse por primera vez mis manos por sobre sus glúteos y comencé a masajearlos. Ella tomó la iniciativa de removerme la camisa polo y mientras lo hacía me besaba la espalda y los pectorales y no sé si es tradición de esta gente oriental, pero usan mucho las manos. Jammie me tocaba de una forma muy delicada todo mi cuerpo. Yo hice lo propio y le removí su blusa y el sostén. Toqué sus pechos y descubrí que Diana y yo estábamos equivocados, eran naturales y aunque no eran solidos como los de una jovenzuela, los tenía muy bien conservados. Lo que me llamó la atención fue su pezón, el tamaño era descomunal, redondos como una moneda de 25 centavos y los comencé a mamar.

    Nos fuimos por sobre la cama, yo a un lado de ella y Jammie comenzó a gemir del placer y miraba como su piel pálida se erizaba. Su abdomen plano me invitó a meter mi lengua en su ombligo mientras me di a la tarea de bajarle sus leggings con su asistencia, pues estos están ceñidos a su piel. También me equivocaba, llevaba una tanga negra, pero de esas que no tienen relieves y más parecía ser parte de su piel, solo que al igual que sus leggings, eran de color negro. No tenía tatuajes, ni imperfecciones en su piel, lo único que noté fueron un par de lunares en su entrepierna. Yo mismo me quité el pantalón y me quedé tan solo con unos calzoncillos estilo bikini de un color blanco semi transparente. Literalmente se me puede ver mi verga con esa tela, pero por el momento Jammie no la veía debido a su posición sobre la cama. Me gustaba el aroma de su piel y por mi experiencia con chicas orientales, estas chicas son entregadas al sexo y cuando te lo van a dar, de verdad lo entregan todo.

    Removí su tanga negra que se comenzaba a mojar y descubría una conchita más grande de las que había divisado en mis experiencias anteriores con chicas de esta descendencia, de labios gruesos y un clítoris expuesto. La tenía depilada, con solo un arbusto de vello púbico por sobre su conchita. Me iba a dirigir hacia ella, pero al solo posar mis labios por sobre los labios de su vulva, Jammie me dijo: -Tony, espera… deja que yo me coma tu verga primero y te prometo que después puedes hacer conmigo lo que quieras.

    Ella no fue directo a mi verga, Jammie fue recorriendo lenta y delicadamente mi cuerpo. Con su lengua me masajeaba mi cuerpo, me hacía sentir esos pezones recorriendo mis pectorales y abdomen, me besaba las entrepiernas y con su cabello grueso y oscuro, lo tomaba como un pincel y lo frotaba por mi abdomen y testículos. Y en esos momentos ella me dijo: ¡Tienes una hermosa verga! – Era imposible que se la tragara toda, pero su lucha hizo, aunque debo rescatar que lo más rico del sexo oral de esta chica, fue ese masaje que a la vez le hacía a mis huevos y perineo. Saben jugar con ello, y lo hacen con tanta delicadeza que realmente lo quieren a uno hacer disfrutarlo. Me la mamó por unos diez o doce minutos y cuando subió al nivel de mi rostro le di la vuelta y era ahora era yo el que estaba por sobre ella.

    Le recorrí cada milímetro de su delgado cuerpo y le dediqué un buen tiempo a masajear con mi lengua su cuello. Su piel se erizaba mientras ella seguía con sus manos y usando sus uñas delicadamente por sobre mis glúteos. Bajé de nuevo a sus dos ricas tetas y mordiscaba esos preciosos pezones y me pidió que lo hiciera suave, pues es muy sensitiva. Bajé hasta su sexo y sentí un aroma a frutas, quizá a fresas y me sorprendí de que le supiera dulce, luego descubriría el hilo que sostenía ese dulce. Ella me pidió que lo sacara pues no debería estar ahí más de dos horas por seguridad. Me dediqué a chupar su conchita con ese aroma y sabor a fresas y me estaba dando tanto gusto, pero ella me interrumpió diciendo: ¡Méteme la verga Tony, me vas hacer acabar!

    Solo tenía unos cinco minutos de chuparle la conchita y quería seguir haciéndolo, pero para mí las mujeres en la cama mandan y me incorporé y le puse mi glande a la entrada y se lo sumí lentamente, pues a pesar de que esta chica oriental era más alta que con las que había estado, no dejaba de ser delgada y no quería causarle daño. Ella me lo aprobó diciendo: -Así, lento… suavecito. ¡Qué rica verga tienes! – Se sentía apretada y aunque lentamente se la iba metiendo, llega el punto que uno ya no puede empujarla sin causar dolor en el intento. Esta mujer solo ha experimentado con vergas de 8 a 9 centímetros y aquí tenía una de 23. Si ven esa foto de perfil en este medio, esa es mi verga y, se la comencé a mover lentamente calculando no hacerle daño. Cuando tomó el ritmo y sabía que tanto empujar, comenzó el taladreo y embestidas constantes en donde solo oía gemir a Jammie. Ella era participativa en ese vaivén frenético y fue cuando ella me dijo: Me vas a hacer acabar… dame, dame así… no pares, no pares que me corro. -Le di por varios minutos hasta verla anunciando un segundo orgasmo que le hicieron temblar las piernas y cerrar de nuevo los ojos y este parecía más potente que el primero, pues sentía como me apretaba su vagina la verga que a los minutos me hizo fruncir los testículos y le llené su conchita de mi leche. Me abrazó como si del amor de su vida se tratara, me dio un beso en la boca y me quedó mirando con sus dos ojos negros achinados y me dijo: ¡Que rico coges… me hiciste acabar tan rico las tres veces!

    Pensé que solo habían sido dos, y eso es lo que me gusta de las mujeres, ese privilegio de tener orgasmos múltiples. Me pidió si podíamos ir darnos una ducha y salimos ambos desnudos y ella me seguía masajeando el cuerpo con sus manos como en un principio. Me medía con sus dos manos la verga cuando nos bañábamos y fue cuando ella me preguntaba:

    – ¿Coge rico Diana?

    – Jammie, no me gusta hablar de mis relaciones con otras chicas.

    – Solo quiero saber si coge más rico que yo.

    – No te preocupes de eso… tu coges rico… me gusta como coges.

    – ¿Hay algo que quieras en especial conmigo? -me preguntó de la nada.

    – ¡Me gustaría comerme tu trasero! -le dije.

    – ¿comértelo o cogértelo?

    – ¿A qué estás dispuesta?

    – ¡A lo que tú quieras! – me contestó.

    En el baño mientras nos caía agua le comencé a mamar los pechos de nuevo. Bajé a sus glúteos y se los comencé a besar. Luego de repente me encontraba lamiendo en medio de sus nalgas hasta llegar a su ojete el cual por la sensación lo contraía. Le pregunté:

    – ¿Lo has hecho anteriormente?

    – Si… pero no con pollas como la tuya.

    – ¿Lo quieres realmente intentar?

    – Si… quiero saber que se siente tener una verga así de grande adentro de mi culo.

    En el baño mientras le chupaba el ojete le había metido hasta dos dedos y aunque al principio se quejó del dolor, lo había asimilado. Se puso en contra de la pared del baño y le puse mi glande ensalivado por sobre su ojete. Ella me animaba sensualmente diciendo y no muchas mujeres te incentivan para que les rompan el culo, pero Jammie me decía: -Si mi amor, méteme esa verga en el culo, quiero sentir esa verga adentro de mi… rómpeme el culo cariño. – Fue un tanto difícil al principio que lo sostuviera y aunque parecía que se quejaba del dolor, ella seguía incentivándome con sus palabras melosas y llenas de mucho morbo: ¡Uf… que rico, que verga más rica tienes!

    Al principio fui cuidadoso con tomar velocidad, pero era esta chica la que empujaba sus nalgas hacia atrás al punto que mis 23 centímetros estaban adentro de ese reducido culo. Se la saqué completamente toda y miraba como le quedaba de abierto. Le di una escupida a su ojete abierto y se la dejé ir de nuevo. Con los minutos eran embestidas que se escuchaba ese cacheteo de sus nalgas y mi pelvis. Jammie se masturbaba mientras yo la sodomizaba y volvía a encontrar la gloria de nuevo. No se pudo sostener con sus piernas y yo le he tomado por sus muslos sin parar ese ajetreo y parecía que se había vuelto loca: ¡Dame, dame, dame… así, no pares…

    Jammie gritaba de la excitación, a veces parecía que lloraba, jadeaba que parecía dejaría de respirar y con todo aquel ruido y todo aquel movimiento le dejé ir la segunda corrida en el culo. Le saqué la verga hasta que esta se había puesto flácida. Nos sentamos ambos en el baño intentando recuperar la respiración y luego ella me dijo:

    – ¡Nunca me habían culeado así con esas ganas, ni nunca me había corrido varias veces como lo he hecho hoy!

    – ¡Gracias por hacerme sentir bien!

    – Realmente sabes coger… sabes lo que una mujer quiere.

    – Realmente querías que te cogiera el culo.

    – Lo deseaba… desde que vi esa hermosa verga que tienes, me imaginé que me la metías por detrás.

    – ¿Te gusta entonces el sexo anal?

    – ¡Me fascina! Y esa verga que tienes si que se siente rica entrando y saliendo.

    – Entonces bañémonos y preparémonos para otro round.

    – ¡Me sorprendes! Con tu edad, muchos jóvenes quisieran tener el vigor que tú tienes. Y no solo se trata de que estas bien equipado, pero sabes cómo usar esa herramienta.

    – ¿Eso es lo que crees?

    – Estoy segura… nunca nadie me había cogido así… ¿Te puedo pedir algo?

    – Dime.

    – ¿Pudiera ser que cogiéramos así al menos una vez por mes?

    – Cuando te le puedas escapar a tu marido. -le dije.

    – Por mí, me le escapo a cada semana, pero tus demás amigas…

    – ¿Mis amigas?

    – Si… Diana por ejemplo y estoy segura de que por ahí habrá otra.

    – No te preocupes de eso… tu llámame y se va dar se va a dar.

    Terminamos con una faena de cuatro polvos de los míos, pues orgasmos de esta chica oriental yo realmente no supe cuántos fueron. Estas son las sorpresas que de vez en cuando me llevó y no sé si Jammie adrede olvidó su panti a un lado de mi cama, pero recuerdo haberla visto subiéndose uno cuando se vestía. Levanté su calzoncito con mis dedos, los abrí y volví a sentir ese aroma a fresas que le había dejado.

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  • Buena chica (Parte 2)

    Buena chica (Parte 2)

    La noche que Ernesto tuvo la primera cita con su esposa ella no paró de hablar.

    Él escuchaba pacientemente, aparentando interés a lo que ella le iba contando. Se conocieron en una de esas webs para ligar. Estuvieron chateando y mandándose mensajes varias semanas hasta que decidieron conocerse.

    A él le llamó la atención desde el principio su foto de perfil. Esa cara de niña buena empollona con gafas, inocente y angelical. Nunca le confesó a su mujer que cada vez que acababan de chatear él se hacía una paja con esa foto de su cara. Se corría en esa carita tan fuerte que tenía que volver a imprimir la foto después de cada paja.

    Mientras, esa noche, ella no paraba de hablar de sus movidas, de su familia, de su trabajo, de sus miserias, del dinero de sus padres, sus peleas con sus hermanos… él simplemente la miraba a la cara y se la imaginaba llena de semen, relamiéndose como una puta.

    Y así acabó ella aquella noche. De rodillas con su carita llena de la corrida de su futuro marido.

    La calenturienta mente de Ernesto no habría podido imaginar lo zorra que ella podría ser. Se la folló en su apartamento de todas las maneras posibles. Le dijo todas las guarradas imaginables. Debajo de esa aura de chica angelical, de esa pinta de buena chica que nunca ha roto un plato, de ese aspecto de futura mamá modelo, había una puta sumisa deseando ser usada de las maneras más vulgares. Ella no tenía la iniciativa en nada. Pero se dejaba hacer absolutamente todo.

    Fue un flechazo absoluto y se casaron unos meses después.

    A ojos de todos eran una pareja normal y feliz. Y así eran la verdad. Normales para afuera y un volcán en erupción en la intimidad.

    Aunque los años fueron pasando. Y con los años llegaron los niños, las rutinas, la monotonía, el aburrimiento. Así que después de seis años de hacer todo tipo de perversiones a Ernesto ya no le ponía tan cachondo que su mujer fuera un poco guarra. Empezó a frecuentar prostíbulos de nuevo, como antes de conocerla. Se abrió una cuenta en una App de citas y follaba con cualquiera que se le pusiera a tiro. Ella no se enteraba de nada. Y si lo hacía no le importaba. Después de parir tres hijos a ella le quedaban ya pocas ganas de follar. Mucho menos de que la ataran al cabecero de la cama. Se le pasó el fulgor sexual. Dejó pronto su trabajo y se dedicó a los críos.

    Con el sueldo de mierda de Ernesto no les daba para vivir. Pero los padres de ella tenían dinero y les ayudaban constantemente. Un par de hotelitos en la costa daban para mantener a toda la familia. No es que fueran ricos, pero había suficiente para mantenerse ellos y a sus nietos. Si no fuera por eso, Ernesto la habría dejado hace tiempo.

    Paradójicamente, odiaba a las pijas buenorras que se casaban con sus maridos por dinero, como Rosana. Pero la verdad es que él se quedaba con su esposa por esa única razón.

    Era un mantenido.

    Si se hubiera parado un segundo a pensar un poco se habría dado cuenta de que la verdadera razón por la que odiaba a ese tipo de mujer era porque no tenían el más mínimo interés de acostarse con él.

    Con todo su matrimonio fue un perfecto entrenamiento para él y sus más bajos deseos. Unos buenos años de prácticas. Él ya era dominante de serie. Pero aprendió muchas cosas con su esposa, a encontrar los botones que había que presionar y en qué momento para que una mujer así estuviera completamente entregada y sumisa. Y sobre todo aprendió a detectar que mujeres necesitaban ser usadas en la cama, incluso aunque ellas no lo supieran. Desarrolló un sexto sentido para eso. Un olfato depredador casi infalible.

    Gracias a la App de citas y aplicaciones parecidas no le costaba demasiado encontrar lo que buscaba. Tampoco es que él fuera un adonis irresistible. Pero cierto tipo de mujeres le encontraban atractivo. Activaba ciertos resortes en muchas de ellas. No le sorprendió demasiado que la mayoría de sus conquistas fueran mujeres casadas. Casadas e insatisfechas en la cama, con maridos que estaban muy lejos de poder darles lo que ellas en secreto deseaban. Nunca se lo dirían a sus esposos. Pero Ernesto podía olerlo a kilómetros. Y la verdad aún le excitaba más hacerlo con las que aparentaban ser esposas modelo. Nada le ponía más cachondo que ver las fotos de sus maridos en sus redes sociales justo antes de follárselas de las maneras más guarras y perversas. Además, eran más discretas y no tenía que andar preocupándose de que se volvieran locas y le montaran algún numerito. No es que su mujer le importara un carajo. Pero si el limitado dinero que les proporcionaba su familia.

    Y llegó Rosana a la oficina.

    Ernesto se obsesionó con ella desde el primer minuto. Hacía años que no mantenía contacto alguno con el marido de ella, bueno nunca realmente había tenido contacto con él, pero si que le seguía la pista. Le tenía bastante manía en realidad. Casi cierto odio. Era todo lo que no era él. Rico, exitoso, casado con una hembra como Rosana.

    Algunos antiguos compañeros de facultad si tenían cierta relación con el maridito y alguna vez que se habían visto hablaban de la vida de todos. Uno de sus antiguos compañeros hasta fue a la boda y les enseño algunas fotos. El capullo estaba medio orgulloso de ser su amigo. Patético. Cuando Ernesto vio las fotos de Rosana, espectacular en su vestido de boda, un ramalazo de ira le recorrió todo el cuerpo. Le parecía de coña que ese capullo se hubiera casado con semejante mujer. Era el más listo de la facultad sin duda. Pero estaba muy lejos de ser el tipo más popular entre las hembras. Tampoco Ernesto lo era la verdad. Pero claro. Las cosas le fueron bien. El cabrón se había hecho asquerosamente rico. Y una mujer como Rosana se había casado con él. Bastardo hijo de puta.

    Así que ese día en la oficina la reconoció enseguida. Estaba más mayor claro. Pero aún tremenda. Se preguntaba que cojones hacía en esa oficina de mierda. Su marido tenía dinero de sobra para que ella se pasara la vida tocándose el coño. O la podría haber enchufado en cualquier otro sitio mejor. Pero imaginaba que ella quería verse a sí misma como una mujer independiente. Como si no necesitara a su esposo rico. Como si no se hubiera casado con él por su dinero.

    Ernesto se obsesionó con ella desde el primer minuto. Rubia, prieta, guapa, sexy, encantadora y decentemente casada con ese puto gilipollas.

    Su sexto sentido se disparó a la mil. Podía olerla. Podía sentir lo que ella necesitaba. No tenía ninguna duda. Rosana necesitaba mucho más de lo que le daba su esposo. En su enfermiza mente eso era una absoluta certeza.

    Pero estaba claro que ella no tenía ningún interés en un tipo como él. Ni lo tendría en su puta vida. Había hecho sus intentos de aproximación. Pero para ella ni existía. Cada vez que se volvían a cruzar en alguna reunión o evento ella volvía a preguntarle su nombre. Ni se acordaba de él. Para una mujer como Rosana los tipos como Ernesto ni existían. La deseaba con todas sus fuerzas y la odiaba por su constante desprecio. Zorra.

    La noche que la grabó follando con Rodrigo no fue más que una casualidad. Un giro del destino. El subía a esa sala a recoger algo que se había dejado. Y se los encontró allí. Morreándose. Empezando a meterse mano. Saco su móvil instintivamente y se puso a grabarlos. A escondidas. Sin ninguna intención específica. La de pajas que se haría después viendo ese video. Deseando ser él el que se corriera en su cara. Ya sabía él que era una puta.

    Ni de lejos pensó en ese momento en chantajearla con el video. Pero los días fueron pasando y su obsesión por ella crecía. Lo primero que hacía cada mañana era pajearse viendo a Rosana con la cara llena de leche. Estaba tan caliente que hasta se folló a su mujer una noche que los críos se acostaron pronto. Se corrió en su cara claro. Se quedó mirando un buen rato la cara de su esposa llena de lefa. No era Rosana ni se le parecía. Era la misma puta cara que llevaba viendo desde hace demasiados años. Si no hubiera sido porque era un desgraciado, sin el dinero de su mujer no tendría donde caerse muerto, esa misma noche se habría largado de casa.

    En vez de eso le mandó el chantaje a Rosana.

    No pensó demasiado en como saldrían las cosas o las posibles consecuencias. Estaba cegado por la calentura. Escribió y reescribió cada texto que le mandaba meticulosamente. Planeo en su cabeza cada movimiento y cada posible escenario. Y, en realidad, cuando ella le mando la primera foto de sus tetas no se lo podía creer. Había funcionado. La zorra de Rosana cedió a su chantaje. En su vida había estado más cachondo.

    Luego siguieron el resto de fotos. Y después la noche de la oficina cuando se corrió en su cara. Nunca pensó que ella se pondría de rodillas aquella noche. Pero vaya si lo hizo. En apenas unos días Rosana se había convertido en su fantasía de dominación llevada al extremo. La mujer mas tremenda que había visto en su vida estaba a su merced. Y contra su voluntad, lo que aún ponía más cachondo a Ernesto. Se dio cuenta rápidamente que ella haría cualquier cosa con tal de que su marido no se enterará. Cualquier cosa.

    Dos semanas después de correrse en la cara de Rosana, mientras ella hablaba con su marido, la obligó a salir con él a un bar de copas. Quería que le vieran con ella. Sentir que era de su propiedad. Dar envidia al resto de babosos que hubiera en el primer garito de mierda que se metieran. Que vieran el pedazo de hembra que poseía. Era suya.

    Por supuesto ella se negó en rotundo. Pero en cuanto la amenazó de nuevo con mandarle los videos a su marido volvió a doblegarse. Haría cualquier cosa.

    Incluso el eligió la ropa que llevaría esa noche. Por supuesto lo más puta posible. Con un vestido rojo pegado a su piel y apenas unos centímetros por debajo de sus bragas. Un escotazo tremendo medio enseñando las tetas y unos tacones que alargaban, sus ya de por si, interminables piernas. Como siempre ya había planeado todo durante días en su cabeza. Cuando le diera la gana la sacaría del bar, la metería en el coche y haría que le chupara la polla.

    Quería ir poco a poco doblegándola. Aún no era el momento de follársela. Lo siguiente era una buena mamada.

    Eligió un bar cualquiera en el centro de la ciudad y llego un poco antes de lo previsto. Cuando ella entró por la puerta se le puso tiesa inmediatamente. Estaba impresionante. Ni un solo tipo en todo el bar pudo evitar girar la cabeza mientras se dirigía hacia él. Y era toda suya. No podía esperar el momento de salir del garito con ella mientras todos los hombres le mirarán con envidia. Sabiendo que será él, esta vez, el que se lleva a la mujer más increíble. Será él al que semejante zorra le va a comer las pelotas en su coche. Él. Y no cualquier mierdecilla ricachón que no sabe como tratar a una mujer como ella.

    Pero cada cosa a su tiempo.

    Por supuesto no fue una velada romántica ni nada por el estilo. Ella le mostraba su desprecio desde que se sentó a su lado. Y eso a Ernesto aún le ponía más caliente. Le odiaba. Le daba asco y no lo disimulaba. Pero en un rato iba a estar comiéndole la polla. Rosana bebía gin tonics uno detrás de otro. Casi desesperada. Él se controlaba un poco más. Quería estar despejado. Prácticamente no hablaban. Que se iban a decir. Sólo bebían. Hasta que ella ya medio borracha empezó a desquitarse.

    – No eres más que una mierda patética. Un chantajista de mierda.

    – Una mierda patética que se corrió el otro día en tu cara. No lo olvides. Empieza a tocarme las pelotas que me hables así, vamos a tener que corregir eso.

    – Y si no ¿qué harás? Ah claro, mandarle los putos videos a mi marido.

    – Ya sabes lo que hay.

    – ¿Para que todo este paripé? ¿Qué cojones quieres? ¿Por qué no me follas de una vez y me dejas en paz?

    – No tengo prisa.

    – ¿No es eso lo que quieres? Joder la tienes tiesa desde que he entrado por la puerta.

    Ha llegado el momento de largarse de allí. Aunque ha disfrutado cada segundo ahora viene lo bueno. Ojalá ella se resista al principio. Como suele hacer. Sólo de pensarlo le entran ganas de correrse.

    – Voy a bajar un momento al baño. Espero que cuando suba estés un poco más calmada.

    Ernesto baja las escaleras. Está exultante. En cuanto suba de vuelta se va a llevar a Rosana del bar, la va a meter en el coche y va a buscar un sitio apartado para meterle la polla en la boca. Al fin y al cabo, es ella la que no quiere paripé. Pues irá directo al asunto. Maldita zorra de mierda.

    Echa una buena meada en uno de los urinarios. Tiene que concentrase un poco para que se le baje la erección y poder mear a gusto. Un tipo que estaba a su lado se va y se queda sólo en los baños. Acaba y se sacude la polla. Justo cuando va a metérsela en el pantalón una mano la agarra por el brazo.

    – Vamos a acabar con esto de una puta vez. – Le dice Rosana.

    Ella le empuja con fuerza y le mete en uno de los baños con puerta. El sigue con la polla fuera. Está en shock. No se esperaba nada ni remotamente parecido a esto. Cierra la puerta detrás de ella. Le agarra la polla y empieza a meneársela con fuerza mientras le mira a la cara.

    – ¿Es esto lo que quieres no? ¿Quieres que te la chupe? ¿Romperme el culo? Si no mandarás los putos videos ¿no?

    Le sube la piel arriba y abajo. Él está en silencio, no sabe que decir. Ella se la menea. Toda su gorda verga en la mano. Arriba y abajo. Sin descanso. Fuerte. Rápido. Rosana se sienta en el asqueroso retrete. Se pone la polla a la altura de su cara. Como el otro día el olor a rabo la golpea de lleno mientras le sigue pajeando. Se mete la polla dura en la boca. Se la chupa como loca, como una auténtica guarra. Sabe hacer buenas mamadas, eso seguro. Se la mete hasta las pelotas y la vuelve a sacar. Le ensaliva toda la verga y vuelta a empezar. Le agarra los huevos con la mano y los estira arriba y abajo.

    – ¿Esto es lo que quieres hijo de la gran puta?

    Ahora se mete los huevos en la boca. Los chupa mientras le menea la polla. No deja de mirarle a la cara. Se oye gente que entra en los baños. Risas. Gritos. Ella sigue mamando.

    Se da golpes de polla en la cara. Se la restriega por las mejillas.

    Se levanta. Le da un morreo húmedo y largo mientras sigue sacudiéndole la verga. Masajeando sus pelotas.

    – Ahora vas a follarme cabronazo. Como a una vulgar putilla en los baños de un bar de mierda.

    Ella se quita las bragas. Se da la vuelta y levanta su falda. Apoya sus brazos en la tapa del retrete. Le ofrece su culo en pompa como una perra en celo. Su coño es todo para él. Listo para su polla.

    – Vamos he dicho que me folles.

    Ernesto tiene a la mujer más impresionante que ha visto en su vida pidiendo que se la folle, prácticamente a cuatro patas, en los baños públicos de una discoteca de mala muerte. Pero algo no cuadra. Algo no funciona. Se supone que es él el que está al mando. El que decide lo que se hace y lo que no. Su idea era llevársela al coche. Que ella se resistiera.

    Rosana se da la vuelta y le suelta un guantazo en la cara.

    – Te he dicho que me folles pesado de mierda.

    Ernesto se pone de mala hostia. Le da la vuelta y se la clava en su coño de una. Está húmedo. Empieza a bombear. A mover el culo adelante y atrás.

    – Eso es hijo de puta. Fóllame.

    Le da duro. Tiene un culazo impresionante. Ve como su culo rebota en cada embestida que le mete. Le agarra las dos nalgas con sus manazas y le mueve el culo adelante y atrás. Ella mueve las caderas al unísono. Follan como salvajes. Ella jadea. El berrea como un toro.

    – Córrete en mis nalgas cabronazo. Lléname el culo de leche.

    Ella no debería decidir donde se corre. Pero ese culo le pierde. El bamboleo de sus nalgas perfectas rebotando con cada pollazo que le mete le supera. Nota como el esperma sale de sus pelotas. Empieza a subir por el tronco de su verga. Ella no debería decirle cuando se corre.

    – Córrete pedazo de idiota. ¿A qué esperas?

    Se saca la polla y se la menea a toda velocidad. En unos segundos empieza a soltar leche como un aspersor. Le pinta las nalgas con su semen. Le restriega la polla por su perfecto culo. Se vacía. Física y mentalmente. Ella se levanta y le mira a la cara.

    – ¿Te has quedado a gusto desgraciado? ¿Te ha gustado correrte en mi culo?

    Él no responde. Se abrocha los pantalones y se da la vuelta. Dispuesto a abrir la puerta. Este no era el plan. Maldita puta.

    Ella no le deja salir. Le agarra violentamente.

    – ¿Dónde crees que vas? Yo todavía no he acabado.

    Se sienta en la taza del baño y se abre de piernas completamente.

    – Cómeme el coño.

    Él duda. Esto no debería ser así. Él es el que manda. Ella le agarra de la pechera y le baja de un tirón. Le pone de rodillas en ese suelo asqueroso lleno de meados y suciedad. Le mete su cara entre las piernas.

    – Te he dicho que chupes.

    No sabe por qué. Pero obedece. Esto no debería ser así. Pero le mete la lengua en el coño. Ella jadea de gusto.

    – Eso es. Lámelo. No pares.

    Ella levanta su culo. Se lo ofrece.

    – Chúpame el culo también. Méteme un dedo.

    El mete su lengua en su culo. Se da cuenta que su propio semen resbala por sus nalgas.

    – Límpiame con la lengua. Límpiame el semen del culo mamonazo.

    Él obedece. No debería, pero obedece. Limpia sus nalgas con la lengua. Chupa su propia corrida. Cuando acaba le mete un dedo en el culo y vuelve a comerle el coño. Usa toda su lengua, intercala metiéndole dedos entre el culo y el coño. Ella mueve sus caderas arriba y abajo. Restriega sus flujos por su boca. Por toda su cara.

    – Haz que me corra cabrón. Aaahhh si joder. Dale más rápido. No pares.

    Le agarra la cabeza con las dos manos y la hunde del todo entre sus piernas. Empieza a correrse. Grita de placer.

    – Ahh ahhh ah joder me corro, me corro, hijo de puta. No pares ahhh.

    Se corre sin parar. Le llena la cara de flujos. Sus piernas convulsionan, su culo se contrae. Al fin su cuerpo se relaja. Jadea más despacio.

    Se incorpora.

    Se arregla el vestido y coge sus bragas que andaban tiradas por el suelo. Le agarra la cara a Ernesto y se le queda mirando. Unos segundos. Casi desafiante.

    – Buen chico.

    Se levanta y sale por la puerta. Se gira un segundo y le tira sus bragas a la cara. Se larga y le deja allí tirado. De rodillas en el suelo lleno de meados. Con la cara llena de sus jugos. Usado.

    Se supone que esto no debería ser así.

  • Entre mujeres

    Entre mujeres

    Si estás al tanto de mis gustos, sabes que me masturbo viendo pornografía de mujeres. Cada que estoy sola, saco todos mis juguetes y me divierto con ellos. Especialmente con uno que lo pego en al piso y me siento encima de él, abro mis piernas y coloco mi vibrador en mi clítoris. De repente siento que me entumece los labios mayores y mi dildo está mojado, empiezo a moverme hacia arriba y hacia abajo y en segundos mis oídos son sórdidos y mi cabeza se embomba, confirmándome que he tenido un delicioso orgasmo. Me levanto y meto el plástico en forma de pene a mi boca, para saborear mis propios fluidos. No se describirte el sabor, solo te puedo decir que si lo pruebas te envicias, ¿te gustaría probarlo?

    Te confieso que me encanta ver un par de mujeres lamiéndose la vagina, a veces busco fotos de vulvas mojaditas y les pongo zoom para ver mucho mejor su clítoris rosadito, me encanta imaginar que yo estoy ahí metiendo mi lengua por dentro y que su flujo blanco se queda en mi boca. De solo recordar esos momentos siento que mi cosita se empieza a hinchar y seguramente cuando termine de escribir este relato iré al baño y veré pornografía de lesbianas.

    El viernes pasado salí con tres amigas a tomar vino. En la charla una de ellas nos contó que había hecho un trio y en medio de mi curiosidad le pregunté cómo había sido. Al narrarnos su experiencia mi mirada hacia a ella cambió y quería que me detallara todo y en privado. Al finalizar nuestra tarde de amigas, le pregunté a Laura si quería la llevara a su casa y aceptó.

    Mientras iba conduciendo le pedí que me especificara su experiencia y a medida que lo hacía imaginaba cada escena. La miraba por el retrovisor y su cabello rubio, sus tetas pequeñas, su cintura delgada y sus largas piernas, hacía que mis labios se resecaran. Al llegar a su casa me pidió que pasara a tomar otra copa de vino y sin tener otra opción acepté.

    Nos sentamos en el sofá y al estar tan cerca me sentí un poco incómoda y mi rostro estaba tenso. Me pidió recostarme para que me relajara. Me acomodé, tomé un sorbo de licor y de repente sentí que tenía su mano encima de mi pierna. La miré a los ojos y tenía las pupilas dilatadas, bajé un poco mi mirada y aprecié sus pezones marcados por encima del vestido, me acerqué un poco más y coloqué mi mano en su cintura, la fui bajando hasta llegar a la entrepierna y para mi sorpresa no tenía panties y su cosita estaba muy mojadita – ¿te gusta? – preguntó. Me enloquece – respondí.

    Al ver mi cara de novata se sentó encima de mí, rodeándome con sus piernas, levantó mi blusa y al ver mis tetas las acarició, se acercó a mi cuello y con su lengua humedeció mi oreja, su respiración fuerte parecía doparme y envolverme en la excitación más intensa. Metió su mano a la vulva y mojó sus dedos con los fluidos que estaban saliendo de allí, los metió a mi boca y entonces parecían toxinas adictivas para mí.

    Se levantó y me quitó el jean que llevaba puesto, se arrodilló y me pidió abrir las piernas. Corrió mis tangas y pasó su lengua por un lado de mi vagina, luego por el otro y a continuación la puso en mi clítoris haciendo movimiento en forma de remolino. Introdujo dos dedos por mi vagina y con el pulgar hacía círculos en mi clítoris. Metió sus manos por debajo de mis nalgas y levantó mi culo para chuparlo. Por mi parte estaba excitada, recordaba todas las escenas pornográficas que había visto y la delicadeza de Laura me llenaba de morbo.

    Me paré del sofá y le pedí a mi amiga acostarse boca abajo, empecé a lamer sus pies y con mi boca fui rodeando sus piernas hasta llegar a su cola, le pedí que se pusiera en cuatro y apoyara sus tetas. Su culo quedó en mi cara, lo abrí con mis manos y como un ternero sediento empecé a lamerlo. Mi lengüita por fin estaba probando el sexo de una mujer, su gallito era rosado y su aroma me sacaba de quicio. Laura empezaba a gemir y a pedirme que metiera mi lengua más adentro, mientras con un dedo acariciaba su ano. Luego se giró y con sus piernas estiradas, me senté encima de su coño para sentir la humedad de las dos.

    Fuimos a su cuarto y un poco desesperada me empujó, me succionó las tetas y cruzó sus piernas con las mías para quedar en forma de tijera, empezó a hacer leves movimientos y nuestras vaginas se deslizaban al compás, mientras un líquido blanco iba saliendo por los lados. Escupió y su saliva la echó a mi boca, saqué mi lengua y mordí mis labios para que viera que me divertía tanto como a ella lo que estaba pasando. De pronto abrió sus piernas y me puso su rico chocho en la cara y con mis dedos froté su gallito hasta que se orinó en mi boca. ¡Qué rica estás Laurita!

  • Con quien menos lo imaginé, el macho mas guapo y mujeriego 2

    Con quien menos lo imaginé, el macho mas guapo y mujeriego 2

    Como contaba en el relato anterior acepté ir al departamento de Arturo a jugar videojuegos,  en el camino iba nervioso y ansioso, sentía que mi pecho palpitaba, recordaba lo que había pasado en el viaje de regreso del sábado anterior, en el cual se había aprovechado mientras estaba «dormido».

    Llegamos a su departamento, realmente no era muy grande pero agradable, una pequeña salita y un comedor, sólo tenía una recámara, pero mucho más grande que la mía, con una enorme cama king size y hasta con vestidor, junto a la cama su escritorio con su computadora y una silla ejecutiva, sin faltar un enorme espejo de pared en una de las paredes.

    Su televisión se encontraba en su recámara y era de pared, así que entramos a la recamara y nos acostamos sobre el colchón, de muy buena calidad, por cierto, cómodo y suave.

    No pude evitar pensar en todas las mujeres que habrían estado en ese colchón, si el colchón hablara, pensé, seguramente muy usado.

    Tomamos los controles y empezamos a jugar, realmente no era muy aficionado a los videojuegos, pero me defendía, mis dos compañeros de departamento si eran muy aficionados y a veces jugaba con ellos.

    Llevábamos algunos minutos jugando cuando me soltó:

    – Sabes Ariel, te tengo que hacer una confesión.

    – Dime Arturo, te escucho – respondí. mirándolo a la cara y dejando de jugar.

    Vi sus grandes ojos expresivos de color miel y me dijo.

    – La verdad no sé cómo empezar, ¿recuerdas el viaje después del partido del sábado?

    – Si, como olvidarlo, ja, ja, reímos mucho con que se te puso dura la verga, soñando con una chica.

    Adiviné por donde iba la confesión, pero no podía delatar que no había estado dormido.

    – Es queee, creo me propasé contigo y necesito pedirte disculpas.

    – ¿Cómo no entiendo?- respondí, fingiendo no entender.

    – Es que tienes unas nalgas muy suaves y bonitas y me puse muy cachondo, no pude evitar que mi verga se pusiera dura, te estuve acariciando las nalgas y te metí un dedo en el culo, aprovechando que estabas un poco bebido.

    Deseaba la verga de Arturo, pero no podía ser obvio, tenía que defender mi «virilidad», tampoco quería que todo mundo supiera que me gustaba la verga, por lo que seguí escuchando, deseando saber en que terminaría todo.

    – ¿Que dices?, porque me hiciste eso, soy tu amigo- reclamé «enojado».

    – Si, perdóname, sé que no estuvo bien, pero el roce de tus nalgas en mi verga me volvió loco, tus nalgas son muy lindas y suaves, sueño en las noches con ellas, desde que te vi la colita en las duchas y me hago unas pajas tremendas pensando en ella, y lo del viernes fue el acabose, estuve oliendo el dedo que te metí en el culo toda la noche del sábado y domingo, y me hice unas pajas tremendas, me excitó tanto, y en la noche me desquité con Sandra (una de sus conquistas) y le di por el culo pero pensando en el tuyo.

    – Cochino, oliendo un dedo con olor a mierda. – respondí, pero me excitó mucho que se haya cogido a una de las tantas chicas de su harem pensando en mi culo, y conocía a Sandra, una chica voluptuosa y caderona, con un culo muy grande y redondo.

    – No Ariel, no olía a mierda, olía a culo y sudor, y me excitó demasiado, no lo pude evitar, me gustó el aroma de tu culo

    – Eso es de putos, no pensé que fueras uno de ellos- le reclamé para ver su reacción.

    – No es que sea de putos, es que soy demasiado sexoso, quiero tener sexo todos los días y a todas horas, tu culo me excitó demasiado y pues un culo es un culo, no importa si es de hembra o macho.

    Creo que simplemente pude haber aceptado su disculpa, y terminar todo, pero no me quité del tema, si le gustaba mi culo, tal vez podría entregárselo, pero debería parecer que Arturo me había seducido y de alguna forma obligado y no me quedó de otra que entregar el culo, a fin de que no dudara de mi «heterosexualidad», iba de por medio mi supuesta hombría y mi novia, ya que por primera vez tal vez podría entregar el culo a algún conocido que conocía a mis amigos y novia, de lo contrario pensé que podría contarle a alguien y se regara el chisme.

    Así que seguí en el mismo tema.

    – O sea que ya te has cogido algunos hombres.

    – Mira, no lo voy a negar, en Sonora somos muy machos y si algún culo que nos guste se atraviesa en nuestro camino pues nos lo echamos, en Sonora me cogí a un maestro y un compañero que se notaba que eran gays, y tenían un culo hermoso, pero contigo es diferente, tienes el culo más hermoso que el de ellos y me vuelve loco, pero sé que no eres gay y aparte eres mi amigo.

    – Pienso que tal vez, la naturaleza, te dio esa cola hermosa para que la goces y a su vez hagas gozar a otros, sería egoísta de tu parte dejártela para ti solo- continuó su ataque- y pensé que tal vez tenía un poco había un poco de verdad en su razonamiento,

    – Mira a mí la naturaleza me dio esta verga tan grande y siento que fue para dar y recibir placer, – exclamó al tiempo que se sacó su enorme verga del short, estaba completamente erecta, y si flácida era impresionante, erecta era aún mucho más.

    En ese momento sentí que mi colita se humedecía y palpitaba, pero aguanté un poco más, tenía que estar seguro que sería discreto y dejé que me siguiera seduciendo.

    – Vamos, no me negarás que en los vestuarios a veces te quedabas viendo mi polla- exclamó.

    – Es verdad, pero fue sólo curiosidad y tal vez envidia de no tener una polla de ese tamaño, fantaseando lo que sentiría mi novia con un instrumento así.

    – Ja ja, puede ser, muchos me ven la verga, algunos con deseo y otros como tú con envidia, pero eso solo ellos lo saben y tengo que decir que tu novia disfrutaría como nunca siendo empotrada con una verga así, todas las mujeres sueñan con sentir una verga de este tamaño en su interior, que las vuelva loca, y también, algunos hombres…

    – Ufff, si, pero debe ser dolorosísimo y más por el culo- respondí, fingiendo inocencia y que no abandonara la idea en darme por el culo.

    – No creas, he enculado a muchas mujeres y como te confesé algunos hombres y todos han quedado satisfechos, ja ja, – al tiempo que balanceaba orgulloso su enorme verga ante mi vista, en forma provocativa.

    – Sabes el culo es un músculo y puede dilatar hasta un tamaño muy considerable, si se sabe abrir poco a poco, has visto en las películas porno como se tragan las putitas esas enormes vergas por el culo y piden más, una verga en el culo puede ser más intenso que por el coño.

    – Tienes razón he visto las películas, y tu verga es tan grande o más que la de esos cabrones, y siempre me he preguntado porque se quejan tanto al meterles la verga y después piden más, pero pensé que era actuado, ya que una verga así les debe dejar todo el culo roto y abierto.

    Ya estaba completamente excitado, mi verga estaba dura y se notaba en mi short, y Arturo lo notó, continuando su ataque.

    – No te voy a mentir, duele, pero como te repito, después que pasa el dolor gozan como nunca y mientras más gruesa sea la verga más gozan, les encanta sentir que su culo esté tan abierto y que lo limen bien por dentro, además el culo como te comenté es un músculo y se vuelve a cerrar, no es que se vaya a quedar abierto toda la vida, al cabo de unas horas vuelve a la normalidad, la única diferencia es que mientras más se use se entrena y sabe hasta dónde debe dilatar, y cada vez duele menos. El culo tiene memoria, podría decirse, recuerdas cuando vas al gimnasio después de días que no puedes ir?, y todos tus músculos duelen por la falta de ejercicio?, pero una vez que eres constante ya no duelen tus músculos y puedes hacer sesiones cada vez más largas sin dolor?, el culo es igual, necesita entrenamiento, ja ja, en serio si decidieras utilizarlo estoy seguro que recibiría mucho placer y no debes preocuparte de que te vaya a quedar abierto o esas pavadas.- continuó su ataque.

    – Veo que estás al palo, señal de que te excita la conversación, anda anímate, acaso no te gustaría sentir toda esta carne recorriéndote por dentro, – dijo al tiempo que se incorporaba y sentaba en la cama, recargando su espalda en la cabecera balanceando su enorme y grueso cilindro y apuntando con su enorme cabeza hacia mi cara, la cual ya quedaba a pocos centímetros de su verga, exhibiéndola y ofreciéndola en forma muy sugerente. La cabeza de su verga había tomado un tono más fuerte, rojizo y parecía brillar.

    Mi culo hacia pucheros, sentía un escalofrío recorriendo mi columna de solo imaginarme tener esa enorme verga en mi boca y hasta el fondo de mi culo, pero todavía, tenía que cerciorarme de su discreción.

    – Y si me llegara animar ¿cómo me aseguraría de que no le vayas a andar contando a todo el mundo que me rompiste el culo, y me tomen como un puto? tengo novia y amigos.

    – ¿Tú crees que yo contaría algo?, sería el primer afectado, toda mi fama de mujeriego y seductor se vendría abajo, te conté de los dos culos de hombre que me eché porque eres mi amigo y sé que no lo divulgarás, además quería que supieras que ya he tenido otras experiencias con un culito de hombre como el tuyo.

    Ya había derribado todas las barreras, ya solo esperaba el siguiente ataque, me incorporé y me senté en la misma posición que Arturo, puse mis manos a centímetros de su pierna, conteniéndome para no agarrarle su enorme miembro, mi vista estaba fija en su sexo.

    Arturo vio y pensó que todavía dudaba, por lo que con su mano, tomó la mía y la acercó a su verga.

    – Anda, tómala, sé que te mueres por tocarla, tu mirada no miente, no te resistas, libérate.

    Y claro que realmente no me resistía, pero fingí timidez y opuse un poco de resistencia en mi brazo, muy ligera, así que su mano acompañó la mía y una vez que tenía el tronco de su verga en mi mano, apretó para que a su vez cerrara la mía sobre su tronco.

    Era increíble sentirla, mis dedos no alcanzaban a tocarse y cubrir todo el diámetro de su verga. No podía creer que tenía en mi mano la verga del tipo más galán, macho, popular y mujeriego de la escuela, siguió guiando mi mano unos segundos y la retiró y yo solo empecé el movimiento de vaivén, recorriendo ese miembro maravilloso, un grueso cilindro de carne ardiente.

    En eso estaba, cuando exclamó:

    – No quieres darle un besito, anda sé que te mueres de las ganas- y tomándome del cuello fue empujando mi cabeza hacia abajo, en forma firme, pero sin tampoco empujar demasiado y cambiando de posición me puse de rodillas en la cama para no perder el equilibrio, mientras su mano en mi cuello seguía empujando mi cabeza en dirección a su verga, pronto la sentí en mis labios, dura y ardiente, aspire su olor y cerré los ojos, el aroma inconfundible a macho.

    – Anda abre los labios, dale un besito Ariel, no muerde- exclamó

    Era lo que más quería, probarla, pero tenía que dejar que me fuera guiando para no delatarme, así que abrí un poco los labios y sentí que entró la cabeza de su verga en mi boca.

    – Así, despacio, chúpala como una paleta, pero no uses los dientes, solo la lengua y el paladar, ahueca la boquita, y seguí sus instrucciones, pronto ya estaba succionando suavemente la cabeza de su verga y mi lengua recorriendo el tronco de su verga y el frenillo, me hacía dar besos en la punta y recorrer con mi lengua toda la longitud de su verga, desde sus huevos hasta la punta, poniendo especial atención al área del frenillo, mientras Arturo acariciaba mi pelo y mi espalda.

    – Ay Ariel, que rico chupas, nunca me la habían chupado así, pareces una experta come pollas, no me mientes que nunca te has comido una polla?

    Saqué la verga de Arturo de mi boca y me defendí:

    – Como crees cabrón, sólo te estoy mamando como me gusta que me mamen a mí, y la verdad tu verga en mi boca me excita mucho.

    – Ufff, tu novia debe ser una mamadora increíble, ojalá algún día me la llegara a mamar- exclamó.

    – No manches cabrón, con mi novia no te metas o te la dejo de mamar- respondí.

    – Perdona Ariel, pero mamas delicioso, no puedo creer que sea tu primera vez, anda chúpame los huevos, no te enojes.

    Así seguí chupando sus huevos, recorría con mi lengua el saco que los cubre, era riquísimo, sus huevos eran tan gruesos y pesados, me encantaban y empecé a succionarlos en forma alternada.

    – Aghhh, ayyy, que rico gimió Arturo, pero para, para, si no me vas a sacar la leche, y todavía no es hora.

    Se incorporó y se quitó toda la ropa y también me ayudó a quitarme mi playera, tomó una almohada y me pidió tumbarme boca abajo, poniendo la almohada bajo mi vientre, le obedecí todavía con mis shorts y boxers puestos, su mano acariciaba mi espalda y volvió a tocar los hoyitos que se forman en la parte baja de la espalda y empiezan las nalgas.

    – Que rico te ves así Ariel, y me excitan mucho tus hoyitos en la espalda, son tan sexys.

    Sentí sus labios en mi espalda, precisamente en el área de los hoyitos que le parecían sexys y me estremecí, indudablemente era una zona muy erógena, aprovechó para tomarme de los shorts y jalarlos hacia abajo, junto con mis boxers, levanté mi cintura para facilitar la acción y luego mis piernas para que me los quitara completamente, quedando boca abajo, completamente desnudo y mi culo empinado sobre la almohada.

    – Por Dios, Ariel, que rico te ves así, tu culo es perfecto, blanquito, redondito y suave.

    Empezó a acariciar mis nalgas y apretarlas suavemente y sentí que las abría quedando expuesto mi ojete.

    – Tu hoyito es increíble, chiquito, rosadito y muy arrugadito, va a ser un verdadero placer abrirlo, me encanta y se me pone tan dura al fin poder verlo, desde que lo toqué con la punta de mi dedo soñaba con saber cómo era y ha superado con creces mis expectativas, suave y sin ningún pelito.

    Sentí que abría un poco más mis piernas y con ambas manos abría mis nalgas y pensé que el momento esperado llegaba, pero en lugar de eso sentí una caricia muy húmeda entre mis nalgas, su lengua estaba recorriendo mi rajita y pegué un respingo y un ligero gemido.

    – Aghhh, que haces, exclamé, quedamos que sólo la meterías, me vas a hacer un puto – reclamé, me encantaba sentir su lengua entre mis nalgas, pero tenía que seguir fingiendo defender mi «virilidad»

    – Perdona Ariel, pero es necesario, si no te va a doler mucho, antes de meterla hay que dilatar muy bien la colita, tranquilo, no te vas a volver puto, todos sabemos de tu novia, solo es para que se te vaya aflojando y dilatando la cola, no te preocupes, solo estate tranquilo, relájate y disfruta.

    Su lengua recorría todo el surco de mis nalgas desde el perineo hasta el inicio de la rayita, combinando con unos pequeños mordiscos y chupetones en mis nalgas, así como apretones y pequeñas nalgadas que me excitaban mucho, abrió mis nalgas y sentí que empezó a puntear con ella, que rico sentí, empecé a arañar las colchas y morder una almohada para no gemir como puta, la punta de su lengua empezó a abrir mi colita y apreté un poco, no quería que se fuera toda, tenía que simular que era virgen.

    – Mmm, que rica colita, me encanta, la colita más rica del mundo, y que apretadita, ufff, me encanta, no sabes las ganas que tengo de empotrarte duro, pero hay que abrirla poco a poco.

    Espera no te muevas, en un segundo regreso.

    Se levantó y me dejó con la colita al aire, a punto del delirio, giré la vista y lo vi buscar en un cajón y sacar un botecito de lubricante, Ufff, pensé el cabrón estaba preparado.

    Regresó y se sentó a un lado mío, justo al lado de mi culo, lo vi abrir el botecito y me dijo al ver que lo veía:

    – Mira este es lubricante, no es nada malo, sólo relájate y no aprietes, te lo voy a poner para que no te duela mucho cuando te penetre, así resbalará mi verga y no te hará daño.

    Sentí que me abrió una nalga, y después el líquido frío y muy viscoso caer en la rajita de mis nalgas y con un dedo embadurnarlo en toda la superficie exterior de mi esfínter, el líquido era extremadamente viscoso y empecé a sentir un poquito caliente y hormigueo en la colita, diferente a cualquier cosa que me hubieran puesto antes.

    – Siento, un poco raro, que me estás poniendo- exclamé.

    – No te asustes es un lubricante anal especial para la colita, tiene un ingrediente que ayuda a relajar los músculos y otro que es estimulante, para que sientas más rico, vas a sentir calientito y vas a tener la colita más sensible, pero no te la va a anestesiar, al contrario, no tengas miedo, no quiero anestesiar y romperte la cola, solo que disfrutes más.

    El desgraciado sabía lo que hacía, tenía mucha experiencia y sabía que necesitaba ayuda si quería meter su enorme herramienta en un culo, y realmente el líquido ayudaba, lo sentía tan sensible y sentía riquísimo el roce de su dedo, en eso estaba disfrutando de tan íntima caricia cuando sentí que introducía la punta de su dedo dentro de mi colita, entró sin ninguna dificultad, el lubricante era sumamente viscoso y resbaló muy bien su dedo dentro de mi colita, sin dolor alguno.

    – Ufff, que rico, ya tengo un dedo dentro de tu colita, no te imaginas que hermoso se ve como entra mi dedo en tu hoyito rosadito y cerradito, ¿verdad que no te ha dolido?

    – Sólo un ardorcito pequeño, pero se siente caliente en mi interior, hormiguea, me gusta cómo se siente- exclamé, mintiendo un poco en lo referente al ardor.

    Sentí como entró un poco más y lo hacía girar lubricando mis paredes internas, pronto llegó hasta el fondo.

    – Así Ariel, que rico siento, se siente tan suave tu colita, ya se tragó todo mi dedo, me encanta tu hoyito, tan estrechito, caliente y virgen, ¿lo sientes?, ya está todo dentro. Al tiempo que con su otra mano me daba una ligera nalgada,

    Que rico sentía, efectivamente el lubricante estaba haciendo su trabajo, sentía la colita muy caliente, sensible y flojita y tuve que volver a morder la almohada para no gemir, su dedo muy dentro de mi, acariciaba mis paredes internas, y después empezó a meterlo y sacarlo y ahí, no aguanté más y empecé a gemir.

    – Así, Ariel, libérate, goza, tu culito puede darte mucho placer, ¿sientes?

    Sacó el dedo y puso más lubricante y ahora metió dos dedos en mi colita, repitiendo la operación, girar y salir, mis gemidos se hicieron más intensos,

    – Mmmm, que bien, tu colita dilata bastante bien, te dije que esta colita está hecha y preparada para coger y darte placer.

    En eso estaba, cuando siento que ahora son 3 los dedos que entran en mi colita y ahí si me ardió, sus dedos eran anchos y me quejé, todavía tolerable pero hice un poco de teatro.

    – Ay, duele, me arde, exclamé, al momento que apreté la cola y me retorcí en la cama, eché mi brazo atrás y tomé el suyo deteniendo el avance de sus dedos.

    – Tranquilo, tranquilo, relájate, son las fibras de los músculos del culo estirándose, solo es un poco de ardor, pronto pasará, mira, no voy a mover los dedos hasta que pase el ardor, ¿Te parece? ya casi estás listo, tu colita dilata muy bien, me parece que no va a haber problemas para poderte desvirgar.

    Efectivamente pronto pasó el ardor y sentía muy calientita la cola, el estimulante estaba haciendo efecto y necesitaba sentir los dedos de Arturo refregando mi cola, así que empujé la colita hacia atrás y sus tres dedos se introdujeron unos milímetros, lo suficiente para darle entender que el ardor había pasado.

    Arturo empujo suavemente un poco más sus 3 dedos en mi colita y al ver que no hubo queja empezó a moverlos y sacarlos muy suave, despacio y empecé a gemir, me encantaba sentirlos como me recorrían por dentro, ya sentía la colita muy dilatada, y sus dedos entraban y salían con cierta facilidad.

    – Listo Ariel, ya estas lista para ser mi puta- Por primera vez me habló en femenino y no me importó, al contrario, me hizo recordar a Roberto, mi verdadero desvirgador, realmente me sentía su puta y me excitó que me llamara así.

    – Tu colita ya está lubricadita, dilatada y abierta, verás que bien te entra, no me equivoqué cuando te dije que la naturaleza te había dado tu rica colita para que la disfrutes y hagas disfrutar a un buen macho.

    Me pidió que me pusiera en 4 y abrí mis piernas, ya sabía la posición, doble mi cintura hasta que mi cara tocó el colchón y quedé con el culito en pompa, ofreciéndoselo.

    – Muy bien Ariel, el día de hoy te gradúas de putita- al tiempo que me dio una sonora nalgada.

    Se puso en posición para el “desvirgue” y puso más lubricante a mi colita y a su verga, lo esparció en toda la entrada y sentí su monstruosa verga resbalando por mi rajita, desde el inicio de mi rajita a mis huevos y me empezó a decir:

    – ¿Sientes como te recorre mi verga?, imagínate cuando todo esto te recorra por dentro, lo que vas a disfrutar, te va a abrir bien la colita y te vas a morir de gusto. Siéntela, que dura está.

    Cada vez que la pasaba por la entrada de mi hoyito, me la frotaba en forma circular, parecía que iba a empujar, pero continuaba de paso, me estaba torturando, de ansiedad, en el momento más inesperado sentí que empujó un poco más, y un dolor terrible me invadió, lanzando un fuerte grito de dolor que no pude contener, si bien ya había recibido las vergas de Roberto, Pedro y Mariano, que eran muy buenas vergas, la de Arturo las superaba en diámetro y longitud, así que eché el culo para delante y me zaf.

    – Quieta, tranquila, relájate, ponte flojita, me decía al tiempo que volvía a ponerme en posición, te dolió porque estabas tensa, no debes apretar.

    Sentí que apuntó nuevamente la punta de su verga en mi hoyito y empezó a empujar el enorme tronco de carne, mi culito se seguía resistiendo, hasta que de pronto sentí nuevamente que me partían en dos y lancé un nuevo grito, mis pliegues se abrieron y entro la enorme cabeza en mi interior, nuevamente me intenté zafar, pero ahora me tenía bien sujeto de la cintura y no permitió mi escape. Al oír mi grito exclamó.

    – Shhh, calla, calla, tranquila, putita ya entró la cabeza, es la parte más gorda, aflójate, no quiero lastimarte, no me voy a mover, hasta que te relajes y empieces a disfrutar, que rico se siente, me encanta como aprietas la cabeza de la verga, que culito tan sabroso tienes.

    Me dio una fuerte nalgada y sentí que me distrajo y me ayudó a relajarme, ya no me dolía tanto y se lo hice saber.

    – Me arde, pero ya disminuyó el dolor, Arturo.

    – Mmmm, que bien, me has aguantado bien la verga, ahora tranquila que empieza el goce-

    Se empezó a mover, en un lento vaivén, muy suave, sacando y metiendo cada vez un poco más, siempre poniendo un poco más de lubricante en su verga, abriendo mi colita, era tan gruesa que sentía igual que el día que me desvirgaron, los pliegues de las paredes de mi culo estirándose y posiblemente algunas fibras musculares romperse ante el avance de ese enorme cilindro de carne, hasta que me la metió hasta donde ya mi culo no daba más,

    – Ay Arturo, me la has metido toda, no puedo creerlo, soy tu putaaa

    – No nena, todavía falta un poquito más, casi, pero todavía te falta para graduarte de puta, una puta se la come entera.

    Estiré mi mano rumbo a mis nalgas y toqué entre su verga y mis nalgas, era cierto, me había empalado completamente hasta el final de mi culo y todavía faltaban unos dos o tres centímetros de polla,

    – Ay Arturo, es que es tan enorme que no le cabría a ningún culo, siento que me traspasas, de tan profundo que me llega

    – No mami, claro que hay culitos que se pueden comer mi verga entera, y estoy seguro que el tuyo es uno de ellos, aguanta un poco más.

    Me tomó de la cintura con una mano y continuó con sus embestidas, largas y profundas, con la otra acariciaba mi espalda y nalgas, de vez en cuando me daba una nalgadita o me la abría para ver como su enorme tronco me perforaba, me tenía chillando de placer, jamás había sentido nada igual, efectivamente el roce de su verga en las paredes de mi culo me causaban corrientes de placer que iniciaban en mi columna vertebral y me recorrían todo el cuerpo, en ocasiones se movía en forma circular procurando que la punta de su verga diera placer a todas mis paredes y sentía que jugaba con mi próstata la masajeaba con su gran herramienta y la rozaba muy rico, pero seguía de largo y me llegaba hasta la última pared interna de mi culo.

    – Ay Mami, que rico culo, me vuelves loco, es tan suave y calientito, aprieta mi verga y la envuelve como si la quisiera exprimir, ufff, me encanta, me vas a sacar la leche, aghhh

    Los golpeteos de su verga en la última pared interna de mi culo me causaban un cosquilleo increíble me encantaba sentir que su verga exploraba toda la longitud de mi recto causándome un placer indescriptible, mi mente estaba en blanco y me retorcía de placer, mis jadeos se escuchaban por toda la habitación.

    De pronto sentí un pequeño dolorcito muy profundo en mi culo y que la última pared interna donde su verga rebotaba se abría, a su vez su pelvis chocó contra mis nalgas, di un fuerte respingo y un gemido profundo, un nuevo estremecimiento me corrió por todo el cuerpo. Su verga había traspasado mi último esfínter interno y la punta de su verga había llegado más allá de mi recto.

    – Eso nena te has graduado de putita, siéntete orgullosa muy pocas han podido comerse mi verga entera ya sea por el culo o coño, ay, que rico, no puedo creer que tenga toda mi verga dentro de tu culo, no estaba seguro que te la ibas a poder comer toda. Resultaste más putita de lo que creía, ay, siento que ya va salir la leche, te voy a preñar.

    Sus embestidas se hicieron más rápidas y profundas, mi cuerpo empezó a convulsionar, me retorcía en la cama en gritos de placer y me corrí abundantemente sin haberme siquiera tocado la verga, chorros de leche cayeron sobre las sábanas.

    – Asiii, aghh, que rico, te has corrido sin tocarte siquiera, solamente con el placer que te da tu culo, no solo te has graduado de puta, sino que te has graduado con mención honorífica.

    Las arremetidas se aceleraron, literalmente taladrando mi culo, mis nalgas rebotaban en su pelvis, mi cuerpo seguía convulsionando, retorciéndose y aullando de placer, sentía el sudor de Arturo cayendo en mi espalda, cuando en una última embestida sentí que me clavó profundo y empezó a descargar su leche en mi interior, juraría que más allá del recto y directamente a mis intestinos.

    Se desplomó sobre mi cuerpo y sentí su respiración agitada en mi nuca, su cuerpo sobre el mío, exhaustos y sudorosos.

    Poco a poco sentí que mi respiración se normalizaba y su verga perdiendo dureza, me acordé de la cita con mi novia y le dije a Arturo que era tarde y debía irme.

    Se desplomó a mi lado e intenté incorporarme, pero mis piernas me fallaban, el culo me ardía horrores y Arturo se incorporó y me ayudó a levantarme. Mis piernas temblaban y con mucho esfuerzo me incorporé.

    Me pidió que me apoyara su escritorio para inspeccionarme y sentí que me abría las nalgas, su leche escurría entre mis piernas.

    – Madre mía, que boquete te he hecho, se ve bien abierto, pero no parece que te haya hecho mucho daño, pronto estarás bien, te voy a dar una pomada y en un par de días estarás como nuevo, ja ja, bueno, casi nuevo.

    – Sabes, no te lo dije para no asustarte, pero todos los culos que he desvirgado los he dejado sangrando, tu culo nació para gozar y ser gozado, es muy elástico y ajusta bien al contorno de mi verga, ha estado fabuloso.

    Entramos a la regadera y me ayudó a lavar mi cuerpo, fue muy gentil, salimos y al ver mi problema para moverme ayudó a secarme las piernas y ponerme mi ropa, era complicado agacharse, me entregó una latita de pomada que guardé en la bolsa de mi pantalón.

    Una vez en camino a la escuela por mi novia me dijo que esperaba que no fuera la única vez, quería repetir y le contesté que no estaba seguro, que me había gustado, pero fue muy doloroso.

    – La próxima ya no te dolerá tanto- dijo, muy seguro de que no sería la última. Y efectivamente no fue la única vez, me convertí en parte de su harem y me follaba cada dos o tres semanas, no tan seguido como quisiera, pero comprendí que había una larga lista de mujeres para satisfacer y ahora yo era una de ellas y debía esperar mi turno.

    Me dolía al sentarme y le pedí que manejara despacio. Solamente sonrió y disminuyó la velocidad.

    Me preguntó si no nos molestaba si nos acompañaba a cenar y acepté, pero a expensas de lo que dijera mi novia, a quien le mandé un mensaje y no puso ninguna objeción.

    Una vez que pasamos por mi novia, no le fueron indiferente mis dificultades para caminar y le mentí que me había lastimado en el entrenamiento y tenía un tirón a la altura de la ingle, pero que Arturo me había regalado una pomada, que no se preocupara.

    – Pobrecito, si quieres yo te ayudo a ponértela me dijo.

    Arturo se llevó una mano a la boca para disimular y contuvo la carcajada, le dio mucha gracia el comentario de mi novia.

    – Gracias amor, no es necesario- le contesté ruborizado y dirigiéndose a Arturo le dijo:

    – Gracias Arturo, eres buena gente, gracias por cuidar de mi novio.

    Arturo sonrió y contestó.

    – Ja ja, no te preocupes, me sonrojas, es lo menos que puedo hacer por un amigo.

    La velada fue entretenida, al final insistió en pagar la cuenta de los 3 y nos dio un aventón a casa de mi novia, donde se despidió de nosotros.

    – Sabes, Ariel, Arturo es muy gentil, no es tan mala gente como pensaba.

    – Calla-le contesté -me pones celoso.

    Ja, ja, amor, celoso, me haces reír, jamás saldría con un tipo como Arturo, me molestan mucho los tipos así, sólo juegan con las mujeres, no las respetan, las tratan como su juguete, solo la usa para divertirse con ellas y las deshecha y más me molestan las mujeres que caen en sus redes, no tienen respeto por sí mismas- exclamó mi novia, le había salido lo feminista.

    – Al contrario, quien debía estar preocupada soy yo, no quiero que te vaya a sonsacar y me vayas a adornar la frente.

    – No tienes nada de qué preocuparte amor, sabes que no me gustan sus pachangas, y solo he salido con él a las fiestas de piscina que me ha invitado, pero tú me has siempre acompañado.

    Unos minutos después me despedí y pedí un taxi de regreso a mi departamento, necesitaba descansar.

    Lejos estaba mi novia de saber que sería la próxima víctima de Arturo, pero eso se los cuento en el próximo relato, por su temática lo pondré en la categoría de bisexuales, por si quisieran leerlo.

    Y como siempre, si les gustó y tienen algún comentario mi correo es [email protected].

  • Siempre serás un cabrón (El cabrón: Parte 4)

    Siempre serás un cabrón (El cabrón: Parte 4)

    En los últimos meses la vida de Ricardo había pasado a ser más tranquila. Después de unos meses en los que le saltaron tres problemas al mismo tiempo ahora se habían alineado los astros para que su vida volviera a ser “normal”. Durante unas semanas, su triple paternidad le había provocado dolores de cabeza, pero poco a poco todo fue encajando.

    El tema más complicado había sido Andrea. Esta niñata de 23 años estuvo amenazándolo durante un tiempo con “tirar de la manta” y hacer público el nombre del padre de su hijo. Ricardo no se podía permitir un escándalo sexual ante su mujer. Una cosa eran sus infidelidades y otra bien diferente era verse obligado a abandonar a su familia para tener que hacerse cargo de la manutención de dos hijos. Uno el que tenía con su mujer y otro el bastardo que engendraba Andrea. Al final le costó convencer a la joven camarera con más de 3.000 pavos. A saber lo que haría con el dinero. Aunque lo sospechaba prefirió no saberlo.

    El otro tema se cuadró solo. No es que fuera un problema serio, pero no terminaba de gustarle la idea de que su compañera de trabajo, Carla, gestase una criatura suya. De acuerdo que la mujer le había dicho que se lo cargaría a su marido, pero nunca se sabe cómo piensa una mujer, y menos si su matrimonio no funciona y está encoñada con un compañero como era él. Por eso, cuando ella le anunció que dejaba el estudio de arquitectura para emigrar a Londres junto a su marido, Ricardo sintió un enorme alivio. Como si le quitasen un peso de encima.

    Su tercera paternidad, aun siendo familiarmente más compleja de aceptar, era menos problemática que ninguna de las otras dos. Su cuñada Ana, la hermana pequeña de su mujer, era exactamente igual que él. Una mujer morbosa y sexualmente muy activa, de mentalidad tan libre como abierta y le había dejado más que claro que nunca le complicaría la vida. Menos aún a su hermana, pese a que su relación no era todo lo fraternal que debiera. Por otro lado estaban sus padres. Ana nunca descubriría un escándalo de dimensiones bíblicas a los ojos de sus padres, personas mayores y conservadoras.

    Por todo eso, Ricardo se había levantado de muy buen humor ese jueves de semana santa. No tenían pensado salir de Madrid, pero serían cuatro días para desconectar en familia. Nada de problemas…

    Desayunaba en la cocina mirando en una tablet como se le había complicado a su Atleti la Liga. De perder en el Pizjuán y ganar sus perseguidores la sombra de “el pupas” volvería a sobrevolar sobre sus cabezas. Su mujer le sacó de sus cuentas deportivas:

    -¡Ricardo! –llamó su atención su mujer

    -¿Eh? –contestó él levantando la cabeza de la tablet.

    -Te decía que mi hermana Ana va a venir a pasar el puente aquí en casa.

    -Ah… vale… perfecto…

    Ricardo sonrió a su mujer y volvió los ojos al aparato aunque ahora su mente estaba en otro lugar. Se le dibujó una sonrisa al recordar a su cuñada Ana. Recordó la primera vez que pasó unas vacaciones en su casa. Era una jovencita de apenas 19 años recién cumplidos y entre ellos ya había habido una tensión sexual más que resuelta. El hombre se asombró de su falta de escrúpulos a la hora de serle infiel a su mujer. Pero a la “niña” le iba la marcha. Desde que la desvirgara en casa de sus padres como regalo de su 18 cumpleaños.

    Pero fue en aquellas primeras vacaciones en su casa cuando comenzaron a tener una relación de amantes. Ana era una estudiante de medicina con una agitada vida sexual de universitaria. Una chica guapa con un cuerpo trabajado por horas de gimnasio. Aunque no tenía demasiado pecho si lo tenía bien puesto.

    Durante los dos primeros días, las bromas entre ellos tenían una enorme carga sexual haciendo referencia al polvo que habían echado un año antes. Esto hacía que Ricardo estuviese excitado todo el tiempo. No perdía la oportunidad de mirar a su cuñadita y recrearse en el buen culo que se le marcaba con un vaquero de talle bajo. O el virginal escote que asomaba con alguno de los tops que solía vestir.

    La noche del viernes al sábado, Ricardo se despertó de madrugada. Después de un extraño sueño, Ricardo decidió levantarse de la cama e ir al baño. En el trayecto oyó un ruido proveniente del dormitorio de su cuñada. Pese a que la idea no era la mejor el morbo le podía. El ruido era perfectamente reconocible. Aquellos gemidos ahogados, esos suspiros entrecortados no podían ser otra cosa que una paja. Su cuñada de 19 años se estaba masturbando en la cama justo en la habitación contigua a la suya.

    Lentamente, se fue acercando a la puerta y los sonidos se hacían más identificables. En la penumbra del dormitorio pudo adivinar la figura de aquella joven mujer cubierta solamente por una sábana. Ricardo se acercó notando como bajo el pantalón de deporte con el que dormía se levantaba su polla. A pocos centímetros de la cama, su cuñada ya se había percatado de su presencia y aceleraba el movimiento sobre su clítoris bajo la sábana.

    El hombre se bajó el pantalón y ofreció a Ana toda la erección de su polla. Sin duda, el marido de su hermana estaba mucho mejor dotado que el chico con el que salía actualmente. Ella alargó la mano hasta agarrar y comprobar la dureza del miembro de su cuñado. Recorrió la polla en toda su longitud con suavidad. Su mano comenzó a masturbarlo.

    Él se agachó y se colocó de rodillas junto a la cama. Ana se volteó hacia su cuñado y abriendo las piernas le ofreció su sexo. Ricardo le bajó las bragas y se recreó oliendo el joven coño de la hermana de su mujer. Ante él un sexo cubierto por una fina capa de vellos con un penetrante olor a hembra en celo. Con delicadeza separó los labios vaginales y paseó su lengua por la raja ardiente de la mujer. El suspiro de Ana delataba sus ganas de sexo.

    Ricardo comenzó una magnífica comida de coño que Ana recibía con placer agarrada a la cabeza de él e impidiendo que se separase. El hombre succionaba el clítoris de su cuñada y lo trillaba con los labios antes de masajearlo con la lengua. Ana tenía que morder la sábana para evitar que sus gemidos fueran audibles en el silencio de la madrugada. Un calambre recorrió su columna cuando el orgasmo le llegó. Intentó cerrar las piernas entorno a la cabeza de él que no dejaba de trillar el clítoris de su amante.

    El hombre se incorporó y dirigiendo la cabeza de su polla hacia la entrada del coño de Ana la penetró despacio. Pudo sentir la estrechez de su conducto vaginal casi virgen aún. Y la humedad caliente que desprendía cuando su polla avanzó con cierto esfuerzo hacia el fondo. La chica, abierta de piernas, echó su cabeza hacia atrás sintiéndose empalada por la polla del marido de su hermana. Ricardo comenzó a percutir, cada vez más rápido contra el coño de Ana. Ella le cogió por la nuca y le rodeó con sus piernas. Para evitar gritar por la follada le mordió el cuello a riesgo de dejarle una marca inexplicable.

    Cuando sintió que su cuñado aceleraba las embestía contra su coño y ante la inminente corrida, Ana le pidió que lo hiciese fuera. Ricardo, salió de dentro de la chica y se masturbó sobre ella. Varios chorros de leche caliente mancharon el cuerpo de su cuñada que se retorcía de placer pellizcándose los pezones…

    El sonido del timbre de su casa trajo a Ricardo de sus recuerdos. Segundos después aparecían por la cocina, su mujer y su hermana pequeña. Ana estaba embarazada de casi 7 meses y su barriguita era indisimulable. Su pecho había crecido considerablemente y se veía, al menos a los ojos del hermano de su mujer, tremendamente sexy.

    Como varios años antes, aquella noche, Ricardo tuvo un extraño sueño que le llevó a despertarse en medio de la madrugada. Sintió la necesidad de levantarse y esta vez no tuvo que oír ningún ruido para ir al dormitorio de su cuñada. Ana le esperaba:

    -Sabía que no te resistirías de venir a verme. –Dijo Ana entre susurros.

    Totalmente desnuda, permanecía apoyada sobre la pared y sentada en la cama. Una tenue luz en la mesita de noche le permitía ver como se acercaba su cuñado, también desnudo y con una tremenda erección. El hombre pudo admirar como los pechos de Ana habían crecido bastante. Ahora su aureola era de un color marrón más oscuro y sus pezones parecían más gordos. Su sexo no estaba rasurado y su barriga era redonda. Ricardo se arrodilló junto a la cama y Ana le ofreció su sexo:

    -Cómetelo cabrón, Cómetelo como hiciste aquella noche.

    Ricardo hundió su cabeza entra las piernas de su cuñada y comenzó una magnífica comida. Pasando su lengua caliente desde el ano hasta el clítoris para luego penetrarla y explorar cada pliegue de la mujer. Esta se retorcía de placer, con las piernas abiertas y pellizcándose sus gordos pezones de embarazada. El hombre aprovecho la gran cantidad de flujo vaginal para lubricarse dos dedos y masajear primero y dilatar después el ano de Ana:

    -¿Qué quieres cabrón? ¿Darme por culo? Siempre serás un cabronazo, hijo de puta.

    Ricardo se puso de pie y Ana se colocó muy cerca del borde de la cama a cuatro patas. Acomodó su barriga con sus piernas un poco abierta, dado el avanzado estado de gestación, y colocó su cabeza en el colchón. De esta manera ofrecía al marido de su hermana una excelente visión de sus agujeros. Con las manos separó sus nalgas para que su cuñado pudiese ver el ano enrojecido y dilatado:

    -Vas a disfrutarlo cabronazo.

    Ricardo agarró las nalgas de su cuñada y acercando la cabeza escupió en el ano de la mujer. Después colocó el glande en el ojete de Ana y presionó. Sin apenas esfuerzo el esfínter de la mujer tragó cada centímetro de aquella polla que no le era desconocida. Un resoplido de Ana acompañó a un suspiro de Ricardo:

    -Joder, cabrón, que grande tienes la polla.

    -Qué guarra eres Ana. No respetas ni que tu hermana está durmiendo en la habitación de al lado.

    -Párteme el culo, joder. Haz lo que tu mujer no te deja, hijo de puta.

    Ricardo comenzó a bombear sobre el culo de su cuñada. Agarrado a sus caderas movía las suyas cada vez más rápido. La imagen era tremendamente excitante. En una habitación con una tenue luz, una embarazada era sodomizada por el marido de su hermana mientras esta dormía, ajena a todo, en la habitación de al lado. La mujer se agarraba a las sabanas aguantando las embestidas del hombre que se esforzaba en penetrarla cada vez más profundo. El hombre se deleitaba con el movimiento hipnótico de las nalgas de su cuñada cada vez que su pelvis olpeaba contra ellas. Se agarró bien a las caderas y, ahogando un grito, echo la cabeza hacia atrás y empujó todo lo dentro que pudo su capullo para correrse abundantemente en las entrañas de la mujer.

    Ana sintió como se le rellenaba de leche caliente sus intestinos. El marido de su hermana le había dado por culo hasta correrse dentro de ella. Sentía como el capullo de Ricardo estaba incrustado muy dentro de su recto provocándole escalofríos a medio camino entre el dolor y el placer.

    El hombre se salió con la polla todavía dura y con las últimas gotas de semen saliendo del capullo, cayó rendido en la cama boca arriba. Con mucho más esfuerzo y dolorida, Ana se puso de pie. Andando con trabajo fue al baño para limpiarse los restos de semen de su cuñado que salía del ano y resbalaba por las piernas.

    Unos minutos después la mujer volvió a aparecer por el dormitorio. Ricardo la esperaba tumbado en la cama. El desnudo de la hermana de su mujer era realmente bonito. Sus tetas habían crecido de tamaño por culpa del embarazo. La barriga le daba un punto de belleza inexplicable. Su coño aparecía totalmente cubierto por una fina capa de rizos negros. Esa naturalidad con la que se mostraba le dio un morbo especial a la situación para Ricardo que se levantó y fue al encuentro de Ana. En medio de la habitación, los dos cuerpos desnudos se abrazaron y se fundieron en un morboso beso. Ricardo se despidió y se acostó junto a su mujer.

  • Una noche muy excitante

    Una noche muy excitante

    Hola de nuevo no tiene mucho que relaté mi primer salida del closet, ahora les contaré una de mis ya muchas aventuras, una de las más excitantes, espero les guste.

    En mis relatos anteriores (mi primer salida del closet un día alocado y excitante) relaté como me aventuré a salir del closet en una discoteca llamada el histeria y como perdí mi virginidad allá, además de que me vi obligada a permanecer de nena todo el día siguiente donde me tuve que prostituir para poder comer y dormir ese día, este relato me sucedió años después.

    Después de esa noche continúe saliendo a ese lugar de vez en cuando, poco a poco me iba acostumbrando a salir de nena a la calle y en público, pero la situación en mi casa con mi tío no iba muy bien pues era el demasiado estricto y usurero tal así que me tuve que salir de allá e irme a rentar un cuarto en el centro sola, estuve años rentando sola cerca del metro revolución Cd. de México y cada dos o tres día salía a la calle de noche a dar la vuelta vestida de nena, salía cada vez que me excitaba, mi objetivo era encontrar macho para calmar mi calentura y casi siempre tenía suerte, ya sea que me llevaran al hotel o que me cogieran en sus carros o en alguna calle obscura, desde esa primer noche en el histeria me encanto la verga y me volví bien puta nalga fácil, y aunque cuando salía a buscar yo me prostituía no era muy buena prostituta porque siempre me malbarataba, rara vez llegue a cobrar más de $50 por dejarme penetrar o darles un oral y yo siempre por ese precio ofrecía servicio completo, oral y penetración en mis nalguitas, me la pasaba muy bien ese tiempo.

    Una noche regrese del trabajo algo cansada con ganas de una cervecita, lo normal era ir a la tienda y comprarla pero como además estaba algo excitada mejor me metí al baño, me depile el poco bello que tenía pues me depilaba seguido, me vestí lo mejor y más hot que pude, me maquille y salí, me dirigí a un barcito en Garibaldi que frecuentaba seguido llamado en ese entonces el 33 ahora cambio de nombre por algún motivo y ya no ofrece el mismo ambiente lamentablemente, pero regresemos al relato. Mi objetivo era si tomarme una cerveza pues no estaba muy holgada económicamente esa noche y tal vez en el camino encontrar macho que me hiciera suya un rato, no estaba en mis planes regresar muy tarde pues tenía que trabajar al día siguiente pero no fue posible.

    Llegando al barcito me senté en una mesita desocupada pedí mi cerveza y me la tome despacio, como era entresemana no había mucha gente en el lugar pero estaba un grupo de tres hombres sentados en otra mesa tomando y echando desmadre, cuando estaba a media cerveza uno de ellos que me había estado observando desde que llegue me invito a unírmeles en su mesa y acepte, me senté entre ellos y echamos relajo un rato, poco tiempo después les dije que solo iba por una cerveza que no tenía para mas y que me retiraba, pero ellos me pidieron quedarme mas tiempo y me invitaron otra cerveza, yo haciéndome del rogar acepte y me quede un buen de rato con ellos, no sé cuántas cervezas me tome pero ya me había emborrachado, finalmente me dejaron ir no paso a mas con ellos, pero ya algo ebria y súper excitada por las manoseadas que me dieron decidí tomarme un desvió, me dirigí a la ciudadela.

    La ciudadela es un parque cerca del metro Balderas donde por las noches se reúnen varios hombres gays por lo general y una que otra tv, si buscas hallar macho, ser manoseada o ser cogida es un buen lugar para ir aunque hay que tener cuidado pues también va gente de mala vida, ya había ido algunas veces y me habían cogido en pleno parque, cuando llegue se me quedaban viendo los hombres con deseo uno de ellos se me acerco y me pidió coger, yo encantada le dije que adelante y nos fuimos a un rincón del parque, se sacó el pene y se la empecé a chupar, como dice el dicho al que mucho enseña se le mosquea y en ese lugar es común que cuando ven los demás acción se acercan a ver y a participar, en esos casos normalmente se les hace entender que no quieres más participantes y te mueves a otro lugar o esperas a que se vallan, eso es lo que normalmente ago. Cuando voy allá y después continuo con lo que estaba haciendo, pero esa ves fue diferente.

    Se la estaba chupando en una banquita, él estaba de pie y yo empinada apoyándome en la banca para chupársela, entonces observo a los que nos ven y se comienzan a acercar como siempre, pero yo tomada y excitada mi buen juicio desapareció y continúe chupando, se acercaron varios hombres me rodearon se masturbaban se las chaqueteaba con la mano cada determinado tiempo tenía en mi boca un pene diferente y me manoseaban toda y me dedeaban, estaba súper excitada, de pronto el que me dedeaba me dijo -te voy a penetrar perra- yo me levante tantito saque lubricante de mi bolso y me aplique en mi colita, me volví a empinar y continúe chupando vergas y masturbándolas, sentí como me penetro, como la tenía chica al igual que la mayoría de los que estaban allí no me dolió aunque tampoco me causo mucho placer, y así estuve un buen rato, no sé ni cuántos hombres me cogieron pero si acabe con mi culo y cara llenas de leche, me limpie, me maquille, me perfume, me arregle la ropa y emprendí mi camino a casa a pie a pesar de lo cansada que estaba aunque aún estaba excitada pues no me toco esa noche ninguna verga que me complaciera totalmente, cuando llego a la calle puente de Alvarado pues yo rentaba por el metro revolución un hombre, un pordiosero me empieza a manosear, no olía mal y se veía alto, me dije -tal vez este si la tenga grande- me dije y cuando me pidió que lo siguiera lo ice sin negarme pues quería mas yo, me llevo a un parquecito muy obscuro ubicado frente a la alameda central entre los edificios del museo Franz Mayer, ya estaba yo cansada así que no se la quise chupar pero si me deje hacer lo que él quisiera, me empino en una banquita, me bajo la tanga y me chupo mi culito, no tardó mucho en sacar su pene que estaba mediano y me cogió bien rico, termino y se fue, yo me arregle el maquillaje, mi ropa y me fui continuando hacia mi cuarto.

    cuando paso por el metro hidalgo cerca de la iglesia de san Hipólito ya había gente esperando que abrieran el metro, eran como 4:30 am, yo estaba bien cansada con muchísimo sueño, seguro se notaba por mi forma de caminar, supongo yo caminaba como zombi, y un hombre que esperaba que abrieran el metro lo noto, se me acerco cuando yo pase frente a él y me tomo de la mano, me jalo asía donde estaba el parado frente a un puesto de revistas cerrado a un par de metros de la estación del metro y me empezó a manosear, yo no me resistí en ningún momento de lo cansada que estaba en parte, me beso, me giro poniéndome de espaldas a él subió mi falda me bajo un poco la tanga y allí mismo me penetro, me cogió allí mismo hasta que termino, me dijo que gracias y continúe mi camino a casa, en el camino sentía como escurría la leche de mi culito por mis piernas, no sé cuántos litros de leche me habían inyectado esa noche en mi colita, llegue a mi cuarto exhausta me tire en mi cama y me perdí todo el día, está por demás decir que falte a mi trabajo ese día, cuando me desperté en la tarde sentía todas resecas y duritas mis nalguitas y piernas, estaba toda llena de leche reseca y un relajo en mi cama, pero me gusto la noche a pesar del cansancio me encanto la aventura.

    Es todo el relato, ojalá les allá gustado, espero no les haya parecido muy tedioso leerlo, luego subiré más relatos, hasta luego, dejen sus comentarios.

  • Vacaciones familiares con mi tía

    Vacaciones familiares con mi tía

    Algunos primos y yo queríamos ir a la playa de noche, entonces mi papá se ofreció a llevarnos a todos los que quisiéramos ir en su coche.

    Quedamos mi papá y yo adelante, y 6 primos atrás amontonados. De repente vemos salir corriendo a mi tía de 26 años, una mujer alta y que es súper atractiva y acuerpada, siempre ha estado súper buena y muy bella, tiene un hermoso par de nalgas que le ponen la verga al 100 a cualquier hombre con solo verla y llevaba puestos unos leggings blancos que dejaban ver muy bien ese tremendo par de nalgas y nos dice que le hagamos espacio porque quería ir con nosotros, le decimos que ella se puede ir en mis piernas porque atrás ya van llenos y la playa estaba bastante cerca.

    Yo tenía 19 años en ese momento y tengo un buen cuerpo de gym, entonces ella se sienta en mis piernas y a los pocos minutos yo ya estaba como roca, mi tía tiene un cuerpo bastante bien desarrollado y se iba moviendo para «acomodarse» en todo el camino.

    Definitivamente sintió mi situación, sintió mis 20 cm de verga y parecía no haberle incomodado, ya que con cada «acomodo» se restregaba ese tremendo culo contra mí. Yo no dije ni una palabra y solo iba disfrutando de los arrimones que me daba mi tía, con cada acomodo de ella sentía que me abría camino entre sus bellas y torneadas piernas dejando poner mi verga entre sus nalgas y la entrada a su vagina.

    Yo podía sentir el calor de su vagina y de lo mojada que estaba por ir sentada arriba de mi verga.

    Ella seguía moviéndose y yo estaba casi que me venía con semejantes nalgas dispuestas a mi verga y terminó ocurriendo, sentí un hermoso orgasmo y me hizo llenarme con mi leche mis shorts y parte de sus leggings blancos.

    Justo antes de llegar a la playa ella me dice al oído que se sentía muy rico tener una verga como la mía en la entrada de su vagina y que eso la ponía muy caliente. Llegamos a la playa y en todo el día no pude dejar de imaginar cómo sería follarme a ese par de deliciosas nalgas de mi tía.

    Ella estaba usando varios bikinis que dejaban ver claramente su hermoso cuerpo y parecía que ella lo disfrutaba.

    Después de ese día no volví a ver a mi tía de la misma forma. Espero les haya gustado tanto como a mí este relato.