Autor: admin

  • Noches de masturbación

    Noches de masturbación

    Así comienzo a pensar en imágenes y literatura erótica, que hoy en día ya son parte de mi rutina, al llegar la noche mis tangas ya están muy húmedas, mi mente ha hecho la mitad del trabajo. Al llegar a mi casa, me dirijo a mi cuarto, y una vez allí mi cuerpo me pide desahogo, mis manos ruegan poder acariciar, estoy tan lista para entregarme, tan dispuesta a tantas cosas que se quedan rezagadas y frustradas, solo me conformo conmigo misma, con darme placer recreando mi mente con tus palabras.

    Escucho música, lenta y embriagadora música que me incita a liberarme, el deseo comienza a recorrer con más intensidad mi cuerpo, mientras las notas arrullan mis pensamientos, es delicioso sentir que mi imaginación es capaz de traerte a compartir conmigo este éxtasis.

    Me desvisto con la suavidad que se deshoja una margarita, por encima de la tela acaricio mi cuerpo, mi cara, mi cabello y mis brazos, mis manos se convierten en una manifestación más de tu invisible compañía, las paso por mis senos mientras hierven bajo la blusa, mi striptease solitario te llama, quiero que escuches mi corazón acelerando su latido, y mi respiración cada vez más profunda.

    La falda cae, mis muslos se guían uno al otro en un suave vaivén, abrazo mi cintura y lentamente me quito la blusa. Abro los ojos y observo mi cuerpo, el baile se me hace tan sensual hasta a mi misma y esto es motivo de continuar, hasta ahora comienzo.

    Palpo mis tangas, están muy húmedas y decido quitarlas, mientras bajo mis caderas al ritmo de la música, comienzo a sentir la desnudez en mis genitales, rozo con la punta de mis dedos me vagina y esta tan tibia y tan mojada que me encantaría resbalarte en ella. Acaricio mi vientre, mi ombligo, subo poco a poco a mis senos, y los libero del brasier. Ahora estoy completamente desnuda, soy solo yo, solo una mujer queriendo ser tuya.

    Me acuesto en el piso de mi habitación, y allí me muevo de un lado a otro, formando figuras sobre mi piel, disfruto de esta leve excitación dejándome llevar por mi imaginación. Eleve mi pierna izquierda, para acariciarla lentamente, y pensé en lo deliciosas que se sentirían tus manos recorriendo mis piernas. Después subí desde mi estomago a mis senos, mis pezones erectos, tal vez por frío o tal vez por excitación, posiblemente por la combinación de ambos.

    Repartí caricias a todo mi cuerpo concentrándome en el movimiento de mis manos que casi se movían solas. Pensando en como sería estar contigo levanté las piernas, las abrí apoyándolas en la pared y comencé a acariciar de arriba a abajo, desde mi vagina hasta mi ano. En ese momento comencé a notar que estaba muy mojada, y me dejé llevar por los pálpitos cada vez más fuertes de mi vagina, dejé que una mano continuara masajeando mis genitales. Mientras que la otra buscó mis pezones, pellizcándolos despacio estaban muy duros, deseando ser besados así que pase mi lengua por mis senos.

    Mis dedos se deslizaban fácilmente por mi orificio, fueron entrando uno tras otro, hasta que sin darme cuenta estaba disfrutando de cuatro, metiéndolos y sacándolos de vez en cuando rápido y de vez en cuando lento, la otra mano continuó con mi clítoris. Comencé a percibir cierto sonido cuando mi vagina se contraía, y reduje la velocidad para no ser escuchada por el resto de mi familia ya que la cercanía de las habitaciones es mi principal desventaja.

    Me puse en cuatro y comencé a pasar mis dedos mojados por mi ano, lo mojé lo suficiente y metí un dedo, entrándolo y sacándolo lentamente, con el mismo ritmo introduje el segundo, con mis ojos cerrados me concentré en la sensación de mis dedos, el esfínter los apretaba y los soltaba. Esta sensación me hizo sentir la necesidad de mi cuerpo de ser penetrado, esa necesidad de sentirme llena me hizo tomar mi consolador y comenzar a introducirlo en mi vagina primero.

    De cuclillas con una mano en mi mesa de noche, la otra comenzó a empujar el duro objeto, entraba todo liso por la humedad, me llegó la curiosidad de saber cual es el sabor que tiene mi vagina, y probé mi consolador empapado por mis jugos, ese sabor suave, semi espeso pero muy cálido me excito aún más, y acariciaba mi clítoris mientras comenzaba un mete y saca más firme en mi vagina.

    Me arrodillé y bajando completamente la parte de arriba de mi cuerpo con la cara tocando el piso, y mis senos excitados durísimos por el frío, comencé a acariciar mi ano con mis dedos mojados y el consolador, lo puse a la entrada, y empujaba muy despacio para sentir como se abría un camino que parece cerrado completamente, mojé mi herramienta con saliva lo empujé más duro, cuando por fin entró la punta sonreí placenteramente, mientras lo hundía todo, después lo sacaba despacio mi mano derecha continuo este ritmo mientras la izquierda no dejaba de masajear mi clítoris, la excitación estaba apropiada de mi y sentía como me llenaba la vagina y mis orgasmos se hacían cada vez más placenteros, mordiendo mis labios evitaba los gritos y los gemidos que contenidos en mi garganta intentaban ahogarme.

    Después lo introduje en mi ano, difícilmente entró pero al tenerlo adentro, el placer casi se duplicó. La mano que acariciaba mi clítoris ahora entraba sus cuatro dedos en mi vagina, necesitaba estar completamente llena, y mirando en diferentes direcciones, vi lo que sería mi improvisación de segundo consolador. El mango de mi cepillo del cabello, lo cogí y mirándolo con morbo, lo recosté en el piso, para mi sorpresa se sostuvo solo por las cerdas, y comencé a sentarme encima de él, tal y como si estuviera cabalgándote a ti.

    Subía y bajaba de él, sintiendo como se abría mi carne para recibirlo. Y el primer consolador ocupaba mi ano por completo, subiendo y bajando sobre mi cepillo introducía mi consolador en mi ano y con la otra mano, sobaba mi clítoris, estaba pensando en ti más que nunca y me sentía tan llena, tan vida, tan caliente gracias a ti.

    Después de venirme en varias ocasiones, de intentar avanzar un paso más en el placer, me acosté acariciando mis senos duros y como aún sentía la excitación en mi mente, me estiré a los largo, mi desnudez se relajó, permanecí 15 minutos más inmóvil mirando al techo, tal vez imaginando como descansar a tu lado. Mirarte a los ojos satisfecha después de hacerme el amor de muchas formas, imaginándome acariciando tu pecho sudoroso por el momento.

    Me levanté, me acosté en mi cama y tu recuerdo se acostó conmigo, sentí tu cálida desnudez entre mis cobijas, esa noche dormí más tranquila como si sintiera mi cabeza descansar en tu pecho. Yo sé que tú sentiste mi calor esa noche, me pensaste y casi no pudiste dormir imaginándome en plena masturbación tal y como lo hablamos, hasta creo que estuvo mejor que lo que dijimos, ¿tú que piensas?

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  • El placer de Lucía y su amante

    El placer de Lucía y su amante

    Noviembre finalizaba incitado con algunos asedios de calor provocando que los montevideanos salieran a sus tareas, provistos de más ropa de la que necesitarían en un intento por cubrir todas las posibles necesidades meteorológicas del día. Lucía se comunicó con José en la noche con el propósito de charlar sobre algunos temas pendientes y quedaron de verse esa noche. Tomó un baño sin prisas relajando su cuerpo. Se vistió casualmente y salió hacia la parada del ómnibus. El viaje tardó más de lo que hubiese querido. Descendió cerca de la Cuidad Vieja y emprendió el recorrido hacia el mar de dos cuadras hasta la casa de José. Las calles estaban ya semidesiertas. En el liceo cercano no había ya casi alumnos debido a la finalización de los cursos.

    Al llegar al edificio busco el número del apartamento, que ya conocía de muchas otras veces y presiono ligeramente el timbre. En ese instante se acercó a la puerta un joven vestido muy elegantemente de traje y observó a Lucía. Le gustó lo que observó y se sonrojó. Lucía también lo hizo y pensó en lo atractivo que era ese hombre. Él le dijo si quería entrar, pero ella le expresó que ya vendrían a abrirle. El cerró la puerta y la volvió a mirar. Lucía se quedó pensando en que apartamento viviría él, y si se volvería a encontrar alguna otra vez.

    Un poco después de presionar el timbre sintió que del portero salía su voz diciendo:

    —¿Si?

    —Lucía —dijo ella.

    —Ya bajo —dijo él.

    Se quedó pensando en ese hombre mientras miraba el ascensor esperando salir a José cuando el ascensor se abrió lo vio nuevamente. Alto, atractivo con sus remeras con caricaturas. Se saludaron, subieron al ascensor e intercambiaron las siempre breves palabras que cabían en el viaje ascendente hasta su piso. Él le abrió la puerta y ella entró despojándose de su abrigo que colgó en un perchero próximo y de sus otras pertenencias. Él se descalzó dejando sus zapatos como siempre alado de su puerta.

    —Quería charlar contigo acerca de algunas cosas hace días.

    Él se le acercó y la besó tan profundamente que Lucía pensó que iba a desvanecerse sobre la alfombra. Sus lenguas se enredaron formando hélices que adquirían más y más torsión. Las manos de Lucía sujetaban la espalda de José y los dedos trataban de asirse a él. Las manos de él corrían por el tórax de Lucía pasando por encima con los dedos por sus senos. Las caricias fueron interrumpidas bruscamente.

    —¿Te bañaste? — dijo él

    —Si —dijo ella

    —Yo me entretuve trabajando y no pude hacerlo. ¿Me acompañas? —dijo él y comenzó a desnudarse.

    —Te acompaño —dijo ella

    Pero quedó como detenida en tiempo. Increíblemente le costaba desnudarse e irse a bañar con él. Quizás porque sus encuentros siempre fueron tan apasionados que al unirse sus labios conducían siempre a la posición horizontal. Además de que no estaba acostumbrada a desnudarse frente a otros y su faceta tímida asomaba.

    Cuando quitó la última de sus prendas, él ya estaba en el baño contiguo al cuarto abriendo los grifos. La ropa quedó en la alfombra, sus jeans, su remera y sus sandalias. Lucía se complació viéndolo desnudo, su pene erecto, ya excitado por aquellos besos y el roce de sus cuerpos. Él la miró, contempló sus senos, su piel blanca y le extendió la mano. Ella se acercó y lo besó. Él con su otra mano buscaba el punto exacto del agua.

    —¿Te parece que está bien? —dijo él.

    —Esta tibiecita —dijo ella.

    Se metieron en la ducha y el agua empezó acorrer por sus cuerpos. Por el cuerpo de José corría sin obstáculos hasta su pubis, donde encontraban la barrera de su pene erecto y donde divergían hacia sus testículos pasando por sus piernas. En Lucía se encontraban con sus senos algunas gotas discurrían por uno y otro pecho y otras por la separación entre ambos. Algunas gotas entraban en su ombligo y llegaban hasta su pubis que se encontraba bastante depilado en esta oportunidad.

    Él la abrazó e interrumpió la ruta de las gotas descendiendo por sus cuerpos que ahora eran uno. La acariciaba tan lentamente por su cola y sus piernas, por su espalda, separaba su cuerpo del de ella y mordisqueaba sus pezones erectos, la besaba, la abrazaba nuevamente. Las manos de José tomaron el jabón y comenzaron a enjabonar el cuerpo de Lucía deslizando caricias por todo su cuerpo.

    Sus manos buscaban en su vagina, tocaban los labios mayores, abrían los menores, buscaban el clítoris, faro de la caverna donde parte de su cuerpo hallaba la gloria. Lo rodeó con sus dedos, lo halló extremadamente redondo y sobresaliente, denotando aquella excitación que José podía ver en aquellos pezones rosáceos que coronaban las montañas de su pecho.

    Las manos de Lucía buscaban cada detalle del cuerpo de José, su cuerpo bronceado, su pubis sin vellos, su pene erecto que impedía que ambos vientres se unieran sobre si mismos, sus testículos, su cola fabulosamente redonda. Su mente no podía parar de formar imágenes, elucubraciones de escenas de sexo demasiado explícitas para una película corriente, en donde su cuerpo se pegaba a de él.

    De espaldas, y ella poblándolo de besos y esos gemidos que su boca exhala cuando José se excita. En medio de esas elucubraciones dignas de un buen director de cine Lucía comenzó a sentir como una corriente ascendía por la línea media de su espalda, trepando por su columna vertebral tensando los músculos de su espalda. Sentía como sus piernas se aflojaban y caía casi sin fuerzas en los brazos de José la sostenían besándola sin cesar.

    Lucía recuperaba un poco de su tono muscular, volvía a la realidad de las caricias de José, a sus cuerpos desnudos bajo el agua y él comenzó a enjuagar su cuerpo y el suyo propio. Parecía como si su mente y cuerpo se hubieran transportado a otro lugar y ahora volvieran recuperando la visión de aquel hombre que le causaba tanto placer. Cuando ambos carecían de jabón en sus cuerpos José cerró el grifo y tomó una toalla con la que comenzó a secar a Lucía.

    José observaba a aquella mujer mientras la secaba, su cabello lacio, sus ojos marrones, aquel cuerpo de esa mujer de finales del siglo XX, con sus reminiscencias del Renacimiento, con su cuerpo nunca anoréxico, con sus senos grandes y sus pezones rosados que como focos nublaban su visión y endulzaban su boca hasta hacerlo adicto a su sabor. Con su piel blanquísima por su obstinación a no tomar sol. Aquel pubis que lograba enloquecerlo de placer.

    La detallaba con un fervor que nunca admitiría, a aquella mujer que lo hacía vibrar. La boca de Lucía que lo conducía al paraíso, la vagina que lo hacía temblar, la manera en que se excitaba y se entregaba cuando hacían el amor. Pero jamás lo admitiría, eso era demasiado para su ego.

    Se recostaron en la cama, Lucía de espaldas y él se apoyó levemente sobre ella. Al hacerlo su pene presionó su pubis, su vientre y el la besó por todo su cuerpo. Subió desde su vientre a sus senos, discurriendo sus manos hacia sus flancos. Mordía sus pezones muy suavemente, los besaba, presionaba más su pubis sobre ella, acariciaba su cabello, la besaba nuevamente. La cama nuevamente era testigo de su pasión, de aquellos cuerpos desnudos buscando el límite del placer.

    Lucía se dejaba acariciar y con sus dedos rozaba su piel, lentamente hacia abajo y arriba como si el cuerpo de José estuviera formado por cuerdas de guitarra. Solo que este juego causaba que la boca de José exhalara gemidos, jadeos. Que si fueran capaces de formar palabras dirían No pares de acariciarme así.

    José descendió por el pubis de Lucía y con sus dedos hábiles y sedientos de Lucía buscaron en su vagina. Encontraron sus labios húmedos y al adentrarse la humedad se convirtió en un hilo de jugos que emergían de su inmensidad. El clítoris redondo, abultado señalando la entrada a su vagina. Rosado y húmedo. Los bebió, los saboreó, le expresó lo dulces que estaban, utilizó su lengua como un pequeño latiguillo que arremetió contra el clítoris. Recorrió vehementemente su periné, la cara interna de sus labios, deslizo sus dedos hasta su ano en un rápido movimiento y volvió a su vagina. Le susurró al oído:

    —Estás tan tibia en tu interior que me dan ganas de meterme y quedarme a vivir dentro de ti. Podría alimentarme de los jugos que manan de ti.

    Lucía se sonrojó sabiendo que podría vivir de sus caricias, y sus besos.

    José mordisqueaba, besaba, acariciaba su vagina, su Monte de Venus labios mayores y menores, su cola, sus manos. Se apoderó de su vagina como el ebrio de su botella, deleitándose, queriendo aprovechar hasta la última gota casi desconociendo la evidente consecuencia de sus caricias. Utilizó sus dedos como penes inexistentes que se adentraban en Lucía, siguiendo su intento natural de buscar sus paredes internas, sus detalles, sus pliegues, aquellos que conocía de las innumerables travesías que habían vivido juntos, que le permitían cartografiarla tal como si los viera. Al salir lo hacían cubiertos de aquellos jugos de los que se apoderaba tal como el oso hormiguero al salir cubierto de su exquisito manjar.

    Los dedos iban a su boca y él mientras se deleitaba la miraba a los ojos, con esos ojitos tiernos llenos de placer.

    Él acercó sus dedos a los labios de Lucía y tal cual como si sus dedos fueron la llave para la cerradura, la enzima para el sustrato se abrieron permitiendo a Lucia disfrutar de los jugos de su excitación mezclado con el sabor de la piel de su amante.

    Lucía se subió encima de José. Lo miró y abrió sus piernas que se plegaron a los costados de su cuerpo. Sintió y vio su pene erecto y lo comenzó a rozar suavemente sin dejarse conquistar por el deseo de sentirlo dentro suyo. Lo rozó consecuentemente mientras lo besaba y sus pezones presionaban su pecho, mientras trazaban círculos en la piel de José. Lo dejaba excitarse, desearla, hasta enloquecer, dilatar el placer que sentirían.

    Ella dilataba su propio placer como una jovencita inexperiente que teme hacer el amor, sin saber que en ese acto radica la más bella experiencia. Él cerraba sus ojos, sentía como aquellos cuerpos rozaban, disfrutaba de aroma de placer que invadía su cama. Se dejaba llevar por las manos de Lucía que provocaban que su pene se erectara más y más. Era increíble el grado de excitación que ella causaba sobre él. José sentía que todas y cada una de sus fantasías podían ser cumplidas por Lucía que cada una sería aceptada y tomada para si, para el mutuo placer de los dos. Que esa ausencia de prejuicios los conducían a los dos al éxtasis absoluto, la noción de que el placer debe buscarse y disfrutarse.

    Ella presionó firmemente su cuerpo contra él y se movió de manera que provocó que su vagina tomara contacto con su glande y su pene penetrara en ella. Se produjeron gemidos y jadeos. Ella comenzó a moverse sobre él. Rítmicamente, buscando que todo su pene la penetrara, buscando empapado on sus jugos. Su pene se adaptó a la vagina, la vagina a su pene, como piezas perfectas en un mecanismo.

    Podía observar a Lucía moverse encima de él, haciendo que su pene penetrara en ella y saliera y el casi impávido hacia la situación solo dejando que sus cuerpos gozaran y que ella llevara la rienda de la situación, que ella buscara su propio placer, que ella dejara sumergir su pene en su interior, buscando aquellos puntos de infinito placer. El obtenía el calor de sus jugos, y las contracciones que con sus músculos Lucía presionaba su pene, como lo capturaba y lo mimaba y como enseguida lo soltaba comenzando nuevamente el rítmico juego. Él podía sentir a aquella mujer dándose placer y provocándoselo.

    Como movía su cola, como sentía la piel de su cola rozarle los testículos y como esto provocaba que miles de pinchazos muy suaves recorrieran el espacio entre sus testículos y su ano. Y volvieran como si fueran miles de hormiguitas con ese destino. Podía deleitarse con el vaivén de los senos de Lucía y sus pezones erectos que en ese momento no podía besar, y que eso hacía que aumentara el placer.

    Lucía podía sentir como la excitación de José iba en aumento y como podría venir su orgasmo en cualquier momento. Y frenó su movimiento de golpe y salió de él. José la miró sin comprender mucho porque ella dejaba de hacerle el amor, cuando comprendió que ella deseaba retardar el momento de su orgasmo. Ella había tomado el control ahora se dirigía a su pene. Lo besó, saboreando su propios jugos de él. Ese sabor mezclado y exquisito de los secreciones de ambos mezcladas, los jugos, los secreciones vaginales de Lucía ahora se mezclaban en su boca.

    Deslizó su lengua sobre el cuerpo de su pene, la llevó hasta los testículos, los beso y rodeó con la lengua y volvió a subir a su pene, apoderándose de él nuevamente. Hacía círculos en su glande, rodeaba su meato urinario, volvía a bajar mientras lo sujetaba con su mano que apenas podía tomarlo totalmente. Sabía que los deseos de José podían ser múltiples y que podía causarle placer de mil modos, pero también tenía la firme convicción basado en múltiples noches de placer que las caricias que ahora ejecutaba lo enloquecían.

    José también sabía que si existiese un premio a la persona que mejor hiciera sexo oral lo recibiría Lucía por el placer que le daba y que sabía darse. El semen no pudo contenerse por mucho rato y el rostro de Lucía y parte de su boca fue salpicado por gotas tibias con un sabor exquisito que supo deleitarse. Ambos se miraron y sonrieron sabiendo que aún faltaba gran parte de la noche para seguir haciendo el amor.

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  • Mi segundo trío

    Mi segundo trío

    Bueno, una noche salí de marcha con unas amigas a una disco y conocí a dos chicos uno de 22 años y el otro de 24, muy jóvenes sí lo sé, pero… jeje.

    Mi cabecita pensó, casi siempre me han enseñado referente al sexo y…

    ¿No es hora de que enseñe yo? Pues sí, creí que había llegado la hora y el momento para enseñar algo de lo que yo sabía.

    Este día solo hablamos, nos conocimos un poco y la verdad me gustaron mucho los dos.

    Javi, el chico de 22 años, era tímido y muy guapo, uf como me ponía cuando me dirigía a él y le hablaba despacito y sensual, se ponía muy nervioso y yo sentía como temblaba, se notaba que no tenía mucha experiencia con chicas y eso me excitaba mucho más.

    Fernando tenía 24 años, era un poco más impulsivo y se ponía menos nervioso, pero aun así, cuando me acercaba a él, no hacía nada más que fumar un cigarrillo tras otro, eso me hacía gracia, un chico seguro de sí mismo y aparentemente duro y sin embargo, una chica le decía algo bonito y se derretía.

    Este fin de semana no pasó nada, quise conocerlos un poco antes de lanzarme como una vampiresa.

    Pase toda la semana pensando si hacía bien, pero recordaba mi primera experiencia sexual en trío y al final lo tenía muy claro, quería volver a pasar otra vez por esa experiencia tan bonita y excitante.

    Por fin llegó el sábado que tanto deseaba, nos vimos en la disco, estuvimos bailando un poco, tomando algo y se acercaba el momento de proponer el trío.

    Y aunque no os lo creáis, ahora la que se puso nerviosa fui yo, pensaba… ¿y si me dicen, no? pero me vestí a conciencia algo provocativa, para ponerlos muy calentitos y que no se negasen.

    Os preguntareis que me puse, una blusa negra transparente, la cual dejaba ver muy descaradamente el sujetador negro con encajes en la parte inferior, una mini falta muy, muy cortita y ceñidita, que se subía al andar y por supuesto un tanga negro todo de encajitos.

    Bueno llego el momento, les propuse el trío y para mi sorpresa, no lo dudaron ni un instante, asintieron los dos con la cabeza con rapidez.

    Nos fuimos a un hotel, subimos a la habitación, cuando entramos ellos no sabían que hacer, me miraban, se miraban, los notaba algo nerviosos, así que como siempre me lancé, de un empujón los senté en la cama y empecé a quitarme la ropa sensual y muy lentamente, ellos me miraban muy atentos y sorprendidos, me quedé en sujetador y tanga, me acerqué y empecé a quitarle los pantalones y la camiseta a Javi, después a Fernando, los tumbé a los dos en la cama y empecé a besar a Javi y a pasarle mi lengua por su cuello, fui bajando hasta llegar a los pezones, mientras Fernando se acercó a mí y empezó a besarme el culito y lamérmelo.

    Yo seguía con Javi pasándole mi lengüita por los pezones y fui bajando hasta llegar a la parte superior de su pene, seguía lamiéndole por todas partes, pero sin tocar el pene, lo miré a la cara y madre mía lo excitado que estaba, la verdad que yo también me estaba poniendo muy caliente y más porque Fernando estaba por detrás de mí, lamiéndome el clítoris y no os podéis imaginar como me estaba poniendo de húmeda.

    Le cogí el pene a Javi y empecé a lamerlo y chuparlo una y otra vez, me la metí en la boca y se la chupe muy fuerte, pero a la vez muy delicadamente, no paré hasta que se corrió en mis labios.

    Fernando, mientras seguía lamiéndome el clítoris, se levantó y puso su pene contra mi chochito, me penetró muy despacito, yo gemía de placer, le pedía que no parara, quería que lo hiciera más rápido y así lo hizo hasta que se corrió en mis cachetes.

    Le dije a Javi que me penetrara por detrás, cuando lo hizo, di un grito de placer impresionante, le dije a Fernando que se pusiera debajo de mí y me comiese el clítoris, Dios que placer me estaban dando, no os lo podéis imaginar, estaba a punto de correrme, cuando les pedí que me lamieran el clítoris y el chochito los dos a la vez y…

    Uf me corrí como una loca y ellos me lamían más y más y más, hum fue estupendo.

    Nos quedamos los tres tumbados en la cama un ratito y volvimos a empezar.

    Javi, el más joven y tímido, de repente cambió de actitud, empezó a ser más impulsivo, pero más consciente de lo que hacía, y Fernando, bueno, él como la primera vez parecía algo más seguro de sí mismo, y esta vez si que lo estaba, y lo demostró.

    Javi después de descansar se incorporó, me cogió, y me levantó de la cama y empezó a comerme los labios, muy suave y delicadamente, sacó su lengua, y empezó a lamerme la orejita derecha, estuvo un ratito, y eso me hacía estremecer, y poco a poco fue bajando hasta mi hombro, y mientras, Fernando hacía lo propio en mi nuca, también fue hasta mi orejita izquierda, e hizo los mismo que Javi, lo cual me excito doblemente, mi sexo ya empezaba a rezumar mis fluidos, uno y otro empezaron a comerme y lamerme desde los hombros, uno hacia mis pechos y el otro por mi espalda. Madre mía que placer, cuando noté que Javi succionaba mis pechos con sus labios, al mismo tiempo que su lengua me lamía los pezones.

    Sentía en mi espalda el placer que me provocaba Fernando, no dejaba de lamerme, bajando hasta llegar al culete, me lo abrió con las manos y metió su lengua, la cual no paraba de deslizar de un lado a otro hasta dejármelo muy mojadito.

    Yo estaba deseando que Javi llegase a mi chochito, y no se hizo esperar, si antes lo pienso antes llega su lengua a mi clítoris, y empezó a lamérmelo, haciendo circulitos con su lengua sobre él, para después bajarla y subirla por todo el contorno de mi sexo y hacer que mis labios se despegasen por completo, mientras metía su lengua muy lentamente una y otra vez en mi chochito, sentía como si me estuviesen penetrando, pero eso aun no iba a llegar, ellos querían hacerme disfrutar, y lo estaban consiguiendo.

    Javi mientras me lamía el chochito extendió un brazo y me tocaba los pechos, cogiendo son sus dedos mis pezones y jugando con ellos, dándoles pequeños pellizcos lo cual me daba mucho placer, pero yo también quería jugar, los hice levantarse y me agache, cogí sus penes que ya estaban jugosos y comencé a lamer muy suave y lentamente los testículos de uno y del otro, para seguir subiendo por alrededor de sus pollas hasta llegar a la puntita de ambas, fui chupando primero una y luego la otra, una y otra vez y así sucesivamente.

    De repente, ambos me cogen cada uno de un brazo, y me levantan muy despacito del suelo, Fernando se sienta en la cama, me coge del culete con las manos y me hace sentarme encima de él y mientras lo hago, él me penetra lentamente el chochito, ummm, ahora si que noté su miembro dentro de mí, lo metió con mucho cuidado, y yo me enteré, si, ya lo tenía dentro, suave y delicadamente la metía y la sacaba, mientras yo sostenía mi peso apoyándome con mis manos en sus rodillas.

    Javi se agachó y volvió a mordisquear mis pechos y con su mano derecha agitaba mi clítoris. Aquello era lo que yo estaba deseando, ya empezaban a follarme, y a sentir verdadero placer, estaba llegando al orgasmo pero en ese momento, Javi me levantó e hizo que el pene de Fernando saliera de mi interior bruscamente, me giró y agachándome me puso apoyada con mis brazos en la cama, quedando a cuatro patitas, y no se lo pensó, me introdujo su pene en mi chochito el cual estaba tan mojado que no note el cambio de un pene a otro, este empujaba con fuerza, una y otra vez, me cogió de las caderas y me movía hacia él sin descanso, estaba a punto de correrse.

    Entonces Fernando lo cogió a él del brazo y lo hizo salir de mí, volvió a tumbarse en la cama boca arriba y me hizo tumbarme encima de él y me penetro la vagina, quedando mi culete expuesto a la tentación de Javi, el cual se abalanzó y me penetro por detrás, ya estaba completamente saciada y quería correrme, y ellos seguían penetrándome, cada vez sentía más placer, cada vez, los sentía más dentro de mí, no podíamos más, ninguno de los tres dejábamos de gemir, y sentí como Javi se corrió dentro de mi culete, uf que caliente estaba su semen, y Fernando ya no podía más pero le dije:

    —Espera que estoy a punto de correrme…

    Y aguantó, entonces yo empecé a moverme más y más rápido, notaba como me llegaba el orgasmo, gritaba de placer, ya no aguantaba más y me corrí, me agaché, puse mi boca muy cerca de su polla, quería que se corriese dentro de ella, empecé a lamerla muy rápido, se retorcía de placer hasta que explotó y llenó mi boca de su semen caliente.

    Fernando y yo nos quedamos tendidos en la cama, mientras Javi se vistió se despidió y se marchó.

    Yo le dije a Fernando, “hoy sí que he disfrutado como deseaba hacerlo, ¿nos vamos?”, a lo cual él respondió: “si ha sido estupendo, pero ya que está pagado el hotel ¿quieres que pasemos la noche juntos?”.

    Si, es buena idea y sin apenas darnos cuenta, nos quedamos dormidos.

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  • El empleado del servicio técnico

    El empleado del servicio técnico

    El miércoles me desperté muy tarde. No me podía levantar de la cama porque estaba muy pero muy cansada. Hice un esfuerzo, me incorporé e intenté sentarme. En ese momento sentí que me empezaba a bajar un hilo de leche de la vagina por la pierna. Ah, que placer, estaba tibio y pegajoso. Allí me acordé todo. ¡Qué noche hermosa que habíamos pasado!

    Si bien, esta no es la historia principal, ni el motivo del relato, la pasaré a narrar porque no tiene desperdicio y por otro lado, porque ocurrió el mismo día.

    Esa noche anterior habíamos salido a divertirnos con Claudio. El me pidió que por favor me pusiera una pollera con tajo para esta ocasión. Entonces decidí vestirme formal con una camisa de seda blanca transparente y una pollera de falda larga con un tajo muy alto que seguramente facilitaría todo tipo de maniobras.

    Claudio me pasó a buscar por casa y me dijo que primero iríamos al cine. La idea me encantó. Nunca supe, ni me importó que película íbamos a ver. Solo sé que ni bien se apagaron las luces de la sala, nos empezamos a besar y acariciar muy efusivamente. Con la comodidad de la pollera, Claudio comenzó a acariciarme y franelearme la piernas de una forma muy sensual. Me mojé al toque. Me corrió la bombacha de costado y empezó a pasarme la yema de los dedos muy suavemente por los pelitos. Empecé a sentir electricidad, cosquilleo y como que se me dormía toda esa zona.

    Los dedos de Claudio entraban y salían a voluntad y sin obstáculos hasta que logré un orgasmo en su mano. Fue espectacular porque a pesar de que había mucha gente en la sala, nadie se dio cuenta. En reciprocidad, llevé mi mano a su bulto, que ya estaba parado y lo empecé a acariciar. Acto seguido, desabroché su cinturón y baje el cierre del pantalón, pero mirando alrededor, noté que había mucha gente y que esto sería peligroso. Ambos estábamos tan excitados, que a pesar que la película no había terminado, decidimos retirarnos.

    Llegamos a la playa de estacionamiento, subimos al auto y Claudio se me vino al humo, tirándose encima mío. La pollera seguía ayudando, la abrió por el tajo y me empezó a refregar su miembro por mi húmeda concha mientras me comía a besos. En eso escuchamos unos golpecitos en el vidrio del auto. Era el cuidador, que con mala cara nos pedía que por favor nos fuéramos de allí.

    Ya cansados por no poder consumar el acto y estando muy excitados, rumbeamos para un hotel alojamiento. En el camino, no me pude contener y le empecé a chupar la pija mientras él manejaba, pero como inmediatamente llegamos al hotel, preferimos cortar y entrar. Claudio estaba que volaba, ni bien pisamos la habitación, me arrancó toda la ropa, menos la pollera. El tipo me quería coger con la pollera puesta, y eso hizo. Nos matamos mal. Estuvimos las 2 horas del turno, dándole y dándole. Hubo un primer polvo muy largo y uno para la despedida, yo en cambio acabe 5 veces. No vale la pena que detalle mucho, puesto que fue una sesión normal de sexo con mucho amor.

    Nos bañamos plácidamente y fuimos en búsqueda que algún restaurante porque estábamos muertos de hambre. Encontramos uno muy bonito a pocas cuadras de allí. Elegimos una linda mesa con asientos tipo tren, enfrentados y ordenamos la comida. En la espera, nos empezamos a besar y acariciar muy enamorados. El clima que estábamos viviendo era fantástico. Estábamos en los primeros meses de noviazgo y nos disfrutábamos mutuamente. Sentíamos mucha paz y amor. Claudio me miraba todo el tiempo con mucho fuego y pasión en sus ojos. Yo por mi parte me sentía como una adolescente enamorada.

    Mientras comíamos, sentimos como el aire a nuestro alrededor se había enrarecido con un toque afrodisíaco. Ese amor y esa pasión se fueron convirtiendo de a poco en deseo sexual y no podíamos evitar tocarnos. Necesitábamos nuevamente sentirnos uno al otro. Me acordé que tenía en la cartera una muestra de Viagra que me había regalado una amiga para alguna noche de lujuria. La saqué y se la puse a Claudio en la boca, quien la tragó sin decir nada.

    ¿Cómo continuó la cosa? Terminamos volviendo al mismo hotel etc., donde ya habíamos estado. Nos quedamos menos de las 2 horas, porque ya era un poco tarde. Esta vez no hubo tanto amor, más bien lo contrario. Claudio me maltrataba de lo lindo, cosa que me excitaba mucho. Hubo tirones de pelo fuertes, cachetazos y yo me defendía arañando. Esa pija maravillosa, estuvo parada todo el turno como un hierro carnoso. A Claudio le costó bastante poder acabar.

    Para mí eso fue un placer, puesto que acabe otras cinco veces y después tenía como meta, hacerlo acabar a él. Me subí encima de él y sin dejarlo mover, lo empecé a coger mal. Subía y bajaba desesperadamente. De tanto en tanto, se la sacaba y él puteaba como el mejor. De golpe, me la volví a meter y la enterré hasta los huevos. Después de juntar tanta calentura, Claudio derramó dentro de mí toda su leche, muchísima leche, más de lo normal. Casi me desmayo del placer. Así como estábamos, nos cambiamos y nos fuimos, porque él tenía que trabajar muy temprano.

    Me dejó en casa a las 3 de la mañana y nos despedimos con un beso espectacular. A pesar que estaba muy cansada, preferí esperar que Claudio llegara a su casa, antes de irme a dormir, porque estaba segura que me iba a llamar.

    Al llegar a su casa, me llamó por teléfono para decirme que había llegado bien y desearme las buenas noches. Me empezó a decir cosas muy lindas que al rato fueron subiendo de tono y se convirtieron en sensuales. Ambos empezamos a excitarnos. Me toqué despacito y sentí que todavía tenía leche suya en mi interior. Eso me hizo explotar la cabeza y terminamos haciéndonos una paja telefónica de aquellas. Quedé exhausta…

    Finalmente me desperté a las 3 de la tarde. Era mi día libre y lo único que tenía que hacer era esperar a un chico del servicio técnico, recomendado por mi hermano, que iba a venir a la tarde para ponerme a punto el notebook que tenía unos problemitas. Más tarde me iba a encontrar con mi amiga Karina para tomar algo y charlar.

    Mi madre me ofreció servirme el almuerzo, pero realmente no tenía hambre. Le pedí que solo pusiera a hacer el café y unas tostadas. Como ya se me estaba haciendo tarde, decidí meterme en la ducha. El agua caliente me estaba relajando de la terrible noche de acción que había tenido. En eso entró mi madre para decirme que se tenía que ir al banco a pagar un impuesto y que enseguida volvía. También me recordó que ya se había terminado de hacer el café y las tostadas. Continué duchándome.

    En el momento en que mi madre salía, justo llegó Walter, el conocido de mi hermano, a quien ella ya conocía. Ella lo hizo pasar y le mostró donde estaba la máquina. Le dijo que la revisara bien, que ella tenía que ir al banco y que regresaba enseguida.

    Walter era un muchacho de unos 23 años, bien parecido, educado y muy tímido. Ya había reparado la maquina en otra oportunidad. Inmediatamente se puso a trabajar y encontró el problema en el arranque. Era un controlador, el cual actualizó desde un disquete.

    En pocos minutos, después de probarlo, el notebook estaba funcionando de maravillas. De buena onda, quiso ordenar un poco el desorganizado disco rígido. Hasta que su curiosidad, lo hizo entrar a un directorio donde no debía. Allí se encontró con un montón de fotos y videos privados de Claudio y Vanesa. Este muchacho se había quedado duro, mirando una serie de fotos donde ellos estaban desnudos, haciendo el amor en un jacuzzi.

    Yo mientras tanto me seguía bañando, terminando de lavarme el cabello. Cuando terminé, me sequé rápidamente y envuelta en una toalla con todo el pelo mojado, fui para la cocina, porque estaba muerta por tomar un cafecito.

    Cuando pase por al living, me asusté al encontrarlo de golpe. Walter estaba apreciando un video atentamente y se estaba tocando. Cuando percibió que yo lo estaba mirando, intentó cambiar la pantalla y se paró asustado. De atolondrado que fue, no solo no pudo detener el video, sino que tampoco volvió a meter su miembro dentro del pantalón.

    Empecé a gritarle y estuve a punto de echarlo de casa, pero me excitó mucho ver que Walter se estaba calentando al verme a mí en la pantalla. Solo atinó a decir “Perdoname, pero en este video estas bárbara y me volví loco”. Mientras tanto, el video seguía andando y me recalenté de verme allí.

    “Callate degenerado”, le dije. No pude con mi genio y maltratándolo, lo senté de golpe en la silla. Walter seguía con su miembro afuera y estaba pálido. Sin demora, le empecé a chupar la pija, que se le estaba bajando por el susto y los gritos. En 2 minutos de chupada, se le volvió a parar de nuevo. Haciéndome la furiosa, me saqué la toalla, me senté encima de él y le dije: “Ahora apurate hijo de puta, tenés 5 minutos para acabar.” a lo que yo le llamo “un corto”.

    Sentada sobre él, mirándome a mí misma en la pantalla, me empecé a calentar mucho. Walter obedeció como un perrito y a los cinco minutos después de estar serruchando a lo bestia, saco su pija de adentro y me acabó toda su leche caliente sobre mi panza. Fue un placer terrible, pero por más que hubiera querido, no pude acabar. Me pare furiosa y me volví a colocar la toalla.

    Walter se paró, se acomodó su pantalón todo mojado y muy avergonzado me dijo que la maquina ya estaba arreglada y funcionaba bien. Me dijo que no me cobraba nada y pidiéndome disculpas, dio media vuelta y se fue.

    Apagué el notebook y me fui a tomar el cafecito. Me quedé pensando seriamente, porque lo había hecho. No encontré respuesta alguna. Al rato, regresó mi mamá, me cambié y me fui a encontrar con mi amiga. No habían pasado 24 horas de la excitante noche que había tenido con mi novio.

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  • El lado salvaje de aquella mujer madura

    El lado salvaje de aquella mujer madura

    Carmen y yo habíamos trabajado en un par de ocasiones para mi anterior empresa y nuestra relación era excelente.

    Comprendía exactamente mis ideas y le daba forma con una maestría increíble. Su larga experiencia en el diseño gráfico era muy evidente y sus ideas estaban siempre muy cerca de un toque tremendamente revolucionario sin salirse del marco clásico que tanto me gusta a mí. Su estilo de fotografía lo consideraba siempre como un ideal dentro de mi profesión. Reflejaba exactamente el estilo personal tan propio de Carmen, sus cuarenta y cinco años, confesados sin ningún tipo de rubor, su elegancia clásica, con un ligero toque de fashion victim era el puro ejemplo que plasmaba en su trabajo.

    Aquel día llevábamos casi 9 horas volcados sobre el proyecto de una nuevo catalogó, en aquel tiempo en medio de algunas horas de cierta tensión y otras se sanas bromas, mezcladas con también con conversaciones personales, teníamos casi completa la maqueta con la idea que le había propuesto.

    Para cerrar la tarde casi ya noche nos propusimos darle un repaso a la maqueta. Sentados en aquel comodísimo despacho, cada uno en un lado de la mesa, disfrutando de un refresco fresco comenzamos a repasar relajadamente las hojas recién impresas.

    Ella estaba a pesar de la horas de trabajo increíblemente bella, como había hecho en algunas otras ocasiones la observé detenidamente mientras ella con la vista fija en el papel y el portátil comentaba los detalles más significativos de la maqueta. Yo mientras tanto recorría con una mirada, seguro que libidinosa, su cara, su cuello y su escote ligeramente entreabierto. Por dos ocasiones que levantó la mirada me sorprendió enganchado a los delicados remates de la copa de su sujetador.

    —Te estas empezando a relajar un poco y durante esta tarde deberíamos cerrar al menos los detalles de la selección de colores y tramas.

    —Si, si que me he perdido durante un rato, pero es que después de estas horas me gusta dejar escapar un poco mente para poder volver a esto, si no acaba en mi sofá en media hora. La verdad es que ya no distingo ni los colores.

    —No es de cansancio idiota, es de la impresión en ese formato, parece mentira después de todos estos años. Espera que te muestro.

    Se levantó de la mesa, su mano giraba el portátil y mientras ella rodeaba la mesa no puede retirar la mirada de sus ojos. Se apoyó sobre un lateral de mi sillón, apoyando completamente su pecho sobre mi hombro, giraba de todo el ordenador.

    —Ves como en pantalla lo tenemos ligeramente distinto. Puff espera estas pantallas de LCD son una autentica mierda para compartir.

    Se pasó a mi espalda y se apoyó sobre mi silla para poder situar su cabeza junto a la mía y continuar la discusión. Podía notar sus tetas sobre la parte alta de mi espalda, notaba como se frotaban con cada ligero movimiento que hacía para continuar con la explicación.

    —Bueno, es mejor que te vayas para tu famoso sillón hace como cinco minutos que no dices ni mu.

    —Te noto un pelín desconcentrado desde hace un rato.

    Una leve sonrisita se le apuntaba en la cara.

    —El próximo lunes me acerco a tu oficina a final de la mañana y hacemos esas fotografías para completar la maqueta. ¿OK?

    —Hecho

    La verdad no podía aguantar ni un minuto más la mano que deseaba acariciarla. Deseaba a Carmen, deseaba acariciar aquel hermoso cuerpo maduro cargado de quien sabe cuántas experiencias.

    Cuando entró por mi despacho era casi la hora de la comida, yo tenía todo preparado en un rincón para no tener que estar entrando y saliendo, Le ayudé a instalar el pequeño petate que traía para las fotografías y me limité a observarla.

    Vestía un precioso traje de chaqueta gris oscuro, se retiró la chaqueta para regalarme una preciosa vista a sus ligera blusa adornada como era habitual en ella con un hermosísimo escote.

    Cuando comenzó con la sesión de fotos me retiré ligeramente para continuar observándola. La falda quedaba poco más abajo que medio muslo y cuando Carmen se doblaba sobre la cámara se pegaba sobre su culo para mostrar la hermosura de las formas de aquella mujer.

    Sus piernas estaban bellamente moldeadas y vestidas con unas medias que acentuaban el tono trigo de su piel y se remataban con unos zapatos negros de salón con un delicado y altísimo tacón. Me fascinaba realmente aquel cuerpo, y su personalidad me atraía enormemente.

    La imagen de Carmen en pleno trabajo era tan excitante, que durante un buen rato me mantuve en silencio detrás de ella mientras sentía como mi pene completamente erecto latía bajo el pantalón.

    —Quieres hacer el favor de dejar de verme para el culo y mover este foco un poco hacia la derecha.

    Me pidió, sin levantar ni un segundo la vista de la pequeña mesa que improvisamos como mostrador.

    Después de un par de fotos mas se giró y disparó una foto directamente a mi entrepierna.

    —Mirón, ja, ja, ja.

    —Pero como no voy a mirar, estas terriblemente atractiva. Venga recoge ya que estoy hasta las mismas pelotas de la oficina. Te invito a comer.

    La comida fue relajada, charlamos de multitud de cosas menos de trabajo, bromeamos y comentamos gracias subidas de tono, como hacíamos en otras ocasiones de relax.

    —Por cierto me tienes que acercar a la agencia, me acercaron los chicos en coche esta mañana y se han largado a otra sesión de fotos hasta mañana. De paso podemos ver las fotos que hemos hecho hoy.

    El recorrido hasta la agencia nos llevaba siempre cerca de cuarenta a cincuenta minutos, y la conversación siguió tal como la habíamos dejado. Por más de dos ocasiones me sorprendí a mí mismo dándole un suave golpecito sobre la rodilla en medio de alguna carcajada o arrancando algún comentario, y más me sorprendió todavía cuando su mano se apoyó sobre mi muslo también en más de una ocasión.

    En un momento, alargué mi mano para apoyarla definitivamente sobre el comienzo de su rodilla, sin intención de retirarla con rapidez. Poco a poco comenzó a deslizarse sobre su muslo, acariciando sus medias con la yema de mis dedos. Lentamente mis caricias se fueron dejando resbalar a la cara interna de su muslo, un poco más allá del final de su falda, y girando la mirada puede ver como entrecerraba sus ojos y su boca se mantenía ligeramente abierta mientras su cabeza se apoyaba contra el asiento.

    El recorrido suave de mi mano se acercó a su entrepierna, comencé a acariciar despacio los laterales de su braga y a continuación apoyar mis dedos sobre el centro de sus piernas, para notar la ligera humedad que se iniciaba.

    —Espera un segundo, por favor.

    Se levantó ligeramente para tirar de su falda y ayudándose del cierre de una de sus pulseras, rasgó los panties.

    Mi mano aterrizó directa contra su braga, completamente mojada, arrimándola hacia un lado para disfrutar de todos los pliegues de aquel coño ardiente, deslizando arriba y abajo mi dedo hasta tropezar con su erecto clítoris humedeciéndolo con sus jugos que empapaban mi dedo.

    Su mano se apoyó sobre la mía y mientras su palma apretaba ligeramente la mía contra su pubis, sus dedos empujaron los míos dentro de su coño completamente empapado. Moví despacio mis dos dedos adelante y atrás con suavidad para doblarlos luego y apretar con la yema el montículo ligeramente rugoso de aquel coño palpitante. Su cuerpo se torsionó varias veces mientras una pequeña serie de orgasmos le obligó a romper su silencio con gemidos primero y un grito suave, largo y gutural al final.

    Desde que salimos del coche dentro del parking me llevó agarrado de mi polla dura todavía dentro del pantalón hasta el ascensor, nos besamos y acariciamos como dos adolescentes sin preocuparnos en absoluto en ser descubiertos. Me empujo y arrastró de forma violenta hasta la entrada de su despacho. En aquel cálido despacho no puede dejar de besarla y apretarle todo el cuerpo mientras ella abrazada con fuerza nos dirigía hacia su mesa. Levanté a Carmen para sentarla sobre su mesa y arrimando de nuevo las bragas a un lado y a través del agujero del destrozado panty enterrar mi boca en su de nuevo, empapado coño.

    Mi lengua se movió despacio a los dos lados de la entrada, arriba y abajo, atrapando los pliegues suavemente entre mis labios, tirando ligeramente de ellos para soltarlos. Me enrede con la punta de mi lengua en su eminente clítoris, y separe mi cara para disfrutar de la belleza de su coño rojo de pasión. Sus manos agarraban mi cabeza y me empujaban, bajé suave mi lengua arrastrándola por toda la entrepierna hasta llegar a la entrada de su culo, donde en un remolino alocado el placer la obligó a tirarse de espaldas sobre la mesa.

    Después de quitar la lengua empujé ligeramente mi dedo por la ya húmeda entrada para meter y sacarlos despacio, muy suave, mientras ella gemía de nuevo y agarraba el borde de la mesa, empujando de nuevo con fuerza con sus caderas para que la penetrase un poco mas de cada vez.

    Se levantó de golpe y mientras se desnudaba me llevó hasta la pared acorralándome, mirándome fijamente, con la boca abierta y enseñándome sus hermosísimos dientes, para bajarme los pantalones.

    Se agachó para besar despacio mi polla, sus labios se cerraron alrededor de la punta y empujando ligeramente su boca hacia delante cerro con suavidad sus dientes sobre la corona del glande moviendo la lengua alrededor de él.

    Con dos empujones más de su boca, y su mano no pude evitar disparar un chorro blanco sobre su cara y sus tetas.

    Después de unos minutos conversando allí desnudos se levantó del enorme sofá que compartíamos recostados uno en el otro, y se sentó callada sobre uno de los pequeño sofás, separando sus piernas y ofreciéndome un hermosa vista de aquel coño, una vista que me llevó casi inmediatamente a una nueva erección. Acercándome, la senté sobre la espalda y le deslice la polla a lo largo de su coño, para luego meterla nada mas que la punta, una y otra vez despacio, muy despacio. Cuando menos esperaba, empuje con fuerza para llegar hasta el final de su cueva mojada, y sin separar la punta de mi polla de la pared final empuje una y otra vez hasta que explotamos juntos en un increíble orgasmo.

    Después de la publicación de aquel catálogo no soy capaz de dejar de planear nuevas publicaciones y de excusar nuevas comidas para continuar la apasionada relación con mi caliente diseñadora.

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  • Descubrí el punto A en el culo de mi cuñada

    Descubrí el punto A en el culo de mi cuñada

    Esta historia fue algo que me sorprendió gratamente, dos fanáticos del sexo anal se juntan para un mismo propósito. Mi cuñada encuentra en el sexo anal la quinta esencia del placer sexual, no está completa si no ha tenido al menos un orgasmo por el ano, en este encuentra el súmmum de los placeres, solo cogida por el culo se puede sentir plena, bien mujer, yo he sido el que mejor la ha comprendido, también me siento realizado por haber disfrutado tantísimo en su culo. ¡Qué Putaza!

    La vida nos da sorpresas todo el tiempo, alguna lo son más que otras, ésta lo fue, tanto que aún me sigue asombrando, el placer de esta novedad es algo perdurable. Para no crear mayor expectativa voy directo al asunto:

    La semana pasada, para ser más preciso jueves en la noche, había llegado temprano a casa, mientras me descalzaba activé el contestador para escuchar un único mensaje que decía:

    —Luis, “… para que no cocines, esta noche, te esperamos: tu mejor cuñada…”

    Tengo cincuenta años, estoy viviendo solo, por separación de mi esposa, la invitación era prometedora. Solo me di una rápida ducha para sacudirme el cansancio de la jornada, una cerveza y encaminé mis pasos a casa de Eunice, hermana de mi esposa, con la que siempre tuve, antes y después de la ruptura conyugal, una buena relación de afecto, agrego que después, aún mejor. Precisamente fue ella la que siempre me tendió una mano para acomodarme a esta nueva situación, según ella, y siempre a modo de broma, para conservarme en condiciones para cuando se recomponga el conflicto con su hermana.

    Llegué algo temprano para la cena, me recibió Eunice, amable y solícita, esta vez mucho más gentil, mucho más solícita que lo habitual, diría que exageradamente afectiva.

    —Carlos (el esposo), avisó estar demorado por un trámite, que se regresaría mañana. – Supongo que no tendrás problema en cenar con nosotras, en cualquier momento llega tu sobrina. Aún es temprano, ¿tomamos una copa? – asentí con un gesto. Fue por ese trago.

    Ambos compartimos el gusto por el vodka, preparó dos “destornillador” (cóctel)

    Me acomodé los almohadones en el amplio sofá, preparándome para disfrutar el trago que venía de la mano de mi cuñada, extiende la copa y sienta en el apoyabrazos de mi lado.

    Ya de inicio note ese exceso de amabilidad anunciado, pues con la excusa de acomodarme un almohadón en mi espalda, se estira y hace ostensible el frotamiento de sus pechos sobre mi hombro, como si no lo hubiera advertido convenientemente, repite la acción más notoriamente.

    Imposible dejar de sentir el contacto de las tetas, que aún bajo la delgada tela de la camisa, podía sentirlos sueltos y los pezones erectos frotándose en mí. Me ponía en situación incómoda, teniendo en cuenta que venía de más de dos meses sin probar la humedad de una conchita. Como si hubiera leído mis pensamientos, o tal por haberlos leído notó como el pene estaba inquieto y creciendo sin demasiado disimulo.

    Con estudiada inocencia se sentó en el puff, frente a mi hablando no sé de qué cosas domésticas, que ni recuerdo pues todos mis sentidos se repartían en la abertura de la camisa que mostraba más de lo prudente las agitadas bellezas mamarias, sumado al movimiento de cruzar y descruzar las piernas al mejor estilo de Sharon Stone en Bajos instintos, por cierto que los míos estaban bien bajos y alterados, sin poder apartarme de la vellosidad que me nubla el entendimiento en cada cruce de piernas, algo que tenía “calientemente” calculado.

    De más está explicar que todo esto era deliberado y estratégicamente manejado por ella, me dejé conducir en este juego de seducción, que ella controlaba como pocas. Sonríe insinuante, humedece con la lengua el labio inferior, chupa su dedo índice, pendiente de mis reacciones para conseguir que mi estado pasara de la indiferencia al de atento observador. Desde aquí al estado de excitación fue tan sólo un trámite, simple y rápido, tal era mi fascinación que las consecuencias en mi entrepierna eran harto evidentes. Su sonrisa agradece el halago de ver como el testimonio entre mis piernas se hacía notar a full.

    Los gestos pudieron sobre la prudencia, la tentación y el deseo sobre la cordura. Me levanté, abrazarla, tomada de la nuca la apreté contra mí cuerpo, necesitaba sentirla contra mí. Ella se encontró delante de su rostro al efecto de sus insinuaciones, lo libertó sin mucho preámbulo.

    Tomó la carne en su máxima erección, los dos meses sin contacto femenino exhibían la prueba fehaciente, abrió grandes los ojos en señal de franca admiración, lo tomó “a manos llenas”, lo beso con la boca bien abierta. El mundo dejó de girar por un instante, fue el tiempo que demoró en tomarlo entre sus manos y friccionarla, suave, suavemente, sin sacársela de la boca, perdí la visión de mi carne y de mi vida: estaba dentro de su boca.

    Desde ahí el calor de su boca me llegó al alma, no podía pensar en otra cosa que mi placer, no había nada en el mundo que me pudiera soltar de ella, cuando volvía los ojos la encontraba fija en mis reacciones, controlando y manejando cada uno de mis gestos. Sus movimientos de vaivén y de presión sobre la carne hinchada y caliente se hacen más rápidos y urgentes, se adapta a la crispación de mis manos en su nuca, me las saca para manejarse con comodidad, ahora las manos de mi cuñada me toman de las nalgas, las estrujan al mismo tiempo que siento la ebullición del semen emprendiendo la carrera hacia la libertad.

    Aprecia cada gesto, cada latido íntimo, siente y presiente la inminente “venida”, sus ojos hablan lo que su boca no puede pronunciar: – ¡Vamos!, ¡vamos! –parecen decir, gesticulando la cabeza.

    Me preparo, se tensan los músculos de mi espalda, las piernas tensas, los movimientos de vaivén en su boca se hacen más rígidos, ella sabe que la liberación de esperma es inminente, sus ojos lo dicen, y un leve gesto de su cabeza me incita: -¡Vamos, vamos!

    Cierro los ojos, echo la cabeza atrás y… me dejo ir…

    Me voy en esa boca, como siempre hube deseado, era el momento sublime, sentir como se va la vida en cada emisión, en cada chorro de semen. Gruesos y largos, el dique de abstinencia derribado, de pronto sin preparación hizo el milagro de liberarlo. Con el último chorro se me fue el último suspiro, la energía se me había ido en ella.

    Eunice me sostuvo, sabía lo que me pasaba, la tensión perdida en la emoción del magnífico orgasmo dentro de su boca se había llevado el resto de energía. Acompañó mi cuerpo hasta dejarme caer nuevamente en el sofá, arrodillada entre mis piernas, atoradas por el pantalón enrollado en mis tobillos, limpiando los últimos vestigios de la abundante acabada, que tragó en dos movimientos. No desperdició ni una sola gota del mágico elíxir.

    Como adorando al guerrero derrotado por su propio deseo, esperó para recibirme con la mejor sonrisa, relamiendo el resto de mi sabor de sus labios. Supo aguardar que recupera el aliento, la sorpresiva avanzada y la calentura intempestiva me había dejado en estado de relax por un buen momento, tanto que pensé demoraría mucho en volver al estado activo, pero el revivir del sexo tan rápido fue absolutamente un logro personal de Eunice.

    Despacio, con prudencia y cuidadoso trato fue volviendo al “guerrero” a su actitud de enhiesta beligerancia, los cuidados bucales prodigados con técnica y dedicación consiguieron ponerlo en condiciones de volver a la actividad, en plenitud de sus cualidades de órgano viril y “rompedor”.

    Le tenía ganas desde hacía años, ahora era mi turno de devolución de atenciones, intercambiamos posiciones, metí la cabeza entre sus piernas buscando esa jugosa ostra para robarle la humedad que la habita. La dejé tan, pero tan cachonda que bramaba como un felino, tiraba la cabeza hacia atrás, para poder tomar el aire que le robaba por la boca vertical.

    Se le notaba que estaba también en período de abstinencia sexual, y cuando dos leños secos se frotan es inevitable que se enciendan, tal nos sucedió a nosotros, nos encendimos de tal modo que en pocos minutos estábamos en el sofá en bolas con ella montada, empalada en la pija, subiendo y bajando por el palo como nadie. Admirable potencia y voluntad para coger, sabía cómo manejar a un tipo, cómo hacer su propio goce.

    Se calienta tanto en este primer polvo que prontito llegó al orgasmo.

    —Tranqui bebé, soy multi, esto solo fue una muestra gratis, lo mejor está por venir. Tomate tu tiempo, también soy de largo aliento y me gusta lo mismo que a ti. Quiero, necesito, que me hagas el culo como se lo… -y se cortó antes de mencionar a…, supongo que a su hermana.

    Llegó un segundo, seguidito, tan solo era elevar la pelvis para ensartarla mejor y tener otro, así una seguidilla de pequeños estertores, uno en cada elevación del choto empujando en su sexo, ni sé cuántos fueron.

    No me la imaginaba tan calentona, ni tan expresiva a la hora del sexo, será por eso de que el mejor sexo es el que no se programa, ese que se da de improviso. Eunice, caliente como una caldera, se topó con uno que está sin almeja, y me doy un atracón de concha hasta empacharme.

    Luego de ni sé cuántas veces desmontó y la lamió, no dejaba de mover el culazo, como para excitar a un muerto. Sabe que lo tiene grande y bonito, lo mejor de todo el que sabe usarlo y disfrutarlo. Sentada en el borde del sofá, me acaricia la poronga, le gusta manosearla. No me la había imaginado tan sensual, tan expresiva, sería por eso de que las apariencias engañan, en este caso totalmente, tengo delante a una desquiciada calentona que está buscando la horma de su zapato.

    Sin dejar de frotarme la poronga, me dice: “soy una apasionada por el sexo, que Carlos no le da tanto como necesita, que para calmarse durante el día por las mañanas pasa por su amigo el bidet y se da un baño de asiento, con el chorro de agua tibia en “la canaleta” moviéndose consigue unos ricos orgasmos, claro nada que ve con el que me dio tu preciosa poronga cuñadito”

    —¿Te gustó lo que te conté?, ¡Wow! se te puso más dura. Me tenías ganas también. Puedo ser tu perra esta noche, tenemos un buen rato para nosotros, la cena puede esperar y Marcela (su hija) pensaba quedarse en la casa del noviecito, así que…

    Me gustan las hembras que no son “vuelteras” que van directo al grano, bueno… ella directo a la pija, sabe dónde está lo bueno, lo tiene entre manos, ¡ja! Mientras ejercita sus manos sobre el falo, yo las ejercito tocándole el culazo, se acomoda para ponérmelo bien “a mano”, me parece que la predilección por esa parte de su anatomía es gratamente compartida.

    —¿Tanto te gusta mi culo?

    —La pregunta es más que obvia, que tipo no mira el culazo que tienes. Lo sabes y lo meneas provocando, bien

    putita, bien perra. Claro que me gusta, me encanta coger por el culo.

    —¡Touché! También me encanta, más de lo que te imaginas. Vas a poder apreciar como lo voy a manejar cuando estés dentro. Me estás calentando, que guacho eres, cómo me pones de caliente. Deja de embromar, ¡vamos a coger! – ¿Cómo quieres que me ponga? ¿En cuatro? O… mejor, como la tienes gorda y un poco cabezona deja que me ponga encima así puedo acomodarme sin dolerme. ¿Crema? Hmmm… me parece que te gusta sentir como se abre la carne a su paso, al natural… hmm… bueno… vamos con saliva para comenzar…

    Por comodidad me acomodo en el piso, sobre la alfombra, me tendió, acomodó en cuclillas, el choto bien lamido, gastó toda su saliva para humectar la cabezota y la entrada del culo. Descendió despacio, abriéndose los cachetones, moviéndose en círculos hasta quedar con la cabeza del choto a medio entrarle, inicia una especie de danza “ritual del orto” para acercarse e ir bajando despacio, sin dejar el subibaja.

    Colaboro con mis manos ayudándola, sostener de las nalgas, favorecer el descenso hasta quedar a pleno, ensartada, descansando sus glúteos sobre mi cuerpo y el choto perdido en la profundidad del complaciente orto. La gloria de sentir como una hembra puede gozar tanto con una pija dentro, el rostro dice más que sus gemidos. Inclina el cuerpo hacia mí, pone las tetotas en mi boca para que maltrate a esos agresivos pezones que desafían ser mamados y frotados.

    El polvo anal se va gestando desde sus entrañas, toda ella es una máquina de placer, encendida y a todo dar, subibaja, mueve en círculos, conoce todas las piruetas propias de una diletante del sexo anal. No para de vociferar, relatando paso a paso como disfruta el placer increíble.

    —¡Qué bien, qué bueno, qué bueno! ¡Cómo me gusta cogerte!

    Todo lo que pueda escribir empalidece con el brillo impactante de sentir a una mujer de goce desconocido para mí, sobre todo en un momento de máxima, cuando comenzó a agitarse como una coctelera, vibrando y bramando, algo inusual y extraordinario. Bramó mucho más que cuando se vino por la concha, faltan adjetivos y sobran superlativos para expresar su pasión totalmente desatada.

    —¡Hmmmm… Ahhhh..!

    Itero, las expresiones son meramente referenciales, no llegan ni de lejos a explicitar cómo fue esa “acabada”. Se viene, con la poronga dentro del culo, moviéndose, es artífice de su propio orgasmo. Vocifera groserías y obscenidades que se parecen más a un rezo esotérico dirigido a la diosa de todos los placeres.

    —¡La puta madre!, como me haces gozar hijo de puta. ¡Que perra me haces sentir, guacho divino! ¡Cooomo me gusta!… –vocifera entre jadeos.

    Se encontró con la horma de su zapato, le calza justo y disfrutamos el gusto por lo mismo: Sexo anal. Prolongó la forma y duración de ese orgasmo tan alucinante que la dejé hace todo el gasto, solo ayudaba elevándome, impulsando con mis manos colocadas bajo mis nalgas facilito elevarme para que quede bien empalada, adornada con algunas nalgadas que van enrojeciendo ese culo alucinante. Agradece el disfrute extra. Siguió hasta que el orgasmo la había saciado, bueno… de momento.

    —Es tu turno, me gustaría dentro del culito, ¿Te va?

    Pregunta obvia, retomamos el metisaca, pero para poder venirme necesito más movilidad, darte más rapidito. Se pone a cuatro patas, arrodillada, la cabeza sobre el piso, sumisión total, sabe qué y cómo nos gusta, se abre los cachetes para que disfrute la visión antes de entrarme en ella. Monté como el mejor jinete, las nalgas entre mis piernas, espoleando como para domar a la yegua, subido sobre la grupa de esta potranca, nalgueando al mejor estilo del domador.

    El gemido imita un relincho para darle tonalidad de doma, nalgueo y me tomo de sus cabellos y comienza el galope algo brusco, dominado por la calentura me paso de revoluciones y le doy pija sin medir la vehemencia y la fuerza en la cogida, ella tan vehemente y tan sumisa.

    El todo vale, también en ella, pide más, incita y provoca, quiere a toda máquina, le gusta ser sometida con brutalidad, golpean los testículos en la vagina cuando me voy todo dentro de ella. Comienza a sentir las mieles del orgasmo otra vez y a vociferar improperios y toda la liturgia del polvo anal vuelve por sus fueros. Galopando encima de su cuerpo y desde ahí me dejo caer sobre el choto, haciendo de pivote sobre el que descargo toda mi humanidad calenturienta. Solo cuenta enterrarme cuanto pueda, moverme “agarrado” a ella para terminar el polvo con un gemido venido del más allá, desde el fondo del pecho me sale como un estertor de muerte.

    El bramido salvaje acompañó el movimiento del pene cuando me vine dentro de su culo, sentía latir la poronga en cada expulsión de leche, alivio y muerte, pasión e infierno. Del cielo al infierno, todo y sin escalas. Quedé tendido, asido a sus cabellos, enroscado en su delirio, habíamos encontrado el “tal para cual” el ying y el yang en este polvazo irracional y loco.

    Mientras disfruto el después, Eunice, transfigurada pero feliz de haber llegado a ese orgasmo tan temido, esos que cuando se dieron la dejaron del otro lado de la vida, como ahora.

    —Ay Luis, me has hecho la mujer feliz, no sabes cuánto había deseado un polvazo como el que nos dimos. “No sé si seré anormal, pero… cuando todas las mujeres están buscando ese punto G, yo creo haber encontrado mi punto A, mi punto anal. Puedo coger mucho y tener orgasmos, pero nunca estaré completa si no me la dan por el culo, ese orgasmo anal no tiene comparación con ningún otro. Te puedo asegurar que he descubierto mi punto A, el placer sin igual.

    —¿Te parece si nos lavamos y comemos?

    Tan solo fue el inicio, la punta del ovillo de más experiencias de sexo anal, Marcela, mi sobrina, también disfruta del orgasmo anal, pero esa es otra historia.

    Cuenta una leyenda oriental que las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado en sus dedos. Este hilo nunca desaparece y permanece constantemente atado, a pesar del tiempo y la distancia. No importa lo que tardes en conocer a esa persona, ni importa el tiempo que pases sin verla, ni siquiera importa si vives en la otra punta del mundo: el hilo se estirará hasta el infinito, pero nunca se romperá. Este hilo lleva contigo desde tu nacimiento y te acompañará, tensado en mayor o menor medida, más o menos enredado, a lo largo de toda tu vida. Ambos lo encontramos.

    Lobo Feroz

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  • La viuda fetichista

    La viuda fetichista

    Una tarde, estando solo en mi oficina, sonó el timbre. Abrí la puerta y me encontré con una mujer de mediana edad, de apariencia corriente pero con un encanto innegable. Llevaba unos leggins negros de polipiel que se adherían a sus curvas como una segunda piel, reflejando la luz con un brillo hipnótico. Al notar mi mirada, sonrió con picardía.

    Se presentó y me explicó que había enviudado recientemente y que yo le recordaba mucho a su difunto esposo. Con un tono suave y seductor, me invitó a su casa esa misma noche, bajo el pretexto de revisar unos documentos y probarme ropa de su fallecido marido que, según ella, podría quedarme bien.

    Aunque no era mi costumbre aceptar invitaciones así, una mezcla de curiosidad y atracción me llevó a aceptar.

    Su casa estaba en un barrio residencial exclusivo, con la puerta principal en un punto ciego que garantizaba privacidad. Cuando toqué el timbre, abrió la puerta y quedé sin aliento. Llevaba un corset de cuero negro que moldeaba su cuerpo en una silueta de reloj de arena, tan ajustado que parecía una extensión de su piel.

    Unas botas bucaneras de cuero brillante le llegaban hasta los muslos, y un diminuto tanga de cuero apenas cubría su sexo. El aire estaba impregnado del aroma a cuero y su perfume, una combinación embriagadora que despertó algo visceral en mí. Me invitó a pasar, sus ojos brillando con una intención clara.

    Revisé los documentos, pero mis ojos traicioneros se deslizaban por las curvas de su atuendo, el cuero tenso reluciendo bajo la luz tenue. En un instante de descuido, ella se acercó y me besó. Respondí con otro beso, más profundo, y pronto la abracé con pasión. Sin darme cuenta, estábamos en su sala, desnudos, nuestros cuerpos entrelazados.

    Mi lengua recorrió sus senos, saboreando su suavidad, y luego descendí, explorando el calor salado entre sus muslos. Sus gemidos resonaban mientras la penetraba vaginalmente, nuestros cuerpos moviéndose en un ritmo primal. Luego, tras lamer su trasero con deliberada lentitud, la penetré analmente, sus jadeos agudos llenando el aire.

    Durante todo el acto, evitaba mirarme a los ojos, manteniéndolos cerrados o desviados, y en el clímax, gritó el nombre de su difunto esposo. Me desconcertó, pero ella se disculpó rápidamente, confesando que mi parecido con él era tan fuerte que mirarme a la cara rompía la ilusión. Sin dudarlo, le dije: “Si ese es el problema, puedo usar una máscara o capucha y fingir ser él”. Su rostro se iluminó con una sonrisa sorprendida y complacida.

    Me llevó a su dormitorio matrimonial y abrió un armario con llave. Dentro, para mi deleite, había un arsenal de ropa fetichista: trajes de látex, cuero y vinilo, tanto femeninos como masculinos, ordenados con precisión. Mi pulso se aceleró.

    Escogió una capucha de cuero de rostro completo, su superficie lisa y fresca al tacto, con pequeños orificios para respirar. Al ponérmela, el cuero envolvió mi rostro en un abrazo firme, restringiendo y excitando a la vez. El mundo se redujo al olor penetrante del cuero, al leve crujido del material y al calor de mi propio aliento atrapado dentro. La sensación me encendió profundamente, una mezcla de vulnerabilidad y poder.

    Prometí complacerla siempre que quisiera, con mi rostro cubierto, y ella asintió, sellando el pacto con una felación lenta y deliberada a través de la abertura de la capucha. Sus labios y lengua, cálidos contra el cuero frío, intensificaban cada sensación. Hicimos el amor hasta el amanecer, la capucha un recordatorio constante de mi transformación en su fantasía.

    Al despedirnos, me permitió quedarme con la capucha y me preguntó cuáles eran mis deseos más profundos. “El fetichismo extremo”, confesé. “Trajes de cuerpo entero, de látex o cuero, que cubran cada centímetro de mi cuerpo”. Sus ojos brillaron mientras cerraba la puerta con una sonrisa cómplice.

    A la semana siguiente, pidió una cita en mi oficina, asegurándose de que estuviéramos solos. Llegó envuelta en unos pantalones de cuero negro que se ajustaban como una segunda piel, relucientes como obsidiana líquida, acompañados de una chaqueta de cuero a juego y esas botas bucaneras que resonaban con cada paso.

    El aroma a cuero me envolvió cuando se acercó, y sin mediar palabra, nos besamos, nuestras manos ansiosas. Consumamos nuestra pasión sobre mi escritorio, el cuero de su atuendo deslizándose contra mi piel, el material crujiendo suavemente con cada movimiento.

    Respetando sus deseos, evité el contacto visual, concentrándome en la sinfonía táctil de su ropa contra mi cuerpo. Nuestra pasión fue interrumpida por el sonido de una puerta: la empleada de limpieza había llegado. Nos detuvimos, con el corazón latiendo con fuerza, pero, afortunadamente, no pareció notar nada. Al terminar, ella susurró: “Ven mañana a mi casa. Quiero mostrarte algo”.

    Al día siguiente, un sábado, llegué temprano. Para mi decepción inicial, vestía ropa casual, sin rastro del atuendo fetichista que ya anhelaba. Pero me llevó a su dormitorio, donde abrió un baúl que había descubierto recientemente.

    De él sacó un traje Zentai de cuerpo entero, hecho de un material similar al látex, su superficie negra brillando como un espejo líquido. El aroma a goma era embriagador, una mezcla de químico y promesa. Me instó a probármelo, y accedí con entusiasmo.

    El traje era como una segunda piel, estirándose sobre mi cuerpo con un abrazo casi asfixiante. Cada movimiento hacía que el material se ajustara y crujiera, amplificando cada sensación: la frescura contra mi piel, el leve chirrido de la goma, la forma en que moldeaba cada contorno de mi cuerpo. Añadí guantes y botas de látex, sus superficies brillantes completando mi encasement.

    Ella me entregó una capucha, con aperturas solo para los ojos y la boca, que comprimía mi rostro de una manera que era a la vez restrictiva y profundamente excitante. Una vez enfundado por completo, el traje Zentai me transformó, mi cuerpo convertido en una silueta anónima y sensual. La sensación de estar totalmente cubierto, con la goma abrazándome sin piedad, disparó mi excitación, mis sentidos hiperatentos a cada roce y sonido.

    Me besó a través de la abertura de la capucha, sus labios cálidos contra el látex frío, y deslizó sus manos por mi cuerpo enfundado, el contacto eléctrico a través del material tenso. Mi erección presionaba contra el traje, la goma amplificando cada pulso.

    Me llevó a otra habitación, donde me esperaba una sorpresa: otra mujer, su cuerpo envuelto en un traje Zentai negro que simulaba látex pulido, su figura más voluptuosa resaltada por el abrazo implacable del material. Su rostro estaba oculto tras una capucha sin rasgos, solo audible su respiración a través de pequeños orificios.

    Antes de que pudiera reaccionar, se arrodilló, abrió el cierre en la entrepierna de mi traje y comenzó a acariciar mi erección con sus manos enguantadas, el látex resbaladizo y suave contra mi piel. Me colocó un condón, y yo respondí abriendo el cierre de su entrepierna, revelando su calor. Mis dedos enguantados, lubricados, la exploraron, el látex amplificando cada sensación mientras la llevaba al borde del éxtasis.

    La penetré, el traje intensificando cada embestida, sus gemidos amortiguados resonando a través de la capucha. La viuda observaba, ahora masturbándose con un dildo, sus ojos fijos en nuestros cuerpos entrelazados, el aire cargado de olor a látex y sexo.

    La sobrecarga sensorial era abrumadora: las superficies resbaladizas de los trajes deslizándose unas contra otras, el crujido del látex, el calor de nuestros cuerpos atrapado dentro. Alcancé el clímax, la sensación intensificada por la constricción del traje.

    Exhausto, quise descansar, pero la viuda, ahora transformada, se acercó. Se había cambiado sin que lo notara y ahora llevaba un catsuit de látex negro que brillaba como medianoche líquida, cubriendo todo menos su cabeza.

    El traje la abrazaba como un amante, resaltando cada curva. Me sentó en la cama, sus manos enguantadas acariciándome hasta volver a excitarme, el látex fresco y resbaladizo contra mi piel. Cuando estuve listo, se sentó sobre mí, guiándome dentro de ella a través del cierre de su entrepierna.

    La sensación de penetrarla a través del látex era eléctrica, cada movimiento amplificado por el material. Entonces, la mujer con el traje Zentai se unió, subiendo a la cama y colocando su sexo sobre mi rostro. A través de la abertura de mi capucha, exploré con mi lengua, el sabor de ella mezclándose con el aroma químico del látex.

    Sus jadeos amortiguados, los gemidos de la viuda y el abrazo implacable del traje Zentai abrumaron mis sentidos: el látex resbaladizo, el calor de sus cuerpos, el olor a sexo y goma llenando el aire.

    Cada embestida, cada lamida, se magnificaba por los trajes, llevándome a un éxtasis fetichista.

    La sensación de estar completamente enfundado, cada centímetro de mi cuerpo abrazado por la goma brillante, era una nirvana sensorial, una rendición total al placer táctil y psicológico.

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  • Pasión antes de la carrera atlética

    Pasión antes de la carrera atlética

    Este relato es también del tiempo de separación que tuve con mi esposa y lo tomé de una conversación del WhatsApp que tuvo con una de sus compañeras de trabajo, así compruebo que siempre se cuenta lo que nos conviene.

    El relato es corto, pero se ve que ella tenía el amorío desde tiempo atrás y en esa ocasión lo consumaron, no mencionan el nombre del sujeto, pero parece ser alguien que colaboro con la carrera o cercano al trabajo.

    La empresa donde trabajaba mi esposa era patrocinadora de una carrera atlética, por eso ella debía asistir a colaborar en ese evento, la competición se realiza en una población cercana a nuestra ciudad y tiene diferentes distancias por lo que se inicia muy temprano y termina entrada la tarde, por eso la comitiva organizadora debía estar un día antes de la carrera.

    Angie: Hola amiga, como te acabo de ir en la carrera

    Nena: amor, bien, cansada por el corre corre, pero todo salió muy bien que fue lo importante

    Angie: ¿y con aquel que paso?

    Angie: ¿pudieron completar las cosas?

    Nena: Siii

    Nena: Pero ya te imaginaras todo lo que nos tocó hacer para tener el espacio, había mucha gente, yo súper ocupada, pero el muy paciente

    Angie: pero me puedes contar con detalles por favor

    Nena: jajaja

    Nena: viste que nos fuimos juntos, pues cuando podíamos nos besábamos y el parecía un pulpo me metía mano por donde podía, y le quedaba fácil por la ropa que yo llevaba puesta

    Angie: y tú me imagino que muy colaborativa

    Nena: por supuesto amiga

    Nena: jajaja

    Angie: jajaja

    Angie: sigue por favor

    Nena: a la hora del almuerzo nos dejaron como unos 15 minutos solos y fuimos a mi cuarto, primero se fue él y yo sin que me viera nadie a los 5 minutos lo seguí, sin perder tiempo se lo chupe para que se le pusiera dura y me desnude rápido, él se acostó y yo me subí, lo cabalgue hasta venirme, el señor me chupo las tetas delicioso, me besaba muy rico y me alagaba, yo creo que me comió unos 5 minutos a toda, me lo metía muy duro y me miraba siempre, eso me gustó mucho, me dijo que se venía y lo metió bien profundo y sentí como me llenaba a chorros.

    Angie: cortico pero intenso entonces

    Nena: ese sí, es que en la noche tuvimos más

    Angie: ahhh tonta, pensé que no lo habían hecho más, sigue

    Nena: A la hora del café otra vez tuvimos espacio y nos fuimos a un hall que estaba solo, nos besamos mucho, jugamos con nuestras lenguas, él se sentó en el brazo de una silla, me subió la camisa y saco mis senos del top y empezó a jugar con mis pezones primero con sus dedos y luego con su lengua, me chupa las tetas y me besaba, yo me cogí las tetas y se las ofrecía alternándolas, luego me bajo la licra hasta la mitad de los muslos y empezó a meter un dedo en mi vagina, me puso a mil

    Angie: que rico amiga, me moje

    Angie: jajaja

    Nena: jajaja

    Nena: así me puse yo también ese día

    Angie: eso ustedes ya lo habían hecho, así ya habían estado

    Nena: siii, hasta ahí estuvimos, lo máximo fue una vez que lo masturbe, pero él no se vino, el a mí ya me había manoseado como había querido

    Angie: lo delicioso es cuando a una lo tienen así, cuando nos ponen a pedir que no la metan

    Angie: sigue amiga que estuvo muy buena la cosa

    Nena: me metió el dedo un rato, lo saco lo olio y me dijo que tenía aroma a sexo todavía, y me lo metió en la boca, eso me excito aún más, él me mordió los pezones y metió 2 dedos en mi vagina esta vez muy brusco, mi vagina sonaba cuando entraba y salían sus dedos, me bajo la licra hasta las rodillas y me hizo abrir más las piernas y sentí que intentaba meter cuatro dedos, me besaba y mordía mis labios, yo empecé a gemir

    Angie: yo ya me hubiera venido jajaja

    Nena: él me coloco de lado y con su mano izquierda empezó a lubricar mi ano, con la derecha seguía masturbándome y con su boca alternaba chupar mis tetas, cuando lubrico mi ano, metió su dedo pulgar, me hizo saltar y gemir más, amiga a los pocos minutos me vine mucho, le pedí que parara que me iba a orinar, pero él no lo hizo, yo lo besaba desesperada y él me decía que estaba muy rica, que mis tetas eran muy deliciosas, que me le gustaba como me mojaba y gemía, me coloco de espaldas a él y pensé que me iba a penetrar, pero el metió su dedo corazón en mi ano, yo solo solté un gemido y me dijo: “que culo tan rico, y bien roto que esta” ve amiga eso me encendió más

    Angie: esas palabras cuando estamos excitadas nos enloquecen

    Nena: claro, y yo bien mandada empecé a empujar para atrás a seguir el ritmo de su dedo, al momentico me metió otro dedo y el otro orgasmo llego con orinada incluida

    Angie: que delicia

    Nena: las piernas me temblaban y no dejaba de gemir, él se paró y busco con que limpiar el piso y con que yo me aseara, nos besamos muy tiernamente y sonreímos, salimos con cuidado y cada uno se fue a seguir en sus labores

    Angie: pero gozo la niña

    Nena: súper deli, esa era la idea, por nada no me iba a arriesgar a que nos descubrieran

    Angie: ¿y pasaron la noche juntos?

    Nena: Si, nos quedamos en su habitación

    Angie: aja ¿Y?

    Nena: jajaja

    Angie: ¿adivino lo que paso?

    Nena: tonta

    Nena: cenamos como a las 7 pm, nos reunimos en el salón del hotel para las ultimas indicaciones, salimos tipo 8:30 pm de la reunión, el me hizo señas que me esperaba en su cuarto y se retiró, yo me quedé unos minutos más hablando con los demás y cuando tuve la oportunidad me volé, fui a mi cuarto por la maleta y corrí a su cuarto, cuando entre el se estaba lavando los dientes, yo puse el seguro en la puerta y me lance para besarlo, volvió a halagar mi belleza, me besaba el cuello, acariciaba mi rostro y mi boca, me apretó fuerte contra el y sentí que ya estaba erecto su pene, respondí sobándole mi pelvis y los besos se tornaron apasionados, el me apretó de nuevo pero tomando desde las nalgas, yo lo abrace por el cuello y le metí la lengua en su boca, así estuvimos unos minutos, le dije que me dejara ir al baño antes de ser suya de nuevo

    Angie: esas noches prohibidas donde nos volvemos las más perras son las mejores

    Nena: Siii

    Nena: salí del baño ya desnuda y él estaba sentado en la parte de debajo de la cama, con el celular en una mano y con la otra se toca el pene, me acerqué y el me mostro que veía fotos de mis tetas, que me tomó hacía unos días

    Angie: amiga es que tú si tienes que mostrar, te puedes dar ese lujo

    Nena: vimos las fotos y puso un video donde él me metía los dedos en la vagina y yo gemía

    Angie: pero en sus encerradas no perdieron el tiempo, eran bien productivas las reuniones

    Nena: jajaja

    Nena: Tú sabes que él me gusto desde siempre, esas oportunidades no se pueden dejar pasar

    Angie: ¿pero ustedes ya tenían todo cuadrado o salió de la nada?

    Nena: amiga habíamos adelantado mucho por WhatsApp, sabíamos que nos gustábamos y coqueteamos, ya todo se fue dando

    Angie: siga siga

    Nena: me tomo varias fotos desnuda en diferentes ángulos y me pidió que se lo mamara, me arrodille en el piso y me pegue a verga como loca, el me acariciaba el cabello y suavemente me la hacía tragar toda, cuando estaba toda dentro de mi boca me sostenía unos segundos así y me la sacaba de nuevo, yo lo miraba y lo seguía, me grabo mamándosela, de un momento a otro me tomo de la cabeza y se colocó de pie y me empezó a follar por la boca, yo lo tome de las nalgas y sentí como me llenaba la boca con su semen, me lo trague todo

    Angie: ¿dulce o salado?

    Nena: salado

    Angie: a mí me gusta el dulce

    Nena: a mí me da igual, me gusta es sentir las vergas en mi garganta, esa sensación de ahogo y de nauseas me fascina

    Angie: continua amiguis

    Nena: nos acostamos, me beso tiernamente y empezó a decirme: “quiero tu culo, se nota que te lo han hecho muchas veces, ¿verdad?, yo solo le respondí moviendo mi cabeza afirmativamente, él me hizo un oral muy delicioso y me seguía preguntando cosas

    Angie: ¡cuenteee!

    Nena: ¿muchos han entrado por tu ano?, yo movía afirmativamente mi cabeza y acariciaba su cabello mientras él me chupaba el clítoris, gemía mucho por la delicia del oral, ¿te gusta que te den por el culo?, Siii le respondí, él ya tenía 2 dedos en mi vagina y dos en mi ano, y yo tenía mis piernas lo más abiertas posibles

    Angie: lista para la culeada

    Nena: por supuesto

    Nena: él me beso la boca, saco los dedos de mi panocha y se quedó solo jugando con mi ano, sentí que metió otro dedo dentro de el, me dio unas palmadas con su otra mano en la vagina, eso me encendió más, él lo noto y lo repitió, me metía rápido y profundo los dedos en el culo, que ya entraban y salían muy fácil, me pregunto: ¿me puedo comer este culo?, yo de inmediato le dije que sí, me saco los dedos y se acostó sentó en la cama recostado sobre el espaldar, yo entendí que quería que lo cabalgara, y me senté en cuclillas sobre su verga…

    Casi me vengo no más de sentir cuando me entro, lo cabalgue como loca amiga, él me decía que lo hacía muy rico y eso me animaba a moverme más, me devoraba las tetas con su boca, me tomaba de la cintura y me lo hacía meter profundo, me mordía los labios, me daba nalgadas durísimas, yo me vine, pero seguí montándolo, me puso boca arriba y me lo metía despacio pero profundo, me apretaba los senos de abajo hacia arriba, me tenía loca, me quiero venir me dijo y me puso al borde de cama, amiga nos vinimos juntos, literal llore de lo intenso

    Angie: que delicia, ¿y no lo hicieron más?

    Nena: tipo 1 am creo yo se me subió y lo hicimos en misionero normal, rico, pero nada de otro mundo, la salida de la primera distancia era 6 am, por eso me tenía que levantar 5 am, estaba duchándome y él entro, me abrazo por detrás, me beso, me dedeo y me penetro, el mucho más alto se agachaba y me lo metía delicioso de abajo hacia arriba, así me hizo venir, me volteo, me hizo inclinar, me tomo de los brazos y me pego una pichada tremenda, amiga me hizo venir delicioso, me lo metía con rabia, me decía: “así es que te gusta no, así es que se deben de coger a las mujeres como tú, sin piedad”, me hizo arrodillar y se vino en mi cara, me sobo con la verga todo el semen en la cara, me pare, me limpie, me dio un beso tierno y terminamos de bañarnos, ya el resto del día normal, en la noche cuando yo estaba en casa me escribió que el martes al medio día pasaba por mí.

    Esa fue la historia, espero les haya gustado.

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  • Mi hermana Alicia

    Mi hermana Alicia

    Sonó el celular y leo el mensaje que llega, era de mi hermana que me dice: “Hola Mario, soy Alicia, me separé, vine a vivir sola, cuando vengas charlamos” y mandaba la dirección. Mi hermana es dos años mayor que yo, somos los más chicos de los hermanos que somos cuatro, nuestros padres ya fallecieron los dos. Nosotros nos criamos en la zona de quintas, nuestros padres trabajaban para los quinteros, nosotros vivíamos en rancho, las habitaciones no tenían puertas, tenían cortinas, el agua era de pozo, el baño estaba afuera de casa, para bañarnos utilizábamos un fuentón de zinc, en invierno calentábamos agua. Al lado de la cocina había un cuartito que utilizábamos para bañarnos todos.

    Mi hermana quedó embarazada del novio, el hijo de un quintero y se fue a vivir con él. Mi hermana era hermosa con un cuerpo casi perfecto, cuando eso sucedió a mis padres les cayó muy mal y cortaron relación con ella. Mi padre se jubiló y nos fuimos a vivir a un barrio de la ciudad. Yo aprendí el oficio y puse un taller de chapa y pintura en el garaje de la casa.

    Anduve de novio con algunas chicas del barrio, pero cada vez que las llevaba a la cama se me aparecía mi hermana y les masajeaba las tetas como si fueran las de mi hermana, le chupaba la concha imaginando la conchita de mi hermana. A escondida de mis padres nos encontrábamos cuando ella venía de compras al centro, ahora era todo una mujer y quizás más bonita y sexual de cuando era adolescente, de piel trigueña con un cuerpo espectacular, yo la deseaba más que nunca. No sé si ella se daba cuenta que la miraba con cariño. Pero no de hermano.

    Mis padres fallecieron, yo quedé solo en casa. Las últimas veces que vi a mi hermana, me había comentado que las cosas con el marido andaban mal, que ya no tenían relaciones, no se separaban por las nenas, tenían dos. En la actualidad Alicia tiene 28 años, yo 26.

    Dejé pasar un día para no parecer ansioso, pero la noche anterior había soñado despierto, fue tan bueno que termine con una placentera paja en honor a Alicia. La deseaba mucho, pero como decírselo. Algo estaba mejor que antes, estaba separada, podría haciéndole ver de mi interés, que no era para cogerla una vez, yo quería que ella me amara, como yo la amo. Me propuse ir despacio, para ver como respondía.

    La llame temprano:

    —Hola, tengo un rato para escaparme del taller, ¿puedo ir a verte?

    —Hola Mario, si vení ahora, las nenas están en el colegio, tomamos unos mates y hablamos tranquilos.

    Al rato estaba llamando a su puerta, abrió la puerta y no pude dejar de admirar su cuerpo, vestía un solero fino que dejaba traslucir un conjunto interior blanco, tenía el pelo mojado dando a entender que recién se había bañado, me hizo pasar. Cuando se dio vuelta para caminar hacia el interior de la casa, casi me desmayo el vestido marcaba el canal que dejaban sus nalgas, pensé que hermoso sería pasar mi lengua por esa zanja hasta encontrar pozo de los deseos. Salí de mis pensamientos cuando llegamos a la cocina.

    Ya tenía todo preparado arriba de la mesa, nos sentamos y to-mando mate me conto todo sobre ella y su separación.

    —Bueno, ahora estoy tranquila sola con las nenas.

    —Yo también estoy solo y la casa es grande, podrías pensar en ir a vivir allí, hay dos dormitorios desocupados.

    —¡Vos sos un pillo!

    —¿Por qué decís eso? Le dije sorprendido.

    —¿Para mirarme mientras me baño? Como cuando éramos más jóvenes.

    Se me cayó el alma al piso, todos estos años pensando que no lo sabía. Sentí un calor que me sofocaba. Baje la cabeza.

    —No te avergüences, a mi me gustaba que me miraras y te pajearas conmigo.

    Rodeo la mesa y con sus manos levanto mi cabeza, abrió las piernas y sentó en mi rodilla, sentí la lo caliente de su concha que pasaba mi pantalón y mi pija comenzó a cabecear. Pregunto:

    —¿Decime me deseas todavía?

    Mi voz salió desde el fondo de mis entrañas.

    —¡Te deseo más que mi vida! ¡Te amo con locura!

    Busco mis labios con su boca y cuando nuestras lenguas se encontraron se enroscaban, se trenzaban en un juego sensual. Mis manos recorrían sus nalgas manoseaban sus tetas. No sé cuanto duro ese beso pero solo nos despegamos para respirar. Ella se levanto, agarro mi mano.

    —Vamos a la cama. Faltan dos horas para ir a buscar las nenas.

    Ya en la cama mientras la besaba, notando la forma y la dureza de sus tetas contra mi pecho. Nuestras lenguas se entrelazaban una con otra, en un beso eterno. Las manos de Alicia fueron bajando hasta desprender el cinturón de mi jean y metió la mano en busca de mi pija, cada vez más dura.

    Alicia quedo debajo, terminé de desabrochar los pantalones y me los quite justos con mi slip. Mis manos no daban abasto, acaricia-ban y palpaban las curvas del precioso cuerpo de mi hermana. Ella todavía llevaba el vestido de verano, ligero y de una tela muy fina, lo cual me enloquecía. Me encantaba como se sentía su piel través de la tela. Pero me urgía hacer lo que tanto había soñado. Me desprendí de sus brazos y levanté su solero hasta la cintura y tome su bombachita, sacándolas por sus pies ya descalzos, las deje de lado no sin antes llevarla a mis narices para sentir esa mezcla de olores de su concha y perfume.

    Quedo a mi vista su concha totalmente depilada, de labios grandes. Me quede extasiado pasando mis dedos por fuera y por dentro, moje mis dedos en ese líquido que mojaba su conchita y los lleve a mi boca chupándolos. Mientras que una de mis manos abría su concha para introducir mi lengua, lleve mi otra mano a una de sus tetas apretando un pezón endurecido, ella gemía y temblaba. Chupe, lambí, mordí hasta que ella retorciéndose con un gemido gutural llego a su primer orgasmo conmigo, seguí chupando hasta que termino.

    Subí hasta encontrar su boca y la bese con mis labios mojados con el líquido de su concha.

    —Ahora me toca a mí. Agarrando mi pija para chuparla

    —No, no lo hagas, no me gusta, quiero darte por la concha, ¿Cómo te gusta?

    —Como vos quieras.

    —Arrodíllate, estilo perrito me gusta.

    Le abrí las nalgas y pase la lengua por el orificio marrón de su culo. Se estremeció y me dijo.

    —Por ahí no.

    —Solo le quería pasar la lengua, por ahora.

    Alicia en la cama se puso en cuatro patas, exponiendo totalmente su culo para mí. Sin hacerme esperar, me puse detrás y la penetré por la concha. Con una mano me apoyaba en la cama y con la otra acariciaba las tetas de Alicia, que colgaban sensualmente hacia abajo y se movían con cada envión que le daba. Mi pija que es más bien mediana, bailaba en su concha encharcada de jugos. Comenzó a hacer ruidos mi pija cada vez que entraba y salía eso me ponía a mil y comencé a bombear más rápido. Ella empujada para atrás y pedía:

    —¡Dame tu leche, dame tu leche!

    —¡Toma leche, toma mi leche es toda para vos! Y le inunde la conchita con una acabada que no terminaba nunca.

    No teníamos tiempo para más, nos fuimos a bañar juntos, verla desnuda bajo la lluvia de la ducha, hizo que mi pija comenzara a levantar de nuevo. Alicia me miro y agarro mi pija con su mano, acariciándola me dijo:

    —Tu pija quiere más. Déjame que te la chupe, yo voy a hacer que te guste.

    Y arrodillándose se la llevo a la boca, mi pija termino poniéndose dura, contradiciendo lo que yo había dicho, ella chupaba y sonreí mirándome a los ojos yo gemía sin darme cuenta. La saco de su boca y pidió:

    —¡Dame todo!

    No lo podía creer, me vine en su boca como si fuera que no hubiese acabado hacía unos minutos, se tragó todo, la levante de los brazos y la bese, sentí el sabor salado de mi leche en su boca, no me importo nada.

    —Desde ahora no quiero compartirte con nadie, quiero que seamos solo nosotros, si no lo quieres así, dímelo ahora.

    —¡Tuya mi amor, solo tuya!

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  • Maestra en mini (7)

    Maestra en mini (7)

    De repente llega a mi mente que tengo las llaves de la casa de Hermilo, el supervisor de zona, me quedé con ellas en nuestro último encuentro que tuvimos ya que se le olvidaron.

    Además, está separado y por suerte vive solo, me digo a mí misma, así que sin despertar a Lalo y a los demás me escabullo, me doy una ducha rápidamente y tomando lo que puedo para vestirme me encamino a la colonia donde vive Hermilo, no me causa mayores problemas el dar con las llaves del portón y de la puerta y como ya he estado en su casa en alguna reunión de profesores no tardó en llegar a su recámara, quiero tocar a la puerta pero mi corazón salta de emoción al escucharlo roncar y ver que la perilla no tiene seguro, como una chiquilla traviesa me escabullo sigilosamente…

    La luz tenue de los primeros rayos de la mañana descubre las fotos que el anciano profesor tiene en las paredes de su recámara, la mayoría son mías, me pregunto cuántas veces se habrá masturbado imaginando que me posee, sobre todo porque observo el regalo que le di en el intercambio anterior y una bufanda que pensé que se me había perdido doblada delicadamente en su buró junto a su lámpara.

    Ahora lo contemplo apenas arropado con una delgada cobija, me desnudo lentamente tratando de no hacer ruido, retiro la cobija lentamente, Hermilo ni se da por enterado, me inclino de rodillas y me apodero de su adormecido pene, lo lamo con dulzura, mi lengua secreta chorros de saliva al percibir su sabor en mis papilas gustativas, beso delicadamente su hongo, su animal poco a poco va dando muestras de vida, los ronquidos de Hermilo se van haciendo poco a poco más irregulares, engullo su pito y lo succiono, acariciando con mi mano izquierda la sección de verga que no me cabe en la boca, y con mi diestra, le regalo un masaje a sus peludos y lindos huevos.

    Con una emoción indescriptible, siento su manota tibia en mi cabeza, acariciándome lentamente.

    -Uf, ¡qué rico, Laurita, así sí da gusto que lo despierten a uno! -comenta él, suspirando.

    Al escucharlo le mamo la verga como loca, mugiendo prácticamente presa de la máxima lujuria. Como puede me acomoda sobre él para realizar un delicioso 69 supervisor de zona-profesora.

    Hermilo dobla su almohada para tener su cabeza más elevada, apoderándose de mis nalgas, empieza a desayunarse mi vagina y yo su verga, de cuando en cuando, introduce su dedo en mi ano haciéndome pegar brinquitos de emoción, sin embargo algunos estratégicos lengüetazos de mi amante sobre mi ano, me arrancaron inesperados mugidos de gozo de tal forma que desde afuera alguien hubiera creído que me estaban matando o que estaba pariendo, me está dando tanto morbo tener sexo en una habitación prácticamente forrada de fotos mías.

    Hermilo me tiene en las nubes, con sus dedos moviéndose en mi ano y con media lengua dentro de mi vagina, mi estallido ocurre en segundos, Hermilo toma todo lo que sale de mi vagina engullendo todo en su garganta al mismo tiempo que sus chorros de semen sale disparados contra la mía.

    El enciende su lampara para no perderse el momento cuando saco su verga de la boca, viendo como sus últimas descargas rocían mi mentón y bañan su pene, mis manos y su vello púbico.

    Primero me trago su preciado semen, luego uso mi lengüita y mis labios para limpiarme las manos, su pito y finalmente su vientre, le mamo los pelos del vello mientras el gruñe de placer, con su animal semi flácido en mis manos, me doy golpecitos yo sola, sobre mis labios, mis mejillas, mi nariz.

    Hermilo se sienta en la cama y hace que me siente junto a él, me toma de la barbilla y acerca sus labios a los míos, besándonos ruidosamente, mientras tanto, sus ardientes manos no permanecen ociosas, se dedican a manosear descaradamente hasta mi última curva, terminando en mi sexo, estimulándome el clítoris con su voluminoso pulgar.

    -¡Hermilo! yo, intento hablar, pero él cierra mis labios con sus besos, usa su peso para acostarme, quedando él sobre mí, me abre bien las piernas sujetándomelas, con mis brazos lo mantengo pegado a mí, no deja de besarme, de meterme la lengua en la boca, mi vagina húmeda recibe su pene amado y grueso, no le cuesta nada metérmela toda, empieza a cabalgarme, golpeándome el vientre con el suyo.

    -¡Ah, Hermilo, Hermilo!, repito una y otra vez, esto lo incentiva ya que me penetra más fuerte a tal grado que siento que me parte en dos con su tremendo tubo de carne.

    -Laura, ¡qué rica estás!, dice, con su cabeza apoyada en mi hombro, al lado de la mía

    Con toda su experiencia a cuestas se detiene, se lleva una mano a su verga, me la saca un poco dejándome casi todo su glande aprisionado en mi útero, mi macho empieza a frotarme su órgano en círculos así medio hundido, con su caricia Hermilo me hace lanzar una serie de gemidos y chillidos que seguramente pasan por todas las escalas musicales, varias veces ¡uf!

    Entonces, el muy cabrón ya cansado, se deja caer sobre mí, enterrándomela toda, provocándome un orgasmo delicioso y duradero, con mis gritos, no tarda mucho tiempo en eyacular en mi interior, los dos resoplamos como bestias, bañados en sudor para al final, besarnos con inigualable pasión.

    Pasamos una mañana agradable, me prestó una bata de su esposa, le hice el desayuno y comida, su plática amena y sus anécdotas me hacen reír de tal forma que me siento bien y en paz.

    Le digo que voy a ducharme, me mira al momento de dejar caer la bata y quedar desnuda frente a él, lo observo detenidamente y me pregunto como un anciano como él puede tener tanta vitalidad, por otro lado, me digo a mí misma que las mujeres nos merecemos a alguien que nos admire recordando mis fotos en su pared ¿cómo las conseguiría? Me pregunto, el me observa con ternura me imagino que contemplando mi juventud.

    No hacen falta palabras le extiendo la mano invitándolo a bañarse conmigo, el usando su bastón se pone de pie son como las tres de la tarde, ninguno asistió a trabajar, Hermilo cierra la cortina del baño y abre la llave del agua caliente, nos besamos bajo el chorro, toma una esponja y me enjabona toda, dejando mis curvas resplandecientes.

    -Siempre soñé con bañarme contigo, me confiesa.

    -Le sonrío, abre de nuevo la llave, mama mis pezones, me arrodillo, me meto su verga en la boca, suspira sujetándome la cabeza para regular mi movimiento abro mi boca al máximo, deseosa de tragarme todo lo que pueda mezclando su sabor con el agua, Hermilo anuda mi cabello entre sus dedos y me dirige a su cosota una y otra vez.

    Cierra la llave y sin secarnos, me lleva de la mano al cuarto dejando un rastro de agua y jabón tras nosotros, me coloca en cuatro sobre el suelo, él se hinca atrás de mí, aprovecha mi colita enjabonada, me penetra el ano, una fuerte descarga de ardor, dolor y placer se mezclan al sentirme penetrada por el recto, quiero zafarme pero Hermilo me tiene aferrada de la cintura atacándome el ano como poseído, los chasquidos y mis gritos deben escucharse por toda la casa, algo que Hermilo parece ignorar, con el agua y el jabón le cuesta menos metérmela toda, quiero darle gusto, después de todo me imagino que mucho tiempo estuvo soñándome así,

    Así que contribuyo con mis gemidos, con mis gritos y con mis palabras alentándolo a seguir, sus gemidos me indican que no estuve tan equivocada al contribuir con mi sodomización, sus gruesos chisguetazos de semen estallan en mi colita uno tras otro, es algo muy diferente, porque por momentos calman mi dolor y por momentos lo aumentan, como puedo me desprendo él se espanta al ver que un ligero hilo de sangre corre por mi recién estrenado ano, sale del baño confundido mientras termino de ducharme.

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