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  • Mi madre y yo en la playa

    Mi madre y yo en la playa

    Mi madre y yo vivimos juntos desde que ella enviudó hace once años. Yo me llamo Rubén, tengo 50 años, soltero y sin intención de casarme. Mi madre se llama Isabel y tiene 74 años. Ella siempre ha sido una mujer muy liberal y abierta respecto al sexo, lo mismo que yo. Su cuerpo es hermoso, con unas grandes tetas que no han perdido mucho a pesar de sus años y un culo muy sexi. Es muy coqueta y presumida. Le gusta vestir elegantemente. Es una mujer que llama la atención de los hombres incluido yo.

    Me he masturbado infinidad de veces con ella dentro de mi cabeza, oliendo sus bragas y con la imagen de sus grandes tetas transparentadas en su camisón.

    Vivimos en una ciudad costera del norte de España con infinidad de playas. Empezó el mes de julio y el buen tiempo invita a disfrutar de la playa.

    -¡Ruben! ¿Te parece bien si hago unos bocadillos y pasamos el día en la playa?

    -Me parece perfecto mami, me apetece mucho ir a la playa.

    Cuando terminó de preparar los bocatas yo estaba listo para salir. Una camiseta de manga corta, el bañador y unas deportivas era todo lo que necesitaba para un día de playa. En cambio mi madre necesitaba más, mucho más.

    Las toallas, la crema solar, su vestido playero, su sombrero, la sombrilla, un bañador, un bikini, etc., etc.

    En fin, qué me vi cargando con dos bolsas de playa a reventar.

    -¡Rubén! ven un momento a mi habitación, necesito tu opinión.

    Entré en su habitación y mi madre estaba en camisón, su silueta se transparentaba dejándome entrever sus grandes tetas y sus oscuros pezones, así como el contorno de su vagina y su vello púbico.

    Mi polla empezó a palpitar y a ponerse dura ante esa imagen. Yo intentaba disimular lo mejor posible el aumento de tamaño en mi bañador.

    -Me voy a probar el bañador y el bikini, dime cual te gusta más.

    Empezó probándose el bañador, al no llevar nada debajo del camisón metió las piernas en el y lo subió lentamente a la vez que se subía el camisón hasta la cintura.

    Fue un leve instante en el que pude ver su vagina con su oscuro y algo canoso vello púbico.

    Ajustó la parte de abajo y seguidamente subió de nuevo el camisón hasta su barbilla sujetándolo con ella.

    Sus tetas quedaron al aire durante un momento mientras se subía el bañador completamente.

    Yo miraba fijamente esas tetas que me volvían loco, cada vez era más difícil disimular mi erección.

    -¿Qué te parece hijo? ¿Te gusta?

    -Te sienta muy bien mami, me gusta.

    -Espera que me pruebo el bikini y me dices que te parece.

    Se quitó el bañador pero esta vez no pude ver su cuerpo desnudo, pero al ponerse la parte de abajo del bikini volví a ver su hermosa vagina por otro instante lo mismo que sus desnudas tetas.

    Se colocó las tetas en la parte de arriba del bikini y antes de atárselo se quitó por completo el camisón.

    Frente a mi estaba mi madre en bikini intentando atarse la parte de arriba sin conseguirlo.

    -¿Quieres que te ayudé mami?

    -Si hijo ayúdame a atarlo.

    En el momento que me dirigía hacia ella se le soltó de los dedos, haciendo que se sus grandes tetas se salieran del bikini, eran preciosas, mi excitación aumento viendo sus oscuros pezones, me era imposible poder disimular más mi erección.

    -Uuyyy, que se me escapan dijo mi madre mirándome a la cara.

    Se dio cuenta que mi mirada estaba fija en sus tetas.

    -Deja de mirarlas tanto, que te vas a poner malo hijo.

    En ese momento mi madre se fijó en el bulto de mi bañador.

    -Uffff, vaya bulto que tienes en la entrepierna hijo, ¿ha sido por ver mis tetas?

    -Puees siii, la verdad es que son preciosas, no he podido dejar de mirarlas y me he excitado. Lo siento mami, no he podido evitarlo.

    Me acarició la cara y me beso en la comisura de los labios tiernamente mientras le ataba el bikini.

    -No te sientas mal hijo, es normal que un hombre se excite viendo las tetas de una mujer. Pero no pensé que te excitaban las tetas de tu madre.

    -Es que eres guapísima y muy atractiva mami y es difícil no fijarse en ti.

    – Pues nos vamos enseguida, ¿no pensarás salir así a la calle?

    -No mami, enseguida se me pasa.

    Como es de imaginar me dirigí al cuarto de baño y me hice una paja pensando en mi madre.

    Nos subimos al coche y me dijo:

    -Podíamos ir a una playa tranquila sin mucha gente, ¿sabes de alguna así?

    -Claro que sí, vamos a ir a una playa con muchas dunas y no muy frecuentada, te gustará.

    Llegamos a la playa y estuvimos andando un buen rato buscando un sitio poco transitado.

    Una vez instalados miramos el hermoso paisaje que teníamos alrededor.

    -Pues sí que es solitaria está playa, vamos a estar muy tranquilos y sin los agobios decía gente. Has acertado de pleno hijo.

    -Me alegro que te guste mami, yo suelo venir aquí para ponerme desnudo y tener intimidad.

    -¿No sabía que hicieras nudismo?, yo nunca lo hice, me da vergüenza que me vea la gente.

    -Aquí no te verá nadie, si te animas adelante.

    -De momento vamos a darnos un baño y ya veré si me decido.

    Nos dimos un buen chapuzón, el agua no estaba demasiado fría, pero lo suficiente para que los pezones de mi madre se pusieran duros y se marcarán en su bikini.

    Yo miraba disimuladamente y mi polla empezó a crecer de nuevo, no intente evitar la erección ya que debajo del agua mi madre no se daría cuenta.

    Tanto la miraba las tetas que se dio cuenta.

    -¡Hijooo! ¿Otra vez mirándome las tetas?, vaya obsesión que tienes con ellas. Anda! vamos a tomar el sol un poco.

    -No pasa nada porque te mire mami, no le des importancia.

    -Pues si pasa, otra vez se te ha puesto duro el pene, menos mal que no nos ve nadie.

    Llegamos a nuestro sitio, nos secamos con las toallas y nos tumbamos a tomar el sol.

    Mi madre se tumbó boca abajo y yo también junto a ella.

    -Hijo, dame crema por la espalda y las piernas por favor.

    Yo encantado por la petición la unte la crema solar por la espalda dándole un pequeño masaje a la vez.

    -Umm, que bien lo haces, me encanta, vas a tener que hacerlo más a menudo.

    -Sólo tienes que pedírmelo mami.

    Continúe con las piernas, empecé desde los pies hasta el final de ellas, mis manos llegaban todo lo arriba que me permitían sus juntas piernas, masajeándolas de arriba abajo.

    Disfrutando del masaje separó más las piernas permitiendo que mis manos llegarán hasta más arriba.

    Los labios vaginales marcándose en el bikini y su vello púbico asomando por los lados me pusieron la polla durísima. Mis manos llegaron a tocar su pubis unas cuantas veces levemente y mi madre no dijo nada.

    -Estoy un poco indecisa hijo, no sé si quitarme la parte de arriba para que no me quedé la marca del bikini.

    -Mejor oportunidad que está no la hay, estamos completamente solos, anímate por mí no tengas vergüenza que ya te vi las tetas está mañana.

    -Pues sí, es verdad, suéltame el bikini que me voy a dar la vuelta.

    Cuando ella se giró, yo ya estaba tumbado boca abajo para esconder mi abultada erección.

    Sus enormes tetas estaban muy cerca de mí, no podía evitar mirarlas, sus oscuros pezones me la ponían más dura.

    -Ya sé que me estás mirando las tetas, como sé que te gustan no hace falta que disimules hijo, deléitate mirando que no me importa y de paso me das crema y otro masaje que lo haces muy bien.

    No podía creer lo que mi madre me estaba brindando y sin dudarlo me arrodillé junto a ella, unte mis manos de crema y comencé a masajear sus hombros, sus brazos, su vientre, reservando sus tetas para el final.

    Llegado el momento, acaricie suavemente sus pechos extendiendo la crema por ellos, empecé a masajearlos, mis manos no cubrían por completo sus enormes tetas, mis dedos acariciaron sus pezones que se pusieron duros por el tacto de mis dedos.

    Continúe con sus piernas empezando de nuevo por los pies y terminando cerca de su vagina.

    Esta vez estaba con las piernas muy abiertas, la raja de su coño marcándose en el bikini me excitaba enormemente.

    Mis manos terminaban haciendo tope con su vagina, está vez yo no me cortaba, lo hacía queriendo, quería sentir el coño de mi madre tocando mis manos.

    -Que placenteros son tus masajes, estoy en la gloria, me encantan. Seguro que tu estas encantado también, ¿a qué si?

    -No sabes cuánto mami, ni te lo imaginas.

    Mi madre levantó la cabeza y miro el bulto de mi bañador.

    -jjjjj, ya me lo imaginaba, sabía que estarías cachondo, pero no te de vergüenza que a mí no me importa. ¿Por cierto? ¿Tú no hacías nudismo? pues por mí no te cortes, ya puestos anímate.

    No lo dudé ni un momento, me quite el bañador dejando mi polla erecta a la vista de mi madre que clavó su mirada fijamente.

    -Bueenooo, menuda erección que tienes hijo y la culpa es mía, Jaja. ¿Y cómo piensas bajarla?

    Yo me había arrodillado junto a ella de nuevo, seguía masajeando sus tetas y acariciando sus pezones.

    -Pues no lo sé mami, ¿se te ocurre algo?

    Me agarró suavemente la polla y empezó a masturbarme.

    -¿Te parece bien esto?

    -Me parece muy bien mami, ahhhh, sigue así, me encanta, que bien lo haces.

    -Que dura la tienes, ummm, me gusta sentir tu polla en mis manos, llevo cachonda desde esta mañana cuando vi el bulto de tu paquete y con los masajes que me has dado no puedo aguantar más, quiero comerte la polla.

    Lo que estaba diciendo mi madre me excitaba enormemente, acerque mi polla a su boca y empezó a mamármela gimiendo.

    -No aguanto más, me voy a correr.

    -Sii, correte hijo, correte en mi boca, quiero tragarme todo, dámelo todo.

    Las embestidas de mi polla en la boca de mi madre hizo que dejara de mamarme la polla, le agarré la cabeza y la folle frenéticamente por la boca, mi corrida se escurría entre sus labios gimiendo excitada.

    – que rico sabe, ahora te toca a ti darme placer.

    -Siii, voy a darte todo el placer que quieras mami. Quítate el bikini que te voy a comer ese coño que me está volviendo loco.

    -Cómelo, Siii, cómelo todo, estoy empapada y muy caliente.

    Empecé a lamer su coño frenéticamente, sorbiendo sus jugos, saboreándolos mientras me les tragaba, mordisqueaba su duro clítoris que asomaba entre los labios vaginales, retorciéndose del gusto, gritando de placer.

    Se puso tensa, apretando fuertemente mi cabeza contra su coño, tuvo un largo orgasmo que empapo toda mi cara.

    -Aayyy que bien, que gustooo, que placeeer, me has dado.

    -Todavía no he acabado de darte placer, tengo la polla otra vez dura y te voy a follar ahora mismo.

    -Siii, follameee, salvajemente por favor.

    Le metí mi polla de golpe haciéndola gritar y empecé a follarla salvajemente como ella quería.

    – como la siento dentro de mi, que gustooo, no pareees.

    Yo seguía fallándola frenéticamente, mi polla entraba y salía de su encharcado coño. Gritábamos de placer como locos.

    Mi chorro de semen golpeó el fondo del coño con tal fuerza que mi madre gritando por su orgasmo dijo:

    -Aaayyyy, como lo he sentido, he sentido tu chorro golpeándome el fondo del coño, que sensación, que placer me has dado hijo mío, que placeeeer.

    Caí rendido encima de mi madre, con mi polla dentro de ella, sintiendo el calor del lubricado coño.

    Jadeando los dos, recuperando fuerzas. Nos dimos otro baño el cual agradecimos profundamente.

    -¿Hijo, que te parece si volvemos a casa? Ha sido un día de playa muy ajetreado. Nos comemos los bocadillos en casa tranquilamente y nos echamos una siesta los dos juntos y lo que surja. Esta vez te voy a follar yo, además quiero entregarte la virginidad de mi culo, quiero que me folles por el culo, que te corras dentro de él.

    La bese profundamente abrazándola.

    -Me parece una buena idea mami, con lo que me dices se me está poniendo dura otra vez. jajaja

    Desde ese día de playa, follamos a menudo y disfrutamos de todos los placeres que nos brinda el sexo.

    En el próximo relato os cuento que pasó.

  • Deliciosa

    Deliciosa

    Gimes. Suspiras.

    Tus gemidos me excitan y me excitan muchísimo preciosa.

    Me encanta lamerte, saborearte…

    Me gusta poseerte con mi lengua. Me gusta oír tus gemidos de placer.

    Me excitas. Me calientas.

    Me retiro para contemplarte.

    Veo esos preciosos ojos llenos de pasión.

    Estas excitada y caliente, abierta de piernas en tu cama. Ofreciéndome tu sabrosa vagina para que te coma.

    Sé que te gusta. Que disfrutas cuando mi lengua acaricia tu clítoris.

    Y eso me hace enloquecer de placer.

    Sentir tu placer. Mmmmm…

    Tus movimientos… Cuando tu cuerpo se tensa por culpa de mi lengua…

    -Jajaja como me gustas así. Derretida por mis caricias. Desmadejada. Saber que disfrutas.

    -Sigue.- Me pides. Me suplicas.

    Sonrío. Me sacas de mi contemplación.

    Y me vuelvo a introducir entre tus piernas, volviendo al ataque. Agarrando tus muslos y poseyendo esa rica y sabrosa vulva, que me encanta sentir, chorreante de tus ricos jugos. Me los bebo. Los deleito. Te devoro. Te saboreo. Con pasión. Con locura. Con ansia.

    Levantas tu pelvis para tener más contacto.

    -Oooohhh, Aaaahhhh.

    Jadeas, te retuerces en la cama. Agarras las sabanas.

    Te falta poquito. Y eso me gusta. Es el mejor momento. Es cuando más me gustas. Cuando estas a punto de llegar a tu punto culminante. Justo antes de tu explosión de placer. En este momento que estas descontrolada. Llena de excitación. Estas al máximo. Llena de lujuria. Llena de pasión. Con ese calor interno que sube y sube. Cuando empiezas a sentir dentro de tus entrañas el inicio de esa sensación de la inminente descarga eléctrica. Me encantas.

    Siento tus vibraciones. Siento como te tensas. Oigo tus jadeos y suspiros. Éstos me enervan y me excitan. Oírte así me pervierte jajaja.

    Y por fin llegas y explotas como un volcán. Te tensas, arqueas tu espalda y te aprietas contra mi boca. Me encantas. Llegas al límite de tu disfrute. Y me llenas la boca con tus ricos jugos. Muestra de tu delirio de placer.

    Sabrosa, deliciosa… Y caes relajada.

    Me incorporo y te vuelvo a contemplar.

    Satisfecha. Veo las areolas de tus pezones contraídas por el placer conseguido.

    Sonriente…

    Preciosa…

    Mi diosa…

  • El masaje

    El masaje

    Para Ana. Dedicado y escrito por y para ella. Una deliciosa y encantadora mujer.

    -Ven Julio- Te pedí que te tumbaras. Me puse un poco de aceite en las manos y empecé a darte un rico masaje… lento, pasaba mis manos por tu cuello, los hombros, por tus brazos, hasta llegar a tus palmas y dedos y subir nuevamente, acariciando tu pecho, tus pectorales, acariciando tu tórax, deslizándose mis manos por tus abdominales… hasta tus caderas…

    Pasaba mis dedos cerca, muy cerca de tu pelvis pero no tocaba nada que no debiera tocar… aún no…

    Bajé por tus muslos y me puse un poco más de aceite. Continuaba bajando por tus piernas, hasta tus rodillas y llegando a la punta de tus dedos…

    Luego lo hice de nuevo de tus pies hasta la cabeza… masajeando todo tu cuerpo.

    -Puedo hacer esto todo el día amor… Hasta que duermas o te excites…

    Subo y ahora masajeo la parte interna de tus muslos más cerca de lo que no debo pero quiero tocar… paso mis dedos y te acaricio. Ya no lo puedo evitar… Pero te pido dar la vuelta antes de que algo me pase y termine sobre ti… Masajeo y acaricio con calma tu espalda…

    – Me gusta Ana… – me dices

    – Será excitante, morboso, te encantará, te lo juro te tocare despacito, con dulzura… Hasta que te pongas muy duro… – Te digo en un susurro al oído.

    – Te voy a poner boca arriba una vez que termine con tu espalda, la cadera, tus glúteos y las piernas…

    Tu cuerpo está más que relajado, tienes los ojos cerrados y una sonrisa bella en los labios… Te doy un pequeño beso sobre ellos, sacándote un poco del trance… Mis manos te siguen acariciando ahora el pecho… Necesito una mejor posición para el masaje así que me monto encima de ti. Abro mis piernas y las pongo sobre las tuyas… Paso mis manos por tu pecho y bajan por tu abdomen. Llego a tu pelvis está vez si te toco y te estremeces. Abres los ojos y levantas la cabeza.

    -No, mi vida acuéstate y cierra los ojos, sólo déjate sentir… Te gustará, lo prometo… Te lo digo y me haces caso. Mis manos bajan… Y me aplico sólo un poquito más de aceite. Te acaricio los testículos… Tu cuerpo reacciona… Mis manos van resbalando hasta tomar tu pene… Con calma lo voy acariciando, se va poniendo duro al tacto.

    Mi mano va de arriba abajo de forma perezosa. Sigo sin presionar, el aceite hace buen efecto. Se mueve un poco más rápido mi mano, pero aun así es lento. Jadeas un poco sin querer, esta dura ahora, más dura entre mis manos… Estas sintiendo placer… Mucho placer.

    Mi mano sigue… Quiero verte disfrutar. Me encanta tu cuerpo. Como responde a las caricias que le doy. Aumento sólo un poco el ritmo y presiono, ahora sí. Gimes cuando sientes que el ritmo cambia… Tus ojos siguen cerrados pero la sonrisa cambia, es más perversa ahora…

    -Dime que quieres Julio… Y te lo doy… Pídeme… – te digo.

    Mi mano sigue un vaivén de caricias. Te doy placer con mi mano. Tu cuerpo se tensa, lo siento en tus piernas, las venas se marcan de manera deliciosa, muevo mi mano con más rapidez, te tengo en éxtasis a punto de estallar…

    -¡Me encantas!… – Me gusta tenerte así, destilando placer, sintiendo mis caricias… Sigo masturbándote y mi vagina se contrae mientras voy acariciándote. Mis braguitas dejan percibir lo mojada que estoy por el masaje… Por las caricias que te doy… Por verte así como te tengo…

    Pides más, y claro que te lo doy… – Todo cuanto pidas amor… – te digo.

    Me pides que me ponga sobre ti para darme tú también placer.

    Me subo y colocó mis caderas justo sobre tu rostro. Abres los ojos, subes las manos y deslizas mis bragas que caen hasta mis rodillas… Me las quitas. Estamos en un 69, pero aún no me tocas… Mi mano sigue. Te tengo muy excitado… Me he detenido un momento… Quiero que dure un poco más…

    Empiezas a saborear mi vulva y vas acariciando con tu lengua mi clítoris.

    -Ahhhh! – Jadeo cuando tú boca me devora…

    Te acarició con fervor. Me encanta. Cuanto más te complace más rápido me comes… Pienso que llegaremos juntos al final amor…

    Tu lengua me enloquece, no lo puedo evitar. Mis caderas van contra tu boca y la mía se abre para dar un chillido y… comerte entero… Suspiras entre mi vulva… cuando sientes mi boca. Te lamo ahora y masturbo a la vez que me comes y paladeas mi clítoris…

    Siento como me comes. Como mis jugos son recogidos por tu lengua y tu polla ahoga un grito de placer cuando me lames con tu lengua… Te como con gusto, ahora más excitada por tus caricias…

    Sigo recorriendo con mi lengua, abrazando tu tronco con mis labios, chupando cada centímetro de tu polla. Está muy hinchada y rica… Muy rica, tiene un sabor delicioso…

    Entra y sale de mi boca y mi mano sigue masturbándote… Se siente la tensión dentro de ella… Llegarás en cualquier instante y yo lo espero ansiosa.

    – Quiero que te corras mi amor… Anda dame ese regalo hoy y…

    Siento cómo me lames y yo hago lo mismo te la mamo hasta que estas apunto de…

    Y llega mi momento. Me tenso. Tiemblo de placer. Ahogo mi grito de gozo chupándote más. Pero me la saco de la boca y gimo. Jadeo y grito del gusto que me das. Llega también tu corrida. Tu leche mana como en un volcán. Sale disparada. De golpe. En varias veces. Te tensas. Arqueas tu espalda. Gritas mi nombre. Te agarras a mí…

    Me quito de encima de ti y me tumbo a tu lado. Te abrazo y te beso. Nos besamos, notando y saboreando nuestros sabores.

  • Fresas y cava

    Fresas y cava

    Miradas intensas. Ojos brillantes. En tus ojos se refleja el fulgor de las velas. Ojos llenos de pasión. Pupilas dilatadas. Deseo. Se lee el deseo en tus ojos. Se lo que piensas. Leo tu mirada. Me transmiten tus ganas… Tus ganas de estar juntos. Juntos acariciándonos. Juntos fusionados. Unidos piel con piel y sentir el contacto de nuestros cuerpos desnudos. Tumbados en la alfombra delante de la chimenea. Eso me dicen tus preciosos ojos. Tus lindos ojos.

    Fueron lo primero que me impactó cuando te conocí. Y ahora estamos aquí los dos desnudos. Verte así, desnuda, a mi lado… Estás preciosa.

    Cojo una fresa y la paso por tu piel. Por tus pezones. Te estremece el frio.

    Acerco la fresa a tus labios. La muerdes. Unas gotitas de su jugo caen por la comisura de tus labios y las recojo con los míos. Te beso. Nos besamos y noto tu calor en tus labios. Como siempre me sabes deliciosa. A fresas.

    -Mmmmm… siiiii, rica, deliciosa…

    Te acerco la copa de cava a tus labios y bebes. Se derrama por tus labios. Vuelvo a beberlo sobre ellos. Aprovecho a besarte. Es un beso largo, profundo, húmedo, cargado de pasión. Sensual… Nuestras lenguas danzan dentro de tu boca y dentro de la mía. Sabes a cava.

    Acaricio tu cara siguiendo por tu cuello. Mi mano roza uno de tus pechos. Sigue por tu costado y acaricio tu cadera. Te aprieto contra mí. Noto tu calor y huelo tu perfume. El ambiente que he preparado nos envuelve. La música, las velas, la chimenea, el cava… Nuestros pechos se juntan. Tus pezones rozan mi pecho y tu aroma me seduce. Me comes a besos y tu lengua recorre mi piel. Me excitas.

    Caliente…

    Sube la temperatura de mi cuerpo. Mi erección choca contra tu pelvis.

    Te acaricio y me acaricias. Besos y besos. Con sabor a fresas y cava. Largos y húmedos. Agarras mi culo y me atraes contra ti.

    Mi excitación sube…

    Beso tu cuello. Suspiras. Beso casi tu nuca. Tu piel se eriza… Mi boca recorre tu cuerpo y beso tus pechos. Me deleito con tus pezones. Les paso la punta de la lengua y recorro tu areola consiguiendo que se contraiga. Chupo tus duros pezones y te estremeces. Gimes…

    Beso tu ombligo. Mi lengua te recorre y te hago cosquillas. Ríes y quieres que pare. Pero sigo bajando con mi lengua traviesa hasta mi objetivo. Donde sé que te gusta. Donde sé que disfrutas. Porque quiero verte disfrutar…

    Llego a tu pubis y sigo hacia abajo.

    No te lo esperabas y me pides que suba. Mi lengua se desliza por el interior de tu muslo y te estremeces de nuevo.

    Llego a tu tesoro y noto tu humedad

    -Estas muy mojada preciosa. Mmmmm…

    Te dejas hacer mientras te abro más las piernas. Me introduzco en ti. Mi lengua saborea tu vulva. Te lamo y saboreo. Gimes y elevas tu pelvis para tener más contacto y me agarro a tus muslos para inmovilizarte.

    Mi lengua juega con tu clítoris. Lo noto más durito. Gimes. La punta de mi lengua pasa sobre él repetidas veces y deprisa. Rápido. Jadeas. Te agarras como puedes a la alfombra y los cojines arqueando tu cuerpo.

    -Sigue Julio, no pares, siiiii…

    Mi boca te devora y disfruto viendo como gozas. Me encanta oír tus gemidos… Te miro y desde mi perspectiva veo a una mujer que goza y tiembla de placer. Veo tu pecho agitado subir y bajar. Tus pezones erizados apuntando al techo sobre el fondo del fuego de la chimenea…

    Mi lengua no para. Tus piernas se tensan. Haces fuerza contra mis brazos que sujetan tus muslos. Estas a punto. Lo sé. Te conozco. Y aflojo la presión. Te acaricio más despacio sabiendo que no te va a gustar. Que protestarás por aflojar la intensidad de mis caricias. Pero luego sé que lo disfrutas. Consigo alargar un poco más tu placer y retardo tu clímax. Paso la lengua despacio, a propósito, sin presionar. Lentamente. Te desesperas. Y de repente te agarro fuerte de los muslos aprisionándote contra mi boca. Te inmovilizo. Te devoro rápido, con presión, con grandes lametazos, pasando la lengua muy deprisa. De arriba a abajo y de abajo a arriba. De lado a lado. Aprietas con tus manos mi cabeza contra ti. Y llegas, terminas en mi boca con un alarido tremendo y chillando mi nombre. Tensando tu cuerpo y arqueándolo apretándote contra mí. Con tanta fuerza que me cuesta sujetarte. Llegas a tu esperada explosión de placer. Estallas en mi boca regalándome más de tus ricos jugos. Dejándote caer sobre la alfombra, desplomándote de golpe y desapareciendo toda la tensión de tu cuerpo. Satisfecha y sonriente.

  • Una sumisa para mí

    Una sumisa para mí

    Soy un tipo con suerte. Tengo que aceptarlo. Tengo una novia, Katherine, de hace dos años que es un sueño de mujer, al menos para mí. Un tez blanca porcelana, ojos verdes, esbelta, de pequeña estatura. Su pasión por el gym y los aeróbicos le han generado un cuerpo tonificado, unos senos paraditos y un trasero delicioso. Chiquito pero excelentemente formado. Agarrarla del trasero y penetrarla mientras se sujeta de mi cuello sigue siendo el cierre perfecto para una sesión de sexo. Su última costumbre sexual: le gusta es grabarnos mientras follamos e inmediatamente verla de nuevo como si fuera una repetición de su serie favorita!

    Sus padres están en casa la mayoría de las veces, pero este fin de semana en particular no estaban. Estamos solos a excepción de la empleada, doméstica o mucama, dependiendo de tu parte del mundo. Os explico un poco, la doméstica es en realidad la hija de la doméstica de hace muchos años de la familia. Los padres de mi novia, a pesar que ya no ocupan una doméstica que duerma en la casa, han aceptado los servicios de la hija para ayudarles económicamente. La doméstica original ahora cuida a la abuela de Katherine en otra casa. Esta nueva doméstica, Mireya, es dos año menor que mi novia, fueron amiga desde niñas pero a medida que crecieron se distanciaron y ahora no puedes encontrar personas más diferentes. Mireya es introvertida, callada, tímida. Físicamente es de tez morena, con unos kilitos de más, una mirada algo triste. Siempre viste de manera muy conservadora. Nunca me había llamado la atención hasta que hace unos meses. Un día de tantos que me quedé a dormir donde mi novia me desperté en horas de la madrugada, fui a la cocina por un vaso de agua y la vi vistiendo una tanga cachetera rosa y un top blanco de tiritas, desgastado por el uso. Sus pompas deliciosas, grandes se agitaban mientras ella se preparaba algo de comer. El cachetero le adornaba de manera perfecta su gran cola, incluso se veía pequeño ante la magnitud de esas nalgotas. Se volvió, me vio ahí de pie como estúpido mirándola, inmediatamente salió huyendo. No me dio tiempo de decir nada pero si me dio tiempo de notar sus pezones a través de su top. Unas oscuras aureolas y unos pezones negros y saltones. Todo o contrario a mi novia y sus deliciosos pezones rosa, su culito contorneado y firme.

    Volviendo al fin de semana que les comentaba mi novia gimió como perra toda la follada. Al terminar, brincó de la cama y empezó a reproducir nuestra follada a todo volumen. Yo me levanté, noté que el hielo desapareció dejando una pequeña poza de agua, me puse algo y salí rumbo a la cocina. Apenas abrí la puerta vi a Mireya, semidesnuda en un pequeño a unos tres metros del cuarto donde estábamos. Sus ojos cerrados, un seno descubierto y el otro en camino. Sus enormes pezones parecían que iban a atravesar la delgada fábrica de su top. Una de sus piernas estaba sobre el brazo del sofá para facilitar la masturbación que llevaba a cabo. Una tanga delgada estaba echa a un lado mientras se acariciaba su clítoris. Su mano libre estrujaba su oscuro pezón. El audio del video le hacía creer que seguíamos follando. Cerré la puerta de la habitación, me le acerqué lentamente sin saber qué hacer en cuanto notó mi presencia se congeló. Di tres pasos adelante, saqué mi pene – erecto de nuevo con sed de penetrarla – y se lo puse en la boca. Ella miraba al vacío hasta que sintió mi palpante verga sobre sus labios, me miró y empezó a lamérmela. Tímidamente. Movía su cabeza hacia adelante y su lengua jugaba con mi cabeza. Estiré mi mano para levantar su top y ver esos celestiales senos descubiertos. Los acaricié, prensé un pezón entre mis dedos mientras – con cuidado- le empujaba mi polla en su boca.

    Quería llevarla al cuarto y decirle a mi novia que me iba a coger a su amiga frente a ella pero mi mente volvió a la realidad. Solté sus senos y saqué mi pene erecto de su boca. Le dije que se fuera, fui por el hielo y volví a la habitación a follar la boca de mi novia hasta que mi leche se desbordaba.

    Desde entonces traté de encontrarme a solas con Mireya pero no era posible, ella me huía. Llegué a la conclusión que fue un error y la chica no quería repetirlo. Hice la paz con la idea.

    Todos los sábados voy con mi novia al gym, ella se queda más tiempo haciendo aeróbicos y estirando y yo me voy para mi casa. Este día al terminar nuestras rutinas del gym me dice

    – «Puedes ir a sacar a Bruno?». Bruno es el perro de la familia.

    – «Si, claro. Tu papá no está?» le pregunté con curiosidad

    – «No, mi mamá tampoco. Vuelven mañana, andan en una actividad lejos de la ciudad»

    En este momento mi mente explotó

    – «Ok, dame las llaves. Tu sabes que Mireya a veces le huye a Bruno»

    Con llaves en mano sabía que Katherin tenía que llamar antes de llegar. Sabía que tenía más de una hora con Mireya. Solos en casa. Tomé el carro y llamé a la casa de mi novia. Mireya contesta

    – «Residencias Hernandez, en que le puedo servir?»

    – «Mireya, soy Pedro, el novio de Katherine. Voy para allá a pasear el perro… Pero si quieres, ponte tu ropita de dormir y espérame en el sillón para terminar lo que empezamos.» Colgué el teléfono.

    Llegué en menos de 10 minutos. Me dirigí hacia el cuarto de mi novia y antes de llegar la vi, en el mismo sillón con una tanga azul algo descolorida y el mismo top de aquella vez.

    -«Hola Mireya… quieres… seguir nuestra reunión pasada?» le pregunté.

    – «Lo que Ud. quiera Señor Pedro»

    – Inseguro de su actitud le dije «No me tienes que llamar así y si vamos a follar quiero que los dos estemos de acuerdo…»

    – «Sr Pedro, yo hago lo que Ud. quiera»

    No sabía que pasaba si Mireya era sumisa o estaba abusando de ella pero su siguiente acto aclaró todo: Se levantó su top, acariciando sus senos y me dice «Sr Pedro, podría poner su polla en mi boca de nuevo?» y abrió su boca mirándome a los ojos como si fuera un niña mal portada. Me saqué mi miembro y se lo restregué en su cara antes de posárselo en su lengua. «Mastúrbate» le ordené. Metió la mano bajo su tanga y empezó a tocarse obedientemente. Necesitaba follarla, le ordené que se levantara y se desnudara. Lo hizo sin quitarme la mirada. Le indique que caminara hacia el cuarto de mi novia, se acostara en espalda y abriera sus piernas. Lo hizo de una manera algo incómoda pero no importaba, lo hizo sin decir nada. Aun acostaba se continuaba tocando el clítoris. Me puse encima de ella, la basé mientras acariciaba su cuerpo. Sentí sus pezones duros contra mi pecho. Finalmente pude mamarlos. Eran grandes, de más de 5 centímetros, de esos que te sacan los ojos si no tienes cuidado. Los chupé, los mordí y restregué mi cara contra ellos. Mireya gemía y jadeaba cada vez más y sentía como se masturbaba con creciente intensidad.

    Me puse en posición para penetrarla pero antes le pedí que me dijera que quería

    – «Quiero que me folle! Que me folle como a la señorita Katherine… acá en su cama»

    – «Eres mi puta. Mi zorra, lo sabes?» le dije mientras presiona mi pene contra su húmeda vagina

    – «Si señor! Soy su puta»

    Finalmente la penetré. Sin piedad. Me reincorporé, la tomé de sus muslos y le abrí las piernas lo más que pude mientras toda la longitud de mi pene entraba y salía de su coño mojado. «Ayy señor… entierremela! Toda! Adentro» Sentía mis bolas golpeando su vagina y veía sus senos batirse al ritmo de mis embestidas

    «Ayyy»… «ayyy»… gemía tímidamente. «Gime como perra» le ordené. Y vaya que lo hizo! «Dame verga! Soy su puta! Ayyyy» empezó a gritar mientras se acariciaba los senos y trataba de amortiguar mi peso con una de sus manos pero era inútil, se lo estaba dando con violencia. Su vagina estrecha hace mucho había dejado mi pene lleno de sus jugos y yo no pensaba parar hasta que no pudiera más. Había esperado mucho este momento. Apenas me dio tiempo de sacarla antes de botar mi leche. Acabé sobre su vagina, su pelvis y parte de la cama. La besé de nuevo y le dije que limpiara el desastre.

    Había pasado más de una hora. Me limpié y me vestí rápidamente. Aún tenía que sacar a pasear a Bruno.

  • Teniendo sexo con mi tetona ardiente

    Teniendo sexo con mi tetona ardiente

    Isabela: vamos a tu cama a ponernos cómodas.

    Nana: uy si vamos eso quiero, a ponernos cómodas.

    Isabela: quiero ponerte cómoda y que me tientes con tus tetas, que me las menees encima de tu ropa para tocártelasSabes cómo me gustan esas tetas que tienes.

    Nana: si eso te estoy haciendo mientras yo toco las tuyas por encima de tu blusa. Dime cómo te gustan las mías.

    Isabela: que rico, menéame esas tetas porque ahora que te saque la blusa voy a restregarme la cara encima de tu sostén.

    Me gusta tus grandes tetas sentirlas moviéndose de un lado al otro para atraparlas con mis manos.

    Nana: uy si hazlo rica y yo te sacaré las tuyas del sostén y te las chuparé toda.

    Isabela: sí, pero vamos lento nana, ayúdame a sacarte la blusa.

    Nana: si eso hago ¿te gusta rica?

    Isabela: muéstrame ese sostén negro que llevas, muéstrame como llenas ese sostén con esas enormes tetas que tienes.

    Nana: si eso, me desabotono la blusa.

    Isabela: me gustan, me gustan tanto tus tetas aun con el sostén que voy a besarte encima del sostén.

    Nana: que rico, delicioso,

    Si hazlo y yo te lo haré a ti.

    Isabela: y mientras tu desabotonas tu blusa, yo iré desabotonando tu pantalón para ir descubriendo ese calzón que cubre tu coño.

    Nana: si y yo te ayudo a desabotonarlo todo, a bajarle el cierre.

    Isabela: abriré tu pantalón, meteré mi mano y tocaré tu coño calientito encima de tu calzón, sentiré todos esos pelitos y esa piel rica que ya se abre ahí abajo.

    Nana: que rico me desabotonas.

    Sí, siento tu mano encima del calzón.

    Isabela: que rico, me gusta que me ayudes a desnudarte, pero dame más de tus tetas, voy a bajarte una copa para hacerme de una de tus tetas, te la mamaré bien, succionaré tu pezón metido adentro, me gusta que tengas los pezones invertidos.

    Nana: me tocas delicioso ahhh que rico.

    Si hazlo sácala, chúpala, tócala toda.

    Isabela: siente como te toco, como meto mi mano dentro de tu pantalón hasta estar entre tus piernas, sintiendo como mojas tu calzón con esa rica chucha que tienes tan calientita.

    Nana: si eso estoy sintiendo yo, tus manos tocándome mucho y me estás haciendo mojar.

    Isabela: ahora dame tu otra teta, baja tu copa, has abajo tu sostén y quítatelo de una vez, quiero disfrutar de tus tetas, comérmelas, darte grandes bocanadas para abarcar lo más que pueda de tus fascinantes tetas.

    Nana: sí, sácalo fuera con tus manos, te ayudaré a desabotonar el sostén.

    Isabela: ricas tetas que me chupo, rica chucha que toco, estas bien rica y quiero seguir desnudándote, quiero bajarte el pantalón por completo, que te lo quites, y cogeré tus nalgas para ir bajando tu calzón por ahí primero.

    Nana: sí, ya me quité el jean, hazlo, toca mis nalgas, manoséalas toda.

    Isabela: quiero sumergirme por completo en tus tetas, ahogarme dándoles chupadas al interior y que sientas como voy jalando tu calzón de atrás, dejando al descubierto ese pedazo de culo que tienes.

    Nana: y yo te quitaré toda tu ropa.

    Isabela: eso nena, dame tus nalgas, son tan redondas que me llenan las manos y cuando las acaricio se abren maravillosamente del medio para dejar resbalar al medio mis dedos.

    Quítame la blusa el pantalón, así vamos quedando desnudas.

    Nana: sí, hazlo que rico, estás muy ardiente y arrecha, eso me encanta, hazlo mami, hazme tuya.

    Sí, yo te desnudó toda, te quito el sostén, blusa, jean, las bragas.

    Isabela: besaré tus tetas, lameré tus pezones, chuparé tus tetas, desde abajo las traeré hacia arriba con mi lengua, terminaré disfrutando de tus pezones con el borde de mi lengua y lo mismo haré con tus nalgas, las masajearé hacia arriba con mis manos.

    Nana: sí, eso hago mami rica, tócame, chúpame.

    Isabela: estoy tan excitada que no aguanto de manosearte la chucha, dejo una mano acariciando tus nalgas pero la otra la meto en tu calzón y manoseo tu coño metiéndome en tus labios vaginales.

    Nana: uy sí, hazlo mientras te chupo las tetas, te manoseo tu culo tan rico.

    Isabela: succionaré una de tus tetas y sintiendo tan rico pezón terminaré mordiéndolo suave pero hasta dejarte marcados mis dientes.

    Nana: uy que rico tocas mi coño, delicioso. Y tú siente como te toco tu coño rico ¿sí, sientes? Dime.

    Isabela: esa rica chucha que tienes me enciende, tus pelos son como una almohadilla en la que deslizo mis dedos hasta abajo.

    Nana: uy que rico, síííí así, ahhhh, ohhhh delicioso.

    Isabela: mi coño está abriéndose como una flor, mis labios vaginales están separándose rígidos.

    Nana: hazlo mami, hazlo.

    Isabela: siente como llego con mis dedos hacia tus labios vaginales, siente como mi dedo del medio se mete en tu raja y los dedos de los costados sujetan tus labios vaginales.

    Nana: uy que rico, té lo voy a chupar, sírvete mi lengua en tu coño mojado.

    Isabela: esta rica chucha es mía, me adueñaré de ella ahora mismo, así que deshazte de tu calzón.

    Nana: sí, eso siento, es delicioso, hazlo mami, sí, hazme tuya, hazme gemir, gritar.

    Isabela: lengüetearas mi coño y lo lamerás para llevarte mis flujos, a cambio me dejarás la humedad de tu boca.

    Nana: sí, dame tu coño en mi boca, quiero saborearlo todo y no dejarte nada en tu coño.

    Isabela: abre tus piernas, flexiona un poco tus rodillas, te quiero completamente abierta, con la vagina expuesta y que la entregues a mi boca, a mis chupadas, es ahora que sentirás como te chupo y te pongo a disfrutar hembra rica.

    Nana: chaparé tú clítoris que se va poniendo duro.

    Isabela: me sentaré en tu cara y así tendré tu coño a mi disposición.

    Nos comeremos juntas los coños.

    Nana: sí, hagamos el 69 entonces.

    Y nos comeremos nuestros coños mojados.

    Isabela: entrégame tu coño, siente como te separo los labios vaginales y dejo tu hueco expuesto, para que llegue ahí con mi lengua. Siente como te invado con mi lengua, de una sola lamida restriego todo tu coño de adelante atrás.

    Va y viene mi lengua nena, en ese rico coño que tienes.

    Nana: sí, hazlo que rico ahhhhh, ohhh, síííí.

    Isabela: me encanta esta chucha mojada, me encanta lamerte, succionarte los labios vaginales, ese, ese que tienes tan carnoso ese me lo voy a chupar ahora mismo.

    Nana: sí, la siento como la mueves de rico, me haces mojar mucho.

    Isabela: te voy a jalar ese labio vaginal cerrando mi boca alrededor.

    Nana: y siente como mi lengua te chupetea tu coño, tu clítoris.

    Isabela: luego para que sientas la delicadeza de mi lengua voy a lamerte ese labio vaginal.

    Rica tu boca querida.

    Nana: sí, lo siento, hazlo mucho, me haces mojar cantidad.

    Sí, lámelo como tú lo sabes hacer.

    Isabela: voy a lamerte la entrepierna y voy a volver a tu coño, para lamerlo, para adueñarme de él, voy a tomar tu coño, estoy como loca recorriendo el interior de tu vagina.

    Nana: siente mi lengua en toda tu chimba ardiente.

    Isabela: estoy enferma de tu coño, me gusta, quiero olerte, tragarme tus flujos, tomarte por completo.

    Te voy a restregar mi chimba en la boca.

    Nana: sí, me haces gemir mucho, me encanta como lo chupas, que rico ahhh, ohhh, síííí, que rico.

    Isabela: y voy a meter mis manos en tus nalgas, solo para empujarte hacia mi boca, para que quedes más abierta, más expuesta, para que tu coño sea de mi boca.

    Nana: sí, restriégame esa chimba tan rica en toda mi boca.

    Isabela: gime, grita no me importa yo ya estoy descontrolada, metiendo la punta de mi lengua en tu coño, me lo mojas con tus flujos y me encanta.

    Y no solo en tu boca te voy a restregar mi chucha en toda la cara.

    Nana: ahhhh, ohhh sí, tú también grita, gime no importa que nos oigan.

    Isabela: lléname de flujos nena, lléname de tu sabor, estar entre tus piernas me llena de tu aroma y es exquisito.

    Que nos oigan y que imaginen lo bien que la estamos pasando.

    Nana: que rico, en toda mi cara, sí dale hazlo. Muy arrecha estas.

    Isabela: voy a darte tan largas laminas que voy a comenzar casi desde tu ano hasta acabar en tu clítoris.

    Nana: sí, que rico, que nos oigan no me importa.

    Isabela: estoy super arrecha, que no ves cómo te lamo el coño como una posesa.

    Nana: sí, acábalo, chúpalo, tócalo, mámalo todo.

    Y es que tengo hambre de tu coño, de tu flujo, de todo.

    Isabela: lameré profundo por todo tu coño y terminaré clavando mi lengua en tu clítoris, empujaré con mi lengua hacia tu clítoris, quiero estimularlo, lo quiero crecido, lo quiero en mi boca.

    Nana: si dame tu orgasmo en mi boca para yo tragármelo todo.

    Isabela: me estas haciendo chorrear como idea no tienes, voy a dejarte chorreada.

    Nana: ¿si? Entonces ponlo excitado todo.

    Isabela: quiero comerme tu botoncito, tu clítoris tan rico y durito.

    Nana: sí, déjame húmeda toda, no importa.

    Isabela: mamaré tu clítoris, jalaré tus labios vaginales a los costados y dejaré que tu botoncito salga para mí, para tomarlo con mi boca.

    Siente como tomo con mi boca tu clítoris, siente como te lo succiono.

    Siente como lo jalo bien rico al interior de mi boca.

    Nana: y yo te como tú coño y te halo tú clítoris, siente como lo chupo.

    Isabela: y entre mis labios muevo ese rico clítoris que tienes.

    Cómeme, así, cómeme.

    Nana: bien grande que está para eso, chúpalo.

    Isabela: saliendo de tu clítoris lameré tus entrepiernas y me prepararé para meterte los dedos.

    Nana: te comeré toda tu chimba húmeda y te haré gemir mucho.

    Isabela: primero pondré mis dedos como tenazas alrededor de tu clítoris para sentirlo, para atenazarlo y rozarlo con mis dedos.

    Hazme sentir tu boca.

    Nana: uy yo los míos, siente como te sobo tú coño y tú clítoris.

    Isabela: luego soltaré tu clítoris y con esos mismos dedos acariciaré encima de tus labios vaginales.

    Dentro y fuera de tus labios vaginales ahí van frotándote mis dedos.

    Nana: sí, que rico ahhhh, ohhhh, si mami, así me haces venir riquísimo.

    Isabela: luego hundiré mis dedos en tu hueco.

    Te los meto, sí, me gusta hacer eso, te penetro bien rico.

    Nana: y yo mis dedos tocando. Tu coño, siente como entran a tu suave chimba.

    Isabela: hundo mis dedos en tu humedad, siento tu vagina por dentro humedita y caliente recibiéndome.

    Así nena húndete en mi coño.

    Nana: sí, así la siento húmeda, rica.

    Isabela: siente como mis dedos llegan a lo profundo de tu coño, y cómo voy moviendo mis dedos ahí dentro.

    Nana: siente tu calzón húmedo.

    Isabela: mis dedos van y vienen dentro de tu hueco, al salir mi mano se roza con tu clítoris y penetro aún más al fondo. Estoy húmeda, caliente.

    Quiero meterte bien rico, bien duro, pongo mis dedos firme y te los meto completamente en el coño.

    Nana: sí, quiero que me lo hagas rápido y yo te meto mis dedos bien adentro.

    Isabela: rápido, caliente, con fuerza, empujando mis dedos en ti.

    Tu coño se abre y me deja hacer, adentro y cada vez más adentro te hundo los dedos sin parar.

    Nana: que rico, así me gusta que seas arrecha, caliente. Bien ardiente.

    Isabela: eres una hembra rica, eres coño caliente, eres una calentona y me pones a full cuando me entregas así tu vagina.

    Nana: sí, hazlo rápido mami rica, si así ahhhhh, ohhhh.

    Isabela: con mi otra mano jalo tus nalgas a los costados toco tu ano, lo dedeo por fuera, y mis dedos en tu vagina frotan las paredes internas de tu vagina sacándote todos los jugos hacia afuera.

    Nana: sí, te la entrego toda a ti mami rica, arrecha y cachonda.

    Isabela: más rápido, quiero penetrar tu coño sin parar.

    Te voy a dejar la chucha bien abierta.

    Nana: sí, rápido me haces venir mucho.

    Me siento mojada.

    Isabela: mis dedos entran enérgicamente en tu coño, no me importa cuánto tengo que dilatarte, lo disfruto haciendo.

    Nana: mmm que rico, así mami así.

    Isabela: mójate sintiendo mis dedos.

    Mójate con tu mami que te clava los dedos.

    Me clavo en tu vagina.

    Te hago mía con ese coño rico que tienes.

    Sin parar, sin dejar tu coño, sin parar de resbalar entre tanta humedad que explota de tu coño.

    Nana: sí, eso hago, dale duro a esa chimba que yo le daré a la tuya mucho dedo, delicioso y rápido.

    Me vengo riquísimo mami rica.

    Isabela: dedeo ahí dentro de tu coño, muevo mis dedos los meneo para que me sientas en las paredes de tu vagina por dentro.

    Vente con mis dedos, deja que salgan todos tus fluidos, yo los recogeré con mi boca de tu hueco completamente dilatado.

    Nana: sí, así, hazlo, así ahhhh, ohhhh rico, me estoy viniendo.

    Isabela: vente rico, esta es tu mami que sabe ponerte cachonda.

    Nana: uyyyy que rico, me vengo en tu boca.

    Isabela: mójame los dedos.

    Mis dedos en tu coño son todo.

    Tu chucha rica y excitada es mía.

    Nana: si mami rica, hazlo.

    Bien arrecha.

    Isabela: saco mis dedos de tu coño y te los pongo en la boca para que lamas tu humedad, mientras te lamo y chupo la chucha aun dilatada.

    Lameré tu coño sacando la lengua, pasaré y repasare mi lengua por tu coño, quiero todo tu orgasmo en mi boca.

    Nana: si tuya.

    Tu coño es mío, para que te vengas en mi boca mami, si mami rica hazlo, vente en ml boca.

    Isabela: me siento mojada, que rico.

    Luego clavaré mi boca para excitarme más con todo lo que botas del interior.

    Y luego asentaré mi chimba en tu boca, ábrela, recibirás los flujos de esta hembra, hazme venir a chorros.

    Nana: delicioso mami, dame duro en esa chimba rica.

    Sí, ya la abrí amor mío, ya hazlo vente amor mío.

    Isabela: me meneo el coño en toda tu cara, me muevo para que me comas con tu boca y me pongas tan arrecha que entre gemidos empiece a botar todos mis flujos en chorro hacia tu boca, así nena, así hazme venir toda.

    Me gusta que me digas amor mío, me pones descontrolada ¿sientes cómo tu mami se empieza a chorrear en tu boca?

    Me estoy viniendo.

    Nana: si mami, así, vente, que cachonda estas, te vienes delicioso.

    Me mojo.

    Isabela: estoy descargándome en tu boca.

    Nana: si amor vente mami, mami rica.

    Isabela: trágatelo todo, quiero ver que lo hagas.

    Nana: uy que rico, me lo trago todo, más dame más mami.

    Isabela: traga del coñito de esta hembra lo que te da en la boca.

    Nana: ya que rico mami.

    Isabela: si ya, estoy completa ahora.

    Nana: estas riquísima.

    Isabela: ven quiero sentir tu cuerpo, tus tetas, abrázame fuerte.

    Nana: sí, que rico.

    Isabela: pon tus tetas junto a las mías.

    Nana: siente mis brazos.

    Isabela: hazme sentir los pelos de tu chucha en el vientre.

    Nana: abrázame toda.

    Isabela: si lo hago.

    Abre tus piernas.

    Nana: si eso hago, que rico.

    Isabela: abrázame también con tus piernas.

    Quiero tu coño abierto en mi vientre.

    Nana: ya las abro.

    Mami rica.

    Isabela: pondré mis manos en tu culo y te apretaré fuerte hacia mi cuerpo.

    Estas bien rica, me gusta sentir tu chucha abierta y entregada.

    Nana: si hazlo, abrázame toda mami.

    Esas ricas tetas junto a las mías.

    Isabela: quiero pegarme a tu cuellito.

    Nana: sí, que rico siento tus tetas con las mías.

    Isabela: sentir el aroma de tu piel, respirar en tu hombro, perderme en tus brazos por un instante…

    Nana: delicioso.

    Isabela: tu pelo cubriéndome, el olor de tu piel.

    Nana: hueles riquísimo, que rico hueles mami.

    Isabela: tú también.

    Me gustan todos tus olores, el de tu piel, el de tu coño, todo.

    Nana: que rico mami arrecha, estas deliciosa toda.

    Isabela: y sigo tan arrecha que voy a abrirte las nalgas y voy a frotar con mis dedos tu ano y hacia abajo.

    Nana: yo también quiero todo de ti.

    Isabela: que rico se siente tu ano en mis dedos.

    Nana: si hazlo mucho mami, así ahhh, ohhhh, sííí´.

    Isabela: y si froto más abajo te toco esa partecita que separa tu ano de tu entrada vaginal.

    Voy a llegar a tu coño rozando con mis dedos.

    Nana: sí, delicioso, tócala.

    Isabela: quiero rozarte, frotarte, ponerte caliente otra vez la chimba.

    Bésame mientras lo hago.

    Nana: si ¿te beso tu boca mami?

    Te la como.

    Isabela: que rico tocar tu coño desde atrás, parte de mi brazo queda entre tus nalgas

    Sí, cómeme a besos la boca.

    Dime que soy tu amor y que eres mi hembra.

    Nana: sí, así, hazlo mami rica así, síííí.

    Isabela: este coñito, este hueco será mío, no lo dejaré nunca. Lo penetraré una y mil veces.

    Nana: tú eres mi amor, mi mami, eres mi hembra arrecha.

    Isabela: y tú eres mía, mi nena, eres mi tetona rica.

    Nana: si hazlo y yo te penetraré muchas veces tu coño.

    Isabela: y si quiero ponerte caliente la chimba ahora es para ponernos coño con coño porque sé que es lo que te gusta.

    Nana: sí, dime así rica, soy tu tetona ardiente.

    Isabela: entrega tu chimba a la mía.

    Tetona, chucha rica, eres mía.

    Nana: sí, siento tu coño frotar con el mío, así mami, mami sí, ahhhh, ohhhh que rico, me encanta.

    Isabela: quiero chimba mami, acomódate entre mis piernas que yo me pondré encima y te la frotaré bien rico con la mía.

    Frótate, acomódate más hacia mí, coño a coño querida.

    Así, me gusta cómo te mueves.

    Nana: sí, soy tuya perra rica, tú eres mi mami rica.

    Isabela: nuestros coños se juntan, nuestros labios vaginales se mojan juntos, siéntelo.

    Eres mi perra rica, tetona, chuchona, dámela.

    Nana: me encanta como me muevo, rica ¿así te gusta?

    Isabela: así, dame con el coño.

    Que tiernos tus labios vaginales con los míos.

    Me gusta dame más, más chucha, quiero más chucha.

    Nana: dame tu cuca, mójame, hazme tuya mami.

    Isabela: así, me gusta cómo me entregas tu chucha, yo la tomo y te hago mía, ya puedo sentir tu hueco restregándose en mí.

    Nana: sí, te la doy, mi chucha, y tú dame tu cuca mami.

    Isabela: así, froto, rozo, sin parar, te mojo, te dejo húmeda y roja esa chucha.

    Nana: sí, hazlo mucho, rápido, vente y hazme venir toda.

    Isabela: te hundo mi cuca, te la meto, te la encajo en la tuya y te la restriego, hueco con hueco, así mami, así tetona.

    Nana: en esa cuca tuya, más rápido, más fuerte.

    Isabela: te hundo en la cama, no me importa, así, me gusta, así lo quiero, nuestras chuchas así de ricas.

    Nana: así perra, dale rico ahhhh ,ohhh, sííí.

    Isabela: más, así nena, menéate, mueve tu cuca en la mía, hazme explotar en tu coño, te mojaré toda.

    Wow me vengo, exploto.

    Nana: toda tu chucha perra.

    Isabela: me gusta como se te mueven las tetas.

    Tetona mía, bésame.

    Estoy retorciéndome de placer encima de tu concha.

    Nana: uy si yo también estoy que exploto toda.

    Isabela: te la voy a dejar encharcada con mis flujos.

    Explota mami, vente, vente conmigo tetona rica.

    Nana: sí, luego la comes perra.

    Isabela: dame tetas, dame culo, dame cuca, dámelo todo.

    Te la comeré con gusto y te llevaré todos esos sabores a la boca.

    Nana: si y tú dame todo tu cuerpo mami.

    Perra rica mami arrecha.

    Isabela: te tomo de las caderas y retengo tu chocha en la mía. Un rato bien clavadas las dos.

    Sí, bésame en mis labios.

    Rico hembra.

    Sí, te beso, rendida caigo en tu cuerpo y te beso.

    Nana: rica hembra mía, mami arrecha.

    Deliciosa.

    Isabela: abre las piernas, tu mami va a chuparte la chucha y recibir todos esos flujos que hemos mezclado.

    Nana: si mami, hazlo que rico.

    Isabela: te voy a lamer toda sacando la lengua.

    Nana: yo te lameré toda tu cuca perra, hasta que quedes seca de tu coño.

    Isabela: voy a recoger todo de entre tus labios vaginales y de tus pelos encharcados. Y con la boca llena, voy a irme a tu boca para compartirlo juntas.

    Bésame mami, comparte conmigo lo que traigo de tu coño en la boca.

    Nana: mmm sabe riquísimo tu boca.

    Que rico.

    Isabela: eso rica tetona.

    Recoge con tu lengua de la mía.

    Que se pierda todo en nuestras bocas.

    Nana: eso mi perra rica, toda mía, si hazlo.

    Isabela: ahora recoge de mi coño.

    Pruébame lo rica que he quedado de esa tijera.

    Nana: sí, haz quedado riquísima.

    Isabela: sí, muy encharcada por tu coño.

    Nana: sabes deliciosa en tu coño, sabes a perra rica.

    Isabela: ahora voy a tomarte de la cintura y darte los últimos besos para que demos por terminado nuestro encuentro.

    Nana: te lo mamaré mami rica, todo.

    Isabela: ¿te ha gustado?

    Nana: ¿y siente mis besos en tu cintura? Mami rica.

    Isabela: rico, tus besos me gustan.

    Tienes una boca muy rica.

    Nana: sí, muchísimo.

    Tú tienes una boca deliciosa.

    Isabela: pues que bueno que te gusto.

    Lo he disfrutado mucho.

    Nana: ¿te gustaron mis besos?

    Isabela: sí, me gustan tus besos, besas bien rico.

    Fin

    Chicas, me gustaría conocer su opinión de este relato, pueden hacerlo escribiéndome a mi correo: [email protected] y por favor solo chicas.

  • Soy la limpiadora que ha llamado

    Soy la limpiadora que ha llamado

    La limpiadora pulsó el botón del interfono, que emitió un sonido chirriante. «Sí», oyó del otro lado; «Soy la limpiadora que ha llamado, me envía la agencia»…; «Ah, sí, suba». El portal se abrió con un clic y ella entró.

    Montó en el ascensor, que tenía un espejo de cuerpo entero, y no pudo reprimir repasar su aspecto. Ese día se había vestido con una camiseta verde de mangas muy cortas, un pantalón de chándal muy estrecho, ajustado a la figura de sus piernas, y unas sandalias de tiras, muy cómodas. Se contempló. A sus cuarenta y tres años todavía conservaba un cuerpo bonito: su esfuerzo le costaba; y su dinero: el gimnasio, desde luego, no era gratis. El ascensor se detuvo en el piso programado. Salió.

    Dio al timbre que había a la derecha de la puerta; ésta se abrió y le permitió ver a un hombre más joven que ella, bien formado, de hombros anchos y torso musculado, que la saludaba dándole un apretón de manos y diciendo: «Hola, me llamo Horacio, ¿tú?». Ella de primeras se quedó en blanco: no estaba acostumbrada a esa amabilidad: en la mayoría de las casas a las que iba los dueños, o dueñas, apenas se dignaban a mirarla a la cara; después reaccionó: «Me llamo Paca».

    Horacio le indicó la tarea a realizar; luego le aviso: «Paca, yo estaré en mi estudio, pues tengo un trabajito que terminar, cualquier duda me avisas y, ¡ah!, mi esposa debe estar al llegar, la estoy esperando para practicar ciertos ejercicios, así que no te vayas a sorprender demasiado»; «No, claro que no, Horacio», dijo ella ; «Bueno, bien, pues me voy, ya sabes, cualquier cosa me avisas, Paca»; «Sí descuide».

    Paca empezó a trajinar por la casa: primero, la cocina: «No la tienen muy sucia, mejor», se dijo; segundo, el saloncito: «Como es habitual, pelusas a punta pala», pensó; tercero…, eh, un momento: se detuvo: sobre la mesita baja de centro acristalada había un libro, una novela; leyó la tapa: «El amante de Lady Chatterley»; abrió una página al azar; volvió a leer; se ensimismó; no obstante, oyó el sonido de la puerta del piso al abrirse, y la voz cantarina: «¡Cariño, ya he llegado!».

    «Ah, hola, tú debes ser la limpiadora, ¡qué bien!, me llamo Constanza», saludó la recién llegada. «Qué casualidad, como la protagonista de la novela», pensó Paca. «Oh, hola, yo, Paca».

    Ambas mujeres conversaron un poco… sobre el tiempo…, sobre el trabajo… A los pocos minutos, Constanza anunció: «Bueno, me voy a donde está mi marido, debemos practicar ciertos ejercicios». Y se adentró por el pasillo. Paca siguió limpiando.

    Al ir a pasar la mopa por el pasillo, Paca comenzó a oír ruidos y aguzó el oído. Se acercó más a la puerta desde donde provenía el sonido. Sintió algún gritito, algún gemido entrecortado, jadeos, esforzadas exhalaciones, y pensó: «Están follando». No nos cabe ninguna duda de que ese pensamiento era mera influencia, y que estaba imbuido de imágenes relacionadas con los pocos párrafos leídos por Paca en la novela de Lawrence, pero… ahí estaban, en su cabeza, reales como la mopa que sostenía apoyada en el suelo.

    «Están follando», se repitió, «delante de mis narices, espera, me hago la despistada y los pillo, eso haré, quizá hasta me inviten a participar, la novelita me ha puesto a cien». Paca se relamía, y se humedecía, solo con pensarlo. «Un trío, por qué no», se dijo. Y tomó con su mano la manivela del picaporte. Sí, y abrió.

    Lo que vio la dejó indefensa. Delante de una gran pantalla Horacio y Constanza se movían incesantemente, dando ágiles brincos y giros, pero al notar que se abría la puerta se detuvieron a mirar y la vieron allí, bajo el umbral, una silueta difuminada por la luz de una lámpara. «¿Qué ocurre, Paca?», preguntó Horacio; «Nada, que ya he acabado”; «Ah, sí, el dinero está sobre la cómoda del vestíbulo, bajo un jarrón, gracias»; «De nada», respondió Paca, y se giró sobre sus talones.

    Vio, con el rabillo del ojo, la novela, cuando iba camino del vestíbulo, y la cogió. «Te llevo conmigo», dijo entre dientes. Luego tomó el dinero y se marchó.

    Mientras Paca caminaba hacia su casa, se la oía mascullar: «Qué ingenua soy, pero que ingenua soy». Y algunos hombres giraban su cintura al sentir su cuchicheo, mirando sus hermosas ancas, y bisbiseaban: «Qué buena está, pero que buena está.»

  • Mi primera vez fue con mi madre (El principio)

    Mi primera vez fue con mi madre (El principio)

    Primero que nada me presentaré. Mi nombre es Jorge. En la actualidad tengo 19 años de edad y soy originario del estado de Coahuila en México. Soy estudiante pero hace un año me tome un receso después de terminar la prepa. Aproveche que pude entrar un año más temprano por buenas calificaciones y así pude descansar y trabajar un poco para comprarme mis propias cosas. Soy un joven no muy atractivo pero no soy feo de ninguna manera. Soy muy alto por herencia de mi padre y siempre me ha gustado hacer ejercicio. En la preparatoria estuve en el equipo de halterofilia por lo que tengo muy buenos músculos. Mi familia está compuesta por mi madre y mi padre solamente. Mi madre lleva por nombre Flor. Es una mujer muy joven ya que me tuvo a la temprana edad de quince años. Mi padre tenía dieciocho cuando la dejo embarazada y tuvieron que casarse por el que dirán de aquellos tiempos. Mi madre es una mujer muy bella con el cabello a los hombros color castaño con piel de color blanca pero algo quemada por el sol tan fuerte del estado y unos ojos muy bellos color miel. No es muy alta pero tiene un rostro bello y una sonrisa perfecta. Su cuerpo es algo voluminoso pero con una cintura delgada. Come muy sanamente y eso le ayuda a mantenerse en su peso regular además de hacer ejercicio por las mañanas. A pesar de ser su hijo debo admitir que siempre he notado que tiene unos senos muy grandes y muy firmes y en varias ocasiones me ha sorprendido dándoles una mirada penetrante lo que me ha avergonzado mucho pero a ella solo le causaba gracia la cual reflejaba con una sonrisa algo burlona pero retraída. Su trasero es igual de grande y notablemente duro, seguramente por todo el ejercicio que realiza cada día. Mi padre es un hombre poco agraciado y normalmente nunca está en casa. Debido a su trabajo tiene que estar varios meses fuera de casa por negocios y no lo vemos muy seguido. He sorprendido en varias ocasiones a mi madre llorando en su habitación probablemente por sentirse sola. Yo trato de estar lo más que puedo con ella pero el trabajo a veces me lo impide.

    Mi historia comenzó un día por la mañana. Yo acababa de despertarme y tenía que prepararme para ir al trabajo. La luz en el fraccionamiento se había ido por la noche y mi despertador no sonó para nada. Siempre que me metía a bañar la casa estaba sola porque mi madre estaba corriendo y como era habitual mi padre estaba de viaje de negocios. Cogí mi toalla a prisa y escuche un pequeño ruido que venía de mi baño. Abrí la puerta y vi algo que nunca olvidare en mi vida. Jorge cierra la puerta –grito mi madre mientras se tapaba con sus manos sus senos y su vagina–. Por primera vez en toda mi existencia había visto a mi madre por completo desnuda. La sensación que tuve fue algo indescriptible y la vista algo inmejorable. Su cuerpo era como el de las mujeres que hacen porno pero que tienen cuerpos naturales y muy voluminosos, sin ningún tipo de cirugía ni cicatriz en su cuerpo. Solo un pequeño vientre algo resaltado pero nada que sugiriera que estaba gorda. Yo de inmediato obedecí a mi madre y cerré la puerta. No podía sacar de mi mente esa figura. Sus inmensos senos eran muy firmes, tensos como si brillaran por el agua y las aureolas eran de un color café muy claro. Su vagina apenas tenía vello y podían verse sus labios vaginales asomarse. Llevaba una toalla en la cabeza y su cuerpo se veía aun húmedo por la ducha.

    Me quede sentado en mi cama esperando a que mi madre saliera de bañarse temerosos a lo que pudiera decirme. Estaba muy apenado por haberla visto así pero para nada arrepentido. Había visto el cuerpo más maravilloso y espléndido de toda mi vida. Después de un par de minutos mi madre salió vestida solo con una blusa y un calzón negro. Normalmente ella se paseaba así por la casa porque entre nosotros no había pudor, pero una cosa era verla en ropa interior y una muy diferente desnuda.

    –Perdóname mamá, fue un accidente, no sabía que estabas ahí.

    –Fue mi culpa hijo, debí de avisarte que usaría tu baño es solo que estabas muy dormido y el mío no funcionaba el agua caliente.

    –Estoy muy apenado mamá.

    –No te preocupes mi vida, son cosas que ocurren, no es gran cosa.

    –Está bien mamá

    Me dio un beso en la frente y se fue a cambiar a su habitación. Cuando se inclinó a besarme pude ver el escote de su pequeña blusa y las grandes planicies que eran sus senos. Una enorme raya había entre ellos. La talla que mi madre usaba de braseare era 40 doble d en ese entonces. Ella se fue a preparar el desayuno y yo me metí a la ducha. No pude evitar el masturbarme pensando en la imagen que había tenido el privilegio de poder observar minutos atrás. Sabía que era un pecado o que mínimo era algo incorrecto viéndolo de manera moral al menos. Termine de masturbarme con un gran orgasmo al final manchando todo el azulejo de la regadera. Use la regadera para hacerlo caer con el agua y limpiarlo muy bien y me vestí para el trabajo. Fui a desayunar y la lujuria me invadió de nuevo. Nunca había visto a mi madre de manera sexual pero ahora no podía evitar verla desnuda cada vez que pensaba en ella. Mi madre llevaba unos shorts pequeño deportivo y una tanga negra que usaba para ponerse con sus mallas para correr. Se agacho por una cuchara que había caído al suelo y pude verle toda la tanga. Mi verga se puso tremendamente dura y me molesto en el pantalón. El culo de mi madre redondo y muy apetecible estaba frente a mis ojos. Ella noto mi presencia y me preguntó

    – ¿qué haces ahí parado tontito?

    Yo solo la mire y sonreí. Mi madre me miraba fijamente y con una sonrisa de oreja a oreja con su rostro reposando en su mano sentada al lado mío en la mesa.

    –¿Tengo algo en la cara? –pregunt.e

    –No es solo que ya has crecido mucho mi amor, y te has puesto muy guapo, no te pareces nada a tu padre, te pareces más a mí –dijo riendo.

    Yo me sonroje un poco por sus palabras y le dije

    –no digas esas cosas mamá.

    –Oh ya vi que te pusiste rojo como tomate –dijo riendo aún más.

    –No te burles de mi mamá –dije.

    –Perdón, perdón, no lo hice por burlarme –dijo mientras me daba un beso en la mejilla y me abrazaba el brazo. Por su cercanía pude sentir sus senos sin sostén en mi brazo y eso me puso aún más duro. Yo me incomode un poco y termine mi desayuno lo más rápido que pude. No pude aguantar y fui a darme otra buena jalada al ganso antes de salir de casa, dedicándosela a los senos de mi madre.

    Cuando llegue por la tarde a casa mi madre estaba desmayada por el alcohol. Era su costumbre relajarse y tal vez tratar de olvidar que mi padre no estaba con ella emborrachándose al punto de la inconciencia. Cuando estaba en ese estado no escuchaba ni sentía nada. Podía estar una guerra afuera de la casa y ella seguiría dormida y roncando. Normalmente tenía que cargarla del sillón de la sala a su cuarto pero como estuve mucho tiempo cargando pesas era algo sencillo par a mí además ella no era muy pesada. La llevaba siempre que se quedaba borracha y ella ni se daba cuenta. Esta vez estaba viendo la tele y se quedó dormida con una lata de cerveza en la mano. Solo llevaba una blusa blanca sin sostén y una tanga verde. Yo estaba acostumbrado a verla así pero desde aquel día yo la miraba diferente. Había descubierto el cuerpo tan jugoso que se escondía en aquella ropa y no podía sacarlo de mi mente. La lleve a su habitación y la recosté despacio en su cama. Su cuerpo yacía indefenso y frágil en aquella cama. No pude controlar mi deseo por ver de nuevo aquellos senos tan imponentes y me arriesgué. Levante poco a poco su blusa. Cada pulgada que se levantaba era una gloriosa parte de sus hermosos senos. Por fin después de unos segundos los deje por completo al descubierto. Eran tal y como los recordaba en mi mente. Una aureola grande y clara. Una forma como si fueran muy gordos y firmes y estaban ahí, completamente solo para mí. La calentura me dio valor y toque con mi dedo uno de sus senos levemente para ver como reaccionaba. Ella solo se movió un poco pero no se despertó. Me atreví a ir más lejos y tome uno de sus gigantescos senos con mi mano. Eran tan grandes que mi mano se veía pequeña. Mi corazón latía muy fuerte por el miedo de ser descubierto por mi madre. Si va a descubrirme pues que al menos sea por algo que valga realmente la pena –dije en voz baja–. Me recosté al lado de ella y comencé a masajear su seno izquierdo mientras llevaba a mi boca su pezón derecho. Sus senos son tan grandes que sus pezones se esconden adentro de sus aureolas por lo que tenía que hacerlo salir chupándolo. Por suerte mi madre no despertaba.

    Yo me sentía como un niño de nuevo ansioso por la leche de su madre. No saben cómo deseaba que su pecho tuviera leche. Ella no despertaba pero había empezado a gemir un poco. Parecía que lo estaba disfrutando y yo estaba en el cielo. Baje el cierre de mis pantalones y saque mi pene. Esta mal que yo lo diga porque muchos me acusaran de ser un presumido o mentiroso pero mi pene es de un gran calibre. Comencé a masturbarlo sin dejar de mamar su seno como un pequeño. No dure más de dos minutos y una corrida enorme salió de mi polla. No pude contenerla y salió por todos lados. Yo gemí fuerte pero sin dejarlo salir de mi boca. Limpie lo que había caído en el cuerpo de mi madre y me subí el cierre. Baje la blusa de mi madre y le acaricie un poco el rostro. Tenía un poco de mi semen en la mano y se quedó al lado de la comisura de sus labios. Era muy espeso y de color blanco intenso con algo de grumos. Ella parecía molestarle como creyendo que fuera saliva y con su lengua trato de removerla. El semen que había en la periferia de su boca había entrado dentro de ella. Su rostro al saborearlo no fue de gusto más bien como de malestar y yo en ese momento me fui de su habitación sin creer lo que había podido lograr. Masturbarme mientras succionaba las tetas de mi madre a quien tanto amaba.

  • Trágica historia de sexo

    Trágica historia de sexo

    Poca gente fue al velorio de Huguito. La velaron a cajón cerrado, porque el balazo que se dio, metiéndose la pistola en la boca, lo había dejado completamente desfigurado. Yo lo recordaba como cuando era un niño: ojos verdes saltones, gesto de poca inteligencia, cabeza desproporcionadamente grande, y un moco siempre cayéndole de la nariz.

    Eran solo cinco personas las que se encontraban en la casa mortuoria. Ninguna de ellas se parecía físicamente a él, y ninguna demostraba sentirse realmente acongojado por su muerte. Sus padres, quienes probablemente fueron las únicas personas amables con él, habían muerto cuando Huguito tenía doce años. De ahí, fue dando vueltas por diferentes casas de familiares, hasta que cumplió la mayoría de edad, y ninguno quiso hacerse cargo.

    El silencio alrededor del cuerpo, me causó incluso más pena, que la propia muerte de Huguito. Entonces, me apoyé sobre el ataúd, y derramé las únicas lágrimas que chorrearían esa tarde de agosto.

    O quizá fue la culpa, la que me hizo llorar…

    ….

    Yo lo conocía de la escuela primaria. Nadie se juntaba con él, era el marginado del salón, y los demás alumnos practicaban con él lo que hoy se conoce como bullying. Cualquier cosa que el pobre Huguito hacía o decía, era juzgada con la más severa de las miradas. Era tonto, feo, oloroso, y pobre. Su sola presencia exasperaba a los compañeros de curso. El que peor lo trataba era Germán: tingazos en la oreja, coscorrones en la cabeza, traba a los pies para que se caiga, correrle la silla justo cuando se iba a sentar, para que caiga de culo y toda el aula estalle en carcajadas… esas eran las cosas con las que tenía que lidiar Huguito todos los días. Y a pesar de que Germán era el peor, no era el único. Mauro, y Gonzalo eran igual de malditos que él, sólo que no eran tan astutos y rápidos para hacer de las suyas. Y además de ellos, todos los chicos participaban del desprecio colectivo hacía ese pobre infeliz. Incluido yo.

    Cuando las bromas llegaban a tal extremo que hacían que Huguito reaccione dando débiles empujones para que lo dejen en paz, Germán y los otros encontraban en ello la excusa perfecta para esperarlo a la salida y darle una paliza, cosa que pasaba bastante seguido.

    Yo no participaba de esas palizas, aunque más de una vez formé parte de la multitud que rodeaba a los abusadores y a su víctima, y arengaba a los primeros para que le rompan la cara al pobre Huguito.

    Pero en una ocasión me dio mucha lástima (o acaso algo adentro mío me instó a hacer, por una vez, lo correcto), y luego de que la pela terminara (si es que se lo podía llamar pelea) ayudé a Huguito a ponerse de pie, y a agarrar su mochila. Tenía la boca y la nariz sangrando y el ojo hinchado. Pero a pesar del dolor que habría de tener en toda su cara, logró esbozar una sonrisa cuando me miró.

    ….

    Sí, definitivamente era la culpa la que me hacía llorar como un niño en el velorio.

    Me había convertido en el mejor amigo de Huguito. En su único amigo. Jugábamos a las figuritas en el recreo, volvíamos juntos a nuestras casas, hablábamos de los dibujitos animados que más nos gustaban. Eso duró un par de semanas. Me caía bien, y descubrí que no era tan tonto como todos creían, simplemente tenía otra manera de ver las cosas. La pasaba bien con él, y creo que fue el primer amigo incondicional que tuve.

    Pero luego lo traicioné.

    Como si Huguito tuviese una enfermedad contagiosa, las bromas pesadas hacía él, empezaron a salpicarme a mí. Más de una vez me encontré tirado en el piso, en medio del salón, después de que Germán corriera hacía atrás mi silla. Y Mauro y Gonzalo también me jodían tirándome papeles desde atrás o pegándome esos odiosos tingazos en la oreja.

    Pero yo no quería ser el marginado, no podría soportarlo. Y como era un cobarde, en vez de enfrentarme a los abusadores, me uní a ellos.

    “Vamos a jugar a las figuritas” me invitó Huguito, con los mocos cayéndole de la nariz. “Andá a jugar solo, oloroso” le dije yo, bien fuerte, para que toda el aula oyera. Él me miró con asombro, y se fue de salón con el montón de figuritas en su mano.

    Pero eso no era suficiente. Así que cuando terminaba el recreo, y él se disponía a sentarse a mi lado, corrí su silla y el pobre infeliz cayó de culo. El aula estalló en carcajadas. La expresión de Huguito era las más triste que jamás haya visto. Aun así, lo dejé ahí tirado, y me fui a sentarme con Germán y los demás.

    ….

    Unos años después fallecieron sus padres. Él fue a la escuela por unas semanas. Yo quería darle mi pésame, y se me ocurrió que quizá podíamos volver a ser amigos, pero tenía sólo doce años, y esas cosas no se me daban bien. De un día para otro, dejó de ir al colegio, y desapareció de mi vida para siempre. O al menos eso creí durante un tiempo.

    Pasaron casi dos décadas, y sólo lo recordaba, cada tanto, como un sueño difuso. Cada vez que lo rememoraba, me sentía mal porque me recordaba todo lo malo que había en mí.

    Con Germán, Mauro y Gonzalo nos juntábamos cada tanto. No es que fuéramos grandes amigos, pero nos gustaba tomar unas birras y hablar de los viejos tiempos.

    De Huguito casi no hablábamos, pareciera que para los otros no era más que un fantasma que compartió nuestra aula por unos años. Además, la etapa más importante para los cuatro era la adolescencia, y era sobre esa época que charlábamos largas horas.

    Éramos todos hombres maduros. Y salvo yo, todos tenían esposas e hijos. Los niños que una vez fuimos desaparecieron casi por completo. Quizá Germán era la excepción, porque conservaba ese placer de hacer sentir de menos a los demás, aunque en mucha menor medida, (o sería acaso que sabía disimularlo mejor).

    Unos meses antes del suicidio de Huguito, Germán y los otros me lo trajeron a la cabeza, cuando, en una de nuestras juntadas, donde estábamos jugando al truco, lo mencionaron: resulta que a Huguito no le fue mal en la vida, después de todo. Había montado una empresa de software cuando acá en la Argentina era toda una novedad, y logró venderla a millones de dólares unos años atrás. Y no sólo eso. También se casó con una mujer hermosa, según me contó Germán.

    — No puedo creer que semejante boludo se coma a ese minón. — decía Germán, mostrándome las imágenes de una rubia muy bonita en su celular.

    Me alegró saber que Huguito estaba bien y de alguna manera me sentí liberado de aquella traición de veinte años atrás. Después de todo, su difícil niñez no lo había afectado tanto.

    Pero qué equivocado estaba. La envidia es un veneno que nos muestra cómo somos realmente, y en el caso de Germán, no fue la excepción. No podía tolerar saber que aquel que fue un cero a la izquierda, le fuera mejor que a él. Así que esa misma noche nos confesó que había agregado a la esposa de Huguito a Facebook, y ya la estaba haciendo el trabajo fino.

    — ¿Por qué no lo dejás en paz? — le dijo Gonzalo, haciéndose eco de mis propios pensamientos.

    Germán rio, despectivo.

    — Si la mina lo quiere de verdad, no va a dejarse levantar por nadie.

    La chica lo quería. Pero Germán era un experto en mujeres, encontró sus puntos débiles. Le endulzó los oídos, y lo puso en contra de su marido muy sutilmente. Si la mujer, antes toleraba el carácter antisocial de Huguito, ahora le parecía un defecto que había que corregir. Si a la chica antes no le molestaba que su marido sea poco hábil en la intimidad, ahora ya comenzaba a exigir experiencias nuevas. Si a la chica antes le gustaba la humildad de Huguito, ahora lo tachaba de amarrete. Y Germán, por supuesto, se erigía como aquel hombre que tenía todo lo que el marido no tenía.

    Unos meses después nos volvimos a reunir. Yo no tenía muchas ganas. Desde que Germán nos contó sus planes con la mujer de Huguito, me empezó a caer mal. Pero la verdad es que estaba aburrido en mi casa, y me apetecía una cerveza bien fría. Además, con Gonzalo y con Mauro estaba todo bien.

    Fue una velada común y corriente donde charlamos de fútbol y de autos. Cuando la conversación pasó a ser sobre mujeres, me incomodé un poco, porque no quería que Germán salga con sus planes perversos. Pero enseguida me enteré de que eso ya no importaba, porque el plan ya se había concretado.

    — ¿y a vos Germán? ¿Cómo te está yendo con tu mujer? — preguntó Mauro.

    — Con mi mujer bien, pero mejor me va con las mujeres de otros. — dijo el imbécil, y apoyó su teléfono sobre la mesa. — miren lo que tengo acá. — agregó, y puso play a un video.

    Al principio no se oía más que jadeos lejanos y no se veía más que una mesa y una alfombra. La cámara se movía mucho y no mostraba más que a esos dos objetos, de manera muy difusa, como si hubiese un terremoto. Pero enseguida la cámara enfocó a un cuerpo femenino, era esbelto, y tenía unas suaves curvas. El cabello rubio y ondulado se sacudía de un lado a otro, cada vez que recibía las envestidas de Germán.

    — ¿Te la cogiste? — preguntó Mauro fascinado.

    — ¿A quién? — inquirí yo.

    — A la mujer de Huguito, a quien va ser. — Contestó Germán.

    Mi indignación no cabía en mí. Pero no pude evitar mirar un buen rato cómo el cuerpo de la mujer se estremecía ante las embestidas de Germán. La mujer gemía de placer. Germán le estrujaba el culo con la mano que tenía libre, y la atraía hacia él una y otra vez para clavarle sus estocadas. En un momento la mujer se dio vuelta, y vio que estaba siendo filmada.

    — Ay no, no me filmes por favor. — suplicó. Pero habría de estar gozando mucho, porque no se animó a apartarse de la poronga de Germán. — ¡No me filmes! — le gritó. Pero el otro seguía grabándola mientras la cabalgaba. El video terminó cuando Germán eyaculó en las nalgas de la rubia.

    — La filmaste igual, hijo de puta. — río Mauro.

    — La verdad que te comiste un bombón. — dijo Gonzalo.

    — Podrías haberte buscado otra ¿no? — le dije yo. Pero no pareció si quiera escucharme.

    — ¿y no te rompió las bolas para que borres el video? — preguntó Mauro.

    — Sí, pero la convencí de que me dejara guardarlo. — rio perversamente Germán. — le dije que me gustaba tanto, y tenía tanto miedo de no volver a estar con ella, que necesitaba un recuerdo de nuestra noche juntos.

    — Sos un capo. — Dijo Mauro.

    — Por supuesto, le prometí no mostrárselo a nadie. — Agregó Germán. — ¿quieren ver más?

    — ¿Hay más? — preguntó Mauro.

    — No puedo creer que te haya dejado grabar más. — dijo Gonzalo.

    — Esta es la mejor parte. — dijo Germán.

    Puso otro video. Sólo se veía la nuca de la rubia, que subía y bajaba una y otra vez. Le estaba chupando la pija.

    — Me voy a mi casa. — dije.

    — ¡Epa no seas amargo! — dijo mauro. — mirá que bien la chupa. Ya me parecía raro que Huguito se coma a una yegua así. Sólo una puta le daría bola.

    Me dieron ganas de romperle la cara. A él y a Germán. Pero me reprimí.

    — ¡Mirá como mira a la cámara! — Dijo Gonzalo, Fascinado. Ya se había dejado llevar por los otros dos. — a ver si se la traga.

    — Obvio que se traga toda la leche.

    — Mirá como pone la mano para que no le tires a la cara. — dijo Mauro.

    Abrí la puerta y la cerré a mis espaldas.

    ….

    Los ignoré durante varios meses. De hecho, no quería volver a verlos. A Gonzalo quizá sí, pero a los demás no. Temía que me agarre un ataque de ira y empiece a repartir piñas. Pero también me preocupaba Huguito. A pesar de que en su vida tuvo éxito, no me cabía duda de que era una persona extremadamente sensible. ¿Cómo reaccionaría si se enterara de que su mujer le fue infiel? Y lo que más me perturbaba era imaginar que Germán hiciera público el video que tenía con la mujer rubia. Al fin y al cabo ¿de qué hubiese servido hacerle esa maldad a Huguito si el perjudicado no se enteraba? Las carcajadas que se oían en el aula cada vez que le hacían una maldad, no serían nada en comparación a las que recibiría si el video se publicara en internet. La idea me enfurecía, pero no sabía qué medida tomar. No podía advertírselo a Huguito, porque entonces, me arriesgaba a ser yo el encargado de arruinar su vida. ¿Y si hablaba con Germán y lo obligaba a borrar el video? Eso no funcionaría. Lo más probable era que terminemos enzarzándonos en una pelea en la que nadie ganaría.

    De repente se me ocurrió una idea. La próxima vez que me invitaran a una reunión, la aceptaría. Y apenas pudiese, agarraría el celular del imbécil de Germán y borraría todos los videos que tuviese. Claro que era probable que hubiese hecho copias, pero era lo mejor que podía hacer, al menos de momento.

    Una semana después de ocurrírseme esa idea, me llega un mensaje de Gonzalo. “Hoy truco en lo de Mauro ¿te prendés?”. Le contesté que cuenten conmigo y a la noche fui a la reunión. Lejos estaba de pensar, que en lugar de ayudar a Huguito, terminaría contribuyendo a la terrible tragedia que sucedería unos días después.

    ….

    Eran cerca de las ocho de la noche. La casa de Mauro era en realidad, su segunda casa. Un sucucho pequeño y ruinoso que usaba para liberarse por algunas horas del tedio familiar.

    Hubo varios detalles que tendrían que haberme llamado la atención: las miradas cómplices de Mauro y Germán, el hecho de que el anfitrión no nos ofreciera un vaso de cerveza apenas llegamos, las constantes miradas al reloj de los susodichos… pero yo estaba muy concentrado, esperando el momento ideal para agarrar el celular de Germán. Aprovecharía cuando se fuese al baño. Seguramente lo dejaría sobre la mesa ratona. Si los otros dos me veían toqueteando el teléfono ajeno no me importaba, lo que valía era cumplir con mi acometido. Pero todas mis elucubraciones se fueron a la mierda desde el instante en que sonó el timbre.

    — ¿Invitaste a alguien más? Qué raro. — dijo Gonzalo.

    — Es una sorpresa. — dijo con su maldita sonrisa Germán. — ya vengo.

    Y a pesar de no ser el dueño de la casa, fue a atender la puerta. Se escucharon susurros. Por un instante Germán habló con vehemencia, hasta parecía enojado. Pero finalmente entró junto con la invitada.

    Era una mujer joven, con el rostro muy bello, y tenía el pelo castaño extremadamente lacio, era evidente que se lo acababa de planchar. Estaba vestida completamente de negro: pantalón de cuero ceñido a su esbelto cuerpo, camperita ajustada del mismo color, y botas relucientes con el taco muy alto.

    Era muy hermosa.

    — ¿y ella quién es? — pregunté. Sin dejar de mirarla arriba abajo.

    —Es la chica que nos va a servir la cerveza mientras nosotros jugamos. — dijo Germán. — dale, andá a la cocina a buscar la botella y unos vasos. — le dijo a la chica, y cuando esta, sin omitir palabra, fue a donde le dijeron, Germán le pellizcó el culo de una manera muy obscena.

    — ¿Trajiste a una puta? — le pregunté, cuando la chica ya no nos podía oír.

    Germán y Mauro intercambiaron miradas cómplices. Gonzalo pareció querer decirme algo, pero se contuvo. La chica volvió con cuatro vasos.

    — Traé la birra más fría. Y sacate la campera que debes tener calor. — y cuando la chica volvió a la cocina, Germán se dirigió a mí. — es la chica de la limpieza. — dijo, jocoso. — le pedí que hoy nos venga a dar una mano a cambio de unos mangos más.

    Era imposible que me trague una mentira tan estúpida, sin embargo, tampoco pude vislumbrar la obvia verdad.

    La chica volvió con la cerveza y como se había quitado la camperita, ahora llevaba una remera musculosa con un lindo escote.

    — Le pedí que se viniera toda de negra. Le queda bien ¿no?

    — Que obediente la zorrita. — dijo Mauro, cosa que me confirmó que se trataba de una puta.

    Era cierto, la ropa negra hacía una buena combinación con esa piel blanca, de una palidez encantadora.

    La chica comenzó a servir la cerveza, y cada vez que pasaba al lado de uno de los hombres, aprovechaban para manosearle el culo.

    — Tranquilo, hombre. — le dijo Germán a Mauro, cuando este se había entusiasmado mucho metiendo mano entre las nalgas, enterrando los dedos en la raya del culo. — ya dijimos que no vamos a cogérnosla hasta que decidamos cómo vamos a hacerlo.

    La chica siguió sirviendo cerveza, como si no hubiese oído. Gonzalo también aprovechó cuando la tuvo a su lado. Acarició primero sus piernas, a través del cuero, y finalmente tanteó las nalgas.

    — No puedo creer lo buena que está. — dijo.

    La chica se quedó un rato parada para que Gonzalo se deleite. Sin embargo, al igual que con los otros dos, no mostró un ápice de entusiasmo. Parecía más bien resignada.

    Mi verga estaba totalmente erecta. Pero no la manoseé. Toda la situación me parecía muy turbia. Había algo que no me cerraba.

    — Juguemos al truco. — propuso Mauro.

    Jugamos Gonzalo y yo contra Mauro y Germán.

    — Hagamos una apuesta. — dijo Germán cuando la primera mano ya fue repartida. — los que ganen serán los primeros a los que esta puta les chupe la pija.

    Miré a la chica. Parecía disgustada por la humillación, pero no dijo nada.

    — Igual no las vamos a coger todos, pero está bien. — dijo Mauro.

    — Para mí está bien. — dijo Gonzalo. — si soy el primero mejor.

    Jugamos un partido a quince puntos. Íbamos perdiendo por mucho, pero en el último momento, cuando estábamos a dos puntos de la derrota, Gonzalo reviró un envido, el cual ganó, ya que tenía treinta y tres puntos. Luego, cuando Mauro lo retrucó, él se animó al vale cuatro. En realidad, sólo lo dijo para asustarlos, porque no le quedaban buenas cartas, y no sabía cuáles tenía yo. Pero yo contaba con un as de basto, que fue suficiente para ganar la mano. Así que de una sola vez sacamos diez puntos y ganamos el partido.

    — A lo tuyo zorrita. — Dijo Germán.

    — Yo prefiero cogérmela. — dijo Gonzalo.

    — Esa no fue la apuesta. Quedate tranquilo que después jugamos a otra cosa. Ahora solo pete.

    La chica estaba mirando el techo, parada muy sexy, con una pierna flexionada, sacando culo. Sin embargo, se la notaba aún sin ganas. Yo me devanaba la cabeza pensando en por qué estaba con nosotros si no quería hacer nada.

    — Acordate de lo que hablamos. — le dijo Germán. — Hoy tenés que hacer todo lo que te diga.

    La chica no dijo nada. Miró a los costados. Fue hasta la cocina y trajo un montón de repasadores.

    Gonzalo se corrió para atrás, alejándose de la mesa, para hacerle lugar. La chica puso los repasadores frente a él en dos pilas, y se arrodilló sobre ellos.

    Gonzalo peló la pija. Los otros tres nos paramos para ver el espectáculo de cerca. La chica agarró el tronco, y engulló la poronga.

    Pocas cosas en el mundo me parecen más hermosas que un bello rostro femenino siendo violado por una verga. Así que, a pesar de que la chica del pelo planchado, y piel pálida, parecía no disfrutar de lo que hacía, me calentó muchísimo ver cómo, con su expresión apática, se devoraba la pija de Gonzalo.

    La chupaba con vehemencia, y lo pajeaba. Cada tanto la escupía, y yo enloquecía viendo la saliva deslizándose por el tronco. Era mejor que ver una película porno. Mucho mejor.

    Mauro aprovechó para manosear el culo de la chica, mientras se la mamaba al otro. Acercaba su rostro, oliendo el trasero a través del cuero. En un momento lo mordió con violencia, pero la chica no hacía más que seguir chupando.

    Gonzalo la agarró de la nuca. “ahí va”. Dijo, entre jadeos. Estaba transpirado, y pasaba su lengua por los labios. “trágate toda la leche zorrita”. Se retorció en su asiento y largó un grito exageradamente fuerte. Cualquiera diría que hacía años que no eyaculaba. La chica no liberó la pija hasta que Gonzalo depositó la última gota, y aun así seguía apretándola con sus labios, incluso cuando el miembro se tornaba fláccido. Luego, abrió la boca y mostró a todos, el semen que tenía adentro, para luego tragárselo.

    Y ahora me tocaba mí.

    Un poco de semen le colgaba de la barbilla. Me dio algo de impresión, pero también me excitó.

    — Si no tenés ganas, no lo hagas. — alcancé balbucear.

    Entonces sentí que dos manos fuertes me agarraban de los hombros.

    — Tranquilo amigo. Ella está acá para que la pasemos bien.

    La chica corrió las dos pilas de repasadores que usaba para no lastimarse las rodillas y las colocó frente a mí.

    Se arrodilló. Recién ahí noté sus ojos verdes. Fue la mujer más hermosa con la que estuve.

    Abrió el cierre de mi pantalón. Bajó el elástico de mi bóxer y se encontró con mi verga completamente erecta. Tenía mucho presemen y en el glande estaban adheridos varios vellos púbicos. Ella se deshizo de ellos, y en el acto me pellizcó levemente. Luego me miró a los ojos. Definitivamente no quería estar ahí. Pero aun así se llevó mi miembro a la boca. Lamió el glande y el prepucio generándome un placer violento. Me acariciaba las bolas peludas mientras chupaba. Y cada tanto, se la metía casi toda. Mauro se puso de nuevo detrás suyo. Parecía auscultarle el culo. Germán se tocaba la pija mientras veía, y a Gonzalo se le hacía agua la boca.

    No aguanté mucho. Desde que empezó a servirnos la cerveza mientras los otros la toqueteaban, hasta que Gonzalo eyaculó en su boca, que mi sexo estaba hinchado, y largando presemen. Así que mi polvazo vino enseguida. La agarré del cabello con violencia, y comencé a masturbarme frente a su cara. Ella abrió la boca y sacó la lengüita, moviéndola, como pidiendo que la leche caiga ahí.

    — No le enchastres la cara que después seguimos nosotros, y no quiero esperar a que vaya a lavarse. — dijo Mauro.

    Pero yo no le hice el menor caso. Quería ver ese rostro bello y melancólico cubierto por mi semen. Expulsé dos chorros potentes. Ella logró recibir parte en la lengua, pero el resto cayó en su rostro.

    Se limpió con uno de los repasadores, como si nada, y fue en busca de las otras dos porongas.

    — Hacenos un pete a los dos. — dijo Germán.

    Se pusieron de pie uno al lado del otro. Le arrimaron ambas pijas y ella comenzó con su quehacer. Se metía una pija en la boca, mientras a la otra la pajeaba. Le costaba mucho coordinar su cuerpo para hacer ambas cosas, pero se las arreglaba. Gonzalo imitó Mauro y fue a pellizcarle el culo mientras la chica practicaba la doble felación.

    — A ver, metete las dos al mismo tiempo. — dijo Germán.

    Ante la mirada estupefacta de todos, la chica logró la proeza. Aunque solo pudo meterse las cabezas, y un poco del tronco, era toda una hazaña. Los dos pedazos de carne luchaban para hacerse lugar adentro de la mujer. Era una escena grotesca y hermosa a la vez. Todos estábamos concentrados en ella, por lo que tardé en reparar en que Germán realizaba una grabación de lo sucedido. Ya me encargaría de eso después, pensé, y seguí deleitándome.

    Germán guardó el celular justo cuando la chica sacaba las pijas hacía afuera, haciendo un sonido de sopapa.

    Los dos acabaron sobre su cara. Hasta mancharon su pelo.

    Realmente era una mujer hermosa.

    — Andá a traernos más cerveza. — ordenó Germán. — y sacate la ropa. Quedate solo en tanga.

    La chica fue a la cocina.

    — ¿Qué les pareció?

    — Increíble. — dijo Gonzalo.

    — Alta puta resultó ser. — dijo Mauro.

    — Es hermosa. —dije yo.

    Ella volvió con la botella de cerveza en la mano. Estaba casi desnuda, tal como se lo había ordenado Germán. Solo vestía una diminuta tanga blanca. Tenía un cuerpo atlético muy sensual. Las tetas, pequeñas, eran encantadoras. Sus piernas torneadas debían de verse increíbles con una pollera o un short. Nos sirvió la cerveza, como la primera vez, rodeando la mesa, pasando por cada uno de los asientos. Ahora, con la piel desnuda, era más tentador acariciarla. Germán le pellizcó el culo, Mauro se lo mordió, Gonzalo metió la mano en su sexo, y esta vez yo tampoco pude evitar aprovecharme: mientras el chorro de cerveza caía en mi vaso, y ella estaba inclinada, exponiendo su culo, se lo acaricié, y con mi mano agarré toda una nalga, y se la estrujé con violencia.

    — ¿Sos muda? — pregunté, ya que no había dicho una sola palabra desde que llegó.

    — Acordate que me tengo que ir a las diez. — dijo, dirigiéndose a Germán.

    — Sí, cierto que tu marido te espera, quedate tranquila. Pero hasta las diez sos mía. — le contestó este.

    Yo ya estaba medio borracho, y no me llamó la atención que se haga referencia al marido de la chica.

    Tomamos esa botella, y luego otra. Ella se quedó parada, como aquellas sirvientas de los millonarios, que se quedan detrás de sus patrones aguardando las indicaciones de estos.

    — Juguemos a otra cosa. — propuso Germán, cuando las botellas se habían vaciado. — Te presento a los muchachos — dijo dirigiéndose a ella. — es un poco tarde después de todo lo que nos hiciste jeje, pero te los presento. Este es Mauro, este es Gonzalo, y ese de ahí es Dante. — dijo, señalándonos uno por uno. Y luego agregó. — ahora vos vas a ir al cuarto ese. Es chiquito, y solo tiene una manta en el piso. No tiene luz, y está muy oscuro. Andá allá y esperanos. Vamos a ir uno por uno a cogerte. Vos tenés que adivinar quién te la está poniendo. Si acertás al menos dos, nuestra deuda está saldada, sino, te quedás acá hasta la madrugada.

    — Vos me prometiste que a las diez me podía ir. ¡Mi marido está esperándome!

    Yo estaba borracho, pero alcancé a intervenir por ella.

    — Dejala que se vaya cuando quiera, no seas malo. — le dije. Pero nadie pareció oírme.

    — Andá a esperarnos zorrita. — le dijo Germán, y ella a regañadientes fue al cuarto.

    Repartimos las cartas, al primero que le tocaba el doce era el primero en cogérsela, y al que le tocara el segundo doce era el segundo, y así sucesivamente.

    Me tocó el tercer lugar.

    El primero fue Mauro. Mientras jugábamos al chinchón él fue a cogérsela. Germán se burlaba porque sólo se oían los jadeos de él. Ella no daba señales de placer alguno.

    Salió del cuarto todo transpirado.

    — Es una frígida, pero está buenísima. — dijo. — ah, me dijo que yo era Gonzalo, así que perdió la zorra.

    — Dejala en paz, imbécil. — le dije yo.

    El segundo fue Gonzalo. Se puso en bolas delante de nosotros y fue a su encuentro. Esta vez se oyeron leves gemidos de ella, mientras él le daba indicaciones de cómo ponerse. “no, eso no me gusta” se la escuchó decir, pero sus palabras se ahogaron en un suspiro de resignación.

    Gonzalo volvió con una sonrisa pintada en la cara.

    — Esta mujer es un infierno. — Dijo.

    — Dios le da pan al que no tiene dientes. — comentó Mauro.

    — ¿qué? — dije yo. O eso creo.

    — Dale, te toca a vos. — me dijo Germán.

    La habitación estaba realmente a oscuras. Fui tanteando, y entonces una mano me agarró el tobillo.

    — Acá estoy, no me vayas a pisar. — me susurró.

    Me desnudé y tiré la ropa a cualquier parte. Me acosté encima de ella. Tenía un rico perfume que se mezclaba con el olor a transpiración y a semen. Sentí la suavidad de su piel, que era cortada por la viscosidad de aquellas partes donde había recibido las eyaculaciones.

    — Vos no sos Germán. — dijo, muy despacio. — decime tu nombre por favor. Así me voy de una vez.

    — Dante. — le dije al oído. — si no querés, no hacemos nada. — le dije.

    — Hacé lo que quieras. Igual ya me hicieron de todo.

    Me dio lástima. Pero estaba pegado a ella, y mi sexo estaba duro como el fierro, apoyado en su pelvis. Sólo era cuestión de hacer un movimiento para introducirme en ella. Y así lo hice. La maniobré como si se tratara de una palanca, y le enterré mi sexo hasta el fondo. Ella no solo gimió, sino que gritó.

    — Bien campeón. — se escucharon los gritos de los muchachos que me arengaban.

    — Despacito, la tenés grande. — me pidió ella.

    Si no fuese por lo bizarro de la situación, diría que fue un momento romántico. Nos abrazamos, acariciamos nuestras pieles, escuchamos nuestra respiración, disfrutamos del placer del otro. Sentía la reacción de su cuerpo cada vez que la penetraba en mi propia piel. En un momento de pasión, la besé, y aunque todavía sabía a semen, lo disfruté mucho. Me enterré en su cuello y en sus tetas. Recorrí con las yemas de mis dedos cada centímetro de su cuerpo, y enterré mis dedos en todos sus orificios.

    Ella acabó antes que yo. Pero yo no tardé mucho, y eyaculé adentro suyo. Fue hermoso. No sabía ni su nombre, pero en ese momento la amé.

    Todo lo amable y dulce que pude haber sido, Germán se encargó de revertirlo. Apenas empezaron, se escuchó el grito de dolor de la chica.

    — No, por ahí no. — se la escuchó decir.

    Pero él no le hizo el menor caso, y la penetró por el culo con violencia. Los gritos resignados de ella, me hacían estremecer. Hice ademán de ir hasta el cuarto, pero los otros dos me detuvieron.

    — Nadie la obliga a estar con él. — dijo Gonzalo.

    Así fue como terminó la noche. Germán dijo que había adivinado su nombre por la manera en que cogía, así que conmigo y Gonzalo, que seguramente también le hizo el favor de decirle el nombre, la chica había ganado “el juego”.

    Fue a bañarse, y cuando se vistió se fue casi corriendo.

    — Te llevo. — le ofrecí.

    — No. — rechazó ella. — estás borracho. Además, no quiero que mi marido me vea llegar con nadie.

    Antes de que pueda decirle algo, ya se había ido.

    Dejé a los muchachos y fui tras ella, pero la había perdido.

    ….

    Como se habrán dado cuenta, aquellos que son más inteligentes de lo que yo jamás seré, aquella chica no era otra que la mujer de Huguito. Yo sólo me enteré al otro día, cuando me llegó el mensaje de Gonzalo. No te diste cuenta de quién era la chica, ¿no? Me preguntó. Apenas leí esas palabras, y ya empecé a sospechar, pero aun así pregunté. ¿Quién era? Es entendible que no te hayas dado cuenta, me escribió Gonzalo. Porque vos solo la viste un rato, y te perdiste el primer plano de cuando le chupaba la pija a Germán en la grabación. Además, estaba bastante cambiada con el pelo teñido y planchado, y si encima no te acordabas de la cara… pero te cuento para que sepas, seguía escribiendo Gonzalo. La chica a la que nos cogimos todos, esa hembra hermosa ¡es la mujer de HUGUITO! Terminó el mensaje.

    El alma se me vino al piso. Al fin y al cabo, yo terminé siendo una mierda como Germán. No sólo no pude ayudar a mi viejo amigo, sino que lo traicioné vilmente una vez más. ¡Y Germán la había grabado de nuevo!

    Empecé a elucubrar un plan para que Huguito no se enteré de la traición. Además, no me cabía duda de que la chica no estuvo con nosotros por propia voluntad. Seguramente el perverso de Germán la había amenazado con hacer público el primer video si no accedía.

    Pero antes de que pudiera hacer nada, me llegó la noticia. Y por eso estoy ahora en este velorio en el que ya quedo yo sólo llorando por el pobre Huguito, y tengo que apurarme para ir al velorio de Camila.

    Así se llamaba la mujer de Huguito, aquella a la que violamos sin piedad: Camila. No me olvidaría ese nombre. La culpa me carcomería por dentro toda la vida, porque desde un principio sabía que algo iba mal y no hice lo necesario para evitarlo.

    Huguito no soportó el dolor al ver los videos. No se veía ningún rostro masculino, pero sí se veían muchas porongas entrando en la boca de la única mujer que lo amó. Así que Huguito se metió la pistola en la boca, y disparó. Pero por supuesto, primero apretó el gatillo apuntando a Camila.

    Ya es de noche. Tengo que viajar hasta la otra casa velatoria. Quiero verla por última vez, y pedirle perdón.

    Me llega un mensaje. Es Juliana, la mujer de Germán. Finalmente la convencí de salir conmigo. Un haz de justicia ilumina el lúgubre día. Tengo que pensar en dónde pondré la cámara. Quiero que Germán no se pierda ni un solo detalle del video.

    Fin.

  • Yago (III): El cabo Gabriel

    Yago (III): El cabo Gabriel

    Salazar, enaltecido por lo que decía el Marqués, volvió a chupársela mientras le pegaba fuertes meneos. Y el Marqués volvió a la carga, para empezar a turnarse con él; transformando, el tan deseado placer, en una vigorosa competición que duró hasta el amanecer.

    Luego, decidieron llevárselo a la cama; con la intención de dormir hasta el mediodía. El ayuda de cámara tenía instrucciones al respecto.

    Pero, cuando le tumbaron, boca abajo, sobre la pureza del blanco de esas sábanas con olor a espliego… el Marqués, no pudo evitar meter la cabeza entre sus piernas, y separándoselas, empezar a jugar con su lengua alrededor del ojete.

    Sin embargo, el capitán no podía olvidarse del Tribunal Militar de Justicia; que abría sesión a las cuatro y media. No podía olvidarse de eso.

    Por eso, declinó seguir dando rienda suelta al placer de seguir disfrutando del muchacho, y animó al Sr. Marqués a terminar con lo que estaban haciendo.

    – Dejémoslo ya, Sr. Marqués. Necesitamos dormir, un poco, ¿no le parece?

    El Marques aceptó su consejo; y permitió que Yago durmiera en su cama…

    Pero, pasados unos minutos; en los que se quedaron dormidos profundamente, el capitán se despertó con gran sobresalto…

    Como hombre responsable de la guarnición, tuvo que hacer un gran esfuerzo, para vestirse y salir de la habitación del Marqués.

    Bajó hasta a su habitación, y una vez allí, quiso que Pedro le ayudara con su aseo personal.

    Yago, dormía en la cama, completamente desnudo, boca abajo; y muy pegado al Marqués, que le había echado la pierna encima, para sentir sus glúteos.

    Pero, el cabo Gabriel, harto de los ronquidos del Sr. Duque; y después de una noche, en la que tuvo que hacer de todo para satisfacer sus morbosos juegos, decidió irse a dormir a la habitación del Marqués; al que imaginaba solo y aburrido… o mejor, durmiendo plácidamente en su gran cama.

    Sin embargo, al entrar en sus aposentos, encontró una escena que le paralizó. Ese macho presentaba signos evidentes de haber sido utilizado sexualmente.

    – Se lo han estado follando, pensó Gabriel… que, enseguida sintió simpatía por él.

    Se acercó a la cama con mucho sigilo, y como vio que el Marqués dormía profundamente, la rodeó… y se sentó junto a la víctima.

    Con sumo cuidado, y mucha habilidad, consiguió que el Marqués, entre sueños, se diera la vuelta… y entonces, acercó su cabeza a Yago, olió y acaricio su espalda, y después de mirar ese culo durante un ratito, observó su respiración y le obligó a girar la cabeza, de modo que pudiera verle la cara cuando se despertara…

    Iba a empezar a soplarle en las narices…

    Ese aire, con olor a hierbabuena, empezaba a surtir efecto; y queriéndoselo quitar de encima, como si de una mosca se tratase, Yago empezó a dar manotazos, de un lado a otro, de su cara…

    y cuando creía que ya la tenía, abrió los ojos; y se encontró con el rostro de un chico joven, mirándole con gesto divertido.

    – ¡Shhhh!

    Gabriel, le miraba con el índice puesto en sus labios; y abriendo la palma de la mano, le estaba indicando que no hiciera ruido.

    Luego, con señales, le pidió que se levantara de la cama con mucho cuidado; para no despertar al Marqués.

    Abajo, el carcelero abrió la puerta para despertar a Pedro.

    Y con cierta precaución, se acercó al muchacho y le zarandeó…

    – ¡Despierta, chico!, que ya es de día…

    … ¡y el capitán, quiere verte!

    Pedro, se despertó; y le miró extrañado.

    – ¡Vamos gandul!

    Lo sacó de la celda; y subieron las escaleras hasta llegar al cuerpo de guardia…

    Allí, se le asignó un acompañante que lo llevaría al acuartelamiento; a ver al capitán.

    – ¡Con su permiso, mi capitán!, dijo el soldado que lo acompañaba…

    Salazar, ya se había quitado la casaca, y se había sacado la camisa; cuando oyó los golpecitos en la puerta…

    – ¡Que pase el chico!…

    … y ¡trae un par de cubos de agua caliente!…

    … Àh!, y también dile al sargento que venga a verme.

    Mientras tanto, Gabriel había sacado a Yago de la habitación del Marqués, aprovechando que en el patio no había nadie; debido a la temprana hora… y, ocultándose tras las múltiples columnas de la arcada, lo llevó por un pasillo hasta un pequeño cuarto que tenía asignado para él. Le pidió que le esperase oculto bajo de la cama… y le advirtió que podría no aparecer en todo el día.

    – ¡Por favor!, no hagas ruido ¿vale?… te ayudaré a escapar.

    Estaba muy cansado; y no necesitaba demasiadas explicaciones. Para él, el chico era un amigo que estaba dispuesto a ayudarle.

    – ¡Oye!, ¡oye!, pero, ¡dime!… ¿quién eres?

    – Me llamo Gabriel; y vivo aquí, en el castillo.

    Soy cabo de alabarderos… aunque, apenas tengo contacto con la tropa…

    … y ¡te prometo, que esta noche intentaré sacarte de aquí!.

    Entonces le miró a la cara…

    – ¿Estás dispuesto?

    – ¡Claro!

    – ¡Pues… ahora, tengo que irme!

    No creo que nadie te moleste… pero, no hagas ruido ¡eh! Se supone que no estoy en mi cuarto.

    Y metido en un barreño bastante grande, de pie, el capitán Salazar disfrutaba de las manos de Pedro; que enjabonaban su cuerpo, y simultáneamente, le daba un masaje muy estimulante.

    El joven, que ya estaba acostumbrado a todo tipo de peticiones, estaba haciendo algo que era habitual, para él.

    Evitó que el capitán tuviera que ser demasiado explícito; y metiéndole las manos, llenas de jabón, entre las nalgas, le lavó el culo a fondo… y le amasó los huevos… y luego, también le enjabonó la polla… y la disfrutó, hasta que el capitán se corrió.

    Todo para su propio deleite. El capitán le gustaba mucho.

    Sin embargo, hoy lo notó un poco distante.

    – ¿Todo bien, capitán?

    El capitán, se sorprendió por la pregunta; Pedro no hablaba nunca.

    – ¡Claro!…

    … pero, hoy solo dormiremos, Pedro…

    … solo quiero tenerte entre mis brazos.

    Gabriel, abrió los ojos, cuando oyó al Ayuda de Cámara entrar en la habitación del Marqués, para dirigirse al ventanal y correr los cortinones. La luz lo inundó todo.

    Y, justo, en ese momento, apareció el Duque de Choisely, que entró en la habitación hablando francés, atropelladamente, y en un tono bastante desagradable.

    El Marqués, abrió los ojos; y al ver al Duque armando tanto alboroto…

    – ¡Si’l vous plaît!, Monsieur. ¡Compórtese!

    – ¡Excusez moi!, Monsieur le Marquis!, pego es que he estado buscando a Gabgiel por todo el castillo, dugante toda la mañana; y gesulta que al entgag en vuestga habitación, me lo encuentgo metido en vuestga cama…

    El Marqués, miró a la derecha, y efectivamente, ahí estaba el cabo.

    – ¡Ah! ¡jajaja!… se os ha escapado, ¡eh!, Sr. Duque.

    Y en ese momento Gabriel simuló despertarse…

    – ¡Ah!, Sr. Duque. ¡Discúlpeme!…

    … pero, no podía pegar ojo, con vuestros ronquidos…

    Los dos nobles, sorprendidos por sus palabras, se miraron y se echaron a reír; al fin y al cabo, el chico les hacía gracia… y no era fácil encontrar a un muchacho de esas características, para realizar servicios como los suyos.

    El cabo, aunque no guapo, tenía sus encantos; y sobretodo, un cuerpo maravilloso.

    Parecía estar “hecho para follar”, decían sus amigotes.

    Pero, de repente, El Marqués se dio cuenta de algo que le produjo un tremendo sobresalto; y se levantó de la cama azoradamente.

    – ¡Mis disculpas, Sr. Duque!… pero necesito unos minutos para vestirme, s’il vous plaît…

    – ¡Ah!, ¡excusez moi, monsieur!

    Y el Duque salió de la habitación del Marqués, con cierta displicencia.

    – ¡Gabriel!, cuando llegaste… ¿no viste a nadie en mi cama?

    – ¡No, Sr. Marqués!… ¿por qué lo pregunta?

    – ¡Por nada!, ¡por nada! Baja y dile al capitán Salazar que venga a verme inmediatamente.

    – ¡Como mande, vuestra excelencia!

    Salió de la habitación y bajó al patio de armas.

    Miró a su alrededor… y pensó en cómo hacerlo.

    Luego, se dirigió al acuartelamiento, y entró con decisión en las dependencias del capitán, y al verlos abrazados y profundamente dormidos, lo tuvo claro.

    Con mucho sigilo abrió el armario y…

    Una casaca, una camisa, un calzón, unas medias, los zapatos y el bicornio.

    Yago y el capitán, estaban a la par, en cuanto a talla, pensó Gabriel.

    Lo metió todo en un petate, que casualmente había encima del armario; y salió del cuarto con rapidez.

    Al llegar a la puerta, llamó a un soldado de la guardia.

    – ¡Soldado!… ¡decidle al capitán, que el Marqués reclama su presencia!…

    Y cuando el capitán oyó los golpes en la puerta; y oyó la voz del soldado.

    – ¡Pase de una vez, soldado!…

    – El Marqués le reclama con urgencia, ¡mi capitán!

    Se levantó y despertó a Pedro…

    – ¡Regresad al calabozo!

    Se vistió rápidamente, mientras pensaba en lo que podría querer su excelencia; y salió casi a la carrera…

    – ¡El prisionero, ha desaparecido, capitán!…

    …¡ha desaparecido!…

    Salazar, miró por todos lados, e incluso entró en la salita roja.

    – ¿Cómo ha sido, Sr. Marqués?

    El Marqués, estaba rojo de ira y todo lo que dijo fue:

    Que lo busquen en todo el castillo… pero, ¡ya sabéis!… que nadie se dé cuenta.

    La noticia entre los miembros del Tribunal Militar de Justicia, cayó como un jarro de agua fría.

    Y, por supuesto, hubo que suspender el juicio… pero, todavía había asuntos que atender.

    Al mediodía, se recibió una solicitud de audiencia con el Marqués; que fue aceptada.

    Y el Marqués tuvo que bajar a la sala de recepciones.

    Un hombretón de aspecto refinado, pero también un curtido guerrero, entró en el salón.

    – ¡Es, Maese Sancho!, ¡excelencia! Del Caserío de Valle Chico…

    – ¿Y, bien?…

    Reclama a su sobrino Yago, y a sus dos criados, dijo el Chambelán.