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  • Falo correcto

    Falo correcto

    Era automático. En el momento en que Ken vio la polla de Daisuke sus ojos lentamente se quedaron en blanco y su mandíbula se relajó suavemente en feliz excitación.

    Era como un trance que lo hizo ser rápido y fácilmente sumiso a la situación que su boca estaba totalmente relajada en una lenta soñadora y perfecta ‘O’ y se convirtió en emoción y excitación al darse cuenta, que ya no le hacia falta pedirlo, solo era necesario expresar expresión facial perfecta para chupar aquel perfecto miembro viril.

    Tenía que hacerlo, estaba totalmente enamorado del falo de su chico, necesitaba sentir algo en su boca, algo viscoso, algo sucio, algo prohibido, necesitaba sentir la presión en su boca, en su cuerpo desnudo, en la cama, él estaba en estos momentos tendido en la cama, con los testiculos de Daisuke encima de él, para él, era una de las mejores vistas en todo el dia, comerse la polla de su chico y sentir como crecía dentro de su boca, que sus dientes fueran testigos de lo que estaba ocurriendo ahí dentro.

    En unos momentos, tenía ese eje grueso en la boca, deslizándose dentro y fuera entre sus labios y enviándole más profundamente a la hipnosis de un chupador de pollas, su mente retrocedió de un pensamiento complejo a una simple succión animal tan rápido que sus ojos apenas tuvieron tiempo de cerrarse.

    Ken dejó de pensar por completo, pero la mejor parte fue que ya no necesitaba pensar. No necesitaba decir una palabra, no necesitaba ser nada más que deliciosamente pasivo y obediente, mientras que su lengua talentosa hacía todo por él. Y cuando tragó la carga de su hombre, había otra allí para hacerlo mas erótico todo, la suya propia.

    Chupar la polla de Daisuke y tenerla retenida en su garganta era su parte favorita del sexo; En retrospectiva, parecía absurdo que hubiera sido tan tímido en un principio cuando le daba cierto rubor meterse el falo de Daisuke en la boca, para el sexo en un principio era como un Taboó, y ahora era todo natural, ahora no se ruborizaba cada vez que le decía a Daisuke que hacerle una mamada era estar casi como en trance

    -Me encanta esa sensación de no poder hablar, solo de sentir la presión en mi boca y el calor haciendose cada vez mas fuerte en mis mejillas -. Dijo emocionado una vez que finalmente logró recordar cómo ser una persona de nuevo.

    Mientras que su boca estaba ocupada al igual que su lengua y sus dientes, se exploraba a si mismo a medida que pasaban los minutos incluso las horas, en esos momentos el tiempo dejó de tener sentido, incluso cuando se perdió en una lenta y gentil burla de su cuerpo mientras hacía todo lo posible para evitar el clímax, cada persona tiene límites a su resistencia. Y la rendición de Ken fue demasiado sexy como para ignorarla, tenia sus limites.

    Ken apestaba a sexo, su cuerpo estaba rendido, su boca seguía engullida por el miembro de su chico, todo feliz mirando hacia abajo viendo como Ken estaba satisfaciendo su propio deseo, la pasiva agresiva se habia convertido en una deboradora de pollas, sólo de una, la de su chico, la única por la que sentía una gran devoción

    Finalmente Daisuke sacó su miembro de su boca tres horas más tarde. Ken tardó casi tanto en recordar cómo volver a pensar, para él el miembro de Daisuke era como un chupete, solo quería volver a meterselo en la boca para darle el máximo rendimiento posible.

  • La mujer del diablo

    La mujer del diablo

    “Nunca pensé que los chanchullos de mi marido terminarían conmigo siendo sodomizada y violada por ella”.

    Ajusto el estrecho top a mi pecho con la intención de resaltarlos más, si es posible, para que aquel vestido me haga lucir increíble, la ocasión lo merece.

    Soy una mujer de veinte años, y por la edad y la genética, no puedo quejarme ni de mis pechos ni de mis glúteos, que son firmes y hermosos. Mido aproximadamente uno sesenta y cinco, y soy bastante delgada. Es pura genética, ya que el único ejercicio es el que practico en la cama con mi marido.

    Mi marido, el único hombre que he amado, y como no hacerlo; era y es el típico chico malo un par de años mayor que había conseguido que abriera las piernas de par en par y lo que no son las piernas. Es bastante más alto que yo, y su piel oscura es suficiente para excitarme. Es atractivo como ningún otro hombre, al menos, para mí. Sus ojos verdes le dan un aire felino, y tiene de esas miradas que dicen: ven y fóllame.

    Siento sus brazos rodear mi cintura y un leve gemido de escapa al sentir como su mano levanta la falda del visto y trata de perderse en el interior del minúsculo tanga que llevo hoy.

    —Marcus —le regaño, pero un gemido se escapa— llegaremos tarde.

    La puntualidad se la suda, y vaya que a mí también. Pero no llevo tres horas arreglando mi pelo rubio y mi maquillaje para nada, así que a sabiendas de que he comenzado a humedecerme, me alejo de él antes de terminar de caldear el ambiente.

    Siento su erecto miembro frotarse en la raja de mi culo, el cual late con fuerza deseando sentir ese virial pene de más de veinte centímetros. Trago saliva, se me está haciendo la boca agua.

    No sé de donde saco el valor para resistirme y tiro de él hacia el exterior de nuestra casa. Tenemos una cena de negocios y los tíos no se andan con tonterías, el tema de las drogas no es para tomárselo a broma.

    —¡Mierda! —Exclamo al subir al coche— me he dejado el bolso. Espérame, que tardo un segundo.

    Asiente y mientras salgo noto como sus manos acarician mis glúteos. Joder, en cuanto termine la noche, pienso follarmelo hasta borrar el límite entre los dos. Subo a toda prisa hasta llegar al ascensor. A punto de cerrarse las puertas, me sorprende ver a una mujer correr e intentar entrar, así que pulso el botón y ella me sonríe al entrar agradeciéndome el favor.

    —Gracias, soy Kate, ¿y tú…?

    —Me llamo Helena.

    Kate es preciosa, yo no soy nada en comparación. A pesar de que no tiene mi rubio natural, ni mis ojos verdes, sus curvas superan las mías con creces, unos senos de proporciones descomunales y unos glúteos espectaculares. Es guapa de rostro, pero no es su fuerte. Lleva el pelo largo, hasta la cadera, como yo, y es rizado, en cambio el mío es liso. Parece latina, es hermosa.

    Pulso el botón para ir a mi planta, y me sorprende ver que ella pulsa uno más arriba. Allí no vive nada, son picaderos de soltero y nadie conoce al dueño, así que no me sorprende que ella vaya allí, una chica tan espectacular no viene por aquí porque sí.

    Se abren las puertas y estoy a punto de salir cuando siento sus manos en mis caderas. Codeo su estómago y corro pocos metros antes de tropezar y sentir su cuerpo sobre mi espalda.

    No entiendo que está haciendo hasta que noto un punto de humedad en mi espalda y un frote. Se está masturbando frotándose contra mí en mitad del pasillo. No pues creerlo.

    —¡Déjame! —Grito desesperada esperando que aparezca un vecino y me ayude— mi marido está por venir —miento.

    —Que venga, que venga.

    Su risa me atormenta y no me di cuenta de cuando varios brazos fuertes me elevan del suelo. Hay dos chicos fuertes y latinos sujetándome, pataleo pero es inútil. Aprovechan este momento para tocar mi cuerpo y entonces Kate, les golpea.

    —Solo yo puedo tocarla hasta próxima orden.

    No sé qué es peor, sí que me toque ella, o ellos dos. Nunca he estado con una mujer y la verdad no me hace ninguna gracia, menos en esta situación. Me suben al ascensor y subimos a la planta de arriba, Kate camina frente a mí contoneando sus caderas y abre la puerta de uno de los pisos.

    Al entrar, me tiran al suelo y veo como se quita su ropa íntima, un pequeño tanga negro empapado. Cuando lo acerca a mi cara trato de apartarme, pero los hombres me arriman a él y para evitar el dolor me dejo hacer.

    —Abre la boca, preciosa.

    Cierro con fuerza y niego con la cabeza.

    —Ay, la santa. Créeme, esto solo es un avance de lo que te vas a comer.

    Logran los chicos abrirme la boca entre ambos e introduce el tanga en mi boca, el sabor es algo salado, y siento náuseas en todo momento. Reconozco el sabor de cuando se la chupo a Marcus después de hacerlo, pues no me disgusta la mezcla del semen y mis fluidos, pero bajo mi consentimiento.

    —Degústalo, si sé que te gusta, golfa.

    Abre mi boca y no pongo resistencia. Me lo quita pero su sabor permanece en mi boca y me estremezco al sentir como enrollada la empapada tela alrededor de mis ojos, como una venda.

    —Mi zorra se va a portar bien. Podéis soltarla.

    —Pero…

    —¡¿Pero qué?! ¡Te he dado una orden!

    Los hombres me sueltan y siento como uno de ellos restriega su miembro contra mi cabeza antes de separarse. Pasan hasta tres minutos antes de sentir un frío plástico bastante fino y duro recorrer mi pecho por encima del vestido.

    —Desnúdate.

    Niego con la cabeza. No lo haré. Entonces, siento un profundo dolor, ¡esta zorra me ha dado con un látigo! Leves sollozos se escapan de mi control y obedezco antes de llegar al segundo golpe.

    Pese a haberme quitado el vestido, me golpea.

    —¡Hice lo que dijiste!

    —Demasiado lenta, escúchame preciosa, obedecerás a la primera, sin quejas, y me la suda si disfrutas o no, pero si te portas bien, quizá te deje correrte alguna vez.

    ¿Cómo voy a correrme si me están violando?

    —Lo disfrutaras —dice y parece leerme la mente.

    Siento sus cálidas manos recorrer mi pecho y poco después su húmeda trazar círculos perfectos alrededor de mis pezones, pequeños y rosáceos. Pese a las náuseas que la situación me provoca, mi cuerpo reacciona y mis pezones responden a su estímulo. Los pellizca, los muerde y los mama.

    Siento como una masa abundante de carne trata de introducirse en mi boca y por inercia, cierro la boca, sin querer mordiendo así la porción de carne, oigo como chilla y la fusta impacta seis veces en mi pecho y tres en mi rostro. Soy incapaz de dejar de llorar.

    —¡Puta zorra, que me ha mordido la teta y me ha hecho sangre!

    Vuelve a introducirla, y esta vez no muerdo. Trato de pensar que es la polla de Marcus, y debe ser por la excitación de antes, o porque mi imaginación es la leche, que me lo creo de verdad y le hago un trabajo fino. Siento humedad en mis bajos.

    —Vaya charquito has formado, puta.

    Me avergüenzo y contrario los músculos de la vagina, no quiero mojar nada. No quiero que crea que disfruto.

    Hago lo mismo con la otra teta cuando la introduce y oigo sus gemidos incesantes.

    —¿Cuándo nos toca? —oigo una voz masculina.

    Hay silencio y entonces siento como me ponen a cuatro.

    —Sin penetrar —aclara. Oigo un quejido y el sonido del látigo impactando contra algo y vuelvo a oír un quejido. El hombre no rechista más y siento un miembro frotarse contra mi clítoris y ano. Es imposible que no sienta nada cuando están estimulando todos mis puntos y me odio por ello.

    —Ahora, vas a saber lo que es bueno.

    No hay previo aviso, me empuja hacia atrás y término siendo completamente penetrada por el hombre por el coño. El hombre permanece inmóvil, como si solo fuera un trozo de carne en mi interior, no es muy grande, pero me descubro moviéndome lentamente para sentirla dentro de mí.

    Algo tapa mi nariz y boca y es húmedo. Se frota sin cesar contra mi cara y me empuja hacia atrás. Ahora estoy tumbada sobre el hombre, siendo penetrada y con una vagina frotándose contra mi rostro e introduciendo mi nariz en su canal.

    —¡Vamos, puta, chupa o látigo!

    Estiro los brazos y atraigo su coño contra mi cara. Solo quiero que esto termine rápido. Hago lo que puedo, succiono su clítoris y me descubro degustando su sabor, introduzco mi lengua en su cavidad y la muevo para que lo sienta. Gime sin control y tira de mi pelo. Pega pequeños saltos contra mi cabeza y se frota una y otra vez poseída por el placer.

    —¡Méteme la mano!

    Dios, parece imposible, pero cumplo con mi cometido y meto la mano en su coño sin meter ni uno ni dos antes, todo de golpe, que se joda la zorra. Lo meto y lo saco una y otra vez y el chico lleva mi mano hacia el culo de la zorra, no quiero meter mis dedos en su ano.

    Me obligan así que mientras mi lengua mama su clítoris, mi mano derecha penetra su vagina, la izquierda lo hace con su culo.

    —¡Follarla, follarla!

    ¿Qué? ¿En plural?

    —No, yo…

    Siento como el látigo impacta en mi vagina y suena como cuando pisas algo mojado, Kate ríe y solo se aleja un poco de mí para comprobar que estoy empapada. Siento que rompe mi tanga sin dificultad y el que estaba en mi vagina, sale y se aleja de mí.

    —Voy a portarme bien contigo —me dice— te lo has ganado, hija de puta, que lengua, que boca.

    Entonces sucede, su boca impacta contra mi vagina y un calor se instala en esa zona. Mis manos involuntariamente viajan a su cabeza y la atraigo aún más a mí, frotando mi cuerpo contra su cara. Joder, que placer, que gusto.

    Siento que me voy a venir y que trata de alejarse, ni de coña. En el momento en el que me voy a correr, un falo se cuela en mi boca pero ya no me molesta. Mamo y chupo esa verga con gusto y sujeto la cabeza de Kate para que trague hasta el último jugo, y lo hace.

    —Que bien sabe.

    Acerca su boca a mi culo y siento una lengua áspera en mi vagina, es el segundo chico que por fin interviene. Es más agresivo pero me están poniendo a mil y comienzo a gozar y gemir como una guarra, puta y perra. La lengua de Kate y sus dedos penetran ni ano.

    Entonces todos se alejan de mí y lo próximo que siento es como dos falos se hunden en mis dos agujeros y el coño de Kate vuelve a coronar mi boca.

    Cuando todo termina, me quitan la venda (el tanga) y veo aquellos tres hermosos cuerpos que sin pretenderlo han conseguido hacerme gozar.

    Antes de correrse, ambos se acercan y se pajean en mi cara y saco la lengua para probar sus jugos, entonces Kate se acerca y me besa por primera vez. Es exquisito.

    —Dile a Marcus que la deuda está saldada, y toma mi número, me llamarás o lo haremos a la fuerza.

    Me besa una última vez y antes de irse ordena a los chicos que me limpien, es cuando recibo una lluvia dorada sobre mí y antes de irse me obligan a que limpie sus vergas y les bese.

    No sé qué haré con Marcus, pero por lo pronto, tiraré el número de Kate. No la llamaré y espero que cumpla su promesa “lo haremos a la fuerza.”

  • ¿Qué tan fiel es tu pareja? (Capítulo 1): Christina

    ¿Qué tan fiel es tu pareja? (Capítulo 1): Christina

    Christina esta vez no estaba indignada con su reciente despido, ya estaba acostumbrada a que las cosas fueran así, además que era lo lógico tras faltar por más de una semana al trabajo y sin una excusa más de que ese empleo se le volvió monótono. Para ella la monotonía es uno de los mayores martirios de la vida, por lo mismo es que no soporta trabajar en algo que le aburre por mucho tiempo. Asimismo su estilo tampoco se salva de muchos cambios, tanto como en su peinado, maquillaje o ropa. De las pocas cosas que mantenía relativamente constantes era el gym, salir con sus amigas a veces a discotecas (donde suele pasar más tiempo teniendo sexo con algún chico en su auto que bailando), y su departamento. Este último no es una gran maravilla, y por temas de apariencias no se asemeja al costo que tiene, sin embargo está por el centro de la ciudad lo que le deja tanto los centros comerciales y opciones de trabajo cercanas. Además que el dueño suele extenderle los plazos de pago a Christina desde que ella le hizo una mamada en forma de pago, para no quedar en la calle. Desde ahí la renta no se ha vuelto algo tan prioritario para ella, pudiendo diversificar más el dinero que va consiguiendo.

    Mientras camina por la calles del centro en dirección hacia su departamento ve un cartel en la vitrina de una tienda que dice “Si quiere poner a prueba la fidelidad de su pareja, contáctenos”, y un poco más abajo un correo, “[email protected]” acompañado de un número telefónico y un sitio web. Cuando leyó eso soltó una pequeña risa, puesto que le causaba gracia el número de parejas que terminarían, ya que bajo su concepción la monogamia no nada más que un acto, dos personas fingiendo y engañándose a sí mismas para poder prolongar el mayor tiempo posible su obra de teatro. Estaba a punto de seguir su camino hasta que vio que un poco más abajo aparecía algo que decía que se buscaban actores. No le llamó mucho la atención aquello, sin embargo nunca estaba de más tener una segunda opción, mucho más después de que se encontrara cesante. Además que no había mucho que perder, por lo que tomó una foto con su celular a los datos y se puso en marcha.

    Una vez ya en su morada, después de almorzar, se dirigió a su escritorio e ingresó al sitio web. Allí encontró mucha publicidad sobre la efectividad en poner a prueba a la pareja, y en una pequeña ventana aparecía “postular como actor/actriz”. Entró y vio una extensa lista con datos que rellenar:

    -Nombre completo: Christina Dinelly Morales Muñoz

    -Edad: 22 años

    -Altura: 1,69 metros

    -Peso: 53 kilogramos

    -Color de ojos: Miel

    -Experiencia en actuación: Clases se teatro de colegio, algunas obras regionales y un don para fingir.

    -Estado civil: Soltera

    -Medidas: 87/ 58/ 93

    – Correo electrónico: ****.****@gmail.com

    -Número de contacto: +1 941 991 4067

    -Intereses: Divertirme, ingresos adicionales y sobre todo matar a la rutina.

    Al final de la lista le pedía que subiera 2 fotos para mostrarse, por lo que envió una en la que estaba con una blusa negra que no ocultaba su sujetador, una minifalda de mismo color y unas medias. La otra era con un top y calzas, que era como usualmente vestía en el gym. Una vez ya completar todo aquello, y enviarlo, se comunicó con unas amigas para salir de fiesta a las 12.

    Con vestigios del maquillaje con el que salió; con el top con manchas de semen; con su minifalda un poco arremangada y con la nalga derecha un poco más roja que la izquierda; con su cabello despeinado y las rodillas un tanto adoloridas, regresó a su departamento alrededor de las 5 de la mañana.

    Dejó su cartera al lado, sacó su teléfono de ella y se fue a su cama. Una vez allí al ver las notificaciones que aparecían en la parte superior de la pantalla, vio que una era de Gmail. Al abrirlo vio un correo de [email protected], que traía consigo el siguiente mensaje: “Christina, junto con saludarla nos alegra informarle que su perfil nos llamó mucho la atención, ya que es justamente lo que buscamos. Esperamos se comunique lo más pronto posible para acordar los detalles de su trabajo y contrato. Se despide atentamente Omar, miembro directivo.” A pesar de que a Christina no le encantaba la idea en un principio, ahora estaba un tanto alegre. Además que la elogiaron, aunque en su mente seguía en disputa si con lo de “justo lo que buscamos” se referían a su experiencia, o a su apariencia. Concluyó en que lo segundo era lo más probable.

    Después de unas horas de sueño, éste se vio interrumpido por unos gritos provenientes de la habitación de al lado. Al parecer se trataba de alguna pelea de pareja. Infidelidad o celos eran las opciones más probables. Un poco malhumorada Chris golpeó la pared con su mano y les gritó que se callaran. Miró la hora, las 11:43AM, cuanto menos ese alboroto sirvió para que no siguiera durmiendo. Se puso de pie y se sacó la camiseta con la que duerme, quedando sólo con las bragas, y la colocó en la lavadora. Revisó su teléfono: un mensaje de whatsapp de algún chico; se tomó una selfie mostrando todo su cuerpo y se la envió como respuesta. Fue hacia la cocina y se preparó el desayuno.

    Luego de un rato revisó nuevamente su celular para leerla respuesta del chico, pero se llevó una gran sorpresa al darse cuenta de al parecer envió la foto al número equivocado uno que no tenía registrado. Cuando abrió el chat y leyó los primeros mensajes, se dio cuenta de que se trataba del mismo chico que le escribió el correo que la aceptaba como actriz, y al parecer como Chris no respondió en la noche, debido a que estaba agotada, Omar había insistido ahora por whatsapp. Imaginó que eso no era bueno, hasta que leyó los mensajes tras la foto: “Wow, chica… me dejaste sin palabras”, “eres cada vez más preciosa”, “Sin duda tienes madera para lo que necesitamos”. Christina por su parte envió un mensaje de leves disculpas por lo de la foto y por no responder de inmediato, pero que quería saber qué es lo tenía que hacer ahora que había sido aceptada. Le respondieron con una dirección a la que tenía que ir a las 3:00 PM.

    Cuando llegó al lugar pensó que se había equivocado de dirección, pues era una casa azul que estaba a las afueras de la ciudad. La cual parecía más una casa familiar que una agencia de algo. Tocó a la puerta con un tanto de desconfianza, y a los segundos 2 chicos abrieron la puerta: uno un poco gordo, con pelo castaño y ojos cafés/ el otro con una camiseta musculosa, piel bronceada, pelo negro y con un cuerpo que delataba que asistía al gym. El primero se presentó como Omar, quién había gestionado el contacto con ella, y el otro como Jonathan: el actor principal masculino.

    Los 3 se sentaron en la sala. Omar sacó un rollo de billetes de 400 dólares y se los dio a Christina.

    “Son para los gastos del transporte”, dijo Omar con una leve sonrisa. Christina los tomó y guardó en su cartera a la vez que daba las gracias, aunque lo cierto es que a veces trabajando todo un mes con suerte conseguía 150 dólares más de lo que le acababan de dar. A continuación los dos hombres le explicaron a Chris en lo que consistía el trabajo: Era una idea tomada de la base de algunos shows televisivos donde por ejemplo una chica va al programa y desde unas cámaras ve como una actriz le coquetea a su novio. Y ahí ven si el chico reconoce o no a su pareja y si intenta invitar a salir a la actriz. Al menos hasta ese punto era donde llegaban los shows… sin embargo ellos creyeron que se le podía mucho más provecho a ese estilo y sobre todo más dinero. Lo que ellos hacían era lo siguiente:

    – No sólo la pareja podía contactar, sino que cualquier persona que pudiera pagar, ya que lo único que tenía que hacer era ingresar tanto los datos de quien contrataba el servicio, como de quien lo recibiría sin saberlo.

    – Los pagos eran vía tarjeta de crédito, siendo el mínimo de 350 dólares (según más lejos se tengan que alejar de la ciudad más sube el costo).

    – El actor, o la actriz no se dedicaba sólo a coquetearle, sino que su fin era tener sexo con esa persona, o ser completamente rechazado en el intento.

    – Todo lo que ocurra será grabado tanto en audio como video.

    – Estos videos son enviados en un CD a la dirección de quien contrata el servicio.

    – Quién quiera ver todo en vivo deberá indicarlo al momento de “hacer el pedido”, para que pueda recibir una transmisión de lo que está sucediendo.

    -Secretamente la agencia vende algunos de esos videos a un alto precio por internet a cualquier persona (Aquí es donde más dinero ganan pues cada video se vende a 250 dólares, y alrededor del mundo hay muchos compradores).

    Christina al comienzo imaginaba que sería como en los programas de televisión, pero superaba por muchos los límites que creía que habrían, sin embargo se encontraba en un pequeño dilema pues no sabía qué hacer pues no estaba dentro de sus planes el prostituirse, (pues prácticamente ese sería su papel) aunque le llamaba la atención por una parte el dinero, y por otra el que esto no había forma de que fuera rutinario, pues siempre debería ingeniárselas para hacer que un chico la follase, a la vez de que como es sexo, tampoco podría ser aburrido (aunque algunos adefesios podrían tocarle). Le preguntó a Omar cuánto ella recibiría, a lo que él le respondió que el 35% de todo, tanto del pago inicial, como el de cada vez que alguno de sus videos se vendiesen. Ella preguntó si es que su rostro se vería, porque no soñaba con ser la siguiente Sasha Grey, a lo que le respondieron que los rostros se ocultaban, aunque como en todo negocio siempre hay quien pagan más para conseguir más, aunque si algo como eso sucediese se pondrían en contacto con ella para preguntarle si estaba de acuerdo, a cambio recibiría el 50% del dinero extra. Chris se tomó un momento para meditarlo hasta que decidió que en vez de acostarse con chicos sólo para tener un poco de placer, era mejor hacer lo mismo pero consiguiendo dinero (Y si lo hacía bien sería bastante). Acepta el trabajo.

    Ambos chicos le dicen que es genial, pero que deben asegurarse de que cuando tenga que “trabajar”, no le de miedo o se ponga nerviosa. Christina se pone de pie, bajando sus calzas junto con sus bragas, y subiendo su top escotado; su vagina y tetas quedan completamente al descubierto. “¿me veo nerviosa?”, dice con seguridad Christina. Jonathan le acerca el contrato junto con un lápiz a Chris mientras que Omar se pone de pie esta vez con tres rollos más de billetes. Nuestra chica firma el contrato, mientras que Omar le coloca un rollo en la boca a Christina, luego se agacha y tras darle un beso en su clítoris le introduce el otro rollo por su conchita. “El contrato nos impide hacer más, querida”, dice Omar al momento en que le mete el último rollo por el culo a Chris. Ella sólo guarda en su cartera el que tiene en su boca.

    Jonathan y el hombre de los rollos de dólares acompañan a nuestra Christina a la puerta, aunque ella en vez de despedirse de ellos con un beso en la mejilla o en la boca, se pone de rodillas y a cada uno le da un beso en la entrepierna. Omar queda satisfecho con eso, pero Jonathan no pudo aguantar más, y poniendo incluso su contrato en riesgo con una mano sostiene el pelo de nuestra chica, y con la otra se desabrocha los pantalones dejando libre su pene de unos 18cm que no podía estar más duro. Con furia y descontrol mueve la cabeza de Chris para saciar su deseo, se logra apreciar cómo va cayendo un poco de baba al suelo. En sus últimos momentos Jonathan comienza a gemir y empuja, haciendo que la boca que tiene a su merced se atragante por un extenso tiempo llenándola, hasta que Chris siente como Jonathan se despide depositando su semen directamente en su garganta, lo que hace que se ahogue aún más. Por fin la suelta, y ella toma una bocanada de aire, y por mero orgullo se traga todo el semen se Jonathan, se levanta, se da media vuelta y se retira diciéndole a Omar que recuerde comunicarle cuando surja algo que requiera de ella…

  • Mis compañeros me convirtieron en Camila

    Mis compañeros me convirtieron en Camila

    Cuando ocurrió esto, yo me encontraba cursando el primer año de la preparatoria; en esa época era un niño solitario de 18 años. Era muy delgado y completamente lampiño con rasgos infantiles; me vestía de manera holgada y sencilla para no llamar la atención, normalmente jeans y playeras; en eso días ya tenía una larga cabellera que me llegaba unos 10 centímetros abajo de los hombros, tenía las orejas perforadas en una especie de capricho por intentar parecer más rebelde. Por consiguiente mi apariencia no me ayudaba a sociabilizar con las chicas y mucho menos con los chicos pues consideraban mi apariencia afeminada; si, algunas veces había sido confundido por chica, pero no me molestaba, por el contrario algunas veces me había aprovechado de ello, en especial en el trasporte público, para conseguir un asiento y poder estudiar tranquilo. Mis padres… mis padres eran los grandes ausentes, me la pasaba el 90 % del tiempo solo en casa y mientras no diera problemas y tuviera buenas calificaciones me dejaban hacer lo que quisiera.

    Todo comenzó unos 15 días después del regreso a clases tras las vacaciones navideñas, el colegio donde estudiaba organizo un viaje a provincia, que serviría tanto para estudiar como para hacer un poco de servicio a la comunidad. Para mi desgracia era obligatorio. Dos días después me enteraba que viajaría con los 15 chicos restantes de mi grupo y como coordinador tendríamos al maestro de educación física, un punto más que aumento mi desanimo, no es que fuera mal profesor, pero solía bromear sobre mi falta de masculinidad, aun así, solo solía ignorarme. Así que me mentalice, y solo vi las cosas positivas que obtendría del viaje.

    Tres semanas después me encontraba dejando mis maletas en el colegio. Fueron recibidas por Ricardo, el encargado del grupo de organizar todo, me dio mi vale lleno el formulario con santo y seña de mis cosas y me indico que nuestra salida sería dos días después, que las habitaciones nos habían sido ya asignadas y que nuestras cosas estarían allí, que por cualquier error estaba el vale. Pero que yo no debía preocuparme de nada, al decirme eso hizo una ligera sonrisa medio sarcástica. Tome mis cosas y me retire.

    La salida fue caótica, gritos risas y muchísimo movimiento y luego dos largas horas de camino escuchando chistes y obscenidades, un grupito encabezado por Ricardo, saco un par de botellas de ron y con el beneplácito del maestro comenzaron a beber. La mitad de las reglas las estaban rompiendo en ese momento, pero mientras no me molestaran no me preocupo. En cuanto a mí, note que me veían con cierta maldad y burla y cada vez que alguien me volteaba a ver en mi solitario viaje se reían a carcajada limpia. Por dentro sabía que debía preocuparme por esa situación, pero como hasta el momento solo me ignoraban, opte por no hacerles caso alguno. Me coloque los audífonos y aumente el volumen para aislarme completamente del mundo. 35 minutos después hicimos la primera escala en un pintoresco pueblo, si en vez de aislarme hubiese escuchado todo, esa hubiera sido mi oportunidad de huir, por el contrario 15 minutos después estábamos rumbo a nuestro destino final, al cual llegamos tras otros treinta minutos de viaje. Al bajar, inmediatamente nos formaron y pasaron lista, el profesor dio una serie de reglas y el aviso que nos abandonaría los 15 días y que él solo volvería a recogernos, que podíamos hacer lo que quisiéramos, siempre y cuando no saliéramos del rancho, dejo encargados de todo a Ricardo y Manuel y se largó dejando a todos en la euforia total. Por mi parte esa situación me pareció perfecta, la situación era de lo mejor, días después me entere que era costumbre del profesor hacer lo mismo en cada viaje y que con el dinero de la escuela pagaba las putas y el alcohol que frecuentaba esos días. Todos estaban parados viendo cómo se alejaba el camión que nos había traído y que ahora se llevaba al profesor con él, en el momento que se perdió de vista todos gritaron. Ricardo y Manuel volvieron a tomar el control de la situación. Empezaron por dar el número de los respectivos cuartos y mandaron a todos a revisar que no faltara nada, para así empezar con la diversión cuanto antes.

    Subí a buscar mi habitación, era la última del segundo piso y estaba casi aislada del resto de los cuartos y pegada a uno de los baños. Agradecí la suerte, en ese lugar sería completamente ignorado. Entre, era una habitación amplia y bien iluminada, tenía un enorme closet de madera rustica que cubría todo un muro de la habitación, y en la puerta un enorme espejo de cuerpo completo, al centro una cama con dosel y un tocador con espejo y una silla a un lado, casi en una esquina vi lo que era el equipaje, nada más acercarme, pude darme cuenta que era víctima de un error, mi suerte volvía a cambiar, en vez de mi maleta frente a mi había tres maletas bastante grandes, un par de mochilas, un porta trajes, una pequeña mochila y una caja de huevo, lo que me llevo a pensar que más bien, habían mandado a mi cuarto todas las maletas y cosas perdidas. Me acerca y abrí alguna para tener idea de quien eran, para mi sorpresa era ropa de mujer, la segunda lo mismo, ya no intente abrir lo demás y me dirigí al cuarto de Ricardo para resolver el problema. Al entrar lo vi hablando por teléfono, y me imagine que ya alguien había preguntando por las maletas. Al terminar de hablar colgó y me volteo a ver. Me pregunto qué quería de manera un poco brusca, al mencionarle la situación su rostro pareció iluminarse y comenzó reír.

    – no hay error, ese es tu equipaje

    – claro que no, ¡esas maletas son de alguna mujer del grupo!

    – lo sé, yo mismo escogí todo. Te lo voy a explicar mejor, todos sabíamos que el profesor se largaría, como no iba venir ninguna chica con nosotros nos desilusiono un poco, pero Manuel se acordó de ti, teníamos a nuestra chica para el viaje. Así que arreglamos todo para que eso pasara, Manuel pago todo y yo seleccione todo el guardarropa. Yo guarde tus maletas y puse todas esas en su lugar, así que ahora regresaras a tu cuarto, te quitaras esas ropas y te vestirás de mujer durante todo el viaje ¿entendimos?

    – ¡estás loco!

    Me di media vuelta para salir de allí y hablar para quejarme, cuando di de frente con Manuel en la puerta que había escuchado todo y solo me observaba, lo observe y antes de darme cuenta me dio un tremendo puñetazo al estómago que me hizo caer al suelo, se me escaparon las lágrimas, jale aire y me medio incorpore. Manuel se paró a un lado de donde estaba yo de rodillas y con las manos en el piso, Ricardo fue quien volvió a hablar.

    – mira no tienes opción, regresaras a tu cuarto te vestirás de nena y en una bolsa me traerás lo que traes puesto junto con tu celular, si no lo haces, créeme que te pesara, y en caso de que se te ocurra hablar me encargare que tu vida sea un infierno. En dos horas sirven la comida, tienes ese tiempo para pensar y espero verte bajar al comedor vestida de mujercita.

    Ricardo empezó a carcajearse y salió del cuarto con Manuel para bajar a divertirse con el resto, yo me levante y me dirigí a mi cuarto, mi primer instinto fue tomar el teléfono y hablar para que me sacaran de allí; el dolor en el vientre me hizo acordarme de lo que me pasaría si lo hacía. Me tumbe en la cama y empezó a llorar de la impotencia. Sentía que debía revelarme ¿pero cómo? Sabía que el golpe de Manuel no sería nada comparado con la golpiza que me pondrían. Me quede así un buen rato hasta que la alarma de mi reloj me saco de mi ensoñación, ¡me quedaban solo 30 minutos para decidir! No lo dude, el miedo me dominaba, me acerque a las maletas y comencé a revisarlas, en las dos que ya había abierto sabía que había ropa, abrí la tercera esperando ver más ropa, mi sorpresa fue mayor estaba llena hasta el tope de ropa interior; en una mochila había más ropa y accesorios y en la otra solo trajes de baño de varios tipos, la pequeña mochila tenia maquillaje y demás cosas de tocador, me imagine que el porta trajes llevaba un vestido de noche para la fiesta de gala y por último la caja están llena de zapatos. Sabía que Manuel tenia muchísimo dinero, pero lo que había gastado allí era muchísimo, al parecer tenían ya tiempo planeando esto y el viaje fue solo una excusa. Me resigne y escogí que me pondría, tome un conjuntito de braga y sostén de color blanco con moñitos rosas a los lados, saque un vestidito sobre la rodilla de color rosa claro y urge entre los zapatos hasta encontrar unas zapatillas blancas de tacón bajito que con el moñito rosa que tenían combinaban bien con el atuendo, me coloque frente al espejo y comencé a maquillarme, como estaba en el taller de teatro no me costó trabajo. Me puse un poquitito del perfume que me habían dejado y tras meter mi dignidad y mi ropa en una bolsa me dirigí al cuarto de Ricardo, no había nadie. Deje la bolsa sobre su cama y baje al comedor. Sentía el pánico correr sobre mí a cada paso. Baje las escaleras y todos me vieron, los silbidos y gritos no se hicieron esperar, de inmediato Ricardo puso orden y se dirigió hacia mí, Manuel hizo lo mismo y al llegar a mi me tomo de la cintura y me pego a él, Ricardo se colocó del otro lado y me susurro al oído

    – qué bueno que aceptaste, ya todos estaban impacientes por verte nena, ahora compórtate como toda una nenita y habla como tal

    Esta vez ante la multitud fue Manuel quien tomó la palabra

    – ¡calma calma que falta algo importante!

    Vi a Manuel su mirada era de control y orgullo, el me controlaba y me presumía como a cualquier chica que tuviera… vi al resto de mis compañeros, a algunos ya se les notaba una erección y eso me dio más miedo; Manuel continuo hablando y procedió a decidirse cuál sería mi nombre de nena. La lista comenzó a sonar cada quien tenía una idea. Gabriela, Patricia, Helena, Tatiana, Mariana, Ana, Karla, etc.… por fin se decidió que cada quien escribiera un par de nombres, los colocarían en una bolsa y yo sacaría uno, ese sería mi nombre. Momentos después sacaba el papelito y con la voz más femenina que pude poner mencione a todos el nombre elegido, durante todo el tiempo del viaje dejaría de ser yo y me nombraría Camila.

    La muchedumbre volvió a gritar y el Camila, Camilita, Cami, se escuchaba por todos lados, algunos más atrevidos llegaron a rosarme las nalgas, pero no paso a mayores, en ese instante el terror me dominaba, todos actuaban con una normalidad que me espantaba, se sirvió la comida y sentí muchísima pena al ver entrar a los encargados y verme con cierto aire de desconfianza, allí estaba yo vestido como una mujercita y aparte de esos abusadores, personas extrañas me veían. Me sonroje y baje la cara lo que provoco un nuevo acceso de carcajadas, parecía que allí todos estaban disfrutando de la situación menos yo. Al bajar la vista me percate de la tremenda erección que portaba Manuel, al parecer la situación lo excitaba y mucho. La comida trascurrió sin inconvenientes. Todo parecía girar en qué tipo de ropa interior llevaba, que tal la mamaria, y si era buena novia… Manuel contestaba con monosílabos mientras Ricardo reía… al terminar de comer, tuve que esperar a que todos se levantaran y salieran, esa era mi primera regla, era menos que un hombre y como buena hembrita tenía que ir detrás de ellos. Un pequeño grupo salió a caminar y fumar yerba pero la mayoría se quedó allí para alcoholizarse a gusto, las botellas empezaron a correr. Algunos inhalaron unas pocas líneas de coca, yo era mantenida sentada a un lado de Manuel, quien charlaba y reía como si nada raro pasara, me sentía tan indefensa mientras sentía como todas esas miradas lascivas se fijaban en mí. Un par de horas después empezaron a jugar, poco a poco los castigos se hicieron más subidos de tono. Un momento después fui obligado a bajarle los bóxers a uno de ellos, todos rieron… al poco rato había repetido la misma operación varia veces más, fue cuando empezó la gran competencia, y yo fui elegida como la única jueza. Manuel rio un poco y tomando su vaso volvió a sentarse viéndome de frente. Todos se colocaron en fila y con regla en mano procedí a medirlos. Me di cuenta que el juego era más que eso y tuve que usar completamente mi mano para medir el grosor de las vergas que me iban presentando, 10 minutos después tenia a los 3 finalistas. Vinieron aplausos y risas… ahora tras el triple empate con 18 centímetros, fui usada como material de desempate. Al ver que eran de un grosor más o menos igual, se medirían forzando mi boca, el que me ahogara más, ganaría. Trate de resistirme pero antes de darme cuenta mi cabeza era sujetada y la primer verga entro en ella, luego la segunda, y la tercera por la violencia del empujón me provoco arcadas que fueron interpretadas como que escogía al ganador, caí al suelo asqueada y jadeando, todos felicitaban al ganador. En ese instante Ricardo hablo, empezaría el premio, los dos finalistas serian masturbados con mis manos, para mi fortuna estaban tan ansiosos y tan excitados por la situación que llegaron después de agitarlas un par de veces. Al primer lugar tendría que hacerle una mamada, un que salió de mi boca, todos rieron y empezaron a exigir el espectáculo. Nuevamente por miedo lo hice, 5 minutos después de chuparla sin mucha técnica y solo lamiendo el grueso glande se vino en mi boca con una fuerte descarga que casi me ahoga. Todos reían y comentaban lo puta que me había visto. También note que ahora todos sin falta tenían erecciones y al parecer no pararía el asunto allí. Fue en ese momento que Manuel se paró a mi lado me tomo por debajo de los hombros y me llevo a un lado de la mesa con una brutalidad increíble. En sus manos parecía más una muñeca que una persona, me empujo con fuerza contra la mesa y mi pecho quedo sobre ella me abrió las piernas y me metió mano a gusto, sentí como estrujaba mis nalgas sobre las bragas y como me nalgueaba por momentos. Me jalo hacia él y me obligo a arrodillarme frente a él… se sacó la verga… era enorme mínimo le media unos 22 centímetros y era muy gruesa. Unas grandes venas palpitaban haciéndola ver más imponente. Me tomo del pelo y acerco mi cara, pude olerla, ese aroma a hombre, a salvajismo y deseo de sexo; era un aroma fuerte y acre.

    – ¡vamos puta lubrícalo!!!

    Su orden salió tajante. Sin dudarlo la metí en mi boca y comencé a mamársela lo mejor que podía, era enorme y me costaba introducirme ese pedazo de carne, lo escuche gemir y comenzó a moverme más rápido la cabeza llevando el ritmo de la mamada, cuando lo acelero más y pensé que acabaría, me separo de golpe. Me volvió a alzar y colocarme contra la mesa me abrió con fuerza las piernas y al alzarme el vestido todos pudieron ver mi ropa interior. En ese instante me sentí más vulnerable que nunca, me bajo las bragas. Al sentir la punta de su verga en la entrada de mi ano grite pidiendo por favor que no lo hiciera, comencé a rogar pero eso pareció enardecer sus ánimos, todos gritaban de júbilo, y pedían que lo hiciera ya, que le diera fuerte a la puta. Comencé a llorar. Trate de resistirme pero en la posición que me tenía no podía hacer mucho, apretó su mano en mi espalda y me empujo aún más sobre la mesa. Sentí su verga en mi entrada y de un solo golpe y con mucha brutalidad me la metió. Grite de dolor y mis lágrimas se hicieron más fluidas. El comenzó el mete saca sin consideración y en el siguiente empujón me la metió toda de golpe, todos sus centímetros de verga me penetraban salvajemente. Todo el cuerpo me ardía y sentía que me estaba desgarrando por dentro. Todos nos rodeaban y gritaban y se masturbaban viendo como Manuel me sodomizaba sin misericordia. Manuel seguía en lo suyo. Solo lo escuchaba decir «grita puta» «vamos puta hazme llegar»… me llenaba de improperios y me repetía lo puta que era. Para mi desgracia al parecer, pese al tipo de situación, Manuel se controlaba y no llegaría rápido. Llego un momento en que perdí toda noción, me sentía morir, estaba semiconsciente y lo único que sentía era esa grandísima verga entrando y saliendo de mí y como mis lágrimas recorrían mis mejillas. No sé cuánto tiempo paso, en mi ensoñación solo el dolor era constante, solo sé que lo escuche gruñir como animal, decirme dos o tres veces puta y de repente ensartarme con mayor fuerza, lo cual me hizo gritar y provoco gritos de admiración, y llego dentro de mí, sentí su espeso y abundante semen refrescar un poco mi adolorido culo… tres disparos con fuerza me llenaron el ano, me soltó, saco su verga y caí como una muñeca de trapo. La estampa era patética, todos con las vergas de fuera flácidas y chorreantes de semen, y yo frente a todos, a los pies de mi violador con el vestido semi levantado, con las bragas a las rodillas, con la cara llena de lágrimas el culo abierto y escurriendo semen, con el cabello enredado… intente pararme, pero tropecé con mis propias bragas, me las subí y camine a trompicones hasta la escalera, convirtiéndome nuevamente en el hazmerreír de todos. No sé cómo llegue a mi cuarto. Solo sé que caí en la cama y hecha bola entre las cobijas llore hasta quedarme dormida.

    Desperté a media noche, no se escuchaba absolutamente nada, sin duda todos estaban demasiado ebrios para seguir, mi culo me molestaba un poco pero ya no era esa sensación terrible de la tarde. Decidí tomarme un baño para relajar mi tan tenso cuerpo, busque algo para ponerme y encontré un babydoll, sin duda ese era el tipo de pijama que habían decidido que usaría. Tome el jabón y el shampoo y me dirigí al baño, al salir todo estaba en calma. Al entrar al baño me lleve una tremenda sorpresa, era un baño diseñado para las mujeres con sales cremas y demás cosas necesarias incluidas un par de batas de baño color rosa pastel. Llene la tina hasta el tope y en el botiquín busque algún analgésico, saque dos que me tomaría antes de dormir, coloque el vestido y el conjunto de ropa interior en donde decía ropa sucia y me metí a la tina, nada más sentir el agua caliente mi culo se relajó y sentí inmediatamente alivio, me deje caer y cuando toda el agua me cubrió me relaje totalmente. Para mi fortuna pese a lo brutal de mi violación, solo sentía molestias menores en ese instante, y no había tenido desgarros, solo tenía el culo inflamado pero hasta allí. Cerré los ojos y me deje consentir… lo necesitaba. Así estuve hasta que sentí como el agua comenzaba a enfriarse. Me levante y me duche rápidamente, Salí, me seque con calma y me puse crema, que dejo a todo mi cuerpo oliendo a duraznos, tome la bata y cubriéndome con ella regrese al cuarto, sentada en el tocador me seque el cabello, me tome las pastillas y me vestí con el babydoll, al cubrirme con las cobijas y pegar la cabeza en la almohada me relaje totalmente y caí en un profundo sueño.

    Cuando desperté era cerca de mediodía, me dio adormilado me fije que las maletas habían desaparecido, lo que me hizo pensar que todo había sido un mal sueño, pero la molestia en mi culito y mis vestidos me hicieron volver a la realidad. Me estire un poco y bostece quitándome lo adormilado que tenía aun. Me levante de la cama vi el tocador perfectamente ordenado, corrí al closet y allí toda la ropa había sido ordenada, sin duda alguien había desempacado por mi mientras dormía… había dormido demasiado… tanto el cansancio físico como todo lo que había pasado, me hicieron dormir demasiado profundo. Todo había sido ordenado cuidadosamente y ahora toda la ropa y los zapatos están en su lugar y lo único que no había sido abierto fue el porta trajes que fue colocado como estaba, regrese al tocador, allí estaba todo bien ordenado estaba parda dirigiéndome a la cama para volverme a acostarme y pensar cuando la puerta se abrió, por instinto me cubrí con las manos y gire la cabeza, por la puerta pasaban Ricardo y Manuel

    – te vez bien con ello puesto, te vez sexy

    Al decírmelo Manuel me sonroje aún más y me metí en la cama cubriéndome con las cobijas; Ricardo y Manuel se sentaron en la cama uno a cada lado de mi

    -Veo que estas asumiendo muy bien tu papel, ya hasta te comportas como toda una nenita pudorosa, eso me agrada.

    Al oír las palabras de Ricardo me sorprendí, era cierto, estaba actuando de manera natural como una mujer, Manuel me rodeo con su brazo y me acerco a él, sentí escalofríos al recordar lo que me había hecho el día anterior y lo vi con miedo.

    – no tengas miedo en realidad el único que tiene el derecho de cogerte es Manuel, si alguien te intenta hacer algo dínoslo y nos haremos cargo… y en caso de un desahogo tendrán que pagarnos o competir por el… en fin ya es un poco tarde, te mandaremos el desayuno aquí y como el clima es bueno se llenó la piscina, estará lista en unos 45 minutos, te vemos allí preciosa

    Manuel me magreo nuevamente las nalgas y tras darme un fugaz beso me pidió que me pusiera un bikini porque le encantaban las mujeres así. 5 minutos después una señora entro llevándome el desayuno consistente en hotcakes, cereal, leche, jugo y fruta, me sonrió amablemente, me dejo la charola en el tocador y salió. Me senté y comí con calma mi estómago agradeció el alimento pues desde la comida del día anterior no había probado nada. Al terminar deje los trastes en el mismo lugar donde había desayunado. Suspire un poco y con un poco de resignación me dirigí al closet y tras encontrar donde habían colocado los trajes de baño empecé a escoger que me pondría ese día en total tenía 9 trajes de dos piezas y dos trikinis; deje los trikinis en el cajón y coloque el resto sobre la cama. Frente al espejo comencé a ver cuál escogería para ese día, pensaba cual le gustaría más a Manuel, iba por el tercero cuando caí en cuanta, que me estaba comportando como toda chica, deje caer lo que traía en la mano y me asuste… no podía ser posible ¿mi inconsciente me traicionaba? Dude… dude por un momento pero dude… me repetí que hacia eso solo por mi seguridad y para evitar cosas peores, pero creo que ni yo me convencía de ello. Suspire nuevamente y tome el primer bikini que alcance. Me dirigí al baño y tras ducharme rápidamente me vestí… me fije en el espejo, a fin de cuentas salvo el pequeño bultito que se medio notaba al frente tenía delante de mí a una chica bastante plana pero al fin y al cabo a una chica, el bikini me ajustaba bien al pecho y los lacitos abajo me hacían ver con un poco más de cadera. Sentí la confusión y para evitar más problemas tome un pareo, me amarre el cabello en una coleta rápida y baje.

    Ya en la alberca estaban casi todos, aventándose o bebiendo, la música sonaba alto, al percatarse de que llegaba los silbidos se hicieron sonar… una que otra mala palabra y las consabidas frases de mamacita estas bien buena… titubee nuevamente, el miedo volvía, no vi a Ricardo pero Manuel estaba allí tumbado en una de esas sillas para piscina , me acerque a él… me hizo una seña y me acomode en la silla a un lado de él, de inmediato me ofreció un trago, al primer sorbo sentí que me ahogaba estaba demasiado cargado, al menos para mí. Mi desasosiego pareció divertirlo pues esbozo una sonrisa, con un poco de pena por la escena me despoje del pareo y me tumbe por completo en la silla. El sol pegaba fuerte y el clima cálido era agradable, cerré los ojos y estaba empezando a relajarme cuando al voz de Manuel me saco de mis sueños… amablemente se ofreció para aponerme el bronceador… con cierta desgana y sueño me di la vuelta y asentí. Un momento después sentí la crema un poco fría y respingue, luego Manuel entibio un poco la crema y me embadurno por completo la espalda aprovechando para meterme mano a gusto. Sentí sus manos sobre mis nalgas y bajo el traje de baño, un segundo después estaba poniéndome el bronceador sobre mis piernas, me relaje y cuando me di cuenta dormía… una hora después me desperté. Todo seguía igual, salvo que el sol pegaba un poca ms fuerte. Me di la vuelta y me coloque más bronceador. Manuel junto con el resto jugaban en el agua, un par de chicos a mi derecha bebían, en si todo el ambiente era relajado y eso ayudo a que sintiera un poco más de seguridad. Eran casi las 3 y media cuando me metí al agua, la comida ese día término siendo una parrillada, el olor a carne era delicioso. Nade un rato ante la atenta mirada de todos en lo que servían la comida. Salí de la piscina y de inmediato comenzaron los gritos Ricardo y Manuel se pusieron en primera fila. Eso me preocupo. De inmediato comenzó la primer competencia del día y allí de nuevo me vi en la situación de hacerle una mamada al ganador, en el instante de correrse en mi boca menciono que era mi aperitivo para la comida, lo que generó una gran carcajada general y por poco mis lágrimas… pues allí estaba yo, frente a la alberca siendo presa de la burla de todos. La llamada a comer interrumpió todo. Lo que me salvo de más vejaciones. La comida fue rápida y para no perder el hilo la mayoría la acompaño con cerveza. Durante todo ese rato fui completamente ignorada. Al terminar la comida la mayoría fue a descansar o se metieron a la casa a ver televisión, yo me quede un rato más tomando el sol, lo más lejos posible de la multitud. Paso como una hora cuando volví a meterme a la alberca, flotaba con los ojos cerrados, y se sentí una mirada insistente abrí los ojos, allí en la orilla estaba Manuel, se le notaba sumamente excitado, sin preámbulo alguno se lanzó al agua y en dos brazadas me alcanzo; sin dudar un instante empezó a meterme mano y a besarme el cuello, me giro con fuerza y tras colocarme contra la pared sentí como uno de sus dedos hurgaba mi entrada, comenzó a temblar recordando el día anterior y la tremenda verga de Manuel. Me hizo a un lado la parte baja del bikini y sentí la punta de su miembro chocando con la entrada de mi culo, con su brazo me tomo de la cintura, cerré los ojos, al entrar en mi grite, sentí como todo ese grueso pene comenzaba su invasión y como poco apoco iba ganando terreno, un momento después estaba totalmente ensartada en él, las lágrimas fluían a través de mis ojos, para mi fortuna esta vez no había sido tan doloroso como el día anterior, no sé si porque el agua ayudaba lubricar o simplemente porque mi esfínter estaba aún distendido, aun así el esfuerzo que hacia mi cuerpo por aguantar dentro tan grande pedazo era enorme; yo solo gritaba cuando Manuel hacía gala de su bestialidad y me penetraba de manera brutal… al parecer oírme gritar lo excitaba, e intercalaba sus pujidos y jadeos con palabras que me dirigía a mí, en su mayoría puta y perra. Desde que me había penetrado cerré los ojos pero al escuchar murmullos los abrí, debido a mis gritos ya teníamos otra vez una multitud viéndonos. Eso excito más a Manuel que tras dos empujones brutales se derramo en mí con fuerza. Se separó lentamente y respire con calma, me temblaban las piernas y tomándome de la orilla para no caer, camine hasta la escalera para salir de la piscina. Alcance mi pareo y camine lo más rápido posible para alejarme de todas las miradas inquisidoras y burlonas… lo último que llegue a oír fue un «cuanto cobras por prestarme a tu puta Manuel»

    Llegue como pude al baño, prepare el agua y espere a que se llenara la bañera, me quite toda la ropa y al llenarse la tina me sumergí en ella… me relaje y nuevamente llore por mi mala suerte y mis desgracias, estuve llorando no se cuánto tiempo, solo sé que volví en mi cuando el agua se enfrió y empecé a tener escalofríos. Me duche con rapidez y tras ponerme crema en todo el cuerpo, me envolví en la bata y me refugie en mi cuarto. Me vestí nuevamente con un conjunto de braguitas y sujetador y busque en el ropero una falda y una blusa a juego que me coloque con desgana. Mientras me maquillaba, no pude evitar sentir asco de mi, pero mi miedo era más grande, si no bajaba para la cena no sé que me harían, me arregle el pelo dejándomelo suelto y tras ver el resultado suspire, me vi aun mas femenina que a media tarde.

    Baje. Allí todo mundo me esperaba, como el día anterior Manuel me tomo del talle y evito que me separara de él, por lo que tuve que soportar sus chistes misóginos y sus burlas veladas hacia mí. Esa velada paso sin problemas y ya no tuve que ser el premio de nadie. Eran como las diez de la noche cuando Manuel, tomándome de la mano, se despidió de todos. Me jalo con él, y poco después entrabamos a mi habitación, al entrar puso llave a la puerta y me lanzo a la cama inmediatamente me bajo las bragas y me alzo la falda, sin duda quería mas, empezó a besarme todo el cuerpo y antes de darme cuenta el resto de mi ropa había volado por toda la habitación. Se desvistió rápidamente sin dejar de tocarme, antes de darme cuenta me vi en cuatro mamándosela. Manuel gemía y suspiraba mientras me sostenía del cabello, lo saco despacio de mi boca y me vio me coloco de espaldas y se colocó sobre mí, me levanto las piernas a sus hombros y como siempre, sin ninguna delicadeza, me penetro con fuerza. Solté un grito que sin duda se escuchó en todos lados. Manuel estaba desatado, entraba y salía de mí con ansiedad, y en esa posición me entraba todo sin que algo lo detuviera, me dolía y sentía que de un momento a otro me destrozaría por completo. Mis gritos de dolor y mis gemidos solo lo excitaban mas, y mis suplicas eran ignoradas. De su boca solo salían insultos para callarme o el consabido «así puta» momentos después sentí como llegaba en mi y como una gran oleada de leche me llenaba toda, Manuel se separó muy muy lentamente, se paró y con señas me indico que iba al baño, me levante de la cama y sentí como el espeso semen de Manuel me escurría de las piernas, tome un pañuelo desechable y me limpie, luego saque del ropero otro salto de cama y me vestí con él. Estaba terminando de recoger mi ropa y colocarla en el bote de la ropa sucia cuando entro de nuevo Manuel, nada mas verme vestida si vi como su enorme verga volvía a erectarse, no me vio tiempo de nada, solo me lanzo a la cama y me lo volvió a hacer salvajemente. Perdí la noción del tiempo solo sé que me lo hizo dos o tres veces más, me vestí y el se fue dejándome dormida en la cama.

    El resto del viaje… fue similar, descansaba y tomaba el sol… terminando con un bronceado que envidiarían todas las chicas que conocía, en promedio se las mamaba a dos o tres chicos del grupo como premio de las competencias que se organizaban y Manuel… Manuel tomo la costumbre de hacérmelo una vez al día y luego toda la noche hasta cansarse. Lo hacíamos tres o cuatro veces, de pie, yo en cuatro o piernitas al hombro, así que a la semana de ese régimen, ya estaba tan dilatada que me entrabas in problemas. Solo una de las situaciones se salió de esa norma, la cena de gala una noche antes de volver.

    El día de la cena fue…demasiado tranquilo, a tal grado que no hice nada en todo el día y hasta Manuel se mantuvo lejos de mí. Eran como las 6 de la tarde cuando salí de la alberca y me metí a mi cuarto para arreglarme para la cena, tome el porta trajes, lo abrí y me lleve una sorpresa enorme, era un precioso vestido largo satinado de color rojo con aplicaciones en encaje de color negro oscuro, en el mismo porta trajes habían colocado unas zapatillas de color rojo y encaje mandadas a hacer para que hicieran juego con el vestido, además el juego de lencería de corset con porta ligas y bragas todo a juego con el color del vestido, incluso las medias negras de encaje combinaban perfectamente, me metí al baño y tras bañarme con calma regrese a mi habitación, me coloque el corset y las bragas, y tras colocarme con calma y mucho cuidado las medias me puse el vestido y me vi al espejo… como siempre la imagen que me mostraba era la de una señorita, durante eso días mi feminidad había sido resaltada y por momentos la duda me había empezado a ganar, viéndome por muchos momentos como una mujer y no como un chico, pero a fuerza de voluntad alejaba eso pensamientos. Me maquille lo más simple posible para evitar cualquier problema y baje al llegar al salón de la recepción vi a otras chicas allí por lo que me llene de terror al pensar que mis compañeras de clase estarían allí y me verían en tan penosa situación. Pero al detenerme y fijarme más puede ver que eran chicas mayores y completas desconocidas para mí. Camine con paso seguro y entre al salón… esta vez todas las miradas se posaron en mi peor no hubo rechifla ni piropos subidos de tono, si no miradas de admiración tanto de mis compañeros como de las chicas que allí se encontraban. Eso me dio seguridad y un nuevo sentimiento de vanidad femenina me inundo, era la chica más atractiva del lugar y lo sabía. Di dos pasos cuando unos brazos firmes me tomaron del talle y con delicadeza me giraron para quedar frente a frente con Manuel, me saludo de manera cortes y me dio un ligero beso en la mejilla, me tomo de la muñeca y con cuidado me acerco a donde Ricardo platicaba con un par de chicas

    – ¡buenas noches señoritas! Ricardo…

    – buenas noches

    – dejen les presento a mi novia Camila

    Al escuchar eso me quede petrificada, un encantadas y un beso en la mejilla como saludo y presentación fue todo, continuamos al charla como si nada y las chicas me veían como una más. Allí fue donde me entere que la mayoría de las chicas eran amigas de fuera de la escuela de todos o putas contratada para el evento. Cada momento que pasaba me sentía con más seguridad. Llego el baile y tras un par de copas me vi siendo arrastrada a la pista por Manuel donde me llevo con calma y seguridad, eran casi las 11 de la noche cuando se dio el brindis, yo aproveche el momento para ir al baño y cuando volví Ricardo me intercepto.

    – es bueno verte sola nena… tengo que pedirte algo.

    Solo esboce un que concierto miedo y cierta duda

    – es sencillo mañana es el cumple de Manuel y quería que le dieras un regalo muy especial, a media noche se irán a tu cuarto y tú sabes… harán lo que todos escuchamos hacerte cada noche… solo que esta vez quisiera que le dieras algo muy muy especial…

    Asentí sabía que esa no era una petición si no una orden, me tendió una hoja y la leí… ahora sabía que tenía que hacer. El día tranquilo acababa de manera abrupta y mi seguridad terminaba, mi infierno seguía por una noche más. El baile continúo un rato más, y dicho y hecho a media noche Manuel me dio un beso y me jalo con él en dirección a mi cuarto, la frustración y el coraje me hicieron dar un paso que no pensé que fuera a dar. Querían que fuera una mujercita pues esa noche lo seria. Recordé lo escrito en la pequeña lista que un rato antes Ricardo me había dado. Al cerrar la puerta, me abalance sobre Manuel, y me colgué de su cuello con mis brazos para darle un tremendo beso. Manuel se sorprendió un poco y me separo de el tomándome por el talle

    – ¿no te gusta papi? ¿No deseas a tu putita el día de hoy?

    Había mencionado la frase de manera natural… y lo veía directamente a los ojos con una carita inocente de niña haciendo un puchero. Manuel sonrió, me sujeto de la cintura con delicadeza y me beso en la boca… fue un beso largo y lleno de pasión, en todo el tiempo que llevaba usándome era la primera vez que me besaba en la boca, me deje llevar y cuando me metió la lengua en la boca deje que la mía jugueteara con la suya. Al apretarme sentí su duro miembro golpeando mi vientre, Manuel estaba demasiado ansioso pero se controlaba mucho. Poco a poco me fue llevando hasta la orilla de la cama.se separo de mi boca y girándome un poco comenzó a lamerme las orejas y el cuello, me lamia y chupeteaba muy despacio, cerré los ojos y gemí un poco, esta vez no de miedo y dolor, si no de placer, eso me sorprendió un poco, pero no le di mucha importancia, con destreza y cuidado me despojo del vestido que sentí caer a mis pies, con un leve paso me lo termine de quitar dejándolo a un lado en el suelo. Se separó de mi y me observo con cuidado, me hizo girar de un lado a otro para verme por completo en el corset y las medias, me apene un poco y me sonroje, me volvió a jalar junto a él y me volvió a besar, lo tumbe en la cama y lo desvestí muy despacio, mientras le sonreía al quedar completamente desnudo me acomode sobre él y comencé a besarle todo el cuerpo hasta que llegue a su verga y comencé a mamarla muy despacio lamiéndola por completo, como siempre estaba enorme y al metérmela a la boca, me costó, mas trague toda la que pude. Manuel gimió y me tomo de la cabeza para llevar el ritmo.

    – ¡oh! ¡Ah! ¡Así puta sigue así! ¡Qué bien la mamas puta! ¡Sigue puta sigue!

    Manuel empezó a dejarse llevar…

    – ¡vamos puta! ¡Mírame mientras me la mamas! ¡Así puta no dejes de verme!

    Manuel dejo de controlarse y empezó a empujar su miembro dentro de mi boca mientras no dejaba decirme lo puta que era, algunas veces iba tan profundo que me hacía dar arcadas, su peen comenzó a palpitar con más fuerza y cuando lo sintió me dijo que le lamiera la cabeza de su verga, unos segundos después el primer disparo de leche, luego uno más y así hasta completar 6 disparos que me llenaron la boca de semen, y que por poco hacen que me ahogue, lo trague todo y cuando me saco la verga de la boca me relamí los labios para saborear los restos de semen que quedaban en ellos. Manuel me levanto y comenzó a besuquearme todo el cuerpo, me recorría con las manos y ante todo no dejaba de besarme el cuello, que al parecer era su sitio favorito de mí cuerpo, después de mi culo por supuesto, como cinco minutos después sentí como su erección golpeaba mis nalgas, sin duda estaba muy excitado, me pidió que me colocara en cuatro a la orilla de la cama y le obedecí tras dedicarle una sonrisa, al verme hacerlos se incorporó al pie del cama, con una mano me abrió las nalgas, y con la otra guio a su ansioso pene a mi entrada, gire mi cabeza para verlo y en ese instante me penetro, gemí y eso pareció agradarle, me tomo de las caderas y empezó el mete saca; Manuel jadeaba y me nalgueaba mientras me decía lo puta que era. Cerré los ojos y me deje llevar. Al olvidarme de todo comencé a sentir muchísimo placer y estaba a punto de llegar, cuando Manuel se separó de mí. Voltee a verlo con sorpresa y cierto enojo, el solo me tomo de la cadera y me coloco de espaldas sobre la cama. Me levanto las piernas sobre sus hombros y antes de darme cuenta me penetro sin contemplaciones, en ese instante llegue, era la primera vez que eyaculaba teniendo relaciones sexuales, a Manuel pareció no importarle, solo sonrió y siguió con lo suyo.

    Estuvimos haciéndolo como por dos horas, cambiando de posición las veces que fuera necesario y a gusto de Manuel, de pie, de pie y el cargándome, de espaldas a él, sentada sobre él, piernitas al hombro, de cucharita, y no cuantas más solo sé que me uso a su antojo. Yo me vine tres veces más, pero Manuel no, cada vez que sentía que se iba a venir se detenía y bajaba el ritmo para volver a empezar. Cuando llegue la última vez con un gran grito Manuel se separó de mí, eso me sorprendió mucho, realmente eso era muy raro en él. Al ver mi cara volvió a sonreír. Me pidió que para hacerlo llegar me vistiera nuevamente. Con una sonrisa y un leve rose de labios salte de la cama y me coloque las bragas y luego el vestido, Manuel se colocó tras de mí, puse mis manos sobre una de las columnas de la cama, el me levanto el vestido mientras me lamia y chupeteaba el cuello sentí su mano haciéndome a un lado la braga y poco después su pene entrando en mi, comenzó a bombearme con fuerza, me tomo de la cintura y sentí como el vestido que el sostenía se deslizaba cubriendo una parte de mis nalgas.

    – ¡vamos puta! ¡Así muévelo así! ¡Vamos… dime que eres una puta barata!

    -so… soy… una puta barata papi

    -¡más fuerte!

    -¡soy una puta barata!

    -¡más fuerte puta! ¡Grítame lo puta que eres!

    -¡soy una puta barata! ¡Soy bien puta! ¡Soy bien puta!

    -¡Dime que eres una puta y que te encanta la verga!

    -¡soy una puta y me encanta la verga!

    -¡otra vez!

    -¡soy una puta y me encanta la verga!

    Manuel se separó de mi y se colocó en la cama boca arriba pidiéndome que como ya le faltaba poco que yo lo hiciera llegar como buena putita barata que era, me subí a la cama y colocándome a horcajadas sobre el hice que el vestido nos cubriera un poco, me hice a un lado la braga y colocando su pene en mi agujerito me deje caer totalmente sobre el quedando perfectamente ensartada, Manuel jalo mi vestido para que no estorbara y empecé a subir y a bajar; en esa posición era como mas sentía el grosor y el tamaño de la verga de Manuel. Manuel estaba por llegar o le faltaba poco, me sostenía de la cintura llevando el ritmo cada vez más rápido

    -¡Dime que eres una puta barata! ¡otra vez!

    Lo dije nuevamente, sentí como las arremetidas de Manuel eran más profundas y empecé a moverme más rápido, cerré los ojos, yo también estaba por llegar y me estaba perdiendo en el placer.

    -¡dime lo puta que eres! ¡Vamos dímelo!

    -¡soy bien puta!

    -¡dilo otra vez puta!

    -¡soy bien puta!

    -¡dime que eres una puta tragavergas!

    -¡soy una puta tragavergas!

    -¡grítalo!

    -¡SOY UNA PUTA TRAGAVERGAS!

    -¡no dejes de gritarlo!

    Fue en ese momento que perdí toda decencia y la poca dignidad que me quedaba, para ese momento, ya no era el niño abusado y obligado a degradarse continuamente y ante todos, sino una jovencita tratando de darle todo el placer posible a su hombre y comencé a gritar

    -¡SOY UNA PUTA TRAGAVERGAS! ¡SOY UNA PUTA TRAGAVERGAS!

    Me sujeto del acintura para impedir cualquier movimiento y un gemido acompaño su abundante venida… la leche corrió dentro de mí con fuerza llenándome toda por dentro, al sentir el primer chorro de leche recorriendo mis entrañas yo también llegue, caí sobre el exhausta, jadeaba, me abrazo y sentí su palpitaciones aceleradas y como todavía algunos chorros de leche se abrían paso dentro de mí. Cerré los ojos y estaba tan cansada que me quede dormida ente los brazos de Manuel.

    Lo que me despertó fueron los gritos de mis compañeros, estaba perfectamente arropada en la cama y lo único que vestía eran las bragas todavía húmedas por la abundante venida de Manuel. Unos 10 minutos más tarde y tras pensar en todo lo que había pasado la noche anterior vi entrar a Manuel y a Ricardo

    -en 2 horas vendrá el camión para regresarnos a nosotros y a nuestras cosas a casa… así que como veras el trato está por terminarse en el baño Manuel dejo lo que usaras hoy para el resto del día y del viaje, no te preocupes no es nada femenino luego bajaras y haremos vida social en lo que empacan todas las cosas así que no tienes de que preocuparte, eso y el hecho de que seremos dejados en nuestras casas, tu eres el primero en la lista así que deja de mortificarte, nadie se enterara de esto.

    Los dos salieron y me quede frio. Olvide todo, ya solo era cuestión de horas y todo acabaría y terminaría siendo un mal recuerdo que borraría. Me metí al baño donde me tome todo el tiempo del mundo, al salir de la tina y secarme me cubrí el cuerpo con crema, me sorprendió un poco el hecho pero lo tome ya como una costumbre mecánica por todos los días que lo había hecho, revise la ropa que habían escogido, eran un conjunto de pants color azul una playera de color blanco y de ropa interior un conjunto de bragas y camiseta color azul claro, por fortuna con la sudadera puesta no se notaría, pero al parecer llevarían al humillación hasta el último momento, tenían razón el conjunto no era femenino si no neutro y salvo la ropa interior el resto podría pasar por ropa masculina sin problemas. Salí del baño y cuando regrese a mi cuarto la señora de los días pasados y otra chica recogían todo en las maletas. Baje al salón donde todos jugaban cartas y comían algo ligero, todo fue platica y chistes, al poco rato llegaron por nosotros, se nos pasó lista y al escuchar mi nombre todos soltaron una carcajada.

    El viaje de regreso fue tan largo y entretenido como el de ida, nadie me hizo caso y me dejaron abandonado en el fondo del auto bus. Estaba dormitando cuando Ricardo me tomo del hombro y me indico que estábamos en casa. Era cierto allí a un lado estaba el portón de mi hogar, baje allí Manuel había colocado todas las maletas que había usado en el viaje y sostenía mi maleta original. Ante mi sorpresa dejaron todo en el suelo abordaron de nuevo y se fueron en el autobús. Al notar que algunos vecinos me veían metí todo a casa lo más rápido posible, subí toda esa ropa al ático en espera de un mejor momento para deshacerme de ella y suspire la humillación del viaje había terminado

    Continuará…

    Únicamente y solo comentarios a [email protected].

  • Buenas compañeras

    Buenas compañeras

    Una sugerencia, también para otros relatos con clase:

    Colocad el portátil en el suelo, y caldear la temperatura de la sala

    Haced que ella se tumbe sobre una superficie mullida y cálida

    Colocar loción infantil cerca

    Indicarle que valla leyendo mientras le vais dando un masaje desde los dedos de los pies a la nuca

    Cuando el desenlace del relato se acerque centrar vuestras caricias en su…

    *********************

     

    El buen tiempo se acercaba, los días de vacaciones ya habían sido repartidos en la empresa por el jefe, que casualmente es mi marido. Nosotras, por nuestra cuenta y riesgo habíamos decidido pasar un fin de semana juntas, sin maridos ni novios, antes de que comenzasen los turnos de vacaciones. He de confesar que más bien, “lo habían decidido ellas”, porque a mí no me hacía mucha gracia. En realidad soy la única de las cuatro compañeras que está casada, y con una hija, pero claro quién puede negarse en estos casos. Por culpa o más con excusa de mi maternidad, ya aprovechaban para dejarme de lado la mayor parte de las muchas ocasiones en que quedaban para cenar o salir por ahí. Además, sí, soy su jefa de sección, mi marido es el gerente de la empresa, y aunque las entiendo, yo no tengo la culpa de que para alcanzar los objetivos anuales tengamos que echar horas extras a un precio ridículo, ni de que por convenio sólo podamos elegir la fecha de un tercio de nuestras vacaciones.

    El caso es que allí estábamos las cuatro en el coche rumbo a San Juan. Pasaríamos el fin de semana en el apartamento de los padres de Miriam, la menor de las cuatro. Para que os situéis os diré que somos cuatro compañeras de trabajo y que, aunque trabajamos para una multinacional, en la delegación de nuestra ciudad apenas somos una veintena de trabajadores de las que tan sólo cuatro somos mujeres. Miriam es la menor de todas, tiene 27 añitos y novio formal, según dice ella, es joven, rubia, atractiva y bastante ingenua. Luego está Verónica, o Vero como ella prefiere que la llamemos, de 31 años, morena y que siempre está libre, vamos, que cada lunes presume del ligue del fin de semana. Yo diría que hasta puede que sea bisexual, y bueno, concretamente creo que le gustaría montárselo con la inocente Miriam. Después estoy yo, Montse, de 35 años, que llevo varios años casada con el hombre de mi vida, quien además fuera mi primer novio formal. Por eso, y por haber recibido una educación muy religiosa nunca podía entender las patéticas historias de “mujer emancipada” que contaba Vero. Creo que algunas hasta se las inventaba. Después estaba Marisa, separada o divorciada, no sé. Nunca hablaba de ello, me da que tuvo que ir al psicólogo para superarlo. De 42 años, siempre iba un poco ajena al grupo, supongo que por la diferencia de edad y de escarmientos que la distanciaban de las conversaciones diarias. Las demás siempre intentábamos que no se sintiera desplazada.

    Nada más llegar nos acomodamos en el apartamento, era pequeño, únicamente tenía una habitación. Sí, una sola habitación con una cama de matrimonio que compartirían dos de ellas, las más afortunadas, pues las otras dos deberían compartir el sofá cama del salón. En el reparto me tocó compartir habitación con Vero. No me hizo mucha gracia tener que desvestirme delante de ella, lo haría en el baño. Como aún era mediodía decidimos bajar a la playa a tomar los primeros rayos de sol de la temporada. Nos pusimos el bikini, los pareos y bolsa de playa al hombro bajamos a tumbarnos en la arena, dispuestas a olvidarnos de pedidos, albaranes, catálogos, pero también de los novios, maridos, hijos…

    El apartamento estaba en primera línea de playa por lo que no nos costó nada llegar, además tenía una piscina enorme con dos socorristas igual de enormes del gusto de todas nosotras. Vero y Miriam caminaban más rápido que nosotras dos, por lo que nos dejaron un poco atrás. Una vez todas estuvimos en la playa y mientras extendíamos las toallas pude contemplar, para mi sorpresa, cómo Vero y Miriam se disponían a tomar el sol en topless. De Vero me lo esperaba pero me sorprendió en Miriam, seguramente la había convencido en el trayecto andando, Vero podía ser muy, muy persuasiva cuando se lo proponía. Una vez extendidas las toallas y concluido el ritual de las cremas, Vero hizo el siguiente comentario:

    – “¿Qué os parece si hacemos todas topless?, ¿No es justo que unas hagamos y otras no?”

    – “¿Justo? Ni que fuéramos unas crías, yo haré lo que me dé la gana, y espero que vosotras –acentué mirando a la más joven de todas- hagáis lo mismo.”

    Bruja, lo que quieres es vernos las tetas para comprobar que las tuyas se mantienen en mejor forma, pensé. Pero opté por la diplomacia y el silencio. Vero siguió, esta vez mirando a Marisa.

    – “Tú, Marisa, ¿has hecho topless alguna vez?” Le preguntó directamente.

    – “Si en alguna ocasión, a mi ex- le gustaba mucho verme con las tetas al aire, pero la verdad es que no me apetece mucho hoy.”

    – “¿Y tú, lo has hecho alguna vez?” Me preguntó esta vez a mí.

    – “No nunca, y la verdad es que me moriría de vergüenza”. Y nada más acabar de decir esto las tres se rieron. Yo no le encontraba la gracia. Entonces Vero, volvió a decir en tono graciosito (para ellas tres).

    – «Siempre hemos pensado que eras un poco mojigata» y prosiguió diciendo:

    – “Mirad chicas, Miriam y yo (es decir, ella, claro está) hemos pensado que a lo largo de este fin de semana cada una elija una norma, o un reto para todas las demás, como un juego entre amigas, para estar más unidas. Y yo para empezar propongo que todas hagamos topless ¿qué decís chicas?”

    – «A mí, me ha parecido una idea estupenda. Será divertido.» dijo Miriam.

    – «Bueno, venga, ya tocará mi turno…» dijo Marisa a la vez que se quitaba la parte superior del bikini dando su aprobación.

    Ahora todas me miraban a mí esperando mi respuesta y sin creer yo misma lo que estaba haciendo acerté a decir:

    – «Eso es, ya tocará mi turno» dije en voz alta, despojándome del recatado sujetador de mi bikini Woman’s Secret.

    Tampoco os voy a engañar, acto seguido me tumbé boca abajo, para acabar con aquella desagradable sensación de desnudez. Mientras, en mi mente resonaba aquella palabra, «mojigata», si ellas supieran. Mi mente empezó a divagar. Mi marido me complace en todo, me lleva a situaciones morbosas, es muy buen amante e incluso ha conseguido pacientemente que me encante el sexo anal con él. ¡¡Mojigata!! Seguro que ellas ni siquiera lo practican, y seguro que tampoco saben chupar una buena polla tan bien como yo. Es más, eso precisamente, mamársela a mi marido, es algo que me pone muchísimo hacerlo en los sitios y ocasiones de lo más disparatas como justo antes de ir a misa, en los baños del restaurante durante la cena navideña de la empresa, en los probadores de “El Corte Inglés”, en el baño de casa mientras me arreglo para salir a tomar unas cañas con mis amigas, etc. De hecho, creo que lo que me excita es mirar después a otras personas que no saben lo que acabo de hacer. Notar el sabor a mi marido en la boca mientras converso con ellos. Hemos hecho tantas locuras juntos. Mojigata, ¡qué sabrán ellas!

    La mañana transcurrió tranquila, yo me había quedado medio dormida hasta que la voz de una de mis compañeras me despertó:

    – «¿Es que piensas estar tumbada toda la mañana boca abajo?».

    – «Vamos a dar un paseo por la orilla ¿te vienes?»

    La verdad es que me apetecía un montón pese a la vergüenza que sentía, pero me animé, estaba decidida a no pasar por mojigata, quería demostrarles a mis compañeras que era mucho más atrevida de lo que ellas se pensaban. Aparte, en fin de semana acababa de empezar y no quería que hubiera mal rollo entre nosotras, y menos que me culparan a mí de ello.

    Comenzamos a dar el paseo por la orilla, al principio las cuatro juntas luego de dos en dos. Yo me quedé hablando con Marisa de cosas sin importancia. Como era comienzo de verano únicamente había guiris y abuelos disfrutando de la playa, el resto de españolitos tendrían que esperar a finales de julio y agosto. Lo cierto es que las cuatro paseando con las tetas al aire llamábamos la atención de todos y todas las presentes en la playa, que no perdían oportunidad de darnos un buen repaso de arriba abajo.

    Como sabréis, la playa de San Juan es larguísima y como la casa de los padres de Miriam está en un extremo, el paseo tiene, así que cuando llevábamos casi una hora andando emprendimos el camino de regreso. Miriam y Vero se habían adelantado un poco y por detrás paseábamos Marisa y yo. Pude ver como Vero se paraba a hablar con un grupo de cinco jóvenes que caminaban en sentido opuesto. Cuando Marisa y yo llegamos a su altura Vero nos presentó.

    -«Mirad que suerte, estos son unos amigos míos de la ciudad» y dicho esto nos fue presentando uno a uno.

    De entre el grupo de chicos había uno llamado Róber que no me quito ojo desde el primer momento. No paraba de mirarme. A mí me divertía su candidez, la verdad es que de las cuatro era sin lugar a dudas la que más bonitas tenía las tetas, por lo menos para ese chico. De la misma opinión era mi marido, quien siempre me decía que eran preciosos, tan bonitos y firmes como los de muchas chicas de las de internet. A decir verdad Marisa los tenía algo caídos, supongo que la diferencia de edad le pasaba factura. Miriam, la más joven, los tenía algo pequeños, nada que ver con los míos, ni con las de Vero, demasiado grandes. Así que no me extrañó que el pobre Róber no parase de mirarme a mí.

    Cuando llegó el momento de darnos los dos besos de rigor su cuerpo rozó sin querer (o no) con el mío. Posó suavemente su mano derecha en mi cintura, al contacto sentí como una descarga eléctrica que me hizo contener la respiración unos segundos. Su torso se apretó contra mi cuerpo y mis tetas rozaron sus pectorales. Fue como una reacción química, lo juro. Era la primera vez que mis pechos tocaban la piel de otro hombre. Estos al contacto se pusieron inmediatamente de punta y yo no pude dejar de sonrojarme. El muchacho debió de interpretar esto como que él me gustaba. Vero y las demás continuaron conversando con los chicos mientras yo permanecía callada, colorada aún por el roce que había sentido en mi pecho, y segura de que él se había percatado.

    Se despidieron quedando para esa noche en la discoteca de moda, de las muchas que hay en el pueblo. En el transcurso de regreso a nuestras toallas Vero nos confesó que uno de los chicos del grupo había sido un rollete suyo, y del que por cierto habló maravillas como amante. Yo no podía entender como aireaba tan abiertamente de sus relaciones sexuales con otras personas.

    Regresamos al apartamento, comimos, unas durmieron un poco de siesta para descansar del viaje, y yo disfruté de la brisa y el mar de nuestra terraza leyendo unas páginas de “La sombra del viento”. Una vez que mis compañeras se levantaron nos dispusimos a arreglarnos para salir de marcha. Cuando salí de la ducha y regresé a la habitación Vero estaba totalmente desnuda eligiendo el vestido que ponerse.

    -«¿Tú qué te vas a poner?» Me preguntó.

    – «No sé, no había pensado en nada especial» le respondí.

    -«¡¡No te irás a poner vaqueros!!», me dijo algo sorprendida.

    – “Y, ¿por qué no?» le dije yo.

    – «Así no lograrás que el chico ese intente nada esta noche», dijo Vero.

    – «Oye, ¡qué estoy casada! ¡¡Felizmente casada!! Además, ¿por qué coño lo dices?», dije esta vez algo irritada. -“No me ha dicho ni una palabra esta mañana”

    – «Bueno, sí, es tímido. Tendrás que ser tú la que rompa el hielo. Pero no me negarás que no dejaba de mirarte, ¡qué nos hemos dado cuenta todas!. Y bien que parecía gustarte, te has puesto colorada como un tomate desde el momento en que se ha acercado a ti. ¡¡Jo!!, la verdad es que está muy bueno, ¿eh?» Concluyó ella. «¡¡Qué suerte tienes, cabrona!! Si es clavadito al modelo ese: Ferrán Calderón Además…» Se calló dejando la frase en el aire, pues se puso a mirar algo en su exagerado teléfono móvil antes de girarlo hacia mí.

    – «Sí, bueno, el chaval es guapo y además ¿qué?» Le exigí que terminara lo que me iba a decir.

    – «Además, que si a ti no te gusta, no te importará que yo “baile” con él esta noche, ¿no?» Me soltó ella de repente con mirada de tigresa.

    – “¡¡Serás…!! Dije. (…¡¡zorra!!) Pensé. -“Joder Vero. Para uno que…” Me callé para que no fuera a más la broma. Pero dentro de mí, pensé literalmente (Como lo mires, te saco lo ojos, ¡¡So puta!!). Me salió del alma, así que creo que se dio cuenta que no me había hecho maldita gracia su comentario.

    Un afilado silencio se hizo entre las dos, menos mal que llamaron a la puerta. Era Miriam dijo que ya tenía pensada su deseo, que ya lo había hablado con Marisa, que lo habían hablado una vez habían salido ambas de la ducha y como siempre se han puesto a revolver toda la ropa pensando qué ponerse. Marisa ya estaba convencida, así que ahora nos tocaba a nosotras.

    – «Bueno y en qué consiste todo esto que nos tienes en ascuas» dijo Vero más decidida a salir de dudas.

    – «A ver como os lo digo» dijo Miriam.

    – «Pues diciéndolo» le dije yo.

    – «El caso es que cuando hice la maleta, me apetecía mucho lucirme estos días y solo eché vestiditos súper cortos, de verano, no sé. En cambio, Marisa sólo ha traído uno, y en fin, que no quiero que esta noche los chicos piensen que yo soy “la guarrilla” del grupo…” Al oír esto, miré a Vero pensando ágilmente: No hija, no, el puesto ya lo ha cogido la puta ésta. ”…así que durante estos tres días, todas “vestido” para salir» dijo Miriam algo nerviosa pensando que pondríamos algo de resistencia.

    – «¿Eso es todo?» pregunté yo, haciéndome ahora la liberal

    – «Sí, así es». Asintió.

    – «Por mí no hay problema» dije.

    – «Por mí tampoco» dijo Vero “la zorra roba-hombres”. Sí, ya sé, debía calmarme un poco y ¿qué?

    -«Pues nada entonces nos vemos en media hora, no os entretengáis que estáis las dos muy buenas», dijo Miriam escaneándonos a ambas en ropa interior y cerrando la puerta al salir.

    Entonces recordé que intentando dejar todo en orden, no me había dado tiempo a hacerme las ingles en casa, así que me metí de nuevo al baño. No tardé mucho en hacerlo, ya tengo unos cuantos años de práctica pero el caso es que, mirándome el bosquecito cuando hube terminado, me dio por cambiarle el cabezal a la depiladora y me arreglé un poco el pubis, dejándome esa ancha columna de vello bien cortito que me parece súper-chic. Por eso, cuando regresé del baño a la habitación no me sorprendió que estuvieran ya las tres preparadas.

    Todas llevaban vestidos veraniegos muy elegantes y sexys. La verdad es que el buen tiempo acompañaba. Yo no había preparado nada así en la maleta, ese año habíamos tenido una primavera fresquita en nuestra ciudad. Pero entre todas me habían preparado una selección de vestidos suyos. Por talla y altura, tenían que ser todos de Vero, y sí, eran todos demasiado atrevidos para lo que yo estaba acostumbrada. En otras circunstancias habría sido difícil que me sintiera cómoda con ninguno de ellos, pero aquella tarde me sentía efervescente. Al final me decidí por un vestido en tono azul marino con un par de delgadas líneas rojas. Tenía el escote en «V», tirantes de esos que se anudan al cuello, y por atrás dejaba casi toda la espalda al aire. Aparte, era bastante entallado y con la falda cortada de forma oblicua, muy elegante, por encima de medio muslo a un lado y justo por debajo de la rodilla al otro.

    Me encantó aquel vestido, me quedaba de muerte. El inconveniente era que dado que dejaba la espalda al aire no podría usar sujetador, y si me descuidaba podían adivinarse mis tetas por los lados. En eso estaba, recolocándome las tetas dentro del vestido cuando mi compañera Marisa, adivinando mis pensamientos, dijo.

    -«No te preocupes tanto por que se te vean, ya te las han visto esta mañana. Ay, que tonta eres», dijo irónica. “Además, mira…” Prosiguió diciendo la mayor de las cuatro. “…como yo no os he dado ninguna orden todavía, va a ser eso. Nada de sujetadores esta noche ¡¡Venga todas a lo loco!!” Acabó gritando.

    Era verdad, no había caído en que habíamos quedado con unos chicos que antes nos habían visto a todas con tan sólo la braguita del bikini. Vamos, casi, casi, desnudas. Aquella idea, haber estado casi desnuda delante que un extraño, despertó en mí sensaciones contradictorias. Por un lado me acordé de mi marido, segura de que si estuviera aquí me daba un buen “repaso”. Por otro, no podía apartar de mi mente a aquel chico, guapísimo, y su intensa mirada muda pero abrasadora que me agitaba, revelándome en silencio que ansiaba y estaba determinado a hacerme suya.

    No, no era sólo por el chico, ni por el elegante vestido. No eran los acontecimientos, ni la alteración juvenil que nos arrastraba a todas a jugar con el peligroso filo de la provocación femenina. Era todo ello diluido en el meloso y fatal candor de las noches de verano. Aunque jamás lo hubiéramos reconocido, aquel bochorno nos atrajo haciéndonos sentir a todas aún más seductoras y apetecibles.

    Una vez estuvimos todas listas para salir, ya en fila en el pasillo de salida del apartamento, fue Marisa quien de espaldas a la puerta y mirándonos al resto de chicas preguntó:

    – «¿estáis ya listas, chicas?

    – «Si claro» dijimos las otras tres.

    – «Creo que falta algo» dijo Marisa sorprendiéndonos a todas, con las manos escondidas detrás de su espalda.

    – «¿El qué?» dijo Vero intrigada.

    – «¿No hemos venido a hacer locuras?» preguntó Marisa dejándonos a todas algo expectantes.

    – «Si, ¿por qué?» acertó a decir esta vez Miriam.

    -«Pues que como soy la mayor de todas, no os pienso dejar salir sin asegurarme de que todas lleváis por lo menos un par de condones en el bolso. ¡¡Venga!! ¡¡Abridlos ahora mismo!!» Dijo en voz alta Marisa agitando una caja amarilla y rosa, muy familiar para mí, eran Dúrex “Dame Placer”, mis favoritos.

    -«Quiero verlos. ¡Venga chicas! No me digáis qué vais a ser buenas, porque no me fío de ninguna de vosotras» Continúo Marisa dejándonos atónitas a todas por sus palabras. Vero fue la primera en enseñárselo ahí mismo.

    Marisa, dándole una mirada de aprobación, dijo. –“Estaba segura, si me faltan te pediré”

    – “¡¡Ja, Ja, Ja!! Reímos todas.

    -“Venga, ahora te toca a ti, Miriam” Le inquirió Marisa.

    Miriam, que se estaba mordiendo el labio inferior de vergüenza, reconoció que ni siquiera los había echado en la maleta.

    -“Estas niñas de hoy, con lo preparadas que parecen y luego mira… Anda toma.” Le dijo, acercando su mano abierta para que se vieran bien los condones.

    -“Bueno y ahora tú” Me dijo Marisa señalando mi bolso.

    -“Eh, eh, que yo estoy casada” dije audaz.

    -“Toma, y yo tengo novio” Protestó Miriam inmediatamente.

    -“Precisamente por eso, hija” Me refutó Marisa. “Las casadas, sois las peores”

    Miré Miriam sin saber cómo reaccionar, pero de que quise darme cuenta mi compañera ya estaba cogiendo los dos condones que Marisa me ofrecía para luego meterlos en mi bolso en alto, de forma que lo vieran bien las demás.

    Acordamos ir a tomar alguna copa antes de entrar en la discoteca, para ello fuimos a una zona de bares bastante concurrida, aunque sobre todo eran extranjeros. Tanta gente había que cuando tenía que acercarme a la barra a pedir consumiciones, o desplazarme por el bar era inevitable rozarse. Intentar bailar también era imposible debido a la multitud. No sé si fue por las copas o qué, pero el hecho de sentir los roces de todos esos desconocidos, y hasta el manoseo de algún intrépido por mi semidesnudo trasero (llevaba tanga) me estaba poniendo como una moto. Si añadimos a esto que llevaba un vestido que me hacía sentir tan puta como su dueña… En fin, estaba súper animada y pasándomelo genial.

    Cuando llegó el momento de ir a la disco yo me encontraba ya totalmente desinhibida. Nada más entrar nos dirigimos a la zona de baile. No recuerdo cuanto tiempo transcurrió bailando hasta que llegaron los amigos de Vero. Al vernos se dirigieron como una manada de lobos hacia dónde estábamos nosotras. Comenzamos con los besos de rigor, y cuando de nuevo le tocó el turno a Róber, apoyando su mano sobre mi espalda desnuda, me dio el primero justo debajo de la oreja quitándome la respiración, y el segundo delicadamente en el cuello. Sentí tal escalofrío que se me puso de punta el vello de todo mi cuerpo y los vértices de mis senos. De nuevo colorada, tuve que intentar aplanar mis pezones discretamente. Pero claro, él también se dio cuenta. Además no paraba de intercambiar miraditas conmigo, lo cual no ayudaba a serenarme precisamente.

    Yo me dedique a bailar, siempre me había encantado bailar, era para mí una sutil forma de comunicarme, de expresarme, pero también de embelesar a los hombres. A pesar de que pensé varias veces en mi marido, estuve meneando el culo un buen rato en la pista de baile. Pobrecillo si supiese lo poco comedida que estaba su mujercita. ¿Qué estaría haciendo? Me regocijaba contoneando mi cuerpo con provocación. Me sentía como el pobre cervatillo de los documentales, en medio de la sabana africana, rodeada de depredadores. No veía la hora de regresar al apartamento.

    Durante este rato pude ver como todos y todas hablaban entre sí junto a la barra, a excepción de aquel chico, que apartado de todos no dejaba de mirarme. De repente sentí mucha sed y decidí acercarme a la barra a pedir algo. Entonces, me di cuenta que cuando abandoné la pista de baile, Róber dejó su copa y se dirigió hacia mí. “Allá va. El lobo lanza su ataque sobre el pobre cervatillo” Pensé.

    -“¿Qué quieres tomar?” Me preguntó cortésmente a mi espalda.

    -“¿Me vas a invitar?” Le pregunté yo. El asintió con la cabeza.

    -“Pues un Rubí Rojo”. Le tuve que gritar al oído, pues la música estaba tan alta que apenas nos podíamos escuchar pese a estar pegados el uno al otro.

    -“Un ¿qué?” Dijo desconcertado, con cara de no tener ni idea de lo que quería la chica que codiciaba.

    -“Un coctel con base de whisky. Chiquitín” Dije burlona.

    -«Estas espectacular» me dijo mientras el camarero nos preparaba las copas.

    – «Gracias» le dije yo.

    -“Por eso no dejas de mirarme, ¿supongo?” Le pregunté.

    -“Sí, es que eres lo más bonito que he visto desde que llegamos. Me fascinas, cada detalle, como te mueves, todo.” Confesó rápidamente.

    -“Ah. Me gustan los hombres que se fijan en los detalles” Le dije. Entonces me apeteció forzar la situación, y acercando mis labios a su oreja de forma que no viera mi cara, le pregunté. -“A ver dime, ¿de qué color son mis ojos?, o ¿sólo te fascinan los detalles de mis tetas y de mi culo?”

    – “Azules” Respondió Róber en mi oído, haciéndome sentir el aire salir de su boca, al tiempo que se separaba de mí con una amplia sonrisa de satisfacción. -“…, pero de eso me di cuenta esta mañana”.

    – «El vestido de Vero te queda de escándalo» dijo posando de nuevo su mano sobre mi cadera.

    De nuevo sentir su contacto sobre mi piel alertó mis nervios y mis extrañas con sensaciones ya olvidadas.

    -«¿Cómo sabes que es de Vero?» pregunté inocentemente pensando que se lo habría visto puesto en alguna ocasión.

    – «Lo sé todo» dijo el sonriendo.

    – “¿Qué es todo?” Pregunté algo sorprendida y bastante malhumorada, pensando que alguna se había ido de la lengua.

    – «Bueno, no te enfades, por ejemplo…» me dijo de nuevo al oído. «Vero me ha dicho por Whatsapp que hoy ha sido la primera vez que hacías topless, y no tienes porqué preocuparte. A decir verdad deberías estar orgullosa».

    – «y ¿eso?» le pregunte, acordándome de la bendita madre de mi puta compañera.

    – «¿Por qué? Pues porque tienes los pechos más bonitos de las cuatro, bueno, espero que no te ofendas. Es una tontería, pero tenía que decírtelo.» Aprovechando la animación, la mano de Róber había ido bajando desde mis caderas hasta pararse en una zona que yo empezaría a llamar mi culo. Le dejé hacer, era intrépido, por el momento me estaba gustando.

    – «Es más, te confesaré que me atraen las mujeres que se atreven con cosas nuevas. De hecho, no sabes cuánto me gustaría que siguieses haciendo cosas por primera vez», Me dijo él esta vez muy cerca de la comisura de mis labios.

    -“¿A ver, perdona?” Dije girándome un poco para darles la espalda a mis amigas, al tiempo que le miraba con descaro su abultado paquete. –“Uy, sí. Sí que me hago una idea de cuánto te gustaría”.

    Nos reímos un montón. Había muy buen rollo y confianza entre los dos, eso me fue haciendo poco a poco ir bajando la guardia. A parte, me lo estaba pasando genial jugando con él a la gata y el ratón. De alguna forma, me sentía con ventaja. Era extraño, me comportaba como si conociera a Róber de toda la vida cuando en realidad, le estaba conociendo entre aquellas palabras y miradas con las que íbamos tejiendo una hermosa complicidad. Era curioso que todo lo que me contaba me resultaba interesante y sorprendente. Me confesó que él también tenía novia, lo cual ayudo a dejar atrás mi sensación de desvergüenza, al fin y al cabo por alguna extraño razón la vida nos había conducido allí solamente a nosotros dos.

    Me dijo que trabajaba de profesor en un instituto de secundaria de “difícil desempeño”, lo cual no entendí. Me detalló que era un instituto problemático, con un montón de alumnos gitanos, magrebíes, negros y sudamericanos que se llevaban a matar unos con otros. Me relató un montón de anécdotas increíbles que les ocurren a los profesores hoy día. Adolescentes agresivas con tres o cuatro novios cada curso, los primeros porros, la locura de los teléfonos de última generación, profesores casados que se acuestan con las interinas que van pasando por el centro… La verdad es que Róber no sólo me hizo ver cómo van las cosas en educación, si no también entender porque van así. Era un chico muy entregado en su trabajo, amante de la música, tan crítico en el hablar como elegante en el vestir, que “necesitaba” hacer deporte y bien que se notaba, y tan joven como aparentaba, 26, es decir 9 añitos menos que yo. ¡¡Qué barbaridad!!

    -“… oye y, ¿qué más te ha contado Vero que hemos hecho?” Le pregunte, deseando saber hasta dónde había largado mi compañera.

    -“Bueno, yo creo que me ha tomado el pelo, ya sabes cómo es…, un montón de tonterías, lo mejor de todo, que todas os habéis quitado las bragas antes de salir» Me dijo innecesariamente cerca de mí, pues hacía rato que nos habíamos ido a un rincón cerca de la puerta de salida, donde se podía hablar sin tener que gritar.

    ¡¡Sin bragas!! Joder con Vero… pensé. A decir verdad, aquella alternancia de Róber entre hablarme casi rozando la comisura de mi boca unas veces y sentir su aliento en mi oído otras, desordenaba totalmente mi conciencia.

    -“…y, ¿por qué piensas que te ha tomado el pelo? Es qué me ves mayor para salir sin bragas” Le dije yo en un cómico tono de disgusto.

    – «No sé, no puede ser verdad» Dijo para provocarme. Tomé un trago, en ese momento pude ver el anillo en mi anular. Él también lo vio, me acordé de nuevo de mi marido, pero el cuerpo me estaba pidiendo diversión a gritos. Hasta entonces me regocijaba en aquel juego con Róber, me sentía deseada y tampoco es que hubiese ocurrido nada malo. Un poco más, quiero llevar esto un poco más lejos, pensé para mí, en cuanto me sienta mal lo mando a paseo y se acabó. Entonces él dijo algo así como:

    – “Bueno, puede que sí sea verdad. Si no, tampoco entendería que llevases condones en el bolso estando tu marido tan lejos.” Al tiempo que miraba hacia abajo y con dos dedos terminaba de separar los bordes de mi bolso.

    – «No eras tú al que le gustaban las chicas… uhmmm… ¿cómo has dicho?, ¿atrevidas?» le dije con cierto rintintin.

    – «Si claro, eso dije » Esta vez el sorprendido era él. A mí me gustaba que yo estaba llevando el mando y controlando la situación. Me excitaba y estaba dispuesta a seguir un rato más. Mientras, Róber trataba en vano de descifrar en mis ojos si llevaba o no bragas.

    – «¿Y porque no podría hacer esas cosas una mujer como yo?», y nada más decir esto tomé su mano que reposaba sobre mi trasero y fui guiándola con la mía por todo mi culo, por encima de la tela del vestido.

    No me podía creer ni yo misma aquella situación. ¿Cómo me estaba gustando tanto comportarme como una guarra?, obligar a aquel chico a sobarme, buscando las comisuras del tanga que llevaba puesto, y que finalmente encontró. Me gustó mirarlo a los ojos y ver la cara de lujuria que ponía, yo era en ese instante una diosa para él.

    -“¿Qué piensas ahora?, no te molestará que te haya tomado el pelo, a cambio de tocarme el culo ¿verdad?” Le pregunte muy próxima a él, esperando su reacción. Entonces, pasó lo que tenía que pasar. Me agarró fuerte de la cintura y me beso en la boca.

    Yo nunca había pensado que eso llegaría a pasar. Hacía tantos años que no besaba en la boca a otro hombre que no fuese mi marido, y me gustó, me gustó mucho. El maldito Róber besaba muy bien. Tras separarnos fui yo quien busco un segundo beso, esta vez más prolongado, demasiado hambriento. El interpretó esto como una aprobación, una carta de libertad plena, y de que quise darme cuenta me estaba metiendo mano por debajo del vestido. Menos mal que estaba de espaldas a la barra del bar porque si no le hubiese enseñado todo al portero. Me dejé hacer, y mientras me acariciaba por todos lados no pude menos que morderle en un labio. Nos comíamos el uno al otro, pero él al sin perder ni un segundo se dispuso a frotar todo mi sexo con sus dedos, recorriéndolo de arriba abajo hasta alcanzar la húmeda entrada de mi vagina. Pese a que me estaba gustando tuve que apartarlo y mirarlo, recriminándole con la mirada que aquella caricia había ido más lejos de lo permitido.

    -«Lo siento Montse, perdóname. No quería molestarte, de verdad.» dijo avergonzado por su osadía. Verle así, encogido y temeroso de quedarse “sin postre” me pareció muy gracioso.

    La maravillosa y desesperada pasión con la que me había besado me dejó aturdida. Además, aún sentía la conmoción interna que me acababan de hacer sentir sus virtuosas manos debajo de mi falda. Estar tan cerca de él me cautivaba de tal manera que creí ser una pequeña cucharilla de café atraída, sin remedio, por un poderoso imán. Así que en un ataque de demencia e indecencia, y sin dejar de mirarle a los ojos, me bajé y desprendí de mi tanga en aquel mismo oscuro y publico lugar, y entonces volví a besarlo demandando que retomara sus temerarias caricias. Sin embargo, esta vez sólo me agarró por la cintura, y nuestros cuerpos se pegaron el uno al otro fundiéndose como dos gotas de lluvia. Por primera vez pude notar directamente el bulto que comprometía la resistencia de su cremallera. ¡¡Madre mía!! Tenía que ser grande, desde luego bastante más que la de mi pobre marido. Cuando terminamos de besarnos le dije:

    – «Guau, podría haberme avisado de lo bien preparado que estás.» le dije yo, mirando a su paquete.

    – «Ja, Ja» se rió orgulloso por lo que acababa de escuchar «¿Vero? ¿Acaso crees que ella lo sabe?» Me preguntó antes de besarme otra vez.

    – «A mí también hay algunas cosas de ti que me gustaría comprobar» me dijo él. Yo no entendí por dónde iban los tiros.

    – «¿Te quedan aún más cosas por comprobar?» le pregunté.

    – «Bueno, verás, es que Vero me dijo que vio cómo te afeitabas el pubis en la ducha.» me soltó como si nada. Estaba claro que Vero no sólo se había ido de la lengua. No, incluso había mentido para poner al pobre Róber aún más salido, la muy p…

    Me quede muda por unos instantes, para nada podía pensar lo que él pretendía. Así que entendiendo que mi silencio era una aceptación, me giró de frente a la barra, cogió mi mano y la llevó hasta el bulto de su entrepierna, luego se pegó a mí, de tal manera que mi mano quedó aplastada entre su paquete y mi culo. «¡¡Madre mía!! Esto es enorme» pensé mientras notaba su sexo contra mi trasero. En esa posición Róber comenzó a darme unos mordisquitos en la nuca que me dejaron paralizada, dejándome acariciar las piernas por delante, ingenua. Poco a poco fue subiendo por el interior de mis muslos hasta acariciar mi monte de Venus, entreteniéndose en el interior de mis muslos. Por aquel entonces sus caricias me estaban excitando hasta límites insospechados y desconocidos para mí. Además, yo podía notar que su polla para nada me cabía ya en una sola mano, así que también llevé la otra detrás de mi espalda tratando de abarcar toda aquella desmesurada erección. Así como estábamos el me preguntó:

    – «¿Te asusta?» me preguntó con cierta sospecha.

    – “No. Bueno, sí, no sé, depende.” Y nada más decir esto pude notar como introducía uno de sus dedos en mi interior.

    – «Ahhh, no.” Tuve que ahogar aquel gritito como pude y disimular para que los camareros no notaran nada. Dios mío, sólo sus dedos ya me parecían formidables.

    – «Me gusta, no pares» le pedí de espaldas a él. Y dicho esto Róber comenzó a regalarme caricias que me llevaron a un mundo tan real como inimaginable. Mientras introducía un dedo en mi sexo me rozaba con el pulgar el mismísimo núcleo del placer. Demostró ser diestro y aplicado en la materia, nunca antes mi marido ni ningún otro hombre me había tentado tan bien, y menos en un lugar público. Luego, me introducía los dedos con exquisitez, me frotaba con fuerza, pero ambas cosas a la vez nunca.

    Creo que ahí fue cuando realmente perdí el control de mis actos. Estaba gozando, y mucho, de ser acariciada por un hombre tan atractivo y con esa desenvoltura. Tanto que no tarde en alcanzar mi primer orgasmo, allí mismo, contra la barra del bar y mientras ahogaba mis gemidos mordiéndome el labio inferior. Cuando Róber notó mis convulsiones tuvo que sujetarme, si no me habría desplomado al suelo. Después, me susurró en la espalda:

    – «Vámonos de aquí», y dicho esto me cogió del antebrazo y tiró de mi. Yo no tuve tiempo a reaccionar. Bastante que logré caminar cuando todavía me estaba recuperando del orgasmo que sacudía aún todo mi cuerpo. Tenía que haberle dicho en ese mismo instante que no, que ya era suficiente hasta donde habían llegado las cosas, que estaba casada, que tenía marido, que no estaba dispuesta a que sucediese lo que él quería. Intenté decirle que parara, que no podía ir más allá, pero las palabras se me amotinaron y no quisieron salir de mis labios. En lugar de rogarle que se contuviera, permanecí callada mientras él me guiaba de la mano en dirección a la calle.

    Atravesamos ligeros el paseo sin soltar muestras manos, y como cualquier pareja de novios nos adentramos en la penumbra de la playa. Fuimos todo el camino sin mediar palabra, él tenía urgencia y yo no quería decir nada. Por un lado mi cuerpo quería ir donde Róber lo llevara y por otra, mi mente decía ¡¡No, ya es suficiente!!

    Mientras me debatía entre el sí y el no, llegamos a una zona de toldos, donde una pequeña caseta y montones de tumbonas aguardaban que se hiciera de día. Me apoyó contra la pila de tumbonas y me besó. Me besó desesperado y le besé hambrienta de él.

    Me sorprendí asegurándome de que aquel lugar quedaba fuera del alcance de la vista de todo el mundo. No había luces y las pilas de tumbonas eran suficientemente altas para resguardarnos de las miradas del concurrido paseo, sólo aquél que viniese del mar nos podría ver.

    Sus manos, y parecían más de dos, recorrían todo mi cuerpo. Esta vez no solo me besaba y me daba mordisquitos en la boca, también por el cuello, el escote, detrás de la oreja… Todas esas caricias me excitaban, y mi excitación se apoderaba de mi voluntad, dejándome en un silencio, dándole permiso a todas sus caricias.

    Era todo fantástico, maravilloso, hasta que de repente sin ninguna explicación aparente Róber se detuvo, y me abrazó diciendo en voz tan baja que casi no le entiendo. –“No puedo. Me gustas, me gustas de verdad”. Así se quedó unos instantes, yo estaba perpleja pensando que él había hecho lo que yo no había sido capaz, y entonces volvió a susurrarme. –“Nos están viendo. Una de tus amigas está dentro de la caseta. Grabándonos en vídeo” El horror que me produjeron sus palabras hizo que me abrazara aún con más fuerza a él.

    -“Montse, ellas quieren pruebas para amenazarte. Me convencieron porque no quieren dinero, sino que tú consigas que el cabrón de tu marido no las obligue a hacer tantas horas extras, o que al menos las page como es debido” Me confesó al oído.

    No me lo podía creer, aquello era incluso demasiado rebuscado para ellas. Bueno no, para todas no. Seguro que había sido todo idea de la bruja de Vero. Hija de puta mal nacida. ¿Cómo había sido capaz de algo así? Hay que ser perversa para jugar de esa forma con las demás, y no sólo conmigo, sino también con Miriam y Marisa a las que habrá tenido que presionar también para que entraran en su cruel juego. En unos segundos había pasado de ser la mujer más dichosa sobre la Tierra a sentirme arrancada de aquel hombre excepcional que me abrazaba con fuerza, incapaz de hacerme daño.

    -“Viólame” Le pedí, mascullando en voz muy baja, para que nadie más lo pudiera escuchar.

    -“¿Cómo?” Respondió incrédulo a lo que acababa de insinuarle.

    Entonces le di un empujón y aunque mis ojos imploraban lo contrario, grite:

    -“¡¡No!! Déjame en paz. Yo quiero a mi marido. ¡¡Te dije que no quería venir!!”

    Róber me miró un instante, tratando de asimilar lo que yo le pedía, y acto seguido me propinó el mayor bofetón de mi vida, y desde luego el único que me ha gustado recibir.

    -“¡¡Cállate zorra!! Si no te portas bien se lo contaré todo a tu marido” Dijo él siguiéndome el juego.

    -«No, por favor. No sigas. ¡¡Maldito seas!!». Le increpé forcejeando antes de que mi boca fuese tapada con un beso impuesto por mi amante. Mientras su mano derecha se encajaba entre mis piernas, su mano izquierda me sujetaba fuerte de la nuca para así poder besarme impidiendo que dijera nada. En esa posición, no le resultó nada complicado deshacerse del nudo de mi vestido y dejar que por mis hombros se deslizasen ambos tirantes, cómplices de mi excitación al delatar a mis erguidos y duros pezones ante la mirada acusadora de mi amante.

    Yo me limitaba simular que le empujaba inútilmente de los hombros, extasiada como me hallaba por la mano de Róber que seguía entre mis piernas. Entonces dejó de besarme para admirar mis pechos desnudos. Una vez liberada de su boca opresora volví a decirle:

    – «No, para, no quiero seguir, por favor vámonos», pero mi cuerpo negaba lo que mi boca pronunciaba. Sobre todo cuando sus labios emprendieron el abordaje a mis pechos.

    – «Aaaahh» gemí mientras él se recreaba en mis pezones con su lengua, y acto seguido para intentar ocultar la evidencia volví a implorarle:

    – «No, por favor, no sigas», y mientras repasaba si ese chico no sería el mejor amante al que había entregado mi cuerpo maduro.

    Me cerró la boca con otro beso y, aún no sé ni cómo, se desabrochó el cinturón y los pantalones dejándolos caer al suelo, mostrando su sexo totalmente marcado bajo su exquisita ropa íntima. En aquel preciso instante, sacó aquella mano que me torturaba, y que me volvía loca. Yo me quede hipnotizada imaginando el pedazo de polla, nada común y que tan bien lucía bajo su calzoncillo. Se hizo un estrepitoso silencio. Adivinando mis deseos, Róber me agarró mientras con su mano izquierda por el cuello, fingiendo la misma violencia una vez más. Con la derecha sacó uno de los condones de mi bolso y se lo colocó con una sola mano tras rasgar el envoltorio con los dientes. Por fin, mirándome a los ojos fijamente me levantó con ambas manos de tal forma que yo rodeaba su cintura con mis piernas y, me penetró.

    No le costó, yo estaba completamente empapada. Aun así debía seguir fingiendo:

    – «¡¡Ahhh!! ¡¡Nooo!!» grité, aunque de nada quería que sirviera, deleitada por sentirle encallando en mi interior. Era una atrocidad apreciarle, percibir cómo se movía, nunca antes otro hombre me había martirizado así.

    – «Te deseo tanto. Eres deliciosa.» me susurró sonriendo mientras me penetraba contra la pared con violentas y fuertes embestidas, conocedor de que el tiempo transcurría en su contra. Ya no logré articular palabra. Sólo podía gemir y sollozar. Él me seguía diciendo al oído cosas bonitas y excitantes que entraban en contradicción con la intensidad de sus embestidas. Yo en cambio debía conservar mi papel de mujer agredida:

    – «¡¡No!! Para, para de una vez por favor». Gimoteé, y al oír esto, o eso creí yo, cesó todo movimiento quedando en silencio, pero forzosamente abrazados y enganchados como dos perros.

    – “¡¡Déjala Róber!!” Aún tan aturdida como estaba pude reconocer la voz, era Vero. Giré la cabeza y la vi allí de pie delante de la puerta entreabierta de la caseta. Con cara de miedo, y mirada cobarde.

    – «¿Qué haces imbécil?» Exclamó Vero, yo la miré sorprendida «Déjala ya. Esto ha ido demasiado lejos». Pero Róber sabía que siendo su cómplice, Vero no haría nada y también que mi segundo orgasmo estaba próximo, sabía que las dos estábamos a su merced.

    -«Exactamente, Vero. Los dos hemos ido demasiado lejos y ya no te puedes echar atrás. Esto es lo que tú y tus amigas queríais, ¿no? Pues disfruta del espectáculo.» Le contestó. Vero quedó inmóvil, callada.

    Róber mirándola comenzó de nuevo aquellas fuertes acometidas que arrancaban de mi cuerpo un placer brutal- «Todas putas. Putas y brujas», eso fue lo que dijo «Ojala tu marido te follara así, ¿eh, Montse?» Su actitud ahora me enojaba, pero mi orgasmo estaba tan próximo, no quería parar, deseaba que siguiera. Las sensaciones y emociones que me provocaba aquel chico eran incontrolables. Cuando mi marido me hacía el amor yo solía acariciarme fantaseando con otro hombre para conseguir acabar antes que él se corriera, y sin embargo este sinvergüenza…

    Pronto entendí que le gustaba sentirse el mejor amante, el más varonil y hábil, le seguí el juego. Le mordisqueé el lóbulo de su oreja y susurré.

    – «Uhmmm, Él nunca me ha follado ni la mitad de bien que tú. Sigue, por favor, sigue». – «Sí, fóllame, ¡¡qué polla tienes, Róber!!». – «Sí, ¡¡ah!! Te gusta follar mujeres casadas, ¿verdad cabrón?» le murmuré como pude entre gemidos. En realidad era como me sentía, una puta, una puta traidora y en estos pensamientos llegó el postre, aquel dulce y anhelado segundo orgasmo de la noche. No intenté ni evité gritar y convulsionarme de placer, cuando de repente, un pensamiento vino a mi mente. Aquello que terminaría de convencer a Vero de que estaba realmente siendo forzada, violada.

    – “Róber, ahora dame por el culo, cabrón” Le indique a Róber en voz baja, pero con total determinación, enrabietada por tener que caer tan bajo.

    Cesó de moverse y mirándome me susurró.

    – “Repítelo”. Dijo.

    – «No, por favor» Le ronroneé con toda la sensualidad que pude, aunque con cierto temor dado el tamaño de su miembro. En cuanto Róber pudo borrar su cara de asombro, dijo:

    – «Vero, ¿no crees que esto hay que disfrutarlo aún más?» le dijo -«Vamos guarra» me ordenó a mí. Recogió mi pelo en un puñado y tirándome de él hacia abajo me obligó a arrodillarme enfrente de él.

    Bien, pensé para mis adentros, pienso hacerle la mejor mamada de su vida, se correrá y acabaremos con esto de una vez.

    Comencé despacito y mirándole a los ojos, como me habían pedido todos los hombres a los que se la había comido en mi vida, y de la forma más sensual que sabía. Su polla olía y sabía a mí. Primero, la recorrí de arriba abajo con la lengua, mis labios jugaban con sus pliegues y venas. Luego metí su cabezota en mi boca, succionando y lamiéndola con fuerza. Aquellas caricias volvían loco a mi marido y al parecer también a Róber:

    – «Joder, qué bien la chupa la guarra de tu jefa” Gritó. Mentiría si dijese que no gustó oír sus palabras, tanto que mi lengua redoblo sus esfuerzos por hacerlo aún mejor. Él me sobaba las tetas sin parar pero me sorprendió cuando, tirándome del pelo hacia atrás, me la saco de golpe de entre los labios. Cogió entonces mi mano derecha e hizo que yo agarrara su enorme erección. El anillo de casada relucía en la noche, Róber guiaba mi mano a lo largo de su pene, arriba y abajo, recreándose en la visión de mi anillo de casada. ¡¡Cómo resistía tanto!!

    Aquella escena pronto se vio perturbada. Mi móvil empezó a sonar dentro del bolso, y aterrorizada pensé: “Seguro que es marido, ¿quién si no me llamaría a estas horas?” Róber aprovechó la interrupción para incorporarme pegándose a mi espalda, pretendiendo enseguida metérmela por la puerta de atrás.

    -«Por qué no lo coges. Será divertido» me susurró al oído.

    – «¡¡No!!» dije yo, y nada más decir esto noté como empezaba a abrirse camino en mí.

    – «¡¡Aaahhhg!! Despacio por favor». Mi móvil seguía sonando y el cabrón de Róber hizo intención de cogerlo. Instintivamente quise darle un empujón qué lo impidiera, pero eso hizo que Róber entrase de lleno. Grité de dolor.

    Allí acabó todo. De repente, tras oír un fuerte golpe Róber se desplomó sobre la arena. Sin entender nada, contemplé yaciendo inconsciente al chico que aún creía notar en mi malherido trasero. Justo detrás de nosotros estaba Vero, sosteniendo con ambos brazos el enorme mástil de madera con el que acababa de golpear a Róber.

    -“¡¡Joder Vero, joder!! Grité recriminándole, antes de caer en la cuenta de que ella seguía creyendo que yo acababa de ser violada. “Gracias” Rectifiqué enseguida mirando sus ojos totalmente empapados en lágrimas. Estaba descompuesta, paralizada por lo ocurrido detrás de aquellas pilas de hamacas. Creía que todo había sido culpa suya.

    Róber, aún semi-inconsciente, comenzó a sollozar de dolor, por lo que hube de recoger mis cosas y adecentarme rápidamente. Mientras me recolocaba el vestido y me anudaba los tirantes, me vino a la cabeza la condición que impondría a mis compañeras: “Nada de lo que había pasado podría contarse jamás”. Aunque de todas formas, estaba claro que ninguna de aquellas traidoras diría nada. Abracé entonces a Vero y me la llevé de allí. A medio camino me giré hacia atrás y vi a Róber aturdido, pero ya sentado sobre sus rodillas. “Pobre chico”, pensé avergonzada, todas hemos sabido aprovecharnos de él. Ni siquiera se había corrido.

    Fin

    —————————–

    Basado en “Compañeras” por Saragozaxxx.

    He realizado pequeñas correcciones, pero grandes cambios.

  • Don Ernesto (epílogo)

    Don Ernesto (epílogo)

    -Perfecto, te espero, hasta luego…

    -Bueno, Jorgito, mi hermano ya viene para acá, así que andá y avisale al viejo…

    -Sí, “señorita”… -y salí poco menos que corriendo…

    Mientras esperábamos a la visita, el señor Abelardo me ordenó que me arrodillara y le hiciera una mamada…

    Ay, cada vez me gusta más chupar una pija, así que lo hice con muchas ganas… Él se bajo los pantalones y el calzoncillo y exhibió ante mis ojos extasiados su verga ya un poco erecta… La tomé con una mano, la mantuve apuntando al techo y me puse a lamer los huevos, que poco a poco se fueron hinchando mientras el viejo gemía de placer y yo me iba calentando cada vez más… ¡Qué chico tan putito soy!…

    Después de un rato de lamer me metí la pija en la boca… Ya estaba bastante durita y muy pronto se puso bien dura mientras arreciaban los gemidos y el jadeo del viejo sátiro…

    -¡Para, niño, para que voy a correrme y no quiero todavía!…

    Me dio pena, pero tuve que detenerme justo cuando oímos el timbre y un momento después aparecían en la habitación la “señorita” María y el señor Ernesto, que se frotaba las manos mientras me devoraba con los ojos…

    Se quitó la ropa en un santiamén y la “señorita” me ordenó que trepara a la cama y me pusiera en cuatro patas… Lo hice y sentía como si mi cuerpo despidiera llamas, de tan caliente que me sentía…

    El señor Abelardo también se desvistió y los dos se echaron sobre mí como fieras hambrientas de mi carne…

    Fue maravilloso y no deja de serlo, porque me usan todos los días… Me tienen bien alimentado entre los dos y en presencia de la “señorita”, que los alienta con comentarios obscenos…

    -¡Vamos, vamos!… ¡Denle más y más pija a este putito!… –Y me dan, claro que me dan y me llenan de leche y cuando se corren en mi boca trago todo ese delicioso elixir…

    Ahora a la “señorita” se le ha dado por pegarme en la cola antes de que los dos viejos me violen… Se sienta en el borde de la cama, me ordena que me eche boca abajo sobre sus rodillas y me calienta el culo un buen rato con su pesada mano… ¡Ay, que hermoso ese dolor!… Yo tengo que ir contando los chirlos y diciendo: -Gracias, “señorita” María…

    Esto todas las tardes, después de hacer las tareas de sirvientita que me ordena el señor Abelardo, a veces en presencia del señor Ernesto y los dos se burlan de mí y se ríen y esa humillación me pone a mil y cuando por fin me usan sexualmente creo enloquecer de goce…

    Por idea de la “señorita” ahora, antes de recibirme, se masturban en una copa, le echan unas gotas de agua al semen para que se diluya un poco y que yo pueda beberlo… Es para mí el más delicioso elixir que se puedan imaginar…

    Ayer, cuando habían terminado de cogerme y los dos viejos reposaban en la cama, la “señorita” le preguntó a su hermano: -Decime, Ernesto, ¿vos tenés mucama?

    -No, ¿por qué?

    -Porque a partir de ahora Jorgito va a ser tu sirvienta…

    -¡¿En serio?!…

    -Claro que sí, va a ir dos veces por semana a tu casa para hacerte una buena limpieza y que vos te ocupes sólo de un mantenimiento livianito…

    -¡Será maravilloso!…

    -Bueno, Jorgito, ahora mi hermano te va a anotar su dirección…

    -Sí, “señorita”, lo que ustedes digan…

    -Mmmmmhhhh, putito y obediente… Es el chico perfecto… -me elogió el señor Ernesto y me dio un papel con su dirección… -Venite los martes y viernes a las dos de la tarde -me ordenó…

    -Sí, señor Ernesto…

    Ahora soy la sirvienta de la “señorita”, del señor Abelardo y del señor Ernesto… Me deslomo trabajando cada tarde, pero muy bien pago estoy con los chirlos de la “señorita”, que me calienta deliciosamente el culo, y las pijas de esos dos sátiros…

    ¡Soy un putito muy feliz!…

    Fin

  • Tarjetas black (Parte 1)

    Tarjetas black (Parte 1)

    Su esposa estaba a cuatro patas sobre el colchón. Ella misma tomó con decisión su pene erecto y lo guio hacia su agujerito como si fuera posible la precisión con ese tosco instrumento. Después, su marido tomó la iniciativa y comenzó a empujar entre sus nalgas. Fede suponía que le costaría lograrlo, el culito virgen de su mujer no se lo iba a poner fácil. Pero aquella noche ella había consentido dejarle acceder por fin a aquella fortaleza inexpugnable. Su mujer iba al gimnasio tres días por semana y mantenía de esa forma su cuerpo ágil y sus curvas firmes.

    Yeimy lo sentía rígido y punzante horadando ese pequeño hundimiento natural en el surco que dividía su culo. Decidida, la abnegada esposa se quedó completamente inmóvil para que su marido inaugurara su inmaculado orificio trasero. Aquella rara molestia pronto fue a más, resignada contuvo la respiración cerró los ojos y frunció el ceño en un gesto de desagrado, determinada a relajar aquel conducto de salida, hasta entonces. Sin embargo, su determinación duró poco. Cuando Yeimy sintió que su esfínter cedía, que se la estaba metiendo, justo en ese preciso momento la joven esposa no pudo aguantar los nervios y cediendo ella antes de que su ano lo hiciera.

    ― ¡Ay! ¡Para, para, para! ― aulló. La pobre se retiró tumbándose boca arriba con cara de enojo. Realmente ese que decía quererla la iba a herir, el muy animal pretendía abrirle el culo, ¡como si fuese de goma!

    ― ¿Qué sucede?― preguntó Fede.

    ― Nada, es que no me gusta hacerlo así, ya te lo he dicho mil veces.―explicó Yeimy.

    ― Te la meteré despacio y verás como en cuanto te relajes será igual que por delante, por favor nena.

    ― Que no quiero hacerlo y punto. Se acabó, mañana tengo que levantarme temprano, tengo que hacer el puñetero informe de fin de mes. ― respondió la delgada y menuda colombiana abrazando la almohada ocultando con pudor sus grandes senos. ― Además, esta cama hace demasiado ruido, ¡¿Cómo se te ocurre comprar un canapé de segunda mano?!

    ― Y si jugamos a los médicos como me dijiste ―sugirió desesperado Federico― que tú venías a consulta pero en lugar de tu doctora habitual te encontrabas con un médico suplente y muy, muy atractivo, ¿te acuerdas? Entonces le explicabas que tu marido nunca había sido capaz de metértela por detrás y claro tú quieres saber si todo está normal por ahí…

    ― ¡Qué no!, no digas chorradas, ¡Hasta mañana!, ¡Buenas noches!

    Yeimy tomó las sábanas con cierto desdén, se volteó y tapó dando la espalda a su marido disponiéndose a dormir, dejándole a él y a la mujer de su fantasía con todas las ganas del mundo.

    A la mañana siguiente como todos los lunes Yeimy usaría falda para ir a su trabajo, pues siendo una esposa joven y hermosa le gustaba sentirse admirada. Fede no se oponía pues la consideraba recatada y lo demasiado formal y seria como para coqueterías con sus compañeros.

    Después de ducharse empezaron a vestirse para ir cada uno a su trabajo, claro que el espectáculo que Yeimy ofrecía a los ojos de su esposo hacía que este se tomara todo el tiempo del mundo para observarla.

    El cabello de Yeimy era negro, ondulado y largo, y al quitarse la toalla de la cabeza éste caía sensualmente sobre su desnuda espalda color canela. Esa mañana, Yeimy se colocó un tanguita de color negro y aquella fina tira de tela se perdía entre las brillantes y duras nalgas de la joven esposa, revelando un generoso y redondo trasero. Para acompañar, Yeimy usó un sostén deportivo de los que se cruzan en la espalda que sin duda magnificaban sus de por sí hermosas tetas. Sus pechos estaban coronados por dos rosados pezones como cerezas sobre dos bolas de delicioso helado. A continuación, la bella esposa sacó cajón central dos pendientes de aro que se colocó en cada oreja. Aquellos aretes la hacían lucir juvenil y traviesa. Maquilló su rostro, delineó sensualmente sus ojos y pintó sus carnosos labios con un morado suave.

    ― ¿Es qué ”esta noche toca”? ― Preguntó Fede con asombro

    ― ¿Quién sabe? si te portas bien… ― respondió Yeimy parpadeando coquetamente.

    ― Eso espero, ya sabes que el sábado me voy para Cartagena y no regreso hasta el lunes. Te lo dije el otro día.

    ― Es verdad.., ¡Jo! Lo que pasa es que hoy quería estrenar el vestido que me regalaste y como me queda justito si uso unas bragas “mata―pasiones” quedará fatal.

    ― ¡Por Dios! ¡No!― respondió Fede exagerando.

    ― Anda, vete a desayunar que tenemos que irnos.

    Fede hizo caso omiso de la petición de Yeimy que más bien sonó como una orden pues ahora venía la mejor parte. Yeimy tomó de uno de los cajones del aparador un par medias de liga color negro y se dispuso a ponérselas sabiendo que su marido la observaba y eso la hacía sentir súper sexy. Con ambas manos recorrió lentamente pierna por pierna desde el tobillo hasta donde el muslo pierde su nombre para estirar correctamente el ancho elástico de aquellas sensuales medias. Fede estaba sonriendo como un idiota y solo salió de su trance cuando Yeimy le dijo dulcemente:

    ― ¡Ey! ¿Me ayudas?― mostrando a Fede las sandalias cerradas color negro que sostenía delicadamente con sus cuidadas y suaves manos.

    ― ¡Claro!

    Entonces Fede se arrodilló tomó el tobillo de Yeimy y colocó aquel delicado pie sobre su rodilla aprovechando para acariciarle la pierna desde la pantorrilla hasta el tobillo con el pretexto de calzarle las sandalias. Finalmente Yeimy se puso aquel vestido negro de manga larga y escote redondo que le llegaba hasta medio muslo delatando dos esculturales, largas y hermosas piernas.

    El día transcurrió como de costumbre en la oficina, es decir, con problemas como todos los lunes.

    ― ¿Has visto que monumento? ― pregunto Eva a Yeimy refiriéndose al Delegado español que se encontraba sacando copias de unos documentos a la vista de ambas casadas.

    ― Sí, como no ―respondió Yeimy con resignación― Lleva toda la mañana fastidiándome

    ― Sabes que las chismosas dicen que es gay.

    ― Tal vez, demasiado guapo para ser verdad aunque si me lo pidiese, con gusto me prestaría para guiarlo “por el buen camino” ―respondió Yeimy con malicia y ambas mujeres rieron con el comentario.

    Aquel Auditor tenía pinta de guardaespaldas más que de contable. Todas las chicas de la oficina volvían la cabeza al verlo pasar, aunque ninguna sabía descifrar el modo de congraciarse con tan serio galán. Nunca faltaba alguna ofrecida que quisiera mostrarle la ciudad… su apartamento y todo lo demás. Roberto era un excelente profesional y terriblemente apuesto, alto, atlético, de cabello corto, labios irresistibles y para rematar ojos color verde esmeralda.

    Roberto visitaba cada trimestre las instalaciones de la filial con el fin de auditarla para la prestigiosa multinacional farmacéutica, por lo que su relación con Yeimy era constante vía email y no muy llevadera cada vez que aparecía. Siempre se la pasaban discutiendo por este o aquel informe, hasta tal punto era escrupuloso. Por eso, a todas en la oficina les habría encantado estar cerca de él excepto a Yeimy, aun cuando fuera para discutir.

    Eran como las siete de la tarde y nadie quedaba en el edificio. Yeimy estaba fastidiada con su escritorio lleno de papeles y para colmo Roberto requería a Yeimy un registro de las tarjetas de crédito que directivos y consejeros usaban para dietas y gastos de representación, registro que según Yeimy no existía.

    Roberto iba y venía del pequeño despacho de Yeimy a las dependencias de subdirección en busca de respuestas y lo único que encontraba eran desconcertadas secretarias de tetas operadas y una contable tan escrupulosa como malhumorada.

    ― ¿Encontró lo que le pedí?― Preguntó Roberto con firmeza.

    ― Ya le dije que ese documento no existe ―respondió Yeimy con tono cansado― Podría enumerar a la mayoría de quienes las usan pero no a todos, ni por supuesto los números de esas tarjetas. Yo no sé de dónde salen. Mejor pregunte a sus jefes en la Central.

    La bella mujer comparaba varios documentos sentada en su silla giratoria. Apoyada con el codo sobre el escritorio se atusaba repetidamente un mechón de cabello delatando una mezcla de enfado y aburrimiento, mientras tanto, Yeimy jugueteaba con su sandalia balanceándola sin percatarse que la falda se había subido considerablemente revelando unos muslos bien contorneados.

    Róber recorrió con su mirada toda aquella belleza, desde los dedos de los pies subiendo lujuriosamente por la rodilla hacia el muslo, pudiendo distinguir el borde más oscuro de la goma de las medias de la contable. Yeimy se dio cuenta del espectáculo que ofrecían sus piernas e inmediatamente miró a Róber de forma acusadora, a la vez que con sus manos acomodaba su vestido tratando de ocultar lo inocultable. Fue ese el instante en el que Róber se fijó en el anillo de Yeimy. Estaba casada.

    Los minutos siguientes se tornaron bastante tensos pues entre reproches y evasivas la discusión se tornó un tanto airada. Cuando Yeimy se levantó de su silla Róber hizo lo mismo y ambos comenzaron a atacarse frente a frente haciéndose duras críticas profesionales aunque realmente todo aquello era un duelo, un duelo entre la autoridad de un Delegado y la reputación de una contable. Pronto la situación llegó a un punto demasiado violento y de pronto…Yeimy se quedó muda de asombro cuando Róber dio un paso al frente lanzándole una mirada asesina. Róber acababa de invadir su espacio personal y Yeimy se quedó muda.

    ― ¿Qué haces? ― Dijo al fin la mujer tratando de empujar a Róber con sus manos

    ― Roberto dejó de mirarla con ira y sonrió, inclinándose para susurrarle algo al oído― Conseguir que te calmes, y llámame Róber, por favor.

    Ambos permanecieron a la espera en silencio mientras se miraban a los ojos estudiándose el uno al otro, hasta que Roberto se dejó llevar tomando lo que deseaba sin pedir permiso. Lo que podría conseguir bien merecía arriesgarse a recibir una bofetada. La besó con pasión mordiéndole el labio inferior. Yeimy se encontraba en una encrucijada. Por un lado, estaba muy enfadada con el Delegado pero por otro lado se sentía fuertemente atraída por aquel hombre implacable. Con aquel beso la había desarmado y aun así intentó soltarse si bien más por orgullo que otra cosa. Róber había notado en su mirada un atisbo de duda y ella lo sabía.

    Róber por el contrario, tomó a la joven esposa con más fuerza y la besó de nuevo. Esta vez Yeimy no se opuso si no que enfebrecida devoró los labios de aquel bastardo con un ardor compartido. La lengua de Róber hizo una incursión furtiva el interior de la boca de Yeimy. La empujaba contra la pared. Sus fuertes manos levantaban aquel corto vestido rosa acariciando con suavidad sus esculturales piernas. El tacto de las medias de liga sobre la carne de aquella mujer acabó de nublar la razón del hombre.

    Yeimy había ya sucumbido a los encantos de aquel monumento de piel morena. Róber la tomó del culo y la hizo sentarse sobre el escritorio junto a la pared mientras la seguía besando apasionadamente. Él se quitó su chaqueta y cuando empezó a deshacerse de la corbata ambos oyeron un ruido en el pasillo. ¡Maldita sea, qué mala suerte! pensaron ambos al tiempo mirándose con vergüenza. A Eva se le habían olvidado algo y había regresado. Al entrar, Eva los miró negando con la cabeza.

    ― ¡Qué muchachos tan trabajadores!

    Eva no se percató de lo que estaba sucediendo pues cada uno se encontraba en su sitio. Eva sabía que aquellos dos acabarían discutiendo, porque ambos eran de esas personas que creen que todo lo hacen bien, que siempre creen tener la razón, así que tomó sus papeles y se despidió con un gesto de desaprobación:

    ― Adiós… y no peleen… dejen eso para mañana, ¡que ya es tarde!

    Yeimy estaba más asustada que excitada. Tomó su bolso y emprendió su huida del escenario del crimen.― Me voy ―dijo.

    ― Espera ― dijo Róber tomándola por la muñeca

    ― Suéltame. Haré como que no ha pasado nada. ― suplicó Yeimy.

    ― No, aún no ha pasado nada. Ven…― ordenó éste.

    No esperó a que ella respondiera, literalmente llevó a la mujer por el edificio hasta el aparcamiento. Yeimy permaneció muda durante el camino, hasta que le abrió la puerta del coche esperando que ella subiese.

    ― Ya está bien, ¡suéltame!― dijo Yeimy con voz firme.

    Róber la soltó pero con las mismas le dijo ― Sube.

    Durante unos segundos se miraron a los ojos sin pestañear. Para bien o para mal, ella debía tomar una decisión apremiante. Aquel hombre sabía lo que quería, y ella también lo sabía. Róber transmitía seguridad, osadía y eso sacaba de quicio a la joven mujer. Estaba muy nerviosa pero por alguna razón confiaba en él. Róber no le haría daño, estaba segura, ni la forzaría contra su voluntad. Aquel hombre tosco y salvaje era también un caballero… De forma mecánica Yeimy se subió al coche como si no tuviera otra opción.

    ― Llévame a casa― pidió Yeimy.

    ― Claro… después.

    Una vez en marcha tomaron la avenida de España en dirección al centro de la ciudad. No tardaron en llegar a su hotel.

    ― ¡No voy a entrar ahí, déjame bajar o grito!

    Róber detuvo en seco el vehículo, la hizo mirarle a los ojos y le dijo.

    ― Claro que gritarás, preciosa… ― y la volvió a besar igual que la había besado en la oficina.

    Róber se adelantó para solicitar la llave de la habitación. Cuando el atento empleado preguntó si la señora deseaba algo Yeimy trató en vano de ocultar su rostro mirando la decoración de aquella deslumbrante recepción. Sin duda tanta luz sólo pretendía que las cámaras de seguridad grabasen con nitidez a cada huésped.

    Mientras Yeimy se preguntaba qué le haría, en lugar de cogerla de la mano Róber la arrastró tras de sí hacia el ascensor sujeta por la muñeca. Todo era trepidante, urgente, torpe. Una vez en la habitación Róber la arrinconó contra la puerta y escuchó como echaba el cerrojo. En vez de sentirse encerrada, la joven esposa se sintió aliviada, nadie les sorprendería, todo quedaría en la intimidad, en secreto. Aquel lugar era tan sugerente y elegante como él, un cómplice circunstancial que Yeimy agradecía.

    Había una alfombra color beige de pelo largo bastante afelpado, al fondo de la amplia habitación se encontraba una cama de estilo contemporáneo de gran tamaño. La casualidad quiso que la suite contase además con un enorme armario cuyas puertas eran espejos, justo como el que a ella le habría gustado poner en su habitación de matrimonio. Mientras Róber le comía el cuello con pasión distinguió un confortable sofá súper elegante de cuero marrón frente a una gran pantalla de televisión, también un pequeño tocador y una lámpara de pie orientada al techo. Al fondo, unos metros más allá se encontraba el baño a través de cuya puerta se distinguía en parte un jacuzzi con exterior de madera. No sabía de cuantas estrellas era aquel hotel pero sin duda ningún hombre la había llevado a un sitio así.

    Comenzaron a acariciarse y besarse de forma desesperada. Róber ni siquiera perdió el tiempo en quitarle la ropa, se perdía lamiendo desde su hombro desnudo al lóbulo de su oreja, pasando de ahí a la barbilla, después a la boca. Yeimy se estaba volviendo loca… Las manos de aquel hombre se enredaban en su pelo, su magia la recorría todo el cuerpo, la piel, le amasaba los pechos alternando uno y otro, y pronto se presentó en su sexo por debajo de su falda.

    Yeimy estaba fuera de sí, las caricias y besos de Róber la tenían completamente ofuscada, le palpó el pene por encima del pantalón y tras examinar su tamaño lo comenzó a sobar mientas sus bocas batallaban sin tregua. Aunque Yeimy no era una mujer sumisa, no entendía por qué de repente era maravilloso sentirse dominada por ese hombre, arrastrada por esa desconocida ferocidad y rudeza. En ese momento tampoco importaba. Ella nunca pertenecería a aquel bastardo, en cambio, Yeimy lo deseaba y lo tenía.

    Súbitamente, Róber tomó a Yeimy por el cabello con fuerza y la hizo arrodillar de inmediato frente a él. Su potente miembro se marcaba descaradamente a través de la fina tela del pantalón italiano. Ella se moría por comerle la polla y lo gritó con la mirada mientras él se bajaba la cremallera con calma y sonreía jactándose de tenerla esperando.

    La había palpado y ahora ansiaba verla y gozarla, sin embargo cuando de un solo puñado Róber extrajo además los testículos Yeimy se sorprendió. Róber tenía los huevos en consonancia con su miembro y aun apretados a causa de la erección eran también de la XL. Así, al ver las pelotas de Róber colgar justo bajo su polla, Yeimy comprendió de repente que la utilidad de la hermosa estaca de Róber no era penetrar y follar mujeres casadas como ella, sino llenar de esperma cualquiera de sus orificios, o todos ellos.

    ― ¡Menudos huevos! ―pensó ― Ojalá me llene el coño o… la boca ―súbitamente, la joven esposa fantaseaba con que aquél buenorro la invitara a degustar su deliciosa leche de hombre. Se le hacía la boca agua.

    ― ¡Vamos!― dijo él con voz severa y tono mordaz― No serás de esas que no les gusta chupar…

    Sin rechistar Yeimy dirigió su mirada a tan hermoso miembro, ¡Como se iba a divertir! Sin duda el Delegado le iba a dejar el coñito bien jodido. Lo tomo con delicadeza con su mano derecha y cerrando los ojos sintió aquel glande hinchado, púrpura, caliente por fin en su boca.

    ― ¡Así no, mujer! ¿Es que no te enseñó tu mamá que es de mala educación comer pollas con las manos?

    La joven mujer soltó aquel grueso trozo de carne y comenzó a succionar ruidosamente como si estuviera saboreando un riquísimo helado. ―¡Slup! ¡Chups! ¡Slup! ¡Chups! ―al principio, Róber la dejó lamer, besar, restregársela por la cara y que jugara a su antojo.

    La colombiana se afanaba con auténtica voracidad y fervor― ¡Slup! ¡Chups! ¡Slup! ¡Chups! ―sorprendido por el afán con el que la contable le chupaba la polla, Róber se deleitaba por partida doble. Por un lado, físicamente por haber dado con una mujer con talento para la felación, y por otro lado, mentalmente por haber conseguido despojar a aquella estirada y arrogante mujer de su máscara de pulcritud y seriedad y así mismo se lo hizo saber.

    ¡Slup! ¡Chups! ¡Slup! ¡Chups!

    ― Con tantas reticencias como tenía usted hace un rato, parece que le está gustando ―le reprochó a la colombiana― Las casadas sois las mejores, porque tenéis mucha más práctica…

    La joven esposa no conseguía saciarse. Como los comentarios del Delegado sobre lo bien que la mamaba la ponían realmente cachonda fue aumentando la intensidad de sus cabeceos y succiones, comenzando a desear y buscar de forma consciente el orgasmo y la eyaculación del hombre.

    ― Te gusta ¿verdad? A todas os gusta chupar pollas ―aquel continuo ¡Slup! ¡Chups! fue la única respuesta de Yeimy― El problema para vosotras es encontrar hombres que os dejen disfrutar chupando sus pollas.

    Por esa razón durante un buen rato Róber, con sus manos a la espalda, se limitó a mirar a la contable adelantando ligeramente su pelvis, ofreciéndole su miembro. Después de recrearse viendo a la colombiana disfrutar de su polla, Róber apoyó con delicadeza una mano sobre el cogote de la mujer y le marcó el ritmo lento y cadencioso con que él deseaba que chupara.

    ― Mastúrbate ―ordenó Róber secamente ―Quiero ver cómo te corres con mi polla en tu boca.

    ¡Slup! ¡Chups! ¡Slup! ¡Chups!

    Yeimy babeaba sin cesar. El chapoteo en su boca la delataba sin poder remediarlo de otra forma que no fuera tragando de vez en cuando parte de esa abundante saliva. La pequeña esposa gozaba metiendo y sacando aquel rabo gordo de su cálida boquita, expulsándolo a ratos para recobrar el aliento y admirarlo reluciente de su propia saliva. Comenzó a refregarse sobre las bragas. Eso animó a Róber que ahora empujaba de vez en cuando su cabeza con más fuerza llenándole completamente la boca, ahogándola por un instante, haciéndola sofocarse más y más.

    ¡Slup! ¡Chups! ¡Slup! ¡Chups!

    Róber a fin de ayudarla a lograr el orgasmo había deslizado su mano libre dentro de su escote. Le sobaba alternativamente las tetas, pellizcándole con cuidado sus sensibles y duros pezoncitos. Yeimy con la falda completamente remangada se masturbaba con ahincó. Sus braguitas estaban completamente empapadas y su coñito empezó a salpicar el suelo de gotitas sin que ella se diera cuenta de ello. Hasta que por fin se corrió como sólo lo hacen las mujeres casadas cuando el amigo de su marido les folla el coñito, cuando el marido de una amiga les abre el culo, o claro está, cuando su jefe les llena la boca.

    ― ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmmm! ―emitió nada más la joven esposa, mientras que el complacido Delegado español disfrutaba del espectáculo con su miembro en la boca de la contable colombiana.

    ― ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmm! ―por primera vez en su vida Yeimy enlazaba un orgasmo con otro incapaz de dejar de masturbar su moreno coñito. Acababa de descubrir que era capaz de tener varios orgasmos seguidos ¡Era multiorgásmica!

    ― ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmm! ― y encima cada orgasmo resultaba más intenso que el anterior.

    El Delegado finalmente decidió que debía sosegar a la colombiana antes de que se desplomase de puro placer, y Róber conocía la mejor forma.

    ― Es tarde, debes tener hambre, ¿verdad preciosa? ―sin esperar la respuesta de la latina, la tomó por el cabello con ambas manos y comenzó penetrarla oralmente.

    ― ¡Agh! ¡Agh! ¡Agh! ― comenzó en seguida a quejarse la joven esposa. Ningún hombre había osado a ultrajarla utilizándola de aquella forma, no aguantaría mucho, pronto la haría vomitar. Róber se detuvo y al sacarla un grueso hilo de saliva quedó su apurada boca con el formidable rabo de aquel hombre. ― ¡Menudo rabo se le ha puesto! ―pensó la mujer al contemplarlo― ¿A qué espera para follarme? ―pero aquel vil hombre permanecía quieto, observándola.

    ― ¡Cuenta cuanto tardo el correrme! ― dijo al fin, volviéndole a introducir aquella banana ardiente en su boca tanto como pudo. ― ¡Vamos, empieza! ¡Uno! ― ordenó el español.

    ― ¡Unm!

    ―Eso es― aprobó Róber sacando ostensiblemente su sexo entre sus fruncidos labios emitiendo un sonoro ¡Slup! a causa de su propia salivación.

    ― ¡Dogh! ―trató de contar Yeimy cuando se la metió de nuevo.

    ¡Chups!

    ― ¡Tegh!

    ¡Slup!

    ― ¡Caghtr!

    Cogiendo la mano derecha de la colombiana le hizo masajear sus testículos y también, que con la izquierda se volviese a hacer un dedito un su chochito. Yeimy procedió a realizar ambas tareas ayudando a que aquel cabrón se corriese en su boca. El Delegado estaba lanzando, y aceleró en post de su primer orgasmo.

    ¡Chups! ¡Slup!

    Como a cualquier hombre, a Róber le hubiese gustado metérsela hasta las amígdalas y vaciarse en la garganta de la morena, pero no se dejó llevar por ese instinto masculino. Pero Róber quería dar placer a la mujer que le abría a boca para su verga. No, Róber la folló la boca dejándola disfrutar de su maravillosa polla, de forma que cuando en un par de ocasiones el Delegado dejo de follarla oralmente fue ella la que procedió de inmediato a mamar con fervor su potente biberón. Debía saciar ya la sed de aquella mujer, ella esperaba su esperma, pero ante todo debía tratarla bien.

    La forma en que aquel hombre abusaba de ella la hizo sentirse muy guarra. Mamaba con fuerza para hacer manar la leche de aquel tío. Era hora de acentuar los amplios vaivenes de su cabeza, o los obscenos sonidos al sorber aquel grueso caramelo.

    ¡Slup! ¡Chups! ¡Slup! ¡Chups!

    Por eso, aunque Yeimy no tardo en volver a sentir fuegos artificiales chispear en su chochito la hábil esposa mantuvo su boca abierta para él.

    ― ¡Mmm! ¡Mmm! ¡Mmm!―

    Róber ya no pudo resistir el desafío de los carnosos labios de la colombiana, ésta pronunció un delicado― ¡Ummm!―al notar con claridad una primera sacudida de la polla de Róber, pero… ― ¡Ummm!― fue con la segunda convulsión cuando súbitamente Yeimy sintió el primer chorro de cálido esperma chocar contra su paladar, y ― ¡Ummm!― con la tercera notó el espeso semen derramarse sobre su lengua, y ― ¡Ummm!― con el siguiente chorro la contable pudo percibir sus características y matices, la pringosa textura y agridulce sabor del esperma, del esperma de Róber. ― ¡Ummm! ¡Ummm! ¡Ummm! ¡Ummm!―los últimos tres o cuatro espasmos del hombre más arrollador con quien se había cruzado terminaron de llenarle la boca.

    Por alguna extraña razón la mujer se sentía satisfecha de haber conseguido que Róber eyaculase de aquella forma tan exagerada. Aún así, Róber no la soltó hasta que él mismo hubo escurrido hasta la última gota de su polla. Finalmente, Yeimy cayó hacia atrás con sus labios apretados, la boca llena de esperma, totalmente extasiada. Le había vaciado los huevos a aquel macho imponente. Lo había hecho, y literalmente saboreaba su premio.

    Unos instantes más tarde Róber sonriendo y aún en pie le ordenó ― Abre la boca― Ella, le devolvió una pícara sonrisa y le mostró encantada su boca ya vacía moviendo la lengua para dejar claro que lo había tragado todo.

    El Delegado movió la cabeza en señal de aprobación. El aliento de la muchacha desprendía un evidente aroma a semen. Debía haberla premiado con una buena ración tras una semana o más sin eyacular.

    ― ¿Te ha gustado mi leche? ―preguntó Róber.

    Ella asintió volviendo a mirarlo con malicia― ¡Ummm! Está rica ―dijo juguetona.

    ― ¡Joder Yeimy, que bien la chupas! Eres única, te esmeras y pones el alma como en todo lo que haces…. Tendrás tu ración trimestral, lo prometo.

    Luego de acusadoras y excitantes miradas, Yeimy se levantó y tomó la resolución de irse.

    ― Oye, el sábado me vuelvo a España, así que iré el viernes a cenar a tu casa ―aquellas palabras cayeron sobre la contable como un jarro de agua helada.

    ― ¿Cómo…? Ni se te ocurra ―replicó Yeimy furiosa poniéndose en pie.

    ― No te estoy pidiendo permiso, te estoy avisando ―aclaró Roberto― Por cierto, ¿cómo se llama tu marido?

    Yeimy verificó que no se hubiesen roto sus medias por las rodillas.

    ― ¡Eres un cerdo! ― dijo airada

    ― Sí, lo soy, y tú una mujer casada con buen gusto para el semen… Vamos, no seas tonta, dime cómo se llama ―repitió el Delegado con firmeza.

    ― Fede, se llama Fede ―respondió la contable finalmente, respirando aliviada al ver que Róber volvía a meter su miembro dentro del pantalón.

    ― Gracias… Venga vámonos, se hace tarde… Federico estará preocupado por su mujercita ― sonrió Roberto.

    CONTINUARÁ

  • Sumiso de mi suegra y mi esposa (5)

    Sumiso de mi suegra y mi esposa (5)

    Durante varios minutos me tuvieron así, se habían llevado la cámara al cuarto de Cristina y estaban viendo el video, podía escuchar sus voces, las tres reían y Cristina platicaba acerca de lo que me podían hacer, en ocasiones bajaban un poco la voz, como que no querían que escuchara, todo eso me ponía bastante nervioso, Cristina en verdad disfrutaba humillándome, varios minutos después salió Cristina del cuarto, se paró tras de mí se agacho y de un jalón termino por quitarme la tanga que tenía aun enrollada en mis rodillas, para ese momento ya habían salido Pamela y Sandra del cuarto, y las tres se acomodaron tras de mí,

    -Bueno pues sigamos divirtiéndoos y entrenándolo, -dijo Cristina.

    -Jajajaja… me leíste la mente, dijo Sandra.

    -Pero vamos a llevarlo al sillón, será más cómodo para nosotras.

    Cristina me tomo del collar y me jalo hasta el sillón en donde de nuevo fui hincado con la mitad del cuerpo sobre el sillón, después Sandra tomo asiento a un lado mío y sin decir más volvió a separar mis glúteos, mientras decía.

    -Mmhh… tiene algo irritado el culo, hay que ponerle un poco de crema,- Cristina al escuchar eso, se paro tras de mi y le dijo a Sandra,

    -No hace falta Sandra, tiene que acostumbrase – pongámosle un poco de lubricante nada mas.

    Alcance a ver como Cristina se metía a su recamara y volvía con algo entre las manos, y de nuevo se paraba tras de mi y le dijo a Sandra,

    -Ve poniéndole el lubricante en lo que preparó el plug anal,

    Después de eso sentí como Sandra me separaba las nalgas y Pamela me comenzaba a poner algo húmedo en mi ano,

    -Listo, Cristina cuando quieras -dijo Sandra.

    -Sandra sujétalo de la correa y pon atención como lo hacemos… jajajaja

    Pamela jalo la correa hacia abajo aprisionando mi cuello contra el sillón, y dos segundos mas tarde sentí como Cristina me introducía algo por el ano, esto era más grueso que sus dedos y entraba lentamente causándome gran dolor.

    -No… Cristina… por favor… ya nooo… -le suplique.

    Pero Cristina no le importo y continuo metiéndome aquello, conforme iba entrando mi ano se iba dilatando mas, causándome ardor y dolor, hasta que de pronto, sentí como aquello se introducía por completo y mi ano se cerraba un poco,

    -Listo, ya lo tiene bien adentro, – dijo Cristina.

    Me atreví a preguntarle a Cristina que es lo que me había metido, pero solo recibí una fuerte nalgada y un cállate putita, después le dijo a Pamela,

    -Mira Pamela, este es plug anal, además de ser muy entretenido para nosotras lo puedes usar, para castigarlo, vez el cable que sale de la base del plug y la caja negra con botones.

    -Si -respondió Pamela.

    -Bueno pues aprieta cualquier botón .

    Segundos después sentí como un pequeño pellizco dentro de mi ano, que me hizo saltar un poco, y pegar un pequeño un grito…

    -Ya viste Pamela, toques en el culito del puto de tu esposo… jajajaja

    Después de eso, las tres se levantaron y Cristina tomo la cadena y me jalo hacia arriba, dejándome en medio de las tres,

    -Bien Pamela ponlo a caminar –dijo Cristina.

    Pamela se puso tras de mi y acciono el dildo, y una pequeña descarga me hizo moverme unos pasos.

    -Bien Pamela vamos a dar una vuelta por toda la casa.

    Las tres se pusieron tras de mi y Pamela comenzó a accionar el plug, obligándome a caminar, cada paso que daba sentía la tremenda punzada que casi me tiraba, y así con bastante dolor me hicieron dar dos vueltas a la sala, pero Cristina no conforme con esto, busco humillarme un poco mas y de pronto le dijo a Pamela que se detuviera, y se metió a la recamara, yo me detuve y me recargue sobre una silla, mientras Pamela y Sandra reían y observaban detenidamente el control que Salía de entre mis nalgas, y después de algunos minutos salió Cristina, llevaba en una mano unas zapatillas, con un tacones casi del doble de los que llevaba y unos cinturones para sujetarme las manos.

    -Chicas vamos a jugar con él, le ponemos los tacones, que camine y si se cae… mhhhh… ya se nos ocurrirá algo…

    Las tres comenzaron a reír ante la ocurrencia de Cristina. Después Cristina me tomo del collar y me llevo hasta el sillón y me dijo que me sentara. Me tomo algo de trabajo poder sentarme ya que el plug me causaba bastante dolor, intente reclinarme sobre un costado pero me fue imposible, así que no teniendo de otra me recargue completamente, sentí como el plug se me enterraba completamente, y como pude me cambie los tacones, después lentamente me levante quedando frente a ellas

    -Bien putita, ahora comienza a caminar -dijo Cristina.

    Lentamente me levante y comencé a caminar, con cada paso que daba se me doblaban los talones, así que intentaba detenerme de los sillones, como pude di una vuelta a la casa, con las tres tras de mi riendo y burlándose.

    -Bueno Pamela, Sandra, tomen asiento, que lo voy a llevar a la cocina, para que nos traiga algo de beber.

    Las dos cruzaron miradas y comenzaron a reír, después Cristina tomo el control y me dijo.

    -Bueno putita, pues ya me escuchaste, comienza a caminar…!!

    Di media vuelta y comencé a caminar a la cocina, con Cristina tras de mi, llegamos a la cocina tome dos copas y destape la botella que estaba sobre la mesa y comencé a llenarlas después las tome y comencé a caminar de vuelta a la sala, estaba bastante nervioso ya que sabía que Cristina en cualquier momento podía accionar el control, llegue hasta donde estaban y les entregue las copas en su mano, Sandra y Pamela las tomaron y comenzaron a reír.

    -Muy bien putita, pero ahora tráeles sus cigarrillo a Pamela -dijo Cristina.

    -Claro, están en mi bolso en la recamara de mi madre.

    -Bueno putita, camina.

    Di media vuelta y comencé a caminar con Cristina tras de mi, entramos a su habitación busque la bolsa y de nuevo Salí, llegue a la sala y les di los cigarrillos. Después Cristina me paro en medio de la sala, quedando frente a Sandra y Pamela, fue a la cocina trajo la botella y me la dio, acerco una silla y la puso tras de mi.

    -Es obvio lo que tienes que hacer verdad…??

    -Si Cristina.

    Y las tres comenzaron a platicar, Pamela les contaba acerca de nuestra intimidad, platicaban acerca de sus amantes y comparaban mi pene con el de otros hombres, y cada vez que Cristina accionaba el aparato tenía que hacer bastante esfuerzo por no caerme y después les tenía que servir, cada determinado tiempo se iban turnando para accionar el plug, y hacerme sufrir, hasta que en una de esas, que Cristina tenía el plug lo acciono e intente caminar pero supongo que le aumento la intensidad, ya que mis piernas se doblaron tire la botella y caí de rodillas frente al sillón.

    -Qué te pasa putito…!!! –Exclamo Cristina.

    Había tirado la botella y la bebida les había salpicado un poco en las piernas y los pies, y eso provoco que Cristina se molestara bastante.

    -Bien echo putito, ahora si te va a tocar castigo, tu que opinas Sandra – exclamo Cristina.

    -Mmhhh… se me ocurren muchas cosas, pero de momento, que limpie nuestros zapatos… con la boca.

    Cristina se quedó pensativa unos segundos y después se levantó y se fue hasta la entrada de la cocina y le dijo a Sandra.

    -Tráemelo hasta acá Sandra, lo quiero hincado frente a mis pies.

    Sandra me tomo de la correa y me levanto y comenzó a activar el plug, haciéndome caminar hacia Cristina, y justo cuando estaba a un paso, activo de nuevo el plug pero esta vez más fuerte, haciéndome caer justo a los pies de Cristina.

    -Bien putito comienza a limpiar mi zapato…!!!

    Me hinque casi hasta que mi rostro toco su pie y lentamente acerque mi boca a su empeine.

    -Besalo…!!! -exclamo Cristina.

    Acerque mis labios y bese su zapatilla. Cuando lo hice las tres comenzaron a reír.

    -Quiero que beses toda mi zapatilla, entendiste…!!

    Y comencé a recorrer con mi boca todo el pie de Cristina, hasta que llegue a la parte de atrás y me detuve, esperando a que me dijera que me levantara, pero no, ella no conforme me dijo.

    -Ahora voltéate y ve con Sandra…!!!

    Y sin pararme gire y me dirigí con ella y de nuevo comencé a besar y a limpiar su zapatilla, y después me fui con Pamela y le hice lo mismo. Al terminar me quede hincado en medio de la sala, Sandra y Pamela solo miraban a Cristina y en sus rostros se dibujaba una sonrisa maliciosa, sabían que a Cristina se le podían ocurrir mil cosas, solo era cuestión de esperar, y si, después Cristina se quedó pensativa unos segundos se me acerco y me dijo.

    -Te quedo el mal sabor de boca, putito…??

    -Si… Cristina…

    -Ahorita se te quita, ya veras…

    Cristina tomo mi correa me levanto y me llevo de nuevo hacia el respaldo del sillón, me dijo que me inclinara y separara mis piernas, trajo una silla y se sentó a un lado mío activo el plug y después tomo mi miembro y comenzó a masturbarme.

    – Bien putito, cuando vayas a terminar me avisas, entendiste…!!!

    -Sí, Cristina.

    A pesar de la situación tan incómoda, rápidamente tuve una erección y no tarde mucho en avisarle a Cristina que estaba a punto de venirme, ella tomo una copa y la coloco bajo mi pene, no paso mucho tiempo para que soltara una fuerte descarga de semen dentro de la copa.

    -Muy bien putito, pero necesito más…!!!

    Sandra y Pamela sabían perfectamente que es lo que Cristina deseaba y solo miraban extasiadas. Cristina tomo el control y le aplico más velocidad, sentía como si me taladraran el culo, pero muy a mi pesar tuve otra erección y Cristina masturbaba vigorosamente mi miembro y en pocos minutos volví a venirme, llenando un poco más la copa.

    -Muy bien putito, pero necesito mas… entendiste… mas…!!! A ver Sandra en lo que lo ordeño tu sube y baja la velocidad del plug, vamos a sacarle toda la leche…!!

    Y de nueva cuenta, tomo mi flácido miembro y comenzó a acariciarlo, mientas que Sandra activaba el plug, Cristina se veía que era una experta, ya que en segundos de nuevo mi pene se puso erecto, sentía que las piernas se me doblaban y cada vez que el plug llegaba a tope hacia que mi cuerpo se estremeciera, esta vez se le dificulto un poco más a Cristina sacarme hacerme eyacular, pero no parecía importarle ya que agitaba vigorosamente mi miembro, hasta que al fin volví a eyacular.

    -Muyyy… bien, putito, fue un excelente ordeñe chicas.

    Le paso la copa a Sandra y después, en son de festejo, me comenzó a nalguear repetidamente y las tres comenzaron a reír, después tomo mi correa y me jalo hacia abajo acomodándome entre sus piernas, no opuse ninguna resistencia, todo mi cuerpo temblaba así que fácilmente me acomodo como quiso, una vez que me tuvo hincado frente a ella me dijo.

    -O te lo tomas tu solo o va a ser peor para ti.

    Quería que me tomara mi propio semen, pero sabía que si me negaba ella era capaz de todo, así que solo abrí la boca, esperando que vaciara la copa de una buena vez, pero Cristina deseaba hacerlo lo más humillante posible y me dijo.

    -Saca la lengua!!

    La obedecí y saque la lengua, Cristina acerco la copa lentamente y comenzó a vaciarla sobre mi lengua, de inmediato pude de sentir el sabor amargo en mi lengua, y un escalofrío recorrió mi quijada, y por reflejo intente meterla.

    -A ver Sandra, agarrale la cabeza y tu Pamela observa muy bien…

    Sandra se hinco tras de mí y tomo mi cabello y jalo mi cabeza hacia atrás y con la otra mano apretaba mis mejillas para forzarme a abrir la boca. Y de nuevo volví a abrir mi boca y Cristina comenzó a vaciar la copa, una gran cantidad de semen cayó sobre mi lengua.

    -Bien putito, ahora trágatelo.

    Sandra me soltó las mejillas y cerré mi boca y trague el semen, me dio un gran asco, pero si lo escupía sería peor para mí.

    -A ver putito enséñame que ya lo tragaste todo.

    Abrí la boca y pude ver que Cristina sonreía y volteaba a ver a Sandra y Pamela.

    – Muy bien saca otra vez la lengua.

    Una vez más Sandra me sujeto y Cristina vació otra porción de semen en mi lengua y de nuevo lo tuve que tragar.

    En total fueron como cinco veces las que Cristina me hizo tragar mi semen, ya lo que restaba al fondo de la copa me lo dio ella misma con su dedo, después las tres volvieron al cuarto de Cristina y continuaron viendo el video, no sabía que iba a suceder después.

    Continuará…

  • Agripina, la más deseada

    Agripina, la más deseada

    En tiempos del Imperio romano, donde las madres enseñaban a follar a sus hijos. Los padres se tiraban a los hijos y a las hijas. Los hermanos se follaban a las hermanas. Las doncellas a sus esclavas y esclavos, a sus amigas y enemigas. Donde las orgías estaban al orden del día y donde los dioses no se metían en la vida sexual de los humanos, o si lo hacían era para follar como descosidos, (véase Leda y el Cisne) en esos tiempos vivió un doncella llamada Agripina.

    Agripina era alta, delgada, de ojos color avellana, tetas pequeñas, fina cintura y grandes caderas. Era hija del Senador Celsus y de su esposa Claudia. Vivía en una villa. Tenía a su servicio personal a Aregoma, una esclava negra, con ojazos negros, espigada, delgadita, con grandes tetas y tremendo trasero.

    Agripina era la dama más deseada por tribunos, senadores, legionarios, gladiadores, escribas… por el Cesar, su esposa, sus hijas, por todas las damas y por toda la plebe de Roma que habían tenido el placer de conocerla.

    Agripina era muy hermosa, y decían que en gran parte se debía a los masajes faciales que le daba su esclava etrusca Aregoma… Esa tarde le estaba dando uno de ellos. Agripina, boca abajo en la mesa de masajes, desnuda, oleada con aceite de oliva perfumado, tenía a Aregoma, también desnuda, sentada en su espalda, dándole un masaje facial, y le decía:

    -Tanto me adulan que voy a acabar por creer que soy la dama más hermosa de Roma.

    -Podéis creerlo, lo sois, ama.

    Entró en la habitación Celsus, el padre de Agripina. Un cuarentón de pelo cano, alto y entrado el carnes, se acercó a la mesa, levantó la túnica, y puso su pequeña y empalmada polla en la boca de su hija. Agripina, sin manos, chupó la polla. Aregoma descabagó de su ama, y le comenzó a masajear la espalda… Al llegar al culo masajeaba las nalgas, las abría y follaba con un dedo su ojete… volvía a masajear nalgas, espalda, hombros y costillas, una y otra vez… Todo lo hacía despacito. Pasado un tiempo, cuando Celsus se iba a correr, le dijo a Aregoma:

    -Ya tienes listo tu ingrediente secreto, esclava.

    Aregoma se volvió a sentar en la espalda de Agripina. Celsus, al comenzar a correrse, sacó la polla de la boca de su hija, y se corrió en las manos de Aregoma. Con la leche, la esclava, acabó de darle el masaje facial a Agripìna.

    Al acabar el masaje facial, le preguntó Agripina a su padre:

    -¿Le enseñasteis algo nuevo a mi hermano Justino?

    -Hoy le vamos enseñar el trenecito.

    -¿Puedo mirar cuando lo hagáis?

    -Sí, hija, sí, y puedes llevar contigo a tu esclava.

    Celsus abandonó la habitación. Aregoma desmontó de nuevo. Agripina se dio la vuelta, y le dijo:

    -Termina.

    Aregoma echó aceite sobre el vientre de su ama. Lo masajeó. Subió al cuello. Bajó a los hombros. Volvió a echar aceite sobre las tetas. Masajeó las tetas con una mano y con las dos. Las apretó y le chupó los pezones. Bajó masajeando. Masajeó alrededor del coño peludo. Siguió masajeando hasta los pies. Masajeó plantas, dedos, tobillos y talones y volvió masajeando el interior de los muslos hasta el coño. Echó aceite en él. Con los dos dedos pulgares masajeó los labios del coño y los metió dentro de la vagina, después acarició el clítoris. Agripina, gimiendo, le dijo:

    -Lengua, Aregoma, lengua.

    Aregoma le lamió los labios del coño. Le lamió el culo y le folló el coño con la lengua. Le metió tres dedos en el coño. La masturbó con ellos. Le lamió el clítoris, y al rato…

    -¡Voy a llegar al Olimpo!

    Agripina se corrió haciendo un arco. Argemona no quitó la lengua del clítoris hasta que su ama no dejó de gemir.

    Al acabar fueron a otra habitación y se metieron en el baño. Un baño que ocupaba la mitad de la estancia y que tenía unas escaleras para bajar. Allí, Aregoma, lavó a Agripina. De allí fueron a la habitación de su ama y la ayudó a vestirse. Cuando Agripina salió al jardín. Aregoma, arrimada a la pared, se metió dos dedos en el coño, y ni dos minutos tardó en encogerse gimiendo de placer. Al acabar, metió en la boca los dedos empapados de su corrida y se los chupó.

    Llegó la noche. Agripina y Aregoma fueron a la habitación de Celsus. Allí estaba su hermano en la cama lamiéndole el coño a su madre. Justino, al verla, le dijo:

    -¿Gustas, hermana?

    Agripina se quitó la túnica, se metió en cama, y a cuatro patas, le empezó a comer el coño a su madre, el coño peludo y mojado de una mujer rubia de 42 años, con pequeñas tetas y cuerpo delgado… Su hermano le lamió y le folló el coño con la lengua… Celsus, le quitara la túnica a Aregoma y le estaba chupado sus grandes y negras tetas.

    Justino, que era un veinteañero, alto, rubio, de ojos azules, de cuerpo musculado y guapo, le metió la polla en el coño a su hermana… Al rato empezaron a gemir Claudia y Agripina. Argemona, a la que follaba Celsus, por detrás y de pie, y que tenía la cara arrimada a la pared, se frotó el clítoris buscando el orgasmo, y lo encontró. Todos oyeron sus gemidos de placer al correrse, y esto hizo que Agripina y Claudia la acompañaran en su viaje al Olimpo. Celsus, además de los gemidos de Aregoma, de su esposa y de su hija, sintió como el coño de la esclava apretaba su polla y la bañaba de jugo con su corrida.

    Sacó la polla empapada del coño de Aregoma. Fue a la cama y se la metió en el culo a su hijo, diciendo:

    -Esto es el trenecito, Justino.

    A Justino le entró la polla de Celsus como un tiro, se ve que no era la primera vez que lo enculaban, y le debió de gustar, ya que al correrse su padre dentro de su culo, él se corrió dentro del coño de su hermana.

    Se agradecen los comentarios buenos y malos.

  • Mi tío me hizo suya a la fuerza

    Mi tío me hizo suya a la fuerza

    Mi tío Jaime era un hombre muy amigable. Solía hacer fiestas con muchos amigos y divertirse con muchas mujeres. Él no tenía esposa, jamás había estado siquiera cerca de casarse con alguna. Le gustaba vivir la vida sin remordimientos ni preocupaciones. Por lo mismo no tenía tampoco hijos. No lo veíamos mucho porque él se había regresado a vivir a Cuba desde hacía ya mucho tiempo, pero por una buena oferta de trabajo vino a vivir a México. Mi padre tenía mucho tiempo sin verlo y no sabía que esperar. La verdad yo tenía muchas ganas de ver a mi tío, era muy bueno con nosotros cuando éramos pequeños y yo era su consentida cuando era pequeña. Solía traerme siempre que venía de visita regalos y juguetes muy lindos. Teníamos más de diez años sin verlo y lo extrañábamos mucho.

    El llego un sábado por la mañana. Nosotros estábamos haciendo una carne asado para comer y él llegó justo en la hora de la comida. ¿Cómo están familia? –Preguntó sonriente, mientras dejaba su maleta de piel en el suelo–. Yo corrí a abrazarlo y él me abrazo también. Yo acababa de cumplir los dieciocho y para poder celebrarlo hicimos esa carne asada. El me bajo y me dijo –déjame verte hija, vaya, ya estás bien crecidita, ya no eres una niña mi amor, ya eres todo una mujer–. Pues claro tío, ya cumplí dieciocho, ya soy mayor de edad –dije–. Mi tío me recorrió con la mirada de arriba abajo viendo cada parte de mí. Yo noté su mirada tan penetrante y me hizo sentir un poquito incómoda. Después saludó a mis padres y mi hermano y nos pusimos a platicar de todo lo que estuvo haciendo en Cuba por tantos años. Nos contó que estuvo vendiendo varios puros a otros países ilegalmente y había ganado mucho dinero. La historia no le hacía sentir mucho orgullo a mi padre, pero él estaba feliz de que ya había conseguido un trabajo mucho más honrado y estaba dispuesto a cambiar de estilo de vida, aunque; como muchos saben, algunas personas nunca cambian.

    Mi tío quiso irse a un hotel en lo que encontraba una casa para vivir, pero mi padre no se lo permitió. No puedo dejar que alguien de la familia se quede en un hotel, tu siempre vas a tener un lugar en mi casa hermano, a pesar de todo lo que haya pasado antes, tú sigues siendo mi familia –dijo mi padre–. Mi tío Jaime lo abrazo agradeciéndole y aceptó la invitación de mi padre. Yo estaba cursando la prepa y mi tío me ayudaba con algunas de las materias que tenía problemas. Por la tarde nos poníamos a estudiar y el últimamente era algo más cariñoso de lo normal conmigo. Jugaba a hacerme cosquillas y disimuladamente apretaba un poco mis senos o mi trasero. Siempre con mucha sutileza pero yo lo notaba. Cuando íbamos de visita toda la familia al rancho solíamos quedarnos el fin de semana desde el día viernes saliendo de clases. Después de haber estado más de un año en México mi tío ya había comprado su casa. Fuimos al rancho y él nos acompañó. Era época de verano y en ese tiempo me encantaba ir a bañarme desnuda a un pequeño río que quedaba cerca del rancho. Me iba a caballo y llegaba muy rápido. Ese día me quite la ropa y me metí al rio. El agua estaba muy rica y algo fría. Mis pezones se pusieron duros desde que me aventé al río. Era un lugar que muy poca gente conocía por lo que nunca había nadie ahí.

    Estuve ahí por más de media hora cuando de pronto escuché el galope de otro caballo. Era mi tío Jaime, yo me metí al rio escondiendo mi figura para que él no me viera. Oye hija, tu mamacita quiere que te regreses para que la ayudes con la comida por que la muchacha que le ayudaba tuvo que ir a comprar algunas cosas –dijo mientras me veía como si tratara de ver bajo el agua–. El tomo la toalla de entre mis cosas y la extendió hacia mí. Toma para que te seques hija –dijo–. No puedo, no traigo ropa, ando encuerada –dije–. No pasa nada hija, somos familia, tú salte y tómala –dijo–. Bueno pero volteé la cara tío –dije–. Yo salí desnuda del río. Mi joven figura húmeda y voluptuosa estaba frente a sus ojos y la tentación de verla era demasiada por lo que no pudo resistir. Me dio la toalla pero me miro de frente de inmediato. Tío le dije que se volteara –dije–. Perdóname hijita, pero un cuerpecito como el tuyo no se ve todos los pinches días –dijo mientras se saboreaba como si hubiera visto un plato delicioso de comida–. La saliva casi salía de su boca y yo me sentía indefensa ante sus miradas. Me tape rápidamente con mi toalla y fui a recoger mi ropa. Espérate chiquita, no hay prisa, tu mamita puede arreglárselas sola por un rato –dijo mientras resoplaba como un toro bravío–. Vamos a meternos los dos al río –dijo mientras comenzaba a quitarse toda la ropa–. No tío, yo ya me quiero ir para ayudar a mi mamá –dije–. Ándele mija, quítese esa toallita y vamos a bañarnos juntitos como cuando nos metíamos a la playa cuando eras chiquilla –dijo–. Pues sí pero esa vez no estábamos desnudos. Él se bajó los pantalones y la ropa interior y dejo salir su polla. Una polla bastante grande y obesa haciendo honor a ese origen cubano que tenía junto con mi padre. Su prepucio aun escondía su polla y se meneaba mientras se terminaba de quitar la ropa. Yo ya me voy –dije molesta–. Usted no se va a ningún lado mijita, usted se va a quedar a hacerle compañía a su tío favorito –dijo–. Me abrazo y me arrebato fuertemente la toalla arrojándola al suelo violentamente. No sabes desde cuando quería quedarme solito contigo negrita –dijo mientras frotaba mis senos–. Yo forcejeaba y trataba de gritar pero él me puso una mano en la boca. Te tengo unas pinches ganas desde que llegue a la ciudad bebé –dijo empujándome violentamente al suelo–. Tomo su polla y la masturbo para hacerla aún más dura. Su gran erección imponía respeto. Yo trate de incorporarme pero él me empujo boca abajo y sentía como mi cuerpo se llenaba de tierra y césped fresco. No había nadie que me pudiera ayudar y no tenía la fuerza para pelear con él. Mi cara estaba cerca de una porción de lodo y yo temblaba por lo que mi tío quería hacerme.

    –Por favor no me haga daño tío.

    –No te voy a hacer daño mijita, esto te va a encantar.

    –No quiero, bájese de encima se lo ruego.

    –Cállate el puto hocico y quédese así mija.

    –Bájese ya por favor.

    –Puta de mierda

    Mi tío metió su polla entera en mi vagina sin pedir permiso ni perdón. Empujo mi cabeza junto al lado mientras él seguía jodiendome. ¡Ayuda, por favor! –Grite de manera desgarradora mientras él seguía violándome sin misericordia–. Me besaba la espalda y la parte baja de la nuca y el cuello mientras me dominaba y forzaba a mi vagina a recibir su polla. Mis gritos se desvanecían en el gran abismo del silencio de aquel gran y solitario pastizal. Yo no podía luchar más. Su asqueroso aliento a cigarro era lo único que podía recordar de esa vez mientras me besaba y destruía mi cuerpo. Después de unos minutos se detuvo y me beso con la lengua en mi cuello. Toma tu lechita mija –dijo mientras unos grandes chorros llenaban mi vagina–. ¡No, chingue a toda su puta madre tío, quítese a la chingada! –grite–. Él no me soltó y termino de eyacular dentro de mí. No crea que esto se va a quedar así –dije–. Tú no vas a decirle nada a tu papito o yo le voy a contar lo que te vi hacerle a tu novio en tu casa el otro día mi amor. Continuara…

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