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  • 5 pileteros me llenan de leche

    5 pileteros me llenan de leche

    Comenzaba el verano, recordar al grupo de limpiadores de piscinas que solía venir a limpiar la mía, me daba mucho morbo, el jefe, un morocho imponente, grandote y de muy mal carácter con los trabajadores, pero conmigo un dulce, seguía a cargo de la compañía.

    Un día le pedí que me pasara bronceador por la espalda, recuerdo que le temblaban las manos y que a mi se me humedecia la conchita como nunca. Esa tarde volvieron, eran 5 hombres con mucho calor y con muchas ganas de ver seguramente a una mujer tomando sol en bolas, los recibí en bata de baño, cortita y de color verde fluo, debajo un pañuelo de seda que tapaba mis pezones y una tanguita muy muy diminuta.

    Ellos entraron y se sacaron sus vísceras, el morocho se las hacía poner por prolijidad y a ellos no parecía gustarle mucho esa idea ya que no las usaban todo el tiempo, uno era rubio y estaba todo tatuado, alto y con barba candado, otro pelado y muy fornido, más bajo pero con un bulto prometedor, los otros dos morochos y altísimos, uno de ellos tenía el pelo largo y usaba trenzas.

    Pasaron directamente a la pileta, mi parque es amplio y tiene un gran camastro en medio del césped, rodeado de una glorieta blanca y con telas transparentes que dejan entrever lo que ocurre en esa cama de bambú llena de almohadones y velas aromáticas, un frigobar y música, el camino hacia la piscina es de piedras tornasol que brillan según la hora del día de diferente forma, a 15 metros están ellos, yo de una me saco la bata y me manguereo las tetas, el pañuelo se pega a mis pechos y se me ponen los pezones muy duros, los quiero enloquecer y cogerlos a todos.

    Ellos ni hablan, solo observan y el morocho los insulta y les dice que se dediquen a trabajar; me voy al camastro, me saco el pañuelo y empiezo a acariciarme toda poniéndome bronceador, se puede ver cómo ellos intentan mirarme y se ponen torpes al trabajar, se les caen las cosas, se sonrojan, hablan entre sí, salgo al rayo del sol y de pie mirando hacia el cielo, comienzo a echarle a mis tetas un aceite fluido y de aroma a coco, comestible, claro está, porque deseo que ellos chupen de ellos mucho tiempo; me tiro aceite de coco en las nalgas y con una mano las abro y subo una pierna sobre unas rocas decorativas, se que se me ve bien el culo y eso me pone caliente y muy puta, me lo abro imaginando cada verga de esas adentro y como ese rubio me lo escupe.

    Me meto aceite en la tanguita y me toco la conchita , la manoseo con aceite y ellos me miran, dejan de trabajar y se empiezan a tocar la pija, todos a la vez, llamo al morocho, él es el primero que me va a coger duro y con fuerza, se acerca y me dice, – señora por favor que hace-, le contesto,- que hago?, quiero ser cogida toda la tarde mientras se llena la pileta, el me mira, la pija la tiene de corbata, la cabeza se asoma en la panza, así como me gustan, grandes y cabezonas, con ese ojo brillante de esa primer gotita de babita de leche, y le digo, empezas vos morocho y ellos que miren…

    El negro morrudo me chupa las tetas y me mete la mano en la concha, me pajea, me levanta y me lleva al camastro, lo primero que hace es chupármela, este negro tiene la lengua mas ancha que vi y muy gordita, chupa y chupa fuerte, lame y me la escupe, me mete el dedo en el culo y me dice, – señora que linda puta que es; lo miro, lo agarro de los pelos y le hundo la carita en la conchita ya muy mojada y le digo:- si , soy muy puta y te pensé todo el año, pero como me dejaste caliente ahora me coges vos y tus trabajadores, le sigo hablando, -morocho dale así, chupala suave, que tenes conchita para rato, abrila y mírame mientras la punta de la lengua me penetra como una pija, el morocho lo hace y juro que puso la lengua tan dura que le pedí que siga y no pare, el me mira profundo y me dice- señora llamemos a los pibes que la quiero ver chupando muchas pijas mientras se la sigo chupando, le contesto que los llame y dirija la cogida.

    El primero que se acerca es el rubio, tiene una pija blanca y la punta es rosada, no es muy ancha , pero es larga y dura, entra y el morocho le dice métele pija a la señora en la boca, el rubio me coge la boca , y entran los demás, todos me cogen la boca y esperan su turno de chupada,me entraron de a dos y con las dos manos pajeaba a los otros dos, el morocho les dice, a esta puta hay que garcharla bien garchada, veni pibe, le dice al de trenzas, vos y yo vamos a metérsela, y entre el morocho y el de trenzas me cogen fuerte, me hacen una doble hermosa, el rubio se anima y me la mete junto al de trenzas en la conchita, tres porongas de una es lo mas lindo del mundo, en ese momento entre la manoseada de tetas y la leche que les salia a los otro dos, yo estaba totalmente excitada, cuesta entender que existimos mujeres que nos gusta coger así y que necesitamos sentirnos las mas putas del planeta; siento como del culo me chorrea leche y ellos gritas todos, son lobos calientes, el morocho la saca del culo y me sigue manoseando, todos me llenan de leche y les pido que me laman como perros y me limpien, a dos de ellos se les para de nuevo, ellos me vuelven a coger y le digo al morocho que me meta la pija en la boca, así dormida y recién ordeñada, los otros me lamen el clítoris y el morocho no entiende cómo me como su pija dormida, les cuento amo chupar pijas dormiditas y chiquititas, sentir todo el proceso de erección, y si no sucede no me importa porque les saco lechita igual.

    La piscina se llenó, y les digo que nos metamos todos a disfrutarla, y así fue, luego les pedí que se queden y ellos me dicen que es una pena que no sacamos fotos, les cuento que en mi página de instagram DEBOCAENBOCA aparezco en una piscina… visiten la página y allí me podrán ver.

    La madrugada nos encontró cogiendo todo el tiempo y esto continuará…

  • Con mi prima Miriam

    Con mi prima Miriam

    Mi prima Miriam, es unos años menor que yo. Siempre fue una chica muy cariñosa y buena, sus padres han sido muy protectores con ella y eso contribuyó a su carácter ingenuo e inocente. Miriam es bajita, de piel blanca, pelo castaño y ojos marron claro. Sus labios gorditos y muy rojos destacan en su rostro claro, lo cual la hace muy atractiva. Pero además, mi prima ha tenido desde muy niña algo que a ella nunca le gustó pero que a la mayoría de los hombres nos vuelve loco: un culazo impresionante.

    De veras: jamás vi un culo como el de Miriam. Ya en su adolescencia, destacaba entre las demás chicas de su edad debido a ese trasero respingón de nalgas grandecitas y redondas. En vaqueros, en chándal… se pusiera lo que se pusiera, hacia girar las cabezas de todos, grandes y mayores, cada vez que pasaba. Yo me marché a vivir a otra ciudad, estuve varios años fuera, durante los cuales nuestro contacto se redujo al mínimo.

    Pero al regresar, me encontré con una Miriam diferente, ya con 18 años recién cumplidos. Seguía siendo muy bajita, pero estaba hermosa, su cara aniñada seguía ahí, pero con rasgos más adultos y atractivos. y como no, ese impresionante culo de mi prima, el cual había sido objeto de deseo y protagonista de más de una buena paja en mi adolescencia, seguía ahí, más hermoso si cabe. Para colmo, a Miriam le habían salido en mi ausencia un par de tetas grandes y gordas, lo que le faltaba para ser el centro de atención entre sus amigos y amigas.

    Su carácter cariñoso e ingenuo seguía intacto, cuando retomamos el contacto y quedábamos para vernos, todo eran abrazos y besos. Obviamente, esas muestras de afecto por su parte no tenían ninguna intención sexual, pero yo no podía evitar sentir un deseo brutal cada vez que esas tetas gordas se apretaban contra mi pecho. Me sentía culpable por mis pensamientos, intentaba no fijarme en ella como mujer y corresponder a ese cariño sano. Pero… la carne es débil.

    A mediados de aquel verano, ella me llamó emocionada porque había organizado junto a otros primos y un grupo de amigas un fin de semana en un camping a pie de playa, con actuaciones, discoteca, bufet libre etc. Yo le dije que me gustaba la idea, pero yo era bastante mayor que ellos y que me daba palo ir. Me insistió diciendo que eso era una tonteria, y al final me convenció.

    Llegamos al camping y nos instalamos en unas cabañas muy chulas, ella insistió en que compartiéramos una, pequeña pero acogedora, con dos camas una al lado de la otra. Nada más llegar, me dijo de cambiarnos y bajar a la playa, así que me puse el bañador y al darme la vuelta, veo que ella ya se ha cambiado y por poco me da un infarto. Llevaba un bikini de rayas amarillas y blancas, muy pequeño, la visión de esas tetas gordas y firmes apretujadas en ese pequeño trozo de tela hizo que notara un calambre en mi polla, que empezó a ponerse a tono casi al momento.

    Lo peor vino al darse la vuelta… Ver ese culo impresionante, firme y gordito, que se tragaba irremediablemente las braguitas del bikini… ahí ya no pude contener la mirada. Le dije en tono de broma: » muy justito ese bikini prima, ¿No crees? Ella soltó una carcajada y me dijo: «¡No me seas antiguo! Además, me ponga el bañador que me ponga, va a terminar metido en el mismo sitio, ya estoy acostumbrada.»

    Total que fuimos a la playa, a mi me costaba andar y disimular la erección que llevaba. Durante toda la tarde, estuve con un calentón infernal, que se agravaba cada vez que ella se acercaba a mí con ese bikini apretado y mojado, en el cual se marcaban sus pezones. Ya bien entrada la noche, allí seguíamos de fiesta bebiendo y bailando, cuando mi prima se acercó y me comentó que no podía más, había bebido mucho y necesitaba dormir.

    Así que fuimos a la cabaña, ella apoyada en mi dando tumbos, riéndose y cantando. Al llegar intenté tumbarla en su cama, pero al ir a soltarla, sin que lo esperara me besó. Fue un beso intenso, entre gemidos, ella me se agarraba a mi cuello y pasaba la lengua por mis labios, yo le decía «prima, estás mal, no sabes lo que haces, tienes que dormir…» Pero ella seguía besándome, de repente, de un tirón soltó el nudo de su bikini y esas dos tetazas gordas saltaron frente a mi cara, ya no pude más. Al ver sus pezones grandes y rosados, empecé a lamerlos y chuparlos mientras ella se retorcía entre gemidos.

    Mientras con la boca me ocupaba de sus tetas, con una mano la agarré por el culo, que tal y como yo imaginaba estaba bien duro y firme, con la otra mano masajeaba su coño por encima de las braguitas del bikini. Como pude, lo eche un poco a un lado y deslicé dos dedos en busca de su coñito. Y de coñito nada. Mi prima tiene un coño grande, de labios gorditos, estrecho y suave, le metí los dos dedos del tirón y noté como al momento chorreaba de tal manera que notaba sus flujos en la otra mano alojada en el culo. Me agaché, tenía que verlo y comérmelo, ella abrió las piernas nada más rozarla con la lengua, echaba sus caderas hacia adelante entregandomelo, y sus gemidos dieron paso a pequeños gritos.

    En ese momento la culpa volvió a mi, me incorpore tratando de parar la situación, pero ella estaba fuera de si, me bajó el bañador casi a tirones y se fue directa a por mi polla con la boca abierta. La engullía de tal modo que incluso me hacía daño, tragaba literalmente mi capullo y hacia presión hasta tener mis huevos en la barbilla. La visión de esa cara angelical tragando polla mientras veía ese culazo en pompa moverse, sus intentos por tragar más a fondo cuando ya mis huevos hacían tope… me sacó de mi. Olvide que era mi prima, le dije «date la vuelta» y puesta en cuatro, volví a comerle su gordito coño, y sobre todo ese culo que me había tenido en vilo durante años.

    Al meter mi lengua en su culo, noté como temblaba y su coño chorreaba, supuse que se había vuelto a correr, así que acerqué mi polla y la fui metiendo despacio, notando como su cálido coño se abría. Cambié el ritmo, empecé a empujarla fuerte, muy fuerte, ella gemía y a veces hacia gesto de dolor, pero si aflojaba el ritmo ella empezaba a culear muy fuerte. Oía las palmadas de su enorme culo contra mi vientre, la agarré de las tetas y seguí en ese ritmo desenfrenado hasta que ya no pude más.

    La saqué para correrme, ella se dio la vuelta y me puso las tetas, pero la corrida fue tan intensa que fue a parar a su cara, a su pelo. Acto seguido, se dejó caer en la cama, y en menos de dos minutos ya estaba profundamente dormida. Y ahí estaba yo de pie, contemplando a mi prima desnuda, con su carita angelical y sus buenas tetas llenas de leche, aún llevaba la braguita del bikini a un lado, con su coño gordito y colorado al aire, y me fui a dormir contento pues le di a mi prima la follada de su vida. Aún me quedaba descubrir que diría al día siguiente…

  • La oficina de enfrente

    La oficina de enfrente

    Las cortinas corridas permitían ver el desorden que imperaba en la habitación amoblada como living o sala de recepción… El alba saludaba los grises edificios de la ciudad y el silencio enfrente era desolador en comparación con el concierto de gemidos y luego gritos que llenaron la calurosa noche de ayer…

    Trabajaba duro en mi oficina tarde por la noche… Era lunes para martes y por supuesto no había una luz encendida en los edificios circundantes, pues es un sector dedicado solo a oficinas. Estaba frente a mi Pc con la luz apagada y la ventana abierta (el AC estaba descompuesto hacía meses), llenando unas planillas…

    La noche estaba tranquila y solo se podía escuchar el ruido del tránsito lejano. De pronto, en la oficina justo frente a la mía del edificio de enfrente se encendieron las luces… Instintivamente bajé la pantalla de mi pc para apagar toda luz de modo de no ser visto…

    Enfrente entraban un hombre y una mujer de unos 30 años cada uno con bolsas de supermercado en las manos… Tras dejar los paquetes en el suelo se miraron unos segundos para luego acercarse hasta abrazarse… se besaron larga y apasionadamente durante varios minutos al tiempo que se tocaban por todos lados ávidamente…

    El hombre, tras separarse de ella, la contempló por casi un minuto y sin más comenzó a desvestirla… Ella se dejaba, mas no cooperaba… Una vez desnuda la tomó de la mano y condujo hasta el sofá. Este se encontraba perpendicular al ventanal, por lo que solo podía verle la cabeza una vez sentada. Dada la posición en la que habían quedado no podía ver gran cosa por lo que perdí el interés en la escena y me dispuse a seguir con mi labor… Levantaba la pantalla de mi laptop cuando noté que el hombre movía el sillón hasta dejarlo de frente al ventanal a solo unos centímetros del balcón… Al acercarse a la ventana pensé por unos instantes que cerraría las cortinas, pero no… En vez de ello, abrió las ventanas completamente y encendió la luz del exterior… El escenario estaba montado. La mujer estirada desnuda sobre el sillón esperaba y yo volvía a cerrar mi pc… El morbo me había ganado…

    Se sacó la ropa raudamente, sosteniéndole la mirada a lo que ella, a modo de respuesta, sonreía y bajaba la cabeza alternadamente… Con un gesto de la mano le pidió que se pusiera en 4 patas y levantara su culo… obediente, accedió de inmediato… Se acercó y de una sola vez la penetró hasta el fondo, comenzando a bombearla de forma rápida y brusca… El mete y saca llevaba unos 5 minutos cuando la puerta de acceso a la oficina del frente se abrió de nuevo. Dos tipos entraron cautelosamente. Ella no lo notó, pues estaba empalada de espaldas a la puerta, mostrando cómo rebotaban sus tetas hacia un público, que ellos pensaban, no existía…

    Los nuevos invitados se mantuvieron quietos y en silencio en cuanto ingresaron… eran dos espectadores más del follón que se estaba llevando esa mujer que, a todo esto, era espectacular… Morena, de pelo largo y ondulado hasta los codos, ojos oscuros y tetas de al menos unos 100 cm con bellos y oscuros pezones… Debió tener 1.65 cm de altura, de piernas largas que remataban en un culo de campeonato y pronunciada cintura…

    En fin, estaba ella de espalda a los mirones cuando en medio de la follada el tipo, con una especie de bufanda de seda, tapó sus ojos sin parar el mete y saca… Menos de un minuto después la levantó y dejó en 4 patas de nuevo, solo para que uno de los nuevos tomara su lugar y siguiera follándosela…

    Fue cuando comencé a filmar por lo que no alcancé a notar si ella se había o no percatado de la situación, sin embargo, un minuto después el otro tipo empezó a chuparle con entusiasmo las tetas, apareciendo los primeros gritos de placer… Entonces, tras un intenso orgasmo de ella, la levantaron y, empalaron (por el culo) sobre el mismo tipo que le estaba dando en 4, dejando su coño totalmente expuesto lo que fue rápidamente remediado por el otro invitado, pues la clavó hasta los huevos de una sola metida…

    Torpemente al comienzo iniciaron sus movimientos. Luego, tras sincronizarse lograron un candente ritmo el que fue aumentando hasta volverse frenético cerca del clímax… El otro al ver la escena se acercó y comenzó a follarle la boca sin reparos… Así, los tres tipos llenaron sus tres orificios alternadamente hasta acabar, al menos, dos veces antes de dejarla descansar unos minutos…

    El que estaba en su culo fue el primero en recuperarse. Tomó a la mujer y la puso mirando al cielo. Le abrió totalmente las piernas, metiéndoselo sin preámbulo e iniciando de una el mete y saca a un ritmo rápido y brusco… Cuando terminó dentro de ella, otro la tomó y tras ponerla en 4 patas la perforó… El tercero no se hizo esperar, pues mientras el anterior le tiraba el semen en su cara, comenzaba a perforarla brutalmente… Los gritos y alaridos de placer de la mujer resonaban entre los edificios y sus orgasmos se sucedían uno tras otro…

    Los tres tipos estuvieron follándose a la mujer desde la una de la madrugada hasta casi las 6 am… Cuando terminaron, se vistieron y fueron, dejando el lugar como zona de guerra y a la mujer tirada sobre el sillón acostada mirando el techo desnuda, abierta de piernas y bañada en semen por todo su cuerpo… Dieron vuelta el sofá de modo que al entrar a la oficina lo primero que se apreciara fuera la mujer en el centro de un bizarro cuadro cargado de morbosidad y excesos…

    La mujer estaba dormida… El morbo me mantuvo despierto hasta el momento en que la puerta de acceso se abrió… Al tipo que presenció la escena se le desencajaron los ojos y su boca, abierta en un rictus de dolor e ira, no era capaz de articular sonido coherente alguno… Comenzaron los gritos… Eran desgarradores… de dolor… de un profundo dolor… Fueron menos de 30 segundos… La mujer despertó. Él se abalanzó sobre ella y mientras la penetraba, le daba bofetadas en su rostro… ella se debatía, luchaba, se cubría con sus brazos y de cuando en cuando lanzaba arañazos… Entonces, tomándola de los hombros, la levantó en vilo y arrojó por el balcón… Tras cortarse de pronto su grito al momento que su cuerpo se esparcía por el pavimento, el tipo levantó su vista y nuestras miradas se cruzaron… Lo que mostró no fue una sonrisa sino una mueca gélida y vacía al tiempo que pasaba su pulgar por el cuello en señal de amenaza… Me apuntó con su índice de la mano derecha, se dio la vuelta y tranquilamente se retiró de la oficina… Dejo estas palabras como testimonio de lo que vi… por si algo me pasa…

  • Lo conocí en la piscina

    Lo conocí en la piscina

    Hace poco con mi marido y mi hijo nos vinimos a vivir a un condominio que tiene piscina, ideal para estos días de tanto calor.

    Mi hijo había estado toda la semana insistiendo que deseaba ir a la piscina, pero con mi marido no habíamos podido ir por todo el tema de la mudanza, pero ahora que ya estamos instalados nos hicimos el tiempo para llevarlo.

    Estabamos en la orilla tomando el sol con nuestro hijo quien jugaba en la piscina cuando mi marido entabló conversación con un vecino del condominio que se presentó como Gonzalo.

    Una vez que mi hijo salió de la piscina nos despedimos del vecino y nos fuimos.

    Pasaron unos días y mi marido se fue con nuestro hijo a una actividad mientras yo me quedé en casa por una reunión mediante teleconferencia a la que debía conectarme.

    Mi reunión terminó antes de lo esperado y quedé libre así que decidí bajar a la piscina donde de casualidad me encontré con Gonzalo quien se acordaba de mi y estuvimos conversando toda la tarde.

    Noté que no dejaba de mirarme y yo al ver que tenía un buen físico tampoco dejé de mirarlo y coquetearle.

    La conversación derivó en lo atractiva que me encontraba y lo bien que según él yo me veía en «traje de baño», mientras me miraba de pies a cabeza.

    Me tenía bastante humeda así que no pude evitar decirle que en mi departamento tenía otros trajes de baño por si quería acompañarme y así le mostraba cómo me quedan.

    Gonzalo aceptó mi propuesta y nos fuimos a mi departamento, lo llevé a mi dormitorio y saqué unos trajes de baño que coloqué en la cama y le di a elegir uno para probarme.

    Una vez que Gonzalo optó por uno, le pedí ayuda para que me desabrochara el sujetador, el fue muy hábil y quedé con mis senos desnudos rápidamente.

    Se me quedó mirando cuando le pedí ayuda con la parte inferior del traje de baño, el sonrió y ya en mayor confianza se acercó y comenzó a bajarme la tanga dejándome completamente desnuda.

    Yo esperaba que se me lanzara encima, pero no lo hizo así que decidí seguir con el juego y le pedí que me pasara el traje de baño que el ya había seleccionado para probarme.

    Me puse dicho bañador y le encantó, pero sonriendo dijo que me veía mejor desnuda.

    Le dije que entonces me lo quitara así que me recosté en la cama y le hice señas para que se acercara.

    Lo primero que hizo fue quitarme el sujetador y acariciar mis pechos ya desnudos.

    Posteriormente empezó a sacarme la tanga mientras me iba acariciando la vagina.

    Ya me tenía completamente desnuda y yo estaba esperando que Gonzalo actuara, y lo hizo, comenzó a besar el interior de mis muslos, solo un preámbulo antes de que comenzara a pasar su lengua por mi vagina para luego acariciar y comenzar a introducir sus dedos.

    Mis gemidos deben haberlo excitado, se desnudó rápidamente y comenzó a besar mis pechos.

    Yo seguía acostada boca arriba con mis piernas abiertas, Gonzalo se subió sobre mi y mientras besaba mis pechos comenzó a introducir su pene en mi vagina.

    Tomé su cara y lo comencé a besar mientras podía sentir como entraba y salía su miembro de mi interior a la vez que el iba intercalando entre lamer mis pechos y lamer mi lengua hasta que no pudo más y con un fuerte gemido rápidamente sacó su pene de mi interior y terminó eyaculando sobre los vellos púbicos de mi vagina.

    Se recostó sobre mi y nos quedamos un buen rato besándonos y acariciándonos mutuamente.

    Yo estaba ganosa nuevamente así que me giré quedando ahora yo encima de él, lo besé y comencé a bajar besando su mentón, después su pecho y luego directamente a su miembro el cual lo besé y lo puse en mi boca para lamerlo y succionarselo cada vez más rápido a medida que oía sus gemidos.

    Cuando noté que estaba muy erecto me monté sobre el, tomé su pene y lo introduje lentamente en mi vagina mientras Gonzalo me miraba y me sonreía.

    Ya con el miembro de Gonzalo completamente dentro mío comencé a dar sentones y cabalgarlo a la vez que continuó hablando de lo hermosa que era y cuánto le estaba gustando todo eso a la vez que me apretaba los pechos y me los besaba.

    Yo seguía dando sentones y meneandome, podía sentir el pene de Gonzalo dentro mío y le sonreía mientras se lo aprisionaba con mi vagina.

    Seguimos disfrutando así hasta que Gonzalo me dice que no aguantaba más y solicitó que me bajara de él porque estaba por eyacular, pero yo estaba tan caliente que en lugar de levantarme lo abracé, unimos nuestras lenguas en un jugoso beso y Gonzalo no pudo evitar soltar un potente chorro de semen dentro mío.

    Fue todo tan intenso que agotada me recosté sobre el con su pene aún erecto dentro mío mientras le contaba que uso anticonceptivos así que no debía preocuparse, lo que me respondió con un delicioso y jugoso beso.

    Después de un rato de besos y caricias decidimos vestirnos y nos despedimos, acordando repetir lo antes posible.

  • La secretaria es mi perrito. Sometiendo a Lena (I)

    La secretaria es mi perrito. Sometiendo a Lena (I)

    En una de esas noches locas del viaje de empresa y de vuelta en el hotel, Lena, mi compañera de habitación, reconoció muy bajito y sólo después del montón de copas que llevaba encima, que nunca había tenido la ocasión de cumplir una fantasía sexual.

    Cleo iba pasadísima, y para qué negarlo, yo también iba fina. Tres treintañeras borrachas haciendo el cafre, la crema de la crema de la oficina.

    Entre grititos y risillas tontas, la interrogamos a saco, deseando saber, y le sacamos una torpe historia de cómo en la universidad, había tenido pared con pared a una chica que tenía medio campus revolucionado porque le iba el rollo dominador, y más de una noche se había ido a la cama con un calentón tremendo, oyendo los gemidos y las súplicas de las sumisas de su vecina.

    Intercambiamos batallitas y experiencias esa noche y nos reímos muchísimo. A la mañana siguiente, con un resacón increíble, Cleo afirmaba no acordarse de nada en claro después de tirarle la copa de vino al becario encima, y Lena disimulaba muy mal la vergüenza de quien piensa que ha hablado de más. Era tan tímida que me resultaba divertidísima, y más sabiendo que en el fondo, siempre se había quedado con las ganas de que alguien la pusiera bien en su sitio.

    Volvimos del viaje y retomamos la rutina de trabajo, y con el tiempo, ella pareció olvidar aquello, aliviada porque ninguna volvió a mencionar el tema.

    Pero yo lo recordaba todo, y mientras más me la imaginaba despierta contra aquella pared, oyendo los gemidos y tocándose muerta de vergüenza, más ganas me daban de probar ese rollo también.

    Para que te hagas una idea, Lena es bajita, con el pelo largo y oscuro y la carita pecosa. Se pone esos jerseys gordos de cuello vuelto, pero esas enormes tetas no hay forma de disimularlas con nada. Entre eso, las gafas pasadas de moda y las faldas largas, es la típica secretaria de manual.

    No es precisamente un animal social como Cleo, o como yo misma.

    Le saco una cabeza, y aunque tenemos el pelo más o menos de un color y un largo similar, yo lo luzco con mucha más gracia. No tengo ese inmenso busto, pero por donde pasa este culo, caen ríos de babas. El ego bien, gracias.

    Total, que entre una cosa y otra, me empecé a obsesionar un poquito con el tema, y con ella.

    Lena seguía como siempre, patosa y tímida, haciendo su trabajo lo mejor que podía.

    Así que un día se me ocurrió un plan, y organicé en casa una cena bien completa, para una cita que nunca se presentaría. Cuando ella pasaba por delante de mi despacho, fingí una discusión telefónica y me aseguré de levantar la voz lo suficiente.

    Funcionó. Lena dio un respingo al oirme insultar al aire y se asomó a ver qué me pasaba.

    Muy molesta, le conté como me habían dejado plantada a última hora con todo preparado ya en casa. Interpretación digna del Oscar.

    Es muy inocente. Cuando le pregunté si quería venirse a cenar a casa para no desperdiciar toda la comida que había encargado, aceptó. Según me contó por el camino, aun vivía con sus padres, y siempre le estaban dando la brasa para que hiciera vida social.

    Le encantó mi apartamento, y curioseó mi librería mientras me cambiaba de ropa. Me puse un tanga negro de encaje con abertura, que había comprado especialmente para la ocasión.

    Cenamos, acompañando la cena con algo de champagne para animar un poco la cosa. Luego nos acomodamos en el sofá a ver la televisión. La peli que daban era algo subida de tono, y aproveché para hacer chistes malos sobre plantones y quedarse con las ganas. Ella se rió.

    Mientras en pantalla un joven bien guapo manoseaba a una chica que no quería pero sí, estudié cuidadosamente a mi presa. Se la veía muy interesada en la escena. En su casa no tenía demasiada intimidad, y el ver algo así como si nada en el salón le parecía una travesura en sí misma. Tenía las mejillas sonrosadas y la risilla fácil.

    El champagne había cumplido bien su cometido.

    Así que me levanté a por un pañuelo en lo mejor de la escena, para que ella no perdiese detalle. Cuando la protagonista estaba al borde del clímax, le pasé el pañuelo por delante de los ojos y me acerqué a su oreja desde atrás.

    -Es muy aburrido limitarse a mirar. Se me ocurre que podíamos jugar un poco, si quieres, claro. Pero te tienes que portar muy bien.

    Se quedó completamente inmóvil mientras le anudaba el pañuelo y tomó muchísimo aire.

    -Te vas a portar muy bien?

    Asintió con la cabeza, murmurando un «Sí» apenas audible, tensa como la cuerda de un piano.

    -Y puedo hacer contigo lo que quiera?

    Le solté el pelo y al acomodárselo rocé con los dedos sus gloriosas tetas, lo justo para notar sus pezones durísimos bajo la ropa. En pantalla, la chica no dejaba de gemir.

    Lena se estremeció al sentir mis dedos, y asintió de nuevo.

    -Sí.

    -Me lo tienes que pedir por favor, Lena. Ruégame que te deje ser mi perrito.

    Y Lena se mordió el labio y susurró:

    -Por favor, Astrid, déjame ser tu perrito. Haré todo lo que me digas.

    Una adorable mosca enredada por completo en mi red.

    Bajó al suelo, a ciegas, sobre la alfombra, hasta arrodillarse a mis pies. Se quedó allí acurrucada con la cabeza gacha, como un auténtico perrito, esperando una orden.

    Le saqué el jersey por la cabeza, ella se dejó hacer con las manos lacias. Satisfecha por su obediencia, le quité todo salvo las braguitas de algodón blanco. Para no haberlo hecho nunca, debía de haberlo imaginado mil veces.

    Sus enormes tetas se balanceaban al ritmo de su respiración, y buscaba acercarse a mí a rastras, ansiosa por recibir instrucciones. Me gustaba verla así, con el pelo revuelto y los ojos vendados. Tomé un par de cubos de hielo de la cubeta de la botella, y me senté frente a ella.

    -Esto es lo que quiero que haga mi perrito: -le dije mientras le deslizaba el trozo de hielo por los labios- vas a sostener esto en la boquita hasta que se funda, y no puedes hacer ruido. Crees que puedes?

    Ella asintió con la cabeza, y sacó la lengua para recoger el hielo.

    Aprovechando que se había erguido un poco, pasé el otro trozo que me quedaba en la mano alrededor de uno de sus pezones.

    Se le escapó un «Mmph!» Y enseguida se recompuso. La piel de los pechos se le erizó ligeramente, sus rosados pezones duros y completamente erguidos pedían a gritos que jugara con ellos.

    Despues de aplicarle el hielo, me arrodillé a su altura y se lo pellizqué con dos dedos.

    Un «Ahhh» distorsionado por el pedazo de hielo que mantenía en la boca.

    Respiraba con pesadez, siempre buscando pegarse a mí. Mantenía las manos juntas entre las rodillas, obediente como un buen perrito.

    Sus tetas eran increíbles, firmes, pero blanditas y suaves, y jugué con su propio peso, apretándolas y dejándolas volver a su ser.

    Ella se dejaba hacer maravillosamente. Respiraba cada vez más rápido, pero no soltaba el hielo que tenía entre los dientes.

    Le di un ligero mordisco, haciéndola soltar aire de golpe.

    -Ya sabes lo que tienen que hacer los perritos… Puedes escupir el trozo de hielo.

    Ella asintió de nuevo. Buscó a tientas mis pies, y se postró ante mí. No escupió el trozo de hielo, sino que masticó y tragó. Buena chica.

    Sus labios helados recorrieron mis pies y subieron hasta mis rodillas, sus manos por mis piernas, deteniéndose con timidez en mi culo. Alzándose ligeramente, metió la cabeza bajo mi falda y una vez llegó hasta mi ropa interior, aspiró, se aferró con ambas manos a mis nalgas, y tras un gélido beso, empezó a lamer.

    Su entrega era total, debo decir que jamás había disfrutado de una comida semejante. Su lengua entraba y salía por la hendedura de mi tanga, tierna y fría, recubriendo totalmente mi clítoris. Sus manos se deslizaban por mi culo. Respiraba agitada y notaba su aliento haciendóme cosquillas entre las nalgas. El frío pasó a una ola de calidez muy intensa.

    Me dejé caer en el sofá para disfrutarlo mejor, desabrochándome la camisa. Ella siguió mis movimientos, dejándose ir conmigo. Separé las piernas para dejarla hacer. Deslicé la pierna entre sus rodillas, alzando el pie para rozarla con el dedo. La sentí jadear.

    Sus braguitas de chica buena estaban empapadas y resbaladizas, y respondió al roce penetrándome con su lengua. Esta vez el gemido fue mío.

    Empecé a frotarle el pubis con el empeine, guiándome por la enorme mancha húmeda y viscosa. Ella empezó a masturbarse restregándose contra mi pierna, como una auténtica perra en celo, sin dejar de comerme el clítoris por un solo instante. Gemía descontrolada, succionaba, lamía…

    La agarré por el pelo, a punto de correrme en su boca, y en uno de los vaivenes contra mi pierna, metí la mano derecha dentro de sus bragas. Aprovechando el charco, le metí un dedo hasta el fondo, y ella gritó y se corrió de golpe. Sus gritos me desbordaron del todo, y literalmente, exploté. La solté y me dejé caer hacia atrás, disfrutando el viaje.

    No se movió de donde estaba, jadeando, lamiendo mis flujos con ansia.

    Le solté el pañuelo y la aparté de mi con un pie.

    Qué imagen!! Me miraba con ojos suplicantes y llorosos, relamiéndose los hilos brillantes que le quedaban en los labios.

    -Por favor… -dijo en un susurro- seré muy buena. Haré todo lo que quieras. Puedes hacer conmigo lo que quieras. Pero por favor… Más…

    Menuda zorra es mi pequeña secretaria.

    Así que… Quién sabe, pequeña Lena, la noche es joven.

    Qué te hago?

    -Por VenoMaliziA.-

    Si te ha gustado mi relato, déjame tu valoración, tu opinión, o si te apetece, una sugerencia sobre qué podemos hacerle a Lena en el próximo capítulo.

  • Como crear tu puta personal (II)

    Como crear tu puta personal (II)

    Llevaba algunos meses viéndome a escondidas con Solange. Acordábamos momentos, acordábamos un precio y yo la recogía en mi auto para ir a algún motel de la ciudad y descargar mis oscuros deseos en su blanco cuerpo, había adelgazado y aunque me gustaba de cualquier forma, con unos kilos de menos se veía más sexy. Solía adularla con que se veía más delgada cuando se desnudaba antes de entregarse a mi y a ella le gustaba, se paseaba por frente a cualquier espejo en la habitación para apreciarse. Hablábamos más que la primera vez, teníamos más confianza y estaba seguro de que ella empezaba a disfrutarlo igual que yo.

    Los que han leído “como crear tu puta personal” sabrán que un elemento determinante en todo esto fue un amigo que me impulsó a pedirle a Solange una recompensa por su petición inicial de prestarle 80 dólares. Este amigo estaba enterado de cada detalle. Inicialmente me pareció importante que lo supiera para cubrirme en caso de que todo esto fuera algún tipo de estratagema perversa para robarme. Hay muchas historias de bandas criminales que usan chicas sexys para llegar a sus víctimas y robarles en el momento en que están más vulnerables. No era el caso pero no estaba de más.

    En uno de los tantos encuentros con Solange le comenté que mi amigo estaba interesado en tener una experiencia similar a la mía, es decir, tener una amiga para tirar de tanto en tanto a cambio de una módica suma, una puta, básicamente, pero no de esas de esquina, una puta personal. A mi lo que se me ocurria era que la misma Solange atendiera a mi amigo en una sesión magistral de sexo pago. Pero a ella se le ocurrió algo mejor y me dijo que tenía una amiga que podría estar interesada en jugar el mismo juego con mi amigo.

    Yuly se llamaba. No me quiso dar su número, al contrario me pidió que le diera el número de mi amigo y ella haría el puente. Así fue.

    Un día me encontré con mi amigo a tomar unas cervezas y me contó que Solange lo había contactado. Que le había dado el número de Yuli y que ella ya estaba enterada de toda la situación. Mi amigo me contó que se vio con ella, que al llegar al motel la chica fue directo al mini bar a tomarse algo y que había sido una experiencia muy interesante, que valía cada centavo.

    Intrigado, le pedí el número de Yuli sin que Solange lo supiera.

    Era viernes, había una fiesta en el trabajo y el alcohol, y algunas drogas, rodaron libremente. Me divertí, coquetee con algunas chicas del trabajo y bebí bastante. Al llegar a casa mi esposa estaba dormida y no hizo caso a mis intentos por despertarla para tener sexo, me ignoró, creo que fue intencionalmente por haber llegado muy tarde, era su manera de castigarme. Así que me acosté a dormir con el arma cargada y la excitación al tope.

    A la mañana siguiente llevé a mi esposa a su trabajo y apenas se bajó del auto me llegó la idea atrevida de hacer una travesura. Podría haber llamado a Solange, pero tenía mucha curiosidad por saber de Yuli, mi amigo me había dado buenas referencias de su performance.

    Abrí el whatsapp y le escribí directamente.

    – Hola Yuli, ¿cómo estás? Christian me dio tu numero y quisiera saber si estas disponible para vernos ahora mismo… Soy amigo de Solange.

    Recordé que habían sobrado varias botellas de alcohol en el trabajo y me dirigí hacía allá. Era sábado y no había nadie en la oficina. Sobre el mesón de la cocina descansaban dos botellas de champaña a medio beber y en la nevera había como 8 cervezas. Di un trago largo a una botella de champaña y sentí como mi cuerpo se reactivó. Justo a tiempo para recibir un mensaje de Yuli.

    – Hola… bueno sí, sí puedo. – Escribió.

    – ¿Dónde te busco?- pregunté.

    Acordamos un punto que ambos conocíamos y que nos encontraríamos en 20 minutos. Conduje hasta allí y me estacioné. No fueron 20 minutos. Estuve allí un poco más de media hora esperando hasta que apareció. Era una chica de 1.60 cm, cabello negro largo y lacio, ni delgada ni gorda, una chica con unos pocos kilos de más, cejas gruesas, se podian ver unos senos grandes y pesados bajo una blusa blanca ceñida a su cuerpo. Sus nalgas eran panchas, algo que no me gustó, me gustan las chicas culonas, pero bueno, ya estaba ahi, no me iba a echar atrás por eso.

    Accioné mi claxon un par de veces y le hice señas para que supiera que era yo quien la esperaba. Se acercó, abrió la puerta del auto y se subió.

    Me saludó casual y yo hice lo mismo. Lo siguiente que me dijo mientras yo aceleraba con destino al motel era que si Solange sabía de nuestro encuentro. Le dije que no. Acordamos que lo mejor era que ella no se enterara. En la charla camino al motel me contó que Solange le hablaba de mi, le decía que solíamos vernos en mi apartamento y que el apartamento quedaba en una zona exclusiva de la ciudad. Ambas cosas falsas. Noté que había cierta relación de amigas y rivales entre ellas. Sin embargo no desmentí lo que dijo Solange, no había necesidad, el hecho de que Yuli creyera todo aquello solo me hacía más deseable.

    Llegamos al motel. Pedí una habitación sencilla. Todas las habitaciones contaban con parqueadero interno así que entramos y la puerta se cerró detrás de nosotros. Bajamos del carro y subimos una escalera de caracol que llevaba a la habitación. Ella subió delante de mí así que pude tener su pancho culo enmarcado en unas pronunciadas caderas a centímetros de mi cara. He de decir que en estos momentos siempre se me ocurre la idea de detener a la chica, bajar su pantalón, pedirle que se ponga en cuatro en la escalera e introducir mi lengua en su culo, pero no lo hice, solía hacerlo solo con mi esposa, quien en ese momento se encontraba trabajando,

    Al llegar a la habitación Yuli se metió al baño. Yo me desnudé y me di a la tarea de buscar los canales porno en la televisión. Sintonicé uno en el que una chica blanca, con aspecto de gringa recibía una verga por el culo y otra por la boca, sentí que estaba bien y me relajé esperando la aparición de mi chica de turno,

    La puerta del baño se abrió y Yuli salió vestida con una ropa interior de encaje negra. Su brasier dejaba ver unos pezones pequeños y perfectamente redondos enmarcados en un par de tetas grandes y apretadas. Debajo un abdomen con unos cuantos gorditos que terminaban en una caderas amplias y sinuosas y unas piernas cortas y bonitas. Llevaba unas medias hasta la mitad de los muslos. Me sorprendió que se esforzara tanto para un encuentro ocasional como aquel y aquello marcó una diferencia con Solange, que nunca tenía este tipo de detalles.

    Lo siguiente fue que se acercó a la cama, donde yo me encontraba mientras veía la escena porno en el televisor.

    – Nunca he entendido el porno – dijo.

    Seguidamente se subió a la cama y se puso en cuatro mientras se quitaba el brasier y la tanga, me indicó que me pusiera de pie en frente de ella y sujetó mi verga con una mano mientras se apoyaba con la otra para mantener la posición. Abrió la boca y empezó a chuparmela.

    – No sé por qué los hombres ven tanto porno – me decía cuando se sacaba mi verga de su boca.

    – Es rico, uno se imagina cosas – le respondí.

    – ¿Cosas como qué?

    – No sé, cosas, como que tu eres esa chica que esta recibiendo dos vergas

    – Nunca lo he hecho con dos vergas

    – Te gustaría?

    – Si me pagas lo que vale… pero cómo sería?

    – No sé, yo y un amigo, mientras uno te da por el chocho otro te la mete en la boca y así –

    – mmmm pero igual no me parece excitante el porno, me excita más tenerte aca en persona comiendome tu verga

    Agarró mi verga por la base cerca de los huevos y empezó a darse golpes con ella en las mejillas, en la frente, en la barbilla.

    – Me gustas más que Solange – le dije. Y aquello hizo que su cara se iluminara.

    – ¿Y por qué? – preguntó coqueta y sonriente.

    – Porque eres mucho más ingeniosa y dispuesta, ella nunca ha llegado con algo como es ropita sexy que traes tú

    Yuli, tenía 20 años y una actitud cándida, casi inocente en apariencia, aunque sabía lo que hacía y por qué lo hacía. Le pedí que se diera la vuelta para quedar con su culo hacia mi. Así en cuatro sus nalgas no se veían tan panchas, recordé aquella canción que dice “eso en cuatro no se ve”. Cosa más cierta.

    Como suelo hacerlo con todas las chicas al tirar, separé sus nalgas para ver con claridad su ano, un ano café claro y pequeño. Posé mi verga sobre su vagina, estaba un poco seca así que solté un buen escupitajo en mi mano y lo esparcí sobre su coño y sobre mi verga. Presioné y mi falo se introdujo sin problemas entre sus labios voluminosos.

    Teníamos un espejo al frente así que podía ver la cara bonita de Yuli con sus ojos cerrados y su boca abierta mientras taladraba su entrepierna, su nariz era perfecta. También podía ver sendas tetas grandes cayendo por gravedad y balanceándose a cada embate. El porno en el televisor seguía, ahora la chica estaba de rodillas con una verga en cada mano, se turnaba para chupar cada una como una profesional.

    – Mira, eso también te tocaría hacerlo – le dije mientras le apuntaba al televisor.

    – Si me pagas lo que vale…

    Le pedí que se diera vuelta y quedara boca arriba. Su cara bonita descansó sobre su abundante cabello negro y sus tetas sucumbieron a la gravedad cayendo a los costados de su cuerpo. Le agarré ambos senos y empecé a masajearlos mientras le penetraba. Sus piernas se elevaban sobre mis hombros. Me miraba fijamente, la miraba fijamente, era mucho mejor que con Solange sin duda alguna.

    La llevé a un sillón que había en el cuarto y le pedí que se pusiera en cuatro. La luz natural de la mañana entraba por la ventana del baño y caía sobre su espalda iluminando unos vellos claros, imperceptibles de no ser por la posición exacta. Volteaba su cara hacia mi y su perfecta nariz quedaba completamente evidente para mi. Empezó a gemir, gimió más fuerte, yo le daba con todo, duro, la champaña explotaba en mi cabeza.

    Me vine dentro del condón y caí en el sillón. Esperamos un rato y lo hicimos de nuevo.

    Después entró a bañarse, la ducha tenía un cerramiento de cristal así que pude ver como le lavaba el coño y las tetas, con mucho cuidado para no mojarse el cabello. Se envolvió en una toalla y fue mi turno de bañarme. Al salir me miró…

    – Nunca he entendido el porno – dijo.

    Pagué el motel y nos subimos en el auto.

    – ¿Por qué haces esto?- preguntó

    – ¿hacer qué?

    – tienes una esposa y estás siendo infiel con alguien más, ¿ella no te satisface?

    – Ella me satisface, en realidad no sé por qué lo hago, emoción tal vez… lo prohibido

    – que loco

    – sí… he pensado en proponerle un trío… ya lo he hecho con ella pero fue algo que se dio.. ¿tú lo harías?

    – seguro, solo tienes que avisarme con tiempo

    Avanzábamos a gran velocidad por una autopista.

    – y tú? no tienes novio?- pregunté

    – sí, sí tengo

    – ja! y entonces por qué haces esto?

    – por plata tonto… pero tambien porque él no me satisface

    – cómo es eso?

    – no sé, no lo hacemos seguido, me ignora mucho, y uno tiene necesidades

    – él se lo pierde

    – sí, supongo que sí

    La dejé en el mismo lugar donde la recogí, la vi dirigirse a un edificio a unos 100 metros de ese punto y supuse que ahí vivía.

    Que Solange no se entere de esto por favor – me dijo antes de bajarse de mi auto.

    Yuli se convirtió, gracias a la misma Solange en mi segunda puta, nos vimos muchas veces hasta que un día cerró todas su redes sociales y no volvió a contestar mis mensaje, no sé por qué.

  • Vacaciones con papá (5)

    Vacaciones con papá (5)

    Tras unas bonitas, interesantes y divertidas vacaciones llegaba la peor parte, la de volver a casa. El tiempo cuando estás de vacaciones siempre pasa más rápido, pero en mi caso, había volado, puede que no hubiera visitado tantos lugares como tenía planeados, ni tampoco me había hecho tantas fotos como se hubiera hecho cualquier chica de mi edad, es más las pocas fotos que tenía no eran las más adecuadas para enseñar a la familia y amigos cuando regresas de un viaje, pero habían sido las vacaciones más originales y excitantes de mi vida, por eso me daba tanta pena volver a casa.

    M: Nena, ¿qué te pasa? No tienes buena cara.

    Y: Nada mami, me da pena irme.

    M: Bueno, tranquila, ya vendrán más vacaciones.

    Y: Ya, pero no me apetece nada irme. Además, los viajes de vuelta nunca me han gustado, me parecen tan tristes.

    M: Eso es verdad, pero bueno, ya sabes que somos una familia con recursos, algo se nos ocurrirá para que sea más divertido. Venga, coge las cosas que vamos a esperar a que venga papá con el coche en la calle.

    Tras coger nuestras maletas, nos fuimos al ascensor, había bastante gente esperando, así que nos tocó esperar nuestro turno. En ese momento llegó un señor de unos 70 años, con buena apariencia, se colocó detrás de nosotras a esperar su turno para el ascensor.

    El hombre me miraba de manera descarada, yo iba vestida con unos shorts bastante cortos, de color negro y una camiseta de tirantes del mismo color. De repente noté su mano por mi espalda, me giré y lo miré con cara de sorpresa.

    S: Perdona, no he podido evitar tocarte, tienes un pelo muy bonito, tan largo y tan rubio, da gusto tocártelo.

    Y: ¡Gracias!

    S: Seguro que los chicos se vuelven locos cuando te lo agarran mientras te follan, tiene que ser maravilloso.

    M: Ya lo creo que se vuelven locos.

    Y: ¡Mamá! A este señor no le importa lo que me hacen cuando me follan.

    S: Bueno, no me importaría que me contaras algo. Veo difícil ser yo el que te agarra del pelo mientras te follan, pero si me quieres contar algo, estoy dispuesto a escucharte.

    En ese momento llegó el ascensor y por fin nos tocaba a nosotras. Cogimos todo nuestro equipaje y entramos.

    S: Señoritas, ¿les importa que entre con ustedes en el ascensor?

    M: Claro que no, pase, entramos todos.

    S: A parte de guapas, son muy amables y tu rubita tienes un polvazo.

    M: Vaya que cosas nos dice, usted sí que es amable.

    Lo miré con cara de incrédula, no era la primera vez que un hombre me decía ese tipo de cosas, estaba más que acostumbrada a ese tipo de comentarios, pero lo que no me terminaba de creer es que, en esa ciudad, todo el mundo parecía querer sexo conmigo.

    Al final el hombre entró en el ascensor, quedando pegado a mi espalda y mi madre en un lateral. A través del espejo podía ver su mirada llena de lujuria. Cuando fui a darle al botón para bajar, él se adelantó pulsando todos los botones de todos los pisos. Genial, estaba en un ascensor, con mi madre, un señor salido y todo nuestro equipaje, parando en los 14 pisos que tenía el edificio. Según se cerraron las puestas, noté como el hombre se agarraba a mi culo y frotaba su polla. Mi madre no lo dudó y se la sacó para comenzar a masturbarlo, el hombre cada vez se agarraba más a mi culo y yo a través del espejo veía como su cara se iba poniendo roja, se notaba que estaba a punto de correrse y yo no sabía cómo ponerme, para que no me salpicara nada.

    Mi madre que me miraba a través del espejo, me dio a entender con sus ojos, que no me moviera, que lo dejara como estaba, el panel del ascensor, anunciaba el piso 3, por suerte, los que estaban esperando el ascensor, en los otros pisos no se daban cuenta de lo que estaba sucediendo. Cuando se cerraron las puertas del tercer piso, mamá se movió de tal manera que consiguió agacharse para meterse la polla del hombre en la boca, antes de llegar al piso 2, el hombre ya se había corrido en la boca de mi madre. El hombre seguía rojo, llegando a tener un color preocupante, pero seguía agarrado a mi culo.

    Cuando por fin llegamos a la recepción, salimos del ascensor, el hombre, le dio a mi madre su tarjeta con su número de teléfono, casualmente vivía en la misma ciudad que nosotros.

    S: Muchas gracias por ayudarme a correrme, señoritas, hacía tiempo que no me corría así. Tienes una mano y una boca genial, pero el culo de tu hija es espectacular.

    M: Ya lo creo que tiene buen culo. No eres el primero que se lo dice.

    S: Espero que algún día me llamen y poder pasar un buen rato.

    M: Claro, no dude en que lo llamaremos.

    S: Y tú rubita, espero que algún día me dejes follarte, tienes que ser una delicia.

    Y: Bueno, ya veremos…

    M: Claro que te va a dejar, si ella está encantada.

    S: Que tengan buen viaje señoritas.

    M: Muchas gracias.

    Y: Gracias.

    Después de que el señor se fuera, mamá entró en el baño, yo me quedé esperando en la recepción, había mucha gente que llegaba y otra que se iba, pero la mayoría de los hombres que pasaban por delante de mí, me miraban de manera lasciva. Pensaba que era cosa mía, que mis padres me habían pervertido tanto que creía que todo el mundo quería follar conmigo. En ese momento, llegó mamá del baño.

    M: Oye cariño, que te parece si nos vamos a esperar a papá a la calle.

    Y: ¿Pero papá no había ido a buscar el coche? Lleva más de 40 minutos y el parking, está justo aquí.

    M: Sí, pero antes de venir fue a hacer unas cosas.

    En ese momento, pasaron un grupo de chicos, algo más mayores que yo. Se nos quedaron mirando y uno de ellos nos dijo.

    C: Espere señora que le ayudamos con las maletas.

    M: Muchas gracias, muy amable.

    C: Y a ti preciosa ¿quieres que te ayude con algo más?

    Y: No gracias, está todo bien.

    C: Pues es una pena, porque tienes pinta de ser una fiera en la cama.

    Y: Pues sí, pero te vas a quedar con las ganas de saberlo.

    C: Espero volver a verte algún día, toma mi número de teléfono, me llamas y me demuestras lo fiera que eres.

    Tras despedirnos de los chicos, mamá de manera más efusiva que yo, nos fuimos a una calle poco transitada que estaba al lado del hotel. Dejamos nuestro equipaje y esperamos allí a papá. De repente me fijo, que hay un hombre en la acera de enfrente, que no para de mirarnos, y por supuesto, mamá tampoco deja de mirarlo a él. Su cara me resulta familiar y me doy cuenta, de que es uno de los hombres que me miró al salir del hotel, mientras esperaba a mamá.

    Nos sigue mirando, sonriendo con malicia, mientras, empieza a tocarse la polla por encima del pantalón. Era la segunda vez que un tío se masturbaba delante de mí en menos de una hora. Mamá me empezó a acariciar la espalda, para después pasar al culo. El hombre miraba a ambos lados de la calle, y nunca pasaba nadie, asique no se lo pensó dos veces y se sacó la polla. Empezó a masturbarse y mamá seguía provocándolo mientras me acariciaba el culo y posteriormente el coño, por encima de la ropa, delante del hombre. Estuvimos así cerca de 10 minutos yo me empezaba a cansar de la situación, así que cogí a mamá y comencé a besarla, el hombre cada vez se masturbaba más rápido, sabía que era cuestión de segundos que se corriera, por suerte para mí, esta vez no había riesgo de que me salpicara. Cuando el hombre terminó, se limpió como pudo, y entró en una tienda, donde estaba su mujer y sus hijos. En ese momento llegó papá. Tras guardar el equipaje y subirnos al coche, comenzamos en camino de vuelta a casa.

    P: ¿Se os ha hecho muy pesada la espera?

    M: Para nada, hemos estado muy entretenidas, ¿verdad cielo?

    Y: Sí mami, en especial tú.

    M: Bueno, las dos.

    P: A ver contarme que ha pasado.

    Mamá comenzó a contarle todos nuestros encuentros de la mañana, tanto el del ascensor, como los chicos de la recepción y el hombre de la calle, papá escuchaba muy atento y con una gran sonrisa en su cara.

    P: Vaya, veo que mis chicas se lo han pasado muy bien.

    Y: Creo que me estáis pervirtiendo demasiado. Llevo toda la mañana con la sensación de que todo el mundo me miraba con intención de follarme.

    M: A lo mejor es que quieren follarte. Ya has visto que te lo han dicho unos cuantos.

    Y: Otra cosa que tampoco entiendo, no es muy normal, meterte en un ascensor y que el hombre empiece a masturbarse, así como si nada. Vamos a mí nunca me había pasado, hasta hoy.

    P: Bueno cariño, los hombres tenemos nuestras necesidades, es normal que al verte se le haya puesto dura. Pero vamos, que con lo amable que es, seguro que te ha pedido permiso para correrse.

    Y: ¿Cómo sabes que es amable? Ni mamá ni yo hemos mencionado su amabilidad ¿Lo conoces?

    M: Venga, cuéntale la verdad a la niña.

    P: Está bien. Digamos que mientras tú duermes mamá y yo hemos hecho amistades nuevas en el hotel. El hombre del ascensor, lo conocimos hace 2 días, nos había visto por el hotel y parece ser que le llamaste la atención, cuando nos vio en el bar se acercó para preguntar por ti.

    M: Entre unas cosas y otras acabé haciendo un trio, con tu padre y con él. Tiene buen aguante para su edad. El pobre hombre se quedó con ganas de follarte, por eso esta mañana le he dejado que se metiera en el ascensor con nosotras.

    Y: ¿En serio? Podías haberme dicho algo. ¿Y el resto de los chicos?

    M: ¿Los de la recepción? Esos son encantadores, muy adecuados para ti. Conmigo fueron un encanto. Ayer por la noche, en el bar del hotel, fui al baño y al salir, uno de ellos, me dijo que estaba muy buena con la falda que llevaba, se acercó a mí y empezó a meterme mano. Por supuesto me dejé, no sabes las cosas tan buenas que sabía hacer ese chico con los dedos.

    P: Después estuvimos tomando una copa con ellos y les hablamos de ti. Mamá les enseñó una foto tuya y se volvieron locos.

    M: Por eso hoy estaban todos en la recepción, esperando a verte.

    Y: Increíble. ¿Y el de la calle?

    M: Bueno, ese solo es un mirón, nos vio a papá y a mi follar el otro día, en la calle, le gustó tanto, que nos va buscando por el hotel, para ver si le damos más espectáculo. Se ve que no folla mucho con su mujer y el pobre está necesitado, por eso todas las noches nos espera en la misma calle, para que le demos una alegría.

    P: Nunca se ha querido unir, se conforma con mirar.

    Y: Vamos que es lo que yo decía, todo el mundo me miraba con cara de querer follarme, porque realmente quieren follarme después de conoceros a vosotros. Y me pregunto yo ¿qué hacéis follando en la calle cuando tenéis una habitación?

    M: No queremos despertarte, cielo.

    Y: Claro, seguro que es por eso. ¿Y no será que os gusta que os miren?

    M: jajaja puede ser.

    Continuamos el viaje, mientras papá y mamá me contaban más aventuras que habían tenido por el hotel, con el camarero, el recepcionista de noche y varios clientes más. Sin duda, mis padres no solo me habían pervertido a mí, sino que habían convertido un bonito hotel para pasar unas vacaciones en familia, en el hotel más depravado de toda la ciudad. Tras terminar la conversación, me puse a escuchar música y al poco tiempo, me quedé dormida.

    Cuando me desperté, el coche estaba parado y mis padres no estaban. Miré por la ventana, pero no sabía dónde estaba, se veía que era un área de descanso, en mitad de la nada. Por la carretera apenas pasaban coches y desde el coche no se veía gente por ningún sitio. Preocupada salí del coche en busca de mis padres. Según abrí la puerta, supe que estaban bien, ya que lo único que se escuchaban eran gemidos y sabía que solo podían ser ellos. Cuando me giré buscándolos me encontré una escena completamente diferente a la que me esperaba. Había otro coche a unos pocos metros del nuestro, sobre él, un hombre se estaba follando a mamá y una mujer haciéndole una mamada a papá. ¿Cómo era posible, que en mitad de la nada hubieran encontrado a una pareja con la que follar?

    P: ¡Nena! ¿Qué tal has dormido?

    M: ¡Cariño! No quisimos despertarte, estabas tan dormidita.

    Estaba en shock, las palabras no me salían, solo pensaba como habían conocido a esta pareja. Al ver que no contestaba, papá comenzó a explicarme todo.

    P: Paramos a estirar las piernas y nos encontramos con esta pareja tan agradable, que había tenido un pequeño problema con el coche, me ofrecí a ayudarlos y una vez solucionado el problema del coche quisieron compensarnos de alguna manera. Como ves, estamos en mitad de la nada y es un poco difícil que nos inviten a tomar algo en algún bar, por eso pensamos en esta manera de darnos las gracias.

    M: Cariño te presento a Oscar y a Paula.

    Y: Hola.

    P: ¡Hola guapa!

    O: ¡Hola! Joder con tu hija, sí que está buena. Si quieres me la follo a ella también.

    P: Ni de coña chaval, nos estáis dando las gracias a nosotros si dejo que te la folles, sería un premio para ti.

    O: Pues piensa que favor quieres que te haga y me dejas follármela.

    Me apoyé sobre nuestro coche y me quedé viendo la película porno que se habían montado mis padres con esa pobre pareja. Una hora después por fin se despidieron y nos fuimos.

    P: Vaya gilipollas el tío este, le arreglo el coche y pretende follarse a la niña.

    M: La verdad es que no follaba nada bien, yo he gritado para que pareciera que me gustaba, pero nada más.

    P: Si ella tampoco la chupaba nada bien y cuando me la he follado, una sosa.

    M: Tenía cara de ello. Menos mal que no los vamos a volver a ver nunca.

    Tras escucharlos hablar, no salía de mi asombro, como era posible que después de más de una hora de sexo, en la que hicieron prácticamente de todo, fueran diciendo todas esas cosas.

    Continuamos el viaje, como una familia normal, o todo lo normal que se puede ser con unos padres adictos al sexo. Llegó la hora de comer y paramos en varias áreas de descanso, todas llenas de gente y con largas colas de espera. Decidimos irnos y comprar algo para comer por el camino, pero nos fue imposible, en todas las gasolineras que paramos, no tenían mucho donde elegir. Continuamos el viaje y volvimos a parar en otra área de descanso. Esta era diferente, un pequeño bar, en mitad de la carretera y en el aparcamiento solo había un coche.

    Entramos en el bar, un sitio grande, pero bastante cutre, se notaba mucho, que por allí no pasaba mucha gente. Detrás de la barra un hombre, de unos 50 años, moreno, se nos quedó mirando sorprendido. No estaba muy acostumbrado a tener clientes.

    C: Buenas tardes, ¿quieren algo?

    P: Buenas tardes, nos preguntábamos si tendría algo para comer.

    C: Pues no tengo nada.

    P: Cualquier cosa, no tiene que ser muy elaborado. Estamos de viaje y nos ha sido imposible encontrar un sitio donde poder comer algo, todo estaba lleno. Mi pobre hija, tiene bastante hambre.

    Y ahí estaba papá, haciéndole chantaje emocional al hombre conmigo. El hombre me miró, quizás demasiado, cuando escuché una voz detrás de mí.

    S: Papá, es una pena, que una chica tan guapa pasé hambre. Mira a ver si hay algo para darle de comer.

    C: Esta bien, iré a buscar a tu madre, a ver si puede hacer algo.

    El chico en cuestión, se presentó, se llama Sergio, tenía 33 años, era alto, fuerte, con el pelo oscuro, un poco largo y guapo, creo que era demasiado guapo. Nos contó que allí vivían sus padres, su hermano, y él. El bar pertenecía a su abuelo y se lo dejó en herencia a su padre, el cual se negaba a traspasar. Hacía mucho tiempo que la gente dejó de parar allí, desde que arreglaron las carreteras, la gente paraba en otras áreas de descanso más modernas.

    Mientras nos contaba su historia, notaba como su mano, me acariciaba la espalda, me miraba de reojo y como yo no ponía resistencia alguna, seguía bajando hasta llegar a mi culo.

    Nos sentamos a esperar, hacía calor, mucho calor. Sergio mientras tanto, estaba arreglando no se qué aparato, que se le había estropeado a su padre, aunque no me quitaba el ojo de encima. Media hora después su padre no había regresado, el bar era un auténtico horno, ni un ventilador ni nada para poder refrescar algo el ambiente. Ya no podía más y me fui al único baño que había a refrescarme un poco.

    Según entré abrí el grifo del agua, en ese momento noté mas calor y una presencia justo detrás de mí, levanté los ojos en dirección al espejo que tenía de frente y allí estaba él, mirándome con una mirada que solo decía follame. Se acercó más a mí, quedando su polla pegada a mi culo, la cuál se notaba que ya estaba lo suficientemente dura para volverme loca. Metió las manos en el agua, con intención de lavárselas, quedando yo en el medio de sus brazos. Cuando terminó, cerró el grifo y metió sus manos mojadas por el agua, debajo de mi camiseta, sujetándome por la cintura, mientras su boca comenzaba a jugar en mi cuello.

    Sus manos seguían acariciándome por debajo de mi camiseta, mientras su boca se acercaba peligrosamente a la mía. Una mezcla de sensaciones corría por mi interior, por un lado, la humedad de sus manos, le daban un respiro a mi tan acalorado cuerpo, pero por otro, el contacto con el suyo, hacía que mi temperatura se disparara como una olla a presión a punto de explotar.

    Antes de que nuestras bocas se juntaran, me giró y me cogió en brazos, quedando apoyada contra la pared y con mis piernas alrededor de su cintura, ya no tenía escapatoria, era suya, solo podía dejarle hacer conmigo lo que quisiera. Me miró y se lanzó a mí, comenzó a devorarme la boca de una forma salvaje, yo por supuesto, hacía lo mismo. Mientras nos besábamos, comenzamos a desnudarnos el uno al otro.

    Sus manos comenzaron a acariciar cada centímetro de mi cuerpo, haciéndome desearlo cada vez más. Por fin noté sus dedos dentro de mí, mientras me follaba no dejaba de besarme ni un segundo, empezó lento y suave, pero mi cuerpo necesitaba más. Comencé a moverme abrazada a él, pues me seguía teniendo en sus brazos, cada vez más rápido, necesitaba correrme ya. Enseguida se dio cuenta y comenzó a mover sus dedos más rápido, en cuestión de minutos, noté como un orgasmo recorría todo mi cuerpo.

    S: Joder nena, eres increíble. Me encantaría tener más tiempo para disfrutar contigo, hay demasiadas cosas que me gustaría hacerte. Pero no sé si voy a aguantar mucho mas sin follarte, además no tenemos mucho tiempo y seguro que tus padres están preocupados por no tenerte de vuelta.

    Y: No te preocupes por mis padres, seguro que no me están echando mucho de menos. Ahora follame ya, te necesito dentro de mí ya.

    Sin pensárselo dos veces, me la metió de un solo golpe, era una sensación increíble, aunque dudaba que pudiera moverme, ya que mi nuevo amigo tenía una polla, bastante grande. Como leyéndome el pensamiento fue el quién empezó a moverse, al igual que había hecho antes, de manera lenta y suave, algo que le agradecí enormemente. Cuando mi cuerpo se fue acostumbrando a él, comenzó a aumentar el ritmo, quizá demasiado. Tenía la sensación que me iba a partir en dos. No sé cuanto tiempo pasó, cuando noté que su cuerpo se tensaba, sabía que era cuestión de minutos que se corriera, solo de pensar como sería, empecé a notar como un orgasmo bastante más fuerte que el anterior empezaba a crecer en mí. Unos minutos después, los dos nos corrimos de una manera brutal.

    S: Nena, hacía tiempo que no me corría así, follarte ha sido lo mejor que he hecho en mucho tiempo.

    Y: No ha estado nada mal, la verdad.

    S: Me encantaría quedarme aquí contigo, pero me imagino que ya va siendo hora de volver ¿no?

    Y: Sí. Joder, llevamos más de una hora aquí. Creo que mis padres se han ido sin mí.

    S: Mejor, así te quedas conmigo y lo seguimos pasando bien. Sabes, no puedo dejar te vayas, sin antes hacer una cosa.

    Y: ¿El que?

    Sin darme tiempo a reaccionar me volvió a coger, pero esta vez, me sentó en la encimera del lavabo, me abrió las piernas y metió su cabeza entre ellas. Seguía hambriento de mí, su boca en mi coño lo dejaba muy claro y la verdad es que no se le daba nada mal, no tardó mucho en conseguir que me corriera otra vez.

    Tras vestirnos, lo más rápido posible, salimos del baño, cuando llegamos donde supuestamente deberían estar mis padres y el padre de Sergio, no había nadie. De repente, escuchamos gemidos y nos acercamos a la puerta de donde venían. Tras abrir la puerta, descubrimos a mis padres, con el padre de Sergio, otra mujer y otro chico, algo más joven, los cuales supuse que eran su madre y su hermano, follando como animales. Papá se follaba a su madre y mamá a su padre a la vez que se la chupaba a su hermano.

    Sergio me miró con cara de sorpresa, estaba claro que no se lo esperaba, sin embargo, yo sí, sabía que después de todo el tiempo que habíamos estado en el baño, mis padres no habrían perdido mucho tiempo esperándome, como así era. Noté como la mano de Sergio iba bajando por mi espalda, hasta llegar a mi culo, lo miré y tenía la mirada perdida en la escena que tenía delante. Comencé a besarlo, me volvió a coger tal y como había hecho antes, me llevó a una de las muchas mesas que había y me tumbó, esta vez comenzó a desnudarme él. En ese momento mi madre me miró con una sonrisa y me dojo.

    M: Vaya, veo que te has quedado con el más guapo de la familia. Ya sabía yo que a este no le decías que no.

    Y: Jajaja, yo no soy como tú, que se folla a todo lo que se mueve.

    M: No, ya veo, tu tienes un gusto más selectivo. Por cierto, el papá no se mueve nada mal jajaja.

    Tras varias horas de sexo salvaje con Sergio, llegó el momento de seguir el camino. Nos vestimos y nos despedimos de la familia, no sin antes intercambiar nuestros teléfonos para volver a vernos. Ya en el coche, el día empezaba a tocar su fin y a nosotros todavía nos quedaba más de la mitad del largo camino.

    P: Bueno, pues al final nos hemos quedado sin comer y creo que también sin cenar.

    M: Sí hoy a dieta todos jajaja

    P: Si queréis busco un sitio donde parar a cenar.

    Y: Por mi no, cada vez que paramos os folláis a alguien.

    M: Y tú también. Te recuerdo que está vez fuiste tú la que empezaste.

    Y: Cierto. ¿Cómo habéis conseguido follaros a los padres y al hermano de Sergio?

    M: Muy fácil. Vi que el hombre estaba agobiado y del mal humor, comenzamos a hablar del negocio, que no le va muy bien, y no sé cómo pues me lancé a él y comencé a chupársela. El hombre estaba muy estresado, en cuanto se corrió, le vinieron miles de ideas para redecorar el local, el problema es que su mujer nos vio y no le gustó mucho lo que estábamos haciendo.

    P: Yo que soy mas razonable que mamá, conseguí que la mujer se calmara. Además, estaba estresada porque no encontraba nada para darnos de comer.

    M: Y como tú, estabas follando como una loca con el hijo, pues decidimos no molestarte. Empezamos a follar los cuatro y luego apareció el otro hijo, que, por cierto, se nota que este no folla mucho, hay que darle mas caña al chico.

    Y: Jajaja pues ya sabes mamá, tienes que enseñarle.

    Mi día había sido una locura, lo que debía ser un viaje largo y aburrido, se convirtió, en un viaje largo, muy largo, lleno de paradas y de sexo salvaje. No podía más, estaba agotada y mis ojos poco a poco se fueron cerrando. Cuando me desperté, era de noche, pero por fin estábamos en casa. Habían sido unas vacaciones muy diferentes a las que había tenido otros años, pero sin duda eran unas vacaciones que no olvidaré jamás.

  • Del pub al hotel en Uber

    Del pub al hotel en Uber

    Espero que os guste esta nueva forma de relatar he estado jugando con la formas de contar las cosas y me ha salido esto, la parte de “El”, se refiere al chico refiriéndose a mi, la parte de “Ella”, yo me refiero a él.

    El.

    En un rincón del local nos sentamos en una zona de sofás, tus piernas se abren invitándote a subir hasta arriba con mis caricias tus pezones se van erizando, cuando terminas de abrir la cremallera del pantalón, mi polla salta como si tuviera un muelle.

    No llevo calzoncillo porque sé que te gusta, me la acaricias en toda su longitud, sintiéndola volverse más dura. Me miras a los ojos y de forma silenciosa me dices lo que quieres, ven me dices.

    Levantándote y dirigiéndote al baño entramos y me sientas encima de la tapa del wáter cerrando la puerta, te levantas el vestido y te sientas encima de mi hinchada berenjena, te la metes hasta el fondo y empiezas a cabalgarme, te abres el vestido por los pechos, te los saco y me dedico a chupártelos mientras me sigues cabalgando, siento el tembl.or de tu cuerpo, estamos los dos igual, a punto de reventar de placer

    Sientes en tu sexo el roce de mi polla, me pides que entre hasta el fondo en ti, te penetro más y más, todo lo que puedo. Sólo quieres sentir mi espada caliente atravesándote entera y hacerte explotar en un orgasmo brutal. Muerdo suavemente tus pechos desnudos con mis dientes, te voy acariciando el culo con mis manos y con la voz ronca por el deseo. No puedo evitar un grito de placer… Aaah!…

    Derramo mi leche en tu interior, estamos en pleno éxtasis, encima de mí y con mi polla bien dentro sientes el golpe de mi caliente semen en lo más profundo de tu vagina, hace que te agite en convulsos movimientos que no sólo no te calman sino que te excitan más por el placer que te dan. Cada uno de mis golpes de semen te hace sentir un nuevo temblor en el fondo de tu sexo

    Aprietas bien mi polla con tu coño y mi cabeza contra tus pechos, el enorme placer que expresamos tanto en nuestros movimientos corporales como en nuestros berridos, sólo así se pueden nombrar los sonidos que salen de nuestras gargantas cuando me derrumbo jadeando. Haces lo mismo y todo tu cuerpo se relaja sintiendo todavía mi polla dentro de ti y mi boca mordiendo tu pezón izquierdo descansas sobre mí, sientes como mi polla se desliza en tu interior. Nos levantamos cogiendo la ropa.

    Ella.

    Me acomodo la ropa, me coloco el pelo, me retoco un poco el maquillaje mientras siento el esperma dentro de mi, siento como arde dentro mi dilatado coño, puedo notar lo empapado que está el tanga.

    Salimos del baño y pasamos por la pista, nos ponemos a bailar, independientemente de la música, me agarras por las caderas, yo por encima de los hombros, como si bailásemos una lenta. Totalmente pegados, besándonos. Metiendo nuestras lenguas en lo más hondo de nuestras bocas. Se repiten los mordiscos, hasta que me dices al oído…

    -Vamos al hotel, te voy a comer el coño como nunca te lo han comido

    -Mmmm, ¿vas a meterme esta lengua? Y te la beso.

    -Te voy a meter la lengua, los dedos, voy a hacer que te corras hasta que te mees de gusto, hasta que pierdas el conocimiento,

    -Eres mi puto semental.

    -Hasta que te corras como una zorra.

    Salimos a la calle y el Uber nos espera, es un chico de unos 20 o 22 años, no más, moreno, guapete. Nos sentamos detrás, el viaje es de una media hora, mientras el chico conduce, me metes la mano por debajo del vestido, me acaricias por encima del tanga y compruebas que todavía estoy empapada, sientes la humedad de tu semen que reposa en mi.

    Acerco mi mano a tu polla, por encima del pantalón, te la acaricio y de inmediato se pone dura y gorda, no puedo evitar meter la mano por dentro de la bragueta, te la alcanzo y comienzo a pajearte muy lentamente. Tu pola está mojada, mis dedos se deslizan, suben y bajan por el tronco, acariciando el capullo, pasando el dedo por él.

    Saco la mano y cuelga un pequeño hilito de tus juguitos y me llevo a la boca el dedo, nada más darle una lamida, te me avanzadas para besarme, siento tu lengua rápida, excitada, Me coges de la mano y me chupas el dedo.

    En esto, me percato de que el conductor no puede dejar de mirarnos, está totalmente sorprendido de lo que está viendo.

    -Perdona, es que bueno, el calentón, no nos hemos dado cuenta, te pedimos disculpas,

    -No, no se preocupen, pero es que claro, nunca había vivido algo así, si quieres seguir, por mi sin problema, además en carretera nadie les verá… Bueno, solo yo, claro. Jajaja

    -Que rico, muchas gracias.

    Ahora es cuando siento que el vestido se sube, me lo levantas del todo y comienzas a meter la mano, desde atrás, acariciado mi culo, el ano, llegando al coño y metiendo dedos… Volviendo a sacarlos y entrando en el culo

    -Vamos, zorrita, porqué no le das una alegría al chico, hazle una paja.

    Me acerco hacia delante, pasando la mano, cuando noto que ya la tiene fuera,

    – Anda, ya te la habías sacado, que pillín, ¿te estabas poniendo malito, verdad? Es que vaya show porno que te hemos montado.

    En esto siento como los dedos entran hasta el fondo de mi coño.

    Agarro la polla del conductor y se la meneo, subo y bajo la mano, pajeándole bien rico. El conduce bastante despacio, sin prisas,

    – Ufff, señores, creo q voy a parar, así me cuesta conducir

    – Vale cielo, para donde puedas,

    Te diriges al chico,

    -Qué, que te parece esta zorrita lo obediente que es. ¿Quieres que te haga algo especial?, aprovecha, esta oportunidad no se te va a presentar en la vida.

    El chofer se hace a un lado, a un camino de tierra, avanza y ya fuera de carretera salimos los tres, yo estoy sin vestido, solo con un tanga, suje, y las medias con algunas carreras, el chico de pie, con la polla fuera, erguida, se desabrocha y deja caer el pantalón y el bóxer.

    Y tú, de pie, mirando el panorama,

    -¿Quieres q te la chupe?,

    El chico se agarra la polla y mirándome dice

    -si, claro

    -Vamos, mete esa polla en su boca.

    Me pongo de rodillas y comienzo a chupársela, con mucho vicio, agarrándosela, lamiendo los huevos, se los levanto, se los chupo por debajo, él no puede evitarlo y levanta una pierna, separando los muslos, subo la cabeza y la encajo, comienzo a lamerle el culo, a meter la lengua mientras le pajeo, tu mientras vas alentando .

    – Vamos zorra, chupa, métele la lengua al chico, cómele entero, haz que nunca olvide este momento.

    Le chupeteo con mucho vicio, apretando, él no para de gemir, cuando siento q está cerca de correrse, me llevo la polla a la boca, entrando hasta el fondo, se la chupo con intensidad, acelerando. Tú me agarras del pelo, tirando, haciendo que acelere hasta que el chico comienza gemir

    – Ahh. Aaaah…

    – Me corrooo…

    – Dioss. Así, así… Jodeer, aah!

    Siento un gran chorro de leche en mi cara, sigo lamiendo mientras no para de embestirme, siento como los chorros entran por mi garganta tragándomelo. Me llevo hasta la última gota con la lengua, hasta dejarla bien limpita. Hasta dejarla flácida.

    -Ummm. Q rica, que buena polla tienes cielo, me pongo de pie y te doy un besito.

    -¿Me he portado bien?, te digo con la polla del chico en mis manos. ¿He sido buena y obediente?

    Me acercas unos pañuelos para limpiarme, me visto despacio, vuelvo a ponerme el vestido, me acomodo el pelo, y volvemos los tres al coche, reanudamos la marcha con dirección al hotel, de ahí hasta que llegamos no hablamos, aunque vamos todo el camino agarrados, mi mano reposa sobre tu polla mientras me acaricias los pechos.

    Llegamos al hotel, salimos del coche y el chico se despide.

    – Que disfruten de la noche, mientras me guiña un ojo y me sonríe.

  • La empleada seduce al jefe

    La empleada seduce al jefe

    Laura, 46 años, media melena teñida de rubio, menuda, constitución delgada, corredora ocasional. Laura está casada con un tipo de cincuenta llamado Luis al que había querido y, a pesar de todo, aun quería, o por lo menos le tenía algo de aprecio. Desde hace año y medio la convivencia se había vuelto monótona y el sexo había quedado reducido a algo casual, tan casual que con suerte lo hacían una vez al mes.

    La última vez había sido un poco patético. Laura había puesto interés, se había maquillado y se había puesto ropa interior nueva; un sujetador rojo de encaje que levantaba sus pequeños, pero todavía firmes pechos y un tanga del mismo color que dejaba sus redonditas nalgas al aire. De esa guisa había entrado en el dormitorio donde le esperaba su marido sentado en la cama, en calzoncillos.

    Esperaba algún piropo, o al menos algún comentario sobre su atuendo, pero nada de nada. Hubo breve y tímido beso en los labios. Luego Luis se levantó y se bajó los calzoncillos y Laura, poniéndose de cuclillas, estimuló, agarrándolo con su mano, el desnudo miembro hasta conseguir una erección decente. La mujer se puso de pie y su marido le indicó que se girase y se apoyase contra la pared. Sumisa, Laura obedeció y tras bajarse el tanga se inclinó ligeramente, separó las piernas y poniendo su pompis en pompa ofreció la entrada de su coño. Luis la penetró jadeando y tirándose un pedo en el primer empujón.

    – Perdón. – susurró.

    Laura no dijo nada.

    El acto duro poco.

    Ella fue al baño mientras su marido se tumbaba sobre el edredón sujetando una tablet con la mano derecha, buscaba un video porno y se masturbaba con la mano izquierda hasta eyacular.

    Luego la pareja se dio un beso de buenas noches y cada uno ocupó su lugar en la amplia cama de matrimonio.

    ****************

    Dos días después de la pobre experiencia sexual, Laura se encontraba trabajando en la oficina. Eran en total cuatro empleadas, dos empleados y el jefe.

    Ese día, por la tarde, nubes negras habían oscurecido el cielo anunciando tormenta. La atmósfera en la oficina, casualmente, seguía el paralelismo con el tiempo y el rumor, tantas veces precursor de la noticia, corrió por la oficina. Habría despidos, se hablaba de hasta dos personas.

    Laura era una persona práctica y su mente trabajó en valorar la situación. De los seis empleados ella era la de más edad. ¿Cómo pensaría su jefe? Fríamente el tema de los salarios, salvo con Jose el nuevo empleado, era muy parejo. Por tema de experiencia, Jose sería el candidato a dejar la compañía y ella se salvaría, porque había otros…. pero no estaba claro.

    ****************

    Al día siguiente la empleada, vestida con traje de chaqueta y pantalón entró en el despacho de Carlos, su jefe. El director, con traje y corbata, tenía siete años menos que ella, constitución fuerte con un pelín de barriga que no afectaba a su atractivo. Vello en brazos, pecho y otras partes íntimas, cabello corto de color negro y barba.

    – Me llamaba. – dijo Laura entrando con aplomo en la oficina y cerrando la puerta tras ella.

    – Sí. – respondió su jefe.

    El despacho era amplio. Una mesa de madera maciza sobre la que descansaba el portátil, el sillón negro y acolchado con ruedas de Carlos, dos sillas para invitados y un par de cuadros abstractos. La luz de la mañana se colaba por un gran ventanal.

    No había nubes.

    Al menos fuera.

    Carlos suspiró dando muestras de cansancio.

    – ¿Puedo ayudarte en algo? se te ve cansado. – dijo Laura tuteándole.

    – Si no tuviésemos estos problemas económicos contrataría a una masajista. – respondió el aludido medio en serio medio en broma.

    Eso era lo malo, nunca se podía estar seguro de lo que se ocultaba tras el sarcasmo.

    – Yo puedo ayudarte. – saltó la empleada antes de pensar. Bajo esa máscara de tranquilidad estaba nerviosa. Se había pasado la noche dando vueltas al rumor, vueltas que siempre acababan en estrechos callejones cortados al tráfico.

    – ¿Sabes dar masajes?

    Laura guardó silencio durante unos segundos y justo antes de que su jefe tomara la palabra, dijo lo impensable con voz sexy mientras desabrochaba dos botones de su camisa.

    – No, pero puedo hacer otras cosas.

    Ahora venía el momento de la verdad. Tras la sorpresa inicial Carlos podría echarla del despacho y ya de paso de la empresa dejándola en la «puta calle». O también podía seguir el juego. Pasados unos instantes, sin que la amenaza se verbalizase, Laura decidió tomar la iniciativa y probar suerte jugándose todo a un número. Se agachó y a gatas se dirigió hacia su jefe metiéndose debajo de la mesa. Al llegar a su lado, observó como el pene había crecido bajo los pantalones de vestir. Acarició la entrepierna y levantó la cabeza mirando a Carlos que ya tenía la cara colorada, viva estampa del deseo y la vergüenza.

    La empleada comenzó a desabrochar la hebilla del cinturón. Carlos, de reojo, vio el canalillo entre las dos tetas, contrajo las nalgas y decidió facilitar la tarea desabrochándose el botón y bajando la cremallera. Luego, levantado la pelvis se bajó los calzoncillos. El pene, libre y de buen tamaño, recibió la caricia del aire, aire que también se coló por el nacimiento de la raja del culo del varón que había quedado expuesta para que, un hipotético observador que viese la escena desde el ángulo opuesto, se recrease.

    Laura olfateó el miembro notando, con sorpresa, cierto olor a colonia de granel. Luego, con la punta de la lengua, tocó el capullo provocando un espasmo de excitación. Dejo caer saliva sobre el miembro y comenzó a darle chupetones bajando lentamente hasta llegar a los peludos huevos. Huevos que mordisqueó con suavidad. Carlos emitió un gruñido ahogando un jadeo.

    – ¿Te está gustando? – ronroneó la trabajadora.

    El hombre respondió acariciando el cabello rubio de la mujer.

    La empleada abrió la boca, sujetó el falo con una mano, y se metió la punta en la boca. Luego lo sacó y volvió a meterlo y poco después, ya sin manos, se lo tragó entero y comenzó a meterlo y sacarlo a buen ritmo mientras la saliva escapaba de su boca goteando.

    Carlos agarró con fuerza el reposa brazos de su sillón y levantó el trasero apretándolo, estaba a punto de correrse. Laura, notándolo, dejó de chupársela y sacó de su bolsillo un paquete de clínex, envolvió el pene y animó a su jefe, en un susurro, a que eyaculase sin miedo.

    Pronto el papel quedo impregnado de semen.

    ******************

    Esa noche Laura pensó en lo que había hecho. Estaba segura de que su jefe, al menos por ahora, no la despediría. Por supuesto todo eso tendría que permanecer en secreto. Otro tema era la infidelidad, y aquí tampoco, a juicio de la mujer, tenía porque sentirse culpable. Después de todo, su marido no la atendía como tendría que hacerlo.

    ******************

    El siguiente episodio digno de reseñar ocurrió tres días después.

    La reunión con un cliente no fue bien, en parte por su culpa. Carlos, en su despacho, tenía cara de pocos amigos y no dudó en echarle la bronca.

    Lo peor de todo es que tenía razón.

    Lo más grave que todavía no se sabía quien sería despedido y después de aquello ella tenía más papeletas.

    Laura, una vez más, decidió actuar. Se acercó a su jefe y le habló así.

    – Lo siento Carlos. Me he portado muy mal y tienes derecho a gritarme. – dijo.

    Luego, tras unos segundos de duda continuó.

    – He sido una chica mala y me merezco unos azotes.

    Y al terminar la frase se tumbó boca abajo sobre las rodillas de su jefe apoyando las manos en el suelo para guardar el equilibrio.

    El culito quedó a merced de Carlos.

    La empleada, tensa, esperó para ver en que acababa el atrevimiento.

    La espera no se demoró mucho y enseguida notó las manos de su jefe sobándole los glúteos.

    Los azotes llegaron después. Seis en total.

    – Levántate.

    La mujer obedeció incorporándose torpemente.

    Carlos la dio un abrazo y luego la besó en los labios. Un «pico» rápido.

    – Una cosa más. ¿Tú sabes poner inyecciones en la nalga?

    Laura le miró a los ojos y añadió.

    – He visto hacerlo.

    *****************

    Una semana después, en casa. Laura reflexionó sobre lo vivido. Tenía que decidir si seguir o pararse. Le gustaba su jefe y quería más. Quizás besarle de verdad y tener sexo oral, quizás ir más allá y sentir su pene penetrándola. Incluso, una vez, había pensado en practicar sexo anal. Pero no había nada seguro y para dar estos pasos tendría que hablarlo con él.

    Hoy tocaba hacerlo con su esposo. Volver a la rutina. ¿Le contaría algún día todas estas cosas? Probablemente no, Laura era ante todo una persona práctica.

    Se desnudó y se puso ropa interior limpia. Bragas en lugar de tanga. La última vez había sido un poco patético, pero aun así ansiaba tener sexo con su marido. Sonrió pensando en el tema escatológico. Un escape de gas le puede ocurrir a cualquiera, incluso a ella. Sí, en eso había diferencia, con su jefe nunca se podría relajar al cien por cien. Por un instante imaginó a su jefe poniéndola una inyección en el culo, nervios, un pedete…

    – Laura, estás despedida.

  • Bodas de oro

    Bodas de oro

    El mes pasado Saúl y yo cumplimos 50 años de casados. Mi esposo me preguntó a principio de mes, una mañana que despertó aún con los efectos del Viagra, con la verga bien parada y poniéndola frente a mi cara, que quería que hiciéramos en nuestro aniversario para festejarlo.

    –¿De verdad me complacerías? – le pregunté viéndole a la cara y lamiendo su glande.

    –Sí, mi Nena puta, pide lo que quieras –contestó abriendo mis labios con la punta de su pene y le di una mamada acariciando sus testículos.

    –Quiero hacer el amor con todos mis machos juntos, obviamente incluyéndote –dije al sacarme la verga, que le había crecido enorme mientras se la mamaba.

    –¡Pide algo factible, Nena! Dos ya murieron, otros dos viven muy lejos, estoy dispuesto a pagar el boleto de avión de ida y vuelta, aunque me salga algo caro satisfacer tu deseo, pero no sabemos si puedan complacerte ese día –contestó con el miembro decreciendo rápidamente de volumen.

    –Eso ya será decisión de ellos, tú no te preocupes –. Pero para ser justos, también pueden estar Marisa, Regina, Blanca… –me interrumpió abruptamente sin terminar de mencionar a sus antiguas amantes.

    –¡A ellas déjalas aparte! No las metas en esto, porque tú quieres una orgía y no estoy dispuesto a mezclarlas en esto –dijo terminantemente–. Quiero que tú seas feliz, lo mío es otro asunto.

    –Bueno, déjame preparar la reunión. Verás que sí puedo lograrlo –contesté metiéndome otra vez su pito en la boca y comenzamos con “el matutino”…

    Quince días antes, Eduardo, mi compadre y segundo amante, quien también estuvo en la boda, me había preguntado qué deseábamos como regalo de bodas de oro. En ese momento me sorprendió con la pregunta ya que aún no salía de mi vagina su miembro exangüe y empezaba a escurrirme su semen en mis piernas.

    “Tenerlos así a todos juntos, uno tras otro, mientras los demás miran”, le contesté en un arrebato de amor, apretándole la verga con la vagina. “Concedido… de mi parte”, exclamó Eduardo cerrando los ojos placenteramente y me dio un riquísimo beso.

    –¿Así vas a convencer a mis socios y a mi compadre? –me dijo al terminar de besarme.

    Al descansar, lo puse al tanto de los problemas que había para sus socios: dos muertos y los otros dos casados y viviendo lejos, sin muchas opciones de venir en vacaciones decembrinas sin sus esposas, además del gasto que les ocasionaría y que no me parecía justo. Me preguntó a qué se dedicaban quienes estaban vivos y dónde vivían. Le platiqué de Pablo y Othón y cuándo nos habíamos visto por última vez.

    –A Othón será fácil hacerlo venir, digo, a la CDMX, porque en ti es seguro que sí –dijo acariciándome una teta–. Necesito más información de Pablo para ofrecerle un buen pretexto de publicación.

    –Él está fuera del circuito cultural, es ingeniero muy reconocido, incluso Saúl lo admira. Ocupa algo de su tiempo libre ayudando a preparar alumnos que concursan en las olimpiadas de Matemáticas, Física y Astronomía; él es feliz con los alumnos. Los organizadores también lo tienen en buena estima porque incluso les prepara materiales de divulgación para traer más alumnos –concluí.

    –¡Eso está muy bien! “La ciencia también es cultura” –dijo parafraseando a Froilán López Narváez, cambiando la palabra “ciencia” por “rumba” –. Ve si puedes conseguirme algo de ese material que él ha hecho o las páginas de Internet donde puedo bajarlo.

    Después de ponerme en contacto con Pablo para obtener el material, le pregunté dónde pasaría las vacaciones decembrinas, me contestó que en la CDMX, y que, aunque fuera difícil, intentaría verse conmigo.

    Le envié la información a Eduardo y después de verlo dijo “¡Perfecto, incluso esto me facilitará la propuesta para Othón! Sólo te queda convencer a mi compadre”, me dijo sin que yo entendiera lo que él se proponía. Así, ese día que Saúl me preguntó lo que deseaba como regalo de aniversario, todo cuadró perfectamente.

    –¡Saúl aceptó mi propuesta! –entusiasmada le dije a Eduardo.

    –Bien, ahora adviérteles que sabes que ellos vendrán también para estar contigo una noche. Ya les he hecho una propuesta que desarrolló tu ahijada, claro que ella no sabe el trasfondo nuestro, pero le entusiasmó la idea de hacer una serie de divulgación para infantes, está escogiendo a los ilustradores; lo ve como un negocio muy factible. Ellos no están muy convencidos, pero, además de disfrutarte, la propuesta es real y debes convencerlos de ello.

    Hablé con Othón y Pablo y primero se molestaron, pero les expliqué que la propuesta editorial que les habían hecho era real, además de los pasajes redondos con sus parejas, Othón tendría de una semana a diez días pagado el hotel. Durante algunos días, mi ahijada fue el conducto para que prepararan algunos documentos que ella les mostraría ya como pruebas cuando estuvieran acá para firmar el contrato.

    –Ya arreglé nuestra fiesta de festejo –le dije a Saúl–, y no te costará dinero, sólo ser revisor de algunos textos, los cuales te envió hoy tu ahijada con una propuesta de trabajo– le dije y se fue a su estudio para ver el correo.

    –¿Por qué metes a mi ahijada en esto? –me dijo molesto media hora después de ver los documentos que bajó.

    –Es un trabajo real que ella dirigirá y tú serás el revisor técnico. La idea fue de Eduardo, pero tu ahijada la desarrolló entusiasmada –le expliqué y, aún con el semblante serio, aceptó con la cabeza. Después, esbozó una sonrisa y me abrazó.

    –¡Lo que hace una puta caliente para que se la cojan como ella quiere! –me dijo antes de besarme y comenzar a desnudarme. Yo hice lo mismo con él.

    Encuerados los dos, me llevó con el pito babeante a la cama.

    –Lástima que hoy no haya más atole como el otro día que te viste con Eduardo… –dijo y me clavó la verga en la vagina de una sola estocada.

    La mañana fue feliz. Saúl me dijo que, independientemente del regalo de bodas que yo tendría, le parecía una idea genial la de iniciar una colección infantil de libros de divulgación y deseaba que tuviera éxito nuestra ahijada. “Sí, tan genial como su padre”, le dije acordándome de mi duda sobre si ella era hija de Saúl o no (como relaté al final de “Quiero hacer un gato”). “Bueno, la idea fue de Eduardo y ella la desarrolló y la llevará a la práctica, ambos son los autores”, contestó evadiendo por completo que Saúl fuese el padre (¿ya le habrá hecho examen de ADN?).

    Se llegó la noche del festejo. Tanto Othón como Pablo les dijeron a sus esposas que estarían trabajando toda la noche en la editorial de Eduardo, cuyas oficinas están en un anexo a su casa, y que regresarían a la mañana siguiente. En efecto, trabajaron tres horas bajo la dirección de la hija de Eduardo. Ella se despidió al estar todos de acuerdo en la mecánica de trabajo desde casa, y los dejó para arreglar lo de los contratos, los cuales firmaron y Eduardo los invitó a pasar a su casa para la celebración. Adriana había aceptado ir a la casa de su hermana para pasar con ella el fin de semana en San Juan del Río, donde la recogería Eduardo el domingo. ¡Toda la casa para nosotros cinco!

    Cuando Saúl y yo llegamos ellos platicaban animadamente sobre lo que sería el proyecto. La mucama nos llevó a la sala y Eduardo le pidió que sirviera el champaña y que al terminar que se fuera a dormir.

    –Les presento a Saúl, mi esposo, ya se conocían, aunque nunca hubieran intercambiado más que un saludo. También ya conocieron a Eduardo, otro de mis amores. Me faltan dos, pero ellos ya no están entre nosotros –dije quebrando la voz.

    –La razón de esta segunda reunión es para celebrar las bodas de oro, donde nosotros somos el regalo que ella le pidió a Saúl –dijo Eduardo dándonos una copa de champaña a cada quien–. ¡Salud por Tita y Saúl! –dijo levantando la copa y tomamos un trago después de decir “salud”.

    –En nombre de Tita, y especialmente en el mío, quiero agradecerles su presencia y agradecer a Eduardo la afortunada razón que nos reunió. ¡Salud! –dijo Saúl y volvimos a brindar.

    –Amores, estoy feliz de poder cumplir este deseo, gracias a todos, pero quiero hacer un brindis por dos ausentes: Roberto y Joel –dije y empecé a llorar.

    Saúl me abrazó, me dio un beso en la frente y levantó su copa diciendo “¡Por Roberto y Joel!”. Todos brindamos, aunque en las caras de Othón y Pablo se notaba que no sabían de quiénes hablábamos, pero era evidente que se trataba de los socios que ya habían muerto.

    Eduardo trajo un carro de servicio donde estaban unas ricas viandas. Y prendió una pantalla donde aparecieron algunas escenas de película y fotos de mi boda, incluso de las invitaciones y la luna de miel. “No lo he visto, mi hija lo editó con mucho cariño para ustedes”, explicó Eduardo. Al terminar, aplaudimos y Eduardo nos había vuelto a llenar las copas.

    “Salud por el que se la llevó y después de tantos enredos aceptó compartirnos de su manjar”, expresó Eduardo y Saúl me bajó la parte superior del vestido, como no traía sostén, cayeron mis tetas pesadamente. “Los invito a que remojen sus copas en las bellezas que nos atrajo”, dijo Saúl tomando una chiche y remojó el pezón en su copa; los demás hicieron lo mismo. “Después les mostraré lo que nos ha retenido.

    Brindamos y de inmediato Saúl me levantó con ternura, pero me bajo todo el vestido. Entonces entendí por qué me había pedido que no trajera ropa interior. Quedé sólo con la pulsera y la argolla que me regaló Joel, así como unos pequeños aretes que me dio Roberto, aditamentos que me coloqué ese día para recordarlos también a ellos.

    “Antes de felicitarla con un cálido abrazo, les pido que se pongan tan cómodos como lo está ella” dijo y empezó a desnudarse, los demás hicieron lo mismo. “Feliz aniversario, mi Nena”, dijo Saúl con la verga erecta metiéndola entre mis piernas al darme un abrazo. Eduardo, quien no se había desnudado, les indicó con un ademán a Pablo y Othón que pasaran a felicitarme. Mientras ellos me felicitaban como lo hizo Saúl, Eduardo abrazó a mi esposo y le dijo “Felicidades”, al terminar eso, se desvistió rápido y me felicitó metiéndome la verga cuando me cargó al abrazarme. “Mi mujer sigue tan hermosa como hace 50 años” dijo al separarse de mí.

    De inmediato, Joel por atrás, en el ano para recordarme quién me lo estrenó, y Pablo por adelante, en la vagina, me abrazaron metiéndome sus miembros y me franelearon muy rico, viniéndonos los tres casi al mismo tiempo. Después de ellos, Saúl y Eduardo me abrazaron, pero los dos entraron por la vagina. ¡Me sentía una muñeca de plástico, mis pies no tocaban el suelo una mano en una chiche, otra en una nalga. Saúl mamando la otra chiche y, desde atrás, girándome la cabeza, Eduardo me besaba. ¡Otra venida simultánea! Y me acosté boca abajo en la alfombra.

    Después sentí una lengua en cada nalga que se deslizaron una al ano y otra a la vagina mientras mis piernas se abrían y giraba mi cuerpo. Seguía sintiendo las serpenteantes lenguas abajo y luego dos bocas, una en cada teta. Al rato, Pablo me cargó y me sentó en sus piernas… Sí, ¡me penetró limpiamente!, pero cómo si no, mi vagina estaba llena de semen. Me besó. Nos abrazamos y me moví en círculos, orgasmo tras orgasmo hasta que Pablo se vino.

    Descansaba en la verga flácida de Pablo, quien seguía abrazándome, y sentí a Eduardo y Othón, uno en cada pierna, besándome y lamiendo mis pies. Saúl me jaló suavemente de los pelos y volteó mi cabeza hacia arriba para besarme, su lengua navegaba dentro de mi boca cuando sentí la succión de Pablo en mis pezones, los había juntado y me estiró las tetas hacia arriba para mamar en mejor posición. Casi cinco minutos sintiendo cuatro bocas. Al primer respiro les pedí unos minutos de tregua para comer algo y pedir vino. Eduardo le señaló la cava a Joel para que escogiera la botella y tomó el sacacorchos. Vasos y no copas para el vino.

    –¡Salud por mi Nena puta! –dijo Saúl y los demás lo secundaron –aunque me falta el semen de otros dos en este atole, para disfrutar de un coctel completo, me perdonarán que yo empiece a saborearlo, pero siempre me ha gustado el atole que hace mi Nena puta con ustedes, la hacen venir mucho –dijo Saúl, apuró la mitad del vaso, luego me acostó en la alfombra abriéndome las piernas y se puso a chuparme.

    –Yo también quiero chupar paleta, dije. Como si hubiese sido una orden, Othón y Eduardo se acercaron con sus vergas cerca de mi cara. Se las jalé y me las traté de meter juntas, pero fue imposible, eran unos glandes más grandes que de costumbre, así que los junté y lamí alternadamente, pero restregándolos entre sí y en sus caras había asombro y placer al sentir el capullo del otro.

    Saúl seguía con su trabajo de lengua, tomaba el semen revuelto con mis jugos que seguían manando; me dobló la cintura para lamer mi culo, trató de meter la lengua, pero como no podía la volvió a deslizar por el periné y me saco un orgasmo con un grito y sorbió lo que me salió de la vagina.

    Me desmayé de tanto placer. Cuando volví en sí estaba sobre la mesa de centro y al abrir los ojos vi cuatro pares de huevos, cada uno con una adorable y conocida verga correspondiente. Pablo me ayudó a levantarme y me sentó junto a Saúl, quien me abrazó y me comenzó a acariciar las tetas.

    Descansé mientras escuchaba decir a cada uno por qué le gustaba yo. “Por puta”, dijo Othón y completó “nunca conocí a una mujer tan ardiente”. “Por chichona y ponedora”, definió Eduardo. “Por todo lo que han dicho, además de su bella cara y su risa alegre”, explicó Pablo.

    –A mí me tocó estrenarla toda, menos lo que le abrió Othón. La conocí siendo una niña muy bella, pero la desvirgué varios años después. Cuando confirmé que era ninfómana y, además, se enamoraba quedándose enganchada a sus vergas, no tuve más remedio que compartir su perrito, o cangrejo, con ustedes –dijo Saúl extendiendo la mano con su vaso para decir “¡Salud!”.

    Vinieron recuerdos anecdóticos de cada quién. Sonreía al recordar los episodios, pero a veces también soltaba alguna lágrima cuando recordaba a Roberto como parte de la continuación de la anécdota, o cuando acariciaba la pulsera o la sortija que me dio Joel y hasta este día volví a usar. Sí, todos mis verdaderos amores estaban allí…

    Bailamos y seguimos haciendo el amor hasta la madrugada en que pedí descansar. Eduardo nos llevó a su recámara. Todos se despidieron dándome una felicitación efusiva, a cada uno le tocó un beso en la verga y una lamida en los huevos antes de salir de la recámara. No sé si ellos siguieron platicando. Yo traía las tetas amoratadas y los labios interiores rojos e hinchados, no fueron pocas las veces que tuve a dos dentro. Mis piernas escurridas de semen hasta los pies.

    –Duerme, mi Nena puta, yo te limpio. ¡Feliz aniversario! –me dijo antes de lamerme la entrepierna y quisiera o no, le obedecí.

    Al amanecer, nuestra ropa estaba doblada en el cuarto, pero junto a ella estaba una nota: “Pónganse ésta. Es nueva, pero ya está lavada”. ¡Hasta ese detalle cuidó Eduardo!

    –¡Buenos días, Nena! –dijo Saúl, bajando a chuparme la panocha–. ¡Está muy rico el atole fermentado! –insistió y me dio un beso que me recordó a todos juntos, incluidos los dos grandes ausentes.

    Lloré de alegría. Saúl me abrazó y me llevó al baño. “¿Quieres ducha o tina?”, preguntó. “Ducha”, contesté.

    Después de vestirnos. Fuimos a la sala donde la mucama nos dijo que pasáramos al desayunador, donde había cubiertos para tres personas. “El señor no tardará en bajar. ¿Quieren jugo de naranja, zanahoria, toronja o betabel?”, dijo y cuando acabó de servir los jugos, apareció Eduardo.

    –¿Cómo amanecieron los tórtolos recién casados? –nos preguntó al sentarse, y la mucama mostró un evidente gesto de sorpresa y curiosidad– Sí, recién casados hace medio siglo, yo estuve allí –le dijo a la mucama quien ya nos conocía desde hacía mucho tiempo.

    –¡Felicidades por sus bodas de oro! –dijo ella–. El regalo tiene que ser muy especial y de oro –le indicó a Saúl. Vio la pulsera y la sortija, abrió la boca y exclamó–: ¡Está hermoso!

    –Sí, me dieron un hermoso regalo –le contesté