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  • El incesto en mi vida (Parte 12)

    El incesto en mi vida (Parte 12)

    Nos levantemos temprano, ya que no quería llegar tarde a la playa, sobre todo para que mi mujer no se mosqueara. No me pude resistir y la desperté con suave beso, ella me respondió y pude ver esa carita de 18 años, mirándome risueña, le pregunte que como había dormido y ella me respondió con un increíble, me levante y me dirigí a la ducha, antes de entrar me volví y le pregunte que si quería acompañarme, ella salto rápidamente de la cama y se vino conmigo. Bajo el agua, comencemos a enjabonarnos, los dos nos estábamos poniendo mutuamente muy cachondos, no pude aguantar más, además que debido a que teníamos que irnos no podía prolongar mucho la cosa, la levante, ella se cogió de mi cuello y yo sujetándola por sus piernas la penetre, debido a su poco peso, apenas fue un esfuerzo para mí y allí mientras el agua nos caía, me la volví a follar, ella no tardó en llegar al orgasmo, en cambio esta vez sí tarde yo un poco más, pero por segunda vez llene su coño de mi leche. Tras la ducha, nos vestimos y nos fuimos hacia la costa.

    Tardemos apenas 2 horas en llegar, mi mujer nos recibió en la calle, fuimos a un bar cercano a desayunar y luego subimos al piso para cambiarnos para bajar a la playa. El día transcurrió como un sábado normal y corriente de playa, debido a que Sandra y yo teníamos esa complicidad de muchos años, nadie notaba nada, pero nuestras miradas si hablaban entre nosotros, yo sabía que no todo quedaría en lo que había pasado la noche anterior y aquella misma mañana.

    Por la noche mi mujer y yo follamos en nuestra habitación, noto que estaba más fogoso que otras veces e incluso me dijo que sentía mi polla más grande, le dije que sería por llevar una semana sin descargar, pero yo si sabía que su sobrina tenía que ver y mucho en aquello.

    Gracias al paso de los años he conseguido que mi mujer, que era una chica muy recatada y chapada a la antigua, gracias a sus padres, hacerla mi puta particular, hoy en día el sexo oral, vaginal y anal, no tiene secretos para ella, además de juguetes que suelo comprar para nuestros ratos de esparcimiento sexual. Por mi mala cabeza me había olvidado de llevar condones, además de que a ella le daba vergüenza comprarlos, cuando iba a la tienda con sus padres. Debido a eso aquella noche me corrí dentro de su culo.

    Tal vez por eso, por la mañana cuando estábamos en la playa, no podía quitarle ojo al culo de mi sobrina, ese culo respingón, que sabía que estaba bien duro debido a su juventud, en mi cabeza rondaba la pregunta de si seguiría siendo virgen por el culo, probablemente ya se lo habrían follado, siendo tan puta como me confesó.

    Por la tarde y antes de que anocheciera, nos volvimos a poner en camino hacia mi casa, tras despedirnos de mi mujer y mis suegros. Una vez en el coche, después de varios kilómetros, Sandra me dijo que nos había escuchado follar a su tía y a mí, la noche anterior, debido a que la habitación donde había dormido estaba pegada a la nuestra, me confesó que se había puesto muy cachonda, yo le pregunte que si se había puesto celosa y me sorprendió su respuesta “¿celosa? No, ella es tu mujer, es lo mismo que si yo tuviera novio ¿tú te pondrías celoso por follar con él?”, le conteste que no y debo confesar que me sentí aliviado, por la madurez con la que había reflexionado con lo nuestro, yo tenía mi mujer y ella podía tener su novio, pero el sexo entre nosotros solo era eso, sexo. Seguimos hablando de ese tema y ambos lo teníamos claro, a mitad de camino pero dijo que le hubiera gustado quedarse esa noche conmigo, le dije que podía llamar a su madre y pedirle que se quedara en mi casa y al día siguiente cuando me dirigiera a mi trabajo, la dejaba en su pueblo ya que me pillaba de paso. Me dijo que si y llame a mi cuñada para decirle lo que habíamos hablado, su madre no puso ninguna objeción y pude ver como Sandra sonreía de oreja a oreja. Para no asustarla e intentando suavizarlo, le pregunte si le habían follado el culo alguna vez, ella me dijo que no, yo le explique que a su tía se lo follaba desde hacía bastante tiempo y que le gustaba mucho, además de contarle con todo lujo de detalles como su tía y yo habíamos follado la noche anterior. Después de no dejarme nada en el tintero, ella me dijo que la había puesto muy cachonda, le pedí que tocara mi bragueta para que viera que no era la única así, la toco y me susurro al oído “estoy deseando tenerla otra vez dentro de mí”, no sé cómo pude aguantarme y no soltar mi leche dentro del pantalón, ya que con la sensualidad que me lo había dicho me había excitado al máximo. Paremos en un burguer a comer y rápidamente nos fuimos a mi casa.

    Me pidió que la dejara darse una ducha rápida, le dije que sí, mientras busque un bote de gel lubricante, ya que siempre solemos tener algunos mi mujer y yo para nuestras cosas, encontré uno de efecto calor, aquello le gustaría seguro. Salió del baño desnuda completamente, me desnude y nos tumbemos en la cama, comencemos a acariciarnos, baje mi mano hacia su coño y comencé a masturbarla, no pare ni un segundo de pajearle, mientras mi boca chupaba sus tetas, que debido a su tamaño entraban totalmente dentro de mi boca, ella gemía y sus únicas palabras, eran me gusta y que placer, después de unos minutos hice que se corriera gracias a la paja que le había hecho, me puse encima de ella y comencé a follarle, esta vez no fui tan suave como la primera, quería que fuera un polvo más carnal, ella comenzó a gritar de placer, aquello me excitaba aún más, menos mal que los vecinos no la oyeron porque sabían que mi mujer se encontraba fuera y podían atar cabos al ver a su sobrina entrar conmigo, sus gemidos se unieron a los míos y volvimos a corrernos juntos, ella se encontraba ya exhausta, debido a los dos orgasmos seguidos que había tenido, pero yo quería más, me baje hacia su coño y empecé a lamerlo, era la primera vez que lo hacía con una mujer después de haberme corrido, sus líquidos entremezclados con los míos le daban un sabor agrio, desagradable, pero seguí lamiendo hasta que pasados unos minutos volvió a correrse, ella apenas podía articular palabra por el placer que estaba recibiendo, decía que estaba siendo fantástico, yo volví a estar de nuevo listo para la acción, me senté en la cama y le pedí que se subiera encima mía, enroscando sus piernas alrededor de mi cintura, ella se subió, metió su polla dentro y empezó a cabalgar, mientras nuestras bocas no se separaban ni un solo milímetro, aproveche para coger el lubricante que anteriormente había dejado encima de la mesita de noche, vacié un poco en mi mano y empecé a cubrir todo su ano suavemente, repetí la operación un par de veces, introduciendo un dedo suavemente dentro, no tarde mucho en no sentir resistencia, mi dedo se deslizaba ya dentro de su culo, notando mi polla dentro de su coño, note como a ella no le desagradaba incluso sentí como se excitaba aún más, volví a echar gel y esta vez poco a poco introduje dos dedos, eso si ya le molestaba pero el placer que estaba sintiendo en su coño le compensaba la molestia de su culo, no pare de echarle lubricante e ir introduciendo mis dedos, cuando al fin pude meter los dos dedos enteros, ella empezó a contraerse y a tener por cuarta vez un orgasmo.

    Estaba rendida me dijo que no podía más, que no sentía ni las piernas, le dije que aún no había acabado y aunque ella me pidió por favor que paráramos, le dije que me quedaba poco y que solo sería un momento, la ayude a tumbarse bocabajo en la cama, cogí el lubricante y me eche bastante por mi polla, la lubrique muchísimo, directamente con el bote vacié una buena cantidad en su culo, volví a meter mis dedos, debido a la dilatación y al gel ya casi entraban 3, me decidí y me tumbe encima de ella, guie mi polla hacia su ano y comencé a empujar, no tardó mucho en decir que le dolía, la saque, eche gel nuevamente y volví a intentarlo, esta vez entro un poco más, pero al empezar a gritar la volví a sacar y otra vez a echar lubricante, por tercera vez le introduje mi polla y esta vez sí fue entrando poco a poco, aunque decía que le dolía yo ya no paraba, tenía el culo lleno de gel y lo único que le molestaba era el grosor de mi polla, al fin la introduje hasta el fondo, estuve un rato quieto mientras su esfínter terminaba de adaptarse a mi polla, ella ya solo sentía molestia, me dijo que era como cuando le estaba saliendo la caca, aquello hizo que empezáramos a reír, aproveche para empezar a moverme y poco a poco fui subiendo el ritmo de mis embestidas, el dolor que ella había sufrido en un principio se transformó en placer, aquel ano me estaba estrangulando mi polla, por lo que mi corrida fue espectacular, me quede tumbado encima de ella, casi aplastándola, mientras mis piernas temblaban por el inmenso placer que había tenido. Me levante y me fui a duchar, cuando volví mi sobrina se había quedado dormida, en la misma postura que había terminado de follarla, me tumbe junto a ella y esa noche si caí rendido también.

  • El incesto en mi vida (Parte 13)

    El incesto en mi vida (Parte 13)

    El lunes por la mañana, nos levantamos y camino a mi trabajo deje a Sandra en su casa, ya que daba la casualidad que mi empresa se encontraba en ese mismo pueblo. Llegue a mi despacho y me centre en mi trabajo, pasados unas horas mi cuñado, padre de Sandra, me llamo al móvil, al ver la llamada el corazón me dio un vuelco, ya que temía que se hubiera enterado de lo que había hecho con su hija durante el fin de semana. Me alivie al ver que solo me llamaba para invitarme a comer a mediodía para agradecerme el llevarme a Sandra a la playa, le conteste que no podía porque había quedado para comer con mi socio, que si quería podíamos dejarlo para el día siguiente, ya que los restantes tenía que viajar a una feria de muestras relativa a mi sector, el acepto y quedemos para comer al día siguiente.

    Tal y como habíamos quedado, el martes a mediodía me dirigí a su casa, al llegar me recibió mi cuñada y me hizo pasar al salón donde ya se encontraba su marido, nos saludemos, me invito a una cerveza mientras esperábamos la comida y empecemos a hablar, Sandra no tardo en bajar de su habitación, me dio dos besos y me saludo con un “hola, tito”, le respondí, pero su padre y yo seguimos hablando de nuestras cosas. Durante la comida, Sandra saco el tema de mi viaje, interesándose que para que era y donde, les explique que era una feria donde varios proveedores enseñaban sus nuevos productos y fabricaciones, al invitarnos era casi un compromiso el tener que asistir para no quedar malamente con ellos, además de que siempre surgía algún trato o idea nueva para nuestro negocio, también le dije que se encontraba en la zona levante de España.

    Ella dijo que ojala pudiera ir, a lo que le conteste que sería una buena oportunidad, ya que ella estaba estudiando administración y comercio, para darse a conocer a algunas empresas y así poder realizar las practicas al terminar sus estudios, teniendo la posibilidad de quedarse fija en ellas después de finalizarlas. Sus padres me daban la razón y ella les pidió permiso para acompañarles, aun así no les veía del todo convencidos para darle el sí. Viendo que no podría salirme con la mía, les dije que no habría problema con que ella me acompañara ya que tenía varios pases de proveedores y solo había activado uno, les explique que dichos pases había que activarlos por internet ya que daban acceso a la reserva de dos noches de hotel, las entradas profesionales a la feria, además de almuerzo y cena dentro del recinto.

    Al ver que no les iba a repercutir económicamente, ni a ellos ni a mí, accedieron a que me acompañara. Claro está que todo lo que había contado era mentira, ya que los pases solo daban derecho a la entrada y había que activarlos para que la feria pudiera llevar un control y que solo los profesionales pudieran entrar. Quedemos a la hora que la recogería y le pedí que me diera sus datos para poder activar un pase a nombre de mi empresa.

    Después de comer me fui a mi oficina, en aquel momento se encontraba en el despacho mi socio José, os pongo un poco en antecedentes, José y yo nos conocemos desde niños, prácticamente parecemos casi como hermanos, hace unos años después de trabajar en una empresa del sector de telecomunicaciones, decidimos ponernos por nuestra cuenta, así montemos nuestra empresa de instalación y mantenimiento de redes de telecomunicaciones, consiguiendo además estar subcontratados con una importante empresa del sector. José lleva siempre las tareas de organización, personal y contratación por lo que siempre suele estar en la oficina, yo en cambio me centro en la supervisión de obras y visitar a proveedores y clientes, por lo que es raro que no me encuentre casi siempre de viaje. Me senté en mi mesa y active por internet el pase de mi sobrina, pero me quedaba cambiar la reserva del hotel, ya que había reservado una sencilla y quería cambiarla por una doble, pero me daba cosa llamar delante de mi socio y que sospechara algo, apunte el número del hotel en mi teléfono y me levante con la excusa de ir a tomar café a un bar, que se encuentra cerca de nuestra empresa, invite a José a venir conmigo, el declino mi oferta, cosa que ya sabía porque siempre tomaba café después de comer en un bar propiedad de su hermana que le pillaba de camino hacia el trabajo. Mientras tomaba café llame al hotel y cambie la reserva, puntualizándoles que la habitación doble debía ser con cama de matrimonio.

    Al día siguiente, me puse en camino, recogí a Sandra, eran aproximadamente las 8 de la mañana y nos quedaba por delante unas 5 horas largas de viaje. Durante el trayecto, pasadas unas 2 horas pare en un restaurante para tomar café y desayunar algo. Allí me pude fijar en que nos miraba prácticamente todo el mundo, sobre todo camioneros y comerciales que no le quitaban ojo a mi sobrina, la mire detenidamente y caí en la cuenta de que era normal que la miraban, ya que llevaba unos vaqueros cortos muy apretados, que para colmo realzaban las curvas de su culo, sus piernas bronceadas al aire y para rematar una camisa sin mangas de color azul claro, donde se le podía transparentar un poco el sujetador blanco que llevaba. Desayunemos y volvimos a la carretera, le pregunte de la forma más suave posible y que no se molestara, que si llevaba en su maleta algo de ropa más elegante, ellas se ofendió un poco y me pregunto si es que íbamos a alguna boda, tomándomelo en broma le explique que en aquella feria, la gente solía ir bastante elegante, ya que se daba la circunstancia de que allí iban empresas muy importantes y solían cerrarse contratos de muchísimos millones. Para que se le quitara el mosqueo le dije que no se preocupara, que al llegar al hotel mirábamos su ropa y encontraríamos una solución.

    Lleguemos sobre las 1 al hotel, nos registremos y subimos a la habitación. Una vez acomodados, fui a darme una ducha, ella me pregunto que si quería que me acompañare, le conteste que no ya que estaba cansado del viaje y ya habría tiempo para nuestros juegos, además de decirle que sacara su ropa para ver que elegíamos para ir al día siguiente a la feria.

    Después de ducharme y cambiarme de camisa, Sandra ya había vaciado su maleta, no había nada que encajara con la idea que yo tenía en la cabeza. Llevaba pantalones vaqueros con roturas, otros negros tipo malla de deporte, algunas minifaldas, pero para mí nada elegante. Podréis decir que soy machista, pero no me apetecía mucho ir a ese tipo de evento, acompañado de una joven con esas ropas, ya que mucha gente pensaría que era una putita que había contratado para que me acompañara, algo que no era de extrañar ya que yo había podido ver a algunos conocidos con ese tipo de acompañamiento. Le propuse ir primero a comer algo y luego iríamos de tiendas para comprarle algo, ella dijo que no quería que le comprara nada y yo insistí diciéndole que dejara que le hiciera algún regalo. Tarde unos minutos en convencerla pero al final lo conseguí.

    Fuimos a un restaurante, después de comer tranquilamente, tomar café y una copa para bajar la comida, salimos a comprar. Debo confesar que ir de tiendas no me gusta nada, si no hubiera sido porque el hotel se encontraba justo en el centro de la ciudad, donde se encontraban prácticamente todas las tiendas y negocios, no le hubiera hecho a mi sobrina la proposición de ir a comprarle ropa y hubiera buscado otra solución para la feria.

    Paseemos por varias calles viendo escaparates, hasta que dimos con una que le gusto, entremos y le expliquemos a la chica que nos atendió que estábamos buscando. Me hizo gracia ver que sus compañeras no me quitaban ojo de encima, seguramente estarían intentando ver qué relación podía haber entre un treintañero y chica que claramente no aparentaba la mayoría de edad. Después de probarse varios vestidos y conjuntos, por fin dimos con lo que buscábamos, un traje de chaqueta beige, con una falda corta, justo a la mitad de sus muslos y una chaqueta cruzada de 3 botones, sin camisa. Le pregunte a la chica si no pasaría calor, al estar ya en verano, ella me explico que no, ya que el traje estaba hecho de lino y era bastante fresco, además de que al tener el pecho pequeño, podía llevar la chaqueta sin camisa debajo. La verdad es que le sentaba estupendo, al no llevar camisa, la chaqueta se abría justo en su canalillo, por lo que insinuaba pero sin enseñar nada. Antes de que mi sobrina entrara al probador, para quitárselo, mire el precio y vi que era bastante barato, por lo que le dije a la dependienta que le buscara algo elegante para una cena, le preparo varios vestidos y se los llevó al probador. Al poco rato salió con uno de ellos, mi polla dio un respingo con solo verla, era un vestido corto verde brillante, se ajustaba a su cuerpo perfectamente, la parte de abajo quedaba poco más de unos centímetros por debajo de culo y la parte de arriba acababa en una especie de tirante que solo iba en un hombro, no lo dude y le dije que también lo comprábamos. Pagamos y nos fuimos.

    Volvimos a dar vueltas entre las tiendas, ya era media tarde, me encontraba sediento y le dije de tomar algo, paremos en un bar y nos tomamos algo. Luego la lleve a una zapatería para que se comprara zapatos que pegaran con los vestidos que le había comprado. De camino se me ocurrió bromearle con la película de Pretty Woman, ella se hizo la enfadada y me pregunto que si la consideraba una puta, me acerque a su oído y le conteste susurrándole que en la cama era aún mejor que una puta, se volvió y me miro con una sonrisa pícara.

    Tras comprarle los zapatos, me pidió que le comprara unas medias, paremos en una tienda de lencería, ahí si me dio vergüenza entrar, le di dinero y le dije que se comprara las medias que quisiera, además de un conjunto de lencería elegante, ya que al día siguiente por la noche, la quería llevar a cenar a un buen restaurante y quería que llevara el vestido que le había comprado y así iría bella por dentro y por fuera.

    Poco a poco la tarde fue pasando, Sandra estaba radiante, para que luego digan que las mujeres no se divierten de compras. Habíamos comprado vestidos, zapatos, bolsos y ropa interior. Pero fue justo al pasar por delante de una peluquería, donde pensé de poner la guinda a la tarde. Le dije de entrar y que se hiciera lo que quisiera, no puso ninguna pega, entremos nos sentemos, no tuvimos que esperar mucho para que la atendieran. La chica que la atendió le pregunto qué quería y ella le pidió que le cortara las puntas y le alisara el pelo, ya que lo tenía ondulado. Una hora después, Sandra quedo aún más guapa si se podía. El pelo liso además de sentarle increíble, le hacía aparentar un par de años más.

    Antes de volver al hotel, estuvimos cenando en una pizzería, acompañando la comida con una botella de vino. Llegamos a nuestra habitación, Sandra colgó los vestido comprados y me enseño el conjunto que se había comprado, aquello me puso cachondo perdido, se componía de un tanga negro de encaje y un sujetador del mismo color sin tirantes, ya estaba deseando verla con eso puesto.

    Se desnudó sin ningún tapujo y se dirigió al cuarto de baño, yo me desnude rápidamente y entre detrás de ella, me paro y me dijo que a donde iba, le conteste que a ducharme con ella, me dijo que no ya que no se podía mojar el pelo, yo no había caído en ese detalle, me dio un beso en la boca y me dijo que después me recompensaría. Mi polla se puso a reventar y no veía el momento de que acabara de ducharse, salió pasados unos minutos envuelta en una toalla y me dijo que era mi turno para ducharme, entre y me duche rápidamente, me seque y me fui al dormitorio totalmente desnudo.

    Mi polla no tardó en reaccionar, ya que mi sobrina se había tumbado en la cama, totalmente desnuda, seguía siendo un placer solamente contemplar aquel cuerpecito. Me tumbe junto a ella y comencemos a besarnos, esta vez ella tomo la iniciativa y no tardo en coger mi polla entre su mano y comenzar a pajearme, yo mientras empecé a hacer lo mismo con su coño, nos estuvimos pajeando mutuamente un buen rato, empecé a bajar con la intención de comérselo, pero ella me detuvo y me dijo que quería follar, me dejo tumbado y ella se subió encima, aunque yo sabía que ya estaba húmedo, no me esperaba la dilatación con la que contaba ya ese coño, mi polla entro hasta el fondo de un solo empujón, le dije que estaba muy caliente y ella me confesó que mientras me duchaba ya había estado tocándolo un poco, imaginar cómo se masturba me excito aún más, ella llevaba el ritmo de la cabalgada, unos minutos más tarde empezó a subirlo y no tardó mucho en correrse, la deje descansar unos segundos, me levante y la acomode poniéndola a cuatro patas, me situé detrás y comencé follarla, deleitándome con ese culazo que tiene, no pude aguantar más y deje soltar mi leche dentro de ella, me pidió que no la sacara y que siguiera follándola, la obedecí y seguí bombeando ese coño que chorreaba ya, pocas embestidas después ella se corrió soltando un grito que seguro lo tuvo que escuchar hasta el recepcionista. Debido a que no habíamos parado ni un segundo en todo el día, ambos caímos rendidos en la cama.

  • El incesto en mi vida (Parte 14)

    El incesto en mi vida (Parte 14)

    Me desperté y me quede contemplando a mi sobrina aun dormida en la cama, me levante y me fui hacia el cuarto de baño, me duche, me afeite y salí a vestirme, mientras me anudaba la corbata, Sandra se despertó, me acerque a ella y la bese con dulzura, le dije que se duchara y vistiera para bajar a desayunar, ella me respondió que no le apetecía, entonces le propuse que si quería mientras se arreglaba yo bajaría a tomarme un café y así saldríamos antes hacia la feria, me dijo que le parecía bien.

    La cafetería del hotel disponía de terraza y me senté allí para tomarme el café y fumar un cigarro, aproveche para llamar a mi mujer, que todavía se encontraba de vacaciones con sus padres en la playa. Ella sabía, porque se lo había dicho por teléfono, que su sobrina se encontraba conmigo, ya que le había contado la misma mentira que a su hermana, diciéndole que ella dormía en otra habitación, cuyo pago lo hacia los organizadores y proveedores de la feria. Le estuve contando que le tuve que comprar un traje por culpa de que su ropa era demasiado informal, no le dije que también le había comprado una para la noche, ella se reía y me decía «¿qué esperas de una niña?» yo le daba la razón e intentaba convencerla de que me tenía que haber callado y no haberla invitado, mi mujer me consolaba diciéndome «pobrecilla, le hace ilusión ir de viaje y ver sitios nuevos», en aquel momento empecé a tener un poco de remordimientos, ya que mi mujer no podía ni imaginar lo que Sandra y yo hacíamos, pero se pasaron de seguida ya que mi sobrina apareció por la puerta, estaba increíble, no parecía ni ella, aquel traje de chaqueta le sentaba de fábula, sus piernas perfectas cubiertas por unas medias que brillaban, su culo realzado por la falda ajustada, esa chaqueta abrochada que hacía que se le viera el canalillo, por donde se podía ver unos pocos milímetros del sujetador negro, que la tarde antes le había comprado, su pelo rubio alisado, perfectamente maquillada, cualquier persona que no la conociera podría pensar perfectamente que tenía unos 20 años.

    Me despedí de mi mujer, cogimos un taxi y nos fuimos hacia la feria. Pasemos toda la mañana visitando stands de proveedores y clientes, como dije anteriormente, la visita a este tipo de eventos era más por compromiso que por otra cosa. Lo que más me estaba gustando era ver como todos los hombres miraban a mi sobrina, yo no la presentaba como tal, sino como una estudiante que había empezado en mi empresa como representante en prácticas. Llego la hora de comer y nos dirigimos a un restaurante que se encuentra dentro del recinto, durante el almuerzo le pregunte que le parecía la visita, ella me contesto que le estaba gustando pero que no se enteraba de nada de lo que hablábamos o nos enseñaban, le dije que era normal y le propuse que si quería nos podíamos ir, ya que tampoco me estaba siendo productiva esa visita y estaba harto de dar vueltas, ella acepto diciendo que haríamos lo que yo quisiera.

    No me lo pensé y volvimos al hotel, lleguemos a la habitación, ella me dijo de desnudarse para darse una buena ducha, le pedí que esperara, me acerque a ella y comencé a besarla. Verla vestida tan formalita y pareciendo una mujercita de negocios, me ponía muy cachondo. No tarde mucho en desabrocharle la chaqueta, le baje el sujetador sin tirantes y deje sus tetitas al aire, comencé a acariciarlas, luego fui bajando mi mano, le subí la falda y la metí entre su tanga, empecé a pajearla mientras nuestras lenguas seguían retorciéndose. Conseguí que su coño se humedeciera bastante, mi mano estaba completamente mojada debido a la paja que le estaba haciendo, paremos y me desnude completamente, ella se quitó las medias y el tanga, cuando se disponía a desabrochar la falda le dije que parara, ya que me excitaba mucho el poder follármela vestida con aquel atuendo, no dijo nada respecto a aquella petición, me senté en una silla y ella se colocó encima de mí, con su mano llevo mi polla hasta su coño y se la metió, pronuncio un «uhhmmm» que me encanto, antes de empezar a cabalgarme, me pidió que le quitara el sujetador, metí mis manos por dentro de su chaqueta y lo desbroche, luego empezó a subir y a bajar lentamente, para ir subiendo el ritmo. Aparte del placer de poder follarme aquella belleza se le sumaba el morbo que me estaba dando, verla con la falda hasta la cintura y la chaqueta desabrochada, pudiendo lamer sus pezones a la vez que ella saltaba encima de mí. No tardó mucho en empezar a gemir más fuerte y yo a sentir las contracciones de su coño que anunciaban la corrida que estaba teniendo. Deje que disfrutara del orgasmo, cuando note que ya había terminado, me levante sin sacar mi polla de dentro de su coño, ella se abrazó a mi cuello y llevándola en volandas me fui hasta la cama, allí la tumbe, quedándome yo encima de ella, continúe bombeando su coño, estaba a punto de correrme, pero quería que ella volviera a tener otro orgasmo, metí mi lengua en su boca y comencemos a besarnos intensamente, no pude aguantar más y comencé a correrme dentro de su coño, ella al recibir mi leche le vino el orgasmo, nos corrimos juntos sin parar de comernos la boca. Tras deleitarme un momento de la sensación de su coño inundado, la saque y nos quedemos tumbados, con nuestras respiraciones al máximo, como si hubiéramos corrido una maratón, ella solo pudo emitir un «guau», le di un pequeño beso en los labios.

    Encendí el televisor y nos quedemos encima de la cama, viendo un programa que echaban, yo seguía desnudo y lo que me sorprendió, además de gustarme mucho, fue que mi sobrina se terminó de quitar la ropa y se quedó desnuda completamente tumbada junto a mí, como si fuera la cosa más normal del mundo.

    Pasaron un par de horas, yo había dado una pequeña cabezada, Sandra en cambio había estado despierta viendo la televisión. Allí seguía ese ángel desnudo delante de mí, aunque sabía que aquello no estaba bien, a mí me encantaba, por la sonrisa de ella al ver que me había despertado, sabía que ella estaba igual que yo. Empecé de nuevo a acariciar su cuerpo, ya que la suavidad de la piel me electrizaba, ella no tardo en corresponderme, pero sus manos se fueron bajando rápidamente hacia mi entrepierna, quería más sexo, pensaba que solo los hombres éramos insaciables a esa edad, pero no, las chicas de 18 también lo son, mi polla reaccionaba lentamente a sus caricias, aunque solo tuviera 30 años, ya no podía seguir el ritmo que llevaba con mi sobrina desde final de la anterior semana. Se fue bajando sin decir nada, empezó a recorrer mi polla con su lengua, eso hizo que hay si empezara a aumentar su tamaño considerablemente, después de ensalivarla bien, la metió en su boca, nuevamente comprobó que no podía chuparla como ella quería, pero salió airosa, lamiendo y chupando el capullo, mientras me pajeaba. Aunque no fuera una buena mamada, me daba un placer inmenso, al estar de rodillas junto a mí, mientras no soltaba mi polla, le cogí las piernas y me fui llevando su culo hacia mi cabeza, la situé bien y comencemos un 69 glorioso, su coño ya estaba babeando por su excitación, ayude a lubricarlo comiéndoselo con ahincó. De repente escuche «Dios, que comida de coño», aquello me animo a esmerarme y lamérselo como nunca, no tardo en correrse, mientras yo intentaba introducir mi lengua todo lo que podía dentro de ella. Pese a que era el tercer orgasmo aquella tarde y el quinto en menos de 24 horas, ella quería más, sin cambiar de postura, se deslizo hacia adelante y metió mi polla dentro de su coño, inclinada hacia delante, tenía una vista esplendida de ese culo que me estaba volviendo loco, además de ver mi polla entrando y saliendo del interior de su vagina, entre esa vista y la postura que tenía que hacía que se apretara más mi polla dentro, no tarde en correrme, ella al sentir la leche exclamo un «ooooohhh» como de decepción, por no poder haber llegado nuevamente al orgasmo. Le dije que no se enfadara que todavía nos quedaba toda la noche, ella se rio, se levantó de la cama y dijo que iba a ducharse para arreglarse, ya que quería estar radiante y por lo cual tardaría un par de horas, yo le dije que mientras aprovecharía para salir a dar una vuelta.

    Me vestí, baje al restaurante del hotel y me tome una copa en la terraza, mientras fumaba un cigarrillo, aproveche también para llamar a mi mujer nuevamente, le dije que acabábamos de llegar de la feria y que cenaríamos y nos acostaríamos temprano, me pidió que no tardara mucho ya que la semana anterior le prometí que cuando volviera, me iría directamente hacia la playa para poder estar el viernes por la noche con ella, le dije que sí y me despedí. Después de tomarme la copa, salí a dar un paseo, compre un regalo para mi mujer y entre en una farmacia para comprar un bote de gel lubricante, tenía que aprovechar mi última noche con Sandra.

    Al volver mi sobrina estaba terminando de arreglarse, estaba radiante, llevaba el vestido que le había comprado, corto por debajo de su culo, súper-apretado, con ese único tirante en su hombro, se había recogido el pelo en un moño, ese peinado realzaba el vestido e incluso sus tetas parecían algo más grandes, se me olvidaba deciros que gracias a la compra del conjunto de lencería pude adivinar que tenía una 80 de pecho, aunque tiempo después me confesó que tenía un poco menos, ya que los sujetadores se le quedaban anchos. Me duche y me arregle yo también.

    Salimos a cenar, lleguemos a un restaurante que tenía muy buen pinta y no se encontraba muy alejado del hotel, cenemos estupendamente y antes de terminar nos tomemos la primera copa allí, le pregunte al camarero que nos había atendido, que me recomendara algún sitio para divertirnos un poco, me indico por donde se encontraba un disco-pub que en esa época del año se encontraba todas las noches lleno y que había muy buen rollo. Nos dirigimos hacia allí, al llegar vimos estaba muy bien, gente muy sana, buena música y buen ambiente. Comencemos a beber y a bailar, poco a poco nos fuimos calentando nosotros, sobre todo cuando me fije que las medias que Sandra llevaba no eran pantys, como las que llevaba por la mañana, sino medias que acababan en una costura negra, que al subir su vestido por el baile, se dejaba ver. Me acerque a su oído y le dije que me volvía loco al ver esa costura de sus medias, ella sonrió y me susurro «pues veras como te pones cuando te dijo que no llevo bragas» y para demostrarlo cogió mi mano y disimuladamente, mientras bailábamos un tema latino bastante pegados, la llevo por debajo del vestido, pude sentir su coño ya chorreando.

    Pese a que me moría por volver a follarla, seguimos en la discoteca unas pocas horas más, cosa que hizo que nos calentáramos aún más, los morreos y los tocamientos disimulados no cesaron, incluso volviendo al hotel.

    Al llegar a la habitación, no podía aguantar más el dolor de polla que llevaba, ya que toda la noche había estado dura, justo cerré la puerta y empuje a mi sobrina contra la pared, me baje el pantalón y subí su vestido para poder ver ese culo, abrí sus piernas y le metí mi polla de un solo empujón, su coño acepto la visita de buen agrado, debido a lo cachonda que también estaba Sandra. Follándola de pie contra la pared, no tardemos en corrernos, ella apenas un minuto antes que yo. Tras sacársela y ya tranquilizarnos un poco, nos desnudemos, pero cuál fue mi sorpresa al ver que mi polla seguía estando en pie de guerra, desde mi adolescencia que me era casi imposible echar 2 polvos seguidos sin un mínimo de descanso. Mi sobrina se dio cuenta también y no quiso perder la oportunidad, comenzó a besarme mientras nos tumbábamos en la cama, primero en la postura del misionero y luego ella cabalgando encima de mí, se corrió otra vez. Me levante para coger el lubricante que había comprado por la tarde, le pedí que se pusiera a cuatro patas, ella me obedecía como una autentica zorra, me situé detrás de ella y empecé a follar su coño, mientras lubricaba bien su ano, no tarde mucho en poder introducirle 3 dedos hasta el fondo, por lo que saque mi polla de su coño y empecé a meterla en su culo, por el lubricante y que varios días antes ya se lo había follado, mi polla no tardo en desaparecer dentro, esta vez ella no dio muestras de dolor o malestar, mientras embestía su culo con fuertes pollazos, sin darme cuenta le di un azote, ella dio un respingo y un gemido más fuerte que los anteriores, le había gustado, al ver su reacción empecé a darle más azotes, al ritmo que arremetía más fuerte mi polla contra ella, no tarde en ver sus nalgas ya rojas, ella en cambio estaba desatada y comenzó a gritar «me corro», al correrse, su ano se contrajo de tal manera que estrujo mi polla, dándome una corrida maravillosa. Tras unos minutos relajándonos, me dijo que el último orgasmo había sido increíble y que nunca se había corrido de esa manera, la bese y le prometí que tendría más como ese, cuando coincidieran días cómo los anteriores.

    Mire el reloj y eran casi las 4 de la madrugada, puse el despertador a las 7, me esperaba un madrugón de cojones, pero tenía que ser así para no romper la promesa que le había hecho a mi mujer, ya que ella se pensaba que a las 10 o por ahí nos habríamos ido a dormir.

    Volvimos a dormir abrazados, no tardo en sonar el despertador, nos duchemos, nos vestimos y volvimos a nuestra provincia, por el camino la conversación seguía caliente, eso me animo bastante ya que tenía muchísimo sueño. Antes de dejarla en su casa, se despidió diciéndome «espero que no tardemos mucho en poder estar solos algún día», le dije que lo intentaría, pero que iba a ser mucho más difícil ya que mi mujer volvía la semana siguiente de vacaciones, pero que no se preocupara todo llegaría. Si algo he aprendido en lo que llevo vivido, es que las cosas llegan por si solas.

  • Deseo reprimido (I): Reencuentro de mi esposa con su primo

    Deseo reprimido (I): Reencuentro de mi esposa con su primo

    Ella sonríe nerviosamente, sentada con el bulto de su primo tan cerca no sabe qué hacer.

    De repente su delicada mano se posa en los abdominales del primo. Comienza a deslizarse hacia la diminuta prenda blanca y húmeda.

    Va hacia los costados, y baja un par de centímetros la prenda. Un par de centímetros más.

    Efectivamente se veía el tono más blanco del primo en cercanías de su ingle.

    Ella sigue unos centímetros más abajo, y esa sunga cede totalmente. Un pene atroz de unos 23 centímetros sale de su encierro, con uno huevos enormes que cuelgan. Todo completamente depilado.

    Mi esposa queda como hipnotizada.

    Sus manitos con la sunga en los muslos.

    Él la toma de la cara con sus manos grandes, y la acerca.

    Ella abre instintivamente su boca, sus labios están más rojos que nunca, sus ojos también, no quiere perderse detalle de nada.

    Su lengua tiene contacto con la cabeza del glande. Sus labios tratan de contenerlo. Desliza su boca milímetro a milímetro por ese incestuoso miembro.

    Me quedo atónito mirando, petrificado por esa absurda situación.

    Mi esposa que decía odiar a su primo estaba ahora en el borde de la cama con su microbikini amarilla cubriendo casi nada su desnudez, con sus manos tímidas sosteniendo la zunga de su primo en sus musculosos muslos dorados.

    Su boca estaba probando esa pija prohibida.

    Ella levanto la mirada, sus ojos se clavaron en los ojos de su primo quien sonreía y cada tanto hacia muecas de placer.

    Llevo hasta donde pudo entrar esa pija dentro de su boca. Comenzó su trabajo de chuparla, hacia adelante y hacia atrás.

    Sus manos seguían sujetando la zunga, parecía que eso le daba inmunidad. Como si estuviera en una situación de manera obligada y que ella estaba resistiéndose al tener entre sus dedos esa pequeña zunga blanca.

    Ella comienza luego con su lengua a recorrer cada centímetro de la pija de su primo, llega hasta sus bolas, enormes. Una por una recibe por igual tratamiento con su lengua.

    Los saborea, cierra sus ojos, su respiración es fuerte. Parece que hasta disfruta de los olores que pudiera salir de los genitales de su familiar.

    «te acordás cuando éramos adolescentes primita? Que yo estaba masturbándome en mi cuarto y vos me espiabas» dijo el primo reviviendo una historia que yo no conocía.

    Mi esposa detuvo su faena.

    «no sabía que me habías visto, yo era chica nunca había visto una pija» se defendió mi esposa

    «igual nunca tuve un novio que la tuviera así de grande como la tuya, desde ese día yo creía que todos la tenían como vos, y fue una decepción una tras otra» siguió confesando mi esposa.

    Entre esas decepciones me encontraba yo.

    «bueno callate y seguí chupando puta!» le ordeno su primo.

    Ahora soltando la zunga, apretó sus muslos, se metió la pija entera en su boca y succionó. Llevo sus manos a su culo firme y musculado, buscando hacer presión hacia el interior de su boca.

    Estuvieron como cinco minutos más solo jugando ella con su lengua y labios en el pene del primo, hasta que ocurrió lo inevitable, Él acabo dentro de su boca, a ella se le escurría por la comisura de los labios.

    Hábilmente con su lengua logro rescatar aquello que se escapaba de su boca y lo degustó

    En ese momento tocan a la puerta. Vuelven en sí, él se sube la sunga, ella intenta limpiarse la cara y la boca de algún resto que haya quedado de su incestuoso momento.

    Era el servicio a cuarto, Ella de los nervios le dice que espere un momento así sale y puede pasar.

    Busca algo que no sabe que es para disimular no sabe qué cosa.

    Toma una crema protectora de sol, y se dirigen a la puerta.

    Salen juntos de allí. Entra la señora que haría el servicio del cuarto.

    Me descubre en el baño, como si no pasara nada, le digo que me había bañado y que saldría en un momento así la dejo hacer su tarea.

    Ahora me tocaría ver a donde irían mi esposa y su primo a seguir con sus bajos instintos.

  • Deseo reprimido (II): Final, mi esposa y el primo se sacan

    Deseo reprimido (II): Final, mi esposa y el primo se sacan

    Anteriormente, mi esposa le mamo la verga a su primo, a quien supuestamente odiaba y no se lo bancaba. Luego de acabar en su boca, toca a la puerta el servicio al cuarto, por lo que no pueden seguir con su incestuoso momento.

    Salgo del baño aturdido por la situación. Dejo a la señora que hacia el servicio de cuarto realizando sus quehaceres.

    ¿Cuál sería el cuarto donde estaba hospedado el primo? No tenía ni idea, miles de pensamientos pasaban por mi cabeza. Donde estarían revolcándose, probando todas las posiciones sexuales, saboreando todo tipo de jugos y oliendo todos los aromas del sexo.

    Resignado voy a la pileta. Para mi sorpresa allí estaban ellos, ella tomando sol, el primo en la pileta haciendo unos largos.

    Me siento al lado de ella, quien sorprendida me pregunta porque no estaba jugando al fútbol, le cuento de la lesión, que me di una ducha en el vestuario. Y que vine a tomar un poco de sol.

    Miro su boca con detenimiento, abajo de la comisura de sus labios se ve el brillo particular de esa película que queda del semen.

    Miro en la parte de arriba de su bikini amarillo, y allí había una mancha también

    Ella se da cuenta que me percate de tal mancha, intenta limpiarlo con saliva mientras se excusa con que compro un helado.

    En eso sale el primo del agua, me saluda como si nada. También a mi esposa como si fuera la primera vez que se ven en el día.

    A la noche hay una fiesta en el SUM del hotel, el primo está promocionándolo, invitando a todos los que puede para que vayan. Dice que estará bueno.

    Mi esposa dice que está cansada, que no quiere más fiestas. Que tal vez nosotros (como esposos) saldríamos a algún lugar.

    «de ninguna manera» interrumpo «vamos a ir a esa fiesta, somos jóvenes, no somos tu abuela» argumento a mi querida esposa.

    Mi esposa quiere ir recatada. Yo le digo que vaya sexy, que muestre sus atributos, que deje de cubrirse. Aprovechar que estamos en otra ciudad.

    Entonces vamos a comprar ropa para ella, luego de probarse de todo se queda con un infartante vestido bordó.

    Apretado al cuerpo, pero de una tela suave, que modelaba su figura. Al girar se notaba la redondez de cada una de sus nalgas, la tanga estaba para ser tallada y se notaba que se perdía en el comienzo de su raya. Pura sensualidad, solo sugerente.

    Arriba un escote en V, que hacia lucir sus ya bronceados pechos en contraste con el tono bordó de esa prenda. Solo unas finas tiras para sostener desde sus hombros desnudos tal vestido.

    El largo del vestido era escandaloso, solo unos centímetros por debajo de su cola. A prueba de caminar con decoro, y sentarse como una lady para que no se viera la ropa interior…

    Llego la noche, con ese vestido y tacos altos iba mi esposa al salon de fiesta del hotel.

    Muy pocos familiares logro convencer el primo, tal vez no le puso mucho énfasis, ya tenía a quien quería ver en la lista.

    Al llegar saludamos al primo, mi esposa estaba nerviosa, miraba para todos lados, me agarraba la mano.

    Pedimos unos tragos. Bailamos. El primo envalentonado se acerca y nos lleva a la barra, allí dice que pidamos más tragos que el invitaba, Mi esposa pide el suyo y nerviosa se va al baño de damas.

    Yo pido mi trago, el primo de mi esposa hace lo mismo al sacar su billetera noto que se le cae la tarjeta llave de su habitación.

    Con la poca luz del lugar nadie la ve, en un momento de distracción del primo, me agacho y tomo la tarjeta.

    El primo dice que tiene que ir al baño. Obviamente lo seguí.

    Allí el mentiroso estaba esperando en la puerta del baño de damas que saliera mi esposa. Cuando eso ocurre la arrincona, ella le dice que no, no está cómoda.

    Bien que al mediodía le saco lustre a la pija de su primo y ahora estaba histeriqueando.

    En ese arrinconamiento veo como la mano del primo se desliza entre las piernas de su prima, ella pone sus manos y brazos contra el pecho de él. Pero no parece estar convencida de la resistencia que quiere oponer.

    Veo su mano hurgando en la vagina de mi esposa, aprovechándose de la cantidad de gente pasando, de la poca luz que hay.

    Un par de minutos así y veo como su mano comienza a retirarse, pero junto con ella va arrastrando su tanga roja.

    Con habilidad y disimulo baja la tanga hasta que por la gravedad cae al suelo.

    A ella se la ve temblorosa, y no de miedo, estaba disfrutando el momento.

    Mi esposa levanta sus pies, la tanga se enreda en uno de sus tacos. Ella levanta sensualmente su pierna a una altura donde el primo recorriendo su pierna, su rodilla y su pantorrilla logra tener acceso a su zapato de taco.

    Logra sacar la tanga de su prisión, la hace un puñado y se lo lleva a su nariz a la vista de ella.

    Luego se guarda la tanga en su bolsillo, le dice algo al oído, ella muerde su labio y parece decirle que no puede seguir con este perverso juego.

    Vuelvo a mi lugar en la barra, unos minutos más tarde veo llegar a mi esposa, mientras camina mira a todos lados, se baja el vestido en cada paso. Era la culpa andante.

    Atrás viene el primo, saludando a quien se encuentra en el camino. Con una sonrisa insoportable en la cara.

    Cuando llegan donde estoy, les digo que me siento mal, que estoy mareado, que tome de más. Que me iba a tomar aire o un café al resto del hotel y luego a mi cuarto a dormir.

    Mi esposa quiere seguirme, le digo que no, que siga disfrutando de la fiesta, que en todo caso si me sentía mejor bajaba en un rato. Le digo a su primo que la cuide, que no la deje ir, que disfruten la fiesta.

    Inmediatamente salgo a la habitación del primo. Tengo su tarjeta.

    Una vez dentro, veo si puedo esconderme en el baño, pero seguro pasarían por ahí, el único lugar potable era en el placard.

    Dejo la tarjeta en la puerta de entrada y cierro la puerta, quedando obviamente abierta.

    Me escondo en el placard esperando ver algo por la rendija.

    No pasaron ni cinco minutos y se escucha al primo entrar con mi esposa.

    Dice que no puede ser tan colgado de haber dejado la tarjeta en la puerta e irse. No sospecha nada.

    Ella esta tímida, le dice que es un error, que lo que paso al mediodía estuvo mal y que aún están a tiempo de no cometer más errores.

    Él le dice que no tiene problema, que si quiere recuperar su tanga que la saque de su bolsillo.

    Él se acuesta en la cama, ella camina contoneándose hasta el borde de la cama, él se arrastra hacia atrás deshaciéndose de sus zapatos.

    Ella pone su primera rodilla en la cama, luego sus manos, y la segunda rodilla, gatea.

    Esa posición le daba privilegio en la vista de las tetas que colgaban por la fuerza de gravedad. A mi me daba la vista del vestido subiéndose mostrando la redondez de su culo.

    Mi esposa mete suavemente la mano en su bolsillo, él pone sus brazos en su nuca, confiado que no tiene que hacer mucho más.

    Ella busca en el bolsillo su prenda íntima, cuando la encuentra la saca y la tira al suelo.

    Comienza a desabrocharle la camisa, él se sienta para que ella pueda sacársela.

    Comienza a besar sus pectorales, y muerde sus abdominales.

    Sus manos siguen desabrochando el cinturón del pantalón, baja el cierre y tira hacia atrás, quiere esos pantalones fuera.

    Arrastra las medias y queda su primo con la misma zunga blanca que tenía al mediodía.

    Esa zunga que volvió loca a mi esposa horas atrás, estaba allí nuevamente.

    Sus manos tomaron cada lado de la zunga y lo deslizaron por las piernas, hasta que quedaron fuera de ellas.

    Ella hizo un puñado la zunga, y la llevo a su nariz. Parecía estar embriagándose de los aromas que sentía.

    De tanto movimiento su vestido ya dejaba al descubierto la desnudez de su vagina,

    El primo baja los tirantes del vestido para que dejen los pechos bronceados de mi esposa a su merced.

    Los mete en su boca, cada uno de ellos es saboreado. Ella se entretiene con el falo del primo entre sus manos pequeñas.

    Ella como queriendo hacer memoria se agacha hasta hacer contacto de su boca con el miembro incestuoso del primo.

    Lo chupa con maestría, quiere recordar el sabor que tuvo horas atrás.

    El primo se recuesta, era una invitación al 69. Ella lo entiende clarito, ya en posición lanza su primer grito de placer, la lengua del primo había hecho contacto con su clítoris. Y sus labios vaginales. El aprovecha y pasa su lengua por el agujerito de su ano.

    Mi esposa se retuerce de placer, le cuesta seguir con la mamada, jadea, se babea, pone los ojos en blanco. El primo sabía lo que hacía.

    Luego el la da vuelta, es hora del plato principal, ella se pone a horcajadas, y deja que la fuerza de gravedad haga el resto. Se deja caer sobre esos 23 centímetros.

    Muy lentamente, quiere disfrutar cada partecita entrando en ella. Se tapa la boca mientras mira al techo. Lanza un grito final cuando llega hasta la base del tronco.

    Y comienza a menearse, se balancea, va hacia adelante y hacia atrás,

    Los jugos del interior de mi esposa lubrican el falo del primo, se ven las gotitas que van cayendo hasta los huevos.

    Cambian de posición, ella se pone en cuatro, él la embiste desde atrás, ambos tienen sus caras hacia donde estoy yo, veo ambos rostros de placer.

    Se deslizan luego hasta el suelo, siguen cogiendo, ella abraza con sus piernas a su primo, él la levanta como nada. De pie y ella sobre el, enganchada de su pija.

    Contra la pared, sigue el golpeteo, ambos tienen gotas de sudor por todo el cuerpo.

    Vuelven a la cama, ella tiene sus piernas en los hombros del primo. Él no tiene piedad, la cama rechina, se mueven las mesitas de luz y los veladores.

    Ella grita y jadea como una perra.

    Se siente entonces los gritos finales, los del orgasmo. Va aminorando el ritmo del bombeo, ella saca las piernas de los hombros para ponerlo alrededor de su cadera. Él se desploma sobre ella, mi esposa lo abraza tiernamente.

    Se besan. Y así se quedan, besándose, acariciándose, hasta que se duermen.

    Cómo salí de ese placard sin que se despertaran es otra historia que no vale la pena contar.

    Lo que si vale la pena contar es que, yo nunca le admití que vi cómo se cogió al primo, y para ella esa noche solo bailo y tomo tragos y se fue a dormir al amanecer.

    Ambos seguimos felizmente casados, ella nunca me admitió lo que hizo con el primo, yo nunca que se lo que hicieron.

  • ¡Comprobado! Las más tranquilas son las peores

    ¡Comprobado! Las más tranquilas son las peores

    Hola una vez más ahora con otra pequeña historia cortesía de una amiga.

    Todo pasó en tiempos de universidad mi amiga (al cual no daré nombre) siempre se me hizo una santa, la típica niña de calificaciones de 10, la que no se mete en problemas y súper reservada (ella exageraba) bueno en una de nuestras tantas platicas por el pasillo de la uní de lejos vimos a un profesor que nos había dado materias pasadas a lo cual la mayoría reprobaba o pasaba con un mísero 6, en el caso de mi amiga ella había pasado con 8 pero no me extrañaba pues siempre fue inteligente para la materia que él partía. Le comenté a mi amiga que se oía muchas cosas de ese profesor ya saben el típico “te paso siempre y cuando te acuestes conmigo…” a lo cual mi amiga expresó “me dan asco ese tipo de personas, si alguien así me pidiera eso lo denuncio” el cual eso me causó gracia viniendo de ella pues eso era su máxima grosería.

    Pasa que yo hacía como un tipo servicio social en ese entonces y cómo soy amateur y fan de las Go Pro tenía un buen de esas cámaras, decidí poner la más chica en el cubículo de su oficina para ver si alguna alumna pasaba por ahí y ver si eran cierto esos rumores. En fin puse en marcha mi plan y ahí de medio día la hora que llegaba pues el horario de ese maestro siempre han sido desde muy temprano instale la Go Pro, la puse de modo que nadie la viera y aun así es tan chica que puede esconderse muy bien así que supuse nadie la vería. Las clases iban de lo más normal hasta que decidí ir por ella no sé si en la basura por si se habrían dado cuenta o en el lugar donde la habría dejado por suerte no pasó, la tome y la guarde a mi mochila y directo a reproducirla llegando a casa y lo que vi me dejó más que sorprendido:

    ¡¡¡Era mi amiga!!! Quién la viera entrando a ese cubículo estando con ese profesor, enchufe las bocinas para escuchar mejor y el diálogo me dejó más que excitado, lo que le sigue… ella había llegado por otro profesor que le pidió el favor de llenar unas hojas de recomendación por parte de él pues manejaba relaciones públicas aplicadas en cualquier sector industrial a lo cual es un campo lleno de trabajo, sin más firmo y le dijo a Denessy (mi amiga, se me escapó el nombre) “Vas bien recomendada, es una ayuda y espero sea mutua” ella solo inclino su cabeza y pareció entender la indirecta, le contestó “Lo que sea siempre y cuando pueda” el profesor no le perdió de vista a esos pants ajustados y una blusa muy delgada blanca, se puso detrás de ella y se bajó el pantalón dejando al aire su miembro, mientras veía el video me ponía a pensar “maldita, quiero ver qué harás, lo denunciará o qué hará” y ella solo le lanzó una sonrisa súper puta y se acercó más a él, le dio un beso y directo a la boca (cabe decir que hasta esta parte ya estaba súper caliente, como cuando no creías que alguna amiga fuera así y lo es y peor) ella succionaba todo su miembro hasta lo ensalivaba y con su otra mano le sostenía sus testículos.

    El profesor la tomaba de la cabeza y hacía que se la dejara tragar hasta el fondo mientras ella parecía disfrutar a más no poder. Así estuvieron un rato hasta que el profesor le dijo “bájate el pants te toca disfrutar” y dejo ver su hermoso culo blanco, redondeado y una tanguita color negra el cual la hizo de lado. La pego a la pared y le comenzó a dar (no lo creía, pero Denessy siempre fue santa pero parecía entender todo) el degenerado la tomó de la cintura y así la tenía, ella parecía disfrutar de las embestías que le propinaba aquel maestro lujurioso y yo al ver tal escena no me quedo más que poner en acción mi mano derecha.

    Escuchaba como Denessy se tocaba los pechos y se mordía la lengua mientras el profesor le daba nalgadas por lo visto muy fuerte pues en el audio se escuchaban demasiado. Le decía “maldita para lo inocente que te ves, siempre te me antojaste” la calentura había llegado hasta mi amiga el cual le dijo “Me fascina el pene de la gente mayor” “dime qué rico se siente coger con una alumna” “me fascina, dame más rico” a lo cual ella aprovecho “quiero ese trabajo y me tendrás aquí de vez en cuando” el solo le decía si a todo lo que ella le dijera para eso el profesor la acostó en su sillón y ahí le siguió dando hasta que alguien abre la puerta y ¡OH SORPRESA! era el profesor que le había mandado a que le firmara la hoja el cual solo espió y volvió a cerrar, esto no incomodo a mi amiga y al profesor al contrario la puso en 4 y como mi amiga tiene cabello lacio muy largo pues esto es una delicia para cualquier hombre sobre todo para el profesor pues esa vista de mi amiga era espectacular.

    Ahí vieran a mi amiga hacer sus gemidos ricos mientras el profesor con suerte se la estaba cogiendo. Se veía tan increíble Denessy en esa posición que ya iba por mi segunda paja. Podría ver cómo sus pechos se movían demasiado rápido por la tremenda embestida que le estaba dando y esas nalgadas tan fuertes que le propinaba. No tardó y el profesor le pidió a Denessy que se iba a venir en su cara ella en automático se agachó, saco la lengua y esperó el semen de este degenerado para lo cual vació demasiado en su rostro blanquito de mi amiga. “Que rico es eyacular en una universitaria inocente” exclamó el profesor, mi amiga le dijo “Es mas delicioso tenerlos en la cara y luego tragarlo, es la sensación más caliente que una puede tener” mientras ella chupaba sus dedos llenos de semen, le pidió que lo limpiara de su esperma en todo su miembro y ella solo obedecía sin darle asco alguno. El profesor le dio una toalla para que se quitara sus rastros mientras ella lo hacía él le decía “Eres muy buena no pensé que fueras toda una zorra” y ella solo contestó “Me gusta demasiado pero aquí me reservo me gusta ser una zorra pero sé con quién”. Parece que pasaron sus números y se fue, yo no lo podía creer, esa amiga santa que parecía estar ajena al sexo era toda una experta y peor, haberlo hecho con un profesor, el video lo edité pues no había más solo él entra y sale del maestro de su cubículo pero lo importante lo tenía en mis manos. Increíble aunque parezca, jamás lo imagine de ella, espero sacarle más y porque no? También darle pero eso será en otra historia…

  • Historia del chip (040): Una mujer de mundo (Kim 015)

    Historia del chip (040): Una mujer de mundo (Kim 015)

    Roger no tardó demasiado en volver y a Kim le preocupó que siguiera triste. No le contó nada de su viaje y tampoco le explicó el motivo de pertenecer al club al que había sido entregada.

    —¿Y tú te has divertido? — le preguntó después de eyacular en su boca, en el hotel.

    —Mucho. Pero no sé si se habrán quedado satisfechos conmigo. Y mi culo está dolorido.

    Roger le acarició el pelo antes de besarla.

    —¿Molesta?

    —No, idiota. Pero quizás alguno de ellos lo esté. Es difícil dejar radiante a un hombre si no sabes cómo complacerle. Y no tenía ninguna experiencia sobre eso.

    —¿Y orgasmos?

    —No ha habido. Pero me ha costado— confesó ofreciéndole los pechos. Roger aceptó la oferta y empezó a pellizcarle los pezones.

    —Eso siempre nos gusta a los hombres.

    —Lo que no entiendo es cómo es posible que el chip no esté activo en el club. ¡Ni siquiera me lo dijiste!

    — No tenías por qué saberlo si no ibas a tenerlos.

    Kim no se molestó. Tenía unas reglas. Lo importante era que no le había contestado.

    —¿Y tú y tu brasileña? — preguntó Kim. Recibió nuevos estímulos si bien no apartó los senos. Le gustó haberle hecho reaccionar.

    —Te aseguro que no puedo hacerle esto a pesar de que tiene un cuerpo de ensueño.

    —¿Entonces… por eso estás conmigo?

    —Contigo tengo muchas ventajas, amor. Estoy cansado de hablar. Te he traído un regalo.

    Sacó una cajita envuelta en celofán y Kim la abrió con inquietud. Dentro había tres pinzas.

    —Ya tengo pinzas. ¿Esto es un regalo?

    Se arrepintió al percibir la decepción en su rostro. Era importante para él.

    —Son para que duermas con ellas. Son ligeras y cómodas, aunque dolerán bastante. No son tan fuertes como las que usamos habitualmente. Las de arriba son algo más molestas.

    —¿Me las pongo ahora? — preguntó Kim casi sin inmutarse.

    —Sí, por favor. Quiero que las lleves siempre en la cama o durmiendo.

    —¿Siempre?

    —Sí, cuando tenga ganas de tocarte los pezones las retiraré. Luego si yo no te las he colocado, tienes que volver a ponértelas.

    —Está bien, pero si estoy contigo prefiero que me las pongas tú.

    Kim sabía que prefería ajustar primero las de arriba. Cerró los ojos y puso los brazos en la nuca ofreciendo los senos sin titubeos y con arrogancia. Altiva y recta. Las pinzas eran molestas sin poder compararse con algunas que había llevado en su momento. Abrió las piernas todo lo que pudo para ofrecer su clítoris. Nunca le había puesto nada allí así que le costó no cerrar las piernas y mantener los brazos detrás de la nuca. El dolor la paralizó un momento hasta que Roger le dio un beso. Kim no movió los brazos, suponiendo que el preferiría que los dejase dónde se hallaban.

    —¿Preparada?

    Kim se preguntó a qué se referiría. ¡Le iba a retirar las pinzas recién puestas! Roger se las quitó sin miramientos, no permitiendo que se acostumbrase a la sensación de llevarlas. Suspiró. Roger esperó unos segundos antes de acariciar los pezones liberados. Segundos angustiosos para ella. El deseo era tan intenso que casi tuvo un orgasmo.

    —Tranquila. Nada de irte, intenta evitarlo— ordenó Roger.

    —Es más fácil decirlo que hacerlo— replicó Kim, irritada más con ella misma que con él.

    —Lo siento, amor. Vamos a dormir un poco.

    Kim se acurrucó con las manos por delante. Le acarició el pecho a través de la camisa.

    —¿Puedo pedirte algo? — preguntó.

    —Sé qué quieres.

    Roger se quitó la camisa, aunque no los pantalones y dejó que ella pudiese tocarle el torso desnudo.

    —Gracias— dijo él cariñosamente. —Te las pongo de nuevo.

    Kim notó como le cerraba el metal el pezón derecho antes que el izquierdo. No pensaba que fuera a dormir… equivocándose.

    *—*—*

    Los siguientes meses fueron un carrusel. Roger iba y venía a su gusto, llevándose casi siempre a India 2, 3 o 4, mientras Kim era entregada a Mike 2 o Mike 3. Casi nunca dormía sola y no había vuelto a tener un sólo orgasmo. Era más difícil que nunca sabiendo que el chip no estaba actuando. La falta de impedimento físico era una tortura en sí misma. Siempre llevaba las tres pinzas si estaba en la cama, aunque fuera para una simple siesta.

    Solían usar su culo, siguiendo las preferencias de Roger. A veces, para variar, eyaculaban en su boca. Cuando Roger llegaba y devolvía alguna mujer al redil, solía llevarse a Kim al hotel y practicaban sexo durante horas. Luego volvían a la rutina habitual de taparrabos, playa, voleibol y exhibición continua por la isla. Kim nunca llegaba a entender las idas y venidas de Roger. Por suerte, casi nunca estaba más de un par de semanas fuera.

    En alguna ocasión, Roger le preguntaba si quería sexo. A Kim le costó entender la pregunta hasta que por fin descubrió que se refería a si deseaba un orgasmo. Para ella, siempre estaban haciendo el amor. Y desde que lo supo, no le engañó, ya que lo ansiaba con todo su ser, pero le dejaba elegir a él. Una cierta soberbia se traslucía en la mirada de Roger, como si poseer esa autoridad sobre ella fuera lo más esencial del mundo.

    Kim no llegaba a entender qué hacía tan significativo sus orgasmos. Hablaba con las otras amantes de Roger, nada le hubiera impedido indagar sobre sus escarceos. Roger las trataba con consideración, follaba de manera habitual y ninguna se quejó nunca de falta de espasmos. Llegó al entendimiento de que las demás chicas del club tenían permiso para tener culminación y no podían hablar o preferían no hablar de ello. Y eso hacía todavía más misterioso que el chip no actuase en el club.

    Una parte de Kim resolvió que, si Roger deseaba o necesitaba tenerla de esa manera tan extraña, tan posesiva, ella podía asumirlo. Después de todo, él siempre había requerido esa devoción por su parte.

    Un día, -después de una perfecta sesión de voleibol-, se dieron un baño caliente y él le dijo que tenía un nuevo regalo. Kim conocía la necesidad de Roger de que la aceptación fuera completa y sin fisuras. Eran tres pinzas como las que llevaba puestas en ese momento, pero con la diferencia de que partían tres cadenas de las que colgaban tres pequeñas bolas redondas y doradas. Burlaban a la vista. Cualquiera creería que eran más bien elementos decorativos pero su peso sería difícil de aguantar. Kim puso las manos en la nuca para que Roger pudiese colocarlas y también denotando qué se sometía el regalo. Roger se explicó primero.

    —Las pinzas son más fuertes que las que sueles llevar porque si no podrían caerse. Atormentarán un poco más y, como ya sabes, eso hará que sea más duro cuando tu amante te las quite.

    Kim no pudo dejar de notar la expresión tu amante, la forma en que Roger lo había recalcado. Tuvo la paciencia de esperar a que Roger acabase de engrandecer los pezones, notando su ansiedad. A Kim le parecía en ocasiones que Roger no confiaba del todo en ella, ¿por qué si no esa inquietud?

    Después de colocarle las pinzas de arriba, le pidió que se levantase del agua. Kim estaba tan acostumbrada a moverse con sus artilugios que ni siquiera se planteaba el dolor que surgió. Llevó los brazos delante y vigiló para no resbalar en la bañera o caer a algún lado. Su piel, olivácea y mojada, tan sensual que a Roger le daba erecciones de contemplarla, apareció brillante. Kim abrió las piernas para ayudarse y ofrecerse mientras le ponía la tercera pinza con su borla, a la vez que llevaba la atención a los senos. No por el dolor, -siempre presente y un poco más agudo por la nueva fuerza del metal-, más bien por el traqueteo de las bolas. El movimiento era erótico y excitante a pesar del tormento, entre constante e imprevisible.

    El tirón en el clítoris era más difícil de soportar. La pinza que había llevado era menos dolorosa y sin peso que tirase hacia abajo. No sólo no protestó, sino que se quedó quieta permitiendo que su amante la contemplase extasiado. Pocas veces tenía la oportunidad de ver la expresión de Roger y ahora era de embelesamiento. La adoración que sintió por su parte la hizo más consciente del amor entre ambos. Su papel era ser admirada, la de él disfrutar de la belleza que brotaba.

    Y para colmo, Roger comenzó a acariciarle los muslos, despreocupado del dolor que afligía a Kim, como si no hubiera otra cosa mejor que hacer o, -puede-, nada más importante. Kim se volvía loca en cuanto Roger acariciaba esa zona de su cuerpo. Cuando lo hacía con tanta pasión y fervor, no podía hacerla más feliz.

    Para facilitarle la tarea, se movió levemente, dejando sus piernas enfrente de sus ojos. No apareció ninguna duda, no dejó de moverse por el dolor. Roger aceptó la ofrenda y disfrutó de la borla colgante del clítoris, enmarcada por los muslos más deseables que se pudiera imaginar.

    Después de pasar una eternidad, Kim se movió para besarlo. Roger aprovechó para quitarle las pinzas de los pezones, darle las borlas, que Kim se encargó de coger con cada mano y llevarlas a su espalda, para ofrecerle los pezones ahora libres. Poco después, Roger descargaba en su boca. Como colofón, le quitó la pinza del clítoris, provocando un nuevo suspiro interior en Kim ante la llegada de la sangre a la zona. Pero no le importó en absoluto.

    Roger puso más agua en la bañera y la dejó a solas como si proseguir juntos no fuera soportable. A Kim le gustaba esa sutileza de Roger, aunque casi no la manifestase. Esa capacidad de ser galante justo cuando más cruel parecía. Antes de dejarla le dijo: “Quiero que tengas un orgasmo, justo antes de que me vaya mañana. Ponte guapa, maquillaje rojo. Iremos a cenar fuera. Te dejare un vestido en la cama. Saldremos en dos horas.”

    Kim solo asintió levemente, tendría tiempo de sobra de relajarse en la bañera. No necesitaba casi tiempo para maquillarse. Y el vestido tardaría un minuto en ponérselo.

    *—*—*

    Después de unos días, Roger se volvió a ir, sin olvidarse de dejar instrucciones concretas. Esta vez Kim no se quedaría en el club, sino que se iría con Mike 3 y Mike 7 a recorrer Córcega. A Kim le agradó el plan hasta que supo cómo iba a ser el paseo turístico.

    El primer día fue el más difícil. Se sentó en la parte de atrás del vehículo mientras los dos hombres se quedaban delante. Se puso las pinzas con bolas y se movió hacia delante apoyando los brazos en los asientos delanteros y manteniendo las piernas abiertas. Las tres bolas colgando. En cuanto el coche empezó a moverse, comenzaron a agitarse por el traqueteo.

    Mike 3 y Mike 7 fueron muy solícitos con ella durante el viaje. Paraban cada dos horas para descansar, tomar algo, ver el paisaje y, sobre todo, para que las zonas sensibles de Kim pudieran descansar. Al salir del coche, llevaba únicamente los tacones ultra altos, que ya parecían ser costumbre. Nunca podría caminar cómodamente con ellos y tampoco quedarse de pie mucho rato, así que si Mike 3 y 7 se turnaban para llevarla en los hombros si se alejaban del vehículo para ver una ermita o explorar un sendero.

    La humillación que sentía Kim era pareja a su continua excitación. Mike 3 y 7 también estaban calientes y no perdían la oportunidad de usarla a sus anchas cuando lo consideraban conveniente. Aunque trataban de penetrarla por detrás únicamente, en ocasiones descargaban en la boca de la novia prestada si su erección no les permitía esperar demasiado.

    Al tercer día de viaje, Kim ya era capaz de disfrutar mínimamente del paisaje y no estar sólo pendiente de las esferas y su momentum. Apreció la isla y sólo lamentaba no recorrerla con Roger. Diez días después ya estaban en el club. Mike 2 le dijo que Roger no había llegado y que no podría dormir allí. Le entregó un atuendo y le dijo que tendría que buscarse la vida. Pareció lamentar tener que echarla pero explicó que eran órdenes de Roger. Debía llamar cada día para que informarla de cuándo llegaba Roger o por si tenía algún problema.

    El atuendo que le entregó era una malla, similar al top de prostituta que portaba cuando fue por primera vez al club. Los tacones eran los acostumbrados hasta hacía poco tiempo, antes de los imposibles. Se puso la malla/vestido, comprobando que se ajustaba a su piel como un guante. Estaba tan acostumbrada a mover las piernas con lentitud y a pasos cortos que con el actual calzado sus caderas y sus pechos iban de lado a lado sin remisión.

    Hubiera preferido ir desnuda. Eso en Córcega destacaba menos que ese vestido. Y los tacones le parecían ahora bajos comparándolos con los verticales. Supo que los había elegido Roger porque todo era rojo. Mike 2 le dio también unos pendientes de aro abiertos. Le indicó que no debían quitárselos nunca, ni siquiera en la cama, estuviera sola o acompañada.

    —¿Debo prostituirme? — preguntó Kim que no sabía cómo iba a pagarse una pensión o una simple comida al día.

    —Eso sería muy fácil. Roger prefiere que busques amigos. Pero no puedes estar con la misma persona más de cuatro horas cada día o repetir más de tres días seguidos.

    —¿Ni siquiera para dormir? — preguntó con ansia. Mike 2 le dio tregua.

    —No. La regla es para el día. Puedes dormir con quién desees. En ese caso tienes que hacerlo con los pendientes, las manos atadas a la espalda y una venda en los ojos.

    —¿Tengo que llevar el vestido siempre de día? ¿Incluso en la playa? — preguntó, más por fastidiarle al notar como estaba disfrutando pero sabiendo que su novia nunca obedecería como ella hacía.

    —Roger no ha dicho nada del tema. El vestido es extremadamente caro. No debes dejarlo tirado por ahí— dijo Mike 2. Lo pensó unos instantes. —Cuando quieras bañarte, deberás dárselo al camarero de un bar. Luego cuando te lo devuelva, le das una recompensa.

    Kim sabía a qué tipo de recompensa se refería. Para molestarle un poco, le dio las gracias antes de ofrecerle un beso de tornillo y regalarle una erección de caballo. Conocía esas vergas a la perfección y sabía qué hacer en cada momento para levantarlas.

    *__*__*

    Al cabo de una semana, Kim tenía tres amantes regulares y dos camareros en el bolsillo invisible de su vestido. Roger llegó un par de semanas después. Kim lo esperó con cierta sensación de inseguridad. Sabía que probablemente él había estado con alguna mujer, -o con varias-, pero ella había estado con perfectos desconocidos. Ni una sola noche había dormido sola.

    Roger ni preguntó cómo le había ido en el periplo por Córcega o sobre su vagabundeo con extraños. En cuanto la cogió por banda la llevó a la cama. Kim ya no estaba tan acostumbra a las borlas colgantes y el dolor la acompañó durante la penetración ardiente y necesitada de Roger.

    Ya duchados de nuevo y con Kim en su malla/vestido, -ya que Roger quería ver como le sentaba-, empezaron a hablar de sus aventuras. En tono de broma le preguntó si creía que tendría algún problema para sobrevivir si la depositaban en cualquier ciudad del mundo.

    —Creo que sabes la respuesta— contestó Kim. Tampoco le parecía gran cosa.

    Al salir a cenar, terminaron en un bar de playa que Kim conocía muy bien. Allí estaba uno de sus guardianes de vestido. Se lo presentó a Roger, que quiso conocer la historia con más detalle. Kim se la relató y pareció muy orgulloso. Por mucho que Kim creía conocer a Roger, no entendía qué tenía de fantástica la historia y este tuvo que explicarse.

    —El hecho de que no tengas problema en venir aquí conmigo es lo que me admira. Tu falta de inhibición. Y con verle a él, que está tan contento y orgulloso, radiante. Nos haces felices y no cuestionas mis deseos.

    —Eso fue lo que me pediste hace mucho ¿no? Ser tu esclava, tu sumisa. ¿Te he decepcionado alguna vez?

    Roger cambio el tono.

    —No, claro que no. ¡Ah! Piensas que como me voy y te dejo con otros, te estoy castigando. Perdóname, amor. No quiero que imagines eso nunca.

    Volver a oír el término amor terminó por camelar a Kim.

    —No he querido decir nada parecido, pero me reconocerás que es de lo más extraño todo el asunto. Simplemente no soy capaz de acertar que tipos de fantasías tienes sobre mí.

    —Me basta con que hagas lo que se te pide. Quizás en un futuro llegues a entenderlo. ¿Cómo fue la visita por la isla?

    —Fantástica. Aunque igual fue un poco dura para Mike 3 y Mike 7.

    —Me da la sensación de que no van a olvidarla nunca. De hecho, lo extraño es que no hayan ido a buscarte.

    Kim se encogió de hombros. No era asunto suyo. Estaba siempre disponible salvo cuando Roger se hallaba en Córcega.

    —Vi que las pinzas te dolieron. Tenía pensado ir a bucear con los del club pasado mañana.

    Kim sabía a qué se refería. No había dormido con pinzas durante ese tiempo y sus zonas predilectas habían perdido un poco de su capacidad para soportar el dolor.

    —No te preocupes. Me han tratado demasiado bien los hombres. Para pasado mañana, ya estaré preparada.

    —Está bien. Me apetece un baño. ¿Vienes?

    Kim supo inmediatamente lo que quería. Dejaron a cargo de su amante/camarero/amigo el vestido de Kim y la ropa de Roger. Se bañaron un buen rato y Roger la folló con pasión. A Kim le costó no tener un orgasmo. Casi lamentó haber dejado las bolas en el hotel. Cuando Roger acabó le dijo: “Tendrás que agradecer a tu amigo la custodia, ¿no? ¿Cuánto tardarás?”

    —Dame diez minutos. Le gusta charlar y sobar un poco. Vamos juntos. Recoge tu ropa y te vas al lado contrario. A él le encantará que lo haga estando tú. No se lo esperará.

    —Nunca se lo impediría. No me gustaría perder el vestido— explicó Roger con seriedad.

    Kim casi no se dio cuenta de la broma, pero luego le golpeó con el codo. Con fuerza. Él aceptó el golpe sin rechistar.

    Cuando Kim volvió con la ropa de los dos, Roger se puso la suya y cogió la de Kim, solo los tacones y los pendientes. Llevaba tanto tiempo en la isla que ni se planteaba su desnudez. Pero para él era algo completamente distinto.

    — Te amo, Kim.

    Ella sonrió.

    *—*—*

    Roger llegó a la hora acordada. Kim estaba esperándole sentada en la cama. Se levantó como pudo pues los tacones eran tan ridículamente altos que prácticamente dejaban los pies en vertical, siendo el único sustento los dedos de los pies, un buen agarre al tobillo y un tacón de aguja fino y milimétrico. Viendo su dificultad, Roger le ofreció su brazo. Kim se disculpó.

    —Lo siento. ¿Vamos a caminar mucho? He estado probando y no creo que no pueda dar más de dos pasos sin resbalar.

    —Lo sé. No te los he dado para ir a pasear por el puerto. Iremos en taxi, pero ¿podrás caminar hasta la parada? — le preguntó casi retándola. Kim se echó a reír.

    —Sabes que sí. Pero va a ser un espectáculo.

    Con paciencia y un brazo dónde poder apoyarse no fue tan difícil. Los viandantes se giraban para verla. Kim estaba acostumbrada pero hoy notaba algo distinto en las miradas. Al preguntarle a Roger el porqué de la extrañeza, éste no tardó en explicárselo.

    —Esta isla es una maravilla. Aquí no hay día de San Valentín, pues todos los días son de amor. Aquí se celebra el día de la sumisión. Se supone que hoy te ofreces a mí, incondicionalmente. Por eso, están todos tan embelesados.

    Kim ya hacía tiempo que se había sometido, pero nunca lo habían hecho oficial, no lo habían proclamado.

    —Es como una celebración… un anuncio.

    —No sé qué nombre podemos ponerle. Ya hemos llegado.

    Roger le abrió la puerta del taxi. Kim se levantó la parte inferior del vestido para entrar. Era demasiado estrecho para hacer otra cosa. Se sentó con las nalgas desnudas y los muslos al descubierto. No cerró las piernas, tal y como tenían establecido salvo causa de fuerza mayor. El vestido era blanco, de satén y sin nada a la espalda. Tenía un fuerte escote frontal y lo que ocultaba era la mitad de la piel de los pechos, descubriendo su forma. Los pezones amenazaban con salirse a cada momento. Pero a Kim todo eso le daba igual, le bastaba con estar sentada y no estar apoyada en los tacones de aguja. Ni siquiera recordaba si los pezones habían quedado al descubierto durante la caminata, aunque con los movimientos que había realizado no es que debiera tener demasiadas dudas.

    Sonrió al recordar su atuendo de prostituta, comparado al que llevaba ahora puesto. Éste era mucho mejor, más acorde a lo que Roger requería de ella. Y también se divirtió pensando en lo mucho que le hacía sentir más desnuda ir con más ropa. Hacía mucho tiempo que no tenía inhibiciones con su cuerpo, más bien pensaba que era Roger el que no podía dejar de mirarla.

    Como premio, le besó en cuanto salieron del taxi cuidando de que los pezones rozasen su camisa y llevando los brazos a la nuca de él. Con esos tacones, casi era más alta. Hubiera podido tener el orgasmo allí mismo, sólo con los labios pegados.

    Un concierto. A los dos les gustaba el nuevo jazz y el pop suave. O las mezclas con acústica. Kim no acertó a saber de qué se trataba por los carteles. Roger le aseguró que le gustaría. No iban a la zona vip, -algo extraño-, pero sí fueron hasta el recibidor para que Roger recogiese algo.

    Al llegar al mostrador, Roger le quitó el vestido. No lo pidió, ni preguntó. Simplemente tiró de él. Kim, sin dudarlo, subió los brazos para ayudarle. Vio como guardaban el vestido una taquilla y le entregaban una ficha a Roger. Un método primitivo, nada de códigos. Igual de efectivo en todo caso.

    Fueron a por unos bocadillos y cervezas pues Roger le dijo que estarían delante y sería harto difícil conseguir nada más tarde. Kim fue previsoramente al servicio. Todavía no estaba muy lleno el estadio y pudieron colocarse en la décima fila, bastante cerca del escenario.

    —No creo que pueda aguantar de pie durante todo el concierto, Roger— confesó Kim con pesar.

    —No pretendo que lo hagas, amor— dijo Roger. Amor. Realmente estaba contento de tenerla desnuda en un concierto, de la sesión en el baño y de las pinzas con borlas pesadas.

    —¿Y cuál es la idea? — preguntó intrigada. Allí no iban a poder sentarse.

    —Te subiré de cuando en cuando— explicó Roger como si no tuviese la menor importancia. Kim se quedó de piedra.

    —Va a ser difícil cuando esté todo esto lleno de gente— objetó.

    —Pues practiquemos.

    Roger se agachó doblando las piernas y esperó a que Kim pasase una pierna sobre su cabeza. A Kim ese gesto la excitaba con sólo pensar en él. Demasiados viajes al bosque en moto. Pero no iba a realizarlo en un callejón desierto o en un bosque solitario, sino en mitad de un estadio repleto de gente. Con esos tacones la dificultad era máxima y lo único que se le ocurría era alejarse ligeramente y abrir más de lo necesario las piernas. Pero era flexible: sus piernas ya estaban delante del pecho de Roger, que la elevó agarrándola de los muslos. Kim pensó que su culo estaría a la altura adecuada para ser apreciado sin cortapisas. Sin contar que iba a ser contemplada por medio estadio. Roger la mantuvo un par de minutos arriba antes de bajarla. Fue cuando Kim comprobó que los tacones parecían kilométricos y que, si iban a estar prácticamente ocultos entre la maraña de piernas, no dejarían de anunciarse a voces cada vez que se subiese o bajase

    Roger fue delicado al ayudarla a descender y Kim tuvo que volver a abrir las piernas y elevar una de ellas más de lo recomendable para poder pasar por su cabeza. Por precaución, tenía agarrado una muñeca, sabedor de la dificultad del proceso con esos tacones.

    —Fantástico. Sigues igual de ágil y elástica— reconoció Roger.

    —Practico voleibol y natación, señor. Además de follar con medio planeta— añadió con cierto humor. —Quizás molestemos si me elevas.

    —Claro que vamos a molestar. Pero nadie va a protestar. ¿Sabes de algo mejor que ver un buen concierto con una mujer bella y desnuda en tu línea de visión?

    —Me estás comprando, señor taimado. Nunca me has llamado bella. Pero si protestan, no subiré más a tu nuca y me buscaré un negrata mientras tú te dedicas a la música.

    —Es un trato. Si otra mujer se desnuda y es elevada, tendrás un orgasmo aquí. Uno por cada chica que se muestre desnuda y arriba.

    Kim se quedó sorprendida.

    —¿Me permitirás más orgasmos? ¿El prometido no está incluido?

    —Claro que no. Y los otros son por tu falta de fe. Estarás arriba durante tres canciones, justo al final de la tercera tendrás el orgasmo. Espero que sea elocuente pero silencioso. Luego reposaremos otras tres canciones.

    Era divertido ver a Roger negociar, cuando simplemente podía ordenárselo. Kim sabía que habría más mujeres desnudas en el concierto, sólo dudaba que alguna otra se atreviese a subirse. Y ninguna habría venido con unos tacones tan incómodos a un concierto. Y, por otra parte, cuánto más fallase en su previsión más orgasmos tendría. En público y a la vista de todos.

    —Acepto, mi señor, pero no puedo garantizar precisión.

    —Me basta con tu palabra.

    Kim lo besó para sellar el acuerdo. Roger le golpeó el culo para refrendarlo. Estaba duro como una piedra y alzado tremendamente con esos tacones. Se comieron los bocadillos y se tomaron las cervezas para tener las manos libres. Comenzó el concierto. Por fin supo Kim de qué iba a ser el concierto: danzas africanas.

    Todo el mundo chilló de contento y empezó a moverse al son de los tambores. Kim se contagió y empezó a mover pechos y caderas. Estaba preparada cuando acabó la tercera canción. Ya había visto otras dos mujeres en aparente estado de desnudez. Confiaba en que no llegarían a subirse a nadie o a nada.

    Después de abrir su vagina y encerrarla en el cuello de Roger, notó como él se movía ligeramente al compás del tambor. Kim le siguió con cuidado. Roger era fuerte, sólo que dudaba que pudiese estar estable mucho tiempo en esas circunstancias. Nadie protestó ante la posible falta de visión y Kim, -muy a su pesar-, tuvo que admitir que preferían verla a ella desnuda que a los músicos. Ahora se sentía una verdadera zorra, pero no una que se vendía por dinero sino por simple sexo. Le llegó la palabra: ninfomanía. Puede que tuviese tratamiento, uno largo y costoso. Al bajar, los pies y las pantorrillas le empezaron a doler a los pocos segundos. Tendría que alternar el dolor con la humillación. Fue cuando vio a otra chica desnuda y alzada. Se fijó durante un buen rato para saber cómo la veían a ella cuando estaba elevada. Era todo un espectáculo. Le cuchicheó a Roger.

    —Te entiendo perfectamente. Dios ha sabido hacer a las mujeres.

    —¡Y qué lo digas! Me debes un orgasmo— cuchicheó Roger de vuelta.

    Kim siguió danzando. Quería vivir en ese mundo, donde Roger le imploraba los orgasmos. Ojalá durase años. Subió con esmero a su caballo-hombre, con elegancia, soltura y lentitud. La justa para que todos los que estaban cerca aplaudiesen ante la exhibición de un apetecible delicatessen femenino en estado salvaje.

    Kim estuvo inquieta durante las tres canciones sabiendo de la precisión requerida. Entre su cuerpo expuesto, su ansia reprimida largamente y su agitación interna la espera pareció inacabable. Notó como Roger cambiaba ligeramente el agarre en los muslos y Kim llevó las caderas para delante, presionando con fuerza en la nuca de su amado. No fue un orgasmo sino una sucesión corta de ellos, pues Kim pretendía abreviarlo todo lo posible. No sólo no lo consiguió, probablemente el efecto fue el contrario. Si Roger no hubiera estado agarrándola con fuerza hubiera caído para atrás. Además, Roger se agachó para llevarla hacia delante. Kim casi no tuvo tiempo de apreciar el momento posterior, siempre tan agradable, teniendo que mostrar sus cañerías húmedas a los afortunados vecinos.

    Pero en su euforia no lo tuvo en cuenta. Su sonrisa contagiosa y alegre equivalía a la sonrisa entre sus piernas. Roger la cogió por la cintura. Kim se enderezó todo lo que pudo, tal y como tenía establecido, con más rigor si cabe, para demostrarle que por el haría cualquier cosa.

    —Gracias, amor— le dijo mientras le rozaba la camisa con los pezones como tanto le gustaba. Prosiguió. —Quiero estar toda la noche con tu regalo.

    Roger asintió, feliz de que lo expresase. Sería la primera vez que no sería una imposición.

    Otras tres mujeres tuvieron la valentía de quedar tan expuestas y permitieron, -sin saberlo-, que Kim tuviera otros tres orgasmos. Al llegar al hotel se ducharon juntos y Kim fue a buscar de inmediato las pinzas con bolas. Pensó en los tacones. Se los puso antes de recoger las pinzas. Volvió al baño y esperó a que Roger le pusiese los aderezos. Ya con las pinzas en los pezones, el correspondiente en el clítoris y los tacones ultra elevados en los pies le preguntó: “¿Así te gusta más?”

    Roger asintió y la llevó lentamente a la cama. Cada bamboleo era una tortura y un estímulo para Kim. Imaginaba que Roger esperaría un buen rato antes de darle el orgasmo prometido así que trataba de apaciguar su cuerpo. Estaba tan caliente que pensó que de poco había servido la ducha.

    Se quitó los zapatos para no romper las sábanas. Y empezó a ondularse y ofrecerse. Roger optó por follarla como primera opción. Le quitó las pinzas de los pezones cuando eyaculaba como gustaba de hacer habitualmente y se quedó tumbado boca arriba exhausto después del esfuerzo tanto en la cama como en el concierto.

    Kim hubiera querido ponerse de nuevo las pinzas con bolas en los pezones para que Roger se despertase con esa imagen, pero la había dicho que no debía estar tanto tiempo con ellas, porque las nuevas eran demasiado potentes. No creyó oportuno arriesgarse. Roger era cuidadoso con esas cosas y ella debía de serlo también. Se quitó la pinza del clítoris intentando no hacer ruido o cerrar las piernas. El dolor fue espantoso. Estaba demasiado sensible después de los orgasmos anteriores.

    Fue a buscar sus pinzas habituales para la noche. Se colocó las tres y se acurrucó junto a Roger que no se había enterado de nada. Kim se durmió con rapidez. Se despertó cuando una mano soltó la pinza del pezón izquierdo. A Roger le encantaba hacerlo mientras dormían. Kim creía que era el momento más íntimo entre los dos. Era un juego de seducción. Le decía cuanto la deseaba. El penetrante e intenso dolor que Kim sentía por unos segundos quedaba acallado en cuanto los dedos acariciaban el pezón caliente y necesitado. A veces, dejaba en paz al otro pezón o también lo liberaba. Y si le apetecía volvía a encerrarlos mientras llevaba el falo a su boca para soltarlos al eyacular. Kim adoraba esos momentos. Eran tiernos a pesar de la aflicción.

    Esa noche se anticipó. En cuanto sintió la sangre en el pezón se revolvió y fue a por las otras pinzas para ponerlas en las manos de Roger, que cambió unas por otras. Eyaculó en su boca mientras las bolas colgaban de los puntos más sensibles de Kim. Roger le quitó las pinzas con bolas y sin darle tiempo a aliviar su tormento volvió a colocar las pinzas de dormir en los estratégicos lugares.

    La segunda vez que ocurrió lo mismo volvieron a repetir todo el proceso. Cuando Kim creyó que Roger iba a eyacular sacó su verga de la boca de Kim y le dijo: “Voy abajo. Ten el orgasmo cuando yo lo tenga.”

    Sin casi mirarla le quitó la pinza del clítoris y la penetró. Kim podía hacerle eyacular casi a voluntad con sus músculos vaginales, estrechos y casi virginales, -era una zona muy poco usada-, pero entrenaba la musculatura a diario. Prefirió esperar un rato. Y siguiendo con las órdenes se corrió al notar el esperma de Roger empezar a salir con las pesadas bolas colgando de los pezones.

    Roger se durmió enseguida y Kim se cambió de pinzas después de una ducha rápida. Se despertó antes que Roger y decidió levantarse a hacer el desayuno. Lo hizo con los tacones y las pinzas de bolas. Con sumo cuidado llevó una bandeja a la cama. Le costó lo suyo entre el estímulo maldito de las pesadas bolas y el giro que obligaba a dar cada paso en esos tacones.

    Roger se despertó viendo la bola central entre los muslos entreabiertos de Kim. Tuvo la erección correspondiente pero el pene le dolía.

    —Piedad— dijo en voz baja.

    Kim le devolvió el cumplido.

    —Dentro de unas horas, estará de vuelta.

    Acercó los pechos para que Roger le quitara las pinzas y posteriormente se dobló y elevó para que el del clítoris también descansase un rato. Kim se puso una camisa de Roger para desayunar con él. La primera vez que se ponía algo sin su permiso explícito. Roger lo aprobó con la mirada, sin poder dejar de valorar las perfectas piernas, eróticamente enmarcadas por la camisa. Eran una pareja.

  • Si eres mujer… eres mujer

    Si eres mujer… eres mujer

    No sabemos mucho del porque nos vamos metiendo en este rollo del sexo con rol de mujer que es fascinante para muchas niñas nacidas como niños y que por una rara atracción hacia las mujeres anhelamos ser como ellas, nos encantan sus senos, su breve cintura y ese culo formidable que incita a ser puesto en posición de verga, o esas piernas suaves y torneadas que se dirigen hacia la parte femenina que atesora enormes placeres por su suavidad y humedad parecidas al paraíso. Tal vez será que ciertas nenas nacidas como nenes nos percatamos que la madre naturaleza nos hizo una broma y poco a poco vamos buscando la manera desde pequeñitas de hallar nuestro lugar femenino en este mundo, primero es con unas bragas de la hermana o la tía, prima o la misma madre, luego un brasier y acabamos vistiéndonos de mujeres con aretes y maquillaje y toda la cosa, el resultado cuando lo miras frente al espejo es que ¡Tú eres una mujer y actúas como tal! Luego a través de la masturbación hallas que necesitas una penetración por la boca o por el ano, así que empiezas a meterte cosas de forma fálica para satisfacerte en esa necesidad, un día descubres que necesitas salir, buscar un macho que te penetre sin control, que te posea, obvio que tu familia, compañeros de la escuela y amigos se dan cuenta de que has ido cambiando y te cuestionan o se burlan cruelmente de ti, la madre y el padre intentan reprimirte para que seas “machito” cosa inútil pues n puedes luchar contra tu naturaleza de nena que te impulsa desesperadamente a convertirte en una mujercita.

    Sufres, a veces lloras porque no entiendes que diantres te pasa, por qué no eres como los demás y te dejas de chorradas, sin embargo lentamente la mujer que eres sale a flote como toda mujer, con más sufrimiento que gloria, pasas las de Caín intentando esconderte para alcanzar en la intimidad tus anhelos más secretos, a veces te llegan a encontrar en vestida y la ira se prende en los que no son como tú y no te van a entender jamás, sin embargo en mi caso, mi única hermana mujer menor que yo dos años si se dio cuenta desde que éramos chicas que su hermanito era más hermanita que nada, jugábamos cosas de niñas, me prestaba sus vestiditos, zapatillas, diademas y todo para apoyarme aunque lo hacíamos cuando mamá no estaba que gracias a Dios era muy frecuente porque tenía que trabajar y Lora y yo teníamos muchas veces la casa para nosotras solas, mis hermanitos más pequeños y a los que Lora les lleva 7 y 9 años de edad los cuidaba la abuela en su casa, cerca de la nuestra pero como ella era una mujer independiente no iba cuando Lora y yo estábamos solas.

    El temperamento audaz y erótico de Lora nació muy precoz, ella sabía más de la vida que yo, le encantaban mucho los hombres y sabía jugar con ellos con mucha habilidad, además de su belleza e innata feminidad se convirtió en mi maestra en el mundo femenino. Si bien tuvimos juegos eróticos no pasaron en la niñez y adolescencia de frotamientos encima de la ropa, fue después de que ella tuvo a su bebé que lo hicimos por primera vez, algunas otras y después dejamos de hacerlo cuando conoció al que fue después su marido. Aun me apena un poco reconocer que fue la primera mujer biológica con la que estuve. Como narré en la entrega anterior fue con un chico del barrio con quien me inicié en el sexo con varón, después con tíos mayores a cambio de dinero y así hasta que me junté con una mujer vecina mía con quien procreamos un hijito, ahora ya adulto y muy buen hijo que es mi adoración y me ha dado un nieto hermosísimo.

    Soy una mujer de 59 años, me cuido un poco y aún tengo mi cuerpo hermoso, aunque debo reconocer que el paso del tiempo nos vuelve menos hermosos y poco a poco las canas y lo demás se viene abajo, sin embargo eso no me quita que aun a mi edad sigo follando con mujeres y hombres. Los años me han hecho perdonarme de muchas cosas que me dan algo de pena haber llevado a cabo, aunque nunca por maldad o mala fe, solo por un poco de sexo. Yo les aseguro a los padres con hijos que van a cambiar de sexo o a transgenerizarse que no intenten impedirles su desarrollo como mujeres o en su caso como hombres, al contrario apóyenlos que solo ustedes pueden darles una vida plena si comprenden que desde pequeños darán muestras de haber nacido en el cuerpo equivocado. Si de verdad los aman ayúdenlos. No es mi intención extenderme más solo diré que una nace… no se hace.

  • Tres viejas y un sátiro (2)

    Tres viejas y un sátiro (2)

    Hasta ese momento me pasaba de calentarme con hombre mayores, muy mayores, viejos les diría… Empezaba a aceptarme como putito todavía virgen, pero atraído únicamente por muy madurones y vejetes y ahora estaba en manos de viejas pervertidas…

    -¿Nada?… –me dijo Herondina… -A un chico tan lindo como vos hay que hacerle de todo, Jorgito…

    -Ay, por favor, señora…

    -Trepá a la cama, Jorgito, y ponete en cuatro patas… A menos que quieras probar el cinturón otra vez en tu lindo culito…

    -No, por favor, no me pegue más, señora… -supliqué mientras disfrutaba del ardor intenso que la paliza provocaba en mis nalgas…

    -¡A la cama en cuatro patas!…

    -S… sí… sí, señora… -y me coloqué en esa posición… Inmediatamente Lola y Petra subieron a la cama y empezaron a sobarme el culito… las cuatro manos se deslizaban, acariciaban, pellizcaban…

    -Es increíble lo lindo que es este chico, el culito que tiene… -dijo Lola sin dejar de acariciarme…

    -Culito de nena tiene… ¡Y que piernas!… Piernas de chica también… -agregó Petra… -Y bueno, tengo que reconocer que mis piernas son… ¡ay!… sí, un poco femeninas… Largas, de rodillas finas y muslos bien torneados, sin musculatura a la vista y cubiertos por una suave pelusita apenas perceptible sobre la piel clara y tersa…

    -Además fíjense, no tiene vello… -observó Petra… -¿Te depilás, Jorgito?…

    Negué con la cabeza y advertí que Lola se pasaba incesantemente la lengua por los labios… ¿Se los habría secado la calentura?…

    Por sobre mi hombro izquierdo vi que Herondina había terminado de lubricar el consolador y lo sujetaba por la base con su mano derecha, mientras sus labios estaban curvados en una sonrisa lasciva y tenía los ojos clavados en mi culo…

    “¡Ay, mi pobre culito!”…-pensé entre aterrado y deseoso… -“¡Me lo va a romper con esa cosa!”… No tenía manera de evitar la violación, así que me resigné a vivir las cosas lo mejor posible, con mi iniciación en el sexo anal… En ese momento sonó un teléfono celular; era el de Herondina y lo tenía en un bolsillo…

    -Hola… Ah, ¿cómo estás, Rogelio?

    ……….

    -Bueno, nos estamos divirtiendo con las chicas… Sí, claro, Lola y Petra…

    ……….

    -Te cuento, tenemos a un lindo nene, acá…

    …………

    -No, no cambié, a esta edad ya no cambio, sigo siendo torta, pero este chico es tan lindo que parece una nena…

    …………

    ¡Ah, grandísimo pervertiro! ¡te interesó el nene!

    …………

    Sí, claro, venite ya y le damos entre los cuatro…

    …………

    -Te esperamos…

    -Era mi hermano, quedó intrigado por lo de Jorgito y viene para acá… -les contó Herondina a las otras dos…

    Al oir semejante diálogo empecé temblar de la cabeza a los pies… No podía controlarme al pensar que además de las viejas con el consolador me iba a violar un hombre…

    Eso me conmovió emocionalmente… ¡No iba a ser lo mismo!… Yo ya me había preparado para las tres viejas y el consolador y de pronto iba a ser violado por un hombre…

    Eso me conmovió a fondo emocionalmente… ¿Estaba yo preparado para conocer una verga real? ¿para ser penetrado por un hombre?… ¿Para entrar en contacto físico con el cuerpo de un hombre?… Lo estuviera o no se me ocurría inevitable…

    (continuará)

  • Acepté una invitación al cine porno

    Acepté una invitación al cine porno

    Hola mi nombre es Elizabeth, y les he estado contando algunas experiencias sexuales que he tenido en mi vida, una de las experiencias que tuve y la primera es con dos amigos en un baile de disfraces en un carnaval pasado. Ayer recibí un llamado telefónico, se trataba de Jorge un amigo de dicha experiencia que hice mención, era para invitarme a ver una película porno y me consultaba si podríamos ir con un amigo más y si yo podría ponerme una ropita intima sexy, a lo cual yo acepte con mucho entusiasmo la propuesta indecente de mi amigo que volveríamos a vernos o encontrarnos desde esa vez de la fiesta de disfraces.

    Llegó el día indicado y después del almuerzo empecé a prepararme, lo primero que hice es darme una ducha completa y la limpieza tanto externa como interna, luego me puse un perfume por todo mi cuerpo y empecé a vestirme, lo primero que hice es escoger la lencería que utilizaría para nuestro encuentro, abrí mi maleta de ropa femenina que me había regalado mi querido chofer, y escogí un conjunto de lencería de color rojo, las medias nylon, un conjunto de bikini, con su sostén de seda y una tanga de hilo dental, su respectiva portaligas, me vi al espejo y realmente me gusta poder observarme me veía muy sexy, luego me puse un maquillaje en mi rostro nada exagerado, me pinte mis ojos y torcí mis pestañas, para que no se me notara me propuse utilizar unas gafas grandes oscuras, luego me puse un buzo deportivo y una camisa larga y ancha y unas zapatillas deportivas con un terraplén con una altura de 6 a 7 centímetros, que me hacía un poco más alta, pero lo más importante es que levantaba más mi rico culito.

    Salí de mi departamento rumbo al lugar de encuentro, antes viéndome en el espejo y realmente pasaba desapercibida, mi figura no llamaba en nada la atención, pasaba como un hombre normal como un día normal de fin de semana, nos encontramos en el lugar indicado, ambos amigos ya se encontraban en el lugar esperándome, y Jorge y me presento a su amigo, él se llamaba Reynaldo, tenía un tez morena, algo de barba crecida y era un poco pelón o calvito, se veía bastante robusto y comenzamos a conversar como quien hacer hora para ingresar a la función y Reynaldo me preguntó qué es lo que me gustaba y solamente me limite a responder que estaba descubriendo mi lado femenino y le devolví la pregunta a lo que me respondió que le gustaba ver películas porno con personas obesas y gorditas, lo que realmente me llamó la atención.

    Mientras conversábamos Jorge no dijo que ya era hora para ingresar a la sala cinematográfica, estuve buscando dinero en mi mochilita y en eso Reynaldo me dijo que sería él quien cancelaría las entradas y que no me preocupara, compró las entradas y yo fui la primera en ingresar a la sala luego Jorge y por último Reynaldo, una vez ingresado a la sala yo tome la iniciativa en caminar hacia el rincón de la última fila, yo me fui hasta la última butaca, Jorge a mi lado y Reynaldo, tomamos asiento y esperamos un tiempo para que nuestra vista se acomodará a la oscuridad de la sala y la función empezaba con una película italiana de Roxana Doll, que siempre hace el amor anal o doble penetración. Estuvimos así un momento en lo que Jorge me pide si yo podría acomodarme al centro de los dos a lo que yo sin ningún problema acepte y me pare para hacer el cambio de butaca con Jorge, él se coloca detrás de mí, y me sujeta mis caderas, yo espero a ver cuál era su iniciativa y al cruzar por detrás de mí, en eso él me toma de mis caderas y empieza a bajar mi buzo deportivo hasta las piernas y me cede su butaca, yo ya no me subo y tomo asiento con el buzo en mis piernas, Reynaldo me ve y me sonríe, yo también le sonrío y nos ponemos a ver la película, en eso siento la mano de Jorge en mi pierna derecha y la mano de Reynaldo en mi pierna izquierda, ambos bajan mi buzo hasta mis canillas, yo me limito a quitármelo y guardarlo en mi mochila, mi camisa como era larga y ancha se ve como un vestido y tomo ambas manos y me limito acariciarlas, con Jorge hacemos empanadas con nuestras manos entrecruzadas y apoyo mi cabeza a su hombro, él me toma de mi quijada y me brinda un beso, simplemente de labios a lo cual yo respondo con mucha ternura, la película estaba en pleno auge el sexo, Reynaldo pasa su mano derecha por detrás de mi espalda hasta llegar a mi culito, aprieta mis glúteos y hace a un lado el hilo dental y empieza a acaricia con su dedo mayor mi rayita e intenta introducir su dedo a mi hoyito, mientras Jorge sigue besándome, superficialmente y empieza a desabrochar mi camisa encontrándose con mis senos cubiertos por mi sostén rojo de seda, lo que le encanta y muestra su satisfacción completa y empieza acariciar mis tetitas y acerca su rostro hacia mi pecho para besar mis pezones sobre la seda de mi sostén, realmente me siento una hembra realizada y deseo que nunca termine esta escena tan bonita, veo a mi alrededor la sala y hay algunos espectadores muy adelante nuestro lo que nos permite actuar sin mayor problema.

    En eso Reynaldo me dice que le gustaría poder apreciar mi cuerpo para lo que me pide que me pueda parar, separándome de Jorge le hago caso y me paro ellos ven mi cuerpo y no solamente se limitan a observar sino que lo van acariciando, yo doy una vuelta completa lo que creo que les excita mucho más, cuando termino de dar la vuelta completa Jorge con sus manos me indica que les muestre mi culito, a lo que yo empiezo a inclinarme hacia adelante y me apoyo en los brazos de las butacas de adelante y siento las cuatro manos acariciando mis nalgas y mis piernas, en eso siento las manos de Reynaldo que hace a un lado el hilo dental de mi tanga y con sus manos me abre las nalgas para introducir su lengua a mi raya y se va acercando a mi hoyito, y empieza a lamerlo e intenta introducirlo, este hecho es una experiencia inexplicable, siento un momento de gran excitación, ese momento es indescriptible, siento un deseo que ese momento sea eterno, siento su lengua en mi culito y realmente deseo que este momento sea eterno, me siento terriblemente excitada, luego Jorge no quiere quedarse atrás y de la misma manera me introduce su lengua y ambos gozan con mi culito, luego de unos minutos en esa posición vuelvo a mi butaca y Jorge retoma su accionar con mis pezones y masajear mis tetas, en cambio Reynaldo vuelve a introducir su dedo a mi hoyito y con la otra mano empieza a pellizcar mis pezones, nos con mucha fuerza pero si con mucho erotismo, vuelvo a besar a Jorge, pero esta vez, empiezan a cruzarse nuestras lenguas e intercambiar saliva, el escenario es bastante erótico y nos hemos olvidado por un momento la exhibición de la película. Tengo mis piernas al aire libre, sin buzo, tengo mi camisa totalmente desabrochada, mi sostén debajo de mis tetitas y mi hilo dental a un lado, la situación era de tres amantes que buscaban alcanzar el éxtasis personal y grupal, realmente todo me gustaba a mí, sentir la lengua de Jorge en mi boca, sentir sus manos en mis tetas y mis piernas y muslos, sentir la mano de Reynaldo pellizcando mis pezones y su dedo dentro de mi culo, y todo en movimiento, ni por sólo un momento ninguno de nosotros de quedaba un momento sin moverse, sino por el contrario todo estaba en movimiento.

    Cuando había concluido la primera película y empezaba la segunda función Jorge me plantea que si podríamos pararnos e ir detrás de las butacas donde había unas cortinas guindas y largas, Reynaldo también está de acuerdo, los tres nos paramos salimos de la fila de butacas y a la mano derecha observamos que hay una pareja de hombres uno detrás de otros, me pareció ver que hacían sexo, con bastante disimulo, por lo que optemos irnos a la otra esquina, en eso Reynaldo, nos señala que retornaría de un momento, ya que tenía ganas de ir a orinar al baño, con Jorge nos fuimos a la esquina y mi camisa larga realmente parecía un vestido ancho, llegamos a la esquina y nos introducimos detrás de las cortinas y él me arrincona hacia la pared y toma mis caderas y empieza a chaparme brutalmente y excitadamente, yo llevo mis brazos a su cuello y él acaricia mis glúteos, mis senos, mi cintura, mi espalda y en realidad todo mi cuerpo, yo también bastante excitada, llevo mi mano derecha hacia su verga, la misma que ya era conocida para mí y empiezo a acariciarla, y masturbarla, lo que hace enloquecer a mi pareja, estamos un momento en este ajetreo, y ver que Reynaldo se va acercando hacia nosotros y por sus movimientos sospecho que viene liberando a su pene, se nos acerca y se pone a disfrutar del trio, él va directamente a meter mano a mi culito, y a mamar mis pezones de mis tetas, mi otra mano se dirige a la verga de Reynaldo y mi sorpresa es terriblemente grande que al sentirla se trata de una verga tremendamente gruesa y relativamente grande, pero su grosor era fenomenal, por lo que previniendo una sorpresa dolorosa le propongo a Jorge pudiera empezar a penetrarme, ambos se ponen de acuerdo y es Jorge quien va a empezar a tirarme, él se baja el pantalón y calzoncillo hasta sus canillas, y empieza a mojar mi culito con su saliva y a introducirme primero un dedo y luego dos dedos, juntos, siento un pequeño ardor, cierto dolor y mucho placer, en cambio Reynaldo continua el juego con mis tetillas, las lame y las chupa muy rico, yo me limito a besar su cabeza calva y morder en lo posible sus lóbulos de sus orejas, invitándole a poder besarnos y entrecruzar nuestras lenguas, a lo que él inicialmente pone cierta resistencia, pero poco a poco va cediendo y al fin se anima a chapar y entregarse a la lujuria sexual que vivíamos en ese momento.

    En eso van sus manos hacia mis nalgas y las empieza a masajear lo que Jorge aprovecha para acercar su verga a mi hoyito y empieza a introducírmela, como siempre al principio hay un fuerte dolor, pero que es compensado con el placer que nos hace sentir ser penetradas además de la excitación que te provoca un hombre cuando te chapa y besa y chupa tus tetas, tu cuello. Así parados los tres estábamos haciendo el amor, yo era la hembra gozando de dos hombres súper arrechos, haciéndome sándwich, en eso Reynaldo se aleja un poquito de mí, se separa y toma con sus manos mi cabeza y empieza a bajarla, y entiendo lo que deseaba, y poco a poco me fui inclinando hacia adelante hasta llegar a la altura de su verga, y empiezo inicialmente a besarla, le bajo su pantalón y calzoncillo, beso sus testículos, paso con mi lengua toda su verga por varias oportunidades y observo como se excita mi hombre y siempre sintiendo como me viene cabalgando por atrás mi otro hombre, inicialmente despacio y luego toma su propio ritmo, yo empiezo a chupar la verga de Reynaldo y el inclina su cabeza y su cuerpo hacia atrás sintiendo una gran satisfacción, así estuvimos por unos minutos, yo sentía una verga por atrás y otra verga por delante, era la primera vez que tenía una doble penetración y realmente me sentía realizada como mujer, sentir una verga tan gruesa en mi boca que me volvía loca y era de rica ya que empezaba a succionar el líquido pre seminal, y era realmente sabroso y por otro lado, sentir como una linda verga como la de Jorge te penetraba por mi culito, ambos agüeros se encontraban ocupados y por ambos se sentía un placer inexplicable.

    De largos minutos en esa posición Reynaldo le propone a Jorge que sí podrían cambiar de posición, aspecto que me alboroto un poco, ya que la verga de Reynaldo era muy pero muy gruesa y no estaba segura que pueda penetrar mi culito, nos paramos y le roge a Reynaldo que si me iba a penetrar lo hiciera con calma y despacio ya que mi culito nunca había probado semejante vergota, a lo que él accedió y cambiaron de lugar, Jorge empezó a besarme, a chapar, a mamar mis tetas y besar mi cuelo y toda parte de mi cuerpo al que tenía acceso, Reynaldo se puso detrás de mí, se hincó y empezó a besar mis glúteos, a pasar su lengua por mi raja hasta llegar a mi hoyito e introdujo su lengua, acto que me hizo estremecer todo mi cuerpo, nunca en mi vida había sentido tan hermosa sensación, poco a poco fue subiendo besando mi espalda hasta llegar a mi cuello y mi nuca, me besaba y acariciaba todo mi cuerpo, compartiendo con mi otro hombre, en eso siento que la verga de Reynaldo se va acercando a mi ano y le pide a Jorge que abra mi culito lo más posible, él hace caso inmediatamente y con sus dedos introducidos a mi culito lo abre dando paso a la verga de Reynaldo y siento semejante cosa penetrar lo que me hace vivir y doler, siento un profundo dolor hasta que me saca algunas lágrimas de dolor, Jorge las limpia con sus labios y trata de distraerme con sus besos y mis manos aprietan sus hombros, ya que el dolor era insoportable, el visitante de atrás se para por un momento a objeto que mi esfínter se pueda acostumbrar al mismo, ya un poco tranquila empujo mi culo hacia atrás señal para que Reynaldo pueda continuar con su acometido y empieza con el mete y saca luego para sus movimientos y yo descaradamente llevo mi mano derecha hacia la verga y no la encuentro en eso me doy cuenta que me había penetrado totalmente, lo que me hace sentir muy arrecha, y empiezo a mover mi culo para sentirlo en toda su dimensión, él toma mis caderas con sus dos manos y empieza a culearme, realmente que rico sentir una verga tan gruesa que me esté penetrando, a lo que Jorge toma mi cabeza y la va bajando para que yo se la pueda chupar, yo procedo como lo hice con Reynaldo la beso la puntita, beso sus testículo, beso todo lo largo de su verga para luego introducírmela toda en mi boca y empiezan a tirarme por arriba y por atrás, una perfecta doble penetración, luego de unos minutos disfrutando de esta posición Jorge saca su verga de mi boca y me hace parar para acercarse a mi cuerpo e introducirla entre mis piernas como si me estuvieran tirando por atrás y por adelante, ambos empiezan a agitarse con mayor velocidad y ambos llegar al orgasmo, por un lado es inundada mis entrañas con el semen de Reynaldo y siento entre mis piernas el semen de Jorge, ambos poco a poco van apagando sus movimientos como si estuvieran exprimiendo sus vergas cada uno en el lugar que le correspondió, yo la verdad deseaba que este momento nunca terminara, que este momento sea para siempre, me sentía algo cansada pero con un sentimiento de verdadera satisfacción sexual.

    Luego nos vestimos, nos sentamos un momento más viendo la película, dándonos pequeños besos y acariciándonos nuestros cuerpos, antes que termine la película nos pusimos de acuerdo para retirarnos, una vez afuera ya había llegado la noche y en eso Reynaldo nos propone ir a su departamento a compartir una copas, Jorge nos dice que si podemos pasar por el mercado Lanza para comprar un bonito vestido y continuar con lo que habíamos empezado, todos reímos y todos estábamos de acuerdo, empecé a imaginarme como sería la noche que nos espera…

    Un beso Elizabeth. Mi correo es: [email protected].