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  • Vivi, Joha y yo

    Vivi, Joha y yo

    Vivi le decíamos, se llamaba Alvaro. Era una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre y procuraba salir de él tanto como pudiera. Llevaba el cabello largo pintado de rubio, se ponía maquillaje, caminaba y actuaba como una mujer. Al hablar con él tenía una rara sensación de tener un hombre al frente pero estar interactuando con una chica, su voz era suave y amanerada, sus movimientos eran delicados. Solía hacer shows de transformismo actuando como Madona en un bar gay de la ciudad, era todo un personaje. 

    También estaba Johanna, Joha le decíamos, era una chica de 32 años, flaca, bonita, de cabello negro y un par de tetas grandes que contrastaban con el resto de su delgado cuerpo. Trabajabamos juntos en un proyecto, Joha, Vivi y yo. Por aquel entonces tenía 23 años y estaba entregado a la fiesta y a las drogas. Cargaba en mi bolsillo con una bolsa de cocaína para acelerar los momentos, ellos no lo sabían aún, pero lo sabrían pronto. 

    Mientras hacíamos nuestras tareas diarias sentados cada uno en frente de un computador, Vivi practicaba sus pasos de Madona a nuestras espaldas, bailoteaba por todo el salón postergando su trabajo, me parecía pintoresco pero nada más. Joha y yo tuvimos una conexión. Un día me invitó a una reunión con sus amigos, eran una pareja que vivía en un apartamento cerca de nuestro lugar de trabajo. Estábamos tomando vino y charlando y en algún momento de la reunión tomé una hoja de papel y le escribí “¿podría besarte?”

    Aquello le pareció muy romántico y ese mismo día al despedirnos me plantó un beso con sus gruesos labios. A partir de allí empezamos un amorío silencioso del que nadie sabía. Yo era bastante ingenuo, ella me mantenía a punta de besitos y caminatas de la mano pero nunca teniamos sexo. Siempre que llegábamos a un punto de excitación extrema por andarnos besando y cuando yo trataba de tocarla ella me esquivaba y se iba. Llegaba a mi casa y me reventaba a paja pensando en la posibilidad de meter mi verga entre sus abundantes tetas y correrme sobre su cara. 

    A la hora del almuerzo salimos a un centro comercial cercano. A medio camino había un motel medio de mala muerte. Aquella zona en las noches se atestaba de prostitutas de todos los tipos y ese lugar era el elegido por los morbosos y borrachos para ejecutar la faena con la puta de turno. Bromeabamos de aquel lugar y un día apostamos para adivinar qué valor tenía un cuarto por una hora allí. 

    Íbamos caminando y sin mediar palabra Joha me tomó de la mano y me jalo hacia aquel lugar de perdición, Vivi vino tras nosotros. Llegamos a una recepción que era una ventanilla adornada con una luz de neón rosada. Joha preguntó qué valor tenía una hora y además cuánto costaba meter a una persona extra. La chica de la ventanilla nos miró, éramos todo un equipo, una flaca tetona, linda y elegante, un chico joven y simpatico y un gay que al momento parecía más un transexual. Nos dio el valor y nos retiramos riendo. Al salir del lugar todos los transeúntes nos veían, Vivi atraía mucho las miradas. 

    Cuando consumía cocaina mi libido se exacerbaba, le enviaba mensajes sucios a Joha y ella me respondía con más mensajes sucios, aun seguiamos sin tener sexo. Pero un día mi libido se dirigió hacía Vivi. Era casi la 1 de la mañana. 

    Hola… ¿cómo estás? ¿Qué haces? – escribí. 

    ¡Holaaa bebé! Acá llegando a casa y tú? – respondió. 

    En casa, no puedo dormir

    Y eso?

    No sé, cuando meto cocaína pienso en ti

    OMG!

    ¿Te molesta eso?

    Para nada bebé, ¿y qué piensas?

    Que me gustaría metértela… ponerte en cuatro y penetrarte por el culo –

    OMG! Oye no pensé nunca eso de tí!

    ¿Te gustaría hacerlo algún día

    Si, me encantaría

    Nunca pasó nada sólo entre los dos, eran impulsos fruto de las drogas. Pero un jueves todo pasó. 

    Ese día cumplía Vivi, Joha compró una botella de whisky y desde las 2 de la tarde empezamos a beber en la oficina. A las 5 ya se había acabado la botella y Joha me dio dinero para comprar otra. Cada media hora yo tomaba un rápido paseo al baño para inhalar un poco, para cuando compramos la segunda botella ya estaba muy colocado. Empecé a ver a Vivi con los ojos de la lujuria. Vivi llevaba un jean y una camisa blanca y mientras practicaba sus pasos de baile para un show al día siguiente alcanzaba a ver mucho de su abdomen y algo de sus nalgas. Se le asomaba una tanga blanca y yo no podría dejar de pensar en cómo se vería en cuatro, en cómo me gustaría correrle esa tanga y penetrarlo y sentir sus bolas golpeando con las mías. 

    Por otro lado estaba Joha y todo el deseo que tenía hacia ella, me encantaba de verdad, era hermosa y elegante, todo un sueño. Pero casi que había perdido las esperanzas de acostarme con ella, parecía que solo me quería con un amigo, un confidente al que podía besar y ya. Igual para mi eso era mejor que nada, así que aceptaba aquellos términos. 

    Ese día Joha llevaba un top negro. Su elegante cuello blanco se estiraba hasta el inicio de sus enormes tetas, llevaba su ombligo destapado y de allí se asomaba un piercing blanco y reluciente. Joha se había emborrachado para las 6 de la tarde, reía a carcajadas y hablaba medio chueco. Vivi no estaba tan alcoholizado pero igual se le notaba algo del efecto de los tragos. Yo, gracias a la cocaína, estaba intacto. 

    Decidimos salir de la oficina a buscar otro sitio para seguir la fiesta. La botella estaba a la mitad, yo la llevaba. Caminando pasamos por enfrente del motel aquel y a manera de broma me atreví a decir “Vamos a entrar!”. Ambos me miraron y sin mediar palabra se dirigieron a la ventanilla. 

    Llegaron juntos a la ventanilla y se quedaron allí de pie mirándome. Me adelanté y le dije a la chica que atendía que queríamos una habitación sencilla y que nos cobrara una persona extra. Me dio el valor del servicio, el número de la habitación y proseguimos. Nos tocó una habitación lejana al fondo del lugar. Atravesamos largos pasillos con puertas a lado y lado, se oía gente gemir e incluso nos cruzamos con un travesti que venía saliendo de la mano de un hombre de saco y corbata que bajo la vista al pasar a nuestro lado. 

    Encontramos la habitación. 402. Metí la llave y entramos. La habitación era fea, tenía una cama vieja, un abanico en el techo y un espejo gigante frente a la cama. En una esquina estaba un sillón de esos de motel para hacer figuras sexuales. Cerré la puerta y me dirigí al baño. Saqué mi bolsa de coca del bolsillo e inhalé un poco. 

    Salí del baño. Vivi estaba acostado en la cama de medio lado. Podía ver nuevamente su tanga blanca saliendo de su jean. Joha estaba de pie manipulando el control remoto buscando un canal. Al final supe que buscaba algo de pornografia. 

    Me acerqué a Joha y al mirarme se quedó helada. Sus ojos se abrieron de par en par, dirigió una mirada a Vivi. Volteé a mirar a Vivi y me encontré una cara muy similar, impacto, ojos abiertos. Resultó que dado el momento de embriaguez y excitación no me di cuenta que al inhalar había ensuciado toda mi nariz. 

    ¿Estás consumiendo drogas? – Dijo Joha. 

    Ante lo evidente no podía mentir. Pasé mis dedos sobre mi nariz para limpiarme y con todo el descaro del mundo y dada la situación les dije: “¿quieren un poquito?”.

    Fuimos hasta la mesa que sostenía el viejo televisor, saqué la coca y derramé una cantidad considerable allí. Con una tarjeta armé tres líneas, saqué un billete y mirandoles inhalé completa una de las líneas para enseñarles lo que había que hacer. Después de mi vino Vivi, tomó el billete se inclinó dejando a la vista su tanga y de un respiro se llevó otra línea. Joha vino de tercera, la inhaló y tosió profusamente. 

    Pusimos reggaetón y empezamos a bailar, nos quitamos las camisas. Vivi quedó desnudo mostrando el pecho al igual que yo, Joha nos mostraba sus poderosas y grandes tetas atrapadas por un corpiño blanco de encaje. Aquel par de tetas brincaban con la música y sabía yo que por fin podría verlas. 

    En el TV una rubia delgada recibía a un par de hombres negros, uno por el culo, otro por la vagina. Las vergas de los hombres rozaban y llamenme loco pero incluso ante el espectáculo que era Joha me dirigí hacia Vivi y metí mi mano entre su Jean. Escarbé luchando contra su tanga y sujeté un falo ancho y largo. Con la otra mano desabroché el pantalón de Vivi y se asomó su tanga apenas aguantando ese gran paquete que mi mano sujetaba. Besé a Vivi. Lo empujé a la cama, cayó sentado. Su verga ya tiesa se salió por un lado de su tanga. Me puse de rodillas y me la metí en la boca. Vivi soltó un gemido femenino y llevó una mano a su boca mientras me observaba mamarle el pito. 

    Sentí que me quitaban los pantalones. De un solo jalón perdí los pantaloncillos y mi culo quedó abierto. Joha, que nunca me había querido dar ni un poquito de nada, se empinó la botella de whisky y encajó su cara entre mis nalgas para empezar a mamarme el culo. Así estuvimos un rato. 

    Entre Vivi y yo desnudamos a Joha, sus tetas eran perfectas, sus pezones eran pequeños y claros y su cara destilaba libido, la mezcla de alcohol y drogas hacia mella en ella, estaba poseída. Me agarró por la verga y estando de pie se la llevó directamente al coño. Vivi la tomó por detrás. De pie la penetramos. Sus tetas se apretaban contra mi. Yo las agarraba y las llevaba hasta mi boca mordiendo suavemente sus pezones. 

    Me acosté boca arriba en la vieja cama. Joha se subió sobre mi y se clavó mi falo en el coño de nuevo. En el espejo frente a la cama pude ver su culo, un culo pequeño que debido a la posición dejaba a la vista un ano apretado y claro, Joha era perfecta. Mi vista desapareció cuando Vivi se atravesó para volver a colocarse en el culo de Joha. Nuestras vergas entraban y salían del drogado y borracho cuerpo de aquella diosa y se hizo realidad una gran curiosidad que tenía cuando las bolas de Vivi empezaron a rozar con la base de mi pene. Joha gritaba. 

    Organicé otras líneas, esta vez no sobre la mesa sino sobre mi verga. Joha y Vivi se arrodillaron ante mí y por turnos inhalaron lo que les ofrecí sobre el tronco de mi pito. Se quedaron allí para chuparmela. Sus lenguas jugueteaban baboseando mi pene. Vivi jugaba con mis bolas, Joha humedeció un dedo y lo dirigió a mi culo. Su dedo, anticipado por una uña larga de color blanco se hundió en mi ano lastimandome un poco. Ante mi reacción Joah solo metió su dedo más hondo y empezó a taladrar, su uña rozaba contras mis entrañas como una cuchilla, ella no se detuvo, yo no le dije que se detuviera tampoco, me encantaba. 

    Descubrí que lo de Joha era la dominación, ejercía sobre mi control total, siempre buscaba mi culo para meterme los dedos. Entonces fue mi turno de ser el juguete. Joha se sentó en el borde de la cama y separó las piernas, su coño asomaba unos pelos oscuros. Tomó mi cabeza y llevó mi cara hasta su raja, metí mi lengua, mi boca, mi nariz. Joha empezó a gemir. 

    Uff que rico, chupamela, ¿esto era lo que querías? – me dijo.

    Si mi amor, lo deseaba mucho, te deseaba mucho – le dije. 

    Cometela toda perra. Vivi, metesela a este chico guapo – dijo Joha. 

    Nunca había tenido una experiencia con un hombre aunque alguna vez si había jugado con una zanahoria entre mis nalgas. Aquello al principio dolió. Viví, más hombre que nunca apretó la cabeza de su pito contra mi ano. Debí dejar de mamarle el coño a Joha para soportar la situación. 

    ¡Denme un trago! – Grite pidiendo la botella. 

    Joha se levantó y caminó con su elegante cuerpo hasta la mesa del televisor donde aún seguía la rubia atendiendo a los dos hombres negros. Tomó la botella, con el dedo recogió un poco de polvo blanco que había quedado, se chupó el dedo, se tomó un trago largo y me puso la botella en la boca para darme trago a mi. 

    La verga de Vivi entró hasta cierto punto. Al principio fue un suplicio, pero después mejoró. 

    No la saques Vivi que me duele. No la saques dejala dentro – le dije. 

    Tras un rato decidimos darnos un respiro. Nos acostamos en la vieja cama. Joha estaba en la mitad. Buscamos en los canales de porno algo agradable. Dejamos de buscar cuando encontramos una escena de una latina culona en una piscina jugueteando con una pareja de esposo. Yo acariciaba la teta más cercana de Joha mientras ella jugaba con mis bolas. 

    Me quiero bañar – Dijo Joha. 

    Y se levantó dirigiéndose al baño. Mi mirada se cruzó con la mirada de Vivi. 

    Sabes que quería hacer esto contigo – le dije, y él sonrió con su feminidad. 

    Puse a Vivi en cuatro y me di a lamer su culo. Antes de penetrarlo me acerqué y puse mi verga en su boca con la idea de que me la lubricara un poco. Aquello funcionó perfecto. A diferencia de mi, un principiante en aquellas actividades anales, Vivi con un movimiento expandió su ano y me dio vía libre para encajar mi pene hasta la base. Mis huevos chocaron con los suyos y entre gemidos empecé a taladrar. 

    Joha salió del baño envuelta en una toalla pero pronto se deshizo de ella. Se subió a la cama y haciendo su papel de dominatrix encajó su uña larga en mi culo. Para entonces ya mi hueco estaba dilatado y recibía con pericia lo que viniera. Me vine dentro del culo de Vivi. Joha lamió los restos de mi leche, primero en mi verga, después en el hueco de Vivi. 

    El final de la experiencia fue probar semen. Entre Joha y yo atendimos la verga de Vivi que entre gemidos femeninos y delgados eyaculó sobre nosotros. Fuimos a la ducha a limpiarnos. Abrí la regadera y el agua empezó a rodar sobre el perfecto cuerpo de Joha. Se dio media vuelta y sus brazos rodearon mi cuello, nos besamos y no tarde ponerme duro de nuevo. Joha me ofreció su culo y lo hicimos en la ducha un rato. 

    Terminamos de beber allí. Habíamos entrado a eso de las 7 de la noche y salimos a las 12. Vivi tomó un taxi y Joha y yo tomamos otro. Se fue recostando su cabeza en mi hombro hasta que se durmió.

  • El renacer de una mujer madura (II)

    El renacer de una mujer madura (II)

    Hola de nuevo, antes que nada disculpen la tardanza por enviar la continuación del relato de mi experiencia con mi amiga que ya somos novias oficialmente hace unos meses y la verdad se me hace increíble esto pues después de divorciarme no pensé en volver a tener otra relación y menos con una mujer, créanme que es muy intenso pues siento que hasta ya no soy la mujer que solía ser, ya soy otra gracias a ella, claro me encanta, aparte ella respeta la decisión de que sea discreto por mi hija y familia que a veces ella se las arregla para tocarme el culo o vagina encima de mi pantalón de forma rápida cuando está de visita en mi casa o trabajo, me bromea para que no me estrese.

    Después de lo que conté en el relato anterior pasaron muchas cosas tuvimos intimidad fuimos a bares gay lésbico, eventos de sus amigas, hemos vivido la vida y es algo que me encanta y no había hecho en mi juventud, me siento bien pero a veces me canso pues mi vida como saben era muy tranquila y a veces no le doy el ancho, ella siempre me cuida es dominante y me gusta que ella lleve la batuta pues también me da seguridad pues en mi anterior relación con mi ex marido siempre fue rutina y me volví insegura aparte por mi edad y físico pues soy gordita, ella siendo morbosa me ha enseñado que soy aun atractiva que le gustó mucho, ella me lo ha hecho notar.

    Un ejemplo cuando camino con ella por la calle llevo jeans o algún pantalón ajustado que siempre me sugiere por que se marca mi curveada figura entonces cuando pasamos cerca de hombres o algunas mujeres y me dice discretamente que voltee ya que ella observa discretamente que me miran y los hombres o mujeres me voltean a ver y ella de traviesa me pasa el dedo por el culo por alimentar su morbo algunos hombres se quedan viendo yo me pongo roja y también cuando vamos a algunos bares lésbicos ella me dice que me fije como me miran y me voltean a ver algunas chicas mi culo y eso le excita, también a mí me ha empezado a excitar y me da seguridad pues es el objetivo que sepa que aun soy atractiva para algunos hombres y mujeres.

    He cambiado mucho me he vuelto más abierta y desinhibida y trato de disimular por mi hija, familia, algunos compañeros ya hablan de que es más que mi amiga pues antes vestía con ropas más serias, faldas largas cambie mi forma de vestir por sugerencia de ella y darle gusto ahora visto más juvenil y mi forma de expresarme es más alegre y abierta antes era muy seria callada triste, ella cuando puede me espera afuera de mi trabajo y siempre me toma de la mano a veces me da pena pero me ha hecho entender que es mi vida y ellos no les debe importar que importamos nosotras, siempre cuando vamos en su auto me lleva a algún lugar donde no pase la gente es un parque solitario y en su auto me besa me toca me dice sus palabrotas porque se excita mucho siempre dice que le gustó mucho que estoy muy buena que le encanta mi cara madura y culote se excita mucho.

    Luego vamos a veces a su departamento y cogemos como dice me ha acostumbrado a decir palabrotas antes siempre era correcta ahora ya me da igual, siempre cuando cogemos me dice vulgaridades , obscenidades, le gusta decirme que soy su puta cuando me mama duro mi vagina me introduce dedos en mi culo me nalguea, y cuando me estoy viniendo se pega a mi vagina bebe mis jugos y me dice que soy una buena puta eso le excita y me excita mucho a veces grito por que no para de succionar mi clítoris me hace desesperar me tapo la boca a ella le encanta eso de mí ya que le gusta mi voz es ronca dice que es muy sensual que gimo muy rico, jamás mi ex marido me dio placer y ella me da mucho placer y satisfacción por eso hace que le sea muy fiel, tanto que como les comente hace unos 4 meses me pidió ser su novia en un restaurante que me llevo a cenar y me pidió con una flor ser su novia yo me puse colorada sentí mucha pena y acepte y me dio un beso de lengua que algunos clientes miraron ese beso y le dio morbo como a mí, desde ese día siempre trata de que hagamos cosas atrevidas en la calle lugares públicos que causan morbo a las dos.

    Bueno espero les haya gustado esta segunda parte ha sido de anécdotas más tranquilo si les gusto díganme y are una tercera parte bye.

  • Abogado ahogado

    Abogado ahogado

    Historia de cómo me vengué de un abogado trucho y caliente que aparte de follarse a Tarella, pretendía estafarnos… Tras la extorsión conseguimos que devolviera todas las propiedades que había conseguido mediante el engaño y a nosotros… A nosotros nos devolvió cada centavo que le habíamos pasado y es hasta la hora nuestro abosclavo…

    El lunes siguiente al almuerzo donde Tarella fue el postre, había discutido, una vez más, con ella sobre su numerito porno para el abogado, pues seguía sin reconocer que lo había hecho… Molesto di media vuelta, disponiéndome a salir, cuando Tarella me preguntó para dónde iba… le contesté, sin mirarla que a dar una vuelta para despejarme… Iba en mi auto manejando, sin rumbo pensaba yo, cuando me di cuenta ya estaba en las oficinas de don Patricio Parrón, abogado y pensé… por qué no… De pronto quise verle la cara cuando lo interrogara sobre el día que mi puta mujer le mostró los calzones en el local…

    Es cierto, le tengo mala al tinterillo ese… Y ojo que no es por querer follarse a Tarella (no lo culpo por ello), sino por no tener las bolas de admitirlo y sobre todo por mentir cuando lo encaré, preguntándole si había visto a mi esposa mostrándole los calzones aquella vez en el patio…

    Estaba en ello (dando su versión de ese día) cuando sonó su móvil que se encontraba encima de la mesa. Lo llamaba Tarella… Contesta en manos libres y no le adviertas nada… Escuchaste??? Lo amenacé… Ok… Dijo y contestó…

    Tarella: oye… Ya se fue???

    Abogado: mirándome le contesta, si.

    Tarella: te preguntó por lo del patio?

    Abogado: si…

    Tarella: y que le dijiste po???

    Abogado: que no sabía de qué me hablaba…

    Tarella: y… te creyó???

    Abogado: no, no lo creo… Quedó cachu’o…

    Tarella: gracias por ayudarme… Ese weón es un cacho, pero me tiene de las tetas… Ya, me voy… No me llames porque estaré ocupada con el soldadito…

    Abogado: ah… Ya lo recuerdo me dijiste que lo verías a lo que, permíteme que te lo recuerde, expresé mi total desacuerdo, pues…

    Tarella: Interrumpiéndolo a mitad de la frase, dijo. -y a ti que te importa… No lo he visto desde hace rato… y, además, el tonto de mi marido me cree… Y yo hasta ahora le he dicho la verdad… hasta ahora…

    Abogado: si tu esposo se entera, te mata…

    Tarella, Oye, Pato, vo’ weón muere en la rueda no más y no me vengas con amenazas o te corto la leche… Además, no fuiste tú quien me dijiste que mi esposo era un maricón y que le sacarías la mierda con tus años de entrenamiento el día que yo te lo pidiera…

    Abogado: yo no dije eso…

    Tarella: Creo que sí, pero, en fin. Da lo mismo… me voy… ya chao…

    Mientras hablaban, le escribí un mensaje al abogado, apurándolo con un gesto amenazante de mis manos a que le preguntara…

    Abogado: oye…

    Tarella: -qué!!!-, casi gritó con voz exasperada…

    Abogado: dónde estarás… Te lo pregunto por si necesito ubicarte…

    Tarella: donde mismo me encontré contigo po’ weón… Recuerdas ese día donde me dejaste pidiendo… Jajaja…

    Abogado: chistosita… Estaba cansado…

    Tarella: si, si, si… Ya chao, cansado… Y cortó…

    No lo vio venir el maldito… En cuanto cortó, recibió un golpe seco de puño en su ojo derecho y antes de caer una patada en el bajo vientre… No recuerdo cuánto le pegué, pero fue harto y durante al menos dos minutos… Al terminar, le dije…

    Dirás que te asaltaron… Si la puta se entera, te vas derechito al cementerio… ¿estamos?…

    -Si…- dijo con un hilo de voz casi inaudible…

    -ah… Dónde es que estará la puta de Tarella?-, preguntaba a la vez que le daba un puntapié en la espalda

    Musitó unas palabras que respondían a una dirección que conocía… De hecho, el dueño era un antiguo amigo mío que Tarella no conocía… Fui saliendo de ahí hacia la casa de Humberto, el dueño del motel… Conversamos largo y tendido… Cuando terminé de darle un resumen de lo que pretendía y el por qué lo hacía, asintió con un gesto solemne de su cabeza. -Debes castigar a esa puta de mierda y a esos perros traidores mal nacidos, cuenta con todo lo que me pides-. Al tiempo que le agradecía y juntos brindábamos, pensaba en que otro de mis planes de venganza estaba en movimiento, pero esa es otra historia.

    Dos semanas después, el lunes a primera hora, llamé a Parrón, con el fin de contarle que me dirigía en esos momentos hacia su oficina, pues tenía un asunto de negocios importante que tratar con él… Le aseguré, en tono de broma, que no le pegaría, esta vez…

    Al llegar no pude dejar de notar que su ojo derecho aún conservaba un tono amoratado… Tenía 4 puntos sobre la ceja del mismo lado y un premolar menos… Evité reír frente a él, mas no pude reprimir una sonrisa mientras le comentaba, al tiempo que le entregaba un cheque-, que nos habían depositado ya y que esa era su parte… Al despedirme de apretón de manos (muy cínico de parte de ambos) le extendí una invitación a mi casa para celebrar “por todo” con una opípara cena, el viernes a las 8 pm… Asintió…

    Su mirada perpleja tanto por la suma del cheque como por la invitación, me causaron tentación de risa… Sin embargo, con la cara más seria que logré poner, le dije… -Negocios son negocios, viejito… De lo otro… Ya veremos cómo te reivindicas… -. Di media vuelta y me retiré de la oficina sin mirar hacia atrás ni una sola vez…

    Los días pasaron lentos, pues había hablado el lunes con él… Empero como no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague como se dice, el calendario nos avisó que el viernes estaba acá… Llegó puntual, cosa rara en él y al hacerlo pasar no pudo evitar escuchar los gemidos de Tare que venían del segundo piso… Me miró intrigado y le dije en tono casual, ya acaban y vienen… Pero pasa… Quieres tomar algo, le pregunté. Si, un pisco sour, por favor… Al prepararlo le puse las gotas para dormir… 10 minutos después cayó profundamente dormido…

    Al despertar se vio desnudo y solo en un cuarto de unos 3×3, sin ventanas, pero muy bien iluminado, con una cama king plaza al medio como único mueble, las paredes todas de inmaculado blanco y como único adorno un gran espejo empotrado en la pared a la izquierda de la cama…

    El miedo se reflejaba en el rostro del otrora altivo licenciado… Él no lo sabía en ese momento, pero lo estaban grabando 8 cámaras escondidas… La puerta se abrió lentamente e ingresaron dos mujeres ataviadas solo con un babydol transparente… Una de ellas era mi mujer… La otra, una amiga colombiana de Tare y mía… Ruzday se llamaba o ese era al menos, el nombre artístico que le conocimos… Rondaba los 30, morena, de 1.60 m. Delgada, de busto más bien pequeño, pero con un culo tallado a mano y unas piernas largas y perfectamente formadas…

    Cerraron la puerta tras de sí y se ubicaron frente al abogado, moviéndose de manera sexi… La cara de Parrón era otra cuando Ruzday desnudaba a Tare y ésta, ni tonta ni perezosa, hacía lo mismo con su amiga. Ambas se tocaban las tetas, el culo y la vagina, estimulándose la una a la otra, paradas frente al tinterillo que las miraba con la boca abierta por donde se escurría un hilo de baba… Tan absorto estaba que sin más eyaculó…

    Las chicas, al notarlo, pararon con lo suyo. Y riéndose por lo bajo se retiraron por donde mismo habían venido… Estaba una vez más solo, pero esta vez, a través de la pared, escuchaba cómo a una de las dos que recién se había marchado, se la follaban duramente… El show se prolongó por más de 15 minutos y tuvo como banda sonora una tremenda y variada colección de gritos, gemidos y aullidos…

    Tras el último gemido, nada… El silencio era completo… Parrón podía escuchar su propio corazón… Así estuvo casi 5 minutos hasta que la puerta volvió a abrirse… Era Tare y un negro… Ella, desnuda y con cara de vicio le dice al abogado…

    -oye, puedo acostarme con mi amigo acá, contigo-

    A: Claro…

    T: ya, Charly, ven… Supongo que no te importa compartirme con este señor, cierto???

    C: no, mija… Pero ese culito es mío…

    T: si, si… Ya te dije que si… No seas cargante… Y tú, pato, ven y tócame mientras este mono me folla…

    Mi mujer se puso en 4 patas al borde de la cama… El negro se acercó por detrás y el abogado por delante… El negro, entonces, comenzó a penetrarle el coño como un loco… Tare no tardó en tener su primer orgasmo… Fue cuando el abogado aprovechó el momento y le clavó la verga en la boca a mi mujer… Así estuvieron por casi 10 minutos follándosela por los extremos cuando ambos acabaron dentro de ella… El negro se retiró, pero aún tenía la verga dura… Quería más…

    Mija, le dijo, chúpasela con ganas a ese… Vamos… A lo que Tare obedeció sin chistar… Cuando estuvo lista de nuevo, Tare le ofreció el culo al abogado y éste, de un solo empellón, le metió su polla en el ano hasta las bolas… Sin embargo, comenzó con movimientos lentos… Así estaba cuando de pronto el negro se levantó de su asiento… Tare estaba en la cama con los pies apoyados en el suelo y el culo parado. Esto el abogado lo aprovechaba parado entre las piernas de mi mujer…

    De pronto, cambiaron de posición. El abogado quedó encima de mi mujer, mirándose cara a cara… Algo le dijo al oído y el tipo comenzó con un ritmo lento… Mientras, la perra le acariciaba el culo al hombre… Fue acercándose hasta su ano hasta que le introdujo un dedo de una sola metida… El abogado dio un salto, pero las arengas de mi mujer, pidiéndole a gritos que la follara más duro, le impidieron parar y continuó…

    No tardaron en ser dos dedos los que tenía metidos ya el abogado, pero a esas alturas lo estaba gozando… O al menos eso parecía… Entre tanto, el negro observaba la escena con su tronco a mil… Se acercó y los instó a cambiar de nuevo, quedando, nuevamente en 4 mi mujer, pero esta vez, el abogado se la incrustó en el coño… Ya había alcanzado nuevamente ritmo cuando el negro, ubicándose silenciosamente detrás del abogado, penetrándolo de un solo golpe…

    El grito de dolor del hombre fue tremendo, pero eso solo incitó al negro a aumentar el ritmo, follándose ese culo peludo sin miramientos… Entonces, el negro, tomándolo por las caderas lo retiró detrás de Tare y, ubicándolo a él en 4, siguió el mete y saca al menos por unos 20 minutos.

    Cuando el abogado ya lloraba y rogaba que no siguiera, el negro acabó en su cara… Al acabar, con una sonrisa torcida, le dijo…

    Negro: espero que te haya gustado, porque el Da te reservó a 5 de mis hermanos más… Los voy a hacer pasar ahora…

    Abogado: Nooo… Maldito… Nooo…

    Me contaron, porque el video no lo pienso ver, que estuvieron dándole por el culo y la boca por 6 horas. Quedó convertido en un estropajo y un come pollas… Ahora, es mi puto abosclavo, pues si no sigue mis instrucciones le prometí que su culo pálido y peludo sería más famoso que el de nelson mauri… Era hora de ir por el ex soldadito…

  • Mi novio se coge una conocida en común (Parte II)

    Mi novio se coge una conocida en común (Parte II)

    Continuaron besándose tiernamente y poco a poco volvieron a comerse cómo se estaban comiendo cuando estaban en mi cama.

    Era terriblemente excitante el deseo que sentían uno por el otro. Se besaban apasionadamente y se recorrían el cuerpo completo con sus manos. Él le amasaba la cola, recorría su cintura y llegaba a sus tetas en las cuales se detenía por más tiempo, a él le encantaba las tetas grandes y las mías, aunque lindas, no son grandes, por lo cual entendía su fascinación por las hermosas tetas de Samira.

    Ambos se incorporaron y una vez parados él la arrinconó contra la mesada del baño, se besaban y el frotaba su pija contra la hermosa conchita de Samira, ella abría sus piernas todo lo que podía para poder sentir la verga caliente y mojada de mi novio.

    Se frotaban y por momentos se miraban a los ojos con tanta pasión que no pude evitar empezar a tocarme, me excitaban demasiado los dos juntos.

    Mi novio ya estaba tan caliente como hacía unos minutos atrás y sentí algo de celos porque conmigo demoraba más en poder coger de nuevo luego de haber acabado y con Samira en solo unos minutos ya tenía la pija a punto de explotar. Pero esos celos que sentía a su vez alimentaban la calentura que tenía desmedidamente.

    Después de frotarse por un rato él la alzó sobre la mesada y con su verga dura como una piedra empezó a buscar el agujero de la conchita de Samira y comenzó a penetrarla profundamente. Sin preservativo, ya que no tenía y a Samira tampoco parecía importarle. Con una mano le sostenía la cara y la besaba, con la otra la agarraba de la cola y la empujaba contra él, ella cerraba los ojos y lo abrazaba, se aferraba a él y disfrutaba la hermosa cogida que mi novio le estaba dando.

    -Que rico me estás cogiendo, mi amor- le decía ella en el oído.

    -Desde que te conocí deseo cogerte, sos una diosa- le contestó sonriente y orgulloso.

    -Cógeme la cola, Hernán- ordenó Samira.

    Y fue lo mejor que pudo pedirle a mi novio, los ojos de Hernán brillaron, la dio vuelta y ella quedó de frente al espejo, él empezó a besarle el cuello y la espalda, bajó hasta la cintura y arrodillado en el piso comenzó a comerle la cola, primero besaba y mordisqueaba sus cachetes, luego enterró su cabeza de lleno en el hermoso culo de Samira.

    Ella apoyada sobre la mesada del baño con los ojos cerrados paraba la cola y la presionaba contra la cara de mi novio, la escena era realmente excitante y yo a esta altura ya estaba totalmente mojada y no paraba de frotarme el clítoris.

    Mi novio se puso de pie y puso la cabeza de su verga en el agujero de la cola de Samira, fue en este momento en el que ella abrió los ojos y al ver en el espejo pudo también verme a mí espiando del otro lado de la puerta entreabierta.

    Inmediatamente hice un paso hacia atrás pensando que la escena terminaría, pero para mi sorpresa ella se limitó a sonreír y guiñarme un ojo, poner su mejor cara de putita, alzar aún más la cola y enterrarse de lleno la pija de mi novio en su culo.

    -Cogeme la cola bien fuerte, bebé- le pedía ella.

    -Que puta que sos, Samira, tenés una cola increíble- le decía él con la voz entrecortada.

    -No te das una idea de todo lo puta que puedo llegar a ser- decía ella desafiante.

    Mi novio seguía cogiéndola por la cola desenfrenadamente y ella cada tanto miraba por el espejo a ver si yo seguía ahí. Parecía disfrutar verme ahí, cogerse a mi novio en mi propia casa, en mi propio baño, darse cuenta que yo no tenía el valor para interrumpirlos.

    Por momentos mi novio paraba, contemplaba y admiraba el culo de Samira que era realmente un espectáculo, un culo bien redondo y gordo. La miraba y se pajeaba, después volvía a meterle la verga y así pasaban los minutos.

    -Me volvés loco, hija de puta, te voy a llenar la cola de leche- le decía él al oído

    -Me encanta, llename toda la colita ahora, mi amor- le respondió Samira a la vez que daba sacudones con su enorme cola.

    Mi novio se abrazó a su cintura y acabó dentro de su cola. Ella con los ojos cerrados sonreía.

    Mi novio se quedó abrazado a ella por unos instantes y ella abrió los ojos para verme, yo la miraba y me tocaba. Ella me sonrió nuevamente y se mordió los labios.

    Samira se puso de espaldas al espejo nuevamente, hizo que mi novio se arrodillara y comenzará a chuparle la concha, él la chupaba y le metía los dedos mientras de la cola de Samira caía el semen de mi novio y se deslizaba por sus piernas.

    Él comenzó a lamer de las piernas de Samira su propia leche y una vez que terminó con todo bajo hasta los pies y los besaba sin parar.

    Samira se frotaba el clítoris y con los ojos cerrados le pidió a él que le metiera los dedos en la concha que ya estaba por acabar, él obedeció y ella tuvo un orgasmo increíble.

    Volvieron a besarse tiernamente y decidieron tomar una ducha.

    Lo que siguió se los cuento en un próximo relato.

    Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo y me dejen sus comentarios.

  • Estaba a punto de culear con otro y yo me la culeé

    Estaba a punto de culear con otro y yo me la culeé

    En mi vida he tenido muchas aventuras, especialmente cuando era más joven, pero de algo que no me enorgullezco es lo que viví o hice vivir a Allisha. Ella era mi vecina cuya casa quedaba exactamente frente a la nuestra. Tuve comunicación con ellas desde el primer momento, pues ellos rentaban la casa y el dueño con quien nos conocíamos me había contratado para que le diera servicio a la piscina y me encargara de mantener el jardín.

    Allí vivía la madre y sus dos hijas. La madre y la mayor de las hijas llevaban el mismo nombre y la señora Rossie intentaba mucho acercarse a mi madre y a mi hermana, pues creo que un principio intentaba evangelizarlas, pero ellas nunca le mostraron ningún interés, pues mi familia ha sido escéptica a las religiones a pesar de que mi madre siempre trabajó como consejera en escuelas cristianas. Con el tiempo y con más confianza, la señora Rossie se saciaba y le gustaba hablar de algunas vecinas, como también le encantaba ensalzar el carácter e inteligencia de sus dos hijas. Siempre ponía a sus dos hijas en un pedestal de beatas a pesar de que por su religión no creía en los llamados santos.

    Intuía que mi madre la evitaba, pero viviendo en frente de ellas era muy difícil escapárseles todo el tiempo. En lo particular Rossie hija, me caía bien, era más amigable y llevadera al punto que un día me decía que a su hermana menor yo le gustaba y, un día en forma de broma me dijo que, si yo tuviese unos años más, ella no dudaría en hacerle competencia a todas las chicas que de vez en cuando ella miraba entrar no por la puerta de enfrente, sino a todas esas que entraban por los costados como escondiéndose. La verdad que siempre creí que Allisha era muy engreída y que todo eso que hablaba su madre de ella debería ser una fantasía pues cuando llegó el tiempo para entrar a la universidad, ella no calificó para ello y asistía a un colegio comunitario el cual eventualmente le podría dar acceso a la universidad. Y con esto que les narro es para que tengan una idea mi relación con esta chica en ese tiempo y la verdad que sentía un desdén por ella a pesar de que en cierto tiempo se me acercó y creo me coqueteó, pero ya esa mala vibra se había creado.

    Como dije antes, yo era el encargado de dar mantenimiento a la piscina y debido a esto esta anécdota tomó lugar. Un domingo por la tarde fui a limpiar la piscina: barrí las paredes, le puse los químicos, pero al llegar a casa tenía la duda si había purgado el filtro. Ese día no quise atravesarme la calle de nuevo y me dije que iría a revisarlo el siguiente día. Lunes por la tarde después de la escuela me fui a la casa de ellas y cerciorarme que todo estaba funcionando bien. Tan pronto entré por portón escuché a un vehículo que también se estacionaba frente a esta casa, pero no le tomé importancia. Revisé que todo estaba bien y regresaba hacia mi casa cuando descubro la escena.

    La mayoría de las casas en esta zona tienen cercos naturales. Arbustos que crecen y entre ellos los populares cipreses. Esta casa en particular tiene los más grandes y la casa en sí no se mira por la elevación de estos. Cuando me acerco al portón pude ver a Allisha con el que imaginé era su novio. Se estaban comiendo a besos y no los quise interrumpir, pero ese portón era el único camino para salir de esa casa. Pasaron un par de minutos y la escena se ponía mas candente. De mi ángulo no podía ver en sí con claridad toda la escena pues su novio estaba de espaldas a mí, pero vi como Allisha se agachó como si le estuviera dando un oral al muchacho y solo veía que lo tomaba del trasero aun con los pantalones arriba. Creo que solo se había bajado el cierre y se la estaba mamando.

    En mi mente solo pasaban las palabras de la madre de Allisha y su utopía de los santas y correctas que eran sus hijas, pero también mi amiguito comenzó a reaccionar, pues se oía el ruido de la mamada y su novio gemía calladamente. Llegó el punto que este la tomó de la cintura y comenzó a bajarle los pantalones vaqueros y segundos después las bragas se deslizaban entre sus piernas. Creo que estaban apresurados y su novio se ponía el condón, pues una vez las bragas llegaron a su rodilla, le dio vuelta como para agarrarla por detrás y fue cuando la mala idea me vino. Pensé en lo mal que se sentiría Allisha que precisamente yo la encontrara follando, precisamente dos semanas después de su bautizo en la iglesia del cual su madre hacía alarde y que la acompañamos en un fiesta para mi aburrida, donde todo era cuestión de oraciones y ruegos.

    Abrí el portón y ellos sorprendidos han volteado a verme. Su novio se abrochó el pantalón y no sé lo que le dijo y salió directo a su vehículo, el cual arrancó y desapareció del lugar. Allisha se había subido las bragas, pero se tomó ms tiempo en subirse su pantalón pues le quedaba ceñido a su cuerpo. Ella sonrojada y con una voz nerviosa me cuestionó:

    – ¿Qué haces aquí?

    – Vine a revisar el filtro de la piscina.

    – Tony… esto queda entre tu y yo… no se puede enterar nadie.

    – ¿Es eso lo que quieres?

    – Puedes… ¿verdad?

    – Si… eso es fácil. Creo que mantener un secreto es fácil, así como bajarte las bragas a ti debe ser fácil.

    Ella me quedó mirando con cierto temor. Estaba sorprendida de lo que le decía. Y no sé si ella lo intuía, pues haciendo recuerdo la idea se la dije tan pronto se me cruzó por la cabeza. Y se lo dije:

    – Bájate el pantalón y las bragas de nuevo… quiero ver ese trasero y conchita que tu novio se iba follar.

    – ¡Que! ¡Estás loco!

    – La que va a quedar como loca eres tú, tan pronto tu familia se entere y quizás alguno de tus amigos.

    – No serías capas de atreverte.

    – Pruébame… te aseguro que, si me atrevo, así como tu te atreves a bajarte las bragas ante mí.

    – Si ya me viste… ¿qué más da verme otra vez?

    – Es que yo no solo te quiero ver… quiero terminar lo que tu novio dejó comenzado.

    – ¡Idiota… estás loco!

    – Bueno… lo que tu digas. ¡Hasta luego santa Allisha!

    Hubo un silencio profundo cuando daba mis primeros pasos hacia mi casa y luego escuché de nuevo su voz llamándome. Pensé que me haría alguna contraoferta o escucharía alguna amenaza, pero tenía esa mirada de resignada y cuando me le acerqué me dijo:

    – Está bien… pero prométeme que nadie sabrá de todo esto y solo será esta vez.

    – Nadie lo sabrá te lo prometo, pero quiero una segunda vez. Hoy no tengo mucho tiempo y tu mamá no tardara en llegar del trabajo.

    – Está bien… apúrate.

    Sabía que solo tenía de 30 a 35 minutos, pues su madre llegaba minutos después de las cinco de la tarde. Se bajó ante mí su pantalón jean de color negro y las bragas blancas de un estilo regular, pues no creo que ella tuviera tangas o cacheteros en su repertorio debido a lo beata que representaba. Esta vez le vi su panochita y tenía unos cuantos vellos, pues cuando los sorprendí solo le había visto las nalgas. Allisha era una chica de cuerpo atlético, piernas alargadas y de un trasero pequeño pero apetecible. Su rostro no era su fuerte, aunque debo decir que no era fea… creo que si hubiese usado maquillaje se miraría mucho más atractiva, pero ella no podía pecar de malicia y quizá lo más provocativa que usaba, eran esos pantalones tallados a su cuerpo y no sé si su madre sabía de ellos, pues ella se iba a la escuela después que su madre salía a trabajar y regresaba antes de ella. Al igual que su novio la puse dándome el trasero, pues ella se podría apoyar en un plantero de ladrillos y al igual que los sorprendí, Allisha solo se los había bajado hasta la rodilla. Yo no traía condones, pues nunca imaginé encontrarme con esto y ella me lo dijo:

    – ¡No quiero salir embarazada!

    – ¿Y entonces que quieres que haga?

    – Me la sacas cuando te vayas a correr…

    – ¿Por qué no mejor me das tu trasero?

    – No Tony… ¡ahí duele mucho!

    – Ah… ya te dieron por ahí verdad.

    Le metí la verga por la conchita y ella se había quejado del dolor. Allisha ya estaba mojada, su novio ya la tenía así de excitada y con saliva en mis dedos le comencé a abrir el ojete. Me quedé sin hacer movimiento con mi pelvis y comencé a chaquetearle la conchita y sobarle frenéticamente el clítoris. Ella se mantenía callada y solo se oía el golpeteo de mis dedos en su concha y de vez en cuando le sacaba y le volvía a sumir la verga. Creo que se corrió sin hacer mucho ruido, pero sentía esa vibración de su vagina y el flujo de jugos que bajaron en el momento. Seguía callada cuando se lo dije:

    – Me voy a correr en tu culo.

    – Tony por ahí no… duele mucho. Tienes una verga demasiado grande. Mejor te la mamo.

    – No… se la estabas mamando a tu novio… y quiero abrirte el culo de todas maneras.

    – Apúrate entonces… mi mamá vendrá en cualquier momento.

    Le había abierto el ojete con mis dedos, usé sus mismos jugos vaginales para lubricarlo y se la dejé ir. Al principio se quejó calladamente del dolor, pero luego ella me apuraba para que acabara lo más pronto posible. Mientras ella me hablaba le decía que me la quería coger para ese día que no iríamos a la escuela, pues estaríamos de vacaciones y tendríamos todo el día para coger. Ella seguía con la preocupación que su madre iba a llegar. Me concentré en ese culo, apreciar como mi verga entraba y salía y con los minutos le inundé el ano con una tremenda corrida. Ella se subió el calzón y pantalón sin limpiarse sus nalgas y salió corriendo al interior de su casa.

    Me fui con el olor de su conchita y el de su culo y al igual me fui a bañar a mi casa. Su madre llegó quince minutos después y la saludé desde lejos y recordaba todas esas palabras, los adjetivos que ella usaba para referirse a su hija como casi una santa. La dejé de ver por unos días, pero a las dos semanas había llegado el día festivo y fui a recordarle que teníamos una cita. Ella no se rehusó y solo me dijo: -Esta bien… mañana nos vemos.

    Quizá esto sea lo mas canalla que haya hecho en la vida y lo reconozco hasta estos momentos de mi vida que soy ya un viejo. En su momento fue para mi una excitante aventura y sé con toda seguridad que en esos encuentros posteriores con Allisha, ella los disfrutó al igual que yo pues a esa edad, estábamos en la cúspide sexual. Si deseas saber que ocurrió ese día y cómo ocurrió, házmelo saber.

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  • Y todo por un baño (IV)

    Y todo por un baño (IV)

    Me desperté por la sed, busque un bóxer para vestirme, Keyra seguía profundamente dormida, desnuda totalmente, solo medio cubierta con la sábana de la cama, me gusto verla dormida, con un pecho semidescubierto y la sábana apenas cubriendo sus partes íntimas.

    Tome su ropa y la metí en una caja escondida en el ropero, me dirigí a la cocina a preparar algo de comer. Ya eran las 9 am, preparaba unos huevos revueltos cuando ella salió del cuarto, todavía con expresión aturdida, seguro busco su ropa y no la encontró, porque salió descalza y apenas con una de mis camisas, que le quedaba grande, pero que no ocultaba que no llevaba nada por debajo.

    -Que hiciste mi ropa?

    -la deje por ahí

    -ya me voy, dámela

    -por qué la prisa?

    -porque la prisa?! Después de que me han violado no hay que explicar

    -mmm, ya veo, pero antes que nada, no quieres comer algo?

    Ella no quería decirlo pero la verdadera molestia que tenía, es que Daniela le hubiera hecho una jugada como la de anoche; además que estoy seguro que se moría por comer algo.

    -quieres comer antes? Es mejor que comas algo, necesitas recuperar la energía perdida anoche-

    No dijo nada, pero se acomodó el cabello y no me miraba a los ojos, pero se sentó en la mesa y para mí fue señal de que estaríamos bien.

    Puse frente a ella un plato servido y no tardó mucho en comenzar a comer, también un vaso con jugo y ella al final disfruto del desayuno servido.

    -Me engañaste- me dijo, después de tomar el ultimo sorbo de jugo.

    -Digamos que aquí todos han engañado a alguien.

    Le conté lo que Daniela me dijo y ella me dio su versión, en la cual todo comenzó con un reto que se lanzaron entre ambas para salir con ese chico, pero que ella hubiera ido más lejos y le ganara la partida, era la verdadera afrenta de la que se hacía victima Daniela… tanto así que, años después cuando Keyra empezó a salir con otro chico, uno con el que si sentía mucha afinidad, mi querida novia, le dijo que ella podía hacer que la engañara, Keyra me dijo que no le había hecho caso, que no quería jugar, no se lo creí del todo, luego dijo que al final Daniela, si comenzó a coquetearle y logro que fueran a un hotel, de donde ella la llamó para que llegara y cuando lo hizo la encontró con los pechos al aire, las piernas abiertas y el tipo chupándole la concha.

    -Así que les encanta retarse- le dije asombrado.

    -No te dijo que fue un reto que ella me hizo?

    -No de esa manera, ustedes tiene una amistad rara- dije al momento de estirarme un poco y sutilmente mostrarle que se estaba hinchando la verga dentro del bóxer.

    -pero mira que bien te ha ido con eso- me dijo, poniendo los ojos hacia mi entrepierna

    -es cierto, me gané una licencia completa

    -licencia completa?

    -si le seguía el juego, dijo que tendría libre para hacer lo que quisiera

    -Ahhh, pues… yo también gané

    -Aja?

    -lo mismo, derecho a todo

    Entonces corrí la silla hacia atrás abriendo las piernas y dándome un suave masaje sobre la entrepierna, ella lo entendió muy bien y se puso de pie, me dio chance de ver sus piernas bien formadas, de cómo la curva interna de sus piernas dejaba un pequeño hueco que se apreciaba a contraluz, de cómo se dibujaba la aureola de sus pezones en esa camisa vieja que andaba, de la postura de falsa inocencia que estaba haciendo, que la hacía ver más deseable, entonces vino a mí, se recogió el pelo y se sentó de cuclillas, sus manos fueron frotándome las piernas, luego metiéndose bajo mi bóxer alcanzando a rozarme las bolas… lo que hizo que me empalara, comenzó a jugar nuevamente con mi miembro, lo sacó y esbozo una sonrisa de oreja a oreja y comenzó a lamerlo, cruzábamos las miradas, me sonreía con esos labios carnosos y la mirada de lujuria que le gustaba ocultar…

    Ella movía la lengua con habilidad, la sentí por todo el miembro, luego se lo saco de la boca y me dio una lamida en las bolas, puso sus pechos entre mis piernas y su barbilla apoyándose en el glande.

    -Te gusta esto?

    -Me encanta

    Comenzó a mover sus pechos contra mi cuerpo y su barbilla contra mi vientre, me lamia y mordía y apretaba mi verga con sus pechos, volvió a posar sus labios encima del glande y fue metiéndoselo en la boca en pequeñas chupadas, luego se puso en pie, recuperando el aliento, su cara estaba empapada y tenía una mueca de placer increíble, me tomo de la mano y la seguí viendo sus nalgas hacer un movimiento cadencioso y provocador, pasamos por la sala y ahí la jalé hacia mí, le agarre las nalgas con fuerza y ella solo me sonrió, la fui llevando al sofá y me senté, haciendo que ella se acomodara sobre mí, en la sala tenía un amplio ventanal por lo que estaba muy bien iluminado a esa hora, podía ver apreciar como sus pezones estaban bien erectos bajo la camisa, comenzó a mover las nalgas sobre mi verga, subí su camisa hasta la cintura, dejando sus nalgas al aire, iluminadas por la luz que entraba por la ventana, nos besamos, mordí un pecho y ella se levantó la camisa por sobre la cabeza, para que disfrutara a plena luz de tenerlos a disposición de mi boca, chupe alternadamente los pezones y ella movía las caderas acomodando mi verga para que se rozara directamente con su pubis, me tenía a mil, de pronto me recostó más en el sofá y se dio vuelta para exponerme sus nalgas, no había notado antes, que dos lunares sobre una nalga, le pellizque la piel y ella dio un pequeño grito, pero le gusto que le notara los lunares, sus nalgas eran dos bellas formas bronceadas, sabrosas y suaves, le fui abriendo entre las nalgas y ella se acomodó, mi verga fue buscando su camino y ella me ayudaba.

    Escuche la puerta abrirse y vi entrar a Daniela, ella se quedó muda al vernos… yo tenía a Keyra montada sobre mí, dándome la espalda, la tenía empalada y ella apoyaba sus manos sobre mis piernas y yo agarrándole los pechos desnudos. Daniela soltó las cosas que traía, se quedó muda sin decir nada.

    -hola amiga, aquí estamos, estoy cobrando lo que apostamos- le dijo entre jadeos Keyra

    -yo cumplí con lo que querías, ahora estoy cobrando mi derecho- le dije.

    Siguió sin decir nada, pero ahora con la cara roja de furia, yo me mantuve moviéndome dentro de Keyra, hasta que estalle y ella se arqueo hacia atrás, se estremeció y se levantó, le temblaban las piernas y se quedó apoyada en cuatro sobre la alfombra, aun recuperaba el aliento cuando le dije que me la chupara otra vez. En eso escuche un portazo y era que Daniela se había ido sin decir nada. Keyla quiso parar e irse, pero no la deje, le dije que me la chupara nuevamente y después yo le daría atención a ella, no se decidía y comencé a jalármela descaradamente, al final ella se vino a gatas hacia mí y comenzó a chupármela hasta que me corrí una vez más y ella lo dejo todo limpio con su boca, estaba nuevamente agotada, sudada y cubierta de semen en su cara y cuerpo, la ayude a levantarse y me la llevé a la tina del baño, use las sales que ya habían probado ser efectivas, estuvimos como una hora así, yo acariciando su cuerpo, metiendo mano por donde podía y acariciando sus pechos, después de una breve ducha la lleve nuevamente a la cama y se recostó. Al subirme encima de la cama me dirigí directo a sus piernas, comencé a besárselas y masajearla… metí la lengua entre sus piernas, comencé a pasarle la lengua por todo adentro, ella gimió, sin que se diera cuenta saque un juguete… ella se asustó cuando empezó a sentir como le succionaba y vibraba el clítoris, ese juguete era de Daniela, lo tenía desde hace tiempo en mi cuarto, mientras se lo pasaba por ahí, ella apretaba las piernas y me dirigí a sus pechos a seguirlos chupando, paso como una hora en la que ella nuevamente tuvo orgasmos y se corrió…

    Se tuvo que bañar nuevamente y tomar un buen jugo azucarado, porque le temblaban las piernas al terminar de vestirse, se acomodó en el sofá de la sala sin saber que decir, no éramos novios, ella era amiga de mi novia, la vi ser cogida por otro, al tiempo que también se cogieron a mi novia, pero ella creo que no se dio cuenta de eso, aparte de que mi novia la había masturbado, chupado sus pechos y compartido una corridas de semen de boca a boca, ahora parecía que caía en cuenta de todo lo pasado; salió corriendo después de pedir un UBER, porque ya eran las 5 de la tarde del día siguiente y no sabía cómo explicar en su casa que no volvió en la mañana como había dicho.

    Daniela no me hablo en una semana, después de la cual tuvimos nuestra reconciliación, fimos de fin de semana a la playa, al gusto de ella, al final aceptó que aprovecho a cogerse al Pato, pero este era tan simplón que se sintió usado para vengarse de Keyra, por lo que apenas pudo tener una cogida decente, incluso después de que nos vio en la sala lo fue a buscar, pero tampoco llego a gozarlo igual, al menos eso me dijo, así como lo hacía conmigo; y fue una decepción, además que le dio coraje que yo si hubiera cogido tan a gusto con Keyra y que está en vez de sentirse avergonzada lo disfrutara tanto o más que yo.

    A Keyra la volví a ver hasta como dos meses después… para una fiesta en la cual Daniela, siempre inventado, nos envolvió en otra locura.

  • Desde mi ventana

    Desde mi ventana

    Hoy, como todas las mañanas, mi mujer se fue a trabajar y yo me quedé en casa, teletrabajando. Como todos los días, ducha, café y delante del ordenador en albornoz, a veces ni siquiera me visto, hoy es uno de esos días en los que no me molesto ni en ponerme calzoncillos.

    Por supuesto a media mañana decido hacer un descansito, es decir, me pongo a ver porno… no sé qué ver, creo que ya he visto todos los tipos de porno que existen. Me debato entre poner un video al azar o rebuscar en el cesto de la ropa unas bragas de mi mujer para llevármelas a la nariz y disfrutar del olor de su coño mientras me hago una paja.

    La idea de las bragas empieza a parecerme buena, la perspectiva de correrme en las braguitas sucias de mi mujer hace que empiece a ponérseme dura. Voy a por ellas al cuarto de baño.

    Escojo las que llevaba puestas ayer, domingo. Por la mañana salimos a pasear y luego pasamos el día en casa, haciendo lo típico de un domingo, pero hizo calor y no se duchó después del paseo. Huelen mucho a coño. A estas alturas tengo la polla durísima, el albornoz medio abierto la ha dejado escapar y está apuntando al cielo. Vuelvo a despacho para seguir viendo algo de porno mientras me la casco, y entonces me doy cuenta de la ventana.

    Vivo en una zona de playa, en un edificio que está dividido en dos partes, la mitad para alquileres vacacionales, la otra mitad para alquileres de larga duración (mi caso) y hay una señora que se dedica a limpiar las zonas comunes y los pisos de vacaciones. Es una mujer de 40-45 años, delgada, ojos claros y pelo lacio, rubio quemado por el sol creo que es del este, rumana quizá. Sinceramente nunca he cruzado con ella más de dos palabras, siempre va muy desaliñada con una bata corta de limpieza por encima de un chándal o algo así.

    A través de mi ventana veo el otro bloque, hay un patio que los separa, pero la visión es clara. Hace mucho calor y tengo la ventana un poco abierta para que ventile. Ella está justo en el piso de enfrente, se ve que está sudorosa y veo como se queda de pie, parada, se aparta el pelo de la cara, se hace una coleta y empieza a bajarse los pantalones, debe tener mucho calor y querrá quedarse solo con la bata.

    Está de espaldas a la ventana y veo como se inclina con los pantalones medio bajados para quitarse los zapatos. La bata es corta y al agacharse me presenta su culo en primer plano, apenas cubierto por unas bragas viejas, desgastadas, que en algún momento quizá fueron blancas. Tiene más culo del que pensaba, o quizá las bragas le quedan un poco pequeñas, porque se le clavan en la piel. Mi polla responde, me recuerda que está ahí, dura.

    Me llevo las bragas de mi mujer a la nariz. ¿Olerá el coño de la limpiadora igual? seguro que no se ha duchado hoy, seguro que sus bragas huelen a sudor y coño. Me la empiezo a menear, la tengo durísima y en un segundo han empezado a surgir gotitas de líquido preseminal. Me estoy masturbando frente a la ventana con las bragas de mi mujer en mi nariz.

    En el piso de enfrente la limpiadora se ha quitado ya los pantalones y ha vuelto a calzarse, parece que se ha acabado el espectáculo, así que vuelvo al ordenador y busco porno de cámaras ocultas sin dejar de echar un vistazo de vez en cuando por la ventana.

    Me masturbo lentamente, con esperanza de pase algo más, dos minutos después pasa… Veo como se afloja bata y se la quita, ya son las doce de la mañana y verdaderamente hace calor. Me acerco de nuevo a la ventana, polla en mano, y empiezo a pajearme con ritmo, la muy guarra no lleva sujetador. Ha dejado la bata encima de la cama y está limpiando en bragas veo como se agacha fregando el suelo. Sus tetas son pequeñas, pero se mueven ligeramente con el vaivén de la fregona. Empiezo a notar que voy a correrme y busco las bragas de mi mujer, voy a dejarlas llenitas de corrida. Ella sigue fregando, ahora de espaldas a mí, inclinada, las piernas un poco abiertas, alcanzo a ver unos pelitos que escapan al control de esas bragas viejas y sudadas, un reguero de humedad y sudor las recorre de arriba a abajo y hace que se adivinen los labios de su coño. Con un movimiento descuidado mete el dedo bajo la goma de las bragas para aflojarlas… No puedo más, me corro gimo sin poder evitarlo y bajo la mirada.

    Chorros espesos de semen salen disparados desde mi polla, manchando las bragas de mi mujer y cayendo al suelo, la corrida es bestial. Mis jadeos se calman mientras me aprieto la polla para dejar caer las últimas gotas. Levanto la vista para despedirme de esas bragas viejas y ese coño sudado, de esas tetitas de pezones puntiagudos y me encuentro directamente con sus ojos mirándome. He hecho demasiado ruido… noto su mirada y mi polla empieza a ponerse dura otra vez.

    Ella recoge su bata, se la pone sin dejar de mirarme y se da la vuelta, cuando sele del piso de enfrente atravesando el patio no me mira. Aquí no ha pasado nada.

  • La otra chica de Mauro (Parte 1)

    La otra chica de Mauro (Parte 1)

    Conocí a Mauro en mi primer día en la universidad. Como foránea que era, me había instalado en una casa de estudiantes cerca de la facultad y a pesar de que les dije a mis padres que todos mis roomies eran señoritas, la verdad es que también había chicos, dos para ser exacta: Mauro y Javier.

    Sería una mentirosa total si negara que desde el primer día sentí atracción por Mauro y, no es que fuera guapo, es que era jodidamente sexy, todo su cuerpo emitía un aire de masculinidad difícil de explicar. Era alto sin llegar a sobresalir por ello, su cuerpo definido y ligeramente musculoso estaba bronceado por el sol y las incontables horas que pasaba realizando actividades al aire libre. Su cabello negro le llegaba un poco mas abajo de los hombros, pero siempre lo traía sujeto en una holgada coleta y su incipiente barba resaltaba aún mas sus rosados y carnosos labios. Creo que esa era mi parte favorita de él, sus labios, en especial desde aquel viaje de prácticas donde jugando a la botella alrededor de la fogata me besó por primera vez. Ya anteriormente nos habíamos coqueteado un poco, lo normal, vivíamos juntos y aunque estudiábamos diferentes carreras, al ser similares algunas clases eran compartidas, por lo tanto pasábamos bastante tiempo juntos y al parecer él disfrutaba haciéndome sonrojar al ponernos en situaciones incomodas (no es que no disfrutara de la vistas que me regalaba cada que salía de ducharse y se paseaba por la casa en ropa interior, solo que en aquel entonces yo era muy tímida y no hablaba con casi nadie, así que verlo en ese estado siempre me producía un cierto bochorno).

    Pero a partir de ese beso todo cambio entre nosotros. No salíamos ni nada por el estilo, de hecho, él era novio de una chica de su carrera que vivía a unas cuadras en otra casa de estudiantes y que ocasionalmente lo visitaba. Pero empezamos a besarnos cada que se presentaba la oportunidad, cuando nos cruzábamos en la cocina, en la sala y a veces en el pasillo, no pasábamos de eso y un poco de manoseo debido a que compartíamos la casa con cuatro personas más y a que casi todo su tiempo libre lo dedicaba a su novia y yo a mi servicio como voluntaria en la cafetería de la uní. Hasta que un viernes, el destino conspiro en nuestro favor pues de algún modo, nos habíamos quedado solos, él sin planes de salir, y yo sin poder visitar a mis padres en el pueblo como cada fin de semana.

    Decidimos cenar juntos viendo una serie que habíamos comenzado a ver con otra compañera poco tiempo atrás y que nos había dejado bastante intrigados, todo marchaba tranquilo cuando de pronto me gire a comentarle algo sobre la serie y lo descubrí mirando fijamente mi busto. No era la primera vez que lo hacía y de hecho en algunas otras ocasiones incluso las había apretado un poco, pero en ese momento, denotaba un ansia que no le había visto antes y en cuanto nuestras miradas se cruzaron, él sin decir nada, se inclinó a través de la mesa y con su mano derecha sujetó con firmeza el cabello de mi nuca y atrajo mi rostro a él para besarme con rudeza. Al principio me desconcertó un poco pues solía ser un poco mas delicado y su actitud me tomó por sorpresa, pero a medida que su lengua se enroscaba con la mía y el beso se fue profundizando yo comencé a relajarme y hasta a disfrutar de esa nueva faceta que él me mostraba de sí mismo.

    Se levantó y con cierta brusquedad hizo que me levantara y sin soltar mi pelo, me llevó hasta el sillón que estaba al otro extremo de la habitación. Se sentó en él y de un tirón me sentó en su regazo con las piernas abiertas, yo notaba como su miembro crecía y se endurecía bajo mi peso mientras volvía a besarme y ahora con ambas manos apretaba mis nalgas hasta ser doloroso lo que provocó que un ligero quejido saliera de mi boca pero Mauro, en lugar de parar siguió apretando con su mano izquierda mientras la derecha hurgaba con fuerza en mi sostén bajo mi camiseta y apretaba mi pecho mientras me besaba el cuello y me decía lo rica que me veía y las ganas que tenia de hacérmelo hasta hacerme gritar como la puta zorrita que sabía que era.

    En este punto, yo ya estaba muy mojada y era extraño pues a pesar de que me lastimaba con su rudeza, la verdad era que me estaba gustando mucho que me tratara de esa forma y me hablara así. De modo que, sin casi darme cuenta, movía mis caderas al frente y atrás restregándome mas contra el ya bastante notorio bulto de su pantalón. Al ver esto, él me preguntó si me gustaba que me dijera que era una puta, pero yo no pude responder pues al tiempo que lo decía me tiraba del pelo para hacerme bajar de encima y arrodillarme delante de él.

    Y bueno, hasta aquí dejó la primera parte que es creo más para poner en contexto con los personajes, si quieres saber que pasó a continuación por favor házmelo saber, ten en cuenta que es mi primer relato y mi primera vez escribiendo en realidad.

  • Historia de una sumisa (Parte 1)

    Historia de una sumisa (Parte 1)

    Recuerdo muy bien el día que le conocí.  Mi novio y yo nos dirigíamos a nuestra enésima fiesta de la empresa, aunque la palabra fiesta se le quedaba muy grande. No eran más que reuniones sociales donde todo el mundo estaba encantado de conocerse a sí misma a la vez que intentaban demostrar a todos los demás que seguían molando tanto o más que el año pasado.

    Una auténtica tortura para la que me había preparado durante unas largas cuatro horas.

    Fiel a mi costumbre adquirida a lo largo de los años, no tardé mucho en separarme de mi novio, de sentarme en la barra y hacer lo único que lograba hacer soportable el paso del tiempo en aquel lugar. Sí, me refiero a beber una copa detrás de otra.

    -¿Tienes a alguien que te lleve? Porque el ritmo que llevas es para pensar seriamente en ello.

    -He venido con mi marido, por si le interesa.

    No sabría decir exactamente porque mentí.

    -Si yo fuera él, no habría manera de que te separaras de mi lado.

    Pidió una copa y se alejó sin hacer más comentarios. Yo me quedé mirando cual quinceañera embobada como se movía de grupo en grupo.

    No sabía quién era ni tampoco me importaba mucho.

    -Pierde su tiempo.

    -¿Disculpe?

    -Al caballero le interesan solo una clase muy específica de mujeres. Puede creerme si le digo que no es su tipo.

    No pude preguntarle qué clase de mujeres le gustaban porque no tardaron en llegar nuevos clientes y el hombre que había despertado mi interés salía de mi espacio visual.

    No sabía el porqué, pero ejercía en mí una atracción difícil de explicar.

    -Es un vicio asqueroso.

    -He intentado dejarlo muchas veces, pero siempre terminó volviendo a él. ¿Quieres uno?

    -No, gracias. Viendo lo que cuesta dejarlo, es mejor no empezar con ello.

    -Supongo que tienes razón. ¿Quieres hacer algo divertido?

    Se me paró el corazón por un instante. ¿A qué demonios se refería con algo divertido?

    -Hay una piscina por aquí cerca.

    -No he traído traje de baño.

    -Yo tampoco. ¿Vienes?

    Me ofreció su mano y la agarré. Pensándolo bien, debía estar loca por dejarme llevar, pero simplemente lo hice.

    La piscina estaba alejada de la sala principal y me sentía como una chiquilla traviesa.

    Él, ni corto ni perezoso, comenzó a quitarse la ropa hasta quedarse completamente desnudo y se lanzó al agua.

    Si os soy sincera, tuve que cerrar los ojos en el proceso, y no los abrí hasta que no escuché el ruido del agua al saltar.

    -Vamos, está estupenda.

    -¿Qué tenemos? ¿Quince años? ¿Y si nos pillan?

    -¿En serio te preocupa eso?

    -Sí.

    -Quítate la ropa y tírate de una vez.

    -¿Sólo me has traído aquí para verme desnuda?

    -Tírate vestida si lo prefieres.

    Él comenzó a nadar mientras yo le observaba y miraba a mi alrededor.

    Me quité los zapatos.

    -Oye, no me mires.

    -No puedes culparme, eres lo más interesante que hay por aquí.

    -No voy a desnudarme – aseguré.

    -Tú te lo pierdes.

    Siguió nadando como si nada y yo volví a mirar a la sala.

    Respiré hondo.

    El único hombre que me había visto desnuda era mi novio de toda la vida y nunca había estado con nadie más. Y le amaba más que a nada.

    ¿Y ahora que estaba a punto de hacer?

    Me llevé las manos a la cremallera del vestido y comenzó a bajarla muy despacio.

    Es difícil explicar las sensaciones que me dominaban en ese momento.

    ¿Estaba caliente y excitada? Sin duda

    ¿Temerosa? También

    ¿Loca? Es posible.

    Me terminé quedando en ropa interior cuando noté sus ojos clavados en mí.

    Me tapé por la vergüenza que estaba sintiendo.

    -Ya te dije que no me voy a desnudar.

    -A mí me vale.

    -No seas guarro. No sé ni porqué estoy haciendo esto.

    -Claro que lo sabes.

    ¿Lo sabía? No estaba segura. Él me seguía mirando y yo bueno, decidí ir hasta el final…

    -Date la vuelta, por favor.

    -Chiquilla.

    Ciertamente me estaba comportando como una. Mis manos no paraban de temblar cuando las lleve al cierre del sujetador para desabrocharlo.

    Porque fui la que cedí.

    Una a una me fui quitando bajo su atenta mirada las escasas prendas que aún cubrían mi cuerpo.

    -¿Te gusta más así?

    Él no dijo nada. Salió de la piscina y vino hacía mí. Estaba duro y erecto para entonces.

    Nunca había visto en vivo una polla tan grande.

    Parecía uno de esos consoladores extra grandes que se exponen en los sex shop y que una se pregunta como alguien se puede meter eso por alguna parte la primera vez que lo ves.

    Pero lo realmente increíble es que estaba pegada a un cuerpo que se acercaba cada vez más a mí.

    Inconscientemente abrí mis piernas y… joder.

    Mi novio nunca me había follado como él lo hizo esa noche.

    Recuerdo como me penetró, recuerdo su fuerza y su falta de miramientos.

    Recuerdo como me hizo sentir una cosa que era utilizada para satisfacer sus necesidades más primarias.

    ¿Una muñeca hinchable? ¿Una vagina en lata?

    Un simple agujero que se estaba muriendo de placer.

    Recuerdo el mordisco que me dio en el pecho justo cuando me corría.

    Cuando acabó, comenzó a vestirse y se marchó dejándome muy confundida.

    Me había corrido, sí.

    Me había corrido como nunca a pesar de que me habían tratado peor que nunca.

    Y me había dejado con ganas de más, de mucho más.

    Lleve mi mano a mi entrepierna simplemente para notar como estaba empapada de mis propios jugos y su semen.

    Y comencé a tocarme. Primero suavemente, luego a fondo.

    Nunca antes me había masturbado después de tener sexo y nunca antes me había chupado los dedos al terminar de correrme por simple y puro vicio.

    Tras acabar, me vestí como buenamente pude y volví de nuevo a la fiesta. Necesitaba una copa.

    -No debió haberle seguido.

    No hice caso al comentario y empecé a buscar a mi novio de forma desesperada. Necesitaba salir de allí y volver a mi casa.

    Necesitaba una ducha.

    Y un polvo.

    Uno suave, dulce y cariñoso.

    Uno que apaciguara a la loba hambrienta de sexo que había dentro de mí.

    Mi novio siempre fue un cielo. En cuanto me vio, salimos juntos sin hacer preguntas

    Un cielo, sí. Un tonto, no.

    Ya en el coche me resultaba imposible aguantar su mirada.

    Yo no me di cuenta, pero apestaba a sexo y estaba hecha un desastre.

    Me pregunté porqué demonios no me había dado un chapuzón en la piscina para quitarme al menos el olor.

    Al menos eso.

    -Entonces, ¿Qué tal tu noche?

    -Ha sido un error que no volverá a pasar.

    -Acostarse con otro hombre no es un error, es acostarse con otro hombre, Mar. Y por como apestas, debe haberte encantado.

    Esa parte no la pude negar.

    -¿Con quién ha sido?

    -No lo sé. No lo había visto antes, no le conozco de nada. Y no creo que nos volvamos a ver nunca.

    -¿Y cómo ha sido?

    Yo le miré sorprendida.

    -¿Qué tal folla? – repitió

    -¿De verdad me estás preguntando esto?

    -Sí.

    -Es una puta bestia. La tiene así de grande. Y entraba y salía, y volvía a entrar y…

    -Basta.

    -Mientras gemía como una puta loca.

    -He dicho que basta.

    -Y me ha mordido. Tengo sus putos dientes marcados en mi pecho.

    -A mi nunca me has pedido que te muerda.

    -Ni a él tampoco, simplemente lo ha hecho y ya.

    El coche se sumió en un silencio muy espeso.

    -Creo que deberíamos darnos un tiempo, Mar. Nos vendría bien a los dos.

    -No me puedo creer que me estés diciendo esto.

    -Ni yo que te hayas tirado a…

    En cuanto llegué a casa, comencé a hacer el equipaje. Todas mis cosas me cupieron en un par de maletas y me fui de la casa para no volver.

    No sabía a quién estaba buscando, pero sí que sabía por dónde empezar a buscarlo.

    -No es un buen hombre, ya se lo he dicho.

    -Debo encontrarle, por favor. Puedo pagarle.

    El camarero me miró un momento antes de abrir la boca.

    -Venga conmigo.

    Le seguí hasta el baño de los hombres. Cuando él notó que yo era reticente a entrar, me dijo algo que se me quedó grabado para siempre.

    -Si de verdad quieres estar con él harás cosas mucho más asquerosas que esta.

    No era como si tuviera mucha más elección. Estaba decidida a ir con él y si este era el precio a pagar, que así fuera. Así que entré en el baño con él. Me indicó que me pusiera de rodillas mientras él se sacaba la polla.

    No es que hiciera ascos a comerme una polla, pero lo que me pusieron delante de la cara no lo había visto nunca.

    Con mi novio estaba acostumbrada a hacerle las mamadas después del baño, una vez limpio.

    La polla que tenía delante apestaba a sudor de todo el día y a orina.

    Abrir la boca ya me costó un trabajo enorme. Pero lo hice y me la metí entera.

    Comencé a chupar y lamer el enorme trozo de carne que tenía dentro mientras el camarero me trataba como una puta.

    No recordaba ningún otro momento en que me hubiera degradado tanto.

    Se corrió en mi boca y cuando iba a escupirlo fiel a mi costumbre, me regañaron.

    -Las de tu clase se lo tragan.

    ¿Las de mi clase? ¿Y qué clase era esa? Pero terminé obedeciendo, y por primera vez en mi vida, me tragué el semen de un hombre.

    Mi recompensa fue una dirección y un billete arrugado como pago por el servicio.

    -Ya se acostumbrara – me soltó cuando vio mi cara al mirar el billete.

    ¿Me iba a convertir en eso? ¿En la puta de un chulo?

    Salí dudando y a punto estuve de echarme a llorar una vez dentro del coche.

    ¿Qué mierda estaba haciendo?

    ¿Qué mierda acababa de hacer?

    Pero lo que realmente me comía por dentro es que no tenía ni puta idea de lo que iba a hacer a partir de ahora.

    Cogí la dirección y la metí en el GPS.

    En mitad de la noche, me dirigía a un pueblo que no conocía

    Allí me planté, a las tantas de la madrugada, enfrente de una casa muy grande y toqué el timbre.

    Salió a recibirme una chica bastante joven.

    -Buenas, ¿Es la casa de…?

    A buenas horas me acordé que no sabía ni su nombre.

    -Sí, es aquí. Joaquín me ha dicho que vendrías y no se equivoca en estás cosas.

    Me abrió la puerta de la verja y yo suspiré antes de atraversala.

    -Me llamó Esmeralda, por cierto, aunque solo me llamarás ama.

    -Perdona, pero yo…

    -Estar aquí ya implica que nos perteneces, pero nadie te va a obligar a quedarte.

    -Yo no tengo donde ir.

    -¿En serio? ¿Una mujer tan guapa como tú no tiene un sitio donde quedarse? Entonces, hum, supongo que debo aprovecharme de la situación. Desnúdate.

    Miré a mi alrededor y luego posé mi vista en la descarada pelirroja que tenía delante que sonría con toda la suficiencia del mundo.

    Y comencé a quitarme la ropa hasta quedarme totalmente desnuda.

    -Sígueme

    Seguí a mi ama hasta el patio trasero de la casa, más concretamente, hasta la perrera. Allí me indicaron una jaula y…

    -¿No pensarás de verdad que…?

    Mi ama me colocó su dedo índice en los labios obligándome a callar.

    -Eres mía. Sé que has venido aquí por él y su enorme polla como la mujer hetero que eres, pero las cosas salen como salen. Sí, pasarás la noche aquí y aquí te quedarás hasta que venga recogerte para sacarte de paseo y para que hagas tus necesidades. Y ahora arrodíllate.

    Yo no obedecí. No estaba por la labor de obedecer a una cría y… mi ama me castigó.

    Nunca en mi vida podré olvidar el primer azote que recibí de ella. Lo hizo con una fusta, en mi vientre, pillándome totalmente desprevenida.

    -De rodillas.

    Y me arrodillé en lugar de salir corriendo.

    -Abre la boca.

    Yo obedecí sin saber que me esperaba cuando de repente un escupitajo cayó en el interior de mi boca.

    Estaba tan asqueada que fue mi ama quien me tuvo que cerrar la boca.

    -¿Cómo se dice?

    Nada, no dije nada. ¿Qué clase de mujer dice algo cuando la escupen?

    -Se dice gracias.

    Me volvió a azotar en el vientre de nuevo.

    ¿Pero qué estaba haciendo yo allí? ¿Por qué debía aguantar esto? ¿Qué me estaba pasando?

    -Mírame. He dicho que me mires.

    Y la mire.

    -Verás, sé lo que estás pensando. Sé lo que se te está pasando ahora mismo por la cabeza. Pero no lo vas a hacer. No vas a salir corriendo a ninguna parte. Y ahora bésame los pies.

    -Quiero irme a casa – mencioné en un susurró.

    -Ya estás en tu casa. Y ahora obedece.

    No sé por qué obedecí, pero maldita sea, lo hice mientras ella se reía.

  • Una fantasía hecha realidad

    Una fantasía hecha realidad

    Relato inspirado en la fantasía de una lectora. Espero que le guste.

    Paula estaba de los nervios. Cargada con su mochila en el aeropuerto de Barcelona no paraba de llamar a su novio Fran para obtener cada vez el mismo resultado: apagado o fuera de cobertura. En media hora se cerraba el embarque del avión a Mallorca y él sin dar señales de vida. Finalmente decidió facturar la maleta y pasar el control de seguridad. Quizás se había quedado sin batería y la estaba esperando en la puerta de embarque. Vaya comienzo para su regalo de cumpleaños. El fin de semana romántico en Mallorca empezaba con incertidumbres. Le había sorprendido el regalo que le hacía su novio, un fin de semana en casa de sus amigos mallorquines (alojamiento gratis, no estaba la economía para permitirse grandes lujos) pero le hacía mucha ilusión. Podrían pasear por la isla, salir de marcha con los amigos y follar tranquilamente. En Barcelona también lo hacían, follar, pero siempre era en casa de sus padres o de los de él, polvos semiclandestinos, consentidos por unos padres liberales aunque existía una regla tácita de camuflarlos como recatadas visitas para ver juntos una serie u oír música en la habitación. A sus 19 años, Paula consideraba que ya era lo suficientemente adulta como para poder follar cuando le viniera en gana y sin disimular y eso realmente es lo que más ilusión le hacía ese fin de semana.

    Ya facturada la maleta y pasado el control de seguridad, de camino a la puerta de embarque, le sonó el móvil. El novio finalmente daba señales de vida: malas noticias, le acababan de hacer un test y había dado positivo en covid, no podía viajar y tenía que aislarse. El novio le dijo que fuera igualmente a Mallorca, que sus amigos mallorquines la esperaban y cuidarían de ella. De todas formas con él no podrían verse hasta pasada una semana. Paula estaba a punto de ponerse a llorar, su finde romántico acababa de irse al traste. Ya llegaba a la puerta de embarque y se estaba planteando anular el viaje cuando se sorprendió al ver en la cola a Félix. Félix era el socio de su padre desde que Paula era una niña. Para ella era como un tío, el tío Félix le llamaba de niña, aunque desde la adolescencia decidió tutearle. El cambio se debió a que había dejado de verlo como a un segundo padre, menos severo y más divertido que el oficial. Lo encontraba tremendamente atractivo. Era de aquellos hombres que con la edad mejoraban. A sus casi 50 años se conservaba en excelente estado físico y sus canas incluso le añadían atractivo. Entre las fantasías eróticas de Paula, Félix había ocupado un lugar destacado desde que las hormonas habían empezado a transformar su cuerpo y su mente.

    – ¡Félix! ¡Qué casualidad, tú por aquí!

    – ¡Paula! Pues sí que es una sorpresa. ¿También vas a Mallorca? – respondió Félix mientras se besaban las mejillas

    – Pues sí, era el regalo de cumple de Fran, pero me acaba de llamar y no puede venir, ha dado positivo en covid. No sé qué hacer, iba a preguntar si puedo anular el viaje.

    – Vaya día, a mí me ocurre algo parecido. El lunes tengo una reunión de trabajo en Palma y había quedado con Montse que pasaríamos juntos el finde en aquel hotel de la costa norte donde estuvimos las dos familias hace un montón de años, no sé si te acuerdas…

    – Siiii! Recuerdo la piscina y lo bien que nos lo pasamos.

    – Bueno, ahora ya no es un hotel familiar, lo han arreglado y es un hotel de cinco estrellas solo para adultos, una pequeña joya… .pero al final Montse tampoco ha podido venir, ha tenido que irse a cuidar a su madre que se rompió la cadera. Oye, por qué no te vienes y pasamos el día juntos…

    – Emmm, bueno, vale. El plan con Fran era pasar el día de paseo por la isla y quedar con sus amigos por la tarde, o sea que tengo el día libre. Me encantará ver de nuevo el hotel.

    De repente el panorama del fin de semana volvía a dar un vuelco. Paula se había sobresaltado al ver a Félix, al recordar lo ocurrido el fin de semana anterior. Su madre se había empeñado en organizar una fiesta de cumpleaños familiar para Paula, en la que como era habitual en estos casos, Felix, su mujer Montse y su hija estaban invitados. La fiesta se había prolongado hasta la noche y los jóvenes se habían puesto a bailar. Paula, con unas cuantas copas de cava de más, se dio cuenta de que Félix, cómodamente sentado en un sillón, la contemplaba. Y notó que ya no la miraba como a la niña risueña y alegre que había sido en su infancia. Adivinó un cierto brillo de lujuria en la mirada del atractivo maduro. Y eso la incitó a provocarlo. Sus meneos pasaron a ser sensuales y provocativos, tal como le gustaba bailar ante su novio cuando “oían música” solos en su habitación. En esas ocasiones el baile acababa en striptease para gran alegría de su novio, exhibiendo su precioso cuerpo, delgado pero voluptuoso y aunque en la fiesta conservó su ropa, los gestos y meneos de Paula resultaron igual de sugestivos para Félix. Ahora se avergonzaba al recordar el descaro con el que le había provocado, aunque nadie más en la fiesta se percatara. Y sin embargo, desde ese día había vuelto a sus fantasías de la adolescencia, en las que se imaginaba follando con él. Intentó alejar de su cabeza esas imágenes indecentes que no encajaban en absoluto con la imagen que todos tenían de ella, una encantadora chica, buena estudiante, algo ingenua y que no había roto nunca un plato. Félix por su parte, estuvo encantado de que Paula aceptara pasar el día con él. Siempre sería más entretenido pasarlo con ella que solo y aburrido en el paraíso. También recordó el baile de Paula el día de su cumpleaños. Tenía sobrada experiencia para darse cuenta de cuando una mujer está en celo y se le insinúa. El conflicto moral era evidente. Cómo iba a tener una relación con la hija de su socio, treinta años más joven que él. Y sin embargo, se decía a sí mismo, ella ya es mayor de edad y libre de hacer lo que le venga en gana.

    Ya en el aeropuerto de Palma, Félix recogió el coche que había alquilado y los dos fueron al hotelito de la costa norte. Después de enfilar en la sinuosa carretera que discurre por las montañas de la sierra de Tramuntana, llegaron al hotelito perdido entre los acantilados. Los recibieron con una copa de champagne en la terraza del hotel junto a la piscina, con vistas a la costa. Las vistas eran preciosas, un sin fin de calas y acantilados al borde del mar, sin apenas edificaciones, nada que ver con la idea preconcebida de la Mallorca turística saturada de hoteles. A pesar de que estaban a mediados de febrero, el sol lucía radiante y apenas soplaba una ligera brisa. El mar estaba sorprendentemente calmado y transparente. Brindaron de nuevo por el cumple de Paula y por el fin de semana. Ella estaba encantada con aquella situación, era como hacer real una de sus fantasías. Se sentía como la joven amante del apuesto maduro que la acompañaba. De hecho, el personal del hotel los trataba como a una pareja. No parecían extrañados por la diferencia de edad, ya que era habitual en el hotel este tipo de parejas. Hablando de sus ilusiones y sus proyectos se hizo la hora de comida, que Félix pidió que les sirvieran en la misma terraza. Le encantaba cómo la miraba Félix. Se sentía desnudada por su mirada intensa, se notaba deseada y eso hacía que su excitación fuera en aumento. Hacía rato que su vientre vibraba de deseo y que notaba mojada su vagina. La atracción que Paula ejercía sobre Félix era del mismo calibre. No podía dejar de admirar la belleza de aquella criatura, frágil y sensual, sus labios carnosos, su larga melena, sus perfectos pechos, todo le atraía en ella y su único deseo en aquel momento era poseerla. Acabada la comida, la atracción mutua era clamorosa, pero ninguno de los dos se atrevía a manifestarla. Fue Paula quien finalmente se decidió a hacer una inocente propuesta:

    – Ufff, estoy agotada, hoy me he levantado muy temprano para coger el avión. Y después del champagne y el vino de la comida, me echaría un rato a tomar la siesta. – dijo Paula con la más inocente de las sonrisas.

    – Vamos a mi habitación si quieres y descansas ahí. – respondió Félix tratando de disimular sus emociones

    – Bueno, vale. – dijo cándidamente Paula

    La habitación tenía un balcón con vistas al mar. Por la ventana entraba la hermosa luz de la tarde que iluminó a Paula cuando se tumbó sobre la cama y se hizo la dormida. Félix se tumbó castamente junto a ella para contemplarla. Entonces ella abrió los ojos y se encontró con la mirada de su admirador. Como atraídos por un imán invisible, sus bocas se juntaron y se unieron en un dulce beso que fue ganando en intensidad y pasión. A partir de ese momento, fue Félix quien tomó el mando de la situación. Como amante veterano y experto sabía cómo dirigir con delicadeza pero también con determinación la danza de los cuerpos que buscan darse y recibir placer. Paula se abandonó a las expertas caricias del hombre. Dejó que la desnudara, que sus labios recorrieran el trecho entre su boca y sus pechos. Que acariciara sus tetas endurecidas de deseo y que sorbiera de sus pezones tiesos. Se estremeció de placer cuando notó como esos mismos labios besaban su ombligo y la lengua lamía su vientre hasta alcanzar su pubis depilado. Arqueó la espalda gimiendo de placer cuando Félix separó sus labios vaginales con la punta de la lengua desde el perineo hasta su clítoris ya abombado. Aunque su novio ya le había comido el coño alguna vez, no tenía nada que ver con el placer que le estaba dando ahora Félix. No había ninguna sombra de duda o repugnancia al lamer y sorber de los jugos que el sexo de Paula destilaba en abundancia. Cuando a los estímulos que le prodigaban los labios y la lengua de Félix, éste añadió dos dedos que penetraron el ardiente y encharcado coñito de Paula, ella ya no pudo contenerse más y se corrió.

    Félix se deslizó sobre el cuerpo aún vibrante de placer de Paula para besarla y compartir con ella el sabor de su orgasmo. Ella correspondió con pasión al beso, mientras notaba como la verga de Félix se deslizaba lenta y suavemente entre sus labios vaginales y llenaba su vagina aun palpitante de placer. Notó que aquella polla era mucho más gruesa que las que había tenido antes dentro de ella, pero la profusa lubricación de su coño tras el orgasmo ayudó a que la penetración fuera increíblemente placentera. Separó más las piernas para permitir que la polla la penetrara hasta lo más hondo. Al principio, Félix la follaba con suavidad pero con firmeza, haciendo que se estremeciera de placer cada vez que su verga se hundía dentro de ella, manteniéndola dentro por unos instantes en los que Paula perdía la respiración. Luego se retiraba lentamente para volver a penetrarla con ímpetu creciente. La follaba con una cadencia maravillosa, muy diferente al ritmo atropellado con el que lo hacían chicos con los que había estado hasta ahora y que generalmente se corrían mucho antes de que ella pudiera alcanzar el clímax. Si con ellos el acto sexual era un ejercicio compartido en busca del placer mutuo, con Félix se sentía muy diferente. Ella se entregaba a él, se sentía poseída y ese sentimiento hacía que todos los resortes de placer de su cuerpo quedaran a disposición de su amante para que los activara a su voluntad. Y él supo cuándo y cómo tocar, lamer y pellizcar para que ella se retorciera de placer. Sin prisa, sin pausa, estuvieron follando lo que a ella le pareció una maravillosa eternidad comparada con la brevedad de los polvos juveniles, hasta que ambos explotaron de placer al unísono.

    Los dos se quedaron tendidos sobre la cama largo rato, desnudos y bañados por el suave sol invernal que entraba por la ventana del balcón. Félix contemplaba maravillado el grácil cuerpo de Paula, acariciaba sus preciosas curvas. Cuando el sol empezó a ocultarse en el horizonte del mar, tuvieron que volver a la realidad. Paula había quedado con los amigos mallorquines de su novio y resultaría sospechoso para todos que no acudiera. Félix la acompañó a la casa de la encantadora pareja que vivía en una casa de campo en un pueblo en el interior de la isla. Paula acabó el día en compañía de los amigos, de vuelta a su realidad cotidiana, jóvenes veinteañeros ilusionados y a la vez temerosos por un futuro incierto, pero sobre todo, con ganas de vivir y experimentar. Cenaron juntos en la casa y luego fueron de marcha a la zona de bares y discotecas de la capital. Y aunque la compañía de sus amigos era entretenida, Paula no podía dejar de rememorar la “siesta” que había compartido con el maduro socio de su padre. Decidió que quería volver a estar con él, aunque sólo fuera un día más. Un whatsapp a Félix bastó para acordar con él que por la mañana pasaría a recogerla. Poniendo su cara de niña buena les dijo a sus amigos que le sabía mal dejar a su tío Félix sólo el domingo y que habían quedado al día siguiente para hacer una excursión por la costa norte.

    Aunque se fueron a dormir ya avanzada la madrugada, Paula ya estaba despierta y preparada cuando Félix pasó a recogerla a primera hora de la mañana. En el coche se besaron como si fueran amantes. De vuelta al hotel, Paula se hubiera lanzado a los brazos de su adorado maduro para que la follara de nuevo, pero él prefirió ir despacio y propuso pasear hasta una calita cercana al hotel. Ella recordaba haber estado ahí con su familia y la de Félix. Se trataba de una pequeña playa nudista, poco frecuentada. Recordaba perfectamente la vergüenza que pasó al contemplar a los adultos totalmente desnudos. Ella, una preadolescente en cuyo cuerpo apenas se perfilaban unos incipientes pechos y en su pubis una suave pelusilla, se negó a desnudarse. Fue aquel día que por primera vez sintió una extraña atracción al contemplar el cuerpo desnudo de Félix.

    Aquel día de febrero la playita estaba totalmente desierta. El sol volvía a lucir con una intensidad más propia de un día de primavera. El agua totalmente calmada de la pequeña cala era casi transparente. Paula no pudo resistirse a la atracción del mar, se desnudó y se lanzó a las gélidas aguas. Félix, de pie apoyado en una roca, contemplaba admirado la radiante juventud de la chica, que agitaba sus brazos sumergida en el agua invitándole a unirse a ella. Le pareció una diosa cuando salió del agua, su piel mojada brillaba bajo los intensos rayos del sol, su larga cabellera empapada ocultaba parcialmente sus pechos redondos y firmes, los pezones tiesos por el frío abriéndose paso entre dos mechones. Ella se acercó a él consciente de su mirada lujuriosa. Le encantaba causar esa reacción en el atractivo maduro que la contemplaba. Y quería demostrarle que al igual que él le había dado placer oral el día anterior, ella también sabía cómo hacerlo. Aun mojada, la piel de sus pechos erizada por el frío, se abrazó a él y se besaron. Luego se arrodilló y le desabrochó el pantalón para sacar su pene que ya empezaba a crecer. Le miró a los ojos mientras pajeaba suavemente la polla que acabó de endurecerse del todo cuando la rodeó con sus labios. No era la primera vez que Paula mamaba una polla, ya lo había acabado haciendo ante la insistencia de sus novietes, pero esta vez era diferente. Lo hacía porque lo deseaba. Deseaba sentir aquella preciosa y gruesa verga palpitar dentro de su boca, notar como se endurecía con sus chupadas. Ni que decir tiene que consiguió su objetivo. Felix gruñía de placer y acariciaba la cabellera de Paula mientras ella deslizaba sus labios apretados sobre el falo erecto. Cuando él notó que iba a correrse, la apartó suavemente e hizo que se incorporara, se colocó detrás de ella e hizo que se inclinara, apoyada con las manos contra la roca. Felix sujetó su polla endurecida y frotó los labios vaginales con el glande. Comprobó que estaban empapados y no sólo de agua salada. Una vez encajado el glande en la entrada del ardiente coñito, la sujetó de las caderas y la penetró dando un golpe de caderas. Esta vez no la trató con la delicadeza con la que lo había hecho el día anterior. Sus embestidas eran enérgicas y posesivas y los gemidos de placer de Paula confirmaban su total entrega . Nunca la habían follado de una forma tan brutal, sentía que sus piernas flaqueaban de tanto placer que recibía. Cuando ya no pudo contener las oleadas de placer, empezó a correrse descontroladamente. Las embestidas de Félix prolongaron su orgasmo o quizás hizo que varios orgasmos se encadenaran uno tras otro hasta que ambos fundieron su placer y sus flujos que llenaron la palpitante vagina de Paula.

    Paula y Félix pasaron el resto del día en el hotel. Por la tarde volvieron a follar apasionadamente en la habitación. Ambos sabían que aquello era una locura que nunca debía haber sucedido, pero era una locura deliciosa. Por la noche Félix la acompañó al aeropuerto para tomar el avión de vuelta a Barcelona. De vuelta con su familia, su novio y sus amigos, a las clases de la universidad. Nadie sospecharía de lo que ese fin de semana había sucedido. Todos dieron por hecho que la angelical Paula se había conformado con acompañar a su “tío” Felix en tediosas excursiones por la sierra de Tramuntana.