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  • Generación L (Capítulo 1)

    Generación L (Capítulo 1)

    En un principio pensó en el despertador, anunciando las siete de mañana. Era obvio. Pero esta vez fue una llamada por Facebook al móvil.

    -Joder…

    Carla Meyerhold se revolvió en la cama amodorrada. Tuvo que sacar fuerzas de donde pudo para contestar.

    -Carla, diga.

    -Oye, nena, soy yo, Ricky. Perdona por llamarte tan temprano, pero luego estaré ocupado todo el día.

    -No te preocupes. En el fondo te lo agradezco. Ya me toca ducha y un café bien cargado.

    -Sólo quería darte mil gracias por las dos entradas que me conseguiste. Primera fila y con acceso a los camerinos. Mi chica aún sigue flipando. Muchas gracias, nena.

    -No es nada. ¿Cuándo sales para Nueva York?

    -Cogemos el vuelo de las ocho. Va a ser un momentazo conocer a Mark Knopfler.

    -Tu disfrútalo que es lo que cuenta.

    -Eres la hostia, Carla. Sólo falta que seas buena en la cama y serías perfecta.

    -Corta el rollo. Chao, bambino. –Y Carla colgó riendo.

    -¿Quién coño era a estas horas? ¿Llamaba desde China? –se quejó su amiguita, desnuda y acurrucada entre las sábanas.

    -Un compi, nada más.

    -¿Se le ha estropeado el reloj o qué?

    -Sigue durmiendo, anda.

    Y lo hizo entre gruñidos. A Carla tampoco le importaba. Era otro chochito más que pasaba por su cama, como sucedía cada noche. Con esta, era el noveno polvo de la semana y sólo estábamos a miércoles. Su compañera de piso no lo llevaba bien, pero la vida son dos días y hay que exprimirla hasta la última gota. Y a quien no le guste que no mire.

    Carla se bajó de la cama desnudita y estirando su cuerpo trabajado en el gimnasio. Meada. Ducha. Nuevo Tampax. Bragas limpias. Y a desayunar. Tenía un margen de diez minutos. Un café. Dos donuts. Un chicle de menta a la boca y en busca del metro. Veinte minutos y llegó al campus universitario.

    Como siempre consultó la hora.

    -Mueve el culo, Carla.

    Lo primero que hizo fue hacer una llamada. Tenía más de 200 mensajes entrantes, pero tampoco la sorprendía.

    -¿Hola? Soy yo, Carla.

    -Ah, hola –habló la voz de un joven.

    -Voy para tu aula. Ando cerca.

    -No, no, me han cambiado las clases. Estoy en el laboratorio de bioquímica. ¿Sabes por dónde queda?

    -¿El del segundo pabellón?

    -Ese es.

    -Voy pitando.

    Corriendo, Carla alcanzó el laboratorio jadeante antes de que llegase el profesor. El chaval la esperaba en la puerta.

    -Toma y perdona –le pasó un fajo de papeles grapados.

    -No te preocupes. Gracias.

    Y otra vez a correr.

    Miró la hora.

    -Mierda…

    Tras una buena carrera, llegó a otra aula. Ella la esperaba casi en el mismo pasillo.

    -Hola, perdona la tardanza –se disculpó Carla con la respiración entrecortada.

    -Cómo te envidio –evidenció ella con sus muletas.

    Hubo risas.

    -Toma, aquí tienes –cedió los papeles a la chica.

    -Muchas gracias, Carla. Esto es lo tuyo.

    Carla recibió un billete y todos contentos.

    A la tercera carrera. Tenía ocho minutos para ir de lado a lado de la facultad y llegar a su clase. Parecía que no, pero pudo sentar su culo en su pupitre un minuto antes de que el profesor cruzase por la puerta.

    -Hey, Carla –desde atrás la llamó una compañera con un botellín de agua fría-. Para ti.

    -Oh, me has salvado la vida, Patri.

    -Una mañana ajetreada, ¿no?

    -Como siempre –rio Carla acalorada-. Te debo una por esto.

    -Bueno, algo habrá que puedas compensarme.

    -Lo que quieras, Patri. Tú pide por esa boca.

    -¿Lo que yo quiera?

    Desparramada en el váter de los baños, Carla estaba pendiente de la lengua de Patri serpenteando entre sus muslos y de la hora de su reloj. Calculó su corrida en dos minutos y medio.

    Tiempo. Tiempo. Siempre tiempo. No, no, no, ahora tocaba sexo oral y del bueno, madre mía.

    Y su móvil continuaba pitando con mensajes de Facebook, gmail, hangouts o Messenger. No pudo evitar el leer los que pensó más importantes.

    Susi pidiendo sexo otra vez. No.

    Jessi, una amiga, que le falló la regla. Después.

    Óscar Lozano, un desconocido, con un negocio que proponerla. Me gusta. A favoritos.

    Carla no aguantó más, gritó y se corrió como una jabata. Miró una vez más la hora. Dos minutos y veintiséis segundos. No está mal. Por cuatro segundos. “Tengo que poner el coño en hora”, pensó Carla riendo.

    -¿De qué te ríes? –se desconcertó Patri.

    -Quédate con mis bragas, cariño –se levantó Carla de un salto y se marchó.

    Investigó a Carlos Lozano por Internet mientras zanqueaba los pasillos. El Twitter desactualizado. En el Facebook más enlaces que posts. Tumblr con imágenes guarronas. Pinterest con mucha carga política. Ley mordaza. Stop capitalismo.

    -Vaya, un antisistema. Me gusta.

    Al instante, Carla respondió.

    OK. En la cafetería a la una. Tú invitas.

    Almuerzo gratis.

    -¡Yeah!

  • La pasión de mi sobrino paralítico en Año Nuevo

    La pasión de mi sobrino paralítico en Año Nuevo

    Habían transcurrido algunos días desde nuestro último encuentro en Navidad y yo no paraba de pensar en mí sobrino. Su ternura, su dulzura y delicadeza al hacerme el amor me tenían enamorada. Él siempre había sido un chico muy tierno conmigo y verlo de esa manera, tan deprimido me incitó a querer complacerlo, darle un poco de felicidad y aliento en su vida.

    Mi hermana nos invitó a su casa para celebrar Año Nuevo. Mi hijo y mi sobrino celebrarían en antros el año nuevo y yo no quería volver pasar otra festividad sola, así que decidí ir, además me moría de nuevo por ver a mi sobrino. No había pasado ni siquiera una semana y ya ansiaba sentirlo de nuevo dentro de mí. Me derretía por poder probar de nuevo el dulce sabor de su semen y sentir esa abrumante excitación al dominarlo sin que pudiera escapar de mí.

    Pasaron los días y llegó la fiesta de fin de año. Yo fui vestida como una auténtica dama de compañía, pero de las de élite, que quede muy claro. Llevaba un vestido negro con un escote muy prominente en la parte del busto y abierto totalmente de la espalda casi hasta llegar a mi trasero. No me puse ropa interior y llevaba un perfume que olía muy provocador. En el momento que mi sobrino me vio llegar a su casa, casi se cae de la silla de ruedas. Se quedó impactado, no podía cerrar la mandíbula. No te quedes ahí, ven y saluda a tu tía favorita mi amor -dije mientras me aproximaba a él para poder abrazarlo y sentirlo nuevamente-. Él se sonrió dulcemente y se aproximó en su silla de ruedas a saludarme. Yo me incliné un poco y le dejé ver mi gran escote. Cuando lo abrasé sentí de nuevo su calor y pude volver a experimentar ese sentimiento cálido dentro de mi ser. El no paraba de mirar hacia mi escote y yo le dije al oído en el momento cuando nadie nos veía -no seas impaciente mi amor, esta noche te voy a comer todo y no te me vas a poder escapar-. El no dijo nada, solo me sonrió y asintió con la cabeza.

    La fiesta fue muy divertida. Muchos amigos de mi hermana estaban en esa fiesta y la mayoría trataba de ligar conmigo. Ninguno me parecía lo suficientemente apuesto o varonil, pero podía ver cómo eso a mí sobrino le molestaba mucho. Sus celos estaban a todo lo que daba y eso me gustaba por qué eso quería decir que él sentía algo más fuerte por mí que solo una simple y mera atracción sexual. La noche de ese día ya estaba casi por terminar. Mi sobrino estaba platicando con algunos de sus amigos que habían ido a celebrar con él, el fin de año en su casa. Los hombres que estaban en casa de mi hermana ya estaban muy ebrios y algunos ya se habían puesto algo impertinentes, por no decir que patanes. Oye Julia parece que te gusta provocar a los hombres, ¿porque no te vas conmigo y te enseño a respetar más a los hombres perrita? -pregunto a mí oído uno de los hombres ebrios de la fiesta-. Yo me acerqué a su oído y le dije muy sensualmente – si me voy contigo nunca te voy a respetar de nuevo cuando vea está miseria que te cargas amor-. Tome su pene disimuladamente mientras lo decía y me reí un poco entre dientes. El se molestó mucho y se fue. A mí sobrino parecía gustarle que se hubiera ido y yo por primera vez en toda la noche me había quedado totalmente sola. Me acerque a los chicos para platicar con ellos donde se encontraba mi sobrino.

    Hola muchachos, ustedes deben de ser los amigos de mi sobrino favorito, mucho gusto yo soy Julia, la tía favorita de este muchacho tan guapo -dije mientras lo abrazaba por detrás del cuello y lo besaba en la mejilla. Si señora, vamos en la escuela con él -dijo uno de los chicos que lo acompañaban-. Bueno pues veo que todos están muy guapos, pero no más que mi sobrino -dije de manera muy coqueta-. Ellos rieron y estuvimos platicando por varios minutos hasta que tuve que ir al baño, había bebido demasiado y necesitaba ir al tocador. El baño estaba en la parte trasera de la casa cerca de la habitación de mi sobrino. Cuando terminé me interceptó mi sobrino al salir. Ya todos se fueron tía, mi mamá está recogiendo todo y yo me muero por darte tu abrazo de fin de año, pero desnudos -dijo-. Primero debo pedirle a tu mamá para ver si me puedo quedar a dormir amor –añadí-. Yo estaba algo tomada y caminaba un poco tambaleante.

    Mi hermana estaba algo tomada y ya se estaba quedando dormida. Hermanita, me estoy casi desmayando, ¿Puedo quedarme en tu casa? -pregunté-. Mi hermana accedió sin si quiera pensarlo, pero me dijo -no hay donde te duermas hermanita, tendrías que quedarte en la cama extra que está por debajo de la cama de mi hijo-. No hay problema, no te preocupes por eso, yo me acuesto con él y lo cuido -dije pícaramente-. Ella me dijo -bueno, me voy a dormir, no dejes que mi hijo se desvele mucho-. No te preocupes yo lo voy a hacer que se duerma bien tempranito y calientito -dije-. Mi hermana se fue a la segunda planta de la casa, a su habitación. Yo me fui a la habitación de mi sobrino y él ya me estaba esperando sin la camisa acostado bajo las sábanas. Su erección era notable porque hacía una gran tienda de campaña. Me comencé a bajar la cremallera del vestido y poco a poco fui quitándomelo. Mi sobrino me veía como un perro frente a un filete jugoso. Casi babeaba por tener mi cuerpo. Yo le sonreí y acerque mi cuerpo desnudo a su cama. Él no podía retirar ni un segundo la vista de mi figura tan voluptuosa. Tía tengo que confesarte algo -dijo-. Tu puedes decirme lo que quieras mi amor -dije-. Me gustaría esta noche eyacular en todos tus hoyitos –dijo tímidamente–. Esta noche vamos a disfrutar de una manera que no la hemos experimentado aún.

    Me acerque a él y quite de golpe la sabana de la cama. Estaba completamente desnudo y con una erección tremenda esperando ansiosamente por la humedad y calidez de mi boca. Se masturbaba lentamente para no perder su erección y yo me acercaba muy provocativamente haciéndolo implorar por la cercanía de mi presencia. Por poder sentir el calor de mi piel. Ya no me tortures más tía, ven y déjame sentir tu piel –dijo–. Me recosté encima de él y mi pecho se unió al suyo. Me besó muy dulcemente y yo acaricie su cabello mientras mi lengua exploraba la profundidad de su boca. El sabor a vino tinto embriagaba la boca de mi sobrino. Sus besos eran apasionados y había mejorado mucho en su técnica desde la última vez que lo habíamos hecho. La humedad en mi vagina se desbordada y mi sobrino estaba tremendamente duro. Si su polla hubiera podido hablar en ese momento hubiera dicho “déjame entrar por favor”. Tome delicadamente con mi mano su polla y comencé a masturbarlo suavemente. Mi mano iba de arriba abajo con movimientos suaves y eróticos. El solo me miraba con unos ojos fijos en los míos. Bésame de nuevo tía –dijo–. Yo volví a meter mi lengua hasta su garganta y el me acariciaba el cabello apasionadamente. Su polla estaba dejando salir pequeñas gotas transparentes. Su pre eyaculación se estaba escapando por la punta y yo me moría por poder probar su dulce sabor. Las mujeres que están leyendo esto no me dejaran mentir, el sabor de la pre eyaculación es la mayor delicia que una mujer puede tener el placer de probar que provenga de un hombre. Fui bajando poco a poco con mis besos. Besé su pecho. Sus lindos pezones los chupaba y besaba muy tiernamente. Él se estremecía con cada uno de mis besos y caricias. No puedo aguantar más tía, ya chúpamela por favor –dijo–. Yo no lo obedecí, seguí calentándolo más, besando hasta el último rincón de su cuerpo. El no ocultaba su deseo por penetrarme y yo por fin después de varios minutos probé el dulce sabor de su elixir que brotaba de su joven polla. Él se agarró fuertemente de las sabanas y las apretó en sus puños con intensidad mientras yo lo veía al rostro y lamía con mi lengua la punta de su pene metiendo mi lengua en su uretra queriendo extraer su deliciosa pre eyaculación. ¡Ay tía, que ricura es esto, no puedo aguantar mucho si lo haces así! –gritó–. Cállate mi amor, puede que nos escuche tu madre si gritas así –dije–. No te preocupes tía, cuando mi mamá toma se duerme como roca y no se levantaría aunque hubiera una guerra afuera de la casa –dijo–. Me tomo de la cabeza y dijo –tú sigue chupando tía–. Yo seguí mamando su deliciosa polla, los testículos le sabían a orines pero yo los lamía como si fueran el más dulce de los frutos. Los metía a mi boca a ambos al mismo tiempo y veía como mi sobrino reaccionaba placenteramente. Su escroto era de una piel muy flexible y tenía un buen par de limones enormes. Se sienten bien cargaditos mi amor –dije después de haberlos sacado de mi boca–. Es que no me he masturbado desde que estuvimos juntos tía, yo me prometí que mi leche sería solamente tuya tía –dijo–. Yo chupé su polla de nuevo y comencé a saborear su glande haciendo gemir intensamente a mi sobrino. Comencé a lamer con la punta de la lengua el lugar donde se encontraba su frenillo por la parte inferior. El me tomo de a cabeza y gimió apretando fuerte los dientes. Su semen se desbordó como una ola furiosa dentro de mi boca. La caliente y espesa leche lleno por completo mi boca. Era tanta que por poco me sale por la nariz. No podía contener tanto semen y se escapaba de mis labios. Las gotas que traviesamente se salían de mi boca caían en mis senos haciéndolos lucir de una manera como los senos de una mujer en una escena porno. Yo frote su leche por todos mis senos y la que tenía en la boca la bebí con mucha dificultad por lo pegajosa que estaba. Él se desplazó con sus brazos a la mitad de la cama y me pidió que me recostara con la cabeza pegada a la pared. Yo hice lo propio y me recosté frente a él. El acomodo su cabeza entre mis piernas y comenzó a chupar mis labios vaginales. El placer que sus inexpertos labios me daban era realmente cautivante y sorprendente. No podía creer que fuera tan bueno para hacer sexo oral. Tenía un talento natural y parecía un prodigio con esa lengua. No pares mi amor, sigue, sigue así rico bebé –dije-. El mordía salvajemente mi clítoris que previamente había pelado con sus labios. Yo no pude evitar gritar de placer. El siguió chupando mi clítoris como yo lo había hecho con su pene. Segundos después lo tome de su lindo cabello y le dije –tómatelo todo chiquito–.Frote violentamente mi clítoris y mi eyaculación broto como un manantial naciente que mi sobrino acababa de descubrir. Me vine sin restricción por toda su cara, gemí tratando de ocultar mi grito con mi mano izquierda para no ser descubierta, pero era imposible, mis gemidos se escuchaban fuertemente. Lo moje por completo con mi eyaculación y quedo como si se acabara de bañar. El saboreó toda la que había entrado en su boca y limpió la que había en su rostro. Se detuvo por unos segundos mientras yo temblaba aún por el terremoto de placer que todavía pasaba por mi cuerpo. Él no pensaba dejarme descansar y yo estaba muy sensible en mi vagina. Volvió a probar mi vagina y yo temblé y grite por la sensación tan intensa que provocaba su lengua en mi vagina. Yo no podía tomar el consejo que le había hecho a mi sobrino. Tal vez esa noche iba vestida como una prostituta de elite pero en la cama estaba gimiendo y actuando como una puta barata. Me sentía realmente amada y complacida en todos los aspectos. Mi sobrino tenía su pene muy duro y ya estaba listo para penetrarme. Lo detuve por un momento y lo mire a los ojos. Bésame mi amor –dije mientras me aproximaba a sus dulces labios–. Lo besé apasionadamente probando el sabor de mi eyaculación que aun permanecía en sus labios. Me excito probar mis jugos en él y ya no podía resistir lo que mi cuerpo me pedía a gritos. Tómame mi cielo –dije a su oído antes de morderlo–. Esa noche sería totalmente inolvidable. Continuará…

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  • Don Ramiro el pordiosero que me violó brutalmente

    Don Ramiro el pordiosero que me violó brutalmente

    Después de hacerme probar su asquerosa y amarillenta semilla que rebosaba de grumos, el hombre anciano decidió que tomaría mi ano sin mostrar ningún tipo de remordimiento ni restricción. Tomo su miserable pene y lo puso cerca de mi ano. Yo me di cuenta y cuando apenas iba a advertirle que no lo hiciera el vejete inserto su miseria en mi ano haciéndome gritar de coraje y asco. ¡Pinche viejo de mierda, quien chingados le dijo que me podía penetrar ahí! –pregunté–. El no respondió más que con un –cállate el hocico, de seguro bien que dejas a esos chamacos sacarte toda la cagada cuando vienen a cogerte–. Me presiono la cabeza con fuerza en contra del cojín del sillón y mis glúteos quedaron hacia arriba mientras el con brutal fiereza penetraba mi ano. Podía sentir cada relieve de su vieja polla entrando y saliendo de mi ano. Me sentía totalmente ultrajada y violada por aquel hombre, incapaz de poder hacer algo.

    El parecía tener más resistencia por haber eyaculado anteriormente ya que tenía violándome más de diez minutos y aún no tenía indicios de querer venirse de nuevo. Violentamente me tomaba del cabello, me penetraba y en ocasiones lamia mi piel con su lengua, dejando su asquerosa saliva con olor a mierda por toda mi piel. Gemía y gruñía fuerte mientras tomaba mi ano. Después de estar cogiéndome por más de quince minutos se detuvo, probablemente porque había perdido la erección. Yo iba a preguntar qué era lo que ocurría, pero antes de poder voltearme el comenzó a lamer mi ano. ¡Puta madre, aquí esta lo que quería para comer hijita! –gritó mientras metía su lengua profundamente en mi ano–. El hombre lo penetraba con su lengua desesperadamente como un taladra hidráulico tratando de encontrar oro en una mina oscura. Tengo que admitir que el anciano era bueno en lo que hacía y me había comenzado a sentir bien por sus lengüetazos. Escarbaba con su lengua en los rincones más profundos de mi recto. Parecía que quería poder encontrar lo que había desayunado esa mañana. Yo había entrado en un estado pleno de excitación. Tenía mi lengua de fuera y la saliva caía por mis labios hasta el cojín de mi sala haciendo un pequeño charco. Por el inmenso placer pequeños gemidos se escapaban de mí intermitentemente. Eran imposibles de detener y con cada una de sus lamidas tomaban más fuerza. ¡No señor, ya no me chupe ahí por favor! –grité–. No hijita, usted no me va a decir que es lo que tengo que hacer, acuérdese que yo soy el que manda aquí –dijo con autoridad–. El hombre siguió cogiéndome con su lengua tan experta hasta que sentí como se me volteaban los ojos y mi piel se hacía hipersensible en cuestión de segundos. Me tomé fuerte del cojín de la sala y gemí fuerte apretando mis labios dejando salir una gran eyaculación mojando por completo la sala.

    Después me arrepentiría de eso, pero la verdad, el sexo oral que el viejo le había dado a mi ano había sido increíble que no pensé en como arruinaría la sala haciendo eso. Ves, bien que decías que no pero ya te chorreaste toda en la sala cabrona –dijo mientras se levantaba del sillón. Se masturbó para poder reanimar su pene. S pesar de hacerlo con fuerza su polla parecía no despertar. Ven y despiértame la polla cabrona –dijo sonriendo y jalando su polla flácida–. Yo me puse de rodillas al lado del sillón y lo mire a los ojos. Él me tomó del cabello y me dijo –chúpamela hermosa–. Saque mi lengua despacio y comencé a lamer su glande despacio y muy eróticamente. Mi lengua pasaba suavemente por la piel de su glande haciéndolo desear cada vez más. El solo me tomaba la cabeza con una mano y reclinaba su cabeza hacia atrás como si disfrutara plácidamente de un buen viaje. Ya sé por qué vienen todos esos pinches chamacos, eres todo una experta con esa lengua hijita. El sabor de su pene era más que desagradable pero trataba de soportar lo más que podía. Su pene comenzó a crecer de nuevo tomando su tamaño regular y nada especial. Cuando su polla recuperó su fortaleza me dijo –esta vez sí me voy avenir adentro chiquita, quiero llenarte la conchita con mi leche, no sabes cuánto tiempo tengo sin llenar a una puta con mi leche–. Yo sabía que si no lo dejaba el haría algo en contra mía.

    A regañadientes me recosté en la sala y abrí las piernas. Es toda suya, por favor no sea tan rudo –dije mientras me acomodaba en el sillón–. No mi reina, no quiero hacértelo tan incómodo en ese sillón tan pequeño para los dos, vamos a tu habitación, quiero disfrutarte cómodamente en tu cama –dijo mientras se saboreaba mi cuerpo pasando su lengua por sus bigotes. Me tomo de la mano y me dijo –llévame a tu camita mi amor–. Lo lleve a mi habitación y él se recostó tranquilamente en mi cama. Quiero que te esfuerces perrita, quiero que me montes bien duro, te has de mover chingón montando, me muero por saber cómo se mueven esos melones brincando. Yo me moje un poco la vagina con mis dedos ensalivados y me puse encima de él anciano. Él tenía en el rostro una expresión de total impaciencia por sentir el interior de mi vagina. Yo me senté lentamente en su pene y el rechino los dientes y cerró los ojos gimiendo fuerte. La humedad y el calor de mi vagina parecía mucho para él. Me tomó de la cintura y yo comencé a moverme de adelante hacia atrás. El solo me tomaba firmemente con sus viejas manos de la cintura y abría la boca sin emitir ningún sonido. Sus ojos estaban cerrados y sus manos parecían estar fundidas a mi cintura. Mis movimientos comenzaron a ser frenéticos y rudos. Quería destrozar su vieja polla y enseñarle quien realmente tenía el control. Me movía rápida e intensamente tratando de castigar la polla del vejete. Él se tomó de mis senos apretándolos muy fuerte, tanto que me lastimaba. El dolor me motivaba a ser más ruda y puse mis manos en su cuello. El tomo con fuerza mis senos y segundos después me abofeteo fuerte tirándome en la cama. La sangre brotaba de mis labios y el coraje se acrecentaba en mí ser.

    No se te olvide quien es el que tiene el control de la situación perrita –dijo mientras se incorporaba en la cama. Me golpeo de nuevo esta vez con la mano cerrada en el estómago. Yo me quede sin aire por unos segundos y él se puso encima de mi abriendo mis piernas. Me penetro por completo con su pene y comenzó a bombear mi vagina ahorcándome con ambas manos. Su fuerza y brutalidad eran intensos. Besaba mis labios aun con sangre en ellos y seguía violándome sin parar. Pronto lo estrecho de mi vagina le hizo gemir como un jovencito inexperto dejando salir su semilla dentro de mí mientras mordía mis pechos y después reposaba su sudada cabeza entre ellos, usándolos como almohadas. Unos minutos después se levantó y comenzó a ponerse toda su ropa. Se dirigió a la puerta de la habitación y dijo –si no quieres que tu familia se entere de que eres una prostituta barata, tienes que complacerme cada vez que quiera, no te preocupes vendré cuando no haya nadie–. Yo me quede en la habitación llorando mientras su semen fluía fuera de mi vagina. Continuara…

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  • Destrozada por la pandilla de un enorme negro

    Destrozada por la pandilla de un enorme negro

    Había terminado lastimada por la forma en la que Big D había perforado mi garganta, pero eso apenas estaba comenzando. La pandilla de aquel hombre estaba dentro de la oficina. Llamó a más de diez de sus hombres dentro y el último cerró la puerta. Quiero que llenes de satisfacción a estos hombres por su buen trabajo –dijo Big D mientras descansaba su grasoso trasero en aquel sofá–. Yo no tenía más remedio que obedecer las órdenes de aquel negro asqueroso así que me puse de nuevo de rodillas y todos comenzaron a bajarse los pantalones al mismo tiempo. La variedad de penes era enorme. Había entre muy gordos y grandes hasta algunos de tamaño muy regular, incluso uno muy pequeño, parecido al de mi esposo en ese entonces. Yo me puse frente a ellos como una perra esperando a su amo por comida y ahí fue cuando uno de ellos tomo la iniciativa. Era el más obeso de todos. Su pene no era muy grande pero si algo gordo. Tomo su pene aun flácido y me dijo –abre bien la boca puta, ahorita vas a hacer crecer al animal–. Me tomo del cabello y metió su polla gorda haciéndome comérmela a la fuerza. Con su mano empujaba fuerte para que yo probara por completo su polla. Por el tamaño que tenía solo lo chupaba y cabía muy bien en mi boca. Cuando comenzó a crecer me di cuenta que me había equivocado totalmente. Su pene era más grande de lo que imaginaba y ya no cabía en mi boca por el grosor. Tenía que volver a esforzarme para no vomitar por su alcance en mi garganta. Por accidente lo roce con mis dientes al tratar de abrir mi boca aún más y el me jalo fuerte el cabello. No quiero que me lo muerdas ramera –dijo mientras me miraba a los ojos–. Trate de explicarle que era para que me cupiera en la garganta, pero antes de que pudiera hilar dos palabras me volvió a callar con un –cállate y ponte a chupar perra frijolera–. Todos los hombres en la habitación se masturbaban viendo aquel espectáculo. Tienes unas tetas que parecen ubres de vaca –dijo en tono burlón–. Yo no dije nada y seguí mamando su polla. Uno de los chicos que había estado en aquel incidente en mi consultorio le dijo a aquel hombre obeso –si es una vaca negro, tienen leche esas ubres–. Oh mierda negro tengo que probar esa mierda –dijo mientras sacaba su polla de mi boca–. Me sentó en otro de los sofás que había en la oficina y él se sentó a mi lado. Yo pude descansar un momento del dolor y la sensación de vomito que causaba su obesa polla en mi garganta.

    – ¿Por qué no habías dicho que estas hermosas tetas tenían leche perrita? –pregunto el hombre gordo.

    –Bueno es que no creí que fuera importante.

    –Demonios nena, claro que es importante, así podrás darnos de comer a todos. Tú nos darás leche y nosotros a ti.

    –Pero esta leche es para mi hijo.

    –Pues si no quieres que le pase nada a tu hijo vas a tener que obedecer putita, recuerda que sabemos ya donde vives.

    –Está bien.

    Empezó a mamar mi seno derecho. Mi leche comenzaba a salir de mi pecho y La sensibilidad de mis pezones hacia que se escaparan gemidos involuntarios. Veo que te encanta que te mamen estas ubres verdad vaquita –dijo aquel hombre–. Yo no respondí nada no quería ni siquiera dirigirle la palabra a aquellos hombre por miedo a su agresividad. El siguió chupando mis senos bebiendo hasta la última gota de leche que salía. Comenzó a pellizcarlos fuertes y mi leche salió a chorros en abundancia. Uno de los jóvenes masturbándose se acercó y comenzó a chupar mi otro seno. La sensación era algo que no podía resistir. Por más que me pareciera algo desagradable la sensibilidad y sensación excitante de mi cuerpo era algo tremendo y enteramente inevitable. Yo no podía soportar tanta estimulación sin empezar a disfrutar y empecé a gemir más fuerte. Mis piernas se movían y mi vagina se humedecía con cada una de sus succiones a mis pezones. La mayoría de ellos con aquel espectáculo, estaba a punto de eyacular. Big D ya se había repuesto de aquel orgasmo y se acercó a mí. Se puso de rodillas frente a mí y comenzó a chupar mi clítoris. Mi cuerpo nunca había sido acariciado por tantos hombres, pero la sensación comenzaba a agradarme en demasía. La lengua de Big D le hacia el amor dulce y salvajemente a mi clítoris haciéndome gemir intensamente mientras aquellos hombres bebían mi leche maternal. Yo tomaba la cabeza de Big D y él no paraba de morder, succionar y besar mis labios vaginales y mi clítoris. Llego el momento en que estaba a punto de entrar en un éxtasis desbordándome de placer y salió de mi boca la declaración –me vengo, me vengo–. Big D paro de chupar y metió sus dedos de salchicha mientras me masturbaba hacia arriba de mi vagina rápidamente. Yo grite por lo que me hizo sentir los violentos movimientos de sus dedos y él dijo–vente puta, vente–. Mi columna hizo un extraño movimiento y deje salir varios chorros en la cara de cerdo de Big D. El bebió la mayoría de mi eyaculación y eso hizo terminar a varios de los chicos que se masturbaban en el suelo. Varios gemidos se escucharon en ese momento aparte de los míos acompañados de varias eyaculaciones en el suelo de aquella oficina. Él se incorporó frente a mí y su polla estaba de nuevo lista para la batalla. Quítense idiotas, voy a cogerme a esta perra–dijo mientras los otros hombres se levantaban de aquel sofá–. Ponte en cuatro como la perra que eres –dijo mientras se masturbaba y escupía en la mano para lubricar su polla–. Yo me puse en cuatro y él se puso detrás de mí. Puso su pene rozando mi ano y yo le dije – ¡No, espérate, me vas a lastimar! –. Antes de que pudiera mencionar otra palabra metió su polla gorda en mi ano. El dolor era muy grande pero no me resultaba extraño. Años atrás habían cogido mi ano penes más grandes, pero hacía tiempo que no sentía ese dolor. Ni siquiera le dejaba usarlo a él inútil de mi esposo. Pero estos hombres eran dueños de mi cuerpo y no podía ni replicar. La fuerza de sus embestidas eran tremendas. Me jalaba el cabello haciéndolo hacia atrás y besaba con la lengua mi cara dejándola toda húmeda con su saliva. Toma mi polla negra puta de mierda –dijo mientras me embestía–. Su enorme barriga reposaba en mi espalda y sus manos no dejaban de amasar mis senos. No duro embistiéndome más de cinco minutos de manera lenta y violenta hasta que sentí que me besaba de nuevo y se detenía por completo. Un ardor lleno mi ano y el cálido liquido de su polla inundaba mi ano lastimado y violado. El calor de su enorme barriga lo podía sentir en toda mi espalda. Uno de los hombres el que tenía el pene más pequeños se acercó a mí y metió su miseria en mi boca agarrándome fuerte de la cabeza con ambas manos y gimió fuerte. No duro ni dos segundos dentro y eyaculo en mi boca vaciando sus pequeños testículos dentro de mi garganta. La leche que había acumulado era mucha porque no dejaba de convulsionarse mientras salía aquel espeso semen dentro de mí. Yo no pude hacer nada para evitarlo más que toserlo y escupirlo en aquel sillón. Big D pudo ver como lo hacía y se molestó por manchar su sillón dándome una bofetada cuando se despegó de mí. Yo quede tirada por el fuerte golpe en la cara. No quiero que nadie se meta aun en esto voy a ser el primero en probar a esta puta esta noche. Big d puso su pene aun lleno de su semen pero de nuevo erecto y lo metió en mi vagina aun tirada en el suelo. Continuara…

    Este es mi correo: [email protected] aquí puedo darles mi link de mi blog con mis fotos desnuda y aquí también pueden escribirme dándome su opinión sobre mis experiencias y lo que piensan de mí. Muchas gracias por visitar mis experiencias y suscribirse también. Si quieren saber dónde están todos mis relatos pues aquí en CuentoRelatos.com están todos, solo denle clic a mi nombre DRAJULIA y ya. Gracias por todos sus correos los leo y respondo todos y me excitan mucho.

  • Secretos de mi esposa (Parte 1.2)

    Secretos de mi esposa (Parte 1.2)

    Discutimos durante un largo periodo. No me creía cuando le decía que estuve caminando para despejar la mente. Mientras en mi entrepierna sentía que bajaba los flujos, tuve que fingir cansancio y sentarme rápidamente para que no se diera cuenta. Lo calme lo más que pude y le pedí que fuéramos a dormir el acepto de mala gana pero lo hizo dije, que me ducharía antes de acostarme para dormir, mientras que él se fue directo a la alcoba.

    En la ducha no pude evitar pensar en las grandes experiencias que había pasado y mi excitación crecía más y más. Aquellos recuerdos de lo que había vivido estaban penetrando mi cabecita; y, sin darme cuenta mis dedos se dirigían a mi vagina deslizándose por mis pechos acariciándolas suavemente agarrando las puntitas que estaban bien duras, seguía bajando silenciosamente por mi ombligo hasta que llegue al placer divino estaba mojada y no era agua, todo aquel liquido pre-seminal se deslizaba por mis piernas acabando en mis pies y el suelo, metía y sacaba los dedos de mi conchita quería gemir pero no podía me oiría si lo hacía no podía más. Salí de la ducha envuelta en una toalla me dirigí hasta mi bolso busque a mi amiguito lo encontré envuelto en mi tanga y estaba pegajosa me iba a meter de vuelta en la ducha pensando que disfrutaría más si usaba a mi vibrador pero mi esposo apareció diciéndome si ya había terminado no pude decirle que no, no quería discutir más; así, que le dije que sí.

    Él se acercó hacia mí y me beso en el cuello bajo por mis pechos me las tocaba y apretaba iba meter sus manos en mi vaginita pero no lo deje y me fui a la cama diciéndole que estaba muy cansada y que dormiría, él se molestó y se metió a la ducha, empecé a lamer mi vibrador sin que me viera tenía un sabor delicioso excitante jugaba con mis pechos lo ponía en medio y lo presionaba ayyyy que rico!!

    Lo puse en la entradita y lo presione en mi vulva lo metía y sacaba ummm que delicioso!!

    Mi esposo salió y se acostó sin decirme nada creí que se había dado cuenta pero no fue así me dio la espalda e intento dormir, yo miraba al techo mientras mis manitas jugueteaban ahí abajo una metiendo el vibrador lo más profundo y la otra apretando mis pechos muy dulcemente la almohada se estaba mojando.

    Sentía que mis jugos salían a chorros y yo sin poder decir viólame a voluntad y córrete dentro de mi soy tu puta sucia hazme tuya ahhh!!

    Pase todo el tiempo soltando grititos para que no se diera cuenta, estaba en posición de parto cuando metí el consolador muy dentro y me corrí salió un gemido de mi como cuando te dan una nalgada pero felizmente mi esposo despertó ya iba amanecer así que me dispuse a dormir no podía guardar mi consolador y lo deje dentro de mi vaginita cerrando bien las piernas.

  • Fantasía real

    Fantasía real

    Volví a intentarlo una y otra vez nunca me salió pero esta vez lo he logrado, consiguiendo un magnífico resultado “La invisibilidad” me tomo mucho tiempo pero el resultado es merecido al principio no sabía qué hacer con este nuevo descubrimiento no se lo diría a nadie este secreto me lo llevaría hasta la tumba.

    Pasados los días mi cerebro experimento nuevas ideas podía sustraer cosas sin que nadie me viera, hacerme millonario de la noche a la mañana comprarme de todo.

    Meterme con quien yo quiera sea mi vecina mi prima alguna amiga que estuviera buena ver cosas intimas tocar las bubis de quien yo quiera esto era fantástico.

    Pasado del descubrimiento una semana, empecé a ver a las mujeres como si todas fueran mías, las quería comer, ver de qué color era sus panochas sentir sus pechos.

    Y fue de esa manera como decidí cogérmelas tomaba 3 pastillas con una botella de agua y el resultado era que en 5 segundos mi cuerpo desaparecía esto lo hacía en mi casa o en un baño público y la duración era de 5 horas fijas.

    Salí a eso de las 12pm a ver, bellas damas con faldas de recuadros no había follado en un mucho tiempo y ver esas cosas hacia que mi pene se endureciera.

    Estuve sentado durante una hora viendo pasar muñecas hermosas bellas de un rostro precioso no me acostumbraba aun a estar invisible aun creía que me veían por eso a veces me tapaba intencionalmente.

    Ya no había que ver así que entre a su lugar de estudios todo estaba vacío como un lugar abandonado revise todo. Empecé por el lado izquierdo dándome una vuelta por el lado derecho me iba a ir para otro lado pero en un salón cerca a las escaleras de la salida vi movimiento, era una chica muy bella, la falda dejaba ver sus tobillos estaba sentada copiando rápidamente lo que había enfrente de ella al parecer se había tardado y todos se habían marchado, pensé, esta es mi oportunidad.

    Entre y ella ni cuenta se dio cerré la puerta muy bruscamente; ella se volteo asustada. Corrió rápidamente a ver si era un juego intento abrir la puerta pero esta no cedía se puso nerviosa y pidió ayuda.

    Nadie la oía, regreso a su asiento empezó a recoger sus cosas apresuradamente tirando lapiceros hojas y libros.

    Me acercaba lentamente donde estaba y sin darme cuenta moví una silla volteándose ella hacia mí, buscando con sus ojos algo, alguna explicación.

    Al poco rato se asustó más y se desmayó no sabía que hacer la excitación me ganaba la veía en el piso con las piernas juntas el cabello liso y estirada, la carita impresionante y la falda muy bonita y llamativa.

    La levante la senté sobre una silla y me puse enfrente de ella no se movía ni despertaba quería follarla, cogerla y más, abrí su camisa vi su cuello tan blanca al costado unas tiritas de su bracier color rosado, el comenzar de sus pechos imponentes ante mi vista, toque por encima de ellos era tan esponjoso suave como una brisa las acaricie, sentí su calor, ohhh dios!! Metí mi mano por debajo y eran más suaves; estaba muy duras las puntas, las libere una por una y viéndolas sin sujetador se veían muy preciosas desabroche toda su camisa sin sacársela llegue hasta la cintura y el comenzar de la falda, había que desabrochar pero no lo hice, al contrario levante desde abajo viendo sus muslos muy delicados bellos.

    Se lo remangue hasta la cintura era espectacular aquella imagen una ropa interior muy excitante y llamativa de color celeste con rosado se la quite hasta sus tobillos la levante, llevándola hasta la puerta para que nadie viera por la ventana, acaricie cada parte de su cuerpo, la senté sobre mis piernas y mi pene chocaba con su conchita veía sus pechos desde arriba jugaba con ellos la volteaba para poner mi miembro en sus pechos y a veces hacia que acariciase con sus manos mi pene; que estaba rojo e iba a chorrear mucho semen.

    Decidí cogérmela para eso la puse encima de mi yo debajo de ella metí la punta de mi pene, que solo entraba un poquito.

    Empuje un poco más y ella recobro la lucidez no sabía que hacer solo decía ayuda!! Ayuda!! Le tapaba la boca se asustaba más porque no veía que cosa era lo que no la hacía hablar.

    -ahhh nooo!! Porfavor!

    -por favor!! Noooo!!

    Mi pene entraba poco a poco en su rajita hasta que entro por completo, mientas ella gritaba y gemía a la vez.

    Ahhhh – dueeeleee!! sacamelaaa!! Ahhhh!!! A… yuud… AHHH!!

    Empecé a que ella cabalgase sobre mi pene AHHHH!!! Ahhh!! Ohhh!!! Se movían sus pechos de arriba hacia abajo una y otra vez iba a reventar seguía ella gritando ahhhh ayyuudaaa!!!

    La cambie de posición trato de zafarse pero la retuve, la puse como me gusta de perrito, no quiso pero al final cedió.

    La metí de un golpe y gimió como una puta AHHH!!!

    Me excito tanto que la folle como una licuadora entra sale, entra sale!! La sujetaba de la cintura pero no decía ya nada, se había vuelto a desmayar por el dolor.

    Aproveche y la folle más paso más de una hora y acabe en su falda que aún estaba remangada puse mi pene en su boca e hice que me la limpiara, la contemple por un rato y la puse todo lo que traía poniéndola en su lugar ya iba saliendo cuando oí voces salí rápidamente pensando que me veían dirigiéndome a casa.

  • Mi sobrina política (Parte 1)

    Mi sobrina política (Parte 1)

    Mi sobrina, hija de una prima lejana, era una niña juguetona y alegre, desde hace años que se ha notado su crecimiento, la verdad es que yo no soy ese tipo de pervertidos, pero vamos, la chica ahora tiene 21 así que podré ser más explícito.

    Desde hace un año aproximadamente mi sobrina ha trabajado para mí, la he apoyado económicamente para que siga sus estudios y a cambio a mí me ayuda en el negocio familiar. Una ocasión que la llevé a su casa, ella olvidó el celular en mi coche, lo que me llenó de curiosidad ¿Que tendría esta niña en sus mensajes?… Me llevé la sorpresa de mi vida cuando en su galería de fotos, encontré imágenes de ella en poca ropa, algunas con lencería y otras más íntimas teniendo relaciones con su novio. Esto me encendió demasiado, de por sí, la chica ya me llamaba la atención por la notable belleza que irradiaba, imaginen ahora que sabía que era sexualmente activa y bastante proactiva en ese sentido.

    A partir de que vi esas fotos, no dejé de pensar en ella, cada que la veía en el negocio, no podía evitar recordar esas fotos que había visto de ella. Recordarla en su liguero negro, vestida de colegiala o enfermera, incluso enseñando sus hermosos pechos petite. Pero siempre me mantuve al margen, no podía darme el lujo de cometer un error tan garrafal, como meterme con alguien de la familia, aunque esta no fuera de sangre.

    Un día me desperté por la noche después de haberla soñado, abrí mi laptop y creé una cuenta en Facebook falsa, no podía evitar más el decirle que me encantaba, todo lo que sentía por ella, aunque fuera por ese medio. Poco tardó en leerme y sentir curiosidad por saber quién era yo, nunca quise decírselo. Así pasó más de un año, le escribía ocasionalmente algo en Facebook y ella poco a poco empezaba a responderme, primero con un gracias, después con argumentos más largos, pero siempre muy fríos (aparentemente), eso sí, nunca me bloqueo.

    Una ocasión vino a mi casa a ayudarme con algunas facturas electrónicas, teníamos que entregar unos reportes y ella me ayudaría. Al entrar a mi computadora, ella abrió el Facebook y se percató por accidente que su fanático anónimo era yo. Corrió hacia la sala y con una cara de extrañeza, me reclamó el por qué la acosaba así y me hizo ver todos los contras de esa situación. Finalmente me abrí con ella y le compartí mis sentimientos, pero desde un principio le dije que eran más carnales que románticos. Le ofrecí disculpas y le dije que entendía si ya no quería trabajar conmigo. Ella tímida y con una voz baja, me dijo que no quería dejar de trabajar, que en realidad, ella también tenía algunos sentimientos hacia mí y que por obvias razones nunca me los compartió. Yo me quedé pasmado, eso no estaba en mis planes.

    Después de unos segundos, ella se acercó a mí y me preguntó que si todo eso que le había dicho en Facebook era real y que si podía demostrarle que iba en serio. No se me ocurrió otra cosa más que besarla en la boca, fue un beso tímido de parte de ambos, pero duradero, comenzamos a usar las manos para tocarnos uno al otro, algo simple, primero mis dedos rozaban la piel de sus brazos, luego nuestras manos se entrelazaban. Fue algo dulce e inocente. A partir de ese día iniciamos una relación a escondidas, algo así como un free, pero establecimos las reglas, nada de amor.

    Pasados los meses, me atreví a regalarle un vestido de esos sensuales que ella posaba en las fotos (fotos de las cuales nunca se enteró que vi). Le pedí que me diera eso de regalo en mi cumpleaños, lo cual así fue. Ese día cerramos temprano el negocio, nos fuimos a mi casa y sin ningún previo, ella me dijo que iría a ponerse ese traje que le había regalado, era negro, con hilo dental y unos encajes hermosos en los senos. Yo me senté en la sala y esperé a que ella saliera. Cuando abrió la puerta me llevé la gran sorpresa, se veía espectacularmente hermosa, usaba su tanga, unas medias a la altura del muslo y unos tacones súper sensuales. Se acercó a mí y lentamente empezó a moverse de una forma hipnotizante, puso en su celular música y sentándose en mi regazo, comenzó a mover su trasero de una forma tan sexy, que rápido mi pene se puso al pie de guerra. Cuando ella sintió lo duro de mi pene, se sonrojó, pero no dejó de moverse, era tan perfecto el momento, se movía en círculos y luego de adelante hacia atrás, yo prácticamente sentía que el mundo se me iba de cabeza.

    Ella tomó mis manos y las puso en su senos, mientras se presionaba más a mi entrepierna, se escuchaba como ella gozaba ese momento, sus pezones estaba duros, su respiración agitada y sus gemidos breves me hacían saber que el mayor trabajo lo estaba haciendo ella pero también que la estaba pasando muy bien. Esa iba a ser la primera vez que ella y yo tuviéramos sexo, me levanté rápidamente del mueble, la coloqué de espaldas en cuatro puntos sobre el mismo sofá, me bajé el pantalón, y al moverle a un lado la tanga, le di una estocada en su vagina. Ella ya estaba muy húmeda, por lo que fue muy simple esa proeza. Comencé a fornicarla con un ímpetu incomparable, me sentía fuerte, me sentía su amo, la golpeaba con mis muslos en sus nalgas. Ella agarró un cojín de mi mueble y como pudo lo mordió para evitar gritar, eso me encendía, sabía que ella estaba pasando un buen momento, tanto como yo. Minutos más adelante ella me volvió a sentar y de espaldas a mí, se sentó y con los mismos movimientos del principio seguimos, pero ahora ya penetrándola. Se daba unos sentones de miedo, y gritaba fuerte y más fuerte, decía mi nombre y me pedía que me la cogiera, «cógeme más fuerte» decía en reiteradas ocasiones, «métemela toda» decía, y pues obviamente yo le hacía caso. Hasta el momento en que sentía que me corría, le grité que ya venía, ella se quitó y arrodillándose me pidió que me viniera sobre ella, me masturbó fuerte y cuando eyaculé, ella puso su pecho para recibir la carga. Mientras yo me corría en su pecho, ella me hacía la conocida «paja rusa», con lo que terminó esa función.

    Para concluir ambas partes, yo le hice sexo oral hasta que ella también tuvo su recompensa… esa fue la única vez? no! pero más adelante compartiré la segunda parte.

  • Las consecuencias de ser infiel (Parte 1)

    Las consecuencias de ser infiel (Parte 1)

    Todo empezó cuando volví de la mili, mi cuerpo fruto del ejercicio físico realizado en 14 meses de trabajo intensivo en un cuerpo de élite del ejército habían transformado, a aquel flacucho que terminó a duras penas la carrera de ingeniería, en un fornido hombre de pelo en pecho con una musculatura más que respetable. Pensé que mi padre estaba loco cuando me convenció para alistarme voluntario pero hoy en día le doy las gracias.

    Yo hasta entonces había sido en el terreno sexual de lo más normalillo, un polvito a la semana con mi novia Dolores, normalito y sin florituras, yo encima ella debajo tres o cuatro culadas hasta llegar yo y punto. Luego si estábamos en un sitio que podríamos estar tranquilos nos fumábamos un cigarrillo y a dormir sino nos vestíamos y nos íbamos a casa.

    Dolores era alta casi 1.80 morena con el pelo largo de color negro azabache, tan negro lo tenía que a veces parecía azul, y unos ojos verdes mortales de necesidad, pero provenía de una familia bien muy católica y a duras penas conseguí hacerlo antes del matrimonio, pero jamás ni una postura erótica, ni una mamada ni nada la verdad es que yo me quedaba bastante satisfecho y no me importaba lo más mínimo si ella gozaba o no.

    Sólo al principio de nuestra relación ella se mostró algo salvaje y caliente. Recuerdo como fue nuestra mutua desfloración y la verdad es que no hay nada como la primera vez:

    Estábamos solos en la cama cuando comenzamos a besarnos de una manera diferente, nos comíamos mutuamente disfrutábamos cada unión de nuestros labios muy intensamente. Así nos la pasamos cerca de media hora, entre palabras y besos, pero yo ya estaba con la calentura adentro, más aún, si ella estaba vestida con una pequeña falda y un blusa donde se le podían ver sus grandes senos.

    Yo no me controle… comencé acariciándole la espalda, de ahí a tocarle su gran, enorme y hermoso trasero, pero ella bruscamente me dijo:

    – ¡NO! – que podríamos cometer una estupidez, pero yo insistí, comencé a besarle nuevamente, y mis manos se pusieron a trabajar nuevamente, pero esta vez, tenían como fin sus senos, ella se excitaba, la veía como gozaba cada vez que mi mano se posaba en su pecho, todavía tapado con su blusa…

    Luego de intensos minutos de caricias, me quite la camisa, y me puse encima de ella, y comencé a quitarle la blusa, y a chuparle sus dos hermosos, y grandes senos ella no aguantaba, me decía:

    – Amor mío, te amo, te amo.

    Mi pene ya estaba totalmente parado ante semejantes senos… Muy suavemente comencé a bajar mi mano hasta llegar a las piernas, de ahí, comencé a subirlas nuevamente y muy suavemente hasta que estuvo entre sus piernas, ella obtuvo su primer gemido de placer… me acomode mejor, de tal manera que pude bajarle delicadamente la pequeña falda que tenía puesta, y se quedó en un calzoncito y pequeño, el cual lo baje agarrándolo con los dientes, ella estaba totalmente mojada, yo estaba con mi pene al punto… Comencé a besar y chupar aquella vagina que mi enamorada por primera vez en su vida se la daba a un hombre, y ese afortunado era yo, comencé a chuparle con todo el amor que yo sentía por ella, mi enamorada gemía de placer, de mi pene salpicaban gotas de placer…

    Me levante y me saque el pantalón, quedándome en calzoncillos, pero donde se podía ver, que mi pene estaba duro y grande… me lo vio y me dijo:

    – Si todo eso entra me va a doler -, yo no dije nada, esa también era mi primera vez…

    Me arrodille, y mi enamorada comenzó a tocar mi pene, y de pronto me lo comenzó chupar de una manera que nadie más me lo hizo, tanto así, que en menos de 2 minutos, eyacule entre los pechos de mi querido amor… Comenzábamos a jugar nuevamente con nuestro cuerpo, a darnos besitos y una vez que mi pene recobro la fuerza para lo mejor, introduje muy suavemente mi pene entre la vagina de mi enamorada, muy suavemente se lo fui introduciendo, mientras ella gemía de dolor y de placer, le dolía pero le gustaba, me decía:

    – Métemelo todo, es muy rico, auhhhh

    Comenzamos a movernos, muy suave al inicio, con algo de miedo, inexpertos, le agarre las piernas y me las puse en mis hombros, y pudimos gozar mejor, había dolor, pero el goce era mayor… ella llego al clímax, con gritos, y diciéndonos lo mucho que nos queríamos y jurándonos amor eterno, yo me vine con ella, y eyacule encima de ella..

    Al finalizar, estábamos agotados, y saque mi pene aun parado de la vagina de mi enamorada, cuando vimos las sabanas manchadas de sangre, no sentíamos dolor, más bien, comenzamos a besarnos muy apasionadamente, símbolo que habíamos perdido nuestro virginidad con alguien que queremos de verdad.

    Pero todo aquello cambio ya que más tarde le entraron los remordimientos por su moral católica y se acabó lo bueno.

    Por otra parte tenía una maldita vecina. La ‘Puri’ que de pura y puritana no tenía nada, más bien era una calienta pollas de cuidado, siempre iba y venía de casa de los vecinos cuando sabía que no estaban las mujeres, con la clásica excusa: que si me he quedado sin azúcar, que si me he quedado sin café, que si por favor préstame un poco de sal, pero la muy zorra iba con un batas supercorta sin nada debajo o prácticamente nada. Desde que volví de la mili y con mi nuevo look (es decir pelo corto, musculitos, paquetón y demás) me convertí en el objeto de sus miradas y provocaciones cada vez más descaradas y es que aquella zorra sabía muy bien lo que quería y lo que tenía que hacer para conseguirlo.

    Su marido Salvador que también era ingeniero, era un amigo de mi padre que estaba viudo y se casó con la Puri por eso que tienen los hombres que llegan a cierta edad y se rodean de mujeres para demostrarse a sí mismos que son todavía unos machos pero a sus cuarenta y pico años no daba abasto con una mujer como la Puri.

    Enseguida me ofreció, dado las buenas notas que había tenido, el entrar a trabajar en un gabinete que el tenia y me ofreció la oportunidad ya que no tenía hijos de formar sociedad con él si me esforzaba y las cosas iban bien y a la larga heredar el negocio. No lo tuve que pensar mucho pues necesitaba dinero pues Dolores mi novia no hacía más que mirar pisos y enseñarme muebles en una clara indirecta de que estaba disponible para pasar por el altar.

    Acepte y allí empezó mi calvario, mi vecina la ‘Puri’ que ahora era mi jefa no paraba de provocarme. Un día se sentó delante de mi tablero de diseño y mientras yo trabajaba ella se metió la mano entre las piernas y se masturbo, yo me quede de piedra y más quemado que una cerilla, pero pensé que quizás era un malentendido.

    Posteriormente empezó a acortar sus faldas cada vez mas y más, hasta que llego el día que eran minúsculas, después empezó con las medias cada vez eran mas sexis y atrevidas, con unos ligueros de fantasía que a mi me ponían a 100, después ya iba sin bragas. Yo ya no sabía que hacer y Salvador mi jefe parecía que no se daba cuenta, todo esto lo pagaba mi novia que cada día recibía un polvo más caliente y brutal, cada día le pedía cosas nuevas que ella pese a mi extrañeza no me negaba sino que me concedía sin rechistar gozando los dos mucho.

    Llego el día en que la ‘Puri’, harta de que no respondiera a sus provocaciones me puso el coño en la cara y me dijo ‘cómemelo’ yo me amorré, no pude evitarlo, era demasiado tiempo de provocaciones y algo tan claro no lo pude soportar, deje lo que estaba haciendo, y chupe y mame hasta que ella se corrió, pero cuando me la saque para seguir con el juego la ‘Puri’ se río de mi, me dijo que si la quería tener a ella tendría que ganármelo y se marchó dejándomela más tiesa que el palo de la bandera y con unas ansias brutales de sexo.

    Esa tarde cuando llegó mi novia le dije que quería que fuéramos al piso que quería hablar con ella, cuando llegamos comencé a desnudarme y ella me dijo:

    – ¿Qué haces? Siempre estás pensando en lo mismo.

    Yo fuera de mí por lo que había pasado por la tarde la abofetee, y la tire encima de un sofá, mientras ella sollozaba y me decía que por favor la dejara. Yo ni la oía, estaba ciego de excitación, sencillamente aprovechándome de mi mayor envergadura y fuerza le subí la falda y le rompí las bragas, la tire sobre el reposabrazos de un sofá y tal como estaba se la metí por el culo, sin mas preámbulos, sin cremas ni nada.

    Ella era virgen por dicho agujero, chillo horrorizada, y le dije que callara, en ese momento gracias a Dios no había nadie en la finca sino seguro que hubieran llamado a la Policía de los enormes gritos que daba de dolor. Le dije que se relajara y disfrutara que aquello iba para rato, ella no sé si por miedo o por el placer que le estaba llegando por el trabajito que le estaba haciendo. Empezó a culear, y yo todavía me envalentone mas y empecé a darle acometidas como un toro de lidia a lo cual ella todavía gritaba y culeaba mas.

    Entonces me lo tomé tranquilamente y la situé en medio de la cama, apoyándose sobre sus rodillas y manos, cerca de la cabecera, presentándome la redondez de sus nalgas y su entrada, invitándome a montarla como si fuera una yegua. El cuadro que se me presentaba era muy excitante, sus dos entradas a la vista, el capullo carmelita de su ano, arriba de los vellos enroscados que rodeaban los labios rojos en forma de almeja de su vagina. Su pequeño ojo parecía guiñarme, flexionando y presionando en anticipación ansiosa la invasión de mi erección.

    Le puse el glande de mi pene a la entrada de su cerrado círculo y lo introduje un tanto, dejándolo ahí por unos minutos. Podía sentir el latido de su excitación en la flexión de su ano. En lo que ella me rogaba que la penetrara, la presioné suavemente por las nalgas con mis manos, de modo de hacer más sensitiva la penetración para ella y para mi. Dolores hizo una larga llorona mirada en lo que yo le empujaba mi pene erecto dentro de su recto. Yo sabía que tenía que ser muy cuidadoso, pues la había dejado irritado el ojete con mi primera acometida y me moví con gran precaución. Esto era lo correcto para ella y para mi.

    Dolores comenzó a perder su control rápidamente en cuanto empecé a rozarle los nervios de su trasero con mi falo, y la fricción de su dolorido esfínter anal a lo largo de mi erección me estaba enviando a los cielos sin demora. Ella se estremeció cuando comenzó el clímax, su cuerpo entero temblaba sin control en lo que se le producía el orgasmo. Me mantuve bombeando despacio y sosteniendo dentro de su trasero, y ella se mantuvo chillando, y luego sentí una corriente caliente que me erizaba el cuerpo haciéndome gozar.

    Con un gemido de satisfacción descargué mi semen dentro del culo de mi novia y perdí mis sentidos en la tormenta de fuego que me producía el orgasmo. Al descargar mi esperma dentro de su recto supe que estaba experimentando una grandísima corrida y una de las más fuertes y copiosas de mi vida.

    Cegado por lo hecho todavía la tenía dura y larga como nunca, se la metí dentro del coño pero de una forma brutal y desconsiderada buscando solo mi placer. A ella le debió gustar pues se movía y removía como una serpiente que pedía más y así seguimos hasta que nos corrimos de nuevo.

    Después se la sacó y se amorró al pilón de una forma animal chupando como si la vida le fuera en ello. En esos momentos mi polla parecía un polo, y mi novia parecía tener mucha sed. Con los labios succionaba el prepucio, mientras que con ambas manos me cogía el pene frotándolo cada vez más deprisa. Mis gemidos hicieron estremecer a Dolores hasta que me corrí por tercera vez quedando destrozado encima de la cama.

    Tan destrozados quedamos que ni nos enteramos que entraron en el piso su padre y su madre, que habían ido al piso a llevar unos muebles y cuadros que les dijimos que recogieran en la casa de los muebles, el escándalo fue total y su padre y yo llegamos a las manos acabando el pobre hombre con algunos dientes de menos.

    Después de eso se negó a que nos viéramos, hasta que ella me dijo que estaba embarazada y nos tuvimos que casar. Aunque me pidió que por favor que arreglara mis cuentas, pues ella sabía que aquel polvo no lo había pegado con ella en realidad.

    Parece ser que mientras le daba por detrás no hacia mas que decir:

    Sufre puta, sufre Puri, así no me provocaras mas -Le dije que aquello estaba zanjado y que a partir de ahora solo ella y nada mas, pero no era verdad, yo ya tenía tramada mi venganza.

    Mi venganza llegó unas semanas antes de mi boda. La Puri’ pidió a mi madre que era modista que le hiciera el traje, para asistir a mi boda, a lo cual ella accedió muy gustosamente.

    La muy cerda bajaba todos los días a probárselo, dejando la muy puta la puerta abierta, mientras se desnudaba para que yo la pudiera ver a placer, a placer de ella claro que disfrutaba exhibiéndose. Creo que el hecho de que yo hiciera caso omiso de sus provocaciones hizo que cada día ella se hiciera mas y mas atrevida. Un día aprovechando de que mi madre no estaba, bajo con la excusa de que tenía que elegir unas prendas de ropa interior y quería que mi madre le aconsejara, pero que si no estaba ella quizás le ayudaría yo.

    Yo me olí el mantecado y me imagine de que iba el rollo, pero se seguí el cuento a ver que pasaba, y pasó lo que tenía que pasar. Al segundo modelito yo ya estaba encima de ella, le arranque de un tirón el sujetador, y cogí con mis dientes sus pezones chupando de forma que se los puse duros y erguidos. Después la mordisquee toda, haciéndole al mismo tiempo un pijama de saliva por todo el cuerpo. Ella bramaba de placer y mas cuando dichos mordiscos los realice en su nuca que al parecer la tenía muy sensible. Mientras tanto, me saco la polla del pantalón masajeándomela y poniéndomela de unas dimensiones mas que considerables, pero esta vez estaba dispuesto a no perder el control.

    Soltándome de ella baje entre sus piernas quitándole las bragas que no eran ya mas que un trapo mojado, chorreante de jugos vaginales, Y fruto de la calentura del momento. Empecé a mamarla y chupé como jamás había chupado y la puse al borde del orgasmo y luego me retiré. Ella pego un salto como una leona, y se sentó encima de mi polla metiéndosela toda de forma que su pubis hacia tope en mis cojones. Desde luego había que admitir que la tía sabía hacerlo y allí llego mi venganza cuando yo estaba a punto de correrme ella me pidió que me saliera pues no tomaba nada contra el embarazo y no quería quedarse en cinta. Yo hice caso omiso de sus súplicas, la cogí bien por las caderas y le metí la corrida hasta lo mas dentro de sus entrañas. Ella me maldijo, me golpeo pero en ese momento le vino un orgasmo brutal, que la dejo medio atontada, cosa que yo aproveche, y repetí la operación varias veces para asegurarme de que eso traería descendencia cosa que ella temía horriblemente pues no podía soportar los niños…

    Dos semanas mas tarde mi jefe me dio dos buenas noticias, que como regalo de bodas me hacía socio de la empresa por mi labor realizada y que su mujer estaba embarazada, de pocas semanas, pero embarazada, pues se había hecho la prueba y que estaba que no salía de contento. Al placer de mi venganza realizada se sumó el hecho de los cuernos puestos a un conocido y a partir de aquello comencé a mirar a todas las novias y mujeres de mis amigos como un coto de caza ‘Muy particular’. La verdad era que era una sensación muy agradable la de la fruta prohibida el coger a la mujer de otro y arreglarle los bajos pero sinceramente después de lo de Puri no me sentí realizado.

    El día de mi boda y justo tres horas antes de llegar a la Iglesia, la mejor amiga de mi mujer que además tenía fama de casquivana, vino a mi casa a darme unos detalles de última hora y a repasar el tema de las horas a las que debíamos llegar y demás. Yo estaba obsesionado con la idea de poner cuernos a diestro y siniestro. Susana que así se llamaba nuestra amiga, no solo era la mejor amiga de mi novia y futura mujer sino la mujer de Aquilino, mi mejor amigo de toda la vida. La invite a tomar un chupito. Con la tontería y un par de chupitos mas ya tenía la mano entre sus piernas y a los diez minutos empecé a cogerle la mano y pasársela entre mis muslos.

    Al momento ya había introducido mis dedos en su falda hasta alcanzar su panty y al apartar ésta me encontré con un clítoris húmedo y suave, que acaricié alternando con entradas en su caliente y dilatada vagina, ella también me estaba tocando y mi falo se ponía cada vez más duro. Nos pusimos de pié con un beso de tornillo y la tomé de la cintura, a lo que respondió muy apasionadamente, contorneando su figura, invitándome a acariciarle sus nalgas, sus senos, su ponchita, todo su cuerpo. Disfruté tocándola tanto como ella siendo acariciada. La tela de su ropa pegada a la piel se sentía tibia y exquisita. Comencé a desabotonar su blusa y tomé sus grandes senos. Mis caricias la hicieron gemir de placer, pero aún no me atrevía a desnudarla, ya que no sabía si se iba a presentar mi madre. Ella bajó el cierre de mi pantalón y comenzó a acariciar mi picha, que ya se encontraba tan dura como una roca y comenzando a humedecer mis “gallumbos”.

    Me senté en una silla del comedor y ella se sentó sobre mí abriendo previamente sus piernas para quedar en posición, aunque sin habernos quitado la ropa. Dejé caer suavemente su espalda sobre otra silla levantando su falda y apartando su panty, comencé a lamerle su ponchita que comenzaba a segregar dulces jugos. Susana se estremecía con cada contacto de mi lengua en su clítoris. Bajé un poco mi lengua para dirigirme a su ano, que estaba afeitadito y limpiecito. Se lo lamí durante un largo rato lo que le gustó mucho según me dijo. Cuando le introduje un dedo en su ano me indicó que le dolía pero que le gustaba.

    Me levanté con ella guindada alrededor de mi y me dirigí al sofá, donde la desnudé, a riesgo de que al llegar mi madre que era la madrina, nos encontrara en plena faena. Ella dirigió su cara a mi pene y comenzó a mamarlo a medida que yo terminaba de quitarme la ropa. Uh… que sensación tan divina, esa boquita suave y mojada alrededor de mi instrumento, entrando y saliendo de forma que no quedaba nada por recorrer, a la vez que acariciaba mis testículos con sus delicadas manos. Estuve a punto de acabar en su boca lo que no quise hacer tan rápido, por lo que tuve que sacarle el pene e introducirlo en su vagina que me esperaba ardiendo.

    Mientras la penetraba besaba su boca, sus tetas, su cuello. Al rato me provocó meterle el pene en su culito, que me recibió apretado y suave. Le pedí que se tocara su clítoris y ella respondió inmediatamente. Cuando no pude aguantar más, retiré mi pene de su culo y comencé a bombear semen por sus tetas y su abdomen. El orgasmo recorrió mi cuerpo haciéndome temblar, mi líquido corría sobre su piel morena causando un bello contraste. Su mano derecha tomó parte de mis jugos y se acercó a su boca para saborearlo y gozarlo lentamente. Fue un momento maravilloso.

    Apenas tuvimos tiempo de recomponernos cuando llegó mi madre que era la madrina diciendo que estaba el coche abajo.

    Después de la boda, llegó la comida. Dolores mi novia que ahora era mi mujer estaba radiante. Pasó el banquete y después nos fuimos a la discoteca a bailar. Allí en un momento dado me di cuenta de que Susana se iba sola hacia el servicio de mujeres. Cuando me miró yo creí captar una señal en el hecho y le dije a mi mujer que iba un momento al retrete. Mire a derecha mire a izquierda y me colé dentro del servicio de mujeres.

    Allí estaba Susana empolvándose la cara, cuando me vio hizo un gesto entre terror y aceptación ya que hacía como cosa de cuatro horas que habíamos estado follando a tope. La cogí de la mano y la metí en uno de los retretes. Le di un morreo en los labios que ella me devolvió casi mordiéndome. Ella me rozaba mi pene erguido debajo del pantalón y yo le metí la mano debajo de la falda, llegando hasta la vagina que ya había visto, y acariciándola, entré en el reino de la humedad y el calor de su vulva. Penetré con uno y después dos dedos, y ella gemía. Saqué la mano y la llevé a mi nariz, sintiendo el fuerte aroma de su sexo. Ella frotaba cada vez más fuerte y empezó a quitarme mi cinturón. Me baje los pantalones y me saque la minga. Le levante la falda mientras ella se dejaba hacer, dejándome ver unas piernas de alucine enfundadas en una medias muy bonitas con liguero y una braga minúscula que arranque de un tirón.

    Aún no me chupaba el pene, así que sólo lo tomó con su mano y me lo apretó con una fuerza increíble. Yo le metía con decisión una mano en los senos, en su culo, rozando el ano, entrando la otra mano en su vagina empapada. Me hizo sentar en el inodoro, y levantándose la falda se metió decidida mi miembro mojado, empalándose con placer. En ese momento salió del trance, pareció como un motor al que hubieran dado el contacto y empezó a cabalgar sobre mi como una posesa.

    Yo me moría de excitación, y ella forzaba mi miembro hacia abajo para sentirlo más sobre su clítoris. La oí gemir y casi gritar. Le metí un dedo en su ano, y gozó aún más. Olí mi dedo y sentí la mezcla de olores más excitante que había sentido en una mujer. Su sudor me invadía, su sexo era una presencia viviente que saturaba mis sentidos. Sus ojos destellaban cuando se daba vuelta para mirarme. Su boca ansiosa me chupaba los dedos en cuanto rozaban sus labios.

    Se calmó breves instantes, manteniendo un movimiento de cabalgata para mi pene, y me dijo:

    – Siente cómo me late acá en los ovarios – y llevó mi mano hacia un lado de su vientre. Ciertamente, sentí el latido en ese lugar. Continuó su movimiento y el placer me invadía más y más. De pronto ella se corrió con grandes gritos y espasmos:

    – Ya, ya… ¡No puedo más!, ahhh ahhhh ahhh… yo me voy… ¡Sigue… Sigue! ¡Me corro…! ¡Asi… Así… Sigue… Sigue…! ¡Me corro… Ya… Me corro… por el chochoooo! ¡Ya… ya… yaaaa!

    Se quedó quieta un momento sentada sobre mi picha a tope de rígida hasta que se salió de pronto arrodillándose junto a la taza del wáter. Se amorró a mi cipote chupando con una fuerza y voracidad increíbles, hasta que me corrí, se lo tragó todo y me la chupo dejándola limpia como la patena mientras se llevaba una mano a la nariz diciendo:

    – Que lindo el olor de tu pene y tu lechecita.

    Luego se arregló el vestido y salimos de allí como si no hubiese pasado nada.

    Todo esto solo duro unos minutos y no cruzamos ni una sola palabra jamás sobre el hecho. Unos minutos después volví con todo el grupo y ella estaba en los brazos de Aquilino su marido, mientras este fanfarroneaba de lo hombre que era. Yo por dentro me reía de sus cuernos y aunque aquella sensación me gusto tampoco me sentí realizado.

  • Las consecuencias de ser infiel (Parte 2)

    Las consecuencias de ser infiel (Parte 2)

    El viaje de novios los hicimos al caribe, a un hotel con muchas estrellas y en primera línea de playa, pero la noche de bodas debido ya al avanzado estado de gestación, la cosa quedó en unos simples besitos pues no queríamos desgraciar a la criatura. Así que yo que seguía con mi obsesión, de poner cuernos a diestro y siniestro pues me ponía a cien el follarme a la mujer de otro. No quería chicas guapas ni espectaculares rubias, sencillamente follar lo que era de otro y, luego mirarlo por encima del hombro pensando en el tamaño de sus cuernos.

    No tardé en encontrar a una mujer ya entrada en años. Erika dijo llamarse, venezolana ella, de cuarenta y muchos años. Era ese tipo de mujer que se dice que quien tuvo retuvo, y sin ser una belleza espectacular siempre hacía volver la cabeza a los hombres. Me dijo que estaba allí acompañando a su marido en un viaje de negocios el cual no le hacía ni caso. Solo pensaba en perseguir jovencitas y pasaba olímpicamente de ella. No deje escapar la oportunidad y después de unas copas y un poco de charla la acompañe hasta una caseta de las que se utilizan para cambiarse de traje de baño, bastante espaciosa y con unos bancos bastante cómodos en el centro.

    Allí me senté y ella me bajo el pantalón de las bermudas. Yo como siempre estaba trepado a tope, con esa mezcla de deseo y morbo de coger lo que era de otro. Aún tenía la falda azul puesta. Mi boca se cebo en su pezón derecho. Sus tetas eran grandes, muy grandes. Sentir aquello en mi boca nublaba mi mente, no hubiese parado nunca si ella no me hubiese dejado entrever que quería que bajase mas por su cuerpo. La gire y la puse boca abajo, baje la cremallera de su falda y se la quite. La dejé en pelotas y ante mi quedó aquel hermoso culo, culo que ese día seria mío. No pude evitar manosearlo mientras ella se movía lascivamente pidiéndome caña. Mi mano paso hacia su coño, acariciaba su depilada mata de pelo en un suave ir y venir. Notaba como se iba poniendo húmeda, cada vez movía mas su caderas, se estaba poniendo caliente, y yo necesitaba meter mi polla en su cueva.

    Al bajar a su entrepierna, noté un gusto que me hizo notar que no había sido el primero en probar aquel coño ese día. La miré y se lo dije hasta que ella me contestó:

    – Estoy dispuesta a con dos hombres por cada mujer que el cabrón de mi marido se cepille.

    Paro de moverse, se volvió, su lengua ascendía rozándome la piel del pecho, llego hasta mi oreja y me susurro…

    – Móntame, quiero que seas mi jinete particular. Mi culo te llama.

    Acto seguido, se puso a cuatro patas, culo en pompa, aquella imagen era impresionante ese gran culo delante de mi polla. Podía ver su clítoris húmedo y caliente y, su pelo púbico delicadamente depilado y al fondo sus grandes tetas apuntando al centro de la tierra. Encorvó un poco la espalda, mostrando aún más su abertura, agarre mi polla como un torero dispuesto a entrar a matar. La situé justo delante, pase mis dedos por sus labios mayores y con su flujo impregne mi espada. Poco a poco la iba metiendo, ella levanto su cabeza, la estrechez hacia que fuese con cuidado, lo que sentía era una mezcla de placer, gusto y poder.

    Cada vez se la metía mas rápidamente mientras la agarraba por las caderas. Mi respiración se alteraba, ella jadeaba y yo seguía metiéndosela cada vez mas bruscamente. Era mía, yo era quien mandaba, a ella le gustaba, una de sus manos estaba en su clítoris, frotándolo repetidamente. Mi polla entraba y salía cada vez mas rápido. Ella gritaba, yo notaba como el primer chorro de semen iba por mi polla, intentaba retenerlo, haciéndolo mas duradero y disfrutar mas del placer que aquel culo me proporcionaba. Ella se retorcía de placer, yo estaba a punto ya, iba a explotar.

    Al momento saqué mi espada y el semen encontró la salida, me corrí encima de ella…

    Se dio la vuelta y cogió mi polla y se la introdujo otra vez en la boca, su calidez y suavidad contrastaba con la estrechez de su culo, el placer que sentía con mi polla en su boca era inmenso, mis manos estaban acariciando sus labios internos, rosados, calientes y mojados.

    Así estuvimos casi todos los días. Recuerdo que en nuestra segunda cita en la caseta, ella me confeso que era una amante de la penetración anal pero que su marido lo consideraba asqueroso. Al momento ella se engolosinaba con mi gruesa verga que chupaba con una pasión desbordada. Fue cuando besé sus nalgas redondas que ella me pidió, me suplicó que la penetrara en su ano.

    No me lo pensé dos veces, después de todo, el ver su rico culo invitándole a que lo destrozara con mi herramienta, era una de sus más deseadas fantasías. Entonces, empecé a lamer el área donde habría de trabajar. Me humedecí un dedo con saliva y lo introduje en el culo de Erika lentamente. Ella gemía cada vez que mi dedo penetraba más y más su interior. Con su mano ella acariciaba su clítoris y ante tal estimulación no tardó mucho en tener un orgasmo formidable. Tan pronto como ella se recobró de su orgasmo, tomé mi picha, escupí sobre su cabeza y lo guie al precioso orificio que estaba a punto de ser penetrado.

    Sin vaselina ni mas preámbulos se la metí de un sopetón hasta los huevos, pero ella ni abrió los labios, solo tembló de placer y pidió mas, así que yo continúe cada vez mas violentamente mientras mi mano llegaba hasta su coño, haciéndole una monumental paja. Nuestros gemidos se confundían con el ruido de nuestros cuerpos al chocar. Más y más rápido, con más y más fuerza… hasta que el final llegó, exploté en su interior. Mi semen inundó sus intestinos.

    Así estuvimos casi todos los días de mi luna de miel, hasta que volvimos a casa y aunque los cuernos con la venezolana fueron mas grandes que los de las demás, tampoco aquello me permitió sentirme realizado.

    De regreso a casa yo seguí con mi obsesión, follando a diestro y siniestro, de forma cada vez mas atrevida y desconsiderada. Llegado el momento, mi mujer dio a luz a un niño precioso al que pusimos mi nombre. Después de eso mi mujer muy caliente por el largo periodo que había pasado sin mantener relaciones, me pedía hacer el amor casi a diario, pidiéndome que folláramos como en aquella noche en la que la deje embarazada. A mi la verdad ya no excitaba ella, y de hecho tampoco las múltiples conquistas que realizaba fuera del matrimonio, que cada día me dejaban peor sabor de boca y no me dejaban contento como al principio.

    Recuerdo especialmente una cena de negocios. Nos encontramos una tal Carolina y yo para una cita de negocios. Durante la cena muy animada y con vino de por medio se dio cuenta que la miraba con harto deseo. Sin perder tiempo ella tomó una servilleta y la colocó bajo mi copa, mientras salía en dirección al baño. Titubeé unos segundos y leí la nota en la servilleta: “SÍGUEME AL BAÑO, NO TE ARREPENTIRÁS”.

    Dudé unos instantes pero al fin me decidí y la seguí. Cuando llegué a la puerta me abrió haciéndome entrar en un sanitario. Mientras cerraba la puerta aproveché para levantarle la falda deliciosa que traía puesta y me dediqué a morderle las nalgas con frenesí, al tiempo que tomaba con mis dos manos su sexo ardiente.

    Rápidamente la doblé hacia la puerta y con su culo doblado chupeteé el agujero de su ano, mientras jadeaba de placer. Carolina lucía desesperada por tomar mi verga y mis bolas. Luego de chuparme la verga y tenerla lista ella con sus manos, se abrió el agujero de su culo y de un certero movimiento se ensartó mi enhiesta verga causándome un tremendo placer que no podía disimular.

    Mientras tanto busco sus deliciosos pezones y le coloco uno en la boca mientras saboreé el otro. Ensarté mis dedos en su vulva y ataqué su clítoris. En ese momento entró una chica al baño y nos oyó gemir a ambos. Abrió la puertezuela y nos miró extrañada. Alcanzando a ver la deliciosa vulva de Carolina. Inmediatamente entró a nuestro lugar y se inclinó besando el clítoris de ella causándole un gran orgasmo.

    Luego abrió su blusa y le colocó sus tetas (grandes y oscuras como sandias negras) y Carolina se las chupó como si fuera un dulce. A poco le aviso a Carolina que estoy a punto de lanzar mi leche, entonces ella la saca de su culo y ambas se inclinan ahora y me chupan la verga, aprovechando para besarse y besarme las bolas.

    Lancé tal cantidad de leche que luego tuvieron ambas que limpiarse la cara pues estaban bañadas de semen.

    Un par de años después los negocios iban de maravilla. Nos mudamos de nuestro piso a una villa en las afueras enorme, y la empresa iba tan bien que casi funcionaba sola. Mi socio y yo solo íbamos a hacer alguna gestión de vez en cuando. Mi mujer me dijo que era demasiada casa para ella sola así que quería contratar un matrimonio para le ayudara en las faenas ella y él hiciera de mayordomo, jardinero, chofer y todo el resto de tareas. Los elegidos fueron un matrimonio de color (negros para no irnos con tonterías) muy jóvenes, muy eficientes y muy baratos pues provenían de un país con problemas políticos y ellos por tener estudios no eran muy bien vistos así que tuvieron que emigrar.

    Laura la negrita en cuestión no tenía desperdicio, tenía 2 melones enormes, una cintura de avispa y un culo que me llevaba por la calle de la amargura. Clot el negrata en cuestión media casi dos metros y aunque pecaba un poco de barrigón se notaba muy fuerte al estilo de un deportista que hubiera dejado de cuidarse.

    Mi obsesión me llevo a perseguir a Laura, noche y día, haciéndole regalos, y metiéndole mano cuando y donde podía. Así, un día en el que mi mujer se llevó al negro como chofer, yo lleve a la negrita hasta el pequeño bungalow junto a la piscina donde vivían.

    Allí ella que sabía bien a lo que íbamos, se me acercó y me desnudó. Me levante y sitúe detrás, ella no dijo nada. Lentamente aplique un suave masaje en sus hombros que poco a poco fue descendiendo por su espalda, me percate que era una sensación que ella aceptaba de muy buena gana, ya que poco a poco fue distendiendo sus músculos y se acomodó en la silla. Cuando vi aquello comencé un suave besuqueo por su cuello y los lóbulos de las orejas. Poco a poco empezó a respirar de una forma que me indicaba que iba por buen camino, mis manos pasaron de su espalda a sus costados y poco a poco, siempre por encima del vestido acaricie sus enormes melones, notando ya una creciente erección en sus pezones, de repente una mano subió por mis muslos hasta agarrar mi herramienta. Salvajemente la tiré en su sofá y me interne en su entrepierna, notando una humedad que denotaba el estado de excitación al que estaba llegando. Paré de chupar al comprobar que aparte del aroma a negra que emanaba aquel chumino, otro olor y sabor me perturbaba. Después de interrogarla al respecto, ella me lo aclaró:

    – Perdóneme señorito, pero es que esta misma mañana mi hombre se empeñó en pincharme el higo, justo antes de salir con la señora. Y como luego me llamó usted, no he tenido tiempo ni de lavarme el asunto. Perdóneme y ahora mismo me lo lavo en el bidé.

    La miré con cara de salido y me lancé a pegarle una chupada de aspiradora mientras le decía:

    – Veras que limpia te la dejo!- exclamé. Su clítoris estaba hinchado y su chocho no dejaba de soltar calientes caldos que se unían a los restos de lefa del negrata. Me comí aquella sopa sin hacer ascos, es más mi picha parecía a punto de estallar. Mi boca era ahora un puré de flujos vaginales y saliva que ya empezaba a invadir parte de mi barbilla.

    Mis caricias hicieron que todo su cuerpo temblara de placer y sus negros melones se agitaran hasta que se corrió entre sollozos:

    – Venga chupa, chupa. Comete la pepitilla. Ahhh, que gusto, pero que gustazo en el chumino. Mi cosa, cómeme el chichi, mátame de gusto cabrón, que ya no aguanto más Ahhh, asiiii, que gusto, me voy, me corro en tu cara… Ahhh. Ya, ya… ¡No puedo más! ¡Yo me voy… ¡Sigue… Sigue! ¡Me corro… Ya… Me corro… por el chochooo!

    Se quedó derrengada en el sofá hasta que al rato y por mis acometidas recuperó los sentidos. Entonces comenzó a aplicarme un tratamiento especial a toda mi virilidad. Sus negras manos acariciaron mi herramienta produciéndome una sensación maravillosa. El suave masaje recorría toda su longitud y se paraba breves momentos en mis testículos consiguiendo que por mi espalda recorrieran pequeños espasmos eléctricos. Al cabo de unos momentos de este suave vaivén se inclinó sobre mi picha a punto de reventar y aplicando sus labios sobre ella empezó una suave mamada. Notaba como su lengua recorría mi cipote mientras sus manos masajeaban mis cojones. El efecto fue instantáneo pues mi verga se hincho hasta límites insospechados y las sensaciones recorrían mi cuerpo, notando como espasmos de placer empezaban en mi nuca y después de recorrer mi espalda llegaban hasta el pene que no paraba de ser atendido por los solícitos labios de ella. Al cabo de unos instantes la carga de esperma pugnaba por salir y avisando de la circunstancia asistí con estupor y placer a una, si cabe todavía, más excitante succión que denotaba las ganas que tenía de beber mis jugos.

    No pude más y explote en su boca. La leche rebosaba por sus labios mientras se afanaba en evitar que no se escapara ninguna gota que con avidez relamía. Después de limpiar con la lengua toda la longitud de mi mango y dejarlo reluciente se recostó en el sofá y reclamo mi atención que inmediatamente fue solícitamente puesta en práctica. Volví a incrustarme en su almeja chorreante, los jugos se escapaban de su interior y dejaban sus labios brillantes. Los separé con mi lengua hasta dejar al descubierto el pequeño botón de su clítoris que se estremecía de placer en cada uno de mis lengüetazos. Mis caricias se prolongaron a lo largo de unos momentos, desplazándome de su suave chocho hasta su ano en el cuál estuve entretenido un tiempo, los suaves gemidos se convirtieron en poco rato en grititos que intentaba ahogar mordiéndose el labio inferior, sin embargo mi trabajo obtuvo su premio y al cabo de unos instantes explotaba en un largo orgasmo que hizo que todo su cuerpo se arqueara sobre mi, después de unas contracciones se relajó y me abrazó fuerte susurrándome en la oreja mientras me besaba suavemente que quería ser penetrada:

    – Metemela! no aguanto más! -gritó casi histérica.

    Sin hacer ninguna objeción agarre su suave culo y levantándola en vilo coloque mi falo en su entrada y la embestí de una sola estacada, note como todos los músculos de su cuerpo se ponían en tensión y proseguí las salvajes embestidas mientras ella se agarraba a mi espalda y me arañaba salvajemente demostrándome así el placer que sentía. Cuando note que estaba a punto de llegar al clímax me retire y la tumbe sobre el sofá, dejando todo su culo a mi vista, ella intuyendo mis intenciones se puso de rodillas y se acomodó para recibir mi virilidad por su negro orificio, suavemente fui entrando todos mis centímetros en su interior mientras ella susurraba palabras ininteligibles para mi, cuando logré establecer en su interior mi verga comencé un lento vaivén que nos llevó a los dos hasta límites insospechados de placer, finalmente descargué mi lefa en su culo y quedamos los dos tendidos uno encima de otro agotados por la experiencia. Poco a poco se fue recuperando y después de unos momentos me la volvió a chupar y me metió la lengua el culo, cosa que me puso a cien.

    – ¿Qué es lo que más le gusta a mi señorito? -dijo sacando su carita de mis glúteos.

    Yo la susurré bajito y un poco cortado que me chupara allí, ella entonces me dijo más fuerte:

    – Así que al señorito le gusta que le chupen el ojete, sinvergüenza. Voy a mamar suavecito tu pozo chocolatero y luego te voy a follar el trasero con mis dedos hasta que me llenes la boquita con toda tu leche…

    Dicho y hecho. Me siguió lamiendo la polla y follándome el ojete con los dedos hasta que de pronto se paró y me dijo que me tenía guardado un regalo especial. Yo estaba fuera de mí cuando ella me miró con cara de guarrilla y sacó del cajón de su mesilla unas esposas de policía, y me dijo que si quería seguir jugando seria bajo sus reglas. Yo ciego perdido de deseo y de vicio me tiré al ruedo y dije que de acuerdo.

    Ella cogió las esposas y pasándolas por uno de los barrotes de la cama me ato. Entonces cuando yo creía que iba a llegar el cielo, llegó el infierno. Se bajó de la cama y se fue de allí. Al momento se abrió la puerta y allí estaban mi mujer y el negrata.

    Yo no sabía que decir, salvo que comprendí que aquello era una encerrona. El negro se desnudó y dejó al descubierto un rabo descomunal, que le llegaba hasta casi la rodilla. Parecía la manguera de un bombero, pero negra y llena de nervios y venas.

    Mi mujer y la negrita se amorraron a ella y la besaron y adoraron como si fuera un dios fálico, y aquel monstruo descomunal todavía creció más y mas. Después le untaron el rabo de crema y mientras mi mujer cogía una cámara de vídeo, el negro y la negrita me ataron los pies a la cama quedando boca abajo con las piernas abiertas.

    Yo suplicaba a mi mujercita desconsolado, sobre todo cuando los negros me varios cojines debajo para que se me levantara el culo y mi ojete quedara indefenso ante lo que intuí que se avecinaba de manera ineludible.

    La intuición se convirtió en certeza absoluta cuando ellas a dúo comenzaron a ponerme crema en el ano, metiendo salvajemente los dedos en él. Después mi mujer sacó un consolador del cajón y me dijo que era para que fuera haciendo boca, y mientras la negrita seguía con el vídeo, se puso a metérmelo por el ojete mientras decía:

    – Llama ahora a esa guarra de Puri.

    Me estaba devolviendo mi primer polvo bestial con ella. Entonces cuando ella consideró que mi culo estaba bastante dilatado se fue con la negrita que había colocado la cámara de vídeo sobre un trípode, y le comió el coño lleno de sus caldos y de su marido y mío, mientras el negro que estaba a cien por la chupada de antes, mas por el espectáculo que aquellas zorras le estaban dando, pasó a la acción, es decir empezó a meterse en mi culo.

    – Hay que abrir ese agujero como si fuera un pozo… no sabes lo que se valora una buena enculada… así que… dale duro!!!… sin compasión!!!… hasta que grite como un maricón – le dijo a mi nuevo enculador…

    Sentí un dolor desgarrador, casi me desmaye de dolor, pero al mismo tiempo algo empezaba a surgir en mi interior y mi polla empezaba a ponerse dura, y mas dura sin podérmela tocar, quizás por lo extraño de la situación, y mientras tanto el martillo pilón de Clot seguía subiendo y bajando en mi culo, y la dichosa cámara grabando mi denigración total. Al mismo tiempo cada vez la tenía mas dura hasta que llegó el momento en que Clot se quedó parado un momento, una décima de segundo justo antes de meterme el envite mas fuerte junto a una descarga de semen tan grande que después de llenarme todo el culo como una lavativa, rebosó por los laterales calmando el dolor de mis entrañas.

    Para colmo me corrí, pero de una forma dolorosa, era un placer tan grande que quede medio desmayado, culo en pompa con un agujero tan dilatado que cabría por allí una mano. Clot sin apenas inmutarse.

    Se pasó a la cama de al lado y se montó a Dolores mi mujer por delante con ese trozo de carne que no solo no había perdido ni un centímetro sino que parecía la trompa de un elefante. En pocas emboladas mi mujer se corrió pegando unos gritos casi cómicos. Después le tocó el turno a Laura su mujer, a la que cogió y le pego unos envites que pensé que la partía por el medio, pero ella le pedía mas y mas.

    Cuando estuvo de nuevo a punto de correrse vino hasta mi y para colmo de mi humillación me la metió en la boca y se corrió adentro. Yo no podía tragar aquel río de esperma y me chorreaba por la comisura de los labios, después se tumbó a mi lado, me soltaron las manos y me dormí abrazado a él.

    A la mañana siguiente Dolores me aclaro el tema, ella se había enterado de todas mis aventuras y me las había permitido, porque desde el día que le desflore brutalmente el culo, había encontrado su camino. Iba a ser mi Ama y estaba dispuesta a mandar en casa, así que a partir de ahora, yo haría lo que ella quisiera en todos los aspectos o mis amigos recibirían una copia de la cinta. A cambio podría gozar de ella y de Laura siempre que quisiera.

  • Eyaculando en la playa

    Eyaculando en la playa

    Día 21 de septiembre. Cielo cubierto por un manto de blancas nubes. Supongo que la playa estará prácticamente desierta, así que hoy incluyo en mi mochila un objeto especial. Me dirijo hacia allí y al llegar, mientras camino por las tablas de madera que te llevan casi hasta la orilla del mar, confirmo lo que había pensado un rato antes: no hay nadie tumbado en la arena ni bañándose. Sólo algún paseante por la orilla y poco más. Ando unos veinte minutos por la arena húmeda y dura y me alejo de la zona de playa más cercana al pueblo. Poco a poco el paisaje se va convirtiendo en virgen. Nada de edificaciones cercanas ni de ruido de tráfico. Calma y silencio absoluto. Únicamente están el mar. La arena, el cielo y algunos arbustos que quedan a mi izquierda conforme camino. En esa zona ya ni siquiera aparecen los caminantes. Avanzo unos centenares de metros más y decido al fin detenerme. He elegido un buen sitio: justo allí los arbustos invaden un poco la arena como si estuvieran besándola o lamiéndola. Protegido por detrás por el espeso ramaje de dichos arbustos y con el agua marina a escasos metros delante de mí, me siento sobre la arena fina, suave y dorada. Me quito las zapatillas deportivas y me despojo de mi camiseta roja, dejando mi torso desnudo al descubierto. Unos tímidos rayos de sol luchan con afán por abrirse paso entre la capa de níveas nubes.

    Abro la cremallera principal de la mochila guardo mi camiseta dentro y busco, palpando con la mano, ese objeto tan especial que hay en el interior hasta dar con él. Como si fuera el más preciado de los tesoros, lo extraigo cuidadosamente. Ahí aparece ya, azul, alargado, con varios salientes curvilíneos. Es un dildo, mi dildo. El que me desvirgó el culo no hace mucho a manos de mi novia a la que le permití satisfacer una de sus fantasías, el que ese día casi logró que me corriese sin tener que estimular mi verga por el placer infinito que me estaba proporcionando. Ése con el que, con mi chica como testigo, en múltiples ocasiones he masajeado y rozado mi miembro empleando los distintos niveles de vibración que tiene el objeto. Justo ese dildo que tanto disfrute me ha proporcionado, nos ha proporcionado, hacía hoy su presentación en público.

    Ahí me encuentro en la playa con mi juguete en la mano, en plena naturaleza y cubierto sólo por un bañador azul oscuro. Me levanto y me acerco al agua, hoy algo más fría y cristalina de lo habitual. Comienzo a acariciar el juguete con mis dedos, a tocarlo lentamente sintiendo su textura. Empiezo a excitarme y mi mente echa a volar: imagino que es la mano de mi novia la que toca no el dildo, sino mi propia polla. Siento entonces que bajo el bañador se pone a palpitar como si tuviera un corazón propio. Con cada bombeo me doy cuenta de que se extiende y se agranda más, centímetro a centímetro. Ya está tieso y se me marca en el short de baño. Una gaviota que cruza el cielo es fiel y silencioso testigo de la situación, al igual que las pequeñas olas del mar que, al romper en la orilla, aportan una relajante banda sonora. Continúo magreando el juguete y fantaseando con las delicadas pero ardientes y eficaces manos de mi novia. Estoy totalmente empalmado y mi polla se encuentra firme y tiesa con sus más de diecisiete centímetros alzados como el mástil de una bandera. De repente a lo lejos y por mi izquierda distingo las siluetas de tres mujeres. Caminan por la orilla en mi dirección. Todavía están lejos, así que prosigo pero esta vez me sobo todo mi paquete sobre el bañador. No tarda en aparecer sobre la prenda una mancha por culpa de mi calentón. Lo siento rico y delicioso. Durante unos minutos no ceso en esos movimientos que agrandan mi excitación. Vuelvo a pensar en mi chica, en que está aquí conmigo en la playa y en que son sus manos las que ahora se cuelan por dentro del bañador intentando contactar directamente con mi polla y con mis peluditas bolas.

    Pero las tres mujeres siguen acercándose cada vez más y creo que es mejor parar antes de que me pillen haciendo eso. No quiero montar un pequeño espectáculo. Dejo de palpar mi pene y mi bulto pero no guardo el dildo: hoy es día de atrevimiento y quiero ver las caritas que se les quedan a esas féminas cuando pasen por mi lado y contemplen el juguete erótico. Retomaré más tarde mis tocamientos íntimos. La pequeña distancia a la que se encuentran las tres me permite ya distinguir que se trata de chicas jóvenes, entorno a los veinte años, no más. Espero que no se asusten. Las tres traen un bikini negro que las hace casi idénticas. El viento que sopla hacia mí hace que pueda oír las voces de las chicas. Son extranjeras, de eso no hay duda. Pero el idioma no me es familiar. Debe de ser de la zona nórdica de Europa. Ya están a escasos metros de mí y, sorprendentemente, me encuentro tranquilo, esperando con el dildo en la mano derecha la reacción de las jóvenes. Vienen en paralelo y la primera que se da cuenta de lo que agarro en la mano es la que va en el centro. Mira primero de refilón, luego una segunda vez con mucho descaro. Después de un inicial gesto de sorpresa, dibuja una sonrisa en su rostro. No parece molesta por lo que acaba de ver, ni mucho menos. Las otras dos extranjeras no tardan mucho más en percatarse del juguete y compruebo cómo la que camina en el extremo más alejado de mí se muerde tímidamente el labio inferior con los dientes superiores. Noto que acortan ligeramente los pasos para poder mirar más el dildo. Me sobrepasan y comienzan a alejarse de mi posición. Casi al unísono giran las tres la cabeza y cuchichean algo entre ellas de forma pícara y haciendo una de las chicas gestos con las manos tratando de reproducir el tamaño del juguete. Finalmente se distancian y se pierden de mi vista. Quién sabe lo que les puede provocar más tarde en su alojamiento el recuerdo del dildo. ¿Juegos lésbicos tal vez?

    Es momento de retomar mis tocamientos tras la interrupción. Necesito más, centrarme por completo en mi polla. He sobrepasado el límite y sé que ya no hay marcha atrás, que necesito masturbarme hasta el final. Miro hacia ambos lados para asegurarme bien de que no se aproxima nadie y de que no tendré que parar de nuevo. Me bajo el bañador por completo y me deshago de él sacándolo por los pies y dejándolo sobre la arena. Mi verga sigue tiesa y empiezo a machacarla, primero algo suave, luego cada vez más intensa y enérgicamente. Estoy totalmente desnudo, en pelotas, al aire libre y la leve brisa marina golpea con suavidad mi piel bronceada.

    Acelero todavía más hasta dejar mi glande al descubierto, fuera del prepucio. Brilla enormemente por lo mojado que se encuentra y por los rayos de sol que caen sobre él. Acaricio el glande, lo aprieto, lo rozo con la yema de mis dedos y lo agito empapando por completo la palma de mi mano. Siento un gran e intenso placer y comienzo a jadear y a gemir. Veo cómo pequeñas burbujitas salen del agujero del glande pringando aún más mi mano. No debo perder más tiempo. No puedo arriesgarme a que aparezca alguien y tenga que cortar precipitadamente. Porque entonces sería eso o correrme casi delante de quien sea. Vuelvo a incrementar el ritmo mientras contemplo las verdes y gruesas venas que se marcan sobre la estirada y tensa piel de mi polla. Mis testículos se bambolean sin control en todas las direcciones debido a la rapidez de mis movimientos manuales. Siento que ya no voy a aguantar mucho más: comienzo a notar en mi bajo vientre espasmos y cómo mis bolas hinchadas están a punto de explotar. Machaco violentamente mi pene una, dos, tres, cuatro veces más hasta que un enorme e interminable chorro de leche blanca sale disparado e impacta sobre la arena que lo absorbe y lo chupa sedienta. Varios chorros más siguen luego al primero y, por último, gotas aisladas de semen caen débiles a la arena anunciando el final de la eyaculación.

    Estoy empapado en sudor y decido caminar hacia el mar para bañarme. Toda mi piel desnuda va entrando progresivamente en contacto con el agua: los pies, los tobillos, las tibias, mis fuertes muslos, mi polla aún tiesa pero que poco a poco comienza a relajarse, mis duras y firmes nalgas, mi cintura… hasta que me zambullo en el mar sin esperar más y tratando de enfriar por un rato el ardor que se apodera continuamente de mi cuerpo.