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  • Sexo, fiebre, tos y relaciones

    Sexo, fiebre, tos y relaciones

    Laura se despidió de Alfredo con un pico rápido y cerró la puerta. Estaba cansada, pero en general el sexo había sido bueno. Aquel hombre era un poco rudo, ciertamente no era un experto en caricias, pero sabía meterla. Habían jadeado y sudado, y ese placer inigualable cuando el pene llegaba hasta el fondo la había vuelto loca. Luego habían adoptado la posición del perrito, envestidas acompañadas, de manera esporádica, con nalgadas.

    Laura miró el calendario antes de ir a cama, era lunes, el jueves tocaba con Miguel. Un hombre más joven y más diestro con las caricias y los besos. Se quitó el sostén y quedándose solo con las bragas se metió en la cama. De manera distraída se llevó la mano al cuello, notó picor en la garganta y por un momento se le pasó por la cabeza tomar un paracetamol.

    «No hace falta.» se dijo a si misma poco antes de caer en brazos de Morfeo.

    La mañana amaneció con un sol de primavera radiante. Laura hizo un esfuerzo por abrir los ojos. Le molestaba la garganta. Se tocó la frente y notó calor. Dos minutos después el termómetro digital que se puso bajo la lengua pitó y anunció fiebre.

    – ¡Joder! – dijo en voz alta.

    Aguantó la mañana sin medicarse confiando en que la miel y la leche caliente obrasen el milagro.

    La fiebre subió.

    Tomó una pastilla con el almuerzo y se metió en la cama.

    A la media hora rompió a sudar. Le dolía la cabeza y le molestaba… le molestaba todo el cuerpo, incluida la tripita.

    Se tiró un pedo.

    Y luego se le escaparon dos más.

    Estaba enfadada con el mundo, pasado mañana esperaba Miguel pero a este paso tendría que cancelar. Pensó en tomar más leche caliente y pastillas y… no, definitivamente las pastillas no eran buenas, le producían gases. La idea de llegar al jueves llena de aire y soltar uno mientras. Solo de pensarlo se le subieron los colores.

    El miércoles, para su sorpresa, la fiebre había desaparecido. Sin embargo el catarro o lo que fuese se había agarrado a la garganta. Se levantó a orinar. Sentada en la taza del váter se tiró un pedo que olía mal y pensó que las malditas pastillas la estaban matando, quizás unas inyecciones. Contrajo el trasero involuntariamente pensando en una aguja exageradamente grande. Dejo escapar un nuevo cuesco y un chorrito de pis. Tras secarse con un trozo de papel higiénico con aroma a rosas, se levantó y se subió las bragas. Frente al espejo observó su rostro y se decidió.

    La farmacia estaba escondida al final de la calle. Una muchacha de contundentes nalgas pedía un jarabe para la tos. El farmacéutico, un varón de mediana edad y rostro amable, la atendió con diligencia y en nada de tiempo Laura se encontró frente a frente con él. Tardó unos instantes en ordenar las palabras en su mente, pero al fin habló mostrando su sonrisa más social.

    – Sí, tenemos unas inyecciones intramusculares que van bien. – dijo el hombre con una voz sorprendentemente cálida sacando la cajita.

    – ¿Necesitas jeringa y aguja o se va a administrar el medicamento en algún centro de salud?

    «Joder no había pensado en eso.» se dijo Laura.

    El farmacéutico la miró un momento y añadió.

    – También ponemos inyecciones aquí.

    Por algún motivo Laura se ruborizó.

    – Esta bien, creo que es lo más práctico. – dijo al fin.

    Pasó dentro siguiendo las indicaciones del farmacéutico. Junto a un armario lleno de medicamentos había una camilla.

    La mujer paseó la vista alrededor. Estaba nerviosa. Luego, para distraerse, inició una conversación.

    – ¿Cómo te llamas?

    – Manuel. ¿Y tú?

    – Laura.

    – Bonito nombre y bonita chica.

    – Gracias.

    – No te preocupes, será un momento.

    – Ya. – respondió Laura sin mucha convicción.

    – Bájate los pantalones y apoya los codos en la camilla.

    Laura obedeció.

    – Un poco más abajo. No te de vergüenza.

    La mujer se ruborizó doblemente. No le gustaba que la regañasen ni que pensasen que era demasiado puritana.

    – ¿Así está bien? – dijo descubriendo todo el trasero.

    – Perfectooo – contestó Manuel frotando la nalga derecha con el algodón humedecido.

    – ¿Lista?

    Antes de que Laura respondiese notó el picotazo. Luego el líquido entrando con dificultad.

    – Relaja el culete.

    – Una cosa es decirlo y otra hacerlo. – se quejó mientras aguantaba el tipo.

    – Ya está. ¿Qué tal?

    Laura, sin saber muy bien el motivo, golpeó en el brazo al hombre.

    – ¿Qué tal? Ya ves, con medio culo dormido. Cojeando.

    Manuel la miró divertido, lo que indignó más a la paciente.

    – ¿Qué quieres?

    – ¿Y tú?

    Manuel respondió con sinceridad.

    – Te besaría aquí mismo. Pero estás malita.

    Laura fue a quejarse pero…

    – El sábado estoy libre. Si quieres puedes venir a mi casa y… – acabó diciendo.

    – y jugamos a médicos y enfermeras

    Laura sonrió.

  • Mi padrino me enseña a coger (2)

    Mi padrino me enseña a coger (2)

    Cuando el viernes me llamó Juli, mi amiga y novia de mi primo Quique, la esperaba, conociendo a Quique sabía que iba a contarle lo que habíamos hecho.

    -Hola Zoe… ¿Cómo estas amiga?

    -Genial, para que te voy a mentir. Dije.

    -Lo imagino. Quique me conto. ¿Ahora me crees lo que te conté?

    -Sí, claro que te creo. Y me alegra que estes tan feliz. ¿Entre nosotras, estamos bien? ¿No estás enojada conmigo?

    -No, nada que ver. Dejate de joder. Al contrario, me alegra que estes bien, que ahora sepas lo que es el placer.

    -Me alegro, no estoy arrepentida, pero no quería que nuestra amistad se dañara. ¿Te contó la pregunta boluda que le hice?

    -¿Sobre cuál de las dos coge mejor? Sí, me contó. Me salvaste de hacer yo esa pregunta, jajaja. Típica de mujer celosa. También me dijo lo que te contesto: “habría que juntarlas y compararlas”. Dijo Juli.

    -Es un desgraciado. ¿Qué pensás? Pregunté.

    -Vos y yo estuvimos en una cama con dos tipos, y ni nos tocamos un pelo. Nunca me intereso tener sexo con una mujer. No tengo problemas en juntarnos, estar los tres juntos. Pero… siendo el tercero Quique, pienso que puede pasar cualquier cosa.

    -Yo le dije bien claro que no me van las minas. Pero cuando estuvimos en esa cama, ninguna de las dos sabía gozar como sabemos ahora. Y sinceramente, no me interesa saber cuál de las dos coge mejor.

    -¿Entonces no queres que nos juntemos?

    -Sí, me gustaría, pero no para competir entre nosotras. Me gustaría para ver como gozamos a un hombre increíble. Y juro que sería la última vez con mi padrino.

    -Justo me está llamando. En cinco te llamo.

    Me quedé contenta al saber que con mi amiga, estaba todo bien. En menos de cinco minutos me volvió a llamar.

    -Bueno, parece que tiene nuestros teléfonos intervenidos el desgraciado. Me llamó para decirme que mañana a la mañana vamos a una quinta en Escobar, frente al río. Y nos quedamos hasta el domingo a la tardecita.

    -Qué bueno, como lo van a disfrutar con el tiempo que está haciendo, unos días de verano tremendos. Dije.

    -Si, Zoe. Y me dijo que te espera que esta noche vengas cenar, te quedes a dormir, y mañana vayamos los tres a la quinta… ¿Qué vas a hacer?

    -Uff, no sé. ¿Vos que pensás? ¿Qué querrías que haga?

    -Que es un hijo de puta. Piensa coger todo el fin de semana. Me gustaría que vengas…

    -No sé… te juro que no sé. Hasta último momento no lo voy a decidir.

    -Fijate.

    Estuve toda la tarde pensando que hacer, por un lado me excitaba terriblemente pensar en volver a estar con Quique, entregarme totalmente a él. Por otro, no sabía como iba a sentirme haciéndolo frente a su novia, principalmente porque era mi amiga.

    Finalmente, decidí ir. Me decidió que Juli me dijera que le gustaría que vaya. Cuando llegue al departamento de Juli, él no había llegado.

    -Cuanto me alegro de verte. Me dijo Juli mientras nos saludábamos con un beso en la mejilla.

    -Te aclaro algo de entrada, estoy: histérica, excitada, histérica, excitada.

    -Pues yo no estoy mejor. Veni, deja tu bolso en este cuarto. Y si querés, date una ducha y cámbiate.

    Me estaba bañando cuando escuche que Quique la saludaba a Juli. Segundos después, empezaron los gemidos de ella y como le decía que se detenga.

    -Amor, Zoe esta en la ducha, pará por favor, desgraciado…

    Y sus gemidos se detuvieron. Me terminé de duchar, me seque, me puse una bata de toalla, y fui al cuarto a cambiarme. No me había sacado la bata cuando lo escuché.

    -Hola…. Que sexy te ves con esa bata. ¿Por qué no te la dejas?

    -Hola, Quique, escúchame. No quiero que pienses…

    -Vamos a la cocina, Juli está preparando la cena.

    No me dejo terminar de hablar. Me cerre la bata de forma que no se viera nada. Fuimos a la cocina y Quique sirvió vino para las tres.

    -Les cuento, mañana salimos bien temprano, así no nos jode el tráfico. Antes de llegar, hay un mercado, ahí vamos a comprar comida. La bebida ya la tengo en el auto.

    -Me parece bien, así disfrutamos todo el fin de semana. Dijo Juli.

    Durante la cena, los cruces de miradas entre los tres, fueron intensas. Ahí me di cuenta, que con Juli estábamos a su merced, que haría con nosotras lo que quisiera. Terminamos de cenar, y cuando nos fuimos a dormir, yo iba a mi cuarto cuando escuche que Juli.

    -Veni a nuestro cuarto…

    -Me pongo algo y voy. Dije.

    Cuando me estaba poniendo la tanga ya estaba totalmente mojada. Me puse el brazzier y fui. Quique estaba acostado en el medio de la cama, Juli a su izquierda y los dos miraban una película en el Tv. Me acosté a la derecha de Quique. Miraba la pantalla, sin mirar. Esperaba que algo sucediera.

    -¿Cómo se sienten?

    -Nerviosa, caliente… Dijo Juli.

    -Nerviosa… Dije.

    Quique puso su mano en mi pubis y se sonrió.

    -Y caliente… Dijo.

    -Si… Dije.

    Quique se levantó y nos pidió que nos acostemos una junto a la otra. Nos quitó las tangas y luego nos separó las piernas. Primero se puso a besar y chupar la concha de Juli. La miraba y la escuchaba gemir. Nuestras manos estaban una junto a la otra. De pronto sentí como me la tomaba y apretaba. Me miro gimiendo y me dijo:

    -Me está matando con la lengua.

    Quique siguió chupando y cada tanto me miraba a los ojos. Yo me empecé a tocar, y él me dio un chirlo en la mano para que deje de hacerlo. De pronto, se levantó y paso a mi concha.

    -Desgraciado, no me podes dejar así caliente, seguí, estoy por llegar. Dijo Juli y apretándome la mano con todo.

    -Tenes que aprender a compartir… Dijo riendo Quique.

    Ella quiso masturbarse, pero tampoco la dejó. Me chupaba la concha haciéndome mierda, me solté de la mano de Juli, y ahora yo apretaba la de ella. Juli miraba como Quique me chupaba la concha y se mordía los labios. Se movió un poco y tomó mi mano y la llevo a su concha. No tuvo que decirme que hacer. Metí dos dedos y nos miramos. Las dos estábamos totalmente excitadas.

    Escuchar la risa de Quique cuando vio que la masturbaba a Juli fue tremendo. El desgraciado no tuvo que decirnos y nosotras nos tocábamos. Como él no dijo nada, Juli se puso de rodillas y con mi mano en su concha, empezó a besarme los pechos. Cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, Quique se detuvo. Las dos lo miramos. Él se puso de pie y se empezó a masturbar parado a los pies de la cama.

    Las dos nos tiramos de cabeza a chupar su pija. Las dos besábamos la pija, le pasábamos la lengua, y en varios momentos, nuestros labios se rozaban… y nos mirábamos dudando de avanzar… las dos nos estábamos masturbando, mientras él nos miraba sonriendo.

    Quique se empezó a masturbar con todo y acabo en nuestras caras, cubriéndolas de semen. Yo fui quien chupo su pija limpiándola por completo. Juli se puso a pasar su lengua, limpiándome el semen que tenía. Cuando solté la pija de Quique, ella paso sus labios por el resto de mi rostro y por último por mis labios, que separe para que ella termine su trabajo.

    Cuando lo hizo, yo fui besando y chupando todo su rostro, y como ella, deje para el final sus labios. Y para limpiarlos, no cambie la forma en que lo venía haciendo y le di unos besos hermosos en sus labios, que estaban separados. Me separe unos centímetros y nos miramos a los ojos. Las dos nos sonreímos. Nos acostamos, nos abrazamos y nos largamos a reír. Quique se rio con nosotros y las dos fuimos al baño.

    -Que tipo hijo de puta, me hizo poner a mil. Perdoname Zoe, pero estaba muy caliente. Después que puse tu mano en mi concha me di cuenta. No quise forzarte.

    -Olvidate, yo también estaba super caliente, hasta me sirvió para descargar calentura. Y cuando me chupaste las tetas, Dios, que placer. Y ese final, perdóname vos, que te bese casi de prepo.

    -Te digo que me gustó. Pero el hijo de puta no nos cogió a ninguna de las dos, fue todo para calentarnos.

    -Y lo logró.

    Cuando volvimos a la habitación, Quique estaba sentado tomando un whisky. Y sonreía con malicia.

    -Parece que se calentaron un poco…

    -Desgraciado, nos pusiste a mil. Dije.

    -Y nos dejaste calientes a las dos, sos un hijo de puta.

    -¿Quieren más?

    -Si, claro que sí. Dijimos a dúo.

    -Pues ahora va a ser todo para mí. Dijo.

    Nos hizo poner boca abajo, y yo fui la primera en “sufrirlo”. Separó mis piernas, y para mi sorpresa, hizo sentar a Juli en mi cintura, y separar con todo mis cachetes. Su lengua empezó a chupar mi orto, y por supuesto a dilatarlo. Se fue abriendo gentilmente, dejando que su lengua me entre todo lo que podía. Estuvo un buen rato haciéndolo y dándome un placer tremendo.

    Sentí que un dedo entraba en mi orto y no era el de Quique. Su lengua siguió jugando, pero solo por los alrededores, el dedo de Julia, entraba y salía de mi culo. De pronto no volví a sentir la lengua, me gire para mirar y Quique estaba de pie, cogiendo la boca de Juli.

    -Te gusta cogerla guacha, y a ella, parece que también, dale con todo. Dijo Quique.

    Juli metió un segundo dedo en mi culo, escupiéndolo para lubricarlo. Me estaba volviendo loca, sobre todo saber que era una mujer la que me estaba masturbando el culo.

    -Es muy puta, fíjate como goza tus dedos, y vos, vos chupando mi pija. Sos la reina, la pija es tuya, y vos haces con su culo lo que quieras. Le dijo Quique.

    La hija de puta, metió un tercer dedo y mi culo gozaba como loco, yo gemía de placer y soñaba con que Quique me meta su pija. Juli me hizo tener un orgasmo y Quique se dio cuenta y se rio con ganas. La hizo acostar boca abajo a Juli y pensé que por fin me iba a romper el culo con su pija.

    Pero no, me dejo muy caliente y se puso a chupar el orto de Juli. Yo lo miraba re caliente. Hizo que me acoste en la espalda de Juli, y que le chupe el orto. Eran dos lenguas las que jugaban en su orto. Juli gemía sin parar, y nos insultaba. Quique se puso de rodillas y me puso la pija en la boca.

    Juli estaba totalmente sometida por mí, estaba sobre ella, no se podía mover. Yo chupaba la pija de Quique y de una metí tres dedos en el culo de Juli, que dio un grito de placer. Yo estaba loca, totalmente loca chupando la pija y metiendo y sacando los dedos con todo del culo de Juli, que no paraba de gritar de placer. Lo miraba a Quique y disfrutaba mi chupada. Así estuvimos un tiempo hasta que él dijo:

    -Es la reina, tendremos tiempo Zoe. Me dijo y saco la pija de mi boca.

    -Hijo de puta. Le dije deseando que me acabe en la boca.

    -¿Estás muy caliente? Preguntó Quique.

    -Muy es poco… dije.

    -Dale para que te chupe la concha. Me dijo mirándome a los ojos.

    -Yo…

    -Hacelo. Me dijo imperativo.

    Él metió su pija en el orto de Juli, que grito de placer. Quique me miró y haciéndole caso, me senté delante de Juli. Ella levanto la cabeza y me miro a los ojos. Me acomodé y Juli comenzó a chuparme la concha con todo, y metió dos dedos.

    -Zoe, que rica concha que tenes, me la voy a comer toda, mientras mi macho me rompe el culo. Dijo Juli.

    Quique bombeaba con todo en el culo con todo, Juli gemía y me chupaba la concha sin parar, yo, miraba extasiada como Juli, una mujer, me estaba dándome un placer tremendo. Cuando Quique acabo en el culo de Juli, ella enterró tres dedos en mi concha y me mordió suavemente el clítoris.

    Juli se dio vuelta y limpio por completo la pija de Quique. Yo estaba completamente exhausta, con un orgasmo que no terminaba nunca. Cuando limpio toda la pija, vino hacia mí y nos dimos un tremendo beso.

    -Parece que no resulto tan malo estar con otra mujer. Dijo mi padrino mirándonos besar.

    -Porque vos sos un hijo de puta, que podes hacer que hagamos cualquiera sin decirnos nada. Somos tus esclavas. Dijo Juli.

    -No mi amor, son dos mujeres que están disfrutando el sexo. Y recién empezamos…

    Un rato después nos dormimos. Yo tratando de imaginar lo que vendría.

  • Claudia consigue empleo

    Claudia consigue empleo

    Durante meses Claudia le pidió a Pedro, el amigo de su padre que la dejara trabajar en su tienda de ropa. Aunque él no la dejaba, era menor de edad, aunque lo más importante y lo que más le preocupaba era que cada que la tenía cerca algo le pasaba. Su cuerpo se desarrolló, no era más la niña con la convivió todos estos años. Ahora era una joven muy guapa. El bulto en su pantalón cada que la tenía cerca era preocupante para él, por la amistad que tenía con su padre. Sin embargo Claudia cumplió 18 y luego de que su padre se lo pidiera le dio permiso.

    La tienda era pequeña, un solo piso con una bodega, tenía dos ayudantes Manuel y Daniela unos hermanos que desde un par de años eran parte de la tienda. En cuanto llego Claudia a la tienda a Manuel se le caía la mandíbula, no dejaba de mirarla, sus piernas largas en ese pantalón ajustado eran impresionantes, su cintura pequeña como sus tetas y su cara que destellaba un brillo especial cada que sonreía lo tenían embobado.

    Fue hasta que Pedro llegó, con el desatino que Manuel dejó de verla y siguió acomodando las prendas.

    —¡Bu! —dijo Claudia mientras por la espalda le picaba las costillas a Pedro.

    —Hola pequeña Claudia, ¿ya te dijeron precios y como acomodar?

    —No, nada más me dijeron que abriéramos y ya. ¿Que hago? —le dijo pegada a él, con su rostro pegado a su barba de candado.

    Mientras ella recorría la tienda acomodando accesorios, Pedro notó que esa erección en su pantalón no cedía, llevaba más de dos horas así y comenzaba a sentir calambres. Aun así, al igual que Manuel él estaba enchinado mirándola moverse por los pasillos.

    —Los sábados es en short, ¿ya te dijeron? —le comentó Daniela.

    —No, no sé si tenga. No se si me queden.

    —Bueno, ven vamos a doblar todo lo de allá. Si entra gente que ellos atiendan.

    Ambas fueron a la bodega mientras en la tienda Manuel veía a Pedro sonriendo.

    —¿de donde la sacó? Esta bien buena la morrita

    —Es hija de un amigo, si está bien sabrosa la verdad. Bueno a trabajar.

    Así llego el sábado y Claudia se puso el único short que tenía, ese que luego servía de pijamada. Era muy pequeño y dejaba salir un poco sus nalgas. Ahora hasta Daniela la miraba fijamente.

    —te dije de short, pero te trajiste el de la primaria niña.

    —Es que no tengo otro.

    —En la bodega están las playeras con el logo de la tienda, ponte una va, mientras voy abriendo.

    Todas eran enormes, solo una camiseta le quedaba más o menos bien, mientras se cambiaba Pedro entró, sin hacer ruido en el marco de la puerta se detuvo, admirando sus pequeñas tetas contenidas por el sostén.

    —¡Ay! No te vi—dijo ella dando un brinco al verlo.

    —Voy llegando, ¿todo bien?

    —Si, ya nadas guardo esto y salgo—dijo dando vuelta para recoger su suéter dejándole ver sus nalgas en ese pequeño short. Pedro ya tenía otra vez la verga durísima, así que salió para tomar aire.

    —¿y tú vas de safari?—le dijo a Manuel que traía una bermuda con muchas bolsas a los lados .

    —Está cómodo… Dios mío bendito—dijo al ver salir a Claudia, que le sonrió y siguió de largo.

    Durante el día ambos estuvieron atentos a ella, cada que se agachaba podan ver sus nalgas y la orilla de sus calzones que se asomaban como un bonito decorado de ese par de nalgas.

    Muchos clientes se acercaban a ella para comprar, pero más por estar cerca de ella. Al final del día mientras preparaban para cerrar, Pedro la vio platicando con un tipo mayor. Ella le daba su teléfono mientras se la comía con la mirada.

    —¿quien era ese?

    —Nadie, me dijo que si quería ser modelo él me ayudaba.

    —¿como crees esas tonterías?

    —¿ósea que estoy fea? ¿No puedo ser modelo?

    —No dije eso… es solo que…

    —esta bien, estoy fea según tu.

    —No dije eso…

    #ella se fue y no le dirigió la palabra en días, algo que aprovechó Manuel que estaba encima a toda hora. Unos días después, Pedro los sorprendió besándose en la bodega, el ardor que sintió por los celos le hicieron regañar a Manuel, incluso pensó en correrlo pero aún faltaba verla subir al auto de aquel tipo que le aseguraba sería una modelo.

    Le hervía la sangre, aun así no podía dejar que se aprovecharan de ella. “Me marcas cualquier cosa” le mando por WhatsApp y a distancia la siguió hasta un edificio del centro. Casi le ganaba el sueño cuando sonó su celular. Era Claudia con voz llorosa pidiéndole que la recogiera enfrente a una plaza comercial. La vio salir y caminar a la plaza, dejó pasar unos minutos para acercarse, le tocó el claxon y ella corrió a su auto.

    —¿qué pasó?

    —Nada…

    —¿Te hicieron algo? ¿Estas bien?

    —quería que me desnudara y salí corriendo

    —te dije…

    —no me regañes —Pedro mirabas sus piernas.

    —¿y que esperabas de un tipo que te aborda en una tienda? ¿Y Manuel que?

    —Nada, solo fue un beso…

    —Bueno, creo que ya no puedes trabajar en la tienda. Imagínate si te pasa algo, ¿que le digo yo a tu papá?

    —No le digas

    —¿y como le explicó que ya no trabajas más en la tienda?

    —¡¿Pero por qué?! —Dijo haciendo un gran puchero.

    —O despido a Manuel pero tampoco sería justo.

    —¿que puedo hacer para que me dejes seguir trabajando? —le dijo y se inclinó hasta estar cerca de su boca, tanto que el tuvo que estacionarse para no chocar pues no veía más que su rostro.

    —¿que vas a hacer, dime? —Claudia ya tenía su mano sobre su bragueta sobando despacio sin quitarle la vista de encima.

    —¿qué haces?—pregunto el sin la menor intención de detenerla.

    —Conservando mi trabajo y el de Manuel que no tiene nada que ver en esto, ademas se que a ustedes les gusta mucho esto, a mi novio se la chupo a cada rato.

    —¡Niña!

    —¡que tiene! Además mira, ya está bien duro tu amigo—le dijo apretándole la verga sobre el pantalón.

    —Espera, vamos a otro lado—dijo y arrancó en dirección a la tienda.

    Todo el camino lo fue estimulando, en cuanto llegaron y abrieron para después cerrar e ir a la bodega él se abalanzó a tocar sus nalgas prohibidas hasta ahora.

    —Me gusta tu culito niña

    —Pues agarrame mas, me gustan tus manotas en mis nalguitas.

    Mientras ella le zafaba el pantalón él besaba sus pechos que desde el primer pasillo quedaron al aire y metía su mano entre sus piernas. Para cuando llegaron a la bodega él tenía los pantalones en los tobillos, no podía dar un paso más sin tropezar, ademas no quería. Claudia le jalaba la verga con ambas manos y besaba de manera tierna la cabeza de su miembro.

    —Para que me dejes de decir niña—le dijo ella abriendo la boca para meter aquella verga lentamente.

    —¡Uuuf que rico!

    —Me gusta el sabor—decía entre mamada y mamada— aunque el tuyo es más grande que el de mi novio y esta mas duro.

    —Chupa nena, mételo a tu boca de una vez.

    —Mmmm haaagh no me los avientes en la cara, no me gusta mmm haaaagh —él pensaba más en penetrarla, empinarla, montarla pero ahora que ella lo mencionaba, se vería fabulosa con la cara batida.

    —¿entonces… te los comes?

    —¡No! —Dijo dejando de mamar— no me gusta.

    Pedro quiso voltearla para penetrarla pero ella se resistió.

    —Así no…

    —¿Entonces como?

    —Nomas te la chupo y ya, me va a doler

    —Despacito

    —No, mejor ya me voy…

    —Bueno pues solo chupa—dijo para evitar que se fuera

    —Me gusta mmmm chompaaahg haaagh

    Unos minutos más tarde él estaba por terminar, ella se separó y siguió masturbando hasta que el semen salió disparado sobre sus tetas y escurrió por su abdomen, otros chorros con menos fuerza cayeron en sus piernas.

    Cuando tomo su teléfono vio mensajes de su papá y mamá.

    —Vámonos que ya está mi mamá preguntándome que donde estoy.

    —Vamos, te acercó—ella como si nada se limpió y subió al auto. Al llegar se bajo si más.

    —Te veo en el trabajo.

    —Adiós niña—el padre de Claudia salió, lo invitó a tomar unas cervezas y platicaron hasta tarde. Pedro solo tenía en su mente a Claudia.

    No pasó ni una semana y al checar las cámaras de seguridad, descubrió que Claudia le daba una mamada a Manuel, aunque se enojó, luego de éxito. Al final pensó que solo podía usar todo eso a su favor.

    —Hola, ¿me hablabas? —dijo ella sonriente.

    —Claro, pásale y siéntate. Te quería enseñar un video.

    En la pantalla se le veía besando a Manuel, luego se arrodillaba mientras él se bajaba el pantalón. Ahí lo detuvo.

    —¿creo que ya sabes qué pasa después? —dijo muy serio.

    —Pero también te la chupe a ti…

    —Bueno pues a él lo corro y este video se lo mando a tu padre para que vea la clase de puta que tiene por hija.

    —No… no soy…

    —¿entonces vas por ahí chupando penes?

    —No…

    —¿qué hacemos? —Preguntó poniéndose de pie.

    —No nos corras y no le digas a papá…

    —¿yo que gano?

    —Lo que quieras

    —¿Lo que sea?

    —Si…

    —Vuelve a trabajar, nos vemos por la tarde. Ya veremos si Manuel tiene trabajo mañana o no.

    Por la tarde cerraron la tienda y Pedro espero paciente a que Claudia entrara. Con cara seria se sentó frente a él.

    —¿Entonces?

    —Nada. Vamos a ver qué es “lo que sea”. —se acercó y retiró el cabello de su cara sobándola suavemente.

    El ritmo cardíaco de ambos era acelerado, pero A diferencia de ella que no sabía qué esperar. Pedro estaba preparado.

    —Ven, recárgate aquí —Le indicó y ella se apoyó en el escritorio mientras él subía su falda.

    —¡ay! —Dijo ella cuando él le pellizcó las nalgas con las manos.

    —Con tus manos separa tus nalgas

    —¿así? —Dijo ella con la cara en el escritorio y ambas manos sujetando sus nalgas.

    —Si, así—Pedro ensalivo sus dedos u comenzó a soñar su paño hora hasta que empezaron los primeros gemidos.

    —mmm mmmm

    —Mira que está bonita tu panocha—dijo hundiendo sus dedos entre sus nalgas.

    —!ay despacio! —sin embargo él los metió más y movió como loco.

    —¡ay ay ay ya ay me duele!

    Luego los saco, evidentemente húmedos y lamió aquella panocha. Los ojos de Claudia estaban en blanco, evidentemente Pedro sabía lo que hacía y su legua seguía su trabajo en su pacha húmeda e inflamada.

    —Se siente muy rico como chupas

    —te voy a dar verga hasta que me canse pequeña chupa pitos.

    —mmm no te detengas mmmm rico mmm

    —se que te gusta, mira cómo estás mojada —llano su mano de sus fluidos y los embarro en su cara, apretando hasta que sus dedos entraron en la boca de Claudia que chupaba como si fuera un dulce.

    —ven aquí y chúpamela, ¿es lo que te gusta no?

    —si me gusta… —dijo ella y tomó su verga con ambas manos para chupar suavemente, sin embargo el metió toda su verga bruscamente.

    —hasta el fondo pequeña puta

    —haaag noggg puedoaag haaag —Claudia trataba de pararlo pero él le tomó las manos y usando su cinturón las sujeto y amarró. Levantándolas para darle oportunidad de resistencia.

    —me duelen mis muñecas—le dijo a manera de suplica.

    —abre la boca que voy a meter mi verga

    —haaa agh me dueleee

    —¡No mames si supiera mi compadre que su nena es mi puta mmmm sostenla dentro…!

    —haaag —La verga le lastimaba la garganta y apenas podía jalar aire, pensó que era lo peor que le podía hacer Pedro. Pero luego la giro.

    Recargada en el escritorio sintió como Pedro le arrancaba la ropa y abría sus piernas, separó sus nalgas y de pronto sintió un dolor horrible.

    —¡aaay no me duele no aaay!

    —Cállate ya y abre ese culo.

    La verga de Pedro entraba en su colista y el dolor era indescriptible para ella que no dejaba de gritar

    —Me duele, me duele mucho ay aaay —pero a él no le importo y la tomó del cuello para jalarla contra él y que su verga entrara de una buena vez.

    —¡que apegado culito tienes Claudia!

    —¡ay ayyy no ya no aaay así no me gusta! —Los sollozos le ponían más dura la verga a Pedro que sentía como se acercaba el final.

    —Vamos a pintar ese culo—se sacó la verga y vacío su semen sobre las nalgas de Claudia que se enconchaba aún adolorida sobándose su agujero.

    —¡ASÍ NO QUIERO!

    —Dijiste que lo que sea y mira tu culo estaba ahí, dispuesto para que mi verga se le clavará. ¡Quita esa cara o te vuelvo a coger por el culo!

    —¡NO! Me duele —dijo mientras se vestía y limpiaba sus nalgas. —llévame a mi casa

    —Vamos que mañana tienes que trabajar, ya veremos que hacer con Manuel.

    Viajaron en silencio, aunque él seguía triándole la entrepierna y sobando sus tetas sobre la playera. Ella bajo molesta y azoto la puerta.

    —¡Adiós!

    —¡CÁLLATE BABOSO! —dijo mientras se alejaba.

    Pasó la noche pensando que hacer con Manuel hasta quedarse dormido, al despertar con una gran ereccion tenía la respuesta. Lo llamo en la mañana a su oficina, le mostró los videos y sentenció.

    —Cada que te mame, te bese o te la chingues te voy a descontar un día de sueldo estamos.

    —¡pero yo no…!

    —!¿ESTAMOS?! —Dijo dando un manotazo en el escritorio.

    —Si… —Respondió el y salió resignado.

    Ese día Daniela se fue antes, tenía cita en el dentista y Pedro lo vio como una oportunidad que no dejaría pasar.

    —en cuanto cierren vienen los dos a la oficina—les dijo a Claudia y Manuel que solo asintieron y se miraron un tanto preocupados.

    Cuando bajaron las cortinas ambos caminaron hasta la oficina.

    —Bueno, la cláusula de tu descuento salarial no aplica si la compartimos.

    —¿qué cosa? —Dijo Claudia que no entendía nada.

    —¿compartir? —Preguntó Manuel.

    Pedro abrazó a Claudia tomándola por el culo y levantando su falda.

    —Compartir… —dijo y la besó mientras Manuel le bajaba los calzones hasta los tobillos.

    —¿me van a coger los dos?

    —Si, pero primero nos vas a mamar la verga—Pedro la acomodó entre ellos y la inclinó hasta que quedó en cuclillas. Luego se sacó la verga para recargársela en la cara.

    —¿Yo también puedo?—pregunto Pedro mientras bajaba su pantalón.

    —Obvio —Dijo Pedro

    Cuando ambas vergas chocaban sobre sus labios, Claudia comenzó suavemente a chupar un poco a uno y a otro.

    —no me vayas a ahogar, no me gusta—le dijo a Pedro

    —Deja de hablar y chúpanos la verga.

    Le tomaban el pelo para ver su cara mientras ella se metía los trozos de carne entre sus labios. Pedro se sentó en la silla y la levantó para que empinada le chupara la verga. Tomó un preservativo y se lo dio a Manuel.

    —Metesela en el culo

    —¡NO POR AHÍ DUELE MUCHO NO! —respingo ella pero Pedro ya le sujetaba ambas manos para evitar que se moviera.

    —No entra…

    —Empuja fuerte—le dijo Pedro.

    —¡aaay ayyy me duele! —Pedro miraba atento los gestos de dolor de Claudia, lo disfrutaba, su verga se ponía más dura.

    —¡Chúpamela verga ya!

    Sin dejar de quejarse, ella agachó la cabeza y lamió mientras Manuel entraba por completo en su colista.

    —Está bien apretada del culo

    —¡ME DUELE AAAY SÁCAMELA MANUEL POR FAVOR!

    —a mamar te dije—Pedro le tomó la nuca y la llevo hasta su verga, metió su verga de esa manera brusca que tanto le gustaba y ahora solo se escuchaban los gemidos ahogados de Claudia.

    —¡ash ahh !

    Se escuchaban como aplausos cada vez más rápidos e intensos, Manuel estaba aferrado a sus nalgas metía su verga sin piedad en su culo, y Claudia ya solo dejaba que con sus manos Pedro dirigiera su cabeza, ambas vergas entraban a placer sin ninguna resistencia.

    —Ven y siéntate aquí—le dijo a Manuel que obedeció. Le coloco a Claudia sobre el, ahora si se metió la verga en su panocha un tanto aliviará incluso lo besó. Pero después Pedro se acomodó detrás y colocó su verga en el orificio sin ocupar.

    —¡ES QUE ME DUELE!

    De un tirón entró la verga de Pedro y poco a poco la de Manuel resbaló, ambos se movían mientras ella gemía de dolor y un placer indescriptible. Solo había visto eso en las películas porno y ahora tenía dos vergas dentro.

    —¡Me duele mmm aaah se siente rico!

    —Te dije que acabaría por gustarte, este culo apretado está echo para recibir mucha verga

    Pedro estaba entretenido lamiendo sus pechos y casi ni se movía, Claudia se meneaba con ritmo para sentir ambas vergas dentro.

    —Pero me duele

    —cállate y muévete pequeña puta

    —No mames ya me voy a venir—dijo Manuel y Pedro se levanto.

    —Ven acá y comete el semen

    —¡No me gusta! —dijo ella que sin embargo abrió la boca para que Manuel metiera su verga y descargara su semen dentro.

    —¡uynimamesquerico!

    —Trágalo—le ordenó Pedro y miró como pasaba por su garganta mientras ella gesticulaba con asco. Luego la volteo y siguió penetrando su culo.

    —ha ay ay es que me aaay duele ay ay mmm

    —Ven que vas a tragar más leche—ella se inclinó y abrió la boca para que los chorros le mojaran los labios. El semen entró en su boca cerró la boca, luego tragó y suspiró.

    —No me gusta como sabe

    —acostúmbrate, vas a tragar mucho de ahora en adelante.

    Los tres se vistieron y Pedro los llevó a casa, primero a Claudia que siguió siendo manoseada por ambos. Lugo a Manuel que en silencio sonreía.

    —llegamos

    —Gracias patrón por todo

    —Oye, ¿crees que el culo de Mariana esté igual de apretado?

    —¡¿Que?! —Dijo Manuel sorprendido.

    —No vemos mañana—respondió Pedro y se alejó satisfecho.

    @MmamaceandoO

  • Ebria cogí con mi hermano mayor

    Ebria cogí con mi hermano mayor

    Cuando cumplí 19 años, mi hermano mayor se encontraba de visita en casa. Le pedí que me acompañara, con mis amigas y amigos, para la celebración. Aceptó. En esos años, él tenía 23 años. Se ha había ido de casa muy joven. A los 17 años partió a la universidad. Lo veía muy poco, pero nos llevábamos bien, las dos o tres veces al año que volvía a casa. Esa noche éramos un grupo de 5 chicas, todas compañeras de colegio, 3 chicos, amigos de barrio y mi hermano.

    Decidimos ir de copas a un bar de moda en el centro de la ciudad. La pasamos bien y en pocas horas estábamos todos bastante ebrios. Mis amigas se fueron todas poco antes de la 1nam y mis amigos se fueron yendo poco después. Hacia las 2nam sólo quedábamos mi hermano y yo.

    Mi hermano me propuso tomar una cerveza más y acepté. No recuerdo en que momento la conversación se puso caliente. En algún momento él me preguntó ¿hermanita, sigues siendo virgen?, me reí y le respondí que ya no.

    Me dijo que ya lo sabía. Que Manuel, un amigo suyo, con quien había tenido un noviazgo rápido, le había contado que habíamos cogido algunas veces. Me sorprendió que me lo contara así y me incomodó algo que Manuel se lo haya dicho. Se lo dije. Él me respondió que el sexo es parte de la vida y que no me hiciera rollos. Mareada y canchera, le di la razón.

    Cambiamos un poco de tema y tras unos minutos divagando volvió al tema sexual. Me dijo “hermanita, Manuel me comentó que la mamas como nadie”. Me quedé boquiabierta. Le respondí ¿eso te ha dicho?

    Y me dijo que sí. Es más, me dijo que Manuel le había contado que nunca se la habían mamado como yo lo había hecho. Que era la mejor que había conocido. No mencionaba nada más de mis relaciones sexuales con Manuel, sólo me hablaba de las mamadas que había hecho. Manuel había sido muy explícito en su narración. Me dio detalles de cómo lo hacía, yo pasé de una cierta incomodidad a una cierta calentura y luego a estar claramente caliente. Me gustaba el pene de Manuel, no era enorme, pero era un tronco perfecto, parecía una escultura con la forma ideal.

    Mi hermano se dio cuenta que me estaba poniendo cachonda. Cogió mi pierna mientras me hablaba y yo empecé a sentirme aún más caliente. Yo estaba con minifalda esa noche y su mano fue directamente sobre mi muslo. Sentir su contacto físico ya fue demasiado para mí, me olvidé que era mi hermano y me sentí sólo una chica que quería coger. Claramente él sintió lo mismo en ese momento.

    Avanzó con su mano sobre mi muslo. En ese momento el bar ya estaba casi vacío y estábamos en una zona oscura. Nadie podía vernos. De pronto se acercó a mí y me besó en los labios. Le respondí y mientras nos besábamos sentí que sus dedos llegaban a mi tanga, que estaba ya húmeda. Se dio cuenta, me di cuenta, nos dimos cuenta, que era el momento de partir.

    Salimos y fuimos a un hostal a unas pocas cuadras de allí. Sólo le pidieron documentos a él, así que no podían imaginar que éramos hermanos.

    Entramos a la habitación. Nos besábamos con ansía, sus manos cogían mis nalgas. Había subido ya mi minifalda hasta mi cintura y sólo tenía la tanga puesta y demasiado húmeda. Mientras nos besábamos, nos desnudamos completamente. Pude ver su pene erecto, era grande, más que el de

    Manuel, quien fue el causante teórico de ese momento.

    Se dio cuenta que le miraba el pene. Me dijo “mámalo hermanita”. Me arrodillé en el piso y comencé a hacerlo. Él solo decía “eres una genia Marta”. Se la mame unos minutos recorriéndolo todo con mi lengua, metiéndomelo todo en la boca, lamiéndole las bolas, alternaba un poco todo lo que sabía hacer y sentía como él lo disfrutaba. Sus gemidos me excitaban más.

    Finalmente me levanté. Me llevó a la cama. Me acomodó en cuatro patas sobre ella. Se arrodillo detrás de mí y comenzó a lamerme el coño y el culo. Me sentí morir. Me habían lamido el coño, pero nunca el culo. De hecho, era virgen por allí. Con su lengua tuve un delicioso orgasmo. Tras tenerlo, me acomodó sobre la cama, de costado. Se puso detrás, semi arrodillado, con sus dedos ensalivó mi vagina. No era necesario, supongo por costumbre lo hizo. Y me penetró.

    Sentir su pene dentro me puso a gemir con violencia. Gemía y decía “que rico, que rico”. Él me decía “eres una puta Marta, una putita”. Me movió y me acomodó boca abajo y me siguió cogiendo por mi coño. No intentó ir por mi culito. Nunca se lo he preguntado, pero supongo se dio cuenta era virgen por atrás y no quiso forzar. Llegue mientras él me decía “putita rica”.

    Me pidió levantarnos. Lo obedecí. Se sentó en un sofá que había junto a la cama. Me acomodó y me senté sobre él, de espaldas. Me siguió cogiendo por mi coño. Me pidió que me dé la vuelta. Me senté sobre él, mirándolo. Me dijo eres una mujercita Marta, toda una mujer. Seguía penetrándome y finalmente él llego. Yo ya no volví a llegar.

    Se nos había pasado ya la borrachera. Nos miramos. Nos besamos. Nos alistamos y volvimos a casa.

    Desde ese momento, cada vez que mi hermano volvía a casa buscábamos un momento para coger. Lo hicimos hasta que él se casó, pues desde ese momento, cada vez que volvía, llegaba con su esposa. Luego me casé y esos encuentros quedaron sólo como un recuerdo caliente.

  • La morena con cola de caballo

    La morena con cola de caballo

    Los días en la oficina cada día se hacían más tediosos, sobre todo luego de que eliminaron espacios y los sanitarios pasaron a ser compartidos con otra empresa.

    Sin embargo, gracias a esa medida, la conocí.

    Una tarde cuando salía del sanitario de caballeros, vi a esa morena que iba entrando al de damas. Me llamó tanto la atención, que aproveché a un conocido que pasaba por allí para tontear y esperar a que saliera.

    La morena era hermosa, como esas chicas que no necesitan hacerse nada para lucir sus atributos. Cabello negro hasta los hombros, senos firmes y voluptuosos, una cintura pequeña y un culo macizo como nunca había visto.

    Comencé a averiguar entre mis amigos de la empresa si la habían visto, pero algunos se reían de mí y otros me decían que le viera bien la cara, porque parecía que «escondía» algo.

    No les presté atención y procuré seguirme encontrando con ella en el pasillo, por «casualidad». Conocía ya al dedillo su vestuario: vaqueros, faldas, camisas casuales, franelas, todas esas imágenes me servían para masturbarme frenéticamente imaginando todas las posiciones posibles.

    Dos semanas fueron suficientes para que una tarde, que iba corriendo para llegar a mi casa, salté al ascensor que estaba en mi piso y apenas entré, la vi allí, esperándome; me sonrió y me saludó: – hola, creo que te he visto por los pasillos-. Yo sonreí, le devolví el saludo y me sumergí en el teléfono.

    Luego de ese encuentro casual en el ascensor, los momentos y las miradas en el pasillo eran más frecuentes.

    Un mediodía, nos encontramos de nuevo en los ascensores, estaba bella: blusa escotada, falda por las rodillas que resaltaba su culo y una cola de caballo. Eso me dio ánimos para invitarla a un café, allí hablamos de todo un poco, pero yo no perdía momento para detallarla, sus labios carnosos, sus ojos café y su cuello para morder.

    De regreso a nuestras respectivas oficinas, el elevador estaba vacío y nos morreamos un poco: besos, mordí un poco sus tetas por encima de la blusa y agarre esas nalgas que me volvían loco. Ella, al ver que trataba de meter mi mano bajo su falda, me detuvo con un beso de lengua: – calmate un poco papi, no soy lo que piensas -. Eso me excitó más y solo le pude responder: lo sé.

    Esa noche, después de ese encuentro, me masturbé como un poseso no solo pensando en poner en cuatro a mi amiga halándola por su cola de caballo sino, preguntándome qué tendría de diferente y qué podría hacer conmigo.

    Una semana después, la vi al mediodía cerca de la oficina: jeans ajustados, una blusa semitransparente que denotaba su ropa interior negra y como siempre, cola de caballo.

    Le hice señas y se acercó, moviendo sus caderas pero a la vez tan sencilla como si se estuviera levantando de la cama: – hola, sabes que no he dejado de pensar en ti y ni sé tu nombre-, me dijo luego de darme par de besos de saludo.

    Yo le respondí con lo mismo: – pienso igual, qué te parece si quedamos al salir del trabajo y así aprovechamos para conocernos mejor-, ella asintió y continuó su camino.

    La tarde en la oficina se me hizo larga, solo quería estar con la morena. Eran tantas las ganas, que aunque no lo hacía a menudo, tuve que encerrarme en el baño a ver porno en el móvil y masturbarme para aliviarme.

    A las cinco en punto, la chica estaba en el pasillo. Nos abrazamos y sin decir palabras, comenzamos a caminar al estacionamiento. ¡Vamos a mi casa y no puedes decir que no!, le dije mientras la tomaba de la mano y ella respondió con una amplia sonrisa: – perfecto, no esperaba eso, pero me gusta la idea -.

    Mi piso era monoambiente, una pequeña cocina, un baño y todo el living era la habitación, es decir, poco espacio para grandes cosas. Ella pareció notar lo mismo, porque me vio con la sonrisa más picara y se me lanzó a los brazos: es pequeño pero acogedor.

    La besé metiendo mi lengua hasta el fondo de su boca, ella me correspondía tomándome por la espalda y acariciando mis nalgas. Allí en el piso, la acosté para comenzar a besar su vientre plano, su ombligo y subir hasta sus tetas. Ella me hizo el favor y se desnudó, dejando a la vista un brassiere negro que pronto quedó en el piso.

    Sus pezones eran marrón oscuro, los mordí, hacía círculos alrededor de sus areolas y mordía suavemente. Ella solo guiaba mi cabeza con sus manos para que siguiera comiéndome ese par. Volví a bajar a su vientre y comencé a desabrochar sus vaqueros, ella me detuvo y con sorpresa y ternura me pidió que me detuviera. – Quiero hacerlo yo -, la tomé de la mano y me senté en el sillón.

    De espaldas a mí se veía escultural, su cabello negro, su espalda y sus vaqueros que iban bajando poco a poco para mostrar unas preciosas nalgas. Se bajó la ropa interior con las piernas cerradas, por lo que su culo se veía más parado.

    – Cierra los ojos -, me pidió. Asentí y luego de segundos de silencio, pude palpar que se estaba sentando sobre mi. Sus manos guiaron las mías a sus tetas, luego a su boca para mamar mis dedos uno a uno, pero yo quería bajar a su entrepierna.

    Prácticamente tomé la iniciativa y acaricié nuevamente sus tetas, su vientre, su ombligo hasta que llegué a su entre pierna. Tenía un pene macizo, completamente depilado y aparentemente, de un tamaño considerable que pude medir al tomarlo todo entre mis manos.

    Comencé a masturbarla, de arriba a abajo haciendo especial presión en la cabeza que ya empezaba a humedecerse. Ella comenzaba a mover sus caderas al ritmo de mis arremetidas en su polla, pensé que de un momento a otro su culo sería mío pero me quitó la mano y se levantó.

    – Abre los ojos, amor -, obedecí y tenía frente a mí un pene largo y medianamente grueso. Como si me estuviera desvirgando, suavemente comenzó a introducir su pene en mi boca.

    Era suave, tenía un sabor un poco ácido pero a la vez dulce. Lo sacaba y pasaba mi lengua por su glande, ella solo gemía y movía sus caderas. Luego de unos minutos, estaba agarrándome de sus nalgas para guiar el sexo oral y lamer sus bolas depiladas.

    Luego se volteó, se abrió las nalgas y comenzó a pasármelas por la cara. Yo mordía, lamía, jugaba con su pene. Su culo estaba totalmente dilatado y era precioso, yo no aguantaba más así que la tomé por la cintura y la senté sobre mi pene.

    Fue una penetración rápida y placentera, su culo a pesar de verse muy dilatado era estrecho por lo que abrazaba mi pene con suavidad. Comencé un mete y saca, mientras con una mano la masturbaba y con otra acariciaba sus tetas.

    Podía sentir su cuerpo sobre el mío, su sudor, mordía sus orejas. Sin separarme de ella, nos levantamos y cambiamos de posición. Se recostó del sofá y pude cumplir mi fantasía: tomarla por su cola de caballo para guiar la cogida.

    Era un sueño hecho realidad, ella con una mano se abría las nalgas y con otra se estaba masturbando. Estuvimos así por unos minutos, un mete y saca que nos llevó a acabar al mismo tiempo, mi semen en su culo y ella en sus manos y mi sofá.

    Me agaché, le lamí el ano y luego le mamé el pene. Era una sensación perfecta, ahora yo quería que ella me hiciera suyo.

  • Perfil de una mujer inocente

    Perfil de una mujer inocente

    Me considero una mujer doble cara, ya que con mi familia, amigos y conocidos cercanos soy una persona introvertida, amable, dedicada, respetuosa y responsable, sin embargo, obviamente oculto este lado mío, mi gusto y curiosidad a querer tener diversas experiencias sexuales. He tenido algunas experiencias, no he cogido con muchos hombres, considero importante mi seguridad y salud, soy una mujer limpia y sana. Me considero una chica tímida, pero algo traviesa.

    Físicamente soy gordita, mido 1.57 cm, morena, cabello negro ondulado, ojos marrones, me han dicho que en ellos muestro cierta inocencia, labios un tanto gruesos, cara redonda. Mis senos podría decir que soy de talla mediana, no son redonditos, areolas cafés, soy caderona, culona y piernona.

    En cuanto a mi forma de vestir, no uso faldas ni vestidos, me gusta usar jeans que hagan notar lo culona que soy y algunos remarcan la raya de mi panochita, me gusta usar brasieres que levanten mi senos y hagan notar su tamaño, playeras no tan escotadas pero que se aprecien un poco.

    Tengo diversas fantasías que no sé si me atrevería a cumplirlas todas, pero me masturbo pensando en lo rico que se ha de sentir. Una de mis fantasías es ser cogida por hombres mayores que yo, que me lleven más de 15 años. Me excita imaginar que alguien así me haga sentir cosas que chicos con los que lo he hecho no me han hecho sentir o experimentar, el hombre más grande con el que estuve era 18 años mayor que yo, aunque solo fue sexo oral, y otro me cogió era 9 años más grande que yo. Otra cosa que me gustaría sentir es ser cogida por dos hombres o más. También algo que me excita pero no sé que tan probable sea que realmente me atreva es experimentar el BDSM, claro sin nada extremo pero si sentirme sumisa, que un hombre sepa dominarme y tratarme como la putita que oculto.

    Lo que estoy segura que no me gustaría experimentar es un encuentro con otra mujer o transexual, no soy bisexual y respeto mucho la homosexualidad sin embargo es solo algo que a mí no me atrae.

    Cosas que he hecho es obviamente el sexo vaginal, oral y anal, aunque este último me ha incomodado un poco pero no niego que lo disfruté. Posiciones solo he hecho la del misionero y en cuatro, está me excita más, me encanta sentir como me meten la verga teniéndome empinada, sujetando mi cabello y dándome de nalgadas.

    He salido tal vez con unos 14 o 16 hombres que he conocido por alguna red social o página para chatear, aun así no he tenido sexo con todos, de esos con los que salí tal vez a 5 deje que me cogieran y con otros 2 fue pura masturbación. Poco a poco iré compartiendo mis experiencias por aquí.

    Algunos podrían pensar que no soy tan inocente como digo que parezco ser por todo lo que he contado aquí, realmente no soy una mujer tan atrevida, no soy quien dé el primer paso, pero si estoy con alguien que atrae y me hace sentir cómoda y en confianza tanto en chat como en persona, me dejó llevar por la situación. Por chat o por escrito me expreso bien, en persona no creerían que soy la misma mujer a la que le gusta el sexo.

    A pesar de tener gusto por esto también me doy a mi lugar, ante todo me gusta que me respeten como persona y como mujer, el hecho de no ser una santa, contar mis experiencias y fantasías, no me hace merecedora de un mal trato o de querer obligarme a cosas que no quiero. Si a alguien le doy paso de cogerme espero que todo sea sano, limpio y seguro.

  • Madre e hija compartiendo hombre

    Madre e hija compartiendo hombre

    Mi hermosa familia, es algo moderna, en ni vida solo existe mi madre,  ella me tuvo a muy poca edad a los 16 años, ella tenía solo tenemos una relación hermosa casi de amigas más que madre e hija, por ende compartimos muchas cosas…

    Yo tenía un amigo en la universidad que estaba estudiando medicina, era un chico muy alto media 1 metro con 95 centímetros, al lado de una chica de 1.60 la diferencia era enorme… siempre que teníamos que estudiar me lo traía a la casa, a «estudiar» siempre terminábamos haciendo otra cosa menos estudiar, esta chico era muy guapo aparte de alto, con ojos verdes y piel rosa, casi sin bello en su cara, él jugaba rugby en la universidad su físico era muy bueno, tenía abdominales y todo, muchas se ponían envidiosas cuando me lo llevaba a mi casa, todo el mundo pensaba que éramos novios, nos conocimos desde que teníamos 5 años, nuestros padres eran amigos, nunca se me insinuó, ni dio pista alguna que me quisiera para algo más que amigos, aunque solía encontrarme linda, teníamos mucha confianza, cuando venía a la casa, me solía ir a bañar, más de una vez pasaba en toalla enfrente a él, ni me miraba, a decir verdad yo me insinuaba a él, más de una vez me sentaba en sus piernas, o me quedaba abrazada a sus hombres en el aire, solo para molestarlo, pero nunca hizo anda, solo me hacía un lado, o se hacía el que nada pasaba, no iba a seguir insistiendo.

    Algo que si me daba cuenta, era como miraba a mi mamá, mi mamá solía trabajar en trabajos de oficina, solía andar vestida de forma formal con pantalones negros, tacones negros, una camiseta ajustada blanca y blazer negro que ajustaba la camisa a su cuerpo, cuando llegaba a la casa se soltaba la camisa y sacaba el blazer, dejando ver su gran escote, ella tiene muchos senos a diferencia de mi… solía soltarse la camisa al llegar, a mi amigo no se le despegaban los ojos del escote de mi mamá, y claro, tampoco de su culo, aunque ella no tiene tanto como yo, pero aun así se le marca su redondo trasero en el pantalón, ella solo tenía 34 años, en ese tiempo era muy deportista, salía a correr tenía un cuerpo muy cuidado, y un rostro que le quitaba años, parecía de 25, de cabello largo negro, labios grandes y rojos, cara delgada y nariz fina. No me inquietaba que el la mirara, ya que casi todos mis amigos la veían a ella y se les quedaban mirando, hasta a mi misma, es muy linda.

    Una mañana que solía ir temprano a eso de las 7:30 am a la universidad, ella solía estar despierta alrededor de las 6:30 am, para ir a trabajar aquel día la fui a ver a su cama, no iba ir a trabajar se sentía mal según ella, pero me llamo la atención que estaba bañada en su pijama negro de seda de una pieza tipo vestido con la cama echa sobre ella, fui sincera y le pregunté «Mamá estas esperando a alguien?» Ella respondió «No hija, solo no me siento bien, estaré bien ve tranquila» ella sabía que ese día me tocaba practica al otro lado de la ciudad y la práctica era de 48 horas, descansaba en el hospital… (Estudiaba enfermería).

    Me despedí y me fui a mi práctica, al llegar al hospital se había generado un brote de covid, estaba todo en cuarentena el sitio, por lo que devolvieron a mi casa, solo el viaje de ida y regreso me tomó más de 2 horas, me fui a 7:50 y al llegar a mi casa era casi las 10 am, al ingresar a mi casa note que la puerta estaba media abierta, pensé que mi mamá había salido a comprar algo, y regresaría, al entrar al living, note que los objetos de decoración que estaban encima de la gran mesa de vidrio que tenemos estaban en el suelo, y algunos corridos, me preocupe, camine rápido a su habitación, pero… antes de llegar al subir las escalera en ese trayecto, podía sentir un «aplaudir» seguido de un «aahhh… que rico, soy tuya así, así…» seguido de gritos y gemidos… pensé que había venido su «amigo» que solía venir a «verla» y tenían sexo, ella avisaba cuando eso pasaba y me iba a otro lugar para dejarlos tranquilos, me iba a ir a dar una vuelta mientras terminaban su encuentro, pero en el pasillo estaba la bata de la facultad de medicina de mi universidad tirada en el suelo… no podía creerlo… su habitación estaba abierta, corrí a ver que pasaba… menuda imagen vi… mi mamá, estaba montada encima del pene de mi mejor amigo, cabalgando como loca, mientras mi amigo la tomaba de los glúteos, no podía creerlo!!! Desde cuando que tienen esa relación, a mis espaldas…el chico se levantó casi me ve, me escondí sin saber que hacer, cuando vuelvo a sentir sus fuertes gritos y aplausos… miro… y estaba mi amigo de a pies, h ella estaba aferrada a su cintura haciéndolo en el aire… era mide 1.65 y el 1.95… se veía su miembro enorme entrar y salir de su pequeña vagina, se notaba que lo disfrutaba… estaba por interrumpirlos… pero me puso algo mojada ver como lo hacían siempre quise con el pero no me dejo, pensaba que sentiría ser mi mamá… me flote un poco el clítoris mientras les miraba, metí la mano debajo de mi pantalón ajustado azul marino, se sentía bien… pero se detuvieron… rápidamente me fui a mi pieza, y escuche «ya debo irme solo me dieron permiso mediodía» decía mi mamá a el, sentí que entro al baño, se arreglo y luego la vi salir por la ventana de mi pieza, el se quedó ordenando el desastre que dejaron, aun no se había bañado andaba en bóxer, manchado por sus jugos, y con una evidente erección.

    Baje las escaleras camine detrás de el, se dio la vuelta y se encontró conmigo… se veía muy atractivo, y sudado, con un olor a mamá que conocía… le dije «Los vi, no digas nada» agarre su gran pene erecto por encima del bóxer con una mano, mirándolo a los ojos, con la otra mano la deslizaba por sus sudados abdominales… hasta llegar a su bóxer… no se resistió, baje su bóxer dejando su pene grueso y grande al descubierto, para mi sorpresa no había acabado aún… le dije «te haré acabar otra vez» el respondió, «aún no he acabado» me agache solo un poco, y metí su pene en mi boca, tenía un sabor extraño… claro el de la vagina de madre…, se lo chupe, logrando erectarlo más, rápidamente me quite toda la ropa, me levanto y beso, y «ouchhh» solo metió su cabeza dentro de mi vagina y ya me dolió… me hacía preguntar, como mi mamá se la metía toda… a duras penas metió medio pene dentro de mi, no podía meterlo todo… mis músculos vaginales se lo apretaban tanto, deseos que soltara todo dentro, me subió a la mesa y comenzó a mover su cadera contra mi, sentí el cielo, lo hacía muy bien, tenía orgasmos, mis ojos desorbitados de placer, cuando me lo metió todo…

    Me relaje totalmente, era solo placer… fuimos a la cama de mi mamá a hacerlo, me llegó en brazos, lo hicimos por aproximadamente 1 hora, en la cual acabó dentro de mi vagina, escurría semen por más piernas, manchamos su cama… quedamos en guardar el secreto… al día después, mi mamá me dijo, «te divertiste ayer ?» Yo «no sé de qué hablas mama» ella «se me quedaron más llaves colgadas en la entrada, regrese a buscarlas, y te vi haciéndolo en mi cama» yo «perdón mamá, yo antes los habías visto, siempre quise hacerlo con el… y los vi» ella «está bien amor, hace una semana atrás, me beso y me dijo que me tenía muchas ganas… estoy sola, no me hace mal un poco de amor joven no?» A lo que respondió «mamá es que es mi amigo… pero esta bien que recibas su afecto» ella «puedes hacerlo de nuevo con el si quieres, si van a tener una relación formal deben decirme, solo es sexo» a los que dije «no te preocupes no quiero volver a hacerlo además mírame, apenas camino, no se como lo haces para que te caiga todo eso jajajaja» ella «la experiencia, jajaja» tiempo después ella siguió con sus encuentros con el, solo que ya sabía cuando lo harían, y lo hicimos par de veces mas, compartimos el mismo hombre, pero solo en la cama, sin afecto… y él se dejó ser nuestro objeto sexual… el encuentro novia y esto paro.

  • El convento (III)

    El convento (III)

    La madre superiora Gabriella, albergaba muchos deseos por el padre Donato, ya no era suficiente ver la escena semanal de los miércoles entre doña Antonella y el sacerdote, no era suficiente masturbarse tocando su clítoris y pezones, mientras veía como la polla del padre Donato satisfacía a una sola mujer, la madre también quería probar las mieles de lo prohibido.

    Una tarde que el sacerdote estaba en su despacho, como de costumbre leyendo la Biblia, entró la madre superiora.

    D: Buen día madre Gabriella, por favor tome asiento, ¿a qué debo el honor de su visita?

    Pero la monja no hizo caso, de pie se quedó mirando desafiante al sacerdote.

    G: Buen día padre, lo sé todo!

    El apacible rostro del padre Donato cambió un poco, se puso tenso.

    D: No entiendo, a qué se refiere hermana?

    G: Pues que he visto como profana este sagrado recinto, se perfectamente las cochinadas que hace con doña Antonella todos los miércoles!

    El padre Donato se puso pálido, sabía que si la monja hacía un escándalo de ésto, su nombre y puesto se verían mancillados, el padre no fue capaz de articular palabra alguna, la monja sonrió al ver el miedo en la cara del sacerdote.

    G: Tranquilo padre, veo que está preocupado, no tiene porqué, solo le pido algo grande y grueso a cambio de mi silencio.

    D: Dígame madre superiora, que puedo hacer por usted?

    La hermosa monja pelirroja de ojos verdes caminó sonriente hacia el escritorio del sacerdote, se puso frente a él, luego le dio la espalda, levantó su hábito y dejó expuestas sus perfectas nalgas, las cuales abrió con ambas manos para ofrecer su ojete al sorprendido cura.

    G: Padre, solo le pido que me haga todas las porquerías que hace con doña Antonella, quiero que me purifique hasta las entrañas padre Donato!

    El sacerdote tuvo una erección inmediata, en frente tenía un hermoso culo que merecía mucha atención, la agarró de los muslos y sumergió su cara en los cachetes de la monja, su lengua lamía todo el santo orificio, pasaba por la cerrada concha deteniéndose en el clítoris, se puso saliva en uno de sus gordos dedos y empezó a dilatar el orto de la monja, el culo de la madre Gabriella tenía buen sabor, así que el cachondo padre alternaba sus dedos y su lengua por toda la cavidad anal, la monja sentía corrientazos eléctricos de placer, gemía bastante hasta que sus piernas empezaron a temblar con su primer orgasmo anal, el sacerdote con ambas manos sobre las nalgas de la monja, parecía escarbar con su lengua en lo profundo de las entrañas de la pervertida monja italiana.

    G: mmm padre, que bien se siente su lengua llenando mi culo!

    D: mmm querida hermana, tiene usted un ojete glorioso y su sabor es exquisito, mmm.

    Toc- toc, sonó la puerta del despacho, pero no dio tiempo a que la madre superiora se pusiera el hábito, así que se agachó entre el escritorio y la silla del sacerdote, quedando oculta de la inesperada visita, eran las tres monjas, Brunilda, Varenka y Laetitia, la primera en hablar fue la rusa.

    V: Buen día padre, disculpe nuestra interrupción, pero lo que tenemos que decirle es urgente!

    D: Buen día hermanas… la verdad es que estaba un poco ocupado con un versíCULO que me tiene intrigado, pero ya que están aquí, díganme, que les preocupa?

    La monjita francesa rompió en llanto y tomó asiento.

    L – Padre, es que hemos pecado y no podemos esperar a mañana para que nos confiese!

    D: Pero hijas mías, así de grave es vuestro pecado?

    V: Si padre, hemos fornicado!

    D: Pero cómo, cuándo y con quién??

    La alemana habló muy seriamente, mirando directo a los ojos del sacerdote.

    B: Anoche padre, con los tres enfermos que llegaron ayer en la tarde, con el carnicero, el herrero y el pescadero, pero lo peor de todo es que las tres lo hemos disfrutado, ¡aunque a nuestro favor, todas recibimos señales divinas!

    V: Si padre, nuestro señor nos manifestó sus deseos por medios milagrosos!

    L: Así es padre por increíble que parezca, los tres estaban por morir, pero gracias a nuestros cuerpos ahora están mejor de salud!

    D: Vaya por Dios, por favor hermanas, cuéntenme cómo sucedió todo, no se les ocurra omitir detalle alguno!

    La madre superiora que estaba agachada en el escritorio, escuchó todo y su calentura en vez de bajar por la intromisión, se elevó por los relatos que cada una de las monjas le confesaba al padre Donato, así que ni corta ni perezosa, metió su mano por entre el hábito del padre y le sacó el enorme cetro de carne, y como una posesa empezó a chupar con locura a medida que los relatos de las monjas la ponían más ardiente.

    El sacerdote estaba fascinado con las historias de las tres monjas, más la tremenda chupada de pija que le daba la madre superiora, estaba por correrse ante tanta lujuria, hasta que Brunilda que era la última que confesaba, con su historia, hizo que el padre no aguantará más y gimiera como un búfalo en celo, descargó toda su leche en la garganta de la madre superiora Gabriella, la cual tuvo arcadas, pero con su boca abierta casi a 90° se tragó toda la espesa leche del sacerdote.

    Las tres monjas sorprendidas por los gestos y aullidos del padre, se hicieron a su lado y casi no daban crédito a lo que sus ojos veían!

    La madre superiora Gabriella estaba arrodillada con la gigantesca polla del padre Donato entre sus labios, derramando leche por la comisura de los labios.

    La monja se levantó y le susurró algo al sacerdote, que inmediatamente sonrió con un gesto de aprobación.

    D: Primero que todo, por favor hermana Laetitia ponga el pestillo de la puerta, que nadie nos vaya a interrumpir.

    Eso hizo la pequeña monja francesa, que no podía dejar de mirar el garrote de carne que tenía el padre entre sus piernas, era mucho más grande que la polla de don Massimo.

    D: Bueno como veréis, no es casualidad que estemos los 5 aquí reunidos, la madre superiora Gabriella y yo también hemos recibido señales para el disfrute de nuestra carne, eso sí, en nombre de nuestro amado señor.

    G: Así es, quitaros los hábitos excepto la cofia y el velo… muy bien, ahora poneros a cuatro patas sobre el sofá.

    Ante tal espectáculo la polla del padre Donato se puso erecta nuevamente, los tres culos empinados se veían deliciosos, la madre superiora Gabriella también estaba muy excitada.

    G: Padre voy a preparar cada uno de esos sagrados orificios para que puedan ser bendecidos con su santa polla!

    El sacerdote se relamía los labios, enseguida la monja italiana se quitó su hábito, pero dejándose la cofia y el velo también, tenía un cuerpo espectacular a sus 48 años, grandes tetas y un culo tremendo, grande y firme, el coño lo tenía poblado con hermoso vello rojizo; Gabriella empezó a chupar el culo de la monja francesa Laetitia, lo devoraba con gran placer, mientras le comía el culo a la hermana, arqueo la espalda y empino su culo, ofreciendo su manjar al padre, que inmediatamente se arrodilló y metió su lengua hasta lo profundo del orto de la madre superiora.

    Gabriella seguía lamiendo y chupando el ojete de Laetitia, luego fue metiendo un dedo en la cavidad estrecha de la monjita, gracias a su saliva entro con facilidad, luego metió dos dedos, tres, cuatro, hasta que le metió el puño entero, Laetitia dio un gritó de dolor, que luego se transformó en placer a medida que la madre superiora movía su puño dentro de su culo, el padre Donato estaba fascinado con la perversidad de la madre superiora, así que le metió su tercera pierna por el ojete, Gabriella también dio un gritó, el sacerdote se la metió hasta el fondo, Gabriella aullaba de placer, al igual que Laetitia.

    Minutos después la madre superiora sacó su puño del culo de la menor de las monjas, dejándolo listo y dilatado para la monstruosa polla del sacerdote, que enseguida sacó su garrote carnal del orto de Gabriella, para ponerlo en el de Laetitia, que aterrada y excitada a la vez, lo sentía más grande que el puño de Gabriella, la pequeña monja sentía que era partida a la mitad.

    L: Por Dios padre, que me parte en dos, que grande es su cetro madre mía!

    D: Disfrutemos hermana Laetitia, por cierto que culo más divino posee usted!

    Mientras tanto, Gabriella empezó a comerle el ojete a la rusa Varenka, que enseguida se puso a chupar la cruz que colgaba de su cuello, gemía delicioso pronunciando palabras en ruso, luego Gabriella hizo lo mismo que había hecho en el orto de la francesa, Varenka dio un alarido incomprensible, pero en su sonrojado rostro se veía el placer.

    Brunilda la alemana, se estaba calentando demasiado y no quería esperar más, así que se puso detrás de la madre superiora y le devoró el culo a la degenerada italiana, que gozaba como una puerca, tenía el culo muy dilatado gracias a la polla del sacerdote, así que prácticamente la alemana metía toda su lengua en el caliente agujero de Gabriella.

    Minutos después, el padre metió su trozo de carne en el orto de la rusa, que gritó aún más!

    V: Si padrre, rrompame el culo con su cirrio sagrrado!

    D: Si hermana Varenka, mi misión es purificar vuestras entrañas!

    Gabriella cambio de culo, ahora se comía el de la monja alemana, era el más grande de todos los culos presentes, pues la alemana tenía la estatura de una vikinga (185 cm), Laetitia también quería probar el culo de la Santa madre superiora, le metió la lengua hasta el fondo y también le devolvió el placer de meter su pequeño puño.

    Minutos después, lo mismo hizo el padre Donato con la monja Brunilda, que por poco se desmaya al sentir en su interior la poronga del sacerdote, era más gruesa que el puño de la madre superiora.

    D: Qué culo más grande, apretado y delicioso tiene usted hermana Brunilda!

    B: Es un divino placer tener su gigante polla hirviendo en mis entrañas padre!!

    Una orgía desenfrenada se llevaba a cabo en el despacho del sacerdote, varios mete y saca después, el padre Donato se recostó boca arriba sobre la alfombra, la madre superiora Gabriella se sentó a horcajadas sobre la polla del cachondo padre.

    D: Hermana Laetitia por favor traiga el frasco de aceite de oliva que tengo sobre la mesa y untelo sobre mis puños.

    Eso hizo la obediente monja, embadurno ambas manos del sacerdote, quien abrió sus brazos en forma de cruz sobre la alfombra, pero sus antebrazos estaban en posición vertical, listos para perforar culos sagrados.

    D: Muy bien hermana Laetitia, ahora siéntese sobre mí puño izquierdo, usted hermana Varenka sobre mi mano derecha y usted hermana Brunilda ponga su hermoso culo sobre mi boca.

    Brunilda con placer puso su enorme y hermoso culo sobre la boca del hambriento sacerdote, en cambio Varenka y Laetitia estaban un poco nerviosas y presentaban un poco de dificultad para meterse semejante mano, aunque tenían dilatado el ojete gracias al pollón del sacerdote, los puños del padre Donato eran más gruesos que su mastodóntica polla, ya que como sabemos el sacerdote es un tipo gordo de casi 2 metros, pero las lujuriosas monjas estaban muy excitadas y no querían defraudar a el párroco, Varenka fue la primera en atravesar el puño, Laetitia la imitó a continuación.

    Visto desde arriba, el padre estaba en forma de cruz, una cruz sexual de la que gozaban las blasfemas monjas, que subían y bajaban por la polla, brazos y lengua del semental italiano, a medida que pasaban los minutos, las monjas cambiaban de sitio, Brunilda pasó a ser sodomizada por la polla, Gabriella por el antebrazo izquierdo, Laetitia pasó al derecho y Varenka ofrecía su culo ruso a la boca del padre Donato.

    Todas se sentaron y disfrutaron en las diferentes partes del sudoroso sacerdote, haciendo una perfecta rotación armónica, la última en ser empalada por la estaca de carne del clérigo, era la francesa Laetitia, contrastaba mucho ver a la pequeña monja de 162 cm sobre al gigantesco sacerdote de 198 cm, que después de una hora de follar ortos, chupar ojetes y perforar los mismos con sus manos, se levantó y ordenó a las 4 monjas que se arrodillaran para recibir la sagrada leche!

    El padre Donato ordeño su polla sin esfuerzo, pues ver a esas hermosas mujeres en posición penitente a la espera de su sagrada semilla, hizo que salieran litros de blanca y espesa leche, con la que bañó a las cuatro monjas por igual, el sacerdote gemía como un león rabioso y las monjas como unas dulces gatitas con la boca abierta y la lengua afuera, bebían la lechita que les daba su benefactor.

    D: mm que delicia, limpiarlo bien hermanas, que a partir de ahora mi báculo sagrado será vuestro purificador diario!

    G-B-V-L mmm, si padre!

    Las bocas de las 4 monjas se deslizaban por todo el mástil, lo limpiaron efectivamente con sus lenguas, hasta dejarlo brillante y reluciente, sin una gota por beber.

    El sacerdote les dio la bendición a las satisfechas monjas, que a partir de ese día siguieron con su régimen de verga diaria.

    Doña Antonella siguió visitando al sacerdote cada miércoles sin falta, don Massimo, don Enzo y don Fabrizio, se volvieron «fervientes religiosos» y cada que podían, iban a recibir «bendiciones» de las hermosas monjas.

    Fine.

  • Mi confesión (I)

    Mi confesión (I)

    Contiene fantasías sobre ser cornudo, violación y demasiada introspección.

    Siempre me ha invadido un sentimiento de culpa. Una dulce sombra que me acecha desde niño, donde me guarezco. Es la realidad que tomo intrépida para subvertirla.

    Siempre he sido un ser patético. De crío el matoneo era pan de cada día: patadas, golpes, zancadillas y burlas por mi rotacismo. Esto siguió hasta mi agridulce adolescencia, cuando fui más consciente de mi condición.

    En el bachillerato tuve algún que otro interés romántico, pero ninguno se concretó por inseguridad mía. Recuerdo cuando acepté de mala gana salir con unos compañeros de clase a una suerte de restaurante-bar. En la noche citadina, ellos pidieron cocteles y yo eso más un tentempié sofisticado. Frente a mí estaba uno de esos fugaces intereses.

    Danna era una chica tímida, algo regordeta y no muy atractiva, pero dulce. Mis nervios me impidieron entablar conversación con ellos y mucho menos con Danna. Estaban en otro mundo; uno feliz, conectando.

    Danna terminó saliendo con Esteban, el hijo de abogados con nariz de gancho y un buen futuro. No me bastó vencerlo en los exámenes estandarizados ni en el rendimiento académico: él siempre fue más feliz que yo.

    Alguien de mi bajo linaje terminó labrando camino en la Escuela de Leyes. Pero continué sintiéndome ajeno a los equilibrados y risueños estudiantes de élite. Terminé transformando mi complejo de inferioridad en un fetiche por el cuerno consentido. Pero aquí lo gracioso, ¡esto sin nunca haber tenido pareja!

    Pero pronto vino Sofía. La conocí en la misa en latín a la que asisto. Yendo a comulgar, me topé de improviso con ese gentil y delicado rostro, y unos ojos negros penetrantes que parecían tragarme debajo de ese velo.

    Congeniamos pronto al asistir juntos y rezar el rosario cada cuanto. Tras unos meses se convirtió en mi amada.

    Siempre hemos sido bastante recatados al tener en cuenta nuestras creencias. Pero el gusanillo seguía dentro de mí. Me la imaginaba saliendo con otros hombres a mis espaldas, siendo una traviesa por los callejones de esta Sodoma.

    Ella vivía sola en un lujoso apartaestudio. Perfecto para mi perversa imaginación: invitaba a algún compañero de carrera, más fuerte y con mejor apellido que yo.

    Ambos, en el sofá de la minúscula sala, comienzan a ojear manuales de anatomía, tratados y apuntes. Llegan a los músculos, y el chico pijo decide repasar la materia con mi novia.

    El Adonis inventado comienza a pasarle sus venosas manos por sus piernas cubiertas por la larga falda. Sofía le reclama, pero el chico ignora su protesta y la besa sin parar mientes. La agarra de la nuca y muerde sus finos labios. Ella se resiste y esto empeora todo. El compañero empuja su lengua hasta el fondo de su boca hasta ceder. Tiene la mirada vacía, mientras él invade cada rincón.

    Baja su mano y examina sus curvas. Aprieta su fina cintura, sus nalgas y sube para agarrarle un pecho. Siguen así por unos minutos hasta que se levanta, alza la falda y se acomoda entre las piernas de mi amada.

    Sofía, como buena católica, es virgen. Y por supuesto que nunca piensa en anticonceptivos.

    Empieza a desabrocharse el cinturón y quitarse el pantalón. Ella chilla, pidiéndole que pare; que se está guardando para nuestro matrimonio. Él responde deslizando sus bragas sin prisa, riendo con sorna como si jugara con su presa. La ropa interior termina rozando el piso, colgado de un talón.

    Sofía le grita entre llantos, pero el himen se desgarra en unos segundos. Duele; las lágrimas de mi novia no paran. Él le roba otro beso mientras golpea el coño recién estrenado con sus fuertes caderas. Sin piedad, desgarra de un tirón el modesto vestido y descubre los senos que rebotan. En un impulso los azota con su palma abierta una y otra vez.

    Se inclina y muerde los pezones de color rosa hasta hacerla gritar. Las tetas se cubren de esa saliva y Sofía solo puede sentir repulsión e impotencia.

    El profanador suelta un rugido y anuncia que se viene. Sofía le suplica que afuera, por Dios. Un último gemido del hombre y procede a expulsar su semilla dentro. Sofía mira para abajo, perpleja. Él mantiene su polla por dentro; es más, la empuja cuanto más puede.

    Ella le lanza unos golpecitos, lo patea e intenta empujarlo con sus piernitas. Pero él se mantiene inmóvil, asegurando que cada gota entre a su útero. Un minuto después, mientras Sofía llora desconsolada, finalmente saca su verga del húmedo y cálido agujero. Sale lustrosa y pasiva, trayendo consigo un hilillo espeso y rojiblanco.

    Sofía queda rendida en el sofá, con el rostro lleno de saliva y lágrimas. Ensimismada, baja sus manos hasta su vulva y la sostiene, como si intentara frenar ese dolor. Al ver ese cuerpecito enrojecido por los azotes, el deshonor y el choque de la carne, el chico ríe y se viste. Va al baño a asearse y recoge sus cosas para irse.

    Antes de abrir la puerta, saca unos cuantos billetes y los arroja sobre la mesita de café, al frente de Sofía en posición fetal. Con un rastro de chanza, le dice: «Toma, por si terminas preñada».

    Este era el tipo de cosas que pensaba con mi novia en mente. Una mujer tan dulce y perfecta, ¿cómo podía pensar así de ella? Y con todo, me excitaba. Pero la culpa gana al placer, y pasé días sin salir de mi humilde apartamento. Ni siquiera me asomé a misa.

    Llegó el día en que fue suficiente y Sofía comenzó a llamarme. Cada vez que miraba su nombre en la pantallita de mi móvil, no podía sino recordar todo eso. No contesté ninguna llamada. Preocupada, terminó pasando por mí. Hacía sonar el timbre y golpeaba la puerta de metal:

    —¡David, contesta por favor!—, alcancé a escuchar—. ¡David!

    Me levanté de mi catre y abrí despacio la puerta, revelándole una gran oscuridad.

    —Pasa— le dije. Sofía se quedó pasmada, pero desestimó cómo estaba mi apartamento y me dio un abrazo. Apoyé mi cabeza en la de ella, llegando a oler su cabello. La apreté más fuerte cuando eso.

    Abrí las persianas y la dejé pasar. Se sentó en el sofá y me preguntó:

    —¿Qué pasa? ¿Te sientes bien?

    —No, para nada. Pero no te preocupes, es algo con lo que siempre he lidiado.

    —¿¡Cómo no me voy a preocupar, estúpido!? —me gritó—. ¿¡No sabes por lo que he pasado!? Desapareces por casi una semana, ¿cómo crees que me siento?

    —Sí… Lo lamento, pero es algo que no debes saber.

    —¿Por qué? —interrogó pasiva—. ¿T-Tienes a alguien más y por eso no me respondías? —titubeó; noté el tremor en su voz y por un momento pensé que rompería en llanto.

    —¿Qué? No, espera. No es eso.

    —¿¡Qué es entonces!?

    —Mira… Es de esas cosas que no le cuentas a nadie, ¿sabes? Algo mío que no puede salir del pozo en que lo guardo.

    Sofía se me quedó mirando, con esos ojos negros llenos de piedad. Ladeó la cabeza y frunció el ceño, intentando descifrarme. En un momento, me dijo con la voz más maternal:

    —David, escucha. Sea lo que sea, debes saber que siempre estaré contigo. No me importa qué sea, pero tienes mi apoyo.

    A mis 23, así comienza mi confesión.

  • Cumpliendo la fantasía de mi novia en la playa

    Cumpliendo la fantasía de mi novia en la playa

    Mi nombre es Pedro y os voy a contar la fantasía de mi pareja. Su nombre es Ángela, y como su nombre indica tiene una cara angelical, de estatura media, sus labios son carnosos, su pecho es pequeño, pero bien puesto y su culo es una locura.

    Todo comenzó en un viaje de verano en el que fuimos a pasar unos días a la playa. Como cada año al llegar esta época lo que más nos gusta es visitar la playa y poder darnos unos buenos baños por la noche mirando las estrellas.

    Llegamos a nuestro destino a media mañana, accedimos al hotel para hacer el check-in y dejar las maletas y nos pusimos en marcha para visitar la ciudad costera.

    Era uno de los días calurosos del mes de julio, eso hizo que Ángela saliese a descubrir la ciudad con un short vaquero y una blusa de tirantes rosa. Fuimos haciendo turismo andando por las calles, mirando los escaparates de las tiendas, haciéndonos fotos con los monumentos de la ciudad.

    Llegada la hora de comer entramos a un restaurante con vistas a la playa y al sentarnos tuve un pequeño calentó, pues al llegar el camarero a nosotros, pude notar como éste miraba el escote de mi novia descubriendo el color de su sujetador, ya que al mirarla pude ver que la blusa de tirantes que llevaba se le había descolocado y eso había dejado a la vista parte de su sujetador. Al irse el camarero ella se dio cuenta de que su blusa estaba mal colocada y se la colocó, sin hacer ningún tipo de comentario.

    Tengo que decir que ella es una chica muy pausada y muy privada, no le gusta llamar la atención y cuida mucho su aspecto físico para no pasar un aprieto y no pasar vergüenza, lo contrario a mi, a mi me encantaba que ella luciese su cuerpo y que los hombres se fijasen en ella con deseo, sabiendo que yo sería el único que la complacería sexualmente.

    Durante la comida hablamos sobre los planes de la tarde y decidimos ir a la playa. Acabamos de comer y subimos al hotel a ponernos nuestra ropa de baño.

    Ella escogió un bikini azulado precioso que se había comprado meses antes y quería estrenar. La parte de arriba era de tiras y la de abajo era tipo braga pero para mi suerte dejaba a la vista gran parte de su hermoso culo. Al ponérselo me preguntó si le quedaba bien ese bikini, con gran preocupación porque no estaba del todo segura de usarlo. Le miré de arriba abajo, la giré y le dije que iba radiante. Ella asintió y se terminó de vestir.

    Fuimos a la playa la cual estaba llena de gente. Había gente usando las hamacas de alquiler y otra tanta gente usando sus sombrillas y otras que no tenían nada más que la toalla. Vimos un sitio en la zona media de la playa en donde pudimos ver que tendríamos un mayor hueco y comodidad de instalarnos. Colocamos nuestras toallas, dejamos las mochilas y colocamos la sombrilla. Una vez instalados, volví a mirar alrededor fijándome en quien tendríamos cerca, que tipo de personas eran. Por un lado teníamos a una amplia familia que usaban 3 sombrillas, por otro lado un grupo de tres chicas y un chico, las cuales dos de ellas hacían topless, por otro lado habían dos toallas, pero sin dueños lo cual indicarían que estarían bañándose en ese momento.

    Como hacía calor, lo primero que queríamos era ir a bañarnos, así que eso fue lo que hicimos. Al salir del agua, ella se tumbó boca abajo a tomar el sol, desabrochándose el bikini de la espalda para evitar marcas y me pidió que le untara crema solar. En ese momento tuve mi segundo calentón pues al imaginar que estábamos allí entre tanta gente, pasando mis dedos por su espalda mientras untaba la crema, recorriendo su espalda por la parte lateral llegando a tocar sus pechos, imaginando que al darse la vuelta cualquier hombre podría ver sus pequeños pero bonitos pechos, me excitaba tanto. Aproveché para untarle crema también por su hermoso culo, ya que comprobé que no se había echado ella misma. Con el morbo anterior sumado a mis manos tocando su culo a mi disposición, cada vez tenía más ganas de follarla allí mismo.

    Acabé de untarle la crema y me tumbé junto a ella. Después de un rato me pidió que le abrochado el bikini que se daría la vuelta, lo que le pedí que hiciese topless ya que no era la primera vez que hacía. Ella me negó con la cabeza y me dijo que ese día no quería hacerlo. Después de un par de baños más decimos irnos de la playa.

    Volvimos al hotel para ducharnos y cenar. Ella se puso para la noche un vestido negro con un semi escote junto a unos tacones rojos que le hacía estar radiante. Cenamos en el restaurante del hotel y me dijo que se había quedado con ganas de playa, que había estado muy cómoda. Yo le dije que si quería podíamos ir de noche a lo que encantada me dijo que si. Dimos una vuelta por las calles cercanas y a la media noche nos dirigimos a la playa. Estaba vez casi vacía, ya que en la lejanía quedaba gente bañándose pero cerca nuestra no quedaba nadie. Salimos sin ropa de baño, lo cual tendríamos que bañarnos en ropa interior, cosa que no fue problema para ninguno de los dos.

    Nos metimos en el mar y nos abrazamos. El movimiento de las olas lo acompañábamos con nuestros besos, nuestras lenguas jugando entre ellas mientras mis manos sujetaban con ganas su culo. El paso de los minutos fue incrementando la excitación, ella de espaldas a mí movía su culo contra mí. Mientras yo besaba su cuello, ella llevaba su mano por dentro de mí bañador y yo hacía lo propio por el suyo. Al meter la mano y tocarla, pude notar como sus flujos ya humedecían su sexo. Empecé a besar y morderle el cuello suavemente pero de manera intensa mientras ella seguía moviendo su mano agarrada a mi pene. Estaba entregada, yo sabía de su fantasía de tener sexo en la playa y esa noche era el momento.

    Después de un rato la cogí en brazos sujetándola el culo con sus piernas abrazando mi cintura y la llevé hasta la orilla, la tumbé encima de la toalla y me puse encima de ella. Mis labios recorrían su cuello, iba bajando por él hasta su pecho y con gran deseo saqué sus tetas del bikini, dejándolas al aire. Tenía los pezones duros y empecé a jugar con ellos mientras mi cintura simulaba la penetración. Ella sujetaba mi cabeza mientras mi lengua pasaba de un pezón al otro a la vez que los mordía muy suavemente y se los pellizcaba, me encantaba ver sus pezones estirados y duros. Ella empezó a empujar mi cabeza hacia abajo, lo cual quería que mi lengua fuese hasta su clítoris y poco a poco fui bajando por su cuerpo hasta llegar a él. Me deshice de su bikini y empecé a chuparle el clitorix lentamente mientras ella empezaba a mover la cadera en círculos, presionando su clítoris contra mí. Su mano me sujetaba la cabeza mientras la otra agarraba la toalla con fuerza, señal de lo excitada que estaba.

    Empecé a chuparla con más pasión, metiendo la lengua dentro de su coño y saboreando sus flujos, cada vez más rápido hasta que una de las veces con mi lengua dentro de su coño pude notar como empezaba a correrse. En ese momento mi pene se puso más duro aún pues notar esa sensación mi ponía muy cachondo. Me bajé el bañador y me acerqué a ella poniéndome de rodillas, agarró mi pene y empezó a chuparlo como nunca lo había hecho, señal del placer que estaba teniendo y las ganas de cumplir su fantasía. Lamia la punta y continuaba por todo el pene, agarrándolo con la mano mientras continuaba el movimiento de masturbarme. Le sujete la cabeza y empecé a follarle la boca de manera suave, era la primera vez que lo hacía y no sabía cual sería su reacción, para mí sorpresa no rechazó dicha acción y por el contrario, ella me sujetaba el culo para que siguiese.

    Pasado un rato me dispuse a follarla, me puse entre sus piernas y muy despacio empecé a introducirla, mientras ella a su vez soltaba un tímido gemido y sus ojos se volvían en blanco. Empecé a embestirla con intensidad, cada vez que empujaba ella se mordía el labio, poniendo sus manos en mi espalda y arañando con sus uñas. Poco a poco subí el ritmo para follarla más fuerte, momento en el que ella se llevó la mano a su clítoris y empezó a masturbarse. Esa situación me ponía cachondo a unos niveles incontrolables, ver su mano masturbándose mientras la follaba me hizo embestirla hasta acabar corriéndome dentro de su coño.

    Al acabar ella estaba desatada, me pedía más, no quería que su fantasía acabase aún, pero para conocer eso tendréis que esperar al siguiente relato.