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  • Mi novia con mi mejor amigo (segunda parte)

    Mi novia con mi mejor amigo (segunda parte)

    Las cosas cambiaron desde que vi ese beso no sacaba de mi mente imaginarlos cogiendo, empezamos a salir con mayor frecuencia aunque no les comente que los había visto. Un día nos invitaron a una fiesta que hicieron unos amigos mi novia llevaba un vestido que le dejaba ver su hermoso culo junto con una tanga que casi nunca usaba, Óscar me insistió que tomara a pesar de que sabía que no tomo frecuentemente, comenzaron con música para bailar mientras poco a poco fueron poniendo música para perrear, les dije que me sentía cansado y que quería descansar, mientras fui al baño mi novia y Óscar estaban bailando antes de entrar al baño vi a Óscar agarrar el culo se mi novia, no pude evitar jalármela mientras estaba en el baño.

    Cuando salí del baño ellos no notaban que los veía y empezaron a perrear el culo de mi novia se veía genial nunca la había visto moverse así, Óscar llevaba un pantalón entubado y se le marcaba la enorme verga que tiene, en ese momento se me volvió a parar y estaba indeciso si detenerlos, irme, regresar al baño, mil cosas pasaron por mi mente. Decidí regresar como si nada hubiera pasado pero el resto de la noche Óscar no dejaba de agarrarle el culo a mi novia tal vez pensó que no me daba cuenta.

    A mitad de la noche como a las 2 de la mañana la gente comenzaba a irse y mi novia insistió en que nos recostáramos en un sillón mientras que Óscar se quedó en una silla en la cocina, cuando pensé que todos se habían ido y los que quedamos estábamos dormidos escuche murmullos por lo que decidí hacerme el dormido.

    Mi novia se levantó lentamente para no despertarme y fue a la cocina. Empecé a escuchar ruidos que venían de la cocina como si estuvieran cocinando esperé un poco para levantarme y no hacer ruido. Las sospechas se habían confirmado mi novia estaba mandándole a Óscar su enorme verga parecía como si midiera unos 30 cm (la mía mide como 5 cm) durante un buen rato siguió mamando hasta que se vino en su boca, después la vi ponerle un condón y ella se quitaba su tanga para meterse todo eso entre sus piernas mi novia intentó no hacer ruido pero sus gemidos se escucharon por toda la casa verla montada en esa enorme verga me excito como nada lo había hecho.

    Después de un rato se quitó el condón con todo su semen dentro y lo cerró, mientras le decía que era algo de regalo para ella, cuando vi que regresaba al sillón donde creía que estaba corrí para que no se dieran cuenta y en efecto solo se recostó sobre mi y me besó con la leche de Óscar aun en su boca.

    Al día siguiente mientras me despedía del anfitrión de la fiesta, vi a mi novia despedirse de Óscar con una beso aproveché la ocasión para invitarlos a mi casa durante el fin de semana para jugar y comer…

  • Se comieron a mi esposa muy ebria

    Se comieron a mi esposa muy ebria

    Hola a todos los lectores de estas hermosas historias, quiero contarles algo que me paso el 31 de diciembre y que todavía siento erecciones cada que me acuerdo.

    Soy un hombre de 35 años con excelente estado físico y mi esposa es una mujer de 30 años que parece de 20 debido a su infaltable ejercicio en el gimnasio con entrenador personalizado, ella es bajita mide 1,53 pero tiene un cuerpo muy proporcionado, pesa 50 kilos, tiene un culo de ensueño, unas tetas bien hechecitas porque se las mande hacer ya que las tenía muy pequeñas (es lo único que tiene que no es natural) sus piernas son contorneadas yo diría que a la perfección y su cinturita de avispa la hace ver muy bella, todo el mundo en la calle la voltea a mirar cuando pasa por algún sitio.

    Bueno sin más preámbulos la historia es como sigue:

    Nos reunimos la familia y unos amigos en una casa de campo en un pueblo cercano a Bogotá, que se llama Cajicá, y tomamos mucho aguardiente (nuestra bebida nacional para los que no viven en Colombia) de manera que yo me acosté como a la una de la mañana y quedo mi esposa con toda esa parranda de vagos hasta que se acostó muy borrachita como a eso de la 4 am, al ella llegar a acostarse hizo tanto ruido que me despertó y yo la acomode de tal forma que se durmiera rápido, al sentir que estaba dormida me levante y fue a ver qué ambiente había en la reunión y todos estaban muy contentos pero pasados de copas, entonces se me ocurrió la idea que tantas veces me había pasado por mi cabeza y era la de ver que otra verga le entrara por su estrecha vagina.

    Entonces llame a Juan (todos los nombres son ficticios) y entre charla y charla le pregunte que como le parecía mi esposa, a lo que contesto un poco cabreado que le parecía bonita y muy delicada “es una señora puesta en su sitio” dijo, ella es muy seria con todos que te pasa hermano y me pregunto “oye a que se debe esas preguntas, no sospecharas de ella?”, entonces le dije no hermano todo lo contrario a mi hace rato me ha venido a la cabeza verla con otro, me excita esa idea… entonces él se coge la barbilla y me dice “no joda hermano, te volviste loco?”, yo le dije “no sé si estoy loco pero el solo hecho de pensarlo hace que se me pare”.

    Bueno seguimos tomando y compartiendo con todos un rato mas y de pronto se me acerca Juan y me dice “oye Alberto y no has pensado en algún candidato?”, y yo le dije pues en este momento con la única persona que he hablado de esto es contigo, entonces no sé si tú te animas”, y el muy descarado me dice “a tu mujer cualquiera quisiera comérsela guevon, dime que hay que hacer”, entonces ven le dije, y nos dirigimos a la habitación donde estaba ella dormida bocabajo con un jean que le marcaba ese culo como una gran montaña y me hizo señales con las manos de cómo y ahora qué?…

    En la habitación estaban durmiendo dos personas mas y mi esposa estaba en un colchón en el piso, yo me le acerque y la moví un poco fuerte para saber si estaba bien dormida y al ver que no reaccionaba le desapunte el jean por delante y en la posición en que ella se encontraba le fue bajando su pantalón lentamente mientras mi amigo miraba con ojos de angustia porque alguien podía llegar y también con ojos de excitación por ver como se iba asomando ese monte de carne tan exquisito, yo me tomaba todo mi tiempo para que el se fuera arrechando mas, cuando iba empezando a bajar se empezó a asomar su hilo dental de color rojo que estaba empezando a metérsele en su rajita del culo, seguí bajándolo hasta que llegue a la rodilla y hay pare y le hice señas a Juan que se acercara, entonces el ya tenía la cremallera de su pantalón abierta y estaba cogiéndose la verga, se acerco y la empezó a tocar, le metía el dedo por medio de las piernas que estaban un poco apretadas porque el pantalón lo tenía hasta las rodillas pero no me atrevía a quitárselo porque me daba miedo que llegara alguien y no tuviera tiempo de ponérselos, el le metía los dedos y los sacaba y los olía y decía” umm que rico, sabe a gloria” y se los chupaba, al ver que estaba tan empalmado le dije que se lo metiera y él se agacho para acostarse encima de ella y lastimosamente se derramo sin siquiera tocarla, y soltó la risa y me dice “huy hermano es que con ese culo, cualquiera tiene una pequeña eyaculación precoz” y soltó la risa, pero como mi meta era ver una verga en la vagina de mi esposa y estábamos tan borrachos le dije que se masturbara e hiciera que se le parara otra vez, pero él hacia todo el esfuerzo posible y nada, entonces yo en medio de excitación me le acerque y se la cogí con la mano y empecé a movérsela, enseguida me la eche a la boca y comencé a mamársela, no lo había hecho nunca pero me pareció rico esa sensación y uno como hombre sabe como mamárselo a otro hombre (yo no soy gay, creo, nunca lo había hecho), le sacaba la cabeza del prepucio y le echaba mucha saliva y después me bajaba hasta los testículos y se los levantaba y le lamia con mucho gusto, después subía y me lo metía todo hasta la garganta y claro en segundos tuvo una gran erección, al verla tan grande le di unas cuantas mamadas mas y le hice señas que se agachara y se lo metiera, así lo hizo, entonces yo reaccione rápido y le metí una almohada alta debajo a ella y le levante el culito, el la tenía a disposición, lo mejor de todo es que yo le cogí la verga y se la dirigí a la vagina de mi esposa que estaba mojadita tal vez por la dedeada que le había dado mi amigo, cuando estaba en la entrada de la cuquita ustedes no saben la sensación tan increíble que sentí, esa verga empezó a entrar muy despacio y se fue perdiendo adentro hasta que los testículos no la dejaban entrar más, después el se la saco y con algún esfuerzo, porque me lo conto después, se lo metió por el culito, el se tomo todo su tiempo y yo estaba muy feliz viendo que mi esposa tan recta, tan seria, tan pulcra, estaba siendo violada con mi consentimiento.

    Cuando estaba por terminar me dijo que si podía hacerlo dentro de ella y yo le dije que claro que si, así sintiera mas placer y así fue le desocupo toda la verga adentro de sus intestinos y lo saco rápido, cuando se iba a ir yo le dije que me esperara para salir los dos, no sin antes meterle mi mano por debajo y darme cuenta que estaba llenita mi esposa de semen, su culito estaba un poco abiertico porque le entraba el dedo sin ninguna dificultad, ah que delicia.

    Salimos a la reunión y ya estaban muy pocos, Juan se sentó con Pedro y yo me fui a charlar con mi tía, desde lejos los vi muy animados hablando, yo sospeche que le estaba contando pero no le puse más cuidado, me despedí de ellos diciéndoles que estaba mareado que quería acostarme y así lo hice, me acosté, no pasaron ni 15 minutos cuando sentí pasos y claro lo que yo sospechaba, entraron Juan y Pedro tambaleándose y con una risita de esa que le da a uno cuando está un poco ebrio.

    Yo ya le había subido los pantalones a mi esposa pero no se los había apuntado adelante de manera que se veían flojos en su culito, yo me quede inmóvil haciéndome el dormido pero con los ojos media abiertos mirando como Juan le decía algo al oído a Pedro y este se agacho y le empezó a bajar los jeans a mi rica esposa y a medida que se los iba bajando acercaba la cara a su culito yo creo que para no se fuera a perder ni un solo de sus aromas, seguía bajando y con la lengua le iba repasando la línea del culo descaradamente, claro ella estaba totalmente borracha, este si le saco el pantalón totalmente y le empezó a abrir las piernas poco a poco y se fue hundiendo en su sexo que me imagino como olía de delicioso, yo estaba con la verga que no aguantaba pero no podía hacer nada o sino a lo mejor ellos no seguían en su juego, el se levantaba un poco para tomar aire y volvía y se metía en su rajita, le metía con fuerza la lengua en su ano y la volvía a sacar, estuvo así como diez minutos y Juan masturbándose mirando la escena, hasta que al fin se paro Pedro y se bajo los pantaloncillos y le salta una verga de grandes proporciones, el es de Montería costa colombiana, cuando yo se la vi me pregunte será que le cabe esa cosa en la pequeña vagina de mi esposa?, estuve a punto de parar todo pero más pudo mi excitación, entonces él se acomodo encima de ella así bocabajo como estaba, con la almohada metida debajo, se la fue metiendo, les cuento que casi me muero del gusto y del susto, porque cuando se la metió toda ella hizo un movimiento como de pararse pero la venció mas la borrachera porque se dejo caer otra vez y siguió como dormida pero gimiendo de vez en cuando, cada que él se la metía hasta adentro ella gemía, pobre mi rica esposa o no sé si afortunada por ser una mujer tan bella, bueno el siguió hasta que se derramo adentro, con el mismo semen se lo unto por el culo y le metió los dedos, creo yo porque no alcanzaba a ver muy bien, pero si le veía la cara de satisfacción al tipo ese, se rieron y salieron muy contentos dejándola así sin taparla ni nada, que descarados!

    Cuando ellos se fueron, no habían pasado más de cinco minutos, trate de levantarme, en eso se movió el muchachito que estaba acostado en la misma habitación que creo que se dio cuenta de lo que hicieron Juan y Pedro.

    Lo cierto es que se levanto muy despacio, no esperaba ver a su tía “cuchibarbi” en esa posición e inmediatamente le metió mano, como estaba llena de semen, se lo sacaba de la vagina y se lo untaba por todas las nalgas y el culo, se veía como disfrutaba el niño este, ese fue el que más me gusto porque se le veía ese acelere del adolescente y la verga muy parada aunque pequeña la tenia todavía, como de 18 pero delgadita, el no espero mas y se le echó encima también, yo veía que como que no entraba y se esforzaba mucho, para mí que se la metió por el culito que nunca me había dado a mí, se movía el muchacho con tanta pasión que parecía que se fuera a morir, doblaba los ojos y los cerraba y suspiraba, hasta que empezó con gran velocidad a terminar, yo pienso que eyaculo hasta el alma y cuando acabo se tumbo encima de ella y le escuche decir, uy tiaaa tan apretadita que estas es que Alberto no te lo mete seguido?

    En eso yo me moví un poco para ver que reacción tenia y el se quedo inmóvil, quieto, no respiraba, entonces me voltee para el lado de la pared y por lo que me di cuenta el si la vistió y la acomodo con el pantalón apuntado, yo creo que para que nadie más se la comiera, eso me gusto mucho. Salió de la habitación y yo me arrunche con mi rica esposa y así amanecí, ella se despertó preguntándome “que paso anoche”, DIOS MÍO!, que pena con todos porque yo me fui a acostar y casi todo el mundo se quedo en la sala, oye Alberto si vieras que no recuerdo nada de lo que paso, pero estoy muy mojada, que me hiciste?… yo le conteste “como que que me hiciste? si tu llegaste muy contentica y arrechita y me pediste que te lo hiciera y así fue te lo hice pero te quedaste dormida, entonces te vestí y me dormí.

  • La esposa de mi amigo (9): Último día en el sur

    La esposa de mi amigo (9): Último día en el sur

    La mañana despunto más viva que nunca, estaba en la casa de mi amigo David, el abandono a su señora y a su hija hace tiempo ya. Anoche pude ver a mi señora cogiendo con el amante y la hija de mi amigo se masturbo con mi cuerpo de manera deliciosa. Pero no podía sacar de mi mente que necesitaba tener una charla con Mariana y aclarar lo que había pasado con ellas en la casa.

    Desayunamos los tres de manera tranquila y amena, como si no pasara nada, yo tenía poco tiempo, a las 12 pasaría mi transporte a capital. Cuando Mariana se fue a su habitación, Susana se acercó a darme un beso profundo, nuestras lenguas jugaban mientras mis manos acariciaban sus pechos y ella me manoseaba por encima del pantalón. Se acercó a mi oído y me susurro “Me tengo que ir, pero quiero que sepas que la próxima vez, te voy a chupar tanto la pija que me vas a pedir por favor que pare”. Le tome ambos pezones, los apreté con la suficiente presión para le doliera un poco “La próxima vez, vas a hacer lo que te diga sin chistar, porque yo mando acá”, le lamí una oreja, quiso alejarse cuando un escalofrío le recorrió el cuerpo pero la mantuve en su sitio jalando de sus duros pezones. “Para que veas que es cierto, quiero tu ropa interior ahora”.

    La solté, ella se enderezo, llevaba un vestido blanco sin mangas, con un escote modesto que ahora era digno de mirar, gracias a que sus timbres resaltaban de manera prominente. Unas sandalias con un pequeño tacón dejaban ver sus pies delicados con uñas color beige, recorrí con mi vista todo el largo de esas piernas tostadas por el sol hasta que por encima de las rodillas el vestido se levantaba mientras ella tomaba su ropa interior.

    Una vez que la tanga pasó por sus prominentes nalgas, ella quiso agacharse, pero levante la mano “Derechita”, ella se enderezó y comenzó a bambolear las caderas, el vestido la acompañaba haciéndola ver aún más sexy. Quiso ayudar a su ropa interior por encima del vestido, “Manos a la nuca” sus ojos voltearon hacia arriba mientras dejaba salir el aire de sus pulmones en un suspiro y me dijo “Hijo de puta perverso” mientras se mordía un labio. Se recogió el cabello detrás de la nuca, sosteniéndolo mientras contoneaba las caderas de un lado al otro para hacer caer su ropa interior. Se giró para bambolear su cadera lo más cerca de mi que pudo, bajo hasta casi rozar mi bulto con sus nalgas, para luego subir hasta dejarlas a centímetros de mi cara para volver a bajar.

    La puerta de la habitación hizo que aquel espectáculo cesara, Mariana entró con unas revistas en la mano diciendo que iba a la casa de su amiga, al otro lado de la mesa yo podía ver la tanga blanca de Susana cayendo primero a la altura de sus rodillas para luego aterrizar en sus tobillos, ella aún se acomodaba el pelo tras la nuca mientras hablaba como si nada. A la izquierda Susana imposibilitada a quitar sus manos de la nuca buscaba la forma de que se viera natural, con su ropa interior con una línea de humedad a la altura de sus tobillos, me miraba implorando ayuda mientras con disimulo quitaba uno de sus pies de dentro de la ropa interior. A la derecha Mariana le hablaba animadamente mientras miraba de más mi entrepierna, aproveché para acomodarme de manera ostentosa el bulto, lo que hizo ponerse colorada a la adolecente mientras desviaba la mirada hacia el techo en un movimiento coordinado con Susana, ella me alcanzó con la punta de su pie la tanga de encaje blanca y yo la metí en mi bolsillo. Mariana dijo que salía, me ofrecí a abrirle la puerta, salí con ella, charlamos unos 10 minutos, mientras sostenía la tanga de la madre en mi bolsillo. Cuando se estaba por ir, tire de su brazo para acercarla, le di un pico suave, ella sonriente metió sus labios dentro de su boca, su mirada pícara conjugada con esas pecas y su hombros levantados me hicieron sonreír, se acomodó el cabello y me ofreció la más grande sonrisa que pudo “Adiós sobrina postiza”. “Chau, tiito”.

    Cuando entre de nuevo, a la izquierda de la mesa aún estaba Susana con su vestido blanco, parada muy derechita, tenía los ojos cerrados mientras respiraba profundamente. Sus manos estaban en su nuca, entretanto sus brazos temblaban por el esfuerzo. “¿Aprendiste la lección?” dije mientras me sentaba a disfrutar del espectáculo. Me miró suplicante “Si, papi, aprendí, puedo bajar los brazos por favor”, la mire mientras mentalmente contaba hasta 20. “Si, podes” la cara de alivio cuando bajó los brazos fue impagable, le sobé los hombros, le di un beso tierno y nos despedimos. Cuando llegué a la capital me di cuenta que Susana me había enviado dos fotos, en la primera se veía a ella y a un grupo de amigas en un parque, todas haciendo poses sexys, en la otra esta ella sola con el parquizado al fondo y algunos niños con sus madres jugando, ella estaba sentada en una silla de plástico con las piernas abiertas dejándome ver su sexo húmedo. Yo saque la tanga blanca de mi bolsillo, la olí, después la selle en una bolsa y la guarde en una caja escondida junto a las demás.

  • La primera vez que compartí a mi esposa con otro hombre

    La primera vez que compartí a mi esposa con otro hombre

    Fue un día 10 de mayo casi en la madrugada, yo había conversado con un joven single en días pasados contándole lo que yo realmente estaba buscando en mi fantasía, y en lo que habíamos conversado mi esposa y yo, en resumen, quería por fin ver a mi esposa tener sexo con otro hombre frente a mí, ya que esa fantasía la he tenido desde que empecé a salir con ella. Fue amena la plática con él y al terminar el acepto hacer todo lo posible, para llevar a cabo esa fantasía, pero el problema era convencer a mi esposa, ya lo había platicado con tiempo antes, y jamás lo había aceptado, pero gracias a unos juegos sexuales que habíamos realizado cerca de estas fechas (cosa que en otros relatos podría contar), ella había aceptado. Habíamos invitado a Christian (el single) a la casa unos días antes, para presentárselo a ella, comimos en casa y platicamos muy a gusto, así se pudieron conocer, y pude notar que por parte de mi esposa hubo buena química, ese día yo estaba muy cachondo, pero al final había que tener paciencia, pues solo era la presentación, y al final de ese día, ella me dijo que si le había agradado mucho a quien había elegido para ella.

    Total el día 10 de mayo, ella estaba texteando con él y estaba platicando conmigo, habíamos tenido ya varios juegos sexuales nosotros en la cama, pero ya es muy distinto que en estas fantasías ya el tercero que uno imagina ya tenga rostro y tenga cuerpo, y este decidido a realizar cada fantasía que nosotros le pidamos, solo se necesitaba que ella aceptara. Ella ya me había dicho que si le había atraído, y entre risas mientras ella mandaba mensajes le pregunte ¿con quién platicas?, y me contesto, “con Christian, me dijo que está solo y que acaba de terminar de trabajar”, yo diciéndolo en todo de broma dije, “pues dile que venga a la casa y podríamos pasarla bien los tres, así sirve que te damos tu regalo del 10 de mayo”, ella se rio, y dijo que si quería, pero le daba pena, pero con más ganas que pena dijo al terminar, “entonces, ¿lo invito?, pero de verdad me da mucha pena“, parece que ella se aguantó esa dichosa pena y nerviosismo y termino invitándolo a nuestra casa y ya solo dijo “tú te pones de acuerdo con el de la hora y todo”.

    Y pues así lo hice, nos pusimos de acuerdo él y yo para vernos como a las 12 de la madrugada en nuestra casa. Ya cuando le dije a Lisa (mi esposa) que él se había arreglado y que ya venía camino a la casa, note como ella se empezaba a poner nerviosa, y me dijo “no creo que pueda hacerlo contigo y con él al mismo tiempo, de verdad me da mucha pena, pero si quiero hacerlo, ¿Qué te parece si me dejas con él un ratito a solas para tomar confianza y después bajas y te nos unes?, yo así me sentiría más cómoda así”, claro que acepte y le mencione que no habría ningún problema que se haría. Ella subió a la segunda planta a darse una ducha y fue en ese momento cuando por fin llego Christian, como buen anfitrión le invite a pasar a la sala y platicamos sentados en la sala, yo estuve platicando de cosas sin importancia y ya casi terminando la plática le mencione que se quedarían lisa y el solos un momento para que ella tuviera confianza, y pues que ya todo el ambiente dependería de ellos, le dije “te la encargo mucho” como con un guiño de que esperaba que todo saliera según lo planeado, el respondió que no había problema, y que la respetaría y no haría nada que ella no quisiera. Ya después me hablo mi esposa que acababa de salir de la ducha y se encontraba vestida, y mentalizándose de lo que haría, la bese apasionadamente para demostrarle lo mucho que la amaba y en señal que tiene todo mi apoyo, le tome de la mano para acompañarla y así ella no se sintiera nerviosa ante esa situación.

    Ya bajamos ella y yo y la a acompañe hacia donde se encontraba Christian en el sofá. Ella se notaba un poco cohibida frete a los dos, se saludaron, y frente a él, le di un beso muy apasionado, y le dije, “estaré arriba, bajo en una hora”, a lo que ella solo respondió moviendo la cabeza con un sí; me así fui camino a la segunda planta de la casa, entregando prácticamente a mi esposa a Christian y dejándolos solos. De allí en adelante ya no supe de ellos, solo lo que alcanzaba a escuchar, se escuchaban solo algunas risas y una que otra platica que aunque me esforcé no alcanzaba a entender, yo estaba sentado en las escaleras no muy lejos de donde ellos se encontraban escuchando todo, con muchas ansias y curiosidad de saber que estaba pasando y como terminaría todo, sentía un hueco en el corazón que jamás había sentido, al saber que mi esposa estaba con otro hombre ya ahora si con la intención de disfrutar de ella hasta el cansancio.

    Fue entonces de pronto que se hizo un silencio, empecé a escuchar sonidos que podría interpretar que se estaban besando y oí decir una frase muy nítida de el “déjame me lo quito”, se escuchaban besos largos y apasionados supongo que de otra forma no los alcanzaría a escuchar hasta donde me encontraba, de pronto cesaron los besos y se hizo un silencio largo y empecé a escuchar un sonido muy distinto pero claro que podía reconocer ese sonido en cualquier lugar, estaba completamente seguro de que mi esposa le estaba dando unas mamadas a Christian, reconocía esos sonidos inconfundibles, podía escuchar donde salía su verga de su boca con unos chupetones que lisa da de manera riquísima al chuparla escuchaba como salía, podía escuchar lo bien que se estaba esforzando muchísimo, escuche a Lisa dar unas arracadas como ahogándose, y alcance a escuchar unas entre sonrisa y risa de ella diciendo “no me cabe toda”, así se escuchó un largo tiempo y yo estaba súper caliente por lo que ocurría abajo a solo unos metros de mí, entre sonidos de mi esposa practicándole esas delicias de mamadas que sabe dar a Christian escuche unos pocos quejidos y bramidos de él , me excitaba saber que en la planta baja estaba mi esposa, realizando mi sueño de por fin compartir su cuerpo con otro hombre, esos sonidos me volvieron loco, quería bajar y verlo por mí mismo, pero quería que ella estuviera a mil cuando yo bajara, no quería cortar el ambiente que habían creado ellos dos, quería que durara toda la noche.

    Un tiempo después, que para mí pareció eterno, se dejó de escuchar todo nuevamente, no se escuchaban besos, ni chupadas ni nada, había un silencio inmenso… de pronto se escuche algo tan rico, que jamás había escuchado desde tan lejos, era Lisa que corto el silencio y empezó a gemir y a pujar como queriendo contener sus gemidos para que yo no la escuchara, sabía que aún no estaba siendo penetraba por el sonido, por lo menos eso alcanzaba a escuchar. Imagine que la estaba masturbando durísimo y tal vez ahora el dándole sexo oral, ya que podía escuchar su humedad como cuando yo la he masturbado, solo que esta vez ella estaba gimiendo como nunca, o por lo menos jamás he puesto tanta atención como ese día en sus gemidos con un intento fallido de ocultarlos y solo hacer unos sonidos aún más excitantes, así paso el tiempo, y para mí sentía habían pasado muchísimas horas, pero en realidad solo habían pasado como 30 minutos, de pronto ella dejo de gemir, y se volvió a estar todo en un silencio muy profundo, aunque esta vez no fue por mucho tiempo, fue allí cuando me dio un vuelco al corazón, escuche un gemido tremendo que lisa dio sin contenerse, acompañado de un sonido del cómo se movía el sillón a un ritmo que ya conocía, ahora si estaba seguro, Christian se estaba cogiendo a mi esposa en mi propio sillón, por fin mi más grande fantasía estaba siendo cumplida en mi propia casa, mi esposa no podía parar de gemir y yo no podía dejar de escucharla, Lisa gemía y pujaba riquísimo podía imaginar ella la estaba pasando de lo lindo con Christian por la manera en que ella gemía, parecía haberse olvidado que yo estaba arriba por la manera en que la hacían gemir, en algunos momentos parecía recordarlo, ya que escuchaba como querer aguantar quejarse y no gemir tanto, podía imaginar todo y estar casi seguro de lo que pasaba abajo, porque gemía y pujaba lenta y entre cortadamente, como al ritmo de las embestidas Christian donde el gemido empezaba con empuje de su verga abriéndose camino dentro de ella y pujaba al sentir el choque del cuerpo de Christian, yo podía escuchar e imaginar claramente como chocaba el cuerpo de Christian al de mi esposa pues el silencio era profundo, y solo se escuchaba el vaivén de sus cuerpos chocando entre ellos una y otra vez, escuchaba como ella empezaba a gemir más y más fuerte parecía estar disfrutando como nunca antes, yo me moría de ganas por bajar, quería observar como mi muer era poseída por otro hombre y este le hacía disfrutar, quería ver su expresión, su rostro, cada reacción de su cuerpo, cada detalle de ella al ser tomada por otro hombre, pero quise respetar hasta el último minuto que le prometí a mi esposa, así que me dedique a escuchar cada sonido proveniente de la planta baja y hacer una imagen en mi mente de lo que estaba pasando, ya después le pediría detalles a ella.

    Entonces por fin acabó la hora que le había prometido a ella, y decidí bajar… apenas estaba bajando de las escaleras, y lo que vi me dejo un momento perplejo, me quede expectante ante el momento, ellos ni siquiera habían notado mi presencia, ella estaba recostada en el sofá, con las piernas abiertas para otro hombre, aún tenía la blusa puesta, Christian estaba completamente desnudo y estaba penetrándola a un ritmo muy firme, se veía que ella estaba disfrutando ser cogida por él, ya que estaba pujando riquísimo ahora frente a mí, yo me desvestí de manera inmediata, fue allí cuando ella noto mi presencia y me miro, con unos ojos que entre líneas decían “de verdad lo estaba disfrutando muchísimo” esos ojos perdidos completamente en el momento y en placer, me miro de arriba abajo, y vio que mi verga estaba durísima y chorreando, y lo primero que hizo, fue acercar su cara al rostro de Cristian y besarlo de una manera muy caliente y provocadora, podía ver sus lenguas entrelazándose con pasión y veía como a Christian esto le excitaba mas ya que las envestidas que le dio fueron más profundas y más fuertes haciendo a mi esposa pujar de placer, ella aguanto esas tremendas estocadas dentro de ella o mejor dicho las disfrutó, y aunque gemía y pujaba nunca dejo de besarlo, al contrario lo besaba de una manera más caliente cada vez moviendo la cintura en compañía de los movimientos de Christian confirmándome que estaba disfrutando ser penetrada por él, y más frente a mí, yo podía ver como el la penetraba más y más duro por el ambiente que se estaba dando, ella estaba completamente colorada de sus mejillas de lo caliente que se sentía y de lo bien que la estaba pasando, entonces me acerque a ella y le pregunte “por qué tienes aun la blusa, ¿no te la quieres quitar?”, ella dijo que aún tenía un poco de pena d estar completamente desnuda, entonces empecé a besarla y ayudarla a desvestirse completamente dejando al descubierto sus pechos y su completa desnudez frente a Christian y frente a mí, le dije que quería que ella disfrutara al máximo, y que Christian y yo también queríamos disfrutarla completamente, después de desvestirla completamente, me dedique a disfrutar del espectáculo que estaba frente a mí. Christian se inclinó hacia arriba un poco, para que pudiera observar claramente como la penetraba, como diciendo “disfruta la vista, mira como tengo a tu esposa”, pude observar que Christian era más dotado que yo lo cual a mí me pareció mucho más excitante, con razón lisa pujaba y gemía más de lo normal, jamás había sentido algo así en su vida. Podía ver como la verga de Christian entraba hasta el fondo de mi esposa hasta chocar su cuerpo y ver salir tremendo pene provocando la excitación de ella y unas caras que parecía estarse excitando cada vez más, y así lo repitió una y otra vez, yo podía ver claramente como él estaba disfrutando el cogerse y someter a mi esposa frente a mí, y podía ver a mi esposa perdida en el momento gimiendo y disfrutando cada sensación que él le provocaba al penetrarla, el condón que tenía él podía verse completamente bañado en jugos de lisa estaba tan húmeda como jamás la había visto, le pregunte que si le gustaba su regalo, y ella solo asentía con la cabeza, yo estaba feliz con lo que veía y mi Lisa lo sabía, porque mi pene estaba durísimo y chorreado. Lisa me dijo que me acercara y ella empezó a masturbarme y chupar mi verga, y me dijo entre gemidos mientras Christian aún seguía envistiéndola “¿esto es lo que querías ver? ¿Qué alguien más me cogiera? ¿Te encanta verme así? ¿Te encanta estar de mirón?”, eso a mí me encendió a mil, verla penetrada, chupándomela, diciendo frases tan cachondas. Así deseaba verla, así quiero verla siempre, perdida en el placer, entonces me retire de ella un poco empecé a acariciar y chupar su pecho… y le dije a Christian que también lo hiciera, por primera vez ella sintió como dos hombres la acariciaban y chupaban, mientras Cristian nunca dejo de penetrarla, ella tampoco dejo de masturbarme con su mano mientras Christian y yo teníamos sus pechos en nuestros labios, solo escuche una frase de ella entre gemidos con una voz tan excitante decir “que delicia, se siente tan rico”, entonces me detuve y le dije que parara un momento que deseaba verla desde otro Angulo, “ponte como a mí me gusta” le dije, ella sabe que me encanta verla en cuatro ya que tiene un culo tan rico, y empinada se ve completamente perfecto, quería verla siendo cogida en esa posición con tal desenfreno y de manera bestial, fue allí cuando Christian se detuvo, y saco su pene, y vaya que era más largo que el mío, lisa hasta soltó un suspiro de alivio cuando se la saco entero.

    Ella se sentó con intención de ponerse en cuatro y le dije, “todavía no, quiero ver cómo le mamas la verga”, sin respigos ni quejas, ella bajo del sillón y se hinco, Christian acomedido a la situación se puso de pie frente a ella y se quitó el condón, por fin podría ver como mi esposa se metía a la boca una verga que no era la mía, y cuando la vi, pude observar como lo hacía de una manera tan deliciosa, me encantaba ver como estaba desnuda frente a él, la forma que hacia el arco de su cadera hasta el culo de ella y mirar esas nalgas expuestas y verla a ella como lo masturbaba con sus manos de una manera tan sexual, como se metía el pene a la boca, podía ver su lengua como lo recorría desde la base hasta la punta, observaba como el pene de Christian chorreaba de semen y al momento de que lisa lo chupaba y lo metía a su boca, este quedar sin una gota encima, me encantaba la vista, lisa saco el pene de Christian de su boca, podía ver en los labios mi esposa semen de él escurriendo en sus labios y cayendo de la su lengua junto con saliva de ella, lisa me tomo y me acerco a ella, allí me beso de manera muy apasionada, ese beso me volvió loco, podía sentir lo cachonda que estaba y lo mucho que disfrutaba la situación, sentía la lengua de ella entrelazada a la mía, y podía sentir el sabor del semen y del pene de Christian, lo cual no me importo, incluso hasta eso me llego a excitar más, me encantaba verla entregada completamente a la excitación. Dejamos de besarnos y disfrute nuevamente del espectáculo del ver a mi esposa entregada a hacer disfrutar a otro hombre frente a mí, y se notaba que se estaba esmerando mucho como queriéndole sacar hasta la última gota de semen dentro de él, pensé, ni a mí me daba esas mamadas así de ricas, creo que ella quería hacerme disfrutar de la vista y el momento, o tal vez le encanto la verga de Christian, no lo sé, yo me acerque a ella, le tome del cabello, para establecer el ritmo y decirle como quería que se la chupara a el “mámasela así, más rápido, más profundo” me sorprendió que Christian aguantara esas mamadas tan ricas que ella le dio, y que lisa no acabara con chorros en su boca, lo cual me hubiera encantado a mí, la tomaba y la empujaba para que le entrara todo el pene de Christian su boca, allí ella cachonda por la situación me tomo de un costado del cuerpo y coloco a un lado de Christian, fue allí donde vi algo que solo había soñado, a mi amada esposa sosteniendo frente a mi dos vergas al mismo tiempo, se sacó el pene de Christian de la boca y el tenia chorreante la verga pero aún muy dura y grande, y en los labios de lisa, se veía escurrir semen de Christian dentro de la boca de ella, entonces sentí la mejor mamada que me haya hecho mi esposa jamás, la contemple y disfrute, mamándomela a mí mientras masturbaba a Christian, después sin soltar ambos penes cambiar hacia el de Christian y masturbándome a mí, claro que a él le dedicaba más tiempo, no sé si la verga de él, la atraía más o sabia lo mucho mejor, o se detenía allí porque sabía que me encantaba verla mamar su verga.

    Cuando no pude más le insinué que se pusiera en el sillón en la posición que me encantaba para disfrutar como se la cogían en esa posición, y así lo hizo, subió al sillón, se puso en cuatro mirándome y levanto el culo como invitando a Christian a seguirla penetrando, se veía tan majestuosa con ese culo que me vuelve loco esperando en cuatro a ser penetrada, Christian se colocó detrás de ella, pude ver claramente como le abrió las nalgas y colocaba su pene para penetrarla, por fin pude ver la cara de mi esposa y los gestos que ella hacia al momento de sentir el pene de otro hombre abrirse paso en ella, el tomándola de la cintura empezó a penetrarla con un ritmo tranquilo, pero firme, se veía que estaba contemplando la vista de ella disfrutando como desaparecía su pene dentro de mi esposa, era una vista riquísima y note como disfruto al igual que yo esa posición con mi esposa, le pregunte a que si le estaba disfrutando de lisa, y él dijo “que le encantaba ver rebotar de esas nalgas al cogérsela”, entonces me acerque para ver lo rico que se veía el cuerpo de ella en esa posición al tener el pene de otro hombre dentro ella, podía ver bombear a Christian con firmeza y en cada embestida escuchar gemir a mi esposa de placer, podía ver como salía el pene de Christian completamente, y luego como se lo clavaba entero hasta chocar con su cuerpo firmemente, podía ver como sus testículos se movían y chocaban una y otra vez en nalgas de mi esposa, imagen que me encanto mirar, miraba como con cada embestida ella gemía más y más fuerte ya que Christian iba acelerando el ritmo, se notaba en su cara que ella lo estaba sintiendo hasta el fondo y que se estaba volviendo loca, pues se veía en ella una cara de dolor y placer al mismo tiempo, pero claro, nunca le dijo a Christian que se detuviera, veía también como las manos de él se estaban postrando en las nalgas de ella y como la tenía sujetada fuertemente de cintura para tener un mejor agarre a ella y clavársela hasta el fondo, de solo saber que otro hombre la estaba haciendo gozar y estaba provocando esas caras y gestos de placer a mi esposa hacia que casi sintiera un orgasmo, solo del placer de verla disfrutar así, entonces me coloque frente a ella a la esquina del sofá, rápidamente entendió lo que deseaba y empezó a darme unas mamadas tan deliciosas como hacerme gozar lo mismo que ella estaba sintiendo, esas mamadas las disfrutaba muchísimo más porque a través de ellas sentía como gemía y pujaba de una manera que jamás la había visto, podía sentir también en el movimiento que hacia al chupármela las embestidas de Christian, en ese momento excitado de lo que veía, le dije a él, “quiero que te la cojas duro”, entonces vi como el la tomo con más firmeza la cintura, y empezó a cogérsela durísimo a un ritmo muy rápido y muy fuerte, eran embestidas muy firmes y cada vez más y más rápidas, lisa saco mi pene de su boca de manera inmediata y empezó a gemir más fuerte, esos gemidos que dio, yo jamás los había escuchado, se puso coloradísima del esfuerzo que le estaba costando recibir tremenda cogida daba Christian, movía la cabeza diciendo no, como indicándome con una mirada tan perdida en el placer que no aguantaba más, pero jamás detuvo a Cristian, ni le dijo que la cogiera más tranquilo, eran indicadores de que ella lo estaba disfrutando, y yo era el hombre más feliz, esa era la imagen que quería ver desde hace mucho tiempo, a Lisa siendo cogida frente a mí por un hombre con una verga más grande que la mía, cogiéndola durísimo, pude disfrutar cada reacción que ella tuvo, transmitía la emoción, excitación y el gozo con esos gemidos que hacía y esos gestos que mostraba mientras la cogían, yo me quede contemplando mientras Christian la hacía gozar, gritar y gemir, él se detuvo un momento, y vi cómo le abrió las nalgas a lisa, y le dio unas lengüeteadas y una masturbaba tan intensa, ella gemía y gemía de lo más delicioso, ver a mi esposa empinada en cuatro con el rostro de Cristian en sus nalgas y la mano de Christian de ella, y empezó nuevamente a penetrarla tan duro como pudo, yo podía ver desde donde estaba como se la estaba comiendo toda mi esposa, como se retorcía del dolor y del placer, y como movían estrellaban los huevos de Christian en el culo de mi esposa, parecía que ella ya se había acostumbrado al tamaño del el, aún seguía haciendo esos gestos de disfrute, de placer y de dolor, seguía gimiendo y pujando, volvió a tomar mi pene con su mano y empezó a mamarlo, y ahora por más intenso que se la cogía Christian, no saco mi pene de su boca, si no que cada vez lo succionaba más y más rico, parecía que se estaba volviendo loca del placer y que quería más y más, entonces Christian se detuvo me miro a los ojos y me pregunto si quería cambiar de lugares, yo solo asentí, Christian saco su pene que aún estaba como piedra de mi esposa y se puso frente a ella, en cuanto a mí, yo me puse detrás de ella, verla empinada frente a mí se sintió distinto en ese momento, ya que acababa de ser cogida por alguien más, y vaya que cogida, pero para mí era algo más excitante aun, se veía como su vagina estaba aún abierta por la tremenda cogida que le había dando Christian, la contemple un momento y para mi sorpresa lisa ya le estaba chupando el pene a él, demostrando lo mucho que estaba disfrutando de estar con él y de la situación, le pregunte a lisa si le gustaba como se la estaban cogiendo el, y dijo “si, coge muy rico”, entonces la nalgueé primero para disfrutar de la vista que tenía frente a mí, y entonces empecé a cogerla, se sentía tan rico estar dentro de ella, supongo que era la excitación, la adrenalina, lo húmeda que estaba ella, y lo chorreante que estaba yo, que sentía que lisa me estaba succionando como nunca disfrutando muchísimo esa sensación de su vagina tan estrecha y cálida, estaba apretando como nunca, mientras la cogía la nalgueaba duro, le tomaba el pelo y la restregaba hacia la verga de Christian, nunca había sentido tan rico estar dentro de lisa como esa vez, podía ver como ella se la chupaba de manera tan intensa, y en ratos Christian se masturbaba frente a ella y le metía pene de una en la boca a Lisa, la tome fuerte del pelo y la cogí lo más duro que pude, y lisa estaba gimiendo tan rico, la tenía así sujeta del pelo jalándola hacia atrás, la besaba, y percibía el sabor de Christian nuevamente, eso me excitaba aún más, y me motivaba a cogerla cada vez más y más duro, así la estuve cogiendo durante mucho tiempo, le dije que se cogiera sola, y así lo hacía, moviendo su culo hasta topar en mi cuerpo de una manera majestuosa con una vista hermosa, todo lo que le pedía a ella en ese momento, lo cumplía, se había convertido sumisa al placer, y verla entregada así, me encanto.

    Tiempo después de estarla disfrutando así, mi esposa dijo que paráramos, me puso a un lado de Christian nuevamente y se hinco ante nosotros, diciendo que quería que termináramos en sus pechos (aunque a lisa casi no le gusta le terminen así), con dos penes duros casi a punto de explotar, ella nos masturbaba y nos daba unas mamadas riquísimas a cada uno, Christian empezó a masturbarse más y más rápido, se notaba que estaba a punto de llegar al clímax y lisa no perdía de un detalle de ello, se acercó a ella, mi esposa solo miro hacia arriba, y recibió el chorreante semen que salió a disparado encima de ella, ella sonriente dijo que estaba muy caliente, acabo completamente llena de él y se podía ver como el semen se escurría en el cuerpo de ella, Lisa tenía una sonrisa de satisfacción de haber provocado eso, lo masturbo y le dio una mamada a Christian para limpiarle todo el semen que quedaba en su verga, pero este por la sensibilidad dijo que no podía más y que no aguantaba tremendas mamadas de lisa, verla llena de semen de otro hombre y ver esa escena me excito como nunca antes, y entonces fui yo quien me acerque masturbándome y lisa se dio cuenta que estaba a punto de terminar, se colocó en la misma posición en que se puso para Christian, como diciéndome, lléname toda de ti.

    Ese orgasmo fue tan intenso, el ver como mi semen se mezclaba con el de otro hombre en el cuerpo desnudo de mi esposa, fue algo indescriptible, pero verla a ella sonreír después de acabar bañada por el semen de dos hombres, fue lo más maravilloso. Así termino el encuentro con Christian, nos vestimos nuevamente, lo despedimos, no sin antes decirle lo rico que la habíamos pasado y deseando que se volviera a repetir. Ya cuando él se retiró, lisa y yo tuvimos sexo tan caliente pues sentíamos que no podíamos con tal excitación, que creo que es el mejor que hemos tenido. Yo acabe siendo ese día el esposo más feliz del mundo al cumplir mi fantasía de ver a mi esposa con otro hombre, y ella acabo muy feliz por la riquísima cogida que ambos le dimos.

  • Unas vacaciones con mis tías (2): Mi tía Candi y la bodega

    Unas vacaciones con mis tías (2): Mi tía Candi y la bodega

    Nos pusimos a comer y el comportamiento de Sole fue la ostia, que bien sabía disimular. Yo estaba más nervioso que ella y procuré hablar poco durante la comida. Cuando estábamos acabando, ya pensaba en la paja que me haría a la hora de la siesta.

    Mi hermana y mi madre decidieron subirse a la terraza para tumbarse al sol. A mi me ofrecieron una copa mis tías mientras ellas recogían los cacharros. Me senté en uno de los sofás con medio vaso de whisky. Al cabo de un momento pensé en echarle más hielo y me fui hacia la cocina, entre por el pasillo y al llegar a la puerta, que estaba entreabierta, oí que Sole decía

    – Ufff, ha sido genial! No veas que polla más dura que tiene el muchacho! “Joder! Que se lo estaba contando a su hermana! Seguro que antes de la cena ya lo sabría mi madre!“. Me volví al sofá y espere nervioso hasta que salieran. Por fin salió Candi, llevaba una bata de flores de una tela semitransparente y se podía distinguir el bikini negro que llevaba debajo.

    – Quieres algo más, Pedrito?

    – No tía, así está bien!

    Salió Sole al momento y dijo.

    – Bueno, yo me voy a tumbar un rato!

    Y se subió escaleras arriba. “Joder, ahora estaba hablado con Candi que seguro que ya sabría todo. A ver que la digo si me insinúa algo!“. Pensaba yo mientras se acercaba ella con otro vaso de whisky.

    – Ven guapo! Te voy a enseñar el mejor sitio de la casa para tomarse una copa!

    La voz de Candi no era tan dulce, pero si más sensual. “Ahora donde querrá llevarme? Seguro que tiene una sala de interrogatorios!“. Pensaba mi mente peliculera. Mi cabeza no paraba mientras me levantaba y la seguía. Bajamos por las escaleras hasta la bodega y la luz entraba por un ventanal protegido por un grueso cristal. La verdad es que era espectacular, estaba cavada en la propia colina y se podían ver las piedras que sobresalían de forma irregular, algo que para mí gusto la hacía mas atractiva. Se podía ver el mar a través del ventanal sentado en el sofá que había frente a él y eso es lo que me ofreció mientras cerraba la gruesa puerta de madera.

    – Ven, vamos a sentarnos aquí ya verás que vista más bonita!

    Miré al resto de la cueva y vi los adornos medievales colgados por las paredes, un par de espadas, varios escudos, tres o cuatro látigos con terminaciones de cuero, un par de hachas. También había una tinaja, supongo que solo para adornar, y una cama en el otro rincón donde seguro que se echarían alguna siesta. Me senté en el sofá situado a unos dos metros del ventanal y observé el brillo de las crestas de las olas que producía el sol al incidir sobre ellas.

    – Te gustan las vistas? Me dijo mi tía tras el sofá acariciándome el pelo.

    – Es precioso tía! Tenéis una casa estupenda!

    Se fue hacia el ventanal y se puso pegada a él mirando al horizonte, ahora podía ver su silueta perfectamente contorneada por la luz del sol. “Joder, como está de buena!“. Pensé volviendo de nuevo a mis pensamientos depravados. Tenía una cintura estrecha y se abría al llegar a las caderas para marcar unos muslos deliciosos que bajaban escondidos bajo la tela para aparecer desnudos y brillantes. Llevaba unas sandalias con tacón que hacían sus piernas más estilizadas.

    – Ya me ha dicho Sole que te ha gustado ver dónde jugabas de pequeño.

    “Joder, ya iba a empezar el interrogatorio! A ver qué le digo!“.

    – Pues sí, la verdad es que recordaba la caseta!

    Sin darme cuenta se había abierto la bata y cuando se dio la vuelta pude ver su cuerpo semidesnudo, las tetas, tan solo tapadas por el bikini y el pequeño tanga que cubría el centro de sus muslos. Noté como la polla hacia un intento de enderezarse.

    – Lo habéis pasado bien recordando aquellos años?

    Me dijo con su voz sensual y una sonrisa que no sabría definir, pero la pregunta estaba clara, Sole le había comentado que habíamos estado follando y ahora quería oírlo de mi boca. Pensé con rapidez para darle una respuesta sutil que no aclarara nada.

    – Pues si, ha sido genial la experiencia! Ella me miraba con sus ojos verdes algo felinos pensando la próxima pregunta. Yo no le había constatado que me había follado a Sole aunque tampoco lo había negado con mi respuesta. Se puso una mano en la cadera retirando más la bata para que pudiera ver mejor la tira del tanga rodeando su muslo.

    – Te gustaría recordarlo conmigo?

    “Diosss, me está diciendo que me la folle claramente!“. Pensé con la obstinación de la lujuria azotando mi mente. Mi miembro había reaccionado en el acto y noté como el bañador comenzaba a abultarse, algo que produjo un calor sofocante en mis mejillas que parecían arderme. No pensé demasiado, tan solo utilicé sus propias palabras para responder.

    – Claro, me encantará recordarlo contigo, tía!

    Ella seguía frente a la ventana y con movimientos sensuales acompañados de su sonrisa felina se quitó la bata de forma bastante sexi. Me parecía estar viendo una peli, recostado en el sofá con el vaso en una mano y el otro extendido sobre el respaldo. Mi miembro ya había reaccionado y el bañador parecía una tienda de campaña. Su silueta quedó desnuda, tan solo con el pequeño bikini cubriendo su estupendo cuerpo. Se acercó inclinándose sobre mi cara, me cogió las mejillas con las dos manos y me plantó un suave beso sobre los labios. Sentí el sabor dulce y excitante de los suyos a la vez que se me nublaba la mente. Separó su boca para ver mi cara con la misma sonrisa que lo había hecho unos segundos antes y volvió a repetir el beso, pero ahora su lengua penetró en mi boca y sentí como ese trozo de carne húmedo se retorcía en el interior. Mi polla palpitaba como el corazón de una gacela perseguida por un depredador. Separó sus labios y me ofreció de nuevo su sonrisa felina a escasa distancia. – Ummm, que rico eres Pedrito! Me dijo para después mirar a la tienda de campaña que se había formado en mi regazo.

    – Vaya, parece que alguien está llamando a la puerta! Vamos a abrirla a ver qué quiere!

    Y tiro del bañador haciendo que mi polla saltará fuera de la tela como si la hubiera impulsado un resorte, estaba tan tiesa que parecía querer desprenderse de mi cuerpo.

    – Anda! Pero si es tu amigo el grandote! Dijo a la vez que lo abrazaba con su pequeña y delicada mano. Volvía a tener el capullo rojo, y las venas marcadas por el gran flujo de sangre que corría por ellas.

    – Hablaré con el a ver qué tiene que decirme! Susurró mirándome a los ojos y de inmediato se arrodilló entre mis piernas abiertas y comenzó a lamer el glande. Unas gotas salieron de su punta prediciendo lo que podría pasar. Las lamió con deleite y abrió sus labios pintados de un rojo intenso y con una suavidad extrema se lo introdujo en la boca. Mi mente calenturienta se nublo más, cerré los ojos e imaginé cogerle la cabeza y follarle la boca como un poseso, pero no lo hice, no era una chica que acabará de conocer, ¡¡era mi tía, joder!! Noté como chupaba, como succionaba con delicadeza haciendo que penetrara media polla en su boca. Yo mantenía el vaso en una mano y no sabía qué hacer con la otra. Su sutileza chupando era virtuosa, hacia que disfrutara sin sentir esas ganas de correrme que tenía siempre. Dejó de chupar después de un largo minuto.

    – Que rico está tu amigo! Ahora te presentaré yo a alguien!

    Dijo poniéndose de pies con los muslos algo abiertos frente a mi cara. Su pequeño tanga negro me excitaba sobremanera y lo tenía a escasos centímetros de mi boca. Me entraron ganas de arrancárselo con los dientes pero no lo hice, mis pensamientos eran brutales pero no era capaz de convertirlos en actos. Cogí la fina tira de tela que rodeaba sus caderas y tire de ella hacia abajo lentamente hasta descubrir unos abultados labios genitales, esto también debía de ser genético pues Sole los tenía igual. Acerqué mi boca y saqué la lengua para dar una lamida de abajo a arriba. Sentí una pequeña vibración en su cuerpo y puse las manos sobre sus redondos glúteos apretándolos con fuerza, comencé a lamer entre los gruesos labios como un perro sediento y la vibración aumento en su cuerpo. Sentí posar sus manos en mi cabeza cuando encontré su clítoris, estaba duro y abultado y jugué con él bombardeándole con la punta de mi lengua. Después lo succione y sentí como el sabor de un flujo intenso llenaba mi boca, se estaba corriendo y yo comiéndome toda esa corrida, ufff, eso sí que me ponía cachondo. Ahora su cuerpo dio varios estertores acompañados con sonidos guturales que intentaba ahogar. Despegue mi boca de su rico coño y ella soltó mi pelo al que se había aferrado con fuerza.

    – Ufff, veo que no hay que enseñarte nada! Dijo todavía jadeante.

    Se dio la vuelta y se inclinó apoyándose en el borde de la ventana mostrándome su bonito culo redondo y algo respingón con el tanga bajado hasta mitad de sus muslos. Los labios genitales sobresalían bajo esos contorneados muslos y una pequeña aureola marrón adornaba el agujero de su culo cerrado. “Diosss, como se lo iba a abrir si me dejara!“ Pensé con delirio mientras acariciaba los redondos glúteos. Ella no decía nada, tan solo esperaba pacientemente que yo decidiera, aunque era fácil de suponer sabiendo que tenia diez y ocho años y lo salido que debía de estar. Me levanté del sofá y dejé el vaso en una pequeña mesa que había al lado. Agarré mi polla que se mantenía dura como un garrote retorcido y comencé a restregarla contra los gruesos labios. Estaban bastante mojados y pronto mi polla se impregnó con los fluidos, coloque mi amoratado capullo contra ellos y presione con suavidad. Había recordado lo que me dijo Sole, que se la metiera despacio para sentirla mas, pero en el caso de Candi, mi polla entró hasta el fondo al primer empujón. De su boca salió un sonido ahogado, como un soplo largo de aire al sentir la penetración, no supe si fue de queja o de placer. Me agarré a sus caderas y comencé a bombear con suavidad aunque mi mente me pedía que la empotrara contra la ventana “ Joder, era mi tía de cuarenta y seis años! “ Y aunque mis hormonas estaban con el calor y la fuerza de un volcán, mi mente fue capaz de controlar. Continúe bombeando y al cabo de un minuto, no más, su respiración se agitó bruscamente y sentí como empapaba mi polla. No me dijo nada, ni que siguiera ni que parara, así que continúe con algo más de ritmo. Pase mis manos por su espalda con una suave presión, su cuerpo se erizó como el de una gata cuando la acaricias el lomo, y continúe por debajo de las axilas hasta encontrar sus tetas. Mi cuerpo dio un vuelco al sentir entre mis manos esos dos pequeños melones perfectos. Oí su voz entre jadeos. – Apriétalas! Y no dudé en hacerlo. Me gustó que me lo pidiera, era algo que me motivaba más. Encontré los grandes pezones familiares y los presione con suavidad. Sentí como resoplaba al ritmo del vaivén de su cuerpo al recibir mis suaves embestidas.

    – Más fuerte mi niño! Susurró entre ternura y lascivia.

    – Más fuerte!! Repitió antes de que yo reaccionará.

    Comencé a bombear con más fuerza haciendo que sonara cada choque contra sus nalgas. Volví con mis manos por la espalda hacia atrás hasta llegar a su culo a la vez que lo miraba. Me pareció precioso, apetitoso, majestuoso, vamos, que me quedo sin apelativos para describirlo. Lo abrí con mis manos y la tentación me desbordó. Pase la yema de mi dedo índice por la aureola marrón que marcaba su centro como una diana.

    – Si, síii! Pero mójalo!! Susurró ella sorprendiéndome.

    Enjugue mi boca y dejé caer un chorretón de saliva en su centro. Comencé a meter la punta del dedo empapado en saliva y noté cómo se abría sintiendo el calor que emanaba de su interior. Mi dedo comenzó a penetrar, y para mi sorpresa, ese agujero oscuro y cerrado se dilató ostensiblemente. Mi tía comenzó a mover el culo provocando que mi dedo penetrara por completo. La oí bufar, – Bufff! Bufff! Si bufar, como bufa un caballo, en su caso una yegua, y volvió a empapar mi polla con una gran cantidad de fluido.

    – Dale fuerte Pedrito! Dale fuerte! Me gritó sin pensar que la podían oír.

    Lo de “Pedrito”, pensé que me iba a descomponer, pero todo lo contrario, me produjo más morbo y me vine arriba. Comencé a embestir con brutalidad a la vez que horadaba su culo con mi dedo, ya no veía a mi tía, tan solo veía un culo que quería reventar. Su espalda se curvaba a cada embestida dando la sensación de que se iba a tronchar en cualquier momento, pero me sorprendió la elasticidad de ese cuerpo consistente y maduro. Continuó bufando hasta que mi polla estalló dentro de su coño mojándolo más de lo que ya estaba, la leche me salía sin parar y acabo chorreando entre sus muslos. Paré de embestir casi exhausto, con la respiración agitada y el corazón golpeándome en el pecho a un ritmo frenético. Dejé caer mi cuerpo contra el sofá quedándome totalmente espatarrado. Ella se incorporó con la respiración agitada, se giró a la vez que se inclinaba para darme unas deliciosas chupadas. Sus labios eran menos carnosos que los de su hermana, pero su forma de chupar era realmente deliciosa. Continuó un buen rato hasta dejarla completamente seca y brillante. Esa mamada final fue la firma que culminaba ese pedazo de polvo que habíamos echado. Cuando se incorporó de nuevo, me miró con esa sonrisa felina que tenía, y se relamió los labios antes de inclinarse para besarme con ternura.

    – Que feliz me has hecho, mi niño! Me dijo con esa mezcla de ternura y lascivia que tenía su voz.

    Caminó unos pasos hasta un mueble de madera vieja que había cerca, abrió el cajón y sacó un paño parecido al que había sacado anteriormente su hermana, se espatarro y comenzó a pasárselo entre los muslos. “Joder, acababa de correrme y ese gesto volvía a agitar mis hormonas!“. Volvió hacia el sofá y se sentó a mi lado cruzando sus bonitas piernas, dio un buen trago de whisky y me miró con media sonrisa percibiendo mi gesto interrogante.

    – Quieres preguntarme algo, cielo?

    Me dijo con una sonrisa amable. “Joder, parece que me está leyendo el pensamiento!“ Pensé al oírla.

  • No sabía que era la esposa de mi amigo

    No sabía que era la esposa de mi amigo

    Hola! Quiero relatarles un pequeño secreto el cual solo conocemos tres personas, que somos los protagonistas obvio y mi amiga Lili a la cual no me pude resistir a contárselo.

    Mis amigos no lo pueden saber… los hombres son unos idiotas que no saben guardar este tipo de cosas y esperan la primera oportunidad de presumirlo a cuánta persona se les cruza.

    Y bueno… pues era un sábado por la tarde yo estaba a punto de salir del trabajo cuando mi celular comienza a sonar y procedo a contestarlo:

    -bueno bueno! Quién habla?

    -Ramón soy Javier!… te llamo porque vamos hacer una carne asada y quiero que estés ahí.

    -ah! Javier!… Simón! Cuenta con ello… a qué hora y que tengo que llevar?

    -No! Cómo crees! No lleves nada! Basta con que nos acompañes es hasta las 6.

    -Sale pues! Ahí te veo al rato!

    -ya dijo!

    Yo preparo mi moto para viajar hasta el próximo municipio que es donde se ubica la casa de mi amigo. Tomé mi mochila de herramienta y salí a las 5:30.

    Llegué faltando 15 minutos para las seis y había poca gente, me recibieron unos amigos que teníamos en común y me senté junto a ellos en el patio donde estaban jugando cartas.

    Le pregunté a uno de ellos que dónde estaba Javier y me comentó que estaba retrasado porque estaba buscando un tipo de carne que no podía encontrar y que regresaría hasta 1 hora aproximadamente.

    Pues bueno me acoplé al juego de cartas y a tomar unas cuantas cervezas… después de 4 cervezas me dieron ganas de ir al baño así que le pregunté al de al lado que para dónde se queda el baño…

    -el baño! Dirígete hacia la pared que está hasta el fondo y doblas por la izquierda junto a un lavadero está el cuarto de baño.

    Me levanté y caminé hasta allá.

    Justo cuándo doblé a la izquierda venía de frente una hermosa mujer de estatua bastante promedio y flaquita muy femenina, de piel morena clara… llevaba un bonito vestido verde con blanco y una cola de caballo y se veía bastante fresca y cómoda.

    Nuestras miradas conectaron por 6 segundos y desde ese momento hubo química… cada vez nos acercábamos más el uno frente la otro… mientras caminábamos noté como sus ojos comenzaban a brillar y al momento de estar frente a frente la tomo de la mano para presentarme, ella acepta el apretón de manos y jale su cuerpo para con el mío haciendo que nuestros rostros estuvieran cerca como para un beso… y pues la besé.

    Ella no puso ningún tipo de resistencia tan solo se dejó llevar… en el ambiente se podía sentir el sexo inminente mientras yo la tomaba por el cuello al tiempo que le acariciaba los senos… je je fue bastante mágico.

    Me encantó como se le cortaba el aliento y su cuerpo perdía fuerza de voluntad… solo se dejaba querer… la tomé de la mano y le dije:

    -vamos al baño

    Ella no dijo una sola palabra, se limitó a asentir con la cabeza mirándome con esos hermosos ojos brillantes.

    Ni siquiera entramos al baño… la llevé hasta el lavadero y besándola le agarré el trasero al tiempo que ella me sostenía la erección con su mano.

    La tomé por los hombros y le di la vuelta:

    -voltéate quiero saborear lo que tienes entre tus bellas piernas.

    Le subí el vestido y le deslicé sus calzones hasta las rodillas a lo cual procedí a tocar sus labios vaginales con mi lengua.

    Ella solo reía nerviosamente je je.

    Le agarré una nalga con cada mano y le separé el trasero para poder entrar más profundo con mi rostro en sus genitales.

    – mmh! – ella gemía muy rico.

    Solo de recordar ese momento y su olor se me pone muy dura.

    Le chupé su clítoris al tiempo que le manoseaba el trasero y acariciaba sus piernas hasta que se comenzó a estremecer y gemir.

    Saqué mi rostro de su entrepierna y le pregunté:

    -Eso te gustó no es así?

    -Ayhhh! Siiih!

    Me puse de pie y acerqué mi bulto a su trasero para que ella sintiera la enorme erección que yo tenía en ese momento y ella me preguntó:

    – me vas a penetrar?

    Me saqué la verga de la bragueta y sin miramiento de ningún tipo se la metí de un solo golpe.

    -ahh! Que grande lo tienes!

    Y la empecé a bombear con buen ritmo.

    Así la tuve empotrada por unos buenos minutos hasta que comenzó a temblar y las piernas le perdían fuerzas.

    -Ahhh! Que rico que se siente!

    -Agrrr! Tienes una panocha increíble!

    Le saqué mi verga aún erecta chorreando líquidos vaginales por todo el piso.

    Casi inmediatamente le metí dos dedos para poder masturbarla más duro en su punto g y hacerla venir una segunda vez.

    -No! No manches! No me hagas venir otra vez! No voy a poder caminar! Ahhh!

    Ella temblaba y se cubría su boca con su mano para no gritar fuerte, la música alta también ayudaba a disimular los gemidos aparte que estábamos bastante apartados del resto de las personas.

    La comencé a besar apasionadamente y ella me preguntó con una voz muy calmada y una mirada tierna:

    -Quién eres?

    Je je je aún me excita demasiado recordar su carita hermosa y la inocencia con la que me preguntó eso.

    Yo la volví a besar en la boca y le dije que soy un amigo de Javier, que él me invitó a cenar a su carne asada.

    Ella separó su rostro del mío y con sus manos sobre mis hombros se quedó boquiabierta:

    -Mi marido!

    Me dijo con una cara de asombro!

    Yo la volví a besar y le dije:

    -Esto solo quedará entre tú y yo.

    Dejamos de besarnos y nos reincorporamos y acomodamos nuestras ropas me dijo:

    -te veo más tarde… me voy a bañar y a cambiar… me dio gusto conocerte!

    -A mi también me encantó conocerte.

    Me le quedé viendo a su trasero mientras se alejaba de mí con un ritmo muy bueno en sus caderas je je je. Se le veía muy excitada y feliz.

    Yo me metí al baño me lavé el rostro y oriné, me di cuenta que el olor a sexo era inmensamente fuerte y busqué algo para poder disfrazarlo.

    Hurgué detrás de la taza del baño y había un glade de lavanda que es un ambientador para baños… y lo esparcí por todo el sitio… tambien lo rocíe por toda mi persona.

    Todo eso sucedió en no más de 15 minutos.

    Volví a sentarme con mis amigos y ellos me molestaban que si estaba estreñido que si me la estaba jalando, je je je, si supieran lo que sucedió allá.

    Más tarde llegó mi amigo Javier con una gran bolsa de carne y me saludo con un fuerte apretón de manos y un abrazo de amigos.

    Me dice:

    -Ramón que gusto me da que vinieras.

    -Javier no podía quedarte mal.

    -ahorita preparamos la carne para empezar a cenar, mientras acompáñame para poder mostrarte mi casa.

    Estábamos él y yo caminando hacia el interior de su casa, él dejo la carne junto una pequeña multitud de mujeres que estaban trabajando en la cocina y les dice:

    -Familia! Él es Ramón y es mi invitado para que lo traten muy bien!

    – Hola Ramón como estás -me preguntó una de ellas.

    Estábamos ahí conversando y a los no sé cuántos minutos se acercó a nosotros la hermosa mujer que hacía una hora le había hecho el amor.

    – Amorcito! Ya volviste! – le dice ella.

    -Gaby mi vida! Te presento a Ramón! Es mi invitado especial el viene de otro municipio.

    Le extendí la mano y me presenté con nombre y apellido – un gusto como estás Gaby?

    – Ella se quedó como en trance con la boca entreabierta y la mirada perdida con la mía.

    Su marido soltó la carcajada y dijo:

    – Jajaja! Está modorra! Seguro que estaba dormida! Mírala trae ojos de que se acaba de despertar.

    Ella salió del trance y respondió:

    – Sí! Estaba dormida y me metí a bañar para despertar je je un gusto conocerte Ramón.

    Hasta aquí el relato.

    Espero que disfruten leyendo como yo recordando al escribirlo.

    Una gran experiencia!

    Te mando un saludo Gaby!

    Ojalá que algún día leas este relato y te mojes al recordar aquel momento je je.

  • Cómo fue mi primera vez en mi auto

    Cómo fue mi primera vez en mi auto

    Hola a todos, está vez les quiero relatar la ocasión en que mi hijo y yo lo hicimos en mi auto; ahí fue mi primera vez haciéndolo en un lugar diferente al que acostumbramos porque siempre lo hacíamos en casa pero ahí es un poco incómodo y con más probabilidad de ser atrapados porque el auto se encontraba afuera y alguien podría ver.

    Empiezo por aclarar, que el auto se encontraba en mi casa pero aun así pudimos ser vistos por mi marido o mis vecinos. Esto ocurre un día del que llegamos de un paseo que habíamos tenido los 3 (o sea madre, padre e hijo). Cuando llegamos, quitamos todas las cosas y pensábamos volver a salir pero por un helado o cosas así pero antes de seguir planeando eso, a mi marido lo llamaron y le comunicaron que realizará algo súper rápido del trabajo, nosotros ya estábamos planeando esa salida de nuevo y el tonto de mi marido dijo:

    «Lo siento pero tengo que cumplir mi deber»

    Me hizo enojar un poco pero al final acepte eso porque siempre está más dedicado al trabajo pero el chiste es que nos bajamos y yo estaba planeando lavar el auto ya que no se cumplió la salida y como veníamos de un paseo al aire libre pues resultó quedar muy sucio.

    Decidí irme a cambiar de vestimenta para lavar el auto, en esa ocasión recuerdo haberme puesto una blusa de tirantes color azul y un pequeño short deportivo, era algo normal para el objetivo, también aprovecho para recordarles como soy físicamente, mido 1.65, soy de piel blanca, cabello un poco corto color negro, mis pechos y trasero no son tan grandes o tampoco muy pequeños, yo los considero como el promedio de mujeres que hay en mi país, pero mínimo puedo decir que tengo algo.

    Procedí entonces primero a quitar la basura y el polvo con la aspiradora pero en eso llega mi hijo, llegó como al principio solo viéndome, me imagino porque lo hizo primero, su madre agachada con un short pequeño en dónde relucen mis piernas, porque mis amigas mencionan que para ser pequeña si que tengo una lindas piernas.

    Le propuse que me ayudara a terminar y no solo este mirándome, comenzamos bien en lavar el auto, hablamos mucho sobre ir a otro lugar cuando acabemos de lavarlo, también hablamos de algunas cosas sin sentido y por último a jugar con la misma agua, estuvimos riendo mucho porque me empezó a mojar intencionalmente, tal vez quería comprobar si se marcaban mis pezones o si traía sujetador pero realmente si lo traía, tal vez se preguntarán ¿Acaso tú marido no llego a verlos por sus risas? Pues no, así de distraído es.

    Casi cuando estábamos por acabar, decidí entrar al auto y encender el aire acondicionado por el calor que sentía, lo que no esperaba es que mi hijo me acompañará, como yo estaba sentada en la parte de atrás, se sentó al lado mío y entonces cuando me di cuenta de que nuestros rostros deseaban encontrarse, él se acercó mucho al mío y me dio un beso en la boca, yo con un poco de temor lo hice porque estaba mi marido en casa y tal vez venga y nos pueda ver pero él quería seguirme besando, trataba de hacerlo entrar en razón y decirle el porque no podríamos hacerlo pero cada que lo hacía me callaba con un beso, algo súper rico porque tampoco me negaba a dárselos y bueno pues con esos besos me pudo convencer, nos empezamos a besar sensualmente primero, me mordía los labios, besos con lengüita y ese tipo de cosas entre parejas, pero él también se veía que deseaba otra cosa además de solo simples besos.

    Empezó tocándome, él estaba masajeándome las tetas aún con mi blusa puesta, me las tocaba sensualmente que hacía que me comenzará a mojar con tan poquito, esos ricos besos y esos toques en mis tetas me prendían mucho y daba unos pequeños gemidos porque no quería provocar mucho ruido por mi marido.

    Entonces me di cuenta que no era él quien tenía las ganas, sino yo, mi propio hijo me calentó al punto de estar decidida de hacerlo en mi auto, le baje el cierre de su pantalón y metí mi mano para buscar su verga que cabe mencionar ya era notoria la erección que tenía, toqué su pene debajo de su pantalón, y como una niña buscando su paleta, rápidamente lo liberé del pantalón que lo aprisionaba, el pene de mi hijo era del tamaño de 18 cm de largo mas o menos y no muy grueso, lo normal, lo tomé fuerte con mi mano, y casi de inmediato me lo metí a la boca y comencé a darle una gran mamada.

    Mientras lo tenía dentro de mi boca, le acariciaba con mi lengua cada centímetro de su glande, muy despacio y rico, lentamente subía y bajaba por su pene, recorriéndolo con mi lengua dándole una suculenta mamada.

    No sé si era por el momento de adrenalina o si estaba muy rico lo que le hacía, que mi hijo presionó mi cabeza hacia su pene metiéndolo hasta el fondo de mi garganta, y temblaba como si fuese a correrse, para impedir esto, rápidamente presioné la base de su pene y me lo saque de la boca, volteé a ver a mi hijo y estaba el mirando hacia el techo del auto con los ojos casi en blanco, bajo su cara para mirarme y seguirme besando.

    Me quito mi blusa y mi sujetador, entonces sus manos enseguida se apoderaron de nuevo de mis pechos, apretándolos mucho más, como si me los fuera a quitar, me dolía, pero me excitaba, de repente sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo paralizándome por completo, me estaba entregando de nuevo a él sin remisión, sentía como la humedad entre mis piernas aumentaba y como mi tanga lo iba absorbiendo todo, entonces noté su mano en mi vientre bajando hacia abajo y apretándome con los dedos mi sexo antes de meterse por debajo de mi short.

    Decidió meterme dos dedos que también hacían las delicias a mi clítoris, haciéndome gemir en silencio y deseando algo más. De nuevo volví a introducir a mi boca su gran miembro, tenía un sabor delicioso, me encanta devorarla hasta que no pudiera más, hasta que tuviera su descarga yo le ofrecía mi boca para que la llene con lo que tanto me gusta. El sabor de su semen, la sensación de poder, de tenerle y de sentir las explosiones dentro de mi boca, de ese néctar caliente que sale disparado a mi interior, quería que me llenara y me alimentara de él, mis manos sobre sus testículos metiéndolos en mi boca despacio y con suavidad, su pene con un vaivén delicioso entre mis manos y mi boca, la succión de su glasé por mis labios y cuando sabía que iba a acabar mis manos se dirigieron a su pecho por debajo de su camisa arañándole el pecho, mi boca subía y bajaba sin más ayuda que mis labios sobre su pene calentándolo más y más, excitándole tanto que empezó a eyacular dentro de mí teniendo que tragarme de un tirón las primeras descargas de su pene, acto que me fascinaba como no tienen idea.

    Enseguida de eso, optó por bajar mi short y me pidió que me sentará encima de él, con mis rodillas apoyadas en parte del asiento, en posición para ser penetrada y entrara su pene dentro de mí. Sus manos bajaron a mis nalgas apretando cada glúteo con ellas, su pene pasaba por la abertura de mi vagina de arriba a abajo, metiéndola despacio, deslizándose en mi interior con mucha suavidad, llenándome hasta que no podía entrar más, no quería gemir, no podía expresar lo que estaba sintiendo al ser penetrada una y otra vez, mis movimientos lentos y suaves iban metiendo y sacando su pene de mi interior con tanta suavidad, con tanto placer para los dos que nos fundimos en un abrazo y un beso que parecía eterno.

    Ese movimiento vertical de mi cuerpo paró para hacerlo horizontal, su pene casi no salía de mi interior, pero el roce de la raíz de su polla contra mi clítoris me estaba matando de placer, la tenía tan dentro de mí, la sentía tan bien que no quería que se marchara nunca, mis músculos la apretaban una y otra vez haciendo como si mi vagina la besara, era una sensación tan placentera que ninguno de los dos quería que acabara, yo me contenía a duras penas tapándome la boca con una de mis manos para que no recurra mi marido a descubrir porque hay algo de ruido en casa, y él enterrando su cabeza en mis pechos, movimientos lentos de mi cadera de lado a lado, con sus manos apretando mis nalgas hacia él, intentando penetrar más en mí y entonces mi cuerpo subía y bajaba un poco para liberarla un segundo, para una vez más secuestrarla dentro de mí y volver a besarla, volver a presionarla con mi vagina, sintiendo sus palpitaciones, sintiendo como me hacía explotar de placer al tenerla tan dentro, con mi clítoris continuamente excitado por aquellos pequeños roces.

    No podía más estaba tan al borde de un orgasmo que me preocupaba si sería capaz de mantenerlo dentro de mí, sin que ningún gemido, ni grito saliera al exterior y alertara a mi marido, era incapaz de tener los ojos abiertos cuando sentía ese placer al intentar penetrarme aún más, sus manos ahora en mis caderas levantando su pelvis una y otra vez para penetrar en mí, estaba al borde del orgasmo cuando con sus fuertes manos me aparto de él, no sabía que pensar, pero entonces supe lo que quería, como si fuera una muñeca moldeaba mi cuerpo, lo llevaba donde él quería y lo que quería era ponerme a cuatro patas sobre el asiento, una rodilla en el asiento y otra estirada en el suelo con mis manos apoyadas en el respaldo que también habíamos echado hacia atrás, mi rostro pegado al cristal respirando y creando figuras de vaho.

    Entonces noté una vez más su pene entrar sin previo aviso y con bastante fuerza hasta el fondo de mi vagina, entrando y saliendo primero de una forma pausada, pero luego más y más rápido, sus embebidas me empujaban contra el cristal que llenaba de vaho una y otra vez, que explotaba como una bomba de calor en mi vientre y se expandía por todo mi cuerpo, mis manos apretando mi boca para ahogar los gritos que sin remedio salían de mí, mi hijo seguía moviendo sus caderas con sus manos sobre las mías siguiendo ese movimiento frenético y entonces soltó un grito de placer que por suerte fue pequeño y sentía como me llenaba con sus fluidos uniéndose a los míos.

    Su pene navegaba ahora en el interior de mi vagina, seguía atravesando mi cuerpo y los gemidos de ambos se escapaban ya a nuestro control, sentía como en cada empujón ya más lento, pero mucho más profundo, salían por mi vagina los fluidos de los dos, resbalando por el interior de mis muslos, empujones y penetraciones que fueron apagándose al igual que nuestros gemidos.

    No podía asimilar que lo había hecho en mi propio auto, que aún no se terminaba de limpiar, hasta lo habíamos vuelto a ensuciar con nuestros fluidos que se escaparon hacía el asiento.

    Yo pensaba en seguir disfrutando, pero por desgracia o suerte ví como mi marido paseaba por el jardín tipo buscando algo o buscándonos, obviamente nos separamos enseguida y sin tomar un descanso previo, nos vestimos lo más rápido que pudimos y el primero en irse fue mi hijo, de mi parte decidí terminar de seguir lavando mi auto, para cuando volví a casa no me dijo nada raro pero solo me preguntó que dónde estaba y le dije que me encontraba lavando el auto y creo no tuvo sospechas de algo, una vez más está relación se mantuvo a salvo pero no sé que nos espera en nuestro demás encuentros.

    Eso es todo por ahora queridos amigos, ya saben, estoy abierta a responderles sus preguntas o si quieren charlar conmigo les dejo mi contacto: [email protected].

  • Pobres pero cogiendo

    Pobres pero cogiendo

    Eran unos días críticos, pensábamos en cómo, ante tanta adversidad, podríamos sentir que estábamos vivos y que el deseo no podía estar relegado a lo estrictamente económico.

    Soñábamos con rituales sexuales colectivos, cuerpos sedientos de sexo y de erotismo superlativo, cuerpos sin sexos definidos, ver mis curvas acariciadas por manos y lenguas ardientes que lamieran cada uno de mis fluidos.

    Él, fogoso y caliente, adulto y con una sexualidad totalmente lista para darme cada uno de mis gustos, que coincidentemente son los suyos.

    Deseo que él me observe chupar mi primera conchita, que con sus manos la abra mientras besa sus labios carnosos y me invita a sumarme a lamerla y disfrutarla, quiero mirarlo a los ojos y que los gemidos que le provoco a ella, a él lo haga calentarse como nunca.

    No me imagino pagar por ello, no podría hacerlo, también imagino verme vestida entre sedas y desnuda a la vez, rodeada de mujeres con vibradores de diferentes colores y entre todas darnos placer, siempre deseo que mi marido me observe, que se le pare bien la pija y su mirada se trasforme en fuego vivo.

    Él, desea más que a su vida, verme entre vergas diferentes, que cada pija me contornee el cuerpo y sus fluidos y babas, marquen senderos donde luego irá cada gota de cada acabada, desea verme ser penetrada al unísono, ver cada hueco de mí, repleto de vergas duras y grandes, cabezonas y potentes.

    Yo, deseo, ver su lengua junto a la mía chupando cuerpos con esencias de frutas frescas…

    Pero pienso, cuánto del goce se ve afectado por falta de dinero, y me pregunto ¿los pobres cogen como yo deseo coger?…

    No me interesa el sexo colectivo tal cual ustedes se lo imaginan, yo deseo seres que conecten con lo prohibido, deseo verme cogida y excitada con fuerzas bestiales, meterme pijas en la boca suavemente, lamerlas y acariciarlas mientras ellos me masturban, imagino a tres hombres de etnias diferentes, que ninguno entienda el lenguaje del otro, y formemos prismas de cuerpos ardientes y sedientos de sexo puro, yo arrodillada sobre el césped, de costado dos con las vergas duras sobre mis pezones, y uno de frente a mi refregándome la pija en la cara, suaves y contundentes, ellos me manosean toda, y dentro de la casa ver a mi marido cocinando, para todos …

    Imagino que de postre llega ella, una negra hermosa de conchita rosa y pezones oscuros y grandes, con una melena bien vaporosa, y me la cojo para que vean los cuatro, pero nos cogemos mucho y nos olvidamos de que están ellos allí, los vemos tocándose los huevos y las porongas, nos besamos con lengua y nuestros pezones se rozan, cada una se pone un cinturón con unas pijas transparentes, y nos damos, acabamos, nos lamemos las conchas y los invitamos a ellos para que nos sigan cogiendo…

    Los pobres pensamos, los pobres también podemos gozar y esperar a que un día todo el mundo comprenda que coger bien siempre fue gratis…

  • Maribel, mi cuñada ideal

    Maribel, mi cuñada ideal

    Mi siguiente historia tiene que ver con mi cuñada y ciertas necesidades familiares.

    Como sabrán, este 2020 es un año en el que el coronavirus secuestró gran parte de las actividades humanas: escuelas, trabajos, diversión y demás, por lo que debido a esto varias personas se vieron afectadas ante la clausura de ciertas actividades por parte del gobierno.

    Mi cuñada es una de esas personas que el coronavirus repercutió en gran medida su vida familiar pero antes de decirles el por qué, les describo mejor a Maribel, ella tiene 40 años cuyo cuerpo no lo refleja: es chaparrita, de piel morena, ojos cafés y una cabellera pelirroja, obviamente no natural. Su cuerpo en cambio sí que lo era, tiene unas tetas de buen tamaño, no en exageración, pero lo suficiente como para entretenerte un buen rato y su culo ni se diga, está bien paradito, durito con unas piernas bien marcadas ya que en su juventud hacia mucho ejercicio. Realmente me ponía loco cada vez que la veía, aunque pocas veces se daba el lujo de presumir ese cuerpecito porque su esposo no la dejaba vestirse bien.

    Cierto día recibí un mensaje en mi celular, era mi cuñada, el mensaje decía

    -Hola Sam, quisiera pedirte un favor, pero necesito decírtelo en persona. ¿Crees que puedas venir a mi casa un día de estos?

    Al leer su mensaje me quedé pensando cuál sería ese favor. Era muy raro que mi cuñada me pidiera favores, así que solo le contesté que sí. Acordé de visitarla el día viernes ya que era día festivo por lo que no trabajaría.

    Así llegó el día viernes, temprano por la mañana me dirigí en mi coche a la casa de Maribel. Toqué el timbre y fui recibido por ella, al parecer su hija no se encontraba.

    -Hola cuñadito, pásale.

    -Hola Mari – la saludé dándole un beso en la mejilla.

    – ¿Gustas algo de beber? – me preguntó

    – Agua está bien.

    Para esa mañana Mari vestía una blusa escotada de tirantes color rojo sin brasier ya que no se notaban los tirantes. Un short azul de mezclilla deshilachado, lo que permitía ver muy bien esas torneadas piernas.

    Mari regresó con un vaso con agua y al agacharse para darme el vaso pude ver su escote de más cerca. Ella se sentó frente a mí en un sillón, se cruzó de piernas para después ponerse a revisar su celular, mientras que yo tomaba mi agua, pero sin dejar de ver esas piernas que me estaban poniendo mal.

    – ¿Y Betsy? – le pregunté

    – No está. Salió a casa de su prima Clara para hacer una tarea.

    – Ha mira. ¿Y cómo va en la universidad?

    – Pues bien, le va echando ganas la nena- así le decía mi cuñada a su hija.

    – Que bueno, está bien que siga con sus estudios- referí.

    – Pues ya que estás tocando el tema de la escuela, hay algo de eso que tiene que ver con el favor que necesito.

    – Dime, te escucho- cambié mi semblante para mostrar interés en lo que me diría.

    – Ya vez que por lo del coronavirus estuvieron tomando clases por internet.

    – Sí, así es.

    – Pues la nena tomaba sus clases con la computadora que le había prestado su novio. Pero al término del semestre pasado ambos terminaron su relación y pues ahora ella no tiene con qué tomar las clases y menos con qué hacer sus tareas.

    – Ya veo. Actualmente ya es una necesidad el tener una computadora.

    – Así es. Y el favor que quiero pedirte es que si con tus tarjetas o créditos que tengas en tiendas puedes sacar una laptop para la nena. Yo te la iría pagando poco a poco.

    Al escuchar su petición, rápidamente mi mente comenzó a imaginar qué provecho podía sacar de esta situación. Desde poco antes de que yo terminara mi universidad logré colocarme en una dependencia del gobierno federal, por lo que recibía un buen salario, permitiéndome tener un colchón de ahorro y una computadora fácilmente la podía solventar. Caso contrario era con el esposo de mi cuñada, Sergio. Su esposo tenía ciertas dificultades en mantener un empleo fijo debido a lo que se dedicaba, por lo regular sus contratos eran por meses y con el coronavirus le fue difícil colocarse en un trabajo, pero al hacerlo apenas cubría los gastos necesarios de su familia sin que fuera lo suficiente.

    – Por supuesto Mari, ya sabes que en lo que los pueda apoyar siempre será un orgullo para mí ayudarlos.

    – Gracias Sam – esbozando una sonrisa- Sé que siempre nos has tendido la mano y la verdad necesito este favor. No te preocupes, yo te prometo que voy a pagártela.

    – Ni lo digas Mari. No hay necesidad de que me lo digas. ¿Qué te parece si vamos ahorita a ver las computadoras? Para que así al llegar Betsy se lleve una grata sorpresa.

    – Me parece perfecto, solo deja y me cambio. No tardo mucho.

    Durante el tiempo en que Mari estuvo en su recámara arreglándose, no podía sacar de mi cabeza la idea de sacar un gran provecho de esta situación. Sabía que era algo totalmente loco, pero en realidad sentía la necesidad de hacerlo. Maribel siempre me había llamado la atención, incluso desde que me hice novio de su hermana. Nos habíamos llevado súper bien desde el principio, inclusive llegamos a provocar celos de nuestras respectivas parejas, ya que era tan buena nuestra química que parecíamos más que cuñados, pero fue Sergio quien más se cabreó con nuestra amistad, ya que un día me platicó mi cuñada que casi le prohibió el que ella se me acercara.

    En eso estaba cuando ante mis ojos hizo acto de presencia Mari. Al verla no pude evitar mi cara de asombro. Llevaba puesta la misma blusa, pero ahora la combinaba con un collar que se perdía entre el canal de sus senos y una falda pegada que marcaba en todo su esplendor su culo, así como unos tenis blancos, según ella para estar más cómoda. Su rostro lo había perfeccionado con maquillaje y su boca con un labial rojo, que me ponía en tentación de querer devorarla a besos.

    – ¿Qué? ¿Qué tienes?, ¿por qué me ves así?- me preguntó

    – Es que te ves estupenda.

    – Cálmate Sam, vas a hacer que me sonroje- cosa que ya había provocado- Ya ves, ya hasta estoy sudando – dando una carcajada nerviosa.

    – Pues es que estas… pero bueno, mejor le corto aquí porque si no, no dejaría de decirte lo bien que te ves.

    Fue así que nos dispusimos a salir. Al llegar a mi coche le abrí la puerta como todo buen caballero, Mari al momento de subir, abrió sus piernas para poder sentarse, mostrando ante mí su ropa interior que era de color negro. Ya dentro del vehículo Mari se encontraba con las piernas cruzadas, mientras que su falda se había corrido más arriba, por lo que aprovechaba cada cierto tiempo para vérselas sin que ella se diera cuenta.

    Al llegar al centro comercial, solo observaba como algunos hombres se le quedaban viendo a Mari, y es que no era para más, se veía rebuenísima mi cuñada. Ya en el área de electrónica estuvimos mirando las computadoras, hasta que por fin elegimos una. Esa computadora, al pagarla al contado, traía como regalo una mochila y un par de audífonos, así que Mari estaba más que contenta.

    De regreso a casa de mi cuñada, nos topamos con un tráfico debido a un accidente, por lo que Mari se quedó dormida en ese trayecto. Al mirarla ella tenía sus piernas un poco abiertas, vi que su falda se le había subido, casi llegando al triangulito de su ropa interior, mientras que el tirante izquierdo de su blusa se había descolgado de su hombro y que junto con el cinturón de seguridad que le quedaba a mitad de sus tetas hacia que su teta izquierda se viera demás, por lo que no pude evitar el comenzar a sobar mi verga. En eso estaba cuando un movimiento de Mari, que me asustó, provocó que ella resbalara del asiento provocando que su falda se arrollara más arriba, dejándome ver ahora sí su triangulito cubierto por su ropa interior. Estaba que explotaba, pero no podía hacerlo a mi antojo, manejando y sobando mi bulto.

    De forma repentina Mari se despertó, ya estábamos próximos a llegar a su casa

    – Perdón, me quedé dormida – se disculpó mientras se acomodaba mejor en el asiento y bajaba su falda.

    -No te preocupes, ya vamos llegando.

    Entramos a su casa y Mari de dos movimientos se quitó sus tenis, quedando descalza, mientras que yo dejaba la computadora y accesorios en el comedor. Ella se dirigió a su refrigerador y comenzó a beber agua, deslizándose una gota sobre su cuello, perdiéndose entre sus tetas.

    – Pues bien, ya llegamos- me dijo- Ahora lo bueno, cómo vamos a quedar con los pagos.

    – Tranquila Mari, eso lo podemos platicar con más calma, no me urge el dinero.

    – Ya lo sé, pero quiero que ya quedemos en eso, así le platico a Sergio para que vaya consiguiendo el dinero.

    – Está bien. ¿Cómo se te hace más fácil?, yo acepto cualquier forma de pago.

    – ¿Cómo que cualquier forma de pagó? – refirió ella con cara de duda.

    – Si, acepto pago en efectivo, transferencia, cheque, o cualquier otra forma, aunque no sea dinero- le sugerí.

    Para esto, me paré y me coloqué en la parte detrás de la silla en la que Mari estaba, comenzando a acariciarle los hombros y su cabello. Ella se quedó quieta, mientras yo le decía que:

    – Sabes que no necesito el dinero, no me urge. Pero puedes pagar tu deuda de otra forma.

    A la vez que mis manos bajaban los tirantes de su blusa para dejarle libres sus hombros. Mari notó mis intenciones así que se levantó de la silla y comenzó a decir:

    -¿Pero qué haces?, ¿acaso quieres que te pague con cuerpo?

    – Pues tú lo has dicho

    – Estás loco, eres mi cuñado y no pretendo pagarte de esa forma.

    Mari comenzó a caminar hacia atrás, tratando de alejarse de mí, pero yo la fui siguiendo hasta acorralarla contra la pared. Ahí, la agarré de la cintura y la jalé hacia mí, quedamos los dos bien pegados, yo con la intención de que sintiera mi verga sobre ella. Mari comenzó a forcejear con mis manos, quitándolas de su cintura, pero rápidamente yo volvía a colocarlas ahí, y nuevamente la acorralé contra la pared.

    – Déjame Sam. Esto no tiene por qué ser así. Yo te la voy a pagar con dinero. No con lo que tú quieres.

    – ¿Estás segura de eso Mari?- volteándola contra la pared- Ambos podemos sacar provecho de esto, piénsalo por un momento, puedes decirle a Sergio lo del dinero, y cuando te lo entregue puedes quedártelo. Sabes que lo necesitas, con ese dinero puedes comprarte algo o ocuparlo para otra cosa para tu casa o Betsy, ¿cómo ves?

    Mari ya no forcejeaba, ni hacía el intento por soltarse, mientras yo aproveché para pegarme a ella, restregándole mi bulto y dándole besos en el cuello. Desde esa posición podía ver sus tetas así que comencé a acariciárselos y apretárselos por encima de su blusa.

    Ahora la volví a girar, quedando frente a frente. Mari tenía la cara roja pero no decía nada hasta que su boca se abrió.

    -Pero y si Sergio se da cuenta o mi hermana, no podría soportarlo.

    – No te preocupes, todo saldrá bien.

    Acto seguido, bajé mis manos para después irlas subiendo por sus piernas, levantándole la falta, dejando a mi vista su panty negro con encajes en los bordes, la cual le llegaba a media nalga. Esto me prendió más así que comencé a besarla y acariciarla por todo el cuerpo, mis manos parecían pulpo queriendo abarcar todo. Mari respondía a mis caricias, ella se dejaba hacer todo sin decir palabra alguna.

    – Espera, vamos a una habitación. – llevándome de la mano hasta el cuarto de Betsy, es el que más cerca nos quedaba.

    Una vez ahí dentro, Mari se quitó su falda, quedándose con la blusa, pero con los tirantes fuera de sus brazos y su panty. Mientras que yo hacía lo mismo hasta quedarme solamente con mi bóxer. Los dos ahí parados comenzamos a acariciarnos y besarnos, ella después bajó su mano y comenzó a acariciar mi bulto por lo que yo hice lo mismo, notando que su panty estaba totalmente mojado, tanto que sus jugos se desbordaban por el interior de sus piernas, así que decidí a avanzar, la recosté sobre la cama y comencé a bajarle su panty, Mari se tapó la cara con sus manos y al momento de sentirse despojada de su prenda, hizo por taparse su vagina, por lo que le dije al oído que no se preocupara, que me dejara verla, por lo que lentamente le quité las manos de donde las tenía, quedando ante mí una exquisita vagina que arrojaba jugos en exceso, percatándome que su vulva la tenía con poco bello, bien recortado y sin pensarlo me quité mi bóxer y decidido metí mi pene en su vagina. Fue un placer irla metiendo poco a poco, aunque sin dificultad pude haberle metido de un solo golpe, pero quería que Mari la fuera sintiendo bien mientras se la metía.

    Mari solo logró a dar un gemido – Mmm- para después alzar sus piernas y cruzarlas por mi espalda, dándome la señal para comenzar la faena. Así que comencé a meterla cada vez con más rapidez y fuerza, solo escuchaba el ruido característico de la penetración y los gemidos más fuertes de Mari.

    – Mmm, Sam… que rico, que rico me estás cogiendo. Ah, ah, ah.

    Yo estaba fuera de sí, ahora la había colocado al bordo de la cama y sus piernas las llevé a mis hombros, mis metidas eran con más fuerza, hasta que sentí cómo Mari se estremecía de un orgasmo, por lo que yo seguí dándole placer.

    – Ahh, Sam… mmm, mmm, métemela, cógeme

    La cambié de posición, poniéndola en cuatro, ahora podía tener a mi alcance su ano también además de que en esa posición podía ver cómo su vagina engullía por completo mi verga a la vez que con mis manos la tiraba de su cabellera. Era todo un espectáculo tenerla así, toda para mí, era un sueño hecho realidad.

    Nuevamente la cambié de posición, ahora era yo el que estaba recostado sobre la cama, mientras que ella se fue metiendo poco a poco mi verga para comenzar a cabalgarme. Sus tetas, ya fuera de su blusa, brincaban al movimiento de su cabalgada, mientras aprovechaba para pellizcarle sus pezones y de vez en cuando a jugar con su clítoris.

    – Sam, me estás volviendo loca. Ay, mmm, hacía tiempo que no disfrutaba coger. Mmm, uff, me gusta cómo me la metes, me encanta tu verga, más que la de mi marido, mmm, mmm, me voy a venir, ya no aguanto.

    Al terminar de decirlo, sentí como mi pene era bañado por la gran venida de Mari, mientras que ella se desmayó sobre mi pecho, pero yo aún no me venía, así que seguí metiéndosela así a Mari, ella se fue despertando poco a poco.

    – ¿Todavía no te vienes?

    – No, quiero seguir disfrutándote- le contesté.

    – Que aguante tienes cuñadito- fue así como Mari se levantó un poco y se acomodó de tal forma de quedar en cuclillas y ahora era ella quien hacía los movimientos.

    – ¿Ya te quieres venir?, ¿quieres echármelos?

    – Si Mari

    – ¿Quieres dejarme tu lechita en mi puchita?

    – Sí

    – Pues échame toda tu leche, la quiero toda dentro de mí, quiero que te vengas mucho, quiero tu semen escurriendo en mi vagina, la quiero ya.

    Pues sus deseos fueron órdenes para mí, así que comencé a venirme con varios torrentes de semen en el interior de su puchita, sentía cada uno de mis disparos llenar su cuevita. Mientras Mari seguía moviéndose encima de mí, exprimiendo por completo a mi verga, para después recostarse sobre mi pecho, sintiendo ambos cómo el semen salía de su vagina.

    Estábamos a punto de quedarnos dormidos cuando sonó el celular de Mari, por lo que rápido se despegó de mi verga para correr a contestar la llamada. Era Betsy avisándole que ya regresaría a su casa pero que antes pasaría a comprar algunas cosas en el OXXO.

    – Rápido Sam, ayúdame a cambiar la sábana de la cama, la dejamos toda mojada

    Mientras que ella buscaba una sábana limpia yo me encargaba de quitar la prueba de nuestro acto previo, ambos estábamos ahí, desnudos tratando de borrar cualquier rastro. También aproveché para disfrutar del cuerpo de Mari, aún le escurría mi semen de su vagina, por lo que me acerqué y la tanteé con mi verga, ella se volteó y me dio un beso en la boca, para después comenzar a jugar con mi verga que se estaba poniendo dura.

    – Noooo, Sam, espera, ya no tarda en llegar la nena y todavía me tengo que bañar, anda, mejor ponte tu ropa.

    No me quedó de otra más que hacer lo que Mari decía, no quería que la nena nos sorprendiera. Una vez vestidos cada quien, nos sentamos en la sala mientras que acomodábamos el regalo de la nena. Fue así que escuchamos que iba llegando. La nena vio su sorpresa en el centro de mesa de la sala, comenzando a sonreír de felicidad, la verdad se le veía emocionada, así que abrazó a su mamá, pero Mari se encargó de decirle que también tenía que agradecerme a mí.

    – Nena, a quien también tienes que agradecerle es a tu tío, el me ayudó a conseguir tu computadora.

    – ¿En serio tío?… Muchas gracias – por lo que la nena me dio un fuerte abrazo, tan fuerte que pude sentir cómo sus pechos se aplastaban contra mi cuerpo, yo solo me dejé llevar por la emoción y también la abracé.

    Una vez pasada el momento de felicidad, me quedé un rato más platicando con Betsy sobre la universidad y demás cosas, para después despedirme de ella, tenía que regresar a casa antes de que mi esposa volviera y no me encontrara.

    Mari se encargó de acompañarme para despedirme, así que aproveché para dejarla fuera de la vista de su hija para despedirme cómo debía ser después de una sesión de sexo, así que aproveché que Mari llevaba puesto un short corto de tela delgada, para así pasar mis manos por debajo del short, metiendo mis dedos entre sus nalgas y ensartarle el dedo medio de mi mano derecha en su vagina. Ella tuvo que taparse la boca para que no la escuchara gemir su hija, pude sentir cómo empezaba a mojarse hasta que Mari me quitó la mano de su puchita, para después chuparme el dedo que antes lo tenía metido, esa acción me prendió pero tenía que retirarme, de lo contrario acabaría cogiéndomela en ese lugar.

    Así, muy a nuestro pesar, nos despedimos, ya después nos pondríamos de acuerdo para el siguiente pago.

  • El espejo mágico (Parte 2): Mi primera polla

    El espejo mágico (Parte 2): Mi primera polla

    Había pasado un día y medio desde que el jueves por la mañana me despertara siendo mujer,  un día y medio sin salir de casa por el miedo a que alguien me reconociera o… todo lo contrario, al miedo de que no lo hicieran. Era sábado cuando decidí irme unos días a un pueblecito de Cádiz donde tenía una casa junto al mar, tenía mucho que pensar y asimilar de mi nueva identidad, de mi cuerpo de mujer, de los sentimientos cambiantes dentro de mí y eso esperaba conseguirlo allí, en la soledad de una casa que llevaba vacía más de 8 años. Pedro, uno de los porteros de la urbanización, un señor mayor con un acento andaluz muy acentuado al que me costaba entenderle a veces por lo deprisa que hablaba, se encargaba de ventilar de vez en cuando la casa, se ocupaba del jardín, de la piscina y nada más llegar, lo que nunca llegué a imaginar, en cuando este me vio llegar me saludó efusivamente.

    – Buenos días, señorita Elena, qué tal está usted, me alegra verla denuedo. – ¿Señorita Elena?, pero, ¿me conocía?, ¿cómo era eso posible?, no tenía sentido, ya que él nunca me había visto con forma de mujer hasta ese día, me quedé pensativa mientras él me ayudaba con las maletas y no paraba de hablarme como si me conociera de toda la vida, pero realmente Pedro sí que me conocía, por lo menos todas aquellas cosas que me contaba, todas…eran ciertas, aunque eran los recuerdos de Juan quien había perpetrado todas aquellas travesuras y no Elena. En ese momento caí en la cuenta que ese debía de ser mi nombre de mujer y en esos momentos mientras paseaba por la casa fue cuando me fije de las fotografías que vestían las paredes del salón y me quede paralizada una vez más, allí estaba mi vida retratada, había fotografías mías por todas partes de cuando era pequeña, algunas sola y otras con mis abuelos y mis padres, también con amigos como Jaime, pero todas con el cuerpo de niña o de una adolescente con cara de pícara, es cierto que recordaba que estaban allí, pero con la apariencia de un niño, sin entender nada de todo aquello, recordé lo que había pasado también en mi casa de Valencia, en las imágenes, mi género habían cambiado y en vez de ser un niño era niña, en vez de ser de hombre eran de mujer y mirando como Pedro metía mis maletas en casa pensaba que si eso era así, con unas fotografías, ¿Por qué no Pedro me iba a recordar como mujer?, ahora ya tenía sentido por muy extraño que fuera todo.

    Tenía mucho que asimilar, empecé a buscar en todos los documentos que tenía a mi alcance, hasta ahora no había reparado en ellos y cuando los mire, estaba todo ahí, todo había cambiado, el DNI, el carné de conducir, la tarjeta del médico, las tarjetas de crédito, el carnet de la biblioteca, incluso el de estudiante que aún conservaba, en todas partes mi sexo había cambiado, ahora me llamaba Elena, en ese momento empecé a sentir mareos, tuve que sentarme en el enorme sofá del salón, la cabeza me daba vueltas una vez más, después de dos días todavía pensaba seguía pensando o más bien quería pensar que todo aquello no era más que un mal sueño, que en algún momento me despertaría en mi cama. Pedro se despidió de mí y me quede sola en aquella casa que me era tan familiar y a la vez tan extraña, aproveche para darme un largo baño con sales y así despejarme, en la bañera me llevaba las manos a la cabeza, reflexionando incluso que coño hacía yo tomando un baño, ¿pero desde cuándo hacía yo eso?, empecé a recordar toda mi vida, a pasar silenciosamente por todos mis recuerdos y empezaba asimilar que aquello no era un sueño, pero era todo tan raro, me recordaba haciendo cosas, pero no de la misma manera en las que yo sabía que habían ocurrido, me veía montando en bicicleta por aquella urbanización haciendo el burro, pero me veía con faldas, recordaba bañarme en la piscina, abrazarme a mis padres, pero mis recuerdos me jugaban malas pasadas pues unas veces era un niño otras una niña, necesitaba tomar algo más fuerte que no fuera un vaso de agua y después de secarme y cambiarme de ropa, poniéndome uno de los bikinis que había encontrado en el armario en valencia, pase el resto del día en la piscina o tirada en el sofá haciendo que veía la televisión pensando en todo aquello mientras que vaciaba una botella de bourbon.

    Una vez más la noche la pasé dando vueltas en la cama, no hacía más que darle vueltas a la cabeza, ¿Qué iba a hacer ahora?, esa frase resonaba una y otra vez dentro de mí, era temprano, casi las 8 de la mañana cuando me até el pelo con una goma, me puse la braga del bikini, pantalón corto, un top de deporte y salí a correr por la playa para despejarme y me volvía a sorprender porque como Juan nunca habría hecho eso, nunca habría salido a correr, pero como Elena parecía que tenía la necesidad de salir y hacer deporte. Se convirtió en una rutina diaria, todos los días a la misma hora, mismo recorrido por el paseo marítimo, desayunar en el chiringuito de Pepe frente a la playa y finalmente darme un pequeño baño en el mar. Antes de subir a casa solía dar largos paseo por el pueblo comprando la comida del día y hablando con la gente la cual no se habían olvidado de mí, todos me recordaban y las más viejas y más cotillas siempre diciéndome eso de que guapa que estaba, que ya era toda una mujer y sentencian mucho lo de mis padres. Yo no pretendía en ningún momento ser antipática con lo que el tiempo corría y cuando quería llegar a casa ya era casi la hora de comer, una ducha rápida y después de hacer la comida con una copa de vino en la mano, comía mirando al gran ventanal desde donde podía divisar el jardín y un poco más allá el pueblo, las tardes me solía quedar en la piscina tomando el sol o me iba a recorrer la costa con la moto descubriendo las calas más inaccesibles, pero hermosas, calas en donde me quitaba la ropa y me bañaba desnuda quedándome casi hasta el anochecer, luego, de vuelta a casa, cenaba sola acostándome más tarde y así pase toda la semana hasta el viernes, porque aquel viernes una vez más mi vida iba a cambiar.

    Todos los días mientras corría, me había fijado en los cuatro chicos que jugaban al voleibol en la playa, más o menos de mi edad y con la certeza de saber que cada vez que pasaba a su lado se volvían a mi paso para mirarme, la verdad que no estaba acostumbrada a esas cosas, todo lo contrario, hasta no hacía ni una semana era yo quien me quedaba mirando cada vez que una mujer pasaba junto a mí, al principio me sentí de alguna manera acosada con sus miradas y sus comentarios, pero al cabo de los días me empezó a gustar, me sentía incluso bien y ese día en concreto decidí sentarme en otro chiringuito para desayunar, uno que estaba justo enfrente de ellos, donde jugaban todas las mañanas, esta vez iba a ser yo quien les mirara, quien disfrutara de sus cuerpos atléticos, les veía saltar, correr, tirarse y rebozarse por la arena, me recordaban bastante a mi amigo Jaime, eran todos muy guapos y con unos cuerpos que realmente te quitaban el hipo, me sorprendía a mi misma cuando me quedaba embobada mirándoles, sentía un no sé que, algo que nuevamente era algo nuevo para mí, me gustaba mirarles, me excitaba verles de esa manera, solo con sus bañadores, mostrando sus torsos sudorosos, prácticamente dibujaba y moldeaba en mi mente sus pectorales, sus trapecios, sus abdominales, notaba algo en mi interior que no sabía muy bien como explicar, era la primera vez que miraba a un hombre de esa manera y me notaba rara, me sentía nerviosa, como si estuviera haciendo algo malo, pero estaba disfrutándolo tanto que no me di cuenta de que mis manos apretaban mi vulva, me sentía excitada, mojada, me mordía los labios con los dientes teniendo algunos pensamientos digamos…de tipo sexual con ellos, como en aquellas historias que me contaba Jaime me veía a mi misma desnuda junto a ellos, sintiendo sus besos, sus caricias, sintiendo como atravesaban mi intimidad.

    Tenía calor, más que externo… interno, necesitaba refrescar mi cuerpo y mi mente, necesitaba darme el baño de rigor de la mañana y al pasar camino del agua delante de ellos, me sentí observada, tanto o más que cuando me veían correr, sabía que sus miradas me acompañaban a cada paso, explorando con cada movimiento todo mi cuerpo, aquello de alguna manera me excitaba aún más y me hacía sentir deseada, era una sensación que nunca había tenido, no de esa manera y con tanta intensidad. No sé porque, sin pensarlo dos veces, decidí crear más morbo y a pocos metros de ellos me quite las zapatillas de deporte dejándolas en la arena blanca de la playa, me quité el pantalón corto que llevaba de una forma muy sensual, me solté la coleta dejando que mi melena jugara con el viento, la recogía y peinaba con los dedos mirando al mar, sabiendo que ellos no dejaban de observarme, luego pasaba mis manos por mi vientre hasta llegar a braga del bikini arreglándomela con los dedos, cogiendo la goma y ajustándomela bien al cuerpo, más tarde hacia la misma operación con el top, les invitaba a que esta vez sus miradas si fueran realmente justificables y que sus ojos se posaran en mí, a pocos metros de la orilla su pelota cayó a mis pies, era muy evidente que había sido algo provocado y de una forma muy patosa le di una patada con el pie e intente devolvérsela, no había dado más que dos pasos cuando la pelota volvía a caer a mis pies, esta vez me gire y les sonreí, esta vez me agache despacio dejándoles ver mi culo y mi vulva por detrás, recogí la pelota y se la lleve en mano. No sé porque hice aquello, sinceramente estaba descontrolada, quería, deseaba algo que no me atrevía ni a pensar, la conversación empezó a fluir enseguida entre nosotros y me daba cuenta lo fácil que era atraer a los chicos y más con este cuerpo de mujer, pensamientos y no todos buenos empezaron a desfilar por delante de mí y al cabo de los minutos me deje convencer para que jugara con ellos.

    Los cuatro chicos de origen norte americano, californiano para ser más precisa se encontraban de vacaciones en España y más o menos se defendían en español y aunque mi nivel de inglés era muy alto deje que ellos se expresaran en español porque me hacían gracia y de esa manera podía entenderles sin que ellos lo supieran que entendía todas las conversaciones algo subidas de tono que tenían entre ellos, la más suave que me pondrían a cuatro patas allí mismo y yo me hacía la tonta, como si no les entendiese. Al principio parecían tan nerviosos como yo, pero el tiempo les fue dando alas y poco a poco, paso a paso dejaban atrás los nervios y empezaron a ser más atrevidos, sentía en mi cuerpo sus manos con la excusa de enseñarme a jugar, cogiéndome por las caderas sintiendo sus cuerpos sudorosos detrás de mí, se rozaban de una forma nada voluntaria en mis nalgas y en ocasiones notaba sus manos rozar mis pechos, yo intentaba zafarme continuamente, e incluso estuve a punto de marcharme porque no me gustaba el cariz que estaba tomando aquella situación, me estaba arrepintiendo de haber provocado aquella situación e incluso de los pensamientos que minutos atrás afloraron en mi mente.

    Había uno de ellos, Steven, que no entro en aquel juego, me estaba respetando y ponía mala cara cuando sus amigos intentaban sobrepasarse conmigo, era el más guapo de todos, de piel tostada por el sol, pelo castaño con algo de melena y unos ojos azules que se confunden con el mar, Steven a pesar de no tener el cuerpo con los pectorales y abdominales tan marcados como los de sus amigos, me resultaba bastante más atractivo, le notaba en todos los aspectos más natural, algo tímido, ya que sabía que me miraba y cuando lo hacía apartaba rápidamente la mirada cuando yo le miraba a él y, sin embargo, no tardó en venir en mi ayuda como un caballero andante cuando se dio cuenta de que lo estaba pasando mal.

    Sus amigos empezaron a reírse de él y al final, después de que yo empezara a enfadarme se pusieron a jugar por separado, Steven no tardó en excusarse en su nombre, a pedirme perdón por no haberlo parado antes, la verdad que en esos primeros momentos, estaba tan enfadada, tan avergonzada conmigo misma que no le hacía prácticamente caso, pero su insistencia terminó por calar en mí y terminamos ante la atenta mirada de sus amigos tomando un café en el chiringuito donde comenzamos hablar de todo un poco aunque de mí poco podía decir. Así pasamos toda la mañana entre risas y más risas, a pesar de que ya sabía que yo hablaba inglés sólo quería hablar en español y las carcajadas de los dos eran constantes por las continuas patadas que le estaba dando al idioma, realmente me hacía sentir bien, me hacía sentir por primera vez a gusto conmigo misma, sintiéndome por primera vez mujer, me hacía sentir de algún modo plena y feliz con mi cuerpo.

    A la mañana siguiente habíamos quedado para ir a correr por la playa juntos, sus amigos habían decidido irse y la verdad me daba realmente igual, con él me sentía segura y muy a gusto, mentiría si no dijese que también muy atraída. Serían las 8 de la mañana cuando pasábamos por zona de la playa donde ellos solían jugar y unos metros más allá, justo enfrente donde había dejado su coche me pare y le insinué que me enseñara a jugar al voleibol, Steven no tardo en sacar un balón que tenía y mientras hacía malabares con el balón, me sonreía a la vez que me amenazaba en darme una paliza, al empezar a jugar note que aquello era muy diferente al día anterior, se acercaba poniéndose por detrás de mí indicándome como ponerme y como sacar, me cogía suavemente de las caderas para colocar mi cuerpo para sacar y también como decepcionar una pelota, sus manos rozaban mi cuerpo con suavidad, sentía su aliento detrás de mí y su pecho se unía a mi espalda, podía oler su perfume, todo aquello me estaba excitando y de que manera y sin darme cuenta le permitía que se fuera acercando más a mí, quería tenerlo cerca…necesitaba tenerlo cerca, notaba las palpitaciones de su corazón, sabía que estaba nervioso y lo sabía porque yo también lo estaba, su cuerpo se había unido a mi espalda por completo y note el bulto que tenía por debajo del bañador, tenía muy claro lo que eso representaba, no obstante llevaba mucho tiempo sintiendo lo que Steven sentía, pero no estaba acostumbrada a sentir lo que yo sentía en esos momentos cuando note como mi sexo se humedecía por momentos, era algo que ya me había pasado anteriormente, pero nunca con la presencia de un hombre, nunca por un hombre, nunca deseando ir más allá de mis simples dedos.

    Notaba como me miraba, como constantemente quería decirme algo, los dos estábamos sintiendo una atracción irrefrenable, pero la vergüenza nos atenazaba y, sin embargo, había momentos en que la vencíamos e íbamos más allá de las simples miradas, dejaba que sus manos me rozaran los senos y mi cuerpo respondiera con un escalofrío, Steven lo estaba notando y se iba desprendiendo cada vez más de la vergüenza e intentaba ir más allá, una de sus manos se deslizaba despacio desde mi cadera hasta mi estómago, acariciándome con su mano extendida para después abrazarme con fuerza por debajo de mis pechos, hacía rato que ya había dejado de atenderle en las posiciones que me enseñaba y eché mi cabeza hacia atrás apoyándola sobre sus hombros para mirarle y a pesar de estar en la playa a una hora en que se empezaba a llenar, parecía como si el mundo se hubiera detenido, solo oía sus latidos, su respiración, su otra mano busco a su compañera entrelazando sus dedos y así definitivamente dábamos por finalizadas las clases del juego, Steven me estaba abrazando con fuerza, pero a la vez con suavidad, nos miramos fijamente cuando mi brazo subió buscando su cabeza y acariciando su pelo con nuestros labios a escasos centímetros el uno del otro.

    Todo aquello era nuevo para mí, realmente todo lo que hacía era nueva para mí, una sensación tras otra, hacía que mi respiración se acelerara y que mi piel se erizara, en mi sexo se disparan todos los sentidos así como mis pezones que se habían elevado tanto que querían escapar de mi top, veía sus labios tan cerca de los míos que era inevitable que nos empezáramos a besar y de no haber sido por las sirenas de una ambulancia que pasaba a toda velocidad así hubiera sido, aquel ruido nos había hecho volver a la realidad y francamente, ninguno de los dos deseábamos, pero la magia del momento se había roto, nerviosa por estar ahora entre sus brazos me separe de él empujándolo hacia atrás y riendo le rete a ver quien era el primero en llegar al agua. Nos separaban unos 20 metros cuando empezamos a correr y entre miradas ajenas y nuestras risas nos metimos en el agua salpicándonos con los pies, Steven me cogía de los brazos para detenerme, salpicarme y abrazarme con la intención de intentar besarme y yo riéndome me zafaba de él una y otra vez, me ponía a nadar para separarme, él me intentaba coger de los pies e intentaba hundirme, las risas de los dos se oían en una playa todavía con muy poca gente que no paraba de mirarnos y cansada de escaparme me pare, me puse de pie en una zona donde el agua me cubría hasta la mitad de mis pechos y espere a que llegara, esta vez mi mirada era una invitación a que me abrazara y que me besara.

    Steven se acercó a mí y con su mano me apartaba el pelo mojado de mi cara, me miraba fijamente y con sus fuertes brazos me elevo para tirarme al agua, pero justo antes de lanzarme le pedí entre risas que no lo hiciera, me tenía suspendida en el aire cuando empezó a bajarme lentamente y según mi cuerpo se deslizaba por el suyo, nuestras miradas se entrelazaron y mi vulva se apretaba contra su pecho, estómago, hasta sentir su pene totalmente duro, lo notaba como se clavaba en mí en mi bikini e intentando traspasar nuestros bañadores, mis pechos se aplastaron contra su cuerpo cuando nos abrazamos con fuerza sin permitir ni un solo espacio entre nosotros y una vez más nuestros labios se situaron a escasos centímetros, nuestros ojos parecían unirse en una mirada sin fin mirándonos contemplando cómo el mundo que nos rodeaba se paraliza una vez más, la gente iba desapareciendo a nuestro alrededor, dejándonos solos allí en la playa, solos con el murmullo de las olas.

    Un suave roce, una sensación de frescura en mis labios cuando esta vez si, se unieron a los suyos, esta vez si nos besamos levemente mientras no parábamos de mirarnos, nuestros cuerpos unidos como un solo cuerpo, con sus manos en mis glúteos y mis piernas abiertas rodeándole por la cintura y mis brazos en su espalda, la sensación de aquel beso fue como si un rayo me hubiera atravesado de lado a lado, mi cuerpo estaba inerte, solo mis labios y mi lengua parecían tener vida, me sentía feliz, era mi primer beso como mujer, las sensaciones que sentía eran incontables, sentía su pene apretar mi bikini justo ahí donde mi vagina nace, me sentía tan húmeda por dentro como por fuera, mis uñas se clavaban en su espalda y notaba como con una de sus manos me separaba el bikini y pude notar por primera vez como su cuerpo empezaba a penetrar dentro del mío, tan solo unos centímetros, unos centímetros que su pene se metió dentro de mí, la sensación fue tan placentera que quería más, quería sentirla entera dentro de mí y cuando se disponía a empujar, cuando sentía como su pene se empezaba a deslizar dentro de mí, en ese momento unas sirenas de unos barcos pesqueros nuevamente nos hizo volver a la realidad, nos vimos rodeados de gente bañándose, no sabíamos de donde habían salido y un poco avergonzados salimos de la playa, uno detrás del otro, sonrojados y sin saber que decir, sin saber todavía que había pasado entre los dos, bueno eso es lo que decían nuestros rostros, porque yo sí que sabía muy bien ahora que es lo que siente una mujer al ser amada, era mi primera vez para todo, los abrazos con un hombre, las caricias, los besos, la sensación de su lengua penetrando en mi boca y la sensación de su pene penetrando en mi vagina, era mi primera vez y estaba encantada, tan encantada que ya no pensaba en masculino sino solo en femenino.

    Necesitaba controlar esas sensaciones que sentía y que había notado tan cerca y dentro de mí, estaba cansada de interrupciones, algo en él me atraía sin poder remediarlo, aquella mañana no hubo un adiós, un hasta luego, aquel día lo quería pasar entero con él y sin apenas mencionar lo que había pasado dentro del mar, nos mirábamos y reíamos tomando café en el chiringuito de la playa, ninguno de los dos quería sacar un tema que tarde o temprano terminaría por salir, pero de momento no, no era todavía tiempo de abordar aquel tema por muy difícil de entender, todavía no, quizás el momento apropiado sería ya en mi casa cuando le invité a mi casa a tomar algo y bañarnos en la piscina tranquilamente sin interrupciones de ningún tipo, algo que iba a ser más intimido y que los dos sabíamos.

    Me había cambiado de bikini para estar más cómoda y bajé con dos cervezas al jardín, Steven estaba dentro del agua distraído mirando cada rincón del jardín hasta que me vio bajar por las escaleras, sus ojos se fijaban en mí a cada paso que deba, me sentía deseada por él, me sentía desnuda ante su mirada, sabía muy bien que es lo que iba a pasar y realmente lo deseaba. Una vez que llegue al borde de la piscina deje las cervezas en el suelo y empecé a bajar las escaleras lentamente metiéndome en el agua, Steven me miraba y clavaba sus ojos en mi cuerpo, sus ojos iban viajando por el movimiento de mi pelo debido a la brisa que lo envolvía, por mis hombros y brazos al andar, mis senos cubiertos por aquel pequeño bikini de color azul claro que dejaba entrever la excitación de mis pezones debido en gran parte a sus miradas, miradas que bajaron hasta mi cintura y un poco más abajo a mi sexo antes de que lo cubriera el agua, una vez más me notaba mojada en mi interior, pero esta vez nada más llegar a él, sin ningún tipo de lucha estaba dispuesta a entregarme a él y, sin embargo, solo hablamos, esta vez simplemente hablamos, no hubo roces, tampoco ningún beso que refrescaran el ardor de mis labios, simplemente nadamos un poco, reímos de los comentarios tontos que hacíamos inventándonos los nombres para las figuras de las nubes en el cielo mientras que bebíamos las cervezas dentro de la piscina.

    El sol llegaba a su fin y quería aprovechar sus últimos rayos tumbándome sobre la hierba, estaba boca arriba con los ojos cerrados y notaba que Steven estaba junto a mí, me sentía a relajada y nerviosa cuando empecé a notar como su mano me acariciaba de arriba abajo mi brazo, desde mi hombro mojado hasta mis dedos antes de enredarse en ellos, disfrutaba con el paso de las yemas de sus dedos casi sin tocarme la tripa, subiendo suavemente por en medio de mis senos hasta mi barbilla y posándose en mis labios hasta que se los besaba, entonces abrí mis ojos mirándole fijamente, con la mirada le estaba dando permiso para que siguiera, para que me besara, para que apartara un poco el sostén del bikini, lo justo para meter sus dedos y liberar mi pezón, por fin ninguna interrupción cuando empezó a lamerlos y a mordisquearlos con sus labios, nuevamente esas sensaciones, tan diferente a las que había sentido en otras ocasiones, a las que estaba acostumbrado como hombre, nuevamente tremendamente excitada, eran diferentes, eran más intensas, más placenteras, notaba una sensación de placer que me embargaba él todo el cuerpo y como la braga de mi bikini se humedecía, el poco bello de mi cuerpo se erizaba y sabía que estaba a su merced, estaba deseando que me quitara por completo el sostén y que su boca humedeciera mis pezones, cubriéndome la tripa con la palma de su mano hasta el interior de mis muslos que inconscientemente le abría y entre mis muslos mi vagina mojada esperando lo que ya tanto deseaba, que me hiciera suya.

    Steven acariciaba mis muslos con suavidad subiendo hasta mi vulva apretándola con la palma de la mano, un pequeño gemido de placer salió de mis entrañas al igual que paso en la playa, sus dedos por debajo de la braga habían penetrado en mi interior, mi gemido apagado con un beso que buscaba mi lengua y sus dedos encontraron el premio, el premio que yo deseaba que encontraran, le tenía prácticamente encima de mí, me sentía una vez más abrumada por todas esas sensaciones nuevas, la sensación de tener sus dedos y no los míos entre mis labios vaginales, en mi clítoris, yo me había masturbado antes si, pero esto era diferente, no parábamos de besarnos hasta que deje mi boca abierta al sentir sus dedos penetrar en mi vagina y con un gemido en sus oídos le daba permiso a seguir más haya, metió primero uno, luego dos de sus dedos antes de quitarme el bikini, me encontraba desnuda y quería, deseaba que me hiciera suya, quería sentir su pene dentro de mí, las sensaciones como mujer me parecían más placenteras de cómo yo las había sentido como hombre y necesitaba más, quería saber más, quería descubrir hasta donde era capaz de sentir.

    Abriéndome bien, rodeándolo con ellas su cintura Steven empezó a penetrar con su pene mi vagina, poco a poco se iba deslizando dentro de mí, aquella sensación me estaba matando, la sentía entrar centímetro a centímetro hasta que con un pequeño empujón la metió tan al fondo como pudo llenándome entera, llegando hasta el fondo de mi vagina, mi cuerpo se estremecía, le abrazaba, le arañaba la espalda con cada estocada que recibía, no parábamos de besarnos, él no paraba de gemir y yo de gritar, no paraba de meter y sacar su polla en mi coño recién estrenado, se apartó de mis labios y mirándome note que se iba a correr, intento separarse, pero no le deje, quería que se corriera dentro de mí, lo quería todo para mí, un pequeño grito y fue el preludio a notar su semen caliente saliendo de su polla impactando contra mis paredes vaginales, aunque no llegara al orgasmo el sentimiento de placer que me dejó fue enorme y además no iba a permitirle que se fuera sin más, sin hacerme gozar de verdad.