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  • Orgasmo líquido

    Orgasmo líquido

    La magia de las primeras veces: 

    La primera vez que la miras

    La primera vez que ves su sonrisa

    La primera vez que ves su mirada

    La primera vez que lleno de nervios decides hablarle

    La primera vez que le tomas la mano

    La primera vez que la besas

    La primera vez que se acarician por encima de la ropa

    La primera vez que tienes una erección bailando, ella lo siente y se pega más a ti hambrienta por sentir.

    La primera vez que su mano toca tu intimidad por encima de la ropa, la primera vez que haces lo mismo.

    La primera vez que te corres aun con la ropa puesta como respuesta a sus caricias y el susto y vergüenza que viene a continuación.

    La primera vez que las caricias van por debajo de la ropa bajo el amparo de la oscuridad de la noche.

    La primera vez que la desnudas y el tiempo se detiene.

    La primera vez que ves su cuerpo completamente sin ropa y el aire escapa de tu cuerpo.

    Esa primera caricia en su cuello.

    Esa primera vez que tocas sus senos con hambre y timidez que descubres su textura, aroma, sus formas.

    Qué acaricias sin prisa su abdomen deteniéndote un momento más sobre su ombligo.

    Qué ves su vello púbico, lo rosas, metes tus dedos en él y jalas un poco.

    Esa primera vez que pones tus dedos sobre su sexo y exploras.

    Esa primera vez que recorres sin censura sus piernas.

    Esa gloriosa primera vez que sientes su humedad al acariciar su intimidad.

    Esa gloriosa primera vez que metes tus dedos en ella y sientes su calor.

    Esa primera vez que el instinto te hace probar tus dedos llenos de sus jugos.

    La primera vez que hueles sus mieles.

    La gloria de besar, lamer y chupar su intimidad probar directamente de la fuente.

    Esa primera vez que te acarician completamente; sin prisa, sin temores, con ansias…

    Cómo olvidar el ruido que salió de su boca esa primera vez que por fin entre en ella y de nuevo el tiempo se detuvo.

    El calor que sentí

    La humedad que me cobijó

    El placer de invadirla

    Su rostro mágico

    Sus facciones

    Sus manos sobre mis piernas

    Las mías sobre sus piernas, senos y culo

    Los susurros y jadeos sin sentido

    Los movimientos descoordinados y erráticos.

    Esa sensación de placer de cuando te masturbas es exponenciada por sus movimientos y sonidos.

    El terror de sentir que te corres

    La mágica sensación de vaciarte en ella, su sonrisa, sus ojos, su mirada…

    El primer abrazo poscoital

    La sensación del corazón saliendo de tu cuerpo.

    La seguridad de no querer estar en otro lugar.

    Tantas primeras veces que faltan por ocurrir y que aún no sabes que pasarán…

    Benditas primeras veces

    Esas primeras veces hace mucho que se fueron, al igual que las otras tantas que hemos tenido; hoy rompemos otra barrera, hoy te entregas a mí de otra forma. En la sesión me perteneces eres tan mía como el aire que respiro; así lo has decidido, así lo hemos acordado.

    Lo que ahora comprendo es que nos pertenecemos más allá de estas cuatro paredes, en sesión o tomando un café, con los cuerpos enredados o caminando por la calle, en el suspiro de un beso fugaz o en el pensamiento diario bajo la luz de la luna o bailando en algún rincón.

    Eres mi todo; mi niña, mi nena, mi perra, mi mujer, mi pervertida favorita, mi sumisa…

    Aquí en la habitación con la plaza de san Pablo de panorámica y los edificios de fondo nos comemos como queremos, por unas horas el mundo deja de girar y de importar, la enorme ventana nos permite ver lo que podría pasar en el exterior, pero por lo regular dejos el mundo correr.

    La hora de la charla, el café y los preparativos han terminado.

    Estás quieta, no puedes moverte, tienes las piernas atadas con una linda cuerda de algodón roja, los brazos tampoco tienen movilidad y un antifaz sobre el café de tus ojos te priva de la vista, así que solo te queda confiar en mí cosa que haces sin temor.

    Susurro en tu oído las palabras que estás esperando, lo noto en la piel erizada justo donde tu cabello se hace ralo.

    – Déjate caer, estoy aquí

    Luego sueltas tu peso a la gravedad y te tiras hacia atrás, siempre confías en mí hasta cuando tu intuición podría decir lo contrario, tu fe en mí es total así que te dejas ir de espaldas y sabes que ahí estaré mis brazos te detienen, sostengo tu peso hasta depositarte poco a poco sobre una sábana.

    Ahí estás tirada ante mí, el chongo de tu pelo hace las veces de almohada, te observó unos instantes antes de continuar; mi vista se detiene un momento en tus labios de fresa apretados uno contra otro por la incertidumbre, tu barbilla levantada como desafiando a tu verdugo, tus senos desparramados ante la gravedad, tu pecho subiendo y bajando al ritmo de tu respiración, el sexo completamente depilado y con un tono de piel más claro que el resto de tu piel, las piernas largas cubiertas por unas medias altas la única prenda de ropa que llevas, a pesar de estar totalmente vulnerable y expuesta ante mis sádicos gustos tu semblante es tranquilo, tu respiración relajada tengo tu cuerpo descubierto, desnudo y a mi disposición.

    El ruido de mis pisadas te saca de tu reposo y te pone alerta giras tu cabeza instantáneamente hacia el origen del sonido tratando de adivinar lo que sigue.

    Camino hasta el buro, abro un cajón y sacó de él un pequeño flog, una pluma, el encendedor y una vela.

    Me acercó a ti y dejó la vela y en encendedor en el suelo junto a ti.

    Pasó la pluma por tu cuello expuesto y bajo por tu piel hasta alcanzar tus senos se endurecen al contacto y reprimió el deseo de tocarlos con mis manos.

    Tú respiración cambia como si tu mente leyera mis deseos, estas atenta y esperando, deseosa el ansia te gana lo veo en la forma que muerdes tus labios quieres algo más fuerte que una pluma sobre tu cuerpo, no es tu favorita lo sé, pero la paciencia tiene sus recompensas y tú lo sabes a la perfección continuo con el pequeño martirio hasta que estoy satisfecho.

    De repente el sonido del encendedor llena la habitación y tu rostro se tensa no sabes lo que viene, pero lo debes imaginar, tu estómago se tensa y lo aprietas por instinto, yo quiero creer que estás emocionada por que la cera bese tu cuerpo.

    Estás más atenta a mis movimientos, tratas de escuchar todo y saber que es lo que sigue a pesar de que intento no hacer ruido creo que mi respiración me delata un poco el olor de la vela tampoco ayuda a esconder mis intenciones.

    Sostengo la vela a unos centímetros de tu cuerpo, el fuego comienza a consumir la mecha y el calor a formar cera líquida, cuando lo creo conveniente giro un poco la vela y dejó caer la primera gota que da justo en tu pezón

    Tú gesto es de sorpresa y dolor, siempre es así al primer latigazo, nalgada, cachetada y cualquier método que usemos.

    —Vamos mi niña que apenas ha comenzado.

    Debe doler mientras la piel se acostumbra al castigo, pero no dejó de verter gota a gota cubriendo cada uno de tus pezones ahora tus gestos son distintos creo que él placer te ha alcanzado y algún pequeño gemido intenta salir de tu boca, pero te contienes no quieres un castigo.

    A pesar del dolor veo tu vulva brillante, sé el motivo pero aun así te tocó con mis dedos. Estás empapada y la humedad llega hasta tus muslos

    – Estás chorreando, preciosa.

    Tengo la idea de darte un orgasmo con ella.

    Aunque no es la primera vez que pondría cera en tus labios y la última vez casi explotaste con la primera gota sobre tu clítoris el acto reflejo te lleva a apretar las piernas.

    Te siento dudar, estás como paralizada

    Luego te relajas al sentir mi mano sobre tus hombros, recuerdas que todo es mental y que el dolor será sustituido por el placer, sé que en una parte lo haces por mí, para no defraudarme (nunca lo harías), pero otra parte, la que toma la verdadera decisión, es por ti, por el placer que sientes tu misma al demostrarte que puedes superar cualquier miedo.

    No necesitas palabras, el solo hecho de tomarte de los hombros basta para que aflore en ti el lado masoquista y desaparezca cualquier indicio de miedo.

    Tus piernas abiertas son mi señal, esperas paciente por el momento, hay un silencio que disfruto, los nervios de la espera son terribles yo mismo los he sentido, contienes la respiración ante la expectativa.

    Las dudas deben estar rondando por tu cabeza en estos momentos, así que quitó el antifaz de tus ojos, quiero que me veas al hacerlo, quiero ver tus ojos de placer cuando estés próxima al orgasmo, quiero gozar de tu cara de vicio completa y sin censura.

    La entrega es absoluta, sabes que eres mi tesoro que cuido de ti como a nadie más cuido en este mundo.

    Con tu mirada fija en mí dejó caer la primera gota sobre el clítoris, placer líquido escurriendo por tus pliegues.

    El dolor desaparece al instante y dejas escapar un gemido que disfruto en mi interior.

    Es lo que necesitas veo como te relajas y tus piernas y brazos aunque están firmes por la cuerda se sueltan y dejan de poner resistencia.

    Te gusta, lo sé…

    La sonrisa en tu rostro lo dice todo el permiso está dado así que ya no contengo la cera la dejó fluir libre sobre tu sexo y la lucirá comienza.

    Cada gota te hace reaccionar, te estremece, te hace soltar esos gemidos que van formando una melodía en la habitación.

    Necesitas más, mucho más, te has vuelto tan masoquista como yo me he convertido en un sádico.

    De pronto y sin aviso elevas tus caderas y los dedos de tus manos y pies se contraen es el momento, abres lo más que puedes tus piernas y con un último chorro de cera gritas salvajemente mientras el orgasmo corre en tu interior.

    Te tumbas y cierras los ojos te abandonas a tus emociones, a recuperar el aliento pongo mi pie sobre tu rostro y presionó fuerte sobre ti, quiero que me beses así que en medio de tus emociones abres la boca y me besas el pie, lo meto en tu boca fuerte hasta provocar tus arcadas…

    Es suficiente, los restos del orgasmo aún hacen temblar tus muslos como si fuera el viento meciendo las ramas delgadas de un manzano.

    En este momento eres mía, mía, mía tus ojos lo gritan fuerte y claro

    A pesar de todo; la humillación, el castigo, la dominación o el masoquismo…

    No dices nada, pero en tu mirada veo a la puta, a la perra entregada a su dueño. Y mientras te acarició y te hablo suavemente voy retirando la cera mientras vas volviendo poco a poco a este mundo a esta habitación, a este momento la perra salvaje se tranquiliza.

    Mientras te quito las cuerdas, te dejo descansar un poco que todavía queda mucho tiempo y cosas por realizar… Luego me desnudo y me acuesto a tu lado mientras trato de controlar la erección que traigo puesta.

  • Torsión

    Torsión

    Gabriel llamó a David para pedirle que fuera a su casa. 

    David enloqueció de alegría cuando le dijo que tenía el juego nuevo cuyo lanzamiento habían esperado durante un año.

    Hacía un calor terrible. El aire parecía fundirse alrededor de los chicos mientras jugaban.

    Gabriel, sofocado, hizo una pausa y se sentó en el sofá.

    Vio como David transpiraba.

    Vestía una camiseta, un pantalón corto y zapatillas sin medias.

    Su tersa piel estaba empapada y brillaba sugerente por el sudor.

    Incómodo David se sacó las zapatillas. Tenía los pies delgados, los dedos rectos.

    Gabriel lo miraba desde atrás. La forma en que movía los dedos era grata.

    David era alto, delgado, blanco, atlético. Tenía un lindo rostro.

    Con la camiseta empapada su torso hermoso se sugería espléndido a la vista. Gabriel lo imaginó sacándose la camisa en cámara lenta mientras un chorro de baba se le escurría por el labio.

    Se lo imaginó desnudo delante suyo, atado y con los ojos vendados, encima de una mesa, con él disfrutando de su exquisito cuerpo de mil formas imaginables.

    David parecía derretirse a gotas. Requería hidratación con urgencia.

    Aceptó agradecido el ofrecimiento de su amigo que regresó de la cocina con un vaso de té helado agradable a la vista y refrescante al paladar.

    David lucía inocente dormido, como un angelical bebé. Era demasiado guapo.

    Gabriel le deslizó la camiseta por el torso y le estiró los brazos para sacársela.

    Se estremeció cuando sus dedos le rozaron los carnosos pectorales para luego deslizarse con suavidad por el vientre.

    En la línea del pantalón se marcaba la frontera de vello oscuro que antecedía a la zona prohibida.

    Con suavidad Gabriel le deslizó la ropa.

    Los testículos eran grandes y la polla larga y gorda tenía el enorme glande expuesto.

    A Gabriel le fascinaba una buena polla circuncidada. La de su amigo era hermosa.

    Tras levantarla, mientras respiraba con agitación y sudaba copiosamente por algo más que calor, la recorrió por debajo desde la base hasta la punta. Sentir la uretra hinchada como una vena tensa bajo el dedo fue precioso.

    Se apresuró a sacarle la ropa y admiró el hermoso cuerpo desnudo que tenía ante sus extasiados ojos.

    Tenía la piel suave, los músculos ligeros, pero insinuados, cúmulos de vello fino en los lugares correctos y el sudor remanente le hacía brillar la piel en forma hermosa.

    Los pezones, dilatados por el calor eran enormes, de aspecto liso y con la tetilla erecta como una púa.

    Sin contenerse ante los rosados y blandos órganos los apretó ente los dedos.

    Eran suaves y delicados. Y en la boca mientras los succionaba su textura era mejor.

    Ni que decir del glande entre los labios. Aun flácida aquella polla era enorme. Bendito su amigo que podía disfrutarla visualmente o en forma táctil cuando se bañaba o se la estimulaba entre los dedos pata otorgarle placer. Que precioso debía ser verla escupir un chorro de espesa crema viril, blanca y cremosa. Como sería el sabor de aquel manjar lechoso procedente del hermoso espécimen que era su amigo.

    Fue exquisito sentir a David entre los dedos. Palpar su esbelta y grata figura desde el cuello, sentir bajo las palmas los robustos pectorales y el volumen sutil pero apreciable, de los pezones, detenerse y juguetear en los genitales, de aroma varonil, con exudación de macho exquisito, acariciar sus musculosas y velludas piernas, hasta llegar a los perfectos pies, cuidados, de olor neutro, para finalizar en los bonitos dedos, rectos, delicados, que no podían abandonarse sin antes ser debidamente chupados, como erotizados caramelos. Gabriel cerró los ojos y suspiró cuando, para concluir con aquella fase, le pasaba la lengua por las suaves plantas. No había palabras para describir lo que sentía. Su precioso amigo no tenía desperdicio.

    El desperdicio era que tan suculento macho tuviera que envejecer y un día, por fortuna por su juventud, aun lejano, eventualmente morir.

    David yacía inmóvil sobre la cama, impasible ante todo lo que sucedía a su alrededor. Parecía profundamente dormido, o muerto, indiferente a todo lo que Gabriel le hacía para deleitarse a su costa.

    La piel se sentía inusualmente caliente bajo los dedos. De una manera diferente, pero tanto como se sentía él al disfrutarlo.

    Después no fue agradable. El chico estaba ardiendo literalmente.

    Para después empezar a ponerse frío.

    Antes había vomitado.

    Tocó su pulso. Estaba débil.

    Y unos minutos después apenas respiraba.

    Gabriel se sobrecogió y un escalofrío le recorrió el cuerpo.

    Una dosis de GBL en la bebida lo había hecho suyo.

    Habitualmente se usaba como estupefaciente, pero un poco de más servía para dopaje.

    Mientras David disfrutaba la refrescante bebida descendiendo por su aliviada garganta, Gabriel disfrutaba con anticipación los placeres que el contenido químico mezclado con la bebida iba a dispensarle.

    Le iba a dejar a su guapo amigo servido en bandeja de plata para su placer.

    No hacía falta atarlo como había fantaseado. Su amigo estaría plácidamente dormido y, lo mejor, no recordaría nada, pues un efecto de la droga era provocar amnesia.

    ¡Podría hacerle lo que quisiera y salir impune! ¡Deleitarse con su guapo amigo de mil maneras imaginables! ¡Podría hacerlo mas de una vez! ¿No era maravilloso?

    Pero algo estaba mal. ¿Se había excedido en la dosis?

    No hubo nada que hacer. Después de unos minutos su guapo amigo estaba frío, pálido e inerte como una roca. Estaba muerto.

  • Secuelas de una pandemia (III): Cruzada

    Secuelas de una pandemia (III): Cruzada

    Serían las dos de la mañana cuando Diego se despertó al oír los gemidos eróticos de una mujer.  Sin saber si se trataba de un sueño (que por cierto le provocó una erección), se sentó en la cama hasta que entendió lo que ocurría. Algo molesto se puso de pie, abrió la puerta de su cuarto y se dirigió al living para encontrarse con lo que ya sospechaba: Pato, desvelado, miraba una porno mientras se hacía una paja.

    Si decir nada, Diego se sentó al lado de su amigo y comenzó a ver la peli. Dos machos de cuerpos trabajados y pijas gigantes le cogían la concha y el culo a una rubia tetona que no paraba de gritar. Pato se manoseaba la chota con lentitud sin sacar los ojos de la tele. Diego miraba la pantalla, adormilado, y se acomodaba la verga que le hacía carpa dentro del bóxer.

    Como en trance, sin ningún preámbulo, Diego tomó la pija de Pato y comenzó a Pajearlo. El aludido contuvo la respiración por un segundo hasta que la sorpresa dejó paso al disfrute. Dejó su mano a un lado y lentamente se la llevó al pecho para acariciarse: otro hacía el trabajo por él.

    Era fabuloso sentir cómo los dedos de Diego ejercían la presión justa, cambiaban de ritmo inesperadamente o pasaban del glande a los huevos indefinidamente. Fue una paja larga, en silencio, cargada de sensualidad y camaradería.

    Comprobando que el clímax estaba cerca, Diego aceleró el ritmo con firmeza y sin pausa, hasta hacer estallar a su amigo en un chorro de leche que lo salpicó en varios puntos. Lejos de interrumpir su labor para limpiarse, siguió acariciando la cabeza morada y brillante de semen por unos minutos más.

    –¿Estás bien? –preguntó Diego en un susurro.

    –Joya, amigo. Gracias.

    –Que descanses –agregó mientras se secaba la leche de Pato en el bóxer, camino a su cuarto para seguir durmiendo.

    ***

    Aquella tarde, Diego estaba al palo y se disponía a ver una porno, cuando Pato llegó de hacer la compra en el súper.

    –¡Cómo estamos hoy! –dijo Pato riendo. ¿Ya vas por la segunda?

    –Ahá. Estoy alzadito…

    –Che…

    -¿Qué pasa?

    -Nada, digo… ¿Querés que te pajee? –preguntó Pato fingiendo naturalidad –. Esta vuelta me toca a mí.

    –¿En serio me lo harías?

    –No, bueno. No sé… Si querés… yo…

    Diego iba a contestar “dale”, pero en un segundo cambió su respuesta:

    –No, dejá. Mejor hagámonos una cruzada.

    Pato prefería esta propuesta; pajear a su amigo no le cerraba del todo. Aunque se lo había ofrecido de buena gana algo lo incomodaba; una cosa era pajearse frente a frente y otra muy distinta era tocarle la pija a su amigo. Enseguida, apagó la tele y se puso en bolas en dos segundos. No necesitaban la porno.

    Un poco inseguros, ambos de pie, comenzaron a manosearse las vergas. Iban al mismo ritmo al principio, como en espejo, para comenzar luego una alternancia con la intención de sorprenderse mutuamente.

    Frente a frente, los cuerpos se rozaban; el pecho peludo de Diego tocó los pezones de Pato erizándolos, en tanto las respiraciones se agitaban cada vez más y el calor del aliento les entibiaba la piel.

    Pato, o Diego, o ambos a la vez (¿Quién puede decir quién fue el primero?) juntaron sus labios en un beso profundo y húmedo que hizo explotar las vergas inflamadas en un baño de leche tibia.

    Sin palabras que decir, unieron sus cuerpos en un abrazo que detuvo el tiempo indefinidamente hasta que, agotados, se tumbaron en el sillón para quedarse dormidos.

    ***

    Pato despertó primero. Le costó unos segundos entender qué hacía la cabeza de Diego apoyada sobre su pecho.

    “Dios, esto es una locura”, fue lo primero que pensó mientras observaba la pija de su amigo completamente al palo. Todo era tan confuso: se sentía pésimo y culposo, pero no podía dejar de admitir que lo que pasó unas horas atrás le había resultado genial. Había experimentado un leve punto de ternura que completaba la experiencia sensorial y puramente genital que tanto le gustaba. Pero estaba mal. Eso era de putos. Y sin embargo no podía dejar de mirar la chota de Diego que palpitaba como si tuviera vida propia. Nunca había pensado que una verga le hubiese podido parecer algo bello. No, no era esa la palabra. Atractivo. Tampoco. Ese cilindro de carne erguido, recubierto de piel suave, atravesado por venas poderosas era fascinante de ver. Fascinante, eso: el adjetivo que buscaba. En tanto, el peso de la cabeza de Diego moviéndose al ritmo de la respiración de su pecho, la sensación de sentir sobre su cuerpo el cuerpo de otro hombre recostado, durmiendo plácidamente, completaba aquel estado tan especial. Y segundos después, volver a pensar que todo estaba mal, que era un error. Pero a la vez, esa saliva tibia que salía de las comisuras de la boca de Diego y que se depositaba sobre su vientre parecía desafiar aquella lógica de lo que estaba mal, porque todo eso se sentía tan bien… era tan placentero, tan sensual, tan motivo para que la pija de Pato respondiera poniéndose dura…

    Diego abrió los ojos y frente a sus narices, la chota de Pato. Gruesa, blanca, lisa. Tan erecta que el prepucio se había corrido levemente para dejar ver la cabeza rosada y reluciente. Pensó: “qué linda verga tiene este hijo de puta”. Pensó también: “¿Estará dormido?”. Pensó además: “Yo también estoy al palo”. No se quería mover, no quería que Pato notase que estaba despierto. No quería romper ese momento; primero porque lo estaba disfrutando, pero sobre todo porque habría que hablar de esto, de lo que había pasado.

    Pato estaba sintiéndose incómodo en esa posición pero no quería moverse; no quería romper ese momento, primero porque lo estaba disfrutando, pero sobre todo porque habría que hablar de aquello, de lo que había pasado.

    Ambos estaban experimentando lo mismo en perfecta sincronía, sin saberlo, aunque sospechándolo.

    Enfrentar el placer puede ser atemorizante.

    Uno de los dos dijo “buen día”. El otro respondió: “¿Descansaste bien?”.

    No había mucho más que decir.

    ***

    Ese día fue un infierno. Ambos no dejaban de torturarse, de cuestionarse ese arrebato que los había sorprendido y que sacudía las estructuras con las que habían crecido. Que a un hombre le guste otro hombre estaba bien, sí; los dos eran pibes de cabeza abierta, educados en familias bastante progres… tenían amigos putos y todo eso. Pero ellos no. Ellos eran heteros. Paquis. Cogían con minas. Les gustaba la concha. Se volvían locos por chupar un buen par de tetas. Y sin embargo, habían sentido el placer de entregarse a un par; se habían dado al goce de tocarse los miembros hasta reventar en un orgasmo diferente.

    Y se habían besado.

    ***

    –Mirá Pato, yo tengo que hablar.

    –…

    –¿Cómo seguimos?

    Pato se acomodó en la silla, dejó la taza de café y respondió. Había en su voz una seguridad que lo sorprendió más a él mismo que a Diego.

    –Seguimos igual, chabón. No sé lo que me pasó, pero a vos también te pasó. Y si pasó es por algo.

    Diego quiso agregar unas palabras, pero Pato siguió su improvisada tesis, casi como aquel día cuando Diego dio su verborrágica cátedra sobre los morbos.

    –Nunca nos pareció mal que Mauro fuera puto. ¿OK? –siguió disertando–. Lo supimos desde el primer día de clases, cuando dijo “presente”, con voz de nena. Lo habremos gastado al principio, nos reímos un par de veces, pero después ya no; el pibe siempre se la bancó y finalmente todos entendimos que era así y que no pasaba nada.

    –Sí, incluso yo una vez…

    –Dejame hablar –siguió Pato respirando algo agitado–. Esta vez nosotros hicimos lo que Mauro hace desde que tiene pelos en las bolas.

    –Pato, lo que vos decís…

    –¡Estoy hablando! Sigo, no me interrumpas, ¿Ok? La pregunta es: ¿somos putos? ¿O hicimos esto porque estamos aislados? ¿Nos gustan los hombres y lo reprimimos porque así fuimos educados?

    Diego sentía que los ojos se le llenaban de lágrimas. Pensaba que cada palabra dicha por su amigo podría haber sido pronunciada por él.

    –No lo sé –continuó Pato, que no podía dejar de verbalizar eufórico lo que se le cruzaba por la cabeza–. ¿Vos sí?

    –Yo…

    –¿Ves? Vos tampoco lo sabés. Pero lo que sí sé es que pasó.

    –Sí.

    –¿Sí qué?

    –Nada, que… Bueno, que pienso lo mismo –dijo Diego en un arrebato. –Tal cual, boludo. Y además, no sé…

    – ¿Qué? Además ¿qué?

    –Que… No sé. Bueno, sí que… que estuvo buenísimo. ¡Eso!

    – ¿Entonces?

    Hubo un silencio. No incómodo; un silencio reflexivo, profundo.

    –Entonces… Supongo que habrá que vivirlo. Es decir, experimentarlo.

    Se abrazaron largamente, como dos amigos que se reconcilian o que se encuentran después de un tiempo sin verse.

    ***

    Volver al sexo después de aquella charla fue fácil. Había una complicidad que ya había roto las barreras más rígidas. Pajas mutuas, compartidas, frente a frente, uno al otro. Si pintaba, había beso, pero solo en el momento del éxtasis, como consecuencia natural de acabar.

  • Una situación inesperada

    Una situación inesperada

    Continuamos la historia como parte del relato anterior «regalito de navidad», o un apéndice del mismo.

    El día de descubrir los regalos. María, una de las compañeras, comienza a repartir los regalos. Pinky toma el suyo, lo abre y descubre una hermosa tanga rosa.

    —epaaa! Pero qué lindo regalito del amigo invisible!!! Mmmm. Dice María!

    María era su compañera y una de las compinches de Pinky.

    Después de ver el regalo con una mirada cómplice cruza la vista con Pinky, y mordisquea los labios. Ella le pregunta, quien crees que es tu amigo invisible?

    Hasta finalmente descubren que es Fernando.

    María y Pinky eran muy amigas. Más allá de ser compañeras de trabajo compartían muchos momentos por fuera de ámbito de laboral. Cumpleaños, alguna salida social, entre otras ocasiones.

    Ella sabía, todo lo que desencadenó el regalo del amigo invisible entre Pinky y Fernando.

    También sabía que para no tener problemas en el trabajo ellos se encontraban en la clandestinidad para que nadie sospechara.

    Un día, compartiendo un rato con Pinky en un bar, le pregunto cómo iba eso con Fernando.

    Ella le empezó a comentar que muy bien! Que tenían relaciones tremendas.

    —pero coméntame más detalles!! Dice María.

    Ella era muy morbosa y se imaginaba cosas que le despertaban los ratones de la imaginación.

    —ay! Nooo, me da vergüenza! Dice Pinky.

    —pero dale!! Cómo es? Tiene buen tamaño? Lo hace muy bien? Pregunta María.

    —bueno sii!! Está muy bien dotado y me encanta! Aparte me satisface de sobremanera y a mí también me encanta hacerlo. Dice Pinky…

    —otro día venís a casa más tranquila y me cuentas bien… Me encanta saber hasta el mínimo detalle, me calienta. Dice María.

    Así transcurrió el tiempo.

    Un día estando en el trabajo, María pasa por una oficina que casi no tiene uso, con la puerta ligeramente entornada, escucha unos cuchicheos y jadeos. Lentamente se acerca a la oficina y en penumbras, ve como Fernando estaba besándola a Pinky muy apasionadamente. Las manos del muchacho acariciaban el cuerpo de Pinky de forma muy sensual.

    Observa como comienza a amasar los pechos por encima de la remera. De a poco le sube la prenda y deja al descubierto las hermosas tetas. El muchacho las comienza a saborear, pasa su lengua por la punta de los pezones que estaban firmes como una almendra.

    María no podía dejar de ver ese espectáculo. Su calentura comienza a subir mientras miraba, observa a Pinky con los ojos cerrados y la boca entre abierta respirando profusamente.

    María estaba viendo a su amiga cómo comenzaba a jadear y esa situación la estaba poniendo cada vez más caliente. Por primera vez ve los pechos de su amiga cómo eran succionados por el joven.

    Myaría no aguanta la calentura y comienza a frotar una de sus manos por sus pechos, y con la otra la mete por debajo del vestido rosando su pubis.

    Fernando baja lentamente su cara hacia la cintura de Pinky y con las manos desabrocha el pantalón sacándole la prenda. Corre las cosas de un escritorio, la toma de la cintura subiéndola al mueble.

    Los cachetes del orto se apoyan en el escritorio, con una mano corre la diminuta tanga hacia el costado y acerca su cara a la hermosa concha de Pinky.

    Con la lengua comienza a rozar los labios vaginales. Pinky suspira de excitación.

    —mmmm así papito!! Ah ahhh exclama pinky!

    Chupame asiiii!! Así como sabes! Mmmm me pone loca!! Asi siiii!

    Fernando comienza a chupar la concha de Pinky, subiendo y bajando una y otra vez. De a ratitos se detiene en el clítoris, poniendo la punta de la lengua dura rosando con frenesí sobre el botoncito.

    Chupa y chupa esa vulva hermosa.

    María estaba excitadísima. Dos cosas pasaban por su cabeza. Ver cómo Fernando le chupaba la concha a su amiga, pero más le calentaba ver a Pinky como gozaba. En el fondo ella quería saborear esa vulva caliente también.

    María comenzó a frotarse sobre su ropa interior. La yema de sus dedos iban y venían por los labios de su concha. De a poco comenzó a mojar la tanga de algodón. Mete la mano dentro de la ropa interior, introduce el dedo mayor en su cueva totalmente mojada una y otra vez. Presiona su clítoris totalmente excitadísima. Trataba de contener los jadeos para que no se den cuenta que observaba la situación.

    Mientras Fernando seguía chupando y saboreando la vagina de Pinky. Desabrocha su pantalón, y saca su enorme pija. Chupando y chupando la cueva de Pinky se toma su pene y comienza a masturbarse. El volumen de su miembro estaba a full.

    Saliva su mano y lubrica su pija. Lentamente se incorpora, mientras seguía con los movimientos arriba y abajo masturbándose, acerca la punta del pene a la concha bien lubricada de Pinky y se la mete! Empuja suavemente la cabeza del choto, entrando y saliendo una y otra vez. Pinky suspira de placer. Gime desenfrenadamente.

    —Ah ahhh asi! Asiii! Cogeme!! Ahhhh! Mmm!! Asi asii!, dice Pinky.

    Los tres estaban súper calientes! De una y otra forma, estaban gozando. María masturbándose, Pinky y Fernando cogiendo a más no poder.

    Por unos minutos Fernando sigue cogiendo a Pinky. La poronga entra y sale de la concha con fuerza por momentos y en forma más pausada después. Pinky de la calentura presiona y roza su clítoris con sus dedos mientras el muchacho la bombeaba. Y María se sigue masturbándose de la calentura que le despertaba el espectáculo.

    Finalmente, Pinky comienza a estremecer su vientre. La respiración a entrecortarse, llegando a su máxima excitación.

    —Ahhh, mmmm!! Aaah, exclama Pinky acabando violentamente!!!

    Su concha estaba mojadisima, había acabado y largado todos sus jugos de tanta calentura. Mientras tanto Fernando seguía metiendo y sacando su poronga una y otra vez con más fuerza! También estaba a punto de explotar. Saca el falo, lo toma con la mano masturbándose y Pinky se incorpora acercando su boca a la poronga, chupando una y otra vez con fuerza. La cabeza de la pija latía de la presión. Fernando la saca de la boca tomándola con la mano y larga chorros de leche caliente sobre la cara y los pechos de pinky. El muchacho gime y se arquea de placer!!

    —Ahhh, exclama Fernando acabando sobre ella.

    Mientras tanto María, también llega al clímax, mirando la explosión de sentidos de su amiga y Fernando, ella también acaba violentamente empapando toda su tanga!!!

    Termina y rápidamente se va. Su cabeza iba a mil por hora. Había vivido una experiencia tremendamente caliente en primera persona desde un lugar privilegiado!! Por primera vez sintió la excitación y el deseo de forma diferente. No lo podía creer, haber visto a su amiga teniendo sexo. Y toda esa explosión de calentura que le provocó. Desde ese momento nada seria igual…

    Pasó el tiempo, la experiencia se quedó en secreto en la conciencia de María. Pero nunca pudo sacar de su mente la calentura de ver a su amiga cogiendo. Le excitaba soñar y fantasear la posibilidad de estar con Pinky, mimarse, besarse, tener sexo con ella. Tenía muchas ganas de probar sus pechos, de lamer su vulva, probar sus jugos de placer.

    Ella quería encontrar el momento y el lugar para que eso sucediera.

    Pinky la estaba calentando de sobre manera. Jamás había tenido nada con mujeres, pero esta vez, no podía sacarla de la cabeza. De sus pensamientos y de sus fantasías.

    Por la mañana cuando Pinky llegaba, maría la saludaba con un fuerte abrazo, aprovechando sentir como rozaban los pechos por sobre los de ella.

    En el trabajo, estaban organizando una salida por el cumpleaños de otro compañero. Y habían arreglado ir entre todos a una cena y luego a bailar a un boliche que estaba de moda.

    Para ese día, María y Pinky habían arreglado juntarse en la casa de María para alistarse para la salida. Así que sin más Pinky llegado ese momento se juntó en la casa de su amiga. Ella había llevado para cambiarse un vestido muy finito corto negro que le quedaba increíble, unos zapatos haciendo juego. Estaba tremendamente atractiva. María se puso un pantalón blanco, y una camisa semitransparente con un corpiño de encaje que se traslucía y también estaba fatal. Las dos estaban hermosas y muy atractivas.

    María estaba muy animada, pensaba que ese día podría darse el momento para acercarse a Pinky.

    La noche fue tomando forma, entre todos compartieron una agradable cena de cumpleaños. Más luego se irían al boliche a seguir la celebración.

    El lugar estaba a tope. Un mundo de gente. Se dirigieron a un lugar reservado previamente para el grupo.

    La diversión estaba a pleno. En la mesa había champagne, algunos tragos y algunas bebidas. Durante la noche nadie dejo de bailar, de divertirse.

    En un momento, María bailaba muy sensualmente, y la agarra a Pinky para que la acompañe. Con mucho jolgorio, entre risas las chicas bailaban y se rozaban los cuerpos.

    Para Pinky era una gran diversión, pero para María, no era lo mismo, se estaba ratoneando con Pinky con sus roses.

    Entre las dos, ponen a Fernando al medio entre ellas comenzando a bailarle sensualmente. El lugar estaba lleno, cualquier rose o toque pasaba muy desapercibido. Así que entre baile y diversión María aprovechaba a manosear a Pinky y a Fernando también.

    La noche fue muy intensa, alegre y divertida. Ya eran las 5 am . Casi un final de boliche. Así que de a poco todos se fueron retirando del lugar.

    Cuando salen casi estaba amaneciendo. Fernando se ofrece a llevarlas hasta la casa. Los tres estaban muy alegres, habían pasado una noche de diversión total.

    Al llegar a la casa de María, ella le propone a Fernando a entrar y tomarse un café. Así se relajaban después de la noche intensa. A lo cual el muchacho acepta.

    Los tres entran a la casa. Entre risas y tratando de hacer silencio por los vecinos.

    —shhh ,ajaja shhh

    Pinky se tira en el sillón sacándose los zapatos y Fernando también, aflojando los botones de la camisa. María se va la cocina a preparar café tirando los zapatos mientras caminaba.

    Pinky estaba media cachonda y con el pie comienza rozar el bulto de Fernando por encima del pantalón. El la mira y comienza a sonreír. Mientras tanto María vuelve con tres cafés, y nota lo que estaba sucediendo.

    —epa epa, los vi ehhh. Dice María

    Fernando se sorprende un poco, y María le dice.

    —tranquilo que se todo. Pinky más allá de todo es mi amiga, así que se lo que pasa.

    —les voy a confesar algo… Hace un tiempo, por casualidad presencié como ustedes de cogían en una de las oficinas sin uso. Fui testigo y espectadora de ese acto tremendo que me calentó mucho hasta llegar a masturbarme viéndolos. Dice María.

    Se sienta en el sillón entre los dos…

    —me encantaría que hoy hagamos algo… Acariciando a uno y a otro.

    Que nos mimemos, nos besemos, que tengamos sexo. Que hagamos un trio. Me calientan mucho y los quiero disfrutar.

    Pinky la mira sorprendida. Mientras que Fernando, sin pudor alguno asiente con la cabeza.

    —que locura, no se… Tengo un poco de vergüenza… Dice Pinky.

    —no pasa nada amiga, esto queda acá, sólo relájate, la vamos a pasar genial. Dice María…

    Ferntando, comienza el juego, y se saca la camisa. Ee pone entre medio de ellas en el sillón. Pinky acariciar el torso del muchacho. Mientras lo besa sensualmente en los labios. María se saca la camisa transparente que tenía puesta quedando en corpiño de encaje. Acerca sus labios al torso de Fernando y pasa la punta de la lengua por los pezones de las tetillas del muchacho.

    Pinky hace lo mismo, baja su boca a la otra tetilla y entre las dos juguetean con los pectorales de Fernando.

    María, toma de los hombros a Pinky y comienza a acariciarlos. Sus manos muy suavemente frotan la piel de Pinky. Luego lentamente le baja el cierre del vestido negro hasta sacárselo quedando los pechos hermosos al aire y en tanga. María hace lo suyo, se saca el pantalón blanco también quedando solo con su ropa interior puesta.

    Las dos mujeres, sentadas una de cada lado del muchacho, desabrochan el cinto de Fernando. María baja lentamente la bragueta, y Pinky le saca el pantalón.

    María con las manos comienza a amasar el bulto, que hasta ese momento estaba semi flácido. Entre cada apretujón sobre el calzón, la poronga va tomando volumen. Mientras Pinky vuelve a besar al muchacho, a mordisquear los labios y a juguetear entrelazando las lenguas.

    María le baja el bóxer y de un respingón, la pija salta erecta y queda liberada.

    —apa lalala!! Que pedazo de poronga que tenés!! Exclama María.

    Lo toma del tronco con una mano, subiendo y bajando suavemente. El capullo queda al descubierto. Ella acerca su boca y comienza a besarlo. Saca la lengua para saborearlo como un helado. Abre la boca y empieza a chupársela, entra y sale de la boca de María. Mientras con las manos acariciaban los huevos de Fernando.

    —ahhh, mmmm. Que bien que la chupas María. Dice Fernando.

    Mientras Pinky se incorpora y pone las tetas a la altura de la boca del muchacho, que sin más se las chupa una y otra vez. Con las dos manos toma los pechos, jugueteando entre una y otra. Los pezones de Pinky toman una dureza de excitación.

    María seguía chupando la poronga. Estaba excitadísima. Chupaba y masturbaba al muchacho.

    —mmm, chup chup, mmmm. Que rica pija. Decía María.

    Después de unos minutos, Pinky baja su cara a la altura de la poronga y comienza chuparla también. Las dos estaban a cada lado de Fernando en posición recostadas con sus bocas pegadas a la pija del muchacho. Sus lenguas jugueteaban entre el tronco del choto y la cabeza. Subían y bajaban chupando la pija como si fuese un chupetín o un helado, un ratito cada una, y al mismo tiempo se iban encontrando sus propios labios. Besos, lengüetazos, chupadas y más entre ellas.

    Finalmente María estaba concretando tener una relación sexual con Pinky.

    Mientras las hembras en celo lamían la pija del muchacho. Fernando comenzó a sobar el culo y la concha de cada una. Con movimientos en espejo, sus dedos, iban y venían en la vulva de cada una. Les corre la tangas y los dedos jugueteaban en el culo y ya concha de cada hembra.

    Las dos gemían y gozaban en cada caricia, con el dedo índice de cada mano, Fernando jugueteaba en el orificio del orto de las dos.

    Luego de unos instantes, las dos funden sus bocas en un profundo beso de lengua. Se incorporan hacia un costado del sillón. Mientras se terminan de sacar la ropa interior que llevaban puesta cada una.

    Pinky se recuesta boca arriba en el sillón y María se sube sobre ella. Siguen besándose apasionadamente, María va bajando por su cuello lamiéndola, besándola, jugueteando con sus labios sobre la piel de Pinky, llegando hasta sus pechos, donde jugueteaba con la lengua una y otra vez en cada pezón.

    Pinky estaba muy excitada. Estaba sintiendo sensaciones tremendas al sentir a María sobre ella, chupándole las tetas. Sensaciones muy diferentes que con un hombre. El rose de los pechos de María por sobre los suyos era tremendamente electrizante y sensual.

    —mmmm, hay amiga como me pones!!! Me recalentas. Dice Pinky.

    María va bajando de a poco besando el abdomen de Pinky hasta llegar a su pubis. Sus labios se posaban lentamente sobre la piel de Pinky, poco a poco, besaba y disfrutaba cada centímetro, llegando al comienzo de su vulva. El aroma la embriagaba. Era el elixir del placer. Beso a beso, sus labios se posaban en la concha de Pinky. Con la lengua comenzó a rozar y a degustar lo que tanto anhelaba.

    María estaba feliz y muy excitada de estar comiéndose la concha de su amiga. Por mucho tiempo deseó ese momento.

    Pinky sentía una explosión de sensaciones. Posó la manos sobre la cabeza de maría mientras está le comía la concha.

    —ah, mmm asi. Siii María me encanta!! Cómo me haces gozar ahhh asiii chupame chupame!! Dice Pinky

    Mientras María se comía a pitnky, Fernando detrás de María comienza a chupar el orto que estaba en cuatro. La lengua del muchacho iba y venía del culo a la concha. La lengua jugueteaba con los dos agujeros.

    Fernando se incorpora por detrás de María, acerca la pija a la concha y mete la cabeza muy despacio. Entra despacio la punta. La saca y la vuelve a meter. Esta vez hasta el fondo.

    —mmmmm ahhh. Así dice María.

    Pinky y María, gimen de placer.

    Un trio perfecto, Fernando cogiendo a María, y María comiendo la concha de Pinky.

    Una explosión de sensaciones de todos. Por unos minutos siguen así hasta que cambian de posición.

    María se incorpora, y Fernando, acerca la poronga a la concha súper lubricada de Pinky y se la mete de una vez. Entra y sale, entra y sale. María se sube haciendo un perfecto 69 sobre Pinky. La concha de María le queda justo sobre la boca de Pinky. Que sin más, comienza a chupar.

    Era la primer vez que Pinky se comía una concha. Jamás había tenido la oportunidad ni se había imaginado llegar a eso.

    Con las manos se agarra de la cintura de María y comienza a succionar la raya de María. La lengua iba y venía por toda la concha.

    —ah, ahhh, asi, asiii siii. Que buena chupada de concha me está haciendo, gime y dice a viva vos María.

    Mientras Fernando coge a Pinky, María chupa el clítoris de su amiga. Por momentos, saca la pija de la concha de Pinky para chupársela.

    —que rica pija, mmmm. Y una concha tremenda como me gusta. Dice María.

    Las dos hembras estaban recalientes.

    Fernando se levanta del sillón. Se para de costado con la pija bien erecta. Ellas se ponen en cuatro patas, una al lado de de la otra ofreciéndose las dos al mismo tiempo al muchacho. Fernando mete la poronga en la concha de Pinky. Entra y sale varias veces, la saca y se la mete a María. Iba de una a otra, una y otra vez. Se cogía a las dos por igual. Entraba y salía de la conchas. Primero a una y después a la otra.

    —ahhh. Que buenas cochas chicas. Que buena cogida. Dice Fernando.

    El muchacho estaba por explotar. Los tres estaban súper calientes.

    Fernando saca la pija, con movimientos de masturbación. Ellas estaban tan calientes que entrelazan sus piernas a modo de tijera, acercando las conchas una sobre la otra. Con movimientos de roces, los labios de las vaginas se masturban, súper mojadas. Mientras Fernando acerca la poronga a las caras de ellas que comienzan a chupar la pija para hacerlo acabar.

    Los gemidos se vuelven intensos de los tres. Los sonidos eran estremecedores.

    —aaahh si si sí mmmm siii!! Gime los tres.

    Las chicas ya se les entrecortaban la respiración, los vientres se endurecen, y los cuerpos se contorsionan. Las conchas se rozan con más fuerza. Y violentamente comienzan acabar las dos.

    Los cuerpos se estremecen. Acabando al mismo tiempo.

    Fernando también comienza a sentir que va a explotar. Mientras las dos bocas se la chupan. El muchacho también llega a acabar largando tremendos chorros de leche que derrama por las caras de las chicas que se van chupando y degustando el semen de Fernando. Habían llegado a el placer absoluto. Los tres cuerpos empapados de sudor, de flujos y de sexo. Una mezcla de fluidos tremendos de placer.

    Los tres terminan cansadísimos, agotados. Rendidos sobre el sillón, terminan una noche jamás imaginada por ninguno.

    Después de esa noche, nada sería igual entre ellos tres. María había concretado coger con su amiga Pinky, saborear su concha y disfrutar de ella.

    Pinky también había gozado por primera vez sin buscarlo con otra mujer.

    Fernando coger al mismo momento con dos tremendas hembras en celo. Los encuentros del trio siguieron concretándose en muchas oportunidades más.

  • Yo y mi amigo el moradito

    Yo y mi amigo el moradito

    Me senté en la esquina de la cama con el consolador dentro,  no sabía cómo acomodarlo para sentir más placer, si no fuera porque lo estaba disfrutando tanto hasta lo sacaría y lo introdujera en mi culo.  

    Hola, soy Carmen 51 años con una calentura brava que toca saciar hasta tres veces por día. Que si tengo pareja, si, la tengo, pero no da la talla para satisfacer mi sexo ardiente.

    Hoy es uno de los días en que necesite más de una masturbación para quedar tranquila. Dos fueron en la mañana, sólo con mis manos, mi coño, exageradamente húmedo, no hubo necesidad de algo más que mis manos para llegar al clímax, un estímulo moderadamente fuerte en el clítoris y sentí cómo mis manos quedaron mojadas.

    Pero no, no me sentía plena aún, hacia las 5:30 de la tarde quedé sola, basto coger el celular y poner un vídeo porno para de inmediato sentir palpitar mi entrepierna. Me acaricié suave, y luego un poco más fuerte, pero yo quería más, necesitaba sentirme penetrada. Hubiese dado todo por sentir la leche caliente que expulsa el macho dentro de mi, pero no, tocó coger a mi amigo, es un pene de unos 25 centímetros, de color morado. Que vibra con baterías.

    Lo prendí, y me di cuenta que estás están fallando porque la vibración era suave, más no me importó, cogí el preservativo, lo coloque y de una vez lo introduje en mi sexo, que rico sentí, lo empecé a mover hacia adentro y hacia afuera, pero no era suficiente, me coloqué en posición cucharita y lo introduje en mi vagina por la parte de atrás, apreté duro las piernas porque quería sentirlo aún más. Lo movía, lo sacaba y lo metía, gemía desesperada, quería tener cinco manos, que me cogieran las tetas, que me estimularán el clítoris y porqué no, que metieran un dedo por el culito que también se contraía con el movimiento.

    No sé cuánto tiempo pasó, sé que no fue mucho, y fue ahí, cuándo coloqué el consolador en la esquina de la cama y me senté con las piernas a cada lado, lo metí hasta el fondo, wow, que sensación, me movía como poseída por las lujuria, de adelante hacia atrás, lo inclinaba hacia el frente para rozar mi clítoris con él, fue ahí cuándo pensé introducirlo en mi culo, pero no me dio tiempo, me recosté en la cama, lo metí hasta el fondo con esa vibración que medio alcanzaba a sentir, con mi mano libre no deje de mover los dedos en forma circular, hasta que me corrí, lento, apreté tan fuerte mi vagina que salió expulsivo el consolador, me derrame, un líquido blanco quedó pegado en el condón, en mis dedos y en toda mi mano.

    Moje la cama, no volví a pensar en sexo, hasta ahorita, son las once de la noche, hora de dormir, será hasta mañana, cuándo de nuevo pueda darme placer.

    Un abrazo y buenas noches.

  • Noche caliente en mi habitación

    Noche caliente en mi habitación

    Anoche estaba solo en mi casa, y sentí una calentura recorrer mi cuerpo de repente me arranqué la ropa, y me empecé a fantasear, al sentarme con las piernas bien abiertas, mis audífonos y una página porno. Empecé a tocar cada centímetro de mi cuerpo mi polla chorreaba de lo más delicioso tenía mi mano llena de semen y la tenía toda roja, no podía parar de gemir aaaa, ni de venirme mientras me imaginaba que me ataban y me sometían por todos lados, como mi culo lo penetraban chillaba de locura, la chica me dio unas mamadas y unos sentones de locura me temblaban las piernas (me recordó a una vez que mojé toda la silla y me vine sin parar) y así por un buen rato.

    Uno corto, pero por algo se empieza, soy soltero y estoy abierto a cualquier experiencia, y aunque soy heterosexual me gustaría probar nuevos caminos. PD: me dejo seducir fácilmente y que me dominen de ambos sexos.

  • Unas vacaciones con mi madre (P.1): Llegada a la playa

    Unas vacaciones con mi madre (P.1): Llegada a la playa

    Elena hacia seis meses que se había separado después de veinte años de casada. Poseía una tienda de ropa que le proporcionaba buenos ingresos y una vida desahogada. Luis, su hijo de diecinueve años, se había quedado con ella. Había comenzado el segundo año de informática en la universidad y sentía que tenía que cuidar de su madre después de la separación. Elena, a sus cuarenta y cinco años seguía siendo una mujer atractiva. Tenía buen tipo y su pelo castaño ondulado la favorecía notablemente. Le gustaba ponerse ropa ceñida para marcar más las bonitas curvas que mantenía su cuerpo. Un metro sesenta y cinco, que con tacones llegaba a uno setenta, hacia que muchos hombres la miraran a su paso. Su hijo era más alto, casi un metro ochenta, de complexión bastante atlética, más moreno que ella, con ojos oscuros e incisivos, y sobre todo una gran mata de pelo negro, eso y lo cariñoso que era, hacían las delicias de su madre.

    Desde la separación se preocupaba más de ella y había decidido que se fueran los dos juntos de vacaciones en julio.

    -Ya están las maletas en el coche mamá!

    -Estás seguro que quieres ir conmigo de vacaciones? Preguntó Elena.

    -Pues claro mamá! Estoy deseando disfrutar contigo en la playa!

    -No sé, lo mismo te aburres!

    -No creo, además, donde vamos hay bastante ambiente por la noche! Lo pasaremos bien, de día y de noche! Dijo Luis con entusiasmo.

    Llegaron a una urbanización situada a pie de playa. Eran chalets independientes con un jardín y una pequeña piscina cada uno de ellos. Por una puerta del jardín se accedía a la arena de playa, y el agua estaba a unos cien metros más.

    -Que bonito que es! Y tiene una situación privilegiada. Dijo Elena al salir al jardín.

    -Lo vi a través de internet y me pareció ideal! Dijo el muchacho.

    -Que te parece si nos damos un baño antes de que se ponga el sol?

    -Vale, vale! Accedió Elena al ver el entusiasmo de su hijo.

    Entraron a la casa y se pusieron a deshacer las maletas. Colgaron la ropa y Elena comenzó a mirar los bikinis que había traído.

    -Que te parece, Luis. Cuál te gusta más? Llevaba seis bikinis, la mitad normales y la otra mitad tipo tanga. Siempre hacia lo mismo, llevaba mitad y mitad, pero no se atrevía a ponerse los tanga. Luis los miró y cogió los que eran normales.

    -Olvídate de éstos! Dijo guardándolos en un cajón.

    -Pero estos… quizás son demasiado atrevidos!

    -Para nada mamá. Te sentarán de maravilla y necesitas… airearte un poco, por decirlo de alguna manera! Dijo el sonriendo.

    Cogió uno de los cuatro que quedaban, color rojo pálido.

    – Este te irá muy bien con la puesta de sol!

    Se lo dio en la mano y un beso en la mejilla como para darle confianza. Ella se fue a una de las tres habitaciones que tenía la casa y se lo puso. Se miró al espejo de cuerpo entero que había en la puerta del armario de corredera, y a pesar de verse estupenda, se escandalizó un poco. Nunca había sido tan atrevida, aunque en el fondo le gustaba, incluso llegó a pensar que lo deseaba. Ahora la podían mirar los hombres sin el problema de llevar a su marido al lado, el cual le había amargado durante los últimos años. Y además tenía a su hijo, que era estupendo y la animaba a este tipo de cosas, como el decía, tenía que airear un poco su cuerpo. Salió de la habitación.

    -Que te parece? Le dijo a Luis girando sobre sí misma. Luis entre abrió la boca.

    -Estás estupenda mamá! Le dijo con cierto asombro no fingido. La miró con detenimiento, deleitando su vista en cada una de las sensuales curvas que se apreciaban. Un culo elevado y muy bien redondeado, al que solo tapaba una fina tira de tela, las caderas amplias sin ser exageradas, seguidas por unos muslos estilizados rellenos de carne dura y piel tersa, y adornados en su centro con el pequeño triángulo del tanga. Las tetas, apenas tapadas con la fina tela de rojo pálido, le parecieron perfectas, sobre todo por los grandes pezones que se marcaban notoriamente.

    – No crees que es algo descocado? Preguntó ella con sonrisa de niña tímida.

    – Que va! Te queda muy bien! Venga, vamos al agua!

    Dijo cogiéndola de la mano mientras sostenía dos grandes toallas en uno de sus hombros. El se había puesto un bañador tipo bóxer y Elena lo miraba con satisfacción orgullosa de su hijo. Tendieron las toallas en la orilla. El sol estaba ya cerca del horizonte marino pero la temperatura era estupenda. Apenas quedaba gente, al ser una zona de chalets no había aglomeraciones, más bien bastante espacio entre los bañistas. Entraron al agua hasta la zona donde les cubría por el pecho. Luis cogió a su madre por las manos y comenzaron a saltar las pequeñas olas que se formaban. Los dos reían y chapoteaban disfrutando de ese primer baño.

    El sol iba desapareciendo por el horizonte de un color rojo ardiente y Luis sugirió a su madre.

    – Túmbate boca arriba y yo te llevo con mis manos. Así podrás disfrutar mirando la puesta de sol.

    Ella accedió sin ningún problema y se tumbó mirando hacia la puesta de sol. Notó las manos de Luis sujetando su espalda y parte de su culo, pero no le dio importancia. El la balanceaba y la elevaba cuando llegaba alguna ola, y Elena estaba disfrutando como una niña pequeña.

    – Te gusta? Le dijo el mientras movía las manos bajo el agua tocándola la espalda y el culo.

    – Si, si! Dijo ella con entusiasmo.

    – Pero no dejes que me hunda, jajaja! Rió con ganas.

    Sentía una de las manos de su hijo manoseaba bajo su culo, pero siguió sin atreverse a decirle nada, se sentía bien y no quería reconocer que en el fondo le estaba gustando ese pequeño sobo. Podía ver por el rabillo del ojo, mientras miraba la puesta de sol, como Luis miraba sus hermosas tetas, y su mirada le inquietaba y a la vez le gustaba. Que un chico joven, aunque fuera su hijo, admirara sus tetas la reconfortaba, la hacía sentirse sexy, atractiva, incluso llegó a pensar que también deseada. Pero borró rápido esos pensamientos. “ Una madre no puede pensar así de su hijo “. Se dijo así misma.

    El sol se escondía poco a poco y la vista seguía siendo preciosa. Luis soltó a su madre para cogerla por debajo de las axilas.

    – Ahora te subiré cuando vengan las olas! Le dijo con dulzura.

    Ella sintió las dos fuertes manos bajo sus brazos y como los dedos llegaban a tocar la piel mojada de sus tetas “ Bueno, estamos jugando! “ pensó mientras se dejaba llevar. El la levantaba con facilidad cada vez que llegaban las continuas olas y ella reía a cada impulso sintiendo como rompían suavemente contra su cuerpo. Las manos de Luis cada vez avanzaban más y podía sentir como ya abrazaba sus tetas. “ Era su hijo. Que le iba a decir! Estaba jugando con ella y los dos se divertían! “ Se decía a si misma intentando negar que le estaba gustando más de lo que hubiese esperado. El sol se puso por completo dejando una estampa de fondo ardiente.

    – Vámonos ya! Dijo Elena.

    – Tenemos que secarnos y vestirnos para cenar!

    Luis volvió a coger a su madre de la mano y los dos salieron juntos del agua. Ya por la arena, Luis dejó a su madre que fuera delante, quería verla por detrás moviendo su delicioso culo. Notaba que cada vez se sentía más atraído por ella, pero no se lo podía confesar. Su mente le decía que era demasiado fuerte decirle algo así. Meditó unos segundos en la frase que habría utilizado en sus pensamientos. “ Que deliciosa estás mamá!“. Se dio cuenta que era una frase para salir del paso, realmente lo que sentía era deseo, pero no se atrevía ni a pronunciarlo. “ Qué pensaría su madre si le decía que la deseaba! “ Ahora sus pensamientos iban siendo más claros al quitarles los remilgos. El movimiento del culo de Elena le pareció tremendamente sexy al verla subir los tres escalones del jardín hasta la puerta de la casa. Sacudió la cabeza e intentó dejar de mirar.

    Se ducharon y se pusieron ropa veraniega para salir a cenar. El una camiseta y unas bermudas, y ella un vestido de licra negro con algunos brillos. Le llegaba hasta la mitad de los muslos y el escote era bastante generoso.

    – Voy así bien? Le preguntó a Luis. El la miró y volvió a sentir ese deseo que intentaba borrar de su mente.

    – Esplendida! Dijo intentando no pensar. – He reservado una mesa en un sitio que tiene una amplia terraza y hay una actuación durante la cena y después una banda toca para quien quiera bailar! Comentó Luis.

    – Veo que has pensado en todo! Me parece estupendo, pero ya sabes que yo eso del baile suelto…

    -Tranquila, tocan de todo, suelto y también lento. Es un sitio tranquilo y romántico.

    Llegaron andando pues estaba cerca. La entrada era amplia, flanqueada con un par de robustas columnas a los lados. El metre les condujo por un amplio pasillo hasta llegar a un gran jardín. Bajaron varios escalones y pisaron el césped donde estaban las mesas. Se veían bastantes, y cada una de ella alumbrada por una vela en el centro, protegida dentro de una lámpara. Algunas de ellas ya estaban ocupadas por los comensales. En un lateral se veían los instrumentos donde tocarían posteriormente los músicos. Llegaron a la que les habían reservado y el metre les hizo una seña amable para que tomaran asiento. Luis no pudo evitar mirar a una de las mesas de al lado en la que había sentada una chica de unos veinte años con una gran melena rubia bastante despampanante. Un pequeño top y una falda corta dejaban ver sus sensuales curvas, sobre todo sus tetas de un tamaño considerable. Le acompañaban una pareja, que por la edad, podrían ser sus padres. Elena se dio cuenta de cómo la miraba su hijo y sonrió discretamente.

    – Es un sitio precioso! Comentó Elena.

    – La verdad es que sí! Lo vi en las fotos y pensé que te gustaría!

    – Pues si, me gusta mucho! Aunque… no crees que es demasiado romántico? Le susurró ella acercándose para que no la oyeran el resto de comensales.

    – Bueno, estaré… algo romántico! Jajaja! Rió el desenfadadamente y añadió. – No puedo ser romántico con mi madre?

    Elena vio como brillaban los ojos de su hijo a la suave luz de las velas, y no sabía que contestar. No quería pensar que su hijo la estaba seduciendo, pero le parecía demasiado evidente. Bueno, estaban de vacaciones y pasándolo bien, se dejaría llevar sin darle más vueltas.

    – Todo lo romántico que te apetezca! Se atrevió a decir dándole un beso en la mejilla.

    Llegó el camarero con lo que habían pedido y se pusieron a cenar. Al instante comenzó a sonar una música suave que les acompaño durante toda la cena. Hablaron, rieron, cuchichearon mientras comían, sintiéndose los dos muy a gusto. Luis había aprovechado a mirar a la chica rubia de la mesa de al lado en varias ocasiones, y en alguna de ellas habían coincidido lanzándose alguna sonrisa. No habían acabado de cenar cuando vieron salir algunas parejas al centro del jardín donde había una pista que parecía de mármol finamente tallado.

    Pidieron unas copas mientras veían bailar a la gente, unos sueltos, otros agarrados, la música permitía los dos estilos. Una columna alta en el centro de la pista sostenía unas luces enfocadas hacia abajo que hacían que la zona de la pista cambiará de colores. La luz era suave y la pista no se iluminaba por completo dejando entre sombras a la gente que bailaba, en el fondo era para darles algo de intimidad. Después de un par de tragos Luis agarró la mano de su madre.

    – Venga, vamos a bailar!

    – Noo, ya sabes que no se me da muy bien y me da algo de vergüenza!

    – A casi nadie se le da bien! No ves que lo que hace la gente es divertirse. Lo de menos es bailar bien!

    – Valeee! Aceptó finalmente ella.

    Salieron y de camino a la pista y Elena vio como los miraba la chica rubia. Se pusieron a bailar agarrados de una mano dando pasos sueltos. Al momento comenzaron a reírse de su propio baile, pero la música cambió y una canción lenta y romántica comenzó a sonar. Luis agarró a su madre por la cintura, sin darle opciones, invitando a que ella pusiera las suyas sobre sus hombros. Comenzaron a moverse lentamente entre las sombras, las luces había disminuido y ahora se veía menos. Las zonas de las mesas estaban más iluminadas que la pista. Elena noto como las manos de Luis abrazaban su cintura y pegaba su pelvis a la de ella. Su hijo la tenía entre sus brazos y sus manos recorrían lentamente su espalda. Podía notar las yemas de los dedos rozar su piel a través de la fina tela de licra, y sentía como metía la pierna entre sus muslos en cada giro. No sabía si decirle algo o tan solo dejarle seguir.

    – Me gusta bailar contigo, mamá! El susurro de Luis en la oreja la sacó de sus pensamientos.

    – A mi también me gusta, aunque no se me de muy bien!

    Luis entendió la respuesta como un asentimiento. Y la apretó más contra él, a la vez que una de sus manos bajaba hasta la mitad del culo y lo sobaba con suavidad. Elena comenzó a ponerse nerviosa, miró a la mesa de la chica rubia y vio que intentaba verlos entre las sombras.

    – Esa chica no deja de mirarnos! Dijo Elena.

    – Le gustará como bailamos! Contestó Luis para salir del paso.

    – Creo que sería mejor que fueras a invitarla a bailar! Dijo Elena soltándose de el y tirando de su mano para ir hacia la mesa.

    – Bueeeno! Contestó con algo de decepción.

    Elena se sentó y Luis se acercó hasta la mesa y muy educadamente.

    – Disculpen que les interrumpa! Dijo mirando a los tres, después dirigió la mirada a la chica.

    – Me llamo Luis. Te apetece bailar?

    – Yo Estela, y sí, me apetece!

    Dijo con una amplia sonrisa a la vez que se levantaba. Cuando llegaron a la pista, el le puso las manos en la cintura y ella se agarró a su cuello pegándose al cuerpo con descaro.

    – Son tus padres? Preguntó Luis.

    – Si, claro!

    – Lo digo por si se molestan porque nos peguemos demasiado!

    Le susurró Luis con una sonrisa cínica mientras sentía las grandes tetas pegadas a su pecho.

    – Tranquilo, son bastante liberales y yo ya soy mayorcita. A veces voy con ellos de vacaciones porque son divertidos… y también pagan ellos, jejeje! Sonrió al final de la frase.

    Estela era algo más baja que su madre, pero sus dimensiones eran exuberantes, unas tetas grandes y compactas que podía sentir contra su pecho y un culo grande y robusto seguido de dos potentes muslos. Notaba la piel caliente y suave de la mejilla pegada parcialmente a la suya y Luis sintió que se excitaba levemente. El padre de la chica le hizo señas a Elena para que le atendiera.

    – Ven, siéntate con nosotros mientras bailan los chicos! Le dijo el con una sonrisa encantadora.

    – No, da igual!

    – Venga, ven aquí y charlamos un rato! Insistió el.

    Finalmente, Elena se levantó y se sentó con ellos.

    – Me llamo Carlos, y ella es mi mujer, Amanda!

    – Encantada! Yo me llamo Elena y soy la madre de Luis! Sonrió Elena dándoles la mano.

    Estela se apretaba más a cada momento y Luis no podía evitar que su miembro comenzará a endurecerse. Luis se sentía algo incómodo por la situación.

    – Como de liberales? Estela despegó su mejilla para mirarle a los ojos.

    – Más de lo que te puedas imaginar!

    Le dijo poniendo sensualidad en cada palabra. Cuando acabó la frase dejo los gruesos labios a pocos centímetros de los de Luis. El entendió que se los estaba ofreciendo y los beso con suavidad. Los despegó y ahora fue ella la que acercó los suyos abriendo la boca para buscar su lengua. Luis sabía que desde la mesa era difícil distinguirlos y decidió corresponder a la boca de Estela con un beso largo y profundo. A la vez bajo sus manos para agarrar y apretar el hermoso y sensual culo de la chica. Eso provocó que ella se apretara aún más contra él.

    – Me gusta como besas! Susurró ella cuando despegaron los labios.

    – Seguro que esto no les molesta? Insistió el.

    – Seguro! Repitió ella. – Además, han invitado a tu madre a que se siente con ellos y se les ve entretenidos, porque supongo… que es tu madre!

    – Si, así es. Se ha separado de mi padre hace unos seis meses y he decidido pasar con ella estás primeras vacaciones.

    – Es guapa. Y tiene buen tipo! Dijo Estela mirando hacia la mesa.

    – Pues si! Asintió orgulloso Luis.

    – Y además, es estupenda!

    Estela le acariciaba el cuello mientras se mantenía pegada a él.

    – Os he visto bailando y … se nota que os queréis!

    Luis se puso algo tenso al pensar si podría haber visto que le tocaba el culo a su madre, pero Estela no le dejo pensar demasiado. Volvió a besarle, pero ahora de una forma más húmeda y lasciva mientras movía la pelvis contra la de él para notar su miembro. Luis ya clavaba los dedos en su culo sobándolo en toda su amplitud. Aquella chica sensual le estaba excitando a gran velocidad.

    – Vamos a buscar un sitio con más intimidad! Que te parece?

    Era una pregunta tras una afirmación que dejó a Luis algo perplejo. Finalmente reaccionó.

    – He venido con mi madre y no pienso dejarla aquí colgada!

    – Solo será unos minutos. Podemos decir que vamos a tomar algo al otro jardín!

    – Hay otro jardín?

    – Si, con música algo más movida que esta, pero solo es una escusa.

    – Y dices que… unos minutos? Preguntó Luis algo incrédulo.

    – Creo que hoy… con unos minutos será suficiente!

    Sonrió ella con picardía a la vez que le pasaba la mano sobre el pantalón con disimulo.

    – Parece que esto ya está a punto!

    Volvió a sonreír a la vez que le daba un beso rápido sobre los labios y tiraba de él agarrándole la mano.

    – Que tal chicos? Lo estáis pasando bien? Preguntó Carlos al verles llegar.

    – Si papá. Nos vamos un rato al otro jardín a tomar algo. Hay música más movida! Contestó Estela.

    – Pero no tardéis mucho! Añadió Elena. – Tranquila mamá! Solo será una copa!

    Y casi antes de acabar la frase, Estela tiro de Luis. Le condujo por el ancho pasillo hasta salir a la calle. Algunas farolas iluminaban parcialmente y Estela le llevó a lo largo de la valla del restaurante hasta llegar al final. La luz de la luna iluminaba una zona sin construir a la que daba la valla del restaurante, siguieron la valla hasta llegar a la parte trasera. Se oía la música en la semioscuridad en la que estaban, mezclada con el leve rugido de las olas ar romper en la orilla. Estela puso su espalda contra la valla y tiro de Luis hacia ella hasta sentirle totalmente pegado a su cuerpo. Se abrazó a su cuello y lo beso ardientemente, la lascivia parecía manar por los poros de su piel. Luis bajo sus manos y las metió bajo la corta falda sintiendo la dura carne del gran culo de Estela. Lo apretó con ganas mientras sentía la lengua de la muchacha lamiendo el interior de su boca. Ella no tardó en bajar una de sus manos y empezar a sobar la bragueta de las bermudas que llevaba Luis. El dejo de besarla para bajar con su boca hasta el cuello, lo lamió como si fuera un perro sediento, pero la chica, impaciente, le dirigió hasta sus grandes tetas. Se bajó el top con facilidad y los grandes pezones afloraron erectos y amenazantes. Luis los palpó con sus labios, después los lamió con deseo hasta mojarlos de saliva caliente.

    – Chúpame los pezones! Dijo ella impaciente mientras desabrochaba los bermudas a gran velocidad. Sacó el miembro, ya muy duro y tieso, y lo palpó con sus delicadas manos.

    – Ufff, no está nada mal! Dijo con agradable sorpresa.

    Estaba muy excitada e impaciente, parecía quererlo todo ya.

    -Te gustan mis tetas? Preguntó mientras sobaba el miembro con cierta ansiedad. Luis asintió mientras succionaba uno de los grandes pezones.

    – Chúpamelos más fuerte! Dijo con excitación.

    Luis le hizo caso y succionó con ganas, como si quisiera sacar leche de esas grandes tetas.

    – Así, asiiii! Estela parecía no poder dejar de hablar.

    – Que polla más dura tienes, diossss! Como me gusta tocártela, joder! Que guarra me estás poniendo! La de mi padre es más grande, pero la tuya no está nada mal!

    Luis dejó de chuparle los pezones y levantó la cabeza.

    – Que has dicho?

    – Nada, nada! Es una larga historia. Ya te la contaré en otro momento!

    Contestó ella y se agachó con rapidez. A Luis no le dio tiempo a pensar más, al momento se le nublo la mente sintiendo las chupadas que Estela había comenzado a dar a su polla. Los grandes labios, carnosos y sensuales, succionaban la polla con ansia, y Luis comenzó a jadear con las manos sobre la cabeza de la chica. Fue un largo y delicioso minuto, pero Estela paró de chupar antes de que se corriera. Se levantó y agarró de nuevo el miembro con su mano.

    – Vamos, métemela! Métemela!

    Jadeó a la vez que ponía el miembro empapado en saliva entre sus robustos muslos. Luis la seguía como un autómata y lo único que tuvo que hacer fue empujar. Ella sujetaba el miembro entre los abultados labios de su coño, y el duro capullo penetró con facilidad. Estela abrió más las piernas, que sujetaba haciendo equilibrios sobre los altos tacones, y la dura polla penetró aún más. Se había agarrado al culo desnudo de Luis, con los bermudas medio bajados, y lo apretaba con intensidad clavándole los dedos a la vez que lo intentaba mover adelante y atrás.

    – Vamos! Vamos! Aprieta! Dame fuerte! Joder, que caliente estoy! Diossss, como me has puesto!

    Luis movía sus caderas entre excitado y asombrado, decía que la había puesto caliente, pero el apenas había hecho nada. Estela acabo contagiándole su excitación y su deseo, y Luis comenzó a embestir con más ganas. El culo de Estela se aplastaba contra la pared en cada empujón, y su boca jadeaba sonora e impulsivamente sobre su oreja.

    – Muérdeme los pezones!! Casi le gritó entre gemidos y jadeos.

    Luis, como anteriormente, no dudó en hacer lo que le pedía, además, esos duros y gordos pezones eran muy apetecibles. Comenzó a succionarlos y morderlos sin dejar de embestir con todo su cuerpo, sentía su polla penetrar profundamente entre la carne suave y jugosa de la vagina, y eso le provocaba el deseo de devorar con más fiereza los duros y gordos pezones.

    – Sigue, sigue! Me voy a correr! Diossss, no pares! Lléname el coño de leche! Más fuerte!

    -Ahhhg! Ahhhg! Ahhhg! Estela, prácticamente rebuzno mientras se corría y la polla de Luis reventaba en ese momento soltando un gran chorro de leche. – Ahggg! Ahggg! Jadeó él al sentir salir los chorros calientes y espesos. Dejo de chupar los pezones para respirar mientras ambas bocas emanaban jadeos a escasos centímetros. Los labios se acabaron juntado según se relajaban sus cuerpos. Se fundieron en un largo y profundo beso mientras los fluidos rebosaban entre los poderosos muslos de Estela. Se separaron todavía con cierta excitación y Estela sacó unos pañuelos del bolso que llevaba colgado y se limpió entre las piernas.

    – Uffff, vaya corrida chico! Parece que tenías mucha leche acumulada! Dijo graciosamente.

    Cuando acabó de limpiarse, se colocó la ropa y le volvió a besar.

    – Ha estado genial! Te gustaría repetir otro día? Le preguntó sin darle opción a decir su opinión.

    – Ufff, si que ha estado bien! Dijo el antes de responder a la pregunta. – Me encantará repetir! Dijo después de unos segundos en los que ella esperaba ansiosa su respuesta.

    – Pero… quizás en otro sitio más cómodo, y con más tiempo! Dijo finalmente.

    – Por supuesto! Dijo ella con la felicidad de una niña que acaba de recibir un regalo.

    Comenzaron a caminar de vuelta al restaurante.

    – Oye, que has dicho sobre la polla de tu padre y la mía? Preguntó Luis de sopetón al acordarse de la frase que ella había soltado en plena euforia.

    – Pues eso, que mi padre la tiene algo más grande, pero la tuya se pone muy dura!

    – Se la has visto a tu padre dura? Preguntó Luis cada vez más asombrado. Estela sonrió con cierta malicia.

    – Algo más que… vérsela! Respondió con naturalidad. Luis ya no sabía si seguir preguntando, pero la curiosidad le corría. – Puedes explicarme qué es ese… “algo más”!

    -Bueno, de una forma sencilla te puedo decir, que en mi casa nos gusta disfrutar del sexo, y el parentesco no es un impedimento!

    Volvió a responder con la misma naturalidad. Luis ya no dijo nada hasta llegar a la mesa donde estaban los respectivos padres.

  • ¡En el trabajo no!

    ¡En el trabajo no!

    Fileteando y jugando a tocarnos por encima de la ropa en el trabajo. Sin duda había atracción física por parte de ambos hasta que un día, mientras todos estaban afuera por que había mucha gente. Ella salía del baño y me acerque para llevarla a un punto de donde trabajamos donde no había cámaras. Allí saque mi verga y le dije: chúpala! Ella se inclinó y comenzó a mamar. Fueron pocos segundos y paramos, sabíamos que estábamos en el trabajo pero ahí fue donde todo comenzó. Terminaría en un squirt y una hermosa lluvia dorada. Así comenzó esta historia.

    Coincidimos en salir a la misma hora del trabajo, después de eso. Caminamos hasta un parque cercano mientras nos dábamos besos y yo chupaba sus pezones. Usa unos piercings en ellos y hacen que siempre se vean duros y paraditos. Ella acariciaba mi pene hasta que llegamos al parque. A unos metros de unos indigentes y con la vista hacia una gasolinera la senté en una banca, saqué mi verga de nuevo y la obligue a mamar. Sentía su lengua y su saliva desde la punta hasta los testículos. Amo cuando les cabe toda en su boca y arremetía contra ella. Fueron pocos minutos hasta que note que nos observaban. Me guarde el paquete y la lleve hasta su transporte. Ambos subimos y juramos que el viernes concluiriamos el encuentro.

    Así lo hicimos y llegó el día. Entramos al hotel y pusimos nuestras cosas en un sillón para después acercarme a ella donde estaba sentada y le dije:

    En qué nos quedamos?

    Saqué mi pene y empezó a mamar, lo hacía delicioso. Le quite la blusa, sus pechos con un piercing cada uno. Se puso en pie y nos besamos mientras nos quitabamos la ropa. Acto seguido me puse un condón y me sentó en el potro. Comenzó a cogerme bestialmente, me recordó un poco a Alma y después de algunos movimientos gimió y apretó los labios para realizar un squirt. Sentía como escurría sus jugos por mi piel, eso me excito demasiado. Volvió de nuevo a meterse mi pene y cogerme otra vez duro, tan duro que de nuevo realizó un s rgundo squirt. Me levanté y la avente a la cama. Comenzamos a hacerlo de misionero. Tradicional, suavemente. Pero ella quería que fuera duro entonces la puse boca abajo y comencé a penetrarla, mientras la nalgueaba. Era duro, tan duro que se vino nuevamente. Chorros salían de ella y mojaban mi pene y escurrían en mis piernas. Había un espejo frente a nosotros, mi cabello largo caía y tapaba mis ojos pero me lo acomodaba y me mire al espejo, en un posición como de simio. Era un animal con brazos fuertes encima de ella. Arremetía y me miraba al espejo, ella miro la misma imagen y le excito. Tome su cabello y la jale hacia atrás mientras la volvía a penetrar. Era excitante verla sumisa.

    Cambiamos la posición, se puso encima de mi, se metió mi pene en su vagina y comenzó a cogerme. Arria y abajo constantemente movía sus caderas y su culo, yo me incorporé un poco para lamer sus pechos y morder sus pezones. Era un espectáculo maravilloso. Me recosté de nuevo y volvió a cogerme duro. Mis manos de sus pechos pasaron a su cuello porque con sus manos la dirigió. Entonces apreté fuertemente su cuello mientras ella se detuvo un poco, comenzó a faltarle el aire y yo comencé a cogermela duro.

    Me apretaba fuerte y se comenzaba a poner roja mientras yo la jalé hacia mi con mis manos. Opuso un poco de resistencia pero la penetré duro y fuertemente hasta que un chorro comenzó a salir. La solté y respiro un poco, no se incorporó ni me pidió que retirara mis manos del cuello.

    Nuevamente la apreté para ahorcarla y comencé a cogerla fuerte, muy fuerte, sus piernas comenzaron a temblar y ella a intentar retirar mis manos de su cuello. De nuevo la jale a mi pecho y arremetí duro, muy duro y fuerte contra ella. Entonces levanto su cadera y salió un chorro impresionante de squirt, sus caderas se movían como manguera con presión de agua y sin control, solté su cuello, respiro y de nuevo un chorro salió dentro de ella.

    Mojo mi cuerpo y la cama sus piernas seguían vibrando y se recostó sobre mi pecho. Algunas lagrimas se acumularon en sus ojos pero no salieron y solo sonrió mientras temblaba.

    -Siempre quise que me cogieran así y me hicieran venir de esa manera

    Me retire el condón y aun seguía erecto. Mientras mis nalgas sentían toda la humedad y el agua que salió de ella y se acumulo debajo de mí.

    Seguía temblando y la besé estaba sumamente excitada, complacida y corrida y yo muy excitado.

    Pasaron unos minutos, teníamos que irnos al trabajo así que me dijo como y donde quieres terminar.

    -En tu boca, respondí

    Comenzó a chupar y yo a masturbarme, tomé mi mano y le pedí que acercara su boca cuando estaba a punto de venirme. Ella quitó mi mano y comenzó a chupar.

    Sentía su lengua y su saliva subir y bajar y mi pene recto y duro a punto de venirme así que tome su cabeza con mi mano derecha y la metí hasta el fondo. Sentí como el semen salía y explotaba en su garganta, tarde unos segundos y explote tres veces dentro de su boca. Gemí y solté su cabeza, ella no se retiro de golpe, lo hizo poco a poco mientras chupaba mi pene. Siguió lamiendo el glande succionando para sacar hasta la ultima gota y con su lengua esparció en mi pene el restante del semen. Jugo con el y su lengua un poco y lo devolvió a su boca. Lo chupo y se lo comió. Estaba tan cansado!

    Fuimos a bañarnos y moría por orinar así que le dije hincate. Ella se hincó mientras cerraba la llave del agua, me gire y puse mi pene en su cara.

    Voy a orinarte, le dije.

    Ella chupo un poco y comenzó a salir la orina.

    Mojé su frente, veía como bajaba mi orina por su rostro y después apunte a sus pechos. Orinaba sus piercings y sus pezones mientras ella se mojaba y basturbaba con mi orina. Estaba muy excitada y yo comencé a excitarme también pero no teníamos mas tiempo. Volví con mi pene a apuntar su rostro y terminé, ella se esparcía mi orina en su cuerpo y comenzó a chupar mi pene de nuevo.

    -Esta deliciosa tu orina

    Terminamos de bañarnos y nos fuimos al trabajo. Fue una gran experiencia y era excitante tocarnos en el trabajo hasta que comenzó otra amiga a ofrecerme su culo y agarrar mi pene. Ya eran 3 chicas dentro del trabajo ojala que por lo menos dos quieran hacer un trio la próxima vez.

  • Ayudando a armar una cama americana

    Ayudando a armar una cama americana

    Sonó mi teléfono celular y era ella, Macarena. 

    Yo había tenido un día no muy bueno en mi trabajo y al escucharla se desapareció todo lo malo. Mi amor, saliste de tu pega? aun no, me falta un poco… por qué?

    Eh, es que quería invitarte; compré una cama americana nueva y no sé cómo armarla, tu podrías ayudarme? después podríamos tomarnos un tecito, te tinca? Eh, claro que si le dije.

    Me demoré un poco, pase al supermercado y compré algunas cosas para llevar para el té que nos íbamos a tomar, y llegue a su casa.

    Al llegar toqué el timbre y salió a recibirme, andaba de ropa liviana: buzo, zapatillas y una polera que dejaba harto para la imaginación. Me percate de un detalle; habían dejado el recibo de la luz en su antejardín y le dije: oye, aun no recoges el recibo? ah no, me dijo y al decir esto se agacha y la polera guardaba un pequeño secreto: andaba sin sostenes. Mas encima al inclinarse se le bajó un poco el buzo: Una pantaleta súper chiquita negrita de encaje se asomó sin querer…

    Recogió la cuenta de la luz y al ver que yo la miraba me dijo, vamos? Nos espera trabajo.

    Me hizo pasar, tenía un desorden en el comedor por todo el movimiento de la compra nueva, así que tuvo que mover muebles para poder meter la cama en su pieza y allí estaba la cama esperando ser armada.

    Quitamos los plásticos, pusimos la base, el colchón de resortes, armamos el respaldar. Ella hizo la cama con la ropa de cama nueva que había comprado mientas yo armaba los muebles, demás está decir que en el intertanto yo le echaba un ojo cuando me ayudaba.

    Unas horas después terminamos los muebles me dice si me iba a duchar, porque si es así hay de todo en el baño, mientras ella se fue a la cocina.

    Cerré la puerta del baño, abro la llave de la ducha, me pongo de espaldas cuando siento que me tocan por la espalda, era ella quien se puso detrás de mí, me doy vuelta y nos encontramos con nuestras lenguas, en besos calientes, jugosos, con ansias, con ganas.

    No me costó nada sacarle la polera y dejar ver sus tetas rosaditas, pezones parados, pidiendo lengua para gozar y así fue: chupé sus pezones, primero con mis labios, después con los dientes, hizo un suspiro largo. Que rico mi amor le dije.

    Con mis manos tocaba su cuerpo hasta excitarla, abría sus nalgas y ella misma me dirigió mi otra mano dentro de su vagina que ya comenzaba a mojarse le metí un dedo, luego dos.

    Le bajé su pantaleta. Estaba desnuda ante mí; la tomé y la puse contra la pared de la ducha con sus manos arriba. Cerré el agua y comencé a acariciar su espalda, le besé por todo su cuello, mientras tocaba con ambas manos sus senos, estaban duros y más duros estaban sus pezones con las caricias con mi lengua que ya le había dado.

    Tomaba mi pene para dirigirlo a su culo y hacia movimientos para metérselo, ella se acercaba y presionaba más hacia mi pene, jadeaba de gusto.

    Ah amor que rico culo tienes le dije, me encanta, me gusta tu boca, tus labios.

    Te gusta por lo caliente de mi boca? al preguntarme eso con una de sus manos me tomó el pene, lo acariciaba arriba y abajo con movimientos suaves al principio, fuertes después hasta que se vio vueltas.

    Así quiero pagarte tu ayuda, me dijo: Al decir esto veo que se va agachando hasta estar a la altura de mi pene, me mira y me sonríe. Me cierra un ojo y se mete la punta en la boca.

    Cierra los ojitos y disfruta tu pago. Te dije que te mereces un premio.

    Acto seguido se lo mete en su boca. Siento como el anillo de sus labios recorren el glande hasta llegar al tronco mismo. Yo me sentía en las nubes con su boca caliente y mojada.

    Con ganas de terminar yo se lo saco de su boca y se lo pongo entre sus tetas, ella con instinto junta sus senos hasta rodear mi aparato ya mojado con su saliva. Sus senos estaban suaves ella echaba saliva a su parte media de sus tetas al tiempo que yo le apretaba sus pezones.

    Salimos de la ducha, tomé una toalla para secarnos algo del agua que salpicó. Nos tiramos en la cama, la besé por todo el cuerpo, ella mi tocaba mi espalda, mis muslos, mi pene. Comencé a recorrerla por sus piernas, subí por sus muslos.

    Ponte en cuatro patas, le dije, así lo hizo y me ofreció la vista de su culo tan rico.

    Le bese la espalda, bajé hasta que sintió que me acercaba mi cara a su culo, Acto seguido, sin más, ella sintió mi lengua endurecida y húmeda entre sus nalgas, deteniéndome unos segundos a las puertas de su vagina. Gimió sin poder controlarse mientras le acomodaba las caderas y deslizaba entre los pliegues de su vagina un dedo de mi mano derecha.

    Con mi lengua recorrí sus labios vaginales, lamí con paciencia su clítoris que parecía estallar de placer, al tocarlo arqueo su cuerpo y más acercaba su culo a mi cara, se movía con ganas, jadeaba y me pedía que no me detuviera hasta sentí que sus labios temblaban: Tomé con mis manos su cadera y no me contuve más y le puse la punta de mi pene en su vagina, ella al sentir la cabecita caliente ella misma con su mano la puso entre sus labios y me pidió que se la metiera de una vez. Oh mi amor que está dura, que rica.

    La dejé dentro de ella por un momento hasta que ella comenzó a moverse. Sentía sus paredes tiritar, sus líquidos rodeaban mi tronco, sus labios crecían en cada embestida, jadeaba de placer

    Sin soltar la presión de mis dedos sobre su piel, comencé a darle, una y otra vez, golpeando fuertemente mis caderas contra su culo provocando un sonido semejante a cachetadas huecas, arremetiendo contra ella hasta el punto que se afirmaba del cubrecamas nuevo, sus movimientos hacían que se retorciera, se inclinaba hacia arriba para recibir mis besos, tocaba sus tetas, me pedía más, que se lo hiciera fuerte y más rico.

    Al decirme eso, la tomé con todas mis fuerzas, mi pene era como un pistón de auto entrando y saliendo de su agujero. Voy a llegar le dije y ella arqueo y se tensó su cuerpo, me tomo de una de mis manos que estaba en su cintura y la apretó.

    Muévete también estoy llegando me dijo, Ah mi amor, dale dale. No me dio tiempo para más. Sentí cosquillas violentas que subían por mis piernas hasta llegar a la punta del pene, tomé a mi rubia con las dos manos por sus caderas y nos dimos con todo. Ella se movía más aun y de forma brutal, comencé a derramarle en chorros calientes de semen hasta el fondo de su zorra.

    Al acabar dentro de ella sentí como su vagina se estrechaba y palpitaba. Jadeando cayó rendida con la respiración entrecortada. Habíamos acabado juntos. Una ducha para relajarse y concluimos que la cama era de buena calidad y había pasado la prueba.

  • Fábrica de fantasías frustrada

    Fábrica de fantasías frustrada

    Difícilmente llego a convivir con vecino alguno, por muy buena imagen que estos proyecten, solamente ha existido una excepción a la regla: los vecinos de al lado, un matrimonio ya de varios años, que por cosas que no se, nunca han tenido hijos.

    El directivo de una empresa telefónica, ella alternando entre las labores del hogar y su dedicación a la repostería.

    Con el paso de los años, se ha forjado una amistad fuerte (en realidad más entre las mujeres, mi esposa y la vecina conviven mucho más que nosotros los hombres)

    En realidad, yo nunca había repara do en la apariencia de la vecina, hasta que una vez decidieron empezar a intercambiarse ropa entre ellas.

    Todo empezó un día que los vecinos salieron a la playa, tal vez de sorpresa, porque la vecina llego con mi esposa pidiéndole ropa de playa; desde entonces, cada vez que mi esposa se pone ropa que alguna vez uso la vecina, siento un deseo enorme de tirármela y fantasear con que es a la vecina a la que me estoy tirando.

    Esto hizo que por primera vez empezara a fijarme en las curvas de la vecina, ya no podía evitar una larga mirada en el culo mientras ella pasaba, o mirarla fijamente a los senos, como si quisiera tener vista de rayos X para traspasar la tela de su ropa.

    Pero hasta ahí llegaba, ese era mi limite, darme un buen taco de ojo, lógicamente fuera del alcance de mi esposa o de su marido, para no ocasionar un conflicto.

    Como mencione, ambas mujeres eran las que llevaban una relación más estrecha, se juntaban a platicar, se compartían intimidades del matrimonio, etc.

    Mientras que entre el vecino y yo, no existía ese vínculo, ya que el vecino es una persona muy reservada y yo…la verdad no tengo interés.

    Después de muchas pláticas entre mujeres inevitablemente mi esposa termino compartiéndome que la razón por la que aún no tenían hijos era a que su relación de alcoba era casi nula –decía la vecina– que ya ni siquiera podía recordar quien de los dos fue el que se alejó primero.

    Como no fue una plática que me fuera compartida directamente por los involucrados, por lo que la escuche y la deposite directamente en el cesto de los olvidos.

    Pasaron los meses y en una de las escasas reuniones de ambas parejas, mientras asábamos carne y tomábamos un par de cervezas el vecino se sinceró conmigo: me platico de lo mal que estaba su matrimonio –en el aspecto sexual– y que no hallaba que hacer.

    Entre hombres, esta frase quiere decir: ayúdame por favor, por lo que mi instinto de hombre no me permitía dejar solo al vecino con su problema.

    Mientras el ahondaba en su problema, contando que él pensaba que la raíz del conflicto era que su esposa no se sentía suficientemente atractiva para despertar el instinto sexual de su pareja, en mi mente se fue forjando un plan que pudiera ayudar a solucionar el problema de los vecinos.

    Después de algunos minutos de darle vueltas al asunto, ayudado por la tercera cerveza, se me ocurrió una idea que en ese momento parecía una genialidad:

    Inspirado en los reality shows gringos, pensé:

    -¿Y si creo una atmosfera adecuada para que los vecinos retomen la llama?

    Después de mucho darle vueltas al asunto, se me ocurrió una genialidad (bueno, eso pensaba), decidí hacer un encuentro entre ambos, que fuera sorpresa, que se llevara a cabo en una atmosfera desconocida para ellos, y sobre todo que ayudara primero con el problema de inseguridad de la vecina.

    El plan era simple (eso pensaba), le comente al vecino, que si para elevar la autoestima de la vecina la metíamos en un ambiente ficticio de bailarina de table dance, con publico falso que le subieran la moral y después mediante cualquier pretexto la metíamos en la cama con el (sin que supiera que era el), probablemente el problema de desinterés sexual de ambos podría ser resuelto.

    Cabe destacar que el plan se le puso a consideración por completo al vecino, y que le pareció una idea y dio su autorización para ejecutarla.

    De inmediato me avoque a la tarea de conseguir el lugar ideal para llevar a cabo el plan, además de contactar algunos amigos que me ayudaran a crear la atmosfera adecuada.

    Después de un par de semanas, le informe al vecino que todo estaba listo, para llevar a cabo el plan cuando él lo determinara.

    Me dijo el vecino:

    -¿Le parece el viernes de la próxima semana?

    -Por mi está perfecto vecino (ni siquiera repare en el hecho que mi mujer no estaría en casa porque tenía un viaje planeado a visitar parientes de otra ciudad)

    -Entonces vecino – le dije-ya solo falta el pretexto para llevar a su esposa.

    -Si vecino – respondió – le voy a decir que le tengo preparada una sorpresa y que usted la llevara a donde la recibirá.

    -Entonces no se hable más vecino, así lo haremos.

    Finalmente llego el día, a la hora indicada, llegue a la casa de los vecinos y toque la puerta, después de unos cuantos segundos salió la vecina, luciendo un espectacular vestido color naranja, que tenía un escote generoso, aunque no mostraba descaradamente los senos, si se podía advertir perfectamente el tamaño, la forma y el color de estos.

    Su largo era moderado, un poco encima de las rodillas, calzaba unos zapatos de tacón de un color brillante que hacían perfectamente juego con el color del vestido.

    Finalmente en la cintura del vestido tenia un adorno de bisutería color plata, detalle que hacia ver realmente distinguida a la vecina.

    Después de darle una rápida repasada con mi mirada (tratando de ser lo mas discreto posible), mientras pensaba: lo que te vas a comer vecino, le comente:

    -Pase vecina, yo la llevare a su destino, mientras le abría la puerta del auto, le tome la mano delicadamente para que se pudiera subir.

    De manera inmediata me enfile hacia el sitio seleccionado (motel de lujo, con habitación grande, equipada con tubo para table dance, donde me estaban esperando un par de amigos)

    Mientras me acercaba al sitio, no se hablaba absolutamente nada, existía un ambiente tenso, afortunadamente el camino no era tan lejano, por lo que antes de que fuera obvio mi destino, abrí la guantera del carro y saque una mascada color negra y se la di a la vecina diciéndole:

    -Por favor se la pone en los ojos vecina, que no quiero que vea a donde la voy a llevar.

    Ella atendió a la indicación sin chistar, tomo la mascada y se la coloco sobre los ojos, haciendo un nudo tras de su cabeza.

    Una vez que pude constatar que en realidad no podía ver nada, me enfile de lleno hacia le motel donde estaba preparada la farsa, una vez que llegamos a la entrada del lugar, trate por todos los medios de evitar que la vecina se enterara a donde habíamos llegado (la verdad pienso que no lo pude lograr).

    Después del filtro de la entrada, me enfile hacia la habitación previamente rentada en donde me esperaban ya mis dos amigos, llegue a la cochera del cuarto, metí el automóvil, me baje a cerrar la puerta de la cochera y le indique a la vecina:

    -Espéreme un poco, deje voy a abrir.

    Entre a la habitación para ver que todo estaba de acuerdo a lo planeado, mis dos amigos ya se encontraban ahí, di un rápido vistazo, recibiendo la seña con el pulgar de mis amigos en alusión a que todo estaba correcto, mismo que conteste y regrese al auto.

    Abrí la puerta de ella y le dije:

    -La voy a guiar vecina, no se preocupe, yo le voy avisando para que no sufra algún accidente.

    Caminamos a la habitación, le indique los pasos, los escalones, etc, para que ella pudiera llegar con bien a su destino, dentro de la habitación aun en silencio, la conduje hasta el tubo de table, puse sus manos en él, imagino que de inmediato se percató del uso de ese tubo metálico, y me dijo espantada:

    -¿Qué pasa aquí?

    A lo que respondí acercándome a ella de manera calmada y en voz baja:

    -Es una fantasía que su esposo le ha preparado, no se asuste y disfrútela.

    Tome el control de la televisión, de inmediato sincronicé los canales porno -¿hay de otros ahí?, seleccione uno que tuviera música más o menos adecuada, subí el volumen y comencé a gritar:

    -Bienvenidos sean todos ustedes, esta noche vamos a presentar a nuestra estrella novata: ¡¡¡KARLA!!!

    De inmediato mis amigos comenzaron a aplaudir, mientras la vecina seguía atrapada en su sorpresa, apenas se movía, mientas que yo pensaba que podía hacer para mejorar el desarrollo de la fantasía.

    Volví a la carga, tratando de animar tanto a la “bailarina” como al “publico” a que entraran en una situación de más animo:

    -Vamos querido público, tenemos aquí a la novata sensación, que ha vuelto locos a los públicos más exigentes, como muestra de nuestra seguridad, les avisamos que en esta ocasión está completamente permitido tocar a nuestra bailarina…

    De inmediato voltee a ver a mis amigos, que aún no alcanzaban a entender el significado de la aseveración que acababa de realizar, haciéndoles una seña con la cabeza, para que se acercaran a la tímida bailarina.

    Ellos se acercaron lentamente, como pensando si en verdad era en serio lo que les acababa de decir, mientras que yo los alentaba moviendo los brazos con desesperación.

    Llegaron ambos a donde estaba bailando la vecina, sin atreverse a tocarla, tal parecía que la vecina daba toque o algo así, en mi desesperación me acerque a ella y de inmediato extendí mi mano para acariciar su trasero, fue una caricia muy tímida, para no espantar a la vecina, que al sentir mi toque hizo un pequeño salto de sorpresa, pero con los segundos empezó a responder de maravilla, comenzando a menear la cola al ritmo de la música, mezclada con gemidos de placer de los protagonistas de la película.

    Al ver mi actuar, mis amigos salieron del letargo, uno de ellos acerco sus manos para acariciar los senos grandes y redondos de la vecina, en tanto que el tercer amigo al ver el espacio ocupado, comenzó a acariciar las piernas, subiendo de a poco por dentro de su vestido.

    Esto termino provocando lo que yo quería: la vecina comenzó a realizar movimientos sensuales, poco a poco se adaptó al ritmo de la música, exagerando los movimientos de las zonas que tenía contacto con las manos del público asistente.

    Finalmente esto estaba encaminado hacia donde yo esperaba que se moviera: la vecina dando rienda suelta a su seguridad, sabiéndose deseada por un puñado de hombres desconocidos, estaba ya muy dueña de la situación realizando lances de profesional, recargando el culo en el tubo y bajando a través de él, mientras el público expectante ofrecía vítores a cada lance realizado por la nueva estrella del baile.

    Llego el momento que se sintió completamente desinhibida y comenzó a desabrocharse el vestido, ya completamente dueña de la situación, descubriendo uno de sus hombros y ofreciéndolo coquetamente al respetable.

    Continuaba ofreciendo pequeños previos de sus hombros y sus senos, al insinuarse ante el público con despojarse del vestido y regresando a colocarlo en su lugar, en cada movimiento arrancaba la ovación de mis amigos que no dejaban de gritarle:

    -¡Mamacita!

    -¡Que rica estas!

    -¡Muéstranos todo!

    Hasta que finalmente después de varios amagues, el vestido fue a dar al piso, siendo ahora el foco de atención su lencería: un delicado juego de piezas color blanco con encaje, que adornaba de manera brutal el volumen de sus senos y de su trasero.

    Me acerque a levantar el vestido, para darme cuenta que su cuerpo ya empezaba a denotar ligeras gotas de sudor.

    -¿Así estará de mojado abajo? – me pregunte a mí mismo-

    Una vez que coloque el vestido sobre una pequeña sala colocada en la entrada del cuarto, volvi a mi papel de presentador, gritado al público:

    -¿Pero que pasa señores? ¿Es que no habrá propinas para la bailarina este día?

    Previamente nos habíamos puesto de acuerdo para tener bastantes billetes a la mano, para poder dar propinas a la bailarina.

    De inmediato se levantaron de sus lugares para poner billetes dentro de la lencería de la vecina, en cosa de segundos se llenó de billetes las copas de su top, además de toda la circunferencia de las bragas en su cintura.

    Se veía en su cara, el reflejo de la satisfacción y el deseo que se incrementaba en cada nuevo billete que era introducido en su lencería.

    A pesar de que la vecina estaba ya francamente caliente y deseosa, tenía listo un plan de emergencia por si las cosas no se daban –hombre precavido vale por dos.

    Había comprado un pequeño vibrador, que además de ser muy discreto, tiene la peculiaridad que controlar su velocidad a distancia a través de un teléfono, por lo que me dije:

    -Parece que no es necesario pero creo que no le hará daño.

    Me acerque a la vecina y le dije al oído:

    -¿Me permite colocarle algo vecina?

    -No le hará daño, aunque es algo invasivo, dije mientas llevaba mi mano por las bragas sudadas

    De inmediato al sentir mi mano dentro de sus bragas ella abrió las piernas, y el coloque de manera por demás sencilla el dispositivo, ella lo recibió con beneplácito, aunque casi se desmaya cuando lo encendí con mi teléfono.

    Parece ser que estaba pre configurado a la velocidad máxima, al verles de inmediato trate de moderar la velocidad, llevándola a un estado más adecuado, viendo su rostro, suficiente para ver su cara de satisfacción pero no tanta como para que su cuerpo se doblara de placer.

    Una vez establecido el ritmo y de acuerdo a lo previamente ensayado, llegamos a la culminación del evento:

    Íbamos a fingir una subasta para tener un privado con la nueva estrella de baile, esta subasta iba a estar tan reñida y con un precio exorbitante, que la vecina iba a inflar su ego hasta las nubes.

    Mientras comenzaba a anunciar el evento, tome el teléfono para avisar al vecino que ya estaba por llegar el momento de su participación.

    Mientras comenzaba el aviso, fui seleccionando el contacto del vecino, quedándome helado ante un mensaje de el:

    -“Disculpe vecino, me acaban de avisar del trabajo que tengo que salir de urgencia de la ciudad, lo posponemos para otra ocasión”

    En mi mente solamente se repetía una frase: ¡En la madre!, ¡En la madre!

    Finalmente, no sé si todos los hombres somos así, pero yo, jamás de los jamases voy a aceptar delante de la gente que hice una cagada, por lo que ante mis amigos y la vecina esto iba a continuar con vecino o sin él.

    Asi que proseguí con naturalidad, mientras la vecina se retorcía de placer en el tubo, provocado por el penúltimo paso del plan:

    -Señores asistentes: hemos llegado al punto culminante de la tarde: como oportunamente fueron avisados realizaremos una subasta pública, donde el mejor postor podrá tener una sesión en privado con nuestra nueva estrella del baile: ¡¡¡KARLA!!!

    El público deshacía en aplausos, mientras que yo les indicaba:

    -La subasta empezara en 5,000 pesos, aquellos que deseen hacer una oferta levantan la mano y hacen su puja.

    -Entonces señores, tenemos 5,000 para empezar, ¿Quién me da 6,000?

    -Del fondo del cuarto uno de mis amigos: 6,000

    -Tengo 6,000 caballeros ¿quién me ofrece 7,000?

    -7,000 ofreció el segundo de mis amigos en un dialogo ya ensayado

    -Tengo 7,000 aquí, ¿quién me ofrece más?

    -10,000 al caballero del fondo – dije sobre el supuesto lugar que sería ocupado por el vecino-

    -13,000 replico uno de mis amigos

    En tanto la vecina completamente extasiada se repagaba al tubo, como si fuera una verga de tamaño jumbo, acariciándolo, acercándole las nalgas, poniendo sus tetas alrededor de el, estoy seguro que perfectamente podía escuchar la puja y eso hacía que se encendiera más.

    -Tengo 13,000 grite, ¿quién me da 15,000?

    -15,000 replico el segundo amigo

    -Tengo 15, 000 señores, ¿Quién ofrece más?

    -20,000 al caballero del fondo (inexistente)

    -Tengo 20,000 caballeros, 20,000 a la una, 20,000 a las 2, 20,000 a las tres, 20,000 al caballero del fondo;

    Mientras la bailarina estallaba en un sonoro orgasmo provocado por todas las situaciones revueltas del baile, el vibrador y la subasta.

    En tanto que mis amigos salían del cuarto sigilosamente, me acerque a la vecina que yacía en cuclillas, producto del orgasmo recién experimentado, volví a meter mi mano dentro de las bragas y saque el vibrador, inundado en jugos vaginales y lo puse en la mesita de centro.

    Ayude a reincorporar a la vecina, que todavía temblaba del orgasmo que aún no terminaba, la lleve con cuidado hacia la cama, la ayude a subirse y la deje a gatas, mientras se recuperaba del huracán en su entrepierna.

    Me despoje de mi ropa lo más rápido que pude y me acerque a ella por detrás, comencé a acariciar sus pies mientras un escalofrió recorría su cuerpo, empecé a recorrer sus pantorrillas mientras ella continuaba lanzando pequeños gemidos entrecortados, pase de un brinco de las pantorrillas a los muslos, que seguí explorando mientras mi mano se desviaba convenientemente a su entrepierna.

    Llegue hasta la zona de sus bragas, había ahí una inundación, la lencería estaba completamente anegada y de ella despedía un calor que bien podía quemar al mismo sol.

    Aun con los ojos vendados, giro la cara hacia atrás, como si pudiera verme, cosa que no pudo hacer, pero me permito ver a mi un punto de interés: su boca entreabierta por la falta de aire al no recuperarse aun, hizo que desviara mi atención, caminando hacia el frente de su cuerpo.

    Me puse de pie frente a ella, dejando mi tronco de carne justo delante de su boca, me acerque aún mas, al sentir el primer roce de mi glande en sus labios abrió la boca desmesuradamente y comenzó a tragar con desesperación.

    Parecía que alguien le había dado la instrucción que no podía utilizar las manos, (o tal vez estaba demasiado cansada para usarlas), por lo que comenzó a realizar un movimiento de mecedora hacia adelante y atrás, que le permitía engullir en totalidad mi mástil, par segundos después volverlo a aparecer.

    Acompañando su movimiento realizaba un abrir y cerrar de labios que mí hizo pensar:

    -Esta vecinita sabe mamar verga, ¿dónde habrá aprendido?

    De inmediato coloque una mano sobre su nuca para acompañar el movimiento, acariciando esa larga cabellera que había salido de su casa perfectamente peinada (ahora no lo sé)

    Continuo su movimiento, cada vez con más desesperación por tragar todo el bagaje de mi palo, lo que ocasionaba que a veces hiciera ruidos de ahogamiento.

    En realidad era una sensación deliciosa, estar en la boca de la vecina, pero la vista me gritaba que debería aprovechar todo el paisaje, por lo que mientras ella continuaba tragando camote, me di a la tarea de zafar su sujetador, lo que provoco que un par de tetas enormes salieran al ruedo, desafiantes.

    Estas se bamboleaban al ritmo de su tragamiento de verga, se veían deliciosas, muy apetecibles al tacto y al gusto, pero mi mano se fue hasta el hermoso trasero de la vecina, que de acuerdo a la postura que tenia se veía descomunal, metí mi mano por dentro de las bragas, que se encontraban empapadas, lo que hizo más complicado poder meter mi mano, pero con un poco de ingenio me fui moviendo hasta acariciarle el culo, y de pasada empezar a bajarle las bragas.

    Poco a poco con el movimiento de mis manos, ayudado por su movimiento de culo, logre despojarla de unas bragas completamente saturadas de sudor y de jugos vaginales, sobra decir que olían delicioso.

    Mientras la vecina continuaba tratando de romper el record mundial de longitud de tragamiento de camote, mi mano incursionaba en su culito, acariciándolo, tratando de penetrarlo de a poco, mientras ella con la boca llena hacia ruidos, pero la verdad nunca supe lo que decía.

    Decidí cambiar de panorama y en una oportunidad en que ella soltó mi camote me despegue y me coloque detrás de ella, haciendo solamente una serie de movimientos técnicos a sus piernas, para poder caber dentro de ellas y para poder penetrarla sin tener que forzar demasiado mi cintura (la edad, ni modo)

    Coloque la cabeza de mi fierro en la entrada de su vulva, mientras que ella gritaba:

    -¡Mételo papito, mételo!

    Empuje solo un poco para que mi glande traspasara el umbral de su vagina y lo deje un momento ahí, me encantaba ver la desesperación de la vecina por ser penetrada, así que eme coloque en posición y le di un pequeño jalón de la cintura hacia mí, señal que entendió de inmediato, moviendo su cintura hacia atrás, para ensartarse por si misma, toda la longitud de mi reata.

    Soltó un grito ahogado al sentir mis huevos rebotar en sus nalgas:

    -Ahhh papito

    Acto seguido comenzó a menearse hacia adelante y hacia atrás con la fuerza para poner en movimiento una locomotora.

    Cada que la vecina se mecía haca atrás, retumbaba el choque de las carnes, que por un momento sentí doloroso, pero al parecer a ella no le importaba, porque arreciaba sus movimientos cada vez más fuertes, cada vez más frecuentes.

    Así que no me quedo más que poner mis rodillas en posición de guardia, arqueando la cintura para poder recibir esos embates de culo de la vecina, cada vez más sordos.

    Mientras mas fuerte azotaba la vecina su culo contra mi más fuertes eran sus gemidos y más desinhibidos sus gritos:

    -Dame toda tu verga Papa, hazme un agujero de lado a lado – gritaba-

    Afortunadamente para mi, no pudo sostener ese ritmo por mas tiempo, azotando su cuerpo hacia atrás y luego al frente, mientras con sus manos apretaba la almohada, gritando:

    -¡Que rico! ¡Que rico!

    La verdad no sé si ella había terminado ya de cumplir su fantasía, el asunto es que yo apenas empezaba.

    La levante de a poco de su pose, hasta que se incorporó por completo, le ayude a bajar de la cama, como recordatorio a estas alturas solo tenía el par de zapatos de tacón.

    La lleve a unos pocos pasos de la cama, a uno de esos sillones kama Sutra, muy recurrentes en estos sitios, me senté y la conduje con cuidado a que con sus piernas abiertas cayera de a poco sobre mi camote.

    Ella lo entendió de la mejor manera, al sentirse apuntada, coloco sus manos sobre sus muslos, abrió las piernas y lentamente comenzó a bajar su torso directamente hacia mi tronco de carne.

    Bajo por el con una facilidad digna de ovacionarse, y solita comenzó de nuevo el vaivén de su cuerpo sobre mi mástil.

    Nuevamente me ataco la duda: ¿Dónde habrá aprendido esto la vecina?

    Pero de inmediato mis pensamientos fueron interrumpidos por la necesidad de tomar sus tetas y comenzar a mamar de ellas.

    Mientras ella gozaba de la sensación de mi palo recorrerla por dentro una y otra vez, se le agrego la de mi boca en sus pezones, la cual disfrutaba en exceso también, en especial que mi boca alternara en cada una de ellas, chupando, mordiendo sus pezones, de tal suerte que comenzó a bambolearlos sobre mi cara, propinándome unas deliciosas cachetadas con sus senos.

    Ella continuaba con el vaivén de su cuerpo encima de mí, se veía poseída por el demonio del sexo, meneaba su cabeza para ambos lados, emitiendo sonidos que no se podían entender, pero que seguramente querían decir que estaba gozando al máximo.

    Nuevamente comenzó a acelerar los movimientos al tiempo que posaba sus manos en sus senos, se pellizcaba los pezones al tiempo que preparaba una nueva venida de su vagina.

    Gozaba impunemente cada nuevo centímetro de verga que entraba dentro de ella, por su vagina caían goterones que resbalaban por mi camote y que iban a dar al piso.

    En un momento de desequilibrio, quito las manos de sus senos y las coloco sobre mi pecho, para apoyarse y poder darle mayor celeridad a sus movimientos.

    Finalmente los escalofríos volvieron a recorrerla, hasta que en un momento dejo de moverse, quedando a medio viaje (o sea con media verga dentro) y al ritmo de sus gemidos se escuchó como si alguien hubiera abierto el grifo del agua.

    Ella acompañaba este chorro con gritos de placer y espasmos en su cuerpo, parecía que finalmente había llegado al fin del recorrido, así que me puse a pensar:

    -¿Cómo hago para no quedarme a medias?

    Así que en un rápido movimiento sobre el mismo sillón, la coloque a ella acostada boca abajo, con su torso recargado sobre el respaldo y su hermoso culo desafiando el viento.

    Me coloque detrás de ella, apunte mi miembro a su ano y aseste con fuerza la estocada, ella hizo como que gritaba pero ya no salía ruido de su boca, me aferre de su cintura y comencé una bestial ronda de ataques furiosos sobre su anillo.

    Ya no supe que alcanzo realmente a sentir de esta última ronda, pero al parecer ya no importaba, me concentre en la forma de sus nalgas al estar empinada, una forma hermosa debo decirlo, me aferre de su cintura y embestí.

    Embestí con toda la furia que pude encontrar en mí, viendo como poco a poco se pusieron rojas sus nalgas, producto de los golpes de mi cuerpo sobre el de ella.

    En cuestión de pocos minutos pude expulsar una generosa dotación de esperma.

    Ella al sentir el chorro caliente en sus entrañas, volvió a temblar y cayó desfallecida sobre el sillón.

    Me levante y la cargue hacia la cama, donde la recosté para que se recuperara, mientras tanto su vagina continuaba temblando en espasmos interminables.

    Después de algunos minutos le pregunte que si estaba lista para regresar a casa

    Además le pregunte que si deseaba que le quitara la mascada de los ojos o si prefería conservar la fantasía completa

    -Déjamela (contesto) quiero que la fantasía quede en mi cabeza tal como la tengo ahora.

    Así que le ayude a vestirse de nuevo (solamente el vestido naranja), por obvias razones la ropa interior no podrían quedar como estaban al inicio.

    Después de un rato de reposo le pregunte si estaba lista, a lo que asintió con la cabeza.

    Recogí las cosas, ropa interior y vibrador, y de nuevo la conduje al auto, la ayude a subir y conduje de manera lenta (como es costumbre al salir de estos lugares).

    Después de algunas cuadras le indique que podía quitarse la mascada de los ojos, cosa que hizo de inmediato pero la luz del sol la cegó, por lo que tardo algunos minutos en acostumbrarse.

    Finalmente me estacione en la puerta de su casa, preguntándole:

    -¿Esta bien o le ayudo a bajar?

    -Estoy bien, si puedo sola – respondió-

    Cuando iba a bajar del auto, le dije:

    -Vecina: sus cosas (al tiempo que le daba sus bragas y el vibrador)

    -No vecino, este no es mío.

    -Lléveselo (le dije), para que se acuerde de mi

    Lo miro por un momento, sonrió y extendió su mano con las bragas en ella:

    -Quédeselas vecino, para que se acuerde de mí y se sonrió.

    Entro en su casa lentamente, sin voltear atrás, lógicamente jamás le mencione al vecino que el plan había seguido en marcha sin él.

    La verdad fue muy incómodo los siguientes meses al mirarlo a los ojos.

    Lo bueno es que al año de ocurrido finalmente llego el heredero a la casa de los vecinos, ambos locos de felicidad.

    Finalmente sirvió (pensé para mi)

    Fin

    ***************

    Idea Original: ElenaRmz