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  • Fui infiel y me gustó (2)

    Fui infiel y me gustó (2)

    Al día siguiente de mi primer encuentro, no sabía que hacer así que decidí no decir nada y continuar con mi vida normal, pero mi interior no me dejaba olvidarme porque solo al acordarme que alguien más me excitó y me pase toda la semana pensando en volverlo a ver.

    El sábado siguiente como si lo hubiera invocado hay estaba mi novio con su amigo afuera de mi casa, los vi por la venta y de inmediato me cambié, escogí un vestido cortito con unos tacones rojos que hacían juego con mi tanga y salí corriendo, me subí al carro y como siempre iba atrás, sin pensarlo le lancé la mirada a mi copiloto favorito el cual no tardó en entender mis intenciones y empezó acariciarme por mis pies, unos cuantos minutos su mano avanzó hasta llegar a mi tanguita la cual ya estaba mojada, me acariciaba tan rico que tuve un orgasmo maravilloso, me empezó a meter su dedo y mi cosita pedía más en ese momento me lo quería coger, pero no se podía porque mi novio iba manejando así que sin pensarlo al lado mío estaba un martillo el cual use para metérmelo, cuando lo introduje de lo mojada que estaba me entró todo el mango y sin parar jugué con el hasta que llegamos a nuestro destino.

    Volví a la realidad, pero no deje de pensar en el camino de regreso, quería y necesitaba una verga pero que no fuera la de mi novio…

    Fue cuando me di cuenta que lo puta que había en mi ya se había desatado.

  • Vainilla y piel canela (Viri)

    Vainilla y piel canela (Viri)

    Ambos éramos jóvenes ella se llamaba Viridiana, pasaba mucho tiempo en su casa; yo no era su primera vez, pero a ella le encantaba la relación que ambos teníamos. Era muy delgada, brazos finos y piernas torneadas acorde a su cuerpo, eran finas, pero no como un palo. Mas bien se marcaba su chamorro y era glorioso en esa piel, su piel morena, cabello chino largo. Había tenido novias con cabello chino, pero jamás una que saliendo de bañar y al secarse los caireles se acomodaran solos.

    Ella vivía en un piso de apartamento grande, la conocí en una salida a una finca en Morelos, cuando nos conocimos jugábamos un juego de mesa y yo la veía, era hermosa con esa sonrisa y esa voz de niña inocente. había muchos alacranes en el paraje donde estábamos y ella atrapo uno, lo guardo e incluso me hizo una vela con el que aun guardo y cada vez que la miro recuerdo como fue nuestra primera vez.

    No la pasábamos encerrados en su cuarto besándonos, de pronto cuando la iba a visitar ella salía de la regadera y se cambiaba en la recamara donde yo la esperaba. Veía caer la toalla y su espalda fina, y su piel tostada me excitaban demasiado. Su trasero hacía una forma de un corazón pequeño y perfecto cuando se agachaba para ponerse en pantalón y mi pene me delataba siempre, sabía que ella lo miraba pero las primeras veces le costaba tocarme a pesar de que me seducía, supongo que era pena mostrar que se moría por hacerme el amor.

    En una de las visitas continuas y después de haber hablado del tema llegamos a su apartamento, entramos a su recamara y comenzamos a besarnos, traía unos jeans y una blusa holgada y yo unos jeans y una playera. comencé a besar su cuello y le puse su mano en mi pene. Ella no sabía si apretarlo o acariciarlo. Solo lo froto y después lo apretó un poco. Yo tocaba sus pechos y comencé a levantar su blusa y desabrochar su pantalón. Ella se desabrocho el sostén mientras yo me quitaba el pantalón con todo y el boxer. Las ansías eran tantas que solo aventé los tenis por doquier me senté en su cama y ella se puso frente a mi. Me estaba quitando mi playera y mientras descubría mi rostro mis ojos miraron su estomago y su pantalón desabrochado. levanté un poco la mirada y vi sus pequeños y hermosos pechos. Eran redondos y abultados, podía cubrilo con mi mano y tenía pezones negros tan negros que me imaginaba que sería una experiencia excitante si lactaran ver caer una gota de leche haría que la intensidad fuera tal como en una película porno. Habían pasado ya 3 años desde mi primera vez pero seguía viendo porno.

    Comencé a oler su piel, su ombligo justo de frente y mientras le quitaba el pantalón besaba su estomago y lamía su ombligo. Ella reía pero le gustaba, quité su pantalón, y ella se quito las zapatillas para que pudiera despojar por completo las prendas. Su vagina estaba depilada y muy húmeda. Yo acaricie sus piernas mientras seguía besando y lamiendo. besaba su abdomen y lamia su clítoris mientras mis manos recorrían sus piernas hasta llegar a su trasero. Toque su vagina húmeda y un poco de su miel escurrió por su entre pierna. Me puse en píe, Mi pene salivaba de lo excitado que estaba y comenzamos a besarnos mientras mis manos se dirigían a tocar sus pechos. Sus pezones estaban muy duros y ella susurraba palabras de amor en mi oído, mientras yo comenzaba a pegar mi pene a su vagina. Odiaba eso porque hacia que me viniera muy rápido la primera vez que estaba con alguien, en parte era excitación y querer estar dentro de ella. Su piel era tan suave y el sabor era a una fragancia con aroma a canela y vainilla suave. Tal vez era la juventud pero aun recuerdo el sabor de su piel y era inigualable. Sus besos llevaban ese sabor neutro y siempre acompañados de mucha saliva al final, Yo succionada su lengua y me comía toda su saliva, quería literal comerla a besos.

    La giré mientras nos besábamos y le frotaba el pene en su mojada vagina, la recosté debajo de mi y ella acomodó mi pene dentro de ella. Lo froto un poco, yo estaba tan excitado que cuando sentí que ella lo había metido un poco yo lo metí hasta el fondo y comencé a arremeter contra ella. Ella Gimió y me abrazo fuerte por la espalda mientras apretaba los dientes. Yo arremetía fuerte y rápido, Lo hacía muy rápido mientras ella me abrazaba. Yo sentía como se mojaba mas y mas, Metí mi pene hasta el fondo y no me moví.

    Escuché su dulce voz decir

    -Te veniste?

    No! le respondí cansado.

    Quería sentir todo, sentir como mis testículos se mojaban. Como debajo de ella estaba todo mojado. Miraba sus pechos y los chupaba, los succionaba como si en verdad quisiera que saliera leche de allí Fue tal la sensación que estaba a punto de venirme y me salí.

    Un poco de esperma salió pero ella no lo noto, Odie siempre la posición de misionero porque hacía que me viniera muy rápido y en esta ocasión no quería que terminara así. Ella me empujó hacía un lado para ponerse encima de mí. Era una escena increíble ver su piel tostada.

    Estoy a punto de venirme, le dije.

    -Eso es lo que quiero mi amor que nos vengamos juntos.

    Se puso encima de mi y comenzó a moverse sutilmente. Me vendó los ojos, nunca entendí por que y comenzó la danza del vaivén. Sentía su cadera moverse mientras acariciaba sus piernas. Ella Se agaco para besarme mientras me cogía suavemente.

    No, no quiero venirme dentro, le dije

    A ella no le importó y comenzó a gemir. me incorporé un poco, yo estaba vendado así que solo sentía. Chupaba su pezón y sentía en mi pene como su estrecha vagina no permitía que desde dentro saliera nada pero por fuera su miel tocaba y mojaba mis testículos y se depositaba en mi trasero. Estaba excitado, y ella gimiendo y arañando mi mecho hasta que no pude mas, eran tantas sensaciones que aventé mi cabeza hacía atrás, la azote contra el colchón y la almohada y levanté mi pelvis. Ella apretó tan fuerte su vagina que por un momento sentí en no podría venirme, debí levantarla, no se cuanto pero vino el primer disparo, sentí como si semen salió fuerte, en un arco de nuevo levante mi pelvis y de nuevo el semen salió, por ultimo baje súbitamente la pelvis para recostarme bien y salió el tercer pero sutil disparo. Ella se inclino hacia mi pecho. Me abrazó y quería salirse. Yo no quería que eso pasara, quería seguir dentro así que solo la abracé.

    Nos besamos y sentía todo, soy una persona un poco asquerosa con los olores pero esa habitación ese día no dejo de oler a canela y vainilla.

  • Un día diferente

    Un día diferente

    Era un día como cualquier otro, Johana se preparaba para su rutina habitual, esa que muchas veces la hacía sentir de cerca el agotamiento, la falta de interés, la depresión.

    Se preparó cómo siempre para comenzar el día, desayunó, saludó a su hijo que era su gran amor y a su marido, aquel que no cambiaba sus rutinas ni la hacía sentir cosas nuevas, aunque siempre amó y respetó.

    Se peinó su pelo lacio y arregló su flequillo, se miró al espejo casi con desprecio producto de su baja autoestima y se fue a trabajar.

    Parecía un día normal, solo la lluvia torrencial diferenciaba el día de aquellos anteriores. No tardó en llegar y sorprenderse por lo que vio, una patrulla policial llamo su atención. Preguntó lo ocurrido y al escuchar la respuesta, el mal humor la invadió. Un grupo de sus estudiantes había causado destrozos en el establecimiento donde se desempeñaba y un oficial exigía su declaración.

    Inmediatamente acompaño a aquel oficial que la escoltó hacia una de las oficinas del lugar. Tomaron asiento y comenzaron las preguntas. El ruido de la lluvia en el techo dificultaban la charla, así que el oficial se acercó a ella, tenía una figura algo intimidante, de gran estatura, gesto adusto, cabello prolijo y su clásico uniforme.

    El interrogatorio transcurría normalmente y la tímida profesora empezaba a tener prisa por volver a su trabajo, pero aquel oficial llamaba su atención. Ella sentía una atracción desde siempre por los uniformes y él una atracción natural por aquella profesora que mezclaba muy bien la delicadeza con la sensualidad.

    Las miradas eran cada vez más penetrantes y ella sentía una mezcla de culpa por su marido, con la emoción de lo nuevo y de verse pretendida por otro hombre.

    El trámite terminaba, solo faltaba una firma, ella pregunto dónde y el policía se puso por detrás para indicarle. En ese momento Johana sintió una cálida sensación en todo su cuerpo, su cara era lo suficientemente expresiva para que él lo note y sienta lo mismo.

    Parecía la despedida, pero ninguno de los dos quería que eso suceda y fue él quien tomó la iniciativa, la tomó de la cintura, puso una de sus manos en la nuca de la mujer y comenzó a besarla, ella sabía que debía negarse pero sentía la erección del oficial entre sus piernas y ya no hubo vuelta atrás. Él la hizo voltear, ella quedó sobre la ventana, y el por detrás levanto su ropa y empezó a tocar sus pechos, estaban muy excitados, ella rápidamente puso sus manos en su pene, bajó el cierre del pantalón para sentirlo mejor, él la tomo del pelo y la besaba, la ventana hacia el patio y la posibilidad de ser vistos aumentó la tensión. El jean de la profesora duró poco en su lugar y rápidamente terminó en el suelo como su ropa interior. Ella dejó el pene del hombre por fuera de la bragueta para no quitar ese uniforme que tanto la excitaba.

    La mujer se sentó en el escritorio que estaba a su lado y abrió sus piernas y el la tocó, estaba mojada, rápidamente comenzó a besar su clítoris, movía su lengua con suavidad al principio y luego aumentó la intensidad mientras ella presionaba su cabeza hacia su vagina, mientras tocaba sus senos. La sensación era muy intensa, cómo nunca antes vivió, los dedos de sus pies se entumecían, se mordía los labios mientras se miraban a los ojos entendiendo con esa mirada que el placer era compartido, la lengua de aquel desconocido amante se movía tocando los labios de su vagina y por momentos su clítoris mientras continuaba tocando los pezones duros de la extasiada mujer.

    Unos segundos bastaron para que la mujer bajara del escritorio para lamer su pene, lo hizo de una manera que ambos disfrutaban, ella lamía toda extensión de su duro miembro desde la base hasta la parte final mientras lo tocaba con una mano y con la otra se tocaba a sí misma. Él tomaba su pelo acompañando su movimiento mientras lo introducía y lo sacaba de su boca, también de miraban con la sensación de que los dos buscaban complacerse y complacer al otro.

    Algunos segundos más tarde decidieron pasar al siguiente nivel y esta vez fue Johana la que tomo la iniciativa, con un lenguaje alejado de su correcta expresión de profesora, con un lenguaje soez producto de su excitación, le pidió la inmediata penetración.

    Ella se paró, sentó al policía en la silla y se puso encima. Se besaron cómo a ella le gustaba, con su lengua muy dentro de su boca, con profundidad y luego la posición facilitó que él besara sus pezones a esa altura muy duros. Se mantuvieron así unos minutos, con algo de suavidad, pero con mucha intensidad, hacia adelante, hacia atrás con las manos de su amante acariciando sus nalgas, hacia arriba y hacia abajo mientras él la tomaba con fuerza de sus hombros para hacer más intensa la sensación en su posición preferida, hasta llegar al orgasmo.

    Lejos de conformarse, siguieron de muchas formas, parados uno enfrente del otro mientras se tocaban, también era una posición que a ambos les gustaba. Se besaban con intensidad mientras ella lo tomaba de su cuello tratando de que no pierda su característico gorro. El la penetraban con diferentes movimientos, ella con una pierna sobre el piso y la otra alrededor de su cintura, con una mano ahora sobre su pecho y la otra sobre el escritorio haciendo movimientos que se complementaban con lo de él. Por momentos la lengua del policía estaba dentro de la boca de la mujer, luego bajo hacia su cuello, duro allí unos segundos y continuo bajando hacia sus pechos, las manos callosas del hombre intercalan entre los senos de la mujer presionándolos con fuerza, sus piernas y sus nalgas.

    Finalmente, ella se inclinó sobre el mueble para que el policía la penetre por detrás, metiendo y sacando su pene lentamente primero y después con más vigor, sosteniendo con fuerza su pelo y tomando con una mano sus pechos. Las palabras que utilizaban eran de un lenguaje muy vulgar y el ruido del choque de sus nalgas contra la ingle de su amante producían el sonido que acompañaba el momento de manera ideal. Las manos del hombre sostenían la cintura de la mujer y sus hombros, ella por momentos permanecía sumisa sintiendo el rose de sus pechos sobre el metal del inmueble y por momentos se levantaba para girar y besarlo hasta que el cosquilleo en su interior les indicó que el orgasmo era inminente, y así sucedió.

    Ya no hubo tiempo para nada más que un suspiro profundo y el recuerdo de que ambos estaban en horario de trabajo.

    Del aquel momento solo quedó la sensación de que su día ya no sería una rutina, una normalidad y de sentir que el uniforme ya no era algo fantasioso en su imaginación, ya había sido realidad.

  • Un pasivo se vuelve activo y me hace su mujer

    Un pasivo se vuelve activo y me hace su mujer

    Buenas noches, como ya sabrás, por mis otros relatos,  he sido activo, también me he cogido a mujeres hermosas, así como no tan bellas, ya pronto escribiré sobre eso. Sabrás, además, que soy seguridad, y en mi relato «Un amigo acude a mi rescate», cuento sobre la primera vez que me cogí a un pasivo, y si no lo has leído te invito a buscar y leerlo, te gustará, además de que entenderás, el cómo tuve tiempo y oportunidad de cogerme a alguien en mi trabajo ya que esta será como «una segunda parte».

    Era una noche en las que yo me encontraba solo en el servicio, alrededor de las 11:30 pm, aproximadamente, ya habíamos quedado con él para que viniera y toque la puerta para hacer el amor. Como siempre lo esperé con muchas ansias y con la adrenalina de saber que en cualquier momento podría venir un inspector de ruta para supervisar mi servicio, pero por alguna razón esto lo hacía mas excitante.

    Pude ver por la cámara de seguridad que ya iba viniendo, le abri a puerta antes de que tocara, pasó muy rápidamente a la sala de espera (en la que no hay cámaras, como lo expliqué en mi otro relato), me trajo una hamburguesa y un refresco de naranja como tanto me gusta, comimos juntos y luego le dije: «No sé cómo hacer para compensarte todo lo que haces por mí», me dijo que no era molestia para él ya que me había agarrado cariño, nos besamos muy apasionadamente.

    Se me ocurrió hacer algo para compensarlo y a la misma vez, calmar la curiosidad que yo tenía del placer del sexo anal, así que se lo dije, la curiosidad que tenía, saber qué es lo que se siente, qué placer hay en el que te metan el pene en el culo, y el placer de chupar un pene, así que me dijo:

    -Mira, yo soy completamente pasivo, pero si de verdad estás seguro, te puedo ayudar a saber, qué es lo que se siente, y puedo ser tu activo, pero sólo una noche.

    Accedí a lo que me dijo, con la condición de que sea muy gentil conmigo, estaba muy nervioso.

    Nos besamos por mucho tiempo, mientras acariciaba su cintura y su trasero tan duro y firme, bajé muy lentamente por su vientre, su abdomen marcado, le bajé el pantalón y vi su pene, por primera vez le tomé importancia a algo que siempre estuvo allí pero que yo ni siquiera tomaba encuentra, ahora ya no me parecía tan pequeño, el sólo saber que eso estará dentro de mí, me hizo verlo más grande de lo normal.

    Me enseñó como chuparlo, con mucho cuidado con los dientes, como si fuera una paleta de helado, y así lo hice, lamía su pene desde la base hasta la punta, tal y como él lo hacía antes, y poco a poco se iba agrandando mucho más, recordaba lo que él hacía y yo lo repetía, lamía sus bolas, me lo metía hasta la garganta, un sabor muy extraño, sentía ganas de vomitar a veces, así que paraba por momentos, pero luego volvía a chupar, luego lo masturbé, hasta que alcanzó su punto más erecto, me pareció muy enorme, en curvada hacia arriba, le lamía la cabeza, lo escupía y lo masturbaba, mientras le chupaba las bolas cerrando mis ojos, tan extraño sabor, pero tan placentero a la vez.

    Me acostó en el mueble, me quitó el pantalón, y me comenzó a chupar el pene, pero esta vez, me metía la lengua en el ano, fue una sensación tan extrañamente hermosa, mientras me lamía el ano, me masturbaba y me apretaba las nalgas, me sentí tan bien, luego metió su dedo en mi ano, la verdad me dolió un poco, pero me dijo: «relajate y no lo aprietes», así lo hice, y mientras más me relajaba, menos doloroso era, sentía su lengua caliente en mi ano, lo lamía una y otra vez, hasta que me puso en cuatro.

    Se puso condón y lo lubricó con un lubricante en sachet que tenía en su mochila, me dijo: «Relájate, y cuando lo sientas adentro, trata de pujar sólo un poco, como si fueras al baño, sólo que puja muy poquito», así que me preparé para sentirlo dentro de mí, sentí su cabecita entrar lentamente, yo pujé solo un poco, pero igual me dolía, él lo sacaba y lo volía a meter muy lentamente, hasta que me dijo que lo iba a meter todo por completo, así que me preparé.

    Muy lentamente entraba hasta el fondo de mi culo, sentía como iba entrando, sentía ardor y dolor pero tambíen un extraño placer, hasta que tocó fondo, lo sentí tan adentro de mí, era la primera vez que alguien me metía el pene, comenzó a bombear poco a poco, mientras me apretaba las nalgas y la cintura, me hablaba al oído y me decía:

    -«Eres mi mujer, siente como te meto el pene, eres mi perra, dime que eres mi puta»

    -«soy tu perra, soy tu puta, le dije» me seguía doliendo pero el placer me hacía olvidar el dolor.

    Me acostó boca abajo y me hizo levantar la cola, me metió el pene pero esta vez me masturbaba con la mano mientras me hacía suyo, el sonido de su pelvis chocando con mis nalgas, me excitaba, y el dolor se fue completamente, seguía y seguía bombeando mientras me hablaba tan sucio, frases que me excitaban, «Eres mi mujer», «Jamás me habían dado la cola», «Tienes unas nalgas tan grandes, sabías?» «Tienes un enorme culaso, que rico culo».

    Me puso contra la pared, me dijo que levante la cola, que saque culo, me sentí mujer al hacer eso, pero igual lo hice, me susurraba el oído, me acariciaba el culo, me dio un par de nalgadas, metió su duro pene en mi ano, esta vez entró tan facilmente, y comenzó a masturbarme, aceleró su ritmo, comenzó a metérmela cada vez mas rápido, el sonido de mis nalgas parecía un aplauso, me sentí su mujer por primera vez me sentí deseado, me sentí irresistible, ya no podía más sentía que me venía, me sacó el pene del culo, se sacó el condón y me dijo que se la chupe, metió su pene en mi boca, sabor a condón, yo se la chupaba más y más, por la calentura, ya no me importaba el sabor ni el dolor, ni el asco, me lo metió hasta el fondo de la boca hasta que se vino dentro de mi boca, ese líquido un poco amargo y caliente, lo escupí en el suelo y le ví la cara, estaba con el rostro rojo pero feliz.

    Le dije que fue la primera vez que me hacían sentir mujer, me hizo sentir deseado, me hizo sentir tan bien pero tambien le dije que no me había venido, a lo que respondió: «Eso se puede arreglar»

    Metió mi pene en su boca y me chupó el pene tan bien como siempre, yo estaba tan excitado que me vine rapidamente.

    -«Es la primera vez que alguien se entrega a mí de tal manera, me has dado una bonita experiencia, muchas gracias» me dijo.

    -«Gracias a tí, he descubierto otra etapa de mi vida»

    Fue la penúltima vez que lo vi, porque la última vez fue inolvidable.

    Espero te haya gustado la primera vez que fui pasivo, tengo muchas experiencias que contarte, gracias por tomarte la molestia de leer, hasta luego.

  • La señora Eva

    La señora Eva

    La señora Eva es una mujer que roza los 68 años, es morena clara y alta, de pelo blanco con rastros de tinte. Tiene unas cejas delgadas pero marcadas y unos labios gruesos. Sus arrugas y kilos de más, los lleva con dignidad, sus lentes siempre le acompañan. Siempre que la veo me saluda con una emoción atípica, lo puedo intuir. A pesar de no conocernos, ni entablar diálogo alguno, la veo seguido por las tiendas de la colonia donde vivo, es muy común que me regale su sonrisa y nerviosismo, pero también me regala los buenos días o las buenas tardes.

    En cierta ocasión me la encontré en la fila de las tortillas, me tocó formarme detrás de ella. En aquella ocasión la señora Eva llevaba una bata, un atuendo clásico de señora de su edad en un lunes por la mañana, sin embargo, su cuerpo llamaba poderosamente mi atención, de pronto, mi mente reconocia en ella cierto atractivo a pesar de sus años, a pesar de sus arrugas y kilos de más. Me quedé admirado por un momento mientras la barrīa con la mirada, en eso, me percaté de que la Señora Eva contemplaba con disimulo mi acto, y con una sonrisa pícara, se despedia de mi vista, y le decia gracias a la encargada de las tortillas.

    La señora Eva es casada, tiene hijos grandes, casados todos, y los dos más chicos son casi de mi edad: 35 años. Su esposo es siete años mayor que ella, es un señor pensionado del gobierno, físicamente es calvo y con una enorme barriga, y en su mirada se retrata el correr de los años.

    Es altamente probable que yo me encuentre a la Señora Eva en algun mandado, a veces la veo por las tiendas de mi barrio, por las bodegas o los negocios de comida e incluso afuera de su casa. Siempre me regala esa sonrisa que yo percibo distinta, y asiente con su cabeza mientras me da los buenos días o las buenas tardes. Hace dos semanas, iba caminando rumbo al trabajo, y ella barría su banqueta, de pronto sentí su mirada, esa vez noté un aire distinto en su sonrisa y saludo, su mirada era insistente y parecia darme entender que quería sacarme plática, y no me equivoqué, surgió entre los dos un diálogo:

    Señora Eva: Hola, muy buenos días, ¿ya se va al trabajo?

    Yo: Hola Señora, muy buenos días, ¡si!, vamos un rato a echarle ganas.

    Señora Eva: ¡Que bueno!, le deseo que todo salga muy bien, aprovechando su amabilidad, me podría un favor, necesito mover una enorme maceta de mi patio, y no hay nadie ahorita en mi casa para ayudarme, es que esta muy pesada.

    Yo: ¡Claro que si Señora, con gusto!

    Fue entonces que la Señora Eva me abrió las puertas de su casa, y juntos arribamos a su patio, donde me dispuse a mover una maceta enorme de barro con adornos en forma de aro, en ese lapso, sentí que la señora Eva me lanzaba algunas indirectas:

    Señora Eva: Que bueno que lo vi, me urgía mover esta maceta para unos cambios que ando haciendo en mi patio, y usted llegó a salvarme, le agradezco mucho. Y es que mi esposo se va desde temprano y regresa hasta tarde pues le anda ayudando a mi hija mayor a terminar la instalación eléctrica de su casa nueva. Sabe, me siento tan sola, ya nada más quedamos mi esposo y yo en esta casa, mis hijos nos visitan pero no muy seguido.

    En ese instante, cuando la señora Eva afirmó «sentirse sola», noté como dirigía su mirada a mi entrepierna, muy disimuladamente y haciéndome el desentendido, le respondí: «Si, así pasa, los hijos crecemos y somos como pájaros, parece que nos salen alas. Yo visito a mis padres muy poco, quizás una o dos veces por mes».

    Cuando terminé de ayudarle ella me pidió disculpas por comerse algunos minutos de mi tiempo y me dijo: «Que apenada me siento, espero que no llegue tarde a su trabajo por mi culpa, le debo un café por su gran ayuda, muchas gracias en verdad» A lo que yo respondí: «No se preocupe, aún llevo buen tiempo, que bueno que le pude ser útil, muchas gracias». Antes de retirarme, me ofreció una manzana de un frutero enorme que se encontraba en el centro de su mesa, y me dijo: «Un día de estos le invito un café en su pobre casa», a lo que respondí: «Ahh, muchas gracias, en verdad no se moleste», y ella replicó: «No es molestia,

    ya verá que algún día habrá un espacio para que pruebe un delicioso café de olla que me enseño a preparar mi abuela». Fue entonces que me despedí de ella con un cálido saludo, y ella respondió con una enorme sonrisa «que le vaya muy bien».

    Tuvieron que pasar tres semanas, para volverla a ver, esta vez era un viernes, de igual forma que la última ocasión, yo caminaba rumbo a mi trabajo y ella esta vez se encontraba limpiando una ventana de su casa, traía su clásica bata blanca con estampados de flores, cuando de pronto, al observarme me indico con sus manos que fuera hasta ella. Cuando me acerqué, me dijo: «Le debo un café, no se me olvida, ¿Cuándo tiene tiempo de tomarse con calma uno?, le invito aqui en mi casa, ¿como ve?». Insospechadamente algo en mi interior hizo que desafiara la rutina diaria de mi vida, y le dije, ahorita puedo. Una enorme sonrisa se posó en el rostro de la señora Eva, quien inmediatamente me pasó a la sala de su casa, y se dirigió al interior a preparar café, me dijo: «Ya verá que rico café se hacer, permitame nada más quitarme estas fachas». Pasaron varios minutos, quizás veinticinco, y la Señora Eva ni sus luces, comencé a sentirme un poco incomodo estando solo y sentado en la sala, y en eso, la oigo gritar desde el fondo: «Venga por favor!, necesito que me ayude en algo». Caminé intentando

    encontrar el espacio de donde provenía su voz, y para mi sorpresa, en una de las habitaciones de aquella casa la Señora Eva me gritó nuevamente: «Mijo, pásale».

    Cuando entré en aquella alcoba, la Señora Eva se encontraba desnuda, sobre la cama de rodillas, empinada, a cuatro patas, ofreciéndome su piel madura, no me dijo nada, su mirada parecia decirme: «Sírvete, esto es tuyo». Sus gluteos se veían muy antojables, a pesar del tiempo como marca, sus nalgas eran dos ofrendas nada despreciables.

    Lejos de darme miedo o tener el pensamiento de salir corriendo, esta situación me excitó demasiado, removió en mi unas enormes ganas de poseerla, de hacerla mia. Mi miembro viril no tardó en ponerse erecto, y rápidamente me bajé el pantalon y me acerqué a ella. En ese momento, La señora Eva me dijo «Tócame, toca mi vagina con tus manos, acariciame». Lentamente, mis dedos comenzar a palpar su vagina, ella seguía en posición arrollidada a cuatro patas, sobre la cama, y yo desde atrás masajeaba con mis manos su vulva.

    La señora Eva no tardó en mojarse, y fue entonces, que me dijo: «has lo que que quieras conmigo», esa situación prendió más fuego en mi, fue como añadirle más combustible a mi fogata interior, sin dudarlo, tomé con la mano derecha a mi pene, el cual se encontraba erecto, erguido, con las venas notorias, impulsadas por la sangre que me hacía sentirme vivo, y poco a poco se lo empecé a introducir, lentamente le meti el falo a la Señora Eva, y para mi sorpresa, la sentí estrecha, a pesar de sus años y embarazos, parecía que tenía años de haberse despedido del sexo. Cuando menos acordé, la Señora Eva ya tenía toda mi vara de carne en su interior, y mientras mis manos sujetaban su cintura y ella permanecia en la posición de cuatro patas, comencé desde atras a descargarle toda mi fuerza, comencé a penetrarla intensamente, a surtirla de mi carne. Desde mi ángulo alcanzaba apreciar comoinclinaba su cabeza del lado y cerraba sus ojos, mientras le introducia intensamente mi pene.

    La señora Eva comenzaba a gemir, sus gemidos parecian lloriqueos, pero eran constantes. Seguia metiéndole con fuerza mi pene, en un mete-saca intenso, de repente, la señora Eva lanzó un grito de placer, y sentí como había llegado a su orgasmo, sentí como se mojaba después de esta intensa penetración. Esto me acercó a mi al orgasmo, estaba a punto de eyacular, y entonces veo que ella abre sus ojos y las lágrimas se desprenden, y me atrevo a decirle:»¿estoy a punto de venirme, quiere que me quite?», a lo que ella respondió con un «no» moviendo su cabeza de lado a lado. Sin más tiempo que perder, comencé a mojarle su interior, a descargar mi esperma en ella, todo mi elixir.

    Fue una sensación exquisita, absolutamente un paraiso de placer.T odo mi semen se depositaba en la Señora Eva, parecia que mis testiculos se habían vaciado, parecia que hasta la última gota había abonado en ella. Un silencio gobernó por unos minutos aquella habitación, para luego ser interrumpido por unas palabras de la Señora Eva: «Me hiciste sentir viva, dichosa, está rutina de la vida, y mis años me hacen sentir como muerta, y tu has renacido las flores que aún hay en mi». Me dijo que quería tenerme en su vida y que este sería nuestro secreto, que no le juzgara, pero que en felación al aspecto íntimo con su marido, había pasado a segundo o tercer plano, y que ella aún sentía la necesidad de sentir, de recibir una caricia que la hiciera vibrar. Me preparo un café, y juntos bebimos una sabrosa taza, de pronto, sentí la necesidad de retirarme y en nuestro diálogo surgió un guiño de quizás en el futuro tener otro encuentro similar…

    Continuará…

  • Mi gemelo de verga

    Mi gemelo de verga

    Tan pronto llegué a la oficina entré al baño, el frío y el café habían hecho su trabajo, elevar mi temperatura y provocarme unas ganas casi incontenibles de orinar.

    Me dirigí al mingitorio bajé el cierre del pantalón y liberé a mi guerrero de mil batallas, que para ese momento ya estaba listo para expresarse.

    No tarde nada y la lluvia dorada comenzó a caer, la sensación era maravillosa, yo cerré los ojos, y el sonido de mi líquido al estrellarse sobre la porcelana se convirtió en música para mis oídos.

    Al tomar mi pene por el tallo, podía sentir en mis dedos la fuerza del líquido al salir…

    Estaba disfrutando tanto que jamás me percaté de que era observado, hasta que una voz marcada por el tabaco dijo:

    Había escuchado que todos tenemos un gemelo de verga y nunca lo creí, hasta el día de hoy.

    En ese momento abrí los ojos y volteé hacia donde provenía la voz, a mi lado mi vecino de urinario era un hombre que por su color de cabello podía jurar tendría más de 60 años, sin embargo la lozanía de su piel y su bronceado decían lo contrario.

    Yo, me limité a sonreírle y continué con lo mío.

    Me llamo Samuél, pero mis amigos me dicen Sam.

    Mucho gusto Samuél, Yo soy Dean, pero todos me dicen Dinnie.

    Mi lluvia estaba por terminar y tan pronto cesó abracé mi miembro con tres dedos más el pulgar y lo sacudí para eliminar los restos, hice para atrás mis caderas y con sumo cuidado lo guardé.

    Samuél continuaba observándome, no perdió detalle de mis movimientos y tan pronto terminé el saco su miembro, mientras yo me disponía a lavarme las manos, pero en mi cabeza seguía dando vueltas la información…” Dicen que todos tenemos un gemelo de verga.”

    Me lavé las manos y al través del espejo pude ver como Samuél se daba placer de forma ligera solo con tres dedos, recorría su tallo suavemente, lo hacía con tanta delicadeza que se antojaba hacer lo mismo, yo parecía que estaba hipnotizado, sencillamente no podía apartar la vista de su miembro, de hecho no podía apartar la vista de su tallo pues era lo único que podía ver desde el ángulo que tenía, la cabeza me la tapaba la mampara que divide a un mingitorio del otro.

    En eso a lo lejos pude escuchar su voz… ¿Quieres conocer la verga gemela de la tuya? Yo Levanté la mirada y mis ojos se perdieron en el azul acero de los suyos, cuando me di cuenta ya me encontraba a centímetros de él.

    Mírala es idéntica a la tuya…

    Yo, bajé la mirada y… En efecto su pene y el mío eran ¡Exactamente idénticos!

    Podría jurar que era mi verga pero pegada a otro cuerpo, la diferencia es que a esta verga una arreglada alfombra de nieve cubría sus testículos, mientras que los míos por genética no tenían nada de vello.

    Con un suave movimiento de su otra mano tomó mi muñeca y aproximó mi mano hasta su miembro, una vez que estuvo a la distancia exacta retiró los dedos de su pene y con esa mano acomodó los míos, antes de tocarla lo único que alcancé a balbucear fue…

    Sam… Nunca he tocado la verga de nadie…

    Él sonrió… Con ambas manos me tomó de los costados de la cara y a milímetros de mis labios dijo:

    No te preocupes que al ser gemelas es como si te estuvieras tocando la tuya…

    En ese momento una descarga de electricidad recorrió mi espina dorsal y una punzada se estrelló entre mis nalgas, tomé suavemente su tallo y continué el movimiento que él había marcado, solo dos dedos y el pulgar.

    ¡La sensación era maravillosa! La vista me esta engañado todo indicaba que me estaba masturbando a mi mismo, prácticamente estaba jugando con mi pene, pero no, no era así, mi pene, se encontraba duro como una roca bajo mi pantalón.

    Sam me observaba y sin hacer ningún movimiento brusco, comenzó a magrearme las nalgas…

    Al sentir sus manos en mis nalgas mi verga dio un respingo y luchaba para liberarse, pero le era imposible, a mi gemelo de verga, la mía no le interesaba, él tenía una idéntica, todo indicaba que su interés se centraba en con la suya invadir mi cuerpo y alimentarlo con su proteína…

  • Una fina dama

    Una fina dama

    Tenía recién mis 18 años había retrasado un año mi ingreso a la Universidad,  no era de muchos recursos, así que si deseaba darme algún placer tenía que trabajar, me dedique a limpiar jardines y pintar casas. No me importaba que me vieran de menos por hacerlo, así que para una reunión de padres del colegio en que estudié deje un volante con mis datos, por si alguien le llegaba a interesar.

    Algunos «amigos» me hicieron burla de que tenía que trabajar pero poco me importaba, incluso unas ex compañeras las más “finas” me miraban con desdén.

    -Oye… mi mama vio tu anuncio y se lo comento a mi tía, me dijo que fueras a la casa.

    -gracias- se lo dije casi en el mismo desdén con que me lo dijo. La chica era Yordana, teníamos más o menos la misma edad, ella era pelirroja, cabello rizado, ojos negros, tenía una bonita boca pequeña, de labios carnosos, unas cuantas pecas en la cara y los brazos, media 1.60, era delgada, con pechos y caderas que comenzaban a darle formas de mujer, una de las chicas más bonitas del colegio, ese sería su ultimo año y despues ingresaria a la Universidad, era bastante engreida conmigo.

    Quede de ir el sábado por la mañana, ella me dio la dirección -no llegues tarde, a mi tía le disgustan los impuntuales- me dijo dando media vuelta y volviendo con sus amigas que la esperaban; la mire un rato cuando se alejaba, tenía unas piernas bonitas y se movía con gracia, lástima que fuera tan grosera conmigo, porque si me gustaba.

    Ese sábado llegue en la mañana, ahí estaba Yordana impaciente, después de sus quejas, las que ignoré, me llevó a presentar con su tía. La tía Evelyn tenía 36 años, media 1.70, ojos y cabello oscuro, una cara de facciones finas, algo redonda, porque sus mejillas resaltaban, cuerpo de hombros anchos, un busto generoso, cintura marcada y unas llamativas caderas. Tenía una piel que se notaba el gran cuidado personal, además de que vestía muy a la moda, era una mujer que llamaba la atención donde estuviera. Me saludó con una sonrisa tendiéndome la mano muy gentil, no parecía igual de subida que la sobrina, le devolví el saludo y comenzamos a platicar sobre porque hacia estos trabajos y desde cuándo, le gustaron mis respuestas porque decidió que fuéramos directo a ver el trabajo, así que me invito a subir a su auto y fui con ella y la odiosa sobrina a su casa, me indico que me senIsabel al lado del conductor, ella manejaba una camioneta muy moderna, a ratos en la plática mis ojos se iban o más disimuladamente que podía para ver su escote o sus piernas, pues la falda subía un poco arriba de sus rodillas.

    Al llegar entramos a la casa, que tenía un amplio jardín y garaje interior.

    -Veremos que tal tu trabajo, porque no quiero traer a cualquier desconocido aquí- dijo cuándo se adelantó a la puerta de la casa para abrir, lo que me permitió ver su espalda, en un momento se le cayó la llave, yo me adelante a recogerla y ella también se agacho, pero ella se movió rápido y me hizo una ligera mueca de triunfo, pero me dio un fugaz vistazo de sus muslos, por la abertura de la falda. No me quería ver como pervertido, pero inevitablemente ella me hacía verla, pero pude controlarme al empezar a ver el trabajo.

    Me explico de todo lo que deseaba pintar y que otros detalles hacer, al parecer la casa era una propiedad que paso a sus manos después de divorciarse y deseaba cambiar totalmente el color. Por suerte eran vacaciones de verano, tendría tiempo para trabajar, talvez conseguir algún otro trabajo y disfrutar un poco, le dije que me tomaría como 2 semanas terminar, a ella no le molesto el tiempo, y que bueno, porque tendría un buen dinero trabajando solo. Ella tenía ya elegidos los colores, yo saque las cantidades necesarias de pintura y ese fin de semana fui con ella a comprar la pintura y los materiales, fuimos a dos tiendas y llenamos el baúl de su camioneta de las baldes con pintura. Ese día ella vestía más informal, pero no dejaba de ser un espectáculo verla, usaba una blusa color azul claro, manga larga holgada, debajo de la cual un centro de color blanco, con escote en v, un pantalón caqui y unos tennis planos, el pantalón se amoldaba a sus caderas.

    Pues los primeros dos días ella llegó para supervisarme y también a ver cuándo retiraban unos muebles que según me dijo, quería quemarlos, pensé que lo decía en broma, pero recalco que los quemaría. Una tarde, que ella llego a ver el avance, le quise proponer algo.

    -Disculpe- le dije acercándome desde atrás

    -Dime- me respondió girando hacia mí. Ese día llevaba el cabello suelto, usaba una chaqueta de uno toco ocre sobre un vestido entallado y escotado de color azul, la falda entallaba muy bien sus caderas y tenía un corte trasero que dejaba ver sus pantorrillas, se notaba su estilo porque hasta sus zapatos de tacón alto eran del color de la chaqueta.

    -¿cuánto pide por ese sofá?- le pregunte señalando uno de los que aún no habían salido de la casa, que se miraba prácticamente nuevo.

    -lo quieres?

    Me dio el precio y era más de la mitad de lo que me pagaría, pero serviría en casa de mis padres, le explique porque lo quería.

    -Podría considerar dejártelo en menos- Se sentó en el sofá cruzando las piernas muy atrevidamente

    -genial! Cuanto menos?

    -bueno, depende si puedes ayudarme con algo

    -usted dígame en que

    -sígueme- me contesto, se puso en pie y subimos al segundo nivel, aún estaban varios muebles en las habitaciones, yo iba detrás de ella, era imposible no fijarse en su andar, en su andar resaltaba el tono claro de su piel, tenía unas pantorrillas preciosas, la falda tenía un corte posterior, que dejaba ver algo más que sus pantorrillas y algo más arriba de detrás de sus rodillas.

    Entramos a la habitación principal, yo había colocado varios plásticos y lonas sobre los muebles, ella prendió las luces y me dijo que revisara en el baño por unas toallas. Cuando volví ella había quitado los plásticos con que estaba cubierta la cama.

    -ven, quiero saber algo de ti- me dijo, dando una vuelta por la habitación viendo la vista por la ventaba sin cortinas.

    -puedes poner las cortinas por favor?- las saque de un armario y me puse a colocarlas, mientras ella me hacía algunas preguntas de cuales eran mis planes para después del colegio, le conté que pensaba estudiar ingeniería y ella dijo que le encantaban mis planes.

    Al terminar de poner las cortinas y dejarlas descorridas frente a la ventana, me dijo que me acercara, quedando frente a ella, casi pegado a la pared, mientras ella estaba sentada al borde de la cama, con los pies juntos, con el cabello hacia atrás y apoyada en sus manos sobre la cama. Se había quitado la chaqueta, la blusa era sin mangas, escote en v.

    -Te gusta mi sobrina verdad?

    -pues es muy bonita

    -eso lo sé, lo que quiero saber es si te gusta

    -sí, me gusta, pero yo no le agrado

    -no es eso corazón! es que ella todavía vive en fantasía, no sabe la realidad de la vida

    -pues, será por eso, pero igual no somos amigos

    -un día puede que vea lo que tienes para ofrecer

    La quede mirando intrigado y solo hizo una mueca de satisfacción por tenerme absorto en ella

    -no le comprendo- fue lo que alcance a decir.

    -Porque se ve que tú tienes iniciativa para superarte- Se reclino hacia adelante y comenzó a frotar sus piernas y yo las quede viendo por un rato, no eran unas piernas estilizadas de modelo, eran unas piernas carnosas y bien torneadas, con una piel reluciente y en ese juego de frotarlas me dio vistazo de más arriba de sus rodillas.

    -y estas en buena forma por tanto trabajo manual- fue cuando se puso de pie y se acercó a mí, el aroma que venía de ella era delicioso, me estaba poniendo muy nervioso, me estaba poniendo duro y creo que lo noto, pero no dijo nada, más bien eso parecía gustarle.

    -parece que te pongo nervioso- dijo entre risas, llevándose la mano a los labios y bajándola por su cuello, hacia su busto y luego a su cintura.

    -es que… no sé qué… en que quería que la ayudara…

    -bueno, primero que nada, ayúdame con esto…

    Se dio la vuelta y llevo las manos a su espalda por sobre los hombros, se recogió el cabello y dejo al descubierto su cuello, usaba un collar de piedras azules que resaltaban la belleza de su cuello y hombros, busco con los dedos el cierre del vestido y lo fue bajando dejando sus hombros descubiertos, su piel era clara, apenas vi dos lunares; no siguió bajando, creo que espero a que yo siguiera, pero estaba paralizado y excitado.

    -debemos hacer algo para que mejores tu reacción ante una chica- se giró y tomo mis manos e hizo que las pusiera alrededor de su cintura, se me fue poniendo dura sin que lo pudiera controlar, ella se pegó a mí de modo que sentí como sus pechos se apretaban y como su cintura presionaba contra mi erección.

    -vaya! Tienes algo ahí abajo muy avispado Corazón!- luego poso sus brazos sobre mis hombros, los sentí pesados, pero no por la presión que ejercían sobre mí, sino por como ella me manejaba a su gusto, no podía evitarlo, no quería evitarlo; comenzó a oler mi cuello, a acariciarme la nuca y revolverme el cabello, me dio un suave beso en la mejilla y fue dándome más antes de susurrarme al oído…

    -corazón, ayúdame con el cierre, quieres?- mis manos que estaban congeladas en su cintura, reaccionaron a su suave pedido, aunque ella termino guiándome a su espalda hasta encontrar la cremallera y sentir donde bajaba el cierre, comencé a jalarlo con suavidad y este se deslizó, primero pase por sobre el broche de su sostén, luego baje hasta que llegó a su espalda baja y ahí se detuvo.

    -tócame, quiero tus manos en mi espalda- otra orden que no resistí.

    Comencé a meter mis manos por debajo de la espalda del vestido, sentí su piel cálida y suave, era como tocar seda, deslizaba mis manos por ella, sentí el borde de su prenda interior, obviamente tocaba más debajo de su cintura. Ella deslizo el vestido por sus hombros, revelando primero su busto hasta que se terminó de deslizar a la altura de sus caderas; su vientre, su ombligo pequeño, apenas una tira horizontal, aunque tenía algunos rollitos en su cintura por efectos de la vida, tenía un seductor encanto.

    Se sentó otra vez al borde de la cama y me hizo acercarme, fui a ella y comenzó a acariciarme el pecho, me levanto la camiseta y me beso en el estómago, eso me prendió mucho, me soltó el pantalón y tiró de él, dejándome solo con el bóxer, soltó una risita de placer, al tiempo que se inclinó sobre mi erección presionando con su barbilla, eso me dolió un poco, pero hizo que se me pusiera aún más dura.

    -lo que podría gozar mi sobrina contigo y no imagina- dijo al momento de bajarme el bóxer, mi verga saltó en reflejo, lo que mereció una expresión de alegría de ella, me lo agarro y comenzó a jalármelo, yo no pude más que poner mis manos sobre mi cabeza, no me atrevía a tocarla, pero ella me instigo.

    -vamos corazón, aprovecha que hoy eres mío- me miró a los ojos, esa hermosa cara, sus ojos grandes y negros brillaban, su boquita fina parecía más roja, puse mis brazos sobre sus hombros, ella se quitó el vestido deslizándolo por su cadera y mostrando toda su lencería de seda color carmesí, resaltando con intensidad su piel.

    Me hizo acostar en la cama y siguió frotándome la verga con energía, a la vez que me besaba el cuerpo y yo trataba de alcanzar sus pechos, ella se recogió el cabello en una cola mientras giró el cuerpo y puso sus nalgas frente a mí y su boca se fue encima de mi verga, me estremeció al sentir sus labios húmedos comenzando a envolverme el miembro y su lengua explorando, con su mano me acariciaba las bolas y me frotaba las piernas, me estaba llevando a la gloria con ese mover, chupar y frotar.

    Sentada encima de mí, se quitó el sostén y sus pechos quedaron libres, eran redondos y pesados, la piel tenía el mismo tono claro y terso de su cuerpo, ligeramente unos pliegues bajo los pechos, pero eran una vista maravillosa, sus pezones tenían una forma más o menos redonda, y un color más oscuro, ligeramente café, supongo que efecto de tener hijos y dar a mamar, ella solo se sonreía de mi expresión, se inclinó hacia mi poniendo un pecho sobre mi cara, comencé a chupar el pezón apenas estaba sobre mis labios, ella soltó un bufido y siguió frotando sus caderas sobre mi entrepierna y alternando sus pechos en mi boca.

    Hizo que me estremeciera con fuerza cuando en una de sus chupadas me corrí, ella lo recibió en la cara, lo que la hizo lanzar un bufido, pero rápidamente volvió a poner su boca sobre mi verga, yo acariciaba sus nalgas redondas y sentía sus pechos rebotar contra mi vientre

    -Ok, nene… por hoy estuvo bien, vuelve a lo tuyo, esto no se lo cuentes a nadie-

    Me levante y puse de nuevo la ropa interior y el overol y volví al trabajo, media hora después ella salió de la habitación, bajo las escaleras, se despidió y salió.

    -el sofá ya va siendo tuyo Corazón, sigue trabajando así- me guiño el ojo y se fue.

    Esa noche dormí aun sorprendido y extasiado por lo que había pasado.

    El día siguiente volví a mi quehacer todo normal hasta que a las 3 pm, apareció ella nuevamente, esta vez venía con dos personas más, una pareja que al parecer estaba mostrándoles la casa y les dio un recorrido, yo seguí pintando en la planta baja, subieron a las habitaciones y después de un rato volvieron, se despidieron en el jardín y se fueron, ella regreso a la casa, se acercó a preguntarme por cómo iba el trabajo, le dije que ya estaba por terminar el 1er piso, ella asintió y dijo que subiría a la habitación. Yo seguí en lo mío, hasta que escuche que me llamó, desde arriba, dijo que subiera en un rato.

    Estaba en bata y descalza frente a la cama, me hizo seña de que cerrara y luego solo dejo caer la bata tras sus hombros, estaba totalmente desnuda, su pubis recortado, las curvas de su cuerpo maduro, sus pechos redondos y su expresión de mucha confianza.

    Se recostó de lado en la cama, llamándome, me acerque y me quite la ropa, me acosté a su lado y me acaricio la cabeza y luego empujo hacia sus pechos, comencé a chuparlos con ansias mientras ella tanteaba a mi entrepierna y comenzó a masajearme.

    Me atrajo hacia ella y comencé a meterla, estaba en la gloria, aunque no era mi primera vez, no conocía el placer de una mujer que manejaba su sexualidad como ella, comencé a moverme muy aceleradamente y ella me pellizco un pezón y apretó sus nalgas, haciendo que me detuviera

    -precioso, cálmate… sígueme el ritmo, te gustará

    Me dijo que me pusiera de pie al lado de la cama, con mi cuerpo entre sus piernas, entonces empezó a mover las caderas de forma lenta, aflojo la presión sobre mi verga para que me moviera y siguiera su ritmo, sacándola y metiéndola profundo, pero más lento, puso una pierna sobre mi pecho y la otra a mi costado, dejándome mejor acceso, luego alternaba su pierna, me encantaba poder besar su pantorrilla en alto, extendió su mano para alcanzar la mía y llevarla a frotar su pubis, su pierna sobre mi pecho me fascinaba, le besaba la pantorrilla, no eran piernas delgadas, huesudas, eran carnosas, fuertes y bien formadas, piernas con estilo, que no se podrán borrar de mi mente.

    Me corrí dentro de ella, inunde su cavidad con mi leche y ella dio un bufido y apretó su cuerpo haciéndome que se sintiera una más fuerte el calor y el roce -no pares!- me exigió y ahora se masajeaba los pechos los dejo bambolearse frente a mí, seguí dándole cuanto pude, hasta que ya no hacía nada porque mi verga se había puesto blanda, en eso se movió y me hizo acostarme, esta vez ella se fue sobre mí, su boca comenzó a chupármela, me masajeo hasta recuperarme y se sentó sobre mí, puso sus pechos sobre mi cara al tiempo de contonear su cuerpo encajándose sobre mi verga.

    Después de dos horas, ella me mando a la ducha, cuando estaba ya bajo el agua ella entro, comenzó a frotarme y regar gel de ducha por mi cuerpo, a la vez también trate de reconocer cada espacio de su cuerpo, desde sus pies hasta el cuello, me enseñaba por donde debía empezar a chuparle los pezones, luego a como explorar entre sus piernas y darle atención a su clítoris, busque entre sus piernas y detrás de sus nalgas, luego me masturbo hasta que pude correrme nuevamente, aunque no como la primera vez, pero ella solo quería jugar, se agacho a besármela y darle una lamida rápida antes de salir y secarnos.

    El resto de la semana y la semana siguiente de trabajo, fueron muy tranquilas para trabajar, pero no deje de masturbarme por varios días solo con el recuerdo de esa tarde.

    Me dio unas inolvidables tardes de placer, me hizo pasar por la gloria y al final pude tener mi paga, un sofá casi nuevo y de mucho estilo, me dio de regalo el reloj que su ex había dejado al irse, me permitió conservar un juego de sus prendas íntimas para recordarla siempre.

  • Con el profesor

    Con el profesor

    Hola, a todos. Este es mi primer relato en la página, espero que les guste.

    Soy una chica de 23, piel morena, mido 1.70, cabello negro, pechos medianos pero lindos, piernas suaves y un trasero bien formado.

    Esto sucedió cuando iba en cuarto semestre de la universidad, yo contaba con 19 añitos. Yo siempre fui una alumna estudiosa y con buenas calificaciones. Todo iba bien, pero casi al concluir el semestre, no asistí a la universidad por 2 semanas.

    Hablé con todos los profesores para que me dieran oportunidad de hacer los exámenes después, todos los profesores estuvieron de acuerdo, a excepción de uno, el profesor Mario. Mario tenía 52 años, media como 1.73, moreno, con un poco de canas y llenito. Me dijo que no podía hacer mucho porque no había hecho exámenes, sino, que lo que dejó como calificación final fue un proyecto por equipos y como yo no había asistido no era posible que aprobara. Yo le rogué que por favor me ayudara a aprobar, el me miró de arriba abajo y me dijo que sería mejor hablarlo en otro lugar, me invitó a cenar. Nunca me agradó ese profesor porque notaba como miraba a las chicas de forma morbosa incluyéndome a mí, pero acepté porque nunca antes había reprobado y pensé que acompañándolo y alagándolo aprobaría.

    Me invitó a un restaurante elegante, así que me puse un lindo vestido negro, justado y con un pronunciado escote. Llegué a las 8:30 pm y puede verlo a la distancia, estaba esperando en una mesa con 2 copas de vino.

    Mario — Hola, hermosa. — Lo dijo mientras se levantaba para saludarme.

    Yo — Hola, profesor.

    Mario — Puedes llamarme Mario, hermosa. —Diciéndolo mientras me miraba de arriba abajo.

    Estuvimos platicando de nosotros. Él no dejaba de decirme lo hermosa que era hermosa. Yo por mi parte le decía que era un excelente profesor, obviamente para hacer que me aprobara. Terminamos de cenar y salimos del restaurante.

    Mario — ¿No quieres que te lleva a casa, preciosa?

    Yo — No se preocupe, no es necesario

    Mario — Insisto y si me dejas llevarte te aseguro el 10, mi vida. — Lo decía mientras me miraba los pechos y las piernas.

    La verdad no quería que me llevara a mi casa, pero con tal de tener 10 un 10 de calificación acepté.

    Yo — Muy bien, Mario.

    Mario — Excelente, vamos a mi auto.

    Mientras caminábamos a su auto, me tomo de la cintura y me dio un beso en la mejilla. Yo en ese momento no dije nada, solo me puse un poco roja.

    Mario — Sube, princesa. — Mientras abría la puerta del carro.

    Yo — Gracias.

    Me preguntó mi dirección, la cual se la di. En ese momento puso su mando en mi pierna, yo traté de quitarla, pero la volvió a poner.

    Mario — Que hermosas piernas tienes, hermosa.

    Yo — Gracias, pero no creo que tenga que tocarlas para decirlo.

    Mario — Tranquila, no pasa nada. Dime una cosa, ¿Tienes novio? — Preguntó mientras me tocaba de forma lujuriosa.

    Yo — No, hace tiempo terminamos. — Respondí algo nerviosa.

    Mario — ¿Por qué ternaron, hermosa?

    Yo — Problemas, pero ya pasó.

    Mario — No me digas que no era bueno en el sexo, hermosa.

    Yo — Jaja nada de eso. — Me reí un poco.

    Mario — Cualquier hombre sería muy feliz de tenerte, mi vida. — Mientras acariciaba más mi pierna.

    Yo — No diga eso. — Lo dije con voz nerviosa.

    Mario — Es la verdad, hasta haces suspirar a un viejo como yo.

    Poco a poco comencé a excitarme por las cosas que decía y las caricias que me hacía.

    Mario — ¿Me dejarías darte un besó, hermosa? — Preguntó mientras se acercaba.

    En eso momento yo volteé mi cabeza para que me besara la mejilla, pero el tomó mi barbilla con su mano y me besó en la boca. Me puse roja, pero no lo aparté, entonces se estacionó y comenzamos a besarnos. Comenzó a acariciar mi cintura y mis pechos intensamente.

    Mario — No sabes cuánto tiempo he querido tenerte así, eres tan hermosa y estás super buena.

    Retiró sus labios de mi boca para besar mi cuello, eso me calentó demasiado y lo abracé fuertemente mientras lo hacía.

    Mario — ¿No te gustaría ir a otro lado?

    Yo — Sí — Exclamé con voz agitada.

    Pasamos a una farmacia por preservativos y después fuimos al motel más cercano que encontramos. Al llegar me lanzó a la cama para seguir así. Nos comenzamos a desnudar mientras nos besábamos. Cuando me quitó el sostén me dio unas ricas lamidas y chupadas en mis pezones, eso me hizo estremecer y gritar de placer. Después bajo por mi abdomen dándome besos y terminó en mi vagina. Era bastante bueno haciendo oral, hizo que me corriera después de un rato.

    Mario — Veo que te corriste. — lo dijo mientras se bebía mis jugos.

    Después se puso boca arriba y comencé a realizarle un rico sexo oral, a chuparle el glande y darle unos ricos masajes con mi lengua. Al ver como gemía comencé a acelerar la velocidad.

    Mario — ¡Uff! ¡Me encanta como lo haces, preciosa! ¡Quiero que me montes, amor! — Exclamó.

    Procedía a ponerle el condón y montarme en él. Introduje su pene dentro de mí lentamente, hasta que entró todo.

    Mario — ¡Ah, mi vida! — Lo dijo en voz alta.

    Comencé a moverme mientras el me tomo de mis nalgas y comencé a cabalgarlo. Cada vez me movía más rápido, mientras los 2 gemíamos fuertemente. Me tiré hacia delante para que chupara mis pezones y besara mis labios.

    Me bajé de él y me puse boca arriba para hacer el misionero. Duramos un rato así, y me dijo que me pusiera en 4, lo cual hice.

    Mario — Mmm, que ricas nalgas tienes, amor.

    Yo — Que bueno que te gusten. — Lo dije con voz excitada.

    Puso su pene en la entrada de mi vagina y poco a poco la fue metiendo, me tomó de mi cintura y me empezó a moverse.

    Yo — ¡Aaah!, que rico, sigue. — Exclamé.

    Mario — Me encanta que te guste, mi vida. Nunca me imaginé tenerte en cuatro gimiendo como loca.

    Yo — Yo tampoco, Mario.

    Comenzó a darme con más fuerza. Sus embestidas hacían que la cama rechinara y no dejara de moverse.

    Mario — ¡Me voy a correr, amor! — Diciéndolo con voz jadeante.

    Yo — Hazlo, Mario.

    Saco su pende de mi vagina, se quitó el condón y me llenó las nalgas de su leche. Me volteó boca arriba para hacerme oral hasta correrme.

    Mario — Me encantó como no tienes idea, amor y no te preocupes tienes un 10 en tu materia, bebé.

    Yo — A mí también me gustó mucho. — Lo dije mientras lo abrazaba.

    Nos quedamos un rato acostados, después nos metimos a bañar y ahí lo hicimos de nuevo. Me puso contra la pared del baño y él se puso detrás de mí mientras el agua de la regadera caía empapando nuestros cuerpos.

    Mario — Me encantaría penetrar ese rico culito que tienes, amor.

    Yo — Hazlo con cuidado.

    Puso su pene en la entrada de mi ano y fue metiendo poco a poco. Lo metía lentamente, cuando me dolía, él se detenía, lo dejaba adentro un rato y de nuevo metía cada vez más. Cuando entró por completo empezó a moverse.

    Mario — ¡Ahhh, que rico culito tienes! — Diciéndolo mientras me penetraba.

    Yo — ¡Ahhh! ¡Con cuidado, Mario! — Gritando por dolor y placer.

    Al terminar, me llevó a mi casa y se despidió de un rico beso de lengua. El día de las calificaciones llegó y terminé con un 10 en esa materia, gracias a eso obtuve un diploma en ese semestre. Mario solo duró un semestre más en la universidad ya que después se cambió a otra.

    Espero les haya gustado.

  • En el baño de la universidad

    En el baño de la universidad

    Soy Alison, mido 165 cm, tengo 21 años actualmente, pero esto me paso tiempo hace 2 años y medio justamente casi a los 19 años antes de la pandemia, todo empezo un jueves en la mañana estaba en la uni ya nos tocaba a las 11:45 am salir a el almuerzo, yo me comi el almuerzo y como yo siempre me cepillo despues que como voy al baño mas cerca que era el unisex (baño para los 2 sexos).

    Entre alli habia 5 chicos… eran de 19-24 años como lo vi yo alli postrado. yo me estoy cepillando y uno me toca el culo y otro por igual parte me toca mi piernas… yo andaba cabreada pues el ultimo me tomo foto de mi bragas que estaba por debajo de mi falda… pues termine pero la puerta estaba cerrada del baño la cierra a las 12:00pm siempre a lo que un chico me jalo quitandome el celular los otros y me estuvieron haciendo eso por 2 minutos yo le dije que me lo den…

    Unidos de los chicos me dijo ¿Que me daras a cambio si te lo doy? yo le dije un beso… el me dijo eso es muy poquito para algo tan valioso como esto, entonces le dije te enseño mis tetas y culito.. El dijo ok va. yo me quite el y vieron mis tetas redonda despues mi nalga. Me dijo que rica estas sabes… necesito mas… los demas chicos dijieron que me desnude completa y el dijo la democracia hablo desnudate si quieres tu celular.

    Pues estaba siendo chantajeada en el baño de la universidad cerrado… entonces ya desnuda el metio la manos a mis pecho y me empezo a besar me dijo que el me hara toda suya… el baño de la uni lo bloquearon ellos para que nadie escuchara con mi ropa hicieron un nudo al seguro nadie podria entrar empezaron a besarme entre todo y se quitaron la ropa el chico que me quito el celular empezo a follarme sin protección mi vagina lo hizo por 6 minutos yo estaba en una esquina dando mi culito y vagina a todos para que me dieran el celular todo una putita ya llevaba 22 minutos gimiendo y dejandome follar por mi culito y vagina ellos pusieron 2 mochila para hacerme la posición del misionero gana uno en el suelo… despues de follarme por 10 minutos mas 2 minutos cada uno empieza a la doble penetración y explotan mi culo y vagina tambien me grababan con mi celular y ya empezaba a salir semen por tercera vez a ellos y todos sudado despues de eso mi culito ardia ello me tiraron la leche arriba de mi me tuve que dar un baño con los lava manos para quitarme el olor a semen y sudor…. sali corriendo del baño a mi ultima clase con mi vagina y ano llena de semen y sin bragas ni sujetadores pues ellos lo rompieron.

    Cuando llegue a mi casa me tome la pastilla del dia siguiente y me acoste así casi desnuda.

  • Mañaneo (parte II): Mis medias

    Mañaneo (parte II): Mis medias

    —¡Mañaneo, me debes unas medias!

    Dije queriendo aparentar enfado, mientras miraba la comida del horno, era media noche y él había llegado a las 21:30 de trabajar.

    Al salir de la cocina fui recogiendo nuestras chaquetas, su camiseta, mis botas de caña alta (Sus favoritas), botines, calcetines y el resto de lo que fueron mis medias.

    Caminé hacía el salón, sólo con mi vestido puesto y al apoyarme en la puerta, observé cómo se llevaba mis bragas a la nariz para olerlas, no comprendía el porqué, pero esa imagen me provocaba mucha excitación, me deleité con la visión que me ofrecía, 1ˋ85 de estatura, pelo castaño (Con los tirones que le he dado antes, no sé ni cómo aún tiene, que se joda), pantalón caído a la cadera, brazos y piernas fuertes, tatuajes, piercings en ambos pezones, otro en la nariz, este hombre destilaba una seguridad sexual aplastante y a mí me estaba arrastrando con él y me encanta que lo haga, no me voy a engañar.

    No fui consciente de que a medida que lo miraba, casi me arranco el labio mientras me lo mordía, quiero su boca de nuevo, quiero sus manos repartidas por mi cuerpo, quiero que vuelva a follarme, perdida en todos esos pensamientos, comencé de nuevo a notar como me lubricaba, como comenzaba a tener calor, como mis pezones se endurecían, decidí calmarme ya era tarde y mañana los dos teníamos trabajo.

    Traté de aparentar una pizca de madurez, carraspeé para hablar y escuché…

    -Cielo, aún tengo tu sabor y tu olor en mi boca!, me sonrió triunfantemente.

    Recolocándose la polla en los calzoncillos, guardó mis bragas en el bolsillo del vaquero y se sentó en mi sofá.

    -Me debes unas medias!! No puede ser que cada vez que follemos te las acabes cargando todas.

    -Cielo, miénteme pero miénteme mejor o es que acaso no te gusta?

    Hijo de puta!! Esa lengua tiene conexión directa con mi entrepierna, quiero que me vuelva a follar!!

    Nunca hablamos de ser monógamos, pude apreciar que aunque sólo era sexo a ninguno de los dos, nos apetecía estar con alguien más de momento.

    Su mirada sátira, mientras volvía a abrir la boca para relamerse los labios mientras me ojeaba, me sacó de ese limbo momentáneo, como pude respiré hondo y salí corriendo dirección al dormitorio.

    Había pasado mes y medio, Mañaneo prácticamente vivía conmigo, mi cuarto pasó a tener 2 mesillas de noche, mi armario seguía siendo mío, mi espacio seguía siendo mío, difícil de explicar, pero tener mi armario para mí sola era sinónimo de que aún no teníamos obligaciones entre nosotros. Nos autoengañamos como imbéciles, en el armario de la otra habitación, había algo de ropa suya, gilipollas!!

    Coloqué todo lo que llevaba nuestro en las manos, me desnudé, preparé las cosas para ducharme y asomando sólo la cabeza por la puerta del salón:

    -Puedes por favor calentar el horno y preparar una ensalada?

    -Sí, pero ¿por qué no te sientas aquí a mi lado? Creo que me debes una buena mamada, tengo la polla hinchada, te recuerdo que no me he corrido y me apetece follarte como a los dos nos gusta.

    Joder, joder, joder! Miré de reojo si la puerta del baño estaba abierta, porque sabía lo que sucedería si me alcanzaba al ver cómo se levantaba del sofá.

    Sonriendo nerviosa, coloqué como pude el pestillo para evitar que entrase y dejándolo fuera con cara de pocos amigos, pero en este momento lo que necesito es una ducha.

    Al abrir el grifo y colocarme bajo el agua, descubrí que mis muslos estaban pegajosos, al retirarme los fluidos que en ellos había con la esponja y con una sonrisa de oreja a oreja, comencé a recordar lo sucedido un rato antes…

    20:30

    Cerrando la caja de la tienda para mañana, decidí escribirle:

    -Mañaneo, salgo a las nueve de trabajar, tú qué haces hoy cuando salgas del estudio?

    -Ir a casa, tengo mucha hambre.

    -Ok, descansa y mañana hablamos, un beso!

    -¿Cómo que hablamos mañana? Te acabo de decir que tengo mucha hambre.

    -Lo sé y que te ibas a casa

    -Cielo, repito que iré a casa porque tengo mucha hambre.

    De la tienda a mi casa son sólo 10 minutos andando, había dejado programado el horno para mi llegada, dejé el bolso en el salón, puse música, me serví una copa de vino y recogí un poco la cocina.

    21:30

    Sonó el videoportero, era él así que hice lo de siempre, abrirle abajo y la puerta de casa.

    -¡Estás muy guapa! dijo acercándose a mí para darme un beso en los labios y otro en la frente.

    Fui plenamente consciente que seguía con la ropa del trabajo, al trabajar en una tienda de ropa, mi jefa no imponía uniforme, sólo que fuese arreglada y en tacones, eso no podía faltar.

    Llevaba puesto un vestido azul marino con cuello en v, una chaqueta lisa con flecos color camel, medias y las botas altas que a él tanto le gustaban.

    Apoyado con ambas manos en el quicio de la puerta observaba cada uno de mis movimientos en la cocina, mientras nos contábamos cómo habían sido nuestros respectivos días de trabajo.

    -Me gustan tus botas, lo único que me molesta un poco es que te las hayas puesto precisamente el día que pensabas que no vendría.

    -Sabes que tengo que ir en tacones, me apetecía ponerme las botas vinieses ó no hoy.

    Contesté mientras le daba un sorbo a mi copa, mirándolo fijamente a los ojos, comencé a sentir calor, ese calor que ya conocía cada vez que notaba su presencia, comenzaba a estar mojada y aún no me había tocado, traté de aparentar seguridad, me giré para inclinarme a abrir la puerta del horno y al ponerme derecha para volver a mirarlo, no me había dado cuenta que su chaqueta estaba en el suelo del pasillo de la entrada y él me tenía arrinconada contra la encimera.

    Pegó tanto su cuerpo al mío que era imposible escapar, notaba como el calor era cada vez más fuerte, mi respiración nerviosa acompasada de la suya, comenzó a besarme en la cara, en el cuello, sus manos subieron hasta mis pechos y con sus dedos comenzó a acariciarme los pezones hasta ponerlos bien duros, siguió bajando su lengua por mi cuerpo, dio un leve mordisco en ambos pezones, poco a poco volvió a subir su boca hasta la mía y comenzó a besarme con deleite, con pasión.

    -Te voy a follar. Me susurró al oído, mientras seguía aprisionándome con su cuerpo y hacía movimientos con él sobre el mío, donde notaba su polla dura, preparada para mí y como él me acababa de decir follarme.

    Alargó la mano, apagó el horno, me quitó la copa de vino de la mía y tras beberse lo que quedaba volvió a besarme.

    Me dio un leve empujón y girándome cara a la pared, hizo que subiera los brazos, sus manos comenzaron a tocarme por todo el cuerpo, hacía que me estremeciera, quería girarme para mirarlo, pero no me lo permitía.

    -No cielo, quiero follarte, quiero metértela hasta el fondo, quiero oírte gemir, disfrutar, quiero que te corras conmigo y para mí y quiero hacerlo ahora.

    Esas palabras eran una dulce melodía para mis oídos y para mi coño también.

    Me quitó la chaqueta, la tiró al suelo, apretó aún más su cuerpo y su polla contra mi culo todavía tapado con mi vestido, dejé que mi cuerpo reaccionara y me apreté a él con ganas y con fuerza, para demostrarle que estaba dispuesta para lo que me ofrecía, con su mano giró mi cuello para morderlo y besarlo, volvió a besarme de ésa forma tan posesiva, tan suya, se metió un dedo en la boca mirándome, acto seguido lo metió en la mía, mientras con su otra mano, seguía acariciándome las tetas que ya las había sacado de mi escote.

    -Me encanta que no uses sujetador nunca, ahora dímelo

    -Follame!! Alcancé a decir presa de tanta excitación concentrada, yo lo quería, yo lo necesitaba dentro, yo se lo pedí.

    Con un gruñido grave, volvió a colocar mis manos apoyadas en la pared, inclinando mi cuerpo hacía adelante, comenzó a subirme el vestido hasta mi cintura, sentí un bufido de cabreo al ver que llevaba medias otra vez, las rompió con tal fuerza, que cayeron las partes por ambas cañas de las botas, tras repartir dos nalgadas en ambas cachas de mi culo, me agarró fuertemente por la cintura e inclinándome un poco más, echó mis bragas a un lado y antes de introducirse dentro, metió 2 de sus largos dedos dentro de mi coño.

    -No te imaginas como me pone que te excites de este modo cada vez que te toco o te follo.

    Decía mientras metía y sacaba sus dedos de mí, ya no estaba húmeda, ya chorreaba con todo lo que me hacía, yo los apretaba para sentir más placer, pero no me sentía llena, quería más y lo iba a conseguir, gemidos profundos, respiraciones agitadas, sentía que mi cuerpo iba a explotar.

    -Follame!! Logré decir en un tono más elevado, aquello era deseo y no desespero.

    Sacó sus dedos y recogiendo con su mano los fluidos de mi coño, se los repartió por su polla dura que ya estaba lista.

    Comenzó primero con un ritmo suave, pausado, intenso, donde poco a poco me iba penetrando más profundamente, hacía una serie de movimientos circulares donde alcanzaba llegar donde nadie había llegado antes.

    Sentía que me corría, que estaba a punto, traté de apretarme a su verga con cada embestida para sentirla todavía más si eso era posible, me iba a correr, con cada entrada y salida de mi cuerpo oía el ruido de mis fluidos entrando y saliendo de mí, joder, estoy a punto!

    Tras un rato así, salió de mí nuevamente, volvió a girarme el cuello para que lo besara, mi lengua y la suya, eso era una batalla que sabía que yo tenía perdida, al menos hoy. Se separó de mí para observarme, no sentí vergüenza en ningún momento, yo se lo pedí y él me estaba follando.

    -Más. Ahora si fue un tono más suplicante, quería correrme, quería que siguiera, yo le di esa misión.

    -Más qué?, replicó mientras restregaba su polla mojada con mis fluidos por la hendidura de mi culo, excitado él también por lo que los dos estábamos hablando y estábamos haciendo, su forma de tocarme, mirarme y apretarme contra su cuerpo me lo decía.

    -Sigue, no te pares

    Tras terminar de decir esto, volvió a penetrarme, pero esta vez con fuerza y a un ritmo más acelerado, no podía pensar en sus gemidos sonoros, pues estaba perdida en los míos, perdida en sus movimientos que me hicieron levantar los pies alguna que otra vez del suelo con sus fuertes embestidas, me perdí contando las veces que entraba y salía de mi cuerpo con esa fuerza, me encanta que me folle así, mi orgasmo volvió a asomar.

    -Me voy a correr! Fue lo que alcancé a decir, mientras hizo un giro radical en sus movimientos, donde intercalaba intensidad y fuerza, donde su cuerpo casi se funde con el mío, donde apretándome con sus manos las muñecas y besándome, me dejé llevar en mi orgasmo tan deseado y él lo estaba recogiendo en cada uno de mis gemidos en su boca.

    Dentro de lo que acababa de pasar, caí en la cuenta de que el pasillo de mi casa se había vuelto un escenario perfecto para dar rienda suelta a nuestros encuentros sexuales, a mí no me incomodaba y a él tampoco.

    Suavemente me giró, para tenerme frente a frente, comenzó a besarme, ésta vez más suave y siguió bajando arrastrando con su lengua mi sudor, llegando a mis pechos donde los apremió a ambos con lametones y leves mordiscos para reactivarlos de nuevo, sin quitar sus ojos de los míos, continuó su camino hasta llegar a mis bragas y restregar su nariz en ellas para absorber todo el aroma de mi corrida, mientras que las bajaba por mis piernas hasta quitármelas, me quitó las botas que las unió a mis bragas junto al resto de la ropa que estaba tirada y lo que quedaba de mis medias también.

    Con la respiración algo más tranquila, colocó una de mis piernas encima de su hombro, mientras me apoyaba en la otra, comenzó a pasar su lengua por el interior de mis muslos para recoger con ella todo el elixir que me había propiciado con mi orgasmo, hasta llegar a mi coño hinchado, latente, mi clítoris comenzaba a vibrar de nuevo, con mi mano lo agarré del pelo y lo apreté contra mí en ése punto exacto donde nuevamente volvería a comenzar todo, empecé a acelerarme, pero sabía que de ahí no pasaría, lo hacía porque sabía el efecto que eso tenía sobre mí y porque podía.

    -Termina de ducharte, te estoy esperando! Me sacó del recuerdo de lo sucedido un leve golpe en la puerta del baño unido a esas palabras.

    Me tocaba, sabía lo que él quería y yo también lo deseaba…