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  • Mis hermanos gemelos

    Mis hermanos gemelos

    El día de mi decimoctavo cumpleaños a las 12 de la madrugada, entraron a mi cuarto mis hermanos gemelos para felicitarme mi mayoría de edad.

    Él Javier, ella Aurora. Me llevan dos años, y aunque tenemos muy buena relación, siempre han tenido una química brutal entre ellos. Son uno, Javier es rubio con ojos azules, de 1,80 de estatura. Aurora es morena también con ojos azules y mide 1,70.

    Aurora entró con un pack de seis cervezas en una mano y un porro en la otra. Javier traía una magdalena marmoleada con una velita encendida en el centro. Nuestros padres estaban de viaje y decidieron celebrar la mayoría de edad de su hermanita pequeña.

    Después de la respectiva canción de cumpleaños y soplar la vela, Javier destapó tres cervezas y brindamos a mi salud. Aurora puso música alta, y así entre bailoteos y cervezas fuimos pasando la noche. Nos turnábamos para ir a la cocina a buscar las cervezas. Sobre las tres de la madrugada ya estábamos un poco mareadillos de tanto alcohol, y fue entonces cuando Aurora propuso que jugáramos a confesar intimidades. Yo acepté, pero con la condición de que comenzara ella.

    Entonces empezó a contarnos que llevaba mucho tiempo teniendo una relación con una persona prohibida. Javier y yo nos miramos y noté que se había enrojecido un poco, pensé que eran las cervezas y no le di más importancia. Aurora continuó con su relato «Javier y yo tenemos relaciones íntimas» Javier enseguida dijo «Cállate Aurora» y Aurora le replicó «Javi es nuestra hermana y ya está grandecita, sabrá ser discreta». Yo no pude evitar lanzar una larga carcajada… «De verdad te crees que me voy a creer eso?, ¿si sois gemelos como vais a ser amantes?» Y continué riendo.

    Javier bajó a la cocina a por tres cervezas y yo encendí un porro que compartimos los tres. Aurora me dijo «Te toca hermanita, cuenta algún secreto» yo volviendo a reír le dije «No tengo mucho que contar, nunca he estado con nadie y además no me creo que ustedes estéis juntos. Me estáis vacilando» Aurora se acercó a Javier y empezó a besarlo en las mejillas, acercándose lentamente a su boca, Javi estaba un poco más cortado, pero ella continuó besándolo hasta que le metió la lengua y le metió la mano por dentro del pijama. Todo esto lo hizo sin dejar de mirarme a los ojos. «¿Me crees ahora hermanita?» Yo me quedé muda un rato y sin dejar de mirar el bulto que se dejaba notar bajo el pijama de Javier. He de reconocer que me excité un poco.

    «¿Pero como habéis llegado a esto?» Javier no decía nada, se notaba que ella era la que llevaba el mando, en realidad siempre ha tenido mucho carácter. «Pues fue en una noche como esta, entre cervezas y maría, hablábamos, bailábamos, fumábamos. Y una cosa llevó a la otra y al final nos prendamos el uno del otro y ahora disfrutamos mucho de nuestra sexualidad» yo no podía creer lo que estaba escuchando, pero cada vez estaba más caliente por la forma como lo contaba mi hermana, se notaba que mientras yo estaba a dos velas, en la habitación de al lado se lo pasaban genial.

    Aurora me dice «hermana yo perdí mi virginidad con Javier y me gustaría mucho que tu también lo hicieras» yo estaba sentada en la cama con la botella en la mano sin decir ni una palabra. Aurora cogió una silla, la puso a los pies de la cama y se sentó, le hizo un gesto a Javier con la mirada, y Javier se acercó a mi.

    Javi empezó a acariciarme las mejillas con la parte posterior de sus dedos, acercó sus labios a los míos y me dio un divino beso que enseguida correspondí. Me separé un instante solo para decirle mirándolo a los ojos «házmelo bonito» Aurora seguía en la silla, con las piernas cruzadas, mordiéndose los labios.

    En eso Aurora se levantó y se acercó a nosotros diciéndome «déjame ayudarte un poco» comenzó por quitarme la parte superior del pijama, dejando mis pechos a la vista, que a estas alturas tenían las areolas erizadas y los pezones duros como una piedra. Javier me quitó lentamente la parte inferior del pijama dejándome completamente desnuda, ya que yo para dormir nunca uso ropa interior. Comenzó pasándome la lengua suavemente por la yema de los dedos pulgares de mis pies y, tomándose todo su tiempo, comenzó a subir su lengua muy despacio por mis piernas deteniéndose en la parte posterior de las rodillas.

    Aurora me acariciaba el cabello y me decía en el oído «relájate princesa, déjate llevar y disfruta». Javier se acercó a mi vagina y comenzó a besar toda la zona de alrededor sin tocarla. Quería que lo deseara mucho. Y yo no podía parar de gemir. Pasó su lengua por mis labios vaginales, bordeándolos hasta que me rozó el clítoris, y gemí un poco más alto, yo estaba muy acelerada, con sus dedos echó hacia atrás el capuchón del clítoris, y empezó a lamerlo con la parte inferior de la lengua. Mi hermano mayor me estaba mamando el coño y mi hermana mayor estaba arrodillada a mi lado acariciándome la cara y el cabello. Mi primer orgasmo lo tuve en ese momento en que Javier empezó a hacer movimientos circulares sobre mi clítoris, acompasados con la música que se escuchaba. «No pares Javi, no pares por favor que me estoy corriendo» cuando Aurora escucho eso me pellizco un poco los pezones para que sintiera más placer. Mientras mi vulva se contraía espontáneamente por consecuencia del orgasmo que estaba teniendo, Aurora le dijo a Javi en tono autoritario «penétrala»

    Javier se quitó el pijama dejando ver su pene completamente erecto, no sabría decir el tamaño en centímetros, quizá quince o dieciséis, era bastante grueso, lo tenía circundado y su pelvis completamente depilada. Aurora le dijo «mírala, ya está lista» yo sentía toda mi intimidad empapada de flujos y saliva. Se subió encima de mí. Y empezó a rozar el pene en mi raja, sin penetrarme, mientras Aurora lo besaba en la boca y le acariciaba los testículos. Poco a poco fue introduciendo su pene en mi. Aunque estaba muy lubricada me dolía un poco. Aurora comenzó a acariciarme el clítoris para que no me centrara en el dolor. He de reconocer que eran todos unos expertos. Aurora me masturbaba y Javier me penetraba solo con su glande. «Me voy a correr otra vez!, ¡Aurora no pares por favor!» Justo en ese momento, mientras me corría, sentí como Javier me rompía el himen, penetrándome hasta el fondo. Yo lo abracé muy fuerte, no sé si por el dolor o por agradecerle por todo ese placer que me estaba dando.

    Sin sacar su pene de mí, me dio un par de minutos y empezó a bombearme lentamente. «Que cosa más divina Javi! ¡Sígueme follando así! ¡No pares nunca!» Cada vez me bombeaba más rápido, sentía como sus testículos me golpeaban en el periné. Aurora me estaba chupando un pezón. «Ahhh, ahhh, ahhh, me estoy corriendo otra vez!» «Déjate ir» me dijo Aurora. Y en ese momento tuve un tercer orgasmo, bastante más largo e intenso que los anteriores. Javi retiró su miembro y Aurora se quitó la ropa. Javi estaba a cuatro patas sobre mí, Aurora comenzó a masturbarlo mientras le pasaba la lengua por el ano. Javier comenzó a jadear cada vez más fuerte, Aurora le chupaba el ano y lo penetraba un poco con la lengua, mientras con su mano derecha cada vez lo masturbaba más rápido. «¡Así mami, así! ¡Me viene la leche!, no pares! Ahhh, ahhh» Se derramó completamente sobre mí. Sus chorros de semen cayeron sobre mi abdomen y yo me lo froté con la mano por toda la zona pélvica, se sentía delicioso.

    Javier y yo estábamos vacíos de energía. Ambos nos tumbamos en la cama, Mientras Aurora se volvió a sentar en la silla, y abriéndose completamente de piernas, comenzó a masturbarse, penetrándose con dos dedos y tocándose el clítoris con el pulgar.

    Cuando acabó me miró y me dijo:

    -Feliz cumpleaños princesa! Esta es la primera de muchas noches para nosotros tres…

  • Sorpresa con la madre de mi novia (3): Una gran mamada

    Sorpresa con la madre de mi novia (3): Una gran mamada

    “Joder con la recatada!” Pensé mientras me arrastraba hasta la piscina.  Necesitaba un buen refresco, todavía quedaba casi una hora hasta que regresara Lucía y no sabía cuándo podría tener otra oportunidad.

    El agua fresca fue un buen estímulo y sentí como todo mi cuerpo perdía la tensión. Vi a Carmen levantarse y ponerse el tanga, sus tetas seguían majestuosas dominando todo su tórax. Pensé en Lucía, si le pudiera ver la cara a su madre en este momento creo que le encantaría ver la felicidad que desprendía.

    Bajo los escalones de la piscina y dio varias brazadas para llegar hasta mí, realmente parecía dominar el medio acuático. Dejé que se pegará a mí y me besara con sus carnosos labios. Sus grandes tetas volvieron a aplastarse contra mi pecho y la reacción de mi polla no se hizo esperar.

    Sus besos eran como los de su hija, sedosos a la vez que descarnados, es decir, despertaban la lujuria de inmediato.

    – Ufff, cielo, como me ha gustado! Seguro que haces disfrutar a mi hija de lo lindo!

    – Nos lo pasamos bien, aunque nuestro lenguaje es algo más fuerte!

    Le dije para probar hasta donde podía llegar con el vocabulario.

    – Ah, si? Y que os decís?

    – No sé si le gustaría oírlo!

    – Prueba a ver!

    Contestó con cara de pilla restregandome las tetas con descaro.

    – Pues cosas como “te voy a reventar el coño putita!”.

    – Ufff, si que son fuertes! Y ella que te dice?

    – Pues… “te voy a chupar la polla hasta dejarte seco, cabron!”

    – Jajaja! Rio algo nerviosa.

    – Sabes una cosa!

    – Qué?

    – Creo que me gustaría oír esas cosas mientras me follas!

    – A mi no me importaría decírtelas. Y tu, te atreverías a decírmelas a mi?

    Realmente no me imaginaba a esa señora tímida y recatada, bueno, el recato ya lo había perdido por completo, pero todavía le quedaba algo de timidez, pues eso, que no me la imaginaba diciéndome guarradas.

    – Uy, jijiji, pues no sé si me atrevería!

    Contestó alargando su mano bajo el agua para tocarme la polla. La manoseó un poco y añadió.

    – Aunque con esta verga dentro, creo que sería capaz de decir cualquier cosa! Jijiji!

    No dejaba de sorprenderme a cada minuto que pasaba, y me sentía a gusto con ella enseñándome sus tetas a la vez que me sobaba la polla bajo el agua.

    – La verdad es que la tenía por una mujer muy recatada!

    – Esa no era yo, mi marido me tenía muy reprimida y me dejaba manejar por él, pero yo deseaba salir de esa burbuja en la que me había enclaustrado.

    – La verdad es que es una mujer preciosa! Le dije para animarla a que siguiera.

    – Solo teníamos sexo cuándo el quería y cuando salía a la calle me obligaba a ir muy tapada.

    – Y el sexo con él, que tal era? Fue una pregunta muy indiscreta, pero estaba seguro que se abriría por completo.

    – Pues muy soso y tradicional. Tú me has hecho disfrutar más en un rato que él en todos los años de casada.

    Ya había conseguido ponerme la polla dura de nuevo, aunque tengo que reconocer que tampoco era difícil en aquella época.

    – Creo que has logrado estirarme la verga de nuevo! Le dije utilizando su jerga.

    – Ummm, ya la siento! Y estoy deseando chuparla!

    Me dijo sin cortarse y de seguido me devoró la boca de nuevo aplastando sus tetas contra mi pecho. Todavía nos quedaba algo de tiempo y la agarré de la mano y salimos de la piscina para volver a las toallas. Nos tumbamos y no tardó en bajarme el bañador y sacarme la polla. Estaba de nuevo como una estaca, mi corazón bombeaba sangre sin parar manteniendo las venas que rodeaban el tronco totalmente abultadas. El capullo estaba hinchado y sonrosado, adornando la punta como la bandera del mástil de un barco pirata.

    Vi como brillaban sus ojos mirándola mientras la masajeaba. Estuvo deleitando su vista antes de sacar la lengua y lamer mi glande como la bola de un helado. Sentir su lengua, carnosa y húmeda, era una delicia. Abrió sus grandes y sensuales labios y vi como mi capullo penetraba entre ellos. Lo mantuvo en la boca dándole lengüetazos en su interior. Su boca cálida y húmeda estaba proporcionando la cueva perfecta para mi hinchado capullo. Avanzó con los labios adheridos al venoso tronco y todo mi cuerpo se tensó al sentir como mi capullo chocaba contra su garganta. Mantenía una mano agarrada al bajo tronco y con la otra masajeaba mis huevos, no sé si estaba copiando lo que había visto hacer a su hija o es que esa mujer sabía lo que se hacía. Sacó el tronco de su boca y lo volvió a engullir mientras no dejaba de lamer con la lengua en el interior.

    No pude evitar dar un largo suspiro de placer, aquella mamada comenzaba de una forma deliciosa. Se había arrodillado perpendicularmente a mi cuerpo y acaricié su espalda comenzando desde el cuello hasta llegar a una de sus fabulosas nalgas. Su piel era suave y tersa y su culo más duro de lo que parecía. Percibió que mi mano no llegaba más lejos y movió su cuerpo para ofrecerme su extenso culo. Aquella visión fue maravillosa y acrecentó aún más mis deseos de reventarle el culo con mi polla. El agujero amarronado parecía palpitar y los labios genitales sobresalían abultados bajo él.

    Después de pasarle los dedos por el coño la inste con la mano para que pasara una pierna por encima hasta colocarse de rodillas con el coño contra mi cara. Ufff, eso fue total para la vista. Le di unas lamidas y los grandes labios se abrieron brillantes y jugosos. Ella seguí succionando mi polla pero ahora sentí como avanzaban más los labios de su gran boca y engullían mi polla por completo. “Diosss, en la primera mamada había conseguido tragarsela entera!” Pensé con todo el bello de mi cuerpo erizado. Podía sentir mi capullo penetrar en su estrecha garganta para salir de nuevo.

    – Diosss, que zorra eres! Me atreví a gritarle entre lamida y lamida de coño.

    Noté que aumento el ritmo al oírme y después de varias chupadas se la sacó para respirar. La oí jadear antes de decirme.

    – Te gusta cabron? Me encanta comerte la verga y te voy a dejar seco! Y volvió a hacer que penetrara en su boca entera.

    Parecía que había aprendido rápido el lenguaje, y desde luego a chupar una polla. Nunca me habían hecho una mamada tan brutal.

    Estaba ya super excitado y busqué el clítoris para chuparlo, succionarlo, lamerlo y morderlo. Comenzó a gruñir sin dejar de chuparme la polla. Yo ya estaba a punto de reventar y no pude aguantar más. Mi polla estalló en su boca soltando un gran chorretón y al momento sentí como su coño se llenaba de flujo empapando mi boca y parte de la cara. Ella siguió chupando y tragando se cada chorretón que soltaba mi verga, como si estuviera sedienta de varios días. Tuve que parar la cuando mi polla dejó de manar semen. Se la sacó de la boca y tomó aire con ansia, parecía que había dejado de respirar hasta tragarse todo. Se retiró de mi cara para tumbarse boca arriba jadeante, recuperando su respiración agitada.

    Parecía que todavía le quedaban fuerzas para hablar.

    – Te ha gustado potro?

    La oí decir mientras sus tetas subían y bajaban.

    – Ufff, ha sido la ostia! Nunca me la habían chupado así!

    – Ummm, pues a mí me ha encantado tragarme toda esa verga! Y sobre todo recibir toda la leche en mi boca! No creas que guarra me ha puesto!

    Madre mía, esa mujer si que aprendía con rapidez, tanto los actos como el lenguaje.

    Me fui de nuevo al agua totalmente desnudo para desprenderme del calor que emitía mi cuerpo. Carmen se pudo el tanga y se volví a tumbar con las tetas desparramadas.

    No habían pasado dos minutos cuando apareció Lucía por la puerta. Vio a su madre tumbada sin el sujetador del bikini y a mi flotando en el agua con la polla al aire.

    – Vaya, que está pasando aquí?

  • Que bien huele la nueva

    Que bien huele la nueva

    Yo soy la nueva, y fantaseo con que mi jefe piense como el del relato.

    Ella una joven asustadiza… Pareciera que siempre estuviera nerviosa, la he visto correr de un lado hacia el otro, desubicada, perdida, no la puedo culpar, es su primer trabajo de lo que esta haciendo actualmente.

    He intentado hablar con ella desde el dia de la entrevista, pero solo he escuchado de su parte respuestas monosilabicas entrecortadas sin casi mirarme… Le dare miedo? Me agrada la idea de ponerla nerviosa, aunque pareciera que su estado natural es estar agitada sin razon aparente.

    La nueva es puntual, y sigue al pie de la letra las normativas que le di, o bueno al menos es una de las que mas se esfuerza… Aun asi al verla, al escuchar su tono de voz, al olerla enciende en mi unas ganas atroces de castigarla hasta hacerla llorar, ojala se lo mereciera, sentiria menos culpa de pensar en la forma en que lo hago.

    Hoy llego a la oficina con un atuendo interesante, es una mujer completamente adulta, pero hay algo en ella… Tal vez el peinado que usa o las faldas que a veces se pone, tal vez esas son las cosas que la hacen ver mucho mas joven, lo intentara hacer a proposito?

    Le ordene fuera a mi oficina, por una excusa vanal… Y entro, no sin antes tocar, pedir permiso y esperar un tiempo prudencial… Seria una excelente sumisa, alguna vez alguien se lo habra propuesto?… Me podria divertir con sus ojitos de cordero justo ahora… Me ayudaria a liberar la tension que tengo acumulada en mi mano, y en otras partes de mi cuerpo, Lamentablemente no cuento con la ventaja de la mayor de las privacidades aca, aunque la empresa es grande, si tengo suerte podria acorralarla en un pasillo justo a la hora de la salida algun dia… 

    No, no soy un animal, aunque una parte de mi quiere hacerle daño, soy un hombre de protocolo, no trataria de someterla o inmobilizarla sin un acuerdo verbal o escrito de por medio, pero si podria acorrarla y negarle una escapatoria, de forma casual y disimulada hasta obtener mas informacion sobre ella, para poder cerciorarme si mis sospechas estan fundamentadas en vestigios de entranamiento de un antiguo Dominante, o si anticlimaticamente es solo su forma natural de ser, que aunque podria convencerla en entrar a este mundo me tomaria mas tiempo… Tiempo que por las buenas no estoy dispuesto a tomar.

  • Vestuarios

    Vestuarios

    Y aquí estamos en la reunión de los compañeros de clases, ya han pasado como veinte años de esto, sin embargo creo que algunos nos quedamos con las ganas de probar otra cosas que en el fondo sucedieron según las historias contadas. Una vez oí que el profesor de educación física estaba en los vestuarios con los colegas entre uno y otros se fueron y quedaron el profesor, Juan y Manuel pero entre los pasillos estaba el que hacía la limpieza y este relata la siguiente historia.

    Los tres entran en las duchas hablando de sus cosas cuando se comienzan a juntarse unos con otros el profesor se acerca a Juan que era blanco de 1,80 cm de estatura algo pelirrojo por detrás lo comienza a acariciar dándole suaves masajes por el cuerpo desnudo sus pezones se ponían tiesos conforme lo rozaba sus manos comenzaron acariciar ese capullo que se ponía cada vez mas grueso Juan solo se dejaba llevar por la excitación alcanzada en ese momento, mientras tanto en una esquina Manuel veía la acción masturbándose todo enjabonado dándose caricias el mismo, pero el profesor no le quitaba ojo de encima iría por el mas adelante.

    El catedrático le dio la vuelta a Juan se agacho y le comenzó a mamar la verga toda venosa color rosa oscuro, se la metía hasta el fondo de la garganta lo cual se le ponía roja la cara de la fuerza que hacía para metersela hasta los huevos, acariciaba los mismos con jalándolos hacía abajo mientras sus manos recorrían sus piernas y Juan estaba exhausto de placer su verga era succionada una y otra vez, el profesor también tenía una verga media torcida a la izquierda al ser bien blanco era rodada como un capullo en primavera. De un momento a otro aparece Manuel deslizándose por el suelo ya que el lugar estaba todo de jabón acomodándose entre las piernas del profesor para comenzar a mamar la verga del mismo al sentir eso el profesor se apuro en apretar mas la mamada a Juan el cual estaba a punto de reventar y sin aguantar mas tiempo su verga echo chorros de semen que se deslizaron entre los labios del profesor y encima de Manuel el cual no paraba de chupar esa verga rosa, ya saciado Juan se salio del sitio dejando a los dos que sigan con lo suyo. El profesor lo levanto a Manuel se pusieron cara a cara y comenzaron a darse morreos sin parar chupándole las tetillas a Manuel haciéndolo gritar de dolor lo giro con las manos a la pared deslizo sus labios hacía esos glúteos lamiendo ese agujero sin parar al momento lo inclino un poco le comenzó a meter la verga poco a poco hasta sus huevos hacían ese ruido de golpeteo una y otra vez sin parar estaban en lo suyo que no me vieron al alejarse Juan me acerque ya que unos bancos me tapaban los dos gemían de placer el profesor le decía ahora te pondré buena nota con honores mientras que Manuel le agarraba en la pared para aguantar las sacudidas que le daba el tío este su verga entraba y salia sin parar cuando de repente lo empuja a Manuel diciéndole que es el momento que se corría el ruido de sus huevos se oia cada vez mas hasta que se corrió y entre las piernas de Manuel chorreaban semen al sacar la verga del culo salio un salto de semen sera de la presión dentro, le dijo a Manuel que se arrodillara para que tome un poco de semen pasándola su polla por la cara de el diciendo que tengo buenas vacaciones.

    Yo de mi escondite lo veía todo claro tenía la polla en la mano haciéndome una paja, el guapo de Manuel quedo solo terminándose de duchar me levante me alcanzo a ver me dice ven que me falta correrme enseguida me saque toda la ropa me acerque a el metiéndome todo su polla en mi boca sediento de verga hasta el fondo de la garganta sin parar acariciando ese cuerpo que vía solo de lejos, el me agarro de los pelos me acercaba cada vez mas a su verga mi baba caía por todos lados chorreando por sus huevos, ven me dice nos acercamos al banco me tiro en el me puso patas al hombro y comenzó a embestirme toda su verga dentro de mi no paraba estaba como en loco el banco se estremecía el ruido de los huevos sonaba por todos lados era un golpe to, to, to, sin parar ya estaba a punto de gritar de tanto placer que me estaba dando, cuando me mira fijamente y de un tirón me acerca a el sentí sus chorros de semen dentro de mi que me quemaba al sacar la verga el último chorro cayo en mi cara y tu callado que no sepan que me he follada el de la limpieza se sacudió su verga encima de mi y me quede solo, pero la tenía tiesa para no perder nada me hice una paja con toda ese leche caliente en mi culo el placer era enorme al correrme me la restregué toda por el cuerpo, me levante me duche y salí de ahí de ese ya veinte años y ahora están aquí recordando viejas folladas.

  • Después del cinturón viene el orgasmo

    Después del cinturón viene el orgasmo

    Cuando la universitaria abrió la puerta, su padrastro la estaba esperando.

    La chica le miró con miedo. Había preparado un pequeño discurso, había albergado esperanzas y era optimista. Pero al verlo allí de pie, alto, imponente, con la frente perlada por el sudor, los ojos amenazantes, la camisa arremangada y en sus manos el cinturón, toda esa determinación ensayada se vino abajo como un castillo de naipes.

    Ana, que así se llamaba la estudiante, tembló y se formó un nudo en su garganta y en su estómago que le impedía hablar y moverse.

    El hombre tampoco medió palabra alguna, simplemente señaló la mesa.

    La chica, mecánicamente se dirigió hacia el sitio indicado y se inclinó.

    Luego desnudo su trasero. No sentía vergüenza, no en ese momento.

    Apretó los dientes y contrajo las nalgas.

    Unos segundos después el golpe, el primero de una docena, acompañado de dolor.

    Lágrimas, impotencia y resignación.

    Minutos después, tumbada sobre el estómago, en su cama, el recuerdo.

    El culo rojo escocía y palpitaba.

    Y esa sensación de calor que la había hecho llorar, poco a poco tornaba en algo más animal y placentero.

    Las bragas mojadas, la electricidad recorriendo su cuerpo, el latido de sus gluteos moviéndose hacia su bajo vientre. Tenía ganas de orinar, pero esa sensación se mezclaba con la de placer.

    El momento se acercaba.

    Agarró la almohada con las manos, contrajo el esfínter como si se preparase para un azote. Notó como que le faltaba el aliento, aguantó y aguantó hasta que su vista se nublo y finalmente, se dejó ir.

    El orgasmo tomo posesión de su ser y perdió el control de su cuerpo.

    Los espasmos venían una y otra vez.

    Su entrepierna se llenó de fluido vaginal.

    Quería parar, tener un momento de respiro pero, cuando parecía que todo había acabado, que no tenía más energía en su cuerpo, el episodio se repetía.

    La espalda arqueada, los gemidos que se confundían con gritos y el sistema nervioso a mil.

    Finalmente todo paro.

    Era el momento de dormir pero entonces las ganas de orinar volvieron. Torpemente, casi contra su voluntad, se levantó y de alguna manera llegó al baño y acomodo su culo en la taza.

    El pis tardó en salir, pero cuando lo hizo, lo hizo con fuerza, chocando contra la taza.

    Ana tiró de la cadena amortiguando el sonido de una ventosidad.

    Luego se quitó las bragas, abrió el grifo del bidet, y se lavó temerosa de frotar el punto G e iniciar un nuevo orgasmo.

  • Mi primera cita con Samy y conociéndonos

    Mi primera cita con Samy y conociéndonos

    Les contaré como conocí a Samy, la primera vez que salimos y terminamos en la cama exhaustos.

    Mi nombre es Marco y les diré que soy un hombre de 50 años casado, desde hace 25 años, con un cuerpo normal ni delgado, pero tampoco descuidado físicamente 170 de estatura y trabajo para gobierno del Estado de México en Toluca y para nada les mentiré que soy un don juan, pero he conocido a lo largo de mis años a varias mujeres, sin embargo cuando conocí a Samy, ella es una mujer mas chaparrita que yo, simpática lo que me llamo la atención cuando la atendí en mi trabajo y al parecer hubo química en ese encuentro, que le pedí su número telefónico y ella acepto para avisarle cuando su trámite solicitado estuviera concluido.

    Cabe señalar que Samy es una mujer guapa mucho más joven de 37 años y amable, de bonito cuerpo, dos senos grandecitos, pero lo que mas me llamo la atención ya lo saben los hombres, que tenia un buen culito antojable para hacerle maldades.

    Pasaron los días y le llame a Samy para avisarle que su trámite ya estaba realizado y concluido y si quería pasar por su comprobante lo hiciera y así lo hizo, fue que nuevamente encendió en mi el deseo, al verla llegar muy bien arreglada, al platicar con ella me entere que era viuda y su esposo había fallecido un año atrás. Este comentario me calentó mas debido a que pensé, diablos esta mujer no le han dado verga desde hace tiempo debe de estar urgida, pero me contuve y solo nos despedimos.

    Una Semana después, tenía que salir a realizar trámites en las oficinas centrales de mi trabajo por lo que pensé en invitar a Samy a que me acompañara y le mande un mensaje, ella contesto que le gustaría pero por su hija no podría salir por la tarde solo en la mañana, me dijo claro que me gustaría acompañarte pero solo puedo salir de las 8 a las 14 horas en que mi hija está en la escuela. Como sea arregle mis horarios para que Samy me pudiera acompañar y quede de pasar por ella a las 8 de la mañana.

    Así fue cono inicio nuestra amistad, no encontramos a las 8 de la mañana de ese día, ella se subió inmediatamente a mi coche y partimos con rumbo a las oficinas de mi empresa, durante el trayecto nos fuimos conociendo ella me platico de su esposo que había fallecido el año pasado y ahora se ocupaba de su hija por completo, me cometo que había regresado a vivir con sus suegros y por ello no tenía mucha oportunidad de salir pues no lo veían correcto.

    Llegamos a la ciudad y realice los tramites que tenia pendientes cuando regresamos al auto, le comente, listo Samantha, ya concluí mis tramites a donde te gustaría que te invitara a comer o pasear, ella me dejo la puerta abierta al contestarme; donde tu quieras. Le volví a preguntar Samy a dónde quieres que te invite a desayunar o pasear por que si me preguntas a mi, lo que yo quiero es comerte y ella sonrió diciendo en serio te gustaría comerme, claro que si Samy estas lindísima que te comería enterita.

    Pero contéstame primero me dijo eres soltero o casado para saber de que hablamos, Le respondí, Samy no me gustan los rodeos a mi edad, te voy a decir que soy casado con dos hijos así y así le platique pero tu me gustas desde que te vi. En ese momento nos estacionamos a realizar un pago mientras que Samy se quedo sola en el auto y seguramente pensando lo platicado minutos antes y mi propuesta;, pensando, Marco se ve es un tipo atractivo y simpático pero casado y no me gustaría tener problemas con un casado que tal si la esposa esto o lo otro, que tal si los hijos le reclaman etc., miles de cosas en contra pero una a favor en ese momento pensó Samy tengo un año que no me cogen y me urge mucho que me den una buena arrastrada en la cama, me arriesgare a conocerlo y ya veremos si me gusta y se repite o hasta aqui queda nuestra naciente amistad.

    Volvi al auto para llevarla al hotel pues al no decir que no quería, supuse que si iríamos al hotel, después de un momento llegamos a un auto hotel discreto y bonito, estacione dentro el coche y me dispuse a subir a la habitación, al pedirle a Samy que entráramos ella subio primero las escaleras y pude comprobar el culito tan rico que veian mis ojos con ropa y mas tarde podría apreciarla mejor.

    Entramos al cuarto y ella se me avento a los brazos aprisionándome también con las piernas, nos abrazamos como desesperados y empezamos a besarnos, la bese por todo el cuerpo para saborear su piel y sentir temblar su cuerpo haciendolo por varios lugares del cuarto, ella sin embargo quería ya desnudarme y que la poseyera sin embargo le susurre con calma chiquita, tenemos mucho tiempo y calme sus ansias depositándola en la cama y empezando a besarla nuevamente.

    Al calor de los besos empezamos a desnudarnos la primera ropa y ella quería ayudarme con el pantalón porque tenia deseos de conocer el pene que entraría en su conchita, sin embargo antes de tocarlo le retire la mano diciendo que aun no era tiempo de conocer a mi amiguito aun cuando este ya estaba totalmente despierto y con ganas de pelear.

    La segui despojando de sus ropa para encontrar sus dos ricos volcanes que al tocarlos en su copas, querían explotar, me acomode en sus bellos senos y empecé a besarlos, empecé a comer un rico seno mientras mi otra mano recorrería cada centímetro del otro seno para que ninguno se encelara, cabe mencionar que en lo particular me encanta besar, comer y morder los senos, me atraen recordándome mi niñez y si que quería recordarla pues Samy tenía unos senos grandes y las copitas despertaban al tocarlas, asi me la pase por algunos momentos mientras ella se tocaba su conchita y cruzabas sus piernas por el cosquilleo que tenia en medio de ellas por lo que entendí que no debía hacerla sufrir mas, que ella ya quería ser penetrada.

    Volviendo a su cuerpo continúe desnudándola hasta que quedara en sus pantis color negros que cubrían su rica conchita que ya tenia signos de humedad, por lo que baje la panti y pude descubrir en su vagina a medio rasurar toda la humedad de la excitación y deseo por ser penetrada. Me quiete los pantalones y los calzoncillos para acomodarme encima de ella, que primero sintiera la piel y fuerza de mi pene, aunque no deje que lo viera para que fuera una sorpresa al tenerlo dentro de su conchita. Debo decir que tengo un pene normal de 12 centimetros y medio gordito en términos generales de buen tamaño pero no quería que lo viera más bien quería que lo sintiera.

    Deje que mi pene buscara la cuevita de su concha unos segundos incluso al no entrar inmediatamente Samy volvió a mover su mano queriendo alcanzar a mi pene pero volví a quitarme haciéndome hacia atrás para que ella no pudiera tocarlo, le susurre al oído; no mi amor deja que ellos se conozcan y se adapten mientras tu y yo nos seguimos besando y acariciándonos.

    Vi su cuerpo como temblaba de pasión y deseo y gemía pidiendo, suplicando que la cogiera, así que empecé a penetrarla y observar su carita cambio al sentir entrar mi verga en su conchita, ella gemio de placer y satisfacción, al fin sentirse cogida, en ese instante que mi pene había escarbado la mitad de su conchita, le di un fuerte empujón con fuerza y excitación, por sus gestos aprecie el dolor que le provoco mi verga al entrar sin contemplación hasta el fondo de su conchita, Pero inmediatamente su carita cambio porque a pesar del dolor que sintió no se comparó al sentirse cogida hasta el fondo y tener mi verga dentro de ella, se vio en su ojos mas que el dolor la satisfacción como diciendo en su mente. Así amigo dale de comer a mi conchita que esta hambrienta y ya verás como te voy a escurrir y dejarlo vacío.

    Al cabo de unos segundos de dolor Samy empezó a disfrutarla y moverse como poseída y exclamando mi nombre, si marco, si más dame más cógeme por favor cógeme más hazlo mas no vayas a sacarlo mételo más dame más duro… En esos momentos tuve tiempo también de volver a tomar sus ricos senos que se balanceaban de un lado a otro por su dueña que estaba siendo cogida como desde hace mucho tiempo no la cogían, tome los senos y los bese, asi estuvimos unos momentos de mete y saca y al ver su cara de excitación porque la estaban cogiendo durante algunos minutos sentí que explotaría, por lo que tome las copitas de sus senos y los mordí con un fuerte deseo lujurioso por marcarla como de mi propiedad pues sabia por la forma en que estaba disfrutándolo que no había sido cogida con tal intensidad que hasta el dolor al morder sus senos no le impidió que ella también llegara al clímax teniendo uno y otro orgasmo.

    Al explotar los dos al mismo tiempo puede ver como Samy había disfrutado y estaba toda empapada que incluso baño con sus líquidos todo mi pene que empezaba a salir de su cuevita dejando tras de si rastros de semen que salían de su conchita debido a tantos jugos que salían de su cuevita eran demasiados y ni aun con tanta hambre su conchita pudo retener tanta leche suya y mía, dejando salir algunas gotas.

    Me recosté a su lado para descansar unos momentos y seguir conociéndonos, mientras ella me decía; gracias Marco estuvo muy rico, ya lo necesitaba, ya no aguantaba mi mente y cuerpo deseaba ser cogida y mi conchita deseaba que le dieras de comer hasta el fondo. Gracias Marco.

    Después de un rico baño seguimos platicando conociéndonos y descansando, estando ambos recostados, Samy se inclinó para conocer por fin la verga que le había dado una rica cogida, la toco y tomo en sus manos como agradeciendo por hacerla tan feliz. Y se montó en mi verga pidiendo que la volviera a coger, así que abrió sus lindas piernas para volver a ofrecerme su pepa que nuevamente estaba humedeciéndose.

    Inmediatamente volví a acomodar mi verga en posición para que entrara en su cuevita y así lo hice, solo que en esta segunda ocasión y ya conociéndonos, se la comió de un solo sentón desapareciendo toda mi verga en su panochita hambrienta, debo mencionar que ella fue quien llevo el control de esta nueva cogida y se movía de un lado a otro buscando que su conchita recibiera los latigazos de mi verga pero también me dio a entender por la forma en que estaba arriba, que yo sería su nuevo macho para llenar su conchita solo con mi pedazo de carne en cada rincón de su obscura cueva, después de algunos minutos de cabalgar sobre mi verga, le avise que explotaría, gritándole Sandra mi amor me vengo! aventándole toda mi leche calientita a su conchita que estaba como una hoguera hirviente, solo atinó a decir Si Marco dámelo todo no te detengas dame todo, todo, por favor, si marco dame más, dame todo y apretó su piernas para exprimir mi verga al máximo.

    Creí que ella terminaría y se bajaría de montar a su nuevo macho pero no fue así, me dijo no te quites marco, no te vayas a salir déjame tener otro orgasmo y siguió moviendo todas sus caderas y el centro su conchita, esto fue por un par de minutos que me parecieron ternos que incluso pensé que clase de mujer es esta chava, esta como loca y poseída por que no paraba de moverse y raspar su conchita contra mi verga y mis huevos que incluso empecé a sentir un intenso dolor por lo que estaba haciendo, hasta que su rictus de dolor me aviso que tendría su orgasmo, que por la forma en que siguió moviéndose por algunos segundos me di cuenta que se vino en varias ocasiones teniendo multiorgasmos, que lleno mi pelvis de su gran cantidad de líquidos vaginales.

    En esta parte quiero aclararles algunos detalles que les platicare en otra historia pero ayudaran a entender mi relato: a Samy nunca su esposo la dejo llegar al orgasmo, solo estando arriba de ella se la cogía y se bajaba, nunca dejo que ella estuviera arriba teniendo el control y más adelante también les contare como nunca se la habían cogido por la boca y mi relato favorito será cuando les cuente como tampoco su esposo se la había cogido por su rico culito que desvirgue. Pero esa será otra ocasión.

    Al recostarse a mi lado se disculpó por la manera salvaje en que se había comportado, me dijo, Marco discúlpame por favor pero ya tenía mucho tiempo que no me cogían que mi cuerpo ya lo buscaba, ya deseaba todas las noches mi cuerpo sentir una verga y quitarme este fuego y más mi conchita deseosa que la penetraran y tú me has dado muchos orgasmos que nunca en mi vida había tenido, le conteste Samy chiquita, no te preocupes, es normal tanto deseo de coger por lo que me has contado que no has tenido sexo desde que murió tu esposo. Eso y lo que les comente explicaban el actuar de Samy, que estaba como una perra en celo deseosa de que cualquier macho se la cogiera y ese macho fui yo y al quedar complacida con mis cogidas me hizo sentir mi ego hasta el cielo.

    Nuevamente volvimos al baño para refrescarnos y descansar en la cama. Pero faltaba una cogida más. Después de un rato descansando y con mi ego aliviado decidí que tenía que hacer un último esfuerzo para darle a Samy una cogida que recordara para siempre. Así que la empecé a besar y hacer caricias por todo su cuerpo, incluyendo su rico culito, la empecé a acomodar boca abajo para que yo apreciara las ricas y antojosas nalgas que veía y ante tal espectáculo pensé en penetrarla por su culito, sin embargo creí también que sería en otra ocasión, pues yo también pensé que le había dado gusto y si todavía podía cogerla un rato más para dejarla llena otro día me buscaría y entonces si la llevaría a desflorar ese hermoso culito que me ofrecía, sin embargo opte por acomodarla en cuatro patas y colocándome atrás de ellas empecé a besarle el cuello, la espalda en cada rincón y besando sus hermosas nalgas. Me acomode atrás de ella levantando su colita con las caderas arqueándola hacia mi y acomode la cabeza de mi verga a la entrada de su papaya y ella volvió a gemir y gritar en el momento en que entre de un solo golpe en su conchita y volví a realizar varias veces el mismo procedimiento acomodar la cabeza de mi verga en la entrada de su conchita y de un solo golpe volví a penetrarla. Después de varios golpes a su conchita, ya no volví a salir porque me excito escuchar como pedía más cada vez que la empujaba hacia adelante pero volvía a regresarla jalándola hacia mi verga con sus caderas, Samy estaba nuevamente fascinada y extasiada de la cogida que le estaba dando que solo atinaba a decir si marco si dame más. Así marco mételo mas, marco dame mas por favor si dame mas.

    Estos golpes que le dejaba ir a su vagina, agarrándola y apretando sus caderas para que no intentara zafarse y sintiera al máximo mi verga dentro de ella, con una mano tome su cabellera y la enrede en mi mano para que alzara su colita pero también su cabeza jalándola de la cabellera para que viera en el espejo del cuarto como la estaba penetrando y si esta sería la única y última vez que la cogiera, recordara como su macho la estaba montando a placer llevándola al cielo. Después de unos instantes volví a coger con mis dos manos sus caderas porque estaba a punto de explotar nuevamente en su humedecida vagina, gritándole Samy mi amor me vengo te los voy a dejar hasta el fondo otra vez mi amor, tómalos chiquita, muévete necesito que te revolotees y me muevas tu colita, para que mi verga aprisionada por tus caderas y tu conchita expriman dentro de ella toda la leche que te entrega mi verga.

    Después de ese orgasmo pase algunos segundos encima de ella para que también ella entendiera que de ahora en adelante seria mi perra y se acostumbrara tenerme y descansar encima de ella como lo hacen los perros, no te sales hasta que yo deje de montarte, asi lo hice, repose mi eyaculación dentro de ella unos segundos obligado también porque Samy doblo sus patitas delanteras indicándome que estaba cansada pero le susurre al oído estuvo riquísimo mi amor, y le mordí levemente la oreja y me deje caer en la cama.

    Me recosté en la cama y agradecí lo linda que había estado, que había sido muy bonito hacerle el amor, aunque debo reconocer que dentro de mi estaba feliz de haberle cumplido a esta putita una cogida que nunca le habían dado en su vida porque nadie se la había cogido tantas veces en una noche en su vida. Nadie se la había cogida en tantas posiciones, nunca nadie se la había cogido en cada esquina de la cama y mirándose al espejo como su macho la tenía ensartada por esa rica panochita, y que le habían dado de comer a su conchita de modo que en mucho tiempo no pediría verga y si se le antojaba alguna verga a mi Samy ella sabría que de ahora en adelante solo una verga podría cogerla, solo mi verga seria su dueña, solo mi verga la montaría, solo mi verga entraría dentro de todos su hoyitos y solo mi verga estaría dentro muy dentro de ella.

    Fin

  • Inicié a ser la puta y amante de Hernán, mi entrevistador

    Inicié a ser la puta y amante de Hernán, mi entrevistador

    Un día jueves por la mañana, Hernán marcó a mi celular, me invito a irnos de fin de semana, le dije que lo pensaría ya que tendría ese fin mucho trabajo, al otro día viernes, antes de ir al trabajo me llamó me dijo que pasaría por mi para irnos de fin, le dije que no podría, me dijo que no estaba preguntando, que mejor estuviera lista al momento de pasar por mi, le dije que tendría que ir a mi casa por ropa, me dijo que en el camino iríamos de compras, el día viernes durante toda la mañana estuve pensando en el viaje, lo que tendría que decir en casa a mis papás para irme todo el fin de semana, y obvio también pensaba en lo que quería hacerme, obvio había decidido ser su amante, y ya me había enterado que era un hombre casado y que su esposa también era joven, pero pues el era un hombre de edad bien parecido.

    Llego el momento, eran las 3 de la tarde cuando llego a las oficinas por mi, me estaba esperando en el estacionamiento cuando me envió mensaje, «hola mi niña ya estoy abajo esperando, no tardes, tarde en bajar media hora puesto que no tenia que dejar pendientes, marque a mis papas que iria con mis amigas de fin de semana y que llegaría hasta el dia lunes por la tarde, ya que ese fin de semana seria largo, cuando baje al estacionamiento me abrió la puerta del auto, me dijo que iríamos a un centro comercial a comprar ropa para el fin de semana.

    Al llegar al centro comercial me dijo que fuera a comprarme la que quisiera, me dio su tarjeta y su nip para pagar, primero fui por lencería y ropa interior, quería comprarme algo coqueto, posteriormente por unos jeans y dos minis, unas cuantas blusas y tops, tenis, guaraches, zapatillas, un vestido corto, una gabardina arribita de la rodilla ya que había dicho que tendríamos cena romántica, pensé en comprarme una pijama, pero todas las noches iba a dormir desnuda ya que el querría cogerme en todo momento, pagué y fui a buscarlo, el también había realizado algunas compras, fuimos a comer, estuvimos platicando sobre mi vida, y el trabajo durante de la semana, me pidió que me cambiará y que me pusiera algo sexi para antes de llegar al hotel, ya que iba vestida de pantalón de vestir, blusa y saco, fui al tocador y me puse la gabardina color blanco, me cambie la ropa interior por una blanca sexi de encaje, me coloque mis zapatillas color negras que traía, me di una mano de gato, retoque de maquillaje y listo, salí del tocador rumbo a nuestra mesa, había dado un cambio al 100% que todos en el restaurante me miraron pensando que era mi sugar daddy.

    Al salir del centro comercial tomamos la autopista hacia un lugar en el centro del pais, iba a ser un fin de semana largo puesto que trabajariamos hasta el martes, durante el camino me platicaba de su esposa, me dijo que iría de viaje con su mamá al sur del país y que por eso tendríamos todo el fin de semana, yo ya sabía que su esposa era joven, pero le pregunté más sobre ella, el es 10 años mayor que ella y 20 años mayor que yo, así que es obvio que le encantan las jovencitas

    Durante el viaje me tomaba de la pierna, yo de su entrepierna, se miraba que ya estaba excitado, le pregunté si en todas sus entrevistas a mujeres hacia lo que había echo conmigo, me dijo que nadie, ninguna mujer habia asistido a entrevistarse con minifalda, que yo habia sido la primera, y que rapidamente se excitó al mirar mis piernas y mi trasero, asi que penso que seria facil seducirme, que había pensado antes de todo invitarme a salir y ofrecerse en llevarme a mi casa pero pensó que iba con alguien más, me dijo que me mando el mensaje de que fuera a agradecerle pero que nunca pensó en que iría y que al ver que fui a buscarlo sin cita, penso que me habia gustado, asi que no penso en ofrecerme hacerme su amante.

    Antes de llegar a nuestro destino Hernan ya tenía las reservaciones listas, ya era de noche yo había dormido durante el camino, al llegar al hotel entramos en la recepcion todos miraron a la hermosa hembra de Hernan, con mi gabardina blanca y mis tacones me veía en verdad muy sexi, nos dirigieron a la habitación, me tomó de la mano, íbamos delante de la persona que llevaba nuestro equipaje el chico miraba mis piernas, sentía su mirada, al entrar a la habitación me senté en el sillón, cruce la pierna y el chico frente a mi me observaba mientras Hernan dándome la espalda sacaba de su cartera un billete para el joven, yo soy muy coqueta le sonreí y me mordí el labio, jajaja el chico se sonrojó.

    Al cerrar la puerta Hernan volteo a verme, yo sentada sobre el sofa, lo mire sonriendo, desabrochando poco a poco los botones de mi gabardina hasta abrirla completamente, pudo mirar exquisitamente mi lencería blanca, arquie mi espalda y abrí un poco las piernas señal de pedirle que me quitara lo poco que traía, que me hiciera suya, al quitarse el saco, de la bolsa sacó un chocolate se colocó de pie frente a mi, obvio entendí que tendría que quitar el cinturón, desabrochar el pantalon y bajar la cremallera para poder sacar su delicioso miembro y meterlo a mi boca, saco su pene unto chocolate en él, ese chocolate tenia un olor afrodisíaco que te invitaba a comerlo y saborearlo, no resistí un poco y rápidamente lo metí a boca disfrutándolo, con tremenda ansia y desesperacion metiendolo hasta mi garganta, mordiendolo chupandolo y tragandome los webotes de mi hombre de arriba para abajo, la verdad me veía muy puta tragando ese chocolate del pene de Hernan solo quería mas y mas, el vertía un poco más por todo su aparato, desde los testiculos hasta el glande, la verdad era tan rico que no quería parar, me veia tan desesperada tragandomelo que toda mi boca, mejillas y nariz tenían chocolate, tal pereciera que tenía barro en la cara. Disfrute tanto que hice que terminara en mi boca tragandome todo su semen con sabor a chocolate afrodisíaco, me levantó y nos fuimos directo a la ducha, me cargó y al entrar al baño, la tina estaba cubierta de pétalos de rosa y al costado unas copas con un vino rosado.

    La primera fue una escena muy sucia pero la segunda sería un poco romántica, al mirar los pétalos en el jacuzzi me emocioné tanto que mis ojos se llenaron de lágrimas, me gustó mucho, hacia mucho tiempo que nadie me daba un detalle asi, inmediatamente Hernan me abrazó por detrás me quito el bra, me beso el cuello y empezó a untarme con chocolate en mis pechos, metió sus dedos con chocolate en mi vagina y empezó a masajearme, estaba tan húmeda que soltaba algunos gemidos de placer, de pronto se metió a la tina y yo me senté en la orilla con las piernas abiertas, me realizó un oral tan rico, que balanceaba mi cabeza hacia atrás apretando la cabeza de Hernan entre mis piernas y en ocasiones poniendo mis ojos en blanco, no tarde en venirme pues ya estaba bien húmeda y prendida, me recosté sobre el, de frente, besandolo en su cuello, los dos dentro de la tina.

    Ya más tarde salimos de la tina yo fui directo al tocador mientras Hernan me abrazaba por detrás, con mi celular tome una foto de frente al espejo ambos deudos del pecho, después pedimos servicio a la habitacion nos metimos en la cama a cenar y ver TV.

    Al siguiente día por la mañana, bajamos a desayunar, posteriormente fuimos a dar una vuelta a pie por el pueblo y a comprar algunas cositas, durante nuestra caminata notaba que le marcaban mucho al celular y se ponia nervioso, yo pense que era su esposa pero no!! Era su secretaria la que estaba muy insistente, pues resultó que era su amate también, yo le dije que por mi no había problema, que yo no iba a competir cuando podía tener a quien yo quisiera, solo que procurará que no se enterara de mi ya que yo no quería escenas, problemas y escándalos y claro sobre todo estaba mi salud, que procurará cuidarme en ese aspecto, que yo estaba limpia y sana y que si estaba dispuesta hacer de todo en la cama con el, pero que procurará cuidarse, por mi y su esposa.

    Después fuimos al hotel, quería meterme a la alberca pero cual fue mi sorpresa que no traía traje de baño, así que decidí ponerme ropa interior diminuta la cual era de encaje y se trasparentaban mis pezones y sexo, camino a la alberca me puse un short al llegar habia chavos con sus novias y parejas, afortunadamente no había niños, al despojarme de mi short no pude ocultar mis atributos, dentro de la alberca dispuse a relajarme, de pronto se acercaron a cortejarme dos chicos, me preguntaron mi nombre, que de donde era y que si iba sola, a lo que les respondí que no, que llevaba a mi señor, Hernan iba llegando a la alberca y le dije entra mi amor te estoy esperando, ellos vieron a Hernan que era mucho mayor que yo, me dijeron que si ese viejo era mi novio, les respondí, no es su apariencia ni la edad, es lo que trae bajo el short lo que me hace estar ahí, humillandolos y respetando a mi hombre.

    Después de un rato, fui a la habitación y Hernan se quedó en la alberca a tomar cerveza, yo en la habitación entré a ducharme, y a arreglarme un poco ya que iríamos por la noche a un restaurante bar, me vestí con el mini vestido ajustado y zapatillas y sentada en el sillón con mi celular y ya lista Hernan llegó, se duchó y nos fuimos, al restaurante fuimos caminando estaba cerca del hotel, estuvimos bebiendo y platicando después de la cena, ya casi a la 12 de la noche de camino al hotel, me abrazó por detrás y sentí su dureza, le dije que ahí le haría un oral, el dispuestisimo!!!, así que buscamos un lugar obscuro, me arrodille, le bajé la cremallera y saque su miembro, me lo comí durante 5 a 8 minutos hasta tragarme todo su semen, ni una gota deje escapar, limpie las orillas de mis labios y nos fuimos al hotel, al llegar rápidamente nos besamos como desesperados, quitándonos la ropa cogiendo toda la noche, terminamos durmiendo desnudos, al día siguiente, desperté a mi hombre con un rico oral aprovechando que muchos hombres amanecen con la verga dura, pues ni pensé en desperdiciar su rico semen y volviéndolo a comer.

    El día domingo fuimos a una caminata extensa obvio use mis tenis, mis mini shorts mis blusitas, así que al llegar al hotel no quisimos salir en todo el día de la habitación, llegando me duche y me la pase desnuda todo el tiempo por la habitación, y Hernan en boxer, pasando de un lado a otro frente a él desnuda, lo excitaba y al hacerlo me cogia en cualquier posición, en cualquier lugar de la habitación hasta que no resistió más, saco de su maleta un lubricante, yo lo mire y le dije que no!! El me dijo que si!! le supliqué y me dijo si perrita, andas de cachonda pues ahora si te haré gemir, me jalo a la cama, me puso en 4 con las nalgas levantadas, me lleno de lubricante y me cogio por mi cola, toda la noche en todo momento, pero el no podía terminar, así que hice algo raro que tenia muchas ganas de hacer, hice que se pusiera de pie, que pusiera sus nalgas en mi cara, lo incline un poco, con una mano tome su pene con otra su pierna y puse mi lengua en su ano, jugando en formas circulares hasta que por fin chorreo su líquido en mi mano y untandolo en mis pechos.

    Se preguntaran como aguantó comiéndome todo el tiempo, obvio con tremenda hembra como yo, quien no va a estar excitado todo el tiempo y no querer metermela en algún lugar de mi cuerpo.

    El día lunes por la mañana apenas podía moverme, me dolia mucho mi trasero, era una sensación muy rara, tenía que sentarme en una pompa y luego en otra, por la tarde llegamos a mi casa, mis papas querían platicar conmigo y pues yo me sentía rara, no podía dejar que dudarán por sentarme mal, me dijeron que irían de viaje y les dije que compraría un departamento, o rentaría así que tal vez cuando llegarán ya no estaría en casa.

  • Bendita juventud del hijo de mi jefa

    Bendita juventud del hijo de mi jefa

    Hace casi dos años que trabajo en la casa de Zulema, una mujer muy amorosa de unos 50 años que siempre me trató como si fuera de la familia.  Mi trabajo consiste en tareas domésticas: limpieza, orden, cocina.

    Zulema es una mujer divorciada, que vive sola en un departamento enorme en una de las zonas más caras de Buenos Aires. Tiene un único hijo, Abel, que estudia en España hace dos años, por lo que sólo lo conozco por fotos que me muestra su madre, orgullosa de su «bebé».

    Yo, que tengo 43 años y he trabajado desde los 20 en distintas casas de familia, siempre he preferido esta casa. Aquí trabajo tranquila, a mi tiempo, me tratan bien, y no suele haber gente revoloteando mientras cumplo mis obligaciones.

    Mi empleadora es arquitecta, por lo que sus horarios son variados. Tiene su propio estudio dentro de la casa, y además pasa mucho tiempo afuera, yendo a supervisar distintas obras.

    Si bien no suelo quedarme a dormir, tengo un cuarto de servicio donde dejo mis pertenencias. Como vivo lejos del departamento de Zulema, si por alguna razón se hace tarde o ella me necesita en el turno de la noche, tengo cama, pijama y cepillo de dientes allí para poder quedarme.

    Lo que estoy por contarles sucedió a mediados de diciembre. Yo me encontraba limpiando el living y escuchando música, cuando Zulema salió de su estudio y se acercó a hablarme.

    – Romi, necesito que dejes de hacer lo que estás haciendo y prepares algunas cosas para comer. Sacá el dinero que necesites del cajón, y comprá lo que haga falta. Necesito que amases unas pizzas, y hagas ese cheesecake que tan bien te sale.

    Noté que estaba contenta, supuse que había algún evento especial que la tenía entusiasmada.

    – Perfecto, Zule. Ya mismo voy a comprar las cosas y me pongo a cocinar. Necesitás algo más?

    – Gracias, sos la mejor. Y no, por ahora sólo eso. Ah, sí! Traete unos chocolates de la bombonería que está en la esquina.

    – Veo que estás de festejo… – dije bromeando, aprovechando la confianza que teníamos.

    – Sí, hoy vuelve Abel. No lo veo hace más de dos años, y por fin viene a pasar fin de año conmigo!

    – Qué lindo, Zule! Me alegro mucho por vos. Por fin voy a conocer al famoso niño mimado.

    – No puedo creer que ya tenga 21 años. Lo vas a amar.

    Zulema se fue a trabajar y yo a comprar las cosas que necesitaba para arrancar con sus encargos.

    Cociné durante varias horas, dejé todo listo e impecable para el reencuentro de madre e hijo, y alrededor de las 18 h me fui a mi casa.

    Al día siguiente volví al departamento y al entrar me encontré, como de costumbre, a Zulema tomando mate y leyendo un libro en el comedor. Me sorprendió verla sola, ya que imaginé que estaría con su hijo.

    – Hola, Romi!

    – Zule, qué sorpresa verte acá sola. Qué pasó con Abel?

    – Se fue temprano a hacer unas compras. Estaba increíble la comida de ayer, nos encantó todo.

    – Qué bueno, me alegro mucho. Me voy a cambiar y arranco por tu oficina, te parece?

    – Dale, pero primero tomate un mate. – dijo me cebó un mate amargo como nos gustaba a las dos.

    Tomé un mate y me fui a poner cómoda. Hacía mucho calor, así que me puse un vestido de algodón floreado que ya estaba viejo, y unas sandalias en los pies. Aproveché que Zulema todavía no había empezado a trabajar, para limpiar y ordenar su estudio. Puse música como cada día, y comencé. Luego seguí por su habitación, y los baños. Ya más tarde, entré al cuarto de Abel a ordenar lo poco que podría haber desordenado luego de una noche allí. No quería invadir su privacidad, así que procuré no tocar mucho sus cosas. Hice la cama y fui a buscar la escoba para barrer un poco. Mientras barría tarareaba distraídamente la canción que estaba sonando. De repente escuché pasos y un silbido de alguien que también reconocía la canción. Segundos más tarde, entró arrebatadamente un chico a la habitación. Al verme se quedó sorprendido. Supe inmediatamente que era Abel.

    – Uy, hola! No sabía que había alguien. Soy Abel, vos debés ser Romina.

    – Sí, hola. Un gusto conocerte, tu mamá habla mucho de vos…

    – Me imagino, no le creas todo lo que dice – dijo bromeando

    Era un chico alto, de contextura media y pelo negro como su mamá, que llevaba corto. Al hablar tenía cierta tonada adquirida de España, era como un argentino españolizado. Era un joven muy atractivo, además de seductor. Instantáneamente sentí vergüenza al pensar eso, ya que tenía la edad de mis hijos. No les conté esa parte de mi vida: Estoy casada desde los 20 años con Gastón, y tengo dos hijos mellizos de 21 años.

    – Saco un poco de ropa para ir a bañarme y te dejo tranquila – me dijo mientras abría el placard.

    – Sí, no te preocupes, yo ya termino acá.

    Agarró una remera, un short deportivo y un bóxer gris, y se fue al baño. Escuché cómo abría la ducha. Por un segundo lo imaginé desnudo bajo el agua, e inmediatamente sacudí la cabeza indignada con que esa idea siquiera se me cruzara por la cabeza.

    Salí de allí rápidamente y me fui a hacer el almuerzo. A los pocos minutos salió Abel del baño, vestido con las prendas que había tomado del placard, y secándose el pelo mojado con la toalla. Se acercó a la cocina donde yo estaba rehogando cebolla, y comenzó a darme charla.

    – Uh, qué rico olor.

    No supe qué responderle, así que sólo lo miré y le sonreí.

    – Siempre que hablaba con mamá me hablaba de vos, sabés? Se nota que te quiere mucho.

    – Ah sí? Es un placer trabajar para ella, yo también la quiero mucho.

    – Igual la verdad, no sos como te imaginaba.

    Cómo me imaginabas? – le pregunté riéndome

    – No sé, sos mucho más joven de lo que creía.

    – Bueno, tengo hijos de tu edad, así que tan joven no soy…

    – En serio?! No puede ser.

    – Los tuve a los 22 años. Son mellizos.

    – Bueno, igual. Me imaginaba una señora, como una abuelita tierna. Y vos estás muy lejos de parecer una abuela.

    Lo miré y me sentí nerviosa con su mirada clavada en mí.

    – Bueno, me alegra no parecer una abuela todavía. No tengo problemas con llegar a vieja, eh, pero no me siento así todavía.

    – Me parece bien. Te puedo ayudar? – me preguntó mientras miraba la tabla donde yo cortaba verduras.

    – No hace falta, vos sos el agasajado. Andá a descansar o a hacer algo más divertido.

    – Ya me cansé de ser el agasajado en todos lados. Te quiero ayudar. Aparte así converso con alguien.

    – Bueno…como quieras.

    – A tus órdenes. Decime qué hacer.

    Lo miré y quise volver a tener su edad y su frescura. Volver a la época en la que no estaba casada ni tenía hijos, volver a seducir.

    – Mmmm, a ver… Vení, pelá estas zanahorias y cortalas en cuadraditos.

    Se puso al lado mío frente a la mesada. Le extendí una bolsa con zanahorias y un cuchillo. Al tomarlo rozó mis dedos con los suyos, y lo miré tratando de deducir si lo hacía a propósito. No pude saberlo. Se puso a trabajar mientras yo cortaba morrones.

    – Qué tal España?

    – Ufff, increíble. La pasé muy bien, pero extrañé Argentina.

    – Mucha fiesta, no?

    – Yyyy… – dijo y se rió – un poco…

    – Juventud, divino tesoro.

    – Ahora sí sonás como una abuela. – dijo mirándome de reojo.

    Me reí y le di un codazo suavemente.

    – Respetá a los mayores.

    Yo no sabía si estaba enloqueciendo, pero sentía una tensión sexual alrededor nuestro. Sin embargo, no creía que un chico de su edad, de familia pudiente, fuera a fijarse en una empleada doméstica que le doblaba la edad. Me sentí una adolescente pensando sinsentidos.

    Mientras seguiamos cocinando, llegó Zulema.

    – No sabés el calor que hace, Romi – dijo mientras dejaba sus cosas sobre la mesa.

    Al levantar la vista para mirarme, nos vio y pude ver la sorpresa en sus ojos.

    – Abel cocinando?! Cómo lo lograste? – me preguntó irónica

    – Yo no hice nada, él quiso ayudarme…

    – Increíble. Jamás me ayudó a cocinar a mí.

    Abel revoleó los ojos.

    – Sos una exagerada, mamá. – le dijo

    Más tarde almorzamos los tres juntos. Seguí sintiendo que Abel me miraba de una manera especial, y más tarde me encontré fantaseando con él mientras limpiaba la casa.

    Durante los días siguientes, él seguía buscando pasar tiempo conmigo, y yo buscaba excusas para estar cerca suyo también. Zulema parecía contenta con el hecho de que su hijo y yo nos lleváramos bien.

    – Parece que le caíste bien a Abel, en cualquier momento te empieza a decir tía.

    Yo me reí pero por dentro me dio pánico de que me viera como una tía.

    Una de esas tardes, preparando comida para Navidad, lo llamé con la excusa de que me ayudara a bajar un paquete de la alacena, que a mí me quedaba alta. Yo medía 1.60 aproximadamente, y él medía por lo menos 1.80. Él vino y amablemente y, sin dificultad, bajó lo que yo necesitaba. Me lo dio en la mano.

    – Gracias

    – Para lo que necesite, doña – me dijo en broma

    – Tu mamá me dijo que ya me estabas empezando a tomar como una tía

    – Está loca, no te veo como una tía. – dijo mientras se alejaba de la cocina.

    Yo no respondi nada, aunque me hubiera encantado preguntarle cómo me veía.

    – A los pocos segundos, volvió a aparecer.

    – Romi, te puedo hacer una pregunta? – me dijo y sentí que estaba siendo cauteloso

    – Obvio, decime.

    – Alguna vez estuviste con algien menor que vos?

    – Estoy hace muchos años con la misma persona, y tenemos la misma edad.

    – Ah, y si no estuvieras con él, estarías con alguien menor que vos?

    – Mmm.. supongo que sí. Depende cuántos años menor.

    Me miró en silencio.

    – Por qué la pregunta? – le pregunté

    – Me dejás probar algo? – me preguntó ignorando mi pregunta y acercandose un poco a mí

    – No entiendo nada. Probar qué? – dije un poco nerviosa

    Se puso frente a mí y me tomó de la cara con ternura y me clavó fijo sus ojos marrones. No supe qué sentir. Vi que estaba midiendo cada movimiento, leyendo mis facciones para no hacer nada que me incomodara.

    – Vas a besar a tu casi tía? – le dije en broma, como tratando de disimular mis nervios adolescentes.

    – Definitivamente voy a besar a mi casi tía – dijo y me besó con determinación.

    Abel tenía unos labios hermosos y suaves. Yo sentía cómo mi corazón acelerado quería salirse de mi pecho. Hacía décadas que no tenía un primer beso con alguien. Me sentí una estúpida. Soy una adulta poniéndose nerviosa por un muchacho de la edad de mis hijos. Nos besamos durante un breve tiempo que no podría determinar con exactitud. Fue un beso lo suficientemente lento pero también intenso. Mis pensamientos iban de acá para allá. Qué diría Zulema si se enterara de esto? Y mi marido! Me había olvidado completamente de que había prometido fidelidad a alguien.

    Cuando nuestras bocas se separaron, sin alejarse mucho, Abel rompió el silencio:

    – Del 1 al 10 qué tan raro fue esto?

    – Yyyy… un poco. Qué se siente besar a una señora mayor?

    – Se siente bien, eh. – dijo riendose – Desde el primer día estaba fantaseando con esto. Te prometo que no lo hago más.

    Le sonreí y no dije nada.

    Abel se fue a su cuarto, y yo seguí trabajando. Pero no podía pensar. Estaba caliente con hijo de la dueña de casa. Dejé todo donde estaba y me metí en mi cuartito de servicio. Cerré la puerta, me tiré en la cama y subí mi vestido mientras abría un poco mis piernas. Me especé a tocar, corriendo hacia un costado mi ropa interior. Noté que estaba húmeda. Y cómo no iba a estarlo! Me imaginé a Abel desnudo, desvistiendome con la delicadeza que me había besado, pasando las manos por mi cuerpo. Fantaseé con que ese roce de mis dedos era en realidad de los suyos. Sentía lava en mi entrepierna y mi respiración profunda y espesa. Me toqué cada vez con más fuerza y velocidad, hasta que imaginando a Abel venirse en mi cuerpo, llegué al orgasmo.

    Tomé una tanga limpia y luego de un paso por el baño, me la cambié y seguí trabajando.

    Más tarde pensé: él habría hecho exactamente lo mismo que yo encerrado en su cuarto? Me encantaba la idea de que él se hubiera tocado pensando en mí.

    A la mañana siguiente, mientras lavaba los platos del desayuno y Zulema trabajaba en su estudio, Abel apareció en la cocina. Se apoyó contra el marco de la puerta mirándome. Cuando giré para verlo, tenía la cara todavía hinchada por haberse levantado hacía poco tiempo. No llevaba remera y estaba descalzo. Sólo vestía un short negro de Adidas. Su piel oscura y su cuerpo firme me atraían mucho, pero trataba de no mirarlo fijamente.

    – Buen día – dijo

    – Buen día. Cómo dormiste?

    – Muy bien.

    – Querés desayunar algo?

    – Me gustaría, sí.

    – Qué te preparo?

    No me respondió y se acercó a mí. Traté de manejar mi respiración para que no se notara el cambio. Yo seguí lavando para parecer despreocupada, pero de repente sentí que estaba detrás mío y percibí su respiración tibia y mentolada en mi cuello.

    – Mi hambre es de otro tipo – me susurró antes de darme un beso detrás de mi oreja derecha, mientras pasaba muy lentamente su mano por mi cadera.

    Yo no respondí, pero levanté mi culo hacia él. Al notarlo, Abel se pegó a mí y yo sentí cómo su erección crecía. Justo en ese momento, se escucharon los pasos de Zulema que se acercaba a la cocina. Nos separamos e Abel abrió la heladera y se puso a mirar dentro de ella, como si buscara algo para comer.

    – Hola, hijo. Por fin te dignaste a levantarte – dijo mientras se ponía en puntas de pie para besarlo en la mejilla.

    – Estoy de vacaciones, mamá. Lo único que falta es que me hagas madrugar…

    Abel salió de la cocina y por detrás de su madre me dirigió una mirada que interpreté como “luego seguimos”. Fue a vestirse a su habitación, saludó desde lejos diciendo que iba a ver a unos amigos, y se marchó.

    Agradecí que se hubiera ido para poder trabajar en paz. Además, me incomodaba que estuviera Zulema en la casa y pudiera descubrir la tensión. Aunque igualmente debo admitir que esa adrenalina también me excitaba.

    Esa tarde hice de todo y la casa ya estaba casi completamente limpia y ordenada. Estaba limpiando el último baño, cuando escuché a Zulema hablar con su hijo en el living. No distinguía lo que decían, pero escuchaba el murmullo. Hablaron durante un rato, hasta que dejé de prestar atención. Un poco después, mientras yo me encontraba agachada limpiando los bordes de la bañera, escuché detrás mío que se cerraba suavemente la puerta del baño. Tuve miedo por Zulema, pero en el fondo estaba deseando con todas mis fuerzas quedarme a solas con Abel. Me di vuelta y allí estaba.

    – Hola – susurró acercandose a mí. – Te molesta que te interrumpa?

    – Debería decirte que sí

    – Pero?

    – Pero estaba esperando que vinieras

    Me sonrió con satisfacción genuina. Qué bien me hacía sentir que ese pibe me veía atractiva.

    Se sentó sobre la tapa cerrada del inodoro y me estiró la mano. La agarré y me atrajo hacia él. Primero me quedé parada enfrente suyo, y me agaché a besarlo con muchas ganas. Él estiraba un poco su cabeza para alcanzarme, mientras con sus manos acariciaba mis caderas, mi cintura, mis nalgas.

    Mi cuerpo no era el mismo que a los 20, pero realmente no me acomplejaba. Tenía unos pechos medianos, bastante firmes y con unos pezones rosados redondos. Mis caderas eran prominentes y mis piernas carnosas, y a pesar de tener algunos rollitos, tenía una cintura marcada. Mi pelo era castaño y por lo general lo llevaba en una media cola, de la que sobresalían unos pequeños mechones que enmarcaban mi rostro y usualmente ubicaba detras de mis orejas.

    Pasando mis piernas alrededor suyo, me senté sobre él, quedando de frente. Nos miramos durante un instante y nuestras lenguas volvieron a encontrarse desesperadas. El calor empezó a subir entre nosotros, mientras tratábamos de realizar el menor ruido posible.

    – Tu mamá no se va a dar cuenta de que nos encerramos acá?

    – Dijo que tenía una reunión virtual y pidió que no la molestáramos por un rato.

    Su respuesta me relajó un poco y comencé a moverme encima suyo. Quería sentirlo endurecerse entre mis piernas al mismo tiempo que yo misma me humedecía.

    Abel me besaba con ansiedad y por momentos tiraba de mi cabello a la altura de mi nuca. Su urgencia me calentaba como hacía mucho no me calentaba.

    El sexo con mi marido todavía era bueno, pero sinceramente era menos frecuente de lo que me hubiera gustado, Además, el sexo con la misma persona durante 20 años le saca cierta emoción. Y con Abel, todo lo que había era emoción.

    Aquel día yo vestía una pollera de tiro alto que me llegaba por encima de las rodillas y una musculosa ajustada con tiritas. Mis pezones empezaron a erizarse a pesar del calor de diciembre en Argentina, y comenzaron a traslucirse por mi remera. Abel bajó las tiras y desabrochó mi corpiño, tirandolo al piso y liberando mis tetas. Las miraba como si fueran lo más bello que había visto, mientras las acariciaba suavemente primero, y luego empezaba a apretarlas cada vez más. Comenzó a chuparlas. Sus ojos iban de mis pechos a mis ojos y luego volvían a mis pechos. Una de sus manos empezaba a colarse por debajo de mi falda, buscando mi culo.

    Le quité su remera, y acaricié su torso, sus hombros, sus brazos, mientras él seguía hundido en mi delantera. Lo separé y me quité la remera que estaba baja en mi cintura. Me quité también la falda y las sandalias, quedando frente a él unicamente con una tanga roja de encaje, que había elegido especialmente porque, ante todo, tenía fe. Aproveché y le quité su bermuda y su bóxer, dejandolo completamente desnudo delante de mí, absolutamente expuesto ante la luz fría del baño. No parecía incomodarlo en absoluto. Eso me hizo sentir estupida. Cómo iba a incomodarse su privilegiada juventud ante esta señora ya entrada en años?

    Sentado allí con su erección frente a mí, me miró expectante. Yo le acaricié la cara y me arrodillé en el piso congelado frente a él. Con la sensualidad que yo sabía que aún no había perdido, lo miré mientras masturbaba su pene lentamente. Saqué mi lengua muy despacio y luego la pasé por su glande. Lo hice bien despacio, como jugando con su impaciencia. Quería que me pidiera que avanzara.

    – Me estás haciendo sufrir – me dijo por fin, jugando con sus dedos entre mi pelo.

    Yo sonreí mirando hacia arriba para buscar sus ojos, y comencé a chupar su verga con la seguridad y la experiencia que me respaldaban. Él se encontraba tirado hacia atrás, apoyando sus manos en el borde de la tabla para sostenerse, con los ojos entrecerrados y la boca entreabierta, jadeando lo más silenciosamente posible. Durante unos buena cantidad de minutos le hice lo que seguramente había sido el mejor sexo oral de su vida, sin querer subestimar a las personas de su edad. Su miembro estaba duro como piedra y yo lo único que deseaba era que me garchara.

    Me paré nuevamente y le di la espalda, para poner sensualmente mi culo, todavía con mi ropa interior, frente a su cara. Lo meneé un poco, quería que lo deseara y sabía que así era.

    Él lo tomó con sus dos manos. Lo apretó fuertísimo, y le dio una nalgada que me excitó mucho. Bajó mi tanga y sin dudar, metió su cara entre mis carnes. Comenzó a chupar, sabiendo exactamente cómo hacerlo. Yo me apoyé en el mueble que tenía enfrente para facilitarle el ángulo, además de que me gustaba mirar por el espejo cada tanto el trabajo que estaba haciendo. Yo no podía evitar que se me escaparan jadeos, a pesar de saber que del otro lado de la pared se encontraba Zulema en su videoconferencia. Cuando todavía podía controlarlos, Abel metió dos de sus dedos entre mis ya empapados labios vaginales, y dejé salir un gemido inevitable.

    – Shhh… – susurró riendo

    Entre los dedos de Abel entrando y saliendo de mí, y su lengua en mi culo, me sentía extasiada. Si se hubiera enterado su madre y toda mi familia en aquel momento, juraría que no me hubiera importado con tal de asegurarme algún orgasmo en sus manos.

    – Creo que no nos queda mucho tiempo – le dije – y no pienso salir de acá hasta que me cojas.

    Sus ojos destellaron. Sin decir nada obedeció. Se paró y se puso detrás mío, mirándome por el espejo a los ojos. Me tomó muy fuerte por el pelo y metió su pene de granito dentro mío. Estaba tan lubricada que no tuvo ni la más mínima dificultad. Con la mano que le quedaba me tomó con fuerza de la cadera, y comenzó a embestirme con movimientos firmes. Comenzó lento y luego se fue tornando más y más intenso. Yo empecé a gemir cada vez más fuerte, lo que hizo que Abel soltara mi cabello para llevar su mano a mi boca, tapándola. Hice un gran esfuerzo para mantenerme en silencio, y aproveché sus dedos allí para meterlos en mi boca y chuparlos suavemente mientras miraba gozar a Abel detrás mío.

    Luego de un rato llevó uno de sus dedos a mi culo y comenzó a acariciar mi orificio anal muy suavemente. Eso a mí me volvía loca, y él me tocaba como si lo supiera. Me estimuló hasta meter muy despacito uno de sus dedos. Entre eso y sus embestidas constantes sentí que un orgasmo estaba por arrollarme. Llevé mi mano a mi clítoris y empecé a frotarlo. Con esta triple estimulación no tarde mucho en comenzar a sentir cómo empezaba a explotar de placer. Finalmente acabé y tuve que ahogar un grito, aunque no pude evitar el gemido.

    Luego de unos segundos en los que recobré el aliento, me separé de Abel que estaba a punto de llegar al clímax también. Me di vuelta para quedar frente a él, y me arrodillé devotamente frente a su verga.

    – Cogeme la boca – le pedí, sabiendo que no iba a poder contener el orgasmo mucho más.

    Metí su pene en mi boca y comencé a chuparlo, mientras me sostenía de la parte superior de sus piernas. Primero era yo quien manejaba los movimientos decidiendo el ritmo, pero no tardó mucho en tomar suavemente mi cabeza y empezar a guiarme. Primero lo hizo con cierta delicadeza, pero luego empezó a embestirla más y más fuerte. Sentía su miembro llegar a mi garganta. Me estaba excitando nuevamente. De repente escuché sus jadeos convertirse en gemidos, y me di cuenta que estaba por venirse. Unos segundos después, penetró mi boca y explotó dentro, sin poder evitar el sonido extasiado que salió de su garganta. Lo miré a los ojos sacando mi lengua y tomandome las últimas gotas de elixir.

    Mientras yo me levantaba del suelo, él me alcanzaba mi ropa. De repente se escuchó que Zulema se despedía de alguien, por lo que supimos que teníamos que apurarnos ya que la reunión habia llegado a su fin. Nos vestimos lo más rapido que pudimos.

    – Te quedás a dormir en el cuarto de servicio hoy? – me dijo mientras me acariciaba cariñosamente la mejilla.

    – No estaba en mis planes, pero si me lo pedís puedo considerarlo.

    – Quedate. A la noche te visito y me cobrás el favor.

    – Te tomo la palabra.

    Me sonrió conforme y salió rápido para volver a su cuarto. Pocos segundos después salió Zulema de su estudio y me encontró limpiando despreocupada el baño mientras silbaba. Tenía que pensar qué excusa le daría para quedarme a dormir.

  • Sharon, en mi mente siempre la recuerdo

    Sharon, en mi mente siempre la recuerdo

    Me disculpo por tardar tanto después de a ver relatado como fue que me masturbaba con las bragas de Sharon, pero ahora sí, continuó con lo que pasó después.

    Al terminar de comer, regresamos al departamento, debo confesar que aún mis nervios seguían de punta. Amablemente me invitó a pasar, por educación la dejé pasar primero pero así mismo mis ojos no dejaron pasar la oportunidad de ver sus hermosas nalgas. Entramos cerré la puerta, ella dejó las llaves sobre la mesa.

    Permítanme darles la imagen de ella y como se veía ese grandioso día. Ella llevaba unos jeans ajustados, sus piernas torneadas y sus nalgas abultadas se veían muy paradas, una blusa delgada, muy escotada veía el principio de sus pechos de una piel sumamente blanca.

    Al dejar las llaves sobre la mesa me tomó de la mano, mis manos sudaban, ella amablemente me trato de tranquilizar, me miraba directamente a los ojos, unos ojos grises que nunca he vuelto a ver, en ella ni en otra mujer.

    Me halo y me llevó a las escaleras y me dirigió a su cuarto, mi corazón palpitaba abruptamente. Entramos a su recamara. Al mismo tiempo sus manos abrazaron mi cuello y boca a boca me beso fuertemente.

    Para ese momento mi pene erecto joteaba de excitación, yo la tomé de la cintura y la hale hacia mí pene, mi euforia no me permitía coordinar, eran muchas las emociones, ella lo supo distinguir.

    Se detuvo, cariñosamente me sentí en su cama, me acostó y con su respiración frente a frente me calmo, con su dedo índice me tocó la nariz con una sonrisa diciendo: – déjame ayudarte, tranquilo solo disfruta y déjate llevar.

    Encima de mi, se postro sobre mi pantalón en mi pene, se movía de manera riquísima, jamás dejó de mirarme.

    Tomó mis manos y las llevó a sus pechos comencé tranquilamente a mover mis manos, lleve mis manos por debajo de su blusa, una piel sumamente suave, sentía como su abdomen se erizaba poco a poco quite su blusa y ahí la tenía en brasier de encaje azul.

    Se empujó a mi cuello lo lamia y en mi oreja metía su lengua yo están super excitado y ella igual, me endereza y quita mi playera rápido baja un poco más me desabrocha el pantalón y me lo quita, ya estando en bóxer, miro mi pene y su mano comenzó a sobar, en este momento ya mi bóxer se veía mojado.

    Ella se levanta y sola se quita el sostén, desabrocha su pantalón y lo baja, era una hermosa imagen que aún guardo en mi mente, después de esto se dirige a mi pene y sobre el bóxer comienza a restregar su cara a oler me baja el bóxer mi pene dejó ver el alto nivel de excitación, y su boca, su boca comienza a lamer mi pene, lo chupaba de una manera que rápido con su salí a lo dejo más húmedo de lo que ya estaba, me retorcía en la cama, en momentos me miraba.

    En un momento la detuve, y la dirigí hacia mí, la tomé de la cintura y la volteé, comencé a chupar sus pechos y mi mano en su vagina mis dedos se mojaban aun cuando ella traía su braga, metí mi mano sobre su braga y me ti dos dedos, estaba apuntó de estallar, sentí muy caliente y extremadamente húmedo.

    En mi mente corría el pensamiento de penetrarla, baje su braga, acomode mi pene en la entrada de su vagina, era estrecha lo recuerdo muy bien, acomode bien con mi Mao mi pene, solté la mano y deje que mi impulso hacia Sharon permitiera que nuestros sexos se juntaran, esa sensación fue maravillosa, una vagina apretada, mojada y muy dilatada.

    Ya estando dentro comencé a moverme, una y otra vez, ella solo gemía, me miraba, tocaba sus pechos y ella tocaba con su manos mis nalgas y me empujaba hacia ella, así de esta manera sus piernas hacían su trabajo, abrazo con las mismas mi cintura y le empujaba hacia ella.

    Hubo un momento en que se salió mi pene por error, cuando tomé mi pene y mire hacia esa dirección la cama estaba ya muy mojada, volví a meter mi pene, ya no soportaba más, al ver que ella se había venido no se cuantas veces me excito mas y yo ya no tardaba en explotar, mi cuerpo se posó completamente en ella y le dije, – me voy a venir.

    Pensé que me la chuparía para venirme en su boca, pero no fue así. Con agitación en su pecho me dijo con una voz hermosa, – si, si. Déjame sentí ese chorro, quiero sentirlos dentro de mí.

    Y ahí fue, con mucha fuerza sentí como el chorro se expandía en la vagina de Sharon y enorme descanso en mi y ella estaba feliz.

    Así fue como me cogí a Sharon, una hermosa mujer de 35 años, cuando yo solo tenía 18. Así duramos como 8 meses, jamás ella busco novio, amante o a alguien más. Fui su compañero en su estadía en la ciudad.

    Un día se fue, fue un día muy triste para mi, los motivos de su partida no los tocaré pero se tenía que ir. Con un fuerte abrazo y con llanto en los ojos me dijo que era lo mejor que le había pasado en mucho tiempo. Con el tiempo perdí todo contacto con ella, la he buscado pero jamás la he vuelto a ver o saber de ella.

    Hoy 5 de agosto del 2022, la sigo recordando con mucho cariño y sigo agradeciendo todo lo que pase con ella.

  • Adelante oprime, atrás estruja

    Adelante oprime, atrás estruja

    Al sonar el teléfono veo que quien llama es Matías, compañero de la universidad, de mi edad, casado con Sofía, de treinta y dos, tres años menor que él.

    – “Hola amigo, qué gusto escucharte”.

    – “Igualmente David, con este asunto de las facilidades que da el teléfono, hace tiempo que no nos juntamos en esas comidas tan agradables. ¿No será que el bomboncito de tu mujer, al ser menor, se aburre con los viejos?»

    – “No exagerés que solo le llevamos diez años, ya tiene veinticinco, y conmigo no se aburre”.

    – “Entonces mejor que mejor, pues quería invitarlos este sábado a cenar, seremos tres parejas, la otra son amigos de hace poco, pero gente muy agradable. ¿Te parece bien a las diez de la noche?”

    – “Perfecto nos vemos en dos días”.

    Los recién conocidos resultaron muy agradables, en la treintena, de buen aspecto y charla entretenida. Tenían un estudio fotográfico y, a lo largo de cuatro años habían ido evolucionando y abarcando algunos rubros más rentables. De cubrir modestas reuniones familiares, habían avanzado a producciones artísticas, pasando a publicidad en un rubro bien rendidor como es la lencería.

    En el desarrollo de este último, habían surgido pedidos personales de algunos clientes, que encantados con las modelos, pidieron alguna producción más atrevida, mostrando algo más, en movimientos y actitudes sugerentes. La razón de este pedido era que las damas evidenciaban una cierta espontaneidad, lo cual tenía el encanto de la ingenuidad contrastando a favor respecto de las profesionales.

    Estos trabajos eran más esporádicos pero aportando el triple de ganancia. Por el momento estaban ahí, pero siempre abiertos a cosas nuevas.

    Como mis amigos sabían que Zulema no tenía trabajo estable sino que era llamada para eventos o promociones, pensaron que le podría interesar sumarse a la actividad que llevaban los cuatro. Las dos mujeres modelaban y los hombres estaban en tareas de preparación de instalaciones y equipos. Muy ocasionalmente cumplían funciones de relleno en alguna secuencia que aconsejaba la presencia de un varón.

    El físico de mi pareja se ubicaba en un rango a mitad de camino entre Sofía, más exuberante, y la delgadez de Claudia.

    La amistad con Matías y señora les daba la confianza suficiente para hacernos la propuesta. Lógicamente la respuesta nos tomaría un tiempo de reflexión, pues las posibles consecuencias eran múltiples y variadas en cuanto a su importancia y gravedad. A primera vista podían fluctuar entre una leve alteración de nuestras costumbres hasta la ruptura de la relación matrimonial.

    Algo que dejaron bien claro fue que las sesiones las podría presenciar sin limitación alguna, cosa que me pareció muy bien, pues era la manera de que todo fuera transparente.

    Acerca de la participación en sesiones, de las llamadas sugerentes, yo me opuse. No estaba dispuesto a exhibir a mi señora, aunque fuera en imágenes. De todos modos, la decisión final la tomaríamos luego de presenciar una de fotografía y una de video.

    Al final quedamos en que mi esposa participaría, más que nada porque en algunos momentos no sabía en qué ocupar su tiempo. Lógicamente la actividad estaría reducida sólo a fotos de lencería.

    Una tarde decidieron hacer un desfile, solo para nosotros, de las prendas recién llegadas y lo llevaron a cabo pasando una a una, siendo mi señora la última. Evidentemente el fabricante sabía su oficio de hacer cosas atractivas, y las tres que modelaban cumplían muy bien la tarea, logrando que sus cuerpos, bellos de por sí, aumentaran su hermosura.

    Cuando Zulema concluyó su cometido, al reunirse con nosotros, me miró fijamente y, en un tono mezcla de reproche y sorpresa, me soltó:

    – “¡Estás empalmado!”

    Sin la más mínima vergüenza ni hacer ademán de cubrirme, dejé que las tres mujeres y los dos hombres vieran el bulto que se elevaba en mi pantalón, a la altura de la bragueta.

    – “Es verdad querida, la tengo tiesa y largando algunas gotas que mojan el calzoncillo”.

    – “Y no te da vergüenza que Matías o Lucio puedan pensar que estás así por sus esposas?”

    – “De ninguna manera, más aún, estoy satisfecho y contento. Que tenga el miembro erecto por mirar tres mujeres hermosas en ropa interior, a solo dos metros, significa que estoy dentro de la normalidad en lo que a salud mental y física se refiere”.

    En eso intervino el esposo de Claudia.

    – “David tiene razón y no sé por qué nosotros estamos intentando disimular lo obvio”.

    – “Es así querida, una cosa es que la fisiología humana funcione espontáneamente y otra que la persona, de forma deliberada busque lo ajeno. Eso sí es reprochable, pero yo ahí, no entré”.

    Como yo tenía mis obligaciones laborales en el estudio contable, tuve que coordinar algunas tardes cuando quería presenciar determinada reunión.

    En la tercera o cuarta semana se introdujeron ligeros cambios, ocupando también algunas mañanas. La explicación fue que se habían incrementado los requerimientos, algo que no me cayó bien, pues en horario matutino era sumamente complicado ausentarme del estudio. En esto sigo un conocido dicho <Todos los hombres son buenos, pero cuando se los controla, son mejores>.

    Cuando poco tiempo después la mañana pasó a ser el momento predominante para las reuniones, mi desconfianza se disparó.

    Por razones de comodidad, su caja de ahorro bancaria donde le depositaban los pagos convenidos, se la controlaba yo mediante la aplicación Home-Banking, y ella afrontaba generalmente sus gastos usando la tarjeta de débito. Cuando se juntaron detalles que alimentaron mis dudas sobre su conducta, empecé a observar con más detenimiento la cuenta, constatando algunas inconsistencias. En los últimos veinte días me mostró ropa que había comprado, nada barato, por cierto, pero el pago no figuraba en los movimientos. Ergo, había empleado efectivo.

    Por otro lado, sí figuraban los ingresos habituales y acordes a las sesiones fotográficas de lencería. La incógnita razonable estaba en el origen de ese dinero abundante que manejaba con tanta soltura. Obviamente estaba desarrollando otra actividad más rentable, pero no confesable.

    Una tarde que pude acompañar a mi esposa Lucio contó que habían recibido un stock de lencería particularmente insinuante por diseño y tamaño, invitando a las mujeres a mostrar algunos modelos. Luego de la exhibición Sofía preguntó a los tres varones a quien elegían. Cuando me tocó opinar dije que a mi mujer pues a ella la miraba, no con los ojos de la cara, sino con los del corazón.

    Después del intercambio de opiniones, Zulema y los dos varones se fueron a preparar las cosas para iniciar el trabajo, mientras las dos mujeres se quedaron charlando conmigo. Claudia, la más desinhibida largó la pregunta que parecía venir rumiando de un raro atrás.

    – “Recién dijiste que en la elección vos preferías a tu mujer, eso significa que nosotras ¿no te tentamos?”

    – “Eso podría pasar si estuviera muerto, pero con toda suerte sigo vivo, con los sentidos sanos y con buen gusto, así que debo reconocer la tentación que ustedes me provocan”.

    – “Esto sí es una sorpresa, pensé que, en caso de tenerla, no lo aceptarías”.

    – “Soy tonto, pero no a tal extremo”.

    – “O sea que, sin perjuicio de la preferencia, aprovecharías otras oportunidades”.

    – “Sería en caso que la tentación me doblegue”.

    – “¿Y creés tener fuerzas para resistirte?”

    – “No lo sé, es una temeridad pronosticar el futuro sin haber probado la propia fortaleza”.

    – “Probemos ahora, y como Sofía puede tener escrúpulos por el mayor grado de amistad, comenzaré yo. Si no logro motivarte lo suficiente seguirá ella”.

    Sentada frente a mí abrió lentamente las piernas mostrando, al fondo en la unión de ambas, la porción de biquini con los labios vaginales marcados en la tela. Luego, haciendo a un lado cada copa del corpiño, dejó al aire los pechos con sus pezones erguidos. Todo ello observándome atentamente, intentando ver el efecto en las facciones o en la entrepierna.

    – “Parece que algún efecto estoy logrado”.

    Ahí tomé conciencia de la elevación que se iba insinuando en mi pantalón, amén de morderme el labio inferior en franca mueca de deseo.

    – “Sin duda, pero por ahora aguanto”.

    El avance, buscando mayor efecto, fue deslizar la prenda inferior hasta medio muslo, subir los pies al sillón manteniéndolos separados, como dando marco a la conchita depilada que se asomaba en el centro.

    – “¿Vas perdiendo el equilibrio?”

    – “Todavía no, aunque ciertamente algo me tambaleo”.

    – “Redoblaré el esfuerzo”.

    – “Habrá que probar”.

    – “Sofía ayúdame, vamos juntas a ablandar a éste que se hace el duro”.

    Vencida una leve resistencia, la nombrada fue imitando los movimientos, pero sin mirarme, evidenciando una cierta vergüenza.

    – “Y, cómo vamos, ¿continua el aguante?”

    – “Algo más disminuido”.

    – “Compañera, es hora de abrir los labios”.

    Cuando ambas bajaron las manos para separar lo que cubría el ingreso a la vagina, casi pierdo los papeles. El espectáculo era para extraviarlos totalmente. Dos rozadas hendiduras, brillantes por el líquido que las bañaba me miraban como invitándome a sumergirme en ellas. Ignoro de dónde provino la fuerza que me mantuvo quieto.

    – “Si me preguntaran a cuál prefiero no sabría decirlo, ambas en tu tipo parecen deliciosas, y esas flores de pétalos abiertos, merecen un beso en tributo a su hermosura. ¿Puedo hacerlo?”

    Respondió la voz cantante.

    – “Por supuesto, y lo recibiremos con gusto y ganas”.

    La última reserva de fuerzas me hizo levantarme y ubicarme de rodillas frente a ellas, besarme la yema del índice derecho y depositarlo en cada clítoris que asomaba debajo del respectivo capuchón. Luego volví a mi asiento. La sorpresa causada fue mayúscula y, cosa rara, la que habló fue Sofía.

    – “¿Eso es todo?”

    – “Es mi agradecido reconocimiento al maravilloso espectáculo que me han regalado”.

    – “Sos realmente raro”.

    – “No creas, cuando me levanté, elegí conservar a Zulema”.

    – “¿Y vos pensás que ella te corresponde de la misma manera?”

    – “Es lo que espero y deseo”.

    – “Quizá tenga una debilidad”.

    – “Sí, puede ser, todos los humanos tenemos debilidades. La clave es no consentirla y, si hubiera caída, tomar conciencia, pedir ayuda y hacer lo conveniente para que no se repita, de lo contrario el vínculo vigente podría romperse”.

    – “¿Querés ver qué está haciendo tu señora en estos momentos, sola con dos hombres?”

    – “Tu invitación suena a desafío. No tengo interés en ver, a modo de control, en qué está ocupada”.

    – “Sorprendente tu postura tan confiada”.

    En eso llegaron Matías y Lucio detrás de mi mujer, ella cubierta con una salida de baño suelta adelante. Ahí pude captar un cabeceo de muda interrogación a Claudia, que esta respondió negativamente. Buscando desentrañar el sentido de ese diálogo gestual, me acerqué a Zulema deslizando por sus brazos la prenda que la cubría.

    – “Qué hacés, me voy a enfriar”.

    – “Despreocupate, un buen beso con abrazo y caricias incluidas te dará calor”.

    – “No, ahora no”.

    Tarde terminó de hablar pues ya la había dejado solo con el conjunto modelado anteriormente, mostrando una nalga algo irritada; esto lo vi de refilón pues de inmediato me dio frente. Ahí, sin darle tiempo la tomé de la nuca, enredando mis dedos en su pelo, para forzarla a arrodillarse y terminar de bruces contra el piso. Luego puse mi pie en su cuello.

    – “Querida, tenés dos opciones, la primera es levantar la colita para que pueda verte las nalgas, la segunda es que comience a presionar con el pie. Esto último genera dos ruidos desagradables, por un lado, la garganta tratando de hacer pasar aire, y por otro, el crack indicando vértebras quebradas. De cualquier manera, te voy a ver los glúteos, vos elegí”.

    Al parecer entendió mi argumento porque encogió las piernas y, elevándose sobre las rodillas levantó la grupa mostrando el contraste entre muslos blancos y nalgas rosadas, además de humedad en la bombacha.

    – “¿Qué pasó mi amor?”

    – “Me caí en el baño y el piso estaba algo mojado”.

    – “Gran suerte, si hubiera sido otra cosa ya estarías en el viaje sin retorno”.

    Mientras de levantaba con dificultad para sentarse en el sillón, cubrirse nuevamente, permaneciendo quieta y cabizbaja, me llegó la voz de Matías.

    – “David, estás desconocido”.

    – “Tenés razón, a veces la vida nos pone en encrucijadas de las cuales salimos distintos. A vos en cambio te veo como el amigo de siempre, salvo que me demuestres que debo ubicarte en el bando enemigo”.

    Mientras Sofía se arrimaba a Zulema preguntándole si se encontraba bien, yo seguí con mi despedida.

    – “Amigos, me voy porque me queda trabajo por hacer. Querida tratá de no caerte de nuevo y menos mojar prendas que luego hay que devolver. Sigan tranquilos la tarea, no vemos en otro momento, chau”.

    Regresé al estudio, tirándome abatido en el sillón grande y pidiendo un café cargado a Julia, mi secretaria. La pesadumbre aumentó cuando me puse a reflexionar sobre los sucesos recientes.

    La invitación de Claudia a ver qué hacían los tres ausentes, mientras teníamos esa conversación tan poco común, sonaba a suposición segura de que estaban enfrascados en algo más que una simple preparación del trabajo por hacer. Las miradas de complicidad parecían referirse al resultado del intento de seducción.

    Y por si eso fuera poco el estado en que mi esposa regresó a la reunión, eran datos en la misma dirección. Zulema tenía algo grave que ocultar y todo apuntaba a una infidelidad, sea en desarrollo, sea consumada.

    A partir de ese momento reduje a lo indispensable toda comunicación y suspendí cualquier muestra de afecto. Esa noche me acosté temprano, cambiando canales, hasta que llegó e hizo ademán de entrar a la cama.

    – “Qué estás por hacer?”

    – “Acostarme”.

    – “Tenés un olor que me provoca nauseas, andá a otra cama”.

    Julia, que había entrado a trabajar justo el año de mi casamiento, fue mi paño de lágrimas en ese tiempo de incertidumbre y sufrimiento hasta que los indicios se transformaron en evidencia. La tristeza, que día a día penetraba más, unida a la sensible ternura de esta joven intentando consolarme, nos acercó bastante.

    Decidido a cortar este proceso que a nada bueno conducía, decidí que lo iba a realizar en el mismo estudio, tratando de sorprenderlos en plena acción, y para ello elaboré un plan sencillo, efectivo y que no dejara rastros de su responsable.

    Lo usual, cuando decidía presenciar alguna actividad era que alguno de los que ya estaba dentro me abriera la puerta. Eso debía solucionar, de lo contrario la sorpresa sería imposible. Para ello una tarde aduje que necesitaba salir por media hora y, para no interrumpirlos, tomaría una llave que después devolvería. Así fue y, en ese lapso, hice una copia. Después compré una maza de cinco kilos, medio litro de ácido y una tonfa de las usadas por la policía.

    El ofrecimiento de Julia para ayudarme en todo lo que estuviera a su alcance facilitó la realización de aquello que contribuiría a dificultar mi identificación como responsable.

    El día elegido les avisé que no me esperaran pues tenía mucho trabajo con unas liquidaciones que vencían a la mañana siguiente. A las tres de la tarde, una hora después del momento previsto para iniciar, la llamé a mi mujer para avisarle que probablemente llegaría a casa a la hora de cenar pues tenías demoras.

    Después de cambiar mi vestimenta habitual, ya con el bolso preparado, le dejé a Julia mi celular con el encargo de mandar dos mensajes a Zulema, con veinte minutos de intervalo, simplemente para saber cómo llevaba la tarea.

    Un taxi me dejó a media cuadra del estudio donde abrí silenciosamente la puerta para, ya dentro, cubrirme y dejar a la vista solamente mis ojos. El espectáculo en desarrollo, que me recibió más adentro, fue un golpe durísimo. Mi mujer, desnuda, de espaldas sobre el sillón, las piernas abiertas con las rodillas recogidas sobre los hombros, recibía las fuertes embestidas de Matías metiéndole la pija hasta el fondo, sin protección alguna.

    Lucio filmaba desde muy cerca, mientras sus esposas eran privilegiadas espectadoras. Los quejidos de la hembra y los bufidos del macho que tenía encima, eran anuncio elocuente de que ambos estaban cercanos al orgasmo.

    Las zapatillas de goma me permitieron llegar hasta ellos sin ser escuchado, golpear primero a los hombres hasta dejarlos inconscientes, para luego hacer lo mismo con las mujeres que, aterradas, se cubrían con las manos. Teniéndolas inermes desplegué papel absorbente sobre caras y pechos para allí verter ácido. Esto haría que el líquido permaneciera más tiempo en contacto con la piel.

    Terminada la parte principal, busqué en el escritorio tres tarjetas de memoria de las cámaras que abarcaran los primeros dos meses desde que iniciamos nuestra participación, guardándolas en el bolsillo. Para concluir, con la maza rompí la cerradura y, dejando la puerta entornada, regresé a mi despacho. Estuve ahí el tiempo suficiente para tomar un café grande, bien cargado, darle tiempo al cuerpo a recuperarse de los momentos de tensión vividos y luego enviarle a Zulema un mensaje diciendo que en media hora estaría en casa pues habíamos podido terminar la tarea.

    En el momento que abría la puerta de casa sonó el teléfono.

    – “Hola contador, le habla el comisario Galíndez”.

    – “Hola comisario, un gusto escucharlo”.

    – “Contador, lamento molestarlo, pero hay un asunto que va a importarle y, como conviene tratarlo personalmente, le pido que venga a la seccional”.

    – “Encantado, deme unos minutos y salgo para allá”.

    – “No se tome el trabajo, mando un auto a buscarlo”.

    – “Espero que no sea esposado”.

    – “Despreocúpese, salvo que me lo ordene un juez, eso no sucederá”.

    Siguiendo un poema gauchesco que dice <Hay que hacerse amigo del comisario>, yo lo era; no de uno sino de varios por el sencillo motivo de prepararles, mes a mes, la declaración de impuesto a las ganancias, en forma gratuita. Ya en el despacho recibí la noticia.

    – “Hace unas horas un vecino, que vio forzada la puerta de un estudio fotográfico nos llamó y, al ingresar nos dimos con cinco personas golpeadas y casi inconscientes, tres mujeres y dos hombres, una de ellas su esposa. ¿Sabía de esa actividad de su señora?”

    – “Sí, estaba participando de un modelaje de lencería. Esto que me dice transforma en real lo que era un temor. Cuando, por darle, en el gusto acepté que hiciera ese trabajo tenía mis reservas pensando en que algo así podría alterar nuestra vida”.

    – “Disculpe la crudeza, pero las tarjetas de memoria de las cámaras muestran, en gran medida, videos netamente pornográficos”.

    – “La gran puta, ahora sí estoy cagado”.

    Al ver mi abatimiento se preocupó y mandó me trajeran un café, algo que agradecí. Más repuesto siguió informándome.

    – “Las tres mujeres, amén de golpes, tienen en la cara y los pechos quemaduras, a primera vista provocadas por ácido. Están todos internados en el hospital público. Le avisaré al agente que está de guardia ahí para que lo deje pasar a visitarla”.

    – “Le agradezco, pero no se moleste. Que se las arregle como pueda, pues ella sola se lo buscó. ¿Tendría que hacer algún trámite legal?”

    – “Si es que quiere, puede hacer la denuncia. Como es lógico, el primer sospechoso será usted, por favor no salga de la ciudad. Para abreviar trámites, ¿me puede dejar su celular?”

    – “Encantado, y gracias por la ayuda”.

    – “Yo soy el agradecido, pues jamás pidió algo a cambio de su trabajo”.

    De vuelta, ya solo en casa, abrí en la computadora la tarjeta de memoria más vieja. En las primeras ocho sesiones de fotografía nada llamativo se veía. En la novena también participaba Matías que, en bóxer, se mostraba con la pelvis pegada al costado de Zulema y las manos en su cintura. Él miraba a la cámara mientras ella tenía vuelta la cabeza en su dirección con una expresión que parecía decir <¡Qué estás haciendo!>.

    En la toma siguiente el modelo está tomado con los labios la parte inferior del lóbulo de la oreja de mi mujer que entorna los ojos como quien disfruta. Al final de la serie había una filmación que compendiaba lo anterior más lo sucedido entre disparos o cosas que no pensaban fotografiar. El enfoque era de una filmadora fija que registraba lo que hacían todos, incluido el fotógrafo. Quizá Zulema ignoraba esto último pero la intencionalidad de los varones era indudable.

    Ahí se ve que la muda exclamación de mi esposa se debía a que la mano puesta en su cintura había iniciado un lento recorrido descendente y el meñique, estirado, rozaba el sector de la vulva sin encontrar resistencia, mientras los labios del modelo chupaban el lóbulo de la oreja y luego, lentamente, recorrían la mejilla en dirección a la boca que lo esperaba abierta.

    Las defensas habían caído causando la entrega total. Ella con una mano tomando el cuello para mantener el beso mientras la otra se ocupaba de bajar la cintura del calzoncillo y, liberado el pene, asirlo del tronco en una frenética masturbación. Por supuesto que él no se estaba quieto, mientras retorcía el pezón de la teta que estaba al aire, tres dedos entraban y salían de la vagina algo que ella facilitaba abriendo las piernas todo lo que le permitía estar parada.

    El orgasmo de ambos parecía haber estado sincronizado, ambos con la boca abierta, rugiendo, moviéndose espasmódicamente y él largando chizguetazos de semen que, habiendo impactado en la zona del ombligo de la hembra, se deslizaban en dirección al pubis. Culminado ese momento pasional Zulema se sentó en el sillón cubriéndose la cara.

    – “¡Madre santa, qué hice!”

    La respuesta fue de Claudia.

    – “Gozaste, nena, gozaste”.

    – “¡Cómo pude dejarme llevar, si se entera David se acaba mi matrimonio!”

    – “No se va a enterar. Además, nosotras nos vamos a encargar de amansarlo de manera tal que cuando sepa, esto le va a parecer un juego inocente al lado de lo que gozará en nuestra compañía”.

    La voz de Lucio interrumpió el diálogo.

    – “Todo muy lindo, el acuerdo a futuro maravilloso, pero a mí que me parta un rayo y el dolor de bolas me lo saque Magoya”.

    Sofía acudió en su auxilio, haciéndole señas de silencio y de ponerse delante de las rodillas de Zulema, que ignorante de lo que pasaba, estaba apoyada en el espaldar, con los ojos cerrados y el cuerpo laxo reponiéndose del orgasmo disfrutado. Con Lucio en el lugar indicado, la esposa de Matías, desde atrás del sillón tomó a mi mujer de los hombros, acariciándola mientras le hablaba.

    – “Qué hermoso te corriste chiquita, disfrutá el momento, dejá la mente en blanco, ahora no sos una señora sino una hembra con hambre de sexo, dale a tu cuerpo el placer que pide a gritos, nosotros te vamos a ayudar”.

    El suave movimiento de las manos y el tierno murmullo en el oído fueron suficientemente narcotizantes para que la acción de Lucio, llevando sus nalgas al borde del asiento, y las plantas de los pies a los hombros del macho no generaran resistencia. Cuando sus ojos se abrieron denotando sorpresa ya tenía ocupada íntegramente la vagina por el miembro que había empezado el movimiento de entrada y salida.

    Poco duraron laxitud y sorpresa pues en seguida cruzó los brazos detrás del cuello y las piernas sobre la espalda del que la embestía.

    – “Nena, me estás ordeñando, voy a aguantar muy poco”.

    – “Callate y dame fuerte, llename de leche”.

    – “Ya, me estoy corriendo, ahí vaaa”.

    La culminación del orgasmo de uno dio pie a las palabras del que miraba.

    – “Claro, yo caliento la pava y otro toma el mate, salí que sigo”.

    Zulema, entregada y deseosa, lo recibió íntegro. Dos o tres vaivenes fueron suficientes para lograr la lubricación que Matías buscaba antes de ubicar el glande en el orificio estriado. Cuando mi mujer tomó conciencia de lo que se avecinaba era tarde, el macho la tenía tan bien tomada que la resistencia, los gritos y el llanto fueron inútiles. El miembro hizo, despacio pero sin pausa, su ingreso triunfal hasta que solo los huevos quedaron fuera. Asqueado, corté la reproducción cuando, el que sodomizaba, pedía que no le triturara la pija.

    Por supuesto no fui al hospital hasta el día que me llamaron para buscarla, pues le daban el alta. Habían pasado dos meses y, además de desfigurada, debía ayudarse para caminar de un andador o usar silla de ruedas. Hice la gestión para que la obra social proveyera ambas cosas y la trasladé.

    Para su atención contraté a una persona que entraba a las diez de la mañana, después de cocinar le daba de comer, la aseaba y, a las dieciocho se retiraba dejándola en cama.

    Mi actividad para con ella era nula, ni el saludo, ni siquiera un vaso de agua. Es así que algunos días al llegar, la empleada la encontraba con el pañal sucio de materia fecal y empapado por orina.

    Una tarde la persona encargada de su cuidado me avisó que Zulema quería hablar conmigo. Como ya estaba acostada fui a su habitación.

    – “Te escucho”.

    – “¿Nunca me vas a perdonar?”

    – “Perdonar qué”.

    – “La infidelidad”.

    – “La infidelidad o las múltiples y variadas infidelidades, mentiras abundantes, afecto y orgasmos fingidos, etc.”.

    – “Lo que sea”.

    – “Mi perdón carece de importancia. Vos, libremente, sin condicionamientos, elegiste seguir un camino paralelo y distinto al que teníamos acordado, asumiendo la responsabilidad y cargando con las consecuencias que ello suponía. Y se cumplió el dicho <De aquellos polvos estos lodos>”.

    – “¿Y vos no tuviste algo que ver con esto que nos pasó?”

    – “No, pero cuando identifiquen a quien lo hizo, le daré un abrazo y una suculenta compensación en agradecimiento por los servicios prestados. Una pregunta de puro curioso ¿Cuánto tardaste en plegarte a las insinuaciones de tus compañeros?”

    – “Un mes”.

    – “Más razón tengo entonces para alegrarme viéndote desfigurada, impedida, cagada y meada. Tendría que fotografiarte y enviarle la imagen a los que retozaban con vos”.

    – “Para vivir así prefiero morirme”.

    – “Hacé el esfuerzo, quizá tengas suerte. Yo ni para eso pienso ayudarte. Ya demasiado hago con pagar la persona que te cuida, solventar tus necesidades y aguantarte en casa”.

    Al día siguiente, aprovechando que la empleada había entrado al baño, salió en la silla de ruedas y, ubicándose en lo alto de rampa de acceso a la casa se dio impulso. Así atravesó la vereda, siendo embestida en la calle por un colectivo que pasaba. Murió instantáneamente.

    Tiempo después de su fallecimiento, en un rato libre de trabajo, estaba mirando una de las grabaciones incluidas en las tarjetas robadas, cuando Julia golpeó la puerta.

    – “¿Se puede?”

    – “Desde luego, adelante”.

    Tres pasos alcanzó a dar para detenerse mirándome fijamente, con una expresión seria y un dejo de preocupación.

    – “Me permitís acercarme?”

    Mi seña con la mano y afirmando con la cabeza, fue la respuesta. Vino a mi lado, se apoyó en el borde del escritorio dándome frente y tapando con su espalda la pantalla.

    – “Por favor, no lo tomes como un atrevimiento, vos sabés que te respeto y nunca incurriría en algo así. Esto que estás haciendo solo te puede perjudicar, no conviene que sigas en ese camino”.

    Mi contestación fue sacar la tarjeta y apagar la computadora mientras ella seguía.

    – “Lo que ha sucedido es una desgracia para vos, pero también para mí pues me duele verte sufrir. Es verdad que yo tengo un consuelo. Durante estos cinco años callé y oculté lo que siento pues te veía enamorado, íntegro y fiel. Hoy, la barrera que me detenía ya no está. Desde el momento en que nos conocimos me enamoré de vos. Ya no importa si me echás pues por fin dije lo que tenía atragantado”.

    Sus últimas palabras fueron sin mirarme y con lágrimas surcando las mejillas. No le permití seguir, pues tomándola de la cintura la hice sentarse en mi falda, permaneciendo abrazados en silencio luego de darle un beso en la frente.

    – “Vos sabés que te aprecio muchísimo. Creo habértelo demostrado día a día y te agradezco enormemente lo que acabás de decir. Es un orgullo para mí, tu silencio anterior habla maravillas del corazón que tenés y por lo tanto merecés una respuesta honesta. Si ahora te besara, acariciara o avanzara en algo más íntimo, siempre quedaría la duda si fue simplemente búsqueda de consuelo o verdadero y profundo afecto. Tomémonos dos o tres semanas. Yo te buscaré”.

    Y así fue. No habían pasado veinte días cuando la llamé por el intercomunicador y la esperé al lado de la puerta. La sorpresa fue verme a menos de un metro, cerrar con llave y sin pronunciar una palabra abrazarla sosteniéndola contra mi pecho. Cuando ella llevó sus brazos alrededor de mi cuello, pegando mis labios a su oído le dije:

    – “Yo también te amo, preciosa”.

    Sentados en el sillón manos, bocas y pelvis moviéndose al encuentro del otro hicieron innecesarias las palabras. Ya sentada a caballo de mis piernas, sin bombacha, el ruedo del vestido en la cintura y sus labios chupando mi lengua, mientras miembro y vagina ejecutaban la danza de entrada y salida, me pareció razonable averiguar.

    – “Hay peligro de embarazo?”

    – “Para algunas será peligro, en mi caso sería una bendición, preñame mi amor”.

    Julia fue la terapia apropiada para remover el odio acumulado con perseverante ternura y amor incondicional. De esta unión nació una nena que llevó al cenit nuestra felicidad.