Categoría: Sin categoría

  • Me rompen el culo dos buseros

    Me rompen el culo dos buseros

    Lo pienso y no lo acabo de creer. Pensé que esas cosas sólo sucedían en películas porno, pero me pasó a mí.

    Ayer venía de Santa Ana rumbo a San Salvador y había una tormenta espantosa, de esas tormentas épicas, eran las 6 pm y la lluvia era intensa, apenas podía ver la autopista y las luces de los otros carros que por ella circulaban.

    Decidí detenerme en una gasolinera con tienda de conveniencia, por esa zona estos establecimientos suelen ser amplios pues suelen ser lugar para que buses y camiones se detengan para cargar combustible o alguna otra cosa. Ayer era esa la situación, había un precioso bus Marcopolo que estaba estacionado a un lado y yo me estacioné en una parte techada frente a la tienda de conveniencia.

    Al entrar a dicha tienda noté que no había mucha gente, una pareja de ancianos que estaban en mi mismo predicamento, 2 hombres uniformados de más o menos mi edad y 2 personas que atendían la tienda.

    Pedí un café americano y una porción de pastel y me senté en la mesa contigua a los uniformados. La lluvia se puso más fuerte, sorprendiéndome que semejante tormenta pudiera empeorar aún más. Comenzaba a oscurecer y la temperatura bajó un poco. Pasó una hora más o menos y finalmente escampó.

    Durante esa hora me había interesado en los 2 hombres uniformados que estaban en el local, ambos tomaban sendas bebidas gaseosas y prestaban mucha atención a las pantallas de sus celulares. Cuarentones, ambos más altos que yo, pero uno era de complexión gruesa, mandíbula cuadrada, cuerpo fuerte, piel morena, ojos negros, barba negra, brazos fuertes que al estar flexionados amenazaban a romper las mangas de la camisa, sus piernas eran igual de gruesas y su pantalón azul oscuro amenazaba con romperse y dejar ver sus piernas velludas, de acuerdo a mi lasciva imaginación. Su compañero era de piel más clara, lampiño, delgado, labios rojos, ojos grandes color café claro.

    A ambos los miraba de perfil desde el lugar en el que estaba sentado tratando de no parecer muy indiscreto.

    La pareja de ancianos decidió que había escampado lo suficiente y se marcharon. 5 minutos después los uniformados hicieron lo mismo. Yo estaba con grandes ganas de masturbarme luego de ver a esos hombres que fui al baño de la tienda pero ambos estaban fuera de servicio,

    “por falta de agua” me dijo uno de los empleados que parecía ser la persona más aburrida del mundo. Volví a ver hacia afuera de modo irónico, pues en 1 hora había caído más agua que la que cae en Qatar en 2 años.

    “puede usar el que está detrás de la sala, si quiere”.

    La verdad necesitaba orinar y salí y rodeé el edificio de la tienda y en efecto, estaba un cuarto de baño descuidado y con un fuerte olor nauseabundo, vi alrededor por si había algún otro lugar, ya oscurecía y vi unos árboles en el perímetro de la gasolinería, a los que me dirigí a orinar.

    Estaba tan caliente que luego me empecé a masturbar, estaba con mi pene duro cuando de repente entre unos árboles que estaban al fondo del terreno vi 2 siluetas. Con el pene en la mano me acerqué lo más silencioso que pude. Llovía ahora muy poco, lo suficiente para que la lluvia cubriera el sonido de mis pasos.

    Vi a los 2 uniformados que se masturbaban mutuamente, apenas se habían bajado ambos los pantalones, lo suficiente para sacar sus penes.

    El delgado me vio primero, soltó el pene de su compañero y le hizo una seña. El otro también se asustó pero se recobró inmediatamente, con un asentimiento de su cabeza me invitó a acercarme.

    No necesito decir que obedecí.

    Me acerqué a ellos. Vi sus penes, el del delgado era largo, grueso en la base pero con glande pequeño, blanco. El de su compañero era de unos 16 cm pero grueso, moreno, cabeza grande, casi púrpura. Ese me metí primero en la boca. En ese momento le bajé el pantalón un poco más, andaba un bóxer negro, que también bajé y dejó descubiertas sus piernas cubiertas de vello negro, grueso y ensortijado, su pubis era espeso también, abundante y amplio, sus huevos cubiertos de pelo, grandes y olorosos.

    Sentí ese sabor de precum tan delicioso al no más meteme su verga, apenas cabía en mi boca, imaginé el dolor en mi ano si dejaba entrar esa paloma.

    En eso su compañero agarró mi cabeza y la acercó a su pene, que olía a hombre también, su brief blanco y mojado con su precum apenas dejaba descubierto su escaso vello púbico y cubría sus pequeños huevos pero su pene era un portento, de unos 21cm. Sus piernas eran delgadas y lampiñas pero fuertes y hermosas.

    Pasé un buen rato masturbando a uno y mamando al otro y cambiando, en eso me levanté, el delgado me empujó hacia un árbol, me agarré de él imaginando lo que iba a pasar.

    “Qué culo más duro tenés” me dijo el delgado con su voz clara y varonil mientras acariciaba mi glúteo derecho.

    Sentí sus dedos ensalivados en mi ano, que sacó casi inmediatamente para luego sentir que un trozo de carne se abría paso, aflojé lo más que pude y me resigné lascivamente a lo inevitable.

    Pensé que lo iba a meter de un sólo, pero alzó mi pierna derecha sobre una roca cercana y la metió poco a poco, hasta que esos 21 cm estaban dentro de mi.

    Mientras tanto acerqué a su compañero y le desabotoné y le quité la camisa, vi su pequeña panza, sus pectorales firmes y sus pezones morados y aturrados y mientras me taladraban suavemente el ano le levanté el su brazo grueso y vi sus axilas pobladas de vello negro, grueso, abundante y ensortijado. Empecé a pasar mi lengua con fruición sobre ese pequeño colchón de pelos saboreando ese sabor a macho. Me toqué el pene y lo sentí flácido pero lleno de precum y tuve conciencia entonces del placer que venía proveniente del ano. El delgado me daba cabeza de modo suave, acompasado, como sin querer dañarme y sin hacer mucho ruido. Yo comenzaba a estar en el paraíso. De repente el macho que me rompía el orto comenzó a jadear despacio y a empujarla más fuerte hasta que sentí algo caliente derramarse dentro de mi.

    “Puta que culo más rico tenés, cabrón” me dijo con voz entrecortada.

    “¿Te gustó?”

    “Ahí te dejé preñado”

    Me toqué el ano y lo tenía abierto y húmedo.

    El otro dijo con voz grave

    “Mi turno”

    Me di vuelta y si el anterior fue gentil, este fue lo opuesto.

    Parado como estaba la metió de un sólo hasta sentir ese colchón de pelos púbicos en mis nalgas, la sacaba y metía, la sacaba y metía, la sacaba y metía, sin compasión, él bufaba y resoplaba, yo gemía como nunca me había oído. Sentía ese glande salir y entrar a placer. Con sus calientes y enormes manos me agarraba de la cadera mientras me embestía. Su compañero se recuperó y comenzó a masturbarse y con voz clara me ordenó

    “Chupame los sobacos, que eso se ve rico”

    Imaginé unas axilas lampiñas o a lo sumo con algo de vello, como tienen los muchachos de 12 – 13 años, pero me sorprendió con una axila grande, no muy poblada, pero con vellos largos, él sólo jadeaba mientras se las chupaba, vi que tenía su erección completa. En un momento me besó tiernamente, mientras se masturbaba.

    Luego empujó mi cabeza hacia abajo y adiviné que quería acabarme en la cara.

    Sumisamente acepté sus deseos y al acercar su pene me dejó en el rostro un par de escupitajos blancos y espesos

    En eso el que me destrozaba el esfínter, al quedar yo inclinado hacia adelante, con mi ano contraído me agarró con más fuerza y luego de unos encontronazos casi gritó

    “Puuuta… qué ricooo”

    Sentí su semen caliente derramarse dentro mío, en ese momento le pedí que no la sacara y me masturbé fuertemente con mi pene semi duro y luego de unos jalones logré acabar abundantemente un semen casi líquido.

    Mi penetrador me agarró la cabeza y con su pene aún dentro me besó fuerte y torpemente.

    “Qué rico” me dijo con una torcida sonrisa, sacando su pene negro húmedo y se dispuso a ponerse la camisa.

    El otro me volvió a besar tiernamente, beso que devolví mientras sentía mi ano abierto y las piernas temblorosas.

    “Te gustó este cabrón verdad?” le dijo el compañero ya con la camisa puesta y subiéndose los pantalones y le vi su bóxer negro y ese gran bulto que cubría ese chorizo grueso, peludo y negro.

    “Dame tu número” me dijo el delgado.

    Se lo di.

    “Vámonos” le dijo al otro.

    “Tenemos que repetirlo” me dijo con sonrisa cómplice.

    Y se fueron y yo quedé ahí en ese páramo con los pantalones abajo, mi dignidad y mi bóxer atorados en mis rodillas, el culo abierto y goteando leche con mocos blancos ajenos en mi cara.

    Me limpié como pude y cojeando llegué a mi carro. De lejos vi el bus marcharse mientras hacía sonar su bocina, devolví el saludo al bus como un estúpido, un estúpido lleno de leche y con el culo estirado y adolorido. Sentarme en el habitáculo y hallar una posición cómoda fue un calvario. Ya en carretera mi verga pedía más y ansiaba repetir, en eso recibo en mi teléfono vía Whatsapp una foto de ambos, con su uniforme pulcro, el grueso conduciendo y el otro tomando la selfie.

    “¿Cuándo repetimos?” decía un último mensaje.

  • Una relación virtual a distancia

    Una relación virtual a distancia

    Imagina esto: «tenemos una relación virtual de hace más de un año».

    Tú te encuentras en casa viendo Netflix y luego sin imaginarte, suena tu teléfono. Y soy yo diciéndote que estoy en Colombia y que tienes 40 minutos para arreglarte y ponerte muy hermosa y sexy para tu celoso chileno y salir a la esquina de tu casa para conocer en persona al hombre que tanto crees que adoras por su caballerosidad y respeto hacia ti en este año de relación a distancia.

    Es cuando sorprendida gritas como loca y no piensas más que en salir corriendo de inmediato hacia la esquina pero yo te repito que en 40 minutos más estaré ahí. Ya han pasado los 40 minutos. Nos encontramos en esa esquina de tu casa y sin mediar palabra nos abrazamos muy fuerte y comenzamos a besarnos muy apasionadamente por la situación y no nos privamos de soltar algunas lágrimas. Ya de ese bello momento, me indicas que estás sola en casa por todo el fin de semana y es cuando tomas de mi mano y me llevas a ella para estar más en resguardo y así es cuando me sirves un trago para ponernos al día de toda esta sorpresa que yo sin avisar me deje llevar a tu lado y platicar de como fué que nos habíamos conocido.

    Ya luego cuatro y cinco tragos la conversación se fue subiendo de tono y más el alcohol, el sofá en que estábamos se convirtió de un momento a otro en nuestro nido de amor por varias horas hasta el amanecer. Fue así que comenzamos a besarnos y tocarnos el uno al otro por todo nuestro cuerpo y mis manos no se aguantaron de meterse en tus entrepiernas y mis labios temblorosos se dirigieron a tus pechos con tanta pasión que tu no aguantaste las ganas de bajar mi cremallera y liberar mi miembro para frotar muy suavemente al ritmo que mis dedos frotaban tu clítoris.

    Era tanta la calentura que teníamos que ninguno de los dos soltó ni una palabra y nos dejamos envolver por el otro que nuestra respiración ya estaba muy agitada y nuestras manos húmedas por los flujos de cada uno que nos provocaba esa masturbación mutua.

    Ya con todo el deseo de comernos, espontáneamente nos pusimos en posición de 69 y nuestros labios comenzaron a saborear nuestros genitales y yo sin dudar comencé a succionar con mucha suavidad tu clítoris y soltarlo a la vez hasta que tus paredes internas se contraigan y así poder saborear hasta la última gota de tus flujos lubricadores, mientras que tu, no parabas de envolver mi duro y venoso pene con tus labios y tu mano empuñada en él no paraba de frotarlo y meterlo completamente en tu boca hasta que comencé a sentir unas palpitaciones que tuve que esquivar por un momento porque estaba a punto de correrme en tu boca, fué en ese momento que me permito ponerte en 4 y tomar de tus caderas para dirigir mi miembro hacia tu cavidad vaginal y comenzar a penetrarte muy lentamente hasta el fondo una y otra vez y tu no parabas de gemir muy discretamente hasta que te viste en la obligación de pedir que no parara y que necesitabas que le diera más rápido y hasta el fondo sin parar mientras que mis testículos golpeaban tus labios vaginales al llegar al fondo y eso te calentó al máximo que me permití en comenzar a estimular tu orificio rectal y lograr dilatarlo para que pronto recibieras el mismo pene que estaba volviendo loca tu vagina ummm…

  • El sillón de madera

    El sillón de madera

    Me he vuelto no sólo una experta, sino una asidua practicante de la masturbación. No sé si el hecho de no tener pareja me lleva a diario a pensar en sexo y con eso a manipularme, ya sea con las manos o con ayudas hasta alcanzar el explosivo orgasmo final.

    Últimamente siento mi vagina húmeda a toda hora (y la verdad no es sólo que lo sienta, es que lo está, porque entro al baño y aparece en mi panty ese líquido transparente y pegajoso que deduce que estoy bien lubricada). Es tanta la lubricación que me ha tocado colocarme un kotex para que no se pase a la ropa. Sueño con todo, me imagino todo, poses, caricias, besos, sexo suave, sexo duro, sexo prohibido, sexo lésbico, orgías. Cualquier cosa que pueda darme placer.

    No sé ustedes que piensan, pero entre más uno se masturba, más exigente se vuelve al tener contacto físico sexual con alguien, tus estándares suben, quieres que tus exigencias sean complacidas por las otras personas por arte de magia. Yo por ejemplo, quisiera que alguien besara mis tetas al tiempo que soy penetrada y manipulada por un hombre. Quiero que esa penetración me abra la vagina, quiero sentir dolor y placer al tiempo. Quiero estallar en orgasmos repetidos, gimiendo y moviéndome cómo poseída por algún espíritu.

    Mientras escribo esto, mi coño está de nuevo mojado, ya lo empecé a acariciar, está tan mojado que toda mi vulva está brillante. Me siento en el borde del sillón y recojo las piernas dejando expuesto mi sexo. Acaricio mis tetas y las subo para poder besarlas con mi boca. Miro a mi alrededor y sólo veo el control del tv cerca de mi, no me importa lo cojo y lo froto de arriba a abajo en toda mi raja, intento meterlo en la vagina pero su forma cuadrada no me deja sin sentir molestia, así que me pongo de pie y me abro de piernas, en el medio queda el apoya brazos de la silla que es de madera, me inclino un poco de modo que mi coño quede pegado a él y me muevo cómo si una verga fuese la que está ahí. Cojo la punta y presiono tan duro mi coño contra ella que me vengo enseguida, todo quedó baboso y mojado y yo un poco adolorida por la faena que acabo de tener.

  • Mi vecina nueva

    Mi vecina nueva

    Jack Rush, un joven de 20 años se entera que ha llegado una vecina nueva a la casa de al lado.  Este no le toma mucha importancia al principio, pero en la noche se dio cuenta de que su habitación al mirar por la ventana se encontró mirando la habitación de su nueva vecina. No le tomo importancia, cuando se fue a acostar mas tarde en la noche, escucho unos gemidos, al asomarse por la ventana la vio totalmente desnuda, con un consolador de color azul lo metía y sacaba velozmente dándose placer, los ojos de Jack se abrieron como platos y su amigo reacciono al instante, no le quedo de otra que masturbarse.

    Al día siguiente luego de llegar de la uni, Jack se encontraba en la cochera de su casa acomodando, con la música a todo volumen. De un momento a otro su vecina entro a la cochera, encontrándose los dos. Jack no podría creer que la mujer que lo ponía caliente estaba frente a él, reclamándole sobre la música. Esta al ver el gran cuerpo definido de Jack se mordía los labios mientras lo miraba.

    -¿Me estas escuchando?- Dijo esta, dándose cuenta de lo perdido que estaba el joven.

    -Mil disculpas, es que tengo cosas que ordenar y me gusta hacerlo con música.

    -Pero llevas un buen rato, ¿puedes descansar?

    -Ahora que lo menciona sí, me encuentro algo cansado.

    -Bueno me llamo Olivia y estoy desempacando.

    -¿Necesita que la ayude?

    -Claro, ven a mi casa.

    Dicho esto se fueron a la casa de Olivia

    -Es una casa bonita.- Dijo Jack admirando la casa

    -Muchas Gracias.

    -y ¿Dónde está su esposo?

    -Estoy divorciada- Dijo y Jack no pudo estar más feliz.

    -Entiendo y ¿Puedo usar su baño?- Dijo entrando los dos en la cocina.

    -Claro, está en la planta de arriba al final del pasillo. -Dijo Olivia.

    Cuando el chico se fue esta solo podía pensar en lo caliente que la ponía, ya habían pasado 5 minutos desde que fue al baño y esta decidió subir, cuando abrió la puerta del baño lo encontró orinando. Cuando vio su miembro se saboreó los labios, Jack rápidamente se subió el bóxer un poco apenado.

    -Señora, mm -Dijo Jack mientras se acomodaba el pantalón.

    -Lo siento. -Dijo mientras entro al baño y cerró la puerta.

    -Yo… -Intento decir el joven, pero la mujer se le acerco más

    -Me dejas verlo- Dijo agachándose- Creo que está dormido.

    -Se despertará pronto.

    -Bueno, creo que hay que ayudarlo. -Dijo mientras sacaba uno de sus senos y comenzaba a masturbar a Jack- Vamos a darle una chupadita para que se despierte- Dijo mientras pasaba su lengua apasionadamente por el miembro de Jack.

    -Olivia… -Dijo Jack algo ronco.

  • Le enseñé las tetas y el culo por WhatsApp (2)

    Le enseñé las tetas y el culo por WhatsApp (2)

    Hola queridos lujuriosos. Como ustedes saben, les he compartido una nueva y muy excitante experiencia. Conocer a uno de mis lectores.

    Así que intercambiamos números de celular y muy pronto le escribí. Hola cariño, ¿Así que te gustan las mujeres de pechos grandes, muy putas y muy zorras?

    Me respondió a los pocos minutos, eres… it? Le dije sí cariño te he estado escribiendo por correo. Me dijo claro que sí, gracias por escribir linda macizorra. ¿Cómo estás? Me preguntó, le dije que bien que muchas gracias por preguntar.

    Rápidamente me envió unas hermosas fotos de su verga bien erecta que salía de su pantalón de vestir, un poco ajustado, por cierto. Supongo que por el tamaño de sus bolas y de esa polla.

    Fue una linda sorpresa para mí, sí parecía el mismo chico que me había estado escribiendo por correo. Repasé cada una de sus fotos nuevamente y… pensé que atractivo y rico está este muchacho.

    Si lo tuviera cerca, ya le estaría chupando y mamando deliciosamente esa verga bien paradita.

    A los pocos minutos me mandó un video donde se apreciaba en primer plano su polla deliciosa y él, dándose placer… lentamente y mostrando plenamente el tamaño de sus genitales. Se masturbaba de un modo muy cachondo, sexy y de manera que me parecía que me estaba dando a desear, el comerme esa verga.

    No les miento, pero de ver esas fotos y el video… mi capullo se hinchó y sentí lentamente cómo se mojaba y lubricaba mi panocha de las ganas de tener aquel pene adentro.

    Le di las gracias y le dije: que rico estás mi amor. Gracias me respondió, espero que te gusten. Le dije claro que me gustas. Estás… bien rico.

    Inmediatamente le mandé unas fotos de mis tetas y de mi panochita bien mojada. Después una de mis nalgas y otra de mi culo.

    Y él como siempre, como todo buen caballero me dijo gracias mami que ricas tus fotos, ¿me puedes compartir después un video?

    La verdad, lo pensé mucho… pero le dije que mejor nos conectábamos por otro medio, le especifiqué por cuál y le dije que podíamos vernos mejor. A lo que accedió y… en poco tiempo ya estábamos en línea. Eso me causó muchos nervios. Ya que no sabía si aquel chavo me iba a gustar.

    Empezamos a conversar y pues de una forma dominante, audaz y muy sexy me dijo: enséñame las tetas, me levanté la blusa y el sostén y se las enseñé. Las masajeé y me apreté un pezón y le pregunté ¿te gustan baby?

    Él muy lindo me sonrió y me dijo me encantan putita. La verdad me sentí un poco intimidada.

    El muchacho es muy guapo, es moreno claro, de sonrisa hermosa y sincera, tiene facciones muy varoniles y a la vez, hermosas.

    A los pocos minutos, no sé o no recuerdo qué le pregunté o qué le dije, porque estaba muy nerviosa. Pero me pidió que le enseñara las nalgas.

    Le respondí de acuerdo cariño. Sí te las quiero mostrar y me paré de la cama y me quité pausadamente el pantalón que llevaba puesto, para que él me viera las piernas y contemplara mis anchas caderas. Deslicé el pantalón y me senté sobre la cama. Estuvo platicando unos segundos conmigo, pero no recuerdo exactamente sobre qué.

    Solo me acuerdo de su hermosa sonrisa cuando me dijo, eres muy bonita. ¿A qué hora me vas a mostrar las nalgas? Y cuando me puse de pie me di cuenta que se estaba masturbando y eso… ejerció en mí como un efecto hipnotizador, de manera que no pude evitar verlo y apreciar su mirada morbosa y él, ver cómo ardía en deseos de mamarle esa verga.

    Me volteé y de pie le mostré las nalgas, ábrelas por favor mami, su voz cachonda y sus palabras me excitaron mucho. Regresé a la cama, me puse de espalda hacia él y me puse en cuatro patas. Tratando de que me viera las nalgas, el culo y la puchita al mismo tiempo.

    Ábrelas mami, y eso me sonó como… quiero metértela bebé. Me apoyé con una mano en la cama y con la otra trataba de apartar las nalgas para que me viera el culito. Me dijo que rico y delicioso culote tienes zorrita…  Para ir a rompértelo putaycojelona. Le dije sí bebé. Me encantaría sentir tu verga en medio de mis nalgas y que me las folles bien rico. Quisiera que me rompas el culo y que me hagas gozar ya con tu polla amor. Al mismo tiempo, empecé a escuchar que se estaba masturbando y me dijo muy dominantemente mastúrbate putita quiero escucharte.

    A lo que yo obedecí inmediatamente. Así, enseñándole las nalgas en primer plano y de espaldas a él me empecé a meter dos dedos, primero lentamente y ya se podían escuchar los ardientes chasquidos que producía, al meter mis dedos a mi capullo completamente mojado y ardiente de verga.

    Al mismo tiempo que él me decía que rica estás mami putita. Eso me excitó aún más y continué masturbándome para él, hasta que me temblaban las piernas, el soltó su reserva de semen y yo, casi al mismo tiempo…mis fluidos vaginales.

    Seguiré platicándoles todo lo que está sucediendo con este depravado, lujurioso y sumamente atractivo lector.

  • Cita en app: Samuel, una especie de sueño cumplido

    Cita en app: Samuel, una especie de sueño cumplido

    Esta es la historia de la primera vez que decidí descargar una app de encuentros porque andaba algo aburrido en el cuarto y debía quedarme ese fin de semana en Lima.

    Sucede que era un viernes en que quería al menos conversar con alguien así que de curiosidad decidí descargar la app de encuentros casuales. Luego de un rato vi en los perfiles uno que no tenía foto, de 48 años, activo. En su descripción pedía discreción, se le notaba serio por como escribía así que lo saludé. A los minutos me respondió y me dijo que aún trabajaba, me quedaba cerca a la casa y por su conversación que me pareció interesante, me dijo que trabajaba en seguridad, o sea esas personas que andan con chalecos, arma y todo, me pareció un hombre serio y discreto. Era lo que me parecía bien, la reserva.

    Yo tenía algunas cervezas en la nevera, así que me propuso conocernos, yo le dije que ya y nos vimos en el parque que estaba a la vuelta de mi casa. Me pareció un hombre interesante, más me cayó bien por su tema de conversación, las cosas en común que teníamos. Nos hemos quedado conversando en la banca del parque buen rato hasta que me propuse ir a tomar algo por ahí cerca. Yo le dije que tenía cervezas en mi cuarto y tal vez podíamos tomarlas. Yo sé que no es bueno hacer pasar a gente desconocida, pero este hombre me inspiraba mucha confianza. Muchísima.

    Hemos llegado al cuarto en que vivía, cuarto con ingreso independiente, la dueña nunca estaba, siempre de viaje y nadie me conocía por ahí así que por eso fue que le dije para ir. Tomó asiento, saqué dos cervezas, luego dos más, dos más y se me acabaron las 6 que tenía. Yo estaba algo picado, pero más allá de todo conversamos de todo, de todo. Era tan entretenida esa conversación y él que lo que pensábamos que podía pasar quedó a un segundo, tercer, décimo plano en ese momento.

    Hemos bajado a comprar 6 latas más, un six pack y volvimos. Con música, él bien a la ropa de seguridad con el chaleco y todo, hasta que no sé por qué entre broma y broma le pedí probarme su ropa, o sea vestirme de seguridad. Solo se río y me dijo: estas seguro? pues siiii. Entonces va, espérame. Se metió al baño y a los minutos salió en bibidi, medias y boxer. Se veía bien, pero más quería verme como me quedaba. Entré al baño y salí a los 10 minutos. OJO, el arma no la tenía ya. Así que no había peligro. Me vio y me dijo que le gustaba como me quedaba. A mi igual, se me marcaba bien. Yo estaba cumpliendo una especie de «sueño» por así decirlo porque me parecía chevere ponerse esa ropa al menos una vez así sea como disfraz.

    Me cambié, se puso su ropa él, seguimos tomando y ya casi por acabar las cervezas entre una y otra cosa me confesó que vivía con su esposa, tenía 3 hijos ya y al parecer para la sociedad su matrimonio era perfecto.

    A mi me tomó por sorpresa, pero solo escuché y no lo juzgué. Me dijo que le parecía muy guapo, que era un chico muy buena onda y que si quería podíamos vernos de vez en cuando y que le caía tan bien que no buscaba más que mi amistad. Me dio un beso en la boca al que correspondí. Así fue, nos hemos visto con Samuel unas 3 veces más y solo para salir a tomar un café, conversar de la vida. Nunca tuvimos sexo, no nos volvimos a besar ni pretender.

    Es más hasta algunas veces que he pasado por su trabajo nos hemos visto y nos saludamos. Sabemos la discreción que debe haber y el respeto es de parte de ambos. Por pandemia perdimos comunicación, sé que lo sacaron del trabajo por recorte de personal, yo me mudé. Hasta hace unos meses escribió para saludarme y desearme todo lo bueno. En su foto de whatsapp aparece él con una niña, imagino será su nieta o sobrina.

  • Experiencia Bi

    Experiencia Bi

    Hola, me llamo Ghio y lo que cuento hace años de esto y fue mi primera experiencia bi, pues soy hetero curioso, me llamaba la atención ver películas de tríos y si eran bisex, llegué a excitarme al ver los orales entre ellos, pero eso, solo en la imaginación, tenía novia y era lo que me gustaba de verdad, pero lo otro, me daba morbo.

    Un día en casa de una pareja amiga que era mayor que yo tras el almuerzo tomamos unas copas y reíamos hablando de nuestras intimidades. Yo estaba algo cortad con algunas preguntas o respuestas que oia, pero oye, me solté como ellos y ya contaba de todo.

    Ella preguntó si tenia buen sexo con mi pareja a lo que rei y dije por supuesto, muy bueno.

    Ella me dijo que sería porque estaba bien dotado y le dije que normalito y operado de fimosis, a lo que reimos.

    Ella dijo pues Gullie no lo está y llevo tiempo diciendole que se opere. Yo le dije que era muy comodo y limpio.

    El se levantó y se fue a la cocina por mas bebida y cuando vuelve, suelta las botellas en la mesa y dice, fijate y dime si hace falta operación.

    Fue una sorpresa que aunque reimos yo me quedé en shock pues se bajó el pantalón y el slip y ala, alli asomaba al aire su polla.

    Ella dijo, pero Guille, vaya confianza y sonriendo y sentada en el sofá se la cogió con la mano acariciadola. Me preguntó, y tu qué opinas?

    Estaba acelerado y logré decir que la veia bien, grande y gorda y que bueno, que echando la piel para atrás el capullo se veia gordo.

    Y dice ella, y como es la tuya? A ver?

    El tambien dijo, eso a verla, que la mia ya la viste.

    Me puse de pie y me bajé pantalón y slip y mi rabo saltó solo pues estaba excitado con todo lo que estaba pasando.

    Wow, dijo ella, que capullo mas gordo y sin pellejo y diciendolo, me la cogió y de ese modo tenia una polla en cada mano.

    Mi corazón estaba a 1000, aquello era algo increible que pasara pero estaba pasando y yo no me movía, me deje hacer.

    Ella frotó las dos pollas y dije, que pasada… Gulle dijo, te gusta? Y dije, si, nunca lo hice pero estoy hot y veo que para vosotros no es nuevo, y rieron.

    No no, dijo ella… nos gusta disfrutar del sexo y somos los dos bi, aunque no buscamos, solo si surge o pasa como hoy. Eso si, hoy antes que vinieras lo habiamos hablado de provocarte y mira como estamos.

    Acabando de hablar lamió los dos capullos, yo gemia por lo que estaba pasando y la tenia muy dura. Se metió la suya en la boca y la mia la frotaba cuando va Guille y me la coge y la acaricia tambien… aquello fue brutal, y yo alli quieto pero gozando hasta que se acabaron los miedos y cogí la suya, gorda y dura.

    El se puso de rodillas junto a ella y entre los dos me chupaban la polla y los huevos y yo cogia sus cabezas que acercaba a mi rabo durísimo.

    El de nuevo se puso de pie y ella me cogió de la mano y tiró de mi y me puso de rodillas… me miró y me dice, ahora tu, y me acercó la olla de Guille a la boca.

    Saqué la lengua, saboreé su capullo y el decia, que suave lo haces hasta que poco a poco me le fue metiendo en la boca y note lo caliente de la polla. La chupé como él a mi saboreándola y ella me decia que bien lo haces.

    Me separó y me dijo ahora los tres y en el suelo sobre una alfombra hicimos una comida uno al otro, primero un 69 el y yo y despues yo le lamia el coño ella, él a mi la y ella la polla a él.

    En fin, asi pasó y asi tuve mi primera experiencia bi que acabó con estallidos de semen de los dos y orgasmazo de ella mientras nos lamiamos.

  • Mi suegra me da una sorpresa

    Mi suegra me da una sorpresa

    Siempre he tenido un morbo oculto con mi suegra… ella es tan osada al hablar. Si hija por otro lado, es más tímida. Aunque cuando estamos en la cama se vuelve la puta de mis sueños.

    En una ocasión, entre a la casa de mi suegra sin notar que ella estaba en la cocina en tanga y sin sostén… yo solo buscaba saludar como de costumbre y dejarle las llaves de casa ya que me iba a trabajar y mi novia estaba estudiando.

    Al verme, quede paralizado. Si huía quedaba muy tonto, pero si me quedaba mirando quedaba como un pervertido. En fin, no me importó. Ella se estaba preparando un pan con mermelada cuando sintió que la puerta se abrió. Salió de detrás de la puerta y con el pan en la mano, se apoyó en el marco mirándome. Sus tetas, enormes, duras y blancas de pezones rozados estaban allí, desviando mis ojos hacia ellas.

    -me parece que se te perdió algo. – me dijo sonriendo mientras llevaba el pan hacia una de sus tetas.

    Dejo caer algo de mermelada en la teta que tenía apoyado el pan. Fueron segundos que alcanzaron para que mi pene se despertara rápidamente y se fuera mirando en mi pantalón. Ella bajo la mirada hacia mi miembro, paso su lengua entre sus labios y en voz baja me iba diciendo: -mmm, ahora veo porque mi hija está tan enamorada. Con una Berga así yo también estaría loca de amor.

    – María me tengo que ir, perdón, no sabía que estabas así. Le dije medio entre tartamudeos.

    – No te pongas mal, no me molesta. Al contrario, en cuanto te sentí la puerta quise que fueras vos.

    Dejo lo que le quedaba de pan sobre la mesa, comenzó a caminar hacia mí con esas tetas hermosas y esa tanga roja… yo solo sentía como mi pene comenzaba a dejar salir de manera espontánea una gota que lubricaba mi glande de forma involuntaria.

    Me tomo del cuello de mi camisa, me empujó hacia el sofá y yo, como un niño que no ofrece residencia, me deje caer. No daba crédito a lo que pasaba, pero tampoco me negaba. La madre de mi novia estaba de rodillas ante mí, mirándome mientras me sacaba el cinto del pantalón a la vez que me hablaba.

    -Ahora quiero ver qué tan rica sabe la pija que mi hija disfruta cada noche. No te creas que no siento los gritos de noche.

    En ese momento ya había perdido la timidez. Que más daba, ya ni había vuelta atrás.

    -Si, tu hija grita como una putita mientras se la entierro cada noche, no sabía que las paredes podían filtrar los gritos.

    -Pues no, y esos gritos hacían que yo me imaginara cualquier perversión. Mientras vos te la coges del otro lado, yo me dedico a acariciar mi vagina.

    Ya me había bajado los pantalones por debajo de las rodillas. Me agarró la verga con una de sus manos y como una profesional, comenzó a chupármela lentamente mientras con la otra mano me acariciaba los huevos.

    Dándole rienda suelta, la agarré de los pelos y comencé a soltar mi vocabulario sin censura: chupármela puta, sabía que siempre quisiste algo de mí.

    Fueron minutos de mamadas lenta, pero sin pausa. Hasta que sentí que el semen iba a salirme desenfrenadamente.

    -Dame todo el semen en la boca, no dejes ni una gota afuera.

    Explote en semen en cuestión de segundos. Mi pija no salió de la boca de mi suegra hasta que no salió la última gota. Ella me miró, saco su boca y se chupo los dedos un par de veces. -No estuvo mal. La próxima vez quiero que me entierres la verga por el culo.

    Se paró, se fue a su cuarto se vistió y volvió al living. Yo ya estaba había vuelto a la normalidad. Mi pene estaba flácido. Me había abrochado el cinto y estaba con cara de felicidad sentado en el sofá.

    Alguien golpeaba la puerta. mi suegra abrió y sentí la voz de mi novia:

    -hola mamá, salí más temprano y aproveché a saludarte, Luis está acá?

    – hola hija, si está acá recién paso a dejar las llaves pero no las voy a necesitar.

    Mi novia vino hacia mi, me vio y con inocencia dijo:

    -buen día mi amor, que feliz te veo hoy veo que el pan con mermelada de mi madre te cae bien.

  • Baby, ¿prendo la vela?

    Baby, ¿prendo la vela?

    11:51 pm: “Baby”… “Prendo la vela?”

    Antes de ver los mensajes, salí de bañarme y veo la vela encendida. “La vela” fue uno de mis detalles para mi novio en el día de San Valentín y dice “light this wick and I will suck you Dick”.

    Entonces te observo, ya listo, acostado boca arriba y sin ropa. Agarrando tu celular para poner música (como siempre) me encanta el ambiente que nos crea. Tu mirada es otra, tu hombría me grita y me excita. Ver tu cuerpo agitado sin tocarte, callado y observando cada movimiento.

    “Mámamelo bien rico, mami” – dices y siento una corriente en mi cuerpo, me encanta que te encante.

    Me produce una gran excitación este instante en el que te observo y me deleito con lo que veo, mi hombre completamente expuesto y dispuesto para mi. Con su cuerpo respondiendo sólo al morbo del momento, el ‘pensar en lo que viene’.

    Acerco mi nariz a tu entrepierna, delicia pura mi amor.

    “Páralo con la boca”

    Y sin palabras ya estabas completo dentro de mi. Te llevo hasta donde alcanza tu aún flácido miembro, lo aprieto con mi garganta y mi lengua, y salgo aun sujetándote… muy despacio…. //

    “Ahhh…”

    Basta con verte la cara, pero escucharte es más delicioso y excitante.

    Repito… (pero esta vez me detengo más tiempo con el adentro y froto mi rostro sobre tu pubis).

    “Mmmm mamiii que rico”

    “Déjalo adentro lo más que aguantes”

    … aguanto…

    Salto muy despacio, sosteniendo tu cabeza con mi boca, hablando un poco tu pene.

    Repito… Esta vez ya estás completamente erecto y alcanzando lo más profundo de mi garganta.

    Tu respiración agitada invaden las paredes de nuestra habitación.

    Sujetas mi cabeza con fuerza y delicadeza, como tú solo sabes hacerlo y bombeas mi boca.

    Me sueltas y continúo con el paso que me acabas de marcar.

    Cuanta excitación te provoca verme disfrutar tener tu pene hasta mi garganta.

    No aguantas más y derramas la miel de tu pene completa en mi boca.

  • Phuc de Vietnam (II)

    Phuc de Vietnam (II)

    Hay ciertos sucesos que marcan para siempre el devenir del resto de tu vida. Son sucesos que no pueden ser cambiados ni atenuados.

    Ponerle los cuernos a mi novia con mi antigua compañera de trabajo, que además era la mujer de un buen amigo y madre de su hija es uno de ellos. Sin vuelta atrás ni remedio.

    Quería salir corriendo de la casa. Quería darle a rebobinar. Quería que no hubiera sucedido, volver a mi vida de hacía una hora. Una vida sin problemas, sin el conflicto brutal que acababa de generar. ¿Cómo podía haberme dejado llevar por mis partes bajas de esta manera?

    Con la cabeza fría analicé la situación. Y Phuc tenía razón, no podía presentarme de vuelta a mi casa oliendo a sudor seco y sexo. Me tenía que dar al menos una ducha antes de irme.

    Contesté a Nico que quizá no podría pasar hoy debido al trabajo. No podría aguantarle la mirada. Dejé la caja en el suelo y me fui al baño. Al pasar la vi tumbada boca arriba en su cama con los brazos detrás de la cabeza, todavía desnuda, mirando al techo como pensativa. “Joder qué buena está” pensé. “Quítate eso de la cabeza!” me dije inmediatamente.

    Me metí en el baño y cerré con cerrojo. El espejo y lavabo estaba a la derecha de la entrada y la ducha enfrente. Me quité toda la ropa. Mi polla se había agrandado otra vez un poco al ver en la cama a Phuc, sin llegar a empalmarme. La tenía colgando como un plátano dando bandazos de un lado a otro mientras me movía. Cuando me fui a meter en la ducha me di cuenta de que no había toalla. “Mierda!” Iba a tocar secarme con mi polo o lo que encontrara por el baño. ¿Por qué coño no había toalla en el baño? ¿Ni siquiera una usada?

    Abrí el grifo y me duché rápidamente, en un minuto había terminado. Mi polla seguía igual de alegre. Cómo cojones podía seguir tan caliente? Me había corrido hacía poco pero mis huevos todavía no estaban vacíos. De verdad que estos tres días y la excitación habían llenado el depósito como para durar un largo invierno. A pesar del remordimiento la imagen de Phuc en la encimera estaba volviendo a mi cabeza y no la podía apartar.

    Salí de la ducha y empecé a buscar algo en los cajones con lo que secarme. Nada. Entonces oí unos pequeños toques en la puerta.

    – Necesitas una toalla? – dijo Phuc desde el otro lado

    – Sí, cómo lo sabes? – pregunté inquisitoriamente

    – Eché a lavar todas las toallas al llegar a casa y estoy oyendo cómo abres los cajones. No hay nada – respondió

    Qué casualidad.

    – Abre, tengo una aquí – siguió

    – Estoy desnudo! – dije molesto. Me estaba incomodando ya la escena

    – Abre un poco solo la puerta y te la doy…. – empezó a decir. Tras una breve pausa como dubitativa, terminó – …además ya no hay nada que ver que no haya visto

    ¿Cómo se permitía esa frivolidad en este momento? ¿No sentía ella ningún remordimiento? Aunque si soy sincero, escuchar eso me excitó un poco más.

    Con cuidado de no resbalarme por lo empapado que estaba, caminé hacia la puerta con el rabo algo más crecido colgando y balanceándose como haciendo puénting. “Cálmate!” me dije. Se me había acelerado otra vez el corazón. Abrí el cerrojo lentamente y abrí la puerta. Su mano apareció con una toalla… pequeña. Muy pequeña.

    – Qué coño voy a hacer con esto!? – pregunté entre sorprendido y medio enfadado

    – Te he dicho que todas las toallas se están lavando, esto es lo único que hay. Te puedes secar con ella – respondió

    “Pero qué coño!” pensé casi indignado. Me tenía que secar con casi un trapo, una toalla pequeña de manos. Con el intercambio de la conversación la puerta se había abierto ligeramente más. Miré hacia mi izquierda al espejo y en el reflejo a través de la apertura vi a Phuc con la mano extendida sujetando la toalla. Se había puesto lo que parecía un tanga o panty color blanco, no podía distinguirlo bien desde delante, pero seguía con las tetas al aire. Otro calambre que me recorrió el cuerpo desde el pecho hasta la polla. Me quedé con la boca abierta mirándola. Ella miró hacia el espejo y me vio también. En medio segundo su mirada pasó de mis ojos a mi polla. Vi cómo sus cejas se arquearon un momento y sus ojos se abrieron más un instante. Me sentí desnudo, muy desnudo, a pesar de haber estado follando con ella hacía un rato.

    – Quieres hablar de lo que ha pasado? – pregunté lo primero que se me vino a la cabeza como para cambiar de tema mientras agarré la toalla y me cubrí mi miembro rápidamente.

    “Quieres hablar de lo que ha pasado? ¿En serio? ¿Es eso lo único que podía decir? ¡Cómo iba eso a ayudar a desviar la atención del tema!” me castigué cabreado conmigo.

    – No hay nada que decir – dijo desviando la mirada como avergonzada. Parece que al menos había funcionado para que dejara de observarme – ha pasado. Hemos bebido un poco y yo no lo estoy pasando bien…

    Según terminaba la frase su voz se empezó a quebrar y la escuché sollozar. La vi a través del espejo darse la vuelta y desaparecer. “Genial! Ahora está llorando. Una jugada de diez”. Dudé medio segundo en abrir la puerta y salir a intentar consolarla o intentar hablar razonadamente del tema. Mi imagen era penosa, estaba mojado con solo una toalla pequeña para secarme y mi rabo colgando como una liana.

    Abrí la puerta mientras dudaba, me sentía culpable de lo sucedido. “Joder Phuc! De verdad?? Me estás castigando a propósito o qué coño está sucediendo?” pensé alterado. La imagen que tenía ante mis ojos era celestial. Phuc de espaldas con su bonita melena tapando hasta la mitad de su desnuda y estética espalda. Descubrí que lo que se había puesto era un medio panty-medio tanga blanco que le cubría su perfecto culo hasta la mitad para pasar a desaparecer entre sus nalgas, dejando la mitad inferior del culo al descubierto. Esto era casi lencería de noche de bodas. Me quedé paralizado un segundo con mi rabo empezando a rebotar como un resorte. Se dio la vuelta al oírme detrás. Me tapé el rabo con la pequeña toalla a toda prisa. Se secó un par de lágrimas de la cara en lo que fue una de las imágenes más memorables que permanecerán en mi retina por el resto de mi vida. Su bonita cara adornada con un par de lágrimas, sus preciosas tetas al aire, ese glorioso panty separando su vientre plano de un par de hermosas, fuertes y largas piernas.

    Mi polla dio un pequeño salto que hizo botar la toalla. Phuc soltó una breve risa de inmediato cuando lo vio. No sabía dónde meterme.

    – Cómo es posible que estés así cuando hemos hecho… bueno ya sabes… hace un momento? – preguntó en tono muy sincero, sin ninguna intención sexual

    – Joder Phuc! – estallé. Cómo coño quería que no me pusiera así? – te has visto? Sabes lo que está pasando en mi vida? Te crees que soy de piedra? Te crees que yo no necesitaba también esto?

    Mi intención no era halagarla sino más bien desahogarme, echarla de alguna manera la culpa. Pero sonó, y con razón, como un piropo hacia ella. Y así pareció tomárselo. Se sonrojó un poco y se miró el cuerpo.

    – Gracias – susurró. Inmediatamente volvió a levantar la cabeza – no sé si te has dado cuenta de que estás empapando el suelo

    Miré hacia abajo, se había formado un pequeño charco. “Mierda”. Instintivamente me agaché y sequé el suelo con la toalla. No sé si queriendo o no, pero dejé de taparme la polla. Comencé a secarme cuerpo y cabeza. Además ella también estaba casi totalmente desnuda y como había dicho antes, no había nada que no hubiéramos visto el uno del otro ya. Había tenido la intención de salir corriendo de allí pero esta chica ejercía un poder enorme sobre mí. Ya no me quería ir. No sabía lo que quería, no sabía a donde iba esto. Solo sabía que me gustaba cómo me estaba mirando mientras yo fingía no darme cuenta.

    Me estaba secando, Phuc mientras se fijó en mi rabo ya al descubierto balanceándose de un lado a otro con el movimiento. Como dubitativa, pareciendo como querer decir algo pero sin llegar a decirlo. Es curioso que antes todo fuera mucho más rápido y decidido y ahora una vez ya habiendo follado estuviéramos más vergonzosos. Finalmente se decidió a preguntar.

    – Siempre es así de grande o estás otra vez excitado? – dijo de una forma no muy asertiva e inocente

    Me sorprendió un montón la pregunta. No sabía que decir. Por qué me hacía esa pregunta? Lo estaba comparando con Nico? De verdad y de forma sincera se estaba preguntando en su cabeza esto? Estábamos jugando otra vez con fuego. La tentación, otra vez, estaba renaciendo de sus cenizas. Qué le debía responder? Que respuesta esperaba? O no necesitaba respuesta y solo era una reflexión en voz alta? Sus sollozos habían desaparecido pero tenía los ojos algo húmedos de las lágrimas que acababa de derramar. Era un ángel. Era demasiado bonita para evitarla.

    – Phuc… – empecé de forma dubitativa, intentando ser sensible – mira…me pareces una mujer muy atractiva…y ya te he dicho que llevaba un tiempo complicado y necesitaba algo así… – hacia dónde coño quería ir? – y mírate – repetí, esta vez señalándola.

    Se volvió a sonrojar, esta vez sonriendo y agachando ligeramente la cabeza en señal de vergüenza. Me volvió a mirar y con cuidado soltó las siguientes palabras.

    – Me ha gustado lo que ha pasado…sé que no está bien, pero me ha gustado. Lo necesitaba también. Y si tenía que pasar, me alegro de que haya sido contigo – qué había querido decir? Soy algo más para ella que el primero que pasaba por aquí? Se me enfrió la cabeza.

    Se detuvo un momento como queriendo decir algo pero sin llegar a decirlo. Su mente parecía estar ponderando. Una vez tras un par de bebidas en un calentón durante un mal momento era de alguna forma excusable, al menos para algunas personas. Pero eso ya había sucedido.

    A continuación soltó la bomba – si quieres…te puedo ayudar con eso – dijo señalando vergonzosamente a mi polla – después de todo, soy la culpable.

    Me quedé estático. Durante un momento nos quedamos mirando, indecisos. La situación era diferente a la anterior. Antes había deseo, lujuria, liberación, decisión. Ahora todo iba más despacio, con más cuidado, cautela…y sentimiento. Mi silencio fue tomado como consentimiento y Phuc decidió dar un par de pasos hacia adelante hasta quedarse a centímetros de mí. Agachó la mirada y con delicadeza rodeó con su mano mi polla todavía sin erguir. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Levantó la mirada. Era profunda, penetrante. Empezó a subir lentamente la piel de mi polla. Cuando llegó al final volvió a bajarla con cuidado. Siguió el movimiento rítmico lentamente mientras nos mirábamos a los ojos sin decir una palabra. Mi corazón latía rápidamente y sentí su respiración acelerarse. Tras unos cuantos segundos decidió subir su otra mano y ponerla sobre mi pecho suavemente provocando una sensación cálida en mí. Creo que le gustaba la sensación de tocar un cuerpo entrenado, no era a lo que estaba acostumbrada. Mi polla creció en su mano en cuestión de segundos según me pajeaba hasta llegar al tamaño que había alcanzado antes en la cocina. Phuc bajó entonces la mirada y la volvió a subir mientras esbozó una sonrisa infantil a la vez que angelical. Me gustaba cómo se estiraban sus achinados ojos cuando sonreía. Yo sonreí también esta vez. Estaba más relajado. Estaba a gusto con ella. Estaba disfrutando.

    A la vez que me seguía pajeando a un ritmo lento pero constante, su otra mano empezó a deslizarse sobre mi pecho en dirección a mi hombro para después pasar a acariciarme el antebrazo e intentar rodearlo. Volvió a sonreír mientras daba pequeños apretones a mi bíceps. Definitivamente le gustaba mi cuerpo.

    Había dos opciones. La primera era dejar que Phuc me terminara de pajear para aliviarme y después marcharme. La segunda era plantarle un beso en la boca y ver qué sucedería después. Esta vez sería yo quien tomase la iniciativa. Mirándonos a los ojos, acerqué mi boca a la suya. Ella no se movió. Mis labios tocaron delicadamente los suyos. Primero un pequeño contacto, y otro, y otro. Empezamos a besarnos a un ritmo lento, como el de su mano en mi polla. Mi mano izquierda fue a acariciar delicadamente su cara mientras mi mano derecha bajó a la cintura para acercarla a mi cuidadosamente. Deslicé entonces mi mano hacia abajo, la pasé por encima del panties hasta llegar a la parte inferior de su culo que estaba descubierta. Lo apreté ligeramente lo que hizo sonreír a Phuc mientras nos besábamos con cariño. Sentí una unión espiritual única con ella en ese momento.

    Su mano que apretaba cuidadosamente mi brazo se deslizó hacia abajo para llegar a mi mano que se situaba en su culo. La cogió, se separó de mí, dejó de besarme y pajearme y dándose la vuelta se dirigió hacia su habitación tirando de mi brazo para arrastrarme detrás de ella. Cuando llegó a su cama me soltó y se tumbó boca arriba esbozando una sonrisa pícara en su boca. Esa sonrisa que dejaba ver sus colmillos. Yo, completamente empalmado ya, me situé sobre ella, la di un beso y empecé a rodar mis labios sobre su cuerpo hasta llegar a las tetas. Chupé los pezones puntiagudos mientras con una mano le bajaba los panties hasta los muslos. Mientras seguía chupando sus tetas, me recosté sobre ella apoyándome con un antebrazo en la cama y con la otra mano empecé a jugar con su coño y clítoris. Phuc cerró los ojos de placer mientras me acariciaba con cuidado la cabeza. Abrió las piernas para dejarme más espacio. Dejé de comerla las tetas cuando noté que su coño estaba ya bien lubricado y me bajé hasta estar enfrente. Vi que Phuc abrió los ojos y se inclinó un poco para ver qué iba a hacer. No se lo creía. Acariciando su vientre y muslo coloqué mi lengua en su clítoris y empecé a lamer. Dejó caer su cabeza en la cama a la vez que soltó un gemido profundo. Lamí y chupé como si no hubiera un mañana. Phuc trataba de no soltar gemidos para no despertar a su hija aunque le costaba. Apretaba la boca, cerraba los ojos y agarraba la sábana con fuerza. Al llegar al orgasmo ahogó sus gritos con la almohada mientras con sus piernas me apretó el cuello.

    Yo estaba empalmadísimo, me ponía muy cachondo oír como se corre una mujer gracias a mí. Con la cara hecha todavía un cromo del placer del orgasmo y respirando agitadamente tratando de recomponerse, yo escalé hacia arriba velozmente para de una vez meter mi polla en su coño empapado. Le pilló totalmente por sorpresa todavía recuperándose del orgasmo, abriendo los ojos como platos y la boca soltando un grito de medio sorpresa y placer a la vez que me rodeó la espalda con los brazos.

    Meter la polla hasta el fondo de una vez justo después del orgasmo, pillando por sorpresa, es algo que hacía años me di cuenta de que proporcionaba un placer bestial a la mujer. Y el secreto estaba en no parar después pero llevar un ritmo lento. Y eso hice. Phuc escondió su cabeza en mi cuello mientras me estrujaba con los brazos mi espalda. Levanté la pelvis para sacar la polla poco a poco y sin llegar a sacarla del todo, volví a meterla lentamente. No paré el movimiento, mi polla salía y entraba delicadamente en su coño mientras oía a Phuc gemir al lado de mi oreja. Su cuerpo a la altura de su ingle empezó a temblar ligeramente, sus piernas también. Mi polla estaba grande y fuerte como un sable y recorría el coño lubricado de Phuc sin prisa pero sin pausa. El temblor en su cuerpo empezó a hacerse más evidente y se trasladó a su torso y brazos. Sus gemidos pasaron a ser constantes y más fuertes y su voz empezó a temblar.

    Se estaba corriendo otra vez? Era esto posible? Nunca había conseguido que una mujer se corriese mientras me la follaba. Se estaba corriendo!! Apretó su boca contra mi cara, me estranguló con los brazos y las piernas, noté su cuerpo vibrar, sacudirse como en shock mientras yo intentaba seguir sacando y metiendo la polla en ella.

    Sentí algo que nunca había sentido antes. Su coño se calentó aún más y lo sentí en la polla. Empezó a realizar movimientos de contracción espásmicos apretando mi polla en su ya de por sí estrecho coño. La sensibilidad en mi polla se volvió extrema pero debido a la cantidad de fluidos que estaba produciendo su coño podía seguir metiendo y sacando al mismo ritmo lento que llevaba.

    Esto era increíble. No había tenido una experiencia así, una mujer en trance a punto de tener un orgasmo, estrujando mi cuerpo con sus brazos y piernas, y mi polla con su coño. Hizo que mi polla se estimulara de tal forma que sentí me iba a correr también. No llevaba ni dos minutos follándomela. Tras ahogar un gemido contra mi cara, su cuerpo dio una última sacudida esta vez más grande, separó su boca de mi cara, apoyó la cabeza violentamente en la cama con la boca abierta a más no poder y los ojos cerrados fuertemente. Su cara era un poema, estaba tensionada a punto de explotar, su mandíbula se iba a desencajar. Durante dos segundos no emitió ningún sonido, solo un grito ahogado. Es como si quisiera expulsar por su boca un torrente de sonido pero su cuerpo no le dejaba. Yo estaba alucinando. Aumenté el ritmo en esos dos segundos empujado por mi polla que había alcanzado una sensibilidad desconocida.

    Y gritó de placer. Vaya si gritó. Todo lo que tenía dentro finalmente salió en una avalancha. Al hacerlo su cabeza se levantó otra vez para apoyarse en mi cuello. Sus brazos y piernas seguían estrujándome. Y es entonces, en este limbo, en este sueño, en este éxtasis sin control cuando sucedió. Mientras Phuc gritaba potentemente, mi polla empezó a tener sacudidas y comencé a sentir una sensación de presión creciente en mis huevos. No me estaba doliendo, me estaba provocando un placer indescriptible. Pero me estaba dejando sin control de mi propio cuerpo. Es como si mi polla y huevos hubieran hackeado el sistema y deshabilitado todas las funciones de mi cuerpo. Nunca había tenido esta sensación. Mi polla iba en autopiloto y yo no podía ni reaccionar. Solo sentir placer, mucho placer. Aunque mi cabeza me hubiera intentado parar, no hubiera podido. Pero mi cabeza ni pensaba en ese momento. Se estaba formando una tormenta perfecta en mis huevos, lo sentía, lo gozaba. Mi polla entró y salió dos veces más en ella mientras tenía el orgasmo. A la vez que Phuc dejó de gritar, aunque todavía encaramada a mí, la presión en mis huevos se hizo placenteramente inaguantable y como con un resorte, como si se hubiera abierto una compuerta que dejó salir en tromba toda la presión que se estaba almacenando en los huevos, el placer indescriptible pasó a la polla. Y la polla se sacudió. Fuertemente. Explosivamente. Esta vez fui yo quien gritó. Nunca había gritado al correrme. Me estaba corriendo dentro de Phuc al mismo tiempo que ella acababa de tener un orgasmo. Era la primera vez que me corría dentro de una chica sin usar protección. Y la sensación era muy diferente. Mi semen no estaba chocando con una pared justo delante de la punta de mi polla. No se estaba almacenando alrededor. Sentía que estaba lanzando mi semen dentro, lejos sin ser detenido por un plástico. Y me estaba gustando. Tras el grito que solté y con todavía semen en mis huevos, las dos últimas sacudidas las hice con una fuerza ya algo recuperada, como con rabia, queriendo lanzar mi semen lo más adentro posible. Phuc empezaba a aflojar su abrazo y bajar su cabeza otra vez sobre la cama. La última sacudida de semen que hice con fuerza fue mirándola a los ojos. Nos dimos un beso suave, cansado…de amor. Ella se soltó totalmente de mí para quedarse exhausta en la cama. Yo caí como un saco de patatas sobre ella. Los dos respirábamos profundamente.

    Tras unos segundos me reincorporé, saqué la polla de dentro y rodé hacia el otro lado de la cama quedando boca arriba. No dijimos nada durante unos diez segundos. Los dos mirando al techo, recuperándonos, recobrando el ritmo normal de respiración.

    Giré mi cabeza para mirarla. Ella la giró también. Compartimos una mirada y sonrisa cómplices. Estaba en paz.

    – Escápate conmigo – dije – tú y yo

    Sonrió otra vez y volvió a mirar al techo. Esa sonrisa que tanto me gustaba. No respondió.

    Escuchamos el lloro de la niña, probablemente la habíamos despertado. Phuc se levantó y dirigió hacia el baño con la mano tapando su coño para que no gotease todo el semen que llevaba dentro. Qué mujer, qué guapa era, qué atractiva. Me estaba enamorando.

    Se tenía que ocupar de su hija y yo de llevarme las cajas así que decidí que era momento de irse. Nos despedimos con un beso. En ese momento de verdad pensé que mi futuro estaba con ella y con esa idea me fui de la casa. Pobre idiota.

    Me llevé las cajas pero no fui a casa de Nico. Las dejaría en el coche hasta que se aclarase mi mente. Pero lo que no podía evitar era volver a casa y encontrarme con Clara. No quería ni mirarla.

    Esa misma noche corté con ella. No podría aguantar vivir una mentira. A pesar de que era una relación acabada, Clara no se lo tomó bien. Me interrogó entre lágrimas qué había pasado para dejarlo tan abruptamente. Me preguntó si fue por la noche anterior, le dije que no, que venía de más lejos… y ella lo sabía también. Obviamente nunca le conté lo que sucedió. Fue sin duda lo peor por lo que había tenido que pasar…hasta ese momento.

    Me fui a casa de mis padres a vivir hasta que pudiera encontrar un apartamento. El fin de semana escribí a Phuc y ella me contestó. Aunque quería quedar con ella y verla otra vez, no quise ser pesado. Era ella la que tenía que dar ese paso. Entendí que estaría algo confusa y no querría ver a nadie por unos días.

    Aunque me subía por las paredes, decidí no escribirla durante la semana. “Dale hasta el próximo fin de semana” me dije a mí mismo.

    Nico sí me escribió para preguntarme por las cajas. Puse como excusa (real) que había cortado con Clara y no tenía ganas de salir de casa. Lo entendió y me dijo que ya las recogería en otra semana, no necesitaba nada de lo que había en ellas.

    Al siguiente fin de semana volví a escribir a Phuc. Me contestó pero no mostró intención de plantear quedar para vernos. Lo acabé proponiendo yo pero declinó, quería pasar un tiempo sola. Pasó otra semana sin contacto, me estaba volviendo loco. Llegó el viernes, hacía dos semanas de aquel día y Phuc no me había escrito. Clara tampoco pero aunque sonase cruel, no era en ella en quien pensaba. Un terrible pensamiento empezaba a rondarme la cabeza, que Phuc se hubiera arrepentido y no quisiera verme. Preso de la ansiedad decidí escribirla. Pasaron las horas y no contestaba. Ni leía el mensaje. No lo pude aguantar, quedé con un par de amigos que me habían estado toda la semana pidiendo salir al enterarse de mi ruptura con Clara. Salimos, bebimos, acabamos hechos mierda en un fin de semana de destrucción, pero no les conté la razón real de mi ruptura con ella.

    El lunes Nico me escribió, quería pasar por casa de mis padres, donde vivía todavía, para recoger las cajas. No tenía ninguna gana de verle pero seguir evitándole sería muy extraño.

    Cuando saqué las cajas le vi inusitadamente feliz. Me pareció extraño.

    – Tengo noticias – me dijo sonriendo nada más verme – he vuelto con Phuc.

    Se me cayó el alma a los pies. Y la caja casi también.

    El miércoles anterior ella le había llamado para que fuera a su casa. Quería arreglarlo y volver. En su línea de bocazas me contó que hicieron las paces, hablaron, lloraron y tuvieron sexo… sin protección. Así me lo contó. Pero lo peor es lo que vino después. Este fin de semana Phuc se había hecho la prueba de embarazo y había dado positivo. Estaba embarazada.

    Casi me desmayé. Lo excusé con que mi ruptura con Clara estaba muy cercana y me estaba recordando a eso. Nico se lo creyó y se ocupó de sacar las otras cajas.

    Mi castillo de arena se había desmoronado. Mi cabeza no podía pensar razonablemente. Habían vuelto? Y solo semana y media después de lo que había sucedido entre ella y yo? Y embarazada!? Había dicho que se estaba tomando la píldora! Podría ser mío? O era de Nico? Todo esto era demasiado para mí. Esta vez sí tenía que verla.

    Después de una noche en la que apenas pude dormir, la mañana siguiente me fui pronto a su casa. Vi a Nico salir en su coche hacia su trabajo y a Phuc en el suyo llevando a la niña a la guardería. La seguí y decidí esperar a que dejase a la niña y saliese a la calle otra vez. La abordé mientras se dirigía a su coche. Tenía un semblante serio pero en cuanto me vio pareció como si hubiera visto un fantasma.

    – Qué haces aquí? – reaccionó – tienes que irte

    Qué mierda era esto? Cómo que me tengo que ir? Decidí ir directamente al asunto

    – Estás embarazada? – pregunté sin preámbulos

    Se quedó en silencio mirándome por un segundo.

    – Sí – respondió en voz baja finalmente agachando la cabeza ligeramente

    La siguiente pregunta era una que no sabía si quería hacer.

    – Desde cuando lo sabes – la pregunté

    – Desde una semana después de que estuvieras en mi casa – respondió sinceramente

    Me quedé helado. Era mío. Había vuelto con Nico semana y media después de aquello. Noté mis ojos desenfocarse, llorosos. Con una lágrima cayéndome por la mejilla.

    – Es mío? – dije con la voz quebrada. Sabía perfectamente que lo era pero necesitaba que me lo dijera.

    Phuc asintió mientras su cara realizó una mueca de dolor, como si una daga la hubiera atravesado el corazón. Pero no lloró. Se recompuso mientras yo iba muriendo por dentro. Lo había planeado todo desde el principio? O había sido un accidente? Me había usado o aquel viernes en su casa fue real y sincero?

    – Me dijiste que estabas tomando la píldora – pude reaccionar finalmente – por qué me mentiste?

    – No lo sé – dijo con un hilo de voz de forma avergonzada

    Lo siguiente era confrontarla para saber si me había utilizado para volver con Nico. Pero no me atreví. No quería oír la respuesta. Tenía el corazón roto y eso solo significaba que la quería.

    – Quédate conmigo – dije en un arrebato – ven a vivir conmigo, tráete a la niña. Déjale a él y ten al bebé conmigo.

    – No puedo! – me contestó llorando – le quiero a él. Le quiero a él.

    El golpe definitivo. Mi corazón estalló en pedazos. Phuc había decidido volver con su marido y hacer pasar a mi hijo por suyo. La fuerza me abandonó el cuerpo. No podía moverme, no podía hablar. Phuc comenzó a caminar de nuevo pasando por mi lado para seguir hacia su coche.

    No podía hacer nada, no se lo podía contar a nadie. A mis amigos? Sí, seguro que me dejarían en confianza con sus novias o mujeres a partir de entonces. A Nico? Obviamente no. A alguna amiga? Lo más cercano que había tenido alguna vez a una amiga era Phuc. A mis padres? A mi hermano? Decirles que iban a ser abuelos, tío, pero que no iban a poder conocer nunca a su nieto, sobrino?

    Estaba perdido, acabado, destrozado. Me di la vuelta y vi a Phuc alejarse caminando. Llevaba uno de esos pantalones vaqueros que tan buen culo le hacían. Incluso en su momento más duro mantenía ese movimiento sensual tan innato de sus caderas. Me encantaba, me enamoraba. Y era lo peor que me había pasado en mi vida.