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  • Todo queda en familia

    Todo queda en familia

    Han pasado dos meses desde el primer encuentro con el primo de mi novio y aún sigo alucinada.

    Juan, mi novio desde hace algo más de nueve meses, tiene buena parte de su familia materna viviendo en Galicia, su madre se mudó a Sevilla siendo muy joven y sin comerlo ni beberlo, se enredó con un sevillano con el que se casó y tuvo dos hijos. Juan es el pequeño y Roberto le supera en edad por tres años.

    Desde que comenzamos a salir lleva hablando sin parar de su primo Jaime, de su talento y de su hermandad con él, pues durante su infancia, en cada período vacacional las familias se reunían, a veces en Sevilla y otras en tierras gallegas.

    Hace ya algunos años que esa frecuencia disminuyó y por eso Juan se pone tan intenso hablándome de su primo querido. Esta vez, me tocaba a mí recogerlo de la estación de tren de Santa Justa, porque mi novio esa tarde trabajaba y era imposible ir a recibirlo. Llegué pronto y lo esperé tranquilamente aunque algo intrigada por saber cómo era realmente su personalidad, pues ya sabía cuál era su físico y sí, era bastante mono, pero a mí me gusta conocer a la persona para tener algo más, así que nunca le he dado mucha importancia al aspecto físico.

    Su tren llegó puntual y vi cómo se bajaba de él a lo lejos, con una mochila y una pequeña maleta a rastras. Le hice gestos cuando estaba más cerca para que me reconociera sin problemas, pues él también sabía que aspecto tenía yo. Me sorprendió de entrada su cálido saludo, dándome dos besos mientras me tocaba suavemente el brazo con una mano, me gusta la gente que no invade mi espacio y sabe respetarlo. Lo siguiente que me sorprendió fue lo buenísimo que estaba, vale, sé que el físico no era lo más importante y bla bla bla, pero es que en persona ganaba como cuatros veces más que en foto… Disimulé muy bien (o eso creo) para que no se me notara el micro latido de chichi que había tenido, porque ese gallego de cerca impactaba bastante.

    Vi en Jaime a un hombre que no llegaría al metro ochenta, tenía pelo corto, castaño muy oscuro y una barba de varios días, pero bien cuidada que vestía muy bien toda la zona inferior de su rostro. Mentón marcado, pero no muy prominente y de su ancho cuello colgaba una punta de amatista que le quedaba muy bien colocada entre su notable y abultado pectoral.

    Su indumentaria aquel día daba a entender que era una persona sencilla en gustos pero muy práctica, pues los vaqueros azul marino y la camiseta marrón algo desgastada, le quedaban súper bien, además de tener buen aseo personal porque al besarme desprendía un olor a limpio que me encantó. No es que lo considerara un modelo en cuanto a belleza, pero es de esos hombres que tiene ese famoso “sé qué, que qué se yo, que yo qué sé”…

    Llegamos al coche y una vez cargado el equipaje, nos dirigimos a casa donde unas horas más tardes llegaría su primo sevillano para acapararlo por completo.

    Le enseñé nuestra casa y le llevé a la planta de arriba donde tenemos la habitación de invitados.

    Fui a la planta de abajo a preparar algo para picar, me gusta ser buena anfitriona y ofrecer mi casa como un sitio acogedor. Le dije que se instalara y se aseara si lo consideraba conveniente, me dijo que bajaría en breve para darse una ducha si no me importaba. –Para nada, estás en tu casa Jaime- le contesté yo.

    Descolocada me quedé cuando ese gallego con cara de no haber roto un plato, baja con un pantalón de chándal gris como atuendo, sí, sólo un pantalón gris y sí, llevaba más ropa, pero solo en la mano… No pude mirarle a los ojos mientras me pedía muy amablemente si le prestaba una toalla, aunque reaccioné rápido y creo que no se percató al estar mirando su móvil mientras me hablaba. Se dio una ducha rápida y salió vestido para la tranquilidad de mi clítoris, que ya me estaba susurrando desde que lo vi aparecer con el torso desnudo. Le invité a ponerse cómodo en el sofá y a comer algo, teníamos queso, algo de fruta y vino, el cual jugó un papel importante en todo esto.

    Tras un buen rato de conversación puede comprender que Jaime no sólo era guapo y apuesto sino que, era un tío que hablaba muy bien, conocía muchos temas de conversación que me resultaban muy interesantes y sobre todo se mostraba como alguien muy sensible, amante de los animales y de la naturaleza, de hecho su profesión era veterinario, otro punto más a favor del primito.

    Entre sus maravillosas sonrisas al contarle mis cosas y las copitas de vino que se acumulaban, Jaime empezó a ponerme pero que muy cachonda. El clítoris no me susurraba, me gritaba a voces que me rozara con él como una posesa. Mi apariencia y mi intención siempre era la de ocupar el sitio que me correspondía, la novia de su primo. – No puedo follarme al primo querido de Juan- me decía una y otra vez hacia mis adentros, pero Jaime colocó fugazmente su mano en mi rodilla mientras me hablaba de un tema que ni recuerdo, porque al puntito gracioso que me estaba dando el vino, se unía lo caliente que me estaba poniendo ese hombre tan interesante. –Venga primo Jaime, no me lo pongas más difícil- me repetía intentando convencerme de lo inevitable. Dejé de contenerme y decidí aprovechar el rato que aún nos quedaba antes de que llegara Juan. Haciéndome la tonta fui acercándome más a él y fui yo la que entre risas le puso mi mano en su pierna, pero no en la rodilla, ni hablar, en la mitad del muslo. Quería subirla hasta su entrepierna a toda costa. Jaime reaccionó encantado del contacto y me puso su mano encima de la mía, el corazón me iba a explotar, quería besarlo y cada vez me ponía más burra el olorcito a hombre que desprendía el famoso primo gallego. Con su otra mano me colocó el pelo por detrás de la oreja y con ese gesto me puse tan nerviosa que solo pude mirar sus labios unos segundos antes de que él besara los míos con una intensidad tremenda.

    Nos enrollamos mientras mi mano ya agarraba su polla por fuera de los pantalones, tan fuerte que parecía que me la iban a robar. Jaime mientras tanto, me colocaba una mano en el lateral del cuello y la otra se introducía por debajo de mis holgados shorts hasta llegar a mis bragas, que ya estaban mojadas desde hacía rato. Sus manos eran grandes y suaves, podía abarcar casi todo mi cuello por completo con una sólo. Metí mi mano dentro del chándal buscando desesperadamente su polla, que estaba libre de ropa interior y muy dura.

    Me sorprendió el tamaño, pues estaba acostumbrada al miembro de mi novio, que dota bastante alegre, pero el de Jaime era bastante más corto aunque mucho más grueso. –¡Joder con el primo! -pensé al agarrar como pude esa lata de cerveza que tenía por polla. Sus manos iban y venían por todas partes, agarrando con fuerza mis pechos, pellizcando suavemente mis pezones y manoseándome como un vicioso toda mi ardiente y húmeda raja. Mientras más fuerte le pajeaba, más primitivo se ponía ese gallego con aspecto amoroso. Nos quitamos la ropa al completo como en una carrera a contrarreloj y Jaime me abrió de piernas para zamparse todos los jugos que le ofrecía mi coño, que no eran pocos. Aún recuerdo esos movimientos de lengua tan extraños y me pongo tonta…

    Me incorporé y me coloqué de rodillas frente a él para comerme ese cipote como pude porque era como una pequeña barra de mortadela, mientras me ayudaba de las manos para acariciarle los huevos al potro de las Rías Baixas. El goce era máximo, disfrutando como nunca la limpieza de una buena verga.

    No tomaba anticonceptivos por entonces y no tenía condones, así que para evitar cualquier susto futuro que me hiciera estar pendiente de un test de embarazo, le pedí a Jaime que me follara el culo, sin ser consciente en ese momento de la cosa tan gruesa que me iba a perforar, supongo que sería fruto del calentón del momento. Me subió a la mesa con ímpetu apartando todo lo que había en ella con el único propósito de romperme por la mitad, sus ojos me lo decían más que de sobra.

    Reconozco que al principio me dolió, estoy acostumbrada al sexo anal pero no con algo tan gordo, aunque pasados pocos segundos, mi ano se amoldó perfectamente a su polla, que tenía totalmente metida mientras yo me rozaba alocadamente para el frenesí de mis clítoris, que se lo estaba pasando como nunca.

    Por momentos cobraba consciencia de lo que estaba haciendo, la culpa y el remordimiento aparecían, aunque rápidamente eran disipados por la lujuria que se estaba viviendo en esa mesa.

    Me corrí dos veces casi seguidas con ese bruto follándome sin parar y le pedí que hiciera lo mismo, pues mi novio no tardaría en llegar –quiero toda tu leche- le grité al oído mientras me dejaba las uñas en su espalda. Sacó su verga de mis adentros y con una sensible brutalidad me bañó casi entera con todo su jugo varonil, salpicándome incluso en alguna zona de la cara. Ver a ese macho sacudirse el rabo para venerarme con toda su esencia fue el culmen de todo el acto casi incestuoso que acabábamos de cometer.

    Cuando terminamos, nos vestimos rápidamente como dos puritanos que no habían hecho nada malo para recomponernos de aquello tan sucio pero tan memorable que habíamos puesto en práctica.

    En plena recomposición para que todo pareciese formal, llegó Juan y entre primos se dieron su ansiado abrazo de alegría, aunque no sé si Jaime estaría muy contento sabiendo que había profanado con lujuriosa pujanza el culo de su novia…

    Me sentí culpable al ver la escena, pero al mismo tiempo sentí la imperiosa necesidad de follarme a esos dos parientes varones al mismo tiempo, algo que tiene mi mente ocupada hasta el día de hoy. Cuando me propongo algo lo consigo, así que ya veremos…

    De momento, bienvenido Jaime, ha sido un placer conocerte.

  • Mi primera sexualidad (3)

    Mi primera sexualidad (3)

    Lunes temprano en la mañana. La alarma sonó 6:15 am. Desperté preocupada. Sabía que hoy lo vería. Que estaría en la casa. Que me llevaría al colegio y estaría nuevamente sola con él.

    Me levanté con un sentimiento de no querer hacerlo. Entré al baño. Me higienice mi boca y entre a la ducha. Aquí me dejé caer mucha agua sobre mi cabeza pensando cómo podría librarme de lo que me pasaba. Es difícil buscar una salida. Solo pensaba porque a mi? Mis lagrimas salían de mis ojos.

    Tome fuerzas, me seque y fui al espejo a maquillarme como así todos los días. Pero mi cabeza no dejaba de pensar. Pero estaba acorralada.

    Salí a la habitación y ahí estaban los panty que Luisa me había indicado que usara. Unas tangas blancas de encajes transparentes de mi madre. Yo no usaba ese tipo de panty. Los tome y con dudas me lo puse. Y quedaron justo en mi medida.

    Me termine de vestir tal y como me lo indico Luisa. Esa falda que me puse ya había sido causante de llamadas de atención por parte de mi profesora por ser tan corta para uso en el colegio.

    La hora pasaba y tenía que irme. Se me fue el tiempo. Pase por la mesa tome un jugo y lo bebí rápidamente. Estaba Luisa. Salí rápido para la puerta y Luisa me siguió detrás. Me llevo hasta la puerta y me dijo antes de cerrar. Estás bien obediente. Eso le va a encantar a tu novio, Chano.

    Espere que llegara el auto de mi padre y aproveche para sentarme en el asiento de atrás. El ni se inmutó por esta acción. Yo me confié, quizás ya iba a parar.

    Salimos de la casa, tomamos la calle llegando al primer semáforo. Y me dijo con carácter fuerte: mira putica!!! cuando tu me veas tienes que saludarme de señor. Que no vuelva a pasar que no me saludes con respeto. Está claro? Te queda claro?

    Y respondí muy asustada… si señor.

    Y dijo: Por lo que obedeciste?

    Yo me quede callada.

    Y dijo: responde puta!!! De forma muy agresiva. Me puse a llorar.

    Y el volvió a preguntar: te pusiste lo que te dije??

    Ssii si si señor dije con cierto tartamudeo.

    Y dijo: que respondiste????

    Si señor.

    Y dijo: bien putica. Eso es lo único que te puede ayudar a que no le cuente a tus padres.

    Y me atreví a decir en tono de reclamo: pero tú se lo contaste a Luisa y le dijiste muchas mentiras. Y ella no me cree.

    Y dijo: no me importa y se lo diré a quien quiera si no eres obediente. Ahora quiero que hagas lo que te voy a ordenar.

    Hubo un silencio, el semáforo cambió, nos tocaron bocina y el arrancó. Camino unos 2 kilómetros y salió de la calle principal y entró en una calle con muy pocas casas. Se detuvo y se giró hacia mi.

    Bien putica, he esperado esto todo el fin de semana.

    Y le dije: debo llegar al colegio.

    Y el respondió: no te preocupes solo serán unos minutos. La excusa es que se nos pinchó una goma.

    Ahora obedece. Abre las piernas. Quiero ver cómo se ven tus panty.

    Le dije: no por favor. Te lo ruego.

    Obedece pura para que no te vaya peor. Ábrelas carajo!!

    Y empecé abrirlas con toda la vergüenza posible. Quería desaparecerme, que me tragara la tierra. Pero no. No me quedaba otro camino que obedecer.

    Fui abriendo mis piernas muerta de vergüenza.

    El decía: así sigue que tu eres muy flexible. Ábrete total.

    Y ahí estaba con las piernas todas abiertas para obedecerlo. Lo vio, me decía cosas feas. Que paquete mas lindo, que para ser tan joven lo tenía bien desarrollado. Que está listo para que lo desvirgaran y que él iba a llevarse ese premio.

    Me pareció una eternidad y el solo me veía y me saboreaba como lobo.

    Entonces me dijo: bien ahora ciérralas y quítate el panty. Anda rápido. Cerré las piernas y baje el panty hasta los tobillos tratando que no se me viera nada. No se si logre taparme totalmente con esa minifalda tan corta.

    Entonces me ordeno: pásame tus panty. Lo tome y se lo pase a su mano. Él lo puso en su nariz y lo olió.

    Y expresó: que olor a niña tan fantástico tienes. Bien abre las piernas ahora.

    Y le rogué que no me pidiera eso. Y solo logre enojarlo y que me hablara con palabras despreciables.

    Llorando abrí las piernas con mayor vergüenza todavía. Y tuve que ponerlas tan abiertas como la primera vez. Pero esta vez exponía todo mi sexo.

    Se quedó mirándolo y disfrutándolo. Luego dijo: ese va a ser mío. Yo seré el primero en rompértelo. Serás mi puta.

    Luego me ordeno que pasara mi dedo por mi parte. Aquí me desplomé, empece a llorar, a rogar, pero era peor su reacción.

    Pase mi dedo, y el me dirigía. Bájalo, sigue hacia abajo, éntralo un poquito, sube, súbelo, ahí donde estás sóbate el dedo. Estaba sobre mi clitoris. Vamos muévelo más. Así de arriba abajo. Así me tuvo uno a dos minutos.

    Luego ordeno que me acercara. Mi corazón saltaba del miedo que tenía. Me acerqué, el tomo mi mano y puso mi dedo en su boca. Me lo chupó y decía: que rico sabor tienes.

    Ahora hecha para acá. Y me halo de la mano tenía agarrada. Tuve que pararme en el piso del asiento de atrás y pasar la mitad de mi cuerpo hacia el asiento de adelante. No quería ni imaginarme lo que vería si alguien pasara por la parte de atrás del auto.

    Al igual que la primera vez, agarro mi mano para masturbarse. Su mano agarraba la mía que a la vez agarraba su pene. Él dirigía la velocidad y la fuerza de cómo apretaba.

    En pocos minutos tomo mi Panty y lo puso encima de la cabeza de su pene y se vino. Lleno el panty y mi mano. Y claro la de el. Puso el panty en el asiento. Y aún sin dejarme echar hacia atrás puso sus dedos sucios de leche en mis labios. Y se los limpio sobre ellos dejándome con su leche.

    Luego me obligó a lamer los míos hasta dejarlos limpios.

    Y dijo: por último, toma ponte tu panty.

    Le dije: pero están mojados.

    Y dijo: por eso quiero que te lo pongas para que huelas a leche. Que tus compañeros sepan que te di tu leche de hoy.

    Y sin más remedio, me los puse sintiéndome incómoda con todo eso mojado.

    Arranco y llegue media hora más tarde. Y tuve que poner la excusa de que tuvimos una pinchadura en el camino.

    Camine al curso con vergüenza de lo que me ha pasado.

    Continuará.

  • Con la vecina

    Con la vecina

    Era una noche normal estábamos con dos amigos en casa en nuestro patio, compartíamos unas cervezas además de cosas para comer. Pasadas las 12 de la noche se retiraron a su hogar. Me quedé solo un rato en la fogata y le hablé a una vecina la llamaré «rubia» pregunté que hacía y me responde que estaba bebiendo en su casa sola, le dije que viniera a casa un rato a compartir con nosotros… mi mujer y yo.

    Llegó, se veía muy bien vestida. Compartimos con mi esposa afuera unas cervezas, conversaciones obvias del día a día, trabajo, familia etc. Y de pronto ella comienza a mencionar lo feliz que nos ve como matrimonio y pregunta cuál es el secreto, y ya con unos tragos en el cuerpo con mi esposa nos miramos y sonreímos con mucha complicidad. La Rubia insistía en que le contáramos como hacíamos para vernos tan bien como matrimonio a lo que mi mujer le dice bueno tenemos una gran relación porque somos muy amigos y confiamos el uno en el otro además tenemos mucha complicidad en la intimidad.

    -Como así? Pregunta la Rubia. Mi esposa le responde que tenemos sexo entre 3 con un amigo en común y en ocasiones yo me voy sola a su casa a tener sexo avisando a mi marido.

    La Rubia quedó sin palabras y con un brillo en sus ojos que era inexplicable, sobre la misma impresión me pregunta a mi que como se sentía hacer eso y le dije que era algo único y muy rico… mi esposa le dice a la Rubia, si tu quieres y te animas puedes probar ahora como se siente el pene de otro hombre que no sea tu marido.

    Como habíamos bebido un poco siempre el alcohol hace que la persona sea más osada y la Rubia le dice a mi esposa: no sería una mala idea. Ok, dice mi esposa pasen a la habitación y yo los espero aquí… entramos a la casa y nos besábamos de manera muy ardiente, puse mis manos en su culo que era bastante grande y lo acariciaba en todo su esplendor.

    Ella abre mi pantalón se pone de rodillas abre su boca y comienza con un oral bastante rico hasta que lo dejo bien erecto y se sorprendía del tamaño haciendo la comparación con su marido y me decía que no le llegaba ni a la mitad. Apoya sus manos en la cama y me pide que la penetre me pongo el condon y era un mar de fluidos su pussy así un momento la doy vuelta retire su blusa y quedan ante mí unos senos con un sostén deportivo el cual moví hacia abajo para besar sus pecho blancos y un pezon rosado mientras también la penetraba, me mira y me dice que acabaría, a lo que respondo que no se preocupe sus mejillas enrojecieron y su vagina palpitaba.

    Me retiré de su interior sin acabar retiró el condon y comenzó a mamar, diciendo: que tremenda herramienta y se montó sin condon se movía rico adelante atrás arriba y abajo.

    Me pregunta si me iría, le contesto que no. Me dice que tendrá otro órgano, mientras sus uñas apretaban mi pecho, la saqué de mi y la acosté en la cama boca abajo estirada y la penetre muy duro y dando duras nalgadas mi debo pulgar jugaba con su ano y continuaba penetrandola, subí sus caderas para dejarla en cuatro patas y continuar la misión ya estaba pronto a acabar le digo que viene la leche se sale baja me chupa el pene y me ofrece sus senos para depositar mi semen y quedó llena en sus senos posterior a eso la empuje a la cama para comer su clitoris tenía una vagina suave depilada total la que disfrute hasta que acabó nuevamente.

    Y terminamos, nos vestimos y antes que subiera su ropa interior le metí la mano por detrás diciendo que lo próximo sería su culo y respondió que encantada me lo daría.

    Salimos a seguir conversando con mi esposa, quien le pregunta a la Rubia que te pareció? Uyyyy vecina si que es bueno esto… me lo prestaría después nuevamente (risas) nos quedamos hasta tarde compartiendo como si nada hubiese pasado.

  • Mi hijo me cambió la vida (7)

    Mi hijo me cambió la vida (7)

    Hola a todos de nuevo, soy Lore la mami incestuosa, llevaba tiempo sin escribir así que debo ponerme al día, hoy les voy a contar el regalo de cumpleaños que me dieron, de nuevo mil gracias a todos, a la página por publicar, a los lectores por interesarse en lo que escribo y a todos los mensajes y comentarios, la verdad son muy valiosas sus felicitaciones y críticas, sin perder más tiempo empiezo.

    En julio pasado fue mi cumpleaños número 43, si ya lo se me estoy poniendo vieja jeje, pero aún quiero disfrutar, me organizaron una fiesta en la casa de mis tíos, con varios familiares y amigos, entre ellos mi amiguita Romina, también estaría mi sobrina Ludmila de la cual también les he hablado. Todo estaba planeado para un sábado a la noche. Llego el día y la verdad todo estaba bellísimo, los adornos, la comida, la bebida, los regalos, mejor de lo que podía pedir, la torta de cumpleaños hermosa y riquísima.

    Recibí varios regalos pero el más importante llegaría después, luego de cenar y cortar la torta pusimos música, bailamos bastante cosa que me encanta, la verdad agradeci de corazón a todos, fue una regalo muy bello que tanta gente pusiera tiempo y esfuerzo en algo para mi.

    La noche se fue diluyendo y con ella los invitados, llegaron las 5 am y solo quedaban mis tíos, Lucas, Romina y yo.

    Era el momento de irse aunque mis tíos nos pidieron que nos quedáramos a dormir pero yo les agradeci la hermosa noche, pedimos un Uber y nos dirigimos los 3 a casa.

    Llegamos e ingresamos a casa, ahí les agradecí a ellos también por tan hermoso regalo, Romi se me acercó y me dijo «Ahora vas a tener tu verdadero regalo» y seguidamente me comió la boca con un delicioso beso de lengua, en eso siento como Lucas me tomaba por detrás apoyando su paquete en mi culo, metiendo sus manos por debajo de mi suéter para agarrar mis tetas, dándome chupones por el cuello, en ese momento me di cuenta lo que se venía, ya mi temperatura empezaba a elevarse, Lucas me fue quitando mis ropas de arriba, Romi me comía con su boca, esto era lo que quería, que mis amores me regalaran su cariño.

    Nos dirigimos al sofá, allí me senté ya sin nada de la cintura para arriba, Lucas saco su verga del pantalón y la dirigió a mi boca, me tomó del pelo y fue haciéndome mamar su chorizo duro, Romi se fue desvistiendo mientras yo bebía la mema como niña malcriada, Romi ya desnuda termino de quitarle el pantalón a Lucas, solo quedaba yo con un Jean y mi tanga que ya estaba mojada con mis jugos que no podían evitar salir de mi raja.

    Lucas saco su verga y dejó lugar a Romina que me recostó sobre el sillón y fue quitando mis pantalones y luego mi tanga, no perdió tiempo y dirigió su boca a mi concha húmeda, ufff que placer sentir su lengua, sus labios chupando, Lucas volvió a meter su verga en mi boca mientras apretaba mis tetas que a esta altura eran bombas hirviendo de la calentura.

    Fueron varios minutos así hasta que mi hijo sacó su verga y se dirigió abajo, a mamar mi concha y ahora Romina se sentaba en mi cara para darme de comer su entrepierna que ya goteaba jugos, era riquísimo lo que me estaban haciendo, Lucas ha aprendido a ser muy hábil con su lengua cuando chupa mi concha.

    Romina se salió de arriba mío y me hizo acomodar de lado con una de mis piernas levantada dejándome bien abierta, en ese momento entre los 2 bajaron para chuparme toda, Lucas devoraba mi concha y Romina chupaba mi culo, no puedo describir el placer que estaba recibiendo, era un volcán de jugos a esa altura producto de las chupadas que entre los 2 me estaban dando, después cambiaron y ahora Lucas se comia mi culo mientras Romina me cogia la concha con lengua, así estuvieron buen rato, yo apretaba mis pezones sola, los tenía que explotaban del placer, mis jugos aumentaron su producción, estaba en el pico del placer, quedaba poco para venirme, en ese momento Romina me dice «Todavía no acabes putona que tenes que recibir mas».

    Entre los 2 me condujeron a la habitación, Lucas me dio a mamar otro poco su verga, Romi se comía mis tetas, me las dejo llena de su saliva, Lucas me abrió de piernas y empezó a cogerme la concha, era un bombeo intenso el que me metía mientras mi amiga continuaba chupando mis pezones que solo les faltaba escupir leche de la calentura, mi nene castigaba mi concha como él sabe hacerlo, mi amiga tampoco perdía de comerme la boca, su lengua se metía hasta lo profundo de mi boca, Lucas me volteo poniéndome en 4 para seguir cogiendome con mas ímpetu y ritmo, yo comia la concha de Romina que me la ofrecía a mi disposición, los 3 gemiamos como perros en celo.

    Luego de estar así varios minutos Lucas se salió, se acostó y me hizo montarme encima suyo, ensartandome en su estaca, yo cabalgaba sobre mi potro, Romi sujetaba mi culo acompañando el vaiven mis movimientos, luego metió sus dedos en mi culo, ahora mis 2 hoyos recibían placer, era el paraíso del sexo lo que estaba viviendo, yo no podía más, estaba al borde del orgasmo, no pude resistir más y me vine furiosamente, Lucas incrementó su bombeo desde abajo y dio un gemido de burro al descargar su leche dentro mío, cai sobre el pecho de mi niño toda sudada, igual que ellos

    Me salí de Lucas y Romina bajo a lamer mi concha llena de jugos y leche mientras Lucas me ponía la verga en la boca para que yo la limpie.

    Ya venía amaneciendo, vaya cogida me habían dado pero esto no era nada comparado con lo que vendría el resto del dia, nos acomodamos los 3 en la cama y nos dormimos.

    Yo me desperté pasadas las 12 del mediodía, vaya sorpresa había llegado a casa Adrián, el chico que coge con Romina y que también se sumó a nuestras cogidas, ya estaba sin ropa igual que Lucas, Adrián me dio un rico beso en la boca «Feliz cumpleaños bebota» me dijo, seguido a esto él y Lucas pusieron sus vergas en mi cara y comencé a mamarlas, que privilegiada soy, 2 vergotas duras y cargadas a mi disposición, chupaba dentro de lo que podía, no me alcanzaba la boca para tragar esas 2 bananas.

    En ese momento ingresa a la habitación Romina, acostate me dice, yo lo hice, ella me abrió de piernas y se empezó a comer nuevamente mi concha, los chicos ponían sus vergas en mi boca, yo estaba otra vez hirviendo de placer, hoy todo era para mi goce.

    Después de un rato de estar así Adrián se recostó, yo me subí encima entrando su verga en mi concha mientras Lucas me cogia el culo, que cogida recibí de esos 2 machotes, no pararon hasta dejar mis agujeros repletos de abundante leche, quedé rendida pero en el fondo sabía que esto duraría todo el día.

    Con Romina fuimos juntas a la ducha mientras los chicos iban a comprar algo para comer, con mi amiga nos comimos todas bajo el agua caliente del baño, vaya que somos 2 putas viciosas.

    Salimos bien relajada, los chicos hicieron el almuerzo, tomamos unas cervezas, nos reímos, muy lindo todo, luego de comer y limpiar todo volvimos a lo nuestro, los varones me cogieron nuevamente, en el sillón y hasta en la alfombra, Adrián con mis piernas en sus hombros cogia mi concha mientras Lucas en cuclillas sobre mi cara me cogia la boca, a Romi también se la cogieron, ella cabalgaba a Lucas mientras Adrian me cogia el culo en 4.

    Así habremos estado hasta las 6 de la tarde, luego ellos se fueron y Lucas y yo nos dimos una ultima ducha juntos antes de dormirnos juntos.

    Este fue probablemente el mejor regalo de cumpleaños de mi vida gracias a mi hijo y mis amigos.

    Bueno mis amores espero les haya gustado mi relato tanto como a mi me gusto escribirlo, como siempre espero sus comentarios y sus mensajes, para los que gusten les dejo nuevamente mi correo [email protected].

    Nuevamente muchísimas gracias, un beso gigante para todos.

  • Experiencia de la vida real con mi esposa cachonda

    Experiencia de la vida real con mi esposa cachonda

    Un día mi esposa me fue a recoger a un punto de la ciudad ya que por cuestión de trabajo no llevé mi vehículo,  así que le pedí que fuera por mí, ese día era un día caluroso y húmedo porque el día anterior había llovido, y me contestó que se había duchado y que estaba desnuda en casa ya que para nosotros es normal estar desnudos en casa, debido a que somos nudistas y me contestó que se ponía algo e iba por mí.

    Mi mujer es llenita de pompas bien paraditas y pechos normales no grandes, se piensa que por ser rellenita es de pechos grandes; tiene la piel blanca y es muy desinhibida también. Ese día también me quedé de ver con un primo en ese lugar para que me llevara unos documentos. Llegó y nos pusimos a platicar y me comentó que si podía irse a mi casa, ya que su esposa pasaría por él y le dije que sin problema.

    20 minutos después llegó mi esposa, cuando nos vio, la vi sonrojarse mucho y me acerqué a ella, me di cuenta de que solo venía con una tanga morada y transparente y una playerita de tirantes pegada sin bra, me dio pena también y le contesté que venía mi primo con nosotros porque su esposa iba a pasar por él a nuestra casa, entonces me subí enfrente del automóvil y mi primo atrás. Ya no nos quedó otra, era obvio que se veía mi esposa en tanga y su playerita pegada sin sostén, al principio traté de seguir la plática para distraerlo y entonces mi primo comentó que hacía calor y mi esposa me volteó a ver y me sonrió pícaramente, me quedé callado, pero mi esposa contestó: ”si mucho, por eso traigo sólo una tanga y una playera”, pero mi primo ya sabía que nosotros somos así nudistas, eróticos y cachondos ya que alguna vez en una casa de campo, habíamos jugado un juego erótico de tablero con su esposa y terminamos desnudos los cuatro. El sólo contesto travieso: “ya me di cuenta”.

    Para que mi esposa no se sintiera mal me quité la camisa, y mi esposa me dijo que también los pantalones de una forma cachonda, accedí para solidarizarme con ella, pero todo esto me excitó a mí y se notaba en mis calzones la excitación, mi primo solo se quitó la playera y llegamos a casa. Él se vistió de nuevo, pero mi esposa y yo no, obvio nos bajamos y entramos a la casa ya con la temperatura al 100, mi esposa como si nada ya que les comentaba es muy desinhibida. Pasó mi primo y se sentó en la sala, yo le seguí el juego a mi esposa, la dejé que tuviera el control y le ofreció un refresco con hielos ya que en la casa se sentía más el calor, entonces al servirle el refresco se agachó y dejó ver sus pechos, mi primo se sonrojó y no comentó nada, luego se sentó mi esposa en la sala con los pies en flor de loto, se le marcaba y transparentaba toda la vagina y su nuevo depilado que era una rayita de vello, que por cierto era muy sexy, lo cual a mí me gusta. De repente vio mi esposa como mi primo le estaba viendo su sexo y se dio cuenta de su transparencia, eso le excitó aún más a ella, cuando mi esposa se paró y vi mojada su tanga era de lo excitada que estaba y sus pezones duros se dejaban ver en su playerita, me senté junto de ella y puse mi mano en su tanga notando que estaba completamente húmeda.

    Mi erección era tal que estuve a punto de quitarme los calzones, cuando en ese momento tocó la esposa de mi primo, mi esposa dijo que la invitara a pasar o ella lo hacía, mi primo dijo que tenía prisa que debía llevarla a su trabajo, se despidió y se fue todo sonrojado. Salimos así como estábamos a despedirlo, su esposa se bajó a saludar y comentó: “wow que cachondos”. La invitamos a pasar, pero explicó que tenía que regresar al trabajo pero saliendo venían a tomar un café y relajarse con nosotros ya que era viernes, lo ameritaba.

    Mi primo y su esposa saben y conocen como somos. Yo ya no aguantaba más mi esposa me beso y me metió la mano en los calzones acariciándome el pene enfrente de mis primos, ellos nos vieron con una mirada morbosa y caliente a la vez. Cuando cerró la puerta, nos volteamos a ver con mirada erótica y empezarnos a cachondeamos, estaba tan húmeda que la tanga estaba empapada, yo le metí el dedo a su tanga para buscar su clítoris y me lo chupé saboreando su humedad. Después ella se subió al sillón y al acercarme me bajo los calzones y puso mi pene en su cara, husmeando con su lengua mi pene hasta que lo introdujo a su boca, tocándome los testículos y las nalgas. Entonces le acaricié la espalda hasta llegar a sus pompas, ella me aventó al sillón y quedé bocarriba y ella se sentó en mi cara, poniendo su vagina en mi boca, yo empecé a mover la lengua hasta que la hice venir, sintiendo su líquido en mi cara. Yo le tocaba los pezones sintiéndolos completamente duros y ella no dejaba de gemir.

    Luego se acostó bocarriba abriendo las piernas y mostrándome su vagina por completo, e invitándome a penetrarla. Me acerqué y puse mi pene en su clítoris masajeándolo lentamente para que logrará tener otro orgasmo, pero antes de tenerlo fui introduciendo mi pene erecto lentamente en su vagina sintiendo su calor y estrechez. Después me senté en el sillón y ella se subió en mí de frente buscando mi pene para meterlo en su vagina de nuevo. Ella se movía hacia arriba y abajo, haciéndome penetrarla cada vez más, hasta que logró su orgasmo y luego ella, para complacerme, hincó en el sillón levantando sus pompas para que la penetrara en la humedad de su vagina hasta que logró que yo explotara dentro de ella. Al final, después de un sexo salvaje, nos fuimos desnudos a la cocina a preparar algo de comer y con ganas de otra aventura más.

  • En Galerías con el desconocido

    En Galerías con el desconocido

    Esto me ocurrió recientemente, el sábado 27 de agosto para ser más precisa, estaba aburrida en casa así que después del desayuno me puse un vestido azul con flores blancas arriba de la rodilla, obvio sin brasier, unas tangas blancas, converse blancas y chaqueta de jean con un bolsito mediano, salí pensando en comprar algunas cosas y relajarme, tengo mucho tiempo que solo me dedico al trabajo, tome el transporte público y como siempre todos amontonados a eso de unos 30 minutos llegue a mi destino el barrio Galerias, entre al centro comercial viendo ropa, no buscaba nada en específico encontré un enterizo azul claro y una camisa blanca que estaba necesitando desde hace rato, primero me probé el enterizo se me veía divino y como no llevaba brasier el escote se me quedaba espectacular, fuera del vestidor estaba viéndome muy contenta en el espejo cuando noté unos ojos que me atravesaban muy insistentes y cuando hice contacto visual con el dueño de esa penetrante mirada me encontré con unos ojos azules divinos, era un señor de unos 50 años muy Bello a decir verdad, le di mi mejor sonrisa y volví al vestidor.

    Luego me probé la blusa no salí porque sin brasier se me transparentaba y mis pezones cafés eran muy evidentes, me vestí y salí para pagar y ahí seguía mi espectador mirándome fijamente, me siguió a la caja y me dijo que me quedaba muy lindo el vestido que resaltaba con mi color de piel y era una buena elección, le agradecí y le sonreír muy coqueta así seguimos en la fila para pagar las compras y sin más me dijo que si me dejaba invitar un café a lo que le respondí déjame lo pienso mientras pago.

    Al pagar mis compras di las gracias a la cajera y el también terminaba de pagar la suya con la del lado y le dije vamos con mi súper sonrisa el me respondió vamos, puede que me viera muy perrita pero ese hombre tenía un olor delicioso y me encantó como me miraba, al salir del almacén nos pedimos un par de capuchinos y nos sentamos como si nos conociéramos de mucho tiempo, sentados uno frente al otro nos sonreíamos muy coquetos y el desviaba su mirada a mi escote sin brasier, en el aire se sentía esas ganas y el muy lanzado me dice linda vamos a culear? para nada me sorprendió la propuesta y sin pensarlo le respondí vamos.

    Rápidamente pago los cafés y me agarro de la mano tomando los paquetes de las compras, nos fuimos al parqueadero y cuando subimos al carro me metió mano y nos dimos un beso muy caliente, que rica me decía mientras le tocaba la chochita súper mojada a estas alturas si habíamos cruzado 5 palabras era mucho pero indudablemente teníamos unas ganas de comernos brutales, rápidamente salió a la vía y fuimos a un motel en Chapinero mientras yo le sobaba la verga sobre el pantalón.

    No tardamos mucho en llegar a un motel por la calle 61, entramos a nuestra suite y sin mediar palabra empezamos a devorarnos de una manera que aún me causa calentura; nos íbamos acercando a la cama y quitándonos la ropa mientras me apretaba las nalgas empezó a chuparme los pezones mientras yo le decía así que rico, se sentó al borde de la cama y me senté sobre él con mis piernas a los lados restregándonos, aun no entiendo cómo nos dio tal calentura y en ningún momento sentí ni un grado de temor por el contrario por ser un desconocido me comportaba tan puta y más morbo me causaba esta situación.

    Nos fuimos acomodando mejor en la cama y ya el boca arriba le empecé a dar una mamada, esa verga no me decepciono para nada estaba gruesa venosa y con la cabecita rosada me encantó y me la metía profundo hasta la garganta, el desconocido cerraba sus ojos y gruñía delicioso, un par de minutos después me subí sobre él y me metí su verga en la chochita, si preservativo, era increíble cómo me sentía y me movía muy duro sobre este desconocido que me había prendido a este nivel, el me agarraba duro las nalgas y me mordía y jalaba los pezones, eso me encanta y no demoro en llegar mi primer orgasmo, mientras se me contraía la chochita él me decía que rica estas, eres deliciosa, me tienes tan caliente que se me va a explotar la verga y yo seguía gimiendo como la más puta, me temblaban las piernas el me saco la verga y me acostó en la cama y me lamió todos mis juguitos, se sentía tan rico, que me estremezco recordándolo, después de darme un rico oral volvió a meterme duro la verga y me daba fuerte como me gusta y me miraba fijamente a los ojos, yo ya estaba cerca de mi segundo orgasmo y me empezó a besar sentía que lo necesitada, ahogaba mis gemidos con sus besos, el también terminó, me lleno de leche sentí muchos chorros en mi palpitante vagina y ahí estaba con un desconocido encima los dos con la respiración agitada después de semejante polvo.

    Todo el tiempo haciendo contacto visual, recuperando el aliento se hizo a mi lado y me dijo cómo te llamas linda? Sonreí y deje escapar una pequeña carcajada diciéndole soy Abril y tú? Soy Alberto, nos continuábamos observando, creo que en cierta medida porque aún no entendíamos cómo nos dejamos llevar así.

    Volvimos a besarnos más calmados pero con el mismo gusto, realmente es una atracción muy fuerte, nos acariciábamos y nos abrazábamos fuertemente.

    Estuve toda la tarde con este hombre, nos comimos en el jacuzzi y nuevamente en la cama no hablamos mucho solo nos dejamos llevar.

    Cuando salimos del motel ya estaba oscureciendo, se ofreció a llevarme a mi casa pero me negué y le dije que mejor me iba en un taxi. Llegue a pensar que no me pediría el número pero cuando me iba a bajar del carro cuando me dio el beso apasionado de despedida me lo pidió y me dijo no te creas que esto no se repite mamacita, yo feliz le di mi número con la promesa de repetirlo.

    Apenas han pasado 24 horas y lo que no nos preguntamos en persona lo hemos hecho por WhatsApp, trabajamos muy cerca y planeamos vernos y conocernos más, obviamente seguirnos comiendo, la química con este hombre es increíble.

  • Mi tía, mi prima y la montaña (5): Una amiga curiosa

    Mi tía, mi prima y la montaña (5): Una amiga curiosa

    Al día siguiente me desperté al poco de salir el sol, aunque no se veía por las nubes que se habían creado.

    Cuando baje a la cocina mi tía ya tenía sobre la mesa un suculento bollo de moras.

    —Hola sobrino! Que tal has dormido?

    Me dijo con su media sonrisa cínica.

    —Fenomenal tía!

    Contesté acercándome hasta ella para darle un tierno beso en los labios.

    Como el día anterior, se había maquillado un poco y lucía una bata corta muy floreada con un generoso escote.

    —Estás guapísima! Le dije cogiéndola de las manos y mirándola de arriba abajo.

    —Gracias cielo! No me suelen decir piropos, jajaja!

    —Prueba el bollo que he hecho, a ver si te gusta!

    —Está buenísimo tía! Que lleva?

    —Es una receta secreta que no puedo desvelar!

    A los pocos minutos sonó la bocina de un coche.

    —Debe ser Marta! Comentó mi tía.

    —Hola señora Fina!

    —Hola Marta! Que alegría verte, apenas te dejas ver!

    —Ya sabe que estoy muy liada con la granja! Hola Gus!

    Dijo al verme con una sonrisa que llenó su cara.

    —Estás preparado?

    —Si, claro!

    —Pues vamos!

    —No os adentréis mucho en la montaña que amenaza tormenta!

    Gritó mi tía mientras montábamos en la furgoneta que tenía Marta. Se había puesto una especie de bata azul que iba abotonada por delante y un ancho cinturón de cuero la ajustaba a su cintura, eso hacia que sus tetas se marcarán más notoriamente. Las botas de montaña que llevaba tampoco era un símbolo muy erótico. No llevaba maquillaje, tan solo se había perfilado los labios con el carmín rojo del día anterior.

    —Que contenta estoy de que quisieras venir!

    —Yo estoy encantado! Acabo de llegar y estoy deseoso descubrir cosas nuevas!

    —Jijiji, como las de ayer?

    Río con cara de niña traviesa. Estaba claro que se refería a sus tetas, cuando me las mostró en la cocina.

    —Ese fue un descubrimiento interesante! Contesté con sutileza.

    —A ver si lo que te voy a enseñar hoy te parece igual de interesante, jijiji!

    Su cara de niña traviesa me hacía gracia, pero a la vez me ponía. No entendía cómo, pero mi polla había comenzado a emerger.

    Después de varios kilómetros de cierto coqueteo botando en el coche por el terreno irregular, llegamos a una puerta que daba acceso a un recinto cerrado de gran amplitud. Bajamos para abrir el portón y lo volvimos a cerrar después de atravesarlo con el coche. Creo que condujo durante un kilómetro más hasta que llegamos a una zona arbolada donde había un gran cobertizo abierto por ambos lados y una cabaña de madera a unos metros de él.

    Cuando bajamos de la furgoneta el cielo se había oscurecido y comenzaba a chispear. Las ovejas que andaban sueltas por el inmenso recinto parecían prever la lluvia y correteaban hacia el cobertizo.

    —Has visto cuántas ovejas tengo?

    —Pues veo que muchas!

    Nos metimos bajo el cobertizo y me llevo hasta un recinto vallado donde había varios borreguitos con pocos días. Cogió uno que comenzó a lamerle la cara.

    —A qué es bonito!

    —Es precioso!

    La lluvia comenzó a arreciar y comenzaron a sonar truenos.

    —No crees que nos deberíamos de ir?

    Le insinúe con cierto acojono. Nunca me había encontrado en una montaña con una tormenta así.

    —Tranquilo, esto es normal por aquí! Nos resguardarnos en la cabaña!

    Soltó al borrego y tiro de mi mano para correr hacia la cabaña. No estaba tan cerca como parecía y nos mojamos bastante.

    —Encenderé la chimenea para secarnos!

    La cabaña era pequeña. Una única ventana proporcionaba la escasa luz que entraba de la calle. Una pequeña mesa cuadrada con un par de sillas, un viejo mueble en el que había varios libros en la parte alta, y enseres de cocina en la parte baja, y un camastro en un lateral era todo lo que contenía. La chimenea estaba en la pared frente a la puerta y varias pieles de oveja cubrían el suelo que había frente a ella.

    Al momento ya había un buen fuego que proporcionaba más iluminación y también calor.

    —Será mejor que te quites la ropa para que se seque si no quieres resfriarse, jijiji!

    Yo estaba al lado de la puerta y ella, ya descalza sobre las pieles de espaldas al fuego. Mientras gestionaba en mi cabeza lo que había dicho, se quitó el ancho cinturón y comenzó a desabrochar los botones de la bata. La abrió para quitársela y volví a ver sus tetas con los grandes y largos pezones erectos. Llevaba unas pequeñas bragas de un color claro que dejaban escapar parte de la mata de bello que debía de cubrir todo su coño. Las caderas apenas eran pronunciadas pero marcaban algo de forma acabando en unos muslos delgados, pero fuertes. Cuando dejó caer la bata sobre las pieles fue una escena que habría puesto dura mi polla, pero no fue necesario pues ya la tenía totalmente tiesa desde el cobertizo.

    —Vamos! Quítate la ropa y ven junto al fuego!

    Enmudecido ante esa visión, me bajé los pantalones y me quité la camiseta. También puse mis botas junto al fuego quedándome a medio metro de ella sobre las pieles.

    Puso las manos sobre mis hombros y las tetas se pegaron a mi pecho. Mis bóxer estaban totalmente abultados y sentí como su pelvis se pegaba fuertemente contra la mía y temí que me partiera la polla. Me miro a los ojos y vi en los suyos el reflejo del tintineo del fuego.

    —Te gusta el sonido que hace la lluvia sobre el tejado? A mi me encanta!

    —Es… muy… interesante! Contesté con torpeza sintiendo que me faltaban las palabras. Su amplia boca me sonreía a escasos centímetros esperando que yo hiciera algo con la mía. Abrí los labios y penetre con la lengua entre los suyos. A los pocos segundos ella me devoraba con su gran boca. Sus brazos habían rodeado mi cuello y frotaba sus bragas contra mis bóxer. La rodeé con mis brazos y baje lentamente con manos hasta llegar a su pequeño culo. Mis manos lo abarcaron casi al completo y sentí su redondez y dureza.

    —Tenia ganas de volver a besarte!

    Susurró contra mis labios sin dejar de frotarse contra mi polla.

    —Yo a ti también! Contesté con falta de sutileza.

    Sin perder su sonrisa traviesa, sacó una larga y carnosa lengua y comenzó a lamer mi pecho bajando lentamente hasta llegar a los bóxer. Tiro de ellos hacia abajo hasta hacerles caer al suelo. Mi polla salió totalmente tiesa, como si fuera una estaca que hubieran clavado en mi regazo. Agarró las tetas con sus manos y comenzó a sobarla con ellas.

    —Te gusta? Preguntó con su espléndida sonrisa mirando hacia arriba.

    Con la boca entre abierta con una mezcla de asombro y placer, asentí con la cabeza como si fuera un robot.

    —Se hacer muchas cosas, sabes!

    —Estoy seguro de ello!

    Contesté pensando en lo que sería capaz de hacer. Sacó la lengua y me lamió el capullo como una perra lame a su cachorro. Después soltó las tetas y agarrándome el tronco lo levantó para lamer mis huevos de la misma forma. Abrió la boca y engulló uno de mis huevos provocándome un calambrazo. Yo miraba desde arriba tensó, y me pareció que sonreía con la boca llena. Después hizo lo mismo con el otro huevo provocándome la misma reacción.

    Lo sacó de la boca y engulló mi capullo para darle lengüetazos en el interior. Desde luego, esa chica tímida sabía lo que se hacía. Sus labios avanzaron por el tronco venoso con una presión suave y precisa. Sentí a mi capullo empotrarse en su garganta, pero no paró ahí. Continuó avanzando haciendo que la atravesará dándome un placer brutal.

    Se la sacó casi entera y volvió a introducirla hasta chocar con sus labios contra mis huevos.

    —Joderrr! Nena… vas a hacer que me corra! Susurré entre jadeos.

    Se la sacó de la boca y dio de nuevo unos lametazos al capullo.

    —No quieres correrte?

    Me dijo mirando hacia arriba con esa cara de niña traviesa que acostumbraba a poner.

    —Ufff, claro que me quiero correr! Tan solo te avisaba!

    —Te contaré algo! Me dijo con sonrisa de niña mala.

    —Eres el primer chico con el que estoy!

    —Eso me halaga!

    —Jajaja! He dicho el primer chico, no el primer hombre! Contestó divertida ante mi comentario.

    —Ah, entonces has estado con algún hombre?

    —Claro, como crees que he aprendido a hacer esto!

    Y nada más decirlo volvió a engullir mi polla por completo.

    —Ahhh! Diosss! Como me estás poniendo!

    Jadee casi temblando al sentir cómo mi polla penetraba de nuevo en su garganta.

    —Y qué hombre ha sido el afortunado?

    Pregunté sabiendo que era su padre, pero su respuesta me sorprendió aún más.

    —Han sido dos, jajaja! Me respondió con aparente inocencia y naturalidad.

    —Dos?

    —Síii! Aunque a lo mejor te parece raro!

    —Por qué tendría que parecérmelo?

    —Porque han sido mi padre y mi tío Nico, su hermano!

    Aunque lo de su padre ya lo sabía, con lo de su tío aumentaba mi morbo a gran velocidad.

    —Bueno, no es lo más normal, pero a veces pasa!

    Contesté intentando no parecer sorprendido.

    —Si me guardas el secreto te lo cuento!

    —Por supuesto, seré una tumba! Contesté con rapidez deseando oír esa historia.

    Hizo que me tumbara sobre las pieles frente al fuego. Podía sentir la fuerte lluvia chocando contra el techo y algunos silbidos que provocaba el fuerte viento al colarse por alguna rendija. Se arrodilló entre mis piernas y comenzó a chuparme la polla de nuevo. Sentía sus tetas chocar contra mis muslos cada vez que bajaba y engullía mi polla entera. Su cabeza subía y bajaba con los labios presionando el tronco venoso. Yo jadeaba cada vez con más fuerza y me sentía a punto de explotar. Agarré su cabeza y comencé a moverla al ritmo que me gustaba y después de un par de minutos mi polla comenzó a soltar chorretones de leche.

    Ella siguió chupando y tragando todo lo que salía, a la vez que apretaba con suavidad mis huevos. El último chorretón me dejó abatido, y solté su cabeza a la vez que dejaba caer la mía contra las pieles. Ella siguió chupando lentamente hasta dejarla seca y brillante. Se la sacó de la boca y me sonrió.

    —Te ha gustado? Me preguntó con esa cara traviesa.

    —Ufff, ha sido brutal!

    —Gracias, he practicado mucho, jijiji!

    Era obvio con quién lo había hecho, ella misma me lo había confesado sin ningún pudor, pero el morbo me pedía que lo volviera a repetir.

    —Con tu padre, supongo!

    —Claro, y con mi tío algunas veces, aunque a él le gustan más otras cosas, jijiji!

    Seguía de rodillas entre mis piernas y sus tetas colgaban con los pezones estirados apuntándome. Alargué las manos hasta llegar a ellos y los toque con los dedos. Estaban duros y deliciosos al tacto. Abrí las manos y abarque las tetas con ellas, joder, que duras las tenía la muy zorra!

    —Te gustan?

    Parecía la niña preguntona de la clase.

    —Tienes unas tetas muy bonitas!

    —Mi padre me lo ha dicho muchas veces!

    Avanzó de rodillas entre mi cuerpo hasta ponerme las a la altura de la boca. Saqué la lengua y lamí uno de los pezones. Después el otro hasta que me puse a chuparlo. Nunca había visto unos pezones tan largos y me encantó sentirlos dentro de la boca. Ella no dejaba de mirar cómo lo hacía. Metió la mano bajo la teta que le chupaba como si me fuera a amamantar. Su cara era como la de una niña que está jugando.

    —Chupa bebé, chupa fuerte!

    Me susurró apretando la teta contra mi boca. Empecé a chupar con más ganas apretando los pezones con mis labios.

    —Ufff, así es como me gusta! Dijo cerrando los ojos para sentirlo más.

    Conseguí arrancar varios gemidos de su extensa boca, cada vez que la abría para jadear provocaba más mi excitación. Me acababa de correr, pero mi polla seguía tan dura como al principio, algo que a mí mismo me sorprendía.

    El morbo ocupaba mi mente de una forma constante. Cuando deje de chuparle los pezones le pregunté de nuevo.

    —Te los chupa así tú padre?

    —No, es a mi tío al que le gusta, y me los chupa más fuerte!

    —Y qué más le gusta?

    —Le gusta chuparme entera! Jijiji!

    —Entera?

    —Si, empieza por el cuello, después las tetas, el vientre, y cuando llega al chocho ya estoy más caliente que una estufa! Y apenas me da unas chupadas me corro como una loca!

    —Y te hace algo más?

    —Suele venir una vez a la semana por casa, pero el día que viene me hace de todo y consigue que me corra varias veces, pero lo que más le gusta es métemela en el culo diciéndome que me lo va a reventar, jijiji!

    Sus palabras desbocaban mi mente. Todavía no se había quitado las bragas y me puse de pies invitándola a que ella también lo hiciera. Me separé un metro y le pedí que se las quitara mientras la miraba. Sonrió y tiro de ellas hacia abajo hasta dejar que cayeran al suelo. Abrí los ojos como platos al ver la maraña de pelo rizado que cubría el centro de sus piernas. Era un triángulo perfecto en el que apetecía perder mi mano. Di un paso para cubrir el metro que nos separaba y pasé una mano por detrás para agarrar su pequeño culo. Abrí la otra mano y la puso sobre su triángulo de bello rizado. Estaba mullido y disfrute de ese placer mientras la besaba. Ella se agarró a mi cuello y me devoró la boca con ansia desbordada. Mis dedos encontraron la raja entre el espeso bello y percibí la humedad y el calor que desprendía su interior. No paraba de mover su pelvis buscando mas profundidad. Dos de mis dedos penetraron hasta los nudillos y la oí gemir pegada a mi boca.

    —Anggg! Más! Anggg!

    Comencé a meter y sacar los dedos a más velocidad. Despegó su boca de la mía y comenzó a gemir contra mis labios.

    —Siiii! Así! Diosss! Ahhh! Que caliente estoy ya!

    Sus palabras y gemidos chocaban contra mi boca y me puse frenético. Los dedos de mi mano trasera se clavaban en su pequeño culo como garfios, y por delante le metía los dedos a una velocidad endiablada.

    —Te gusta perra? Le dije sin pensar que podría ofenderla, pero su respuesta fue inmediata.

    —Dame fuerte, que soy tu perra! Ahhhh!

    No le dio tiempo a más, empapó mis dedos con una tremenda corrida que acabó saliendo de su coño y empapando también la maraña de pelo. Jadeaba agarrada a mi cuello con un ligero temblor en todo su cuerpo.

    —Uffff, que guarrilla estaba ya!

    Yo no sabía que hacer ni que decir, su excitación parecía constante y esto no había acabado. A los pocos segundos bajo una mano y agarró mi polla que seguía como una estaca.

    —No quieres metérsela a tu perra?

    Me susurró haciendo que me tragara mis propias palabras.

    —Estoy deseando! Pude balbucear entre los besos arrebatados que me daba colapsando mi boca. Me agarró de la mano y me llevó junto a la mesa de madera. Se inclinó sobre ella abriendo las piernas y paso los dedos por su coño para después llevarlos mojados al agujero de su culo. Lo frotó con ellos mientras yo miraba y acabó me tiendo la punta de su índice para abrirlo. Ese culito pequeño y redondo me ponía como un verraco.

    —Vamos, fóllate a esta perra! Me incitó abriendo la maraña de pelo con dos de sus dedos.

    Como un obseso sin capacidad de razonar, metí la polla entre la raja que me mostraba hasta el mismo fondo de su vagina. El empujón fue tremendo y dio un grito que fue silenciado por el fuerte ruido de la lluvia. Agarré su pequeño culo y lo abrí con mis manos para ver el delicioso agujero. A la vez que la embestía de nuevo con fuerza sacando otro gemido de su gran boca.

    Sus delgados muslos se abrían a cada pollazo que le daba, hundir mi polla entre esa mata de pelo negro, era una sensación diferente, además de deliciosa. Sentía que la habría, que la reventaba a cada penetración, pero su vagina se adaptaba apretándose contra mi polla de una forma increíble.

    Ella misma había abierto su culo con los dedos y ahora parecía tener vida propia.

    —Dame más fuerte! La oí pedir agarrándose a la mesa.

    Embestí con más ganas a la vez que le metía un dedo en el culo.

    —Te voy a reventar!

    Le grité descontrolado.

    —Aghggg! Diosss! No lo creo! Mi tío me da más fuerte y no me revienta!

    Me quedé descolocado ante su reto, el dichoso tío volvía a aparecer. Su culo se había abierto y le introduje dos dedos. La lujuria me desesperaba y ese pequeño culo me estaba volviendo loco.

    —Te gusta esto, zorra!

    Las embestidas de mi polla y la penetración anal con mis dedos la dejaron sin palabras, y de su boca ya solo salían fuertes gemidos guturales. Su cuerpo dio varios estertores y su coño empapó mi polla con otra corrida abundante. Seguí dándole con fuerza hasta que mi polla estalló de nuevo. La leche salió a borbotones y su coño se desbordó. La mezcla de corridas ya caía entre sus piernas como una catarata. Paré de embestir medio exhausto y mi polla salió de su coño chorreando. Me aleje como un metro para ver la figura de su culo abierto y tembloroso, la madeja de pelo que afloraba entre sus muslos y el líquido resbalando entre sus piernas. Era una escena que se perpetuaría en mi mente.

    Giró la cabeza sin perder la postura y me miró con sus ojos grandes y su nariz aguileña.

    —Diosss, como envistes! Pareces un toro bravo! Nunca me había puesto tan puta! No quieres mi culo?

    “Joder, es insaciable!” Pensé jadeante sin saber que responder.

    En ese momento sonó su móvil.

    —Es mi padre! Me dijo al verlo con las piernas chorreando.

    —Hola papá!

    —Donde estas!

    —Con las ovejas! He venido a enseñárselas a un primo de Laura y nos ha pillado la tormenta.

    —Vale, pues no salgáis. Ahora subo con el cuatro x cuatro a recogeros, la furgoneta no es segura con esta lluvia!

    —Vale papá!

    Colgó el teléfono y volvió a besarme, más bien a devorarme con su gran boca.

    —Ufff, como me ha gustado!

    Susurró agarrada a mi cuello.

    —A mi también!

    —Que pena que venga mi padre! Tenía ganas de que me la metieras en el culo, como hace mi tío, jijiji!

    “Joder con el puto tío!!”.

  • Cogí con el maestro Mario para ayudar a Gery y Alex

    Cogí con el maestro Mario para ayudar a Gery y Alex

    Soy Yesica y les voy a contar cómo fue que tuve sexo con nuestro maestro de matemáticas para ayudar a Gery y Alex y se pudieran titular. 

    Se llamaba Mario, un hombre de unos 55 años, alto, bien parecido, de bigote abundante y bien cuidado, con mucha personalidad que a la mayoría de las chicas nos gustaba. Todos sabíamos que le gustaba recibir sobornos para aprobar a alguien, en el caso de los hombres, les pedía dinero o botellas de licor caras y en el caso de las mujeres, por lógica, les pedía su cuerpo.

    De los amigos del grupo que les hemos contado en nuestros relatos anteriores, los que aprobamos todas las materias para poder titularnos fuimos Sara, Maribel, Arturo y yo. Yajaira, Gery y Alex no se titularían si no aprobaban esa materia. Yaja ya había cogido con el maestro Mario para pasar materias anteriores, así que esa vez hizo lo mismo, la tuvo fácil. Pero a Gery y a Alex les pidió una buena cantidad de dinero. Yo no estaba de acuerdo en que Gery gastara lo que habíamos ahorrado con tanto esfuerzo, pues seguíamos con la idea de ahorrar para algún día comprar nuestra casa. Así que le propuse que me dejara tener sexo con el maestro a cambio de que lo aprobara, en un principio Gery se negó, pues me decía que yo valgo mucho más que una calificación, pero luego de mucho platicar aceptó y como extra, Alex entraría en el trato con el maestro y me ofreció quedarme con el dinero que iba a pagar para que lo aprobara, así que yo tendría una ganancia adicional.

    Esa misma tarde hablé con el maestro, ambos fuimos directos, yo le pregunté qué podía hacer para que aprobara a Gery y Alex y él me contestó que me acostara con él. Y así quedamos para el siguiente día saliendo de la escuela.

    Yo no pensaba quedarme sólo con la ganancia de que los aprobara, nos ahorraríamos el dinero de Gery y nos ganaríamos el dinero de Alex. Escribí mis medidas en un papelito y se lo di al maestro, le pedí que me comprara lencería sexy, un buen perfume y algunas cremas para el cuerpo, él sonrió y me dijo que se lo iba a desquitar, contesté que desquitaría con creces lo que gastara.

    Gery y yo estábamos muy excitados, esa noche hicimos el amor delicioso imaginando cómo sería mi primera infidelidad con otro hombre sin que él estuviera presente, ese detalle le agregó un extra a nuestro sexo, terminamos exhaustos y satisfechos, abrazados y enamorados, nos quedamos dormidos.

    Al día siguiente el maestro me esperó para decirme que pasaría por mí en el centro de la ciudad, subí a su coche que era un deportivo de por el año 2000. Nos fuimos directo al motel y estando dentro me entregó unas bolsas con lo que le había pedido. Tenía que cumplirme, pues me atrevo a decir que en toda la escuela, no había otra mujer con el cuerpo que yo tenía, y solo complaciéndome se le haría tenerme en la cama. Me encantó la lencería que me compró, les mentiría si les digo que recuerdo cómo era, pero si recuerdo que eran ligueros y medias, prendas que me han encantado desde siempre. Fueron dos o tres conjuntos diferentes, ese día usé solo uno para él, pues solo estuvimos juntos como dos o tres horas.

    Me bañé y vestí para estar con él, mientras me esperaba en la cama, desnudo y cubriendo la mitad de su cuerpo con una sábana. Se veía sorprendido cuando salí vestida para él, tenía un cuerpazo que trato de mantener hasta hoy en día y a mi me encantaba saber que otros me deseaban, tal y como tenía al maestro ese día.

    Me paré frente a la cama y modelé la lencería que me regaló, me inclinaba mostrándole mi redondo trasero y juntaba mis tetas con ambas manos sobre el brasier para que las viera más grandes, ofreciéndoselas. Él tenía sus manos en la verga, jalándosela para que se le parara más de lo que ya se alcanzaba a notar bajo la sábana. Yo me acerqué a él gateando, retiré la sábana y me encontré con su verga medio erecta, con pelo púbico entre negro y cano, quité sus manos y con la mía comencé a acariciar esa verga que poco a poco crecía. Me tomé mi tiempo, apretaba la base de su verga y acariciaba su tronco hacia su cabeza tratando de que la sangre fluyera y terminar de parársela, lo cual después de un rato logré. Una vez que estuvo dura él me tomo de la cabeza y me atrajo para que se la mamara, yo le pedí que se pusiera un condón y me salió con que se le había olvidado comprar. Yaja ya me había contado que al maestro no le gustaba usar condón y en la escuela había rumores de algunas chicas que habían salido embarazadas por este señor, yo no quería arriesgarme, así que llevaba mis propios condones. Aunque a él no le pareció y se molestó un poco, le puse el condón y ahora sí me dispuse a chupar su verga. Me esmeré en hacerlo, él lo disfrutaba y trataba de poner el ritmo haciendo presión sobre mi cabeza como si me estuviera penetrando, yo retiré sus manos y apreté la base de su verga y con mi boca subí y bajé por su tronco que cada vez sentía más duro. No era tan grande, así que podía abarcar una buena parte de él con mi boca. Él gemía y gemía y aunque trató de contenerse, luego de unos minutos se vació dentro del condón, yo sentí ese rico calorcito de su venida dentro de mi boca. Y poco a poco su verga se puso flácida, le quité el condón, le hice un nudo y lo tiré a la basura. No pude evitar excitarme, mi panocha estaba húmeda, el maestro se vino tan pronto que no me dio tiempo de venirme mientras me masturbaba. Me pidió tiempo para recuperarse. Le dije que sí, que se tomara su tiempo, pero tenía que hacerme venir. Me quité la parte de abajo de mi lencería y me monté sobre su cara. Por Yaja sabía también que a él no le gustaba hacer sexo oral, me dio por demostrar que conmigo no se negaría. Mi pubis estaba completamente rasurado y sentía mis labios vaginales húmedos, coloqué esa humedad sobre sus labios, él se hizo a un lado, así que lo tomé por el cabello y con fuerza lo atraje hacia mi rajita, primero mantenía sus labios cerrados pero a medida que frotaba mi vagina contra su boca fue abriendo sus labios para luego sacar su lengua y meterla en mí. Sus manos se posaron sobre mis piernas y me atraía hacia su boca. Yo me movía buscando mi orgasmo y debo decir que su bigote le ponía un plus a mis sensaciones. Sus pelos picaban mis labios vaginales y estimulaban de una forma diferente mi clítoris, mientras él con su lengua trataba de entrar más en mi vagina, yo me movía buscando ese orgasmo que llegó intenso y húmedo, tanto que sentí como él sorbía las gotas que salían de mi panocha. Disfruté tanto ese orgasmo con su bigote estimulándome.

    Yo me estaba recuperando aún sobre su boca, él me bajó y me recostó boca arriba, su verga se habia puesto dura de nuevo así que me abrió las piernas y se dirigió a entrar en mí. Lo detuve pues no se puso condón, me dijo que se saldría antes de venirse, yo me negué y le dije que sin condón no lo haría, le pasé uno y de malas se lo puso, sin perder tiempo abrí las piernas y se dejó venir, lo recibí pues estaba muy mojada aún por mi orgasmo. Él se dedicó a entrar y salir mientras bruscamente intentaba apretujar mis pechos y besarme en los labios, lo hacía toscamente. Me estaba quitando la calentura mientras él apresuraba sus embestidas. Lo detuve e hice que se recostara boca arriba, me quité el brasier y me monté en su verga, la dirigí con mi mano a mi panocha y entró fácilmente. De nuevo intentó sus embestidas aceleradas, le pedí que no se moviera, tomé sus manos y las puse en mis tetas, dirigí sus movimientos para que no me lastimara y yo sintiera placer. Entendió el mensaje, así que lo empezó a hacer suave y comencé a disfrutarlo mucho, mientras me lo cogía a mi ritmo. El perfume que me había regalado ponía un rico ambiente y ese olor hacía más rico ese encuentro, bajó sus manos a mis caderas y me atrajo hacia él, nos besamos apasionadamente. Aunque su bigote me picaba, sentía rico el sabor de mi panocha en su boca, metí mi lengua en su boca y jugué con la suya. Sentía sus manos sobre mis nalgas, trataba de poner su ritmo de nuevo, yo no quería que terminara rápido y quería terminar antes que él, así que me retiré de sus labios y seguí montándolo a mi ritmo. Estuve un buen rato así hasta que sentí mi orgasmo, un poco menos intenso que el primero pero quedé satisfecha. El maestro Mario faltaba por terminar, seguía con la intención de hacerlo rápido, así que me bajé y me puse de a perrita, él se colocó atrás de mí y entró, mi vagina estaba muy sensible por mi orgasmo, así que no pude evitar excitarme de nuevo, me incliné sobre la cama para levantar mi culo, él se aferró a mis caderas y comenzó con unas metidas violentas, fuertes, firmes que me estaban haciendo sentir bien. El golpeteo de su cuerpo contra el mío y la sensación de estar sometida hicieron que llevara mis dedos a mi clítoris y comencé a masturbarme. El maestro me llenaba de elogios, me decía: «estás hermosa», «qué mujercita tan buena», «nunca me habían hecho lo que me haces», «eres única». Todo esto mientras me la metía con intensidad, me dio unas ricas metidas de verga y sentí como se venía dentro de mí, llenando el condón de semen y quedándose quieto poco a poco hasta que sentí a su verga retirarse. Mientras él se venía, yo tenía mi orgasmo con mis dedos, acariciándome. Me sentía muy bien así como estaba, empinada, escurriendo por mi orgasmo y con un hombre que no era mi novio en mi espalda, me sentía infiel pero satisfecha. Me había gustado mucho esa experiencia.

    El maestro Mario se metió a bañar, salió y se cambió de ropa, pues no quería que su esposa se diera cuenta que había estado con otra mujer. Estaba apresurado, mientras se terminaba de vestir me decía lo mucho que lo había disfrutado y que le encantaría volver a tenerme. Yo le contesté que sólo era por esa ocasión pues no estaba interesada en él. Además que ya no íbamos a seguir en esa escuela algunos de nuestros amigos, Gery ni yo. Aceptó lo que le dije, yo me había quedado con la lencería puesta y con la prisa del maestro solo me puse mi pantalón y blusa encima. Vestida así quería llegar con Gery, contarle lo que había hecho y cómo me sentia, de algún modo sabía que lo tendría muy excitado y caliente con mis detalles.

    Y así sucedió, hicimos el amor con la lencería puesta que usé con el maestro, Gery estaba muy caliente, me mamó mi rajita y me sacó un orgasmo delicioso. Me tuvo de a perrito también mientras yo le contaba que así me había puesto el maestro Mario, me cogió por un buen rato en esa posición, yo me vine dos o tres veces y él no se cansaba de cogerme así, parecía que esa infidelidad lo excitaba mucho más de lo que a mí me excitaba cuando él me contaba cómo cogía con otras personas. Ese día dejó un poco rozada mi vagina por tantas embestidas que me dio, al igual de mis caderas pues de ahí me tenía agarrada y así se impulsaba más en sus arremetidas. Terminamos cansados, pero enamorados cómo siempre.

    Yo me quedé con los regalos del maestro, mi lencería, perfumes y cremas. Tanto Alex como Gery aprobaron y se pudieron titular gracias a mí. Alex me pagó lo que había acordado con el maestro y lo ahorramos para seguir con nuestros planes mi novio y yo.

    Ojalá les haya gustado mi experiencia siendo infiel y les confieso que a partir de ese día, le agarré el gusto a tener otros hombres para mí.

  • Sueños perfectos

    Sueños perfectos

    Hace mucho que no escribía y voy a intentar volver a la rutina.

    Aún no me acostumbro a esta casa, tan solo llevo 6 meses en ella y la mayor parte del tiempo siento que está vacía.

    La Señorita R era una chica espectacular, preciosa, elegante y muy inteligente, pero algo fallaba. Caímos en una rutina que era capaz de superarnos a ambos por lo que tomamos la decisión de acabar con la relación.

    Ahora me encuentro aquí, en una casa totalmente nueva tumbado en una cama demasiado grande para mí, intentando practicar un ritual transmitido por mis padres, la siesta.

    Ya escucho chocar su pequeño llavero contra la puerta de entrada.

    No logro asimilar todavía la locura que cometí al hacerle una copia de las llaves de mi apartamento.

    Sube despacio para no despertarme con el impacto de sus sandalias contra el parquet. Entra sigilosamente en mi habitación con una pequeña sonrisa en los labios y dirigiendo una intensa mirada a mi cuerpo inmóvil.

    Me hago el dormido para poder observar la naturalidad con la que se despoja de su ropa.

    Pequeños rayitos de sol que se filtran por la ventana dejándome vislumbrar su hermoso cuerpo.

    Empieza deshaciéndose de su top, rozando con sus dedos cada tramo de piel que cubre sus ya pronunciadas curvas. Le sigue el turno que al caer al suelo deja a la vista unos pechos pequeños pero turgentes. Por último, tras percibir el suave sonido de una cremallera al descender, veo como sus shorts caen, se deslizan por sus muslos, dejando ver unas braguitas extremadamente pequeñas que solo pueden ser admitidas gracias al descaro que mueres ese cuerpo al llevarlas.

    Se desliza entre las sábanas como una gatita y en mi mente soy capaz incluso de oír su dulce ronroneo.

    Cambia en varias ocasiones de postura, pero parece que con ninguna de ellas queda conforme.

    Cuando ya parece que ha cesado su inquietud, escucho dos pequeños pitidos que indican que la temperatura de la habitación ha descendido dos grados. Pega su cuerpo al mío y noto su aliento golpear mis labios. Llega un beso y más cercanía. Le siguen varios más, muy delicados, secos y fugaces.

    Es demasiado lista, se ha dado cuenta de que no dormía.

    Siento como sus pechos se oprimen contra mi costado, noto como su pelvis roza mi cadera, suavemente invade mi espacio echándome el peso de una de sus piernas sobre las mías.

    Me bloquea y ya no soy capaz de resistirme a sus besos, se los correspondo…

    Llega la humedad a nuestros labios, nuestras lenguas comienzan una lucha por invadir la mayor parte del territorio en la boca del otro.

    Con un ágil movimiento se coloca encima de mí. Comienza un vaivén de subidas y bajadas. Su cuerpo se frota incesantemente contra el mío y mi miembro totalmente erecto golpea una y otra vez su humedad, intentado traspasar las prendas que lo separa de la calidez de su interior.

    Le acaricio el inicio de su espalda, la tripa, los costados… En mí subida ascendente noto como suspira más intensamente a medida que me acerco a sus pechos. Los agarro, los masajeo, los amoldo a mis manos… Comienza a gemir dulcemente en mi oído.

    De repente paro, con una mano presionando en sus caderas la obligo a quitarse de encima.

    Me quito los boxes mientras ella me mira mordiéndose el labio inferior. Me quedo mirando sus diminutas braguitas sabiendo que ella está entendiendo que quiero que se las quite. Lo hace sin decir nada, mirándome fijamente con esos preciosos ojos castaños…

    Me coloco encima de ella con mi miembro apuntando a la entrada de su vagina.

    Sé que le gusta jugar, sé que no esta tan tremendamente excitada como yo, sé que siempre utilizamos protección, pero la imagen de su frágil cuerpo bajo el mío me supera… La penetro sin contemplaciones.

    De su boca emerge un sonido próximo al quejido.

    Beso su cuello por cada rincón que me es accesible. Se que le encanta que haga eso cuando estoy dentro de ella.

    Gemimos, sudamos y nos movemos a la vez en una misma sintonía que solo nosotros podemos escuchar.

    Aumento la velocidad de mis embestidas.

    Hoy no me puedo controlar, llevo demasiados días deseando poseerla de nuevo.

    Bajo mi mano por su cuerpo tibio hasta llegar a su enrojecido clítoris. Lo estimulo como solo la experiencia te hace saber.

    Sus gemidos se hacen cada vez más intensos. Muerde el lóbulo de mi oreja derecha a la par que susurra mi nombre una y otra vez.

    Acelero los movimientos de mi mano, que a estas alturas está impregnada con sus jugos.

    Su cuerpo se tensa. Me hace saber que su orgasmo está próximo clavando sus uñas en mi espalda. Con sus manos me obliga a apoyar la mayor parte de mi peso sobre ella.

    Se acerca a mi oído y me susurra –Córrete Carlos, no aguanto más… necesito sentir como me llenas…

    En ese preciso momento me clavo profundamente dentro de ella. Una, dos y hasta tres veces. Siento las paredes de su vagina aprisionando dulcemente mi miembro.

    Lanzamos gemidos al aire y nos corremos juntos sintiendo como el cuerpo del otro se relaja lentamente.

    Me tumbo a su lado, acaricio su pelo y susurro su nombre…

    Vuelvo a recordar que tan solo es una fantasía y con este pensamiento en la cabeza, me quedo dormido.

  • El hombre que cambió mi vida (capítulo 2)

    El hombre que cambió mi vida (capítulo 2)

    Habían ya pasado dos días de lo ocurrido con Daniel,  yo no dejaba de pensar en eso y sentirme mal, no era la primera vez que había cometido una infidelidad, en el pasado le había descubierto una infidelidad a mi esposo, le perdoné pero le pagué con la misma moneda e hice que se enterará. Está vez era diferente, era con uno de sus amigos y casi parte de nuestra familia, lo peor es que me había gustado y cada vez que pensaba en eso se empapaba mi tanga.

    Termino mi turno, me cambié de ropa y salí, cuando estaba cruzando la calle me percate que estaba el auto de Daniel parado del otro lado, bajó el vidrio y me hizo señas que fuera hasta donde estaba, llegué, abrí la puerta y me senté.

    Yo: que paso?

    Daniel: justo estaba pasando por aquí y pensé en pasar a saludarte

    Yo: aah hola

    Daniel: por qué tan seria

    Yo: no nada, normal

    Daniel: quieres ir a comer algo

    Yo: Daniel escúchame, no puedes venir a verme, lo que paso ese día ya lo hablamos y queda entre nosotros, no volverá a pasar algo así.

    Daniel: no estoy hablando de eso, recuerda que somos familia, que de malo tiene que vayamos a almorzar.

    Yo: Juan puede pensar mal, además si me ven contigo encerrada en el carro

    Daniel: sabes que, le voy a escribir a Juan

    Yo: cómo? Que?

    Le escribió «bro justo pasaba por la comandancia donde trabaja Jessica, la Vi y estamos yendo a almorzar algo», tomo una selfie de los dos y se la mandó. Al cabo de pocos minutos Juan respondió «está bien pero me traen un postrecito».

    Daniel: ya ves? No pasa nada, todo tranquilo

    Yo: ok vamos

    Llegamos al restaurant e hicimos nuestros pedidos, se sentía incómodo, ambos estábamos tratando de ignorar al otro, la comida fue un alivio pues era una excusa para seguir ignorandonos, terminamos y salimos de ahi, de vuelta al auto ya me estaba llevando hacia la parada de mi autobús, al menos ahí ya conversábamos, del trabajo, de la familia y demas. Llegó la hora de bajarme, me despido y cuando estaba a punto de salir el me tomo mi mano izquierda.

    Daniel: te puedo ver mañana?

    Yo: ya hablamos de eso, no hay nada más que decir

    Daniel: cuando hablaremos de lo que paso el domingo?

    Yo: no hay de que hablar, los dos estábamos borrachos y nos ganó la calentura

    Daniel: lo que te dije no era mentira, siempre te he visto y uuff te deseaba

    Yo: estás hablando tonterías, ya cállate, me voy

    Daniel: acaso no te gusto

    Yo: no se estaba muy borracha, casi no recuerdo

    Daniel: si? Porque en el momento parecía que lo disfrutabas mucho

    Hubo un silencio incómodo, se sacó la verga ya erecta y me hizo mirar.

    Daniel: mira como me pones, de solo estar cerca de ti

    Yo; guardate eso Daniel por favor

    Daniel: tocalo

    Me había la difícil pero dentro de mi quería ir devorarlo. Daniel agarro mi mano y la quiso llevar a su verga, yo me hacía la difícil pero al final accedi y comencé a masturbarlo.

    Yo: feliz

    Daniel: sii que rico aahh

    Yo: es lo último que haremos

    Daniel: entonces haz que la despedida sea inolvidable

    Me incline y comencé a mamar su verga y uuff, sentirla otra vez en mi boca, su sabor, su olor y esa dureza, me sentía toda una perra mamando, así estuve por unos 10 min comencé a masturbarlo fuerte mientras me metía su cabezota en mi boca, y así fue como se vino, no me avisó, solo expulsó toda su leche dentro de mi boca, aparte cayó en su pelvis y solo un gemido, yo me levanté y le pedi papel para limpiarme.

    Yo: satisfecho?

    Daniel: sii bastante

    Yo: ok ya me voy

    Daniel: ojalá algún día podamos continuar

    Yo: pásame buscando mañana, le diré a Juan que saldré a comer con unos amigos

    Daniel: uuff me confirmas

    Yo: cuando esté sola te mensajeo

    Daniel: ok chao

    Fui a darle un abrazo, el me correspondió, pero su mano derecho se fue a mi culo y sentí que metía algo en mi panty.

    Sentí que eran billetes, así que solo asentí con la cabeza y salí del carro.

    Más tarde en hora de cena le comenté a mi esposo que tendría un almuerzo con mis amigos, a mi esposo le pareció algo bueno y me dijo que el iría a casa de su madre.