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  • Volver a salir con mi mejor amiga

    Volver a salir con mi mejor amiga

    Una sugerencia antes de comenzar esta relato, compártanlo.

    Había llegado ya el buen tiempo, la primavera estaba avanzada y se notaban los primeros días de calor del verano. Esa noche había quedado con mi mejor amiga, Verónica. Hacía un par de meses que ella lo había dejado con su ex pareja. No era ni la primera ni la última vez que cortaba con su novio, y seguramente tampoco sería la definitiva, como decía ella misma.

    Verónica era la única amiga del grupo que a sus treinta y dos años todavía no estaba casada ni tenía hijos, y era como si tuviera urgencia por alcanzar esas metas personales. Siempre me tocaba consolarla cada vez que acontecía lo inevitable: la dejaban. Era entonces cuando salíamos de compras, veíamos juntas en el cine alguna comedia romántica, o salíamos a cenar. Siempre me tocaba distraerla. Además, después de una semana horrible de trabajo preparando nuestro stand en la feria del automóvil, yo también necesitaba evadirme un rato.

    Aquella noche pude arreglarlo todo para dejar en casa a mi marido solo con mi hijo, pese a que a mi esposo no le hacía ninguna gracia la influencia que Verónica ejercía sobre mí. Siempre dice que Verónica es algo ligerita de cascos y que me llena la cabeza de estupideces. Decir que me llamo Ana, tengo treinta y un años, y estoy felizmente casada desde hace unos años con mi esposo.

    Hacía calor cuando llegué a media tarde a casa de Verónica. Lleva puesta una camiseta blanca de tirantes muy finos, y una minifalda vaquera relativamente corta cuando llamé a su timbre. Debajo llevaba un sujetador negro de algodón y encaje a juego con el tanga. Era uno de esos con finas tiras laterales.

    .-“Sube” me dijo al reconocer mi voz por el telefonillo del portal.

    Nos dimos un fuerte abrazo al vernos en el rellano de su escalera, no nos habíamos visto desde hace unos meses, y desde que cortó con su ex pareja, tan sólo habíamos podido hablar por teléfono. Estaba horrible, su pelo era un caos, tenía mala cara, y a pesar de empezar a caer la noche, todavía tenía puesto un pijama rosa espantoso.

    .-“Verónica…, no puedes seguir así” le dije con la intención de animarla.

    .-“Es verdad” dijo reconociendo que tenía razón una vez más, “por eso te he llamado, tienes que ayudarme” su mirada expresaba una baja autoestima en ese momento. Hacía tiempo que no la veía tan destrozada. Yo quise animarla, y sabía cómo hacerlo.

    .-“Escúchame, esta noche nada de quedarnos en casa a llorar, ni películas, ni melodramas, ni nada por el estilo. Arréglate, ponte guapísima, y salgamos a tomar algo y a bailar ¿te parece?”. Dije tratando de mostrar entusiasmo con la idea de salir juntas de marcha, aunque por mi parte no tuviese muchas ganas, una amiga es una amiga. Ella asintió con la cabeza.

    .-“¿Por qué no tomas algo mientras me ducho?” me dijo Verónica mientras se dirigía al cuarto de baño, con la clara intención de arreglarse y cambiar su patético aspecto.

    Tomé una coca cola de su nevera y me dirigí al giradiscos de vinilo que conservaba Verónica en perfecto estado. Siempre que la visitaba, me gustaba recordar el ritual de escuchar un disco de vinilo como en los viejos tiempos. Controlar el pulso al dejar caer la aguja, el silencio inicial, y esos chascarridos mientras suena la música, siempre me pareció algo excitante, sobre todo al notar los primeros acordes del disco de Madonna elegido, sonar por los altavoces. Estaba dispuesta a pasar el rato hasta que mi amiga saliese de la ducha.

    .-“¡¡Sabes que me apetece!!” escuché que gritaba mi amiga desde la ducha a través del sonido del agua.

    .-“no, dime!!” le respondí yo también a grito desde el salón. En ese momento escuché que se cerraba el grifo de la ducha y decidí acercarme al cuarto de baño para no tener que hablar con ella a grito pelado por toda la casa.

    La puerta del baño estaba abierta, observaba el cuerpo mojado de mi amiga a través de la mampara translúcida de la ducha, escurriendo el pelo con sus propias manos. Siempre había tenido cierta envidia de su cuerpo, su pelo era rubio natural y para colmo no necesitaba alisárselo, tenía mucho más pecho que yo, y siempre la veía más delgada, y eso, a pesar de venir usando ambas la misma talla desde adolescentes.

    .-“He oído que han abierto una nueva macrodiscoteca” me gritó desde la ducha sin percatarse aún de mi presencia. Fue al correr el cristal y tratar de alcanzar una toalla cuando se dio cuenta de mi imagen observándola apoyada en el marco de la puerta.

    Pude contemplarla completamente desnuda al apartar la mampara del baño. No pude evitar fijarme, porque me llamó la atención, en su pubis rasurado. Nada que ver con la fina tira de pelillos que decoran mi monte de Venus. “Un reguero de hormiguitas” como dice mi marido.

    Ella, al verme, pareció disfrutar exhibiéndose ante mí. Me restregaba una y otra vez su libertad sexual. Verónica siempre me recriminaba que mi marido fuese el único hombre con el que había estado en mi vida, siempre me decía que lo conocí demasiado joven. Me insistía en que debería haber conocido a otros chicos antes de salir con él, y que debía comparar. Siempre me replicaba que mejor tarde que nunca, y que así cómo podía estar segura de que era el hombre de mi vida y todas esas cosas.

    Aunque siempre se lo negaba, enrocada en mi roll de ama de casa y decente esposa, en el fondo pensaba que en parte tenía razón. En mis ratos de intimidad y soledad, me preguntaba algunas veces cómo serían otros hombres en la cama, cómo se moverían, cómo me mirarían, su olor, sus besos, su tamaño… y tantas y tantas dudas. Pero al final siempre tenía miedo a perder la estabilidad proporcionada por mi marido.

    .-“Pareces algo sudada, ¿Por qué no te das una ducha tu también?” me sugirió Verónica, mientras se secaba todavía delante de mí. La conozco bien, y sabía que se traía algo en la cabeza. A pesar de mis sospechas acepté su invitación.

    .-“Sabes, puede que tengas razón, hacía un calor horroroso cuando venía” dije pensando que me sentaría bien una ducha. Comencé a quitarme la ropa delante de ella, en parte porque quería demostrarle que mi figura también se mantenía esbelta pese a haber dado a luz un hijo maravilloso. Dejé mi camiseta y mi falda en una percha junto a las toallas, luego me quité el sujetador y el tanga, y me introduje en la ducha.

    Lo cierto es que la ducha me sentó bien. Al salir, solo pude ver mi sujetador y mi tanga donde los había dejado, no veía el resto de mi ropa, me llamó mucho la atención que mi amiga la cogiese. Me preguntaba qué es lo que pretendía. Me envolví en una toalla, y me dirigí hasta el dormitorio de mi amiga, donde se encontraba Verónica todavía desnuda dándose alguna crema por su cuerpo. Pude ver algunos vestidos suyos que yacían sobre la cama. Ni rastro de mi camiseta ni de mi falda. Verónica al verme entrar en su cuarto dijo:

    .-“Elige tu primera, el que no quieras tú me lo pondré yo” dijo mirando los vestidos de encima de su cama. De adolescentes ya nos intercambiábamos ropa, así que no me pilló de sorpresa sus intenciones.

    .-“¿Y el resto de mi ropa?” le pregunté.

    .-“No pensarías salir a la disco como ibas? Me dijo poniendo cara de pocos amigos y de prohibírmelo por todos los medios. Yo me encogí de hombros resignada.

    .-“No te preocupes, los he lavado y tendido.” me dijo. Yo por mi parte, miré los vestidos sobre la cama, al parecer no tenía otra opción.

    .-“Vamos Ana, es mi noche, hagamos alguna locura” dijo poniendo carita de niña buena. Aquel argumento terminó por convencerme y ceder a su capricho.

    Lo cierto es que uno de los vestidos que había extendido sobre la colcha de la cama siempre me había gustado. La primera vez que se lo vi puesto, fue para la boda de una conocida de ambas, y siempre tuve envidia de cómo le sentaba. Se la veía realmente sexy con ese vestido. Incluso mi marido, después de hacer el amor con él en esa misma noche de la celebración, hizo algún comentario acerca de lo bien que le sentaba a Verónica el vestido, recuerdo aquella vez y sus comentarios porque el estómago se mi hizo un nudo, mi intuición femenina me decía que mi esposo había pensado en ella mientras lo hacía conmigo.

    Así que con un punto de rabia y envidia, tratando de imitar a mi amiga, cogí el vestidito de la cama, y me decidí a probármelo. Seguro que mi marido se sospecharía algo al verme entrar con dicho vestido de madrugada en casa, y pensé en ponerlo celoso. Siempre que lograba enfadarlo me hacía el amor de manera más impulsiva, me decía cosas como “nadie te folla mejor que yo” y cosas por el estilo. A mí me gustaba desatar su pasión. Bueno, eso y que me pegará un buen polvo.

    El caso es que se trataba de un vestido en tonos azules, con un escote en “V”, de esos cuyas tiras se anudan sobre los hombros, desnudando también la espalda, y terminado en una minifalda con algo de vuelo. El escote me llegaba hasta casi el ombligo, por lo que no podía ponerme sujetador, además se notaría en la espalda. Yo hacía tiempo que no usaba aberturas tan generosas, y como Verónica tenía algo más de pecho que yo, y al ir sin sujetador, si me descuidaba se caían los tirantes y se me veían los pechos. Para colmo, yo tenía algo más de culo que ella, por lo que la falda me quedaba algo corta para mi gusto. Me entraron ganas de quitármelo nada más verme en un espejo, hacía tiempo que no me ponía ese tipo de vestidos, Verónica adivinando mis pensamientos me dijo:

    .-“Estas estupenda” y dicho esto se dispuso a ataviarse con otro vestido. Me miré de nuevo en el espejo resignada y lo cierto es que no me quedaba nada mal. Supongo que sería la falta de práctica, y una vez me fui acostumbrando me sentía más cómoda.

    Pese a mis reticencias, definitivamente tuve que quitarme el sujetador para que no se viese, por lo que traté de ajustarme como pude los tirantes del dichoso vestido.

    Por su parte Verónica se puso un vestido palabra de honor negro del que sus enormes tetas no asomaban de puro milagro. Ella todavía estaba desnuda cuando se puso el vestido por encima, me sorprendió el hecho de que no se pusiera ropa interior, ni bragas ni tan siquiera sujetador. El sujetador podía entenderlo, puesto que al igual que yo, dado el escote del vestido se notaría, pero… ¿sin bragas? No pude evitar preguntárselo.

    .-“¿Piensas salir así?” Pregunté. Verónica se volvió a reír sabiendo que me había llamado la atención.

    .-“¿Cómo?” me replicó.

    .-“Así… sin bragas” le insistí yo. Verónica no podía contener la sonrisa.

    .-“Ana, no te enteras, ahora está de moda, lo practican todas las celebrities” dijo en tono burlona. Yo puse cara de asombro, ella continúo justificándose.

    .-“Oh Ana, no sabes lo que te pierdes. Deberías probarlo algún día… y luego contármelo”. Dijo ahora algo más seria.

    .-“Ahora me explico muchas de las cosas que te suceden” dije recriminando su actitud.

    .-“No sabes el morbo que me produce. Tienes que probar a desatar a esa otra dama pervertida que llevaba dentro” dijo terminándose de arreglar. Había dejado clara su actitud en este sentido, y de repente me encontré sin ganas de rebatirla. Un pequeño silencio se apoderó de la estancia.

    .-“¿Quieres maquillarte un poco?” me preguntó mirándome a los ojos.

    .-“No, gracias, sabes que no tengo costumbre de maquillarme” respondí algo más relajada y agradecida por este tipo de conversación.

    .-“Mejor, así los chicos sólo se fijarán en mí” dijo mientras salía de la habitación.

    Lo cierto es que ella estaba espectacular a mi lado con su vestido negro, su melena rubia sobre los hombros, maquillada y acicalada. Tenía razón, los hombres sólo tendrían ojos para ella.

    Acordamos tomar unas tapas y comer algo antes de pasarnos por la disco nueva que le habían comentado, y que por alguna razón la veía entusiasmada de visitar. Ella sabe que yo soy más de bares donde puedes bailar y conversar, mejor que las ruidosas discotecas, pero también sabía que esa noche era incapaz de negarle nada, dado que era su noche y se trataba de animarla.

    La noche fue entrando poco a poco, tapa a tapa, y vino a vino. Hablamos de nuestras cosas, recordamos viejos tiempos, viejas amigas comunes, criticábamos alguien presente en el bar que quería llamar la atención, de nuestros respectivos trabajos, de la que está cayendo con la crisis, que si fulanito o menganita están en el paro, en fin, charlamos de todo cuanto habíamos dejado de hablar en estos meses sin vernos. Lo cierto es que tanto a ella como a mí, nos fueron entonando y animando los vinitos y las cañas que tomábamos.

    Yo estaba ya algo contentilla cuando llegó el momento de acudir a la discoteca. Estaba relativamente cerca de donde nos encontrábamos. Por suerte no tuvimos que hacer mucha fila para entrar, eso sí, una vez dentro la sala estaba abarrotada. Nos movíamos con dificultad entre el barullo de la gente. Era inevitable rozarse para movernos. En alguna ocasión pude notar cómo me tocaban el culo o algún chico se arrimaba en plan cebolleta. También pude ver como los chicos se rozaban descaradamente con el cuerpo de Verónica. Recordé que mi amiga no llevaba bragas, mientras podía ver entre los destellos de las potentes luces como le tocaban el culo.

    “Que patéticos y ridículos resultan los tíos con esa actitud. ¡Que poco estilo!” pensaba cada vez que me sobaban también el culo o me daban algún pellizco, y me alegré de tener un marido como el que tengo.

    A mi marido lo conocí en un bar, nunca olvidaré aquella noche. Yo era muy joven. Lo cierto es que tuvo arte y gracia para presentarse sin conocernos, y lograr entablar una conversación conmigo. Me hizo reír, me invitó, fue un caballero, se mostró atento, y poco a poco me fue llevando a su terreno. Me acompañó a casa, y una vez en el portal, me besó en la boca por primera vez en mi vida. Exactamente igual que en las películas románticas. Me pidió el teléfono y seguimos juntos hasta la fecha. He de reconocer que me ha hecho muy feliz, e incluso pienso que es relativamente creativo en la cama y me ha descubierto un montón de experiencias maravillosas, aunque últimamente hayamos caído en la rutina y la monotonía de un matrimonio normal.

    Al margen de la afluencia de gente, el garito era realmente sorprendente. Se trataba de un edificio de cuatro plantas a cuál más espectacular. En el sótano sonaban siempre ritmos salseros, había un pequeño escenario en alto en un lateral donde una pareja de profesionales animaban a la gente de la sala a bailar salsa, merengue y ritmos latinos.

    La planta calle era la sala de baile principal. Allí la animación la ponía el dj de moda, y las gogo´s repartidas por varios pedestales, que bailaban bastante ligeritas de ropa para deleite de los presentes. Ya os imagináis, sonaba principalmente música tipo dance, house y electro. La pista central estaba abierta en el techo por el centro, junto con la primera planta. Esto es, su parte superior era otra de las plantas decorada con sillones y taburetes, desde la que podías ver apoyado en las barandillas centrales a la gente bailando abajo en la pista. Era la sala con menos gente, mucho más oscura. De hecho podías ver a parejas sentadas en los sillones más alejados besándose y metiéndose mano.

    Por último, la segunda planta, era la terraza del edificio. Había una barra central alrededor de la cual se disponían las mesas y se arremolinaba la gente. Sonaban ritmos en plan chill out. Lo cierto es que esa noche hacía buen tiempo y era muy agradable estar al aire libre en la terraza.

    Una vez terminamos de jugar a las exploradoras en el ático, ambas coincidimos en que la disco estaba muy bien montada, se merecía el éxito de gente. Estuvimos comentando lo que habíamos visto, y decidimos bajar a bailar a la pista central.

    Una vez allí, fue Verónica la que se acercó a la barra para pedir una consumición. Antes de que pudiera decirle nada ya tenía en mi mano un gin tonic como a mí me gustan. Conoce perfectamente que es el único combinado de alta graduación que tolero, pues dada la cantidad de vinitos que habíamos tomado durante la noche, sabía que yo me encontraba ya algo alegre, pues enseguida se me sube la bebida a la cabeza.

    Verónica tiró de mí, hasta ponerse debajo de uno de los pedestales, donde una chica bailaba en top-less, y había alrededor una gran concentración de chicos babeando. Comenzamos a bailar, al principio tímidamente, pero poco a poco Verónica comenzó a bailar de forma más descarada. Se sacudía provocando el movimiento de las tetas, hasta el punto que parecía que sus pechos se iban a salir del vestido de un momento a otro. Logró la atracción de varios tipos que se acercaron a hablar con ella, y a los que disfrutó rechazándolos. Otros tantos babeaban a su lado sin dejar de mirarla. Se notaba que Verónica disfrutaba robando protagonismo a la gogo del pedestal.

    Como ya habíamos terminado los cubatas, y llevábamos un rato bailando, le grité a Verónica al oído que me iba al baño con la intención de que me acompañase, pero ella me respondió que me esperaba allí mismo, estaba claro que prefería seguir luciendo su tipo.

    Como siempre, había fila en el baño de señoras, tuve que esperar un rato que me pareció eterno debido a las ganas de orinar. Fue en el pasillo, esperando, donde me percaté de que iba algo más que mareada. No me había sentado nada bien mezclar el vino con el gin-tónic. Por fin, pude acceder a un Wc.

    ¡Dios mío!, eso era asqueroso. Estaba sucio por todas partes, no quiero entrar en detalles. Mejor no tocar nada. Para colmo la puerta carecía de pestillo, y como al parecer en el resto de reservados tampoco había papelera, algunas de las presentes se dedicaban a intentar abrir mi habitáculo con la esperanza de encontrar un recipiente donde desprenderse de su basura. O eso, o eran lesbianas tratando de verme orinando.

    La idea me resultó tan poco agradable como el reservado. Así que allí estaba yo, en una postura un tanto ridícula, tratando de mantener el equilibrio para no tocar nada de allí dentro, con el bolso alrededor del cuello tapándome la vista de mis propios pies, y el tanga a la altura de las rodillas, separando las piernas todo cuanto el habitáculo me permitía, rezando para que mi tanguita no cayese al suelo. Para colmo estaba de puntillas, pues no quería que mis sandalias se impregnasen del líquido que inundaba el suelo, algo mareada por el alcohol, apoyando una mano en la pared lateral para no perder el equilibrio, y con la otra sujetando la puerta para que no entrase nadie. Una postura totalmente surrealista.

    Mis temores se hicieron realidad, alguien hizo la intención de entrar desde el otro lado de la puerta, la muy vaca burra hacía fuerza e insistía, pese a saber que el reservado estaba ocupado.

    .-“¡ESTA OCUPADO!” grité. Pero insistían en entrar. Tuve que sujetar la puerta con las dos manos para no ser sorprendida en tan absurda posición.

    “¡¡Mierda!!” pensé, nunca mejor dicho. Durante el absurdo forcejeo había perdido el equilibrio, con tan mala suerte que había salpicado mi prenda interior con mi propia orina.

    “¡Maldita sea!, esto solo me puede pasar a mi” pensé mientras apoyaba mi espalda en la puerta tras terminar mi faena como buenamente pude. Comprobé con más detenimiento el estado empapado de mi tanga.

    “Oh, no!!!” grité para mi “está completamente mojado, no puedo ponerme esto. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mi?!!”. Maldije mi suerte y espeté contra la imbécil que había tratado de entrar, al tiempo que pensaba en una solución. Estaba demasiado empapado. Estaba claro que así no podía ponérmelo. Pensé en secarlo con algún secamanos de aire, pero recordé el comentario de alguna de las chicas mientras esperaba, indignada porque estaba estropeado y tampoco había papel.

    Así que allí estaba yo, con el vestido de Verónica, sin llegar a creerme realmente lo que estaba haciendo, bajando y deslizando mi tanga por los muslos de mis piernas con la intención de encontrar una forma de secarlo como fuese. Con la pared contra la puerta de un asqueroso baño, contemplando atónita mi tanga empapado entre mis manos, y una extraña sensación entre mis piernas, al no notar mi prenda más íntima. Me sentía insegura. Era como estar desnuda. Me acorde de que Verónica había salido sin ropa interior de casa y me preguntaba cómo podía ser capaz de no sentir vergüenza.

    Mis pensamientos eran caóticos debido al alcohol ingerido. Comencé a resignarme poco a poco, de que no había forma de secar y ponerme mi prenda. Me acordé de las palabras de Verónica “chica tienes que probarlo algún día”. Pues bien, había llegado el momento, aunque fuese a la fuerza. No me quedaba otra, así que decidí hacerme a la idea de que tendría que salir de allí sin ropa interior. Me consolaba pensar que nadie lo sabía. Recé mis oraciones, estrujé el crucifijo de mi colgante en uno de mis puños, y suplicaba sobre todo por no encontrarme con alguien conocido, mucho menos con algún amigo de mi esposo. Me repetí una y otra vez, que si Verónica podía salir así a la calle, yo también podría sobrellevarlo, aunque una extraña sensación de intranquilidad se apoderaba de mí.

    “¿Cómo podría salir así?” me preguntaba mentalmente, totalmente paralizada y atemorizada. Aunque tal vez Verónica tuviese razón y debiera lanzarme a experimentar cosas nuevas. Así que me armé de valor, tiré mi tanga al suelo y decidí salir de aquel habitáculo a bailar.

    “Seguramente, se lo confesaré a Verónica al final de la noche, le diré que no llevo bragas, y así podré demostrarle que no soy tan mojigata como se piensa. Seguro que la sorprendo, pues para nada se esperará eso de mí” pensé disfrutando del momento en el que triunfar sobre el concepto tan purista que mi amiga tenía de mí.

    Con todo el jaleo perdí la noción del tiempo que había transcurrido desde que me separase de Verónica. Me entretuve un rato en el espejo del baño tratando de asimilar la excitante situación.

    “Bueno, no es para tanto” pensé, y decidí salir a buscar a mi amiga. Nada más salir del baño y dirigirme a la pista de baile, alguien me tocó el culo entre la muchedumbre.

    “Guauuu” eso sí que no me lo podía esperar, no había pensado en ello antes. Notar como un desconocido me tocaba el culo ¡y yo sin bragas!, hizo que me sacudiese un escalofrío de arriba abajo. Verónica tenía razón, era de lo más morboso, aunque pensé que nunca debería enterarse mi marido. Reconozco que mis pechos se endurecieron instantáneamente y que me puse algo cachonda.

    Mi amiga estaba en la misma zona que nos separamos, salvo que tenía un cubata en la mano y conversaba con dos hombres a la vez.

    Por unos momentos sentí envidia de Verónica, de su libertad para disfrutar del sexo y hacer lo que quisiera sin dar explicaciones a nadie. Yo en cambio anteponía la seguridad y la tranquilidad de convivir con mi esposo sacrificando ciertos placeres. No podía arriesgar cuanto había conseguido ni arruinarlo, por unos momentos de placer etéreos.

    Verónica se alegró al verme:

    .-“¿Dónde te habías metido? Creí que te habías ido a casa sin avisarme” dijo abrazándome y dándome dos besos totalmente embriagada ante la atenta mirada de sus nuevos amigos. Yo me encogí de hombros.

    “Si supieses lo que me ha pasado, no te lo creerías” e imaginaba la cara de sorpresa que pondría mi amiga, cuando le contase que al igual que ella no llevaba bragas bajo el vestido. Ella continúo hablando entusiasmada…

    .-“Mira, te presento, estos son Rufino y Roberto” dijo señalando a cada uno de ellos mientras decía sus nombres. No puse buena cara cuando intercambié los primeros dos besos intuyendo lo que pasaría.

    .-“Yo soy Rufino” dijo el primero mientras me besaba manteniendo las distancias y la corrección. Rufino era relativamente guapo, más joven, calculo que tendría alrededor de los veinticinco años. Algunos menos que nosotras.

    .-“Y yo soy Rober” dijo abreviando su nombre el segundo, que me agarró con decisión por la cintura para darme los dos besos, de tal forma que mis pechos rozaron inocentemente con su torso al rozar nuestras mejillas. Me quedé como paralizada al notar como por primera vez en mucho tiempo, otro hombre que no eran mi marido notaba la dureza de mis pechos. Aunque había sido un roce sutil, descuidado, no pude evitar ruborizarme.

    A Rober le echaba bastantes más años que a su amigo, calculo que tendría casi los cuarenta. Algunos más que nosotras, aunque muy bien llevados. Se notaba que le gustaba cuidarse y que frecuentaba algún gimnasio. Contrastaba un poco la diferencia de edad entre ambos. Luego supe que eran compañeros de trabajo de paso por la ciudad.

    Estaba absorta en mis pensamientos cuando de repente, Verónica comenzó a bailar conmigo de forma muy sensual, se notaba que había bebido algo más en mi ausencia, y que quería provocar a sus nuevos conocidos. Estaba insinuando por su forma de moverse, que nos lo habíamos montado juntas en alguna ocasión. Esta táctica suya ya me la conocía. Los chicos ponían cara de asombro entre ellos al vernos bailar, y se notaba que se disparaba su imaginación. Yo decidí seguirle el baile a Verónica. Aunque no me atraen por norma ese tipo de juegos, he de reconocer que en ese momento me gustó. Ambos chicos se codeaban entre sí sonriendo de su suerte.

    El tirante de mi vestido se cayó en varias ocasiones mientras bailaba, los tipos de alrededor abrían los ojos como platos tratando de verme los pechos en algún descuido, sobretodo el tal Rober, que no me quitaba el ojo de encima, y de algún modo la situación me hacía sentir sexy y deseada. No recordaba esa sensación desde chiquilla.

    En una de las ocasiones, mientras mi amiga y yo bailábamos frente a frente, pude apreciar como Rufino se situaba detrás de Verónica, y era ella quien cogiendo las dos manos del chico, y entrelazando los dedos con los suyas, lo animaba a acariciar sus caderas, tipo reggaetón.

    Por su parte Rober, también se animó a sujetarme desde detrás por las caderas, como es habitual en estos casos, en algunos instantes su paquete se rozó contra mi culo, lo que produjo un estremecimiento en mi cuerpo poniendo mis pezones aún más de punta. Por suerte la canción terminó enseguida cambiando completamente el ritmo de la música. Como sospechaba en un primer momento, Verónica y Rufino se pusieron a charlar a lo suyo. El reparto estaba hecho de antes de mi llegada. Fue Rober, quien tratando de apartarme del resto de chicos, me rodeó con un brazo por la cintura, y acercándose a mi oreja para que pudiera oírlo a pesar del volumen de la música me dijo:

    .-“¿Te apetece tomar algo? Te invito” dijo sonriéndome esperando una aprobación por mi parte. Yo dudé por un momento, sabía que si aceptaba, Verónica aprovecharía para liarse con Rufino, y que a mí me tocaría aguantar al madurito, que además era un poco descarado en sus intenciones de intentar aprovechar su oportunidad conmigo. Tras dudarlo por unos instantes y sin saber muy bien porqué, acepté. Supongo que quise tomar una copa más a su costa para no perder el puntillo que llevaba.

    .-“¿Qué tal un gin-tónic?” le contesté acercándome a él para que me escuchase. Esta vez fue mi propia torpeza la que hizo que de nuevo mis pechos rozasen con sus pectorales ligeramente, lo que provocó una pícara sonrisa en Rober. Seguro que el pobre se imaginaba que podía lograr algo conmigo.

    Ambos nos acercamos hasta una de las barras, y una vez pudimos hacernos algo de sitio, fue él quien pidió las consumiciones. Yo continuaba bailando de espaldas al tal Rober y de frente a la pista de baile, mientras esperaba a que nos sirviesen las consumiciones. Al poco tiempo, mi acompañante me sorprendió mientras bailaba, acercando la fría copa a la piel desnuda de mi brazo por la espalda a modo de gracia, con la intención de caer simpático.

    .-“Ten, espero que te guste” dijo tendiendo el gin-tónic para que lo aceptase con una sonrisa de oreja a oreja por mi reacción. Yo le devolví la sonrisa, a pesar de que no me había sentado nada bien notar el frio de la copa en mi piel. Mis pechos habían reaccionado poniéndose en punta de nuevo y creo que él se dio cuenta esta vez.

    .-“Es Martin Millers con Fever Tree y un poco de ginebra” dijo reclinándose un poco sobre mi cuerpo para que lograse escucharlo bien debido al volumen de la música, y haciendo referencia al gin-tónic, pero sobretodo sin perderse detalle de mi escote al inclinarse. Estaba claro que tenía la intención de tratar entablar una conversación conmigo. Yo volví a sonreír sin decir nada y dando el primer trago algo sedienta continúe bailando.

    .-“Es uno de mis preferidos, ¿te gusta?” me preguntó de nuevo reclinándose sobre mi cuello sin dejar de mirarme al escote. No me hizo ninguna gracia que me mirase las tetas de forma tan descarada, pero no tuve más remedio que contestarle. Al fin y al cabo me había invitado, era lo menos que podía hacer. Esta vez le di un nuevo trago tratando de saborear y degustar el combinado.

    .-“Uhmm, es muy suave, apenas notas el alcohol, parece agua” le dije respondiendo a su pregunta, y tratando de ser lo suficientemente amable como para no parecer desagradecida.

    Mientras le respondía, me percaté de que el tío sabía perfectamente que el combinado entraba muy bien, efectivamente era muy refrescante, y que trataba de emborracharme tratando de que bebiese deprisa dado el calor en el ambiente. Además no dejaba de mirarme el escote y las tetas babeando.

    “Que táctica más ruin y que baboso” pensé para mí.

    Lo cierto es que el cuarentón continuó hablándome acerca de los distintos gin-tonics, y la infinidad de combinados que podían hacerse de un tiempo a esta parte. Rober aprovechaba el volumen de la música para acercarse a mí, reclinándose sobre mi cuello sin perder nunca la oportunidad de mirarme el escote, además aprovechaba cualquier empujón o situación para rozarse conmigo o acariciarme los brazos. Se las arreglaba para lograr que yo le siguiese inevitablemente la conversación.

    El primer gin-tónic lo bebimos relativamente rápido. El tipo enseguida se apresuró a pedir otra copa. Pude comprobar, como mientras esperaba en la barra a que le sirviesen las consumiciones, me repasaba de arriba abajo con la mirada. Se relamía, e incluso llegó a acomodarse el paquete inconscientemente por encima del pantalón. Por primera vez en mucho tiempo me sentí deseada por otro hombre que no era mi marido, fue agradable comprobar como aquel tipo experimentado y desconocido, ambicionaba mi cuerpo de mujer. No pude evitar fijarme en el bulto provocado en su entrepierna.

    No sé por qué, pero me sentí con ganas de provocarlo un poco, de coquetear con él, de jugar. Seguramente, dada su edad, nunca habría estado con una “jovencita” como yo. Me puse a bailar todo lo más sensual que pude. El me miraba desde la barra, y a mí me gustó moverme provocándole a cierta distancia. Me gustó mirarlo a los ojos y notar su mirada clavada en mí. Inconscientemente me puse a bailar quizá demasiado sensualmente, y entre mis movimientos me recogía el pelo, marcaba mis curvas, o me subía mi falda sobre el muslo. Estaba claro que Rober se relamía observándome.

    “Pobrecito, esta noche tendrá que matarse a pajas” pensé mientras disfrutaba excitándolo.

    “¿Qué pasaría si descubriese que voy sin bragas? Uuhhhmm”, creo que yo también me estaba excitando de pensarlo y con tanto toqueteo. Nunca había tenido ese tipo de pensamientos.

    .-“Ten prueba este otro” dijo al acercarse y ofreciéndome otro gin-tónic. De nuevo prefería mirarme al escote en vez de a los ojos.

    .-“Aahh, ¿qué es?” le pregunté tras dar un primer trago. Esta vez fui yo misma quien buscó deliberadamente que nuestros cuerpos entrasen en contacto. Como quien no quiere la cosa. Comenzó a gustarme jugar con ese hombre maduro.

    .-“Hendricks con Fertimans y un twist de lima” dijo esta vez posando tímidamente una mano sobre mi cintura, a la vez que chocaba su copa con la mía, y me invitaba a dar otro trago mientras nuestras miradas se entrecruzaban. Estaba claro que se me comía con los ojos.

    Notar su mano sobre mi cuerpo produjo una descarga de adrenalina en mi cerebro, su mano estaba muy cerca de mi culo. Verónica tenía razón, todo eso resultaba muy excitante.

    “¿Sería capaz de darse cuenta?” pensé mientras su mano acariciaba mi cintura, con la excusa de bailar o conversar. Algo me hizo reflexionar.

    “No estaré pasándome de la raya. ¿Y si me ve alguien conocido? ¿Cómo explicárselo a mi marido? Pero… ¿Qué tiene de malo? Pobre hombre, no tiene nada que hacer y le estoy dando falsas esperanzas” Estaba absorta en mis pensamientos, cuando la mano de Rober acarició por primera vez mi culo tímidamente, mientras me hablaba cada vez más cerca de mi boca. Se notaba por su forma de acariciarme, que buscaba el límite de lo permitido sin que yo pudiera recriminarle nada, pero forzando poco a poco la situación a su favor. Cada vez me hablaba más cerca de la comisura de los labios. A mí notar su proximidad y sus disimuladas caricias me estaban poniendo a tono.

    De nuevo pude notar su aliento en el lóbulo de mi oreja. Un escalofrío me recorrió el cuerpo de arriba abajo, mi cuerpo reaccionó instintivamente ante su contacto. Por un momento pensé que iba a tener la osadía de besarme. No me agradaba la idea de que tal cosa sucediese. Una cosa era jugar y otra que el tema se me fuese de las manos. Yo no estaba acostumbrada a rechazar a los hombres que se me insinuaban con la facilidad de mi amiga, y probablemente la situación me resultase embarazosa.

    .-“¿Qué tal chicos?” escuché con alivio la voz de Verónica detrás de mí. Yo me abracé sobre ella como la salvación que era.

    .-“¿Dónde te habías metido?” le pregunté al llevar un tiempo sin saber de ella.

    .-“¿Y tú qué tal con el amigo de Rufino?” preguntó ella sin responderme. Los chicos se habían puesto también a hablar entre ellos algo alejados.

    .-“Es un poco tocón, además casi no me mira a los ojos, sino a las tetas” le dije poniendo cara de pocos amigos.

    .-“Y tú, ¿qué tal con Rufino?” la pregunté.

    .-“Sabes… creo que me subiré a la primera planta con Rufino, necesitamos algo más de intimidad” me dijo bastante contenta con su jovencito, y sin dejar de intercambiar miraditas con su cómplice en la distancia.

    .-“¿Estás segura que es eso lo que quieres?” pregunté en un intento desesperado porque pasase del tema y terminásemos la noche juntas. Ella asintió con la cabeza.

    .-“Solo te pido un favor” me dijo mientras bailaba para acercarse a mí y hablar. Yo me encogí de hombros.

    .-“Llévate a su amigo, sé que son compañeros de trabajo, desplazados unos días, alojados en el mismo hotel, y que no se irán el uno sin el otro, sino lo impedimos” me dijo con cara de niña mala. Yo puse cara de pocos amigos, ella sabía que lo que me acababa de pedir no me agradaba en absoluto.

    .-“Por fa…” dijo juntando las manos en plan oración suplicándome con los gestos. Yo negaba con la cabeza. Ella en un intento por convencerme me dijo:

    .-“Además, su amigo no está nada mal, no me negarás que el madurito tiene cierto atractivo” me dijo mientras miraba hacia ambos chicos.

    .-“Verónica, te olvidas que estoy casada, no me interesa. Además, ese tipo puede que sea veinte años mayor que yo” le dije tratando de poner cierta sensatez en la conversación.

    .-“No te he preguntado si estas casada o su edad, solo te he dicho que Rober tiene su punto” dijo mientras ambas mirábamos a los hombres.

    Tuve que reconocer que Verónica tenía razón, aquel hombre tenía un punto canalla en la mirada, que a pesar de su edad me resultaba provocador. Parecía experimentado, relativamente atractivo, y sobretodo seguro de sí mismo. Además los jeans le sentaban realmente bien. No pude evitar fijarme en la entrepierna del cincuentón e inconscientemente dibujé una sonrisa en mi cara, sabedora de que era por mi culpa el bulto que se marcaba provocado en su pantalón.

    Ambos chicos se acercaron de nuevo hasta nosotras, pero esta vez Verónica aprovechó para ponerse a hablar con el tal Rober, dejando un poco de lado a su pareja. No sé qué se estaban diciendo pero ambos me miraban y se sonreían. Rufino por su parte al quedarse solo y ver la situación, se fue hasta la barra a pedir más consumiciones. No tuve más remedio que bailar sola hasta que Rufino regresó con cuatro copas en la mano. Al coger cada uno su respectiva consumición de nuevo se formaron corrillos. Verónica se acercó a mí y me dijo:

    .-“Hay que ver como tienes al madurito, loquito por ti. Yo me voy con Rufino un momento a los reservados, por favor entretén un poco a su amigo hasta que volvamos” me dijo mientras Rufino tiraba de ella de la mano en dirección a la planta de arriba.

    Yo me quedé bailando sin estar segura de que todo lo que estaba sucediendo me gustase de verdad, pero supongo que no tenía otra alternativa. Tal vez por el mal humor terminé la consumición enseguida, y mi acompañante no dudó en dirigirse de nuevo a la barra para pedir otro gin-tónic. El caso es que hacía un calor sofocante en la pista de baile, mi cuerpo comenzaba a empaparse de sudor por algunas zonas y yo tratando de aliviar el calor me bebí casi por acto reflejo la última copa bastante deprisa.

    No sé cuántas copas llevaba ya. Aquello terminó por tumbarme, y empezaba a perder el control de mis actos. Durante esos momentos sólo pensaba en bailar, bailar y bailar, además empezaba a perder el conocimiento. Una vez solos y en evidente estado de embriaguez, Rober aprovechaba cualquier ocasión para tocarme el culo, rozarse con mis pechos o mirar por mi escote, sobre todo cuando de vez en cuando se me caía el tirante.

    Se acercaba a mí para contarme que era el jefe del departamento de marketing de su empresa, una multinacional con sede en nuestra ciudad, y me recalcaba una y otra vez que se encontraba de paso. Yo apenas respondía con monosílabos. Era prácticamente un monólogo por su parte. No paraba de contarme batallitas profesionales mientras aprovechaba para mirar mi canalillo o toquetearme.

    Recuerdo mientras bailaba que en un momento dado se deslizó un tirante del vestido y a poco se me ve un pecho en medio de la pista de baile. Recuerdo las miradas lascivas de los muchachos de alrededor, y recuerdo que Rober se apresuró a recolocarlo sobre el hombro algo celoso. Como si fuese suya.

    Recuerdo conmocionada que fue en ese mismo momento cuando me pregunté por primera vez como sería estar con Rober. Me pregunté cómo sería en la cama, cómo se movería, qué cosas me haría. Me lo imaginé entre mis piernas, aprisionada por su peso, acariciándome por todo el cuerpo, besándome con ternura. Pude notar como me calentaba en medio de la pista bailando con él a mi lado.

    Uffh, estaba bastante aturdida, debía frenar mis pensamientos o acabaría cometiendo una locura. Además, comencé a encontrarme muy mal, supongo que por causa del alcohol y las luces. Incluso llegué a perder la noción del tiempo y la memoria. Mis recuerdos inmediatos comenzaban a borrarse.

    .-“Creo que saldré a tomar un poco el aire, me encuentro algo mareada” fue de las pocas cosas que recuerdo decir a mi acompañante antes de abandonar la discoteca.

    Y como una autómata me dirigí directamente a la salida de la disco tratando de salir de allí como fuera. Recuerdo con dificultad que Rober me cogió de la mano sin decirme nada y me acompañó hasta la salida. Era evidente que estaba borracha perdida.

    Recorrimos un par de calles, yo caminaba dando traspiés, él me agarraba por la cintura tratando de no caer. Creo que aprovechaba para tocarme el culo descaradamente, pero no logro recordarlo con claridad. Toda mi intranquilidad era que no me había despedido de Verónica. Era como si mis pensamientos se hubiesen detenido en esa preocupación, giraban y giraban en torno a mi cabeza una y otra vez sin dejarme pensar en otra cosa. Rober tuvo que sujetarme varias veces para que no me cayera redonda al suelo.

    Recuerdo que entre traspiés y tropiezos me contaba cosas graciosas haciéndome reír, muchas veces sin sentido, fruto de mi estado de embriaguez.

    En una de las veces, cedió otra vez más un tirante del vestido, y recuerdo entre nubes el contacto de las manos de Rober ayudándome con el dichoso tirante. A esas alturas el pobre ya tenía claro que no llevaba sujetador.

    .-“¿Sabes cuál es el pez más grande?” me preguntó entre risas.

    .-“No” respondí tratando de averiguar cómo terminaría el chiste entre carcajadas absurdas.

    .-“El pezón” dijo, y ambos continuamos riendo sin sentido.

    Recuerdo vagamente que me apoyó contra la puerta de un coche aparcado en la calle. Ambos reíamos como chiquillos. Recuerdo su proximidad, por primera vez en la noche me percaté de su olor corporal, me resultó extrañamente agradable.

    .-“Deberías haberte puesto algún sujetador de esos invisibles con estos tirantes del vestido” dijo algo más serio mientras me recomponía como podía las finas tiras del vestido sobre un hombro. Vi su semblante serio y quise romper la tensión con alguna gracia, dada mi torpeza, dije lo primero que se me vino a la cabeza.

    .-“Sabes… mis bragas sí que son invisibles” dije totalmente borracha y sin parar de reír. Rober puso cara de asombro, sin entender muy bien lo que acababa de decir.

    .-“A qué no te lo imaginabas” dije en evidente estado de embriaguez y sin dejar de reír agarrándome a sus hombros para no caer.

    .-“Lo sé” respondió Rober.

    .-“¿Lo sabes?” insistí en preguntarle fingiendo mi asombro. Y dado el silencio incrédulo de Rober, comencé a contarle balbuceando mi anécdota en el servicio de señoras. Ambos reíamos mientras narraba mi historia.

    Estábamos en aquel coche frente a frente rozándonos ligeramente, y aún no había terminado de contarle lo sucedido, cuando pude notar la mano de Rober posarse con total descaro sobre mi culo. Me miró a los ojos esperando mi reacción. Yo permanecía apoyada contra la puerta del vehículo en medio de la calle tratando de terminar mi historia. Rober se arrimó aún más de frente a mí, con una mano apoyada en el techo del coche evitando que me cayese de lado, y con la otra abriéndose paso entre la fría chapa de la puerta del vehículo y mi tela del vestido, acariciando ahora sí, sin ningún pudor, descaradamente mi culo. Me aprisionó con fuerza un cachete de mi trasero con su mano, mientras me aguantaba todo el rato la mirada esperando mi reacción. Esa vez paré en seco de narrar mi anécdota del baño, ya no podía obviar su caricia.

    Recuerdo que desperté de mi estado de embriaguez en ese mismo momento, era como si la borrachera se me hubiese pasado de golpe. De repente había recuperado mi consciencia. Nunca antes nadie que no fuese mi marido me había magreado de esa manera. Recuerdo con nitidez su mano explorando mi culo, su cuerpo pegado al mío, y su rostro tan próximo a mi cara que nuestros labios estaban a punto de rozarse. Un silencio que contrastaba con las risas de antes se había instalado entre ambos cuerpos.

    .-“Eres muy hermosa” me dijo mirándome fijamente a los ojos.

    Yo en esos momentos no supe que decir. Estaba paralizada. Supongo que había jugado con una bomba de relojería durante toda la noche y ahora me estaba explotando en mis manos. Mi silencio fue interpretado como una afirmación y esta vez la mano de Rober que antes sobaba mi culo, se deslizó hasta acariciar mis piernas al borde de la falda de mi vestido. Notar el tacto de su mano con la piel de mis muslos logró que me estremeciese. Yo continuaba callada, mi respiración comenzó a agitarse. Mis pechos parecían salirse del vestido. Realmente me estaba excitando pero no sabía qué hacer o que decir. Nunca antes me había encontrado en una situación semejante. Estaba nerviosa perdida, todo un manojo de nervios. Me estaba acorralando.

    Rober supo aprovecharse de mi estado y aconteció lo inevitable, se arrimó a mí buscando el máximo contacto entre ambos cuerpos. Por primera vez en mi vida, pude sentir clavado en mi pubis la dureza de otro hombre que no era mi marido a través de la fina tela del vestido. Mis pechos chocaban contra su torso a causa de mi agitada respiración, y para colmo, Rober me obligó a levantar y rodear su cuerpo con mi pierna, facilitándole de esta manera su acceso hasta las partes más íntimas de mi cuerpo. De nuevo pude sentir su entrepierna clavada en mi cuerpo. Se deleitó un rato observando mi estado de nerviosismo antes de su acometida final. Parecía una chiquilla en su primera cita.

    Me besó. Me besó en la boca a la vez que su mano se perdía debajo de mi falda acariciando la piel desnuda de mis muslos llegando hasta mis nalgas. Me besó. Me besó y yo me dejé hacer sin saber cómo había podido suceder. Por primera vez en muchísimo tiempo me sentía viva de nuevo.

    Una explosión de nuevas sensaciones se apoderó de todo mi cuerpo. No sabría decir que me resultó más estimulante en esos momentos, si su lengua explorando cada rincón de mi boca, su mano acariciando la piel de mi trasero, el bulto de su entrepierna clavado en mi pubis, o el shock mental de saber que un extraño me estaba besando y que estaba siendo infiel a mi esposo. Tal vez fuese esto último, saber que era otro hombre diferente a mi esposo quien me estaba besando.

    Tenía que parar esa locura. Traté de apartarlo. Bajé bruscamente la pierna que antes rodeaba su cuerpo y apoyé mis manos en su torso tratando de zafarme de él.

    .-“Yo… esto… no… esto no debería de haber sucedido, estoy casada” logré articular de un solo golpe, controlando los nervios, y consiguiendo separarme levemente de él.

    .-“No me importa” dijo Rober restando importancia. Y acto seguido mientras se apretaba más contra mí y trataba de besarme de nuevo.

    Esta vez giré mi cara impidiendo el beso, pero me quedé paralizada al notar el bulto de su entrepierna clavado de nuevo en mi pubis, por su parte, aprovechó mi pasividad para girarme la cara y besarme de nuevo. La mano que acariciaba mi culo subió esta vez ligeramente la tela de mi vestido, y pude sentir el frío de la chapa del coche directamente en mis nalgas.

    Creo que por primera vez en mi vida me estaban besando con verdadera pasión y devoción. Aquel hombre madurito me estaba devorando. En ese momento descubrí que las caricias con mi esposo habían sido tan sólo muestras de ternura y cariño, pero no de pasión desenfrenada y deseo. Sobretodo deseo. Rober deseaba mi cuerpo con locura.

    Liberó mi boca para comenzar a besarme por el cuello. Yo me debatía entre la razón y la pasión.

    .-“No, por favor… para, no está bien” pude articular de forma entrecortada como buenamente pude. Rober hacía caso omiso, estaba totalmente encelado. Ahora, su mano libre buscó mi mano para guiarla hasta su entrepierna. Me obligó a acariciarle en sus partes por encima del pantalón.

    ¡¡Dios mío!! Me pareció enorme. Pude apreciar su tamaño a lo largo de la tela de los jeans.

    .- “Mira como me tienes toda la noche” dijo mientras su mano aprisionaba a la mía contra su paquete. Yo quedé como hipnotizada comprobando su tamaño, no podía evitar acariciarlo una y otra vez.

    Aprovechó para ladearse y besarme en la boca de nuevo, pero esta vez sus caricias se centraron en mis partes más íntimas. De nuevo su mano magreaba a su antojo mi culo, primero por encima del vestido, y luego por debajo. Incluso se atrevió a alcanzar y acariciar mi pubis.

    Pude notar como su polla dio un respingo al comprobar con su mano la fina tira de pelillos que decoran mi pubis. Contraria a todas mis convicciones hasta el momento, debía reconocer que estaba totalmente cachonda y abandonada a las caricias de ese hombre. Era todo puro instinto animal. Me excitaba pensar que era como caperucita en manos del lobo feroz.

    .- “Seguramente su mujer, que tendría su misma edad, tendría el sexo “a la antigua” pensé para mi mientras me dejaba manosear.

    Pude notar cómo se abría camino a través de mis labios vaginales con sus dedos, tratando de alcanzar mi clítoris. Todo transcurría muy deprisa para mí.

    .-“Aaah” no pude evitar gemir en medio de aquella calle, cuando el tipo comprobó que estaba totalmente empapada.

    Uuhhm, enseguida descubrió mi clítoris de entre mis pliegues. ¡Dios! y el tipo sabía cómo acariciarlo. Mi marido siempre había sido un poco torpe para estimularme, pero he de reconocer que Rober sabía lo que se hacía. Sabía que ahora me encontraba totalmente excitada y entregada a sus caricias. Dejó de besarme en la boca para recorrer el camino que desciende por mi cuello hasta mi escote.

    .-“Aaagh” otro gemido más profundo se escapó de mi boca cuando su dedo índice se abrió camino entre mis labios vaginales para penetrarme. El tipo sabía cómo masturbar a una dama, y mientras que con su dedo pulgar me estimulaba el clítoris, me penetraba al mismo tiempo con el índice de la misma mano. Aquello sí que era nuevo para mí. Mi esposo nunca me había acariciado de esa manera. Esa sensación de temor por lo que íbamos a hacer, por lo prohibido, elevó mi excitación hasta niveles que no recordaba.

    ¡Dios todo era tan nuevo para mí! Parecía una quinceañera inexperta en las manos de aquel tipo experimentado. Me estaba derritiendo en sus manos sin poder evitarlo…

    .-“Ooough” grité al comprobar que otro dedo me penetraba. Lo hizo lentamente, disfrutando del momento. Se regocijó contemplando mi rostro de placer. Mi marido nunca me había hecho nada igual.

    Estaba ensartada entre sus dedos experimentando el mayor placer que hubiera sentido nunca. Estaba a punto de estallar en el mejor orgasmo de mi vida sin duda alguna, y todo provocado por un señor veinte años mayor que yo. Aquello era demasiado para mí. Era un juguete en sus manos. Esta vez fui yo quien rodeó su cuerpo con mi pierna para facilitarle la labor. Muy a mi pesar tuve que dejar de acariciar su entrepierna para agarrarme a él. Rodeé su cuello con mis manos hundiendo su cabeza en mi deseado escote.

    .-“Que tetas más ricas tienes” dijo esta vez en un tono más soez, mientras me besaba por todo el escote, y que tanto deseaba. Yo solo temía que algo interrumpiese sus caricias, me estaba llevando hasta límites insospechados.

    .-“No pares, por favor, sigue, sigueeeh…” le gemía en la oreja aferrada a su cuello. Estaba totalmente entregada. Sólo podía pensar egoístamente en alcanzar como fuese mi orgasmo.

    .-“Estas muy buena, niña, pero que muy buena” dijo mientras movía sus dedos a un ritmo frenético en mi interior.

    .-“Oh si, siih, no pares ahora, siiih” yo estaba próxima al clímax final.

    .-“Sigue, si, si si,…” mis gemidos eran ahora entrecortados. Rober dejó de besarme para contemplar victorioso como me corría entre sus dedos.

    .-“Siiih, siiihhh, siiiiihhhh!!!!…” no pude evitar gritar mientras mi cuerpo se convulsionaba de placer ensartada por su mano.

    De repente, unas risas se escucharon en la oscuridad a lo lejos. Parecían provenir de detrás de unos árboles que decoraban la calle. Aunque no pudimos ver de quien provenían, por el tono de voces, parecían un grupo de jóvenes que nos habían estado observando desde hacía algún rato.

    Yo creí morirme de vergüenza. Estaba totalmente paralizada. No entendía cómo podía haber podido ocurrir todo eso, como me había dejado llevar hasta ese límite. Además, de alguna forma mi orgasmo se había visto interrumpido en su estallido final. Rober adivinando mis pensamientos tiró de mí tratando de salir de allí lo antes posible. Cuando llegamos al cruce con una avenida principal ambos pudimos escuchar a lo lejos los gritos provenientes del fondo de la calle…

    .-“¡¡¡DALE DURO!!!” escuchamos entre absurdas risitas.

    Por suerte pasó un taxi que Rober detuvo nada más verlo. Yo continuaba muerta de vergüenza, sin poder evitar pensar en lo que había sucedido. Necesitaba pensar, pero ninguna idea coherente surgía de mi cabeza. Por primera vez advertí que me dolía la cabeza como si me fuera a estallar. Nunca más volveré a beber tanto. Tan sólo recuerdo entrar en el taxi y caer adormilada, tratando de que parase el maldito dolor de cabeza y tratando de calmar mis nervios y mi bochorno. Rober me abrazó contra su hombro, gesto que agradecí en esos momentos. De vez en cuando abría los ojos y veía pasar los edificios y las luces de los semáforos sin saber por qué calles circulaba.

    En un momento dado, pude ver mi reflejo en el cristal de la ventanilla, mi pelo estaba totalmente revuelto y enmarañado. Tenía un aspecto horrible. Incluso creo recordar que uno de los tirantes del vestido cayó de nuevo desnudando uno de mis hombros durante todo el trayecto.

    Cuando se detuvo el taxi abrí los ojos para ver que habíamos llegado a la puerta de casa. Mi casa. Rober me devolvió entonces mi bolso, debía haber mirado la dirección en mi DNI. Aquel gesto de caballerosidad sí que fue inesperado. Después, solo nos miramos fijamente a los ojos sin decir nada hasta que él se acercó lentamente y me besó por última vez.

    -“Anda vete. Ya es muy tarde” Esas fueron sus palabras antes de abrirme la puerta del taxi.

    Cuando desperté estaba sola en casa, mi esposo me había dejado una nota:

    “Nos vamos a comer a casa de mis padres. Descansa”.

    Así que tuve todo el domingo para ducharme, reponerme y ordenar mis sentimientos. Pero yo, cuando necesito pensar siempre hago lo mismo, limpiar. Eso me ayuda, no sé porqué, pero entonces, al vaciar mi bolso vi una tarjeta de visita.

    Roberto Serrano Castillo

    Marketing Manager

    Carrión Renting Company

    Me quedé de piedra, Rober estaría en la Feria del Automóvil…

  • ¿Quién es?

    ¿Quién es?

    Últimamente me tocaba dormir fuera de mi hogar, alguna que otra noche a la semana, por motivos de trabajo. En la empresa de productos químicos habían reducido algunas zonas y tocaba desplazarse cada vez más lejos, por lo que dependiendo de la ruta debía pernoctar en los hoteles pagados por la agencia de mi empresa. Al comienzo hablaba todas las noches con mi esposo, e incluso nos conectábamos por el Skype para vernos. Con el transcurso del tiempo las conversaciones se fueron convirtiendo en pura cortesía. ¿Qué tal el día?, cuidado con la carretera, descansa, te echo mucho de menos y las típicas preguntas desinteresadas.

    En los viajes, aprovechaba para hacer algo de turismo, pasear y probar la gastronomía típica, pero una vez repetía lugar todo se convertía en rutina. Me aburría al llegar al hotel. El único aliciente era relajarme en el spa o la piscina del hotel y luego una buena ducha en mi habitación para acto seguido conectarme a internet. Las primeras veces buscaba páginas que consideraba interesantes, acerca de información, viajes, compras con descuentos, como organizar tu agenda y todo eso que nos gusta a las mujeres, hasta que un día, por casualidad, apareció una ventana emergente con cuerpos de chicos muy atractivos y relatos eróticos. Ese día no sé por qué me encontraba especialmente caliente y despertaron sensaciones en mí que creía olvidadas.

    Desde esa noche, lo tomé por costumbre, no veía el momento en el que darme una ducha después de la piscina al llegar al hotel y tumbarme sobre la cama a masturbarme leyendo relatos sobre mujeres casadas, como yo, que eran infieles a sus maridos con otros hombres más hábiles en la cama que sus maridos. Deseaba el momento en el que llegar a la soledad de la habitación y poder dar rienda suelta a todas mis fantasías, que por otra parte, de ningún modo pensaba hacer realidad. Como digo se convirtió en rutina cada vez que dormía fuera de casa, hasta que una noche de hotel me conecté al chat de todorelatos.com, y poco a poco empecé a participar en diferentes foros. Se convirtió en la compañía perfecta a mi caliente soledad.

    Recuerdo perfectamente el primer día, acababa de salir de la ducha y estaba cubierta como siempre tan sólo con una toalla sobre la colcha de la cama del hotel. Me sorprendió mucho leer las barbaridades que me escribían los nicks que correspondían a los hombres conectados. Cualquier chica que os hayáis conectado sabéis de lo que os hablo. No pude evitar acariciarme imaginando todo lo que me escribían. Entre las historias que me contaban chateando, lo que podía ver por internet y algún que otro suceso que podía vivir en primera persona, lograron que en las largas noches en los hoteles escribiese historias acerca de aventuras extramatrimoniales que posteriormente publicaba en una página. Mi imaginación se disparaba con cualquier tontería.

    Comentar que me llamo Sara, y a mis treinta y ocho años trabajo para una multinacional de la Química del sector enológico. Llevo varios años casada con mi esposo de treinta y cinco años. Somos una pareja de lo más normal, para que os hagáis una idea soy morena, mido 1, 70 de altura y uso una talla 95 de sujetador. Mi marido siempre me dice que tengo un culo precioso y le gusta que use braguitas chic. Mi esposo comenzó a perder el pelo hace ya un tiempo y tiene algo de barriga, es un poco más alto que yo. Vamos un tipo de lo más normal. Es el único hombre que he conocido y siempre es muy atento y detallista conmigo. No me puedo quejar pues es todo un caballero. A veces desearía que no fuera tan correcto ni tan delicado cuando hacemos el amor.

    Aquella noche en principio sería como todas las demás, me conectaría a un chat erótico, me excitaría con los comentarios e insinuaciones, y acabaría masturbándome en la habitación del hotel pensando en mil historias. En esos momentos estaba conectada a un chat donde se discutía si el tamaño del pene importa o no importa.

    Uno de los usuarios que respondía al nick de “RoberXL” hizo el comentario de que si alguna mujer continuaba insistiendo en que el tamaño no le importaba, era sólo porque nunca había probado algo grande. Desdeñaba la opinión de la mayoría de las mujeres conectadas al chat que se manifestaban afirmando que el tamaño del pene no es relevante para que su amante les haga disfrutar. El argumentaba, que eran cosas distintas y no excluyentes, y que no podían opinar al respecto si nunca lo habían probado. Es más, él afirmaba que todas decían lo mismo antes de hacerlo con él, pero luego…

    No pude más que escribir:

    Sarardiente dice:

    “Eres un fantasma”.

    RoberXL dice:

    “y tu dberías escribir otro relato… preciosa”

    Escribió con alguna falta de ortografía. Aquello me sorprendió mucho, el foro en el que estaba conectada no tenía nada que ver con la página de en la que publicaba. ¿Había sido coincidencia? Quise salir de dudas, así que lo invité a un chat privado. Enseguida me contestó.

    Sarardiente dice:

    “¿Acaso has leído alguno de mis relatos?

    RoberXL dice:

    “Los he leído todos. Incluso te hice el ingreso bancario voluntario que solicitas a cambio. Me alegro mucho de poder coincidir contigo”

    Sarardiente dice:

    ¿Cuál es el que más te gusta?”

    En realidad quería saber si se los había leído de verdad o me estaba vacilando. No esperaba que me dijese ninguno de mis títulos publicados.

    RoberXL dice:

    “Me gustaron todos, pero destacaría ese de “Volver a salir con amigas” o algo así”.

    Me sorprendió su respuesta, no era uno de los relatos más votados, ni tan siquiera era de los más comentados. Todavía tenía mis dudas de que realmente se lo hubiera leído así que decidí continuar chateando.

    Sarardiente dice:

    ¿Xq?

    RoberXL dice:

    “Tiene todo lo que se puede esperar de un relato titulado así, se sucede todo de manera muy excitante. Aunque sigo esperando que escribas la continuación, el encuentro en la Feria del Automovil”

    Sarardiente dice:

    “Por qué no enviaste algún comentario?”

    RoberXL dice:

    “No sé. Nunca se me hubiera imaginado que escribirte”

    Sarardiente dice:

    “De la misma forma que el artista necesita de los aplausos, necesito de vuestros comentarios”

    RoberXL dice:

    “Quieres que haga un comentario?”

    Sarardiente dice:

    “Si”

    RoberXL dice:

    “Simplemente, me gustan”

    Sarardiente dice:

    “Gracias”

    RoberXL dice:

    “No en serio, no hagas caso de los que dicen que cometes faltas de ortografía, y cosas por el estilo, no es un concurso literario”

    Sarardiente dice:

    “Supongo que tienes razón”

    RoberXL dice:

    “Lo importante es que todos los que te lean se corran de una forma u otra gracias a tus relatos”

    Sarardiente dice:

    “Tú lo haces?”

    RoberXL dice:

    “Por supuesto, son muy buenos, incluso varias veces leyendo un mismo relato.”

    Sarardiente dice:

    “Uuumm, gracias. Lo tomaré como un cumplido”

    RoberXL dice:

    “Seguro que si el Paul Verhoeven ese, o Ford Coppola los llevaran al cine tendrían un taquillazo”

    Sarardiente dice:

    “Es guay eso que dices, pero tengo que dejarte”

    Sarardiente dice:

    “Hasta otra”

    RoberXL dice:

    “ojalá volvamos a coincidir”

    Sarardiente dice:

    “adios”

    RoberXL dice:

    “adios”

    Había mantenido muchos chats privados con muchos nicks, pero algo me decía que ese sería a la larga algo especial. Antes de cerrar la página hice doble click en su avatar, y tengo que reconocer que se me cortó la respiración. Si tenéis acceso a internet buscad al modelo Ramírez Allender, era clavado. Me imagino que como la foto de mi avatar, la suya también era falsa.

    Transcurrieron varios días sin saber nada de Rober, a decir verdad me conecté muy pocas veces debido a la falta de tiempo principalmente, y a que las noches sucesivas las pasé en mi hogar. Un día recibí un mensaje en mi correo electrónico, era de Rober. Seguramente lo consiguió en alguno de mis relatos publicados.

    De: RoberXL

    Para: Sarardiente dice:

    Asunto: Prohibido

    “Aunque sé que está prohibido, me gustaría chatear contigo de nuevo. Besos”, y me citó el nombre de la página en la que publico mis relatos.

    La primera noche que dormí fuera de casa llegué impaciente a la habitación del hotel. Recuerdo que esa vez no hice ni uso del spa del hotel y me duche con cierta prisa, impaciente por saber si coincidiría con mi cita. Incluso me arreglé después “mi jardincito”. Como en las otras veces me encontraba tumbada sobre la cama envuelta tan sólo en la toalla del hotel. Estuve un rato participando en diversos foros, pero nada. En cierto modo había perdido la esperanza de coincidir con Rober. Supongo que debía haberle contestado a su mensaje si quería contactar con él. Sin embargo, no quería mostrarme impaciente, ni mostrar mi deseo por coincidir con él, quería que fuese Rober quien tomase la iniciativa. Qué le vamos a hacer. Después de todo tampoco estaba segura de sí debería ocurrir algo.

    Daba por finalizada la noche cuando ¡¡Su nick apareció en el chat!!

    RoberXL dice:

    “Hola”

    Sarardiente dice:

    “Hola”

    RoberXL dice:

    “Me alegro de nuevo. No recibiste mi correo?”

    Sarardiente dice:

    “Si”

    Enseguida le mandé un privado para continuar la conversación al margen de otros invitados. Tuve que disculparme por no haber contestado a su email, lo típico de no he tenido tiempo y un montón de excusas más. Le mentí, en el fondo estaba deseando contactar de nuevo con él, el anonimato y cierto misterio en el ambiente la otra vez que chateábamos resultaba realmente excitante. Me preguntó algunas cosas personales y no quise dar muchos detalles en esa segunda conversación. Por mi parte, le pregunte sobre la foto que tenía en su avatar, a lo que él contesto que era de hacía ya unos cuantos años, de una vez en la que por decisión de su manager tuvo que hacerse un book de fotos. Seguro que mentía al igual que yo, todo el mundo lo hace en internet. Le pedí que me mandara alguna otra foto, pero él me retó pidiéndome primero una foto mía. De nuevo se pasó la noche deprisa, fue muy agradable y quedamos en coincidir otro día. Hacía tiempo que no me sentía así, como una chiquilla… Creo que esa noche ni siquiera “me toque”.

    Poco a poco fuimos conectando cada vez más a menudo. Lo cierto es que yo esperaba ansiosa cada día volver a coincidir con él en el chat. El simple hecho de tener un ciber-amigo desataba mi imaginación hasta límites insospechados. Muchas de aquellas noches que dormía en hoteles lejos de casa, terminaba masturbándome como una quinceañera imaginando cosas que podían sucederme con mi nuevo amigo.

    Entre otras cosas fantaseaba pensando que podía ser alguien conocido, algún antiguo novio, el actual marido de alguna amiga, algún niñato engreído, un compañero de trabajo, un detective privado contratado por mí marido para ponerme a prueba, un artista guapísimo… etc. Mi imaginación se disparaba fantaseando con innumerables sucesos, hasta tal punto que andaba caliente todo el día. Sin darme ni cuenta empecé a vestirme de forma más atrevida y sugerente, no sé, me encontraba poco a poco mejor conmigo misma. Me agradaba sentirme deseada por ese hombre, y ello me hacía provocar situaciones excitantes con mis clientes. Todo me resultaba más sensual y erótico.

    Los días que se sucedían en jornadas cotidianas de trabajo. Salidas y desplazamientos fuera de mi ciudad. No dejar de pensar todo el día en otra cosa que no fuera chatear con Rober. De alguna forma me encontraba más receptiva, excitada y mantenía relaciones sexuales algo más a menudo con mi esposo. Incluso llegué a plantearme tener relaciones extramatrimoniales, con uno de mis compañeros de trabajo por el que siempre me había sentido atraída.

    Con el transcurso del tiempo chateábamos casi a diario, incluso los días que dormía en mi hogar con mi marido en casa, buscaba cualquier excusa para conectarme a internet, normalmente alegando que tenía trabajo pendiente. Como vivimos en un dúplex me encerraba en nuestra buhardilla mientras mi marido veía “películas para idiotas” en el piso de abajo. En caso de que mi esposo subiera por las escaleras lo oiría y tendría tiempo de cerrar la ventana del chat en mi navegador.

    Como es lógico poco a poco en las conversaciones se colaban pequeños datos personales que nos permitían saber algo más acerca del otro. Sobre todo él se mostraba más desinhibido a la hora de facilitarme algún que otro dato. Pude saber que nació en el 78, y que tenía por tanto 35 años. La misma edad que mi marido. Sabía que se ganaba la vida como coach en un gimnasio propio, que había sido jugador de baloncesto, y que el gimnasio debía ser sólo uno de sus negocios, pues debía tener participación en alguna otra sociedad. Por mi parte supo que tenía treinta y un años (mentí sí, que mala soy), que estaba casada, que era comercial químico y tras pensármelo mucho, mucho, decidí enviarle una foto personal. Una súper chula que me hizo mi marido un par de meses atrás en el patio de casa. Se me veía de espaldas caminando junto a los melocotoneros, el pelo suelto, llevaba un cortísimo vestido de verano, unas sandalias de cuña, y aunque en la foto por bien poco no se alcanzaba a distinguir, no llevaba bragas.

    Me gustaba chatear con él, sobre música, viajes, libros, proyectos, incluso me ayudaba a elegir la ropa que me pondría al día siguiente, pero nuestras conversaciones siempre acababan en temas relacionados con el sexo. Era incluso mejor que tener una amiga con la quien hablar tan abiertamente y sin tapujos de esas cosas. En cierto modo nos confesábamos el uno al otro nuestras fantasías más secretas gracias al anonimato. Nunca hubiera imaginado hablar con un hombre como lo hacía con Rober. Las conversaciones eran muy divertidas, se me pasaba el tiempo volando. Nuestros comentarios no siempre mantenían cierto morbo entre ambos. Hablábamos de temas como la ropa interior preferida por el otro, las posturas sexuales, nuestros mitos sexuales, los problemas en el trabajo, amistades, aficiones, fantasías, los lugares que habíamos visitado o nos gustaría visitar, las canciones, los olores, etc.

    Recuerdo la noche que marcó un antes y un después en nuestra relación.

    RoberXL dice:

    “Hola”

    Sarardiente dice:

    “Hola”

    RoberXL dice:

    “Hace tiempo que no publicas ningún relato”

    Sarardiente dice:

    “Es verdad”

    RoberXL dice:

    “Demasiada monotonía?”

    Sarardiente dice:

    “No. Es que sólo escribo cuando tengo tiempo de aburrirme. Además, ahora no se me ocurre nada en especial.”

    RoberXL dice:

    “Escribe sobre cualquier cosa, lo haces muy bien”

    Sarardiente dice:

    “Gracias?”

    RoberXL dice:

    ¿Por qué comenzaste a escribir esos relatos?”

    Sarardiente dice:

    “Me gusta mucho leer, más que escribir. Escribir es agotador. A veces pienso que soy demasiado exigente cuando escribo. También tengo un blog “normal”, donde publico historias, ideas, reivindicaciones, alguna poesía… Me gusta pensar en todo los hombres (y mujeres) leyendo e fantaseando sobre mis relatos…”

    RoberXL dice:

    “Y no me habías dicho nada”.

    “Dame la dirección ahora mismo…”

    Sarardiente dice:

    “No, no, no. Perdona pero tengo que mantener ambos mundos separados para protegerme”.

    RoberXL dice:

    “Me jode muchísimo perderme esa parte de ti, pero te entiendo”

    “Y… Cómo crees que SOMOS?”

    Sarardiente dice:

    “Imagino que habrá de todo. Delgados, cachas, gordos, altos, bajos, peludos, rubios, morenos. Aunque también habrá casadas, solteras, viudas… uuhhm. Qué morbo!!”

    RoberXL dice:

    “En serio?”

    Sarardiente dice:

    “Según las estadísticas de la página son un montón de lecturas, más de 80.000. Imagínate.”

    RoberXL dice:

    “No tenía ni idea. Pero es que tus relatos son de lo mejor que hay en internet.”

    “Te gustaría ver a uno de tus fans?”

    Sarardiente dice:

    “En que estás pensando???”

    RoberXL dice:

    “¿Quieres ver, en directo, a un hombre leyendo uno de tus ardientes relatos?”

    Sarardiente dice:

    “No sé, creo que prefiero sólo imaginármelo. Aunque…”

    No daba crédito a lo que me estaba proponiendo. No me podía creer lo que suponía estaba a punto de insinuarme.

    Sarardiente dice:

    “¿Quién?”

    RoberXL dice:

    “Yo mismo, con una condición…”

    Un silencio se prolongó antes de que uno de los dos volviese a escribir.

    RoberXL dice:

    “Tienes webcam???”

    Sarardiente dice:

    “Si”

    RoberXL dice:

    “Solo quiero ver tus labios pintados de rojo y oírte leer “Volver a salir con amigas” y yo me masturbaré para ti”

    Sarardiente dice:

    “Es eso lo que te pone??? Unos labios con carmín”

    RoberXL dice:

    “No, la que me pone eres tú. Pero que sea rojo, rojo puta, no sé si me explico.”

    Sarardiente dice:

    “Perfectamente. Está bien, conecta la web, te espero”

    Nunca antes nos habíamos conectado con la webcam, sería la primera vez. Yo quería continuar en el anonimato, no quería que me viese la cara. Por lo que ensayé en modo “pre-visualizar” como ponerme antes de conectar la webcam en modo conferencia. Si bajaba la tapa del portátil podía acercar los labios desde arriba, de esta forma controlaba que no se me viese la cara, aunque a cambio le mostraba una visión más que generosa de mi escote. Como tan sólo llevaba puesto la toalla envuelta a mi cuerpo, decidí ponerme algo para que no se viese nada, elegí una camiseta de tirantes muy finos negra a juego con unas braguitas monísimas del mismo color. Me encontré muy sexy a mi misma y eso me agradó. Todo aquello me llevó algo de tiempo por lo que mi amigo comenzó a impacientarse.

    RoberXL dice:

    “Estas ahí?

    Sarardiente dice:

    “Si, ya voy”

    Por mi parte pude ver como se encendía una webcam al otro lado enfocando la parte del asiento de una silla de oficina vacía, con el fondo de unas estanterías muy ordenadas y sobre la que se apoyaba una bici “fixie” de esas que se han puesto de moda.

    RoberXL dice:

    “Oye, que si eres la única mujer del mundo que no tiene ese color de pintalabios da igual, eh?”

    Sin responder a sus provocaciones encendí mi webcam, desde el pequeño cuadrado que aparecía en mi pantalla, visionando lo que se transmitía a través de mi webcam tan sólo se podían ver mis labios pintados de rojo vivo. Comencé a leer…

    .-“Había llegado ya el buen tiempo, la primavera estaba avanzada y se notaban los primeros días de calor del verano. Esa noche había quedado con mi mejor amiga, Eva. Hacía un par de meses que ella lo había dejado con su ex pareja. No era ni la primera ni la última vez que cortaba con su novio, y seguramente tampoco sería la definitiva, como decía ella misma…”.

    .-“Deja de leer un segundo quiero hacer una foto de tu boca. Tienes unos labios muy bonitos” escuché una voz al otro lado de la pantalla. Me gustó, su voz sonaba fuerte, segura y con carácter, pero todavía no se veía más que la silla.

    .-“Gracias, pero habías dicho que te masturbarías para mí. ¿Acaso no es tan grande como presumías?” dije yo tratando de picarlo.

    .-“Continua, enseguida me siento” le escuché esta vez algo distorsionado.

    .-“Eva era la única amiga del grupo que a sus treinta y dos años todavía no estaba casada ni tenía hijos, y era como si tuviera urgencia por alcanzar esas metas personales. Siempre me tocaba consolarla cada vez que acontecía lo inevitable…”, llevaba un rato leyendo cuando pude observar como en la pantalla se sentaba en la silla un hombre muy moreno que tapaba su miembro bajo una toalla blanca que contrastaba notablemente con su piel. Había chateado muchas veces con Rober y nunca me dijo que era tan moreno. Me sorprendió ese hecho, ¿sería mulato o gitano, o quizá sólo vivía en la costa?

    Entonces quitó su mano derecha del teclado guiándola hacia su sexo, y comenzó a sobarse suavemente. Yo seguía leyendo. La verdad es que el bulto bajo la toalla adivinaba una gran sorpresa, además veía su mano oscilar cadenciosa hacia un lado y vuelta atrás, o era quizá sólo mi imaginación la que volaba acuciada por mi propia excitación. En un momento dado se acomodó en la silla y descubrió la toalla mostrando su vientre atlético y su…

    ¡¡Dios mío!!

    Aquello no podía ser verdad, nunca me hubiera imaginado que Rober fuese todo un mulato con semejante… Sí que podía presumir de tamaño. Me quedé tan perpleja que no pude evitar mirar la pantalla del ordenador embobada. Era la primera vez que veía una así de grande y además “en directo”. Al principio me pareció amenazador, intimidante, aunque de algún modo era fascinante ver como una mano grande y fuerte subía y bajaba a lo largo de aquel miembro. También se adivinaba un cuerpo muy bien formado sin ser demasiado musculoso. Sin duda, practicaba deporte.

    Sarardiente dice:

    “Eres mulato”

    RoberXL dice:

    “Mestizo más bien, nací muy lejos… Mi madre y yo mismo somos de Brasil, mi padre es español.”

    Me fijé detenidamente, seguramente había tardado porque su sexo brillaba como si se hubiese esparcido algún tipo de aceite. Además tenía el vello de alrededor muy cortito, como si se lo hubiese afeitado en alguna ocasión, y eso permitía apreciar el miembro en todo su esplendor.

    .-“¿Por qué no continuas leyendo?” escuché la voz proveniente del otro lado de la pantalla.

    .-“Lo siento” dije, y continúe leyendo el relato. Lo cierto es que no podía apartar la vista de la pantalla, fue algo totalmente desconcertante para mí, para nada hubiera imaginado lo que estábamos haciendo.

    Mientras avanzaba la narración del relato el ritmo de su mano se incrementaba. Intente evitarlo, pero al final no pude aguantar las ganas de acariciarme contemplando la escena, aunque lo hacía sutilmente, sin que pudiera advertirse al otro lado de la cámara. Aunque supongo que mi amigo estaría concentrado en lo suyo.

    Contemplando cómo a pesar de tener agarrado su miembro con la mano derecha aún sobresalían casi dos tercios, no pude dejar de exclamar. -“Joder”.

    .-“¿Te está gustando? Escuché al otro lado de la cámara.

    .-“Esto es lo más raro que he hecho en mi vida” dije a través del micrófono.

    .-“Entonces es tu primera vez…?” me preguntó él.

    .-“Para nada” mentir a un ordenador es muy fácil.

    .-“Entonces. No te está gustando?” insistió.

    No sabía cómo responder a su pregunta, no quería parecer una guarra. Pero tampoco recatada.

    Sarardiente dice:

    “Estoy muy caliente, siento dejarte así, necesito masturbarme y prefiero hacerlo a solas.

    Lo siento, Rober”. Escribí al tiempo que desconectaba la webcam.

    Estaba tan excitada que no pude evitar tumbarme enseguida sobre la cama del hotel y comenzar a masturbarme como una gata en celo. Sin embargo, por primera vez en mi vida mis dedos no saciaban mi deseo. De tanto pensar en la inmensa erección de Rober necesitaba sentirme penetrada a la vez que me acariciaba. Incluso llegué a pellizcarme los pezones hasta el punto de lastimarme, pero necesitaba algo que me llevase al límite que demandaba mi cuerpo. Pude ver mi cepillo del pelo sobre la mesita de noche. Perfecto. Acerqué el grueso mango de plástico con forma redondeada a mis labios vaginales, y comencé a introducírmelo ávidamente tal y como había visto hacer en algún que otro vídeo de internet. No me costó mucho meterlo enterito, estaba realmente empapada. Era la primera vez en mi vida que me introducía algo en mi interior para masturbarme, fue extraño, diferente, pero la al mismo tiempo la novedad y la obscenidad de lo que estaba haciendo me excitaban aún más. Sentir algo tan duro en mi interior, al tiempo que frotaba frenéticamente mi sexo, me produjo un placer indescriptible. Lamentablemente no tuve tiempo para más, con unas últimas e intensas fricciones enseguida alcancé el orgasmo más fabuloso que alcanzaba a recordar. Gemí sin poderlo evitar, chillé tan fuerte que debieron escucharme por todo el hotel. Que brutalidad. Mi respiración se agitaba incluso varios minutos después de haber alcanzado el clímax. Todavía recuerdo la visión al incorporar a gatas mi aturdido cuerpo, el cepillo penetrando entre mis piernas totalmente empapado y sin que nadie lo sujetase.

    Pero… ¿qué es lo que había pasado?, ¿cómo había dejado que eso sucediese?, me repetía una y otra vez mentalmente mientras me recuperada. Mis fluidos mancharon la colcha de la cama del hotel. Nunca podría volver por allí, ¡qué vergüenza!

    Al día siguiente apenas pude concentrarme en el trabajo. Estaba totalmente ofuscada por mi comportamiento de la noche anterior. No dejaba de recordar su mano envainando con orgullo su enorme polla, las exageradas venas que la recorrían, imaginar chorros de semen salir disparados en plena eyaculación, se sucedían una y otra vez en mi cabeza todo el tiempo, y se me hacía la boca agua.

    Por circunstancias (compartí habitación con una compañera en formación) tardé casi una semana en volver a conectarme. Por otra parte, estaba un poco asustada, no había conseguido mantener el control de la situación como siempre lo hacía con mi marido. Y lo que es peor, no veía el momento en que volver a conectarme y coincidir de nuevo con Rober.

    Para aquel entonces había regresado a mi hogar, como otras noches mi marido yacía en el piso de abajo tirado en el sofá viendo el televisor y yo me subí a la buhardilla a “completar los albaranes con el pedido semanal”. ¿Estaría Rober On-line? Ojalá que sí. Estaba especialmente nerviosa y ansiosa, no sé por qué intuía que algo excitante sucedería de nuevo esa noche, al menos eso esperaba. Al encender el ordenador vi que tenía en mi e-mail un mensaje suyo:

    -“Me gusta tanto chatear contigo que siempre olvido, enviarte la otra foto como acordamos. Un abrazo.”

    Vuelvo a decir que era clavadito a Ramírez Allender, el modelo brasileño, así que no os podéis hacer una idea de lo bien que se siente una mujer siendo cortejada por semejante pedazo de hombre.

    Sarardiente dice:

    “Hola”

    RoberXL dice:

    “Hola”

    RoberXL dice:

    “Estas bien?”

    Sarardiente dice:

    “Sí”

    RoberXL dice:

    “Estaba preocupado”

    Sarardiente dice:

    “No me he podido conectar. Tenía compañía”

    RoberXL dice:

    “Sorprendida?”

    Sarardiente dice:

    “Si, un poco”

    RoberXL dice:

    “Ves, el tamaño no importa, pero sí impresiona. Di la verdad?”

    Sarardiente dice:

    “Sí”

    RoberXL dice:

    “Espero que hagamos muchas más cosas por primera vez juntos”

    Sarardiente dice:

    “Es posible. Pero no te hagas demasiadas ilusiones.”

    RoberXL dice:

    “Cómo de acompañada has estado…”

    Sarardiente dice:

    “Ummm. Estás celoso”

    RoberXL dice:

    “Bruja. Sé que estás deseando verla de nuevo” Escribió en la pantalla adivinando mis pensamientos.

    Sarardiente dice:

    “Sería estupendo”

    El mero hecho de imaginármelo de nuevo me ponía de lo más cachonda.

    RoberXL dice:

    “Con una condición, como la otra vez”

    Sarardiente dice:

    “En que estás pensando”

    RoberXL dice:

    “Algo que nos excite”

    Sarardiente dice:

    “Bien, dime que es lo que quieres”

    RoberXL dice:

    “Enseñame otra parte de tu cuerpo que no sean los labios”

    Sarardiente dice:

    “los pies?”

    Pregunté tratando de averiguar por donde se saldría sabiendo que se esperaría otra respuesta.

    RoberXL dice:

    “¿Llevas pintadas las uñas?”

    Sarardiente dice:

    “No”

    RoberXL dice:

    “Entonces no me sirven, otra vez píntatelas. Además… no es justo”

    Sarardiente dice:

    “A que te refieres?”

    RoberXL dice:

    “Tú has visto lo más íntimo de mi cuerpo. Ahora te toca a ti”

    Sarardiente dice:

    “No sé en qué estás pensando, pero la respuesta es no.”

    RoberXL dice:

    “¿Quieres verla de nuevo o no?”

    Sarardiente dice:

    “Sí, me gustó mucho”

    RoberXL dice:

    “Te tocaste”

    Sarardiente dice:

    “Si”

    RoberXL dice:

    “¿Te estás tocando ahora?

    Sarardiente dice:

    “Si, un poco”

    RoberXL dice:

    “Me gustaría verte acariciándote”

    Sarardiente dice:

    “ni lo sueñes”

    RoberXL dice:

    “déjame verte al menos los pechos”

    Sarardiente dice:

    “Nooo”

    Transcurrió cierto tiempo hasta que pude ver de nuevo un mensaje escrito en la pantalla. Sabía que se me estaba escapando la oportunidad de ver de nuevo semejante miembro, tendría que poner algo de mi parte.

    RoberXL dice:

    “Seguro que en la playa haces top less”

    Había desviado radicalmente el tema tratando de convencerme.

    Sarardiente dice:

    “Si”

    Yo estaba algo cachonda de imaginar que podía volver a contemplar ese pedazo de miembro masturbándose para mí, o mejor aún, por mí.

    RoberXL dice:

    “¿Entonces? Un montón de gente ha visto ya tus pechos”

    Sarardiente dice:

    “No es lo mismo”

    RoberXL dice:

    “Yo creo que más de un niñato se habrán tocado por la noche pensando en tu cuerpo desnudo al sol.”

    Comenzó a decir cosas por el estilo para alagarme, preguntó si me gustaba que me acariciasen los pechos al hacer el amor, si contrastaba la marca del bikini, la talla de sujetador, el tipo de copa, si me gustaba que me los chupasen y cómo, haciendo círculos, arriba y abajo o por el costado lentamente, succionando, mordiendo un poco… etc. Me preguntó si las acariciaba al masturbarme, la vez que más me había gustado que me masajearan, el primer chico que me las besó, también me rogó que tratase de describírselos, y claro tanto hablar terminó por excitarme y al final logró convencerme.

    Sarardiente dice:

    “Supongo que tienes razón. Conecta la webcam”

    No sé cómo pude estar dispuesta a mostrar mis pechos a través de la cámara a un “desconocido”. Supongo que el morbo que sentía en esos momentos era irresistible. Además, de alguna forma pensar que mi marido mientras permanecía seguramente adormilado en el piso de abajo delante de la televisión, disparaba mi grado de excitación.

    Llevaba puesta como casi siempre la toalla porque acababa de ducharme, y de nuevo ensayé en modo visualización como enfocar antes de conectarme en modo conversación. Mientras lo preparaba todo me estaba poniendo como una moto simplemente con imaginar exhibirme así delante de un hombre. Deseaba mostrarle mis pechos, impresionarle de nuevo y ver como acabaría pensando en mí con su mano agarrando su… Enfoqué mi cámara de forma que únicamente se podía ver el torso de mi cuerpo. Tampoco se adivinaba nada en el fondo del dormitorio de mi casa. Al fin conecté la webcam dispuesta a cometer otra locura. Pude visualizar la imagen que transmitía Rober a los pocos segundos de conectar la webcam. Otra vez podía ver el asiento vacío de la silla de oficina. Enseguida se sentó Rober, esta vez llevaba puestos unos slips negros de Calvin Klein con un par de rayas blancas que le sentaban realmente bien. Le marcaban todo de forma espectacular.

    Sarardiente dice:

    “Tu primero”

    Pude ver como se bajaba un poco la goma de los bóxers, dejando fuera apenas un poco más de la punta. Se acariciaba el resto de su miembro con una mano por encima del boxer. Se detuvo un momento para escribir…

    RoberXL dice:

    “Te toca”

    Sarardiente dice:

    “Cómo me gusta!! Te la has medido alguna vez?”

    RoberXL dice:

    “Si claro”

    Sarardiente dice:

    “Tengo curiosidad por saber cuánto mide”

    RoberXL dice.

    “Enséñame tus pechos y haremos algo mejor”

    Rebusqué entre la música mp3 del portátil una canción que acompañase el momento. Enseguida encontré “Come Undone” de Mark Lanegan y “Time Of The Season” que pensé le venían que ni pintado.

    Mientras comenzaba a sonar la música comencé a jugar con el nudo de la toalla, quería demorar el momento. Me tocaba los pechos por encima con un solo dedo, jugueteaba apretado mi escote con ambas manos, y tratando de excitar aún más a mi espectador, me introducía un lápiz que esperaba paciente sobre la mesa a que yo lo insertara por la estrechísima ranura que dejaban mis tetas. Por su parte, pude ver por la pantalla como Rober colocaba otro lápiz junto a su pene. De repente, como un flash me hizo imaginar que aquel lápiz bien podría ser el sexo de mi marido.

    ¡¡Guau, que pasada!! Aquel lápiz se veía diminuto, ridículo comparado con lo que su otra mano sujetaba.

    Aquello no podía ser verdad, yo estaba como atontada. Sustituyó el lápiz por otro tipo de objetos similares a los que yo introducía a la vez por mi escote, en un juego de complicidad que iba haciendo sofocante el ambiente. Como cuando jugueteé con una goma Milán y él puso otra en equilibrio sobre punta de su sexo. Asustaba el grosor, sólo su capullo parecía una mandarina en comparación con aquella goma infantil. Por su parte, dejó los juguetes para dedicarse a masturbarse de pleno tras embadurnarse con algún tipo de gel. A través de la pantalla pude ver como Rober aumentaba el ritmo de su masturbación a medida que el momento esperado se hacía más evidente.

    Por fin, deshice el nudo de la toalla y ésta cayó deslizándose por los lados, pero, muy maliciosa, tapé mis pechos con las manos antes de que pudiera verse nada. Tan sólo se pudo ver el contraste de color entre la parte que cubría habitualmente mi bikini y el resto de mi piel algo más dorada por el sol.

    Jugueteé con mis pechos, acariciándolos, sobándolos para ponerlos todavía más duros de lo que ya estaban. Entonces coloque entre ambos un barra de adhesivo y fui alzándolos y bajándolos como si realizase una cubana, pero siempre tapando mis pezones. Entonces vi el frasco de crema junto a la lámpara, que rápidamente sustituí por la pequeña barra de pegamento, apretujándolo con pasión entre mis tetas. Así se parece más, pensé. La segunda canción estaba llegando al final y por fin mostré mis pechos a través de la webcam. Ahora jugueteaba con los pezones, llegué a pellizcármelos e incluso traté de chuparme uno de ellos con la punta de la lengua. Cogí entonces el bote de crema y dejé caer unas gotas sobre mi pecho. Parecía como si se acababan de correr sobre mí.

    El ritmo que Rober había impuesto a su masturbación era vertiginoso, por un instante me pregunté cómo me sentiría si se moviera así de deprisa al cabalgar sobre él. De pronto contemplé como lanzaba su esperma hacia la webcam, salpicando por todos los lados y como al final, parte se derramaba sobre su mano. Aquella imagen se grabó de nuevo para siempre en mi mente. No lo olvidaré nunca. Una vez terminó la canción pude escuchar del otro lado de la webcam.

    .- “Tienes unos pechos preciosos” dijo RoberXL.

    .-“Gracias ¿En serio te parecen bonitos?” le pregunté yo.

    .-“Están realmente bien, no he podido evitar correrme al imaginar lo que haría contigo”. Me dijo a través de la webcam con la voz nuevamente un poco distorsionada por la mala calidad del sonido.

    .-“Ah sí, ¿y qué me harías?” le pregunté mientras esta vez me exhibía acercando los pechos a la cámara para que pudiera verlos mejor. Él se había masturbado, pero yo no. O sea que me encontraba totalmente turbada y desinhibida por la calentura.

    .-“Para empezar me gustaría probarlas, al parecer tienes la piel muy suave, seguro que sería una delicia saborearlas en mi boca” dijo en tono muy sugerente.

    .-“¿Y nada más?” Yo le seguí el juego, le pregunte de formar sensual sugiriéndole que intentara sorprenderme.

    .-“Comenzaría a darte pequeños besitos por los hombros, no me dejaría ni un milímetro de tu piel sin besar” Rober comenzó a acariciarse de nuevo mientras hablaba.

    .-“Uhhm, me gusta. ¿Y luego?” le indiqué mientras yo comenzaba a tocarme también. Acercaba mis pechos a la cámara y respiraba profundo para que pudiera apreciarse lo hinchados y sensibles que se encontraban. Realmente, ahora estaba disfrutando exhibiéndome.

    .-“Jugaría con mi lengua por tu cuello,

    pellizcaría con mis labios tu piel,

    mordería tu boca,

    no dejaría de acariciarte por todo el cuerpo con mis manos mientras saboreo tus tetas en mi boca”

    Se notaba que él se estaba excitando mientras hablaba. De nuevo volvía a estar esplendoroso, totalmente empalmado delante de la webcam para mi deleite. Me impresionó lo rápido que se había recuperado, casi inmediatamente.

    .-“Me estas poniendo muy caliente” le dije al tiempo que no podía evitar acariciarme también mientras lo oía. Mi respiración se aceleraba y en la pequeña pantalla del monitor podían verse mis pechos, totalmente hinchados, subiendo y bajando al ritmo de mi agitada respiración.

    .-“Entonces te tumbaría en la cama para así poder contemplar mi polla entre tus pechos mientras acaricio tu sexo con mi mano, jugaría con tus pezones con la punta, primero uno, luego el otro, despacito, muy despacio, notando su suavidad en mi tiesa polla” se notaba que estaba a punto de correrse de nuevo pero demoraba el momento.

    Yo comencé a gemir. Imaginarme semejante miembro entre mis tetas me puso a mil por hora, no tardaría mucho tiempo en correrme. Mi respiración se aceleraba, exhibía orgullosa mis tetas ante él. Creo que nunca antes los había notado tan hinchados y sensibles. Me acariciaba con una mano mis pechos mientras con la otra no paraba de frotarme apresuradamente. Mi orgasmo estaba próximo y así se lo hice saber entre jadeos y suspiros.

    .-“Ooh, sí, sigue” pronuncié para provocarlo, me costaba no exagerar los gestos. Las palabras certeras y la voz penetrante de Rober me hacían sentir a punto de echar hervir y ya no conseguía disimular aunque de alguna manera, en el subconsciente, trataba de ocultar y reservar eso tan privado. Mi explosión.

    .-“No sabes cuánto me gustaría poder follarte esas tetas tan bonitas que tienes” sus palabras se volvieron algo más groseras a medida que ambos nos acercábamos al clímax.

    “A mí también me gustaría. Uhhm, que rico” gemí yo.

    .-“Seguro que, sin querer, acabaría golpeando tu suave y fantástica boquita” el ritmo de su masturbación era de nuevo frenético. No sé porqué pero al escuchar como Rober mencionaba a mi “boquita” terminó por excitarme de sobremanera, anticipando en la distancia su sabor más íntimo.

    .-“Síííh, Síííh, Síííh” gemí yo mientras cerraba los ojos concentrada en imaginarme cuanto me decía, corriéndome viva incontroladamente. Al mismo tiempo algunas gotas de Rober salpicaban de nuevo hacia mí a través de la webcam.

    Cuando me recuperé y abrí los ojos de nuevo tomé conciencia de cuanto había sucedido. Por un momento me sentí avergonzada de mi comportamiento. Segura de que al caer derribada sobre el ordenado había mostrado mi rostro. Aún trataba de recuperar la respiración cuando escuché los pasos de mi marido subiendo por las escaleras.

    Sarardiente dice:

    “Lo siento debo dejarte” Escribí veloz al tiempo que apagaba la conexión y desenchufaba el ordenador. La despedida había sido algo brusca dadas las circunstancias, pero no quería que mi marido se enterase de nada. Sólo me dio el tiempo justo para cubrirme de nuevo con la toalla, y en el instante en el que mi marido aparecía por las escaleras yo simulaba darme crema por las piernas.

    .-“Pensaba que aún no habías terminado, tengo un sueño que no veas” dijo mi marido haciendo acto de presencia, a la vez que se disponía a comenzar con su ritual de antes de acostarse.

    Se puso el pijama y se fue al baño a lavarse los dientes, momento en el que rápidamente aproveché para limpiarme un poco mis intimidades con una toallita, estaba completamente pringosa, y ponerme lo primero que pillé tratando de disimular. Me sentía acelerada además de excitada, no perdí el tiempo en rebuscar en mi armario, así que me puse el camisón negro de satén que tenía colgado detrás de la puerta, aquel que dejé olvidar allí tras nuestra última noche de verdadera pasión muchos meses atrás. Ahora que había cogido unos kilitos me venía algo pequeño y apenas me cubría, lo cual le daba incluso un aire más sexy. Además, tras haber sido mamá mis pechos eran mayores y parte de mis tetas se exhibían por los laterales de ambos triangulitos semitransparentes. Aquel camisón sólo me lo ponía cuando de verdad quería provocarlo, y aunque esta no fuera la ocasión ni el momento, como tenía cierto temor a que descubriera mi sexo empapado. Nada más regresar del baño y verme, mi marido dijo:

    .- “Caray nena, estas espectacular. Hacía tiempo que no te lo ponías. ¿Recuerdas en las vacaciones en Roma?” y mientras decía esto se acercó a mí con una incipiente erección marcada en el pantalón de su pijama. El pobre debió de pensar que tenía ganas de él. Una buena esposa sabe reconocer la mirada de deseo en su marido.

    .-“Te gusta?” le pregunté jugando con el tirante del camisón intentando huir de mi ciber-desliz hacia delante.

    .-“Sabes de sobra que sí, pero… me gustas más sin él” dijo acercándose hasta mí y besándome en la boca. Sus manos comenzaron a acariciarme por todo el cuerpo. Yo seguía ardiendo por mi encuentro con Rober, así que deslicé los tirantes de mi camisón por los hombros y dejando deslizarse hacia el suelo me mostré completamente desnuda frente a mi marido.

    .-“Anda ven” dije haciéndole señas, a la vez que me arrodillaba justo delante la cama, dejándome caer sobre las sábanas en una postura de completa sumisión que a él le hechizaba. Intente no hacerlo, pero todavía sentía a Rober cerca de mí y en cuanto cerré los ojos comencé a pensar en él. Fantaseé sobre cómo sería tenerle dentro, seguro que debía ser muy apasionado. Tan me excitaba pensar en él que incluso tuve dos orgasmos casi seguidos antes de que mi marido se vaciase, hacía tiempo que no me pasaba. Aun así, no me sentía del todo satisfecha, de haber continuado un rato más seguro que hubiera encadenado un orgasmo tras otro. Lo cierto es que esa vez gocé mucho, y mi marido también lo notó aunque desconociese el verdadero motivo.

    A la mañana siguiente no podía mirarme en el espejo mezcla de un estado entre agitación y vergüenza. No dejaba de darle vueltas a la cabeza sin llegar a comprender cómo había llegado hasta ese extremo. Yo siempre había sido, y deseaba seguir siendo, una buena esposa, aquello no había estado bien. Mi marido no se lo merecía. Una cosa era mantener conversaciones más o menos calientes con ese desconocido que se hacía pasar por Rober, y otra muy distinta haber tenido un orgasmo pensando en él mientras mi marido me hacía el amor. Estaba confundida.

    Pero aquello se volvió incontrolable, y acabé reconociendo que gracias a Rober había gozado como nunca de mantener relaciones con mi marido, alcanzado varios orgasmos casi cada vez que lo hacíamos. Por otra parte, las imágenes del miembro de Rober se enredaban continuamente entre mis pensamientos más sensatos. He de reconocer que me sorprendía pensando una y otra vez en Rober, a todas horas. ¿Dónde estaría ahora? ¿Qué estaría haciendo? ¿Pensaría en mí? ¿Qué pensaría de mí? En cualquier caso, mi amistad con él había sido algo diferente, misterioso, sorprendente, e inofensivo… hasta ahora.

    Durante los días siguientes rehuía conectarme a ningún chat. Recibí algún que otro mensaje de Rober en mi correo electrónico, al que no quise responder. No quería coincidir con él. Hasta la fecha había sido mi mejor confidente, le había confesado secretos íntimos que no le había contado ni a mi mejor amiga, y ahora me asustaba la mera idea de ver su nombre aparecer en un chat, me moriría de vergüenza y de ganas de hablar con él.

    Pero un pensamiento comenzó a rondarme la cabeza: “Habría grabado Rober nuestra última sesión?”. De ser así, debería hacerme con esa grabación. De ninguna forma podía permitir que esas imágenes se hiciesen públicas en la red, ni en ninguna otra parte. ¿Y si algún conocido o compañero las llegara a ver? Tengo un par de lunares en el cuello por los que cualquiera podría reconocerme. Qué idiota había sido, porque no lo había pensado antes. No podía ni dormir, dando vueltas y más vueltas en la cama. Debía salir de dudas, y la única forma era preguntárselo al él. Tenía que contactar de nuevo con Rober para recobrar la paz. Me moriría si esas imágenes llegasen a manos inapropiadas. Vivía con un temor constante, me imaginaba una y otra vez las consecuencias. Pero la única forma de saberlo era preguntándoselo directamente. Debía armarme de valor y contactar de nuevo con Rober. Debía salir de dudas.

    Quise esperar a que fuera uno de esos días en que dormía fuera de casa, pasase lo que pasase quería estar tranquila sin la presión extra de que mi marido pudiera volver a descubrir hablando con él. Había regresado de la piscina del hotel y me había duchado como de costumbre. Una vez relajada me conecté al chat.

    Sarardiente dice:

    “Hola”

    RoberXL dice:

    “Hola”

    RoberXL dice:

    “recibiste mis mensajes?”

    Sarardiente dice:

    “Sí, no pude conectarme antes. Lo siento”

    RoberXL dice:

    “Estás bien?”

    Sarardiente dice:

    “Sí. Por qué lo preguntas?

    RoberXL dice:

    “No he dejado de pensar en lo que pasó”

    Sarardiente dice:

    “Yo también”

    Ambos nos sinceramos durante la conversación, nos dijimos que aquello había sido una locura que no podía volver a repetirse. Me tranquilizó escuchar sus palabras. Se mostró en todo momento comprensivo, sabía que yo era una mujer casada. Poco a poco, con el tiempo fuimos retomando el mismo grado de confianza y complicidad que teníamos antes de nuestro último encuentro. La charla transcurrió amena y no quise preguntarle si había grabado la sesión o no, si se lo preguntaba demostraba mi inquietud y no quería mostrar mis dudas sobre él.

    Coincidimos otras veces en el chat. En una de las sesiones salió a colación las diferentes maneras de masturbarse. Yo le pregunté cuál había sido la forma más original de masturbarse él, y me dijo que a veces se tumbaba en la cama con un gel lubricante en una mano y un frasco de loción corporal en la otra. Entonces, intercalaba ambas manos para tener distintas sensaciones al acariciarse y así, se imaginaba recibiendo y dando placer a dos mujeres a la vez, la fantasía de todo hombre. A mí me pareció súper original, entonces él me preguntó si usaba consoladores y cosas por el estilo, de esta forma supo que no utilizaba nada de eso.

    En otra de las ocasiones, en las que se rozó sutilmente y de pasada lo sucedido en nuestro encuentro de sexo explícito le pregunté, o más bien afirmé que seguro que tenía alguna amante dispuesta a hacerle una cubana con los pechos cuando él quisiera. Él me dijo, que no creía que eso de tener amantes sin compromiso, pues tarde o temprano los sentimientos aparecía de un lado o del otro. Aunque sí tuvo una de compañera de gimnasio, la de Pilates, con quién hizo cosas un poco raras o en posturas imposibles. Él quiso saber cómo era la vida sexual de una mujer casada y madre de una niña. Yo le hice saber que apenas había tiempo ni ganas de sexo, y que cuando lo hacíamos era siempre a lo misionero y poco más, pese a que yo me consideraba una mujer ardiente y me quedaba con ganas de más, casi siempre estábamos cansados, estresados, o distraídos con nuestras cosas de cada uno. Había algo que me dio vergüenza decirle…

    Sarardiente dice:

    ”Últimamente, tú me tienes muy distraída” le escribí.

    Fue en esta sesión dónde me enteré que había estado casado durante los años como jugador profesional de baloncesto, y pese a su juventud ahora se encontraba divorciado. Afortunadamente, dijo, no tuve hijos con ella. Un día un amigo de otro equipo le dijo que la había visto en el hotel donde estaba concentrado, con su propio manager. Pude saber que había nacido en Sao Paulo (Brasil), y que comenzó a jugar al baloncesto animado por su maestra de Educación Física, no por su padre como yo pensaba. Después trasladaron a su padre a España y aquí logró un contrato con un equipo español. Pero tuvo una lesión prematura, que le obligó a dejar de jugar profesionalmente, por lo que su éxito pasó más o menos desapercibido. Le gustaba nuestro país, nuestras costumbres, nuestra gastronomía… Además, aquí se podía vivir bien como entrenador y de las inversiones que había realizado del dinero obtenido en otros tiempos, pero sobretodo le gustaban nuestra forma de ser muy abierta, optimista y alegre como los brasileña, y claro, las españolas.

    Era maravilloso poder hablar con él de los temas más personales, de nuestro día a día, de nuestras inquietudes, de nuestros problemas, de todo. Supe que vivía en Madrid, y que además de coach en su gimnasio tenía una agencia inmobiliaria y un concesionario de coches de lujo de segunda-mano. Por mi parte supo que me llamaba Sara, madre felizmente casada, que era representante Químico, por lo que me tocaba viajar mucho y que vivía en una ciudad no muy lejos de Madrid.

    Transcurrió un tiempo antes de que mis temores se hicieran realidad. En otra de las sesiones estuvimos hablando de nuevo acerca de la masturbación. Fue entonces cuando me confesó que no podía dejar de ver, una y otra vez, el vídeo que había grabado de la fatídica sesión. No pude evitarlo:

    Sarardiente dice:

    “Cabrón. Lo grabaste!!”

    RoberXL dice

    “Claro, ya sabes que soy tu fan número uno.”

    Sarardiente dice:

    “Por favor, bórralo!!”

    RoberXL dice

    “Pero, ¿Por qué?”

    Sarardiente dice:

    “Pueden verlo otras personas y no quiero”

    RoberXL dice

    “Tranquila está a salvo”

    Sarardiente dice:

    “¿Cómo puedes estar tan seguro?

    RoberXL dice

    “Lo borré todo del ordenador. Lo tengo en mi disco duro a buen recaudo y en un DVD, que sólo veo en la tele. Recuerda que también se me ve a mí, y no me gustaría al igual que a ti, que nadie se hiciese con las imágenes. Además, si apenas se te ve la cara un instante, es muy difícil que alguien llegara a reconocerte.”

    Sarardiente dice:

    “Aun así quiero que lo borres todo, y destruyas ese DVD.”

    RoberXL dice

    “Está bien. No quería molestarte. Pero hay una condición…”

    Sabía al leer esas palabras que estaba tramando algo. Volvía a las andadas.

    Sarardiente dice:

    “Qué estás pensando?” En cierto modo, yo también tenía muchas ganas de que sucediese algo de nuevo.

    RoberXL dice

    “Me gustaría ver tu culo. Desde que me enviaste aquella foto me muero de ganas de verlo”

    Sarardiente dice:

    “Ni lo sueñes”

    RoberXL dice

    “Te prometo que te enviaré el DVD original y lo borraré todo. Es muy poco lo que te pido a cambio.”

    Sarardiente dice:

    “Está bien, pero tendrás que mostrarte desnudo de pies a cabeza para que yo pueda grabarte a ti”

    RoberXL dice:

    “OK, conecta la webcam”.

    Sarardiente dice:

    “Tu primero”

    En cierto modo yo también sentía curiosidad, dudaba que me entregase los vídeos, pero quise consolarme haciéndome a la idea de que efectivamente con las imágenes que se veían era imposible reconocerme. Esta vez yo también procedí a grabar la sesión, de esta forma también dispondría de imágenes de él en caso de no comportarse honestamente. Como había dicho anteriormente, él también tenía mucho que perder.

    RoberXL dice:

    “¿estás preparada?”

    Pude ver a través de la cámara su trasero cubierto por unos bóxers negros muy sexys.

    .-“Quítatelos tu primero” dije en voz alta por el micrófono de la webcam, escuchando del otro lado una canción que no conocía.

    Comenzó a mover su culito de un lado a otro haciendo un poco el tonto. Desde luego era un tipo en forma. Su bóxer comenzó a bajar hasta que se mostró ante mí un duro y redondito culo moreno sin apenas vello. No pude evitar reírme un poco.

    .-“La verdad es que me gusta más verte de frente” dije a través del micrófono. Pude ver como se daba la vuelta y volvía a mostrar su miembro algo flácido. Aun así, me pareció de nuevo realmente espectacular. Creo que realmente me estaba enamorando de su…

    .-“Te toca” escuché decir a través de la webcam. Yo me puse de espaldas a la web cam. Comprobé que sólo se podía ver mi culito, apenas se me veía la espalda, en todo caso las piernas.

    .-“Guauu, es precioso. Y esa mancha que tienes detrás de la pierna derecha te sienta fenomenal” escuché decir al otro lado de la pantalla.

    .-“¿Te gusta?” pregunté mientras me contoneaba de un lado a otro.

    .-“Sí, y si te bajas las braguitas me gustará aún más”. Yo miré de reojo por encima del hombro, de nuevo pude verle de frente masturbándose lentamente. ¡¡Dios!! Como me ponía aquella visión. Obedecí, dejándomelas a medio bajar a la altura de las rodillas, en plan sexy.

    .-“¿Así está bien?” pregunté con tono de niña mala, y poniendo cada una de mis manos en cada cachete separé bien mis nalgas, para que tuviera un primer plano espectacular.

    .-“Buffh, eres realmente hermosa.”, pude escuchar decir a Rober por los altavoces de mi ordenador. Me volví a girarme de nuevo de reojo por encima del hombro.

    .-“¿eres virgen por atrás?” preguntó. Pude ver de nuevo como el ritmo de su mano arriba y abajo aumentaba vertiginosamente. Estaba claro que la idea le excitaría, y para mi regocijo estaba a punto de correrse.

    .-“Si” mentí, siguiéndole el juego con voz sensual.

    .-“Pero, ¿Te habrán hecho un dedo alguna vez?” insistió.

    .-“Qué dices, no. Nunca” le dije mientras juguetona acariciando mi trasero.

    .-“¿Todavía guardas crema a mano?” escuché del otro lado de la pantalla.

    .-“Si ¿por qué?” le pregunté haciéndome la ingenua.

    .-“¿En qué mano llevas puesta la alianza de casada?” me preguntó a sabiendas de que lo llevaba puesto en el dedo anular de la mano derecha.

    .-“En la derecha, ¿por qué?” le volví a preguntar.

    .-“Quiero que te untes el pulgar” le escuché decir ansioso.

    .-“¿Para qué quieres que haga eso, sinvergüenza?” ronroneé como una gata.

    .-“Quiero que te introduzcas el pulgar poco a poco por tu agujerito, así podré ver relucir el anillo mientras lo haces” dijo totalmente excitado fuera de sí.

    .-“Eres un pervertido” le dije mientras le mostraba como me daba crema.

    .-“¿Así te parece bien?” le dije mientras jugaba con mi dedo.

    .-“Vamos, hazlo, quiero verlo.” dijo masturbándose como un poseso.

    .-“Uhhhm no sé, nunca lo he hecho” susurré demorando el momento, provocándole con mis dudas.

    .-“No sé, ¿me dolerá?” trataba de excitarlo mostrándome ingenua. El mostraba su desesperación porque eso sucediese.

    .-“Hazlo despacio, no temas Sara” dijo al tiempo que se masturbaba a un ritmo que casi debía dolerle.

    .-“Ohh Sííí” grité cuando por fin hice lo que él deseaba. Como si de verdad fuese la primera vez en mi vida.

    Cerré los ojos y me metí por completo en aquella representación. Comencé a mover mi dedo a dentro y a fuera como si me estuvieran dando por detrás, mirando por encima del hombro lo que ocurría al otro lado de la pantalla. Sin perder un segundo, con el dedo medio empecé a estimularme buscando mi propio orgasmo.

    .-“Uuhhmm, me gusta” comencé a gemir, me encantaba provocarlo y excitarlo así.

    .-“Oh. Aaah” escuché del otro lado, volviendo a ver una vez más como su esperma se derramaba por su mano. Visión que logró, casi por sí sola que irremediablemente yo alcanzase mi propio orgasmo.

    .-“¿Te ha gustado?” le pregunté al rato, mientras se recomponía de la situación.

    .-“Sí, mucho” me respondió con tono exagerado.

    .-“Me darás ahora el DVD?” le pregunté.

    .-“Por supuesto, yo siempre cumplo mi palabra” dijo al otro lado de la webcam.

    .-“Dame una dirección y te lo hago llegar” me dijo.

    .-“Ja, ja, ja, ni lo sueñes” me reí de lo que acababa de escuchar.

    .-“Mejor. Entonces, te lo daré en mano” dijo él, devolviéndome el golpe.

    .-“¡¡Ja!!” le volví a responder. A lo que siguió un largo rato de suspense inducido por una complicación que ninguno de los dos parecía dispuesto a despedazar. Entonces, vi como Rober tecleaba en su ordenador.

    RoberXL dice:

    “Estoy aquí.”

    Sarardiente dice:

    “Cómo?”

    RoberXL dice:

    “En tu hotel”. Me quedé sin respiración, y juro que casi me da un infarto al leer esto.

    Sarardiente dice:

    “Estarás de broma?” Le pregunté aterrorizada.

    RoberXL dice:

    “No. Nadas muy bien”

    Sarardiente dice:

    “No te creo. Vete a la mierda” Le respondí muy enfadada.

    RoberXL dice:

    “Sara, deberías cambiar la cuenta bancaria por otra en una sucursal algo más alejada de tu casa, o incluso en otra ciudad.”

    Sarardiente dice:

    “¿Mi casa? ¿Sabes dónde vivo?” Joder no, no podía ser verdad.

    RoberXL dice:

    “Dejémoslo en… Ciudad Real”

    Dios, no podía ser cierto. Debía ser una pesadilla. Una horrible broma de alguna amiga a la que había confesado lo de mis relatos eróticos, de algún compañero que hubiera husmeado en mi ordenador, una venganza ideada por mi marido… Aquellas ideas atravesaban como relámpagos mi mente, me faltaba la respiración, todo el cuerpo se me estremecía. Ninguno decíamos nada.

    RoberXL dice:

    “Con la foto que me enviaste, no me costó encontrar tu casa en el barrio.”

    No, no, ¡¡¡NO!!! Creía haber tomado todas las precauciones del mundo. Me sentía tan segura de haber logrado mantener a salvo mi anonimato durante estos años, que no daba crédito a lo que me estaba sucediendo. Todo me parecía como si estuviera dentro de una película, un sueño… Ahora yo misma me había convertido en la protagonista de uno de mis relatos eróticos. No creía lo que me estaba pasando, hasta que de repente sonaron tres golpes en la puerta de mi habitación.

    – “Quién es?”

    –…“Yo”

  • Marina, mi nuera (Primera parte)

    Marina, mi nuera (Primera parte)

    Mi nuera Marina amigos es una bella joven que anda ya por los veintiochos años. Se casó con mi hijo Alfredo. De ello hace aproximadamente unos tres años. Y se ven que miran mucha televisión ya que no pasaba nada en cuanto a traerme al mundo un nieto.

    Yo me llamo Marcelo. Casado en un mal matrimonio conformista de unos veintidós años. Y así hubiera seguido de no haberme encontrado en la sombra de mi vida, con semejante oportunidad. La vida por momentos quita y en otro premia, a mí me tocó lo segundo felizmente.

    Esa tarde de sábado de verano fui a la casa de mi hijo y de Marina. Por más que hacía poco que los habían visitado. Ellos me pidieron una reparación en su casa de Francisco Álvarez. Un arreglo en su mampostería. Además de unas cuantas cosas más. Soy maestro mayor de obra y esa tarde iba con la intención de calcular los costos y las personas que necesitaban, para las reparaciones. Ya sabía de antemano que Alfredo mi hijo estaría en su casa. No quería molestar, a la mujer con cosas que ella entendía poco o nada. Trabajaba, mi hijo para una empresa de transporte de carga de la zona de Constitución, como chofer después de que lo despidieron del otro trabajo. Me imaginaria además, que por ser sábado en la tarde en Argentina pocos trabajan, él estaría como lo hacía siempre cortando el ligustro de su casa, más ahora que en verano crecía con más fuerza.

    Pero no fue así.

    Solo estaba ella, que me contestó de un modo muy revelador y hasta alegre que mi hijo estaba en viaje a Mendoza y regresaría el miércoles por la tarde. Mi cara se iluminó por un momento, bien valía el viaje de más de una hora y me daba el campo justo. A Marina, la venia «persiguiendo». Sabía de sobra, que en más de una oportunidad nuestras miradas se cruzaron. Y siempre la noté a ella ser muy ardiente y hasta algo deseosa de sexo, extramatrimonial. Pero como descendía de un hogar a prueba de cuernos, comprender era fácil que esto para ella era prohibido, y se limitaba. Solo faltaba hacerle ver a ella, que ello ya no es un impedimento. Cuando uno lo desea, y solo es cuestión de encontrar la manera y la forma de cumplir ese deseo.

    ¡Todo un fin de semana sola! , Me dije eso sí que es un regalo inesperado.

    Ahora solo tenía que mentir en mi casa. Mentira a medias ya que mi esposa sabía a donde estaba. Le dije a mi mujer que me quedaría hasta la tarde el domingo buscando materiales y precios en ese lugar. A Marina le sugerí que me si no le molestaba me quedaría a cenar para calcular los costos y me iría en la mañana. Ella aceptó de muy buen modo y hasta creo que se encontró muy contenta con la idea de pasar el sábado junto con su suegro.

    -¿Quién pensaría algo mal de nosotros?, Me dijo sonrojándose.

    Pero me sugirió que saliera a comprar la cena al entrar lo hiciese, con algo de discreción.

    -Por el barrio, sabes- me dijo- Ya que muchos saben que mi esposo está afuera.

    Le sugerí, además, que de paso compraría la cena fría y un buen vino. Alquilaría si ella quería una película para la noche como postre, ellos no tenían cable y la programación desde el aire en sábado, es malísima.

    Ella aceptó.

    En tanto me dijo Marina que llamaría a su madrina para decirle que esa noche no saldría de la casa porque se encontraba desganada y que no la esperase a cenar ni dormir como habían combinado en la semana. Por las dudas le aclaró que no se le contara de modo alguno a su esposo que se quedaba sola si algún día se encontraban los tres. La clave para mi éxito creo, se vislumbraba. Compre una comida simple fría. Busqué el vídeo club la película, más erótica. Yo ya la había visto y de verdad levantaba, fuego.

    Cenamos y durante el mismo surgió el tema del algo buscado por mí. El sexo de ambos. Al principio me confió discretamente pero terminó diciendo que no lo hacían muy seguido. Mas por la depresión de mi hijo que por la parte física. Durante la cena me di cuenta que era muy apasionada por la forma que gesticulaba, se movía, cosas que cuando estaba el marido o en mi casa, directamente no le hacía. Hacía rato que me había dado cuenta que ella no usaba corpiño, y creo que en más de una oportunidad se dio cuenta que la miraba.

    Pero lo dejó pasar.

    Nos sentamos para ver la película en el living, una hora más tarde de la medianoche. Ella lo hizo en el sillón largo enfrentando directamente la televisión. Y yo en uno corto muy cerca de Marina, pero a un costado. Hacia algo de calor, ella prendió él turbo. Pasado un tiempo y varias escenas fuertes, empecé a notar en ella los inconfundibles síntomas de estar calentándose poco a poco. Cruzaba y descruzaba sus piernas se las iba acomodando de una y otra forma rozándose en ese momento con la mano allí, justo allí. También mi bulto se fue agrandando, en dos oportunidades ella se percató Y noté como sus mejillas se ponía algo rosadas. Sabía que se estaba excitando, porque era igual a mi mujer, con las películas eróticas se calentaba más que con las condicionadas. Y al finalizar la película, se produjo un silencio importante.

    Yo sabía de antemano que estaba en el punto máximo porque ninguno de los dos atinaba a apagar la cinta que se rebobino sola. Solo el silencio era el que reinaba. Me levanté había que hacer algo lógico, ahora o nunca.

    Empezaría el juego erótico.

    Ella permanecía inmóvil en el sillón pero había cruzado las dos piernas y su vestido se corrió más de lo necesario encontrándose éste a medio camino entre el muslo y sus rodillas. Solo su bombacha se traslucía perfectamente y adivinaba un perfecto triangulo color negro y nada más. Pude notar sus dos senos bien marcados sobre su vestido. Me acerqué por detrás y con la excusa de hacerles unos masajes en su cuello le empecé a trabajar con mis dos manos. Al principio a Marina la noté algo dura en sus músculos, tensa. Pero luego cuando mis manos permanecían más tiempo por su cuello y llegando hasta sus hombros se empezó a refregar sus piernas. No me pasó por alto esa alarma femenina. Dos veces más se tocó ya de caliente nomás. Y en la última ya dejó su mano por un tiempo.

    Me emocioné y me decidí.

    Casi al descuido retiré de un hombro una tira que hacía de sostén del vestido. Ella estaba absorta en mis masajes no se dio cuenta y si lo hizo ya no le importaba. Al notar poco resistencia hice lo mismo con el otro y solo ahora la curvatura de sus dos senos bien parado, detuvo el vestido por un segundo hacia su cintura Luego allí se detuvo. Al notarse desnuda se llevó sus dos manos para cubrirse. Fue un acto solo instintivo. Pero yo fui más rápido. Le tomé con las mías esos dos hermosos senos. Ella se resistió muy leve al principio pero luego de unos segundos aceptó ya mis manos con una naturaleza seguro producto de su excitación. Así empecé a jugar con sus dos senos, moviendo entre mis manos en pequeños círculos. Apretándolos, pero suavemente.

    -¡Marcelo que haces! Sacá tus manos. -Me dijo casi ahogada por el deseo.

    -Marina son hermosos tus senos -le dije.

    Caminé ya seguro de lo que iba a hacer y enfrentándola sin decirle nada: La besé. Al principio su boca estaba algo cerrada pero no tardo en abrirla y conocí por primera vez su dejo interno. Con mi lengua la invadí totalmente toda su cavidad. Hurgándoles entre sus dientes y saboreando su sabor. Notando y sintiendo como su respiración se enriquecía a medida que pasaban los segundos. Y su excitación le exigía aire. Ahora ya sabía que el vestido era sostenido solo por su cintura y me empezaba a molestar. Me senté en el sillón. Se lo saqué. Ella me miró infantilmente. Tal como desviste a una hija su madre, sin decirme nada. Al reaccionar ella segura sabía lo que iba a pasar al notarse desnuda me advirtió pero no sin mucha convicción de parte de ella.

    -¡Es una locura, Marcelo! Me harás tuya pero soy tu nuera.

    La volví a besar y ahora le sostuve por largo tiempo sus senos. Le acariciaba los pezones que para esta altura estaban muy duros, solo ella respondía con susurros que aumentaban a medida que con la otra mano pasaba muy despacio acariciando su cola.

    Era perfecta

    Su cuerpo cubría asimétricamente y armoniosamente la soberbia de un cuerpo joven. Sus piernas entreabiertas dejaban ver a los costados de su tanga unos rizos negros, sus senos eran medianos y parados y en su cara se reflejaba: el deseo. Solo su bombacha le cubría el cuerpo y ella se impactó. Estaba vencida. Buscaba mi lengua en sus besos. Entre sus pezones se le había formado una aureola roja, rojísima. Que con el tiempo supe que era cuando iba alcanzar su orgasmo. En un arranque de calentura lleve mis manos por dentro de su tanga, notando que estaba húmeda. Le tomé el clítoris con mis dos dedos, y se lo apreté. Ella en un impulso involuntario arqueó su cola hacia atrás pero solo unos segundos, luego se apretó contra mi pierna y el dedo en su clítoris sin resistirse, empecé a jugar con mis dos dedos. Además, le penetré en su vagina, mis dedos libres. Ahí creo que vencí definitivamente la poca resistencia que había hasta ese momento ofrecido. Y se produjo su primer orgasmo. Luego de unos segundos, se recuperó y me dijo:

    -Marcelo, esto es una verdadera locura, mira lo que ya hicimos, es una verdadera locura. Pero te deseo. Me has calentado como ninguno, ahora te deseo y hace mucho que no estaba así de mojada. Cogeme, hacelo ya. Y que después nos juzgue en el infierno, si lo hay para esto. Pero hoy quiero ser solamente tuya.

    Al terminar de decir esto, llevó su mano a mi sexo. Yo siempre he tenido un sexo algo proporcionado, pero largo y mediano a gordo. Pero ese día se los juro mi miembro reventaba. Hasta a mí me asombro su estado, igual a mi mejor época. Lo sacó empezándolo a mover lentamente, balanceándolo con su mano. Al principio con algo de turbación pero a cada movimiento lo apretaba más. Yo también hice lo mismo con su tanga negra y allí descubrí su monte que era una belleza. Muy cubierto por una maraña de pelo negro que contrastaban con su suave piel blanca y sus jugos que se le marcaban como perlitas sobre sus dos labios.

    Me invitaban a saborearlo.

    Le tomé una pierna levantándosela. Y apoyándola sobre el respaldo del sillón de esa forma le empecé a besar su sexo. Al principio con mi lengua le fui hurgueteando en círculos por sus labios entreteniéndome en su clítoris. Algo más tarde entrando en ella. Marina gritaba se quejaba y lloraba de placer todo al mismo tiempo, cerrando sus piernas y apretando mi cabeza con una furia desconocida hasta ese momento. Así llegó a su orgasmo. La sentí acabar con un grito tremendo. Luego tomé en mis labios sus jugos. Me apoyé sobre el sillón y ella bajó su pierna. Me sacó el pantalón. Y mis calzoncillos. Ello me excitaba. Era como una esclava, sumisa. A cada prenda que me retira besaba mis tetillas y después cubriéndolos de besos. Así llegó hasta mi sexo. Lo miró y se acercó a mi glande, casi saboreando. Mi excitación era enorme y despacio fue recorriendo con breves pero sentidos besos, mi verga que a la circunstancia explotaba de deseo. Es que aún no sabía si se animase ella a metérselo en su boca. Se paró, pero solo un segundo. Mirándolo, nuevamente fue metiendo en su boca mi sexo, saboreando las oportunas gotas de una ante-eyaculación. Así despacio lo fue absorbiendo poco a poco. Le avisé que me venía. Ella lejos lo recibió todo. Percibí como mi semen le inundaba su boca. Ella le saboreó arrodillada. Luego de unos segundos, para mí un siglo, me besó. Fue a modo de aprobación, pero creo que ello lo hacía para sí. Se sentó junto a mí en un profundo silencio de ambos. Me confesó al rato, que me había hecho a mí, lo que a su marido se lo había negado sistemáticamente. Beberse, todo mi sabor.

    Ahí entendí ese beso.

    Me quería complacer en todo y eso le llamaba su atención… Solo estaba muy preocupada por lo que de ahora en más, nos ocurriría. Seguro a mí no me vería más como a su suegro. Ahora sería su amante.

    El primero

    Y quizá el único.

    Nos quedamos abrazados un rato sobre el sillón. Ella jugaba con su boca sobre mis tetillas y al rato mi sexo me pidió más. Desnuda la llevé a su dormitorio. La apoyé en su cama. Ella se dejaba hacer todo como extasiada. Es, mas estaba tan excitada que no me dejaba tiempo en pensar, ella misma me impulsaba a seguir permitiéndolo con su pasividad… Le empecé a besar pero me arrodillé poniendo debajo de su cola, unas almohadas. Logré así levantar más la entrada a su «cuevita». Ella cerraba los ojos, estirando las manos hacia el costado, después se tomó de los pequeños barrotes de la cama, como esperando el acto máximo de esa noche. Le introduje lentamente mi pija. Al principio ella se estiraba para atrás, pero al sentir que solo se estaba acomodando para recibirla me tranquilicé. Entre quejidos y balbuceos de gozo le escuché decir con una voz ya algo quebrada:

    -Despacio Marcelo despacio, que soy algo estrecha, no es que me queje, no soy virgen pero me gusta que me lo hagas despacio, como deseándome.

    Esto me excitó aún más. Y así me dejé caer introduciéndosela a medida que mi cuerpo y la resistencia de su vagina me lo permitían. Cuando esto llegó al final ella exhaló. Un pequeño grito le salió algo entrecortado y muy cerca de mi oído cuando se vino. Al ratito aun teniéndolo yo dura dentro de ella, me dijo.

    -La tienes algo mayor que la de mi esposo y me gusta así. Me excita tenerte, me calienta hacelo ahora, descárgate pero gózame, gózame entera como yo me entregué a ti. Pero sé suave y seguro, me gusta que me trates así.

    Me caliento aún más.

    -Hacelo despacio que nos sobra el tiempo, mi amor.

    Al tiempo me descargué, nunca lo había hecho. De ese modo y la cantidad. Soy mucho mayor y con grandes corridas en mí. Pero ella me podía, me podía. Al tiempo no mucho de ello, me dijo:

    -Un día de eso hace poco, estuve toda la mañana pajeándome con vos, Marcelo. Sabes me calentaste. Cuando estuvimos en tu casa y vos estabas con la malla, se te notaba toda no sé si lo hacías adrede o no te diste cuenta. Pero yo me di cuenta. Pero jamás pensé que era así, me la imagine de otra manera. Algo más gorda pero no tan larga. Y sabes Marcelo. Te la miré ese día toda la tarde y al salir a la calle, te la roce con mi pierna, ¿Sabías que lo hice a propósito?

    -No, No lo sabía Marina.

    Lo cual era en parte cierto lo del roce.

    -Además, mi marido esa noche se quedó dormido. Y no pude hacer el amor. Así cuando a la mañana él se fue, me hice cuatro pajas terribles. Ya en la última no podía más de lo irritada y solo me salía agüita. Todo por vos Marcelo. Y en las fiestas de fin de año, cuando fuimos me miraste todo el tiempo las tetas, y me hiciste poner colorada. Sabes fui sin corpiño solo para ti, y tú lo notaste, fue por lo de la mano, de la vez anterior.

    -¿Si me di, Marina cuenta y me pescaste mirándolas? Pero no sabía que era en mi honor.

    -Además, discutí con él porque no quería que fuese en el colectivo con la blusita sin nada debajo.

    -Valía la pena esperar, le dije

    Hacia un tiempo que ella misma se había colocado mi sexo, en verdad era ella lo que lo hacía. Yo aún no salía de mí asombro. Era una reina en la cama y ahora estaba totalmente desinhibida.

    -Como ahora Marcelo como ahora que la tengo adentro, es maravilloso sentirte. Marcelo te he recibido y quiero sentirte de nuevo. Sabías que íbamos a coger ni bien te vi esta tarde -me dijo-. Pero ¿Por qué tardaste tanto, bobo? yo desesperada… Vos cogiéndote a otras cuando, me tenías aquí tan dispuesta.

    Le miré sus senos. Estaban inundados de sangre y sabía que en cualquier momento sé venia. Le seguí diciendo cosas para que ello ocurriese. Mi sexo se fue metiendo en ella y no tenía límite en mi forma de actuar. Parecía un adolescente. Un chico con un juguete nuevo. No lo podía creer lo que me estaba pasado. Ella movía hacia los costados su cabeza sistemáticamente a medida que la presión de su sangre en sus labios vaginales aumentaba. Me besaba, en la cara, en mis labios, en los brazos, pero cuando nuestras bocas se encontraban me inundaba con su saliva. Luego me chupaba literalmente la lengua. Y muy próximo a su paraíso empezaba lentamente con sus quejidos. En un momento le vi su cara roja, su respiración se entrecortó y su voz se hizo gruesa, confusa pero le entendí:

    -¡Ahora va mi leche papito, recibila!

    Sentí como y por primera vez, el impulso de su orgasmo salido de sus entrañas aprisionaba mi glande en todo su recorrido muy dentro de ella. Pequeños impulsos sucesivos y luego uno más fuerte y definitivo fue lo que sentí. Después su aliento en mi cara emanado por su boca bien abierta solo para respirar por lo cansada en que se encontraba y verla caer suavemente en la almohada fue un precioso espectáculo. Ni con mi esposa u otra mujer en tantos años había sentido algo parecido. Marina sabia a la perfección interpretar un orgasmo y mostrárselo a su amante.

    -Es el primero que tengo tan largo -agregó al recuperarse- Ni siquiera cuando me desvirgaron fue así, ni en ese día que estaba tan dispuesta. Lo sentí salir desde mis entrañas, de adentro. Y aun siento tu leche, Marcelo dentro de mí… Me llenaste toda, dudo si hoy no me quedase embarazada. Marcelo no te muevas, quedémonos así un largo rato. Bésame, si bésame lo necesito. Estoy casi desmayada de placer, te di lo mejor de mí. Y ahora dentro de mí, tengo tu leche, la tuya. Estoy muy feliz.

    El domingo amanecimos juntos, al despertarnos ella me dijo que me quedara en la cama que me traería el desayuno. En tanto mientras se calentaba el café, llamó a su madrina. Nuevamente, lo que después se convirtió en una costumbre, disfrazó su día.

    -Hola, Rosa -le dijo-  La llamo para aclararte que estoy muy bien -además, mintió diciéndole que se iba a almorzar a lo de una amiga, a la casa de Juanita terminó diciéndole.

    Desayunamos y nos besamos, era insaciable. Puso el contestador telefónico y me dijo:

    -Tenemos parte de la mañana y la tarde para seguir siendo felices.

    Se fue al baño y al rato estaba más que bella. Deliciosa. Joven ardiente y complacida, se movía con su pelo recogido solo con una diminuta toalla en derredor de su cuerpo, sus senos eran, hermosísimas piernas largas y perfectas su sexo rodeado de una abundante matilla negra. Enloquecí como un pendejo al verla. Le dije que de seguir así me sería un problema dejarla. Ella me respondió.

    -Más te vale que no me dejes, y por lo que veo «apenas creo, te atiende tu mujer». Lo noté anoche.

    En verdad era ello parcialmente cierto, mi mujer me mantenía alejado de ella desde que le había venido su menopausia y solo me saciaba en un sexo oral de parte de ella.

    -Y donde encontrarás a una hembra hambrienta tal como soy para vos. A Alicia mi suegrita, Marcelo mejor por ahora déjala tranquila, que lo que aun tienes de potencia y calidad por dar lo quiero solo yo.

    Volvimos a hacer el amor. Hacía tiempo que la contemplaba dormir ya eran como las cuatro de la tarde. Se escuchaba los sonidos de una radio y pocos ruidos del escaso movimiento en la calle. Yo estaba literalmente roto, era mucho todo para mí. Ella en tanto estaba quieta, muy dormida. Totalmente desnuda se alejó algo de mi producto del intenso calor en esa pieza. Sus piernas alargadas y cruzadas combinaban perfectamente con sus senos aplanados sobre su cuerpo. Se notaba algo irritada entre sus piernas.  Su piel ahí estaba roja a diferencia del resto del cuerpo, pero su esposo apenas le notaria que allí el domingo, estuvo otro cuerpo.

    Se despertó y yo me apoyé sobre ella. Mi sexo justo se encajó entre sus nalgas. Se me movió, como asustada adivinó de alguna forma mi intención casi enseguida. Notó mi sexo duro. Yo me acerqué rodeando su cuello con mis brazos y apretando sus dos senos. Ella entendió el mensaje.

    -No, papi allí no, me va a doler aun nadie lo usó. Además, cuando voy de cuerpo siempre me duele.

    Le besé su nuca y bajé una mano a su sexo. Ella se empezó a mojarse. La puse de espaldas en la cama, ella me dijo que no por ahí no nuevamente, pero algo menos resistente. Le dije al oído.

    -Tienes crema de mano.

    -Sí -fue la respuesta.

    -Alcánzamela.

    -Me va a doler, nunca me lo han hecho. Marcelo soy virgen de ahí.

    -Ya no lo serás -fue mi respuesta- Déjame lo dilataremos con los dedos. Y solo tú me dirás, cuando.

    Al volver ella, la acomode debajo de las almohadas su cola. Me puse de pie junto a la cama y le empecé a en cremar su ano. Le fui dilatando e introduciéndole solo un dedo, al tiempo y cuando ella se acostumbró. Dos esperando así llegue hasta el tercero. Lo dejé quieto un tiempo prudencial, dando a su esfínter la suficiente dilatación como para recibirme. Ella involuntariamente cerraba y abría su ano.

    -Marcelo júrame que no me lo harás como un animal, trátame bien que te estoy dando mi virginidad.

    -Si -le dije.

    -Así lo haré Marina.

    Empecé la penetración. Ella de inmediato se quejó. Paré y luego de unos segundos cuando se hubo acostumbrado al inicio de la cabeza, despacio le introduje un poco más de mi sexo. Ella a cada paso se tocaba diciendo.

    -Todavía falta eso, Marcelo me vas a romper toda.

    Mintiéndole le dije:

    -Ya está casi adentro.

    Ella se lo toca.

    -ay –dijo- Marcelo me la metiste toda, casi te toco las bolas. Despacio querido, recorda que soy inexperta en esto.

    Había llegado a la totalidad de mi pija, y quería tener más se los juro para poder seguir. Pero todo se acaba y mi pija se acabó en su culo de un envión. Ella fue allí que se quejó. Creo que de haber prestado atención los vecinos lo hubiese escuchado el grito final de la penetración. Luego se calló y apoyó la boca en el colchón arqueando así más su cola. La veía transpirar. Se notaba ello en los pelos diminutos de sus piernas. Su sexo estaba rojo y mojado, ella se tocaba al mismo tiempo… Y yo la tenía quieta en su cola.

    -Marcelo me has desvirgado te he dado todo, te quiero -me dijo- No me dejes nunca. Me haces falta y te daré todo lo que quieras. Pero no me abandones, ahora que los has conseguido en un día todo lo mío.

    Terminé unos minutos después dentro de ella. Ella acabó profundamente con dos de sus dedos dentro de su vagina. Se echó en la cama con la cola hacia arriba. Al rato no mucho de ello vi como de su ano y junto con algunas gotitas de sangre, mi semen se discurría lentamente. Esa vista me marcó para siempre. Aun después de mucho tiempo la veo a ella tocarse su ano casi sin hacerlo por temor al dolor, luego limpiarse con una pequeña toalla mis líquidos que para ese entonces se le resbalaban por su entre piernas. Mirar asombrada esa toalla y decirme:

    -Marcelo esconderé esta toalla. Será nuestro secreto de por vida por haberte entregado mi virginidad.

    Ahí comprendí que ella estaba enamorada de mí desde hacía mucho tiempo atrás. Nos bañamos juntos. Me dijo que la había dejado muy dolorida. Se le veía en verdad algo roja la entrada de su ano. Se sentó de costado y me empezó a decir.

    -Ándate Marcelo se te hace tarde y estoy algo cansada.

    No me reprochaba lo de su ano, pero me mostró que estaba toda irritada y que en su espalda le había marcado.

    -No te preocupes, algo se me ocurrirá decirle. Pero Marcelo no me mientas y no me dejes, ahora sé que te amo.

    Pero a mí, solo me sostenía el aliento. Nos despedimos como novios. En verdad allí nació nuestro amor, que aún perdura. Muy diferente a cualquiera otro. Y llegué con ella a realizar cosas que nunca ante me hubiese atrevido a hacer con otra mujer. Creo que ella había nacido para ser una reina de la cama.

    Continuará…

  • Gran amante citadino ahora mi vecino

    Gran amante citadino ahora mi vecino

    Hola Chicos!!!

    Estoy de regreso, ya recuperé mi cuenta y nuevamente vuelvo a escribir recargada y mejorada, aun así espero sus comentarios para seguir mejorando además recuerden que todo lo que leen son vivencias como esta que acaba de suceder.

    Les recuerdo quien soy, Alexa nací en la Ciudad de México hace 23 años mido 175 descalza más que linda me considero atractiva delgadita abrazable con un culito rico y durito con tetas nada fuera de lo normal pero si muy duritas. Me encanta andar en tanga que entre más pequeñas es mejor y andar sin bra que es algo liberador aunque no lo ven bien en la oficina.

    Miguel había sido un buen amante allá en el DF, lo conocí por medio de unas amigas, yo no sabía que era vecino de la casa de junto, fueron unos años recibiendo sus visitas nocturnas o solo llegaba a dormir calientito, nuestra atracción fue más que nada sexual desde un principio ambos sabíamos que era coger y ya sin caer en sentimentalismos, es un tipo alto más que yo con barba cerrada cabello medio largo ni flaco ni gordo pero si se ejercitaba con unas nalguitas redonditas que se antojaba morder y un pito rico venoso con ese pellejito mmm rico y me hacía vibrar con todo lo que me hacía en la cama.

    El año pasado cual fue mi sorpresa de ver esa cara conocida un día entrando a mi privada cuando lo vi bajando unas cosas de su coche, yo en ese momento me quede sorprendida pero no pude hacer mas ya que iba con mi novio entonces solo suspire por saber que hacia ahí y que caray tendría la oportunidad de ir más veces a la alberca de la privada con mis bikinis chiquitos consentidos.

    Un sábado por la tarde después de trabajar iba llegando a la privada en mi coche y él estaba ahí sin camisa en bermudas y chanclas despidiendo a alguien yo hice tiempo y cuando se fue la susodicha yo me hice a un lado para que pasar en su coche y ups quede enfrente de él, ya saben «HOLA que cosas que milagro como estas”, ambos sorprendidos y con mucho gusto de vernos. Me baje del auto así casual con un short de mezclilla de esos que se te sale el culo de lo cortito que estaba y con una blusita holgada yo traía la parte de arriba del Bikini asomándose mis tetas un poco ya con el movimiento y el calor pues las niñas quieren tomar aire, el sudaba y yo solo quería abrazar ese cuerpo sudoroso enfrente de mí, una cerveza dos cervezas el calor el sudor y con la alberca casi enfrente más un abrazo así pegajoso nos reímos y nos fuimos a la alberca, él ya estaba listo, yo solo me quite la blusa me acomode mis tetitas y me quite el short con ese movimiento giratorio que cuando me lo estaba bajando termine dándole la espalda y claro vio en primer plano que lo que traía debajo era un bikini chiquitito bien metido entre mis nalgas y claro bien sudadita.

    Mas cervezas más platicas llevaron a más cosas ahí en la alberca a estarnos abrazando roces a propósito de mi parte y el gusto de vernos y yo sentí en uno de esos movimiento como mi amiguito se estaba excitando de verme y sobre todo sentirme, de mala forma me tuve que despedir no quería pero mi novio no tardaba en llegar así que emprendí la huida que realmente no era muy lejos solo a un par de casas de él.

    Meses después coincidimos en La Vaquita aquí en Playa ya era un poco temprano jajaja (5am) cuando decidí irme a mi casa mi novio después de manosearme ahí en los sillones decidió quedarse con sus amigos, yo estaba cansada y me fui a casa, cuál fue mi sorpresa de encontrármelo en la 10 Av. buscando taxi, así que ya saben beso abrazo así embarrándomele de sorpresa pero yo inconscientemente preparando el terreno de hey, estoy un poco ebria ando ligera de ropas estoy sola y quizás tenga ganas como le gusta, compartimos taxi, él se veía rico vestía unas bermudas con camisita muy coqueto y yo un short blanco muy justito sexy y una blusita sin bra por eso del calor, platicamos en el taxi y llegamos súper rápido, nos quedamos así a media calle platicando tonterías me dice “si quiero una copa de vino” le dije “ok solo déjame entrar a tu baño”. Ya saben una aseada rápida y me quite la tanga guardándola en un bolsillo no sé qué loquera me paso. Dentro de todo lo que platicábamos con puertas y ventanas abiertas y luces encendidas me dice -aun me acuerdo cuando cogíamos a diestra y siniestra, te sigues moviendo igual?

    Saque mi tanga y se la puse en la cara era una blanca casi transparente de esas que se pierden rápido entre mis nalgas -me sigo moviendo igual, puedes comprobarlo pero sin tocarme- él ya tenía un bulto en su bermuda.

    Me recargue en su mesa, como ya estaba yo bien mojada baje mi short de un movimiento que yo sabía lo vuelve loco, yo estaba empapada completamente accesible ya no tenía mi tanga así que lo jale detrás de mí, no podía tocarme con sus manos y lo bueno de estar más alto que yo que solo puso la punta de su animal perfectamente erecta y dirigida a mi colita cuando sentí como me empezó a empuñar su pito en mi panochita depilada bien lubricada y empezó a bombear entrando sin problema alguno después de unos minutos le dije “no te muevas y ponte duro que vas a sentir como me muevo”, empecé a hacer 8s con mi cadera arriba abajo movimiento circulares, el solo se sostenía de la mesa para que yo no lo empujara hacia atrás yo seguía mis movimientos y solo escuchaba los sonidos de sus huevos con mis nalgas empapadas en el ve y van del movimiento, lo saque y me recosté en la mesa con mis piernas lo abrace por la cintura y lo jale hacia mí, me quería tocar y le dije -si tocas pierdes- así que lo jale y le di un poco de libertad de bombear, cada vez los dos jadeábamos más y más y más hasta que termino dentro de mi hasta el fondo como me gusta y él lo sabe ahhh que rico!!!

    Me quite, me vestí y me fui sin decir más nada viéndolo hasta un mes después pero esa ya es otra historia…

  • Marina, mi nuera (Segunda parte)

    Marina, mi nuera (Segunda parte)

    A partir de aquel día, mi suegro fue lo único que circuló por mi cabeza. Era realmente insuperable, él me saciaba en la cama ya que con mi marido las relaciones por poco se fueron distanciando. Si bien mi marido, me buscaba y yo habría las piernas me mordía por no decir el nombre de mi hombre, Marcelo al orgasmar. Tampoco le dejaba a mi esposo penetrarme por mi cola, a diferencia de Marcelo que cada día me saciaba más por ella y hasta con aparatos.

    Un día mi marido me insinuó de usarla con él, explicando que su amigo se lo hacía a su esposa.

    -Bueno -le dije- anda a hacérselo a la mujer de tu amigo, porque a mí no me lo harás.

    Si bien Marcelo cada día era más ocurrente e inventamos mil maneras de hacer el amor, nunca en verdad me satisfacía. Me calentaba de manera alocada y yo enardecía por tener su miembro dentro de mi vagina lo más urgente. Una vez mientras terminábamos de coger me confesó otros deseos ocultos que quería llegar a hacer con mi cuerpo. Le gustaba que los hombres me manosearan en la calle, uno, dos o muchos hombres, pero no cogida por esos mismos hombres.

    -¡Marcelo! -Le dije- pero que me decís? Eso no es normal que le hagan a tu mujercita.

    Por un tiempo Marcelo se calló. Pero ese deseo en mi siguió, de alguna manera dándome vueltas y la manera de complacer a Marcelo. Un día surgió el tema casi naturalmente hablando con mi vecina. Y la confidencia de ella me sorprendió aún más:

    Empezó diciéndole:

    -Mi marido casi siempre por más que yo me pusiese lo más llamativo ni me prestaba atención y hasta muchas veces ni se daba cuenta cuando llevaba o no, corpiño o menos, calzón. Una tarde de agosto salí a caminar, estaba terriblemente disgustada con mi marido, porque era un atardecer muy lindo y él quería irse a ver un partido de fútbol que jugaba San Lorenzo de Almagro. Mi suegra que vivía entonces en casa se había ido a lo de su hija y yo me quedé sola. Al rato de pensarlo salí a caminar pero me vestí en forma llamativa para esto serían las cinco de la tarde. Al poco de caminar dos hombres me empezaron a decir cosa, que de alguna manera me encendieron a tal punto que empecé a coquetear y responderles, sin medir las consecuencias. Si lo hacía era por darle el merecido castigo a mi marido inconscientemente por tener sexo, y de paso demostrarme a mí misma que aun podía levantar las miradas y los deseos de extraños. Los dos hombres que por ser domingo se notaban que tenían unas ligeras copas de más se alentaban cada vez más a sí mismos, por creer que llegarían a cogerme. De decirme cosas, se me acercaron cada vez más intentando tocarme. Pero en un descuido y al pasar por una puerta abierta que justamente era de ellos, de un empujón los dos hombres la metieron en su casa. Mientras uno de ello la tenía apretada del cuerpo y de la boca, el otro se dedicó a desprenderme la blusa. Una túnica abrochada atrás sin corpiño era todo y al momento mis senos aparecieron libres de ataduras ante la mirada de ellos. Cuando me pude recomponer algo notó que era tarde ya me habían quitado la pollera tirando y desgarrando mi calzón. Él más joven a un tiempo, saca su sexo y sin decirle nada, la penetro casi brutalmente. Operó, en ese momento en mi algo increíble que ella nunca hubiese imaginado; Dejé de resistirme, y acomodándose mejor para que no le dañara su vagina la sentí completamente. Esa pija llenaba toda su vagina un joven y cavernoso cuerpo caliente respetable la empalmó casi en el aire Ahora era ella la que se empezaba a mover al compás de las caderas del joven. Gozaba como nunca lo había hecho, es que esa sensación de lujuria por ser violada casi brutalmente, se confundía con la necesidad de sexo, además, sin duda esa cosa que la penetraba era mayor y más dura que la de su marido. El otro le empezó a tocar sus senos que después, besó apasionadamente. Ahora estaba como en un sueño del que se despertó cuando algo tan conocido por ella le empezaba a recorrer por su vagina. Se tranquilizó, lo peor había pasado y ella estaba bien realmente bien. Se dejó llevar hasta la pieza no oponiendo ninguna resistencia. Los hombres, ahora sorprendidos por el cambio de actitud en ella se empezaron a desnudar totalmente en silencio como para que ello no despertara de esa expansión de sentimiento en que se encontraba.

    Reaccionando, le seguía contando a Mariana, al acostarme y totalmente desnuda en la cama para cuando esperaba que el otro hombre se acomodase enfrente de ella les dijo:

    De uno en uno pero que por favor, que no la marcasen. Temía que su marido lo descubriese después. Y así lo hicieron y al cabo de un tiempo compartían la misma cama por turnos. Los recibió unas cuantas veces en esa tarde y ella fue una catarata de orgasmos hasta que perdió la cuenta en su sexto orgasmo. Los hombres que eran albañiles acostumbrados al trabajo duro no obstante yo les dejé exhaustos. Y hasta casi le permití al más joven hacerme la cola pero me asusté, Marina. Porque ya era tarde debía regresar a casa, y, además, no estaba segura si por causas del alcohol me lo hiciese suave. Me bañé y se arreglé el pelo, también miré bien para ver que no hubiesen quedado huellas del amor mientras los dos hombres seguían dormidos. Me fui cerrando la puerta de la casa casi como si fuera la dueña.

    Esta historia me motivó tanto que al contárselo a Marcelo me pidió sexo urgente. Mientras cogía por la cola le exigió a Marcelo que le metiera un consolador por su vagina. Ese día estaba más excitada que nunca y hasta se pajeó al ver que no se podía contenerse después de retirarse Marcelo de la casa bien tarde. La historia y la imagen de su amiga cogiendo con esos hombres desconocidos le habían transformado. Una tarde le dijo a Marcelo muy sumisa:

    -¿Marcelo quieres que coja con otro?

    -Me gustaría, Marina de verdad, pero cuando estés segura de ello.

    Al día siguiente Marina llamó a Marcelo y le dijo que la fuese a buscarla a Constitución. Marcelo, solo quiero calentar, a unos cuantos hombres y después que vos me cojas en un hotel. Le mostró que para ello se había comprado, en la zona, una diminuta minifalda, tan corta que casi se le veía si se agachaba la cola. En un bar me cambio y salimos a jugar, dijo…

    Así se paseó por la calle, escuchando las más horrendas porquerías y cuando alguien la quería tocar, salía Marcelo de entre los autos, para calmar al atontado tipo. Así y después de haber calentado a más de uno llegaron a un hotel. Antes que se la secara le mostró a su hombre su bombacha. Estaba humedecida. Y su vagina era un torrente de pasión.

    -Acabé dos veces en la calle con lo que me decían esos hombres -le dijo a Marcelo- Actué solo para ti, como una verdadera putita de la calle.

    Con el tiempo empezaron a subir a los colectivos repletos de obreros. Marcelo veía como la tocaban esos hombres al poco rato en que ella se les insinuara apoyando su cala al alcance de las manos. Ella hacia como sí nada, pero sabía que Marcelo veía todo. Un día uno fue más lejos: le acabó en su cola. Ella le hizo una seña y se bajaron rápido. Extasiada le mostraba a Marcelo como la habían mojado.

    Subieron a un taxi y fueron al hotel.

    Una vez y con toda la mala intención Marina se compró una malla chiquita en una tienda de Caballito porque esa tarde iría con Marcelo a una quinta de un amigo de él. Su esposo estaba en el interior y no llegaría hasta cuatro días después. Cada vez salía por más tiempo con Marcelo. Marina llamó a su madre para decirle que ese fin de semana se iba a lo de una amiga a Castelar, y que por las dudas no le dijese nada al esposo si este llamara. Llegaron a la quinta que estaba algo alejada de la estación de Castelar, en el oeste de la provincia de Buenos Aires, en un hermoso día de verano. E inmediatamente se fue a cambiar a la pieza. Era chica su malla ahora viéndola mejor pensaba Mariana, además estaba el amigo de Marcelo que no le tenía confianza y ya no estaba tan segura de estar cómoda en su presencia, pero la amistad de Marcelo con el dueño de casa impedía cualquier mal entendido. Marcelo le dijo que la amiga de su amigo, llegaría un poco más tarde, y así se animó a salir. El amigo se sobresaltó al verla y Marcelo le sonrió cómplicemente. Era una malla que apenas le cubría dos triángulos escasos sus senos que a causa de un viento se le marcaban terriblemente, y una línea de tela minúscula y un pequeño triángulo cubría su sexo y cola. Por suerte se había depilado un poco más de lo necesario, porque si no podía usarla. El amigo de Marcelo se relamía, era un flaco divino dueño de la más, grande inmobiliaria de la zona. Tomando sol Marcelo, le sugería a Marina que hiciera toples, al principio se resistió pero lo hizo mirando al suelo, lo que aprovecho Marcelo para pasarle por todo su cuerpo bronceador. Marina se fue calentado y un rato después al comprobar que el amigo de Marcelo había desaparecido, sé dio vuelta. Sus senos al aire invitaron a Marcelo a besárselos.

    -Marcelo, tu amigo -dijo.

    -Quédate tranquila lo vi irse a comprar el asado y el pan.

    Se quedó tranquila y al rato se estaban manoseando y besando. Las caricias fueron aumentando y después de un rato Marcelo le sugirió ir a la pieza.

    -¿Cómo vamos a dejar solo a Andrés?

    -Si acaso él no sabe que somos novios.

    -Si pero Marcelo, tengo miedo que él nos vea.

    -No seas tonta, dale.

    Entraron al dormitorio. Marina se fue acomodando en la cama boca abajo mientras Marcelo le besaba su nuca. Esto a ella le excitaba al máximo y por debajo le metía la mano en su sexo, magreandola.

    -Como te gusta papi mi cola -le dijo Marina.

    Así estuvieron un rato hasta, que Marcelo le quitó la parte de abajo de la malla.

    -Levante la cola- le dijo Marcelo- ardo por hacerte el culo.

    Mientras la preparaba, meciéndole un dedo en su ano y diciéndole porquerías al oído, esa era la formula en que Marina no se resistiría jamás Marcelo le toma la mano a su amigo, que sin respirar había presenciado el preludio amoroso. Al entrar a esa pieza tan oscura y por el sol Marina no lo divisó nada. Él estaba atrás de una cortina gruesa. Andrés se había desnudado y así sin hablar se aguantó su propia calentura al escuchar las caricias. Es por ello que Marcelo se lo decía al oído a Marina, para que no escuchase al acercase a ella por atrás a Andrés. Se detuvo Andrés junto a Marina que permanecía con la cola levantada esperando a que su hombre la penetrara.

    -Despacio Marcelo -dijo ella.

    Marina vio que lentamente su ano se dilataba al ser penetrada y apoyando la cabeza en la almohada le dijo

    -Más papito ahora del todo

    Así fue que creyendo tener entre su esfínter el sexo de Marcelo, en realidad era el de Andrés. Marcelo veía por primera vez a Marina cogida por un extraño. Se movía como una diosa y enloquecida de placer Marcelo que al rato y un momento antes que ella estalla en su orgasmo, se acercó hasta levantado su cara de la almohada. Ella abrió los ojos desmesuradamente. No lo podía creer, y le dijo muy asustada

    -¿De quién es esa pija dentro de mi culo? Hijo de puta –gritó- ¿Quién me coge?

    Y dándose vuelta vio a Andrés a punto de acabar con la cara rojísima. Ya todo estaba consumado Andrés se descargaba en su interior. Eso le excitó y unos segundos después ella tuvo su orgasmo. El más importante de los últimos tiempos.

    Luego de pasada la confusión y una vez repuesta, Marina atendió a los dos hombres elaborando sus mejores polvos y así pasaron los tres la tarde del sábado cogiendo.

  • Mi jefe me hizo aullar de placer

    Mi jefe me hizo aullar de placer

    Soy una hembra mexicana, muy voluptuosa y de las más putas, viviendo en Estados Unidos; y quiero platicarles mis experiencias. Después de la decepción que tuve ante mi esperada primera experiencia sexual, estuve un tiempo muy deprimida, odiando mi cuerpo muy desarrollado para la edad que tenía en aquella época…

    Mi noviecito de mi misma edad, achacó su bajo rendimiento y su falla, debido a la enorme excitación que le causé cuando vio mis tremendas nalgotas, mis muslos gordos y mi panocha húmeda y peluda; además de que el olor penetrante de mi sexo, lo habían terminado por bloquearlo.

    Total que fue el fin de mi relación con él, pues además se encargó de correr la voz con todas las amistades de la Prepa que yo era bien facilota. Cuando entré a mi primer y único empleo, conocí a un señor que casi me doblaba la edad; era uno de los hombres más importantes del corporativo de abogados y el más asediado por todas las mujeres que allí laborábamos. Precisamente ocurrió lo contrario conmigo, pues sin mostrarme coqueta e insinuante con él, aquel hermoso ejemplar masculino se fijara en mí, y de ser secretaria general en aquella oficina, me pidió como su secretaria particular.

    Entre semana yo me la pasaba sentada en mi escritorio que estaba fuera de su privado, pero los sábados, entraba al interior para darle los detalles ocurridos durante la semana laboral y recibir instrucciones para la semana que seguía… Poco a poco me di cuenta que a él le agradaba verme las nalgas en jeans súper untados, o minifaldas muy cortas, donde toda la exuberancia de mis muslos quedaba al descubierto. Así que los días sábados podíamos ir vestidas como nos viniera en gana, olvidándonos de los tradicionales uniforme que nos poníamos los demás días.

    A las 4 o 5 semanas, mis compañeras me preguntaban que si ya me había acostado con él, pues las anteriores secretarias todas lo habían probado y todas ellas coincidían que su verga era muy rica y grandota. Lo que había pasado con mi noviecito me había impedido pensar en volver a repetir la experiencia, pues en realidad me sentía fea y gorda. Pero mi jefe me hizo borrar toda mala impresión que traía en mente.

    Ese sábado llevaba y una minifalda floreada, sin medias, pues era pleno verano y aquí en mi ciudad las temperaturas alcanzan los 42ºC. Al sentarme en mi silla, alejada como unos dos metros de su escritorio y frente a él, le permitía apreciar mis gordos muslos, que con la presión de la silla, se expandían enormemente. El trataba de disimular que no me veía, yo iba decidida a llegar hasta el límite y ver que sucedía, pues se hablaba tanto de él, de su forma de seducir y quise comprobarlo. Y creo que a propósito lo hizo, pues al cabo de unos minutos, se puso de pie y se recargó en su escritorio, quedando de frente a mí, mientras seguía dictándome sus instrucciones y yo tomaba nota y le veía su gran erección bajo el pantalón.

    En el colmo de la cachondería y con la intención de querer calentarlo aún más, crucé mis torneadas piernas, mostrándoselas por completo, casi hasta los calzones. Cuando terminó de dictarme, me puse de pie para despedirme y salir del privado, y él sin decir nada, me abrazó y me besó en la boca. Sentí sabrosísima su lengua y su aliento, la temperatura ideal para hacer de ese beso una cálida caricia. El segundo beso ya fue más relajado por parte de los dos, me atreví a entrelazar mi lengua con la suya, meter la mía en su boca y succionar la de él hasta tragármela, ¡riquísimo!…

    Me puso de frente a él, y sin dejar de besarnos me atrajo de las nalgas hasta que sentí la dureza de su verga presionando mi pubis, pues éramos de la misma estatura; me guio despacito hacia su escritorio y me levantó para sentarme sobre la plataforma. Abrió mis piernas para meterse en medio de ellas y comenzó a sobármelas como se le venía en ganas. Ya mi calentura era extrema, sentí como se mojaban mis pantaletas y cuando se dio cuenta, pasó de sobarme el exterior de los muslos al interior de mi entrepierna, concretamente a los hinchadísimos labios de mi cuca.

    Hizo mi calzón a un lado y acarició mi labia vaginal, expandiendo mis jugos a todo lo largo de mi pepa. Después introdujo un dedo en mi panocha y lo sacó para llevárselo a la nariz, después a su boca, opinando que yo era una niña exquisita y muy caliente, pues en un tris me había empapado por completo. Me volvió a besar en la boca, pasándose a mi cuello y hombros; se me acercó tanto que sentí su verga palpitar en mi concha. Instintivamente bajé mis manos y toque si endurecido garrote, me dio algo de temor pues yo solo había tocado la verguita de mi novio, que si acaso apenas llegaba a unos 10cms de larga y gruesa solo como el dedo medio de mi mano. Esto era diferente, yo solo las había visto en revistas y películas, pero no pensé que existiera algo así.

    Mi jefe se desabotonó el pantalón y se lo bajó con todo y calzoncillos. Lo que vi casi me provoca un desmayo, pues tenía una vergota, gruesa, venuda y cabezona, digna de un semental. Al intentar rodearla con mi mano y no lograrlo, me dio algo de miedo; dudé que esa terrible ñonga me cupiera en mi cuevita, mucho menos en la boca, porque ya tenía en mente mamársela y dejar que me la metiera. Pero él, todo un experto, me estuvo calentando y llevándome al límite de la locura del placer, mis jugos vaginales ya habían traspasado la tela de mi pantaleta y escurrían hacia su escritorio donde permanecía sentada.

    Él se agachó a besarme los muslos, diciendo que mi vulva olía riquísimo; me los lamió delicadamente sin dejarme marcas, lengüeteó mi ingle y después me quitó el calzoncito para abrirme de piernas y lamer mi raja; la sensación fue exquisita, era la primera vez que me lo hacían, y ahí conocí lo rico que es una mamada.

    Yo también me moría de ganas por mamarle la vergota, pero no me mostraba desesperación por metérmela, permanecía sereno mamándome la pepa, besado mis muslos y de vez en cuando, lengüeteaba mi culo. Hasta que llegó el momento de metérmela. Antes me pasó la cabezota de su chile por mis empapados labios vaginales y vellos hasta que se embarró toda la verga con mis secreciones. Hizo presión y su cabezona tronó al traspasar la entrada de mi vagina, me dolió un poco, pero magistralmente mi jefe me llevó del dolor al placer, metiéndome poco a poco ese animal que tiene por verga.

    Cuando lo alojó todo dentro de mi pucha, me escurría a través de mis nalguitas miel de lujuria mezclada con algo de sangrita, pues realmente él me había desvirgado; cuando lo notó, me besó tiernamente. Sentía las palpitaciones de su garrote dentro de mi ser, y un suspiro de satisfacción brotó de mis labios al sentirme empalada por completo y saber que había sido capaz de comerme semejante verga. Me cargó sin sacármela y me llevó a un elegante sofá tapizado en piel color negro… Allí me penetró de mil formas hasta que mi panocha se acostumbró a aquella vergota.

    Sentí riquísimo cuando entraba toda y me causaba un dolorcito que yo lo sentía en el estómago, pero no quería dejar de sentirlo. Cuando me puso de doggy style, abrió mis nalgotas y cuando vio mi culito virgen y apretado, se inclinó y me lo lengüeteó hundiendo su lengua muy profundamente, caricias que por primera vez yo experimentaba; quería ser solo de él y para siempre.

    Intentó meterme su cabezota, pero se dio cuenta que era imposible, pues yo no estaba preparada para eso. Volvió a metérmela por mi gruta que seguía destilando mis jugos y le pedí que se moviera rápido y enérgico. ¡Ni hablar!, me dio la cogida de mi vida, haciéndome llegar al orgasmo muchas veces, tantas que ni las conté, solo sentí que me desmayaba, así llegó el momento de que él se viniera. Deseaba que me aventara todo su semen dentro de mí y comprobar si se sentía tan maravilloso como decían mis amigas, pero creo que él no quiso arriesgarse y me aventó toda su leche en mi vientre, escurriendo una gran cantidad de semen hacia los pelos de mi panocha.

    Me encantó la mezcla del olor de la piel del sillón, el olor de su semen, el olor de mi pepa caliente, etc. ¿Cómo olvidar aquella hermosa experiencia?… Con mi jefe aprendí todo lo básico del sexo: a mamar verga, a alojar su cabezota en mi ano, a metérmela toda en mi boca… Lo adoro, lo sentí mío por un tiempo, yo le pertenecía de igual forma. Pero todo acaba. Ahora entenderán mi preferencia por los hombres maduros.

  • Si hago algo, lo hago bien

    Si hago algo, lo hago bien

    Era un buen verano, ya hace años. Había vuelto al lugar habitual tras unos años de ausencia, por vacaciones y estaba todo igual, los sitios, las playas, la gente, los amigos… me alegró el reencuentro, pero especialmente con ella, hacía años que no la veía, y me sorprendió gratamente su aparición. Amiga mía desde niños, siempre nos habíamos llevado muy bien, mucho cariño y admiración mutua. Ya de niña era guapa, pero a sus veintitantos estaba mejor que nunca. La saludé en la playa, iba en bikini negro, la expresé mi alegría de volver a verla, ella hizo lo mismo, y para mis adentros además, pensé «está exquisita de veras”. Siempre la había visto como amiga, pero era imposible no mirarla como mujer: su negro cabello liso, largo, su blanca piel, su esbelto, duro y bien formado cuerpo, sus curvas, y sus pechos, grandes, exuberantes… era una delicia la muchacha, así da gusto reencontrarse!!

    Pasaban los días como soplos, lo típico cuando lo pasas bien, todos los días en la playa, muchas conversaciones, y las noches todas de fiesta toda la panda que nos juntábamos, bebíamos, bailábamos, reíamos, cerrábamos todos los garitos… que mejor? Lo mejor estaba por llegar.

    Así paso la corta semana de vacaciones y llego la última noche. Entre ella y yo había habido una gran complicidad todos esos días, un buen rollo mutuo, nos alegrábamos de habernos encontrado de nuevo, y esa noche había cierta tristeza porque de vuelta a los quehaceres poco íbamos a vernos ya, la magia resisa allí.

    Salimos como cada noche, y ella y yo estuvimos más juntos que los anteriores días, hablando, tomando copas, bailando… En el último garito dos chicas me dieron conversación en la barra y ella llegó presta a «rescatarme». «No voy a dejar que te vayas con esas dos mientras este yo aquí eh?” -dijo riendo pícaramente. A mi aquello me subía de tono la verdad. No había tramado yo nada, pero las cosas parecían pasar solas.

    Al amanecer, ya de vuelta a casa, unos cuanto acabamos en mi piso, ella incluida claro, y allí empezó a crecer mi deseo de quedarnos a solas, pero los amigos borrachos ya sabéis lo que tardan en largarse cuando más deben, lo harán adrede? Fijo. El caso es que ella parecía querer lo mismo y hubimos de hacer una pantomima de irnos todos a la calle y yo prestarme a acompañarla. Una vez solos, nos sentamos y entre el alcohol ingerido y la desinhibición del último día la propuse regresar a mi casa, ella pareció resistirse, estaba cansada, la esperaba un viaje en apenas 2 horas, pero acepto finalmente. Ya en casa de nuevo las conversaciones se llenaban de picardías e indirectas

    «Me has traído para violarme no»? -decía ella entre risas «No, para que me violes tu» respondía yo.

    Y nuestras bocas estaban tan cerca que creo que solas se lanzaron una a la otra para comerse con ansia, la contenida de 8 días. Respiraciones agitadas, manos traviesas, ansia, placer.

    «Eres un cabrón, me voy en 2 horas y estoy aquí en vez de durmiendo» decía ella sin dejar de comerme los labios.

    Mis manos acariciaban su pecho y deseosas se deslizaban hacia sus tetas, que habían sido fuente de mis fantasías desde hacía mucho, y allí estaban, suaves, de gran tamaño, estaba perdiendo la cabeza mientras se las acariciaba y pellizcaba sus erizados pezones… no pude más y la tumbé en la cama, poniéndome sobre ella. Levante su camiseta y sujetador y las miré, su tamaño y forma me sorprendieron, mi gesto de vicio debía ser considerable y sin poder más lamí sus tetas, las acariciaba y chupaba en todo su contorno, ella respondía con sonoros jadeos.

    «Sabes que siempre he querido hacer esto? Lo confieso», dije yo sin dejar que mi lengua se retirara de sus pezones.

    «Lo se lo sé… siempre lo he sabido cabrón» dijo ella entre gemidos y risas. Eso me hizo hacerlo con más ansia, quería comerle las tetas con el deseo acumulado de años… y vaya si lo hice. Bajé después por su liso vientre disfrutando del sabor de su piel y desde ahí me llegaba el dulce aroma de su sexo, intenso y dulcísimo, me recordó al licor de mora y no pude demorarme más en bajar a sus bragas, bajárselas con la boca y lamer su clítoris. Ella jadeó más intensamente aun, gritó, le gustaba, lo deseaba y se lo di, lamí su clítoris velozmente con la punta de mi lengua, y luego lamidas más intensas hasta que lo cogí con mis labios y se lo chupé intensamente sin dejar de acariciar sus tetas, sus costados, sus piernas. Estaba poseído por una lujuria irrefrenable.

    «Aaahh no nooo, cabrón noooo» gritó ella, pero era tarde y lo más dulce de su ser lo depositó en mi boca, moviéndose para restregarse más, y prolongar su orgasmo, sus jadeos acariciaban mis oídos, mis manos agarraban fuerte su culo para darle más gusto.

    No la dejé reponerse y me puse sobre ella queriendo penetrarla fuerte, la puse sobre su sexo húmedo pero ella me apartó «nooo no me folles, que me tengo que ir yaaa» dijo riéndose… «me van a matar». Uno respeta a sus amigas por muy caliente que vaya, y me retiré, con la entrepierna reventando en mi pantalón siempre demasiado ceñido.

    «No te preocupes que no te voy a dejar así» dijo bajando a mi bragueta, admito que se me iluminó la cara, y más cuando la sentí desabrocharme y bajarme los vaqueros, no se demoró y chupó dulcemente, aunque había prisa quería hacerme gozar y vaya si lo hizo. Tenía a mi tan deseada amiga comiéndome donde más placer me daba, realmente increíble. Hizo una mamada a mi glande tras bajar la piel que me costara olvidar, el mismo placer era sentirla que verla, lo metía en su boca de una forma estilizada y dulce, su lengua por dentro hacia maravillas en mi glande, sus succiones, las caricias de sus manos, en mi pene, mis testículos, también los chupó y comió, alternaba y daba placer por igual a uno y otro, y volvía a chupar mi durísimo miembro que poco ya aguantaría y así se lo hice saber, no es por presumir pero yo aviso porque no sé si ella quiere hacerlo hasta el final y ella manifestó su voluntad:

    «Si lo hago, lo hago bien, así que disfruta», dijo con una voz pícara y cansada, morbosisima. Admito que me alegré, siempre es un placer que te hagan acabar así o no? Meneó fuerte mi palo dentro de su boca dándome un gusto infinito y entre grandes gritos tuve un orgasmo bestial eyaculando en su boca repetidas veces sin perder detalle de cómo lo tragaba y algo se le iba por los bordes de la boca, fue muy placentero y de verdad que no me importo no follar.

    Risas, miradas «raras» de lo que acababa de ocurrir, y complicidad ante todo, cierta culpa porqué no decirlo rápidamente esfumada, porque cuando algo apetece, que se puede hacer?

    Y así nos despedimos, y poquísimo nos hemos visto desde entonces, aunque por circunstancias que no contaré puede que en breve nos volvamos a ver, y me da la misma emoción que morbo lo admito.

  • Una experiencia abstracta

    Una experiencia abstracta

    Hice la misma rutina nocturna: me había relajado en el yacusi tomándome un whisky y me di una ducha rápida para quitarme el cloro de la pileta, me sequé y me fui directo a la cama y esa noche me quedé totalmente desnudo, ni siquiera me cubrí con alguna sabana. Oí como la puerta se abrió, pues nunca le echo llave pues literalmente solamente vivo yo, pues mi hermana vive en el sótano y regularmente se mantiene ahí cuando no está trabajando.

    Imaginé que al verme desnudo la puerta se volvería a cerrar, pero para mi sorpresa siento las manos de mi hermana Kashira masajeando mis glúteos y siento su respiración por sobre el cuello y siento ese morbo prohibido e imagino a mi hermana besándome el cuello. En segundos sucede, Kashira me ha besado el cuello y siento su lengua deslizarse por sobre mi espalda hasta llegar a mis glúteos. Ahora ella con su mano me ha tomado del falo aun flácido, pero toma volumen cuando mi hermana lo acaricia e imagino que lo desea.

    Ella no dice palabra, para que decirlas: ella sabe que esto está prohibido y el silencio es cómplice para traspasar ese estado de culpa, pero que mi hermana y yo deseamos. No es primera vez que me ve desnudo, he sentido esa presencia en algunas ocasiones y ella en más de una ocasión me vio haciéndole el amor a mi esposa, donde imaginé que ella vivía con ese morbo al otro lado de la pared que nos separaba. Ella nos escuchaba cuando llegábamos al orgasmo y como la cama se sacudía en ese terremoto febril de innumerables faenas de sexo que tenía con mi esposa. Es más, siempre nos hacía la broma: Ustedes no dejan dormir.

    No me atrevo a voltearme y mirar su dulce rostro. Sé que también esta desnuda, pues he sentido sus pezones erectos debido a la excitación y he sentido su pubis donde apenas lleva una pequeña prenda de vestir. No sé si cree que estoy dormido o bajo la influencia del whisky, pero ella continúa en silencio sintiendo en su mano mi falo que ahora está potente y erecto. Pasa por sobre mí y se va directa a mi verga la cual admira con esos ojos picaros del deseo. Poco a poco se acerca a mi glande y lo besa tiernamente como si de darle besos a un niño se tratara. Yo no la veo, sigo con los ojos cerrados y solo imagino como abre la boca, porque siento mi glande ahora cubierto por su labios. Comienza a mamarme la verga suavemente, mientras con una de sus manos masajea mis huevos y luego minutos después hace lo inverso, me chupa los huevos y me pajea el falo.

    Kashira me da una rica mamada y sigo con mis ojos cerrados y apenas los abro para ver ese lindo rostro de mi hermana gozando y saboreando mi verga, como si de una paleta se tratara. De alguna manera se ha removido su pequeña prenda íntima, pues la veo a un lado de la cama y es de un color purpura oscuro. Siempre le gustan esos colores: azul marino, naranja, ocre, verde. Todos con tonos elevados y que le va muy bien con su color de piel, de una tierna tez clara. La he visto en ropa interior y Kashira luce espectacular, ella siempre cuida de su dieta y tiene una disciplina increíble con su rutina de ejercicios.

    Le he sorprendido desnuda en algunas ocasiones, y tiene unas nalgas de ensueño y ahora entiendo el porqué le ofrecieron modelar, lo cual nunca hizo, pues tiene títulos universitarios en ingeniería química, aunque hoy se destaca como inversora en bienes y raíces. Es primera vez que le veo su conchita y a la cual no se le mira un vello. Tiene un abdomen sensual y ha abierto sus piernas para pasar sobre mí y de esa manera montarme y como no me quiere dar su rostro, quizá por el sentimiento de culpa o por pena, me monta dejándome ver sus ricas nalgas mientras mi verga se desliza plácidamente en la rica y caliente vagina de mi querida hermana. Yo no he querido reaccionar, pero al ver esos rico y bien cuidado trasero, viendo ese ojete que me hipnotiza cuando Kashira los mueve en un vaivén de sus sensuales caderas, comienzo a pompear su rica conchita. Mi hermana jadea y parece que va a llegar al orgasmo, pero hace una pausa y con la secreción abundante de ambos, se lubrica el culo y me toma la verga y cuidadosamente se lo mete hasta el fondo.

    En poco tiempo mis 24 centímetros de mi verga salían y volvían a entrar en ese rico culo de mi hermana y Kashira de nuevo gemía y jadeaba de placer. Sacudía esas nalgas como una batidora y me hermana me anunció cuando se venía y yo aceleré mi taladrar y me vine en el rico culo de mi hermana. Ella solo dijo una corta frase con una voz que denotaba el placer que sentía: “Me hiciste acabar”. Era una sensación diferente, rica, como esas primeras veces que uno se viene cuando se es joven, quizá por esa condición de que es una relación prohibida lo hacía todavía más mayúsculo el morbo. Vi como mi hermana tomo su bikini y se fue para mi baño.

    Lo que he relatado con mi hermana fue en realidad un sueño, el cual me hizo conllevar un sentimiento de culpa. Desperté con esa idea interna que aunque no hubiese sido real, quizá mi subconsciente deseaba que aquello pasara. Debo aclarar que Kashira no es mi hermana biológica, ella es mi hermana espiritual, prima hermana de la que fue en vida mi esposa Nadia. Vivo con ella desde que me casé con Nadia a la edad de 19 años, en una boda que ocultamos porque los padres de Nadia no iban a aceptar. Kashira, como fue nuestra cómplice, también ella resulto afectada, pues en ese tiempo ella vivía con sus tíos, pues la guerra en Irán, le había arrebatado a los suyos.

    Desde entonces vivimos juntos y desde que murió mi esposa en un accidente automovilístico, que fue para ese tiempo que ella se divorció, y que han sido los únicos dos años que vivimos separados, desde ese tiempo nos hemos llevado como verdaderos hermanos y ella a cuidado de mi hijo, e incluso mi hijo le llama madre a Kashira. Ella nunca tuvo hijos y no sé por qué razón, creo que mi hijo le llena ese vacío, y aunque le he visto salir con algunas parejas, nunca las ha tomado en serio.

    Cuando digo que Kashira es hermosa, es porque lo es. Cuando jóvenes para mí fue un debate y me costó decidirme por una de las primas. Nadia, mi esposa me contó recién nos casamos que ambas estaban enamoradas de mí, pues las conozco desde la escuela intermedia y jugaban en rifarme y así decidir quién se quedaría conmigo. Al final fue Nadia, con quien vivimos felices como esposos por 8 años, pero he vivido más tiempo con Kashira y ahora ambos tenemos 50 años y ni ella ni yo, ni borrachos daríamos ese paso.

    Admito que es guapa y bella, y al igual que mi hermana biológica a sus edades son mujeres muy bien cuidadas. A ambas he visto desnuda y para ocultar sus pechos y sexo me han tenido que mostrar las nalgas cuando por descuido mío o de ellas las he sorprendido en el baño o cambiándose. Sin embargo al vivir esa experiencia del sueño y sentir que fornico con mi hermana Kashira, me hace sentir sucio, culpable y me aleja de sentir esa atracción, aunque la biología me indica que no es mi hermana.

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  • Trío con peligro

    Trío con peligro

    Mi mujer, Ana, y yo siempre fantaseábamos cuando estábamos en la cama con hacer un trío. Un día le dije que si ella quería que bueno pero que llegada la hora ella no se atrevería.

    Ana insistía en que no se cortaba por nada, yo no sé muy bien porque pero acabe diciéndole que sí.

    – De acuerdo, pero con una condición.

    – ¿Cuál?

    – Deberemos comenzar poco a poco para ir viendo como reaccionamos. Primero saldremos a cenar o de marcha los dos solos. Te pondrás ropa provocativa y ya veremos.

    Cuando llegó el fin de semana Ana se vistió muy sexy, como era el principio del verano y hacia bastante calor se puso una falda corta con algo de vuelo y un top muy ajustado que le remarcaba los pezones dejando el vientre a la vista.

    Fuimos cenar a un restaurante muy concurrido que hay en el puerto, al entrar note como las miradas se dirigían a mi mujer Ana. El camarero nos acompaña hasta la mesa, al poco en la de al lado se sentaron 4 ejecutivos de mediana edad, sus miradas y comentarios se centraron en los pechos de Ana pues era lo que de momento tenían accesible.

    Al finalizar la cena le dije a mi mujer que porque no les pedía fuego a los de la mesa de al lado. Ana se levantó y se acercó a la mesa de los ejecutivos, estos al ver lo que se les acercaba mostraron su más amplia sonrisa. Ella se apoya sacando su culo hacia fuera, uno de ellos le dio fuego mientras los otros no sabían hacia dónde mirar, la invitaron a sentarse y tomar una copa a lo que ella asintió y no tuvieron más remedio que invitarme a mí. Debieron maldecirme.

    Entre copas y risas el ambiente se fue caldeando mientras Ana tonteaba con todos y el que tenía al lado le ponía la mano en la pierna, cosa que después supe por mi mujer, cuando vi que la cosa estaba a punto de desmadrarse le hice una señal a mi esposa y con una vaga excusa desaparecimos los dos.

    Al llegar a casa y recordando lo sucedido yo me puse tan caliente que hice el amor con Ana en el suelo del comedor.

    Al cabo de dos días salimos a tomar una copa a un bar de moda de la ciudad, ella llevaba unos pantalones blancos de lino transparente y un top ajustado del mismo color, esta vez el juego seria que yo me sentaría en una mesa y ella en la barra, cosa que así hicimos.

    No pasaron ni veinte minutos cuando un apuesto joven se puso a charlar con ella, pronto la cosa se fue calentando pues se cuchicheaban al oído lo que él aprovechaba para besarla detrás de la oreja al tiempo que la abrazaba por la cintura. Pronto un beso en la boca sustituye los primeros escarceos.

    Como vi aquello se me descontrolaba y que a ella le gustaba le hice una señal para que nos viéramos en el lavabo. Allí le dije que nos íbamos. Ella protesta pero yo no le di opción.

    Ya en el coche de vuelta a casa me dijo

    – Estoy harta de calentar braguetas ¿cuándo podré pasar a la acción?

    – No lo sé. Quizás la próxima vez.

    – A ver, hacemos todo esto porque me dijiste que me dejabas montar un trío pero yo ya me he cansado de mirar y no tocar.

    Lo que no podía sospechar era que ella ya estaba decidida a pasar a la acción.

    El fin de semana fuimos a una discoteca después de cenar, ella llevaba una faldita corta, un tanga y una camiseta ajustada y sin sostenes.

    Después de estar dando vueltas durante una hora por la discoteca nos pusimos en la barra a tomar algo cuando se nos acercó un joven a pedir tabaco, mi mujer le dio uno y se lo encendió, mientras se lo encendía note como le miraba los pezones que se le marcaban a través de la camiseta.

    El chico no tardo en volver para invitarnos a sentar con otros dos amigos en su mesa, Ana le dijo

    – Ah sí, fantástico que estoy cansada de estar de pie.

    Ella se sentó entre dos de ellos. Ya se había tomado más de dos copas cuando comenzó a tontear con los tres, primero contaba chistes verdes y cuando se reía inclinaba su cabeza hacia uno de sus acompañantes. Note por la posición de los brazos que le estaban metiendo mano en las piernas cosa que no parecía importarle pues lo único que ella hacia era tocarme los huevos con su pie.

    En un momento determinado se levantó para ir al baño que uno de sus acompañantes dijo que también tenía que ir. Lo que sucedió me lo contó Ana en casa y esto fue lo que paso.

    El chico alcanzo a mi mujer en la puerta del lavabo la toma por el brazo y sin ningún tipo de preámbulo la beso, ella lo abrazo y le dio su lengua, durante largo rato intercambiaron su saliva y su lengua, él aprovecha para arrancarle su tanguita. A continuación entraron los dos en el baño, él se sentó en la taza del wc mientras Ana se colocaba enfrente, él le separa las piernas e introduciendo su mano debajo de la falda comenzó a juguetear con su clítoris, sus labios vaginales.

    El coño de Ana empezó a soltar jugos vaginales de lo caliente y cachonda que estaba, el chico se sacó su polla y tomando a mi mujer la sentó encima de su verga. Ella comenzó a cabalgar cada vez con más fuerza que casi rompen la taza del wc.

    Paso casi media hora hasta que volvieron a la mesa, y no tarde en notar algo raro en el ambiente pues los cuatro cuchicheaban entre sí. Luego supe que los otros dos ya sabían que su amigo se había follado a mi mujer y ellos también quería su ración.

    Yo le hice una seña a Ana y me dirigí al lavabo, al poco llego ella

    – ¿qué ha pasado en el baño? Le pregunte.

    – Nada

    – Nada no, algo ha pasado que no soy tonto y no me chupo el dedo.

    – Que he pegado un buen polvo

    – ¿cómo que has pegado un polvo?

    – Si ¿acaso no veníamos a eso? ¿No es lo que querías? Que me follase otro.

    – Bueno si – balbuceé, sin saber muy bien que decía.

    Ella volvió a la mesa y al poco yo hico lo mismo. El segundo chico le dijo a Ana de salir a bailar pero me fije que el destino era el baño. Yo que quede atónito, se la iba a follar otra vez en mis narices.

    En el baño el chico apoyo a Ana contra la pared y levantando la falda comenzó a lamerle el ano, ella gemía de placer pues era algo que no había hecho nunca y la excitaba sobremanera. El chico comenzó a empujar la punta de su pene en el ano de mi mujer, su polla fue penetrando poco a poco, cuando la tuvo toda dentro la saco y volvió a comenzar la operación, así varias veces. A cada embestida el culo de Ana se iba dilatando, pronto la polla del chico entraba y salía con rapidez mientras ella trataba de ahogar sus gritos de placer para no llamar la atención.

    Yo que de alguna forma había propiciado lo que estaba pasando ahora me arrepentía, me sentía un cornudo cabrón con cara de imbécil al que se estaban follando a su mujer.

    Cuando volvió a la mesa no tuvo tiempo de sentarse pues el tercer chico la toma por la mano y me dice

    – Con tu permiso la saco a bailar

    Y evidentemente se fue directo al baño, hizo sentar a mi esposa en la taza y sacando su polla sé la metió en la boca. Ana se la chupo, entraba y salía de su boca con brío y cuando este se iba a correr le sujeto la cabeza al tiempo y que un potente chorro de semen caliente explotaba en su boca.

    Cuando volvieron a la mesa uno comento

    – ¿os parece que vayamos a mi casa a tomar unas copas?

    – Estupendo – dijo mi mujer

    Todos se levantaron y yo con ellos, subimos en el coche de uno de ellos y a mí me hicieron sentar delante mientras Ana detrás se puso en medio.

    En el trayecto pude ver como Ana se puso a follar con el que estaba detrás de mí mientras con una mano pajeaba a su compañero. SI realmente yo me sentía gilipollas.

    Al llegar al destino, en el ascensor Ana estuvo tonteando con todos mientras los chicos le metían la mano debajo de la falda.

    Al entrar en el apartamento sacaron botellas de alcohol, Ana se puso un trago de vodka y que yo intente impedir, sin éxito, pues ya estaba bastante bebida.

    Ana se sentó en el sofá cuando un chico se le acerco, le separo las piernas y comenzó a lamerle los labios vaginales, vi como su lengua jugueteaba con su coño y yo allí con un vaso en la mano y preguntándome porque no terminaba con aquella incipiente orgía.

    Supongo que el morbo de ver como se follan a tu mujer puede llegar a ser más fuete que otras cosas.

    El segundo, que ya se había desnudado, se acercó y le puso su polla en la boca. Ana le mamaba la polla con placer, sus ojos estaban cerrados y sus piernas completamente abiertas para facilitar el trabajo de lengua en su clítoris. El chico se incorporó y tomando las piernas de Ana la penetro. El culo del joven se movía a cada embestida, cuando el que tenía su polla en la boca iba a correrse le dijo al otro

    – Ven que nos correremos en su cara

    Acercaron sus pollas al rostro de Ana y mientras ella las chupaba y con sus manos masturbaba dos potentes chorros de semen se estrellaron en su cara, los tres se besaron. El chico que estaba conmigo y que todavía no se había follado a Ana me dijo

    – Anda vamos nosotros ahora que tu amiga pide más.

    Él se quita la ropa y se acerca a Ana para que le chupe su polla, la boca de mi mujer parecía una vagina pues la verga entraba y salía con rapidez

    – Vamos, venga tío, follatela de una vez.

    Y ya me veis, me desnude y me puse a follar a mi mujer delante de otros tíos. Realmente, pensé, era un imbécil.

    Cuando nosotros dos estábamos a punto de terminar que uno de los chicos de antes se había sentado a nuestro lado y se estaba pajeando y cuando la tuvo dura le dijo a mi mujer

    – Ana, ven y monta

    Ella se deshizo de nosotros y se montó en la polla mientras el que la tenía en la boca se sitúo de forma que pudiera seguir Ana mamándosela, estaban los tres cabalgando que ya le estaban metiendo un dedo en el culo, ella se echó hacia delante y el tercer chico la enculo.

    Oh dios, Ana follada por todos sus agujeros y yo mirando como un idiota y mi polla tiesa. Qué imagen más estúpida.

    Ya de regreso a casa estuvimos sin hablarnos cerca de una semana, luego la cosa se fue normalizando y creí que todo había terminado pero no fue así. Ana se echa un amante y durante un año fue de cama en cama, creo que tuvo cinco amantes, hasta que al final acabó con tenia que acabar, con el divorcio.

    Ella se enamoró de su ultimo amante y yo me quede solo, cornudo y cabrón.

  • Y me penetré

    Y me penetré

    No sé por qué, pero me acosté desnuda sintiendo la suavidad de las sabanas contra mi piel. Mis manos se movían, me tocaba la cara, me acariciaba el cuello, la comisura de los labios. Lentamente me metí el dedo índice en la boca… mmm, y lo saqué todo muy lento. Me rocé contra las sabanas, mi dedo buscaba mi pezón derecho y lo rozaba, lo apretaba y lo movía haciendo circulitos. El pezón izquierdo estaba celoso así que me metí el dedo índice de la mano izquierda en la boca y busque mi otro pezón, los rozaba moviéndolos, apretándolos, pellizcándolos. Mis tetas redondas y turgentes, mis pezones erectos deseando ser lamidos, tan duritos. Mis manos se movían, me cogía la teta entera y la acariciaba, si, bajé al ombligo y subí a los pezones. El suave roce con las sabanas, mis pezones duritos y mis dedos tocándolos. Bajé a mi rajita, toda húmeda,  muy mojada… mmm… más…

    Con la mano derecha, la cogí entera. Me gustaba el sonido de los líquidos, con el dedo índice rodeaba el clítoris, sin tocarlo… mmm siiii, siii, me movía, deseaba el roce del clítoris con mis dedos, rocé la vagina, y subí al clítoris, lo tocaba, lo movía, dibujaba círculos con mi dedo, deseaba la penetración y más velocidad. Me metí dos dedos y los saque húmedos… me los llevé a la boca… mmm y luego a los pezones otra vez. Rápido en la mesita de noche, sí, mi desodorante, deseaba algo y lo cogí. Estaba frio, roce el clítoris… si si si… haciendo círculos, bajé a la vagina, si si si, me penetré con el desodorante, estaba fresquito y daba mucho placer. Mis pezones seguían erectos, mi clítoris iba a explotar y yo me metía y sacaba el desodorante de la vagina. Quería correrme… mmm… El ruido de los líquidos fluyendo… gemía… gritaba… más… mas rápido… más… Con la mano izquierda me tocaba los pezones y el clítoris… alternando y con la derecha me penetraba… Dentro y fuera, lo metía y lo sacaba… toda mojada… más… más… Por favor más… Siiiii, si… Me había corrido… ¡Dulces sueños!