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  • Lo hice con otro estilista

    Lo hice con otro estilista

    Hola, perdón por no escribir es que todas las historias son auténticas y me han ido pasado más seguido desde que subí el primer relato. Esta vez fue con señor que conocí en una peluquería en Iztapalapa, le pondré Luis, se ve como de 40 años, pero en realidad tiene 50, moreno oscuro, lo que más llamo mi atención de él es que aunque es afeminado en cómo se comporta, tiene rasgos muy masculinos, un bigote y barba que raspan cuando me besa, también está igual de gordo que yo, desde que lo vi tuve ganas de cogérmelo.

    Llegué con el pretexto de querer pintarme el cabello, por lo que pasamos un buen rato en lo que se decoloro mi cabello, entre la plática surgió que me contó que tenía poco de haber terminado con su relación por lo que aproveché e inmediatamente lo abrace para consolarlo, sus enormes brazos hicieron que se me parara al instante y creo que lo noto porque empezó a tocarme con tacto e iba moviendo sus manos de una forma que me prendía cada vez más.

    Cuando llegaron sus manos a mi culo pude sentir como se le paraba la verga, a esas alturas se acercó y me propuso ir a la parte de a tras de su puesto, donde no se veía nada porque lo tapa una pared. Aunque tenía nervios acepté e inmediatamente vi que se empezó a desabrochar su cierre y sacó su enorme verga que es del tamaño de mi cara, me arrodilla para mamársela, estaba deliciosa no pude contenerme las ganas y me bajé los pantalones para que me diera con todo, solo me dio sentones porque no teníamos mucho espacio pero estuvieron deliciosos y se corrió 2 veces en mi culo.

    Tomamos un descanso aunque después de un rato no dejo de chipar mis pecho tan rico que me saco la leche del gusto antes de que se corriera por última vez le limpie la verga con mi boca, cambio un poco su actitud afeminados y ahora está tratando de ser varonil cuando está conmigo.

    También me dijo que quiere hacerme su puta y que le encantaría verme vestido de mujer.

  • Familia muy unida… demasiado (4)

    Familia muy unida… demasiado (4)

    Al llegar, nos recibieron los cinco, papá, Bea, Soli y los dos perros, con caras de expectativa.  Mamá saludó muy amablemente y cogió a papá de una mano y se lo llevó a su habitación. Yo me fui a la mía, pero las cuatro fieras se fueron detrás de mí, expectantes.

    – ¿Qué pasó? ¿Por qué traen esa cara de felicidad ustedes dos? ¿Se sacaron la lotería? ¡Dime algo! – exclamaba Bea, totalmente desatada.

    – Si, peluchito, cuéntanos que pasó. Papá estaba nervioso, muy preocupado, irreconocible. Hasta nos regañó anoche. ¿Qué pasó, donde andaban mamá y tú, que estaban haciendo? ¡Anda, cuéntanos! – decía a su vez Soli. Los perros nos miraban, a ellas y a mí, indistintamente.

    – Nada, mamá y yo nos fuimos a la playa a conversar sobre una situación familiar que nos interesa y estuvimos en eso hasta esta mañana. Ya regresamos, ella está poniendo al tanto a papá y estimo que dentro de un rato nos dirán de qué se trata todo esto. Tranquilas, no es nada malo, solo esperemos por ellos. Pero déjenlos en paz, tienen mucho que conversar.

    – Tú sabes de que se trata, pero no quieres soltar prenda. Está bien, ya verás cuando quieras saber algo que nosotras sepamos – me dijo Bea, cariacontecida.

    – No puedo decir nada, no me corresponde. Paciencia, ya entenderemos todo. Me voy a dar una ducha y a acostarme, hasta que ellos dos nos avisen. Ahora, fuera de mi cuarto que me voy a desnudar – les dije.

    – Ay, si, como si nunca te hubiéramos visto desnudo. Gran cosota, como si hubiera mucho que esconder… – dijo Bea, sacándome la lengua.

    – No sé si tú sabes de lo que hablas, hermanita, pero yo creo que si hay mucho que esconder. Hay mucho y es… mucho maravilloso… – dijo Soli y salió corriendo para evitar que yo la atrapara.

    – ¿De qué habla esa gafa? No sé qué dijo… – soltó Bea, con carita de yo no fui.

    – Si sabes a que se refería, no te hagas la tonta y ahora, fuera de aquí. Me desnudo – y procedí a bajarme los pantalones y quedar en interiores. Luego, mientras me quitaba la franela, noté que ella miraba embelesada mi entrepierna – ¿Qué miras, curiosa?

    – Guao, hermanito, eso cada día está más grande, con razón te dicen “Tri” – me dijo, sin desparpajo.

    – ¡Que sabes tú de eso, de “Tri”! – le pregunté, extrañado.

    – Bueno, “Tri”, de trípode, eso es todo lo que sé, jijiji – me dijo otra vez con su carita de niña mala.

    – ¡Fuera de aquí, fastidiosa! – le grité, ya incómodo.

    Me fui al baño, me duché y luego me acosté a descansar, para reponer un poco las energías consumidas atendiendo a mi espectacular madrecita.

    Dos o tres horas después, mamá me llamó para almorzar. Me levanté y fui al comedor, donde ya estaban todos reunidos, mientras mis hermanas servían la sopa. Me senté en mi lugar de siempre y almorzamos en paz, aunque en mis hermanas se notaba la desesperación por enterarse de lo que se “cocinaba”. Ellas se sentían como desplazadas de la confianza, así que papá, que se había dado cuenta, tomó la palabra:

    – Bueno, hijas mías, no se sientan mal. Vamos a conversar sobre la situación que nos traemos entre manos mamá y yo, en la que involucramos a su hermano desde el viernes. Llegó la hora de hablar “claro y raspao”. Como ustedes saben, yo tengo que irme a dirigir la obra allá en el Táchira, en ese monte perdido de la mano de Dios. Van a ser de 6 a 10 meses y Dios quiera que de allí no pase, de donde vendré si acaso una vez por mes, un fin de semana, a nuestra casa. Su madre, Anaís, no puede ir conmigo, porque no hay seguridad para ella en el campamento. Yo no puedo renunciar a la obra, porque es mi proyecto y si lo hago, lo pierdo todo, 22 años de trabajo.

    Su madre, mi querida Anaís, tiene una condición especial que les voy a explicar sucintamente. Y papá pasó a explicar con detalle la condición de mamá.

    Por ello, mamá no puede quedar en casa, desatendida. Le hemos dado mil vueltas al asunto, durante más de dos meses y lo único que hemos podido hacer es que su hermano, Alejandro, nuestro hijo mayor, se “encargue” de ella. Esto quiere decir que Alejandro se va a convertir, en mi ausencia, en el marido o amante, como quieran llamarlo, de mamá. Es quien la va a mantener a salvo. En mi ausencia, mi hijo mayor será el jefe de la familia, ocupará mi sitio en todo sentido. Incluso con mamá. Parecería una cosa terrible, porque es incesto, indudablemente, pero no tenemos otra salida. Somos una familia muy especial, unidos, confiables, liberales y creo que ustedes pueden entender perfectamente la situación. Alejandro y Anaís se fueron a la playa el viernes para hablar del asunto y se entendieron favorablemente. Todo dependía de él, de que él entendiera la situación y aceptara. Y lo hizo, afortunadamente. Ya todo está donde debe estar y solo faltaba que ustedes se enteraran, para que todo marche sobre ruedas. Lo terrible del incesto, como dice mi querida Anaís, sería procrear un bebé, hijo de ellos dos, pero Anaís no puede tener más hijos porque se hizo la ligadura después de parir a nuestra linda Soli. Lo demás, como ella bien dice, es hipocresía pura y simple.

    Todo esto que estamos hablando aquí en esta mesa, es secreto sumarial de nuestra familia, de nosotros cinco. Nadie más, ni siquiera el novio o la mejor amiga o el cura confesor deberán saberlo, porque en ello nos jugamos nuestro prestigio familiar. Si alguien de nosotros habla, si comete el desliz de mencionárselo a alguien, sin importar si es el Papa en Roma, bajo secreto de confesión, perjudica al resto de la familia. Será nuestro fin como personas respetables y pasaremos a ser, socialmente, unos parias, unos pervertidos, depravados, unos degenerados. Esto tengo que puntualizarlo, porque es vital. Si algún miembro de esta familia tiene algo que decir al respecto, es la hora y el lugar. Que hable ahora…

    Mis hermanas se miraban entre ellas, asombradas. Luego nos miraban a mamá y a mí y por fin Bea habló:

    – Estoy asombrada, yo tenía mucha curiosidad por saber de qué se trataba, pero la verdad, papá, me has dejado asombrada. Nunca me imaginé que fuera algo así. Esto es muy fuerte, te entiendo cuando dices que no debemos hablarlo con nadie, pero creo que antes de decidir algo, debimos estar informados de lo que cocinaban, no después. No sé si pueda con esto. Es muy fuerte, muy fuerte. Yo amo a mamá, amo a mi hermano, te amo a ti pero no me los puedo imaginar teniendo sexo entre ellos dos. Entiendo tu preocupación, papá, porque se trata del esfuerzo de toda una vida de trabajo y de tu familia, pero creo que debimos explorar otras alternativas. No sé, esto es muy fuerte. No quiero quedarme en ésta casa con ellos en ese plan – dijo Bea, con las lágrimas brotando de sus hermosos ojos. Nunca la había visto y escuchado hablar tan emotiva.

    – ¿Explorar otras alternativas? ¿Alguna idea? ¿Algo se te ocurre? – le preguntó papá, con calma.

    – No sé, no puedo pensar en este momento, estoy bloqueada…

    – Entiendo, hija mía… ¿Y tú, Soli, tienes algún punto de vista que compartir con nosotros? ¿Algo que nos ayude a solucionar esta situación? – inquirió mamá, tomando la palabra por primera vez.

    – Estoy tan asombrada como Bea, pero escuchándote a ti, papá, mientras lo exponías y mirando las caras de mamá y Ale, serenas y confiadas y los argumentos de Bea, creo que estaremos bien. ¿Qué mejor amante para mamá que su propio hijo? ¿Algún hombre sobre esta tierra podría amarla más que él mismo? No lo creo. Así todo quedaría en casa y los trapitos sucios se lavan mejor así. ¿Qué es muy fuerte, como dice Bea? ¡Siiii!, pero ni modo. A grandes problemas, grandes soluciones. Yo los apoyo, cuentan con mi respaldo. ¡He dicho! – dijo, teatralmente, Soli.

    – ¡Coño! Esto es muy fuerte, es depravado, es perversión pura. Somos una familia liberal o somos unos libertinos. ¿Qué somos? No cuenten conmigo, me iré de esta casa – soltó Bea, ya disgustada.

    – No hija, no tienes que irte, simplemente tu posición es entendible y nada, el problema es mío y yo lo resolveré, como tiene que ser. Renunciaré al proyecto y a la empresa y punto. No puedo darme el lujo de desmoronar a mi familia por un trabajo. Ustedes están primero, mi esposa, mis hijos y mi hogar. Son lo más importante para mí. Mañana mismo iré a la firma a renunciar. Pero mi familia seguirá unida, sólida. Como debe ser. Es todo – dijo papá, solemnemente, con carácter, pero con tristeza. Se le veía derrotado.

    Inmediatamente brincó mamá, como una fiera y dijo:

    – No, tú no vas a renunciar al esfuerzo de toda una vida por un problema que te produzco yo. Me someteré al procedimiento de “Castración química” que nos mencionaron hace unos años y ya. Pero no puedo permitir que por mi culpa pierdas tu esfuerzo de toda una vida, no podría vivir con eso – dijo mamá y se puso a llorar.

    Bea se levantó de la silla y se fue, intempestivamente, para su habitación. Detrás de ella salió papá, para tratar de consolarla y nos hizo señas a Soli y a mí para que atendiéramos a mamá.

    – Señora Bonita, no te pongas así, esto no ha acabado, tú no te vas a someter a ningún procedimiento químico. Nadie en esta familia lo va a permitir. Tú eres sagrada para nosotros. Bea comprenderá, papá se encargará de eso, él es capaz de convencerla, tu bien dices que es tan convincente que convertiría al Papa en musulmán – le dije, con convicción.

    Una vez que la vi más tranquila, la dejé en manos de Soli y subí a ver si podía integrarme con papá y Bea, pero encontré la puerta del cuarto de ella cerrada. Adentro se oía la voz serena de papá y el llanto de mi hermana. Pero papá insistía con ella en renunciar y ella le decía que no quería cargar con esa responsabilidad el resto de su vida. Me pareció que la cosa iba por buen camino y bajé a acompañar a mis otras dos damas.

    Dos horas después, papá y Bea bajaron, abrazados y ella nos informó que había cambiado de parecer, que aceptaba la situación y que no daría problemas con eso. Todos nos alegramos un montón, especialmente mamá. Luego, ya relajados y cada quien a lo suyo, le pedí a Bea que saliéramos a la terraza, a fumarnos un cigarrito y conversar. Ella no quería estar conmigo, sentía cierta aversión hacia mí, pero después de insistir un poco aceptó.

    La abracé tiernamente y salimos a la terraza; nos sentamos en el banco de plaza y le ofrecí un cigarrillo. Prendí ambos y mientras despedía volutas de humo, la observaba. Luego de un buen rato, le pregunté:

    – ¿Estás molesta conmigo? ¿Te parezco un pervertido por aceptar estar con mamá? Sabes que la amo, como a ti y a Soli. Ustedes tres son mis más grandes amores. Yo mataría por ustedes y cuando mamá me explicó la situación, me asusté. Puedes preguntárselo. Pero reaccioné. Mi madre me necesita, la tranquilidad de mi familia depende de eso y está en mis manos poder controlar la situación, traerles tranquilidad. Pues, entonces, yo mismo soy. Un hombre es del tamaño de las dificultades que enfrenta o no es hombre. Punto. Y como las amo más que a mí mismo, incluyendo a papá, también, pues aquí estoy listo. Y que tarea más maravillosa que amar a mi madre, la mujer más hermosa y espectacular del mundo. Haría lo mismo por ti y por Soli, porque las amo. De eso se trata. No es depravación o perversión, es amor. Yo no busqué esto, aunque era mi fantasía, no lo puedo negar, jamás me habría atrevido, porque la respeto. Mamá es sagrada para mí. Pero la vida me puso en esto y yo acepto, sin ningún tipo de coacción, solo por convicción, por amor. Hermanita, te amo y me complace que hayas entendido, porque la seguridad y tranquilidad de nuestra familia, de nuestro hermoso hogar, depende de todos y cada uno de nosotros. Tú tienes tu responsabilidad, como yo la mía. Todos tenemos la nuestra y tenemos que cumplir con eso. Te amo… dame un abrazo – terminé diciendo.

    Bea me abrazó cálidamente, lo que despejó mis dudas. Le di un beso en la frente y me separé de ella. Fui en busca de Soli, que estaba en su habitación y toqué la puerta para entrar.

    – Pasa, peluchito, no seas tímido. Dime…

    – Solo quería saber cómo estás con esto. Sé que es muy fuerte, pero hay que seguir adelante… – le dije.

    – Peluchito, amo a papá y a mamá, tanto como tú o Bea. Y confío en ellos, en su buen juicio. Es muy fuerte, pero si ellos lo decidieron así y además tú aceptaste, pues para mi está bien, porque también confío en ti. Tú eres mi héroe, mi prototipo de hombre, mi hermano mayor. Si no fueras mi hermano, me enamoraría de ti y no solo porque estés buenísimo, sino porque eres un hombre de verdad. No te imaginas cuanto te quiero y lo que es más, cuanto confío en ti, en tu criterio, en tu buen juicio. Si te vas a convertir en el amante de mamá, adelante, hazla feliz y preserva la tranquilidad de nuestra familia… y disfrútala, porque creo que una mujer como esa no la vas a conseguir por ahí así nomás. Mamá es una mujer completa, maravillosa, hermosa… y según he escuchado sin que nadie se dé cuenta, es una hembra de altos vuelos. Palabras de papá…

    – Gracias, mi niña linda, te amo… la responsabilidad que esto conlleva es enorme. Tengo que ponerme las pantuflas de papá y creo que me quedan grandes… – le dije, con humildad.

    – No, chamo, nada de eso. Son de tu talla, solo tienes que ponértelas y caminar con ellas. Al ratico ya estarás como si fueran tuyas de siempre. Confío en ti. Por las mañanas, cuando bajemos a desayunar, sabremos cómo te va, te lo aseguro. Cuando papá atiende a mamá, ella baja a desayunar como una flor, sonreída, feliz, dulce. Cuando papá no la atiende, baja como una flor, pero media marchita. Ya veremos, estaré observando, jejeje. Te amo, confío en ti.

    Luego fui a la habitación de mis padres, a ver cómo estaba mamá. Toqué para entrar y me respondieron que adelante.

    – Solo quiero saber cómo están ustedes dos. Sé que ha sido difícil, pero si ya Bea se convenció, todo estará bien, supongo – les dije, con convicción.

    – Hijo, confiamos en ustedes. Sé que cada uno jugará su papel con responsabilidad. Tú te asustaste, Bea se molestó y Soli aceptó sin más. Cada uno de ustedes es diferente al otro, pero ya estamos todos sintonizados, en el mismo canal. Ahora la mayor responsabilidad recaerá en ti, porque no podrás irte de fin de semana con tus amigos y/o amigas. No podrás alejarte de Anaís más de 48 horas. Y tendrás que hacerte cargo de la familia, como hombre. Tu madre seguirá siendo la que manda, pero tus hermanas dependerán mucho de ti. Tendrás que darles permiso o negárselo según tu criterio, para sus salidas. Sé que ustedes se llevan muy bien, pero no te confíes, una cosa es ser parte de la tropa y otra pasar a comandarla. Es más difícil. Por otra parte, ya tu mamá me informó que pasaste su prueba de fuego de forma sobresaliente. Te felicito, no esperaba menos de ti, de mi hijo. Además, ya conocemos algunas historias sobre ti. De primera mano, jajaja. Ahora en serio, te estoy encomendando a mi amada esposa y a mis dos hijas, lo más preciado de mi vida. Cuídalas mucho, mejor de lo que lo haría yo. Son tu madre y tus hermanas, son tu sangre, tu carne. En ti confío. Sé qué harás tu mejor esfuerzo. Te amo, hijo – papá terminó su “discurso” y se paró a darme un abrazo. Luego mamá hizo lo propio y me dio un beso en los labios, con lengua y todo. Eso me dejó descolocado – Ella ya es tu mujer, acostúmbrate, aunque solo en privado, con mucha discreción. Esto ya no tiene vuelta atrás, supongo. No es una simple suplencia, de esas de “ya regresaste, ya terminó”. Ya Anaís me participó que es para siempre, entre ustedes hay un vínculo mucho más fuerte que entre ella y yo. Entre ustedes dos nunca cabría un divorcio.

    – De acuerdo, comprendido. Sin embargo, necesito tiempo para ciertas cosas. Ya sabes, el respeto por mis padres no puedo tirarlo a un lado. Aunque tú digas que ahora eres mi mujer, siempre serás mi madre y eso es mucho más fuerte que lo otro. Y tú, siempre serás mi padre. Sin renuncia. Por el otro lado, están mis hermanas, a quienes también debo respeto. Así que creo que todo deberá ser con discreción y mucha mesura… La bendición, voy a salir a dar una vuelta antes de cenar – y me fui a caminar por la urbanización, para respirar un poco de aire fresco de la tarde y despejarme. Había sido un fin de semana poco convencional, muy pero muy fuerte. Estaba agotado física y mentalmente.

    Cuando salí de su habitación, mamá le comentó a papá, según ella misma me dijo luego:

    – Mi amor, creo que dimos en el clavo. Es más, no creo, estoy segura. Alejandro es mucho más hombre de lo que tú y yo imaginábamos. Es sereno y concienzudo. Lo va a hacer todo bien, te lo garantizo. Yo lo estimularé adecuadamente, ya verás. Y es una maravilla desde el punto de vista sexual. Me dejó más que satisfecha. Es tu hijo, no hay dudas. Es tan varón como tú y sin importar su edad, es un gran amante. Se gasta una herramienta que me vuelve loca y es muy tierno y sin embargo, también sabe fornicar cuando se lo solicito. Estoy feliz, como niña con muñeca nueva.

    – Me alegro mucho, mi amor, eso me hace sentir orgulloso de él. Esperemos que todo salga como deseamos – le respondió papá.

    Continuará…

  • La dormilona

    La dormilona

    Hará unos tres años que me tocó viajar a la capital del estado. El viaje duraría toda la noche, de 11 pm a 6 de la mañana del día siguiente. Camino sinuoso por la Sierra Sur. De muchas curvas, subidas y bajadas.

    Subí al autobús y me acomodé en mi lugar. Como a los 2 minutos llegó la ocupante de al lado y se acomodó en su asiento. Era una señora de unos 45 años, falda larga y un enorme culo, olía a recién bañada y perfume rico. Me saludo con las buenas noches y platicamos muy breve, comentó que ella bajaría una hora antes del destino final y que se mareaba mucho, que cada que viajaba por esa carretera se tomaba una pastilla para el mareo y le daba mucho sueño.

    El autobús arrancó y ella sacó unas pastillas, agarro una y se la tomó con un bote de agua que traía en su bolso. Poco después le llamaron a su celular y empezó la platicar con quien le llamó, que ya iba en el autobús, que llegaba como a las 5, y claramente escuché que subió el tono de voz cuando dijo: ya me tomé la pastilla pal mareo y me da sueño. Por si no te contesto. Siguió hablando otros minutos y colgó.

    El clima artificial del autobús empezó a enfriar el ambiente que ya se encontraba oscuro. De una bolsa que tenía bajo sus pies sacó una cobija delgadita y ancha, y se cobijó, medio me tapó mi brazo y pierna. «hace frío», me dijo y se acurruco y según se quedó dormida.

    Como a los cuarenta minutos empezó el curverio, p’allá, p’acá, yo sentía los muslos de la pasajera de al lado como se restregaba en tanta vuelta. Mañosamente ya había subido mi brazo sobre su pierna. De tomó que se sentía claramente su piel bajo la tela de la falda.

    En una de tantas curvas, la doña hizo un movimiento brusco, volteo todo su cuerpo hacia el corredor del autobús y estampó su enorme culo hacia mí asiento. Su culo quedó de lado, invadiendo parte de mi asiento y a mi merced. En ningún momento quite mi brazo, de modo que quedó arriba de sus nalgas. La cobijita nos seguía tapando. A cada vuelta su culo se movía hacia mí o hacia ella de modo que mi brazo abarcaba toda la nalga en cada movimiento. La señora ni se inmutaba ni daba muestras de molestia o de despertar, aunque no estaba seguro si en realidad estaba durmiendo

    Al ver que no había reacción de parte de la doña, empecé a subir mi mano y la extendí en toda la nalga. Aprovechando el movimiento del bus, mi mano recorría ese enorme culo. Ahora mi mano abarcaba las dos enormes nalgas. Mi verga estaba que explotaba. Llevaba como 20 minutos acariciando ese par de nalgas, cuando decidí dar otro paso, me volteé de lado hacia ella, quedando mi verga parada entre sus enormes nalgas. Me acomodé de modo que mi mano quedó sobre sus muslos y el otro brazo lo saqué hacia arriba.

    El vaivén del bus hacía que nuestros cuerpos se movieran al compás de una cogida. Mi mano ya acariciaba toda la pierna. Así estuve otros 20 minutos. La cobija la acomode tapando los dos cuerpos. De modo que ningún pasajero podía ver que pasaba debajo, aparte todos venían durmiendo.

    Al no haber ningún reproche o respuesta negativa a mis atrevimientos, estire mi brazo y agarre la punta de su falda y la empecé a subir poco a poco, con delicadeza. Yo ya me había dado cuenta que traía una pantaleta a media nalga de encaje, se sentía cuando acariciaba ese enorme par de nalgas.

    Envalentonado y calenturiento, le subí la falda hasta arriba de las nalgas, y empecé a acariciar a mi antojo ese sabroso culo. Me eché hacia atrás y mi mano se metió hacia su vagina, por encima de la panty, y pude palpar claramente la humedad sobre la tela. ¡Esa hembra estaba caliente! Y seguramente despierta, fingiendo dormir. Mi dedo medio se encargó de recorrer todo el canal de la vagina, por encima de la panty, y fue mojándose más y más con los flujos de placer.

    Empecé a levantar esa panty elástica, siempre llevando el compás del movimiento del bus. Cuando mi dedo se posó directamente en esa vagina, la humedad era tremenda!! En todos mis viajes me había cogido a 3 mujeres en el bus, y estaba seguro que iba por la cuarta.

    Mi dedo empezó a introducirse entre esa mata de pelos. Abundantes pelos, que por la humedad, no impedían la introducción. Y empecé a meter y sacar el dedo, siempre al compás del curverio de la carretera.

    Mi verga estaba al exxxtremo!! Retire mi mano y saque de la bolsa de mi pantalón mi cartera y celular, los puse en la red que traen los respaldos de los asientos. Desabroche mi cinturón y pantalón y baje el pantalón por el frente abajo de mis huevos. El culo de la doña cada curva se movía hacia mí. Saqué mi hermosa y brillosa verga de su prisión y salto lista pal combate. La doña no daba muestras de vida. Solo por su panocha que emanaba fuego, sabía que no estaba muerta.

    Me baje el pantalón lo mas que pude, quería que entrará toda la verga, que no se quedarán ni las bolas afuera, de ser preciso. Me volví a acomodar detrás de la doña y apunte mi verga justo en la entrada de sus entrañas, sobre la panty, claro está. La humedad de esa panocha y mi verga que también ya estaba llorando, hacían un batidillo en esa zona de guerra sexual. Aún sobre la tela, la cabeza del puñal de carne la se había acomodado perfectamente. A cada curva se encajaba y acomodaba.

    Mi verga ya necesitaba el baño de jugos de esa vagina peluda. En una curva me separe un poquito y jale el calzón hacia arriba, de modo que al regreso de esa curva, sólitos los labios vaginales abrazaron la cabeza punzo penetrante. Primero fue ese pequeño recibimiento, a la otra curva, entró casi toda la cabeza. Justo cuando entró toda la cabeza, sentí un apretón vaginal. La bienvenida plena, la aprobación final.

    Ya no hubo piedad, a cada curva, entraba más y más mi verga. Yo empujaba lento, pero firme. Duro, hasta que pegaron mis huevos en su culo. Con mi mano levantaba la nalga de arriba para que en tronco de carne explorara profundamente esa cueva de placer. La doña expresaba su consentimiento dándome apretones con sus paredes vaginales y bañando con sus jugos la carne caliente que la invadía. Mientras el puñal de carne entraba y salía de esa jugosa cueva, mi mano acariciaba ese culote a placer.

    En una de esas me asome si no había gente despierta y todos durmiendo. Aprovechando eso, me levante un poco y alce su pierna, la subí a la mía y empecé a darle duro y sin miramientos. Siempre vigilando que no viera alguien. Los embates eran más firmes y duros. Mi verga ya estaba a punto de soltar su preciada carga. Y eso empezó a hacer, un chorro de leche inundó aún más esa espesa vagina. Hasta el fondo de sus entrañas. La doña nada mas suspiro. Y apretó con sus músculos vaginales mi verga, dando la exprimida final.

    Me quedé quieto dentro de ella unos minutos más. Y cuando mi verga perdió su rebeldía la guarde en su estuche de trapo, me acomode el pantalón. Guarde mi celular y cartera. Acomodé la ropa de la bella durmiente y la volví a tapar. Caí en un sueño profundo. Desperté cuando ella ya se estaba bajando y se despidió con un hasta luego. El bus llegó a la terminal donde ella bajaba y la seguí con la mirada, se metió al baño y salió con otra ropa puesta, ya no traía la falda, ahora traía un pantalón deportivo. Así fue la cuarta vez que me cogí a una pasajera en el bus. En otra ocasión fue una sordomuda.

  • Sexo con mi amiga en la facultad (5): Alguien nos observa

    Sexo con mi amiga en la facultad (5): Alguien nos observa

    Cuando llegamos a la facultad nuestro grupo de amigos nos vieron llegar juntos  por lo que antes de bajarnos acordamos que haríamos pública nuestra relación sin mencionar que estábamos viviendo juntos en ese momento.

    Cuando bajamos del auto nos dirigimos a saludar a nuestros amigos, y como era de esperarse las preguntas empezaron a salir…

    -¿Son novios?… ¿Por qué no nos habían dicho nada?… ¿Desde cuándo andan?… Entre otras…

    A lo que respondimos brevemente: «Sí somos novios, y no habíamos dicho nada porque tenemos menos de 1 semana de andar».

    Nuestros amigos se quedaron conformes con lo que dijimos, pero como siempre pasa el chico entrometido y que se siente el muy muy y que a pocos les cae bien y se mete en las conversaciones de otros, nos estuvo escuchando y se le ocurrió decir: «Si son novios o nada más lo usas de chofer» y cosas como «a ver darle un beso».

    Yo le dije a Jessie que no cayera en su juego y que nos fuéramos con los compas, pero ella me dijo quiero callarle la boca a lo que ella le respondió:

    «Si wey somos novios y si el maneja es porque me gusta venir chupándole su verga para tomarme su leche y mira» en eso se me abalanza y me besa a lo que entendí que quería entonces puse su mano en mi bulto y lo apretó mientras yo le apretaba sus nalgas.

    Después del beso el tipo se quedó con la boca abierta y le dije: «te quedo claro…» dándonos la media vuelta tomando por la cintura a Jessie y bajando mi mano a su culo y así nos fuimos con nuestros amigos.

    Después se nuestras primeras dos clases nos reunimos para almorzar con todo el grupo de amigos que no paraban de decirnos que habíamos hecho bien en callarle la boca, a lo que Jessie dijo que solo así nos dejaría en paz a lo que todos estuvimos de acuerdo.

    Cuando faltaban como 15 minutos para entrar a nuestra última clase que era anatomía Jessie les dijo al Squad que iría al baño y que yo la esperaría, a lo que nos dijeron OK.

    Cuando vamos caminando me percaté de que íbamos para un salón que estaba solo y no había nadie cerca, a lo que supuse que pasaría pero me hice el loco y le pregunté: «No que ibas al baño?

    Ella me responde «No, más bien quiero hacerte un oral pss cuando nos besamos frente a ese idiota y sentí tu verga me excité mucho».

    No me dio tiempo de decir algo cuando ya me había sacado del pantalón mi pene como pierda y se lo metió sin pensarlo a si boca, yo sentía que tocaba el cielo pss lo hacía como solo ella sabía.

    Pasaron como 10 minutos cuando levanto la mirada y veo a nuestra Dra. De anatomía tocándose la entrepierna y sus tetas cuando me ve observándola me hace con su dedo que saco de su vagina «Shhh!» y me mostro sus tetas que eran un poco más grandes que las de Jessie, lo cual hizo que pasara de un estado de miedo porque nos había visto a un estado de morbo que hizo que empujara la cabeza de Jessie contra mi hasta que me vine, cuando Jessie estaba por incorporarse vi que la doctora se cerró la blusa y se metió en otro de los salones yo me supongo que para acomodarse su ropa y terminarse de masturbar pss se ha de haber quedado caliente.

    Nosotros nos acomodamos la ropa y nos fuimos hacia el edificio donde tomaríamos la clase y cuando llegamos el Squad ya nos había apartado nuestro lugar, nos sentamos y esperamos a que la Dra. Llegará, pasaron como 15 minutos de iniciada la clase cuando llego pidiendo disculpas por el retraso pero mirándome a mi como diciendo «tuve que terminar sola lo que provocaste».

    La clase transcurrió sin mayor problema, ya cuando terminó la clase y ya íbamos de salida el Squad, Jessie y yo, la doctora me dice «te puedes quedar un momento para coordinar la siguiente práctica» cosa que a los demás no les cayó de raro pss al ser el jefe de Grupo era común que los doctores me pidieran quedarme de vez en cuando con ellos.

    Cuando se salen los demás y ella al asomarse se da cuenta que van a bajar las escaleras cierra la puerta y…

  • Las malas decisiones por despecho

    Las malas decisiones por despecho

    Pienso que luego de terminar una larga relación existen dos tipos de personas, las que mantienen una especie de luto, y las que se lanzan a tomar malas decisiones, evidentemente soy del segundo grupo, y bueno la lista de malas decisiones que tomé luego de terminar mi relación con David es bastante extensa, para iniciar, a los pocos días de terminar la relación, un amigo llamado Sebastián que ya se me había insinuado varias veces me insistió una vez más y yo le dije que sí, pensé que si estaba con alguien más, mi mente se olvidaría de David, y que de esta forma no pensaría en regresar con él, desde los primeros días mi nuevo ¨novio¨, buscaba la manera de llevarme a la cama, me sacaba en las noches a tomar con sus amigos, me llevaba a su departamento, me pedía dormir con él, ducharme con él, al principio estuve un poco inflexible con sus peticiones pero apenas pude resistir 3 días antes de darle lo que él quería, fue una noche en la que habíamos salido a comer fuera de casa y al volver a su departamento las cosas se dieron, me sentí mas relajada, el me besó y muy lentamente fue quitándome todo, se notaba un poco su inexperiencia, así que tome un poco la iniciativa, y cuando ambos estuvimos desnudos decidí recostarlo en la cama y montarme sobre él, pude contemplar como disfrutaba con su respiración breve y sus leves sobresaltos, su verga era un poco mas gruesa que la de mi ex aunque un poco más pequeña, y se había depilado muy bien, lo cual me sorprendió pero supuse que llevaba deseando este momento por un largo rato, decidí no pensar en nada más que ese momento y a decir verdad empecé a disfrutar el sexo, tomé sus manos para que estrujara mis senos, los acerqué a su boca para que los besará, pero no duró mucho más luego de eso, el me empujó y terminó con un gemido bastante fuerte, esa noche me dormí bastante intranquila, con dudas, sobre las cosas que estaba haciendo.

    Al siguiente día salimos con en la noche a casa de sus amigos, y bueno hubo bebidas, juegos, cartas, verdad o reto, en las que Sebastián les contó a sus amigos que me había cogido la noche anterior, y sus amigos lo felicitaron, me pareció algo un poco desagradable, pero no dije nada, mientras Sebastián fue al baño uno de sus mejores amigos se me acercó y me robó un beso, al cual no supe como responder, solo lo aparté y lo abofeteé. Cuando Sebastián volvió le dije que quería irme, pero el no quería, dijo que si deseaba el podía llevarme a casa pero que el quería volver, lo cual acepté ya que la situación se había puesto muy incomoda para mí. Cuando llegué a casa vi que tenía un nuevo mensaje, era David.

    Conversamos tranquilamente un largo rato y quedamos en vernos al día siguiente en la tarde. Nos encontramos en un parque cerca de su casa, y charlamos un poco, le confesé que ya estaba saliendo con alguien más, lo cual le molestó bastante, no quería darle explicaciones, el me preguntó si quería acompañarle a su departamento ya que tenía algo que mostrarme, lo hice, una vez en su departamento me sorprendió con una pared llena de fotos y papelitos con frases y recuerdos de nuestra larga relación, me quedé sin palabras, me pidió una segunda oportunidad y que volvamos a ser novios, yo no supe que decirle solo me acerque a su pecho y me apoye sobre él, David me abrazó y solo pude soltar una lagrima, volteé a ver su rostro y también estaba con lagrimas en sus ojos, nos miramos por un par de segundos y nos besamos, aunque habíamos terminado hace poco, había pasado mucho tiempo desde que nos besamos por última vez, así que fue una lluvia de emociones, caminamos lentamente a su cuarto, y ese deseo que siempre habíamos tenido hizo efecto, empezamos a quitarnos la ropa, y con mucho amor el empezó a acariciar todo mi cuerpo, mis piernas, mis brazos, mi estómago, mi pecho, él sabía exactamente donde tocarme, donde besarme, terminé encima de él y sin ayuda de sus manos ni las mías me metí su verga muy lentamente, disfrutando de aquel momento único, ambos nos miramos con esas ganas de comernos mutuamente y nos besamos apasionadamente, yo me movía muy sensualmente sobre su verga hasta que el tomó con sus manos de la cadera y empezó a embestirme con aquella brutalidad que me encantaba, lo que me hizo gemir durísimo y empecé a gritarle, ¡Si, Si…! Al oído lo que lo prendió muchísimo, luego de un momento recordé lo mucho que me encanta que el me ponga en cuatro, así que le susurré al oído, -te quiero detrás de mí-, en esta ocasión yo me levanté sobre la cama, me puse de espaldas, y muy lentamente me incliné mientras el se jalaba su verga que le escurría el liquido de nuestro sexo, una vez que estuve en cuatro el nuevamente me tomo de la cadera y me penetró con violencia, no puedo describir lo rico que se sintió tenerlo nuevamente dentro de mí, con mis manos estaba apretando las cobijas y en lugar de gemir esta vez empecé a gritar diciendo ¡dios…!, al cabo de algunos minutos empecé a sentir que me iba a venir, entonces David me volteó sin dejar de penetrarme, y continuó no despegaba ni un segundo las vista de mis senos, así que me puse en una de sus posiciones favoritas, puse mis dos manos sobre mi vagina, haciendo que mis senos se vieran más grandes, y además empecé a masturbarme a la vez que el me penetraba y me comía con sus ojos, sin duda la descripción de la escena le queda corta a todo lo que se sintió en ese momento, me vine y terminé llenando de liquido su cama, a la vez el terminó sobre mi estómago, nos recostamos con la mirada al techo, en silencio, solo se podía escuchar nuestras agitadas respiraciones, con el paso de los minutos, volvió a mi mente la realidad, las peleas, los desacuerdos, pero también los buenos recuerdos, las promesas, los sueños, todo fue una mezcla de sentimientos, el me miró y me preguntó por una respuesta, yo no sabía que hacer, solo empecé a vestirme y me despedí sin contestar a su pregunta, pude notar su frustración, pero salí tan pronto como pude, en el camino me puse a pensar en que haría y luego de analizar todo decidí decir la verdad, fui con Sebastián y le dije lo que había pasado, el solo me comentó que lo entendía y me preguntó que quería hacer, le dije que no estaba segura, su respuesta me sorprendió mucho, el me dijo que sabía que algo así podía pasar, pero que me quiere mucho y esta dispuesto a perdonar este error, solo me pidió que siempre fuera honesta y que el esta dispuesto a seguir conmigo pase lo que pase, al final mi decisión fue alejarme de mi ex David, y decidí darme la oportunidad con Sebastián, el tiempo dirá si fue la mejor decisión.

  • Pura intuición

    Pura intuición

    Yo paseaba a mi perro por la calle una noche de otoño cuando un hombre se fijó en mí. El hombre era delgado, alto, bastante guapo de cara… Recuerdo que lo sobrepasé en un paso de peatones, recuerdo que sentí que sus ojos se posaban en mí.

    Yo iba vestida con unos pantalones cortos y una camiseta de manga larga, ambas prendas de color negro, y calzaba unas zapatillas deportivas de marca. Quizá le llamaron la atención mis piernas, no sé. La cuestión es que se fijó en mí. Andaba yo en ese día con calentura, es decir, loca por tener una polla a mano, deseosa de comer polla. Así que solté a mi perro de la correa para que corriera a gusto y me detuve para hacerme la encontradiza; hasta simulé que tropezaba con el hombre dándome la vuelta bruscamente. «Oh, perdón», dije. Ahí fue cuando me perdí, pues el contacto con su cuerpo me excitó. «No hay nada que perdonar», me dijo él con dulce voz.

    Bien. Justo lo que yo quería: ha aceptado venirse a mi casa. Doy por contado que a mi perro lo encerré en una habitación con comida y agua y me dispuse a disfrutar de este hombre. Le dije: «Siéntate cómodo en el sofá, que ahora vengo». Fui a mi dormitorio, me quité la ropa y me puse una batita de andar por casa. Volví. Él estaba mirando su móvil. «Eh, oye, estoy aquí», le dije sonriente. Me miró. Me di cuenta que sus ojos se detenían más tiempo en mis rodillas. Adelanté una pierna. «Puedes tocar», dije. Avanzó con su brazo y me acarició una rodilla con su mano. Luego fue subiendo, hasta acariciar el interior de mi muslo. Noté que se empalmó. Mis ganas de polla eran muchas; así que me arrodillé entre sus piernas y le bajé la portañuela.

    «Ah, esta mujer me está haciendo lo mismo que me hacía mi esposa hace años, cuando empezamos a salir, una buena mamada…, aunque a esta mujer parece gustarle más de lo que le gustaba a mi esposa…, se ve que le gusta, me come la polla con adoración, con cuidado…, me acaricia el tronco con su lengua y con sus labios, lame el glande y el frenillo, besa el prepucio, se la traga despacio, cabecea con tino, aahh, sí, sí…, esta mujer quiere que yo me corra bien, que ni un mililitro de mi semen se desperdicie…, mmm, sí, oh, ah…, y ya estoy a punto de eyacular…, mmm, sí, ya viene…, me encanta ver cómo sus labios se pliegan sobre mi polla, sí, oh, ah, oh…, ¿la debo avisar?, no, creo que se tragará mi corrida o la recibirá en su boca y luego la escupirá…, mmm, si, oh, ah, ya viene, ya viene, aahhhgg».

    Se corrió en mi boca. Me tragué su semen. Después me senté a su lado. Me habló: «Oye, ni tu nombre sé»; «Ni falta que hace»; «Pero, pero…»; «No pienses siquiera en repetir»; «No, claro, no, soy un hombre feliz, ahora lo soy, y no me apetece complicar las cosas, esto ha sucedido porque se ha presentado la ocasión, lo entiendo, me llamo Mauro». Mauro estaba ridículo en mi sofá, completamente vestido y con la polla fuera ya flácida, así que me reí. «¿De qué te ríes?», me preguntó; «De ti».

    «Se había sentado a mi lado, se reía, sus tetas, que asomaban bajo la batita que llevaba puesta, vibraban al ritmo de su risa…, qué mujer, qué cuerpo, qué piernas…, pensé en follar, follar con ella…, para eso tendría que citarla».

    Parece pensativo Mauro. ¿Estará proyectando algo de lo que yo forme parte? «Me llamo Diana», le digo. Enseguida ha querido saber si podrá quedar conmigo mañana. «¡Guau!». Creo que mi perro lo ha oído y no le ha gustado la idea: mi perro es muy posesivo. «No», le digo. Se ha mostrado contrariado, me ha dado lástima: un cuarentón como Mauro estará necesitado de carne fresca como la mía, no creo que su esposa, desnuda, esté muy de bien ver. «A ver, Mauro», le digo; «Sí, Diana», responde; «Tú estarás casado, ¿verdad?»; «No». ¿No? Me ha salido mentirosillo Mauro. Yo sé que está casado: una mujer sabe eso por pura intuición. «Mauro, no».

    «El culo de mi esposa está macizo…, lo toco, lo beso…, miro el agujero por donde voy a penetrar, sujeto mi polla con una mano y penetro».

    Oh, sí, qué dura la tienes Mauro, me encanta, dame…

    «La espalda inclinada de mi esposa me excita, entreveo sus tetas grávidas, los pezones oscuros rozando las sábanas».

    Más fuerte, Mauro, amor mío…

    «Mi polla entra y sale del cuerpo de mi esposa cada vez más rápidamente…, se me ha instalado un gustillo en la punta y lo quiero resolver, que explote y me llene de placer, ah, ah, oh, oh…, mi esposa gime, grita, ah, ah, oh, oh…, le doy, le doy».

    Uff, uff, Mauro, Mauro, córrete, por favor, córrete…

    «Oouuhhggg».

    La esposa de Mauro es una gran folladora, ya lo habéis leído. Así que no entenderé jamás por qué quiso repetir conmigo. Ahora ha venido a mi casa un amigo. «¡Guau!». A mi perro no le gusta. Me he desnudado para él. Me he abierto de piernas para él. Y está a punto de correrse para sí. «Diana, Diana», grita a punto de llegar al orgasmo; «No te corras dentro», le digo. Ha sacado la polla de mi coño y se ha pajeado sobre mi cuerpo hasta lanzar su semen sobre mis tetas. «Hu, Diana, hu, oouugghh». Yo he rebañado con mis dedos su crema, que luego me he pasado por la lengua. «Ya me has follado, ¿no es eso lo que querías?», le he espetado a mi amigo.

    Después, he pensado en Mauro.

  • Ella quiere jugar

    Ella quiere jugar

    Miraba atento como la curva del cuello bajaba convirtiéndose poco a poco en una curva que se bifurcaba y se convertía en dos pechos de piel brillante y…

    -oye! ¡Me estás viendo el escote!

    Cuando lo dijo volví a ver a sus ojos, estos brillaban, su risa era una deliciosa mueca de amplia sonrisa, labios carnosos y unos cachetes sonrosados… me reí nerviosamente.

    -disculpa, es que…

    -disculpa pero qué? Dime qué, a ver? -me recriminó sin contener la risa, poniendo los brazos en jarras, sin inmutarse de que mi vista se fuera nuevamente a ratos a ver su escote.

    Me quedé en silencio un buen rato, no tenía forma de decirle que mentalmente me vi entrando a ese espacio que se formaba tan sugestivo y no podía dejar de verlo. Las curvas de sus pechos destacaban tanto en su escote que imaginaba zambullirme ahí, la blusa no estaba abierta de forma exagerada, pero aun a pesar de la chaqueta de anchas alas, resaltaba de forma muy reveladora, la prenda de color rojo, formaba pliegues que seguían las curvas de su pecho, se juntaban ambos lados en un broche que parecía flotar frente al espacio de sus pechos, revelador cada vez que ella se inclinaba; alcanzaba a ver el pequeño puente frontal del sostén que usaba, que aunque tenía un color crema muy discreto, que trataba de disimularse con su piel, era notorio, por como parecía quedar suspendido por el bamboleo de los dos hermosos pechos. Ella hizo un ligero amago de cerrar más la blusa, pero era imposible, pronto sus pechos empujaban la blusa para mostrarse.

    Raquel tiene unos 32 años, mide 1.62, pelirroja, cara redonda con pecas en las mejillas, ojos café claro… la recordaba muy delgada y apenas desarrollada, pero ahora era una mujer madura, había florecido bastante desde el colegio, ahora sus apenas incipientes pechos eran foco de atención, aún más que sus caderas, esa noche vestía de falda oscura, botines de tacón alto, blusa tallada a la cintura con un escote que parecía deslizarse hacia abajo abriéndose para mostrar unos pechos generosos y firmes.

    Hacía unos días una amiga del colegio, Gabby, con quien mantenía una amistad de años me dijo que deseaba que nos reuniéramos para tomar algo, que se había encontrado con otra compañera del colegio que de seguro me gustaría ver, me quede intrigado y cuando me dijo que era Raquel, me remonte al tiempo del colegio, a la pelo alborotado e infantil adolescente, que le gustaba hacerse trenzas en el cabello, que una vez me dio un puñetazo en el estómago por una vez que jugando le palmee la nalga en el recreo, la que siempre quería ganar en todos los juegos y si no, se enojaba, que al final del tercer año de compañeros, cuando ya empezaban a notarse más sus curvas femeninas, el último día de clases, se fue a escondidas detrás de mí y me abrazó, yo me di vuelta y me dio un beso, dijo que me extrañaría, pero que yo era un zonzo…

    -¿y entonces? ¿Vas a decirme porque me mirabas los pechos?- volvió a fustigarme.

    -fue un accidente nada mas- fue lo que le dije, pero ella no parecía creerlo, pues me quedo viendo siempre muy sonriente y se inclinó para sorber de la pajilla en su coctel; no estoy seguro si adrede lo hizo, porque al inclinarse se miraba más profundo en su escote… vi dos lunares gemelos entre sus pechos.

    -¡Sí, me estabas viendo los pechos, no hay duda!- Esta vez no tenía forma de negarlo, me miraba con sus grandes ojos y una expresión de gusto increíble. En ningún momento hizo amago de ocultarse el escote, creo que le fascinaba esa atención a su cuerpo.

    -ok, si lo acepto! Se me fue la vista!- tuve que ceder y ella muy contenta se acomodó en la silla, aun mas sonriente y con los labios rojos.

    -Tengo un niño pequeño, apenas termine de darle de mamar, pero todavía me sale leche, eso hace que los pechos se vean más grandes- Lo dijo con gran naturalidad, además de pasarse las manos alrededor de los pechos, como si fuera un anuncio de productos, haciendo movimientos para destacar las formas. Luego se rio alzando la copa y mordiendo la pajilla.

    -Vi en tu Facebook vi que estabas con tu bebe y tu esposo- le dije para distraer que seguía viendo como su piel blanca relucía en las curvas del escote al esconderse entre los pliegues que se cerraban de la blusa.

    -¿quién te dijo que era mi esposo? Casada no estoy, vivimos unos tiempos juntos y tuve al niño, pero no nos casamos

    -entiendo, disculpa el comentario

    -olvide borrar esas fotos, no le pongo mucha atención al Facebook, ya hace tiempo no somos pareja

    No seguí mencionando el tema pues pareció agriarle el ánimo, ella agito su copa y tomo un sorbo, era una piña colada, luego pensé que la había pedido con alcohol.

    -oye! No se supone que no puedes tomar si das de mamar?

    Tomo un sorbo más grande y empino la copa, luego me miró con un poco de fastidio, pero después me sonrió…

    -que fastidias! Ya mi niño esta grande, me saque suficiente leche antes de venir para dejarle, aunque siempre estoy produciendo más

    Se apretó el pecho con una mano y siguió sorbiendo de su coctel

    -hoy es noche para disfrutar, no para fastidiar

    -Entiendo… salud!- dije alzando la copa para brindar y ella hizo lo mismo

    -¿Te acuerdas cuando me fui?

    -¡sí, claro! No dijiste que no volvías al instituto y además me abrazaste de sorpresa a la salida

    -¡zonzo!- alcanzo a decirme

    -¡si! ¡Eso me dijiste!- me reí con la copa en mano y ella me quedo mirando sin decir nada, pero me lanzo una mirada asesina, haciendo una mueca con los labios que no supe interpretar si era de risa o de ira.

    Pero justo me salvo nuestra amiga, que volvió acompañada de su esposo y otra pareja que había estado en el evento, la plática siguió un rato más, tiempo en el que Raquel me hablo poco, pero al rato revisando mi teléfono vi un mensaje de ella, en el que me decía que me retirara, que dijera que me iba porque tenía trabajo temprano mañana, me intrigue, le lance una mirada y ella hizo como que no era con ella, después de un rato recibí otro mensaje que me pedía que lo hiciera ya, que después me explicaba, otra vez la vi de reojo y esta vez no evito hacerme una sutil mirada y un gesto de asentimiento.

    -disfrute mucho la velada, pero ya tengo que retirarme, debo trabajar mañana temprano

    Gaby dijo que no me fuera todavía, pero volví a decir que tenía trabajo mañana, así que no siguió insistiendo, ahí fue cuando Raquel dijo si podía llevarla, que ella debía ir a ver como estaba su niño, que ya era tarde, que otro día seguían, le insistieron que la podían llevar más tarde, pero Raquel inteligentemente dijo que no quería arruinarles la noche a sus demás amigos, que igual yo podía hacerle el favor de llevarla, que ya mañana podían seguir al corriente.

    Nos tomamos unas fotos antes de irnos y salir del lugar, íbamos caminando y para no hacer incomodo el rato comentaba que era una agradable noche.

    -apúrate, vamos a tu carro- me apremió tajante, así que apreté el paso, en el lobby le dije que esperara a que volviera con el auto, pero insistió en que fuéramos directo a buscarlo, le dije que estaba algo alejado, pero insistió… no aflojo el paso hasta que llegamos.

    -¡ufff, abre rápido! ¡Quiero sentarme!- me lanzo apenas toco la puerta del pasajero.

    Se subió apenas le abrí la puerta y me apretó con ansias el brazo, además de su sonrisa de oreja a oreja, luego me fustigo a que me diera prisa. Apenas me subí al auto, bueno, era más una camioneta que un auto, cómoda y amplia; ella me quedo viendo…

    -¿que fue todo eso?- le pregunte mientras me acomodaba en el asiento.

    Ella se giró hacia mí y me fije como frotaba las piernas, además sonreía de forma curiosa, con la boca ligeramente abierta, mostrando sus dientes, resaltaba el lunar que apenas arriba del lado derecho de su boca.

    -zonzo!- me lo dijo como hacia tanto tiempo atrás, con esa vocecita chillona y demandante.

    -Me calentó que me estuvieras viendo el escote- se llevó las manos hacia las solapas de la chaqueta y las jalo hacia atrás, haciendo que su blusa se apretara más contra sus pechos y el escote se proyectaba más profundo. Me miraba muy sonriente y tomo mi mano derecha y la llevo directo a su pecho, apretó su mano sobre la mía y lo sentí firme, pensé que serían casi como globos de agua, algo flojos, pero realmente se sentía muy firme.

    Comencé a explorar por los bordes, el contacto con la piel se sentía suave, metí la mano bajo la copa y tantee hasta tocar el pezón, se sentía más cálido y duro, me excite al instante.

    -¿Te está gustando?- preguntó, con una innegable expresión de deleite, relamiéndose los labios.

    -¡se siente maravilloso!- Fue lo que alcance a decir, mientras recorría sus pechos con la mano, sintiendo la suave piel y el ligero contraste de rugosidad de los pezones. Ahora tenía las dos manos entibiándose al contacto de la piel… su suavidad, su redondez. Ella me miraba sonriente y sin desviar la mirada, sabía que me tenía en su dominio, desde que me cacho viéndole los pechos.

    -chúpalos- su voz me sonó caliente al oído, la quede viendo y note su satisfacción ante mi incredulidad.

    -¡chúpalos, quiero que me los chupes!

    Se bajó una de las copas y un pezón grande y tono rosado intenso apareció… podía ver la rugosidad del pezón con un ligero brillo lechoso alrededor, se notaban ligeras líneas marcadas del sujetador en la piel. Acerque la cara y pose la boca sobre el pezón y empecé a chupar, a lamer y ella soltó un largo bufido y me apretó la cara contra su pecho.

    -¡chúpalo fuerte, más fuerte!

    Apreté el pezón con los labios, presionando la punta con mi lengua; sentí un líquido cálido y dulzón llenar mi boca, ella gimió nuevamente y siguió alentándome a que la chupara… le chupe con ganas y salió un buen chorro de leche, me aparte un poco, pero fue lo justo para que me apretara el rostro nuevamente sobre su otro pecho, igual que en el otro, lo chupe hasta que me inundó la boca. Pasaron varios minutos en los que succione sus pechos, no podía imaginarme pasar antes por esto, sentía el líquido de sus pechos bajar por mi garganta, succionaba con ganas y apretaba los pezones con los labios y eso la estremecía, y no dejaba de salir leche de sus pechos. Al terminar sentía un sabor dulzón en la boca y una sensación muy cálida en mi estómago. Ella respiraba agitada y tenía muy sonrojada la cara. Se recostó en el asiento, con los pechos al aire.

    -que rico me los chupaste… me prende como mueves la lengua!- me decía, ajustándose los pechos con el sostén, pero sin abrocharse la blusa. Le puse la mano en la pierna, acariciándola desde la rodilla y poco a poco por su muslo, ella no se inmutaba.

    -me gusta eso… sigue por favor!

    Comencé a subir por su muslo izquierdo, acariciando en su parte interior, rozando su otra pierna a medida que se reducía el espacio entre ambas, la mire a la cara y seguía sonriente, con los ojos cerrados, pero con toda la expresión de que le gustaba. Seguí explorando bajo la falda, se me humedecía la mano solo con el calor de sus piernas, comenzó a frotárselas apretándome la mano, pero seguí haciendo fuerza, eso le gustaba, tenía mis dedos ya rozando su pantaleta, presionando contra su pubis.

    -dale más, más fuerte- su voz era casi un gemido, y lo fue más cuando presione con más energía los dedos y sentí como se metían con todo y prenda entre los pliegues de su sexo que parecía estar hirviendo y borboteando por cómo se humedeció. Seguí un buen rato hasta que empezó a jadear y ya sentía que aplastaba mi mano con la sola presión, con sus jadeos me calentó y me acerque nuevamente hacia sus tetas, estas descansaban sobre su pecho, ligeramente desplazadas a los lados, ella se frotaba el cuello con una mano y con la otra agarraba el cabezal del asiento con fuerza.

    Me gustaba el contraste de lo claro de su piel con el color intenso de su sostén, me acerque a su vientre y le di un beso, mientras que con la otra mano agarre un pecho, eso la hizo reaccionar y dejo de apretar las piernas con lo que metí más profundo los dedos, antes de que volviera a presionar. Esta vez sentí el calor de su fuego sobre mis dedos, empecé a rozar muy adentro y ella se mojaba con intensidad…

    Saque la mano cuando relajo los músculos de la entrepierna, me dolía, pero ella estaba con expresión de satisfacción.

    Pasamos unos minutos platicando muy relajados, ella aun con el sostén a la vista y yo acariciando sus muslos

    -Te la debo… y no quiero estar en deuda- dijo, mientras su mano se posó sobre mi entrepierna y comenzó a frotármela, rápidamente se me fue poniendo dura, más de lo que había aguantado mientras disfrutaba la dulce leche de sus pechos. Sus manos se aventuraron más y desabrocho el pantalón y me saco el miembro, comenzó a masajearme las bolas, se pasó la mano por la boca y luego me unto su saliva en la punta, me hizo una última sonrisa al momento de bajar la cara y meterse el miembro en la boca… tuve que hacer fuerzas para levantarla y mirar alrededor para no ser sorprendido por alguien pasando por ahí.

    -vamos a donde estemos más a gusto, quieres?- al solo decirlo con su voz en tono muy sugerente, supe a donde ir, tome camino al mejor motel que conocía, que era en dirección al aeropuerto.

    Pedí una de los mejores espacios, estacioné el vehículo, se cerró la cortina y apague las luces, rápidamente subimos unas gradas para entrar a la habitación.

    Subimos casi con los pantalones abajo, porque solo tuve unos instantes para caminar sin que ella me siguiera chupando, logre que se detuviera y me cerré el cierre del pantalón, apenas entramos al apartamento ella se vino sobre mi otra vez, nos lanzamos a la cama y se vino sobre mi entrepierna.

    Se fue acomodando poniendo sus nalgas contra mi cara, chupaba mi verga con gran pericia, mientras miraba hacia su trasero alzándose, fui deslizando mi mano entre sus piernas, acariciando sus muslos generosos, fui subiendo la falda y la aparté hasta sentir la viva piel de sus nalgas y aproximarme hasta su sexo. Habia un gran espejo montado sobre la cama, podía ver su cabellera pelirroja sobre mis piernas y el movimiento de su cabeza mientras chupaba, a la vez aproveche a descubrir sus nalgas para verlas bien, unas nalgas redondas y blancas, le di varias palmadas y empecé a meter mano entre las nalgas y me electrizó sentir que cuando lo hice, ella me dio una chupada tan fuerte que sentí que me corría, pero logre aguantar, ella paró un rato para recuperar aire, mientras seguí manoseando entre sus nalgas.

    -cariño, mete tus dedos por ahí- me dijo entre jadeos en los que tomaba aire para volver a meterse mi miembro hasta la garganta.

    Metí dos dedos y fui masajeando entre sus pliegues.

    -mas! Mas! mete la mano, me gusta tu mano!

    Le pase casi la palma entera por los labios vaginales, quedo empapada de sus jugos…

    Ella volvió a chupar y a masajearme las bolas. Seguí frotando y frotando ella chupaba fuerte, fue cuando me corrí y ella lo recibió todo en la boca, un poco fue escurriendo por sus labios, pero seguía chupando y cuando termino me dio una lamida por las bolas y el tallo, yo seguí con mis dedos dentro de ella, hasta que sentí que un gran chorro salía y ella se estremecía, cuando ya estaba seco, ella volvió a lamerlo y acariciarlo, me lo estaba parando de nuevo.

    -te quiero duro papi…

    Me lanzo mirada de que me acomodara detrás de ella, me termine de quitar el pantalón y me coloque detrás de sus nalgas, ella se preparó, abrió sus piernas para mí, me miraba con una sonrisa lujuriosa, sus bellas tetas al aire, se abrió la falda del todo y se reclino sobre sus brazos, me pegue a sus piernas y jale de su pantaleta hasta sacársela por las piernas, ella lanzo una risa muy animada, mientras le levantaba las pantorrillas con las manos.

    -dale amor, dale! Quiero que me la metas ya!- entonces jale de sus pantorrillas y me pegue a su entrepierna, comencé a frotarle directo sobre su pubis, era una suave capa, un vello púbico suave y húmedo…

    Agarre uno de sus pechos, al tiempo que mi verga se deslizó dentro de ella, a pesar de ya haber dado a luz, su coño se sentía apretado y el roce era sabroso, me rodeo con una pierna y comenzó a frotarme una nalga, ella se divertía… cerraba los ojos, alcanzaba mi mano con la que le agarraba un pecho y me jalaba los vellos del brazo, me acerque nuevamente a chuparle un pezón y otra vez… sabia cálido y dulzón, le seguía produciendo leche… esos pechos estaban cargados, deliciosos… chupaba sus pechos y le clavaba profundo la verga, ella se reía, se ahogaba con largos bufidos entre las arremetidas.

    -¡cógeme… quiero tu palo adentro!- me rodeaba la cintura con la pierna, una pierna pesada, carnosa

    -¡que rico me lo haces!- le palmoteaba los pechos, se los estrujaba y se sentían duros y firmes.

    Mire hacia arriba para ver la imagen reflejada de sus tetas rebotando y la expresión de su cara con los ojos cerrados, la cara roja y la boca aun con semen escurriéndole.

    -¡que rico! ¡Esa pendeja se tardó mucho en juntarnos! ¿Te la cogías verdad?

    Ella empezó a mencionar a Gaby, todo por el tiempo que no había arreglado una reunión, dijo que seguramente ella le gustaba mi verga, le dije que no había pasado.

    -¿no? que pendeja! ¡Ya tiempo te la hubieras montado!- acelere el ritmo y ella jadeo con más intensidad, trate de aguantarme más tiempo.

    Dijo que ella se había cogido al profesor de Algebra para pasar, que solo ella lo sabía, que era una caliente asolapada.

    -¡dame más! ¡Le voy a decir lo pendeja que es!- Ya estaba a mi tope, trataba de aguantarme, de llegar a más tiempo.

    -¡que rico me lo haces papito!!

    Con ese último chillido de su boca me corrí fuerte, ella jadeo y también se corrió. Ella siguió estremeciéndose un rato más, quise descansar, darle aire a mi palo para aguantar el fuego que esta mujer traía consigo, pero aun no me soltaba, hasta que los dos nos corrimos y ella lanzo un bufido cuando mi leche se mezcló con sus jugos en su interior. Nos desplomamos en la cama, tras unos minutos fui estire para alcanzar una pequeña nevera al lado de la cama, saque algo de tomar, le traje a ella una cerveza y casi se la toma de un solo, dejo que un poco le escurriera por el cuerpo desnudo y luego me ofreció el cuello para que se lo chupara, me acerque y lamí de su barbilla a sus pechos, luego se dio vuelta, mostrándome sus nalgas rojas de tanta acción, pero aun queriendo más, así que me acomode y me la jale un rato pasándola por sus nalgas para ponerme duro otra vez, se la fui metiendo fuerte, agarre sus pechos como pude, porque se sentían pesados, busque los pezones y los masajee hasta sentir como escurría leche por mis dedos, ella jadeaba, era ruidosa, pero excitante, su voz a ratos era chillona, más cuando hacia movimientos de lado a lado, como rellenándola, sus nalgas se batían y sus robustos muslos temblaban, brotaban jugos de su cuerpo a montón, las sábanas ya se miraban empapadas de sexo, sudor, semen y jugos vaginales, la lavandería tendría que darle mucho cuidado a la ropa de cama; le froté y la acomode con su culo bien en alto, le puse un lubricante que había también en la mesita de noche, además de un poco de mi saliva para metérsela bien por el culo, así logre que entrara y me corrí dentro y ella soltó un largo bufido y su cuerpo tembló, mi leche saturaba su interior y mi cuerpo seguía bombeándola sintiendo el golpeteo de sus nalgas, sus gemidos de gata en celo, paso un buen rato hasta que nos relajamos, yo aún pegado a sus nalgas rojas, frotando su espalda y caderas, escurriendo sudor y jugos entre sus piernas, hasta que volvimos a quedar tendidos en la cama.

    Mirando nuestro reflejo, los dos cuerpos desnudos, mi miembro aunque aún hinchado estaba ya flácido; su cuerpo voluptuoso y hermosos, con su pubis recortado y sus pechos y cara rojos de tanto agite.

    -¿Y ahora te vas a casar conmigo?- Me hizo la pregunta mientras seguíamos acostados boca arriba en la cama desordenada, gire la cara para verla a los ojos y ella se había acostado de lado sobre su brazo izquierdo, sus pechos inclinándose por su propio peso, me miraba con los ojos muy abiertos y la boca haciendo muecas insinuantes.

    -¿Te asustaste verdad? ¡Jajaja!- Se puso sobre mí, dejando que sus pechos se rozaran conmigo, sintiendo sus pezones ponerse duros nuevamente. Se inclinó ofreciéndome los pechos para que se los apretara otra vez, sentí su mano acariciándome otra vez la verga y agarre nuevamente sus caderas, su calor me excitaba.

    -tranquilo precioso… no te quiero casado!- se inclinó hacia mi aun riéndose de su comentario y mi reacción.

    La empuje con la cadera para que sus pechos quedaran al alcance de mi boca, se los volví a chupar, me gustaba el contacto de mi lengua con la rugosidad del pezón erecto, me los restregaba alternadamente para que le diera igual atención a cada pezón, mientras con las manos se los acunaba y estrujaba, aprovechando a ratos a darle nalgadas, me gustaba como sonaba el manotazo en su trasero redondo y carnoso.

    Cuando al fin nos agotamos, me aparte para verla descansar, sonreía con los ojos cerrados y la boca abierta en mueca de placer, se giró para quedar con los pechos viendo al cielo, ella ladeo la cara, estaba agotada, empapada en sudor el cuerpo y sus nalgas en semen, pero estaba satisfecha; yo me sentía extasiado de haber disfrutado cada momento de tener esta mujer sobre mí y de haber probado la leche de sus pechos y que me dejara clavarla por todos sus espacios.

    Cuando nos despertamos, ya unas horas después, nos metimos a la ducha para quitarnos el olor a sudor, fluidos y sexo del cuerpo; nos restregamos el cuerpo, me entretuve pasando la mano por los rincones de su cuerpo, tenía dos lunares entre las nalgas, otro muy cerca de sus labios vaginales y dos entre los pechos.

    -¿Que tanto me estás buscando? Ya sabes por donde hacerme gozar, ya no hay más dónde meterla

    -Es que si te quiero extorsionar por sexo, debo saber dónde están tus señas más íntimas…- le dije a son de broma.

    Me dio una cachetada más o menos suave entre risas, antes de agacharse ella y agarrarme nuevamente la verga…

    -Pues yo también ya se tus señas, hacia donde se te va la verga

    Se la metió a la boca y me la chupo un rato más, antes de salir de la ducha, arreglarnos y salir.

    -Una cosa más- me dijo antes de acercarnos a donde me indico que la llevara

    -Si te llama Gaby le dices que me dejaste a donde vamos, pero ayer en la noche… no quiero que me ande preguntando a donde me fui.

    -¿Y ahí donde es? Le pregunte cuando me dijo a donde llevarla.

    -Pues es donde una tía con quien deje a mi niño

    -¿No venias sola?

    -Me vinieron a dejar a la ciudad con mi niño, pero llame para decirles que me quedaría donde mi amiga

    -Lo tenías planeado?

    -¡Jajaja! ¡Claro que no! pero ya que se prestaba la ocasión…

    -No sé si creerte- le dije

    -Bueno, ya no importa. ¡Ya lo hicimos y muy rico fue! Ahora llévame a desayunar y después me pasas dejando

    Pasamos por un desayuno a un restaurante, en el salón que estaba vacío a esa hora de la mañana no dejaba de rozarme la pierna y al subir al auto nos dimos un morreo corto pero intenso, yo apretaba sus pechos y después ella iba con su mano metiéndola en mi pantalón acariciándome la verga, pero al llegar frente a donde su tía, se acomodó la ropa y únicamente me dijo adiós ya cuando se bajó rápido del auto, casi que tiro la puerta al salir, solo volteó a verme nuevamente cuando ya estaba por entrar a la casa, hizo un gesto de despedida con la mano y desapareció tras la puerta de entrada.

    Después que me fui de ahí, pude ver que dejo su pantaleta en el asiento, con el olor de su sexo aun tibio; unos días después me llamo la otra amiga queriendo saber que había pasado esa noche y le dije tal cual lo que me había dicho Raquel que dijera, así que no siguió preguntándome más. Ella me contó que Raquel había vuelto con el papa del niño y que incluso se había casado… fui su desahogo antes de enseriarse, pero bueno, nadie me quita lo gozado también.

  • Conversaciones

    Conversaciones

    Subo un estado de una foto mía.

    L: que rica carita amor como para llenarla de leche

    Yo: si amor después de haberla mamado un rato

    L: que rico a mi perrita favorita le encanta la verga

    Yo: y más si es la tuya me encanta ponértela dura mamándola hasta que me llenes de leche la boca y que me cojas como se te antoje

    L: eres una perversa amor quiero verte para tenerte empinada y gritando como perrita

    Yo: que rico con las ganas que tengo ahorita de ti, quiero montarte para que me hagas venir solo como tú lo haces

    L: nadie más te hace venir como yo mi putita rica?

    Yo: no solo tú por eso me encanta tu verga es la que más rico me coge

    L: que delicia quiero que siempre seas mi putita para coger cuando queramos

    Yo: si amor lo voy a ser

    L: me encantaría mamar esas putas chichotas mientras te doy verga

    Yo: si quiero jeje

    L: si te gustó como te di verga la última vez verdad amor

    Yo: me gusta mucho como pujas como perra mientras te clavo mi verga y no te importa que escuchen como gozas cómo una perrita

    Yo: claro que me importa pero lo haces muy rico

    L: mi compañero escuchaba como gemías muy rico

    Yo: no manches perdón

    L: no te apures amor está rico que te oiga gemir como la puta que eres

    Yo: es que me encantas

    Hay más después de esto si quieren segunda parte díganme y pondré más.

  • Su fantasía, mi mayor clímax

    Su fantasía, mi mayor clímax

    Por lo que sé,  no soy la primera mujer a la que su esposo le pide cumplir la fantasía de hacer un trío, ni la primera en aceptarlo; sin en cambio, había algo en lo que aún no estábamos acorde ¿quién será la otra persona?, en este caso, ¿quién será el otro hombre?

    Muy buena pregunta y la respuesta no me agradaba, pero tampoco me molestaba, solo que yo no estaba del todo de acuerdo, en qué fuera él…

    Se que en cuanto diga, quién es el hombre, con quién mi esposo, desea, tan morbosamente, compartirme, muchos van a saltar, los cabellos se les van a erizar y lo peor, golpes de pecho se van a dar…

    Su mejor amigo en toda la vida, su cómplice en centenares de aventuras, su fiel compañero en las buenas, pero aún más en las malas, con quién creció y compartió más que una vida…

    Espero ahora entiendan mi tan prolongado desvío, así es, y es por esa razón que yo aún no aceptaba del todo, tenía tantos demonios en mi cabeza, tantos tabús y prejuicios, que tan solo de pensarlo, mi corazón latía de un miedo tan abrumador y escalofriante.

    Fueron noches y noches de desvelos con mi esposo, pláticas interminables, sexo tan fuera de lo rutinario, salvaje y suave, duro y tierno a la vez, charlas tan ricas, tan exitantes, tan llenas de confianza y demasiada picardía, las madrugadas se convirtieron en nuestras mejores aliadas, para hablar de absolutamente todo, completamente desnudos, sin tabús y sin remordimientos, generamos un vínculo aún más fuerte a nuestra relación; al pasar de las madrugadas fui quitando, poco a poco, cada uno de mis prejuicios y fue así que fui accediendo a hacer el trío tal cual mi esposo deseaba.

    Una de esas tantas madrugadas, me volvio a tocar el tema, estuve más atenta, más abierta y con disposición a escuchar lo que tenía que decirme, a lo que con su voz tan varonil, esa voz que me hace temblar las piernas, dijo:

    – Yo lo he imaginado,

    -¿Amor tu te lo has imaginado?

    Mi respuesta fue sí, su cara de asombro y exitacion me excito a mi, aún mucho mas.

    Me dijo: -Yo te cuento lo que he imaginado que va a suceder y tú me cuentas, cual fue tu experiencia ya que se haya realizado el trío, ¿estás de acuerdo amor?

    Acepté sin pensar en nada más, que no fuera, disfrutar, gozar y saborear todo ese clímax.

    Se pacto la fecha, el deseo y las ganas de querer experimentar llegaron puntuales.

    Esto es lo que yo le conté a mi esposo desde mi experiencia y mi perspectiva:

    -Me empezó a envolver el deseo cuando me dijiste con mucha seguridad que después de que yo estuviera con el, haríamos un trío.

    Y la manera en como describiste cada escena, fue cuando sentí un pequeño jalón en mi vagina, síntoma de que algo le había exitado.

    Eso atrajo mi atención por completo, visualice cada paso, cada movimiento, hasta los gestos de cada uno, ví como los tres estábamos eufóricos de placer.

    Ni a cual irle, nadie y ninguno de nosotros dejaba de gozar y disfrutar cada segundo, cada instante de sexo tan rico que compartíamos.

    Ese sexo que jamás nadie habíamos experimentado, porque para todos era una experiencia única, primera, inolvidable, tan llena de lujuria, que nadie, había pasado por ese momento, a pesar de que cada uno tenía su historia.

    Las miradas eran profundas, intensas y tan llenas de pasión, los dos me miraban fijamente, sin pestañear, sin quitar esa mirada tan lascivia y tan ardiente, que yo sentía ya no poder.

    Mi ser explotaba de tanta pasión que mi libido me pedía más y más placer, no quería que terminara, no quería que dejarán de mirarme de esa forma tan sucia, tan varonil y tan llena de deseo.

    Las dos miradas me prendían, me gustaba todo lo que me hacían sentir, la mirada de él era tan pasional que me hacía sentir en ese momento, la mujer más caliente, deseada y disfrutada.

    La tuya, tu mirada me elevaba a mi máximo nivel de erotismo, un placer indescriptible, un orgasmo interno tan estremecedor, que mi cuerpo se retorcía sin pudor alguno, tus ojos clavados en los míos, tu mirada fija, quieta, perversa, lujuriosa, penetrante, dominante, llena de sensualidad, sobrada de erotismo, tan rica, tan llena de amor, deslumbrante y pícara, todo al mismo tiempo, y tan solo con mirarme a los ojos; llena de éxtasis mi ser, mi cuerpo, mis sentidos, mi vagina, la combinación más exquisita y desbordante de todos los tiempos.

    Mi mente estaba vuelta loca, no entendía que pasaba, tanto placer en dos hombres que me observaban fijamente, al mismo tiempo que me penetraban, me hacían suya, se deleitaban con cada rincón de mi cuerpo desnudo, y ellos se regocijaban en su propio elixir de placer, se apoderaron tanto de mi, que me arrastraron a sus dominios más profundos, tan profundos que ni ellos habían descendido tan abajo, se hicieron mis dueños, amos y señores.

    Y yo, tan caliente, solo pensaba en que, ojalá ellos estén gozando, esten disfrutando, cada instante que me cogen, con sus miradas, con sus vergas, con sus manos, con cada beso que me daban, cada nalgada que me azotaban, cada mordida pícara; mi deseo porque ellos lo disfrutaran a mi par era indescriptible, sabía que si lo hacían, sabía que si me saboreaban, disfrutaban cada segundo que me poseían, tanto o hasta tal vez más que yo.

    Sus movimientos, sus expresiones, sus gemidos tan sexis no me podían mentir, estaban al borde de la locura más exitante que jamás hubieran pensado imaginar juntos.

    Y no porque alguno no lo haya hecho antes, o no hubiera con quién haberlo hecho ellos juntos; simple, fácil y sencillamente porque uno de ellos era mi esposo, mi pareja y mi dueño, el otro, el otro era su hermano…

    End

    By Ambar Quevedo

  • De las barbas a la policía (capítulo tres)

    De las barbas a la policía (capítulo tres)

    Las barbas (A José). 

    Volví a estar libre de ataduras, regresé a aquellos encuentros con William que bien sabía satisfacer mis deseos, que para ello me había enseñado ese mundo. Estuve con William, solo los dos sin más locuras o en orgias de las que él acostumbraba. El primer encuentro que tuvimos, por fin, me llevó a la línea del tren, a las afueras del pueblo y adonde me había invitado al principio cuando hablamos por primera vez. Ya no tenía sentido negarse a ir con él, además que aquella sensación de estar al aire libre daba cierto morbo a lo que hacíamos. Todo lo que podía ser el paisaje se había convertido en una oscuridad absoluta, las luces a lo lejos eran como esos faros que en el mar pudieran divisar los barcos.

    A William le gustaba besar, era un maestro en todo, me besaba mientras su manos entraban por todos los lados y agarraba con fuerza o acariciaba con suavidad, también hablaba de lo que sentía, lo que hacía y lo que iba a hacer. Me puso como de costumbre a mamar su pinga cosa que me gustaba porque la tenía grande, con una piel muy tersa que daba gusto lamer. Pero nunca me dejaba mucho tiempo, porque lo que más le agradaba era mi ojete, lamerlo y cogerlo. No me hizo esperar mucho para recibir mi pedazo de carne como decía él a veces, otras, decía que me daría mi toma de leche. Me quedé con el pantalón bajado, las nalgas al aire, encorvado para recibir su pinga que ya me entraba bien con la saliva. Estuvimos singando un rato cuando sentimos que se acercaba el tren, estábamos al lado de la línea férrea. Se le ocurrió que nos quedaríamos allí, al lado delante los arbustos.

    – ¡Quiero tenerte clavado cuando pase el tren!

    Me dijo con esa lascivia que acostumbraba, le comenté que nos verían con la luz. Pero no me hizo caso, nos apartamos un poco y siguió él singando con fuerza. De pronto el haz de luz iluminó todo incluyéndonos a nosotros, William siguió moviéndose, metiendo y sacando su pinga agarrado a mis caderas, yo encorvado ocultando la cara. Cuando pasó la locomotora por el lado se escuchó un grito.

    – ¡Mariconeees!

    Después volvió la oscuridad porque era un tren de carga, el sonido ensordecedor y rítmico lo abarcó todo, William siguió al ritmo de los vagones para venirse casi cuando el tren pasaba y se perdía a lo lejos. Nos quedamos un rato así quietos, jadeábamos y sudábamos ambos.

    – ¡Uf! ¡Rico! ¿No te has venido?

    Era otra de las cosas de William, tuve gente que no le importó nada si había terminado yo o no. Lo importante era que ellos se venían y ya, William era diferente. Él sabía cuando me había venido, una vez cuando le pregunté me dijo que lo sabía porque apretaba el culo más de lo común. Me hizo masturbarme antes de sacar su pinga que ya no estaba tan dura. Como era ya una ley, me hizo vestirme sin evacuar su leche. Le ponía a millón saber que alguien se iba con su leche en el culo, yo ya estaba acostumbrado a ello. Incluso me agradaba saber que le ponía bien que me fuera así. Después nos fuimos cada cual por nuestro lado.

    Aquella aventura ferroviaria con William me bastó para unos días sin que saliera a buscar nuevas aventuras o emociones, aunque a los dos días tuve la oportunidad de enrollarme en una, esperaba la guagua en una de esas noches calurosas en la avenida 41, cerca de Tropicana, lugar al que nunca había entrado, cuando vi a dos tipos que se interesaban en mí, bueno, como era un lugar de ligue, todo el mundo miraba a todo el mundo. No pasó mucho rato cuando uno de ellos, el más delgado se me acercó dándome la mano. Hablamos unas cuantas tonterías y fue directo al grano preguntándome si me dejaba singar, si quería y por último que si estaba de acuerdo iríamos a casa de un amigo de él, el otro que estaba algo apartado y que tenía una barba muy espesa y negra.

    – ¡Anda, la vas a pasar bien! ¿Acaso no te gusta que te singuen dos machos como nosotros dos? – me dijo con desfachatez al ver que la duda me invadia.

    Él otro era José, un tipo alto y robusto, todo peludo y que más tarde supe que trabajaba en la Biblioteca Nacional, dije que sí y fuimos, nos presentó y salimos caminando rumbo a la casa. Tremenda casona, de esas que hay en 5º avenida de los antiguos ricos, subimos a la segunda planta donde José tenía su dormitorio. Yo pasé al baño a lavarme, José lo había hecho en alguno de los baños de la casa, cuando salí el otro se metió a lavarse, en la cama estaba José acostado desnudo, con la pinga dura. Yo me acerqué y me senté encima de él dejando que su pinga rozara mi ojete y empezamos a besarnos.

    El otro llegó y se nos unió, tenía un buen machete y estaba muy dispuesto a usarlo y rápido. Poniéndose un preservativo me dijo que me abriera las nalgas, escupió varias veces y trató de meter su pinga, pero no pudo, de verdad que era grande y sin algo de crema o lubricante, pues costaba. Se fue al baño en busca de alguna crema, momento que José aprovechó para susurrarme al oído.

    – Haz que se venga rápido y regresas cuando se vaya, te quiero para mí y singarte toda la noche.

    No le di paso, por mucho que quiso penetrarme, no pudo. Lo hice a propósito y eso le gustó a José que me guiñaba un ojo con picardía cuando el amigo no nos veía.

    – Bueno, al parecer eres muy cerrado, pero ya que estamos aquí me sacas la leche mamando. – dijo el otro.

    No tuve otra opción que dedicarme a mamar por turno a ambos. José se apuró en venirse mientras que al otro le costaba trabajo aunque finalmente logró eyacular en mi boca. Comentó algo de que al menos tenía buena boca para mamar pero que hubiera preferido singarme. Después nos vestimos y salimos, José dijo que acompañaría a su amigo y yo cogí otro rumbo aunque solo esperaba ver que giraban para regresar y esperar a José. Al cabo de unos veinte minutos llegó José, se alegró de verme allí esperándolo. Nos besamos en el portal, subimos a su dormitorio y nos desnudamos.

    A José le encantaba besar, acariciar y yo salía ganando con todo ello. Fui yo quien tomó la iniciativa de sentarme sobre su pinga después de ensalivar bien. Él quedó encantado mirando lo que hacía, yo quizá por estar muy excitado o porque estaba acostumbrado, dejé entrar su sexo sentándome sobre él, despacio pero sin interrumpir recibiendo el doble goce que me propinaba y el que le daba a José. Fue una noche ardiente, hicimos el sexo la primera vez yo cabalgando como si fuera un jinete, besaba con pasión, no soltaba mis nalgas con sus manos grandes. La segunda vez fue en la ducha, porque al venirnos, yo le eché mi leche en su pecho. En la ducha seguimos besándonos, acariciándonos y por supuesto que no me negué a entregarme de nuevo a él. Me poseyó allí con las manos mías en la pared y el agua tibia cayendo sobre nosotros. Recuerdo que dormimos abrazados, satisfechos y cansados después de una noche tan marchosa. Por la mañana me despertó con besos y su pinga dura en mis nalgas.

    -¿Quiero tenerte ahora antes de que nos levantemos? – me murmuró al oído.

    Yo me dejé hacer, asentí y me quedé acostado bocabajo dándole la oportunidad de que me poseyera así. Me quedé con los ojos cerrados para sentir como me humedecía mi culo, como su pinga iba abriéndose paso entrando, cuando mis esfínteres se dilataron dejándolo pasar suspiré con fuerza y placer. Me singó así, suavemente mientras aguantaba mis manos y me besaba la nuca, las orejas, la cara, la boca. Yo con sus movimientos y caricias me vine antes, para él fue una sorpresa cuando me volví disculpándome de la mancha de semen en la sábana.

    -¿Te viniste solo? Ni siquiera te has tocado.

    -¡Papo, tú me tocaste donde debías!

    Recuerdo bien que mientras desayunábamos me decía lo bien que la había pasado, que así le gustaba levantarse así, con la pinga parada y singar suavemente. Me dio su teléfono y que llamara, que siempre que tuviera tiempo fuera por su casa a dormir.

    Comenzó así aquella interesante relación que al principio ardía por sí sola. No diría que nos amábamos pero sí que nos deseábamos. No sabía en aquel entonces que era un oso o la atracción por las barbas y vellos, él fue mi primer oso como tal porque a parte de una barba tenía mucho vello por el cuerpo, además que era enorme, grande y corpulento. Empecé a frecuentar su casa por las noches a dormir con él, y fui conociendo de él.

    Me contó que aquel amigo nos había visto una vez y que le dijo que sí, que estábamos con mucha frecuencia y a lo que el amigo le respondió, que yo no era buena cama. Para José era mejor, así se mantenía alejado de mí y podríamos seguir con nuestra pasión.

    Un día me invitó al cumpleaños de no sé qué amigo suyo, que le gustaría que yo fuera con él. La fiesta era cerca de su casa en Playa, había bastante gente y mucha bebida y comida. Era otro mundo, gente que tenía acceso a todo y se veía en la mesa y el bar. A mitad de la noche quedaban pocos y ya algunas parejas se retiraban a los rincones entre besos y caricias, nosotros no nos quedamos atrás, empezamos a besarnos, a acariciarnos y terminamos en una de las habitaciones haciendo el amor. José tenía facilidad o habilidad para penetrarme, es lo que más recuerdo, sabía cómo hacerlo y yo se lo agradecía. Allí de pie, yo con el pantalón y los calzoncillos bajados, inclinado algo mientras José me singaba. Cuando terminamos nos dimos cuenta que no estábamos solos, el amigo de José que cumplía años estaba allí mirándonos. Nos quedamos quietos como sorprendidos, mientras el amigo, que se llamaba Ramiro se nos acercó, agarrando con una de sus manos mi pinga dura y con la otra acarició mi culo lleno de la pinga de José que quiso sacarla, pero él le dijo que no.

    -¡No, Pepe, no se la saques! Ya veo que sabe cómo disfrutarla.

    Estuvo acariciando mi trasero, los huevos de José, el tronco de la pinga de José y el borde de mi culo húmedo. Terminó diciéndonos.

    -¡José hoy es mi cumpleaños!

    Estaba claro lo que quería, José sacó su pinga para dejar que aquel mulato se pusiera detrás de mí. José se situó delante, empezó a besarme, a acariciarme.

    -Nene, es su cumpleaños, no le vamos a negar un regalo así, no te preocupes, yo estoy aquí mirando.

    Quizá aquel idilio entre nosotros empezaba a llegar a su fin, José me ofreció como regalo de cumpleaños a su amigo. Al rato llegaron otros, unos miraban, decían algo y se iban, otros se sentaban allí mirando cómo me singaba. Era un regalo, un objeto, José me había regalado. Cuando el mulato terminó vino otro y cuando ese terminó otro quiso, yo protesté que me dolían las piernas pero eso no fue problema, me arrastraron hasta una cama y allí continuó el festín. Fueron cinco los que pasaron por mi dejando su semen, estaba molido, por suerte no me dolía pero no me sentía cómodo. Mi entre pierna y culo chorreaban semen de los machos que me usaron. Ramiro vino a la cama, trayendo un rollo de papel higiénico para limpiarme y así lo hizo, con suavidad. Quise levantarme pero Ramiro me dijo que no, que me quedara así, que retuviera la leche en mi culo, le obedecí y allí me quedé.

    José vino a despedirse, me dijo que mejor me quedara a dormir allí y que descansara. No soy tan tonto, sabía que no se iba solo, me levanté cuando salió para ver con quien se iba. Por eso me quedé y me entregué a Ramiro y a otro más que se había quedado. Dormimos algo en aquella cama tan grande los tres hasta que Julián, un negro delgado y pingón, me despertó para que le bajara la pinga que la tenía parada. De tanto revolcarnos y movernos Ramiro se despertó y se nos unió, ya no me importaba nada. Claro que Ramiro había untado mi culo con lidocaína y no sentía nada, ellos igual. A eso de las siete nos acostamos de nuevo ya medio muertos.

    A las doce Ramiro se levantó porque tenía que salir al trabajo dejándonos a Julián y a mí. A eso de las dos nos levantamos y salimos a la calle, Julián me invitó a su casa a almorzar. Vivía en La Víbora, en una casa de madera, humilde pero comimos bien. Julián era fotógrafo, después pasamos por el trabajo a buscar algo, por suerte ese día no trabajaba. Seguimos a casa de un amigo, un tal León, un tipo gordo y simpático.

    -Este es el regalo de Ramiro.

    Así me presentó, nos reímos mucho porque ya lo habíamos conversado. Buen humor, León nos mandó entrar al patio de su casa, conversamos un rato y después nos fuimos. Julián me acompañó hasta la parada de la guagua. Quedamos en vernos en otra ocasión.

    A José, lo vi como a la semana en una parada, iba yo en la guagua y me quedé mirándolo como si mirara algo interesante, él igual miraba con sorpresa y atinó a hacerme un gesto de que lo llamara. Por el momento no lo llamaría. Llegando al pueblo me encontré con William que como siempre deambulaba en el parquecito, me llamó enseguida.

    – ¡Oye, ven acá, chico! ¿Qué coño te pasa? Seguro que tienes a alguien que te está dando pinga a gusto.

    A veces era muy vulgar hablando, pero no me molestaba, lo conocía. Nos sentamos en el parque lo más alejado de la única farola que mal alumbraba, allí se sacó la pinga indicando que me encargara de chupársela. No me costó que se le parara aquel trozo de pingón, estuve un rato mamando y tratando de tragarme todo aquello cosa que no siempre podía, él me había enseñado pero allí en el parque no me salía.

    – ¡Ven, déjame darte un poco por culo!

    Nos metimos detrás de uno de los matorrales, me bajé los pantalones y él se arrodilló para empezar a lamerme el culo, a humedecerlo, a lubricar antes de empezar a singarme como solo él sabía. Me provocaba placer, goce, sabía moverse bien y cualquier cosa que hiciera le salía bien. Era un bujarrón perfecto. No se demoró mucho, al parecer estaba ya bien caliente y tenía ganas.

    – Vístete que veo a la rubia en la esquina.

    Comprendí su apuro, en la esquina había un carro de policía. Salimos y nos sentamos en el banco, al rato se nos acercó un policía que nos pidió el carné de identidad y nos inquirió qué hacíamos allí. William le dijo que nada, que estábamos hablando, que yo había venido en la guagua y ya. Era casi la verdad, el policía se rio.

    – ¡Ya, que no soy tonto, bien que los he visto detrás de ese matorral! – hizo una pausa y agregó señalando a William.- Le estabas cogiendo el culo a este y eso está prohibido en público.

    – ¡Vamos, oficial, qué aquí todos somos hombres! – le dijo William.

    – ¡No, este es hembra!, que lo vi clavado. – volvió a enfatizar el policía.

    – Bueno, macho, pues ¿por qué no te lo singas y ya? – William tenía esas respuestas locas, yo estaba cagado porque nunca se sabe qué va a pasar con estos policías. Pero todo tomó un color diferente, el otro policía se nos unió.

    – Miren, no los metemos presos pero nos vamos a singar a tu amiguita. – dijo el recién llegado.

    William rio como de costumbre y me dijo que fuera con ellos, yo le dije que fuera conmigo que no me dejara, pero no me hizo caso y se alejó dejándome con los dos policías.

    – ¡Bien, cariño, vamos y pórtate bien! – me dijo el policía que había llegado último.

    Nos sentamos en el carro de policía y salimos rumbo a lasa fueras. Uno de ellos se volvió para sonreírme y decirme que la iba a pasar bien que todos los días a un maricón como yo no se le daba que dos machos se lo singaran. El otro le río la gracia diciendo que me dejarían el culo chorreando leche. Ya cuando salíamos uno de ellos se sentó detrás y me pidió que le mamara la pinga. Tenía una pinga gordita y se le notaban las venas, no hacía más que decirle al otro lo bien que mamaba yo. Metió la mano por mi pantalón en busca de mi culo y le comentó a su compañero.

    -¡Cojones, tiene el culazo abierto y lleno de leche del bugarrón ese!

    Se reían, pero al parecer no les molestaba nada. Cuando detuvieron el carro y apagaron las luces, salimos fuera. Era un sitio rodeadod e matorrales, oscuro, el que estaba detrás del carro conmigo, enseguida me penetró mientras el otro me daba su pinga para que le mamara. También estaba bien dotado el muy cabrón, me singaron por turno, pero uno de ellos lo hizo dos veces. Se veían machotes, decían que era la hembra que necesitaban para esas noches de guardia, que no me arrepentiría de haberlos conocido. De verdad que pasé una buena noche, esos dos policías me dieron pinga bien, además como ya estaba dilatado por la cogida de William, me fue fácil. Disfruté mucho aquella singada.

    De vuelta me trajeron hasta el pueblo, me dejaron en la puerta de mi casa, por suerte que siendo tan tarde pues casi nadie vio que venía en el carro de policía y como uno de ellos para despedirse de mí, me hizo que le tocara la pinga a modo de despedida y le prometiera que repetiríamos. El otro que manejaba, agregó que sí, pero que en algún sitio con algo de luz, para gozar bien. Uno se llamaba Hugo y el otro Yuli según dijeron.