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  • Mi primera vez con mi primo

    Mi primera vez con mi primo

    Recuerdo bien mi primera vez, fue hace bastante tiempo con uno de mis primos, aunque en ese entonces no estaba segura de lo que hacía, recordando y pensándolo bien ahora, fue en ese momento en el que me gustó cómo se siente hacerlo.

    Al haber sido hace mucho tiempo recuerdo vagamente lo que pasó, mi primo es 7 años mayor que yo aproximadamente, nos habíamos quedado solos, veíamos la tele, cuando termino el programa que estábamos viendo me disponía a hacer otra cosa, pero él no me dejó, me sostuvo abrazándome por detrás, diciéndome que hiciéramos algo juntos.

    Nos fuimos a una de las habitaciones de la casa, estábamos a oscuras, no entraba mucha luz porque no había ventanas ahí, solo la de la puerta, si lo pienso bien era el lugar perfecto.

    Recuerdo ese momento, una vez en la habitación él se sentó en la cama y a mi sobre sus piernas, me pregunto si estaba nerviosa, a lo que yo respondí que si y me dijo que no lo estuviera, que era algo que todos en algún momento hacen, al decirme eso el acariciaba mi pierna, sentí como su mano recorría desde mi rodilla hasta mi muslo después metió la mano por debajo de mi pantalón y mi calzón, primero tocando mi abdomen de forma que me hacía sentir cosquillas, luego acariciaba suavemente en mi pubis, fue bajando más su mano hasta tocar mi labios vaginales, con sus dedos los abría para explorar mejor en mi intimidad, mientras el me tocaba con una mano con la otra guiaba la mía para tocar su pene erecto, fue una sensación extraña para mí, tocar su miembro erguido y duro, primero sobando su glande y después pasando mi mano en su tronco, subiendo y bajando mi mano sobre él. No estaba segura si lo que sentía seguía siendo nerviosismo o era que mi cuerpo se estremecía ante el placer que iba conociendo con mi primo abriéndose paso con sus dedos en mis labios vaginales para acariciar suavemente mi clítoris y la entrada a mi vagina.

    Me hacía no querer detener ese momento, me acostó boca abajo en la orilla de la cama, de forma que quede empinada frente a él, me quitó mi pantalón y mi calzón, sentí su pene rozando en mis labios vaginales, con sus dedos me volvió a abrir dejando libre la entrada a mi vagina, cuando me empezó a penetrar lo hacía poco a poco tomándome de la cintura, sentir su miembro dentro de mi vagina y sentir su pene salir y entrar una y otra vez de mi cuerpo era una sensación tan placentera que de solo recordarlo vuelvo a excitarme, a pesar de haber sido mi primera vez no sentí dolor de que me penetrara, yo quería más, quería seguir haciéndolo con él, me voltee quedando acostada hacia arriba y el levanto mis piernas, luego sentí su lengua recorrer mi intimidad, me encantó como lo hacía, con sus dedos abría lo más que podía para meter su lengua en mi vagina, mi cuerpo empezaba a temblar de placer, apretaba con fuerza las sábanas mientras sentía como succionaba con su boca mi clítoris y metía sus dedos a mi vagina, no quería dejar de hacerlo con él, luego volví a sentir como metía y sacaba su pene otra vez, estando yo con mis piernas levantadas, fue algo que nos gustó mucho hacer o al menos para mí fue placentero.

    Nos acomodamos la ropa, y me dijo que estuviera otro rato con él, nos quedamos frente la computadora, yo sentada en sus piernas y el encontró imágenes porno, sentía sus manos acariciar mi entrepierna mientras me decía que le gustaría que hiciéramos todo lo que me mostraba.

    Después de esa ocasión lo habremos hecho una o dos veces mas, además de que buscaba encontrar un momento en el que pudiéramos estar solos para hacerlo cada vez que se podía, pero era difícil.

    Cuando pudimos era hacer lo mismo, el saborear mi intimidad, sentir sus dedos recorriendo mi vagina, penetrándome suavemente, nunca me atreví a chupar su pene, si tuviera otra oportunidad de estar con él así, lo haría.

    La tercera ocasión que lo hicimos nos descubrió una tía, creo que esa fue la última vez que lo hicimos. Ya no veo a mi primo como antes pero nunca voy a olvidar como fue hacerlo con él.

  • Mi amigo moreno

    Mi amigo moreno

    Hace unos 8 años empecé a buscar nuevas experiencias sexuales, siempre me gustaron las mujeres pero tener sexo con mujeres hermosas de buen cuerpo y cara bonita era muy difícil, tenía que pagar dinero, yo tenía mi esposa pero era muy fría sexualmente, yo buscaba algo más intenso, experiencias más placenteras… Buscando encuentros por páginas de internet encontré un chico moreno de contextura gruesa, ya había tenido encuentros con una chica trans hermosa anteriormente, con esta experiencia entre al mundo bisexual. Me puse una cita con el chico moreno y entramos en un pequeño motel discretamente. Yo me cubría el rostro con gorra y gafas y lo esperaba a dentro de la habitación.

    Cuando yo esperaba a dentro me sentía muy excitado, prendía la tv y ponía el canal porno., la ansiedad y los nervios se apoderaban de mi, cuando el toca y entra nos quedamos en silencio, él se recuesta en la cama con una actitud relajada, yo me quito la camisa y el indiferente mirando el celular, después de un momento se quita la camisa y los pantalones lo veo en bóxer y puedo ver su grande bulto que me excita mirarlo, rompo el hielo y mando la mano para acariciar sus piernas gruesas y subo a su enorme bulto, yo también estaba erecto de la excitación, el empieza a acariciar mi cuerpo y apretar mis nalgas, yo me abalanzo contra el a tocar su piel y besar sus tetillas, empiezo a sentir el aroma de su piel y besar su cuello hasta que nuestros labios se cruzan y nos besamos desenfrenadamente, ya muy excitados y tocándonos nuestras vergas duras sintiendo la saliva y chupando nuestras lenguas.

    Bajo a besar su abdomen y tener mi primer encuentro con ese pene duro y húmedo que me esperaba con ansiedad, lo saco del bóxer y empiezo a lamer y sentir su sabor, no era tan largo pero grueso y moreno, cabezón y eso me encantaba, lo chupo fuerte y el empieza a gemir de placer. Chupo con ganas y boto la saliva porque no me gustaba tragar saliva cuando chupo, pero si disfrute mucho su sabor. El me pide que me voltee y le ponga la cola en su cara, para mí fue una delicia sentir mis nalgas frente a su cara, yo encima del agarro su verga con mis manos y empiezo a pajearlo, puedo sentir que me muerde las nalgas y empieza a meter sus dedos húmedos dentro de mi cola, eso me calentó 100%. Hicimos el 69 yo chupando su pene el tambien se metia mi verga a la boca en esa posicion, despues metio su lenga en mi ano y eso me dio mucho placer, solte su pene y me concentre en sentir esa lengua comiendo mi cola, el empezo a succionar con muchas ganas y con mucha fuerza, yo sentia que ya queria esa verga adentro de mi.

    Yo ya gemía de placer, fue una gran experiencia yo sabía que con una mujer no sentiría iguales sensaciones. Ya sabía que sufría de sexo adición y no podía contenerlo. Entonces cambiamos de posición saque el lubricante del bolsillo de mi pantalón, pues yo siempre iba preparado para los encuentros. Me unte con los dos dedos dilatando más mi cola él se puso el preservativo y también le unte encima del pene lubricante, yo sabía que me iba a doler, pero más era el placer, el acostado boca arriba y yo me siento encima del metiéndome suavemente esa verga morena y gruesa, que rico placer y un dolorcito delicioso. Me senté y con mi peso entro toda, sentí mis nalgas hincharse me las toque y las apreté, el cogió mi cintura y empezó a empujar su pene dentro de mi, yo empecé hacer movimientos y felaciones, apretando mi ano para hacer más presión. Que rico delicioso, yo gemía de placer, me agachaba hacia el para besar sus labios, el alzaba la nuca para besarme con muchas ganas.

    Él se cansó de esa posición me hizo voltear y ponerme en cuatro. Yo sabía que eso me iba a doler pero le dije que lo hiciera suave, empezó a bombearme y darme bien rico ni tan duro, ni tan suave. Yo boca abajo apretando la almohada, esas almohadas de motel con un olor en particular a detergente barato combinado con el olor a sexo, que rico placer sentir como ese chico moreno de unos 28 años en aquella fecha, me cogía, yo ya tenía unos 33 años de edad cuando paso eso.

    Yo sentía que me iba a venir, pero tenía que aguantar para que durara el placer, ya sabía que él era de los que demora en venirse, el hizo que yo bajara mi cola y quedara totalmente acostado boca abajo. Saco su verga se limpio y la volvió a meter suavemente, que sensación tan rica sentí. El siguió dándome sin para por un buen rato, yo relaje mis músculos y sentí como si estuviera soñando y cogiendo. Pensé que se iba a venir y le dije que me lo echara en la boca. Estábamos sudando mucho y cansados de violar tanto, entonces nos separamos él se quitó el condón y yo le dije que se juagara en el baño para seguirle chupando, él fue al baño y volvió con su verga húmeda y todavía dura, ya me sabia más rico y empecé a chupar fuertemente.

    El cansado se recostó y pajeandose mientras veía porno en el tv. Y yo esperando que me diera la señal de cuando se iba a venir, después de unos minutos y yo chupando sus huevos me hizo la señal yo pegue mis labios y los abrí sentí su chorro de leche caliente, esto me prendió y casi suelto también mi chorro pero me contuve, saboree su leche con mis labios, chupe y le limpie su verga, así todo untado le dije que me metiera los dedos para yo venirme, me penetro con sus dedos yo me pajee y enseguida vote mi chorro de leche tibia, quede súper cansado y complacido al igual que él, nos limpiamos en silencio, nos vestimos, yo salí primero de la habitación, le dije chao y me fui discretamente de la habitación..

    Espero les guste mi primer relato, quiero seguir escribiendo, hoy es 1 de noviembre del 2022!

  • El hipnotista (capítulo 1): Etan. El amuleto

    El hipnotista (capítulo 1): Etan. El amuleto

    Etan y Kendra, terminaron una maravillosa cita. Habían ido a bailar, disfrutar de una exquisita cena y ahora tomaban unos tragos. 

    -Lo lamento, pero debo irme. Mañana tengo una reunión de trabajo muy importante, la cuenta del Banco Alemán se mueve mañana y tengo que preparar mucho material. Lo lamento, me gustaría que nuestra noche siguiera.

    Dijo Kendra, mientras tomaba su bolso.

    -No te preocupes, yo sabré cobrarla. ¿Quieres que te acompañe a tomar un Uber?

    Cuestionó Etan, mientras pagaba la cuenta.

    -No es necesario, mi compañera, Olivia, ya viene, trabaja por la zona y pasará por mí. Enserio que me siento mal por esto. De verdad que disfruté de la cita y ¿qué te parece si el viernes en la noche tenemos la segunda parte?, ¿pasas por mí a las 8?

    Cuestionó la chica, mientras se levantaba.

    -Claro. Hay un club en la zona sur que quiero mostrarte, te gustará.

    Dijo Etan insinuante.

    -Yo más bien tenía la idea de cocinar para ti, abrir una botella de vino, y mostrarte una nueva línea de lencería que compré.

    Dijo Kendra con la mirada fija en la entrepierna de Etan.

    -Es una cita preciosa.

    Aceptó Etan.

    -¿Te quedas?

    Cuestionó Kendra.

    -Si, creo que tomaré otra copa, tengo unos días de vacaciones hasta el próximo viernes y quiero disfrutar de la noche.

    Respondió Etan, mientras ordenaba otro trago.

    -En verdad lo siento, te llamaré mañana después de la junta para ver si quieres almorzar.

    Dijo Kendra a la vez que se despedía de Etan con un nada tímido beso.

    -Y yo contestaré tu llamada encantado.

    Dijo Etan mientras devolvía aquel acto.

    Kendra soltó una ricita ruborizada y se despidió del atractivo muchacho. Etan pidió otro trago y pensó en lo que podría hacer esa noche. Kendra lo había dejado caliente, deseaba estar con ella y pensó en darse una vuelta por los clubes de la tercera avenida.

    -Pensé que nunca se iría. Hola, soy Demian.

    Dijo un atractivo muchacho pelirrojo de ojos verdes.

    -Ya me iba. –

    Respondió Etan cortante, mientras se colocaba de pie, pues a leguas notó que aquel muchacho era gay.

    -¿Cuál es la prisa?-

    Dijo Demian, al tiempo que clavaba sus verdes ojos en los azules profundo de Etan.

    Un extraño resplandor dejó a Etan con la mente confundida, de pronto todo dio vueltas a su alrededor y sólo el verde de los ojos de Demian existía, únicamente su voz parecía imponerse al ruido del bar, a la música, a las conversaciones.

    -No irás a ninguna parte hasta que yo te lo ordene.-

    Dijo Demian con un tono autoritario, pero suabe.

    -Muy bien.-

    Respondió Etan desconcertado y con una ligera expresión ausente, al tiempo que volvía a sentarse.

    -Bien, vas a hacer y a creer todo lo que yo te diga, empezando ahora.-

    Ordenó Demian, sin retirar la vista del azul profundo de Etan.

    -¿Qué tienes en mente?-

    Diez minutos después, ambos daban un espectáculo. Demian devoraba la boca de Etan y él respondía a los besos del ojiverde con increíble pación, mientras se manoseaban uno al otro.

    -Disculpen caballeros, pero el bar está por cerrar.-

    Dijo una camarera sonrojada, por interrumpir aquella escena gay tan candente.

    -No te preocupes, Etan y yo ya nos vamos. Ven, aún queda mucho por explorar.-

    Dijo Demian con una voz seductora, mientras cogía a Etan de la mano.

    El ojiazul se dejó llevar sin oponer resistencia y siguió a Demian fuera del bar.

    -Recuerda, ahora Yo soy tu Amo, y tú eres mi esclavo. A partir de hoy eres mío. Y eres mi esclavo sexual.-

    Ordenó Demian al oído de Etan, mientras lo llevaba a bordo de su camioneta.

    Etan no opuso resistencia y subió a la camioneta de Demian. -Desde que te vi con esa rubia desabrida, me encantaste. ¿Eres soltero verdad?-

    Inquirió Demian, mientras desabrochaba algunos botones de la camisa de Etan.

    -Si, Soy soltero.-

    Respondió Etan perdido en una especie de trance.

    -Cuando te dirijas a mí, debes llamarme mi Amo, o mi Señor. ¿entendiste esclavo?-

    Mandó Demian.

    -Si, mi Amo, lo que tú quieras.-

    Admitió el ojiazul sin resistencia.

    -A partir de ahora eres gay. Toda la atracción sexual que sentías antes por las mujeres, la sentirás por mí. Yo soy el único sujeto de tu deseo y atracción sexual, tu mayor placer será el complacerme, obedecerme y servirme como esclavo. ¿De acuerdo?-

    Mandó Demian.

    -Si, mi Amo. lo que quieras. A partir de ahora soy gay, y tú eres mi mayor sujeto de deseo sexual. Mi misión es complacerte, obedecerte y hacer lo que me digas. Si mi Amo.-

    Respondió Etan, mientras colocaba las manos sobre la entrepierna de Demian.

    Después de una hora de conducir hacia las afueras de la ciudad, Demian llevó a Etan a una finca a las orillas del lago de cristal y al pie de las montañas del diablo.

    Con un mando a distancia abrió la reja de entrada y condujo hasta aparcar la camioneta al lado de una antigua plantación.

    -Ven, vamos adentro.-

    Ordenó Demian.

    Una vez penetraron en la casona, Demian llevó a Etan hacia la sala y decidió robarle más besos al hipnotizado Etan.

    El ojiazul respondió enseguida y puso las manos en la espalda y miembro de Etan. Los dos comenzaron a tocarse y besarse una y otra vez, mientras Etan acariciaba el cuerpo de Demian.

    -Quítate la camisa.-

    Ordenó Demian.

    Etan se desabrochó sensualmente la camisa, uno a uno los botones y arrojó la prenda hacia un lado. Demian disfrutó del torso desnudo de Etan, besó y chupó el cuello del ojiazul, mientras sus pezones y miembro se erectaban rápidamente.

    -Eso, así, disfrútalo, gózalo.-

    Dijo Demian, mientras exploraba a cabalidad la boca del ojiazul.

    -Hmmm, Si, mi Señor, yo disfruto. Yo te complazco. Me encanta que me uses. Yo soy tuyo.-

    Afirmó el hipnotizado Etan.

    -Ahora, quítate el resto de la ropa.-

    Ordenó Demian.

    Etan obedeció. Desabrochó la evilla del cinturón, se lo quitó y lo arrojó a un lado. Luego se sacó los zapatos, enseguida se bajó la bragueta de los geans, la cual resonó fuertemente en el silencio de la casa, para finalmente sacarse los pantalones.

    -Amo, debes saber que nunca he tenido sexo con un hombre. Yo no sé cómo hacerlo.-

    Demian volvió a besarlo y le rompió el bóxer, por lo que Etan quedó sólo con los calcetines. -Quítatelos, te quiero totalmente desnudo.-

    Mandó Demian.

    -Si Mi señor, desnudo para ti…

    Dijo el ojiazul sumiso.

    -Me encanta tenerte desnudo, completamente encuerado. Eres un puto guapísimo. Quiero que ahora seas totalmente mío, mírame a los ojos y entra en un trance profundo. Te quiero como un zombi, te quiero en un trance profundo, como un sonámbulo, sin voluntad, sólo quiero que me obedezcas. Quiero que seas un zombi sonámbulo.-

    Ordenó Demian con placer.

    La mirada de Etan se quedó en blanco y su expresión se tornó completamente vacía. -Sssi… Mi Amo… Seré un zombi sonámbulo…-

    Respondió Etan, desnudo entre los brazos de Demian y con la mirada vacía.

    -Bien, quiero que subas a mi alcoba. Es arriba, la primera puerta al final del corredor. Quiero que subas allí, lleva toda tu ropa y colócala en mi armario. Después, quiero que camines desnudo por la casa con tus ojos cerrados y los brazos por delante. Recorre todo el pacillo de arriba y vuelve aquí. Enseguida, quiero que vengas a mí, y empieces a quitarme la ropa. Prenda por prenda, pero cada vez que me quites una, vas a llevarla a mi habitación y poner la prenda en el armario. Cuando yo esté desnudo, vas a llevarme a la cama y me suplicarás que yo te posea, que te haga mío. Y mientras te cojo, lo disfrutarás, lo gozarás y gritarás que eres mi esclavo zombi.-

    Mandó Etan.

    -Sssi… Mi Amo…-

    Dijo Etan en conformidad.

    -Y quiero que repitas que eres un zombi, un sonámbulo, un zombi un sonámbulo, que eres mío y que estás dormido, en trance, hipnotizado. Cuando yo te diga, “Despierta”, saldrás del trance y volverás a tu personalidad normal, mas cuando escuches de mi voz, pero sólo de mi voz, “Trance Zombi”, volverás a este estado de hipnosis, y cuando yo te diga “Duro como tablón”, estarás bajo mis órdenes, aunque seguirás como si estuvieras despierto. Bien haz lo que te mando.-

    Pidió Demian.

    -Sssi. Sssi… Lo haré…-

    Dijo Etan, mientras desnudo subía las escaleras.

    Tras unos minutos Etan volvió a bajar en la posición que Demian le ordenó. -Soy un zombi sonámbulo… Estoy dormido… En trance… Estoy hipnotizado… Soy tuyo…-

    Dijo el ojiazul, al tiempo que recorría la planta baja de la casona.

    Etan llegó hasta Demian y comenzó a desnudarlo. Primero lo palpó todo y le quitó los zapatos. Enseguida el cinturón y los calcetines, para después sacarle el pantalón y la camiseta. Mas cada vez según las órdenes, iba a dejar las ropas a la habitación de Demian.

    Cuando el pelirrojo quedó en bóxer, Etan se lo quitó y Demian en esta ocasión lo siguió a la planta superior.

    Etan sintió a Demian y lo condujo hasta la cama del brazo, sin dejar de repetir lo ordenado.

    -Soy un zombi sonámbulo… Estoy dormido… Estoy en trance… Estoy hipnotizado… Soy tuyo…-

    -“¡DESPIERTA!”-

    Ordenó Demian mientras chasqueaba sus dedos.

    -¿Qué?, ¿dónde estoy?, ¿por qué estoy desnudo?, ¿quién eres tú?, ¿qué hago aquí?, ¿qué coño pasa?-

    Dijo Etan desconcertado, al tiempo que salía del trance.

  • Mi primer trío

    Mi primer trío

    Algún día en algún lugar. Argentina – Tucumán.

    Todo comenzó un día tranquilo mientras estaba chateando en mi PC, cuando de pronto me llego un mensaje de un Facebook desconocido, era una chica con una propuesta muy directa, voy a tratar de recordar exactamente sus palabras en el mensaje.

    “Hola. Como estas, espero que esto no te resulte extraño ni mucho menos intimidante, pero nos pareces lindo a mi novia y a mí.

    Queríamos saber si te interesaría hacer un trío con nosotras. Nos gustaría que nos juntáramos a tomar algo primero así nos conocemos un poco primero, ¿te parece? Espero no ser muy atrevida con el mensaje.”

    Por supuesto mi respuesta fue casi inmediata, no quería parecer desesperado, pero en ese tiempo no fui tan evidente porque creo que fue en una de mis mejores épocas de soltería.

    Le contesté:

    «Hey como estas, no para nada no me parece mal tu propuesta. Obvio que estoy de acuerdo también me gustaría conocerlas a las dos, nos juntemos a tomar unas birras en…» a lo que ella contesto «perfecto ahora hablo con ella y le cuento así arreglamos el lugar.»

    Creo que fue el mismo día durante la tarde noche. Fuimos al lugar pactado. Antes que nada, vi solo el perfil de una de ellas y me pareció muy atractiva, no pude ver el de su novia por no tenerla agregada.

    Llegue un poco más temprano al lugar. Me senté en una plaza frente al lugar pactado. Después de 5 minutos de esperar me llego el msj estaban llegando cruce y me senté solo, pedí una birra y llegaron casi inmediatamente.

    Impactado confirmando que eran hermosas. No lo podía creer, se sentaron ambas de 24 años de novias hacia poco tiempo.

    Me confesaron que esto nunca lo habían intentado, pero ambas tenían muchas ganas y me eligieron porque a ambas le parecía atractivo. Hablamos durante casi 45 minutos. Encantadas conmigo sabiendo que no era ningún tipo de chabón zarpado o mal educado siempre con respeto se miraron entra las dos y confirmaron el «Si».

    Fuimos al telo más cercano directo y me dijeron nosotras pagamos no te hagas problema yo estaba en las nubes.

    ¡La cara de la chica del telo me hizo el día! No podía creerlo.

    En fin, a la hora de la acción les dije que ellas empezaran! Yo al medio mirando todo y al palo por supuesto.

    Y me hice la re película tocándolas a las dos mientras se besaban.

    Después me miraron ambas y empezaron a petearme las dos juntas (¡El sueño del pibe!) La típica película porno ¿viste? Pero real 100%.

    Después del pete de ambas una arriba la otra abajo. Y besarse de a tres está totalmente infravalorado es lo que más me excitaba, cumplí mi sueño de hacer un sándwich con las dos, penetrar una y la otra, como nunca logré concentración.

    Y pude complacer por igual a las dos. Estaba en modo zen para no acabar! Lo que me costó fue tremendo.

    Al momento de acabar fue la frutilla del postre. Me dijeron ¿donde querés acabarnos? ¿En la boca o en la cola a las dos?

    Yo en modo Dios ¡¡En la BOCA!!

    Jajaja A mitad de eso les digo… Antes de que terminen de petearme jajaja saben que?

    Las quiero en 4 a las dos. Me cumplieron el sueño! Terminé acabándole a las dos en sus colas pegaditas! HERMOSO como el gol de Diego a los ingleses.

    Terminamos con 10 minutos de tiempo. Fue la mejor experiencia sexual de mi vida.

    Para la próxima cuento que repetimos, si tan bien que nos conectamos seguimos en contacto hoy en día, ellas siguen en pareja y me agradecieron por portarme como un caballero.

    Hasta la próxima que les cuento el reencuentro.

  • Mi amigo y compañero me hace su putita en un viaje

    Mi amigo y compañero me hace su putita en un viaje

    Mi nombre es Ariel, 32 años, como les había comentado anteriormente, durante mi época estudiantil había tenido múltiples encuentros sexuales con personas de mi mismo sexo, sin embargo había decidido cambiar mi vida, me enamoré de una bella mujer y me casé con ella, tengo cinco años de casado y padre de dos hijos varones, migré a una ciudad del Sureste de México hace seis años para trabajar en el área de Sistemas y Telecomunicaciones de una empresa petrolera y, aunque debo reconocer que en ocasiones extrañaba ser poseído por un hombre, la ciudad donde vivía era pequeña, muy tradicional, donde todo mundo se conoce, por lo que no podía arriesgar mi matrimonio y mi reputación por una calentura.

    Tengo un compañero de trabajo de nombre Rodrigo, un poco mayor que yo, de unos 35 o 36 años, guapo, alto, de alrededor de 1.80, con un cuerpo atlético, jugaba mucho fútbol e iba al gimnasio, con una enorme fama de mujeriego, divorciado debido a que su esposa no le aguantó tantas infidelidades y lo abandonó, pero que actualmente vive en unión libre con una jovencita de unos 20 años muy hermosa, a pesar de eso, sigue con sus andanzas y acostándose con toda mujer que se le atraviesa por el camino, todo el mundo lo sabe y estoy seguro que su pareja debe saberlo también.

    Además de guapo y varonil, es muy ocurrente y simpático, por lo que no se le dificulta conseguir pareja, en una ocasión le comenté que no comprendía como se andaba cogiendo a cualquier vieja, muchas no tan agraciadas, cuando tiene en casa a una mujer tan hermosa y si no le da miedo que lo vaya a abandonar como lo hizo su exesposa, a lo que sonriendo y agarrándose la verga me responde:

    – La verdad, que sí, si lo ha pensado, no sé cómo mi vieja me aguanta, pero es que esta cabeza no piensa-

    Solamente sonreí con la ocurrencia.

    En cierta ocasión y gracias a mi destacado trabajo, fui seleccionado por mi empresa para asistir a un Congreso Internacional que se llevaría a cabo en la ciudad de México, el otro trabajador seleccionado fue Rodrigo.

    El Congreso se llevaría a cabo en un hotel de lujo por el rumbo del bosque de Chapultepec, el Hotel Presidente Intercontinental, y aunque nos pagaban viáticos para hospedaje, comida y transporte por separado, tenían un monto máximo y en el caso de hospedaje no nos alcanzaba para un hotel de esa categoría.

    Estaba buscando un hotel que no nos quedara lejos a fin de no incrementar demasiado el tiempo y costo de transporte cuando Rodrigo tiene una idea genial:

    – ¿Oye, y si pedimos una habitación doble y pedimos que nos facturen a cada uno por separado?

    La idea se me hizo estupenda, si bien los viáticos de hospedaje no alcanzaban para una habitación sencilla, la habitación doble tenía el mismo precio y al dividirla en dos nos alcanzaba perfectamente, ahorrábamos en transporte, la cual no era facturable, si no que nos proporcionaban una cuota en efectivo, la cual nos quedaría integra y además en tiempo de traslado, con la comodidad de poder ir a la habitación en cualquier momento. Hablé al hotel y no pusieron ninguna objeción para dividir el costo de la habitación entre dos personas, así que realicé la reservación en ese mismo instante.

    Viajamos un domingo y llegamos a la ciudad de México en la noche, nos registramos, dejamos las maletas en la habitación y bajamos a cenar, todo normal, era verano y se sentía calor, una vez instalados en nuestra habitación y habiendo desempacado se me antojó una reconfortante ducha, mientras me estaba bañando entró Rodrigo a orinar, la regadera estaba separada del resto del baño por una cancelería de cristal, totalmente transparente, por lo que podía ver a Rodrigo y él podía verme, de reojo vi que se sacaba su verga, y aún en estado de flacidez era una verga larga y hermosa, descapuchada, el chorro de orín era fuerte y abundante, la imagen me estaba excitando y mi verga empezó a reaccionar, por lo que para disimular y no notara mi turbación me voltee hacia la pared, por lo que mis nalgas quedaron a su vista y ante mi sorpresa expresó:

    – Que ricas nalguitas tienes, Ariel- me apenó el comentario y me volteé a la regadera, cubriendo con mi mano mi verga medio morcillona, alcancé a ver como agitaba su verga para sacar las últimas gotas de orín y se la guardaba en el pantalón, ahora comprendía como tenía tantas mujeres, su verga era irresistible, un estupendo trozo de carne.

    Solamente sonrió, me guiñó el ojo y salió del baño dejándome avergonzado y pasmado.

    Una vez que me relajé, terminé de bañarme, me sequé con una toalla, me puse mi bóxer y una playerita larga, casi parecía camisón y salí a acostarme en mi cama, era el turno de Rodrigo, sin pudor se desnudó completamente, tomó una toalla y se dirigió al baño, no pude evitar echar una mirada mientras se dirigía al baño, tenía una espalda ancha y atlética, piernas fuertes y marcadas y un trasero pequeño pero firme, ligeramente peludo, definitivamente un culo de macho.

    Escuché el agua de la regadera y antes que saliera me volteé a la pared, estaba turbado y fingí dormir.

    Una vez que salió del baño escuché que me dio las buenas noches y apagó la luz.

    Me costó conciliar el sueño, me había impactado ver el cuerpo desnudo de Rodrigo y su hermosa verga, también me dejó pensando el que haya elogiado mis nalgas, pero al ser un macho heterosexual y mujeriego como él, lo tomé como una simple broma.

    El día siguiente nos despertamos y nos arreglamos, nuevamente se desnudó para entrar a bañarse y al salir se quitó la toalla para vestirse, lo hacía sin pudor y yo podía recrearme en forma discreta con su hermoso y musculoso cuerpo, cuando me tocó bañarme pensaba salir desnudo, pero excitado como estaba me puse el bóxer en el baño, por pena al tener la verga medio parada.

    Una vez arreglados bajamos a desayunar y nos inscribimos al Congreso, el primer día fue muy interesante y ameno, teníamos un break en donde nos daban algunos bocadillos y sin sentirlo terminó el primer día del Congreso, fuimos a comer y a descansar un rato a la habitación. Rodrigo quería ir a un antro de la Zona Rosa donde le habían contado que había chicas extranjeras muy hermosas que bailaban desnudas, acepté acompañarlo por curiosidad y pasar un rato divertido.

    Llegamos al antro, efectivamente había mujeres muy hermosas que bailaban y algunas se desnudaban completamente, no todas, un espectáculo muy cachondo, al rato se sientan con nosotros un par de esas mujeres y nos piden que les invitemos un trago, lo sé, es una estrategia para embaucar incautos, pero esas hembras vaya que lo valían, después de un par de horas, bebiendo, platicando y aprovechando para toquetear a esas beldades se hizo tarde y era hora de volver al hotel, Rodrigo estaba excitado y quería llevarse a ese par de hembras a nuestro hotel.

    Se acercó el encargado del antro y le informó la tarifa para sacar a las chicas, realmente una cantidad exorbitante, fuera de nuestro alcance, creo solamente gente muy rica podría darse ese lujo, así que nos regresamos al hotel excitados y algo apesadumbrados.

    Olíamos a licor y cigarro, por lo que ambos necesitábamos un baño, le permití a Rodrigo entrar a ducharse primero, se desnudó como siempre y pude notar que su verga estaba semi erecta, un trozo de carne grueso y largo que me provocó un ligero escalofrío, sentí que mi culito se contraía de ansiedad.

    Terminando de ducharse, salió y como de costumbre se quitó la toalla y se puso un bóxer, su bulto era tan grande que parecía que quería reventar esa prenda, realmente imponente, grosero.

    Me metí a bañar pensando en esa rica verga y al terminar de bañarme me di cuenta, que por descuido no había llevado mi bóxer al baño, no me importó, tal vez por las copas que había tomado me sentía desinhibido y si a Rodrigo no le importaba pasearse desnudo por la habitación, no debería haber problema que yo lo hiciera, así que salí con mi toalla y la dejé sobre la cama al terminar de secarme, me dirigí hacia mi maleta, lo normal es que la hubiera subido a la cama o me hubiera agachado doblando mis piernas para abrirla, pero abriendo un poco las piernas, me agaché para abrirla sin flexionar las rodillas, prácticamente exhibiendo mi culo, en esta posición sentía mis nalgas entreabiertas y sentí el aire fresco acariciar mi fruncido y rosado agujero, por lo que deduje que había quedado a la vista mi zona más íntima, tarde un poco, simulando no encontrar la ropa interior, producto de mi estado alcoholizado, escogí un bóxer de una tela muy elástica que se ajustaba como guante a mi cuerpo y me lo puse sin dar vuelta, mi verga ya estaba erecta, me sentía excitado, no sabría con certeza porque estaba actuando así, tal vez culpa de las copas, recordaba el halago que le había dado a mis nalgas y quise que se deleitara con ellas, aun sabiendo que no tendría oportunidad.

    Una vez que me puse el bóxer me acosté rápidamente para que no notara mi bulto erecto y me cubrí con una sábana, le di las buenas noches y en ese instante alcancé a observar que se acomodaba su verga, me acomodé dándole la espalda para dormir.

    Poco a poco me fui durmiendo, en medio de la noche, siento una sensación muy placentera que hizo que despertara, fingí seguir durmiendo, Rodrigo me estaba acariciando el culo, muy suavemente, apenas rozando, intentando no despertarme, me encantaba la sensación y como entre sueños flexioné un poco mi rodilla para darle mejor acceso a mis nalgas, no lo podía creer, mi compañero de trabajo, tan macho y mujeriego estaba acariciando mi culo, me deje hacer, mi bóxer era muy elástico y su mano se metió por debajo y empezó a acariciar mis nalgas, mi respiración se aceleró, pero no me moví, al ver que no despertaba sentí que bajaba mi bóxer hasta el inicio de mis nalgas, uno de sus dedos se aventuró un poco más y recorrió el surco que divide mis nalgas, sentí que presionó suavemente y alcanzó a rozar mi arrugado orificio, tuve que morder mis labios para no gemir y delatarme, todo mi cuerpo se estremeció y rápidamente sacó su dedo, seguramente pensando que había despertado, permanecí quieto, sin moverme, haciendo un ligero ruido al respirar, fingiendo seguir dormido, unos segundos después habiéndose cerciorado que seguía «dormido» sentí nuevamente su dedo, lubricado ahora con algo viscoso y resbaladizo (después supe que era la crema humectante que obsequian los hoteles), acariciaba suavemente los pliegues externos de mi esfínter de una forma riquísima, mordí la almohada para no gemir, después de algunos minutos sentí que presionaba suavemente y la punta de su dedo venció la resistencia de mi esfínter, solamente la puntita, entraba y salía, me encantaba la sensación y arqueé la cintura para ofrecerle el culo, así que se animó y su dedo entró más profundo.

    Lo movía divinamente en forma circular rozando mis paredes internas y lubricándome por dentro, seguía mordiendo las sábanas y ahogando mis gemidos.

    – ¿Te gusta? -escuché su voz

    A estas alturas ya era imposible seguir fingiendo, por lo que dejé de reprimirme y un gemido salió de mi boca.

    – mmm, aghhh – fue mi respuesta.

    Era obvio que estaba disfrutando su atrevida caricia, y ya sin ninguna precaución me enterró su dedo hasta el fondo, me retorcí de placer, su dedo empezó a acariciar mi próstata y mis gemidos aumentaron de intensidad, se sentía delicioso, movía su dedo de un lado a otro y en forma circular, lo empezó a meter y sacar literalmente cogiéndome el culo con su dedo y me puse boca abajo empinando el culo, con la mano que tenía libre me quitó el bóxer para quedar completamente desnudo, mi culo se contraía y relajaba apretando y liberando su dedo en forma involuntaria.

    – Madre mía, que rico culito, me encanta como aprieta mi dedo, se nota que estaba hambriento, de haber sabido que eras putito desde hace años te hubiera cogido.

    Mi respuesta fue abrir más mis piernas y empinar todavía más el culo, en señal de entrega absoluta, una de sus manos abrió más mis nalgas y otro dedo lubricado acompañó al que tenía en mi interior, la sensación fue más intensa y di un respingo y un gemido de placer, sus dedos exploraban mi interior sin recato y provocándome oleadas de placer, empezó a abrir y cerrar los dedos como en tijera y sentí algo viscoso y frío que se colaba en mi interior, me estaba llenando el culito de crema liquida, metía y sacaba sus dedos procurando introducir toda la crema posible y embadurnándome bien por dentro, cuando sintió que mi cola estaba bien dilatada y lubricada sacó sus dedos, sabía lo que seguía y me preparé empinando el culo.

    Tomó una almohada, la puso bajo mis caderas y se recostó sobre mi cuerpo, su pecho sobre mi espalda y su aliento caliente en mi oído me susurró:

    – Ya estás listo, putito, ahora viene lo mejor, prepárate para chillar de placer.

    Su gruesa y larga barra de carne recorrió mis nalgas, arriba y abajo, caliente, resbalosa, dura, la apoyaba en mi ojete frotándolo y todo mi cuerpo se erizaba, seguía el camino hasta mis huevos, así estuvo un buen rato, sin duda era un experto, me estaba llevando al clímax y ni siquiera me la había metido, los arrugados pliegues de mi estrecho agujero se contraían y se relajaban de ansiedad, como haciendo pucheros, anhelantes de sentir ese grueso hongo hurgando por dentro, exclamó.

    – Sientes mi verga, ¿Te gusta?, ¿notas lo gruesa y dura que está?, vas a gozar como una puta cuando la tengas dentro.

    En mi mente me vi empalado por esa tremenda verga y chillando de placer, la quería dentro, ya no aguantaba y le supliqué que me la metiera.

    – Métela, la quiero adentro, por favor, aunque sea la puntita- le rogué.

    – ¿En serio?, ¿Quieres que te dé por el culo?, pídemelo nuevamente como buena putita.

    – Metemelaaa, quiero ser tu putito, ya no aguanto, por favor.

    – Muy bien, pero no serás mi putito, serás mi putita, te voy a hacer mi hembra, ¿está claro?

    – Siii, métemela, lo que digas, quiero ser tuya, tu hembra, tu putitaaa ahhh -una respuesta que se convirtió en gemido cuando sentí que empujó la gruesa punta de su verga ardiente, poco a poco iba entrando, abriendo mis pliegues, milímetro a milímetro, metió la puntita y la volvió a sacar, repitió la operación, cada vez entraba un poco más, hasta que tomándome de la cintura sentí que toda la cabeza traspasaba mi estrecho agujero y se abotonaba dentro, sentí dolor al estirarse las fibras musculares que rodean mi esfínter al máximo, aunque tolerable, mordí la almohada para no gritar.

    – Ya entró la cabeza amorcito, mi verga es muy gruesa y que bien te entra, estoy seguro de que no es la primera vez que te rompen el culo, ¿o me equivoco?

    – No, cuando era estudiante me cogieron, pero de eso ya hace mucho tiempo, aghhh -respondí, al tiempo que recordaba a mis amantes de mi época estudiantil, también vinieron a mi mente imágenes de mi esposa, mis amigos y mis padres, ¿que dirían si me vieran desnudo y abierto de piernas mientras otro hombre me tenía ensartado con su verga como una puta por el culo?

    Sentía la cabeza de su verga palpitar, caliente, dura y suave al mismo tiempo, manteniéndome bien abierto la parte inicial de mi culo, sentía mi culito adormecido de tan abierto que lo sentía.

    – Así es princesa, tu culito recordó cómo debe abrirse, pero al mismo tiempo me aprieta bien rico la verga, por la falta de uso reciente, no te preocupes, te lo voy a dejar como una conchita, ¿quieres más verga?

    – Siiii, másss- jadee y con suavidad me enterró unos 3 o 4 centímetros más.

    Empezó un lento vaivén cogiéndome solamente el inicio de mi culo, entraba y salía una y otra vez, lo cual me causaba desesperación, necesitaba toda su verga y le supliqué:

    – Ya, Rodrigo, métela toda, quiero ser completamente tuya, métemela hasta el fondo, ensártamela hasta los huevos.

    Rodrigo sonrió y me dijo:

    – Muy bien putita, te lo has ganado por ser tan buena puta, ahí te va-

    Me tomó de la cintura y empujo de manera lenta pero sin detenerse, sentía como mis pliegues se iban estirando para darle cabida hasta atravesar todo mi culo y enterrarse en lo más profundo, pronto sentí el rizado pelambre acariciar mis nalgas y sus huevos golpeando los míos, estaba completamente ensartado por esa hermosa verga que me daba tanto placer, me sentía tan lleno que sentía que iba a reventar, pero al mismo tiempo una sensación de plenitud difícil de explicar.

    Empezaron las embestidas, lentas y profundas, esa carne caliente palpitando dentro de mí cuerpo, frotando mis paredes internas, y golpeando con la punta de su verga mi próstata y causándome un placer indescriptible que recorría todo mi cuerpo y me hacía gemir en cada empalada, poco a poco fue acelerando sus movimientos al tiempo que me decía.

    – Ufff, que buen culo mamita, no sabes cómo estoy gozando, tienes un culito de putita fina, traga verga enterita, hasta los huevos, pero bien apretadita, agggh, que rico me encanta como te estoy abriendo, me vas a hacer correr y no quiero, quiero seguir gozando con tu culito.

    De pronto, siento que sale por completo toda esa carne y siento un vacío en mi interior, mi culito quedó dilatado, abierto, no se cerraba, estaba por protestar, pidiendo nuevamente su verga, cuando me dice:

    – Agggh, espera, la tuve que sacar porque estaba a punto de estallar, pero antes quiero cogerte como hembra, de frente, cara a cara, voltea boca arriba.

    Así lo hice, abrió mis piernas y se acomodó entre ellas, empezó a acariciar mis muslos, y siguió por mi cadera, mi cintura y mi vientre, mi piel se erizaba al contacto, llegó a mis pezones y los pellizco, sacandome un gemido ahogado, siguió hasta llegar a la altura de mis labios y los acarició con sus dedos, metió dos dedos en mi boca, los sacó y nuevamente rozó mis labios, humedeciéndolos con mi saliva, estaba en sus manos me encantaba todo lo que hacía y entonces se agachó y empezó a besarme por todos lados, empezó en mi vientre y siguió con mi pecho, su lengua húmeda recorría cada centímetro de mi piel, succionó en forma alternada mis pezones en lo que pellizcaba el otro, me retorcía en sus brazos, estaba en el cielo, su lengua siguió subiendo y pronto encontró mi cuello, lo besaba y lo lamía mientras sentía su pecho apoyado al mío, sentía su calor, su dominio, me encantaba todo lo que me hacía, me hacía sentir su mujer, llegó a mi oído metió su lengua dentro, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, todo mi cuerpo se estremeció, al tiempo que me susurraba al oído.

    – Tienes la piel muy suave preciosa, es un placer acariciarte, de lo que me había perdido, pero no te preocupes, serás mía de ahora en adelante.

    Su boca buscó la mía, su lengua se introdujo interior de mi boca y se entrelazó con la mía, un beso ardiente y cachondo, un beso de macho, lo abracé y acaricié su espalda musculosa, me susurro al oído.

    – Estás lista para ser completamente mía, mi hembra.

    – Siii papi, quiero ser tuya, tenerte dentro, cógeme.

    – Si preciosa, así será, te voy a coger como una hembra y dejarás de ser putito para ser mi hembra, te voy a coger y preñar como hembra, voy a vaciarme en tus entrañas, quiero que cada vez que tengas sexo con tu esposa te acuerdes de mí y la empalas como yo te empalé.

    – Si amor, y yo quiero que cada que cojas a tu mujer te acuerdes de mí, de cómo me hiciste tu hembra, de lo apretado que lo tenía y lo mucho que disfrutaste con mi culo.

    – Así será reina, sabes, a mi pareja rara vez la cojo por el culo, y son pocas las mujeres que me la aguantan, eres una campeona preciosa, me has hecho gozar como nadie.

    Me toma de las piernas las levanta y las flexiona doblándolas en dirección a mi pecho, las tomo con mis manos para conservar la posición y colocó una almohada debajo de mis caderas, mis nalgas quedaron levantadas y abiertas, mi agujero expuesto y a su disposición, sentí como apoyó la cabeza de su verga en mi culo y como iba abriéndome, lenta y suavemente, haciéndome su hembra, hasta que sentí sus huevos contra mis nalgas, en esta posición sentí que me llegaba más profundo y la cabeza de su verga me estiraba el culo por dentro, completamente ensartada, empalada por su gran verga.

    Empezó a mover su pelvis, miraba su cara de deseo, de pervertido, sus ojos brillaban, sonreía con malicia y me embestía haciéndome gemir, le encantaba ver cómo me había dominado y me había hecho su nena.

    – Me gusta ver tu cara de putita cuando te cojo, ver como disfrutas con mi verga, me da tanto morbo, ¿Te gusta nena?

    En cada embestida daba un gemido, suspiraba, me retorcía de placer, gozaba sintiendo como entraba y salía esa barra de carne, aceleraba y disminuía sus embestidas observando el placer que me causaba y que se reflejaba en mi cara, en ocasiones me la dejaba ir toda dentro y me la hacía sentir empujando su pelvis contra mis nalgas o me la restregaba por dentro haciendo movimientos circulares revolviéndome por dentro y masajeando mi próstata y disfrutando como me hacía retorcer y gemir de placer, así estuvo un buen rato, gozando con mi culo, perdí la noción del tiempo, todo me daba vueltas, era un placer sublime y empecé a retorcerme y convulsionar al tiempo que mis ojos se ponían en blanco, sentía que me desvanecía, mi verga explotó y chorros y chorros de semen cayeron entre nuestros cuerpos, salpicando mi pecho y mi vientre, así como el suyo.

    – Así nena, te has corrido como hembra, aggghh, que rico.

    Eso lo excitó muchísimo y me empezó a dar en forma encarnizada, los espasmos de mi culito apretaban su verga, me seguía taladrando sin piedad hasta que ya no pudo más y dándome una embestida profunda descargó su leche en mi interior, su semen caliente quedó depositado en lo más profundo, una corrida muy abundante, inundando todo mi culo con su néctar.

    Se recostó sobre mi cuerpo y me dio un beso ardiente sin sacar su verga de mi interior, lo abracé y acaricié su cabeza y espalda, poco a poco su verga fue perdiendo dureza y salió de mi interior, junto con un hilillo de semen que escurrió hacia mis nalgas, se levantó y por fin pude estirar mis piernas, las sentía entumidas, me temblaban.

    Me ayudó a levantarme y fuimos a la ducha, con su semen escurriendo por mis piernas, me ayudó a bañarme con ternura, como si de un bebé se tratara y nos fuimos a dormir a su cama, ya que la mía había quedado en un estado desastroso.

    Me abrazó y así nos fuimos quedando dormidos, desnudos, con mi cabeza recargada sobre su pecho, realmente me sentía su hembra, ahora entendía y comprobaba en carne propia porque tenía tanto éxito con las mujeres.

    Al otro día me levanté primero y me sentí avergonzado, no sabía cómo reaccionaría Rodrigo, me había bañado y me estaba secando cuando entró al baño y al verme me abrazó fuerte y me dio un cálido beso, señal inequívoca que no había olvidado nada, al tiempo que me dijo.

    – Ufff, Ariel, que cogida la de anoche, nunca había disfrutado tanto, realmente tienes el mejor culito que he cogido en mi vida, ninguna mujer me ha hecho gozar como tú, lo de anoche se tiene que repetir, mira mi verga, me deslechaste por completo, hasta me duelen los huevos, quiero que seas mi mujer, ¿Aceptas?

    Me quedé estático, confundido sin saber que decir, pensaba en mi familia, cuando viendo mi cara de confusión agregó.

    – No te preocupes, serás mi mujer sólo en la intimidad, para nuestras parejas y conocidos seguiremos siendo solamente amigos, será nuestro secreto, ¿Estás de acuerdo?

    No respondí solamente le di un beso, no hacía falta alguna otra respuesta.

    Los siguientes días ya no salimos del hotel, durante el Congreso todo transcurrió con normalidad, pero una vez que terminaban las conferencias, nos metíamos a nuestra habitación y cogíamos como conejos, vaya que tenía aguante Rodrigo me cogió en todas las formas imaginables, me dejaba cansado, extenuado y con el culo ardiendo, pero feliz y contento, nunca imaginé que mi regreso a tener relaciones con un hombre sería tan formidable.

    Al regresar a nuestra ciudad continuamos con nuestra vida normal, pero algo había cambiado, a la vista de todo mundo, nuestras parejas, amigos, compañeros de trabajo y demás conocidos éramos los mejores amigos, ambos con pareja, varoniles y completamente heterosexuales, pero en la intimidad él era mi macho y yo su hembra.

  • El chico atlético con tatuajes

    El chico atlético con tatuajes

    Buscando en páginas de encuentros sexuales, me contacté con un lindo chico joven con tatuajes, cuerpo atlético, barba y buena verga.  Él me citó en su casa un día, me dirigí en mi auto lo deje a unas dos cuadras para disimular porque era en horas del mediodía, pues para mi era mas fácil tener mis encuentros en horas del día ya que tengo mujer e hijos.

    Llegue a la dirección y era un garaje donde venden peces y acuarios, timbre y el chico bajó de un segundo piso me abrió y pasamos a su habitación en el segundo piso. Yo estaba nervioso y callado, él parecía muy educado con personalidad de artista. Su cuarto olía a gato, tenía un computador de pantalla grande, y un micrófono para grabar canciones, tenía un sillón de los largos y una cama doble de las antiguas en acero.

    Nos quitamos la camisa y él empezó a besarme la nuca, estábamos de pie tocandonos y besandonos, me gusto mucho su trato delicado y suave, mi verga estaba durisima, le mande la mano a la de el y ya estaba a reventar, que rico como nos tocamos, empecé a besar sus tatuajes su pecho tonificado sus tetillas y baje a su abdomen, no aguante y baje su boxer y, saltó una linda verga!

    Estaba durísima y botando liquido saladito, con gusto le pase mi lengua y la besaba con ganas, me la metí a la boca succionando fuerte me la tragaba toda, el se veía muy excitado sentí que yo le gustaba mucho. Yo chupaba y le besaba su abdomen marcado también le metí la lengua a su ombligo, todo de él me sabía rico. Me levante nos besamos otra vez apasionadamente, me apretaba mis nalgas y yo las de él, con su dedo empezó a buscar el ojo de mi ano y a meterlo suavemente, yo le dije que me diera lengua, nos acostamos hicimos el 69 y que placer más grande cuando su lengua acariciaba mi cola, muerde mis nalgas y siento su saliva en mi ano, que placer tan rico, yo estaba que me corría, pero tenía que aguantar para disfrutar más tiempo ya después de un rato asi saque el lubricante de mi pantalón, yo iba preparado con el sobre de lubricante y condones – me unte los dedos me dilate mi trasero para que no me doliera tanto y me senté encima de él suavemente mientras su verga se deslizaba dentro de mi ¡qué rico! Dolía un poquito, la tenía gruesa y muy dura.

    Yo hacía mis movimientos con todo ese trozo adentro el me agarraba la cintura y yo agarraba mis nalgas las tenía frías e hinchadas, eso me gustaba. Yo agachaba la cabeza para besar sus labios mientras cabalgaba encima de él. Después el me cambio de posición me hizo voltear en 4 yo sabía que me iba a doler pero deje hacerlo, le dije que suave, me lo metió suave y empezó a empujar eso me dolía pero me gustaba mucho, el empezó a bombear y cogerme muy rico yo gemía del dolor y placer, me puso en el sillón en pose de pollo asado yo podía ver su cuerpo atlético y tatuado bañado en sudor, yo lo tocaba y lo pegaba más a mi cuerpo, él se inclinaba y me besaba la boca con pasión con su tronco dentro de mi, que placer tan grande, nos besamos mucho chupamos nuestras lenguas. Estábamos empapados de sudor. Pero para mí era delicioso, le dije que no se viniera que me lo echara en la boca, eso a mi me encanta, el se paró se veía muy cansado se quitó el condón yo le dije que se limpiara para seguirle chupando, fue al baño un momento yo me pare toque mis nalgas frías y sudorosas, mi verga estaba durísima a punto de estallar pero yo quería seguir sintiendo placer.

    Regreso con su verga limpia y todavía dura, lo bese y volví a besar su abdomen me arrodille y me metí otra vez esa polla deliciosa a mi boca, chupe con más ganas quería esa leche tibia en mi lengua, el empezó a pajearce y sentí como se venía, abrí mi boca para sentir caer su leche, que chorro tan rico me hecho en la boca, sentí ese sabor a sexo saladito y con mi mano agarre mi polla mientras su leche escurría en mi boca, lo limpie con mi lengua después escupí en papel higiénico, no me gustaba tragarme el semen pero si sentir su sabor en mis labios, le dije vuélvemelo a meter para yo venirme le pase otro condón, me acosté como pollo asado y el todavía lo tenía duro lo metió, lo sentí adentro me pajee y de una explote mi chorro de leche sobre mi abdomen que orgasmo tan rico con esa polla adentro, quede exhausto bañado en sudor y untado de leche, que placer tan rico. Nos limpiamos, le di un billete por su servicio, me trató muy bien y le dije que por aquí volveré.

    Y así fue ya he regresado como 5 veces y lo disfruto mucho con él.

  • Mi vecino el médico, me pone cachonda

    Mi vecino el médico, me pone cachonda

    Ana llegó con paso vivo al portal de su casa, abrió la puerta, oyó voces y se apresuró.

    —mierda. —dijo al llegar al ascensor y ver las puertas cerradas.

    Tenía la vejiga llena y de tanto aguantarse le empezaba a doler la tripa.

    Observó con resignación como el panel luminoso del ascensor incrementaba el contador lentamente hasta detenerse en el piso más alto.

    Presionó el botón de llamada varias veces seguidas.

    Los segundos parecían minutos fruto de la impaciencia.

    Finalmente, el ascensor comenzó a bajar.

    Ana se inclinó hacia adelante e hizo un esfuerzo para retener la orina.

    —Creo que lo conseguiré. —susurró hablando para sí misma.

    Al poco tiempo oyó una voz grave que le hizo sobresaltarse.

    —Buenas tardes.

    A un metro, se encontraba un hombre que tendría unos treinta años. Barba oscura, brazos fibrosos, alto y atractivo.

    Durante unos instantes, la mujer no supo como reaccionar. Miró de arriba a abajo a aquel desconocido y algo atropelladamente preguntó.

    —¿Quién eres?

    —Me llamo Juan. —respondió el aludido sonriendo con una mueca.

    En ese momento llegó el ascensor.

    El recién llegado abrió la puerta invitando a entrar a Ana.

    Esta, acuciada por la urgencia, no se hizo de rogar y entró colocándose contra la pared del habitáculo.

    El tipo la miró con curiosidad mientras el neón del techo parpadeaba proyectando una luz escasa y entrecortada.

    «A lo mejor abusa de mí. Joder, no debería haberme subido.» Pensó la vecina imaginando como el tipo la ponía contra la pared y la metía el dedo en el coño mientras ella, llena de vergüenza, se meaba allí mismo.

    No paso nada de eso.

    —Perdona, ¿a qué piso vas? —preguntó el caballero.

    —al octavo. —respondió Ana.

    El hombre levantó una ceja y pulsó el botón.

    Ana abrió los ojos mostrando sorpresa al ver que aquel tipo solo había seleccionado un piso. De nuevo la invadió la sensación de estar siendo desnudada con la mirada.

    —Voy al octavo también, soy el nuevo inquilino.

    —ah, el nuevo.

    —sí, me llamo Juan. ¿Y tú?

    —Ana… cualquier cosa, bueno de la casa, el piso.

    —Gracias. Lo mismo digo.

    —Perdón, decías. —intervino Ana que andaba a mil cosas.

    —Soy médico, cualquier cosa a tu disposición.

    El ascensor llegó al destino.

    —Hasta luego. —dijo Juan.

    Ana siguió la figura de aquel tipo con la mirada mientras abría la puerta.

    «Tiene un buen culo» pensó.

    Luego se descalzó, cerró la puerta y encendiendo la luz del baño comenzó a desabrocharse los pantalones mientras se le escapaba un chorrito de pis. Se quitó los pantalones y las bragas manchadas de orina, se sentó en la taza y respiró con alivio mientras el líquido amarillo golpeaba con fuerza las paredes del retrete.

    *********

    Una semana después del encuentro en el ascensor, Ana estaba en cama, con la nariz irritada de tanto sonarse los mocos. Tenía tos, le dolía la garganta y tenía fiebre. Hacía ya tres días que estaba así, las pastillas le habían dejado mal estómago, la tripa le molestaba y se pasaba el día sudando en la cama y tirándose pedos.

    Un día después de la escena en el ascensor, el doctor había llamado al timbre con la excusa de informarse sobre la recogida de basuras. Terminada la clase, Ana había recibido una tarjeta con su número anotado en ella.

    La enferma se incorporó tosiendo, se sonó y arrojó el clínex en un cubo de plástico que hacía las veces de papelera. Luego cogió el móvil, buscó en la agenda el nombre de su vecino y tras un momento de duda, pulsó el botón de llamar.

    Cuando colgó, se levantó de la cama, abrió la ventana, se rascó el trasero y entró en el baño.

    Abrió el grifo de la ducha, se desnudó, y echando gel en una esponja se enjabonó el cuerpo. Luego se lavó con agua caliente, se secó con una toalla de color naranja y se puso ropa interior y pijama limpios.

    Cuando el doctor llegó había pasado una hora. La fiebre le había subido y tenía escalofríos y sudores.

    Juan sacó un estetoscopio e invitó a la paciente a sentarse en la cama y descubrir su espalda. Ana sintió el frío metal en su piel y respiró hondo tomando y expulsando el aire. A continuación, abrió la boca y sacó la lengua mientras el hombre se ayudaba de un palo plano de madera y una pequeña linterna para ver la garganta.

    —Bueno, parece un catarro fuerte con algo de infección. ¿Has tomado pastillas? ¿Qué tal te han sentado?

    Ana le contó lo que había tomado y el poco efecto que le habían hecho.

    —¿y la tripa que tal, alguna molestia?

    —bueno, sí, un poco hinchada, las pastillas.

    —Ya veo. Creo que lo mejor es ponerte una inyección para combatir la infección y unos supositorios para la fiebre.

    —Supo… supositorios. —dijo Ana notando más calor si cabe en sus mejillas.

    —Sí, pero no te preocupes, estate tranquila y relajada que yo lo preparo todo.

    «Tranquila y relajada. Este tío está de broma» pensó.

    Juan trabajó con velocidad y precisión y pronto estuvo lista la inyección.

    —A ver, date la vuelta, boca abajo y bájate el pijama y las braguitas.

    Ana obedeció dócilmente exponiendo su culete.

    El olor a alcohol llegó a su nariz poco después de que el doctor frotase la nalga.

    —Relájate.

    Ana hizo un esfuerzo y aflojó el músculo con la mala fortuna de dejar escapar un pedete ruidoso.

    —Lo siento yo. —balbuceó avergonzada.

    —No pasa nada, es natural. —dijo Juan tranquilizándola.

    —Uno, dos y…

    Clavó la aguja en el glúteo. Poco a poco comenzó a inocular el líquido.

    —Bien ya está… Ahora necesito que me ayudes… pon las manos aquí, eso es, ahora separa las nalgas.

    El doctor sacó de un envoltorio plateado el supositorio y lo introdujo en el ano de la mujer. Luego, metió el dedo en el culo y lo mantuvo unos segundos para asegurarse que la medicina no salía y se deshacía en el recto.

    Ana se mordió el labio y apretó el trasero, no quería más incidentes bochornosos.

    Pasado un minuto, el propio Juan se encargó de subir bragas y pijama cubriendo la desnudez de su vecina que permaneció muy quieta.

    —Bueno, que te mejores. —se despidió acariciándole el pelo.

    Una media hora después, la paciente se levantó a mear. La nalga que había recibido el pinchazo palpitaba y la molestaba un poco.

    Volvió a cama. La fiebre había bajado.

    Pensó en el médico. En su cuerpo, imaginó que en lugar del dedo le metía el pene.

    Deslizó una mano bajo las bragas, se frotó el coño y contrajo el culo.

    El placer subía por su entrepierna.

    Luego se metió un dedo en la vagina, jadeó, se mordió el labio y dejó escapar una ventosidad.

    «Eres una guarra» pensó.

    Se bajó los pantalones y las bragas y colocando la almohada en posición vertical comenzó a frotarse contra ella.

    La fricción generó calor y placer, las imágenes de sexo con su vecino se proyectaban en su mente, el miembro embistiéndola, sus grandes manos manoseándola los pechos mientras en su oído susurraba una y otra vez. «Eres una guarra, una pedorra que tiene la raja del culo sudada. Te voy a enseñar modales, te la voy a meter hasta el fondo una y otra vez.»

    La imaginación y el roce continuo se combinaron para provocar un orgasmo intenso.

  • De la cabaña (parte 1)

    De la cabaña (parte 1)

    Nadie de los que estaba en esa borrachera, celebrada en la cabaña ubicada a las afueras de un pueblo turístico de México, sabía que soy bisexual.

    Entre los compañeros de trabajo que asistieron estaba Julio, de quien yo creía que, si no gay, era bisexual, pero no intenté ningún acercamiento, ni mucho menos, pues se trataba de gente con la que convivía todos los días y no me interesaba darle a conocer a nadie mi condición.

    Sin embargo, otro compañero, Erik, habitualmente muy serio, en algún momento de la fiesta, cuando bailábamos en grupo, me abrazó de una forma que encontré levemente inapropiada, pues una de sus manos me tocó ligeramente una nalga, pero no le di ninguna importancia.

    El grupo se fue desvaneciendo: muchos ya muy borrachos se fueron a dormir, otros estaban muy cansados por el trabajo del día (nos fuimos a la cabaña después de terminar nuestras labores) y otros pensaban en el trabajo del día siguiente, porque se había combinado la fiesta con una actividad laboral que tendría lugar en esa zona turística.

    Así que fuimos quedando en el exterior de la cabaña Julio, Erik y Katia, una mujer joven, de veintitantos (yo tenía 34), que me atraía mucho, y yo. En ese momento saqué un poco de mariguana y la fumé. Julio y Erik aceptaron, pero Katia no.

    En algún momento se fueron juntos Julio y Katia, y me sentí un poco celoso, porque, si bien no pretendía intentar nada con ella, me gustaba mucho verla, fantaseaba con tocarla, besarla. La mariguana, el alcohol y la reciente presencia de Katia me habían excitado. Recordé el abrazo de Erik que hallé inapropiado, y en ese momento consideré que la mano de Erik en mis nalgas no fue un desliz accidental… Me cayó el veinte de que Erik quiso manosearme y me sentí súbitamente muy, muy caliente.

    Mientras recordaba el incidente de su mano, Erik, junto a mí, decía algo que no entendía ni me importaba porque yo estaba ocupado con el abrazo-manoseo, y entre la borrachera y la calentura, mi cuerpo reaccionó casi solo: me fui reclinando, con las manos aún apoyadas en el barandal frente al que charlábamos. Estábamos solos.

    Pensé que ese movimiento, inclinarme hacia el frente quedando con las nalgas paradas, Erik podría interpretarlo como una invitación, si es que el abrazo tuvo realmente la intención de ser un manoseo, o como un simple movimiento de borracho, sin ninguna intención sexual. Sin decir nada, dio dos pasos hacia atrás, puso una mano en mi cintura y, tambaleándose, apoyó su pelvis en mis nalgas.

    Me asusté, porque si bien era la reacción que mi calentura buscaba, no estaba seguro de que fuera conveniente o prudente, y fue una sorpresa tremenda sentir su bulto en mi culo. Y empezó a restregarse mientras su pito crecía. Le pregunté que por qué hacía eso, él balbuceaba algo sin sentido. Yo tenía la intención de quitarme, pero cada vez estaba más caliente y empecé también a moverme.

    Estuvimos así unos minutos, se me repegaba cada vez con más fuerza, cada vez su pene estaba más duro, y yo movía mis nalgas en círculos, pero luego oímos a Julio y a Katia acercarse, así que nos separamos. Cuando llegaron a nuestro lado estuvimos bromeando unos 10 minutos, ebrios, pachecos. Y yo seguía muy cachondo, con ganas de que Erik me pegara su pito duro. En algún momento nos dieron ganas de orinar, pero el baño de la cabaña estaba ocupado.

    Julio se fue para un área cubierta de vegetación, mientras que Erik y yo orinamos en un lugar que no estaba a la vista de nadie. Erik terminó de orinar, en ese momento puse algo de saliva en mi mano y le toqué el pene, me puse más saliva, trataba, por una parte, de que no tuviera orina, y, por otra, de que disfrutara mi mano mojada.

    Al contacto con mi mano comenzó a ponérsele dura la verga otra vez, tenía la punta llena de precum, lo que me hizo sentir cuán caliente se había puesto con los frotamientos de hacía unos minutos.

    Me di cuenta de que ni Julio ni Katia estaban cerca, pero tenía yo tanta calentura como como miedo de que alguien nos viera. Había una zona pegada a la pared de la cabaña, le hice señas para que me siguiera. Una vez ahí, ocultos, me arrodillé frente a él, le bajé el cierre del pantalón y metí mi mano para sentir su pito. Hice a un lado su ropa interior y lo saqué: brillaba por la saliva que le puse con mis manos, por el precum…

    Saqué mi lengua, lamí su glande, le puse mucha saliva para quitar cualquier rastro de orina, y metí su cabeza en la boca. Estaba yo fascinado, con un dolor en los testículos de la excitación que experimentaba ahí, arrodillado, con la verga de mi compañero en la boca. Él me tomó de la nuca e hizo una suave presión para que me la tragara toda. Su tamaño era perfecto para mi boca: lo me lo metí completo a la boca, inmóvil, y se sentía muy duro.

    Lo lamí otra vez, me lo metía de nuevo completo, unos 10 minutos de alternar lamidas con mamadas profundas. Pero en algún momento oímos ruido, me asusté, dejé de chupárselo y me incorporé. Le dije que nos fuéramos a acostar. Iba con el corazón muy acelerado, tenía vergüenza por lo que hice, pero al mismo tiempo seguía caliente y feliz por probar ese pito delicioso.

    Subimos a la planta alta de la cabaña, nos acostamos y nos cobijamos, completamente vestidos, me puse de lado y él se puso detrás de mí.

    Sentí otra vez su pito duro frotándose en mi culo, metió mis manos por el pantalón y me agarró las nalgas con fuerza. Estaba claro que quería cogerme, y yo quería que me cogiera, pero no tenía condón a la mano, y había más gente en la misma cabaña.

    Finalmente le dije que ya me iba a dormir. Se acomodó otra vez detrás de mí, de lado, y me fui quedando dormido…

  • Virginia (VIII)

    Virginia (VIII)

    Después de muchas vueltas de Virginia y sus alardes de boda, con todo los que sabían el juego que teníamos ella, Rebeca y yo; aparte de lo que podrían intuir los demás. Con Rebeca se nos ocurrió algo perverso.

    -Le organizaremos una despedida- Dijo Rebeca

    -qué piensas hacer?- le dije, mientras le acariciaba la pierna.

    Ella disfrutaba mucho el juego que llegamos a crear, pero igual no soportaba la falsa imagen de moralidad que Virginia le gustaba proyectar. Así que a veces al salir de la oficina nos dábamos un revolcón en su casa, que compartía con otra amiga, pero que cuando ella se lo pedía, se desaparecía y quedábamos solos. Estábamos en la oficina aun, pero ya casi todos se habían ido a esa hora, así que me sentí tranquilo de poner mi mano sobre su pierna y deslizarla un poco bajo la falda, el hecho de que nos puedan atrapar in fraganti la excitaba.

    Virginia estaba a unas semanas de su boda, ya en una ocasión llegó el novio a buscarla, se notaba que era un chico de recursos, seguro era un gran atractivo para Virginia, que a casi todos irrito porque se comportó como si fuera mejor que todos y se fue, así que creo que había gente dispuesta para el plan que Rebeca fraguaba

    -los invitaré a los dos a mi casa, le diré que las compañeras les queremos hacer una cena- me dijo mientras ella iba mas allá de mi acariciándole la pierna, ella comenzaba a frotarme sobre el miembro.

    No me dio detalles esa tarde, donde después de estarnos frotando en la oficina, terminamos en un rapidín en la bodeguita. Sé que puso en conocimiento a Raquel y Pedro, porque luego este último me felicitó por tan depravado y excitante juego; ya estaba ansioso por lo que fuera a pasar esa noche.

    Virginia y su prometido llegaron al apartamento de Rebeca y se sorprendieron al vernos reunidos ahí, la más sorprendida claro esta era Virginia, porque estaban los que hemos jugado al sexo con ella. El plan se me fue revelando en la marcha, porque Rebeca lo primero que hizo fue surtir de shots de unas tragos dulces y bocadillos de formas sexuales, que Virginia vio con cara de horror, mientras su novio se sorprendía y era prácticamente obligado por Rebeca y Raquel a comer y beber, ellas muy hábiles provocándolo le mostraron el escote, le rozaban el cuerpo y Raquel se aventuró a caer disimuladamente sobre el presionando con su mano sobre su entrepierna. Virginia no se atrevió a decir nada, más que disimuladamente le pase la mano por las nalgas para distraerla, ella me vio con sus enormes ojos como otras veces, entre el deseo y la vergüenza, pero esta vez quería saber que pasaba, no lo intuía aún, pero estaba preocupada de que fuera a pasar.

    Rápidamente con los brindis y copas pasando, se gestaba el plan, no tardo en emborracharse el novio y Virginia no salía de su sorpresa cuando Rebeca lo tomo de la mano y comenzó a bailar muy pegado con él, al tiempo que yo agarre a Virginia por detrás y comencé también a bailar, alguien apago la luz y solo dejo unas lámparas con una luz bastante tenue, lo suficiente para reconocer las formas, pero ideal para ocultar las expresiones en los rostros.

    -Que hacen?- me pregunto ella, mientras mis manos acariciaban su cintura

    -nada que no te vaya a gustar-

    -mi novio! Que le van a hacer?

    -no lo ves? le darán una despedida de soltero, al mismo tiempo que a ti te la haremos-

    No dijo más, se dejó guiar, ya estaba acostumbrada cuando comencé a subirle la falda y rozarle la entrepierna, al otro lado Rebeca ya tenía bien caliente al ebrio novio, alcance a ver que tenía la cremallera abajo y una mano se metía haciendo movimientos que bien conocía; al tiempo que Raquel se pegaba detrás de el rozándole con los pechos.

    Virginia no se resistía, sabía que era inútil y que le gustaba… comencé a subirle la falda, mostrando sus caderas. Al otro lado Pedro se pego detrás de Raquel y estaba aprovechando a besarla, manoseando su pecho. Asi la escena de enfrente proseguía ante nuestra mirada, a Rebeca ya encima del novio, que tenía ya los pantalones abajo, el palo bien duro y con un movimiento constante de manos dándole placer; luego por mi parte estaba ya desabrochando la blusa de Virginia, dejando a lo que la vista podía ver en esa luz de penumbra de su ropa interior, de sus pezones duros y su sexo caliente, bajo las prendas íntimas.

    Virginia miraba hacia donde su novio, que estaba totalmente ido, reaccionaba casi de forma automática al bombeo manual que Rebeca le brindaba, mientras comenzó a acariciarle el cabello y ella se acercó a darle un beso de lengua, a desabrocharle la camisa y morderle el pecho, como lo hizo con una mano y sin dejar de bombearlo, ya era una sorprendente habilidad, cuando su cara ya había pasado por su pecho, su vientre y llegado a su entrepierna, sus labios se abalanzaron sobre el miembro duro y comenzó a chuparlo con ganas, el tipo lanzo un largo suspiro al sentir la boca encima.

    Viendo al otro lado Pedro ya tenía a Raquel con los pechos al aire y se los chupaba con fuerza, ella recostada en el sofá, con la blusa ya bajo los hombros y el sostén a la altura de su cintura, unos pechos majestuosos, grandes y redondos; el encima aflojándose el pantalón y metiendo mano bajo sus nalgas.

    -Como lo quieres? Por delante o por detrás? Le susurre al oído, con mi cuerpo pegado a sus nalgas, una mano explorando sus pezones y la otra entre sus piernas.

    -Por detrás- dijo con la voz vibrando

    Entonces la hice inclinarse sobre la mesa y le abrí las piernas, ella empino el culo de forma automática, diría que hasta tenso las piernas para ponerlo más alto, entonces subí la falda y deje al descubierto sus nalgas, le di una fuerte palmada que la hizo soltar un pequeño chillido. Lleve sus manos a la espalda y se las tome con una sola, mientras me baje los pantalones y le arrime con más ganas mi erección contra sus nalgas.

    Tenía la cara apoyada sobre la mesa viendo hacia donde a su novio lo estaba montando Rebeca con sus nalgas frotándose con fuerza contra él, mientras él seguía perdido, con las manos en las caderas desnudas de ella, al mismo tiempo en el sofá al lado Pedro le comía los pechos a Raquel mientras se acomodaba entre sus piernas. Le quite la blusa y la falda, dejándola solo en prendas íntimas, me agache a morder y masajear sus nalgas y pasar mis dedos entre sus piernas, haciendo que la prenda se impregnara de forma muy rápida de la humedad de su sexo, entonces ya estaba bien mojada cuando mis dedos explorar dentro, entre sus ya bien conocidos labios vaginales, ella reaccionaba de forma inmediata, ya se preparaba para lo que bien conocía; jale hacia abajo su prenda y deje su culo al descubierto, le pase la lengua entre las nalgas y dio un ligero respingo, mientras termine de sacar su prenda por las piernas, ahora acomode mi verga para meterla…

    -Date la vuelta- le ordene

    Ella se levantó y se dio la vuelta, quedamos frente a frente, su cara reflejaba el deseo, la hice agacharse y que su cara quedara frente a mi verga.

    -ahora chúpala- ella no titubeo en abrir la boca y deslizar entre sus labios mi verga, comenzó inmediatamente a lamer y chupar, ella había logrado una gran habilidad en eso.

    Con el gusto con el que me chupaba casi olvidaba cual era mi primer objetivo, me concentre para hacerlo que había planeado, así que la hice apartarse, vi aparecer mi verga totalmente empapada saliendo de su boca, ella se relamió los labios y me vio a los ojos, con esos grandes ojos brillantes, la levante y que se acomodara nuevamente contra la mesa, ahora dirigí mi verga contra sus nalgas, se deslizó con facilidad, sentí la punta cuando hizo contacto con lo caliente de su sexo.

    Raquel se levantó de las piernas de Pedro, solo vestía con su pantaleta y tacones, el resto de su ropa había volado, sus pechos grandes y firmes se apreciaban rojos de tanto que los había chupado y apretado Pedro, nos dirigió una mirada cómplice y se fue hacia donde Rebeca montaba al novio de Virginia, se acercó a un lado y le puso los pechos en la cara para que se los chupara, cosa que el hizo de inmediato.

    Yo tenía a Virginia bien enculada, la fui llevando hacia Pedro, que ya estaba con los pantalones abajo y la verga dura, él se acomodó para lo que venía, fui llevando a empujones a Virginia hacia él, la hice que se inclinara y se apoyara sobre las piernas de Pedro.

    -Chúpalo- le dije

    Ella obedeció y su boca se colocó encima de la punta, dudo muy poco antes de metérsela en la boca y comenzar a chupar, le di unas nalgadas diciéndole lo buena y obediente chica que era, comencé a darle con más ganas, buscando correrme, a ella comenzaban a temblarle las piernas, así que la lleve a acomodarse en el sofá sobre sus rodillas, quedo ella entre las dos vergas que la penetraban por ambos lados, no deje de palmear sus nalgas y Pedro, agarraba sus pechos, creo que nunca pensó que se los estaría agarrando y menos que ella le estaría dando una chupada con tanta disposición.

    Al otro lado las chicas se turnaban para chuparle al chico la verga, ahora Rebeca tenía los pechos en su boca y Raquel se inclinaba sobre su entrepierna, a mi vista estaban sus grandes nalgas al aire, alcance a tocarle una nalga, lo que hizo que ella volteara un rato y me viera con una gran sonrisa, la boca húmeda y el cabello revuelto.

    Virginia jadeaba y jadeaba, mi verga estaba por explotar y al parecer Pedro igual, cuando le puso las manos sobre la cabeza, yo agarre las caderas de ella con fuerza y fue cuando me corrí, fue un buen chorro dentro de ella y un poco después también se corrieron en su boca.

    Cuando me corrí, seguí lanzando algo de semen a las nalgas de Virginia, ella seguía recostada sobre la entrepierna de Pedro, cuando una mano me agarro la nalga y después fue deslizándose hacia mi entrepierna, gire a ver y Raquel estaba a la altura de mi cintura, sonreía con la boca abierta y asomando la lengua, atrás de nosotros Rebeca se había puesto encima del novio de Virginia haciendo un 69, entonces Raquel quiso venir hacia nosotros, me agarro una nalga nuevamente y comenzó a lamerme la verga flácida, a recoger el semen y fluidos de Virginia para chuparlos, toque su cabeza pelirroja apretándola contra mi cuerpo; tener a Raquel chupándome la verga era un plus para la noche, desde aquella salida en la que Virginia me busco, pensé que ya no tendría chance con Raquel, pero aquí estábamos. Seguía sintiendo la lengua de Raquel dar vueltas sobre mi verga y masajeando mis bolas, cuando Virginia ya se estaba acomodando boca arriba para recibir la verga de Pedro entre sus piernas, que la habia hecho recostarse en el sofá, después de lamerle los pechos y abrirle bien las piernas para recibirlo.

    Raquel estaba al lado de Virginia cuando se sacó de la boca mi verga, volteo a verla y se acercó a su rostro, ambas tenían semen y sudor en sus caras, Raquel le dio un beso, pasándole también el semen que había chupado de mí, le embarro la cara, luego le chupo las tetas, se puso de cuclillas apoyándose en el borde del sofá, yo me incline también, para tener acceso a sus nalgas, le alcance a tocar los pechos, cosa que la hizo soltar un suspiro, mientas chupaba los pechos de Virginia.

    Raquel tenía unas tetas magnificas, se sentían duras y firmes al tacto y sus pezones bien parados, se proyectaba una pequeña panza de su vientre, pero eso le daba más de dónde agarrarle, cuando mi verga entro en su coño soltó un bufido y se reclino más, esta vez apoyada en el suelo con los codos, lo que me dejo mejor acceso y le di con energía. A mi vista estaba la forma de pera de sus nalgas y espalda y al mismo tiempo miraba los pechos de Virginia rebotar por las embestidas que Pedro le daba.

    Me corrí dentro de Raquel, ella gimió y arqueo más el cuerpo, seguí agarrando sus caderas, hasta que se levantó y se dio vuelta, dejándome ver sus pechos grandes y hermosos, me fui por uno para probar sus pechos, ella le encanto, también me agarro la verga con la mano, que se le cubrió de semen y fluidos, mano que después paso por la boca de Virginia, para que esta la chupara, se inclinó después nuevamente sobre ella para besarla. Yo me senté en el otro sofá, ya cansado, cuando Pedro se corrió dentro de Virginia y esta lanzo un gemido largo.

    Pasados unos minutos todos estábamos ya exhaustos, Pedro se reclino en el sofá mientras Raquel le chupaba la verga para dejársela limpia y al otro lado Rebeca ya descansaba sobre el pecho del novio de Virginia, totalmente agotada. Virginia recuperaba el aire acostada, con una mano tapándose el pubis, que gracioso era, pensando todo lo que había pasado.

    Rebeca aun le masajeaba la verga al chico, después de bombearlo varias veces y tener semen pegado en el cuerpo, hizo que le llevara a Virginia hacia ella, también ella estaba cubierta de semen, sudor y fluidos. Rebeca la hizo montarse sobre su novio y restregarse contra su cuerpo, también la beso y le acaricio el cuerpo, la besaba a ella y al chico al mismo tiempo, hasta que ya ninguno pudo más y los dejo dormirse ahí mismo, quedaron los dos desnudos en la sala.

    Yo esperaba que Raquel se fuera conmigo a una cama, pero para mi decepción se vistió como pudo y se fue con Pedro ya casi amaneciendo. Viendo hacia la pareja de novios, Rebeca vino hacia mí, sabiendo lo que pasaba por mi mente, me guío al baño y nos dimos una ducha los dos desnudos, cuando ya corría agua por nuestros cuerpos y se le lavo el semen del cuerpo le dedique mis atenciones, fue un momento más relajado entre los dos, su cuerpo era tan deseable como cualquiera, nos dimos un ligero revolcón antes de caer dormidos en su cama.

    Me desperté en la mañana escuchando ruidos de la sala, ellos seguro despertaron y recordaron la noche, no puedo imaginar la expresión de él, pero imagino la cara de vergüenza de Virginia, seguro ella lo apremio a irse tan rápido como pudieran. Virginia no volvió a buscarme y de hecho la siguiente semana ya no regresó a la oficina. Sé que se casaron como 2 semanas después, no envió invitación a ninguno de sus excompañeros de trabajo, de hecho mi prima me pregunto porque no había ido a la boda, si después de todo estuvimos trabajando juntos; ella sospecho algo porque solo le conteste con una mueca de no saber nada, solo me dijo que yo era un depravado, le hice otra señal de que guardara silencio y ella entendió.

    Espero que Virginia se siga mojando cada vez que recuerde nuestros juegos.

  • Mi esposa argentina (parte 1)

    Mi esposa argentina (parte 1)

    —Oye Carlos quiero que conozcas a una amiga argentina, te va a encantar.

    Así me dijo mi amiga Carmen y tal vez esa sola frase cambió mi vida. Éramos pocas personas en esa cena, yo recuerdo estar hablando con el marido de Carmen y darme vuelta y verla y sentir que el piso se movía bajo mis pies. Ella le estaba dando el abrigo a Carmen y saludando a otra persona.

    Era de una belleza que cortaba el habla, el pelo rubio pero de un tinte casi rojizo, alta y esbelta y a la vez ¿cómo decirlo? Contundente, como si estuviera a punto de destrozar la ropa que llevaba, eso, como si la ropa no le aguantara en el cuerpo.

    Llevaba un jean no demasiado ajustado y una camisa y un suéter, pero todos los que estábamos en la habitación sentimos la tensión erótica que se desprendía de aquella mujer. Entonces ella habló y todos nos fuimos calmando, porque simplemente era encantadora, tenía sentido del humor y no era afectada, hablaba con una gran naturalidad y sencillez. Era como si la serenidad de su voz nos calmara un poco de lo fuerte de su imagen, especialmente a mí que no lograba dirigirle la palabra. Recuerdo que en esa primera visión me fascinaba su cintura tan pequeña en contraste con sus muslos que se adivinaban tan potentes bajo el vaquero, me recordaba un poco esas estatuillas de la fertilidad, pechos y caderas prominentes y cintura estrechísima. Durante un buen rato monopolizó la charla, contestando preguntas, contó que era argentina, que se había separado hacía poco, que estaba contenta porque había logrado revalidar su título de psicóloga

    —Ya puedo hacer el mal de manera legal— dijo y todos nos reímos. Yo no podía quitarle ojo, noté que tenía pecas sobre una naricita muy pequeña, ojos azules muy grandes, piel muy blanca, tenía algo de irlandesa o italiana. Después supe que tenía esa mezcla de nacionalidades, además de española. Me preguntó a qué me dedicaba y entonces me dijo que su ex marido también era médico como yo, lo que no era extraño porque las seis o siete personas que estábamos allí trabajábamos en salud.

    En un instante en que fui a la cocina ayudando con unos platos, coincidí con Pablo un tío que era kinesiólogo y con el marido de Carmen— Joder que tetas tiene la cabrona— dijo Pablo

    — Que polvazo tiene tío— continuó — ¿Está liada con alguien?

    — Carmen dice que quedo bastante hecha polvo luego de la separación— dijo el marido de Carmen sonriendo

    — ¿Sabes cómo le saco la depresión yo a esa? follandole ese pedazo de culo toda la noche tío— dijo Pablo

    Supongo que ya estaba yo enamorado porque me jodió la manera en que se hablaba de ella, aunque era de alguna forma un alivio que alguien pusiera en palabras como esas algo que también sentía, si, si, esas tetas, ese culo, follarle el culo, correrse en esas tetas, sacarle toda esa ropa que su cuerpo parecía no aguantar, que esa voz tan serena, se alterara, que ya no se riera, que perdiera un poco de esa suficiencia que parecía emanar, que ese rostro tan hermoso se deformara en un rictus de placer y tal vez de dolor.

    Esa noche ni siquiera me atreví a pedirle su número, cosa que si hizo Pablo. Luego cuando me masturbé pensando en ella por primera vez, empecé a imaginar que era Pablo quien follaba ese culo macizo y redondo, quien la sostenía de esos muslos llenos y musculados, que era Pablo y no yo quien se metía un pie delicado en su boca mientras sostenía sus piernas en alto y su polla taladraba ese culo perfecto y el rostro de ella se desencajaba y él decía — Me voy a correr en tus tetas de guarra, a que si, a que si— entonces exploté.

    —Dice Fer que le has parecido, muy majo y que se nota que no eres un giripollas

    Así me dijo Carmen y la verdad es que me jodía un poco ese papel de celestina que jugaba, porque parecía más bien una fantasía de ella, de la que Fernanda, que así se llamaba la chica argentina no estaba ni enterada; pero a pesar de todo llamé al número que Carmen me dio y dos días después quedé con ella.

    Quedamos en el parque del retiro a la tarde, ella estaba vestido con una minifalda y una americana algo larga, tenía unas botas cortas de media caña, estaba espectacular, me sentí intimidado y pensé realmente que había sido un error haberla llamado.

    De entrada me contó de su separación— Estuve realmente perdida, fueron siete años con él, es triste que las cosas hermosas tengan un final— no supe si alegrarme o no de que fuera tan franca conmigo, igual me quería como mejor amigo o confidente

    —Pero ahora mi vida se está encauzando, revalidé el título, te conocí a ti— Ella caminaba con las manos en los bolsillos de la americana, lentamente, yo veía sus piernas enfundadas en las botitas pisar el sendero como con cuidado y pesadez, no sé si sería por el taco de las botas, pero todo ella me parecía como pesado, fuerte, con poderío físico además de erótico. La frase te conocí a ti repercutió en mi cabeza como un golpe.

    — ¿Y has salido con alguien en este tiempo?— pregunté estúpidamente por no saber que decir

    — Carlos tú me gustas, me gusta cómo eres— me dijo sin mirarme

    Ella seguía con las manos en los bolsillos, nos detuvimos, la giré hacia mí

    —¿ Y cómo lo dirías en argentino?

    — Vos me gustás— dijo ella, tomé su cara entre mis manos y planté un beso suave en sus labios

    Luego tomamos unas cañas en una terraza, al sacarse la americana dejó al descubierto una camiseta con tirantes, sus tetas eran maravillosas, el pezón se transparentaba, lo imaginaba grande y rosado, tuve que contenerme para no pasar de tocar solo su vientre plano y firme por debajo de la camiseta mientras su lengua jugaba con la mía.

    La verdad es que seguía intimidado; a pesar de toda la confianza que ella me daba nunca había estado con semejante pibon.

    —¿Querés subir un ratito? me dijo con expresión lánguida cuando llegamos al portal de su edificio. Casi preferí que nos hubiésemos despedido, estaba bastante nervioso. Después de besarnos un rato en el sofá, ella llevo mi mano a su pecho, el tacto era tan suave y cálido, después fue como un sueño, ella misma me puso el condón luego de pajearme un buen rato, se montó sobre mi subiéndose la minifalda todavía con las botitas puestas, se había sacado la camiseta. El sujetador parecía que iba a explotar bajo sus tetas, sentí como mi polla se adentraba con facilidad y ella me apretaba con esos muslos poderosos que tanto me ponían, le fui bajando el sujetador y sus pechos asomaban por encima, sus tetas de guarra había dicho Pablo. Luego de un rato de estar ella montándome y yo sobando esas tetas y su culo, me corrí sin avisarle con una especie de aullido.

    —Acabá mi amor, acabá — me dijo ella besándome sin dejar de subir y bajar sobre mi polla.

    En vez de “correrse” ella decía “acabar” al llegar al orgasmo. También alternaba el “Tu” con el “vos”, a veces en la misma oración. Es decir a veces hablaba en argentino y otras en español.

    Si estaba enojada o excitada tendía a hablar en “argentino”. Trataré de mantener en el relato esta forma de hablar que era tan particular en ella

    Luego se corrió o acabó en mi boca, despatarrada sobre el sofá, sus tetas asomando sobre el sujetador, con las botitas puestas, su coño tenía labios hinchados y rosados y estaba a la altura del pedazo de mujer que era.

    Un año después estábamos casados.

    Yo acababa de cumplir 37 y ella 31.

    La presentación a mis padres fue todo un hito. Mi padre era un contable de Móstoles que trabajó toda su vida en la misma fábrica de cocinas donde su padre fue operario, mi madre era dependienta en una tienda de ropa. De la misma manera en que ella estaba fascinada con Fernanda, la miraba con arrobo y ternura cuando hablaba, de igual modo mi padre la miraba con cierta desconfianza.

    Cuando yo era muy pequeño recuerdo escuchar a Valdano hablar en la televisión y a mi padre decir: —Estos argentinos, si les dejas hablar macho…, si les dejas hablar.

    Nunca supe que era lo que sucedía si les dejaban hablar, pero ahora cuando Fernanda contaba algo, al ver la cara de mi padre escuchando tenía la sensación de que estaba pensando lo mismo que hace treinta años con Valdano.

    Yo la miraba venir hacía mí en una terraza o la veía dormir a mi lado y no acababa de creérmelo. Me daba cuenta de las miradas de envidia que despertaba el estar al lado de semejante mujer y la verdad es que no podía creérmelo.

    Durante varios meses tuve un sueño recurrente en que ella me decía que todo había sido una mentira de Carmen y que en realidad era la novia de Pablo y me terminaba diciendo una guarrada, siempre de rodillas a mi lado en la cama, ese cuerpo que ya era mío, esa piel blanca, esas tetas imponentes con esas aureolas rosadas, esa culo que emergía quebrando la cintura tan pequeña

    — Que gusto como Pablo se corre en mis tetas de guarra— me decía y entonces me despertaba.

    Luego de los primeros meses me fui serenando y comencé a ser feliz como nunca lo había sido antes.

    Fernanda me llenaba con su serenidad, con su increíble belleza, con su inteligencia, pero el hecho de mi timidez de siempre y tal vez porque ella era psicóloga o por esa labia que tienen en general los argentinos o por alguna inseguridad mía, no lo sé, pero me parecía que era ella la que siempre marcaba el ritmo y el tono de las cosas.

    No desde una postura agresiva, sino con una dulzura extrema mezclada con sentido del humor.

    — Pero no seas boludo tontito— me decía porque yo le insistía que me hablara así con deje argentino

    —Claro que me encantó, no te diste cuenta— su cabeza en mi pecho, sus tetas increíbles aplastadas en mi abdomen, las montañas blancas de su culo al alcance de mi mano.

    — Pero ¿has llegado a correrte la última vez?— le pregunté, ella me miró con una sonrisa de ternura

    —Que tontito que sos, no importa que no haya acabado, que no me haya corrido, esa es una fantasía de ustedes la de tener el poder sobre el orgasmo de la mujer, yo disfruto con vos más allá de tener un orgasmo o no; porque me gusta todo de vos, todo.

    Y luego me besó y después fue bajando por mi cuerpo y me hizo una mamada increíble, pasándome la lengua por los huevos, su melena rubia con tintes rojizos y castaños subiendo y bajando sobre mi polla, haciendo que me corra en su boca, tragando toda mi leche, mi mano aferrada a una de sus tetazas, mirando extasiado sus muslos musculados sus piernas flexionadas.

    Pero… el tema es que no lograba ver colmada mi fantasía de dominarla completamente, por más que a veces ella se corría con su cara enterrada en la almohada mientras yo la follaba por detrás, mientras se masturbaba el clítoris, por más que el sexo con ella era mejor que todo el que había tenido yo hasta ese momento, por más que estaba enamorado y Fernanda era de una belleza acojonante, había una suerte de fantasía primera que no llegaba a satisfacer.

    Por ejemplo una de las primeras veces que la follaba por detrás le di un azote en el culo y entonces ella me dijo —No Carlos no por favor— y por supuesto ya no lo volví a intentar.

    Otra vez le pedí correrme en sus tetas y ella me dio el gusto ofreciéndomelas, juntándolas con sus manos, con sus dedos largos y finos sosteniendo sus hermosas tetas y luego mi leche estrellándose en ellas.

    Pero a pesar de la sonrisa final con que dijo voy a limpiarme pude notar en su mirada como aquello no le había gustado del todo y por otro lado yo también noté en el momento que estaba a punto de correrme que algo había cambiado en su cara, que por un momento había perdido ese control sobre las cosas que siempre tenía, que por un lado mi fantasía parecía cumplirse pero a la vez me asustaba un poco esa expresión en su cara que no conocía, como si por un momento hubiese estado con una desconocida.

    Así pasaron los seis primeros meses de matrimonio y fue entonces que Javi un amigo de la universidad y que era médico en Valencia me escribió. Javi era un tío muy moreno, algo pequeñajo aunque de complexión fuerte, muy extrovertido y hablador que siempre me había divertido mucho con sus coñas y sus tonterías. Quedé con él en un pub a una hora relativamente temprana pues se me ocurrió la idea de presentarle a Fernanda por sorpresa, ya que seguramente alucinaría de verme casado con semejante mujer, tampoco le dije nada a ella de la cita.

    Le insistí para que se vistiera sexy esa tarde y me complació. Mi mujer estaba increíble con un vestido liviano pero ajustado al cuerpo, blanco con la falda a medio muslo, que dejaba ver esas pantorrillas tan potentes que me volvían loco y que imaginaba que enloquecerían también a Javi, el vestido tenía un escote por detrás por lo que dejaba ver su espalda desnuda y por delante sus tetas se marcaban tan fuerte que tenía otra vez yo esa sensación que la ropa no aguantaba su cuerpo.

    Sandalias de diez centímetros de taco y su 1,72 hacían que luciera un poco más alta que yo por lo que imaginé que Javi quedaría flipando a colores con ella.

    Fuimos a la barra, había muy poca gente a esa hora, recibí un mensaje de Javi que estaba aparcando y decidí salir a esperarle afuera, entrar con él, dejar que mirara a Fernanda a gusto y luego hacer las presentaciones.

    Cuando nos encontramos en la puerta del pub fue lo normal en viejos amigos de juventud que hace un par de años no se ven, muchas bromas, la sensación de revivir esa camaradería de otros tiempos. Pero al entrar al pub las cosas iban a suceder muy distinto a lo que había imaginado.

    Fernanda estaba de medio lado, así que no nos veía, sus increíbles piernas cruzadas y el camarero dándole charla en plan baboso. Nada más verla Javi se paró en seco, la miro una vez y dándose vueltas dijo —Ostias tío— volvió sobre sus pasos hacia la puerta, yo lo seguí sorprendido. Se paró detrás de una columna, el rostro serio

    — Joder Javi que pasa— le dije

    — Uff que corte macho— yo seguía mirándolo sin entender.

    — ¿Has visto esa tía buenorra que está en la barra?— El corazón me dio un vuelco.

    — Bueno esa tía era la esposa de un médico argentino que estuvo en Valencia— yo le seguía interrogando con la mirada.

    — Joder a esa tía nos la estuvimos follando Chema y yo casi un año tío.

    El corazón me latía como enloquecido y me quedé literalmente sin poder hablar, recuerdo que quise decir algo, ni yo sé bien que y no pude.

    — Nos la estuvimos follando pero en plan muy borde, macho, bueno tu sabes lo borde que es Chema.

    — ¿Chema?— dije con un hilo de voz

    — Si Chema el que tú conoces joder.

    Ahí caí en la cuenta de quién era el Chema del que me estaba hablando y las piernas me fallaron de un modo que tuve que poner una mano en la columna para no caerme.