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  • Sexo con la ingeniera

    Sexo con la ingeniera

    Hola mi nombre es Alex, y tengo actualmente 36 años, quiero confesar sobre mis aventuras ya que soy casado pero con un problema de adicción por mujeres!

    Yo trabajo para una empresa internacional como ingeniero acá en Colombia, por tanto me mantengo viajando por todo el país cumpliendo con servicios propios de la empresa, en estos viajes se me da la oportunidad de conocer muchas personas y la facilidad de nutrir esta adicción, y en unos de estos viajes había conocido a una ingeniera desde hace algunos años, al principio solo nos conocemos como colegas y los saludos eran muy formales, ya después de tantos años tuve el atrevimiento de conseguir su número y allí empezaría la aventura, ella es una muchacha joven morena algo bajita pero con un trasero que me volvía loco, y deseaba de una forma probar este enorme culo moreno, por medio de las conversaciones nos conocimos más y ella se sorprendió porque no imaginaria que sería capaz de eso!

    Después de tantas charlas llegamos a concretar una cita en la ciudad que me encontraba! Solo queríamos tomar algunas cervezas y hablar, ella me recogió esa noche en el hotel donde me hospedaba y fuimos a un lugar tranquilo a tomar y conversar, luego pasada la noche ella se me acercó y me dio un beso muy rico y me dijo que le gustaba desde hace mucho y yo le confese lo mismo, de allí nos fuimos a mi hotel y de manera inmediata salto a comerme la boca con besos muy ricos y mientras lo hacia se desprendió de toda la ropa y cuando me muestra ese enorme traseros con unos hilos muy chiquitos sentí que la verga se me iba a reventar, aunque estaba algo oscura la habitación ese culo se veía de una manera sorprendente, ella rápidamente me saco la ropa dejándome en boxer, y me besaba el cuello el pecho con un deseo que no me imaginé hasta bajar a mi boxer y bajarlo, inmediatamente metió so boca en mi verga y empezó a mamar como si por mucho estuviera esperando ese momento, yo no aguantaba más y corrí ah voltear la quito su hilito delicioso y cuando intenté meter mi verga ella me detiene agarrándome con sus uñas en mi espalda y me dice suave por favor tengo mucho que no lo hago y tienes esa verga muy gruesa para mí hoyito!

    Yo sintiendo algo de compacion solo meto la cabeza y gritaba de dolor y exitacion y sus uñas se clavaban más en mi espalda, sentía como abría esa cuquita poco a poco, sentía que estaba muy mojada y eso me llenaba más de vigor y locura y seguía enterrando mi verga hasta el fondo! Sentía como venía su primer orgasmo y continuaba penetrandola más fuerte hasta que vino un segundo orgasmo! Sus gritos y expresiones corporales me volvían mas loco mientras la seguía penetrando, le dije ven encima de mi para que sientas completamente esta verga!

    Ella se fue sentando muy suavemente porque decía que era muy grande para lo que ella estuvo acostumbrada! Pero ya una vez con toda adentro la abraze y la traje hasta mi pecho y empeze a embestirla muy fuerte y en ese momento creo que perdí bien la cuenta de los orgasmo que sintio (nunca había vivido esta experiencia con una mujer multiorgásmica). Me sorprendió tanto!

    Alli estuvimos hasta que ella me pidió que parará que ya no podia más, y yo insisti que me dejara metérsela en 4, y así mismo sucedió poder cogerla viendo ese enorme culo bien abierto meti mi verga hasta el fondo no aguantando más corriéndome dentro de ella!

    Esa noche lo hicimos dos veces más, luego nuestros encuentros sexuales continuaron cada vez que visito esa ciudad!

  • Lo que viví con Noli (1)

    Lo que viví con Noli (1)

    Noli me tiene caliente, hace tiempo que vengo pensando en nuestro encuentro, somos dos amigos que nos conocimos en un bar, hablamos y quedamos en contacto, y hasta nos mandamos fotos por celular.

    Si bien estamos lejos, yo soy de Uruguay y ella vive en Buenos Aires, nos tenemos muchas ganas, ella tiene 22 y yo 34, el tema es que estoy casado y ella está retomando la relación con un ex.

    Luego de varios meses de hablar a la distancia, me comentó que estaba embarazada, parecía que estaba encaminando su relación o eso quise pensar. En la última foto que me mandó ya con 5 meses de embarazo, debo reconocer que me generó mucho morbo y sentí bastante calentura, al punto que pasaron algunas ideas locas por mi cabeza. alguna incluso se la llegué a comentar y como quien no quiere la cosa, a ella le dio morbo lo que le dije y claramente le dejé picando la idea también.

    Pasaron los días y confieso que esas imágenes no paraban de girar en mi mente, me sentía bastante raro deseando a una amiga embarazada de otro, estaba lejos y casado, posiblemente la suma de todo eso generó más intensidad a la historia que no paraba de rondar por mi cabeza.

    Una semana más tarde me entero que por trabajo tengo que viajar, y parece que el destino me tenía esperando casi una jugada de ajedrez, me tocó ir a Buenos Aires. Ni bien me enteré, le escribí a Noli, con toda la intención de ver cómo reaccionaba. Estaba muy claro que yo quería volver a verla, pero capaz que no era el mejor momento para ella, creo que algo pasó después del asunto de la foto.

    Luego de una semana de idas y vueltas, con la excusa boluda de ir al mismo bar en donde nos conocimos y alguna cosita más aceptó juntarse conmigo. A todo estoy mi esposa no sabía nada del asunto, esa era otra batalla que tenía por delante, pero que no viene al caso ahora, ya lo resolveré.

    El viaje en buque creo que fue el más largo de mi vida, me quedé mirando por la ventanilla el mar y es como que me desconecté. Lo que recuerdo son distintas versiones de lo que podía llegar a ser nuestro encuentro y hasta dónde quería que nos llevara todo esto. No me quedaba mucho tiempo para nada, llegaba al hotel, me duchaba y me iba volando al bar.

    Llegué al lugar, como no puedo con mi genio y producto de los nervios, faltaba media hora todavía para que Noli llegara, aunque me escribió y lo dijo que posiblemente llegaba antes. Que mejor remedio para los nervios que arrancar con una birra, ya me imagino que van a ser varias hoy. Todavía no había terminado mi cervecita, siento que se abre la puerta, miro y ahí estaba ella. Divina como la recordé siempre, morocha de pelo largo y con rulos como de reclame de shampoo, con un vestido rayado que le marcaba todas las curvas y efectivamente esa pancita que ya se notaba bastante, hizo que mi mano se fuera a mi pierna, casi con ganas de tocarme la pija, pero me aguanté.

    Ella me sonríe, y se acerca hacia donde estoy, me paro como para querer saludarla y nos damos un abrazo super rico, duro casi como todo el tiempo que estuvimos sin vernos, o por lo menos eso sentí en el momento. Si seré boludo, recién cuando vinieron a preguntarle qué quería tomar, me doy cuenta que no puede tomar alcohol, juro que recién caigo en cuenta, no pasa nada dice Noli, «por ahora una coca, ya vamos a poder volver a tomar cerveza juntos».

    Yo no encontraba forma para disculparme, me sentía como un pelotudo y de nuevo dice «no pasa nada boludo, tenia las re ganas de verte amigooo demasiado tiempo sin vernos, pasaron cosas viste? » se señala la panza. Me saca flor de sonrisa, ella se pone colorada y con esa sonrisa divina que le marcan los hoyuelos, realmente me puede, no me dan los ojos de verla por completo, estoy intentando que no vea las ganas que le tengo.

  • El culo de la secretaria, azotes e imaginación

    El culo de la secretaria, azotes e imaginación

    El neón encendido proyectaba luz en las oficinas que, a esa hora de la tarde, estaban casi vacías. Juan apartó la mirada del portátil durante un instante, la lluvia llenaba de gotas los ventanales, eternamente cerrados, del piso 26. Los laptops a su alrededor apagados, los escritorios llenos de papeles, alguna que otra foto, una caja de dulces abierta, unas figuritas traídas por un compañero que había cruzado el charco recientemente.

    En la otra punta de la estancia, Flor, la secretaria. Una chica joven, delgada, menuda, de tez pálida media melena rubia y gafas con montura azul marino que hacían juego con su vestido de una pieza.

    Juan se levantó y se dirigió hacia el cuarto de baño reservado para hombres y que se situaba al lado del despacho del jefe. Entró a uno de los cubículos, levantó la tapa, se bajó los pantalones y sujetando el pene con ambas manos apuntó. La orina no tardó en salir, chocando con fuerza contra la taza. Al acabar, sacudió el miembro para que saliesen las últimas gotas, tiró de la cadena y se lavó las manos con jabón olor a lavanda. Al salir oyó voces e instintivamente se quedó observando.

    Don Andrés, el jefe. 50 años, pelo engominado, traje y corbata oscuros, discutía con Flor. Había ocurrido algo y el tono de enfado en sus palabras contrastaba con el tono defensivo, educado y de disculpa con el que la secretaria respondía.

    – Vamos a mi despacho. – concluyó Andrés.

    Juan pudo ver el rostro preocupado de Flor antes de dar un paso atrás y ocultarse tras la puerta. Las pisadas de los zapatos de vestir del caballero y los zapatos de tacón de la secretaria resonaron en el silencio.

    Pasado un tiempo prudencial Juan salió y observó que la puerta del despacho estaba entre abierta. Se acercó, las palabras que oyó le cogieron por sorpresa.

    – Inclínate sobre el escritorio y súbete el vestido. – se oyó decir al jefe.

    – Pero Don Andrés yo… – replicó la secretaria.

    – Lo has vuelto a hacer, ya lo hablamos la semana pasada.

    Luego, tras unos segundos de silencio. De nuevo se oyó la voz del varón.

    – Sabes que no admito ninguna protesta. Bájate las bragas, y si te atrevés a contradecirme de nuevo doblaré el castigo.

    Juan imaginó la escena en su cabeza. Flor, tragando saliva, nerviosa, inclinada sobre la mesa, con su trasero al aire. Aquello no podía ser real.

    Aguardó.

    El sonido del primer golpe no tardó en llegar.

    «Será un cinturón» pensó el empleado.

    Se oyó un nuevo azote.

    Y un par de segundos después otro.

    Juan tenía la boca seca y notó como su pene engordaba bajo sus pantalones.

    «Cuatro, cinco» contó mentalmente

    «Seis» se dijo apretando su trasero como si aquel cinturón hubiese golpeado sus propias nalgas.

    Luego, mientras el castigo continuaba, pensó en Flor, en lo valiente que era. Podía imaginar su rostro, su cara aguantando la respiración, el escozor después del impacto, quizás alguna lágrima mientras el cuero coloreaba de rojo su culo. Quería mirar, pero no se atrevía a asomarse.

    Segundos después del duodécimo golpe se oyó de nuevo la voz del jefe, algo más suave.

    – Ya hemos acabado Flor, ¿escuece?

    La respuesta de la secretaria, casi un susurro, no llegó a oidos de Juan.

    – Te has portado bien, ven que te echo un poco…

    Juan decidió moverse y volver a su sitio. Se sentó y trató de concentrarse sin lograrlo. Necesitaba borrar de su mente lo acontecido, acabar, e ir a casa.

    Flor y Don Andrés salieron del despacho. Don Andrés se fue a casa y la secretaria volvió a su sitio.

    Diez minutos después, acabado el trabajo y con su pene lo suficientemente encogido para no llamar la atención. Juan recogió y fue hacia la salida.

    La secretaria también se levantó de su sitio, se puso la chaqueta y cogió el bolso.

    – Ya es hora de ir a casa. – dijo Flor sonriendo a Juan.

    – Sí. Tu también haces horas extra.

    Los dos llegaron a la puerta.

    – Por favor, adelante, ya cierro yo. – dijo el empleado con cortesía.

    Flor murmuró una palabra de gracias y caminó hacia el ascensor.

    Juan observó su figura y durante un instante, en su mente, el vestido se volvió transparente ofreciendo la visión de un culete femenino pintado de rojo.

    La secretaria llegó al ascensor y distraida llevó una mano a su trasero y se masajeó las nalgas.

    El pene de Juan comenzó a crecer de nuevo.

    En casa le esperaba su pareja, Sara. Una chica moderna, seria y clásica. Hacían el amor los miércoles y viernes.

    Hoy no tocaba.

    Camino a casa, imaginó que pensaría Sara de los azotes.

    Sus sesiones se limitaban a besos, que estaban bien y a sexo tradicional. Poca luz, bajo las sábanas, manita bajo las bragas para tocarla el culo. Los pechos sí, esos siempre al aire. Pero el culo… claro que había visto el culo de Sara, pero pocas veces. Eso de ducharse juntos no la gustaba. Y lo de enseñarlo durante más de un minuto… tampoco. Tenía tendencia a llevarlo tapado, incluso, cuando tenía que cambiarse de ropa, usaba el baño.

    No, eso de los azotes, o en general cualquier otra cosa no lo veía factible y él no era tan valiente como Flor.

    Sara era una buena mujer, le quería y por nada del mundo renunciaría a esas tardes de invierno compartiendo sillón y manta.

    Ya en casa, en su habitación, mientras su pareja terminaba de ver una película en la tele, Juan fue a cama.

    Tumbado, la escena de la oficina volvió a su mente. Imaginó acompañar a la secretaria a su casa y estar a su lado. Ella tumbada boca abajo, con su trasero al aire, contando la experiencia con los azotes. Él, sentado a su lado, oyendo su relato, alabando su valor mientras extendía cremita en el culo y se deleitaba contemplando las nalgas y la deliciosa rajita.

  • Gallina vieja, sí que da buen caldo. Con mi colega madurita

    Gallina vieja, sí que da buen caldo. Con mi colega madurita

    Como les había contado en publicaciones anteriores desde que soy profe universitario he tenido la oportunidad de tener varias amantes, esta historia es de mi amante que también es docente en la Universidad y es mayor a mí, cuando estuve con ella yo tenía 35 años y ella era mayor con casi 10 años, cuando la conocí estaba casada y con 2 hijos. Era una mujer con un cuerpo envidiable y no únicamente para su edad, tenía una culaso y unas tetas que causaban sensación en la universidad y se vestía de manera bastante provocativa, bueno con ese cuerpo como no hacerlo y para tener dos hijos no tenía muchos rollitos, es decir cuidaba de su figura, estaba riquísima.

    Por amigos en común habíamos salido en varias ocasiones, pero únicamente a comer o a tomar un par de cervezas y nada más. Justo cuando mi esposa sale de viaje ella estaba en proceso de divorciarse y fue un proceso bastante difícil donde hubo juicios y ese tipo de cosas, un día de estos mis amigos dijeron que iban a salir a tomar algo yo no podía ir con ellos porque tenía clases hasta la noche, una vez que termine llame a mis amigos para encontrarles y me dijeron dónde encontrarnos. Para ser sincero no tenía intenciones de nada más que pasar un rato ameno y compartir con mis compañeros ya que por esos tiempos ya tenía mi amante regular la cual me complacía muy bien en la cama y teníamos sexo regularmente y además pasábamos bien juntos. Cuando llego solo estaba una pareja de amigos que son casados y Verónica pasamos un rato ameno compartiendo nuestras tristezas, alegrías y anécdotas del trabajo, pasadas más o menos las 11 de la noche mis amigos dijeron que tenían que ir a la casa porque al otro día viajaban, yo le dije a Verónica que si quería quedarse un momento mas y que yo podía llevarle a la casa en mi carro a lo cual ella accedió, porque sus hijos no se encontraban en casa, tomamos un par de cervezas más y salimos del lugar. A lo que estábamos en el carro le dije que tenía una botella de tequila en mi casa que si quería ir a tomar un poco más y escuchar música y que no se preocupe que yo le iba a dejar, hasta esto ya hubo ciertos chistes pasados de tono, indirectas y dobles sentidos, y por supuesto ella accedió.

    Una vez en mi departamento serví un taco de tequila para cada uno y nos tomamos de un solo golpe, al instante que acabamos de tomar sin decir más nos estábamos besando, nos besábamos de tal forma que nos excitamos al instante, mientras nos besábamos ya nos estábamos desvistiendo, recuerdo claramente como ella me decía… ahí Pedro (pseudonimo) no podemos hacer esto tu eres casado y como te voy a ver mañana en la universidad, no podemos continuar, y eso a mí más me excitaba saber que era prohibido por muchos aspectos, nos seguimos besando y yo me baje los pantalones y me quede en bóxer, mi verga estaba completamente parada ya explotaba al ver a esa hembrota en mis manos a punto de ser mía, agarre su mano y le hice tocar mi verga por encima del bóxer y le susurre al oído esa verga es tuya la quieres?? Y ella me contesto hay Pedro por supuesto que quiero esa vergota dentro mío.

    Con decirles que no llegamos ni a la habitación era tal la excitación que nos desnudamos en la sala y nos dejamos consumir de nuestras pasiones en los sillones y en la alfombra de la sala, nos desnudamos como pudimos y le meti mi verga de un solo asi como desespera ya que su concha estaba completamente humeda y caliente, así que entro toda la verga y ella seguía diciendo hay Pedro no puedo hacer esto como te voy a ver mañana a la cara en el trabajo, mientras gemía como una perra, y ponía una cara de deseo única yo me quede en calcetines eran de terno bastante delgados color plomo oscuro (algo que por lo general hago, especialmente con mis amantes, es no sacarme los calcetines en el sexo, eso también me excita así como un fetiche) y ella completamente desnuda, admiraba su figura y me excitaba cada vez más, chupaba sus senos y sus pezones mientras introducía mi verga y trataba de tocar su concha con mis dedos estabamos en ella sentada en el filo de uno de los sillones y yo entre parado, arrodilado frente a ella, en esta pose podia besarla, chupar sus senos, ver como le introducia la verga, sacar y meter la verga para ver lo mojada que estaba, cogerle su concha etc. etc., es muy buena la pose para los que somo visuales, es una excitadera completa asi pasmos un buen rato.

    Luego la puse en cuatro en la alfombra se le formaba un trasero espectacular y yo cuando introduje mi verga ya explotaba y ella al ser ya experimentada sintió eso y me dijo ni se te ocurra terminar todavía asi que baje el ritmo y me contenía para no hacerlo, disfrutaba al manosear todo su cuerpazo, luego ello me dijo que quería estar encima mío y yo me senté en el sillón y ella se sentó en mi verga completamente empapada de sus fluidos, esta vez no hicimos sexo oral, una vez encima me metió una cabalgada que me hizo retorcer del placer, ahora entendía para que tenía esa caderas tan anchas y pronunciadas, wow tuve que contenerme con todo para no explotar, que manera de moverse y hacer sentir, después de un momento me dijo Pedro muérdeme los pezones yo no entendía muy bien por que una cosas es chupar y otra morder y me decía muérdelos por favor gimiendo como perra, más fuerte Pedro más fuerte y yo trataba de no lastimarla pero a la vez complacerla hasta que un momento se retorció del placer se le hizo la piel de gallina y lanzo un grito que por poco despierta a los vecinos.

    Ella sabía exactamente como le gustaba terminar, luego de eso la puse en la alfombra en 4 pero le dije que estirara las piernas para quedar como recostados y yo encima de ella, besándole la nuca mordiendo sus orejas completamente recostado en su cuerpo desnudo, esta vez so le di los más fuerte posible esa vagina estaba estilando y mi verga que ya no podía más, los dos estábamos sudando un poco, que rico sentir saladito ufff, afortunadamente ella era echa la ligadura entonces yo podía llenarle de toda mi leche y ella me dijo termíname completamente adentro, no lo saques, yo después de un poco tiempo de escuchar eso y en esa misma pose me vine con todo un orgasmo único estaba completamente excitado y le seguía metiendo la verga hasta que la última gota de leche salga, nos quedamos un momento recostados en la alfombra mientras me preguntaba que hicimos y nos reíamos del placer.

    Ufff esas maduras son lo mejor. Y lógicamente seguíamos regularmente cogiendo cuando podíamos.

  • Volviendo a jugar, llegada al spa

    Volviendo a jugar, llegada al spa

    Un fin de semana de relajación en el spa con mucho sexo y juguetes.

    Esta historia es la primera en mi perfil, la primera como autor, y la primera de un fin de semana de mucho sexo en un hotel y spa termal.

    Ella, mi esposa, latina, ama de casa y empleada administrativa, madre muy joven de dos hijos, baja, rellenita pero no gorda, de cola y pechos naturalmente abundantes, de ojos y pelo marrones canela, es mi esposa desde hace 32 años. Yo, morocho, de piel clara, fuertes brazos y piernas, ciclista pero no de competición, trabajador de una empresa, ambos apasionados por los viajes y con una vida sexual de pareja con altibajos después de muchos años de casados.

    Ella nunca ha dicho no a los juguetes sexuales que he incorporado a la cama en el correr de los años, prefiere los dildos con formas y color real de pene humano, y no es amante de los grandes tamaños, aunque hay excepciones y esta historia se centra en algunas excepciones.

    Hace un tiempo atrás, y luego de una etapa de pasar cierto tiempo solo con sexo vainilla, alguna vez finalizando su orgasmo con la ayuda de algún dildo, y próximos a irnos de vacaciones de fin de semana, le dije que había comprado un juguete nuevo para la ocasión. Arribados a destino, luego de entrar a la habitación, desempacamos y al finalizar la veo hurgando en mi bolso a ver si encontraba el sujeto de deseo, pero no. El sujeto estaba en otro lugar. Este era un dildo color piel, con una cabeza bastante grande, todo construido en material imitación piel y blando, muy blando, sin un interior rígido. Pero el tamaño era ligeramente más grande de lo normal. 2 pulgadas de diámetro o 6.25 pulgadas de circunferencia.

    Su cara fue de sorpresa y me recordó que no le gustaban tan grandes, pero la suavidad y textura dieron un voto de confianza a que por lo menos lo probara. Allí mismo, aún con las cortinas de la habitación abiertas, nos fundimos en un beso y mi mano buscó su húmeda ranura que me sorprendió encontrarla tan caliente y abierta, a lo que pregunté.

    ¿Por qué está tan abierta?

    Ella se tiró en la cama y señalando el dildo y su coño abierto, dijo, acá, clávalo acá, primero despacio y luego todo, acto seguido monté en la cama, lo unté con lubricante, le acerqué la bulbosa cabeza a su agujero, hice algo, muy poco de presión y entró la cabeza y medio dildo, que tiene unos 20 cm de largo, ella se montó arriba de mí, cual una amazona y con un movimiento de pelvis se devoró los siguientes 10 cm, quedando afuera solo un aro redondo que es el tope, este dildo no tiene huevos ni ventosa. Su frenética cabalgata terminó en un par de minutos, luego se bajó de mí y se dispuso a sacar el dildo, pero allí intervine yo.

    No, no ha terminado aún.

    Acuéstate boca arriba.

    Acto seguido le puse de nuevo las panty que ajustaron el dildo que se salía con cada movimiento. Con el dildo todo clavado dentro suyo, al ser blando se adaptaba bien a sus interiores y sus movimientos comenzó a succionarme el pene, ella estaba en posición perrito, cada 2 o 3 movimientos ella se detenía y movía sus caderas sintiendo ese desconocido la penetraba desde atrás, mi grado de excitación era tal que le llené la boca de semen en 10 segundos, pero al ver que no paraba para limpiarse la boca, que el semen se derramaba en mi pubis y mis bolas, que ella seguía lamiendo lo que ya no había, me doy cuenta que estaba extasiada en un orgasmo silencioso.

    Ambos recuperados, ella se acuesta e intenta sacarse el dildo, a lo que yo le indico que ésa no era una opción.

    Le traje su traje de baño y le dije que se lo colocara que íbamos a ir a la piscina del complejo, pero con el dildo adentro, a modo de tapón. Si, a mí me gusta joder conchas bien abiertas, que mi pene, que no es chico, entre sobrado y haga ruido a estar jodiendo una concha usada.

    Bajo protesta al principio y resignada después le ayudo a colocarse el traje de baño sin que se caiga el dildo, ayudo a la lubricación acostándola boca arriba, volcando un buen chorro de KY gel dentro de su gran abertura, por la cual entraba luz y dejaba ver su útero y le coloco nuevamente el dildo que entró todo de una vez sin oponer ninguna resistencia, ella se acomoda el traje de baño lo mejor posible para que no se notara.

    Probó a caminar un poco dentro de la habitación, tratando de acostumbrarse a llevar clavado algo así como una lata grande de desodorante. Varias veces me preguntó si no se le notaba el bulto del tope del dildo en la entrepierna y no, no se le notaba. Aunque su caminar con la bata puesta era más sensual que lo normal, un exagerado pero sutil movimiento de cadera con cada paso hacía que el dildo se moviera en sus interiores, que por el momento estaban bien lubricados.

    Caminábamos ambos de la mano, hacíamos bromas sobre tapón que tenía puesto, me contaba de la sensación que sentía cuando los labios apretados por el traje de baño frotaban contra el tope del dildo y en lo lleno que sentía su interior cuando de pronto deja de hablar busca sentarse en un asiento y casi sin fuerzas en las piernas se derrumba en la silla, en ese momento un gentil caballero se nos arrima y pregunta si estaba todo bien, a lo que yo me agacho, le empiezo a frotar un tobillo y le agradecí al señor con la excusa de que tenía un fuerte dolor de tobillo. En ese momento ella me pide para volver a la habitación y le negué tal opción, ya estábamos a 10 metros de la piscina.

    Cuando ella se saca la bata para entrar al agua, por ambas piernas le chorreaba un líquido gelatinoso transparente, ella se puso tensa, y sin mediar palabra entramos al agua, luego de un rato en la piscina, donde ella todo el tiempo estaba pendiente de algo que se le movía dentro con cada movimiento y el estar un par de veces cerca de borde de tener otro orgasmo, le acepté irnos a la habitación.

    En el camino paramos un par de veces a recuperar el aliento, entramos a la habitación y me pidió que le bajara el traje de baño, pero sorprendentemente el tope del dildo no se veía. Ese borde de un centímetro de grosor que hacían de tope del dildo generaban un aro de 2.75 pulgadas, o sea 7 cm de diámetro, seguramente se había ido todo para su interior cuando se derrumbó en la silla, y al tener el orgasmo dilató aún más su vagina y se lo tragó. Me pidió que se lo saque para ir al baño a lo cual acepté, pusimos una toalla debajo, por los líquidos que fueran a caer, meto un dedo primero, dos después ayudando la dilatación y ella al empujar asoma el tope del dildo y luego cae al suelo, los labios de la vulva y piernas chorreaban líquidos, propios y agregados, la toalla llena de lubricante y el dildo inerte en el suelo también.

    Ese acto nos calentó mucho a ambos, yo estaba con una erección total, ella lo notó y me pidió penetrarla desde atrás y terminar de llenarle de jugos esa caverna para luego proceder a limpiarla, sabiendo en sus interiores que iba a ser un trámite de unos pocos segundos.

    La penetro desde atrás, ella en 4, yo metía y sacaba mi pene de su caverna caliente mojada y dilatada, junto con mi pene entraba aire y emitía pedos que a mí me calentaban aún más, creo que si hubiera querido, metía la mano allí, pero no, caímos en un sopor luego de mi eyaculación, ahora chorreaba por sus piernas mi semen, el gel, sus jugos.

    Fuimos al baño, ella entró a la ducha, pero la hice sentarse en el inodoro, desarmé el extremo de la ducha dejando solo la manguera extensible y le comienzo a lavar la vulva, con agua tibia, también sus interiores de la vagina a su pedido, y cuando estaba terminando ya, veo en su cara que se aproximaba un nuevo orgasmo.

    La primera noche

    El segundo día parte 1 y 2

    Y el retorno a casa

    Serán próximos capítulos.

  • Luciana la fea buenota que me culeé

    Luciana la fea buenota que me culeé

    Luciana era una chica morena de cabello chino largo a cintura, frente amplia nariz grande y labios toscos, su cuerpo a diferencia de su cara era una obra de arte, delgadita, tetas pequeñas pero bonitas, caderona y muy nalgona de piernas muy bonitas pues eran gruesas pero estilizadas y largas a la vez muy duritas pues iba al gym y cero celulitis. Tenía unos 19-20 años al igual que yo en ese entonces y era mi compañera de universidad.

    Nuestra relación era buena, desde el inicio hicimos clic en nuestro humor, ella a veces se portaba como otro amigo y se la pasaba uno muy bien, sin embargo notaba su hermosa figura bajo los uniformes (bayas y pantalones ajustados blancos), algunas veces que salimos en grupo a bares tocó deleitarme con sus bellas piernas exhibidas por pequeñas faldas, sin embargo me reservaba mis pensamientos pues aceptaba no andaría con ella pues no me hacía clic su carita y pues éramos compas no los mejores pues mi mejor amiga era Julia, otra chica que ya conté algo por acá, sin embargo era también amistad.

    Una ocasión antes de una clase fuimos a su casa a hacer tiempo y comer algo; esto era común usualmente con más compañeros pues casi siempre estaba sola su casa; todo iba de lo normal veíamos un capítulo de los Simpsons y comíamos algo creó cacahuates ambos tirados en el sillón y de nada me preguntó.

    – ¿Te ha pasado te guste alguien y no animarte a decirle?

    Yo le respondí con tono poco serio.

    – ¿Quien te gusta morra? ¿Porque me preguntas a mi que soy de lo peor para la sutileza?

    Ella sin verme contesto.

    – Tu.- luego me volteo a ver con una sonrisa.- Tu me gustas, ocupaba decírtelo.

    La verdad si me puso algo tenso a la vez mi mente sucia inició a excitarme con la posibilidad de cogerla, así que le dije.

    – Te mentiría si te digo que no me atraes morra vete nomas.

    Ella me interrumpió y dijo.

    – Tu hablas de coger pero no, me gustas bien, no busco eso.

    Mi cerebro quedo en shock porque te va a perder la oportunidad de metérsela así que decidí mentir.

    – No, si me lates bien, solo que tengo novia y pues no quería avanzar más.

    Ella cambio su postura a una más coqueta y luego de cambiar 3 o 4 frases más ya nos besábamos.

    En dicho sofá de besarnos pasamos a tocarnos mutuamente, ella masajeaba mi verga y yo metí mis manos bajo su pantalón para tomar sus nalgas bien desnudas pues traía una tanguita, eventualmente la ropa se fue y podía mamar los pezones de la puta, su cuerpo suculento lo besaba y lamía pues realmente era lo único que me gustaba, le chupe la conchita depiladita, húmeda jugosa y con olor a sexo, le quite la tanguita para culearla y se la metí toda, la bombee en el sofá buen rato mientras gemía como putita, luego me senté y me la monté frente para que me cabalgara mientras yo chupaba sus tetas. No sé cuánto duramos pero fue delicioso me vine muy rico en su conchita caliente.

    Ya deslechado me sentía con culpa pues era una hembra suculenta de cuerpo pero no de cara y pues ya sin calentura uno es más sobrio en lo que quiere, no dijimos mucho allí aunque ella andaba algo melosa y tuve que alejarme y dejar de hablarle casi para que se enterara no quería más que sexo, eso costó nuestra amistad.

  • Destrozada por el taxista (2)

    Destrozada por el taxista (2)

    Luego de la rompida de culo que me dio Pedro no lo vi por aproximadamente una semana, un viernes por la tarde me llamó diciendo que me necesitaba con el, que pasara el fin de semana en su casa, acepte y le invente una escusa a mis padres de que pasaría esos días en casa de alguna amiga a ellos no les importo mucho y solo accedieron a darme permiso.

    Preparé un bolso con cosas que iba a necesitar (cepillo de dientes, mi maquillaje, perfume, etc.) y ropa que en mayor parte era ropa provocativa o muy corta, ropa interior sensual y por último mis lindas y diminutas tangas.

    Don Pedro me mando un mensaje que saliera de casa, que me estaba esperando así que me despedí de mis padres y salí, tomé el asiento del copiloto y salude a mi amado taxista de un beso en los labios el cual fue correspondido con pasión.

    — «Hola papi, aquí estoy y me tendrás too’ el finde para ti sólito» dije sonriendole.

    —»Como corresponde mi pequeña Puta, vamos a mi casa»

    Empezó a manejar algo rápido hacia su casa y cuando llegamos yo quería provocarlo, quería que me mirara mucho así que desabroche los 2 primeros botones de mi blusa dejando a la vista mis pechos sin sostén, me miraba de manera morbosa.

    — «Ricas tetitas mi puta» dijo mientras estacionaba el taxi, acercó una de sus manos y tomó una de mis tetas apretujandola con fuerza.

    Bajamos del taxi y entramos a su casa, le pregunte si podía darme una ducha que no había alcanzado a hacerlo en mi casa, me llevó al baño y me paso una de sus toallas para que me bañara a gusto, me quite mi ropa y di el agua caliente de la ducha, comencé a enjabonar mi cuerpo frotando mis pechos suavemente a lo que Pedro entra al baño desnudo y se mete a la ducha conmigo.

    —»Te ayudare mi pequeña puta» Se pone detrás mio y pega su cuerpo al mio, sentía su pene duro en mis nalgas.

    —»Si papi, de paso te ayudo a limpiarte»

    Comenzó a enjabonar mi espalda, bajando a mis nalgas y apretandolas con fuerza, tomo su pene y comenzó a frotarlo en la entrada de mi ano yo gemi suavemente sabiendo ya lo que me esperaba, Pedro comenzó a meter su pene lentamente tomando mis caderas, sentía mi ano abrirse y estirarse poco a poco.

    —»Mmmm papi, ¿me rompes mi culito muy duro? Por favor.

    —»Si mi Puta, te lo abriré bien!»

    Comenzó a embestirme con rudeza así que apoye mis manos en una de las paredes de la ducha, las embestidas eran rudas y profundas, Pedro comenzó a darme nalgadas duras y con fuerza dejando sus manos marcadas en mi culo, yo solo respondía con gemidos y gritos de placer y dolor, el continuaba hasta que a los pocos minutos se corrió dentro de mi culo.

    —»Ufff, no aguante casi nada! Puta tu culo me encanta mucho» dijo sacando su pene de mi interior.

    —»Mi culito le pertenece papi»

    Nos terminamos de bañar, nos secamos y todo, me vestí bien puta para el, una tanga roja bien pequeña y una de sus camisas blancas, fui a la cocina y le dije que si quería comer algo, me dijo que si, así que comencé a preparar algo para cenar, una pasta con salsa blanca, mientras cocinaba Pedro se dedico a mirar mi culo y entre sus pensamientos perversos se le pasó por la mente meter algún objeto en mi ano, se levantó tomó una zanahoria se acercó a mi y corrió mi tanga.

    —»Quédate quita mi puta, no puedes quitartela ¿ok?»

    Asentí y acerque más mi culo hacia el ofreciéndole mi ano, metió con algo de fuerza la zanahoria en mi interior y acomodo mi tanga, seguí cocinando mientras sentía aquella verdura en mi interior, cuando ya estuvo todo listo servi la comida para ambos mientras Pedro echaba vino en 2 copas, me iba a quitar la zanahoria para sentarme cuando Pedro me detuvo:

    —»No no, siéntate con eso puesto, hazme caso o te meto algo más gordo.»

    Asentí y me senté suavemente sintiendo una pequeña punzada en mi ano, dolia un poco pero era excitante, me dispuse a comer y cuando ya terminamos Pedro me dijo que me daría un postre especial, que para obtenerlo debía meterme debajo de la mesa y ponerme delante de él, lo hice quedando arrodillas entre sus piernas…

    —»Bueno putita, te daré tu rico postre!»

    Se desabrochó el pantalón y sacó su pene, ya se encontraba duro y babeando esperando a ser deborado por mi, lo tomé con una mano y comencé a masturbarlo, con la otra mano acaricie sus testículos apretandolos un poco, Pedro gemia y gruñia bajo, acerque el pene a mi boca y comencé a lamerlo de arriba a abajo, por todo el tronco luego la punta haciendo énfasis en el orificio del pene, baje hasta sus huevos lamiendolos suavemente y metí uno a mi boca chupandolo.

    —»Mmm. Más perra, chupame el pene!»

    Como perrita obediente deje de chupar sus huevos y subí hasta la punta de su pene, lo comencé a meter en mi boca poco a poco mientras sentía que Don Pedro ponía su mano en mi cabeza para empujarla así metiendo aún más su delicioso pene en mi boca, solté un quejido leve para provocarlo más… sentía su pene en mi garganta así que comencé a chuparlo lentamente aumentando la velocidad poco a poco, agarre sus testículos apretandolos mientras chupaba más rápido su pene, Pedro empujó más mi cabeza y se corrió dentro mi boca sin avisar, bebí su semen caliente sin desperdiciar ni una gota.

    —»Así me gusta, que seas una perrita obediente»

    Dijo mientras acariciaba mi rostro con suavidad… salí de debajo de la mesa y me pare a su lado, me senté en sus piernas quedando cara a cara.

    —»Papi, ¿Te puedo montar?

    —»Si mi puta, ven y montame!»

    Me moví la tanga hacia un lado e introduje su pene en mi vagina de golpe, gemi del placer y comencé a cabalgarlo con rapidez mientras Pedro me sostenía desde las caderas, bajo una mano hasta mi culo donde tenía aquella verdura y comenzó a moverla mientras lo cabalgaba con locura.

    —»Mmmm! ¿Te gusta papi?» Le dije entre gemidos

    —»Me encanta, te rellenare de leche Puta de mierda»

    Metió la zanahoria hasta el fondo de mi culo y comenzo a nalgearme con fuerza mientras continuaba saltando sobre su pene, seguí así por algunos minutos hasta que me corri y casi al instante Pedro se corrió dentro de mi vagina y nos quedamos quietos por un rato, más tarde nos fuimos a acostar y dormimos plácidamente.

  • Gordibuena con vicio. Maggie folla de diez

    Gordibuena con vicio. Maggie folla de diez

    Maggie, de Margarita sepan ustedes, es la protagonista de mi historia. Ella es voluptuosa con una carga erótica inmensa; es en el argot moderno una “curvy”, mujeres cuya talla no obedece a las normal actuales mas inclinadas al tipo andrógino, sin curvas, sin culo, sin tetas, sin nada y el chumino depilado. Es la moda actual, cuerpos danone que no me dicen absolutamente nada. Mi amiga es excepción, presume de su gran parecido con la súper modelo Tara Lynn, aunque mi amiga tiene algunos añitos más.

    Es un torbellino de colores, vital, divertida dicharachera, conversadora. Una mujer para perderse con ella y dentro de ella, aparte de amable, inteligente y listísima, más lista que el hambre en expresión mil veces utilizada. Su profesión es el derecho y la asesoría desde una gran empresa, es mujer todo terreno y versada en mil recursos y con una gran cultura.

    Además de cariñosa y besucona, con unos labios carnosos, con la forma idónea para el pecado. Vive la sexualidad de manera simple, viva y abierta. No se declara bisexual, aunque sé por ella, que cuando le apetece se come sin miramientos un coño por toda la cara, sin limpiarse con una servilleta bordada por las monjas. Hemos intimidado mas de una vez, para ella un polvo es como tomarse un vino o ir a cenar con un amigo del alma. Libre, espíritu libre, un verso libre.

    Selecciona muy bien a sus amigos, no le asusta la mentira pero odia la deslealtad. No tiene pudor, creó que nunca lo tuvo. Me cuenta su infancia criándose con cuatro hermanos mayores, se quedó sin madre demasiado pronto y ella como la mas pequeña se creía un hombre mas. Sus hermanos se paseaban todo el día desnudos por pasillos o salones y por tanto el desnudo, el ver muchas pijas en cualquier estado le trae al pairo.

    Ella no se quedaba atrás en la desnudez por casa ni no estaba su padre que no la dejaba. A sus hermanos no les llamaba la atención. Relata que en ese ambiente también envolvió a las novias de sus hermanos, también andaban como Dios las trajo al mundo. El desnudo no la confunde, ni tiene ningún sentido ni morbo. En alguna ocasión estando con ella de viaje y estando en la ducha entra como si nada, provocando en mi persona cierta incomodidad, como llevarme las manos a mis vergüenzas.

    – Mira muchacho – con cierta guasa suele refrescarme mi vergüenzas – como la tuya, más grande, más pequeña o más bonita he visto muchas, deja de hacer el ridículo tapándote como si fueras la superiora de las Ursulinas.

    – Sí Maggie ya lo sé – suelo contestarla -no volverá a ocurrir, es mi acto reflejo, no lo puedo evitar, el pudor es el pudor.

    Suele darse la vuelta, sin llevar ropa interior, aganchándose y dejando ver su sitio mas personal, como diciendo mira aquí y verás París. Es incorregible. Ha llevado a entrar en el cuarto de baño y cogerme la polla para limpiármela y lavármela con energía, echándome la broca de que los tíos no aplicamos bien en lavarnos el miembro. Es cómico que te cojan la y polla, sin venir a cuenta, y te la restriegue con una esponja empapaba de gel Lóreal de París.

    En fin, es así, no creo que cambie. Social, liberal, loca, amiga desesperadamente atosigante en quitarle importancia al cuerpo o al sexo. Una suerte. En nuestra adolescencia desvirgó a casi toda la cuadrilla, porque le daban pena con diecisiete años y todavía sin mojar el churro.

    La semana pasada nos encontramos en una conferencia local sobre desarrollo turístico en nuestra zona, y allí fuimos. Mejor yo fui y me encontré con ella. Como siempre perfectamente maquillada sutilmente con rotundidad, sin parecer una puerta pintada que es manera demasiado común. Una camisa abierta hasta el canalillo, vaqueros amplios que le hacían un cuerpo muy llamativo y sugerente,

    También, como no, la puntualidad no es su fuerte. Distingue entre ir por su total interés de estar, entonces su puntualidad es británica, o el aparecer para quedar bien. En esta última idea su reloj va a saltos, incluso llega cuando todos nos vamos. Pero este día no era el caso, llegó con antelación estudiada, el conferenciante todavía estaba en el turno de agasajos por las fuerzas vivas del pueblo.

    Nada mas verme llegó a mi lado, ordenando a la fila para que se moviesen un asiendo mas allá. De manera sutil, educada, con esa belleza racial que parece va diciendo, ya te lo compensaré hermano.

    Nada mas sentarse en la incómoda silla, con un respaldo bajísimo, me beso en toda la boca. No de manera exagerada, pero marcando el territorio que ella tenía preferencia conmigo. A veces la forma de ser y comportarse te deja un poco en evidencia llevadera, a veces hasta simpática.

    Al terminar fue a charlar con el conferenciante, había temas que su interés, quería tener su correo o algún sitio donde localizarse y hablar. Fui haciendo mutis por el foro hasta una cafetería. Estaba seguro que Maggie haría el mismo recorrido cuando terminarse. Es un establecimiento cercano que esta entre los favoritos de nuestro circulo de amistades.

    Al llegar al establecimiento, éramos pocos parroquianos, abrió la puerta con decisión gritando

    – ¡Qué pasa gente! Daos todos por besados y achuchados.

    Fue hasta el sitio que estaba ocupando en la barra. Volvió a besarme, esta vez con más carga de pasión, a la vez metiéndome mano en el paquete. Para no quedar en situación de inferioridad, sobe sus grandes tetas, viendo que nadie nos miraba, buscando por encima de su ropa con los pulgares sus pezones, que respondieron, como hacia Pat Garret con el revólver en el fart west. Es una afición que tengo, estar hablando con una amiga en privado mientras masajeo sus pechos.

    – Bien, querido amigo, vamos a confesarnos.

    – Cuando te pones así siempre pienso en lo único, en lo peor – la dije

    – Para eso son las amigas, para perdonarlas, quererlas y follarlas si hay menester, que no son buenos los picores vaginales de una chica como yo.

    – Qué quieres que haga – fue mi contestación, en medio de una mueca simpática de ¡Hay que joderse!- te escuchó con la máxima atención.

    Ella bebía a pequeños sorbitos una ginebra Tanqueray Sevilla con montón de hielos. El barman no pregunta, la sirvió sin decir tan siquiera esta boca es mía. Es lo bueno y lo malo de recalar siempre en los mismos sitios, la excesiva confianza de los camareros.

    – Mira subnormal – observen, es toda amabilidad- he comprado un Beetle Volkswagen, quiero que me acompañes el finde de copiloto hasta que me acomode a él, no te molestes en nada, también tengo contratado el alojamiento.

    Naturalmente ante una amiga de carácter fuerte no puedes oponerte y menos discutir para mantener la fiesta en paz. No me apetecía una mierda ir de saltimbanqui el sábado, pero bueno, otras veces es al revés.

    Sábado mañana quedamos para almorzar como debe hacerse, nada de un café sorbido deprisa y corriendo. Salí de casa a las nueve, para ser el que día es, para mí es madrugar. Paseo matutino al quiosco, comprando la prensa, yendo caminando hasta la plaza en paseo sosegado y lento. Las prisas no son buenas consejeras para absolutamente nada.

    Allí estaba, sentada, con unos ceñidos pantalones de rojo valiente destellante, rojo sangre provocación, con una especie de camiseta, mejor camisa de lino. El recibimiento con la mejor de las sonrisas, poniéndose en pie vino a mi encuentro, dándome un piquito y acompañándome a la mesa, que estaba limpia y recogida en su totalidad. Ya había desayunado, ya estaba la manduca en su estómago. Mas bien lo segundo. Mi plan del desayuno contundente se fue hacer gargaritas, disculpándose por su arrogancia y mala leche de la noche anterior, siguió metiéndome prisa, hay que aprovechar el día.

    Dirigiéndome ligero en el paso hasta la barra pidiendo un cortadito que tome de un trago, cogiendo a la vez una magdalena para el camino, para evitar que el café diera vueltas por mis entresijos.

    Nada mas salir del local vi su resplandeciente bólido, todo limpio, reluciente, habiéndose entretenido en perfumar el interior para quitar ese olor a coche nuevo que marea. Para tocarla las pelotas y medir que tal mañana tenia, la mire las tetas diciendo con cierta mala uva.

    – Se te transparentan totalmente los pezones, que los tienes como los coches cuando llevan las luces largas.

    – Ya estamos con tus comentarios tipo puñal.

    Una vez dentro del coche, desabrochándose la camisa movió con decisión su sujetador blanco sin encajes, sin ninguna concesión a la frivolidad o a la insinuación pasional. Zarandeando sus pechos, moviendo con medida precisión el sostén de un lado para otro, recolocó su pecho. No perdía mirada a la acción, ni pestañeaba, mientras en mi cara mostraba una mueca irónica, que sé la jode mucho. Al verme mi atención, ahueco la ropa interior y movió la teta hacia fuera, dejando a la vista su pezón en total esplendor, duro, tieso. Su color es moreno, con la areola más clarita y bien contorneada, con todos los conductos lácteos marcados y provocadores. Me estaban pidiendo chúpame.

    A la búsqueda de otra mas de mosqueo, para ver si estaba de mala hostia, enfadada, o con ganas de bromas, pregunté por la causa del endurecimiento de su pezón, sí obedecía a la respuesta al verme, o era consecuencia de una ducha fría.

    – Mira pimpollo -contestó en plan rasgada- es al acordarme, nada mas verte, de su putísima madre – ¿Vale la respuesta?, salao.

    – Naturalmente que sí, cariño, ya sabes que yo también te amo con toda la pasión del mundo

    – Vamos – fue su respuesta – veo que tienes el día borde y quieres tocarme los mismísimos cojones, pero no voy a caer en tus infantiles provocaciones.

    – Déjame que te de un beso con lengua, cordera mía, eres mi sílfide de este fin de semana.

    Su respuesta un manotazo en mis partes procreadoras, al cual tuve que responder con un aullido y una risa estentórea.

    Por la carretera, intuía que el final del viaje era Burgos. Acerté totalmente, ya vi como sería el sábado. La Cartuja, Huelgas, vinos y comida, tarde de catedral, cena, copas y más copas. Tenía que buscar la forma de romper el plan, el itinerario era súper conocido, no había plan B.

    Llegamos al hotel Palacio de Burgos, hicimos la inscripción y para la habitación. La habitación muy confortable, acogedora en tonos blanquísimos con detalles en ocre oscuro. De inmediato saqué de la maleta la chaqueta para evitar arrugas y también colgué el pantalón. Ahora a esperar que la guapa señora, mejor señorita, se arreglase y todo eso. Ya saben pruebas, maquillaje, labial, peinado. Una hora suelo calcular echando por bajo.

    – No has dicho nada que sólo reserve una habitación.

    – Lo supuse -fue mi contestación- me parece perfecto, en estos momentos de nuestras vidas los desnudos no son de llamar la atención, y la concupiscencia la traigo conmigo mismo

    – Voy a cambiarme los pantalones, estos que llevo puestos no me parecen apropiados. Un rojo tan destellante y vivo es sólo para cardenales en estos territorios eclesiásticos

    Puso encima de la cama unos elegantísimos pantalones de color crema, con un cinturón negro estrecho con hebilla dorada, emblema de una de esas marcas de moda mundial. Desabrochó los puestos e intento bajárselos quedando atorados en la rodilla. Se conoce que el largo tiempo sentada en el coche había dilatado sus prietas y holgadas, y duras a la vez, carnes. De inmediato viendo el problema, acercándome para ayudar.

    – Anda, túmbate en la cama, deja que este humilde mayordomo proceda como un perfecto patrón de cabotaje,

    Obedeció a la primera. Llegué hasta la cama, agarré sus pantalones desde los bajos tirando de ellos con ganas hábilmente, hasta que salieron. Me quede al pie de la cama mirando el espectáculo, Maggie, tienen un erotismo natural que embelesa, envuelve el lugar. Había abierto las piernas, su vulva disimulada por la tela de su ropa interior negra, ajustada, pequeña, sin costuras.

    En un gesto provocador y natural en ella, apartó hacia un lado la entrepierna de la braga mostrando su vulva totalmente depilada, abrió con sus dos manos, mostrándome su interior descaradamente, resaltado en total esplendor su rosáceo interior, sus labios menores acurrucados, los labios principales iban aumentando el volumen. Maggie en cuando se excita su vulva se dilata visiblemente, los labios mayores engordan y su clítoris multiplica su forma.

    Mi plan iba a funcionar, pero no de la forma y manera que había pensado. Arrojándome a la cama, abrí totalmente sus piernas poniéndome entre ellas, poniéndome a mirar de frente su intimidad. Apoyando mi cara en mis manos, mis codos en el colchón. Estaba como un hurón esperando la salida desde la madriguera del conejo saltarín. En nada sus fluidos de la excitación empezaron hacer acto de presencia, ayudados por la mano de su propietaria que acariciaba la punta de la pepitilla. Me incorporé lo justo para quitarle el slip, y lamer sus partes de forma delicada, suave, tenue un es, no es. Soltando un respingo y una contorsión total de su ser inmenso. Está a gusto y entregada.

    Mi lengua sobre su femineidad, seguí lamiendo con precisión, con gusto. Están bien las glándulas salivales, no fallaban, la producción de saliva a escala industrial. Su humedad y sus flujos con mis lamidos fue mojando todo aquel entorno. Retorciéndose de placer en la cama, mordiendo su labio inferior para evitar gritos, sus jaleos escandalosos. Su último espasmo bestial, sus fluidos empapaban la blanca sábana. Se había corrido como una vestal divina.

    Incorporándose adoptó la posición del perrito. Cuando se pone así no implora, tampoco sugiere la penetración, es para satisfacer uno de sus vicios: El beso negro. A la labor me puse, no antes de beber un trago de agua con gas, como refrigeración de mis labios, mi lengua y el máximo compromiso de fabricación de saliva. Otra vez notando que se desmoronaba en placer absoluto, en su bajo vientre eran perceptibles pequeñas gotitas de sus exudados deliciosos.

    Agarrándome con todo el sentido, sentó su delicioso culo encima de mi cara, restregando el sexo con mi barba de una semana, su boca y mano aparecieron con ganas de faena en el cipote y huevos. La labor fue acertada y continuada, poco faltó a la respuesta de mi eyaculación, estamparse en el mismísimo techo.

    Los dos desparramados en la cama, cogidos de la mano, la respiración acelerada mirándonos con total ternura, dándonos un ligero beso en los morros. Fuimos juntos a la ducha para quitarnos los restos del salvajismo y el marrano comportamiento, el sexo o es sucio, o no lo es.

    Rápidamente se maquilló ligeramente, a excepción de los ojos, que suele emplear mas tiempo. Buscando en la maleta un sugerente tanga mínimo blanco, los pantalones, unos preciosos zapatos de taconazo, salió de la estancia.

    – Vamos chaval, siempre tengo que esperar – su frase chulesca con los brazos en jarra.

    La adoro en su totalidad.

    Quemiedo.

    P.D.

    Echo de menos comentarios en los relatos, deberían ser la sal al esfuerzo del autor. Un acicate para seguir escribiendo guarrerías deliciosas y evocadoras.

  • Mi cuñada y yo disfrutamos de una arroz con (mi) leche

    Mi cuñada y yo disfrutamos de una arroz con (mi) leche

    Esto ocurrió cuando mi cuñada y yo ya teníamos un amorío a escondidas de su hermana.

    Siempre he tenido el morbo de probar comida con mi propio semen, y de vez en cuando, cuando estoy muy caliente me gusta experimentar. Un día, mi mamá me dejó un poco de arroz con leche que preparó para nosotros, y ya quedaba una pequeña taza de este en el refrigerador. Yo tenía varios días sin descargar y un día que salí de bañarme estaba muy caliente, así que, como estaba solo en casa, mientras comía de ese postre, me calenté y empecé a masturbarme muy rico.

    Cuando estaba a punto de correrme pensé en descargar toda mi leche en ese postre para después probar un poco… y pufff! El orgasmo fue tan rico que creo que lo aderecé bastante bien; en seguida lo mezclé y creo que el arroz con leche es el postre perfecto para aderezar con semen, tanto por la mezcla del sabor, como por la presentación, pues apenas se nota que tenga ese néctar de hombre.

    Sin embargo no probé inmediatamente el platillo que acababa de crear porque en ese momento llegó mi cuñada de la escuela, así que comenzamos a platicar de nuestro día. En eso, ella vio el vasito de arroz con leche y me preguntó si podía comer de él. En ese momento el morbo en mí creció a niveles exorbitantes y se me paró solo de pensar en lo que venía a continuación. Le dije -Por supuesto cuñis! – Ella tomó el postre con la cuchara y sin pensárselo dos veces lo degustó varias veces. Estoy seguro que vi cómo los hilos de semen se formaban en la comisura de su boca y entre sus dientes mientras comía y se reía por la plática que manteníamos.

    Yo le dije que podía comerse todo si quería, yo ya había tenido bastante, y ella aceptó, pues me dijo que sabía muy rico, que felicitara a mi madre, pues era un arroz con leche delicioso. Hasta recuerdo que hizo un gesto de catadora, al preguntarme si le había puesto otro ingrediente, algo ácido como naranja tal vez – Me encantan los toques amargos! – Me dijo felizmente.

    La cereza del pastel fue que, justo al terminar de comer el postre, se despidió de mi con un beso en la boca (pues ya éramos amantes), antes de irse a su cuarto a trabajar en sus labores de la escuela, por supuesto que saboreé cada segundo de ese atascón.

    Si bien a ella le encantaba hacerme orales, nunca se habría tragado mi leche de otra forma, y ahora recuerdo ese momento con mucho cariño. Así que la siguiente vez que tuvimos sexo en su cuarto, me corrí a chorros en su pecho y cara recordando de nuevo la escena de mi lechita en su boquita.

  • Los baños del río (capítulo nueve)

    Los baños del río (capítulo nueve)

    Volviendo un día a casa, sentí la voz de William que me llamaba desde el parque. Me acerqué, estaba con otro que conocía de lejos y que trabajaba en las brigadas que fumigaban contra los mosquitos, al que había visto muchas veces pero nunca habíamos hablado por mil razones e incluso cierta vez estuvo en mi casa pero con toda la familia delante solo intercambiamos algunas miradas.

    – ¡Qué bola, culo!

    – Bien…

    – ¡Mira, este es Lalo, buen singón y que todavía no te ha dado caña!

    – ¡Y las ganas que tengo de darle una buena parti´a de culo!.- dijo Lalo dándome la mano.

    – Es que no hemos tenido oportunidad. – dije yo sosteniendo su mano.

    Estaba ya claro que la oportunidad había llegado y de la mano de William como siempre, ese tipo que me tuvo primero y me usó como le dio la gana, pero a quien le debo la manera de gozar y de dar goce. Claro en el pueblo William tenía mala fama, fama de bugarrón y rompe culos, a quien vieran con él pues estaba bien claro y le colgaban el cartelito de maricón, pero como ocurría siempre, al principio había cierto ruido y después la gente perdía interés en el nuevo juguete de William. Yo ya no era el nuevo juguete ni la nueva conquista, por lo que podía hacer lo que me viniera en gana.

    Estuvimos un rato allí sentados, William y Lalo querían irse al río coger un bote e irnos a pasear al río. La idea sonaba bien, porque conociendo a William algo inventaría que terminaría en orgía.

    – Mira, esperamos a dos más y nos vamos. – Después le dijo a Lalo.- ¡Oye!, ¿por qué no le das el primer pingazo tú?

    Lalo sonrió sin saber cómo reaccionar, William me miró indicando con un gesto de la cabeza que fuera para el baño. Le obedecí levantándome, detrás de mí entró Lalo, nos fuimos a la cabina última y yo en cuclillas me encargué de desabrochar la portañuela que ya quería reventar por la presión de la pinga dura. Cuando la tuve delante de mi cara, dura, gruesa y húmeda, puse mis labios en la cabeza para dejar deslizar su tranca hasta sentirla toda dentro de mi garganta. Lalo gimió de goce, empezó a moverse, a singarme la boca agarrando mi cabeza. Al rato me levanté, bajé mi pantalón y ensalivé mi ojete, mientras Lalo se echó dos escupitajos y me puso aquel trozo de pinga en el culo, empujó para meterla sin detenerse. Ya cuando me tenía bien clavado, comenzó a embestir mientras me singaba. De verdad que me gozó allí, en aquel baño que no era la primera singada. Quizá por la calentura ni sentí dolor o incomodidad, al contrario me sentía bien. Estábamos los dos en lo nuestro, ajenos sin saber dónde nos encontrábamos, felices, pasionales en nuestro acto. Se vino mientras se agarraba de mí soltando un resoplido que terminó en quejido. Nos quedamos en esa posición un rato, yo encorvado hacia delante, clavado por Lalo, sintiendo como su pinga ya no era tan dura aunque en sí lo era.

    – Nene, ¿te gustó?

    – ¡Ufff!, me has singado rico…de verdad que habíamos perdido el tiempo antes…

    – Ya ves, nene, ya la tienes adentro y siempre que la quieras, la tendrás…me gusta tu culo.

    Seguimos allí intercambiando nuestras sensaciones, después el sacó su sexo y yo me vestí tratando de no permitir que se me saliera el lechazo. Lalo se dio cuenta, me atrajo hacia sí, me besó diciendo que así demostraba que me había gustado al quedarme con su leche dentro, preñado. Salimos y fuimos al banco donde estaba William.

    – ¡Coño, macho, tiene un culo! – Le dijo Lalo a William, que confirmó que él no mentía nunca. Cuando me senté, William dejó deslizar su mano por detrás de mi espalda metiendo su mano para llegar a mi culo húmedo, lleno de leche.

    – ¡Mami, así me gusta verte! Recién singado y con el ojete dilatado y lleno de leche…

    Lalo, empezó a decirle a William que le había gustado, que por qué no los había presentado antes, que tenía buen ojete y mil cosas. William orgulloso de saberse centro y dueño de lo anhelado por otros. Al rato llegaron los otros dos, el negro Paco y otro que por primera vez veía, resultó ser un tipo de otro pueblo, se llamaba Nelsón.

    – ¡Bueno, ya estamos todos, andando! Este es el culo que llevamos.

    – ¿Y aguantará? – se preocupó Nelsón.

    – Tiene buen lomo y aguanta y lo mejor es que le gusta. – agregó Paco que ya me conocía.

    Nelsón dijo que se iba a mear, William le dijo:

    – Llévate a este, sabe bien cómo manipular un buen rabo.

    Todos rieron, Nelsón tirándome la mano sobre los hombros me llevó hacia el baño. Cuando llegamos me dijo.

    – ¡Coño, ya la tengo parada! Voy a tener que darte un pingazo para que se me baje y poder mear.

    Yo sin decir nada, me metí en la cabina y me bajé los pantalones abriendo mis nalgas con las manos, al parecer eso le gustó a Nelsón que se acercó pasando su mano por la raja de mis nalgas. Dijo algo con respecto a que estaba húmedo el culo, que era leche y sin esperar más me metió su tranca, diciéndome que se iba a venir rápido. Se estuvo meneando sin compasión, metiendo y sacando, hasta que lo sentí resoplar y venirse. Cuando sacó su pinga oscura, porque de eso me di cuenta, tenía un color oscuro a pesar de ser blanco.

    – A ver, sujétala para mear.

    Agarré con un mano su sexo para que apuntara y meara, él abrazándome murmuró a mi oído.

    – Podría hacerte mi hembra, me gustas un cojón.

    Sosteniendo su tranca oscura mientras meaba, vi que la tenía gorda en el centro, de cabeza pequeña y tronco menos grueso, él que vio que miraba, me dijo:

    – ¡Mami, puede ser tuya todos los días!

    – Me gusta tu pinga, tiene buen grosor…

    – Y dura siempre pa´ un culo como el tuyo.

    Cuando salimos todos siguieron con los mismos comentarios de cómo la íbamos a pasar, salimos los cinco rumbo al río en busca del bote de Paco. Llegamos al río, nos sentamos todos y Paco se puso a remar, yo iba junto a William que enseguida metió su mano por mi pantalón para masajear mi trasero. Lalo desde la otra punta nos miraba.

    – ¡Oye, cómo se lo dejaste! – William comentó.

    – ¿Cómo? – Se interesó Nelsón, Lalo se rio sabiendo la respuesta.

    – Se lo dejó como debe ser,….abierto y chorreando leche. – Todos rieron.

    – Lleno de leche se lo vamos a dejar dentro de un rato….

    Las bromas rondaban alrededor de la orgía que tendríamos y donde sería yo el centro. Al rato William le preguntó a Paco que remaba que si alguien le había mamado la pinga mientras remaba. De pronto ya me vi arrodillado en el bote mientras desabrochaba el pantalón de Paco y le sacaba la pinga para mamársela como había ideado William. La pinga de Paco tenía un sabor salado, al parecer había meado antes, pero pronto dejé de sentir ese sabor mientras engullía su tranca. Al rato Paco dijo que no podía más que quería darme leche pero en el culo, William pasó a remar y yo me incliné para que Paco me embistiera, el camino ya estaba abierto por Lalo y Nelsón por lo que fue fácil y placentero. Nunca había singado así al aire libre en el centro de un río, Paco que había dicho que se venía ya, resultó que no era así por lo que me estuvo trabajando el ojete bastante rato hasta que se vino.

    Después nos quedamos un rato tranquilos, recostados de un costado y Paco dentro de mí, después saco su pinga y cuando me disponía vestirme, William me dijo que era mejor así, que me quedará desnudo. Lo obedecí, hasta que llegamos a un sitio apartado y tranquilo, Paco fue el primero que saltó al agua, yo le seguí, el agua fresca me alivió el calor. La noche estaba fresca y no tan oscura porque había una algo de luna que alumbraba de plateado todo, en particular la superficie del agua. Estuve nadando un rato hasta que William me atrajo hacia sí, ya estaba caliente porque sentí su rabo en mis nalgas.

    – ¡Ven acá mariconzón que te voy a singar dentro del agua! ¡Vas a ver lo que es singar bajo el agua!

    Era cierto porque nunca hasta ese momento no había probado singar dentro del agua. Nadamos algo hacia la orilla a un sitio donde dábamos pie y William me volvió hacia él para que yo quedara sobre su cintura con mis pies rodeando su espalda. Mi siguiente paso fue el que tanto él esperaba, cogí su pinga y la llevé a mi ojete para darle paso, él hizo algo de fuerza hundiéndome mientras me penetraba lentamente. Mi esfínter ya dilatado por las faenas anteriores cedió sin trabajo, William lo notó empujando para al menos hacerme sentir que me metía su tranca. De verdad que era algo raro, daba la impresión que el agua entra aunque lo que entra es el miembro. Todo ayudado por la ligereza del cuerpo en el agua, donde cada movimiento es como si uno se encontrara en el aire. Nos besábamos mucho, William me acariciaba las nalgas, mientras mis pies se agarraban de su espalda.

    – ¿Te gusta?.. Me preguntó con un susurro.

    – Sí, mucho…lo sabes bien. – le dije entre jadeos.

    William sabía cómo dar placer y recibirlo multiplicado. Me tenía, como supongo que tenía a otros, para sus placeres donde nunca cabía el celo o el hecho de ser de alguien. Él podía tenerme para sí sólo, pero no le interesaba, prefería tener relaciones sin compromiso ni nada que lo atase. Era su manera de ser y así se divertía. Era el uno en coger un culo, en dar pinga, en mamar un culo y en singarse a cualquiera que se detuviera a conversar con él. William seguía siendo mi maestro, me había iniciado y seguía siendo mi maestro. Singar en el agua fue pasional, lo estábamos disfrutando los dos cuando se nos unió Lalo, palpó con su mano mis nalgas y culo lleno diciendo que quería probar. William me cedió con la facilidad que le caracterizaba. En nada me vi abrazado de Lalo y bien clavado, entró como nada, holgadamente.

    – Me vuelves loco de ver como gozas una pinga dentro de ti.

    – Es a lo que me enseñó William, aunque ya me gustaba desde chico.

    – A dar el culo te habrá enseñado él, pero a gozar con un macho, eso lo llevabas adentro ya.

    Lalo me gozó lo que pudo, hasta que Nelsón pidió su turno pero fuera del agua, en la misma orilla me dijo que le sacara la leche. Empecé a moverme lo que podía mientras él profería gemidos, no duró mucho y comenzó él a moverse con frenesí para venirse pronto. Cuando sacó su pinga, Paco se nos acercó.

    – ¡Acuéstate en la orilla que quiero darte lengua en ese chocho recién singado!

    Me eché sobre la tierra húmeda abriendo mis piernas, Paco se situó abriendo mis nalgas y empezó a lamer mi culo recién singado y lleno de semen de Nelsón. Al rato me singó aunque no por mucho rato, Lalo vino a darme lengua en mi ojete y a singarme algo, así pasé de uno a otro hasta que William me hizo venirme mientras me lamía el culo, metía su lengua, me mordía, succionaba y volvía a lamer. Me volvía loco lo que hacía, por eso me vine entre quejidos y jadeos. William sabía cómo hacerme venir sin que me masturbara, sólo con que me singara o mamara el culo. Caí medio muerto en la orilla, Nelsón de la mochila había tendido unas mantas para que nos acostáramos en la hierba, allí nos acostamos para descansar algo, Paco sacó una botella de ron que empezó a pasar de boca en boca y así nos fuimos animando. La noche muy despejada, fresca y silenciosa sólo interrumpía el silencio nuestras voces y el ruido de un motor a lo lejos. La botella se terminó rápido, Willia, Lalo y Paco se fueron en el bote para comprar otra dejándome a mí con Nelsón que al rato me abrazó haciendo que sintiera su sexo en mis nalgas.

    – ¡Mami, me vuelves loco! Necesito tener una gente como tú…

    – ¿Te gusto? – Le pregunte con cierta coquetería.

    – Sabes que sí…, primero porque eres un blanquito rico, y tienes tremendo culo caliente y tragón… ¿sabes lo que más me gusta?

    – ¿Qué?

    – Que te das sin rechistar…

    – Me gusta, papo, me gusta…

    No había yo terminado de decir que me gustaba por segunda vez cuando ya me había penetrado suavemente.

    – ¿Así te gusta?

    Le dije que sí, que me gustaba estar así, lleno por un buen trancón, tener un buen macho que le gustara singar y singar. Él me prometió que era lo que buscaba.

    – ¿Quieres ser mi hembra?

    La pregunta me la murmuró en mi oído sin dejar de moverse a mis espaldas.

    – No te va a faltar esto que tienes ahora adentro y mi cariño, te tendré como mereces…

    – Bueno, ya veremos…

    – ¡No, no, dime sí o no!

    Quise cambiar de posición y empecé a moverme para llegar a situarme sobre él, sentado a horcajadas sobre él con su pinga metida hasta los cojones, les puse las manos en el pecho y me acerqué para besarlo.

    – ¿Acaso crees que me voy a negar?

    Por respuesta recibí un abrazo fuerte y un largo beso. Parecía contento como un chiquillo, alegre y sobre todo se percibía en su pinga dura y los movimientos que hacía dando mucho placer. Me preguntó que si me dolía, se lo dijera, después comentó que tenía yo aguante por haber singado tanto y seguir singando, que lo que le gustaba más era el culito estrecho que tenía muy a pesar de lo que me había metido. Los otros llegaron, sentimos el ruido de los remos y las voces.

    – Sólo hoy te dejo a que te singuen otros, en lo adelante serás mío, yo sólo decidiré… ¿sí?

    Le dije que sí, que lo deseaba. Los otros llegaron con su alegría y cuatro botellas de cerveza que era lo que habían encontrado. Sus bromas aumentaron al encontrarnos singando, yo sobre él y él clavando su pinga hasta el tope. Paco se puso delante de mí para que le mamara la pinga que se le ponía dura ya. Nelsón al rato sacó su pinga diciendo a Paco que le tocaba dar pinga, Paco no perdió tiempo y ocupo el sitio de mi pasional amante que se dio un baño y vino hacia mí. Yo estaba en cuatro con Paco singándome a lo perro, me cogió la cara, me besó y me dijo al oído.

    – Te voy a dar la leche en la boca.

    Así quedé entre dos fuegos en aquella posición, al principio hice algunas arqueadas pero me acostumbre a tener el sexo de Nelsón en mi garganta, Paco terminó y dio paso a Lalo y a la lengua de William. Al rato sólo estaba yo mamando la pinga de Nelsón porque los demás habían terminado, Nelsón me acariciaba la cabeza y me preguntaba si me sentía bien, que si quería parar. Pero seguimos así, yo trataba de darle placer y que se viniera en mi boca, Nelsón terminó haciéndome sentarme sobre él y ponerle el culo en su cara para empezar a mamarme, a chuparme, a morderme mientras yo intensificaba la mamada, tratando de tragar su pinga completa. Se vino mientras metía su lengua en mi ojete, sentí el sabor salobre de su esperma, me sentí feliz de haber conseguido que eyaculara así.

    Después nos abrazamos, nos besamos sin tiendo el olor y el sador de la leche. Después fue a hablar con los otros, lo escuché decir cosas, las risas de los otros y el grito de William de que me regalaba. Lalo protestaba que me quería de compromiso, por lo que Paco intervino que eligiera yo a quien deseaba por macho. Me levanté y me acerqué a ellos, abracé a Nelsón que pasó su mano por mis nalgas.

    – Ya está elegido. – dije.

    Todos se calmaron, y empezamos a compartir las cervezas y por supuesto, que tuve que calmar a Lalo con el permiso de Nelsón.