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  • ¿Hetero?

    ¿Hetero?

    Me llamo José y me separé hace unos 8 meses después de casi 20 años de relación.

    Con 50 años no tenía ganas de empezar de nuevo y mucho menos en lo emocional así que me dedique a navegar páginas de chats para relaciones ocasionales. Una tarde después del trabajo y con unos vasos de vino encima, sin querer termine hablando con Marcelo Alejandro, tal como aparecía en el chat, y me ganaron las ganas de tener contacto con cualquier ser humano sea del sexo que sea, chateamos un rato y ya me ofreció que le mame la verga porque él era un macho muy activo.

    Me pareció un flojo, pero después de varios mensajes me invito a un telo, quedamos en encontrarnos en una esquina oscura para disimular un poco y en el camino casi no hablamos solo trivialidades hasta que llegamos.

    Una vez dentro no sabía que hacer él estaba recorriendo la suite como si buscara algo o esperaba algo, así que después de los dos vasos de un excelente Malbec que había tomado durante el chat ya estaba bien dispuesto totalmente desinhibido y caliente, si tenía la cola caliente, era una sensación nueva, rara pero muy linda así que cuando se me acerco le plante un beso en el cuello mientras le sacaba el cinto del jeans y se los dejaba caer.

    Le bese todo el cuerpo y llegue a su verga, una verga de unos 18 cm muerta pero muy gruesa. No pude más y me la metí en la boca, la mitad casi en el primer bocado y seguí hasta llegar a chocar mi boca con su pelvis lo mamaba como me la habían mamado a mi antes esa era mi experiencia! Nunca había mamado una verga ni estado con un hombre y ya estaba jugado! En un telo con un desconocido que quería romperme el culo! Se la chupe hasta que me dolía la boca y la tenía durísima me agarro de los pelos y me pidió que me ponga en cuatro, cono un autómata me puse en cuatro al borde de la cama, sabía lo que hacía me empezó a chupar el culo!!

    Mi ex mujer me lo supo chupar alguna vez, pero se sentía distinto, sabía que no terminaría ahí, sabía que hoy iba a perder mi virginidad anal con un guacho de 30 años muy caliente!!

    Me empezó a meter un dedo y lo retorcía en mi apretado culito dos, tres dedos mete saca me hacia ver las estrellas, me dolía, tenía sensación de ir al baño, pero a la vez el placer era impresionante.

    Saco sus dedos y me dijo que iba a ser suya! Suya dijo!! Me trato de ella me trato de puta de su puta y yo solo atine a levantar más mi cola para que él se calentara más todavía. Me apoyo la verga entre mis nalgas y presiono, presionó bastante pero mi culo virgen no cedía, agarro de la mesa de noche un sobre de lubricante barato que hay en los telos se unto la verga y me unto con dos dedos el culo violentamente, aturdido por no poder penetrarme y ansioso!

    El lubricante surtió efecto y esa verga se deslizo por mi culo entrando de un tirón, sin pausa provocándome un dolor terrible casi me desmayo. Entro casi toda en ese primer envión y se quedó quieto, me decía si me gustaba que me rompan el culo, si era tan putita, si me gustaba tener su verga en mi culo, yo no podía contestarle estaba casi a punto de desmayarme entre el placer que me daba que me trate de ella de PUTA! y el dolor que era insoportable y el muy hijo de mil lo disfrutaba le gustaba coger fuerte hacer sentir su poderosa verga, hacer sentir que el era el macho macho.

    Sin mediar palabra de mi parte empezó a bombear como si su vida dependiera de ello, me daba fuerte hasta el fondo y la sacaba toda para volver a clavarme fuerte hasta el fondo. En unos minutos de semejante bomba empecé a sentir menos dolor y más placer se me empezó a parar la diminuta verga que tengo parece un dedo índice de mujer, pero se empezó a parar y largar liquido viscoso, el seguía como si estuviera solo dándole fuerte a mi culito y cada dos bombeadas me pegaba una fuerte nalgada acompañada de un SOS mi puta y te voy a partir!!

    Tanta bomba hiso que me acabara sin tocarme y eso lo puso como loco, me pegaba más fuerte dejando sus dedos marcados en mis nalgas, y diciendo muchas malas palabras, ya el placer que me hacia sentir era muchísimo y yo me orine encima y eso lo calmo se sintió como un dios cogedor, se ufanaba de hacer que me meara encima!! Y no pudo aguantar más, por suerte, porque llevaba como 15 minutos bombeando, no podía soportar más y se vino dentro de mí, me lleno de leche y se acostó sobre mi descansando de semejante cogida.

    No pude resistirme y pese al dolor me la metí en la boca, se la chupe con muchas ganas, sentía una mezcla de su leche con los jugos de mi culo que me encantó, hasta que me saco con desprecio como si le molestara que su putita le limpie la verga

    Me invito a bañarme con él pero solo para seguir sodomizándome, me pasaba el jabón por todo el cuerpo mientras me metía los dedos en mi dilatado y dolorido culito!

    Luego solo nos subimos al auto me pregunto dónde me dejaba, le dije déjame en el centro yo me arreglo!

    No podía ni caminar sólo me senté en un pub a escuchar algo de música con una cerveza, recordando porque no podía sentarme derecho, con la mirada perdida sin saber porque me había dejado coger por un tipo, chupar una verga, sentir como te abren el culo después de 50 años de heterosexualidad?

  • Mi jefe me inició

    Mi jefe me inició

    Mi historia sucedió en Madrid ya tiempo. Tenía por entonces algo más de 18 años y mi padre, harto de mis malas notas, me había conseguido un empleo de aprendiz en un taller mecánico de un amigo suyo. Por entonces todavía no había tenido ninguna relación, aunque me masturbaba como un mono pensando en las chicas, y alguna vez fantaseaba con que era yo el penetrado.

    Al principio todo iba bien en el trabajo, y el jefe, al que llamare Antonio, un hombre de 40 años, alto con unas espaldas impresionantes, me trataba casi como un hijo, pero cometí una estupidez, un error de novato y me cargue el motor de un coche que había para reparar. Antonio se enfadó mucho y me dijo que me quedara para hablar después de cerrar.

    Cerro el taller y me hizo pasar a la primera planta donde tenía la oficina. Yo estaba bastante acojonado. Sabía que había metido la pata, y tenía miedo de la reacción de mi padre, que era una bestia parda.

    – Mira chaval, lo siento por tu padre, pero no puedo permitir lo de hoy. Te tengo que despedir y la factura del desastre se la tendré que pasar a tu padre.

    Se me cayó el mundo a los pies, porque me padre era de mucho cuidado, alguien con una facilidad pasmosa para sacar la correa a pasear, y a saber lo que podría hacerme. Me puse a llorar a moco tendido, temblando de miedo, suplicándole perdón al jefe.

    – Por favor Don Antonio, que mi padre me mata, ya lo conoce, me mata seguro, le juro que no volverá a pasar. Por lo que más quiera, que no se entere mi padre. Le juro que se lo compensare como sea.

    Después de pensar un poco me dijo:

    – Sé cómo es tu padre, chaval. Mira el arreglo lo vas a pagar de una manera u otra, ya veremos cómo lo hacemos, pero me parece justo que necesitas un buen correctivo. O te lo da tu padre o te lo doy yo.

    – Usted por favor don Antonio. Hare lo que usted quiera, pero que no se entere mi padre.

    – De acuerdo, sé que tu padre te va a dar de correazos, yo no soy como tu padre pero de momento una azotaina no te la quita nadie, me dijo mientras se quitaba el cinturón. Bájate el mono y apoya las manos en la mesa.

    Yo me baje el mono y me quede en calzoncillos, me puso contra la mesa y empezó a darme correazos en el trasero. Yo ya estaba acostumbrado a los azotes de mi padre, pero que me azotara un extraño, la situación en general me estaba excitando. Al cabo de un rato paro.

    – Vamos a ver si tienes el culo suficientemente caliente.

    Me bajo los calzoncillos, y enseguida se dio cuenta de que tenía una erección.

    – Vaya, te pone que te zurre un hombre, ahora resulta que eres un pedazo maricón.

    Volvió a darme otra tanda de correazos, cada vez más fuertes mientras me insultaba.

    – Así que eres una puta perra a la que le gusta que le zurren, verdad. Vamos di que eres una puta perra.

    – Si soy una perra, pero no me dé más Don Antonio, por favor.

    Me coloco el cinturón en el cuello, como si fuera una correa de perro, y empezó a alternar caricias y azotes con las manos.

    – Si, eres una zorra maricona y ahora vas a ser mi puta perra, verdad.

    – Lo que usted quiera Don Antonio.

    – Quiero que lo digas. Vamos di que eres mi puta perra.

    – Si, soy su puta perra.

    – Espera ahí quieto.

    Salió de la oficina, y al poco volvió con una lima y la crema que usamos para las manos. Empezó a echar crema en el mango de la lima.

    – Sepárate las nalgas. Las perras tienen cola y te voy a poner la cola de perra que te falta.

    Aunque tenía miedo, estaba excitadísimo y obedecí separándome los glúteos con las dos manos. Antonio intento varias veces meter el mango de madera de la lima en mi culo, hasta que a la tercera o cuarta vez logro meterlo. El dolor fue insoportable, no había sentido nada así en mi vida.

    – Ya lo tienes dentro, no grites tanto que seguro que por ahí han salido cosas más grandes. Ahora sí que eres una perra. Aprieta bien el culo, por que como se te salga te juro que te meto otra más grande. Vamos a ver como menea la cola mi perrita.

    Comenzó a mover la lima haciendo círculos. Yo le imploraba que la sacara, pero el seguía moviendo la lima dentro de mi culo. De pronto agarro el cinturón que tenía al cuello y dio un tirón.

    – Ponte a cuatro patas para que vea cómo te mueves perra.

    Yo obedecí con dolor apretando el culo para evitar que se me saliera la lima. Me paseo por la oficina tirando del cinturón.

    – Una buena perra tiene que saber lamer. Vamos a ver como lame mi perrita.

    Se quito los pantalones y los calzoncillos y me abofeteo con el pene. Era algo más largo que el mío, me imagino que le mediría unos 18 cm, pero desde luego era bastante más grueso, lleno de venas.

    – Venga empieza a lamer si no quieres que vuelva a darte correazos.

    Yo me lo metí en la boca, era un sabor desagradable. Intentaba hacerlo lo mejor posible, cuando me agarro la cabeza y apretó hasta que me dieron arcadas, luego me soltó y dejo que llevara yo el ritmo.

    – Va a resultar que mi perrita sabe chupar. Para que no me quiero correr todavía. Bueno te voy a hacer algo que no le hecho ni a mi mujer, va siendo hora de que te dé por ese culo de zorra que tienes.

    – No por favor Don Antonio, eso no. Le juro que no soy marica.

    No me dio tiempo a decir nada más, porque me soltó un bofetón.

    – Te pone que te zurre, tienes una lima en el culo y me la has mamado como Dios. Muchacho, tú eres una puta perra maricona que tarde o temprano se la van a follar, así que asúmelo y obedece. Para que te rompa el culo algún gilipollas, te lo voy a reventar yo.

    Tiro de la correa y me coloco contra la mesa. Me saco la lima, el dolor fue casi como cuando me lo metió, pero me alivio. Pronto note como intentaba meter su pene, pero yo me cerraba y no podía meterlo. Lo que le enfado aún más. Me agarro del pelo y me tumbo sobre el reposabrazos de un sillón. En esa posición mi culo estaba más ofrecido y no le costó mucho meter la cabeza, de lo que me lo había dilatado con la lima.

    – No, por favor, despacio por favor Don Antonio, me duele mucho.

    Me agarro por las caderas y termino de metérmelo de un golpe, vi las estrellas.

    – Eres mi puta y yo decido como follarte, lo has entendido zorra.

    – Si lo que usted quiera, pero me duele.

    – Eso está mejor. Lo saco entero y volvió a metérmelo de golpe. – Que apretadito que estas, perrita. Voy a tener que hacerte un buen rodaje, la sacaba del todo y volvía meterla, así unas cuantas veces. Empezó el mete y saca, mientras me insultaba y me azotaba. Al cabo de un rato deje de sentir tanto dolor, y comencé a moverme un poco acompañando en las embestidas. Enseguida Don Antonio se dio cuenta.

    – Muy bien perrita, mueve ese culo, vamos, aprieta, te gusta que te folle verdad.

    – Si don Antonio, me gusta que me folle.

    – Pues no te preocupes que no va ser la última.

    Al cabo de un rato se corrió dentro de mí. La saco y me la puso en la boca, para que le limpiara.

    – Muy bien, déjamelo bien limpio.

    Nos vestimos, y me acompaño hasta la puerta. Me agarro el culo, y me dijo.

    – Creo que a partir de hoy mi perrita y yo vamos a hacer muchas horas extras.

    Y así ha sido hasta hoy que estoy de encargado, y sigo siendo la perra de mi jefe.

    Este es un relato de unas de mis fantasías gay. Cuando pruebe una polla os lo contare.

  • Crónicas vampíricas (II) Los duques hacen trío con un siervo

    Crónicas vampíricas (II) Los duques hacen trío con un siervo

    En el crudo invierno, los señoríos vampíricos asentados en la gran cordillera montañosa coronada por el Kazbek, ubicada en el Cáucaso, ocultos se hallaban bajo las gruesas capas de nieve que cubrían de blanco sus tejados. La chimenea humeante del palacio Ducal, propiedad de la Duquesa Roja Gabrielle, vaporizaban el ambiente frío que le rodeaba. Al interior, la bella dueña, hablaba a Aslam su esposo, poderoso Señor de los Vampiros de bandera roja.

    – ¿Crees mi amado Aslam, permitan las fuertes nevadas a nuestros amantes, el poder visitarnos?

    El poderoso, sanguinario y muy temido Vampiro, respondió apuntando con su dedo índice.

    – ¡Mujer me distraes! Mi mente hoy está ocupada en cosas más importantes. Debo adivinar ¿Por qué los hombres han empezado a amurallarse? Necesito saber si temen la invasión de otras naciones o preparan la guerra contra nosotros.

    – Amor. No debes preocuparte. Ellos saben que sería suicidio aventurarse a una contienda contra nuestra raza. Nada que temer. Mejor relájate. ¿Creo que también ansias tener aquí a nuestros amantes?

    Aslam después de meditar un poco, sentado en el trono Ducal, acicalando su negra barba, dijo.

    – Si son otras naciones debe preocuparme. No saben de nosotros y eso les puede animar a atacarnos. En cambio, de ser los de siempre tendré que lanzar ataques preventivos a modo de desanimarlos con rapidez. Mujer creo tienes razón. Debo tranquilizarme. Aun así enviaré espías a las tierras bajas para que me tengan bien informado. En cuanto a nuestros amigos, efectivamente les espero pero dudo puedan llegar. ¿Acaso ocupas mucho de ellos?

    – No en absoluto. Meramente tengo ganas de contar en la cama con la compañía de esa pareja tan ardiente. No son de vida o muerte pero sería muy grato. Recuerda amado mío los orgasmos que nos han regalado.

    La voz cavernosa del líder del clan, indicó

    – Voy a complacerte pero de otra forma. Si los caminos montañosos han sido cerrados por la nieve impidiendo llegar a nuestros amigos en prevención ve con la plebe. Escoge a aquél que pueda cubrir nuestra expectativa. No olvides cuidar que sexualmente sea perfecto. De lo contrario por haberme quitado el tiempo, él morirá en mis manos.

    La mujer, sonriendo, indicó.

    – Amor, si ese sujeto falla, de todos modos tú y yo ganaremos. Verlo sufrir será un placer. De su sangre gozaremos. Siempre habrá ganancia para ambos ¿No crees?

    Horas después, todos los sirvientes, acudieron al llamado de la Duquesa. En silencio escucharon la encomienda. Sus mentes configuraron que la tarea era por demás difícil. Temían que sus físicos no sirvieran para aguantar el potencial desmedido del exigente matrimonio, en un trío. Pavor les dio conocer la sanción de pena de muerte para en caso de error o fracaso. Por días, nadie respondió a la convocatoria. Era más importante conservar el pellejo. La Duquesa, inteligente como siempre, quiso ablandar los miedos al hacer el negocio interesante. Ofreció al que fuera valiente una talega de oro puro.

    A la semana, entró por la puerta de las paredes amuralladas de la Ciudad, un osado y ambicioso mercader de nombre Jeremías. Traía consigo al siervo Guillermo. En las calles de la ciudad vampírica, el comerciante escuchó por doquier, el premio ofertado a aquél que pudiera con el paquete. Después de un día de calcular sus probabilidades de éxito y ganancias apostó a lo grande. Habló con su siervo.

    – Por años te instruí en la prostitución. Eres el mejor amante. Se nos presenta una gran oportunidad. Es tiempo de demostrar el por qué hombres y mujeres te han apetecido en demasía. Hay mucho oro de promedio. Si pasas la prueba de satisfacer a los Duques de la región, te daré el 50% de la ganancia. Piensa siquiera que en el futuro no tendrás que vivir bajo mi yugo. Serás libre ¿Dime si te conviene?

    Guillermo, contestó de inmediato.

    – Amo, sin duda, es conveniente pero fuera de los vampiros rojos, nadie de otra tribu puede acercársele, salvo que sea de buen título nobiliario y tú no lo eres. ¿Tienes algún plan?

    – Si lo tengo, escuché decir a una compañía de guerreros que irían a espiar a los perecederos pues temen un levantamiento armado. Iré a la presencia del Duque a decirle que hace una semana comercialicé pieles con unos hombres que confesaron estar agrupándose las tribus bajo el mando de la familia Palavich con la intención de presentar en el futuro cara a nuestra raza. Las forjas según sus dichos no paran ni de noche ni de día en elaborar espadas, escudos, lanzas y variada armas. Que sus graneros están siendo repletados para aguantar años sin siembras. Con la suma de detalles me escuchará y de paso ofertaré tus servicios.

    A la noche siguiente, al palacio, los dos sujetos se presentaron.

    Aslam, escuchó con gran atención la explicación del mercader. Levantado del asiento señorial, ordenó a sus guerreros bajar a las planicies con la misión de quemar todo granero y forja. No debían dejar ganado ni herreros en pie. Luego se acercó a Guillermo. Lo notó moreno de buen físico. Dijo, al dueño.

    – Jeremías, si tu siervo falla, los dos morirán.

    Después dijo al joven.

    – Estás consciente de la arriesgada tarea.

    El raso, respondió.

    – ¿En dónde está tu cama?

    Aslam, sonrió y llamó a la Duquesa. Ésta, ordenó a sus siervos, dieran baño, perfume y prendas al valiente. Hecho lo anterior, el siervo, llevado fue a la habitación matrimonial. Con el permiso del cruel vampiro superior, el joven, dio un beso a la Duquesa. Fue buen comienzo. Aslam, cómodamente desde el lecho, observó cómo fue desabrochado el vestido de su esposa que cayó al piso dejándole los senos al descubierto. Las yemas de los dedos de Guillermo aprisionaron los duros pezones que a ella le hacían emitir pequeños gemidos. Al pene del nuevo amante le llevó la mano. Al tomarlo se hincó para chuparlo. Era tanto su afán que lo introducía hasta llegar a la garganta. El siervo, al meter y sacar en la cavidad bucal el miembro viril fue demostrando sus grandes habilidades. La esposa, supo que tenía al indicado para saciar sus deseos.

    Aslam, el gigante guerrero, se incorporó al faje. La mujer ardiendo en deseos de sexo, se puso en medio de ambos. El invitado con delicadeza le quitó el calzado, en tanto, el marido la desposeyó del calzón. Ya completamente desnuda como osos hambrientos le chupaban sus senos. Sus labios besaban por turno a cada uno. La Duquesa tomó el erecto, largo, duro, venoso y grueso pene de su esposo para chaquetearlo con fuerza con el apriete de su mano. El siervo bajó a los pies de la vampira. Comenzó a lamerlos, luego elevó su lengua resbalándola en los muslos. Remató en la espalda.

    Gabrielle gimió entrecortadamente cuando Aslam, le introdujo en su cueva húmeda, los dedos de la mano derecha y con la izquierda le agarró su ancho trasero. Dijo la esposa, al marido.

    – Quiero a mi macho dentro.

    El esposo, la inclinó. Su enorme falo creció tanto como la de un caballo. Al irla metiendo en la entre pierna parecía que desgarraría los labios vaginales. La esposa dio un fuerte grito cuando de un solo golpe entró en ella. Sintió que iba a ser partida en dos. El dolor inicial fue transformándose en poco tiempo en gran placer que se vio reflejado en su rostro. Al tiempo que ella abrió su boca, el siervo, comenzó a darle fuertes nalgada que dejaron al trasero muy colorado. Los dos la poseían. Frenética gozaba. No paraba de gemir. Su vagina palpitaba. Entrecruzaba las largas, torneadas y blancas piernas con la intención de estrangular el pene del guerrero.

    Aslam, le decía.

    – ¡Eso, así Gabrielle! ¡Aprieta más! ¿Así querías? ¿Extrañas a tus otros amantes que no pudieron llegar? ¿Dime de quién eres? No pienso parar en horas.

    Gabrielle, respondía.

    – Si, así dame. Destroza mi vagina a empujones fuertes. No, no extraño a ellos. Soy de ti mi macho. Soy tuya Aslam. Solo tuya.

    El poderoso guerrero, dijo.

    – Bésame.

    Y al raso, ordenó.

    – Sin que yo saque mi pene, chupa su gran y rosa clítoris. Estíraselo con tus labios.

    Guillermo, se hincó, elevó su boca y se dio rico agasajo. La Duquesa enloquecida sentía los testículos de su esposo chocar en la parte baja de sus nalgas. El bombeo la hizo tener un intenso orgasmo. Quedó abierta de piernas y con sus manos agarrando sus senos hermosos. Su vagina hinchada se tornó en un rojo intenso pero excitante. Como pudo se repuso la vampira. Ambos penes metió a su boca. Parecía que comía dos paletas para bajarse desesperadamente el calor.

    Luego, Aslam de pie, elevó a la Duquesa. La colocó sobre sus hombros. Lamió la vulva entera. Así la hizo explotar. La hembra de tan enorme placer eyaculó en el rostro de su esposo. Chorros de lubricación bañaron la cara del poderoso vampiro. La bajó y llevó a la cama. El Vampiro raso, recibió de él, la orden de meter los dedos a la vagina, así como chuparle las grandes, duras y redondas tetas. Gabrielle, se contorsionó de placer mientras chupaba el duro falo de su marido. Aslam, se colocó debajo de su esposa. Ella, boca arriba casi desfalleció cuando sintió ser penetrada analmente. Escuchó a su marido decir a Guillermo.

    – Entra en su vagina. Que sienta los dos penes al mismo tiempo. Rápido.

    El siervo obedeció. La Duquesa, sintió los dos viborones empujarse. Ella jadeando, después de diez minutos, dijo.

    – Ahora los dos dentro de mi vagina al mismo tiempo.

    Las embestidas de los dos falos la hacían enmudecer de placer. Sentía como se abría al doble su hoyo vaginal cuando ambos mástiles rozándose luchaban por entrar más profundo. Eso la hizo elevarse hasta llegar al clímax. No podía más. Aslam, el Guardián del Reino Vampírico, al joven indicó hincarse junto a su mujer. El pene del gigantón vertió chorros calientes, espumantes y espesos de semen cuando explotó en la boca de ambos. Ni la Duquesa ni el Siervo dejaron se desperdiciara gota alguna de esa miel.

    La Duquesa Roja, satisfecha, besó a los dos. Los labios de Guillermo, tenían el sabor de la leche de Aslam. Terminada la sesión de sexo. Aslam, tomó el oro y se lo dio al siervo. En ese momento tocó a la puerta de la recámara el capitán de guerreros. Aslam al permitirle el paso, supo que los guerreros a los que mandó a castigar a los hombres habían sufrido una terrible emboscada que costó la vida a varios. El Duque, se vistió con su armadura. Salió al sitio en donde la compañía había sido diezmada.

    Ya en el lugar de los hechos, vio a sus vampiros masacrados. Mil veces se preguntó.

    – ¿Cómo pudieron llegar hasta acá los hombres? Los pasos montañosos son secretos ¿Los habrán descubierto?

    Al regresar a su Palacio, ordenó salir a la tropa para peinar los montes en búsqueda de enemigos. Tardó un mes en regresar. En su ausencia tocó a Guillermo, saciar las ansias de la Duquesa. En esa ocasión de pasión desenfrenada todos tuvieron ganancia. El mercader obtuvo gran dote. Guillermo fue libre. Elevó su status al vivir en noviazgo con los amos de la región y los Duques tuvieron al tercer miembro en la cama.

  • En el metro caliente

    En el metro caliente

    ¡Hola queridos! Soy Tania Love travesti de closet y les traigo una historia muy reciente se puede decir que me dieron mi fin de año jiji.

    Resulta que me dirigía a mi trabajo como siempre alrededor de las 7:40 am, el metro iba medio lleno y bueno… Como siempre, elegí el último vagón (quien conoce el metro de CDMX sabe muy bien por qué) ese día no vestía nada especial, pantalón pegado, playera negra y tenis, eso sí, debajo llevaba unos lindos cacheteros de encaje que resaltaban la redondez de mis nalgas y las hacían lucir paraditas y apetecibles.

    Siempre me han dicho que aunque vista de chico, tengo una fuerte carga sexual femenina que proyecto aún sin quererlo y lo creo, ya que al subir al vagón más de uno volteó la mirada hacia mi y entre empujones me rodearon inmediatamente.

    Ninguno se animaba a dar el primer paso, pero se notaba como todos esos hermosos caballeros necesitaban una caricia matutina que yo por supuesto podía darles jiji.

    Fue entonces cuando uno se colocó justo delante mío, pude ver unos hermosos ojos café que me miraban fijamente, se trataba de un lindo macho maduro, unos 50 años, me gustó su porte, era fuerte, aunque un poco bajito y despedía un olor delicioso… A hombre en celo.

    Me miraba a los ojos mientras se acercaba más a mi hasta que entre los dos no cabía nada más, con su mano se tocaba invitándome a conocerlo. Así que decidí actuar… Lentamente subí mi muslo derecho hasta que pude sentir su verga ya dura, tenía buen tamaño y sobre todo la sentí muy dura, eso me excitó demasiado y bajé mi mano casi por instinto. Sus ojos no dejaban de mirar los míos mientras mi mano acariciaba su paquete sobre el pantalón.

    Se notaba que disfrutaba de mi mano porque sus ojos se entrecerraban de vez en cuando y sentí que tenía la responsabilidad de hacerlo terminar ahí mismo, así que bajé el cierre del pantalón y se la saqué muy rápido (tengo algo de experiencia jiji) comencé a acariciar aquel pedazo de carne muy despacio al principio sin dejar de mirar sus hermosos ojos, su cara comenzó a ponerse roja, entonces comencé más rápido desde su glande hasta la base del tronco, se estaba volviendo loco…

    El señor que iba a un lado de él se dio cuenta y comenzó a acariciar mis nalgas que, por instinto y en automático se pararon más para permitirle sentir mejor, desabroché mi pantalón para dejar que su mano entrara por la parte de atrás, cosa que entendió perfectamente y su mano entró sin problema hasta mi culo, sus ojos brillaron al sentir el encaje de mis cacheteros y comenzó a buscar la entrada de mi ano, una vez que lo encontró sacó su mano y mojó con saliva dos de sus dedos y volvió a meterla está vez con sus dedos apuntando a mi culito que ya lo esperaba ansioso. Cuando los metió no pude evitar gemir como putita y varios voltearon a mirar que sucedía.

    Yo estaba muy caliente y estaba dando un trabajo de primera con mi mano, ya iba a llegar a mi destino así que apresuré el movimiento de mi mano para que mi macho pudiera terminar y así fue, mi pantalón quedó lleno de leche porque no había otro lado a dónde descargar, sentí su leche caliente en mi muslo y mi mano que inmediatamente y con la sorpresa de los que me vieron llevé hasta mi boca para limpiarla completa, su leche estaba deliciosa y espesa.

    El otro macho se conformó con meter sus dedos en mi ano y cuando ya iba a bajar sacó su mano con una palmada en mi nalga como señal de agradecimiento.

    Pensé que eso era todo, una mañana caliente en el metro rumbo a mi trabajo y listo… Pero al día siguiente el macho de los ojos lindos me estaba esperando a la misma hora en Tacubaya que es la estación donde me subo.

    Ahí estaba en el andén buscando con esos hermosos ojos que me enamoran y al verme brillaron, me hizo una señal con la mano, me di cuenta que no iba solo, iba con dos hombres más así que ignoré su señal y subí al metro, ellos hicieron lo mismo, adentro no dejaba de mirarme y me puse nerviosa, me hizo otra señal para que me acercara y bueno, tímida, pero lo hice. «No te preocupes ya les hablé de ti» me dijo refiriéndose a sus acompañantes que ya me miraban con lujuria y morbo, me los presentó, eran compañeros de trabajo y sin más uno de ellos me dijo «queremos ver si nos puedes visitar mañana viernes» uff yo quedé petrificada! Me estaban invitando a ser suya los tres! Se notaba su inexperiencia y que no eran de aquí ya que el otro me dijo «ándale te pagamos algo»

    Miré al macho de los ojos bonitos y con la cabeza hizo un ademán de convencimiento, sus ojos… Ah sus ojos! No pude resistirme así que les dije que si, me dieron la dirección, Yo pasaría después de mi trabajo en la noche, me despedí de ellos tocando sus vergas sobre sus pantalones y noté que los tres estaban muy duros ya de solo pensar e imaginar.

    Llegó el viernes, Yo estaba nerviosa y excitada, no sabía aún si ir o no, por un lado me daba miedo pero por otro me excitaba tanto la idea de entregarme a esos tres machos… Además tenía que pensar en qué le iba a decir a mi pareja, ella no sabe que soy más puta que ella jaja! Bueno, se me ocurriría algo.

    Me vestí normal, de hombre como siempre lo hago para ir a trabajar sólo que esta vez por debajo de mi ropa normal llevaba unas pantimedias negras extra transparentes y con abertura por atrás para facilitar las cosas, una tanga chiquita del mismo color y un top transparente, mis pies los cubrí con unos tines muy chiquitos y coquetos porque hacia frio.

    Continuará…

    Gracias por leer queridos como siempre les pido sus mensajes que me mantienen calientita [email protected].

    ¡Besos!

    Tania Love.

  • Sonia, la novia de mi hermano

    Sonia, la novia de mi hermano

    David, mi hermano es guapo, muy guapo, no voy a ser yo la que lo niegue y la mayoría de sus amigas, y de las mías, están de acuerdo conmigo a juzgar por el plan de lobas que llevan cuando él está cerca.

    Desde luego sabe aprovecharse de ello y sé que se ha pasado por la piedra a bastantes de ellas. Incluso mis amigas lo miran embobadas cuando estamos estudiando y él entra en la habitación con su pose de chulito.

    Pero todo evoluciona y un día empezó a salir con Sonia, una oscura belleza de larguísima melena morena, de profundos ojos azules, parecía que hasta le era fiel y que dejó de hacer caso al resto que mojaban sus bragas por él.

    Ella es preciosa, sabiendo el buen gusto que en mujeres tiene el cabrón eso no me asombraba. Pero incluso parecía tener cerebro y saber usarlo. Los ojazos azules le daban un rasgo perverso a su rostro, la nariz fina y larga, labios carnosos el mentón firme, abundante escote que ella lucía generosamente y del que David siempre estaba pendiente.

    La cintura estrecha y plana adornada con un pirsin en su plano y bronceado vientre que no le molestaba mostrar por los tops que usaba. Las caderas no muy anchas, lo justo para acomodar un culo firme respigón saliente y de forma de pera, y unos muslos largos y ahusados. Sus preciosas piernas terminaban en unos pies pequeñitos y delicados con las uñas siempre bien esmaltadas.

    Yo parecía su reverso en rubia donde ella era morena la piel clara opuesta a la suya bronceada. Ojos negros contra los claros, escasa de pecho pero cónicos, bien marcados y muy duros, el vientre si es plano pero no me atrevo a mostrarlo con tanta generosidad como ella y sin adornos de joyería. Las caderas anchas sin exagerar y un culo amplio por el que suspira mas de uno, unas buenas posaderas.

    Sonia me caía bien, no podía evitarlo y yo parecía que no le caía mal del todo, asi que ademas de posibles cuñadas nos hicimos amigas. Ellos seguían su relación que no iba nada mal y nosotras la nuestra que era cada vez mas profunda y de mayor confianza. Teníamos la misma edad, casi los mismos gustos. Cuando ella nos visitaba daba igual que fuera a David o a mí.

    A veces salíamos los tres juntos pues entonces yo no tenía novio o cuando mi hermano estaba ocupado salíamos juntas y solas. La primera vez que la vi medio desnuda un día cuando fuimos de compras. Fue en el probador de una tienda, me impactó su cuerpo moreno.

    Mientras nos probábamos las prendas solo podía admirar su piel descubierta. Aún no sé por qué, ella admiraba mi desnudez. Cuando me ayudó a bajarme los apretadísimos vaqueros que tenía puestos el roce de sus pulgares en mi cadera me electrizó durante un instante y cuando dijo:

    -¡Que culo! ya me gustaría tenerlo así.

    Y me dio un azotito en la nalga descubierta por mi escaso tanga. Atiné a contestar:

    -¡Y a mí tener tus tetas!

    Ambas nos reinos de la ocurrencia mientras se las miraba con descaro. Las llevaba en un sujetador trasparente donde se le marcaban de maravilla los pezones oscuros de pequeñitas areolas y un sensacional relive. Mientras ella cubría sus pechos con una blusa bastante trasparente yo hacía lo mismo con mis caderas con una falda nueva de vuelo muy corta.

    Ni siquiera regresamos a casa, David nos pasó a recoger para llevarnos a cenar. Recibió a Sonia con un beso que debió sacarle de su dulce boquita toda la saliva que llevaba. Y cambiarla por la suya, pues a su lado yo podía apreciar el juego de sus lenguas entrando en la boca del otro. Lo que me estaba excitando mucho. Me ponen mucho esos besos largos, lascivos a los que ellos eran tan aficionados.

    Pensaba que era una locura ponerme cachonda con mi propio hermano y su hermosa novia pero no podía evitarlo y eso que yo suponía que a mí no me gustaban las chicas. Nunca había hecho nada con ninguna. Durante la cena en el restaurante no paraban de besarse y meterse mano. Y mis pezones rosaditos apuntaban hacia ellos como queriendo salirse de mi camiseta.

    Sonia de vez en cuando me cogía la mano y solo podía pensar en que segundos antes había estado tocando con la suya el culo de mi hermano. Cuando caminábamos por la calle y David nos llevaba cogidas de la cintura pensaba que ojalá bajase la mano hacia mi culo como estaba haciendo con el de su novia.

    Es más, pensaba que a mi también me gustaría estar tocando el duro trasero de la morenaza. Yo pasaba mi brazo por su cintura o la espalda para que no me diera la tentación de bajarlo hasta las durísimas nalgas de mi hermanito.

    En un momento en que ella lo besó aplastó toda su teta sobre mi mano y siguió besándole sin importarle la presencia de mi mano entre los dos. De hecho el brazo de mi hermano me atraía hacia ellos cerrando el triángulo que formaban nuestros cuerpos.

    Giraron sus cabezas y comenzaron a besarme a mí. Primero en las mejillas muy suave, como en broma, juguetones, pero pronto bajaron hacia el cuello o hacia mis orejas erizando mi piel con algo que nunca había sentido. Dos bocas, labios y lenguas, largos y húmedos besos que caían a la vez sobre mi epidermis.

    El brazo de Sonia rodeó también mi cintura, cerrando el triángulo, pero esta vez su mano se posó directamente sobre mi culo apretándolo y estrujándolo. Al oído ella me dijo:

    -¿No te gustaban mis tetas? pues aprovecha que también son tuyas.

    Pensaba que era una locura, una dulce locura. Que los deseaba a los dos y ellos parecían desearme a mí. Sin mas escalas nos dirigimos a casa y a la cama de mi hermano que era casi tan grande como la de nuestros ausentes padres. Sin cerrar la puerta del piso y Sonia ya me estaba abrazando y besando.

    Su lengua se abrió paso por mi boca como un ciclón que todo lo arrasa, parecía que intentaba llegar a mi campanilla. Yo solo podía corresponder a su lascivo ósculo abrazándola mas fuerte y dándole mi lengua para que jugara con ella como quisiera sin oponer mas resistencia. Me había rendido hacía horas, pero ella completó la conquista.

    Tras de mi David había cerrado la puerta y con un abrazo de oso nos rodeó a las dos diciendo:

    -Mis chicas, las dos mujeres que más quiero, y ahora os quiero desnudas a las dos.

    Cumpliendo la orden con sumo placer procedí a desnudar a su novia mientras ella hacía lo propio conmigo. Le arranqué la blusa y el sujetador deseando tener sus preciosos pechos desnudos del todo lo antes posible a mi vista y desde luego al alcance de mis manos.

    Sin cortarme un pelo y visto que ella también lo deseaba me agaché y se los besé, lamí el pequeño pezón oscuro, todo el contorno e incluso levantándolos con mis manos el sudor de la parte baja donde apoyaban sobre las costillas.

    Ella fue derecha a por mi falda que quedó en el suelo olvidada y lanzó su mano que pasó a acariciarme el coñito por encima del tanga haciéndome suspirar y decirle:

    -No me hagas eso cuando tengo tus melones. ¡Ui! ¡Perdona! pechos, en la boca, podría arrancártelos de un mordisco.

    Su risa cristalina resonó en mis oídos como respuesta.

    Bajé sus pantalones deseando descubrir el resto de su anatomía y ella me sacó el top y suje de una sola maniobra dejando mis no tan pequeñas tetitas blancas al alcance de sus manos que las acariciaron golosas. Mirándome a los ojos ella movió la cabeza en dirección a mi hermano y sonriendo y con los tangas todavía puestos nos lanzamos sobre él.

    Arrojándolo con nuestro peso sobre la cama, mientras una le desabrochaba la camisa la otra hacía lo propio con el pantalón dispuesta a arrancárselo sin miramientos. Para hacer mia esa polla con la que había soñado un montón de veces y solo vislumbrada en el baño o en un cambio de ropa descuidado.

    Su slip ajustado marcaba perfectamente la dureza del pene deseando salir de su prisión. Así que liberé aquel prisionero solo para volverlo a encerrar de inmediato en mi boca casi hasta la garganta. Sonia me dijo:

    -Déjame un cacho.

    Y las dos juntas nos dedicamos a lamer tan dulce caramelo cruzando nuestras lenguas y bocas sobre la polla y los huevos. El instrumento brillaba húmedo de nuestras salivas, bien lubricado. Mi amiga me cedió el sitio encima de mi hermano y me subí a cabalgarlo.

    Pero ella tenia otra idea. Le gustaba mi culo y sabía lo orgullosa que estaba de él y quería ver como mi hermano me lo follaba. Al notar su lengua recorriendo la raja de abajo arriba casi me derrito y me corro sin tener la polla dentro.

    Sus labios incansables recorrían todo mi trasero sin descanso, me penetraba el ano con la sin hueso y sus dedos bien ensalivados. Cuando juzgó que estaba muy excitada y caliente guio la polla de David a mi culo abrió mis nalgas con las manos y puso el glande preparado para abrirme.

    Solo tuve que dejarme caer hacia atrás para que su rabo se deslizara en mi interior sin apenas esfuerzo. No era el primero que recibía por ahí pero las personas con las que estaba hacia que fuera el mas morboso.

    Mi hermano no se había quedado quieto mientras pasaba todo eso no había dejado de amasar mis tetas y besarme el cuello y la boca y morderme los pezones con la fuerza justa la que a mi me gusta.

    Me empecé a mover despacio suave dejando que el precioso pene que notaba dentro fuera encontrando su recorrido placentero. Y así mi cuñada podía seguir acariciándonos y lamiéndonos a ambos.

    David por fin me agarró de la cadera guiando la penetración también a su gusto y me miraba a los ojos con ternura y amor y a veces con lascivia. Hasta que ella se sentó en su cara buscando su ración de placer.

    Los ojos que me miraban con deseo fueron los de ella, sus labios los que besaban mi boca, su lengua la que jugaba con la mía y sus manos las que amasaban mis pechos. No me quedé quieta y de inmediato me apoderé de sus tetas que me tenían hipnotizada.

    Me podía hacer una ligera idea de lo que sentía con la lengua de mi hermano en su conejito mientras yo me derretía por el culo. Mi orgasmo fue tan fuerte que tuve que agarrarme a ella para no caerme de la cama.

    Pero él seguía con la polla dura sin haberse derramado así que me pidió cambiar lugares. Me hizo sentar sobre la cara de David que de inmediato clavó la lengua en mis labios mientras ella se empalaba en su polla.

    La ayudé sujetando su estrecha cintura para que no lo hiciera demasiado rápido y se hiciesen daño. Pero parecía que no era la primera vez y que aquello entraba sin problemas. Mientras él seguía duro y me corrí un par de veces. Además la lengua juguetona de su novia recogía los jugos de mi interior sin que frente a mí ella no dejaba de subir y bajar.

    Nuestras manos acariciándonos sin descanso. Pellizcando nuestros pezones lamiendo cuellos y hombros. Como antes conmigo ella se corrió antes ayudada por dos de mis dedos en su clítoris y en su vulva. Mientras el pene que compartíamos seguía duro como una roca. Nos miramos a los ojos y entendiéndonos sin palabras nos lanzamos a comerla a dúo. Eso sí dejando nuestros culos al alcance de sus manos.

    Se que a mi me follaba el xixi con dos dedos de la mano derecha no se lo que le hacia a ella con la izquierda pero a juzgar por la mirada perdida, la cara de vicio y la lengua sin descanso que tenia frente a mi debía ser tan excepcional como lo que me hacía a mí.

    Mientras yo chupaba sus depilados huevos ella subía por el marmóreo tronco y cuando yo subía a por el glande nos cruzábamos húmedas en medio de la polla.

    Logramos que por fin se corriera con ese tratamiento dándonos su semen en nuestras caras. Él se unió al beso saboreando su lefa con tanto gusto como lo hacíamos nosotras.

    Ya relajados sin la urgencia que habíamos sentido hasta ese momento nos acostamos cada una a un lado de David acariciándonos con suavidad y ternura. Adormiladas pero sabiendo que había amor entre los tres. Con las cabezas en los huecos de sus axilas a veces nos estirábamos para besarnos.

  • Desde mi terraza

    Desde mi terraza

    Un día visitando este sitio de relatos, me encontré con el siguiente: “Desde la terraza”. Me dejó fantaseando e intrigado, así que decidí dar mi excitante punto de vista, este es mi primer relato.

    Antes de leer mi relato, lean la parte 1 escrito por AnaLaura27 (dejo el link al final de este relato), comienzo la historia:

    Eran las 6 am, pleno verano y el calor no daba tregua. Estábamos en el mes más caluroso del año, donde las temperaturas ya no dejan dormir hasta más tarde.

    Me levanté a las 6 y algo de la cama, fui a beber un vaso con agua y luego me di una ducha con agua fría para refrescarme. Mientras me jabonaba el cuerpo recordaba las cosas que tenía que hacer en el día, la verdad no mucho y todas de poca urgencia. Tenía el día para mí.

    Salí de la ducha y me puse un short blanco algo ajustado que me habían regalado. Debo reconocer que era más ajustado de lo común, no habían calculado bien mi medida, elegí usarlo de todas formas y reconozco que se me marca bastante bien el bulto y para ser sincero no me quedaba de otra, la fecha de cambio ya había pasado.

    Mi terraza es el lugar más placentero para estar en la mañana, es fresco y agradable. A diferencia de las terrazas que dan frente a mí, a las cuales les da el sol desde la primera hora del día. Saqué un libro, un vaso de jugo y algo ligero para desayunar, tenía las ganas de ir más tarde al gimnasio que está cerca de donde vivo, por lo que quería ir con el estómago ligero.

    Comencé con mi lectura matinal, pero al poco tiempo de leer me dormí, no sé cuánto tiempo pasó. Fui al baño y volví a salir a la terraza, me acomodé nuevamente. Cuando de pronto veo a una mujer que había salido en la terraza frente a la mía para atender su jardín, la había visto un par de veces mientras daba cuidados a sus plantas y flores, ella pasaba bastante tiempo en las mañanas dedicándoles tiempo.

    Pero esta vez la miré de una forma muuuy diferente, ella solamente llevaba puesta una mini bata de verano y ¡ufff! ¡Si que es mini! ¡Es cortísima! pero quien la podría culpar es muy temprano y el calor ya está de locos, no quise pensar nada más fuera de lugar y no le di muchas vueltas al asunto.

    En eso ella vuelve a entrar y yo vuelvo a mi lectura, no pensé que volviera a salir. Tal vez logró verme y le dio vergüenza estar con poca ropa, pensé.

    Pasaron algunos minutos, avancé 1 página de mi libro, levanto la vista, y la veo a ella, más bien a su trasero, su bata era tan pequeña que no lograba cubrir esas apetecibles nalgas que tenía la suerte te estar observando, pasaron muchos segundos así mientras ella arrancaba la hierba y regaba algunas que otras plantas, no lo podía creer que no se diera cuenta de la vista que me estaba entregando. En un momento se inclinó más de la cuenta y me di cuenta lo que estaba sospechando desde hace tiempo, ella no llevaba ropa interior, eso me impresionó de sobremanera y estaba logrando excitarme. Me puse de pie y miré con disimulo si es que había algún otro vecino en alguna terraza mirando, al parecer no, y había un silencio típico de un fin de semana a las 7 am.

    Me volví a sentar en mi silla de terraza intentando tapar la visión con el libro, pero sin perder detalle de lo buena que estaba mi vecina de en frente y del espectáculo que me estaba dando. En eso ella cambia de posición, y reconozco que me asusté, pensé que me vería, pero no pasó. En esta posición dejaba ver perfectamente sus tetas, y en la pose que estaba, con su bata abierta se lograba ver hasta sus pezones, estaban ricas, de buen tamaño y forma, ya se me hacía agua la boca aquella escena.

    En un momento me atacó el morbo de ir a buscar mi cámara y captar algo para el recuerdo, pero preferí no hacerlo en ese momento y sólo disfrutar jeje.

    Los minutos pasaban y me atreví a pasar mi mano sobre mi short, en un principio para acomodar mi pene, que con la erección descomunal que tenía a esa altura y lo ajustado que era el short, ya estaba incómodo. Pero seguí tocándome el pene sobre la ropa, ya a esa altura estaba más caliente que preocupado por ser visto por tan exquisita mujer.

    De un momento a otro, ella entró a su casa, esperé varios minutos y ya decepcionado, entré a la mía. Al entrar, me metí a la ducha nuevamente para sacarme la calentura que recorría mi cuerpo, me masturbé un par de veces, pero el momento había ya decaído y no tuve ánimos de seguir.

    Me salí de la ducha, me sequé y volví a mirar a la terraza de en frente, pero ni luces de aquella mujer que había cautivo mi atención. Miré mi teléfono y vi en las historias de la red social de mi gimnasio que ya estaba funcionado, fui a buscar mi ropa deportiva, toalla y accesorios varios que uso para emprender rumbo, fui a llenar mi botella con agua fría y cuando me vuelvo a asomar por la ventana hacía su terraza me doy cuenta que ella había vuelvo a salir. Mi corazón casi sale disparado de la impresión, dejé las cosas y volví a mirarla.

    Al parecer ella estaba dormida, lucía un bikini pequeño, se veía increíble, que ganas de despertarla, pero no había modo de cambiar la situación, por lo que salí a la terraza con menos temor y más decidido que antes.

    De un momento a otro se da la vuelta y se pone tumbada boca abajo con su trasero mirando al cielo, y ufff sí que era pequeño su bikini, su culo se veía increíble, acto siguiente, desabrocha su bikini en la parte de arriba y se lo quita.

    En ese momento estuve deseando que se diera vuelta, pero me reí para mi mismo y pensé: “no puedo tener tanta suerte en la vida jeje”. Pero no me van a creer lo que pasó… se dio la vuelta, volví a mirar esos pechos deliciosos!!! Y ufff, mi erección volvió con todo, y no sólo los vi caer con naturalidad, también vi cómo se untaba bloqueador solar en su cuerpo, por un momento creí pensar que ella estaba excitada, se tocaba sus pechos de una manera tan sugerente y sus pezones se notaban bien duros!!!

    ¿Será que le excitaba la posibilidad de que alguien la pudiera estar mirando o simplemente lo de estar al aire libre la calentaba?, pasaron mil cosas por mi mente en aquel momento. No podía dejar de mirar el espectáculo que me estaba dando, y que tal vez fuera con esa intensión me tenía loco.

    No pude aguantar más y me comencé a sobar sobre el short, tenía el pene duro a reventar.

    Para peor (o mejor jeje) ella siguió esparciendo su bloqueador solar sobre sus piernas. Mientras las recorría con sus manos en cremadas estuve deseándola tanto, luego abrió sus muslos como invitándome a pasar. Ya no aguantaba más el morbo, empecé a masturbarme la verga con mi mano bajo el short, estaba tan lubricada como si hubiera estado cogiendo, bajé mi vista y me noté las venas más marcadas que nunca, acompañada de mis bolas hinchadas, ufff estaba caliente, tal vez como no lo estaba hace mucho.

    De repente ella se puso de pie y entró a su casa. Eso me dio un tiempo para respirar y bajar revoluciones, al minuto entré a mi casa por mi teléfono y me propuse intentar sacarle una fotografía de recuerdo. En eso la vi salir, tan deliciosa como siempre, esta vez con un vaso de jugo en la mano, automáticamente dejé el teléfono en mi silla de terraza, si me llegaba a ver y peor aun intentando fotografiarla podría estar en una situación bastante fea.

    Ella vuelve a sentarse y lo siguiente que pasó me dejó con los ojos afuera de la impresión. ¡Se quitó su parte de abajo del bikini! ¡Quedando totalmente desnuda!

    Estaba realmente caliente, en ese instante caí en razón y me di cuenta que era una mujer mayor que yo, lo cual me excitó más aún. Es una de mis fantasías más recurrentes estar con alguien mayor, tal vez ella andaba por los 35 años, estaba radiante y yo caliente como toro por todo lo que ella me había provocado.

    No aguanté más, mis ganas y morbo había superado la vergüenza de ser descubierto, me quité el short y me comencé a masturbar, tenía la verga como roca de dura, recorría centímetro a centímetro su cuerpo con mis ojos, en un momento no se si intencional o no, ella abrió sus piernas completamente, no resistí más y acabé con fuerza sobre mis manos, los chorros de semen fueron tan fuerte que los primeros dieron en el piso de mi terraza.

    Luego de eso entré a mi casa. Me duché por tercera vez, volví a mirar hacía la terraza de en frente pero ya no había nadie. Me fui al gimnasio, pensando todo el día en mi vecina de la terraza de enfrente, en lo buena que estaba.

    Al llegar nuevamente miré hacía en frente, pero no la volví a ver. Pasando las horas fui quedando con una gran duda, ¿y si ella sabía que yo la estaba mirando?

    Me he asomado varios días seguidos para ver si la vuelvo a ver, tal vez deba esperar al fin de semana y ojalá haga mucho calor.

    ***********

    “Desde la terraza”

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  • Cómo movía el culo mi mujer

    Cómo movía el culo mi mujer

    Estábamos pasando un período de vacaciones en la Costa, disfrutando de los entretenimientos que se ofrecen al turista en aquellos lugares, museos, sitios de interés, balnearios, restaurantes, bares, discotecas y sitios de entretenimiento para adultos. La estancia transcurría sin contratiempos y habíamos gastado el tiempo realizando diferente tipo de actividades hasta que llegó el viernes, el fin de semana, que pareciera despierta deseos dormidos.

    Caminando por las calles del centro histórico nos topamos con Imperio Night Club, aparentemente una discoteca de las muchas que pueden encontrarse por allí. Y, no sé, por alguna razón no sentimos impulsados a entrar y echar una mirada. Así que entramos. De entrada, el ambiente nos cautivó. Había buena música, una iluminación atractiva y gente divirtiéndose, bailando animadamente. No tuvimos dudas, entonces, y buscamos dónde acomodarnos, con la intención de pasar parte de la noche ahí.

    La música nos encantó desde el principio y rápidamente nos vimos bailando, disfrutando del ambiente, y también, bien pronto, pude percibir como gente alrededor, hombres, principalmente, le echaban una mirada de reojo a mi mujer, que, desenvuelta, se movía instintivamente al ritmo de la música, totalmente desinteresada de lo que ocurría a su alrededor. Simplemente disfrutaba del momento y del ambiente del lugar. Y, en principio, nuestra velada transcurría en calma. Nos tomábamos unos tragos de ron, de cuando en vez, y bailábamos y bailábamos, para no desperdiciar el tiempo.

    El ejercicio, sin embargo, al cabo del tiempo, causa desgaste. Y yo, por lo tanto, requiero tiempo de recuperación antes de volver al ataque. Pero mi esposa, no sé, en estos momentos, pareciera ser inagotable. Así que, mientras yo me puse en modo reposo, ella siguió bailando sola y, lógico, alguien tendría que aparecer para hacerle compañía. Su eventual parejo, un hombre de la misma condición mía, pues, encontró en ella la pareja de baile para no, tal vez, danzar solo.

    Finalizada la tanda, ella volvió a la mesa para tomar algo de agua, y, recién empezó a sonar la música, apareció otro hombre, más joven, convidándola a bailar. Y ella, sin recato alguno, y tal vez halagada por haber sido escogida por un hombre más joven, lo aceptó. Se alejaron, entonces, y empezaron a bailar muy animadamente. Pronto vi que parecieron congeniar y armonizar. El tipo bailaba bien, sin duda, y se acoplaba bien con ella como pareja de baile. Indudablemente, desde mi perspectiva, ella disfrutaba de su compañía.

    Terminada una tanda, ella volvió a la mesa. El pareció tomar otro camino. Así que, mientras pasaban los minutos, charlamos un rato. Me contó que el sitio estaba excelente, que la música estaba muy buena, que el muchacho era oriundo del lugar, que venía con regularidad al sitio, que había venido con un grupo de amigos, que iba a darles una vuelta, motivo por el cual se había ausentado, y que bailaba muy bien. Que la estaba pasando rico, sin más comentarios.

    El ambiente era de fiesta, así que le pregunté si estaba cansada y me contestó que no, por lo cual le hice señas para que saliéramos a bailar de nuevo. Y, otra vez, como muchas veces antes, nos dirigimos a la pista. Estuvimos danzando un largo rato al ritmo de salsa, merengues, bachatas, vallenatos, boleros y no sé, qué tantos otros ritmos música colocaron allí para deleite de todos. Al final bailábamos todo y la estábamos pasando bien. Y, ya pasadas las 2 am, entramos en receso. Volvimos a la mesa.

    Estando allí, apareció de nuevo el lugareño que andaba de rumba con sus amigos. Pero esta vez mi mujer declinó la invitación a bailar y convidó al visitante a que nos acompañara. Estuvimos conversando un rato sobre lo habitual, dónde vive, que hace, cuáles sus hobbies, etc. Mejor dicho, averiguándole la vida. El tipo, muy espontáneo, contestaba sin prevención sus preguntas. Y luego él, sin vergüenza alguna, nos contó que venía con frecuencia a ese lugar principalmente en busca de ligar, y que, si había alguna opción, trataba de no perder la oportunidad.

    La conversación se había puesto algo caliente, pero, en principio, no le dimos importancia. Mi esposa, hábilmente, desvió la conversación hacia otros temas, preguntándole si había otros sitios como ese en la ciudad, cuál prefería, en dónde le iba mejor en sus conquistas, a todo lo cual nos respondía con total desparpajo. Al final, como para no seguir con aquel interrogatorio, el tipo le dijo a mi mujer que salieran a bailar y aprovecharan la música. Ella aceptó. Y, de nuevo, otra vez se dirigieron a la pista, que, para la hora, 3 am tal vez, ya no contaba con tanta gente.

    Los podía ver bailando desde donde me encontraba y comprobé que el tipo estrechaba a mi mujer, de seguro con la intención de seducirla y hacerle la propuesta indecente: llevarla a la cama. No me pareció raro que aquello ocurriera y, de verdad, en vista que yo estaba de espectador, el solo contemplar la idea en mi cabeza me calentó e los imaginé fornicando. ¿Por qué no?

    Llegados de nuevo a la mesa y sentados para descansar del ajetreo, el tipo fue directo con ella. Señora, le dijo, ¿estaría de acuerdo en hacer el amor conmigo? Los dos nos miramos. Ella, sonriendo, contestó, me gustaría, pero ya es un poco tarde. Si uno quiere y tiene ganas, replicó él, nunca es tarde. Cualquier hora es buena. Ella me volvió a mirar de nuevo, como pidiendo consentimiento, y yo asentí haciendo un gesto de aprobación con mi cabeza. No sé, exclamó ella. A esta hora ¿dónde podríamos conseguir un motel? Eso no es problema, se apuró a responder él. Eso está solucionado.

    Bueno, dijo ella, ¡vamos! Voy al baño y no tardo. Así que se alejó y nos dejó a los dos solos. ¿Es muy lejos el lugar? Pregunté. No, dijo él, la verdad, es aquí mismo, detrás del edificio. Allí hay unas habitaciones donde podemos pasar el rato. Y son buenas, ¿amplias? Hmmm, balbuceó, pues no tanto. Son habitaciones para que las parejas pasen el rato. Ya, contesté. Hay espacio suficiente para que usted le haga la vuelta a la señora y nada más. Sí, respondió él, agachando la cabeza. No se preocupe, dije, si vamos allá es porque ella quiere. Y si aquello no resulta de su agrado, pues nada que hacer. No hay obligación. O, ¿sí? No, respondió él.

    Lo único que le pido, continué, es que la cosa se dé sin malos rollos. Ni ella ni yo estamos para líos de ninguna clase. Solo disfrute del sexo con ella hasta donde lo permita y ya. ¿Se la quiere culear, de verdad? Ella ya está mayorcita. Sí, respondió él. Bueno, contesté, pues hágalo bien y no nos vaya a defraudar. Seguro que no, contestó. En eso llegó ella, renovada. El tiempo en el lavabo le sirvió para acicalarse y ponerse a punto para su conquista. Esa coquetería en el arreglo me dio a entender que realmente aquel muchacho le había interesado y que quería que el encuentro funcionara. Bueno, dijo ella, no más llegar, ¿dónde es la cosa?

    Síganme dijo el hombre mostrándonos la ruta, caminando delante de nosotros. Bajamos al primer piso, caminamos media cuadra, giramos a la derecha en la esquina y allí, a no más de veinte metros, estaba la entrada del lugar. Amor fugaz decía el letrero a la entrada de la puerta. El joven, conocido en el sitio, tal vez, llegó hasta la recepción, dispuso lo necesario y, volviéndose a nosotros, dijo, listo, tenemos que subir escaleras. La habitación está en el tercer piso. Adelante, indiqué, ¡sigamos!

    La habitación no era nada del otro mundo. Un espacio pequeño, sencillo y bien decorado, con grandes espejos a lado y lado. Agradable, sí, pero pequeñita. El espacio disponible no excedería más de 2,50 x 2,50 metros. Menos mal tenía baño, pero miniatura. Estaba amoblada con una cama semidoble, una pequeña mesa de noche con su lámpara, una silla y un pequeño televisor plano fijo en la pared. Me incomodó que el único espacio para situarme a contemplar la faena era a los pies de la cama, pero, no existiendo posibilidades diferentes, ni modo.

    No más haber entrado allí, mi mujer se adentró en el baño. El hombre aquel y yo, quedamos solos, sin saber qué hacer. Bueno, dije, yo, seguramente ella va a salir lista para la acción. ¡Prepárese! El tipo, entonces, muy obediente, se desnudó con rapidez y se acostó en la cama, a la espera de su dama, que no tardó en hacer su aparición. Al salir del baño, claro, que aquel tipo estuviera desnudo esperándola en la cama la cogió un tanto de sorpresa. De seguro intuyó que no iba a haber preliminares, caricias y demás, y que el escenario ya estaba dispuesto para lo que se esperaba.

    Ella, en consecuencia, empezó a desnudarse. Vaya, dijo, tenías muchas ganas. Sí, contestó él, desde que bailamos la primera vez. Mi esposa acabó de desnudarse, lo cual no fue difícil, porque, la verdad, al estar en un clima cálido, andaba muy ligerita de ropas. Se quitó la blusa, el brasier y sus pantis, dejando se calzados sus zapatos, y ya, lista para la faena. Llegó hasta la cama y se montó sobre él, que ya tenía su miembro erecto, un pene un tanto grande y grueso.

    Ella, teniendo claro lo que quería, tomó aquel miembro con su mano y lo acomodó para poder sentarse sobre el y que penetrara dentro de su cuerpo. Mojada estaba ella, así que aquello no costó ningún trabajo y la cabalgata comenzó. Ella quedó de espaldas a mí, de manera que observé con atención, en vivo y en directo, con vista privilegiada, como aquel pene era devorado por la cuca de mi mujer con un inusitado apetito. Ella movía sus caderas, adelante y atrás, a un lado y al otro, manteniendo insertado en su cuerpo aquel miembro que, apenas cupo en su pequeño agujero.

    Ese pene, por lo visto, la llenó por completo y mi esposa lo disfrutaba a plenitud. Ella era quien hacía el trabajo con sus movimientos y era ella quien se procuraba a voluntad su propio placer. Los movimientos se volvieron intensos y pronto ella empezó a gemir. Al principio el sonido parecía un simple jadeo, pero después se oyó mucho más sonoro; casi que un grito. ¡Caramba! Pensaba yo excitado mientras mi mujer hacía de las suyas con su macho. ¡Cómo mueve el culo mi mujer! Jamás antes había reparado en eso y, ahora, teniendo que contemplarla a ella desde atrás, a sus espaldas, era imposible no ver cómo se veían sus nalgas en movimiento.

    El tipo aprisionaba las nalgas de ella, pero seguía ahí, tendido, pasivo, dejando que ella se deleitara con su cuerpo. Ella, tal vez, disfrutaba tan solo del goce sexual, porque todo el tiempo mantenía sus ojos cerrados, quizá concentrándose en las sensaciones que el contacto con el pene de aquel hombre le estaba produciendo en su cuerpo. Yo, mientras tanto, seguía atento los movimientos vigorosos que ella estaba haciendo y que, golpe tras golpe, parecía incrementar en intensidad hasta que, de repente, y sin dejar de moverse, exhaló un sonoro ay, ayyy, aayyy… al que poco a poco le siguió detenerse, quedando tendida sobre el cuerpo de aquel.

    Ambos se quedaron tendidos ahí, un rato. El hombre no quería molestarla, ni exigirle nada, así que esperó a que ella se recuperara del esfuerzo y le diera libertad. Pasaron los minutos y así fue. Ella se recostó a su lado. Entonces él, levantándose, le preguntó si le permitía penetrarla de nuevo. Mi mujer, por supuesto, le respondió que sí. En consecuencia, nuestro macho, ni corto ni perezoso, abrió sus piernas, se acomodó en medio de ellas y se recostó sobre su cuerpo, penetrándola.

    Quedé yo, esta vez, desde atrás, observando cómo aquel miembro ingresaba dentro del cuerpo de mi putísima esposa, que, excitada, abría sus piernas todavía más, permitiendo que aquel hombre ingresara a voluntad dentro de ella. Era una delicia ver como se humedecía el sexo de mi mujer y como aquel miembro entraba y salía lubricado en cada embate. Tenía un calentón enorme deber aquello y escuchar nuevamente los gemidos de mi esposa que gustosa se deleitaba con los movimientos de aquel señor.

    La faena siguió unos minutos más. El dando y ella recibiendo. Su verga debería estar causando estragos en mi mujer, porque para nada se resistía a los empujes de aquel y, por el contrario, lo alentaba a que le siguiera dando como lo estaba haciendo. Él se retiró un instante y le pidió a ella que se pusiera en posición de perrito. Mi mujer, muy obediente, por demás, rápidamente se acomodó para que el hombre accediera a ella desde atrás.

    La penetración debió ser placentera y muy profunda. Mi mujer empezó a hacer gestos y a contorsionar su cuerpo, y a gemir con mucho volumen, en respuesta a cada movimiento de aquel, que, empoderado en su papel de macho dominante, disponía de ella a su entero antojo. Con vigor y mucha rapidez, pronto, bien pronto, la hizo llegar al orgasmo, aunque él también estaba al límite. Ambos se sacudieron casi que al mismo tiempo. El tipo se retiró y dejo chorrear su contenido en la espalda de mi esposa. Ella, por un rato, permaneció ahí, en la posición de perrito, pasando el espasmo que le produjo el contacto con aquel.

    El tipo se levantó como un resorte, cogiendo su ropa. Ya es tarde, dijo, tengo compromisos y los debo dejar. ¿Me excusan? Pierda cuidado, le dije, todo está bien. Mientras él entraba al baño, ella recién se dejaba caer sobre la cama para reposar de la faena y dormitar, porque así fue, un rato. El tipo salió, se despidió y se fue. Y yo me quedé ahí contemplando a mi esposa, desnuda sobre la cama, adormilada, recién culiada y contenta, con rostro de satisfacción. Mas tarde me diría que había tenido uno de los orgasmos más intensos de su vida y que la verga de ese tipo, no sabía por qué, había sido toda una delicia.

    Sentía algo de celos por esa confesión, porque no era el primer hombre con el ella había tenido sexo, pero este le había parecido especial. Para mí, aparte de compartir el gozo de mi esposa ante esta nueva experiencia, lo más impactante fue haberme fijado con que intensidad y apetito movía su culo mientras se deleitaba con el pene de aquel hombre. Su verga, ciertamente, debió ser muy rica y apetitosa para ella, porque no deja de recordar el encuentro que tuvo con él. Y yo no dejo de recordar cómo movía el culo mi mujer…

  • Humillado en la sauna

    Humillado en la sauna

    Sevilla es una gran ciudad, pero a la vez es pequeña, es fácil encontrarte con conocidos o conocidos de conocidos.

    Habíamos vuelto de Tenerife y yo no tenía noticias de Jacinto, lo llamé varias veces pero no me contestaba al teléfono, no quería ir a su casa sin su permiso, nos metimos en abril del 2014, yo había tenido algunas cosillas pero me seguía haciendo falta una buena polla, decidí ir a la sauna donde encontré a Jacinto.

    Hacia tiempo que no iba, hace algunos años que la cerraron, estaba muy bien, muy buenas instalaciones, dos jacuzzis, sauna, baño turco, piscina climatizada, sala de relax, sala de masaje, cuarto oscuro, zona de cafetería, cabinas privadas, todo muy limpio, el personal muy profesional y encantador y la clientela, principalmente osos y maduros, gente muy sana.

    Luego se jodio la cosa, empezó a ir gente muy puerca y el personal también bajó de calidad, en los jacuzzis y la piscina daba asco meterse, las cabinas sucias y apestando a tabaco, hubo alguna que otra denuncia, en fin, que la cerraron.

    En aquella época todavía era una sauna premium, entrabas y te encontrabas con la recepción, un chico detrás de una mampara de seguridad te cobraba y te entregaba una toalla pequeña, una más grande, un sobre con lubricante, un par de preservativos y unas chanclas como esas de los spas de un solo uso.

    A la izquierda había una puerta que te abría el chico y entrabas a un pasillo largo con bancos en el centro y taquillas a los lados, localicé mi taquilla, me desnudé, me puse la toalla pequeña alrededor de la cintura, la grande al hombro y pasé a las duchas.

    Había dos o tres hombres, uno de ellos me llamó la atención, un cuarentón alto, rubio, ojos verdes, cuerpo bien proporcionado, seguro que practicaba algún deporte de esos pijos, tenis o paddel, las manos muy cuidadas, era muy hermoso y el caso es que me sonaba mucho la cara, el también se fijo en mí, estuvimos flirteando y al final nos despojamos de las toallas y nos metimos en la ducha.

    Comenzamos con besos, caricias, el me enjabonó a mi y yo a él, me dio a conciencia con el gel por toda la raja del culo y en especial en el ojete, yo enjaboné su polla y sus huevos, su pecho, me restregue contra el mientras nuestras lenguas se cruzaban.

    – ¿por qué no vamos a una cabina? – le dije

    – ¿no te gusta el morbo de que nos miren?

    Teníamos varios espectadores que se la meneaban mientras nos miraban.

    – ¡que les den!

    Me empujó por los hombros hasta que estuve en cuclillas y me dediqué a comerle la polla, una hermosa polla con el cabezón en forma de seta, se la comí, le comí los huevos, me puso las manos en la cabeza y me folló la boca.

    – ¡ohhh siiii! ¡siii puta! ¡eres una verdadera zorraaa!

    – me encanta el sabor de tu polla cabronazo.

    – ¡vámonos a una cabina, maricón! – me dijo

    – ¿y el morbo?

    – ¡que se jodan estos bujarrones!

    Se sentó en la camilla y yo me arrodillé delante, le chupé la polla, me metí los huevos en la boca, lamí con mi lengua el tronco de su polla, jugué con el frenillo, me metí el cabezón en la boca y chupé como si fuera un pezón.

    – ¡eres la mejor mamona que conozco puta! – me decía y movía las caderas cuando yo tenía su polla en la boca – ¡que buena eres zorra! ¡mejor que ella!

    Yo no sabía a quien se refería, seguía tragándome aquella polla, chupandola y mamando y el fulano aquel empezó a gritar.

    -¡Oh, oh, me corro guarra, me corro! – sacó la polla de mi boca y se corrió en mi cara. – ¡Sí perra, siiii, eres mejor que ellaaa!

    Seguía sin saber a quien se refería mientras con su nabo restregaba su semen por mi cara y yo abría la boca para relamerme y limpiar aquella polla y saborear su lefa amarga.

    – ¡ven zorra! ¡quiero ese culo!

    Me hizo colocarme boca abajo sobre la camilla con las piernas abiertas, hizo un rulo con todas las toallas y me lo colocó bajo el vientre para que tuviera el culo levantado y me hizo la mejor comida de ojete que me han hecho en mi vida.

    – ¡oohhh diosss!

    Me lo follaba con la lengua, me lo chupaba, mordía mis nalgas y yo suspiraba.

    – ¡follame cabrón! ¡por favor, dame por el culo te lo suplico! ¡revientamelo!

    Y el seguía con la lengua haciendo que me derritiera y que suplicara por su polla.

    – ¡dame tu polla, te lo suplico! ¡ ollame cerdo!

    Me puso lubricante en cantidad, se colocó sobre mí y me la metió muy despacio haciendo que su cabezón en forma de seta me abriera, noté un ramalazo de dolor mientras vencía la resistencia de mi esfínter y él, como experto que era, esperó hasta que mi culo se adaptó a su polla y me la metió hasta los huevos.

    – ¡ay dios! ¡ay mi culo! ¡hijo de putaaaa!

    – shhh calla maricón

    Me tenía dominado bajo él con su peso y con su miembro metido hasta los cojones

    – ¡Joder maricón!¡hasta los huevos!¡a ella le costó más, claro que ella no lo tiene tan hecho como tú!

    – ¿quien carajo es ella?

    – ¡coño, pues tu exmujer!

    En ese momento recordé de que le conocía, mi exmujer es enfermera en un hospital de la junta, tiene un buen puesto, y el tío es médico, su mujer también es compañera suya, yo los había visto cuando iba con mi exmujer, intenté levantarme pero me tenía dominado debajo.

    – ¡hijo de puta! ¡déjame cabrón!

    – shhh callate zorra, de la metida no te libra nadie.

    Intenté quitármelo de encima pero me tenía bien sujeto, con sus piernas impedía que cerrará las mías, con uno de sus brazos rodeaba mi cuello y con el otro me agarraba la mano, mientras, me lamia el cuello y me follaba el culo.

    – ¡hijo de puta! ¡ hijo de putaaa!

    – ¡quieto maricón! – me decía – ¡disfruta de mi polla como disfrutó tu exmujer!, ¡joder, si tú te la comes mejor que ella!

    Su polla mientras entraba y salía de mi culo, me mordí los labios y empecé a llorar, lloraba por que estaba gozando, por la situación, por la humillación, por la follada descomunal que me estaba pegando.

    – eres un cabrón, eres un cabrooon

    – maricón, era mucha hembra para ti zorra, y no me extraña que te haya dejado, esa mujer necesita un macho y tu eres muy maricón.

    Se apretó contra mí y se corrió en mi culo, siguió follandome batiendo su lefa dentro.

    – ¡si la hubieras visto cuando la tenía a cuatro patas en la consulta y me suplicaba que le diera por el culo por que el gilipollas de su exmarido no se lo tocaba!

    – ¡cabrón cabrón cabrón!

    – luego se echaba a llorar y decía ¡ay mi ex! ¡pobrecito mi ex!, si supiera que su ex es maricón y se traga las pollas mejor que ella.

    Me sentía vejado, humillado, en ese momento me corrí, me vacie, tuve un orgasmo intenso que me dejo exhausto, rendido, temblando, con el culo dolorido por que el tío había sido una bestia, lleno de la leche que había batido en su interior.

    – no te preocupes maricón – me dijo – tu secreto no saldrá de aquí.

    De eso estaba yo seguro, tampoco él querría que su mujer se enterara que se follaba a su compañera o fuera a saunas gays a follarse a tíos.

    – ¿sabes?

    Yo había adoptado posición fetal en la camilla y abrazaba mis piernas mientras la lefa de ese hijo de puta salía de mi culo.

    – Mientras estuvo casada contigo le tiré los tejos y siempre me rechazó, me hacía ilusión hacerte cornudo, se veía que estaba falta de polla así que en cuanto supe lo del divorcio le entré y me la follé, fue fácil.

    – Eres un hijo de puta.

    – Lo sé.

    Se largó dejándome allí, hecho una piltrafa, humillado, ese día me folle a todo el que pasó por la cabina, cuando salí de la sauna no podía ni caminar.

  • Mi dulce prima, un abrigo y una sorpresa

    Mi dulce prima, un abrigo y una sorpresa

    Mi nombre es Damián, tengo 26 años y esto me pasó exactamente en vísperas de navidad. Cada año mi familia acostumbra a juntarse en casa de mi abuela, como familia numerosa es normal que vengan parientes de otras partes del país, nos vemos en un rancho con muchos cuartos por lo que cada familia toma una pieza para guardar sus cosas, dormir por la noche y por las tardes todos estamos en la casa principal para compartir con mis tíos y primos, actualizarnos sobre que hemos hecho durante el año, comer y de vez en cuando hacemos juegos apostando unos cuantos dólares para hacerlo más divertido. Tengo una prima que se llama Dulce de 21 años y es muy amable sin dejar pasar lo bonita que es, pero nunca había tenido una fijación hacia ella hasta ahora.

    Corrían las 9 de la noche de un 23 de diciembre, estábamos bebiendo ponche, no acostumbramos beber alcohol, comíamos y platicábamos sobre los propósitos que queríamos lograr en el año venidero pero entre vaso y vaso tuve que ir al baño, pero oh sorpresa, la tubería estaba completamente congelada por lo que tuve salir e ir a mi habitación pues la caldera de los dormitorios siempre está encendida para que no se queden sin agua los cuartos, cuando voy pasando frente a la pieza de mi prima Dulce no pude evitar voltear y ver por su ventana, ahí estaba, sin el gran abrigo que acostumbra usar, solo con una pequeña blusa blanca muy ajustada mientras se peinaba y pude notar los tremendos pechos que escondía bajo su atuendo de invierno, eran los más grandes que jamás había visto en mi vida y no pude evitar una erección. “¿Pero que rayos? ¿Es mi prima porque me pasa esto?”.

    Al día siguiente en noche buena, nos encontrábamos en el campo haciendo un picnic para comer y convivir, mi mente estaba completamente perdida pensando en esas tetas, eran tan enormes que no cabían ni en mi imaginación, jamás podría acabármelas, pero el deseo sexual era latente en mi verga y no dejaba de pensar en correrlas. Durante todo el día no podría dejar de verla y estoy seguro de que ella lo comenzó a sospechar porque cuando cruzábamos miradas volteábamos inmediatamente a otro lado.

    Por la noche nos quedamos en una fogata todos los primos hacíamos juegos de preguntas, contábamos historias de terror, y a partir de las 11 de la noche, uno por uno se iba a dormir hasta que me quede solo con ella, eran las 2:30 de la mañana y moría de sueño, sin embargo quería seguir con mi prima y acercarme poco a poco para poderlas rozar de alguna manera, lo sé, era algo casi enfermo, pero no lo podía evitar, como la plática ya era más personal entre dos personas platicamos sobre amigos, ex novios, trabajo y la vida social en general, aquí casi lo arruino todo, no sé porque rayos dije que tenía muchísimo tiempo sin coger y me quedé perplejo con lo que dije, y Dulce solo se me quedó mirando fijamente y comenzó a reírse a carcajadas, me comentó entre risas que ella también tenía meses sin coger porque tuvo problemas con algunos pretendientes ya que solo la querían por sus enormes pechos y comenzó a tener inseguridades al momento de salir con alguien.

    Quería verlos, pero sabía que era imposible, de repente mi pene se fue abultando en mi pantalón por una erección involuntaria e incontrolable por lo que fue imposible ocultarlo, Dulce se dio cuenta porque al seguir platicando con ella no quitaba la mirada de lo que ocurría en mi parte inferior, pero bueno todo terminó ahí, dieron las 4 de la mañana y nos fuimos a dormir.

    Al día siguiente el 25 de diciembre en navidad, nos saludamos como si nada hubiera pasado, pero sentí una conexión con ella, y estoy seguro de que mi pima también la sintió, nada que ver como cuando nos vimos hace unos días.

    Esa misma noche nos volvimos a juntar todos los primos en la fogata y sucedió exactamente igual, se iban a dormir poco a poco hasta que solamente quedamos Dulce y yo, no escatimamos en tiempo para volver a sacar el tema sexual, y calentarnos mas de la cuenta ya que con los -5° centígrados que había era mas que necesario un calor extra además del fuego. Pensé “es que es mi prima, ¿y si solamente es de mente abierta y habla de cualquier tema? ¿por qué tengo estos pensamientos tan pervertidos? ¿y si les dice a mis papás lo que hablamos? ¿y si me quieren jugar una broma los primos para saber hasta donde llego?”.

    Mientras mi cabeza hacía guerra con mis emociones tomó mi mano, desabotonó un poco su gran abrigo y la metió para que tocara, estaban tan tibias, ese calor corporal, tan firmes, una sola mano no bastaba, mi pene era una tremenda barra de hierro de lo duro que estaba, ella comenzó a acariciar mi bulto y sintió lo grueso que me puse, le dije que no podía mas y que me las enseñara, de prisa nos fuimos al almacén, abrió por completo su abrigo y se levantó el suéter junto con su brasier, cayeron ese par de enormes tetas, rebotaron un par de veces para así acercar mi cara y poderlas mamar, eran deliciosas, portaba un rico perfume de mujer por lo que me sentí embriagado por un momento, mientras jugueteaba, desabrochó mi pantalón y ahí estaba mi verga, dura como una piedra, Dulce se hincó frente a mi como sabiendo que hacer, abrió su boca y comenzó a chupármela lento, el frio era insoportable pero quería más, quería calor carnal, fue aumentando la velocidad y como no podría desaprovechar la oportunidad le dije “ya no aguanto, quiero cogerte” deja mi verga babeante y me sonríe, “claro que si” me contestó.

    Me acosté en un montículo de paja y ella me montó como debía de ser, rompió sus medias que había bajo su falda y movió sus bragas un poco para darle la bienvenida a mi miembro viril, la comencé a penetrar, su cálida vagina, mi verga erecta, sus tetas botando en mi cara mientras chupaba sus pezones y manoseaba toda esa circunferencia de abismales mamarias, la posición sexual con la que soñé un día entero, ella montándome y botando sus tetas para mí, fue la dosis perfecta para eyacular dentro de ella y tener el sexo mas caliente de mi vida.

    Cogimos todos los días durante el resto de las vacaciones en todas las posiciones que nos sabíamos, las rusas eran increíblemente extraordinarias, era mágico como desaparecía mi pene entre sus enormes tetas al hacerme las mejores rusas que pueden existir, eyacularlas y bañarlas en semen era el favor que yo le hacía para calentarla en ese frio invierno.

    Hablamos y prometimos follarnos cada vez que nos viéramos, y eso al menos sería una vez al año, el hecho de coger con una prima a escondidas de la familia es lo mas caliente y pervertido que he logrado en mi vida. No puedo esperar al próximo año y cogerme a Dulce, mi dulce prima tetona.

  • Todos tienen un precio

    Todos tienen un precio

    Albert es un contador cualquiera en una empresa cualquiera, sus días se dividen entre terminar la montaña de trabajo que suele dejarle su jefa y el poco tiempo libre que este le deja.

    Esa noche tras una larga jornada de trabajo Albert se sorprende cuando encuentra en la puerta de su casa un paquete de mensajería tras comprobar que es para su domicilio lo lleva adentro para saber exactamente que es.

    Tras abrirlo descubre que se trata de una caja de madera pequeña que viene acompañada de una nota de un bufete de abogados.

    «Estimado sr Albert por la presente «Gilbert & Jack asociados» hacen efectivo el testamento de su tío abuelo Javier Mendoza que deja a su disposición el contenido de esta caja como el finado a dispuesto en el testamento antes mencionado, el finado De Javier espera que como a él está caja sea el inicio de una mejor vida para usted»

    —¡¿Ese hombre había muerto?!— Fue realmente una sorpresa para él.

    No habían sido muy cercanos en vida, su familia poco o nada decían de él, debido en gran parte a qué tenía un pequeño grupo de amantes, el poco contacto que él había tenido había sido por sobres con un poco de efectivo en cumpleaños o celebraciones especiales. Así que estaba un poco sorprendido de que él hubiera dejado algo para él.

    Con cierto recelo Albert abrió la caja encontrando un juego de monedas pequeñas de plata y un medallón de oro bastante ostentoso.

    —¡WOW!, Esto es impresionante— Albert no pudo evitar sentirse emocionado por el pequeño tesoro que ahora le pertenecía.

    Su mente empezó a maquinar cientos de posibles proyectos que serían posibles gracias a esto cuando el sonido de alguien llamando a su puerta se escuchó.

    Se acercó un poco desganado a la puerta sabiendo bien a quien se encontraría del otro lado.

    —¡Buenas noches vecino!— Mariana, su vecina de al lado está frente a ella.

    Ella era una mujer de complexión gruesa sin llegar a ser exagerado, teniendo un suculento par de tetas y un bello trasero firme de piel morena y cabello negro sabía bien como usar sus encantos para conseguir toda clase de favores.

    —¡Buenas noches Mariana!, ¿Que puedo hacer hoy por ti?— preguntó Albert teniendo una idea de lo que ella pediría.

    — Mira es una pena pero tengo invitados y se me terminaron los vasos desechables, ¿De casualidad no tendrás algunos que me puedas prestar?— mientras decía eso se inclinó suavemente dándole una buena vista del canalillo de sus pechos.

    —¡Por supuesto, dame un minuto!— respondió él mientras iba a su cocina por el paquete de vasos.

    —¡Toma! Aquí están— dijo el mientras le entregaba los vasos.

    —¡Muchas gracias!— dijo la mujer mientras le daba un pequeño beso en la mejilla— salvaste mi vida.

    Tras decir eso regresó a su apartamento junto al suyo, Albert sabía que lo mejor sería dormir en el sofá esa noche, ella tenía por costumbre regular terminar sus fiestas revolcándose ruidosamente con algún invitado y Albert siempre terminaba pajeandose imaginando que era el amante en turno de la mujer.

    — Y yo confirmando me con un besito— se reprochó a si mismo.

    De regreso en su sala volvió a enfocarse en su herencia pensando en las deudas que podría liquidar y las cosas que podría hacer con lo que sobrara.

    — No saldré de pobre, pero estaré menos jodido— dijo el mientras tomaba el medallón de oro y lo veía con detenimiento.

    En la parte detrás del mismo se veía una inscripción estaba en otro idioma y no sabía que decía.

    —En estos momentos me encanta mi app de traducción— en ese momento él tomó una fotografía y la pasó por una App de traducción.

    Según el programa era árabe y textualmente decía, “Gloria eterna al amo del medallón señor de las monedas»

    El no pudo evitar reír al ver eso pero reviso cada moneda encontrando que también tenían una inscripción que decía “Ser siervo es el pago por esta moneda»

    Albert tenía que aceptar que era divertido en todos los aspectos magia y hechicería era algo que tenía cierto atractivo.

    Sin saber realmente porque tomó el medallón y se dirigió a el espejo de su baño donde procedió a colocarlo en su cuello con calma.

    —¡WOW! Esto no está nada mal— dijo Albert al ver la imagen que le devolvía el espejo.

    Por alguna extraña razón sintió una confianza que no había sentido en mucho tiempo, como si tuviera el poder de hacer realidad cualquier cosa.

    —¿Qué demonios?— se dijo a sí mismo mientras veía algo que aparentemente no había visto.

    La cara frontal del medallón hace un par de minutos estaba plana y sin marcas pero ahora lucía un grabado de su rostro en perfil al más puro estilo de las monedas romanas.

    Albert miró fijamente el medallón sintiendo un poco de miedo, pero también una fascinación que no había tenido desde que era un niño.

    —¿Será acaso que esto realmente es mágico?— tras esa pequeña conclusión regreso a dónde estaba la caja con las monedas.

    Estás también habían cambiado drásticamente ya que el la cara frontal ahora podía distinguir grilletes grabados en cada una, para asegurarse que no fuera su imaginación se retiró el medallón notando que inmediatamente el grabados desaparecía ante sus ojos y sólo reapareció al momento de volverse a colocar dicho medallón.

    — Si no lo viera con mis propios ojos, no lo creería— se sentó completamente confundido y a la vez muy excitado.

    — Por favor, ¿Que alguien me expliqué?— exclamó él para sí mismo.

    En ese momento Albert notó que la parte superior de la caja donde habían estado las monedas caía un poco se dio cuenta que había algo escondido hay, al abrirla vi un pequeño libro de apariencia antigua y con cuidado lo abrió en un principio no podía leerlo hasta que se volvió a colocar el medallón y a sus ojos las palabras eran claras.

    Las monedas le permitían al dueño del medallón controlar a cualquier persona que recibiera o tomara una.

    —¿Y ahora qué haré?— se dijo para sí mirando detenidamente una de aquellas monedas.

    Viernes por la noche…

    Era muy común para él hacer horas extra los fines de semana, su jefa Karen una rubia artificial solía darle el trabajo que sus amigas no podían o querían terminar ese fin de semana.

    Todos sabían bien cómo actuaba esa mujer, era prepotente con los empleados a su cargo y una aduladora sin remedio con los jefes llegando al extremo de coquetear descaradamente aún si fueran hombres casados.

    Así que Albert se encontraba frente a su computadora terminando las hojas de cálculos restantes tallándose el puente nasal para disimular el cansancio que sentía en ese momento.

    — Bueno al menos mi nuevo asiento es muy cómodo— dijo el mientras acariciaba el lugar donde estaba sentado— ¿No es verdad Karen?

    —Si amo, soy el mejor asiento de la oficina— respondió ella a cuatro patas sobre el suelo de aquel cubículo.

    Su ropa estaba desarreglada y carecía de ropa interior en ese momento.

    De su coño salía levemente una sustancia blanquecina.

    Albert estaba sentado sobre su supervisora usando su trasero como un mullido cojín.

    Horas antes…

    Era viernes por la noche, y Albert sabía lo que pasaría como cada semana sin falta.

    —¡Albert!— la voz de su supervisora acercándose hacia su cubículo normalmente era un fastidio pero por primera vez la esperaba ansioso.

    — No me digas Karen, nuevamente tengo trabajo extra— dijo él sin apartar la mirada de su computadora.

    —¡Vaya! Me alegra que entiendas que ya no tienes nada mejor que hacer— dijo la mujer mientras sostenía la sonrisa más falsa del mundo.

    La mujer simplemente le entregó una unidad flash que seguramente contendría varias horas extra de trabajo para el

    — Voy por café y regreso en un minuto— dijo él mientras tomaba su termo y salía de su cubículo.

    Cuando llegó al área de café Albert no pudo evitar sentirse emocionado, sabía que Karen tenía fama de tomar cualquier cosa que estuviera mal colocada en cualquier cubículo y había dejado a simple vista una de sus monedas.

    Él sabía que era cuestión de esperar.

    En ese momento…

    Karen estaba en el baño retocando su maquillaje para salir esa noche a su lado tenía la pieza de plata que había «encontrado» en el cubículo de Albert.

    —¡Mejor suerte para la otra!— dijo con burla mientras ponía la moneda en el canalillo de sus pechos.

    Ella acostumbra sacar así los pequeños objetos que le retira a los empleados que deja trabajando horas extra…

    Se acercó al elevador y pulso el botón, mientras esperaba que esté llegará a su piso sintió cierta incomodidad en su sostén una extraña sensación de calor la empezó a invadir.

    Temiendo que algo malo pudiera estar pasando entró en la primera oficina que encontró abierta y abrió su blusa para retirar el sostén de media copa que llevaba puesto.

    Las pequeñas cosas que había estado tomando de los cubículos cayeron al piso menos la moneda de plata.

    Empezó a palparse esperando encontrarla pero no la sintió en ningún momento, pero ese extraño calor no se desvanecía ya se había propagado de sus pechos hasta su espalda sintiendo que está se endurecida después se dirigió a sus brazos de los que lentamente sintió como perdía sensibilidad y control.

    —¿Qué me está pasando?— dijo ella con voz apenas audible ya que ese extraño calor empezaba a nublar sus pensamientos.

    Todo su cuerpo empezó a congelarse sin que ella pudiera hacer algo para evitarlo

    Tras unos minutos la mujer quedó completamente quieta en aquella oficina vacía, mirando a la nada.

    —¿Disculpa puedo pasar?— dijo Albert mientras entraba a la oficina

    Karen no respondió solo se quedó mirando a la pared sin responder.

    —¡Huy! Creo que llegue en mal momento— dijo Albert al acercarse a la mujer semidesnuda frente a él.

    Con gran emoción y descaro empezó a acariciar los pechos descubiertos de su supervisora los cuales reaccionaron de manera natural.

    Sus pezones se endurecieron y su respiración se volvió pesada.

    —¡Veo que te gusta como juego con tus tetas!,¿Verdad puta?— dijo él mientras continuaba jugando con sus pechos.

    — Si es usted lo disfruto amo— responde la mujer mientras gemía de excitación.

    Albert retiro una de sus manos de los pechos descubiertos de Karen y la metió con descaro dentro de la falda, desgarró las pantimedias y las bragas que le estorbaban para acariciar el sexo peludo de su jefa.

    —¡Apenas empezamos y ya está mojada!, De verdad eres una puta— dijo Albert sintiendo la humedad que salía de ella.

    —¡Ahhh!— fue la única respuesta que provino de ella

    Albert estuvo largo rato disfrutando de vejar a esa mujer que tantos problemas le habría causado.

    —¡Muy bien putita!, Ponte firme sobre el escritorio quiero ver qué tan flojo tienes el coño— Al decir eso Albert empujó a Karen contra el escritorio que estaba frente a ellos.

    Su única respuesta fue obedecer y apoyar sus manos contra el escritorio dejando su coño descubierto frente a él.

    — Su esclava está lista para servirle a mi amo— dijo ella mientras movía lentamente su gran trasero invitando a su amo a tomarla.

    Albert sacó su pene completamente erecto y penetró con fuerza a su supervisora sin más ceremonia.

    Para su sorpresa estaba estrecha y receptiva.

    —¡Parece que no estuviste con tantos como todos creen!— dijo Albert mientras entraba y salía de ella.

    Trato de alargar el momento lo más que pudo así sentía que se desquitaba de cada una de las veces que salía a altas horas de la noche de esa oficina por el trabajo extra que hacía muchas veces sin recibir paga alguna.

    Soltó un potente gemido de placer al momento de vaciar su carga dentro del útero de su supervisora, de igual manera ella parecía tener un potente orgasmo cuando sintió el semen inundar su interior.

    Albert solo se arregló la ropa cuando terminó sintiéndose satisfecho por el momento.

    — Sígueme puta, hay algo que tienes que hacer para mi— dijo Albert con una sonrisa burlona en su rostro.

    — Como ordene amo— respondió Karen.

    Tiempo presente…

    Albert daba las últimas correcciones a sus casi tres horas de trabajo extra por primera vez no sentía cansancio o molestia alguna.

    —¡Estoy seguro que no te importaría llevarme a mi apartamento!,¿Verdad puta?— dijo él sin mirar a la mujer que por más de tres horas había sido su asiento.

    — Sería un honor ser útil a mi amo— dijo la mujer mientras continuaba en el piso de aquel cubículo de oficina.

    Momentos más tarde, Albert estaba sentado en el asiento trasero del elegante auto de su supervisora, comía una hamburguesa y complementos que por supuesto había sido pagada por su jefa.

    Durante su viaje le estaba dando una serie de instrucciones que ella seguiría de ahora en adelante.

    — Así que cada vez que pienses en dejarme trabajo extra, ¿Qué es lo que harás?— dijo él sin dejar de comer.

    — Me mojare de extracción — respondió ella sin dudar.

    —¿Y cómo me pedirás que trabajé tiempo extra?— continuó el.

    — Te lo pediré levantándome la falda para mostrarte que no uso pantaletas en ese momento— respondió Karen con un tono de excitación en su voz.

    — Y dime, ¿conoces a Rosa de contaduría?— dijo él sin rodeos, sabía que esa mujer era responsable de que no le pagarán sus horas extra aún que las hubiera marcado.

    —¡Si mi amo es mi media hermana!— respondió ella sin dudar.

    — Dime una cosa, ¿Trabajas con más familiares en esa oficina?— preguntó él ante esa revelación.

    — Nuestra madre es una de las directivas de la empresa— respondió ella

    — Eso explica muchas cosas— dijo Albert

    Ahora para él todo tenía sentido por algo ellas eran tan pretenciosas y por más quejas en su contra ellas no eran reprendidas.

    Albert se sintió satisfecho con eso solo le daría un par de instrucciones más antes de llegar a su casa.

    —¡Muy bien esclava!, no olvides hacer lo que te pedí— dijo Albert mientras descendía del automóvil de su jefa.

    — Sí amo — respondió ella al momento de alejarse.

    El solo pudo sonreír después de todo, si todo salía según sus planes el lunes sería el inicio de su nueva vida…

    Ese sábado Albert había tenido un humor que ni había tenido desde hace mucho tiempo disfruto ese día como un niño pequeño entrada la noche el sonido de alguien en su puerta no lo molesto ya que sabía exactamente quién estaba del otro lado de esa puerta.

    —¡Buenas noches vecino!— Mariana sonrió con cierto descaro estaba usando un conjunto revelador de top y pantalón de mezclilla que le quedamos muy entallados.

    «Debe haber algún problema o no se vestiría así para verme» pensó Albert mientras se deleitaba la vista con los pechos que apenas podían ser contenidos por esa tela donde se marcaban claramente sus pezones.

    — Tuve una pequeña emergencia y me quedé sin dinero— dijo ella mientras sonreía coqueta— ¿Podrías prestarme un poco para la renta?

    Albert trato de no ser muy evidente ya que como había supuesto, nuevamente se había gastado en su última fiesta y se había quedado sin dinero para pagar la renta, además sabía que habían llegado un nuevo administrador al edificio una madura de pocas pulgas y su hija a quien solo podía describir como perra con derechos así que ahora no podría ofrecer el culo por la renta como lo hacía con el antiguo encargado.

    —¡Quisiera ayudarte!, Pero no tengo mucho dinero ahora— respondió él sabiendo que ella sería muy insistente.

    — Pero estoy segura que podrás hacer algo para ayudarme— dijo ella mientras le hacía sentir sus pechos.

    — Tal vez haya algo — respondió Albert y se acercó a la caja de las monedas

    Tomó una y se la entregó a Mariana.

    — Puedes conseguir un poco de dinero con esto — dijo él con una sonrisa en su rostro.

    —¡Muchas gracias!— dijo ella mientras le daba un beso en la mejilla — Mañana temprano iré a la casa de empeño.

    Mariana regresó a su apartamento contoneando sus caderas, Albert solo sonreía mientras entraba a su apartamento.

    — Hoy me pagarás todo lo que me debes puta— dijo detrás de su puerta sintiendo una excitación que no se comparaba con nada.

    Era un poco pasada la medianoche Albert esperaba en su sofá usando únicamente una trusa que ya mostraba su erección su vigilia fue prendida cuando escuchó que tocaban su puerta con suavidad se levantó con excitación sabiendo lo que le esperaba y ahí estaba Mariana usando únicamente una camisa holgada que seguramente sería su única ropa de cama.

    — Pasa esclava, te estaba esperando— respondió Albert dejándola pasar a su casa.

    —¡Ahora dime a qué has venido!— preguntó él sabiendo la respuesta de antemano.

    — He venido a pagar mis deudas con mi única propiedad— dijo Mariana mientras rascaba su camisa y quedando desnuda frente a él— Mi cuerpo le pertenece a mi amo para siempre.

    Albert simplemente tomó el elástico de su trusa y liberó su erección.

    —¡Adelante putita! Ya sabes que hacer— dijo el mientras jugaba con su erecto miembro.

    Mariana se arrodilló frente a él y se llevó la erección a su boca para empezar una ruidosa mamada.

    —¡No me quejaré de los que estuvieron antes que yo!— fue la respuesta de Albert mientras solo disfrutaba de la atención femenina.

    Pese a que la mamada que estaba recibiendo era cinco estrellas Albert deseaba mucho más.

    —¡Quiero que uses tus tetas para una rusa!— fue la siguiente orden que le dio.

    — Si amo como usted ordene— fue la respuesta de Miriam quien envolvió el afortunado pene de Albert entre sus grandes pechos.

    —¡Si esto es como en mis sueños!— dijo Albert mientras sentía las suaves esferas de carne que envolvían su pene.

    El pudo sentir bien como su clímax llegaba pero no avisó a Miriam quien recibió por sorpresa la simiente de su amo que le cubrió el rostro y sus pechos.

    — Creo que te gustó, ¿Verdad cabroncita?— dijo el mientras acariciaba el cabello de Miriam.

    Esta solo sonrió mientras usaba sus dedos para recoger el semen y llevárselo a la boca.

    — Vamos a la cama puta, hay algo que siempre he querido hacer contigo— Albert sujetó fuertemente el cabello de Miriam quien sumisa lo siguió todo el camino a cuatro patas.

    Una vez en su habitación le hizo subir a su cama y la contempló un momento, acariciando suavemente sus nalgas dando pellizcos y una ocasional nalgada.

    —¿Cuántas veces escuché tus gemidos a través de estas paredes?— dijo Albert mientras abría las nalgas de Miriam quien sólo respondió con un ahogado suspiro

    —¡Y ahora vas a venir como pura para mí!— dijo Albert mientras entraba por el ano de la chica.

    El se sintió un poco sorprendido de la resistencia que demostraba ese lugar notando inmediatamente que no estaba tan usada como él pensaba o…

    — Dime algo ¿No te dan mucho por el culo verdad?— preguntó Albert sin detener su bombeo.

    —¡No! Ahhh nunca usaron mi culo— respondió ella.

    El pudo sentirse victorioso en ese momento había tomado algo que aún nadie había usado en ella.

    —¡Quién diría que aún tenías un agujero sin usar!— respondió Albert mientras empezaba a reír.

    Mantuvo su ritmo un buen tiempo, hasta el estaba sorprendida de durar tanto tiempo sin correrse preguntándose si el amuleto tendría algo que ver.

    —¡Esta noche llenaré tus agujeros con mi semen!— dijo al momento de tener otra descarga que liberó en el culo de Miriam.

    —¡Ahhh!— fue la respuesta que surgió de los labios de la mujer.

    Salió lentamente del trasero de la mujer notando que aún conservaba una fuerte erección.

    —¡Qué malditos estimulantes!, La magia es lo mejor— dijo el mientras tomaba una toalla y limpiaba un poco su erección.

    Colocó la punta de su pene en la entrada vaginal sintiendo que estaba completamente húmeda.

    —¡Eres tan puta que ya estás completamente empapada!— Albert se tomó un momento más para disfrutar esa sensación y la penetró de un solo golpe.

    La vagina lo recibió bastante receptiva y para su sorpresa un poco estrecha.

    —¡Veo que los anteriores no tenían mi talla!,¿Verdad?— dijo él mientras sujetaba fuertemente las caderas de Miriam y empezaba a bombear.

    — Siiii «ah ah» lo admito «ah ah» tu eres el más grande «ah ah» que «ah» he tenido— respondió ella entre gemidos.

    —»Jajaja» ¡Descuida linda! Jamás volverás a sentir menos que esto es tu vida— respondió él mientras azotaba el trasero de Miriam quien respondió esa acción con gemidos de placer.

    Permaneció un poco más de lo que él pudo esperar así hasta que liberó una copiosa cantidad de fluidos en la intimidad de la mujer, cansado se acomodo a lado de está y se dejó envolver en un cálido sueño.

    Al día siguiente…

    Los fuertes azotes de su puerta despertaron abruptamente a Albert miró a su lado como Miriam seguía durmiendo así que se levantó y fue a ver qué estaba pasando.

    —¡Ya voy! No tumbe mi puerta— dijo él mientras tomaba su bata de baño y se dirigía a la puerta.

    Al abrir la puerta vio que su nueva casera Felicia estaba frente a él una mujer madura de tal vez 40 que se conserva fabulosa para su edad solo que tenía un carácter muy fuerte que hacía difícil hablar con ella.

    —¡Disculpe si es por mi renta está depositada desde ayer!— dijo Albert mientras intentaba cerrar su puerta.

    —¡No vine a hablar de eso!, Si no de su pequeña vecina— dijo ella cuando forzó su paso al interior del apartamento.

    —¿Y que tengo que ver con Mariana?— respondió él molesto con la actitud de la mujer

    — Solo vengo a decirle lo mismo que a todos los vecinos— dijo mientras azotaba su mano contra la mesa de la pequeña sala— espero que no esté ayudando a esa zorra a pagar su renta.

    —¡Creo que esa es mi decisión!— respondió molesto Albert.

    — Mire estoy tratando de ser amable— dijo ella— quiero sacar a las personas «indeseables» de este edificio.

    — Y le juro que no le conviene ayudarla— mientras decía eso tomó una de las monedas de la caja y salió como si nada.

    Albert simplemente sonrió mientras cerraba la puerta, en un par de horas su casera estaría de regreso con una mejor actitud, las cosas no podían estar mejor tenía control sobre su supervisora así que su trabajo sería más sencillo y divertido además de que con su ayuda no tardaría en controlar a la de contabilidad y a su madre que fungía como directora central así que pronto el dinero no sería problema alguno, así que simplemente regresaría a su cama donde Mariana lo estaba esperando.

    Fin