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  • La perrita de su amo

    La perrita de su amo

    Una vez subes por la escalera y pasas por la puerta, ya sabes que no tienes escapatoria, no hay vuelta atrás. Hoy tengo un menú de humillación para ti, para centrarte, hace ya unos días que no practicamos.

    Como ya te conoces la casa, y a mí, pues entras con naturalidad, no te quedas plantada en la entrada sin saber muy bien que hacer, como hacías antes. Te acercas a la mesa, dejas tus cosas, tu abrigo, el bolso. Me miras, comentas algo, te respondo… te miro, sonrió, sonríes, todo muy normal y convencional, excepto que hay unos cuantos cinturones sobre la mesa, y la maleta abierta con todos los juguetes y artilugios.

    Mientras hablamos, me acerco a ti, toco tu culo, lo aprieto, acerco mi cara a la tuya, te miro, te escucho, sigues hablando. Me acerco a la mesa, cojo un cinturón, me sigo acercando a ti.

    – Quítate la ropa y calla un poco, anda…

    – Voy

    – Voy?…

    – Voy, mi amo.

    Te quitas el vestido, no llevas bragas, como me gustan esas cosas!… venias con el coño al aire, de pensar en ello ya se me pone dura, me gustan tanto las guarradas estas que ya no sé si hago bdsm porque soy un guarro, o soy un guarro porque me gusta el bdsm.

    Realmente mi contacto con los “grupos de bdsm” en fiestas y demás, me han hecho replantearme las cosas, yo entiendo esto como un vehículo, no como un fin, quizás tenga más de guarro que de bdsmero, no entiendo como puede ir alguien a una fiesta bdsm e irse de allí sin correrse, al menos una vez!!… yo necesito correrme todos los días, y si me pongo en faena varias veces… si no, no entiendo a que vengo… y también necesito ver como se corre mi sumisa, y beberme su coño… bebérmelo todo… así que, por lo que parece, soy un poco raro… que cosas eh?…

    Desnuda que estas, ahora ya te veo más centrada, con la cara con otro gesto, yo me pongo serio, la cara se me tensa, me acerco con el cinturón, te cojo las manos, te las ato con el… mientras te miro…

    – Sabes perrita lo que te toca hoy?

    – Lo que quieras mi amo.

    – Degradación… voy a degradarte, eso es lo que toca.

    Cojo otro cinturón, y te lo pongo a la altura de los codos, aprieto, tus brazo ya están inmovilizados, cojo otro cinturón y te lo pongo en las piernas a la altura de las rodillas, aprieto, puedes andar, pero con dificultad, te tengo a merced… cojo un collar y te lo pongo… te cojo de la cara, escupo en tu cara, quedas mirándome, sacas la lengua, te relames, lamo tu cara… tu coño debe estar bien mojado, bajo mi mano, y meto la mano entre tus piernas cerradas, efectivamente mojado está, paso mi dedo por tus labios, lo saco y lo chupo, este es el mejor premio del mundo, el sabor de tu coño en mi dedo, mientras nos miramos, acerco mi mano, chupamos mis dedos juntos… que bueno esta esto, adicto a los coños.

    Cojo una cadena y te lo pongo en el collar.

    -Vamos zorra, te voy a enseñar el rinconcito donde vas a aprender a estar, te lo he preparado para ti.

    – Gracias mi amo.

    Lentamente, andando, nos acercamos a la habitación, con la mano sujetando la cadena cogida a tu cuello, y al entrar, ¡sorpresa!… a los pies de la cama, he puesto unas mantas en el suelo y un bebedero, todo limpio y bien puesto, soy muy detallista, me gusta crear confort y hogar, pienso que te vas a sentir muy a gusto.

    – Has visto Zorra?… que te parece?… que sorpresa eh?… aquí a los pies de la cama, es tu sitio, reconfortada… y con tu bebedero para que bebas…

    – Me gusta mi amo.

    – Vamos, agáchate, venga, zorra…

    Te ayudo a arrodillarte sobre la manta y engancho la cadena al somier de la cama, ya estas donde debes estar… dejas caer tu cuerpo hacia adelante y te sientas sobre tus piernas…

    – Muy bien zorra, te gusta lo que ha preparado tu amo?

    – Me encanta mi amo, soy una perra.

    – Eso es. Una perra atada a los pies de la cama… eso es.

    – Una puta perra atada a la cama!…

    Me voy al salón, y cojo otro cinturón, vuelvo a la habitación.

    – Levanta el culo Perra.

    – Si mi amo.

    Levantas el culo y me acerco a tus tobillos, los junto y rodeo con el cinturón, aprieto y lo engancho. Ya llevas un cinturón en los tobillos, muslos, brazos, y muñecas. No puedes hacer nada. Así aprenderás. Me pongo de pie, cojo la fusta que estaba encima de cama.

    – Perra, ponte a cuatro patas… vamos… -Mientras te doy un toque suave con ella en la espalda.

    – Si mi amo. – Lo haces.

    – Ahora, siéntate sobre tus piernas… vamos… -te doy otro suave toque con la fusta.

    – Si mi amo -Lo ejecutas y punto.

    Hacía tiempo que no practicábamos así, pero enseguida respondes a tu amo, por mucho que te relajes o pase lo que pase, en tu cabeza está metido bien profundo que eres mi sumisa, y que lo que yo digo te conviene obedecerlo, tu cabeza relaciona portarse bien y obedecer con el premio que luego te llevas… estas bien educada.

    – Flexiona los brazos, perra, vamos, júntalos contra tu pecho…

    Lo haces, me acerco y cojo tus manos, y te las pongo en la posición que quiero, caídas hacia adelante, estas cosas son las que te quiero enseñar, guardar las posiciones que llevo en la cabeza.

    – Abre la boca, saca la lengua.

    La polla me revienta el pantalón, me desabrocho y me bajo los pantalones, me quito la camiseta que llevo, acerco mi polla a tu cara, a tu boca, la lames…

    – Ves, ya tienes premio, ves lo que pasa cuando te portas así de bien y eres obediente.

    – Si amo, soy muy obediente, tu perra obediente.

    – Así es, obediencia es lo que tienes que mostrarme.

    Meto mi polla en tu boca, cojo tu cabeza con mis manos, te la follo, te follo la boca, entro en ella con mi polla, hasta el final, aguantas bien, hasta tu garganta, ya tienes práctica, no puedes evitar que entra y salga de tu boca, no quieres evitarlo, abres tu boca y ya está, dejas que haga lo que quiera, porque para eso estas. Comienzo a contar las embestidas en tu boca, 1, 2, 3, 4, 5. me gustan los números, me van los numeritos. Paro, y cojo tu cara con mi mano.

    – Vamos a estrenar tu bebedero, te lo voy a preparar con mucho cariño.

    Me arrodillo a tu lado, sobre la manta, cojo el bebedero, tiene un poco de agua que había puesto antes.

    – Vas a beber de aquí perrita, es para ti, ¿te gusta?

    – Si amo, me gusta mucho.

    – Buena chica.

    Acerco mi mano a tu coño otra vez, bien mojado esta… se me hace la boca agua de pensar en chuparlo y bebérmelo todo. Acerco el bebedero a mi polla y la meto dentro con el agua, la sacudo ahí.

    – Ves como te lo preparo zorrita?, para ti… para que lo lamas…

    Lo dejo en el suelo.

    – Venga, a ver como bebes…

    Te pones a cuatro patas, con los brazos y piernas juntas, inmovilizados, te agachas y acercas la boca al bebedero, sacas la lengua… lames… ummmm… ¡que escena!… veo tu ano y tu vagina asomarse entre tus nalgas… no puedo parar de pensar en chupártelo todo… me miras mientras lames el bebedero, el agua con sabor a mi polla en tu lengua… me agacho hacia tu culo en pompa, abro tus nalgas, chupo tu culo y tu coño con mi lengua de abajo a arriba, como un perro a su perra, escupo, y vuelvo a lamer, una y otra vez, tu con tu cara contra el suelo al lado del bebedero, meto mi lengua en tu culo… lo quiero abrir con ella, lo consigo, la meto bien adentro, me encanta chupar tu culo. Toco con mis manos tu coño… lo froto… te vas… me pringas, bajo mi cara, lo recibo en mi boca… que placer me da… restriego mi cara entre tus nalgas, me lleno de ti, tu corrida por mi cara, mi nariz mojada de ti, me encanta el olor de tu coño.

    Me levanto, giras tu cabeza y me miras, me muerdo el labio de verte con el culo en pompa mirándome con esa cara de cachonda que tienes.

    – Quiero culo – me dices.

    – Ah si?… claro que toca culo ahora puta. Culo roto.

    – Si amo, mi culo roto es lo que necesito.

    Me acerco a la maleta cojo un dilatador, un dildo, y lubricante, vuelvo hacia ti, sigues en la misma posición, esperando, esta parte te la sabes bien, te sale ya muy bien, tu culo está listo para mi siempre, pero me gusta meterte cosas por el culo, y que las chupemos como un helado cuando las saco. Así que me agacho a tu lado, estas a cuatro patas, acerco mi cara a la tuya, dejo caer los juguetes al suelo a tu lado, te beso en la boca, mientras acerco mi mano a tu culo, y meto un dedo en tu ano, sacamos las lenguas buscando lamernos nos encontramos, nos chupamos la cara, muevo mi dedo dentro de tu ano, lo saco y acerco mi mano a nuestras caras, lo chupamos juntos, lamemos nuestro dedo con sabor a tu culo, la polla me chorrea, meto el dedo en mi boca, me miras hacerlo, lo saco y lo meto en la tuya…

    – Turno para dilatar, zorra.

    Cojo un dilatador, he traído el grande directamente, dejo caer lubricante en tu ano, unto el dilatador, lo pongo en posición y aprieto… hacia adentro, suave pero constante, se hunde en tu ano, se mete pero no dejo que lo haga del todo, dejo la parte grande en la misma entrada, me encanta ver la piel del aro del ano sobre la superficie del dilatador, parece que lo engulle pero no puede, no le dejo, lo saco un poco, lo vuelvo a meter, gimes, arqueas tu espalda, no puedes moverte mucho mas, lo muevo apenas dos centímetros, en la entrada del ano, un poco dentro un poco fuera, dilatas… lo saco del todo, queda abierto unos segundos, se cierra, vuelvo a repetir… tu coño chorrea, repito la jugada, y cuando lo saco meto mi lengua en tu culo, aprovecho la abertura y lamo tu interior.

    Me pongo de rodillas detrás tuyo, ha llegado el momento de follarte, meto el dilatador finalmente del todo, y con las piernas juntas, meto mi polla en tu coño apretado, apretado por los lados por tus muslos y por arriba por el dilatador, me cuesta entrar, pero resbala tanto que entro, comienzo a embestirte mientras te cojo de las caderas, mueves tu culo al ritmo, continuamos, fuerte, mi polla entra dentro y sale, acelero, dame fuerte me dices, sigo haciéndolo mientras veo tu espalda arqueada, te giras y me miras con el rabillo del ojo, con los ojos medio abiertos medio cerrados, la boca entreabierta, muerdes tus labios… muerdo los míos. Choco con el dilatador una y otra vez.

    Bajo el ritmo, toca culo, a eso voy ahora, con mi polla dentro tuyo, cojo el dilatador, estiro hacia fuera, lo saco, tiro mas lubricante, meto dos dedos, los muevo, los saco, saco mi polla de tu coño, me incorporo para follártelo con las piernas flexionadas sobre ti, apunto a tu ano, y adentro… empiezo fuerte desde el principio, hasta dentro del todo, no hay problema de nada, te lo parto, gimes de placer, suspiro cada vez que entro, continuo, te vas, te corres mientras me dices que te rompa el culo, yo ya no puedo hablar demasiado, solo resoplo, giras tu cara, me miras, mi mano derecha se apoya en la cama, mi izquierda sobre tu nalga, sigo y sigo, hasta que me voy y te lleno por dentro, me pego una corrida de escándalo, grito varios segundos al hacerlo. Los vecinos me odian.

    Como puedo te desabrocho el cinturón de los muslos y los pies, me tiro en la cama, te tiras a mi lado, boca arriba, piel con piel, me giro hacia ti, nos besamos. Lo pasamos bien.

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  • Mi primera vez con mi cuñado

    Mi primera vez con mi cuñado

    Buen día/noche. Quería contar mi primera experiencia, compartirla con Uds., espero que la disfruten. Primero me presento, Soy Mica, tengo 24 años, soy morocha, mido 1,52, de contextura delgada, pechos pequeños, de buena cola, dicho esto empiezo.

    Siempre tuve una buena relación con mi hermana Melisa, ella más grande que yo, me ayudó en todo, está de novia. Mi cuñado Gustavo siempre tuvo muy buena relación conmigo, somos como amigos, mide como 1,82, de buena espalda, marcado en línea general.

    Hace tiempo que ando poquito caliente, he tenido novios, pero nunca pude entregarme a ellos, porque la mayoría eran y se comportaban como pendejos. Mi cuñado de vacaciones, vinieron a casa a pasar unos días, tenemos pileta, por lo que aprovechamos de bañarnos y disfrutarla, al verlo bañarse y verlo marcado empecé a desearlo cada vez más, a la noche mi mente empezó a volar, a fantasear con él.

    Por la mañana nos despertamos primeras con mi hermana, nos pusimos a charlar, en eso me comentó que se dio cuenta como miraba a Gustavo, yo sin saber que decir, acepté le dije que era verdad, que me llamó la atención. Ella me dijo que no le molestaba, que estaba muy segura de su relación, de hecho, que estaban intentando implementar nuevas cosas, como los tríos, en sus charlas en un trío con dos mujeres yo estaba incluida, me quedé sorprendida, pero vi un buen momento para sacarme esas ganas. Le contesté que era muy rápido, que mi falta de experiencia me hacía dar vergüenza. Ella me ofertó que si quería, podía estar dos o tres veces a solas con Gustavo, así me acostumbraba a él. Yo simulé pensarlo unos segundos, para finalmente aceptar su propuesta.

    Melisa por la tarde se fue a pasear con sus amigas, mis viejos trabajan todo el día, por lo que quedé a solas con él. Yo estaba algo nerviosa, empezamos a hablar de todo un poco, hasta hablar de sexo eso me hizo relajar bastante. Yo pregunté puedo bañarme, mis nervios me habían hecho transpirar otra vez, salí de bañarme me fui a cambiar, él se fue a duchar también.

    Salió, yo me estaba terminando de vestir, con el toallón en la cintura veía su cuerpo, era muy atractivo, veía que disimulado, pero me miraba el culo. Eso me hacía sentir deseada, me estaba calentando y mojando con sólo mirarme, me paré cerca, me tomó de la cintura, me llevó a su cuerpo, acercó su boca a la mía, empezamos con un beso tranqui, sus labios bien carnosos, me derretían, fueron cada vez más apasionados, yo estaba muy hot, sentía que me latía la conchita.

    Me apoyaba su cuerpo empecé a sentir su pene crecer y endurecerse, ya no aguantaba más, quería que me hiciera de todo, me levantó la remera me tocaba mis pequeñas tetas con sus grandes manos, luego me las empezó a chupar y lamer, sentí un calor indescriptible.

    Él se reincorporó, me dijo “ahora arrodíllate”. Abrió el toallón, tenía por primera vez un pene frente a mis ojos, si soy sincera, me asustó un poquito, era grande, con las venas bien marcadas, más grueso que mi brazo.

    Él me explicó con una mano acariciarle los huevos, con la otra, masturbarlo, con la boca chuparlo como si fuera un helado, me explicaba cada paso. Con mis dos manos y con la boca no cubría su pene, que parecía seguir creciendo y endureciéndose, intenté meterlo más en mi boca, pero me atragantaba.

    Me levantó, me acostó en mi cama, bajo mi short, mi cola less, me hizo un oral, su lengua recorría por fuera mi conchita, también mi colita, me fascinaba, me hizo ver las estrellas, creía tener un orgasmo, un calor me quemaba desde adentro, cuando ya no daba más de placer. Se puso encima mío, me abrió las piernas, empezó a meterme su pedazo poco a poco, Gustavo me decía que mi conchita era muy estrecha, yo sentía su pene abrirme la conchita, me dolía, pero a la vez me encantaba, cada vez me daba más profundo, sin darme cuenta estaba gimiendo, mis ojos extraviados, mis uñas clavadas en su espalda, denotaban que tenía un orgasmo tras otro.

    Me puso de lado, él atrás mío, me tocaba por encima de mi conchita con una mano, con la otra me acariciaba las tetas, a veces me besaba el cuello, me volvía loca con cada cosa que me hacía. Luego se puso boca arriba, me enseñó a montarlo, en principio me costaba mucho moverme, su pija dura me tenía inmovilizada, luego me ayudó con sus manos a moverme, liberé mis caderas, me dejé llevar, me agarraba de la cola o de mi cintura de una forma que me encantaba, estaba teniendo un orgasmo cuando sentí que me metía un dedo en mi ano, me hizo gritar, sentía más estrecho mis espacios, aunque me importaba poco.

    Me hizo poner en 4 al borde de la cama, él atrás, me tomó de la cadera y me cogía cada vez más profundo a ritmo medio sentía su verga hasta el pecho, yo gritaba como una putita, me estaba desarmando, me tiraba del pelo, mientras me nalgueaba, me sentía una actriz porno, mientras llegaba a un orgasmo intenso, me dijo que estaba por terminar, quería llenarme la boquita de leche, yo le respondí “dámela toda”.

    Me hizo arrodillar, abrí mi boquita y comenzó a eyacularme, era bastante, me cayó en mi boca, en mi cara y en mis tetas, tragué lo que tenía en mi boca, su sabor era muy agradable, me gustó, con mis dedos junté lo que cayó en mi pecho, limpié mis labios con mi lengua, veía en su pene gotas de leche, se lo chupé un ratito más.

    Al terminar me ruboricé, nunca pensé en hacer tanto, él me halagó, me dijo que lo disfrutó mucho. Yo gocé y disfruté como nunca lo hubiese imaginado.

    Esa fue mi primera vez, pero no la última…

  • Miro como la nueva lo hace con mi jefe

    Miro como la nueva lo hace con mi jefe

    Me llamo Nuria, tengo treinta y nueve años y estoy casada. La oficina donde trabajo consiste en un espacio diáfano donde los puestos con las butacas de tela y los escritorios se encuentran en islotes, agrupando a los empleados de cuatro en cuatro. Hay cuatro excepciones, el despacho del jefe donde don Antonio, cuatro años mayor que yo, trabaja; la sala de reuniones, los cuartos de baño y una habitación estrecha con microondas, nevera y fregadero.

    El martes llegó la nueva, una joven recién salida de la universidad. Llevaba pantalones de licra negros que moldeaban su figura, camisa blanca con escote y el pelo largo y ondulado. Era atractiva y no puede evitar fijarme en como sus nalgas subían y bajaban por turno mientras caminaba sobre los zapatos de aguja camino del despacho.

    Diez minutos después salió sonriendo en compañía de don Antonio.

    —Esta es Paula, una chica preparada y con ganas de comerse el mundo. Trabajará en el departamento de Nuria, bajo su supervisión. —anunció mi jefe.

    «¿Qué podía decir de la nueva empleada una semana después?» Bueno, pues que Paula era lista y tenía mucha ambición. Sus palabras y falsa adulación podían engañar a cualquiera, pero no a mi. Casi desde el principio noté que la nueva persona que tenía a mi cargo era todo menos sincera, dentro de esa cabecita, detrás de esa sonrisa y esos ojazos, existía un ser frío y calculador que no se detendría ante nada. Cada consejo que le daba, cada truco, cada tarea podía ser usado en mi contra si la situación se torcía.

    La situación ocurrió muy pronto, el error fue de ella, pero el asunto me salpicó de lleno. Cuando salió del despacho de Antonio supe que me la había jugado, su sonrisa la delataba.

    —Nuria, ven a mi despacho.

    Me levanté y traté de mantener la calma, durante un instante el nudo que se aferró a mi estómago fruto de los nervios, me dejó sin aire. Por fortuna, me repuse y caminé hacia el despacho.

    Lo primero que me reprochó mi jefe fue que no hubiese supervisado a la nueva. Ésta, al parecer, le había vendido la moto poniendo cara de gatito abandonado. Me rebelé, si aquel tipo pensaba que iba a agachar la cabeza estaba equivocado. Podía no ser tan arpía como la nueva, pero no estaba dispuesta a crear un precedente y poner el culo cada vez que esa zorra quisiera.

    —Eres tonto. —dije sin pensar.

    —¿Qué dices? —replicó Antonio con cara de sorpresa.

    —Digo que todos los tíos os volvéis gilipollas en presencia de una joven atractiva. Seguro que la zorra te ha hecho ojitos y te ha ablandado el cerebro con su monserga. Pero para tu información los hechos son los que son.

    Después de este arranque salido de la rabia que acumulaba, expuse con respeto y precisión los pormenores del caso. No tuve piedad con Paula. No la merecía.

    Después de recibir a un cliente y hacer unas llamadas. Antonio salió del despacho y parándose enfrente de Paula dijo.

    —¿Vamos a tomar un café?

    —Yo prefiero manzanilla. —respondió la joven cameladora.

    —Lo que sea. Vamos a la cocina. —dijo Antonio molesto.

    No pude evitar sonreír celebrando mi victoria. O eso creía yo.

    Al día siguiente, Paula estaba seria y me alegré pensando que le había caído un buen rapapolvo. Aunque luego la pillé sonriéndome de manera enigmática y me entraron las dudas.

    Ya por la tarde, antes de ir a casa, fui al baño y me entretuve un buen rato. Cuando salí no quedaba nadie, sin embargo, el despacho de mi jefe tenía la puerta entreabierta y había luz.

    Me acerqué procurando no hacer ruido.

    —Ya sabes lo que toca. —oí que decía don Antonio.

    Luego oí el sonido de una cremallera bajándose. Luego un gemido.

    Me asomé con precaución para no ser vista.

    Paula estaba sin camiseta y sin sujetador, de cuclillas. Su espalda desnuda. De pie, con los pantalones de vestir y los calzoncillos a la altura de los tobillos mi jefe. Sus ojos estaban cerrados.

    Paula chupaba y chupaba.

    Me retiré pegándome contra la pared mientras mi corazón latía con fuerza.

    Las palabras que acababa de oír y las imágenes de la felación en mi mente. «Ya sabes…», no era la primera vez pensé. Una idea tomó forma en mi cerebro, los dos, ayer, en la estrecha cocina. Seguro que esa zorra había hecho todo lo posible por quedar bien y se había ofrecido a su jefe… podía haber sido al revés, pero no cuadraba con su actitud de hoy. Imaginé a Antonio manoseando los pechos y el culo de la empleada mientras ella le susurraba al oído lo mucho que le ponía que le metiesen mano.

    Sentí un cosquilleo en su bajo vientre. «¿celos?, ¿envidía?»… tenía marido y follaba con cierta frecuencia y me lo pasaba bien, pero… «No era nada prohibido, siempre el mismo ritual… solo cambiábamos la posición. A veces yo estaba arriba y el abajo, a veces al revés… y luego abrazados un buen rato. ¿Eso me gustaba no?, ¿acaso mi marido no demostraba lo mucho que me quería?… y sin embargo, ahora, aquí… ¿de dónde venía ese deseo? ¿Pura lujuria? O algo más…»

    Me sentía culpable de sentir, de querer unirme a mi compañera y a mi jefe, de querer unirme en una orgía. Odiaba a esa zorra, de buena gana le daría unos buenos azotes a esa niña malcriada… sí, le daría unos azotes y le lamería el culo y las tetas y le besaría y…

    «Basta» pensé.

    Miré de nuevo.

    Ahora Paula estaba inclinada sobre el escritorio con el culo al aire. Antonio se estaba colocando un condón.

    Aguardé hechizada con aquel trasero.

    Mi jefe la cogió por detrás y empujó. Su trasero peludo tomó protagonismo contrastando con la imagen de las nalgas y deliciosa raja de la nueva que permanecían cubiertas por el varón.

    El sonido de los huevos chocando contra los glúteos se mezclaba con los jadeos de ambos amantes.

    Me aparté de nuevo apoyándome contra la pared. Tenía la mano metida en las bragas y me estaba frotando el coño. Quería más. Manipulé un dedo que se aventuró a entrar en mi vagina mojada por el deseo. Lancé un gritito y sentí miedo. Miedo a ser descubierta.

    Entré en el baño de mujeres y tras cerrar el pestillo me bajé las bragas, subí la falda y me senté en la taza.

    El orgasmo no tardó en llegar.

    Luego oriné, me sequé el chocho y la raja del culo con papel higiénico y volví a casa.

  • Mi amigo me la mama y me encanta (parte 2)

    Mi amigo me la mama y me encanta (parte 2)

    Luego de ese día en el que mi amigo me la mamó dos veces las cosas cambiaron mucho entre nosotros, y todo empezó a tener sentido, siempre pensé que era de esos típicos malos amigos que siempre se acercaba mis novias le gustaban porque notaba cierto rencor cuando salía al tema alguna de ellas, siempre pensé que estaba celoso de mi o que me tenía envidia, pero no era del todo cierto.

    Hasta cierto punto su envidia se retorció de manera que en lugar de verse en mi lugar (como me cogia a mi novia o como la ponía a mamármela) se veía en el lugar de ellas y supongo que de ahí había nacido la atracción que él sentía por mí y esas ganas de estar conmigo (verme el pito, agarrarlo o mamarlo).

    La cosa es que después de ese día cada vez que estábamos solos me hacía ese tipo de cosas, me daba mamadas o me seducía agarrándome la verga por encima del pantalón. Y a decir verdad me encantaba esa dinámica entre nosotros, me hacía sentir atractivo y deseado. Así que yo también buscaba estar a solas con él y me encantaba cuando me bajaba el pantalón y mis partes sexuales quedaban expuestas ante mi amigo con el propósito de darnos placer sexual. Ufff, de solo recordar esa sensación me dan ganas de tenerlo aquí conmigo y sentir sus manos de hombre bajándome el pantalón y amamantarlo como siempre lo hago, creo que me ha sacado más la leche que cualquiera de mis novias. Aparte de que me encanta que sea nuestro secreto porque nadie más me hace sentir lo que mi amigo me hace sentir.

    A veces nos vamos de parranda en su auto con el pretexto de que vamos de juerga, ya que es una fachada que nuestros amigos y conocidos se creen, lo que no se imaginan es que mientras estamos solos, yo me tomo mi cerveza y mi amigo se prende de mi verga como si fuera un becerro a las ubres de su madre y me exprime los huevos con su áspera mano para poderse tragar mi lechita.

    Me encanta en verdad, no estoy seguro de que quiera que me lo coja porque todo lo que hace es darme mamadas mientras él se pajea, pero yo no me quejo, sé que el disfruta tanto como yo y posiblemente nunca deje de tener a mi amigo a mi lado, y eso me gusta porque siempre tendré una mamada asegurada (cosa que no tengo asegurada con mi novia) tal vez a la próxima le pregunte si quiere que me lo coja.

    Ya les estaré contando que pasa. Disfruten de su paja en honor a la bonita amistad que sostengo con mi amigo.

  • Mi mejor amigo me feminizó (parte 3)

    Mi mejor amigo me feminizó (parte 3)

    Durante la semana todo fue normal, comencé a usar la peluca y la ropa que me dejó Daniel y de vez en cuando me miraba en el espejo, haciéndome alguna que otra pose para ver si en verdad me veía bien.

    – ¿Qué estoy haciendo? Esto no me gusta… Pronto va a llegar…

    Daniel tenía por costumbre llegar a las 6 de la tarde todos los días y su rutina era comer algo, bañarse y ver algo juntos en la televisión.

    Yo debía cumplir con hacer la limpieza durante el día y cocinar para mantener todo en orden, a veces me quedaba algo de tiempo extra para descansar, pero aun así no me terminaba de sentir bien del todo.

    Cuando nos sentamos a ver la tele puso una peli donde una chica usaba un plug anal y le daban varios hombres a la vez.

    Me levante del sofá y fui por papel para cuando estuviera a punto de acabar, pero antes de eso me tomo del brazo de golpe.

    -Espera, voy a buscar algo primero, quédate aquí viendo la tele. – Me dijo mientras entraba a su habitación y volvía con un plug con forma de corazón en el tope.

    Se sentó nuevamente en el sillón y aún con la verga afuera me quedó mirando mientras sostenía el plug y me dijo:

    -Dime que prefieres, ¿usar este plug, o hacerme acabar tu con tus manos?

    Cuando lo escuche me quede helado, ¿Qué le estaba pasando? Yo no soy gay, porque debería hacer esas cosas si no quería…

    – ¿Estas bromeando verdad? Jajaja No haré nada de eso…

    -Te daré una tercera opción en ese caso, solo porque soy alguien bueno y quiero que te sientas bien… Me haces acabar con tus manos, usas el plug, o salimos a pasear un rato, decide o lo haré yo.

    Cuando dijo lo último sentía que el corazón se me saldría del pecho, ¿Qué iba a hacer? Si alguien me veía y me reconocía por la calle, ¿Cómo explicaría todo esto? Estaba entre la espada y la pared…

    -Espera… No, no harías eso… No puedo salir a la calle así…

    -Entonces elige el plug o tus manos, elige ahora o vamos a salir a dar una vuelta.

    Mi corazón se estaba acelerando tanto y entre los nervios solo cerré mis ojos y llevé mis manos a su verga. Sentía como esa cosa palpitaba y no quería verlo, solo me enfoqué en la película y no le dije nada.

    Luego de un rato sentí como soltaba semen por el suelo y manchaba un poco mis manos, se sentía tan extraño, estaba temblando como si tuviese frío y el aún no se levantaba del sofá.

    – ¿Si te enteraste que ya acabé cierto?

    -Si… Lo pude notar, manchaste todo, hasta mis manos.

    – ¿Entonces porque todavía no me has soltado si ya acabé? ¿Acaso te gusta sentirla?

    Sentía cómo mi cara se ponía roja por completo y quitando mis manos de su miembro me levanté y me fui a lavar mientras que Daniel apagaba la televisión y se iba a dormir.

    Cuando salí del baño me fui a mi habitación y me percaté que había dejado el plug en mi mesa de noche.

    -Idiota…

    Me desvestí y me acosté a dormir, pero me costaba conciliar el sueño, me movía de un lado a otro, la película y lo que había hecho, de alguna forma me gustó, era como haberme tocado yo mismo y necesitaba hacerlo… Llevé mi mano hasta mi pene, pero era inútil, no podía hacer nada, veía el plug tan cerca y recordando a la chica de la película pensé, «¿Que se sentirá usar uno?».

    Entre mi curiosidad y mis ganas de masturbarme comencé a acariciar mi culo y tomando el plug intenté empujarlo, pero dolía un poco. Me lleve el plug a la boca y lo llene de saliva para ver si ahora entraba, entre la angustia y el tira y afloja con el hecho de si hacerlo o no, decidí apoyar mi cara sobre la almohada y levantar mi culo, apoye el plug en la entrada de mi ano y empuje hasta que solo quedó el tope afuera.

    Se sentía tan extraño y a la vez tan diferente, intentaba apretar, pero sentía como si se metiera más cada vez que lo intentaba, estuve un buen rato y me percate que mi pene estaba goteando líquido preseminal. Pasado un poco de tiempo me lo saqué y me dormí.

    Al otro día desperté y el plug había desaparecido de mi habitación, me arreglé como de costumbre, me puse la peluca, falda, top y una lencería negra. Cuando salí de la habitación vi una nota otra vez en la mesa junto a una bolsa.

    «Estaré ausente un par de días, pero te deje un regalito para que te diviertas en mi ausencia».

    Busqué en el interior y al sacarlo me di cuenta que se trataba de un dildo con base para pegarlo en algún sitio, al verlo pensé en que estaba loco, como se le ocurría que iba a usar esta cosa para divertirme.

    Fui a prepararme algo para comer y me puse pálido del susto. Daniel se había llevado todo lo que había para comer y para preparar, me dejó solo en el departamento sin nada más que ropa femenina y algo de dinero en el mostrador de la cocina para que fuese a comprar las cosas yo… Dios… ¿Cómo se supone que haré esto ahora?

    Si quieren saber que ocurrió después denle apoyo a este relato amores, iré subiendo los partes de esta historia cada semana, espero lo disfruten mucho.

  • Licenciada Paula (parte 2)

    Licenciada Paula (parte 2)

    Me acerqué, y la besé con pasión,  a la vez que ella tomaba mi pene y lo masturbaba, la tomé por la parte trasera de la cabeza para dirigir los besos, ella estaba perdiéndose en mi boca, bajé a su cuello, ella me tomaba del cabello mientras yo iba bajando para ir a lo que quería, esas chichis que tanto deseaba tener, comencé tocándolas, apretando levemente sus pezones, procediendo a chuparlos y disfrutar como gemía de gusto por tenerme ahí.

    Luego de unos minutos y de dejárselos empapados de mi saliva, me solicitó:

    – Quiero probar eso que llevo rato tocando, está caliente, huele bien y quiero conocer su sabor.

    – Disfrútalo como yo estoy disfrutando de esas tetas tan deliciosas.

    Empezó a chupar la punta, babearlo, escupirle, lo hacía lento, ya que los brackets la limitaban un poco, pero lo hizo delicioso, lamía como se debe, y la metía lo más profundo que podía.

    – Realmente sabes lo que haces, Paula

    – Quiero ver qué hacer tú Ahora

    Se acostó en la cama y era mi turno, ella estaba experimentada, tenía que hacerlo bien si quería que se repitiera.

    Inicie pasando mi boca por sus muslos, acariciando su cuerpo, eso le fascinaba, se retorcía y decía sentir cosquillas deliciosas, lamía lentamente hasta llegar a su vagina, dónde usé mi lengua extendida, dando una pincelada larga y lenta por toda su vagina y terminando en su clítoris, dónde comencé a dar lengüetazos, a la vez que tomaba sus piernas y entrelazaba mis manos con las suyas, gemía tan delicioso, sabía tan exquisita y se sentía tan bien, que comenzó a tomar mi cabeza y moverse ella misma, mientras mi lengua continuaba estimulándola. Ingresé un dedo en su orificio que se encontraba totalmente empapado, por lo que fue fácil entrar; acto seguido comencé a mover el dedo hacia mí, estimulándole más y provocando que gritara.

    – Santos! ¡Santos! ¡Por Dios! No me importa lo que estás haciendo pero no pares! ¡Es lo que mejor!

    Obedecí su petición, estuve un muy buen rato tocándola, hasta que comencé a hacerlo más contante, hasta el momento en que comenzó a temblar y te jalo el cabello para quitarme de su vagina, gritó como jamás la había oído.

    – Santos! ¡Te necesito! ¡Métemela ya! ¡Así! ¡Hazme lo que quieras después, pero penétrame en este momento!

    – A mi amante lo que pida!

    Puse mi verga en posición, le escupió a su mano y la restregó en mi miembro, después comencé a introducirlo, estaba más que lubricada, hervía de cachonda, así que prácticamente su concha la absorbió, se sentía tan bien, nunca había tenido relaciones sin condón y lo estaba disfrutando mucho, ella gemía y me pedía besos, chupar sus pechos, y decía cosas que me calentaban.

    – ¡Ay cariño, la siento tan profundo! ¡Me vas a dejar más invalida!

    – Yo te cuido, pero esto te pasaría diario

    – Yo soy tu mujer puedes hacerme lo que quieras, menos sacármelo

    – Ah, ¿eres mi mujer!?

    – Si, toda tuya

    – Y puedo hacer lo que yo quiera?

    – Sí mi amor, tú pide y yo obedezco

    – Me quiero venir adentro de ti!

    – Dónde quieras, chamaquito! ¡Yo me los trago y los absorbo!

    – Me voy a venir!

    – Relléname!

    Me salió tanta leche que en el momento que salí de dentro de ella, mis chicos se escurrían, a lo que ella dispuso.

    – Wow, está muy calientita, siento como sale y… (Tomó un poco de lo que le salía y lo probó) mmmm está muy rico!

    – Me alegra que te guste, lo que te salió a ti me encantó.

    – Pues si todavía aguantas, quiero que te vengas en mi boca para poder probarlos directamente.

    – Por supuesto que aguanto, solo déjame… (Me acerqué a sus pechos para olerlos, sudaban y tenían un aroma tan delicioso, que procedí a chuparle todo hasta que casi casi solo olía a mi saliva) son perfectos.

    Me levanté, y le pedí que se sentará hacía la cabecera de la cama, de modo que mi pene quedará a la altura su boca y que me lo chupara para darle lo que me pidió, lo hizo y comenzamos.

    Comenzó chupándolo con tal pasión, que desbordaba saliva que caía en sus chichotas, lo que aproveché para la rusa más rusa de la vida, se deslizaba con tal facilidad y las apretaba tanto, que sentía que me saldría la leche en cualquier momento, así que le dije.

    – Ya viene! ¿¡Lista!?

    – Lista! (Dijo con la boca abierta y la lengua afuera).

    Expulse 3 grandes chorros, de los cuales 2 fueron a la boca embarrando parte de sus labios y cayendo hasta sus pechos, y el 3ero fue hacia su rostro, dejando manchada su nariz, cachete y frente. Me senté en la cama rendido, y mirándola, sentada y con mi leche por la cara y senos, tomándose mi leche y mirándome con esa sonrisa que me estaba encantando ahora más que nunca.

    – Está dulce

    – Gracias, estuvo muy bien eh

    – Ya sé, quién te viera mocoso, si sabes cogerte a una mujer

    – Solo a las de verdad (le guiñe un ojo)

    – Jajaja, déjame ir limpiarme, y nos vamos a dormir porque no hemos descansado, y por mi condición no puedo aguantar más, ¿me ayudas? Y te dejare dormir entre mis pechos.

    – Claro, aunque no te prometo no chuparte los mientras duermo.

    – Cuento con ello (me guiño el ojo).

    Terminamos de limpiarla y nos acostamos desnudos, cumplió su palabra y dormí todo el tiempo entre sus pechos, oliéndolos, ese aroma a sexo era inigualable. Pasaron las horas y despertamos, tomamos un baño (por calientes y para ayudarle) y me retiré de su casa, no sin antes decirme.

    – Yo soy tu mujer, y necesito que vengas a cuidare cuando esté sola

    – Yo soy tu hombre, y mi deber es complacerte

    Me fui a casa, esperando con ansias el siguiente encuentro.

  • Entrevista para la comunidad

    Entrevista para la comunidad

    ¡Hola queridos! Soy Tania Love, travesti de closet y hoy quiero compartirles una entrevista que me hizo mi amiga Diana (travesti full time), me pareció interesante y agradezco que se fijara en mí de esta forma, como ser humano. Ojalá les guste.

    D. Hola tu nombre es:

    T. Tania

    D. Eres todo un hombre físicamente… ¿Cómo te defines?

    T. Mira, tuve el honor de nacer hombre, luzco como uno, hago vida como uno, pero me defino bisexual, primordialmente pasivo, me encantan los hombres y vestirme de mujer para ellos… Se puede decir que soy travesti de closet.

    D. ¿Casado?

    T. Si… El tener esta vida masculina exige en ocasiones cumplir con ciertos protocolos sociales, casarse, considero yo es uno de ellos.

    D. ¿Cómo es tu relación con tu esposa?

    T. Normal, como cualquier pareja, vamos al súper, cocinamos, etc…

    D. Y… ¿En el sexo?

    T. Uff… Bueno, te darás cuenta que soy ya un hombre maduro, tengo 52, el libido masculino ha disminuido bastante. Cuando joven fui muy activo con ella, teníamos sexo en cualquier lugar y momento, soy completamente funcional en el plano masculino, aún tenemos relaciones.

    D. ¿Ella sabe tus preferencias?

    T. No … Aunque soy muy abierto con ella, solo funciono como hombre para ella, la satisfago y trato de tenerla contenta en lo posible.

    D. ¿Lo logras?

    T. En el momento si, pero debo decir que ella tiene relaciones con otros, ella piensa que no lo sé, pero es una verdad que ella necesita satisfacer sus deseos, es muy ardiente y tú sabes… Sandía grande no se la come uno solo jaja!

    D. ¿Piensas confesarle alguna vez tus gustos?

    T. No lo sé… Como dice una canción: «nadie sabe al día siguiente lo que hará» pero es muy lejana esa posibilidad.

    D. ¿Alguna vez pasó por tu mente el cambiar de sexo?

    T. No… Soy travesti con gusto por los hombres, no quiero ser mujer. Me encanta que los amantes imaginen en mi a la mujer que siempre han querido, realizar sus fantasías y tenerlos satisfechos, pero cambiar de sexo… No.

    D. Emocionalmente ¿Te hace falta amor de un hombre?

    T. Uff… Te mentiría si te dijera que no, es necesario que las relaciones vayan más allá del sexo, para mí es importante sentir afecto y por qué no… Amor. Amor de un hombre, Yo amo a los hombres, me gusta su forma de ser, de pensar y de amar, por supuesto que me hace falta.

    D. Entonces… ¿Estarías abierta a una relación con un hombre que te ame?

    T. Jaja eres muy lista! Pero… Si, y si la siguiente pregunta es que si lo busco, te respondo de una vez… No, llegará cuando tenga que llegar y si no llega no hay problema.

    D. Gracias hermosa! Tus respuestas son muy valiosas para nuestra comunidad.

    T. Gracias a ti linda!

    Eso fue la entrevista que me hicieron favor de hacer para una comunidad transgénero hace unos años. Ojalá les haya gustado. Les dejo como siempre mi correo [email protected] para recibir sus comentarios.

    ¡Besos!

    Tania Love.

  • Pegging ¿algo enfermizo?

    Pegging ¿algo enfermizo?

    Hacíamos tiempo mientras se preparaba la comida, estábamos limpios fresquitos y vestidos, bueno yo me puse el pantalón vaquero mientras mi calzoncillo estaba tendido, era su casa y yo andaba con lo puesto. Ella sí estaba medio desnuda, con una camisa de tirantes finos que dejaba ver su ombligo y unas braguitas verdes metidas en el culo, siempre descalza. Era una diosa y me tenía cautivado, sabía tratar y dar a los hombres lo que les gusta en cada momento, le excitaba dominar.

    Cada vez que nos cruzábamos nos morreábamos y nos chupábamos, yo le comía el escote y ella lamia mis pezones, el horno siempre encendido.

    Mientras ponía la mesa pude ver a la vecina en la terraza haciendo tareas, me escondí para observarla, ahora era yo quien espiaba, ya la había pillado espiándome ella a mi estando en calzoncillos y me gustó. Seguía con la misma camisa, pero había cambiado los pantalones por una faldita corta, me excite al pensar que no llevaba bragas. Seguí mirando un poco empalmado, tenía rasgos asiáticos, filipina o thailandesa y aunque parecía una cuarentona larga, tenía buen cuerpo, desde mi posición aprecié unas tetas desproporcionadas. Estaba bastante cachondo y distraído, mi chica me vio.

    Cuando me preguntó que estaba mirando, mire a la terraza y ya no estaba, no me corte y le dije que espiaba a su vecina. Ella se reía y quería saber más y mientras comíamos me confesé sin tapujos. Se excito muchísimo cuando le conté que esa mañana me había masturbado en la ducha oliendo sus bragas sucias, se la ponían los ojos como platos y se mordía el labio. Le conté como había pillado a la vecina espiándome, le dije que me había excitado muchísimo y me había empalmado, también le conté que estaba dispuesto a masturbarme mientras me miraba pero se fue y me quedé con las ganas. Ella estaba encantada, mientras me decía que era un guarro me puso las tetas en la boca y masajeando mi polla por encima del vaquero me dijo: » voy a preparar estas braguitas que llevo para ti cochino», me empalme como un burro. Se fue a dormir la siesta y decidí echarme también.

    La habitación estaba con la persiana bajada, estaba oscuro y me sentí a gusto quitándome el pantalón para dormir desnudo. No sé cuanto había dormido cuando me despertó ella de golpe abriendo la persiana hasta arriba y dejando entrar luz, me cegué y me puse boca abajo tapándome los ojos con la almohada. Cuando giré la cabeza la vi ahí de pie mirándome y comprendí que empezaba la acción.

    En una mano llevaba las bragas verdes que antes tenía puestas, podía apreciar el verde más oscuro donde estaban más húmedas, en la otra mano pajeaba una polla unida a su arnés. Me di cuenta que estaba desnudo y me excité, me sentía vulnerable. Mojo su mano en su coño para lubricar el falo, luego seco su chocho con las bragas y me las puso en la nariz: «te gusta como huele a que si guarro» me dijo. Me daba azotes hasta que contestaba y yo decía que si.

    Tenía la polla como un garrote. Metió las bragas en mi boca, las dejo ahí y empezó abrir mis piernas, estaba en posición rana, la cara y las manos en la almohada. Estaba sintiéndome usado, castigado. Ella se subió a mis piernas y a empezó a metérmela, sentir como estaba encima de mí metiéndomela y no poder moverme hizo que me corriera, disimule los gemidos para que no se diera cuenta.

    Note la humedad en la tripa. No se dio cuenta y la metió hasta el fondo de un tirón, grite de dolor pero sus bragas en mi boca amortiguaban mis gritos, que era uno por embestida, me estaba follando muy duro. Ella jadeaba sudorosa mientras embestía todo lo fuerte que podía, me dolía, me excitaba, me gustaba. Empezó a frenar y me la sacó poco a poco, me dijo que me diera la vuelta y obedecí.

    Se dio cuenta que me había corrido, enseguida levantó mis piernas y me la metió de golpe embistiendo fuerte, yo seguía gritando de dolor mientras me decía que me había corrido sin permiso, la tía era un martillo y me estaba rompiendo el culo. Mientras me follaba con fuerza me decía: «siempre que te corras quiero verlo cochino, ¿de acuerdo?». Me azotaba hasta que decía que sí, estaba tan profundamente empalado que casi no me salía el aire.

    Saco las bragas de mi boca, me decía que no me acostumbrara mientras seguía zurrándome el culo, me sentí como un juguete, cachondísimo y como pude la avise que me iba a correr. Enseguida empezó a embestirme más deprisa, mire su cara de placer mientras me hacía una paja y me dijo: «córrete cabron» y un grito de placer precedió a una fuerte corrida que ella dirigió a mi cara.

    Seguía follandome, pero a un ritmo menor, ya casi no sentía el culo. Notaba como me chorreaba mi corrida por la cara, pero me volví a excitar otra vez cuando me la restregó por los labios y luego se lamio la mano. Estaba cachonda, me estaba follando, notaba que tenía el control, se excitaba, se crecía. Limpio mi corrida de la cara con las bragas y seco su chocho, volvió a metérmelas en la boca, me estaba castigando y me excitaba cómo me utilizaba.

    Me dijo que pusiera el culo en pompa y pegara la cara a la almohada como yo había hecho con ella, estaba claro que se estaba vengando. Obedecí y me puse en posición, note cómo volvió a abrir mi culo, lo sentí vulnerable, me excite.

    Me la empezó a meter suave, cosa que agradecí, pero la metía hasta el fondo y me dejaba sin aire, notaba la humedad de las bragas en mi boca. Me observaba gemir, sabía que me gustaba sentirme usado y me dijo: «mira cómo le gusta que le folle el culo a mi putita», mi polla se puso dura y ella empezó a embestir con más fuerza.

    Estaba empalado casi sin aire y volvió a sacarme las bragas de la boca, yo jadeaba sin parar, no entendía como tanto dolor generaba tanto placer. Siguió humillándome cuando me puso las bragas de gorrito mientras me follaba con fuerza, decía que yo era su juguete.

    Tiro de las bragas y me puso a 4 patas, yo ya era un saco, estaba agotado, sentía que podría hacer lo que quisiera conmigo y era una sensación excitante. Estábamos sudando a chorros, pero seguía embistiendo con ganas, me preguntó si me ponía cachondo que me mirara la vecina y dos azotes después dije si con un jadeo entrecortado, me sentía castigado, violado.

    Tiro de las bragas y levantó mi frente hacia la ventana, la persiana estaba levantada y pude ver a la vecina escondida mirando como me rompían el culo, me puse muy cachondo muy rápidamente y jadeaba sin parar y sin poder dejar de mirar.

    «¿Te gusta no? ¿Querías que te viera la vecina no? Pues ya te está viendo cabron», me dijo dándome fuertes embestidas profundas y espaciadas, yo decía si como podía jadeando para coger aire.

    La vecina pensaba que no la veían y buscaba la mejor perspectiva entre los barrotes y yo jadeaba mientras la miraba, no aguante más y grité mientras me corría sin control, perdiendo las fuerzas en las piernas y dando un fuerte gemido continuado, seguro que pudo oírme. Me había corrido a lo bestia mientras me follaba el culo una tía buena y me miraba su vecina asiática, sentía placer, joder ¿estamos enfermos?

    Dejó de violarme y me puso boca arriba, estaba sudadisima y excitada. Mientras se quitaba el arnés vi como la brillaba todo el cuerpo, las gotas de sudor recorrían sus tetas, era una diosa. Sin mediar palabra empezó a ordeñar las últimas gotas de mi polla, no estaba tiesa pero que gran sensación, era tan cochina como yo. Se sentó en mi cara y empezó a frotarse, sentí la cara húmeda rápidamente, me dijo que chupara, que fuera guarro: «trágatelo todo cabron» fueron sus palabras. Gemía y se retorcía en cada frote, se notaba como disfrutaba, balbuceó que la vecina la estaba mirando y se iba a correr, chupe su chocho y se corrió a chorros en mi boca mirando a la vecina, no quito su coño de mi boca hasta que lo tubo bien escurrido. Se reía, estaba satisfecha y salió de la habitación. Yo quede agotado y me palpitaba el culo, me quite las bragas de la cabeza, tenía el cuerpo lleno de corridas y fluidos, me había sometido, castigado y humillado mientras su vecina miraba, que la tubo que gustar porque no se sabía que la estaban viendo, pero se quedó hasta el final.

  • Mi cuñada en navidad

    Mi cuñada en navidad

    Les voy a contar como por fin pude cumplir mi fantasía. Desde los 18 me casé y les juro que amo a mi esposa Rocío. Tenemos la misma edad, novios desde la secundaria, ahora con 35 años de edad. Pero al paso de los años tuve que ver como su hermana Marcela crecía, se desarrollaba y se volvía para mí una obsesión.

    Toda la familia de mi esposa es delgada, pero nalgonas. Por eso me casé, no podía dejar de saborear las caderas de Rocío, una locura como debajo de esa cintura ajustada vivían ese par de nalgas. Pero lo de Marcela fue diferente. Ambas son castañas y con una cara hermosa, labios gruesos y pechos pequeños, pero las nalgas de Marcela crecieron mucho más y al paso de los años se pusieron más redondas. Por una ruptura amorosa ahora ella vive con nosotros en la capital, sigue trabajando de secretaria así que usa ropa ajustada, pantalones y vestidos que lucen espectaculares con su cuerpo. Así que como salíamos a la misma hora al trabajo, yo salía detrás de ella en un largo pasillo con un par de escaleras para admirar el movimiento de sus nalgas, luego llegaron los benditos teléfonos inteligentes, así pude grabar casi a diario cada atuendo ajustado a ese culote.

    —tu siempre viendo el teléfono -me decía, no sé si sospechaba.

    —un ratito antes de trabajar no hace daño

    —te vas a freír el cerebro –lo que me exprimía era la verga en el baño del trabajo, miraba sus videos para masturbarme y los eliminaba antes de llegar a casa.

    Muchos me decían que si no me daban ganas de tocar esas nalgotas, obvio si, pero como les digo a todos. Amo a mi esposa. Algunas veces hasta cerré los ojos mientras tenía sexo con Roció e imaginaba que era su hermana. Así estuve durante meses. Hasta la noche previa a navidad.

    Marcela tuvo la cena navideña en su trabajo, así que llegó un poco pasada de copas y muy contenta, tanto que no paro hasta que Roció aceptó tomarse unas copas con ella.

    —vamos, tú nunca quieres tomar -le decía haciendo pucheros de niña.

    —Mañana tengo que preparar la cena, vienen mis papás acuérdate

    —solo una -le decía con insistencia

    —Bueno… pero una y ya me dejas en paz

    Para no interrumpir me metí a mi habitación a ver una película, escuchaba como reían como locas, al final me quedé dormido y ya de madrugada noté que mi esposa no estaba en la cama, salí y vi a ambas tiradas sobre los sillones, tres botellas de vino vacías y una más de tequila. Cargué a Rocío hasta la cama y regresé a la sala para hacer lo mismo con mi cuñada, pero me detuve en seco apenas estuve frente a ella. La belleza de 30 años que en mi mente saboreaba estaba tendida sobre el sillón con esos leggins que parecía reventarían con ese culo, moví una de sus piernas para ver si despertaba, pero no fue así, aunque ahora estaba con las piernas un poco separada y podía ver como su ropa interior se metía entre su panochita. Tal vez por instinto o para frenar los miles de pensamientos que tenía en la cabeza devolví su pierna al sillón, pero ahora con el movimiento se bajó un poco su pantalón y pude ver el encaje de esa tanga rosa pastel asomarse, mi verga estaba echa piedra, podía escuchar mi propia respiración y mi corazón martillaba a mil por hora.

    Por fin tuve el valor de poner mi mano sobre sus nalgas, sentía la suavidad de ese culo y como esa tanga se perdía entre sus nalgas, me arrodillé para ver mejor sus tetas y podía sentir su aliento en mi mejilla, voltee y quede a centímetros de sus labios, pude haberla besado, pero preferí otra cosa.

    Me levante, baje el cierre y acerque mi verga a la misma distancia, la recargué un poco con los nervios a tope y pude ver la punta rozar sus labios rojos, no pensé que se pudiera poner más dura pero así fue en cuanto sentí el aliento chocar con la cabeza de mi verga, la acomode un poco y pude hacer que entrara, su saliva mojo mi verga y ella respingó, solo se giró, con el movimiento bajo más su pantalón y ahora pude ver sus nalgas desnudas.

    Bajé con suavidad su pantalón, si se despertaba no sabría qué hacer, aun así, seguí hasta que pude ver y oler su sexo. Detrás de ese pedazo de tanga estaban las arrugas de su ano y debajo veía como sus labios humedecían la tela. Pegué más nariz y me llené de su aroma. Luego con la yema de mis dedos rose un poco, me acomode y coloque mi verga sobre su panochita, sol quería sentir ese calor. Pero en cuanto logre colocarla resbaló y empuje hay estar bien dentro de ella.

    Ahí en la obscuridad y en silencio, permanecí inmóvil esperando alguna reacción que no llegó y comencé a menearme entrando y saliendo suavemente de Marcela que roncaba sin parar, mi verga estaba envuelta en su humedad y no resistiría demasiado, tampoco podía terminar dentro de ella, todo eso pasasen mi cabeza mientras seguí cogiéndola de lo más rico, en cuanto sentí que no podía más saqué mi verga y vi mi semen chocar en sus enormes nalgas y escurrir sobre ellas.

    Exprimí lo más que pude mi verga y luego con mi camiseta l limpie un poco, me levante y puse mi verga aún con restos de semen sobre sus labios dejando una gota sobre ellos. Fui al baño por toallas húmedas para terminar de limpiar su culo, pero en cuanto salí noté que ya no estaba ahí, escuché como se cerraba su puerta y tuve tanto miedo que apenas y pude dormir.

    Al día siguiente con mis suegros en casa todo fue de lo más normal, Marcela me pidió que la acompañara por pan, no pude negarme y salí como siempre tras ella mirando su culo en esos pantalones entallados.

    —¿qué milagro que no traes tu teléfono?

    —aquí lo traigo nomás no tengo ganas de ver nada.

    —yo hasta pensé que me grababas las nalgas –dijo girando un poco la cabeza para ver mi reacción.

    —¿cómo crees cuñada? -dije casi ofendido

    —No serías el primero ni el último, mínimo dime que no te desagrada –dijo soltando una carcajada.

    —para nada cuñada, para nada.

    —ya lo sé -dijo ella doblando a la izquierda para abordar un taxi y dejándome helado con mil ideas en la cabeza.

    Hoy es fin de año y tanto Marcela como mi esposa están tomando, yo espero en la sombra de mi habitación a qué se repita lo de navidad.

    Ya les contaré.

  • Con mi ex novia y su hermana, primer día

    Con mi ex novia y su hermana, primer día

    Mi nombre es Sergio, soy Ingeniero Aeronáutico, trabajo en una empresa diseñando drones militares, tengo 35 años, mido 1.90 m. Y el entrenamiento diario, hace que tenga un muy buen estado físico. Bastante bien parecido, soy soltero por no haber encontrado a “esa mujer”.

    Mientras estudiaba, tuve oportunidad de primero salir y luego convivir un tiempo con Carla, una morocha tremenda, de ojos verdes, que estudiaba medicina. Ella era de la prov. de Santa Fe y vivía en una pensión estudiantil. Siempre tuvimos un sexo espectacular, con sus 22 años sabía gozar a la perfección su cuerpo, y hacer gozar a su compañero. A pesar de la convivencia, en los dos últimos años, nos dábamos libertad, y si bien ella nunca trajo a un hombre al departamento, yo sí llevaba mujeres.

    Fue una mañana, cuando con mi ocasional pareja fuimos a la cocina a desayunar, Carla que me miró sonriendo. Mi compañera se quedó helada al encontrarla.

    —Hola Sergio…

    —Buen día Carla, te presento a Fátima.

    —Hola preciosa… flor de caramelito te comiste…

    —Hola… eh…

    —Tranquila, convivimos, pero tenemos libertades. —Dije.

    —Ah…

    —Hey Fátima, sos muy linda y yo tengo la mente abierta, entre otras cosas que tengo abiertas, si te pinta en ganas, decile a Sergio y pasamos los tres una noche divertida.

    —Bueno, eh, yo… la verdad es que nunca… Sergio, me voy, llamame…

    —Dale, te llamo.

    Fátima se fue y me la quedé mirando a Carla.

    —Que tengamos una relación abierta no implica que no me ponga celosa… además, esos 22 cm. de pija que tenés, no los consigo en cualquier lado…

    —¿Fue en serio lo del trio?

    —No sé… si la piba me va…

    —Bueno… lo voy a tener en cuenta…

    —Con una sola mujer no me animaría, porque la conozco y las dos con vos, sería explosivo, y mi cuerpo quedaría destruido.

    —¿Y quién es?

    —Mi hermana gemela…

    —Nunca me contaste que tenías una hermana gemela.

    —Gemela idéntica, hasta nosotras mismas nos confundimos mirándonos el espejo.

    —¿Vos y ella?

    —Estábamos tan solas… Jajaja. —Dijo riendo con todo.

    —Decile que nos visite…

    —Veremos…

    La verdad es que nunca nos visitó, nunca me mostró una foto, nada, por lo que llegué a pensar que era producto de su fantasía o un juego erótico. Yo cuando terminé la carrera me fui a EEUU, y solo mantuvimos contacto por mail. Por lo que me contó, se recibió, volvió a su ciudad y se casó con un Ingeniero Agrónomo. Nunca mencionó a la hermana.

    Hace dos meses volví al país, tentado por el proyecto en que ahora trabajo y le escribí contándole la novedad. Me contestó que se alegraba que estuviera de vuelta y que esperaba que algún día pudiéramos tomar un café.

    Por trabajo tuve que viajar a una base militar en Córdoba, para probar un prototipo que ya estaba en las fases finales. Era un trabajo de tres días, y me quedaban dos para mí, más el fin de semana. Cuando me enteré, le mandé un mensaje, contándole.

    —“Queda cerca de mi ciudad. ¿Querés que tomemos un café?” —Me contestó.

    —Puede ser, pero de jueves a domingo, los otros días voy a estar escaso de tiempo. ¿Tu marido no te hará problema?

    —No, tranquilo… lo manejo.

    —Bueno. Avísame cuando venís.

    El jueves me avisó que el viernes estaría en Córdoba, y me citó en un bar muy céntrico y concurrido a las 18 h. Por supuesto que le dije que sí, aunque debo reconocer que me sorprendió la hora.

    A pesar de tener por costumbre llegar antes a mis citas, y esa vez no fue la excepción, cuando llegué la vi sentada en una mesa mirando hacia la entrada. Se puso de pie y estaba con una mini impresionante, una camisa hermosa y un prendedor rojo furioso. Y el mismo cuerpo espectacular, la misma cara hermosa.

    —Wow, no cambiaste nada, estás hermosa como la última vez que nos vimos.

    —Sergio… tan gentil y hermoso como siempre… vos tampoco cambiaste.

    —Unas canas van apareciendo…

    —Te quedan muy bien… Cuantos recuerdos, y muchos muy calientes.

    —Cierto. ¿Contame de tu vida?

    —Hola Sergio. —Escuché a mis espaldas, juro que era la misma voz. Me di vuelta y no lo pude creer. Era Carla que estaba detrás de mí, pero con un prendedor azul…

    —Dios… si no fuera por los prendedores, pensaría que estoy alucinando.

    —No alucinas. Te dije que éramos gemelas idénticas. —Me dijo la Carla con prendedor rojo.

    —Me acuerdo, pero vos no sos Carla, ella es Carla. —le dije mientras se sentaba.

    —¿Y cómo sabe quién es cada una?

    —Fácil, el prendedor azul… —siempre Carla tenía algo azul en su ropa.

    —Te dije que era inteligente, observador y analítico. Hola amor…

    —Hola genia, ¿Me la presentas?

    —Que es mi hermana, no te quedan dudas. Cata, este es Sergio…

    —Que gusto conocerte finalmente Sergio, Carla me tiene podrida hablando de vos…

    —¿Para tanto?

    —Y más, te lo aseguro…

    —Empecemos por vos Carla. Contame de tu vida.

    —Médica, casada, con algunos temitas… sin hijos, trabajo en el hospital del pueblo y una clínica. ¿Vos?

    —Como te conté, volví hace mes y medio, a un proyecto interesante y bien pago.

    —¿Soltero?

    —Muy soltero.

    —¿Eso significa que tampoco novia?

    —Exacto, tampoco novia.

    —Me acorte el nombre, ¿A Fátima la volviste a ver?

    —Yegua, la espantaste, huyo despavorida, nunca más quiso verme.

    —Jajaja… pendeja cagona… Cata tu turno.

    —La misma edad de ella, bueno, minutos mayor, divorciada, sin hijos, arquitecta.

    —Les juro, y te cuento Cata, pensé que eras una hermana imaginaria de Carla, porque nunca te conocí, nunca me mostro una foto tuya, nunca hablaron por celular delante de mí, nada. Y por lo que me dijo, pensé que era un juego que estaba haciendo.

    —Fue todo a propósito Sergio, quería sembrarte la duda, volverte loco con ese tema.

    —Siempre Carla fue una hija de puta… de hacer esas cosas…

    —¿Entonces era cierto lo que me contó?

    —Quizás…

    —¿Qué pasa Sergio, te quedaste pensativo?

    —Siempre me pregunté porque a pesar de haber convivido dos años, no llegamos a nada.

    —Que pregunta… yo también me la hice, te lo aseguro y se la hice a Cata. Creo que porque los dos estábamos muy enfocados en nuestras carreras, tu último año ya con trabajo listo en EEUU, yo con la idea de volver a mi ciudad, y quizás un poco de miedo a una relación “seria”, de mi parte digo.

    —Coincido en casi todo, lo último es tuyo. De mi parte, reconozco cierta obsesión por recibirme e irme del país, y no estar preparado para algo “serio”.

    —¿Se arrepienten? Preguntó Cata.

    —Las damas primero. Dije.

    —Maldito… Sí, hasta hoy me arrepiento.

    —¿Sobre qué preguntas Cata?

    —Cata, un clásico de Sergio, preguntar algo para ganar tiempo y pensar la respuesta a tu pregunta.

    —Si se arrepienten de no haber ido un poco más allá.

    —No, no me arrepiento, y explico porque. Me fui con un contrato corto, seis meses y no sabía si aprobaría la exigencia y me tendría que volver. De habernos ido juntos ella tendría que haber abandonado la carrera y no estaba dispuesto a pedirle eso.

    —Nunca me lo dijiste, ni me dejaste tomar la decisión.

    —No.

    —¿Esperabas volver a verla?

    —Por supuesto que esperaba, deseaba volver a verla. Aunque no lo creas Cata, no sé que te habrá contado ella, pero éramos muy buenos amigos. Teníamos charlas muy buenas.

    —No me contaste eso…

    —Me olvidé…

    —Sos una boluda… te casaste con ese pelotudo, sos infeliz, al pedo… ni siquiera te coge bien cogida.

    —Basta Cata. Por favor…

    —¿A qué hora se vuelven?

    —Eh… bueno, ese es un temita… Dijo Carla riendo.

    —Otra vez esa cara…

    —No tenemos ni hora ni día de regreso… Estamos desde la mañana en Carlos Paz, en casa de una tía enferma. Dijo Cata.

    —Entiendo…

    —Ojo, que estamos en Carlos Paz es cierto. Cata tiene una casa a orillas del dique. Y fuimos hoy a la mañana a abrirla y hacer compras. Dijo Carla.

    —Esta boluda no se anima. ¿Sergio, querés pasar por el hotel, buscar tus cosas y vamos a mi casa? Tenemos todo para cenar juntos, los tres. Ojo, y te aclaro. Nada forzado, nada obligatorio. Nada. Ni con Carla, ni conmigo ni juntas. Como amigo de Carla.

    —Carla, ¿No vas a tener problemas con tu marido?

    —No Sergio, tranquilo.

    —Bueno, yo estoy con una camioneta de la empresa. ¿Cómo hacemos?

    —Te seguimos al hotel y luego vos a nosotras. ¿O si querés, vamos y si te sentís cómodo, mañana buscas tus cosas? Dijo Cata.

    —No se enojen, prefiero eso.

    —Vamos entonces. Nuestro auto es un Toyota Corolla Rojo, está en la esquina.

    —Mi camioneta a un poco más atrás.

    —Listo.

    Pagué y fui a la camioneta, y cuando se pusieron en marcha las seguí. No podía negarme que la atracción que Carla tenía era la de siempre, hermosa, aunque ahora más contenida. Cata por su parte, se mostraba mucho más cerebral, y tan hermosa como Carla. Me preguntaba como terminaría esto.

    Llegamos y guardamos los dos vehículos en la casa.

    —Pasa Sergio por favor, siéntete como en tu casa.

    —Gracias Cata.

    —Ay… que tontas, no te dijimos que hay pileta… Escuchame, lo digo por mí, ni te preocupes si querés quedarte y meterte en bóxer o slip, lo que uses, no me voy a sorprender ni asustar.

    —En serio. ¿Te parece un pechito?

    —¿Vas a hacer toples Carla?

    —Cerdo, pechito a la parrilla.

    —Dale, no hay problema.

    —Me voy a cambiar.

    —Yo también. Dijo Cata haciendo que no con la cabeza y sonriendo.

    Cuando volvieron Carla estaba con una malla enteriza hermosa y Cata, con una tremenda bikini.

    —Para que nos diferencies. Dijo Carla…

    —Les aseguro que me sorprenden con la elección de las mallas. Hubiera asegurado que iban a estar con las mallas invertidas.

    —Viste… en algo te sorprendemos… Dijo Cata.

    —Voy prendiendo el fuego, me gusta hacerlo lento.

    —Otra cosa en que cambiaste.

    —Desgraciado… ¿No te vas a meter a la pileta?

    —¿No les molesta?

    —Para nada, dale.

    Y delante de ellas me saque la ropa quedando en bóxer.

    —Es para matarte boluda, en serio lo digo… Dijo Cata.

    Nos quedamos charlando de sus trabajos y la ciudad donde vivían, de mi nuevo trabajo, y en todo momento Carla se mostraba distante, callada. Era Cata la que hablaba. Sin duda Carla estaba incomoda. Nos metimos en la pileta los tres y Carla no se acercaba a mí para nada. Cuando salimos les dije:

    —Bueno, hasta aquí llegamos chicas, me voy a vestir al baño y me voy. Dije y Carla agacho la cabeza.

    —¿Por qué? ¿Qué pasa Sergio? ¿Así de repente? ¿Te rayaste por algo? Preguntó Cata.

    —Cata, Carla esta super incomoda, es fácil notarlo conociéndola, no habla, guarda distancia, ni se acerca por casualidad. No quiero que se sienta así. Mejor me voy. Dije y Cata la miro seria a Carla.

    —Esperá Sergio… tenés razón, estoy muy incómoda, pero no es por tu culpa, es por mí…

    —No entiendo Carla.

    —Sergio, tengo pánico que me roces la piel y no poder frenarme y besarte con todo y…

    —Entiendo, tu marido…

    —Mi marido las pelotas… Yo Sergio, yo… estoy prendida fuego desde que te vi entrar al bar… y no sé si vos…

    —¿Cata, sabes hacer pechito?

    —Mi amor, con estas tetas… ¿45 minutos les alcanzan?

    —Creo que sí… Dije y caminé hacia la parrilla, la abracé y le di beso con todas mis fuerzas.

    Ella me abrazo y me devolvió el beso con todo, me soltó y bajándome el bóxer se puso a chuparme la pija sin importarle que Cata estuviese mirando. Chupaba y me miraba a los ojos sonriendo, disfrutando mientras con una mano se tocaba la concha por encima de la malla. Fueron varios minutos, hasta que sin soltar mi pija se quitó la malla.

    Me acorde de Cata y la busque con la mirada. Estaba sentada en un banco, mirándonos absorta y se tocaba por encima de la bikini con una mano mientras se chupaba dos dedos imitando a Carla.

    —Tírate en el pasto. Me dijo Carla imperativa.

    Lo hice y me empezó a montar con todo, directamente saltaba sobre mi pija en medio de gemidos de placer y ayes de dolor.

    —Hijo de puta, no se achico para nada, me sigue partiendo al medio… Me dijo.

    La tome de la cintura pero ella tomo una de mis manos y la llevo a uno de sus pechos e hizo que lo apriete. Era una máquina infernal de coger esa mujer, no había perdido nada de su fuego sexual… Mire a mi lado y Cata estaba con la tanga corrida y metiéndose tres dedos en la concha, y gimiendo de placer…

    —Me está partiendo Cata, me está destrozando la concha… Dijo Carla sin parar de moverse…

    Tuvo un tremendo orgasmo y se dejó caer. La hice correr y poner en cuatro patas, la tomé de la cintura con una mano y con la otra guie mi pija nuevamente su concha. Entro, y sosteniéndola con firmeza, entraba y salía con todo de su concha. Carla imitaba mis movimientos casi enterrándose la mano entera y apretándose una teta… Carla la miró y sonrió…

    —Guacha, tenés una porno en vivo…

    —Y muy buena…

    Le di un chirlo en el culo a Carla y ella dio un grito de placer. Le encantaba jugar algo duro, que la domine. Con uno de mis dedos empecé a jugar en su orto y Cata abrió los ojos con todo…

    —¿Seguís siendo una putita viciosa?

    —Con vos, una puta viciosa mi amor…

    —Entonces sabes lo te tenés que hacer… Dije.

    Ella volteó y me miró sonriendo. Apoyando los hombros en el césped, con una mano se empezó a tocar el clítoris y con la otra saco mi dedo, para meter dos de ella y darse con todo en el culo. Cata hacía que no con la cabeza y mordiéndose los labios la imitó…

    Carla la miro y se puso totalmente loca, ella misma se movía enterrándose toda mi pija en la concha, gimiendo y enterrándose los dedos en el culo… la solté y me quedé quieto. Ella hacia todo por mí…

    —Sergio, sigo siento tu puta, mi amor… le mejor puta del mundo…

    —No lo dudo…

    Estuvimos unos minutos así y cuando la tome de nuevo por la cintura dijo:

    —Dedos a Cata.

    —¿Qué? Pregunté.

    —Entiérrale los dedos a Cata, no da más…

    Sin decir nada, ni para negarse ni hablar, Cata se puso a la par de Carla en la misma posición. Solo que con una mano separaba sus cachetes mientras con la otra se tocaba el clítoris. Su otro era toda una invitación… Le enterré dos dedos y ella dio un grito, mezcla de placer y de dolor. Carla la tomo de la cabeza y le dio un tremendo beso.

    Me puse loco y en un par de bombeadas acabé en la concha de Carla y enterré a fondo los dedos en el culo de Cata que como Carla tuvo un tremendo orgasmo, ella anal… Se quedaron quietas y Carla lentamente se corrió para darse vuelta y chuparme la pija, haciendo que Cata mire como la limpiaba por completo y luego se dieron un tremendo beso, compartiendo mi leche.

    —Este es mi hombre Cata…

    —Dios santo… tremendo hombre…

    —Perdón, tremendas mujeres, dije y me metí a la pileta. Ellas me siguieron y Carla se colgó de mi cuello para besarme.

    Salimos y Cata fue a buscar toallas. Cuando volvió Carla riendo le dijo:

    —Boluda, tenías que hacer el pechito…

    —Anda a cagar Carla…

    Nos largamos a reír los tres, ellas se pusieron las mallas y yo el bóxer.

    Pusieron el pechito, hicieron más fuego y nos sentamos a tomar un vino.

    —Por favor, ¿Siempre fueron así? Preguntó Cata

    —Cata, por favor… hoy estuvimos calmados, yo re tensa.

    —¿Qué?

    —Si, tiene razón Carla, Cata. Quizás después nos soltemos los dos… Pasa que estamos grandes… 35 y 32.

    —Hijo de puta…

    —Por eso nunca te lo quise presentar…

    —Porque lo amas pelotuda…

    —Eso aparte… No sabes lo que era escuchar a las minitas que llevaba al departamento y volverme loca de celos. Mira que te lo iba a presentar a vos, mi hermana, para que te vuelvas loca…

    —Vos fuiste la que dijiste el primer día de “pareja abierta”.

    —Porque pensaba que no me iba a enganchar… pero…

    —¿Vos alguna vez llevaste un tipo? Preguntó Cata.

    —Nooo, ni loca… y tampoco salí con ninguno mientras estuvimos juntos… Dijo Carla mirando a la parrilla.

    —Vos me contabas otra cosa…

    —Para no parecer una boluda… Sergio, como voy a buscar otro tipo si vos me destrozabas la concha, el culo y la cabeza por lo menos cuatro veces por semana… encima, enamorada…

    —Nunca me dijiste eso…

    —Tenía miedo que me pegues una patada en el culo y me eches… Yo había puesto las reglas…

    —¿Y vos Sergio llevaste muchas?

    —El hijo de puta llevaba una cada día que no me cogía… es un semental… ni siquiera por rendir finales paraba. El tipo llamaba por celular, aparecía una pendeja y a la mierda. El único consuelo que me quedaba era que le duraban un solo polvo… las destruía. Y a las pocas que le pudo hacer el culo… casi en ambulancia salían…

    —También… eso es casi inhumano, por el largo y el grosor…

    —Pero hermosa… Dijo Carla y me dio un beso.

    —Conta de vos Cata.

    —“La máquina de voltear muñecos”. Dijo Carla.

    —Desgraciada… Sabes que pasa Sergio, ahora los tipos no tienen ese feeling con las mujeres que una mujer necesita, saber que y cuando… van derecho a la chupada y meterla…

    —Tu hermana recién…

    —No, vos la dejaste hacer. Lo hace con un tipo cualquiera y se asusta… te lo aseguro. Vos porque sos distinto, me viste pajeándome y no te volviste loco y me quisiste tocar, me dejaste hasta que Carla te lo tuvo que decir dos veces…

    —¿No pensás que hay mucho histeriqueo entre las mujeres?

    —También, no te lo niego…

    —Yo tengo una teoría Cata, “la mujer manda”. Si ella sabe gozar, conoce su cuerpo, sabe hablar y decir lo que le gusta…

    —Pero el hombre tiene que aceptar esa “libertad” de la mujer.

    —Cierto…

    —¿Cómo es en EEUU? Pregunto Carla.

    —Depende donde te muevas, a que nivel de mujeres llegues… En mi caso, todas +35…

    —¿Por qué?

    —Porque en muchos casos pasaron por la bisexualidad, otras por separaciones por insatisfacción. En los dos casos, se conocen, saben que quieren gozar.

    —¿Te molesta la bisexualidad?

    —Para nada, me encanta… pero en mujeres… realmente bisexuales, que disfrutan todo.

    —Tríos… Dijo Cata.

    —Son las mejores, te lo aseguro.

    —Por la forma en que hablas, te gustan los tríos. ¿Por qué? Preguntó Carla.

    —Solo con esas mujeres, que quieren gozar con todo, que saben dar y recibir placer sin tabúes, ni rollos.

    —Ah… Dijo Cata.

    —Voy a preparar la ensalada… Dijo Carla guiñándome un ojo, y no entendí.

    Mientras estuvimos solos, Cata evito mirarme siquiera, ni que hablar de dirigirme la palabra. Carla volvió con la ensalada y los platos, cubiertos… Estábamos sentados, Carla frente a mí y Cata a su lado. Cenamos charlando pavadas, y cuando estábamos en el postre Carla me preguntó:

    —Aquello que te dije, de hacer un trío… ¿Te interesa todavía?

    —Depende… Fátima está lejos y no creo que le interese…

    —Con Cata y conmigo. Dijo Carla y me sonreí.

    —Desgraciado… Dijo Cata.

    —¿Por qué decís eso?

    —Porque adivino tu respuesta.

    —No creo… Quizás Carla, pero sinceramente, no creo que Cata se suelte como para gozar los tres.

    —¿Te parece?

    —Sí. Dije mirando a Cata.

    —¿Qué es soltarse para Uds. degenerados? Preguntó Cata.

    —No poner límites, o decir que no a nada… Dijo Carla.

    —Eso es…

    —Y… desde chuparte la concha, a romperte el culo con un consolador, para que luego te lo rompa Sergio, o que me cojas la concha mientras yo lo monto con su pija en mi culo. O al revés, depende lo que Sergio quiera…

    —Duda mucho Carla… no…

    —Sabes que pasa Sergio, siempre ella fue la dominante en nuestros encuentros, ahora sabe que la voy a dominar, a romperle el culo y la concha por más que grite, y que yo misma voy a guiar tu pija para que le rompas el culo y me voy a poner a chuparle la concha mientras vos disfrutas de su culo virgen de pija.

    —¿Culo virgen…? Me encanta, bien cerradito, asustado… Pero primero le cogería la boca mientras vos le chupas bien la concha…

    —Basta… son más degenerados que yo…

    —Bueno… Dijo Carla, se levantó de la mesa y entro en la casa.

    La mire a Cata y bajo la mirada, las manos le temblaban… Carla volvió con una bolsa sonriendo…

    —Cata, date el gusto, chupale la pija.

    —Carla…

    —Boluda, te morís por chuparle la pija.

    Me baje el bóxer y con mi pija totalmente parada la mire. Ella miro mi pija, se acercó y se puso a chuparme la pija. Primero despacio y de a poco, con más ímpetu. Carla se sacó la malla y de la bola saco un consolador y se lo metió en la concha, mirando como Cata me chupaba.

    —Como te gusta la pija de mi hombre… pensa lo que lo vas a gozar cuando te coja por todos lados…

    —Hija de puta…

    —Tu madre…

    Hicimos un alto y fuimos a un dormitorio… Me acosté y Cata se puso de rodillas para seguir chupándome…

    De la bolsa, Carla sacó un arnés, se lo puso y engancho otro consolador, bastante grande por cierto, y se puso detrás de la hermana, y sin mediar palabra lo enterró en la concha de Cata, que con mi pija en la boca dio un tremendo grito.

    Carla la cogía con furia, dándole golpes en el culo mientras Cata chupaba sin parar mi pija. Y empezó a tener orgasmos, Carla se ría y más fuerte le daba con el consolador…. Tras uno de los orgasmos, cambiamos de lugar, yo con mi pija en su concha y Carla con el consolador en la boca.

    Como podía, Cata gritaba de placer… así la tuvimos un rato, hasta que Carla me miro y se acercó a mí…

    —Te lo preparo… Dijo Carla y le empezó a meter un dedo.

    —No, por favor, no va a entrar, me va a lastimar…

    —Callate putita, vas a ver como vas a gozar… Dijo Carla y le metió un segundo dedo mientras yo seguía en la concha de Cata…

    Uno a uno, fueron entrando cuatro dedos y Cata gritaba de placer…

    —Listo amor… Todo tuyo.

    —Sergio, por favor, no…

    —Silencio, como buena puta me vas a chupar la concha. Dijo Carla y se sentó frente a Cata con las piernas abiertas de par en par.

    Acerqué mi pija al orto de Cata, y empecé a empujar. Cata aqueó la espalda y tomándole con fuerza de los cabellos Carla hizo que le siga chupando la concha. Lentamente entro toda la pija y fui aumentando la velocidad y la fuerza cada vez más. Era un placer hacerle el culo estrecho… un par de minutos, ella tuvo un tremendo orgasmo y se dejó caer en la cama…

    —Ahora, es todo mío. Acostate Sergio… Dijo Carla.

    Y se sentó en mi pija, enterrándola lentamente en su culo. Cuando la tuvo toda adentro, se empezó a mover, primero en círculos y luego arriba abajo, dándome la espalda, y cada vez con más velocidad.

    —Cata, dos dedos en mi concha y chupame las tetas…

    Cata obedeció y Carla no paraba de cogerse el culo con mi pija, era infernal su ritmo de subir y bajar. Estaba totalmente loca. Nunca me había cabalgado así…

    —Chupame la concha, ahora. Dijo Carla.

    Sin sacar los dedos de la concha de Carla, Cata se puso a chuparle el clítoris y como podía la concha…

    —Mi macho, mi hombre… y vos, mi putita hermana… chupame bien… Grito Carla sin parar de moverse.

    Tiré de sus cabellos y les dije que hagan un 69, sin dejar de coger el culo de Carla. Las dos se chupaban como locas y al cabo de unos minutos, acabe en el intestino de Carla que dio un grito tremendo. Carla hizo que Cata me limpie la pija y las dos se besaron… Nos levantamos y fuimos al quincho a buscar los vasos de vino.

    —¿Qué decís Cata?

    —Que me rompió el culo, y me encantó, y chuparte mientras gozabas… tremendo…

    —¿Cuántos tipos como él te cogieron?

    —Ninguno, te lo aseguro…

    —¿Te quedas a dormir Sergio?

    —Si. Dije sin dudar.

    —Cata, se queda a dormir, vamos a dormir los tres juntos, siguen las mismas reglas, nada de “no”, “eso no”… él es nuestro macho… y vos, nuestra puta…

    —Carla…

    —Vos quisiste venir, te dije lo que podía pasar y aceptaste, ahora no va echarse para atrás… Dijo Carla.

    —Bueno…

    Tomamos más vino y nos fuimos a la cama. Carla fue la que ordenó como nos acostábamos: Yo en una punta, Cata en el medio y Carla en la otra punta. Los tres desnudos, así nos dormimos. Yo estaba durmiendo y sentí como Cata se ponía de costado y se acercaba a mí, totalmente dormida. Y mi pija se empezó a parar… me puse de costado y acomodé mi pija entre sus cachetes. Miré a Carla y parecía dormir. Lentamente corrí la pierna de Cata y apoyé mi pija en su orto. Ella se despertó y pude taparle la boca. Sin soltarla, empecé a hacer fuerza y fui entrando en su orto hasta meterla totalmente. La hice poner boca abajo y le empecé a dar con todo.

    Cata lloraba y gemía al mismo tiempo, y eso me excitaba más todavía. Le daba con todo a su culo y ella no paraba de llorar y gemir… acabe en su culo y agarrándola fuerte, gire hasta ponerme boca arriba, con ella sobre mí, con mi pija en su culo… Así nos dormimos.

    Cuando desperté, estaba solo en la cama. Me fui a duchar y vi marcas de sangre en mi pija, del culo de Cata. Me puse el bóxer nuevamente y fui a la cocina. Las dos tomaban café.

    —Desgraciado, le rompiste el culo de nuevo…

    —Era la que estaba más cerca… vos lo decidiste…

    —Yo y mis decisiones…

    Lo que siguió, será para otro relato. Ah, aunque parezca increíble, es una historia real… muy real…