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  • Entrevista con Jennifer, una sexo servidora (3)

    Entrevista con Jennifer, una sexo servidora (3)

    Entramos a la habitación del hotel con esa desesperación para descubrir de una sola vez totalmente nuestra desnudez. Ambos nos asistimos el uno al otro al desnudarnos y ambos aprovechamos la ocasión para saborear el uno al otro nuestra piel, mientras lentamente nos descubríamos. Jennifer no solamente es un rostro bonito, tiene un cuerpo exquisito y ese cabello largo es como un velo que casi le cubre la totalidad de su bonito y rico trasero. Sus pechos no se quedan atrás, quizá los pechos más simétricamente redondos que he visto hasta el momento y cuyos pezones erectos hacen una delicia de apreciar.

    Ahora entiendo a eso pobres muchachos a quien ella identificó como sus novios que hayan eyaculado tan prematuramente, pues el cuerpo de esta bella mujer te absorbe totalmente con esa cintura y un plano abdomen que es el contraste de esas curvas de sus ricos glúteos que según las medidas que provee su agencia, llegan a los 98 centímetros con una piel sedosa y al tocarlos se siente la firmeza de su joven edad. Había tenido culos con estas dimensiones, pero no con la misma firmeza de los de Jennifer. En el nivel superior, sus pechos aunque no los más grandes, eran de muy buen tamaño para balancear la delicia que conllevaba en su trasero. Yo admiraba su hermoso cuerpo y me imaginaba follándome ya ese rico y pronunciado culo, y estaba pensando que cumplido darle, pero fue ella quien comenzó a adularme:

    – Tony, me gusta tu cuerpo. Tus pectorales, tus glúteos son espectaculares. Tienes una hermosa verga que de seguro mi amiga me envidiará cuando le cuente y se la describa. ¿Seguro que vas a cumplir 50 años?

    – ¡Gracias por tus cumplidos! La verdad que yo no encontraba palabras para decirte lo bella que eres. –y ambos nos restregábamos el uno al otro con jabón.

    – La verdad que si me dieran la opción por quedarme con una parte de ti, no sé con cual me quedaría… lo más probable que esta preciosa verga. – y me la pajeaba con sus manos enjabonadas.

    – Yo diría lo mismo. En mi caso, si me vería forzado en escoger una parte de tu cuerpo, me quedo con ese espectacular culo que tienes.

    – ¿Te gusta mi culo?

    – Me gustaría morir de un ataque al corazón mientras te estoy clavando tu rico culo. –y se ríe.

    – ¡Eres chistoso! En ese caso es lo último que te voy a dar, pues por lo menos quiero sentirte adentro de mis otras tres veces más. –y vuelve a reír.

    – ¿Qué crees que les llama más la atención a los hombres de tu cuerpo?

    – ¡Pues creo que mi trasero! Siempre mis amigos me hicieron bromas por mi trasero: No cierren la puerta, el trasero de Jennifer no ha entrado todavía. Cosas así que me decían.

    – ¿Te molestaba?

    – ¡Pues cuando uno es más joven, como que me molestaba! Incluso creo que me provocó algún tipo de trauma al ser constantemente señalada por mi trasero.

    – ¿Te molesta ahora?

    – Creo que los muchachos de mi edad ya no son tan infantiles para hacer ese tipo de bromas, pero sé que les llama la atención el volumen de mi trasero.

    – ¿Y eso te gusta o te molesta?

    – ¡Todo depende de quién sea y como sea esa mirada! Hay hombres tan pervertidos que inclusive yendo con sus hijos y sus esposas, me dan esa mirada como desnudándome… esos son los que me molestan.

    – Yo quisiera volverte a desnudar y no solo lo he hecho con la mirada, sino que literalmente lo he hecho con mis manos. ¿Te molesta?

    – Sabe, quizá me sentí más confortable al desnudarme ante un totalmente desconocido por lo que pasó en el restaurante y que me quitó el panti en su carro. Bueno, que ya me folló y me sacó un rico orgasmo, pero al principio me ponía nerviosa la idea de quitarme la ropa ante alguien a quien no conozco.

    – ¿Y ahora nos estamos bañando juntos? ¿Lo habías hecho antes?

    – ¡No, nunca! Ahora me está usted enjabonando como cuando lo hacía mi mamá.

    – ¿Qué te diría tu madre si lo supiera?

    – ¿Cómo? Creo que si supiera que estoy sexualmente activa y me encontraba con alguien así, pues reaccionaria como lo haría cualquier madre. Pero en estas condiciones, que yo soy su dama de compañía y ella se da cuenta, se muere. Pero antes de ella morirse, me mata.

    – ¿Qué edad tiene tu madre?

    – Tiene su edad. Acaba de cumplir los 49.

    – ¿Y tu padre?

    – Él tiene 52.

    – ¿Es tu madre tan guapa como tú?

    – Uno de hija, a su madre siempre la verá hermosa. Pero creo que sí, sé que le llama la atención a muchos hombres.

    – ¿Cuál es su ancestro? ¿Qué país es su origen?

    – Mi madre es de la Republica Dominicana. Una hermosa morena dominicana.

    – ¿Podríamos decir que tu padre es un hombre suertudo?

    – Mi padre es muy guapo también. Él es inglés, y todavía habla con ese acento británico.

    – ¿Cómo te sientes el haber tenido sexo con un hombre de la edad de tu padre?

    – ¡Satisfecha y extraña! Mire que hacerme acabar en minutos, eso no me había pasado antes y es extraño, pues sin deseos de incomodarlo a usted, cuando mi amiga me habló que lo más probable que mi primera cita pudiera ser con un hombre mayor, siempre imaginé a alguien de 30, máximo 40 años. Nunca imaginé estar y tener sexo con alguien quien tiene la edad de mis padres.

    – ¿Pero viste mi foto y aun te inclinaste por mí?

    – Como le dije, me gustó su rostro y la edad que ambas calculamos fue que tenía 40.

    – ¿Te arrepientes de algo hasta el momento?

    – ¡La verdad que no! Hasta el momento, a pesar de mi nerviosismo y ansiedad, me ha gustado lo que ha pasado.

    – Jennifer, ¿me dejas chuparte la conchita?

    – ¡Si usted quiere! Soy su dama de compañía, aunque usted puede llamarme como usted quiera.

    – ¿Quieres ser mi puta?

    – ¡Tony, estoy encantada de ser su puta!

    Me arrodillé por un par de minutos y saboreé su conchita ahora con un olor a jabón de hotel. Todavía tenía evidencia de sus jugos vaginales al hundir mi lengua en su hueco, pero Jennifer me interrumpió al pedirme:

    – ¿Podríamos ir a la cama? Ahí usted continúa con lo que hace y yo puedo hacer lo mismo para usted.

    – ¿Te refieres a hacer el 69?

    – Sí, creo que es así como le llaman. ¿Quiere?

    – Por supuesto. –le he contestado.

    Nos hemos secado he ido a la cama. Jennifer me pide que es ella quien quiere estar arriba y en esa posición comenzamos lentamente a hacer un rico 69, el cual empezó con ricos y delicados besos, hasta llegar con los minutos a intentar hundirle tolo lo que podía de mi lengua y ella a introducirse lo más que podía de mi verga. Creo que solo podía con la mitad, pero debo decir que pese a su edad y con lo inexperta que decía que era, esa felación estuvo divina, pues creo que la óptica de tener su rica conchita que Jennifer me restregaba en la cara y a la vez acariciando con mis uñas su ricos y pronunciados glúteos hicieron de esta acción algo muy sensacional. El éxtasis le llegó a Jennifer cuando ocupando mi dedo pulgar lleno de sus jugos y mi saliva, he comenzado a masajear el ojete de esta linda chica. Ella me lo anuncia soltando mi falo y diciendo: ¡Tony, me corro, me vengo…Uh que rico, me está haciendo acabar… uh que rico. –y Jennifer me restregaba más violentamente sus rica concha contra mis labios y mi cara empapada de sus ricos y espesos jugos vaginales.

    Al pasarle los espasmos de su orgasmo, ella me pide que me venga otra vez en su boca, que se la llene de nuevo y es más agresiva en su mamada, pero soy yo quien toma el control y le digo que me quiero follar esa panochita la cual solo tiene un pequeño arbusto de vellos en el pubis. Me limpio con las mismas toallas con que nos hemos secado al salir de la ducha y ella me queda mirando y me besa el rostro y la boca, aunque tengo su olor y sabor de su panocha. Ella toma la posición del misionero y era lo que yo iba a intentar, pues ella misma me ha dicho que es lo que quería experimentar conmigo. Abre las piernas para recibirme y me da una linda sonrisa.

    Me había corrido en su boca una hora y minutos antes, así que esa presión ya no la tenía como cuando le dejé ir la corrida de diez días sin liberar esperma, ahora podía follármela y controlar el deseo de eyacular a mi antojo y le miré a sus bonitos ojos color de miel y frunció sus labios como una muestra de placer cuando mi verga se hundía totalmente hasta que mis testículos chocaron en su rico culo. Comencé a pompearla lentamente, con un ritmo semi-lento y Jennifer cerró sus ojos y se mordía el labio inferior. Dejé de verle el rostro, pues curvé mi espalda para alcanzar y comenzar a mamar sus pezones, los cuales succioné violentamente por intervalos de minuto a cada uno y fue cuando Jennifer me dijo: ¡Así Tony, que delicioso se siente!

    Fue Jennifer quien comenzó lentamente a mover su pelvis mientras mi boca succionaba y mordía sus oscuros pezones que deberían tener el mismo tamaño de su clítoris. Ella me aprobaba y me sugería a cada vez que fuera más tosco con el masaje a sus tetas y fui sintiendo como poco a poco la temperatura de su vagina se fue elevando y podía sentir lo húmedo de su concha y como mis testículos chocaban contra ese rico culo lleno y empapado de nuestras secreciones sexuales. El olor era penetrante, el cuarto olía a sexo, se escuchaba ese golpeteo de nuestros sexos con el mismo ritmo que crujía la madera de la cama. Volví a apretarle los pezones con mis manos, mientras ambos ya habíamos acelerado el ritmo sin llegar a ser muy violento. Ella abrió los ojos y me miró ida, como perdida en otra dimensión y me volvió a anunciar que se venía: Tony, me vengo, que rico coge usted… deme, deme, apriéteme los pezones… deme así, así… me vengo Tony, que rico, que rico, me vengo, me vengo… Uh… que rico.

    Mirar a Jennifer alcanzar este orgasmo, mirar ese bonito rostro y sus expresiones de placer; como se mordía los labios y como los abría como deseando que mi lengua la penetrara, eso es un espectáculo a parte, una experiencia que siempre evocaré. Le besé el cuello, le dije tantas cosas al oído, como lo mucho que me gustaba y finalmente le besé la boca y fue en ese enredo de nuestras lenguas, que me corrí en ella. Pasamos así recuperando la compostura por unos 5 minutos, hasta que mi verga se fue poniendo flácida y Jennifer sintió que mi esperma le salía de su rica concha.

    – ¡Tony, usted es increíble!

    – ¿Te parezco increíble?

    – ¡Súper increíble! ¡Que corrida me ha sacado!

    – ¿Te gustó?

    – ¡Que va! ¡Me fascinó! A eso le llamaría, un orgasmo total.

    – ¿Y eso?

    – Mire, la corrida en el carro fue diferente, la corrida haciendo el 69 fue también diferente. Esta que me acaba de sacar, es una corrida donde sentí una combinación de las dos. Yo le llamo la corrida total. ¿Usted se fue rico?

    – Pensaba durar un poco más, pero al verte y oír correrte, me has hecho acabar a mí también.

    – ¿Cómo logra aguantar tanto? Eso es lo que me parece increíble de usted… esa resistencia. ¿Ha tomado Viagra?

    – No, no tomo Viagra todavía… quizá lo necesite en un futuro, pero no por el momento. –y me río.

    – Dígame, ¿cuantas veces lo ha hecho en un día o una noche?

    – Bueno, cuando era joven recuerdo haberlo hecho 8 veces.

    – ¡Que chica más suertuda!

    – ¿Y últimamente, cuantas veces lo ha hecho en una sola noche?

    – Si bien recuerdo, unas 5 veces.

    – O sea, ¡me faltan por lo menos tres ricas folladas a mí!

    – Posiblemente… ¿Y tú, cuantas veces lo has hecho en un día?

    – ¡Uh! Lo mío es lastimoso. Con mis novios, lo máximo fue dos veces, aunque debo admitir que más de alguna vez, tuve tres orgasmos a través de la masturbación. Hoy con usted he tenido tres ricos orgasmos en menos de dos horas y me dice que todavía hay más. ¡Hoy es mi día de suerte! – y se ríe.

    – ¿Quieres intentar con juguetes sexuales?

    – Si usted gusta, lo podemos intentar.

    – Bueno en ese caso, duchémonos y nos vamos a una tienda donde adquirirlos.

    Para este tiempo ya son casi las diez de la noche y nos preparamos para ir a esta tienda de novedades para adultos. Localizamos una a través de internet y para nuestra suerte hay una a dos cuadras. Jennifer en esta ocasión ya se cambia de vestido, y me pide mi opinión, pues lleva dos opciones para que yo escoja. Se prueba ambos y ambos le quedan divinos y lo mismo hizo con su pantis y le pedí que se pusiera una tanga roja con su vestido rojo que le ciñe sus bien simétricas curvas. No ocupa brassier, pues estos vestidos no lo requieren y de esta manera ella vuelve a conducir mi Shelby Mustang y que ahora va bien con ella, pues mi coche es de color rojo con líneas negras y de oro.

    Entramos a la tienda con cierto nerviosismo de Jennifer, pues creo que como todos a esa edad, pensamos en una sorpresa de encontrarnos a alguien conocido en estos lugares. Ella se sorprende de todo lo que hay de disponible. Consoladores de todos los tamaños y grosores y hasta se atrevió a compararlos con mi falo. Le pedí que ella misma escogiera lo que gustaba, pero por su inexperiencia, pues siempre recurría a mi opinión.

    – ¡Es que eso se mira muy grande y tosco!

    – Bueno, pidamos ayuda y la opinión de los expertos.

    – ¡A mí me daría pena hacer eso! ¿Qué le podríamos preguntar?

    En eso se acerca una chica rubia quien trabaja en el lugar. Tiene una bonita fachada y muestra unos tatuajes en su cuello. Quizá nos escucha nuestros cuestionamientos y nos ofrece ayuda para sorpresa de Jennifer.

    – Mi amiga y yo estamos interesados en unos consoladores, pero no tenemos idea que adquirir. Es la primera vez que intentamos algo así.

    – Entiendo… bueno, como podrán ver, hay de todos los tamaños y grosores. Para darle una idea: este tiene tres escalas de vibración, pero el material no es tan natural como este otro y usted lo puede deducir por el precio.

    – El precio no es un problema… ¿Qué nos aconseja?

    – Mire, en mi opinión personal, esto es de lo más natural. Viene en la medida promedio, de 4 a 5 pulgadas (12 a 15 centímetros), el término medio de 6 a 9 (18 a 27 centímetros) y esta gigante que a mí me parece exagerada y no tan natural, pero que muchas mujeres quizá fantaseamos. Las primeras dos son las que más vendemos.

    Y esta muchacha se dirige a Jennifer con una gran naturaleza y le dice:

    – Mi consejo es que busques algo similar al tamaño de tu pareja y si intuyo bien, creo que la segunda opción es la que te recomiendo. Aunque también tenemos consoladores más pequeños, más personales. Esos que llamamos los novios desapercibidos y que puedes llevar en cualquier cartera y pasan con si fuesen un pinta labios.

    Y nos muestra algunos, nos habla de los precios y calidades como también de ciertas ventajas y desventajas. Pero ahora esta chica es más directa con Jennifer y se dirige más a ella.

    – Mira, yo te recomiendo que te lleves estos tres: este pequeño personal, este que es de tamaño mediano y que tiene esta curva para alcanzar el punto G, y este que es un poco más grueso y que tiene la ventaja de ser inflado al grosor que tú desees.

    – Me llevaré los tres. –contestó Jennifer.

    – ¿Necesitas lubricantes?

    – ¿Qué me aconsejas?

    – ¡Creo que deberías tenerlo por cualquier cosa! Mira, este es muy bueno, tiene un mentolado que creo que le va a gustar a ambos. Y este, te lo recomiendo si es que practican el sexo anal. ¿Qué dices?

    – Si, llevaré los dos.

    Habían entrado varios clientes y esta chica Jennifer era el centro de atracción. Creo que todos envidiaban el culo que estaba a punto de cogerme, creo que me envidiaban las tetas que ya había gozado y esa panocha a la que ya le había sacado tres orgasmos. Pagué la cuenta y aquella chica nos deseó una excitante noche.

    Continúa.

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  • Empieza mi vida en el sexo

    Empieza mi vida en el sexo

    Hola a todos y gracias por leer me, disculpen mis faltas de ortografía ya que no soy muy bueno en esto, mi nombre creo que no importa…

    Tengo en la actualidad 25 años y estoy terminado mi carrera, vivo solo y salgo con una chica ya hace tiempo.

    Decidí empezar a escribir ya que me parece interesante como ha sido mi vida y puede ser que a alguien le agrade leerla, soy un chico que siempre le ha atraído lo sexual y he tratado de no parar y ver hasta dónde puedo llegar, intentaré escribir sin aburrir y tal vez pueda subir una que otra foto.

    Mi primer contacto sexual fue con una tía la cual me enseñó a ocupar la computadora que me había regalado, ella era soltera ya que en la actualidad está casada, casi siempre que podíamos hablamos, puedo recordar muchas cosas a detalle pues tenía 18 años en ese entonces, siempre fueron platicas de cómo me iba a la clásica pregunta de que si ya tienes novia o que deseaba de regalo, siempre me gustó el futbol y le gustaba llevarme a jugar ya que mi madre tenía una papelería que atender y mi padre trabajaba todo el día y no tengo hermanos y ella no tiene hijos, nunca le pareció molesto y siempre me callo súper y nunca la vi con otros ojos hasta que pasaron esos días…

    Empezamos a ocupar la webcam y esto fue un inicio de muchas cosas que actualmente llaman mi atención, eran video llamadas simples o a veces con ayuda a mi tarea y eran despedidas normales de gracias y nos vemos pronto o el fin de semana cuando me llevaba a jugar… siempre había un eres muy guapo y cosas así que nos dicen las tías y ya empezaron preguntas más abiertas como no te parezco una mujer bonita o ya me veo vieja verdad o no creo que te gusten gordas como yo, siempre le respondí bien y empecé a verla detalladamente y le gustaba ocupar ropa un poco más llamativa o escotada en las video llamadas lo cual me llamaba…

    Un día sin más me dijo que le gustaban mis nalgas y yo me quedé rojo y no supe que responder y le dije que no sabía que me veía y me dijo que era normal que si yo nunca había visto las suyas y yo sin más le dije que no o tal vez por accidente y me dijo…

    -te las voy a enseñar…

    De repente se puso de pie y lucía un pantalón de mezclilla ajustado y si tenía atractivas nalgas… se dio vuelta lentamente y se sentó diciéndome…

    -que te parecen?

    Yo le dije:

    -Sin duda… están muy bien… -siendo sincero si sentí excitación pues esto era nuevo para mí.

    Ella inmediatamente me dijo…

    -muéstrame tu qué te parece?

    Sentí pena pero me dio ánimo y no lo pensé más y me puse de pie mientras me decía…

    -con ese pants no se notan, podrías bajártelo y enseñármelas en bóxer?

    Me sentí con pena, nervioso y excitado y le dije que me esperara…

    Cerré la ventana, mi puerta y regrese solo le dije…

    -listo… a ver si así se ven -me baje mi pants y solo estaba en mi bóxer negro

    Solo escuche decir

    -el bóxer no me deja ver por el color… que te parece si te lo quitas?

    No podía creer lo que escuchaba, yo a esa edad veía a las chicas y había besos, tal vez un faje, pero nunca me desnude así y le dije la verdad… que me daba pena y solo me dijo.

    -Vamos hacer esto… yo me quedo también el calzones pero traigo uno chico eh mira.

    Me senté y empecé a ver como bajaba su pantalón mientras se empinaba y dejaba ver su calzón blanco que parecía una tanga y me quede en serio muy excitado.

    Me dijo…

    -qué te parece? -Yo recuerdo perfectamente que me animo a abrirme más y decirle que si me gustaban y estaban bastante bien… y me dijo- gracias pero qué opinas si me dejas ver a mí?

    Ya con confianza me puse de pie me puse de espaldas a la cámara y escuche como dijo… “bájalo lento…” eso sonó tan excitante y lo hice y solo escuchaba…. “Me gustan más así desnudas…” decía cosas que me excitaban tanto y hacían que mi pene se pusiera erecto.

    Rápido me senté y no deje que me viera mientras ella me dijo que no estaba mal vernos así y que podía confiar en ella y le dije que lo sabía.

    Directamente dijo…

    -entonces te gusta?

    -Si me gusta…

    -Qué opinas si te dejo ver algo y tú me dejas ver a mí… -eso sonó a una gran oportunidad para mí ya que si tenía lindas nalgas pero me gustaban más sus senos… solo pude decirle

    -Vale pero quiero ver tus senos desnudos…

    Sin pensarlo solo se desabrocho su camisa… dejo ver su brasier blanco y se lo quito y las dejo caer…

    Eran unos senos tan excitantes y me dieron tantas ganas de masturbarme y mientras tocaba sus pezones grandes y su aureola café oscura me hablaba más seductora diciéndome…

    -te gustan? … te excitan?…

    -Si mucho -y se me salió decirle tía, ella se notaba excitada y me dijo…

    -es excitante que sea tu tía no?

    -Sí, me excita mucho…

    -Entonces muéstrame como te excito… -sin pena me levanté y le mostré mi pene excitando…

    -Mmmmm se ve rico tu pene, tócalo para mi mientras ves mis senos si?

    Ya excitado y animado lo empecé hacer y se sentía tan delicioso… vi porno antes pero esto era mucho mejor… después me dieron muchas ganas de jalarlo más rápido y me dijo que no que esperara… yo le hice caso…

    -Qué te parece si esto lo hacemos cuando yo no esté en mis días y yo te muestro también -eso me pareció tan genial.

    -Si me gusta mucho la idea…

    Todo cambio desde ahí ya que cuando iba a jugar fútbol se ponía más sexy y me tocaba y acariciaba mi pierna, cuando me iba a cambiar me decía que porque no en el carro y me excitaba… le gustaba mucho verme ya que cuando me cambiaban no me tocaba solo me decía… “sácatelo para mi rápido…” y lo hacía y le gustaba como botaba de mi bóxer…

    Nunca quiso tocarme en la calle, solo en el auto tocaba mi pierna y cada vez que hacíamos ideó llamadas nos masturbamos y desde ahí me llamo la atención el cibersexo y las mujeres maduras.

    Nunca se pudo tener un sexo real después de que conoció a su actual pareja pero gracias a lo que me enseñó pude conocer lo que me llamaría en lo sexual y experimente mucho más, aun nos llegamos a ver y cuando estamos en su casa me roza con su mano mis nalgas cuando no se dan.

  • Mi hermanastro y yo (Quinta parte)

    Mi hermanastro y yo (Quinta parte)

    Había empezado nuevamente la universidad, estaba muy enojada por lo que había pasado la noche anterior, era uno de los días en donde mis padres estaban en la casa. Sebastián había hecho una escenita de celos (todo lo que decíamos sólo nosotros dos nos entendíamos y para nuestros padres era como una disputa cualquiera entre hermanos) ya que últimamente salía mucho con mis amigos una vez ya entrando a la universidad, creía que estaba saliendo con alguien a sus espaldas y no soportó esa idea. Así que les había dicho a mis padres de la A hasta la Z de mí. Y eso fue la gota que derramó el vaso, después de eso no le volví a dirigirle la palabra en toda la noche y en el transcurso del día, me mandaba mensajes mientras él estaba trabajando y yo no le quería contestar por lo que apagué el celular.

    Cuando ya había llegado la hora de salida, me dispuse a irme directamente a la casa, quería estar sola por el momento, además de que Sebas iba a llegar tarde por el trabajo hasta que ví su coche aparcado frente a la entrada de la U con él dentro. De verdad anoche lo había arruinado todo, estábamos tan bien hasta que salió con su escenita esa. Cuando salió del coche y nuestras miradas se cruzaron me saludó acercándose a mí y acto seguido saludó a mis amigas y de malas ganas a Fabricio (con el que creía que lo estaba engañando). Yo mientras me acerco más a él fingiendo estar feliz cuando en realidad estaba aún muy molesta, no quería que mis amigas llegaran a pensar en que teníamos algo más que una relación entre hermanos.

    —Hola Cata. ¡Te tengo una sorpresa! —Dijo sacando un ramo de rosas—. Es por tu primer día de clases.

    —Wow, ¡gracias! Están preciosas… ¿Y qué sorpresa todavía hay? —dicho esto, veo a mis amigas de reojo para ver si notaban que algo iba mal entre nosotros, pero al parecer no se han fijado en lo más mínimo. Igual para evitar cualquier cosa me agarro del brazo de Sebas para dirigirnos al coche—. Vamos hermanito que aún me debes esa sorpresa.

    —De acuerdo —dijo despidiéndose de mis amigas y una vez más de malas ganas a Fabricio. Cuando entramos al coche me entregas una carta—. Oye… de verdad, de verdad, soy un idiota. Esta carta la escribí ayer en la noche, no podía dormir en absoluto.

    Leía la carta aun con el enojo encima, en la carta me repetía una y otra vez cuánto lo sentía. Aquella escenita que había armado estaba fuera del contexto… de verdad no podía creer que fuera tan inestable emocionalmente, por suerte nuestros padre no se dieron cuenta de nada inusual o sino sería un grave problema.

    —A ver… se supone que el «mayor» eres tú y que sería más maduro con respecto a esto. Yo sabía que esta relación no iba a ser fácil y aun así lo quise intentar para que me vengas a cagarlo todo con esa escenita —dije sin aun terminar de leer la carta, no tenía el ánimo de seguir leyendo, pero sí quería que me lo dijera con sus propias palabras el resto de la carta.

    Se desvío un poco antes de llegar a la casa, se quitó el cinturón de seguridad para acercarse más a mí mirándome de frente, directamente a los ojos.

    —Tienes razón, y sí, cometí un error, un error que no va a volverse a repetir bajo ninguna circunstancia. Antes todo era distinto, yo no lo entendía, pero ahora sí. No puedo seguir así, y de verdad quiero tener las cosas bien contigo. Sabes muy bien cuánto te amo —sí, dijo que me amaba—, sabes muy bien que desde ese día que te caíste en mi baño yo me derretía por ti. Así que te voy a demostrar que a partir de ahora todo va a estar bien.

    —No sé de verdad, ¿cómo piensas realmente convencerme de esa manera? Yo también te amo —sí, también dije que lo amaba—, pero me estás matando —cuando terminé de hablar había comenzado a sollozar, quería seguir con esta relación.

    —Ya no, ya no más celos, no lo necesito. No quiero más peleas, solo nos necesitamos el uno al otro, y la verdad es que yo necesito demasiado de ti.

    —Y yo de ti.

    Dicho esto, Sebas aceleró el coche y llegamos a casa. Una vez dentro me tomó de la cintura para después darme un muy apasionado beso, nuestros padres ya no estaban así que éramos libres de hacer lo que quisiéramos, sus besos me sabían a muchos perdón y mucho amor. Subí mi mano hasta su cuello y la otra hasta sus cabellos, lo quería todo para mí. Nuestras respiraciones comenzaron a agitarse a la par. Tomó mi mano y nos dirigimos al sofá, aun besándonos nos sentamos con esa misma intensidad de pasión y lujuria, sentía cada movimiento y cada sensación que ejercía en mi cuerpo.

    —Subamos a nuestra habitación para continuar con el resto —dije guiñándole el ojo.

    —Subamos —me condujo a las escaleras y subí delante de él, sentía cómo me miraba como si fuera su posesión más preciada. Abrimos la puerta, nos miramos a los ojos esperando que alguien diera el primer paso y pues obviamente no aguanté más y empecé.

    Mis dedos acariciaban su brazo izquierdo mientras lo miraba de manera seductora con los labios semi-abiertos esperando con ansias a que me volviera a tomar en su poder, mi cuerpo estaba caliente y muy ansiosa. Sebas intercalaba su mirada entre mis ojos y mis labios. Tomándome de la cintura siento su respiración y acercando su rostro al mío comienza a besarme como nunca jamás lo ha hecho, y en menos tiempo del que pensé ya estaba montada a horcajadas en sus piernas sobre la cama. Me sostenía de la espalda para mantenerme más cerca de él, susurrándome que se estaba volviendo loco, y yo estaba en las nubes con las caricias tan apasionadas propias de él.

    Sentía el calor crecer entre nosotros, estábamos hirviendo. Mis caricias iban recorriendo toda su espalda mientras sus brazos me sostenían con fuerza y delicadeza. Poco a poco iba metiendo su mano debajo de mi blusa y yo sentía cómo su erección iba creciendo en mi entrepierna. Inhalo su aroma besando su cuello, sus labios exigentes me hipnotizaban volviéndome loca, le quito la camiseta y lo lanzo junto a mi blusa que fue despojado por él hace poco mientras Sebas iba buscando el broche de mi sostén desabrochándolo y despojándolo al instante de mí. Me basaba el cuello, el hombro, estaba desesperada, recorro su abdomen hasta llegar al broche de su pantalón desabrochándola y lo empujo para que quedara debajo mío que ya para ese entonces estaba demasiado húmeda.

    Su mano iba llegando hasta mi vagina acariciándome suavemente para luego meter sus dedos poco a poco en mi interior, meto mi mano a su pantalón para buscar su pene y una vez teniéndolo en la mano comencé a subir y a bajar haciendo presión en esa deliciosa erección. Nos íbamos quitando la ropa hasta quedar completamente desnudos, su pene cada vez se iba haciendo más grande y más duro, me tomó y me cargó hasta dejarme caer en la cama, besó mis muslos hasta el ombligo y nuevamente a mis muslos, abrió firmemente mis piernas hasta que sus labios hicieron contacto con mi clítoris. Cada vez se me iban escapando gemidos, tomando su cabello para presionarlo más, estaba absorta en esas sensaciones. Ahora sí quería más, quería sentirlo dentro, Sebas iba acelerando los movimientos de la lengua y labios hasta que llegué a mi tan deseado orgasmo.

    —Mmmnh, ¡sí! ¡Qué rico! —grité de un gruñido mientras lo tenía atrapado aún en mi entrepierna.

    Sentía cómo mis fluidos se iban chorreando en su lengua que estaban dentro de mi vagina tanto como podía. Subió dirigiéndose a mi boca aún con mis fluidos y saboreamos mi rico sabor en un beso profundo. Tomé su pene para acercarlo hasta mis labios vaginales, sus manos iban acariciando mis tetas y luego con sus dedos pellizcándome suavemente los pezones. Poco a poco iba presionando su pene dentro de mi vagina y yo lo estrechaba con mi paredes vaginales, estaba increíblemente mojada por lo que no le fue difícil penetrarme hasta quedar completamente dentro, escucho un gemido de placer por parte de Sebas y una vez que su pene topó la profundidad comenzó a sacarlo y de nuevo meterlo con movimientos suaves, estaba en el quinto cielo, por mi parte comenzaba a trabajar los músculos de mi vagina.

    Engancho mis piernas a su cadera para sentirlo más profundo y le arañaba la espalda mientras le besaba el cuello y acariciando sus cabellos. Sebas iba penetrándome más y más rápido besándome mis pechos, el cuello y mis labios, era delicioso sentir cada salida y entrada de su pene, y se veía en sus ojos que lo estaba disfrutando. Mis piernas los apretaban, ya estaba a punto de llegar a mi segundo orgasmo. Sus manos iban recorriendo mi cuerpo entero para después atraerme con brusquedad y es ahí cuando sentí una profunda corrida haciendo que mi vagina soltara más jugos y mi cuerpo convulsionando.

    Cuando ya estaba un poco calmada me puse en cuatro con la espalda arqueada, Sebas no podía evitar tomarme de las caderas firmemente introduciendo después su pene despacio y acto seguido penetrarme con gran fuerza de un empujón, estaba gritando de placer. Empezó a darme unas enormes nalgadas mientras penetraba salvajemente mi vagina, ya mis nalgas estaban sumamente rojas, y yo seguía gritando de placer —parecía que todo el barrio nos escuchaba—. Sentía cómo me presionaba con fuerza y brusquedad hasta donde mi vagina se lo permitía. Era una bestialidad. Su pene completamente dentro de mí y él meneándose de adelante y atrás, sólo éramos él y yo como dos salvajes dejando que nuestros instintos guiaran nuestros cuerpos. Su pene cada vez se iba hinchando y mi vagina se iba contrayendo más y más, no podía detenerse y en algún punto no muy lejano iba a tener otro orgasmo con contracciones que iban a provocar el suyo.

    Mientras me iba bombeando yo iba meneando mis caderas acompasando con su ritmo, estaba ya en punto caramelo e iba sintiendo cada vez más que ya iba llegando mi tercer orgasmo y así fue, no pude evitar mojar la cama y Sebas viéndome que estaba en el éxtasis iba penetrándome con más fuerza. Mi cuerpo comenzó a temblar mientras que mi cabeza estaba apoyada en la cama y mis manos sosteniendo las suyas, ya Sebas también estaba disparándome con su rico semen caliente dentro de mí y escuchaba cómo gemíamos de placer.

    Nos tiramos de espaldas a la cama, me apoyé en su pecho, volteamos a vernos y nos besamos. Estaba feliz de que estuviéramos juntos haciendo algo especial para nosotros, disfrutarnos, consintiéndonos. Ya después de este suceso, todo volvió a la normalidad. Nos amábamos y eso era lo importante.

    ************************

    P.D.: Pido disculpas a mis lectores por no haber publicado durante tanto tiempo. Y es que con todas los haceres que tengo se me ha hecho casi imposible redactar para usted… espero que disfruten este relato y ya saben que son libres de comentar acerca de mis relatos. También pueden escribirme a mi correo por si tengan preguntas para mí o simplemente quieren comentarme algo. Mi correo es: [email protected].

  • La negra Yuliana, la reina de la Rosinha

    La negra Yuliana, la reina de la Rosinha

    El marido de la negra Yuli se fue a jugar al fútbol con sus amigos en la favela la Rosinha.

    Él le había prometido que cuando volviese de la cancha estarían un rato juntos, pero la negra Yuli espero y espero y esa hora y media se transformó en dos horas y media.

    Yuli cansada de las promesas de Raúl, se vistió muy sensual para ir a ver a un muchacho que le gustaba mucho y que trabajaba en un bar de Río.

    Se ponía una mini elastizada para salir, mientras ella fantaseaba con todos los machos que la mirarían por la calle mientras el tonto de su marido perseguía un triunfo en la cancha.

    Yuli miraba su culo por el espejo y se enorgullecía de su espectacular figura. Camino al bar de su amigo, los hombres la mirarían de arriba a abajo diciéndole obscenidades.

    En una última mirada al espejo, se dijo a si misma:

    – «Este hijo de perra va a ser el cornudo más humillado de la Rosinha»

    Ni bien llegó al bar esta preciosa morenita pidió un menú de cosas dulces para ponerse a tono con la situación. Le sirvieron unos postres ricos que a ella le gustaban mucho, pero ella quería otra cosa.

    La negra quería que alguien la atienda y le ofrezca algo de diversión. Su mala cara lo decía todo y de eso mismo se percató el mesero que la conocía por ser amiga del dueño.

    A Yuli se le cambió automáticamente la cara cuando vio al chico mesero acercándose a ella.

    Le dijo al empleado:

    – «Esto parece rico pero yo en realidad vine por otra cosa. Vine por una buena pija».

    Marquinho el mesero quedó un poco atónito con el vocabulario de esta linda zorra. Ella no dijo ni una palabra más y levantó ese hermoso culo de la silla para dirigirse a él.

    Yuli le propuso ir hacia la parte de atrás del bar para poder recibir el postre que ella tanto deseaba y que su pareja no podía darle en ese momento porque estaba jugando al fútbol con sus amigos.

    La negrita lo puso contra la pared mientras lo miraba fijamente con sus sensuales ojos negros.

    Miró el bulto del mesero y no dejaba de imaginar lo rico y bien que la iba a pasar chupando esa pija.

    Yuli agarraba ese pito parado por el pantalón de Marquinhos.

    Mientras lo miraba sacó ese falo que golpeaba contra su cara.

    Allí empezó a succionarlo y saborear ese terrible pedazo de carne.

    La morena de la Rosinha chupaba esa pija mientras pensaba en la cara del cornudo de su marido. Ella imaginaba y el mesero contemplaba el espectáculo de Yuliana con asombro.

    La negra chupaba agachada con su minifalda subida a la altura de su cintura.

    Mientras se la chupaba, ella lo miraba a los ojos para saber si Marquinhos estaba realmente complacido con su intrépida lengua.

    Yuli no dejaba de a contemplar con admiración aquella enorme verga y deseaba ardientemente metérsela por la cola.

    Le dio una última succionada sin dejar de sacarle el jugo a esa fruta.

    La morena se abrió de piernas para que le chupasen la concha, mientras Marquinho cumplía con creces lo que ella quería.

    Saboreó cada centímetro de esa vagina como un niño saborea un caramelo.

    La negra se ponía en cuatro y en posición para que Marquinhos juegue con su culo.

    No tardó ni un minuto en penetrar su concha como un semental.

    Marquinhos metía cada vez más su pija mientras Yuli disfrutaba cada vaivén del glande de Marquinhos que entraba y salía de la concha de esta calentona morena.

    Después la penetró por el culo porque así lo quería ella. Yuli era toda una experta en mover su culo mientras se metía un palo de carne por su ano.

    Marquinhos taladra con algo de apuro ese lindo culo mientras ella le pide que por favor siga cogiéndola.

    Ella empieza a gemir y a jadear como lo puta que es.

    De repente cambian de posición y Marquinhos la coge como si le estuviera haciendo una llave inglesa, pero lo que le estaba haciendo era el culo a esta bella garota.

    Finalmente Marquinhos desea acabar y pone en posición a Yuli para acabar en la cara de ella.

    Le tira toda su leche mientras la negra puta le saca algo de semen de la verga de Marquinhos.

    Sigue saboreando…

    Su lengua no se conforma y traga lo que puede de la leche de ese extraño mesero.

    Yuliana se saborea como puta, relamiéndose sus labios llenos de leche.

    La negra Yuli se limpia un poco el rostro y dice:

    – «¡Como pasa la hora!; ¡Tengo que ir a ver al cornu… digo a mi marido que llegó hace rato a casa!»

    FIN

  • Mi madrastra Viviana (Cuarta parte)

    Mi madrastra Viviana (Cuarta parte)

    Luego de volver de mis vacaciones, donde Viviana me dio esa gran sorpresa con su vestido de novia, estuve estudiando muy juicioso hasta llegar las vacaciones de mitad de año, aunque tuve que hacer un intersemestral en la universidad, por lo cual solo tuve un par de semana de vacaciones, claramente fui a visitar a mi papa y a mi mami viví, Mi cumpleaños es en julio, justamente durante ese par de semanas que me quedaban de descanso, por lo cual mi papa propuso irnos de viaje a Cartagena con los papas de Viviana. Así empezamos el viaje, ya que con la intención de conocer lo hicimos en el carro de mi papa, son aproximadamente 20 horas de viaje por tierra, así que mi papa decidió el primer día salir muy temprano y detenernos en la noche y continuar al día siguiente.

    Luego de viajar todo el día nos detuvimos en un pequeño pueblo, y nos instalamos en un hotel muy modesto, en una habitación se quedaron los papas de Viviana y en el otro cuarto con dos camas mi papa, Viviana y yo. Luego de dejar el equipaje salimos a comer fuera del hotel, cuando llegamos al restaurante Viviana se sentía un poco mal por el viaje, así que me ofrecí a acompañarla de vuelta al hotel, mientras mi papa y los papas de ella cenaban.

    Justo en el momento en el que cerramos la puerta del cuarto nos comenzamos a besar, pasándonos las manos por todos los lados, con esas ganas y ese deseo que se tiene a algo delicioso que te quieres comer:

    J: ¿mami me extrañaste? (mientras metía mi mano dentro de su pantalón)

    V: umm… hijo… claro que extrañaba esto (mientras se arrodillaba y bajaba mi pantalón)

    Viviana empezó a mamármela, se la metía toda en la boca, luego le daba lengüetazos a la punta, parecía un niña con un dulce, mientras tanto yo le quite la blusa y el brasier, para ponérsela en medio de esas enormes tetas y follarlas, como si fueran su chochita, así lo hice y empecé a follarle esas tetas suavecito, dejando que mi pene sintiera esa suavidad en medio de esas tetas de mi madrastra, luego la levante, le quite el pantalón y la deje únicamente con una tanguita negra muy sexy que tenía y empecé únicamente a restregársela en las nalgas, mientras ella se movía, como si se la estuviera metiendo:

    V: hijo qué esperas… ya… métemela… llevo esperando meses (no dejaba de mover el culo)

    J: eso quería mami, que me lo pidieras… que pidieras sentir el miembro de tu hijo dentro… (Se lo metí de un solo empujón con todas mis fuerzas)

    V: ohhhh… ohoh… si como me hacías falta hijo…

    J: mama eres la más puta la más rica

    V: siii hijo soy tu puta

    En ese momento el celular de ella sonó, era mi papa para saber cómo seguía, ella me pidió que me detuviera, pero no que se lo sacara, así que me detuve y contesto en altavoz:

    V: hola amor

    P: hola amor, como sigues?

    V: bien ya mejor, tu hijo me dio un medicamente y ya me siento mejor… (Empecé a metérselo y sacarlo muy despacio, pero fuerte)

    P: estas bien?

    V: si… si… solo cansada… (Le empecé a coger las tetas, a masajearlas)

    P: ya estamos pagando y vamos para allá

    V: bueno… Amor, acá te esperamos.

    Ella se lo saco y me tiro a la cama, creo que tenerlo dentro mientras hablaba con mi papa la éxito tanto como a mí, se me subió encima y empezó a saltar lo más rápido que podía, sus tetas revoloteaban por doquier, me levante un poco para poder chuparle las tetas mientras saltaba y abrasarla, luego me recosté para dejarla que tomara el control, ella saltaba gemía, se movía en círculos, hacia adelante y hacia atrás, volvía a saltar me besaba, se echaba hacia atrás, parecía poseída, hasta que se estremeció con un gran gemido, pero no se detuvo continuo con su cabalgata, hasta que me vine dentro de ella, ella se recostó sobre mi pecho y nos quedamos un rato así, hasta que escuchamos que mi papa estaba en el cuarto del frente, dando las buenas noches a sus suegro, los dos nos asustamos mucho así que Viviana cogió su ropa y se metió al baño y yo cogí la mía y me metí debajo de las sabanas para hacerme el dormido.

    El viaje continuó y llegamos a Cartagena, alquilamos un apartamento en el piso 12 de un edificio, con dos habitaciones y un sofá cama para mí en la sala, luego nos fuimos toda la mañana y parte de la tarde a la playa. Viviana tenía un vestido de baño de dos piezas, arriba un brasier que se amarraban en su cuello y en su espalda, le resaltaba mucho esas tetas, se las levantaba tanto que parecía que se fueran a salir, abajo tenía una tanguita que se amarraba a cada lado de su cintura, mostrando todas sus sexys piernas y ese culo paradito delicioso, tuve que pasármela todo el tiempo en el mar, para que no notaran la erección que tenía por ver a Viviana, ella un par de veces se me acerco y me cogía el miembro, mientras me decía al oído, que si me gustaba su nuevo traje de baño.

    Luego nos fuimos para el apartamento, llegamos y mi papa y los papas de Viviana tenían ganas de unas cervezas, Viviana apenas llegamos se había acostado a dormir en el sofá y estaba profunda, solo tenía puesta una salida de baño transparente llena de agujeros y debajo ese sexy vestido de baño, yo dije que estaba cansado y me quedaría a dormir, así podría disfrutar todo eso que estaba en el sofá. Ella estaba boca arriba, así que sin ningún miedo de si se despertaba o no, le subí la salida de baño, le abrí piernas, desamarré uno de los lados de su tanga y se lo metí, empecé lento pero luego cuando comencé a escuchar esos pequeños gemidos de mi madrastra comencé a subir el ritmo, ya se había despertado y lo estaba disfrutando.

    J: este vestido de baño que tenías me traía enfermo de ganas de comerte bien duro mami.

    V: esa fue siempre la intención hijo es tu regalo de cumpleaños adelantado ahora dame dame duro… ahhhh… ah que no sabemos cuándo lo podamos volver a hacer.

    Yo muy obediente empecé a darle con todas mis fuerzas, muy agradecido con mi regalo de cumpleaños, mientras le cogía las tetas, que se le salían por los lados, luego de un par de minutos, ella se levantó y se sentó sobre mí, dándome la espalda y comenzó a saltar, se quitó la salida de baño, mientras yo le manoseaba esas tetas que le rebotaban de una manera muy excitante, así seguimos hasta que los dos terminamos en un muy rico orgasmo, ella me dio un beso y un feliz cumpleaños y se entró a bañar, yo me quedé dormido en la sala hasta que mi papa y los papas de ella llegaron al apartamento. Después de eso no pudimos volverlo a hacer, mi papa no se despegaba de ella y cuando volvimos del viaje yo tuve q volver a la universidad a esperar las vacaciones de fin de año.

  • Viajando a Andahuaylas con mi tía (Parte 4)

    Viajando a Andahuaylas con mi tía (Parte 4)

    Sentir sus labios y respiración me volvía loco me acomodé mejor para tenerla entre mis brazos, fueron unos minutos donde ella se dejó llevar por el momento nuestras lenguas jugaban entre si hasta que mi tía me aparto de su lado poniendo sus manos sobre pecho.

    – Nooo… Manuel debemos parar esto no puede volver a suceder. Ya lo hemos hablado somos tía y sobrino… Por favor paremos esta locura…

    Sabía muy bien que si no aprovechaba este momento que la tenía caliente y con bastantes dudas no se volvería a presentar, así que la sujete fuerte del brazo y la jale hacia mi estaba poseído por la excitación y no oía sus súplicas para que la suelte.

    – Nooo… Déjame Manuel… qué te sucede te has vuelto loco?… Nooo nooo…

    Le arranque los botones de la blusa uno por uno y luego se lo quité dejándola solo en brasier ella ponía sus manos cubriendo sus senos entonces afloje el botón y cierre de su pantalón y se lo jale hasta quitárselo ahora la tenía solo en ropa interior

    – Manuel entiende no quiero déjame ya carajo…

    Estaba sordo y no le contestaba yo seguía en lo mío, rompo su calzón y metí mi cabeza entre sus piernas y empiezo a lamber y chupar sus labios vaginales que estaban hinchados y húmedos de la excitación que también sentía una cosa era lo que decía sus palabras y otra su cuerpo.

    – Detente nooo sigas… Ahhh… ahhh…

    Empezó a soltar los primeros gemidos cuando mi lengua subía y bajaba por los labios externos y luego bajaba hasta su ano que también acaricie, ella inconscientemente separo las piernas o ya había caído al pecado del incesto.

    – Ahhhh… Dios perdóname pero qué ricooo, eres un terrible ahhhh… Manuelito… noo te detengas.

    Y claro que seguí besando y lambiendo como un perro esa deliciosa y jugosa chucha el clítoris era un botón rojo y brilloso que empiezo a moverlo con la punta de la lengua Roxana se volvió loca sus caderas empezaron a moverse cuando llego a experimentar el placer del orgasmo.

    – Aggg… qué ricoooo…

    Yo seguía chupando su vagina cuando ella soltó un grito y se estremeció por completo y sus juegos me mojo la cara nunca imagine que una mujer pudiera mojarse tanto. Después de unos minutos que se recuperó ella bajó la mirada donde yo estaba y me dijo ben subí y apoye mi cabeza entre sus senos.

    – Manuel ahora que vamos hacer? Prácticamente me has violado pero no voy a negar que me ha gustado mucho.

    – Tía a mí también me encanta estar contigo y si tú quieres siempre estaré a tu lado y jamás le diré a nadie.

    Ella se me queda mirando y otra vez nos besamos de nuevo y su mano derecha buscó mi verga y la acaricio sobre el pantalón subía y bajaba logró que tuviera una buena erección y aflojo el botón y luego el cierre del pantalón.

    – Ahora déjame a mi Manuelito agradecerte por todo lo que me has hecho y me has cuidado como todo un hombre de esos borrachos así que mereces ser tratado como tal.

    Ella me besaba en el cuello y pecho y bajaba hasta llegar a la correa del pantalón y la aflojó para luego quitármelo quedando solo en bóxer mordía el bulto que sobresalía jugaba conmigo.

    – Huy que tenemos acá? Se ve tan rico y grande… De quien es esa verga?

    – De ti tía toditito para ti… Cómetelo todito mamacita…

    Justo cuando se lo iba a meter a su boca tocaron la puerta fuertemente así que rápidamente me acomodé la ropa y ella salió corriendo al baño, abrí la puerta y molesto por la interrupción era el señor de la recepción.

    – Hola muchacho y donde está tu tía? Tiene una llamada de su esposo.

    Le dije que se estaba bañando y que le diga a mi tío que volviera a llamar dentro de una hora

    Continuara…

  • Trío con mi mujer y su amiga (V)

    Trío con mi mujer y su amiga (V)

    Dormimos toda la noche, a la mañana nuestra amiga se marchó, quedándonos mi mujer y yo solos, aprovechando para hablar de lo sucedido durante estos días, ambos no nos arrepentíamos de lo sucedido, pero estábamos algo contrariados, yo por mi parte le dije que lo sucedido no había sido premeditado y que me daba miedo que esto Noa llevara a pensar que lo ocurrido nos diera libertad para mantener relaciones con otras personas o que a ella le diera permiso para intentar hacer un trio con dos hombres.

    Ella por su parte me confesó que ese sueño de mantener relaciones conmigo y otro hombre a la vez le había rondado por la cabeza en varias ocasiones, yo le dije que por mi parte no sé si sería capaz de verla tener relaciones con otro, pero que el tiempo lo diría.

    Esa noche nos arreglamos para cenar fuera, estaba esperando Sara cuando la vi bajar la escalera, iba explosiva, con una falda ceñida por encima de las rodillas y una camisa súper escotada que dejaba ver parte de sus pechos y al moverse llegaba a verse hasta sus pezones ya que no llevaba ropa interior.

    Durante la cena el camarero cada vez que nos servia no perdía detalle del escote de mi esposa, se estaba poniendo caliente, lo mismo que ella al sentirse observada y deseada. Se marchó al aseo, momento que aproveché para buscar por internet la ubicación de algún local liberal, quería aprovechar la calentura y excitación acumulada de estos días para poder realizar una de nuestras fantasías, mantener relaciones con público. Encontré uno a media hora de viaje de donde nos encontrábamos.

    Al terminar la cena cogimos el coche y puse rumbo al local, en el trayecto le comente como había calentado al camarero y que seguro que al terminar la jornada laboral terminaría o haciéndose una paja con el recuerdo de tus pechos o follando con su mujer pero teniéndola a ella en su mente.

    Aparcamos cerca del local, mi mujer ignoraba donde íbamos, ya en la puerta me pregunto dónde íbamos, y le conté que era un local liberal, que eso no nos comprometía a nada, podíamos nada más que tomarnos unas copas y observar, ella no estaba muy convencida pero accedió con la norma de que en cuanto dijera que nos marcháramos lo hiciéramos.

    Llamamos a la puerta y nos abrió una mujer algo mayor que nosotros, estaría próxima a los 50 años, pero muy bien conservada y atractiva, se notaba que había recibido ayuda del bisturí. Al hacerla saber que era nuestra primera vez, nos enseñó todas las estancias del local, y nos explicó las normas del mismo. Nos sentamos en una mesa cerca de la entrada, y pedimos nuestras consumiciones, no llevábamos ni 10 minutos cuando varias parejas ya se nos habían insinuado y acercado, nosotros los rechazamos con las señas que la encargada del local nos había dicho. Estuvimos observando por más de una hora la llegada de parejas la mayoría mayores que nosotros, mientras tanto en la pista de baile se veía como se acariciaban y besaban varias parejas y se iban intercambiando entre ellos, para después salir de la pista y unos iban a la zona del jacuzzi, otros al cuarto oscuros y otros directamente a una mega cama.

    El nerviosismo inicial de mi mujer fue disminuyendo, estaba ya más relajada, la bese y le acaricié el interior de sus muslos y subí para tocar su vagina, pero mi sorpresa es que bastante antes ya se notaba su húmeda bajando por sus piernas, estaba chorreando y caliente. La saque a bailar y se nos acercó una pareja de unos 35 años, ambos bien parecidos, se presentaron y nos saludamos con dos besos en las mejillas, les comentamos que era nuestra primera vez y que por hoy solo queríamos observar y ver como funcionaban estos locales, ellos nos comentaron que era su tercera vez pero que empezaron como nosotros, que era lo mejor empezar poco a poco, el muchacho se llamaba Andrés y ella Laura, Andrés me pidió permiso para bailar con Sara y yo con su mujer, bailamos una canción lenta en mitad de la canción estábamos bastante pegados, Andrés intento sobar el culo a mi mujer pero esta se lo impidió, yo en cambio mantuve mis manos en sus caderas, pero mi polla estaba dura y pegada a el vientre de mi acompañante, ella al notarla me sonrió y me susurró al oído que estaba alagada por provocar esa situación en mí. Termino la canción y ellas siguieron bailando juntas en la pista y nosotros fuimos a pedir a la barra, en el trayecto le comenté a Andrés que cual era el mejor sitio del local para mantener relaciones con mi esposa solos pero con espectadores, él me contestó que en una de las salas había una cama grande redonda, y una de sus paredes es de cristal detrás de la cual hay unos sillones para que las parejas que quieran puedan mirar.

    Regresamos a la pista y me puse a bailar con Sara, le comencé a besar el cuello, a mordisquearle el lóbulo de la oreja y a decirle al oído lo caliente que me tenía, a la vez le fui metiendo mano, le acaricié sus pechos, le apreté el culo con mis manos, al final le día la mano y nos dirigimos a la sala que me comentó Andrés, por el camino seguí besando a mi mujer, no quería darle tiempo a pensar, una vez en la sala, nuestros acompañante nos pidieron permiso para quedarse dentro con nosotros y follar ellos también pero sin tocarnos entre nosotros, miré a mi mujer para saber que decía ella y en su mirada vi que estaba súper caliente, les dije que sí.

    En el interior poco a poco empecé a desnudar a mi mujer y ella a mí, ya completamente desnudos comencé a besar sus pechos para ir bajando por su abdomen, y meter la cabeza entre sus piernas, más que lamer se podía decir que estaba bebiendo, ya que estaba chorreando, le pasaba la lengua de abajo a arriba, comenzando rozando su ano y terminando en su clítoris, por el camino le introducía la punta de mi lengua en su vagina, ella se acariciaba las tetas y se pellizcaba los pezones, yo estaba a lo mío no sabía lo que estaba haciendo la otra pareja solo escuchaba algún gemido que otro y algún suspiro. Al final cambiamos de posición yo semi sentado apoyado en la pared y mi mujer comiéndome la polla con ansia, comiéndome los huevos, subiendo despacio por mi tronco, lamiéndome el capullo, para introducírsela entera en la boca hasta su garganta, en esta posición vi a la otra pareja, ella cabalgaba sobre su marido, las tetas eran más grandes de lo que aparentaba vestida, pero las tenía algo caídas, botaba encima de Andrés de forma brusca, como si quisiera meterse dentro hasta sus huevos, él tenía la polla un poco más corta que la mía, pero algo más gruesa.

    Sara paró de mamármela, estaba a punto de correrme y ello lo noto, se puso de perrito mirando a nuestros acompañantes, yo detrás de ella de rodillas y de un solo empujón se la metí, comenzando un mete saca profundo, con el espectáculo que teníamos delante no tardaría mucho en terminar y mi mujer tampoco, André pegó un bufido en señal que ya había terminado ñero por lo que se ve Laura No, esta se descabalgo de su marido para sentarse sobre su vara mirando hacia nosotros, por su cara se ve que Andrés le hacía un buen trabajo con su lengua, mientras ella se masajeaba las tetas y no quitaba su mirada de mi mujer.

    Nosotros estábamos ya por terminar, me había olvidado de la pared de cristal, cuando giro la cabeza observo en los sillones que estaban al otro lado varias parejas mirando, algunos paseándose, otros mirando mientras su pareja se la mamaban y una mujer masturbándose con un gran consolador negro, agarre del pelo a mi mujer y le giré la cabeza para que viera lo que yo, se quedó helada al ver que teníamos tantos espectadores, pero debió calentarse más, en v arias embestida más que le di, llego al orgasmo, comenzando soltar gran cantidad de líquidos que mojaban mis piernas, jadeo y grito, cayendo en la cama desplomada, yo al no haber terminado se la acerque a la boca y tras metérsela ella chupaba como poseída, en pocos segundos me hizo terminar, soltando en su boca los dos primeros chorros y en su cara lo que quedaba, quedando yo también exhausto, estábamos recuperándonos cuando vimos a nuestros acompañante ya vistiéndose, Laura se acerca a mi mujer y sin previo aviso le limpia el resto de mi leche de la cara con la lengua y se la entrega a mi mujer con un beso en la boca, a mí me da un beso en la mejilla y con su mano le da un breve apretón a mi polla, Andrés también se acerca a mí me da la mano y a mi mujer dos besos en la mejilla , pero una de sus manos pellizca uno de los pezones de mi mujer, al salir de la sala se gira y nos dice que espera volver a vernos. Nosotros nos vestimos tras despedirnos de la mujer que nos recibió nos marchamos, en la calle le pregunte a Sara que le apetecía que todavía temprano, ella me dijo que ir a la casa, que estaba todavía muy caliente y con ganas de más, y así lo hicimos.

  • Entrevista con Jennifer, una sexo servidora (Final)

    Entrevista con Jennifer, una sexo servidora (Final)

    Llegamos al club de baile y quizá lo único que rescato de la hora y media que pasamos ahí, fue unas cuatro canciones que bailamos con Jennifer y donde me cautivó su ancestro dominicano cuando bailamos salsa, pero especialmente cuando prácticamente me bailó insinuándome su rico trasero con el ritmo tropical de una bachata con movimientos delicadamente sensuales.

    La música era muy elevada que era imposible hablar y ni gritando uno se podía comunicar. Yo aproveché que era esta linda chica mi chofer y me tomé tres whiskys a las rocas y Jennifer me había dado algunos besos en la boca saboreando el sabor del whisky que tenía en mi lengua. Obviamente su trasero llama la atención, pero en realidad es toda ella, pues cuerpo y rostro hace de esta chica una linda y apetecible mujer. Tanto llama la atención que Jennifer es una de las pocas por las cuales otros hombres se han acercado y me han dado cumplidos por la mujer que me acompaña. Y no me admiré que este hombre de unos 40 años de edad se me acercara mientras Jennifer había ido al tocador de mujeres y me dijo lo siguiente mientras las esperaba: “Con todo respeto mi amigo, su compañía es espectacular, belleza de mujer”.

    Salimos media hora pasada la medianoche, quizá más que todo por el deseo mutuo de follar y creo que Jennifer deseaba como una pequeñuela, jugar con esos juguetes que todavía estaban empaquetados de fábrica. Regresamos a nuestra habitación de hotel y no perdimos tiempo en darnos juntos una ducha caliente que la prolongamos pues en esta ocasión yo tomé a Jennifer por sus espaldas y mientras le besaba el cuello, mi verga se hundía en esas preciosas nalgas y mi glande se paseó de arriba abajo provocando escalofríos a una chica deseosa de ser follada. Le pregunté al oído, y la punta de mi lengua le hizo círculos en su lóbulo:

    – ¿Te gusta sentir mi verga entre tus nalgas?

    – ¡Tony, me encanta! Me da unas cosquillitas deliciosas que se me eriza la piel.

    – ¿Te gusta sentirla cerca de tu entrada?

    – ¡Si Tony, siento rico!

    – ¿Ya habías sentido una verga entre tus nalgas?

    – ¡No nunca! Abrázame y acarícieme los pechos con tus manos. ¡Siento delicioso!

    Estuvimos así por unos minutos mientras nos caía agua caliente. Le esculqué su sexo con mis dedos y comprobé que ya se había excitado. En esta ocasión fui yo quien la secó y aproveché en el proceso de besarla y tocarla, pues realmente es una delicia disponer de un cuerpo tan sensual como el de Jennifer. La llevé cargada a la cama y la puse en posición de perrito, esa posición en cuatro que ella misma me había dicho que se sentía insegura o que le daba pena posar. Ella no me dijo nada, simplemente se dejó llevar y después de algunos minutos masajeando esos extraordinarios y sólidos glúteos, me pongo de rodillas sobre la cama, hago que ella tire su cuerpo dejando sus hermosos pechos contra el colchón de la cama y me deja su trasero expuesto haciendo esa curva divina que lo hace a uno soñar y gozar.

    Puse mis manos en cada nalga y le di un beso a sus labios de su depilada vulva y ella solo gimió y se abalanzó un poco hacia adelante. Yo le contramine mi lengua contra su concha y la lamí a mi antojo, hasta que mi lengua se hundía en ese rico agujero de un sabor dulce y salado, de un olor al jabón de hotel y la frescura de una piel de solo 19 años. Solo lo hice por unos 5 a 7 minutos, pues parecía que tocaba el cielo, sus gemidos me lo advirtieron y decidí cambiar las villas del placer y quizá avenidas que esta chica novata en estos trotes de la vida, todavía inexplorables.

    Continué masajeando con mi lengua su zona del perineo, ahí me mantuve provocándola adivinar para donde mi lengua se dirigía; jugué con sus ansias, pues milímetro a milímetro la punta de mi lengua se acercaba a ese rico ojete que por las reacciones que le llevaban mis caricias en la zona, divisaba como se contraía ante mis ojos. Su vulva comenzó a segregar un fluido abundante y espeso: Jennifer se quemaba en la pasión imaginando que pronto mi lengua violaría esta parte intima que según ella me lo hizo saber, nunca había sido explorada, ni mucho menos explorada de esta manera. No podía ver su rostro, pero tenía la seguridad que la estaba gozando, pues sus su piel se erizaba y sus piernas temblaban de placer.

    ¡Dios mío! – fueron sus palabras temblorosas unidas a un sensual gemido cuando finalmente mi lengua conquistaba el maravilloso y divino orificio de su rico ano. Quizá para Jennifer, tuvo la misma emoción al encontrar la sensación pasiva de su primer orgasmo cuando sentía los hilos del relieve de su almohada contraminándolos contra esa pequeña vulva de solo 14 años. Cinco años después de esa primera experiencia sexual, hoy descubriría el placer anal, que los besos en el culo son tan naturales como los besos en la boca. Que de la misma manera que horas antes nos habíamos besado por largos minutos al comienzo de esta aventura, de la misma manera mi lengua estaría en su culo por minutos, yendo de arriba abajo e intentando como primer paso con la punta de mi lengua, expandir su apretado y joven esfínter.

    Creo que la acumulación de sensaciones fue tal, que Jennifer no pudo contener la tensión del deseo y con enorme sorpresa para ella, y con el mismo nivel de sorpresa para mí, ella comenzó a mover su pelvis como si estuviera recibiendo violentas embestidas, y su ano ahora chocaba violentamente con mi lengua y me lo dijo resollando en forma de angustia salpicada por el placer: ¡Tony, me vengo, me está haciendo venir, que rico Dios mío… uh, ¡que rico! Uh, ¡me corro!

    Se fue de bruces contra de la cama y cae y puedo literalmente ver sus espasmos y como pude, le abrí las piernas y logré sumirle la verga en su concha y ella daba alaridos de placer. Parecía que mi verga en su vulva le provocó otro orgasmo y estuve pompeándola por unos 2 o 3 minutos hasta que recuperó una respiración menos profusa. Se sonríe incrédula y me dice:

    – ¡Usted me va a matar! Uh… ¡Dios mío! ¿Qué fue eso?

    – ¿Te fuiste rico?

    – ¿Rico? Eso fue un ataque orgásmico. ¡Usted me sorprende, esto no me lo esperaba!

    – Yo goce de tu corrida… me gusta ver a una linda chica como goza del sexo.

    – Es que a esto no solo se puede llamar sexo… esto debería tener otro nombre.

    – ¿Tanto así lo gozaste?

    – Míreme, mire como aun me tiemblan las manos y los muslos de mis piernas. –y me río.

    – ¡Lo más probable fue un orgasmo múltiple!

    – No sé lo que fue: lo que sé, es que nunca me había venido de esta manera… bueno, nunca nadie me había hecho esto.

    – ¿Pero te gustó sentir mi lengua en tu culo?

    – ¡Usted sabe mi respuesta! Pero no imaginaba terminar así.

    – ¿Quieres más?

    – ¡Déjeme que me recupere! ¿Usted no pudo acabar?

    – No te preocupes, tenemos toda la noche.

    En lo que retomaba la compostura, le puse las baterías a los tres consoladores, los lavé con jabón y los puse cerca del buró de la cama. Jennifer aguardaba a mi espera y la invito a que hagamos una posición la cual me dejara que disfrute su conchita, mientras me doy gusto masajeando su culo. Es algo similar a que una chica lo monte a uno pero a la inversa, y en vez de tomar la posición sentada, Jennifer se acuesta sobre sus pechos, abre las piernas para que mi falo la penetre, y sus nalgas me quedan expuestas para hacer con ellas lo que me venga en gana. Es una posición muy gratificante en todos los sentidos y con la mayoría de mujeres que hemos compartido cama, esta ha sido unas de sus favoritas y especialmente si la chica está en ese proceso de recuperarse de un buen orgasmo. Jennifer asume la posición, mi verga se hunde en su concha y yo comienzo a manosear esos preciosos glúteos mientras hablamos y nos calentamos con la plática.

    – ¡Me encanta tu culo Jennifer, no aguanto por estar adentro de él!

    – Por lo visto usted sabe lo que hace, mire que hacerme correr de esa manera: ¡Ni lo imaginaba.

    – Dime, en una escala del 1 al 10, ¿qué tanto te gustó?

    – ¡Mil! Usted sabe cómo me puso… ¡Todavía no lo entiendo!

    – No le intentes entender… solamente gózalo. ¿Te gusta cómo estás ahora?

    – ¡La verdad que es rico! Sentir su palo dentro de mí y que me dé masajes en el trasero, la verdad que me siento en la gloria.

    – Bueno, vamos a experimentar cosas nuevas. Si hay algo que te incomode, solamente házmelo saber y me detengo.

    – Trato hecho… aunque hasta el momento, todo lo me ha hecho me ha gustado… que digo, me ha encantado. ¡Todavía siento ese orgasmo!

    – Mira, te voy a dar un consejo. Voy a intentar penetrarte tu precioso culo e iré paso por paso. La clave es que tú estés relajada para que lo disfrutes.

    – Tony, por el momento, todo lo que me ha hecho, lo he disfrutado.

    – Bueno, hoy me dispongo a invadir este precioso culito, pero no quiero lastimarte, así que tú dime si algo te incomoda. – y le ponía mi pulgar en su ojete.

    En esta posición, el precioso ano de Jennifer está a mi antojo. Ella con mi verga en su vagina y yo abriendo sus suculentas nalgas para tener acceso y ver ese rico orificio. Me llené el pulgar con el lubricante anal y comencé lentamente a sobar su ojete, haciéndole círculos, de vez en cuando poniéndole presión para ir poco a poco dilatándolo. Siento la vibración de la vagina de Jennifer, la cual desde la primera introducción me pareció estrecha, reducida y me manda fácilmente ese mensaje de esos músculos cuando me aprieta la verga. Veo que la reacción es como una respuesta a cada intento de sumirle el falange distal, y cuando logro hacerlo, siento como su vagina segrega un líquido caliente que poco a poco llega hasta mis testículos y Jennifer se retuerce y me dice: ¡Tony, que rico!

    Tomo el consolador pequeño, que ha de ser como el tamaño de un menique promedio y el cual la muchacha de la tienda donde lo adquirimos lo identificó como el novio desapercibido. Le unté con lubricante anal, le puse la velocidad media y comencé a ponerla la punta a la entrada del precioso culo de Jennifer. Ella solo dio un gemido de placer y poco a poco, el pequeño consolador de unas cuatro pulgadas se hundía completamente en el culo de la preciosa Jennifer. Le pregunté:

    – ¿Te gusta Jennifer?

    – ¡Esta rico Tony! ¡Creo que me vas a hacer acabar!

    Pasé insertando el pequeño consolador por un par de minutos, mientras esta bella chica se meneaba con un ritmo cadencioso y contraminaba su vulva contra mis huevos cada vez que el pequeño consolador se hundía. Había superado ese grosor, esa sensación de tener una masa extraña en el interior de sus intestinos y determiné que estaba lista para el siguiente nivel.

    El consolador siguiente, era de unas nueve pulgadas, alrededor de unos 27 centímetros, de un buen grosor y tenía una curva en la punta y eso me hizo llevarla de una manera lenta su penetración. Le recordé de la relajación. Como pude, le hice imaginar y sentir que armonizara sus músculos para recibirlo y no intentar rechazarlo. Le embarré el ano con lubricante y comencé la exploración. Sentí que se puso tensa, pero seguí con mi terapia y le hablé de lo rico que se miraba su culo, de cómo me excitaba sentir mi verga en su concha, que me gustaban sus labios, sus tetas y todo su cuerpo; y de esta manera el consolador se hundió lentamente hasta que yo podía sentir su penetración y la vibración a través de las paredes de su vagina. Jennifer no aguantó más y solo dijo sin mucho movimiento: Tony, me voy, que rico, me voy… Oh Dios mío, usted va acabar conmigo… Uh, ¡que rico!

    Su esfínter estaba ya dilatado y la puse en esta ocasión con las piernas abiertas ante mí, quedábamos frente a frente, y me dispuse a untar con el lubricante mentolado el consolador inflable. La puse en la posición para nivelar su ano con mi verga y ella intuitivamente sabe que es lo que quiero hacer, y me brinda sus nalgas para que tenga fácil acceso. Mi verga se hunde en el culo de esta linda mujer y tomando el consolador y con el nivel más bajo de vibración, masturbo su clítoris, mientras ella hace ese movimiento del vaivén y es ella la que se mete y saca mi verga. Desinflado le meto el consolador vibrando a hora en segundo nivel. Siento la vibración y como Jennifer me aprieta la verga con su dilatado esfínter. Inflo un poco el consolador y se siente una presión plena, un vibrar más directo: Jennifer tiene mi verga en su culo y llena su vagina on un consolador que consuela a cualquier mujer y solo miro su rostro de satisfacción. Mueve sus caderas como puede y vuelve a explotar con un tremendo orgasmo y esta vez veo brotar hasta lágrimas de sus lindos ojos color de miel. Es tanto el impacto y la emoción, que acabo en su culo sin siquiera hacer muchos movimientos.

    – ¡Usted me va a matar!

    – ¡Que rico me he ido en tu culo!

    – ¡Nunca había acabado así! ¡Esta es la mejor cogida que me han dado en mi vida!

    – ¡Solo tienes 19 años!

    – ¡En verdad usted si sabe coger! ¡No sé cuántos orgasmos me ha provocado! Perdí la cuenta.

    – ¡Realmente ese tu rico culo me inspiró! Eres muy linda Jennifer.

    – Usted me gusta mucho a mí también. ¡No puedo creer que tenga 50 años! ¡Nunca esperé esta cogida!

    – Quiero cogerme tu culo otra vez, pero ahora de perrito.

    – ¿Qué le puedo decir? ¡Es suyo! Usted ha sido el primero y me ha dado tanto placer que no se lo puedo negar.

    – ¿No te ha incomodado ser penetrada por tu ano?

    – Siento un leve ardor… poquita irritación, pero tolerable. Me puede coger otra vez si quiere.

    Le follé el culo en cuatro, luego se lo follé montando de frente y a la inversa de espaldas. Se lo follé en la posición de misionero pues me pedía que le mamara las tetas. Yo me vine cinco veces en total, una en una rica mamada, otra follándole su rica conchita y tres invadiendo su rico culo. Despertamos a las 9 de la mañana pues su alarma nos despertó. Nos duchamos y se puso un pantalón deportivo negro y una tanga amarilla con su blusa roja. Se miraba tan juvenil en una belleza que solo es cuestión de un tiempo. En la última hora hablamos mucho en el camino y ella me aludó diciendo:

    – Admiro su resistencia… ¡usted si sabe complacer a una mujer! ¡Nunca imaginé el maratón de placer sexual que me esperaba!

    – ¿Realmente te he causado tan grata impresión?

    – ¡Impresión! Tony, solo de verle su rostro de muñeco que tiene a cualquier mujer hace correrse.

    – Me gustaría volverte a ver.

    – ¡Es que nos tenemos que volver a ver! ¡Quiero volver a sentir por lo menos una vez más ese rico placer!

    – ¿Te gusto el sexo anal?

    – ¿Me gustó? ¡Me encantó! Tony, usted me tiene enculada.

    – ¿Puedo pedirte algo?

    – ¡Dígame!

    – ¿Me puedes regalar ese calzón que llevas puesto?

    – ¡Este y el que usted me pida!

    – En ese caso, dámelos todos, quiero tenerlos de recuerdo.

    Llegamos al estacionamiento de su apartamento y con una maniobra ágil y muy sensualmente femenina, en mi Mustang Shelby, se quitó su calzón y buscó los otros en su maleta y los puso en el compartimiento de mi coche. Se despedía con un beso francés y me puse a reír. Y me preguntó:

    – ¿Por qué se ríe pícaro?

    – Sabes, siempre pensé que lo que decías que ayer te iniciabas de dama de compañía era una mentira.

    – ¡Es la verdad!

    – ¡Lo sé!

    – ¿Cómo lo sabe?

    – ¡Nos estamos despidiendo y creo que se te olvida algo!

    – ¡Perdón! Déjeme darle un beso… – yo sigo riendo y dice: ¡No entiendo! Usted se burla de mí.

    – No me burlo… es que tu agencia me pidió pagarte en efectivo $1200.00, pues asumo que los $300.00 que me cobraron en la tarjeta es su porcentaje. Tú no me has pedido tu donación, y la he pasado tan rico contigo que no me podría ir sin dejarte tu pago. – y le extiendo un sobre con el dinero.

    – ¿Qué tal si nos olvidamos de esto?

    – ¿A qué te refieres?

    – A olvidarlo… quiero que olvide que soy dama de compañía y que solo soy su amiga con algunos beneficios o derechos. No quiero que me recuerde como una puta cara, quiero que me recuerde como una chica impactada por su experiencia.

    – ¿Eso es lo que quieres?

    – Sí, eso es lo que quiero.

    – Seguirás trabajando como dama de compañía.

    – ¡No lo creo! Cumplí mi fantasía de coger con alguien a quien no conocía. Eso es lo que realmente buscaba.

    – ¿Qué haces este fin de semana?

    – ¡Realmente no tengo nada!

    – ¿Quieres arreglar tu maleta de nuevo y partimos a Las Vegas?

    – ¿De veras?

    – Paso por ti a las 4:00 p.m.

    – Yo lo espero.

    – ¿A nombre de quien reservo el boleto? Porque no creo que tu nombre real sea Jennifer Laars.

    – Me llamo Nicole XXXXX.

    – ¡Mucho gusto Nicole! ¿Quieres ser mi novia?

    – Deme tiempo, déjeme pensarlo… deme unas cuatro horas para darle mi respuesta positiva acuerdo a sus expectativas.

    – No te sientas con presión… solo quiero romperte el culito de nuevo.

    – Tony, es suyo, venga por él esta tarde.

    Reservé los vuelos para las Vegas esa misma tarde y nos fuimos por 5 días a la ciudad del pecado. Fornicamos a placer por esos 5 días y hemos seguido con esos encuentros que no sé cuándo terminaran. Por el momento Nicole o Jennifer me dice lo mismo: Tony, mi culo es todo suyo.

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  • Yago (VII): Una tentación irresistible

    Yago (VII): Una tentación irresistible

    Después de cenar con los demás criados, Gabriel sintió la necesidad de asomarse al gran salón. La curiosidad le podía. Y el Marqués, que buscaba al capitán mirando de un lado a otro, lo vio apoyado en una columna mirando como terminaba el rondó.

    Aprovechó que sus miradas se cruzaban para, con un gesto de la mano, indicarle que se acercara.

    – ¡Gabriel!, ¿has visto al capitán Salazar?

    – ¡No!, excelencia. Pero, si lo deseáis, yo podría buscarle.

    – ¡No!, mejor vamos a hacer otra cosa.

    Lo único que necesito, por ahora, es que subas a mi alcoba y le digas al sargento Díez, que ya puede dejar que sus hombres vuelvan al cuerpo de guardia.

    Pero, eso si, luego deberás ingeniártelas para que se quede contigo en mi alcoba hasta que yo llegue, ¿me entiendes?

    – ¡Si!, excelencia.

    Gabriel subió hasta la alcoba, y puso al sargento al tanto de la situación. Pero, cuando se disponía a bajar al cuerpo de guardia con sus hombres, el cabo llamó su atención tirándole de la manga de la casaca. Y el sargento, enseguida entendió que quería hablar con él, a solas.

    – ¡Tu dirás, cabo!

    – ¡Mi sargento!

    Y miró a los soldados; que empezaban a bajar la escalera mientras empujaba la puerta de la alcoba del Marqués…

    – La alcoba está vacía, mi sargento. ¿No creéis que podríamos aprovechar este momento?; y le guiñó un ojo…

    El sargento, que no podía evitar sentirse atraído por él, lo miró perplejo…

    – ¡Vamos a pasarlo bien!, mi sargento; y se dio la vuelta, colándose dentro de la alcoba…

    El sargento, no terminaba de decidirse. Pero, terminó siguiéndole.

    – ¡Me gustáis mucho!, sargento. Y lo sabéis…

    El sargento dejó su fusil apoyado sobre el respaldo de un sillón, y se quitó la casaca. Era un hombre extraordinariamente sexy.

    – ¿No os gustaría, que siguiéramos con lo que dejamos pendiente?.

    – Díez, se acercó y le echó mano al culo

    – Nunca había visto uno como este, cabo. Y, ¡si!… ¡me gustaría mucho!

    Gabriel, bajó la mirada y la fijó en su entrepierna…

    – ¡Que buen pedazo!

    – ¿Os parece?

    Le metió la mano dentro del calzón para palparla; y después, levantando la mirada se relamió, sin dejar de mirarle a los ojos. Y arrodillándose, le bajó los calzones, y se la agarró para chupársela con verdadera ansia.

    El sargento, miraba al techo, con los ojos cerrados; poniendo toda su atención, en la agradable sensación que le proporcionaba la boca del cabo.

    – ¡Mmmmm!… ¡seguid, cabo!, ¡seguid!…

    Gabriel, le estaba dando una mamaba de las buenas; y mientras, le pasaba la mano entre las nalgas y disfrutaba de esas formas y volúmenes…

    … y de la dureza de esos músculos tapizados de suave bello bordeando la cálida hendidura, que le incitaban a hurgarle con vehemencia en el ojete.

    Pero, el Marqués, que acababa de llegar, y había entrado en la alcoba con mucho sigilo; al ver ese culo, manoseado con tanto atrevimiento y desvergüenza, no pudo evitar exclamar:

    – ¡Vaya!, ya veo que en este castillo nadie se priva de nada.

    El sargento se movió bruscamente y empujó al cabo; tirándole al suelo. Y dándose la vuelta, colorado como un tomate y asustado, intentó disculparse.

    – ¡Lo siento!, excelencia…

    El Marqués, absolutamente complacido con el cabo por lo bien que había realizado su encargo, se sintió con ganas de ejercitar su mas vistosa benevolencia.

    – ¡No os asustéis, sargento!. Me complace lo que aquí veo…

    … ¡seguid, por favor!, la diversión no hace daño a nadie ¿no creéis?

    Y quitándose la casaca, se acercó a él, para abrazarle y meterle las manos en el calzón.

    – ¡Mmmmm!, que buen culo tenéis, sargento.

    Entonces, Gabriel se reincorporó y siguió con lo que estaba; y el sargento, más tranquilo, se abandonó a la lengua del Marqués y a la tremenda mamada que ya le estaba dando el cabo, otra vez.

    Pero en la torre, Salazar había empezado a aumentar el ritmo de sus embestidas; y le daba tremendos chupinazos a un Sarasola, que completamente despendolado pedía cada vez mas… comportándose como una verdadera puta.

    – ¡Ah!, cabrón. Que bien me trabajáis, decía; sacando el culo, y empujándolo hacía atrás.

    El capitán sentía ganas de morderle en el cuello y tirarlo al suelo; para quitarle los calzones y follárselo a saco, sin ningún tipo de miramientos. E, incluso, estuvo tentado de llamar a algunos de sus compinches del cuerpo de guardia, para follárselo al alimón.

    Pero, no podía ni imaginar lo que seguiría…

    Después de ultrajarlo, casi con desprecio; usando sus peores modales, y follárselo salvajemente durante casi dos horas, Sarasola se levantó muy serio, y lo agarró de la cara con fuerza…

    – ¡Sois precioso, capitán!

    Y empezó a comerle la boca, con ganas; y a meterle la lengua hasta el fondo, a punto de ahogarlo.

    – ¡Mmmmm!, me gustáis mucho…

    Mientras le metía una mano entre las nalgas desnudas y le introducía los dedos en el culo…

    – ¡Uhhh!… ¿todavía sois virgen?, capitán…

    Luego, empezó a morderle en el cuello, mientras continuaba metiéndole los dedos en el culo, cada vez con mas fuerza

    Y el capitán, que había empezado a quejarse en cuanto sintió los dedos en el culo…

    Ahora empezaba a revolverse; inútilmente, ¡claro!… porque el coronel, mas corpulento, ejercía un control absoluto sobre su cuerpo.

    Le giró, violentamente; y le obligó a inclinarse.

    – ¡A ver esta hermosura!, dijo, con cierta sorna.

    Y el capitán pareció relajarse un poco…

    Apoyado en la pared, el capitán dejaba su culo a disposición del coronel, que le mantenía bien sujeto.

    Salazar no pensaba que el coronel tuviera tanta fuerza; y en el fondo, confiaba en que moderaría el trato que estaba empezando a darle.

    De repente, sintió cierta humedad en su ano y un calorcillo muy agradable; que le gustó mucho.

    Y, en ese momento, se dio cuenta de que, aunque había gozado de numerosos machos, y disfrutado de ellos con todo tipo de juegos ideados por el Marqués y él mismo. Jamás había sentido el placer que proporciona una lengua en el ojete.

    Ni, tampoco, lo que se siente cuando te la clavan en el culo.

    Pero, justo en ese momento, un par de dedos de Sarasola entraban con fuerza atravesando su esfínter; y aunque le molestó un poco, al principio, la sabiduría del coronel, moviéndolos en su interior, logró convertir la molestia en placer.

    – ¡Ahhh!… ¡llevad cuidado coronel!…

    – ¡No os preocupéis!, capitán. Ya sé que sois virgen…

    … pero, ¡os aseguro!, que de esta, terminaréis siendo la puta del castillo.

    Sarasola, se escupió en la mano, y se la restregó entre las nalgas. Y luego, se colocó adecuadamente para empezar a introducírsela; empujando suavemente y apretándolo contra si mismo, para empezar a mover la pelvis con toda la intención…

    A los diez minutos, el ritmo de sus embestidas era endiablado.

    – ¡Agghh!… ¡cabrón!… ¡me vais a destrozar!…

    Sarasola, le tapó la boca con una mano, y aumentó la fuerza de sus embestidas…

    -¡Callad!, puta… y ¡disfrutad de este macho!.

    El inevitable dolor de las primeras embestidas, poco a poco se iba a convertir en un gran placer; y ya estaba pasando. Ahora, ese placer le inundaba por completo; y le mostraba una forma distinta de goce…

    … y empezó a pedir más.

    – ¡Seguid, coronel!… ¡seguid, así! … ¡fuerte!,… si, ¡mas fuerte!

    Esta puta ya está a punto, pensó el coronel. Y se la sacó de una vez…

    – Ahora, capitán, vais a regresar a vuestros aposentos, y a lavar bien vuestro cuerpo. Hacedlo a fondo, ¡os lo ruego!. Quiero que cuando volváis a mi alcoba, lo hagáis bien limpio y perfumado… y dispuesto a gozar durante toda la noche. ¡Os espero!.

    El coronel se puso el uniforme, y se recompuso como buenamente pudo. Salió de la torre; y procuró no ser visto.

    Llegó a sus habitaciones, y se desnudó para bañarse, antes de que Blanca llamara a su recámara.

    En las caballerizas, Pierre ya se había bañado; y ahora tenía sus manos sobre las tetillas de Nandillo, que desnudo le miraba impacientemente.

    – ¡Vais muy lento!. Y, tengo frío, Pierre.

    – ¡Clago!, toda la tagde jugando con el agua…

    … ¡ya ves, que todavía viene muy fgía!.

    El francés procuraba frotarle enérgicamente mientras terminaba de ayudarle a lavarse; ya llevaba casi una semana sin hacerlo.

    – ¡Venga!, que ya nos queda poco, Nandi…

    Y le dio una palmada en el culo

    – ¡Ayy!… ¡no empieces, ya!, ¡eh!

    Y Pierre empezó a reírse

    – Te gusta ¡eh!

    Nandillo le miraba de reojo; y se la meneaba.

    Entonces, le pasó la mano por la espalda; y sintió que Nandillo esperaba que le tocara el culo.

    – Ven que te seco, ¡anda!…

    El lienzo que usaba para secarlo era lo suficientemente grande como para cubrir su cuerpo por completo; y como estaba empezando a tiritar, le envolvió en el… y lo abrazó.

    – Vamos a dogmig, ¡anda!. Que mañana tenemos que levantarnos antes del alba.

    Solo se oía el ruido producido por los cascos de algún caballo inquieto; y el que hacía el portón, por culpa de ese aire… y algunas veces parecía que se oyeran voces y risas femeninas, a lo lejos.

    Pero, Nandillo se despertó; no conseguía quitarse la imagen de Yago de la cabeza. Lo habían dejado durmiendo en los fardos de alfalfa.

    Miró a Pierre y se levantó con sigilo. Llegó hasta donde dormía; y se quedó mirándolo, como hipnotizado. La luz de la luna, que entraba por un ventanuco, iluminaba su cuerpo, a pesar del incipiente vendaval… y Nandillo volvió a sentir frío.

    Se tumbó a su lado y se abrazó a él, buscando su calor; y poco a poco, terminó bajo su manta y bien pegadito. Le encantaba esa sensación.

    Según avanzaba la noche, el deseo de Nandillo iba en aumento; y su atrevimiento le permitía correr ciertos riegos.

    Había empezado a tocarle; metiéndole la mano bajo la camisa… pero, más que nada, porque no era capaz de controlar su deseo. Y claro, Yago, que llevaba durmiendo ya un buen rato, percibió la frialdad de su mano.

    Quizá, porque todavía estaba algo dolorido, y no tenía cuerpo para nada, decidió no darle importancia. Sin embargo, si quería ver hasta donde era capaz de llegar. El chico olía a limpio, y no le importaba que se calentara pegándose a él todo lo que quisiera. Realmente, estaba empezando a hacer frío.

    De repente se dio la vuelta y le abrazó; y Nandillo se vio envuelto entre sus brazos.

    – ¡Mmmmmm!, ¡que placer!. ¡Que calentito está!, pensó Nandillo…

    Se acurrucó bien y se dio la vuelta, dándole el culo…

    Yago, le recibió entre sus brazos, de nuevo; y se adaptó a la nueva postura…

    … pero notó la inquietud de ese culo buscando acomodo.

    Se dio cuenta de que el chico estaba desnudo; porque, pusiera sus manos donde las pusiera, siempre sentía la frialdad de su piel. Y esto le fue despabilando, poco a poco.

    Esperó atentó sus movimientos, ya que no dejaba de buscar una mejor postura; y observó, que desde hacía un rato, tenía el rabo descansando entre sus nalgas. El chico le acercaba el culo para sentir su bulto; y a veces tenía la impresión de que quisiera tenerlo dentro.

    De repente, sintió su mano fría dentro del calzón; y decidido, le echó mano al culo.

    Nandillo, se sobresaltó; y miró hacia atrás.

    – ¿Estáis despierto?

    – ¡Uhumm!… desde hace rato. ¿Porqué lo preguntáis?

    – Es que tengo frío; y me he pegado mucho a vos. ¿Os molesta?

    – ¡No!, estate tranquilo.

    Yago empezó a acariciarle entre las nalgas; concretamente, a hurgarle con un dedo en el ojete. Y Nandillo se pegó mucho más a él.

    – ¡Mmmm!… ¿os molesta?

    Yago, no le contestó; solo empezó a morderle una oreja, mientras se bajaba el calzón y le dejaba el rabo entra las nalgas, bien calentito.

    -¿Estás a gusto?…

    … ¿se te pasa el frío?

    -¡Si señor!.

    Yago empezó a meterle un dedo en el culo; y vio que entraba sin dificultad…

    – ¡Ay!, que gusto señor…

    A ver, date la vuelta…

    Nandillo, se puso muy contento. Sabía que ya lo había conseguido. Se metió bajo la manta y se colocó con la cabeza entre las piernas de Yago; que ya se había quitado el calzón y permitía que el chico pudiera disfrutar de él, sin ningún impedimento.

    Por su parte, el chico completamente desnudo se abandonó entre sus manos.

    Y allí, bajo esa manta, casi a oscuras y a las tres de la mañana; con un frío que pela y una ventolera de espanto. Los dos se pusieron manos a la obra.

    Después de gozar de sus respectivos encantos, y demás… Yago le había dejado el ojete chorreando de saliva. Lo cogió y lo colocó adecuadamente, se lo apalancó entre las piernas; y se la enchufó, silenciosamente, para darle continuos y placenteros meneos, a la luz de la luna…

    … abrazado a él y chupándole el cuello, con una calentura como hacía mucho tiempo no había tenido. Se lo estaba follando confortablemente, entre los fardos de alfalfa. Pero, Nandillo era feliz; no podía imaginar mejor manera de quedarse dormido.

  • Mi hermano, mi prima y yo

    Mi hermano, mi prima y yo

    Hola, soy Eva y les voy a relatar lo que sucedió con mi hermano, una prima y yo. Como saben, yo hago el amor con mi hermano y hace unos días le propuse que si quería tener a dos mujeres con las que hacerlo. Al principio a él le extraño el ofrecimiento pero, al decirle de que esa otra chica era nuestra prima Mónica, a él se le ilumino la cara…

    -Te gusta el trato, Juanje?

    -Si ya lo creo Eva…mmm…dos mujeres para mí.

    A mí también me gustó la idea y no estaba nada preocupada a fin a cabo, la otra mujer era nuestra prima. Un sábado por la mañana lo preparamos todo. Ella vino por la tarde, estuvimos cenando y luego nos pusimos a ver la tele. Entonces le giñe un ojo a mi hermano para que supiese que era el momento de iniciar el juego

    Nos fuimos al dormitorio del ordenador y empezamos a mirar páginas. Al principio, solo fueron páginas normales pero poco a poco, comenzamos a ver páginas de sexo. Mire a mi prima y creía que ella iba a salir de allí, pero no, se quedó mirándolas e incluso nos pidió que les enseñáramos más. Al cabo de un rato, tanto mi hermano como yo,

    Comenzamos a ponernos calientes. Miramos a nuestra prima y vimos como de vez en cuando, ella también se tocaba entre las piernas y las tetas.

    Viendo que ella estaba casi preparada, mi hermano saco un juego en una página y nos dijo…

    -Oye chicas, ¿queréis jugar a este juego…?

    Yo ya sabía cuál era pues él y yo ya habíamos jugado varias veces pero, mi prima lo desconocía así que le dijo…

    – ¿De qué se trata? – pregunto

    – Es un juego que me han dicho es muy divertido -contestó- ¡es el strip-poker!

    Hubo unos segundos de silencio…

    – ¿qué es eso? -preguntó intrigada mi prima

    – ¡Muy fácil! -respondió eufórico Juanje. Es un juego de cartas… tú no has oído hablar de él, Mónica?

    -Sí, sí sé que es el póker…

    -Pues eso prima, es igual que el póker pero, con la diferencia que si se pierde hay que quitarse una prenda…

    -Desnudarse…?

    -Eso es. Cuando se pierde pues la chica del ordenador se quita una prenda…

    Yo para calentar más el ambiente, le dije a mi hermano que yo estaba de acuerdo.

    Otro silencio…..

    – ¿Tú estás loco? -le dijo mi prima.

    – Estas de broma, ¿verdad? -le dijo de nuevo.

    – Y ¿por qué no? ya nos conocemos hace tiempo como para asustarnos, creo yo. -contestó muy convencido.

    -Si Mónica, además es solo un juego…

    -Ya lo sé Eva… pero es que…

    – Mira, Mónica, para que veas, yo os dejo ser las «jefas» y cuando lo de seis, paramos el juego y no se hable más, pero creo que podríamos intentarlo, puede ser divertido.

    Después de un rato…

    -De acuerdo, vamos a jugar…

    -Muy bien, prima… jugamos aquí en el ordenador o nosotros tres solos…?

    Y cuando creía que iba a decir allí mismo, mi prima le dijo…

    -No Juanje, vamos a jugar los tres solos, con cartas de verdad…

    -Muy bien… así será más divertido…

    Pusimos unas mantas en el suelo, unos cojines y nos pusimos a jugar. El juego empezó sin mayor transcendencia y fue yo la primera que perdí. Sonreí, me puse en pie y me quité uno de las sandalias de tacón que llevaba, mientras la hacía girar en mi mano cantando el ¡tariro, tariro! La cosa era divertida, mucho más que una partida de trivial. A todos nos producía aquello una risa nerviosa.

    El juego se puso más interesante cuando Mónica se tuvo que quitar una prenda a elegir entre sus jeans ajustados o su camiseta blanca de tirantes. Optó por ésta última, se puso en pie y sacó lentamente sobre su cabeza aquella camiseta. Sus tetas se movieron al compás de sacar los brazos. Se quedó en pantalones y en un sujetador color rosa palo que le sujetaba mínimamente sus enormes pechos. Parecía que ella y todos nos íbamos animando con aquel juego.

    Luego Juanje perdió y se despojó de su camiseta. Su torso es musculoso, bien depilado, pues práctica natación, tiene una enorme espalda, unos brazos fuertes y además es muy guapo, vamos, imaginaos como esta mi hermano… buenísimo.

    Otra partida y fue cuando me tocó a mí quitarme el vestido que llevaba. Aquel vestido me sentaba realmente bien. Me puse en pie y me fui quitando uno a uno los botones, mientras meneaba las caderas con un ritmo muy insinuante. A Juanje, le encantaban aquellos movimientos, se le salían los ojos de las órbitas. Después de soltarme todos los botones y continuando con aquel baile, me puse de espaldas y me fui bajando el vestido que fue cayendo por mi espalda, hasta dejarlo caer al suelo.

    Mi ropa interior era blanca y ajustadita. Me da la vuelta y Juanje se quedó con la boca abierta. Posiblemente esté mal que yo lo diga, pero estoy bastante bien, al menos el cuerpo me gusta cuidarlo y resaltarlo. Me tumbé recostada con cierta sensualidad y continuamos jugando.

    Siguiente jugada y de nuevo, perdió mi hermano, así que se quitó los pantalones. Se fue bajando la cremallera de la bragueta poco a poco, y dándose la vuelta y sacando el culete se despojó de los pantalones. Llevaba unos calzoncillos de raso que yo le regalé de tipo boxeador, negro ajustado, modernillo, y que tenía debajo un paquete enorme. Yo creo que estaba empalmado. Miré hacia mi prima Mónica y le sonreí.

    Después me perdí yo de nuevo y tenía que quitarme otra prenda y solo tenía dos opciones: quitarme las braguitas o el sostén, y fue por este último por el que me decidí. Siguiendo el ritmo me llevé las manos a la espalda, solté el broche y me saqué el sujetador de los brazos aguantándolo sobre mis pechos. Todos querían verme las tetas y levanté de golpe mis brazos, cayendo el sostén al suelo y dejándose ver mis tetas botando. No son excesivamente grandes, pero si bien puestas. Yo sé que a mi hermano le encantan, le entusiasman, no había más que verle la cara.

    Seguimos jugando y esta vez perdió mi prima. Nosotros dos, queríamos saber si mi prima continuaría con el juego o simplemente se rendía pero no, decidió seguir el juego. Se quitó muy despacio su ajustado pantalón, y enseñando sus bonitas piernas, ya que Mónica es muy hermosa, con una cara muy dulce, pelo largo rubio, labios carnosos, grandes tetas, cinturita, buenas caderas y espectaculares piernas. Mi hermano no le quitaba ojo, y no era de extrañar y aunque algunas veces la había visto en ropa interior nunca había tenido la oportunidad de verla tan cerca y eso, lo calentó mucho. Nos hizo a los dos un baile erótico en el centro de las mantas y se quedó solo con su ropita interior rosa.

    Otra jugada y de nuevo perdí yo… sí, es que no soy muy buena jugando. Bueno, ya solo quedaba quitarme la única prenda que llevaba: mis braguitas blancas, que ya se empezaban a humedecer con aquel ambiente. Me puse en el centro, y girando sobre mi misma, me fui bajando las bragas lentamente, enseñando mi culito, mis caderas, dejándolas bajar por mis muslos, por mis rodillas y… ¡zas! me las saque.

    – ¡guau! -dijo mi hermano Juanje

    Mi cuerpo que yo cuidaba a base de mucha gimnasia estaba muy bien proporcionado, y aún continúa estándolo, me cuido mucho y me gusta lucirme, un pelo moreno, largo y liso, boca muy sensual, tengo bonitas tetas, bonitas piernas y culo redondo y respingón. Mi hermano y mi prima disfrutaron de mi desnudez. Me volví a mi cojín y me senté de lado dejando a la vista mi sexo con las piernas ligeramente entreabiertas. Noté como a Juanje le crecía su ya dilatado paquete bajo el slip negro. A mí me encantaba ponerle cachondo.

    A continuación mi hermano Juanje fue el siguiente en despojarse de su única prenda el calzoncillo, que se bajó también lentamente ante la mirada de todos y al hacerlo saltó su pene supererecto, botando sobre aquel calzoncillo, se le notaba muy excitado, quizás por mi baile o por el de mi prima. Mónica me miró sonriente, se iba animando paso a paso y se le veía muchísimo más caliente. Solo había que ver como se dejaban ver sus erectos pezones tras el diminuto sostén.

    Juanje tenía su miembro como una estaca, deseoso de ser devorado.

    -Joder Juanje… como estas! ¿Eh Mónica…? -dije.

    -Si prima… joder… ya lo veo…

    Yo vi como los ojos de mi prima se clavaban en la verga de mi hermano. Después, el me besó ardientemente en los labios y ocupó su lugar. Aquello a mi prima, le sorprendió muchísimo de que mi hermano me besara en los labios pero como ya los tres estábamos casi desnudos, no dijo nada y seguimos jugando.

    Total, que Juanje y yo quedamos despelotados, ya solo quedaba mi prima por quitarse sus braguitas y el sujetador. Y eso ocurrió.

    Perdió ella, se puso de pie, lanzó una dulce sonrisa a nosotros dos y en el centro de la sala se quitó lentamente el sujetador rosita, dejando al aire sus hermosas y grandes tetas. Juanje se ponía bizco, mirando aquellas tetas. Pero lo bueno es que ella siguió desnudándose sin importarle ya el juego, así que siguió con su particular «striptease”. A mi hermano, Juanje, se le ponía su verga como a un toro mientras la sensualidad de Mónica nos electrizaba a los dos. Tras unos pases por delante de cada uno de nosotros, prácticamente se arrancó las bragas dejando ver a todos a una preciosa mujer completamente desnuda.

    -Preciosa… Tía buena! -le gritó mi hermano.

    Qué guapa estaba, con una carita tan dulce, con aquel cuerpo moreno, tan cuidado, sus bonitas tetas, sus largas piernas, su vientre liso y con el vello del pubis bien recortadito. No era de extrañar que mi hermano estuviera como un lobo.

    Después de quedarnos en pelotas los tres dijo mi prima…

    – ¿Y ahora que…?

    Entonces, me eche sobre mi hermano y comenzamos a besarnos y a manosearnos los cuerpos. Mi prima al ver aquello, se quedó alucinada pero luego, se unió. Allí en las mantas estábamos tres cuerpos desnudos revolcándose, tocándose, besándose en fin una orgia sin control. De pronto, mi hermano le dijo a mi prima…

    -Mónica, ¿quieres hacerme una cosa…?… es que lo estoy deseando

    -Bueno… primo…

    Hubo unos segundos de silencio y al fin dijo

    – ¿Qué quieres…? -preguntamos las dos.

    Y mirando con ardiente deseo a Mónica le dijo:

    -¡Que me hagas una buena mamada!

    – ¿Queee? – saltó Mónica asustada mirando su empinada verga.

    – Pues que quiero que me la chupes, eso es lo que quiero.- respondió.

    Mónica no podía creerlo y yo tampoco, ya que no nos lo esperábamos tan pronto. Ella se quedó sin palabras con la proposición de mi hermano. Yo, la verdad, es que sí deseaba que se la chupase a mi hermano, quería verle disfrutar con mi prima, con su hermosura y con sus labios.

    -Joder Juanje, primo… tu sabes lo que me estas pidiendo…?

    -Pues claro que lo sé… además tengo unas ganas

    Entonces, yo para calmar a mi prima, la abrace y le dije que tranquila que no pasaba nada y que además se le veía en la cara que lo estaba deseando de cómo le miraba a mi hermano su verga.

    Mónica no podía creer lo que estaba ocurriendo pero, se levantó, acercándose hasta mi hermano, se arrodilló frente a él, se abalanzó sobre la erguida verga y la cogió con su mano suavemente. Mónica me dirigió una mirada a modo de aprobación y yo que estaba muy cachonda asentí.

    Se retiró su rubio pelo hacia atrás y comenzó a chupar los huevos de mi hermano con frenesí, mientras con su mano subía y bajaba aquel nabo tieso. A continuación y cogiéndolo por la base, empezó a besar y a chupar por todo lo largo de aquel poste, para luego dar pequeños besitos en el glande, mientras con su otra mano acariciaba el pecho de Juanje y él acariciaba el cabello de ella. Mónica siguió besando el capullo mientras le sonreía con cierta picardía, y sacó su lengua para chupar con mayores ganas. En ese momento yo sentía entre celos, rabia, excitación, de ver aquella escena en la que mi prima le comía le chupaba la verga a mi hermano, algo que nunca me había sucedido.

    De repente Mónica bordeó con sus carnosos labios la punta de aquel nabo y empezó a subir y a bajarlos suavemente hasta que llegó el momento de metérsela hasta dentro. Él daba grititos de placer a modo de aullidos, y ella seguía con aquella operación que desarrollaba con mucho estilo; sacaba y metía aquel falo en su boca mientras Juanje resoplaba…

    -Eso es… Mónica… aaauuuhhh… chupalaaa

    -Que verga tienes… mmm… primo…

    Mónica sacó la polla de su boca, agarrándola con la mano, levantó la cabeza y se incorporó de rodillas con las piernas medio abiertas dejando ver toda su desnudez entera, como diciendo: ¡cómeme! mientras masturbaba a su primo. Volvió a agacharse sobre la verga y prácticamente se la comió una y otra vez, hasta que otra vez retirada su boca, se reincorporó de nuevo y él sin poderse contener, hasta que soltando un apretado gemido, lanzó varios potentes chorros sobre la cara y pecho de Mónica…

    -Joder… aaahhh… Monicaaaa… me corroooo

    Ella pareció estremecerse de placer agarrando sus pechos con ambas manos y esparciéndose la leche por todo su cuerpo y relamiéndose los labios con la lengua, mientras el pene de Juanje seguía lanzando su leche y dando pequeños espasmos de placer. La escena era muy excitante, viendo a Juanje resoplando con la cabeza hacia atrás, su pene convulsionado, mientras Mónica seguía con los ojos idos, magreándose y luciendo su cuerpo brillante de aquel esperma.

    De verdad que aquella mamada, hizo que yo me pusiese aún más caliente, sobándome las tetas y metiendo mis dedos dentro de mi raja, haciéndome una paja de campeonato.

    – Y ahora… – comento, mi prima haciendo una pausa.

    Los dos me miraron con expectación. Y solté:

    -Quiero que Juanje y tú me chupéis entera…!

    A Juanje le gusto muchísimo la idea pues, le encantaba chuparme mis tetas y mi chocho que en ese momento lo tenía al rojo vivo de tanta excitación. Y mi prima pareció que también el gusto la idea, ya que en un momento se me acercaron para obedecer mi petición. Ellos dos empezaron a lamer mis piernas con sus lenguas. Primero Juanje me chupaba por entre mis rodillas por delante y Mónica me besaba por detrás de mis muslos. Aquello era sensacional, ya que no me habían chupado dos personas a la vez. A continuación Juanje me besó el ombligo y me lamió los brazos, la cintura, las tetas y el cuello. Mónica seguía en mi espalda y de pronto bajó hasta mi culo concentrando su lengua en mi agujero. Yo me estremecí y sentí un escalofrío que me hizo tambalear. Mi hermano que era un experto en chuparme el coño, no tardó en bajar hasta él y besarlo y chuparlo como si comiera un dulce, metió su lengua y mi clítoris rozó sus labios. Todo pasaba muy deprisa. Mientras uno me lamía el culo y el otro el coño, me acariciaban a lo largo de mi cuerpo, poniéndome el vello erizado. No pude aguantar y me corrí de repente, acariciando sus cabezas a modo de gratitud. Tuve un orgasmo largo y profundo.

    Todo mi cuerpo se sentía extraño, pero aún sentí mayor excitación con solo recordarlo deseando ser penetrada por una verga bien cargada.

    Todos mis deseos se hicieron realidad cuando mi hermano me dijo…

    -Vamos Eva, quiero comerte entera de nuevo, quiero que me comas tu a mí y quiero que hagamos el amor como nunca lo hayamos hecho!

    La onda expansiva de aquella frase se reflejó en la cara de mi prima. Yo alucinaba, ya que es lo que más deseaba en ese momento. La cara de Mónica era un poema y no tardó en decir…

    -Que…?… ¿qué vais a hacerlo… los dos juntos…?… ¿cómo va a ser eso…?

    Después yo le conté a mi prima que lo hacíamos desde hace un tiempo. A ella se le quedo una cara de sorprendida. No atinaba a decir nada más. Le dijimos que ese sería nuestro secreto y asintió con la cabeza. Entonces, mi hermano le dijo…

    -Y no te preocupes Mónica, que luego vas a ir tú… ¿o no quieres…?

    Se quedó un poco callada, lo miro y le dijo…

    -Pues sí, ya que más da… por supuesto que tienes que hacerlo conmigo

    Así que nos juntamos mi hermano y yo en las mantas y…

    -Eva, pero que buena estás! – me dijo sin dejar de contemplarme.

    Me agarró por la cintura, me apretó contra él chocando mis tetas por debajo de su fornido pecho, su verga en erección golpeó cerca de mi ombligo y en un apasionado abrazo inclinó su cabeza susurrándome al oído un sensual y cariñoso: ¡te deseo! y comenzó a besarme con mucha suavidad. Nuestras lenguas se juntaron acompañando aquel tierno abrazo. Sus manos recorrían mi espalda y yo acariciaba sus duras posaderas. Nuestros ojos se cerraban en un ardiente beso. Su lengua buscaba la mía y yo apretaba su culo con mis manos. Con una mano me acariciaba las tetas con suavidad y con la otra me palpaba una de mis nalgas. Su verga se apretujaba entre nuestros cuerpos. Mi chochito soltaba todos los jugos del placer. El bajó con su lengua por mi cuello, besó y mordisqueó ligeramente mis pezones, chupó mi cintura, mi ombligo mis muslos, bajo por mis rodillas, me giró y siguió por detrás de mis muslos, me separó las piernas y siguió lamiendo mi culo. Yo seguía en pie muriéndome de gusto, mientras me lamía por todas partes. Me giró de nuevo frente a él y metió su lengua entre mis muslos hasta llegar a mi húmedo sexo, cuando sin poderme contener lancé un gritito de placer.

    -¡ahhhhh… Juanjeee… que gusto me das!

    Él seguía en su labor de chuparme todo el coño con sus labios y lengua, yo le introducía los dedos en su ensortijado cabello negro. Notaba los latidos de mi corazón en mí clítoris, notaba su lengua como se habría entre mis labios vaginales, como si estuviera buscándome todos los rincones del placer, hasta que de pronto sentí en mi interior una ola de calor y gusto que nunca había sentido, produciéndose en mí un monumental orgasmo que deje llevar con gemidos profundos. Se incorporó y nuestras lenguas volvieron a juguetear mientras nos abrazábamos y acariciábamos.

    Ahora me tocaba a mí. Fui bajando con mi lengua por su cuello, le mordisqueé en los fornidos hombros, le acaricié los potentes brazos, le chupé las tetillas y con mis manos iba bajando por su espalda, salté sus genitales y seguí besando, chupando y mordiendo sus muslos, sus rodillas, sus gemelos, subí por detrás hasta llegar a su culo, lamiendo aquellas sabrosas y duras posaderas.

    Me puse de nuevo frente a Juanje a la altura de su aparato, subí la mirada hasta sus ojos, le sonreí y empecé a besuquear aquel nabo enorme. Primero lo hice suavemente jugueteando con mi lengua y dando pequeños golpecitos del glande contra mis suaves labios. Arrastré mi lengua por toda su longitud, recorriendo de arriba a abajo notando sus dilatadas venas, mientras con mis uñas le arañaba por detrás de sus muslos y por su culo. De golpe, me metí aquella verga en la boca. Ahora era él quien acariciaba mi negro cabello, mientras soltaba resoplidos de gusto cerrando los ojos. Yo seguía intentando comerme aquel tronco una y otra vez, adentro y afuera de mis carnosos labios. Mi saliva lubricaba aquel pene, hasta que repentinamente él me tiró del pelo separándome de su sexo, evitando correrse. Yo para entonces ya estaba como una moto y deseaba ser penetrada por aquel potente hombre. Juanje me cogió por la cintura como si yo no pesara nada y con su extremada fuerza, pero con suma delicadeza, me trasladó hasta la mesita de madera que estaba frente al sofá, justo a los pies de nuestra prima. Era alucinante, mi hermano, quería colocarse cerca de ella para que viera bien la operación de cómo me cogía. Para entonces a ella se le veía muy excitada.

    Me tumbo boca arriba en aquella reducida mesita, me agarró por los muslos y puso mi chocho al borde de la pieza. Cogió su pene por la base y acercó su punta hasta mi húmeda caverna. Paseo ligeramente arriba y abajo su glande por mi raja, mientras yo me sobaba mis tetas que apuntaban al techo.

    – ¡Mmmmmm, métemela, métemela! – gemía yo.

    Sabía dar gusto a una mujer, esperando el momento propicio. Sonrió maliciosamente mirando a Mónica. Entonces empecé a sentir un gusto extraordinario. Aquel enorme tronco fue entrando en mi cuerpo de nuevo. Me penetró: un centímetro, dos, tres, cuatro… yo me estremecía… ocho, nueve, diez… aquello no acaba nunca, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve… no sé cuánto medirá porque no lo he hecho todavía pero os juro que es sensacional.

    La sentía en mi interior y como mi coñito se adaptaba relamiendo su largura. De repente entró entera dentro de mí, sintiendo sus huevos chocar en mis glúteos. Nunca había sentido tanto placer por todo lo largo de mi cuerpo.

    – ¡ahhhhh, uuuuuffff! – gritaba como loca.

    Me estaba taladrando las entrañas. En apenas unos segundos, sentí dentro de mí una sensación súper extraña, un placer mayúsculo, un orgasmo que llegó a ponerme la piel de gallina, se apagaba y pronto volvía a calentarme más y más, y así corriéndome una y otra vez, con múltiples orgasmos. Él también soltaba algún gemido, mientras bombeaba suavemente al principio metiendo la punta y apretando al final su gran polla dentro de mi pequeño agujero. Mi chocho se adaptaba difícilmente a su duro y gigante miembro. Se detuvo. Sus músculos se tensaron, me la saco del coño y…

    – ¡Dios mío! ¡Que gozada! – dijo

    Y tuvo una larga corrida, llenándome toda con su semen, mis tetas, mi boca, mi cara en fin, todo mi cuerpo. Con su verga en mi mano, la notaba como botaba con espasmos mientras echaba goterones de leche sobre mi cuerpo. Yo volví a correrme mientras acariciaba su tórax y sus abdominales tensados. Nuestros cuerpos sudaban y brillaban uno pegado al otro.

    Nunca me había ocurrido: tuve más de siete u ocho orgasmos seguidos y muy profundos. Nunca me habían cogido de esa manera ni me habían hecho gozar como lo hizo aquel día, quizás fue así al tener a mi prima allí al lado mirándonos lo cual nos hizo estar aún más excitados que de costumbre

    Después de un rato, le tocó el turno a mi prima Mónica. Mi hermano se sentó en el sofá, ella, se subió a el de rodillas, paso una pierna a cada lado del cuerpo de él. Mientras yo le cogí la verga a mi hermano, la apunte hacia el chocho de mi prima y se la ensarto…

    -Juanjeee… aaauuuhhh… dios mioooo…

    -Así Monicaaa… mmm… metetelaaa… toda entera…

    Mi prima comenzó a cabalgar la erguida verga de mi hermano. La vista era muy espectacular, primero la cara de gusto de Mónica con sus ojos cerrados, sus tetas bailando al vaivén, su cinturita sudorosa y su coñito metiéndose en el nabo de Juanje hasta llegar a los huevos. La estaban gozando en pleno. La cara de Juanje apenas podía verse tras mi prima, pero se le oía gemir y decir:

    -Sí, sí, que bien lo haces!… ¡me vas a matar!

    – ¡ahhh, que bien, que bien! -se le oía decir a Mónica entrecortadamente.

    Yo comencé a sobarle los huevos a mi hermano y a meterle unos dedos en el culo de mi prima con lo cual se excitaron aún más. En ese momento, mi hermano Juanje, dando pequeños aullidos, se corrió dentro del excitado sexo de Mónica y ella a continuación empezó a cabalgar más fuerte hasta alcanzar también un escandaloso orgasmo unos segundos después. Ella, le daba miedo de que él se corriese dentro así que se la saco, la puso entre sus tetas y le hizo una paja con ellas. Cada vez que subía la verga de mi hermano, mi prima le daba unos besos en el capullo hasta que al final, no pudo más y se corrió.

    Mi prima, sujeto con sus labios el capullo de la verga de mi hermano, hasta que el cogiéndole por la cabeza, se la introdujo toda dentro de la boca y se la lleno con su leche…

    -Si… aaahhh… Monicaaaa… aaauuuhhh… toma mi lecheeee…

    Luego, mi prima se bebió la que pudo pero, se guardó un poco en su boca, junto sus labios a los míos y me la pasó. Imaginaos, nuestras bocas y nuestras lenguas jugando con la leche de mi hermano y su primo respectivamente…joder, fue algo increíble.

    Después al rato, le cogimos de nuevo la verga a mi hermano entre las dos y le dimos una mamada espectacular. Nuestras lenguas jugaban con toda ella, chupando una y después la otra hasta que el no pudo más y se corrió, llenando de nuevo nuestras bocas con su leche. Nos tragamos las dos toda la leche y le chupamos con ahínco con nuestras lenguas por todo su miembro. Él se relamía de gusto.

    La verdad es que aquella tarde nos dejamos llevar los tres por nuestro deseo y por nuestra excitación hasta el punto de sentir el máximo placer. Fue toda una gozada, creo que irrepetible.

    Nos fuimos duchando y vistiendo uno a uno, y salimos a la calle en busca de algo de aire fresco que nos relajara de aquella agitada y divertida tarde.

    Fue una experiencia que repetiremos más veces y que servirá para conocernos mejor incluso a nosotros mismos.