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  • Mi adolescencia (Capítulo 49)

    Mi adolescencia (Capítulo 49)

    Curiosamente durante los siguientes días a lo de las braguitas de Laura estuvimos muy tranquilos. Es más, estuvimos días enteros de no tener relaciones entre nosotros ni tan siquiera caricias por encima de la ropa. Digamos que las fantasías llevadas a cabo con la ropa de mis amigas calmó mucho tanto a Iñigo como a mí. Por lo que estábamos un poco saciados del tema de las fantasías. Pero pronto íbamos a volver a ellas, aunque la primera que me propuso Iñigo fue muy convencional, ya que un buen día me dijo que quería hacerlo en un baño público de un bar. Yo me negué. No me gustaba nada la idea y me agobiaba el factor de riesgo que eso suponía. Además, ya nos lo habíamos montado aquella noche en el cuchitril donde Santi ponía los CDs de música en el bar, y eso era prácticamente lo mismo, por lo que era como si ya lo hubiésemos hecho. Por lo que me negué en redondo a repetir algo ya realizado. Iñigo insistió mucho. Le importaba mucho hacerlo en el servicio de un bar pero yo me seguí negando todo el rato y, al final, él accedió y se olvidó de esa fantasía. Además, me gustaba que fuesen fantasías ingeniosas y ocurrentes que estimularan mi cerebro, no la típica fantasía en la que piensan todos los chicos. Cierto que Iñigo se quedó un poco chafado al negarme pero era algo para disfrutar ambos, sino no merecía la pena.

    Sin embargo la siguiente fantasía que me propuso sí que me gustó. Pues tenía el morbo fetichista necesario para sentirme excitada intelectualmente y por tanto estar físicamente preparada para hacerla. Como siempre debía seducir siempre mi cerebro y, una vez conseguido esto, ya podríamos excitarnos con lo que se le ocurriese. Contaré más o menos lo que me propuso. Me dijo: “Tengo una fantasía acerca de tu clase en el instituto. Y quiero que la realicemos antes de que termines el instituto este año”. Al escucharle sentí curiosidad y presté atención a lo que me decía. Pregunté en un tono incrédula: “¿en mi clase?”. Iñigo siguió describiendo la fantasía que tenía en mente: “Sí, en un momento que no haya nadie, en un descanso o a una hora que no haya nadie. Y si no se pudiese ahí pues en la clase de al lado. Pero que sea en una clase de tu instituto.”. Lo cierto es que escuchar esta propuesta me motivó. Me gustó. Aunque también me hizo sentir, como era lógico y natural, muy insegura porque si nos pillasen sería un marrón impresionante, y sería el hazmerreír de todo el instituto durante los siguientes meses, por no hablar de la mala fama que eso me traería y que la gente pensase que era una ninfómana haciendo esas cosas, cuando la imagen que tenía todo el mundo de mí desde siempre es que era muy formal y normalita.

    Me sinceré con Iñigo y le dije todo lo que me agobiaba de esa fantasía. Cierto que podía ser muy guay, excitante y morbosa, pero tenía mucho que perder si nos pillasen ya fuese los compañeros de clase o incluso algún profesor. Eso era un agobio impresionante y yo no hacía más que pensar en esos contratiempos. Podía ser una acción que me marcase negativamente para siempre y que tirase mi reputación por los suelos para siempre. Y no me apetecía nada ser la causa de los cotilleos y chismes de todo el mundo en el instituto. Cuanto más lo pensaba más me parecía una mala idea. Y había mucho que perder. Por lo que al final le dije a Iñigo que era muy arriesgada y que prefería no hacerla. Como era lógico, Iñigo me tranquilizó y me habló con calma: “Tranquila, yo soy el primer interesado en que no pase nada. Por eso extremaré la cautela y la seguridad al máximo. Jamás consentiría que nos pillasen. Por eso solo lo haría si estuviese seguro al 100% de que hay una seguridad total de que no nos van a coger. Yo jamás jugaría con tu reputación ni con la imagen que tienen de ti. Eso jamás. Por lo que solo lo haría cuando haya las suficientes garantías de que no correremos ningún riesgo. Sino, nunca se hará”.

    Debo decir que sus palabras fueron más que tranquilizadoras, pues le note tan preocupado por el tema como yo. Eso me relajó. De todos modos dejamos reposar la idea unos días más hasta que estuvimos convencidos de que no habría ningún riesgo para hacerla. Y, pasado esos días, nos surgió una buena oportunidad: no iba a tener clase de 10 a 11 ese día porque el profesor ya nos avisó de que no iba a venir. El problema es que Iñigo tendría que faltar a la Universidad para acercarse a mi instituto esa mañana, pero no le importó perder esas horas de clase. Por lo que fijamos el encuentro para aquel día a las 10. Además, era un día emblemático, pues se trataba del 17 de Abril, es decir, se cumplía justo el primer aniversario desde que perdí mi virginidad con Edu. No me lo podía creer. Solo había pasado un año desde que había perdido la virginidad y parecía que hubiese pasado ya toda una vida. Esos 12 meses (tal y como demuestra este diario) fueron los más intensos de mi vida y me pasaron mogollón de cosas, y sobre todo tuve una vida sexual muy activa y apasionante. Me parecía tan lejano el 17 de Abril del año anterior. Parecía como si hubiese madurado muchísimo en esos 12 meses y como si fuese una persona totalmente distinta. Y así era. Fue un año muy intenso y alucinaba pensando que solo había pasado un año desde la perdida de mi virginidad. Y, de nuevo, un 17 de Abril iba a pasar a la historia al realizar una de las fantasías más arriesgadas y morbosas de toda mi vida.

    Pues bien, llego el día siguiente, el esperado 17 de Abril. Cierto que esta experiencia no iba a ser tan memorable y remarcable como el 17 de Abril del año anterior (al fin y al cabo la virginidad solo se pierde una vez en la vida), pero sí que tenía un morbo especial el intentar hacerlo en mi clase del instituto. Yo la noche anterior le pregunté a Iñigo si quería que me vistiese de algún modo especial dado lo fetichista que era para estas cosas y me respondió que no, que le daba igual, que vistiese normal como cualquier día de clase. De repente paró en seco y me dijo: “Bueno, podrías…”. Yo pregunté: “¿Qué?” a lo que me contestó: “No. Nada. Eso mejor para otra fantasía. Ahora viste de forma normal, como quieras”. Eso de “otra fantasía” activó mi curiosidad y pregunté: “¿qué otra fantasía aparte de esta quieres hacer?” A lo que rápidamente me respondió: “No, nada, no te preocupes ahora de eso, tú vístete como cualquier día”. Por lo esa mañana que vestí con una simple camiseta y unos vaqueros y me dirigí a clase a esperar que dieran las 10.

    Era curioso, a pesar de todas las fantasías realizadas en todo este tiempo, nunca había antes llevado a cabo nada en mi propio instituto y, por supuesto, tampoco en mi propia clase. Exceptuando aquella vez, dos años antes, que a Rafa le dio morbo que llevase en todas las clases la camisa desabrochada debajo del jersey no había vuelto a realizar nada de esas cosas allí. Por lo que era lógico mis miedos e inseguridades a que nos pudiesen pillar. De todos modos confiaba plenamente en Iñigo y sabía que no haríamos nada al menos que confiase plenamente en que había una seguridad total. Como era de esperar, allí se encontraba él a las 10 en punto a la puerta de mi clase. Nos dimos un beso y nos pusimos a charlar intrascendentemente sobre temas triviales para hacer tiempo a que la gente fuese saliendo. Como era lógico todo el mundo fue saliendo ya que todos sabíamos que teníamos una hora sin clase, pero aún así, a pesar de estar mi aula vacía, yo me sentí un poco amedrentada porque todas las demás aulas sí que tenían clase. Es decir, estábamos rodeados de gente por todos lados y era muy arriesgado que de repente alguien entrase en esa aula, aunque fuese por error, y nos pillase montándonoslo.

  • Mis cuernos consensuados (Parte 7)

    Mis cuernos consensuados (Parte 7)

    Mi nombre es Martin, tengo 45 años. Y como ya les conté, estoy casado con Ivana. Ella tiene 40 años, de 1,65cm aprox. Y de muy buen físico para su edad, parece de 30. Tiene el cabello largo color castaño oscuro, lindas tetas y una cola tremenda, que pone loco a mas de uno.

    Luego de tener unas tremendas sesiones de sexo con Ivana, decidimos buscar la forma de concretar lo que tanto nos excitaba. Era tanta la calentura que esto nos generaba, que prácticamente nos habíamos olvidado hasta del juguetito que había comprado mi esposa…

    Nuevamente fue Ivi quien tomó la posta de planear algo. Y la idea que se le ocurrió era acorde a lo último que ella había vivido con Javier y, obviamente, cama de por medio, me fue contando: – Tincho! Ya que empezaron los días de calor. Porque no llamas a Javier y programas un finde en su pileta? Que te parece? – me decía, mientras comenzaba con sus caricias y sus masajes. Yo al escuchar esto, me fui encendiendo. – Podría ser…!! En que estas pensando??? – Mirá! Si se da que estemos solos. Se me ocurrió una idea. Cuando estemos allá, llevamos mucha cerveza. Cuando estemos en la pileta, yo saco el tema de Mariela y vos haces que él hable libremente de sexo porque total estamos entre amigos. Yo me hago la boluda y pregunto y pregunto. Y vos cada tanto te vas a buscar algo o al baño para ver que hace Javi cuando está solo conmigo. Y de paso vas buscando un lugar para ver todo en el caso de que pase algo. – Después de contarme esto, lógicamente yo estaba al palo. Ivi reía y como era su costumbre en estos casos, se iba acomodando encima mío, y se iba introduciendo mi miembro en su mojada vagina…

    -Que te parece papi??? – me decía mientras movía su pelvis, haciéndome gozar como loco. – Siii. Estaría bueno. Aaahh!!! – mmm!! Mirá que lo voy coger!! Y él no se imagina lo puta que soy!!!– Siiiiii…!!! Daleeeee!!! Aaaaahhh!!! – y en unos minutos, tras decirnos algunas otras cosas, de nuevo acabamos juntos…

    Al otro día, cuando Ivi se fue al trabajo, llamé a Javier. Le propuse hacer algo en su casa de campo y para no despertar sospechas le dije que íbamos a ir con una amiga de Ivi. Arreglamos todo y quedamos que él nos esperaría allá para ir poniendo todo en condiciones. Yo no le dije nada a mi esposa hasta un día antes del encuentro. Ivi se puso como loca porque no había preparado nada. Y esa noche mientras arreglaba las cosas me iba consultando: – Como voy mañana papi?? Que me pongo?? – No se! Llevá una tanga chiquita. No se! A vos que se te ocurre?? – Ya se!! Voy con el short platinado que te gusta a vos y una remerita semi transparente. Y para la noche, llevo el vestido de lycra negro. Te parece? – Si! Me encanta!!

    Esa mañana salimos para el campo y durante el camino íbamos tocándonos y franeleando como dos adolescentes. Ivi estaba tremenda!!! Cuando bajamos en la estación de servicio para cargar combustible, todos se daban vuelta a mirarla. Y ella, sutilmente hacia poses sexys para hacerse ver…

    Al llegar a lo de Javier, este nos estaba esperando con una picada y mucha cerveza  Le dijimos que la amiga de Ivi, Romina, a último momento no pudo venir por unos problemas familiares y no quisimos decirle nada para no arruinar el día. Noté varias veces como miraba a mi mujer. Ivi cada vez que podía le mostraba descaradamente el culo…

    Ya en la pileta, Ivana se había puesto una bikini muy chiquita que resaltaba su tremendo culo. Y siguiendo con el plan, Ivi sacó el tema de Mariela. – Javi. Que pasó con Mariela? – Nada. Por? – Dale! Hace mucho yo escuché que tuvo algo con vos. – Bueno. Si. Pero no pasó nada serio. – y ahí aproveché para meter púa. – Dale Javi!! Si vos no dejas pasar una!!! – Como es eso?? Preguntó Ivi. – Cuenten che!!! – y dándose vueltas en la reposera y poniéndose boca abajo, se apoyó en sus antebrazos y paró el culo de una forma espectacular…

    -Dale Ivi. Me vas a decir que no sabes que Javi es un depredador? Jajajaja! – A si?? No!! No sabía. – dijo Ivi mirando fijo a Javier. Mi amigo se puso colorado y no podía dejar de mirar el culo de mi esposa. Yo aproveché para ir a buscar cerveza y seguir con el plan de Ivana. Cuando me levanté, escuché que mi mujer le pidió a Javier que le ponga bronceador en la espalda. Y desde la cocina pude ver que algo se decían entre ellos. Y mirando para ver si venia yo, Javier pasó su mano deliberadamente la espalda al culazo de mi mujer. Y esta solo atinó a mover la cabeza y mirar a mi amigo con una sonrisa cómplice…

    Javier estuvo unos instantes masajeando ese culo. Hasta que escuchó el ruido de la puerta de la cocina y sacó su mano, se paró y se tiró a la pileta, ya que era evidente el tremendo bulto que se le había formado. Al llegar yo, Ivi también se tiró a la pileta y al sacar la cabeza del agua me pidió que sacara del auto la ensalada que había traído y que por favor se la prepara. Cosa que hice sin dudar! Luego de ir al auto y dirigirme a la cocina, me dediqué a buscar un buen sitio para observar, ya que mi esposa había llevado preparada la ensalada como parte de nuestro plan. Después de dar un par de vueltas por la casa, descubrí que la mejor ubicación para ver todo, era el lavadero, y como tenía una buena cortina, desde la pileta no podían notar que yo estaba mirando…

    Pude ver que Javier se acercaba a mi esposa dentro de la pileta y algo le dijo al oído. Ivi le sonrió y miró hacia donde estaba yo, y le dio un buen beso en la boca a Javi. Luego se apoyó en el borde y Javier, mirando hacia la cocina para ver si yo venia, fue hasta mi esposa y apoyándola desde atrás le volvió a decir algo al oído. Ivi giró la cabeza, le dio otro beso en la boca, le dijo algo al oído y salió de la pileta. Yo decidí salir y desde lejos llamé a ambos a comer. Ya que Ivana tenia su ensalada y a nosotros todavía nos quedaba picada por comer…

    Javier demoró en salir. Calculo que quiso esperar que se le bajase le erección que tenia. Ivana se dedicó a preparar la mesa junto conmigo. Yo abiertamente tomaba cerveza como para tener la escusa de la siesta. Ya que así lo habíamos planeado con mi mujer…

    Luego de comer, yo le pedí a Javier que me indique donde me podía recostar un rato y este me llevó al cuarto de huéspedes que casualmente estaba frente al lavadero desde donde se podía ver todo…

    Al sentir que Javi ya había salido de la casa, volví a ocupar mi lugar en el lavadero. Pude ver a Ivi acostada boca arriba en la reposera y a Javier en la de al lado. Pasaron varios minutos en los que nada pasaba. Ellos solo charlaban y reían. Un rato mas tarde veo que Ivana, con una carita bien sexy, le ofrece nuevamente el bronceador a Javier y este lo toma, se acerca a ella, le dice algo al oído y luego viene directo a la casa. Yo rápidamente me voy hacia el cuarto donde supuestamente iba a dormir la siesta. Siento que Javi se asoma. Y luego de mirarme unos segundos, entorna la puerta y se dirige nuevamente a la pileta. Y yo a mi lugar del lavadero…

    Ya en la pileta, Ivi tenia los ojos cerrados y Javier se disponía a pasarle el bronceador. Javi no demoró mucho en pasar de aplicarle bronceador a pasar sus manos por sus tetas. Ivana gemía suavemente y casi en silencio y sin abrir los ojos. Mi amigo siguió con sus masajes y fue bajando hasta meter sus dedos en el triangulito de debajo de la bikini de Ivana. Javier llegó con su mano a la entrepierna de mi esposa, que lanzó un gemido mas fuerte, abrió los ojos, atrajo a Javi, le dijo algo al oído y le comió la boca de un beso. Rápidamente Ivi sacó la pija de Javi del short que este tenia, lo miró y le hizo una seña de que se mantuviese en silencio y le empezó a comer la verga…

    Yo desde donde estaba no podía ver claramente. Pero después de unos cuantos minutos de trabajo de Ivi, ví que Javier trató de puta a mi esposa, agarró su cabeza y claramente noté que estaba acabando en su boca. Luego esta sacó su cabeza de la entrepierna de Javi, se relamió todo el semen, puso cara de puta le dijo algo al oído, se paró y se tiró a la pileta…

    Mas tarde los vi muy pegados en el agua y que se decían cosas y reían cómplices. Y un rato después decidí aparecer. Ellos estaba cada uno por su lado como si no hubiese pasado nada. Y yo le dije a Ivi que, dado que su amiga no había venido, era conveniente irnos, para no molestar a Javier. Y este me dijo: – Eeeh! Amigo! Me vas a dejar solo? Tengo la carne para el asado y te compré unos vinos de esos caros que te gustan a vos. No me dejes clavado con todo!! – Tiene razón amor!! Comemos tomamos un vinito y nos vamos mañana, te parece? – obviamente dije que si. Pero me quedé pensando. No estaría arruinando mi relación con mi amigo de toda la vida por una fantasía de sexo que teníamos con mi esposa?

    Al anochecer yo me quedé en el quincho con Javier hablando de cosas de la vida. Ivana se había ido a caminar y al volver dijo que se iba a bañar. Yo haciéndome el sonso, pregunté: – Pero amor! Si no trajiste ropa. Trajiste ropa para salir, por si íbamos a algún lado. – Si, ya se!! Te jode que me la ponga para cenar? – No, mi vida! Todo bien!!

    Mientras Javi hacia el asado, ya habíamos arrancado con los vinos. Y eso aparece Ivi. La cara de Javier se transformó!! Ivana estaba espectacular!! Se había puesto el vestido negro de lycra, y como era tan ajustado, no se puso corpiño. Lo que marcaban increíblemente sus tetas. Al ser tan pegado al cuerpo, también dejaba ver que la tanga de Ivi era diminuta y lo remató con unos zapatos casi aguja y un maquillaje muy sexy…

    Javier elogió a Ivana por su belleza y yo también acoté que estaba lindísima, y ella haciéndose la sexy comentó que la idea era salir los cuatro con Romi, pero como no vino, no quería dejar de vestirse así, ya que esta cena era como una salida a cenar. Javier estaba hipnotizado con lo hermosa que estaba Ivana. Yo me hacia el boludo y mi esposa cada vez que podía seducía a Javi haciendo de cuenta que yo no notaba nada…

    Durante la cena, Ivana se encargó de repetir un par de veces que yo no tenía que tomar tanto vino, ya que después me quedaba dormido enseguida. Y después de varias copas mas, yo comencé con mi acting del sueño provocado por el vino. Mi esposa se encargó de llevarme al cuarto que teníamos asignado y tras entrar a la habitación, me empujó sobre la cama y se abalanzó sobre mi, y comenzó con sus juegos de masajes y preguntas con voz sexy en mi oído: – Te gusta como estoy papi? – No alcancé a responder que ella agarrando mi pija ya dura, continuó: – mmmmm. Mirá como estas cornudito! Ahora vas a ver como tu mujercita se convierte en la puta de tu mejor amigo. Mmmm! Y por si no lo viste, tiene una pija hermosa! Como la de Mariano. Mmmm! – Si? Y que te decía en la pile? Aaaaaahh! – mmmm!! Me decía que no quiere que vos ni nadie se entere. Y me dijo que quiere que yo sea su puta. – y vos que le dijiste? – yo le dije que hacía mucho que él me calentaba y que podía hacer conmigo lo que quiera. – me volvió a besar y me dijo: – Tu amigo es un tremendo hijo de puta papi! Y yo quiero ser su puta! Me dejas? – Siiii. Andá amor! Aaaahhh! – quiero que veas como me coge tu amigo. – siii. Daleee andaaa!

    Ivana salió de la habitación moviendo el culo en busca de su macho. Fue hacia el quincho y yo a espiar desde la cocina, ya que desde allí además podía escuchar todo…

    Javier estaba sentado y veía a Ivana con cara de saber que esa hembra ya era toda suya. Ivi se sentó en su falda y después de darle un buen beso, le dijo: – Mirá papito! Yo ya sé que vos sos un tremendo hijo de puta. Y me tenés caliente desde que te conocí. A partir de ahora yo voy a ser tu hembra! Y ni vos, ni el cornudo de mi marido se imagina lo puta que puedo ser. Solo me tenés que jurar que Tincho nunca se va a enterar!! – Quedate tranquila. Nadie lo va a saber! – se comieron la boca a besos. Ivana sentada sobre mi amigo, se frotaba contra su pija. Javi manoseaba y masajeaba el culazo de mi esposa y le decía: – mmmm que culo hermoso mamita! Es cierto lo que me contó Tincho? Que rara vez te hizo la cola? – Si! Pero hace un poco, le metí los cuernos con alguien del laburo y me lo hicieron rico. Aaahhh! – y Tincho no se da cuenta? – No! Tincho cree que no me gustaaaa. Aaaaahh!

    Javier ya tenia la pija afuera. Ivana, ya de piernas abiertas, se pasaba ese pedazote por encima de la tanga que ya estaba empapada, seguían besándose lujuriosamente…

    -Que querés que te haga putita? – quiero que me la metas ya guacho! Aaahhh! – jajaja! Nunca me imaginé que eras tan puta!!! – Javier corrió la diminuta tanga de mi esposa y comenzó a meterle la pija. – Papitooo! Que pija que tenés! – jajaja! Si, ya sé que la de tu marido no es tan grande. Jajaja!

    Ivana se introdujo todo el pedazo de carne, y entre gemidos le decía: mmm papiiii. Así que te gusta hacer cornudos a tus amigos? Aaaahh! Rompeme toda hijo de putaaa! Aaaahh! – Siiii. Putita. Me encanta…! Tomáaaa! – Ivi tiró la cabeza hacia atrás y comenzó a saltar sobre Javier, disfrutando de esa pija de una forma increíble. Yo desde la cocina, me masturbaba a mil por hora como si fuese un chico de quince años que veía su primera película porno. Y en unos segundos, vi como Ivana se retorcía del orgasmo aguantando las ganas de gritar.

    Javier la tenia ensartada y haciendo que Ivi se quede quieta luego del orgasmo, le dijo: – Mirá mamita! Yo soy de tiro largo. Duro mucho en llegar y todas se quejan porque al final les duele. Vos que onda putita? – mmmmm que bieeenn! Yo con los cuernitos que le metí a Tincho me di cuenta que soy viciosa papito! – Vení! Vamos a mi habitación mamita! Pero tenés que ser calladita, sabes? – yo soy lo que vos quieras, papito! – Javier agarró de la mano a Ivi y la llevó a su dormitorio.

    Ya en la habitación, Javier se desnudó por completo y mi esposa todavía vestida, tendida en la cama, exclamó: – Guaaauuu! Estas fuertísimo guacho! – Sacate la ropa putita! – Nooo papito! Cogeme así. Si aparece mi marido, me arreglo y salgo rápido, entendes? – jajaja! Que turrita sos! – Javier se tiró encima de Ivi y tras unos besos y franelas mi esposa le pidió que se la vuelva a meter. – Dale papito! Métemela de nuevo que estoy caliente!! – Siii Mamita! Tomáaaa! Aaaahh! – Asiii. Javiii. Aaahhh! – Te gusta putitaaa? Aaaaah! – Siiii. Que rica pija guachooo! Aaaahh!

    Ivana volvió a tener un orgasmo y yo miraba y me pajeaba de lejos escondido tras un mueble, gracias a que dejaron abierta la puerta.

    Después del orgasmo de Ivi seguía caliente y Javier estaba en su mejor momento. Ivana besó a su macho y con vos sensual, le dijo: – Quiero que hagas la cola papito! Quiero que me llenes la cola de leche! – y se fue dando vueltas hasta quedar boca abajo y paraba el culo ofreciéndose a su macho. Javier no podía creer lo que estaba pasando. La esposa de su mejor amigo era la mas puta de todas las minas que había tenido. Y no iba a dejar pasar la oportunidad.

    Javier bajó hasta la cola de mi mujer y empezó a comer ese culo como ningún tipo lo había hecho antes. Ivana mordía la almohada para no gritar de placer y paraba mas la cola. Yo desde mi lugar veía eso y nuevamente empezaba a masturbarme. Era una escena de una película porno.

    Luego de jugar un buen rato con la cola de mi esposa, Javier acercó su enorme pedazo y acariciaba el ano de Ivi. Y después de hacer varias veces esto, mi esposa giró la cabeza y le dijo: – Dale guacho! Dejá de jugar y meteme la verga de una vez! – Javier se acomodó y metió media pija de un solo empujón y mi esposa mordió la almohada pero no pudo evitar lanzar un grito de dolor. Javi se quedó quieto unos segundos y mi mujer comenzó a mover el culo y a pedir mas. – Dale hijo de puta! Meteme esa pija hermosa que tenes! Aaahhh! Maassss! Dame maaass guacho! – Siii putitaaa siiii…! Aaahhh! – Javier de a poco entraba y sacaba la pija del culo de mi esposa, que volaba de placer. En un momento, Javier, no solo metía y sacaba la pija del culo de Ivi. Con una de sus manos frotaba su clítoris y mi esposa deliraba: – aaaahhh! Que hijo de putaaaa. Aaaaahhh! Dame pijaaa! Te gusta que las esposas de tus amigos sean tus putas guachitooo? – Siii. Me encanta! Aaahhh! Siempre soñé con este culo. Aaaaahhh! – aaaahhh! Llenamelo de leche guachoo! Aaaaahh! – Javier comenzó a llegar en el culo de Ivi y luego sacó la pija y se la enterró de una sola estocada en la concha y siguió largando su semen. Dejándola llena de leche por todos lados. Y ambos acabaron de forma bestial…! Y yo volvía a llenar mi mano de semen por tercera vez.

    Después me fui a mi cuarto. Y tirado en la cama, empecé a pensar que lo de hoy había sido distinto. Ivana estaba mas puta que nunca y su forma de actuar, me hacia darme cuenta que Javier era un macho que iba a hacer de Ivi su puta, cada vez que se le ocurra. Y no sabia que iba a pasar de ahora en mas.

    Un rato después entró Ivi. Con la cara plena de satisfacción, se acostó a mi lado. Después de besarme tiernamente me dijo: – Viste todo papi? – Si, amor! Vi todo! – y te gustó? – Siii. Mucho! – Ivana agarró mi mano y la llevó a su entrepierna haciéndome notar que la habían llenado de leche. – Sentí papi! Estoy llena de leche. A este guacho le encanta hacer cornudos a sus amigos. Pero no sabe que a vos te fascina ser un cornudito. – y me besaba y metía mi mano en su concha empapada de semen de mi amigo. Yo estaba totalmente entregado a la lujuria de mi esposa, y en unos minutos de masajes y palabras morbosas, logró pararme la pija de nuevo. – Ves cornudito que te gusta que se cojan a tu mujer? A partir de ahora tu amiguito va a ser mi macho y me va a coger cuando él quiera y vos vas a gozar con eso. Sabés cornudito?

    A partir de ese día nada volvió a ser igual. Ivi estaba cada día mas puta. Javier venia mas seguido a casa, pero nuestra relación ya no era igual.

    Ivana me contaba casi todo lo que pasaba con Javier. Y ya les contaré algunas de las cosas que Ivi hacia con él.

    Pero también, cada día la veía mas distante. Y ya no sé como va a terminar esto.

  • Toda mi familia (Parte III)

    Toda mi familia (Parte III)

    Al despertarme ya tarde, me encontraba súper descansada, bajé a desayunar y ahí estaban todos, como si no hubiera pasado nada la noche anterior, todos tranquilos desayunando, platicando de diferentes cosas, mi papá como siempre cariñoso con mi mamá, en fin toda una familia perfecta.

    En la noche, salí con mis amigas, pero esta vez no me llevé el coche ya que mi hermano me lo había pedido prestado desde hace cinco días, pero con la condición de que pasara por mí, a las dos de la mañana, estuve súper divertidísima en la fiesta, pero mis pensamientos seguían girando en torno al sexo, después de bailar me senté y me puse a ver a todo mundo, de momento vi un chavo muy guapo y me imaginé a mí de rodillas chupándole el pene, después vi a una de mis amigas que está bastante bonita, y me imaginé que estábamos haciendo un 69, como el de mi mamá y el de mi tía, volteaba y veía a un grupo de chicos y me imaginaba que estaba con todos ellos, que me penetraban y les chupaba su pene a cada uno, y así fue el resto de la noche, entonces un mesero se me acercó y me dijo, que afuera me estaban esperando, entonces me despedí de todos y todas, y salí.

    Al llegar al coche me di cuenta que mi hermano estaba súper borracho, y apenas podía manejar entonces le dije que manejaba yo, por nuestra propia seguridad, él iba riéndose, cantando, pero después de un rato se quedó adormilado, seguí manejando hasta la casa, pero en un semáforo, volteé a verlo y vi cómo entre sus piernas tenía bien formado un bulto, lentamente bajé mi mano toqué su pierna, y entonces le empecé a acariciar todo el bulto por encima de su pantalón, él aunque dormido ponía una cara de satisfacción tremenda, yo hacía lo mismo en cada semáforo, lo acariciaba, pero aunque se le ponía erecto, él no podía despertar no sabía lo que pasaba, hice otras dos paradas intencionales antes de llegar a casa, para acariciarlo más y más, después de un rato llegué a la casa, abrí el portón con el control remoto y metí el coche, me bajé del coche y puse los seguros adicionales al portón, entonces me dieron ganas de orinar fui al baño, y al pasar por la cocina vi un recado de mis papás que decía: «tuvimos que salir de urgencia, puesto que tu abuelo se puso un poco malo, nos fuimos tu tía y tu primo, les hablamos por la mañana»; lo leí y salí disparada al baño, creo que después de unas copas era el efecto que tenía, entonces regresé por mi hermano al garaje, abrí la puerta de su lado y le dije que se levantara para irse a dormir, pero estaba como muerto, en eso pensé y por qué no.

    Me hinqué a un lado del coche y metí mi cabeza dentro de él, entonces bajé la cremallera del pantalón y con mucho cuidado le saqué la tranca, estaba no muy dura, entonces tomé aire, y de un solo bocado me la comí toda, seguí chupándola como una frenética, sabía lo que quería y eso era semen, comerme el semen de mi hermano, después de estarle dando chupadas y chupadas, se empezó a ponerse duro, ya no me cabía todo en la boca, sabía lo que iba a suceder, entonces de momento esa magnífica tranca empezó a echar chorros y chorros de semen, donde yo hacía el intento de comerme todo lo que pudiera pero me fue imposible y se regó un poco sobre su pantalón, después de esto no pude despertarlo así que lo dejé en el coche, le recliné el asiento, fui por un cobertor y lo dejé ahí dormido.

    Al entrar a mi habitación me di cuenta que tenía semen en mi barbilla, y en varias partes de la cara, con extremo cuidado lo tomé con mi mano, me bajé las bragas y con toda la mano llena de semen me tallé mi vagina, era asqueroso pero sentía muy rico, no tardé en tener un orgasmo no fue tan fuerte pero sí muy placentero, me acosté a dormir totalmente desnuda.

    De repente oí golpes en mi puerta, me di cuenta que era de mañana y el que tocaba frenético era mi hermano, abrí la puerta no me puse nada estaba totalmente desnuda, entonces él con una cara de ira sin percatarse de mi desnudez me dijo en tono muy serio, que qué había pasado anoche, y lo cual yo le dije por qué, entonces me dijo no te hagas mensa, cómo es que amanecí en el coche, con una parte del pantalón lleno de semen, y con marcas de pintura de labios, del mismo color que el tuyo, entonces le dije, te chupé el pene y me comí tu semen, él se quedó boquiabierto, entonces le dije por qué no aprovechamos que ya estoy desnuda, y lo hacemos para que se diera cuenta de lo que yo sabía hacer.

    Le tomé de la cintura y le desabroché el pantalón y le saqué el pene y de nuevo de un solo bocado me lo comí, entonces él empezó a quitarse toda la ropa, y ya desnudo nos fuimos a la cama, entonces él me dijo acuéstate, me abrió de piernas y me separó con sus dedos mis labios vaginales, y me dijo me gusta mucho pero creo que sería mejor si le quitáramos los pelos, entonces me dijo levántate y vamos al baño, entré al baño y me dijo siéntate en el filo de la bañera, sacó un rastrillo y espuma para rasurar, entonces vertió la espuma entre mis piernas, la untó, mientras hacía esto yo estaba cada vez más excitada, entonces acercó el rastrillo y le dije con cuidado no me vayas a cortar, él sonrió y como todo un experto me afeitó por completo, entonces me dijo bañémonos, yo le dije que sí, entonces abrí las llaves de la regadera y nos metimos, de momento él hizo que pusiera mis manos sobre la pared como lo hacen los policías y me pidió que abriera las piernas, y que me pusiera sobre las puntas de mis pies, yo obedecí a lo que él me dijo, entonces llenó su mano de shampoo y la metió entre mis piernas y me enjabonaba empezando por mi clítoris y terminando en mi ano, fue súper placentero sentir esa sensación, después de que me lavó, me di la vuelta y yo hice lo mismo, le lavé el pene hasta dejarlo súper limpio, entonces le dije voy a ver si en verdad estaba limpio y agachándome me lo metí a la boca, después nos secamos un poco y nos fuimos hacia la cama.

    Yo iba por delante hacia la cama cuando de momento él me tomó del brazo y me giró, después puso sus manos en mis hombros me empujó hacia abajo, y me hincó, entonces quedé justo mi boca frente a su pene, yo lo veía enorme, entonces él me dijo que ahora si quería chupar, lo iba a hacer, entonces abrí mis labios y toqué con ellos su glande, lo tomé con mi manita y jalé su piel hacia atrás y me puse a besarlo sin metérmelo en la boca, así seguí largo rato entonces él me dijo basta de juegos tontos y terminándome de decir esto me la metió hasta el fondo de mi garganta, él me decía que se la ensalivara yo lo hacía, y después me pidió que se la escupiera y también lo hice, pero de momento empezó a embestirme más y más hasta que hizo que casi vomitara de lo tan profundo que me llegó su pene, estaba yo batida hasta mis senos de mi saliva, y tenía sed, después de eso hizo que pusiera mis manos en mi espalda y empujándome la cabeza hacia él me la tragué toda, tenía sus testículos rebotando en mi barbilla.

    Subimos a la cama yo me recosté en la cama me dijo ábrete de piernas yo lo hice en ese momento se abalanzó sobre mí y puso sus manos sobre mi parte recién rasurada, con los pulgares me jaló los labios vaginales hacia los lados, yo sentía riquísimo nunca me lo habían hecho así, entonces me empezó a lamer toda, sentía que cada vez que su lengua rozaba mi clítoris mis senos reaccionaban poniéndose cada vez más duros, entonces con dos de sus dedos me los metió dentro de mí, sentía como poco a poco se abría mi vagina aceptando los dedos, con la otra mano con un dedo me lo metió por el ano, estaba siendo usada en todo mi cuerpo, me sentía desfallecer, después extrajo todos sus dedos de dentro de mí y me montó, sentí cómo su tranca entraba completamente dentro de mí, y seguía embistiéndome como un animal en celo, yo sentía todo riquísimo, y entonces le subí las piernas a los hombros me sentía toda penetrada era sensacional sentir el pene de mi hermano hurgándome todas mis profundidades, después de estármelo haciendo un rato, me pregunto que si ya me habían metido algún pene por el ano, yo le dije que, y era verdad, sólo había de vez en cuando insertado en mi ano, diferentes objetos pero ningún pene.

    Entonces como estaba bien abierta extrajo su pene de mi vagina y lo dirigió a mi pequeño ano, no sin antes hacer el comentario que estaba bien chiquito y muy bonito, me metió el glande no sentí mucho dolor es más me gustó, pero después fue metiendo uno a uno los centímetros de tranca que tenía, a veces me dolía y le pedía que fuera despacio, hasta algunas veces sentí que ahí adentro mientras me penetraba me tronaba algo, después de un largo rato de esfuerzos me entró toda, él dijo está muy apretado es delicioso, entonces empezó el mete y saca primero lento y después rapidísimo, mientras yo jugaba con las yemas de mis dedos con mi clítoris no pude más tuve un orgasmo fascinante como nunca, y de repente él dijo me vengo, entonces de una manera súper rápida, sacó su miembro dentro de mí, y lo dirigió a mi boca, echándome los chorros de semen, en mi lengua y en mi boca, y yo como loca me comía todo lo que podía.

    Espero que les haya gustado.

    Les mando un beso.

  • Un vagabundo me dio placer

    Un vagabundo me dio placer

    Gracias a la soledad proporcionada por un viaje de mi esposo de varios días, estaba cachondísima en casa. Pero la desesperación de mi calentura me tenía muy agitada, mojada, excitada. Así que me acosté y me masturbé teniendo al instante un orgasmo maravilloso. Sin embargo, ahí estaba yo, ansiosa por un pene, más para calmarme un poco decidí ir a una bodeguita o tienda pequeña cercana a comprar algunas cosas y chocolates para apaciguar un poco mi ansiedad; el comer chocolates es casi una experiencia sexual para nosotras las mujeres. En la vía está una plaza, allí, sobre un banco, dormitaba un vagabundo. Me paralicé al verlo, quizás mi grado de excitación ya rayaba en la locura e inmediatamente imaginé qué tal sería ese hombre sucio, con harapos y barbudo, desnudo. ¡Cómo tendría su miembro, qué me haría se me tuviese a su merced, si me violara y abusara de mí! Todo aquello pensaba mientras como boba le veía. Las mujeres en ocasiones tenemos la fantasía de una violación pero quizás consentida porque pensamos en alguien que nos guste a pesar que sea un perfecto desconocido ¡Pero de allí a que ocurra! El tipo repentinamente despertó y, al mirarme, me dijo:

    – ¡Qué, puta!, ¿quieres que te coja?, ¿Ah?, ¿Qué miras?

    Sentí miedo y más calentura al mismo tiempo, empecé a seguir mi camino a la bodega apresurando mis pasos. Hice mis compras pensando en la frase «¿quieres que te coja?» y, de regreso, traté de esquivar pasar por la plaza de nuevo pero un deseo incontrolable me hizo seguir la ruta anterior de vuelta a casa. Allí en el banquito, el vagabundo sentado me vio, quise hacerme la loca y continuar como si nada, pero mi corazón se sobresaltaba, latía rápido… Al estar cerca del vagabundo, giré hacia él y caminé totalmente presa del deseo hasta llegar al banco, me senté a su lado y le ofrecí un pedazo de pan dulce del que había adquirido en la bodega. Su olor era insoportable, así como su aliento, me daba asco pero morbo y ganas a la vez de tenerlo pegado a mí, de tocarlo. Creo que se dio cuenta y sonrió con malicia:

    – Gracias flaca -me dijo -es un bonito gesto el tuyo de apiadarte de mí, ¿pero quieres algo de este humilde viejo?

    No supe qué decir, quería gritarle que deseaba me tomase allí mismo, que arrancase mis ropas y me acariciara; me sentía perdida, loca, estaba en un trance… ¿Cómo podía desear a ese hombre mugriento?

    – A ver, ¿quieres que te coja, es eso?, ¡lo noto en tu mirada y en tu olor a perra!

    – ¡Claro me encantaría que me cogiera, es la verdad, deseo que abuse de mí…! -dije sin ton ni son ¡No podía creer lo que había soltado así no más!

    – Me gustaría que fuese conmigo a mi casa, señor…

    El viejo sonrió de nuevo, sus ojos se desorbitaron ante aquella proposición indecente y absurda que le hacía yo y respondió:

    – De acuerdo, vamos putita, ¡vamos ya!

    Caminamos sin importar que algunas personas nos veían extrañados, pero quizás pensaban que iba a hacer una obra de caridad por aquel vagabundo. Al entrar a mi casa le dije a ese hombre que me tomará como quisiera, que allí mismo me poseyera, y vaya que reaccionó rápido porque sin más se empezó a desvestir en frente de mí, y lo que me impactó fue que tenía un pene muy grande, era más bien descomunal, no se le comparaba con otro, para mis adentros me dije ‘¡vaya, qué suerte tengo!’, y me quedé pensando que tal vez me iba a hacer gozar muchísimo violándome ¡Olvidé lo cochino que estaba! Entonces me agarró salvajemente por mi cabello y me empezó a arrancar mi blusa rompiéndola, quedaron mis senos al descubierto porque no llevaba sostén, sobó mis pechos, pasó su barba rasposa por ellos y los chupó. Me llevó a mi cuarto y me dijo que me terminara de desnudar, y al estar completamente encuerada, me ordenó acostarme boca arriba porque me iba a penetrar la vagina. Miraba sus ojos desencajados, babeaba, frotaba sus manos y levantando su gran trozo de carne lo dirigió a mi cuevita y empezó a cogerme. Lancé un grito, su cuerpo inmundo ahora pegado del mío se frotaba contra mi ser, me besaba y aferraba con sus brazos como queriendo asegurarme. En verdad estaba gozando, ¡esto era genial!, me daba salvajemente, me gustaba de sobre manera y gemía de placer porque en verdad lo que me estaba haciendo ese viejo asqueroso era fantástico…. Me daba durísimo y a la par succionaba mis pezones y los lamía, pasaba su lengua por mis orejas y cuello.

    – Aaayyy, así señor, deme duro, hágame sentir rico por favor ¡Su pene es exquisitooo, me llena! ¡Viólemeee!

    – Ufff zorrita, qué rica estás, te cogeré y te haré mía, te haré desearme hasta en sueños ¡tomaaa, tomaa!

    – Si, si, deme fuerte, aaahhh, ahhh, ¡qué bien se siente señor! Deme más, más

    Después de vapulearme un rato, sacó su herramienta que lucía imponente, me agarró nuevamente por los cabellos y me ordenó esta vez que se la chupara. Yo ya había tenido un par de orgasmos sensacionales. Dudé en mamárselo porque olía tan mal y estaba sucio, de paso mezclado con mis jugos, pero me dijo que si no lo hacía me golpearía y esa amenaza me puso a millón porque sentía que me ultrajaba y me emocionaba, eso quería yo. Así que terminé por chupársela y me exigió que tenía que dejársela completamente limpia. La chupé por varios minutos, mi asco fue transformándose en gusto, ese olor a pipí y sudor empezaban a excitarme bastante y encantarme, me sentía como una verdadera zorra, una prostituta gozando de mamar aquel grosor de verga que hacía un instante me hizo ver estrellas. Besé sus testículos rugosos y cuando metí su pene en mi boca otra vez se derramo dentro, lanzó un gruñido cerrando los ojos, y tuve que tragarme todo su semen, la verdad sabía acidito, no era un mal sabor y sí muy abundante. Luego me ordenó colocarme en cuatro patas porque me iba a penetrar por el culo, su miembro se puso rígido inmediatamente a pesar de haber recién acabado, supongo que por el tiempo sin tener sexo y por lo erótico de poseer aquella mujer joven sometida a él, a sus órdenes, a su merced:

    – Aaayyy señor me duele, aaayyy.

    – Pues te aguantas puta de mierda, ¿querías que te cogiera, no? Aaaahhh, rico ese culote.

    Y así fue, me dio con todo por mi ano que se dejaba atravesar desgarrándome, era doloroso pero ya sabía yo de ello, dejaba escapar gritos fuertes al sentir en mis entrañas semejante cogida. Pero al rato de estar fustigándome, terminé teniendo orgasmos mega intensos entre angustia, dolor y éxtasis, tanto, que me desmayé. Al despertar me di cuenta que el vagabundo se había ido. Ahí en mi cama estaba yo, cogida por todos mis agujeros, algo adolorida ¡pero con un placer inmenso! Revisé la casa, las piernas me temblaban, todo estaba en orden y en su lugar. Pienso que pudo haberme robado, llevado las llaves pero nada de eso ocurrió. Y debo confesar que el viejo maloliente me hizo sentir riquísimo divino, exquisito, ¡qué gusto! Mmmm.

  • Una nueva vida con mis hijas

    Una nueva vida con mis hijas

    Estoy en el sofá recostado con las manos extendidas a los lados. Cuatro dedos de mi mano derecha dentro de un enorme y encharcado coño. Cuatro dedos de mi mano izquierda dentro de un enorme y encharcado coño.

    – Te toca July.

    Al decir esto saco los dedos de los coños y agarro por los pelos las dos nucas en mi entrepierna. Tiro de la que he agarrado con la mano izquierda sacando mi polla de su boca. Empujo la que agarro con la mano derecha enterrando mi polla hasta los huevos en su boca. Suelto las cabezas y vuelvo a meter cuatro dedos en los encharcados coños.

    – ¡Jo papi! ¡No la has dejado ni un minuto en mi boquita!

    – ¡Calla zorrita! Sigue lamiendo los huevos.

    Mis hijas recostadas de lado a ambos lados. Sus caderas sobresalen gigantescas dando fe de la enorme obscenidad que son sus culos. Prietos, turgentes, con gordas nalgas y… ¡ENORMES!

    Mis manos follan sus coños sin ningún problema. Su tamaño permite que entre toda mi mano casi sin querer. Su insaciable sexualidad encharca de tal manera mis manos, que de vez en cuando las paso por sus preciosas cabelleras pelirrojas dejando en el sedoso pelo los espesos jugos que exudan. El color pelirrojo ahora es blanquecino de la cantidad de mocos femeninos que tiñen sus cabelleras.

    – ¡Papi…! ¡Vengaaa! ¡Me tocaaa! – dice mi hija mirándome hambrienta y relamiéndose.

    – Vale. Te toca Jenny.

    Vuelvo a agarrar las dos cabezas por los pelos y hundo mi polla con brusquedad hasta los huevos en la boca de Paula.

    – ¡Puta! ¡Solo llevaba un minuto con su pollón en la boca! ¡Papiiii! – se queja July babeando saliva y jadeando de excitación.

    Las ignoro y vuelvo a follar con mis manos sus coños de vaca.

    Hace un mes que mi mujer me dejo.

    – ¡Solo piensas en follar! ¡Me quieres follar cinco veces al día y a veces más! ¡No aguanto más! – me dijo.

    – Pero cariño…

    No me dejo terminar. Se marchó.

    Al día siguiente aun digiriendo el suceso me abordan mis hijas.

    Sentado cabizbajo en el sofá oigo un tímido ¿papi? En la entrada del salón estaban y…

    Solo llevaban unas diminutas braguitas de encaje semitransparentes que permitían ver los labios vaginales y unas camisetas de tirantes. ¡No llevaban sujetador! De 18 y 20 años, eran bellísimas y casi una copia una de la otra. Con una sutil diferencia. Si los pechos de la pequeña eran enormes, quiero decir ¡enormes! Los de la hermana mayor eran… Eran ¡descomunales! ¡Gigantescos! ¡Gordísimos! ¡Pesadísimos! La pequeña rellenaba la camiseta estirándola de manera irreal, pero la mayor… Dos enormes balones de baloncesto forzaban los tirantes hasta el evidente punto de rotura. Ninguna llevaba sostén y sin embargo los pezones apuntaban al frente desafiantes. ¡Estaba en shock ante lo que veía!

    Y si los pechos eran irreales, el conjunto cintura, caderas, pubis, muslos, era… Cinturas mínimas, caderas anchísimas, vientre liso y un triángulo perfecto entre los muslos y el pubis.

    ¡No lo pude evitar! ¡Me empalmé!

    – Papa, sabemos porque se fue mama y… verás… Te entendemos. ¿Sabes? Nosotras somos igual – dice Jenny la mayor.

    Entonces se miran una a la otra y… Empiezan a morrearse y a estrujarse los enormes pechos y a amasar las nalgonas. Luego se giran y me miran con las lenguas fuera entrelazadas. La saliva empieza a resbalar de las lenguas cayendo entre las descomunales tetas.

    Tenía la polla a reventar de dura y me dolía al estar en mala posición en el pijama, así que sin darme cuenta la acomodé. Los ojos de las dos miraron mi maniobra, dándose cuenta de mi evidente erección. Luego me miraron sonrientes.

    – Papi… Si quieres te puedes masturbar mientras hablamos. Nosotras encantadas -dice July metiendo la mano dentro de su braguita acariciándose el coño.

    – Si papa, déjanos ver tu polla – dice Jenny relamiéndose.

    – ¡Papi… Por fa! Mastúrbate mientras hablamos. ¡Sácatela…! ¡Cabrón! – dice July casi escupiendo la última palabra.

    – ¡Hijas…! – respondo vacilante.

    – Habrá que provocarlo un poco más hermanita. ¡Escúpeme! – dice Jenny mirando a su hermana con la lengua fuera.

    July sonríe y tras varios segundos en los que se notaba que acumulaba saliva, escupe con fuerza en la cara de su hermana. Un espeso escupitajo cubrió los ojos de Jenny, resbalando por ambos lados de la nariz, hasta empezar a rebosar en el labio superior y a caer gotita a gotita sobre la lengua ofrecida. Luego se gira mirándome a través de la saliva con la lengua fuera. Joder. ¡Que puta!

    – ¿De verdad no te apetece pajearte mirando a esta guarra? – dice July pasando la lengua por la mejilla de su hermana.

    En fin. Me saqué la polla y empecé a masturbarme.

    Las dos gimieron a unísono al ver mi cipote.

    – July, ¿tú ves eso? – dice Jenny relamiendo saliva.

    – Si. ¡Joder! – exclama July con la mano dentro de su braguita moviéndose furiosamente.

    Utilizando las dos manos casi abarcaba la longitud de mi miembro, aunque su grosor impedía que mi pulgar tocara el dedo índice. La empuñadura era incompleta.

    Si. A mi libido se había añadido que tengo un miembro digamos… Siempre tuve problemas hasta que conocí a mi mujer. A ella por lo menos le entraba. No entera, pero podíamos follar.

    – Bueno chicas. ¿Qué me queréis decir? – les digo moviendo lentamente las dos manos a largo de mi mástil.

    Jenny de pronto se mueve y se sube a horcajadas sobre mí. En un veloz movimiento apartó a un lado la braguita, agarró mi polla, la emboco hacia su coño y… ¡Jodeeer! ¡Se dejó caer! ¡Increíble! ¡Se la ha metido! ¡Entera! ¡Siento sus labios vaginales sobre mis huevos! ¡Jodeeer!

    – ¡Me llenaaa! ¡Hermanitaaa! ¡Me llenaaa! ¡Aaaaah! ¡La siento en el útero! – dice Jenny mientras noto como empuja hacia abajo con fuerza empalándose mi polla al máximo.

    No daba crédito. Era la primera vez en mi vida que tenía una penetración completa. ¡Qué sensación!

    Jenny empezó a follarme. Subía y bajaba a toda velocidad golpeando con furia contra mi pubis, salpicando jugos en cada embestida.

    – ¡Aaaaaah! ¡Viejo cabrón! – dice mirando al techo con la lengua fuera.

    Puse las manos en las prietas y anchísimas caderas acompañando sus movimientos. ¡Que placer!

    – ¡Me toca puta! – dice July acercándose.

    Como en un sueño, veo como July agarra por el pelo a su hermana y tira de ella violentamente arrastrándola al suelo. Luego se sube sobre mí, aparta a un lado su empapada braguita y… ¡De nuevo! ¡Mi polla alojada hasta los huevos dentro de otra vagina!

    Enseguida empezó a follarme con igual o más violencia que su hermana. Otra vez sonoros golpetazos sobre mis huevos, restallando una lluvia de jugos con cada golpe.

    Veo como Jenny en el suelo se abre de piernas y empieza a meter la mano completamente en su coño. Dentro, fuera. Dentro, fuera. Nos mira follar sacando su larga lengua con vicio.

    – ¡Jo papi! ¡Que guay! ¡Esto es lo que más nos gusta en el mundo a July y a mí! Ser unas putas guarras todo el día. ¡Nos encanta! – dice Jenny mientras me enseña su mano completamente pringosa de jugos. Me mira un segundo y luego se pasa la mano por la cara. Al retirar la mano tiene la cara llena de corrida femenina y un blanquecino moco le queda colgando sobre los labios. Saca la lengua y el espeso moco se estira para acabar colgando de ella. Luego cierra la boca y con gran expresión de placer se lo traga.

    – ¡Si papiiii…! ¡Nos encantaaa! – dice July follándome a toda velocidad.

    – Entonces… – empiezo a decir – ¡Oooooh! ¡Que cerda eres, joder! – exclamo sin pensar al ver como July saca sus dos enormes tetas por encima de la camiseta.

    Hablamos. Follamos. Hablamos y follamos. Y follamos y hablamos. Y… ¡Alucinante! ¡Eran como yo, pero en chica! Justo el contrapunto. Yo dominante. Ellas sumisas. Todos con una libido sin límites.

    Les confesé mis fantasías. Ellas las suyas y resulta que sus fantasías precisaban de alguien como yo. Viejo, con una enorme polla y que las tuviera el día entero realizando tareas sexuales.

    – ¿En serio? – les pregunté.

    Me parecía demasiado alucinante para ser verdad. Me lo confirmaron escupiéndose en la cara una a la otra durante media hora, para luego Jenny dirigir mi polla cuidadosamente, para que toda mi corrida diera directamente sobre los ojos de su hermana. ¡Increíble!

    Así que pase de tener relaciones con mi mujer dos o tres veces al día, a pasarme el día entero en un tobogán de sexo.

    En mi papel dominante, les indiqué como sería nuestra vida. E incluso los requisitos que deberían tener sus novios.

    – Presentarme a vuestros novios cuando cumplan los requisitos, ¿vale? Sino para mí será solo alguien a quien os follais. Somos una familia especial y quien se una debe ser igual. ¿De acuerdo? – les dije.

    – Si papi – respondieron a dúo.

    A los pocos meses llegaba del trabajo y en el portal de la casa me encontré con Jenny. Iba acompañada de un chico que no aparentaba más de 14 años. Era bajito, enclenque. Le llegaba a mi hija a la altura del pecho y ella me llega a mí a la altura del hombro, así que…

    – ¡Hola Jenny! – le digo mientras le doy dos corteses y castos besos a la vista de todos y a la vez estrujo con todas mis fuerzas su enorme culo, sin que nadie lo vea al taparme la puerta del portal.

    – ¡Hola papi! – dice sonriendo como si nada – Te presento a mi novio. Se llama Danny.

    – ¿Tu novio? Pero si es un crio. ¿Cuántos años tienes chaval? ¿Catorce? – le digo mosqueado.

    – Tengo dieciocho señor. Mi mama dice que es que aún no he dado el estirón. Pero le aseguro que a ella ese detalle le encanta – sonríe socarrón el chico.

    – ¿En serio? – pregunto mirando a Jenny.

    – Si papi – dice muy seria.

    – ¿Y lo que hablamos de los requisitos cariño? – le pregunto a mi hija, pues me parece imposible que ese chaval aniñado los cumpliera.

    – Si me permite señor, este es un pequeño ejemplo. Es hora de tomar tu medicina cariño – dice el chico adelantándose a mi hija.

    Saca un frasquito del que desenrosca un gotero dosificador. El frasquito estaba lleno de un líquido entre blancuzco y amarillento. Lleno el dosificador y…

    – Saca la lengüita para tu medicina cariño – dice el chico acercando el gotero a la boca de mi hija.

    Ella saca la lengua, pero lo hace de tal manera que parecía estar esperando una corrida en la cara.

    – ¡Esa es mi niña! – pienso disfrutando de su expresión libidinosa.

    Danny lentamente aprieta el gotero y poco a poco van cayendo gotas del líquido sobre la larga lengua de mi hija. El líquido tiene una consistencia espesa que acaba cubriendo la lengua y resbalando por los lados. No se derrama, queda colgando de la lengua espeso y amarillento.

    – ¡Listo! – dice el chico. Mira a un lado y al otro y tras comprobar que nadie más que nosotros le oiría dice – ¡Traga cerda!

    Mi pequeña se traga el líquido y se convulsiona un poco. La conozco lo suficiente para saber que acaba de tener un pequeño orgasmo.

    – ¿Que era ese líquido? – pregunto con mi polla reventando la bragueta de excitación.

    – ¡Corrida de mi mama! – dice el chaval mirándome muy serio.

    Me quedé sin palabras y con una excitación como no recordaba. Ese criajo acababa de poner un asqueroso montón de mocos femeninos de su mama en la lengua de mi hija y le ordenó tragárselos. ¡Y en plena calle! ¡Jodeeer!

    – Bueno papi, tenemos que irnos. Solo quería presentarte a Danny antes de irnos – me dice Jenny relamiéndose.

    – Si señor. Es un placer. La guarra de mi mama está deseando conocerle – dice el chico sonriendo.

    Ambos hacen ademan de irse pero los paro con un gesto.

    – Cariño, tu hermana no está en casa. Entra un momento en el portal para que me corra en tu coño de puta – le digo al oído a mi hija.

    Entramos en el portal y Jenny se apoya en la pared con su enorme culo en pompa. Levanto su faldita y la remango en su cintura. ¡No lleva bragas! No me molesto en comprobar si está preparada. Saco la polla y la penetro de un vigoroso golpe de cadera. El empapádisimo y enorme coño engulle mi polla sin inmutarse. Con la mano izquierda amaso la poderosa nalga y con la derecha tiro de su preciosa cabellera pelirroja, consiguiendo con ello que su rostro mire al techo y su espalda se arquee levantando el trasero para hacerlo visualmente más enorme.

    – ¡Arrrrg! ¡Viejo cabrooon! – grita escupiendo las palabras.

    La follo a toda potencia. Sin ningún miramiento. Busco correrme. Vaciarme rápidamente.

    Danny nervioso mira al ascensor y a la puerta del portal, controlando que nadie nos pille. Se muerde un labio, evidentemente excitado al ver como su novia es follada por su propio padre. Estaba tan excitado que me corro enseguida.

    – ¡Puta asquerosaaa! – grito soltando un rio de semen en el enorme coño de mi hija.

    – ¡Arrrrrrrg! ¡Cerdoo! – grita ella corriéndose también al notar mis chorros directamente contra su útero.

    La saco chorreante y tirando de su pelo la pongo de rodillas. Ella ya sabe lo que viene y al acercar el babeante glande a su cara ya me espera con la boca abierta y la lengua fuera. La suelto y… Ella misma se traga mi polla de golpe hasta los huevos. Luego la saca poco a poco succionando. Cuando mi polla aparece está brillante de saliva, pero completamente limpia.

    Me guardo la polla y ella se pone de pie. No necesita vestirse. La falda resbala y cubre las demoniacas caderas. No obstante mi semen y sus jugos resbalan por el interior de sus muslos. Al llegar a la altura de las rodillas empiezan a gotear al suelo.

    – Gracias cariño – le digo dándole un cariñoso piquito en sus perfectos labios – Bueno… Esto… Danny… ¿no? Encantado.

    – Si… Lo mismo digo señor – dice saliendo del portal con mi hija.

    – Chao papi – se despide también Jenny.

    El portal se cierra y me quedo solo. ¡Vaya! – me asombro.

    Estaba a punto de coger el ascensor cuando uno de mis vecinos entra en el portal, le espero para subir juntos.

    – Hola – me dice.

    – Hola – respondo.

    El vecino del piso debajo del mío. Un hombre mayor de unos 65 años, calvo, con prominente barriga y aspecto desaliñado. Mi relación con él era la de la mera cortesía cuando nos cruzábamos.

    – Disculpa Joe. He visto a tu hija marcharse con un chico. No he podido evitar fijarme, en que vestía un poco descocada. Se le veía el sujetador a través de la blusa – me dice el tipo.

    Me quede un poco fuera de juego, pero al poco… no sé… como que me dio igual.

    – Verás Robert, es que mi hija es una guarra y le encanta y a mí me encanta que vista así. Así me pongo cachondo más fácilmente – le digo muy serio.

    La puerta del ascensor se abre.

    – Es tu piso Robert – le digo.

    El hombre como un autómata sale del ascensor sin decir nada. – Quizás me he pasado – pienso tras verlo irse de esa manera.

    No llevaba ni cinco minutos en casa, cuando llaman a la puerta. Abro y es Robert.

    – Disculpa Joe, pero me ha gustado tanto lo que me has dicho hace un momento, que he decidido enseñarte algo. ¿Puedes venir un momento conmigo a mi piso? – me dice sonriendo.

    – Vale – le digo sorprendido.

    Salimos y empezamos a bajar el tramo de escaleras.

    – No sé si sabes que yo soy viudo y viven conmigo mi hija con su marido y su tres hijos, dos chicas y un chico – me dice sin dejar de sonreír.

    – Si, lo sabía – le digo.

    Asiente y no dice nada más. Llegamos y abre la puerta.

    – Por favor, si te sientes incomodo a partir de ahora, dímelo, ¿de acuerdo? – me dice antes de entrar.

    – ¡Vaaale…! – respondo confuso.

    – Ya estoy de vuelta zorras – grita al cerrar la puerta.

    Me guiña un ojo y entramos en el salón.

    En un sofá de dos plazas enfrente nuestro, estaban dos chicas completamente desnudas recostadas una al lado de la otra, abiertas de piernas al máximo. Tenían dos enormes consoladores dentro de sus coños, los cuales subían y bajaban a dos manos mientras me miraban fijamente muy serias. Los coños eran enormes y con cada golpe al introducir los consoladores, salpicaban una fina lluvia de jugos alrededor.

    – Verás Joe. El asunto es este. Te puedo ofrecer un harem de putas al lado de tu casa. Te las puedes follar cuando quieras. El caso es saber, si lo que me has dicho antes es cierto o no. Y si lo es, quiero que me dispenses el mismo trato con tus hijas. ¡Solo verlas hace que mi vieja polla vuelva a los 20 años! – me dice del tirón.

    Ahora si que me quede alelado. Robert frunce el entrecejo al ver que no digo nada. Al fin reacciono.

    – A ver Robert. Esto es alucinante, pero tengo que ponerte un pero. Verás. Yo en el sexo soy muy dominante y mi polla es tan enorme que no entra en casi ningún coño. Perdona mi franqueza – le digo mirando a las dos preciosas chicas follándose los coños.

    La decir esto las dos chicas gimen al unísono. Robert sonríe.

    – Que curioso. Es exactamente lo que me pasa a mí. ¿Qué te parece si haces la prueba y luego decides? – me dice acercándose a las chicas.

    De un tirón saca uno de los consoladores y lo acerca a la cara de la otra hermana. Ella al verlo abre la boca y saca la lengua. El anciano lo hunde con decisión. La chica se lo traga entero. Las comisuras de los labios estiradas al máximo ante el grosor del aparato. Lo deja allí y de golpe mete toda la mano y parte del antebrazo en el desocupado coño de la otra hermana. Dos sonoros gemidos de placer femeninos acompañaron la bestial maniobra.

    – Quizás me equivoque, pero creo que podrán acomodar tu polla – me dice sonriendo, mientras remueve el antebrazo dentro del dilatadísimo coño.

    Sonrío a Robert y me acerco.

    – ¿Quizás…? Voy a probar – pienso mientras me inclino hacia la chica que tenía el consolador en la boca.

    La agarro por el pelo y tiro violentamente poniéndola de pie. Un gemidito emitido a través del enorme consolador que le llena la boca me dice que todo va bien. Miro a Robert y veo como me mira interesado, pero en absoluto preocupado por lo que acabo de hacer.

    La chica a mi lado es tan alta como yo. Rubia de larga cabellera y cuerpo atlético. Nalgas muy respingonas, pero con poca cadera. Sus pechos son pequeños, pero con pezones muy puntiagudos, muy sensuales.

    Tiro levemente de su pelo para que me mire de frente. Acerco mi cara a la suya y espero.

    Al poco ella con una escalofriante mirada de zorra saca la lengua por debajo del dildo que deforma su boca estirándola al máximo. Mi polla ya reventaba el pantalón.

    – ¡Joder, es perfecta! – pienso.

    Escupo con fuerza en el bellísimo rostro. La respuesta es inmediata. Se convulsiona y un rio de flujos empieza a gotear al suelo desde el consolador que lleva alojado en el coño.

    – ¡A mí! ¡Me toca! ¡Escúpeme a mí también, viejo cabrón! – dice la otra hermana con la lengua fuera, retorciéndose alrededor del antebrazo de su abuelo enterrado en su coño.

    Robert se ríe mientras su nieta empapa su antebrazo de jugos corriéndose entre largas convulsiones.

    – Bueno Joe, creo que has excitado a mis nietecitas – dice el hombre sacando el brazo de la enorme vagina.

    – En serio Robert, el primer sorprendido soy yo. Realmente, hasta que mis hijas prácticamente me obligaron a follar con ellas, no creía que hubiera mujeres así. Y de pronto hay varias. Ten en cuenta que ya tengo unos años y hasta hace unos meses nunca había logrado una penetración completa con una mujer – le digo mientras poco a poco, deleitándome, voy sacando el enorme consolador de la boca de la chica. Una cortina de babas queda colgando del pene de caballo de plástico al sacarlo por completo.

    – Bueno, si te soy sincero mi caso no ha sido como el tuyo, pero solo porque mi hija heredó mis… digamos talentos – dice mientras veo como utiliza la larga cabellera de su nieta para limpiarse la mano de jugos femeninos.

    Me quité con parsimonia la ropa. Las chicas me devoraban con la mirada. Soy muy ancho de hombros, mi cuerpo es atlético al punto de reflejar bajo la piel el movimiento muscular y según mis hijas mi pelo canoso ensortijado y mi barba de dos días me da un aire canalla que las entusiasma. Las nietas de Robert se relamían mientras me desnudaba, pero en el momento en que saque fuera mi barra, un sonorosísimo gemido inundó el salón.

    – ¿Cómo te llamas preciosa? – le digo a la belleza a mi lado.

    – Kate, señor – me dice.

    – Llámame Joe cariño. No sé porque, pero creo que podemos tutearnos – le digo sonriendo.

    Ella sonríe coqueta asintiendo.

    – Me gustaría follarte a cuatro patas. ¿Te parece bien? – le digo acariciando su sexo pringándome los dedos de lo mojadísima que estaba.

    La chica se pone de rodillas y empuja las nalgas hacia arriba ofreciéndome la visión de una enorme vulva sonrosada parcialmente abierta y babeante de blanquecinos jugos.

    Me pongo de rodillas tras ella y pongo el pene en el borde del precioso coño. Iba a intentar la penetración con precaución pero… ¡Oooooh! Ella al sentirme empuja de golpe hacia atrás y todo mi pene desaparece dentro de ella con asombrosa suavidad. De hecho no notaba presión en la polla. ¡Que maravillosa sensación! Mi enorme pene estaba completamente alojado dentro de una mujer con holgura. ¡Realmente me asombré!

    – ¡Madre mía Kate! ¡Tu coño es gigantesco! ¡Ni siquiera noto presión en la polla! – le digo disfrutando de la sensación.

    – Si puto viejo. Y tu polla es casi lo suficientemente grande para mí – me dice mirándome por encima de su hombro izquierdo relamiéndose.

    – Y Kate es la pequeña de las dos. Mary lo tiene aún un poco más grande. De hecho más adelante podríamos intentar penetrarla los dos a la vez. ¿Qué te parece cielo? – le dice Robert a su nieta mientras se quita el pantalón.

    La chica gime y saca la lengua con una mirada de loba preciosa.

    Y entonces Robert enseña su miembro. ¡Alucina! ¡Menudo bate de beisbol! ¡Y yo creía tener un problema!

    – ¡Joder Robert! ¡Menuda enormidad! Y yo que creía tener un problema. ¡Lo tuyo es de traca! – le digo asombrado.

    – Si. De hecho cuando te he invitado a casa, solo esperaba poder tener con tus hijas un poco de sexo oral suave y disfrutar de sus cuerpos de infarto. Ver tu digamos…, peculiaridad física me ha entusiasmado ante las posibilidades. ¡En serio! – me dice sentándose en el sofá.

    Su nieta de manera inmediata se sube a horcajadas sobre él y se introduce lo que realmente parece un bate de beisbol. Es irreal ver ese miembro forzando la vagina estirándola al máximo. Daba la sensación de que la polla la llenaba hasta el borde de las caderas de la chica.

    – Arrrrg… ¡Me encanta tu pollita abu! – dice Mary suspirando.

    Distraído como estaba mirando la estaca de Robert, un golpe contra mi vientre me despierta. Kate ha empezado a follarme y sus nalgas golpean contra mí con enorme fuerza. ¡Cómo se empala! ¡Oooooh! ¡Que placer! Su vagina destila tantos jugos que con cada golpe al enterrarse mi polla, salta una lluvia de espesos mocos que al poco han pintado mis abdominales de blanco.

    – ¡Ufffff! ¡Que asquerosa guarra eres Kate! Tu coño es una fuente ¡cerda! – le digo estrujando las duras nalgas ya acompañando su follada.

    – ¡Arrrrrg! ¡Viejo cabrooon! ¡Reviéntame con tu pollitaaa! – berrea mirándome con la lengua ofrecida lujuriosa.

    Escuchar cómo se refiere a mi miembro llamándolo pollita me enerva. ¡Es un cambio de paradigma de tal calibre! Mis experiencias en las que las chicas tenían miedo y el sexo era como algo a hacer con suma precaución, a exactamente lo contrario. ¡Qué maravilla!

    El salón resonaba de restallidos cada vez que las chicas se empalaban las pollas y con cada restallido un sonoro gemido y un ligero ruido de goteo. Las chicas empapaban tanto que continuas gotitas caían al suelo. Al poco había un blanquecino charquito en el que caían las gotitas haciendo cada vez más ruido. ¡Chof! ¡Chof! ¡Chof! Los machos remataban de vez en cuando con un colorido ¡guarra! ¡cerda! ¡putona! ¡asquerosa!

    Entonces se oye un gemido diferente en la entrada del salón.

    – ¡Papa! ¿Pero que…?

    – ¡Abuelo! ¿Quién es ese tío…? ¡Coño! ¿No es el vecino de arriba?

    Una mujer madura de aproximadamente mi edad estaba mirándonos asombrada, acompañada de un chico joven no menos asombrado.

    – Hola Bethy. Mira Joe, esta es mi hija y ese guapo chico es mi nieto Carl – dice Robert.

    La madura mujer está claramente sorprendida. Sin embargo sus hijas siguen follándonos a toda potencia como si nada. Su mama empieza a morderse los gordos y sensuales labios con nerviosa excitación. Es tan alta como yo. Atlética como sus hijas, aunque con las caderas un poco más anchas y unos pechos algo más grandes. Sin embargo su cuerpo no llegaba a ser voluptuoso, la definición atlética imperaba en ella.

    – Bueno, ¿te explicas papa? – dice mirando con una preciosa expresión de lujuria como mi polla era engullida una y otra vez por el enorme coño de su hija.

    – En realidad es sencillo cariño. Me encontré a Joe, nuestro vecino de arriba y se le escapó…, bueno, insinuó que se follaba a sus hijas. ¡Ya sabes cómo me excitan esas niñas con sus enormes tetas! Así que le invité a casa. Le dije que podía follarse a tus hijas y a cambio yo podría hacer lo mismo con esas preciosas tetonas – dice mientras ahoga la boca de su nieta metiendo la mano de golpe hasta el fondo.

    Entonces pasó algo que no me esperaba para nada. Bethy desabrocho la falda y la dejó caer al suelo. No llevaba bragas. Unos largos labios vaginales colgaban de un tan enorme coño, que era imposible fijarse en otra cosa. Un hilillo de babas colgaban de los obscenos labios.

    De pronto agarro por los pelos a su hijo y lo arrastró poniéndolo de rodillas. En el mismo movimiento empotró la cara del chico contra su sexo. Restregó la cara del muchacho con fuerza por todo su sexo sacando la lengua mirándonos fijamente. Durante un minuto se restregó a conciencia contra el chico gimiendo sensualmente. Luego tiró otra vez de la rubia cabellera surfera del chico apartándolo a un lado. El muchacho nos miró sonriendo relamiéndose. Tenía la cara hecha un desastre. Los fluidos que su madre había dejado en su cara, eran tan espesos y abundantes, que parecía que varios hombres se habían corrido sobre él. De la nariz le colgaba uno tan espeso, que se columpiaba hasta el borde de la barbilla.

    – No te sorprendas Joe. Mi Bethy ha heredado mi lujuria y también mis gustos. Le gusta dominar en el sexo, como a mí – dice Robert mientras a dos manos amasa las pétreas nalgas de su nieta.

    Veo como ahora se acerca a nosotros. Agarra por el pelo a su hija y empotra su babeante coño en la cara de la chica. Gime sonoramente y se restriega a los bestia. Kate gime como una loca y arrecia en los golpes contra mi pubis follándome más fuerte. Siguen las dos soberbias hembras de esa guisa un intenso minuto. Cuando se separan por fin, el bellísimo rostro de Kate es un poema. Como su hermano, es una sinfonía de espesos cuajos de corrida femenina.

    – ¡Arrrrrg! ¡Mamiiiii! ¡Que cerda ereees! – dice Kate convulsionándose alrededor de mi cipote.

    Bethy sonríe con una expresión de calentura perfecta. Se acerca entonces a su padre. Se sube al sofá poniendo una pierna a cada lado de Robert. La fornicante pareja enfrente y debajo de su sexo. Enreda el pelo de su hija en la mano y tira violentamente de la cabeza empotrando la bella cara en su coño. Mary se anticipa y cuando su rostro es violentamente arrastrado, ya lleva la lengua fuera. Es tan larga que de hecho Bethy recibe una pequeña penetración en su sexo, antes de que el ofrecido rostro golpease su babosísimo coño. Se restriega otra vez con sonoros suspiros de placer. De la barbilla de Kate empieza a resbalar un espeso fluido blanquecino que caía directamente sobre la cara de su abuelo. Robert abrió la boca y dejó que el líquido la fuera llenando. No se lo tragaba, así que al poco su boca se fue llenando y pronto empezó a rebosar.

    Bethy soltó la cara de su hija y se bajó del sofá dejando al último de sus hijos con la cara con un dedo de espeso engrudo.

    – Bueno. Ahora ya tenéis el maquillaje adecuado para follar chicos – les dice Bethy a sus hijos relamiéndose.

    Robert que tenía la boca cerrada con los carrillos hinchados de los jugos que almacenaba, le da una sonora nalgada a su nieta. Esta le mira y sonríe comprendiendo.

    – Mami… Creo que el Abu te requiere – dice Mary arreciando en la follada de la gigantesca polla que la llena.

    Robert sonríe a su hija y esta se lo piensa un momento. Luego asiente y se pone de rodillas al lado de su padre. Saca una ancha y larguísima lengua mirando hacia él.

    El escupitajo es brutal. La mayoría del líquido da en la frente salpicando el pelo. La rubia cabellera queda completamente cubierta de mascarilla genital femenina. El resto resbala sobre los ojos y las mejillas. ¡Uffff! ¡Que obscenidad!

    – ¡Arrrrrg! ¡Puto viejoooo! ¡Cabrooon! – berrea Bethy mientras un largo chorro se derrama entre sus piernas acompañando un sonoro orgasmo.

    Se levanta temblando de placer y descabalga a su hija de encima de su padre de un tirón. Se pone a horcajadas y se mete el monstruo de un golpe hasta chocar los labios vaginales con los testículos del anciano. Inmediatamente, sin solución de continuidad, empieza a subir y a bajar a toda velocidad, buscando su placer con urgencia.

    – ¡Ven aquí Carl! ¡Acaba de llenarme puto crio! – le dice a su hijo babeando las palabras en su excitación.

    El muchacho se acerca de inmediato ya completamente desnudo. Es algo obeso. Físicamente no me parece muy agraciado pero… no soy el más adecuado para juzgar los gustos de las mujeres. Eso sí. Su miembro era digno de la herencia familiar. Yo no le sacaba mucha distancia. Al tener poca estatura, el tamaño de su pene parecía aún más desproporcionado que el de Robert o el mío.

    Apoyo el glande en el ano de su madre y de un empellón se enterró hasta el fondo. Un alarido de placer premia su acción. Anciano, mujer y chico empiezan a buscar su placer. No se acompasan. No es necesario. Las pollas son tan enormes, que aunque no se coordinan en sus acciones, siempre hay una enorme porción de polla dentro de la mujer.

    ¡Tengo que correrme! ¡No aguanto más! ¡Qué maravilla de hembras!

    – ¡Bethy, necesito correrme! ¿Te importa si pongo mis huevos en tu boca mientras me masturbo para rociar la cara de tus hijas? – le digo sacando una más que chorreante polla del enorme coño que en realidad me follaba a mí.

    – ¡Siiiiii! ¡Acerca esos huevazoos! ¡Cerdooo! – dice la descocada mama.

    Me subo de la misma manera que antes lo había hecho Bethy.

    – Inclínate a un lado chaval. A ver zorritas, las caras juntas y esas lengüitas fuera – les digo a las hermanas.

    Juntan sus preciosos rostros detrás de la nuca de su madre, la cual miraba al techo chupando mis bamboleantes huevos mientras machacaba mi polla. El orgasmo llegó de inmediato.

    No sé cómo no me caí. Me corrí tan intensamente como no recordaba. El semen salía con tal intensidad que dolía. Las cubrí de arriba a abajo. Pelo, frente, cejas, pestañas, ojos, pómulos, nariz, labios, barbilla. Todo lo llene con mi semen. Parecía que no acabaría nunca de escupir leche.

    Por fin se acabó. Me arrastre a un sofá y me derrumbé. Durante dos o tres minutos estuve en una nube.

    Como a través de una nebulosa vi como las dos chicas se lamian una a la otra, recogiendo el semen de las empapadas caras. Unas veces se lo tragaban. Otras se lo escupían una a la otra. Otras se lo escupían a su madre en la cara. Los gemidos eran continuos.

    ¡Menuda maravilla de zorras!

    Al fin me recupero. Miro mi reloj. Debo irme.

    – Robert, tengo un compromiso. Tengo que irme. Créeme que me quedaría aún un buen rato. ¡Sois todos increíbles! – les digo vistiéndome.

    – Vale Joe. Gracias por tu visita. No te preocupes que pronto te devolveré la visita – me dice riéndose.

    – No lo dudo. Gracias chicos y…, señora. Estoy a vuestra disposición cuando queráis. Gracias – les digo.

    Me saludan divertidos. Mientras me voy me fijo en que Bethy no bajó el ritmo de la follada ni un momento. Los dos machos la siguen follando al endemoniado ritmo que ella les marca.

    ¡Que hembra!

    Ya en mi piso me doy una ducha rápida y me visto. Llego justo a mi cita.

    Salgo, tomo el metro y llego a mi destino.

    Un café de nombre multinacional. Un sitio donde no reparan en ti, ni el tiempo que pasas allí.

    Entro y me acerco a una mesa donde veo a mis hijas. ¡Uffff! Nunca me acostumbrare. Mi bragueta se hinchó un poco cuando las vi.

    Jenny vestía una vaporosa blusa gris que transparentaba. Un precioso sujetador de fantasía se intuía tras la tela. Se veía como la copa llegaba a la mitad del volumen de los pechos. La gran mayoría rebosaba por encima. Hace tiempo que ella y su hermana han renunciado a encontrar sujetadores de su talla. Usan el más grande del mercado y simplemente dejan que sus inmensidades rebosen. Los pezones al aire parecen perforar la tela de la blusa. Se perciben perfectamente. Como siempre veo hombres y chicos de todas las edades mirándola embobados.

    July lleva una ceñida camiseta. No debería verse nada de sus pechos, pero al llevar el sujetador de color rojo destaca bajo la tela perfilando los enormes pechos. Aun siendo más pequeños que los de su hermana no lo parecían al delinearlos la camiseta.

    Cuando se levantan para saludarme aún me excito un poco más.

    Jenny viste una falda de colegiala de un tono acorde con la blusa. La tela a medio muslo se ciñe en las caderas para ajustarse en la mínima cintura. El desborde de la cintura a las caderas es tan pronunciado, que es difícil de creer sino lo ves. Sus caderas son anchísimas y los glúteos son tan rotundos que la falda se estira por detrás maravillosamente.

    July viste unos leggins blancos que se ajustan como una segunda piel. Igual que pasa con su sujetador, se ve claramente que no lleva braguitas. Los labios vaginales están perfectamente perfilados y sumado a las demenciales caderas y el enorme culo, hacía su visión toda una experiencia.

    Un chico jovencísimo de una mesa cercana soltó un gemido al ver a July levantarse. El chaval se tapaba la entrepierna, mientras su madre se inclinaba hacia él preguntándole si le pasaba algo.

    – Hola cariño – le digo a Jenny para después morrearla metiéndole la lengua, mientras meto las dos manos por debajo de la falda agarrando los durísimos glúteos apretándolos con todas mis fuerzas. No lleva bragas tampoco y las nalgas desnudas ceden bajo la presión de mis dedos. Jugando con nuestras lenguas gime levemente contra mi boca.

    Me separo y saludo a July.

    – Hola cariño – le digo a mi otra hija morreándola del mismo modo. Esta vez amaso una de sus tetonas con una mano mientras con la otra disfruto de su gigantesco culo.

    El chaval de la mesa de al lado se levanta corriendo camino del baño. Su mama lo sigue preocupada.

    De la mesa veo como se levanta una mujer de mi edad. ¡Ufffff! ¡Está tremendamente buena!

    Un ajustado traje de ejecutiva perfilaba una perfecta forma de reloj de arena. La americana apenas podía contener las dos montañas que ocultaba y la falda estaba tensa como un tambor ante la enormidad del culo que estiraba la tela.

    – Papa, te presento a Lily, la mama de Danny. Lily, este es mi papa Joe – dice Jenny.

    La miro fijamente si decir nada. Espero algún gesto por su parte. Entonces, aunque el café está lleno, poco a poco abre la boca y saca la lengua. Su mirada de córrete en mi cara es perfecta. Ni demoro la situación me acerco y la morreo metiéndole la lengua a conciencia. Sobo sus enormes tetas y el impresionante culo, constatando la perfecta turgencia. Los pechos llegan al tamaño de los de mi hija pequeña.

    – Encantado Lily – le digo.

    – Igualmente Joe. ¡Vaya! Eres más atractivo de lo que esperaba. Los hombres con los atributos que dicen tus hijas que gastas suelen tener una apariencia más vulgar. Se nota que tú prestas atención a tu apariencia – dice estirando la falda que yo acabo de desbaratar con mi manoseo.

    – Pues por mi parte tu me pareces una mujer impresionante. Mucho gusto en conocerte – le digo intentando una anticuada reverencia pretendiendo ridiculizarme en la maniobra, hecho que consigo del todo.

    Ella se ríe ante mi fingida pomposidad.

    – Sabes, cuando mi hija me dijo que tenía novio tenía serias dudas. Pero hoy llevo un día en el que ya creo todo posible. Cuando les sugerí a mis hijas los requisitos para sus novios, lo dije como una utopía. En ningún caso llegué a creerme que fuera posible. ¿Supongo que no llevas braguitas, verdad? – le digo.

    – Pues…, no – dice.

    – Verás antes de sentarnos quiero hacer una comprobación. Voy a ponerte al lado de la mesa con mis dos hijas a tu lado tapándote y voy a hacer como que se me cae algo al suelo y me agacho a recogerlo. Entonces voy a meter toda mi mano dentro de tu coño de golpe y voy a empujar hacia arriba hasta llegar a tu cérvix. ¿Qué dices? – le digo llevándola suavemente del brazo al lado de la mesa.

    Se le escapa un gemido con una cara a mitad de camino entre la sorpresa y la excitación. Me mira y asiente. Yo sonrío y arremango mi camisa por encima de los codos con parsimonia mirándola fijamente. El rostro de la mujer es ya un poema de excitación. Su hijo aún sentado en la mesa se toca la bragueta con disimulo.

    Compruebo el entorno y la posición de mis hijas. Es aceptable. Me agacho y en un rápido movimiento subo mi mano por el interior de sus muslos hasta la vagina. Me encuentro un charco. Está tan dilatado que no tengo que separar los labios. Mi mano desaparece como si nada dentro de ella. Fue tan sencillo que no me lo creía. Empujé hacia arriba y rápidamente mi antebrazo desapareció. La camisa alrededor de mi codo frenó mi empuje. Aun así empujé un poco más. ¡Todavía podría meterme más adentro! ¡Uffff! Saque el brazo de un tirón. Y me levante. Una pátina de viscosos mocos cubría mi mano y mi antebrazo hasta el codo.

    – Querida. No lo creía posible, pero tú también puedes albergar mi pene. Tienes un coño de vaca enorme – le digo besándola cariñosamente en la mejilla.

    – Me ha encantado Joe. Que se te ocurra hacer esto en un sitio lleno de gente me ha puesto como una moto – me dice con el rostro congestionado de placer.

    – ¿Si? ¿Pues como premio ahora le vas a dar a mis hijas unas cucharaditas de postre mientras charlamos – le digo tomando un vaso vacío de la mesa.

    Nos sentamos y con la otra mano voy recogiendo rápidamente la espesa pátina de blanquecinos jugos de mi brazo y mano, para ir soltándolos en el vacío vaso.

    Todos me miraban absortos. Al cabo de un minuto casi todos los cuajos estaban en el vaso.

    – ¿Me ayudas a acabar de llenarlo querida? – le digo a Lily ofreciéndole una cuchara.

    Mordiéndose un labio de excitación va recogiendo sus propios jugos con la cuchara y echándolos en el vaso.

    Como es habitual en estos sitios la maniobra pasa desapercibida. Nadie nos presta atención.

    Por fin todos los mocos están en el vaso.

    – Ahora tu premio querida. Reparte los jugos de tu coño entre quien tu quieras – le digo poniendo el vaso delante de ella.

    Ella revuelve la cuchara dentro del vaso lleno en sus tres cuartas partes de una ambarina gelatina. Luego recoge una abundante cucharada y me mira.

    – La primera creo que va a ser para el más cerdo de esta mesa – dice acercando la cuchara a mi boca.

    Me trago la cucharada. Está casi frio, pero el sabor a hembra es desbordante. ¡Que cerda!

    – Gracias Lily, delicioso – le digo cortés.

    – ¡Un placer cochino! – me dice excitada.

    Veo como Danny mueve la mano bajo la mesa. Se acaricia la bragueta sin quitar ojo.

    Yo mismo tengo un buen bulto en la entrepierna. Lily empieza a repartir cucharadas y las chicas las reciben sacando la lengua obscenamente. Me doy cuenta que no se lo tragan. Con cada nueva cucharada la ofrecida lengua está más blanquecina.

    Casi había vaciado el vaso dándoselo mis hijas cuando se queda parada, pensativa. Mira con disimulo alrededor y… Recoge con los dedos el poso de espesos mocos que resta en el vaso y… Mira a su hijo. Este arrecia en el frotamiento de su bragueta. Lily acerca lentamente la mano a la cara de Danny y la restriega por toda la cara del chico. Ella gime quedamente mientras mancha la cara de su hijo de engrudo vaginal.

    – ¡Arrrrrg! ¡Eres una guarra Lily! ¡Hacerle eso a tu propio hijo! – dice Jenny con una cara de ¡QUE ALGUIEN ME FOLLE POR FAVOR! espectacular.

    – ¡Si joder! ¡Mira lo que hace la mama de tu novio Jenny! ¡Menuda puta! – dice July jadeando con el rostro escarlata de sofoco.

    Lily se relame al ver a su hijo con el rostro brillante, como aceitoso.

    – Bueno Jenny, Danny, Lily. No me queda más remedio que dar mi bendición. De ahora en adelante mi casa es la vuestra. De hecho que os parece si nos reunimos todos allí ahora. No se vosotros pero tengo tantas ganas de follar, que no puedo pensar con claridad – les digo sonriendo.

    La desbandada es inmediata. Salimos con urgencia del café con la mente puesta en la más desatada lujuria.

    Los últimos en salir fuimos Lily y yo. En la puerta me detuvo.

    – Espera un momento, quiero enseñarte algo. ¿Ves a ese chico joven que está con su mama? – me dice.

    – ¡Si…! – respondo con curiosidad.

    – Pues él y su madre son los únicos que se han enterado de todo lo que hemos hecho – dice mientras toma de la mesa el vaso donde recogimos los jugos de su vagina.

    Aún quedaban un par de cucharadas en el fondo.

    Se acerca a la mesa del chico y la madre ofreciendo el vaso al chaval.

    – ¿Quieres darle unas cucharaditas de esto a tu mama cielo? – dice mirando alternativamente al chico y la mama.

    El muchacho mira a su mama la cual está totalmente sonrojada y luego asiente tímidamente.

    Lily sonríe y se acerca confidencial a la mujer.

    – ¡Que lo disfrutes guarra! – dice lo suficientemente alto como para que lo oiga su hijo.

    La mujer gime y el chico aún más.

    Lily me acerca a la mesa y me hace mirar más de cerca. ¡Uffffff! ¡La muy puta está frotando la bragueta del muchacho con una mano y con la otra su vagina por encima del pantalón!

    Lily guiña un ojo a la mujer y me lleva de vuelta a la calle.

    En el dintel de la puerta me giro y veo como el chico le da una inocente cucharada de gelatina semitransparente a su madre. La mujer la toma cerrando los ojos, saboreándola.

    Lily se coge de mi brazo rumbo a mi casa.

    ¡Estoy deseando llegar!

  • Mariangeles y Don Berto

    Mariangeles y Don Berto

    Mariangeles cumple con su rutina diaria yendo al gimnasio luego de asistir a clases. Le gusta practicar deporte con sus amigas y le encanta sobretodo el volleyball. Esa noche volvia caminando desde el gimnasio ya que este solo quedaba a dos cuadras de su casa. Solamente le disgustaba pasar por lfrente a la casa de un viejo verde que siempre le decia cosas sucias cuando ella pasaba, aunque confiaba que a esa hora de la noche el viejo estaria durmiendo.

    Don Berto, el viejo por el cual la chica sentia aversion, era en realidad una persona desagradable. Tenia cerca de 70 años y su aspecto era poco cuidado, hasta desaseado, tenia una figura desgarbada, era alto y llevaba barba de dias lo que lo asemejaba a alguno de los vagabundos que merodeaban por el parque. Su pasatiempo preferido era mirar a las chicas jovenes que pasaban frente a su casa, sobretodo a esa chica que concurria al gimnasio vecino.

    Don Berto estaba obsesionado con el cuerpo de esa muchacha, la joven tendria poco mas de 18 años y un fisico espectacular, para su edad unos pechos muy desarrollados y unas piernas impresionantes, el la veia ir y venir del gimnasio en su ropa deportiva, generalmente en unos cortisimos shorts que permitian adivinar el culo duro y redondo y dejaban ver unos muslos de locura. Don Berto ya se habia masturbado en un par de ocasiones pensando en esa chica, pero esa noche, conociendo la rutina de la chica decidio esperar que pasara por su puerta, tomarla por sorpresa y meterla en su casa donde le haria de todo. Sus sucios pensamientos lo tenian excitado y bebia cada tanto un trago de aguardiente para envalentonarse.

    Don Berto se escondio en el rellano de la puerta, confiando en la poca iluminacion que habia en la calle y espero a que la chica pasara

    Alos pocos minutos, vio desde su escondite que la chica estaba llegando frente a su puerta y de pronto salio a su encuentro diciendo «Es muy tarde para que una chica tan buena como vos ande sola»,

    Mariangeles quedo helada por la sorpresa al ver salir de las sombras a su odiado vecino y antes que pudiera hacer nada sintio que el viejo la tomaba con una mano por la cintura y con otra mano le tapaba la boca.

    De inmediato el viejo violador la empezo a arrastrar dentro de su domicilio, la chica era delgada y liviana y el viejo era mucho mas fuerte y no le costo introducirla en su casa, cerro la puerta de una patada y siempre sujetando a la chica contra el y tapandole la boca la guio hasta su dormitorio…

    El pervertido viejo ya tenia todo calculado y llevo a la chica hasta el borde de la cama, saco de un cajon un pañuelo y amordazo sin demora a la chica que no llego a emitir ningun sonido, del espanto y sorpresa que sentia…

    «Es para que no se ocurra gritar» y antes que la chica reaccionara la tiro en la cama boca arriba, aplastandola con su cuerpo para que no se moviera y desde abajo de la almohada saco dos cuerdas con las que se puso a maniatar las manos de la chica a la cabecera de la cama. En menos de cinco minutos tenia a esa belleza amordazada y atada por las manos y se levanto a contemplar su obra.

    Ya tenia bien duro su miembro y se le endurecio aun mas viendo los infructuosoa pataleos de la chica mientras queria mascullar algo por entre la mordaza.

    El viejo tomo una de las piernas de la chica y la llevo hasta el extremode la cama donde tambien la ato por el tobillo. Luego le quito el calzado deportivo y le empezo a chupar el pie, sintiendo el sabor y olor de esa deliciosa extremidad. Con la misma pasmosa tranquilidad el viejo tomo la pierna libre de Mariangeles y la ato de la misma manera al lotro extremo de la cama, descalzandola y chupandole el otro pie mientras la chica tenia los ojos abiertos y sollozaba continuamente.

    Se levanto de la cama otra vez y se puso a mirar su obra. La chica se convulsionaba como podia pero estaba firmemente atada de pies y manos, dejando al viejo abusador en condiciones de hacer lo que se le ocurriera.

    Y lo que se le ocurrio primero fue disfrutar de esos pechos que se movian y pedian que los tocaran y chuparan.

    La mirada de lujuria del viejo, mientras le metia las manos por debajo de la blusa, aterrorizo a la chica, que sintio como dos toscas y rasposas manos se apoderaban de sus tetas, apretandolas y acariciandolas sin pausa, con sus dedos apretaba los pezones y el viejo se sentia en la gloria. Tantas veces se habia excitado pensando en esas tetas y ahora las tenia ahi, a su disposicion. Levanto la blusa de la chica hasta el cuello y se acosto sobre ella para mamarle los pechos. Aprisiono con su horrible boca un pezon y empezo a chupetearlo salvajemente mientras frotaba su dura verga contra la pelvis de la chica.

    Continuo amasando y chupando esas juveniles tetas sintiendo que tenia una impresionante ereccion, siguio lamiendo hacia abajo el aterciopelado torso de Mariangeles, le chupo el ombligo metiendole la punta de la lengua y continuo hacia abaja chupando la cintura de la chica. Intento quitarle el short y logro desabotonarlo, pero en esa posicion era imposible sacarselo.

    Se levanto, saco del cajon de la comoda una tijera y empezo a cortar el pequeño short de la chica. Con dos tijeretazos en los costados y un tiron la chica quedo liberada de su short.

    Lo que vio el viejo abusador casi hace que se le reviente la verga de dura, una pequeña tanga de color rosa tapaba la concha de ella, que se agitaba como podia, sollozaba y sentia que nada iba a salvarla de ser violada por ese asqueroso viejo

    Don Berto se ubico entre las abiertas piernas y empezo a sobarle los suaves muslos, era una delicia, se inclino para chuparle los muslos que Mariangeles agitaba sin poder sacarse de encima ese baboso contacto.

    El viejo continuo subiendo con sus caricias y lamidas hasta llegar a la concha de la chica. Comenzo a acariciarla por encima de la tanga y tambien empezo a besarla por encima de esa minuscula telita. Mariangeles comenzo a sentir, en medio de todo ese estimulo, que se empezaba a mojar, contra su voluntad y que ahora comenzaba a gemir de una manera diferente.

    El viejo tironeo de los costados de la tanga hasta que la rompio y despojo de su prenda a la chica, quedando expuesta su delicada concha. La boca del viejo resumaba saliva y se zambullo sobre esa preciosa raja y comenzo un chupeteo impresionante, salvaje al principio y luego mas lento, buscando los labios y el clitoris de la chica y salivandolos y chupandolos de una manera que tambien hacia efecto en la muchacha, que ahora gemia de placer.

    Continuo el viejo con los lamidos y caricias, busco con un dedo entrar en la concha y lo logro, sintio el quedo gemido de la chica y no pudo aguantarse mas.

    Se irguio frente a la muchacha, tomo su duro miembro y lo aproximo a esa humedecida concha, empujo un poco y luego embistio con fuerza y la penetro completamente, el viejo sintio un placer desmesurado al estar cogiendose esa preciosura, que tantas veces habia deseado al verla pasar y ahora la tenia toda para el. Empezo a moverse hacia adentro y afuera, con delicadeza, gozando cada momento y le parecio que la chica tambien estaba disfrutando.

    Empezo a aumentar el ritmo de las embestidas y se dio cuenta que iba a eyacular, siguio un rato mas hasta que le parecio explotar en un orgasmo brutal.

    Por un rato quedo exhausto despues de su esfuerzo, se movio de costado y libero los pies de la chica de las ataduras, ella parecia no reaccionar. Le quito la mordaza y tambien la libero de las ataduras de las manos. Mariangeles parecia estar en el limbo, todavia sin comprender que habia ocurrido.

    Don Berto experimento la imperiosa necesidad, viendo a la chica en ese estado, de chuparle la concha nuevamente y asi lo hizo. En un santiamen estaba entre las piernas de la chica prodigandole una nueva y energica lamida a esa jugosa concha, viendo como la chica empezaba a suspirar y gemir.

    Don Berto se exigio a si mismo, lamiendo a mas no poder los labios y el clitoris de la muchacha, por largos minutos hasta que la chica profirio un largo suspiro de placer y tuvo un orgasmo intenso.

    Luego le dijo a la chica que podia ir al baño y si tenia otro short o algo que ponerse porque el que traia estaba roto. Mariangeles fue al baño, se cambio y puso otro short que llevaba y Don Berto la acompaño hasta la puerta. Mariangeles no hablaba y camino a su casa pensaba, confusamente, que habia sido abusada por ese viejo verde pero extrañamente, despues de todo, al final le habia gustado.

  • El amigo de mi hijo me hizo su mujer (Final)

    El amigo de mi hijo me hizo su mujer (Final)

    Ha pasado un mes desde la primera vez que tuve sexo con Adrián y desde aquella primera vez no hemos parado, la cocina se ha convertido en nuestra recamara amatoria. Pero últimamente note algo insatisfecho a Adrián, preguntándole por su malestar me respondió que no le gustaba estar escondiéndose y que le gustaría hacerlo sin tener que reprimirnos.

    Lamentablemente con mi hijo y el juntos todo el día era imposible estar solos nosotros dos, hasta que Adrián me propuso la idea de espéralo en mi puerta después de que mi hijo y marido se fueran a la escuela y el trabajo. Ideando el plan me dijo que buscaría una forma de faltar ese día a la escuela y vendría directo a mi casa.

    Me sentía muy excitada de solo escuchar lo que Adrián estaba tramando, terminamos de planear todo pero antes de irse me pidió dos favores muy especiales, el primero era que lo recibiera con ropa sexy y el segundo que me depilara mi vagina. Yo siempre esperaba a Adrián vistiendo faldas para facilitar nuestros encuentros y con la poca o nula atención de mi marido había descuidado mi área intima.

    Sin poder negarle nada acepte, esa noche mientras me bañaba me sentía más caliente de lo usual y como Adrián me lo pidió me rasure mi vagina, aunque no era la primera vez recortando mi vello púbico nunca me había rasurado por completo, al terminar y verme al espejo parecía la vagina de una adolescente.

    Pensando en que prendas usaría para recibirlo no se me ocurrió mejor opción que el baby doll negro de encaje que había comprado hace un año, lo adquirí con la intención de renovar la pasión con mi marido pero resultó inútil. Esa noche no pude dormir de la emoción como dije antes estaba más caliente de lo normal.

    A la mañana siguiente me levante muy temprano, prepare el desayuno para mi marido y mi hijo y dándole un beso a ambos los despedí. Al estar solo recibo un mensaje de Adrián avisándome que una hora llegaría, con tiempo para prepararme me fui a duchar, me vestí con mi babydoll negro, me peine y hasta me maquille un poco.

    Estaba irreconocible cuando me mire en el espejo, me fui a sentar en el sofá esperando su llegada, escucho que tocan la puerta y rápidamente me volví a poner mi bata del baño para evitar que alguien me viera, fui a abrirle la puerta rápidamente para que los vecinos lo no vieran.

    Estando en privacidad me quito la bata e inmediatamente se lanzó sobre mí besando apasionadamente diciendo lo hermosa y sexy que me veía, “se ve fantástica señora Isabel”, dijo devorándome por completo con su mirada, me pidió que me diera una vuelta para verme mejor.

    Me di varias vueltas modelándole, Adrián se me acerco nuevamente besándome de forma brusca pero apasionada, me levanto entre sus brazos y entre besos me llevo hasta mi recamara que comparto con mi esposo, Adrián traía puesto el uniforme de la escuela pero al llegar a la cama se había quitado todo

    Era la primera vez que lo veía completamente desnudo, tenía un cuerpo esbelto y atlético, todo lo opuesto a mi marido, estaba a punto de desnudarme pero Adrián me dijo que me dejara el baby doll puesto

    Me acostó sobre la cama abriendo mis piernas y metiendo su cara en medio de ellas oliendo mi vagina. “Que rico olor tiene señora Isabel” sujeto mis bragas con sus manos y lentamente las bajo dejando expuesta mi vagina ante su mirada.

    Sus ojos brillaron al ver mi vagina sin ningún vello “Me encanta señora Isabel“, mencionó al momento de acercarse nuevamente a mi vagina besándola “Se ve preciosa sin ningún vello” dijo dándome otra vez un beso, al sentir sus labios rosando mi clítoris solté un fuerte gemido que rápidamente ahogue.

    Adrián al verme sonrió y me dijo que estaba vez no hay nadie que nos moleste y que lo disfrute sin contenerme, apenas termino de hablar me volvió a dar otro beso en mi vagina muy suave y gentilmente. Eran pocas las veces que mi marido me llego a hacerme sexo oral, lo hacía de mala gana y muy breve pero Adrián me estaba devorando.

    Al ver mis reacciones Adrián comenzó a besar y acariciar con ternura mi abdomen, muslos y el área circundante de mi vagina, su aliento generaba una sensación placentera sin llegar a tocarme, mi vagina estaba toda mojada y temblorosa.

    Abrió mis labios vaginales y empezó a darme suaves lengüetazos, lentos apenas tocando mi clítoris, yo me sentía desmayar cerré mis ojos y me deje llevar por su lengua, lentamente fue aumentado la intensidad de su lengua, lamio todo mi interior atrapando mi clítoris entre sus labios y chuparlo suavemente pero con fuerza.

    Mis gemidos fueron aumentando mientras mi cuerpo se estremecía a cada lengüetazo que me daba y sin más termine explotando en la cara de Adrián, mi orgasmo fue tan fuerte que termine mojando hasta la cama, Adrián continuó lamiendo mi vagina hasta que deje de correrme.

    Adrián se acostó a mi lado y con su miembro muy duro me dijo que me subiera arriba, me coloque sobre el guiando con mi mano su miembro a la entrada de mi vagina que ya estaba toda mojada, con solo sentir su glande mi vagina se sacudió, Adrián me tomo de mis caderas y sin dificultad su pene resbalo hasta lo más profundo de mi interior.

    Estando dentro de mí se levantó para darme un beso y quitarme los tirantes del baby doll sacando mis pechos, se volvió a acostar sujetándome otra vez de mis caderas para comenzar a moverse frenéticamente en mi interior. Un nuevo gemido escapo de mi boca al momento de sentir como entraba y salía sin dificultad.

    Esta vez no me contuve y le deje saber a Adrián el enorme placer que me estaba dando a través de mis gemidos, mis pechos no dejaban de rebotar mientras mi vagina era atacada por el duro miembro de Adrián, Mi cuerpo se sentía como si estuviera flotando, en ese momento de placer me olvide de todo, solo quería ser la mujer de Adrián.

    Su miembro comenzó a palpitar y dándome un beso pasional y desesperado, su pene exploto dentro de mi llenadme cada rincón de mi vagina con su semen. Caí desplomada sobre su pecho, continuamos besándonos mientras acaricia su pecho.

    Descansamos como 5 minutos cuando volví a sentir el pene duro de Adrián golpeando mi vientre, estando sobre él se dio media vuelta quedando ahora sobre mí y con manos fue masajeando mis pechos mientras me chupaba suavemente mis pezones duros.

    Me empezó a dar besos diciendo que este era su máximo sueño jamás cumplido, cogerme en total libertad y en mi propia cama era su mayor fantasía, nos volvimos a besar y nuevamente coloco su miembro en la entrada de mi vagina que estaba gustosa por volver a recibirlo.

    Subió mis piernas a sus hombros y metiéndomela de con fuerza comenzó a aumentar el ritmo de sus embestidas, todo mi cuerpo se estremeció al sentir nuevamente su miembro, con mi vagina depilada podía ver su vigoroso miembro entrañado y saliendo de mi interior, además de que no dejaba de halagarme por lo estrecha y húmeda que estaba.

    Su cuerpo seguía chochando violentamente con el mío, se acercó a mí y susurrándome al oído empezó a decirme que dijera que era su mujer y que mi vagina era solo suya; Yo estaba tan excitada y entregada que con sus ojos fijos en los míos lo dije sin pudor “Soy tu mujer Adrián y mi vagina es solo tuya y de nadie más“, fueron las palabras que salieron de mi boca.

    Al escuchar eso Adrián en un desenfreno moviendo sus caderas penetrándome, gemía de placer sin control, el decir que era solo suya lo excito tanto que se volvió loco embistiéndome con su miembro. Nunca en toda mi vida me habían penetrado con tanta lujuria como Adrián, mi vagina no dejaba de temblar por las embestidas de Adrián. Había algo en su salvajismo que me hacía perder la cabeza.

    En ese momento mi vagina comenzó a tener contracciones como señal de un nuevo orgasmo “Señora Isabel que rico me está apretando“. Su miembro comenzó a palpitar nuevamente eyaculando en mi interior y al sentir como se corría dentro de mí, terminamos viniéndonos al mismo tiempo, cayó sobre mí sellando nuestros orgasmos con un beso y al paso de unos mínimos su pene estaba otra vez duro.

    Después de eso perdí la noción del tiempo, habrá pasado cerca de una hora tal vez, pero Adrián seguía penetrándome sin parar, su vigor me dejo asombrada y exhausta, me desnudo por completo, me coloco en la posición que él quiso y termine sudada con mi vagina llena de su esperma. Dando su última corrida termino sin fuerzas cayendo a mi lado, nos dimos un beso y nos acurrucamos quedando dormidos, su semen emana con abundancia de mi interior.

    Despertamos al cabo de una horas y nos metimos a bañar, con al agua caliente lavando nuestros cuerpos volvió a tener otra erección y me volvió a poseer ahora desde atrás, sin saber cuándo nos veríamos solo nosotros dos nuevamente aprovechamos al máximo.

    Terminamos de bañarnos y de vestirnos, lo acompañe a la puerta y antes de irse volvió a preguntarme ¿Si era su mujer? Y con una gran sonrisa en mis labios le conteste que sí, que soy solo su mujer y despidiéndolo con un beso sin importarme quien nos viera se marchó. Ahora tengo claro mis sentimientos por Adrián y sé que no hay vuelta atrás, mientras mi hijo y mi esposo no se enteren seguiré siendo su mujer a sus espaldas.

    FIN

  • Trío con mi mujer y su amiga (VII)

    Trío con mi mujer y su amiga (VII)

    Nos encontrábamos el sábado por la mañana durmiendo todavía cuando el móvil de mi mujer nos despertó, era Marta, quien se puso a hablar con mi mujer, yo aproveché esa situación para ser malo, mientras ellas conversaban me baje metiendo mi cabeza entre las piernas de Sara, con mi lengua lamí suavemente los labios exteriores de esta, para seguidamente abrirle los mismos con mis dedos y recorrer todos los pliegues de su vagina, cuando ya brillaba mezcla de mi saliva y de sus propios jugos le saque una foto con mi móvil y se la mandé a Marta, ellas seguían hablando, la voz de mi mujer estaba agitada, cuando estaba a punto de llegar al orgasmo le metí dos dedos dentro de su encharcada vagina sin dejar de absorber y lamer su clítoris, Marta le debió preguntar que le pasaba y ella se le contó el trabajo que le estaba haciendo mientras ellas conversaban, Sara tensó las piernas, el sudor recorría su piel, mi cara estaba totalmente mojada y le llegó una ola de placer, sin más corto la llamada y se quedó traspuesta mirando al techo, la bese dándole a probar su propia corrida y la dejé que descansara.

    Cuando nos encontrábamos desayunado le llegó un video a mi mujer, era de su amiga, debajo del mismo había escrito que estaba ardiendo y que al no estar nosotros cerca ella misma había apagado el fuego.

    En el video se veía a Marta a cuatro patas con un pequeño vibrador en su culo y otro grande ayudado por su mano entrando y saliendo de su coño, sus gemidos se escuchaban perfectamente en el video, gritaba nuestros nombres, en un momento cambió de posición sin sacar ninguno de los dos juguetes, con la mano libre elevó uno de sus pechos y comenzó a chupar su pezón y a morderlo, cuando llegó al orgasmo grito y termino el video.

    Mi mujer me miraba con cara picara, yo estaba caliente después de lo visto, pero quería guardar fuerzas para la noche. Sobre las 8 de la tarde nos volvió a llamar Marta, quería que nos viéramos, yo le comente a mi mujer que me gustaban estos encuentros pero se estaban volviendo demasiado continuos. Con cara de niña buena Sara me pidió que le dijéramos que viniera a casa, que sería la última vez, cuando mi mujer me pide las cosas así no le puedo negar nada. Sara le dijo a su amiga que la esperábamos a las 9, que no tardara.

    Yo esa noche quería estrenar mi nueva adquisición, para darle una nueva sorpresa a Sara, un columpio sexual, al final lo estrenaría con las dos.

    Llamaron a la puerta, Marta era puntual, al entrar nos sorprendió su vestimenta, las personas que le hubieran visto por la calle se estarían masturbando, dejaba poco a la imaginación, llevaba una camiseta dos tallas más pequeña que la suya con un gran escote que dejaba sus tetas casi enteras fuera, sin sujetador, una minifalda de tubo blanca cortísima y unas botas hasta las rodillas de tacón alto. Y ano hubo besos de bienvenida en las mejillas, directamente nos besó en los labios, nos sentamos en el salón y decidimos pedir la comida para ahorrar tiempo. Sara aprovechó en ir a ducharse mientras esperábamos al repartidor con la cena, Marta sentada en el sofá abría las piernas para provocarme enseñándome sus entrepiernas, mostrándome que no llevaba ropa interior y que las medias poseía una abertura en la entrepierna.

    Justo al aparecer Sara en el salón tras la ducha y con la única vestimenta de una bata de gasa semitransparente que dejaba ver su maravilloso cuerpo, solo el timbre de la puerta, me dijeron que abriera, pero mis planes eran otros, les obligué a que ellas a atender al repartidor. Las dos juntas abrieron la puerta, el repartidor, un muchacho joven de unos 22 años se quedó con la boca abierta, impresionado por la visión de las hembras que tenía delante, les entregó la bolsa con la comida y después de pegarle cerraron la puerta, menudo empalme debía de llevar el muchacho. Mis compañeras se rían por la cara que el joven había puesto y por el bulto que marcó en el pantalón nada más verlas.

    Después de cenar fuimos al dormitorio, y les mostré el columpio, sin preámbulos quite la bata a mi mujer , la coloque en lo alto boca abajo y con la piernas abiertas, Marta se desnudó ella sola de forma veloz dejándose las medias y las botas, le entregué nuestro compañero inseparable que era el arnés con la polla de goma y se lo colocó, se colocó detrás de Sara y empezó a pasarle la lengua desde su coño a su culo, para posteriormente de un solo golpe penetrarla con su arnés, yo me coloque delante y le metí la polla en la boca y con mis manos le acariciaba sus pechos, con cada embestida que le daba Marta a mi mujer, por el vaivén del columpio mi polla entraba y salía de la boca de Sara, nuestra amiga al notar que esta estaba cerca de llegar al orgasmo aumento el ritmo hasta que reventó con un grito ahogado por estar mi polla en su boca y por estar en ese mismo momento soltándole toda mi leche en su interior.

    La siguiente en subirse en el columpio fue Marta, yo me senté en el suelo entre sus piernas y ayudándome con las manos en su culo más que lamerle su coño se lo penetraba con mi lengua, cuando ya estaba chorreando me puse de pie, de comencé a follarla sin moverme utilizando el movimiento del columpio, en ese momento note humedad en mis huevos, al mirar hacia abajo observo a mi mujer agachada lamiendo alternativamente a Marta y a mí. Marta se convulsionó y se corrió en la boca de Sara y yo en el interior de su coño. En menos de una hora me habían corrido dos veces, por ese motivo me fui a ducharme para refrescarme mientras dejé a ellas dos acariciándose, besándose y jugando entre ellas en la cama.

  • Mis mujeres (1): Dora

    Mis mujeres (1): Dora

    Y todo empezó en unas Navidades que se celebraron en la finca de mis abuelos, reunión familiar prácticamente en casi su totalidad, tengo que decir que llegue a ella con fiebre alta provocada por unas anginas, con algunos de mis familiares fue un reencuentro después de mucho tiempo de no coincidir por motivos distintos en casa de los abuelos y entre ellos el de mi prima Dora, había tenido yo de siempre hacia ella un cierta predisposición y un aprecio mayor que con el resto, no podría decir el motivo exacto pero así era.

    Mi prima vino a pasar aquellas navidades con nosotros, vivía ahora en Praga después de casi cinco años dando vueltas por el mundo, aproximadamente los que yo no la había visto. Tenía yo los dieciocho años y ella seis más. Estaba guapísima, con un pelo largo y muy obscuro que le caía por los hombros, unos ojos desafiantes que fulminaban con su mirada, una boca sensual de labios siempre húmedos y el resto del cuerpo un esbelto talle que realzan unos senos solventes con un culo redondeado y respingón. Ni que decir tiene que todo el hervor de mis turbaciones carnales era una contemplación constante, desde todos los ángulos incluso los imposibles. Procuraba acercarme a ella con cualquier excusa, rozaba mi cara por su pelo largo y obscuro, lo olía. Ella olía intensamente. No era perfume. Era otra cosa, mágica, ponzoñosa, letal.

    Llego la Nochebuena, con la costumbre de asistir a la misa del gallo y el encuentro para la celebración era después en esta ocasión en casa de unos amigos. Yo seguía con fiebre aunque en descenso, se habló de la conveniencia de que yo no saliera aquella noche de casa para no tener una recaída y además había empezado a nevar.

    Oía a mi madre y a mi abuela.

    – Si no es posible. No es posible, nos quedamos.

    Se habló también de pedirle a Isa, la sirvienta a la que se había liberado para que pudiera pasarlo con los suyos. Fue entonces cuando Dora, les propuso sus razonamientos para quedarse conmigo.

    Así fue como nos quedamos solos en casa, cenamos algo y ella decidió que me fuera a la cama ante la posibilidad de que se incrementara la fiebre. No es preciso decir que al poco de estar en la cama y pensando en ella empecé a meneármela.

    De golpe entró en la habitación y con una sonrisa turbadora, dijo esgrimiendo un termómetro:

    – Voy a tomarte la fiebre.

    Naturalmente tuve que dejar rápidamente mis manipulaciones. Como si de una enfermera se tratase, se sentó al lado de la cama, cruzó su brazo al lado opuesto para colocarme el termómetro casi me había rodeado, había pegado su cuerpo contra el mío, en la espera notaba a través de la ropa de la cama como sus nalgas se apretaban a mis muslos. Ni que decir tiene que algo empezó a moverse de nuevo bajo las sabanas, cuando creyó conveniente, yo estaba inmóvil, cruzo de nuevo sobre mí para tomar el termómetro, su cabello sofoco mi cara y sus pechos se apoyaron en mi torso, su aliento junto a mi boca. En aquella postura el intentar leer el termómetro el roce comenzó a ser frotamiento. Yo no sabía qué hacer, sudaba. Dije al fin

    – tengo fiebre.

    – Solo unas décimas -contesto- Me recuerda cuando hace años jugábamos a médicos, tú eras casi siempre nuestro enfermo y nosotras las doctoras te curábamos.

    Puso la palma de la mano sobre mi frente como para reafirmar la posibilidad de fiebre que se acompañó de un suave beso de sus labios en el cuello. Aquello aun me hizo empalmar más aún, no podía soportar más y sin quererlo deseaba salir aquella situación, esperando que ella se fuera.

    – Que tonto eres, me susurro en el oído, creo sospechar que tienes otra clase de fiebre.

    Sentí una vergüenza insoportable. ¿Qué hacer? Pero fue ella la que, como la cosa más natural del mundo, sonriéndome y clavando sus ojos en los míos, pasó la mano bajo las sabanas y empezó a acariciarme el bulto de debajo del pantalón del pijama.

    – Percibo que estas muy enfermo.

    – Tú crees – respondí balbuceando.

    Se acomodó en la cama, sin soltarme la polla y sin dejar de sonreír, tomó mi mano y la colocó bajo su bata.

    – Tócame, tócame – me pidió.

    Llevaba el camisón debajo de la bata, sus muslos me apretaban la mano. Notaba la frescura de esa carne

    – ¿Sabes que eres un sinvergüenza? ¡Ah!, qué primo tan sinvergüenza tengo…- Sigue más arriba por favor…

    Y lo hice. No sé, no lo supe entonces, qué sentí. Miedo, fascinación, vértigo pero una sensación de gusto extraordinaria y algo en el estómago como una angustia.

    Mientras yo la acariciaba y ella abría cada vez más las piernas alcance la tela de la braguita, había calor y estaba húmedo. De golpe se incorporó colocándose de pie sobre la cama, estaba entre sus piernas, se desabrochó del todo la bata lanzándola al suelo y se subió el camisón. Apareció entre sus muslos el triángulo obscuro de la braguita y algunos pelos saliendo por las ingles, con su mano acompaño la mía para acariciarse, la braguita estaba mojada.

    – Eres un sinvergüenza – repetía, mientras suspiraba y se colocaba casi de rodillas sobre mí.

    Entonces aparto del todo la ropa de la cama y bajándome los pantalones del pijama me sacó la polla.

    – Qué grande la tienes – dijo, y se sonrojó.

    – La tienes de tío, qué barbaridad como te ha crecido desde aquellos juegos infantiles.

    Yo no sabía qué decir. Seguía mirando como hipnotizado aquel punto que lo concentraba todo bajo el triángulo de aquella braguita. Mi prima empezó a meneármela y no tardé ni siete movimientos de su mano en correrme. Volví a sentirme avergonzado, mi leche caía por los dedos de su mano. Ella se echó a reír.

    – Anda que… qué pronto te vas.

    Quise levantarme, que me tragase la tierra. No pensaba sino en salir de aquella habitación, esconderme, no ver nunca más a mi prima, huir. Pero ella se limpió la mano en su camisón, mirándome y creo que había ternura en sus ojos, me dijo:

    – No seas tonto. Eso pasa. Ven. Ven – . Me abrazó, me besó en los ojos y en la cara.

    – Creo que tú ya sabes ¿no? No tengas vergüenza, no seas idiota. Si tú te has corrido, ya estarás tranquilo, ¿no? Pero yo estoy que, como dicen por acá “el chocho me muerde el delantal”. Yo te he dado gustito a ti pues ahora tienes que dármelo tú a mí.

    Yo me había corrido, pero seguía teniendo la polla tiesa como el bastón de Moisés.

    – ¿Qué… qué hago? – le dije casi balbuceando.

    Ella me acarició la cara con… ¿cariño? Le brillaban los ojos. Tenía la lengua y los labios muy húmedos. Respiraba ansiosa.

    – Ahora vas a besarme el chocho-, y empezó a quitarse la braguita.

    Cuando la sacó por sus pies y abrió las piernas, yo creí que iba a desmayarme. Allí estaba, el principio y el fin de todas las cosas. Entre aquellos muslos que llevo como tatuados en el alma y aquel vientre blanquísimo, el esplendor del coño se me ofrecía, mojado, cubierto de un pelo obscuro, abierto, como una ostra y una gotita como una perla.

    Se puso a horcajadas sentándose sobre mi pecho.

    – Bésamelo -me pedía. Había como angustia en su voz. Ella también temblaba. Sí, sí, sí, bésamelo, chúpamelo. Dale con la lengua, ¡sí, así, así, así!

    Yo, por supuesto, ya había hundido mi cara entre sus muslos y mi boca se apretaba contra ese animal de lo desconocido, sintiendo su olor único, su sabor hechicero.

    – ¡Sí, así, sí, sigue! -pedía ella cada vez más ansiosa- Ahí, mira, ahí – y me señalaba con los ojos extraviados una pequeña protuberancia carnosa- Oh, Dios mío, sí, sí, sí…! ¡Oh, sigue, sigue, sigue…!

    De pronto, yo estaba ya borracho de aquel sabor inefable sentí que me inundaba la cara un líquido viscoso y maravilloso. Mi prima dio un grito y apretó su coño contra mi boca. La sentí sacudirse como una epiléptica y su grito iba enrollándose cada vez más hasta acabar en una especie de suspiro mezcla de alarido y estertor.

    Fue la primera vez en mi vida que había visto correrse a una mujer en mi cara. No lo he podido olvidar. Ni creo que exista en el mundo, quizá alguna página de Borges o de Hume, o Shakespeare, o Mozart, o Estambul bajo el crepúsculo, nada que me emocione tanto el recordarlo.

    Mi prima cayó sobre mí y nos quedamos fundidos, unidos en un abrazo denso, sobre la cama. Después de unos minutos de anonadación. Ya mi verga había recobrado todo su vigor y estaba lista para seguir si era preciso.

    CONTINUARA…

  • El bosque

    El bosque

    Desde hace un tiempo, por el trabajo de mi padre, nos hemos mudado a un lugar muy poco habitado en las afueras de una ciudad de provincia.

    Nuestra casa queda a pocos metros del comienzo de un espeso y amplio bosque que de entrada despertó mi interés. A espaldas de la vivienda, a unos cincuenta metros, está la ruta por donde pasa el bus que mi padre toma para ir a trabajar.

    Mis padres se van a eso de las once de la mañana a sus trabajos y regresan alrededor de las ocho de la noche. Yo cumplí dieciocho años la semana pasada y estoy terminando la preparatoria.

    Desde hace un tiempo escondo en mi placard una ropa que me encanta: una camiseta blanca sin mangas, bien ceñida y un short de jean celeste, ajustado también y que descubre la parte inferior de mis nalgas. ¡Me encanta cómo luzco con esa ropa!

    Y mientras tanto, el bosque ejerce en mí una atracción cada vez más intensa y morbosa.

    Es muy tupido y no se alcanza a ver nada detrás de la primera línea de árboles, salvo, a la derecha, una senda de tierra por la cual cada tanto, con poca frecuencia, veo ingresar automóviles, motos y bicicletas.

    Cuando me desnudo, después de mirarme durante un rato y deslizar mis manos por mi pecho, mis caderas, mis muslos y mis nalgas, voy a la ventana del dormitorio de mis padres y a través de ella contemplo el bosque casi en trance, presa de ese influjo misterioso que ejerce en mí.

    De pronto tomé una decisión: ir al bosque, meterme en él, recorrerlo y correr los riesgos que esa incursión implica, al menos para mí, que soy tímido y asustadizo. Y lo recorrí vestido con esa ropa que les comenté.

    Espero que ustedes me den permiso para que les cuente lo que pasó.

    Eran las cinco de la tarde cuando entre al bosque y anduve solo, como un animalito. Respirando fuerte y profundo, por esa mezcla de ansiedad y temor que sentía. De pronto oí ruido de cascos de caballos y segundos después tuve ante a mí a dos jinetes de unos setenta años, esa clase de hombres que me excitan.

    Me cercaron con sus cabalgaduras y uno le dijo al otro:

    -Mirá que linda presa, Rolando.

    -Sí, Gervasio, muy buen ejemplar.

    -¿Qué te parece? ¿Lo llevamos?

    -Claro, bajate y sujétalo.

    El cazador se bajó y me rodeó el cuello con una cuerda que sacó de una de las alforjas, tomó el otro extremo, volvió a montar y los dos se pusieron en marcha conmigo andando detrás.

    -Por favor, ¿adónde me llevan? –pregunté tontamente, porque lo que importaba no era adónde me llevaban sino qué iban a hacerme.

    -A casa, lindo… -se dignó contestarme uno de ellos.

    -Pero, ¿qué… qué quieren?

    Los dos se echaron a reí y el llamado Rolando dijo:

    -Gozarte, precioso…

    -No, señor, por favor, déjenme ir… -supliqué aunque en mi interior sentía el deseo de que siguieran adelante. Y siguieron.

    La casa donde me llevaron estaba en un claro del bosque y era una cabaña de madera. Tenía dos ambientes, un living y el dormitorio, además del baño y la cocina, y al dormitorio me llevaron sin pérdida de tiempo.

    El tal Gervasio se sentó en el borde de la cama y me ordenó desnudarme.

    -Vamos, lindo, obedecé. –agregó el otro a mis espaldeas mientras me masajeaba las nalgas a dos manos y esos masajes me tenían ardiendo.

    El corazón me latía rápido y fuerte mientras me sacaba la ropa y ellos hacían comentarios sobre cada parte de mi cuerpo que iba quedando a la vista.

    -Qué manjar, ¿eh, Rolando?

    -Nunca vi nada igual…

    -Hay que darle hasta por las orejas…

    Yo estaba a las puertas de mi primera vez y me sentía tan excitado y a la vez con tanto miedo que me costaba respirar.

    (continuará)