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  • La profesora y sus alumnos

    La profesora y sus alumnos

    La atractiva y sexy profesora Laura de 30 años, especializada en derecho penal estaba corrigiendo los exámenes de sus alumnos, a unos les fue muy bien y a otros 4 les fue muy mal, estos eran: Eliseo, German, Maximo y Jeremias.

    Pero esos cuatro chicos estaban muy atractivos y Laura siempre pensaba en ellos cuando se masturbaba, el que más le gustaba era Eliseo con sus bonitos rizos rubios y ojos azules, una verdadera cara angelical.

    Pero Laura también tenia lo suyo ya que se mantenia muy bien porque hacia mucho deporte y comía saludable, era una mujer de deliciosas curvas, piel suave, senos redondos y grandes, cintura chiquita, culo bien parado y el cabello negro super brillante y suave.

    El ruido de la puerta del aula la hizo perder la concentración, levanto la vista rápidamente y descubrió que los cuatro chicos a los que les fue mal en el examen habian entrado.

    -Chicos- dijo ella con su voz dulce- Tomen asiento que voy a hablar con ustedes de sus calificaciones

    Tomaron asiento y Jeremías fue el primero que hablo.

    -Profe, nos tiene que dar una segunda oportunidad

    -A mi no me gusta desaprobarlos, pero sus exámenes estaban muy mal, deberian hacer un esfuerzo, yo se que ustedes pueden aprobar mi asignatura si se lo proponen.

    -¿Que debemos hacer?- esta vez el que hablo fue German

    -Primero deben entregarme los tres trabajos prácticos que me deben, luego ya veremos

    -Podriamos hacer algo mejor- dijo Eliseo con una sonrisa pícara en su rostro

    Laura no entendio lo que dijo Eliseo.

    -¿Como? No te entiendo- le respondió pero Eliseo se levanto de su asiento fue hasta donde ella estaba ella, tomo la cara de su profesora entre sus manos y la beso, primero suavemente y luego con desenfreno, pero ella continuo con el beso al ritmo que su alumno le exigía hasta se olvido que los otros tres chicos estaban ahi observando.

    Solo rompio el contacto para levantarse y que Eliseo comenzara a desnudarte, le desabotono los botones de su camisa y le quito la falda negra, luego le saco su ropa interior para dejarla totalmente desnuda y empezar a besar su cuello.

    Cuando Laura quedo sin nada de ropa ella vio que los amigos de Eliseo y el se desnudaron también, mostrando sus ricas y grandes vergas, todas duras como una roca, entonces la mujer comprendio que se iba a dar un verdadero festín que jamas olvidaría.

    Se acercaron a ella y la empezaron a estimular de la siguiente manera: Eliseo se dedico a su culo, lo acariciaba y le metia la lengua en su agujero, cuando se cansaba de chuparselo se escupia los dedos y le metia los tres haciendo deliciosos movimientos circulares.

    German se dedico a sus tetas: le mordia suavemente los pezones, se los escupia, acariciaba sus pechos con ambas manos ejerciendo un poco de presión y se las chupaba con desenfreno como si quisiera llenarse con las tetas.

    Maximo se encargo de la parte más sensible y deliciosa: la vagina.

    Hacia un trabajo muy parecido al de Eliseo pero le estimulaba la concha de maravilla chupandosela sùper rápido y luego acariciándosela.

    Maximo la besaba con el mayor erotismo posible y también le estimulaba muy rico la lengua cuando se encontraba con la suya y se unian.

    Pasaron cinco deliciosos minutos estimulandola y Laura se corrio en la boca de Maximo, fue una eyaculaciòn muy abundante y los otros chicos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para beber los jugos vaginales de ella, el último que bebio fue Eliseo sin dejar ni una gota.

    Después llego el momento más rico de un acto sexual tan ardiente: la penetración.

    Finalmente ella se acosto sobre Maximo y el la penetro por la vagina.

    German y Eliseo la penetraron por atras los dos al mismo tiempo con fuertes embestidas que la hicieron gemir y que el cuerpo de ella se moviera super rico.

    Jeremias la penetro por la boca ahogandole sus gemidos pero eso le encanto.

    Le gustaba mucho lo que estaba sucediendo, amaba estar sometida por las enormes pilas de sus alumnos favoritos a partir de ahora.

    Pero en un momento ella noto un cambio: Jeremias empezo a follarle la boca con más fuerza y se tenso, luego eyaculo inundandole la boca y haciendo que una buena cantidad caiga en sus tetas.

    Maximo le puso sus dos manos en la espalda y de una embestida profunda eyaculo todo su semen dentro de su vagina, esa corrida fue la mejor ya que Laura sintio un líquido muy caliente dentro de su coño y eso le arranco un buen gemido.

    Los otros dos le penetraron muy fuerte el culo durante unos minutos más y le empezaron a dar unas buenas nalgadas para que su trasero se ponga colorado y lo consiguieron.

    Luego también se corrieron los dos juntos al mismo tiempo, una buena parte del semen fue a parar dentro del culo de Laura pero conservaron un poco para otras zonas.

    Eliseo saco su pija del otro de ella y derramo el semen que le quedaba en las tetas, German hizo lo mismo pero le eyaculo en su abdomen y un poco en sus piernas.

    -Estan todos aprobados- dijo la profe y a continuación recibio un beso de su amado Eliseo

    Así termino su día la profesora: llena de semen de cuatro estudiantes super atractivos.

  • Otra vez Ernesto

    Otra vez Ernesto

    Mediados de marzo, aun hacia algo de calor por lo que el viernes a la mañana me voy a la casa de la playa, mi esposo iría luego de trabajar pero al mediodía me llama diciendo que Ernesto estaba en Uruguay, en Punta del Este y nos invitaba a cenar que mandaría a alguien a buscarme y mi esposo iría directamente ya que tenía un día complicado de trabajo en Montevideo y terminaría algo tarde, le comenté que lo esperaba para ir juntos pero insistió en que vaya yo primero que no quería hacer esperar a Ernesto, allí tuvimos una pequeña discusión, parecía que mi esposo quería complacer a Ernesto en todo, inclusive dejarme a solas con él no sé con qué intención, como sea simplemente me dio la impresión que mi esposo otra vez me estaba “vendiendo” para beneficiarse de algún negocio con Ernesto.

    Durante toda la tarde quedé pensando en eso, entre algo de enojo, intriga y también algo de excitación por lo que en la tardecita me apronté con lo que tenía a mano que no era mucho por estar en la casa de la playa, encontré un vestido rojo de satén fino con una pierna al descubierto y en su parte de arriba con escote en V pronunciado y me puse un detalle como para darles una sorpresa a ambos.

    A la hora acordada pasa una limusina a buscarme, el viaje desde la casa de la playa a Punta de Este son unos 40 minutos por lo que tuve tiempo de relajarme, tomar algo de champagne y dejarme llevar por mi mente que comenzaba a fantasear con lo que iba a ocurrir aquella noche.

    Ernesto me esperaba en su apartamento de lujo, en el último piso de un edificio con una vista al mar espectacular, había contratado gente para cocinar y servir que me dio la bienvenida con champagne y me contaron cual era el menú de la noche, acto seguido Ernesto me hizo una recorrida por las instalaciones y luego nos sentamos en el amplio balcón a charlar, beber y picar algo, a unos pocos metros estaba el mozo esperando a recibir algún pedido y muy atento a que se vaciara la copa para volver a completar.

    Como siempre la charla fue muy amena, el es un hombre muy interesante con mil anécdotas que las cuenta de una forma muy particular entre graciosa y muy interesante, mientras esperábamos a mi esposo la pasamos muy bien, realmente muy a gusto hasta que la conversación deriva en los negocios que tenía planeados aquí en Uruguay y me da a entender que quiere hacer una especie de sociedad con “nosotros” a lo que comenté que no sabia que estaba incluida en ninguna sociedad, así que indague algo mas y me di cuenta que el y mi esposo hablaban mucho mas de lo que yo creía y no solo de negocios, en definitiva él quería invertir aquí, mi esposo se encargaría de todo, de buscar las locaciones, contratar las empresas tercerizadas, discutir y compartir toda la información con el para tomar juntos la decisiones y yo, pues yo que tenia que ver con eso?, bueno según Ernesto yo era por lo cual el había decidido invertir aquí, me dio a entender que sentía algo especial pero se sentía muy cómodo así siendo “el tercero” en una especie de matrimonio de 3, una locura!!!!

    De verdad no sabia si reír o llorar, por un lado me sentía alagada de que alguien como él se sintiera atraído por mí, por otro definitivamente mi esposo quería compartirme con otro hombre pero de forma permanente?! Esa fue mi rápida conclusión, realmente me daba la impresión que Ernesto por su poder económico estaba en una posición de dominación hacia mi esposo y pretendía que tanto el como yo estuviéramos a su disposición para satisfacer todos sus “deseos”

    Esa breve conversación quedó rondando mi cabeza y preferí no decir nada aun porque podría estar equivocada, la cuestión es que la noche siguió adelante, alrededor de las 21 llama mi esposo diciendo que había tenido una avería en la ruta y estaba esperando al auxilio que cenáramos que el llegaría mas tarde, cosa que hicimos, terminamos y los cocineros se despidieron, quedando solo el mozo a nuestra disposición, ya luego del postre abrimos otra botella de champagne y el me dice que tiene algo para mi que lo acompañe, voy detrás con mi copa casi vacía, entramos al dormitorio y me da un regalo que abro, era un collar muy fino, elegante y carísimo de diamantes, me quede sin palabras, no sabia que decir, si debía aceptar semejante regalo o no, a lo que el me dice si le permito ponérmelo, agarrando el collar de su estuche, me doy la vuelta y me agarro el pelo para que el lo prenda, lo único que me salió decir fue que mi copa estaba vacía jajaja, el llama al mozo que vino con la botella, yo estaba en el espejo mirando como me quedaba el collar cuando me pregunta que me parece, le digo me encanta y al mismo tiempo el mozo me sirve a lo que le digo, a ti te gusta? Me encanta dice Ernesto, no le pregunte a él, como te llamas le digo al mozo, Jorge contesta, ¿te gusta? Si claro muy lindo, gracias, le digo, ¿puedes traer la champanera con hielo por favor?, claro enseguida me dice.

    Jorge era un morocho joven de unos 25 años que toda la noche me había estado mirando el escote, y por supuesto que el champagne y su físico y la situación me llevaron a pensar en lo que iba a suceder, simplemente le iba a demostrar a Ernesto que no yo no era de su pertenencia ni de mi esposo quien no podía venderme porque yo soy libre!

    Cuando viene Jorge con la champanera le pido que se coloque detrás y que me desprenda el collar, Ernesto queda mirando sorprendido sin decir palabra, el chico muy nervioso lo desprende pero se le cae y queda enganchado en el escote de mi vestido, me doy vuelta y le digo si lo puede agarrar y dejarlo sobre el estuche, cuando levanta la mano para tomarlo yo lo ayudo corriendo el vestido dejando ver un poco mis senos, a el tiemblan las manos, lo agarra y lo coloca sobre el estuche arriba de la mesa, entonces le digo que está muy nervioso y no tiene de que preocuparse, si le gusto lo que vio, le tomo la mano y se la coloco en mi seno, eso, te gusta? ¿Te gustan mis tetas? Y me bajo ambos breteles quedando con mis senos al descubierto en frente de Jorge, allí lo beso y llevo su mano a mi seno, luego me doy vuelta y le llevo ambas manos a mis 2 senos tirando la cabeza hacia atrás jadeando en su oído, te gusta? Y llevo una de sus manos a mi entrepierna esquivando el vestido justo por encima de mi tanga, hago que me masturbe por encima de mis braguitas, ya estoy muy pero muy excitada, Ernesto mira sin decir nada, quedo parado con su copa petrificado, yo lo miro fijo a los ojos con cara de deseo y excitación alrededor de 1 minuto, cuando el se mueve me doy vuelta quedando frente a Jorge, lo beso apasionadamente luego me agacho, le desabrocho el pantalón y empiezo a tocar su enorme pija, era demasiado grande, la beso, le paso la lengua, me la meto en la boca pero entra solo la mitad, era enorme, nunca había visto algo tan grande en mi vida era una morcilla enorme de grande, yo estaba empapada, muy excitada pensando en tener esa pija adentro mío, Jorge también estaba excitado y comenzaba a salir jugos de su morcilla que me atragantaba, entre su tamaño sus jugos y mi saliva no podía respirar y tragaba todo lo que podía, me levanto lo beso nuevamente compartiendo los jugos y le desabrocho la camisa, le saco todo y me termino de sacar el vestido quedando solamente con la tanga roja y las medias negras.

    Ernesto a esa altura se había desabrochado el pantalón y se estaba tocando su verga, lo miro y me dice hoy tienes ropa interior, me doy vuelta nuevamente y le digo a Jorge que se acuesta totalmente desnudo se acuesta, yo me pongo en 4 entre sus piernas y me pongo su morcilla en la boca nuevamente, me levanto un poco y mientras con la mano izquierda sigo masturbando a Jorge estiro mi mano derecha y le agarro la verga a Ernesto, lo masturbo un poco, me la meto en la boca, se la chupo un momento y la suelto, le digo tengo ropa interior pero hay una sorpresa, y sigo chupándosela a Jorge mientras intento mirar a Ernesto que se termina de desvestir por completo entonces le hago seña con mis ojos, y el enseguida me entiende y va hacia mi parte trasera bajándome la tanga y descubriendo que tenía puesto un plug anal, con el que empieza a jugar, lo saca un poco y lo vuelve a meter, lo mueve de un lado al otro, cosa que me excita mucho mas aun, entonces me doy vuelta, me dejo caer boca arriba en la cama quedando mi cabeza a la altura de la verga de Jorge y Ernesto en frente a mi, me termina de sacar la tanga y le abro las piernas mientras me pongo nuevamente la pija de Jorge en mi boca Ernesto comienza chuparme mi conchita mientras juega con el plug, gemía mucho pero mis gemidos se ahogaban en la verga negra que tenia en la boca, enseguida tuve mi primer orgasmo y al mismo tiempo pensé que no aguantaría una verga tan grande por detrás a lo que rápidamente me monte sobre Jorge que estaba en la misma posición del principio boca arriba en la cama me fui metiendo su enorme verga, de a poco, al principio me dolió un poco pero estaba tan pero tan mojada y lubricada que enseguida me dilate y el comenzó a empujar, al cabo de unos pocos segundos tuve otro orgasmo, Ernesto se había quedado al costado por lo que lo busque y mientras Jorge me cogía cada vez con más fuerza yo le chupaba la verga a Ernesto quien estaba realmente muy excitado, entonces le dije si quería cambiar el plug por él, a lo que enseguida me abordo desde atrás sacándome el plug y metiendo su verga en mi culo, enseguida tuve otro orgasmo mas y al ratito Ernesto acabó dentro mio, al sentir su semen calentito en mi trasero tuve otro orgasmo, y a poco de eso Jorge dice que va a acabar, le digo adentro mío no, me saco a Ernesto de atrás y me levanto rápidamente apoyándome en las piernas de Jorge y masturbando su enorme morcilla hasta que acabó en todo mi abdomen, realmente esa leche calentita encima mío, me calentó más aun así que empecé a frotarme su verga por mi vagina, pásanosla por el clítoris, el aun vertía semen y yo tuve otro orgasmo.

    Allí todo termino, me fui al baño me duché y me volví a vestir, cuando salgo Ernesto también ya se había vestido, de Jorge no quedaba rastro, agarré mi teléfono para chequear, mi esposo estaba a 5 minutos.

  • Sexcape (III)

    Sexcape (III)

    Comencé a moverme suave y lento, la cuquita de Karla apretaba mi verga divinamente, mis dedos seguian invadiendo su culo, saque los dedos de él y mi verga al mismo tiempo haciendola gemir fuerte, puse mi verga en medio de los cachetes de su culo untando los jugos de su cuquita en el, Karla sabe mi intencion y también lo desea.

    K: – quieres mi culo cierto?

    D: -totalmente lo deseo!!!

    Se levantó nos besamos, agarro mi verga y me acostó en la colcha, poniéndose encima de mi, se lo volvió a meter en su cuquita mientras nos besábamos, mientras me cabalga suave puede notar un embarcacion a lo lejos y un movimiento en el agua pero pensé que eran idea mías, pero igual se lo hice saber a Karla

    K: -que rico papi! Que rico que nos vean y que estés duro todavía para seguir el espectáculo, sabes te has ganado mi culito- dijo sacándolo y poniendo la punta de mi Verga en la entrada su orificio anal con una sus manos y la otra apoyadas en mi pecho, la deje hacer, que tomara el control y disfrutara, se lo fue metiendo lento y suave, bufaba y suspiraba fuerte, mis manos no se quedaban quietas ,acariciaban y apretaban sus grandes pechos y hasta que lo tuvo todo completo quedó quieta sobre mi unos instantes, bajo a besarme.

    K: – disfrutalo papi! Demos un buen espectáculo y lléname el culo de leche!!!

    Se arqueo sobre mi y empezó a cabalgarme suave, lento y afincado con mi verga en su culo, sentia como su culo se acoplaba pero apretaba más fuerte que su cuquita mi miembro, poco a poco fue aumentando el ritmo coloco sus manos en mis piernas clavando sus uñas en ellas, suspiraba y gemia fuerte mirando hacia el cielo nocturno mis manos fueron directo una a su clítoris y la otra a uno de sus pechos, acción que le gustó y empezó a brincar sobre mi verga metida en su culo, me encantaba esa sus movimientos, la sensación que me daba su culo en mi verga lo apretaba como chupandolo, y se lo hacía saber con mis gemidos y ella tampoco se quedaba atrás. Deje tocarla y la tome de sus caderas y me empecé a mover duro y rápido debajo de ella, por su parte Karla tocó su clítoris y darse placer mientras taladraba su culo

    D: Karla voy acabar!

    K: yo también Dani! lléname de leche papiii! Si Aasiii!

    Ambos explotamos en un órgasmo brutal, Karla cayó sobre mi pecho temblando y yo aún con espamos de mi verga botando leche, nos besamos y ambos miramos hacia el agua y vimos la silueta de una persona que rápidamente se metió en el agua y de pedio en la oscuridad del agua y la noche.

    K: parece que una sirena disfruto nuestro encuentro- dijo sonriendo

    D: dimos un buen espectáculo no crees

    K: ya lo creo, ven vamos a descansar un poco capaz y mañana nos sacan de acá por inmorales a pesar de lo divino que estuvo.

    Nos metimos en la carpa desnudos acariciándonos hasta quedar dormidos completamente, desperte como a las 11 am porque escuche personas hablando vi que Karla no estaba a mi lado así que me pare tapandome y mirando afuera estába Karla sentada en la arena con otra chica, salí y me saludaron, Karla me presento. Se llamaba Mariana una chica como de 22 años, de tez morena clara con un cuerpo deseable unos pechos medianos paraditos, un culo igual mediano y duro, realmente un cuerpo divino, trajo una botella de vino y nos invitó a compartir un día en la enbarcacion con ella. Algo me decía que ella era la sirena que nos vio.

  • Lo hice en el metro de CDMX

    Lo hice en el metro de CDMX

    Hola soy Fernando, esta historia me paso hace poco tiempo fue en una noche cuando llovió mucho, por más que intente salir temprano y evitar la lluvia me agarró como a las 7 de la noche. Casi nunca me voy en los últimos vagones, pero esta vez opte por hacerlo para entrar en uno donde no estuviera tan lleno.

    No alcance lugar para sentarme así que me puse en una esquina y todos íbamos apretados, después de que todos entramos, se me acerco un señor viejito como de 60 años, un poco más pequeño que yo, gordo y con rasgos muy femeninos. Al principio no le di mucha importancia pero me dio curiosidad que se me quedó mirando, debido al calor llevaba una playera blanca apretada y se me resaltaba mi pecho.

    Cada vez se me fue acercando más y conforme se acercaba me iba calentando, como traía audífonos casi no escuchaba nada y disimulaba para no poner incómodo a nadie, el señor me intento hablar pero no le presta mucha atención por lo que no supe que me dijo.

    Como llegaba más gente llego el momento en que puse las manos hacia atrás para no tocar a alguien por accidente, al estar tan apretados el señor quedo a lado mío, hasta que quedamos repegados, no me dijo nada y me tomó de la mano, no sabía como reaccionar así que solo deje que pasarán las cosas. Al ver que no le fui indiferente, me dirijo la mano hacia su verga, no era muy grande pero la traía bien parada, la estuve estimulando hasta que sentí su pantalón mojado, me sorprendió el tamaño que fue adquiriendo hasta que sin pensarlo se detuvo el metro y abrió la puerta en la estación que tenía que bajar.

    Me distancie un poco para no ser evidentes, pero el señor de me acerco y comenzó a agarrarme el culo, me voltee de tal manera que pudiera agarrarmelo completo, me dejó super caliente pero tuve que seguir mi camino. Por último aproveché para probar su semen disimuladamente me agache para agarrar una mochila y le lami el pantalón, y pude comprobar el sabroso sabor de su verga. Llegando a mi casa me masturbe hasta quedar exhausto

    Ojalá pudiera probar otra verga de viejito pronto dejó mi correo y si eres mayor de 65 mi culo esta a su disposición: [email protected].

  • Mi puta obediente

    Mi puta obediente

    Desde hace un tiempo comencé a hablar con ella, no mencionaré su nombre porque no tiene caso saberlo, para mí sólo hay una manera de llamarla, ella es mi puta personal, pero sí que vale la pena describirla. Mi puta es flaca con un abdomen delicioso y un par de tetas grandes con unos pezones demasiado ricos, sus nalgas son simplemente una delicia pero lo mejor de todo es ese coño estrechito y caliente que tiene, siempre mojado con ganas de recibir verga.

    Me escribía cada día después de clases, cuando necesitaba calentarse el chocho y su novio no la dejaba bien satisfecha, me mandaba un par de fotos, cada vez más puta en ellas, abriéndose la raja para mí, metiéndose los dedos, poniéndose en cuatro, agarrándose las tetas e incluso cuando más caliente la ponía buscaba como perra en celo que meterse para calmar sus ganas de mi verga, ni siquiera llegaba a los 20 años y era simplemente más zorra que cualquier mujer mayor.

    Hasta ahora sólo la estaba moldeando a mi antojo, educándola para ser una muy buena perra para nuestro encuentro y tuvo que llegar ese día. La cita era un viernes en la noche, pasar por ella a escondidas, ya que el problema no sólo era que mi puta era infiel sino nuestra diferencia de edad y ese morbo de lo prohibido era lo que más me tenía a reventar la verga. Le ordené ponerse un vestido negro, escotado que le había comprado, sólo eso, nada más abajo.

    Cuando la vi se veía de infarto, las tetas parecían salirse de ese vestido y me dieron unas ganas de sacarlas en ese momento y mamárselas, pero sólo me limité a pasarle la lengua por ese escote y saludarla con una mordida en una de sus tetas con una buena agarrada de culo. La subí a mi camioneta, nos besamos con todas las ganas acumuladas y comencé a subir mi mano por su pierna buscando sentir esa panochita cerrada, mi sorpresa al subir fue descubrir que la muy zorra había desobedecido mis órdenes, llevaba una tanga negra que en otra ocasión hubiera sido motivo de mi erección, pero en esta ocasión no, porque la perra debía tener claro quién mandaba, la tomé fuerte y sin más jalé la tanga hasta que quedara enterrada entre sus labios vaginales mojando ese pedazo de tela de sus fluidos de golfa caliente, una vez empapada se la rompí y se la metí a la boca mientras la tomaba del cuello, le metí tres dedos en su raja estrecha, se escuchaban sus gritos ahogados por la tela, se sentía tan apretada, tan mojadita y caliente, tuve que usar mucha fuerza para que le entraran mis dedos, la miraba furisio.

    -Espero entiendas puta golfa, que cuando papi te da una orden tú obedeces, no me importa si quieres o no, tú obedeces pinche zorra que para eso eres mía, ¿entendiste zorra tetona?

    Entre gemidos y gritos comenzó a asentir con la cabeza, le saqué la tanga de la boca.

    -Que si entendiste puta

    -Sí papi, no te voy a desobedecer, por favor para, me arde, estoy muy apretadita

    -¿Que pare? si bien que te encanta estar abierta cabrona, hoy te voy a romper el chocho hasta dejartelo bien rojo putita, a ver que pretexto le vas a dar a tu noviecito cuando te vea toda partida y llena de mis mecos.

    Al decirle esto sentí como se empezó a mover como perrita en celo en mis dedos, su mirada cambió, la muy cerda se puso cachonda de pensar en mi verga partiendo esa raja que supuestamente tenía dueño, le encantaba a la puta recordar que era una pinche infiel siendo la sumisa de un hombre mayor, que sabía como hacerla gozar y ponerla con la panocha a escurrir.

    No la dejé correrse, la quería toda la noche ganosa y así fue, fuimos a una discoteca a bailar y no dejaba de bailarme, de repegarse a mi bulto, de buscar con sus nalgas mi verga y yo la manoseaba de la manera más cínica, me importaba una mierda si nos veían, le apretaba las tetas fuerte, se podían ver sus pezones duros sobre el vestido y yo aprovechaba cada oportunidad para pasarle los dedos por la raja y sentir como salían empapados de su vestido.

    El lugar se iba vaciando, ya eran casi las 5 am, quedaban algunos meseros, un par de ebrios en mesas y un par de gente en la pista. La saqué a bailar una última vez, mi verga ya estaba a reventar, tu chocho suplicaba que ya me la culeara y ella estaba ya loca de placer, toda golosa disfrutaba la música mientras le lamía la oreja, se la mordía y le susurraba las putas ganas que tenía de reventarle la panocha, lo rica que estaba, que sus tetotas me ponían el pito bien duro y que me moría por culearmela sin condón para sacarle leche de esas chichotas ricas. En ese momento ella comenzó a suplicar que quería verga que ya no le importaba nada, sonreír con malicia.

    -¿En verdad no te importa nada putita?

    -No, papi, por favor, ya quiero tu vergota dentro de mí, necesito que me rompas la cuca y me hagas tuya, quiero ser tu puta, tu perrita, quiero moverte la colita como te encanta que lo haga y me castigues por ser tan golosa.

    En ese preciso momento le saqué las tetas del vestido, ella como primer instinto trató de taparse.

    -Ni intentes cubrirte, si yo sé que no eres más que una puta ganosa, una pinche zorrita en celo que necesita sentirse no sólo deseada sino también humillada, te encanta ser mi juguetito perra, te fascina que te trate duro como una golfa callejera y hoy eso vas a ser, mi puto saco de hoyos, el juguete con el que me voy a sacar la leche.

    De sólo escuchar esto, comenzó a jalarse los pezones en medio de la pista, se movía más en mi verga y toda puta miraba a las personas a su alrededor, comenzó a hacer contacto visual con el dj y dos meseros que no podían creer lo que estaban viendo, parecía que les ofrecía las tetas y yo, sólo levanté su vestido y es mostraba su panocha escurriendo, comencé a dedearla ahí, le picaba duro la chocha, ella gemía sin control mientras daba todo un espectáculo digno de toda una puta profesional. La jalé del cabello, me dirigí hacía el encargado de seguridad que no dejaba de verle las chichotas a mi perra.

    -Como ves tengo una putita en celo que necesita mucha verga y no creo que aguante más tiempo esta panocha sin que me la culee, así que toma este dinero y nos vas a dejar culear en los baños como esta perrita necesita.

    Él me miró y me regresó el dinero, me dijo que después de tremendo show lo que quería era ver como la partía y lo rico que esa puchita tragaba pito. Sacaron a los últimos borrachos, sólo quedaba los dos meseros, el dj y el de seguridad, me pidieron que me la cogiera ahí mismo, era una discoteca pequeña, yo diría más bien un bar, por lo cual fue fácil que quedara vacío, nadie nos iba a molestar y la perrita iba a dar ahora sí su mejor show. La tiré en medio de la pista, le abrí las piernas y le pasé la nariz por toda esa cuca mojada, olía a perra necesitada, comencé a comerle la panocha, lamiendo desde su culo hasta su clitoris, jugando con sus labios vaginales se los mordía y los jalaba lento, le metía la lengua en el hoyo y la hacía ancha, movía mi lengua dentro de ella y me tomaba del cabello desesperada pidiendo más y más lengua, le jalaba los pezones mientras le comía toda la panocha rica, sus fluidos sabían deliciosos. Cuando miré hacía ella, estaba mirando a su alrededor, estaba cachonda la muy perra de tener a esos pendejos con las vergas duras viéndola, se la estaban jalando mirando a mi perra. Le di unas cachetadas y la tomé del cuello con fuerza.

    -Te gusta puta zorra? Te gusta que te miren no? Pues que vamos a hacer que más gente mire lo pinche cerda que eres

    Saqué mi teléfono y comencé a grabarla, la muy puta miraba fijo a la cámara se tomaba las tetas y comenzaba a chuparselas, ver esa escena hizo que quisiera partirla en dos, me saqué la verga y comencé a pegarle en el clítoris con ella, la tenía dura como piedra, las venas se me marcaban demasiado y comencé a frotarla en la entrada de su puchita, casi no entraba ni la punta, tenía 21 centímetros en la entrada de esa panochita apretada y muy pequeña, la tomé de la cintura y la embestí con fuerza, la seguía grabando, grababa como le abría esa panocha, como le rebotaban las tetotas, le grababa su carita de perra inocente pidiendo más riata. La tomaba fuerte del cuello, no paraba de chingarmela con fuerza y cada vez se estaban acercando nuestro espectadores a ella, uno de ellos le puso el pito en la cara y comenzó a jalarsela más duro como si se quisiera correr en la cara de mi perra. Así que la cargué, la estaba cogiendo parado y ella pensó que no iba a dejar que la tocaran, cosa que me agradeció, pero yo no estaba ahí para complacerla a la perra sino para complacerme la verga a mí y tratarla como la puta que en verdad es. Le abrí las nalgas mientras me la culeaba y les dije que le chuparan el culo. La perra empezó a gritar que no quería, que parara, que ya se quería ir.

    -Jajaja, ¿ahora ya te quieres ir? si te encanta ser una pinche perra, si te fascina estar bien llena de tus pinches hoyos cabrona y hoy te vamos a estrenar como la puta golosa que eres.

    La sometimos con fuerza, la manoseabamos todos, le chupamos cada espacio de su cuerpo rico, la amarramos con nuestros cinturones, estaba ya con las tetas mordidas, llena de chupetones, le comían el culo y el clitoris mientras yo no paraba de embestirla. Le tiraron un trago encima, las tetas le sabían a alcohol rico y comenzaron a meterle una botella por el culo, en ese momento la perra que rogaba que no quería comenzó a pedir que se la metieran más, estaba endemoniada esa puta.

    -Partanme la chocha, destrocenme, usenme. Quiero estar llena de sus mecos, quiero sus leches, quiero que me destrocen el culo y la panocha, quiero ser una perra sucia

    El jefe de seguridad comenzó a jugar con su cigarro en los pezones de mi perra, le encanta el dolor a la muy puta, le azotabamos el clitoris sin parar con los cinturones, yo no iba a dejar que otros usaran mi hoyo favorito de ella, esa panocha es mía y de nadie más. Le abrí sus nalgas y les dije aquí está este pinche hoyo es para ustedes, llenenla de pinche semen como pide la perra golosa. Me senté en uno de los sofás con ella encima ofreciendo su culo rico, se comenzaron a turnar, iban terminando y dejandole el culo lleno de leche, sentía en mi verga como ella no dejaba de correrse, estaba llena de fluidos. Ella estaba sudada, llena de semen en el culo, con la panocha ya roja de lo duro que me la estaba cogiendo y entonces sin piedad la tiré al piso la puse en cuatro, le amarré las manos a la espalda me la chingué con fuerza, la embestía violento, jalando su cabello y nalgueándola hasta que sus nalgas se pusieron moradas,

    -Eres mía pinche perra, eres mi puta, eres mi pinche esclava de pucha rica, así perra tetona traga mi pito que te voy a preñar zorra

    -No papi, por favor, no me estoy cuidando, córrete en mis tetas o en mi cara

    -Andabas de puta ofrecida pidiéndome leche sin condón, putita de mierda, ahora te callas y obedeces, que esto es mío y de nadie más perra

    Comencé a correrme bien adentro de esa perra, ella apretaba la panocha ordeñandome rico los huevos, la muy zorra estaba disfrutando mi leche caliente bien adentro y me encantó verla ahí, amarrada, humillada, llena de marcas, violada de sus hoyos, llena de muchas leches en sus hoyos y aprendiendo que de ahora en adelante sólo tenía un dueño, un amo y un papi, yo y solamente yo. Me levanté y le oriné la raja, marcando a esa putita en celo como mía, como sólo un pinche perro marca su territorio.

    Regresó a su casa llena de leche, poniendo cara de niña buena y al dejarla, unos minutos después me mandó foto metiéndose dedo rico en la panocha diciéndome que quería volver a verme, que necesitaba más de mi verga, su nueva adicción. Desde ese día, es mi puta personal, mi juguete favorito y no hay fantasía que no le cumpla ni día que no tenga la puchita caliente para ofrecermela.

  • Todo por sorpresa (parte 1)

    Todo por sorpresa (parte 1)

    Todo comenzó una tarde de cervezas con mis colegas. Ese día salimos pronto de la Uni, después de terminar el último examen del cuatrimestre, así que decidimos celebrarlo en nuestro bar de confianza.

    Yo soy una chica corriente, me llamo Vanessa, soy de origen puerto riqueño, pero he vivido toda mi vida en España, concretamente en Valencia. Soy una persona muy reservada y tímida, pero mis amigas son exactamente lo contrario.

    Mi amiga Jennifer empezó a hablar sobre unas siglas que decían algo así como «BDSM» y yo le interrumpí para preguntarle de que se trataba.

    -Jenni, nunca había escuchado sobre eso, ¿de qué se trata?

    -¡Pero qué dices Vane! ¿Nunca lo has probado?

    -Mmmh, ni siquiera sé que significan esas siglas.

    -Vane, mañana mismo te llevaré a mi local de confianza, te va a encantar.

    Yo me quedé absorta, tuvimos que ir tirando para casa, y me quedé toda la noche pensando en que serían esas misteriosas siglas.

    Al día siguiente me desperté con una llamada de Jennifer.

    -Vannesa! Estas preparada?

    -Ay Jennifer, me das miedo.

    -Tu tranquila, quedamos a las 20 h en mi piso, no te prepares mucho, porque te voy a prestar una ropa en específico, así que tendrás que cambiarte.

    -¿Como?

    Me puse unos tejanos y un top, me planché el pelo y me pinté los labios de color carmín, cogí mis auriculares y me puse a escuchar «Teléfono» de Aitana Ocaña.

    Llegué a su piso y nerviosa toqué el timbre.

    -¿Quién es?

    -Vannesa.

    -¡Adelante Vane!

    Me recibió con un traje de látex precioso, se veía a la perfección su silueta, esas caderas pronunciadas y esos pechos, dios mío.

    Le pregunté por que ese traje, y sacó su mano detrás de la espalda con otro traje igual.

    -Al baño a cambiarte guapa.

    -¿Qué?

    Una vez puesto, me miré al espejo, y me sentí completamente empoderada, sentí que no era Vanessa, era una versión de mí, que nunca había conocido.

    Sali del baño y Jennifer quedó boquiabierta.

    -¡Dios mío! -exclamo.

    -Te gusta lo que ves?

    -Estoy poniéndome cachonda Vane.

    -Jajaja, no seas tonta Jenny -Le dije.

    Después de unas risas bajamos al garaje a coger el coche, pusimos Lola índigo a tope para motivarnos, y empezó a conducir.

    Rápido llegamos al local, por fuera parecía un lugar serio, muy discreto para ser una «discoteca» o eso pensaba yo que seria.

    Entramos, usamos el guardarropa y fuimos a la barra a pedir unos cocteles.

    Jennifer se dirigió hacia una puerta, la abrió, y me dijo que pasase yo primero.

    Me quedé completamente fascinada, no podía creerlo.

    Jaulas con cerraduras y llaves, estanterías llenas de juguetes sexuales, látigos, preservativos y cosas que ni siquiera había visto jamás. Todo acompañado de una roja y tenue iluminación.

    Boquiabierta le dije a Jennifer:

    -Donde me has metido tía

    -Dale una oportunidad, te encantará -Me dijo. Aunque yo en ese momento quería que la tierra me tragase.

    Nos sentamos en unos sofás a terminar nuestro coctel, cuando me quise dar cuenta, estaba un poco mareada, y empecé a sentirme más comoda en ese ambiente.

    Mi sorpresa al ver que por esa puerta entraba Carmen, la mejor amiga de mi madre, no podía creerlo, torpemente traté de esconderme tras Jennifer, cuando noté una sedosa mano tocándome el cuello.

    -Que haces aquí Vanessa?

    Yo sentí un escalofrío, esa voz, ¿cómo podía estar pasando esto?

    Me giré y vi a Carmen, con un vestido rojo que marcaba minuciosamente cada centímetro de su cuerpo, llevaba un arnés con cadenas.

    -Carmen? Jajaja -Rei nerviosa- Mi amiga me ha traído a ver este local por sorpresa.

    -Yo suelo frecuentar mucho este sitio, sabes? -Dijo mientras acariciaba mi traje.

    «Me está tirando los tejos??». Pensé.

    Estaba completamente alucinada, nunca había mirado a Carmen con esos ojos, es la mejor amiga de mi madre ¡Joder!

    Continuará…

  • Historias de sexo en lugares poco convencionales

    Historias de sexo en lugares poco convencionales

    Con Jorge nos conocimos en la universidad. Ya hablé de él y de nuestro vínculo en mi relato “Noche de amor y sexo en la terraza”.  Quiero agregar que tuvimos un vínculo intenso, que no duró demasiado tiempo, pero en él hicimos cosas que jamás pensé que me animaría a hacer y que, hoy por hoy, tampoco me atrevería a repetir. Fue mi primer novio real. Me abrió las puertas de su casa, de su familia. Fue la única vez que pensé que algo podía durar para siempre. Igualmente, lo poco que duró, lo disfruté al máximo y hoy ocupa un lugar importante de mi corazón.

    Nuestra primera vez, no fue para nada romántica. O quizás sí, pero no de un modo convencional. Fue sobre el pasto, debajo de un puente. Habíamos ido a la casa de su abuela a conocer a su nueva prima. Estuvimos ahí un rato, pero mi falta de experiencia con familias de mis parejas hizo del encuentro algo incómodo, por lo que decidimos salir a caminar. Estábamos a tres cuadras de un rio, por lo que la travesía era algo interesante.

    Luego de caminar un rato, nos decidimos a sentarnos junto al cauce a contemplar la nada. Me cuesta mucho recordar cómo es que de estar sentados uno al lado del otro, pasé a sentarme sobre él, con su pija adentro mío. Pero trataré de hacer memoria.

    Llevábamos muy pocos meses de relación y estábamos en esa época en la que todo nos parecía lindo y nos excitaba. Antes de esa tarde, no habíamos tenido sexo, pero varias veces habíamos mantenido encuentros calientes en lugares poco convencionales. Nos veíamos todos los días, pero nos costaba dar el paso definitivo. Igualmente, nos divertíamos un montón.

    Desde la universidad hasta mi departamento, trayecto que no debería durar más de quince minutos a pie, solíamos hacerlo en más de una hora. Éramos de esas parejas que cada treinta metros paran a besarse, a tocarse un poquito. Y eso de tocarse fue lo que más nos encendía. No dejamos lugar de ciudad universitaria en el que hayamos estado a punto de pasar los límites. Había un lugar especial para nosotros muy cerca de la facultad de kinesiología. Había un árbol grande, medio oculto, pero muy cercano al paso de los peatones. En él me tocó por primera vez por debajo de la ropa. No fue planeado. Nos adentramos en ese sendero medio oculto y comenzamos a besarnos cada vez con mas intensidad. Primero sus manos optaron por manosearme por arriba de la ropa. Tetas, concha, mientras yo jugaba con el bulto que crecía cada vez más en su pantalón. Siempre me gustó usar remeras ajustadas, con escotes importantes. Entre tanto franeleo, una de mis tetas se escapó. Nos miramos fijamente por un instante, como evaluando la actitud del otro, hasta que sonreí. Jorge sacó mi otra teta de su escondite y comenzó a chuparlas, mientras friccionaba su mano libre fuertemente en mi concha, por encima del pantalón. Yo fui por más, y metí mi mano en el suyo, para encontrarme por primera vez con su pija. Ese primer contacto hice que me enamore de ella. Jamás desee tanto que me cogieran como esa primera vez, pero no pasó. Me agaché, la saqué de su escondite y me la comí. Quizás fue la tensión del momento y el miedo a ser descubiertos, pero lo hice acabar en menos de cinco minutos. Volvimos a besarnos apasionadamente, nos acomodamos la ropa, y seguimos nuestro camino.

    En el mismo lugar hubo varios encuentros similares, cada vez más intensos, pero sin llegar a una penetración, que era lo que más deseaba en la vida en ese momento.

    Otro lugar que fue muy importante en aquella época, fue en el parque Sarmiento. Por la calle Lugones, al lado de la pista de patinaje, existe un lugar al que nosotros llamábamos “la ciudad perdida”. Es un conjunto de estructuras y pasillos construidos con enormes y antiguas piedras. Si no me equivoco, son las ruinas del antiguo zoológico de Córdoba. Por ahí nos gustaba vagar, imaginar hechos sucedidos ahí en el pasado. El lugar, en pleno centro de Córdoba, pero bastante oculto para los transeúntes, al parecer, solía ser muy visitado por jóvenes. Las pruebas de ello era la cantidad de botellas de cerveza, cajas de vino, cigarrillos y preservativos (condones) que estaban por ahí dispersos. Eso nos daba gracia y, por otro lado, nos excitaba. A pesar de esos encuentros calientes, nunca habíamos hablado acerca de concretar el asunto. Y la verdad no recuerdo el porqué, ya que hablábamos de absolutamente todo. Bueno, de todo todo, parece que no. Pero creo que el hecho de haber dejado que todo fluyera, fue un extra para aquella ansiada primera vez,

    En la ciudad perdida, Jorge me chupó por primera vez la concha. Íbamos y veníamos, por los pasillos, nos reíamos, nos besábamos. Él me tocaba cada vez con más fuerza, con más ganas, con más deseo. Yo no me quedaba atrás, pero me gustaba jugar a histeriquearlo un poquito, lo que a él le encantaba. Esa vez, además de una remera rosa súper ajustada con escote hasta el ombligo, llevaba una mini falda negra de jean. Me apoyó contra una de las paredes de la vieja construcción y metió su mano entre mis piernas. Solo que esta vez, corrió mi tanga y empezó a jugar con los labios de mi conchita. Estaba súper mojada, lo que lo incentivó aún más. Luego de un rato de eso, me levantó como a una niñita y me sentó sobre la piedra. “Tengo hambre”, me dijo. Y sin esperar respuesta, me empezó a chupar la concha. Jamás en la vida me besaron así de rico. Sus labios, su lengua, sus dientes mordiendo despacito… era como si toda mi vida hubiese esperado ese momento. Varias veces le dije “basta”, pero no porque no quisiera que eso suceda, sino que el temor a ser descubiertos en esa situación era algo extraño e incómodo. Pero él siguió, y hoy lo agradezco. En algún momento olvidé todo y me dediqué a disfrutar. Si alguien hubiese aparecido en ese momento, se hubiese encontrado con una chica recostada sobre la roca, apretándose las tetas, gimiendo de placer, mientras un chico le chupaba la concha mientras se masturbaba. “Voy a acabar”, dije en un instante, lo que hizo que el ritmo de la chupada se vuelva mucho más intenso. Acabé, acabó él. De un salto bajé al piso y nos besamos con las mismas ganas que al principio.

    Escenas similares se sucedieron en el mismo lugar, como así también detrás del escenario que está en medio del parque Sarmiento, o junto al lago. Hasta que por fin pude sentirlo adentro mío.

    El sol estaba cayendo y la brisa de otoño era hermosa. El sonido que hacia el rio al correr bajo nuestros pies era arrullador, por lo que nos recostamos sobre la hierba a disfrutar. Estábamos demasiado calientes. Empezamos a besarnos, a acariciarnos, quizás, creyendo que una de esas extrañas sesiones de amor estaba a punto de suceder. Y así empezó. Besos, manotazos, roces. Pero fui yo la que fue por más. Estábamos recostados a la par, él me chupaba las tetas, yo le hacia una paja. Jamás había sentido su pija tan dura, hasta el momento. Por lo que decidí no pensar y ponerme en acción. Lo aparté de un empujón, me quité el pantalón, la tanga y lo monté. Sentir por primera vez la firmeza de su pija adentro mío es un recuerdo que todavía conservo con intensidad. Empecé a cabalgarlo despacito, con movimientos circulares y profundos. Me quité la remera y el corpiño y bajé para besarlo, sin dejar de moverme. Cuando aparté mi boca de la suya, pude contemplarlo por primera vez de manera real. Estaba ahí, indefenso y hermoso, disfrutando de mí. Y no lo pude evitar. “Te amo”, le dije. Pasaron tres segundos que para mí fueron tres años, en los que imaginé un millón de escenarios en los que era rechazada. Solo tres segundos le bastaron para responder: “yo también te amo”, me dijo.

    Las lágrimas que me inundaron los ojos, pero que no permití salir, me incendiaron el alma y el cuerpo, convirtiendo a mis primeros movimientos del principio sobre su pija, en una danza desquiciada. Sentí de repente una gran explosión adentro mío. No era mi corazón estallando de amor, pero fue algo similar. Una tremenda carga de semen me inundó la concha, mezclándose con esos jugos que venía largando yo desde la primera vez que me tocó una teta. Caí extasiada sobre su pecho, buscando su boca, para compartir el beso más agitado, dulce y placentero que nos dimos jamás. Quedamos así por largo rato, hasta que notamos que ya había oscurecido bastante y una suave llovizna con acariciaba indiferente.

    Nos vestimos despacio, en silencio, sin poder dejar de contemplarnos, sonrientes. Habíamos roto un límite, y eso nos liberaba muchos tabúes internos que ni siquiera nosotros sabíamos que cargábamos. De ahí en más, todo fue disfrutarnos. Hasta esa bendita noche en la que todo estalló entre nosotros, sumergiéndonos en un terrible Waterloo que nos haría alejarnos para siempre. Pero eso es material para otro momento.

  • Quizás seas tu

    Quizás seas tu

    Creo que es una historia interesante esta que me animo a compartir hoy, a petición de la perrita que la compartió conmigo, y será protagonista de futuras experiencias, pero esta, que ha sido nuestra primera sesión es el objeto de este relato.

    Aunque soy un hombre dominante, no lo llevo al extremo de otros autores que he leído, que se jactan de un dominio a diario, ni me va el cuero, no me gusta ponerme máscaras, menos aún la máscara de cuero que llevan algunos en los vídeos sado, de hecho, no disfruto el sado extremo, no hay placer para mí en torturar y provocar gratuito dolor, en resumen, dentro de mi experiencia, la dominación, para mi, es un ejercicio de confianza, dónde es la sumisa quien tiene la parte más importante bajo control, si ella no confía absolutamente en el amo, no habrá obediencia y entrega. Si el amo quebranta la confianza, la sumisa se irá, se rozan los límites, se elevan los niveles, pero no se irrespeta la confianza.

    Después de esta introducción te cuento que paso…

    Siendo un dominante con experiencia, he estado algunos años dedicado a la familia, trabajo, vida normal, pero esa “venilla” seguía por allí latente, una comezón en un rincón de la mente, para calmarlo, me reactive en un foro especializado en este tipo de encuentros, con una foto de mi rostro en un día de americana, y un perfil breve, directo y claro.

    Entre las personas que me contactan, hay muchas curiosas, o profesionales en busca de dinero por sus servicios, apareció una con rostro tierno y angelical, divertidísima, madre de dos hijos, residente en otra provincia, habría que hacer kilómetros si las conversaciones avanzan, tal como hicieron, dejé claro que sería una relación de sumisión, y ella tuvo que revisar qué coño había pasado, dónde se había metido… no tenía ni idea, por lo visto algún amigo muy liberal le había pasado el dato de la web, ella entró, vio la foto de un hombre guapo (o eso dice ella) y quiso conocerlo, de hecho volvió a entrar en la web para leer mi perfil, como NO había hecho, y entonces sí que comprendió que la esperaba, pero había buen rollo entre los dos, y ella deseaba nuevas experiencias, así que avanzamos.

    Vía chat empecé a dominarla, con órdenes sencillas, como saludar y despedirse, asumir que sería llamada perrita, puta, esclava, que se dirigiría a mí como señor o amo, que habría de enviarme las fotos que fui demandando y asumiendo las posiciones que exigí… desde el comienzo hemos tenido dos vertientes claras, leales amigos cuando hablamos fuera del rol, amo firme y perra obediente, cuando empiezan los juegos.

    De piel clara, rolliza, sonrisa fácil y un extraordinario coraje personal, ganó mi confianza, obedeció mis peticiones, y mereció el desplazamiento de su amo. Así que improvisadamente me metí 150 km en cuanto se levantaron restricciones y se permitió el movimiento, y me planté en su local, un espacio de restauración en un local que otros habían dejado por imposible, y ella, trabajadora como pocos, levantó y hace crecer cada día.

    Solo era un acercamiento, una Coca Cola, en una mesa desde la que observé sus movimientos, su cuerpo, pechos grandes, cadera generosa, un culo que sería un placer azotar… aunque tuvimos breves momentos para conversar, fue una charla amable, discreta, educada… ella tiene pareja, vecino de la zona, no había por que alterar su vida diaria, esto era su deseo secreto…

    Como amigo me invitó a conocer la cocina, los rincones interiores, el personal que se movía por allí, hacía imposible cualquier intento de nada, sin embargo, entre la cocina y la barra había un pasillo, solo usado por el personal, que no era mucho aquella tarde, así que en el momento exacto en que lo atravesaba para salir, me giré la sujeté de la nuca y la hale hacia mí para comer su boca, que respondió hambrienta, y deslizar mis manos palpando, apretando con firmeza sus buenos pechos, una delantera potente, tenéis mi palabra. Fue solo el abrebocas, marche sabiendo que la perra había disfrutado el pasabocas, hambrienta esperaba más.

    Unas semanas después regresé, me senté en el local, esperé paciente, ella estaba intranquila, nerviosa, la veía rematar pendientes, era el día que vendría a un habitación de hotel para ser mi sumisa… salimos, subimos a su coche, es de Europa del Este, así que mientras conducía me concentré en ver sus facciones… y apretar sus pechos…

    Menudo corte le dio llegar al hotel discreto, y encontrar a una paisana atendiendo la recepción, dudo, de nuevo nos tomamos una Coca Cola, y nos sentamos fuera por un momento mientras ella superaba la vergüenza, mientras estábamos allí sentados (me lo ha contado luego), me observaba llena de nervios, tenía miedo de una experiencia que no conocía, tenía miedo que mi vena dominante la atropellará, incluso tuvo miedo de no satisfacerme, pero el deseo fue más fuerte, nos registramos, así que subimos, y se rindió a su amo.

    Lo primero que hice fue orientarla contra la pared, sometiéndola, mientras mis manos recorrían su cuerpo, despojándola de su ropa, su cara se torcía por encima de su hombro derecho para corresponder mi boca, mis labios, mi lengua juguetona, mi cuerpo hacía el resto, siendo más alto, y ancho de espalda, la presión de mi cuerpo la mantenía en su sitio sin escapatoria, solo sentir, retorcerse, besar y susurrar: sí amo, cuando yo mismo soltaba en sus oídos: has venido hasta aquí para ser perra y esclava.

    Desnuda y rendida la lleve con firmeza hasta la cama, dónde se puso a 4 patas, altura justa para azotar sus nalgas abundantes, y penetrar su sexo, empotrándola sin miramientos, recuerdo que su rostro estaba enterrado en las sábanas y su manos apretaban tanto como podía abarcar, mientras tanto yo disfrutaba empotrar, retiraba mi cadera y volvía de nuevo a la carga, haciéndola clamar: ¡¡Ah!! Cada vez que empujaba con fuerza la cadera hacia delante.

    Me retiré, agarrándola del pelo hacía mí para que girará y se pusiera de rodillas junto a la cama, era el turno de enseñar cómo agradece el miembro de su amo, forcé un poco su boca, dejé que disfrutará la mamada, también retiré mi miembro venoso por momentos para ponerlo entre sus pechos, enormes, se perdía en medio de ellos, pero tenía ante mí una perra entregada, apretándola con sus pechos, iba de arriba – abajo con dedicación, y quitaba los pechos cuando ponía la mano en su cabeza, no hicieron falta palabras para que entendiera que era cuando le tocaba tragársela hasta el fondo de su garganta.

    La subí a la cama, boca arriba tendida de lado, de modo que mi mano izquierda llegaba a su sexo, húmedo, excitado, mi mano jugaba mientras yo seguía de pie ante la cama y ella, de medio lado, hacía su mejor esfuerzo por seguir comiéndomela: ensalivara bien, le ordené. Buena perra, se esmeró a consciencia.

    Lento me retiré, me dirigí a tenderme sobre ella, penetrándola a misionero, estaba encantada, en la gloria, gemía, sudaba, explotó aún más cuando me puse de rodillas ante ella y sujeté sus piernas hacía su pecho, sujetando con fuerza bajo sus rodillas y empujando sin delicadeza en su vagina… aunque solo era un pasatiempo; me retiré, dirigí la cabeza de mi pene a la entrada de su ano, se sobresaltó, no lo había experimentado muchas veces… Aquí es muy importante indicar que un buen amo es observador, si no sabes interpretar su cuerpo y sus señales puedes perderla… noté sus nervios, pero también su excitación, así que volví a penetrar su coñito para recoger más humedad y lubricación, entonces sin ternura, pero sin vacilación, puse mi pene en la entrada de su culo, y empujé sin ceder un ápice… hasta que su anillo cedió y mi polla entró despacio, sin prisa, enterrando cada centímetro de carne en su apretado culo, follándolo, empujando mientras sus gemidos y su humedad en la vagina mostraban como lo estaba disfrutando.

    Ahora fue diferente, pierna izquierda en alto sujeta por el tobillo con mi mano, mi mano derecha masajeando su clítoris, mi polla en su culo, dilatándolo, su pierna derecha extendida en la cama, aumentado su apertura y su disposición al máximo, allí estuvimos hasta que su orgasmo llegó, el mío se aproximaba, y fue cuando confirmé mis siguientes pedidos: a partir de ahora este culo es solo mío, y lo usaré cuando me dé la gana… a tu pareja nunca más… – Conforme, amo. (fue su respuesta)

    Con su aceptación y entrega de “propiedad” ya no aguante más, mi orgasmo explotó, llenando su culo de mi corrida, espesa y abundante, agh, como lo disfruté… Ella quedó rendida y yo me tumbé a su lado para recuperar el aliento.

    La verdad es que me recupero rápido, así que ambos tomamos una ducha, listos para el segundo asalto, ya no habría sumisión, era el momento de los mimos, así que regresamos a la cama, a besarnos, mientras yo acariciaba sus pechos abundantes, sus muslos, su coñito, recorría su cuerpo y ella mi espalda, mis nalgas, mis brazos, de nuevo a misionero.

    Ahora la penetre por el coño, poco a poco, acoplándonos, disfrutándonos, mimándola y acompañando sus caderas que empujaban hacía abajo al compás de mis empujes hacia delante, estaba excitada, mojada, tuvimos momentos en que costaba mantenerla dentro ante su humedad, este era un segundo asalto tierno, delicado, aunque su ardor no bajaba, así que empecé a penetrar con más fuerza, más intensidad, con empuje hasta explotar en su orgasmo fuerte… que terminó de echarme de su cuerpo con tanta humedad, a la vez que el placer que veía en su rostro confirmaba su deleite…

    Llegaba el momento de volver a la realidad, nos vestimos, regresamos, ella entró a su local, donde su familia llegó por sorpresa a celebrar su cumpleaños, a mí ella me había “soplado la vela” que daba gusto… yo seguí caminando hacía mi coche, de vuelta a casa, sin que nadie supiera quién era yo, ni que ella venía con una sonrisa de haber sido mi puta y mi perra de culo abierto…

    PD. He compartido este relato con su coprotagonista, cumplía mi promesa, recordar aquellos detalles ha sido especialmente valioso: se ha sentido respetada, valorada, a la par que sometida, ansiosa espera por nuevos encuentros y experiencias más intensas, ya habrá tiempo para juguetes y quizás una mujer más en la sesión.

    Espero que os guste y dejar algún comentario… es gratis.

  • Queriendo olvidar (capítulo dieciocho)

    Queriendo olvidar (capítulo dieciocho)

    En el pueblo no me fue difícil dar con William que sorprendido me saludó porque estaría convencido de que me quedaría con Luis. Le conté que lo sabía todo y le pregunté por qué no me lo había contado.

    – ¡Mira, cosita rica, tú tienes un problema! Siempre lo has tenido y es que te enamoras. – sentenció – Entre maricones y bugarrones no hay amor, hay solo singueta. No sé, pero no funciona, escúchame, no funciona el querer ser la gente o la pareja o la mujer o el marido de alguien, eso no funciona.

    – Pero… – intenté protestar.

    – No, no hay peros que valgan. Es muy simple, esto es para gozar, singar y ya.

    No compartía la idea de William, él tenía más años que yo, estaba en esto desde hace mucho y tenía, por supuesto, más calle que yo pero no podía aceptar aquel orden.

    – Mejor te hubieras quedado con el Caballo, allí tenías pinga a tope. Olvídate de ese Coque por el momento, ya esa pinga volverá a ti… – trató de calmarme – ¿Qué quieres hacer? ¿Para qué has venido?

    – ¿Por qué me ha hecho esta mierda?

    – Mira, culo, no cojas lucha con eso…, ¿qué vas a hacer? Ya todo está hecho…

    – Pero, pinga, ¿por qué no me lo dijo?

    – Ja, ja, ja … -rió William – ¿Qué te dije una vez? Te lo repito, tú eres maricón y los maricones están para eso, para que le den por culo, para que lo usen y chuleen, para mamar, para sacar leche a los machos…y ya. ¡Te lo dije y mételo en la cabezota esa! Coque te dio morronga y leche a montón, pues ya ¿lo gozaste? ¿Dime?

    – Coque me decía otra cosa…. – protesté yo.

    – No, no, maricón, el negro te decía lo que tú querías oír que es diferente. A ver, ven, … vamos…

    Me pasó el brazo por el hombre llevándome hacia el baño de La Placita, nos fuimos alejando de la claridad de la única farola de la parada, él me cogió la mano para que le cogiera la pinga. El muy cabrón ya la tenía dura. Entramos al baño que la parecer lo habían limpiado porque no apestaba. Fuimos a la última cabina, William me hizo bajar el pantalón y darme la vuelta. Iba a ir al directo. Escuché como se escupía la mano y sentí ensalivar mi culo, poner su pinga y meterla sin detenerse. Jadeé al sentirla de nuevo, mil veces me había singado pero siempre me provocaba aquella sensación de que me partía en dos. Pero él era el maestro, sabía cómo hacerlo y cómo dar placer. La sentí entrar, sentí como me cogía por la cintura y apretaba, eso quería decir que le gustaba. Yo apoyé los brazos en la pared y él me singó a lo macho, sin parar, apurando para venirse. Se vino, sentí como rugió y sus dedos se clavaron en mis nalgas. Sacó la pinga pero me dijo “quédate así”, alguien se puso detrás y metió su pinga. William me estaba chuleando como acostumbraba. No sabía quién era y aunque me hubiera vuelto, no habría visto nada con la oscuridad. El tipo que me singaba lo hacía con fuerza, al rato sentí que se estaba viniendo, respiré sabiendo que terminaría, lo escuché casi gritar mientras empujaba duro, pero no paró, siguió singándome. Su pinga seguía tan dura como al principio, siendo la segunda vez fue largo. Se pasó un buen tiempo dando pinga a su antojo hasta que se vino y entonces sí la sacó.

    Cuando volví la cabeza solo pude ver una silueta que salía por la puerta donde había más claridad, en ese momento sentí que alguien me abrazaba y presionando la nuca me obligaba a ponerme como antes. Era otro, otro más me estaba ya dando pinga a su antojo. Por el entrepierna sentía como chorreaba la leche que salía de mi culo, leche caliente. Escuché a William hablar con alguien, al parecer había allí otro. De pronto se vio la claridad de la llama temblante de un fósforo, olí el humo de un cigarro y otra mano que tocaba mis nalgas. El que me singaba terminó y se fue, me quede en la misma posición que estaba. El que fumaba empezó a acariciar mi ojete ya singado y lechoso, se me escapó un peo y la leche salió, pero la cogió con su mano y me la metió de nuevo. Después metió la pinga que resultó ser gorda y agarrándome por los hombros me singó empujando como tratando de demostrar que era el macho en aquella situación. Cuando terminó se limpió su pinga en mis nalgas y se largó.

    Me vestí y salí, afuera en el banco al lado de baño estaba William junto con alguien que por la oscuridad no lo veía, fumaba, al parecer fue el último que me había singado.

    – ¡Mira, culo! ¿Sabes quién es? – me dijo William.

    – No, como estaba yo, no pude verlo. – bromeé.

    – Pues mejor, vamos para su casa…vive aquí cerca…

    Salimos del parque oscuro, en la calle pude ver quién era. No lo conocía, llevaba un pantalón ancho y una camiseta blanca muy ajustada, tenía un bigote fino y tendría unos treinta y pico de años. Se le veía machote, fumaba a lo macho, muy varonil. Cuando llegamos a la esquina, William se despidió como acostumbraba y nosotros entramos en una casa que había visto mil veces pero nunca me había imaginado que allí viviera un bugarrón. Nada más entrar y cerrar la puerta de la calle, me atrajo para besarme, abrazarme y meter su mano por mi pantalón para llegar a mi culo, me lo acarició.

    -¡Mami, qué rico lo tienes! ¡Y mojadito como me gusta a mí! – me dijo mirándome a los ojos.

    – Papo, voy a tener que ir al baño, ya tengo el calzoncillo mojado…

    – ¡Bah, déjalo así! Lo tienes lleno de leche…¿te gusta?

    – ¿Qué?

    – Pues tener el culo lleno de leche…

    -¿Te dio la impresión de que no me gustaba?

    – ¡No, que va! – de nuevo me besó – al contrario, me di cuenta que lo disfrutas de verdad. ¿Sabes lo que me ha gustado de ti?

    – No sé…dímelo tú.

    – Pues que no eres como los demás mariquitas que nada más de meterle la pinga empiezan a lloriquear y a quejarse, vi que lo gozas mucho ¿me equivoco?

    – No, papo, no te equivocas, a mí me gusta que me den pinga, que me den leche y que me vuelvan a dar pinga…

    Se desnudó en nada y yo lo seguí, se sentó en el sofá invitándome a sentarme sobre su pinga. Cuando intenté hacerlo se me escapó otro chorro de semen. Tenía el culo que no podía más. Él cogió la leche y la uso como lubricante, me senté en su pinga mirándole a los ojos. Nos besamos con pasión cuando me senté completamente.

    – Mami, no te preocupes si se te sale la leche, yo te voy a llenar de nuevo ese culito.

    Yo apoyándome en las rodillas empecé a moverme, mirándolo, besándolo.

    – ¡Eso es lo que me vuelve loco! Pero cómo te gusta la pinga, …cojones, …tú eres el maricón que estaba buscando, ¿pero dónde estabas antes?

    Nos quedamos allí en el sofá, yo sentado sobre él moviéndome de arriba a abajo, él con los ojos en blanco mordiéndose los labios, jadeando.

    – ¿Te gusta? – le pregunté sabiendo su respuesta. – ¿Quieres que te saque la leche así?

    – ¿Vas a poder hacerlo? Mira que ya te di leche, ahora me voy a demorar…-me respondió coqueto.

    – Déjame que te saque la leche dando culo…

    – Pues dale culo a esta pinga, es tuya, mami…

    No dejábamos de singar, de acariciarnos, de mirarnos, de besarnos. Me sentía bien con aquel tipo que no había visto antes o que ni recordaba haberlo visto. Me tenía allí, clavado y yo dando cintura sobre él, y él gimiendo de placer. Cuando sentí al rato largo que sus dedos se clavaban en mis nalgas, supuse que era el momento que iba a venirse e intensifiqué mis movimientos. Él se vino rugiendo esta vez, apretándome contra sí y yo me vine también de lo caliente que estaba. Nos besamos con fuerza.

    – ¡Uf, qué rico!¡Cojones!, ¿te has venido solo sin pajearte?

    – ¡Sí, macho, me has singado tan rico que me vine solo!

    – ¡Bueno, yo ni me he movido, has sido tú! Pero eres el mejor, se te puede dar pinga y no hay que hacerte la paja, te vienes solo…, eres como una jeba, le das pinga y se viene.

    – Ya te dije que me gustaba… ¿o se te ha olvidado?

    – ¡Qué va! Esto no hay quien lo olvide…., vi cuántos te singaron en el baño y tienes aguante…¡Mira que he singado mariconcitos y todos se ponen a quejarse! Mira, ¿ves? La tienes adentro todavía y ni sacártela piensas…

    – ¡Papo!- lo besé- Es que siento que se te ha quedado dura después de haberte venido dos veces…

    – Yo puedo más…, solo tienes que pedir.

    En respuesta me levanté sacando su pinga y me acosté en el sofá con la piernas abiertas y levantando las nalgas en una clara invitación. Él me acarició las nalgas, pasó un dedo por mi culo húmedo y dilatado, se incorporó y empezó a besar mis nalgas, abriéndolas empezó a lamer mi culo. Me giré para verlo, me miraba, alzó la cabeza, tenía el bigote lleno de semen. Se puso sobre mí y metió su pinga, se acostó sobre mí suavemente para besarme. No era solo un beso, me daba la leche que había recogido de mi culo. Nos besamos como locos, como hambrientos animales. Me abrazaba, besaba, mordía, suspiraba a mi oído y me murmuraba muchas cosas, me decía “qué culo más rico”, “te quiero, te quiero”, “puta maricona”, “te voy a reventar de tanta pinga”, …, iba de frases soases a pasionales, y sin dejar de moverse suavemente y yo en el séptimo cielo de tanto goce. Se vino dos veces, yo solo una, repitió cada vez la misma operación que había hecho antes, se venía y sacaba su pinga, me comía el culo con la lengua y en un beso me daba su semen mezclado de saliva. Antes de quedarnos dormidos conversamos, me dijo que se llamaba Benito, que hacía poco que vivía allí, que antes vivía en Marianao pero por cosas del trabajo se había mudado paras el pueblo. Me propuso lo que antes me había propuesto Luis, El caballo, y que antes tantos me lo habían dicho. Le conté lo que había pasado, no tenía intención de ocultar la verdad aunque no quería que me tuviera lastima por lo que me había hecho Coque.

    – ¡Mira, no nos conocemos! Desde ayer estamos singando y me gustas, y creo que yo también te gusto. Así que no veo ningún problema en que sigas con el de Güira o con William o con quien desees, … eres tú quien tiene que decidir qué vas a hacer…

    – Pero…

    – No me digas nada- me besó- a ver, te conocí en ese baño público donde te estaban singando por turno gente que ni viste siquiera, no te juzgo, yo te singué…, lo que pasa es que me has gustado y lo que te propongo es que vengas de vez en cuando o todos los días, ya se verá quién eres y quién es tu macho. Pero antes de que me digas que quieres ser mi jeba, primero me tienes que conocer. ¿Probamos a ver si nos funciona?

    Yo lo abracé, después lo besé y me arrodillé para empezar a chuparle la pinga. Le dije que quería mi leche matutina, él sonrió y se dejó mamar, suspiraba, gemía al rato me dijo que quería singarme pero le dije que no, que yo quería mi leche de desayuno, después si quería podría singarme. Le mamé hasta que se vino en mi boca mientras gritaba y me agarraba la cabeza para que no devolviera su pinga de mi boca. Alguna gota cayó al suelo, la lamí. Me levanté, lo besé y me volví ofreciéndole mi culo. Se ensalivó la pinga y me la metió allí de pie en la cocina. Hicimos el amor a lo macho pero con pasión. Después desayunamos y yo me fui antes pues él tenía que prepararse para ir a trabajar. Me dijo mientras me daba un beso “ a las ocho ya estoy en casa”.

    Sabía a dónde tenía que ir para saber todos los detalles, encontré a la persona indicada, un viejo bugarrón que vivía cerca de Coque. Lo conocía pero nunca había tenido que pedirle un favor. Yo lo tenía claro que ir a su casa y pedirle que me contara lo que sabía no me saldría gratis. Me mandó a entrar medio sorprendido, pero cuando escuchó lo que quería la cara arrugada se le iluminó, no tardó ni un segundo en proponerme “te lo diré todo cuando te meta la pinga en tu culo”. Me hizo pasar al cuarto, me desnudé y me acosté en la cama boca abajo. Se desnudó y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi culo, lo lamía, lo besaba, lo mordía. Después se acostó sobre mientras besaba mi nuca.

    -¡Mami, sientes lo que te espera!

    – Sabía que tenías buena pinga, eso lo saben todos…

    -Te voy a dar por culo mucho, hace un montón que no singo….

    – Pues dale, aprovecha…-le dije yo

    Sentí como ensalivaba mi ojete y ponía su pinga que a pesar de los años estaba dura. La metió suave, disfrutando lo que hacía. Se dio cuenta de que me habían singado antes, me lo dijo, yo le confirmé para que se sintiera mejor o se desanimara, pero siguió prometiendo que me llenaría de leche el culo. Al rato sentí que se venía, jadeó, gimió, pero no sacó su pinga por el contrario siguió como si nada en busca de una segunda vez. Fue cuando empezó a hablar, me dijo de la boda, de la celebración, de que se habían ido a un hotel en Varadero a pasar la luna de miel. Después cambiamos de pose, yo me senté encima, pero como no me gustaba, terminamos de nuevo en la misma pose de él encima. Cuando se vino por segunda vez, me besó toda la espalda, el culo a la vez que le daba lengüetazos.

    – ¿Quieres un consejo?-me dijo, yo asentí.- Mira lo mejor que haces es olvidar al negro…, sé para qué me has dado el culo, para saber dónde está ¿Y eso que resuelve? Él estará allí con su mujer, tú allá no tienes cabida. Ese tipo no sirve.

    – Pero, …

    – Los jóvenes están alocados, sienta cabeza y no te juntes con gente que no sirve. ¿Quieres hacerle sentir mal? Mira, solo te vale venir aquí y que él piense que te estoy singando, eso le va a doler más que un escándalo. Te lo digo, no comas mierda. Piénsalo bien…, machos que quieran darte pinga vas a tener a montones aquí. Sé que te gusta el negro, sé que tiene una morronga de lujo…pero no está para ti.

    Hablamos bastante tiempo, no era tan vulgar como parecía, me daba muchos consejos. Me hizo café, tomamos, hasta nos reímos un poco. Cuando me despedí, me dijo con sinceridad.

    – ¡Me gustaría singarte pero queriéndolo tú.

    – Algún día.- le dije yo a modo de despedida.

    Por la noche después haberme bañado, salí pensando que iría a casa de Benito pero al pasar por la parada de guaguas, coincidió que venía la de Güira y sin pensarlo me subí rumbo a casa de Luis. La guagua me dejó en la entrada de la finca, había tremenda oscuridad, pero se veía algo y sobre todo la casa, el portal alumbrado. Hacía fresco y la brisa era agradable. A mitad del camino los perros comenzaron a ladrar y Luis salió al portal, me alegró verlo, tan robusto y machote, con su tabaco en la mano. Salió del portal para ver mejor, los perros se me acercaron meneando los rabos, me habían reconocido.

    Luis me recibió contento, con esa sonrisa franca que tenía. Me tendió la mano, un gesto bien machote y nos fuimos adentro, cerrando la puerta me atrajó hacia sí, me abrazó besándome fuerte. Me gustaba su olor a tabaco, su saliva y hasta su sudor me atraía. Metió su mano por mi pantalón en busca de mi culo, suave, como deleitándose del momento. Nos mirábamos y nos besábamos al mismo tiempo.

    – ¡Bueno, lo tienej ahí y rico como siempre!- me murmuró al oído haciendo alusión a que sabía que había singado la noche que había estado fuera.- ¡Ejpero que te haigan trata´o bien ese culito!

    Empecé a contarle lo que había pasado pero no pude continuar porque ya se había sacado la pinga y me había presionado los hombros para que me arrodillara delante y empezara a mamar. Volví a sentir el sabor salado de su pinga, el olor de sus cojones. Me gustaba el muy cabrón.

    – ¿Qué me estabas diciendo?- me preguntó, pero no dejó que dejara de mamar su pinga- bueno, mamando no podrás contarme mucho.

    Yo asentí con un movimiento de la cabeza mirando hacia arriba y con la pinga en la boca. Eso nos gustaba a los dos, él lo disfrutaba y yo igual. Estuvimos así mucho tiempo, me pareció que buscaba venirse en mi boca, que le sacara la leche mamando y al rato me dijo que le sacara hasta la última gota. Lo sabía, su actitud ya lo descubría.

    – ¡Traga, uf, traga, maricón!- grito al venirse, y yo tragué algo y escupiendo un poco del semen le lubriqué la pinga.

    – ¡Métemela ahora que sigue dura!- le dije mientras abría mis nalgas.

    Luis lo hacía bien, el guajiro tenía aguante y fuerza, la pinga seguía como si nada hubiera pasado. Me la metió sin ceremonia alguna, directo, hasta el fondo. Suspiró, me abrazó.

    – ¡Cojones, mi vida, qué culito máj caliente! ¡Uf, te habrán da´o mucha caña ayer, pero lo sigues teniendo rico!

    Nos fuimos al sofá donde nos dejamos caer abrazados. Me abrazaba con una mano, con la otra sostenía el puro y daba bocanadas enormes.

    – ¿Sabes? Nos quedamoj un rato así, no te voy a singa…, dentro de una hora, maj o menoj, vienen unoj amigos a jugá dominó.

    – No pasa nada, mi amor…, ya singaremos después.

    – …o te singamos los cuatro por turno…, claro, sí tu quiere.

    – Tú eres quien manda, yo no te niego nada a ti…

    – ¡Mi vi´a, ejte que está aquí sabe lo que le gujta a usté!…pero a vel, cuéntame…

    Yo empecé a contarle todo, todo, porque sabía que le interesaba y más teniéndome clavado con su pinga dura. Le fui contando lo de William en el baño público, lo de Benito y después como fui al vecino de Coque al final me puse algo sentimental, casi se me salió un sollozo mientras me preguntaba por qué me hacía aquello. Luis empujó su pinga como diciéndome que pensara en lo que tenía y no en lo que no tenía. Me besó, un beso largo con sabor a tabaco.

    – ¡Mi amol, mira cómo te tengo! Deja de pensal en ese mielda….tú valej mucho.

    De verdad que me hacía sentir bien, era un tipo rudo y tierno, iba a lo que le gustaba sin miramiento alguno. Me besaba continuamente, me acariciaba y a cada rato me hacía sentir que me tenía cogido, se movía con suavidad o con su mano tocaba el borde de mi ojete lleno de su pinga gorda. Él sabía lo que me hacía sentir, yo me erizaba, gemía.

    – ¡Te quiero! Te quiero mucho…- le dije.

    -¡Pue pi´e pol esa boca!- me susurró al oído- ¡dale, pide…!

    – ¡Quiero la leche de mi marido!

    La respuesta la esperaba, me hizo acostarme sobre el sofá y empezó a singarme duro, como si fuera la última vez o como si hiciera un montón de tiempo que no singaba, se agarraba de mi cintura y bombeaba mi ojete provocando mucho gusto. Y así bastante tiempo hasta que sentí sus bufidos y sus manos apretando duro, se venía como un animal. Me dejó contentó, cayó sobre mi espalda, me besó muchas veces. Cuando se venía se volvía más tierno de lo que comúnmente era. Sacó su pinga todavía tiesa, de mi ojete dilatado se escapó el semen.

    – ¡Qu´date así, mami!, de´cansa un poco que cuando vengan loj socioj, ya velás! -me dijo mientras se ponía el pantalón y salía al portal a esperar a sus amigos que vendrían a jugar dominó. Al rato escuché el ruido de un tractor que se acercaba y los ladridos de los perros. Escuché las voces, los saludos, como se sentaban a la mesa, intercambiaban chistes, bromas- ¡Oye, Pepe, ve adentro y trae unaj ce´vesas!- dijo Luis.

    Pepe entró y se quedó como petrificado, se acercó y pasó su mano por mis nalgas, bajó por la raja hasta llegar al culo. Palpó mi ojete recién singado por Luis, se arrodilló y abrió mis nalgas con sus manos para ver mi ojete lleno de leche.

    – ¡Coño, pero si lo tienes chorreando leche!

    – ¡Si quieres puedes llenarlo de nuevo con tu leche!- le dije.

    Pepe al contrario de lo que pensaba, llamó a grito a los demás que entraron entre risas y bromas. Pepe seguía embobado con mi culo que escupía y lamía mientras murmuraba que le gustaba, pero muy rápido ya estaba metiendo su rabo en mi culo. Alguien ya se había plantado delante de mí blandiendo su pinga negra para que se la mamara. Alcé la vista para mirarlo, no lo conocía, tenía bigote, era negro. Me sonrió y con una mano me acarició la cabeza hasta llegar a la nuca para terminar presionando para que me tragara todo el rabo. A mi lado apareció una tercera pinga, gorda y cabezona. Nos sabía dónde estaría Luis, hasta que aprovechando un respiro pude verlo en un sillón sentado mirando. Estaba desnudo, con la pinga tiesa, las piernas abiertas, fumando su puro. Nos miramos, él se adelantó y me dijo que miraría todo, que ya después me singaría. Volvió a su sillón dejando a sus amigos desahogarse conmigo.

    La tanda fue larga, uno de ellos se vino muy rápido pero los otros dos se demoraron una eternidad. Ya había dejado de sentir algo, supuse que por la dilatación de aquellas singadas sin pausa que estaba recibiendo. No iba a protestar, cumplía con lo que le gustaba a Luis, mi macho y con lo que tanto me encantaba a mí. Me sentía agotado, allí quedé en el sofá mirando a mi hombre que me sonreía.

    Luis se levantó dejando que los otros se sentaran para mirar, se acercó, me besó mientras me preguntaba si me sentía bien. Con su mano recogió un poco de semen que se había derramado y me la dio para que me la tragara. Aquello provocó exclamaciones en sus amigos. Luis siguió recogiendo la leche que me iba saliendo y me la daba, yo le chupaba los dedos. Sabía que le gustaba mucho. Al rato me abrió las nalgas y empezó a lamer mi culo recién singado, después les dijo “ejto ej lo que vuerve loco a los mariconej” y tenía razón, sentir su lenga, los pelos de su barba y bigote me gustaba mucho, me hacía gemir de placer.

    – ¡Métemela, métemela, coño!-grité yo, sabiendo que eso le gustaba.

    -¿Qué quiere mi reina?-me preguntó Luis con zalamería pero sin detenerse de lamer mi culo.

    – ¡Quiero pinga, pinga!

    Me hacía pedir a gritos, suplicar. Sus amigos estaban alegres, decía que era mejor que una película porno. Luis se subió sobre mí diciendo que me iba a singar como nadie y así lo hizo. Cuando me metió su pinga volví a sentir ese placer, ese cosquilleo que me llenaba y me hacía moverme, revolverme. Estuvo dando pinga mucho rato hasta que dijo que quería darme la leche en la boca. Yo me arrodillé delante de mi macho y él me singó la boca hasta venirse. Yo me agarré de sus caderas para tragar todo su rabo, cosa que era casi imposible, pero toda su leche la recibí en mi garganta.

    El negro se acercó con la pinga de nuevo tiesa, quería singar de nuevo.

    – Oye, ya tengo el ojete rojo- le dije.

    – ¡Mi nene! – intervino Luis – Ej nuejtro invitao…¿lo vaj a dejal así? Ademaj tú erej maricóny a loj mariconej les gujta que les den pinga…

    No se habló más, el amiguete me metió su pinga sin considerar nada y me singó duro, muy duro. No niego que me gustaba, no lo negaría pero al menos un respiro tendrían que haberme dado, Luis se sentó delante de mí acariciándome la cara, a veces besándome y diciéndome que la estaba pasando bien, que yo me había comportado como lo que era, que desde aquel día mi culo iba a ser un chocho, que lo estaba haciendo bien, que me quería, que era su mujer.

    Si veía alguna mueca de disgusto, me besaba y me decía que aguantara, que yo tenía aguante. El negro seguía dando embestidas a su antojo. No paraba, era como una máquina singando, otro de los amigos se puso delante de mí para que se la mamara de nuevo. Yo solo abrí la boca porque lo que hizo fue singarme la boca. El que me singaba se vino dando gruñidos, cuando sacó su pinga sentí alivio pero por poco tiempo, el tercero me la metió de golpe. Quise librarme de él y del que tenía delante pero se confabularon para inmovilizarme dejando que el otro me singara. Grité y uno de ellos me dijo al oído que gritara, que gritara todo lo que pudiera porque nadie me iba a oír.

    – ¡Mira, mi nene! – intervino Luis cogiendo mi cara – Estáj aquí polque te gujta la pinga, te gujta que te singuen, así que goza ahora…aquí no hay problema, a nosotroj noj gusta dar pol culo y a ti que te den pol culo…

    Fue abusivo lo que me pasó, no esperaba que Luis me hiciera aquello. Me metieron un calzoncillo en la boca para que no gritara más, me ataron las manos y me singaron bastante tiempo, se turnaban, hacían chistes, me hicieron sentir despreciable porque lo que podía haber sido una orgía se había convertido en una violación. Aquella tortura terminó finalmente, me dejaron allí, me sentía molido pero más que eso era la rabia de todo. Traté de ponerme de pie pero las piernas no me resistían, olía a semen, mis nalgas, mis muslos estaban mojados y sentía como adormecido el culo.

    Luis después de despedirse de sus amigos vino, se sentó a mi lado y quiso besarme, volví la cara. No me hizo caso y me abrazó.

    – Nene, no te pongaj bravo…¿no me digaj que no te gutó?

    – No, cuando digo que no, es que no.

    – ¡A ver, mi vida!-me dijo mientras me besaba y sus dedos rozaban mi culo- Este culito está pa´eso, pa´singarlo. Pero si tú lo sabej bien…, a ti te guta la pinga, la leche y que te den pinga…- lo miré con recelo, él cogió mi mano y la llevó a su pinga-¿no me va a decil que no te guta esto?

    Me quedé con su pinga en la mano, él mirando a mis ojos, lo besé. Él sonrió satisfecho. Nos abrazamos, nos besamos.

    – Sabej, entre nosotros to va bien porque tenemos claro lo que nos guta.

    – Pero…

    – Na, de pero…a mí me gusta singar, dar pinga, dar leche…gozar y a ti te gusta dar el culo, mamar, tragar leche ¿Dónde eta el problema? Mira, nene, hoy haj tenido lo que muchoj maricones sueñan…y ahora tienes a tu macho aquí…

    Me besaba, me acariciaba, me iban tocando cada punto herógeno de mi cuerpo y cuando vio que se me ponía dura mi pinga, me hizo ponerme frente al espejo y comenzó a singarme. Luis sabía cómo tenerme, cómo sacar de mí lo que más me gustaba y lo que él deseaba.

    – ¡Mira, mira…! -me dijo mientras nos poníamos de lado para ver en el espejo como me clavaba su pinga.- Mami, tienej metío en tu culo tremendo pingón y yo, yo tengo este culito, el mejol del mundo.

    Era cierto, tenía el sexo de Luis dentro, gordo y largo, por eso le decía “El caballo” y además era un loco singando, le gustaba singar y singar, no se cansaba nunca. Era cariñoso y bruto a la vez, muy dado a las orgías. Allí frente al espejo me pidió que fuera su gente, que me quedara con él a vivir, que fuera su “jeba”. Me ofreció a que me quedara, que él me mantendría en todo y que no me iba a faltar lo que tanto me gustaba.

    Fue así como senté cabeza con aquel guajiro tosco y cariñoso, dulce y cañero. Nuestra relación duraría bastante.

  • Historia de una hotwife: El Inquilino

    Historia de una hotwife: El Inquilino

    Hola machos cabrios soy su milf favorita Ishtar, les voy a contar otra experiencia sexual a través de un relato, espero me sigas en mis redes sociales, me encuentras como Ishtar Flores, a los que ya me sigan les agradezco el apoyo, sus fotos de sus miembros, me sonrojan, algunos están muy dotados, besos, sin mas preámbulo comenzamos. Besos en sus miembros.

    Mi esposo y yo decidimos obtener un ingreso extra, debido a los gastos de la Universidad de nuestras hijas, gastos de la casa y sumado a la crisis del país, era una buena idea rentar el cuarto de servicio que tenemos en la parte trasera del jardín, cuenta con un baño, y un especio para estudiar, la solución se le ocurrió a mi esposo me pareció totalmente descabellada en un principio, pero analizándola con calma termine cediendo. Solamente que mi marido puso una condición: Verónica por cuestiones de seguridad, debemos rentarle a una mujer, tú sabes por la seguridad de nuestras hijas, solamente respondí, ok. El anuncio lo colocamos a principio de este año, sin obtener grandes resultados, fueron pasando los días y meses y no encontrábamos a nadie que reuniese un perfil adecuado y que pudiera ayudarnos con los gastos, a pesar de que empezábamos a tener urgencia por aumentar los ingresos fuese como fuese. Por eso nos planteamos admitir en casa a un joven llamado Dionisio, hizo cita para el 14 de marzo.

    Aquella tarde de marzo, regresaba del trabajo cuando a lo lejos veía a mi esposo platicando con un joven alto, al llegar quede impactada, -Veronica, amor, mira te presento a Dionisio, viene a ver lo de la renta del cuarto, -buenas tardes señora, un gusto, dijo con voz grave. Hola joven, apenas pude responder. Dionisio es guapo, con rasgos finos, moreno claro, gallardo, alto, aproximadamente, 1, 84, musculoso. Cuéntanos sobre ti, dijo mi esposo Joel, mire señor, soy estudiante de Ingeniería y estoy en el último año de mi carrera, realizo mi servicio social, y solamente les rentaría por los siguientes dos meses, en lo que termina este semestre, por eso le pido que me acepten, tengo referencias personales y académicas, no tomo, no fumo, por favor, consideren, he estado buscando un lugar donde rentar, porque la señora que nos rentaba a los estudiantes tuvo que vender su casa, para irse a Guerrero. Dionisio, realmente era un excelente estudiante, mi marido, le dijo, está bien muchacho, te acepto porque se ve que eres un caballero decente. Dionisio, respondió; muchas gracias, voy a traer mis cosas, para dormir esta noche, aquí.

    Aquella noche, yo estaba como Puma en celo, pero mi marido e hijas estaban en casa, no podía hacer nada por lo que me conforme con masturbarme mientras me bañaba, aquel joven me había aumentado mis calores infernales. Al siguiente día, en la mañana coincidieron con mis hijas Livia y Estefani, su padre las presento, y como era lógica, quedaron completamente gustosas con Dionisio, al percatarse de esto, mi marido me comento; crees que la presencia del joven vaya inquietar a las niñas, en mi mente dije, mi amor, a mí ya me alboroto las hormonas- le respondí: Joel, el muchacho se ve decente aparte nuestras hijas son unas niñas educadas y tienen novios, mi esposo, asevero, tienes razón. Pasaron los días, y aquel joven, nos ayudaba siempre que podía, en las labores domésticas.

    Recuerdo una tarde, regresé a casa algo más temprano de lo habitual, y sorprendí a Dionisio mirando nuestras ropas en especial las prendas íntimas. No debió escuchar mi llegar, me gustó observarlo mientras se deleitaba con nuestras bragas. Todavía no se había percatado de mi presencia cuando de entre las prendas mojadas, toco una de mis tangas. Se quedó mirándolo por unos segundos como embobado. Me excito verlo, yo quería coger con ese macho cabrío, desde el dia que lo vi, de repente volteo y se sorprendió al verme en la cocina. Titubeó como quien atrapa a un niño pequeño cometiendo alguna travesura. Trató de disimular lo evidente, que le habían llamado la atención mis prendas más íntimas.

    -¿Te gustan? -Yo…, esto…, no sé qué decir, no te vayas a pensar- titubeó por unos segundos, -tan solo quería ayudar a quitar la ropa, pero ya que me has atrapado, aprovecho para decirte que seguro que te ves estupenda con ellas- trató de mostrarse galante a modo de cumplido mientras señalaba alguna de las tangas que había tenido entre sus manos. -Gracias- le agradecí el piropo. -Tú tampoco debes estar mal con estos boxers- dije señalando su parte intima, para desgracias nuestra, abrieron la puerta y él se retiró a su cuarto, eran mis hijas, habían regresado de la Universidad. Si bien esa fue la primera conversación un poco picante que tuvimos entre los dos, con la confianza y el paso del tiempo sucedieron algunas más por el estilo.

    Los siguientes días, se mostró en todo momento atento y educado, se desvivía por hacerme favores. Todo lo contrario, a mi marido, que no se levantaba para nada del sillón y siempre me mandaba a mí por las cosas que se le olvidaban a él, alegando estar cansado. Su conversación era amena e inteligente, y si bien alguna vez lo había sorprendido en algún desliz observándome las piernas o el escote, esto hacía que aumentara mi celo. En consecuencia, mi lujuria y astucia, hicieron que instalara unas mini cámaras, en su baño y recamara, a través de la aplicación lo monitoreaba en mi celular, el ver ese tremendo físico al bañarse me excitaba, necesitaba copular con ese macho, también me percate que se masturbaba viendo pornografía, lo raro era que no eyaculaba. Así transcurrieron los siguientes días.

    En el puente de la primavera, mis hijas salieron de viaje con sus novios, y mi marido y yo, salimos a una cena con nuestras amistades, aquella noche bebimos algo más de la cuenta, lo suficiente como para desinhibirnos en nuestro regreso de madrugada a casa y terminar haciendo el amor en nuestra cama. Los dos lo necesitábamos, llevábamos mucho tiempo en que el estrés y las preocupaciones no nos dejaban culminar. Sumado a que yo seguía molesta por el hecho de que mi marido me dejo sola en nuestro aniversario 25. Juro que estaba disfrutando inocentemente hasta que mi marido me alertó por los gemidos y grititos que estaba pegando. Yo siempre he gemido mucho, lo reconozco, y no me controlo cuando estoy próxima al orgasmo. -silencio- dijo mi esposo tapándome la boca a una mano, -si sigues gritando así nos van a oír hasta los vecinos- me susurró mi marido al oído mientras me penetraba a lo misionero tratando de que no hiciera ruido y con la luz apagada.

    -Lo siento no puedo evitarlo- articulé como pude entre jadeos y gritos. -¿Acaso quieres que te escuche Dionisio?,- me preguntó mi marido quitándome la mano de la boca para que pudiera respirar y alertándome para que no fuera tan escandalosa. Al decir el nombre de ese joven, mi calentura aumento, imaginándome copulando con ese macho. Evidentemente a mi esposo no le hacía ni pizca de gracia que nos escuchase nuestro inquilino. Mi marido comenzó a moverse de nuevo dentro de mí. Con su gordo cuerpo encima me costó respirar. Lo miré como estaba encima de mí al estilo conejero concentrado con los ojos cerrados. Quise encontrar en él una mirada cómplice que incendiara nuestro amor, pero no la encontré. Al contrario, lo observaba como permanecía ensimismado pensando en no venirse. Así continuamos por un momento, hasta que mi marido se corrió en mi interior completamente ajeno a mis necesidades, preocupado tan solo en su placer y en que no nos escuchase nuestro inquilino. -Ha estado genial, ¿no crees? – preguntó mi marido una vez que se salió de mí y se tumbó en su sitio al lado en la cama. -Claro que, si cariño, ha estado genial- repetí sus propias palabras.

    Al siguiente día, en la mañana me disponía ir a trabajar, y me cruce con Dionisio, quien me dijo-Al parecer ayer no la pasaste mal, disfrutaste el puente muy bien-¿Nos escuchaste?- le pregunté. -Era imposible no escucharlos- respondió como si fuese lo más natural del mundo para él escuchar yacer a otras parejas. -¡Qué vergüenza!- pronuncié tapándome la cara con las dos manos en plan mojigata.-Vamos Señora, no tienes de qué avergonzarte, es lo normal en una pareja- dijo tratando de quitar hierro al asunto. -Siento haberte despertado- traté de disculparme por haberle interrumpido el sueño. No tienes nada de que disculparte, al contrario, me gusto escucharte, bueno señora hermosa, me despido, que tengas un lindo día, así como tu sonrisa, me sonrojé y le di las gracias, aparte de que lo deseaba sexualmente, también era un caballero que me hacía sentirme una dama.

    Los días fueron transcurriendo, un miércoles creo recordar, cuando Dionisio se duchó al regresar de la Universidad y dejó la puerta de su baño entreabierta por primera vez en todo este tiempo, quiero pensar que por descuido. El caso es que, entre unas cosas y otras, entre pasar en el patio de un lado para otro haciendo las tareas de la casa, pude contemplarlo de pasada desnudo tras la cortina semitransparente de la ducha. Incluso en una de las idas y venidas me demoré intencionadamente por unos segundos en mis tareas contemplando su figura. En esos momentos, su figura difuminada desnuda tras una cortina de plástico y en comparación con la barriga de mi esposo, Dionisio le hacía honor a su nombre y su cuerpo era la de un Dios Helénico. Quise disimular haciendo como que pasaba por el pasillo del patio en el momento en el que escuché como se cerraba el grifo de la ducha. Dionisio corrió las cortinas de golpe mostrándose completamente desnudo mientras salía de la bañera con la intención de cubrirse con la toalla de baño. En esos momentos comprendí que se había dejado la puerta abierta del baño por verdadero descuido.

    Lo vi, me vio. Nos miramos mutuamente. Su mirada se cruzó con la mía en la distancia. Me sorprendió, me había atrapado. Se sonrió orgulloso de sí mismo mientras alcanzaba la toalla. Yo tardé en reaccionar presa del pánico. Él se demoró en taparse regocijándose de la situación y de mi asombro. Yo disimulé tratando de hacer ver que era todo fruto de la casualidad y un hecho fortuito debido a mis quehaceres como ama de casa en esos momentos. Me dijo: por fin vas hacer mía, mi amor, me tomo de la cintura y me beso, pero el encanto se rompió, cuando abrieron la puerta, era mi marido, y uno de sus socios, mi marido me llamo; Verónica, amor, ya vine.

    Aquella noche, me metí a la ducha, no pude evitar acordarme del cuerpo desnudo de Dionisio. Y eso que lo vi tan solo un instante, pero cuanto más me concentraba bajo el agua de la ducha en sus formas, con más nitidez y claridad rememoraba los detalles de su cuerpo. Tal es así que comencé a acariciarme poco a poco y terminé masturbándome, pude desahogarme a gusto. Quise sumirme en un mar de sensaciones placenteras e incluso dirigí el chorro de la ducha para que impactará directamente sobre mi clítoris, tal y como hacía de adolescente en casa de mis padres. Comenzaron a temblar en los primeros espasmos, pues resultó un orgasmo lento e intenso que me hizo gemir como una histérica. Lo que era en esos momentos. Una mujer desesperada que necesitaba calmar su cuerpo a toda costa. Me dejé llevar, grité, pero sobre todo disfruté. Al salir del baño di una revisada a las cámaras, y Dionisio se la estaba jalando, observé por varios minutos, después se guardó su miembro y fue a dormir, nuevamente no lo vi eyacular.

    Al otro día coincidimos, mientras mi marido aún se encontraba en el cuarto, me dijo, buenos días señora, buenos días Dionisio, ya te vas a la Universidad, ya bonita, te ves con sueño, si es que me desvele, mi mente me traiciono y pregunte-¿Te tocaste?- él se sorprendió, y a mí la idea me resultaba excitante en esos momentos, además de que no sé por qué, estaba disfrutando al hacerle confesar. Me hacía sentir poderosa al saberme deseada por otro hombre que no era mi marido, y con el que podía hablar claramente de estos temas. -¿En serio lo quieres saber?- me miró esta vez más serio de lo normal restando algo de naturalidad a la situación-Uhm, uhm. Si te tocaste pensando en mí, creo que tengo derecho a saberlo- le devolví la mirada provocando su respuesta. -Sí, me toqué- pronunció mirándome fijamente a los ojos orgulloso. – se me escapó una sonrisa de satisfacción al conocer su respuesta chupándome el dedo en plan niña mala forzando su confesión. -Tú lo has preguntado y yo te he respondido. ¿Qué quieres que hiciera? – se justificó de nuevo. -A saber, en qué estarías imaginándote. -Mejor no quieras saberlo- dijo antes de romper a reír los dos con risa floja tratando de aliviar el momento. El ruido de las llaves en la puerta interrumpió la risa. Mi marido se dirigía a nosotros. -¿De qué se ríen?- quiso saber mi marido.-De nada, de nada- dijimos los dos al mismo tiempo para asombro de mi esposo que no sabía de qué iba el tema y solo nos veía reír, tratando de aguantarnos la risa.

    El ultimo jueves de marzo, me tocaba entrar más tarde al trabajo, por lo que me levante a las 9am, no había nadie en casa, mi esposo en el trabo, mis hijas e inquilino en la Universidad- me levante de la cama, y llevaba puesta, mi tanga negra y mi sostén del mismo color, me dirigí al baño hice mis necesidades, y me puse una bata negra, era un conjunto sexi y elegante, baje a la cocina y desayune fruta, aún tenía tiempo para bañarme, estaba en el patio regando las flores, cuando escuche abrir la puerta de la calle era Dionisio, se sorprendió al verme en casa, yo una Puma en Celo, sabía que era el momento perfecto para aparearnos y le dije: -¿Te gusta?- al tiempo que abría mi bata y exhibía el conjunto para él. -Caray Verónica, estas preciosas- afirmó. No solo eres elegante para vestir también para dormir, que pijama más sexi. Yo me giré un par de veces y caminé pavoneándome delante suyo por todo el patio.

    Lo tome del cuello y lo bese muy tiernamente para después apasionadamente, mientras el tocaba con sus manos mi cuerpo, ambos deseábamos este momento, -bajo los besos a mi cuello, después a mis hombros, y finalmente coloco su mano en mi vagina, -mira nada más que caliente e inflamada, la tienes- muy hábilmente, metió sus dedos en mi panocha, la cual ya tenía fluidos -mamacita, mira como estas bien húmeda- poseída por la lujuria le dije: así me tienes desde el día que te conocí- nos besábamos, mientras metía sus manos por debajo de mi tanga, me cargo y me llevo a la sala, y empezamos a fajar y besarnos muy rico, -yo le agarraba su verga, la cual parecía iba a reventar el pantalón, me abría las piernas para acariciar mis muslos, y manosear mi vagina, me dijo: yo también desde el primer día que te vi, me encantaste, tus atuendos son sexis y provocativos, tu cruzado de piernas, te gusta alborotar a los hombres, que rica estas.

    Continuamos besándonos, y me arrodillé quede a sus pies y sin perder contacto visual comencé a desabrocharle el cinturón del pantalón. Tras desabrocharle el cinturón tiré del bajo de los pantalones apareciendo ante mis ojos uno bóxer negro que cubría un tremendo bulto. Me restregué aquel bulto en mi cara y lo mordí, eres tremenda Verónica. Luego tiré de la goma del elástico para descubrir como un resorte ante mis ojos una verga que cimbreó agradecida ante mi liberación. Si bien ya la había visto en video, cuando lo espiaba bañándose, verla en vivo, era un deleite, era muy grande unos 20cm, cabezona, se le marcaban las venas, morena, con la clásica curva hacia lado izquierdo y rasurada. Me detuve para mirarlo a los ojos deleitándome con su impaciencia.

    Posteriormente, hice lo justo para rozar su glande con la punta de mi lengua y comprobar su sabor. Un inconfundible olor a macho cabrio me penetró por las fosas nasales al mismo tiempo que saboreaba la punta de su pene. Recorrí con mi lengua de abajo arriba toda la longitud de su miembro. Procedí con una segunda y tercera pasada antes de engullir su verga en mi boca. Quise tragar cuanto pude y aprisionar su pene entre mis labios para ascender poco a poco deleitándome en cuantas sensaciones me producía estar arrodillada a los pies de aquel joven semental. Con mis dientes, agarre su prepucio e intentaba hacerlo para atrás, lo que hizo que gritara de dolor y placer. Con mi experiencia, de una sola mamada, me lo metí por completo en mi boca, sentía que me ahogaba, mientras Dionisio, me peinaba de una manera dulce, que hacía más delicioso el sexo oral, por un momento sentí desesperación pues me faltaba el aire, y él, aprovecho y me tapo la nariz, por lo que el aire no me entraba por ninguna manera, es un placer único, ahogarse en un miembro grande, pero con la fuerza de mi boca, alcance a morderlo, por lo que retiro su pene de mi boca. Y volvimos a repetir el acto oral, Dionisio no cabía de gusto al ver como su verga desaprecia en mi boca, se retorcía, incluso trato de aventarme ya que el placer era demasiado, pero yo se lo impedí devorándole con toda su dura verga.

    Posteriormente me levanto y me dijo quiero cogerte en tu lecho matrimonial, respondí, si amor, hazme tuya donde quieras, subimos y me aventó a la cama, quede a su merced, abrió fuerte mis piernas, retiro mi bata y empezó a besar mi tanga, la cual ya estaba muy mojada, -que rico, huele mi amor- le daba palmaditas a mi concha, inmediatamente quito mi tanga, la olio, se la enredo en su verga, después se dirigió a mis senos y quito el brassier para posteriormente mamar mis senos, parecía un becerro recién nacido, pegado a las ubres. Enseguida, bajo a mi zona íntima y empezó a chupar mi clítoris, con sus gruesos labios le daba buen trato, después besaba mi vagina, metía su lengua, le daba palmaditas, -ay que rico, mi amor- le decía mientas le agarraba los cabellos de su cabeza, me mordía sutilmente, se levantó y su verga la rozo con mi vagina, la cual ya ardía de deseo, se empezó a jalar la verga con mi tanga, y la ponía en mi concha, -esta muy caliente mi amor, ya métemela por favor, grite- tus deseos son ordenes, mi reina.

    En la clásica, pero fabula posición del misionero, me coloque boca arriba con mis largas piernas abiertas e inmediatamente mi semental se colocó encima de mí. Su miembro entro de un solo golpe –mmmm, aaaa, delicioso muchacho que rico miembro tienes, decía entre gemidos—me estaba penetrando rico, después lo sacaba lo frotaba en mi vagina y nuevamente lo metía. Yo lo envolvía con mis piernas, y nuestras manos se unían, mientras, el contacto visual que teníamos otorgaba una sensación de intimidad y complicidad. Nuevamente saco su miembro, y ahora fue despacio, sentí como ingresaba la cabeza –si amor, sigue asi- después la mitad de su pene, y nuevamente metió de un golpe, sentía que me partía en dos, así hizo esos movimientos varias veces, ese Toro semental, penetrándome, después subió mis piernas en sus hombros, y me embestía como un animal en celo, -te gusta amor- -sí, no te detengas- mientras me penetraba nos besábamos, me lamia mi cara, cuello, y nuestras manos se unían, después bajo mis largas piernas, y las abrió, tomándolas de mis muslos, para sacar su verga y meterla rápido, aunque ahora hacia giros, me partía la vagina y mis muslos, los abría muy duro, después mi espalda la arquee, me tomo de la espalda baja y me penetraba muy rico, posteriormente baje mi espalda, y nuevamente lo abrace con mis largas piernas.

    En seguida me cargo, quito las cosas de la mesa de mi cuarto, me coloco en ella, y el permaneció de pie, para comenzar a embestirme, Dionisio me levantando las piernas para después sujetarme por los tobillos. El plus de esta postura es que mi joven semental, disfrutaba de una panorámica de lo que estaba ocurriendo, estaba consiguiendo una penetración más profunda -señora Verónica, eres un manjar de los dioses, estas exquisita- estábamos follando muy rico, era un momento único, aquel hermoso y atlético joven, me hacía disfrutar como puta y dama-.-Siiih, aaa- gemí, mientras su verga se habría camino en mi interior. Le era fácil, penetrarme pues mi vagina estaba completamente empapada por dentro. Inmediatamente se recostó sobre mi cuerpo y esta vez sí empujó con fuerza, de tal modo que introducía su miembro a placer, yo recostada en aquella mesa, sentía mi espalda lastimarse por lo incomodo, pero mi cuerpo vibraba de placer. -uff que rico – chillé reprimiendo mi gemido mordiéndome los labios pensando que me partía en dos. Con sus movimientos de cadera respiré aliviada al comprobar como sus genitales chocaban contra mi perineo, señal inequívoca de que me había penetrado hasta el fondo. Respiré algo más aliviada, estaba gozando como una Leona, estaba extasiada, fue cuando tuve mi primer orgasmo, -aaaa, mmmm, que rico- moje a mi semental. Señora Verónica, que rico se sienten tus jugos.

    Me saco s miembro, y me hizo mamarlo, así lo hice, aun estaba extasiada por el orgasmo que había tenido, mamaba y apretaba sus testículos, y después su pene, me tomo de las manos y me levanto para besarme con lujuria, me mordió fuerte los labios, mi amor quiero coger ese culo sagrado que tienes, al tiempo que se acomodaba detrás de mí. Dionisio inmovilizó mis piernas con las suyas, podía sentir sus pelotas rozándose por mis nalgas, lo que me provocó cosquillas y una risa nerviosa al saber que teníamos el tiempo contado, antes de que llegaran mis hijas. De repente siento como un chorro de saliva cae sobre mi piel alrededor de mi ano y Dionisio comienza a embadurnarme reconcentrándola sobre mi esfínter. Se entretuvo en abrir y cerrar mis nalgas a dos manos hasta que en medio del juego siento la yema de uno de sus dedos presionando con sutileza contra el anillo más sensible de mi cuerpo. Inevitablemente mi cuerpo palpita, mis nalgas rebotan como flanes al contraer de nuevo los músculos de mis nalgas y hundo mi cara en la almohada mordiendo la funda ansiosa por gemir. -aaaaa, mmm- Casi me ahogo contra la almohada, me quedo sin aliento por unos segundos que Dionisio aprovecha para sodomizarme definitivamente con su miembro. Puedo sentir la palma de su mano abierta de par en par contra mis nalgas señal inequívoca de que me ha introducido el pene hasta el final.

    Empiezo a gemir, arqueando mi espalda al tiempo que me provoca cierto escozor. Totalmente soportable. Acto seguido puedo sentir como empuja un poco más adentro en mi interior. Se siente diferente, me quema por fuera al tiempo que estimula un montón de terminaciones nerviosas en mis entrañas. Comienza a moverse con cierto ritmo. Siento mi cuerpo temblar y dejo escapar un grito seco que temo me delate con los vecinos y me lleve a la ruina. Mi macho aprovecha para castigar mis nalgas y jalarme del cabello. Eso duele, pero me encanta, esa extraña sensación de picor que ya me resulta familiar, sonriente y poseída por la lujuria, deslizo mi mano por debajo de mi cuerpo hasta alcanzar a acariciarme el clítoris yo misma. Casi al mismo tiempo Dionisio comienza a moverse violentamente, castigándome muy rico, el dolor de mi esfínter es superado con creces por el placer de ser la puta de mi inquilino.

    Continuamos varios minutos así, nuestros cuerpos totalmente desnudos y sudados, hacen de la recamara un infierno, y yo gozando mi adulterio. Después saca su miembro, y siento palpitar mi ano a la vez que un inmenso vacío se apodera de mi cuerpo. Me volteo para mirarlo a los ojos. Veo como se recuesta en mi espalda. Siento su peso encima de mí aplastándome contra el colchón. Me cuesta respirar con él encima. Tiene la delicadeza de apartarme el pelo por detrás de la oreja antes de susurrarme en el oído…te amo Verónica, quiero cogerte diario, a lo que yo le respondo, seré tu puta las veces que quieras amor. Inmediatamente, alzo mi culo en pompa todo cuanto puedo para facilitarle la labor. Empujo y lo intenta, pero no entra, nuestros cuerpos están muy irritados, y le menciono, saca de mi mueble, un lubricante, se levanta y lubrica su miembro y mi ano, después separa mis piernas con los tobillos, una vez dispuesta lo vuelve a intentar. Siento como entra el glande, ese cuyas formas me parecen tortuosas. Duele. Esta vez duele mucho, así que vuelvo a morder la almohada para no chillar. Comienza a meter, la cabeza, después el tronco, el lubricante comienza hacer efecto, -sigue amor- le hago saber aguantando mi dolor y dicho esto siento como simplemente deja caer su cuerpo en mi espalda introduciendo centímetro a centímetro su larga y gruesa venga en mis entrañas.

    Muerdo la almohada, jalo las sábanas, después junta mis piernas y él se levanta, para penetrarme de una manera diabólica, -zaz-zaz- se escucha el choque de nuestros cuerpos, sumado a que golpea mis nalgas, sus fuertes manos dejan roja mis pompas, y su miembro destroza mi ano, minutos después comienzan a salir fluidos de nuestros órganos, que se comienzan a mezclar, no obstante, los fluidos internos de mi ano y su pene, se volvieron un lubricante, lo que ayudo a la penetración. -Dios mio, que rico me estás sodomizando- alcanzo a decir entre gemidos, me están rompiendo el culo de manera sublime y es ese pensamiento quien me anima no solo a morder la almohada sino a estrujar las sábanas en mis puños y aguantarme. Continúa atornillándome muy delicioso, y levanto la vista mientras muerdo las sábanas, y por el espejo alcanzo a verlo parado, es un semental en toda la extensión de la palabra, fuerte, alto, parecía una escena de la mitología griega, el Toro de Minos penetrando a Pasifae.

    Dionisio me besa en el hombro cuando siento que sus pelotas rebotan en mi culo lo que evidencia que me la ha metido hasta el fondo. Es justo lo que necesito. Ya está, está toda dentro y puedo soportarlo. Ves señora bonita, tú puedes con todo. Mi semental, se detiene una vez me sodomiza hasta el final al ver la expresión de mi rostro. Esta vez giro mi cara para sonreírle. .-Más- le digo con la cara desencajada por el morbo- quiero más- le hago saber. Él comienza a moverse dentro y fuera de mí. Ya eran las 3 de la tarde, mis hijas no tardarían en llegar. Enseguida, me volteo para mirarlo una vez más. Puedo ver las ganas reflejadas en su rostro por venirse dentro de mí. Su respiración es irregular y jadea, sé que su cuerpo lucha contra el impulso de su orgasmo a mi espera. No puedo evitar alegrarme por haberme entregado a un hombre como él.

    Deslizo de nuevo mi mano por debajo de mi cuerpo buscando acariciarme yo misma de nuevo. Dionisio también desliza sus manos por debajo de mi cuerpo para aferrarse a dos manos a mis pechos. De nuevo todo su peso en mi espalda. A mí me cuesta jugar con mi dedito y mi clítoris, y en cambio a él le resulta fácil jugar con mis pezones. Como me cuesta encontrar mi clítoris, decido introducirme uno de mis deditos cuando… ¡¡No me lo puedo creer!!. Puedo acariciar su polla entrando y saliendo de mi culo a través de mis entrañas. Apenas unas membranas nos separan. ¡Es increíble! -Uuuhm- un gemido intenso se escapa de mi boca debió escucharse hasta la calle. Dionisio se suma al placer intenso que ya siento moviéndose más rápido encontrando un buen ritmo que nos satisface a los dos. Siento como su miembro entra y sale de mi estrecho culo. Se siente bien y ambos sabemos que no tardaré en correrme para satisfacción de los dos. Mis dedos también se mueven más rápido en mi interior, ambos podemos notarlos. Sé que no se correrá hasta que no lo haga yo. De repente me falta el aliento, debo arquear la cabeza para poder respirar. Abro mi boca todo cuanto puedo para tratar de atrapar algo de aire. Aquel joven me muerde en el hombro al tiempo que pellizca mis pezones. Increíblemente el dolor me lleva a un placer inusitado. Mi cuerpo se estremece y una primera sacudida evidencia que estoy a punto de correrme.

    .-Dionisio, me corro- le hago saber con la voz entrecortada a falta de aire. Mis palabras provocan que mi sodomizador se mueva con golpes más secos y contundentes, golpeando con rabia contenida. Enfurecido. Hundo mi cara en la almohada mientras mi cuerpo comienza a convulsionar y estallo en un orgasmo estremecedor. .-Dionisio, me vengo, Dionisio, Dionisio, Dionisiooo- grito su nombre contra el edredón cuando exploto. Yo he culminado con otro orgasmo, pero Dionisio todavía golpea con fuerza contra mi culo. Ahora sí comienza a dolerme por momentos. Varios minutos, sigue castigándome, después caemos en la cama, pero él se sigue moviendo, que verga tan duradera.

    Posteriormente, Dionisio dijo, me vengo. -Córrete amor, quiero que te corras en mi cara- le susurro. -Por favor muchacho, quiero sentir tu crema en mi boca- pronuncio con la mejor voz de la guarra en que me he convertido. Saco su miembro prisionero de mi ano, y empezó a jalársela y como buena puta, le ayude, jalamos ambos aquella verga llena de venas, y en eso siento como un líquido caliente y viscoso es derramado en mi cara, salió mucho semen, cuando digo mucho era demasiado, me lleno literal la cara, me cerro un ojo, era muy oloroso pero amoroso, aaa son tuyos Verónica, muchos deliciosos espermas cubrieron mi bella cara, el seguía sacudiendo su miembro y otra cantidad de leche caía en mi pelo y hombros, -tienes mucha leche le comente- dijo sí, es que no me había masturbado en días, desde que te conocí- decidí confesarme y le dije: instale unas cámaras en tu baño y alcoba, he visto que te masturbas- sonrió, si se, que colocaste cámaras por eso me jalo la verga en dirección a la cámara, y si me he masturbado pero no he eyaculado, sabes es una cualidad que he desarrollado masturbarme y no eyacular, lo mismo en mis relaciones sexuales, muchas veces no he eyaculo es una técnica excelente, que permite controlar el placer, es poco conocida en los hombres, tener orgasmos sin eyacular.-le respondí: wow, amor, eres un semental en toda la extensión de la palabra, con su miembro juntó su semen y lo fue introduciendo en mi boca, ese semen de olor y sabor fuerte, me lo tragué por completo, le di unas mamadas, y besos a su miembro, y terminamos.

    Dionisio se dejó caer a un lado de la cama mientras me besaba en la boca. No se me ocurrieron palabras así que mejor seguir besándonos. Es su forma y la mía de agradecernos algo que ambos deseábamos desde hacía tiempo. .-Estuvo sublime- fui yo quien rompió el silencio y los besos para agradecerle el momento incorporándome de la cama en busca de mi camisón y mi ropa interior que yacían por el suelo de la habitación. –Amor, tienes que irte ya no tardan en llegar mis hijas- Ya no fui a trabajar, les diré que me dolió la cabeza, Dionisio se despidió con un besa en la boca, me bañe y me puse una bata, me recosté adolorida pero llena de gozo, a los 20 minutos llegaron mis hijas, sorprendidas al verme en casa. En los siguientes días continuamos fornicando, no podíamos hacerlo en casa, por la presencia de mi esposo e hijas, sumado a los vecinos que podían delatarnos. Así que nos citábamos en un hotel en el centro de la ciudad.

    El día primero de abril, tenía una entrevista en Centro Histórico, con una compatriota que radica aquí en México, para vender un departamento que tengo en mi tierra de Guatemala. Fiel a mi costumbre, me fui bien arreglada, estrené un mini vestido de color gris, muy pegado, demasiado sensual que resaltaba mis atributos, era de manga larga, esta vez decidí no usar medias, acompañada por unas zapatillas color blancas, que muchos hombres quisieran de aretes, mis dedos descubiertos, mis uñas pintadas de blanco, aquel mini vestido, resaltaba mi vientre plano, mis caderas y mis glúteos, era un deleite para los caballeros que me encontraba a mi paso, mi cabello suelto, y mis labios pintados de rojo.

    Aproximadamente a las 6 de la tarde regrese a mi casa mis hijas habían salido con sus novios, mi esposo como de costumbre trabajando incluso los fines de semana, llegaba a media noche, mi inquilino, había ido a una fiesta. Por lo tanto, la casa estaba sola. Asi que decidí, subir a mi dormitorio, tome un abrigo para salir a rumbear, sin embargo, mi sexto sentido de mujer, me hizo revisar el celular, y mirar las cámaras de Dionisio, y para mi sorpresa mi inquilino tenía totalmente abierta de piernas a mi hija Livia, no lo podía creer, mi nueva conquista estaba apareándose con mi hija. La verga de Dionisio, golpeaba la vagina de mi hija, escupió en su clítoris, e ingresaba la cabeza, -aaa que dura, decía mi hija—después enterraba parte de su tronco, -aaa, si, me encanta- decía Livia, mi inquilino toma de su diminuta cintura a mi hija y de un solo golpe metió toda su verga -aaaa —mmmm– gritaba muy fuerte, así hizo esos movimientos varias veces. No daba crédito a lo que veía, sin darme cuenta estaba viendo fornicar a mi amante en turno con mi hija, y juro que en ese momento me excite al ser espectadora de un coito y a la vez estaba celosa de mi propia hija, por lo que, cerré mi celular, no está bien mirar, me decía a mí misma y respire profundo.

    Aproximadamente a la hora, escuché abrir la puerta de mi casa, y salió Livia, supuse que iría a ver a su novio, fue cuando mi Leona interna, decidió ir a encarar a mi amante, toque fuerte la puerta de Dionisio, y al abrirla el quedo atónito, se encontraba sin camisa y con un short, le dije: que estabas haciendo con mi hija, desgraciado, desde cuando la frecuentas, estaba totalmente desquiciada llena de celos, no era yo, era una Puma reclamando su macho, exigiendo su puesto. –Tranquila, amor, tú eres especial, es cierto que me estoy cogiendo a tus hijas. Que, grite fuerte, -amor, ellas me buscaron, les guste, ellas también me gustan, vamos es algo normal- -no, replique- tu eres única, me doy cuenta, estas celosa, -no, cabron- claro que lo estas mami, ven pasa te voy a coger.

    Me tomo de la cintura y comenzó a besarme, mientras su manos me dedeaban y después apretaban mis nalgas y senos, –mmm, comencé a gemir, era tal mi enojo, celos y excitación, que hicieron una mezcla diabólica, y termine cediendo, lo bese y me arrimaba a su cuerpo atlético, -muack-muack- esos besos estaban llenos de pasión, le comenzaba agarrar su miembro, metí mi mano en su short, y pude notar que aún estaba fresca la leche –cabron, mira, como estas- si amor, así me dejo Livia, deslechado pero ahorita me recupero. –desgraciado, estas mojado por mi hija, la tenías bien abierta de piernas- y me respondió: como sabes que estaba abierta, nos espiaste por la cámara mientras cogíamos- -no, dije con sobresalto- y el muy infeliz, llevando su mano en mi vagina, dijo: pues esto no dice lo mismo, parece que estás bastante mojadita por aquí abajo. Me decía pasando sus dedos por encima de mis bragas, yo estaba mojadísima, ya ves amor, también te éxito el verme follar a tu hija, no dije nada, y empezó a besarme el cuello, sus manos apretaban mi trasero y yo me sentía hipnotizada dejando que Dionisio se apoderara de mi cuerpo, en ese momento me dio la vuelta, puse mis manos sobre la encimera, él apretó fuertemente su cuerpo al mío, él pasaba sus manos por toda mi cintura y mis tetas.

    -Dionisio, decia: ¡Ohhh que buena estás, joder! Dios como me pones. Mientras me besaba el cuello y el lóbulo de la oreja, sus manos no paraban, yo que no podía mover los brazos, me estremecía con los mordiscos que me daba en el cuello, echaba el culo hacia atrás, a la vez que inclinaba el cuerpo hacia delante, aquella tortura me hacía estremecer de gusto, notaba lo hinchada que tenía la verga, cada vez que echaba mi culo hacia atrás, era un lujo estar aprisionada por ese cuerpo atlético, sentir aquel abdomen marcado, esos pectorales definidos, yo ya estaba con una calentura y una tremenda excitación, sentía mis pezones duros, el muy cabrón viendo cómo me estremecía de gusto cada vez que me mordía el cuello, no dejó ni un momento de hacerlo, veía que aquello me hacía estremecer y gemir, retorciéndome de gusto, por lo que no tenía intención de parar, con mi culo pegado a su entrepierna. Enseguida volteo, quedamos de frente y nos besamos, yo estaba perdida, entregada y unas ganas de sexo enormes, no podía detener este deseo, le quité su short que parecía que iba a reventar con aquella verga erecta, Dionisio hizo un poco de fuerza en mis hombros indicándome que me arrodillarla, me hinque de rodilla, y quedo aquel trozo de carne delante de mi cara.

    Estaba dura muy dura, muy olorosa, aun tenia los rastros de semen, y fluidos de mi hija, no podía creer que minuto atrás esa verga había destrozado a mi hija y ahora haría lo mismo conmigo, la empecé a acariciar, notando lo caliente que estaba. Lentamente metí su verga en mi boca, y comencé a chupar aquel miembro. -Dionisio: ¡Oh que bien la chupas! ¡oh ohhh! Así, así, trágala toda, trágala toda, ¡oh ohhh!, despues de varias mamadas, decidí contemplar su falo, y darle besitos en todo ese enorme tronco, baje a las enormes bolas y las comencé a succionar, mientras con mis manos intentaba jalar ese enorme pene, decidí comenzar la felación, dando lengüetazos en su frenillo y glande, intentaba meter esa enorme cabeza, –mmm, parecía una paleta— para mi sorpresa me dijo: mamame el ano, le respondí, con asombro, que dices y el menciono, los hombres tenemos el punto G, en nuestro ano, por lo tanto, me hinque e inicie a meter mi lengua en ese ano, era un sabor desagradable, me dio una pastilla y el sabor mejoro la experiencia, -como puede mire su cara- y estaba completamente extasiado, era la primera vez que un hombre me pedía eso, seguí varios minutos, y Dionisio, tuvo un orgasmo, mendiga perra, que rico. Me haces tener orgasmos sin eyacular, posteriormente nos levantamos.

    Mientras nos besábamos, subió mi minivestido y bajo mi tanga, hasta las rodillas, estando de pie, iniciamos la fornicación, su miembro apunto hacía mi papaya y presionando un poco, entro todo su glande dentro de mí y después con su manos empujo mi cuerpo sobre su cuerpo introduciéndome todo de golpe su impresionante verga, llenándome por completo, sintiendo como iba entrándome ese miembro me iba rozando todas las paredes de mi vagina, era sensacional el placer que sentía al irme rozando su verga a medida que me iba penetrando, minutos después notaba como su punta me llega hasta la misma entrada de mi útero. Él se quedó un ratito quieto sobre mí y me decía: tu coñito bien acostumbrado a las vergas gruesas ¿Cuántos hombres han metido su verga dentro de tu vagina?, deben de haber sido bastante o los que lo han hecho la debían de tener bastante gordas ¿no?” si amor, muchas vergas, dobles y triples vergas, en mi vagina, ano y boca, respondí con orgullo. Y el asevero, eres una puta de lujo, una esposa caliente, le dije si soy una Hotwife. Mientras me penetraba nos besábamos, mis manos acariciaban su hermoso abdomen, mientras, yo decía: “Muévete, muévete más deprisa mi amor, sigue, sigue follandome, folla a esta puta que tanto has deseado, sigue, sigue no pares, asi, asi oh que bien me lo estás haciendo oooh mi amor sigue, por favor no pares…”

    Posteriormente, fuimos a su cama, me subió el mini vestido hasta la cintura, quito mi tanga y se arrodilló y tomó un par de almohadas y pidiendo que levantara la cintura las colocó debajo de mí, con suavidad levantó mis piernas y me las separó, mis rodillas quedaron casi sobre mis pechos y todo mi sexo totalmente a su merced, sin dejar de mirarme acercó su boca a mi entrepierna, sentí su cálido aliento, seguido de un lametón en mi rajita, atrapa mi clítoris en sus labios y lo succiona suave y lento, un gemido largo y fuerte sale de mi boca, continuó algunos minutos disfrutando de mi vagina a sus anchas, me estiraba el clítoris con sus labios, lo mordisqueaba, me daba largas lengüetadas que iban desde mi ano a mi clítoris, su boca era mágica, me encantaba todo lo que me hacía, tomé con mis manos mis piernas para jalarlas a mi pecho y dejar mi coño bien abierto. – Me encanta tu dulce coño, es un manjar, es tan jugoso, nena. No contesté, solamente cerré los ojos para seguir disfrutando el placer que me daba, abrió mis labios vaginales y su lengua recorrió todo lo largo de mi vagina, desde mi ano hasta mi clítoris, sentí su dedo medio juguetear con mi orificio anal y empujar, mi esfínter no ofreció resistencia alguna y su dedo se metió profundamente, no pude evitar dar un respingo y apretar las nalgas, pero una vez que empezó a moverse en mi interior me relajé, y aprovechó para meter su dedo pulgar en mi coño, su lengua seguía lamiendo frenéticamente mi clítoris, mis ojos se pusieron en blanco, casi me desmayo de placer, sus dedos se rozaban dentro de mí, solamente separados por un delgado pliegue, se me aflojaron las piernas y las solté, pero continuó con el ataque implacable de sus labios sobre mi clítoris, mis gemidos se volvieron interminables.

    – Papi, Ay, papi, papito, que ricooo, Ayyy, ahhh, me voy a correr, aghhh. Disfruta nena, no te preocupes, disfruta, goza, cómo yo estoy disfrutando con tu rico coño.

    Todo mi cuerpo se estremeció, espasmos recorrían mi cuerpo, y gimiendo como loca, empecé a correrme, mis flujos empezaron a escurrir y Dionisio, los bebía con gula, fue un orgasmo larguísimo, espasmo tras espasmo, hasta que poco a poco fue menguando, estaba exhausta, rendida, pero plenamente satisfecha, pensé que me daría un respiro, pero no fue así, me tomó de la cintura y me hizo dar media vuelta, acomodando una almohada bajo mi cintura para que mi trasero quedara levantadito y en pompa. Que cuuulooo, no sabes voy a disfrutarlo- dijo admirando mi carnoso trasero. Apretaba mis nalgas al tiempo que le daba besos y pequeños mordiscos, las abrió con sus manos y sentí su cara hundida entre mis nalgas, su nariz prácticamente en mi esfínter, me hacía cosquillas y sentía el aire tibio de su respiración acariciando mi más recóndito rincón, a pesar de que me había recién corrido, el placer no disminuía, cerré los ojos, dejándome llevar por el gozo que sentía, abrió más mis nalgas y sentí la punta de su lengua presionando mi esfínter, la sensación fue increíble, se me escapó un fuerte gemido, un escalofrío recorrió mi cuerpo, como si su lengua me transmitiera una corriente eléctrica, siguió punteando y lamiendo mi hoyito un largo rato, hasta que mi esfínter cedió y entró la punta de su lengua en mi interior, suspiré y mordí mis labios al tiempo que apretaba las sábanas, la movía en forma circular, avanzando cada vez un poco más, metiendo y sacando su lengua y combinando con chupetones en mi culo, después de un largo rato dijo: quiero cogerte analmente, asi como se lo hice a tu hija.

    Me tomó de la cintura, colocó unos almohadones bajo mi vientre y abrió mis piernas al máximo, quedando en esa conocida posición de entrega total, lista para el sacrificio, por el espejo vi que tomó una cantidad generosa de lubricante y lo aplicó en la entrada de mi esfínter, masajeando suavemente mis arrugados pliegues al tiempo que decía: – Tienes un culo hermoso, princesa, va a ser un placer enorme darte por el culo, ¿Quieres mi verga dentro? Iba a responder afirmativamente cuando empujó su dedo medio completamente lubricado y mi respuesta de transformó en un largo – Siiii, aghhh, que rico papi, sigueee. Siguió metiendo y sacando su dedo, dilatando mi anito, hasta que pronto fueron dos dedos en mi interior, los giraba en forma circular y los abría un poco ayudando a ensanchar mi conducto anal. Después empezaron las embestidas con su miembro, primero lentas y profundas, fue aumentando la intensidad, tomo mi cintura al tiempo que aumentaba la velocidad de sus embestidas, me empaló en una forma encarnizada por unos 20 minutos, tanto que sentía un poco de ardor en el interior de mi ano, pero no me importaba, el placer era mucho mayor, estaba segura que pronto se correría en mi interior, pero ese macho tenía mucho vigor y aún estaba muy erecto, a pesar de haber cogido previamente con mi hija.

    Posteriormente, saco su miembro, y mi culo tomo un respiro, lo limpio y lo masturbaba para mantener la erección, después de ese receso, me la fue enterrando muy lentamente, centímetro a centímetro me fue abriendo el hoyito, sentía como esa barra de carne avanzaba y avanzaba y empecé a dar bocanadas de aire para relajar lo más posible mi cuerpo, hasta que por fin sentí sus huevos chocar con mis nalgas. – Ya la tienes toda dentro princesa, que rico, tienes uno de los mejores culos que me he comido en mi vida, uuuf, es tan apretadito, suave y caliente. Después de un par de minutos sin moverse, dando oportunidad a que mi culo se adaptara al calibre de su verga, me dio una nalgada y empezaron las embestidas, me encantaba como su verga me recorría por dentro, cómo estiraba mis pliegues al máximo, llenándome por completo, entre gemidos y jadeos fue aumentando poco a poco la intensidad, mis nalgas chocaban contra su pelvis, me estaba taladrando divinamente, todo mi cuerpo se zangoloteaba, cuando de pronto se escapa su verga de mi culo y por la excitación del momento, apunta a mi hoyito y da un fuerte golpe de cintura ensartándome su verga hasta el fondo, ese embestida me tomó desprevenida y no pude evitar dar un agudo grito de dolor por la salvaje empalada.

    Me tomó de la cintura y reanudó sus embistes largos y profundos, ahora estaba preparada y ahogaba mis gemidos mordiendo una almohada y empecé a culear, el contacto se hizo más intenso, apretaba y relajaba mi culito para darle placer a esa barra de carne dura que me hacía tan feliz, el ritmo fue acelerando poco a poco, mis nalgas chocaban con su pelvis a toda velocidad, me susurraba mil obscenidades al oído, estaba en el séptimo cielo, apretaba las sábanas con mis puños y seguía mordiendo la almohada para ahogar mis gemidos, la cogida se prolongó mucho tiempo, nuestros cuerpos sudaban, en cada embestida mi coñito se restregaba contra las sábanas, hasta que ya no pude más y empecé a correrme, todo mi cuerpo temblaba, espasmos recorrían mi cuerpo, mis ojos en blanco, sentía que mi culo se contraía en cada espasmo, me embiste con todas sus fuerzas y siento el primer chorro de semen ardiente, eso intensificó mi propio orgasmo, siguió embistiendo y en cada embestida su verga se ensanchaba y largaba un chorro de su espeso y caliente néctar en mi interior, hasta que se desplomó sobre mí, sin sacarla, me tomó de la cara y me plantó un candente beso con toda su pasión.

    Ufff, Veronica, eres sublime, quedo a lado mío, mientras su semen escurría de mi ano, me dijo espera haremos el beso negro y blanco, acerco su boca a mi ano y succiono su propia leche, y me beso, fue un beso largo, mientras nos pasábamos aquel fluido blanco combinado con los fluidos de mi ano, con su lengua metió el semen, el cual cayo en mi estómago, me mordió muy fuerte mi labio, haciéndolo sangrar, era un macho que sabia tratarme como dama y puta, haciendo una combinación sublime. Juro por Dios, que mi inconsciente me traiciono, y dije estas palabras: soy mas hembra que Livia. Dionisio sorprendido, dijo: ambas son un manjar, me encantan, también Estefani, es una gran amante. Celosa, pero excitada solamente sonreí.

    Ya pasaban mas de media noche, revise mi celular y mi marido, mencionaba que seguía en la oficina, que llegaría temprano. Me dijo, aún falta otro round, la noche es larga, tu cornudo digo marido, llegara al amanecer, nos levantamos, y bebimos agua, pues al ser un atleta, él no bebe alcohol, hace un calor de los mil demonios, sumado a que yo tenía mi puti vestido, empezamos a besarnos. Mientras me desnudaba, me acariciaba todo mi cuerpo, me comentaba que nalgas tan ricas tienes, mira nada más como se te ven bien buenas, yo volteaba de reojo a ver el espejo, las movía cadenciosamente mientras me acomodaba la punta de su verga en mi coñito, empezamos a coger de pie, mientras nos seguíamos viendo en el espejo, luego di un salto y lo abrace con las piernas, Dionisio se inclinaba hacia atrás para ver cómo se deslizaba su pene en mi vagina, mis labios vaginales se veían rojos inflamados como se aferraban a su palo. —¡Ay que rico! ¡Ah! ¡Ay! ¡Sí! ¡Ah! ¡Ay, que rico! ¡Sí! ¡Cógeme rico! ¡Más fuerte! ¡Más! ¡Más! ¡No te detengas! ¡Ay, que ricooo! —Me estaba sintiendo muy querida y gozada por ese hombre. Súbitamente un sentimiento de vulnerabilidad me invadió y me erizó la piel. No tenía fuerza en las piernas, las sentía entumidas, un calor en mi vagina me estaba avisando que venía un orgasmo que, sería. —¡Ah! ¡Ah! ¡Me voy a venir! ¡Ay que rico! ¡Que ricooo! ¡Ah! —Mis pezones rositas se me endurecieron más y se me alargaron como montañitas y tuve un orgasmo fenomenal. Soy multiorgásmica, es como tocar el cielo con las manos.

    Enseguida, Dionisio, agarró una botella de lubricante y se lo puso en el miembro, se acercó y me lamió el ano de una forma deliciosa, para después lubricarme el culo con sus dedos aceitados, se me contraía el abdomen de la sensación tan excitante que me provocaba. Ese joven, se acomodó detrás de mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi ano. —¡Soy toda tuya papi, méteme la verga por el culo! Entonces él me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló hacia atrás contra su verga, a la vez que de un solo empujón me penetró analmente hasta el fondo aventándome contra el tocador de su mueble, pude sentir la sensación de que una verga entrara por mi culo abriéndose paso en mi interior violentamente. Sentí una fuerte punzada, ese dolor desgarrador característico del sexo anal, cuando su verga topó en mi interior sentí que me rompía, fue tan excitante y doloroso a la vez. Dionisio, siguió penetrándome analmente muy duro, cada que me la metía sentía como topaba hasta el fondo, empujándome contra el tocador yo estaba llorando y gritando sin parar, gritaba tan fuerte y de forma desgarradora, con mi llanto entrecortado, mi corazón latía muy fuerte y sentía reventado el culo, me ardía mucho. Hasta que perdí las fuerzas, sentía que me desmayaba, mis piernas estaban entumidas no podía seguir de pie, estaba rendida con mis senos sobre el tocador.

    En el espejo de aquel tocador, veía el reflejo de mi sufrimiento y gozo a la vez, Dionisio, estaba completamente rojo, sus venas parecían explotar, sus fuertes bíceps, me excitaban, que delicioso macho, me estaba cogiendo. Él continuó ensartándome su verga sin piedad, mientras yo le gritaba cachondamente. —¡Ay que rico papi! ¡Sí, méteme la verga bien duro! ¡Así, papi, así! ¡Más rápido! ¡Rómpeme mi culo! ¡Se siente rico papi! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así! ¡Aaay! Él lo hacía brutalmente me causaba dolor y yo lo gozaba, era un objeto de placer para él, con el que estaba satisfaciéndose como un animal. Sentí que me ardía el culo como si tuviera cortadas, sabía que ya estaba teniendo mi sangrado, pues me da una sensación de dolor y placer ya que la sangre me genera fricción y me arde, lo que me excitó más y le grité mientras gemía. —¡Ay papi que rico! ¡Así, me duele mucho! ¡Que rica verga mi cielo! ¡Desgárrame el culo! ¡Que rico me sangra el culo! ¡Sí! ¡Así! ¡Cógeme más profundo amor!

    Continuamos con ese frenesí de lujuria, ya era de madrugada, estábamos bastantes irritados, pero aun con la lujuria al 100%, bebió la sangre de mi ano, y me beso, para después decirme, hicimos el beso negro y blanco, ya a tus 50 años, no podemos hacer el famoso beso rojo (menstruación) solamente sonreí, Nuevos besos, nuevas caricias, nuevos deseos de unirnos; completamente desnudos y sudados, me fue arrinconando en la cama, se recostó, me sujeté de su cuello y abracé sus caderas con mis piernas, sus manos me sostenían del trasero, y ambos empujábamos rítmicamente de modo que su miembro se encontraba con mi ano; que puedo decir sino que gloriosas arremetidas me hacían perder el aliento. Gemía como una perra, y agitaba mis caderas buscando más de sus estocadas, y mientras su miembro era devorado por mi ano, su boca devoraba mis pezones; tanta calentura en nuestros cuerpos no era calmada ni siquiera con la frescura del aire de la madurada mientras nos cogíamos. —Ohhh que rico, asii… muévete así Verónica… —Quieres que me mueva más? ¿te gusto así sucia y cachonda? —Ohhh sigue nena… me encantas así… cachonda y cochina… sigue…

    Sentada sobre él, con las piernas abiertas, y gracias a la altura que daban mis tacones, al fin tenía el control absoluto de los movimientos cabalgándolo a mi antojo. Mi melena oscura se revolvía cayendo sobre mis hombros mientras como una salvaje brincaba sobre su pene, sin más me contraje en explosivos movimientos que me dejaron exhausta en sus brazos. Comencé a cabalgar sobre su verga cada vez más rápido, él con las manos en mi cintura me ayudaba a impulsarme se escuchaba cada vez más fuerte el ruido de mi culo chocar con su pelvis, estaba fuera de mí, mis tetas votaban sin control, su cuerpo se inclinó, perdí el control y caí hacia delante con mis manos apoyadas sobre la cama, él aprovechó sin sacármela y me puso a cuatro patas, abrí mis piernas para que me follara bien, él estaba fuera de sí, comenzó a darme algunas cachetadas en mi culo mientras me follaba, me cogió del pelo y me llevo de nuevo al climax total, Dionisio, sin previo aviso… La metió de un solo golpe… ah no pude evitar que saliera un gemido de placer de mi boca al sentir aquella verga entrar de golpe, no podía evitar gemir ante aquellas envestidas… sentía sus huevos como rebotaban contra mi cuerpo uah que rico, a la vez que me follaba me azotaba y me gustaba.

    Enseguida se puso de pie, y cargándome me follaba de pie, mientras yo montada y ensartada en esa verga dura, con sus fuertes manos tomaba mi pelo y me jalaba mientras yo mordía sus ricos pectorales, después sus manos tomaron mis nalgas, las apretaba mientras, sus labios besaban mis tetas, los chupaba, mordía mis pezones, mientras yo cabalgaba sobre aquella verga, sus manos apretaban más y más mis nalgas, yo me movía al mismo ritmo, estaba gozando, la primavera aumentaba mi celo, Dionisio dijo, ya casi me vengo, Sentía como sus manos apretaba fuertemente mi cintura al mismo tiempo que se estremecía se iba a correr, aumenté el ritmo, comencé a hacer pequeños círculos con mi cintura, con su verga dentro de mí. En ese momento siento un estallido de leche dentro de mí–Yo: Ah… si rico vamos ufh joder si

    Yo también me vine, sentía como su leche se mezclaban con mis fluidos, nos quedamos un rato los dos abrazados sentía como toda su leche y mis flujos salían de mi ano, nos acostamos en la cama y así uno encima del otro nos quedamos unos minutos. “Veronica mi amor, eres una diosa” Me abrazó y beso para después apretar mis senos con fuerza lastimándome y pellizcando mis pezones, me beso el cuello, en ese momento sentía mucho calor en mi vientre y mi piel erizada y sensible pues ese hombre duro mucho penetrándome y me sentí muy vulnerada eso fue algo que estúpidamente me hizo sentir querida, ese hombre había gozado de mi culo, me había cogido con todas sus fuerzas desquitando sus ganas conmigo. En ese momento un calor arrobador envolvió mi cuerpo, me sentí plena. —Gracias mamacita que rico es coger contigo. —Me dijo muy apasionado. —Gracias a ti amor, que buena cogida me diste.

    Nuestros cuerpos cansados y extasiados, se rindieron y quede dormida en sus brazos, hasta que nos despertaron los rayos del sol, Verónica mi amor, por hoy ya es bastante, es muy tarde y tú marido no tarda en llegar. No quiero que corras peligro y nos agarre con las manos en la masa cuando llegue. Será mejor que te vistas y te marches a tu cuarto, como pude me levante toda adolorida, Dionisio me ayudo a vestirme, y me cargo para llevarme a mi recamará. Dionisio menciono: —Ufff señora hermosa delicioso… ahora si quieres ir a nuestra habitación? —Nuestra habitación? —Jajaja nuestra desde el día que te cogí en ella… solamente sonreí y lo bese, al llegar se despidió muy tiernamente de mí, mencionando lo siguiente; fue un dia fenomenal me cogí a la hija y madre, las amo, las hice hermanas de leche (semen) en mi mente, dije, ay amor, si supieras que mis yernos son las que nos hicieron hermanas de leche. Dionisio, finalizo: Verónica, te tengo una sorpresa para semana santa, sé que tus hijas saldrá de vacaciones con sus novios, solamente hay que confirmar que tu esposo trabaje, para elegir el dia, así que prepárate, mientras salía de la habitación, me quede pensativa, intrigada, excitada, que sorpresa me estaba preparando. Como pude ingrese a la ducha, y a los 10 minutos escuche a mi esposo entrar. Mientras me enjabonaba mi ano y vagina, llenas de fluidos y muy adoloridos, me mordí los labios imaginando la sorpresa de Dionisio, pero eso será otra historia, besos.