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  • La pasajera de al lado. Lo rico de viajar de noche

    La pasajera de al lado. Lo rico de viajar de noche

    Hola mis lectores. Les traigo una nueva experiencia de mis vacaciones de semana santa. Resulta que mi esposa, sobrinos y yo fuimos a Acapulco para visitar a una de sus amigas y la familia de ella. Por cuestiones de trabajo yo solo iba de fin de semana y ellos se quedaron lo que resta de la semana.

    Compré mi boleto para viajar nocturno ya que quería compartir mas tiempo con la familia así que elegí el asiento 1, justo detrás del chofer. Cabe hacer mención que el camión venía prácticamente lleno así que imploraba que no me fuera a tocar alguien indeseable de compañero de viaje.

    Cuando empezamos a abordar, una chica como de 30 años, delgada, güera tostada por el sol y con acento como español se sentó a mi lado, dijo buenas noches, se quitó las sandalias, subió los pies al asiento y comenzó a ver su teléfono mientras el camión se ponía en marcha. Yo hice lo propio pero no deje pasar la oportunidad de verla. Era muy delgada pero de bonita figura. Llamó mi atención sus nalguitas pequeñas y redonditas al igual que sus tetitas.

    Minutos más tarde el camión apagó las luces y ella y yo guardamos el celular y cada quien disponía a dormir. Me disponía a descansar cuando me percaté que ella no traía suéter. Solo una blusa negra muy ligera al igual que su pantalón.

    Después de un rato ella empezó a dormitar y recargaba sus piernas hacia donde yo estaba. Eso me empezó a calentar y quise ver hasta donde podía llegar. Me hice el dormido y deje que el dorso de mis manos fuera acariciando esas pantorrillas y piernas conforme el camión se iba moviendo.

    Después de un rato ella se volteó y aproveché para levantar el descansabrazos intermedio y así poder tener más rango de acción. Me hice el dormido también y me gire hacia su lado anticipando que ella en algún momento se volvería a voltear lo cual paso unos minutos después. Su pecho quedó muy cerca de una de mis manos así que me fui acercando muy lentamente hacia esa tetita que se apreciaba muy antojable. Vino el primer rose y nada. No se movió ni nada. Vino el segundo rose y misma situación. Comencé a ser más insistente hasta que mi mano ya iba acariciando una de las tetas. Mi verga ya estaba muy dura y muy notoria debajo del pants que traía puesto. De repente ella despertó, tomo mi mano y dijo que era muy atrevido, que si mejor no tenía una chamarra que le pudiera prestar ya que tenía mucho frio.

    Le dije que no, pero que si no le importaba podría abrazarla a lo cual se negó por un momento pero no le di oportunidad de dudarlo. Pase mi brazo por atrás de su cuello y le dije que se acercara. Lo hizo y yo quede más que sorprendido. Nunca me había pasado algo similar. Así que la abrace, ella se acomodó de espaldas a mí y de inmediato acerque muy discreto mi pene a sus nalgas, esperando el miento para hacerlo presente. Después de un rato se dio la vuelta y puso sus manos entre sus piernas y estiro ambas piernas recargándolas en frente. Yo seguía abrazándola y aprovechando para rosas sus tetitas con mi mano. Puse mi otra mano sobre sus manos y de repente se acomodó y quito sus manos quedando la mi entre sus piernas, podía sentir su vagina, su calor e incluso su humedad. Después de unos minutos se dio cuenta y giró quedando sus nalgas en mi pelvis, yo ya sentía que exploraba y con más confianza acerque la punta de mi verga hacia su culo, cuando ella la sintió puso su mano hacia atrás como para protegerse las nalgas pero yo ya no podía y me arriesgue un poco más. Con mucho cuidado y discreción saqué mi verga del pants y la acerqué hacia su mano. Cuando ella la sintió solo la tomo y se quedó dormida. Yo empecé a mover su mano hasta que me vine en su pantalón.

    Después de un rato me quede dormido, el camión llegó a taxqueña, prendieron las luces y ella me dijo que si no se me había dormido mano y agradecía que la hubiera ayudado de regreso. Jejeje

    Cuando bajamos del camión dejé porque se pasara ella por delante y podía ver lo blanco de mi leche marcado en su trasero y ver que ella caminaba rumbo a un coche que ya la esperaba, sin que supieran todo lo que había pasado en ese camión.

    Mi mail es [email protected] para poder conocer sus comentarios.

  • No perdió la oportunidad

    No perdió la oportunidad

    Esta es la historia de una noche que me sigue apenando cada vez que la recuerdo y eso que ya pasó 1 año pero que por fin me decidí a compartir. Soy gerente de un restaurante, tengo 26 años, de estatura mediana. Tengo buen físico porque me cuido muño y soy vanidosa. Poquito bubi pero un buen trasero.

    Tengo un mesero que se llama Gustavo, el tipo es desagradable, desalineado y nefasto en toda la expresión ya que siempre me percato como ve a las demás chicas, ya sean clientes, compañeras y hasta a mí misma. Aun así lo tengo que soportar ya que ante los clientes siempre es muy bueno y le grada mucho al dueño del restaurante.

    Mi novio es alguien atlético y perverso que en la intimidad le gusta imaginarme con alguien más y cada vez que teníamos relaciones siempre me susurraba al oído lo mucho que le gustaría ver cómo alguien más se aprovecha de mí y me hace suya.

    Por mucho tiempo yo lo ignoré y solo le daba por su lado para no tener problemas y, en lo que cabe, complacerlo porque cada vez que le seguí el juego se prendía más y eso a mi me excita mucho.

    Ya por fin despues de tanto insinuarme acepté y le dije que me llevara a donde él quisiera y que por esa noche haría lo que él me dijera con quien él me dijera si eso era lo que busCaba.

    Llegó el día esperado y por supuesto estaba nerviosa pero curiosa a la vez. Me puse lo más sexy que pude. Usé un vestido corto, negro, pegadito y una tanga casi hilo dental negro también.

    Cuando llegamos al bar se veía de mala muerte, gente no tan linda como yo esperé ya que, al ser la primera vez creí que por lo menos me llevaría a un mejor lugar y mejor cuidado. Traté de no hacer caso a eso y no molestarme para no arruinar la noche pero es que era inevitable no sentirme incómoda por todos los tipos tan desagradables que había ahí. En fin, mi novio se levantó a la barra por unos tragos y al regresar le dije que ya 2 tipos se habían acercado para sacarme a bailar, aunque solo pasaron 5 minutos desde que me dejó sola.

    Él solo sonrió y me dijo que ya se lo imaginaba. Sabía que al llevarme a ese tipo de lugar muchos se acercarían con una sola intención; cogerme…

    Había unos tipos enfrente de mí que no dejaban de verme la entrepierna y es que esos sillones donde estabamos sentados eran muy bajos lo que hacía que se me viera todo. Pasaron unos minutos y despues de varios tequilas que me dio se acercó uno de esos tipos para sacarme a bailar enfrente de mi novio. Al final esa era su intención, que yo tomara cada vez más para que me relajara y tenerme más dócil, pues lo logró.

    Volteé a ver a mi novio para ver qué decía y solo con su mirada y un movimiento con su cabeza me dijo «ve con él» mientras que en su mano tenia su trago.

    Al llegar a la pista eramos pocos y el tipo este de inmediato se me acercó demasiado, tenía su mano en mi cintura y la otra casi en mi nalga. Despues me volteó para arrimarme todo su pene erecto. Era inevitable no sentirlo. Vi como le hizo una seña a otro tipo con el que venía a lo que de inmediato se acercó tambien. Este último olía ya a borracho, era un tipo como de 50 años, panzón y con ropa sucia, como que acababa de salir de trabajar. Se veía que se había salido a tomar una noche con sus amigos dejando a su esposa e hijos en casa obviamente.

    Y ahí estaba yo, una chica de 26 años en medio de dos tipos que me estaban oliendo, lamiendo, pegandome su pene, agarrando mis nalgas debajo de mi falda y diciéndome cosas sucias como… «estas bien rica niña, deja a tu novio y ven con nosotros, quiero tener tu boca en mi verga, etc.»

    Tenía todo en ese momento; un poco de miedo, asco, pero también y curiosamente ya sentía que me estaba mojando. No sabía si era la situación, las vulgaridades que me decían o el ver a mi novio cómo lo estaba disfrutando al verme en medio de esos dos.

    Así como así acabó la música y me escapé de entre ellos para irme a sentar un rato con él. Brindamos de nuevo con un para de shots, tomó mi pierna y me dijo al oído… «te veias supe rica amor, la tengo super parada al ver cómo te hacían lo que querían. Al escuchar eso me sentí mejor porque pensé que al menos había valido la pena. Yo pensé que ya estaría satisfecho con eso para al parecer, para él apenas empezaba.

    Me tomó de la mano y me dijo «ven, ya no aguanto.» Nos metimos a un cuarto que le dicen «cuarto obscuro» por obvias razones. Ahí nos comenzamos a besar, estaba super loco, caliente, me estaba casi desgarrando lo que traia puesto. Muy fuerte y brusco me tomó del cabello, se sacó su pene y me bajó para que se lo comenzara a chupar. Así estuvo unos minutos mientras que vi como le hizo señas a uno de los tipos con los que bailé antes ,que claro nos siguieron.

    «Métesela duro» – le dijo mi novio al tipo a lo que no esperó más y rápidamente obedeció. Me levantó la falda, me bajó fuerte mi tanga y de un solo golpe, después de haberse puesto saliva, me la metió. Así estuvo unos minutos para después venirse sobre mis nalgas.

    El tipo se alejó por fin de haber obtenido lo que quiso despues de la pista de baile. Cuando estaba a punto de levantarme sentí cómo alguien más me vuelve a empujar hacia abajo. Quise voltear a ver su cara pero claro estaba oscuro y este otro se acercó a mi vagina para empezar a chuparmela y lamerme el ano. No puedo negar que me sacó unos cuantos gemidos.

    Cuando por fin se acomoda para penetrarme siento como jala mi cabello, se acerca a mi oído y me dice…

    «Sabía que algun día serías mi puta…»

    De inmediato reconocí su voz, ¡¡¡era Gustavo!!! El desagradable mesero que trabaja conmigo. Quise incorporarme pero con su fuerza me seguía jalando del cabello hacia abajo cuando de repente sentí como fuertemente me la metió. Mi novio no lo conocía físicamente, aunque ya le había hablado de él. Además, el ya se había levantado y estaba entretenido con una chica de a lado tocandole los senos.

    Quería gritar, quería levantarme, quería hacer lo que fuera para que este maldito se quitara y se saliera de mi pero no pude. Pensé que solo provocaría una pelea, así que el asco y la pena de voltearlo a ver hicieron que solo me quedara ahí, a su merced.

    Me decía al oído cosas como…

    Estas deliciosa, jefecita…

    Sabía que algún día serías mi putita…

    Ya no eres tan mala cuando estas empinada, ¿eh?

    Así siguió por unos minutos, dándome como quiso y cuanto quiso. Y cuando finalmente se iba a venir, me jaló del cabello, me jaló hacia su pene y me lo metió en la boca. No me soltó hasta que hizo que me tragara todo su semen. Olía asqueroso.

    Ya cuando por fin acabó de hacerme lo que quiso, me hizo a un lado y me dijo «estuvo delicioso, te veo mañana en el trabajo».

    Ni novio no se percató de casi nada ya que él también acababa de terminar de venirse con la chica con la que estaba a lado.

    Le dije ya vamonos, por favor. Nos vestimos, no encontré la tanga que traía a lo pensé que Gustavo tal vez se la habia llevado de recuerdo.

    Al otro día solo llegué para renunciar, no les di explicaciones, solo no quería volver ahí. Cuando salgo, ese maldito hace sonidos con la garganta para que lo voltee a ver y ahí estaba él, viéndome depravadamente de lejos y oliendo mi tanga que obvio me robó como de recuerdo.

    Me moví de ciudad y hasta la fecha no vuelvo a saber de él.

    Fin

  • Mi mujer sintiendo por primera vez de verdad

    Mi mujer sintiendo por primera vez de verdad

    Mi mujer se llama Ana, tiene 41 años muy bien llevados, morena, de pelo negro, pero sobre todo un cuerpazo bien cuidado a base de gym, es muy presumida y se cuida mucho, le gusta vestir bien a la vez que provocativa.

    Llevamos 12 años de casados, pero desde hace 3 años me diagnosticaron un de próstata y debido a ello tengo disfunción eréctil, no puedo tener erecciones, con lo cual nuestra vida sexual se ha visto muy afectada, a veces le hago sexo oral pero conozco a mi mujer y sé que le encanta el sexo en varias ocasiones le he dicho que si necesita buscar fuera de casa lo que yo no puedo darle lo entendería. Ella se ofende cuando le digo esto, aunque lo comprende. Después de mucha insistencia de mi parte quedamos en que si algún día aparecía alguien que le llamara la atención se lo plantearía.

    Hace unos meses la lavadora dejó de funcionar, así que mi mujer llamó al servicio técnico, un técnico la contactó por teléfono y dijo que al otro día se pasaría, así al día siguiente llamaron al timbre y era el técnico. Era un hombre alto, más alto que yo, y fuerte, con una voz grave y sobre todo muy amable. Desde que vi la cara de mi mujer supe que le gustaba, notaba como le miraba y su forma de comportarse, era toda dulzura con aquel hombre. El técnico terminó de arreglar la lavadora pero dijo que lo mejor sería volver otro día a actualizar el software de fábrica.

    Cuando se fue le dije a mi mujer:

    – Te ha gustado, verdad?, es más te ha puesto cachonda y todo, he visto como le mirabas

    – ¿Qué dices?, ella intentaba convencerme de que no era así pero la conozco demasiado, al final terminó confesándome de que sí, de que le había llamado mucho la atención el técnico, que le gustaba como hombre. Le dije, tienes su número de teléfono, llámale para que vuelva a actualizar la lavadora cuando quieras.

    Me dijo que se lo pensaría pero al poco tiempo le escribió por Whatsapp, así que quedaron en que el técnico volvería al otro día en la mañana. Ese día se levantó temprano se aseó y se quedó con la bata de dormir, una bata rosa semitransparente que dejaba ver el tanga negro que llevaba debajo y sus pechos totalmente libres. Estaba terminando de peinarse cuando sonó el timbre, era el técnico, puntual.

    -Buenos días señora

    -Hola, no te esperaba tan temprano, perdona las pintas, apenas me ha dado tiempo a arreglarme

    -No se preocupe, está usted en su casa. Le dijo sin dejar de mirarle los pechos por encima de la bata

    Cuando mi mujer, algo nerviosa, se giró para dirigirse a la cocina el técnico clavó sus ojos en el culo casi perfecto que tiene ella. Llegaron a la cocina y comenzaron a charlar de forma animada, mi mujer en plan seducción le daba miradas y la conversación fluía entre risas, ella se abría un poc la bata dejando entrever sus senos, o se inclinaba en el fregadero para que se marcara aun mas el tanga negro. El técnico le dijo que era necesario actualizar el software de la lavadora, a lo que mi mujer respondió:

    – Quizás yo también necesite ser actualizada en algunos aspectos… le dijo mirándole a los ojos

    El hombre se quedó de momento un poco sin saber qué decir, pero enseguida reaccionó diciendo: encantado le actualizo lo que usted quiera!

    Se fue acercando donde estaba ella, como buscando su aceptación, ella no dejaba de mirarlo, aunque muy nerviosa, estaba literalmente temblando, por lo que de forma inminente iba a suceder, pero que tanto deseaba y que ella misma había provocado, hasta que él la agarró de la cintura y comenzaron a besarse, se besaban con deseo mientras él le quitaba la bata con sus manos grandes. Ella mientras tanto hacía lo mismo y le quitaba la camisa con deseo, casi con desespero.

    El la levantó y la sentó de golpe en la encimera de la cocina, pero ella dijo: uyyy que fría!!, se bajó y dijo, vamos

    En tanga ella y él solamente con el pantalón a medio quitar llegaron a la habitación, allí continuaron besándose de pie junto a la cama, ella terminó de quitarle el pantalón, dejándolo solamente en boxer mientras aprovechaba para agarrar la polla por encima del boxer, se tumbó en la cama él se desnudaba de prisa y se tumbaba encima de ella para seguir besándose, mientras se desnudaba ella no pudo dejar de mirarle su polla, al igual que aquel hombre era más alto que yo, tenía una polla realmente grande y gruesa, bastante más que la mía, es como comparar un boli con un rotulador…

    Él la besaba a la vez que alternaba chupándole las tetas y el cuello, en esa posición colocó su polla en la entrada del coñito de mi mujer y empujó, a lo que ella dio un respingo hacia atrás.

    – Qué pasa? Te ha dolido?

    – Un poco, es que la tienes muy grande y gruesa.

    – Tienes un coñito muy cerrado, se ve que no tienes mucho sexo…

    – La verdad es que últimamente no…

    – Pues habrá que hacer algo

    Diciendo esto comenzó a bajar pasando la lengua por el cuello, orejas, los pechos de mi mujer, su vientre, hasta llegar a su coño, hasta la lengua de este tío era grande, comenzó a pasarle la lengua por todo el coño, por el clítoris, en una vez que metió la lengua en el coño mi mujer tuvo un orgasmo brutal, en medio del orgasmo alcanzó a decirle: ven!, estaba deseando ser penetrada. El hombre subió rápidamente y comenzó a meterle aquel pollón poco a poco mientras mi mujer apretaba los ojos y gemía recibiendo aquella cosa tan gruesa como nunca había sentido.

    El hombre comenzó a moverse primero con suavidad hasta que fue aumentando sus movimientos, ella no paraba de gemir cada vez más fuerte, estaba gozando como nunca, sus manos se aferraban a la espalda ancha del técnico, como deseando que aquello no terminara nunca.

    El hombre comenzó a bombear con fuerzas, su polla cada vez más dura, así que le dijo: ¿dónde la quieres?, a lo que ella respondió entre gemidos, puedes correrte dentro si quieres, tengo anticonceptivo puesto, así que en algunos movimientos más la respiración del técnico comenzó a acelerarse, hasta tener un orgasmo dentro de ella, que al sentirlo volvió a correrse estruendosamente, esta vez sus gemidos eran gritos de placer.

    Aún después de correrse el tío seguía excitado, dándole polla, que la llevó a tener un tercer orgasmo igual de intenso, hasta quedar tendido encima de ella, ambos exhaustos de aquel tremendo polvo.

    Pasados unos minutos se separaron, quedando en la cama.

    -Necesito ir a lavarme al baño, ¿vienes?

    Ambos se levantaron y fueron al baño, ella se esmeraba en lavar bien ese pollón, estaba encantada con ese trozo de carne en la mano, jamás había visto y sentido algo así y a cada rato le decía, estás muy bien dotado, es grande y gorda… él reía y a su vez le lavaba el coñito y de paso le metía mano en el culete de mi mujer, ambos se estaban duchando.

    – ¿Entonces te gusta mi polla?

    – Me encanta!!

    – Hay algo en lo que estamos en desigualdad…

    – No comprendo, ¿en qué?

    – Algo que yo te he hecho per tú a mi no…

    Ella sonrió y sin decir nada, agarró la polla, se agachó delante del técnico y sin dejar de mirarle a los ojos con cara de putita se llevó la polla solamente a los labios, los abrió solamente un poco, sin dejar de mirarle… él dijo: vamos! ella comenzó a pasar la lengua por el capullo como si de un helado se tratase, luego alternaba esos lametones metiéndose la polla en la boca, hasta donde podía y como podía, y chupando, sin dejar de chupar… en ocasiones tenía que parar porque de tan gruesa le dolía la boca de tenerla tan abierta, o a coger aire, cuando él le empujaba un poco también tenía que parar con algo de nauseas pero volvía a su mamada, él solo disfrutaba mirándola.

    Así estuvieron un rato, hasta que él la tomó de la cabeza y comenzó a follarle fuerte la boca, ella abría los ojos e intentaba quejarse pero el tío estaba demasiado excitado… le sacó la polla, le dio la vuelta y le colocó los brazos en la pared, le abrió las piernas y comenzó a follarla desde atrás, ambos gemían como animales hasta que tuvieron un orgasmos fortísimo, casi al mismo tiempo, él tuvo que sujetarla pues a ella, debido a la intensidad del orgasmo se le aflojaron las piernas y casi se cae rendida…

    Volvieron a ducharse entre besos y caricias.

    – Antes lo había visto por encima de la bata, pero ahora que lo he visto mejor, tienes un culo espectacular!!

    – Sí, eso me dicen

    – Cariño, lo siento pero tengo otro cliente que ver y ya voy tarde, ¿nos volveremos a ver?

    – Cuando quieras!

    Se despidieron, el técnico se vistió y se fue

    Ese mismo día en la tarde en el Whatsapp de mi mujer…

    – Hola, me encantó lo de esta mañana, eres una diosa! tienes un coñito muy apretadito, se ve que no le han dado mucho uso últimamente!

    – Quizás, o también que la tienes muy gruesa! También puedes dilatarme el coñito!!

    – De momento me gusta así, me encanta como tu coñito me abraza toda la polla… y ese culo! madre mía!! ¿cuándo crees que podamos quedar de nuevo?

    – Luego te digo… la próxima vez será mejor.

    Continuará…

  • Probando un pene grueso y rico de un hombre maduro

    Probando un pene grueso y rico de un hombre maduro

    Un saludo cordial amigos lectores, les cuento que esto me ocurrió mucho tiempo cuando tenía 31 años, Samir es mi nombre, conocí a un doctor de 52 años, alto moreno claro y lindo, en una entrevista para exámenes médicos rutinario y desde que nos vimos nos gustamos, me hizo las pruebas rutinarias, conversamos un poco y nos despedimos.

    Pasaron unos días y nos encontramos en la empresa donde trabajábamos, me invitó llevar a mi casa, el cual accedí, hablamos durante el camino me dijo que desde que me vio le guste mucho e igualmente le comenté que soy de mente abierta, conversamos un buen rato de lo que podíamos hacer en los próximos días, ya que él es casado.

    Llegó el momento que íbamos a estar juntos lo llamé antes y le dije que se viniera preparado para tener una buena sesión de sexo puro.

    Así mismo llegó el momento de estar en mi casa, entro el carro a mi residencia y lo recibí de la mejor manera, me dio un beso y le respondí muy húmedo con mis labios que estaban llenos de saliva para que supiera que lo deseaba con muchas ganas. Entramos a mi cuarto y nos quitamos toda la ropa, antes de que el llegara, yo me había preparado para él, me depile todo mi culo mi cuerpo, para que sintiera mi piel completa, ya que antes de verlo desnudo sabía que tenía un pene enorme de 23 cm, me moría por tener ese grande pene entre mis labios y poder disfrutar de su glande.

    Para mí sorpresa lo vi desnudo e igual que yo, él estaba todo depilado, cuando bajé mi mirada, v su enorme pene, les confieso que era un poco más grande de lo que pensé, (26 cm) mientras nos besamos tocaba su glande con mis dedos y pude sentir lo húmedo que él estaba, así pude llevar sus líquidos preseminales a mi boca, para saborear lo que estaba a punto de tragarme.

    Dirmero me dijo: estás preparado para una jornada de sexo duro le dije que sí, mientras nos besamos me dijo al oído que bajara lentamente hasta su pene y le diera ricas mamadas, el cual accedí si protestar, cuando bajé hasta su pene, le di unas chupadas en sus tetillas, para excitarlo más, luego baje hasta su pene, y pude darle y rico beso.

  • El mecánico

    El mecánico

    Teníamos el auto en el mecánico. La idea era que mi marido lo pase a buscar cuando saliese de trabajar. Pero me llamó y me dijo:

    M: Gorda, ¿podes ir a buscarlo vos por favor? Salgo más tarde

    Y: Uh ¿en serio me decís?

    M: Si por favor, no llego.

    Y: Es que yo no entiendo nada.

    M: Ya hablé con él, es solo retirarlo. Yo después le pago.

    Y: Ok, si no me queda otra. ¿cómo se llama?

    M: Roberto.

    A las 17 h me puse una tanga blanca, un short blanco, un remerita sin corpiño y salí caminando para retirar el auto. La tarde estaba muy linda y calurosa. Cuando llegué estaba bastante transpirada. El sudor había mojado un poco mi remera.

    Entré al taller y vi a un señor de unos 60 años. Llevaba puesto un jean bastante ajustado que dejaba notar un buen bulto. No tenía puesta remera por el calor que hacía allí. Su torso bien trabajado mostraba grandes músculos. A pesar de su edad estaba en muy buen estado.

    Me miró de arriba a abajo sin perder detalle de mis pechos sueltos.

    R: Adelante señora, pase

    Y: Buenas tardes, vengo a buscar el Ford que dejó mi marido a la mañana.

    R: Claro, por supuesto. Venga que se la muestro.

    En ese momento pasó su brazo por mi cintura para acompañar el movimiento y con sus manos llenas de grasa me manchó mi blanca ropa.

    R: ¡Uh disculpe señora, que torpe soy!

    Y: No se haga problema.

    R: ¿Cómo no me voy a hacer problema?

    Tomó un trapo mojado y comenzó a frotarlo por mi espalda y mi cola. Sus intentos de limpiarme me estaban calentando mucho al punto que mis pezones lo evidenciaban. Al mojar mi fino short comenzó a divisarse mi pequeña tanga.

    R: No sale. Le pido disculpas.

    Y: No se haga problema en serio, después lo lavo.

    R: Bueno venga, le muestro una cosita que no le expliqué a su marido.

    Me acerqué al auto y me hizo poner frente al motor.

    R: Estírese y ve allá atrás

    Estirándome dejé mi culo a merced de Roberto. Sentí como me apoyaba su verga y confirmé lo que mis ojos habían visto. Su bulto era enorme y estaba totalmente duro.

    R: Toque esa palanca, ¿la siente?

    Y: Si, la siento muy bien.

    R: No tiene que estar así dura. Hay que hacer algo con eso porque se puede romper.

    Y: ¿Hay que cambiar esa pieza?

    R: No, solo hay que hacerle una especie de masaje. Su marido va a entender, es como si tuviese que satisfacer a esa palanca ¿me explico?

    Y: ¿Así?

    Comencé a jugar con esa pieza del auto como si la estuviese masturbando. Roberto comenzó a refregar su pija en mi culo. La excitación de ambos ya era incontrolable.

    R: ufff… si, siga siga… que bien lo hace ¿tiene experiencia?

    Y: Algo, me gusta hacerlo con los hombres que están necesitados

    R: No sabe lo necesitado que está este abuelo señora

    Y: Uh pobrecito el abuelito. No puedo negarle ayudarlo.

    Me di vuelta y comencé a besarlo. Tocaba todo su pecho con desesperación. El manoseaba mis tetas. Recorría por nuestros cuerpos fusionados una pasión incontrolable.

    R: Pero que puta resultaste bombón

    Y: No suelo hacer esto

    R: ¡Reconocé que sos una puta! O por lo menos mi putita

    Me agaché y le saqué la pija. Era enorme, venosa y gorda.

    Y: Si voy a ser tu putita, no hablamos del precio del arreglo

    R: No te preocupes, si me pagas en dos cuotas queda saldado

    Comencé a chuparle la pija como buena puta que era. Recorría con mi lengua cada lugar de sus 26cms de pija. Masajeaba sus huevos. Ya no me reconocía.

    R: ¡Seguí, seguí! ¡Quien bien la chupas bombón! ¡Nunca me habían dado una mamada como esta!

    De repente escuché ruidos. Dejé el chupete de lado y al girar la cabeza vi a un señor de unos 40 años parado mirando el espectáculo y haciéndose una paja.

    R: Te presento a mi hijo Federico. También es dueño del taller. Deberías pagarle a él también ¿no?

    Me incorporé y desnudé quedando solo en tanga. Me agaché agarrando la pija del hijo, que no la tenía tan grande como el padre, pero cumplía. Dejé el culo apuntando a Roberto y comencé a chupar la pija del nuevo integrante de la fiesta.

    Roberto aprovechó para correrme la tanga a un costado y empezó a jugar con su punta de lanza en mi concha. Yo estaba toda mojada, lo único que quería era que me la clave completa.

    F: Clientas así dan gusto tener.

    R: No le faltes el respeto. Ella paga como puede che.

    Roberto comenzó a penetrarme rápidamente. Parecía un pendejo de 20 años moviéndose. Era una maquina sexual imparable.

    Federico gemía sin importar que alguien pueda escuchar. De repente y sin avisar me acabó en la boca. Era mucha cantidad. Tragué lo más que pude. Una vez flácida, seguí mi juego con su papá. Mientras tanto Federico miraba y se la manoseaba.

    R: ¿Ya acabaste? ¡Pareces hijo de otro querido! 4 horas la voy a tener a esta puta acá. Anda cerrando el taller vos.

    Literalmente me tuvo 4 horas cogiéndome. Acabé 10 veces y él solo una en mis tetas y cara. Me llenó de leche.

    Me limpié como pude. Me volví a poner la ropa dejándole la tanga de regalo a Roberto. Me dolía todo el cuerpo.

    R: Que bien te portaste bombón. Pocas han soportado mi ritmo.

    Y: ¡Sos un toro salvaje! ¡Indomable! Vas a tener que darle alguna lección a este

    F: Este la próxima te rompe el orto querida.

    Y: Primero vas a tener que intentar imitar a tu viejo, sino te vas a tener que conformar con mamadas.

    R: Jajaja

    Me subí al auto y antes de sacarlo le di un beso en la pija a Roberto desde la ventanilla.

    Y: La semana que viene te vengo a pagar la siguiente cuota.

    R: Dale putita, cuando quieras.

    Me fui a casa y me bañé recordando la sesión increíble de sexo que había tenido.

    Cuando llegó mi marido me preguntó si el mecánico me había dicho algo.

    Y: El auto anda de maravilla. Lo dejó como un violín.

    M: ¿Afinado?

    Y: Si si jajaja Tiene un taller prolijo y limpio.

    M: Si, es muy metódico. Trabaja muy bien.

    Y: Me sorprendieron las herramientas que tiene, todo bien cuidado, ordenadas de mayor a menor, algunas muy grandes.

    M: Dejate de joder, mira en lo que te fijas.

    Y: ¡Bueno, el tamaño de la herramienta importa!

    M: jajaja

    Se rio sin saber que ya le conocía la herramienta a Roberto.

    M: Ya le hice la transferencia. Me confirmó que le llegó

    Me puse roja cuando escuché eso. ¡El hijo de puta le había cobrado a él y a mí también!

    A la semana siguiente, fui al taller a pagar mi segunda cuota. ¡Las putas tenemos palabra!

  • Puta por necesidad. Segundo cliente

    Puta por necesidad. Segundo cliente

    Después de la primera vez que me entregué a otro por necesidad lejos de sentirme culpable era para mí un refugio espiritual cuando mi marido me insultaba o llegaba borracho, bastaba con cerrar mis ojos y recordaba paso a paso lo que hice con Rafael, desde el momento de mi llegada a su casa hasta que salí de la misma, como si fuera una película en mi cabeza, la regresaba una y otra vez, poniendo en cámara lenta los mejores momentos, en los que gocé más, incluso percibiendo aromas de esa mañana lo que me hacía mojarme muy rico, también haciendo “close up” en el instante en que Rafael me metía toda su verga en mi vagina mojada después de haberla ensalivado.

    Mi marido seguía tomando, tal vez un poco menos, pero no había cambio en su conducta, a mí ya no me importaba mucho porque tenía un paraíso intelectual y al verlo agresivo en mis adentros pensaba “cornudo, si supieras que cogidota me dieron y que sabrosa verga me comí” Sin embargo, esos recuerdos con el paso del tiempo fueron desapareciendo poco a poco y ya no tenían el efecto de las primeras semanas, Crispín (es mi marido para los que no leyeron mi primer relato) en algunas ocasiones que llegaba sobrio se ponía romántico y me hacía el amor, pero yo ya no lo disfrutaba por varias razones, la primera porque sólo duraba 10 minutos y lo hacíamos debajo de las cobijas en la clásica posición del misionero, la segunda porque no había sexo oral de su parte y yo no me atrevía porque me iba a cuestionar si se lo hacía, la tercera es que él terminaba y se olvidaba de mí y yo me quedaba bien prendida.

    Así fueron como 3 veces en un mes y yo extrañaba una buena cogida. Cierto día fui a la tienda de Doña Mago y me preguntó cómo iba mi relación, le dije que igual, ella me comentó que le habían pedido una muchacha y me preguntó que si no me animaba a hacer el servicio, yo la verdad por educación le dije que lo iba a pensar y que le avisaba, pero no quería volverlo a hacer porque me daba miedo que esta vez si me vieran y fuera a tener problemas y es que mi pueblito era muy chico y todo mundo se conocía.

    Esa noche mi marido quiso hacerme el amor y yo me metí a bañar tenía toda la intención de gozar con mi marido, ya en la recámara me quité la toalla y me quedé desnuda, él le ponía más atención al partido de futbol que estaban pasando en la televisión que a mí, yo me puse una tanga que había comprado y mi marido ni se dio cuenta, me acosté junto a él y me dijo –Espérame que no ves que estoy viendo el juego. Me dio coraje y me dormí, mi marido ya no hizo nada por despertarme.

    En la mañana él se fue y ni siquiera se despidió, yo llevé a los niños a la escuela y de regreso me quedé con la señora de la tienda y le dije que si aceptaba el servicio, ella me dijo que ese día le hablaba al señor que se lo había pedido y tal vez la cita era para el día siguiente, yo le pregunté que si no era el mismo de la otra vez y me dijo que no, que era otro.

    Me fui a mi casa y pensé “si mi marido no me atiende, alguien más lo hará” así pasó todo el resto del día y ya por la noche imaginaba que me la iba a pasar súper. Me desperté temprano le hice el lonch a mi marido y a mis hijos, se fue Crispín y un poco después llevé a mis hijos a la escuela ya de regreso pase con la señora de la tienda y le dije que estaba lista, ella me dijo que me esperaban a las 11:00 y me dio la dirección, me dijo que era un hotel que llegara a la habitación 202, me dieron nervios de que alguien me pudiera ver entrando al hotel, pero eran más mis ganas de sexo que el miedo, como apenas eran las 9:00 me fui a mi casa a desayunar y después me metí a bañar.

    Disfruté mucho el asearme para alguien que no conozco, me enjaboné todo mi cuerpo, pero le daba más cuidado a mis tetas que son algo grandes pensando en que me las iban a chupar todas, mi cintura que como ya les había dicho es estrecha y contrasta con mi gran culo, también me enjaboné con entusiasmo mis nalgas que son grandes y redondas creo que es mi mejor atractivo y por último mi vagina después de haberle dado una depilada, en pocas palabras fue servicio completo, je je.

    Cuando salí del baño y entre a la recámara me quité la toalla y me miré en el espejo de cuerpo entero y la verdad me vi hermosa, no sé porque mi marido no aprovecha la buena hembra que tiene en casa, me puse la tanga que había comprado y que le mostré a mi esposo y que ni la vio, la había comprado en un catálogo a una vecina en pagos junto con un bra del mismo color que hacían juego, yo no uso pero la había comprado para excitar a mi esposo, cuando me la puse me gustó como se me veía, se me metía completamente entre mis nalgas dejando solo a la vista el triangulito de arriba, me hacía ver mis nalgas más redonditas de lo que las tengo y más paradas, mis piernas también lucían más largas y torneadas, el bra me apretaba un poco y hacía saltar mis tetas que se veían hermosas como si se quisieran salir, me puse encima un vestido y me arreglé para salir, muy poco maquillaje y sólo labial en los labios para no dar sospechas. Salí pedí un taxi y me llevo justo afuera del hotel, le pedí al chofer que diera una cuadra más que ahí no era, para cuidar que alguien me viera.

    Me bajé del taxi volteé a un lado y a otro me aseguré que nadie me viera y empecé a caminar al llegar a la entrada volví a mirar a todos lados y entré, pregunté a la recepcionista cual era la habitación 202 y me indicó cual, también me dijo que ya me estaban esperando, caminé por un pasillo y al llegar a la habitación toqué y me abrió un tipo alto, moreno, de complexión robusta sin llegar a ser gordo y con barba, me saludó y me pidió que me pasara, (nada que ver con Rafael) estuve a punto de salir corriendo por lo imponente de la personalidad del señor, pero pensé que iba a quejarse con Doña Mago y no me convenía quedar mal, total me aguante pasé y me senté en un sofá que había en la habitación, el señor se presentó me dijo que se llamaba Miguel y me ofreció algo de tomar, yo estaba tan nerviosa que le acepté una cerveza para ver si me tranquilizaba un poco, en lo que nos tomamos la cerveza me platicó que era viudo y que tenía un taller mecánico, pero que algunas veces contrataba muchachas para desahogarse sexualmente.

    Después se acercó y me besó yo correspondí al beso, se notaba una desesperación o necesidad de sexo ya que casi me quería comer, eso me calentó mucho, metía su lengua en mi boca con desesperación, mordía mis labios muy rico, su mano rápidamente busco mis nalgas y empezó a sobarlas y apretarlas con fuerza, beso mi cuello y poco a poco fue bajando hasta llegar a mis chiches las cuales sacó del bra y las lamió con alegría y entusiasmo, como son muy grandes las chupaba por un lado y por otro, después le dio su exclusividad a cada uno de mis pezones, los cuales se paraban de tan caliente que ya estaba, su barba me picaba por todos los lugares donde me recorría, era una experiencia que no había sentido, se sentía rico sentir esa sensación en mi piel.

    Después de un rato me cargo como si fuera una muñeca y me aventó a la cama, me pidió que me quitara el vestido, yo me paré y me quité el vestido quedándome sólo en tanga y bra, Miguel se quedó petrificado viéndome de arriba abajo y me dijo estás buenísima, ese tanga te queda fabulosa y que par de nalgas te cargas, ahora sí que Doña Mago me mandó algo bueno, le voy a dar una propina extra.

    Miguel me bajó la tanga con los dientes y al ver mi panochita de inmediato se clavo en ella, así de feroz como me besó ahora me comía la concha, metía la lengua por todos lados, daba ligeros mordiscos a ambos lados, por momentos boca y nariz estaban dentro de mí, yo en la luna retorciéndome de placer sintiendo esa embestida en mi cosita, al contrario de Rafael esta vez era más salvaje y con mucha intensidad, Miguel me pidió que me pusiera en cuatro, yo accedí rápidamente pensando que ya me iba a penetrar, pero él siguió chupando, parecía que le fascinaba mamar la vagina, después dio un cambió de dirección y me empezó a lengüetear el ano, al principio me saque de onda, pero sentía igual de rico que en la vagina o tal vez más, yo lo estaba disfrutando mucho, él trataba de meterme su lengua y eso se sentía genial, pasado un rato ya tenía yo ganas de que me metiera la verga así que me volteé y le bajé el pantalón y me llevé una gran sorpresa, tenía una vergota grande y gruesa, me asusté pensé que me iba a lastimar, pero ya no podía hacer nada, se la empecé a mamar pero no me cabía en la boca, hice un esfuerzo y me la comí, creo que sólo la cabeza porque si estaba grande.

    Después cambié de estrategia y mejor se la chupé por los lados y me bajé a los huevos, la verga la sentía pesada en mi cara yo creo que la cabeza rebasaba la frente, finalmente se acostó y me dijo que me sentara en ese monstruo, yo lo hice con mucho cuidado, empecé lento, pero era tan grande que no entraba, fui soltando un poco más de peso y sentí como se abría mi panocha me levantaba un poco y me volvía a bajar lento, así estuve unos minutos, pero sentí seco y me quité para darle una ensalivada y no me doliera tanto, continué con mi tarea y seguí igual lento, hubo un momento que Miguel se desesperó y me dio un jalón y entró toda esa verga yo sentí que me partía en 2, pero ya la tenía adentro así que con dolor y todo empecé a cabalgar ese tronco.

    Sentía una mezcla de dolor y placer que jamás había sentido al paso de los minutos ya mi puchita se había acostumbrado al grosor de ese pedazote de carne y subía y bajaba con un ritmo que Miguel me marcaba agarrándome de las caderas, pasado un tiempo me pidió que ahora me montara al revés para ver mis nalgotas que era lo que más le había gustado de mí, obedecí en el momento y me volví a sentar en esa delicia, esta vez ya no me costó trabajo, creo que ya me tenía bien abierta y al estar cabalgando me decía “Que hermosas nalgotas” “que bonito culote” y yo ya caliente le decía te gusta, él me contestaba que sí, después me dijo-Muévete perra.

    Eso me calentó más de lo que estaba y me seguí dando de sentones en su verga. Ya después me pidió que me pusiera en 4 y me ensartó muy rico, siguió diciéndome cosas sucias.

    –Que buena puta eres. Decía y yo le contestaba, sí y él seguía como loco metiendo y sacando su enorme arma, yo feliz.

    Descubrí que me gustaba que me gritaran cosas feas y mi vagina feliz de recibir ese castigo, por último me dio una acelerada muy rica y ya cuando se iba a venir me dijo que me volteara y así lo hice, casi sincronizados me aventó toda la leche en la cara, la que sentí caliente y escurriendo, Miguel se desplomo en la cama agitado y satisfecho, yo me limpié con una toalla que estaba ahí y después fui al baño a terminar de limpiarme me sentía sucia, pero satisfecha. Miguel me pago y salí del hotel nuevamente como agente secreto cuidándome de todos lados para que no me vieran.

    En el camino pensaba en que si mi marido en la noche quería tener sexo, iba a notar lo abierta que me había dejado Miguel, pero confiaba en que llegara borracho. Llegué de regreso con Doña Mago y le informé que ya había quedado su encargo, ella se sonrió y me dijo cuando gustes ya sabes…

    Fue la segunda vez que le fui infiel a mi marido, esta vez ya no me dio ningún remordimiento, tal vez estaba disfrutando este pasatiempo, hubo una tercera y última vez que hice cornudo a mi marido antes de venirnos a Estados Unidos, espero poder contárselas muy pronto, porque escribo a escondidas y no quiero que él se entere, si escribo aquí es para desahogarme y recordar.

  • Conversión (1)

    Conversión (1)

    El portazo es lo último que recuerdo de la pelea que tuve con mi esposa. Simplemente, salí de ahí porque ya no quería pelear más. Caminé sin rumbo en una ciudad que no es tan segura para estar de noche. Sentía rabia, sentía injusticia. Después de 8 meses sin sexo, preparé una velada romántica, pero ella no quiso participar, eso llevó a una pelea y que yo me encuentre caminando por el centro de la ciudad sin un destino fijo.

    Son las diez de la noche, veo un pequeño bar abierto y decido pasar a tomar un trago. No sé como volver a casa sin tener que pedir disculpas, ni sé si deba pedir disculpas por algo que ni siquiera sé si es mi culpa, mi cabeza da vueltas, imágenes de divorcio y pornografía se revuelven en mi mente mientras tomo una cerveza. Trato de pensar en mis opciones, ir donde un amigo, buscar un lugar para quedarme, volver a casa. No sé cuanto he tomado cuando me pasan la cuenta porque van a cerrar. Y vuelvo a la calle, a caminar, esta vez a la 1 de la mañana, por algunos de los barrios más peligrosos en lo que he estado. Todo me da vuelta cuando dos tipos aparecen y mi embriaguez desaparece de golpe ante la realidad, voy a morir.

    Los matones parecen sacados de una película barata, ambos con gorros, jeans y uno de ellos lleva algo en la mano, probablemente una navaja. 20 metros, 15, cada metro se me hace una eternidad y mi cabeza queda en blanco, entro en pánico y me paralizo.

    Siento una mano en mi espalda y luego una mujer se para frente a mí y me besa. Se gira y les grita algo a las dos personas que todavía se acercan, solo logro distinguir algunas palabras, sobre que soy su cliente. Algo les muestra y los tipos se detienen, levantan las manos y se van.

    Como despertando de un sueño veo a mi salvadora en ropas que gritan trabajadora sexual. Un top plateado que deja ver su ombligo con una pequeña chaqueta brillante, su pelo rubio es obviamente una peluca, debajo una minifalda negra, pantis y tacos altos. En su cartera de mano, está guardando algo que alcanzo a distinguir como una pistola.

    – ¿Bueno – Me dice – eres mi cliente o no?

    — Yo… — Me detengo nuevamente congelado. Mi rabia, el miedo, la sensación de que estuve a punto de morir, el alcohol, todo se mezcla y solo asiento con mi cabeza.

    Me da un precio y caminamos de la mano a un edificio cercano. Subimos las escaleras, cruzamos un pasillo y entramos en una habitación.

    Ella no espera que cierre la puerta cuando comienza a besarme en la boca y me presiona contra la pared. Empiezo a abrazarla y tratar de responder sus, pero la situación golpea en mi cabeza y en mi sexo de una manera que no había sentido en mucho tiempo. Ella, casi sin soltar mi boca de sus besos, me desviste, sacando mi remera desesperada y soltando mi cinturón dejando caer mis pantalones. Luego pone una de sus manos bajo mi bóxer y mi verga está dura como no ha estado en meses. Sin palabras, sin demoras, sin aviso, se arrodilla frente a mí y pone mi sexo en su boca. Que situación más excitante, apoyado en la puerta del departamento, con mi bóxer en las rodillas y viendo como mi sexo entra y sale de la boca de esta increíble mujer. Es más de lo que puedo aguantar y solo alcanzo a avisar en un susurro que voy a terminar, pero ella se pega aún más, chupando con ganas y recibiendo toda mi descarga sin perder una gota. Yo jamás había terminado en la boca de nadie y mi orgasmo reprimido se extendió por un largo minuto. Yo sentía como mi descarga continuaba, sentía cada espasmo con la mezcla de lengua y garganta de esta maravilla de mujer. Y con cada descarga, sentía como los problemas, el miedo, la incertidumbre se iban disolviendo. Mis rodillas van perdiendo su apoyo y ella sigue chupando y manteniendo mi orgasmo un poco más.

    Cuando empiezo a sentir mi miembro flácido en su boca, la situación sube a mi cabeza y comienzo a reír. Son los nervios, yo sé que son los nervios, pero no puedo dejar de reír. Ella termina de desvestirme, zapatos, pantalón y bóxer y me lleva hasta un sillón, yo todavía riendo. 45 años y jamás había pagado por sexo. Nunca había salido con una extraña, menos sexo en la primera cita. Y aquí estaba, desnudo en una habitación extraña, sin siquiera saber el nombre de mi salvadora.

    Ella desaparece un momento y vuelve con una cerveza que me entrega.

    No quiero arruinar tu momento de buen humor, pero primero deberías pagarme.

    Tienes razón, discúlpame, es mi primera vez haciendo esto.

    Saco dinero de mi billetera y se lo entrego. Ella lo lleva a otra habitación para guardarlo. Uso ese momento para tratar de calmarme. Así que cuando vuelve, ya no estoy riendo. La veo caminar y sentarse a mi lado.

    Bueno, parece que es tu primera vez haciendo esto.

    Sí, si lo es. Y gracias por ayudarme allá abajo, pensé que me iban a asaltar o algo peor.

    Soy Athena, te vi caminando y supe que no perteneces a este barrio, nadie anda por acá sin ser suicida. ¿Eres suicida?

    No, la verdad es que no. No quiero morir, solo que tuve una pelea con mi esposa y no estoy pensando muy claramente.

    Pobrecito, pero yo voy a poder consolarte.

    Oh no, no, yo ya debo irme.

    Pero pagaste por estar conmigo toda la noche. Velo así ¿Tienes donde ir?

    No, no, la verdad es que no.

    Entonces. Mira, tiéndete en el sofá boca abajo y yo te voy a dar un masaje en la espalda.

    Dudando y un poco curioso, le obedezco. Me tiendo en el sofá, de pronto sintiéndome vulnerable. En el momento en que empiezo a estar cómodo, siento sus manos sobre mis hombros. Sus manos son mágicas. No puedo creer lo tenso que estoy hasta que ella descubre cada nervio en mi espalda. Los primeros minutos son de revelación, de liberar tensión, de descansar. Pero pronto el masaje empieza a explorar otras sensaciones. Sus manos se mueven suaves sobre mi espalda y mis nalgas, se acercan peligrosamente a mis partes mientras acaricia mis muslos. Y gimo cuando derrama aceite tibio en mi espalda, esparciéndolo con dulzura sobre lugares que no sabía se sentían tan bien. Sus manos vuelven a mis nalgas, y pronto a la parte interior de mis muslos. Con un poco de presión me pide separar mis piernas, lo que hago. Más aceite y su mano se desliza por el interior de mis piernas hasta llegar a mis testículos. Los acaricia y moja con aceite, la sensación es deliciosa, surreal, erótica. Siento sus dedos volver a deslizarse por mis nalgas hasta sentir una presión en … Mi ano!

    -No, no, eso no. — Me giro con rapidez y ella solo sonríe.

    – Quizás algún día me lo pidas, pero por ahora, veo que tenemos algo importante de lo que preocuparnos.

    Diciendo esto, con sus manos aceitosas, toma mi verga y la empieza a masajear, subiendo y bajando con sus manos expertas. Vuelvo a relajarme, y cierro los ojos. No dejo de maravillarme lo rápido que me recuperé desde la espectacular mamada que me dieron hace unos minutos. A mis 45 años, volver a tener una erección tan rápido es toda una sorpresa. Sin soltarla, sin dejar de masajear, de masturbarme deliciosamente, ella se levanta, y dándome la espalda se sube sobre mí.

    La imagen es de lo más caliente que he vivido. Ahí estaba yo, desnudo, sobre el sillón, ella completamente vestida sobre mí. La textura de sus medias contra mis piernas, sus nalgas asomando brevemente desde su minifalda. La veo mover brevemente el hilo de su tanga y bajar sus caderas hasta posicionarse sobre mi verga. El sexo anal no es nuevo para mi, es algo que mi esposa me daba en ocasiones especiales, cumpleaños o san Valentín. Era algo que yo no podía pedir. Y ahora, aquí estaba con esta maravilla de mujer, sintiendo como mis 17 cm de verga iban entrando lentamente en su cuerpo hasta sentir sus nalgas sobre mis caderas y presionar más hasta sentirla completamente enterrada por mi sexo. Se quedó quieta unos segundos, y luego comenzó a moverse, despacio, delicioso, subiendo y bajando, yo viendo como mi verga entraba y salía desde su ano. Puse mis manos en sus nalgas y me dejé llevar.

    Sus movimientos rítmicos fueron acelerando y pronto sus nalgas golpeando mis caderas sonaban como un aplauso. Athena comenzó a gemir, algo que mi esposa jamás hizo cuando lo hacíamos así. Los movimientos de cadera fueron demasiado para mí y por segunda vez en la noche, volví a tener un orgasmo y fingido o no, pude sentir como el cuerpo de Athena se tensaba y tenía su propio orgasmo.

    No sabía que alguien pudiera tener un orgasmo haciéndolo por ahí, pero Athena quedó congelada, sus gemidos llenando la habitación y su cuerpo tenso sobre el mío le daba un toque especial a toda la situación.

    Ella se levantó con rapidez y corrió al baño. Yo tomé unas servilletas que estaban en la mesa y me limpié. Busqué mi ropa y comencé a vestirme cuando veo que asoma su cabeza desde el baño y me grita que no me vista. Bueno, pensé. La noche no ha terminado al parecer.

    Athena abrió la puerta del baño, pero no salió.

    ¿Amor, tengo una sorpresa para ti, pero puedes sentarte en el sofá pequeño, por favor?

    Ok, ya estoy sentado.

    Athena se demoró unos minutos. Al volver, venía vestida con una hermosa falda roja. En la parte superior, un corsé rojo con encajes negros y sobre los hombros una blusa transparente rosa. La falda, ajustada, con un corte en el costado, dejando entrever una pierna larga calzada con unas botas de taco algo rojas. En sus manos guantes largos de terciopelo negro que le llegan a los codos.

    Athena comienza a modelar su ropa, caminando de un lado al otro de la sala.

    ¿Te gusta lo que vez?

    ¡Guau! Te ves hermosa.

    Entonces esto te va a gustar aún más.

    Diciendo eso, pone música, baja la luz y comienza a bailar. Nunca he ido a un local nocturno. Jamás en mi vida había visto a una stripper en vivo.

    Athena se movía como si tuviera años bailando. Sus caderas al ritmo, sensual, erótico. Se acerca a mí, yo sigo desnudo en el sillón, con mi boca abierta y sintiendo algo que no sentía desde los 20 años… una tercera erección en una sola noche.

    Athena se acerca sensual, su pelo se mueve sexy y sus caderas se acercan peligrosamente a mí. Con movimientos sensuales se sienta sobre mí, moviendo sus nalgas sobre mis piernas, mi estómago, mi sexo. Luego vuelve a pararse y esta vez, pone una canción lenta. Empieza a moverse con sensualidad y delicadeza. Sin detener su baile, comienza a sacarse los guantes. La blusa, las botas, la falda.

    Solo con el corsé y su ropa interior, acerca a mí y entonces me doy cuenta.

    Frente a mí, oculto bajo los encajes de la tanga, su miembro.

    Quedé en shock, no supe qué hacer. Athena me veía esperando mi reacción. Muchas cosas pasaron por mi cabeza. Por primera vez en mi vida tenía sexo con una extraña, con alguien a quien había pagado, por primera vez había terminado en la boca de alguien, por primera vez había hecho terminar a alguien con sexo anal y ahora, ahora me daba cuenta de que ella siempre había sido un travesti.

    Athena, yo, no sé que decir

    Sabía que te sorprenderías. Si te quieres ir lo comprendo. Pero lo estamos pasando tan bien. Y podemos seguir pasándolo bien.

    Yo estoy paralizado. Por un lado, quiero correr a vestirme e irme. Por otro, nunca había conocido a una mujer tan sensual como Athena. Lo erecto de mi pene en ese momento era la prueba de que seguía interesado y parándome del sillón, me acerco a Athena y la beso.

    Esta vez soy yo quien toma la iniciativa. Mi cara pegada a su cara, su lengua entrando en mi boca y la mía entrando en la de ella. Con mis manos tomo sus caderas y la atraigo hacia mí, hasta que mi miembro erecto encuentra a su miembro bajo su tanga. Con mis manos temblorosas e inexpertas, suelto los lazos de su corsé hasta que este cae. Siento sus pechos sobre mi pecho. No sé qué doctor los operó para dejarlos tan hermosos, pero se merece una felicitación. No puedo evitarlo, mi boca se desliza por su cuello hasta sus pechos y los disfruto lamiéndolos y chupándolos. Athena gime con cada caricia que le doy. Mis manos se deslizan hasta sus nalgas y mientras la beso, chupo sus pechos, con mis manos bajo su tanga hasta dejarla desnuda. Abrazados y besándonos, bajamos hasta la alfombra. Ella queda acostada de espaldas y yo encima, nuestros miembros jugando entre ellos, yo chupando sus pechos. Hasta que ella levanta sus piernas y me invita. Así quedamos, con sus piernas en mis hombros, con su culo disponible, sus ojos cerrados y jadeando. Lentamente, disfrutando el momento, empiezo a entrar en su culo. No sé como no terminé ahí mismo, en la primera embestida. Todo me parecía tan erótico, caliente, el aroma de los perfumes, la hora, la música, la ropa tirada alrededor, mi verga entrando en su culo. Para cuando terminé de meterlo todo, Athena me miraba a los ojos, con una sonrisa amorosa. Entonces comencé a entrar y salir. Su culo apretaba contra mi verga y sus gemidos con cada embestida me calentaban más y más. Puse una de mis manos sobre sus pechos, apretando su pezón y sintiendo aún más fuerte sus gemidos. Su mano apretaba su otro pezón y la otra, la bajó hasta su propia verga y la comenzó a masturbar. Su verga era más grande que la mía, mas o menos el mismo grosor, pero al menos 3 cm más de larga. Yo jamás había tocado un pene distinto del mío. Pero estar encima de de ella, con mi verga en su culo, algo se apoderó de mi, la calentura, el momento sensual, los gemidos. Bajé mi mano y tome la suya mientras se masturbaba. Tratando de no perder el ritmo de mis embestidas en su culo, comencé a masturbarlo, tocando suavemente su verga, pero ella sacó su mano y la puso sobre la mía, como enseñándome que le gustaba. Y la pude sentir en todo su esplendor. Con mi mano no alcanzaba a cubrirla entera, así que bajé mi otra mano para ayudarme. Aumenté el ritmo de mis embestidas, los gemidos de Athena se intensificaron, pidiendo más fuerte y yo con desesperación comencé a mover mis caderas con más fuerza y más rapidez. Mis manos deslizándose arriba y abajo por su enorme verga y sintiendo la humedad de la transpiración y nuestros fluidos. Con un pequeño grito pidiéndome que no pare, Athena tuvo su orgasmo, una gran cantidad de semen brotaba desde su miembro, esparciéndose por su pecho y su vientre. Yo mismo sentí mi orgasmo crecer en mi interior y concentrándome, por segunda vez en la noche, terminé dentro del culo de Athena.

    Hora de volver a la realidad. Pedí un Uber y volví a mi casa, no sin antes prometerle a Athena que la volvería a ver.

  • Amo, soy tu sumisa

    Amo, soy tu sumisa

    Eran casi las 11 de la noche cuando llegué a su casa. Toqué la puerta y él me esperaba. Solo tenía una franela y un bóxer, con los pies descalzos, así apareció frente a mí cuando abrió la puerta.

    Yo iba con una falda negra, suéter y sandalias verdes pero sin ropa interior.

    Me recibió con su sonrisa franca, limpia y su cara de enamorado.

    Yo entré, cerró la puerta e inmediatamente lo besé, el me abrazó duro y de una vez bajo sus manos hasta mis nalgas. Metió sus manos bajo mí suéter y saco el suéter.

    Yo también saque su franela y yo solo decía – «aquí estoy mí amo» «aquí estoy mí amo, para ti, para servirte»

    Inmediatamente me arrodille, hice una reverencia baje mí cabeza hasta el piso y besé sus pies, lamí sus dedo, subí con besos y lamidos por una perna y por la otra hasta llegar allí, su polla que ya se veía abultada debajo del bóxer. Me apresuré a quitárselo para poder meterla en mí boca. Vi y sentí como fue creciendo dentro de mi boca. Mí amo disfrutaba.

    Lo escuchaba decir – «así es zorra, mí puta, mí perra, así es, no pares»

    Estuve allí de rodillas frente a él, con su polla en mí boca, la cual me lamí, mamé como un niño a su teta. Yo la tragaba toda, la sacaba y metía, luego él tomo con su mano halaba mí cabello y ponía fuerza para que yo lo hiciera con mayor firmeza velocidad. Ya no podía más, ya no controlaba ni mi salivación.

    Mí amo paró y me tomó de las manos, ya mis rodillas no soportaban más y me ayudó a parar.

    Me dio apenas un besito en los labios y me preguntó si deseaba tomar algo. Inicialmente tome agua y luego tomé un rico vino que me ofreció, mientras le contaba algo que vi mientras llegaba a su casa.

    Se interesó por mí salud y luego me acerque para besar sus labios. Para agradecer que se preocupara por mí.

    Inmediatamente me tomó de la mano y me llevó escaleras arriba a su habitación.

    – Quiero que te acuestes allí boca abajo… yo obedecí y él tomó mis muñecas y las ató a unas cadenas que estaban a los extremos de la cama, luego sentí que me azotaba con unas tiritas de cuero. Era suave pero firme, cada pausa aumentaba mí ansiedad. Él me decía que me amaba pero que debía hacerlo, por haberlo desobedeciendo, pues no fui puntual, que debía enseñarme a ser una buena puta, una buena sumisa. Yo lo acepté, mí amo no debe pasar por ese momento desagradable de esperarme.

    Yo recibí 20 azotes y la piel de mí espalda ya estaba roja, mis nalgas ya dolían, yo gemía y mi amo me decía, – “¿aprenderás a ser puntual? ¿No volverás a llegar tarde?”. – “Lo prometo amo, lo prometo”

    Luego de eso me soltó, me colocó una toalla encima y me abrazó para que no sintiera más el frío del aire acondicionado. Mis pezones estaban muy duros y sentí como pegaban de su pecho.

    Mis lágrimas surgieron entre el amor a mí amo y la sensibilidad de sentirme castigada.

    Mí amo me consoló yo empecé a besarlo y besarlo, lo lleve hasta la cama. Él se sentó y yo lo empuje quedando medio acostado con los pies en el piso, su polla se veía más parada que nunca. Lamí su polla y la mamé, luego me subí a la cama, él se subió también totalmente y continué mamando. Por momentos la metía toda en mi boca, hasta el punto que me producía arcada y la piel se me erizaba toda, salía y entraba de mi boca, tanto que en un momento mí amo tomo mí cabeza y la enterró más aún en su polla. Lo escuché gemir, de pronto sentí su leche en mí boca. Salió tan fuerte que la tragué sin pensarlo.

    Subí hasta su pecho me recosté sobre él y dormimos unos minutos, creoo! – “Te amo amo. Soy tuya, tu puta, tu perra, tu zorra, soy lo que tu desees que yo sea”, le dije antes de que el sueño nos ganara.

  • Noche de copas con mi tía

    Noche de copas con mi tía

    2 am terminaba una larga noche fiesta, mis amigos habían encontrado pareja para la noche y yo me dirigía a mi casa a dormir, recordé que la casa de mi tía quedaba más cerca y las piernas no me aguantarían hasta mi casa.

    Llegue y entré a la casa, mi prima me enseñó donde guardaban las llaves de emergencia así que no había problema, me dirigí al baño y al salir me topé con mi tía, ella se asustó, pero rápidamente me reconoció, me regañó por asustarla y se volvió a dormir.

    Recorrí la casa buscando comida, agua y un lugar donde echarme, pase por la sala, comedor, cocina, baño y por último las habitaciones, la cabeza me daba vueltas y no sabía dónde estaba metido.

    Entré en la habitación de mi prima y la vi así que me fui, fui al closet que estaba al lado y me asusté con unos abrigos y por último me fui a la habitación de mis tíos.

    Mi tío era un hombre muy ocupado, viajaba siempre y casi no estaba por casa, cuando vi su lado de la cama vacía, me metí sin pensarlo, abracé a mi tía por la cintura y le di un beso en la nuca.

    Supongo que ella estaba muy dormida, porque se dio vuelta y me besó, el alcohol empezó a distorsionar todo y fue cuando pasó, mis manos empezaron a tocar a mi tía, formaban sus caderas y cintura y ni tía no se despertaba, le saqué la ropa con cuidado y empecé a besarla.

    Cuando empecé a ser más intenso mi tía se despertó, rápidamente me dio un golpe a lo que respondí con un agarre muy fuerte de sus brazos, cuando empezó a gritar le tape la boca con sus bragas.

    Seguía lamiendo y besando su cuerpo y cuando mis manos se cansaron de agarrarla la ate a la cama.

    Ahí estaba yo, sacándome la ropa mientras manoseaba a mi propia tía, mi pene palpitaba por su entrepierna y mientras que ella suplicaba como podía que la soltara.

    La punta de mi pene tocó su vagina, los fluidos lubricaron la punta y los labios abrazaron mi miembro, pequeñas embestidas empezaron a aparecer, los gemidos y sollozos seguían el ritmo de mis movimientos, cada vez con más velocidad y potencia.

    Cuando tuvo la oportunidad mi tía me dio una patada en la pierna, esto hizo que cayera sobre ella y mi miembro entrara por completo, esta sensación repentina hizo que tuviera un orgasmo y me durmiera del placer.

    Por la mañana no recordaba nada y al ver a mi tía atada y a ambos desnudos supuse lo peor, en un acto de autopreservación desaté a mi tía y la vestí, la tapé y acomodé como para que pareciese que nunca fui.

    En mi casa al mirar mi celular pude encontrar unos cuantos videos sobre como tenía sexo con mi tía corriéndome en todo su cuerpo.

    A día de hoy mi tía no sabe nada de las fotos y videos que tengo de ella desnuda y atada.

  • Adúltera

    Adúltera

    Un ruido activa mis alarmas. Quizás es mi imaginación, quizás algún animal buscando su sustento nocturno, aunque lo más probable es que sean los nervios, fruto de mi insensato proceder. Intento vislumbrar algún movimiento sospechoso a través de la negrura de la noche. No se distingue nada. La oscuridad es total y la condensación del cristal del coche tampoco ayuda demasiado. Los bramidos del joven instalado en mi retaguardia arrinconan mis miedos, por lo que me centro en el placer de la verga que me embiste con fiereza una y otra vez.

    Tengo unas profundas ganas de orinar conforme el goce se va intensificando. Una contundente y sonora palmada en mi nalga derecha estimula el morbo. El muchacho se deshace en elogios hacia mi persona mientras brama y gime. Parece que esté poseído por satán, pues sus caderas se mueven con cadencia vertiginosa en un intento de que la polla se me clave hasta el tuétano.

    Empiezo a culear en busca del clímax al tiempo que mi empotrador sigue percutiendo en las profundidades de mi útero. Mi dedo corazón se une a la fiesta friccionando el pequeño nódulo y en pocos segundos una corriente eléctrica emerge de mi columna vertebral, ramificándose por las terminaciones nerviosas. Mis pezones se enderezan, mi respiración se acelera, mis pulsaciones también y una ráfaga de placer invade mi sexo traduciéndose en gritos y bramidos que escapan de mi boca, seguidos de una sucesión de gemidos de menor intensidad durante veinte interminables segundos. Después me quedo quieta con unas terribles ganas de orinar, pero no quiero ser una aguafiestas.

    El muchacho extrae su miembro palpitante y pringoso. Se sienta mostrándomelo en toda su magnitud. Me posiciono a su lado, aferro la enhiesta polla y lo masturbo. Me gusta su verga, su dureza, su tamaño y su vascularización. Aunque también me gusta su cuerpo lampiño y fibroso. Le acaricio el pecho y bajo mi mano hasta su abdomen, a la vez que con la otra aumento la cadencia de la paja. Me mira a los ojos. Se acerca a mí. Nuestros labios se pegan y su lengua se enrosca a la mía como la tuerca lo hace en el tornillo. Su cuerpo se tensa levantando sus caderas en un afán de perforar el aire. Abandono el beso y me deslizo hacia abajo. Mis labios abrazan el tronco y de inmediato la leche inunda mi boca mientras el joven se retuerce y gime de placer. Mi boca se deshace del falo antes de que me ahogue y un latigazo de semen se estampa en mi cara dejando su impronta en forma de “Z”, como si fuese el zorro. Otros dos trallazos se pierden en el habitáculo y tres más de menor intensidad se desparraman en su abdomen. Paladeo la viscosa sustancia. Su sabor es salado y un tanto acidulado, pero me lo trago igualmente.

    Izan me observa con regocijo y me doy cuenta de que aún tengo su polla en la mano cuando ésta empieza a perder la consistencia. La suelto y busco los kleenex entre los enseres de mi bolso.

    —Ha sido maravilloso. Eres una mujer increíble, —me dice. ¿Lo soy? Hace unas horas estaba segura de que sí que lo era. Ahora tengo mis dudas. Le sonrío, me disculpo y salgo del coche para orinar.

    Siempre me ha dado reparo hacerlo en plena naturaleza, ya que los bichos son capaces de colarse sin permiso allí donde no deben. Ahora, con la negrura de la noche, la sensación es más acuciante, pero necesito orinar.

    Mientras estoy en cuclillas haciendo mis necesidades hago balance de lo que acaba de ocurrir. Nunca le había puesto los cuernos a mi marido antes, aun cuando ocasiones no me hayan faltado. ¿Por qué ahora, si todo en mi vida está en orden? Quizás ha sido un exceso de alcohol. Quiero pensar que es eso en aras de aliviar mi conciencia, pero la realidad es que en todo momento he estado sobria y sabía lo que hacía, con el agravante de que también ha sido el mejor polvo en años.

    Las cosas pasan y ya está. No hay por qué darle más vueltas. Qué sencillo es decirlo, pero qué difícil creerlo y más aún encajarlo. Los remordimientos empiezan a aguijonearme la moral al tiempo que riego los matojos del monte.

    Estoy segura de que el juicio de valor que está haciendo el joven de este episodio no es el mismo que hago yo. Para él, el hecho de follarse a la madre de su amigo es como un regalo caído del cielo, y probablemente sea lo más morboso que ha hecho hasta la fecha. Para mí también lo ha sido, lo admito, aunque los puntos de vista difieren bastante.

    Fue mi hijo quien provocó ésta situación. ¿O es que quiero culparlo a él por mi felonía? ¿Tan mezquina soy? ¿Autojustificarme para exonerarme? Pero es cierto que fue él quien insistió para que saliéramos asegurando que también tenía derecho a pasármelo bien y no tener que quedarme sola en casa mientras mi marido estaba fuera promocionando su libro. Eso es lo que pasó. Dijo que cambiar de aires y tomar unas copas con ellos me vendría bien. Después, el rumbo de la noche viró por sendas más arriesgadas. El hecho de encontrar a su antigua novia cambió sus planes, de tal manera que para él era una ocasión que no quería desaprovechar, por lo que le pidió a su amigo Izan que me acompañara a fin de que yo no tuviera que regresar sola a casa.

    Tomamos otra copa y ambos fuimos conscientes de la química que nos envolvía. Yo no soy tan lanzada, y probablemente nunca me habría aventurado en semejante insensatez, en cambio, él no se anduvo con remilgos. Lo tenía claro cuando su amigo me sentó en su bandeja de plata.

    Es un muchacho de veintitrés años que haría feliz a cualquier jovencita de su edad, pero me ha confesado que son las mujeres maduras las que le ponen. Me siento halagada por seguir despertando pasiones entre los jóvenes pese a mis cuarenta y nueve años, y aunque en un primer momento esa espontaneidad activa mis mecanismos de defensa, sabedora de lo que lleva en mente, mi blindaje se viene abajo cuando noto que estoy completamente empapada deseando lanzarme al abismo. Es joven, pero no un niñato descerebrado. Tiene una personalidad que me atrapa y que hace que la conversación fluya sola, cuando debería ser yo la voz cantante.

    Con todo ello, después de orinar y de elucubrar reparo en que no lo he pasado bien, sino de fábula, pese a ello, mi conciencia me aprisiona en un intento de atenazar mi espíritu.

    Me subo las bragas e intento adecentar mi vestido. Pasada la euforia siento un poco de vergüenza por lo que acabo de hacer con el que podría ser mi hijo. ¿Qué pensará? ¿Debo actuar ahora como si lo que ha ocurrido fuese lo más normal del mundo, o monto un drama haciéndole saber que esto no debería haber pasado? Me dejo llevar.

    Abro la puerta trasera del coche con la intención de advertirle que debemos irnos ya. Izan sigue sentado conforme lo he dejado al salir yo: sin pantalones, pero ahora muestra una erección como si nada hubiese pasado. Él me mira sin dejar de acariciarse una verga completamente dispuesta. No puedo decir que no me resulta morbosa la situación. Tampoco que no me apetece seguir. Es más, quiero sentarme en su polla y cabalgarlo como lo haría una jinete experta. Mi deseo lucha contra la sensatez, pero ésta me abandonó hace rato en la segunda copa.

    Me anima a entrar de nuevo en el vehículo. Lo único que pienso es que mi hijo podría regresar antes que yo a casa y no sabría qué decir. Ahora no pienso en mi marido. La verga que apunta hacia mí amenazante me lo impide. ¡Menuda verga calza el niñato! Pienso.

    Paso al interior cruzando una pierna por encima de él. Deslizo mis bragas a un lado, cojo el manubrio, lo froto un instante, lo posiciono a la entrada de mi raja y me dejo caer con lentitud hasta que me la hundo por completo. Exhalo un lamento. Intento reprimirme, pero de mi boca se escapan los gemidos uno tras otro. El efebo sabe que lo estoy gozando. Yo también lo sé. ¿Por qué me estoy conteniendo entonces si el placer es sublime? Intento dejarme llevar por las sensaciones desdeñando los recelos. Empiezo a lubricar sin retención, de tal modo que el miembro resbala con facilidad dentro de mí pese a su tamaño.

    Los meneos se aceleran. Mi amante descubre mis pechos aferrándolos y presionándolos como si pretendiese extraer sus jugos. Va de un pezón a otro mordisqueando ambos mientras yo salto sintiendo el placer de la estaca que asalta mis bajos. Un dedo suyo se pasea por el pequeño agujero y me aplica una ligera presión que incrementa mi placer, sumando sensaciones. Me gusta lo que hace. Luego conduce el dedo a mi boca para que lo lama y lo lubrique. Lo hago con lascivia. A continuación lo lleva de nuevo al hoyuelo haciendo incursiones en él. Me muero de gusto con mis dos agujeros rellenos. Es como si me estuviesen follando dos tíos a la vez y en esa ensoñación me viene el orgasmo ipso facto entre palpitaciones de mi coño y frases que escapan de mi boca sin filtro alguno. Me cojo a su cabeza y me abrazo a ella al tiempo que con unos últimos estertores me quedo inmóvil abrazada a él.

    Tengo metida su tranca hasta los higadillos. Me gusta la sensación de sentirme completamente llena. Creo que a él también le gusta, sin embargo empieza a moverse de nuevo. Yo estoy demasiado exhausta para hacerlo y le dejo hacer, no obstante, ahora quiere libertad de movimiento y me da la vuelta acostándome boca abajo en el asiento. Ahora sí, me baja las bragas, y hunde su cabeza en mi trasero. Su lengua busca mi ano haciendo incursiones en él. Me gusta la sensación, pero lo que viene a continuación creo no me va a gustar tanto. No quiero que me meta su herramienta en el culo, de modo que me muevo para zafarme, por el contrario, sus manos aprisionan mis nalgas impidiendo que lo haga.

    Noto su lengua circunvalando toda la zona y el placer regresa con renovadas fuerzas. La lengua me penetra una y otra vez emulando una polla y la sensación es tan agradable que mis caderas se mueven involuntariamente a forma de invitación.

    He pasado de las dudas a suplicarle que me encule, y no se hace de rogar. Se incorpora, se escupe repetidas veces en la polla esparciendo la saliva por el tronco. Posiciona el glande en mi ojete y aplica una leve presión hasta que la cabeza desaparece y tengo que exhalar un pequeño grito de dolor escoltado por una extraña sensación placentera.

    Intenta hundírmela un poco más. Es como una jodida barra de hierro candente. Me abre en canal quemándome los esfínteres y empieza a moverse despacio. Me dice que goce, sin embargo las punzadas de dolor superan con creces el placer y mis gritos así lo evidencian.

    —¿Quieres que pare? —me pregunta ante mis quejas.

    Medito un instante, pero decido que no quiero que se detenga. Le pido que siga y el ritmo de la cópula se acelera, y con él, también el placer. Con otro empujón termina de hundírmela por completo de tal modo que mi coño saluda a sus pelotas. Me siento repleta de polla.

    El efebo se esfuerza por no hacerme daño y proporcionarme placer y… ¡coño, si lo está haciendo! Los gritos de dolor mutan en gemidos de placer. Muevo el culo buscando la sincronía de sus embates. Me hunde la cabeza en el asiento con la mano y empieza sodomizarme con vehemencia. Nuestros gritos de placer conforman la sonata de la impudicia y la lujuria. Le pido que me folle más fuerte y lo hace hasta que noto las convulsiones de su polla y su leche golpeando mis esfínteres al tiempo que resopla como un toro en celo. El placer es glorioso. Puedo sentir su corrida caliente dentro de mí y le pido que no se detenga porque quiero correrme yo también. Me ayudo con mi dedo masajeándome el clítoris y el orgasmo viene a mí con fuerza desmedida al mismo tiempo que la orina se me escapa involuntariamente en un squirting que se desparrama en el tapizado del asiento.

    No puedo moverme. Estoy rota por dentro y por fuera. Ha sido lo más bestia que he hecho nunca. Siento la presión de su peso encima de mí. Su miembro empieza a emblandecerse y se escapa del orificio con un sonoro ruido. La sustancia blanca (ahora parduzca) resbala de mi ano y los fluidos se entremezclan en mi cuerpo formando un canal que desemboca en el tapizado.

    Su peso empieza a incomodarme. Él lo nota y se incorpora.

    Me limpio con los kleenex. A continuación busco mis bragas en la oscuridad y no logro encontrarlas. Lo hace él. Alargo el brazo para cogerlas, pero antes las huele, aspira hondo y después me las entrega con una cómplice sonrisa. Aunque creo que ha sido el mejor polvo de mi vida, la sonrisa que le devuelvo no es recíproca.

    —Debemos irnos—, le digo mientras me pongo las bragas.

    Ahora sí. Se viste y nos marchamos de un lugar que ni siquiera sé donde está. Probablemente sea donde trae a sus ligues de una noche.

    Le daría un beso de despedida, pero pienso que no procede. Me despido con un “hasta luego” por no decir “hasta nunca” y cierro la puerta. Oigo como abre la ventanilla para decirme si podemos volver a vernos, pero no contesto.