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  • Con el chico de la limpieza

    Con el chico de la limpieza

    A Mara de 28 años, una mujer atractiva, seductora y muy sexy le encantaba enseñar su cuerpo, pues, lo tenía hermoso.

    Su cintura era pequeña, sus muslos eran perfectos, su piel blanca y suave, sus tetas bien redondas y de buen tamaño y un trasero super firme y envidiable.

    Siempre andaba vestida con faldas cortas que terminaban en el nacimiento de sus glúteos, si se le subía un poquito ya se le podían ver las nalgas, no usaba sostén para que se le marcarán mejor los pezones.

    Luke contaba con 25 años de edad y era muy atractivo, tenía el cabello rojo con rulos, tez blanca, ojos verdes y unos músculos muy trabajados.

    Además era muy alto ya que medía 1,85 y eso a Mara le encantaba de él, en realidad le gustaba todo de él.

    El chico encargado de la limpieza Luke estaba limpiando los vidrios ese día mientras observaba a Mara.

    Ese día ella estaba sentada en el sillón de su casa viendo un programa de televisión.

    Tenía puesta su falda negra con volados y una blusa rosa con mucho escote.

    Ese día él estaba totalmente cautivado y hechizado por ella.

    Le excitaba mucho ver a esa bonita chica con falda negra y remera rosa que estaba sentada frente al televisor.

    Que belleza de mujer, me encantaría cogerla -era lo que Luke pensaba.

    Ella lo miraba de reojo y se dio cuenta que el la observaba fijamente, entonces decidido darle todo un show erótico para que él se masturbara y se decidiera.

    Busco el canal de las canciones y puso una música suave y sensual, la melodía perfecta para hacer el amor.

    Se levanto del sofá y empezó a mover las caderas provocadoramente y a hacer movimientos delicados con los brazos.

    Siguió moviendo la cadera hasta que se voltio, luego fue bajando hasta que llego al suelo, separo las piernas y empezó a mover su trasero de arriba a abajo haciendo que su falda vuele y se le suba demasiado, con todos estos movimientos sus nalgas quedaron completamente al descubierto y a Luke se le paro la verga al instante.

    Ya no aguantaba más, necesitaba masturbarse porque con cada movimiento de la mujer la falda se le subía y podía ver mejor su bonito trasero.

    Se desabrocho el pantalón y saco su verga para que ella también pudiera ver algo de él, poso su mano en la pija y empezó su deliciosa masturbación viendo bailar a esa belleza.

    Mara dejo de mover su trasero y se voltio quedando de frente a Luke y ya pudiendo ver que se estaba masturbando, había logrado su objetivo pero no lo terminaba aun.

    Con un lento movimiento se quitó la blusa rosa y dejo sus redondos pechos al aire mientras se lo tomaba con ambas manos y se inclinaba para adelante para que Luke los pudiera ver mejor.

    Luke abrió mucho los ojos y se empezó a masturbar más frenéticamente.

    Esos pechos deben ser deliciosos- pensó el muchacho.

    Mara siguió con ambas manos en sus senos pero se los empezó a masajear, pues, a ella le encantaba masturbarse las tetas.

    Les empezó a hacer unos bonitos movimientos circulares mientras se los levantaba lo más que podía para llevárselos a la altura de los labios y pasarles la lengua.

    Finalmente pudo lamber sus tetas enteras, ya que paso su lengua en todas las zonas de ellas dejando mucha saliva por donde saboreaba, también se chupo ambos pezones y se los mordió un poquito mientras miraba fijamente a Luke y se dio cuenta de que ya asomaba un líquido de la cabeza de su pija.

    Cuando termino con las tetas se quitó la falda y su tanga de hilo.

    Tomo la tanga de hilo y se la mostro al chico de la limpieza que seguía masturbándose.

    Pero para hacer mejor ese espectáculo erótico, Mara se sentó en el suelo con las piernas bien abiertas a ambos lados para enseñar bien su concha.

    Se abrió la cajeta y le mostro el interior de la misma a Luke.

    Tiene un coño hermoso -pensó Luke mientras se lo miraba fijamente.

    Luego tomo su bolso que estaba a un lado de ella y saco un consolador con forma de pene, que mediría 18 centímetros.

    Siguió abierta de piernas y en esa misma posición se metió el consolador ella sola en la concha.

    Se lo metía y se lo sacaba mientras profería gemidos deliciosos y su concha cada vez se abría más por los movimientos del consolador, se notaba que Mara era una experta en darse placer.

    Después dejo el consolador en el suelo, se dio vuelta y se sentó en el mismo para empezar a hacer movimientos.

    Cuando ya tenía el consolador bien clavado en el culo se empezó a mover como si estuviera saltando en una pija de verdad.

    -Que espectáculo más rico -dijo Luke con su pija a punto de explotar ya que estaba conteniendo una buena cantidad de semen.

    Luke ya no aguantaba más, necesitaba coger a esa mujer y depositar toda su leche caliente en ella.

    Luke encontró corriendo a la casa y se dirigió hacia la sala de estar donde todavía estaba Mara saltando con el consolador en el culo.

    Cuando llego hasta a ella la levanto de la cintura y la chica le rodeo la cadera con sus piernas.

    La dejo sentada en el sofá y ella puso sus piernas en los hombros de Luke, el hizo un movimiento con su pelvis y la penetro con sola una embestida, como ya estaba para venirse lo que hizo fue descargar el semen dentro de la vagina de Mara, luego la siguió embistiendo fuerte aun con su leche adentro.

    Era tan rico cogerle la concha así, en esa posición ya que podía ver como sus perfectas tetas se movían y ella gozaba.

    Las mismas tetas que le causaron que su masturbación fuera mejor, nunca podrá olvidar a esa belleza chupándose los senos y tocándoselos.

    Después de unos cuantos minutos, él le pregunto:

    -¿Seguiré trabajando en tu casa?

    -Si, pero ahora tienes una tarea adicional.

    -¿Cual?

    -Cogerme mucho, ahora vamos para arriba, quiero que esto continue hasta el amanecer.

    Mara se levantó del sofá, le tomo la mano y subió con su empleado hot al piso de arriba.

  • Mi primera experiencia como sumisa

    Mi primera experiencia como sumisa

    Este es mi primer relato, espero sea de su agrado.

    En diciembre, del año 2019, mis padres decidieron que pasáramos navidad en familia de mis tíos, fue un largo viaje hasta llegar a su ciudad, nos recibieron muy calurosamente y en un ambiente muy alegre, recuerdo que el árbol de navidad estaba lleno de regalos.

    Esa noche mis padres decidieron quedarse en un hotel, pues, llegamos de sorpresa y no estaban preparados para recibirnos pero yo insistí en quedarme, tenía mucho que hablar con mi tía, así que me quedé.

    A eso de las 10 de la noche, mi tía tuvo que ir al hospital donde trabajaba por una emergencia, así que me quedé a solas con mi tío. Yo estaba en pijama, el estaba acomodando una habitación, decidí ayudarlo.

    Mi tío es un hombre muy gracioso, bromeamos mucho mientras acomodábamos aquel desastre, busco unas cuerdas para sostener todo y llevarlo al depósito, mire unos nudos que estaba haciendo y le pedí que me enseñará.

    Fue en ese momento donde mi inclinación sexual inicio, el me mostraba como anudar usando mis brazos, luego mis piernas, hace tanto tiempo que eso sucedió que no recuerdo cómo llegué a quedar desnuda, estaba arrodillada y con mis manos atadas a mi espalda, el me golpeaba en la cara con su pene, como si fuera un látigo, yo estaba tan mojada que mis muslos estaban llenos de mi flujo vaginal, el me metía su pene hasta el fondo de mi garganta, me decía “tu te los buscaste” y yo solo lo miraba asentando mi cabeza, le dije que quería que me lo metiera pero en se negó, me tiro a un colchón y comenzó a nalguearme y meter su dedo por mi culo, se sentía muy rico, me estaba encantando, pero el momento se vio interrumpido al escuchar el auto de mi tía acercándose, rápidamente me desató y me hizo prometer que no le diría a nadie, actuamos como que nada había sucedido.

    Fue solo el inicio de una relación que duraría poco pero muy intensa.

  • El vestido, con la artista

    El vestido, con la artista

    Dos de mis personajes preferidos son un padre y una hija que viven y se aman juntos. Empujaron cuando ella por pedir un Mini de segunda mano para conducirlo encontró un vestido sexi de su madre. Al lucirlo para su padre se conocieron mucho mejor.

    Proyectado en la pared, ahí estaba toda mi desnudez en cuatro metros de blanco muro. Cada cinco segundos la imagen cambiaba para mostrar una vista nueva de mi piel descubierta. Todo el que pasaba por la galería de arte contemplaría mis desnudos, en tela, en papel fotográfico, en barro, escayola o en manchas de luz en la pared, todos mis autorretratos, todos mis desnudos. De eso iba la performance.

    Y yo, la artista, paseándome entre ellos apenas cubierta con una gasa trasparente. Tenia que demostrar que la exhibición de mis encantos no se limitaba a las piezas expuestas. Cada vez cuesta mas trabajo hacerse un nombre en el mundo del arte. O montas algo de escándalo o nadie te hace caso.

    Que se fijaran en mi cuerpo ayudaría a vender las obras. Quien me deseara podría tenerme, o por lo menos, una de mis imágenes además hecha y firmada por mí. Me sabía lo suficientemente bella y con un cuerpo bonito como para que esa maniobra comercial me brindara unas buenas ventas y puede que algo de placer si se terciaba.

    Mi exhibición estaba dando buenos resultados económicos, ya tenía apalabradas algunas ventas. Pero aparte de las miradas lascivas a mis expuestos pezones y a mi cadera casi descubierta nadie se había atrevido a insinuarse.

    Casi todo estaba vendido. La hora de cerrar se acercaba, estaba a punto de rendirme y dejarlo para el día siguiente. Vestirme con algo más de ropa y marcharme a casa.

    La puerta automática se abrió dejando pasar una ráfaga del agobiante aire de la tarde de julio y a una bonita pareja. Una joven de unos veinte años, sexi con un corto vestido veraniego de cuello halter, atado detrás del cuello, lo que le dejaba un precioso escote y los hombros pecosos desnudos. Alta, delgada, pelirroja, veía sus preciosas piernas y su espalda bronceada.

    El chico, también pelirrojo pecoso, un poco mas alto que ella y puede que unos veinte años mayor, vestía vaqueros y camiseta ajustada bajo los que se adivinaba un físico bien cuidado, atlético.

    Admiraban las obras despacio, relajados y con cierta mirada lasciva que me gustó. Él rodeó su cintura con un musculoso brazo y la beso en el cuello. Un lujurioso, largo y húmedo beso que yo admiraba desde el otro lado de la sala con mi copa de vino en la mano. Parece que lo que estaban contemplando no les resultaba del todo indiferente. Se estaban excitando.

    Cogí otras dos copas y crucé la galería entre las imágenes de mi cuerpo desnudo. Fui a ofrecérselas con una sonrisa y muy poco más encima. Los lascivos ojos de ambos recorrieron mi anatomía reconociendo de inmediato al vivo lo que había en las fotografías y el resto de las obras. Devolvieron mi sonrisa ampliada en sus sensuales labios.

    Nos presentamos, me dieron sus nombres de pila pero no me dijeron la relación que hay entre ellos, ¿amantes, casados? Un puzzle que estaba dispuesta a resolver. De entre las piezas que no tenían la pegatina de vendido se habían interesado por una foto en blanco y negro en la que se me veía la cara, los pechos y los hombros y mi lengua rozando el pezón de la perfecta teta de una amiga.

    Fue ella la que se acercó a mí.

    – ¿Me enseñas el resto de la exposición?

    Se colgó de mi brazo apoyando uno de sus pechos en mi piel desnuda, interesándose por los desnudos, mis aficiones y mi vida sexual, tratando de conocerme mejor. Mientras él gestionaba la compra con el personal de la galería, nosotras recorríamos el resto.

    Rozándonos sin complejos le comentaba el resto de las obras a veces con los detalles mas escabrosos de su factura. Me gusta experimentar… con nuevas técnicas y estilos. No penséis mal.

    Me hacía inteligentes preguntas sobre el arte, mis técnicas. Ella mantenía mi excitación con roces que parecían inocentes y casuales pero constantes. Mi poca ropa le facilitaba alcanzar mi piel y mi actitud tampoco se lo impedía.

    – ¿Quieres un recuerdo de la artista?

    Detrás de una de mis estatuas en escayola me atreví a besarla, un suave roce de nuestros labios. Pero ella aprovechó para cogerme el culo por debajo de la gasa. Viendo sus avances yo acaricié uno de sus pechos sobre el vestido, notando la dureza de su pezón en la yema de mis dedos. Nos sonreímos antes de separarnos.

    – Creo que si quiero más detalles de la artista.

    Seguíamos viendo el resto de la exposición despacio cuando él se acercaba a nosotras. Fue directa al grano cuando le soltó:

    – Papá ¿por qué no la invitamos a cenar?

    El asintió sin poner pegas mientras yo aún me atragantaba con aquel papi. Para calmarme y pensar en el morbo que me había dado una sola palabra decidí ir a cambiarme y reflexionar un poco sobre ello. ¿De verdad serían padre e hija? o ¿Él sería un sugar dady?

    – ¿A qué te vienes con nosotros? Nos divertiremos.

    Aquella extraña parejita estaba despertando mi lujuria. Lo estaban haciendo desde que entraron en la galería. Les contesté con una sonrisa pícara.

    – Si os empeñais, creo que no tengo más remedio. Para agradeceros la compra claro.

    Al ponerme mi ligera faldita de vuelo decidí prescindir del tanga y guardarlo en mi bolso. El suje ni me lo había traído.

    El top con la espalda desnuda lo llevaría sin sujetador dejando que los duros pezones excitados se marcaran en la fina seda. Al salir del baño parece que volví a sorprenderlos agradablemente a juzgar por las sonrisas y el vistazo que le echaron a mi reducido atuendo.

    – Pues vámonos.

    Casi sin dejarme despedirme de la encargada de ventas ella volvió a coger mi brazo y el de su padre y nos condujo a un discreto y caro restaurante no muy lejos de allí. Me dio la impresión de que ya lo conocían. Me cogió del brazo con firmeza, como para indicarme que ya no podría escapar de ella. ¡Como si yo lo pretendiera!

    – Es un sitio muy tranquilo y discreto. Ya verás.

    En cuanto giramos la primera esquina la niña me besó de nuevo pero esta vez lo puso todo, buscaba mi lengua con la suya y dándome a beber su saliva. Mordisqueaba mis labios juguetona agarrando mi culo para apretarme contra su delgado cuerpo. Yo tampoco me hice la manca y sujetaba su delgada cadera rodeandola con un brazo mientras la otra mano la dirigí de inmediato a sus durísimas tetas.

    – Ya tenía ganas.

    Al terminar de besarme, con mi lengua aún en su boca, giró la cabeza para repetirlo con su apetitoso padre que se había acercado a nosotras. Él nos rodeó con sus fuertes brazos, a la dos. Ella sujetó su cabeza echando un brazo levantado y hacia atrás, lo que dejó su suave axila a mi alcance. No me pude resistir y pasé la lengua por ella un momento, por su cuello de cisne y por el filo de su mandíbula.

    – Papi, me gusta.

    – Tienes muy buen gusto cariño.

    Ellos seguían en un lascivo morreo en que sus lenguas se cruzaban dentro y fuera de sus bocas. Yo solo podía mirarlos excitada, espectadora en primera persona, agarrándome aún más a la cintura de ella, mareada por mi propia lujuria.

    Sentados a la mesa redonda, pequeña y en un rincón discreto. Cubiertos nuestros muslos con el mantel pronto sentí sus manos, las de los dos, deslizándose bajo mi falda. Estábamos muy juntos ya que la mesa era muy pequeña. Separé mis piernas para darles mejor acceso.

    Ambos se alegraron al llegar a mi vulva y descubrirla húmeda depilada y sin nada que les impidiera acariciarla cada vez que el camarero se alejaba. Yo también investigaba bajo el mantel, no pensaba quedarme quieta y descubrí que ella también había decidido prescindir de la lencería y que estaba tan húmeda como yo.

    Ella sacó los dos dedos que tenía en mi xoxito y se los llevó a la boca con una increíble cara de vicio. Verla lamerse los dedos húmedos de mis jugos casi me provoca un orgasmo. Al otro lado, al deslizar la mano por el vaquero del padre encontré allí la mano de ella agarrando la dura y depilada polla que ya asomaba por la abierta bragueta.

    La hija me cedió el tronco y ella se dedicó a acariciar los suaves huevos. Mientras, volvía a besarme jugando con mi lengua y dejando hilos de saliva en nuestras barbillas sin soltar ambas la polla de su progenitor. A todo ello charlábamos como si por debajo del tablero no pasara nada.

    Los tres estábamos muy excitados. La sensualidad del ambiente, la comida era sabrosa y las caricias más que morbosas. Hasta los camareros eran guapos y vestían sexis. La faldita negra de la chica que nos trajo el segundo plato apenas conseguía cubrir sus nalgas y se veía un poco de piel blanca entre las medias y el borde de la prenda. Las camisas blancas eran translúcidas casi trasparentes y los pezones oscuros de los chicos y de las chicas son sujetador se marcaban en la tela. Además de sus paquetes en los ajustados pantalones negros.

    Empezaba a necesitar ese rabo dentro de mí, a desear comerme esa vulva suave y caliente y tener en la lengua el sabor de sus orgasmos. Aquellos como los que sus hábiles dedos me estaban provocando en la discreta esquina del restaurante. Nuestras caricias y lascivos besos por fin consiguieron que él se corriera dejando su semen en nuestros dedos. Ya no me asombraba nada y vi cómo, morbosa, igual que había hecho antes con mis jugos se los llevó a la boca. Lamió la semilla de su padre mirándome a los ojos como desafiándome.

    A esas alturas ya debía saber que yo no me iba a echar atrás. Chupé mis dedos recogiendo todo el semen que pude en mi lengua y volví a besarla compartiéndolo. Aún más dejé caer unas gotas de la abundante lefa mezcladas con nuestras salivas en mi postre y mirando a sus bellos ojos azules. Usé la cucharilla para comérmelo. Incluso de le di una cucharadita a ella.

    Ella, subiendo el nivel recogió las ultimas gotas directamente del glande, pero esta vez llevó los dedos a la boca de él que los chupó goloso.

    Estaba claro que había dado con la horma de mi zapato con aquellos dos. Me ofrecieron llevarme a su chalet a tomar unas copas pero mi loft estaba mas cerca y ya no podíamos esperar. Queríamos arrancarnos la poca ropa y disfrutar de nuestros cuerpos desnudos.

    En el asiento de atrás de un mini rojo ella me clavaba los dedos lo más que podía en la vulva mientras me sorbía el aliento y la saliva. Gracias a los cristales tintados nadie podía vernos excepto él por el retrovisor.

    En el ascensor las dos nos lanzamos a por él en un lujurioso beso a tres lenguas mientras mi mano se deslizaba entre las nalgas de la hija bajo el ligero vestido clavando el índice en su ano. Estaba convencida que no iba a rechazar esa caricia. También aproveché un segundo para soltar el nudo que sostenía la prenda tras el fino cuello.

    Sin cerrar la puerta tiré de su leve vestido sacándolo por la cabeza y dejándola desnuda en mi recibidor. Únicamente con sus sandalias me puse a contemplar su perfecto cuerpo con ojos de artista. Deseaba inmortalizar ese desnudo en mis obras y así se lo propuse. La quería como modelo. Mientras le pedía a su padre que e quedara en bolsas y nos preparara unas copas señalando mi bar. Me encantaba tener un camarero desnudo así.

    Aunque ya conocía su sabor lamido de nuestros dedos, necesitaba saborearla directamente de la fuente y sin siquiera terminar de desnudarme yo, la tumbé en mi sofá para ponerme a cuatro patas entre sus muslos y lamer su jugoso coñito.

    Le hice gemir mientras se corría. El padre dejó las copas al alcance de nuestras manos. Estaba claro que en mi postura se lo estaba poniendo muy fácil. Noté como levantaba mi falda, echándola sobre mis riñones. Se agachaba tras de mí para mordisquear mis glúteos y deslizar la lengua húmeda y caliente por toda mi raja. Del clítoris al ano, la humedad de sus besos hacían contraste con el calor de la noche.

    Era tanta la excitación que llevaba durante toda la jornada que me derramé en su boca a las pocas veces que su lengua pasó por mi clítoris. Al relajarme tras el orgasmo ella aprovechó para librarme del top. Mis tetas rozaban sus muslos mientras seguía saboreando su xoxito.

    – Seguro que quiere que la folles.

    – Si, dame ese bonito rabo.

    La dura polla de su padre buscaba entre los labios de mi vulva el camino a mi interior. Estaba tan mojada que no le costó penetrarme. Noté su glande llegando al fondo de mi vagina y moviéndose suavemente follándome tierno pero insistente. Mirando como yo hacia disfrutar a su bella hija con mi lengua seguía provocando mis orgasmos. Mis jugos seguían mojando sus huevos y bajando por sus fuertes muslos incansables.

    Él ya se había corrido en el restaurante y ahora parecía eterno. Pero al fin con mi permiso se derramó en mi coño llenándome con su semen.

    – Me llega, ¿Donde lo quieres?

    – ¡Donde estás! No te salgas.

    No dejó que abandonara mi placentera tarea y fue él quien limpió mi pubis con su lengua recogiendo en su boca la mezcla de sabores que rezumaban de mi interior provocándome un nuevo clímax.

    Con ellos estaba siendo multiorgásmica.

    Besó a la joven dejando su polla que empezaba a perder dureza al lado de mi cabeza. Me di cuenta que aún no la había tenido en la boca. Abandoné el manjar que estaba disfrutando para limpiar con mi lengua la bella herramienta que tanto me había hecho disfrutar.

    No conseguí endurecerla de nuevo pero tampoco importaba. Los tres habíamos disfrutado de los cuerpos de los otros y de nuestros orgasmos. Ahora descansábamos revueltos en mi húmedo sofá. Mojados de sudor, flujos de ambas y semen.

    No pude resistir la tentación de plasmar su belleza salvaje con el rojizo cabello revuelto desmadejada sobre los cojines. Y la del trabajado cuerpo del padre con la polla que tanto me había hecho disfrutar agotada sobre su muslo. Alcancé la cámara que siempre tengo a mano por si llega la inspiración o dos pervertidos como ellos.

    – ¿Me dejaríais haceros una fotos?

    Me dejaron fotografiarles sin complejos. Incluso posaron para mi objetivo mientras terminábamos las copas que no habíamos llegado a probar y bebíamos unas nuevas. Aún desnuda me movía a su alrededor con mi cámara plasmando en pixeles sus bellos cuerpos sudados.

    La sesión estaba siendo bastante mas pornográfica de lo que pretendía y no podría publicar casi ninguna de ellas. No importaba, las guardaría para mi disfrute y les regalaría unas copias a ellos.

    Lo fue todavía más cuando se animaron de nuevo y empezaron a besarse y acariciarse como si el objetivo de la cámara no estuviera guardando para la posteridad sus lascivos movimientos.

    Las fotos de ella sentada sobre la cara de su progenitor con las manos acariciando sus pechos. La expresión de pura lujuria en su bello rostro me darían muchos ratos de autocomplacencia. Hice una nueva serie con la polla depilada que aunque no estaba todavía bien dura ya morcillona. Era un bonito espectáculo con los sensuales labios y lengua de la hija recorriéndola con gula. O simplemente colgando entre los duros y torneados muslos.

    No posaban claro. Sus movimientos eran naturales, sensuales en sí mismos. Cambiaban de postura cuando algo les decía que esa alteración le iba a dar mas placer a su pareja.

    Aunque les propuse una nueva sesión de fotos mas seria que o poco me conocía o iba a terminar como esa noche desnudos y revueltos. Ellos me invitaron a su casa lo que desde luego acepté. Puede que su jardín fuera un buen fondo para volver a plasmar sus desnudos. Al aire libre y bajo la luz del sol.

    Ya en su casa, unos días después, en lo que estaba siendo una agradable visita volvimos a renovar nuestros juegos. Hice nuevas fotos algunas eroticas, otras mucho más pornográficas. Los dos desnudos sobre su impresionante Harley juntos o por separado serían una obra de arte.

    Llevé las ampliaciones en una carpeta para regalárselas y estuve mostrándoles las fotos que les había hecho. Y ellos me enseñaban el lugar de preferencia donde habían colgado mi autorretrato. Todo eso ya completamente desnudos por supuesto.

    De hecho les regalé la copia de esa misma foto que habían comprado y una nueva en la que esta vez la teta que yo estaba chupando era la de la hija. La había hecho en esa noche memorable en mi loft. Juntas las dos fotos en el mismo formato, con el mismo marco, y con las leves diferencias, serian un buen adorno en su salón.

  • Carla: El tío la entrega a pistero de estación de servicio

    Carla: El tío la entrega a pistero de estación de servicio

    100 % real! Absolutamente!

    Sabiendo que mi mujer se había ido dos semanas a la Argentina con sus amigas mas cercanas, era inevitable una visita del tío de Carla, como que casi se aman, se disfrutan mucho y tienen cosas en común para conversar. Eso no quita el tropezón de cuando el tío la prostituyó, ni que todo se enderezó y hasta le gustó a ella. Ayer martes, llegó él y de inmediato, dado que estoy totalmente libre, nos reunimos y luego de una sesión de besos y chupones por aquí y por allá, pasaron a coger casi que con desesperación. Como detalle pícaro, cuando llegó el tío, Carla lo esperó ya en la cama, totalmente desnuda y en pose… de espaldas, de costado sobre el lado derecho, el pie izquierdo apoyado en la rodilla derecha, la concha totalmente a la vista, la raya del culo entreabierta.

    Ver eso y tirarse vestido a chuparle la concha fue todo uno, y luego siguieron con los juegos y chuponeo que les conté.

    Desde luego, participé de los juegos y luego de un par de polvos me invitaron al mas glorioso de todos, a la doble vaginal. Ésta vez me tocó de frente a Carla, una delicia los besos que nos dimos, y ni que decir, el placer de metérsela, sin dificultad, llena de semen como estaba de la actividad reciente mano a mano con el tío. Así de lubricada le dábamos los dos sin dificultad, y yo podía aprovechar de tenerla de frente, con besos, caricias al clítoris y chupeteo y caricias a las tetas.

    Agotados del primer round, el tío propuso irnos a almorzar y luego iba a cargar combustible, pues estaba con muy poco luego del largo viaje desde la ciudad donde viven.

    Rápido como el rayo, recordé la aventura que tuvimos con un pistero, y le dije a Carla: no tenés ganas de empezar a preparar un pistero? Alguno joven, que casi nunca tenés un joven y de manos ásperas ja ja.

    Le hicimos un resumen al tío de aquella aventura, y le encantó la idea (le gusta entregarla tanto como a mi, recuerden el relato donde la prostituyó) y en esta semana, nos contó que piensa volver a hacerlo, pues ella confesó sentirse bien de putifina.

    Pero primero lo primero. Carla se vistió como para poder ir a almorzar, y luego comenzar la aventura de mostrarse a algún pistero.

    Super mini tableada, camisa, y abrigo largo. En el restaurant pasó por una chica mas con, quizás con el padre y un tío o algo así.

    Con T conduciendo, Carla a su lado y yo atrás, nos fuimos a recorrer las estaciones de servicio de la rambla montevideana. Pasamos a través de un par de ellas, como si algo no nos convenciera, pero era que Carla no encontraba pistero a su gusto.

    Finalmente! En otra ya llagando dijo: Tíooo al surtidor 4.

    Allí paramos y Carla ya venía preparada de antes, abrigo abierto, minifalda subida y piernas visibles hasta los muslos, casi se veía la tanga. Al acercarse a preguntar que deseábamos, el pistero no pudo evitar ver aquellas hermosas piernas.

    Deliberadamente, T pidió una carga de solamente $ 1500 para que quedara espacio en el tanque para retornar mas tarde. Mientras el surtidor cargaba lo pedido, el pistero se acercó de nuevo a preguntar si limpiaba el parabrisas. –Sí, por favor, dijo T. Y al limpiarlo, el tipo miraba por el parabrisas las piernas entreabiertas de Carla que mostraba sin prejuicios la tanga negra que llevaba. Terminado todo, Carla dijo: Voy al minimarket a comprar un jugo mientras usted paga, tío.

    Se bajó y fue lentamente, luciendo su andar pese a que estaba de abrigo largo.

    El pistero se acercó, cobró, y dijo: Le molesta liberar el sitio corriendo la camioneta hacia adelante mientras viene su señora?

    Y T: mi sobrina querrás decir… no es mi señora.

    —Ahhh.

    —Podés hablarle tranquilamente, está libre, y es muy liberal… (le encantó darle pie al pistero para que la mirara a gusto).

    —Yo? Una mujer así no se fija en un pistero ja ja…

    T movió la camioneta, mientras el pistero, digámosle P embolsaba la propina y casi enseguida abrió la puerta para Carla que ya volvía. Ella agradeció, se aseguró de dejar ver lo mas posible de pierna al subir al vehículo y nos fuimos tranquilos.

    Acompañamos a T en algunos trámites de trabajo y decidimos probar suerte a ver si el pistero aún estaba en horario.

    Pero, pequeña variante, iba conduciendo Carla, con la esperanza de que P aún estuviera en su turno.

    Se fijaron un detalle? Nada nuevo, claro… las prendas de dama, en este caso la camisa de Carla, siempre llevan los botones a la izquierda, por lo tanto, tres botones desprendidos y la camisa que naturalmente se abre, mostraban a la perfección toda la teta derecha de Carla apenas cubierta con el corpiño de encaje negro.

    Hubo suerte y estaba P. Fuimos al surtidor al lado del cual estaba y se sorprendió al vernos de nuevo, y mucho mas al ver a Carla conduciendo y al apreciar su escote.

    –Otra vez? Dos cargas en el día? Le lleno el tanque?

    –Tío, pregunta si me llena el tanque, que hacemos? (y mientras tanto P seguía pegado a la ventanilla, mirando escote abierto y piernas descubiertas).

    El tío demoró adrede unos segundos, y dijo –Hoy no, que llene el tanque mañana. Carguemos otros $ 1500.

    Así lo hizo P, cobró tomándose su tiempo, recibió la nueva propina y agradeció con un “muchas gracias por todo y los esperamos mañana”, aunque habló en plural, seguro que esperaba atendernos él.

    Esa noche decidí, y me agradecieron, quedarse solos tío y sobrina. “No te imaginas que noche Sergio, me dio por la cola y me chupó todita”.

    Al otro día, después de mediodía, decidimos pasar a la parte siguiente de nuestro plan de juego.

    Quien fue a cargar combustible en su propia SUV fue Carla, conmigo y el tío, obvio.

    Pero había sorpresa de vestuario. Simplemente, con la calefacción bien alta, minifalda con tanga blanca nacarada y camisa diferente a la del dia anterior, sin corpiño.

    Por supuesto, tres botones de la camisa que desprendió antes de llegar, abriendo bien la separación entre lado de ojales y de botones… consecuencia, se veía hasta el pezón del seno derecho.

    Llegamos, fuimos al surtidor donde estaba P, y él prácticame te se abalanzó a atendernos.

    Casi que al ver que manejaba Carla mete la cabeza por la ventanilla, y no pudo no ver aquella gloriosa teta con su rosado pezón y areola.

    —Le lleno el tanque?

    –Mmmm… quizás me llenes el tanque esta tarde… ahora llená el tanque de la camioneta. Que calor! Me pasé de calefacción! Y sacudió la mini dejando ver la tanga. Tío, me trae un jugo del minimarket?

    P que vio todo se precipitó a colocar la manguera en el tanque y volvió a la ventanilla.

    —Algo mas señora?

    –Señorita! Y seguía asegurándose discretamente de que la camisa no se cerrara y volvió a sacudir la minifalda mostrando. –Sí, si te animas, preciso tu celu… a que hora salís?

    —A las 17 salgo.

    –Te llamo, casi seguro, por lo de llenar el tanque digo.

    —Por favor llámeme! Aunque no lo creo, de una persona de su nivel… no se va a fijar en mí.

    –Tratá de estar atento. Bajó bien la mini, cerró la camisa y nos fuimos.

    Ni pensar como quedaría P, sobre todo cuando vio que no le había anotado el celu a Carla.

    –Vieron? De tan excitado ni me dio el número, vamos a volver a buscar el número y queda loco de contento.

    Así lo hicimos y al vernos llegar P se precipitó a entregar un papelito a Carla, que, obviamente, había vuelto a abrir su camisa.

    Pasemos, rápidamente a la conversación de 16 y 50 de la tarde de ayer.

    –Hola P?

    —Hola señorita! Es quien imagino?

    –Sí, soy yo y me llamo Carla… Te notaba muy mirón ayer y hoy… quisieras visitarme ahora cuando salgas? Estoy en… si tenes el carnet se salud del trabajo, traelo

    —Sííí claro que voy, y lo llevo.

    –Te espero!

    Llegó poco menos que corriendo, después de las 17. Carla lo recibió en la puerta del apartamento. Tacos altos, camiseta blanca, sencilla, que apenas le cubría las tetas y dejaba el ombligo al aire, y jean de esos todos cortados con tajos horizontales, en algún lugar hasta mas bien le faltaba algún trozo no muy grande, de frente… Lo saludó con un pico, y lo guio al living. Al darse vuelta… los tajos traseros del jean eran mucho mayores, y a la altura del culo faltaban dos trozos de mas o menos 12 x 5 cm, hermosa vista!

    Lo invitó a sentarse juntos en el sofá grande. El tío y yo oíamos y veíamos desde un dormitorio, pues Carla había dejado un celu transmitiendo desde una mesa cercana, medio escondido entre una pila de libros. Resumiendo, fue mas o menos así.

    –Que rápido llegaste!

    —Es que no me lo puedo creer! Que me invitaste a tu casa, cuando tu tío me dijo que te mirara y te hablara, cuando hacían chistes con llenar el tanque…me parecía un sueño ; no te molesta si te tuteo no?

    –Hay muchas cosas que no sabés de mi y las vas a saber hoy, y claro que podés tutearme.

    Carla arrancó de nuevo con picos, y se notaba que iba profundizando los besos, mientras él le acariciaba las piernas y en determinado momento avanzó una mano por debajo de la camiseta.

    En ese momento fuimos al living, saludando.

    –Hola Ya llegó el nuevo amigo! Que rápido.

    –Sí y no sabes tío, ya me metió mano y besos de lengua!

    —Perdón, como ella me invitó, vine, y Ud. me había dicho que podía hablarle… si molesto…

    –Pero no, muchacho… sabemos y gozamos como es Carla, le encanta la pija! Con decirte que hasta íntima conmigo! Y que Sergio es la pareja de ella y también disfruta!

    Y decime Carla, te tocó mucho?

    –No porque no tuvo tiempo ja ja.

    –Por que no te pones algo lindo en vez de eso para que te aprecie bien?

    –Sí, tío tenés razón, ya vuelvo amor, y le metió tremendo beso de lengua.

    —No puedo creer lo que me ha dicho! Ud. es el tío y cogen? Y Ud. es la pareja y la deja coger y mira?

    –Él es el tío sí, empezaron a coger hace meses y les encanta, y a mi me encanta entregarla y mirarla, y muchas veces me sumo y participo. Ella encantada de la vida! Viste que muchas cosas tenías por saber?

    Vuelve Carla, ya se veía todo a través de la bata, blanca, transparente, larga al piso, y con un arrastre atrás, en el piso, agregado por la modista, de unos 40 cm, como ensayo para un vestido destinado a una próxima fiesta. Abotonada con 14 botones pequeños al frente, mangas “Oxford” o acampanadas, como quieran llamarlas. Chinelas de dormitorio, de taco altísimo y de acrílico .

    Elegantísima la pequeña, cola que arrastra en el piso, y pensamos que será aún mas elegante en negro y en un formato vestido y no bata.

    Debajo todo en negro, un corpiño media copa, en donde la media copa tiene forma de mariposa.

    La tanga también mariposa, pequeña, deja los pelitos a la vista, de cada lado sale un hilo que se ata al que viene desde la cola.

    Un hilo grueso negro se pierde por la entrepierna y emerge en la raya del culo dando lugar a una pequeñita mariposa de cuyas alas salen los dos hilos que van a atarse con los del frente.

    –Ves que linda y por que te decíamos que le hablaras algo? Te gusta? Le dijimos mientras Carla giraba delante de él. Se paró a unos dos metros.

    —P Pero por que yo?

    –Porque se me antojó un pistero, mi tío y Sergio me dieron para adelante y vi varios y a vos te tuve fe ja ja, espero no equivocarme.

    —Estoy asombrado, no entiendo pero quiero disfrutar, y llenarte el tanque ja ja.

    –Sergio, amor, te fijaste en el Carnet de Salud de P?

    –Sí, desde luego, todo en orden.

    El tío se adelantó t comenzó a besarla, la hizo girar y cuando ella estuvo de espaldas a P, el tío le comenzó a acariciar el culo.

    Luego me la dejó, nos besamos de lengua y la hice girar nuevamente, de frente a P le di una hermosa sesión de caricias de tetas, a través de la bata.

    Se acercó el tío, y ante el nerviosismo evidente de P le dijimos: No te preocupes ya va a ser tuya. Mirá como te la entregamos y desnudate.

    Desde atrás de Carla, comenzamos a desprender la abotonadura de la bata, tomándonos nuestro tiempo. Mientras P se quedó en boxer con evidentes señas de calentura en su entrepierna.

    Sin apuro la despojamos de la bata, quedó con su conjunto de “lencería mariposa“. Los pelitos a la vista… –Puedo tocarlos? –Sí, un poquito, ya los vas a tener disponibles.

    Encantado, P pasó su mano por aquellos vellos suaves y bien cuidados, “que suavidad“.

    La hicimos girar para que apreciara el culo en su plenitud. No todo culo se luce con solamente un hilo dental, si hubiera imperfecciones de piel o de forma se notan al toque. Pero el culo de Carla se luce hasta en hilo dental, una obra de arte.

    Pasados unos momentos tío de Carla y yo, seguimos con la entrega… primero le saqué el corpiño, aprovechando para acariciarle los senos, dejando escapar entre dos dedos un pezón erecto, le hice señas de acercarse… ”Besalo…” lo besó brevemente y dimos un paso atrás con Carla. Fue el turno de que el tío y yo desatáramos la tanga y la dejáramos caer al piso, P parecía morirse cuando la vio desnuda de frente, la concha una rayita, los pelitos una tira perfecta, las tetas bien duritas y los pezones parados, rosaditos.

    –Todavía te falta ver mas… y Carla giró como hace siempre, inclinó el torso y abrió las piernas… culo y concha a la vista… –Que divina atinó a decir el pistero.

    –Ahora es tuya! Pero sigue siendo nuestra! Adelante chicos.

    P se acercó, le acarició concha y culo, se ensalivó los dedos y volvió a acariciarla. –Ahora yo! Dijo Carla. Se dio vuelta, se arrodilló y comenzó a bajar el slip de P. Lo que apareció, saltando como un resorte fue un miembro de largo digamos normal, unos 17 o 18 cm, sin medirlo, cabeza bien cónica… pero el resto… un tronco que mas que tronco de pija es tronco de árbol, haciendo una comparación disparatada. A partir de la cabeza se ensancha a pasos agigantados hasta ser realmente muy grueso en casi todo el tronco y hasta en la base, ya gruesísima.

    –Mmmmm. Murmuró Carla. –Te gusta? –Super para gozarla! Y derecho a la boca para una primera chupada.

    Le comenzó a hacer su trabajo y a excitarse a medida que vio que no le entraba hasta el fondo, la ensalivaba, la lamía y siempre le quedaba algo afuera, mientras tanto nosotros, para que P viera como era el juego le acariciábamos las tetas y la concha humedeciéndola.

    El paso obvio siguiente fue a la cama, P cada vez mas desesperado viendo a Carla, se tiró entre sus piernas abiertas a chuparle la concha, chupaba y chupaba mientras estiraba una de sus manos hacia arriba le acariciaba las tetas y llegaba hasta su boca para que le chupara algún dedo, todo lo que ella cumplía con gusto, y nosotros los dejábamos hacer.

    En un momento Carla le dice: Quiero montarte… de frente o de espaldas? –De frente, quiero ver tu cara, acariciarte las tetas. Previsora, visto el grosor, Carla le puso un poquito de gel y nos miró con picardía y sonriendo.

    Se puso sobre él, sosteniendo la verga se la puso justo en la entrada de la concha, nos volvió a mirar, se mordió el labio inferior como diciendo “Ahí voy” y comenzó a bajar. El tío T y yo mirábamos desde atrás como iba entrando casi hasta la mitad…

    –Mmmm está gruesa dijo Carla y se elevó sacándola, ponele algo mas de gel amor… Así lo hice, sin molestia alguna de mi parte. Y comenzó de nuevo, apuntó, y despacio la fue metiendo hasta que de nuevo llegó a donde parecía ser el límite… y allí se dejó caer… Ahhhh exclamó y estaba toda adentro. Su concha parecía formar un anillo a punto de romperse. Aun así preguntó estás bien P? –Sííí señora! Fue lo que le salió; nunca estuve mejor.

    –Yo me voy adaptando… y empezó a moverse. Nunca habíamos visto nada igual, su conchita, nuestra amada conchita parecía que no resistiría, pero resistió.

    Hasta que P comenzó a quejarse y gemir y supimos que había cumplido con su cometido… tanque lleno.

    Ella se levantó hubo un sonoro plop! Al salir del todo y un bello escurrimiento desde su concha.

    –Te tuve fe al elegirte y no me defraudaste amoroso, vení que te la limpio… y a pura lengua se la limpió toda.

    Mientras se la limpiaba, prácticamente en cuatro sobre P, el tío vio la oportunidad, bajo la forma de la concha semi abierta de Carla… y nada lento, se la metió de una… Ahhh sí tío sí, usted tambien y después Sergio, hoy quiero todo.

    Así lo hicimos, los dos la mar de calientes. Y al terminar, me dediqué largo rato a chuparle las tetas y a besarnos mientras ellos se duchaban. Luego fue nuestro turno de ducha.

    —Nadie va a creerme que esto pasó realmente dijo P.

    –Y yo tengo tu teléfono, cualquier cosa te llamo, pero no pienso pasar por allí, me identificarían y todos querrían cogerme ja ja.

    Lo despidió a los besos, el pibe encantado. Y Carla nos confesó que “con ese pito puede arbitrar cualquier partido” ja ja.

    De inmediato partió Carla a la casa de la modista a fin de ajustar los detalles del vestido que le estaba haciendo para la fiesta (fiesta seria de matrimonios) que nuestro amigo el cónsul había organizado para dos dias despues, y a la cual tambien estaba invitado el tío pues pedimos por él. Un hecho que el tío aprovechó para lucirse gracias a ella y… imagínense… repetir algo que ya la impulsó a hacer.

  • Le di el culo por decisión propia

    Le di el culo por decisión propia

    Como siempre me gusta aclarar, este relato, llegó a mi correo, confiando en mi para que lo escriba.

    Hola, me llamo Ana Laura, tengo treinta y cinco años recién cumplidos, trabajo demasiado para poder llevar a cabo el sueño de mi departamento y dejar de alquilar. Soy morocha, pelo rizado, un metro sesenta y dos de estatura, en mis tiempos libres voy a natación, no digo que estoy fuertísima, pero tengo lo mío. Unas tetas, pequeñas, pero, como me han dicho, gustosas, lo que más llama la atención son mis glúteos, herencia de familia.

    Vivo sola hace un tiempo ya, lo que me permitió ciertas libertades, tengo novio, quien, por lo general se queda a pasar el fin de semana conmigo. No es la belleza personificada, mide un metro setenta y cinco, algo excedido de peso, un hermoso lunar sobre el lado izquierdo de su labio, pero sobre todo comprensivo y algo que me encanta, sus diecinueve centímetros de pene, que de hecho los usa muy pero muy bien.

    Ya presentados, quiero compartir mi experiencia que comienza en el momento de la propuesta que me hizo, pasar un fin de semana alejados de la ciudad. Un amigo le presto la casa de fin de semana que tiene en una isla de la localidad de El Tigre. Cosa que acepte sin dudarlo.

    Viernes por la tarde tomamos la lancha que oficia de taxi y a los diez minutos arribamos, el lugar parecía sacado de una película, casi paradisiaco y a pocos minutos de la ciudad, una cabaña de troncos muy bien cuidada y amueblada con muy buen gusto. Ingresamos por un sendero arbolado y lleno de follaje, que desembocaba en la entrada.

    Al ingresar, prendimos la calefacción, (está entrando la temporada invernal) desempacamos los bolsos, preparamos un café para cada uno y nos dispusimos a disfrutar del silencio reinante.

    Llegada la noche, en la cocina por preparar la cena con todo dispuesto en la mesada, me encuentro abriendo el envoltorio en que habíamos llevado fiambre, para no cocinar el primer día, cuando siento sus fuertes brazos rodear mi cintura y su cálida boca besar mi cuello (sabe que me enciende eso) acariciando mis tetas las que se erizaron como así también los pezones, que intentaban romper la remera que llevaba puesta, mientras que con un mano lo hacía, la otra se acerca a mi entrepierna para acariciar mi vagina, que en este punto ya se encontraba muy mojada.

    Bajando lentamente hasta caer al piso el pantalón deportivo que traía puesto, sus manos se posaron en ambos lados de mi tanga para deslizarla también. Con un movimiento de pies, libere mis piernas de las prendas para quedar desnuda en la parte de abajo.

    Apoyo ambas manos sobre la salpicadera poniendo mi culo en pompa para facilitarle el acceso, siento rozar su miembro por entre las nalgas, que las separa suave y dulcemente, arrimando la punta regordeta de su aparato que tan feliz me hace, pasándolo reiteradas veces por la humedad de mi vulva palpitante, lo va subiendo hacia mi ano lubricándolo con los fluidos que tomo con su miembro de mi vagina, cuando comenzó a presionar para introducirlo, lo tome con la mano y lo baje hacia la entrada de mi sexo, para que me penetre por la vagina, cosa que hizo con gusto, dándome cuenta por la vehemencia con la que me hizo el amor. En lo que duro en eyacular, me descargue tres orgasmos impresionantes.

    Nos limpiamos con unas servilletas de papel. Ya vestidos nos dispusimos a cenar.

    Luego de comer, hicimos una bella sobremesa, que haría abrir mi campo en el sexo y experimentar algo que nunca pensé poder llegar a realizar.

    Soy de innovar en materia sexual para no caer en una tediosa rutina, pero el culo no se me paso nunca por mi cabeza, ¿temor? ¿Dolor? ¿Es malo hacerlo por ahí? en verdad, si, lo evalué, pero las dudas siempre rondaron mi cabeza.

    – Ernesto es hermoso lo que estamos pasando, me encanto la sesión de sexo improvisado, pero, perdón por haber truncado lo que pretendías hacer.

    – No pasa nada mi amor, estás en tu derecho, al fin y al cabo es el culo tuyo (risas) y quien decide sos vos, querés que sea solo para salida, está bien, no te voy a forzar.

    – Es que escuche, tanto de hombres como mujeres, muchas opiniones negativas.

    – Te reitero mi vida, eso debe ser decisión tuya, a tus sentimientos a tus sensaciones.

    – Gracias amor, que considerado.

    – Es que en ese sentido es todo valido, siempre y cuando estemos ambos de acuerdo en tener la experiencia.

    – Es que… no es una vía muy tradicional para tener sexo. No está destinado a que sea penetrado.

    – Lo que no quiere decir, que eso no pueda generar placer.

    Lo abrace muy tiernamente, le comí la boca con un gran beso, lo que nos llevó otra vez a la pasión y la lujuria del sexo.

    Con la delicadeza que lo caracteriza nos despojó de la ropa, quedando piel con piel, me alzo con la facilidad que se alza un papel, para llevarme a la cama donde me deposito suavemente, besaba mi cuerpo con tanta dulzura que mi piel se erizaba dándome escalofríos, temblaba de placer, es un artista en el tema de amar. Su lengua recorrió cada centímetro de mi piel, otra vez mi vagina chorreaba jugos del placer que me estaba proporcionando. Besaba mis piernas hasta mis pies, subiendo y bajando, cada vez que se acercaba a mi pubis mis piernas cedían abriéndose para que jugara entre ellas con su experta lengua, hasta que vulnero la barrera, entre la piel erizada y los gemidos de placer. Fue abriendo los labios vaginales de a poco, siento correr una electricidad por mi cuerpo, avisando un pronto orgasmo; lo que ocurrió al tocar mi clítoris hirviente, con un montón de estrellas en mis ojos descargue mis jugos en su boca.

    – Que rico mi amor, dame más.

    – Si es todo tuyo.

    No habiéndome repuesto del orgasmo aun, se posa sobre mi cuerpo, introduciéndose dentro de él, sabe cómo complacerme, con solo poner su pene dentro, me produce otro, logrando la continuidad del primero como si hubiera tenido uno solo, interminable. Solo se escuchaba la música de fondo, los ruidos del choque de su miembro contra mi vagina y los gritos que reprimimos en la ciudad por temor a que escuchen los vecinos.

    Seguimos en ese frenesí de sexo por un largo rato, yo que soy multiorgásmica, disfrutando orgasmo tras orgasmo y el que tiene control sobre su eyaculación, disfrutando de mi ardiente concha deseosa de sexo y más sexo.

    Llego el momento de su descarga seminal, la que por primera vez desde que estamos juntos vino acompañada por gritos y gemidos nunca antes escuchados por mí.

    Caímos rendidos en la cama, para dormir abrazados, desnudos y sucios, con olor a sexo invadiendo nuestra piel.

    Al otro día, nos despertamos con otra sesión de sexo, con el cálido sol entrando por la ventana, que repetimos por la tarde después de almorzar.

    Algo rondaba en mi cabeza loca, quería seguir disfrutando de esta experiencia enorme que estábamos experimentando en la soledad de la isla, quería innovar, no me ideaba nada aun, hasta que, no sé si fue el destino o qué casualidad (aunque la casualidad no existe, existe la causalidad)

    Mirando dentro del botiquín del baño, encontré vaselina, aceite para bebes, y preservativos, como tonta no soy, sabía bien para que estaban allí, el zorro del amigo de mi novio era bastante pillo.

    Pero eso me tuvo pensando todo el resto del día.

    Al llegar la noche, después de cenar encontramos unos DVD de películas, que nos propusimos ver. El amigo de Ernesto, tiene conectado el aparato reproductor de discos compactos a un cañón que apunta a una pared blanca, donde reproduce la película como si fuera pantalla gigante y un home theater para reproducir el sonido.

    Nos acostamos a disfrutar de la película, con un vaso de licor cada uno, la cinta comenzó con una mujer exuberante recostada en su cama solo vestida con ropa interior leyendo un libro, casi inmediatamente ingresa un muchacho con físico de gimnasio y en calzoncillos, esta demás decir que la película era una XXX, cosa que no sabíamos, pero igualmente nos dispusimos a ver.

    Sin ánimo de relatar todas las secuencias, comenzaron a realizarse todo tipo conocido de sexo oral y vaginal, para, luego poner a la chica en posición de perrito para tener sexo anal, la “actriz” lo hizo ver tan fácil y placentero, disfrutaba a full.

    Estiro mi mano para agarrar el miembro de Ernesto, se encontraba erguido y duro como lo es habitualmente. Comenzamos con los juegos previos teniendo los gemidos y la música de la película como fondo.

    Ernesto me estaba dando un oral inolvidable elevándome al quinto cielo.

    – Me encanta mi vida, seguí así no pares por favor.

    – Si Ana, me encanta.

    – Haceme lo que quieras soy toda tuya.

    Le dije con toda la calentura que traía.

    Tomo literal lo que le pedí, puso un almohada debajo de mis glúteos para elevar más la vagina y siguió con lo que había comenzado. Cuando sintió que tuve el orgasmo, se desesperó por beber todo mi jugo, e hizo algo que no me lo esperaba, paso su lengua por mi ano, no me resistí, una electricidad recorrió todo mi cuerpo e hizo que este, comenzara a latir.

    No sé qué fue, pero le pedí que pare, levantándome de la cama fui al baño y traje lo que había visto, en silencio lo deposite en sus manos y él supo que hacer.

    Acostándome boca abajo me hizo masajes con el aceite para bebes, deteniéndose en mis glúteos y estimulando el ano con la suavidad de sus manos. Lo circundaba con sus dedos relajándolo e introducía de a poco la punta de su dedo índice, moviendo el mismo en forma circular, (debo reconocer que me gusto) se detuvo a jugar en ese lugar que siempre le había negado.

    Cuando me quise dar cuenta, estaba dilatando el esfínter con dos o tres dedos, no sé bien, el placer que estaba sintiendo era inmenso que obnubilaba mis sentidos.

    Creo que se dio cuenta que ya estaba preparada para recibirlo, se colocó el preservativo untándolo con vaselina, puso en el orifico del ano una buena cantidad también, como por dentro.

    Ahora fue el quien se acostó boca arriba, me susurro.

    – Subí a horcajadas, con tu mano lleva la pija al agujero y comienza a introducirlo vos, maneja tanto los tiempos como las sensaciones, si te disgusta o duele podes parar y listo, por lo menos lo intentamos.

    Hice lo que me dijo, tome su pene sentándome encima, relajándome lo más que me salía, deje descargar mi peso suavemente sobre él, fue entrando suavemente, hasta el momento sin dolor, cuando quería empezar el dolor, paraba, lo dejaba acomodar y adaptarse, hasta que en un momento sentí que estaba todo adentro, miro su cara, lo veo con los ojos en blanco la boca abierta del placer, dejando escapar gemidos que me excitaban cada vez más, comienzo suavemente a subir y bajar, mientras el acompaña mi actividad con su pelvis, a un ritmo similar, mientras hacía unos movimientos laterales.

    Con dos dedos estimulaba el clítoris mientras metía dos de su otra mano dentro de mi vagina. Ya me encontraba extasiada del placer que nos estábamos brindando, hasta que explote en tremendo orgasmo que hizo temblar todo el cuerpo, mis piernas no aguantaban más la posición, no paraban de moverse. Al darse cuenta de esto, suavemente la saco y me hizo arrodillar en el piso sobre una alfombra, con el cuerpo recargado en el colchón, también se puso de rodillas detrás de mí, abrió los glúteos, puso más lubricante e introdujo nuevamente su duro, largo y grueso miembro dentro de mis entrañas. Lo recibí gustosa y dispuesta disfrutar de nuevo esto que me había perdido por tanto tiempo, ahora sus movimientos eran rápidos y duros, pero no molestaban, muy por el contrario, me proporcionaban placer, ese placer que me hizo gritar como desaforada cuando tuve ese orgasmo anal del que tanto había escuchado. Al escuchar mis gritos sus movimientos fueron más duros aun, sentí sus testículos golpear en mi vagina, hasta que dio una estocada a fondo para descargar el semen, que lamentablemente quedo atrapado en el látex del preservativo, me hubiera gustado sentir el calor en mis vísceras. Nunca había experimentado una sensación tan intensa, creo que con esta experiencia, estoy preparada para recibir otra vez su hermoso falo dentro de mi recto.

    Fue fantástico, aunque no me dolió, por la suavidad con que lo trabajó, debo reconocer que me quedo ardiendo un poco, pero soportable. Las piernas me seguían temblado, fui hasta el baño que parecía un bambi recién nacido, me reía sola.

    Al regresar, Ernesto, había preparado café para ambos, gran detalle.

    – ¿Qué te pareció la experiencia?

    – La verdad me encanto, creo, tuvo mucho que ver que la decisión fue mía y lo hiciste con amor y delicadeza.

    – Gracias Ana, me hiciste feliz, era algo que lo deseaba hace tiempo.

    – Lo sé y creo, que a partir de hoy, comienza otra nueva etapa en relación a nuestro sexo.

    – Si, es así, pero para la próxima habrá sorpresa también, ya dimos el primer paso.

    – ¿Podes adelantar algo?

    – Muy poco, pero sí, hay técnicas que se utilizan para hacerlo sin forro para no sufrir ningún percance que arruine la sesión.

    – La verdad, me hubiera gustado sentir tu semen caliente inundando mi recto.

    La conversación fue subiendo de tono, tanto por los planes que íbamos programando como las palabras sucias que utilizamos en ese momento (que a veces me encanta escuchar, sabe que me calientan) para terminar haciendo nuevamente el amor en forma casi animal.

    En el viaje de regreso recordaba todo lo vivido en esa cabaña, los dos atardeceres con un sol rojizo apagándose al tocar el agua en el horizonte, abrazados protegiéndonos del frio abrazados y un café caliente por medio, con muchas ganas de regresar.

    Ya pasaron muchos meses de esa experiencia, y hoy puedo decir que me he hecho adicta al sexo anal, no lo realizamos siempre, pero cada vez que lo hacemos lo disfruto como la primera vez.

    Ahora, lo hacemos sin barrera de por medio, el día que tengo las ganas de hacerlo, me hago un ducha anal con una enema, limpiando bien el “receptáculo” para permitir al semen golpear mis entrañas con su calor.

    Ernesto me dice que si existiera la venus del bello culo, el mío seria el templo de su devoción.

  • Rubia petite es cogida por el pijudo de su primo

    Rubia petite es cogida por el pijudo de su primo

    Ya sé que soy una rubia chiquita (mido 1,58 y soy muy delgada ) y que todo me parece enorme, pero esa cosa me parecía monstruosa. Al bajarle el pantalón a mi primo me encontré con una cosa de otro planeta, no solo era el tamaño y el grosor sino que también era la forma que tenía. La de mi hermano se pone erecta a 180 grados lo cual la hace fácil de agarrar y de metérmela en la boca, pero la de mi primo se encorvó hacia arriba y era como si tuviese la trompa de un elefante.

    Yo que ya me encontraba arrodillada para practicarle sexo oral trate de agarrarla como si fuese la de mi hermano pero no podía envolverla con toda mi mano y no podía hacer que baje un poco, así que no me quedó otra que agarrarla de la punta. Entonces agarrando la cabeza de su poronga trate de metérmela en la boca pero apenas entraba, me atoraba ya con la cabeza de su chota. No me quedó otra que chupársela y fue lo que hice, mis labios envolvieron esa enorme cabezota y comencé a succionar y a saborear con la lengua.

    A mí me gusta tener mis manos sobre mi rodilla mientras practico sexo oral, me gusta que el hombre tenga el control de la situación pero con mi primo no estaba sucediendo eso. No podía soltar su pene porque si lo hacía volvía a su forma natural que era hacia arriba y eso me impedía seguir chupándosela. Además si le daba el control a él, este iba a intentar metérmela hasta la garganta y no quería que eso pase. Me gusta tragar y siempre me trago la de mi hermano pero esta era tan enorme que tenía miedo de ahogarme con ella.

    Por lo tanto, yo no la soltaba y no lo hice durante esos primeros 15 minutos en los cuales lo único que hice fue lamerle la cabeza de su chota. Pasado esos 15 minutos yo la solté porque quería realizar otra cosa.

    Además de chuparle la pija a mi hermano me gusta también succionarle los testículos, así que quería hacer eso también con mi primo. Entonces solté su poronga para que se vuelva a poner erecta hacia arriba y así poder llegar a sus huevos. El que se encontraba sentado en la punta de su cama se tuvo que mover un poquito hacia delante ya que los tenía aplastados contra el colchón. Luego de realizar ese movimiento quedaron colgados en el aire y yo pude meterme debajo de ellos. Ya a mi alcance me metí uno enteró en la boca y en toda su habitación se escuchó un gemido bastante placentero por parte de él. Lo estaba disfrutando más que la lamida de chota que le había hecho previamente. Le gustó tanto que trato de meterme los dos huevos en la boca pero no llegaron a caber, así que se quedó con las ganas.

    Ya se la había chupado y le había succionado los testículos, faltaba nomas que tengamos sexo y fue lo que realizamos a continuación. Yo que estaba con una blusa y un pequeño shorcito me los quite y quede como dios me trajo al mundo. Entonces dándole la espalda a él, me incline y el agarrándome me fue direccionando para que vaya bajando y que su poronga vaya entrando por mi vagina. Sucedió que apenas la metió sentí cierto dolor, así que tuvo que sacarla y lubricarla un poco con su saliva. Luego en el segundo intento volví a sentir dolor pero él esta vez no me la saco sino que dejo a que entrará toda. No les miento cuando les digo que fue como si me hubieran metido un fierro caliente a 100 grados. Era como si me hubieran abierto por dentro.

    Tener toda esa cosa dentro era molesto y doloroso pero cuando me empecé a mover hacia arriba y hacia abajo mi cuerpo se fue adaptado a semejante bestialidad. El dolor que sentía se convirtió en placer y todo era disfrute, inunde la habitación de mi primo de cientos de gemidos que denotaban eso. Mis movimientos se convirtieron en sentones que absorbían por completo el pene monstruoso de mi primo y que con el paso de los segundos se fueron acelerando para lograr más placer.

    Él no es que se quedó quieto y no hizo nada sino que todo lo contrario, él me tenía agarrada de la cintura y me daba cierto impulso para que yo pueda realizar esos terribles sentones que resonaban por toda la habitación, igual mucho esfuerzo no debía hacer ya que apenas peso 50 kilos. Con su fuerza y mis ganas llegué a tener una especie de orgasmo pero fue algo que no disfrute tanto ya que el seguía metiendo y sacando su poronga de dentro mí. Me moje toda por dentro y eso estuvo bueno porque de manera natural le lubrique su pedazo de carne y eso hizo que la cogida que me estaba dando sea más placentera.

    Sin embargo, él se tuvo que detener porque mis fluidos empezaron a chorrear por mis piernas y estaba ensuciando el piso y una parte de la cama. Tuvo que ir a buscar varias servilletas de papel para limpiar todo ese desastre. No solo limpio el piso y la cama sino que me limpio un poco a mí. Luego de esta limpieza él todavía tenía ganas de seguir cogiéndome, su pene no se había achicado ni un cm a pesar de habernos detenido un breve instante. Él se recostó sobre su cama y espero a que yo me suba.

    Yo que ya me encontraba algo cansada y agotada me monté encima de él y este guio su pene para que esa cosa volviera a entrar dentro mío. Esta vez y a diferencia de antes, no sentí dolor cuando la introdujo. Pasaba que ya me había agrandado todo mi agujero que entró deslizándose y en cuestión de nada ya la tenía toda metida dentro mío. Entonces ya toda dentro, trate de moverme hacia arriba y hacia abajo pero mi falta de energía hizo que no me pudiera mover tanto. Sin embargo, él todavía estaba repleto de energía, así que me agarro con sus dos manos y me empezó a mover el.

    Entonces era como si estuviese brincando encima de su pene, el me elevaba por encima de los 10 cm y luego me bajaba con tanta fuerza que mi culo estallaba contra su cuerpo generando un ruido tremendo. Obviamente cuando caía me la introducía por completo dentro mío y eran como cuchilladas que me provocaban bastante placer. No sé cuánto tiempo estuvo cogiéndome así de esa forma pero fueron más de 15 minutos los cuales los describiría como un empalamiento por parte de él hacía mí.

    Cuando se detuvo se puso a chuparme y a morderme los pezones de mis pequeños senos por primera vez. Esto no duró más de 5 minutos ya que él se volvió a recostar sobre su cama y continuo cogiéndome como antes de detenerse, y lo hizo hasta llenarme la cueva de leche. Luego de acabar y todavía encima de él, nos pusimos a besarnos por más de un minuto y mientras lo hacíamos, todo el semen de él comenzó a brotar de mi vagina y nuevamente como hacía un rato comencé a chorrear líquido de dentro de mí.

  • La calma antes de la tormenta

    La calma antes de la tormenta

    En la penumbra de la noche ardiente,

    donde los cuerpos se encuentran en danza,

    se despiertan deseos de amor y pasión,

    un poema erótico empieza su danza.

     

    Las manos entrelazadas se deslizan,

    explorando cada curva y rincón,

    los suspiros se mezclan en el aire,

    mientras el deseo se vuelve canción.

     

    Las bocas se buscan en un beso profundo,

    lenguas que se entrelazan con fervor,

    los cuerpos se acercan, se rozan y se funden,

    en un torbellino de placer y ardor.

     

    Las caricias se vuelven más intensas,

    la piel se eriza al sentir el roce,

    los gemidos se escapan sin control,

    la pasión se desborda, se hace feroz.

     

    El ritmo se acelera, se vuelve frenético,

    los cuerpos en movimiento sin cesar,

    la entrega total, el éxtasis supremo,

    dos almas que se encuentran en el amar.

     

    Y en el clímax del placer compartido,

    se desata la explosión de los sentidos,

    un suspiro final, un éxtasis eterno,

    en este poema erótico convertido.

     

    En la calma que sigue al huracán,

    los cuerpos se abrazan, exhaustos y en paz,

    en su piel quedan marcadas las huellas,

    de este poema erótico que jamás se desvanecerá.

  • Pija ajena en concha, culo y boca trae problemas

    Pija ajena en concha, culo y boca trae problemas

    Mi señora me aventaja en todo, es preciosa, tiene un cargo jerárquico en una empresa importante del ramo modelaje y proveniente de una familia acomodada. En la otra punta yo, Federico, con aspecto como el común de los mortales, empleado de un estudio jurídico, y de clase media. Nos llevamos bien y las diferencias no han significado problemas pues ambos nos respetamos y queremos tal cual somos. El hecho de no haber pretendido cambiar la natural forma de ser del otro ha sido la clave de una sana convivencia.

    En el estudio soy uno más de los varios abogados que trabajan dirigidos por los tres socios, personas mayores, serias, muy experimentadas, que protegen su buen corazón siendo parcos. Estoy dedicado a la parte laboral e impositiva y casi exclusivamente enfocado a un grupo de empresas propiedad de un cliente de muchos años.

    Con Elsa llevamos una década casados y, por lo que fuera, no tenemos hijos; sus padres son jóvenes aún, están llegando a los sesenta y cinco. Su única hermana, Sofía, al parecer producto de una distracción paterna, tiene 28 años. Los tres familiares me dispensan un trato muy afectuoso, que trato de corresponder adecuadamente, pues completa mi felicidad matrimonial.

    La actividad laboral de mi esposa es intensa, acorde a la alta remuneración que percibe, dos veces la mía, y ello implica que el tiempo dedicado a su trabajo sea extenso. Y esa magnitud se debe no solo a la organización de los eventos que encargan los clientes sino a su participación en la escuela de modelaje que es parte de la empresa.

    La casa en que vivimos es de Elsa, fue regalo de sus padres a las dos hermanas, que acordaron ser usada por la que estaba casada, pues Sofía vivía en la casa paterna en un sector remodelado para tener razonable independencia e intimidad. En compensación mi esposa, mediante un crédito hipotecario que sus abultados ingresos le permitían pagar, compró un confortable y amplio departamento para su hermana que, en este momento, estaba alquilado. Cuando nos casamos yo tenía un modesto departamento que desde aquel momento siempre estuvo en alquiler.

    Unos seis meses atrás, regresando de una cena con amigas, mi mujer me dijo que habían acordado instituir un fin de semana al mes como «Tiempo de descanso del marido»; naturalmente con la anuencia de los que iban a quedar solos pues nadie pretendía lastimar alguna relación. Mi opinión totalmente sincera fue.

    – “Me parece muy bien, esos ligeros cambios en la rutina los veo como un sano intervalo que permite, entre otras cosas, reflexionar sobre la fortaleza del vínculo. Y esto lo digo sumergido en la esperanza de que el resultado no sea una conclusión como «Estoy mejor sin él, o, a éste lo tengo que cambiar»”.

    – “Tonto, eso no va a suceder porque te amo”.

    Dos semanas después del anuncio me avisó que el próximo fin de semana era el seleccionado para iniciar el ciclo «Descanso del marido», pero que, dada mi incapacidad culinaria había acordado con Sofía que me acompañara durante ese lapso.

    Para mí era una hermosa solución pues con mi cuñada nos llevábamos muy bien y compartíamos algunos gustos que favorecerían la convivencia. Llegado el viernes al anochecer hizo su aparición la responsable de cuidar al abandonado.

    – “Hermana, te lo encargo, que coma sano y no aceptés invitación a consumir comida chatarra que le encanta, pues casi seguro tratará de aprovechar mi ausencia”.

    – “Andá tranquila que lo mantendré a raya”.

    – “Y que no se te escape, es capaz de salir a buscar mujeres”.

    – “Sólo un desequilibrado total saldría a buscar algo fuera de casa sin haber tratado de seducir, aquí, a la preciosa dama que me cuidará”.

    – “Porquería, intentá eso y juro que te los corto”.

    – “No hay peligro, porque no te vas a enterar”.

    – “Eso crees vos, Sofía no tiene secretos para mí”.

    – “Entonces reconozco mi derrota”.

    Y así pasó el tiempo, en el que una o dos veces al mes, Elsa descansaba de mí y yo de ella acompañado estupendamente. La relación con mi cuñada era de agradable cercanía, pero cuidándome de mantener una distancia que me permitiera evitar la tentación, representada por su belleza, preservando así la armonía familiar.

    Esos días eran oportunidad de cambiar la rutina, salíamos a comer, pasear, ver algún espectáculo o comprar algo y cenar en casa frente al televisor hasta que nos dieran ganas de dormir. La apariencia de ambos, yo cuarenta y tres bien llevados pero no disimulados, contra los veintiocho de ella que aparentaba menos, daban para imaginar un amplio repertorio acerca de la relación que nos unía y cuya elaboración estaba a cargo de quien nos veía.

    Eso se hacía patente cuando nos atendían en alguna casa de comida o negocio que visitáramos. Sea cual fuere la interpretación, nosotros, a modo de diversión nos sumábamos, y así pasábamos de paternidad-filiación, a matrimonio desparejo o noviazgo de conveniencia. Por supuesto que en éste último caso me miraban como a un viejo verde que, mediante plata, había conseguido los favores de semejante bombón.

    Fue en uno de estos casos cuando nuestra actuación avanzó más allá de lo usual; íbamos paseando y, en una vidriera, mi compañera vio un conjunto de ropa interior que le gustó por lo cual entramos. El dependiente, muy diligente, le entregó a Sofía lo requerido indicándole dónde podía probarse; yo me había quedado a unos metros cuando el empleado, a través de la cortina, le preguntó si no quería la opinión de su esposo sobre cómo le quedaba, recibiendo un sí por respuesta. Ante eso me hizo señas para que me acercara y corrió un poco la cortina.

    El maravilloso espectáculo de mi cuñada, burlándose de mi turbación con una sonrisa, pero mostrándose abiertamente en corpiño y bombacha me paralizó unos segundos, pero pude reaccionar teniendo conciencia del maravilloso espectáculo que se ofrecía a mis ojos. Un cuerpo joven, delgado pero con curvas suaves en el lugar debido, tetitas paradas bajo el sostén, areolas asomando dada la pequeñez de la copa; la parte inferior tampoco lograba cubrir al completo, pues en el borde de la cintura asomaban algunos vellos del pubis, amén de la tela semitransparente que realzaba esa parte tan atrayente. Al volver de esa ensoñación continué con la actuación.

    – “Es precioso el conjunto querida, seguramente esta noche tendré el placentero trabajo de quitártelo”.

    Cerrando la cortina con manos temblorosas fui a la caja y aboné como hacen los esposos complacidos. El reclamo por pagar lo hizo apenas salimos del local pero tuvo que aceptar mi argumento.

    – “Querida esposa del viejo verde, el juego de actuación había que terminarlo bien, además debo reconocer, aunque suene mal, que el espectáculo valió mucho más que el importe de la compra”.

    En ese clima distendido continuamos hasta el regreso de mi señora y el consecuente término del acompañamiento terapéutico hecho por mi cuñada, que se reanudaría veinte días después.

    – “Querido, este fin de semana tengo la reunión de descanso de maridos. Lo haremos en una casa de campo, pero no te dejaré abandonado, mi hermana se hará cargo de vos aunque estoy empezado a desconfiar, pues se muestra demasiado bien dispuesta para la tarea. Ojo con lo que hacen porque te arriesgás a transformarte en eunuco”.

    – “Creo que voy a intentarlo ya que tu hermanita no solo está bien sino que es una dulzura”.

    – “Ni se te ocurra pues en seguida me enteraré, con ella nos contamos todo”.

    – “Gracias por el dato. Cuando quiera saber algo tuyo solo tengo que preguntarle a ella”.

    En ese lapso, sin proponérnoslo, la cercanía aumentó y nos dedicamos con más empeño a la actuación del papel viejoverde-jovencita.

    El domingo al anochecer regresó Elsa de su programado descanso; la noté algo demacrada y, pensando que podría ser consecuencia de una buena trasnochada con abundante bebida, después del cariñoso saludo, le sugerí darse un buen baño y descansar, pues mañana tocaba trabajo. Iba a buscar mis anteojos de leer al dormitorio cuando escucho a Sofía tocando la puerta del baño.

    – “Elsa, entro a buscar una crema”.

    – “Pasá”.

    La puerta entornada me permitió escuchar un corto diálogo

    – “¡Por Dios!, volvés al lado de tu marido con esa colección de moretones?”

    – “Y a vos qué mierda te importa, no te debo ninguna explicación”.

    – “Tenés razón, ahora entiendo tu interés en que lo tenga entretenido, no dándole oportunidad de pensar o extrañarte, sos una basura”.

    Salí justo antes de que sonara el portazo yendo a buscar sus cosas para irse. Minutos después, cuando vino para despedirse, la note algo alterada.

    – “Hoy ha sido un día precioso, he disfrutado desayuno, paseo, almuerzo y nuevo paseo, y todo eso en inmejorable compañía. Si ocurriera la desgracia de que el divorcio tocara la puerta de esta casa ya sé dónde buscar para rehacer mi vida”.

    De manera inmediata la sonrisa en la cara de mi cuñada se transformó en seriedad mirándome fijamente sin emitir sonido alguno. Evidentemente el sentido de mis palabras, en consonancia con la causa del reciente altercado, le hizo temer que yo pudiera haber escuchado algo, lo que me obligó a seguir.

    – “La expresión de tu cara me está inquietando, si lo que dije te ha incomodado, te ruego me perdones y lo des por no dicho”.

    – “No le hagás caso a mi cara, no estoy incómoda ni molesta, al contrario, tus palabras son un halago”.

    – “Que descanses maravillosa compañera”.

    Y le di el acostumbrado beso en la frente que ella me devolvió con un ligerísimo toque de sus labios en los míos.

    – “Igualmente para vos amoroso compañero”.

    El próximo encuentro de «Descanso de maridos» coincidió con un fin de semana largo y Elsa me pidió que la llamara a Sofía pues habían tenido un cambio de palabras y no se hablaban. Sin darme por enterado de eso que ya sabía, la llamé pidiéndole auxilio para mi forzada soledad.

    – “Querido viejito verde, encantada de acompañarte, espero que no estés maquinando sacarme de compras para aprovecharte y, de nuevo, recrear la vista cuando estoy con mínima vestimenta”.

    – “Bruja, me leíste el pensamiento y se fueron al piso mis perversas esperanzas. Igual te espero mientras busco la manera de engañarte y darme con el gusto”.

    El sábado a la mañana recibí la llamada de uno de los dueños del estudio.

    – “Buen día doctor”.

    – “Hola Federico, necesito de vos un favor grande; Jorge Balmaceda me ha invitado para un almuerzo, el día domingo, en su residencia de veraneo. La verdad es que no ando bien como para concurrir, pero no debemos despreciar a uno de nuestros mejores clientes; como vos llevás la cuenta de él y lo conocés, te agradecería que me reemplaces”.

    – “Ningún problema don Leopoldo, mañana voy”.

    – “Gracias hijo, y te pido disculpas por arruinar tu descanso”.

    De inmediato le conté a Sofía del compromiso laboral que me llevaría algún tiempo a caballo del mediodía.

    – “Andá tranquilo, yo descansaré de la laboriosa tarea que significa impedir que hagás alguna macana estando solo”.

    El domingo, un poco antes del mediodía partí para cumplir el compromiso asumido.

    Don Jorge es un mujeriego compulsivo pero en algo hay que aplaudirlo; siendo consciente de su debilidad y al no querer que la felicidad propia sea motivo de angustia, tristeza o desengaño en una mujer, nunca se casó. Sus circunstanciales compañeras lo saben, y la finalización del precario vínculo se da cuando aparece otra que predomina sobre la actual, o cuando la dama de turno muestra síntomas de pretender exclusividad.

    Reunidos algunos, que recién nos conocíamos, se nos acerca el dueño de casa a saludar.

    – “Cómo andan muchachos, están servidos?”

    Contestó uno que parecía viejo conocido.

    – “Sí, gracias don Jorge, estamos bien atendidos”.

    – “Imagino que habrán venido con las esposas”.

    Del grupo el único que estaba solo era yo.

    – “Yo no señor, mi mujer tenía una reunión ya pactada”.

    El que había hablado primero, haciendo gala de confianza con el anfitrión, acotó.

    – “Don Jorge, cómo anda el tema faldas?”

    Evidentemente el que preguntaba sabía de esa afición, y el interrogado no iba a desaprovechar la ocasión para hablar de su pasión y de sus logros en el asunto.

    – “Bien, ahora tengo una hembra de primera, seguramente en seguida baja y entonces la presento”.

    Instalado el tema, profundizarlo era muy sencillo

    – “Imagino que será una joven despampanante”.

    – “Esta vez no, es más grande que las anteriores pero rinde el doble, con decirte que en estos fines de semana largos me hago ayudar por dos y, a los tres, nos deja secos”.

    – “Debe ser una fiera”.

    – “Ahí está lo raro y atractivo. Es muy delicada, al punto que sus besos son inigualables; en realidad no son propiamente besos sino una caricia delicada, una especie de vals de labios y lengua que te inunda el cuerpo entero, y como me encanta besarla les tengo prohibido a quienes me ayudan ponerle el miembro en la boca. No quiero saborear semen ajeno”.

    – “Don Jorge, no nos deje con la intriga, usted suele guardar alguna imagen sugerente de los trofeos que va agregando a su colección”.

    El que llevaba la voz cantante me asombró por el dominio de la oportuna alabanza que toca el punto débil de cualquiera.

    – “Sí, algo tengo; a ustedes que son gente de confianza, incapaces de perjudicarnos a ella o a mí les voy a mostrar nada más que dos fotos; el resto corre por cuenta de la imaginación personal”.

    En la primera aparece una mujer en cuatro; el enfoque desde el oblicuo trasero izquierdo muestra la cabeza girada a la derecha dejando ver el pelo largo que cae sobre el antebrazo, cuya mano luce alianza y otro anillo con una piedra pequeña. Encima de la hembra hay un hombre que, apoyando los pies a los costados de las rodillas femeninas permanece en cuclillas; la toma está hecha en el momento justo, pues la unión entre ambos cuerpos es una gruesa poronga venosa, introducida casi hasta el mango en el ano de la dama.

    La segunda, tomada desde arriba, muestra la zona pelviana de un varón con el miembro erguido, cuyo tronco tomado por dos delicadas manos es acunado por la lengua de una mujer arrodillada; esta foto también refleja la maestría del que maneja la cámara, pues ha logrado captar el vuelo de la descarga seminal a mitad de camino entre el glande y el fondo de la garganta.

    El hombre de la felación es otro, más delgado y con miembro de menor tamaño, pero la mujer es la misma pues los anillos iguales la identifican. Sin embargo toda esta excelente muestra tiene un lado negativo y triste, la cara de la puta de turno corresponde a mi esposa. El resto de la conversación la escuché desde algún lugar perdido en la estratósfera.

    – “Lo que es la experiencia”.

    – “Tal cual, a ésta le llevo nada más que veinte años, casualmente el mes que viene cumple cuarenta”.

    – “Entonces está llegando al límite”.

    – “Qué bien me conocés. Ya está organizado el festejo de cumpleaños y despedida”.

    – “Si es tan buena podría hacer la excepción”.

    – “No conviene. Hace seis meses que la tengo y sería raro si en poco tiempo más no comenzara a ponerse posesiva. Es algo muy natural por lo que es aconsejable cortar en muy buenos términos”.

    – “Y ella lo sabe?”

    – “No, pues el corte consiste en espaciar las llamadas hasta que resulte natural su cese definitivo. Miren, justo ahí viene”.

    La mujer que se aproximaba era un monumento a la sensualidad. Su andar era propio de la persona elegante, sin afectación ni exageraciones. Estimo que el valor de su vestimenta y accesorios superaba un sueldo mío.

    – “Elsa, mi amor, te voy a presentar estos invitados”.

    Exprofeso me había ubicado último, tapado por uno que debe haber sido mellizo de Goliat. Cuando me tocó el turno la dama perdió toda su solvencia, y el elegante aplomo se vino abajo. La súbita palidez, inmovilidad e incontrolable temblor en las manos hicieron que el amante la sostuviera al tiempo que yo saludaba.

    – “¡Querida!, qué gusto encontrarte, veo que hubo cambio de programación, en lugar de reunión con amigas es reunión con amigos”.

    – “Se conocen?”

    – “Sí don Jorge, es mi señora. Tesoro, el dueño de casa nos acaba de contar tus excelentes aptitudes para dar y recibir placer, de uno, de varios, en la cama o donde sea. Espero que esta promoción aumente tu clientela y recibas muchos requerimientos en el futuro”.

    – “No sé qué decir”.

    – “No se preocupe señor, yo le agradezco que me haya permitido conocer una faceta de mi esposa que ignoraba. Agradeciendo la gentileza de su invitación me voy a retirar para que mi señora pueda, con total tranquilidad, satisfacer los deseos propios y ajenos de aquellos que quieran participar. Hasta otro momento”.

    Llegado a casa después de hacer un regreso extremadamente doloroso, Sofía me recibió mirándome espantada.

    – “¡Qué pasó!, tu cara hace suponer una desgracia”.

    Le conté paso por paso lo sucedido, y le pedí ayuda para empacar mis cosas pues me iba.

    – “A dónde vamos?”

    – “Vas a venir conmigo?”

    – “Por supuesto, solo no te voy a dejar, mi hermana se puede ir a la mierda”.

    Quedamos en que ella se encargaría más delante de mandarme el resto de mis pertenencias y, tomando lo necesario para pasar algunos días, nos fuimos a un hotel. Ahí tomé conciencia de que mi problema personal podría traer consecuencias perjudiciales para el estudio y, por eso, de inmediato lo llamé al socio que me pidiera reemplazarlo y con quien generalmente me entendía.

    – “Hola don Leopoldo, disculpe día y hora pero necesito hablar con usted ¿tendrá algunos minutos?”

    – “Hola Federico, el tiempo que necesites; si querés que hablemos personalmente podemos aprovechar que estoy en la casa de un amigo, cerca del estudio”.

    – “Sería mejor, si me da la dirección en unos minutos estoy ahí”.

    Así lo hizo y nos encontramos, primero le conté todo y luego le expresé mi temor de que el señor Balmaceda pudiera creer que, en un arranque de furia, pudiera usar mi conocimiento de temas sensibles de sus empresas para vengarme.

    – “Don Leopoldo, le aseguro que eso no va a suceder y además le pido que para despejar cualquier duda me releve de llevar esa cuenta. Me apenaría sobremanera perjudicar al estudio de manera totalmente involuntaria”.

    – “No esperaba menos de vos hijo, despreocupate yo me encargo del asunto, hiciste muy bien en avisarme. Nos vemos el martes”.

    Regresé al hotel más aliviado en el aspecto laboral, no así en el personal. Sobre la cama había una nota de mi cuñada «Voy a la casa de mi hermana, vuelvo en un rato, esperame».

    Después acordé con mi madre para residir en su casa hasta que se cumpliera el tiempo de ocupación de mi departamento

    Dos horas habrían pasado desde la reunión con mi jefe cuando recibí su llamada.

    – “Hola don Leopoldo”.

    – “Federico, acabo de cortar con el señor Balmaceda que me llamó preocupado por lo sucedido. Cuando le conté que nos habíamos reunido y lo que me dijiste se tranquilizó, además me dijo que quiere hablar con vos para lo cual te espera en su casa mañana alrededor de las once. Por favor, no dejes de ir”.

    – “Sin problemas doctor, le informo cuando termino o prefiere el martes?”

    – “Si todo anda bien te espero en el estudio el martes a primera hora”.

    Unos minutos después llegó Sofía luego de haber estado con Elsa.

    – “Lógicamente dice estar arrepentida y pretende recuperarte”.

    – “Una lástima que su arrepentimiento haya comenzado justo después de haber sido descubierta y tan es así que, entre la cara de hembra satisfecha cuando se aproximaba, y el rostro de pálida desesperación cuando me vio, hay un abismo”.

    – “Me contó llorando cómo fue la despedida definitiva apenas te fuiste”.

    – “Generalmente es una separación bien gratificada”.

    – “En este caso tal era su molestia que no hubo gratificación, simplemente le dijo que tomara sus cosas pues el chofer la esperaba afuera”.

    – “Entonces estaba molesto en serio”.

    – “Y tanto que cuando Elsa le dijo que esto había sido un accidente, le contestó que era verdad, pero que ese accidente le podía costar mucho, empezando por perder al mejor abogado que había tenido en los últimos tiempos, en cambio putas como ella conseguía una docena en media hora. Y ahí perdió el equilibrio porque le respondió de mala manera, «viejo impotente, que necesitás ayuda para conformarme, andate a la puta que te parió»”.

    – “Conociéndolo a don Jorge me parece una mala forma de despedirse”.

    Esa noche mi sueño fue una alternancia de momentos de conciencia y pesadillas, algunas de las cuales fueron calmadas por caricias de mi compañera de pieza, aunque no de cama.

    En la oportunidad pactada me reuní con don Jorge, quien me recibió cordialmente pero serio; me ofreció algo de tomar y acepté café si lo podía acompañar con un cigarrillo, por lo cual fuimos a la galería.

    – “Federico, me siento mal por lo sucedido pues en algo he participado aunque sea involuntariamente”.

    – “No se preocupe señor, es evidente que usted ignoraba mi relación con ella. Lo considero incapaz de invitarme para hacerme pasar un mal rato”.

    – “Quiero hacerte saber en particular tres cosas. Empiezo por la menos importante, he terminado con Elsa. La siguiente es un pedido, me encantaría que sigas a cargo de mi cuenta; te tengo total confianza, más aun después de saber lo que le dijiste al doctor Leopoldo. La última también es un pedido, por favor, si alguna vez necesitás algo que esté a mi alcance no dudes en pedírmelo, será un placer ayudarte”.

    Después de un rato más de charla nos despedimos y regresé al hotel. Al día siguiente, habiendo regresado del trabajo, Sofía me contó las novedades.

    – “Parece que las desgracias la siguen a tu ex, primero te perdió a vos y ahora el trabajo, la despidieron”.

    – “Quién lo hubiera dicho, pensé que su posición era muy sólida”.

    – “Creía lo mismo pero el diablo metió la cola. El señor Balmaceda, que es uno de los mejores clientes de la agencia, los presionó de manera muy efectiva”.

    – “Esto sí que es novedad, ignoraba esa relación al no haber dependencia directa sino simple prestación de servicios”

    – “Los convenció diciendo que iba a divulgar su infidelidad, que se iba a retirar como cliente y que haría circular el rumor de que Elsa le había ofrecido alumnas para participar de sus reuniones”.

    – “Ya me parecía que ese hombre no iba a aceptar mansamente el insulto de despedida”.

    – “Y cuando mi hermana se quejó de la medida le respondieron que el primer punto era un tema personal, el segundo los perjudicaba un poco y el tercero era algo serio, pero los tres juntos constituían una bomba que ocasionaría enorme perjuicio a la empresa, que por supuesto no pensaban asumir”.

    La cercanía con Sofía después de mi separación fue paulatinamente incrementándose, física y emocionalmente, al punto que en las frecuentes salidas a veces íbamos abrazados, yo tomándola por los hombros y ella agarrada a mi cintura. Así fue como un día me dijo.

    – “El viernes quisiera ir a bailar, me acompañás?”

    – “Encantado pero no sé si te conviene, soy mal bailarín”.

    – “Esa parte no me interesa, sos buena compañía”.

    -“Entonces, con inmenso placer actuaré de viejo verde”.

    El día acordado fuimos a una discoteca conocida por mi cuñada. En un ambiente agradable, música que permitía hablar y ser escuchado, yo era uno de los pocos veteranos, por supuesto que todos acompañando damas jóvenes. Cosa rara, pues casi siempre evitaba el tema, se refirió a su hermana.

    – “La extrañás?”

    – “No, simplemente de a ratos aparece algún recuerdo; no tengo la nostalgia de quien añora algo que antes poseía y ahora no, sino como una cosa que quisiera borrar de la memoria”.

    – “Te puedo ayudar?”

    – “Hace tiempo que me estás ayudando, lo que podría haber sido un infierno, con tu apoyo, quedó reducido a molestia”.

    – “Y antes, no sospechaste algo?”

    – “Alguna vez se me ocurrió pero lo di por una normal sensación de celos, hasta la tarde que ustedes discutieron y, de casualidad, las escuché.

    – “Pero no reaccionaste”.

    – “En realidad mi reacción fue leve, suspendí toda muestra de afecto especialmente la intimidad, en la esperanza que recapacitara pero evidentemente fue inútil. Y desde ese momento tu compañía fue mitigando mi dolor”.

    – “Federico, hace tiempo tengo un interrogante girando en mi cabeza y la respuesta la tenés vos ¿me ayudarías?”

    – “Ya estoy en un brete, la introducción anuncia peligro pero no te puedo negar mi ayuda, podés disparar los cañones”.

    – “Hace más de un año que compartimos hermosos momentos y nunca tuviste para conmigo alguna insinuación tan común entre los hombres, ¿no te atraigo?”

    – “Sabía que esto venía difícil, pero te di mi palabra. Sí, me atraés y mucho, pero le tengo pánico al rechazo, si tuviera un avance y me frenaras me moriría de vergüenza, sería incapaz de mirarte nuevamente a la cara, y me aterra perder tu compañía”.

    – “O sea que sos un cagón de marca mayor con complejo de inferioridad”.

    – “Sí, pero no es ilógico; en esta relación la que pierde sos vos, juventud, belleza y largo futuro por delante, contra un maduro, mañoso y golpeado”.

    – “Eso es cosa mía, sigamos la danza mariquita”.

    Siendo un negado total para bailar suelto aprovechábamos las lentas, donde el correr de los minutos, la belleza y sensualidad de la mujercita que tenía entre los brazos, el roce natural del baile y la forzada abstinencia, hicieron que se produjera la espontánea reacción

    – “Eso duro que me punza entre las piernas es lo que creo?”

    – “Si crees que es mi miembro pugnando por hacerse espacio en ese lugar, estás en lo cierto”.

    – “Y lo decís como si estuvieras satisfecho”.

    – “Dos cosas me ponen contentísimo, por un lado la sensación deliciosa de que esa parte blanda, aunque cede a mi empuje no se retira, y por otro a que todavía no tengo cuatro dedos marcados en la mejilla”.

    – “La diferencia de edad hace que esto sea casi la corrupción de una menor”.

    – “Aunque lo estoy disfrutando te aseguro que no fue mi intención”.

    – “Eso lo sé, tus intenciones para conmigo nunca han sido malas; aceptarías un pedido?”

    – “Con los ojos cerrados”.

    El pedido lo hizo en un susurro con la boca pegada a mi oído.

    – “Corrompeme del todo papito, quiero sentirla entre mis nalgas mientras metés la mano por la cintura de la falda que es elástica, el faldón largo de la camisa va a tapar. Acariciame tesoro, no hay otro obstáculo a vencer porque me saqué la bombacha cuando fui al baño”.

    Y giró dándome la espalda; si hubiéramos ensayado la coordinación el resultado no habría sido tan bueno, el bulto que sobresalía a la altura de mi bragueta quedó en el canal que divide los glúteos y ella con dos movimientos laterales hizo que ambas esferas lo acunaran dando comienzo a una deliciosa tortura; los pasos del baile hacían que el tronco, descansando entre los dos globos, fuera mecido a derecha e izquierda según el pie que se movía, elevando mi excitación a pasos agigantados. En eso ella giró la cabeza.

    – “Besame amor, mientras tu mano traviesa adelante y tu palo atrevido atrás me llevan al cielo”.

    – “No aguanto más preciosa me voy a correr”.

    – “Dejate ir mi vida y acompañame que también estoy al borde; en el departamento me ocuparé de tu ropa”.

    Seguramente quienes estaban cerca se dieron cuenta del tremendo orgasmo casi simultáneo, aunque para nosotros el resto del mundo había desaparecido. Cuando volvimos a la conciencia Sofía me tomó de la mano encaminándose a la salida.

    – “Vamos a mi departamento”.

    Ella manejaba todo, incluido yo que iba atónito pero encantado. En el taxi mantuvimos la compostura, pero fue cruzar la puerta y toda mi ecuanimidad se fue al carajo.

    La apoyé contra la pared, me arrodillé buscando la altura justa y levantándole la pollera pegué mi boca abierta a su conchita tratando de abarcar lo máximo de esa vulva jugosa. Sus manos, tomándome de la nuca solo acariciaban dejando que me moviera a gusto. En seguida levantó el pie derecho apoyándolo en una silla cercana para abrirse más, cosa que aproveché para extender el recorrido de la lengua desde el ano hasta el clítoris.

    El lapso entre los orgasmos en la pista de baile y la llegada al departamento fue suficiente para renovar el deseo, así que cuando sus dedos pasaron a ser garras en mi nuca me levanté, bajé el cierre del pantalón y, en un rápido tanteo ubiqué la entrada, para ocupar el conducto con un solo golpe de cadera. Nuestras bocas se saboreaban en silencio hasta que al mutismo lo corté yo.

    – “Te estás cuidando ante un posible embarazo?”

    – “Sí, voy a tratar de que me preñez cuando antes, mi amor”

    Terminado el diálogo comenzó la corrida, ahora sí, acompañada de quejidos y gritos al por mayor. Calmada la urgencia instintiva volví a mis cabales y caí en cuenta dónde estaba.

    – “Cuándo te cambiaste aquí?”

    – “Hace una semana, inmediatamente que se fue el inquilino y después de cancelar la hipoteca, y dos cosas me movieron a esto. Lo que vos dijiste que harías si sucedía el divorcio, y que yo, sabiendo que era inevitable esa separación estaba decidida a tenerte conmigo, y eso como dice el escudo chileno «Por la razón o por la fuerza»”.

    – “Sos de temer preciosa, pero te amo”.

    – “Consciente de lo que quería necesitaba casa propia, distinta de la que ocupabas estando casado, así que le hice conocer el tema a mis padres y a Elsa. Papá y mamá acordaron con tu ex pagar la hipoteca y se alquilara la casa para darle algún alivio a mi hermana hasta que consiguiera trabajo mientras vivía con ellos”.

    Esa noche fue maratónica aprovechando que al día siguiente no había compromiso laboral para ninguno. Mi organismo pidió una semana de descanso pues testículos, vesícula seminal, y próstata habían trabajado a destajo.

    Días después, por pedido de Sofía acepté reunirme con Elsa; sería el primer contacto tras aquel doloroso almuerzo, pues sus mensajes y llamadas los pasé por alto. Acordamos hacerlo en un café, llegando yo antes; cuando ella apareció mi saludo fue ponerme de pie e indicarle la silla.

    – “Te escucho”.

    – “Cómo estás?”

    – “Eso no te interesa. Algo más?”

    – “Sí, quería pedirte perdón”.

    – “Perfecto, ya lo hiciste”.

    – “Me vas a perdonar?”

    – “Respecto de vos, lo único que quiero es olvidarte”.

    – “Evidentemente mi mala suerte no termina”.

    – “Sin ánimo de discutir, lo que te ha sucedido no es producto de la suerte, todo es simple consecuencia de tu proceder. Conseguiste un amante y arruinaste el matrimonio, insultaste al transitorio compañero y perdiste el trabajo, la ofendiste a tu hermana y casi terminás sin casa; lo único que te falta es enojarte con tus padres para perder techo y comida. Pero como en esta vida, lo malo también tiene algo de bueno, gracias a vos conocí a Sofía. Espero no volver a verte”.

    Me levanté, pagué la consumición y regresé a mi nueva casa, que es la de mi amada compañera.

    Ha pasado un año de aquel fatídico descubrimiento y en ese lapso pude comprobar que la influencia de don Leopoldo llegaba a lugares inimaginados. En este país, donde los trámites judiciales demoran una eternidad, mi juicio de divorcio fue la excepción, hace unos días me entregaron la sentencia. Con ese papel en la mano, ya en casa, esperé a Sofía y después del beso, habitual saludo, la sostuve en mis brazos mientras al oído le decía.

    – “Querés casarte conmigo”.

    – “Hijo de puta”.

    – “No entiendo la respuesta, repito, querés casarte conmigo”.

    – “Hijo de puta, y lo repito porque tu propuesta no es fruto del amor, no es producto de una atracción insalvable sino que proviene de tu maldad, lo que pretendés es matarme de alegría, viejito de mi alma, anciano de mi corazón, ¡te amo mi cielo!”

    En cuanto conseguimos turno en el Registro Civil nos casamos, sellando legalmente el amor que nos tenemos y, por si fuera poco, la unión fue reforzada maravillosamente con el fruto que desde hace tres meses late en las entrañas de mi esposa.

  • Mi abuelo me desvirga el culo (3)

    Mi abuelo me desvirga el culo (3)

    Volví al día siguiente a casa de mi abuelo, a la hora acordada.

    Esta vez me esperaba con dos amigos. El viejo gordo que me dio una paliza y otro viejo que rondaría los 80 años.

    Vi sus miradas lascivias dirigiéndose a mis pechos. Tenían puesta una película porno. Tres mujeres calientes lamiéndose los coños por turnos. Miré la película y el gordo me preguntó si me gustaba. Contesté que si. Mi coñito hacia rato que estaba empapado pidiendo polla.

    Los tres se tocaban el rabo por encima del pantalón mientras me miraban las tetas y se relamían. Esa imagen me excitó aún más y me subí la camiseta para que pudieran observar mejor mis grandes tetas. Sus ojos se abrieron como platos y comenzaron a murmurar obscenidades como: qué ricas tetas, te voy a follar esas tetas. Te voy a reventar el culo pequeña zorra.

    Estaba muy cachonda y me senté en una silla delante de ellos. Abrí las piernas, me subí la falda y dejé ver mi chochito húmedo y caliente. Pasé mis dedos que resbalaron con suavidad y me masturbé mirando como sacaban sus pollas duras del pantalón. Quise correr a lamerlas, lo deseaba, sólo pensaba en pajearles con la boca hasta llenarme de leche. Pero me aguanté. No sé cómo lo hice.

    Me levanté, me subí al sofá y puse mi coño cerca de la cara del octogenario. Me pajee en su cara y él no pudo aguantar la tentación. Me agarró del culo y me atrajo hasta su boca. Sacó su lengua y comenzó a lamerme el coño entero. Pasaba su lengua jugosa por todo mi coñito caliente, una y otra vez, extasiado, frenético. Me aparté he hice lo mismo con el gordo. Este se enfadó al verme tan guarra y me bajó del sofá.

    – qué estás haciendo puta! Te vas a enterar. Voy a darte una paliza en ese chocho sucio que tienes.

    Me tumbó en el sofá con las piernas abiertas y pidió a mi abuelo y al octogenario que me sujetaran las piernas. Los tres miraban con lujuria mi chochito virgen y el viejo gordo comenzó a azotármelo.

    -te lo voy a dejar bien rojo. No tuviste bastante ayer? Vienes a por más? Te voy a enseñar a no ser tan guarra.

    Y volvió a azotarme sin compasión. Yo gritaba de dolor pero me tapó la boca mientras con la otra mano seguía pegándome en el coño. De ahí pasó a pagarme en las tetas. Botaban con cada azote. Él disfruta castigándome y yo disfrutaba con sus azotes.

    Después de unos minutos se detuvo. Me incorporó cogiéndome del pelo y me acercó la cara a su polla. Por fin podía tragármela. Abrí la boca desesperada y chupé y chupé como si no hubiera un mañana. Con pasión.

    – tenías ganas de polla. Así, así, chupa cerda.

    El octogenario también quería una buena mamada y en cuanto me soltó el gordo fui impaciente a por la polla del viejo. Gemía de gusto. Mi abuelo se pajeaba viendo la escena. También esperaba su turno y no le hice esperar mucho. Su polla gruesa era la que más me gustaba. Apenas me cabía el glande. Me comí esas tres pollas duras y canosas. Sus huevos botaban con cada embestida en mi boca. Me toqué el coño, me dolía por la paliza del gordo, pero me gustaba y me corrí con una de las pollas en la boca.

    – mira la zorrita, se ha corrido.- dijo mi abuelo.

    – será guarra! – gritó el viejo gordo.

    Me apartó de la polla y me abofeteó. Me puso a cuatro patas y me dijo:

    -ahora te vas a enterar.

    Me la metió por el culo sin el menor tacto. De un golpe. Y comenzó a follarme fuerte sin parar. Mi abuelo me metió la polla en la boca para que no gritaste y entre los dos me dieron unas fuertes embestidas. El gordo sacó su polla de mi culo y se lo ofreció al octogenario que, sin dudarlo, me la metió también de un golpe. Ese viejo me folló unas cuantas veces y se corrió dentro. Le tocaba el turno a mi abuelo. Hizo lo mismo que los otros dos. Como agradecimiento al octogenario, le limpié la polla con la boca. Estaba flácida pero igual de rica.

    Esos viejos sólo sabían follarme el culo sin pensar que mi coñito ardía en deseos de ser desvirgado. Mientras me rompían el culo, mi coño se abría esperando su turno. Un turno que nunca llegaba. Supliqué que me destrozasen el coño entre los tres pero no me hacían caso. Sólo se saciaban con mi boca y mi culo. No paraban de utilizar esos agujeros. Mi abuelo se corrió escuchando mis súplicas entre lamidas de las otras dos pollas. Quedaba por correrse el viejo gordo.

    – quieres que utilice tu coño sucio?

    – si, por favor. Fóllatelo

    Me tumbó en el sofá, boca arriba mientras gritaba lo guarra que era. Volvió a pedirles que me agarrasen las piernas. Sabía lo que venía ahora.

    – te voy a follar ese coño sucio que tienes pero te va a doler tanto que no querrás que te follen nunca más.

    Cogió el cinturón de su pantalón y me golpeó el coño con él. Mi abuelo, cachondo como nunca, me tapó la boca. El viejo gordo volvió a golpearme nuevamente. Me sacudí de dolor mientras los tres gozaban con ello. Cuando me puso el coño rojo dijo que ya estaba listo para ser follado. El octogenario acercó su cara a mi coño y lo lamió con gusto para dejármelo bien mojado. Una vez sació sus ansias de chocho, se apartó y dejo que el viejo gordo lo usara. Acercó su polla a punto de reventar y la metió fuerte, de un sólo golpe. Me estremecí de dolor, mi abuelo seguía tapándome la boca mientras me arqueaba. El gordo disfrutaba con aquello.

    – esto te gusta, guarra? Es lo querías verdad? Pues toma polla, zorra!

    Y comenzó a follarme sin medida. Mis tetas botaban arriba y abajo. Él las miraba vicioso y su cara de cerdo hizo que me corriera. Se dio cuenta y me llamó puta.

    -te gusta que te violen, cerda? Mira como se corre la guarra. Si, esto te gusta.

    Me abofeteó y me folló una y otra vez hasta e él también se corrió. Dejó entrar toda su leche en mi coñito dolorido.

    Le agradecí su buena follada y le limpié la polla con la boca.

    – eso es lo que tienes que hacer, cerda. Abrirte de piernas y dejarte hacer de todo.

    -Ya estás lista para que te la metan por todos los agujeros al mismo tiempo. Te avisaré para que te prepares. La próxima vez seremos unos cuantos – dijo mi abuelo mientras se reía.

  • Curiosidad saciada

    Curiosidad saciada

    Soy de Cartagena, Colombia. Desde muy joven siempre tuve la curiosidad de experimentar qué se siente penetrar un rico culo, disfrutar de las nalgas de una mujer que sienta deseos de ser penetrada por detrás. Para mí suerte conocí una página en internet en la que pude saciar esa fantasía.

    Una tarde recibí la notificación de una mujer que quería probar experimentar con alguien que no conocía y para mi suerte le gustaba el sexo anal. Nos encontramos en un centro comercial, cabe resaltar que nunca la había visto, y era una mujer espectacular. Alta, morena, con unas nalgas monumentales, yo estaba a punto de casarme y ella me quiso dar el culo como despedida de soltero. Fuimos al motel y al principio los besos y las charlas fueron tímidas.

    Pero en la medida en que nos acariciamos y fue subiendo la temperatura se fueron soltando los miedos y sucumbimos al placer. Empecé besando su cuello y bajando lentamente por su espalda hasta llegar a sus nalgas.

    Le bajé el Interior y besé su culo y la acosté y le chupé el culo mientras le penetraban su sexo con los dedos, estimulando su punto g lo que le provocó convulsiones y chorros, con mi pene erecto la penetré despacito y su vulva era apretada, sentí bastante placer, pero yo quería probar anal.

    Ella se aplicó crema en el ano y me abrió sus nalgas y su culo y me lo dejó en bandeja para ser penetrado, a lo que empecé penetrando despacio, lentamente y sentía como ese ano me apretaba haciéndome sentir tanto placer.

    Fui aumentando el ritmo y la penetré duro primero boca abajo, su posición favorita para el anal dijo ella, y después de perrito haciéndome explotar de placer y venirme dentro de su culo. Lo hicimos 3 veces esa tarde, y en todas hubo anal. Nunca más la volví a ver, fue algo espontáneo.

    Me casé, pero a mi esposa no le gusta el anal, por lo que quedé con el nuevo gusto adquirido sin volver a probar.

    A veces siento muchas ganas de volver a probar nuevamente el dulce placer de penetrar un culito.

    Espero repetir esa experiencia y quizás conocer a esa nueva mujer que esté dispuesta a entregarlo solo por el placer de sentirlo también.