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  • Amigo coquetea a mi madre

    Amigo coquetea a mi madre

    Seré breve, soy nuevo en esto, quería contarles algo que está pasando con mi madre, ella es una señora casada, 41 años, buen cuerpo de gym, tez blanca, unas nalgas y se tetas envidiables.

    Todo comenzó cuando traje a mi amigo Robert, es alguien de 24 años, joven con un cuerpo definido y musculoso tiene aire de conquistador cuando quiere es alguien maduro para hacer sus cosas, bueno tal que lo llevé a casa a pasar el día, he sido consciente de que mi madre provoca muchas miradas no soy tonto, además que su matrimonio está cada vez peor por la monotonía, mi padre pasa trabajando y es muy distanciado, no sé como no puede pasar tiempo con ella si es una hembra con todas la letras.

    Resulta que el día invité a Robert, comenzaron a tener miradas, aunque ella es muy recatada, últimamente sale mucho con sus amigas que son muy liberales, incluso he escuchado consejos muy sexuales.

    Lo he visto Robert mirándole el culo con una cara de morbo brutal, ella se hace la desentendida a los halagos, un día los vi muy cariñosos él le hacía preguntas tipo, que tal vas con tu marido y de tinte similar, ella respondía de un manera dando a entender que estaba desatendida, yo ya me estaba asustado hasta que hablé con Robert y fui directo, le dije que tramaba con mi madre, él muy sincero me responde: “pues hasta donde ella me de terreno, ella ya es adulta para decidir lo que hace, no crees?”. Yo sorprendido por la respuesta, solo le dije “ten respeto” y nos fuimos cada quien a su casa.

    Consulté a una página de preguntas y respuestas a diferentes temas, la pregunta que hice fue: “¿Que hago si mi amigo quiere ligar con mi madre estando casada, el matrimonio está algo roto por la monotonía, dejando a mi madre con muchas opciones?”. Esperaba respuestas a favor de mi postura, pero me sorprendió, casi todas las respuestas eran de tipo, “déjala ser, ella puede tomar sus propias decisiones es una persona adulta”. Me quedé pensando en las respuestas y si dejar que Robert se la coma, porque yo lo conozco y sé que con sus atributos va a lograr garchársela, porque en primer lugar, ella está muy cambiada después de sus 40 con influencia de mujeres liberales, una mente abierta y un marido que no está y sus deseos como cualquier mujer, y por otro lado Robert quien es un tipo conquistador y maduro, alguien directo.

    Así dejé las cosas, si ella cede y cae es su problema, pero de lo que no me imaginé es que sería cómplice. Un día estaba la casa sola, le dije a mi madre que me iba y no llegaría hasta la noche por un trabajo en la universidad, era una trampa para ver si ella cedería ante Robert, ya que yo sospechaba que esas horas demás en el celular no eran por gusto, sabía que Robert había avanzado con ella, pero al regresar me di cuenta que avanzó muchísimo.

    Regresé a casa y encontré las luces apagadas algo raro a esa hora. Mi padre estaba fuera de la ciudad, así entré silenciosamente y me di cuenta que la luz en el cuarto principal estaba encendida. Fue ahí cuando mi adrenalina estaba a full, un sentimiento de saber que era lo que estaba pasando, pero no quería aceptarlo, la puerta estaba media abierta y me asomé y quedo mirando lo que sabía que estaba pasando, era mi amigo cogiéndose a mi madre, lo que estaba viendo era algo sin explicación. Robert había logrado su cometido, seducirla, ella lo estaba gozando, yo en ese momento me sentí excitado, seguían y seguían.

    Ella estaba en lencería negra bajándole el bóxer y ver su pene el cual me sorprendió por el tamaño, por supuesto que él dijo si el suyo era más grande que el del marido, ella dijo que si, mucho más grande, se veía unos 17, 18 cm, con su tez moreno, contrastaba la piel de ambos, un moreno cogiéndose a una blanca madura casada. Así comenzó a mamar, claramente no es novata en nada.

    Robert: ahh, que rico, hace cuanto que no chupas una polla

    Andrea: hace mucho

    R: tu esposo no te atendía, se nota lo arrecha que estabas, eso me gusta tu solo disfruta despreocúpate por todo, nadie se va a enterar

    A: me lo prometes? No serás burlón con mi hijo? Porque depende que suceda después dependerá si me arrepiento de esto

    R: no tu tranquila soy alguien que sabe apreciar lo bueno y comportarse como adulto, ya disfruta y déjame ver ese culo desatendido, que desperdicio y tonto tu marido, cualquier hombre querría comerse esto

    A: no sé si sentirme halagada

    R: es la verdad, que buen culo que tienes mamacita ponte en 4…

    Y así pasaron las cosas ¿qué hago en esa situación? Si tiene apoyo este relato subiré la otra parte con toda la acción y les contaré algo más que hice después.

  • Pornorelato (2)

    Pornorelato (2)

    Sum-Sum (como le decía su marido) estaba cepillándose el cabello sentada en una tumbona junto a su esposo. Ambos, en traje de baño, tomaban el sol a la orilla de la piscina. Sum era la segunda esposa de aquél, siendo una mujer más joven que éste, y muy bella, de complexión delgada y alta de estatura, el hombre podía estar satisfecho. Pero ella era más que una “Trophy wife”. Tomando su rol de madre seriamente se preocupaba por el bienestar de los hijos de su marido. De hecho en ese momento pensaba cómo abordar el asunto.

    —Oye, creo que deberías hablar con Kevin —le dijo al fin.

    —¿De qué? —contestó el hombre.

    Sum-Sum no sabía cómo hacerle ver la cuestión sin hacer el problema mayor. No siendo la verdadera madre de Kevin (este era hijo del primer matrimonio del hombre), ya de por sí traería conflictos el meterse en asuntos que no eran de su injerencia, pero más estaba en riesgo. Ella había visto al joven tomándole fotos desde el balcón de su habitación y, conociéndolo, ya se imaginaba para qué fin. Ese era el problema, el muchacho, aunque ya de diecinueve años, parecía un adolescente calenturiento, ya que se la pasaba masturbándose tanto como podía, sólo el padre no notaba el problema, pues hasta ella se había dado cuenta. Así que no tenía que pensar mucho como para saber que con aquellas imágenes en el celular (fotos de sí misma) Kevin tomaría inspiración en sus diarias chaquetas.

    —Kevin necesita atención. Se la pasa encerrado en su habitación casi todo el día. No tiene novia y… —ella no podía ser más clara sin arriesgarse al completo descaro.

    —Sólo es un chico tímido, ya se le pasará —le respondió el evasivo marido.

    Fuera como fuere, Sum-Sum no dejó de preocuparse, y Kevin no dejó de sacarle fotos mientras la madrastra reposaba boca abajo en el diván, como si estuviera posando para ello, pues sus muslos generosos y sus dos apetecibles nalgas se antojaban naturalmente a la vista, como invitando a cualquier observador a recostarse sobre ella.

    Intentando exponerle el tema al esposo sin éxito, Sum-Sum se dejó caer en la camilla. Se olvidó del asunto, hasta que un día…

    Una cabezona punta fálica se paseaba subiendo y bajando en la lubricada abertura vaginal, como abriéndose camino. La tiesa verga guiada por una mano estaba por ingresar a un túnel dispuesto a su entrada.

    —¡Pero qué chingados! —exclamó Sum-Sum.

    Había descubierto a Kevin detrás de su hermana de 18 años, mientras esta, apoyada en cuatro, exponía su trasero al mencionado. Kevin estaba por chingarse a su propia hermana en su habitación.

    Con expresión de justificada sorpresa y enojo, Sum-Sum encaró la situación.

    —¡Qué carajos! ¡¿Se la ibas a meter a tu hermana?!

    —No, no, no… —respondió el espantado joven.

    —¡Jesús, María y José! —exclamó Sum-Sum—. ¡Larga de aquí putita! Ya hablaré contigo luego —gritó sin ningún miramiento a Kenzie, la joven hermana.

    Kenzie se bajó de la cama de un salto y corrió alejándose del problema.

    Tras verla salir volvió la mirada a su hijastro, quien todavía estaba hincado sobre la cama.

    —Estabas por meterle tu ver… tu pene a tu hermana, ¡¿cómo es posible?! —dijo furiosa.

    —Sólo la puntita —dijo Kevin como excusándose.

    A Sum-Sum se le escapó una risa involuntaria.

    —Sí cómo no. Sólo ibas a meterle la puntita, ¿cuántas veces no escuché eso?

    —Ella fue la que me lo pidió. Ya sabes cómo es.

    —Yo sé cómo es. No me quieras engañar, sé que el hombre es hombre. Siempre están ansiosos de meter su… su cosa en una —dijo Sum-Sum.

    Kevin se defendió como pudo y, aunque su madrastra sabía que estaba mintiendo para defenderse, pensó que era el momento de ser madre y por tanto ser paciente, aunque firme. Hablaría seriamente con Kevin, ya que el propio padre de éste no lo hacía.

    —Kev, he notado que estás obsesionado con el sexo. Te la pasas… bueno, sé que te la pasas… masturbándote, la mayor parte del tiempo.

    El joven se sonrojó involuntariamente al escuchar decir eso a su madrastra.

    —En mi opinión creo que, a tu edad, aún es normal, sin embargo ya deberías de estar experimentando esas necesidades con una novia. ¿Qué no tienes una?

    —No —respondió Kevin con vergüenza.

    Sum-Sum ya se lo imaginaba, ¡por eso casi penetra a su propia hermana! Estaba necesitado de… bueno, pues de mujer.

    —Mira, lo que ibas a hacer con tu hermana está mal. Deberías conseguirte una novia y, poco a poco llegar a…

    —Es que ya lo intenté y no puedo —interrumpió Kevin.

    —Cariño, todo llega con el tiempo, ten paciencia. No quieras que la chica inmediatamente se te entregue, todo lleva su tiempo —dijo la sustituta madre y, en un gesto para demostrarle su apoyo, le acarició la mejilla como si de un niño se tratara.

    —Pero es que ni siquiera he llegado a verle los pechos a ninguna chica.

    —Nunca has visto unos senos, ¿me lo juras?

    Ella no podía creerlo. Los chicos, y más los actuales, a esa edad ya han visto eso y mucho más.

    —Cariño, me juras que nunca has visto senos en tu vida —insistió, incrédula, Sum-Sum.

    El joven se limitó a menear su cabeza negativamente. Sum-Sum se sintió entonces condolida.

    —Ay, Dios. Bueno —y entonces la mujer comenzó a desabrocharse la blusa ante los sorprendidos ojos de su hijastro—. De seguro has visto mejores en las páginas porno que visitas, pero…

    Y la mujer, tras abrirse la blusa y bajarse el sostén, permitió al joven la libre vista de sus pequeños pero bien formados pechos. El muchacho quedó pasmado con la boca y ojos totalmente abiertos.

    —Sí, velos bien —dijo sonriendo la mujer, ya que había notado cómo el chico había quedado totalmente embobado.

    —¿Puedo tocarlos? —expresó de repente el joven.

    —¡¿Cómo?! —exclamó sobrepasada.

    Sum-Sum no podía creer el atrevimiento del ingenuo muchacho. ¿Cómo podía osar pedir eso?

    —Sólo, sólo un poco. Quisiera saber cómo se sienten.

    —¡Oh, Dios! Está bien, hazlo. Pero sólo un toque y ya.

    Y la mujer se le acercó voluntariamente.

    —Oh, wow —pronunció Kevin, al sentir el volumen y suavidad de las tetas de la esposa de su padre.

    —¿Sí, verdad?

    Si bien Sum estaba disfrutando la fascinación expuesta por su hijastro, decidió cortar la situación demostrando así su control sobre ésta.

    —Okey, creo que es suficiente.

    Y volvió a cubrir sus senos.

    Pensando que había hecho una buena acción, un acto noble, palmeó el hombro del joven y le sonrió en buenos términos.

    —¿Y qué hay de tu vagina?

    —¿Qué hay con ella? —exclamó con evidente tinte de enojo en el rostro.

    No podía creer tal atrevimiento por parte del hijastro.

    —¿Puedo… verla?

    Esto sí que era una escalada que ella no se esperaba.

    —Oye, no. ¿Cómo crees que…? ¿Qué pensaría tu papá si nos encuentra así?

    Sin embargo sus ojos de niño regañado conmovieron los sentimientos de Sum-Sum y ésta accedió.

    Se levantó la falda; se sentó en la cama, junto a él y haciéndose a un lado la tela triangular de sus pantaletas que protegían su hendidura le mostró la concha.

    —¿Puedo tocarla?

    —¡Dios…! No es posible.

    —Por favor. Sólo un poco, es que nunca he…

    —¿Sabes que esta área es una parte privada?

    —Es que nunca voy a tener la oportunidad, y si no lo hago ahora no sé que podría pasar…

    —Sí que sabes. De seguro se lo pedirías a tu hermana.

    —Bueno, puedes tocarla.

    Y el dedo de Kevin se aventuró al sexo de su madrastra.

    —Sí, ese es el clítoris —expresó Sum-Sum como si fuera una maestra exponiendo un esquema en su clase.

    Pero el joven no sólo toco aquello sino que, ensalivado previamente, introdujo su dedo en la expuesta raja.

    Si bien en su cara fue evidente lo que el entrometido dedo de su hijastro le provocaba, Sum-Sum, con su voz gemebunda, dio por concluido el ejercicio.

    —Es suficiente.

    —Oh, wow.

    —Sí, verdad. ¿Estuvo bien?

    —Sí, fue…

    Sum-Sum le sonrió, exponiendo que estaba feliz por él. Seguramente creía que le había brindado confianza en sí mismo.

    —¿Podría meter mi pene en tu vagina?

    Sum-Sum torció su rostro. No podía creerlo, su tímido hijastro no sólo le había perdido el miedo a la mujer, sino que no temía solicitarle una cosa así a su propia madrastra.

    La mano de ella golpeó su propio muslo expresando con el chasquido lo insolente de su petición.

    —¡Dios Todo Poderoso!, tú no sabes cuándo parar… Está bien, lo haré, sólo por el bien de tu hermana, de seguro si no lo haces conmigo lo terminarás haciendo con ella. Pero sólo por un minuto, ¿okey? ¿Estamos de acuerdo? Eso será todo. Sé cómo te sientes ahora, pero debes entender lo que conlleva esto que vamos a hacer.

    —Sí, sí, claro.

    Y Sum-Sum metió sus pulgares bajo el elástico de sus pantaletas y se lo bajó hasta retirarlo por completo. Su sexo quedó expuesto y Kevin no dejaba de mirarlo.

    —Nadie debe enterarse de esto, ¿okey? Nada de ir por ahí presumiendo que te cogiste a tu madrastra.

    —Sí, sí, por supuesto, no se lo diré a nadie.

    —Así que ahora saca tu pene —le dijo, a la vez que ella se acomodaba en la cama, de tal forma que él pudiera penetrarla.

    Kevin, con el pene descubierto y erecto se acercó a ella torpemente. Sum-Sum le sonrió y lamiéndose una mano lubricó con ella su propia entrada. Cuando el pene estuvo próximo lo tomó, ayudándole a guiarlo a su objetivo.

    —Déjame enseñarte —ella le dijo, al mismo tiempo que colocaba el glande de aquél en medio de sus labios vaginales—. Ahora, empuja.

    Kevin suspiró al sentir como ella le oprimía, a la vez que sentía la calidez de su primera vez.

    —Así es, tu pene está en mi vagina, ¿cómo lo sientes?

    —Oh, wow, es… wow —Kevin no tenía palabras.

    Pero no se contentó con estar dentro de su madrastra. En poco tiempo, Kevin comenzó el movimiento de bombeo de forma instintiva, sin siquiera pensar en ello, era su cuerpo el que guiaba la cópula, la unión de macho y hembra.

    —Oh, pero mira —dijo en reconocimiento la mujer, quien sostenía una de sus piernas izada para facilitarle el abordaje.

    Y su respiración evidenció su sentir al recibir las arremetidas del hijo de su esposo.

    Ensalivó nuevamente su mano para lubricarle el pene sobre la marcha, quien no dejaba de metérselo y sacárselo. Sum-Sum, llegó a acariciarse el clítoris en una acción que evidenciaba que ella estaba dispuesta a gozar tal situación.

    —Ya llevamos más de un minuto, pero… —señaló la mujer, aunque no detuvo la cópula.

    —¿Te gusta? —esta vez preguntó él.

    —Sí, se siente bien —Sum-Sum fue honesta.

    Kevin, entonces, arremetió con más profundidad y violencia; seguramente inspirado en el porno del que era habitual consumidor.

    —¡Ohu, tranquilo! —exclamó ella—. Eso fue profundo.

    Sin embargo, Kevin demostró su juvenil ímpetu en una mujer que hacía tiempo no recibía tal arrebato. Sum-Sum vio a su hijastro con otros ojos. Era una total locura, pero el joven la estaba complaciendo.

    —¡Es tan rico…! —expresó él.

    —Sí —respondió ella gimiendo y con agitada respiración.

    —¡Oh, me voy a…!

    —¿Vas a qué?

    —¡Oh…!

    —¡¿Qué?! ¡¿Qué?!

    Pero ya había pasado, el chico se le había venido. Sum-Sum lo púnico que pudo hacer es azotarle el muslo a manera de reprimenda.

    —Ups —fue la única disculpa que emitió el joven.

    Ella lo vio molesta.

    —¡¿Ups?! ¡¿Ups?! —repitió la enojada mujer, quien ahora resguardaba el semen del hijo de su marido.

    —Disculpa creo que la cagué.

    —Sí, sí que lo hiciste.

    —No pude detenerme, lo siento —dijo Kevin, a la vez que sacaba su miembro de la enmelcochada vagina.

    —Por supuesto que no pudiste contenerte —dijo Sum-Sum, entendiendo la situación.

    —Es que se sentía tan bien ahí adentro que…

    —Obviamente, mira cómo me dejaste la vagina —aunque era ella quien lo señalaba, Kevin no podía dejar de ver las consecuencias de su acto, la panocha estaba rebosante de su venida—. Bueno, ¿qué le diremos a tu padre?

    FIN

  • Me cojo a Jaime en la oficina

    Me cojo a Jaime en la oficina

    Hola soy Carmen, está vez les relataré a todos lo que pasó con Jaime en la oficina en el cierre de mes de la empresa.

    Ya saben que somos una pareja madura iniciándonos en éste mundo liberal.

    Yo de cabello negro, corto hasta los hombros, ondulado, de cintura pareja y con estrías debido a la edad y los dos embarazos que tuve, pechos grandes paraditos a pesar de la edad, culito recién estrenado por mi esposo y reestrenando por Jaime nuestro corneador, apetitosa para algunos hombres pues a pesar de mi edad aún me chulean en la calle.

    Jaime el corneador tiene 15 años menos que yo, un poco más alto, para mí, tiene buen cuerpo y un caramelo de 15 o 16 cm. Que es el promedio del mexicano eso si un poco más gruesa que la de Johny mi esposo.

    Vivimos en el Edo. De México cerca de la CDMX.

    Pues bien les contaré que Johny desde hace tiempo me propuso compartirme con otros, al principio casi lo cuelgo de los huevos, pues sentí que me faltaba al respeto comparándome con una puta y casi nos cuesta el divorcio, sin embargo se juntaron dos cosas, una que Jaime entro a trabajar a la oficina donde yo trabajo y me pareció muy atractivo, Jhonny siguió insistiendo y aproveché para ponerle el cuerno con su consentimiento, esto facilito las cosas para qué me acostara con Jaime, debo aclarar que el único hombre con el que había cogido hasta ese momento era mi esposo, por los mismo me costó un poco hacerlo.

    Cómo todo en la vida, una vez que pruebas y te gusta, le tomas el lado bueno y sigues probando.

    Pues bien, el fin de mes, tuvimos que trabajar hasta muy tarde para sacar las ventas y cubrir la cuota, Jaime salió a campo y yo capturaba pedidos, como a las 12 de la noche la oficina ya estaba vacía, y yo esperaba a Jaime con el último pedido, solo quedamos Jaime, yo y el vigilante de la entrada del edificio, hice la captura de inmediato mientras Jaime sentado frente a mi me veía trabajar.

    Terminando me paro y me agachó para acomodar mi escritorio, volteo a verlo y veo su mirada clavada en mis nalgas que por lo corto del vestido dejaban ver parte del calzón, y eso me calentó y paso por mi mente cogerme a Jaime ahí en la oficina, estábamos solos y el vigilante estaba muy lejos y difícilmente nos molestaría.

    Volví a sentarme y me puse frente a Jaime y le empecé a hacer preguntas del trabajó, cómo le había ido con los clientes entablando una plática normal, pero hice mi silla hacia atrás para que pudiera ver mis piernas, como si fuera un descuido las abrí dejando ver mi pantaleta de encaje color beige, cubiertas por las pantimedias color nude brillante, y mi chochito palpitando por la excitación.

    Se levantó de su silla y vi el bulto de su miembro parado, y solo atinó a decir, “mira como me has puesto”, y le respondí “tú también ¿ya viste como estoy?” Y me pregunta, “¿vamos al hotel?” Y le respondo, “para que esperarnos tanto, hagámoslo aquí, total ya no hay nadie y ya terminé la captura, para justificar la salida más tarde mando los correos antes de salirnos y así coinciden los horarios y no se darán cuenta, ¿cómo ves?”, respondiendo “pues vamos a darle”.

    Se sentó en la silla secretarial para no tener el estorbo de las braceras y me senté de frente a él, nos besamos metiendo nuestras lenguas al fondo de nuestras bocas y sus manos fueron recorriendo mi cuerpo apretando cada espacio, acarició mis senos con desesperación haciendo que me retorciera de placer, pues es mi punto débil, poco a poco bajo sus manos para subir el vestido hasta la cintura y tener libre acceso a mis nalgas. Yo le besaba el cuello y desabroche su camisa sacándola junto con su camiseta para lamer su pecho y chupar sus tetillas, tuve que parar para que el me quitara el vestido, las pantimedias, dejándome solo con el brassier y la pantaleta.

    Se que al igual que a mí esposo no le gusta la desnudes total, me arrodilló y me puso la verga en la cara para que le diera una buena mamada, así que la tomé con ambas manos y le fui masturbando, el olor a sudor sexual de ambos llenaron el ambiente, con la lengua le limpie la cabeza y el prepucio para después introducirlo centímetro a centímetro, gozando me tomo de la cabeza para tomar un ritmo de mete y saca en mi boca, está vez estaba tan excitado que se vino rápido bañándome la cara y boca con su rico semen.

    Paramos unos minutos para que se recuperará, mientras yo tomé su mano y haciendo la pantaleta a un lado le pedí que metiera sus dedos en la vagina y me masturbó, cuando sintió estar listo de nuevo, me empinó sobre el escritorio y me lo metió de una sola estocada, sentí la gloria con cada centímetro de verga que recibí, empezó a meterlo y sacarlo con rapidez logrando tener un orgasmo, tras otro casi en forma simultánea.

    Me desmadejo lo intenso del momento, así que ahora fui yo quien le pidió que me dejara reponerme, me dijo que si con la condición de que le dejara meterlo por mi culo, que desde que se lo di no para de pensar en volverlo a meter para sentir lo apretado que lo tengo, que le encantó cogerme por ese agujero, le dije que sí.

    Mientras nos acariciamos todo nuestros cuerpos, nos besamos le pedí que como no teníamos lubricante me dirá lengua en mi ano, además de sentir muy rico serviría para no lastimarme, así que volvió a empujarme y me dio lengua ensalivando todo el ojete, me preparé para recibir su miembro, puso la cabeza y poco a poco lo introdujo yo sentía una especie de placer dolor mientras se acostumbra mi ano a recibir ese exquisito extraño, puse mis dedos en mi cuquita para masturbarme y sentir el doble placer que da tener los dos agujeros ocupados, aunque fuera con los dedos.

    Jaime ésta vez lo hizo despacito para gozarlo, cuando vio que yo estaba llegando al orgasmo intensificó sus movimientos para venirnos juntos aaaa que placer

    Me zafe cómo las perras después de recibir su ración y me vestí de inmediato, fui a la computadora y mandé el mail, inmediatamente pedí los taxis que la compañía paga cuando salimos tarde y acomodamos los muebles y escritorio para no dejar huella de lo que sucedió, le hablé a Johnny para avisarle que ya iba para la casa, me contestó somnoliento.

    Cuando llegaron los taxis de sitio el vigilante nos avisó por teléfono, bajamos a la calle y Jaime tomó el suyo y yo el mío.

    Llegando a casa Johnny ya estaba dormido así que después le platique mi aventura en la oficina, yo solo me lave los dientes me metí a la cama sintiendo todavía el semen de Jaime en el ano.

    Al otro día me levanté para bañarme y arreglarme para ir a la oficina, cuándo vi a Jaime se le notaba en la carita el cansancio de la batalla, le pregunté si no tuvo problema con su esposa y me dijo que solo le dijo que el cierre de ventas estuvo muy cansado y se durmió.

    Llegué a mi escritorio y la chica de la limpieza aún no pasaba y que bueno, porque había algunas gotas del semen de Jaime en el escritorio, las limpié y cerré los ojos para volver a sentir la cogida de esa noche.

    Espero les haya gustado ya estamos planeando la siguiente salida en trío y está vez me van a dar una doble, si sentí rico con mis dedos en mi cuquita y la verga de Jaime en el ano, me imagino el placer que voy a sentir con las dos vergas adentro.

    Cuídense, y pronto les platicaremos como nos fue.

  • Rescatando a mi hermana y masturbándola

    Rescatando a mi hermana y masturbándola

    Era un día fresco de otoño, la tarde degradaba en tonos naranjas y los últimos rayos de luz reverberaban en su campera elástica de cuerina. En el patio trasero de la casona abandonada, dos muchachos sujetaban firmemente por los brazos a Laura. Resignada, ella no ofreció resistencia, de todos modos habría sido inútil. Emboscada y atrapada por una patrulla del equipo verde, los juegos de guerra le auguraban una pronta eliminación mediante un disparo de tinta.

    -¿Qué esperan? , tira ya que está haciendo frío y quiero irme a tomar mate – interpelo molesta a sus captores la muchacha de pelo castaño en coleta y silueta grácil.

    Malvina se llevó la mano al mentón mientras inspeccionaba de cerca a la veinteañera de ojos avellana y labios carnosos siempre rojos, aún más por el frío.

    -Tal vez sea bueno conservarla como rehén para… -sugirió Gerónimo- intercambiarla por jugadores eliminados -interrumpió y completando la frase una susurrante Malvina, los ojos celestes apagados y postura sosegada

    Laura entreabrió la boca incrédula…-¿eso está en el reglamento?

    -Como estudiante de Derecho, sabrás que lo que no está prohibido por ley está permitido

    Todo lo que quieras pero ya son las seis y este juego me importa un huevo, elimíname y listo -insistió Laura.

    Mira, esta actividad la estamos haciendo para festejar que tu hermano se va un año a España, de hecho, fue idea de él, ponele media pila, contesto como suspirando Malvina.

    La muchacha sacudió la cabeza resignada -entonces…¿ qué?, ¿me van a tener acá, agarrada toda la tarde, toda la noche?

    -¿Qué hacemos con ella? – preguntó Carlos, un primo lejano

    Malvina se tomó un instante… -atala de pies y manos y encerrala en el vestíbulo de la casona, el lugar vidriado que se ve de afuera, así le tendemos una trampa a los otros que están con ella.

    Laura miró extrañada… -¿atarme?, ¿estás chiflada nena?

    -El juego es el juego ¿no? todo sea por tu hermano -susurro Malvina

    -Me las voy a cobrar, no te olvides – lanzó intimidante Laura

    -¿Sabes que Carlos? No te olvides de amordazarla, amordazala bien, por favor.

    Incrédula y sin palabras, Laura no ofreció resistencia y las tres siluetas marcharon para el vestíbulo vidriado.

    Yo miraba la escena desde la copa de un árbol, a unos 50 metros. Estaba solo y no sabía donde andaban mis dos compañeros de equipo. Debía generar una distracción para acercarme a mi hermana y rescatarla.

    Me moví unos metros aprovechando la penumbra. Estaba a unos 20 metros del vestíbulo donde Laura yacía sobre un sillón, las manos detrás de la espalda, la mirada vigilante y la boca sellada por una tira de cinta negra de oreja a oreja. Lance con todas mis fuerzas un cascote al tejado, el ruido hizo salir a Malvina y Gerónimo. Empezaron a rodear la casa y me escabullí por una ventana lateral. Sigilosamente llegué al vestíbulo, Laura me reconoció y con la vista me indico la posición de Carlos, al cual emboque un tintazo-game over, uno menos.

    Amordazada, Laura comenzó a llamarme efusivamente entre gemidos y palabras entrecortadas. Despegue con cuidado la cinta… Me pusieron precintos -suspiro.

    ¿Con qué carajo los corto?, no tengo nada- maldije

    Escucho pasos -susurro Laura- Ahí vuelven -poneme la cinta, tapame la boca, dale

    Hice caso. Laura comenzó a gemir llamando a Malvina pero ella siguió de largo.

    Volví sobre mis pasos y le saque la mordaza a mi hermana. Ok, vámonos de aquí, después busco algo con que desatarte-susurre.

    Salimos por detrás, yo tomando de las manos precintadas a Laura para evitar que tropezara. Media hora de caminata entre los matorrales y cañas bastaron para encontrarnos solos y desorientados, la noche helaba. Tiritando divisamos un galpón. Para nuestra sorpresa no fue difícil escabullirnos. Laura se recostó sobre un sillón a sorber mi reserva de agua embotellada. Encontré un alicate; instintivamente y con cierta sumisión en su mirada , mordiéndose un labio, Laura acercó las muñecas y corte los precintos. Se reconforto las muñecas laceradas.

    Nos dolían las muelas de tiritar y la noche recién empezaba. El juego se había vuelto una pesadilla. Es mejor que nos tapemos- sugerí y lleve una colcha vieja al sillón. Nos recostamos uno al lado de otros enfrentado y en silencio. Nos miramos a la cara, el labio inferior de Laura sangraba por lo que llevé mi mano a su boca y la cubrí.

    -Es la cinta, me lastimo cuando me sacaste la mordaza – susurro Laura. Yo sentía su cuerpo caliente próximo al mío, intuía su sexo también y eso me incomodaba, apenas podía mirarla a los ojos. Era una mujer hermosa y también mi hermana.

    Nos miramos un rato. Puse mi dedo índice entre sus labios para que dejara de tiritar; ella siguió mirándome cuando repentinamente comenzó a succionar mi dedo. Con esmero, gimiendo, acariciando mi brazo, Laura siguió con el felatio dactilar. Mi pene se endureció, aún más cuando ella apoyó su mano. Comencé a hurgar dentro de su pantalón y enseguida estaba masturbándola, ella gimiendo, mordiéndose los labios carnosos y rojos, con aliento fresco.

    En lo mejor, escuchamos ruido y nos detuvimos, justo al borde, ahí nomas de la orilla del Rubicón.

  • Confesiones de Diana Marcela (2)

    Confesiones de Diana Marcela (2)

    Llevaba poco más de un año de casada y mi ex esposo por trabajo pasaba mucho tiempo fuera, pasaba tiempo con mi familia y amigas y en varias oportunidades departíamos hablando en las zonas comunes del edificio, pasó unos días empezó una de ellas a llevar un amigo a nuestras charlas que eran un poco subidas de tono y empezamos a hablar, no niego que me llamo la atención y mis amigas empezaron a hacer el cuarto al darse cuenta.

    Pasaron unos 7 días y ya hablamos los dos fuera de ese círculo hasta que cedí que fuera a mi apartamento después de una reunión, e impulsada por mis amigas con la intención de que me acostara con él, además que mi esposo no era de sus agrados.

    Entramos tipo 11 de la noche y nos sentamos en la sala le ofrecí una cerveza y la acepto no paraba de halagarme y entre sus palabras acercó su cara y me besó a lo que correspondí fue un beso largo apasionado que me dejo a sus manos, el aprovecho recorrió mi cuerpo y toco mis tetas recostada en el sofá no aguante y lo lleve a la habitación donde continuamos besándonos y bajo mis pantalones me quite la camisa y el bra dejando ver mis tetas (grandes por cierto) el me besaba chupaba mis tetas con desespero me acostó en la cama y se desnudó era delgado, tez morena alto y un buen pene.

    Me quito el hilo haciéndome un oral delicioso que me hizo mojar pidiendo que me clavara su pené me sentó y puso su verga en mi boca la cual chupe lamí con desespero hasta sentirla muy dura me tendí abierta boca arriba y me penetro con fuerza cerrando mis piernas alrededor de su espalda mientras me clavaba con fuerza y muy rico sentía cómo me abría por dentro mientras apretaba mis nalgas y morirá mis pezones gemía desesperadamente quejándome de placer me senté encima de su verga y lo cabalgue un buen rato mientras tenía un fuerte orgasmo.

    Por último me cogió en 4 con rápidos movimientos sintiendo su pene hasta el fondo estaba totalmente caliente y excitada y le pedí que me diera por el culo, el sorprendido accedió y sentí como esa cabeza abría mi ano entrando por mis intestinos hasta que sentí cómo llegaba al fondo de mi ser sintiendo su pelvis y huevas contra mis nalgas en un movimiento suave y más rápido al final hemos y gritaba de placer y dolor hasta que sentí que eyaculo dentro de mi cuerpo quedando los dos sobre la cama extasiados de placer.

    No fue la única vez, pero fue placentero y con la ayuda de mis amigas que reían de cómo caí de fácil en palabras de él una monita caliente.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (17)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (17)

    Su respuesta es una ambigüedad que tiene visos de provocación. Y sin embargo es el tono de su voz y la forma en que lo ha dicho, más la alongada posición de los antebrazos, –apoyados los codos sobre el tejido negro que cubre sus rodillas– con sus manos encarceladas por la firmeza de sus dedos entrelazados, lo que me intranquiliza.

    Siento miedo de lo que se me viene encima. Porque no puedo dejar de pensar en lo doloroso que será escuchar lo que me va a contar ahora, haciéndome palidecer de antemano sin siquiera haber escuchado una frase más. Lo presiento y ya mi corazón late con tanta fuerza que parece intentar entre pálpito y pálpito, en medio de cada respiro, salírseme del pecho. Me va a decir lo que le pedí y ahora… ¡Dios mío! Me está dando físico pánico hacerla rememorar sus engaños, no por ella si no por mí mismo. No quiero sentir más dolor y sin embargo pienso que es necesario que mortifique el amor que mi corazón siente por ella.

    Esta sensación de incomodidad no es más que una clara señal de que sigo emocionalmente afectado y… ¡Putamente enamorado! O si no… ¿Por qué me escuece la garganta si enfermo no estoy? ¿Por qué me sudan las manos y hasta mis pelotas, si gracias al nuboso atardecer ha caducado el calor? ¿Por qué tiemblan mis piernas y rechinan mis dientes como castañuelas golpeándose entre sí, si tampoco siento tanto frío?

    No me sirvieron para una mierda los kilómetros de distancia que interpuse entre su esmerada traición y mi cruel decepción. Por el contrario, han sido apenas unos míseros milímetros cubiertos con rapidez por las sombras de estos dolorosos recuerdos.

    Y bien que lo han hecho, pues me han perseguido y hallado, encogido en el piso llorando, extendido y embriagado en muchas madrugadas. Lamiendo en soledad las heridas con mi saliva emborrachada, en los escasos metros cuadrados de mi habitación, en la cabaña que por muchos meses fue nuestro hogar. Aquella soñada paz, o el sosiego tan anhelado para mi corazón lejos de Mariana nunca lo hallé, a pesar de que muchos aquí sin meterse en lo que no les incumbía, me otorgaran el bálsamo de su sincera amistad.

    Sentada de medio lado, Mariana agobiada y con semblante de pecadora me observa con detenimiento, y cauta espera por alguna reacción de mi parte a su confusa respuesta, pues endereza su espalda y echa hacia atrás su cabello con una sola mano, ya que con la otra prácticamente me rapa la botella de ron para llevarla hasta su boca y beber con elegancia un sorbo, sin apartar de mi vista el azul de su mirada.

    ¡No! Me equivoco, pues sin cerrar los ojos o hacer gestos por el ardor, ahora se manda otro groseramente más prolongado, tanto así que pequeñas gotas desfilan en hilera, desde la comisura de sus labios hacia el mentón. Sin embargo es el pulgar de su mano izquierda el que se sacrifica y se moja por ambos lados, limpiando sin dramas el pequeño cauce de ron sobre su alba piel. Y todo ello lo hace Mariana con aquella mirada de siempre, –expresándome su amor– más en esta ocasión la acompaña con el velado manto de su martirio.

    El azul cielo de su iris ahora es penosamente más añil, intensamente profundo, tan temido por mí. La mujer que amo, generosamente me va a lacerar con el filo de la daga de su franqueza, ante mi insistencia de saber por su propia boca, todas sus razones, las que le llevaron a romper con su promesa de fidelidad eterna.

    —No necesariamente fue así… ¡Con él! Pero sí, claro que aciertas al pensar que esa noche de domingo algo cambió, sin echarle la culpa a nadie por mi comportamiento, ni tampoco al alcohol aunque en algo incidió; mucho menos de aquel juego o por ese beso que ofrecí como lección para él, fue como se inició todo dentro de mí, como yo lo compliqué. ¡Pufff!… Y que luego desencadenaron los acontecimientos posteriores con José Ignacio. —Finalmente le respondo a Camilo sin dejar de observarle, tras dejar pasar por mi garganta, el ultimo y prolongado sorbo de ron.

    Y es que yo creo que es mejor así, para Camilo y para mí. Haciéndolo de frente, sin ocultarle ningún detalle, aunque nos mortifique a los dos. Me ha pedido ser clara y honesta, por lo tanto es preciso continuar hablándole con total sinceridad, aunque me avergüence de mis actos y a pesar de que al saberlo, se le inflame el alma más de lo que quema en mis entrañas este ron.

    —Cansados de atender a varias personas interesadas, pero alegres por los negocios realizados, nos trasladamos al atardecer en la minivan hasta el hotel, solo las muchachas y yo, pues tanto Eduardo como Carlos, decidieron irse en el viejo Honda de José Ignacio. Durante el corto trayecto les expresé a las chicas mi deseo de relajarme un rato en la piscina o en la sauna, antes de partir hacia Bogotá en la noche. Sin embargo cielo, cuando están por suceder las cosas, caprichosamente los imprevistos suceden. Apenas llegando a la entrada del hotel, un fuerte crujido proveniente de la parte delantera de la camioneta, se escuchó al girar frente a la puerta de la entrada.

    — ¿Qué pasó? —Preguntamos las tres en al mismo tiempo.

    —Parece ser un eje. —Nos respondió sin mucho sobresalto el conductor.

    — ¿Y será muy grave? —Le pregunté tan solo yo.

    —Tranquilas, tengo un conocido por acá cerca que es un buen mecánico. Voy a pasar hasta su taller. Lo único es que… ¡Hay que rezar para que lo encuentre sobrio a estas horas! —Nos respondió sonriente y bromeando, intentando quitarle gravedad al asunto y al bajarnos de la minivan, el chofer arrancó muy despacio con cara de preocupación.

    —Que desafortunado que fui, y que conveniente para ti. Digo, ¿no? —Interviene mi esposo con otro sarcasmo y yo, tan solo levanto los hombros ante sus palabras.

    —Al llegar a nuestra habitación, –continúo, restándole importancia– tanto Diana como K-mena muy alegres me secundaron en la idea y después de ducharnos cada una con premura, buscamos entre el escaso equipaje nuestros vestidos de baño. Diana con desparpajo se retiró la toalla que envolvía su cuerpo y se colocó un bañador enterizo muy bonito, con un estampado geométrico multicolor, de esos que se anudan en el cuello, dejándole toda la espalda descubierta, y por delante dos franjas de tela con un atrevido escote, tan pronunciado que le llegaba hasta el ombligo y que recientemente había comprado en el Bulevar para lucirlo allí.

    —Diana a pesar de tener unos kilitos de más, nos mostró sin pudor su cuerpo bien proporcionado, con unos senos generosos, –algo caídos la verdad– pero muy llamativos al tenerlos tatuados con una especie de arreglo floral sobre cada uno de ellos, imprimiéndoles mayor atractivo, a pesar de tener algunas estrías alrededor de sus grandes areolas marrones, seguramente de tanto amamantar a su niña y otras bastante más pronunciadas en el bajo vientre. Su pubis lampiño no ocultaba para nada la hendidura de su rajita, apartando sus pronunciados labios mayores. En la redondez de sus nalgas y la parte posterior de los muslos, se manifestaba un poco la celulitis, con esa odiosa piel de naranja que se nos forma, –y a la que tanto temo– pero en verdad con esa figura, no desmerecía ninguna lujuriosa mirada, ya fuera masculina o femenina.

    —K-Mena más prudente, se metió de nuevo en el baño para cambiarse y regresó al momento ya luciendo asimismo un traje de baño enterizo, discreto y completamente negro. O sea, un modelito similar a esos que usan las competidoras de los equipos de natación en las olimpiadas, y que la cubría más que los calzones de mi abuelita, como sueles decirme tú cuando debo usar mis «cucos» anchos al llegarme el periodo. —Mi comentario no le produce ni una leve sonrisa, y sin embargo, cuanto me vendría de bien en este momento.

    —Por el contrario yo tenía a mano dos posibilidades: aquel fucsia con florecitas amarillas, de amarrar por detrás al cuello y la prenda inferior realzando mis caderas, con las almohadillas en el brasier para aumentar el tamaño de mis tetas, o un bikini con estampado de animal print sin estrenar, un poco más escaso de tela y algo provocador, con el sujetador tipo strapless, y abajo un triangulito bastante revelador, por delante y por detrás. Lo adquirí pensando en ti, en lucirlo para ti en las próximas vacaciones.

    — ¡Jahh! ¿Cuáles Mariana? —Despectivo me pregunta Camilo.

    —Pues no sé, las que hubieran en su momento. Los días que pudiéramos escaparnos por ahí. Y sí mi vida, ya sé que habíamos hablado de viajar a San Andrés con el niño en diciembre unos días pero… Sencillamente no pude. —Le contesto abochornada.

    — ¿No pudiste o no quisiste?

    —Camilo, es que tenía pendiente cerrar algunos negocios y se me complicó todo ese mes. Lo siento.

    —Sí, claro. Es lógico, primero el trabajo que el placer. Bueno, lo de placer no lo tengo tan claro En fin, continua por favor. —Nada más decirle, me di cuenta que a veces es mejor morderme la lengua, porque no es mi estilo provocar dolor, el mismo que veo asomándose en los ojos de ella.

    —Finalmente me decidí por el viejito. Aquel que compramos por aquí, en una de las tiendas de Kokomo Beach, cuando Mateo me ensucio el enterizo blanco que llevaba puesto con la salsa de tomate de su Hot Dog. ¿Lo recuerdas? —Camilo aprieta los labios y ladea un poco su cabeza.

    —Y como anuncia el dicho: «A donde fueres, haz lo que vieres», pues también me lo coloqué en frente de ellas sin cubrir mi desnudez. K-Mena sin dejar de echarle una ojeada a mis «puchecas», se colocó por encima una camiseta blanca tipo polo de cinco botones, y unos pantaloncitos cortos de jean. Yo usé tu camiseta azul, la de tu equipo de futbol favorito, –Camilo abre bastante sus ojitos– y que te habías comprado para asistir con tus hermanos al estadio para observar un importante clásico. ¡Si, Cielo! Me la llevé sin tu permiso pero es que yo… Pues quería tener algo tuyo cerca, que me oliera a ti, para tenerte presente en todo momento.

    —Igualmente opté por colocarme los shorts blancos de mezclilla y que cuando me acompañaste para probármelos, te gustaron tanto, aunque pusieras reparos al ver que ya venían rotos por delante y por detrás, y encima de todo que estuvieran deshilachados. —«Pagar tanto dinero, –me dijiste al salir del local con las compras– por algo que los diseñadores hacen parecer viejo y desgastado, no tiene ningún sentido para mi estilo de ver la moda.» Y me hiciste reír mucho. ¡Tú, con ese gusto tan cuadriculado para vestir, y yo tan descuadrada con el mío! —Camilo por fin se sonríe, más no musita palabra alguna y enciende uno de sus rubios, acomodando enseguida su gorra de beisbolista con la visera hacía atrás.

    En actitud de espera, me observa. Comprendo que se encuentra agobiado pero expectante a la vez, queriendo obtener por mi propia boca mayor información. Descruza las piernas, se encorva un poco para alcanzar la botella de ron y la levanta del piso. Bebe un poco y vuelve a dejarla allí con la intención de taparla, pero me mira y seguramente analiza que no me ha ofrecido un trago.

    Con serenidad pliega un poco los labios y levanta sus hombros para finalmente alcanzarme la botella. Frunce el ceño y de su boca retira el cigarrillo apresándolo entre su dedo índice y el pulgar; al mantener entreabierta su boca, va colándose el humo que con ceremonial lentitud asciende por su rostro.

    Me recuerda, –aunque no debería hacerlo en estos momentos– a la manera tan despreocupada de Chacho, al darle una aspirada a su porro matutino de marihuana. Porque sí, Chacho se pegaba sus necesarias «elevadas» todos los días en las mañanas dentro de su automóvil en el sótano del parking, antes de subir a la oficina, según él para estar «más despierto» durante el día, al confesármelo cuando lo pillé fumándose un porro en el patio de su casa, la primera vez que me aparecí bien temprano por su casa y que se lo permití, no porque me lo pidiera sino porque yo lo decidí así. ¡Darle a probar algo que le había negado con anterioridad!

    —Cómo te decía, la intención era darnos un piscinazo y luego de comer algo ligero, esperar a que nos recogiera nuevamente la minivan para viajar a Bogotá. Cada una de nosotras guardó en los bolsos lo imprescindible. ¡Ya sabes! El móvil personal y el de la empresa, la billetera con el dinero y súper importante… ¡La cosmetiquera! Salimos de la habitación con tanta prisa que dejamos olvidadas las toallas. Me ofrecí a regresar por ellas y cuando alcancé en el elevador a las chicas, K-Mena hablaba con alguien por su teléfono. Puso cara de circunstancia y primero miro a Diana y luego a mí, arqueando las cejas y asintiendo a alguna propuesta que le habían hecho.

    —Nenas, era Nacho. Dos noticias. ¡Una buena y la otra no tanto! –Nos dijo con jovialidad. – La buena es que nos invitan a comer hamburguesa en el centro. La otra es que nos toca quedarnos esta noche porque la camioneta no la pueden arreglar. No hay ahora donde comprar el bendito repuesto.

    —Ni modos, chikis. Nos tocó hacer como hizo E.T. ¡A llamar a casa, mis cielitos! —Dijo Diana colocando su mano sobre mi hombro.

    —Mi madre tendrá que comprender y aguantarse a su nieta otra noche más y tú feíta, –refiriéndose a mí– deja de poner esa cara de susto que tu abnegado marido se las apañará muy bien con tu hijito.

    — ¿Y si nos vamos todos en el auto de Nacho? —Propuse como posible solución.

    — ¡Jajaja, Chikis eres muy graciosa! Ese cacharro lo tiene Nacho todo destartalado, pero según él no es así, si no que está adaptado para competir en los piques callejeros los jueves en la noche. ¡Solo tiene dos sillas! ¿No lo has visto?

    —Pues fíjate amiguis, que no he tenido la desgracia de montarme en él. Pero entonces, ¿Cómo se acomodaron los tres en el carro hace un rato? —Le indagué a Diana.

    —Pues Chikis, el orangután de Carlos que siempre como un pendejo, se acuclilla atrás y va agarrado de la barra anti vuelco. —Alzando cejas y hombros, ella me respondió.

    — ¿Y qué hacemos con esto? —Les pregunté a las dos, mostrándoles las toallas bajo mi brazo izquierdo.

    —A ver Chikis, tú sí que te ahogas en un vaso con agua. ¡Dame eso! —Dijo Diana, y quitándome las tres toallas, se encaminó hacia la recepción y allí tras hablar con el empleado, las dejó sobre el mesón. ¡Que no se nos olvide pedírselas cuando volvamos! Bueno maricas, vámonos que la cuestión es de hambre. —Nos dijo cuándo se acercó nuevamente a nosotras y tomándonos a ambas por los brazos, nos jaló hacia la calle.

    —Te llamé para avisarte, pero tú mi cielo, descartaste responder la llamada y por mensaje de texto me explicaste que estabas ya en la iglesia, asistiendo con tu familia a misa de siete. Por lo tanto escuetamente te respondí el mensaje explicándote la situación, y quedé en hablarte más tarde. Solo un ¡Ok! de tu parte recibí y con eso me quedé más tranquila. —Camilo me da la razón asintiendo con su cabeza y continúo con mi narración.

    —El lugar pactado estaba ubicado a pocas calles del hotel. Creo que es donde tu hermano pedía los domicilios cuando nos quedamos para las navidades pasadas en su casa, pues por la cantidad de personas que estaban esperando por sus pedidos, intuí que serían las mismas. Sabes cómo cuido mi figura, pero ese olor de las papitas fritas y la carnita bien asada, con salsita BBQ, me doblegaron.

    —Ya recuerdo de cuales me hablas. Y sí, son sabrosas en verdad. De hecho al escucharte, me has hecho sentir hambre. ¿Tú no? —Me dice de repente, sobándose el estómago con la mano derecha, pillándome por sorpresa al no poder reconocer si lo ha hecho en este preciso momento, por qué en verdad está hambriento o sencillamente lo hace para cortar con mi monólogo y romper con algo que le está causando verdadero dolor.

    —Humm, sí. Pero déjame terminar primero que te cuente esta parte que es muy importante y después si continuamos hambrientos, vamos al Rib’s Factory y comemos allí. Pero esta vez invito yo. ¿Ok? —Le aviso a mi marido con decisión.

    — ¡Como quieras, quiero! Dale pues, continúa. ¿Y después que sucedió?

    Mi esposo me ofrece otro trago pero esta vez decido utilizar de nuevo el vaso de cartón y preparo otro ron con Coca-Cola, frente a un guarda de seguridad que para nada se molesta y tan solo nos saluda con una reverencia. Así que sin liarme mucho, vierto un poco de cada bebida. ¡Uno doble, pero con cara de triple!

    —Y cómo te estaba diciendo, mientras devorábamos las hamburguesas y las salchipapas, Eduardo nos puso al tanto de la reparación de la camioneta. Con suerte a mediodía del lunes quedaría solucionado el inconveniente y podríamos regresar a nuestras casas. —Rascándose la nuca con una mano, abre Camilo el compás de sus piernas y acomoda la espalda contra el respaldo entablado, mientras con la otra me recibe el vaso, pero no bebe de inmediato. Yo me enciendo un Parliament para intentar encubrir mi nerviosismo entre el humo, al seguir rememorando lo acontecido y Camilo con calma da un sorbo para enseguida devolvérmelo.

    —Salimos a caminar por ahí, nosotras tres por delante de ellos. Sabes cómo son de estrechos los andenes y más a esa hora con tanta gente deambulando por la ciudad, buscando qué hacer o algo para comprar. No supe con certeza a quien se le ocurrió la genial idea, pero terminamos ingresando a un bar muy poco iluminado. No protesté mucho es verdad, menos los demás; de hecho fui yo que tomando la vocería, le solicité al camarero una jirafa de cerveza y un Jack Daniel’s para Eduardo. Y nos pusimos a hablar de todo, por supuesto menos del trabajo.

    —También bailamos un poco. Con Carlos una canción de salsa y con Diana y K-Mena, varias de música electrónica y reggaetón. Menos con el estúpido de Eduardo, que ya sabes cómo es de parco y dice no saber mover un pie sin pedirle permiso al otro. Y sí, mi vida, como lo imaginas yo bailé con él intentando eso sí, mantener prudente distancia. Alejé sus manos de mis nalgas más de una vez y mi vientre del suyo al sentírselo, ya sabes, bastante entiesado cuando varias veces intentó amacizarme bailando vallenato. —Bebo un trago y se lo paso a Camilo. Por supuesto que luego fumo y lo aspiro hasta colmar mis pulmones con ansiedad.

    —Asimismo en otra ocasión después de un brindis por la agradable compañía de nosotras sus compañeras, intentó sin pena allí en la mesa, –Camilo me presta mayor atención– y delante de todos, buscar con su boca mis labios, preciso cuando bajaron la intensidad de las luces, al sonar una romántica bachata.

    — ¿Y he de suponer que lo consiguió? —Me pregunta con un cierto deje de ironía, antes de llevar el vaso hasta su boca.

    — ¡No! Esquivarlo fue muy fácil, lo difícil fue bajarle las revoluciones a Diana, que al percatarse de aquel arrebato, me decía al oído que me fuera para el hotel con él. —Le contesto con un nudo en mi garganta.

    — ¡Aprovecha Chikis, que ese huevo quiere sal! Dale, que yo te cubro con los demás. ¡Hágale marica, que un polvito al año no hace daño y por mi boca nadie se va a enterar! —Negando con su cabeza, mi esposo bebe dos tragos seguidos y tira la colilla al suelo para aplastarla con rabia, como si aquel elaborado filtro de acetato de celulosa, tuviese algo de culpa.

    — ¿Estás loca, Diana? ¡¿Qué te pasa?! Yo amo a mi esposo y además con este presumido no haría nada. Quien sabe con quién y por donde meterá ese pipí. ¡Guacala! —Le respondí más o menos así, algo enojada la verdad y un claro ¡Uhum! de Camilo logro escuchar, mientras recibo nuevamente de su mano temblorosa, el vaso con ron y Coca-Cola.

    Y es que al parecer no le es suficiente mi explicación y no se traga por completo el cuento. Bebo con ganas un buen trago, y lo aderezo con el humo del tabaco retenido dentro de mi boca, inflando mis cachetes sin pasarlo aún a mis pulmones, observando que en su cara persiste la duda ante mí historia, con justa razón, aunque es todo cierto. ¡Ni modos!

    —Entonces el Dj colocó la canción aquella que nos gozábamos tú y yo en la taberna que quedaba cerca de la universidad, la de Lou Bega «Mambo Nro.5». Entonces como un resorte me puse en pie y le extendí la mano de inmediato a K-Mena para salir con ella a bailar. Diana y Carlos lo hicieron también, quedándose sorprendido y aburrido en la mesa Jose Ignacio, acompañado por Eduardo que estaba a punto de terminar su amarillito, y así mi cielo yo mataba dos pájaros de un solo tiro. Los comentarios insidiosos de Diana y los desmedidos avances de él.

    — ¡Ok, ok! Ya veo. Por estar de rumba fue que no contestaste mis mensajes ni las llamadas. Fui víctima de otra más de tus mentiras. —Me recrimina Camilo.

    Con brusquedad retira de mis manos el vaso y se pone en pie, medio dándome la espalda, y mira hacia la vespertina oscuridad. Levanta la cabeza e inclina el acartonado envase sobre su boca, hasta que agota por completo el contenido.

    — ¡Pero yo no te mentí! Fue verdad que al dejar mi teléfono dentro del bolso, no lo escuché sonar y además tampoco me fijé que se le había agotado la batería. —Me justifico como niña regañada.

    —No me refiero a eso, si no al hecho que después de media noche cuando por fin te dignaste llamar, no mencionaste que habías terminado la noche de fiesta con tus compañeros y obviamente con ese malparido «siete mujeres». —Me contesta bastante enfadado.

    —Bueno puede que tengas razón, –intento explicarle– pero es que yo en esos momentos tenía el pulso acelerado y desordenadas mis ideas. Dicha y entusiasmo, unos segundos antes de sentarme al borde de la cama para llamarte. Angustia y arrepentimiento, al escuchar tu voz cuando respondiste mi llamada.

    —Todo mezclado a la vez, pues acababa de terminarlo de manera precipitada y de iniciar nuestra conversación intentando mantener la compostura. Lo había echado de la habitación unos minutos antes y para completar, tanto Diana como K-Mena ya se encontraban golpeando con insistencia la puerta. —Camilo se agarra la gorra por la visera y la gira nuevamente, ya con bastante cansancio. Brilla su frente por el sudor. Causado por mí relato o, ¿por su angustia?

    —Me sentía terriblemente nerviosa al escuchar tu voz adormecida y con la euforia de aquellas dos compañeras de habitación, algo alicoradas, molestándome y yo sin saber cómo hablarte, mientras les hacía señas a ese par de locas para que se callaran. Con inquietud me planteaba si valía la pena haber puesto en riesgo mi matrimonio por lo sucedido. Tu preguntabas y yo apenas si te ponía atención pues me encontraba muy confundida, ya que «la mojigata», había logrado que… ¡Pufff! Mejor déjame terminar de explicarte la situación por favor, y hallaras la respuesta. —Le digo y también me pongo en pie, pero para acercarme hasta la caneca y depositar allí la ceniza del cigarrillo.

    Uno, dos, tres y cuatro pasos son suficientes, pero percibo al darlos un temblorcito en mis muslos y algo agitada mi respiración. Me demoro en voltearme, pues no hallo aún la fortaleza necesaria para mirarle a la cara y contárselo sin que sufra demasiado y que al hacerlo… ¡No me deteste más de la cuenta!

    —No sabíamos bailar bien esa música, –pienso que quizás sea la forma más suave de llevarlo al punto– y saltábamos las dos como un par de focas, haciendo el show en un Seaquarium. Sobre sus cabellos semi ondulados y, por supuesto sobre los míos tan lacios y tan negros, se reflejaban con intermitencia los destellos de las luces estroboscópicas de la pista de baile, al mover nuestras cabezas de un lado para el otro, dando pequeños saltos hacia adelante y para atrás; a un lado y luego al otro, moviendo los hombros sin soltar mis manos de las suyas.

    Camilo se cruza de brazos, inclina la cabeza y su mirada se dirige hacia el suelo como si con las rectangulares formas de los adoquines, buscara acomodar las irregulares fichas de mis acciones en su mente, registrándolo todo y, especialmente el ambiente nocturno y festivo que disfrutamos, visualizando sin querer, los eventos que le estoy relatando. Da un pequeño paso a su izquierda y luego se devuelve a la derecha, –en silencio y pensativo– como si allí hubiese estado presente también él.

    —K-Mena y yo cantando, –prosigo hablándole con suavidad, de pie frente a él– o para ser más sincera, gritando la letra de aquella canción pegajosa, dando vueltas y riendo sin descanso como un par de adolescentes emocionadas tras conseguir el permiso de sus padres para su primera cita con el muchacho que les movía el piso. Y amparadas después en la oscuridad del cinema, dejar que otras manos con bastante torpeza, te acariciaran lo que mamá ya había advertido no dejarte tocar, disfrutando de aquellas novedosas sensaciones, con nerviosa inocencia. K-Mena aparcando su mística timidez y por mi parte, alejándome del cansón acoso de José Ignacio.

    —Diana y Carlos igualmente bailaban emocionados, bañados en sudor, apretados a nuestro lado por la cantidad de parejas que había en la pista. Entretanto, sentados en el reservado, ellos dos nos miraban. Uno de ellos por supuesto muy extrañado, haciendo mala cara al verse excluido sin dejarle formar parte de nuestra peculiar diversión. Y el otro… Bueno, en sus pequeños ojos grises vi un haz intenso y tan extraño como su brillosa cabeza calva, a pesar de la penumbra que rodeaba la mesa donde estaba acomodado, que me sacó de onda.

    — ¿Solo a ti o de igual forma miraba a tu compañera? —Descolgando los brazos, para luego llevarlos hacia la espalda y tomándose uno de ellos con la mano del otro, me pregunta mi esposo con un tono de voz más calmo.

    —Una mirada dirigida a únicamente a mí. De eso estuve muy segura. Perniciosa y diferente de la acostumbrada. Propia de un enfermo desquiciado y acompañada de una prolongada sonrisa diabólica. Con el infaltable «Bon Bon Bum» de fresa recién chupado, sostenido entre el pulgar y el índice a un palmo de su boca, fijándose demasiado en los movimientos de mi cuerpo. —Le respondo mirándolo por el rabillo del ojo, mientras busco dentro de mi bolso, el móvil para revisar si tengo algún mensaje o una llamada de Iryna, pero nada.

    — ¿No estarías confundida y Eduardo solamente vigilaba tu comportamiento? —Nuevamente me pregunta Camilo, acercándose lentamente hasta la banca de madera.

    —No cielo, estuve muy segura de ello y lo confirmé algunos días después. —Entonces mi esposo toma la botella de ron y la destapa, pero ahora no lo sirve en el vaso de cartón sino que bebe directamente de ella.

    Iluminado a medias su rostro por la pálida luz del farol ubicado tras su espalda, con su mirada inquieta me busca y al hallarme, su brazo se extiende para entregármela. Yo la recibo por supuesto agradecida, a pesar que me duele profundamente ver su mirada perdida pero antes de dar el sorbo, estimo por el bajo peso, que ya es poco lo que nos resta para terminarla.

    ¡Mierda! Y a mí que me falta tanto por decir, por aclararle y por revivir.

    —Carlos nos preguntó que si pedíamos la otra jirafa de cerveza y K-Mena se opuso a aquella propuesta aduciendo que ya estaba cansada de los pies y me dijo al oído que si la acompañaba hasta el hotel. Así que las dos nos despedimos pero Diana, algo resignada, también se colocó de pie para acompañarnos y nos dirigimos a la salida. No habíamos caminado ni dos calles cuando Carlos nos alcanzó, comentándonos que Eduardo y José Ignacio nos esperarían en el lobby del hotel.

    Camilo no deja de observarme, con ese estilo suyo tan característico cuando desea que yo le aclare algo pero no me lo pregunta directamente sino que espera que yo al comprender su duda, termine por aclararle. Muy pendiente se encuentra de la expresión facial de mi rostro y del movimiento de mis manos. Mi esposo arquea tan solo su ceja izquierda, logrando con ello que se le formen tres líneas paralelas a lo largo de su frente y otras arruguitas de preocupación sobre su nariz; merma su ojito derecho y estira el brazo derecho indicándome que desea o necesita otro trago de ron, esperando con seguridad a que retome la narración.

    —Cuando llegamos, Carlos y José Ignacio insistieron en invitarnos a tomar la última cerveza y nos acomodamos en una mesa circular en frente de la piscina. Diana y José Ignacio al frente mío, K-Mena a mi izquierda y Carlos a mi derecha. Yo no quería más cerveza porque me sentía embuchada, así que me decanté por un coctelito. Pensé que un Daiquirí estaría bien para culminar aquella noche calurosa, y Carlos gentilmente se ofreció para ir hasta el bar a solicitarlo.

    — ¿Y Eduardo consintió sin rechistar, todo aquello? ¿Así cumplía con su promesa de protegerte y ser tu ángel guardián? —Por fin Camilo pregunta y enseguida le respondo.

    —Ese estúpido no se pronunció ni para bien ni para mal. Él se dedicó a entablar conversación con el administrador del hotel, bebiendo su acostumbrado vaso de whiskey sin hielo, sentado en una mesa al otro extremo de donde nos habíamos acomodado nosotros cinco. ¡De ángel no tiene ni una pluma, el desgraciado ese! Lo que ni tu ni yo sabíamos, es que estaba preparando sus garras demoniacas para atraparme. —Camilo me mira sorprendido ante mi franca respuesta.

    —Bueno, por lo que veo esta botella se nos está terminando. ¿Te falta mucho? —Me dice enseñándome la botella de ron agarrada por sus dedos del cogote y bamboleándola de un lado para el otro.

    —A ver, mi vida. Primero que te cuente todo con detalle y ahora, ¿me afanas para que te lo resuma? ¿En qué estamos? —Le contesto colocándome las manos en mis caderas.

    —No lo digo por eso Mariana. Es solo que esta botella no nos dio ni un brinco. Vamos a seguir caminando y buscamos donde comprar otra. ¿O prefieres seguir contándomelo a palo seco? —Me responde acercándose para tomar su abultada mochila de la banca de madera.

    —Ok, perfecto. Como sueles decirme. ¡Como quieras, quiero! Vamos entonces y por ahí miramos donde abastecernos. —Le digo tomando también mi bolso, el paquete de cigarrillos con el encendedor y el sombrero. ¿Quiere más detalles? ¡Pues los tendrá!

    Avanzamos por entre el bullicioso malecón, justo al lado de las vitrinas iluminadas de los almacenes frente al hotel, muy cerca del Fuerte Rif.

    —De un momento a otro, –continuo hablándole a Camilo, que camina por fin al lado mío– Diana y José Ignacio, empezaron a hablar de sexo, con la intención de que dejáramos en el olvido los temas del trabajo. K-Mena, ruborizada pero interesada se reía con nerviosismo por las confidencias de esos dos, sobre la mejor chupada de tetas que le habían hecho, sin especificar quien o cuándo, y de manera graciosa sobre la forma de los penes de sus amantes. Él hablaba de las poses que más le gustaban, jactándose obviamente de las mamadas que había recibido por parte de varias compañeras en los baños de la sala de ventas y, por supuesto de sus innumerables encuentros con alguna que otra de sus clientas en los moteles al norte de Bogotá. Por lo visto, entre Diana y él, tenían más historias por contar que Scheherezade. ¡Y yo con tan solo tres experiencias en mi vida, dos fallidas y la mejor, la nuestra sin poderla comentar!

    —La verdad Camilo es que se me pasó el tiempo escuchando aquellas confidencias, –reanudo mi confesión– más el alcohol de la cerveza y el refrescante sabor del daiquirí, me relajé y me olvidé de ti. Al llegar Carlos a la mesa con mi coctel, a la fuerza intercambió su lugar con José Ignacio, y no recuerdo como ni cuando, apareció el teléfono personal de Diana en el centro de la mesa, justo al lado del cenicero y mis cigarrillos. La pantalla iluminada nos enseñaba el nombre del juego, aquel que en nuestra adolescencia, jugamos a escondidas de los adultos. «Verdad o Reto», solo que en este caso la versión era más madura y sexual. ¡Un botón verde esperaba a ser presionado por el dedo del primer valiente para empezar!

    Camilo vierte un poco de ron en el vaso y le agrega otro poco de gaseosa. Yo me enciendo un nuevo cigarrillo y entre una aspirada y el humo despedido desde mi boca, bebo un sorbo y prosigo con la historia.

    —En medio de la sorpresa, nos fuimos acomodando mejor alrededor de la mesa. Carlos valeroso, empezó de primeras y pulsó la casilla del reto. El juego le ordenó quitarse los pantalones y mostrarnos sus calzoncillos, pero la siguiente persona en el turno decidiría si se quedaría así o si se los volvía a colocar. Y esa no era otra que Diana quien graciosa como siempre, por supuesto decidió que debería continuar jugando así, exhibiéndonos sus piernas flacas, muy velludas y el bulto de su sexo.

    —En su turno Diana escogió la casilla de la verdad. Humm, si no recuerdo mal, fue algo sobre si ella prefería que se lo metieran por delante o por detrás. Respondió riendo que de las dos maneras. Y ya le tocó pulsar en la pantalla a K-Mena. La verdad era su mejor opción y optó claramente por ello. La pregunta fue si había tenido sexo alguna vez en un espacio público o en medio de la naturaleza. Coloreada por la pena, respondió obviamente que no y muy bajito, aclaró que nunca lo había siquiera pensado.

    —Enseguida me tocó a mí y probé la verdad. Y la pregunta fue fácil, pues debía contar si prefería hacer el amor por la mañana, por la tarde o por la noche. Y mi respuesta fue que con mi esposo, a cualquier hora estaba bien. —Camilo me mira y aunque creo verle en sus ojitos cafés un brillo especial y conocido, las facciones en su rostro no delatan ninguna otra emoción. Igualmente se decide y bebe un trago de ron.

    —José Ignacio se decidió igualmente por la verdad e increíblemente la pregunta fue que dijera con sinceridad, si prefería dar o recibir sexo oral. Respondió que él solo recibía y nunca había dado, pues le asqueaba bajarse al «pozo» por el olor a pescado y el sabor a pis. —Camilo esta vez tuerce hacia su izquierda la boca contrariado y se decide finalmente por sacar de su roja cajetilla un cigarrillo y darle ardiente vida tras dos fogonazos de su encendedor.

    —Terminada la ronda ya me había bebido el daiquirí, y me hice a un lado para no molestar a Diana ni a K-Mena con el humo del cigarrillo y de paso llamarte, y ahí me di cuenta que se le había agotado la batería. Podría haberlo hecho desde el otro móvil, el de la oficina, pero no me pareció prudente hacerlo, aunque te cueste comprenderlo, así que cuando regresé a la mesa, ya estaban servidas nuevas cervezas para los cuatro y otro coctel para mí. Diana desinhibida quizás por el alcohol, propuso subir el nivel. Solo deberíamos atrevernos a hacer lo que la opción de reto nos propusiera.

    — ¿Y tú aceptaste jugar así como así? —Me pregunta Camilo, esparciendo con fuerza una columna de humo hacia su derecha.

    —Pues haber mi vida, no le vi nada de malo. Si los demás no pusieron trabas yo no iba a decir que no para que el otro tuviera más motivos para molestarme con su cuentico de «monja mojigata» y yo me encontraba achispada y envalentonada. —Le respondo entrecomillando con mis dedos las últimas dos palabras y continúo rememorando aquella noche del juego.

    —A Carlos la aplicación le ordenó darle un azote en las nalgas a la mujer que el escogiera. No sé por qué pero me escogió a mí, ocasionando que José Ignacio se obsesionara y me ordenara, bajarme los shorts para ponerle mayor picante.

    — ¿Te ordenara? ¿Acaso ya se creía dueño de ti? ¿Y le hiciste caso? —Tres preguntas de mi esposo con una sola respuesta.

    —No le voy a achacar al alcohol nada de lo que hice esa noche, mi cielo. Sencillamente lo miré de una forma en la que le quería decir… ¡¿Crees que no seré capaz?! Y pensé decirle también… ¡Pues si tanto te gusta mi culo, otro aparte de mi marido, será el primero en cacheteármelo y no tú! Obvio, no se lo dije, pero me puse en pie y caminé alrededor de las sillas hasta acercarme a Carlos. Me di la vuelta, desabrochándome los botones de mis shorts y me los bajé lo suficiente para que mis nalgas quedaran expuestas a medias, pendiente de que Eduardo no volteara a vernos. La cachetada en mi culo no fue fuerte, creo que ni siquiera mi nalga se cimbroneó por aquel golpecito.

    —Recibí los aplausos de Diana y K-Mena, mientras que me subía el short y me fui a sentar otra vez al lado de él, sosteniéndole la mirada. En eso a Diana le salió un reto más difícil. Debía escoger a un hombre del grupo y fingir una escena erótica. No fue sorpresa para ninguno que el elegido fuera José Ignacio. Se puso en pie y acercándose a él, levantó una pierna y se le acaballó con ganas.

    —Empezó por acariciarle la mejilla, enterrando luego sus dedos por entre la espesa melena, simulando con el movimiento de sus caderas, el frenesí de la cópula y al restregar sus senos sobre la cara de José Ignacio, este aprovechó para apartarle el lateral del traje de baño y dejarnos observar el movimiento que con su lengua hacia sobre el endurecido pezón que impúdico sobresalía ansioso, mientras Diana se contorsionaba imitando gemidos y exagerando los gritos de placer.

    —Carlos y yo nos reíamos mientras apurábamos las bebidas. K-mena ruborizada igual sonrió con timidez y sin embargo los tuvimos que detener, porque aún sin haber estipulado un tiempo, ya la cosa se estaba pasando de color y había a nuestro alrededor, además de Eduardo y el administrador, otras parejas disfrutando del estrellado anochecer, pues ya José Ignacio aprisionaba y estiraba entre sus dientes a aquel valiente pezón.

    —En el turno de K-Mena, el reto consistió en que debía pedirle a la persona que tuviera a su derecha, dejar que ella acariciara la parte del cuerpo que más le excitara. La pobre no sabía dónde meterse, así que brindé con ella y a continuación, colocándome de pie a su lado, le dije: ¡Tranquila flaquis, es una tocadita y ya! Diana al ver que no se decidía le gritó… ¡Pero colabora marica, colabora que pa’ antier es tarde! —Y entonces le ayudé a ponerse de pie en frente de mí. Mirándome con su acostumbrada timidez, esperando a que yo dijera en cual parte de mi cuerpo sentía más rico y dejarme tocar.

    — ¡Mis bubis! —Respondí alto para que los demás me escucharan y tan solo levanté mi camiseta, muy cerca de ella, dándoles la espalda a los demás. Aparté hacia los costados las copas del bikini y se las mostré. No duró nada su mano sobre mi teta, lo juro cielo. Apenas dos o tres segundos sin hacer nada más que presionármela con delicadeza, y me las acomodé de nuevo con rapidez para irnos a sentar las dos, yo para nada apenada y K-Mena roja como un tomate, agachando su cabeza.

    —Y supongo que el par de idiotas, estaban felices de verlas a ustedes dos en esas. —Opina Camilo con bastante acierto.

    —Recuerdo que Carlos solo se reía excitado, pero él dijo algo así como… ¡Uyyy, pero estas dos puritanas cómo se lo tenían de bien guardadito! ¡Yo si las he visto salir algunas veces bastante acaloraditas del baño en la oficina!…

    —Carcajeándose estrepitoso como siempre, remató en seguida con otro comentario, muy al estilo suyo, machista, burlón y cizañero.: ¡Quien lo iba a decir, que a estas dos mojigatas les gustara la arepa! —Lo miré con cólera y le respondí de inmediato.

    — ¿Envidia, querido? ¡Es mejor despertarla que sentirla! —Y luego sonriendo, después de dar otro sorbo al coctel, le mostré la punta de mi lengua.

    —Y entonces dejaste de jugar. ¿Supongo? —Mi esposo pregunta.

    —Supones mal, cielo. No me iba dejar atemorizar por sus comentarios. ¡Seguí jugando como si nada! —Termino por responderle y en la cara de mi esposo noto su decepción.

    —En mi turno toqué con suavidad la pantalla del móvil y apareció como reto que debía dejar sobre la mesa mi ropa interior, quitándomela en frente de todos. Como tenía puesto el bikini no tuve inconveniente alguno en sacarme por debajo de la camiseta la parte de arriba y la acomodé sobre la mesa. —Los ojos de mi esposo se hacen más grandes y lleva su mano derecha hasta la frente, frotándose ambas sienes con el índice y su pulgar.

    —Lo más complicado resultó ser la braga del bikini, aunque como era de acomodar con lazos en la cadera, solo desabotoné los tres botones de los shorts y con cuidado solté los nudos. Luego introduje una mano por delante y me fui sacando el tanga. La levanté en el aire, ondeándola cual si fuese una bandera y terminé por enseñársela a todos, sonriente y sintiéndome triunfadora. Cuando la fui a dejar sobre la mesa, el atrevido de José Ignacio me lo quitó de la mano.

    — ¡¿Esto es para mí?! Pero qué detallazo, bizcochito. —Jactancioso lo dijo en voz alta, y Diana para seguirle el juego, tomó el brassier del bikini y se lo colocó a medias sobre su pecho.

    — ¡Devuélvanme eso, abusivos! —Les grité enojada a los dos. Diana de inmediato lo dejó sobre la mesa. Obviamente a él le importó un culo mi reclamo y simulando secarse el sudor de la frente con mis bragas, tocó el botón verde en espera de su reto, pavoneándose con esa ladina sonrisa.

    —Pero se le esfumó de inmediato la satisfacción en su rostro, pues debía darse un beso apasionado con la persona que tuviera a su derecha por un lapso de 30 segundos. Y cielo, no te alcanzas a imaginar las carcajadas de Diana, K-Mena y por supuesto la mía. Y el pobre Carlos se puso de pie, negándose rotundamente a ser besado por José Ignacio. Era una situación incómoda para ellos pero demasiado hilarante para nosotras.

    —Ajá, me imagino que así fue. —Me responde Camilo, sin mostrar ningún tipo de emoción ni causarle gracia lo que acabo de contar, más bien todo lo contrario.

    —Bueno pues el caso es que entre Diana y yo, –porque K-Mena no decía nada– los presionamos para que lo hicieran. Fanfarrón y ofendido, José Ignacio se paró de su silla, acercándose a Carlos para tomarle a la fuerza, la cara por los cachetes, y empinándose para alcanzar la boca de su amigo, juntando sus bocas con los labios apretados por pocos segundos, se dieron el beso, de una manera sosa, sin gracia.

    — ¡Eso no vale, muchachos! —Les recriminó Diana, y yo con ganas de revancha, le dije directamente a José Ignacio…

    — ¡Con razón andas soltero, porqué ni besar con pasión sabes! —Y con ese comentario fue suficiente para prender la mecha que con el tiempo, explotaría finalmente en mis manos.

    —Pues si tantas dudas tienes por mi soltería, ven acá y me enseñas como es que debo besarte. —Me respondió desafiante.

    — ¡Jajaja! Como dice mi marido: ¡Ya quisieras y hasta brincos dieras! Pero no querido, aunque les digas a todos en la oficina que por mi vestuario soy una insípida y simplona maestra de escuela, ahora mismo no tengo ganas de enseñarte como se debe besar a una mujer. ¡Ni más faltaba! —La mano de K-Mena se posó sobre mi hombro, solicitando que me calmara.

    —Su marido ni le dará a usted bien por ese culo, y ahora viene a dárselas de experimentada. A ver, muéstreme cómo es que besa. ¡Sabionda profesora! —Me retó, mi vida.

    —Y claro, ofendida le aceptaste el desafío. ¿O no? —Conociéndome como soy, Camilo acierta otra vez.

    — ¡Pues obvio! Ya sabes como soy de orgullosa y cuando me buscan, pues me encuentran. ¡Solo debía elegir hacerlo con alguien! Pero… ¿Con quién?

    — ¡No me vas a decir que te besuqueaste con Carlos! —Me dice Camilo, llevándose la mano al frente de sus ojos, oprimiéndose los lagrimales con las yemas de sus dedos, bastante asqueado.

    —Lo pensé de primeras, obviamente. Pero de solo imaginármelo baboseándome por todo lado, sentí repugnancia. ¡No, con él no! Estaba la posibilidad de hacerlo con Diana, pero con ella sería muy fácil, muy «light». Necesitaba impresionarlo, así que opté por K-Mena. —Y Camilo abre demasiado sus ojitos, entre sorprendido y asustado de lo que pudo ocurrir y por lo que tendrá que escuchar.

    —Que por qué con ella, te estarás preguntando, ¿no es así? Pues muy fácil cielo. Por la amistosa cercanía que mantenía él con la novia de su mejor amigo, y a quien tanto protegía de los demás. Sería más escabroso para él y más interesante para mí. ¡Pervertir un poco su inocencia, manchando el inmaculado rosa de sus labios, con el color rojo pasión de mi pintalabios!

    —Vamos flaquis, demostrémosle a este caballero, como es que una mujer da un verdadero beso cuando se tienen muchas ganas. —Mirándola emocionada se lo solté sin anestesia.

    — ¿Quién? ¿Yo? —Me respondió K-Mena, señalándose con dos dedos su pecho.

  • La mejor paja virtual

    La mejor paja virtual

    Hola! Parto por presentarme, soy hombre de 32 años, vivo en Argentina, mido 1,84 y tengo leve musculatura por el cuerpo, no soy ni obeso ni flaco, un hombre promedio. Esta es la primera vez que escribo un relato de este estilo, no me considero muy buen narrador de historias pero haré mi mejor esfuerzo. Para finalizar mi descripción debo decir que me encanta el sexting, me pone a mil conocer chicas nuevas a través de aplicaciones, tener conversaciones morbosas, que me cuenten sus fantasías, fetiches y encuentros sexuales, si esto está acompañado de fotos, videos o videollamadas, aún mejor.

    Esta historia ocurrió en pandemia, en el año 2020 en el cual me encontraba soltero (Ahora ya casi 3 años de compromiso a portas de casarme con el amor de mi vida) y la única forma de poder sociabilizar con la gente era a través de apps de citas. Yo ya tenía mucha experiencia con todo lo que tiene que ver con conocer gente por internet. Gracias a la pandemia estas aplicaciones tuvieron un boom entre la gente, la cantidad de matchs que hacía al día hasta se triplicó y yo estaba en el paraíso; sinceramente cuando se trata de sexting no me importa el físico de la persona, ni si es bonita o fea, mientras sea mujer y quiera compartir un buen rato a mi me basta, gracias a mi poco filtro, hice muchos matchs con chicas rellenitas y con muchas de ellas tuve sexting, no había noche en que no me corría una buena paja hablando con alguien.

    Una noche más de estas hice match con una chica otaku, un poco pasada de kilos pero muy simpática y tímida de unos 25 años, rápidamente comenzamos a hablar a través de whatsapp todo el día sobre trivialidades, trabajo, como lo pasábamos en la pandemia, entre otras cosas. Estuvimos un par de días así hasta que una noche comenzamos a jugar a las penitencias, uno le hacia una pregunta al otro y si no quería responder debía realizar una penitencia puesta por el otro y para darle emoción la personas que hacia la pregunta igual debía responder esa pregunta.

    Las preguntas comenzaron de forma suave, contar secretos, vergüenzas, comida favorita, hasta que comenzaron las preguntas más íntimas.

    Le pregunté con cuanta frecuencia se masturbaba, a lo que me confesó que lo hacía de forma diaria, incluso hasta más de una vez por día, cuando leí esto mi excitación se fue a las nubes el leve rozamiento que estaba realizando se convirtió derechamente en una paja (me pone mucho saber que una chica le encanta masturbarse y más si es con mucha frecuencia), como debe ser me toco responder y le confese que en los últimos meses también había estado masturbándome diariamente.

    Ella me respondió con un emoji sonrojado y luego un «jajaja» y lanzo su siguiente pregunta «Que usas para masturbaste?», como mi excitación estaba a mil y me estaba dejando llevar por el momento, le confese que solía masturbarme teniendo videollamadas con chicas y de no ser el caso viendo videos de omegles o skype, ya que estas situaciones me ponían mucho y que justo en ese momento tenía unas ganas terrible de tocarme (no le dije que ya lo estaba haciendo para no espantarla y arruinar mi paja). Paso 1 minuto y ella me había dejado el visto, empecé a pensar que había arruinado el momento confesándole que quería masturbarme en ese momento, así que lo único que se me ocurrió hacer fue decirle que le tocaba responder esa misma pregunta.

    Luego de unos 30 segundos eternos de mi último mensaje, en el chat veo que comienza a escribir y me responde que ella suele mirar hentai y leer fanficts sobre sus personajes favoritos. Hizo caso omiso a mi comentario de querer masturbarme por lo cual decidí jugarme el todo o nada y mi siguiente pregunta fue «Has tenido sexo por videollamada?», ella de forma casi instantánea respondió que nunca lo había hecho, ya que le daba miedo que le sacaran fotos o capturas (miedo bastante lógico, siempre me he preguntado si me han grabado pero como nunca muestro la cara no le he dado mucha importancia).

    Luego de esta respuesta sin esperar que ella dijese nada le dije que yo claramente si había tenido de todas las formas, solo enviando fotos o videos, con audios, con llamadas y videollamadas, al parecer ella sintió curiosidad por el tema de las llamadas y me pregunto cómo lo hacía y que me gustaba de eso, y le conté que el morbo de escuchar a la otra persona masturbarse, escuchar sus gemidos o decirle a la otra persona guarreras era bastante excitante, que lo que me ponía era saber que la otra persona estuviese tan excitada como yo y luego de contar volvió a jugarme todo y le mande un audio diciendo le lo siguiente: «Esta conversación de ahora, no te han puesto caliente?», intente usar mi tono más sexi para enviar el audio.

    Luego de unos interminables 10 segundos me llega un audio de parte de ella diciéndome que en este momento se encontraba demasiado caliente, escuchar su voz de chica otaku, tímida y caliente a la vez me puso mi pene duro como una roca y la velocidad y fuerza que estaba ejerciendo mi mano sobre mi pene era mucha, sentía como palpitaba a cada segundo y como me pedía liberar mi carga.

    Ya con la excitación por las nubes, con la cabeza en blanco y dejándome llevar por lo caliente que estaba le mande un audio con la siguiente frase: «No aguante más y me estoy tocando en estos momentos, te gustaría escucharme?». Pasados unos segundos donde mi pene exigía a gritos liberar todo, ella me responde con una carita sonrojada y un sí, a lo que yo sin perder tiempo le pregunto, quieres llamada o videollamada? Para mi sorpresa ella me envía una solicitud de videollamada, en este momento mi mente se puso en blanco, solo sentía la calentura por todo mi cuerpo y el deseo de tener un orgasmo.

    Cuando finalmente se realiza la conexión pude ver su cara de forma muy leve ya que tenía todas las luces apagadas y solo se iluminaba con el teléfono. Yo también solo mostraba mi cara, pero esta se veía claramente excitada y emitiendo unos leves gemidos. Le dije que no había aguantado y que ya me estaba tocando, a lo que le pregunto que estaba haciendo ella, y me responde que estaba tocando su clítoris a través de la ropa, yo la anime a tocarse directamente que no era necesario que me mostrase nada, pero que aprovechara para disfrutar el momento, luego de esto veo como se mueve lentamente (asumo que se estaba acomodando para tocarse directamente) y le pregunto si quiere verme.

    Ella tímidamente me contesta que si, por lo que rápidamente cambie de la cámara frontal a la trasera apuntando directamente a mi pene, este se encontraba durísimo, jamás en mi vida había tenido una erección como esa, totalmente lubricado con mi liquido pre seminal y mi mano subiendo y bajando furiosamente.

    Cuando vi su cara por la pantalla y pude distinguir como se mordía levemente su labio inferior mi excitación fue tan que lance un gemido bastante fuerte y le dije, mira cómo me tienes, estoy vuelto un animal, ella me respondió que le encantaba que por favor no parara de masturbarme como lo estaba haciendo, al mismo tiempo que ella decía esto, pude ver como con su mano que estaba en su clítoris desabrocho levemente su camisa dejando un par de tetas bastante buenas al aire (no me las mostraba directamente pero si podía ver al menos uno de sus pezones perfectamente) luego de esto comenzó a masturbarse y a emitir unos gemidos bien leves, mientras yo le decía lo caliente que me estaba poniendo y las ganas que tenia de correrme sobre ella, ella solo respondía con leves movimientos y gemidos a mis palabras.

    Luego de unos minutos, no mucho la verdad, mi cuerpo me exigía que liberara esa cantidad de semen que estaba conteniendo, mi pene seguía duro como una roja y ya algo rojo por el roce con mi mano, a lo que solo pude decirle, que ya no aguantaba más, que necesitaba correrme y su respuesta fue la mejor que puedes recibir en ese momento, con su voz tímida y caliente me dijo que por favor me corriera, que quiera ver como soltaba toda mi leche a lo que yo respondí, pídemelo, dime que me corra a lo que su respuesta fue más fuerte y caliente que antes, «correte por favor correte, suelta toda esa leche, damela toda», cuando termino su frase, de forma instantánea mi pene exploto, 3 grandes chorros de leches salieron de forma disparada seguidos de leves palpitaciones para dejar salir todo el exceso de semen, todo esto acompañado de un gran orgasmos que dejo mi mente en blanco por unos segundos para finalmente decirle que había sido la mejor paja de mi vida.

    A los segundos trascurridos, vuelvo mi atención en la pantalla del teléfono y veo a una chica otaku, claramente agitada, respirando fuerte, con una de sus tetas al aire mirando el techo. Pasaron unos 30 segundos en que ella estuvo en esa posición hasta que se percató que la estaba viendo y solo corto la llamada. Yo aproveche para limpiar todo el semen que deje por mi cuerpo y sabanas, en lo que recibo un mensaje de ella diciendo que se iba a ir a dormir que hablaríamos mañana. Yo estaba muy agotado, a lo que mi repuesta fue que también me iría a dormir y que hablaríamos mañana.

    Para mi sorpresa el día siguiente me hablo como si nada, como si nada de lo de anoche hubiese pasado, hasta llegar la noche del siguiente día, donde la conversación volvió a subir de tono y vivimos una nueva aventura.

  • Nuevo gusto (5)

    Nuevo gusto (5)

    Después de saciar su sed se levantó y me dio la mano para que yo lo hiciera también «eres una delicia cabrón» me decía mientras me miraba de arriba a abajo, mi cuerpo no tenía nada que ver con el de él, ¡Él es un gigante! Mis pies se veían pequeños frente a los de él y ni hablar de su miembro que era enorme muy grueso y venoso coronado con una cabeza gigante rosada y muy jugosa, no había comparación con el mío que yo prefiero llamar clítoris, lo tomó con su manaza y daba la impresión de que estaba tomando una pequeña salchicha cóctel mientras yo masajeaba de arriba a abajo disfrutando mucho aquel gran pedazo de carne.

    Yo estaba completamente caliente, hecha una total puta, mi ano estaba dilatado gracias a la botella de cerveza y pedía a gritos esa hermosa verga muy dentro, ahí fue cuando Tania no resistió más y salió a la faena tomando la iniciativa… «Ven papacito» le dije tomándolo por la mano y guiándolo hasta el potro «siéntate ahí» le dije con voz apresurada, ¡Era delicioso ver aquella imagen, tenía frente a mí a un macho enorme sentado en el potro con su miembro apuntando al cielo! Recosté su espalda en la parte superior del potro mientras yo me colocaba en la parte inferior dándole la espalda y permitiendo que tuviera acceso total a mi ano, yo me movía en círculos invitándolo a tomar aquella carne que le ofrecía sin limitaciones, así lo hizo y con sus enormes manos separó los cachetes de mis nalgas pudiendo así observar mi culo en todo su esplendor, yo empecé a hacer contracciones para que pudiera ver cómo lo iba a morder cuando me penetrara.

    Yo ya no aguantaba la calentura, mi macho metió su lengua muy adentro de mi ano arrancando de mi boca gritos de placer ¡Así papito hazme tu puta! ¡Soy tuya! ¡Rompe ese culito que es todo tuyo! Ya no me importó que se diera cuenta que soy más mujer que hombre y le exigía que me tomara entera, que ahí estaba para saciar sus más oscuros instintos y parece que eso lo calentó demasiado, al darme cuenta le dije que recostara de nuevo su espalda en el potro, yo comencé a bajar mis nalgas hacia su miembro mientras con mi mano lo dirigía a mi culo (ahí si extrañé mis tacones altos, es más cómodo hacerlo de puntillas). Su miembro comenzó a entrar, sentí una barra de metal muy caliente explorar mis carnes interiores, primero la cabeza, una vez que la tenía dentro empecé a hacer movimientos chiquitos y circulares para acostumbrar mi ano a semejantes medidas, después seguí bajando, un dolor fuerte me invadió cuando la tenía a la mitad, paré un poco y cuando el dolor desapareció sin pensarlo dejé caer mi cuerpo para que me entrara lo que faltaba, grité muy fuerte al sentir sus testículos rozar mis nalgas… Ya lo tenía hasta dentro.

    Él me tenía agarrada de las nalgas ayudando al movimiento de sentones que le estaba haciendo y sus gemidos de macho me calentaron aún más «¡así cabrón! ¡Cógete a tu puta que para eso está! ¡Que dura la tienes papacito! ¡Destrózame que para eso me trajiste aquí! Le gritaba con voz de sumisa mientras él hacía fuerza hacia arriba sincronizando sus movimientos con los míos… ¡Yo sentía su miembro hasta el estómago! ¡Me estaba partiendo en dos y me encantaba!

    Continuará…

    Gracias por leer queridos, cómo siempre les dejo mi correo para que me mantengan calientita [email protected].

    ¡Besos!

  • Dulce beso

    Dulce beso

    Tiene el pubis abultado, terso, bellamente sobresale del vientre, como un biscocho recién horneado, como un suculento biscocho que no puede dejar de comerse.

    Lo mira, lo acaricia con los dedos; lo besa, lo olisquea, ese precioso y terso monte, esconde los tesoros del gozo que él descubre con la lengua, con suavidad, acariciando lentamente, tratando de encontrar sin verlo, el clítoris escondido en ese apretado surco tratando de adivinar como se pone rígido al contacto.

    Hoy está decidido a no detener su caricia hasta que ella lo separe con ansia desesperada.

    Le fascina su olor y su sabor; su textura y la sensación que sabe produce y que a él lo excita casi dolorosamente.

    Ahora con los dedos, con cuidado, con cariño, separa los abultados labios y mira extasiado lo que ellos esconden, un botón rosado escondido en muy bellos pequeños pliegues y que parece desafiarlo.

    Así descubierto es fácil presa de sus labios. Lo aprieta con ellos al momento que lo lame con fuerza. Lo succiona y lo mordisquea. Siente como ella ha puesto las manos sobre su cabeza y lo guía, a veces empujándolo hacia abajo a veces presionando para recibir caricias más fuertes, colocando a conveniencia la boca que la invade tan íntimamente.

    En la lengua siente como el ansiado botón se erecta, sale de su escondite; siente como ella tiembla cada vez que con los labios lo succiona y recorre, apretando la lengua, sobre el surco de arriba abajo y de nuevo contra el clítoris ahora así dulcemente atormentado.

    Siente su sabor, siente como cada vez más se humedece y se moja más y más, sin control.

    Adora ese sabor y lo aspira y lo traga con devoción, sabiendo que ella está llegando a su clímax, deseando sentirlo y olerlo.

    Ahora las manos se han vuelto las que mandan. Sin recato lo sujeta de la cabeza y la restriega en su pubis en el límite de su gozo, moviendo la cadera contra esa boca y esa lengua que la invade de maravillosas sensaciones para comenzar a murmurar y sus piernas a temblar.

    La boca que la chupa y lame entonces se vuelve más y más exigente, succiona el clítoris con fuerza al tiempo que lo golpea y lame.

    Finalmente con un: ¡ya! ¡ya! ¡Para! Ella trata de detenerlo intentando cerrar las temblorosas piernas. Pero él ha quedado estático, esperando, respetando, dando espacio… mantiene la succión, suavecita, pero definitiva, para reiniciar cuando siente que su chica ha tenido tiempo para respirar. Así una y otra y otra vez, hasta que ella de plano se rehúsa a seguir.

    Entonces él se levanta, sin permitirle que se mueva de la posición en que la tiene, se acomoda y de un solo movimiento se hunde en ella hasta el fondo, sintiendo aún algunos espasmos de la vagina y toda su gloriosa humedad.

    Y así empalada hasta el fondo, la sujeta fuertemente para besarla en la boca.

    Adora tenerla así, gozando hasta el hartazgo y empalada sin escapatoria.

    Adora sentir que pueda hacerla gozar hasta el paroxismo y verla feliz.

  • Segunda entrada (1) Aprendiendo a aceptar una nueva realidad

    Segunda entrada (1) Aprendiendo a aceptar una nueva realidad

    Nosotros tuvimos nuestra primera experiencia a principios del 2016, e incluso el día de hoy seguimos siendo bastante activos dentro de este estilo de vida liberal.

    Y debido a esto fuimos acumulando muchas y muy diversas experiencias a lo largo de los años, e incluso muchas de ellas terminaron convirtiéndose en momentos realmente inolvidables.

    Y en realidad no estoy tan seguro del porqué, pero prácticamente desde el principio de nuestro matrimonio nos han sucedido cosas bastante peculiares.

    Antes de la pandemia, nosotros siempre habíamos sido muy sociables. Siempre salíamos a reuniones, fiestas, y eventos similares. Y al tener de esposa a una hermosa mujer, creo que siempre existía la posibilidad de que la mirada de muchos hombres se centraran en ella. No exagero al decir que prácticamente en cualquier evento que íbamos, mi esposa fácilmente podía convertirse en el centro de atención de la mayoría si no es que de todos los hombres ahí presentes, y sin importar que ellos tuvieran o no pareja.

    Y eso llegaba a ocasionar ciertas situaciones. Puesto que era bastante frecuente que nos topáramos con sujetos que claramente tenían interés por llegar a acercarse a mi esposa. E incluso algunos fueron tan osados que llegaron a proponerle cosas. Claro que mi esposa siempre rechazaba estas proposiciones. Y además ella siempre confió en mí, puesto que me contaba cada vez que le pasaban ese tipo de situaciones.

    Mi amada esposa siempre fue una mujer muy tímida, sumamente adorable, pero también muy correcta. Por lo que yo también confiaba en ella, puesto que ella era completamente fiel a mí. Aunque para ser sinceros, yo siempre guardaba la pequeña esperanza que ella alguna vez si se animara a aceptar alguna de esas propuestas que le hacían. Y de esta manera ella tuviera aunque sea un pequeño desliz fortuito. En verdad a mí no me hubiera molestado en lo absoluto que ella se hubiera animado a ponerme los cuernos aunque sea una vez.

    En nuestros primeros años de matrimonio yo nunca le había confesado mi fantasía oculta. Y cada vez que ella me contaba como algunos hombres le hacían estas propuestas indecentes, yo siempre actuaba calmado, y solía decirle que no se preocupara, puesto que siempre nos podemos llegar a topar con desubicados o cretinos en cualquier parte a donde vayamos. Y aunque por fuera yo me viera tranquilo, por dentro yo si me emocionaba al escuchar a mi esposa cuando me contaba cada vez que le ocurrían este tipo de cosas.

    Y si lo pensamos un poco, solo hubiera bastado que mi esposa les diera a cualquiera de estos sujetos un «si»… y eso hubiera sido suficiente para que ella tuviera su primera aventura extramarital.

    Pero jamás se dio ese caso. Mi esposa ciertamente era muy moral… (y la verdad ella también era bastante mojigata). Por todo esto, nunca hubiera pasado por mi mente que aquel hombre negro que conocí aquella noche en ese bar, lograría tan radical cambio en la manera de comportarse de mi esposa, y menos que ocurriría en tan poco tiempo tras de haber comenzado.

    Realmente aquel cubano logro poner totalmente de cabeza nuestras vidas (Y en especial nuestro matrimonio). Y él lo hizo de forma tal que ni en mis sueños más retorcidos lo hubiera imaginado.

    Y en verdad a mí me encantaría contarles todo lo que vivimos. Pero estoy seguro que sería sencillamente demasiado largo de relatar.

    Sin embargo hare un esfuerzo, e intentare que ustedes tengan una visión más o menos general de todo lo que hemos vivido a lo largo de los años… y hasta como es nuestra vida el día de hoy.

    Por eso, voy a contarles varios momentos que en mi opinión llegaron a ser bastante significativos.

    Y puede que varios de estos, solo los comente muy brevemente. Y puede que otros los relate con mucho más detalle… (En especial aquellas experiencias que siento que en verdad ameritan una explicación más extensa. Y así ustedes tengan una mejor idea de la complejidad emocional, psicológica, y hasta física que llegamos a experimentar en ciertos momentos tanto mi esposa como yo).

    También tengo la esperanza que ustedes saquen algo de provecho de lo que les voy a contar, y que aprendan de varios de los errores que cometimos en el camino. Y ciertamente, algunos de esos errores en verdad lograron desestabilizar nuestra relación, e incluso lograron ocasionar discusiones de pareja, y hasta peleas.

    Y en efecto, nosotros cuando comenzamos, simplemente no teníamos el conocimiento de varios aspectos relacionados a este estilo de vida liberal, ni de las repercusiones que traerían algunas de las decisiones que tomamos.

    Afortunadamente, nuestro matrimonio logro salir adelante y también logramos encontrar estabilidad y equilibrio tanto en nuestra relación de pareja, como en las relaciones que mi esposa mantiene actualmente con otros hombres.

    Y aun resumiendo muchas cosas que me gustaría contarles, creo que igual podría convertirse en un relato bastante extenso. Y por eso, decidí hacer esta segunda entrada dividiéndola por capítulos. (Yo estimo que podría contarles «todo» quizá en tres capítulos).

    Y para futuras entradas que haga a este blog. Pienso que podría limitarme a solo contarles con bastante detalle experiencias específicas y excitantes que tuvimos, y/o que lleguemos a tener.

    Y sin más preámbulos comenzare con este relato. Y sin duda que lo primero que debo contarles, es como quedaron las cosas después de que el doc inicio a mi esposa en este estilo de vida liberal. (Y sobre todo como él logro abrir la mente y el cuerpo de mi esposa a nuevas experiencias y sensaciones).

    Como deben recordar, el trato fue que él volvería realidad mi fantasía, pero a cambio yo le permitiría intimar con mi amada tanto como él quisiera. (Y en efecto, eso mismo fue lo que ocurrió).

    Puesto que él llego a ser muy cercano conmigo. Prácticamente de inmediato nos volvimos cómplices. Y él y yo llegábamos a conversar de forma constante por whatsapp. Siendo nuestros tópicos más recurrentes acerca de sexo y de mi esposa.

    Y muchas veces llegamos a intercambiar ideas de cosas excitantes que podríamos hacerle experimentar a nuestra reina. (O mejor dicho, de las cosas que él le haría experimentar a mi amada).

    Además él, me pidió citas con mi mujer cada vez más frecuentes. Incluso, su tercera cita con ella fue tan solo cinco días después de la segunda, y la cuarta solo tres días después.

    Y a las pocas semanas después de aquel mes de enero en que comenzamos, ya se había vuelto bastante normal que el doc tuviera varias citas cada semana con mi mujer.

    Y aquellas citas ya no eran solo dentro de moteles. Sino que ellos también las tenían en otros lugares, y justamente uno de esos lugares era nuestro hogar.

    Debo aclarar que mi esposa y yo no tenemos hijos (Aun no hemos sentido ese deseo de ser padres). Y por eso, vivimos solos en una casa un poco antigua pero bastante amplia que compre poco después que nos casamos, y que la hice refaccionar y modernizar para que fuera nuestro nidito de amor.

    Y debido a que vivimos solos, no tuve inconveniente en dejar que el doc también visite a mi esposa en nuestro hogar… (Y en nuestra cama).

    Ni siquiera habíamos llegado a mitad de año, pero era sumamente excitante y la vez muy interesante todo lo que él ya le había hecho experimentar a mi mujer.

    En verdad él hizo que mi amada llegara a conocer nuevos niveles de placer, los cuales ella jamás se imaginó que fueran posibles. Ciertamente fueron muchas experiencias nuevas y excitantes a las que él la sometía. Nuevas sensaciones que él le hizo vivir a mi esposa en carne propia. Y como no mencionar los múltiples orgasmos que él le producía y que lograban estremecerla entera en cada una de sus citas que ella tenía con él. Y también todas aquellas nuevas y deliciosas poses a las que él la puso a prueba… (Y varias otras cosas más, las cuales iré contando poco a poco).

    Nuestro amigo el doc, en verdad satisfacía increíblemente a mi mujer. Y a la vez, ella también lograba saciar todo el apetito sexual que él tenía. Tanto fue así, que en cierto punto ya no era tan necesario que llegáramos a concertar una cita oficial para que ellos pudieran estar juntos… (Puesto que mi esposa también empezó a ir por su cuenta a verlo a él).

    El doc no solo tenía mi número de celular, sino también el de ella. Y ellos dos también se hablaban bastante, y quedaron muchas veces para verse no solo por las noches, sino también en otras horas y en otros lugares.

    Yo había sido testigo de cada cita que ellos habían tenido hasta ese momento, puesto que siempre habían sido por las noches y fuera de mi horario de oficina. Pero después ellos también ya empezaron a verse sin tomarme en cuenta.

    Y yo seguía siendo el testigo silencioso de las infidelidades que mi esposa cometía junto a su amante negro, pero solo cuando ellos estaban en una de sus citas oficiales.

    Puesto que muchas otras veces ellos quedaban en verse a cierta hora de la mañana, o de la tarde, o incluso usaban la hora del almuerzo para encontrarse, dirigirse a un lugar aislado, y hacerlo como conejos.

    Y en realidad, no me puedo quejar tanto de aquello. Puesto que el doc siempre me llegaba a avisar de todos aquellos encuentros fortuitos que ellos iban a tener. En verdad agradezco al doc que siempre me tuviera al tanto… (Y la verdad, se sentía muy excitante cada vez que me hacían saber que mi mujer estaba a punto de portarse mal).

    E incluso más tarde, después de que ellos terminaban, el doc siempre me contaba con bastante detalle como había sido efectuada aquella faena.

    Y no solo me parecía muy excitante lo que él me describía, sino también sumamente interesante, y en especial detalles como que él incluso le tapaba con fuerza la boca a mi mujer para que nadie lograra escuchar sus gemidos cuando lo hacían en lugares semipúblicos.

    O como llegaron a hacerlo en más de una vez adentro de un pequeño cuarto que era usado como deposito en el centro de atención medica en donde él trabajaba. O como también lo hicieron varias veces adentro de un baño de uso exclusivo del personal médico. Y hasta incluso me conto como lo hicieron en el mismo ambiente en el que él daba consulta a sus pacientes.

    Y muchas otras veces ellos se llegaban a citar directamente en hostales o alojamientos cercanos al trabajo del doc. Y él se daba escapadas con la única finalidad de encontrarse con mi mujer y proceder a darle una buena refinada.

    Ciertamente era de no creer como el doc logro cambiar la forma en como mi esposa se conducía y comportaba. Ella dejo de ser la mujer tímida y mojigata que había sido toda su vida.

    Y también fue increíble para mí, ver como ella fue desarrollando nuevos gustos y también nuevas preferencias respecto a lo sexual. Y precisamente uno de los primeros nuevos gustos que ella desarrollo fueron justamente las felaciones.

    Mi esposa nunca aceptaba darme placer oral. A ella simplemente le parecía sucia la idea de meterse un miembro masculino en la boca.

    Pero fue grande mi sorpresa una vez mientras yo conducía mi auto, cuando de pronto vi por el espejo retrovisor como mi esposa empezó a engullirse la enorme erección de su amante.

    Prácticamente no daba crédito a mis ojos. En verdad no podía creer lo que estaba pasando aquella noche en el asiento trasero de mi auto.

    Estábamos a medio camino de llegar a un motel, cuando de pronto vi como mi amada empezó a darle una increíble felación a su semental negro.

    Mas tarde aquella noche, cuando estuvimos solos mi esposa y yo. Conversamos, y ella me conto que en esos momentos, él llevo su mano a la entrepierna de ella, y él primeramente le estimulo su clítoris, y luego él le metió sus dedos adentro de su vagina, y logro estimularla y excitarla tanto… que en cierto momento a ella le entraron unas ganas locas por chuparle su erección al doc. («ganas locas por chuparle su erección»… fueron las exactas palabras que me dijo esa noche mi esposa).

    Y en verdad, en esos momentos ella se lo chupaba y succionaba con tanto gusto y con tanta pasión que hasta llegue a sentir envidia del doc.

    Y ella no se detenía… Puesto que se lo seguía chupando, se lo lamia, y hasta se lo besaba. Y luego ella volvía a engullírselo con tanto goce y placer, que hasta parecía que ella lo estuviera disfrutando aún más que aquel suertudo.

    Y realmente aquel era todo un suertudote, debido a que era demasiado obvio lo mucho que él estaba gozando de lo que aquella bella mujer le estaba haciendo en esos momentos.

    Puesto que él gemía, jadeaba, y hasta resoplaba. También volteaba los ojos, llevaba su cabeza hacia atrás, y luego volvía a mirarla… Y así siguió sintiendo como ella se lo hacía de aquella manera tan lujuriosa… (Debo admitir que aquel momento adentro de mi auto, el ambiente en verdad se sentía muy erótico y sensual).

    Y mi esposa en verdad no paraba… Incluso llegamos a la entrada del motel y no parecía que ella tuviera ni la más mínima intención de detenerse.

    Y cuando el personal del motel se acercó un poco a mi auto para indicarme el cuarto que estaría disponible y que pudiéramos usar en ese instante. Se dio cuenta que había una bella mujer semidesnuda en el asiento trasero, dándole una increíble mamada al hombre negro que estaba junto a ella.

    Y eso lo sé, puesto que aquel sujeto del motel, no solo me indico el número de cuarto que estaba disponible, sino que también me dijo que nos iban a cobrar un monto extra por ser tres personas… (Sin duda que esa noche aquel tipo del motel obtuvo una interesante anécdota para compartir con sus amigotes).

    Ciertamente dejar que tu mujer tenga un amante puede llegar a convertirse en una experiencia demasiado fuerte. Sin embargo, me parece que es aún más fuerte dejar que ella tenga dos, o tres, o más…

    Y si buscamos culpables de aquello. Me parece que fue tanto culpa del doc, como mía el permitir que eso pasara.

    Puesto que dentro de nuestras constantes charlas sucias que teníamos él y yo en nuestro whatsapp. Se nos llegó a ocurrir que sería interesante dejar que ella tuviera aún más variedad sexual.

    Y tuvimos la brillante o estúpida idea que sería muy excitante que un día lográramos organizarle un «Gangbang» a mi mujer. (Para los que no sepan que es eso… Bueno, eso es básicamente como una orgia, en la cual hay muchos hombres heterosexuales fogosos, y una única mujer para satisfacerlos a todos ellos).

    Sin embargo, para lograr llevarlo a cabo necesitábamos más sementales iguales al doc. Y por eso tanto el doc como yo, nos pusimos manos a la obra ese mismo día.

    Y honestamente yo pensaba que aquella tarea nos podría tomar mucho tiempo. Quizá tanto como me costó encontrar al doc. (Curiosamente no fue tanto así).

    Puesto que exactamente a las tres semanas después de que pusimos anuncios en internet, ya habíamos recibido unas cuantas respuestas. Y usamos el mismo proceso de selección que use cuando conocí al doc.

    Con la única diferencia que ahora el doc también me acompaño a reunirme con estos candidatos, y ambos les explicábamos de que se trataba el asunto, y obviamente también nos cerciorábamos de que cumplieran con los altos estándares de mi esposa.

    Y terminamos seleccionando a dos sujetos que en verdad creíamos que serían del agrado de mi mujer. Ambos bastante bien parecidos, altos, y si se lo estaban preguntando… Pues sí, ambos también de raza negra igual que el doc.

    Y después de eso, ya solo faltaba darle la noticia a nuestra reina de las fechorías que estuvimos maquinando las últimas semanas a sus espaldas. Y el doc era justamente el que tenía que informarle a mi mujer que habíamos conseguido un par de sementales negros más para ella, y también tenía que convencerla para que los conociera en persona.

    Y sinceramente, no le fue tan difícil lograr que ella aceptara. Y así fue que quedamos en una fecha para que ella tuviera una cita con uno de los nuevos candidatos. Y cuando llego ese día, aquella cita termino convirtiéndose en un rotundo éxito.

    Esa noche, nos encontrábamos en un cuarto de motel el nuevo candidato, mi esposa, y yo. El doc no estaba porque creíamos que seriamos demasiados espectadores dentro de aquella habitación, por lo que podríamos llegar a incomodarlos. Pero él si me pidió que si las cosas iban bien, le mandara fotos y si podía videos de lo que acontecía ahí.

    Mi esposa y el candidato empezaron conversando un poco. Pero al poco tiempo se acercaron y empezaron a tocarse. Y poco después ya arrancaron motores.

    Y a medida que transcurría la noche yo le avisaba al doc lo que estaba pasando y también le fui enviando varias fotos, e incluso logre enviarle tres videos de solo unos pocos segundos de duración, pero eso sí, muy excitantes.

    En el primer video el candidato la tenía a mi esposa de cuatro en la cama, y también la tenía firmemente sujeta por sus caderas mientras la penetraba dándole unas fuertes embestidas.

    En el segundo video ese semental la tenía contra la pared. Mi esposa tenía su mirada apuntando a esa pared y con ambas manos apoyadas en esta. Mientras que el semental estaba detrás de ella sujetándola por su cintura, al mismo tiempo que le estaba dando una feroz cogida.

    Y el tercer video lo grabe cuando seguían haciéndolo en esa misma pose. Me parecía tan excitante como lo estaban haciendo en esos instantes que también quise grabar ese mismo acto pero desde otro ángulo.

    Vi que ambos tenían las piernas un tanto abiertas, y lo que hice fue escurrirme en medio de las piernas de ambos. Y estando recostado en el piso, empecé a grabar con mi celular desde aquel interesante ángulo. Y desde ahí, la vagina de mi esposa se veía en verdad deliciosa, al mismo tiempo que era ávidamente penetrada por esa dura erección de aquel semental negro.

    Y apenas terminaba de grabar un video o sacar una foto de inmediato se la mandaba al doc. Y él también me mando mensajes diciéndome lo excitado que estaba en esos momentos. Incluso me dijo que se le había puesto muy duro, y hasta me envió una foto de su erección para que yo comprobara lo emocionado y empalmado que él también estaba en esos momentos.

    Y a partir de ese entonces ya fue oficial. Mi esposa ya no solo tenía uno sino dos corneadores negros, y ambos muy dispuestos a satisfacerla plenamente.

    Y a la siguiente semana después de esa noche, mi esposa tuvo su cita con el otro candidato que también habíamos seleccionado para ella. Y esa cita termino siendo bastante buena.

    El desempeño de ese otro nuevo candidato fue aceptable, aunque yo diría que no logro graduarse con altos honores como lo hizo el anterior (O como el doc siempre lo hacía cada vez que estaba con mi esposa). Aun así, ese sujeto si logro pasar la prueba.

    Con el pasar de las semanas seguimos recibiendo más respuestas de nuestros anuncios y logramos concertar más citas con nuevos candidatos. Y a finales de ese nuestro primer año (2016), nosotros ya habíamos logrado que un buen número de hombres llevaran a mi mujer a la cama. Por lo que ella también empezó a tener un considerable y creciente número de nuevos amantes potenciales. Y claro… la decisión de si volver a verse nuevamente con alguno de ellos era enteramente de ella.

    Y varios de estos sujetos la buscaban con mucha insistencia, sin embargo la decisión final en verdad era solo de ella. Aunque debo mencionar que incluso algunos de estos sujetos hasta a mí me insistían mucho para que intentara convencerla, y así pudieran tener aunque sea una noche más junto a mi esposa.

    Y a medida que transcurrían las semanas y meses, mi esposa si empezó a tener a algunos favoritos… Y estos afortunados, si tuvieron el placer de estar con nuestra reina tantas veces como ella quiso.

    Sin embargo, por mucho tiempo su gran favorito seguía siendo el doc, puesto que ella seguía satisfaciéndolo por completo y de forma muy exquisita. En verdad ella se ponía tan deliciosa cuando se alistaba para sus citas, y sobre todo para las que iba a encontrarse con él.

    Ella no escatimaba ni esfuerzo, ni dinero… (mi dinero)… en ir al salón de belleza, comprar fina y sensual lencería, y también adquirir bonitos y provocativos vestidos, faldas cortas y demás atuendos, únicamente para hacerles pasar noches inolvidables a estos hombres… (Y en especial a él).

    Y más o menos a mediados del siguiente año (2017) la cantidad de hombres rondando a mi mujer ya era en verdad bastante considerable. Y debido a eso, detuvimos la búsqueda de más candidatos. Aunque después de esa fecha aún publicamos uno que otro anuncio, pero ya era raro que aceptáramos concertar una cita con alguien nuevo… (Aunque si se dio ese caso una que otra vez).

    También para esas fechas ya había una clara distinción respecto a los hombres a los que mi mujer tenía preferencia. Por lo que prácticamente se podía dividir a todos en dos grupos.

    El primer grupo era el de sus «regulares». En el que estaban solo sus favoritos, puesto que eran los mejores amantes y también los más lujuriosos hombres que mi esposa llegó a conocer. Y el segundo grupo estaba conformado por todos los demás.

    En total llegaron a ser siete los sementales que llegaron a conformar el grupo de sus favoritos. Y obviamente dentro de ese grupo se encontraba el doc, y también estaban otros seis bastante interesantes sujetos, de los cuales podría llegar a hablar bastante acerca de cada uno de ellos… (Les iré contando poco a poco).

    Y si sienten curiosidad por saber el número exacto de parejas sexuales que llego a tener mi esposa a lo largo de estos años. Pues solo puedo decir, que no lo se.

    No exagero al decir que en cierto punto perdí la cuenta. Pero si tuviera que hacer un aproximado… Hmmm, yo diría que desde que comenzamos y hasta el día de hoy, debieron ser alrededor de unos cuarenta y tantos, quizá cincuenta y tantos hombres diferentes los que llegaron a tener intimidad con mi mujer.

    Espero que este dato no alarme a nadie. En realidad, mi esposa sí que tuvo mucha acción estos últimos años. Ciertamente ella fue llevada a la cama incontables veces por distintos sementales los cuales le hicieron tener nuevas experiencias y además le enseñaron mucho. (Prácticamente toda una enciclopedia de cosas nuevas que tanto mi esposa como yo habíamos desconocido por completo acerca del sexo).

    Y realmente ella tuvo de todo… Desde amantes tiernos y cariñosos, otros muy rudos y dominantes, otros muy fogosos y algunos hasta parecían casi insaciables. Y los que más le llegaron a gustar a mi esposa, sin lugar a dudas eran los hombres que eran super lujuriosos y a la vez también sumamente dominantes.

    Y aparte de todas esas noches de sexo desenfrenado que mi mujer tuvo a manos de sus amantes regulares. Ella también tuvo un buen número de aventuras de solo una noche, más que nada con hombres que únicamente estaban de paso por nuestro país.

    Y dentro de esas experiencias de solo una noche, ella tuvo unas pocas que se dieron de forma fortuita y para nada planeadas, pero de igual manera terminaron convirtiéndose en increíbles anécdotas. Y hasta la fecha, tuvimos cinco de estos encuentros para nada planeados, y honestamente no creo que jamás pueda olvidarme de ninguno de ellos, debido más que nada a los altos niveles de adrenalina que yo llegue a experimentar en cada una de esas cinco oportunidades.

    La primera vez ocurrió el 2017 en un viaje que hicimos a la ciudad de Oruro. Estábamos visitando a una de las hermanas de mi esposa, y nos alojamos en su casa.

    Mi esposa y yo salimos de compras, y a curiosear por las calles que su hermana nos indicó, mientras que mi cuñada se quedó en su hogar a cuidar de sus hijos, los cuales son mis queridos sobrinos pequeños y en verdad los quiero mucho, y ellos también me quieren a mí. En realidad yo soy su tío favorito. (Posiblemente solo porque los consiento y les compro cosas).

    Bueno… Nosotros estábamos caminando por unas estrechas y abarrotadas calles, y de pronto se nos cruzó un joven negro y en verdad yo lo vi muy atractivo. Estaba bien vestido con ropa sport moderna, y uno de esos pantalones jeans que tienen muchas aberturas en los muslos. (En lo personal no me gustan esos pantalones tan rotos, pero muchos jóvenes los usan).

    Y apenas ese joven pasó por nuestro lado, mi esposa se dio la vuelta y se le quedó mirando. Pero solo por unos segundos y luego sin decirme nada, comenzó a seguirlo.

    En serio yo no sabía que estaba haciendo en ese momento mi esposa. Yo la veía siguiendo por detrás a ese joven, y para no perderla de vista también empecé a seguirla a ella.

    Y a los pocos minutos el joven se detuvo en un puesto de ese abarrotado mercado y me parece que preguntó por el precio de una polera. Y mi esposa le dio alcance en ese puesto y ahí comenzó a hablarle a ese joven.

    Yo estaba a unos metros de ellos, y no tenía idea de que le estaría hablando mi esposa a ese joven. Pero yo si vi como los dos entablaron una conversación.

    Y poco después ella se despidió de él, volvió conmigo, y literalmente me dijo: «Ves a ese joven… mira esto… me dio su número para que nos veamos más tarde». En ese momento yo en verdad quedé sorprendido por lo que mi esposa me acababa de decir.

    Y en efecto, esa misma noche nos escapamos de la casa de mi cuñada diciéndole que queríamos salir a pasear, pero obviamente fuimos a encontrarnos con ese joven.

    Resulto que él estaba viviendo solo en una habitación rentada, la cual nos comentó que sus padres estaban pagando.

    Era en verdad pequeña esa habitación, pero a mi esposa no le importó, y ahí mismo ella se quitó toda la ropa para el deleite visual de ese joven.

    Y en verdad note como los pantalones de ese muchacho le empezaron a apretar, y a resultar muy incómodos. Y él también se quitó rápidamente toda su ropa e hizo lo que cualquier otro joven hubiera hecho en su lugar.

    La verdad no sé cuántos años tendría aquel joven, puede que entre 18 y 20, la verdad no sé. No se lo preguntamos… Mi esposa tenía 26 años en ese entonces, y yo en verdad estimaba que él era como unos ocho años más joven que ella.

    No puedo negar lo excitante que resulto ver a tu esposa con alguien bastante más joven que ella. Ciertamente era una vista muy llamativa… Ver a tu mujer, desnuda, sensual, preciosa, y dispuesta a todo con un joven negro que también estaba desnudo, y que también estaba bien dotado… (Aunque no al mismo nivel del doc o de los sementales más dotados que tenía mi esposa en esos tiempos).

    Y estoy seguro que para aquel joven también debía sentirse como una experiencia muy irreal… (Prácticamente como un sueño hecho realidad).

    Debió sentirse afortunado al tener entera y exclusivamente para él, a aquella hermosa y ya para entonces bastante experimentada mujer.

    Y ciertamente no creo que ese joven pueda llegar a olvidar lo que mi mujer le hizo vivir en el interior de esas cuatro paredes. En verdad se convirtieron en momentos supremamente memorables.

    Mi mujer tuvo un papel notoriamente dominante durante toda la velada… Ella comenzó, haciendo que aquel joven se recostara boca arriba sobre su cama. Y ahí procedió a darle una increíble felación a aquel afortunado. Y ella en verdad lo volvió loco de placer en ese instante. (En realidad, mi mujer lo volvió loco durante toda la velada).

    Ciertamente se notaba en el rostro de aquel joven que él en verdad se estaba esforzando por resistir lo que mi mujer le hacía.

    Ella se lo chupaba y succionaba de manera exquisita y magistral. Y de hecho, no me quedo duda alguna que la pericia, experiencia, y habilidades que mi esposa logro adquirir en el ámbito sexual, tomaron por completo desprevenido a aquel joven.

    Y efectivamente, en poco tiempo él ya no pudo aguantar más, y ahí él rápidamente le grito a mi mujer: «ohhh… Por favor ya no me lo chupes o me voy a venir!!!»

    Y ahí mi mujer tuvo consideración de aquel muchacho, y le dejo tomar un respiro para poder tranquilizarse y bajar su excitación.

    Y después de unos momentos, mi esposa le pregunto a aquel joven si ya estaba listo para continuar, lo cual él asintió con la cabeza. Y así mi mujer retomo donde se quedó, y una vez más sometido a ese muchacho a una nueva magnifica y magistral felación. Y una vez más se notaba que él apenas si podía resistirla.

    Y al poco tiempo él literalmente le suplico piedad a mi esposa… Y solo así, ese joven se salvó una vez mas de venirse tan pronto.

    Pasaron unos minutos, y recién ahí, él ya parecía listo para proseguir. Y ahí mi mujer, volvió a sujetar con fuerza la erecta masculinidad de aquel joven, y ella volvió a acercar una vez más su boca a ese falo negro. Y cuando ella estuvo a punto de engullírselo, ese pobre joven la detuvo gritándole: «espera!!!… Espera!!!… Deja que te chupe yo a ti…».

    En verdad yo jamás había visto nada parecido… ¿Un hombre suplicándole consideración a una mujer?… Wow, ella realmente lo tenía completamente a su merced.

    Y mi esposa le ofreció que hicieran un 69. Lo cual él acepto pero le repitió encarecidamente que tuviera consideración con él, y que no se lo chupara tanto o que lo hiciera con mucha mayor suavidad.

    Y ahí ella se montó encima de él, poniendo sus bellas piernas en medio de la cabeza de aquel joven, y ella se recostó encima de él, y de esa manera mi esposa le estaba ofreciendo por completo su deliciosa y apetitosa feminidad para la total degustación de ese mendigo suertudo.

    Y en verdad ese condenado, lo paso bomba!!!… ¡¡Vaya forma de lamer y chupar el sexo de mi esposa!!

    Mi amada cumplido con lo acordado, puesto que ella continuo chupando esa dura erección negra pero con mucha mayor suavidad procurando no excitarlo demasiado. Pero el condenado por el contrario hundió profundamente y sin ninguna contemplación su lengua en las entrañas de mi reina. En verdad se la comía con desbordada lujuria y fogosidad.

    El condenado incluso logro hacerla gemir de forma deliciosa. Y él también gimió mucho, y sobre todo cuando escucho la desmedida excitación que logro producirle a mi amada. Él en verdad tenía tanta hambre de esa suculenta vagina, que realmente llego a comérsela con aun más fuerza durante esos deliciosos gemidos que empezó a soltar mi amada.

    En ese momento yo no me di cuenta, pero hablando más tarde con mi esposa, ella me confeso que en esos instantes él y su lengua lograron llevarla a un exquisito éxtasis haciendo que ella tuviera tres orgasmos continuos, uno detrás de otro.

    Y después de esos deliciosos momentos, ella ya tenía ganas de pasar al siguiente nivel. Pero el condenado no la soltaba. Él tenía uno de sus brazos rodeando firmemente la cintura de mi esposa, mientras que su otro brazo estaba libre y principalmente lo usaba para acariciar y tocar la figura entera de mi mujer. Y en especial, él reiteradamente le tocaba, acariciaba, y le apretaba sus ricas posaderas que tiene mi esposa.

    Él en verdad seguía teniéndole hambre a esa vagina, puesto que incluso ella le pidió que ya la soltara, pero él no le hacía caso. Y en ese momento mi esposa procedió a sujetar con fuerza ese falo negro y le dijo con voz muy sensual, pero a la vez dominante: «…Quiero tener esta rica erección profundo adentro de mi…» Y para mi total sorpresa en ese instante él finalmente la soltó.

    Y en ese momento, mi mujer me pidió un condón. Yo se lo pase, y ella procedió a engomar la erecta masculinidad de ese joven para tenerlo listo para el acto principal.

    Y cuando estuvo todo preparado, mi esposa se montó encima de él, con una pierna de cada lado. Sujeto esa erección y la condujo a la entrada de su feminidad. Y ella apresuradamente se sentó sobre ella, y prácticamente en un parpadeo, el falo entero de ese joven termino adentro de mi esposa… Y ahí ella empezó a cabalgarlo de inmediato.

    Y en verdad creo que mi esposa volvió a agarrarlo en curva a ese muchacho… Puesto que él rápidamente se dio cuenta que ella no era hábil solo con su boca, sino con todo su delicioso cuerpo.

    Mi mujer lo cabalgo de forma sublime. Ella comenzó a gemir de forma deliciosa mientras contoneaba todo su cuerpo de manera tan sensual, y en especial sus caderas. Ella las contoneaba formando círculos, y luego procedió a hacerlas ir de atrás hacia adelante. Y después hizo una combinación de esos dos últimos movimientos.

    El condenado estaba que se Moria. Él tenía los ojos bien cerrados, y presionaba fuertemente los dientes. Incluso note que sus dos manos estaban fuertemente aferradas a las sábanas de su cama.

    Y en esa postura tan rígida en la que él estaba, se volvió demasiado evidente que a él le costaba de sobremanera resistir a lo que mi mujer lo estaba sometiendo.

    Hace casi nada que habían comenzado, pero se notaba que él ya no daba más… Y ahí mismo observe como él rápidamente dejo de aferrarse de sus sabanas y ahora se aferró a las ricas pompas de mi mujer, y de inmediato la levanto, logrando sacar su masculinidad afuera de ella.

    Él empezó a respirar muy agitado y termino rodeando la cintura de mi mujer con ambos brazos. En ese instante el rostro de ese joven estaba haciendo contacto con la parte superior del vientre de mi esposa y muy cerca de sus senos. Y ahí él solo le dijo: «…Casi hiciste que me viniera…tan rápido…».

    Y una vez más, ella volvió a tener consideración con él y dejo que se calmara. Y cuando finalmente retomaron las riendas, mi esposa siguió teniendo consideración con él, puesto que ella siguió montándolo, pero a un ritmo mucho más calmado y controlado para que él no se excitara tanto y así aguantara más tiempo… (Puesto que a mi esposa no le gustan los rapidines).

    Lo bueno de aquello fue que aquel joven logro sobrepasar los 15 minutos haciéndolo de forma continua a ese ritmo con mi esposa. Y después de eso ella literalmente le dio permiso para que él ya se viniera. Puesto que le advirtió que ella ya iba a subir el ritmo y también le dijo que no se atreviera a detenerla.

    Y efectivamente, mi mujer volvió a someterlo a una feroz cabalgata, la cual llevo inevitablemente a un delicioso éxtasis a aquel suertudote… (La verdad a mi esposa, no solo le encanta, sino que hasta la excita lograr llevar a sus acompañantes masculinos a tener fuertes orgasmos… Ella misma fue la que me confeso ese interesante dato en nuestra intimidad).

    Y ahí estaba ese suertudo. Recostado y descansando en su cama y se notaba que estaba muy satisfecho… Rodeado de aquellas bellas, largas, y sensuales piernas de la preciosa mujer casada con la que acababa de intimar… La cual también descansaba acurrucada dulcemente a su lado.

    Sin embargo yo ya me imaginaba que aquello no sería suficiente para satisfacerla… Y efectivamente, mi esposa en cierto momento acerco sutilmente sus labios a los labios de ese joven, y le regalo un pequeño, pero sensual beso. Y ahí mismo le hizo saber que ella ya iba a dar inicio al segundo asalto.

    Y ciertamente ese segundo asalto termino resultando todo un espectáculo, e indudablemente mucho mejor que el primero.

    Mi esposa cedió su papel dominante, permitiendo que él estuviera ahora arriba de ella, y ahí ambos lo hicieron en la pose del misionero.

    Me resulta muy excitante cada vez que atestiguo a una de sus parejas sexuales de mi esposa gozar con tanta lujuria de ella. Puesto que yo veía como ese joven se aferraba y disfrutaba de las ricas pompas de mi esposa al mismo tiempo que gozaba penetrándola estando recostado encima de ella.

    Incluso llegue a sentirme bastante celoso al ver como esas manos negras recorrían, acariciaban, y estrujaban esas ricas pompas de manera tan inquieta e incesante.

    Y los gemidos de ambos delataban lo mucho que se estaban divirtiendo en esa pose. Y en realidad, si pienso que fue muy beneficioso para él, al tener el control del ritmo de esas estocadas que él le estaba dando con su largo falo negro a mi mujer, las cuales no eran muy veloces, pero si muy profundas.

    Y al poco tiempo vi como el condenado, le dio un tierno besito en los labios a mi mujer. Y ella respondió abrazándolo y retornándole el beso pero abriéndole su boca, y ahí ambos comenzaron a morrearse con mucha intensidad, y sin detener el delicioso acto sexual que estaban teniendo… (Recuerdo que mi esposa me comento más tarde que él era bastante hábil con su lengua, y que a ella en realidad si le gusto como él la uso en esos instantes, y además ella también me dijo que de cuando en cuando él le metía muy profundo su lengua).

    Ciertamente él lo estaba haciendo mucho mejor en ese segundo asalto. Parecía tener bastante más aguante que en la primera ronda… Pero su suerte no le duro, puesto en cierto punto mi esposa separo sus labios de los de él, y le dijo que ella ya quería volver a estar arriba.

    Y a partir de ese momento ese joven se dio cuenta que mi mujer aun no le había demostrado todo lo que ella podía hacer. Puesto que sometido al joven a varias posturas deliciosas, en las que ella estuvo todo el tiempo encima de él. Y en cada una de esas poses, mi esposa en verdad se veía sublime. Sus sensuales contoneos combinado con sus deliciosas curvas de su hermoso cuerpo… (Sencillamente fue demasiado para ese condenado).

    Sin embargo mi esposa se daba cuenta cuando él ya no podía, y ella se detenía por completo para dejarlo recuperarse. Y después de un momento ella retomaba las lecciones sexuales que ella tan magistralmente le estaba impartiendo.

    Y yo creo que habrán pasado alrededor de 20 minutos desde que mi esposa estuvo arriba de él, cuando de repente él le dijo:»… Ya quiero venirme… Por favor, déjame venirme…» Y ella se lo concedió.

    Yo pensé que después de eso ya sería el fin de aquella velada… Pero después de varios minutos de estar mi esposa y ese joven descansando acurrucaditos… Ella, parecía que ya iba a levantarse de esa cama, pero en realidad solo se acomodó para lo que se venía.

    Puesto que ella empezó a besar el abdomen de ese muchacho, y también comenzó a tocar y acariciar el cuerpo de ese joven. Y en cierto momento mi esposa llevo sus manos y sus caricias a los musculosos muslos de ese joven, mientras que ella continuaba besando su abdomen, y al poco tiempo, ella llevo sus besos cada vez más abajo… (Y aunque él era delgado, se notaba que también era bastante atlético).

    Luego mi mujer llevo también sus besos hasta esos muslos, mientras que continuaba acariciándolos de forma bastante avariciosa… (A ella le gusta que nosotros los hombres tengamos muslos musculosos como aquel joven… A ella en verdad no le gustan los hombres con extremidades inferiores delgadas).

    Y en cierto momento, se llegó a notar que la forma en como mi esposa le tocaba y besaba el cuerpo, lo estaba volviendo a emocionar, puesto que ya se le estaba comenzando a parar nuevamente… Y ahí mi esposa volvió a engullirse una vez más a ese aun no totalmente erecto miembro, sin embargo, ella en poco tiempo logro ponérselo duro una vez más.

    Y en ese instante, mi esposa se puso seria… Y ella le advirtió que aquí ya no habría más consideraciones, y seguidamente le dijo: «…Quiero probar tu leche, y no me detendré hasta que me la des toda…».

    La frase «Ay carajo» paso por mis pensamientos en varias ocasiones cuando vi lo que mi esposa comenzó a hacerle a ese joven. Y en verdad… ¡¡¡Que tremenda la manera en cómo mi esposa ordeño a ese condenado!!!

    Ella ciertamente no tuvo piedad de él. Realmente ese pobre solo pudo resistir poco tiempo la intensa mamada que le comenzó a dar mi esposa en ese instante. Y ella no solo uso su boca, sino que también lo masturbo muy ávidamente con ambas manos. En realidad, ella uso una de sus manos para excitar y masturbar enérgicamente ese largo falo negro, mientras que la otra se dedicó exclusivamente a acariciarle también de forma enérgica sus huevos.

    E incluso cuando él ya estaba teniendo su orgasmo, yo vi como ella empezó a estrujárselos… Se los apretaba, como si ella quisiera asegurarse de haberle exprimido hasta la última gota a esos dos pobres testículos. En verdad sentí que en esos momentos aquel muchacho estaba teniendo una experiencia sumamente placentera, pero al mismo tiempo muy dolorosa.

    Y mi esposa mantuvo todo el tiempo el glande de ese muchacho adentro de su boca. Ni por un segundo dejo de chupar la cabeza de ese pene de forma vigorosa. Y tampoco desperdicio ni una sola gota, puesto que ella mantuvo su palabra, y realmente se tragó toda la leche que logro exprimirle a ese condenado.

    Vaya faena que le hizo pasar mi mujer a ese muchacho. Y solo después de todo aquello, llego por fin la conclusión de ese velada. Una que ciertamente fue espectacular, y en verdad muy interesante. Y eso más que nada por como mi esposa actuó con ese joven. Puesto que mi esposa suele ser muy sumisa y hasta obediente cuando esta ante un semental negro, ya que ella suele dejar que estos hombres tomen toda la iniciativa, y así ella se deja hacer prácticamente de todo.

    Sin embargo aquella noche fue al revés. Mi esposa lo tuvo todo el tiempo a su merced, y en verdad sentí que ella hasta se convirtió en la maestra sexual de ese suertudo, y sin lugar a dudas le hizo pasar una noche que estoy seguro que él jamás olvidara.

    Y después de despedirnos de ese joven, solo retornamos a la casa de mi cuñada tan pronto como pudimos, aunque ya era un poco tarde, puesto que ya era más la una de la mañana. Y en realidad, hicimos que mi cuñada se preocupara un poco, y solo nos escusamos diciendo le que habíamos perdido por completo la noción del tiempo.

    Al día siguiente, después de haber descansado, y ya volviendo a la normalidad de nuestras vidas, solo disfrutábamos de tiempo en familia. Sin embargo después del mediodía, ese joven llamó a mi esposa a su whatsapp. Y ella me contó que ese joven le pidió, le insistió, y hasta le llego a rogar para que volvieran a verse aunque sea una vez más esa misma noche.

    Lamentablemente, ya teníamos otros planes con mi cuñada y su esposo (esa fue la principal razón de nuestro viaje). Por lo que a pesar de habérselo pedido tan encarecidamente, ella no tuvo otra opción más que rechazar al joven. Y como solo estuvimos dos días más en Oruro, no tuvimos suficiente tiempo para volver a encontrarnos con él. Por lo que aquella increíble noche fue la primera y última vez que vimos a aquel muchacho. Aun así, estoy seguro que él jamás podrá olvidar a mi mujer, ni a su delicioso cuerpo, ni a todo lo que ella le hizo vivir aquella noche.

    Para ser sincero, esa noche que estuvimos con ese joven, me dejo bastante pensativo por varios días. En verdad nunca vi a mi esposa como esa vez. Me refiero a como ella tomo un rol dominante durante la mayor parte de la velada.

    Y también pensé mucho en aquella última gran felación. Aunque para ser honestos esa no era la primera vez que la vi hacerle eso a un hombre. Puesto que ella suele darles increíbles felaciones a sus amantes. Y estas en verdad pueden llegar a ser tan intensas, que incluso mi mujer ha logrado muchas veces que estos potentes sementales terminen eyaculando salvajemente adentro de su boca. E incluso ella una vez me confeso que le agrada el sabor del semen de estos dotados y viriles hombres negros.

    Y en realidad yo creo que fue principalmente nuestro amigo el doc, él que entreno ampliamente a mi esposa en esto de las felaciones. Y también creo que él fue el que le hizo ganar gusto a mi mujer por realizarlas.

    Muchas veces los vi a ambos desnudos en mi cama. Él recostado, apoyando su cabeza en mi almohada, y con sus piernas abiertas. Mientras que mi mujer estaba ahí abajo, recostada en medio de las piernas del doc, mientras chupaba y succionaba la dura y enorme erección de su amante negro.

    Además, yo atestigüe muchas veces como él le daba indicaciones, diciendo le como él quería que ella se lo mamara. Puesto que le decía cosas como:

    «… Si… Así, hermosa muy bien… Y ahora con tus labios apriétame y chúpame con más fuerza el glande… Si, muy bien… Con tu mano apriétame y mastúrbame con más fuerza…y no dejes de chuparme… oh, así cariño, lo haces bien, muy bien… Ahora chúpame los huevos… ohhh… Ahora usa tu lengua y lámeme muy bien toda mi gran pinga… Maravilloso… Ahora vuelve a metértela en tu boquita… oh, Si!!!… Muy bien, sigue así preciosa… Que rico!!!… Que delicia!!!… Que bien lo haces hermosa!!!… Sique así… Cómetela toda!!!… Mi gran pinga es toda para ti…»

    La gran resistencia que siempre tuvo mi amigo el doc, hacia que ese tipo de sesiones sexuales llegaran a ser bastante largas. Pero aun así, mi esposa lograba hacer que incluso él llegara al éxtasis y eyaculara potentemente adentro de su boquita.

    Y para serles sincero, la experiencia de finalmente compartir a tu mujer con un verdadero semental, no fue nada sencilla. Yo si quería que mi fantasía algún día se volviera realidad. Pero cuando sucedió, fue algo en verdad muy fuerte… (Al menos en mi experiencia personal, y en numerosas ocasiones, la llegue a sentir así).

    A&M