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  • La casa de Sénet (capítulo 4): El sexo del capataz

    La casa de Sénet (capítulo 4): El sexo del capataz

    Ricardo palpó la larga y dura verga de Alfonso. 25 cm, unos testículos firmes y depilados. Sus muslos fuertes, sus piernas torneadas, su abdomen firme y sus pectorales duros y trabajados.

    Ricardo acarició su cuello, sus hombros desnudos, su espalda y confirmó que Alfonso era todo un adonis.

    -¿Sabes besar?, ¿sabes besar como lo debe hacer un esclavo sexual?-

    Inquirió el ciego al español, mientras se abrazaba por completo a él.

    Alfonso tomó a Ricardo de la cintura y le atrajo hacia sí. Sujetó su rostro y comenzó a deslizar la lengua por encima de sus labios, los frotó y chupó despacio, una y otra vez. Introdujo su lengua en la cavidad de Ricardo y exploró a deleite. La boca del ciego.

    Después el español le dio un beso largo y profundo, mientras frotaba todo su cuerpo desnudo contra el de Ricardo.

    La boca del sonámbulo sabía a menta, a naranja y su lengua era jugosa y gloriosa. -¡Woo!, ¡Ese sí es un beso puto!-

    Exclamó Ricardo, con las manos sobre los glúteos de Alfonso.

    -Yo soy un sonámbulo, un esclavo gay de Marcus… Que tu me uses… Que tu me disfrutes… Que tu tengas sexo conmigo es un honor… Ser un prostituto es un privilegio… Soy gay ahora y yo haré lo que tu quieras… Usa mi cuerpo desnudo… Estoy sonámbulo… Y lo disfruto…-

    Admitió el dormido Alfonso.

    -Eres un ¡puto dios!, ¡que culo!, ¡que verga!, ¡que piernas!, ¡que cuerpo! ¡Tu cuerpo me encanta! Penétrame, penétrame suabe y quiero que tengas un orgasmo máximo. ¡Hazme disfrutar! Vamos, ¡Vamos cabrón!, ¡demuestra la potencia que tienes!, ¡Sírveme, compláceme, hazme tuyo!-

    Ordenó el muchacho presa de la lujuria.

    Alfonso giró a Ricardo y los sentó encima de sí. Comenzó a penetrarlo y condujo las manos del ciego para que lo dirigiera rápidamente.

    -Tu eres mi capitán… Conduce mi verga para que te complazca… Mi señor… La verga de tu sonámbulo prostituto… Complacer… Hacer lo que digas… ¡Condúceme, deja que te enseñe el sexo, yo soy tuyo y que uses mi verga es un privilegio, ser tu prostituto gay, sonámbulo y esclavo es un honor!-

    El ciego sujetó las cintura de Alfonso y comenzó a dirigir el ritmo de la penetración, una y otra vez, más y más rápido, mientras el miembro del español palpitaba y crecía más y más en su interior.

    El sonámbulo golpeó su próstata y Ricardo gritó de placer.

    -¡aaah!, ¡eso, eso cabrón!, ¡más profundo, más rápido!, ¡eres un esclavo, mi esclavo, un prostituto puto, sonámbulo y dormido!-

    Gritó Ricardo, a la vez que giraba en círculos sobre la verga del español.

    -¡aaaaj!-

    Gritó Alfonso, pues Ricardo se frotó con fuerza contra la cabeza de su pene varias veces seguidas.

    El sonámbulo incrementó el movimiento y comenzó a golpear con rudeza, mientras con sus piernas atraía a Ricardo para poder clavar con mayor exactitud lo grueso de su miembro.

    -¡eso, eso!, ¡cabrón tu eres el hombre, demuéstrame tu fuerza, tu sexo!, ¡eres mío!-

    Gritó Ricardo mientras apretaba y se sujetaba del trasero de Alfonso con vigor.

    -¡soy tuyo, soy tuyo, que me uses es un honor, que me uses es un privilegio, soy tu esclavo! ¡soy tu prostituto!, ¡soy tu prostituto!-

    Gritó el español, a la vez que tomaba la verga de Ricardo y golpeaba con tres estocadas su próstata.

    Ricardo gruñó presa del deseo y eyaculó con chorros potentes en las manos de Alfonso, al tiempo que el español se corrió con el doble de fuerza en el ano de Ricardo.

    El muchacho ciego gozó de aquel sexo y ambos gruñeron como animales, mientras los dos disfrutaron del orgasmo más glorioso que Ricardo jamás había experimentado.

    El muchacho ciego se desplomó sobre el cuerpo desnudo de Alfonso.

    -James, Mendosa, vengan conmigo. Abrácense a nosotros. Quiero sentir los cuerpos desnudos de los tres.—

    Ordenó el ciego, a la vez que gozaba del cómo los fuertes brazos y piernas de aquellos hombres lo envolvieron.

    -Ustedes son míos, son míos.-

    Murmuró Ricardo, a la vez que tomaba el rostro de Mendosa y lo besaba con lujuria.

    -Ustedes son la gloria, ¡son la gloria!-

    Murmuró, con las manos de Alfonso y James alrededor de su cintura.

    Entonces escuchó la puerta abrirse y oyó unos pasos descalzos entrar.

    -Nataku esclavo… Nataku complacer… Amo Marcus manda a Nataku, Nataku ser prostituto… Ricardo disfrutar a Nataku…-

    Pronunció el rubio.

    -Ven acá con nosotros, acuéstate a mi lado derecho, sobre Mendosa y sobre mí. Quiero disfrutar de los cuatro Mis esclavos prostitutos.-

    Dijo Ricardo.

    -Somos tus esclavos, somos prostitutos, somos tuyos… Esclavos… Esclavos… Esclavos…-

    Dijeron los cuatro, al tiempo que Ricardo extasiado por aquella situación, se quedaba dormido entre los brazos y piernas de los hipnotizados y otrora heterosexuales guardaespaldas.

  • Sexo, fuego, y pasión

    Sexo, fuego, y pasión

    En el silencio de la noche,

    donde la pasión se desvela,

    se erige una mujer bellísima,

    una musa que despierta mi candela.

     

    Sus curvas danzan al compás del deseo,

    su piel, suave lienzo que anhelo tocar,

    su mirada ardiente enciende mi fuego,

    en sus labios encuentro el verbo amar.

     

    La mujer bellísima me llama,

    susurra versos de pasión y lujuria,

    en su figura el éxtasis se derrama,

    y el anhelo se convierte en sinfonía.

     

    En su lecho de sábanas seductoras,

    nos entregamos al fulgor de la piel,

    la pasión nos envuelve sin demoras,

    y el sexo se vuelve un dulce riel.

     

    Sus gemidos son canciones prohibidas,

    que encienden el fuego de mis sentidos,

    sus caricias despiertan mis heridas,

    y en su cuerpo encuentro el paraíso.

     

    Mujer bellísima, musa de mis versos,

    en tus brazos el tiempo se desvanece,

    nos envuelve el éxtasis más perverso,

    y el amor se convierte en eternidad.

     

    Enredados en la pasión desenfrenada,

    dibujamos con nuestro deseo una obra,

    la noche se tiñe de intensa madrugada,

    y el sexo se convierte en sublime obra.

     

    Así, mujer bellísima, en el éxtasis,

    enlazamos nuestros cuerpos sin medida,

    y el amor se transforma en erotismo tenaz,

    en una danza ardiente, en la entrega más atrevida.

  • Hace tiempo falleció papá

    Hace tiempo falleció papá

    Estoy muy contento, ya que me han llegado varios correos a mi mail, solicitando si podía darle una ayuda para relatar sus vivencias. Este llega desde España, gracias por confiarme su intimidad.

    Trato de colaborar en la escritura con aquellos que, a mi parecer, son reales.

    La facultad de la persona o la entidad que puede obrar según su criterio, con independencia de la opinión o el deseo de otros. Eso es autonomía. Ejemplo: Podremos trabajar con total autonomía, sin dar cuentas a nadie.

    Que gran verdad, hay alguien que no distingue parentesco, si es madre/padre, hija/hijo, hermana/hermano, y así en cualquier línea parental y sin distinción de sexo, ¿quién es? Sí, es el, el pene. El solamente se mueve por un impulso y con total autonomía.

    Comencemos por presentarla, 50 años, morochaza para el infarto, tetas dentro de un parámetro normal, voluminosos pero no tanto, duros y por supuesto, firmes. Un gran culo que sabe lucir con unas calzas y estas, saben exponer sus generosos labios vaginales, a lo que le llaman, formar un “camel toe” (dedo de camello). Cabello por la cintura, negro y copioso. Ojos negros como la noche.

    Si señoras y señores, esa persona es mi mama.

    Hecha la presentación de rigor, les comento:

    Cierto día llegando de la facultad, encuentro sentada a mi madre en una silla, con los brazos cruzados sobre la mesa, su frente apoyada sobre ellos, llorando.

    Noto que sobre la tabla había dispuesto un vaso que se encontraba a medio llenar y dos botellas que en algún momento contuvieron vino.

    – Mama, ¿qué paso, te hicieron algo?

    – Nada hijo, solo pensamientos recurrentes. (se le trababa la lengua del borrachera que traía)

    – Vamos a la cama mama, no estás bien, ¿quieres darte un baño?

    – No, aquí estoy bien, Sentate conmigo, no estoy bien, me encuentro muy deprimida, triste, tengo miedo de la soledad.

    – Pero mama, sola no estas, estoy yo.

    – Ya se hijito, son otras cuestiones, como puedo amar a alguien que solo sabe hacerme sufrir, llorar, sin darme lo básico, que es atención.

    – No mama, no tiene que ser así, vos sos como un auto de lujo, que muy pocos pueden pagar.

    Se paró, abrazándome muy fuerte me beso, a la voz de gracias.

    – Desde que tu hermana y tu padre fallecieron en ese accidente, nuestras vidas han cambiado mucho, después de casi doce años me decido a salir con alguien y a los poco días ya pretende humillarme, rebajarme, hacerme sentir inferior.

    – No mami, si algún hombre tiene que verte, lo debe hacer de abajo tuyo o desde tu lado, nunca desde arriba, no sos menos que nadie.

    – Menos mal que no accedí a tener sexo con él.

    Deseo tener sexo, me hace falta el sexo. Recuerdo la última vez que tuve sexo con tu padre, fue dos días antes del fatídico accidente.

    – Bueno ma, me da pudor que me hables de eso.

    – Estoy cansada de usar esos aparatos que me he comprado para poder satisfacerme, necesito un buen pene entrando en mi vagina. (lloraba más fuerte a medida que hablaba)

    A los gritos ya, me decía entre sollozos y llanto.

    – Necesito una buena verga, necesito sexo, necesito coger.

    Se recostó sobre la mesa nuevamente y continuo llorando, la deje.

    Me retire a preparar un café para acercárselo. Mientras escuche que balbuceaba algo parecido a:

    – Cuanta gente disfruta de los placeres del sexo, en el silencio de su hogar, hombres y mujeres, ¡¡¡pero no!!! siempre hay mentes retrogradas y moralistas que siguen diciendo que es inmoral. Que les importa lo que hago con mi vida.

    Continuaba con ese monologo que en un principio no entendí.

    – Me formaron con principios morales, putos principios morales, que a partir de hoy no practicaré más, reviento de las ganas, necesito urgente ocupar mi concha.

    Le acerque el café respetando su bronca etílica, no sabía si reír o llorar, uno está preparado para que sus padres lo contengan no al revés, mi silencio fue cómplice de su dolor.

    Cuando termino la infusión, entre sus rezongos, le ofrecí llevarla a la cama, a lo que accedió. Al pasar por el baño me pidió que la ayude, sus piernas casi no le respondían, y me hacía gracia, parecía un muñeco de esos tentempié.

    Ingresamos al baño, como pudo y un poco con mi ayuda, se bajó la calza y la tanga a la vez para sentarse a orinar. Me quise retirar, pero tomándome de la mano me pidió que me quede. Al acabar quería secarse la vagina pero no podía, me dice secamente, límpiame.

    Obedecí, tome el papel de baño y haciendo una compresa se la pase para secarla. Juro que fue sin querer, al pasar el papel toque con mis dedos su vulva, creo que ambos notamos la cascada de flujo que bajaba de su interior, mojando mis dedos de algo viscoso. Al pasar nuevamente el papel, veo que abre la boca y gime. ¡¡¡Había tenido un orgasmo!!!

    La carne fue más débil, la intimidad de mi madre fue explorada por mis dedos, teniendo ella otro orgasmo.

    Sus entorpecidas manos producto del alcohol, intentaron bajar mis jeans, al ver que no podía, sin dudarlo lo hice yo. Confesión, no sé cómo me anime.

    Al ver el bulto que hacia mi miembro en el calzoncillo, me ordeno que lo bajase, al hacerlo, salió despedido apuntando hacia donde estaba su boca.

    – Como ha crecido mi niño y con él todas sus partes, no me alcanzan las manos para agarrarlo. cuando eras pequeño ya me parecía que ibas a tener un tronco grande.

    – Es toda tuyo mama.

    Sin dudar, abrió la boca y lo comenzó a tragar de a poco, saboreando el líquido pre seminal que salía por la punta. No le permití que siguiera, termine de sacarle la ropa, abrí la ducha, me desvestí, alzándola en brazos la deposite debajo del chorro de agua.

    La enjabone pasando mis manos por todo su cuerpo, hasta que llego a sus labios mayores, hundí entre ellos las yemas de mis dedos haciendo el recorrido que me acercaría a su clítoris, pequeño, erecto y duro. Calculo que por el grito que pegó, había alcanzado nuevamente el clímax.

    Terminado el proceso del baño y ya secos, la lleve a su cama con intenciones que descanse, la deposite en ella, me tomo de la cabeza para fusionar nuestras bocas y lenguas en el beso más tierno que jamás haya recibido.

    Me recosté a su lado para acariciar todo su cuerpo moreno, chupaba intercalando con mordiscos pequeños sus tetas, gemía y gemía con cada cosa que le hacía. Fui recorriendo el atlas de su cuerpo, pasando por todos los países, hasta llegar al sur, el que quería conquistar, me detuve a jugar con mi lengua tratando de vulnerar esa barrera inexistente, hasta hoy infranqueable para mí. Su vagina me dio el permiso de ingresar, cálida y palpitante, como buena anfitriona dejo que probara el licor de sus jugos agridulces que invadían mis narinas y fauces deseosas de más, seguí dándole el placer que pedía hace un rato, el flujo bajaba por sus glúteos hacia el ano, no queriendo desperdiciar nada, pase a lengua desde su agujero posterior hasta el sabrosísimo clítoris, así en repetidas oportunidades hasta que sentí la tensión en sus piernas avisando un nuevo orgasmo, en ese momento mi lengua traspaso esa frontera ingresando lo más que pudo, su cuerpo hizo unos movimientos espasmódicos acompañados de un gran suspiro de placer.

    No lo podía creer, estaba teniendo sexo con mi madre, aquella que al pasar hace, que aun, siendo una mujer madura, los hombres se den vuelta a mirarla.

    Su voz me saco de mis pensamientos.

    – Creo que es hora de meterla ya, quiero sentirte justo ahí, en ese lugar que te dio cobijo por nueve meses.

    Tome el miembro con la mano introduciéndolo en su “chumino”, como a ella le gusta llamarla, trate de ser lo más delicado posible, ella no me lo permitió, con un hábil golpe de pelvis hizo que entrara toda, lo que no tuvo en cuenta que hacía mucho no tenía relaciones, sumado al grosor de mi pene, le dolió, dejando escapar un grito agudo, que debo reconocer me asusto, paralizado veía como otra vez de sus ojos caían lágrimas.

    – ¿Mama, te hice daño?

    – No hijito, son lágrimas de placer, duele un poco pero por favor, no pares, vuelvo a sentirme mujer, vuelvo a sentirme viva, desde la muerte de tu padre que no me sentía así, siento tu juventud en mis entrañas.

    Con mi autoestima por las nubes continué mi trabajo cada vez con más violencia. Provocándole más orgasmos, hasta que por fin pude llenar su cavidad vaginal de mí tibio semen.

    Saco de su encierro el miembro, se incorpora y lo lleva a la boca para aprovechar esas últimas gotas que salían del palpitante cipote.

    Caímos rendidos en la cama, agitados, transpirados, pero felices, ella resolvió su dilema y yo una fantasía que tienen varios hombres, fantasía, que nunca se había cruzado por mis pensamientos.

    – Que orgullosa estoy de haber parido un hombre de verdad. Agradezco la suavidad con la que me trataste.

    Ya el alcohol había destilado bastante, estaba más consciente, pero se notaba aun su mareo.

    – Quisiera que me lo hagas todas las noches, que me toques besándome por todos lados y sentir tu cuerpo pegado al mío, hasta que no pueda más del placer.

    – Bien mama, ahora descansa, cuando despiertes hablamos. Te amo.

    Cuando lo termine de decir me di cuenta que ya dormía. Me recosté a su lado y acariciando su cabello también me dormí.

    Al despertar, le prepare un café bien cargado, un trozo de budín y dos aspirinas para su resaca, imaginándome el dolor de cabeza que tendría después de tanto alcohol, que no acostumbra a beber.

    – Hola preciosa buen día, aquí traigo tu desayuno y un aditivo para tu seguro dolor de cabeza.

    – Gracias mi vida, que atento.

    – ¿Es la primera vez que te emborrachas?

    – ¡¡¡La última!!! (lo dijo riendo a carcajadas)

    Se incorporó sentándose como chinito, su cuerpo desnudo se deslizo de las sabanas, tomo una manta y quiero cubrir su torso, no me lo permite.

    – No hijo, no me cubras, este cuerpo anoche fue tuyo y a partir de ahora lo siempre lo va a ser.

    – Pensé que no te ibas a acordar, que vergüenza.

    – A pesar que estaba ebria, me acuerdo de todo, hasta las conversaciones. Y te dije en algún momento, putos principios morales, que a partir de hoy no practicaré más, reviento de las ganas, necesito urgente ocupar mi concha.

    Anoche llenaste dos vacíos, el de mi alma y el de mi sexo. Quiero, si no te opones, besar cada parte de tu cuerpo, te necesito, no tenés idea cuanto tiempo llevo pensando en esto que paso, cuanto tiempo imaginándonos a solas.

    – ¿Entonces no estabas borracha?

    – Si hijo, lo estaba. Lo que no quiere decir que estuviera inconsciente. Sabia en todo momento lo que quería y con quien.

    – Si mama estoy de acuerdo, si te hace feliz voy a hacer lo que tenga que hacer para verte así.

    – Gracias mi amor (me beso en la boca) como te habrás dado cuenta, soy multiorgásmica, puedo darle a mi organismo, horas de satisfacción. A parte de solo mirarte me excito. No sabes cuánto tiempo me imagine esperando esto.

    – Mama, solo fue hace unas horas y ya extraño tu cuerpo.

    – No lo extrañes, a partir de ayer este cuerpo es solo tuyo, el único que no me va a dañar. Lo vas a tener cuando quieras, donde quieras y por donde quieras. (esto último lo dijo con una sonrisa pícara en sus sabrosos labios). ¿te parece adelantar la noche de hoy?

    Me arrojo a sus brazos besándola apasionadamente, veo ahora con la luz del sol que entraba por la ventana, como se erizaba su piel.

    Con su cabeza en la almohada se fue posicionando, codos en la cama, elevo sus glúteos separando sus muslos, dejando en claro la rutina que realizaríamos.

    Espero un rato, yo no entraba en acción, mis pensamientos me decían que necesitaban urgente que me lo rogara. Mientras tanto mi efervescencia crecía, como mi sexo.

    – (jadeando de la excitación me dijo) ¿en qué parte del, por donde quieras te perdiste? (él por donde quieras, lo dijo separándolo en silabas y acentuando)

    Necesitaba que me lo pidiera, y cuanto más excitada mejor.

    No me lo pide, toma el cuerpo del pene y lo apoya en el esfínter anal.

    Me reclino sobre su cuerpo dejando que el peso haga su trabajo, debido a la falta de humedad, no podía progresar su ingreso, estiro su mano a la mesita de noche, abrió el cajón, tomo un frasco con crema (que después me dijo era el lubricante de sus dildos) unto todo el pene y su ano.

    Ahora sí, sin prisa pero sin pausa, apoye el glande en el final de su tubo digestivo, ganando territorio en ese espacio recóndito.

    Una vez pasada la corona de mi verga, dejo escapar un grito de dolor, pidiendo que me quede quieto, mi inmovilidad fue absoluta hasta que la sentí moverse en el intento de hacerla ingresar más.

    En un muy lento mete y saca, a puro glande y cuerpo, glande y cuerpo, entra hasta la mitad.

    – Lento, por favor, empuja lento, quiero disfrutar esto al máximo.

    Puse ambas manos en sus hombros, ella movía sus glúteos, intentaba darse vuelta buscando mi boca para besarme.

    – Todo hijo, la quiero toda. Necesito sentirla toda.

    Decía esto a la vez que su mano buscaba su vagina, mientras que las mías acariciaban sus flancos.

    Tomándola del pelo, y en un solo movimiento me encontraba dentro de ella, con mis testículos golpeando contra su vagina, que dejaba gotear el producto de su excitación y orgasmos reiterados, por sus muslos.

    Al ritmo de su agitada respiración, ese apretado esfínter parecía succionar el miembro con cada contracción.

    Al estar un rato entrando y saliendo del recto ofrecido por mi madre, expulso entre espasmos varios chorros de mi semen en su interior, gimiendo como nunca antes lo había hecho. Al escuchar mi madre los sonidos guturales que salían de mi boca, su cuerpo también reacciono a la pasión que le estábamos imprimiendo con un tremendísimo orgasmo, uniéndonos en un solo grito de placer.

    Recosté mi vientre sobre su transpirada espalda, mi corazón latía acelerado, nuestra sesión había concluido por ahora.

    Una vez que mi miembro fue perdiendo dureza, abandonaba de a poco el sitio del placer, mi semen salía muy de a poco por el dilatado agujero deslizándose perezoso por sus morenos muslos.

    Recuperado el aliento, nos abrazamos fuertemente.

    – Extrañaba tu cuerpo recordando lo de anoche.

    – Si hijo, me hiciste la madre más feliz del mundo.

    – A juicio de verdad, nunca te imagine en una faceta sexual, no se me cruzo por la cabeza saber cómo eras en la cama. Te juro, me encanto descubrirlo así.

    – Debo confesarte algo, siempre he sido una persona muy sexual, con tu padre teníamos el mejor sexo que se puede pedir y, creo has salido igual. Me encanta hacer el amor, de todas sus formas posibles.

    – Espero estar a la altura.

    – Te parece que no, no te imaginas las noches que pensé en esto, no quería, y ahora menos, tener dentro otro hombre que no seas vos. Siempre que pensaba en vos de mi boca escapaban gemidos y palpitaba mi sexo, solo lo calmaba con algunos juguetes que me compre. Y es más tengo en mente cosas para la próxima vez. Tengo que amortizar todas las veces que me masturbe pensando en vos.

    – ¿En serio?

    – Si mi ángel, siempre fui, soy y seré una adicta al sexo y vos tenés que intentar curarme.

    Entre risas por la ocurrencia y abrazos de amor, nos levantamos a compartir, ella otro café y yo un desayuno con el pensamiento en lo que nos esperaba esta noche.

  • La carpa azul

    La carpa azul

    Nos tomó de sorpresa que la ocupación del camping estuviera repleta, así que decidimos acampar monte adentro, a unos 2 kilómetros del sitio donde solíamos hacerlo. Conocíamos el lugar perfectamente a orillas de un riachuelo, entre pinos y sauces plantamos la carpa con mi esposa Carolina. Para sorpresa nuestra una pareja despareja corrió la misma suerte y optaron por instalarse a unos treinta metros de nosotros. Pasó lo mismos con otros incautos qué vimos pasar pero nadie permaneció en el agreste sitió. Hicimos amistad casi de inmediato con los nuevos inquilinos, Noa (43) y Laura (24) a pesar de ser de distinta generación parecían llevarse estupendamente y a juzgar por los sonidos qué huían (a toda hora) de la carpa a

    en el terreno sexual yo diría que más que bien. Los días transcurrieron apacibles hasta el último. Fogata mediante y algunas cervezas fueron el preámbulo de una extraña y excitante propuesta. La noche estaba fría y las mujeres reían en la hoguera, Noa me acompañó al vehículo a sacar unas fundas de bebida cola y un pack de cervezas.

    –Linda noche. Dije, para hablar de algo.

    –Linda esta tu señora. Me sorprendió el profesor de barba apurando el sorbo de cebada qué empino de la lata.

    –¿Te gusta?… Pregunte perplejo.

    –Me encanta. Aseguró. Hundiéndole la mirada a unos 80 metros de distancia. Carolina tiene el cabello negro azabache, los 42 recién cumplidos le sentaban de maravilla a pesar de algunas libras de más las caderas gruesas y firmes la hacían poseer una presencia sublime.

    –Mejor llevamos la bebida. Comenté nervioso.

    –¿ Qué pasa?… A vos Laura, no te va? Laura era una mujer hermosa, casi 1 metro 80, cuerpo esbelto, cintura felina de tetas chicas y piernas largas. Era una gatúbela tremendamente atractiva, pero aun así con mi esposa nunca habíamos hecho nada de aquello, aunque una vez estuvimos muy cerca de llevarlo a cabo.

    Cuando comenzó internet recuerdo que conocimos una pareja y nosotros teníamos la tentación de probar una situación diferente, pero nos dimos cuenta que eran unos chantas. No eran ni pareja, en fin. No pasó nada con ellos pero ahora era diferente. Era algo tangible en medio de la nada, eran personas agradables y sobre todo Laura era un caramelo esquisto, eso si yo no creía que mi esposa aceptará tamaña propuesta.

    –Carolina no se prende. La conozco. Asegure.

    – A ver, con la Lau no hay problema. No seamos tan directos y listo.

    –¿ Como seria eso? Pregunte intrigado. Rasco su barba y lo soltó.

    –¿Nunca cogiste dormitando?… Salis de la carpa para mear a las tres de la madrugada, yo hago lo mismo. Vos vas para mi carpa y te encargas de Laura y yo me ocupo de tu señora.

    –Ella se dará cuenta de inmediato qué no soy yo.

    –Lo sé. Dijo el profesor de geografía. Y continuó

    –Tu crees que le importe? Yo creo que va a seguir el juego, igual que todos. Me dejó turbado la propuesta del alto sujeto qué follaría a mi mujer esa noche con todas sus fuerzas. La velada transcurrió normal, si a normal le llamamos qué no le quité la vista de encima a Laura qué me sonreía avivadamente, cada vez que Noa le susurraba al oído y se sorprendía socarronamente.

    Eran cómplices del placer. La hora pactada llegó como a la vez cien qué mire el celular, salí casi arrastrado del cubículo para cruzar al profesor que terminaba de calar su cigarrillo y más a prisa qué el viento qué había comenzado a soplar del sur desapareció tras la lona azul que contenía a mi esposa.

    Entré en la choza de la felina qué me esperaba dispuesta y desnuda, pero estaba tan nervioso qué no podía articular palabra y quedé expectante del escándalo qué seguramente vendría del otro lado del telón. Los minutos transcurrieron sin trascendencia, la gata se impaciento y yo no podía lograr una erección acorde para perforar aquél tajo pelado de la joven que me esperaba en la oscuridad.

    De pronto el grito de mi mujer anunció que el inquilino llego a la meta y fue el primero de varios que escucharía esa madrugada. Los gemidos los regaba el viento una y otra vez como voces de desespero y yo ahí con la veinteañera en ascuas. No sé bien cuanto tiempo pasó, pero cuando volví del shock los gemidos incesantes de Carolina se confundió con las palabras de la chica.

    –Pah… Se la está recogiendo! Encendí el celular para descubrir la media sonrisa de Lau y separo ambas palmas de las manos como a treinta centímetros, evidenciando el trozo qué estaba enloqueciendo a mi esposa. Preso de la desesperación corrí a mi carpa, a medida que avanzaba más claro se escuchaba los azotes enajenados del barbudo y los grititos histéricos de mi mujer.

    Sin pensar en nada entré y jamás olvidaré las piernas levantadas de esa mujer, con el miembro desconocido del sujeto totalmente dentro de ella. Mirándome acostada con sus labios hinchados y sus grandes tetas a la deriva, el profesor con las bragas de encaje desgarradas en uno de sus puños alzándolo al cielo como un trofeo de guerra y yo ahí incrédulo y completamente aturdido.

    –Basta! Grite desencajado. Pero ella totalmente ronca e inconexa suplico que le dejara acabar.

    –Déjalo! Por favor… Y estiró sus brazos hacia mi y así fue como aquel robusto semental, retomó su empuje enloquecedor. Mi mujer gritaba mirándome a los ojos y arañaba mis antebrazos ante el implacable embate. La tremenda domada llegó a su suplicado final con sendos gritos de los participantes, el barbudo extrajo su largo y grueso miembro de las profundidades del dilatado coño de mi esposa y lo sacudió escupiendo semen en las nalgas sudadas de mi señora que en ese entonces la desconocía.

    Después de haber acabado le dio dos nalgadas y se dejó caer encima en medio de un recital de respiraciones, intentando tomar aire. Luego de unos minutos se incorporó y sin mediar palabra abandono la carpa. No nos volvimos a ver ni hubo despedida.

    Nosotros nos fuimos de inmediato y trato de no hablar de ello pero cuando se acerca turismo o en alguna película acampan aflora el recuerdo y me mi señora se ríe.

  • Dos vinos blancos para celebrar

    Dos vinos blancos para celebrar

    Has tenido una dura semana de trabajo. Tras alcanzar los objetivos laborales tu satisfacción es máxima.

    Llegas a casa, te aligeras de ropa y sirves dos copas de vino blanco fresquito antes de entrar en el salón. Penetras bajo la manta del sofá y quedas plácidamente tumbada junto a tu amado.

    Él te esperaba con la firme intención de recompensar tu esfuerzo, es el momento de recibir el premio por una dura semana. Ambos probáis el vino, saboreándolo os miráis de forma cómplice y él te abraza, reconforta tu ánimo y se activan tus sensaciones.

    Nada es comparable a un dulce beso, al suave roce de unas manos y a la sensación de ir quedando cálidamente desnuda.

    Mojas sus braguitas casi de inmediato al sentir los labios ajenos recorriendo tu cuello. Sientes como las manos de tu adversario invaden tu vientre hacia abajo, en un claro intento de conquistar tu entrepierna.

    Entre tanto, sus labios viajan hacia tu pecho, y merodean sobre tus tetas en busca de tus deseados pezones para lamerlos y chuparlos, mientras tus jadeos y respiración entrecortada denotan el grado de excitación que alcanzas.

    Tus pezones son reiteradamente atenazados y humedecidos por sus labios y lengua. Notas como su juego circular sobre las aureolas de tus senos va multiplicando las sensaciones que recorren tu cuerpo.

    Sientes como sus manos se desplazan ahora sobre la cara externa de tus braguitas. Solo rozan y sienten, pero al llegar a la cara interna de tus muslos empiezan a presionar levemente, incrementando el calor en tu zona íntima.

    Él aprieta tu culo y te hace sentir mujer, te excitan sus manos apretándote fuertemente las nalgas.

    Sus labios viajan ahora sobre los tuyos. Sientes como un beso húmedo se apodera de tu boca y lo correspondes con tu lengua en señal afirmativa.

    Sin cesar en su juego, sus manos van deslizando tus bragas, que viajan descendentemente a lo largo de tus piernas. Tu zona púbica queda al descubierto.

    Sonriente, te mira y te besa. Sus dedos ahora deslizan sobre tu desnuda rajita que, de forma gelatinosa, agradece la visita e incrementa la facilidad para que esos dedos repartan generosamente placer sobre tu intimidad.

    Extiende tu jugo vaginal sobre los labios externos de tu sexo y despliega un acompasado movimiento de besos, tacto y contacto sobre tu piel, sobre tu sexo y labios que hace que te mojes más.

    Tumbada sobre el sofá te abandonas, sintiendo como sus manos y boca te dan placer generosamente. Poco a poco abres tus piernas. Ofreces mayor espacio para que sus dedos derrochen toda la imaginación que alberga su mente.

    Penetran en ti sus yemas, se embriagan de la mezcla de jugos de tu sexo. La suave frotación incrementa la temperatura de tu rajita y su humedad es máxima. Derramas tu flujo externamente.

    Tus jadeos piden ser ahogados por besos. Y ya principalmente reclaman una lengua que te visita repetidamente en forma de lamidas obscenas, las cuales son correspondidas con mordiscos tuyos en sus labios.

    Una mano tuya se aproxima a su cabello y, tras acariciar su pelo, lo traes hacia ti con ansia viva de besarlo. Tu otra mano busca su sexo, notas que ya está erecto de forma evidente. Lo aprietas y empiezas a mecer.

    Sus labios deslizan sobre tu cara y cuello. Muerde tu hombro.

    Sus manos se afanan sobre tu coño, jugosamente excitado. Tu sexo recibe todo el largo de sus dedos en el interior. Tres dedos entran y salen de forma fluida, deliciosa y ardiente de ti.

    Seguido a esos movimientos, tu compañero se sienta justo al borde, te tiende una mano y tu quedas a horcajadas encima de él.

    Sientes la firmeza de su miembro rozando virilmente tus femeninos labios vaginales. Te va penetrando su falo.

    Tus tetas son literalmente devoradas por su boca, que ha quedado a la misma altura.

    Te mueves y sientes en todo tu ser el roce de la punta de su polla y de todo su tronco. La sientes entrar y salir, la notas explorándote… muy dura y gruesa, te llena del ansiado placer.

    Él agarra con firmeza tu culo. Te come las tetas. Te besa y te lame. Te embiste con deseo. Te clava toda la polla y tú lo gozas bien rico.

    Los besos se adornan de pura lujuria y sus manos aprietan y azotan tu culo. Lo palmean fuertemente y su sonido acompaña a las embestidas.

    Notas como su sexo entra hasta el fondo de ti y te abrazas fuerte a él. Notas como sus dedos exploran tu zona anal, que está completamente empapada, y con sus círculos milimétricos abre otra dimensión de sensaciones.

    Tú quieres más y él también. Cambiáis y pasas sobre el asiento. Te arrodillas y quedas en cuatro.

    Desde esa posición le ofreces tu culo y él comienza a lamértelo todo. Empieza a deslizar su lengua sobre tu zona anal y a inundar de cosquillas tu culito y tu coño abierto. Esporádicamente te azota y tú te excitas más. Sus lamidas empapan todo y tú lo miras ansiosa y juguetona.

    Él desea penetrarte desde atrás… tú lo miras felinamente. Entornas tus ojos, llevas tu mano atrás y ante su mirada empiezas exhibirte pajeando tu culito con un dedo.

    Le pides que te folle el culo.

    Al principio lo hace muy lento, entra poco a poco.

    Cuando llega hasta el fondo se inclina sobre ti para masajear tu clítoris y ocasionalmente meterte los dedos… y cuando parece que no puede haber mayor placer, se empieza a mover con intensidad.

    Se apodera de ti un placer extremo, sientes como sus dedos te frotan y lubricas al máximo. Tu culito y tu coño se contraen de placer. Tu coño se empapa. Sus huevos golpean acariciando tu sexo en cada embestida.

    Su peso sobre tu cadera te hace sentirlo más, y él te agarra firmemente de la cintura trayéndote hacia su cuerpo.

    Su verga dura entra y sale en una fase que se intuye final.

    Notas como convulsiona su sexo dentro de ti. Llegan los chorros de semen caliente. Alcanzan todos los rincones de tu interior.

    Su jugoso tacto ardiente la sensación más placentera y relajante. La leche caliente inunda tu cavidad íntima y rebosa de ti, derramándose sobre tus piernas.

    Ambos quedáis inmóviles sobre el lecho cómplice de la pasión desatada. Tu cuerpo desnudo yace preciosamente expuesto. Estás preciosa.

    Brindemos de nuevo, probemos este vino blanco.

  • Cumpliendo mi fantasía

    Cumpliendo mi fantasía

    Bueno esto más que fantasía es un fetiche del que no estoy muy orgulloso.

    Desde hace tiempo he estado viendo unos cuantos videos de como le dan duro a alguien sin parar hasta que su culo chorree de semen, esto me ha producido un fetiche y es algo que he querido hacer desde hace ya un tiempo y cuando decidimos el cumplir nuestras fantasías sexuales decidí cumplir está.

    Mi pareja al principio no entiendo muy bien pero accedió.

    Esperamos unos días porque el trabaja y yo también así que no tenemos mucho tiempo libre, fue un día sábado hacía calor mucho a decir verdad y no solo calor sexual si no que calor del que te cose lentamente jeje.

    El día fue normal lavamos ropa, limpiamos la casa y ya después estuvimos en el teléfono un rato antes de que empezará la acción.

    Cuando llegó el momento me arregle lo mas que pude, ese día sin avisar nada me había escabullido a una tienda de lencería y había comprado una, era color negro con un poco de joyería en el área de los pezones y entrepierna.

    Entre al cuarto y lo encontré acostado en la cama tocándose lentamente, cuando me vio me dijo que me quedaba muy bien y que no podía esperar más.

    Yo me excite un poco y se me paro, se me marco en la lencería y el lo noto, se acercó a mi y me tomo de los brazos me lanzó a la cama y me empezó a besar desde el cuello bajando lentamente hacia mi pene.

    Cuando por fin estuvo allí yo ya estaba más que listo para soltar un gran chorro de semen, movió a un lado la lencería y tomo mi pene con su mano y empezó a masturbarme lentamente.

    De vez en cuando lo hacía rápido pero no tanto para evitar que me corriera, cuando por fin se decidió por dejarme terminar se lo puso en la boca y lo chupo hasta que me corrí.

    Se lo trago y me dijo que había soltado un gran disparo y que era su turno.

    Me puso en cuatro se bajó el pantalón y me empezó a pasar su verga por mi culo, hacía como si la fuera a meter pero la quitaba y eso me excitaba aún más, cuando se decidió por meterla separo mis nalgas y me empezó a empujar su verga.

    La metió de un solo golpe y me empezó a embestir rápido y duro mientras que yo le pedía que me llenará con su leche.

    Estaba disfrutando demasiado tanto que me corrí, cuando pensé que ya no podía más la primera descarga llegó, era mucho y estaba caliente.

    Paro por un momento sin sacar su verga de mi culo y espero a que estuviera duro de nuevo, cuando volvió empezó otra vez a darme duro pero ahora me hablaba mal me decía cosas muy calientes.

    Cómo que era su putita y que me iba a usar como su recipiente de semen, eso me excitaba aún más y le respondía que si que yo era su puta y su recipiente de semen que me llenará.

    Estaba disfrutando demasiado y cuando pensé que ya no podía ser más caliente me empezó a dar pequeños golpes en mi culo, me corrí por la excitación.

    Cuando por fin llegó la segunda descarga yo ya estaba casi en mi límite pero no quería parar así que le dije que la siguiente descarga sería la última y accedió.

    Me empezó a dar duro y lento, daba un empujón y se movía lentamente para después dar otro empujón, estaba cansado y me pidió que cambiáramos de posición y accedí.

    Hicimos el misionero sin que sacara su verga, me tomo de las piernas y las subió en sus hombros, cuando retomo el aire me empezó a embestir sin piedad me insultaba y daba nalgadas que me hacían tener espasmos por todo el cuerpo.

    Cuando por fin llegué a mi límite me corrí varias veces, el ya casi se corría así que tomo una de mis piernas y se la puso en el hombro y la otra la dejo abajo de su pierna.

    Cuando se corrió dio un gran empujón y se corrió en mi culo, lo soltó muy dentro mío que creo que algo de su semen sigue allí jeje.

    Cuando lo saco vi como todo su semen salía de mi culo, era demasiado y me dijo que le había encantado y me recordó que ahora le tocaba a él cumplir una fantasía, yo contesté con un si que se ahogó entre mis gemidos de placer.

    De esto fue ya dos días y aún no me ha dicho nada de su fantasía así que estoy muy nervioso.

  • De compañeros a follamigo

    De compañeros a follamigo

    Me encuentro en mi cama tumbada pensando en como y cuando comenzó todo, en como acabamos hablando sobre lo que nos gustaría follarnos después de tantos años siendo amigos. Llevamos años siendo compañeros de equipo en judo, nos hemos visto crecer y nos conocemos desde niños. Yo soy algo mayor que tú y nunca se me había ocurrido mirarte o pensar en ti con deseo pero ahora me tienes loca, y cada vez que te veo me pongo a 100. Me encanta ver como te cambias delante mío después de cada entrenamiento, verte todo tu dorso musculado y como se te marca la polla debajo de los calzoncillos. Me encanta cambiarme delante tuyo, tardar más de lo normal para que puedas apreciar mi cuerpo. Me encanta imaginarme que estamos solos que un día te desnudarás completamente ahí mismo y me harás tuya.

    Sé que al principio yo no quería, pensaba que me vacilabas, es una amistad de muchos años y nunca te imaginé metiendo tu polla hasta el fondo de mi coño. Pero tu seguiste insistiendo hasta que un día conseguiste que consiguiera ceder y tuvimos esa conversación tan caliente por wasap en la que yo estaba super caliente:

    Yo: Buah no sabes el calentón que llevo

    Tu: Bueno estás en casa te puedes aliviar un poco no?

    Según leí tu mensaje sabía que había empezado el juego, ya me habías liado y había caído en tu deseo completamente. Te dije que si, y tu respuesta me calentó aún más

    Tú: pues hazlo pensando en mi. Piensa en cómo te estaría comiendo el coño así luego quitándote el tanga. Luego me empiezas a cabalgar ahí. Te cojo del cuello y te cambio de ritmo hasta que te corras

    Diste en mi punto débil, cogerme del cuello, y sentirme dominada me pone tan cachonda que solo de pensarlo mi coño ya era una piscina.

    Te envío una foto. La primera foto subida de tono que mando a alguien que conozco. Me tienes loca, solo quería follarte, pero solo podía tocarme. Mi coño está a mil, no recuerdo haber estado tan caliente nunca. Con tres dedos dentro del coño y grabándote un audio para que puedas oír como me tienes. Se me oye gemir y se oyen los jugos de mi vagina chapoteando con mis dedos. Humillada, sumisa y entregada a ti. Ojalá poderte chupar la polla, que me comas el coño y poder correrme contigo. Pero ese día tuve que disfrutar sola, con tu ayuda más allá de la pantalla. Si solo así me dejaste sudando y temblando me imagino como será en persona.

    Es una situación que nunca imaginé, follar con el macho alfa del equipo, el que ya ha pasado por muchas y yo soy una más de sus garras. Me gusta. Solo pienso en el día que podamos por fin quedar y hacer realidad todas las fantasías que hemos hablado.

    Estoy en mi cama tumbada, mojada y metiéndome los dedos. Pensando en ti y en el deseo de que podamos follar algún día. Contra todo pronóstico estoy a tu merced lista para que me hagas lo que quieras.

  • Mi tía, mi prima y la montaña (8)

    Mi tía, mi prima y la montaña (8)

    Una situación comprometida.

    Marta se puso el vestido con rapidez y se sentó junto a la ventana con un libro en la mano. Mi prima y yo nos metimos en el sobrado con la ropa en la mano tas la cortina de sacó. El tipo de cortina nos permitía ver todo el espacio donde se encontraba Marta pues tenía más luz, mientras que nosotros estábamos prácticamente a oscuras.

    Encontramos un silla vieja palpando y me senté sobre ella mientras Laura lo hacía sobre mi regazo.

    –Me vas a partir la polla prima!

    –Joder, es que apenas hay sitio!

    Mientras susurrábamos entró Nico, el tío de Marta. Era algo más alto que su padre, pero igual de fornido.

    –Hola pequeña! Que haces aquí sola?

    –Me he venido a leer mientras papá se echa la siesta!

    –Jajaja, le he oído roncar al entrar en casa. Seguro que iba bien de vino! –comentó a la vez que se acercaba a Marta para darle un beso en la mejilla.

    –Y tú, que haces aquí? No te esperaba hoy!

    –Me apetecía verte, pequeña! Tenía ganas de tocar tus tetitas! –dijo sin cortarse.

    –Ya has comido? –le preguntó Marta.

    –Si. Y cuando estaba tomando el café en el bar, Toñi me la ha puesto dura enseñándome sus tetas, jajaja!

    –Te las ha enseñado?

    –Solo una parte con esos escotes que se pone, jajaja! Pero no se ha conformado con eso y cuando ha salido a recoger los vasos que había sobre las mesas me ha pasado el culo por la bragueta, jajaja!

    –Y te la ha puesto dura?

    –Compruébalo tú misma, jajaja!

    Si el padre de Marta daba algo de miedo, el tío lo daba aún más. Sus brazos eran como mis piernas, y la anchura de su espalda era como un armario ropero.

    Laura tampoco se cortó, y le bajó la cremallera del pantalón para hacer la comprobación que la había sugerido. Metió la mano y sacó una enorme polla en plena erección.

    –Pues si que te la ha puesto dura, jajaja! –comentó Marta aguarrada con una mano al tenso y venoso tronco.

    Noté cómo Laura movía el culo sobre mi polla aplastada al ver esa indomable verga.

    –No te muevas, que me la vas a tronchar! –susurré a su oído.

    Se levantó un poco y toqué con las manos su hermoso culo desnudo. Era delicioso tocar las dos sandías separadas por una gran raja. Cogió mi polla, que seguía como la lanza de un caballero a punto de batirse, y se la introdujo en su mojado coño bajando con lentitud.

    –Qué haces? –pregunté asustado viendo tan cerca al tío de Marta con el armatoste fuera.

    El fuerte ruido de la lluvia ahogaba el sonido de nuestros susurros, y Laura me contestó.

    –No pensarás que voy a aguantar viendo cómo se la folla sin hacer nada!

    La muy puta pensaba follarme mientras miraba lo que hacían a través de la cortina. Marta había comenzado a lamerla la enorme fresa que sobresalía al final del tronco. Tenía la boca grande, y no tuvo problemas para metérsela en la boca en pocos segundos. Podíamos ver cómo sus mejillas se abultaban al succionar el enorme rabo. Estaba claro que no era la primera vez que se comía ese pepino viendo cómo lo chupaba a la vez que le masajeaba los grandes huevos que colgaban.

    –Por qué no te quitas el vestido para que pueda ver tus tetitas! –sugirió Nico manoseándolas por encima de la tela.

    –Es que está papá en casa y podría aparecer por aquí!

    –Venga, no seas tonta! Pedro se pasa la mitad del día borracho. No creo que salga de casa con esta lluvia!

    Nico la agarró de la cabeza con su enorme mano de gorila y condujo de nuevo la polla a su boca. Marta volvió a darle varias chupadas tragándose media verga.

    –Tu también te has comido eso? –le pregunté asustado mientras subáis y bajaba el culo sobre mi polla.

    –No me he comido la tuya?

    –Pero esa… es más grande!

    –Es igual que la tuya tonto! Jijiji!

    –Pues me parece más grande!

    –Por qué la ves en otro cuerpo! Pero la tuya es más dura y jugosa, ummm! No veas cómo la siento atravesar me, ahahah! –intentó reprimir el gemido cuando bajó el culo por completo para insertársela entera!

    –No tío! Si quieres me doy la vuelta y me subes el vestido! –oímos a Marta.

    –Vale, cariño! Me encanta ese culito que tienes!

    –Pero hoy nada de encularme, que la última vez fuiste muy bruto y todavía me duele! –mintió Marta.

    –Lo siento pequeña, pero es que no puedo remediar ponerme así de bruto cuando te lo veo!

    Marta se levantó y se dio la vuelta para inclinarse sobre la mesa. Nico le levantó el vestido y tiró de las bragas hacia abajo para pasar la mano por la abundante melena.

    –Pero si lo tienes mojado! –dijo con extrañeza.

    –Es que mi padre me ha estado dando antes de irse a dormir!

    –Jajaja, y ha podido?

    –Más de lo que te imaginas!

    Nico se agarró la verga y la metió entre la selva rizada. Un leve gestó de la cara de Marta nos hizo saber que se la había clavado hasta el fondo en el primer empujón.

    –Ummm, que jugosito que le tienes pequeña! Se nota que te lo ha lubricado bien mi hermano, jajaja!

    Nico no esperó ni a terminar la frase. Su polla comenzó a entrar y salir como un pistón bien engrasado haciendo que las tetas de Marta se balancearan sobre la mesa.

    –Es que ha echado una buen cazo de leche!

    –Se nota! Todavía te huele el chochito a polla, jajaja! Y más que te va a oler cuando te suelte yo un buen manguerazo!

    Nico se había agarrado a la pequeñas caderas y ya le daba unos buenos empujones.

    Laura comenzó a subir y bajar las deprisa. –Joder como me pone ese cabron!

    –Te gusta cómo… le da?

    –Ya verás cuando se ponga verraco. Es como un oso furioso!

    Ya no dije nada, tan solo metí las manos bajo sus brazos y abrace sus grandes tetas. Era una delicia hundir los dedos en esa carne mientras sentía como mi polla la atravesaba cada vez que bajaba.

    –Deberías decírselo a tu padre! –comentó Nico mientras le sujetaba el delgado cuerpo para que no se desplazará por los pollazos.

    –Ufff, no sé si le iba a gustar!

    –Pedro se deja llevar bien, y a lo mejor hasta le gusta que te empotremos los dos a la vez!

    Marta no contestó con rapidez, pero vi como le cambiaba la cara. Pude atisbar como sus labios formaban una leve sonrisa algo diabólica.

    –No sé, ya veré!

    Nico aumentó las embestidas. Realmente parecía un oso embistiendo el delgado cuerpo de Marta. Casi la levantó del suelo en los últimos empujones antes de correrse. Pensé que la iba a reventar cuando empezó a emitir gruñidos mientras se corría. El cuerpo de Marta parecía un guiñapo sin peso entre sus rudas manos. Le debió de soltar una buena corrida, pues cuando esa boa constrictor del coño de Marta todavía salpicaba leche. Marta se dio la vuelta con rapidez y se agachó para coger la verga chorreante y metérsela en la boca.

    –Ummm, que bien lo haces putita!

    Después de darle varias chupadas y unas buenas lamidas la sacó de la boca brillante y seca.

    –Lo hago mejor que la Antonia?

    –Ufff, ya le gustaría a ella chuparla así de bien!

    Laura se tapó la boca para no hacer ruido al sentir que se corría. Noté como una catarata de flujo llenaba su vagina hasta salir por la vulva y empaparme los huevos.

    Nico se guardó la polla y le dio un suave beso a Marta en los labios.

    –Eres una putita deliciosa, pequeña! –le dijo como despedida antes de irse.

    Cuando cerró la puerta, marca corrió la cortina y vio a Laura con la cara desencajada todavía balanceándose sobre mi polla.

    –Que cabrones! Habéis estado follando! “Joder con las expresiones de la tímida!” pensé mientras sentía mi polla casi al límite.

    –Diosss, que corrida me he pegado! –fue la respuesta de Laura.

    –Pues a mí me ha dejado ardiendo! Y te he reservado el culito! –me dijo guiñándome un ojo.

    –Pero no has dicho que te dolía? –pregunté jadeante.

    –Jajaja, eso solo ha sido una excusa para que no me lo abriera el. Estoy deseando que me lo abras tu!

    Tiró de Laura para que se levantará de mi regazo, y después me agarró de la mano para llevarme hasta las suaves pieles que había en el suelo junto a la chimenea.

    –Vamos puta, tírate al suelo que te vas a tragar todo el semen que llevo en el coño! –dijo desnudándose de nuevo.

    La tímida Marta cada vez me dejaba más alucinado. Laura la obedeció como si fuera una perrita obediente y se tumbó boca arriba. Marta se arrodilló sobre su cabeza en sentido contrario y se inclinó hasta casi poner la boca sobre su coño. Yo me había quedado de pies, mirando el pequeño culo de Marta como si estuviera hipnotizado. Apenas tenía abierto el sonrosado agujero, pero la piel que lo cerraba parecía tener vida propia.

    Sabía lo que quería y me arrodillé tras ella con la polla totalmente tiesa. No me había corrido con Laura, pero ahora pensaba llenarle el culo de leche a Marta.

    –Así, así! Chupa bien toda el semen de mi tío que me ha dejado el coño encharcado!

    Puse el capullo contra el tímido agujero y apreté suavemente mientras las dos se comían ambos coños. El oscuro agujero se abrió como si esperara mi capullo y lo engullo como si fuese una boca ávida de carne. Toque sus largas redonditas y duras y casi sin esfuerzo la mitad de mi polla se metió en su recto.

    Pensé en su padre y su tío, y sus grandes vergas. Cuántas veces habrían entrado en ese pequeño culo? Estaba demasiado excitado, salido y caliente como para seguir pensando, así que comencé a empujar. Mi polla se coló entera al primer empujón, me vino a la cabeza de nuevo las pollas de padre y tío metiéndose en ese agujero con cierta asiduidad. “pues si que tienen que haberle dado vidilla al culo de esta zorrita tímida!”

    Comencé a bombear escuchando las sonoras chupadas que le estaba dando mi prima en el coño y mi mente se volvió a activar. “Tanto le gusta a mí prima chupar semen?”. Era una pregunta recurrente, pues el coño de Marta chorreaba cuando se arrodilló como si le hubiesen abierto un grifo dentro.

    No esperé ni un segundo más, y comencé a embestir brutalmente. Marta no gritaba, tan solo chupaba el coño de mi prima con más ganas a cada pollazo que le atizaba. Fueron dos minutos de embestidas brutales hasta que la leche acumulada en mis huevos salto a plena presión. Noté cómo temblaba, y ya no sabía si era por mi polla o por las mamadas que le daba mi prima.

    Solté una buena cantidad de leche hasta pararme. Tenía el corazón a mil, y mi boca cogía aire sin parar. Ellas también fueron aflojando sus chupadas, parecía que las dos se habían corrido, y acabamos amontonando los cuerpos sobre las pieles.

    Marta se retorció para besarme y sentí el sabor a coño que manaba de su boca. También el olor a sexo era brutal en el pequeño cuarto, pero casi no me dejó disfrutarlo con su ansia por saber.

    –Te ha gustado mi culo?

    –Es estupendo!

    –A mí me han encantado esos pollazos que le dabas, aunque mi tío me da más fuerte, jajaja!

    Mi prima se revolvió por el otro lado y comenzó a chuparme la polla. Estaba claro que le gustaba el sabor a semen. Estuvo chupando un buen rato hasta que me la dejo como los chorros del oro.

    –Ummm, que rica está! –fue su expresión al acabar.

    Yo ya deseaba irme de allí para que no siguieran hasta dejarme sexo, y Marta me ayudó sin saberlo.

    –Vamos a vestirnos rápido que mi padre ya se habrá levantado!

    Lo hicimos con rapidez sorprendiéndome que mi polla seguía dura. Nunca me había pasado eso.

  • Sexcape (V): Cójanme y enséñenme (2)

    Sexcape (V): Cójanme y enséñenme (2)

    Mariana paso una de sus mano por detrás de mi cuello y con la otra sujetaba la cabeza de Karla afincándola a su cuquita, mis manos acariciaban y apretaban el cuerpo de Mariana, Karla paro brevemente, agarro la mano que tenía sujetándola sobre su cabeza y la coloco detrás de mi cuello.

    K: Dani sujétale las manos- me ordeno Karla

    Se acostó en la cama boca arriba y sentó sobre su boca a Mariana saboreando los jugos y penetrando con su lengua a Mariana, posó sus manos en las nalgas de Mari abriendo sus cachetes y apretando más mi verga con ellas pajeándome más si se puede, Karla tomo mi verga y la apunto a la cuquita de Mariana, cuando sintió la punta ella misma se penetro metiéndoselo completo y lento estaba bien húmeda y apretadita, movía sus caderas hacia arriba y hacia abajo, gemimos al mismo tiempo sentía la lengua de Karla entre mi verga y la cuquita de Mariana que no paraba de gemir y decir groserías.

    M: Aaah hijos de puta que rico!!! sigan aaah!!!

    Mariana había explotado en un primer orgasmo temblando sobre el rostro de Karla que no paraba de chupar el clítoris Y Mi verga dentro de ella sin yo haber acabado, aún la tenía sujeta de sus manos detrás de mi cuello con una de mis manos y con la otra apretaba uno de sus pechos, solté a Mariana que cayó encima del cuerpo de Karla tratando de recuperar fuerzas, Karla saco mi verga de la cuquita de Mariana haciéndola suspirar y empezar a chupármela saboreando los jugos del orgasmo de Mariana que quedó en mi verga.

    Ya algo recuperada mariana comenzó a comerse la cuquita de Karla haciéndola gemir con mi verga en su boca, mis manos se encontraban en las nalgas de Mariana jugando con ella, hasta que empecé a jugar con su huequito trasero solo acariciándolo no metía aúnos dedos en ella, Mariana los disfrutaba gimiendo suave.

    M: uummm Dani en la mesa de noche hay algo para jugar.

    Saque mi verga de la boca de Karla y mientras iba a la mesa a buscar lo que me pidió Mariana, ambas disfrutaban haciendo un erótico y divino 69, al llegar a la mesa me conseguí con un lubricante y un dildo de doble punta, tome ambas cosa le di el dildo a Mariana y me quedé con el lubricante. mariana tomo su juguete y metió una de las puntas en la cuquita de Karla mientras chupaba su clítoris haciéndola gemir fuerte, disfrutaba de ese show lésbico que ambas tenían donde se daban placer, puse un poco de lubricante en mi verga y apunté al culito de Karla, al sentir la punta de mi verga ella ya sabía que venía y lo que quería, pero paro el juego. Ambas chicas se separaron y Karla me empujó en la cama acostándome.

    K: es hora de enseñarte Mari prepárate y pon atención para que luego lo hagas tu.

    Karla se posicionó arriba de mi dándome la espalda, tomo mi verga lubricada con el gel y la dirigió a su culito, poco a poco fue metiendo mi verga en ella, contenía un poco sus gemidos de dolor, hasta tenerla toda dentro, se quedó quieta un momento y volteo a verme

    K: uuufff aguanta papi que luego le toca a Mari.

    D: uumm tratare tu culito es apretadito y rico.

    Comenzó a moverse lento y suave igual que sus gemidos rico, Karla tomo la mano de Mariana y la coloco en su cuquita para que la acariciara mientras me montaba, la guiaba de como darle placer mientras se besaban, Karla empezó moverse más rápido y duro sobre mi verga, yo la sujetaba de sus caderas, Mariana metió su dildo de nuevo en Karla para hacerle una doble penetración.

    K: Siii asi coñooo! que rico sentirse así de llena!!! aaah mas demen más!!

    Empecé a moverme rápido y duro debajo de Karla y Mariana hacia lo mismo con su juguete en la cuquita de Karla mientras chupaba sus pechos sin parar, provocando que explotara en un orgasmo brutal gracias a la sensaciones que le estábamos dando, Karla grito muy fuerte que me imagino se escucharía en todo el barco, cayó sobre mi cuerpo aún con mi verga metida en su culo recuperándose y temblando de placer, Mariana la acariciaba y besaba mientras recuperaba fuerza yo por mi parte aún no había acabado y le tocaba de nuevo a mariana pero por su culito.

  • Sueños en el espejo

    Sueños en el espejo

    Llegas a casa después de una larga jornada. Mil retos diferentes te han puesto a prueba cada una de las horas que has pasado allí fuera y nuevamente los has superado poniendo la mejor de tus caras aun y cuando te sientes agotada.

    Casi sin darte cuenta, como una autómata, dejas el bolso sobre la cama y bajas la cremallera del vestido dejándolo caer al suelo. Los pies se levantan alternamente arrastrando tus sandalias de tacón y dejas atrás la veraniega prenda. Manos atrás para buscar el broche del sujetador mientras te diriges a la cómoda en busca de un pijama que llevarte a la ducha cuando te cruzas con tu propia mirada en el espejo.

    -Solo te dejaría esos zapatos puestos.

    Sus palabras resuenan en tu cabeza y te detienes ante el espejo.

    Contemplas tu cuerpo semidesnudo en el espejo recordando las muchas veces que te ha piropeado en la oficina, retiras el sujetador dejando tus pechos al descubierto y te examinas con ojo crítico poniendo defectos a tu cuerpo mientras recuerdas todas y cada una de sus frases.

    -¡Eres una preciosidad!

    -¿Será realmente sincero? ¿En verdad me cree atractiva? Te preguntas sorprendida al notar como se endurecen tus pezones.

    -Solo te dejaría puestos los zapatos.

    La frase taladra tu mente y sientes como te vuelve a invadir una extraña sensación mezcla de calor, inquietud y algo de vergüenza. Dejas caer el sujetador al suelo y llevándote las manos a las caderas, introduces los pulgares bajo la goma de las braguitas, las deslizas hacia abajo sin dejar de mirarte en el espejo. Tu pubis aparece reflejado y sientes la caricia del aire en tu cuerpo desnudo, la piel se eriza mientras moviendo las rodillas dejas que las braguitas caigan al suelo.

    Liberas el pie izquierdo y luego con un movimiento del derecho arrojas lejos la prenda. Te observas frente al espejo tan solo con los zapatos puestos, tal como él quisiera tenerte. Te sientes sexi y hermosa mientras notas el calor que te invade y tu corazón palpita al imaginar lo que él diría al verte así.

    Casi puedes verle también a él reflejado en el espejo, lo imaginas detrás de ti, apartándote el cabello un lado y besándote el hombro mientras inclinas la cabeza a un lado ofreciéndole el cuello. Pronto sus labios lo recorren con suaves caricias, besos y pequeños mordiscos que te hacen estremecer mientras sus manos avanzan por tus caderas rodeándote con los brazos y atrayéndote hacía él

    Sientes su excitación y la haces propia al desear que las imaginarias manos suban hasta tus pechos para apretarlos, acariciarlos y que sus dedos sientan los sensibles pezones reaccionando a las caricias. Late el pecho desbocado y la respiración se agita al desear que no se viertan más caricias sobre el papel y que por una vez sea tu piel el papiro que las reciba.

    Pero el ruido y la discusión llegan a tus oídos, los niños te reclaman y pronto será la hora de la cena. La realidad te expulsa de tu sueño y te despides de él hasta mañana, horario de oficina.