Categoría: Sin categoría

  • Mi alumna consentida

    Mi alumna consentida

    Durante la época en que fui profesor de nivel preparatoria, en la ciudad de Toluca, hace algunos años, varias estudiantes se me insinuaron pero obviamente no prestaba atención porque siempre fui muy profesional y además eran chicas menores de edad, yo 35 años.

    Con algunas chicas y chicos les daba consejos y los orientaba para ser mejores estudiantes, una de ellas se llamaba Adriana, recuerdo que se me acercó para charlar de su vida estudiantil y así comenzamos a platicar de ella, de su familia, de mí, de temas de actualidad.

    Ya con el tiempo Adriana me visitaba muy seguido en mi cubículo, generalmente siempre acompañada con una o varias compañeras de ella, y jamás imaginé que fueran por otro motivo que charlar de mil cosas de la escuela, en algún momento me preguntaban de mí, pero nada fuera de lo normal.

    Ella tenía su novio el cual también era su compañero de grupo y en ocasiones me visitaban los dos al cubículo, al paso de los meses cumplió la mayoría de edad y estaba por ser su graduación pues estaba en su último año, se acercó a invitarme al convivio que sus familiares le prepararon por haber culminado su preparatoria, acepté ir y llegado el día me presentó a su familia y después de unas horas me retiré deseándole lo mejor, le dije que cuando quisiera podía verme en la escuela o hablarme al celular.

    Total que a los pocos días me escribía mensajes al celular y seguimos en contacto por ese medio, fuimos charlando poco a poco y cada vez empezamos a tener más confianza, llegó el momento que comenzamos a hablar de temas de sentimientos y así llegamos al punto de que sentíamos algo, de que había atracción, yo sabía que tenía novio y ella sabía que yo era casado así que empezamos a salir y vernos pero como amigos, y después de un tiempo en una de esas salidas nos besamos y acordamos en iniciar una relación olvidándonos de su novio y de mi esposa, quedamos en ser discretos, en disfrutar juntos el momento.

    La primera vez que tuvimos intimidad fue algo que no planeamos, sucedió cuando fuimos a tomar un café, ese día ella llevaba prisa porque tenía que ver más tarde a su novio y después a su papá por lo que sólo era un poco el tiempo para vernos.

    Nos quedamos de ver en una plaza comercial, fuimos a tomar un café, platicamos, y sin más le dije que me gustaría intimidar con ella, me contestó que el tiempo lo tenía limitado y que aún no estaba segura de dar ese paso, que le diera más tiempo, le dije lo mucho que la deseaba, lo bien que se veía, que era un buen momento para estar juntos, dijo que sí tenía ganas y deseo de estar conmigo pero que ya tenía compromisos por lo que sería en otra ocasión… nos besamos, la acaricié y seguimos charlando… platicamos de lo lindo que sería estar juntos a solas, y ya al calor de la plática me dijo que siempre le gustó la idea de tener un encuentro con su profesor, que desde que me vio tenía la idea de tener una relación conmigo… aceptó ir a un motel con la condición de no tardar mucho porque ya tenía planes con su novio y su papá… fuimos caminando a un motel cerca, entramos a la habitación… ella es una mujer delgada bonitas piernas, senos medianos… siempre muy reservada, seria, un tanto tímida, toda una hija de familia…

    Al entrar en la habitación se dejó llevar como toda una colegiala, tan pronto estuvimos solos comencé a besarla suavemente, la acerqué hacia mí para que sintiera mi grosor y lo que provocaba el tenerla cerca de mí, no dejamos de besarnos era algo que deseábamos desde hacía tiempo, no había que perder tiempo, le fui quitando su blusa, su ropa, y mi ropa… la observé bien en ropa interior, definitivamente era una verdadera mujer deseando entregarse a su profesor, era su deseo, su fantasía, y yo también la deseaba con muchas ganas de hacerla mía… tan pronto retiré su brassier quedó al descubierto sus dos senos muy lindos medianos con unos pezones duritos paraditos, eran unos senos bien formados en cono, una delicia que apresuré a disfrutar mamando y tocando en todo momento mientras Adriana lo disfrutaba y gemía cada vez que saboreaba esos conos deliciosos.

    Llegó el momento de acercarme a su intimidad, esa panochita húmeda que ya estaba mojada de sólo imaginar lo que se iba a comer, me decía que ya se la metiera, primero la senté en mis piernas y sintió mi virilidad, ya babeaba en la punta de mi verga y me dijo que ya la quería, que la necesitaba, la cargué y acosté en la cama, quité mi bóxer y me dijo métela ya que no aguanto, comencé a tocarla suave su linda intimidad, y poco a poco introduje uno… dos dedos… presionaba su clítoris y movía mis dedos dentro de su estrecha vagina, ella comenzó a gritar y gemir como toda una hembra, cómo toda una hembra en celo, y así sin retirar su tanga llegó a tener un orgasmo, de su vagina salió un chorro de lubricación.

    Le dije que estaba por penetrarla y me monté sobre ella y así sin quitarle su ropa interior hice a un lado esa tela que separaba su panochita de mi verga y le metí mi erección, tan pronto puse mi glande en su entrada empezó a gritar como toda una mujer ardiente, lentamente fui metiendo mi verga hasta dejársela ir toda de un solo golpe, ella pegó un grito que hizo que me prendiera aún más… comencé a bombear despacio y poco a poco aumenté la intensidad, la empecé a bombear duro y fuerte…

    Adriana no dejaba de gemir y de gritar, definitivamente es muy excitante cogerse a una mujer que grita y gime como ella, parecía que la estaba violando porque gritaba y me decía que ya no más, que ya parara, que la estaba lastimando, yo sin hacer caso le daba más duro, sin contemplación, ella me decía: por favor ya salte me duele, ya termina, y no dejaba de gritar y gemir, eso me excitaba aún más, Adriana decía ya ya hay me duele… pero yo sabía que lo estaba disfrutando porque me abrazaba fuerte y cerraba sus ojos disfrutando el momento, nunca había estado con una mujer tan expresiva como ella… definitivamente era como si la estuviera violando, y así me apretó mucho y supe que estaba por regalarme su orgasmo… y al mismo tiempo mi verga también dejó salir esa leche caliente en su vagina… no retiré mi erección y así quedamos abrazados unos momentos… el tiempo lo tenía encima, ya se había hecho tarde y tenía que irse… la llevé hasta donde tenía que ver a su novio y a su papá… qué bonita experiencia…

    Agradezco sus comentarios, les dejo mi contacto:

    [email protected]

  • Él y ella

    Él y ella

    En la penumbra, Adrian y Nicole se encuentran,

    Dos almas ardientes en el juego del deseo, sin freno.

    Sus miradas se cruzan, chispa de complicidad,

    En este baile sensual, comienza la intimidad.

     

    Adrian, con manos fuertes, traza su camino,

    Recorre la piel de Nicole, con dulce desatino.

    Ella suspira y tiembla bajo su tacto apasionado,

    Un fuego interno se enciende, un amor entregado.

     

    Nicole, con ojos avivados por la pasión,

    Desnuda a Adrian con la mirada en su canción.

    Susurros y gemidos, melodías en el aire,

    Dos cuerpos enlazados, sin temor a naufragar.

     

    El roce de sus labios, un encuentro celestial,

    Los cuerpos se entrelazan, en un abrazo sensual.

    La noche los envuelve, en su mágico velo,

    Adrian y Nicole, en este amor, son cielo y suelo.

     

    Así, en la penumbra, juntos se entregan sin fin,

    Un poema de pasión, en su piel, queda el carmín.

    En cada beso, en cada abrazo, son dos almas ardientes,

    Adrian y Nicole, en este amor, son eternamente.

  • Prohibida obsesión por mi hermana

    Prohibida obsesión por mi hermana

    Hola, me llamo César y esta historia que les cuento es totalmente real y una locura a la vez, nunca pensé que tendría este tipo de experiencia. Comencemos por el principio.

    Soy el hermano mayor, ahora tengo 24 años, mi hermana Diana de 22 es muy coqueta y le encanta vestirse provocadora, «es para gustarme a mi» dice ella. La verdad creo que esto empezó hace un par de años.

    Ella se desarrolló después de la secundaria o prepa, la verdad es que yo solo la veía como una niña boba que usaba mis sudaderas. Hasta que dejó de usarlas y empezó a vestirse muy muy entallada.

    Mide 1.64 es de piel muy blanca y voz chillona, por lo que me fastidiaba salir con ella, aunque mamá siempre me mandaba a cuidarla. Por lo regular estaba a distancia tomando un café o leyendo algo mientras ella iba con sus amigas. Fue hasta esa vez en el cine que note a un tipo acercarse como si viera la cartelera pero con el teléfono muy pegado a sus nalgas. Diana llevaba unos leggins rosa pastel que se clavaban entre sus nalgas. A pesar de mirarlo feo y tratar de que ella se moviera de ahí, no logré impedir que el tipo, le tomara fotos o la grabara no sé muy bien. Se alejo mirándome con una risa burlona mientras yo apestaba los puños y miraba como mi hermana ni siquiera se daba cuenta de lo que pasaba. Al mismo tiempo note que un bulto se había formado en mi pantalón. Era… ¿por ver el culo de mi hermana?

    Al día siguiente ella como si nada caminaba por la cocina con su short de pijama, ese de bolitas que igual que sus leggins se clavaba entre sus nalgas, no podía quitarle la vista de encima y ella me miró extrañada.

    —¿Estás bien? –dijo mirando mi pantalón.

    —¿QUÉ? ¡NO… YO! –sentí como el color se subía a mis mejillas y como pide salí de ahí.

    Era abrumador estar junto a ella, pero me castigaba. No podía pensar en mi hermana de esa manera, si ahora tenía un culo redondo y rico, unas tetas pequeñas y levantadas pero seguía siendo mi hermana. Contuve todo eso que tenía dentro husmeando en su ropa, incluso con su ropa ajustada podía adivinar que tanga o cachetero traía puesto, obviamente los olía a escondidas y me masturbaba. Luego volvía la culpa.

    Hasta este fin de semana, ella ya con 22 sale sola con sus amigas, me toca ir a buscarla a algún antro o plaza. Un par de veces me ha tocado llevarla a comer pues está muy borracha. Cómo en este caso. Salía de un antro, eran las tres de la mañana y traía un vestido corto, cuando me acerque por ella me eructó con olor a cerveza.

    —¿Otra vez borracha? –le dije aunque solo llevarla tomada de la cintura hasta el auto me provocaba ya una gran erección.

    —Solo fueron dos cervezas, no les digas a nuestros padres–dijo sonriendo, ahora usaba braquets lo hacía que al hablar salvará más de lo normal.

    —No están, se fueron a cenar –savia que mis padres salían a un hotel, mi madre era de esas que gritan mucho y de un tiempo a la fecha preferían evitar que sus hijos o vecinos los escucharán.

    —ok –dijo y se acomodó para roncar a los pocos minutos.

    Su vestido apenas le cubría, podía ver un poco como se asomaba su ropa interior. Me detuve en un semáforo y como si quisiera despertarla la moví y subí más su vestido. Ahora veía sus labios vaginales húmedos, con el vestido ajustado casi en la cintura. El claxon de otro carro me saco del transe y avance no sin dejar de verla de reojo y con la pulsación a más no poder, sudaba frío y las manos me temblaban. Por culpa y por nervios.

    Por fin tuve el valor, mordiéndome los labios y estacionado afuera de casa coloque dos dedos sobre su panochita, se sentía tan calientita, mis dedos estaban justo en medio recibiendo su humedad mientras ella roncaba babeando.

    Llevábamos un par de minutos que para mí fueron una eternidad afuera, luego sonó un claxon, era el vecino que saludaba. Conteste el saludo y Diana no despertó pero se espabilo un poco, para cuando abrió los ojos yo ya estaba abriendo su puerta y sujetándola para entrar a casa. Mi erección no cedía, menos ahora que tenía sus tetas a centímetros. La recosté en su cama mientras seguía hipnotizado mirando su cuerpo.

    —¿Que me ves? –dijo balbuceando y provocándome un susto que casi me infarta.

    —¿Te vas a dormir así? –pregunte en ese tono regañón acostumbrado.

    —mi pijama… –dijo casi con los ojos cerrados.

    Fui a su mueble y busque la de short rosita que le quedaba pegadita, le quite el vestido por encima de los hombros y desabroché su brasier, sus tetas hermosas quedaron frente a mi con esos pezones rositas pequeños y suculentos, le puse la blusa y luego el short. Cuánto lo ajuste a sus culo no resistí. Metí mis dedos entre sus piernas para sentir de nuevo su humedad. Ella se estremeció y abrió los ojos.

    —¡Que rico bebé! –dijo mientras me sobaba la verga sobre el pantalón.

    Me baje el cierre y saque mi verga que punzaba de excitación. Ella cerró los ojos un momento, luego sonrió mostrándome sus braquets y chupo un poco mi verga.

    —¡Que rico bebé! –repitió y mamo un par de veces mi verga para luego cerrar los ojos Aún con mi verga en la boca.

    Me acomode para no abandonar su boca y me movía suavemente mientras sobaba su panochita. Ella chupaba de poco en poco y dormía, hasta que ya no despertó, así que seguí metiendo mi verga en su boca que estaba a mi disposición. Su panochita ya estaba bien mojada, moví su tanga y metí un par de dedos pero pegó un respingo que saco mi verga su boca, Si que preferí barajar bien mis cartas. Baje su short para sobar sus nalgas que eran suaves y redondas, mientras montado en la cama me acomodaba para que mi verga entrara nuevamente entre sus labios.

    —¡Bebe! –dijo y chupo como si fuera un helado y dejo que el trozo de carne erecto resbalara dentro de su boca. Sentía su respiración sobre mi verga, además de que su saliva escurría por un costado de sus labios, abría sus nalgas para admirar su coño y ver su apretado ano, hasta el punto de palparlo con un dedo sintiendo sus pequeñas arrugas.

    Miraba como en su mejilla se marcaba el paso de mi verga y me ponía más cachondo, venía el momento de la decisión más importante de esa noche. ¿Terminaría dentro de su boca? ¿Me masturbaría en el baño como de costumbre o llenaría su cara de semen?

    Al final apenas y saque mi verga los chorros de semen mojaron su cara, estaba de lado y mi semen embarró su mejilla un par de veces, escurriendo en sus ojos y nariz. Sacudí mi verga con fuerza en sus labios dejándoles una capa viscosa de semen. Con mi otra mano apretaba con fuerza su nalga que quedó enrojecida. Me quite mi camiseta par a limpiar su rostro, no sin antes tomarle un par de fotos a su rostro lleno de esperma. Lo cual la verdad hizo que se me pusiera dura de nuevo. Acomode su short mirando como se clavaba en su culo y salí con la misma culpa de siempre.

    Cuando desperté me dio miedo salir de mi cuarto, ¿Que me diría Diana? Mis padre tocó a la puerta para que bajar a desayunar y ahí estaba ella, recién bañada y sonriente como siempre.

    —¡Hola hermano! –dijo mientras bebía un vaso de leche.

    —¿Cómo estás? –pregunté tanteando el terreno.

    —¡Cruda! No me acuerdo ni como llegué a la casa. Gracias por ir por mi, nomás me acuerdo que salí del antro y se me borró la cinta.

    —¡Deja de tomar como albañil! –dijo mamá —no siempre va a estar Cesar para ser tu chófer.

    —no, no me molesta. Me preocuparía más que regresará sola con algún desconocido.

    —¡Aaw! Por eso te quiero menso.

    A mí me urgía que llegara el siguiente fin de semana y se ahogara de borracha, tenía una cita con ese culo. Así pase la semana espiándola. Le tome fotos del culo y entendí al tipo del cine. Era adictivo mirar ese culote de mi hermana.

    Continuará…

  • Mar Sensual: Las experiencias de mi vida sexual

    Mar Sensual: Las experiencias de mi vida sexual

    Mi jefe me cogió en su oficina. (1ª parte)

    Hola, soy mexicana de la Ciudad de México, casada con dos hijos, simpática, con una figura atractiva sin exagerar, a la que realzo con mi vestimenta de manera coqueta. He tenido una vida sexual activa con mi esposo o sin él, en el trabajo, fuera de él, sexo compartido, sexo ocasional, entre otros. Decidí compartir mis experiencias, que espero les gusten. Son varias que he tenido guardando la imagen de esposa fiel, madre y trabajadora responsable. Todos los relatos que presentaré son reales, son experiencias de vida, son extractos de mi vida sexual, reitero todos reales. Sólo los nombres, ubicaciones y algunas situaciones particulares han sido modificados. He descubierto que me excita compartir y compartirme, me gusta el sexo y el erotismo como formas de liberación de energía, de confirmarme como mujer erótica

    Empezaré por contarles mi primera experiencia fuera del matrimonio, no fue consentida, fui forzada. Cuando entré a trabajar en esa empresa me sentí contenta, era mi tercer empleo formal, era una empresa grande con diferentes secciones. Como en todo lugar de trabajo el ambiente es como tú lo generas, aunque si sentí envidia de algunas compañeras y buena atención de parte de los compañeros. Para ese entonces tenía 27 años, casada y con un hijo, fiel a pesar de las pretensiones que en cuatro ocasiones me vi tentada a serlo. He de decir que me sentí halagada por esos hombres, una emoción recorrió mi cuerpo, sentí curiosidad por probar lo prohibido, pero mi pudor pudo más que el deseo. No soy de cuerpo voluptuoso, pero si con una figura que llama la atención y más por el tipo de ropa que uso: entallada, faldas cortas, vestidos sexys y lencería. A mi esposo le gusta que vista así y a mí también, coqueta sin exagerar. Seguí siendo fiel a mi marido.

    En lo laboral siempre he sido responsable, puntal, colaborativa, profesional en una palabra, por lo que siempre me destaco por mi eficiencia. Con el tiempo fui escalando posiciones ganándome el reconocimiento por mi labor. Ya en lo cotidiano, para ese entones, había compañeros que me pretendían. Cuando asistía a las reuniones o fiestas me divertía alegremente y generalmente era de las últimas en irme. Ya con el alcohol ingerido, los compañeros se mostraban más “atentos” y es cuando me sugerían salir con ellos a lugares más íntimos. En dos ocasiones, después de intensos fajes en sus coches, estuve a punto de ir al hotel con ellos. Esas dos ocasiones sentí vergüenza por haber cedido, pero también sentí mucho placer por atreverme a hacer esas cosas de manera furtiva y prohibida y que sólo había hecho con mi esposo.

    Cuando mi actual jefe me llamó a colaborar con él, nunca pensé que las cosas llegaran hasta este extremo. Yo me desempeñaba en otra jefatura de la misma área. Mi jefe estaba contento conmigo debido a mi atención, mi responsabilidad, honestidad, profesionalismo y porque no también, hay que decirlo, por mi aspecto (simpática y de buen ver). Sabía que me presumía con los demás jefes e incluso con el director general, craso error.

    No pasó mucho tiempo cuando mi jefe anterior me dijo que la secretaria del director general había renunciado al puesto por motivos personales, por lo que andaban buscando a alguien que la reemplazara y parecía que yo reunía los requisitos que el director general buscaba. Fui a una entrevista con él y quedó encantado con mis referencias, sobre todo me dijo que todo coincidía con lo que le habían contado de mí. En ese momento, él se mostró atento y respetuoso, aunque en dos ocasiones lo caché hurgando con su mirada mis senos. Amable, me dijo que el lunes empezaría a colaborar con él. Salí de su despacho y me dirigí a mi lugar de trabajo. Al llegar y enterarse todos me felicitaron por el éxito logrado. Nadie imaginamos lo que significaba la palabra éxito.

    El lunes me presenté puntual ante él, contento me dijo que le gustaba que fuera puntual y que le agradaba como iba vestida (falda un poco corta, zapatillas, medias y una blusa semitransparente), que era muy importante proyectar una presencia agradable, por lo que esperaba siempre una buena imagen. Me mostró mi lugar y me dijo que esperaba que diera lo mejor de mi. Le dije que no lo dudara y que los hechos hablarían de mi trabajo. Has trabajado en otras jefaturas, por lo que el puesto no es desconocido para ti, ya te iré señalando otras responsabilidades que tendrás que llevar, pero lo más importante es mantener siempre una actitud positiva y atención para todos.

    Durante las primeras dos semanas ese fue el tenor de su parte, pero a partir de la tercera las cosas cambiaron. Noté que cuando algún compañero se acercaba conmigo para platicar, mi jefe lo corría de ahí, se ponía celoso y los mantenía alejados de mi área. En diversos momentos, lo cache viéndome las piernas o mis caderas, cosa que me molestaba, no sé, no era de mi agrado, ni emocional ni físicamente (era alto, robusto-gordo y de mal carácter). Aunque discreta, su actitud lasciva hacía mi, me molestaba, me resultaba incómoda, pero sobrellevé las cosas haciendo bien mi trabajo. Gracias a ello, lo saqué de varios problemas administrativos que tenía en la empresa. Trataba de ser lo más profesional que podía, pero yo creo que los atuendos que usaba (vestía normal, sin exagerar) exaltaban mi figura y eso lo calentaba.

    Debido a mi eficiencia era muy atento conmigo, me llevaba detalles y recurriendo al lugar común me decía, algún día te lo voy a pagar. Yo reía y le decía: Licenciado no hay problema, para eso estaba ahí, para lo que se necesitara. No sé en qué términos tomó este comentario que se acercó y me dijo, lo tomaré mucho en cuenta, no lo dudes. Así pasó el tiempo: entre celos, su lascivia, el reconocimiento a mi desempeño y los halagos, realizaba mi labor.

    Un día me invitó a comer junto con directores de otras áreas a celebrar su cumpleaños. Formalmente me pidió que asistiera para acompañarlo en su festejo. Se me hizo de lo más natural la invitación por lo que le dije que estaría ahí, sin ningún problema. Me dijo que la pasaríamos bien y que fuera con muchas ganas de divertirme. Le respondí: ¡Por supuesto Licenciado! Cuente con ello.

    Llegó ese día, un viernes por la tarde y me vestí para la ocasión, coqueta sin exagerar: un vestido entallado ligero a media pierna y un poco escotado, medias de liguero, zapatos de tacones y un brasier coqueto. Creo que nada del otro mundo, aunque cuando llegué al sitio de la reunión se me quedaron viendo los presentes, les gustó mi figura. Me iba a sentar junto a mi anterior jefe, pero el Licenciado me pidió que me sentara junto a él; incomoda por la indicación así lo hice. Me senté y al hacerlo el vestido se subió, por lo que mis piernas quedaban expuestas, asomando el encaje de mis medias. Noté que el licenciado se dio cuenta y sonrió por ello. De inmediato ordenó me sirvieran una copa y brindamos por su cumpleaños, lo abracé para festejarlo y sentí como su obeso cuerpo se pegaba de más al mío. Me agradeció el gesto y nos volvimos a sentar. Terminé mi copa y de inmediato pidió me sirvieran otra y volvimos a brindar. El ambiente era ameno, había música para bailar, pero él no se apartaba de mi, me tenía atrapada en su plática insulsa sin dejarme bailar con los demás. Eran como las ocho de la noche y la mayoría de los jefes se hallaban alcoholizados y a decir verdad yo también. En algún momento mi jefe anterior me sacó a bailar, pero el licenciado bajó discretamente su mano colocándola en mi pierna y apretándola un poco en señal de que no lo hiciera. Inventé un pretexto cualquiera para no bailar.

    Pensé que con ello quitaría su mano de mi pierna, pero no, ahí la dejó por un rato, apretándola de repente y platicándome tonterías del trabajo. Su mirada era libidinosa pero yo me hacía la desentendida, quería evitarlo pero su mano y actitud no me lo permitían. Por unos instantes comenzó a acariciar suavemente mi pierna, la comenzó a subir lentamente, por lo que decidí separarme diciendo que necesitaba ir al baño. Confundida, hice tiempo pensando como quitármelo de encima. Estaba caliente, pero no quería hacerlo con él. Decidí retirarme del lugar para evitar una situación embarazosa. Al llegar a la mesa les dije que mi marido me había llamado por lo que tenía que retirarme. Sorprendido, el licenciado se apresuró a decirme que me daba un aventón, yo le dije que no se preocupara, pero insistió en llevarme. Confundida por la situación, pensé que tendría que soportarlo en su coche, pero un jefe muy amigo de él le pidió que le diera un aventón, que le urgía llegar a su casa, la cual estaba cerca de donde el licenciado vivía. Uuufff, me salvó la campana. En el coche, me senté en los asientos de atrás y disimuladamente veía como me miraba a través del espejo retrovisor.

    Durante las siguientes semanas el ambiente era de “normalidad”, aunque, reitero, no dejaba pasar el momento para saciar su lascivia observando mi cuerpo con mayor frecuencia. En ocasiones llegaban a su despacho sus “amiguitas” pidiendo hablar con él. Cuando ellas pasaban, cerraba la puerta y por más de media hora escuchaba desde mi lugar risas, chasquidos, gemidos y demás expresiones de placer. No les importaba que estuviera ahí, situación que me calentaba he de decir. Eran compañeras jóvenes y me cuestionaba que qué le veían al licenciado: ¿les daba dinero?, ¿le pedían favores? ¿cogía rico? ¿La tenía grande? No sé, pero por lo que llegaba a escuchar las trataba bien. Cuando salían, cínicamente el licenciado me preguntaba que si todo estaba bien, yo le respondía que no se preocupara, que todo estaba bien. Así, un jueves antes de retirarme a mi casa, me llamó a su oficina y me pidió que me sentara, se colocó en la orilla de su escritorio cruzando las piernas y su brazos frente de mi y pude observar un tremendo bulto que tenía en su entrepierna, así como su abdomen. Imaginé que estaba caliente porque tenía parado su palo. Reaccioné y volteé la mirada a su cara. Me dijo que si por favor mañana podía llegar más temprano y que quizá saliera un poco más tarde ya que tenía que entregar un reporte muy importante por lo que necesitaba de mi apoyo urgente. Me quedé pensado que qué fastidio ya que iba a ser viernes y me habían invitado a una reunión, pero le dije que si, que contara con mi apoyo. Agradecido, extendió sus brazos para tomar mis manos y ayudarme a levantarme y me abrazó con mucho entusiasmo. Sentí su obeso abdomen en mi cuerpo y su bulto duro también; además percibí su aliento alcoholizado, pero no le di mayor importancia. Me separé y me despedí de él, sintiendo como su mirada lasciva devoraba mi cuerpo.

    Aunque frustrada por no poder asistir a la reunión, decidí vestirme para la ocasión, en caso de que terminara temprano. Me iba apurar para que el informe quedara listo lo más rápido posible. Llegué antes de la hora indicada y al verme el licenciado silbó diciendo que guapa iba vestida. Me puse una falda volada un poco corta, medias de liguero, zapatos de tacón, una blusa semitransparente y mi ropa interior era sexy, bragas abiertas y un brasier con tirantes al frente de encaje. Agradecí el halago y me puse a trabajar de inmediato. El reporte era un poco complicado, había que compilar mucha información y organizarla. A la hora de la comida, para no distraer el trabajo y ahorrar tiempo, pidió pizzas para comer y unos refrescos. Comimos en su escritorio. Crucé la pierna distraídamente mostrando más mis muslos. Mi jefe no perdía detalle del espectáculo que sin querer le ofrecía, no apartaba la mirada de mis piernas y en algún momento se volvió a parar frente a mi, provocadoramente mostrando su abultado abdomen y su entrepierna con el palo totalmente parado. Incomoda, decidí terminar de comer y cuando me iba a levantar de mi asiento, me dijo que cual era la prisa, me pidió permanecer un rato más. Accedí y me volví a acomodar en la silla, crucé la pierna y al recargarme en el respaldo la falda se subió un poco más lo que provocó que mostrara el encaje de mis medias. Rápidamente, bajé la falda, pero él se dio cuenta de ello ya que no dejaba de ver mi entrepierna. Platicábamos de tonterías, pero el licenciado, parado frente a mi, de manera reiterada se tocaba su bulto, sin importar que estuviera ahí. Por veinte minutos soporte estar siendo devorada con su mirada mis piernas y mis senos, ver como a cada rato se agarraba y apretaba su bulto, queriéndome provocar. Decidí terminar con esta situación diciéndole que se hacía tarde. Me levanté y me dirigí a mi escritorio, pero pude ver por la puerta de vidrio como me veía mis nalgas y se agarraba el palo. Viejo libidinoso, pensé. Ojalá terminemos pronto.

    Continuará.

  • Mi vida (parte 1)

    Mi vida (parte 1)

    No soy escritor así que si mi manera de redactar o expresarme no es de la manera correcta pido disculpa a los lectores, solo quiero expresar mis vivencias y aventuras, soy un hombre normal actualmente casado y con hijos, no diré mayores datos de mi identidad, pero estoy en la etapa de los cuarenta.

    Tuve mis primeras experiencias sexuales con una novia, luego otra y otra aprovechando mi juventud y el queso que tenemos los adolescentes.

    Cuanto tenía 18 años entré a estudiar en una universidad en donde conocí mucha gente, como yo tenía carro propio salía mucho con ellos a sitios nocturnos a comer o beber, sin embargo luego de cada salida cuando me devolvía a la casa pasaba por una avenida en Caracas que siempre había putas en la calle que me llamaban mucho la atención, pero sin saber realmente lo peligroso que era en esa época ese tipo de cosas.

    Hablando con amigos y echando cuentos una vez salió el tema de las putas y alguien dijo «las transexuales de la libertador», eso me llamó mucho la atención porque de verdad pensé que eran mujeres aunque las miraba de lejos y sin detenerme parecían mujeres biológicas y quedé con la duda sin pensar lo que en un futuro sería mi vida.

    Bueno resulta que esa época dejé a mi novia por otra y de verdad no fui muy caballero porque obviamente le estaba siendo infiel y cargaba un remordimiento que no me hacía sentir bien pero lo peor es que mi nueva novia a los días me dejó por lo que estaba muy triste y solo, pero una noche me dije: «voy a pagar una puta».

    Como a las 12 de las noche empecé a dar vueltas por la libertador analizando como hacer porque de verdad no tenía ni idea como era el procedimiento hasta que una chica me hizo señales y me paré, bajé el vidrio y me dijo que 30 el polvo y 5 la mamada, en mi cabeza pasó de todo por un segundo porque saqué cuentas al mismo tiempo analizaba en dónde y como iba a echarle un polvo y trataba de definir si era mujer mujer o de verdad no lo era, pero al final arranqué, pero al rato luego de tanto analizar la situación me armé de valor y me devolví.

    No encontré a la misma chica, pero vi una flaca alta blanquita con cabello negro y buenas tetas le pregunté el precio me dijo lo mismo y le dije «móntate», en el camino yo estaba un poco asustado pero llevé bien la situación y hablando con ella me guio a una calle por la florida que está sola y dentro del carro me preguntó cuál servicio quería y le dije que la mamada.

    Me hizo un oral divino por una rato mientras yo le empujaba la cabeza y le agarraba las tetas hasta que por fin exploté y ella se lo tragó todo, de vuelta a la libertador no hablamos mucho solo le pagué y la dejé.

    Pasaron unos días y volví a repetir la aventura pero esta vez le pregunté a la chica si era transexual respondiéndome que todas eran transexuales, al final en un par de semanas lo hice como 4 veces con 4 distintas porque era muy barato que te mamaran el guevo por 5 bolívares así que no le presté atención que no fueran mujeres.

    Teniendo nueva novia y manteniendo relaciones sexuales con ella a veces seguía buscando mis mamadas baratas en la libertador porque me gustaba esa aventura prohibida hasta que un día pasó lo que definitivamente cambio mi vida, monté en el carro a una morena clara de buen rostro y buenas piernas pero cuando me preguntó que quería hacer y le respondí como siempre que una mamada me dijo «No!!! Te voy a coger porque estás divino».

    Me asusté un poco y le dije entre risas y nervios OK, pero no pensaba hacerlo sino que me mamara el guevo y ya, cuando nos paramos empezó a mamarlo pero fuertemente intentaba meterme el dedo el culo cosa que no me gustó por su manera tan imperativa y brusca de hacerlo pero al final primero fue uno, dos y tres dedos durísimo mientras lo mamaba yo recuerdo que le decía que solo tenía 5 bolívares para la mamada, pero de pronto se levantó y me dijo «Te voy a cojer te dije» pues me terminó de bajar los pantalones usando un poco de fuerza me puso de lado se puso un condón y sin mucha vaina me lo empezó a empujar a la fuerza hasta que entró y sentí un dolor inhumano que me hizo gritar y hasta llorar, me empezó a bombear tan duro que el dolor no me dejaba ni respirar hasta que ella acabó.

    Le di los 5 bolívares y la dejé, quedé desvirgado me fui a casa desconcertado directo a bañarme y a llorar.

    Continuaré. Lo que viene es bueno.

  • Comenzaron nuestros juegos (capítulo 4)

    Comenzaron nuestros juegos (capítulo 4)

    Un día, Pilar decidió sorprenderme de una manera que jamás habría anticipado. Yo venía directo de la oficina y había quedado en encontrarme con ella en un restaurante cercano. Mi mente estaba centrada en el trabajo y en nuestras rutinas habituales, por lo que no tenía idea de lo que me esperaba.

    Cuando entré al restaurante y vi a Pilar, me quedé sin palabras. Llevaba un vestido rojo increíblemente ajustado y extremadamente corto, al límite de lo que podríamos considerar apropiado. Al verla de espaldas, sin duda alguien podría haberla confundido con una mujer de la calle, sin embargo, sus rasgos finos y su elegancia innata marcaban la diferencia. No pude evitar sentir una mezcla de nerviosismo y excitación al verla vestida así. La imagen de Pilar, con su belleza y actitud desafiante, me dejó sin aliento.

    Mientras avanzaba hacia la mesa, no pude evitar pensar en cómo la habían mirado los hombres en el camino al restaurante. La combinación de su atuendo y su confianza seguramente había atraído miradas, y eso solo intensificaba la excitación que sentía. A medida que nos sentamos, luché por mantener la compostura mientras Pilar sonreía, claramente consciente del impacto que tenía en mí.

    A lo largo de la cena, Pilar se mostraba relajada y segura de sí misma, disfrutando de cada reacción que lograba provocar en mí. A medida que avanzaba la conversación, Pilar comenzó a compartir detalles audaces y provocativos que solo servían para aumentar mi deseo y nerviosismo. Me contó con una sonrisa traviesa que el hombre joven y apuesto en la mesa de enfrente no dejaba de mirar sus piernas, insinuando que quizás había notado que no llevaba ropa interior y que estaba disfrutando de la libertad que eso le proporcionaba.

    Cada palabra de Pilar alimentaba mi excitación. Saber que ella estaba disfrutando de la atención que estaba recibiendo y que estaba jugando con los límites de lo público y lo privado, me tenía al borde. Ella compartió cómo, incluso en un par de ocasiones, había separado las piernas descaradamente y de manera intencional, provocando miradas aún más intensas de los afortunados que por unos instantes lograron fijar su mirada directamente bajo su vestido. Sentí un escalofrío recorriendo mi espalda, una mezcla de pasión y nerviosismo que solo podía describirse como electrizante.

    A medida que avanzaba la noche, la tensión sexual entre nosotros se volvía insoportable. Decidimos apresurarnos a terminar la cena y salir del restaurante. Cada minuto que pasábamos allí solo aumentaba nuestra necesidad mutua, avivada por la audacia de Pilar y la conexión intensa que compartíamos. Finalmente, llegamos a casa y nuestros cuerpos se encontraron con un deseo desenfrenado, alimentado por la excitación acumulada y la valentía de Pilar.

    Esa noche, nuestra pasión se liberó en una oleada de emociones y deseos contenidos. Cada mirada, cada palabra compartida en el restaurante, se transformó en una explosión de intensidad en la intimidad de nuestro hogar. Pilar y yo nos entregamos a la pasión de manera absoluta, celebrando la audacia que había encendido la chispa entre nosotros y nos había llevado a un lugar de conexión sexual tan profunda e intensa.

    Continúa en capítulo 5…

  • Gran escuela de hostelería (parte 3)

    Gran escuela de hostelería (parte 3)

    Me levanto de la cama y voy a la ducha, una fría es lo que más apetece con este calor, y después de ese sueño.

    Me visto y salgo de casa, tengo que estar pronto allí, nos quieren uniformados 10 minutos antes de empezar la clase práctica.

    La clase práctica nos la darán dos profesores, Jorge e Irma. Jorge nos enseñará a funcionar en un restaurante, mientras que Irma se encargará de enseñarnos la preparación básica de los alimentos. Nos dividen en grupos de 4 personas y la mitad de los grupos irá con Irma, y la otra mitad con Jorge.

    Me ha tocado en un grupo con 2 chicos y una chica y está semana nos instruirá Irma, casi que mejor, porque no me quito a Jorge de la cabeza, sería una total distracción, por lo menos hoy…

    Los chicos de mi grupo son bastante pavos, uno se llama José que tiene 18 años y el otro se llama Jeremías y tiene 19 años, la chica se llama Clara y tiene 20 años como yo. No hay que recalcar en ellos, nos dedicamos a hacer lo que manda la profesora. Hay que preparar un montón de comida para tenerla lista para el servicio de restaurante, así que nos ponemos a ello. Clara se corta a mitad de clase y deja de preparar cosas, así que tenemos que correr más para poder llegar a todas las preparaciones si queremos salir a nuestra hora. A mi me resulta muy fácil, porque ya tengo experiencia en hostelería, estuve trabajando seis meses en un catering y allí aprendí muchísimas cosas que están enseñando ahora mismo, parto con un poco de ventaja, así que finalmente terminamos a la hora, recogemos todo y nos vamos a cambiar. Unos chicos dicen de ir a tomar algo después de la práctica y me apunto, siempre está bien hacer vínculos con la gente que vas a pasar los próximos dos años.

    Estamos en la terraza del bar, me he pedido un café, mientras la mayoría de gente ha pedido cerveza, a mi no me gusta la cerveza, ni beber en general, salí un par de veces estando en el instituto y no puedo decir que el alcohol me sentará muy bien…

    En el grupo hay un grupo de chicos con los que me estoy haciendo más, me parecen de lo más divertido, en concreto son 4, esta Carlota de 22 años, Zaida de 21 años, Laura de 18 años y Nico de 20 años. Son un grupo de personas auténticas, con las que estoy hablando mucho y nos lo pasamos genial.

    Hacen un grupo de clase, y por otro lado hacen un grupo que se llama Pelotudos donde estamos Carlota, Zaida, Laura, Nicolás y yo. Allí hablamos de tonterías y hacemos quedadas de amigos entre nosotros, a espaldas del resto de clase.

    Es viernes y han pasado 2 semanas, el curso de cocina me está gustando tanto que no me hace falta estudiar para los exámenes, se me queda todo con la explicación de los profesores, lo único que no me gusta tanto es inglés, pero bueno, nos centramos mucho en el vocabulario más que en gramática, que es lo que peor llevo.

    Roel me dice de quedar para comer después de clase, me viene a recoger en moto y me lleva a un restaurante de las afueras de la ciudad, está en un parador con unas vistas preciosas al mar, allí hacen unos menús espectaculares. Me extraña que me traiga a un sitio tan apañado, normalmente vamos a comer comida rápida y después vamos a su casa o a la mía, si no hay gente, a ver una película o serie. Hay que decir que Roel no anda corto de dinero, pese a su obsesión con las motos de motocross, trabaja de enfermero en un hospital y cobra muy bien como funcionario.

    En el restaurante nos sirven un entrante de ensalada de cangrejo que está buenísimo; de principal nos traen un okato de cordero a la regaliz con salsa chutney y cebolletas, que está para chuparse los dedos y de postre traen helado y mousse de cerveza negra, no soy muy fan de la cerveza negra, pero esta bueno.

    Al terminar Roel me coge de la mano y nos adentramos más en el parador, damos una vuelta y cogemos el ascensor, se para en la habitación 142, saca una tarjeta del bolsillo y abre la puerta. Madre mía, cuando habrá ido a por la llave? Supongo que cuando ha dicho que iba al baño, claro.

    Al abrir la puerta, hay una habitación enorme, con un ventanal que da a un balcón con las vistas más privilegiadas al mar, en el suelo puedo ver un camino de pétalos que lleva a la cama, en ella hay una bolsita de regalo. Roel me dirige por el camino y tiende la mano hacia la bolsita en un gesto de que la coja.

    Cojo la bolsita, la abro y hay un estuche de terciopelo azul turquesa, al abrirlo, hay un NoMeOlvides de plata, en la parte de arriba veo mi nombre grabado y en el dorso la frase:

    «Tú y yo, somos más» – Roel

    Me quedo boquiabierta, los miro con cara de interrogante y entonces Roel me coge las manos que aún sostienen la pulsera y dice:

    – Lexa, llevamos 2 años siendo amigos con derecho a roce, el roce hace el cariño y yo he ido más allá, me importas mucho y ya no quiero solo sexo, quiero más de ti, me he vuelto adicto a tu manera de ser y a tu cuerpo. Por eso quiero pedirte de forma oficial, que seas mi novia, porque quiero tenerte conmigo en toda tu plenitud.

    ¿Me harías un hombre afortunado de ser tu novio?

    Mi cara todavía es un poema, pero no tardo en dar la respuesta:

    – Si, claro que si!

    Me abrazo a su cuello y le doy un beso tierno y apasionado. Me despegó y le doy la pulsera, tiendo mi mano derecha y me la coloca. Estoy eufórica por dentro y por dentro. Lo abrazo de nuevo y está vez el beso es más largo, mientras nos besamos y abrazamos Roel tira de mi y caemos en la cama, Roel empieza a quitarme la camiseta y el sujetador, recorre mis senos dando besos, pero cuando pasa por los pezones me regala un mordisco en cada uno que hace que me estremezca. Continúa con los pantalones y las bragas, empieza a besarme el sexo, introduce su lengua dentro de mi, creo que utilizará los dedos, pero para. Se yergue en la cama y me pregunta:

    – ¿Confías en mi?

    A lo que yo asiento con la cabeza sin pensármelo dos veces, la verdad es que confío en el ciegamente y se nunca me haría daño.

    Se inclina hacia una de las mesitas que hay al lado de la cama y cuando vuelve, veo que ha cogido un antifaz para dormir, sonríe pícaro y entonces me lo pone, no veo nada, pero puedo sentir como se ha bajado de la cama, oigo sus pisadas por la habitación, una cremallera que se abre y se cierra. Siento su peso de nuevo en el colchón y de pronto un ruido.

    -¡Ay! -grito por la sorpresa, un vibración en mi vientre, que es de lo más excitante. Cuando dejo de sentirla, al poco rato vuelvo a sentirla, pero en mis pezones.

    -¡Dios, Roel! -Se me arquea la espalda y empieza a sentirme muy húmeda.

    Sigue la tortura haciendo el mismo ciclo durante unos minutos, vientre y pezones, todo es mucho más intenso con sin visión.

    Cuando acaba, la vibración se va al clítoris.

    -¡Madre mía! Me voy a correr…

    Roel baja un poco la intensidad de esta deliciosa tortura, aparta el vibrador y entonces oigo como se descalza y deja caer la ropa en el suelo. Me susurra al oído que abra la boca y yo obedezco. De pronto siento su verga entrar en mi boca, pero no solo eso. ¡Dios! Me está comiendo el sexo, roza con sus dientes mi clítoris y apretó mis labios por su erección que cada vez está más erguida. Ahora sí que me vence el clímax y me corro. Siento una humedad excesiva ahí abajo, me estoy mojando más de lo normal, y Roel tapa con su boca mi agujero, estoy teniendo mi primer squirt a la vez que Roel se corre en mi boca, el traga y yo también.

    Sin quitarme el antifaz, vuelve a torturarme con el vibrador, esta vez llega a introducírmelo en la vagina, eso hace que me vuelva a poner a tono. Me entonces me levanta las piernas, las apoya en sus hombros, una mano sobre el vientre y la otra sobre mi pecho, va pellizcando el pezón mientras empieza a penetrarme, empieza muy suave y angustiosamente lento, mi cuerpo ya está preparado para otro orgasmo y lo quiere ya, pero Roel no planea lo mismo y sigue así unos minutos. Empiezo a suplicarle que vaya más deprisa, y a la tercera súplica se apiada de mí y empieza a embestir con fuerza, se inclina sobre mí, me quita el antifaz, me agarra la nuca con sus manos y acelera el ritmo, me da un tosco beso y nos miramos a los ojos mientras el ritmo frenético de las embestidas hace que nos corramos juntos de nuevo.

    Roel cae sobre mi, pero sin salir, me noto como gotea la lefa a través de mi culo, pero no me importa. Juego con su pelo hasta que el insaciable Roel vuelve a poseerme hasta en 3 ocasiones más.

  • Invitados a una fiesta swinger (parte 4)

    Invitados a una fiesta swinger (parte 4)

    En las partes anteriores, nos invitan a una fiesta swinger, pagada por un excéntrico que iba a usar los videos allí rodados para hacer una film más largo, comienzan los intercambios y las performances más extremas en pos de lograr la mayor atención de las cámaras.

    En las partes tres ella tuvo lo que quería, tuvo un puño dentro de su vagina.

    En esta parte, amanece un nuevo día y habrá que trabajar duro para ganarse la paga.

    Dormimos toda la noche, en algún momento sentimos unas risas y pasos fuera de la cabaña, amanecimos tarde y casi nos perdemos el desayuno eran las diez casi. Aprovechamos la ventana de tiempo y fuimos a tomar algo, algunos cafés negro bien cargados para activar los sentidos y algo de fruta para estar bien nutridos e hidratados, hasta la cena no habría otra comida y era probable que tuviéramos mucha actividad. En cada habitación iban a colocar algo de frutas y otras cosas para comer y mientras tanto terminábamos de desayunar. Estábamos en eso y mi mujer sintió dolor de barriga, se fue a la habitación y comenzó la limpieza, cuando llego estaba en la ducha, agachada con la manguera metida en el culo, la sacaba y salía agua limpia, se paraba, volvía a agacharse y salía otro poco de agua.

    -Quieres que te ayude? Le dije

    -No, ya está, contestó

    Nos recostamos otro rato, y le hice unos masajes en el colon, al poco rato se levantó corriendo al baño y volvió a repetir la limpieza.

    -Ya debe estar dijo.

    La hice ponerse en cuatro me unté lubricante en los dedos y metí dos, tres, y estuve un rato jugando con su ano, parecía limpio.

    -Estas lista para que te llenen el tanque? Salgamos temprano aprovechando que todos están descansados.

    Acuérdate que hoy, parte del acting es mostrar a la cámara como brota la leche de tu culo.

    -Quieres que agregue un cuarto dedo? Eso te va a dejar lista por si el tipo de pija grande quiere primero.

    Y así estaba ella, conversando conmigo, con cuatro dedos en el culo incluso hasta los nudillos dentro.

    Una vez más salimos de la habitación a paso decidido, y le hice volver en sus pasos, ven, me olvidé de algo, un buen chorro de lubricante en lo más hondo del culo va a ayudar. Entramos de nuevo , se acostó levantó las piernas, le metí el envase de lubricante en el ano hasta más de la mitad y lo apreté, debe haber salido un buen chorro antes que se escuchara ruido a aire Le pedí que mantuviera apretado para que al caminar no se le cayera nuevamente nos encaminamos hacia la piscina, pero no entramos, ella buscó una sombra porque el sol quemaba ya, eran cerca de las once, buscó una mesa, y se inclinó en ella apoyando toda su barriga y pechos en la mesa, y apoyando su mentón en ambas manos, dejando su culo lubricado y su vulva a la vista.

    Un tipo se arrimó de pija dura, le preguntó algo y cuando fue a meter su pija en la vagina, ella la agarró y la metió en el culo, el tipo fascinado, empezó a bombear, apareció una cámara que comenzó a dar vueltas sobre las escena, el tipo eyaculó bastante rápido y a ella le habían quedado las nalgas rojas porque el tipo la agarraba muy fuerte, cuando se retiraba la cámara llegué yo y metí todo mi pene dentro, sin ninguna resistencia, adentro estaba caliente y ya se sentía y escuchaba el ruido del líquido en su interior, ella miró para atrás y me vio y se sorprendió, me costó un poco eyacular pero lo conseguí, esperé que la última gota saliera y dejé aquel culo con su agujero esperando otra, continuó el tipo con que habíamos estado en el hotel, aquel que casi la dejó desmayada cuando le dio por el culo, y ella ni se inmutó, hacía caras a la cámara miraba a sus clientes de reojo y les decía:

    -Dale papito, lléname el tanque hasta que se vuelque.

    El cuarto tipo que andaba por allí era el de la pija gigante, deambulaba sin rumbo, mirando para todos lados de pene semi erecto, le hice una seña y se arrimó a mirar, al ver lo que estaba pasando se empezó a tocar mientras esperaba, se sobaba la pija, no lo miré mucho pero parecía más grande que el día anterior, o más dura. Apoyó la cabeza en el culo de ella y no entró como las demás, tuvo que hacer un poco de fuerza y venció la resistencia del ano, mi mujer miró hacia atrás y se dio cuenta que era el tipo de pija grande, ahora si le tocaría gozar?, el tipo la agarraba de las nalgas, cada estocada el tipo gruñía y su ano emitía un ruido como de aire que salía y de líquidos que se revolvían adentro, sus nalgas temblaban a cada embestida, ella de ojos cerrados gemía, al final gritaba, hasta que dejó caer su cabeza arriba de la mesa, en ese momento era un pedazo de carne inmóvil cogido por una bestia.

    El tipo demoró como diez minutos, pero eyaculó, con prepotencia y violencia, al sacar la pija quedó un agujero que no se cerraba, ella tenía el cuerpo totalmente recostado sobre la mesa y las piernas colgando, se fue moviendo de apoco, se tocó las nalgas, las agarró con sus manos, las separó y dejó expuesto ese hermoso ojete, hizo fuerza y brotaron borbotones de semen de su culo, no paraba de chorrear junto con exceso de lubricante que yo le había puesto, al ponerse de pie y recostarse a la mesa apoyando sus nalgas todo ese líquido siguió cayendo, resbalaba por sus piernas y ensuciaba el piso, tres cámaras se apagaban y las personas que habían estado mirando se retiraban.

    Avergonzada agarró mi mano y me pidió que la llevara a la habitación. Estuvimos un rato sentados en el baño, ella en el wáter, no paraba de chorrear liquido junto con pedos de su ano y yo sentado en un taburete limpiándole la cara y las tetas.

    -Muy bien, le dije. La mejor actriz porno que he visto

    Se sonrió, me dijo que se iba a bañar, tomó dos relajantes musculares y mientras cerraba la puerta del baño me dijo.

    -Sabes qué? Tuve un orgasmo anal, mientras el tipo de pija grande me cogía a lo bruto.

    -No me reconozco, hace poco éramos una pareja normal y ahora me haces coger con muchos tipos y encima lo disfruto.

    -Somos una pareja normal, le dije, pero con gustos medio raros.

    Y cerré la puerta tras de mí.

    Mientras ella se bañaba y descansaba salí un ratito de la habitación, yo había salido con ganas de investigar lo que ocurría dentro de la casa, en el camino me crucé con una chica que se follaba la vagina con una banana bien grande mientras una cámara no le perdía pisada, entré a la casa y me largué a explorar, me incomodaba un poco caminar de pene duro, dentro de otras cosas por el efecto de las pastillas, la casa estaba en penumbras, demoré unos segundos mientras mis ojos se acostumbraron y vi un gran salón, con sillones de terciopelo, donde la dueña de casa mamaba a un hombre mientras el marido le daba instrucciones de que se la tragara toda y la cámara no paraba de filmar.

    Allí había tres puertas, una que daba a la cocina, otra a un escritorio grande con vista al jardín y otra a un pasillo donde había baños y habitaciones, en una puerta un cartel de “Privado” igual que en las puertas de nuestras cabañas, y supuse que era la habitación privada de ellos, al final del pasillo otra puerta, que daba a una gran sala, bastante oscura porque tenía pocas ventanas y las cortinas corridas, esta sala tenía distintos sillones con formas raras, se me ocurrían posiciones sexuales, lo que lo confirmó fue en algunas paredes había cuerdas colgando y amarres, una gran viga de donde colgaban piolas con amarres de cuero, látigos, etc. etc.

    Al principio cuando entré no vi nada, cada vez que prestaba atención encontraba más cosas, era una habitación para dar y recibir placer, pero lo que me llamó la atención es que nadie la estaba usando, o eso parecía.

    Me quedé en silencio y la vista se me fue acostumbrando más, había una máquina de follar con un dildo puesto, había un cubo en el medio de la habitación acolchado pero como forrado en cuero o látex negro, la imaginación comenzó a volar y mi pene que estaba perdiendo de a poco algo de potencia volvió a quedar duro. Salí rápidamente de allí y al pasar al lado del dueño de casa le pregunté si se podía usar la habitación del final del pasillo, se sorprendió de mi pregunta y me contestó que sí, y continué el camino hacia mi habitación. Al llegar encuentro a mi mujer leyendo un libro que había encontrado en un cajón y comiendo una fruta, como era de esperar era una edición del Kama Sutra, le conté de mi expedición y de la habitación que había encontrado al final del pasillo. Ella no quería saber nada de estar atada, le gustaba la libertad de tocar y de mirar. Le propuse ir ahora que había poca actividad, ya era más de mediodía y por el calor la gente estaría descansando.

    En el camino nos cruzamos con una chica que caminaba rápido a tirar un buche de esperma que tenía en la boca y con otras dos chicas que nos detuvieron y nos pidieron que les enseñáramos la técnica del fisting, ellas habían visto como se lo hacían a mi mujer, parecían amigas, tal vez se conocían de antes y este encuentro donde estaba todo permitido las liberaba, para ellas era algo nuevo y tenían miedo de hacerse daño, tal vez esa fuera la forma de desbloquear ese miedo. Las invitamos a ver la habitación del placer, de camino agarré un pomo de lubricante por si acaso. Entramos a la residencia principal, el matrimonio ya no estaba allí, y de pasada por su cuarto se les oyó hablar, el tipo le decía algunas palabras fuertes. Seguimos en silencio caminando y se sumó una cámara detrás nuestro que comenzó a filmar cuando nos acercábamos a la puerta, nos pidió entrar primero y nos esperó a que abriéramos nosotros. Las tres mujeres, incluida la mía abrían los ojos cada vez más grandes, sus bocas también, no me quiero imaginar sus vulvas.

    Éramos 5 personas incluida la chica que nos filmaba, no nos perdía pisada, cerramos la puerta con llave y nos dedicamos a recorrer todos y cada uno de los sillones, encendiendo luces, la mayoría de ellas direccionales a ciertos puntos, ellas se subieron a los sillones, se colocaron en posiciones sexuales de piernas abiertas mientras reían, pude ver sus vulvas mojadas y relativamente abiertas y mi mujer les preguntó si querían ellas ser pasivas o activas en el acto, nos movimos al centro de la habitación mientras ellas caminaban al lado nuestro y pidieron que primero las dejaran a ellas penetrarla con los puños para luego ser ellas quien reciban.

    Descartamos en principio el uso de la máquina de follar que estaba al lado de un banco, descartamos la zona de tortura que había contra la pared y buscando en cajones que estaban llenos de artículos como máscaras, tapones anales de todos los tamaños, esposas, jeringas, etc., encontramos una barra de amarre, Spreader le dicen, nos dirigimos al altar, ese cubo de más o menos un metro por un metro, que estaba forrado de látex con correas y cadenas que pendían del techo y otras que tenía a sus costados, ella se subió mientras ambas chicas la ayudaban a acomodarse. El cubo tenía los bordes acolchados y permitía que al estar acostado dejar caer la cabeza hacia atrás sin molestias, le sujetamos a ambos tobillos a la barra y la abrimos, primero a una posición extrema que ella no soportaría mucho rato, luego a una posición más confortable, naturalmente dejó que sus rodillas bajen hacia su pecho pero los pies se mantenían separados por la barra, que atamos con una cinta por detrás de su espalda.

    Luego de asegurarnos que estaba en una posición cómoda, con sus manos, ojos y boca libres, para tocar, mirar y sentir todo ella tiró su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, estaba dispuesta al placer. Ya estaba entregada, no había nada más que hacer, las chicas tocaban y lubricaban su vulva, miraron con atención el tamaño de los labios, mientras di la vuelta al cubo y le di un profundo beso, nuestras lenguas se enredando, sus labios estaban calientes, su vulva también, mojé mis dedos con lubricante y le penetré el ano, ella se tensó y me dijo:

    -No me imaginaba que empezaran por ahí.

    Luego de dos dedos, fueron tres y en unos tres minutos tenía los cuatro dedos hasta los nudillos adentro de su culo, aún estaba dócil, luego de la maratón que había tenido anoche. Ellas apretaron sus pezones y mi mujer metió la mano en las entrepiernas de ellas, una de cada lado, dos dedos adentro de cada una y el pulgar frotando el clítoris, ellas volvieron a apretar los pezones, y ella les metió tres dedos, era una competencia a ver cuál aguantaba más.

    Les dije que vinieran a ver, les enseñé que había que dilatar bien primero para después poder meter el puño, le pedí a una de ella que se untara la mano y brazo con lubricante y cuando saqué la mano de su culo ella metió la de ella formando un pico de pato, primero con cuidado, después más fuerte, mi mujer apenas gimió, el agujero ya estaba estirado y aceptaba ser penetrado de nuevo, la chica ya había cerrado el puño y lo metía hasta la muñeca o algo más, cada vez que entraba lo hacía con más facilidad. Mi mujer extasiada de placer con lo que le hacían en el culo no se dio cuenta que yo le preparaba la vagina, la otra mujer se untaba lubricante en la mano, mientras yo metía 3 y cuatro dedos, ella estaba gozando, no escuchaba, no veía, y la otra chica metió su mano en la vulva y la penetró hasta el fondo, hasta que su puño se topó con su útero, ella abrió los ojos grandes y dijo

    -Ay! Qué es eso!!!

    -Doble fisting le dije.

  • De la admiración al amor y el deseo, hay una línea delgada

    De la admiración al amor y el deseo, hay una línea delgada

    Al principio pensé que se trataba solamente de una admiración corriente, pero el tiempo me enseñó que también se trataba de deseo.

    Casi que a la mitad de mi carrera fue cuando conocí a Jesús Gabriel, mi novio, ese suceso precioso que lo cambió todo en mi, y no por él. Me gustaba, quizás, por las razones equivocadas: era el típico chico malo, y además, un tipo muy lindo. Él es moreno, alto y de ojos claros, su cuerpo está muy bien marcado, y sus muchos tatuajes lo hacen ver rudo y varonil; eso me excitaba, durante el sexo, me encantaba verlo encima de mi, y verme por completo dominada en todo sentido.

    En el sexo, era muy bueno, apasionado, rudo y romántico al mismo tiempo, todo un manjar para una chica como yo. Si bien no soy fea, había descubierto por terceros que muchas de sus ex, eran demasiado bonitas; a mi criterio, ni siquiera Gabriel podría estar realmente a su altura. Estas cosas comenzaron a inquietante, porque pensé que podría pronto perder a mi chico.

    Todas estas dudas comenzaron a amargarme. Mi relación se arruinaba con el paso del tiempo por un tipo extraño de celos amargos por minas que yo jamás había conocido, y todo empeoró el día en el que descubrí que Gabo aún tenía, en su computadora, fotografías muy viejas de Raquel, una de sus ex.

    Raquel había pasado con mi ahora marido alrededor de cinco años, luego llegué yo. Ella me pareció en esas fotos demasiado hermosa: de tez blanca, mejillas rojas, y cabello negro, largo y ondulado. En sus hombros, tenía unas cuantas pequitas cafés, y sus atributos eran envidiables: senos firmes, y redondos; caderas amplías, vientre plano y por lo que descubrí en redes, un trasero precioso. Más bien para mí era sorprendente el hecho de que Gabriel por mi la cambiara, aunque como luego me contaron, así no fueron las cosas.

    Esta mujer se convirtió en mi pesadilla, en una especie de malsana obsesión. Casi no dormía pensando en que en secreto, esta tipa se comía a mi esposo. Incluso, cuando Jesús Gabriel no estaba en casa, me disponía a revisar y escarbar en los archivos de su laptop, para descubrir qué cosa de ella encontraba. Y así, el dicho es muy cierto: la que busca, encuentra, y sí que encontré. Vi una carpeta con algunas fotografías y archivos con el nombre de «mi amor 2012», y lo revisé. Eran muchas rotos de ella, comprometedoras, no como las otras, que pretendían sensatez y recado. Era ella, desnuda sobre un sofá, ella de nuevo, con una atrevida lencería, otra vez esa mujer, con una risa coqueta y luciendo una pequeña minifalda; ella y ella en escenarios eróticos y de fantasía. ¡Descargué todo el material!

    Durante los días siguientes, cuando mi marido no estaba, especialmente durante la mañana y en las tardes, cogí la rara costumbre de revisar una y otra vez las fotografías. Cuando hacía esto, una rara sensación de rabia y envidia en la garganta me consumía, pero a la vez, esa misma emoción se hizo adictiva. Me fijaba en ella y la examinaba de arriba abajo, y entonces esos sentimientos despertaban. Con el transcurrir de las fechas, eso se convirtió en una especie de admiración envidiosa. Admiraba cuan hermosa y sensual era Raquel, y eso me impulsó a imitarla: me teñí el cabello y lo ondule, y busque la mejor lencería para satisfacer los deseos de mi esposo.

    Sin embargo no estaba contenta con ello, y además, esa obsesión seguía creciendo y creciendo, aunque no entendía el porqué. De esta manera, hice lo posible y conseguí su Instagram, para seguirla. Pude ver qué ahora se veía diferente, mucho más liberal y menos femenina. Tenía su cabello algo rapado, en la parte derecha de su cabeza, mientras el resto de su pelo, caía hasta los hombros. Era ahora lacio, y se había tinturado unos rayitos de color azul. Tenía un piercing en forma de anillos en su nariz respingada, y ahora, en ambos brazos aparecían tatuajes muy bien logrados, y se vestía de forma ancha, como un muchacho. No podía dejar de admitirlo, se veía mucho más bella ahora, aún con un estilo que procuraba muchas vibras lésbicas. La seguí desde entonces en cada post y ponía corazoncitos a cada una de sus publicaciones. No me di cuenta que incluso sacaba capturas de pantalla cuando ella subía foticos ligera de ropa. De esa manera pasaron los días.

    Mis emociones tencionantes pronto se convirtieron en anhelos de deseo. Era obvio que me gustaba la ex de mi marido, y que incluso me parecía sexualmente muy atractiva, tanto así que soñaba muchas veces en poseerla, en que hiciera el amor conmigo. Cuando tenía intimidad con Gabo, la pensaba a Raquel, y llegaba al éxtasis.

    Pronto mis pequeños comentarios sugerentes a sus historias dieron resultado y se contactó conmigo. Hablamos, ella supo de inmediato con quién hablaba, y yo confirmé que Raquel prefería la compañía femenina a la masculina. Era muy respetuosa, y se comportaba varonilmente, aunque sin exagerar. Las conversaciones pronto fueron escalando a ser más comprometedoras, y sin embargo, manteníamos entre las dos un pacto de complicidad. Ella no fue quien se abalanzó, sino yo, estando pendiente de ella y llenándola de cumplidos y piropos.

    Pero un día en que mi esposo salió de la ciudad por cuestiones de trabajo, aproveché esa oportunidad para invitarla a tomar algo y ver películas. Llegó puntual, y se veía fascinante, su estilo »Tomboy» me atraía demasiado. Las sonrisas entre nosotras dos no ocultaban el romance, aunque fingimos ignorarlo. Durante ese mes, ella se quedó conmigo en casa, y entonces nos fuimos haciendo más y más íntimas. Yo siempre la esperaba con el almuerzo servido, y entonces nos la pasábamos juntas hablando, mirando tv acurrucadas en el sofá, y compartiendo mucho. Pronto era común que en la privacidad de la casa, nos tomáramos de las manos, argumentando siempre que todo se trataba de amistad.

    Puesto que ella se quedaba en la habitación para huéspedes, una noche le dije que a fin de charlar, podría dormir conmigo, a lo que accedió. Nos Acostábamos ahora juntas, pero dormíamos muy cerca la una de la otra, casi que manera exagerada, y fuera de lo común, y más aún, cómo asumiendo, de manera inconsciente, roles. Ella extendía su brazo izquierdo y yo pasaba mi cabeza allí, en su antebrazo, cerca del pecho y debajo de su mentón (me encantaba el olor del sudor de cuello, por el bochorno del clima); y ella, posaba su otro brazo alrededor de mi cintura y dejaba caer su mano sobre la parte baja de mi espalda. Nuestras piernas, entre tanto, se entrecruzaban, y así despertábamos ambas.

    Con el correr de los días, ambas fuimos subiendo la apuesta. Por mi parte, en lugar de la acostumbrada pijama, use un pequeño short que cubría escasamente mis nalgas, un pequeño top negro, que dejaba mi vientre desnudo, y poco más. Ella, Usaba una pijama camisón de seda, con un encaje muy bello, y que se detenía hasta arriba de sus muslos. Durante esos días, adoptamos una nueva posición a la hora de dormir: en posición de cucharita, nos acurrucamos. Ella, extendía tiernamente sus brazos y me aferraba la cintura, tirando de ella para sí, colocando sus manos en mi abdomen plano, y atrayendo a su pelvis mi trasero. A medida que avanzaba la noche, podía sentir como golpeaba su pelvis con pequeños salticos a mi trasero, y entonces, yo correspondía haciendo mucha más presión en su pelvis. Se sentía muy rico.

    Pero todo eso revolucionó una mañana. Durante la noche que antecedía a esa madrugada, deseché el típico top y el short, y en su lugar, me quedé solamente con un interior sumamente pequeñito de encaje, color rojo. Un accesorio que más que otra prenda revelaba mi gran trasero a la desconocida. Arriba, un brasier del mismo color muy sexy, y ella, usó un camisón de pijama algo más largo pero sin nada bajo él. Así nos acostamos, y nuestra posición favorita, la cucharita, se repitió. Durante la velada, eran más intensas las veces en que chocábamos nuestros sexos, ella por atrás mío, y yo, haciendo presión muy fuerte, mi culito en su vagina. Sentía sus manos aferrarme con fuerza, y ella, seguramente, mi trasero que empujaba su pelvis a la pared. Ella, más aún, se atrevió a más y fingiendo que dormía, deslizó su mano izquierda por debajo de mi pantaloncillo, en la parte de mi cadera, y su derecha, apretó uno de mis senos.

    Cuándo despertamos, no nos dijimos nada, pero ella empezó a acariciarme y a sonreírme, y yo también. Fue entonces cuando nos acercamos y nos besamos. Nos comimos la boca, la lujuria nos consumía, parecíamos desesperadas, como si nunca hubiésemos amado. Nuestras lenguas se recorrían una a la otra y los besos iban y venían: las mejillas, la frente, el cuello. Ella me dominó a su gusto, y pronto descendió besando mi garganta hasta llegar a entretenerse en mis senos, los cuales devoró y chupó como nunca nadie lo hizo, ¡gemía yo de placer! Sus manos, rasgaron mi ropa interior y entonces miró ella lo mojada que estaba. Inmediatamente, me desnudó, y se desnudó ella, abrió de par en par mis piernas, y se puso encima mío para restregar su coño contra el mío. Era un sexo delicioso pero sin duda hacíamos el amor. Se movía rápido, restregando su vagina contra la mía, las dos estábamos húmedas, y entre tanto, nos besábamos y nos decíamos que nos amábamos. Me puse en cuatro para ella, y entonces, se comió todo mi culito, ella solamente disfrutaba jugueteando con mi coñito y todo mi cuerpo. La cosa se puso mejor cuándo sacó de su ropa un gran consolador con correa, se lo puso, y comenzó a penetrarme con fiereza, tantas y tantas veces, que perdí la cuenta de los orgasmos que me produjo.

    Luego de esa experiencia, nos seguíamos viendo de seguido a escondidas para hacer el amor. Y nadie me ha hecho el amor como ella, y la quiero y la deseo tanto, que estoy abandonando a mi marido por esa mujer.

  • Priscila: Aventuras en familia

    Priscila: Aventuras en familia

    Mi nombre es Priscila para quienes ya hubieran podido tener el gusto de leer mis aventuras, las que por cierto se perdieron y ya no pude recuperar ni publicar, estaban en un maletín que me robaron de mi coche al igual que mi laptop con material erótico-incestuoso de primera. Pero aquí estoy de nuevo tratando de recordar esas primeras impresiones, aunque sea sin el recuerdo de las fotos y videos tomados. Soy una muchacha como cualquier otra excepto que en mi familia dicen que soy muy guapa, sin que mi hermana Ivonne se quede atrás, ni mi madre Olga ni mi tía Leonor, también están mi papá Adolfo, mi hermano Enrique y mis primos Laura y Gregorio, hijos de mi tío Jorge y mi tía Leonor. Todos juntos formamos una gran familia.

    Para que tengan una idea de cómo estaba integrada nuestra familia, les describo resumidamente a los integrantes: Yo Priscila de 23, Enrique, mi hermano 19, pronto seremos protagonistas de otras historias. Olga, nuestra madre 49, quien también tuvo su bautismo de leche con mi hermano Enrique y conmigo; Mi padre Adolfo 47, alto, bien parecido, muy buena verga y, sobre todo, simpatiquísimo que es mi padre al igual que su hermana Leonor 49 esposa de nuestro tío Jorge 47 y padre de nuestros primos Laura 20 y Gregorio 19 ambos son novios también. Ivonne 21, es mi hermana menor y a la vez mi cuñada, ambas somos cuñadas porque las dos somos mujeres de nuestro hermano Enrique. Ella es de esas mujeres que tienen todo el encanto a flor de piel, muy buenas nalgas, culo y tetas (como yo) y muy dicharachera. Cómo ven formamos una hermosa familia.

    Tenemos la dicha de ser una familia excepcional muy unida. Nuestros padres y mis tíos tenían la idea de ir junto con nosotros a vacacionar unos días a una playa nudista. Pero resulta que mis primos querían celebrar que mi hermano Enrique y yo cumplíamos cuatro años como novios (con mi hermana Ivonne cumplimos también años de novios pero dos semanas después de mi y de Enrique) por lo cual decidimos entre todos celebrarlo mejor en casa. Nuestros padres al igual que nuestros tíos son muy abiertos de mente y eso nos lo han transmitido a nosotros como sus hijos, por lo que también querían estar presentes en la celebración.

    Dicen que el verdadero amor no sabe distinguir quién es de la familia o como decía mi hermano, “Ay hermanas, recuerden que pene caliente no reconoce pariente”. Enrique unos días antes de nuestra celebración y a quien prefiero referirme como mi hermano aunque seamos novios, hablaba con mi hermana Ivonne, quién quería saber que haríamos. Así que de cierto modo aún cuando ambos eran mis hermanos eran también eran a la vez, mis cuñados y yo de ellos, (¡Qué curioso!) hasta nuestros padres se reían de nuestras ocurrencias.

    Una vez en el amplio jardín de nuestra casa el día de nuestra celebración estaba sobre la mesa del jardín los sixpack de las cervezas obligadas, el café que tanto nos apasiona beber junto con los cigarrillos por la tarde. Nuestros padres y tíos departían alegremente cerca de la alberca, por lo que en un momento dado se quitaron sus ropas y una vez desnudos los cuatro se metieron al agua. Tanto a papá como al tío Jorge se les miraban sus miembros ya en estado de erección, ¿Quién sabe lo que estarían platicando? Porque también a sus esposas se les veían sus pezones erectos y no por el frío, porque hacía calor. Cuando volteamos tanto papá como el tío se estaban besando de boca al igual que sus mujeres que siendo hermanas mellizas también se besaban y se metían mano acaloradamente, provocando que entre mis primos y yo se hiciera un ambiente más propicio para empezar a acariciarnos entre todos.

    Pero la sorpresa bastó para hacernos volver a la realidad. Era indudable que mis hermanos y yo nos teníamos muchas ganas y todo formaba parte de toda una fantasía compartida. Tomé a mi hermano Enrique de la mano y vi como la verga oculta por sus pantalones había crecido levantando una tienda de campaña muy amplia y cómo si la naturalidad de lo visto fuese algo ya preconcebido le dije:

    – Creo que es hora de demostrarnos cuanto nos queremos ¿No crees? –me quite la playera y el diminuto corpiño que cubría mis senos.

    – Buen punto, hermana, es cierto lo que dices y deja decirte que me maravillan tus encantos.

    – Ivonne, únete a nosotros, no te quedes viéndonos nada más –le dije a mi hermana que también se quitó la blusa y el brasier para abrazarnos.

    – ¿Les excita mucho vernos así, corazones? –les dijimos a nuestros primos juntando mis pezones con los de mi hermana y besándonos de lengua. Mientras nuestros padres nos observaban, sin dejar de besarse entre ellos, pero ahora juntando sus penes con la intención de masturbarlos.

    En el momento en que mis hermanos y yo nos besábamos y nuestros primos empezaron a desnudarse, juntando sus bocas en un beso también muy apasionado. La verga de Enrique al momento de quitarle entre nosotras las bermudas se veía espléndida con sus venas gruesas muy marcadas, su glande brilloso con el prepucio bien retraído y ya mostraba líquido preseminal saliendo de la puntita. Ivonne se apresuró a chupar su glande, deleitándose con el tronco, el cual lamía con suavidad, en tanto yo le metía dos dedos dentro del culo a mi hermana, al tiempo que su boca me obsequiaba sus besos llenos del delicado sabor de nuestras salivas.

    Por lo visto lo preliminar de nuestra celebración se estaba cumpliendo sin haberlo planeado tanto, lo que podía significar la posibilidad de continuar con una fabulosa orgía familiar incestuosa y apasionada de todos contra todos, sin excepción de parentesco. Y se estaba perfilando para que así fuera.

    Mientras mamá y la tía preparaban la comida, parecían embelesadas viendo como nosotros sus hijos nos estábamos cachondeando y metiéndonos mano que daba gusto, besos por doquier, dedos en nuestros culos, sin distinción de quién se los metía a quién, si era una boca masculina la que chupaba el pene del otro o la vagina de otra y entre hermanas y primos nos colocábamos haciendo un 69 doble con ayuda de la tía Leonor, la hermana de mamá para completar el cuadro de cuatro, de lo más exquisito mientras nuestros hermanos nos daban verga por nuestros culos. Disfrutábamos mucho aún sin venirnos, no corríamos prisas al igual que papá y el tío que ya se estaban metiendo sus vergas por sus culos, intercambiando sus posiciones.

    La comida transcurrió en un clima ideal. Mucho más de lo que con Enrique habíamos pensado antes, una vez que se cambiaron los planes de ir a la playa nudista. Parecía que los dioses a quienes adorábamos, habían acordado que todo fluyera en nuestra familia y los buenos tragos fueron el cómplice perfecto para ir perfeccionando nuestro gran incesto familiar.

    Pasamos a la sala de la casa donde continuaba la alberca ya techada para permanecer bebiendo y comiendo los bocadillos que mamá y la tía Leonor habían preparado. Mientras mis hermanos y yo admirábamos sin dejar de manosearnos las pinturas de nuestros dioses favoritos, nuestra madre Olga se acercó abrazada de su hermana Leonor dándose besos en la boca y la tía recargándose sobre el hombro de su hermana, mientras admiraban junto a nosotros las obras de arte que tanto emulábamos con nuestras acciones y que por eso siempre nos referíamos de ellos como los grandes “Dioses del Incesto” que tanto inspiraban nuestros actos.

    Las estatuas del Dios Zeus y la Diosa Hera, hermana mayor de él y con quien estuviera casada adornaban la amplia estancia. Homero cuenta que su amor fue fruto de una atracción surgida desde niños y que se consumó durante 300 años antes de la unión incestuosa de ambos hermanos para que se hiciera definitiva y formal. Un poco más a la izquierda también estaba la esstatua del Dios Zeus de la mitología Griega acompañado de su esposa y hermana también mayor, la Diosa Deméter –la cual decía mi hermana en broma que se llamaba así porque su hermano el Dios Zeus no se cansaba demeter-le la verga- Para los Dioses griegos la práctica del incesto no era un tabú ya que formaba parte de la sana costumbre de copular con sus hermanas o con sus hijas, otras piezas también expresadas en exquisitas estatuas, reflejaban a Helios que perdió la cabeza por su hermana Selene, a quien cortejaba frenéticamente, Hiperion y Teia sus padres también eran hermanos y gracias a esa exquisita unión incestuosa fue que tuvieron a Helios y Selene. Incluso Zeus junto con sus hermanas Hestia, Deméter y Hera fueron producto del incesto entre el dios Cronos y su hermana la Diosa Rea.

    Luego de soltarse nuestra madre y la tía, se alejaron momentáneamente dándose de nuevo un apasionado beso en la boca y se separaron. Respecto del ambiente que se estaba dando yo ya lo había hablado con mi hermano Enrique, en su paso por la cocina que si pasaba algo, quería que fuera algo hermoso y que respondiera a lo que cada uno de nosotros fuera sintiendo en esos momentos de exquisito ambiente erótico que se estaba dando en nuestra familia.

    El postre fuimos nosotros los hijos de nuestros padres. Nos pasamos a los sillones y a la alfombra de la estancia para tomar el infaltable café acompañado de cigarrillos y los tragos que variaban desde un buen whisky hasta vodka con naranja o el clásico Bloody Mary, generalmente para las mujeres. Esto, con una buena música de fondo y las risas ante cualquier broma o chiste de incesto que se dijera, fueron el condimento al calor corporal lleno del más exquisito morbo durante la noche que parecía traer un buen augurio.

    – Un padre muy molesto decide hablar con uno de sus empleados que está cogiendo con una de sus hijas: “Ya no puedo confiar en ti, estás cogiendo del diario con mi hija y ya la embarazaste”. A lo que el joven le responde preocupado: “Pero papá, no puedes despedirme por eso, yo no lo sabía y no es la primera vez que pasa”. A lo que su papá le responde: “No lo voy a hacer, porque afortunadamente para ti, tienes la suerte de que también eres mi hermano” Lo que el papá no sabe es que otro de sus hijos que estaba creyendo que era de él resulta que también es su hermano. –todos soltaron la risa ante la ocurrencia de mi hermano.

    – Por la mañana cuando el padre despertó se encuentra que ve que su hija está cabalgando sobre su verga y le dice: “Pero que haces hija” a lo que ella le contesta: “¡Ay! Papito, sólo intento poner algo de leche dentro de mi cacerola y hacer “unos niños envueltos” para dártelos el día del padre. –secundo mi hermana Ivonne y nuevamente todos reímos.

    – La que habló después fue nuestra tía Leonor: “No sabes todo lo que me pasó anoche, después de la cena pude tener mucho sexo con tres mujeres distintas” a lo que su amigo le contestó: “Eso está genial, porque quiere decir que aguantas mucho” Y añadió: “¿Pero no dijiste que ibas a tener que estar anoche en una reunión familiar?”

    Todos soltamos las carcajadas.

    – De seguro habrá estado con su madre, con su tía y con su hermana, jajaja –agregó nuestro padre que estaba sentado sobre uno de los sofás de tres plazas acariciando y metiéndole tres dedos en la vulva de su cuñada Leonor que estaba sentada en medio de ellos y de nuestra madre que no dejaban de besarse, parecía que nuestra tía estaba en medio de un sándwich, haciendo tortillas con mamá y es que todas las mujeres de mi familia incluyéndome a mi somos bien tortilleras.

    En un momento dado, nuestra madre Olga exclamó casi a modo de sentencia: ¡Bueno familia, a prepararse, que ahora viene lo mejor! Para celebrar el cuarto aniversario del noviazgo de mis hijos Priscila y Enrique y cómo dentro de dos semanas también será el cuarto aniversario de mis hijos Ivonne y Enrique que también son novios, aprovechamos para celebrarlo también. Las risas festejaron nuestros aniversarios y en todo el aire se respiraba una exhortación a lo que se venía.

    Ya nos habíamos despojado de nuestras ropas, al menos del la parte de arriba mostrando nuestros senos y alguna que otra ropa íntima, estábamos distribuidos sobre los sillones del par de muebles de sala que se extendían por toda la estancia. Mi hermana Ivonne, estiró su cuerpo en otro de los sillones grandes en los que nos habíamos acomodado junto a nuestro hermano y apoyó su cabeza sobre mis pechos, buscando mi boca. La sentí ya muy dispuesta y con una mano comencé a acariciarle su cabello y con la otra sus pechos. Mi hermana estaba muy caliente cuando empecé a tocarla y nos decía a mi hermano y a mí muchas cosas dulces:

    – Son los hermanos más maravillosos que pude haber tenido, mis dos amores, mis dos amantes y quiero compartir con ustedes dos mi vida, así como la hemos compartido con nuestros padres, nuestros tíos y primos.

    – Para eso somos tus hermanos, preciosa y siempre lo seremos

    – Me gusta cómo me acarician, son muy calientes sus manos, hermanitos

    Le ayude a mi hermano Enrique a quitarse las bermudas para sacar su verga al aire libre y empezó a masturbarla poniéndola entre los pechos de nuestra hermana Ivonne masturbándose y viniéndose en ellos al tiempo que nuestros padres no perdían detalle de lo que sucedía entre nosotros, los festejados.

    – Bésame, hermana, bésame los pechos y muérdeme los pezones, muy quedito. – Me decía al tiempo que besaba y lamía sus pechos, sus pezones ya rebozaban del esperma de nuestro hermano que ya se había venido encima de ellos me puse de costado y me topé con el otro de sus carnosos y suaves pechos por los que aún corría el semen de Enrique y se veían exquisitos reposando sin brasier, lamí el esperma que se impregnaba con mi lengua y lo apuré como si fuera miel.

    La panocha de mi hermana se veía tupida de vello púbico, visible por el efecto de sus piernas apoyadas sobre las mías. Así que me di a la tarea de darle suaves masajes a esa carne ansiosa que ya tenía sus labios vaginales hinchados, luego, hice lo mismo con su clítoris y su primer gemido me sonó a gloria. Ya, no tan sólo era su vulva, su clítoris, sus pechos y sus pezones los que eran mimados por mis caricias, sino también toda su vagina quedaba al acecho de mi lengua juguetona. Y como entregándose al momento, volvió a gemir y a decirme:

    – Ay Priscila, que rico me estás mamando la panocha, por favor no pares, sólo ustedes saben cómo excitarme de esta manera que tanto me gusta.

    – No digas nada hermana, mi hermano también es de nosotras dos y nada me daría más gusto que seguir con nuestras tardes de incesto que desde tiempo antes ya practicábamos

    – Vi como se besaban mi madre Olga y tú Priscila en la boca y desde entonces me gustó mucho que se besaran así, ella misma me contó cómo tú y nuestro hermano la iniciaron en el sublime arte de los Dioses del Incesto

    – Así es, por eso es que sus esculturas y pinturas adornan nuestra sala porque es una actividad llena de la más exquisita lascivia de nuestra hermosa familia.

    No bien terminó la frase, elevé su cabeza, recogiendo mis piernas, y mi boca se apoderó de la suya. Entrelacé mis labios mojados y mi lengua exploró buscando conocer más de su intimidad. Me devolvió los besos de mi boca con su humedad, sus deseos, su lengua rendida, sus labios sabrosos. Mientras mi mano ya había llegado hasta su entrepierna, para escabullirse por debajo de sus nalgas hasta su vulva y encontrarse con su mullido matorral sedoso, dónde mis dedos anunciaban mi obra, para luego comenzar a explorar los exquisitos y mojados labios de su vagina que me esperaban ansiosamente.

    Mis dedos se adueñaron de su erguido clítoris para luego introducirse, sin remedio, en la humedad de esa vagina que calentaba tanto a mi hermano como a mí. Sin preocuparnos de nuestros padres y del resto de la familia que de seguro nos estaban viendo. No tenía porque preocuparnos que no estuviéramos solos disfrutando nuestro ansiado incesto, el cuerpo de mi hermana Ivonne estaba a mi merced, y yo, estaba sumida en el placer que su vagina me daba. Sus manos, acariciaban mi cara mientras nuestras bocas no cesaban de besarse, los labios de ella fueron a explorar mis pechos ávidos de atención. Casi con desesperación, apretó mis pezones con los suyos, hasta saciar su lengua con la mía y llenar nuestras bocas con su saliva alternándose, con mis pezones como si fueran los dátiles más exquisitos que disfrutara. Volvió a decirme:

    – Priscila, que placer. Mientras mi hermano ahora mete su verga en mi panocha Te pido por favor que los dos me dejen disfrutar esto, siempre supe que mientras estemos juntos podía volver a ser así. Son ustedes aparte de nuestra familia lo que más quiero en mi vida. Y somos hermanos. Pero eso es lo que más importa porque se trata de un incesto puro en el que los tres nos entregamos, me calientan más ustedes. Me gusta todo lo que me hacen

    – Te amo hermana, no sabes cuánto me haces falta

    – Sí, sí, sí mi amor, quiero que me cojan toda, tú y nuestro hermano Enrique. Enséñenme a disfrutar del incesto que es el verdadero manjar de los dioses. Quiero ser su otra mujer en sus manos, aparte de nuestra tía y nuestra madre. Háganme suya todos los días de mi vida. Quiero ser la mujer de ustedes. Quiero que me hagan sentir todo lo que se siente estando así.

    – Sí hermana, mi hermano y yo somos tuyos, todas nuestras vidas son para ti.

    – Quiero que me hagan acabar con la verga de nuestro hermano dentro de mi vagina y disfrutar de lamer tu panocha, Priscila. Por favor, Priscila, sácame toda la leche que tengo adentro. Quiero ser tu mujer y la mujer de nuestro hermano, así como hicieron que nuestra madre Olga y la tía Leonor son sus mujeres y papá y el tío Jorge también son de ustedes.

    Ese momento, sin lugar a dudas, se me llenó todo el cuerpo de lasciva. Muy pocas veces había sentido la desesperada necesidad de cogerme a mi hermana Ivonne cómo lo hice con todos los sentidos puestos. Creo que superó en intensidad, quizá por todo lo mujer que es mi hermana, como el día en que cogimos mi hermano y yo con nuestra madre.

    Levanté la vista y para sorpresa y beneplácito, ya no éramos los únicos en nuestra exploración incestuosa. Los gemidos eran provocados por mi tía Leonor quién, sin saber cómo y porqué, estaba arrodillada sobre el sofá dándole una hambrienta chupada a la verga de su sobrino Gregorio, mientras Jorge, su esposo tenía hundida su cara entre las nalgas de su hijo, nuestro primo, hundiéndole luego de eso su verga dentro de su culo mientras también deglutía la vagina de Laura nuestra prima e hija de ellos, que, por el sonido, con su delicioso squirting, estaba derramando jugos por todas partes del sofá, a la vez que mi tío Jorge con sus dedos exploraba las nalgas de su hija y el hoyuelo del culo de ella. Y en un rincón, Adolfo, nuestro padre, como resignado masajeaba su verga, viendo cómo preparaban a su cuñada para hacerla gozar del gran festín. Al ver a mi padre así y para evitar cualquier contratiempo, le hice señas para que viniera hacia nosotros tres.

    Mientras Ivonne comenzaba a experimentar, suavemente, el sabor de mi vagina ya mojada por el inesperado y caliente preámbulo, luego de haberme despojado de todo, le indiqué a mi padre Adolfo que queríamos mis hermanos y yo colmarlo de los deseos más incestuosos que se habían introducido en mi sangre desde la charla que habíamos tenido por la tarde. En pocos segundos su labrada figura estuvo junto a nosotros sus hijos y mis labios comenzaron a temblar de ansiedad al sentir la calidez de su verga sobre mis labios. Se arrodilló, casi rozando mi cara, y, como si temiera a que me despojaran del preciado regalo, mis manos se aferraron a su verga, se colmaron con sus redondas y duras nalgas. Uno de los culos más hermosos que haya acariciado jamás, el de nuestro padre era toda una delicia.

    Y con su verga ya bien parada, quedó apretándola contra mi cara, allí entendí el porqué mi madre había elegido casarse con él. Su verga era preciosa, con el aditivo de su dureza. Un poco más larga que la de mi hermano Enrique, aunque no tan ancha, con un glande perfecto y unos testículos cómo dibujados que invitaban a atenderlos por lo hermosos que eran. Haciendo honor a tanto privilegio, comencé a paladear ese tronco tan hecho para mí su hija. Hasta su sabor era una perdición. Ya nada me importaba de lo que pudiera suceder en el mundo. Mi hermana Ivonne se había apoderado de mi vagina, introduciendo su lengua vivaz, comiéndome los labios como pocas veces lo había hecho y sus dedos ya empapados de mis jugos que salían casi a chorros, entraban y salían desde mi vagina hacia el agujero de mi culo, era algo sublime.

    Mi boca estaba rellena de los manjares de mi padre. La verga que hacía gozar a nuestra madre, también era mía. Igualmente sus testículos, que se endurecían cada vez más en cada chupón que lubricaba su verga maravillosa. Era tanta nuestra calentura que, su crecida agitación me indicaba que estaba a punto de acabar. No quería que se viniera tan rápido.

    Le pedí a Ivonne que se acostara de espaldas, me tiré a la inversa sobre ella para que continuáramos con un brutal 69 y ya en cuatro, a pedir de boca, le ordené a Adolfo, sin preámbulo alguno:

    – ¡Cógeme papá coge con tu hija así como te coges a tu cuñada Leonor!, Cógeme por el culo si quieres. Métele a tu hija toda esa verga divina que tienes padre mío, la quiero toda para mí, siempre he sido tuya, papá.

    Nuestro padre, como fiel obediente me la ensartó de un solo empujón. Me estremeció su arremetida, sentí la brusca invasión. Su cabeza parecía haber hecho tope en mis ovarios, un inevitable gemido se escapó de mis entrañas y luego, todo fue un placer inexplicable.

    Tener la verga de nuestro padre, dura e hirviendo como un hierro caliente, no tardó en producir los descalabros más imprevisibles. Para colmo, mi hermana no dejaba de succionarme el clítoris y acariciarme el vientre, mientras yo me deleitaba con su vagina peluda. Creo que no pasaron más de unos cuantos mete y saca para que tuviera el primer orgasmo. El morbo de que mi propio padre me estuviera cogiendo y con esa verga tan bella, hizo el resto. Mis gritos fueron incontenibles:

    – ¡Aaahhh!, cógeme así, entiérrala toda papá… quiero toda esa verga para mí ¡Aaahhh! Papá cómo me estás haciendo acabar… Así, así, hazme también tu mujer como lo hiciste con tu cuñada y tu otra hija… ¡Oh! Dioses del incesto, qué hermoso es coger contigo, padre mío

    Los chorros de mi orgasmo estaban por causar estragos sobre la verga de nuestro padre Adolfo, Ivonne quién, en la posición en la que estábamos, besaba a nuestro hermano en la boca, en tanto yo redoblaba mi tarea, deleitándome con el gran bocado que era la vagina de mi hermana ocupada en esos momentos por mi boca en tanto que nuestro padre Adolfo hacía el mete-saca en mi vagina que estaba en espera de llenar mi útero con su esperma y eso potenciaba el placer voluptuoso que le producía a él estar cogiendo con su propia hija.

    En medio de mis gritos y con mis piernas zarandeándose del lascivo placer de los incestuosos Dioses, él siguió metiéndome su hermosa verga más fuerte y a un ritmo más constante, lo que provocó que, sin pausa posible, mi útero al recibir sus chorros intermitentes de esperma, provocaran que me viniera nuevamente. Y él, montado sobre su adorable hijita llenara completamente mi útero con sus chorros calientes e interminables de esperma. Pero, como si el éxtasis quisiera dar muestras de adhesión total a la noche, Ivonne también se vino a raudales, haciendo difícil para mí boca el contener las convulsiones y las mieles que destilaba su preciosa vagina.

    – ¡Aaahhh! Sí dame toda la lechita mi hijita… ¡Ay! hijita que rico es coger contigo ¡Ooohhh!, dejame sorber toda tu leche mi amor, así, me encanta incestar contigo, y con mi hijo ¡Ay! Hija mía me haces muy feliz

    – Y tú a mí, padre y mira a tu otra hija, mi hermana ¡Qué rico mama mi vagina!

    – ¡Aaahhh!, que de leche le sacaste a tu hermana, hijita… no pares no pares mi hijita… ¡Sí sácale toda su leche a tu hermanita…

    – ¡Y tú Adolfo qué rico te estás viniendo! Soy tuya, padre mío, nuestra madre es de los dos mi vida, dame todo tu esperma papá… Eres divino papito, nadie me ha cogido así como tú, mi cielo así. ¡Los quiero siempre estar cogiendo con nosotros, a nuestros dos amores, a ti y a nuestra madre!

    También el clímax de mi hermana fue fantástico. Pocas veces recuerdo haber vivido tanta intensidad, deseo y placer con una combinación tan exacta. Ivonne estaba empapada, más que por su sudor, por el río de mis orgasmos que suelen producirse en mis venidas múltiples de orgasmos. No cesaba de limpiarme con su lengua y sus labios los restos de nuestras venidas sobre mi vagina, entremezclados con mis mieles vaginales, y el abundante esperma de nuestro padre Adolfo que había rebasado mi cavidad mientras mi padre y yo estábamos copulando. Y era lógico, con sus años, su ofrenda de su semen no podía ser mejor. Su leche chorreaba sin parar a la vez que alimentaba la degustación de la boca de mi hermana que estaba presta a recibir también su parte de nuestro padre, mientras yo terminaba de absorber la leche de mujer que quedaba en la vagina de mi hermana Ivonne. Degustamos ella y yo en nuestras bocas toda esa mezcla de sabores que ella me pasaba con sus besos apasionados.

    Lejos de calmar su participación, papá, todavía arrodillado, entregaba su verga semi flácida a la boca de mi hermana, quién la limpiaba con una devoción y propia de ella, casi artística, tragándose el esperma de papá entremezclado con mis propios jugos. Como serían las chupadas hambrientas de Ivonne que, en breve tiempo, la verga de Adolfo recuperó su estado de erección. Ante tal alternativa, puso a mi hermana en posición de 4, con los brazos apoyados en el sillón y, abriéndole bien las piernas, penetró a su otra hija hasta lo más profundo del recorrido de su vagina, haciéndola gemir y gritar. El espectáculo era de una excelencia increíble. Estaba conociendo más a fondo a mi hermana, después de toda una vida, en su condición bisexual. Nuestra madre, no dejaba de ver cómo sus hijas gozábamos del incesto que nos obsequiaba nuestro padre Adolfo.

    Mi hermana, seguía en cuatro, sin poder moverse de la venida que había tenido nuestro padre Adolfo y que le había llenado su vagina, todavía abierta y comenzaba a deslizarse el esperma de él por los muslos interiores de mi hermana, a lo que yo, incitada por la incestuosa tentación de los Dioses, me arrodillé como buena hermana a rescatar los tesoros escurridos del incestuoso acto.

    Por otro lado, Adolfo, deslumbrado por la verga de su hijo, la veía deslumbrante. No perdió un instante y llegando hasta ella, la tomó entre sus nalgas y mi hermano al sentir a nuestro padre hacer eso, las elevó sobre sus hombros para proceder, con su boca abierta, a mamarle el culo, simultáneamente y saborear el néctar de semen que todavía escurría de la metida de verga que había disfrutado de sus hijas derramando dentro de ellas sus propias y sabrosas mieles que alcanzaron a escurrirle por el culo.

    – ¡Qué haces hermano!, ¡Qué rico! Tienes toda tu boca llena del semen de nuestro padre ¿Verdad que te gusta? ¡Quiero ver cómo le metes la verga a nuestro padre por el culo, amor

    – ¡Me encanta, hermana mía! ¡Quiero meterle la verga a nuestro padre!

    – ¡Por mi y por nuestra hermana encantada de verlos!

    – ¡Qué hermosa que eres Priscila! Te amamos… Gracias por hacernos vivir estos momentos hermana. Eres la mujer ideal para vivir toda esta pasión con nosotros, conmigo, con papá y con mamá. Además, no hay nadie que entienda los secretos del incesto como tú, hermana. –dijo mi hermano Enrique -Sin pensarlo siquiera nuestra madre se colocó junto a nosotras, estaba la tía Leonor con sus pechos pegaditos a los nuestros, al igual que los pechos de nuestra madre que estaba sentada sobre mí con su vulva mojándome las piernas de todo lo que se había venido y que aún estaba escurriendo.

    Adolfo se volteó para ensartarse la verga de su hijo por el culo, no sin antes darle unas cuantas chupadas al glande que se observaba rojo y brilloso. La verga se nuestro hermano entró con mucha facilidad, por el culo de papá era un agasajo ver a padre e hijo cogiendo de esa manera. Fue tanta la calentura de saberse ensartado que mi hermano tuvo una gran venida, desparramando su semen dentro de los intestinos de él, nuestro padre, luego de eso mi hermano se volteó para a su vez ser ensartado por la verga de nuestro padre Adolfo, quien con toda la experiencia tenida con su cuñado Jorge, lo pudo ensartar con gran facilidad y volverse a venir dentro de los calientes intestinos de nuestro hermano.

    La celebración continúo por espacio de varias horas más donde hubo de todo y de todos contra todos, sin distinción alguna del parentesco que nos unía. Así es el incesto cuando sabe disfrutarse plenamente.

    PD: No quise alargarlo más para poder terminar lo más esencial de nuestra familia. Gracias a mi amigo Luis Enrique por tomarse el tiempo de revisar este escrito para poder darle forma de relato.